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La izquierda reaccionaria española. El conflicto entre el taxi y las plataformas Uber y Cabify como caso de estudio

Arboledas-Lérida, Luis

Abstract

Este artículo toma por caso de estudio el reciente conflicto entre el sector del taxi y las empresas con licencia VTC (Vehículos de Transporte con Conductor) que operan para las plataformas Uber y Cabify, con propósito de poner en relieve la naturaleza esencialmente reaccionaria del programa político de la izquierda española contemporánea. A este respecto, se argumenta que son dos las determinaciones del sujeto enajenado de la vida social (el capital) que encuentran realización en el alineamiento de estas organizaciones con los intereses de la pequeña propiedad y el pequeño capital, a saber: de un lado, la diferenciación cualitativa entre capitales individuales en virtud de sus respectivas capacidades de valorización; del otro, la disociación de las diferentes formas de la plusvalía (interés, ganancia industrial y renta) y su encarnación por diversos sujetos sociales. El texto explora asimismo la conexión interna entre ambas determinaciones, siendo la primera la base material sobre la que la segunda se despliega en plenitud. A su vez, la reconstrucción y actualización de las formas de socialismo o comunismo expuestas por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, permite constatar que los postulados esgrimidos por la izquierda en torno al conflicto taxi – VTC, se corresponden punto por punto con el contenido específico del socialismo pequeñoburgués decimonónico.

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Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 345 LA IZQUIERDA REACCIONARIA ESPAÑOLA. EL CONFLICTO ENTRE EL TAXI Y LAS PLATAFORMAS UBER Y CABIFY COMO CASO DE ESTUDIO THE SPANISH REACTIONARY LEFT. THE CONFLICT BETWEEN THE TAXI AND THE PLATFORMS UBER AND CABIFY AS A CASE STUDY Luis Arboledas-Lérida Universidad de Sevilla, Sevilla, España [email protected] https://orcid.org/0000-0003-2392-5885 Recibido: julio de 2019 Aceptado: noviembre de 2019 Palabras clave: Uber; Taxi; izquierda reaccionaria; socialismo pequeño burgués Keywords: Uber; Taxi; reactionary left; petty-bourgeois socialism Resumen: Este artículo toma por caso de estudio el reciente conflicto entre el sector del taxi y las empresas con licencia VTC (Vehículos de Transporte con Conductor) que operan para las plataformas Uber y Cabify, con propósito de poner en relieve la naturaleza esencialmente reaccionaria del programa político de la izquierda española contemporánea. A este respecto, se argumenta que son dos las determinaciones del sujeto enajenado de la vida social (el capital) que encuentran realización en el alineamiento de estas organizaciones con los intereses de la pequeña propiedad y el pequeño capital, a saber: de un lado, la diferenciación cualitativa entre capitales individuales en virtud de sus respectivas capacidades de valorización; del otro, la disociación de las diferentes formas de la plusvalía (interés, ganancia industrial y renta) y su encarnación por diversos sujetos sociales. El texto explora asimismo la conexión interna entre ambas determinaciones, siendo la primera la base material sobre la que la segunda se despliega en plenitud. A su vez, la reconstrucción y actualización de las formas de socialismo o comunismo expuestas por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, permite constatar que los postulados esgrimidos por la izquierda en torno al conflicto taxi – VTC, se corresponden punto por punto con el contenido específico del socialismo pequeñoburgués decimonónico. Abstract: This paper takes as a case study the recent conflict between the taxi sector, on the one hand, and those companies holding VTC (Spanish acronym for Transport Vehicle with Drive) licenses, on the other, to underscore Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 346 the reactionary nature of the political program the Spanish left is proposing to the working class. It is argued in such respect that there are two determinants of the alienated subject of social life (i.e., capital) at stake in the alignment of these organisations with the interest of small property and small capital, namely: the qualitative differentiation between individual capitals based on their respective valorisation capacities, first; and the separation of the particular forms of surplus value (interest, industrial profit and rent) and their respective embodiment into different social subjects, second. The analysis shows that both determinants are closely interrelated, being the former the material basis for the plenty unfolding of the latter. Moreover, the reconstruction and actualisation of the forms of socialism or communism expounded by Marx and Engels in The Communist Manifesto, proves that postulates vindicated by the Spanish left around the taxi – VTC conflict correspond point by point with the specific content of the so-called pettybourgeois socialism. 1. Introducción El sector del transporte de pasajeros en España está viviendo en los últimos años importantes cambios en sus formas materiales; así lo atestigua la reciente conflictividad social, con la pugna entre el sector del taxi y las empresas propietarias de licencias VTC (Vehículo de Transporte con Conductor) que operan con las plataformas Uber o Cabify, mayoritarias en el país. El conflicto ha vivido varios episodios desde el año 2017, alcanzando su cénit a principios de 2019, con convocatorias de cierre patronal1 en Madrid y Barcelona luego de que el Ministerio de Fomento descargase sobre las Comunidades Autónomas la responsabilidad de desarrollar la normativa específica de la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres (ROTT), con la ratio taxi/VTC a aplicar en cada caso. Si bien la ley mencionada recogía una proporción de 1 licencia VTC por cada 30 taxis, los cálculos que se hacen en la actualidad en base al número de licencias VTC concedidas a empresas operadoras, la rebajan ostensiblemente, hasta el 1/7, es decir, un VTC por cada siete licencias de taxi (eldiario.es, 23/01/2019). Como puede comprobarse, el conflicto se dirime estrictamente entre fragmentos específicos del capital social de la sociedad que pugnan por apropiarse de la porción de plusvalía global correspondiente a su sector, el del transporte de pasajeros intra e interurbano. A más señas, se trata de un problema de competencia entre capitales individuales: de un lado, el pequeño capital del taxista; del otro, capitales suficientemente concentrados de empresas VTC que prestan servicios a Uber o Cabify. Cada uno pretende preservar o ampliar su cuota específica de mercado, aquella que le es necesaria para valorizarse y reproducirse como tal capital. Un conflicto particular entre capitales particulares terminó por adquirir un alcance general, despertando el interés de la mayoría de la sociedad española y obligando a esta a posicionarse por uno 1. Empleamos aquí la denominación correcta que merecen las protestas en forma de suspensión del servicio que llevaron a cabo los taxistas en Madrid y Barcelona. Hablar de “huelga” en un sector ampliamente dominado por el pequeño capital y los pequeños empresarios, es poco menos que una falencia (cuando no una falacia). Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 347 u otro bando en liza. No por menos, lo que estaba en juego era la unidad misma del capital social total, forma enajenada de organización del metabolismo social en el modo de producción capitalista, en este espacio nacional específico de acumulación, España. En la acción de los diferentes sujetos sociales concernidos se dirimía el avance o retroceso de las fuerzas del trabajo social aplicadas a la rama del transporte privado de personas. Y es aquí donde la izquierda española hace acto de presencia, apoyando sin reservas a los taxistas y haciendo de su prédica y práctica vehículo de los intereses contrarios al despliegue de la productividad del trabajo social; contrarios, en fin, a la realización de las tendencias inherentes al capital que lo llevan más allá de sí mismo y que tienen a la clase obrera y su acción revolucionaria por forma concreta de materializarse (Starosta y Caligaris, 2017, cap.6, para una completa reconstrucción de las bases materiales de la subjetividad revolucionaria de los asalariados; también Starosta, 2012). Un posicionamiento político de semejante trascendencia y repercusión no puede surgir de la nada; no lo hace, desde luego, de la voluntad libre de los individuos que militan en las organizaciones de izquierda españolas. La izquierda no ha elegido defender los intereses del taxi frente a las empresas VTC. Su acción en este caso concreto es vehículo, forma de materializarse, de potencias o determinaciones más generales. Este artículo académico se propone, por ende, conocer dónde reside el fundamento de tal acción política; y, descubiertas las potencias sociales que la determinan, caracterizar en base a estas mismas la naturaleza del programa de acción que las organizaciones izquierdistas propusieron a la clase obrera a colación del conflicto entre el taxi y las empresas VTC. Nuestra investigación comienza examinando la que, a este respec- to, se considera una determinación clave, a saber, la inversión en la conciencia de los roles de ‘trabajador’ y ‘capitalista’ que se sigue de la disociación y autonomización de las diferentes formas de la plusvalía (ganancia industrial, interés y renta), examinada con detalle por Marx en Teorías sobre la plusvalía. Si nos centramos en esta determinación es, precisamente, porque ésta es una potencia inmediata, es decir, tiene a la propia acción política que a nuestra investigación concierne como forma concreta de realizarse.2 No obstante, por cuanto que lo concreto es concreto porque es síntesis de múltiples determinaciones, existe una segunda determinación que hay que tomar igualmente en consideración: la presencia en el conflicto de pequeños capitales, o lo que tanto vale decir, las diferencias cualitativas entre capitales formalmente iguales a tenor de sus diversas capacidades de valorización (Íñigo Carrera, 2013, 136 y ss.). En el curso de la exposición, se pondrá en relieve la conexión interna que existe entre ambas dimensiones. Hecho esto, el tercer epígrafe se destinará a reconstruir el contenido de las formas de socialismo o comunismo identificadas por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista. Ello posibilitará un examen más detallado y preciso del programa político de la izquierda española contemporánea. Con todo este bagaje teórico, el cuarto epígrafe consigna y comenta algunas de las propuestas 2. Sobre la acción política como forma material (modo en que la materia realiza su necesidad de devenir) y el método dialéctico como forma del conocimiento que permite aprehender la necesidad de nuestra acción social, véase Íñigo Carrera, 1992. Advertimos a los lectores de la complejidad (pero también la fecundidad) del texto. Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 348 hechas por diversos grupos y organizaciones (tanto políticos como sindicales) a colación de la disputa entre los capitales del taxi y el VTC, llevando a un terreno concreto las consideraciones previamente hechas respecto de la naturaleza social de su acción. El quinto apartado cierra el artículo recapitulando sobre las ideas más importantes. 2. El pequeño capital y el capitalista como ‘trabajador’ Como se verá con mayor detenimiento en el epígrafe §4, ha sido moneda de curso corriente entre las organizaciones de izquierda que se posicionaron respecto del conflicto entre los empresarios del taxi y los tenedores de licencias VTC, el considerar a los primeros como “trabajadores” o “personas trabajadoras” (CCOO, 29/01/2019; Izquierda Revolucionaria, febrero de 2019); PCPE, 17/08/2018), frente a unas empresas operando para plataformas carroñeras y precarizadoras (Corriente Roja, 28/01/2019), que pretenden atacar servicios públicos (CGT, 05/02/2019), que atentan contra el tejido social y la economía locales (CNT, 21/01/2019), o que pretenden aplicar ‘un ERE al taxi’ (PCOE, 31/07/2018). La mayoría de los propietarios de taxi, en efecto, trabajan. Pero ocurre también que existen taxistas desposeídos de coche y licencia, y que, precisamente por ello, están igualmente obligados a trabajar; en este caso, como asalariados de aquellos otros. Un mismo término (“trabajo”; “persona trabajadora”) designa aquí dos determinaciones del ser social antagónicas; cuya diferencia está mediada por la capacidad o incapacidad de apropiarse plusvalía que exista en cada caso. Quienes lo hacen, sea en menor o mayor grado, son empresarios capitalistas. Quienes no, trabajadores asalariados. La asimilación de una condición a la otra no sólo responde a un interés político espurio, sino que contiene un momento de verdad. O, por mejor decir, sobre el fundamento material real que lleva a reducir a capitalistas y obreros a un mismo denominador común qua trabajadores, se alza el interés políticamente espurio de confundir los intereses inmediatos de la clase obrera del transporte de pasajeros a los de la burguesía que la explota. En Teorías sobre la plusvalía, Marx indaga precisamente en esta inversión en la conciencia que lleva a un grupo de capitalistas a considerarse y a enfrentarse a otros grupos de capitalistas como “trabajadores”. En cada grupo de capitalistas se encarna cada una de las partes en que la plusvalía se escinde y sustantiva: el interés, de un lado; la ganancia industrial, del otro. Puntualiza Marx que el interés y la ganancia no son dos capitales distintos, sino el mismo capital, que funciona como capital en su proceso y que arroja una ganancia, repartida entre dos capitalistas distintos (Marx, 1980b, 419). Al interés como “capital en sí” o capital “que no trabaja”, se contrapone la ganancia industrial como “capital en funcionamiento” (Marx, 1980b, 419) y el capitalista industrial como “agente activo de la producción” (Marx, 1980b, 410). Esta disociación entre el capital fuera del proceso de producción y el capital dentro de él, porta una necesidad real por cuanto que el dinero está presupuesto ya como capital antes de entrar en el proceso de producción mismo (Marx, 1980b, 418; 421); al punto de que, para el capitalista industrial, el interés constituye uno de sus costos de producción (Marx, 1980b, 424), incluso si opera con su mismo capital y Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 349 se lo tiene que abonar a sí mismo (Marx, 1980b, 425). El interés es la expresión más irracional del movimiento del capital como dinero que engendra dinero (D-D’), fórmula original y general del capital, “condensada en una síntesis carente de sentido” (Marx, 1980b, 403). En tanto que tal, se postula como el fruto verdadero del capital por representar “la propiedad del capital como medio de apropiarse de los productos del trabajo ajeno, como poder dominante sobre el trabajo de otros”, pero siendo ésta propiedad que recibe “al margen del mismo proceso de producción”, “independientemente y al margen del mismo proceso capitalista” (Marx, 1980b, 423). En contraposición directa al interés, la ganancia industrial aparece como remuneración del trabajo del capitalista, no en cuanto capitalista (propietario de capital), sino en cuanto trabajador (funcionario del proceso de trabajo) (Marx, 1980b, 436). Toda vez que la última forma de la plusvalía, el interés, se concibe en oposición directa a la plusvalía como tal, en oposición al plustrabajo extraído del obrero en el proceso productivo, se consuma la mistificación de “la naturaleza del capital y de la plusvalía, y de la producción capitalista, en general” (Marx, 1980b, 434; 437). Pero el interés también infunde a la otra parte en la que se divide la ganancia, la forma cualitativamente diferencia de ganancia industrial, la cual comporta que el capitalista “[c]rea plusvalía, no porque trabaje en cuanto capitalista, sino porque él también, el capitalista, trabaja” (Marx, 1980b, 438, énfasis en el original). Al desglosarse el interés totalmente del proceso de explotación, la ganancia industrial –la otra parte de la plusvalía– “es presentada como como su contrapartida directa [de la plusvalía, N. de A.]; no como apropiación de trabajo ajeno, sino como creación de valor del propio trabajo” (ibídem). Se consuma la inversión en la conciencia de la relación social general cuando “[e] l trabajo de explotar se identifica aquí con el trabajo explotado” (Marx, 1980b, 439, énfasis agregado). 3 Los conflictos sociales recientes son prolijos en evidencias de la sinécdoque que lleva de la plusvalía al interés, de la “ficción sin fantasía” (Marx, 1980b, 403) que hace aparecer al capitalista como mera encarnación del capital dinerario vis-à-vis el capital productivo y su personificación, el honrado emprendedor. La consigna que aglutinó al movimiento 15-M en sus primeros estadios fue “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Su homólogo estadounidense, Occupy Wall Street, aseveraba que la codicia está del lado del 1%, y que ellos eran, encarnaban o representaban, al 99% restante. No hubo durante años huelga, protesta 3. En otro lugar, Marx (1980b, 313) apunta que “la explotación de trabajo cuesta trabajo”, mas no por ello el beneficio que percibe el capitalista puede equivalerse a un salario al uso. Primero, porque en aquello en que ese trabajo de superintendencia o de supervisión (‘labour of superintendence’, en inglés) está determinado por la contradicción entre el capital y el trabajo, constituye un faux-frais de la producción, un gasto improductivo “exactamente igual que los costos originados por el capataz de esclavos y su látigo se incluyen en los costos de producción del esclavista”. Segundo, porque aquel trabajo que nace de “la función general de organizar la división del trabajo y la cooperación entre ciertos individuos” queda plenamente representado por los salarios de los directores generales y figuras similares de la gran industria. Formas de trabajo que, por cierto, resultarán superfluas en la organización del trabajo por los productores libremente asociados, esto es, en el comunismo; como el mismo Marx recalca al considerar el caso de las cooperativas obreras (Marx, 1980b, 313). Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 350 o manifestación en España en que no se coreara el grito de “Tenemos la solución, los banqueros a prisión”. Y así, sucesivamente. La concepción de la crisis económica como estafa (a modo de ejemplo, entre tantos posibles, Torres López, 20/06/2010), y, a mayor ahondamiento, como estafa maquinada y perpetrada por las élites financieras, viene a redondear una perspectiva compartida por amplios sectores sociales y de la izquierda contemporánea.4 Pero tal representación mistificada de la naturaleza y leyes de la producción capitalista encuentra un desarrollo mucho más concreto y fecundo en el caso del denominado pequeño capital, precisamente, porque éste no sólo se contrapone al capital a interés en tanto que “capital productivo” o “capital en funcionamiento”; sino, asimismo, porque su mismo volumen le hace imposible apropiarse de la tasa de ganancia industrial media, y, a su turno, al capitalista que lo posee actuar qua capitalista evadiéndose del trabajo. Tal es, a nuestro juicio, la razón de ser de aquella asimilación del empresario del taxi a la condición de “trabajador” que la 4. Para Marx, resulta muy sencillo hacer del capital a interés objeto de crítica y ataque generalizados por parte de ciertas tendencias políticas, “primero, porque es aquí donde menos se revela la concatenación interna y donde el capital se manifiesta en una forma en la que aparece como fuente independiente de valor; y, en parte, porque, bajo esta forma, se esfuma y disuelve totalmente su carácter antagónico, no acusa contraposición alguna frente al trabajo” (Marx, 1980b, 414-415, énfasis en el original). Una investigación independiente debería ocuparse de determinar bajo qué condiciones es materialmente posible que planteamientos nacidos de “la lucha de la naciente burguesía industrial contra los usureros a la vieja usanza” (ibídem), sean reciclados, remozados y presentados a la clase obrera dos siglos después como la expresión más inmediata de la superación de las relaciones sociales capitalistas. izquierda pregonó durante las semanas y meses en que el conflicto con las VTC se hallaba en su punto álgido. El taxista que opera con su propia licencia y con su propio vehículo, la amplia mayoría en el sector del transporte de pasajeros en España, tiene necesariamente que representarse en la conciencia que es trabajador de su propio capital porque, en efecto, trabaja. Con su trabajo se abona el salario, la ganancia industrial que corresponda a su capital cuantitativamente determinado, y el interés correspondiente al valor de sus medios de trabajo. Se apropia de una porción de la plusvalía global con arreglo a la proporción en que participa en ella, a saber, con arreglo al volumen específico de su capital. En tal sentido, éste se encuentra en una determinación del trabajo esencialmente distinta a la que corresponde al trabajo asalariado (a su trabajador asalariado, cuando lo hay), que no puede apropiarse plusvalía alguna. Mas, sea como fuere, la propiedad sobre las condiciones de producción no le habilita para abandonar su desempeño en el mismo proceso de producción y dejar que otros laboren por él y por su capital. Lo crucial aquí, en todo caso, es que tal conciencia fetichizada no sólo ni con carácter principal está portada por los agentes de la producción directamente concernidos (a saber, empresarios del taxi), sino que se reproduce y desarrolla en la palabra y praxis de los más diversos grupos y organizaciones de la izquierda española contemporánea. Su programa político común, diferencias específicas al margen y pese al embozo que se haya dado a sí mismo, es la expresión más concreta de los intereses y necesidades de la pequeña propiedad y del pequeño capital. En breve, las organizaciones de izquierda españolas actúan como repre- Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 351 sentante político y portavoz ideológico del pequeño capital. A su praxis le corresponde asumir, por consiguiente, la naturaleza social que es propia de esta misma forma del capital. Repasemos someramente sus determinaciones. 3.1. El taxi como pequeño capital El capital es pura valorización del valor, producción acrecentada de la relación social objetivada en la mercancía y el dinero. Cada capital individual constituye un fragmento particular del capital social total. Por cuanto que el capital no conoce más límite formal que su propio crecimiento cuantitativo (absorción creciente de plusvalía), la diferencia que los capitales individuales presentan entre sí posee un carácter igualmente cuantitativo, determinado por el volumen de capital que de manera independiente cada uno ponga en movimiento. Pero esta diferencia cuantitativa se afirma realizándose en su opuesto, esto es, como diferencia cualitativa. Cada capital individual obtiene una parte alícuota de la plusvalía total extraída a la clase obrera en su conjun- to5, “primero, en aquella [proporción] en que este capital específico representa una parte alícuota del capital global, y, segundo, en la proporción en que el capital global produce plustrabajo” (Marx, 1980 (pág. 20, subrayado en el original). A través de la tasa media de ganancia, el capital social total regula y dota de unidad al 5. Es precisamente en virtud de este hecho que Marx (1980, 20) subraya que los diferentes capitales, a pesar de la competencia que entre sí mantienen para sobrepasar al resto, se hermanan en la explotación conjunta de la clase obrera; incluyendo en el reparto del botín “como hermanos-enemigos” al pequeño capital que no emplea trabajadores de forma directa. movimiento de los capitales individuales, como apropiación de un volumen específico de la plusvalía global en virtud de la cantidad de capital movilizado en cada caso. Y aquí es donde saltan a la vista las diferencias cualitativas. Por un lado, existen capitales que pueden apropiarse de la tasa media de ganancia en virtud del hecho de que participan activamente en su formación, los denominados capitales normales o medios; existen pequeños capitales que logran valorizarse, aun siendo incapaces de seguir el ritmo de desarrollo de las fuerzas productivas, por hacerlo a una tasa de ganancia inferior a la normal; y existen capitales que se valorizan sistemáticamente a una tasa de ganancia superior a la general, en tanto que se apropian de valor adicional al relacionarse con los pequeños capitales a través de la circulación para garantizarse insumos abaratados, los capitales normales potenciados (estas definiciones se recogen de Starosta y Caligaris, 2017, cap. 8; también, Íñigo Carrera, 2013, 133 y ss.). Es la capacidad de valorización específica de cada capital individual la que impone tal diferenciación cualitativa. En tanto que no pueden seguir la marcha normal de la valorización del capital, los denominados pequeños capitales quedan irremisiblemente condenados a sucumbir en el proceso de concentración y centralización del capital. Y esta suerte les llega tarde o temprano. Sin embargo, Íñigo Carrera (2013, 136-140) señala que su vida útil puede extenderse más de lo que les correspondería en virtud de su capacidad de valorización; precisamente, porque ésta ya no se rige por la tasa normal de ganancia, sino que tiene su límite inferior en la tasa de interés a la que se liquidarían sus activos productivos, habitualmente inferior a aquella. Insuficientemen- Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 352 te concentrados, los pequeños capitales compensan los costos relativamente incrementados de su escala de producción por la menor ganancia que apropian. El precio de las mercancías producidas que rige su valorización como capitales industriales independientes se sitúa por debajo del precio de producción. Y aquí es donde reside la clave de su competitividad, de su capacidad para reproducirse a pesar de haber perdido el paso del desarrollo de la productividad del trabajo social. Aunque el precio de producción para una rama específica se reduzca constantemente, el límite absoluto de la valorización del pequeño capital se halla muy bajo. Sobre una base técnica dada, el intento de los capitales normales o medios de extender la necesidad social de su producto sobrepujando a los pequeños capitales y vendiendo por debajo de lo que estos lo hacen, simplemente los destrozaría, al no poder permitirse una valorización menor con una escala de producción mucho mayor. De ahí que los pequeños capitales predominen en determinadas ramas de la producción social, sobre todo, las que conciernen a los medios de vida de la población (Íñigo Carrera, 2013, 137). La idea clave de esta somera reconstrucción de las determinaciones del pequeño capital es que éste constituye una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas y el despliegue de la productividad del trabajo. Como se ha visto, las mismas condiciones de su reproducción hace difícil a los capitales suficientemente concentrados el abrirse paso en múltiples ramas de la producción social, pues estos últimos se ven imposibilitados de competir contra una capacidad de valorización inferior a la normal. Éste ha sido, por luengos años, el caso del taxi en España. La ganancia extraordinaria que persiguen los pequeños capitales en su competencia entre sí, no se apoya en la plusvalía relativa, esto es, en el abaratamiento de la fuerza de trabajo vía la mejora tecnológica; sino en la plusvalía absoluta. En el pequeño capital, se generalizan las formas más brutales de explotación de la fuerza de trabajo, remunerándola por debajo de su valor y violando de continuo los límites legales de la jornada laboral (Íñigo, 2012, 61-62; Íñigo Carrera, 2013, 141-142).6 El pequeño capital, como sujeto social de la organización de la producción social, es reaccionario por su misma naturaleza. Quienes personifican a este mismo capital, no pueden imprimir a su acción social más atributo que el que de aquél es propio.7 En otras palabras, los pequeños capitalistas, en tanto que pequeños capitalistas (y no pueden ser otra cosa), son sujetos sociales reaccionarios. Y lo mismo cabe decir de quienes el análisis previo ha identificado como sus representantes políticos, a saber, los grupos y organizaciones de izquierda. El programa político que la izquierda contemporánea española propone a la clase obrera (de cuya tradición de 6. Alguna relación debe de existir entre el hecho de que el pequeño capital sea predominante en España, con más del 98% de su tejido productivo conformado de empresas pequeñas y medianas (Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, 2019), y el que este país sea líder en Europa en horas trabajadas con menor grado de productividad (EAE Business School, 2018). 7. Como acertadamente señala Íñigo Carrera (2007, 59), el que los seres humanos personifiquen a las mercancías de las que son propietarios supone que su conciencia y voluntad están objetivadas en la mercancía misma, subsumidas en la relación social general; que es a través de su acción social específica que la mercancía realiza su atributo más general, a saber, su cambiabilidad por otras mercancías. Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 353 lucha e intereses históricos tiende a reclamarse, al menos, de forma abstracta) es un programa esencialmente reaccionario. Y no porque sostenga este o aquel postulado concreto, sino porque todo él se articula y pivota en torno al sujeto social de la producción que constituye de por sí la mayor trabazón al progreso de la productividad del trabajo: el pequeño capital. El posicionamiento de la izquierda española respecto del conflicto del taxi y las empresas VTC resulta paradigmático a este respecto. Ahora bien, ¿constituye el sector del taxi en España una de esas ramas de la producción social dominadas por el pequeño capital? Y, de ser así, ¿la defensa de los intereses del taxi supone, por consiguiente, un alineamiento con las tendencias reaccionarias del ser social? Pese a carecer de datos específicos a este sector respecto de los capitales individuales adelantados, los costes insumidos, los precios por unidad de servicio y los periodos de rotación del capital fijo; hay una serie de evidencias que merece la pena comentar, y que nos permiten aseverar, aun aproximativamente, que nos encontramos frente a un sector en el que el pequeño capital ha sido preponderante durante décadas. El mismo contraste entre el taxi, en tan- to que capital industrial individual, y las multinacionales Uber y Cabify, resulta elocuente respecto de la diferencia cualitativa que entre ambos tipos de capitales existe. Mientras que, allí, el capital social total se fragmenta en una miríada de pequeños capitales cuya escala de producción no es ya nacional, sino apenas local; aquí, ese mismo capital social total aparece concentrado y centralizado en empresas multinacionales, cuyo capital individual, o abarca más de una rama de la producción o se extiende por la misma rama entre los diversos fragmentos nacionales de acumulación (como es el caso específico de Uber y Cabify, volcados en el sector del transporte). Y tal grado de concentración, como especifica Íñigo Carrera a colación de la determinación general del capital normal o medio (2013, pág. 137, nota al pie), tan sólo para estar en condiciones de apropiarse de la tasa media de ganancia. ¿Puede decirse que los taxis en España presentan similar capacidad de valorización que Uber o Cabify, en virtud de este mismo hecho? No, por cierto. Pero como la comparación con las plataformas tecnológicas puede resultar un tanto capciosa, podemos limitarnos a parangonar la escala de la producción entre los taxis individuales, de un lado, y las operadoras VTC. De nuevo, salta a la vista que no estamos ante capitales industriales con las mismas capacidades de acumulación. Según los datos disponibles, entre las cuatro principales empresas que trabajan con VTC en España, aglutinan diez mil de las trece mil licencias de esta naturaleza que las administraciones públicas han concedido (El Confidencial, 04/08/2018). Con que cada licencia se asocie a un único vehículo y a un solo trabajador (que no es el caso), son dos mil quinientos trabajadores en promedio para cada empresa repartidos por toda la geografía nacional, operando indistintamente con Uber o Cabify. En el lado del taxi, tenemos una concentración de licencias por capital individual bastante menos notable: en la ciudad de Madrid, el 61% de las licencias son explotadas por un único propietario. Menos del 17% de propietarios de licencia de taxi poseen más de una. En Barcelona, por su parte, el 89% de los taxistas particulares posee una única licencia. Y cada licencia indivi- Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 360 bolismo social, a pesar de arrastrar tras de sí la violencia y la muerte. Cualquier otra pretensión es un puro accionar a la vez utópico, por querer prescindir de las determinaciones que son propias de la forma capital, y reaccionario, por no ver en el despliegue de las mismas la base material de la superación de la relación social capitalista. La tercera de las formas de socialismo reaccionario comentadas por Marx y Engels es el denominado socialismo pequeñoburgués. Y lo primero que llama la atención de la reproducción idea que los autores hacen de este, es que engloban bajo tal rúbrica a Sismondi, economista francés al que Marx dedica diversos elogios a lo largo de su obra económica por su capacidad para identificar, aun tempranamente y frente a la Economía Política inglesa, las contradicciones inherentes al desarrollo de la producción capitalista. De donde se colige que el socialismo pequeñoburgués encierra un potente contenido de crítica al capital; su carácter reaccionario no diluye su acendrada capacidad de identificar las brutales formas de explotación que el capital impone. No debe de resultar sorprendente, por consiguiente, que un programa político de contenido indubitablemente reaccionario se emboce bajo la apariencia de una despiada condena a las formas concretas de la producción capitalista, pues esta crítica furibunda es la forma concreta en que se realiza la esencia reaccionaria de tal socialismo pequeñoburgués. Como el socialismo feudal expresa el anhelo de retorno a las formas de producción precapitalistas por parte de la aristocracia en declive, convertida en excrecencia feudal ante el avance de la gran industria y de la burguesía; el socialismo pequeñoburgués corresponde a la otra clase “derrumbada por la burguesía […] cuyas condiciones de existencia empeoran y van extinguiéndose en la sociedad burguesa moderna” (Marx y Engels, 1987, 68). No hay enigma al respecto. El mismo nombre que toma esta forma de socialismo revela a las claras de qué clase están hablando Marx y Engels. La pequeña burguesía analiza las fuerzas sociales desplegadas por el capital en la gran industria, el comercio y la agricultura, con sus tensiones sociales ínsitas, conforme al rasero pequeñoburgués; y, de tal modo, aspira a superar o cauterizar las contradicciones de clase restableciendo “los antiguos medios de producción y de cambio, y con ellos el régimen tradicional de propiedad y la sociedad tradicional” (Marx y Engels, 1987, 69). Es simultáneamente, nos ilustran Marx y Engels, un socialismo reaccionario y utópico: es capaz de indagar en las contradicciones inherentes a las modernas relaciones sociales de producción; pero, “en lo que atañe ya a sus fórmulas positivas” (Marx y Engels, 1987, 69), en lugar de mirar hacia delante y ver en el desarrollo enajenado en el capital de las fuerzas productivas la base material para la liberación del proletariado, mira hacia atrás, concibiendo las transformaciones operadas por el capital únicamente en su contenido negativo, como negación de las formas sociales que precedieron al capitalismo. Si volver atrás la rueda del desarrollo histórico es el contenido genérico de la acción política que el socialismo pequeñoburgués propone a la clase obrera, las organizaciones de izquierda en España saben un rato al respecto. Ejemplos hay para todas las esferas de la producción social, en todos los segmentos específicos del espectro ideológico de la izquierda, y para todos los gustos. Los conglomerados y agrupaciones electorales concurrieron en 2015 a las elecciones municipales y Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 361 que terminaron constituyendo los conocidos como ‘ayuntamientos del cambio’ en varias ciudades grandes y medianas, se presentaron con la promesa de remunicipalizar servicios como la atención a domicilio o el suministro de agua (Barcelona en Comù, 2015). También Podemos proponía en las elecciones del 28 de abril generalizar la “gestión municipal de los equipos de servicios sociales” (Podemos, 2019, pág. 88), aunque dejan atrás otras promesas relativas a la nacionalización de bancos y empresas de sectores estratégicos que antes sí recogían. El sindicato UGT (Unión General del Trabajo) propone un impuesto o cotización a la Seguridad Social para las “nuevas tecnologías que destruyen empleo” por boca de su secretario general (Álvarez, 25/02/2019). Corriente Roja defiende la necesidad de nacionalizar industrias de tecnología obsoleta e incapaces de apropiarse de la tasa media de ganancia con el fin de “defender todos los puestos de trabajo” (Corriente Roja, 05/07/2019) y, de paso, liberar al capital individual de la carga económica de transformar la base material de la producción en empresas como Alcoa. Votar comunista en las elecciones europeas del 2019 significaba para el PCPE (Partido Comunista de los Pueblos de España) defender a “los pequeños agricultores, ganaderos y pescadores” del ataque que perpetran “las políticas agraria y pesquera de la UE” en favor de los monopolios. Y así, sucesivamente. En el conflicto entre el sector del taxi y las empresas VTC que a esta investigación atañe, se ha dejado ver a las claras que la mayor parte de los grupos de la izquierda española no tienen más programa político “revolucionario” o “transformador” que el oponerse abstractamente al desarrollo de las fuerzas productivas y de la productividad del trabajo social13, tan propio del socialismo pequeñoburgués. No puede escapar de la esencia reaccionaria que a esta forma de socialismo acompaña desde sus mismos orígenes, y que el desenvolvimien- to de las contradicciones de la relación social capitalista ha vigorizado. Pero ocurre que esta esencia se afirma negándose a sí misma, y se presenta como el non plus ultra de la crítica al modo de producción capitalista y la reciente uberización del trabajo. La argüida defensa de los intereses del conjunto de la clase obrera no es sino la defensa del interés del pequeño capital que sucumbe ante la transformación incesante de los procesos productivos; es la defensa de la causa obrera “desde el pun- to de vista de la pequeña burguesía” (Marx y Engels, 1987, 68). 5. El socialismo pequeñoburgués español ante la pugna entre fragmentos del capital social total El conflicto entre el sector del taxi y las empresas VTC que operan con Uber y Cabify ha arrojado luz nueva sobre el programa político de la izquierda contemporánea, tornando prístina su esencia reaccionaria. En medio del ruido y la conmoción, no cabía vituperar más veces en menos espacio de tiempo el progreso inexorable de las fuerzas del trabajo social en su forma enajenada en el capital; ni desatender u obviar con mayor frivolidad el análisis de las tendencias objetivas del desarrollo 13. Oposición que se expresa incluso en los usos del lenguaje a los que la izquierda española acostumbra, y en los que prolifera la noción de “resistencia a”. Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 362 capitalista en favor de la coyuntura y la acción inmediata. En definitiva, en ningún otro conflicto social podría la izquierda española contemporánea haber aherrojado con más fuerza la clase obrera a intereses inmediatos e históricos tan diametralmente opuestos a los suyos, negándole de partida cualquier acción autónoma y relegándola a actuar de mera comparsa de la pequeña burguesía. A la luz del recorrido teórico previo, este último punto pretende comentar algunas de las posiciones propugnadas por diversos grupos de izquierda en relación a la pugna taxi – VTC. Se pretende, así, no ya ilustrar sin más el carácter reaccionario que a todas las organizaciones es común, sino también reseñar que existen entre ellas diferencias importantes respecto de cómo su acción política realiza sus potencialidades inmanentes. Es decir, si bien sus diferencias ideológicas no han sido óbice para que los grupos de izquierda españoles se aunasen en la defensa del pequeño capital preeminente en el sector del taxi, ello no resta importancia a estas mismas disensiones. La reproducción en el pensamiento del concreto que enfrentaba la investigación en su comienzo (a saber, la acción política de la izquierda española en la pugna taxi – VTC) no estaría completa si no contemplase también cómo una misma potencia genérica se realiza, afirmándose mediante su propia negación, en diferentes formas concretas, en diferentes programas políticos concretos. Si el análisis aquí planteado ha alcanzado término afirmando que la izquierda española presenta un programa político reaccionario, por ser vocera y armazón ideológico de la pequeña burguesía; ello no pretende negar o suprimir las discrepancias reales que existen entre organizaciones, sino señalar que es común a todas ellas una misma necesidad, a saber, la representación política de los intereses del pequeño capital, de las fuerzas materiales reaccionarias. El recorrido que se propone por los diversos posicionamientos, provengan de sindicatos o de organizaciones políticas propiamente dichas, no pretende ser exhaustivo ni tiene por fin abarcar la totalidad de las estructuras organizativas que se reivindican de los intereses de la clase obrera. Tampoco ha estado guiado por un criterio diferente al del mero interés que podrían despertar los diversos argumentos esgrimidos para justificar los respectivos posicionamientos. Así, nuestro comentario crítico se circunscribe a las siguientes organizaciones: Comisiones Obreras (CCOO), Unión General del Trabajo (UGT), Confederación General del Trabajo (CGT) y Confederación Nacional del Trabajo (CNT), como sindicatos; Podemos, Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), Partido Comunista Obrero Español (PCOE), Izquierda Revolucionaria – El Militante, y Corriente Roja, como organizaciones políticas. Finalmente, informaciones del digital Izquierda Diario se toman como referencia para ilustrar las posiciones adoptadas por el trotskismo que se sitúa a la izquierda de las dos últimas, falto en la actualidad de expresión organizativa específica14. Unión General del Trabajo (UGT) Comenzamos con una excepción. El sindicato UGT, uno de los sindicatos con 14. Este papel estuvo desempeñado históricamente por Clase Contra Clase, grupo que se refundó como Corriente Revolucionaria de Trabajadores. Actualmente, no existe constancia de actividad política alguna de esta organización. Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 363 mayor implantación en España, junto a Comisiones Obreras, tomó partida abiertamente por las demandas de las empresas operadoras de VTC frente al sector del taxi. Desde luego, resulta llamativo que este sindicato, de orígenes socialistas (fue fundado por el Partido Socialista Obrero Español), con un amplio bagaje en acción sindical poco fructífera para los trabajadores, de colaboración con los empresarios para imponer salarios y condiciones laborales denunciadas como gravosas, y, en fin, de prácticas y actividades corruptas con el dinero recibido de parte del Estado; resulta llamativo, decimos, que este mismo sindicato se alinee con los fragmentos del capital social total progresistas, aquellos que encarnan un ulterior despliegue de las fuerzas del trabajo social, aun en su forma concreta de apropiación de la tasa media de ganancia. Y más sorprendente resulta si esta misma organización sindical, por boca de su secretario general, Pepe Álvarez, ha defendido en diversas ocasiones la necesidad de aplicar un impuesto o sistema de cotización “a las nuevas tecnologías que destruyen empleo” (Álvarez, 25/02/2019), como más arriba se vio. Es difícil concebir como progresista una medida encaminada a desincentivar el desarrollo tecnológico vía costos añadidos a la transformación tecnológica. Pero la posición de UGT a colación del conflicto taxi – VTC responde a una determinación diferente: el sindicato firmó un acuerdo con la patronal Unauto, mayoritaria en el ámbito de las VTC, y al que se sumó Cabify, con el argumento de mejorar las condiciones laborales en el sector y con el “compromiso por la conciliación de los intereses de los trabajadores y las empresas” (eldiario.es, 19/09/2018). En virtud de este acuerdo, UGT ha copado las listas a las elecciones sindicales en las empresas operadoras de VTC, como denuncia su homólogo Comisiones Obreras (CCOO-Andalucía, 29/01/2019). En efecto, a los pocos días de cerrarse este acuerdo, en las protestas de las VTC ya podían verse banderas de la Unión General del Trabajo. UGT está prestando, por consiguiente, un servicio de representación sindical. Comisiones Obreras (CCOO) La posición de Comisiones Obreras, la otra gran organización sindical española, se contrapone diametralmente a la de UGT, llegando al punto, como se acaba de ver, de cargar contra a aquella por alcanzar un acuerdo con Unauto y copar los puestos de salida en las elecciones sindicales. Así, arguye este sindicato que su homólogo está confundiendo el papel del lobby empresarial Unauto con el de los trabajadores, y ha rubricado un compromiso con aquel “sin denunciar las jornadas de esclavitud a los que son sometidos sus plantillas, sin denunciar los bajos salarios y condiciones de trabajo precarias o la falta de regulación laboral concreta” (CCOO-Andalucía, 29/01/2019). Que estos argumentos son pura faramalla se revela tan pronto como el sindicato pasa a considerar específicamente la situación del taxi, y el “modelo de confrontación que se quiere forzar entre personas trabajadoras” (ibídem, subrayado nuestro). Como se comenta más arriba al considerar las inversiones en la conciencia de las relaciones sociales de producción propias del capitalismo, bajo la etiqueta de «persona trabajadora» pueden englobarse realidades económicas no sólo distintas, sino antitéticas: trabajador asalariado versus pequeño capitalista. Por supuesto, en su propuesta de diálogo y regulación del Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 364 sector del transporte de pasajeros urbano e interurbano, Comisiones Obreras se propone a sí mismo como un actor, en tanto que “organización representativa (…) que expresa su vocación de aportar soluciones y ayudar en la construcción del modelo de salida que permita un encaje definitivo de todos los agentes en conflicto” (ibídem). La lucha entre fragmentos específicos del capital social total, entre aquellos capitales que portan en sí la necesidad genérica de desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad (y, con ello, las potencialidades revolucionarias de la clase obrera), y los que, en cambio, obstaculizan u obstruyen este mismo desarrollo y estas mismas potencias políticas, se convierte a ojos del sindicato en una cuestión de voluntades. Voluntad de diálogo, voluntad de coordinación entre administraciones, voluntad de regular el sector. Y su voluntad, como es propia del espíritu pequeñoburgués, por encima de todas las demás. Confederación General del Trabajo (CGT) Al igual que en los dos casos anteriores, tampoco el posicionamiento adoptado por CGT respecto del conflicto taxi – VTC da mucho pábulo a lecturas políticas prolijas. Con todo, la Confederación General del Trabajo, de orígenes anarcosindicalistas (nació como escisión de CNT en la década de los ’80), entra de lleno en la cuestión por la que Comisiones Obreras había pasado de puntillas, a saber, el carácter público del taxi. A su juicio, éste debiera ser un “servicio público” (CGT, 05/02/2019) garantizado a través de una “regulación específica”. La apelación a lo público, tanto más llamativa en una organización de corte anarquista, permite una huida hacia adelante que esconde la absoluta falta de propuestas concretas para encarar la lucha en ciernes, y esconde, al pasar, la naturaleza de la reivindicación que se esgrime, que no es otra sino la de preservar intocado el negocio del pequeño capital frente a las empresas que obtienen “importantes beneficios sin garantizar las condiciones laborales más elementales” (ibídem). Dicho en forma sucinta, la naturaleza de “servicio público” que CGT esgrime viene a poner en relación directa dos determinaciones que nada tienen que ver entre sí: por un lado, la necesaria lucha de los trabajadores por garantizar la explotación normal de su fuerza de trabajo, vendiéndola por su valor y garantizando una extensión de la jornada y una intensidad del trabajo normales; por el otro, la pervivencia y reproducción de los pequeños capitales. Lo que por sí mismos no pueden garantizar, ni aun dando curso a las formas más brutales de explotación de la fuerza de trabajo, ha de ser proveído por el Estado capitalista, el representante político del capital social total. Es decir, bajo la noción de lo público se da cabida a dos determinaciones del capital social total autoexcluyentes. Trabar la concentración y centralización del capital no puede servir para mejorar las condiciones laborales de la clase obrera. El convenio del taxi en España es papel mojado (Izquierda Diario, 31/05/2017), precisamente porque el capital de este sector no se halla lo suficientemente concentrado como para poder remunerar la fuerza de trabajo por su valor, y garantizar de paso condiciones laborales normales. Confederación Nacional del Trabajo (CNT) La Confederación Nacional del Trabajo, como verdadera organización anarquista, Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 365 continuadora de la línea de pensamiento de Proudhon y contemporánea encarnación del socialismo pequeñoburgués de Bakunin y Kropotkin; la CNT, decimos, tiene al sector del taxi por referente del modelo de organización de la producción social que defienden. Tanto es así, que hasta cuentan con una cierta implantación en el sector, a diferencia de lo que ocurre en todos los demás, donde no tienen ninguna. Frente al carácter “aburguesado” del trabajador que ha ido “perdiendo la conciencia de pertenencia de clase”, su sección sindical en el taxi defiende “la autogestión, la acción directa, la solidaridad y el apoyo mutuo”; pero remarca: “en favor del trabajo del taxista autónomo” (CNT-Taxi, s/n). Con tales jalones, resulta menos sorpresivo que el argumento en apoyo del reciente lockout patronal en el taxi sea que la acción de las multinacionales comporta “menos dinero para la economía local” o la “destrucción del tejido social”. Como la organización anarquista parece preocuparse poco por el desarrollo de las fuerzas productivas o por las potencias revolucionarias portadas por la clase trabajadora, todo el conflicto entre el ámbito del taxi, por el que toman abiertamente partido, y las plataformas VTC, se reduce a que estas últimas “inyectan millones de euros para competir (…) y destrozar los sectores bien regulados y estables” (CNT- Taxi, 21/01/2019, énfasis agregado). Por cierto, que ese sector “bien regulado y estable” garantiza las mismas malas condiciones laborales a sus asalariados que las que son propias de las VTC, como la misma sección de taxi de CNT reconocía en una entrevista a Todo por Hacer (Todo por Hacer, agosto de 2018). A su vez, en fidelidad a su «socialismo pequeñoburgués», CNT se vanagloria de la hermandad de intereses entre trabajadores autónomos y asalariados en las protestas del verano de 2018, a los que indistintamente ayudaron con sus cajas de resistencia (ibídem). Podemos El partido político Podemos, el único de todos los mencionados en este análisis con representación parlamentaria nacional y autonómica, hizo causa propia del conflicto entre el sector del taxi y las empresas VTC. Su defensa cerrada del primer fragmento del capital social total frente al segundo le sirvió para que algunos taxistas madrileños hiciesen campaña gratuita a favor de su candidata en las autonómicas de la región, Isabel Serra. Más allá de su programa para las elecciones del 10 de noviembre (Podemos, 2019), no existe ningún documento en el que se recoja el posicionamiento concreto de la organización en esta materia. Y en aquel, en su punto número 20, sólo se destaca la necesidad de que las administraciones cooperen para trabar el progreso de las VTC (vía separación temporal y espacial de su servicio respecto del taxi) y prolongar un poco más la agonía del pequeño capital ampliando licencias y cargando en el Estado parte del coste de su transformación tecnológica. Allí donde falta el contenido, siempre queda el relato. Es por ello que todo el interés que despierta el posicionamiento de Podemos15 se circunscribe a su dimensión comunicativa, al modo en que el mensaje se transmite. Podemos apuesta por resituar los términos del debate, presentán- 15. Tomamos como referencia el vídeo publicado en la página de Facebook de la organización: https://www.facebook.com/ahorapodemos/ videos/rafa-mayoral-te-explica-el-conflicto-del- taxi/477643256101095/ Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 366 dolo como una pugna entre democracia y un algo indefinido pero que puede catalogarse como ‘tiranía de las transnacionales’. Este marco de los derechos sociales y la voluntad popular objetivada en las instituciones democráticas le es mucho más cómodo al partido liderado por Pablo Iglesias. El argumento toral gira en torno al supuesto carácter público del taxi, en tan- to que sector regulado por las administraciones locales, amenazado por unas Uber y Cabify que pretenden pasar por encima de la voluntad democrática e imponer su propia norma en la movilidad intra e interurbana. Y ello, además, sin pagar impuestos en España. Por vía del discurso, el progreso tecnológico que las aplicaciones de movilidad representan frente al atávico modelo de negocio del taxi, se resignifica como una precarización de los derechos laborales, un “tatcherazo” (sic) a un sector público sólido y bien regulado.16 En un vídeo de apenas dos minutos, el partido nacido en el campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid aglutina, condensa y relaciona todos los argumentos que, alternativa o simultáneamente, el resto de organizaciones aquí concernidas desarrollan: servicio público; monopolio; ataque a los derechos sociales; precarización del trabajo. Ninguna de ellas ha mostrado hasta la fecha afinidad programática alguna con Podemos. Pero 16. No es baladí que en este ejercicio de framing, de imponer una interpretación de la realidad en base a remarcar ciertos aspectos de la realidad frente a otros con fines de persuasión, Podemos recontextualice específicamente el progreso tecnológico que introducen las aplicaciones Uber y Cabify como precarización laboral. Hasta en su mismo discurso revela que es incapaz de remontarse más allá de las formas enajenadas en que se despliega la productividad del trabajo social, es decir, que vive atrapada en el fetichismo de la mercancía y el capital. todas tienen en Podemos el espejo en el que mirarse, y ver su propia realidad, para bien o para mal: allí, el triunfo del discurso sobre los postulados políticos; aquí, el hundimiento de unos postulados que, al confrontarlos seriamente con la realidad, no revelan ser más que discurso. Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) La toma de posición del PCPE que su prensa oficial recoge (Partido Comunista de los Pueblos de España, 17/08/2018), presenta por primera vez el conflicto entre el taxi y las empresas de VTC desde el marco de las teorías del capital monopolista; interpretación, por cierto, que comparte con otras organizaciones, algunas cercanas a su línea política (como el PCOE), y otras, muy distantes, como ocurre con Corriente Roja. Para el PCPE, no hay duda: Uber y Cabify ejercen una competencia desfavorable que lleva a la ruina a los ‘pequeños autónomos’. Y el Estado, a su turno, prioriza “los intereses de las multinacionales frente a los sectores públicos, pequeños autónomos (sic) y trabajadores” (ibídem). De donde cabe colegir que la acción política que se propone es la de forzar al Estado a una regulación restrictiva que evite que esos ‘monopolios’ arrasen con el pequeño capital y desarrollen la productividad del trabajo en el ramo del transporte sobre la base de una suficiente concentración y centralización del capital. Para dar remate a su toma de posición, el PCPE llama a la solidaridad con los ‘pequeños autónomos’ de toda la clase obrera, al tiempo que condena la explotación de los taxistas asalariados que esos mismos ‘pequeños autónomos’ ejercen17. 17. Como se vio más arriba, el grado de concentración del capital en el ámbito del taxi es muy Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 367 Allí donde el pequeño capital predomina, la izquierda debe de aplicar ímprobos esfuerzos para separar al empresario del trabajador; precisamente, porque está tan lejos de comprender de dónde nace esta distinción (la relación misma entre trabajo asalariado y capital), como lo está de romper con las inversiones en la conciencia propias del modo de producción capitalista, que hacen del explotador un, llamémosle así, ‘trabajador de la explotación’. Tan pronto como se cae en la cuenta de que tanto el empresario como su obrero son trabajadores, desaparecen de la vista esos pruritos obreristas y, con ellos, las formas de explotación a las que los primeros someten a los segundos. Partido Comunista Obrero Español (PCOE) La interpretación del conflicto taxi – VTC desde el prisma del capitalismo monopolista encuentra su expresión acabada y definitiva en el comunicado del PCOE a colación del mismo, con todas sus antinomias y absurdos. Uber y Cabify son monopolios participados por el imperialismo de países como Estados Unidos (Goldman Sachs) o Japón (Rakuten). Y, claro, el Estado burgués se ha fusionado con estos monopolios para borrar de la faz de la tierra el “taxi pagado por el pueblo” (PCOE, 31/07/2018), para aplicar ‘un ERE’ (sic) al sector del taxi. Hablar de Expedientes de Regulación de Empleo en un sector ampliamente dominado por el pequeño capital revela una pretensión un tanto burda de resignificar bajo, así que no puede ir a buscarse al empresario explotador de los taxistas asalariados fuera de esos pequeños empresarios que acumulan entre dos y cinco licencias. discursivamente el fenómeno en cuestión, de marcar una línea de acción política contraria al interés genérico de la clase obrera poniendo en una relación exterior determinaciones de la relación social capitalista (superpoblación obrera relativa, de un lado; reproducción y absorción de los pequeños capitales, por el otro) que son y deben ser perfectamente discernibles. Pero el PCOE llega todavía más lejos, al punto de invertir los postulados básicos de la teoría en virtud de la cual toma partido en la pugna taxi – VTC. Así, pese a que Uber y Cabify son ‘monopolios’, como ha quedado dicho, estos “apuestan por el desarrollo tecnológico” porque “necesitan agudizar la explotación” (ibídem). Punto por punto, esto es un absurdo lógico que viene a sacar de quicio, bien al PCOE, bien a la teoría del capital monopolista sobre la que aquel asienta su acción política. Siguiendo la línea abierta por Hilferding y continuada por Lenin, el capital monopolista es lo inmediatamente contrario a la plusvalía relativa y a la “apuesta por el desarrollo tecnológico”. Su ganancia extraordinaria no procede de la explotación incrementada de la fuerza de trabajo vía las mejoras técnicas y tecnológicas, sino por el dominio absoluto que ejerce en una rama o un conjunto de ramas de la producción y que le posibilita fijar a placer el precio de las mercancías; precio que, evidentemente, habrá de situarse por encima del precio de producción para que exista tal ganancia extraordinaria. En la forma concreta de capitales monopolistas, fragmentos del capital social total se evaden de su responsabilidad genérica de desarrollar las fuerzas productivas del trabajo social; los beneficios incrementados de esos capitales individuales monopolistas no brotan de la mayor productividad laboral. Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 368 Por consiguiente, o Uber y Cabify son monopolios que ponen en riesgo hasta la reproducción misma de los capitales que se relacionan en la circulación con ellos (empresas operadoras de VTC), al fijar precios por encima del precio de producción, lo que no parece ser el caso; o son simplemente capitales normales suficientemente concentrados que pueden apropiarse de la tasa general de ganancia, es decir, que por ser la suya una escala de producción internacional, gozan de una capacidad de valorización normal. Lo que el PCOE hace pasar por la quintaesencia de la crítica al modo de producción capitalista, no es sino la forma concreta que adopta en la acción política las representaciones invertidas propias de la circulación del capital. ¿Y qué puede esperar la clase obrera de una organización que no es capaz ni de ser consecuente con los postulados, por ideológicos que sean, de las teorías que sustentan su praxis? Corriente Roja (CR) Corriente Roja ofrece el mismo batiburrillo de ideas y planteamientos políticos ya visto en las anteriores organizaciones; sólo añade a esa boutade algunos matices. Puesto que la lucha del taxi es la lucha de todos los trabajadores “contra los procesos de desregulación de derechos” (Corriente Roja, 28/01/2019), no cabe sino el apoyo del conjunto de la clase obrera a sus demandas. Demandas que, por cierto, son “justas”; cabe entender, ajustadas a los intereses del pequeño capital al que Corriente Roja pone voz. Palabras altisonantes al margen, la verdadera contribución de Corriente Roja al conflicto es su reivindicación de la “municipalización” del taxi para enfrentar los envites de Uber y Cabify, el capital “más carroñero y precarizador” (Corriente Roja, 31/01/2019). Ello hará del taxi un servicio “realmente público”, dotado de su propia plataforma tecnológica. Esta reivindicación no deja de tener su interés, puesto que viene a expresar del modo más craso la voluntad política de esta organización de revertir el curso de la acumulación del capital en el sector del transporte intraurbano: ahora que el desarrollo de la productividad del trabajo social permite que capitales individuales normales puedan competir de tú a tú con capitales de baja capacidad de valorización sin sucumbir en el proceso, Corriente Roja pretende blindar al pequeño capital tecnológicamente obsoleto cargando sus costes de producción al Estado; ahora que el avance de las plataformas tecnológicas de movilidad comienza a integrar al sector del taxi (El País, 11/07/2019) junto con patinetes eléctricos, VTC y otras soluciones, Corriente Roja quiere abstraer a tal sector del proceso de concentración del capital18, dotándole de su propia y excluyente tecnología móvil de contratación del servicio. Izquierda Revolucionaria – El Militante La “municipalización” del taxi en tan- to que servicio público no es patrimonio exclusivo de Corriente Roja. El resto del 18. Poca duda cabe albergar de que la integración en las plataformas de diferentes soluciones de movilidad, terminará por suscitar en el taxi un proceso de concentración del capital de carácter similar al vivido en las operadoras de VTC. Free- Now, la aplicación por antonomasia en el Estado español para contratar taxis, está ya abogando por la flexibilización horaria y de tarificación, de un lado, y la homogeneización normativa a nivel estatal en la concesión administrativa de licencias y la regulación del servicio (eldiario.es, 09/10/2019), del otro. Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 369 trotskismo la comparte también. En la prensa de Izquierda Revolucionaria, la solución propuesta para la resolución del conflicto se asemeja bastante a aquella. Lo que ocurre en este caso concreto es que, tal vez a sabiendas de que el taxi ya está municipalizado, pues la gestión de las licencias corre a cargo de los municipios, este nuevo grupo propugna la conformación de “una empresa pública del taxi” que pueda recoger bajo su paraguas a los taxistas y el resto de trabajadores del sector (El Militante, febrero de 2019). Éste sería, a juicio de la organización, un paso más para mejorar las condiciones de los taxistas, “tanto de los asalariados como de esos autónomos que se desloman día a día para llegar a fin de mes”; el cual vendría precedido por un “marco laboral unitario” que regule y recoja “derechos iguales tanto para los asalariados como para aquellos que trabajan como verdaderos autónomos, es decir, en la práctica como trabajadores” (ibídem, énfasis agregado). Y se puntualiza este sinsentido: “un marco laboral que establezca un salario digno mínimo para todos los trabajadores del sector y una jornada laboral máxima de 40 horas a la semana, que progresivamente pudiera reducirse hasta las 35 horas”. Resulta obvio que Izquierda Revolucionaria no conoce las determinaciones respectivas que van del pequeño empresario al trabajador asalariado, y que se resuelven en la posibilidad, o no, de apropiarse de una fracción, por pequeña que sea, de la plusvalía global extraída por el capital en su conjunto. Y si las conoce, las obvia a propósito. Así, pues, ¿en qué sentido se va a producir la igualación entre pequeños empresarios y trabajadores? Con gus- to firmaban los pequeños capitalistas no emancipados de su trabajo ese “salario digno mínimo” que le prometen desde El Militante, trabajando menos de 40 horas semanales. A costa de otros capitalistas, o del Estado mismo, podrá apropiarse de una ganancia extraordinaria prolongando el funcionamiento de su vehículo o la explotación de su licencia más allá de ese tiempo. Lo que se le está prometiendo al pequeño capitalista del taxi es una transferencia de plusvalía global a su favor sin que tenga que hacer nada. Pero esa ganancia extraordinaria sería también fuente de competencia entre taxistas, así que, tarde o temprano, la situación retornaría a su estado actual. Por consiguiente, la segunda reivindicación de IR no se entiende sin la primera: sin la concentración de los medios de producción en el Estado, sin esa “empresa pública del taxi”, no hay modo ni manera de interferir en la forma en que los productores organizan autónoma y privadamente sus procesos de trabajo. Ni, por tanto, de someter a los taxistas autónomos a la reglamentación de su propia jornada laboral que se propone. Esta demanda de estatalización nos retrotrae al punto ya comentado más arriba, a colación de la “municipalización” argüida por Corriente Roja: en la forma concreta de la acción política de estos grupos, el capital social total pretende descargar a los capitales individuales de los costes necesarios para la transformación de sus procesos de trabajo tecnológicamente obsoletos, y dejarlos en mano del Estado (que, a su turno, los hace recaer sobre la clase obrera vía impuestos indirectos, como Luxemburgo (1975, cap. 32) puso de relieve). Pese a su condición pretendidamente “radical” o “revolucionaria”, consignas de este cariz no expresan sino la impotencia del pequeño capital para plantar cara a los capitales suficientemente concentrados Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - [345-376] - issn 1885-589X 376 sociedad industrial avanzada. Barcelona, Ariel. Marx, Karl (1980). Teorías sobre la plusvalía: tomo IV de El Capital. Volumen II. 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