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El estudio de los índices de vegetación como base para conocer las relaciones entre la vegetación y el clima

Sancha Navarro, Emilio Francisco

Abstract

Los índices de vegetación son un instrumento fruto de la teledetección para conocer la situación de diferentes elementos vegetales que se sitúan sobre la superficie terrestre. Se trata de una herramienta joven, pero cada vez más desarrollada y estudiada. En este trabajo me he propuesto tratar de relacionar los resultados que nos ofrecen los índices de vegetación en España de los últimos cinco años con los resultados climáticos reales, que nos aportan los observatorios situados en varias áreas de dicha zona de estudio, a fin de conocer la fiabilidad de dichos índices en cuestiones climáticas a partir del estado de la vegetación y no sólo meramente ecológicas. De establecerse una correcta correlación, sería de una importancia vital estos índices para estudios tan importantes en la actualidad dentro del campo de la Geografía Física y, sobre todo, de la Climatología y de la Biogeografía, como son la intervariabilidad climática y, especialmente, el cambio climático.

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Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1095 Sancha Navarro, E.F. (2010): El estudio de los índices de vegetación como base para conocer las relaciones entre la vegetación y el clima. En: Ojeda, J., Pita, M.F. y Vallejo, I. (Eds.), Tecnologías de la Información Geográfica: La Información Geográfica al servicio de los ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla. Pp. 1.095-1.108. ISBN: 978-84-472-1294-1 EL ESTUDIO DE LOS ÍNDICES DE VEGETACIÓN COMO BASE PARA CONOCER LAS RELACIONES ENTRE LA VEGETACIÓN Y EL CLIMA Emilio Francisco Sancha Navarro Geógrafo. Miembro del Colegio de Geógrafos Col. Nº 1339 RESUMEN Los índices de vegetación son un instrumento fruto de la teledetección para conocer la situación de diferentes elementos vegetales que se sitúan sobre la superficie terrestre. Se trata de una herramienta joven, pero cada vez más desarrollada y estudiada. En este trabajo me he propuesto tratar de relacionar los resultados que nos ofrecen los índices de vegetación en España de los últimos cinco años con los resultados climáticos reales, que nos aportan los observatorios situados en varias áreas de dicha zona de estudio, a fin de conocer la fiabilidad de dichos índices en cuestiones climáticas a partir del estado de la vegetación y no sólo meramente ecológicas. De establecerse una correcta correlación, sería de una importancia vital estos índices para estudios tan importantes en la actualidad dentro del campo de la Geografía Física y, sobre todo, de la Climatología y de la Biogeografía, como son la intervariabilidad climática y, especialmente, el cambio climático. Palabras clave: NDVI, vegetación, deshidratación, fotosíntesis, deforestación. ABSTRACT The vegetation indexes are a result of remote sensing instrument to determine the status of different plant elements that are located above ground. This tool is young, but increasingly developed and studied. In this paper I plan to try to relate the results we offer the vegetation indexes in Spain for the past five years with the real climate results, we provide the observatories in several areas of the study area, in order to know the reliability of these indices on climate issues from the state of vegetation and not merely ecological. Establish a correct correlation, would be of vital importance to study these rates as important today in the field of physical geography and, above all, of the Climatology and Biogeography, such as climate intervariability and especially the climate change. Keywords: NDVI, vegetation, dehydration, photosynthesis, deforestation. INTRODUCCIÓN Y ANTECEDENTES El estudio de la vegetación por parte de la teledetección es una de las aplicaciones más importantes de esta área de la Geografía. Gracias a los datos que recibimos de los sensores -plataformas básicas de un sistema de teledetección que recibe la radiación electromagnética-, podemos llegar a conocer no sólo el grado de salubridad de una cubierta vegetal, sino características más complejas como la actuación de los diferentes pigmentos de la hoja, su estructura y forma, y el grado de humedad o de estrés hídrico que posee dicha planta. Como cualquier objeto, la vegetación emite una reflectividad, que recoge un sensor, siendo ésta diferente según sus características y situación. Las bandas donde mayoritariamente se producen reflectividades en porcentajes significativos y que nos sirven de estudio son en un rango de longitud de onda (λ) de 0,4 a 2,8 μm, correspondiendo éstas, dentro del espectro electromagnético, a las bandas del visible y del infrarrojo. Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1096 Dentro del visible –de 0,4 a 0,7 μm de λ -, llamado así porque es la única radiación electromagnética que puede detectar nuestros ojos, distinguimos tres bandas elementales como pueden ser el azul (de 0,4 a 0,5 μm), el verde (de 0,5 a 0,6 μm) y el rojo (de 0,6 a 0,7 μm), mientras que para el infrarrojo, nos quedamos con el infrarrojo cercano o próximo (de 0,7 a 1,3 μm) y una estrecha franja de longitud de onda del infrarrojo medio (de 1,3 a 2,8 μm de λ). Fig. 1. Comportamiento de la de la reflectividad de la vegetación sana en el espectro óptico. Fuente: Chuvieco, 1996. Sin embargo, dicho estudio no es fácil: se debe tener en cuenta factores como la propia reflectividad de la hoja, que varía según su forma, contenido y humedad, su altura –dependiendo de si se trata de arbustos o árboles, cobertura vegetal…-, y la litología, la edafología y la topografía. Fig. 2. Signaturas espectrales de la vegetación sana, enferma y el suelo en el espectro óptico. Fuente: Chuvieco, 1996 Estos factores hacen muy complejo el estudio del comportamiento espectral en el espectro óptico. Pero independientemente de ello, nos vamos a basar en las franjas longitudes de onda dentro del espectro electromagnético ya mencionadas: desde la banda elemental azul del espectro visible (0, 4 μm de λ) hasta el infrarrojo medio (2,8 μm de λ). Nos basamos en los estudios científicos de diversos autores sobre vegetación sana, primordialmente Gates et al. 1965 –uno de los pioneros-; Knipling, 1970; Short, 1982; o Lusch, 1989. Si observamos la figura 1, la reflectividad que recibe el sensor en cada banda lleva consigo una información sobre las características fisiológicas de la planta: en el visible tenemos datos sobre la pigmentación de la hoja Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1097 (clorofila, principalmente, y también xantofila y caroteno), en el infrarrojo cercano sobre la estructura interna de la hoja (véase figura 3), y el infrarrojo medio sobre el contenido de agua en la hoja. Pues bien, la vegetación sana y vigorosa (véanse las figuras 1 y 2) emite una baja reflectividad en el visible. Como hemos indicado, he aquí donde se indican las características de los pigmentos, por lo que en caso de realizar plenamente la fotosíntesis, la reflectividad será mayor en la banda del verde (casi un 20 %, alrededor de 0,55 μm); en cambio, en otoño para las caducifolias, en especial las frondosas, la clorofila ejerce una menor influencia, aumentando la reflectividad en ese caso para el rojo en detrimento del verde. En el infrarrojo cercano, la alta reflectividad explica la estructura interna del mesófilo de la hoja, ya que las cavidades existentes, especialmente en el mesófilo esponjoso (véase figura 3), dispersan la mayor parte de la radiación (Harris, 1987: 17-20). Y para finalizar, el infrarrojo medio, que nos indica la absorción de agua, de tal forma que, con menor cantidad de agua, mayor reflectividad, por lo que las plantas deshidratas o enfermas tienen altos valores porcentuales en esta banda. La excepción en este caso la marcan las plantas xerófilas o fagáceas adaptadas a la sequía, que poseen hojas coriáceas, lo que implica una cutícula mayor como reservorio de agua (véase la figura 3), que provocaría una ralentización en el estrés hídrico y, por tanto, en la alta reflectividad en el infrarrojo medio. Fig. 3. Diagrama del corte transversal de una hoja. Fuente: leaf-anatomy.es Sin embargo, en la vegetación enferma, deshidratada o las áreas donde la vegetación no sea abundante, su reflectividad llega a ser anodina, ya que aumenta ligeramente del rojo al infrarrojo medio, no alcanzándose valores de 40 % de reflectividad en el cercano, algo que sí ocurre en la vegetación saludable (véase la figura 2). Se puede concluir, por tanto, que a mayor diferencia mostrada de la vegetación entre el rojo y el infrarrojo queda de manifiesto una mayor salubridad de ella, mientras que la vegetación estresada y enferma tienen valores de reflectividad relativamente medios y poco variables entre el rojo y el infrarrojo, algo más elevado en éste último que en el anterior. Para llevar acabo un buen estudio sobre el estadio de la vegetación se debe llevar a cabo operaciones que contemplen tanto los valores del visible como los del infrarrojo. Para ello, se utilizan los índices o cocientes, que conllevan una división por píxeles de los ND que posee -los ND (Nivel Digital) o Digital Number (Lillesand y Kiefer, 1994), es el valor numérico referido a la radiancia que recoge el sensor para un píxel referido a un objeto (en nuestro caso la vegetación) y en una banda espectral concreta (visible o infrarrojo en nuestro trabajo).. Asi, poseemos el cociente de vegetación, entre las bandas roja e infrarroja: Coci = ρi, IRC / ρi, R, donde p indica las reflectividades para un píxel i Ó el Indice de vegetación de diferencia normalizada. NDVIi = ρi, IRC - ρi, R / ρi, IRC + ρi, R Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1098 Entre los índices de vegetación, el más común es el índice de vegetación normalizado, que es un índice usado para estimar la cantidad y el grado de desarrollo de una zona vegetal referido a un territorio concreto. Desde que se viene desarrollando la teledetección se han utilizado diversas técnicas para estudiar cualitativa y cuantitativamente el estado de la vegetación a partir de medidas espectrales obtenidas por satélites (Verdin, J. et al., 2003). Los primeros sensores para estimar la situación de la vegetación se usaron en Estados Unidos mediante el llamado Satélite de Tecnología de Recursos Terrestres, elaborado por la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) y el Radiómetro Avanzado de Muy Alta Resolución (Advanced Very High Resolution Radiometer, AVHRR) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA). Pero estos instrumentos no tenían el grado de sofisticación de los actuales –se destinaban más bien al estudio de la superficie terrestre, fotointerpretación- ; es por ello que adquirían datos en el rojo e infrarrojo cercano, lo que obligó años posteriores a hacer uso de las marcadas diferencias en la reflexión vegetal para determinar su distribución espacial en las imágenes satelitales. Surgía así, el índice de vegetación de diferencia normalizado, el NDVI. Éste se calcula a partir de estas medidas individuales de la siguiente manera: de donde las variables ROJO y IRCercano están definidas por las medidas de reflexión espectral adquiridas en las regiones del rojo e infrarrojo cercano, respectivamente. Estas reflexiones espectrales son en sí cocientes de la radiación reflejada sobre la radiación entrante en cada banda espectral individual; por tanto, éstos toman valores entre un rango de 0,0 a 1,0. El índice diferencial de vegetación normalizado, NDVI, varía como consecuencia entre -1,0 y +1,0. Hay que indicar que para valores de 0,1 la vegetación con dicho índice se considera en estado crítico, mientras que para 0,5 se considera densa y sana (Holben, 1986). En España, el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino posee desde el año 1993 el NDVI, que permite detectar diferentes anomalías en la evolución de los cultivos de secano y los pastizales, prestando especial atención a la detección y localización de situaciones de sequía a lo largo de las sucesivas campañas agrícolas, con objeto de prever las medidas que sean necesarias tomar para paliar sus efectos. Debido a que España es fundamentalmente mediterránea, se llevan mayoritariamente a cabo estudios con ellos sobre el estado de los cultivos de secano y pastizales (www.mapa.es, 2010). Asimismo, la Agencia Estatal de Meteorología posee un índice de vegetación a escala peninsular dentro de los llamados “productos derivados” de las imágenes satélites. OBJETIVOS Si tenemos en cuenta, como hemos mencionado en la introducción, que los índices sirven para conocer el grado de estrés hídrico que posee la planta, existe la posibilidad de que los índices reflejen situaciones climáticas. Hay que señalar que los índices de vegetación tienen múltiples aplicaciones y parámetros científicos con los que se les relaciona: el índice de área foliar, LAI; el contenido de agua en la hoja; el flujo neto de CO2 (Hall et all, 1991); radiación fotosintética activa absorbida por la planta; la productividad neta de la vegetación; la dinámica fenológica (Sampson, 1993); el contenido de clorofila en la hoja; y la cantidad de lluvia recibida. Pues bien, el objeto de mi comunicación es comprobar si a partir de dichos índices (me voy a basar en el mencionado índice de vegetación de diferencia normalizada) podemos establecer e identificar diferentes periodos climáticos, ya sean de sequía o con superávit de humedad (balance hídrico), o con temporadas más frías o cálidas. Para ello, me voy a basar en un periodo de 5 años –de 2005 a 2009, ambos inclusive- en el que obtengo imágenes referidas a dichos años, escogiendo 3 meses por cada año (enero, marzo y junio). Serán por tanto, 15 imágenes en total. El área de estudio es la España peninsular y Baleares, estudiando más a detalle 5 áreas concretas y puntuales que sean significativas desde un punto de vista biogeográfico (Valle del Guadalquivir, Valle del Ebro, Meseta Central, Zona levantina y Zona montañosa norte). El hecho de llevarnos a la elección de cinco observatorios referentes a ciudades responde a la necesidad de encontrar datos sin lagunas y de fácil difusión, ya que de lo contrario, me vería obligado a la interpolación de lagunas, un trabajo innecesario para este estudio. Hay que indicar que al referirnos a 5 observatorios, los datos climáticos son referidos a un lugar Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1099 puntual de esa unidad biogeográfica, por lo que con los resultados obtenidos no nos podemos atrever a inferir toda la información sobre la ecorregión completa, sino a los alrededores inmediatos de esa estación climática. A partir de los resultados visuales de las imágenes, se dará informe preliminar sobre qué situaciones climáticas representan aproximadamente esas imágenes; ello no será meramente especulativo, ya que previamente partiré de la base de las condiciones climáticas normales de esas 5 estaciones diferentes, y a partir de aquí estableceré posibles situaciones climáticas. Hay que tener en cuenta que la imagen del índice no es cuestión de la situación meteorológica en el momento de esa salida cartográfica: el hecho de que un área biogeográfica u otra muestre un color es resultado de un periodo climático precedente más o menos extenso. En la tabla 1 y en las posteriores de los resultados climáticos se exponen además los datos sumatorios pluviométricos de octubre-enero, febrero-marzo y abriljunio, así como sus temperaturas medias. Es por ello que los resultados a priori, en casos correctos, deberían situar un marco climático más general y no sólo del momento en que se realiza el índice. Por tanto, una vez que demos los resultados de una forma más bien empírica, mediante los datos que nos aporta la Agencia Estatal de Meteorología, daremos expresión mediante tablas (véase Anexo), los datos reales climáticos –temperaturas y precipitacionesreferidos a cada estación y por cada periodo de estudio. Entonces será cuando podremos estimar la bondad de estos índices a la hora de comprobar si éstos reflejan situaciones climáticas directas, correlación, que sería muy importante en un país con situaciones de tan enorme intervariabilidad y, por tanto, para el estudio del llamado cambio climático. PROCESO DE ESTUDIO Siguiendo el orden estricto establecido en los objetivos, llega a continuación el proceso de investigación. A continuación se exponen, año por año, las imágenes referidas a cada mes y el comentario de análisis preliminar; eso sí, para intentar ser lo más real posible en dichos comentarios, tomamos en cuenta la base climática de 5 áreas climáticas y ecológicas diferenciadas. Debido a que para conocer la bondad de los índices debemos acogernos a unos observatorios en concreto, mencionamos por cada área un observatorio: Situaciones climáticas y vegetación normales para los observatorios de cada región biogeográfica. Elegimos así cinco estaciones meteorológicas correspondientes a una ciudad característica de cada área. Son las siguientes: Sevilla (Valle del Guadalquivir): clima mediterráneo con lluvias principalmente otoñales y algo menos en primavera. Inviernos templados con heladas excepcionales. Veranos secos y muy calurosos con rápida y severa evapotranspiración a partir del mes de junio. Vegetación de olivos, encina y cultivos. Zaragoza (Valle del Ebro): situación climática con lluvias escasas debido al efecto föhn que sufren las advecciones atlánticas. Las precipitaciones son pobres en invierno, siendo éstos relativamente fríos, con heladas y nieblas (a veces, cencelladas). Los máximos pluviométricos ocurren al final de la primavera. Veranos calurosos y relativamente secos. Vegetación de frondosas en el margen del Ebro y esteparia inmediatamente después de ésta. Valencia (Zona levantina): clima con lluvias casi exclusivamente con origen en el mar Mediterráneo, por lo que en situaciones de poniente en otoño e invierno, las precipitaciones son escasas. Inviernos relativamente templados y veranos calurosos, con algunas tormentas. La intervariabilidad pluviométrica es enorme, dándose a veces lluvias torrenciales (gota fría), combinadas con épocas de sequía. Vegetación de encinas y matorrales fagáceos. Coníferas de pinos. Madrid (Meseta central): clima mediterráneo continentalizado. Lluvias moderadas en otoño y primavera, y menos en invierno, siendo éstos fríos, con heladas y algunas nevadas. Veranos calurosos y relativamente secos, con algunas tormentas. Vegetación mayoritaria de encinas y escasamente de olivos. Matorrales fagáceos. Burgos (zona montañosa norte): clima mediterráneo continentalizado, de transición entre el oceánico y el de montaña. Lluvias moderadas todo el año, pero algo inferior a los valores del oceánico puro por la presencia de la Cordillera Cantábrica, cordillera que hace que las heladas, las nevadas y las cencelladas sean aquí abundantes. Veranos templados. Vegetación de frondosas y de coníferas (pinos adaptados a la altitud y al frío). Tabla 1. Tabla con los datos climáticos (valores medios de los últimos 30 años) necesarios para este estudio. Nótese que el símbolo * significa nieve, helada y/o cencellada Fuente: elaboración propia (Aemet; www.tutiempo.net) Enero Octubre- Enero Marzo Febrero-Marzo Junio Abril-Junio T. (ºC) P. (mm) T. χ¯ (ºC) ΣP.(mm) T. (ºC) P. (mm) T. χ¯ (ºC) ΣP.(mm) T. (ºC) P. (mm) T. χ¯ (ºC) ΣP.(mm) Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1100 Sevilla 10,9 81 14,2 324 14,1 63 13,2 135 23,9 15 20,1 102 Zaragoza 6,2 (*) 23 (*) 9,5 (*) 110 10,2 23 9,1 (*) 44 21,1 31 16,9 102 Valencia 11,5 32 14,3 57 13,4 34 13 64 21,7 23 18,4 96 Madrid 5,7 (*) 45 (*) 7,3 (*) 206 9,7 37 7,9 (*) 81 (*) 20,2 20 16,2 134 Burgos 2,4 (*) 56 (*) 5,7 (*) 157 (*) 5,8 (*) 45 (*) 4,9 (*) 96 (*) 15 42 11,3 172 Comportamiento de los índices de vegetación -,1 0,0 +,1 ,2 ,3 ,4 ,5 ,6 ,7 Como hemos indicado en el punto introductorio, los índices se corresponden de valores de -1 a 1, siendo los calores más propicios entre 0,1 y 0,6. La gama de color expresada aquí muestra la leyenda de los índices que vamos a tratar. Con valores superiores a 0,4 se considera la vegetación sana y con plenas facultades de fotosíntesis cuanto mayor sea el valor, mientras que por debajo de 0,3 se considera enferma o en situación de deshidratación. Nótese que las situaciones de manchas oscuras son “ruidos” debido a situaciones atmosféricas concretas (nubosidad, por ejemplo), nieve o interferencias producidas por el relieve (escarpes desnudos). Análisis de los índices Pasamos, por tanto, a analizar las imágenes de índice de vegetación que nos aporta el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino: Año 2005 Fig. 4. Salidas cartográficas del NDVI referido a la España peninsular y Baleares en el año 2005 (de izquierda a derecha, meses de enero, marzo y junio). Fuente: www.mapa.es Los resultados nos dejan observar una amplia zona con valores de índice por debajo de 0,4: ambas Castillas, (0,1 -0,2) valles de grandes ríos como puede ser el del Guadalquivir (al norte de Sevilla, índices de 0,4), Guadiana o Ebro. Si tenemos en cuenta que enero, principalmente las zonas más atlánticas poseen un índice moderado, para este año nos llama la atención el déficit existente en el valle del Guadalquivir, zona en la que en una época de máximos pluviométricos, los valores de índice de vegetación deberían ser más altos (alrededor de 0,5). Por tanto, sugerimos que este mapa nos indica un otoño pobre en precipitaciones. El norte Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1101 de España, Galicia y la orla cantábrica aparecen con índices positivos, pero nos llama la atención la Cordillera Cantábrica, donde se observa un índice con valores realmente pobres (0,3), pero hay que considerar que en el área de Burgos la amplia nubosidad de estas fechas, el frío constante y la nieve hacen menguar la capacidad fotosintética de la vegetación, lo que redunda en unos bajos índices debido a la época del año y por el albedo resultante de la nieve. Pero ello, no nos indica como en el resto de España unos valores significativos de posible sequía, ya que con lluvias o si n ellas, pero con frío, se obtienen valores de NDVI similares. En el caso del mes de marzo, obtenemos valores medios (0,4-0,5) en Sevilla y Madrid, lo que indicaría una posible mejora de precipitaciones en estos tres meses en esa parte atlántica, mientras que en Burgos, Zaragoza y Valencia siguen con valores bajos aún. Destaca con mayor desarrollo de floresta el occidente, al norte de Sevilla, con posible actividad fotosintética incipiente. El mes de julio es, sin embargo, sumamente disimétrico, dándose una importante diferencia entre el norte y el sur de la Cordillera Cantábrica (valores por debajo de 0,2). Solamente destaca el área de Burgos con índice de 0,6, aún así, son llamativos los bajos niveles de índice para casi toda España, lo que nos transmite en principio que este año fue bajo en precipitaciones. Los datos para Valencia y Zaragoza son similares entre marzo y junio, por lo que apenas hubo desarrollo de la floresta en estas fechas, pasándose rápidamente a la deshidratación (Zaragoza, valores de 0,1 fuera de la margen del Ebro). Esto, además, podría venir agudizado por unas temperaturas medias de julio más altas de lo normal, debido al estrés mostrado por la vegetación. Año 2006 El año 2006 comenzó con un ligero aumento del índice con respecto a 2005 en la mitad occidental de la Península (Sevilla con 0,4), pero con valores bastante bajos en la zona oriental (muy similares a enero de 2005): Madrid 0,3; Valencia, 0,3, y Zaragoza, 0,1-0,2. Estos últimos valores dejan entrever un otoño seco en estos lugares y relativamente húmedo para el caso de Sevilla y de Madrid. Los posibles valores resultantes de albedo en zonas montañosas son similares a los de 2005, pudiendo indicar nevadas relativamente abundantes. Los valores de marzo son por encima de 0,4 para Sevilla, pero siguen siendo bajos para la mitad oriental, principalmente Zaragoza (0,1), lo que nos indicaría un otoño-invierno bajo en precipitaciones para esta zona de la Península. Los datos reflejados por albedo indican posibles nevadas abundantes hasta principios de este mes en la zona montañosa norte (Burgos), aunque esta ciudad no refleja en sus alrededores unos índices superiores a los de 2005, incluso algo más bajos. Fig. 5. Salidas cartográficas del NDVI referido a la España peninsular y Baleares en el año 2006 (de izquierda a derecha, meses de enero, marzo y junio). Fuente: www.mapa.es Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1102 Y en cuanto a julio, los valores son similares a los de 2005, aunque disminuye la disimetría entre la España seca y la húmeda. Nos indicaría un verano precedido por una primavera ligeramente más húmeda que la de 2005 (Valle del Guadalquivir, con índice en Sevilla de 0,4), pero no lo suficiente aún. Burgos sí destaca claramente con respecto al año anterior con desarrollo fotosintético en los alrededores de La Demanda (0,6). Año 2007 Fig. 6. Salidas cartográficas del NDVI referido a la España peninsular y Baleares en el año 2007 (de izquierda a derecha, meses de enero, marzo y junio). Fuente: www.mapa.es En general, los valores se corresponden con la media que nos ofrecen los índices de vegetación para los meses de enero, marzo y junio. En enero, se minimizan las diferencias entre la mitad occidental y la oriental, por lo que se sugiere un otoñoinvierno bueno en precipitaciones. Sevilla, Valencia y Burgos poseen valores de índice de 0,3 – 0,4, mientras que Madrid y Zaragoza apenas llegan a 0,2. El mes de marzo llama la atención por sus altos valores en la mitad occidental, lo que corrobora unos meses lluviosos con borrascas procedentes del Atlántico (Sevilla 0,6 y Madrid 0,5). Valencia y Zaragoza, mejoran con respecto a años anteriores, peor no lo suficiente (0,4 y 0,3 respectivamente). Los valores referentes a junio nos indican unos valores de índice relativamente mejores en casi toda España, lo que nos indicaría una primavera del año 2007 con relativa abundancia de precipitaciones y no excesivamente calurosa. Tecnologías de la Información Geográfica: la Información Geográfica al Servicio de los Ciudadanos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 2010 1103 Año 2008 Fig. 7. Salidas cartográficas del NDVI referido a la España peninsular y Baleares en el año 2008 (de izquierda a derecha, meses de enero, marzo y junio). Fuente: www.mapa.es El mes de enero de este año vuelve a dar valores de índice de vegetación similares a 2005 y 2006, lo que nos indica que el otoño ha sido seco, aunque no con las diferencias tan marcadas entre la zona occidental y la oriental, esto podría deberse a la existencia de lluvias por advecciones de levante en el Mediterráneo en detrimento de la zona occidental con situación atmosférica anticiclónica (valores de índice por debajo de los normal en todos los observatorios implicados). El mes de marzo da una ligera subida y desarrollo de la vegetación en la zona occidental, por lo que entre estos meses se produciría un incremento de las precipitaciones en todos los observatorios (entre 0,3 y 0,5). Y en junio, destaca el desarrollo de la vegetación el amplias zonas montañosas (en la Ibérica de Burgos por ejemplo), pudiéndose deber a una primavera lluviosa con situaciones de tormentas en dichas zonas, de ahí el índice.