Vocación universitaria en la sociedad del cansancio
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ANÁLISIS «El acontecimiento será nuestro maestro interior». Emmanuel Mounier (1905-1950) SECCIONES PRÓXIMOS NÚMEROS 2015 • xxs Revista de pensamiento personalista y comunitario órgano de expresión del instituto e. mounier edita: Instituto E. Mounier c/ Melilla, 10 - 8.º D 28005 Madrid 91 473 16 97 http://www.mounier.es Periodicidad: trimestral ISSN: 1698-5486 Depósito legal: M-3.949-1986 diseño y producción: La Factoría de Ediciones 91 452 94 17 [email protected] ilustraciones: Ana C. Martín impresión: Villena Artes Gráficas consejo de redacción director: Luis Ferreiro secretario: Fernando Soler [email protected] Luis Capilla Carlos Díaz José Antonio Fernández Teófilo González Vila Carmen Herrando José M. Linares Poveda Julia Pérez Ramírez Ricardo de Luis Carballada Félix García Moriyón José Manuel Alonso 2017 4 125 año xxx iii El sistema educativo en discordia PRÓXIMOS NÚMEROS • Los refugiados • El camino de la no violencia Editorial a palabra «formación» se refiere a la acción de formar o dar forma a algo, de convertir una materia o masa en una figura reconocible. Aquello a lo que se le da forma es, en el caso de la educación, una persona, un ser humano; esta es la finalidad de la formación. La información es el medio por el cual la formación se lleva a cabo. Hasta hace muy poco tiempo la información que podíamos tener sobre el mundo era escasa, lenta e inaccesible. Las noticias circulaban al ritmo de las mulas y tardaban en llegar tanto que cuando llegaban ya no eran noticias. Para Continúa en la página siguiente Información, formación y educación benito estrella, profesor de literatura 01 EDITORIAL pensamiento 04 Apariencia y valor: hacia una crítica actual de la apariencia como criterio existencial básico, por Javier Barraca Mairal 07 Sobre la inocencia, por Benito Estrella religión 11 Murillo para comprender nuestro tiempo, por Antonio Schlatter testimonio 16 Maestros, mis maestros, por Emmanuel Buch Camí in memoriam 21 Josep Maria Coll, por Carlos Díaz oficio de escribir 23 Elegía a Fernando Camacho, por Esteban Tabares 24 Le advertimos, por Carmen Gallego 25 rincón bibliográfico presentación 28 ¿Es posible un acuerdo educativo en España? félix garcía moriyón. . . . . . . . . . . . . . . . . . 29 La educación en el ojo del huracán: reto y aventura josé l. rozalén medina ................ 33 Educar para la convivencia carmen gallego ..................... 37 La vocación universitaria en crisis jesús r. jiménez-octavio ............... 40 Vocación universitaria en la sociedad del cansancio mar llera .......................... 44 Carta a un profesor de humanidades sergio mas díaz ..................... 46 Carta a un profesor de ciencias sergio barbero briones ............... 48 Carta de un profesor a un sindicato de educación (o varios) david seiz rodrigo ................... 50 La formación profesional adolfo salto ....................... 53 Religión en la educación: ¿problema, paradoja o posibilidad? patricia hannam ..................... 55 Constitución y enseñanza religiosa escolar confesional teófilo gonzález vila ................ 60 Homenaje a los maestros como mi maestro Marcelino Legido carlos díaz ......................... 62
44 Análisis 125 VOCACIÓN UNIVERSITARIA EN LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO MAR LLERA Universidad de Sevilla En España hacer carrera académica es un asunto cada vez más vocacional. Cuando nuestra sociedad buscaba a quiénes responsabilizar de la crisis muchas miradas se dirigieron hacia el sector público, provocando un alud de quejas y un abultado programa de recortes que mutilaron de manera particular al sector educativo. A los docentes —sobre todo a los funcionarios— se nos comenzó a estigmatizar como vagos, parásitos, enchufados… y otras lindezas similares. Quizás en algunos casos existían razones para ello. Pero los que sobrevivimos a esa laica inquisición sin ansiolíticos ni analgésicos tuvimos que enfrentarnos a algo todavía más doloroso que las mofas, el estancamiento profesional y las dificultades para llegar a fin de mes. Nuestro verdadero desafío se convirtió a partir de entonces en mantener viva la llama de una vocación cada día más exigente y menos valorada. Por si fuera menor el reto de ofrecer una enseñanza de calidad tanto pedagógica como científica, a los académicos se nos exige una investigación al mismo nivel, publicada —cómo no— en revistas de prestigio internacional, en las incluidas dentro del célebre ranking Thompson Reuters, no en las de colegas que vaya usted a saber por qué se empeñan en seguir publicando «sus cosas» y alentando el debate intelectual. Normalmente, docencia e investigación avanzan por caminos distintos debido a factores de muy diverso tipo —limitaciones de los planes de estudio, recortes de plantilla, ordenación docente, sustituciones de compañeros…—, lo cual supone un doble y esquizoide esfuerzo. Tampoco podemos desdeñar la vertiente profesional –pues se recomienda que el profesor de Derecho ejerza también como abogado, el de Medicina como médico, el de Comunicación como periodista, y así sucesivamente, ya que la teoría sin la práctica resultaría una abstracción desconectada del mundo laboral. A los profesores universitarios se nos trata como miembros de la comunidad educativa y representantes del abigarrado sector de la cultura, por lo cual dependemos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, pero también nos supervisa el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad porque hemos de contribuir al desarrollo del país y de sus mercados. Estamos adscritos a un determinado departamento en una universidad concreta, pero es raro quien no colabora con otros departamentos y otras universidades no sólo en España, sino también en el extranjero. La internacionalización no es un plus, es un sine qua non. Resulta habitual que los académicos leamos, escribamos e impartamos conferencias en distintos idiomas… por la jugosa remuneración de cero coma cero, ya que frecuentemente esas actividades son de «entrada libre y gratuita hasta completar el aforo», como reza el consabido cartel. (Un cartel muchas veces diseñado por nosotros mismos, que simultáneamente nos hemos ocupado de la difusión en redes sociales y de las llamadas a la prensa para que la iniciativa tenga impacto). En lo que concierne a la gestión académica se nos demanda un mínimo de puntos que siempre es mayor de lo esperado: participación en consejos y juntas, elaboración de proyectos, programas, memorias, reservas de vuelos, hoteles y restaurantes, justificaciones de gastos, organización de facturas…, burocracias sin fin. En todos los casos a través de un conjunto de mediaciones tecnológicas que multiplican nuestras obligaciones en un esperpéntico juego fractal y nos dejan colgados, haciéndonos rehenes de códigos que sólo desarrolladores y hackers saben descifrar. Al personal de administración que custodia llaves, reparte cartas y pulsa mandos ocho horas al día le sobran al menos siete que podrían dedicar a colaborar en estas tareas, pero ello supondría exceder los límites de sus contratos. Para los profesores universitarios el panorama se presenta, pues, tan desafiante, que sólo los más arriesgados, comprometidos, apasionados, insensatos…; en definitiva, locos, resisten. Comienzan a los 22 o 23 años con un expediente académico intacha-
Análisis 125 ble que les ha obligado a sacrificar muchas noches de litrona y más de un affaire. Una década más tarde, tras largas y tediosas horas de vigilancia de exámenes, caóticos periodos de sustituciones a compañeros, y ensaladas de asignaturas de toda índole y condición, durante jornadas extenuantes dedicadas tanto a un roto como a un descosido, pueden tener la «suerte» de no haber perdido su puesto de trabajo. Quizá perdieron –eso sí– la pareja, la salud e incluso la cordura, pero han sobrevivido a las agencias de evaluación, a los recortes de plantilla, a las zancadillas de los trepas, a las cribas ideológicas, a los conflictos pulsionales… y permanecen entre nosotros. Las mujeres son además supervivientes de las dinámicas que conjugan la voracidad del deseo, el desprecio y la displicencia machistas arraigadas en las estructuras patriarcales del poder social. Lo han conseguido, y después de tantas penalidades han rubricado al fin un contrato a tiempo parcial… o a tiempo completo con salario incompleto. Rozando los cuarenta e incluso más allá retozan como chiquill@s por los pasillos de las facultades, poseídos por el enthousiasmós que los griegos lúcidamente describieron como un arrebato, felicitándose por su voluntad imbatible de seguir pagando por trabajar. En estos tiempos de anomia y sinsentido manifiestan, sin duda, una vocación envidiable. En el caso femenino todo ello se compatibiliza de manera jovial con embarazos, partos, lactancias… y sus diferentes secuelas. Los peajes en pediatras, mercadonas y demás lugares de «recreo» familiar no cuentan, porque eso afecta a la mayoría de los mortales sin discriminación de raza o de género. Las montañas de colada sin planchar y la vajilla con pegotes tampoco, porque son lugares comunes en los hogares de mujeres «intelectuales». Evidentemente, ningún modelo oficial de curriculum vitae incluye apartados para dejar constancia de estos desdeñables «pormenores». De hecho, en numerosas convocatorias se solicita la producción académica únicamente de los últimos cinco años, sin considerar que cuando se tiene algún hijo de edad similar se han hecho algunas otras cosas además de investigar e impartir clases a varios centenares de estudiantes. (Así, mientras redacto este artículo, relleno un álbum de cromos junto a mi hija pequeña que se ha quedado en casa resfriada, pero no pasa nada. La mente femenina es polivalente y multifuncional. Si ven alguna errata, fíjense mejor, porque puede ser algún moco). Si a todo lo dicho sumamos empleo, familia y amigos 24/7 —como dicen los anglosajones—, es decir, todas las horas del día y todos los días de la semana gracias a los fantásticos grilletes del whatsapp y otras alienaciones digitales propias de esta new age (completamente gratuitas, eso sí), tenemos la foto completa. En otras épocas, cuando aún no gozábamos del actual grado de desarrollo tecnocapitalista existía una división del trabajo cuyo análisis hizo célebre a Durkheim y a otros sociólogos clásicos, pero hoy esos intelectuales están obsoletos: lo que necesitamos es un coach. Yo he descubierto uno que sale gratis y que es mejor que cualquier app, porque se actualiza automáticamente, sin virus ni spam. Se llama PASIÓN. La vocación universitaria puede convertirse en el mejor activador del Eros platónico, en un excitante para el Deseo que nos mantiene vivos y jóvenes sin necesidad de ninguna terapia anti-aging. Porque si después del panorama que acabamos de describir alguien es todavía capaz no sólo de levantarse por las mañanas, sino de aplaudir hasta que le duelan las manos en la presentación de un libro, de colaborar con proyectos que no cuentan para la aneca, de empezar una clase con un cierto rubor y de terminarla con un éxtasis, de «enamorar» a sus alumnos y de «enamorarse» de ellos en el sentido más noble y sublime de la expresión…; entonces es que hay algo ahí que está vivo, que es imperecedero y que siempre merecerá la pena. —«Me siento un hombre pleno», susurraba a mi oído este verano un amigo extranjero, profesor universitario, que muy probablemente inaugurará su senectud en el retiro de una prisión debido a su compromiso en la defensa de los derechos fundamentales. —«Creo que así culminaré mi vida y mi vocación universitaria, porque lo que he tratado de transmitir no se puede expresar con palabras, se transmite con el ejemplo». El suyo es, sin duda, eminente. Pero sin necesidad de llegar tan lejos, este tipo de ejemplaridad se vive hoy de modo habitual en los centros universitarios, en sus aulas, despachos, bibliotecas. A pesar de tanta exigencia y de tanto recorte, o precisamente a causa de ellos. 45