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Los saludos de Galván en la obra de Chrétien de Troyes

Bruña Cuevas, Manuel

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LOS SALUDOS DE GALVÁN EN LA OBRA DE CHRÉTIEN DE TROYES MANUEL BRUÑA CUEVAS Universidad de Sevilla Galván es, como se sabe, el modelo consumado de caballero en las novelas de Chrétien de Troyes. Sin ser el protagonista principal de ninguna de ellas, su valor con las armas y su cortesía, los dos rasgos que deben adornar al buen caballero de la novela cortés, son siempre comparables al valor y la cortesía de los héroes centrales, ya se trate de Cligés, Erec, Lanzarote, Yvain o Perceval. Recuérdese, en lo relativo al manejo de las armas, que terminará en tablas tanto el enfrentamiento de Galván con Yvain en El Caballero del león como el de Galván contra Cligés en la novela de este nombre; que en El cuento del Grial las aventuras de Galván alternan con las de Perceval, y que en El Caballero de la carreta Galván es el único caballero de la corte de Arturo que, junto con Lanzarote, sale en busca de la reina prisionera, y el único igualmente contra quien aceptará batirse Meleagant si Lanzarote no regresa a la corte de Arturo en el plazo fijado: a cualquier otro caballero que Galván o Lanzarote no lo considera Meleagant digno rival. Y, como decíamos, esta maestría en el manejo de las armas se acompaña en el caso de Galván de una perfecta cortesía. Así, pese a que todos lo consideran como invencible, Galván no cae nunca en el pecado de fanfarronería, de orgullo vano, en que dan otros caballeros, empezando por el senescal Keu, personaje que representa en Chrétien el revés de las virtudes de Galván; al contrario de Keu, Galván siempre estará dispuesto a intentar un arreglo pacífico de situaciones espinosas, a servirse de sus dotes diplomáticas para convencer por la palabra y las buenas maneras antes que por las armas. Es ello lo que justifica que tanto por boca de los personajes (cf. Cligés, 4869, por ejemplo) como por el narrador directamente (cf. Erec, 1671) a Galván se le atribuya continuamente valor y cortesía, que se le considere, pues, el mejor caballero del mundo artúrico. En nuestra opinión, de toda la obra de Chrétien de Troyes, el pasaje en que el autor ha sabido por un lado resaltar mejor los rasgos continuamente atribuidos a Galván y por otro utilizarlos con mayor acierto para resolver un conflicto planteado se halla en El cuento del Grial (vv. 4160 y ss.). Es aquél en que este personaje consigue traer a la corte de Arturo al Perceval absorto una mañana en la contemplación de tres gotas de sangre caídas en la nieve: el rojo de la una junto al blanco de la otra le recordaban el color de la tez de su amada. A poca distancia, en el mismo prado nevado, se encuentra acampada la corte de Arturo, que había salido en su busca. El rey encargará sucesivamente a Saigremor y a Keu traer al caballero a su presencia. Ambos serán vencidos por Perceval, que vuelve a su ensimismamiento tras cada combate. Es entonces cuando interviene Galván. Éste empieza por hacer gala de su respeto de las leyes de caballería, recordándole al rey que era él mismo quien había defendido a menudo que no se debía molestar a ningún caballero inmerso en sus pensamientos. No obstante, Galván propone a Arturo hacer un nuevo intento de traer ante él al caballero si ya ha salido de su meditación: «Mais se vostre plaisirs estoit, Veoir sa contenance iroie, Et se j'en tel point le trovoie Qu'il eiist son pensé guerpi, Diroie et prïeroie li Qu'il venist a vos jusqu'à cha» (4364). Nótese que Galván no habla en ningún momento de usar la fuerza, sino de «decirle y rogarle» que lo acompañe. Es entonces cuando Keu ironiza sobre los métodos que Galván pretende utilizar: «Certes, en un blïaut de soie Porrois ceste besoigne faire; Ja ne vos i covenra traire Espee ne lance brisier. De ce vos poëz vous prisier Que se la langue ne vos faut Por dire: «Sire, Diex vos saut Et il vos doinst joie et santé», Fera il vostre volenté» (4390). Como se ve, Keu parte de la base de que a Galván le bastará con saludar para ganarse la buena voluntad de Perceval. Indudablemente esta referencia sarcástica de Keu al saludo hay que entenderla como un uso por parte de Galván de buenas palabras, de un discurso cortés. Pero no deja de ser significativo que tal discurso lo resuma Keu en un simple saludo: ello se debe a que el rito del saludo ocupa un lugar destacado en los usos sociales descritos por los textos medievales1. Así, es sintomático que, cualquiera que sea el género literario, cada encuentro amistoso entre personajes se abra, salvo casos especiales, por un intercambio de saludos. Tal es la importancia del rito que toda ausencia de saludo suele interpretarse como signo de enemistad, pudiendo acarrear grave perjuicio al infractor de la norma. Esta norma 1 El estudio más completo sobre el uso de las fórmulas de saludo en francés antiguo (hasta el siglo XIII) es el de Lebsanft (1988), donde se encontrarán las referencias de los escasos trabajos referentes al tema. Sólo recordaremos aquí, por estar especialmente dedicado a la obra de Chrétien de Troyes, el trabajo de Duplat (1975). Hupka (1982), aunque interesado sobre todo en la declinación nominal, basa su estudio en las fórmulas de saludo presentes en Chrétien de Troyes. El trabajo de Lebsanft puede completarse, para el período del francés medio, con Lewicka (1976, 1979). social de comenzar los discursos por un saludo es tan fuerte que incluso cuando se encarga a un mensajero un mensaje se suele empezar por la recomendación de que salude al destinatario, lo que no dejará de ser cumplido; de ahí que, cuando el mensaje no es amistoso, el mensajero normalmente explicite claramente, al comienzo de sus palabras, que no saluda, recurriendo a fórmulas similares a la que se lee en el pasaje siguiente: «Li rois revint en sa tente; et en ce qu'il fu revenuz, uns vallez vint devant lui et li dist: "Rois Artus, je ne te salu mié, car ge sui hom a un tuen ennemi mortel..."» (La muerte del rey Arturo, 178-42). Sólo analizando el pasaje que nos ocupa a la luz de lo que eran las normas del saludo se nos revelará la figura de Galván con todo el esplendor de las buenas maneras que lo caracterizan. Y ello tanto si nos centramos en las palabras que el narrador le atribuye como si las contrastamos con los discursos de Saigremor y de Keu. Comencemos por contraste. Las primeras palabras que Saigremor dirige a Perceval no son abiertamente hostiles, como lo prueba el empleo del apelativo sire. Pero ya esas palabras constituyen una falta por dos razones: por un lado Saigremor no ha esperado a que Perceval salga de su estado contemplativo para invitarlo a ir ante el rey; por otro, sus palabras no contienen el saludo ritual que hubiera dado prueba de buena voluntad al caballero pensativo. Perceval persiste por tanto en su meditación; ante su silencio, Saigremor se encoleriza y pasa al ataque verbal y físico, lo que será su segunda falta y le valdrá ser derribado de su montura. He aquí el texto: «"Sire, fait il, il vos covient Venir au roi." Et cil ne mot, Et fait samblant que pas ne Fot. Et il li recomence a diré, Et cil se taist, et il s'aire Et dist: "Par Saint Pierre l'apostre, Vos i venrez ja mal gre vostre. De che c'onques vos em priai Me poise molt, car je i ai Ma parole mal emplo'íe"» (4244). Keu, acorde con su carácter orgulloso, se acercará a Perceval en actitud claramente agresiva. A gritos, desde lejos, con el apelativo generalmente hostil de vassal, pasa directamente a la amenaza: «Et cil li crie de molt loing: "Vassal, vassal, venez au roi. Vos i venrez ja, par ma foi, Ou vos le comperrez molt fort"» (4295). Es entonces, como hemos dicho, una vez vencido Keu, cuando Galván se ofrece para resolver por las buenas el asunto, arrostrando con ello que el senescal ponga en tela de juicio su valor con las armas por querer recurrir a las maneras corteses del saludo para ganarse al caballero pensativo. Galván, que ha reconocido ya el derecho de Perceval a que se le respete su ensimismamiento, se verá ayudado en este deseo de respeto por dos circunstancias. La primera, el que la nieve empezaba a derretirse y con ello se iban diluyendo las gotas de sangre: la concentración del caballero no era ya la misma de antes; la segunda, su propio proceder: en vez de acercarse a Perceval con el ímpetu de sus compañeros de armas, Galván lo hará suavemente con el fin de no interrumpir bruscamente el discurrir del caballero: «Et mesire Gavains se trait Vers lui tot souavet amblant, Sans faire nul felón samblant...» (4432). Por fin, Galván se dirige a Perceval con las siguientes palabras: «Et dist: "Sire, je vos eüsse Salüé, s'autretel seüsse Vostre cuer com je sai le mien. Mais tant vos puis ge diré bien Que je sui messages le roi, Qui vos mande et prie par moi Que vos veigniez parler a lui"» (4435). Como se ve, Galván no ha adoptado la fórmula banal de saludo que Keu le había propuesto; en su lugar, el narrador le atribuye un discurso que, como hemos dicho, es a nuestro juicio la expresión más acabada del buen hacer y de las buenas maneras que constituyen los rasgos característicos del personaje. En realidad Galván no empieza su discurso con una fórmula de saludo; lo que dice literalmente es que no saluda (je vos eüsse Salüé) aunque no le falte voluntad de hacerlo (s'autretel seüsse Vostre cuer com je sai le mien). Galván, en efecto, no podía permitirse saludar abiertamente a Perceval como Keu creía que lo haría; ello hubiera revelado falta de coraje por parte de Galván: el saludo dirigido a un caballero suponía en la sociedad reflejada por la literatura medieval renunciar a todo combate. Dado que las intenciones del caballero desconocido no estaban claras y que ya se había batido con dos de los hombres de Arturo, Galván no podía excluir la posibilidad de recurrir a las armas contra él. Ahora bien, si esta circunstancia le impedía saludar abiertamente, por otro lado su actitud hacia Perceval era amistosa, lo que le obligaba a empezar su discurso por el saludo normativo en situaciones cordiales. De ahí el giro diplomático empleado por Galván: situado en el lugar mismo que corresponde al saludo, es decir, abriendo la intervención discursiva, tal giro hace función de saludo sin serlo realmente; abre las puertas a una relación armónica pero no impide cerrarlas en caso de reacción agresiva por parte del interlocutor. Galván deja a salvo su honor y su reputación de caballero ducho en el manejo de las armas sin necesidad de recurrir a ellas para conseguir sus fines; se comporta como el caballero cortés por definición que se espera sea. El resultado será que Perceval, tras quejarse a él de que los dos caballeros anteriores que intentaron llevarlo ante el rey recurrieron a la fuerza y lo sacaron de sus pensamientos, se dejará conducir a la corte por un Galván que nunca como aquí habrá dado prueba de ser el modelo de caballero cortés del mundo artúrico. En Erec y Enide se halla un pasaje que recuerda en más de un aspecto el que acabamos de describir. Se trata de la escena en que el senescal Keu se encuentra con Erec y decide llevarlo al campamento cercano del rey. Las intenciones de Keu, expresadas por él mismo, no eran negativas: habiéndose percatado de que Erec estaba cansado y herido, había decidido darle alojamiento aquella noche2. Pero sus maneras no corresponden a su intención última. El orgullo que caracteriza al personaje lo lleva a no proponer cortésmente al caballero que lo acompañe. En vez de eso, Keu toma sin preámbulos las riendas del caballo de Erec, mostrando así que parte de la base de que éste debía acompañarlo por las buenas o por las malas. De hecho, ante la resistencia de Erec, el senescal pasa al ataque, valiéndole ello la caída a tierra y la pérdida de su caballo. Lo que quisiéramos resaltar en esta escena, en lo tocante al tema que nos ocupa, es que de nuevo el narrador comentará la incorrección de maneras de Keu aludiendo a la falta de saludo; pese a que reproducirá en estilo directo el discurso inicial de Keu, el narrador insiste previamente en el hecho significativo de que no hubo saludo: «Keus vint avant plus que le pas et prist Erec en es le pas par les resnes sanz salüer; einz qu'il le lessast remüer li demanda par son orguel: «Chevaliers, fet il, savoir vuel qui vos estes et d'ou venez» (3963). En efecto, puesto que, desde el principio, Keu estaba dispuesto a recurrir a las armas en caso necesario, no podía atarse las manos saludando a Erec. El simple anuncio de que el senescal no saluda le basta así al narrador para indicarnos que su actitud no era la correcta. Una vez que el senescal vuelve al campamento y cuenta lo ocurrido, el rey Arturo le encargará a Galván llevar a su presencia al caballero. No deja de llamar la atención en esta escena, como en la del Perceval, que la virtud que se piensa que hará triunfar a Galván es precisamente su cortesía: «Et li rois Gauvain apela: «Biax niés Gauvain, ce dit li rois, s'onques fustes frans ne cortois, alez aprés isnelemant; demandez am'íablemant de son estre et de son afeire et, se vos le poez atreire 2 De hecho el apelativo que dirige a Erec será el de chevaliers, vocativo en nada injurioso y que contrasta con el de vasax, empleado tanto por Erec como por Keu (vv. 4005, 4037 y 4047) una vez que ambos entran en enfrentamiento abierto. tant que avoec vos l'ameigniez, gardez ja ne vos an feigniez» (4054). Nótese la diferencia existente entre este acercamiento de Galván a Erec y el que hemos visto en el caso de Perceval. En El cuento del Grial, las palabras del rey habían añadido al reconocimiento de la cortesía de Galván una orden expresa de tomar las armas: «Ore i alés, niez, dist li rois, Que molt avez dit que cortois. S'estre puet, si l'en amenez; Mais totes vos armes portez, Car desarmez n'irez vos pas» (4413). De ahí el saludar sin saludar que Galván adoptará al llegar ante Perceval: no había seguridad de que el encuentro fuera cordial. Por el contrario, en Erec, como puede observarse en el pasaje que hemos citado, la orden dada por el rey excluye la posibilidad de combate (*demandez amïablemant). Galván parece acercarse a Erec sin haberse armado; por lo menos el texto no presenta ninguna alusión al respecto. De ahí que, excluido de entrada el recurso a la fuerza, Galván no tenga empacho en dirigirse a Erec enarbolando el saludo que simboliza la amistad; un saludo entero, sin reticencias, como en el caso del Perceval: «Gauvains monte an son gringalet, après le sivent dui vaslet; ja ont Erec aconseü, mes ne l'ont mie coneü. Gauvains le salue et il lui; salüé se sont amedui; puis li dist mes sire Gauvains, qui de grant franchise estoit plains: "Sire, fet il, a vos m'anvoie li rois Artus an ceste voie; la reïne et li rois vos mandent saluz, et prient et comandent qu'avoec ax vos venez deduire..."» (4063). Nótese que, de nuevo, el narrador, para resaltar la armonía del encuentro, alude insistentemente tanto al hecho de que Galván saluda como al hecho de que recibe respuesta por parte de Erec, prueba de la buena disposición de éste. Y obsérvese igualmente cómo Galván, en su función de mensajero, comenzará por transmitir a Erec los saludos del rey y de la reina y sólo después le comunicará el mensaje propiamente dicho. Al final, para llevar a Erec y a su esposa ante el rey, Galván tendrá que recurrir a una astuta treta; pero ésta sólo será viable gracias a las buenas maneras desarrolladas en el encuentro entre los dos caballeros; buenas maneras en las que el rito del saludo juega un papel de primer orden. Cuando en muchas de las novelas del XIII la figura del sobrino del rey se degrade y ya no sea el exponente supremo de caballero cortés, el uso que haga Galván del rito del saludo cambiará también consecuentemente. Pero se mantendrá una constante: las virtudes positivas del personaje que en cada momento sea presentado como modélico vendrán siempre realzadas por un manejo sutil del saludo. Así ocurre, por ejemplo, en La muerte del rey Arturo, cuyo héroe principal, Lanzarote, se encuentra enfrentado a un Galván que no atiende a otra razón que la sed ciega de vengar la muerte de su hermano. Cuando Arturo y Galván vienen a presentar batalla a Lanzarote, éste intentará disuadirlos por medios pacíficos; de ahí que, llegado ante Arturo, decida saludarlo: «Il virent issir des portes le roi Boort et Lancelot et Hestor. Et meintenant qu'il s'entraprochierent tant qu'il porent parler ensemble, Láncelos dist a Boort: "Descendons encontre monseigneur le roi qui ci vient, qui est li plus preudom qui or soit el siecle." Et cil dient que contre leur ennemi mortel ne descendront il ja, se Dieu plest. Et Láncelos dit, comment qu'il soit ses ennemis, il descendra por l'amour de lui; maintenant met le pié a terre et si compaingnon font autretel. Et li rois dit a ceus qui o lui sont: "Par Dieu, voirement a il moult en ces trois homes por quoi touz li mondes les doit loer..."» (147-7). Nótese que lo que permite a Lanzarote saludar a Arturo es que, a pesar de encontrarse en guerra contra él, lo sigue considerando como su señor y amigo. Los que lo acompañan, al no cobijar tales sentimientos, se niegan en principio a saludar hallándose en situación de conflicto abierto. Véase igualmente cómo el saludo de Lanzarote y de los que terminan por imitarlo será apreciado en todo lo que vale por el rey, que profiere en su honor la alabanza que se encuentra al final del texto citado y que, tocado por tal gesto, corresponderá desmontando también. Lanzarote dará un paso más añadiendo al saludo gestual un saludo verbal, al que ya Arturo no responderá por temor a disgustar a su sobrino, de ningún modo dispuesto a flexibilizar su actitud y empeñado hasta el final en librar combate: «Lors descent [li rois] de son cheval et ausi font tuit si autre compaignon; et Láncelos, si tost comme il fu venuz près de lui, le salue moult hontex et pleins de vergoigne, mes li rois ne li rent mie son salu, por ce qu'il voit que messire Gauvains en seroit trop dolenz» (147-26). El enfrentamiento armado entre Galván y Lanzarote tendrá lugar pese a los esfuerzos de éste por evitarlo. Pero esta escena de saludos le habrá servido al narrador para subrayar que, desde el principio, antes de pasar a las propuestas conciliadoras que siguen al pasaje citado, la actitud de Lanzarote era amical y la de Galván agresiva: ya antes de tales propuestas, Lanzarote había sabido ganarse a Arturo por medio del rito del saludo. Insistamos no obstante, para terminar, en que ni Arturo ni Galván infringen las normas sociales negándose a responder al saludo de Lanzarote. Galván sobre todo no podía hacerlo, ya que en modo alguno estaba dispuesto a no combatir: haber saludado a Lanzarote, como hemos dicho, se lo hubiera imposibilitado. Y es que, aunque Galván es presentado en esta obra como un personaje orgulloso, nunca se dice de él que sea traidor, y traidor hubiera sido si, tras responder al saludo de Lanzarote, hubiera seguido empeñado en un duelo a muerte contra él. La norma medieval excluye las medias tintas. El saludo de circunstancia, vacío de contenido, que abunda hoy día, no aparece en la literatura de la Edad Media o sólo se da en personajes de claro signo negativo3 Si existía mínimamente la posibilidad de discordia, la norma era no saludar o no responder al saludo recibido, o bien responder con una de esas fórmulas del tipo je ne vos salu mie (cf. Renart, 7331). Ningún héroe de la literatura medieval se permite saludar si esconde malas intenciones. Ninguno salvo Renart, naturalmente, antihéroe en este punto como en otros (cf. Renart, 793). De hecho el calificativo reservado a todo personaje que falte a la veracidad del saludo es el más grave que pueda atribuirse en la literatura medieval: felón. No de otro modo califica Chrétien al conde que, pese a proponerse arrebatarle Enide a Erec, le dirige a éste saludos de despedida: «Come fel prant a lui congié: "A Deu, fet il, vos comant gié." Erec respont: "Sire, et je vos." Ensi departent antr'ax dos» (3427). Esta repulsa por el falso saludo no es de extrañar en una sociedad que tiene como fondo ideológico dos grandes traiciones bíblicas operadas por medio del saludo: la de Caín y, sobre todo, la de Judas. Así se explicita en La búsqueda del santo Grial: «Lors vint après et le cuida ocirre si soudainement qu'il n'en fust aperceuz. Mes Abiax l'oï bien venir; si se regarda, et quant il vit que ce fu ses freres, si se dreça encontre lui et le salua, car il l'amoit mout en son euer; si li dist: «Bien viegniez, biau frere!» Et cil li rendi son salu et le fist seoir; si lessa aler un coutel corbe qu'il tenoit, et l'en feri par desoz la mámele premièrement. [...] Et tout einsi come Caïns salua Abel son frere et puis l'ocist, tout ausi salua Judas son seignor, et si avoit sa mort porchaciee» (217-14). Referencias bibliográficas DUPLAT, A. (1975): «Etude stylistique des formules de salutation chez Chrétien de Troyes», Travaux de linguistique et de littérature 13, 107-143. HUPKA, W. (1982): «Zur Funktionalität der altfranzösischen Zweikasusdeklination». En Fakten und Theorien. Beiträge zur romanischen und allgemeinen Sprachwissenschaft. Festschrift für Helmut Stimm, 95-109. Tubinga. LEBSANFT, F. (1988): Studien zu einer Linguistik des Grusses. Sprache und Funktion der altfranzösischen Grussformeln. Tubinga: Max Niemeyer Verlag. LEWICKA, H. (1976): «Les formules de salutation dans le théâtre comique français du moyen âge». En Mélanges de langue et de littérature romanes offerts à Ch. Th. Gossen, Germán Colón y Robert Kopp (eds.), t. II, 497-504. Lieja. LEWICKA, H. (1979): «Les formules pour prendre congé dans le théâtre profane français du moyen âge». En Festschrift für Kurt Baldinger, M. Höfler, H. Vernay y L. Wolf (eds.), t. I, 283-292. Tubinga. 3 Cf. el pasaje de El Caballero de la carreta (vv. 1549 y ss.) en que la doncella de malas intenciones que acompaña a Lanzarote responde sólo de boche al saludo de euer et de boche que le ha dirigido un caballero prendado de ella.