Petronio Árbitro, el festín de trispudientillo (cena trimalchionis), Satiricón, 27,7-7
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ISSN 0213-7674 Myrtia 24, 2009 Reseñas 417 Myrtia, nº 24, 2009 Petronio Árbitro, El festín de Trispudientillo (Cena Trimalchionis), Satiricón, 27,7-78,8, advertencia preliminar, revisión del texto latino, notas y epílogo de Matías López López; traducción de Marta Sampietro Lara y Matías López López, Barcelona, PPU, 2007.1 El mérito fundamental de este libro es su propia peculiaridad, pues su enfoque, sin abandonar su extracción y función universitaria, puede resultar muy atractivo para el lector común. Tras la advertencia preliminar (11-12), aparece el cuerpo fundamental del libro, el texto, la traducción y unas muy amplias notas (13-189). López presenta un texto revisado que parte del de Díaz y Díaz y el de Müller2, y cuyas variantes están ampliamente comentadas en las anotaciones. Llama la atención por ello que el texto carezca de un aparato crítico, aunque este hubiera sido básico, por ejemplo al estilo de los de Loeb, e igual ocurre con los loci similes, tratados también en las notas. La traducción aparece confrontada con las páginas de texto, al estilo de Alma Mater, y corre a cargo de ambos coautores, por el orden de firmas que arriba se cita. Es una versión muy peculiar, como hacía presentir el título de la obra. Así, Trimalquión es aquí Trispudientillo, Encolpio es el Encoñado, Ascilto es el Incansable, Gitón es Fidel, Damas es el Domador, Crisanto es Floriáureo, Fíleros es Erotófilo, etcétera. Creo indudable que esto, por discutible que pueda parecer a los filólogos clásicos más clásicos, valga la redundancia, sin duda revitaliza a un autor, sobre todo quizá a los ojos de los alumnos y del lector común, a los cuales por cierto nunca debemos olvidar. Lo mismo ocurre con la otra característica de la traducción, pues para recoger los vulgarismos que abundan en el texto de la Cena tal como se nos ha conservado especialmente en el manuscrito fundamental, el Traguriensis (Paris. lat. 7989), los autores utilizan vulgarismos del español. Así, por ejemplo, en el caso del soldado hombre lobo (c. 62), tenemos que "Era un sordao (miles) fuerte como un demonio (Orcus). Cogimos las de Villadiego (apoculamus) con el canto del gallo; la luna brillaba como el sol en mediodía. Llegamos adonde las tumbas. Mi compañero se puso a hacer sus nesecidades (facere) junto a unos sepulcros". Como se ve, las equivalencias intentan ser, digamos, proporcionales: los vulgarismos españoles no siempre aparecen donde están los latinos, sino que dan una idea relativa de ellos, y, por otra parte, aparecen comentados en las notas. Centrándonos ahora en ellas, las 754 notas del texto y traducción son, en verdad, todo un comentario, el único 1 Quiero disculparme por el retraso de esta reseña. 2 Díaz y Díaz, Alma Mater, 1968-69, Müller, 1995.
ISSN 0213-7674 Myrtia 24, 2009 Reseñas 418 en lengua española3. Este comentario, pues, hace buen uso de los diversos estudios modernos precedentes (citados en las pp. 198-199), y todos ellos, tanto este libro como sus predecesores, se hubieran enriquecido exponencialmente con la lectura de la inestimable, inapreciable, inevaluable, monumental edición Heinsio-Burmaniana de Petronio, todo un compendio de erudición y sabiduría, paradójicamente despreciada por su "antigüedad" (1709) y, por ello, no superada y ni siquiera bien explorada. Tenemos ahora un ejemplar "común, como la luz del sol y las auras" disponible en la red (Archive.org). Por ejemplo, sobre el misterioso apoculamus o apoculanius, ya citado, del ms. Traguriensis, ni la nota de nuestros autores, ni Müller, ni Díaz y Díaz, ni ninguno de los buenos textos, comentarios y estudios existentes pueden rivalizar con las dos páginas de erudición en las que Burman recopila los comentarios de los cuatro filólogos anteriores, incluido Heinsius, y añade el suyo propio. Por último, nuestro libro se cierra por un epílogo (191-209) de Matías López tan peculiar como todo lo anterior, pues es el propio "Trispudientillo" quien toma la palabra para hablar de sí mismo, de esta Cena, de la bibliografía y en resumen de todos los temas relevantes que habitualmente se incluyen en una introducción. Esperemos que este libro tenga el arraigo deseado y no se quede solo entre las paredes de las universidades, sino que estimule a muchos lectores, y entre ellos a los profesores de enseñanzas medias (mis héroes con nombre, como profesora y madre, los grandes José María, las grandes María José, immo, grandes Remedios, grandes Milagros), en todo el mundo de habla hispana. En cuyo caso habría que felicitar efusivamente a los autores, pues no es nada frecuente que un clásico, incluso tan moderno como Petronio, trascienda hasta llegar al corazón de un público amplio. Ana Pérez Vega 3 Sin desmerecer de las anotaciones de las buenas traducciones con las que contamos, por ejemplo Codoñer, Prieto, Rubio, Samaranch, Segura.