E. Kavanagh, Estandartes militares en la Roma antigua. Tipo, simbología y función, Anejos de Gladius 16, CSIC-Polifemo, Madrid, 2015, 640 pp. + CD Rom [Reseña]
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HABIS 48 (2017) 335-391 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 363 RESEÑAS tartesio junto al alfabeto latino, son claramente tartesoturdetanos, caso de Candnil (con una acumulación de consonantes visible, por ejemplo, en el antropónimo Icstnis, documentado en Torreparedones, Binsnes, documentado en La Rambla, y en el gentilicio Castlosaic, derivado de kaśtilo), Odacis (cf. otakiiś u otatiiś en una moneda procedente de Porcuna), Sisbe, Siscra, Sisucurhil (estos tres con un elemento inicial sispresente en Sisirem, en una moneda de Porcuna, Sisanna, documentado en Belalcázar, Sisean o Siseanba, en Torreparedones, Siseia, en Cazlona; Sisucurhil contiene un grupo consonántico presente en Urhela, antropónimo documentado en Belalcázar), como probablemente también lo sea el nombre de la ceca, que aparece como +beuibun y que, aunque la interpretación del signario es dudosa, se puede relacionar con los topónimos en -ippo. Por lo demás, es muy difícil extraer datos lingüísticos claros de las inscripciones tartesias, pero lo que se observa no parece indoeuropeo (véanse las características lingüísticas apuntadas por Jürgen Untermann en Monumenta Linguarum Hispanicarum. Bd. 4. Die tartessischen, keltiberischen und lusitanischen Inschriften, Wiesbaden 1997), caso de los antropónimos terminados en -oir, cf. ooŕoir, soloir, uarbooiir, o en -ea, cf. bootiiea, nemuntuurea, saruneea, śutuuiirea; del final de antropónimos como aarkuuior, que podría relacionarse con Arquius, aiburis, cf. Aebura, o uursaar, cf. Vrsius, Vrsacius; del sufijo de tiirtoosne (tiirtoos es un antropónimo probablemente indoeuropeo, véase también akoosioś / akoolioś, anbaatia y tuurkaaio[), cf. rokoolione, ertaaune, liŕniene; o de lo que parece una forma verbal propia de una fórmula funeraria y que presenta diversas alternancias de significado desconocido, naŕkeentii, naŕkeenii, naŕkeeii, naŕkeenai, naŕkeen, naŕkee, a la que se ha atribuido carácter indoeuropeo a partir del final en -nti, si bien los finales -nii, -ii, -nai y -n son difíciles de relacionar con la morfología verbal indoeuropea. En ocasiones, aparecen elementos que podrían ser indoeuropeos, como el final -on de lo que parecen antropónimos, cf. baaruaion, ]uŕnibeelison, taarielnon, taalainon (¿cf. Talaus?), pero no son fáciles de interpretar desde una óptica indoeuropea. En definitiva, si bien es lícito tratar de interpretar los textos de las inscripciones tartesias a partir de un sistema bien conocido como es el de las lenguas célticas, debemos resignarnos y reconocer que, dadas las limitaciones del corpus, lo más probable es que este refleje un sistema lingüístico que, con los datos de que disponemos hoy en día, no es relacionable con ninguna de las demás lenguas que conocemos. José Miguel Jiménez Delgado E. K AVANAGH, Estandartes militares en la Roma antigua. Tipo, simbología y función, Anejos de Gladius 16, CSIC-Polifemo, Madrid, 2015, 640 pp. + CD Rom. Exhaustivo. Esa esa es, en mi opinión, la palabra que mejor define el libro sobre los estandartes militares romanos del que es autor Eduardo Kavanagh. Fruto de una Tesis Doctoral, la monografía se presenta dentro de Anejos de Gladius, que se ha convertido en una serie de referencia con sus trabajos consagrados a aspectos de historia militar en el mundo antiguo. El autor utiliza con competencia la documentación literaria, epigráfica y numismática, así como los datos aportados por la arqueología, especialmente desde el punto de vista iconográfico. El arco cronológico abarca toda la época romana, desde el período republicano hasta el bajo imperio, lo que permite una visión en perspectiva de este tipo de elementos, tan importantes para los ejércitos de todos los tiempos
364 HABIS 48 (2017) 335-391 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 RESEÑAS y, como se ha dicho, buscando la exhaustividad. Este amplio marco cronológico, la cantidad de documentación disponible, no exenta de problemas, y los propios objetivos del estudio, nos sitúan ante una obra ambiciosa, llena de información y de la que se puede aprender mucho. Es tal la variedad de los aspectos tocados, que son abundantes los apartados dedicados a conclusiones parciales, que permiten ir recapitulando y procesando la información. El libro comienza con un análisis terminológico (capítulo I) en el que se analizan las complicaciones derivadas de la polisemia y la aparente ambigüedad de algunos de los términos utilizados por los romanos para designar a los estandartes militares, especialmente aquila o signum, que parecen ser los más problemáticos a la hora de ser definidos con precisión. A continuación (capítulo II), se hace un análisis pormenorizado de los estandartes de tipo simbólico dentro del ejército romano (aquila, imago, estandartes zoomorfos, simulacrum y, ya en el siglo IV, labarum). En general se sigue un esquema de exposición fijo, que estudia el origen y la evolución tipológica y cronológica de cada estandarte, acompañada de dibujos y tablas temporales para ilustrar mejor estos aspectos y de un repaso a los ejemplos conservados o documentados de cada uno, así como su encuadramiento dentro del ejército. Además, el autor aborda la problemática historiográfica que va unida a todos estos términos. En el caso del aquila, por ejemplo, revisa su consideración por parte de algunos autores como un elemento táctico y no simbólico, el problema de la disolución de la unidad en caso de pérdida, y su naturaleza totémica y apoteósica, ligada al emperador con el tiempo. Del mismo modo, se para en diversos aspectos relativos a las imagines o efigies imperiales y su valor diferente ya fueran exentas o estuvieran en el interior de un signum (una situación que también se documenta en el caso de las aquilae), realizando un notable esfuerzo en el estudio de la evolución cronológica de este tipo de estandartes, en la cuestión del idealismo o el realismo de los retratos imperiales que representaban, su valor como elementos sagrados y su posible incompatibilidad con el cristianismo, desapareciendo en el s. IV, quizás sustituido por el labarum, también analizado en el libro. Los capítulos III y IV se centran en los estandartes que tuvieron un carácter eminentemente táctico (signum, draco, uexillum, cantabrum y otros). Es especialmente interesante el análisis del draco, el estandarte con cabeza metálica de serpiente y manga de viento que los romanos adoptaron de pueblos enemigos (sármatas o persas, no está del todo claro), posiblemente en el s. II, y que pervivió hasta finales del imperio, siendo utilizado tanto en la caballería como en la infantería, y que podían indicar la presencia del propio emperador cuando eran purpúreos. Posteriormente se examina el uexillum, su origen, evolución, sus diferentes tipos (hasta once) y, de nuevo, su encuadramiento en un número variado de unidades, su función y su simbolismo. El capítulo IV, por su parte, repasa los elementos de los estandartes compuestos (moharra, tridente, mano, águila, creciente, animales diversos, borla, centella, corona, fálera…). En todos ellos, como ya se ha dicho, el autor revisa toda la documentación escrita y arqueológica y aporta dibujos y tablas cronológicas para poder seguir mejor la evolución de los diversos elementos y sus tipos, haciendo alusión al posible significado simbólico que también pudieron tener, como sucede en el caso de la mano, el creciente o la fálera, interpretados de diversa manera según los investigadores. Tras el extenso examen de los tipos de estandartes y sus elementos, el autor pasa a estudiar otros aspectos relativos a los estandartes romanos. Por una parte, su número, distribución y función dentro de las diversas unidades militares, en las legiones, alae y los
HABIS 48 (2017) 335-391 - © Universidad de Sevilla - ISSN 0210-7694 365 RESEÑAS diversos tipos de cohortes de caballería, infantería y pretorianas (capítulo V), para tratar posteriormente el lugar que ocupaban estos estandartes dentro de los campamentos (capítulo VI), bien custodiados en una aedes o sacellum. El capítulo siguiente (VII) aborda la cuestión no sencilla del culto a las enseñas, haciendo hincapié en una serie ideas para demostrar este hecho, como la consagración de los estandartes antes de su uso, su presencia en todos los rituales religiosos llevados a cabo por la unidad, el sacramentum que los reclutas debía realizar ante ellas, su custodia en una aedes, la celebración de su aniversario o dies natalis, su protagonismo en prodigios que indicarían su capacidad para transmitir la voluntad de los dioses o su naturaleza divina per se, especialmente en el caso de la imago imperial. Si el carácter sagrado de los estandartes parece evidente, en mi opinión, no todos los argumentos expuestos por el autor implican necesariamente un culto a los mismos, aunque, de nuevo, el tratamiento del problema es impecable. A continuación, el trabajo se centra en el lugar que estos estandartes tendrían durante las batallas, exponiendo diversas hipótesis y llegando a la conclusión de que debió producirse una evolución temporal, aunque lo que parece claro es que se encontraban en una posición cercana al enemigo, a juzgar por las bajas, documentadas en las fuentes literarias, que se producían entre los portaestandartes. Con estos estandartes, se transmitían órdenes y se lideraba el ataque, complementados probablemente por las órdenes sonoras, ya fuesen a voces o a través de instrumentos musicales. De cualquier modo, la función táctica de los estandartes sería tan importante que su pérdida no sólo significaba un golpe a la moral y una humillación, sino que también disminuía la capacidad de maniobras de la unidad en cuestión. Por este motivo, la figura del portaestandarte, tratada en el cap. IX, se antoja fundamental dentro del ejército. Signifer, aquilifer, imaginifer, uexillarius…Todos ellos se distinguían jerárquica y visualmente del resto de los soldados, llevando una indumentaria peculiar, con elementos característicos (gorros, pieles, cascos…), así como elementos para poder sujetar mejor el estandarte que les estaba confiado. En fin, el capítulo X intenta hacer una síntesis con las conclusiones principales de la obra, algo tremendamente complicado debido a la gran cantidad de aspectos tratados en ella y la riqueza documental en la que se basa el estudio y que se vislumbra en la amplia bibliografía utilizada y en el impresionante corpus de imágenes con sus correspondientes fichas explicativas contenidas en el CD Rom que acompaña a la publicación. Sin duda estamos ante un libro imprescindible dentro de la temática que aborda y que tardará mucho tiempo en ser superado. José Carlos Saquete Y. LE BOHEC (editor general), The Encyclopedia of the Roman Army, Hoboken, NJ, Wiley - Blackwell, Malden MA - Oxford, 2015, 3 vols., LX + 1153 pp. Una obra monumental, sin duda, esta enciclopedia del ejército romano de más de 1200 páginas a dos columnas distribuidas en tres volúmenes. El editor general, Le Bohec, es profesor emérito en La Sorbona, reconocida autoridad en el tema y bien conocido por el público español y no solo por los profesionales gracias a la traducción al castellano de algunos de sus libros (El ejército romano o Breve historia de la Roma antigua). Coordinados por él han trabajado en la organización de estos tres volúmenes cinco associate