Historia apasionada del toreo. [Reseña de] Luca de Tena, Catalina (ed.) (2003): Las taurinas d e ABC. Madrid, 2003.
Full text
Revista de Estudios Taurinos N.º 18, Sevilla, 2004, págs. 305-309 HISTORIA APASIONADA DEL TOREO Fig. n.º 73.- Luca de Tena, Catalina (ed.) (2003): Las taurinas de ABC. Madrid, 2003.
306 Juan Carlos Gil La historia del presente, decía Kennan, «pertenece a ese campo de trabajo, pequeño y poco visitado, en el que el periodismo, la historia y la literatura se unen.» Por tanto la,historia de un siglo de vida, que históricamente puede considerarse el pasado reciente, puede ser objeto de estudio de esas tres ramas del conocimiento que, en tantas ocasiones, se han trenzado e influido. Tanto el buen periodismo como la mejor historiografía comparten algunas rutinas de trabajo y poseen algunas características comunes: imaginación para simpatizar con los personajes, aproximación compleja y crítica a las fuentes, firme sentido del tiempo y el lugar, inteligencia suficiente para la argumentación lógica y poderes literarios para la evocación y la descripción de los hechos seleccionados ... Además, tanto la crónica y el reportaje como la narración histórica han sido siempre relatos escritos por autores autorizados que inevitablemente han impregnado el texto con su prosa original y su punto de vista personal. Por tanto, la mixtura de los hechos con la individualidad inteligente del narrador ha determinado la elaboración delproducto final: novela, ensayo, artículo en revista especializada o cróniea de un periódico. . Y es ahí donde entra en juego la literatura. Para que un buen libro, artículo especializado o género periodístico esté completo y atraiga la· atención de su lector objetivo exige un esfuerzo no sólo de investigación sino también de imaginación para introducir en la narración experiencias personales o vivencias observadas como testigo. Es en esta función de desmenuzar los hechos de la hojarasca que los envuelve es donde el perio-. dista y el historiador trabajan como novelistas, es decir, como orfebres del lenguaje que acuden a todos sus recursos retóricos para transmitir su mensaje. Estas áreas fronterizas, siempre en tensión, son las que se dan cita en el libro Las taurinas de Abe. No estamos ante un calco de estirpe costumbrista, ni ante un cuento disfrazado de
Recensiones de libros 30 7 reportaje superficial, sino que las cuatrocientas largas páginas de la obra son una historia del toreo sui generis y polisémica, plu~ ral y seductora, encantadora y rebosante de profundas anécdotas, la mayoría de ellas desconocidas para los aficionados a este lega - do milenario de la vida y la muerte. Las grandes verdades, dicho sea con reservas, que vertebran este lujoso libro están fabricadas con los ladrillos de la cer - teza y el cemento de los datos. Ahora bien, en las descripciones de ambientes y en las semblanzas de los protagonistas de la Fiesta se violan con el mejor ingenio las leyes sagradas de la retórica de la objetividad. No es un demérito, sino todo lo contrario. Tiene que ser necesariamente así, porque para que un texto periodístico pueda ser leído sin la presión de la inmediatez · requiere reordenar el material informativo, seleccionar las fuen-. tes pertinentes, destacar algunos elementos en detrimento de otro... en definitiva, hacerlo vivo y cercano al lector. Eso sí, . teniendo como límite, la línea imaginaria que separa la fabulación de lo fáctico. · Las taurinas de Abe está cuidado hasta el más mínimo detalle, desde la portada magníficamente tratada, hasta los deliciosos apuntes a carboncillo de Bonifacio que separan los nueve capítulos que componen del texto. Este esmero en los pormenores y cuidado artesano en la presentación no significa que siempre se haya acertado en la elección de los escritores. Sólo me gustaría no haber tenido que echar en falta autores de la enjundia del sevillano Caro Romero o al cronista madrileño José María Redondo, por ejemplo, que hubieran hecho compañía a literatos de calidad contrastada como González Ruano, Julio Camba o Gerardo Diego. Por lo demás_,· nos encontramos ante un documento plural y polifónico, estremecedor e intenso, colmado de los géneros periodísticos más heterogéneos: crónicas, reflexiones históricas, reportajes, noticias, semblanzas, perfiles, entrevistas... que
308 Juan Carlos Gil demuestran la ineludible y prolífica aportación que el diario Abe ha hecho no sólo a la ciencia periodística sino también a la historia de la Tauromaquia. Si el toreo es la más efímera de las artes, puesto que la gran faena dura apenas unos minutos y luego sólo queda una vaga añoranza, o a lo sumo, una pálida fotografía, escritos dispersos y recopilados en un li.bro como éste, son el mejor auxilio para evocar leyendas, historias y momentos sobresalientes del toreo, de un siglo XX que ya se aleja irremediablemente. Éxitos como el de Vicente Pastor en la plaza vieja de Madrid, el de Antoñete en Las Ventas, en el año 1982, o la famosa faena de Manolete al toro de Pinto Barreiro en Madrid son algunas de las efemérides que se esparcen por esta obra. En este recordatorio sentimental no podría olvidarse de la actuación de Paquirri en Sevilla, allá por la primavera otoñal del año 1981, cuando ante toros de Manolo González dejó constancia de que «si el toreo es parar, templar y mandar, si el toreo es someter a los toros, obligarlos, dominarlos, llevarlos por donde no quieren ir, que diría el maestro Domingo Ortega, el Paquirri de esta tarde apoteósica en la Maestranza lo ha conseguido sobradamente» como escribió en su día el recordado Vicente Zabala. Acertadamente, no han sido escamoteados de estas páginas los momentos más escabrosos de la historia de las corridas: ejemplos no faltan; la polémiCa surgida a raíz de la implantación del peto y el destripamiento de los jamelgos en el ruedo; la disputa por la sangría realizada en el morrillo del toro debido a la falta de limitación en las puyas, el fuego cruzado por el afeitado y la mentirosa propaganda ... Fueron estos capítulos los que ridiculizaron esta danza trágica y universal basada en la confrontación de la fiereza animal y la inteligencia humana. No faltan tampoco, las crónicas salpicadas de sangre, escritas con el pulso febril y el alma atormentada por el dolor de la muerte. Con un nudo en la garganta y la valentía que da la pro -
Recensiones de libros 309 fesionalidad, Gregario Corrochano fue capaz de narrar la tragedia de su amigo y admirado lose lito eÍl Talavera; también está el reportaje de la cogida y muerte de «ese príncipe en Sevilla que comparársele pueda». Culminan estas páginas amargas con la tragedia de Colmenar, relatada por Luis García, que con valor estoico, soportó el llanto inconsolable de la enfermera que atendió el· corazón maltrecho y despedazado del venteañero José Cubero Yiyo. Libro enriquecido con muchas plumas, con muchos tonos y que aproxima al lector menos atento a la historia del toreo de una forma sencilla y tan fascinante que es imposible dejar su lectura. Juan Carlos Gil Fundación de Estudios Taurinos [email protected]