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Las velas del absoluto: una imagen del Mediterráneo republicano

Rodríguez Gómez, Federico

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AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 1 AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 2 AÑ AÑAÑ AÑ AÑ AÑ A AÑ Ñ A O O O O 5/ 5 5 N N N N N N N N N UM UM UM UMUM M UM UM M UM UM M UM UM M M ER ER ER ER ER ER ER ER ER ER ER ER ER ER ER O O O O O O O O O O O O O O O O 23 23 23 23 3 23 23 23 23 23 23 23 23 / / / / / / / / / / / / / / G AG AG AG AG AG AG AG AG G AG AG AG G G AG AG A OS OS OS OS OS OSOS S OS OS OS OS OS S OS S OS S S S OS OS S O TO TO TO TOTOTO TO TO TO TO TO TO TO TO TO TO O O TO T 2 222 2 2 2 2 2 010101 01 0 5 5 5 5 5 2 2 2 22 2 2 2 2 2 2 Visita, revisa, comenta http://rufi anrevista.org Escríbenos, participa rufi [email protected] Dirección General Cynthia Shuff er Coordinación Cynthia Shuff er Víctor Quezada Equipo Editorial Daniela Acosta Paula Arrieta Camila Bralić Rosario Carmona Javiera Cornejo Paz Irarrázabal Cynthia Shuff er Portada Cynthia Shuff er Fotografías Cynthia Shuff er Rosario Carmona Diseño y diagramación Paula Arrieta AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 3 Volver a decir la imagen Negativo de una frase imposible en positivo AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 4 6 10 14 22 23 28 30 31 32 Editorial Rufián. Asunto:Volver a decir la imagen Contra el origen - Víctor Quezada Declaración exconscripto Guzmán - Intervención Cartas al dirctor - Loreto Mendeville Policial - Loreto Mendeville Médicos confirman nuevo episodio de torturas de Carabineros contra estudiantes - Elias Hienam Unos cuatrocientos inmigrantes mueren ahogados tratando de alcanzar Italia - Marcelo Guajardo Fotos descensuradas - Cucho Márquez Las imágenes que Facebook no quiere que veas - Felipe Cussen AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 5 Una misma imagen Karen Glavic Maurer José Santos-Herceg Rocío Casas Bulnes Nicolás Cadavid Nancy Garín Guzmán Toda herencia es un hurto - Javiera Manzi La balada del Oeste - Inés Molina Navea Mi papá era un bandido - Cynthia Shuffer La primera foto de la ceguera - Constanza Iglesias Molina Pequeño manifiesto sobre una fotografía de la piluchez - Andrés Pereira Covarrubias Coleccionistas - Rosario Carmona Yost Las velas del absoluto. Una imagen del Mediterraneo republicano - Federico Rodríguez Postales de la Historia de Chile 1988-2012 - Paula Arrieta Gutiérrez Biografías 36 43 48 56 60 64 70 76 84 94 AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 76 § 0. Miserable al sol: una foto ibicenca. Walter Benjamin es un fi lósofo muy citado en Chile. Creo que una de las razones por las que se le cita tanto, y desde hace bastante tiempo, es porque escribió varias cosas que se han considerado importantes sobre «las imágenes». Claro, las imágenes, y ante todo las imágenes que quedan, ya sea porque se guardan en la cajita esmeralda de los recuerdos y se salvan de una catástrofe en alza que amenaza con destruirlo todo, ya sea porque aparecen, de repente, tras estar mucho tiempo ocultas en la maraña de la historia (o de la memoria), son «entidades» cardinales para un pueblo que ha sufrido varios golpes de Estado, diversos levantamientos militares, y dictaduras en el último siglo. Para responder a la generosa invitación de mis amigas de la Revista Rufi án, me gustaría, echando el ancla en la indeterminación, decir algo sobre «la determinación de las imágenes». Andaba pensando, últimamente, en estas cinco cosas. Las suelto rápido: (1) Una imagen es una «idea». (2) Las ideas no se tienen, sino que «son dadas». (3) Lo que se da está ya ahí, en un ahí remoto o cercano, para quien puede o sabe ver, pero a veces sólo está un ratito, y si nadie lo ve, entonces puede desaparecer para siempre o, tal vez, desaparecer para volver a surgir en un determinado momento y, entonces, ser visto por otro; cuando lo que se da es recibido por alguien (y recibir, obvio, es siempre algo más que ver) eso que pasa en ese momento se puede llamar, sin aspavientos, «verdad». (4) La verdad es el nombre del «tiempo». (5) El tiempo es sólo «una imagen absoluta». Después de estas sentencias, que un benjaminiano considerará tan benjaminianas como antibenjaminianas (cosas del amor, y de ese que escucha los murmullos de la dialéctica como se escucha, a lo lejos, bajo el cepo, a un animal herido desgarrándose la pata), no me queda más que tratar de explicarme. Por lo demás, la «imagen absoluta», la imagen en su grado máximo de determinación, aparecerá, quizá, AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 77 Federico Rodríguez al fi nal. Para explicarme comenzaré con una foto que, ante todo, no es, al menos no para mí, una imagen. En realidad, todo esto no será sino el comentario, o la crítica, una especie de escritura volada más o menos distraída, de esa foto. Creo que después de una en la que el niño fi lósofo sale cabalgando, frente a un muelle, sobre un burro en reposo en la playa de Heringsdorf (i.e.: un balneario del Mar Báltico adonde iban las familias acaudaladas del norte de Alemania a fi nes del siglo XIX; esta foto es, se supone, de 1896; es decir: tres años antes de que construyeran, en ese muelle, un famoso restaurant: el Seebrücke Ahlbeck), es la que más me gusta de la colección que se conserva en el «Walter Benjamin Archiv» de la Akademie der Künste de Berlín, desde donde estoy escribiendo ahora mismo esta nota. Escriba en Google-Imágenes «Benjamin Ibiza». Miren la foto: ahí le tenemos, a la derecha, cuarentón, tumbado al sol, como dice ese hermoso texto suyo de la época («Al sol»), con grandes gafas negras, sobre un barquito velero, dejándose mecer por las olas, no sé si dormido, o tal vez mareado tras ejercitarse en el difícil arte de los nudos marineros, con el pantalón bien ajustado, bajo un brillante cinturón de cuero que parece no dar abasto y la camisa blanca, y ligeramente abierta, metida por dentro. La foto fue tomada mientras daban una vuelta por la bahía de San Antonio, en la primavera de Ibiza, isla arcaica, rural y más o menos pobre (en esos años), de su primer exilio. Al lado aparecen, en primer lugar, a la izquierda, pensativo, con la mirada perdida, un joven historiador francés, llamado Jean Selz, rubito y fi broso, de buena planta, con el que Benjamin pasaba las tardes en la isla jugando al ajedrez (su momento social por excelencia, escribirá); Selz le hizo a Benjamin un día un dibujito, que se conserva, en el que el fi lósofo es retratado, guatón, con la cabeza gacha, el ceño fruncido y las manos en los bolsillos (como el que avanza golpeando con el pie, sin mucha ganas, una AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 78 piedra a media noche, gruñendo algo de tanto en tanto); en segundo lugar, tenemos a Paul René Gauguin, nieto del célebre pintor, satisfechamente tumbado, con la mano derecha detrás de la cabeza; al parecer, Gauguin aprendió a hacer sus grabados de madera en estas islas reinventando la técnica de los habitantes de las Baleares; en tercer y último lugar, aparece un pescador de langostas, llamado Tomás Varó («Frasquito» para los amigos), visiblemente al cargo de esta peculiar tripulación, mirando el horizonte y ataviado como Dios manda. La foto (15,6 x 11 cm, Akademie der Künste, Berlín) es, probablemente, de mayo de 1933. G. Scholem, el célebre amigo de Benjamin, parece no estar bien informado; por detrás de la misma éste había escrito que ésta era de 1932 y que, además de Jean Selz, Benjamin estaría en compañía de Jean-Rousseau Noeggerath. No se sabe quién tomó la foto. No es la única que se conserva de esa época. Hay al menos cuatro más (un par en las que Benjamin aparece en medio de la plaza del pueblo, frente a la fonda «La Marina», con mucha gente) y varias postales de las islas (una, por cierto, muy bonita de un pastor con sus ovejas con la ciudad de Ibiza al fondo, sobre la colina, rodeada por la muralla y protegida por un bosquecito de pinos piñoneros). En otra foto de ese año, que también me gusta mucho, se le ve recostado en una tumbona de playa bicolor, quizá una de esas típicas de veraneo, azules y blancas; está con las piernas cruzadas y su mano derecha mece su rasurada perilla; el mar Mediterráneo se ve, soberano, atrás, a pocos pasos, y, cosa destacable en esta escena playera, Benjamin lleva una corbata. En esta otra foto se aprecia, creo, una especie de sonrisilla en su cara, como si a nuestro protagonista le hubieran contado un chiste no muy divertido (cosa que uno se imagina desde la mirada, más grave, o sincera, de Jean Selz), o como si se estuviera acordando de algo gracioso del día anterior; o, tal vez, simplemente, como si estuviera, cortésmente, respondiendo a la foto que, de nuevo, le hacían (nota: eso de no mirar a cámara y sonreír ligeramente mirando a otro lado parece gustarle). Lo llamativo es que a Benjamin le retratan varias veces en San Antonio sumido en sus pensamientos, o haciendo como el que está sumido en sus pensamientos, ya sea en el mar, ya sea frente al mar, en esa especie de peculiar odisea de espíritus alemanes por el Mediterráneo que otros, también, como se sabe, emprendieron. Ni que decir tiene que los chismorreos del pueblo (San Antonio, a 15 km de Ibiza, tenía escasos 700 habitantes en ese momento) sobre estos curiosos personajes centroeuropeos que iban llegando a una isla que apenas conocía lo que era un forastero, isla que, además, se había convertido, de repente, en habitáculo, a la vez, de judíos que se olían el percal y de nazis de veraneo, eran constantes. Cuenta Vicente Valero, poeta ibicenco, en su estupendo libro sobre estos asuntos (Experiencia y pobreza, 2001), que a Benjamin le llamaban los isleños «El Miserable». Benjamin, al parecer, nunca se enteró. Poner motes picantes es, se sabe, entretenimiento habitual de la Península Ibérica hispanoparlante y, en el sur, que Benjamin conocía, conservándose una postal de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, además, se considera ingenioso arte (esa chispita, que a veces prende entre la malicia y la coquetería) al alcance de pocos. Quizá su mote fuera puesto, muy merecidamente, después de cogerse una cogorza memorable de gin (uno especial, de 74º), al aceptar, poco después de haberle pedido a Toni, el barman, un misterioso «cóctel negro», el desafío de una valiente polaca de nombre incierto (Maria Z.), y caerse de bruces, al salir con más vehemencia de la que debía del bar Migjorn, situado en el puerto de Ibiza y regentado por el hermano de Selz. Quizá el mote le viniera de no tener ni un peso en ese tiempo. O quizá fuera, inmerecidamente, por algo más grave: ese aspecto taciturno, esas tristes maneras en donde se rumian, AÑO 5/ NUMERO 23/ AGOSTO 2015 79 a veces, no sólo heridas abiertas, sino tragedias por venir. Pero nada de esto importa mucho. § 1. El secretario nazi: una imagen es una idea. Que una imagen sea una idea quiere decir, al menos, una cosa: que la imagen no es nunca nada sensible, nada palpable. Las imágenes no se tocan. O dicho de otro modo: la refl exión sobre la imagen no puede ser cosa de ninguna «estética», por depurada que la misma esté. «Lo imaginal» empieza donde acaba la estética. Toda imagen sería, pues, ideal. Pero les comentaba, que es en lo que estamos, que la foto de Benjamin es de mayo de 1933. Era la segunda vez que Benjamin visitaba la isla, en la que permanecería, esta vez, casi 6 meses: ahora no iba de vacaciones, como el año anterior (gracias a los ahorrillos de su «año-Goethe» y a la invitación de un viejo amigo de München, Feliz Noeggerath), sino como exiliado. Ibiza, por razones económicas, y por el agradable recuerdo, se convierte en el destino de su primer exilio. Quizá, elucubro, la foto fuera del 10 de mayo de 1933, quién sabe, día de la gran quema de libros por parte de los nazis en la Bebelplatz de Berlín; ya saben, cuelga de una esquina de esa plaza: «eso sólo fue un ejemplo: allí donde se queman libros se acaban quemando personas» (H. Heine). Me acordaba, paseando por allí la otra tarde, de esa foto de jovenzuelos y risueños nazis repeinados para atrás, engominados, uno de ellos mellado, que se conserva en el Busdesarchiv. Benjamin, que sí se refi ere a la Ley de prensa del 30 de abril implantada por Gooebels, en ese momento, como le cuenta a Kitty Marx-Steinschneider en una carta del primero de mayo y a Alfred Kurella en otra del 2 de mayo de 1933, está leyendo a L. Trotsky (en concreto, el segundo volumen sobre la Revolución Rusa) y planea hacer, continuando con su gusto, romántico, por los escritores españoles del Siglo de Oro, un trabajo sobre B. Gracián. Lo tiene difícil porque su castellano no progresa mucho. Otro de los libros que está leyendo en mayo de 1933 es Viaje al fi n de la noche de L.-F. Céline (1932). Y está preparando un trabajo. Algo de eso aparece en el texto «Sobre el lugar social del escritor francés en la actualidad», texto clave que Benjamin comienza a redactar, casi sin medios, volviendo a la escritura a mano, ese mismo mes de mayo, y que publica, en 1934, en el Zeitschrift für Sozialforschung. Una de las cosas importantes que dice es que «el "roman populiste" no es un avance en la literatura proletaria, sino un repliegue en la literatura burguesa». Más curioso es que quizá este texto, como muchos otros, fuera pasado a máquina por un tal Maximilian Verspohl, un joven que posteriormente sería nombrado Staff Sergeant de las SS en Hamburgo. «Todo está plagado de espías», escribe, sin saber que al enemigo lo tiene como secretario. También está preocupado por la suerte de su hermano, el pediatra Georg Benjamin, delegado del KDP (Partido Comunista de Alemania), atrapado por las SA (Sturmabteilung), y por el futuro de su hijo, Stefan, al cual, a pesar de no poder comunicarse con su ex-esposa, espera poder sacar de Alemania. La quema de libros empezaba en España tres años después, con el comienzo de la Guerra Civil, y con los incentivos, por ejemplo, de Arriba España, un periódico falangista de Pamplona que, ya desde su primer número, en agosto de 1936, un mes después del Golpe de Estado, incitaba, citando el Quijote, a las «fogatas justicieras», fogatas que en Mallorca, ciudad que Benjamin visita varias veces, empezaban, como recuerda Manuel Pérez en su libro sobre el tema (recordándose las extendidas costumbres de la santa Inquisición), desde el primer día del levantamiento militar. Ante el avance del fuego, Benjamin, que pensaba ese mismo verano de 1936, como le escribe a Alfred Cohn, volver al archipiélago balear (pero que, esta vez suertudo, acabará viajando a Dinamarca para visitar a