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La etnografía digital en clave feminista: principales debates, buenas prácticas e investigaciones aplicadas

Sola-Morales, Salomé; Arencón-Beltrán, Sandra; Cuenca Navarrete, Cora

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‒  ‒ CAPÍTULO 18 LA ETNOGRAFÍA DIGITAL EN CLAVE FEMINISTA: PRINCIPALES DEBATES, BUENAS PRÁCTICA E INVESTIGACIONES APLICADAS SALOMÉ SOLA-MORALES Universidad de Sevilla SANDRA ARENCÓN-BELTRÁN Universidad de Sevilla CORA CUENCA-NAVARRETE Universidad de Sevilla 1. INTRODUCCIÓN En las últimas décadas la etnografía digital ha ido readaptándose a nuevos objetos de estudio contemplando las posibilidades y dificultades que se dan a la hora de investigar Internet, las redes sociales y el uso y apropiación de los dispositivos tecnológicos. En este sentido, emergen nuevas conceptualizaciones que ponen en cuestión o matizan las formas tradicionales de aplicar esta metodología de herencia antropológica al estudio de lo digital. A este respecto, es preciso replantear la forma en que diseñamos una investigación, cuestionando la posición de poder que adquirimos como investigadoras sociales, así como el modo en que nos relacionamos e interactuamos con la tecnología. Los objetivos principales de esta investigación son problematizar las aportaciones más relevantes sobre esta técnica de investigación en clave feminista y proponer buenas prácticas y retos de futuro para seguir avanzando en la investigación de Internet y las redes sociales, desde una perspectiva crítica feminista y cuestionando las formas de poder y las lógicas desiguales que se reproducen y perpetúan en el ciberespacio. Partiendo de la propuesta de Sara Pink et al. (2016) y en conversación con publicaciones recientes, se sintetiza el estado del arte de las últimas ‒  ‒ investigaciones prácticas más relevantes realizadas en la materia. Se defiende un enfoque no-digital-céntrico que incorpore el análisis y la observación de actividades mediadas y atravesadas por lo tecnológico, enmarcando lo digital dentro de un contexto social y cultural más amplio. Consideramos que solo así es posible interpretar el impacto de lo digital sobre las experiencias, las relaciones, las percepciones, las identidades, los sentires, los afectos y construir un proceso colaborativo y reflexivo, que ponga el foco en las prácticas, las dinámicas y pueda captar las intersecciones entre lo cultural, lo tecnológico y lo social, sin reproducir las lógicas de poder dominante. Este capítulo está estructurado en tres partes. En primer lugar, haremos una breve definición de esta metodología y plantearemos cuáles son los motivos que nos han llevado a proponer la necesidad de repensarla y de hacer este planteamiento, sobre todo, en clave feminista y desde una perspectiva crítica. En segundo lugar, describiremos los ejes básicos que estimamos oportunos para utilizar esta metodología de forma ética, crítica y en clave feminista. Y tercer lugar, presentaremos algunos trabajos interesantes que están trabajando en esta línea. 1.1. OBJETIVOS Y PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN El objetivo general de esta investigación es problematizar la etnografía digital en clave feminista. De él, dimanan tres objetivos específicos que hemos empleado para articular esta aproximación teórico-práctica. En primer lugar, interesa revisar los debates principales, así como las reflexiones teóricas ya propuestas en torno a la etnografía digital. En segundo, buscamos establecer una serie de buenas prácticas y retos de futuro para aplicar esta metodología en clave feminista, cuestionando todas las fases del trabajo etnográfico. Por último, ilustrar, mediante el análisis de investigaciones recientes de impacto y alcance internacional, proyectos que apliquen esta metodología en clave crítica feminista. El planteamiento de esta serie de objetivos surge motivado por y está estrechamente relacionado con una serie de preguntas de investigación que sirvieron como punto de partida. En primer lugar, nos interrogamos acerca de la ontología de la etnografía digital, si solo se puede ceñir al análisis y exploración de Internet y de los contenidos y experiencias ‒  ‒ mediadas por la tecnología o si, de forma complementaria, también puede superar la barrera de lo puramente tecnológico, asumiendo como premisa fundamental que vivimos en una realidad compleja en la que lo virtual y lo físico se imbrican constantemente. En segundo lugar, nos preguntamos acerca de las maneras en las que esta metodología puede ser aplicada en clave de crítica feminista, por ejemplo, incorporando la perspectiva de los cuidados. Por último, creímos conveniente acudir a los distintos proyectos que actualmente incorporan esta perspectiva crítica feminista, es decir, que proponen un acercamiento al objeto de estudio desde una óptica compatible y, sobre todo, coherente con posturas feministas. 2. DE LA ETNOGRAFÍA TRADICIONAL A LA ETNOGRAFÍA DIGITAL La etnografía tradicional se basa en la investigación mediante observación participante. Dicho con otras palabras, es un trabajo de campo, donde el investigador está presente y recolecta datos: bien sean árboles genealógicos, testimonios, historias de vida, sistematización de diarios de campo, registro o fotografías de rituales y ceremonias... (Delgado y Gutiérrez, 1995) bien sean notas de interacciones y formas de socializar entre individuos dentro de instituciones como la familia, los partidos políticos o las instituciones educativas. Ahora bien, en las últimas décadas –con la disrupción digital y la omnipresencia de Internet y las Tecnologías Digitales– ha comenzado a utilizarse también como una metodología para explorar los entornos digitales y el uso y apropiación de los dispositivos tecnológicos. En este contexto, han surgido nuevos conceptos como: etnografía virtual; etnografía on-line; netnografía; etnografía en Internet; o etnografía digital. Independientemente de su denominación numerosos autores han remarcado la profundidad a la que permite llegar esta metodología. Por ejemplo, Christine Hine (2004) ha planteado que la etnografía virtual, como ella la denomina, busca llegar al corazón del significado para entender holísticamente y, en profundidad, cómo las personas dan sentido a sus vidas; o Rosana Guber (2001) explica que es un medio para comprender ‒  ‒ los fenómenos sociales desde la perspectiva de sus miembros (actores, agentes o sujetos sociales). Además, muchas de las definiciones tienen en común el hecho de que esta metodología permite acceder y explorar lo virtual o lo digital participando, es decir, mediante un proceso de inmersión en el cual el investigador pasa a formar parte en mayor o menor grado del fenómeno estudiado. En esta línea Hine (2000) propone el concepto de “simetría”, que implica la utilización de los mismos medios y dispositivos que utilizan aquellos a quienes investigamos. Adolfo Estalella y Elisenda Ardèvol (2007) denominan a este proceso “mutualidad”, para referirse a la forma de construir la co-presencia entre observadoras-investigadoras y sujetos observados, a través de la realización de las mismas prácticas que los sujetos o grupos que estudiamos. Marta Bianchi (2021) señala que con la etnografía es posible buscar la “reciprocidad”, es decir, ponernos al mismo nivel o situarnos en la misma posición y establecer vínculos previos con la comunidad que pueden ir más allá del propio proceso investigativo. En definitiva, mediante esta metodología es posible insertarse en la trama social por medio de la participación (Guber, 2013). 2.2. UNA ETNOGRAFÍA MULTISITUADA EN UN CONTEXTO “ONLIFE” En una primera etapa, con la aparición de las nuevas tecnologías digitales y la cada vez más omnipresencia de Internet, al teorizar al respecto de la etnografía de los espacios virtuales, se realizaba una distinción bastante marcada entre la observación de los espacios offline y online. Básicamente la observación estaba circunscrita a la exploración, análisis y participación en el ciberespacio. Propuestas como la de Hine (2015) marcaban una frontera bastante clara entre lo que ocurría en el entorno digital y lo que ocurría en el entorno presencial o “real”, destacando que a la etnografía virtual le correspondía fundamentalmente el análisis de lo virtual. No obstante, a la luz de nuevas perspectivas teóricas, la etnografía ha sido redefinida y se ha ido readaptando a nuevos objetivos y objetos de estudio. A este respecto, surge la etnografía multisituada, es decir, ‒  ‒ aquella que plantea la necesidad de abordar los fenómenos en clave dialéctica y, así, explorar los procesos tanto en los espacios virtuales como en los físicos, donde las personas interactúan de tú a tú, de forma corporeizada. En este sentido, George Marcus (2001) propone co-implicar los sentidos otorgados en los espacios online y offline; y Luciano Florini (2015) trae a la discusión un concepto integrador, entre lo on y lo offline, que denomina “onlife” y hace alusión a la íntima relación que se da entre lo virtual y lo real en la era hiperconectada, donde la vida cotidiana de la mitad de la población mundial (GSMA, 2021) está impregnada de lo digital y sucede a través y mediante las tecnologías. Así mismo, el concepto de hibridez permite trascender las categorías dicotómicas online/offline, como ha sugerido Emiliano Treré (2019), quien propone una comprensión ecológica mediática desde la agencia y las prácticas de los movimientos sociales –aunque podría ser de cualquier otro colectivo o grupo humano– en diálogo con las tecnologías de la comunicación, desde una dimensión co-constitutiva y material. En la obra colectiva Etnografía digital, principios y prácticas (2016), Sara Pink et al. contemplan las posibilidades y dificultades que se dan a la hora de investigar Internet, las redes sociales y el uso y apropiación de los dispositivos tecnológicos. Y hacen una propuesta muy interesante que es la base de la nuestra. Estas investigadoras plantean como eje esencial de la etnografía digital la necesidad de: ‒ Establecer contacto con los participantes a través de los medios y que este sea un contacto mediado, más que a través de la presencia directa; y ‒ Observar “qué es lo que hacen” siguiéndolas digitalmente o, directamente, pidiéndoles que nos inviten a participar en sus prácticas mediáticas sociales: escuchar puede implicar leer, o sentir y comunicar de otras formas. De este modo, la observación participante va más allá de la mera lectura de acciones digitales e implica el contacto, la presencia consciente y la interacción y participación. ‒  ‒ A este respecto, las autoras plantean la posibilidad de que el texto etnográfico podría ser bien sustituido por el vídeo, la fotografía o el blog. Otro de los aspectos más significativos que señalan es la perspectiva adoptada no debe ser digital-centrista. Esto quiere decir que no debemos prefijar el uso de métodos digitales. O lo que es lo mismo: que además de interactuar y observar acciones digitales también es posible y deseable analizar actividades de la vida cotidiana que quizás no estén mediatizadas o lo estén de forma limitada. Por ejemplo, en lugares con escasez de medios digitales, dificultades de acceso o brechas digitales. Así mismo es preciso colocar los medios digitales en relación con otros elementos/esferas del tema/lugar/métodos de investigación: entendiendo que lo digital es parte de algo mayor. De este modo es posible dirimir el impacto de lo digital en otros elementos del entorno, las experiencias, las actividades o las relaciones e interacciones socio-simbólicas. A nivel de diseño de investigación vale subrayar que Pink et al. (2016), consideran que la etnografía es algo procesual, es decir, no está cerrada, no es rígida, no tiene unos pasos a seguir marcados de antemano y puede adaptarse a las necesidades, temas y dinámicas de modo que se puede definir como un proceso colaborativo, reflexivo y heterodoxo. Justamente por ello es posible analizar experiencias (maneras de percibir y sentir); prácticas (qué se hace y cómo se hace, cómo se representa y se narra, cuáles son los ritmos, las rutinas, las formas de hacer); las relaciones individuo-individuo (interacciones, co-presencia, intimidad, identificación, exclusión...); y las relaciones individuo-comunidad adentrándonos en la sociabilidad, las redes, los cambios y los procesos identitarios; las localidades (contextos, espacios y relaciones con el lugar) y los eventos o sucesos... 2.3. ALCANCE Y APLICACIÓN DE LA ETNOGRAFÍA DIGITAL EN CLAVE FEMINISTA Una de las preguntas más habituales a la hora de abordar el alcance de esta metodología es justamente a qué temas se puede aplicar. En este sentido no hay límites: ciberfeminismo, activismo hashtag, repertorios y memoria feminista digital... son algunos objetos de estudio para los que esta metodología podría aportar interesantes resultados. Esto se debe ‒  ‒ a que nos permite, por ejemplo, comprender el funcionamiento –modo de organización y acción– de estos movimientos u organizaciones en Internet, así como explorar la forma en que interactúan y participan sus miembros. En esta área de trabajo, por ejemplo, la asistencia a manifestaciones, asambleas en el espacio público y la propia participación online en las redes sociales y los espacios virtuales de los movimientos serían esenciales para explorarlos en profundidad. De esta forma las investigadoras transitan entre diferentes roles que se difuminan tales como: observadoras; usuarias; activistas y feministas. Otros de los objetos de estudio donde esta metodología sería de gran utilidad es el de las violencias digitales contras las mujeres, en forma de antifeminismo online, discursos intimidatorios, ciberacoso, o sesgos de género en la red. En definitiva, la aplicación de esta metodología permite cuestionar las formas de poder y las lógicas desiguales que se reproducen y perpetúan en el ciberespacio, además de denunciar estas prácticas (investigaciónacción implicada). Ahora bien ¿cómo aplicar esta metodología de herencia antropológica al estudio de lo digital en clave feminista? Y ¿cómo aplicarla de forma ética? En ese sentido, es fundamental mencionar que no existe un único guion predeterminado con una serie de pasos a seguir para elaborar metodologías feministas, pero sí algunas cuestiones que podrían orientar la formulación de preguntas clave, tal y como nos indican algunas autoras (Bhavnani, 1993; Biglia, 2007; Haraway, 1988), como, por ejemplo: ¿qué posición adquieren las actrices implicadas en nuestras investigaciones? ¿de qué manera estamos relacionándonos con ellas? ¿estamos teniendo en cuenta los debates feministas sobre las diferencias, sean estas de clase, de género, de raza, etc.? Y si sí, ¿de qué manera lo estamos haciendo? Las metodologías en clave feminista suponen una oportunidad para reformular la reflexibilidad, incorporando las cuestiones externas y las internas como partes no divisibles. Es decir, para incorporar la reflexividad hacia cualquier aspecto o variable del proceso de investigación, para introducir y poner en práctica una ética del cuidado y para argumentar ‒  ‒ que, efectivamente, trabajar desde esta mirada supone asumir que existe un compromiso político. Desde ese compromiso político debemos habitar lugares incómodos (Gandarias Goikoetxea, 2014) y no dejar de cuestionar, por ejemplo, las lógicas de una academia capitalizada y neoliberal (Slaughter y Leslie, 2001), aunque formemos parte de ella; las dinámicas heteropatriarcales y jerárquicas que son reproducidas en los entornos laborales o la objetivación de las personas que participan en nuestras investigaciones. 3. METODOLOGÍA Esta investigación de corte cualitativo y de tenor exploratorio se ha estructurado en dos fases. En primer lugar, con fin de proponer buenas prácticas y retos de futuro para aplicar esta metodología en clave crítica feminista, cuestionando todas las fases del trabajo etnográfico, se ha realizado una aplicación de las propuestas teóricas precedentes a las fases clásicas del trabajo investigador y etnográfico. Para ello se han considerado las siguientes etapas: ‒ Diseño de la investigación y de herramientas de recolección de datos. ‒ Trabajo en equipo y relación entre las investigadoras. ‒ Toma de contacto con fuentes e informantes. ‒ Entrevistas e interacciones con fuentes e informantes (consentimiento informado y cuestiones éticas en el tratamiento de datos). ‒ Observación participante “onlife” (cuaderno de campo). ‒ Análisis y conclusiones. ‒ Difusión de resultados. Para poder ilustrar si existen buenas prácticas y proyectos que apliquen esta metodología de forma ética y feminista se han analizado publicaciones de impacto de carácter empírico que utilicen la metodología etnografía digital en clave crítica feminista. Para delimitar los casos de ‒  ‒ estudio se ha tomado tres variables: 1) que los proyectos estuvieran publicados en la franja temporal 2020-2021; 2) que hubieran sido publicados en revistas indexadas de alcance internacional y 3) que tuvieran una temática o enfoque feminista. 4. RESULTADOS 4.1. FASES DEL TRABAJO ETNOGRÁFICO EN CLAVE FEMINISTA En ese sentido, algunas posibles orientaciones con respecto a las fases del trabajo de campo etnográfico podrían ser, aunque no se limitan a ellas, las siguientes. En lo que respecta a la fase de diseño de la investigación y diseño de herramientas de recolección de datos sería preciso tener presente más allá de la utilización de un lenguaje inclusivo y no sexista, el cuestionamiento previo de para qué y para quién está siendo realizada la investigación. En este sentido valdría la pena preguntarse ‒ ¿Cómo son definidos el problema, el tema o los objetivos de nuestra investigación? ‒ ¿Qué perspectivas de las personas implicadas tienen más peso? ‒ ¿Qué tipo de bibliografía está siendo seleccionada? ¿Es acaso género es transversal realmente? ‒ ¿Tiene el diseño una implicación política con los feminismos? Asimismo, y de forma general, no se puede perder de vista si es el trabajo en equipo como tal favorece los cuidados entre investigadoras. Si hay acuerdos sobre cómo se firman los trabajos, si hay un reparto de tareas equitativo, horizontalidad entre las partes y buena comunicación (Biglia y Vergés-Bosch, 2016). En la fase de toma de contacto con informantes en la que se delimitan a los y las actrices protagonistas de nuestra investigación y se inician los contactos con los protagonistas de nuestra investigación es fundamental el tema del extractivismo de datos (Biglia, 2007). Ello pasa por preguntarnos ¿cómo nos dirigimos a las personas? Y se traduce en la fase de explotación de resultados y conclusiones en si estamos abiertas a que nuestra propuesta pueda ser modificada teniendo en cuenta sus voces. ‒  ‒ observación multidimensional que va más allá de la mera contemplación de contenidos que circulan en la red. Al respecto de la segunda pregunta de investigación –que planteaba una reflexión acerca de la aplicación de la metodología etnografía digital de forma ético-crítica y feminista e incorporando la perspectiva de los cuidados–, nos parece esencial que la perspectiva crítica feminista atraviese todo el proceso investigativo. A saber, es preciso cuestionar desde la gestación del proyecto hasta el diseño y ejecución del mismo cuestiones como la delimitación de los temas, los principios, finalidades y sentidos que buscamos alcanzar con la propia investigación. En este sentido, se plantea abandonar las lógicas de adquisición de datos que carezcan de un posicionamiento ideológico bien situado que defienda desde la base las voces y las necesidades de las personas implicadas en el proceso investigador. Nos estamos refiriendo al tratamiento que reciben las protagonistas de las observaciones, informantes, participantes, actores y actrices –que deben ser interpeladas, dignificadas y respetadas durante todo el proceso–. Por otro lado, es preciso cuidar y fomentar un ambiente positivo de solidaridad y empatía entre los y las encargadas de llevar a cabo la investigación, abandonando las lógicas jerárquicas y fomentando repartos equitativos de tareas y de adquisición de méritos y resultados dentro del equipo de investigadores e investigadoras. En relación con la tercera pregunta que planteábamos que buscaba ilustrar casos de buenas prácticas y proyectos que utilizan esta metodología en clave crítica y feminista hemos podido constatar que los tres ejemplos propuestos responden a los parámetros básicos planteados. Todos ellos hacen una lectura crítica y plantean y defienden la etnografía digital como método de análisis, generando un buen precedente y validando la posibilidad de fomentar lógicas de resistencia desde el diseño y la aplicación de este tipo de metodologías. En definitiva, para concluir la etnografía digital en clave feminista defiende un enfoque no-digital-céntrico que incorpore el análisis y la observación de actividades mediadas y atravesadas por lo tecnológico, ‒  ‒ enmarcando lo digital dentro de un contexto social y cultural más amplio y adoptando una ética de cuidados en todas las fases de la investigación. Consideramos que solo así es posible interpretar el impacto de lo digital sobre las experiencias, las relaciones, las percepciones, las identidades, los sentires, los afectos y construir un proceso colaborativo y reflexivo, que ponga el foco en las prácticas, las dinámicas y pueda captar las intersecciones entre lo cultural, lo tecnológico y lo social, sin reproducir las lógicas de poder dominante. 6. REFERENCIAS Agyekum, K. (). Menstruation as a Verbal Taboo among the Akan of Ghana. Journal of Anthropological Research, , -. Ardevol, E., Estalella, A., y Domínguez, D. (). 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