Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de Sevilla en los siglos XVII y XVIII
Abstract
Nuestra Señora de la Antigua, venerada en la catedral de Sevilla tras la Reconquista de la ciudad del dominio almohade en 1248, fue la gran advocación mariana de la archidiócesis hispalense durante toda la Edad Moderna. Tras el Descubrimiento y elegida Sevilla como cabeza del comercio americano, fue costumbre de los navegantes de partida hacia Indias, encomendarse a esta santa imagen antes de embarcar, confiando a su protección el buen fin del viaje. Por ello, algunos indianos le remitieron para el exorno y ajuar litúrgico de su capilla, importantes sumas de dinero o ricos objetos suntuarios.
Full text
Catedrales. Mundo iberoamericano Siglos XVII - XVIII Laura Illescas Juan Manuel Monterroso René Jesús Payo Fernando Quiles Eds.
© 2022 Universo Barroco Iberoamericano 20º volumen Catedrales. Mundo iberoamericano. Siglos XVIIXVIII. Vol. 1 Editores Laura Illescas Juan Manuel Monterroso René Jesús Payo Fernando Quiles PUBLICACIONES ENREDARS Director Enredars Fernando Quiles García Coordinador editorial Juan Ramón Rodríguez-Mateo Administración y gestión María de los Ángeles Fernández Valle Zara Mª Ruiz Romero Gestión de contenidos digitales y redes Victoria Sánchez Mellado y Elisa Quiles Aranda Imagen de portada Sacristía de la Catedral de Burgos Fotografías y dibujos © de los autores, excepto que se especifique el autor de la imagen © de los textos e imágenes: los autores © de la edición: Andavira Editora S.L. E.R.A. Arte, Creación y Patrimonio Iberoamericanos en Redes / Universidad Pablo de Olavide ISBN: 978-84-124831-7-8 2022, Santiago de Compostela / Sevilla, España Los textos de este libro han sido dictaminados por pares. Edición a cargo del proyecto de Consolidación 2020 GPC - Proxectos Plan Galego IDT ED431B 2020/1
5 Comité Asesor Universo Barroco Iberoamericano Dora Arizaga Guzmán, arquitecta. Quito, Ecuador Alicia Cámara. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Madrid, España Elena Díez Jorge. Universidad de Granada, España Marcello Fagiolo. Centro Studi Cultura e Immagine di Roma, Italia Martha Fernández. Universidad Nacional Autónoma de México. México DF, México Jaime García Bernal. Universidad de Sevilla, España María Pilar García Cuetos. Universidad de Oviedo, España Lena Saladina Iglesias Rouco. Universidad de Burgos, España Ilona Katzew. Curator and Department Head of Latin American Art. Los Angeles County Museum of Art (LACMA). Los Ángeles, Estados Unidos Mercedes Elizabeth Kuon Arce. Antropóloga. Cusco, Perú Luciano Migliaccio. Universidade de São Paulo, Brasil Víctor Mínguez Cornelles. Universitat Jaume I. Castellón, España Macarena Moralejo. Universidad de Granada, España Ramón Mújica Pinilla. Lima, Perú Francisco Javier Pizarro. Universidad de Extremadura. Cáceres, España Ana Cielo Quiñones Aguilar. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá. Colombia Delfín Rodríguez. Universidad Complutense de Madrid, España Janeth Rodriguez Nóbrega. Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela Olaya Sanfuentes. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile Pedro Flor. Univ. Aberta / Instituto de História da Arte - NOVA/FCSH , Portugal Evaluadores externos de este volumen Jorge Jiménez (Universidad de Zaragoza) Fernando Moreno Cuadro (Universidad de Córdoba) Antonio Bravo Nieto (UNED) Jesús Francisco Rivas Carmona (Universidad de Murcia) Lucía Lahoz (Universidad de Salamanca) Miguel Taín Guzmán (Universidad Santiago de Compostela) Francisco Javier Pizarro Gómez (Universidad de Extremadura) Alfonso Esponera Cerdán (Facultad de Teología San Vicente Ferrer, Valencia) Víctor Manuel Mínguez Cornelles (Universidad Jaume I) Rafael López Guzmán (Universidad de Granada) Isidro Puig Sanchís (Universidad Politécnica de Valencia) Xavier Cortés Rocha (Universidad Nacional Autónoma de México) Javier Rivera Blanco (Escuela Técnica Superior de Arquitectura - Universidad de Alcalá) Carmen Morte-García (Universidad de Zaragoza) María Nieves Ruipérez Almajano (Universidad de Salamanca) María del Carmen Heredia Moreno (Universidad de Alcalá de Henares) Javier Burrieza Sánchez (Universidad de Valladolid) Juan Antonio Sánchez López (Universidad de Málaga) María Inmaculada Rodríguez Moya (Universidad Jaume I) René Jesús Payo Hernanz (Universidad de Burgos)
6 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII Índice Lux in tenebris lucet 9 René Jesús Payo Hernanz ¡Viene el señor arçobispo…! Nombramientos, tomas de posesión y entradas episcopales en Valencia durante los siglos XVI y XVII 11 Emilio Callado Estela La Catedral de Málaga, entre tradición e innovación 39 Mª. del Rosario Camacho Martínez La cultura artística de dos canónigos de la Catedral de Sevilla en la primera mitad del siglo XVII: Diego Vidal de Liendo y Mateo Vázquez de Leca 71 José Luis Romero Torres MásalládelaaparicióndeClavijo.Identidad,cultoyrestauración del legado jacobeo en la Catedral nueva de Lérida 93 Iván Rega Castro Reivindicar una catedral: la Seo de Zaragoza en los siglos XVII-XVIII 115 Juan Carlos Lozano López Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de Sevilla en los siglos XVII y XVIII 149 José M. Sánchez-Cortegana Revisión de las catedrales barrocas 179 Eduardo Azofra
Catedral Basílica de Salvador da Bahia: programa pictórico e retabular jesuitico 213 Percival Tirapeli Actividad artística durante el siglo XVII en la Catedral de Valencia 235 Juan Ignacio Pérez El coro y las ceremonias en la catedral de Michoacán durante el s. XVIII 269 Hugo Armando Félix Rocha La huella del Barroco en Centroamérica: Catedral de León en Nicaragua 291 Ana Francis Ortiz Oviedo y Eduardo Rodríguez Vásquez La catedral de Astorga durante el Barroco: Un diálogo entre tradición y novedad 321 Emilio Morais Vallejo Juan Gómez de Trasmonte en las catedrales de México y Puebla 359 Martha Fernández Imagen visual del `poder político en la Catedral de Orihuela 385 Mariano Cecilia Espinosa y Gemma Ruiz Ángel La presencia de maestros de arquitectura en la catedral de Guadalajara en Nueva Galicia durante los siglos XVII y XVIII 409 Enrique Manuel Camacho Cárdenas La obra de Francisco Becerra en la catedral de Lima 435 Yolanda Fernández Muñoz 7 Índice |
9 Las catedrales son, sin duda, el elemento definidor y aglutinador de muchas ciudades históricas. No en vano, hasta entrado el siglo XX, estas sacras moles eran el hito visual sobresaliente y referencial en el caserío de cualquier población. En su derredor, las urbes se arracimaban y todo parecía confluir en las plazas que se abrían ante sus puertas. Incluso el ritmo ciudadano era marcado por los toques de las campanas que indicaban el devenir de lo cotidiano, pero también resaltaban los hitos festivos, porque estos templos fueron, y en gran medida siguen siendo, el centro de los grandes acontecimientos celebrativos pautados o excepcionales. En los territorios peninsulares, la mayor parte de las catedrales tienen orígenes medievales, pero continuaron sus procesos de mejora, transformación y adecuación a los nuevos tiempos a lo largo de la Edad Moderna. Muchos de estos edificios vivieron durante el Renacimiento y el Barroco momentos de especial relevancia artística, lo que en muchas ocasiones hizo que quedaran redefinidos estéticamente. Por su parte, el mundo Iberoamericano vio el surgimiento de estas inmensas fábricas religiosas a partir del siglo XVI, sobre unos parámetros formales que, aunque en muchos casos miran a un pasado medieval, tienden a desarrollarse en los nuevos estilos del momento con caracteres propios que les singularizan. Lux in tenebris lucet René Jesús Payo Hernanz Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Burgos Director de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes
154 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII Juan Sánchez, también gallonada, y otra pequeña “…que dio Escobar que vino de las Indias”. En el mismo inventario también figura un cáliz grande de plata sobredorada, decorado con esmaltes en el pie y la copa, con las armas de don Rodrigo de Ulloa, con su patena dorada “…con una imagen de la Resurrección de Jesucristo”. El número de donantes se multiplica en el segundo inventario de los bienes de la capilla iniciado el 24 de enero de 1677 por el racionero Diego de la Cueva y completado hasta el año 175217. En éste tuvieron un papel especialmente destacado los regalos de los propios canónigos de la catedral, que siempre la tuvieron como la decana entre las devociones marianas. La primera referencia que contiene es la donación de dos lámparas de plata de orden del citado Juan Federigui que, hoy sabemos, se entregaron el 8 de junio de 1671 a través de su sobrino Luis Federigui, coadjutor de la catedral, y que llegaron con sus correspondientes dotaciones de aceite para los días de su festividad18. También se nombra una palmatoria de plata blanca “grabada con las armas del señor don Manuel Sarmientos”, posiblemente donación del canónigo Manuel Sarmiento de Mendoza, activo en la primera mitad del siglo XVII, muy vinculado a la biblioteca capitular19. Don Francisco José Ponce de León, arcediano de Niebla y canónigo de la catedral, protagonizó varias mandas en el último tercio del siglo XVII. La primera, el 1 de agosto de 1679, cuando entregó al licenciado Francisco Picardo, colector de la capilla, una fuente mediana de plata cincelada con óvalo central dorado con las armas de la iglesia; la segunda, diez años después, en 1689, cuando ofreció a la virgen otra fuente de plata, dos azafates —uno grande calado con “unas armas en el tetón”—- y unas palabras de la consagración. Por estos mismos años, el canónigo Manuel González encargó al platero Juan Laureano de Pina, un simpecado de plata, con sus letras doradas, como ofrenda para la virgen. 17. Publicado por María Jesús Sanz Serrano, “Vicisitudes del ajuar de plata de la capilla de la Antigua de la catedral de Sevilla”, Laboratorio de Arte, no. 22, 2010, 200-203. 18. ACS. Fondo capitular. Acuerdos de cabildo. Año 1671. Libro 7119, f. 39v. 19. Fernando Santos de la Hera, El libro en la catedral de Sevilla (siglo XVII). Tesis doctoral. Consultable en: idus.us.es. Fue hurtada por esos años, pagando una nueva el señor colector.
155 Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de... | José Mª Sánchez-Cortegana Ya en los años de transición entre los siglos XVII y XVIII se recogen los últimos regalos: una nueva lámpara entregada en 1694 por donación de doña Josefa de Céspedes y Araujo; unas jarras de plata y unos pebeteros regalos del chantre de la catedral en 169520 y, finalmente, en 1703 y 1720, otras dos lámparas de plata de devotos de los que no se revelan sus identidades. En el último inventario de los bienes de la capilla hasta ahora conocido, iniciado en 1769 21 , aparecen una lámpara más y dos blandones “de hechura lisa” que, junto la baranda de plata del presbiterio de la capilla, fueron donados por el arzobispo don Luis de Salcedo y Azcona; unas credencias de plata y un frontal de plata cincelada, que se estrenó el 8 de septiembre de 1761, dotados por el canónigo Martín Alberto Carvajal; seis jarras de plata de filigrana regalo de Domingo Damián de Olazábal y, finalmente, dos blandones costeados en 1768 por el canónigo Jerónimo Ignacio del Rosal quien, ocho años después, encargó cuatro más al platero José Alexandre Ezquerra y que en 1795 renovó las jarras de plata anteriormente citadas. Mandas de indianos para la Virgen de la Antigua en los siglos XVII y XVIII Protectora de los comerciantes y navegantes de las flotas de Indias, muchos fieles agradecidos le remitieron regalos para el exorno de su capilla, la mayoría ricos objetos de orfebrería o, en su defecto, generosas mandas de dinero, a disposición de su cofradía, con que comprarlos. Los donantes indianos, en estos siglos XVII y XVIII, fueron fundamentalmente eclesiásticos —desde simples sacerdotes a altos prelados—, todos vinculados en algún momento de sus vidas al cabildo catedral de Sevilla; junto a algunos comerciantes o/y cargadores con tratos a ambos lados del Atlántico; en cualquier caso, unos y otros, fieles devotos de esta sagrada imagen. Los regalos más repetidos fueron elementos de iluminación tales como arañas, candelabros o blandones; aunque el mayor protagonismo lo detentaron las lámparas, siempre con sus correspondientes dotaciones de aceite pues, de no ser así, podían ser rechazadas por los capitulares de la catedral al tener que asumir el costo de su mantenimiento22. Las lámparas 20. Fernando Quiles, Teatro de la gloria. El universo artístico de la catedral de Sevilla en el Barroco (Sevilla: Diputación y Universidad Pablo de Olavide, 2007), 184. 21. Sanz Serrano, “Vicisitudes del ajuar”, 203-205. 22. Así ocurrió el 23 de enero 1643 cuando dicho capitulares advirtieron al canónigo Andrés [Ibáñez] de
156 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII de esta capilla tenían, además, un valor simbólico añadido pues, distintos relatos hacían referencia a curaciones milagrosas de la Virgen a través del aceite de éstas23. También, fueron objeto de regalos elementos de adorno de altar como jarras, ramilleteros y palabreros, junto a objetos para el desarrollo de la liturgia, como cálices con sus patenas, juegos de vinajeras, atriles, etc. Una parte importante de estas mandas fueron ordenadas por cláusulas testamentarias, en el momento previo a la muerte24; otras, tras alcanzar sus donantes algún cargo o empleo relevante en sus carreras profesionales o en el cénit de sus negocios. Analizaremos los casos de los que poseemos datos relevantes, en los que hemos podido identificar al indiano y conocer el contenido de sus dádivas; la mayoría legados inéditos, aunque otros ya conocidos, completando, en estos casos, la información hasta ahora publicada con nuevos datos hallados en el curso de nuestras investigaciones en el Archivo General de Indias. No obstante, hemos de advertir que tenemos constancia de otras donaciones más, muchas por el momento, simples notas en las “actas de cabildo”, que podremos considerar cuando nuevos documentos o el cruce de referencias nos permitan avanzar en sus contenidos y circunstancias25. BARTOLOMÉ DE ACEVEDO El primer legado que abordamos es el del comerciante cántabro Bartolomé de Acevedo, natural del valle de Trasmiera quien, en la primera mitad del siglo XVII, al redactar su testamento, ordenó remitir a la capilla de Nuestra Señora de la Antigua, 400 pesos de a 8 reales para costear con ellos la realización de una lampara de plata y su dotación de aceite, para que alumbrase perpetuamente en su capilla. Heredia que no admitiese el regalo de una lámpara de plata a Nuestra Señora de la Antigua de un devoto de Madrid si no daba 5000 reales “por ser menester la misma cantidad para el aceite de ella de cada año”. ACS. Actas capitulares. Año 1743. Libro 58, f.5v. 23. Existió en su capilla, tras la reja de ingreso, una pintura de Domingo Martínez que representaba a San Diego de Alcalá curando las dolencias de los enfermos con el aceite de una lámpara de la Virgen, el cual aplicaba mediante una pluma. Enrique Valdivieso: “Pinturas de Domingo Martínez en la capilla de la virgen de la Antigua en la catedral de Sevilla”, Laboratorio de Arte, no. 3, 1990, 112. 24. Además, salvo en un caso, fueron personas solteras, sin hijos ni herederos forzosos y, por ello, con libertad absoluta para dejar sus bienes de la forma que estimasen más conveniente. 25. Las actas capitulares de 1646, por ejemplo, recogen la llegada a la Casa de la Contratación de dos legados más para la Virgen: uno de 800 pesos. ACS. Actas capitulares. Año 1646. Libro 7106, f. 22. y otra de “12 pebeteros de plata copella” valorados en 947 reales y que, al parecer, se emplearon en hacer “unos tenebrarios”. ACS. Actas capitulares. Año 1646. Libro 7106, f. 13v. y Año 1648. Libro 7107, ff. 55v y 62v.
157 Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de... | José Mª Sánchez-Cortegana No es mucha la información que poseemos de este indiano que, a finales del siglo XVI o principios del XVII (no se conserva su licencia de embarque), decidió cruzar el Atlántico en busca de fortuna. Los pocos datos conocidos de su biografía proceden de su testamento, otorgado el 9 de abril de 1631 ante Fermín de Asiain, escribano real de la ciudad de Santiago de Guayaquil26. En él se declaraba hijo legítimo de Francisco de Acevedo y de Isabel de Novoa, sus padres, naturales del citado valle de Trasmiera; indicando, además, que tenía dos hermanos —Ventura de Guerra y Juana de Novoa— y que era mozo soltero, sin hijos naturales. Llegado a América, se estableció en la ciudad de Santiago de Guayaquil, en el virreinato del Perú, donde orientó su actividad profesional a comercializar con éxito el principal producto de la región, el afamado cacao guayaquil, que remitía en las flotas para su consumo en Europa27. Muerto don Bartolomé el 22 de noviembre de 1635 y abierto su testamento, se comprobó que, tras la obligada profesión de fe, dejaba dispuestas tres importantes mandas piadosas: 300 pesos de a 8 reales para el “adorno y ornato” de Nuestra Señora del Rosario del convento de Santo Domingo de la ciudad de Santiago de Guayaquil; más otros 800 pesos para remitirlos a España: los 400 para Nuestra Señora de Atocha, del convento de los padres dominicos, extramuros de Madrid, y los 400 restantes para Nuestra Señora de la Antigua de la catedral de Sevilla, indicando, en ambos casos, que los 300 serían para adquirir una lámpara de plata que alumbrase a dichas imágenes y los 100 restantes, puestos a renta o censo, para su dotación perpetua de aceite. Completaron estas mandas otros 1000 pesos para socorro de sus familiares: 500 para su hermano Ventura de Guerra, asistente en la botica de su majestad en la corte de Madrid, y otros 500 para su hermana Juana de Novoa, casada en dicho valle de Trasmiera; además de ordenar el pago de ciertas deudas pendientes de escaso monto. Sus albaceas testamentarios, Jerónimo Peña y Juan de Melgarejo, iniciaron de inmediato la ejecución de sus últimas voluntades. Para ello, en primer lugar, realizaron un inventario de los bienes del difunto y, a continuación, siguiendo el protocolo establecido en estos casos, procedieron a subastarlos en almoneda pública para convertirlos en dinero. Una vez finalizado el proceso, 26. AGI. Contratación, 407B. N.1. R.13. 27. En el contenido de sus últimas voluntades declara tener 1000 cargas de cacao, en 400 costales nuevos de cañamazo, listas para su embarque hacia España.
158 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII se obtuvieron 2272 pesos que, sin dilación, remitieron al Juzgado de Bienes de Difuntos de Quito. Ya en la capital de la Audiencia, se comprobó que la suma total de los legados ascendía a la cantidad de 3114 pesos con 5 reales y que, al ser lo recaudado tan sólo 2272 pesos, faltaban unos 842 para poder cumplir con todas las disposiciones. Por ello, el 24 de abril de 1640, Antonio Rodríguez de San Isidro Manrique, oidor de la Real Audiencia y juez mayor de dicho juzgado, ordenó que, pagadas las costas y gastos generados por la testamentaría, se prorratease el dinero restante entre las distintas mandas. Finalmente, en 1641, en la armada del general Jerónimo Gómez de Sandoval, fueron registrados y remitidos a España 889 pesos, con destino a cumplir los legados peninsulares. Arribada la flota a Sevilla a primeros de junio de dicho año, quedaron guardados, a buen recaudo, en la Sala del Tesoro del Juzgado de Bienes de difuntos de la Casa de la Contratación, comunicándose el depósito a las partes interesadas. Sabemos que, realizado el prorrateo entre las mandas peninsulares, para las lámparas de Nuestra Señora de Atocha y Nuestra Señora de la Antigua y su dotación de aceite, quedaron finalmente 201 pesos y 3 reales para cada una28. El licenciado Gabriel González de Herrera, racionero de la catedral de Sevilla, fue apoderado por el convento madrileño para reclamar, en su nombre, el dinero de su legado, el que efectivamente recibió y del que otorgó carta de pago. Dos años después, dicha comunidad dominica remitía a la Casa de la Contratación testimonio fidedigno de haberse cumplido la voluntad del difunto. El platero Onofre de Espinosa, el 15 de septiembre de 1643, declaró ante el escribano Juan Bernardo “haber visto y pesado una lámpara de plata que está puesta en la capilla de Nuestra Señora de Atocha y ardiendo, la cual el padre Fray Diego García, sacristán mayor, le dijo era la que se había hecho de la limosna que vino de las Indias como bienes de Bartolomé de Acevedo; y, habiéndola bajado, la pesó en presencia de mí el escribano y tenía de peso 15 marcos, poco más o menos que, a razón de a 65 reales el marco, vale de plata 1000 reales”. 28. De ello quedó constancia en un acta de 25 de octubre de 1641 del cabildo de la catedral de Sevilla que, reunido en sesión ordinaria, mando a los señores contadores que hicieran las diligencias necesarias para cobrar los “200 pesos que vienen de las Indias para Nuestra Señora de la Antigua y otra cantidad para el santo rey don Fernando”, para lo cual se les dio comisión y poder. ACS. Secretaría. Autos capitulares. Año 1641. Libro 7105, f.169r.
159 Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de... | José Mª Sánchez-Cortegana Posiblemente, la lámpara estuvo alumbrando a Nuestra Señora de Atocha hasta principios del siglo XIX cuando, como consecuencia de la invasión napoleónica, debió perderse29. Por otra parte, el 31 de julio de 1643, también se personó ante dicho juzgado, Miguel Ángel Enríquez, mayordomo de la catedral de Sevilla, quien dio fianzas en nombre de su cabildo y se obligó a que, en el plazo de dos meses, la lámpara para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua estaría fabricada y colocada en su emplazamiento. No ha quedado, en esta ocasión, certeza de su adquisición en la documentación conservada, pero por el rigor que caracterizó a dicho Juzgado, no tenemos duda que debió comprarse, pasando a formar parte del conjunto de las 81 lámparas de plata que se enumeran en la capilla en el inventario de 1677. Hoy, formando parte del cuantioso ajuar de plata de la Virgen, se conservan varias lámparas que estilísticamente podrían datarse de mediados 29. Al parecer, el propio templo quedó tan deteriorado por la guerra que, años después, la reina María Cristina tuvo que encargar su reconstrucción al arquitecto Fernando Arbós, aunque, finalmente, sólo se construyó un panteón de Hombres Ilustres y la torre. Fig. 1. Uno de los cuatro pescantes con lámparas de plata de la capilla de Nuestra Señora de la Antigua.
160 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII del siglo XVII y, por tanto, alguna bien podría ser la adquirida con el dinero de este legado; sin embargo, no hemos podido examinarlas para comprobar si alguna tuviera cierta inscripción que permitiera establecer inequívocamente su vinculación30 (Fig. 1). PEDRO CARMINATIS JOVER Un caso similar se produjo el 27 de septiembre de 1649 cuando, reunido el cabildo catedral de Sevilla en sesión ordinaria, se leyó una carta llegada del Tucumán, remitida por don Pedro Carminatis Jover, chantre de la iglesia catedral de Santiago del Estero, donde anunciaba que, en la flota de galeones, había remitido 500 pesos de plata para la adquisición de una lámpara y su dotación de aceite para la capilla de la Virgen de la Antigua31. Pedro Carminatis era natural de las islas Canarias, posiblemente de la ciudad de La Laguna32, de donde debió llegar a Sevilla a finales de la primera década del siglo XVII para cursar estudios en su universidad. Aquí se licenció en Cánones e, inmediatamente, gracias a su talento y al prestigio de la propia institución, inició una ascendente y vertiginosa carrera eclesiástica33. En 1629 el rey Felipe IV le hizo merced de la chantría de la catedral de Santiago del Estero, capital de la provincia de Tucumán, concediéndole licencia para pasar a América. El 1 de marzo de 1633, tras un complicado viaje de tres años vía Buenos Aires34, tomó posesión de dicha dignidad ante los señores Fernando Francisco de Rivadeneyra y Francisco de Robles, deán y maestrescuela respectivamente de dicha santa iglesia, quienes, tras leer el contenido de la real cédula del nombramiento “…la tomaron en sus manos, besaron y pusieron sobre sus 30. La interrupción de gran parte de las actividades administrativas de la catedral con motivo del Covid-19 nos han impedido, de momento, obtener autorización para poder comprobarlo. 31. Los capitulares sevillanos ordenaron “sacar este dinero de la Contratación y, en cobrándolo, se responda a esta carta”. ACS. Fondo capitular. Libro 7108. Año 1649, f. 113v. 32. El apellido consta en La Laguna desde principios del siglo XVI, cuando el mercader milanés Juan Jácome Carminatis se establece en la ciudad hacia 1506. José Miguel Rodríguez Yanes, “Los extranjeros en La Laguna durante el Antiguo Régimen”, en Estudios Canarios. Anuario del Instituto de Estudios Canarios, LII, 2009, 92. 33. Una copia autorizada de las “Informaciones de legitimidad y limpieza de sangre” para la obtención del citado grado de 1630 se conserva en el Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla. Libro 679-081, ff. 312-313. 34. Solicitó pasar primero por Canarias “…a disponer de sus cosas y tomar allí sus libros y criados” y de allí a la costa del Brasil y Buenos Aires, llevando consigo un sobrino de “poca edad” y dos criados. No obstante, conocedor que las aguas de la costa del Brasil estaban infectadas de piratas “que no solamente roban las mercadurías… y desnudan a los pasajeros” mandó su equipaje vía Lima. AGI. Indiferente, 2107, N. 85.
161 Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de... | José Mª Sánchez-Cortegana coronas, con la reverencia y acatamiento debido como a carta de su rey y señor natural” y, a continuación, le dieron a don Pedro la colación y canónica institución de la dignidad de chantre35. En 1637, plenamente asentado en su destino, ejerció de comisario del Santo Oficio 36 y, finalmente, alcanzó la dignidad de deán de dicha catedral por real cédula de 17 de julio de 165837. En el cenit de su carrera eclesiástica, recordando sus años de estudio en Sevilla, remitió a la capilla de la Antigua los citados 500 pesos para la adquisición de una lámpara de plata y su dotación de aceite. Al parecer la limosna debió llegar con la flota de 1650 y fue comunicada los capitulares sevillanos el 17 de febrero de 1651 quienes, inmediatamente, acordaron: primero, que los contadores cobrasen el dinero en la Casa de la Contratación y, unos meses después, que se creara una comisión formada por los “señores de fábrica y presidente de la Antigua”, para decidir cómo gastar el dinero38. Tampoco hemos podido encontrar, en esta ocasión, más información al respecto, no constando pagos a ningún platero por este concepto en los libros de fábrica de la catedral por esos años. PEDRO DE VILLAGÓMEZ VIVANCO El tercer legado indiano para Nuestra Señora de la Antigua del que tenemos constancia documental fue el constituido por 4 jarras de plata para ramilleteros que, hacia mediados del siglo XVII, desde el virreinato del Perú, le remitió don Pedro de Villagómez y Vivanco, arzobispo de Lima. Es conocido que don Pedro de Villagómez nació en la población castellana de Castro Verde de Campos en 1589, que estudió en las Universidades de Salamanca y Sevilla y que, tras doctorarse en Leyes y Cánones, fue nombrado juez del Santo Oficio y canónigo de la catedral hispalense, dignidad que desempeñó durante cerca de veinte años. En 1631 Felipe IV le nombró obispo de Arequipa, pasando entonces al virreinato del Perú y poniéndose al frente de su sede el 25 de julio de 1635. 35. Isabel Castro Olañeta, Sonia Tell, Elida Tedesco, Carlos Crouzeilles, Actas del cabildo eclesiástico obispado del Tucumán con sede en Santiago del Estero 1592-1667 (Argentina: Ferreyra, 2005) 287-88. 36. Federico Tulio Sartori Moyano: Inquisición y sociedad en Córdoba del Tucumán (1573-1699). Tesis doctoral, 50. 37. AGI. Buenos Aires, 5, L. 2, F.95v-97v. 38. ACS. Fondo capitular. Libro 7109. Año 1651, ff. 14v y 50r.
162 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII Años después, fue promovido al arzobispado de Lima, haciendo su “entrada triunfal” el 21 de mayo de 1642. Falleció en esta capital en 1671, tras tres décadas de pontificado, a la edad de 81 años. Agradecido al cabildo catedral de Sevilla “que siempre llevó en su corazón”, tras ser nombrado arzobispo de Lima, remitió los cuatro ramilleteros de plata a Nuestra Señora de la Antigua, quedando recogida la noticia de la donación, de manera sucinta, en el citado inventario de la capilla de 1677: “Ítem, cuatro jarras de plata para ramilleteros que pesaron seis marcos y cinco onzas, que son las que envió de Indias el señor arzobispo de Lima don Pedro de Villagómez, canónigo que fue de esta Santa Iglesia…”39. Desconocemos el año exacto del envío, aunque tuvo que ser entre 1642 y 1671, años en los que don Pedro estuvo al frente de la sede limeña pero, en cualquier caso, sabemos que dichas jarras estuvieron poco tiempo en uso pues, por un apunte en el margen del citado inventario, se indica que fueron entregadas por el mayordomo don Diego Zurita “para ayudar a la obra de las seis jarras nuevas que [se] están haciendo”40. JUAN DE OCHOA DE IURRETAURÍA Algunos años después de la llegada de este regalo desde el Perú, conocemos una nueva manda para Nuestra Señora de la Antigua, en esta ocasión, de una araña de plata junto a cuatro candelabros “de una vara de alto, hechura de zapata y cincelados”, regalados a la Virgen por don Juan de Ochoa entre 1672 y 1674. La noticia de la donación quedó recogida de nuevo en el citado inventario de 1677 cuando se enumeran: “Ítem, una araña de plata que dio Juan de Ochoa, comprador de oro y plata, que pesa 78 marcos, 7 onzas y 6 ochava”, más “Ítem, cuatro blandones de plata que dio el dicho Juan de Ochoa, que 39. Sanz Serrano, “Vicisitudes del ajuar de plata”, 201. 40. Tampoco duraron mucho estas últimas, debido al mucho uso y fragilidad de estas piezas, pues en 1769 ya figuran “muy maltratadas” y casi inservibles, describiéndose con “pies redondos cincelados, con dos asas…, de follaje…, cada una con 26 flores con sus hojas, y pesaban según el inventario antiguo 54 marcos, 1 onza y 12 adarmes”. Finalmente, en 1795 se entregaron a la Casa de la Moneda para ayuda a la guerra con Francia, costeando el canónigo Jerónimo Ignacio del Rosal otras nuevas iguales que se conservan en la actualidad en la sacristía mayor del templo. Sanz Serrano, “Vicisitudes del ajuar de plata”, 201 y 204.
163 Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de... | José Mª Sánchez-Cortegana pesan todos cuatro, que son iguales y de la misma hechura, 89 marcos, 7 onzas y 6 ochavas” 41. Hasta ahora, la única información de este donante es que era comprador de oro y plata, oficio que, en la Sevilla del siglo XVII, consistía en adquirir los metales preciosos consignados desde América a particulares, para afinarlos y transformarlos en dinero de curso legal en la Casa de la Moneda o venderlos a los plateros de la ciudad para sus producciones42. Fue una actividad protagonizada por un reducido número de individuos, todos de gran poder económico, que actuaban como auténticos banqueros, pues los vales que suscribían a sus proveedores circulaban prácticamente como papel moneda43. Por la fecha de la donación, posiblemente el donante sea Juan Ochoa de Iurretauría, comerciante de origen vasco, que aparece activo en el consulado sevillano entre 1664 y 1677 con la citada ocupación de comprador de oro y plata44. Originario de la villa vizcaína de Elorrio, debió llegar a Sevilla a mediados del siglo XVII, formando compañía comercial con su hermano Antonio para mercadear géneros con América, aunque sus negocios también se extendieron al mundo de las finanzas y el crédito. Un tercer hermano, Diego Ochoa, se estableció en Lima, donde actuaba como factor de la compañía, encargándose de vender los géneros que le remitían sus hermanos en las ferias de Portovelo y en la ciudad de Cartagena45. Don Juan se casó, aquí en Sevilla, con María de Ribera Casaus, aunque desconocemos si tuvieron hijos. Durante una década, sus negocios resultaron muy fructíferos, llegando a reunir un considerable capital. Sabemos que en 1677 poseía dos buenas fincas rústicas, una en Mairena del Aljarafe —“La Lobanilla”— y otra en San Juan de Aznalfarache, además de once inmuebles en Sevilla entre casas y almacenes, junto a un cuantioso ajuar en muebles, ropa y otras alhajas y joyas de oro y plata46. 41. Sanz Serrano, “Vicisitudes del ajuar de plata”, 201. 42. El citado Ochoa en 1669 proveyó de plata al orfebre Luis de Acosta para hacer dos blandones para la catedral encargados por el canónigo don Francisco de la Puente. Quiles García, Teatro de la gloria, 297. 43. Lutgardo García Fuente, Sevilla, los vascos y América (Bilbao: Fundación BBV, 1991), 35-36. 44. Enriqueta Vila Villa, “Una amplia nómina de los hombres del comercio sevillano del siglo XVII”, Boletín de la Real academia Sevillana de Buenas Letras: Minervae Baeticae, no. 30, 2002, 170. 45. En el Archivo General de Indias se conservan dos expedientes de información y licencia de embarque para Tierra Firme de 1669 y 1672, para beneficiar ciertas mercadurías, donde se declara mercader natural de Elorrio y vecino de Sevilla. AGI. Contratación, 5436, N. 68 y Contratación, 5438, N. 110. 46. El inventario completo en el Archivo Histórico de la Cámara de Comercio de Sevilla, Leg. 547. Citado por Isabel Lobato Franco, “El negocio de Indias y la quiebra mercantil en el siglo XVII. La quiebra de
170 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII El 20 de febrero de dicho año, el arriero Pedro de Sandoval y Rojas, escoltado por un sargento y un soldado, recogió el cajón y lo condujo a Sevilla, dejándolo depositado en manos del deán de la catedral unos días después66. El cáliz y el juego de vinajera, conservados actualmente en el tesoro de la catedral, son dos magníficas piezas de oro de la 1ª mitad del siglo XVIII de indudable origen mexicano, aunque no poseen marcas. El primero presenta basamento octogonal escalonado, recorrido por estrías verticales que se prolongan por el resto de la estructura; astil con nudo esferoide aplas tado y copa con la mitad inferior decorada y la superior lisa. Toda su superficie esta recorrida por una tupida ornamentación repujada muy plana, conformada a base de moti vos vegetales —piñas y tallos entrelazados— y querubines sobre un fondo rugoso (Fig. 4). Por su parte, el juego de vinajeras se compone de una salvilla de contorno mixtilíneo, decorada con motivos de “ces” encadenadas muy planos; campanilla ochavada con cabo abalaustrado y los recipientes, también de perfil poligonal, con los mismos motivos de la bandeja, con tapaderas ochavadas, coronadas por las letras A[gua] y V[ino] (Fig. 5). 66. Rubio Merino, “El arzobispo virrey Vizarrón y el cabildo”, 128. Fig. 4. Cáliz mejicano del legado de don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta. H. 1745.
171 Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de... | José Mª Sánchez-Cortegana DIEGO MÁRQUEZ ORTIZ El último de nuestros indianos es el clérigo Diego Márquez Ortiz quien, también por cláusula testamentaria, legó a la capilla de la Virgen de la Antigua 2000 pesos para gastarlos “a su libre disposición”, siendo empleados en la adquisición de un espléndido cáliz de oro y pedrería y unos candeleros para uso litúrgico de su capilla, junto a otras reparaciones menores67. Don Diego Márquez, nacido en Huelva en 1710, se ordenó sacerdote en Sevilla y, el 19 de mayo de 1735, pasó a la provincia de Honduras para ejercer su ministerio68, actuando de capellán, vicario y juez eclesiástico de San José de Yuscarán, en el obispado de Comayagua. Treinta años después, el 26 de septiembre de 1766, durante su viaje de regreso a España, moría en la ciudad de La Habana, dejando ordenado en su testamento la fundación de 8 capellanías en su villa natal, otra en el con- 67. Esta manda ha sido recientemente estudiada por Antonio Joaquín Santos Márquez: “Financiación indiana de la platería catedralicia hispalense durante la segunda mitad del siglo XVIII”, El jardín de las Hespérides: estudios sobre la plata en Iberoamérica. Siglos XVI al XIX (México, 2020), 367-379. 68. Así lo confirmó su amigo Nicolás Gómez, al declarar como testigo en la causa del reparto de sus bienes, quien afirmó que estuvo presente en el puerto de Cádiz cuando partió la flota para despedirse. Fig. 5. Juego de vinajeras mejicanas del legado de don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta. H. 1745.
172 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII vento de religiosos capuchinos de Santa Justa y Rufina de Sevilla; además de ciertas limosnas para distintas instituciones civiles y eclesiásticas de Sevilla y Huelva, entre ellas los citados 2000 pesos para su protectora y guardiana, Nuestra Señora de la Antigua de la santa iglesia catedral de Sevilla. El 4 de septiembre de 1771, el juzgado de Bienes de Difuntos de la Casa de la Contratación de Cádiz comunicó al Sr. arzobispo de Sevilla que, en cumplimiento de la cláusula 20ª del testamento de don Diego Márquez, para la capilla de la Virgen de la Antigua le habían correspondido 2050 pesos de a ciento veintiocho cuartos y 7 reales; instando al prelado a que nombrase “persona lega que los recibiese”. Don Francisco de Solís Folch de Cardona, cardenal y arzobispo de Sevilla, el 7 de mayo de 1774, dio poder general a su tesorero Gaspar de Torrejón, para que pasase a la ciudad de Cádiz y allí procediese a recoger el dinero69. El 8 de julio de 1775 llegaba la estimable suma Sevilla, dejando el señor arzobispo las gestiones del empleo del dinero en manos del canónigo Jerónimo Ignacio del Rosal, presidente de la cofradía de la virgen de la Antigua, quien decidió emplearlo tanto en la adquisición de ciertas alhajas para el ajuar litúrgico de su capilla como para la reparación y “aumento” de otros objetos ya existentes. Días después, contactó con el platero José Alexandre para realizarle el encargo de un cáliz de oro y pedrería y 4 candelabros de plata en su color para adorno del altar; al mismo tiempo que se concertaba con Juan Bautista Zuloaga, para el arreglo de dos hacheros y aumentar de tamaño seis candeleros pequeños, posiblemente los cuatro regalados en 1674 por Juan de Ochoa y ampliados en dos más por el propio canónigo Jerónimo Ignacio del Rosal en 176870. El cáliz, conservado hoy también en el tesoro de la catedral, es una magnífica pieza de oro de inspiración cortesana que destaca, fundamentalmente, por su exuberancia ornamental, pues su superficie está enriquecida con centenares de piedras preciosas engastadas —diamantes, rubís, esmeraldas y topacios—, que aportan una vistosa nota de color sobre el metal dorado. Presenta base circular, de contorno ondulado, constando de un zócalo liso y un cuerpo bulboso, muy elevado, decorado con ramos vegetales con frutos, dispuestos radialmente, unos repujados y otros de fundición de color tinto, con 69. Éste, a su vez, el 10 de mayo, delegó en José García Rubio, tesorero de la renta del jabón y vecino de la ciudad de Cádiz. 70. Santos Márquez, “Financiación indiana de la platería”, 375-377.
173 Regalos de indianos para la capilla de Nuestra Señora de la Antigua de la Catedral de... | José Mª Sánchez-Cortegana rica pedrería aplicada. Una corona de hojillas entrelazadas marca la transición entre ambos cuerpos. El astil es abalaustrado, con nudo periforme invertido y rematado en un gollete de pedrería. Finalmente, la copa, también de perfil bulboso, presenta la zona inferior repujada donde se repiten los mismos ramos de fundición de color tinto con rica pedrería, y el tercio superior liso, con labio ligeramente abierto. En opinión de Antonio J. Santos su factura resulta muy novedosa, ajena a la producción tradicional de su autor, indicando su posible vinculación con modelos de la corte de Carlos III71. Los candelabros, por su parte, presentan elevados pies triangulares profusamente decorados con rocallas, “ces” y motivos vegetales, todo repujado; vástagos bulbosos recorridos por tres nudos periformes y ancho plato superior de donde arranca el gollete cilíndrico liso para las velas72. Conclusión En 1538, Fray Antonio de Guevara, cronista del emperador Carlos V, advertía a cualquier curioso mareante: “…es saludable consejo, que todo hombre que quiera entrar en la mar, ora sea en nao, ora sea en galera, se confiese y se comulgue [y] se encomiende a Dios, como bueno y fiel cristiano, porque tan en ventura lleva el mareante la vida como el que entra en una aplazada batalla”73. Fray Antonio, sin lugar a dudas, era conocedor de los grandes peligros de “hacerse a la mar”, de los riesgos que para la vida de las tripulaciones y pasajeros de los navíos y para las mercancías que transportaban suponía cruzar el Atlántico: las fuertes tormentas o huracanes, con la consiguiente amenaza de naufragio o desvío de las rutas previstas; los tediosos días de calma que dejaban parados los navíos, comprometiendo los suministros de provisiones y agua; o los posibles ataques de piratas y/o enemigos de la corona. Ciertamente, en los siglos que estuvo activa la Carrera de Indias, cruzar el océano, a bordo de un galeón, nao o galera, era una arriesgada aventura, llena de severos riesgos y dificultades, donde la vida pendía de un sutil hilo. Por ello, aquellos que tenían o debían embarcar para ir o regresar 71. Comenta el citado autor que Alexandre debió inspirarse en un copón de oro llegado de Madrid en 1772. 72. Santos Márquez, “Financiación indiana de la platería”, 378. 73. Así lo describe en su Libro de los inventores del arte de marear y de muchos trabajos que se pasan en galeras de 1538 junto a distintos consejos en el ámbito material: “…ocho o quince días antes que se embarque procure de evacuar y limpiar el cuerpo, ora sea con miel rosada, ora con rosa alejandrina, ora con buena caña fístola, ora con alguna píldora bendita, porque naturalmente la mar muy más piadosa sea con los estómagos vacíos que con los repletos de humores malos”.
174 Catedrales. Mundo iberoamericano en los siglos XVII-XVIII de América, o quienes tenían intereses comerciales en estas naos, para paliar sus miedos, solían pedir el auxilio y la protección de Dios, a través de las milagrosas imágenes de su Hijo, de su Santa Madre la Virgen María, o de santos de su especial devoción. Entre los siglos XVI al XVIII, una de las imágenes más veneradas en la Carrera de Indias fue la Virgen de la Antigua, quizás por ser la gran devoción mariana de Sevilla en el momento en que se estableció la Casa de la Contratación en esta ciudad y ser su puerto, el origen y destino final de los convoyes que hacían la travesía atlántica. Sus fieles, llegados sanos y salvos a sus destinos y los propietarios de las mercancías transportadas en los buques, agradecidos a su “omnipotente protectora”, cuando sus situaciones económicas se lo permitieron, en ocasiones, le mandaron toda clase de exvotos —en dinero u objetos artísticos—, como signos de gratitud y reconocimiento a su labor intercesora. En este artículo hemos recogido algunas de estas mandas, unas ya conocidas, otras hasta ahora inéditas, unas en dinero, otras en objetos de plata y un grupo escultórico de marfil para “adorno” de su altar, aunque debemos comentar que no fueron las únicas. En cualquier caso, todas contribuyeron a aumentar el lujo y exorno de su capilla, pero también, a vocear su fama y poder mediador, como protectora y corredentora del hombre ante Dios. Bibliografía Acosta Luna, Olga Isabel. “A su imagen y semejanza: un retrato de la Virgen de la Antigua en Bogotá”. Quiroga, no. 3 (2013): 12-24. Castro Olañeta, Isabel; Tell, Sonia; Tedesco, Elida y Crouzeilles, Carlos. Actas del cabildo eclesiástico obispado del Tucumán con sede en Santiago del Estero 1592-1667. Argentina: Ferreyra, 2005. Ceán Bermúdez, Juan Agustín. Descripción artística de la catedral de Sevilla. Sevilla: Renacimiento, 1981. García Fuente, Lutgardo. Sevilla, los vascos y América. Bilbao: Fundación BBV, 1991. Guevara, Fray Antonio de. Libro de los inventores del arte de marear y de muchos trabajos que se pasan en las galeras. Pamplona: Imp. Thomás Porralis, 1579. Lobato Franco, Isabel. “El negocio de Indias y la quiebra mercantil en el siglo XVII. La quiebra de Juan Ochoa de Iurretauría, comprador de oro y pla-
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