El monóstico o estrofa de un verso en la poesía española
Abstract
Este artículo pretende analizar los usos y valores del monóstico o verso que constituye una estrofa independiente. Se estudian sus manifestaciones históricas y las diferencias expresivas derivadas de la época en la que se emplea y del lugar del poema en el que aparece.
Full text
75 EL MONÓSTICO O ESTROFA DE UN VERSO EN LA POESÍA ESPAÑOLA THE MONOSTICH OR ONE-LINE STANZA IN THE SPANISH POETRY J F Universidad de Sevilla Resumen: Este artículo pretende analizar los usos y valores del monóstico o verso que constituye una estrofa independiente. Se estudian sus manifestaciones históricas y las diferencias expresivas derivadas de la época en la que se emplea y del lugar del poema en el que aparece. Palabras clave: monóstico, estrofa, poesía española. Abstract: This article aims to analyze the uses and values of the one-line stanza. Its historical manifestations and the expressive diff erences derived from the time in which it is used and the place of the poem in which it appears are studied. Key words: monostich, stanza, Spanish poetry. Rhythmica XX-XXI, 2023 J F
77 Es fácil comprobar que en la poesía hispánica actual es muy minoritario el uso de estrofas clásicas o de formas estrófi cas de la tradición. La mayoría de los poemas que hoy se publican tienden en gran medida a ser de carácter monoestrófi co o bien a presentar sus versos agrupados en series irregulares de diversa extensión. El poeta del siglo , asimismo, evita habitualmente la utilización de la rima o prefi ere la composición heterométrica; en un claro afán de sortear restricciones de cualquier tipo, huye con frecuencia de esquemas prefi jados, y las divisiones del poema, cuando las hay, obedecen la mayor parte de las veces a criterios ajenos a la métrica. Dicho de otro modo, no hay un patrón que se repita y al que el autor ha de ceñirse, de manera que el número de versos que conforma cada división del poema es algo que no puede anticiparse, que no sugiere ninguna expectativa concreta y que solo puede reconocerse a posteriori. Partimos de la idea de que «hemos de considerar el verso como la unidad rítmica fundamental del conjunto poemático»1, y no la estrofa, cuya existencia no es indispensable en los poemas versifi cados. Ahora bien, en numerosas ocasiones los versos se agrupan «mediante el procedimiento sencillo de constituirse en [...] conjuntos de variable naturaleza y disposición»2, que habitualmente adquieren «determinadas pautas estructurales, que se van repitiendo a lo largo del poema»3. Cuando eso sucede y hay un patrón reconocible, y aparecen los fenómenos que denominamos estrofa, forma estrófi ca o combinación estrófi ca, tanto el poema en su conjunto como la mayoría de los elementos 1 T, Esteban, El ritmo del verso, Murcia, Universidad de Murcia, 1999, p. 102. 2 J P, Pablo, Métrica española, Madrid, Cátedra, 2020, p. 287. 3 T, Esteban, Métrica española comparada, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2000, p. 113. El monóstico o estrofa... Rhythmica XX-XXI, 2023
78 rítmicos se ven directamente afectados e incluso determinados. Como afi rma Oldřich Bělič4: Es cosa sabida que el verso, en general, no aparece aislado sino en series, como parte de unidades y conjuntos superiores, y si queremos defi nirlo de un modo inequívoco, tenemos que percibirlo y estudiarlo en su contexto. Es posible observar también que las tendencias métricas de los distintos versos dentro de un contexto superior (p. ej., la estrofa) no son iguales, pero que incluso en su desigualdad hay cierto orden. En ello se manifi esta el infl ujo de la unidad superior sobre el verso. El verso, así pues, constituye la estrofa, pero la estrofa, a su vez, puede infl uir en los versos constituyentes. Lo hará, ciertamente, si se trata de una estrofa tradicional. Es a las estrofas de la tradición a las que mejor conviene la mayoría de defi niciones que cabe encontrar en los tratados generales de métrica y versifi - cación. Así, por ejemplo, las que propone Domínguez Caparrós, cuando alude a «un patrón estructural de simetría que se repite a lo largo del poema»5 o cuando afi rma que «se defi ne por el número y tipo de verso, y por la clase y disposición de la rima»6, o la que da Navarro Tomás cuando habla de «la organización del verso en grupos sujetos a un orden metódico»7. Hay, en efecto, algunas estrofas clásicas de inspiración grecolatina que evitan la rima, pero la gran mayoría de estrofas de la tradición se caracteriza por el esquema de sus asonancias o consonancias, que en algunos casos sirve, precisamente, para distinguir unas de otras. Ahora bien, tal como decíamos al principio de este artículo, la lírica actual no suele recurrir, salvo en contadas excepciones, a las estrofas que la historia literaria ha ido acuñando, y se inclina por las formas abiertas. Y, sin embargo, los poemas, con frecuencia, se siguen dividiendo. Abunda el tipo de poema que podríamos califi car de monoestrófi co o de aestrófi co, en el que la totalidad de los versos se agrupa en una sola tirada, pero no es 4 B, Oldřich, Verso español y verso europeo. Introducción a la teoría del verso español en el contexto europeo, en colaboración con Josef Hrabák, Santa Fe de Bogotá, Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, 2000, p. 195. 5 D C, José, Diccionario de métrica española, Madrid, Alianza editorial, 1999, p. 166. 6 D C, José, Métrica española, Madrid, UNED, 2014, p. 184. 7 N T, Tomás, Métrica española, Barcelona, Labor, 1995, p. 41. Rhythmica XX-XXI, 2023 J F
79 menos frecuente el poema cuyos versos aparecen gráfi camente agrupados en segmentos que a la vista parecen estrofas, pero que no cumplen las condiciones antedichas de repetición o simetría. Se trata, habitualmente, de versos que carecen de rima, y puesto que esta disposición se adapta por igual al verso métrico y al verso amétrico, a veces son versos blancos y otras veces versos libres. El caso específi co que aquí nos interesa y que queremos analizar con mayor detenimiento y profundidad es el de aquellos versos que aparecen aislados en este tipo de composición y que, al menos desde un punto de vista gráfi co, parecen constituir por sí solos una estrofa. Creemos que la denominación más adecuada para este tipo de verso es la de monóstico, de raíz transparente y que sería el primer término de una serie que continuaría con el dístico y el trístico, forma, esta última, mucho menos habitual. Es cierto que se trataría de un término polisémico, puesto que, además de una estrofa con un solo verso, también puede referirse a una composición formada por un verso único, típica de la poesía aforística. En estas páginas emplearemos monóstico para referirnos exclusivamente a esas estrofas que tienen solo un verso. En la métrica tradicional se ha tendido a considerar que, puesto que la noción de estrofa implica repetición, no es pertinente hablar de poema estrófi co si no hay un patrón que se repite al menos una vez –de ahí que algunos autores prefi eran hablar de poemas aestrófi cos cuando esa repetición no se da8–, del mismo modo que se ha debatido si puede hablarse de poema en verso cuando todo lo que hay en la composición es una única línea. María Victoria Utrera, por ejemplo, considera que, al ser necesaria la repetición de los rasgos rítmicos y la referencia a un modelo, «un verso aislado no es propiamente un verso»9. Benoît de Cornulier, por su parte, subraya el estatuto contextual del metro y afi rma de forma tajante que no existe un verso, sino los versos, por equivalencia mutua10, y habla, al respecto, de la 8 J P, Pablo, Métrica española, cit., p. 290. 9 U T, María Victoria, Estructura y teoría del verso libre, Madrid, CSIC, 2010, p. 173. 10 C, Benôit de, Art poëtique. Notions et problèmes de métrique, Presses Universitaires de Lyon, 1995, p. 21. El monóstico o estrofa... Rhythmica XX-XXI, 2023
80 condition de voisinage11. Antonio Quilis niega igualmente esta posibilidad y señala la obligatoriedad de que el verso se integre en una unidad mayor: «Para que un verso pueda ser considerado como tal, tiene que estar con otro u otros versos, en función de una unidad superior a ellos mismos que llamamos estrofa»12. Existe la conciencia de que los versos han de agruparse en una estrofa y de que la estrofa debe tener varios versos para que reconozcamos su existencia como tal. La estrofa mínima, según este planteamiento, sería la de dos versos. Existe, en apariencia, la postura opuesta, que defendería la posibilidad de que un solo verso constituya estrofa e incluso poema. Tal como lo expone Jauralde Pou, «el verso único puede funcionar como estrofa y como poema, en cada caso, porque se relaciona in absentia con versos semejantes»13. En realidad, no se trata de dos posturas irreconciliables, sino de dos explicaciones o perspectivas diferentes del mismo fenómeno. El propio Cornulier, después de afi rmar la necesidad de que haya repetición para que haya verso, señala que existe una equivalencia cultural que sustituiría a la equivalencia contextual, de modo que incluso el verso aislado remite a un modelo14. Por más que la discusión en el plano teórico es ciertamente interesante, la verdad es que la existencia del verso único es anecdótica en la práctica, y no se suele tener en cuenta cuando se aborda la tipología de las estrofas. Los repertorios métricos que dan cuenta de las principales realizaciones de la estrofa tienden a estructurarse siguiendo un orden cronológico cuando parten de una perspectiva histórica, pero cuando el interés es de naturaleza teórica, lo más habitual es que se exponga todo el catálogo de estrofas desde la más breve hasta las más extensas. En este último supuesto, el catálogo comienza casi siempre con la descripción del dístico o el pareado –que a veces se distinguen y a veces se identifi can–. Hay autores, sin embargo, que introducen un apartado previo en el que refl exionan sobre la cuestión 11 Ibid., p. 190. 12 Q, Antonio, Métrica española, edición corregida y aumentada, Barcelona, Ariel, 1985, p. 91. 13 J P, Pablo, Métrica española, cit., p. 295. 14 C, Benôit de, Art poëtique, cit., pp. 77-78. Rhythmica XX-XXI, 2023 J F
81 que acabamos de exponer, la de si es posible la estrofa de un solo verso. Navarro Tomás, en Arte del verso, dedica el primer apartado de las «estrofas fi jas» al verso único. Allí defi ende que «aunque la estrofa propiamente dicha requiere dos o más versos, el verso único aparece en realidad con valor de estrofa cuando sirve de molde a lemas, motes, proverbios, títulos, etc.», y añade que en estos casos se emplea el octosílabo más que ningún otro metro15. Es una idea de antigua fi liación; Isabel Paraíso remite al Arte de poesía de Juan del Encina, en el que el poeta certifi ca la imposibilidad y al mismo tiempo nos señala el ejemplo que luego se ha tomado como una posible excepción: «Muchas vezes vemos que algunos hazen solo vn pie [verso], y aquel ni es verso ni copla, porque avían de ser pies y no solo vn pie, ni ay allí consonante pues que no tiene compañero; y aquel tal suélese llamar mote»16. También Jauralde matiza que «el verso único pertenece al género prepoético de los motes, emblemas, refranes, sentencias, pie de glosa, estribillo, etc.»17, lo que nos llevaría a una nueva polémica: la de si efectivamente se trata de versos en tanto que unidades rítmicas o si son enunciados originalmente prosaicos que de forma imprevista acaban siendo materiales líricos e incluidos en una composición versifi cada. El mote se defi ne como «lema expresado en un verso»18 o «texto de un solo verso que sirve de cabeza a una glosa»19, pero es únicamente esa glosa lo que le otorga una cualidad métrica y poética. Con todo, una vez que se integra en la composición mayor, que de manera recursiva puede recibir igualmente el nombre de mote en su conjunto, se convierte efectivamente en lo que podría considerarse una estrofa de un solo verso. No obstante, la forma gráfi ca en la que se representa la composición es variada y, como puede observarse en el Cancionero general, hay ocasiones en las que el mote se consigna antes de que comience la composición poética en sí, como una especie de cita, y otras 15 N T, Tomás, El arte del verso, México, Nobles temas y bellas letras, Colección Málaga, 1975, p. 95. 16 P, Isabel, La métrica española en su contexto románico, Madrid, Arco/Libros, 2000, p. 212. 17 J P, Pablo, Métrica española, cit., p. 295. 18 N T, Tomás, Métrica española, cit., p. 536. 19 D C, José, Diccionario de métrica española, cit., p. 235. El monóstico o estrofa... Rhythmica XX-XXI, 2023
82 en las que sí que aparece como primer verso del poema, seguido luego de dos estrofas, una primera más breve y una segunda que dobla en extensión a la anterior. En la lírica hispánica de los siglos de oro, el verso aislado parece desaparecer. Hay composiciones, como las letrillas, que contienen un estribillo que en ocasiones puede constar de un solo verso y que se repite al fi nal de cada estrofa, pero no cabría hablar de verso único o de verso aislado puesto que esa línea siempre se integra en la estrofa a la que da fi n, participando en el esquema de las rimas como un verso más –el último– de la misma. Tampoco hay sitio para el verso aislado en los poemas neoclásicos, ni se ajusta siquiera a la búsqueda expresiva del poeta romántico, pese a su interés por la renovación de los metros. En el modernismo aparece, aunque todavía de manera excepcional, el verso independiente en el poema. No incluimos en esta categoría algún caso en el que la razón obedece a una cuestión gráfi ca, no métrica, como cuando en el «Coloquio de los centauros», de Rubén Darío, se consigna alguna frase suelta de Quirón, Astilo, Eurito, Grineo, Arneo o Amico; allí simplemente ocurre que, al igual que en el texto dramático, se separan las intervenciones de cada personaje, pero eso no impide que todo el poema, en su totalidad, sea una larga serie de pareados, y ningún verso de los que aparecen segregados escapa de ese esquema. Sí son claros ejemplos de verso independiente algunos de los que sirven de remate a los poemas «Luna marina», «Luna ciudadana» y «Luna bohemia», incluidos en Lunario sentimental, de Leopoldo Lugones. En los tres casos se trata de extensas silvas que aparecen divididas en estrofas de extensión variable y con variedad también en el esquema de la rima, que es siempre consonante. Tal disposición se corresponde fi elmente con los principios poéticos que el poeta consigna en el prólogo de la primera edición, de 1909, donde leemos: «la estrofa clásica se convierte en la estrofa moderna de miembros desiguales combinados a voluntad del poeta, y sujetos a la suprema sanción del gusto, como todo en las bellas artes»20. Uno de los versos segregados, 20 L, Leopoldo, Lunario sentimental, edición de Jesús Benítez, Madrid, Cátedra, 1988, p. 96. Rhythmica XX-XXI, 2023 J F
83 el último de «Luna bohemia», si no fuera por la disposición gráfi ca, podría considerarse el cuarto de un serventesio heterométrico, pero en los otros dos casos los versos no son necesarios para completar ninguna estrofa y, aunque riman con algún verso anterior, aparecen gráfi camente separados, por lo que pueden considerarse en gran medida independientes. «Luna ciudadana» es un poema narrativo que desarrolla una anécdota cotidiana, el viaje en tranvía de un joven que al atardecer regresa al suburbio donde vive. En el tranvía, el joven queda prendado de una muchacha desconocida que desciende en una parada anterior a la suya, y pasa el resto de la noche imaginando una vida distinta, con ella, y lamentando la historia truncada. El verso fi nal, que sigue a un serventesio heterométrico completo, y que desde el punto de vista del metro o de la rima, como decíamos, sería innecesario, es una especie de resumen de toda la anécdota. Con una forma sentenciosa y levemente coloquial, la exclamación aporta cierto patetismo y sirve de cierre rotundo del poema: «¡Verdaderamente hay encuentros sin fortuna!»21. El verso fi nal y desgajado de «Luna marina», por su parte, sigue a una estrofa de siete versos con esquema ABBACAC, rimando con los versos primero, cuarto y sexto, y aunque tampoco sería necesario para completar la rima ni el esquema métrico, sí que tiene un claro vínculo semántico con los dos versos que lo preceden. Reproducimos parte de la estrofa mencionada y el verso último: El organillo, a ratos pueril o grave, Fue nada más que un silencio, lleno De invisibles ojos fi jos sobre la nave. Un silencio con ojos, impávido y ajeno22. En este caso no hay resumen del poema, pero sí está presente un claro valor de reformulación o recapitulación de los versos anteriores, de los que toma dos elementos léxicos principales, «silencio» y «ojos». La separación del verso fi nal pretendería 21 Ibid., p. 228. 22 Ibid., p. 219. El monóstico o estrofa... Rhythmica XX-XXI, 2023
90 El médico me ha dicho: —mucho aire, mucho ai... —Como no lo pinte29. Un poeta inclinado al tono epigramático, Ángel González, emplea igualmente el verso aislado al fi nal de la silva para introducir un giro determinado. En el poema «Este momento» aparece un giro irónico y voluntariamente prosaico: «y pasó un aeroplano y ya no se oye nada»30; en «Canción para cantar una canción», sin embargo, el efecto es el opuesto, y el fi nal del poema aporta un crescendo emocional: Se llama simplemente canción. Pero no es solo eso. Es también la tristeza31. Esta función todavía puede apreciarse en numerosos poemas de la actualidad. Quizás una de las autoras que en mayor medida ha recurrido a esta práctica sea Ada Salas. En su poemario La sed, de 1997, de un total de 53 composiciones, todas ellas breves, hay 43 que concluyen con un verso aislado. Se da la circunstancia de que dos de los diez poemas restantes comienzan con una estrofa de un solo verso, de manera que son apenas ocho los que están íntegramente compuestos por estrofas de dos o más versos. Tal recurrencia en el uso del verso fi nal aislado, que también aparece en mayor o menor medida en otros poemarios suyos, como Lugar de la derrota o Esto no es el silencio, lo convierte en un elemento característico de su poética. En ocasiones encontramos poemas en los que la estrofa de un solo verso no está intercalada entre otras más extensas, sino que aparentemente están formados por una serie exclusiva de monósticos. Sucede con mayor frecuencia cuando el poema está compuesto en verso libre o en versículos, como «Momentos de 29 O, Blas de, Parler clair (En castellano), París, Pierre Seghers, 1959, p. 92. 30 G, Ángel, Poemas, Madrid, Cátedra, 2008, p. 94. 31 Ibid., p. 132. Rhythmica XX-XXI, 2023 J F
91 ciencia fi cción» o «The end: Catástrofe»32, de Diego Doncel, «La vida es un cuento...»33, de Lorenzo Oliván, o algunos de los fragmentos de «Hojas del bosque»34, de Vicente Valero. En estos casos, es cierto, la continua sucesión de versos independientes sugiere que no hay ningún tipo de esquema estrófi co. El único motivo para considerar que cada verso constituye una estrofa independiente es el empleo de un interlineado mayor que el habitual. Se trata, en cualquier caso, de una disposición gráfi ca expresiva que no tiene implicaciones métricas de ningún tipo, más allá de que lo más habitual, y se cumple de hecho en todos los ejemplos aducidos, es que pueda apreciarse una clara tendencia a la esticomitia. El aislamiento de los versos aquí se corresponde normalmente con la independencia sintáctica y semántica. Pero no se trata de una razón que siempre justifi que el empleo del verso aislado o la estrofa de un solo verso en las composiciones actuales. Son igualmente abundantes los poemas en los que aparece un verso aislado desde el punto de vista gráfi co y acaso estrófi co pero que, sin embargo, se integra plenamente en la unidad sintáctica y de sentido iniciada en los versos de la estrofa anterior, es decir, con encabalgamiento entre estrofas. En estas ocasiones, puesto que no hay una justifi cación métrica, sintáctica ni semántica para segregar el verso, lo más adecuado sería considerarlo un recurso pragmático que utiliza las posibilidades gráfi cas con una voluntad expresiva. Podemos suponer que el verso gráfi camente aislado propone al lector una lectura diferente. No obstante, aunque hay quien, como Quilis35, distingue entre pausa versal y pausa estrófi ca, no parece claro que, más allá de lo puramente conceptual, pueda reconocerse ninguna diferencia entre ambas. La duración de ambas pausas depende por completo de la realización concreta del lector, y no hay ninguna norma que establezca que la duración de la segunda ha de ser 32 En M, Vicente Luis (ed.), La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015), Madrid, Vaso Roto, 2016, pp. 241, 245. 33 En S M, Domingo (ed.), Cambio de siglo. Antología de poesía española 1990-2007, Madrid, Hiperión, 2007, p. 209. 34 En M, Vicente Luis (ed.), La cuarta persona del plural, cit., p. 228. 35 Q, Antonio, Métrica española, cit., p. 76. El monóstico o estrofa... Rhythmica XX-XXI, 2023
92 superior a la de la primera. El verso aislado, de esta manera, sería similar a un cuadro al que, en la exposición, se le aplica una iluminación individualizada o especial. Sería, en fi n, un subrayado o una forma de énfasis difícilmente mensurable y que habría que analizar en su propio contexto. En defi nitiva, y a manera de conclusión, podríamos decir que el empleo de los monósticos en posición de apertura o cierre del poema tiene una larga tradición y cumple muy variados cometidos, que hemos ido analizando. Cuando el monóstico abre el poema, puede tener una función análoga al lema o al mote, exponiendo una idea que va a desarrollarse a continuación. De manera inversa, cuando se encuentra en posición de cierre, el verso exento puede suponer una recapitulación o conclusión de la composición entera. En ambas posiciones, además, se observa con frecuencia un valor enfático, apoyado en la pausa que sugiere la segregación gráfi ca del verso. Conviene subrayar además que, como se ha podido comprobar, hay una relación habitual entre el monóstico y la esticomitia, siendo lo más común que en estos versos independientes se exponga un contenido semántico esencialmente autónomo. En ocasiones, el monóstico no se limita a la aparición fi nal, sino que se viene repitiendo en el poema con la función estructural de estribillo. El último valor, y uno de los más destacados, sería el de cierre epigramático, que no necesariamente actúa como resumen de lo anteriormente dicho y que, en general, muestra una clara voluntad de sorprender mediante un giro inesperado o de introducir un determinado efecto de patetismo. En cualquier caso, resulta evidente que la estrofa de un solo verso se ha consolidado a lo largo del siglo como una posibilidad métrica, gráfi ca y expresiva en la lírica, tanto en las posiciones inicial y fi nal del poema como en su cuerpo central. Fecha de recepción: 12 de julio de 2022. Fecha de aceptación: 13 de octubre de 2022. Rhythmica XX-XXI, 2023 J F