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FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN ¿CÓMO PUEDE CONTRIBUIR LA EDUCACIÓN FÍSICA A MEJORAR LA SALUD MENTAL EN 3º CICLO DE PRIMARIA? Curso 23/24 Grado en Educación Primaria Mención en Educación Física Autora: Gema Pérez Fernández Tutor: Dr. Francis Ries Revisión e investigación bibliográfica
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RESUMEN El objetivo del presente Trabajo de Fin de Grado es realizar una revisión bibliográfica sobre la importancia de la EF para la mejora de la salud mental en el alumnado de tercer ciclo de Primaria. Para ello, se ha llevado a cabo un estudio documental donde se ha examinado literatura científica, incluyendo artículos referenciados en bases de datos especializadas como Dialnet, Web of Science, SportDiscus o Google Scholar. La inactividad física en niños y adolescentes es un problema global que afecta tanto a la salud física como mental. Más del 80% de los adolescentes no alcanzan las recomendaciones mínimas de AF diaria, lo que contribuye al sedentarismo y a problemas de salud mental como ansiedad y depresión. La práctica regular de AF, especialmente en la escuela, no solo beneficia la salud física, sino también el bienestar emocional y social. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 ha agravado estos problemas, aumentando considerablemente los trastornos de salud mental entre los jóvenes. La EF desempeña un papel crucial en la promoción del bienestar integral de los estudiantes, proporcionando oportunidades para el crecimiento personal y social a través del movimiento y la participación activa. Es fundamental que los docentes estén capacitados para detectar señales tempranas de problemas de salud mental y comprendan los diferentes comportamientos asociados con los trastornos mentales. Esto destaca la necesidad de implementar intervenciones tanto en el ámbito escolar como en la formación continua de docentes. Palabras claves: educación física; salud mental; actividad física; niños. ABSTRACT The objective of this Final Degree Project is to review the literature on the importance of PE for the improvement of mental health in students in the third cycle of Basic Education. For this purpose, a documentary study has been carried out where scientific literature has been examined including articles referenced in specialized databases such as Dialnet, Web of Science, SportDiscus or Google Scholar. Physical inactivity in children and adolescents is a global problem that affects both physical and mental health. More than 80% of adolescents do not reach the minimum daily PA recommendations, which contributes to sedentary lifestyles and mental health problems such as anxiety and depression. Regular PA practice, especially in school, not only benefits physical health, but also emotional and social well-being. However, the COVID-19 pandemic has exacerbated these problems, significantly increasing mental health disorders among young people. PE plays a crucial role in promoting students' holistic well-being by promoting opportunities for personal and social growth through movement and active participation. It is essential that teachers are trained to detect early signs of mental health problems and understand the different behaviors associated with mental disorders. This highlights the need to implement interventions both in the school setting as well as in the training of teachers. Keywords: physical education; mental health; physical activity; children. 2
ÍNDICE: 1. Introducción y justificación....................................................................................................4 2. Objetivos del Trabajo Fin de Grado.......................................................................................9 3. Metodología......................................................................................................................... 10 4. Marco teórico........................................................................................................................11 4.1. Datos actuales sobre sedentarismo y salud mental en niños....................................... 11 4.2. Inactividad física y salud mental.................................................................................13 4.3. Crisis causada por el COVID-19 y sus consecuencias en la salud mental..................14 4.4. Beneficios de realizar actividad física.........................................................................16 4.5. Papel de la EF en la escuela........................................................................................ 17 4.6. Relación entre la EF y salud mental............................................................................19 5. Resultados............................................................................................................................ 23 6. Discusión..............................................................................................................................25 7. Conclusión............................................................................................................................32 8. Referencias bibliográficas....................................................................................................33 3
1. Introducción y justificación La práctica regular de actividad física (AF) se asocia a una mejora de la calidad de vida, a un mayor bienestar y al mantenimiento de una buena salud mental. Sin embargo, la elevada prevalencia de un estilo de vida sedentario en la población infantil está suponiendo un importante problema en la salud en general. Según una investigación divulgada en la revista The Lancet Child & Adolescent Health y realizada por expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019), se determina que más del 80% de los adolescentes en periodo escolar a nivel global, concretamente el 85% de las chicas y el 78% de los chicos, no cumplen con el nivel mínimo aconsejado de una hora diaria de actividad física. Este estudio está basado en adolescentes en edades comprendidas entre 11 y 17 años. Los niveles de inactividad física que se observan en este estudio son extremadamente altos, lo cual supone un peligro para la salud actual y futura de los niños/as y lo que los lleva al sedentarismo. Según la autora de este estudio de la OMS, se requiere implementar medidas normativas inmediatas para incrementar el nivel de actividad física, especialmente para fomentar y sostener la participación de las niñas en dicha actividad.De acuerdo con la información proporcionada por la OMS, aquellos individuos que no mantienen un nivel adecuado de AF enfrentan un riesgo de mortalidad de entre un 20% y un 30% más elevado en comparación con aquellos que logran mantener un nivel suficiente de actividad física (OMS, 2022). Según la Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE) el 14% de la población infantil (5-14 años) ocupa su tiempo de ocio de manera casi totalmente sedentaria, siendo de un 17.4% en niñas y de un 10.8% en niños. Según este estudio, el sedentarismo es más frecuente en las clases sociales menos favorecidas. Por otro lado, el 83.7% de la población infantil (10-14 años) pasa más de una hora de su tiempo frente a las pantallas digitales los días entre semana y un 92.6% los fines de semana (ENSE, 2019). Esta cifra es mayor en niños que en niñas, al contrario que cuando hablamos de la inactividad física o del sedentarismo. En cuanto a la salud mental, según datos de la OMS (2021), uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años sufren trastornos mentales, es decir, un 14% de la población de este rango de edad. Estos tipos de trastornos suponen el 13% de la carga mundial de morbilidad en este grupo, ya que la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento se encuentran entre las principales causas de enfermedades mentales en los adolescentes. 4
En el habla cotidiana, se emplean con frecuencia los términos AF y deporte como sinónimos, vinculándolos a conceptos relacionados con la salud y el bienestar. La AF se define, según la OMS, como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos, con el consiguiente consumo de energía. La AF hace referencia a todo movimiento, incluso durante el tiempo de ocio, para desplazarse a determinados lugares y desde ellos, o como parte del trabajo de una persona (OMS, 2022). La AF, tanto moderada como intensa, mejora la salud. Por su parte, el deporte no tiene una definición general. Según las conclusiones de Barbosa y Urrea (2018), se distinguen dos modalidades de deporte: la competición, en la que el rendimiento físico es fundamental y está regida por asociaciones deportivas; y el deporte orientado a la salud, que busca mejorar la condición física y se organiza como una actividad popular y recreativa. En contraste, el deporte de alto rendimiento a menudo supera los límites de la capacidad física y el rendimiento humano, lo que puede resultar perjudicial para la salud. La práctica regular de AF aporta numerosos beneficios tanto físicos como mentales a los niños y niñas. Entre los beneficios de la práctica de actividad física para los niños destaca el estado físico (cardiorrespiratorio y muscular), la salud cardiometabólica, la salud ósea, los resultados cognitivos (desempeño académico y función ejecutiva), la salud mental y la reducción de la adiposidad. Sin embargo, nos vamos a centrar sobre todo en el beneficio que conlleva la AF hacia la salud mental. La OMS define la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Por otro lado, define la salud mental como un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad (OMS, 2022). La práctica regular de AF es una de las acciones más eficaces para mitigar la sintomatología de enfermedades mentales como la depresión, así como para que los niños puedan mejorar sus autopercepciones físicas, las cuales, se ven seriamente perjudicadas en la población con sobrepeso y obesidad (Ramos, 2023). Las alteraciones en la autoimagen corporal que experimentan niños y niñas adquieren una sensibilidad particular durante la adolescencia, como resultado de los diversos cambios psicológicos, sociales y biológicos propios de esta etapa. En ocasiones, dichos cambios pueden derivar en sentimientos de rechazo e insatisfacción hacia su propio cuerpo (Ramos, 2023). 5
La relación entre deporte, AF y salud mental se evidencia en varios estudios, los cuales señalan que la participación constante en actividad física tiene un efecto directo en la salud psicológica. Este impacto se refleja en una mejor calidad de vida, mejoras en los estados emocionales y la autoimagen, además de reducciones en los niveles de ansiedad, depresión y estrés. Abu-Omar, Rütten y Schwenk (2004) realizaron un estudio en 15 países de la comunidad europea donde relacionaron la actividad física y la salud mental. En este estudio concluyeron que, en todos los subgrupos de población investigada según su edad, sexo, estado civil, etc., las personas activas físicamente tienen en general mejor estado de salud mental que las personas no activas (Barbosa & Urrea, 2018). Las personas que experimentan depresión tienden a ser menos activos físicamente en comparación con aquellos que no presentan síntomas depresivos. Un estudio evidencia que el aumento en la práctica de ejercicio aeróbico o de entrenamiento de fuerza conlleva una reducción significativa en los síntomas de la depresión, mientras que la AF regular aún no ha demostrado ser una variable eficaz para prevenir el inicio de la depresión. En relación con los síntomas de ansiedad, el ejercicio regular también muestra mejoras, y los beneficios parecen ser comparables a los obtenidos con prácticas de meditación o relajación (Barbosa & Urrea, 2018). Carrillo y García (2020) afirman según su estudio que los niños y niñas de 8 a 12 años que mantienen conductas saludables (estado de peso, dieta óptima), obtienen menores niveles de ansiedad que sus pares con sobrepeso ponderal y una calidad de dieta mejorable. La crisis causada por el COVID-19 y las medidas tomadas por los gobiernos han implicado numerosos y profundos cambios en la sociedad. Para frenar esta enfermedad se han tomado diferentes medidas de control y, según la OMS, la medida fundamental para prevenir el contagio es limitar el contacto entre personas y promover el distanciamiento físico (OMS, 2020; OMS, 2021). La Organización de las Naciones Unidas para la Educación estima que, desde el inicio del estado de alarma decretado por los estados, 1380 millones de menores dejaron de asistir presencialmente a las escuelas (Cluver et al., 2020). A causa del aislamiento domiciliario y la falta de contacto con los hábitos de socialización habitual, se puede decir que la infancia y la adolescencia son un colectivo altamente afectado por esta crisis, ya que se puede ver afectado su desarrollo y crecimiento personal debido a las interrupciones de sus rutinas diarias con sus familiares, amistades o su comunidad en general (Fuster, 2022). Además, UNICEF alerta sobre las consecuencias cada vez más graves de la pandemia COVID-19 para niños y niñas, tanto en su salud mental por el aislamiento social y físico, como en su proceso de aprendizaje debido al cierre de escuelas durante el confinamiento. La magnitud de esta situación ha llevado a Naciones Unidas a advertir sobre la posibilidad de 6
una crisis de salud mental (ONU, 2022). Dado que los niños y adolescentes son especialmente vulnerables a las dificultades sociales, los acontecimientos durante la pandemia han exacerbado la sintomatología ansiosa, depresiva y postraumática, con consecuencias perjudiciales para la salud mental (Mesa et al., 2022). Diferentes autores como Mesa, Villarrasa, Pérez y Bermejo (2022) realizaron un estudio donde se exponen las evidencias del impacto de la pandemia del COVID-19 en la salud mental de niños y adolescentes. Las emociones más comunes que se encontraron fueron aislamiento, violencia intrafamiliar, estrés, abuso de las TICs, aburrimiento, irritabilidad y ansiedad. Las consecuencias del encierro debido a la pandemia son principalmente evidentes en el ámbito emocional, aunque también se manifestaron a nivel de comportamiento. Numerosos niños y adolescentes exhibieron conductas desafiantes, así como signos de irritabilidad, agresividad, síntomas de ansiedad, depresión y estrés, aspectos que llevaron a una disminución en la integración y competencia social de este grupo. Por otro lado, el aislamiento por la pandemia ha generado en muchos hogares cierto aumento de violencia intrafamiliar, a consecuencia del aumento del estrés de los progenitores. Además, el poco control de las prácticas parentales ha contribuido al abuso de las nuevas tecnologías, lo que se asocia con la alteración del sueño, el sobrepeso y en algunos casos a fenómenos como la adicción. Los síntomas más señalados en los niños y adolescentes tras la pandemia del COVID-19 son la ansiedad y la depresión. Estos manifiestan sentirse confundidos, aburridos y frustrados. También sufren de cansancio, depresión e insomnio, lo que provoca un aumento de los niveles de ansiedad y estrés. Se produce un impacto significativo en la salud mental de los niños y adolescentes (Mesa et al., 2022). En cuanto a cifras, Mancebo (2022) nos cita que la pandemia ha provocado un aumento de hasta el 47% en los trastornos de salud mental en los menores. Los casos de ansiedad y depresión y los diagnósticos de TDAH se han multiplicado por tres o cuatro desde 2019, tras la pandemia, y los comportamientos suicidas han aumentado hasta un 59%. En el transcurso del año 2020, se registraron 14 casos de suicidio en España entre niños menores de 15 años, cifra que duplica la del año previo. Este trágico fenómeno posiciona al suicidio como la segunda causa de fallecimiento entre los jóvenes. Cuando se habla de niños y niñas es imprescindible hacer referencia a la escuela como punto central para fomentar la salud en estas etapas, al menos en naciones donde la educación es obligatoria. En lo que respecta a la AF, la educación física (EF) escolar cobra una relevancia considerable. Esto se debe principalmente a que la escuela constituye el único 7
entorno donde todos los niños, independientemente de sus habilidades atléticas, tienen la oportunidad de participar en actividades físicas. González, citado por Buñuel (1977), define la EF, como la ciencia y el arte de ayudar al individuo en el desarrollo intencional de sus facultades de movimiento, y con ellas el del resto de sus facultades personales. Por su parte, Cagigal (1968) afirma que la EF, como ciencia aplicada de la Kinantropología, es el proceso o sistema de ayudar al individuo en el correcto desarrollo de sus posibilidades personales y de relación social con especial atención a sus capacidades físicas de movimiento y expresión. Parlebas, de forma más simple, viene a decir que todos aceptamos la EF como el área de la escolaridad preocupada por las conductas motrices de los alumnos. Carretero et al. (2017) nos aporta el informe Eurydice (2013) en el que se dice que la asignatura de EF “puede contribuir de manera decisiva al crecimiento personal” de los alumnos, al desarrollo de su conciencia corporal, la autoconfianza en las habilidades físicas propias, la autoestima, “la fuerza de voluntad, el sentido de responsabilidad, paciencia y valentía”, a la aceptación de las propias capacidades y a la tolerancia frente a las diferencias de los demás. En la actualidad, las clases de EF en la escuela representan el único entorno en el cual los niños y niñas se involucran de manera obligatoria en AF. Por ende, estas clases deben concebirse como espacios que fomentan el movimiento, la corporeidad y la motricidad, además de ser experiencias divertidas donde los estudiantes interactúan y experimentan emociones positivas durante sus actividades (Zueck et al., 2020). Asimismo, es crucial que los profesores empleen estilos de enseñanza y estrategias didácticas que promuevan la participación del alumnado, permitiéndoles contribuir en la elaboración de tareas y en la toma de decisiones, lo que facilita una mayor implicación y disfrute en la práctica física. 8
actividades sedentarias, la ingesta calórica y el tiempo de exposición a dispositivos electrónicos. Por otro lado, la disminución de AF durante el período de confinamiento en casa y el distanciamiento social conlleva una falta de estímulos óptimos a través del ejercicio. Esto puede resultar en la pérdida parcial o total de las adaptaciones fisiológicas, mecánicas, anatómicas y cognitivas, según lo establecido en el principio de reversibilidad en el entrenamiento deportivo. Este principio explica que, sin la estimulación continua mediante el ejercicio, los efectos alcanzados por el entrenamiento se desvanecen con el tiempo (Esain et al., 2019; citado en Chamizo, 2021). Los resultados de un estudio llevado a cabo por Ammar et al. (2020) revelaron que el confinamiento domiciliario debido al COVID-19 tuvo un impacto negativo en el bienestar mental y emocional. Se evidenció que este confinamiento, combinado con una serie de cambios en el estilo de vida, contribuyó a un deterioro en varios aspectos. Se observó un aumento significativo en la inactividad física (+15,2%), el aislamiento social (+71,15%), el desempleo (+6%), una peor calidad del sueño (+12,8%) y comportamientos dietéticos poco saludables (+10%), en comparación con el período anterior al confinamiento. La pandemia del COVID-19 tuvo gran impacto psicológico a nivel mundial. Una investigación que evaluó los problemas de salud mental tras el aislamiento obligatorio y la cuarentena durante pandemias anteriores reveló que los niños que habían experimentado tales medidas tenían cinco veces más probabilidades de requerir servicios de tratamiento psicológico y mostraban niveles más elevados de estrés postraumático. Esto nos hace ver que las medidas de confinamiento aplicadas a los niños debido al COVID-19 han podido generar un incremento en los problemas de salud mental, así como también en el posible desarrollo de estrés postraumático (Loades et al., 2020; citado en Chamizo, 2021). Por otro lado, en cuanto a cifras, según expone Crichton et al. (2023), aproximadamente un 20% de los jóvenes presentan síntomas de trastornos mentales, una cifra que ha ido creciendo desde la pandemia del COVID-19. Asimismo, Mancebo (2022) nos cita que los comportamientos suicidas han aumentado hasta un 59% tras el confinamiento por la pandemia. De acuerdo con un estudio llevado a cabo por Loades et al. (2020), la soledad es, sin duda, una experiencia emocional compleja que puede tener un impacto significativo en la salud mental, especialmente durante períodos de aislamiento prolongado, como el experimentado durante la pandemia de COVID-19. Es importante tener en cuenta que el aislamiento social y la soledad no son lo mismo, pero pueden estar relacionados. El estudio 15
realizado por Loades et al. (2020) resalta la importancia de entender cómo la soledad puede afectar a la salud mental a largo plazo. Los hallazgos muestran una asociación significativa entre la soledad y futuros problemas de salud mental, particularmente la depresión. Esta asociación puede persistir hasta 9 años después de que se haya experimentado la soledad inicialmente. También se observaron diferencias según el género, ya que algunas investigaciones indican que la soledad está más estrechamente relacionada con síntomas de depresión en niñas y con ansiedad social elevada en niños. 4.4. Beneficios de realizar actividad física La AF es definida por la OMS (2021) como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que significa un gasto de energía superior al nivel de reposo. La AF abarca no solo el ejercicio, sino también una variedad de movimientos corporales como jugar, trabajar, realizar tareas domésticas, participar en actividades recreativas y optar por formas de transporte activo como son montar en bicicleta o caminar. Además, se ha observado que la AF está asociada con una mejora del estado de ánimo, la regulación emocional, la autoeficacia y la motivación, así como con una reducción de los síntomas de depresión y ansiedad (Crichton et al., 2023). Barbosa y Urrea (2018, p. 143) expone que “30 minutos diarios de ejercicio físico de intensidad moderada cada día o durante casi todos los días de la semana proporcionan beneficios de salud importantes”. Tal y como expone Howard (2005), citado en Ikonomi (2021), es crucial mantenerse activo tanto para el cerebro como para el cuerpo, ya que están estrechamente vinculados. Mejorar la salud física contribuye automáticamente a un mayor bienestar mental y emocional. La AF también desencadena la liberación de endorfinas, lo que eleva el estado de ánimo y brinda energía adicional. El ejercicio regular o la AF diaria tienen un impacto significativo en la salud mental y emocional, reduciendo el estrés, mejorando la memoria y promoviendo un sueño reparador. Fox (1999), citado en Ikonomi (2021), también nos dice que los juegos infantiles representan una forma beneficiosa de AF para los niños, con efectos positivos importantes en su desarrollo. Estos juegos ayudan a fortalecer los músculos y huesos, además de contribuir al desarrollo de grupos musculares diversos, proporcionando una carga completa para todo el cuerpo. Esto promueve un excelente estado físico general. A través de la amplia gama de investigaciones disponibles, se evidencia que la AF desempeña un papel fundamental en la salud mental, promoviendo mejoras en el autoconcepto y la autoestima, lo que a su vez beneficia el estado de ánimo y ayuda a prevenir 16
trastornos como la depresión (Estévez et al., 2023). Además, tanto en estudios con animales como en estudios con humanos, se ha demostrado que el ejercicio físico tiene efectos positivos en la salud cerebral en general (Di Liegro et al., 2019). La práctica de AF conlleva un aumento en la producción de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, los cuales están asociados con un incremento en la formación de nuevas células nerviosas y una disminución de los síntomas en trastornos mentales graves (Estévez et al., 2023). “En esta misma línea, se puede observar que la relación entre salud mental y AF se da en ambos sentidos. Es decir, las personas que tienen peores condiciones de salud mental tienden a realizar menor tiempo de AF que el resto de la población, empeorando así su estado de salud, y viceversa” (Estévez et al., 2023, p. 19). De acuerdo con Aguirre-Loaiza et al. (2021), está claro que hay una evidencia que respalda la idea de que la AF tiene efectos positivos en las funciones cognitivas, ya que se ha observado que las intensidades de la AF están asociadas con un mejor rendimiento en la memoria y la atención selectiva. Además, la AF parece mejorar el rendimiento cognitivo en tareas que requieren la inhibición de respuestas, lo que sugiere que puede tener un efecto beneficioso en la función ejecutiva. Es importante destacar que el ejercicio intenso parece proporcionar beneficios específicos en varios procesos cognitivos, como la atención, la memoria, la resolución de problemas, el lenguaje, la flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio. Estos hallazgos según Aguirre-Loaiza et al. (2021) son significativos, ya que sugieren que la AF no solo beneficia al cuerpo en términos de salud física, sino que también puede tener efectos positivos en el funcionamiento cognitivo y mental. Se acumulan evidencias que respaldan el impacto beneficioso de la actividad física en el desarrollo cognitivo y la interacción social. La información disponible actualmente sugiere que muchos de estos beneficios se mantienen hasta la edad adulta (OMS, 2019). 4.5. Papel de la EF en la escuela La AF insuficiente es un factor de riesgo significativo para varias enfermedades no transmisibles, como enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas, diabetes y cáncer. Esta falta de AF, junto con comportamientos sedentarios, son factores claves que contribuyen a la pandemia global de obesidad. Lamentablemente, los jóvenes son especialmente propensos a realizar poca AF, adoptar hábitos alimenticios poco saludables y pasar largos periodos de tiempo en posición sedentaria. Para abordar este problema, es esencial promover la participación regular en actividades de EF de alta calidad. Estas actividades no solo ayudan a los jóvenes a desarrollar hábitos positivos en cuanto a la AF, 17
sino que también fomentan el interés en mantener un estilo de vida activo y saludable (Kantanista & Borowiec, 2021). La EF de calidad puede contrarrestar los efectos negativos de pasar demasiado tiempo sentado y ayudar a compensar la falta de AF en otras áreas de la vida de los adolescentes. Tradicionalmente relegada a un papel secundario, la EF ha adquirido una relevancia particular en el contexto actual provocado por la pandemia global. Ahora se reconoce como un recurso fundamental para contrarrestar diversas situaciones emocionales adversas, brindando apoyo para mejorar el bienestar mental (Bermeo-Suco & Torres-Palchisaca, 2021). La EF desempeña un papel crucial en la Educación Primaria, siendo más que simplemente una actividad física saludable. Su enfoque abarca la estimulación del desarrollo motor, cognitivo y socioafectivo de los niños y niñas en esta etapa educativa. Además, esta disciplina fortalece habilidades fundamentales para la vida, como el trabajo en equipo, la cooperación, la autoestima y la confianza en sí mismo (del Amo, 2023). Al integrar la EF como parte fundamental del currículo escolar, se fomenta el desarrollo integral del estudiante y su crecimiento como individuo. Asimismo, según expone del Amo (2023), está demostrado que la EF incide directamente en el rendimiento académico, ya que mejora la capacidad de concentración, la memoria y la creatividad, facilitando así el aprendizaje en otras áreas del conocimiento. Tal y como nos muestra Carretero et al. (2017), el Informe del Parlamento Europeo sobre la función del Deporte en la Educación (2007) establece que la Educación Física: “es la única materia escolar que tiene por objeto preparar a los niños para la vida sana, concretándose en su desarrollo físico y mental general, inculcándoles valores sociales importantes como la honradez, la autodisciplina, el espíritu de equipo la tolerancia y el juego limpio” (Documento A6-0415/2007 de la sesión 30.10.2007 del Parlamento Europeo, p.4). Hoy en día, las clases de EF en la escuela son el único contexto donde los niños y niñas participan obligatoriamente en AF, es decir, son una gran oportunidad para acercar la AF a todos los niños y niñas (Escamilla et al., 2018). Por tanto, es esencial que estas clases se vean como lugares que estimulan el movimiento, la expresión corporal y el desarrollo motor, al mismo tiempo que sean experiencias divertidas donde los estudiantes interactúan y disfrutan de emociones positivas durante sus actividades (Zueck et al., 2020). Además, resulta fundamental que los profesores de EF utilicen estilos de enseñanza y estrategias 18
didácticas que promuevan la participación de los alumnos, permitiéndoles contribuir en la planificación de tareas y en la toma de decisiones, lo cual aumenta su compromiso y disfrute en la práctica física. Varios estudios indican que hay una conexión entre la importancia asignada a las clases de EF y la participación en actividades deportivas extracurriculares. Además, esta conexión podría influir en los comportamientos de los adultos, fomentando la adopción de un estilo de vida activo mediante la práctica regular de deportes (Escamilla et al., 2018). 4.6. Relación entre la EF y salud mental Existe una creencia extendida de que los niños y jóvenes de la actualidad enfrentan más problemas que las generaciones anteriores y se percibe que la presunta crisis de salud mental en las escuelas está desbordada (Haycock, 2020). La importancia de la salud mental entre los jóvenes es un asunto crítico que a menudo se pasa por alto. Los problemas de salud mental están aumentando en estudiantes de todas las edades. Existen pruebas sólidas que indican que aquellos estudiantes que no participan en educación física tienen un mayor riesgo de enfrentar problemas mentales y de salud en general. Además, se ha demostrado que la AF regular puede contribuir significativamente a mejorar una variedad de aspectos relacionados con la salud mental. Mientras que la actividad física promueve el bienestar mental, la falta de AF tiende a deteriorar la salud mental de las personas (O’Connor, 2021). Se espera que las escuelas promuevan el bienestar mental de los estudiantes mediante la inclusión de asignaturas como educación física y las distintas prácticas deportivas en las que participan los estudiantes como parte de la EF, el plan de estudios extendido y las actividades fuera del horario escolar (Haycock, 2020). Según la investigación realizada por O’Connor (2021), se destacan los beneficios para la salud derivados de la práctica de AF a través de la EF. Estos incluyen mejoras en la salud cardiovascular y musculoesquelética, mantenimiento de un peso saludable, aumento de la confianza en uno mismo y de las habilidades sociales, así como mejoras en el bienestar psicológico y mental, fortalecimiento de la autoestima y reducción de la ansiedad y el estrés (Smith, 2020). Por otro lado, Andermo et al. (2020) destaca que las intervenciones de AF relacionadas con la escuela pueden reducir la ansiedad, aumentar la resiliencia, mejorar el bienestar y aumentar la salud mental en niños y adolescentes. Intervenciones de AF que consistieron principalmente en involucrar a niños con obesidad, discapacidad o niños muy 19
inactivos en el ámbito escolar, concluyeron que la AF tuvo un efecto positivo en el autoconcepto y autoestima y que el efecto fue más fuerte en la escuela (Andermo et al., 2020). La EF proporciona beneficios a los estudiantes que otras clases no ofrecen, como el incremento de la salud mental. Además, tanto la EF como el deporte tienen un papel crucial en la enseñanza a los jóvenes sobre la relevancia de los valores sociales en sus vidas (O’Connor, 2021; Smith, 2020). Según comenta Haycock (2020) en su estudio, se ha comprobado que los enfoques integrales en las escuelas para la salud mental y el aprendizaje socioemocional tienen efectos positivos en varias áreas, como el rendimiento académico, el bienestar tanto de los estudiantes como del personal, la prevención y disminución de problemas de salud mental (incluyendo enfermedades diagnosticadas clínicamente) y el desarrollo de habilidades emocionales y comportamiento escolar. Haycock (2020) también ha admitido que el estilo de vida personal, como es el ejercicio, la alimentación y el descanso, junto con estrategias individuales de gestión, como es manejar el estrés y las emociones, son elementos cruciales que influyen en la salud mental. Los estudiantes, especialmente los niños, veían la EF como un valioso descanso mental del trabajo académico convencional y del desempeño, ya que les brindaba la oportunidad de socializar con amigos (Haycock, 2020). Si la EF era vista como beneficiosa para la salud mental o no, dependía en parte de si los estudiantes disfrutaban de la materia, sentían que tenían competencia deportiva y dominio de las habilidades necesarias para disfrutar de las actividades, y si eran capaces de negociar con éxito las condiciones. Si la EF se presenta de manera positiva puede tener un impacto beneficioso en la salud mental de jóvenes y niños, pero no todos los niños disfrutan de estas actividades, incluso cuando se les ofrece de manera atractiva. La obtención de resultados negativos puede generar estrés en los estudiantes, lo cual afecta su disfrute del ejercicio y puede disminuir su interés en participar en AF después de la escuela secundaria (Haycock, 2020; O’Connor, 2021). Andermo et al. (2020) sugiere que el aumento de problemas de salud mental entre los niños y niñas se debe en parte al aumento del estrés escolar, lo que hace que aumente la presión sobre las escuelas para que se implementen iniciativas basadas en evidencia para detener o revertir esta tendencia negativa. Según el estudio realizado por O’Connor (2021), para mitigar el estrés de los estudiantes, los profesores pueden implementar diversas estrategias, como por ejemplo diseñar tareas adecuadas para su desarrollo, enseñar por invitación, utilizar las etapas del 20
juego al enseñar juegos y deportes, modificar el equipo, maximizar las oportunidades de práctica, reducir el número de estudiantes requeridos para una tarea, proporcionar a cada estudiante su propio equipo, evitar formar filas, utilizar juegos modificados y enseñar técnicas de relajación a los estudiantes. Fomentar comportamientos activos y saludables desde temprana edad es crucial ya que tienen mayores posibilidades de perdurar en la juventud. Cocca et al. (2020) llevaron a cabo una investigación acerca de los efectos de un programa de EF basado en juegos en la salud mental de niños en primaria. El estudio contó con niños y niñas de entre 10 y 12 años, quienes fueron sometidos a pruebas de aptitud física y completaron cuestionarios sobre su salud mental. Los participantes fueron divididos en dos grupos, donde uno de ellos recibió únicamente EF basada en juegos y otro de ellos recibió EF tradicional. Se observó que, en ambos grupos, el estado psicológico de los estudiantes al inicio del estudio era mayormente positivo y no mostró cambios significativos a lo largo del mismo. Los resultados respaldaron la influencia positiva de la participación en juegos de ejercicios en la mejora de la salud mental, particularmente en la reducción del estrés (O’Connor, 2021; Cocca et al., 2020). Los problemas de salud mental que enfrentan los estudiantes se manifiestan cuando tienen dificultades para regular sus emociones, pensamientos o acciones. Las instituciones educativas están asumiendo un papel cada vez más crucial en la provisión de servicios básicos de salud mental. Para la mayoría de los maestros identificar señales de problemas de salud mental en el entorno escolar es un terreno poco familiar (Marsh, 2016). Tal y como nos comenta Marsh (2016), con el creciente entendimiento de que los problemas de salud mental son frecuentes entre los jóvenes, es posible que se requiera que los educadores intervengan como primer punto de contacto en la prevención. Esta labor preventiva implica reconocer comportamientos que podrían no ser necesariamente disruptivos para la enseñanza en el aula, pero que eventualmente pueden afectar al rendimiento académico y a la calidad de vida de los estudiantes dentro y fuera de la escuela. Anthony et al. (2005), citado en Marsh (2016), investigaron la percepción de los profesores sobre los comportamientos de externalización e internalización, y encontraron que los docentes tenían problemas para reconocer las conductas internalizadas de los estudiantes. El comportamiento externalizante se caracteriza por acciones dirigidas hacia el entorno social, como lo señalan Furlong et al. (2004). Estos comportamientos tienden a plantear desafíos dentro del ámbito escolar, como mencionan estos autores. Se puede identificar como comportamiento externalizante aquel que incluye agresión, dificultad en el temperamento o impulsividad (Furlong et al., 2004; citado en Marsh, 2016). 21
Por otro lado, el comportamiento internalizante se refiere a acciones que se dirigen hacia el individuo mismo, según lo indican Gresham & Kern (2004). Estas conductas tienden a pasar desapercibidas debido a su naturaleza más sutil, como explican estos investigadores. Los trastornos relacionados con la ansiedad y los trastornos del estado de ánimo son las dos categorías principales de trastornos de conducta internalizante (Gresham & Kern, 2004; citado en Marsh, 2016). Es crucial que los docentes estén conscientes de las conductas asociadas con los trastornos de salud mental, dado que ocupan una posición privilegiada para observar el comportamiento de los estudiantes a diario. 22
5. Resultados Tras analizar distintos artículos científicos, podemos resaltar en estos la importancia de la AF en la salud mental de los más jóvenes. La falta de participación en EF aumenta el riesgo de problemas mentales. Además, la EF y el deporte tienen un papel crucial en la enseñanza de valores sociales. Se han analizado distintos artículos en los que se trabaja con niños y niñas que solo practican deporte en las clases de EF. En la Tabla 1, puede observarse las características de los estudios incluidos en la revisión narrativa, ordenándose la autoría por orden alfabético. Los autores seleccionados en la Tabla 1 son los considerados más importantes en esta revisión narrativa. Tabla 1. Características de los estudios incluidos. AUTOR/A AÑO PUBLIC. ESTUDIO RESULTADOS Andermo et al. 2020 Revisión sistemática y meta-análisis. Se estudia el impacto de las intervenciones de AF relacionadas con la escuela o para reducir el sedentarismo sobre los síntomas de salud mental. Niños de 4 a 19 años. Se investiga posibles moderadores de estos efectos. Mejoras significativas en resiliencia, salud mental positiva, bienestar y ansiedad. Importancia de las acciones en las escuelas para aumentar la AF. Necesidad de más intervenciones de alta calidad y descripción de cómo se llevan a cabo. Cocca et al. 2020 Se evalúa un programa de EF basado en juegos en escolares de 10-12 años, comparándolo con actividades tradicionales de entrenamiento. 252 estudiantes divididos en dos grupos, donde se mide aspectos de aptitud física y salud psicológica. Mejora del estado físico, pero no hubo un progreso notable en la capacidad cardiorrespiratoria. Los juegos son tan efectivos como el entrenamiento tradicional, pero la EF sola puede no ser suficiente para la mejora de la capacidad cardiorrespiratoria. del Amo 2023 Revisión bibliográfica y propuesta de actividades para trabajar la EF y la salud de forma transversal. AF y EF como materia transversal tienen relación positiva con el rendimiento académico en otras asignaturas. EF y salud van de la mano y no debe centrarse en una única asignatura. Haycock et al. 2020 Evidencia empírica sobre cómo se aborda la salud mental en las escuelas Mejora la comprensión de la salud mental y muestra una mayor disposición 23
mediante actividades de aprendizaje asociadas a la EF, el deporte y la AF. Alumnos de entre 6-16 años. para discutir sobre el tema y buscar apoyo después de recibir sesiones educativas. Marsh 2016 Se resalta las diferencias entre las conductas de externalización e internalización vinculadas a condiciones de salud mental, ofreciendo a los maestros una guía para asistirlos en la identificación de estudiantes con problemas de salud mental. Pautas para los maestros para evaluar el bienestar emocional de los estudiantes, como establecer relaciones de confianza, observar cambios de comportamiento y comunicarse con profesionales de salud mental. O’Connor 2021 Revisión literaria para proporcionar información sobre los efectos que la AF y la EF tienen sobre la salud mental en jóvenes. La EF debe presentarse de manera atractiva para que tenga un efecto positivo en la salud mental. Smith 2020 Análisis de la relación entre la EF y la salud mental en niños y jóvenes, cómo la participación en EF puede afectar tanto positiva como negativamente. Se debe abordar tanto la salud física como mental en la escuela. Mejora el bienestar emocional y la autoestima, pero también puede aumentar el estrés y la ansiedad por las presiones competitivas. 24
Figura 5. Gráfico circular de la pregunta 16. En resumen, podemos encontrar aspectos positivos en cuanto a los hábitos de sueño, la satisfacción corporal y el equilibrio entre tecnología y otras actividades. Sin embargo, también existen preocupaciones significativas como el uso excesivo de dispositivos electrónicos, el acoso escolar y la posible ansiedad entre el alumnado, aspectos muy relacionados con el estado de salud mental entre niños y adolescentes. 31
7. Conclusión La inquietud que ha despertado la crisis de salud mental entre los niños y jóvenes contemporáneos encuentra respaldo en investigaciones que destacan el creciente deterioro de la salud mental en estudiantes de todas las edades, evidenciando la necesidad urgente de abordar este problema (O’Connor, 2021). La EF se presenta como un elemento esencial para fomentar el bienestar mental entre los jóvenes. Se ha comprobado que participar en actividades físicas no sólo mejora la salud en general, sino que también fortalece aspectos psicológicos y emocionales importantes (O’Connor, 2021). Además, los programas de AF integrados en el ámbito escolar han mostrado resultados positivos al reducir la ansiedad, aumentar la resiliencia y mejorar el bienestar de los estudiantes (Andermo et al., 2020). Las escuelas tienen la responsabilidad de promover el bienestar mental al incluir materias como la EF y la promoción de prácticas deportivas (Haycock, 2020). Estas intervenciones no sólo proporcionan beneficios físicos, sino que también tienen un impacto positivo en el autoconcepto y la autoestima de los estudiantes, fortaleciendo su salud mental (Andermo et al., 2020). Sin embargo, el efecto beneficioso de la EF en la salud mental puede variar según la percepción y vivencias individuales de los estudiantes. Mientras que algunos la consideran un respiro mental valioso y una ocasión para relacionarse, otros pueden experimentar estrés y falta de disfrute, sobre todo si no se sienten competentes en las actividades propuestas (Haycock, 2020; O’Connor, 2021). Para afrontar estos retos, es esencial que los docentes estén preparados para detectar señales tempranas de problemas de salud mental dentro del ámbito escolar (Marsh, 2016). La comprensión de los comportamientos externalizantes e internalizantes asociados con los trastornos mentales es crucial para esta tarea (Anthony et al., 2005; Furlong et al., 2004; Gresham & Kern, 2004). No obstante, se ha observado que los maestros pueden encontrarse con dificultades para identificar las conductas internalizadas de los estudiantes, lo que resalta la necesidad de una mayor formación y concienciación en este aspecto (Marsh, 2016). En conclusión, la salud mental de los niños y adolescentes es un asunto crítico que requiere una atención inmediata. La EF y las intervenciones de AF en el entorno escolar son recursos valiosos para promover el bienestar mental de los estudiantes, pero es necesario abordar los desafíos individuales y garantizar que los docentes estén capacitados para reconocer y apoyar las necesidades emocionales de sus alumnos. 32
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