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Un ámbito sin límite ni salvedad. La fenomenología como ciencia abierta y la recepción en Heidegger y Marion del Principio de todos los principios

Moreno Márquez, César

Abstract

Este ensayo intenta pensar la renovada relevancia de la intuición en el husserliano Principio de todos los principios (Ideen I, 1913) como requisito inexcusable del compromiso de la Fenomenología. En este sentido, son muy ilustrativas las lecturas de Heidegger y Jean-Luc Marion. Heidegger, aunque en Das Ende der Philosophie (1966) critica el Principio, sin embargo, en Die Idee der Philosophie und das Weltanschauungsproblem (1919) había defendido el Principio como una prueba del vitalismo de la Fenomenología. Marion, por su parte, evoluciona hacia una postura cada vez más radical (desde Reducción y donación (1984- 1989) a Étant donné (1997)) con respecto a la importancia concedida a la intuición sin concepto. La afirmación implícita en el Principio permite reinterpretar algunos recursos decisivos de la fenomenología husserliana de 1913, así como permite inferir algunas claves para una ética basada en valores extraídos de la apertura de la Fenomenología.

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Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015, 239-254. e-ISSN: 1885-1088 Fecha de recepción: 30-III-2014 Fecha de aceptación: 29-XII-2014 UN ÁMBITO SIN LÍMITE NI SALVEDAD. LA FENOMENOLOGÍA COMO CIENCIA ABIERTA Y LA RECEPCIÓN EN HEIDEGGER Y MARIÓN DEL PRINCIPIO DE TODOS LOS PRINCIPIOS AN AMBIT WITHOUT LIMITATION NON PROVISO PHENOMENOLOGY AS OPEN SCIENCE AND THE HEIDEGGERIAN AND MARIONIAN RECEPTIONS OF THE PRINCIPLE OF ALL PRINCIPLES César Moreno-Márquez Universidad de Sevilla Sevilla, España [email protected] Resumen: Este ensayo intenta pensar la renovada relevancia de la intuición en el husserliano Principio de todos los principios (Ideen I, 1913) como requisito inexcusable del compromiso de la Fenomenología. En este sentido, son muy ilustrativas las lecturas de Heidegger y Jean-Luc Marion. Heidegger, aunque en Das Ende der Philosophie (1966) critica el Principio, sin embargo, en Die Idee der Philosophie und das Weltanschauungsproblem (1919) había defendido el Principio como una prueba del vitalismo de la Fenomenología. Marion, por su parte, evoluciona hacia una postura cada vez más radical (desde Reducción y donación (1984- 1989) a Étant donné (1997)) con respecto a la importancia concedida a la intuición sin concep- to. La afirmación implícita en el Principio permite reinterpretar algunos recursos decisivos de la fenomenología husserliana de 1913, así como permite inferir algunas claves para una ética basada en valores extraídos de la apertura de la Fenomenología. Palabras clave: Heidegger, Marion, Husserl, Intuición, apertura. Abstract: This essay attempts to think the renewed relevance of Intuition in Husserl's Principle of all principles (Ideen I, 1913) as a inexcusable requirement of the Engagement of the Phenomenology. In this sense, are very illustrative the readings of Heidegger and Jean- Luc Marion. Heidegger, although in Das Ende der Philosophie (1966) criticizes the Principle, however, in Die Idee der Philosophie und das Weltanschauungsproblem (1919) he defended the Principle as a proof of vitalism of Phenomenology. Marion, meanwhile, evolves to an increasingly radical stance (from Réduction et donation (1984-1989) to Étant donné (1997)) regarding the importance given to intuition without concept. The implicit claim in Principle allows reinterpret some important resources of the Husserlian Phenomenology (1913), and also allows infer some keys for a Ethics based on values extracted from the openness of the Phenomenology. Key Words: Heidegger, Marion, Husserl, Intuition, Openness. 240 CÉSAR MORENO 240 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. Si en algún sentido pudiera dejarse entrever en la afirmación de la fenomenología como ciencia abierta alguna suerte de tensión con la idea de la fenomenología como ciencia estricta, ni que decir tiene que, en principio, tendría razón tanto quien vislumbrase la posibilidad efectiva y verosímil de dicha tensión como quien de entrada no se considerase forzado a tener que contraponer disyuntivamente la posibilidad de lo estricto y/o de lo abierto para la filosofía fenomenológica. Me cuento más bien entre éstos, porque no considero que haya contradicción entre apertura y rigurosidad (en un sentido genuinamente fenomenológico-descriptivo), aunque una cierta querencia actual en la motivación del pensar pudiera intensificar mi proximidad a la ciencia abierta más que a la ciencia estricta, y a aquélla, como he manifestado en alguna otra ocasión, en tanto ciencia fascinante. En tal sentido, lo que aquí quisiera dar a pensar (nuevamente) es el énfasis en la apertura y en lo abierto del espíritu de la fenomenología, espíritu más compartido que su letra, diversa y oscilante, en la medida en que coincidan entraña y apertura en el esfuerzo de lucidez de la Fenomenología, que lo es, al mismo tiempo, de acogida y entrega (muy cerca ya de lo que podríamos considerar como Absoluto fenomenológico), virtudes inequívocamente fenomenológicas, sin demérito, por supuesto, del compromiso de responsabilidad en el que aquellas acogida y entrega, y no sólo lo estricto o la reflexión, se ubican. En relación con este énfasis en la apertura de la Fenomenología, quisiera apelar a la incondicional reserva de intuición a la que (más allá de vicisitudes del camino fenomenológico y de las exigencias de rigor, claves y contraseñas metodológicas que podrían apoyarla, pero también, sin duda, distraerla) la Fenomenología confía su apertura, y que Husserl destaca con más que merecida rotundidad bajo el rótulo de Prinzip aller Prinzipien hace ahora un siglo, en 1913 (Husserl, 2013: 129-130). Considero que con esta apelación a la reserva de intuición se renueva un gesto en el que muchos nos han precedido y que, sin embargo, se debe reiterar sin descanso. Que la fenomenología contemporánea experimente la necesidad de nuevos desafíos, por ejemplo, en la convocatoria de fenómenos saturados, acontecimientos o hiperfenómenos, y que se decida a un renovado pensamiento en torno a –lo diré con Derridalo Arribante (Derrida, 1994), todo ello indica, en autores insignes como Jean-Luc Marion UN ÁMBITO SIN LÍMITE NI SALVEDAD 241 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. 241 (Marion, 2008), Bernhard Waldenfels (Waldenfels, 2012) o Claude Romano (Romano, 2008, 2012), que un hálito común les vincula y marca un pulso sincrónico de la fenomenología en el momento presente: esta especie de apertura, como lo otro que cualquier clausura, que ya no se cierra a, sino que más bien se afirma en la experiencia de lo nuevo, lo excesivo, lo inesperado, haciendo cierta aquella incursión en selvas sin caminos –o incultas tierras sin caminos- a que se refería Husserl en el Epílogo a la edición inglesa de Ideas I (Husserl, 1985: 388; 2013: 482; cfr. Barbosa, 2009). Así pues, en esta contribución, y como humilde homenaje a Ideen I en su centenario, quisiera retomar, bajo la forma de un conjunto de consideraciones generales y casi propedéuticas, el que denomina Husserl Principio de todos los principios, que proclama la desmesurada, irrevocable, irrefutable, incondicionada exigencia de hospitalidad de la Fenomenología no sólo de todo aquello (ya lo anuncio) a lo que desde el principio de nuestra mundaneidad ya le hemos concedido el crédito de nuestra acostumbrada y casi siempre rutinaria percepción cotidiana (por otra parte, en todo el arco inmenso de su diversidad), sino también a todo aquello que no podría ser retenido por, ni simplemente incluido en, esa mera mundaneidad, poblando, con su virtualidad, extrañeza y anomalía, sus zonas extraordinarias y periféricas de excepcionalidad. Cuando hacia la segunda mitad de los 90 del pasado siglo XX Jean-Luc Marion denunció en Siendo dado lo que llamó la penuria de la intuición (Marion, 2008: 317), puso el dedo en cierta llaga, si se me permite la expresión, respecto a la renovada exigencia de que la Filosofía, y en especial la Fenomenología, tomase a su cargo o se responsabilizara verdaderamente de la omnitud del ámbito fenomenológico, pero no ya en un sentido cuantitativo, donde comparecería todo lo meramente diverso de nuestra experiencia, sino, especialmente, la omnitud respecto a fenómenos en los que, por el exceso que anuncian y el trastorno que suponen, se hiciera verdad o resplandeciera cualitativamente el poder de la donación, clave última, a juicio de Marion, de aquellas cosas mismas siempre anheladas por la Fenomenología y que habrían de exigir de ésta una finesse y una generosidad extraordinarias, estrictamente conmovedoras. No sólo se trataría, así pues, de reubicar la intuición tal como se presenta en el Principio (§ 24) en una problemática como la de la epojé y la reducción (§§ 27 y ss.)), que le sucede en el desarrollo textual de Ideas I, pero que en verdad ya le había precedido (por lo que no tendría tanta relevancia –como suele considerarse en la exégesis erudi- 242 CÉSAR MORENO 242 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. ta del texto husserlianoatenerse a la arquitectura de Ideas I), sino de radicalizar su proximidad a la temática de la donación. La magnitud del Principio estriba, como señaló Marion, en que por ese mismo Principio la fenomenología toma la iniciativa para perderla, de modo que «sólo ambiciona perder la iniciativa lo más pronto y lo más completamente posible, puesto que pretende alcanzar las apariciones de las cosas en su originariedad más inicial –en el estado, por así decir, nativo de su manifestación incondicionada en sí y a partir de sí» (Marion, 2011: 41). La renovación del élan de la intuición vendría a recordar –y es esto lo que quizás más me importa aquí y ahoraque el ámbito de la descripción, centro irrenunciable del pathos fenomenológico, permanece “en activo” y que va a estar más vivo que nunca. En verdad, según se propone en el propio Principio, habría que valorar que ni siquiera la “Fenomenología” como “ciencia” o como “teoría” podría retener o contener, o incluso encauzar, la fuerza primordial de la apertura y de la descripción fenomenológicas, ni, desde luego, aquellas “teorías absurdas” que –decía Husserldebemos dejar a un lado, y que ya sobradamente indican, en el gesto de llevar a cabo su puesta entre paréntesis, que el Principio sólo puede ser concebido ya en el horizonte de la re(con)ducción1. En lo que sigue, y con la brevedad exigida, quisiera retomar una cierta interpretación de la intuición fenomenológica tal como se presenta en el Principio de todos los principios, considerando que permite a la Fenomenología, como así fue desde el comienzo, una apertura y hospitalidad ilimitadas, de las que la Fenomenología no siempre ha sido todo lo lúcidamente consciente que debiera haberlo sido. Quisiera, pues, para esta conmemoración, aludir tan sólo a dos lecturas sugestivas del principio husserliano, como fue la del joven Heidegger y ha sido, más recientemente, la de Jean-Luc Marion. Seguidamente, apuntaré sumarísimamente por qué cuando el Principio se proyecta sobre ciertos aspec- 1 A pesar del esfuerzo de algunos estudiosos, ya desde hace años (en especial, San Martín, 1986), se hace preciso insistir en la diferencia entre epojé y reducción. Aquélla, la epojé, es la operación en virtud de la cual “se hace a un lado” lo que la fenomenología estima como no fenomenológicamente asumible (por ejemplo: en el fenómeno de la audición, el soporte fisiológico de la misma; o en la visión, el soporte retiniano, nervio óptico, etc.). Se trata de la práctica, entre otras, de, por ejemplo, lo que en Problemas fundamentales de la fenomenología (1910-1911) llamó Husserl distinctio phaenomenologica (Husserl, 1994: 77-78). Una vez que se ha “echo a un lado”, lo que va quedando es justamente aquello a lo que debe atenerse el fenomenólogo, es decir, a lo reducido, a lo que se reconduce el aparecer a fin de esclarecerlo fenomenológicamente. Sin duda, en castellano, la confusión procede en buena medida, a mi juicio, de la expresión “poner entre paréntesis”, que en ocasiones se aplica acríticamente a la epojé (y entonces “poner entre paréntesis” viene a significar “prescindir de”) o a la reducción (debiendo significar entonces “poner entre paréntesis” “atenerse a”). UN ÁMBITO SIN LÍMITE NI SALVEDAD 243 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. 243 tos metodológicas de Ideas I se pueden reorientar los logros fenomenológicos (en especial, y sólo a título de ejemplo, me referiré a un recurso tan decisivo como es la indubitabilidad de la percepción inmanente), y ya para finalizar sugeriré, a grandes rasgos, lo que el Principio podría aportar a –concebida del modo más ampliouna Etica fenomenológica. I. EL PRINZIP ALLER PRINZIPIEN. Husserl presenta el Prinzip aller Prinzipien en el § 24 de Ideen I. Podría considerarse que se trata de un lugar demasiado estrecho para tan grande Principio, por lo que creo que no sería acertado atenerse a los condicionantes interpretativos que pudieran inferirse de dicha ubicación textual. De hecho, los dos intérpretes a que aludiré tuvieron el acierto interpretativo (creativo) de efectuar dicha desubicación. El principio acompaña, en buena medida, la problemática en torno al echte Positivismus que asume para sí la Fenomenología, en debate y polémica con la negación empirista o positivista de la amistad entre intuición e idea, negación que vendría a suponer la dificultad, para la fenomenología, de conjugar su propia doble vocación como ciencia descriptivointuitiva y como ciencia eidética, que es, sin duda, uno de los grandes motivos de Ideas I, y que ya desde Investigaciones lógicas se había puesto en camino de su adecuado tratamiento, cuando en la sexta investigación se produjo el encuentro entre categoría e intuición en la intuición categorial. Ahora se trataba de comprender que hay una intuición eidética en la que la intuición se abre al eidos y el eidos a la intuición. Husserl rechaza la defensa fundamentalista de la experiencia en el sentido en que dice recurrir a ella el naturalismo empirista (cuyos motivos originarios eran, dice Husserl, “sumamente apreciables”). Husserl, así pues, niega que se pudiera identificar con la experiencia en sentido empirista lo que era justamente el empeño inicial: «guiarse por las cosas mismas, o retroceder desde los dichos y las opiniones hasta las cosas mismas, interrogarlas tal como se dan ellas mismas y hacer a un lado todos los prejuicios extraños a ellas» (Husserl, 2013: 119). Sin embargo, la experiencia tal como la entiende el empirismo excluye que puedan ser “cosas mismas” las “ideas” y “esencias”, a las que el empirista considera como un “aquelarre filosófico” re- 244 CÉSAR MORENO 244 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. pleto de “entidades escolásticas” y “fantasmas metafísicos”2. Husserl comparte con el empirismo que los juicios válidos saquen directamente su validez de intuiciones originariamente dadoras. Pero éstas - añade Husserlson de la índole que les prescribe el sentido de estos juicios, o la esencia propia de los objetos y estados de cosas judicativos. Las regiones fundamentales de objetos y, correlativamente, los tipos regionales de intuiciones dadoras; los tipos de juicio que les son inherentes, y, finalmente, las normas noéticas que para la fundamentación de los juicios de tales tipos exigen, en cada caso, precisamente esta especie de intuición y no otra -nada de esto puede postularse o decretarse desde arriba; sólo cabe comprobarlo intelectivamente, y esto quiere decir, a su vez: acreditarlo mediante intuición originariamente dadora y fijarlo en juicios que se ajusten fielmente a lo dado en ella (Husserl, 2013: 120-121) Sólo la formulación explícita de la reducción, no la reducción misma, es la que no ha aparecido, porque, en verdad, ya está en funcionamiento desde antes del § 30. Lo decisivo es ese “partir desde abajo”, justo en la arena de lo originariamente dador. Por lo que se refiere a la alabada, por los empiristas, “exención de prejuicios”, dice Husserl que nosotros tomamos nuestro punto de partida de aquello que se encuentra antes de todos los puntos de vista: del dominio entero de lo dado ello mismo intuitivamente y antes de todo pensar teórico, de todo aquello que se puede ver y captar inmediatamente —cuando, precisamente, no se deja uno cegar por prejuicios ni aparta por ellos la atención de clases enteras de auténticos datos. Si “positivismo” quiere decir tanto como fundamentación, absolutamente exenta de prejuicios, de todas las ciencias en lo “positivo”, esto es, en lo que se puede captar originariamente, entonces somos nosotros los auténticos positivistas. Nosotros, en efecto, no nos dejamos menoscabar por ninguna autoridad el derecho de reconocer todas las especies de intuición como fuentes de legitimidad del conocimiento igualmente valiosas —ni siquiera por la autoridad de la “ciencia moderna de la naturaleza” (Husserl, 2013: 123). En Ideas I, a renglón seguido, se prosigue el debate fenomenológico con el idealismo que podríamos llamar abstraccionista y con el idealismo psicologista (§§ 21 y ss.). Sin embargo, como se verá, si nos mantenemos en este nivel polémico, se corre el riesgo de que quede encubierto el compromiso afirmativo husserliano con lo que podría considerarse como el vitalismo de la Fenomeno- 2 Dice Husserl (Husserl, 2013: 120) que «sólo con la realidad experimentable, real, tiene que ver toda ciencia. Lo que no es realidad, es imaginación, y una ciencia basada en imaginaciones es precisamente ciencia imaginaria. Las imaginaciones como hechos psíquicos son, naturalmente, respetables; pertenecen a la psicología. Pero que [...] de las imaginaciones hayan de brotar, por medio de una llamada visión esencial fundada en ellas, nuevos datos, datos “eidéticos”, objetos que son irreales, esto es —así concluirá el empirista— precisamente “aberración ideológica”, un “retroceso a la escolástica” o a aquella suerte de “construcciones especulativas a priori” con que el idealismo ajeno a la ciencia natural tanto obstaculizó a la ciencia genuina en la primera mitad del siglo XIX». UN ÁMBITO SIN LÍMITE NI SALVEDAD 245 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. 245 logía -lo remitiremos al primer Heidegger- y con lo que Marion llamará donación. El Prinzip aller Prinzipien, se lo recordará, parte de la irritación de Husserl, cuando clama por terminar con teorías equivocadas. Según el Principio, no hay teoría concebible capaz de hacernos errar en cuanto al principio de todos los principios: que toda intuición originariamente dadora es una fuente legítima de conocimiento; que todo lo que se nos ofrece en la “intuición” originariamente (por decirlo así, en su realidad en persona) hay que aceptarlo simplemente como lo que se da, pero también sólo en los límites en que en ella se da. Vemos con intelección, en efecto, que ninguna teoría podría a su vez sacar ella misma su propia verdad sino de las daciones originarias (Husserl, 2013: 129)3. Recuerda Marion la muy importante observación de Ricoeur, en el sentido de esa proximidad, que se insinúa en el Principio, entre la “intuición originariamente dadora” / originär gebende Anschauung y el “todo lo que se nos ofrece” / alles, was sich uns… darbietet y el darse / sich geben de la donación en cuan- to tal. Es como si la Intuición se hiciera una con el Dar-se de lo que se da. Como dice Marion «el “principio de los principios” sólo privilegia la intuición en tanto que la interpreta en primer lugar como “originariamente donadora”, y admite, como una de sus formulaciones, una definición a partir de la donación» (Marion, 2011: 58). II II.1) … IN SEINER WACHSENDEN STEIGERUNG SEINER SELBST. APUNTE SOBRE LA RECEPCIÓN HEIDEGGERIANA DEL PRINZIP (1966/1919). Aparte de su problemática intrínseca, buena parte de la crítica posthusserliana del Principio parte del reproche heideggeriano en el sentido de que en ese principio se expresa la obsesión metodologicista de la modernidad y la metafísica subjetivista de la Presencia. En 1966, en El final de la Filosofía y la tarea del pensar, Heidegger sostiene que 3 El texto en alemán dice: “Doch genug der verkehrten Theorien. Am Prinzip aller Prinzipien: dass jede originär gebende Anschauung eine Rechtsquelle der Erkenntnis sei, dass alles, was sich uns in der “Intuition” originär, (sozusagen in seiner leibhaften Wirklichkeit) darbietet, einfach hinzunehmen sei, als was es sich gibt, aber auch nur in den Schranken, in denen es sich da gibt, kann uns keine erdenkliche Theorie irre machen” (Husserl, 1976: 51) 246 CÉSAR MORENO 246 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. El “principio de todos los principios” implica la tesis de la primacía del método. Este principio decide sobre cuál es la única “cosa” que puede convenirle al método. Exige que la subjetividad absoluta sea la “cosa” de la Filosofía. Su reducción trascendental a ella, da y asegura la posibilidad de fundamentar en la subjetividad, y por medio de ésta, la objetividad de todos los objetos (el Ser del ente) en su legitima estructura y estabilidad, es decir, en su constitución. La subjetividad trascendental -como método de la “ciencia universal” de la constitución del Ser del entepertenece también al mismo género de Ser de ese ente absoluto, es decir, al de la “cosa” más propia de la Filosofía. El método no tiene sólo por norma la “cosa” de la Filosofía, ni “está en la cosa”, porque él es “la cosa misma”. Si se preguntara ¿de dónde saca el “principio de todos los principios” su inamovible legitimidad?, habría entonces que responder: de la subjetividad, que se ha dado ya por supuesto es la “cosa” de la Filosofía» (Heidegger, 1999: 84). Sin embargo, cuarenta y siete años antes, en 1919, el joven Heidegger, fascinado por la fenomenología de Husserl, pensaba de una manera bien diferente. En sus lecciones sobre La idea de la filosofía y el problema de la concepción del mundo, incluido en Zur Bestimmung der Philosophie, decía que si uno entendiera “principio” en términos de una proposición teorética, entonces esta designación no sería congruente. Ahora bien, el hecho de que Husserl hable de un principio de los principios –es decir, de algo que precede a todos los principios y que nos salvaguarda de los errores de la teoríaya muestra que ese principio no es de naturaleza teorética, si bien Husserl no se pronuncia al respecto. Se trata de la intención originaria de la auténtica vida [die Urintention des wahrhaften Lebens], de la actitud originaria del vivir y de la vida en cuanto tales [die Urhaltung des Erlebens und Lebens als solchen], de absoluta simpatía con la vida que es idéntica con el vivir mismo. De entrada […] siempre vemos esta actitud fundamental, siempre estamos orientados hacia ella. La misma actitud fundamental comienza a ser absoluta cuando vivimos en ella misma –y esto no lo logra ningún sistema conceptual por muy elaborado que esté, sino la vida fenomenológica en su constante proceso de expansión [in seiner wachsenden Steigerung seiner selbst]. Todo esto está separado por un abismo de cualquier forma de logicismo y no tiene nada que ver con una filosofía de los sentimientos o con un filosofar de tipo genial. Uno no se puede apropiar de este hábito primario del fenomenólogo de hoy a mañana, como el que se pone un uniforme; es más, si este hábito se pone en práctica de una forma maquinal siguiendo el patrón de una rutina, se acaba por convertir en un mero formalismo que encubre todos los problemas genuinos (Heidegger, 2005: 132-133)4. 4 Merece la pena el comentario de R. Rodríguez, en el sentido de que con el giro interpretativo dado en 1967 por Heidegger «la idea de experiencia originaria y la llamada fenomenológica ¡a las cosas mismas! son entregadas a la filosofía de la subjetividad, absorbidas enteramente en su paradigma. Y así, la posibilidad de pensar que la evidencia, en su sentido fenomenológico, no sea un ideal metódico al servicio de la certeza subjetiva, sino una vivencia que está ya ahí, en nuestra relación intencional con el mundo; o la posibilidad de que la vivencia de “la cosa misma” no suponga imposición alguna en un “sujeto”, sino más bien lo contrario, un modo señalado de ser-en-el-mundo, de la apertura y ex-posición a lo que no es él, no son ahora ni tan siquiera consideradas; pues para un pensamiento que las ha incluido en el todo de la filosofía de la subjetividad y que ha comprendido la esencia epocal de ésta, tales posibilidades son, de entrada, una ingenuidad». Y añade R. Rodríguez: «Parece, así, que en la hermenéutica de la historia del ser, con su opción por lo absolutamente otro y con su perspectiva de totalidad, se introduce una cierta clausura del horizonte interpretativo, una cierta exclusión de toda otra posibilidad de comprensión. Cualquier intento de interpretar un pensamiento que no resulte acorde con el dictamen de la historia del ser tiende a ser de antemano condenado como aún prisionero del pensar representativo de UN ÁMBITO SIN LÍMITE NI SALVEDAD 247 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. 247 Me atrevo a pensar que seis años después de la aparición de Ideas I, en 1919, Heidegger se había aproximado al espíritu –o al menos a “cierto” espíritu- de la fenomenología con más intensidad de lo que lo había hecho explícitamente el propio Husserl, verdaderamente enfrascado, como debía hallarse en aquellos años, en búsquedas y debates metodológicos a fin de defender su posición de críticas a su juicio desenfocadas. Heidegger había desentrañado si no la verdad de la fenomenología, sí al menos una cierta verdad profunda de la fenomenología en su pathos vital –al que tan sensible será muy pronto, por cierto (ya desde 1913-14), Ortega y Gasset (Ortega y Gasset, 2004)-, en una dirección diferente de la interpretación que el propio Husserl hizo de su descubrimiento, como le ocurriera a Descartes con el del Cogito. Y todo ello, al menos en parte, porque Husserl vivía muy de cerca la preocupación por la fuentede-derecho o legitimidad (Rechtsquelle), mientras que lo decisivo para el joven Heidegger era la proximidad a la vida y, respecto a la fenomenología, su apertura y hospitalidad, así como la íntima necesidad interior de la vida (por utilizar esta expresión –la de innere Notwendigkeit- en homenaje a Über das Geistige in der Kunst, de W. Kandinsky, de 1911-1912). Por lo demás, que Heidegger se refiriese al Principio husserliano en los términos en que lo hace no deja de ser altamente interesante, a la vista de la crítica que dirige el propio Heidegger a los excesos y tergiversaciones de la teoría frente a lo que sería la vivencia originaria (Urerlebnis), siempre expuesta a ser “des-vivida” por la intelección objetivante y teorética. Todo parece indicar que, para Heidegger, algo debió torcerse que provocó que la fenomenología abandonase aquella –lo diré con sus palabraswachsenden Steigerung de la vida fenomenológica. Y la cuestión quizás estribaba en que si la Reducción se pone en movimiento desconectando, sobre todas las desconexiones, la de la realidad de la actitud natural poniéndose de este modo al servicio de un ideal epistémico de indubitabilidad (en honor a la strenge Wissenschaft), más que de un ideal de vitalidad, con ello la propia problemática de la reducción en el horizonte teleológico de la strenge Wissenschaft podría contribuir, si bien involuntariamente, a distraer a la Fenomenología de aquella wachsende Steigerung que tanto atraía a Heidegger… o de la intuila metafísica, cuyo radio de acción es tan extenso como la misma filosofía» (Rodríguez, 1993-I: 204- 205; vid. también Rodríguez, 1993-II). 254 CÉSAR MORENO 254 Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico 5, 2015. BIBLIOGRAFÍA Barbosa Martínez, O.E. (2009). “El viajero explorador y las selvas sin caminos del nuevo mundo. 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