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Revisión bibliográfica sobre el sesgo del optimista en relación con los hábitos de estilo de vida

Chacón Lozano, Carmen

Abstract

El sesgo del optimista, caracterizado por la tendencia a sobreestimar la probabilidad de experimentar eventos positivos y subestimar la probabilidad de eventos negativos, tiene un impacto significativo en los hábitos de vida y en la salud pública. Este fenómeno afecta a la adopción de comportamientos saludables, como la dieta equilibrada y el ejercicio regular, al minimizar la percepción de riesgos asociados con estilos de vida poco saludables. Las enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes, representan una carga considerable tanto a nivel individual como social; para reducir la carga de estas enfermedades (magnitud y costes asociados) es crucial la prevención primaria que conduzca a la mejora del estilo de vida. Sin embargo, el sesgo optimista puede ser un obstáculo importante, ya que las personas tienden a creer que son menos susceptibles a estas enfermedades en comparación con otras. En el caso de los jóvenes, el sesgo del optimista influye significativamente en la percepción de riesgos al volante, contribuyendo a un mayor índice de accidentes de tráfico en este grupo etario. A pesar de las intervenciones educativas, sigue existiendo una subestimación de los peligros asociados con la conducción imprudente. Este mismo sesgo afecta también a otros comportamientos de riesgo, como el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo, donde las percepciones erróneas sobre la susceptibilidad a enfermedades relacionadas dificultan la adopción de medidas preventivas. Para mitigar los efectos del sesgo del optimista, es fundamental promover la educación y la concienciación desde edades tempranas, enfocándose en la percepción realista de riesgos y la importancia de hábitos saludables. Intervenciones específicas y continuas pueden ayudar a ajustar las expectativas optimistas no realistas y fomentar comportamientos que mejoren la salud y el bienestar general de la población. Es esencial que futuras investigaciones profundicen en estrategias efectivas para contrarrestar este sesgo, optimizando así las intervenciones de salud pública y mejorando los resultados de salud a largo plazo.

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TRABAJO DE FIN DE GRADO REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA SOBRE EL SESGO DEL OPTIMISTA EN RELACIÓN CON LOS HÁBITOS DE ESTILO DE VIDA CARMEN CHACÓN LOZANO FACULTAD DE FARMACIA – UNIVERSIDAD DE SEVILLA FACULTAD DE FARMACIA – UNIVERSIDAD DE SEVILLA Grado en Farmacia Trabajo Fin de Grado en Farmacia REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA SOBRE EL SESGO DEL OPTIMISTA EN RELACIÓN CON LOS HÁBITOS DE ESTILO DE VIDA Carmen Chacón Lozano Dpto. de Medicina Preventiva y Salud Pública Tutor: Luis María Béjar Prado Presentación: Sevilla, julio de 2024 RESUMEN El sesgo del optimista, caracterizado por la tendencia a sobreestimar la probabilidad de experimentar eventos positivos y subestimar la probabilidad de eventos negativos, tiene un impacto significativo en los hábitos de vida y en la salud pública. Este fenómeno afecta a la adopción de comportamientos saludables, como la dieta equilibrada y el ejercicio regular, al minimizar la percepción de riesgos asociados con estilos de vida poco saludables. Las enfermedades crónicas, como las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes, representan una carga considerable tanto a nivel individual como social; para reducir la carga de estas enfermedades (magnitud y costes asociados) es crucial la prevención primaria que conduzca a la mejora del estilo de vida. Sin embargo, el sesgo optimista puede ser un obstáculo importante, ya que las personas tienden a creer que son menos susceptibles a estas enfermedades en comparación con otras. En el caso de los jóvenes, el sesgo del optimista influye significativamente en la percepción de riesgos al volante, contribuyendo a un mayor índice de accidentes de tráfico en este grupo etario. A pesar de las intervenciones educativas, sigue existiendo una subestimación de los peligros asociados con la conducción imprudente. Este mismo sesgo afecta también a otros comportamientos de riesgo, como el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo, donde las percepciones erróneas sobre la susceptibilidad a enfermedades relacionadas dificultan la adopción de medidas preventivas. Para mitigar los efectos del sesgo del optimista, es fundamental promover la educación y la concienciación desde edades tempranas, enfocándose en la percepción realista de riesgos y la importancia de hábitos saludables. Intervenciones específicas y continuas pueden ayudar a ajustar las expectativas optimistas no realistas y fomentar comportamientos que mejoren la salud y el bienestar general de la población. Es esencial que futuras investigaciones profundicen en estrategias efectivas para contrarrestar este sesgo, optimizando así las intervenciones de salud pública y mejorando los resultados de salud a largo plazo. Palabras clave: sesgo del optimista, estilo de vida, enfermedades crónicas, prevención, salud pública. INDICE 1 INTRODUCCIÓN ................................................................................................................ 1 1.1 Definición de enfermedad crónica o no transmisible .............................................. 1 1.2 Magnitud y costes por enfermedad crónica o no transmisible .............................. 1 1.3 Enfermedades crónicas o no transmisibles de mayor relevancia .......................... 4 1.3.1 Enfermedades cardiovasculares (ECV) ................................................................... 4 1.3.2 Cáncer ...................................................................................................................... 5 1.3.3 Enfermedades respiratorias ...................................................................................... 5 1.3.4 Diabetes ................................................................................................................... 5 1.4 España vs El Mundo .................................................................................................. 5 1.5 ¿Cómo cambiar la situación actual de las enfermedades crónicas o no transmisibles? .......................................................................................................................... 6 1.6 Prevención primaria y primordial ............................................................................ 7 1.7 Prevención secundaria y terciaria ............................................................................ 9 1.8 Factores que influyen en el estilo de vida ............................................................... 11 2 OBJETIVOS ...................................................................................................................... 12 3 METODOLOGÍA ............................................................................................................... 12 4 RESULTADOS Y DISCUSIÓN ........................................................................................ 14 4.1 Concepto de sesgo del optimista ............................................................................. 14 4.1.1 El optimismo .......................................................................................................... 14 4.1.2 El sesgo del optimista ............................................................................................ 14 4.2 Avances más destacados en los últimos tiempos en relación con el sesgo del optimista ................................................................................................................................. 17 4.2.1 El sesgo del optimista y la alimentación ................................................................ 17 4.2.2 El sesgo del optimista y el ejercicio físico ............................................................. 19 4.2.3 El sesgo del optimista y el tabaco .......................................................................... 19 4.2.4 El sesgo del optimismo y el alcohol ...................................................................... 20 4.2.5 El sesgo del optimismo y la protección solar ........................................................ 21 4.2.6 El sesgo del optimismo y la higiene bucodental .................................................... 23 4.2.7 El sesgo del optimismo y los medicamentos ......................................................... 24 4.2.8 El sesgo del optimismo y la conducción ................................................................ 25 4.3 Revisión de intervenciones para controlar el sesgo del optimista en hábitos del estilo de vida ........................................................................................................................... 27 5 CONCLUSIONES .............................................................................................................. 28 6 BIBLIOGRAFÍA ................................................................................................................ 29 1 1 INTRODUCCIÓN 1.1 Definición de enfermedad crónica o no transmisible Una enfermedad crónica o no transmisible (Airhihenbuwa, 2021) implica una alteración patológica permanente, que no puede revertirse. Esto conlleva que el paciente requiera cuidados específicos y centrados en la rehabilitación, convirtiéndose la persona, en alguien que necesita supervisión, observación o asistencia constante (Moreira et al., 2014). Son afecciones que reducen la calidad de vida y suelen durar un año o más (Airhihenbuwa, 2021). 1.2 Magnitud y costes por enfermedad crónica o no transmisible Las enfermedades crónicas son las verdaderas culpables de las diez principales causas de muerte en el mundo (Allegrante et al., 2019), matan a 41 millones de personas a nivel global, siendo un 74 % de las muertes totales que se producen en este planeta; representan un número de muertes similar a 17 millones de personas menores de 70 años y el 86 % de ellas pertenecen a países de ingresos medianos-bajos (Enfermedades no transmisibles, 2023), los datos de mortalidad superan a las enfermedades infecciosas (Airhihenbuwa, 2021). El 77 % de todas las muertes que se producen por enfermedades no transmisibles, pertenecen a países de ingresos medianos-bajos (Enfermedades no transmisibles, 2023). En 2019, el 55 % de las 55,4 millones de muertes en todo el mundo, se debieron a las 10 principales causas de defunción. El Banco Mundial clasifica las economías globales en cuatro categorías según el ingreso nacional bruto: bajos, medianos bajos, medianos altos y altos. Las personas en países de ingresos bajos (Figura 1) tienen una probabilidad significativamente mayor de morir por enfermedades transmisibles, que por enfermedades no transmisibles. En estos países, las muertes por enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) son especialmente raras, no estando entre las 10 principales causas de muerte, mientras que, en los otros grupos de ingresos, la EPOC sí está entre las cinco primeras (Enfermedades no transmisibles, 2023). En los países de ingresos medianos bajos, las causas de muerte son las más diversas: cinco enfermedades no transmisibles, cuatro transmisibles y una por lesiones. La diabetes ha aumentado como causa de muerte en este grupo, pasando del decimoquinto al noveno lugar, y las muertes por esta enfermedad casi se han duplicado desde el año 2000. Las enfermedades diarreicas y el sida han disminuido significativamente, mientras que las cardiopatías han aumentado (Enfermedades no transmisibles, 2023). 2 En los países de ingresos medianos altos (Figura 2), las muertes por cáncer de pulmón han aumentado notablemente, siendo más del doble que en los otros tres grupos de ingresos combinados. Este es el único grupo donde el cáncer de estómago está entre las 10 principales causas de muerte. Las muertes por EPOC han disminuido, pero las de cardiopatía isquémica han aumentado. Solo una enfermedad transmisible (infecciones de las vías respiratorias inferiores) aparece entre las 10 principales causas de muerte en este grupo (Enfermedades no transmisibles, 2023). En los países de ingresos altos (Figura 3), las muertes por la mayoría de las 10 principales enfermedades están aumentando, excepto por cardiopatías isquémicas y accidentes cerebrovasculares, que han disminuido. Este es el único grupo donde las muertes por estas dos enfermedades han descendido, aunque siguen siendo las principales causas de muerte. Las muertes por Alzheimer y otras demencias han aumentado, superando a los accidentes cerebrovasculares para convertirse en la segunda causa principal en estos países. Al igual que en los países de ingresos medianos altos, solo una enfermedad transmisible (infección de las vías respiratorias inferiores) figura entre las 10 principales causas de muerte (Enfermedades no transmisibles, 2023). Figura 1. Principales causas de defunción en los países de ingresos bajos según la OMS (Las 10 principales causas de defunción, 2020) 3 Figura 2. Principales causas de defunción en los países de ingresos medianos-altos según la OMS (Las 10 principales causas de defunción, 2020) Figura 3. Principales causas de defunción en los países de ingresos altos según la OMS (Las 10 principales causas de defunción, 2020) 4 El 86 % del dinero invertido en atención sanitaria es para enfermedades crónicas. Estas son una carga enorme y creciente tanto para los individuos, la familia, la sociedad o la misma atención médica (Allegrante et al., 2019). Los gobiernos piensan que una enfermedad crónica se da porque una población rica ha llevado una vida perezosa. Según los políticos toda esta situación ha ocurrido porque han cambiado los patrones de consumo, tanto el tabaco, como los alimentos poco saludables, están al alcance de los niños. La facilidad que hay con el trasporte hoy en día, el teletrabajo o las nuevas actividades de ocio, nos han hecho olvidarnos de la actividad física. Todo lo poco saludable es más cómodo o fácil de obtener. Uno de cada cinco niños en el mundo fuma y uno de cada diez padece sobrepeso u obesidad (Yach et al., 2005). Desde el punto de vista de la economía, enfermedades crónicas como las renales, tienen unos gastos asociados al sistema de salud y su impacto en la economía puede ser considerablemente alto (Wagner, 2021). Enfermedades como la EPOC (Chen et al., 2023b), el cáncer (Chen et al., 2023a) o la diabetes (Hatipoglu, 2023) supondrán billones de euros a nivel de la economía mundial. 1.3 Enfermedades crónicas o no transmisibles de mayor relevancia Las principales enfermedades no transmisibles (ENT) incluyen a las enfermedades cardiovasculares (como los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares), el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas (como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el asma) y la diabetes. Estas enfermedades son las principales causas de muerte en todo el mundo, afectando a personas de todas las edades y niveles socioeconómicos (Enfermedades no transmisibles, 2023). 1.3.1 Enfermedades cardiovasculares (ECV) La tasa de incidencia global de cardiopatía isquémica se sitúa en 327 casos por cada 100.000 personas al año (Fernández-Bergés et al., 2022). Actualmente, representan la principal causa de muerte a nivel mundial, provocando aproximadamente 17,9 millones de fallecimientos anuales y en el año 2004 supusieron un gasto de 169 billones de euros para la Unión Europea (Textos aprobados - Combatir las enfermedades cardiovasculares, 2007). Este grupo de trastornos afecta tanto al corazón como a los vasos sanguíneos, e incluye afecciones como las cardiopatías coronarias, las enfermedades cerebrovasculares y las cardiopatías reumáticas. Más del 80 % de las muertes por enfermedades cardiovasculares son consecuencia de cardiopatías coronarias y 11 utilizarán unos programas de intervención para ayudar y educar a las personas, mejorando así su calidad de vida (Allegrante et al., 2019). La autoeficacia será un factor clave central para todos los procesos básicos del cambio de comportamiento personal. Donde lo imprescindible serán las ganas, la motivación y la perseverancia (Allegrante et al., 2019). Para ello, se instauró un Programa de Autocontrol de Enfermedades Crónicas (CDSMP) donde se ayudaba en los problemas de enfermedades crónicas como: dolor, dieta, nutrición, ejercicio, uso de medicamentos, manejo de emociones o comunicación. Un estudio realizado en China, demostró que mejorando el comportamiento de salud, disminuirían las hospitalizaciones medio año después (Allegrante et al., 2019). 1.8 Factores que influyen en el estilo de vida Todas las enfermedades crónicas mencionadas anteriormente se podrían prevenir de distintas formas, pero siempre teniendo como mediador principal al estilo de vida. Este se verá influido por distintas razones como son los factores económicos, los factores culturales, el desconocimiento y, también el sesgo del optimista como novedad (White, 2020). 12 2 OBJETIVOS Este trabajo de fin de grado se trata de una revisión bibliográfica sobre el sesgo del optimista en relación con los hábitos en el estilo de vida, cuyos objetivos son: 1) Definir el concepto de sesgo del optimista. 2) Descubrir el origen fisiológico del sesgo del optimista. 3) Recopilar los avances más destacados en los últimos tiempos en relación con el sesgo del optimista. 4) Recoger aquellas medidas o intervenciones llevadas a cabo para controlar el sesgo del optimista, en relación con los hábitos de estilo de vida, en general; identificado muestras estudiadas, lugares en los que se han realizado los estudios, etc. 3 METODOLOGÍA Este trabajo de fin de grado es una revisión bibliográfica que ofrece una actualización sobre conceptos útiles en áreas de constante evolución. Se han utilizado las siguientes bases de datos: - PubMed - Scopus - Embase - Google Scholar - Páginas web generalistas, especializadas e institucionales La estrategia seguida en esta revisión bibliográfica se ha basado en primer lugar en una lectura exhaustiva de documentos relacionados con el tema, para poder conseguir a partir de ellos una idea general y elaborar el índice de búsqueda. Los principales artículos utilizados han sido de los últimos diez años para poder conseguir unos resultados lo más actualizados posibles, sin embargo, se han utilizado artículos que excedían los criterios para poder conseguir una visión más completa y profunda de este trabajo de fin de grado. Se ha trabajado con diccionarios como WordReference para poder traducir y estudiar todos los artículos trabajados, que en este caso son la mayoría en inglés. 13 En las bases de datos fueron introducidas las siguientes palabras clave: “optimism bias”, “diet”, “food”, “lifestyle”, “physical activity” y “chronic diseases”. Para conectar estas palabras se usaron operadores boléanos “AND”, “OR” y “NOT” junto a las palabras clave mencionadas anteriormente. Por otro lado, he utilizado libros como el de Tali Sharot “The optimism bias” que nos ofrece una perspectiva novedosa y fascinante sobre cómo el cerebro genera nuestras expectativas y aspiraciones. Además del libro de los autores italianos Edoardo Boncinelli y Antonello Calvaruso “Che cosa abbiamo nella testa?” Nos enseñarán una guía para entender el complejo proceso de la razón y descubrir nuestra identidad, revelando obstáculos mentales y ofreciendo ejemplos cotidianos para comprender y utilizar estas barreras. Sin olvidarnos, de “Noncommunicable diseases country profiles 2011”, donde la OMS compara las enfermedades no transmisibles entre los distintos países a nivel mundial. La bibliografía ha sido realizada con la ayuda del programa Zotero, donde se han citado todas las referencias utilizadas siguiendo un orden según la normativa de Vancouver. 14 4 RESULTADOS Y DISCUSIÓN 4.1 Concepto de sesgo del optimista 4.1.1 El optimismo El término 'optimismo' comprende dos conceptos estrechamente relacionados: uno de ellos es la propensión por tener esperanza, mientras que el otro se refiere más ampliamente a la tendencia a creer en la idea de que vivimos en 'el mejor de los mundos posibles' como dijo el filósofo Gottfried Wilhelm Leibniz (Conversano et al., 2010). En cualquier juego al azar la probabilidad de ganar es excepcionalmente baja, mientras que la de perder es todo lo contrario. A pesar de las estadísticas, la gente sigue invirtiendo grandes cantidades de dinero con la esperanza de obtener una fortuna. Este comportamiento es un claro ejemplo del sesgo del optimismo (Che cosa abbiamo nella testa?, 2021). El psicólogo Neil Weinstein descubrió que tendemos más a creer que nos ocurra algo positivo, que negativo. Este sesgo cognitivo hará que una persona piense que es menos propensa a experimentar hechos negativos que otras. Los psicólogos apuestan por la teoría del vaso medio lleno, no medio vacío. La autoestima, la probabilidad de que una persona se comporte de forma particular, el humor o lo que sabemos sobre nosotros mismos nos harán determinar por qué somos optimistas (Che cosa abbiamo nella testa?, 2021). El optimismo puede tener un impacto notable en el bienestar físico y mental al fomentar la adopción de un estilo de vida saludable, es fundamental para tener una buena calidad de vida. Desde el punto de vista de la salud mental se puede decir que ha ayudado tanto en enfermedades relacionadas con el estado de ánimo hasta enfermedades cardiacas. Por otro lado, desde el punto de vista físico, ha ayudado a mujeres en su etapa postmenopáusica, disminuyendo la arteriopatía cardiotiroidea. En enfermedades como el cáncer o el SIDA también ha tenido un impacto significativo, aunque no siempre ha funcionado (Conversano et al., 2010). 4.1.2 El sesgo del optimista El sesgo optimista es un fenómeno bien documentado en la psicología, donde las personas tienden a exagerar las posibilidades de que ocurran eventos positivos y a subestimar las posibilidades de que ocurran eventos negativos en comparación con otras personas (Miles and Scaife, 2003). 15 La capacidad humana para proyectar eventos futuros con un sesgo optimista es un fenómeno intrigante y fundamental en el ámbito de la psicología cognitiva. A pesar de la falta de evidencia objetiva, las personas tienden a anticipar resultados positivos en sus vidas, como una mayor longevidad, salud, estabilidad marital y éxito laboral. Este sesgo de optimismo generalizado ha sido objeto de estudio en numerosas disciplinas, y su comprensión es esencial para comprender la naturaleza humana y sus implicaciones en el bienestar psicológico (Sharot et al., 2007). Los encargados de que nuestro cerebro realice este papel son: la amígdala, conocida por su papel en el procesamiento emocional, la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior rostral, implicada en la regulación emocional y el monitoreo de la relevancia emocional, será la encargada de visualizar eventos futuros positivos en lugar de los negativos (Figura 7). Ambas son áreas cruciales en la mediación de este sesgo de optimismo (Sharot et al., 2007). Además, se ha demostrado que las diversas manifestaciones del sesgo del optimismo social, están vinculadas a un incremento en el grosor cortical (Moser et al., 2022). Figura 7. Partes del sistema límbico (Vogt, 2019). El cerebro puede desarrollar una inclinación hacia la proyección de eventos futuros positivos, lo que indica la eficacia, la integración y la regulación de los aspectos emocionales y autobiográficos. Se ha propuesto que imaginar acontecimientos futuros requiere un sistema que utilice el pasado para recuperar fragmentos de información, los cuales son posteriormente reconstruidos para formar representaciones de posibles escenarios futuros. Las personas suelen hacer predicciones excesivamente confiadas y optimistas sobre el futuro, las cuales frecuentemente resultan ser inexactas (Sharot et al., 2007). 16 En el marco de una investigación, se sometió a una serie de participantes a una prueba en la que debían reflexionar sobre un evento relacionado con un episodio de su vida. El estudio se centró en cómo ciertas áreas del cerebro generan optimismo, con el objetivo de aportar una comprensión más profunda de cómo el cerebro humano crea expectativas optimistas sobre el futuro y cómo esta capacidad está relacionada con el bienestar psicológico. Los resultados mostraron que los eventos futuros anticipados como positivos, eran percibidos de manera más favorable que los eventos pasados. Los resultados conductuales indicaron que, mientras el pasado estaba limitado, el futuro ofrece un margen de interpretación más amplio. Esto permite a los sujetos distanciarse de eventos potencialmente negativos y enfocarse en los positivos. La amígdala desempeña un papel muy estudiado en la regulación de los procesos cognitivos influenciados por las emociones, como la memoria y la toma de decisiones. Cuando el paciente se imaginaba un acontecimiento negativo la amígdala disminuía su tamaño y si era positivo ocurría lo contrario (Figura 8) (Sharot et al., 2007). Figura 8. Actividad de la amígdala (Sharot et al., 2007) Al comparar eventos pasados y futuros, también estamos contrastando la imaginación con el recuerdo. Por lo tanto, nuestros datos no pueden determinar si el sesgo del optimismo es una función del tiempo o si refleja una tendencia a enfocarse en pensamientos positivos cuando no están restringidos por la realidad. Anticipar eventos positivos y crear imágenes mentales convincentes de estos, puede tener una función adaptativa, ya que motiva el comportamiento presente hacia el logro de una meta futura (Sharot et al., 2007). Según la teoría de la autorregulación, mostrada en la imaginación de eventos futuros, podemos decir que toda persona está motivada a autorregularse por una meta deseada, tanto ya sea por factores internos, como externos. Cuanto más deseada sea, mayor será el comportamiento hacia ella. Podemos hacer referencia a ejemplos como la dieta, el ejercicio o la toma de medicamentos (Allegrante et al., 2019). El sesgo del optimismo está asociado con una mayor satisfacción con la vida en etapas más jóvenes, mientras que el del pesimismo aumentará en una etapa más avanzada. Internet es uno de 17 los factores más influyentes en la actualidad y de cara al futuro. Las personas suelen predecir de manera incorrecta su futura satisfacción con la vida. Los individuos que usan internet en su día a día, su satisfacción se verá reflejada en una gráfica en forma de U, experimentando una caída y una posterior recuperación. Esta red hará que haya más comparaciones entre unos y otros y que aumenten las expectativas de los ingresos de cada uno en los adultos más jóvenes. Sin embargo, en los más mayores tendrá un efecto contrario y les ayudará con la comunicación de sus familiares y amigos (Castellacci and Schwabe, 2020). La economía del comportamiento será una de las encargadas de integrar la psicología, la economía y el marketing para analizar el comportamiento humano y la toma de decisiones. Busca fomentar hábitos saludables en las personas a pesar de sus inclinaciones irracionales, pero no intenta obstaculizar decisiones conscientes y fundamentadas, incluso si no son necesariamente saludables. Un ejemplo relacionado con la diabetes sería una revisión oftalmológica anual, siempre y cuando el paciente quiera hacerlo o la prueba de la monitorización continua de la glucosa (MCG). Aunque un individuo no tenga antecedentes familiares de desarrollar diabetes, si la MCG está alta, es muy probable que lo haga. Por tanto, tendría que cambiar su estilo de vida para que esto no ocurra o ayude a retrasarlo lo máximo posible (Patton et al., 2022). 4.2 Avances más destacados en los últimos tiempos en relación con el sesgo del optimista 4.2.1 El sesgo del optimista y la alimentación Los patrones de consumo de alimentos son el resultado de una interacción compleja entre una variedad de factores, que incluyen influencias sociales, culturales y psicológicas. En este contexto, efectuar cambios en la dieta puede resultar un desafío considerable, especialmente debido a la presencia de sesgos cognitivos, como el sesgo optimista (Miles and Scaife, 2003). Este sesgo puede desempeñar un papel significativo en la adopción de comportamientos alimentarios saludables, ya que las percepciones optimistas sobre los riesgos asociados con ciertos alimentos pueden disminuir la motivación para realizar cambios en la dieta hacia opciones más saludables (Miles and Scaife, 2003). De hecho, investigaciones previas han sugerido que el sesgo optimista puede actuar como una barrera para la adopción de comportamientos alimentarios más saludables y para la implementación de estrategias de reducción de riesgos. La creencia excesivamente optimista en la propia invulnerabilidad puede llevar a una subestimación de los riesgos asociados con ciertos 18 alimentos, lo que a su vez puede disminuir la disposición de las personas para tomar medidas preventivas (Miles and Scaife, 2003). La obesidad es un problema cada vez más grave y actual, ocurre por la mala práctica dietética y la actividad física inadecuada. Este problema si se presenta en edades tempranas, puede causar obesidad infantil y si lo hace en un futuro, se presentará como enfermedades cardiovasculares, HTA (Hipertensión arterial), diabetes o cáncer (White et al., 2017). El sesgo del optimismo en este caso hará que los jóvenes piensen que el riesgo que ellos sufren es menor, solo por ser jóvenes y que estos tiendan a tener menos probabilidad de desarrollar un problema de salud grave. Las personas en riesgo ignorarán las acciones preventivas que podrían reducir las posibilidades de contraer enfermedades prematuramente y según como se vea ante ese riesgo, seguirá unos patrones u otros de comportamiento. El sesgo representará una falta de creencia en el riesgo de que ocurra un resultado de salud negativo, por tanto, las personas tenderán a rechazar las medidas de protección (White et al., 2017). Un estudio de un colegio en EE.UU. reveló que muchos de los niños sufrían HTA y obesidad. El riesgo de sufrir obesidad multiplicaría por tres la capacidad de desarrollar HTA. Los que habían hecho ejercicio durante al menos 30 minutos en la última semana, tenían una presión arterial menor al resto. Sin embargo, dos tercios de los estudiantes que tenían ambas patologías no se sentían en peligro de desarrollar una enfermedad, teniendo siempre más riesgo la población masculina (White et al., 2017). El objetivo del colegio era conseguir mediante la educación escolar, que cada alumno viera los riegos reales que tenía y que adoptara unos comportamientos saludables. De esta forma, cambiarían la percepción positiva desde edades tempranas que tenían los jóvenes sobre su salud y los riesgos que presentarían en un futuro de forma individual y disminuyendo las diferencias que existen en salud en la sociedad (White et al., 2017). Un buen hábito saludable sería disminuir el uso de determinadas grasas para reducir las enfermedades cardiovasculares, cocinar bien la carne, los huevos o simplemente lavar bien la fruta. Muchas personas no realizarán estos pasos debido al sesgo del optimismo. Se comparará un grupo de individuos que realice estas actividades y se les preguntará como creen que hacen estas actividades respecto a otros. En casos de Salmonella o de encefalopatía espongiforme bovina en los años 90, hubo población que no expreso preocupación (Miles and Scaife, 2003). 19 4.2.2 El sesgo del optimista y el ejercicio físico Adoptar un estilo de vida saludable se asocia con el deseo de maximizar, donde las personas están dispuestas a invertir más tiempo y recursos en sus actividades diarias para lograr los mejores resultados posibles y alcanzar la excelencia. Aquellos que buscan maximizar tienden a establecer estándares elevados y eligen opciones como un almuerzo saludable en lugar de comida basura, comprar alimentos de mejor calidad, incorporan ejercicio en su rutina diaria o prefieren un gimnasio mejor equipado (Tomljenovic and Bubic, 2021). En los últimos años, se ha evidenciado que la práctica de ejercicio físico es beneficiosa para la salud, aunque es crucial evitar su exceso. Existen casos en los que las personas desarrollan una adicción al deporte, alcanzando niveles de peligrosidad comparables a los de fumar o beber en exceso. Un estudio reciente investigó a un grupo de jóvenes que realizaban actividad física intensa, dedicando entre 7 y 8 horas a la semana. Los resultados sugirieron que este nivel de ejercicio podría reducir el riesgo de cáncer de vejiga y de accidentes cerebrovasculares. En contraste, aquellas personas que no practican ejercicio o lo hacen en menor medida son más susceptibles a desarrollar enfermedades y discapacidades. Para la recolección de datos, se administró un cuestionario a los participantes, en el que se indagaba sobre el tiempo semanal dedicado al ejercicio. Las categorías establecidas fueron: inactividad (menos de 1 hora), actividad ligera (1-2 horas), moderada (3-4 horas), vigorosa (5-6 horas), intensa (7-8 horas) y extremadamente intensa (más de 8 horas) (Riva et al., 2018). Una persona debería realizar de media 2-3 horas de ejercicio a la semana para considerarse una actividad ligera-moderada y si esta hiciera menos de 1, se consideraría inactiva. Sin embargo, otro estudio nos reveló que la media de ejercicio de la población era de entre 0-2 horas, siendo un porcentaje bajo, la mayoría no se consideraban como riesgo. Aquellos individuos que practicaban actividad física intensa no se consideraban en riesgo de padecer cáncer. Sin embargo, los participantes inactivos presentaban un riesgo similar al de aquellos que dedicaban más horas al deporte. La actividad física regular evidenció un alto nivel de sesgo del optimista en relación con el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, siendo este sesgo más pronunciado en personas que adoptaban conductas más inseguras (Riva et al., 2018). 4.2.3 El sesgo del optimista y el tabaco Otro ejemplo muy simple relacionado con los hábitos en el estilo de vida es el tiempo que cada persona pasa sentado durante su trabajo o en su día a día (Gupta et al., 2017) o también la cantidad de cigarrillos que fuma cada uno (Masiero et al., 2015). En este caso, los fumadores se percibían 20 como menos susceptibles a desarrollar enfermedades relacionadas con el tabaquismo, lo cual resulta contradictorio. Son mucho más propensos a desarrollar enfermedades pulmonares o cardiovasculares, aunque ellos no lo conciban. No ven el riesgo que tienen ante la enfermedad por muy grande que sea. Según un estudio realizado, los fumadores y exfumadores ven un riesgo menor en ellos mismos que en el de un fumador promedio. Un dato muy interesante fue que se les preguntó que si tenían interés en dejar de fumar y la respuesta fue la siguiente, las personas que alguna vez se lo habían planteado pensaban que su riesgo de cáncer era mayor y los que nunca se lo habían planteado, simplemente se pensaban que su riesgo era igual o ligeramente mayor al de una persona sana (Weinstein, 2005). 4.2.4 El sesgo del optimismo y el alcohol Aunque el alcohol no sea un tema muy comentado, podemos decir que los individuos que consumen cantidades significativas de alcohol a menudo muestran una mayor percepción de sus habilidades para conducir y de su capacidad para manejar el alcohol (Sloan et al., 2013). ¿Cuáles son los efectos que el consumo de esta bebida puede tener en nuestro cuerpo? Puede acortar nuestra esperanza de vida, provocar enfermedades del hígado como la hepatitis alcohólica o la cirrosis (McCULLOUGH et al., 2011), así como ocasionar accidentes o dar lugar a casos de conducción bajo la influencia de alcohol u otras sustancias (DWI, por sus siglas en inglés). Para determinar si alguien está experimentando DWI, se llevaron a cabo una serie de preguntas y pruebas que detallaremos a continuación (Sloan et al., 2013). - ¿Qué perfil de consumidor de alcohol mostraba? - ¿Exhibe signos de dependencia alcohólica? - ¿Cómo evalúa su estado de salud actualmente? - ¿Qué características demográficas debería poseer un individuo? - ¿Cuál es el estado cognitivo que debería mostrar la persona? Tras plantear esta serie de preguntas, podemos categorizar a los bebedores en tres grupos: los moderados, los compulsivos (definidos como hombres que consumen más de 5 bebidas alcohólicas y mujeres que consumen 4 o más, semanalmente) y los excesivos (incluyendo a hombres menores de 65 años que consumen más de 14 bebidas alcohólicas y a mujeres y hombres mayores de 65 años que consumen más de 7 bebidas alcohólicas). Los bebedores compulsivos tienden a mostrar una actitud más optimista al responder a las preguntas en comparación con los moderados. Sin embargo, los compulsivos tienden a ser más realistas que los excesivos (Sloan et al., 2013). 27 conocimientos en la carretera, se ha demostrado que no serán capaces de identificar los límites de su conocimiento y experiencia en la conducción (Cutello et al., 2021). No existe una definición universal de lo que constituye "buenas" habilidades de conducción, ya que todas las definiciones son subjetivas. Para algunas personas, ser un buen conductor implica ser seguro y respetuoso, mientras que para otras puede significar conducir rápido, pero de manera eficiente. Cada individuo interpreta y adapta esta definición según sus propias habilidades. Gracias a diversas intervenciones educativas, se logró reducir el riesgo, aunque de manera marginal. Estas intervenciones incluyeron el entrenamiento en la percepción de peligros, permitiendo a los conductores comprender mejor sus limitaciones. Los conductores mayores de 25 años tendían a identificar mayores riesgos, mientras que los conductores más jóvenes, aunque se sentían más seguros después del entrenamiento y las charlas recibidas, seguían sin percibir muchos de estos riesgos (Chambers, 2010) (Roy and Liersch, 2013). 4.3 Revisión de intervenciones para controlar el sesgo del optimista en hábitos del estilo de vida Uno de los objetivos de este estudio es recopilar y analizar las intervenciones llevadas a cabo para controlar el sesgo del optimista en relación con los hábitos de estilo de vida, en general. Sin embargo, al revisar la literatura científica existente, se ha encontrado que actualmente no hay la suficiente información que demuestre de manera concluyente la efectividad de dichas intervenciones. Este es un tema novedoso que aún no ha sido explorado en profundidad, lo que subraya la necesidad de futuras investigaciones para comprender mejor cómo el sesgo del optimista afecta los hábitos de estilo de vida y para desarrollar estrategias efectivas para su control. Por otro lado, en el tema de la conducción no se podría decir lo mismo. Existe una falta de evidencia sobre cómo reducir el sesgo del optimismo en los conductores jóvenes. Esto podría mejorarse mediante dos intervenciones: clarificando la definición de buena conducción y realizando una prueba de percepción de peligros. Se esperaba que los niveles de sesgo optimista disminuyeran, y así fue; los participantes se volvieron más conscientes de que su capacidad para conducir de manera segura era limitada en comparación con sus pares del mismo sexo y edad. Solo recordando lo que implica una buena conducción y realizando una prueba de peligros se logró impactar en el sesgo. Si estos conductores asumían menos riesgos, sería más fácil reducir el sesgo. No obstante, para el resto se proponen dos opciones: colocar un cartel en el vehículo de los conductores novatos que indique "buen conductor" junto a la "L" y someterlos a pruebas de percepción de peligros dos veces al año durante los dos primeros años de conducción (Cutello et al., 2021). 28 5 CONCLUSIONES 1) El sesgo del optimista se define como la tendencia a subestimar la probabilidad de eventos negativos, en este caso, relativos a la salud. 2) El sesgo del optimista tiene una base neurobiológica, donde ciertas áreas del cerebro están involucradas en la generación de expectativas positivas, independientemente de la realidad objetiva. 3) El sesgo del optimista disminuye la percepción del riesgo real de morbimortalidad asociado con malos hábitos de vida como la mala alimentación, la inactividad física, la conducción imprudente, el consumo excesivo de alcohol o el tabaquismo. 4) La menor percepción de los peligros reales asociada al sesgo optimista afecta a la toma de decisiones en salud, ya que influye, significativamente, en la adopción de hábitos de vida poco saludables que, a su vez, redundan en un aumento de la carga de enfermedades crónicas (magnitud y costes). 5) Para mitigar el impacto del sesgo optimista se deben implementar estrategias de intervención que incluyan campañas de concienciación de este sesgo que informen de los riesgos reales de aquellos comportamientos no saludables. 6) La concienciación sobre la existencia de este sesgo optimista puede contribuir a cambiar percepciones y a adoptar hábitos de vida saludables desde la infancia hasta la adultez (a través de medidas de prevención primaria), aunque son necesarias más investigaciones en este sentido. 29 6 BIBLIOGRAFÍA 1. 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