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UNIVERSIDAD DE SEVILLA
FACULTAD DE FILOLOGÍA
EL ROMANCERO TRADICIONAL EN LA CAMPIÑA
ORIENTAL SEVILLANA:
RECOPILACIÓN, EDI CIÓN Y ESTUDI O
TESIS DOCTORAL
PRESENTADA POR:
DOLORES FLORES MORENO
DIRIGIDA POR:
PEDRO M. PIÑERO RAMÍREZ
SEVILLA, 2006
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AGRADECIMIENTOS
A lo largo del camino que se recorre realizando un trabajo como el que aquí
se presenta, se contraen deudas, unas más amplias que otras pero todas importantes,
con muchas personas, en muchos sentidos. Deseo que estas primeras líneas
expresen mi agradecimiento a todas ellas, esperando no olvidarme de nadie.
En primer lugar a mi profesor D. Pedro Piñero, al que nunca podré expresar
en la medida que lo siento, mi gratitud por haberme acogido como alumna
ayudándome a encauzar mi carrera y mis estudios. Sin duda en él he tenido mucho
más que un magnífico director para mi Tesis, por su apoyo incondicional a mi
trabajo en todo momento, por su disposición permanente para prestarme la ayuda
que le he solicitado y por su cercanía en los momentos difíciles. Tanto su lugar de
trabajo en el Departamento o en la Fundación Machado como su propio hogar han
estado siempre a disposición de cualquier consulta que tuviera que hacerle, teniendo
igualmente abiertas las puertas de su biblioteca personal. También, cómo no, tengo
que agradece r las indicaciones, sugerencias y consejos valiosísimos que me ha
dado, sin los cuales esta Tesis de ninguna manera hubiese llegado a su fin.
A la Fundación Machado, que me ha servido de apoyo metodológico a
través de su biblioteca y sus archivos.
A los informantes, que con tanta amabilidad me han abierto las puertas de
sus casas y han hecho verdaderos esfuerzos por ayudarme, recordando canciones
que en ocasiones hacía décadas que no cantaban. No es menos de agradecer el que
hayan aceptado retroceder a su infancia enfrentándose a momentos de enorme
emotividad por el recuerdo de sus seres queridos.
A los profesores de las Escuelas de Adultos, que con infinita paciencia han
permitido que les interrumpa el desarrollo de las clases y han colaborado siempre
con entusiasmo para encontrar informantes. Al mismo tiempo han puesto a mi
disposición aulas y otras dependencias para que pudiera realizar las entrevistas.
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A las personas que, aunque sus nombres no figuren aquí como informantes,
me han servido de guía en varios pueblos, en la difícil búsqueda de alguien que
pudiera ayudarme.
A los profesores de los centros que se han prestado a pasar las encuestas a
sus alumnos con un afán desinteresado y loable de colaborar, aunque estos
esfuerzos no siempre han tenido los resultados esperados.
Desde luego, a mis convecinas de Fuentes de A ndalucía, que sufrieron con
infinita paciencia innumerables entrevistas en mis primeras encuesta s. Aquel
contacto inusualmente continuado creó lazos de amistad que aún perduran. Sin
lugar a dudas a ellas debo gran parte de lo que sé en materia de romancero y en
otros aspectos ajenos a la literatura.
A las personas encargadas de Bibliotecas, Centros de la Mujer, Oficinas de
Turismo, Concejalías de cultura y otras instituciones que me han atendido en las
distintas localidades.
A la Consejería de Educación y Ciencia por haber dado luz verde a mi
proyecto, concediéndome una Licencia por Estudios con el fin de llevarlo a cabo.
Por supuesto, también mi agradecimiento para mis compañeros del Equipo
de Investigación de la Fundación Machado, Antonio J. Pérez Castellano, José Luis
Agúndez, José Pedro López Sánchez y Manuel Fernández Game ro cuyo apoyo,
ayuda y palabras de ánimo han sido especialmente importantes para mí.
A todos, mi agradecimiento más sincero.
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ÍNDICE GENE RAL
INTRODUCCIÓN
I. JUSTIFICACIÓN DE LA TESIS …………………………….. 15
II. LA ZONA GEOGR Á FICA INVESTIGADA: LA CAMPIÑA
SEVILLANA EN SU VERTIENTE ORIENTAL
II. 1. Delimitación y caracterización geográfica ………………… 17
II. 2. Aspectos históricos ………………………………………… 19
II. 2.1. Historia de las localidades …………………………. 19
II. 2.2. Conclusiones sobre la evolución histórica de la zona 49
II. 3. Aspectos socio – económicos ………………………………. 52
II. 4. Aspectos culturales ………………………………………… 57
III. HISTORIA DE LA INVESTIGACIÓN
III. 1. Historia de los estudios romancísticos en Andalucía ……… 61
III. 1.1. Provincias de Andalucía Oriental: Jaén, Almería,
Granada, Málaga y Córdoba ………………………... 67
III. 1.2. Provincias de Andalucía Occidental: Cádiz,
Huelva y Se villa ……………………………………. 68
III. 2. Los estudios sobre romancero en la Campiña oriental ……….. 75
III. 2.1. Antecedentes de la recopilación de romances en la zona .. 75
III. 2.2. Aportación del presente estudio al romancero andaluz …. 77
IV. DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN
IV. 1. La recopilación del corpus : la encuesta …………………… 75
IV. 2. Los informantes
IV. 2. 1. Carácter femenino del romancero ………………….. 94
IV. 2. 2. Edad ………………………………………………… 99
IV. 2. 3. Nivel socio-cultural …………………………………. 107
IV. 2.4. Informantes excepcionales ………………………….. 114
6
IV. 3. El romance tradicional dentro de los repertorios orales
de los informantes ………………………………................ 119
IV. 4. El proceso y los lugares de transmisión …………............... 122
IV. 5. Vigencia y funcionalidad del romancero hoy: presente y
futuro de la tradición oral. Estudio comparativo de los
repertorios antes y ahora …………………………………… 129
IV. 6. Incorporación de las nuevas tecnologías al estudio y
difusión del romancero …………………………………….. 131
V. CRITERIOS PARA LA CLASIFICACIÓN Y EDICIÓN DE LOS
TEXTOS
V. 1. Criterios de clasificación …………………………………… 135
V. 2. Criterios de tr anscripción …………………………………... 138
V. 3. Descripción del encabezamiento de los textos …………….. 142
GRÁFICOS, CUADROS Y MAPAS
M APA I: Áreas territoriales de la provincia de Sevilla ………………… 145
MAPA II: Mapa pormenorizado de la Campiña Oriental Sevillana …… 147
MAPA III: Área investigada en relación con la totalidad de la provincia . 149
GRÁFICO I: Distribución de informantes por sexos ………………….. 151
GRÁFICO II: Distribución de informantes por edades ………………… 151
GRÁFICO III: Distribución de los informantes por edades en relación
con el número de versiones aportadas ……………………….. 153
GRÁFICO IV: D istribución de informantes menores y mayores de 60 años
en relación con el número de versiones aportadas … ………………. 155
GRÁFICO V: Distribución de informante s por nivel cultural ………………… 157
GRÁFICO VI: D istrib ución de los romance s por temas ……………………… 159
GRÁFICO V: Distribución de los bloques temáticos del romancero ………….. 15 9
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ANÁLISIS Y ESTUDIO DEL CORPUS
I. NOCIONES PRELIMINARES …………………………………….. 163
II. VALORACIÓN GENERAL DEL CORPUS ……………………… 169
III. EL ROMANCERO DE LA CAMPIÑA: PARTE DEL
ROMANCERO AND ALUZ …………………………………….. 182
IV. ESTUDIO DE LOS TEMAS
A. Romances Carolingios ………………………………………. 187
B. Romances Caballerescos …………………………………….. 193
C. Romances Líricos ……………………………………………. 212
D. Romances de Historia Contemporánea ……………………… 215
E. Romances sobre la Conquista Amorosa ……………………… 224
F. Romances de Amor Fiel ……………………………………… 246
G. Romances sobre la Ruptura de la Familia ……………………. 262
H. Romances sobre la Reafirmación de la Familia ……………… 306
I. Romances Devotos …………………………………………… 332
J. Romances Jocosos y Burlescos ……………………………… 373
K. Romances de Varios Asuntos ………………………………... 412
L. Composiciones Varias no narrativas ………………………… 433
CONCLUSIONES …………………………………………………………. 439
BIBLIOGRAFÍA GENERAL ……………………………………………... 445
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CORPUS
A. ROMANCES CAROLINGIOS
1. Conde Claros en hábito de fraile 0159:1-9 ……………………….. 473
2. Conde Claros en hábito de fraile + La Condesita 0159 + 0110:1 … 481
B. ROMANCES CABALLERESCOS
3. Conde Niño 0049:1-11 ……………………………………………. 485
4. Gerineldo 0023:1-3 ………………………………………………… 492
5. Gerineldo + La Condesita 0023 + 0110:1-16 ……………………. 494
C. ROMANCES LÍRICOS
6. El prisionero 0078:1 ………………………………………………. 521
D. ROMANCES DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA
7. Mariana Pineda 0175:1-6 …………………………………………. 525
8. Atentado anarquista contra Alfonso XII 0202:1 …………………. 528
9. ¿Dónde vas, Alfonso XII? 0162:1-6 ………………………………. 530
10. Conflictos de conciencia en la guerrilla cubana 0210:1-6 ……….. 533
11. Fusilamiento de García y Galán 0158:1-3 ……………………….. 540
E. ROMANCES SOBRE LA CONQUISTA AMOROSA
12. La bastarda y el segador 0161:1-10 ……………………………... 545
13. La dama y el pastor 0191:1-4 ……………………………………. 553
14. La doncella guerrera 0231:1-19 ………………………………….. 557
15. Santa Elena 0173:1-9 ……………………………………………. 567
16. La pedigüeña 0204:1-6 …………………………………………… 579
17. Galán que corteja a una mujer casada 0203:1-12 ……………….. 584
18. La asturianita 5021:1-4 …………………………………………… 592
F. ROMANCES DE AMOR FIEL
19. La aparición 0168:1 ……………………………………………… 599
20. El quintado 0176:1-8 …………………………………………….. 599
21. El quintado + La aparición 0176 + 0168:1-5 ……………………. 605
22. El pájaro verde 0701:1-4 ………………………………………… 610
23. Lux Aeterna 0195:1-10 ………………………………………….. 614
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G. ROMANCES SOBRE LA RUPTURA DE LA FAMILIA
G.1. INCESTO
24. Blanc aflor y Filomena 0184:1-3 …………………………………. 627
25. Delgadi na 0075:1-4 ……………………………………………… 629
26. Tam ar 0140:1-12 ………………………………………………… 632
27. Tam ar + Delgadina 0140 + 0075:1-2 …………………………….. 640
28. Silvana 0005:1-4 ………………………………………………… 643
G.2. ADULTERIO
29. Alba Niña 0234:1-4 ………………………………………………. 649
30. Los presagios del labrador 0236:1-2 …………………………….. 653
31. La i nfanticida 0096:1-3 ………………………………………….. 654
G.3. ESPOSA DESDICHADA
32. Casada de lejas tierras 0155:1-10 ………………………………… 659
33. La m ala suegra 0153:1-4 …………………………………………. 670
34. La m alcasada 0221:1 …………………………………………….. 674
H. ROMANCES SOBRE LA REAFIRMACIÓN DE LA FAMILIA
35. Las señas del esposo 0113:1-24 ………………………………… 677
36. La Conde sita 0110:1 ……………………………………………… 692
37. La m uerte ocultada 0080:1-12 …………………………………… 693
38. Don Bueso 0169:1-27 …………………………………………… 704
39. Las tre s cautivas 0137:1-11 ……………………………………… 729
40. Hermana s reina y cautiva 0136:1-2 ……………………………… 738
I. ROMANCES DEVOTOS
I.1. NACIMIENTO E INFANCIA DE JESÚS
41. La Anunciación 0505:1-2 ………………………………………… 743
42. Los celos de San José 0777:1-3 …………………………………. 745
43. A Belén llegar 0542:1-8 ………………………………………….. 747
44. La mesonera despiadada 0493:1-2 ……………………………….. 753
45. El mesonero despiadado, castigado 0493.1:1 ……………………. 755
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En este intervalo de tiempo han tenido lugar importantes logros en el campo
de la investigación y edición del romancero andaluz. Los dos primeros volúmenes
de esta colección, correspondientes a las provincias de Cádiz 1 y Huelva 2 ya han
visto la luz y desde la Fundación Machado se han iniciado las encuestas
sistem áticas de la provincia de Sevilla, cuyo romancero será el próximo en
publicarse.
De forma un tanto casual y afortunada, esta Tesis se realiza en un momento
en que completar el mapa romancístico de Sevilla es un objetivo prioritario en las
investigaciones del romancero en Andalucía, sobre todo en su parte occidental. El
corpus reunido en este trabajo supone, por lo tanto, la aportación de una comarca
amplia y significativa a l a colección general de la provincia, formando parte de un
conjunto más amplio como es el romancero sevillano, en el que quedará integrado y
en el que adquiere su verdadero sentido. A la hora de un planteamiento de los
objetivos en la Tesis, se ha tenido muy presente la importancia de recolectar el
mayor número posible de temas y versiones, pero no sólo eso. También se ha
considerado prioritario realizar un estudio de las distintas versiones encontradas del
mismo tema, entre sí y en comparación con el resto de las encontradas en Andalucía
occidental.
Por último, se ha prestado atención, en la medida de lo posible, a las
opciones que la tecnología digital ofrece para la edición y difusión del romancero y
de cualquier otra forma de literatura oral. Por ello, la Tesis se acompaña con un CD
que reúne textos escritos y sus correspondientes archivos sonoros, para dar una
muestra de estas posibilidades.
1 Pedro M. Piñero Ramírez ( dir. ), Romancero Gener al de Andaluc ía , vo l. I, Virtude s A tero
Burgos y cols . (ed s.) , Romancero de la provi ncia de Cádiz , Cá diz, F undació n M achado y Diputa ción
de Cádiz, 1996. En adelant e se ci ta como RGA, I, Cádiz .
2 Pedro M . Piñero Ramírez (dir.) , Romance ro G eneral de Andalucía , vol II, Ped ro M . P iñero
Ramíre z y cols. (eds. ), Romancero de l a pro vinci a de Huel va , Sevilla, Funda ción M achad o y
Diput ac ión de Huel va, 2 004. En ad ela nte se ci ta co mo RGA, I I, Hu elv a .
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II .- LA ZONA GEOGRÁFICA INVESTIGADA: LA CAMPIÑA
SEVILLANA EN SU VERTIENTE ORIENTAL
II. 1.- D ELIMITACIÓN Y C ARACTERIZACIÓN G EOGRÁFICA
La Campiña es la más extensa de las siete áreas territoriales en las que,
según los últimos datos de la Diputación Provincial de Sevilla, se encuentra
dividido el territorio de esta provincia 3 : el Aljarafe, el Área Metropolitana, la
Marisma, la Vega, la Sierra Norte, la Sierra Sur y la Campiña. Ésta, con sus
aproximadamente 5000 km 2 , ocupa más de la tercera parte de la totalidad de la
superficie provincial, que abarca 14000 Km 2 (ver Mapa I).
La investigación del romancero, cuyos resultados se exponen en este trabajo,
se ha desarrollado en la parte oriental de la Campiña sevillana. Debido a la gran
extensión de esta comarca, la mayor de cuantas integran la provincia, como queda
dicho, se ha considerado necesario dividirla en dos partes con el fin de centrar el
estudio en un área territorial asumible en una encuesta de carácter individual como
es ésta. La partición de la Campiña en dos subcomarcas, aunque obedece a motivos
de organización en el trabajo de campo, ha sido posible gracias a que razones
históricas, sociales y geográficas refrendan dicha diferenciación. En efecto, el cauce
del río Corbones constituye un límite natural entre la parte occidental, más próxima
a la capital, y la oriental, que queda delimitada de la siguiente manera: al Norte
linda con la comarca de la Vega, que señala el paso del río Guadalquivir; al Sur, con
la Sierra Sur y la comarca de Estepa; al oeste con los municipios del otro lado del
río Corbones; y al este con la provincia de Córdoba. (Ver Mapa I)
De los 22 municipios que integran la totalidad de la Campiña, la parte
oriental engloba 12, que por orden alfabético son: Cañada Rosal, Écija, El Rubio,
Fuentes de Andalucía, Herrera, La Campana, La Luisiana, La Puebla de Cazalla,
3 Los datos de la Diput ació n Provinci al de Sev illa pue den ser cons ultados en las páginas de
Internet de este o rganismo: www . dipusevilla.es (“Áreas territoria les”).Ésta ha sido tam bién la fuente
para la elaboración de los MAPAS I y II.
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Lantejuela, Marchena, Marinaleda y Osuna (ver Mapa II). Dentro de las
peculiaridades específicas de cada localidad, toda s ell as configuran un grupo
homogéneo de núcleos poblacionales que se caracteriza por compartir un espacio
geográfico y climático común así como muchos aspectos históricos, sociales,
económicos y culturales.
Desde el punto de vista geográfico la zona descrita se encuentra en pleno
Valle del Guadalquivir, formando parte de la Campiña Baja 4 . Está situada justo al
sur de la vega del gran río y la atraviesan algunos de sus afluentes más importantes,
como el Genil, en cuyo margen está ubicada la ciudad de Écija, la población más
importante de esta zona y el Corbones (ver Mapa I). La Campiña Oriental sevillana
comprende, pues, e n sentido estricto las cuencas de estos dos ríos. Con una
superficie de 2592 Km 2 , supone la mitad de la Campiña y representa el 18,5%, es
decir, casi la quinta parte, de la extensión de la provincia (ver Mapa III).
Desde el punto de vista orográfico se caracteriza por ser una llanura abierta,
con predominio de los relieves planos, una suave transición a las sierras y una
favorable exposición a los vientos marinos. El clima proporciona inviernos suaves y
veranos muy calurosos, con pocas precipitaciones que suelen tener lugar en otoño y
primavera. Es un clima benigno, ideal para la localización de inf inidad de especies
de plantas y animales, con menos humedad y salinidad que en el litoral y menos frío
y riesgo de heladas que en la sierra.
Es, por todo ello, un paisaje muy humanizado desde épocas remotas donde
la diversidad biológica se ha ido paulatinamente desgastando y cuya evolución
viene marcada por el proceso de colonización agraria. Originariamente estas tierras
debieron acoger zonas boscosas de acebuches y encinas que servían de hábitat
natural a numerosas especies de caza mayor y menor, hoy en franca decadencia. Sí
persisten aún conejos y liebres y numerosas aves (aguilillos, cigüeñas, avefrías,
espurgabueyes...), algunas de las cuales son objeto de caza como la perdiz.
4 Sigo para el aspecto geográfico de la comarca el estudio de Carl os P arejo D elgado, El medio
rural en Andalucía , M álaga, ed. Á gora, 1 995, cap . “La Ca mpiña ”, págs. 48 - 77.
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II. 2. A SPECTOS H ISTÓ RICOS
II. 2.1.- Historia de las localidades que integran la Campiña Oriental 5 .
La zona de que nos ocupamos tiene una larga historia que se remonta a
varios siglos antes de Cristo. La elevada calidad agrológica de los suelos explica
que desde la Antigüedad hayan sido codiciadas por los hombres para su uso
agrícola y ganadero. No quiere esto decir que todos los pueblos tengan una tan
dilatada existencia, pues los hay de reciente creación, pero de todas formas
repercute en ellos pertenecer a un enclave geográfico privilegiado en cuanto a la
presencia humana documentada desde tiempos tan primitivos.
La Luisiana y Cañada Rosal.-
Estas dos localidades, que comparten una historia común y una misma
idiosincrasia, son susceptibles de un estudio compartido 6 . Están situadas en la parte
norte de la Campiña, lindando Cañada Rosal con el municipio cordobés de Palma
del Río. El término municipal de ambas, que pertenecía hasta el m omento de su
fundación al término de Écija (como puede verse en el Mapa II), es sumamente
pequeño: 43 km 2 para La Luisiana y 25 km 2 para Cañada, y procede de la
expropiación de terrenos de dehesas a los terratenientes ecijanos.
Por los hallazgos arqueológicos encontrados en el municipio de La Luisiana
y en el de Cañada Rosal se sabe que en sus términos existieron asentamientos
romanos y visigodos. Su cercanía a la Colonia Augusta Firma Astigi (Écija) y a
5 Los datos concretos sobre las local idad es están tomados en su mayor parte de un trabajo
inédito de D. Jesús Cer ro R amírez, licenc iado e n G eografía e Hist ori a, rela ti vo al orig en, his tor ia y
monume nta lid ad de est as lo cal ida des .
Para una visión general de la época de origen de las mismas se pueden consultar las obras de
Emilio Mitre, La España Medieval. Sociedades. Estados. Cultura s . M adrid, Ed . Istm o, 1979 ; A ngus
Mack ay , La España de la Edad Media. Desde la frontera hasta el Imperi o (1000 - 1500) , M adrid,
Cáted ra, 1985; Y sobre Andalucí a, Miguel Ángel Ladero Quesada , Andalucía a fines de la Edad
Medi a. E st ruc tu ras , va lo res , su ce sos , Cádiz, Univ . de Cád iz, 2000.
6 Para un estudio exhaust ivo del origen e histor ia de estas dos localid ades, se puede consultar la
obra de José Antonio Fílter Rodríguez, Las colonias sevill anas de la Ilust ración. Cañada Rosal, El
Campil lo y La Luisi ana. 1767 - 1835 , S evilla, ed . Ayto. de La Luis ian a y Cañada Rosal en col. con la
Diput ac ión Pro vin cia l de Sevi ll a y Caj a San Fer nand o, 1996 .
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Obúlcula (La Monclova), junto a la cantidad de monedas y restos encontrados en
estos términos (en el Museo Arqueológico de Sevilla se encuentra una Estela con
Epígrafe de “caccosa” encontrada en La Luisiana, del siglo I), así como la
existencia de unos baños romanos que hasta primeros del siglo XX se utilizaron
como baños públicos, nos confirman los asentamientos de diversos pueblos, sobre
todo romanos, en sus tierras.
Pero las poblaciones de La Luisiana, El Campillo, Cañada Rosal y Los
Motillos (hoy desaparecido) comienzan como tales a finales del año 1768 dentro del
más ambicioso proyecto reformista de la Ilustración española: la colonización y
creación de las llamadas Nuevas Poblaciones, al sur de Despeñaperros, que debían
ser un modelo de convivencia y buenas costumbres para que sirvieran de ejemplo a
otras poblaciones donde imperaban la corrupción y la falta de moralidad.
Así pues, nacieron en el s. XVIII , bajo el reinado de Carlos III, que apoyó el
plan de repoblar este tramo del Camino Real que unía Sevilla con Madrid, en el
yermo conocido como “D esi erto de la Monclova”. Por un lado se quiso aprovechar
la hipotética riqueza natural del suelo, entonces sin cultivar, y por otro se procuró ir
creando zonas pobladas en un entorno donde el bandolerismo amenazaba
constantemente a las caravanas de viajeros y mercancías.
La fundación de estos pue blos se incluye en el programa ideado por el
ministro Campomanes y por el superintendente de las Nuevas Poblaciones, Pablo
Olavide, recogido en el Fuero de las Nuevas Poblaciones, amplio manual donde se
recoge con detalle todos los pormenores de la colonización de estas tierras y se
proyecta que sea de Centroeuropa de donde vengan los nuevos pobladores.
El aventurero bávaro Thürriegel se encargó de reclutar 6000 colonos
católicos de Alemania, Francia, Italia, Suiza, Austria y Países Bajos, por cada uno
de los cuales recibiría de la Corona Española más de 300 reales. La penuria
económica que atravesaba parte de Europa, concretamente Alemania en el s. XVIII ,
hizo posible que el reclamo de una tierra fértil, de clima benigno, tuviera una fuerte
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aceptación y despertara de inmediato el deseo de emigrar, con lo cual fue
relativamente fácil captar el número contratado de nuevos pobladores.
Muchos fueron los problemas y penalidades que tuvieron que sufrir estos
colonos. Cuando llegaron, las viviendas aún no estaban construidas y el poner en
cultivo unas tierras baldías e incultas, bajo un sol de cuarenta grados, no era una
tarea fácil. Hombres y mujeres, con apellidos que sonaban tan raros a los naturales
del lugar, como: Hebles, Duvisón, Fílter, Hans, Delis, Rúger... con unas
características diferentes, empezaron a llegar esperando encontrar el paraíso del sur
de España. A cada colono le fue entregada una suerte de 56 fanegas de tierra, un
arado, yunta, aperos de labranza, granos para sembrar, dos vacas, cinco ovejas,
cabras, gallinas, un gallo y una puerca de parir.
El ambicioso proyecto reformista de la España ilustrada de crear las Nuevas
Poblaciones, se vio obstaculizado por la reacción de los terratenientes, propietarios
de grandes fincas que hicieron la vida imposible a los nuevos inquilinos, llegando a
darse episodios trágicos que terminaron cuando el rey mandó ajusticiar a algunos de
sus responsables. Sin embargo, los colonos alemanes, franceses y suizos, entre
otros, vieron que el paraíso que se les había prometido no era más que un baldío.
Apenas iban llegando, la enfermedad se iba apoderando de ellos. Ésta fue
acabando desde el verano de 1769 hasta el verano de 1770 con la mayor parte de la
población extranjera. El lugar de los muertos lo iban ocupando los vecinos de las
poblaciones de Écija, Fuentes de Andalucía, La Campana (más que acostumbrados
a los tórridos veranos de estas latitudes) y otras familias españolas venidas de
distintos puntos de nuestra geografía. A todo esto, se une el comportamiento de
caciques y latifundistas de Écija (a los que se les arrebató la tierra) y que mandaron
quemar cosechas y chozos de los colonos, provocando esto que muchos de ellos
quisieran volver a sus países de origen. Pero ya era tar de para ell o. D eb ieron
enfrentarse a esta precaria situación para intentar adaptarse y sobrevivir. Así, poco a
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poco, y gracias al trabajo realizado, se consigue desmontar los terrenos y
transformar las tierras vírgenes y baldías en tierras verdes y productivas.
En esos inicios de penuria nacieron los pueblos que, desde sus comienzos se
ajustaron al régimen de Fueros por el que se regían las nuevas poblaciones de la
Sierra Morena, hasta que llegado el año 1835, 67 años después, fue derogado el
Fuero de las Nuevas Poblaciones, por Doña María Cristina, viuda de Fernando VII.
Tras este hecho La Luisiana, El Campillo y Cañada Rosal se integran en la
provincia de Sevilla y se constituyen como un único Municipio, hasta el 27 de
agosto de 1986, en que se produce la segregación de Cañada Rosal, del municipio
matriz de La Luisiana, al que El Campillo aún se conserva unido como pedanía.
El contenido monumental de La Luisiana y Cañada Rosal es casi inexistente,
destacando únicamente la Iglesia de Santa Ana, en ésta última, que es de factura
moderna. Sí se cuentan con algunas casas coloniales cerca del templo que se han
conservado como testimonio de la fundación.
En la actualidad la población, muy equiparada entre hombres y mujeres está
en torno a los 4000 habitantes para la primera y 3000 para la segunda, con una tasa
de paro significativamente inferior a la media en la zona, próxima al pleno empleo.
La economía s e sustenta principalmente en la agricultura. La característica
más importante es la estructura de propiedad de la tierra, basada desde los últimos
años en la repart ición de ésta en pequeñas parcelas cuyos propietarios son los
propios vecinos y labradores del pueblo. Los principales cultivo que podemos
encontrar, entre los herbáceos son el algodón, como principal cultivo de regadío, y
el trigo, como cultivo de secano. El cultivo leñoso más importante es el olivo.
Junto a este eje se encuentra otro que cada día cobra mayor interés: el gran
movimiento cooperativista que se está desarrollando. Existe una “cooperativa de
consumo” encargada de todos los productos derivados del pan y la harina,
cooperativas de punto, y la gran cooperativa de envases de madera para productos
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agrícolas, la cual por sí misma da empleo a más de cien personas fijas. A ellas hay
que sumar una industria de envases de papel para frutas del tiempo con una plantilla
superior a 200 trabajadores y una f ábrica de muebles de cocina. En La Luisiana se
han especializado en la elaboración de picos de pan, actividad a la que se dedican
media docena de panificadoras, con una producción que se distribuye en toda
España.
El tejido industrial es cada vez más abundante en estas localidades, que han
demostrado una singular capacidad de iniciativa industrial y de adaptación a los
tiempos actuales, en los que el sector primario, como es el trabajo agrícola está en
franca decadencia. El desarrollo creciente de la industria ha hecho posible que se
reabsorba la población activa sobrante de las labores en el campo y que la población
joven no se desplace a otras poblaciones. Tanto Cañada Rosal como La Luisiana
han inaugurado modernos polígonos industriales como “El Rosal”, que actúan como
motor del desarrollo empresarial de la zona.
Por último, los pueblos cuentan con una buena infraestructura y unas
condiciones de vida dignas en todos los aspectos. Cuentan con una estructura
urbana muy avanzada, que ha conseguido cubrir la demanda de solares,
construcción de viviendas sociales, zonas verdes, zonas de ocio y recreo. En fin,
que es un ejemplo de interés en el progreso, el espíritu cooperativista y la
convivencia para toda Sevilla, y para toda Andalucía.
Écija.-
El municipio de É cij a es el de mayor superficie de la provincia de Sevilla
con 976 km 2 . Se localiza en el extremo oriental de ésta, a 94 km. de la capital,
siendo colindante con la provincia de Córdoba. Está situada a orillas del río Genil,
importante afluente del Guadalquivir y su población ronda los 40000 habitantes,
bastante igualada en cuanto a la distribución de sexos.
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Existen en este término varios restos arqueológicos del eneolítico y de época
turdetana, uno de ellos coincidente con el actual emplazamiento del núcleo
principal 7 . Aunque los orígenes históricos de la localidad no están del todo claros,
parece que la ciudad de Astigi es de fundación celta, alrededor del siglo VIII a.C., en
el ámbito de la civilización tartésica 8 .
Hasta la conquista romana, hacia el 200 a.C., se trató probablemente de un
pequeño poblado turdetano de cabañas, emplazada en la ligera elevación conocida
como Cerro del Alcázar o de San Gil. La ciudad conoció su mayor etapa de
esplendor durante la dominación romana, participó a favor de César en las Guerras
Civiles contra Pompeyo y, hacia el año 14 a.C. se fundó ya en el llano la colonia
llamada “Augusta Firma Astigitana”, una gran ciudad de nueva planta, con calles
pavimentadas trazadas en retícula regular, cloacas y red de distribución de aguas,
templos, foro, termas y anfiteatro, junto a un puente por el que la Vía Augusta
cruzaba el Genil. Desde entonces fue la capital de un extensísimo convento
jurídico, uno de los cuatro en los que se dividía la Bética, que comprendía 49
ciudades y abarcaba gran parte de las actuales provincias de Córdoba, Granada y
Jaén. Su principal riqueza derivaba del cultivo olivarero y de la exportación del
ac eite a larga distancia, empleando la vía fluvial por el Genil y el Guadalquivir y
luego la marítima desde Sevilla.
La ciudad siguió siendo un importante foco cultural y religioso a la caída del
Imperio, en época visigoda, cuando llegó a ser sede de un obispado.
Cuando los árabes se apoderan de ella la llaman Medina Esthiga o Istigga y
en la época islámica fue capital de provincia durante el emirato y el califato. Los
cronistas árabes destacan la fertilidad y riqueza de su territorio, en el que se asentó
7 Véase Ignaci o Rodríg uez Temiño , Excavaci ones arqueológi cas en Écija , S evilla, ed . Auto r -
Editor , 1 987.
8 La hist oria de la ciudad está recogida en las A ctas de varios Congresos: I Congreso so bre
Hist ori a de Écij a , Sevilla , ed.G ráficas Sol, S.A ., 198 9; II Cong reso de H ª : “ Écija, Ed ad M edia y
Renacimi ento” , Se villa, Un iv. de S evilla, 19 93 ; III Con greso de Hª : Écija en el s. XVIII , Se villa, ed.
Gráf i cas Sol, S.A., 1995; IV Congreso de Hª: “Écija y e l Nuevo Mundo ”, Sevilla, Ayto. Écija, 2002.
25
un importante poblamiento bereber 9 . Los musulmanes introdujeron los cultivos de
regadío y, entre ellos, el algodón, cuyo desarrollo característico en Écija, llevó a
acuñar el sobrenombre de Madînat al-qutn , “la ciudad del algodón”.
En mayo de 1240 Écija fue conquistada por Fernando III y repartida entre
nuevos pobladores castellanos, entre ellos muchos nobles, las órdenes militares y la
Iglesia 10 . La repoblación cristiana tiene mucho éxito, debido a la riqueza de la tierra
y a la protección que le dispensan los monarcas castellanos por su estratégica
situación. El desarrollo de la gran propiedad terrateniente que ha marcado toda la
historia posterior bajomedieval y moderna arranca, en buena medida, de este reparto
feudal y de su desarrollo en la Época Moderna.
En 1402 Enrique III restituyó a Écija el título de “Ciudad”, permaneciendo
desde entonces independiente, sin pertenecer a ninguna orden militar, ni a ningún
señorío feudal. Los favores reales siguieron: Carlos I añade el título de “Muy leal”
al de “Muy noble” que ya ostentaba Écija. F elipe V le otorga el nombramiento de
“Constante, leal y fidelísima” en 1710. Todo el siglo XVIII , considerado “El siglo de
oro ecijano”, vive un esplendor de construcciones civiles y de iglesias, vinculado a
la concentración de la propiedad y del poder eclesiástico y aristocrático: no en vano
en esta época radicaron en la ciudad unos cuarenta títulos nobiliarios, trece de ellos
Grandes de España. Mimada por la realeza, en 1880 Alfonso XII otorga al
Ayuntamiento el tratamiento de “Excelentísimo”.
Arquitectónicamente la cabecera municipal de Écija se asienta sobre una
depresión rodeada de pequeños cerros por el norte, el sur y el este. El núcleo se
localiza al oeste del cauce del río Genil, que discurre de sur a norte que ha sido
siempre su límite oriental. El centro histórico se emplaza sobre una plataforma casi
llana, y sólo por el suroeste inicia la ascensión por la falda de la colina cercana.
9 Sobre este tema véase Vicente D urán Recio y Aurelio Padilla M onge, Evoluc ión del
poblamiento ant iguo en el término munic ipal de Écija , Sevilla, ed .Gráficas Sol, S.A., 1989.
10 El tema del repart o de la tierra tras la reconquist a se tocará reit eradamen te al tratar la histori a
de las demás localidades. Para una mayor docum entación sobre esto se puede consultar la obra de
Julio González Rodrígue z, R epartimiento de Sev illa , 2 vols ., Madrid , CSIC , 1951.
32
circundantes. Derechos que tuvieron vigencia hasta su abolición por las Cortes de
Cádiz. Posteriormente se unieron en un mismo municipio los terr itorios pertenecientes
a la Villa de Fuentes y al Señorío de la Monclova constituyendo el actual término de
Fuentes de Andalucía, nombre que se comenzó a utilizar ya en 1778 . De esta época
proceden las casas señoriales de la villa, cuyas fachadas, ricament e decoradas en
piedra, fueron obra de los maestros alarifes Ruiz Florindo.
En la actualidad Fuentes de Andalucía es una localidad, que se esfuerza por
adaptarse a una época en que es sumamente difícil sobrevivir con el empleo que
generan las tareas agríco las, que han sido desde la más remota antigüedad la fuente
principal de su economía. Aún se dan cultivos herbáceos, con predominio del trigo, y
el girasol, que ha venido a sustituir al tradicional olivo, siempre en riguroso régimen
de secano. También han t enido renombre los garbanzos cultivados en estas fértiles
tierras, donde las cosechas se salvan con precipitaciones mínimas.
El panorama laboral de esta localidad contempla el desplazamiento de los
trabajadores hacia otros puntos cercanos, en viajes de id a y vuelta aprovechando la
buena situación del pueblo cercana a la autovía. Sobre todo se emplean en las tareas
agrícolas por temporadas (melocotón, fresa, aceitunas...) y en el sector de la
construcción, que después del campo, es el que más mano de obra a bsorbe. También
se asiste a un despegue de otras actividades industriales como las fábricas de
hormigones, de vallas metálicas, de sillas, y varias carpinterías tanto de madera como
de aluminio. También destacan dos importantes centros de elaboración de ob jetos de
cuero, que emplea a decenas de personas en el pueblo.
Recientemente ha sido declarado “Bien de interés cultural” por su
conservado núcleo histórico-artístico donde destacan la Iglesia Parroquial de Santa
María de las Nieves (siglos XVI - XVII ), las iglesias conventuales de San José (siglo
XVII ), de la Encarnación (siglos XVII - XVI II ) y de San Francisco, el Ayuntamiento
(siglo XVIII ), el P alacio de los Marqueses, el Pósito, la Escuela Hogar y numerosas
casas barrocas del siglo XVIII y principios del XI X .
33
Herrera .-
Es ta localidad posee un pequeño término municipal de 53 km 2 situado en el
extremo suroriental de la Campiña, lindando con la provincia de Córdoba al este y
con la Sierra Sur (ver Mapa II). Es el pueblo más alejado de la capital, de la que
dista 120 km, y tiene una población de unos 6000 habitantes. Como sus vecinos de
Marinaleda, se sienten más identificados con la comarca de la Sierra Sur y Estepa
que con la Campiña, a la que pertenecen desde el punto de vista orográfico.
Hay en esta zona constancia de la existencia de poblamientos del Bronce
Final y período ibérico en su término. Los principales yacimientos de esta etapa
protohistórica están localizados en los “Castillejos” y en el castillo de “Alonso”. En
la propia población existió al parecer en época romana, una localidad llamada Pagus
Sigiliensis, según una inscripción encontrada en el lugar. La procedencia del
nombre actual es dudosa, aunque es posible que derive de un lugar llamado “ Las
Herrerías” aludiendo a la existencia de minas de hierro.
En la época de la conquista castellana, Herrera aún no existía como núcleo
poblacional. Estas tierras habían sido concedidas por Fernando III a la Orden
Militar de Santiago con el fin de establecer una zona fronteriza a lo largo del Reino
de Granada, que sirviera de defensa y fundación de lugares con personas que,
mediante franquicias, se fuesen estableciendo en ellos.
En los terrenos que hoy ocupa Herrera se estableció una dehesa boyal de
unas 1800 fanegas, a la que acudían personas con sus ganados, y donde se formaron
cuatro o cinco huertas en el borde del arroyo que cruza el pueblo. Construyeron
chozas y albergues para los ganados y aperos de labranza que con el tiempo dieron
lugar a una cortijada de considerable tamaño.
Durante muchos años, la Dehesa del Cortijo de Herrera permaneció
dedicada exclusivamente al uso del ganado, hasta que con la venta a D. Adán
Centurión hay un espectacular aumento de población en todo el Estado de Estepa,
34
cuyo hecho no hay que atribuirlo porque pasara a manos privadas, sino porque la
paz hizo posible la roturación de tierras que antes habían sido de peligrosa
ocupación, así como el asentamiento de personas venidas de fuera.
En el s. XVII el Cortijo de Herrera se convierte en pueblo independiente,
debido a que el Consejo de la Villa de Estepa decide parcelar las tierras de la
Dehesa en pequeños minifundios y venderlos o arrendarlos. La forma de
arrendamiento, muy extraña fuera de Castilla, posibilitaba que el arrendatario se
convirtiera en dueño pagando un tributo anua l.
De la misma forma también se llevó a cabo la parcelación de solares para
poder construir casas para vivienda, mediante un contrato denominado “Tributo de
Gallina”, por medio del cual, su propietario tenía que pagar anualmente y a
perpetuidad, al Marqués de Estepa, una gallina o en su defecto un valor en reales,
quedando por este método el inquilino y sucesores como dueño de la vivienda con
la condición de que ésta estuviese terminada antes de tres años. Esta forma fácil de
conseguir casa y tierras atrajo a personas de los pueblos cercanos pero también de
puntos alejados como Portugal, Reino de León y Galicia.
Entre sus monumentos destacan el Convento de la Concepción y la Iglesia
de Santiago el Mayor, un hermoso templo, con torre de tres cuerpos. En su interior
el retablo mayor tiene en su camarín la imagen de Santiago el Apóstol en
iconografía de Matamoros. El retablo es del s. XVIII y procede de Estepa.
En la actualidad la base principal de s u economía sigue siendo la agricultura,
que está dedicada fu ndamentalmente al cultivo de cereales (trigo, cebada y avena),
maíz , garbanzos, sorgo, cártamo, girasoles y algodón. Pero la mayor extensión de
terreno cultivable está dedicada al olivo de regadío. Las fincas olivareras han sido
renovadas y adaptadas para hacerlas competitivas y en ellas se han instalado
eficaces sistemas de goteo, algunos controlados por ordenador.
35
Pero las actividades agrícolas van dando paso a otras opciones laborales más
modernas y recientemente se está asistiendo al florecimiento de una cierta actividad
industrial y se han instalado fábricas de aceite, orujo y textiles, que ocupan una gran
parte de la población activa. De ellas sobresale la dedicada a la elaboración de
prendas en piel.
Junto a éstas, hay cuatro fábricas de muebles, así como varias empresas y
cooperativas, dedicadas a la construcción, que realizan su trabajo en la localidad y
en la comarca, dando trabajo a un gran número de personas. También se cuenta con
una fábrica de lejías. Las empresas dedicadas a la carpintería de madera en general,
aluminio y hierro son igualmente muy fructíferas.
La Campana.-
La villa de La Campana se sitúa en la zona norte de la Campiña sevillana,
lindando con los terrenos de la comarca de La Vega. Su término municipal, de una
extensión de 125 km 2 , ocupa fértiles tierras regadas por el río Corbones y el
riachuelo de Madre Vieja. Dista 56 km. de la capital y en ella residen unos 5000
habitantes.
Este municipio data, como lugar de asentamiento y población, de tiempos
remotos; al parecer, los orígenes de La Campana se remontan a la Edad del Bronce.
No se vuelven a tener referencias históricas del lugar hasta el s. XIII .
Precisamente con los primeros años de la Reconquista surge el nombre de la
población, ya que se fortificó la línea defensiva de la Banda Morisca, en prevención
de incursiones de los musulmanes de Granada colocándose campanas en ciertas
torres para dar posibles alertas.
Otra versión propone que el nombre es procedente de la comarca en que se
halla, Campanna o Campiña. En cualquier caso, el poblado se constituyó como villa
en el siglo XV . Fue el rey Juan II el que la entregó a Miguel Bocanegra, quien a su
36
vez la dio como dote a su hija cuando contrajo matrimonio con el Conde de Arcos.
De esta familia pasó luego a la real tras la boda de una hija del Conde de Arcos con
Don Martín de Córdoba. La infanta Doña Juana, hermana de Felipe II, la vendió al
Marqués de Villanueva del Río quedando para esta familia hasta la supresión de los
señoríos en el siglo XIX , cuando se organizó como Ayuntamiento Constitucional.
Al ya nada extenso término municipal de la Campana, se s umó el problema
de que pertenecía por entero a unas pocas familias privilegiadas. Esto ha sido el
origen de una situación social que hasta fechas muy recientes ha mantenido a los
habitantes de este pueblo en una precaria situación económica. A los trabajos en el
campo, familias enteras añadían interminables tareas como artesanos de objetos de
palma. En la comarca los niños tenían fama de tener permanentes llagas en la boca
y las mujeres de no saber cocinar.
La villa de La Campana ha evolucionado urbanísticamente a partir de un
núcleo originario amurallado, de muy amplias proporciones para el tamaño actual
del pueblo. A partir de la consolidación de dicho núcleo originario, la población se
ha expandido en los últimos años, en dirección este, con la Barriada Ruiz Alarcón y
las edificaciones en torno a la Piscina Municipal.
La estructura urbana que presenta actualmente la parte central de la
localidad, es básicamente ortogonal a partir de dos grandes ejes perpendiculares, en
cuyo centro se sitúa la plaza en que se ubican la Iglesia de Santa María la Blanca y
el Ayuntamiento. Esta trama urbana ha determinado un conjunto de grandes
manzanas en el núcleo originario orientadas, en unos casos, de noroeste y sureste, y
en otros, de suroeste a noreste. En las expansiones mas recientes la trama urbana se
mantiene con una estructura ortogonal, si bien, se configuran manzanas de tamaño
mas reducido.
El contenido monumental de La Campana se limita, como suele suceder en
muchos otros pueblos de la geografía sevillana, a sus iglesias. Una de ellas es la de
Santa María la Blanca, neoclásica del XIX . La Iglesia de San Sebastián, por su parte,
37
era el antiguo Convento de San Francisco del siglo XVIII , época a la que pertenecen
sus múltiples y variadas obras de arte. Finalmente se encuentra la Iglesia de San
Lorenzo, pequeña construcción también del siglo XVIII .
Aún en la actualidad, como la mayoría de las poblaciones de la Campiña,
esta villa funda en la agricultura la más importante fuente de su riqueza. En ella se
dan cultivos de trigo, girasol, garbanzos y olivar. Tradicionalmente ha existido en el
pueblo una importante dedicación a manuf acturar objetos de palma como cestas,
aparejos para las bestias, capachos, etc. Ahora La Campana es una localidad
próspera, dotada de centros de servicios y de modernas instalaciones.
Entre las actividades que vienen a sustituir el decreciente empleo en la
agricultura destacan las empresas dedicadas a los materiales de construcción que se
mueven a nivel comarcal y absorben una parte importante de la mano de obra,
aunque los empleos temporeros en el campo aún persisten y son un recurso
económico de gran peso.
La Puebla de Cazalla.-
El municipio de la Puebla de Cazalla se localiza entre las comarcas de la
Campiña y la Sierra Sur sevillana, en el cuadrante sur de la provincia (ver Mapa II).
Su término municipal ocupa una extensión de 188 Km 2 y una altitud sobre el nivel
del mar de 177 m. Posee un solo núcleo de población en el que residen unos 10000
habitantes.
Como sucede con las localidades limítrofes de la comarca de la Sierra Sur,
(El Rubio, Marinaleda y Herrera), los habitantes de este pueblo se sienten más
cercanos a la sierra que a la campiña, por lo que no es extraño, cuando se les
pregunta que afirmen que pertenecen a una zona distinta a la que en realidad les
corresponde.
El núcleo urbano se localiza en el extremo septentrional del término
municipal y muy cerca del cauce del río Corbones. Presenta una morfología muy
38
compacta al sur, con una serie de desarrollos industriales y terciarios más dispersos
apoyados en la antigua carretera N-334 (Sevilla- Málaga) y al norte de la misma. En
el sector principal predomina el uso residencial con grandes manzanas de forma
regular, orientadas tanto de norte a sur como de este a oeste. El extremo occidental
tiene un trazado totalmente ortogonal. La vía que cruza la localidad desde la Iglesia
Parroquial, en el extremo oriental, hasta el cementerio, en el occidental, se
configura como el eje estucturador de la villa.
Estas tierras han conocido a lo largo de la Historia el paso de diferentes
culturas. Existen restos arqueológicos de los periodos turdetano, romano, visigodo y
árabe. El nombre de la localidad puede tener su origen en un castra (campamento
militar romano), que los árabes modificaron por Castilla.
En los repartimientos de Sevilla del año 1253, posteriores a la conquista
cristiana de la zona, figura como Cazalla de la Frontera, en relación a su posición
limítrofe con las tierras que todavía estaban en poder musulmán. La localidad y su
término son entregados inicialmente a la Orden de Calatrava, que había colaborado
con Fernando III en la tarea reconquistadora, para pasar posteriormente a manos de
la familia Girón, los futuros duques de Osuna, con la misión de repoblarlas y
defenderlas. Para ello se otorga una Carta Puebla, que hace oficial la fundación de
la conocida desde entonces como Puebla de Cazalla.
Entre la edificaciones de interés histórico destacan la Iglesia Parroquial de
Nª Sª de las Virtudes del s. XVI ; la Iglesia Conventual de Nª S ª de la Candelaria,
también del s .XVI ; la ermita de San José , del s. XVIII , y el Ayuntamiento.
Tradicionalmente la principal actividad económica de La Puebla de Cazalla
ha sido la agricultura sobresaliendo entre los cultivos herbáceos el trigo, de secano y
el algodón de regadío que ocupa bastante menos terreno de labor; el cultivo leñoso
por excelencia es el olivar que ocupa la mayor parte del suelo y que genera la
materia prima de una importante industria de producción de aceite de oliva..
39
Lantejuela.-
El municipio de Lantejuela se sitúa en la parte central de la Campiña
sevillana (ver Mapa II) y su pequeño término municipal, de apenas 18 km 2 ocupa
tierras onduladas de labor. Se sitúa en una de las mejores zonas de todo el paisaje
meridional, caracterizada por la fertilidad de su suelo y su aspecto rural,
inconfundiblemente andaluz. Dista 76 km. de la capital y su población es de unos
3000 habitantes.
La procedencia del nombre es causa de controversia al no haber una
interpretación concreta. Por un lado, son muchos los que confunden la
pronunciación de Lantejuela por Lentejuela y, sin embargo, atendiendo a la razón
histórica de este nombre, la confusión se reduce sólo a la forma, ya que
“Lantejuela” o “Lentejuela” significan, según el diccionario, lo mismo. Otras
versiones dicen que el nombre deriva de “Tío Lentejas”, apodo de un rico
hacendado propietario de grandes extensiones.
Sin embargo, estas versiones no son más que leyendas pese a su gran
difusión. Existen documentos que prueban que en las inmediaciones de la actual
Lantejuela en fecha no precisa, se encontraron varias lentejuelas de oro, enterradas
bajo el suelo, y sacadas con la punta de un arado, y de aquí tomó título aquella
dehesa o donadío.
Algunos estudiosos localizan el primer foco poblacional en los tiempos
previos a la conquista romana, cuando los hombres de Numidia, la actual
Mauritania africana, se asentaron en tan privilegiado enclave. Su ciudad, Línula, fue
aprovechada por los romanos desde el s. I a.C.
Otros investigadores locales sitúan en las tierras de Lantejuela la célebre
ciudad de Munda, y los sucesos que en ella se protagonizaron: la victoria definitiva
de las Legiones de Julio César sobre los partidarios de Pompeyo, encabezado por
40
los hijos de éste. Munda, definida pompeyana, fue arrasada por los ejércitos del
vencedor.
En su término municipal y muy cercanos a su actual población se han
encontrado vestigios de una antigua ciudad romana, sin que hasta el momento, se
haya podido identificar su nombre. En cualquier caso se certifica la presencia de
Roma en la actual Lantejuela. También acudieron al lugar los árabes. Si bien se
ignora qué tipo de población constituyeron, sí es cierto que explotaron los baños de
ag ua sulfurosas, de naturaleza medicinal contra las infecciones de la piel.
El pueblo de Lantejuela, actualmente como villa, a juzgar por la
documentación existente en el archivo municipal, se constituyó en Ayuntamiento
independiente hacia los años 1830 a 1 841. No existen datos concretos acerca de su
fundación. Anteriormente, era una aldea fusionada al municipio de Osuna.
En la actualidad destaca de este pequeño pueblo su capacidad para la
adaptación económica a los tiempos en que los sectores industrial y de servicios le
ganan la partida al tradicional ganadero y agrícola. En Lantejuela, paralelamente al
declive del laboreo agrícola se ha ido desarrollando una intrincada red de talleres y
fábricas de diversa índole que hacen que en la localidad se roce el pleno empleo.
Entre las empresas más importantes están la fábrica de mármoles, cuyo radio
de actividad se extiende a toda la comarca y da empleo a más de cincuenta
personas, las empresas de materiales para la construcción, especializadas en
revestimientos y azulejos y el taller de elaboración de prendas de bebé, que ocupa a
más de doscientas mujeres en todo el pueblo.
Lantejuela está en condiciones de ofrecer un empleo incluso a aquéllos que salieron
en busca de una vida mejor y que han regresado a su tierra, lo que está
repercutiendo en el crecimiento urbanístico.
41
Marchena.-
Es tá situada a orillas del río Corbones, que delimita la zona Oriental y la
Occidental de la Campiña (ver Mapa II). Su término municipal ocupa una extensión
de 379 km 2 y dista unos 60 km. de la capital. Tiene una población de 18000
habitantes.
La situación en plena campiña, sobre un pequeño promontorio y en un
enclave de comunicaciones importantes (Sevilla, Antequera, Écija), ha determinado
una presencia humana más o menos estable desde la prehistoria hasta nuestros días.
En las proximidades de la Marchena actual existió un asentamiento tartésico
(Montemolín) que proporciona interesantes datos sobre el período orientalizante y
las sucesivas fases hasta la llegada de los romanos.
La fer tilidad de la comarca, regada por el río Corbones, junto con las
numerosas afloraciones acuíferas, propiciaron una explotación romana de estos
recursos, tal como lo demuestran los restos de las gra ndes “villae” en todo el
término e incluso en localizaciones muy próximas a la ciudad (lavadero,
cementerio). No hay, por el contrario, constancia arqueológica de una estructura
urbana compleja, con continuidad y en relación con el posterior urbanismo
medieval. Aunque existen algunos testimonios de la cultura tardo-romana y
visigótica hallados en el término, sólo a partir de las presencias islámicas se
conformó la ciudad con las características urbanas que todavía la distingue: ciudad
amurallada, con alcazaba descentrada, arrabales, etc. Desde este momento comienz a
a ser citada con asiduidad en las fuentes musulmanas como una ciudad agrícola con
cultivo especializado (“Marchena de los Olivos”) y con una escuela teológico-
filosófica de gran fecundidad en el marco del sufismo andaluz.
48
contratan a los mejores artífices que se dan cita en Sevilla en ese momento, entre
ellos Diego de Riaño, Luis de Morales y Juan de Mesa.
El panorama monumental de la acrópolis ducal se completa con el edificio
de la Universidad y el hospital de la Encarnación, ambas instituciones fundadas por
padre del I duque de Osuna, título otorgado por Felipe II a los Girones en 1562.
Coincidente con esta elevación aristocrática, la Casa de Osuna tiende a vincularse a
la corte real. Su presencia en Osuna es cada vez más esporádica.
En los siglos siguientes las acaudaladas familias de Osuna, los Cepeda,
Govantes, Tamayo, etc., se empeñarán en perpetuar con grandes ma nsiones de
portadas decoradas en piedra su elevación y poderío. El estamento religioso compite
también, en la carrera decorativa, que se vio culminada en el último cuarto del XVIII
por el trabajo de los alarifes Ruiz Florindo, vecinos de Fuentes.
En Osuna no se sufrió el impacto del desarrollismo de los años sesenta del
siglo XX . La emigración sustituyó a la fiebre del montaje de fábricas y el casco
urbano, con cierta despoblación, no se vio alterado en exceso. Se siguió
dependiendo de una economía agrícola y esa circunstancia, si bien impuso
condiciones más duras de vida, al menos permitió que ese patrimonio, atesorado
durante siglos y expresión de las pasadas grandezas, llegase hasta nuestros días.
Osuna es declarada en 1967 Conjunto Histórico-Artístico, destacando entre
su numeroso patrimonio las iglesias y conventos de la Victoria y Santo Domingo,
Colegiata de Santa María de la Asunción 15 , el Museo Arqueológico, el Panteón
Ducal, la Universidad (s. XVI ), San Carlos, Real, Espíritu Santo, Real, Consolación,
Carmen, La Merced, San Agustín, Concepción, Santa Catalina y San Pedro (s. XVII ),
el Museo de la Encarnación, el Hospital de Jesús, María y José, los palacios de
Puente Hermoso, de Cepeda y de los Condes de la Gomera y la antigua Cilla del
Cabildo (siglo XVIII ).
15 Véas e para más detal le Ma nuel Rod ríguez - Buzón Calle, La Colegiata de Osuna , Sevilla ,
Diput ac ión de Sev il la, 19 82.
49
En la actualidad la e conomía basada en la agricultura va dando paso a
actividades del sector servicios, e industrial. Debido a la variedad orográfica que
significa dentro del mismo término municipal tipos de terreno tan diferentes como
son las zonas de Sierra, la Campiña y humedales, zona de la Laguna Calderón, los
alrededores de Osuna presentan una interesante variedad de paisajes, vegetación y
fauna, desde los típicos bosques-galerías que encontramos en Río Blanco a los
olivares de la Campiña, de los flamencos y garzas de la Laguna Calderón a los
petirrojos, zorros y gavilanes de Río Blanco; y por todas partes caza menor,
conejos, perdices, etc.
II. 2.2.- Conclusiones sobre la evolución histórica de la zona.-
Del recorrido histórico que hemos trazado de las poblaciones que nos
ocupan, aunque breve y esquemático, se pueden extraer sin temor a generalizar de
una forma superficial, importantes conclusiones sobre la identidad de la Campiña en
su vertiente oriental y sus rasgos definidores comunes 16 .
1º.- La zona ha sido objeto, como se ha dicho ya, de asentamientos
prehistóricos, siendo desde el Neolítico escenario de una o varias culturas de gran
significación. En estos momentos, aún imprecisos, se sitúan las primeras sociedades
organizadas en poblados cuyos medios de vida eran en primer lugar la agricultura y
la ganadería. Al igual que el resto del sur peninsular, la influencia de pueblos
ajenos al indígena ha sido fundamental, pues de este contacto ha derivado, por
ejemplo, el conocimiento del cultivo del olivo.
2º.- La presencia de la civilización romana que supo sacar aprovechamiento
de estas tierras tanto por su idoneidad para el cultivo del olivo como por su
estratégica situación como zona de paso. El impulso dado en esta época a la
16 Para la evoluci ón históric a general de Andalucía, con la que la comarca tiene, como es lógic o,
mucho s puntos comunes véas e la comple ta e inte res ant e obra de Man uel M oreno Alonso, Hist ori a
de Andalucía , Sevilla, ed. A lfar, 2004 .
50
producción de aceite de oliva, convirtió esta comarca en un centro exportador de
importancia excepcional en el Imperio. Al igual que el resto de la Bética, esta parte
de la Campiña estaba sólidamente romanizada.
3º.- La cultura islámica también dejó una huella importante no sólo desde el
punto de vista arquitectónico, sino desde el punto de vista económico. La
agricultura adquirió un gran desarrollo sobre la base de amplias parcelaciones de
carácter latifundista y el progreso de los sistemas de laboreo. En este sentido el
régimen de la propiedad apenas sufrió modificaciones: el latifundismo musulmán
sustituyó al visigodo que, a su vez, había sustituido al romano. En cuanto a los
cultivos el período árabe supuso una generalización de los cultivos de riego, como
el algodón y de los árboles frutales (almendros, granados, higueras, naranjos...). La
ganadería también adquirió una importancia considerable, fomentando la cría de
ovejas y el comercio de lana.
4º.- Pero las consecuencias más importantes y duraderas para la estructura
territorial de la Campiña Oriental vinieron de los repartos de tierras que tuvieron
lugar durante la Reconquista, en el s. XIII . El sistema de propiedad latifundista, ya
existente, se robusteció y ha condicionado fuertemente la evolución social y
económica de la zona. Los reyes cristianos concedieron regalías de grandes
extensiones de terreno a nobles, caballeros y órdenes religiosas que acapararon,
bien por las donaciones, bien por compra, enormes propiedades. La consecuencia
inmediata de este sistema feudal fue un reparto desigual de la riqueza, cuyo alcance
ha llegado hasta nuestros días.
5º.- En cuanto a la formación propiamente dicha de las localidades de la
Campiña Oriental, como se desprende de su historia, se pueden establecer tres tipos
de procedencia: las originadas por donaciones de la Corona como pago de favores a
una o varias familias de nobles o a órdenes eclesiásticas. Es el caso de Écija, Osuna ,
Marchena, Fuentes de Andalucía, La Puebla de Cazalla y La Campana. Todas ellas
tienen en común poseer un término municipal relativamente extenso; las
51
procedentes del afianzamiento y crecimiento de agrupaciones poblacionales en
forma de cortijadas, situadas en los extremos de grandes propiedades con el fin de
facilitar el trabajo de los obreros. Así nacieron Lantejuela, El Rubio, Marinaleda y
Herrera, cuyos términos municipales son muy escasos; y por último las creadas por
decreto en el s. XVIII por expreso deseo del Rey, La Luisiana y Cañada, también de
términos municipales exiguos.
6º.- Como vemos, toda esta zona, al igual que el resto de Andalucía, tiene
una vinculación ancestral y profunda con la tierra. La f orma de vida y subsistencia
giran en torno a un único centro gravitatorio marcado por las actividades del sector
primario, la agricultura y en menor medida la ganadería. En el s. XVIII , los censos
de población activa sitúan el s ector agrario en más de un 80%. Aquí van incluidos
labradores, pastores y jornaleros.
52
II. 3. A SPECTOS S OCIO – E CONÓMICOS 17
En este apartado se verán las características generales que configuran la
estructura social y económica de esta zona en el período de tiempo que nos interesa
conocer desde el punto de vista del romancero, es decir, de la época en que los
transmisores que han proporcionado el presente corpus , aprendieron y utilizaron los
romances de forma espontánea en sus actividades cotidianas. Teniendo en cuenta
que los informantes de más edad cuentan con 85 años, el estudi o del período
histórico debe referirse al s. XX casi completo.
Como se deduce fácilmente del recorrido histórico de las localidades de l a
Campiña Oriental, la agricultura es el factor determinante de la realidad social y
económica que se desarrolla en la zona. El elevado índice de ruralización, unido a
un sistema de propiedad latifundista, hacía del problema agrario el mayor y más
importante de cuantos afectaban la vida de Andalucía en general y de esta comarca
en particular. Los intentos de reparto de la propiedad del s. XIX , no hicieron sino
consolidar las posiciones privilegiadas de los terratenientes y la desprotección del
proletariado rural. Los que trajo consigo la República no tuvieron más éxito y no
solucionaron en absoluto la precaria situación del campesinado.
No obstante, se pueden establecer salvedades en cuanto a la evolución de la
propiedad de la tierra, pues la desamortización de Mendizábal, favoreció un sistema
que brindó una oportunidad a los labradores de escasos recursos de poder comprar
una parcela de terreno. Tal fue el caso de Marchena y Fuentes de Andalucía, que
tenían gran parte de su término en manos del clero y vieron cómo se transformaban
en hazas medianas para poder ser adquiridas a bajo precio. Éstas fueron llamadas
“las tierras del Instituto” y su reparto hizo que se creara un nuevo estatus social
17 Para un estudio de conjunto de estos aspect os en Andalucía, véa se Juan Torres López, La
economía andaluza , Málag a, ed. Sarriá, 1998 ; y M . M oreno Alon so, Histo ria de Andal ucí a , 2004 ,
cap . VII, “El s. XIX en los u mbrales del tiempo actual” págs. 285 - 334, en especial los epígrafes: “El
problema de la tierra y el fracaso de la industrial ización”, págs. 326 - 334; y cap. VIII, “Andalucía en
el s.XX”, págs. 387 - 463, epí grafe: “La estruct ura económica”, págs. 452 - 455.
53
agrícola: el de los “mayetes”, que suponían, aun dentro de su posición humilde, un
escalón por encima de los simples jornaleros.
En un estado social y económico que había evolucionado poco o nada
durante siglos, se desencadena en España la guerra civil (1936), el episodio más
triste de nuestra historia, tanto por su crueldad como por sus repercusiones
insospechadas. El recuerdo de la guerra civil y la dureza de los años de la posguerra
han alimentado la memoria colectiva de la generación que la vivió en su infancia y
primeros años de adolescencia (como es el caso de los informantes entrevistados en
esta encuesta), hasta el tiempo presente, con una viveza que sigue condicionando la
rememoración del pasado.
Se ha escrito que la situación de España tras la guerra civil era sólo
comparable a la de después de la guerra de la Independencia. La coincidencia de
aquellos años con los de la guerra mundial y con la etapa de aislamiento siguiente a
la misma hace que el período e ntre 1939 y 1951 fuera particularmente di fícil,
marcado por el miedo, el hambre y la miseria. A los destrozos infinitos de la
contienda se unieron incluso factores meteorológicos adversos que incidieron
negativamente en esta zona tan intensamente agraria. Era el tiempo de la Fiscalía de
Tasas, de las cartillas de racionamiento, del estraperlo y de míseros jornales por un
trabajo realizado de sol a sol.
El cultivo de la tierra estaba basado en el tradicional división del terreno a
tres hojas: en una se siembran cereales, en la otra leguminosas y la tercera se deja
descansar como barbecho. El papel de las leguminosas es importante pues aporta
nutrientes al suelo y representa un recurso alimentario importante tanto para el
ganado como para los grupos sociales más desfavorecidos. El olivar,
importantísimo en la economía y en la dieta, producía sólo en años alternos.
Además de los cultivos de cereal, se hacían otros, a menor escala que
servían para completar la dieta alimentaria de los campesinos: frutas (melones,
sandías, ...) y hortalizas (tomates, cebollas, pimientos y ajos, sobre todo). También
54
existían en la Campiña un gran número de plantas que en épocas de paro o días de
lluvia, los jornaleros aprovechaban para recolectar y comer, ayudando así a la
precaria economía familiar. Eran plantas que crecían en las veredas, padrones,
márgenes de lo s arroyos, bordes de los pozos, etc., tales como ortigas, espárragos,
tagarninas, cardos, cardillos, higos chumbos, collejas o palmitos (hoy protegidos
por estar en peligro de extinción).
El orden de los grandes propietarios absentistas, que poseen propiedades
aquí pero viven lejos, a diferencia de lo que pasaba fuera de Andalucía, se mantuvo
sin cambios significativos hasta casi nuestros días, apoyado por el franquismo.L a
propiedad de la tierra siguió en manos de esta clase privilegiada, que era el principa l
obstáculo para el desarrollo de la zona, de sus campos y de sus habitantes. La mayor
parte del campesinado, sumamente empobrecido y ejerciendo aún trabajos
eventuales, no t enía acceso a la propiedad, a la cultura ni a la mejora de sus
condiciones de vida. Más del 80% de la población rural era analfabeta.
El panorama de las plazas en los pueblos al atardecer mostraba un grupo de
hombres esperando la llegada de los dueños de las fincas para que los contrataran al
día siguiente. Con un poco de suerte, se contaba con el jornal de ese día. Estas
condiciones laborales no permitían ningún tipo de progreso, ni visión de futuro,
aunque fuera inmediato.
La estructuración poblacional en otras zonas andaluzas presentaba una
forma piramidal de ancha base, muy acusada. En la élite estaban los nobles y los
grandes terratenientes que seguían ejerciendo su poder económico e incluso político
y por debajo de éstos las clases medias muy diversificadas que incluían patronos
agrarios, propietarios de fincas medias, los empleados de la administración, los
pequeños comerciantes y los profesionales (médicos, abogados, militares), de gran
ascendencia en la época. Y finalmente, en la base de la pirámide se encontraban los
trabajadores y el campesinado. En la Campiña Oriental cabe destacar la ausencia
55
casi total de una clase media real, por lo que las diferencias sociales suponían un
verdadero abismo entre ambos polos.
El peso del sector industrial en la economía era extremadamente débil. Se
trataba de una industria de fuerte componente artesanal, que se traducía en el
predominio de la pequeña y mediana empresa orientada a la elaboración de los
productos agrarios tradicionales, principalmente los derivados del olivo : aceites y
aceitunas de mesa; del trigo: fábricas de harina; de plantas herbáceas como la
palma, esparto y fibras vegetales, con los que se hacían numerosos aperos para las
labores agrícolas y utensilios varios para la vida cotidiana; de granos diversos,
como el maíz, que se molía tanto para el ganado como en forma de harina para el
consumo humano; del barro: tejares y alfarerías donde se fabricaban tejas y demás
útiles de cocina. Tal es el grado de primitivismo de estas actividades que parece que
describamos el panorama industrial de la Edad Media.
El incremento de la natalidad y la disminución de la mortalidad en la época
de posguerra originaron familias numerosísimas, cuya consecuencia inmediata fue
la de emplear a los hijos desde la niñez en ocupaciones que, si bien no aportaban
muchos ingresos en las arcas familiares, tendían al rendimiento del niño de forma
que su sustento no supusiese otra carga. Los muchachos, no todos, eran enviados a
las escuelas el tiempo mínimo y en cuanto aprendían “las cuatro reglas” se les
ocupaba guardando cochinos o haciendo otros trabajos menores en el campo. En
tiempos de cosecha de forma generalizada se realizaban las tareas de “ rebusco”.
Una vez que el dueño daba por concluida la recolección (trigo, garbanzos, melones,
aceitunas...) concedía permiso para que entraran en su finca y rebuscaran lo que
había quedado en el campo. De esta forma las familias encontraban una ayuda para
su subsistencia. A veces, los rebuscadores permanecían en la linde de la finca
durante días esperando el permiso de entrada. Paradójicamente, a pesar de este
estado de cosas la gente encontraba alegría en la vida, cantaba romances y todo tipo
de coplas, bailaban, reían y disfrutaban sus fiestas, con la energía y vitalidad que les
daba la fuerza inalienable de su juventud.
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En las décadas siguientes Andalucía en general, y la Campiña no era una
excepción, se convirt ió en la víctima del desarrollo de otras y perdió la ocasión de
especializarse en torno a sectores con un gran futuro posterior como la agricultura
intensiva o las industrias de transformaciones agrarias. El exceso de población, la
mala distribución de la riqueza y el abandono por parte del Gobierno, hicieron que
la única salida posible para el sur fuera la emigración. Los pueblos de esta zona,
como muchos otros andaluces, sufrieron una verdadera despoblación, de la que
algunos, como F uentes de Andalucía, no han conseguido recuperarse, con lo que
ello supuso de empobrecimiento humano. Aun así, las condiciones de vida fueron
mejorando y la generación nacida en los años 60, empezó a tener opciones de
acceso a una formación académica. De esta época son las pocas personas que
aparecen en la encuesta como informantes con titulación, de magisterio, sobre todo.
En la actuali dad la B aja Campiña se ha ido vaciando de los contenidos
tradicionales a los que antes hemos aludido. Han ido desapareciendo prácticas como
la ordenación de cultivos en torno a los cortijos, que favorecían el contacto humano
y la transmisión oral. La mecanización progresiva en el desarrollo de las tareas
agrícolas ha conllevado el despoblamiento masivo del campo. La tendencia es la
implantación de cultivos fácilmente mecanizables, con poco riesgo en su
comercialización (girasol, remolacha, colza...) en detrimento de la superficie
dedicada al olivar, por ejemplo. Como consecuencia se está creando un pais aje
agroindustrial bastante uniforme donde predominan los monocultivos intensivos.
Desde el punto de vista social estos cultivos inciden en la nula creación de
puestos de trabajo, lo que ha llevado a una institucionalización de los subsidios
agrarios y a crear una población en paro estructural, que depende para su existencia
del apoyo económico público. Sin embargo, esta política proteccionista ha mejorado
la calidad de vida de los sectores tradicionalmente deprimidos haciendo posible una
homogeneidad social positiva y una disolución de las diferencias entre las clases
altas y las bajas.
57
II. 4. A SPECTOS C ULTURALES
La cultura de la Campiña, como la de Andalucía en general, entendida como
sistema colectivo de comportamientos y creencias, se halla marcada en la época que
nos ocupa por el subdesarrollo económico y social de la zona. La más clara
manifestación de ello desde el s. XIX es la persistencia del analfabetismo. A pesar de
los indudables progresos en materia de enseñanza y educación tras la guerra civil,
aún aquí se supera con creces la media nacional de analfabetismo. La falta de una
enseñanza reglada, como veremos más adelante, va a ser una característica común a
la mayoría de los informantes del romancero de la Campiña.
En cuanto a las manifestaciones espontáneas de la cultura como forma de
vida, tenemos que destacar la gastronomía, que viene determinada en gran medida
por las condiciones climáticas y por los cultivos agrarios tradicionales en la zona.
La adaptación a lo que la tierra ofrece, al clima y a la escasez ha propiciado el
desarrollo de una cocina creativa, variada y original que, a diferencia de la actual,
prescindía del abuso de carnes y otras proteínas, siendo a la vez que sabrosa, sana.
De entre los platos típicos que se cocinan en la zona destacan los que
aprovechan las plantas autóctonas silvestres, como los espárragos trigueros, que aún
son muy apreciados; los guisos de leguminosas, como los pucheros de garbanzos, y
los potajes de lentejas y de habichuelas; los platos de hortalizas, que se elaboraban
cada uno en su tiempo, como el gazpacho, el refrito de tomate, las berenjenas
rebozadas, los pistos, el arroz con tomates y pimientos, las coliflores esparragadas,
los aliños de patatas y de pimientos, las espinacas, las habas, etc ; los platos que
aprovechan la caza como el arroz con liebre o con perdices. También son
sumamente interesantes las recetas derivadas del precepto religioso de no comer
carne en cuaresma, que ha originado una tradición culinaria en torno al bacalao, que
se preparaba con arroz, patatas, frito, rebozado, con tomates y un largo etcétera.
En la alimentación diaria jugaban un papel fundamental el pan y el aceite,
que constituían un pilar alimentario fundamental, así como las aceitunas.
64
ciertamente representaban “una cosecha muy exigua para un área como la
andaluza” 27 .
En otras zonas peninsulares, según P. Piñero, las investigaciones no habían
ido mucho más lejos, con la excepción de Asturias, que contaba con el Romancero
Asturiano de Juan Menéndez Pidal (1885) y Cataluña, con el Romancerillo de Milá
y Fontanals (1882).
Ya en el s. XX es D . Ramón Menéndez Pidal el que relanza la recopilación
del romancero a nivel hispánico. En 1910 crea el Centro de Estudios Históricos y
agrupa un buen número de estudiosos bajo su magisterio, que dieron un impulso
inusitado a las encuestas romancísticas en las diversas zonas no sólo peninsulares
sino en Oriente y en Hispanoamérica, abarcando de este modo, todo el ámbito
panhispánico.
Andalu cía se vio favorecida también por este nuevo ímpetu recopilador y
contó con la presencia del propio Menéndez Pidal, que estuvo en Granada en 1920
y de algunos de sus colaboradores, entre los que cabe destacar a Manrique de Lara,
que encuestó en Córdoba, Sevilla, Cádiz y Algeciras 28 . Éste tuvo la fortuna de
encontrar informantes excepcionales como Juan José Niño, que le aportó un
romancero gitano de enorme interés 29 . Los días que Manrique de Lara dedicó a las
encuestas andaluzas no fueron muchos pero los resultados no pudieron ser mejores:
un total de aproximadamente dos cientas versiones de más de cien temas, la mayoría
de los cuales no estaba documentado con anterioridad.
En la década de 1940, uno de los más relevantes investigadores vinculados
al Centro de Estudios de Menéndez Pidal, Diego Catalán, realizó encuestas en
27 J. A. Cid, es t. cit., págs. 2 8 - 29, hace una r elación completa de l os text os y su procedencia.
28 J. A . Cid, est. cit ., espe cialmen te en los epígrafe s “La encues ta andalu za de M anriq ue de L ara
en 1916” e “Inventario. Índice” hace un estudio exhaustivo sobre la recopilación de Manrique de
Lara e n Andal ucía y o frece un r esumen del conjun to romancístico q ue aportó, págs . 30 - 61.
29 Véas e Tere sa Cata rel la , El Romancero gitan o – andaluz de Juan José Niño , p resentació n de
P. Piñe ro, Se vill a, Funda ción Machad o, 1993.
65
Andalucía, sobre todo en las provincias de Granada y Jaén, cuyos resultados se
publicarán en el Romancero Tradicional de las lenguas hispánicas (1957-1988) 30 .
En Andalucía Oriental los estudios romancísticos recibieron un fuerte
impulso con la llegada a la Universidad de Granada de D. Manuel Alvar. La única
provincia sistemáticamente explorada fue Málaga, pero a través de sus alumnos de
doctorado, el insigne profesor hizo acopio de textos de prácticamente todas las
provincias andaluzas, como él mismo describió en “Una recogida de romances en
Andalucía (1948-1968)” 31 . Su marcha a Madrid supuso un estancamiento de las
encuestas, recopilación y edición de los romances.
En las dos últimas décadas del s. XX , la recopilación y estudio del
romancero andaluz reciben un renovado impulso proveniente d el ámbito
universitario. El profesor D. Pedro M. Piñero Ramírez, de la Universidad de Sevilla,
venía ocupándose desde principios de la década de 1980 de este aspecto de la
literatura, implicando a sus alumnos y otros estudiosos en trabajos de recolección de
romances. Por estas fechas Virtudes Atero preparaba bajo su dirección una Tesis
doctoral sobre la comarca de la serranía gaditana.
Conscientes de la ingente labor que suponía una exploración sistemática del
romancero, ambos decidieron crear un Grupo de Investigación que reunía jóvenes
estudiantes de las Facultades de Filología de Sevilla y de Filosofía y Letras de
Cádiz 32 . El propósito era claro: “Completar la recolección de toda la provincia de
Cádiz en una primera fase, para continuar después con la de toda Andalucía
occidental, intentando paliar así el olvido que del romancero andaluz se había
30 Para la hist oria de la recolección andaluza, sobre todo en su vertiente orient a l, es fundam ental
el estudio de Enrique Baltanás “Exp loración del romancero tradicional mo derno en And alucía: de
Córdob a a Almería ”, en La eterna agonía del romancero. H omenaje a Paul Bénichou , 2001 , págs.
387 - 392. A este trabajo me remitir é para tr azar el desarrollo de l a recopilación andaluza en esta
zona.
31 M. Alva r, “ Una r ec og id a de ro man ce s en An da lu cí a (194 8 - 1968)” en El Romanc er o.
Tradici onalidad y pervivencia, Barcelo na, Plan eta, 1974, 2ª ed. corr . y muy aument ada [1970 ], págs.
365 - 384.
32 Vir tud es A tero da en su Tesis doctoral Estud io del romancero de la Serranía de Cádiz ,
(inédita) dirigida por Ped ro P iñero y presentada en Se villa en 198 6, un a d escripción detallada de los
orígenes y primeros pas os de est e Grupo de I nvestigaci ón, págs. 12 - 16.
66
tenido desde después de la guerra” (Atero, 1996, pág.38). El primer trabajo
conjunto del equipo fue una encuesta colectiva en Mairena del Alcor, bajo el
asesoramiento Ana Valenciano y Flor Salazar, miembros del Seminario Menéndez
Pidal.
Poco después, en 1985, a este proyecto vino a sumarse la recién constituida
Fundación Machado, cuyo “punto de partida fue el estudio, en toda la dimensión
rigurosa que la filología presta, de la literatura oral andaluza. Se trataba de
dignificar esta literatura popular aplicando a su investigación, estudio y edición los
métodos filológicos apropiados tal como se hace con la otra literatura, …, l a mal
llamada por algunos literatura culta” (Piñero y cols., 1999, pág.11)
Desde el principio se creó dentro de la Fundación el Área de Literatura Oral
que impulsó el conocimiento y valoración de la literatura tradicional en general,
pero dando un tratamiento de prioridad al romancero, entre otros motivos para
paliar la desigualdad que éste presentaba con respecto a los de otras zonas
hispánicas. “De modo pref erente se ha ocupado de la recogida, investigación y
estudio del romancero, la canción lírica y el cuento por este orden de prioridades”
(Piñero y cols., 1999, pág.11)
Tareas fundamentales en esta institución han sido tanto la recogida y edición
de textos como la no menos importante labor de publicación de estudios al respecto,
sin olvidar la organización de actos que han servido de punto de encuentro y debate
para los estudiosos, como el IV Coloquio Internacional sobre Romancero celebrado
en 1987. D. Pedro Piñero Ramírez, en su doble función como director del
Departamento de Literatura y del Área de Literatura Oral de la Fundación Machado,
ejerce una labor inestimable a la hora de coordinar y canalizar los esfuerzos que se
realizan por parte de ambas instituciones para culminar el proyecto inicial.
En la actualidad el estado de la investigación romancística en las distintas
provincias es desigual.
67
III. 1.1. Provincias de Andalucía oriental: Jaén, Almería, Granada, Málaga
y Córdoba.
En Almería s e cuenta con un “Grupo de Trabajo sobre la Tradición oral en
Almería”, formado por profesores universitarios y de enseñanza secundaria, y
dirigido por Pedro R. Molina García. Actualmente el grupo planifica la extensión de
las encuestas de campo que habrán de culminar con la publicación del Romancero
de Almería , insertándose así en el ambicioso proyecto que impulsa la Fundación
Machado y que abarca todo el territorio andaluz. Pero eso será en un futuro
próximo. Hoy por hoy no se cuenta más que con la publicación de dos textos
almerienses: Gerineldo y La Condesita y La hermana cautiva (Guerrero Villalba y
Serrano de la Torre, 1995).
En Córdoba sólo se cuenta con el romancero de una localidad, Fernán
Núñez (Vázquez León, 193) y con unos pocos textos aparecidos con anterioridad en
una revista de enseñanza (Pedraza y Jiménez, 1984)..
En Granada se cuenta con la colección de Martínez Ruiz procedente de la
sierra granadina (1956) y con dos generales de Escribano Pueo y otros (1990 y
1995). Además con romanceros locales de Esturre (Grina, 1944), de la comarca de
Baza (Laguna y Belmonte, 1996) y de la zona del Temple (Martín Palma y Tejerizo,
1997).
La provincia de Jaén cuenta también con aportaciones que, como las
anteriores no s uponen una exploración sistemática del territorio, aunque son
aproximaciones válidas al estado de la cuestión en la zona. Aquí se cuenta con dos
cancioneros generales (Torres Rodríguez de Gálvez, 1972; y Nieto Serrano, 1984),
los textos jiennenses de Pedraza y Jiménez (1984) y el romancero de la comarca de
Sierra Mágina (García y Garrido, 1991).
La provincia malagueña f ue atendida, como queda dicho anteriormente, por
D. Manuel Alvar, a quien ha seguido en su labor el profesor López Estrada, que ha
68
editado y estudiado numerosos textos a lo largo de años de investigación
continuada. A estos trabajos hay que añadir el romancero de la comunidad sefardi ta
malagueña (Anahory Librowicz, 1980) y varios locales como el de Benítez Sánchez
sobre Cuevas de san Marcos (1999).
III. 1.2. Provincias de Andalucía occidental.
Como se ha mencionado antes, es en la Andalucía occidental donde con más
energía se ha dejado sentir la influencia de la Fundación Machado. Con varios años
de anterioridad a la aparición de la misma, ya el grupo de investigadores que la
integraron, había planificado y realizado exploraciones en varias zonas.
La provincia de Cádiz, ciertamente posee una historia acabada en cuanto a
la investigación y edición de su romancero 33 . A mediados del s. XX , también entra
en el radio de influencia del Centro de Estudios de Menéndez Pidal, aunque en
opinión de Atero, “el interés que se le dedica es mínimo con relación a otras zonas
del mundo hispánico” (Atero, 1996, pág. 26). Por estas mismas fechas tiene lugar
una labor recolectora de muy distinta índole: por una parte la protagonizada por la
Sección Femenina, que tras la guerra civil hizo encuestas al amparo del régimen
político en el poder. Los romances eran recogidos mezclados con todo tipo de
materiales folclóricos y populares, que incluso se permitieron manipular, y cuyo
rigor científico es inexistente; y por otra parte tenemos la encuesta del poeta y
ensayista Pedro Pérez Clotet a quien se debe la aparición de la primera colección de
romances propiamente gaditanos, Romances de la Sierra de Cádiz en 1940 34 . Este
colector transcribe con gran fidelidad los textos y los trata con carácter científico,
33 Véase , para una desc ripción exhau stiva y detalla da de las in vestigac iones d el rom ancero en
Cádiz , l a “ Int roduc ción ”, págs. 15 - 74, de Virtudes Ater o en RGA, I, Cádiz , 1996, cuyo s datos sig o.
34 Véas e la reci ent e publ ica ció n de estos texto s en José Mª Barre ra Lópe z (ed.) “Rom ances d e la
Sierra de Cádiz”, en Obra liter ari a de Pedro P érez Clotet , 2 vols ., Mála ga, Ce ntro Cu ltural de la
Gener aci ón del 27 , 2005 , v ol. 2, pá gs. 21 5 - 282.
69
lo que no es poco meritorio. Su colección es significativa en cuanto que en ella
empiezan a apreciarse los rasgos del romancero del sur.
En las dos últimas décadas del s. XX , las encuestas en la provincia gaditana
se realizarán de forma planificada y sistemática. En esta época cabe destacar la
labor de varios profesores que han vinculado su interés por el romancero a sus
actividades docentes, implicando a su alumnado en los proyectos. Habría que
mencionar a la profesora Carmen García Surrallés, que personalmente y a través de
sus alumnos reunió un importante corpus , sobre el que centró su tesis doctoral : “El
Romancero de Cádiz. Zona atlántica”, dirigida por P. Piñero; al profesor Mendoza
Díaz -Maroto, que se hizo también de una importante colección de romances
gaditanos; a Juan Ignacio de Vicente Lara, que encuestó en Algeciras; y a Virtudes
Atero, que realizó su tesis doctoral, Estudio del Romancero de la Serranía
gaditana , también bajo la dirección del profesor P. Piñero.
En 1982, ambos emprendieron la encuesta en Arcos de la Frontera, cuyos
resultados se publicarían en el Romancerillo de Arcos de la Frontera (Piñero y
Atero, 1986). A raíz de estas investigaciones y ante la magnitud del trabajo,
decidieron formar un Equipo de Investigación de carácter universitario, del que ya
hemos hablado antes, con el fin de implicar a suficientes personas en el proyecto,
contando con el apoyo del Seminario Menéndez Pidal.
Cuando desde la Fundación Machado se plantea como objetivo a corto plazo
la recolección sistemática de la provincia de Cádiz, ya existía un buen número de
textos recaudados a través de trabajos didácticos, iniciativas personales y
profesionales y de tesis doctorales. El grupo investigador, con la ausencia de
algunos miembros primeros y la incorporación de otros nuevos, va poco a poco
barriendo el mapa provincial y completando zonas a lo largo de los años siguientes.
A las encuestas colectivas realizadas en Bornos y en la parte nororiental de la
provincia, se van sumando las de grupos reducidos e individuales, con frecuencia
formando parte de tesis de licenciatura.
70
Finalmente la incorporación del romancero por parte de la profesora Atero
como materia didáctica en sus clases, abre camino a la colaboración de los alumnos
y a nuevas aportaciones textuales.
Tanto esfuerzo consigue reunir una colección sobradamente representativa
del estado del romancero en la provincia (más de tres mil versiones, de más de cien
temas ) y se ve finalmente culminado con la publicación del Romancero de la
Provincia de Cádiz , ( RGA, I, Cád iz , 1996), que pretende ser el primero de una
colección que edite el romancero de todas las provincias andaluzas a largo plazo,
teniendo como objetivo más inmediato las provincias occidentales.
En la provincia de Huelva el estudio del romancero se encuentra, al igual
que en Cádiz, muy acabado en lo que a recopilación de textos se refiere. Pero el
camino recorrido hasta ver publicado su corpus romancístico en El Romancero de
la provincia de Huelva, ( RGA, II, Huelva , 2004) ha sido largo y laborioso 35 .
La ausencia de datos sobre el romancero de Huelva ha sido persistente a lo
largo del s. XIX . En épocas en que, sobre todo en Sevilla, empezaba a hablarse de la
recuperación de los textos populares, no sonaba ni remotamente el nombre de esta
provincia. Según P. Piñero: “Parece evidente que la investigación de los primeros
estudiosos del Romancero en el Ochocientos, que abren las puertas de la nueva
época, la tradición moderna, no atendió para nada –no sabemos si poco o mucho- a
lo conservado en Huelva” (Piñero, 2004, pág. 13).
Los primeros textos de los que se tiene noticia son un Gerineldo , procedente
de un pliego de 1846, recogido en 1930 por Martínez Torner 36 , una versión de Los
mandamientos de amor y otra de Hilo de oro , publicados por Antonio Machado y
Álvarez en El Folklore andaluz (1882-1883), el último reseñado como canción
infantil. A pesar de que en la sociedad fundacional figuraba un onubense, Fernando
Belmonte Clemente, éste dirigió su atención a los cantes flamencos pero no al
35 Para un reco rrido pormenori zado por la histo ria d e los estudi os del romance ro en la pr ovincia
de Huelva, es fundamental la “Int roducción” de P. Piñer o en RGA, I I, Huelva , 2004, págs. 1 3 - 43.
36 Véas e Di ego Ca tal án, El Archi vo de l Romanc ero , 2001, vo l .I, pág. 30 .
71
romancero, que como se ha señalado en ocasiones anteriores, fue el gran olvidado
en los proyectos de estos folcloristas.
Ya en la década de 1930, a través del Centro de Estudios pidaliano, que
desarrollaba su actividad recopiladora en otras zonas hispánicas y andaluzas, se
contempla la posibilidad de una exploración seria y rigurosa de la provincia
onubense. Y es Eduardo Martínez Torner el que toma la iniciativa y lleva a cabo las
encuestas en Huelva y el sur de Badajoz. Los resultados fueron excelentes y su
valor se incrementa por las notaciones musicales con que los acompañaba y que
pudo hacer por sus amplios conocimientos en este campo. De hecho fue Jefe de la
Sección de Musicología y Folklore en el Centro de Estudios Históricos. En cuanto a
los romances recogidos, los que han sido publicados en alguna ocasión han entrado
a formar parte del corpus final del Romancero de la provincia de Huelva (RGA, II,
Huelva , 2004) y otra parte del repertorio permanece inédita en los archivos del
Seminario Menéndez Pidal.
Ya cercana la década de 1950, otro estudioso relacionado, no con el Centro
de Estudios Históricos, pero sí con el mundo de la música, se ocupó del folclore de
Huelva, Arcadio Larrea, que filmó numerosos bailes y tomó nota asimismo de los
textos. Dispuso, como primicia tecnológica, de una grabadora, que luego sería
imprescindible en las labores de encuesta. Una centena de romances onubenses
constan en el repertorio de Larrea, que se conserva en el Instituto Español de
Musicología y se editan dentro de RGA, II, Huelva , 2004.
Con posterioridad, ya en la década de 1990, el estudio del romancero de
Huelva se proyecta desde la Fundación Machado, contando también con
participantes de un grupo de investigación universitario: “Romancero de la tradición
moderna en Andalucía y América”. El grupo de investigadores, formado por Pedro
Piñero, director, Antonio J. Pérez Castellano, Enrique Baltanás, M. Fernández
Gamero, J. Luis Agúndez, J. Pedro López y Jaime Covarsí, llevaron a cabo
campañas de recopilación en tierras onubenses, una vez finalizada la publicación
72
del romancero de la provincia de Cadiz. En los años 1991-1994, contaron para las
encuestas con la colaboración del Seminario Hispano-Alemán del Romancero de la
Universidad de Colonia. Con los altibajos propios de una labor tan amplia y ardua,
las encuestas se extendieron de 1991 a 2002 37 hasta completar la totalidad del
territorio provincial y los resultados se publicaron en el ya mencionado segundo
volumen del Romancero General de Andalucía , RGA, II, Huelva , 2004.
En cuanto a la provincia de Sevilla, se puede afirmar que ha gozado de una
situación de cierto privilegio dentro del abandono generalizado que Andalucía
sufrió en los albores de los estudios sobre el romancero. A lo largo del s. XIX , como
hemos visto, los estudiosos de la sociedad de El Folk-Lore Andaluz, capitaneada
por Machado y Álvarez, prestaron una especial atención a la zona sevillana y tanto
José Antonio de Torre Salvador, que se ocupó del romancero de Guadalcanal, como
Rodríguez Marín, allegaron textos de aquí, según queda dicho.
Más tarde, recordemos también las aportaciones de Manuel Manrique de
Lara, que reunió el romancero gitano de Juan José Niño, las de Arcadio Larrea, en
sus exploraciones musicológicas y las del profesor Manuel Alvar, que desde su
puesto en la Universidad de Granada, allegó textos también de Sevilla, a través de
estudiantes naturales de esta provincia.
Las siguientes recopilaciones en Sevilla dan un salto en el tiempo y se sitúan
ya como trabajos planificados a través del Área de Literatura Oral de la Fundación
Machado y dirigidos por el profesor D. Pedro Piñero, formando parte del ya
mencionado proyecto de un romancero general andaluz. A lo largo de los años en
los que la Fundación se ha ocupado de la recopilación en Cádiz y Huelva, Sevilla
no ha estado en absoluto abandonada. Desde la propia Fundación y desde el
Departamento de Literatura de la Universidad de Sevilla, se ha impulsado el
desarrollo de diversas exploraciones y trabajos de campo, cuyo objetivo es hacer
37 Pienso que no hay lugar en este repaso breve por la histor ia de los estud ios romanc ísticos
andaluces para una descripción detallada de estas encuestas y de sus resultados de los que tenemos
una precisa información en la “ Introducción” de P. Pi ñero en RGA, II, Huelv a , 2005, p ágs. 20 - 25.
73
acopio de materiales y textos para elaborar y editar un corpus sevillano a semejanza
de lo hecho en Cádiz y Huelva, y completar de esta forma el romancero de
Andalucía occidental 38 .
El grupo de investigación de la Fundación Machado inició, como queda
dicho, las encuestas sevillanas en Mairena del Alcor en 1982, y en esta ocasión sus
componentes estuvieron animados y asesorados por dos miembros del Seminario
Men éndez Pidal, Flor Salazar y Ana Valenciano. Seguidamente fueron encuestadas
la localidad de Mairena del Alcor y la zona de la Sierra Norte, que incluía
Guadalcanal, el pueblo donde un siglo antes estuvo J.A. de Torre Salvador,
Micrófilo . P. Piñero y V. Atero publicaron los resultados de esta encuesta en
Homenaje a Juan Collado de Terán (Piñero y Atero, 1989).
El Aljarafe sevillano sería la siguiente zona investigada. En 1988 se
abordaron las encuestas en varios municipios que luego se verían completada s
ampliamente por los trabajos de J. Pedro López Sánchez, como parte de su Tesis
Doctoral y que se publicaría posteriormente (López Sánchez, 1997). A instancias
del profesor Piñero, sus alumnos han llevado a cabo numerosos trabajos de
investigación, a veces circunscritos a un área geográfica pequeña, o a una sola
localidad pero que han contribuido a ir rastreando el romancero en diversos puntos
de la provincia: Juan P. Alcaide en Marchena, (Tesis de Licenciatura, inédita), La
Puebla de Cazalla (1992) y Arahal (2000) ; mi propio trabajo en Fuentes de
Andalucía (D. Flores, 1997) ; Esperanza Galindo en Brenes; Antonio J. Pérez
Castellano en Cantillana; Yolanda Castillo en Los Corrales; Balbino Macías en
Castilblanco de los Arroyos; Mª Ángeles Bazalo en Alcolea y Lora del Río; Mª
Ángeles Bazalo y Raquel Burraco en Tocina, Carmona y Lora del Río; J. Manuel
Campos en Algámitas, Villanueva de San Juan, El Saucejo y Morón de la Frontera
y Arahal.
38 Para la descripción detallada de la act ivida d desa rrollada por la Fundación Ma chado en
Sevill a, véase el estudio de E. Baltanás, M. Fernández Gamero y Antonio J. Pérez C astel lano,
“Exploración del romancero tradicional mo derno en And alucía II. Las provinci as de Huelva y
Sevill a (1984 - 1999)” en La eterna agonía del romancero. Homenaje a Paul Bénichou , 2 001, pá gs.
397 - 400.
80
Preparación bibliográfica.-
En este caso, la encuesta realizada en Fuentes de Andalucía en 1995, supuso
mi primer contacto con los trabajos de campo tendentes a la recopilación del
romancero. A las dificultades inherentes a este tipo de estudio se sumaron las
sobrevenidas de mi propia inexperiencia como colectora de romances. Escollo
importante que pude salvar gracias a la ayuda y orientación de mi profesor D. Pedro
Piñero y al apoyo metodológico del Área de Literatura Oral de la Fundación
Machado, que me proporcionó los materiales necesarios para empezar a encuestar,
(manual de encuestas, ficha para la recogida de datos...) así como las directrices
fundamentales para la actuación en las entrevistas (recitación de los íncipit ,
grabación de la información...). En estos primeros momentos de acercamiento al
romancero era imprescindible consultar una bibliografía general de ámbito hispano
que ofreciera una visión amplia y pormenorizada sobre el tema 40 .
A ésta hubo que añadir otra más específica que me acercara al romancero d e
la parte sur peninsular. Aspecto en el que me sirvió de referente el Romancerillo de
Arcos (Piñero y Atero, 1986.1), donde se publicaba la colección de los temas
recogidos en este pueblo gaditano y de estos mismos editores El Romancero
andaluz de la tradición oral (Véase bibliografía general).
La bibliograf ía consultada me puso en antecedentes sobre el tema y definió
el panorama aproximado de lo que podía encontrar en la zona, partiendo de lo que
ya se había encontrado y estudiado en otros puntos de Andalucía.
Y aún así, la recopilación del romancero de Fuentes tuvo para mí un valor de
verdadero descubrimiento. A pesar de haber vivido siempre en esta localidad, hasta
mí no habían llegado ya noticias ni conocimiento del conjunto baladístico utilizado
40 Entr e las obras de carácter general fundamentales p ara un acercamiento al romancero están:
Di Stéfano , Romancero , 19 73; Paloma Díaz – Mas, Romancero , 19 94; Merced es Díaz Roig, El
Romancero Viejo, 1976; M anuel A lvar El romancero Viejo y tradicion al , 1971; M enénde z Pidal,
Flo r n ueva de r omances v iejos , 37ª ed., 199 3; Pedro Piñero y Virtudes Atero, Romancero de la
tradició n mode rna , ( RTM ), 1987 . (Véase bibliogra fía general).
81
en ella en décadas anteriores por haber perdido sus manifestaciones espontáneas en
la vida diaria. Así pues, fue todo un hallazgo comprobar que, aun replegado a los
últimos rincones de la memoria de la gente, el romancero era capaz de resurgir y
dar sus frutos. Bien es cierto que, la mayor parte de las veces, a base de pura
insistencia, pero aún así, ahí estaba. Las voces de las informantes, es posible que no
tan vigorosas como antes, dieron buena prueba de la existencia de un caudal de
romances amplio y rico, que había formado parte importante de sus vidas.
Once años más tarde, ocupando los últimos meses de 2005 y primeros de
2006, ha tenido lugar la segunda encuesta abarcando la comarca natural a la que
pertenece el primer lugar estudiado, Fuentes de Andalucía, y ampliando hasta un
total de doce el número de localidades objeto de estudio, como ya se ha dicho.
En esta segunda encuesta, desde el punto de vista bibliográfico, he contado
con referencias especialmente efectivas: en primer lugar la colección de Fuentes,
que suponía una aproximación muy real y concreta al romancero que se podría
encontrar en la Campiña Oriental; y también y quizás en mayor medida aún han
sido referentes fundamentales los romanceros de las provincias de Cádiz y Huelva,
cuya publicación ha tenido lugar en este intervalo de tiempo y a los cuales ya me he
referido con anterioridad como RGA, I, Cádiz y RGA, II, Huelva . (Ver bibliografía
general).
Como ventaja de esta encuesta sobre la anterior, a una bibliografía completa
y adecuada habría que añadir mi propia experiencia a raíz de la investigación de
Fuentes, co ntando con una previsión aproximada de los temas más frecuentes que
podría encontrar así como con una noción de la melodía con la que se cantan.
Esta segunda encuesta ha supuesto una experiencia muy distinta a la anterior
en muchos sentidos, pero especialmente en lo que atañe a la localización de
informantes y entrevistas.
Localización de informantes.-
82
Dentro del marco teórico proporcionado por la bibliografía y con una idea
aproximada de lo que buscamos, la siguiente cuestión que se plantea es dónde
iniciar dicha búsqueda, o dicho de otro modo, cómo localizar a es os informantes
que saben romances y que deben cantarlos a instancias nuestras. Es la pregunta que
está en el origen de todas las demás y la dificultad de darle respuesta viene
motivada por un hecho innegable: el romancero en la actualidad pertenece al ámbito
de la más estricta intimidad del hogar.
En desuso completo debido a la desaparición de las circunstancias en que se
cantaban, la tradición romancística vive una seria decadencia recluida en la
memoria de quienes crecieron plenamente inmersos en ella. Es un hecho que han
puesto de manifiesto los investigadores por la dificultad que entraña dar con la
persona idónea en las encuestas: “Los informantes, los transmisores del romancero,
no poseen unas características específicas y diferenciadoras en su comunidad, ni se
distinguen por sus cualidades cantoras o musicales; no son, por tanto profesionale s
de la transmisión de romances.” (Piñero, 2004, pág. 50)
Hace unas décadas, cuando se cantaba en grupos laborales, bien en las
cuadrillas en el campo o en talleres, en la calle o en las casas vecinales, los más
diestros transmisores eran perfectamente conocidos en la comunidad y valorados
como tales. Era frecuente que en las tareas agrícolas los trabajadores buscaran
colocarse cerca de quienes cantaban mucho, ya fueran romances o flamenco, para
así tener entretenimiento en la dura jornada de trabajo. Incluso los manijeros
vigilaban las cuadrillas próximos a los muy cantarines . Lo mismo podría decirse de
los pequeños talleres, en los que las empleadas se divertían cantando coplas de toda
índole para mitigar la rutina.
Disueltas estas formas de convivencia, los repertorios tradicionales han
perdido por completo sus manifestaciones públicas, quedando replegados al ámbito
de lo estrictamente privado y quienes los transmitían son anónimos y desconocidos
83
incluso en el entorno más inmediato. Con frecuencia los propios hijos ignoran si sus
madres saben o no romances.
Hay varios caminos a seguir para encontrar los depositarios de la tradición
romancística, ninguno garantizado, ninguno seguro, pero hay que tenerlos en cuenta
para planificar la encuesta de una manera lo más sistemática posible. En este punto
caben distinguir varios métodos de actuación, que en ningún momento son
incompatibles: investigar entre los conocidos (si se tienen), hacer sondeos a pie de
calle entre los vecinos, visitar agrupaciones como las Escuelas de Adultos y los
talleres de ocio, donde asisten personas mayores, posibles conocedoras de
romances, encuestar a través de los centros de enseñanza....
Como norma general en este aspecto hay que decir que dirigirse a las
autoridades de la localidad suele ser infructuoso (concejales de cultura, alcaldes,
delegados de festejos...), así como recurrir a las cabezas visibles de la cultura
académica como directores de centros educativos, maestros, presidentes de
asociaciones culturales, etc. En estos círculos suelen remitir a los poetas locales, a
los cantaores de flamenco y en fin, a cualquiera que socialmente muestre alguna
habilidad relativa al canto o recitado y que a fin de cuentas no tiene nada que ver
con el romancero. Ya en la década de los años cuarenta Diego Catalán y Álvaro
Galmés observaron el mismo fenómeno a lo largo de sus encuestas en la zona
castellana: “Siempre que intentamos descubrir a los buenos romancistas acudiendo
a los representantes de la superestructura cultural, fracasamos lamentablemente” 41 .
La forma de localiza r un informante preguntando directamente en la calle
sólo funciona en localidades pequeñas donde la mayoría de la gente se conoce, ya
que han convivido durante toda su vida, de tal forma que si la persona abordada no
sabe romances, puede remitirte a otra que tal vez sepa. En Fuentes, por ejemplo,
todas las mujeres encuestadas fueron localizadas por un sistema de boca a boca, en
el cual, tomando como punto de partida a mi propia familia, de ahí en adelante, las
41 Die go Catal án y col s. (eds .), “La explor aci ón del romance ro” , en El Romancero en la
tradició n oral m oderna. I Coloq uio Internaciona l , (Madrid , 197 1), Mad rid, CSM P, 19 72, pág. 1 38.
84
entrevistadas me iban enviando de unas a otras. No hubo necesidad de utilizar
ningún método complementario, porque la cantidad de informantes conseguidas así
fue suficiente. No obstante, y por agotar todas las posibilidades, también hice visitas
a la Escuela de Adultos, que no dieron ningún resultado.
La misma técnica funcionó en El Rubio, donde una persona conocida mía,
Ascensión, se ofreció a servirme de guía y a localizar personas que pudieran
ayudarme. En las sucesivas visitas que realicé al pueblo, ella me llevaba a las casas
de las posibles conocedoras de romances. Y he de decir que con mucho acierto,
pues me puso en contacto con varias informantes, entre ellas una exce pcional,
Cristiana, famosa en el pueblo por cantar a todas horas y por la alegría de su
carácter, a pesar de sus ochenta años bien cumplidos. En varias ocasiones
Ascensión consiguió organizar reuniones del grupo de mujeres, con lo cual, como
sabemos las entrevistas aumentan su efectividad, al servirse de estímulo
mutuamente las transmisoras. Así han conseguido, ellas solas, reunir un más que
digno romancero, con versiones muy interesantes sobre algunos temas, que ya
tendremos ocasión de valorar más adelante.
En La Campana, volví a contar con la ayuda de una amig a, natural de
Fuentes, que se ofreció desde un primer momento a ponerme en contacto con el tipo
de personas que yo buscaba. Aunque no en todas mis visitas a la localidad pudo
acompañarme, a ella debo haber contado con las primeras mujeres encuestadas. Al
no ser suficiente, el conjunto de informantes se fue completando con preguntas
directamente en la calle. Como suele suceder, mis pesquisas en el Ayuntamiento no
dieron fruto alguno, enviándome al poeta local, que cantaba también, pero sólo
flamenco. La presencia en una localidad de personajes punteros en este ámbito,
co nsiderados por sus convecinos depositarios de la sabiduría y la tradición
populares, suele ser un obstáculo monumental en la investigación del romancero,
pues todas las respuestas conducen a ellos. Y ellos, por lo general, no saben
romances. Es el caso de La Campana, donde a pesar de ser un pueblo pequeño, fue
85
difícil encontrar el rastro de los verdaderos conocedores de la tradición
romancística.
En las localidades en las que no se cuenta con nadie conocido, localizar a los
informantes se complica enormemen te. Y no queda otra que preguntar a pie de calle
sobre el tema. De nuevo, las localidades pequeñas ofrecen una perspectiva
ventajosa sobre las grandes, puesto que los vecinos se conocen sobradamente. En
Cañada, Marinaleda, Herrera, La Luisiana y Lantejuela, a pesar de no contar con
ningún contacto, localizar a los posibles informantes ha sido relativamente fácil.
En Cañada, a la primera y mejor informante que he tenido en el pueblo,
Ascensión Gómez, la abordé casualmente en la calle y no sólo me cantó su
repertorio completo, sino que desde el primer día en las sucesivas visitas ejerció
amablemente de guía y me acompañó a las casas de todas las amigas que ella
pensaba que podrían ayudarme. Me presentaba como compañera de su hija para
ahuyentar recelos y juntas recorrimos más calles y casas de las que hubiéramos
querido, pues los temas del romancero estaban francamente olvidados. Incluso
reunió a un grupo de hermanas para que me cantaran, pero salieron pocos temas
tradicionales y algunos más de cordel. Con diferencia, el repertorio de Ascensión
era más rico. A título de anécdota diré que cuando le dije que ella era la que más
romances recordaba de todo el pueblo, contestó : “¿Y tú cómo me has encontrado a
mí? Ésa ha sido santa Rita, que te ha traído de la mano para que me encontraras.”
Sin duda no habrá sido la intervención divina, pero sus palabras resumen la
dosis de azar que interviene en la localización de los informantes. Por ello al
investigador siempre le queda la duda de si se habrá quedado sin encuestar es e
informante extraordinario, que guarda el tesoro de su repertorio romancístico de
forma anónima y que, seguramente, nunca verá la luz.
En Marinaleda, pienso que no hay lugar para la duda anterior, pues tengo la
certeza de haber encontrado al transmisor idóneo, al depositario de un saber
romancístico difícilmente igualable en la localidad. Se trata de Antonio Gómez,
86
nombre que surgió de inmediato cuando pregunté a varias personas en mi primera
visita al pueblo. Conocida su afición a cantar romances antiguos, sus convecinos
enseguida lo apuntaron como la persona que podría colaborar conmigo. Y no se
equivocaron, pues entre él y su amigo Antonio, éste último especializado en temas
religiosos, reunieron un más que notable puñado de romances de una variada
temática .
En Herrera, pueblo algo más extenso que los anteriores, las preguntas a pie
de calle también dieron resultados muy satisfactorios, llevándome hasta la familia
Gaona. En esta casa se reunieron dos hermanas y una sobrina y demostraron poseer
un amplio e interesante repertorio, además de ser magníficas informantes.
Por otra parte, en Herrera existía una experiencia de recopilación de
romances anterior a la mía, llevada a cabo por las maestras de la Escuela de
Adultos. En principio esto supuso un problema, pues al mencionar el tema de mi
estudio, era remitida de inmediato al trabajo anterior, que recogía con alguna
salvedad, romances de cordel y canciones de juego y donde no constaban los
nombres de las informantes. Era, pues, imposible comprobar si a la par que los de
cordel, sabían algunos romances tradicionales.
En La Luisiana, en cambio, todas las personas preguntadas en la calle sobre
el tema, me enviaron rápidamente a la Escuela de Adultos y a la Asociación de
Mujeres, cuyas integrantes, prácticamente las mismas, cantan habitualmente, siendo
del dominio público que si alguien puede ayudar a recopilar coplas antiguas son
ellas. Y, en efecto, ellas se prestaron con toda gentileza a cantar los romances que
sabían y otras canciones que yo les solicité, manual de encuesta en mano.
Pero también intervino la fortuna en el encuentro en la calle de Valle Olmo,
una informante valiosa, anónima, hogareña, que demostró tener una memoria
prodigiosa y guardaba en su memoria las letras de los romances (no la música,
porque ella confiesa no haber cantado en la vida) como un homenaje a su madre,
que sí cantaba mucho y se las había repetido incesantemente durante la infancia.
87
Las mujeres que cantan en el coro de la Iglesia, aunque son admiradas y
tenidas muy en consideración por sus vecinos por sus finas voces, no sabían nada de
romances, salvo uno de tema religioso: La Anunciación . Es normal que las niñas y
mujeres muy vinculadas al ambiente eclesiástico hayan permanecido ajenas a la
corriente de aprendizaje de los cantos popular es , propios de otros ambientes.
En Lantejuela, no al primer intento pero sí paulatinamente, fueron surgiendo
a veces de la calle, a veces de un taller de ocio organizado por el Ayuntamiento,
nombres de posibles informantes, algunos acertados, y otros no. Por ejemplo, todas
las voces apuntaban hacia una señora mayor, popular porque cantaba en todas las
fiestas, pero resultó que sólo sabía sevillanas antiguas. De nuevo el problema
fundamental sobreviene por el desconocimiento que la propia comunidad tiene de
quiénes son portadores de la tradición romancística al carecer ésta de
manifestaciones externas.
Los municipios más extensos, con mayor número de habitantes, como es el
caso de Écija, La Puebla de Cazalla, Marchena y Osuna, representan un capítulo
aparte en el método para captar informantes. La diferencia principal con respecto a
los pequeños es que los habitantes del mismo no se conocen entre sí, o no lo
suficiente como para que progrese una investigación basada en las preguntas hechas
en la cal le con un método referencial. Por otra parte, en las localidades grandes se
da una actitud más recelosa hacia los extraños y se hace necesario aplicar
estrategias que salven estas dificultades.
Uno de los recursos que se hace necesario es recurrir a las Escuelas de
Adulto. Allí tenemos garantizada la presencia de mujeres de mediana edad, posibles
portadoras de la tradición romancística y si ellas no consiguen recordar ningún
tema, siempre pueden orientarnos sobre alguien a quien podamos preguntar.
En Marchena y Osuna, localidad es relativamente grandes para la zona, he
visitado la Escuela de A dultos y allí he contado con una participación y una
colaboración entusiastas, que se ha traducido en fructíferas entrevistas y en un muy
88
satisfactorio conjunto de versiones recogidas. Además, de los centros salieron otros
nombres: en Marchena el de Mercedes y en Osuna el de Carmen Moncayo, que
resultaron ser informantes muy completas e interesantes, así como bien
predispuestas a colaborar.
Más complejo fue localizar informantes en Écija, localidad que reviste
características de gran ciudad, entre ellas la del recelo hacia los desconocidos y la
independencia en la forma de vida que hace que los vecinos apenas se conozcan.
En la Escuela de Adultos, contrariamente a lo que esperaba, obtuve unos
resultados muy pobres, apenas una docena de temas y ninguna transmisora de peso.
Tras visitar a una amiga y a su madre, lo poco conseguido me hizo desistir de estas
formas que habían funcionado en otros pueblos pero no aquí.
Se hizo necesario aplicar un método que había definido y utilizado
anteriormente Manuel Fernández Gamero en su investigación del romancero de
Alcalá de Guadaíra, siendo él profesor en uno de los centros de enseñanza de esta
localidad. Con el fin de hallar posibles informantes que colaboraran en sus trabajos
de campo, este profesor pasaba a sus alumnos una encuesta de tipo formulario en la
que se hacía constar una breve introducción sobre el tema y una cincuentena de
íncipit , que debían recitar a sus familiares o vecinos, con el fin de determinar si
recordaban alguno de esos versos. Si la respuesta era positiva y el informante podía
cantar algún tema con un mínimo de versos, en la propia encuesta se hacían constar
sus datos personales (nombre, dirección, teléfono...) para llevar a cabo una
entrevista con posterioridad. 42 Esta técnica de encuesta es aplicada por el grupo de
investigación de la Fundación Machado en la recogida de romances en ciudades y
pueblos grandes de Andalucía.
42 Véas e, para una descrip ció n detall ada de este métod o de en cues ta, así como para unas
directri ces concretas en su aplicación, el artículo de Manuel Fernández Gamero “En busca del
inform ante perdido . Nu evas aportac iones a la encu esta d e ca mpo” en La e terna a gonía del
r omancero. Homenaje a Paul Bénichou , 2001, pág s. 25 1 - 262. Aquí se publica también un m odelo
del cuest ionario que se pasa a los alumnos.
89
Esta forma de encontrar a quién dirigir nuestras indagaciones, resulta
adecuada en las localidades muy pobladas, donde la dinámica de la vida dista ya
mucho de la antigua configuración social en que los habitantes de un mismo
municipio se conocían perfectamente. En Écija, que es el caso que nos ocupa, el
crecimiento demográfico unido a otros elementos inherentes a los cambios en las
costumbres propios de los tiempos que vivimos, hacen que a muchos niveles ya no
funcione como un pueblo tal cual sino que ha adquirido visos de ciudad.
El aislamien to de la gente en sus hogares, la desconfianza hacia los
extraños... son obstáculos añadidos que hay que superar para establecer contacto
con los habitantes del pueblo. Después de intentar otros medios la localización de
posibles informantes, que ya he mencionado antes, como acudir a conocidos
solicitando su ayuda o visitar la Escuela de Adultos, decidí repartir ejemplares de
las encuestas entre varios centros educativos: cuatro colegios de primaria y tres
centros de secundaria. Los resultados en modo alguno fueron satisfactorios, pues de
casi trescientas encuestas repartidas sólo se lograron dos informantes, que por por
fortuna resultaron ser excelentes. La escasa participación del alumnado unida a un
desconocimiento real de todo lo relativo al romancero en su estado vivo, es decir,
como manifestación cultural susceptible de s er captada en directo aquí y ahora, han
hecho que las expectativas creadas en este sentido, se vieran frustradas.
Agotada esta vía y después de un gran esfuerzo perdido, recurrí a las formas
de convivencia que en la actualidad han venido a sustituir antiguas agrupaciones
naturales, dando respuesta a la necesidad humana de relacionarse socialmente. Me
refiero a las diversas actividades que, con el nombre de talleres (de costura, bolillo,
informática, recuperación de la memoria, bailes de salón...), se organizan en los
centros de mayores y que aglutinan a hombres y mujeres en una sana forma de
socializarse y escapar de su soledad.
Varias son las ventajas que presentan: se sabe de antemano la edad
aproximada de las personas que allí encontraremos, se sondea de una sola vez a
96
mujeres, describiendo una variada galería de sentimientos y emociones con los que
se sentían identificadas.
La sensibilidad con la que aún hoy cantan los romances las informantes
encuestadas, que en ocasiones ven cómo se les eriza el vello, nos da una idea de
hasta qué punto se establecía una conexión emocional entre las mujeres que
aprendían los romances y las protagonistas de éstos. En alguna ocasión ha sucedido
que la informante o alguien presente en la entrevista ha dedicado improperios a los
antagonistas de la historia, tal era el grado de inmersión en las desgracias oídas. Por
otra parte es lógico que las dificultades de vivir la propia existencia que manifiestan
las heroínas de los romances fueran sentidas como propias por mujeres que también
tenían muy complicado resolver su vida. Aún hoy, tiempos en los que parece que se
han conquistado todas las libertades, se me ha dado el caso de una informante que
no podía cantar en su casa por temor al marido, teniendo que hacerse la entrevista
en la casa de la vecina.
Los temas del romancero y la perspectiva con la que están tratados no han
despertado interés en el sector masculino, que se ha mantenido generalmente al
margen de aprenderlos y transmitirlos, considerándolos no sin cierto desdén “cosas
de mujeres”, con salvedades, por supuesto, de las que se hablará más adelante. Los
hombres, sin lugar a dudas, han preferido cantar flamenco. Sirva como ejemplo mi
experiencia en Écija, donde en el Centro de día de Mayores se reunía un nutrido
grupo de hombres, la mayoría de los cuales cantaba flamenco francamente bien, y
de los cuales apenas pude arrancar cinco romances: uno de cordel sobre la muerte
de Manolete, dos de tema navideño y La loba parda . Romance éste, que por su
tema es dado a ser cantado por hombres, como apunta P. Piñero : “De entre todos
nuestros encuestados, poco más del diez por ciento son hombres, que recordaban
muy pocos temas, de los que sobresale el romance de La loba parda que, al contar
una historia de pastores, se canta por toda la península por hombres.” ( RGA, II,
Huelva , pág. 46).
97
En la misma línea de dificultad para informar se sitúa Román Martín, de
Fuentes de Andalucía, quien muy a duras penas recitó el romance de La bastarda y
el segador , que hubo que recoger en forma escrita por negarse a ser grabado.
En Écija, José Angelina opuso también una tenaz resistencia a cantar el
pequeño fragmento de El corregidor y la molinera que había aprendido como
estrofa de flamenco.
Afortunadamente, y a pesar de la idea aceptada de la vinculación del
romancero al ámbito de lo femenino, he contado con tres informantes: Antonio
Gómez y Antonio Martos en Marinaleda, y Francisco Andrade en La Puebla de
Cazalla, que vienen a dar al traste con todo lo teorizado en este aspecto. Los
primeros han sido obreros agrarios a lo largo de toda su vida y aún en la actualidad
su tiempo de ocio sigue estando vinculado al campo en distintas tareas, y el último,
criado entre cinco hermanas, ha visto discurrir su vida en el negocio familiar de
fabricación de tejas.
Entre los tres representan el 2% de los informantes y han proporcionado el
8% del total del corpus . So n la excepción que confirma la regla. Entre los tres han
aportado un repertorio que abarca todos los temas: incesto, adulterio, conquista
amorosa, reencuent ros familiares, religiosos… Además han demostrado que los
hombres estaban tan en contacto con el rom ancero como las mujeres y que éste
formaba parte de su entorno cotidiano. Los tenían en sus casas, donde oían a sus
madres y abuelas, en el campo, donde cantaban las compañeras de trabajo, así como
en el pueblo, en cuyas plazas y calles cantaban los vendedores de pliegos. Por lo
cual, y si a pesar de todo los ignoraban, era por una voluntad deliberada de
ignorarlos, debido a un prejuicio social sobre su feminidad.
Como bien puntualiza P. Piñero: “El romancero es un género estrechamente
relacionado con la visión femenina del mundo. Son ellas las que soportan la sanción
moral o física que la sociedad impone a su conducta; en los versos del romance la
mujer encuentra desahogos a sus limitaciones de género y el mundo y los espacios
98
romancísticos están llenos de los conflictos y relaciones frustrantes entre la mujer y
sus circunstancias familiares y sociales.” ( RGA, II, Huelva , pág. 47).
De todo lo expuesto cabe deducir que la preferencia de las mujeres por los
romances les ha conferido una caracterización determinada, que no proviene del
romance mismo, sino del hecho de haber sido incluidos por la mujer en su universo,
como proyección de sí misma y marcándolos así como algo perteneciente a su
dominio. Lo cual, por lo general, ha provocado el rechazo de los hombres, que
vivían, ellos también, en un sistema social estricto que no ve con buenos ojos
ninguna incursión de éstos al lado femenino.
Por otro lado, independientemente de cualquier problema relacionado con el
aprendizaje de los romances o sus temas, los hombres, por lo general, muestran un
excesivo pudor cuando se les pide que canten. Si se trata de flamenco no lo harán a
no ser que estén muy seguros de hacerlo bien y si se trata de romances conseguir
que canten o reciten puede costar un esfuerzo inmenso.
De nuevo, los tres informantes masculinos a los que me vengo refiriendo
suponen una excepción, habiéndose mostrado desde el primer momento dispuesto a
colaborar de forma entusiasta y espontánea. En ningún momento mostraron ningún
tipo de reticencia, timidez o desgano. Aceptaron complacientes concertar la
entrevista y cuando se llevó a cabo, toda la familia: mujer, hijas y nuera, estuvieron
presentes para deleitarse con el acontecimiento. Varias vecinas acudieron también
para ver cómo había ido la entrevista y para preguntar el número de temas cantados.
99
IV.2.2. Edad de los informantes.-
Para mejor organizar los datos sobre la edad de los informantes y el
conocimiento que éstos poseen del romancero, se han establecido seis grupos :
- GRUPO A: de edad menor de 40 años.
- GRUPO B: de edad comprendida entre los 40 y 49 años.
- GRUPO C: de edad comprendida entre los 50 y 59 años.
- GRUPO D: de edad comprendida entre los 60 y 69 años.
- GRUPO E: de edad comprendida entre los 70 y 79 años.
- GRUPO F: de edad de 80 años o más.
E l Grupo A está integrado por 8 informantes femeninas menores de 39 años,
que representan el 5,5% del conjunto total de personas entrevistadas. Entre todas
han aportado un repertorio bastante escaso de apenas 12 versiones, de temas de
carácter infantil en su mayor ía , que no suponen más que el 2,2% del total del corpus
(ver gráfico III) : Las señas del esposo (en su versión infantil), Don Gato , Santa
Catalina , Mambrú , Tamar (versión infantil), ¿Dónde vas, Alfonso XII? , La doncella
guerrera ... y poco más.
De estos datos se deduce que la tradición romanc ística ha llegado a este
grupo ya muy mermada y que no solamente son numéricamente escasos los
transmisores en esta franja de edad, sino que también son escas os los temas que
conocen. Además, habría que puntualizar que de los 8 informantes mencionados, 6
colaboraron en la encuesta de Juan P. Alcaide en La Puebla de Cazalla hace dos
décadas y sólo 2 se han encontrado en la actualidad. Los primeros contarían hoy
con unos 40 años, por lo que realmente dentro del grupo de menos de esta edad el
romancero está prácticamente perdido.
Con el fin de establecer la calidad del repertorio de estas informantes, he
llevado a cabo una entrevista con una de las mujeres que aparecía en el Romancero
100
de la Puebla de Cazalla (Aguilar Alcaide, 2000) como transmisora con 25 años,
Dolores Montesinos Pérez, y el resultado no ha podido ser más negativo, pues fue
incapaz de cantar los temas de los que había informado entonces : La muerte
ocultada , ¿Dónde vas, Alfonso XII? , La doncella guerrera y Madre, en la puerta
hay un niño . En este período de tiempo los había olvidado casi completamente, por
lo que cabe concluir que el repertorio romancístico en este grupo se encuentra
reducido a unos pocos temas de acompañamiento de juegos inf antiles muy mal
afianzados.
El G rupo B está integrado por 17 informantes que representan el 11,8 % de
los totales y han aportado un 9,3 % del conjunto total de versiones (ver Gráfico III).
Como se puede apreciar a simple vista, el porcentaje de repertorio aportado crece
con respecto al grupo anterior, aunque en muchos aspectos comparte las mismas
características, sobre todo en lo que atañe a la dificultad de encontrar informantes
de esta edad y a la preeminencia de los temas infantiles sobre todos los dem ás:
Santa Elena , Santa Catalina , Conde Niño, La niña del Carabí , El quintado , Galán
que corteja a una mujer casada , Lux Aeterna , Don Gato , Hilo de oro , Monja a la
fuerza , Tamar ... y algunos religiosos como La Virgen y el ciego y Madre, en la
puerta hay un niño . Se trata de un romancero algo más amplio pero donde siguen
ausentes los temas tradicionales tanto caballerescos como relativos a los conflictos
familiares, como Gerineldo o incluso los muy difundidos como Las señas del
esposo .
En este grupo es significativo que exista por parte de algunas informantes un
conocimiento del romancero derivado de un interés por el folclore popular en sus
diversas manifestaciones. En dos casos concretos, el de Mª José Arreza en Écija y el
de Francisca Domínguez en Herrera, que son las que han proporcionado un
repertorio más extenso, existe una vocación de conservación hacia las coplas
antiguas que a ellas les llegaron en su infancia y que de alguna manera intuyeron
desde entonces que se trataba de un valor cultural que había que preservar del
olvido. Ambas guardaban cuidadosamente apuntes por escrito de los romances
101
oídos a sus abuelas y de las canciones de juego de cuando eran niñas en un afán de
que no se perdieran con el tiempo.
El resto de los transmisores de esta generación han proporcionado entre 1 y
5 versiones, generalmente ligadas a sus juegos infantiles, como Santa Elena de Mª
Carmen Hidalgo, de Fuentes de Andalucía, o a sus recuerdos familiares, como El
milagro del trigo de Cristina Pérez, en Écija.
Resumidamente, el romancero a este grupo ha llegado muy reducido en su
temática y en su uso, con una muy escasa vigen cia . Y, sin embargo, eso no ha
impedido que despierte el interés de este sector poblacional que ya empezaba a
tener acceso a una formación cultural que valoraba estas manifestaciones orales.
En el grupo C, que comprende a los informantes que cuentan entre 50 y 59
años, se encuentran, como en los grupos anteriores, relativamente pocas personas,
15, que representan un 10,5 % del total y el repertorio ofrecido es también escaso,
pues han informado de 35 versiones que suponen el 7% del corpus (ver Gráfico III).
A esto hay que añadir que 6 de los informantes pertenecen a la encuesta de Fuentes
de Andalucía llevada a cabo hace once años, por lo que en la actualidad
pertenecerían al grupo de los sesenta años. Hoy en día de la generación de la
cincuentena sólo se hubieran encontrado 9 informantes. Quiere esto decir que los
depositarios de la tradición romancística se concentran en los grupos de más edad.
En este grupo asistimos a la aparición de la transmisora como heredera de la
madre, es decir, la hija que ha aprendido a conciencia el repertorio materno y se
convierte en la voz joven del antiguo romancero. Es el caso de Lugarda Hidalgo y
Josefina Conde, en Fuentes de Andalucía, que ejemplifican el funcionamiento de la
cadena de transmisión oral. Josefina había aprendido de su madre no sólo los
romances, sino muchas otras manifestaciones orales, cuentos, adivinanzas, nanas,
canciones de iglesia, chascarrillos, etc. convirtiéndose en una depositaria excelente
102
de la tradición, preparada para sustituir a su progenitora llegado el momento. En las
entrevistas siempre estaban juntas y aunque la hija era quien cantaba, la madre se
mantenía muy atenta para hacer las correcciones necesarias. Hoy en día, fallecida
Lugarda, su hija guarda el recuerdo de sus canciones con el mismo celo que otros
muchos detalles de la vida cotidiana como las recetas de cocina.
En cuanto al carácter de los repertorios hay que hacer notar que se d an
diferencias significativas con respecto a los grupos anteriores, pues los temas
rebasan con creces los límites del romancero puramente infantil dedicado al juego.
Empiezan a hacer su aparición versiones de romances caballerescos, Gerineldo +
La Condesita ; sobre conflictos familiares, Tamar , Casada de lejas tierras ,
Delgadina , La doncella guerrera , Don Bueso , Las tres cautivas , Albaniña , Las
señas del esposo ; religiosos, San Antonio y los pájaros , Las doce palabras
retorneadas ; de tema erótico, La mujer del molinero y el cura , etc. Como vemos, el
abanico temático se abre y el conocimiento del romancero se consolida. En estas
transmisoras la tradición oral se encuentra mucho más vinculada a su experiencia
vital que en los grupos anteriores. Además del ejemplo mencionado de Josefina
Conde, tenemos el de Mercedes Hidalgo, en Marchena, que vivió plenamente en su
adolescencia y juventud la tradición de cantar durante la jornada laboral, entrando
en su variado repertorio los romances que aporta a esta colección.
Analizados estos tres primeros grupos con una franja de edad de hasta 59
años, tenemos que el total de transmisores que los integran suponen el 30% y han
aportado un 18,5% de la colección, por lo que cabe concluir que el grueso de los
depositarios del saber romancístico en la actualidad se sitúan a partir de los 60 años
(ver Gráfico IV).
El Grupo D engloba a los informantes de 60 a 69 años y es el más nutrido.
En esta franja de edad se han encontrado 50 informantes, el 34,7% del conjunto
total y han aportado un repertorio de 178 versiones que suponen el 35% de la
colección final (ver Gráfico III). Esta generación ha conocido la tradición
103
romancística en plena vigencia, como manifestación unida a otras muchas de
carácter oral, formando parte de sus vidas cotidianas.
Aquí aparecen los primeros transmisores con repertorios amplios y bien
recordados, que demuestran el afianzamiento que el hábito de cantar tenía en sus
vidas, tanto en las actividades laborales como en las lúdicas. Así tenemos a
Ascensión Gómez, de Cañada Rosal, que ha informado de 13 versiones; Rafaela
Oballe, en Écija, de 7; Francisca Marabel, en El Rubio, de 8; Mª Carmen Moreno y
María P inilla en Fuentes, de 8 y 10 respectivamente; las alumnas de la Escuela de
Adultos en La Luisiana, de 12; Francisco Andrade en La Puebla de Cazalla, de 16;
Antonia Cadenas en Lantejuela, de 6; Magdalena de la Cruz en Marchena, de 9; y
Antonio Gómez en Marinaleda, de 18.
Como vemos, la tradición romancística ha llegado a estos informantes con
la vitalidad y energía suficientes como para permanecer en su memoria hasta la
actualidad. Aquí tenemos también la presencia de dos de los informantes más
excepcionales encontrados en esta investigación, Antonio Gómez y Francisco
Andrade, no sólo por ser buenos conocedores de un gran número de baladas sino
por ser hombres, que como sabemos, son enormemente reacios a cantar romances.
En cuanto a los temas aportados por este grupo, hay que puntualizar que los
datos que manejamos son referentes sólo a los romances tradicionales y tardíos
tradicionalizados, por lo que quedan excluidos un buen número de romances de
cordel que los informantes recuerdan por lo general con más facilidad que los
tradicionales y que para ellos se sitúan en el mismo plano de importancia. El caso
de Antonio Gómez en Marinaleda puede ser un ejemplo ilustrativo de esto, puesto
que informó de las ya mencionadas 18 versiones de temas tradicionales más 13 de
cordel; y Francisca Marabel aportó 6 versiones tradicionales y 6 de cordel.
En conclusión, el conjunto de baladas tradicionales comparte protagonismo
con los temas de cordel dentro del repertorio de este grupo de informantes, que
aproximadamente sabe la misma cantidad de uno que de otro. Pero no sólo eso, sino
104
que hay una clara predilección por estos últimos a la hora de informar en las
entrevistas, porque, por lo general, los recuerdan mejor.
En cuanto a los temas, el abanico sigue abriéndose con respecto a los grupos
anteriores y se afianzan los temas más conocidos como Don Bueso , Las señas del
esposo, Ger ineldo + La Condesita , Tamar , Conde Niño , La doncella guerrera , La
viudita del conde Laurel y aparecen temas nuevos como Silvana , La muerte
ocultada , La bastarda y el segador , La mujer del molinero y el cura ... y otros
interesantes como Conde Claros en hábito de fraile y Hermanas reina y cautiva , así
como bastantes religiosos que adquieren peso dentro del conjunto: La Virgen y el
ciego , El milagro del trigo y Las doce palabras retorneadas .
Al igual que vimos en el grupo anterior en relación a Josefina Conde y su
madre, aquí volvemos a encontrarnos con la transmisión directa entre familiares de
mayor a menor edad en el caso de Dolores Cabello, que es la heredera del repertorio
de su tía Francisca Gaona, aunque ésta ha mantenido su protagonismo a la hora de
informar en la entrevista.
El Grupo E, que va de los 70 a los 79 años, comprende un número
ligeramente inferior de informantes con respecto al conjunto anterior, 39, que
representan un 27% del total y han aportado 166 versiones, es decir, el 34,3% de la
co lección. Teniendo en cuenta el número de informantes y de versiones, estamos
ante el grupo más prolífico (ver Gráfico III).
En esta edad se encuentran algunos de los mejores informantes encontrados
en esta investigación. No sólo han dado muestras de una memoria prodigiosa sino
de una comprensión admirable de la importancia del romancero como
manifestación inherente a la cultura de los pueblos y que hay que, de alguna forma,
rescatar de una desaparición inminente. A través de las entrevistas con varios de
estos informantes me ha quedado constancia de que los depositarios y transmisores
del saber tradicional han de reunir una serie de características, como es la buena
memoria y una intuición que les hace valorar desde su aprendizaje la importancia de
105
las coplas. Por ejemplo, en Écija, una de las mayores informadoras, Josefa Piña, era
la única de entre sus hermanas capaz de informar, habiendo pasado su infancia y
juventud en las mismas circunstancias que éstas.
En Écija, además de Josefa, que ha cantado 16 versiones de temas
tradicionales, he contado con Dolores Palma, que ha aportado 21 versiones. A éstas
habría que añadir los más de 20 temas de cordel reunidos entres las dos. Ambas han
demostrado tener una memoria excelente y un carácter afable idóneo a la hora de
transmitir en las entrevistas.
Otros informantes a destacar en este grupo han sido Mª Dolores M oreno, en
Fuentes de Andalucía, con 12 versiones; Francisca Gaona en Herrera, con otras 12;
María Lora, en La Campana, con 8; Valle Olmo, en La Luisiana, con 12; Antonio
Borja, en Marinaleda, con 7; y Carmen Moncayo, en Osuna, también con 12.
Como es lógico, los temas alcanzan ya la totalidad de los que constan en el
corpus , y el conjunto de los que ya habían aparecido en los grupos anteriores se
completa con algunos nuevos como La dama y el pastor , Blancaflor y Filomena , El
quintado + La aparición , La infanticida , La mala suegra , La anunciación , ...
El Grupo F está integrado por las personas que superan los 80 años y, como
es de esperar, el número de éstas desciende considerablemente, 15 en total, que
suponen el 10,5% del conjunto de informantes y han aportado el 12,2% del corpus
(ver Gráfico III). A esta edad tan avanzada surgen numerosos problemas que
dificultan la transmisión: pérdida de memoria, enfermedades, debilidad de la voz,
desgana por el hecho en sí de cantar, debido a las múltiples tristezas de una vida tan
larga... A todo ello se suma la pérdida de autonomía y la creciente influencia de las
hijas que están al cuidado de las madres y que suelen ser, como ya he dicho antes,
muy reacias a las entrevistas. En La Campana he tenido el ejemplo más claro en el
caso de Juana Oviedo, que concertó la entrevista conmigo en casa de su prima dado
que la hija se negó a que tuviera lugar en su casa, temerosa de que se tratara de un
112
conocimientos. No deja de sorprender la cantidad de versos memorizados por
algunas informantes, sin ningún soporte escrito, a base solamente del ejercicio
continuado de oírlos y repetirlos.
En términos generales la situación económica y cultural es ostensible mejor
en las generaciones más jóvenes. El Grupo C que en la actualidad se sitúa en la
cincuentena, constituye un eslabón intermedio, habiendo tenido acceso a una
escolarización mínima en su infancia e incorporándose al mundo laboral no
excesivamente pronto. Los progresos sociales y económicos se hacían sentir ya en
todos los aspectos de la vida.
Pe ro aún han de pasar unos años para que se empie ce n a configurar otras
características sociales y económicas y tímidamente se vayan posibilitando estudios
medios de bachillerato o superiores de titulación universitaria. En la generación
siguiente, la que tiene entre 40 y 50 años tenemos ya otras profesiones y cambia
considerablemente el panorama cultural apareciendo personas con preparación
universitaria. Por ejemplo Mª Carmen Hidalgo en Fuentes, Pepi Castro en
Marchena e Isabel Acuña en Lantejuela son maestras. También Mª José Areza en
Écija tiene un alto nivel cultural. Estas mujeres han accedido al romancero por otro
camino, desde la cultura, desde la valoración de este género como manifestación
literaria que merece ser conservada.
Esta conciencia de estar ante algo importante que no se da en los
informantes de los otros grupos, que por lo general no valoran lo que saben y,
aunque sienten con nostalgia que se pierda este caudal de tradición, no es por la
pérdida cultural sino por la pérdida de sus recuerdos, indisolublemente unidos a las
coplas. Para ellos estos romances no son más que entretenimientos burdos, coplas
antiguas que se cantaban en el campo, “cuchufletas” sin importancia y, por lo
general, se muestran sorprendidos de que alguien se interese por ellos y que,
incluso, los grabe. A veces, una vez que comprenden la pérdida que supone el
113
olvido de los temas por los que yo pregunto, se lamentan de no haber escrito lo que
cantaban y contaban sus madres o abuelas, ya imposible de recuperar.
Según todo lo anteriormente dicho podemos establecer, por lo tanto, tres
niveles en cuanto a la formación cultural de los informantes:
A. Nivel Bajo: Aquí se incluirían los informantes analfabetos y los
semianalfabetos, es decir, aquéllos que a pesar de conocer las grafías de las letras,
no comprenden lo que leen, escriben muy mal o nada y no son capaces de leer sus
propios escritos. Son, por lo tanto, analfabetos f uncionales. Con excepciones, como
la de Valle Olmo (La Luisiana), a este grupo pertenecen los informantes de m ás
edad y representan aproximadamente el 69% del conjunto final de informantes (ver
Gráfico V).
B. Nivel Medio: En este nivel están situados los informantes que poseen
estudios básicos o primarios. Saben leer y escribir correctament e y han adquirido
cierta cultura y conocimientos de tipo escolar. Aquí están incluidas las alumnas de
las actuales Escuelas de Adultos y los informantes que, aunque de familias
modestas tuvieron un período de escolarización aceptable, como Antonio G ómez
(Marinaleda), Valle Ojeda (Écija) o Mercedes Hidalgo (Marchena), quien tenía
cuidadosamente anotados los romances para que no se le olvidara nada en la
entrevista. Aproximadamente representan el 25% de los informantes (Gráfico V).
C. Nivel Alto: A él pertenecen los informantes que han cursado enseñanzas
académicas de tipo medio como bachillerato o superior como carreras
universitarias. Casi siempre se ha tratado de maestras de las Escuelas de Adultos
que se han prestado a colaborar en la investigación. Toda s l as incluidas en este
grupo están por debajo de los 49 años y representan aproximadamente un 6% del
total (ver Gráfico V).
114
Informantes excepcionales .-
A lo largo de la realización de la encuesta reciente, así como la que llevé a
cabo en Fuentes en 1994, he tenido la inmensa s uerte de encontrar personas dignas
de una mención especial por reunir una serie de características que han hecho de
ellas informantes excepcionales.
Antonio Gómez (M arinaleda) fue localizado como informante por
referencias de los vecinos, dado que en el pueblo es sobradamente conocida tanto su
buena memoria como su afición a cantar coplas antiguas. En las noches de verano,
tomando el fresco en la puerta de su casa, reunido con su familia y amig os, es
frecuente que Antonio cante romances a petición de éstos.
Este hombre, trabajador en el campo durante toda su vida, procede de una
familia muy humilde de obreros agrícolas, y sabe leer con soltura, aunque escribir
no tanto. Es un transmisor extraordinario por dos motivos fundamentales, por la
cantidad de temas que conoce, pues ha informado de más de 30 romances entre
tradicionales y de cordel; y por s er hombre, que como ya se ha dicho en más de una
ocasión son una minoría en los conjuntos de informantes.
A ello habría que sumar la predisposición a colaborar, que también supone
un problema en los informantes varones, que suelen mostrar un acusado sentido del
ridículo. Nada más lejos de la actitud de Antonio, que ni por asomo puso reparos
para ser grabado. Igualmente su familia me deparó una de las acogidas más
cariñosas y entrañables de toda la investigación. A lo largo de las entrevistas, para
oír las canciones de Antonio, se reunieron en la sala la mujer de éste, la nuera, las
hijas y los nietos, suponiendo la grabación un acto de deleite para todos. También
las vecinas acudieron para interesarse por el acontecimiento.
Antonio reúne en su repertorio un conjunto de baladas provenientes de los
principales medios de transmisión: el medio laboral, el medio familiar y la calle. En
el campo, a lo largo de interminables días de trabajo, ha hecho suyo el repertorio de
115
sus compañeros y ha afianzado el suyo propio, que recuerda con total nitidez. Por
otra parte, Antonio recuerda los temas oídos a las mujeres de su familia, sobre todo
a su abuela, además de los que aprendió en los pliegos sueltos vendidos por los
ciegos en la plaza de Marinaleda.
Según sus propias palabras, siendo niño, él los seguía desde que llegaban al
pueblo y cuando se iban ya se sabía todas las coplas. A veces, cuando tenía dinero,
compraba los pliegos pudiendo así repasar los textos con posterioridad. Antonio ha
sido receptor de las manifestaciones orales cantadas en todos los ámbitos, sin
prejuicio de que pertenecieran al ámbito femenino. Por ejemplo, es el único
informante que ha aportado una versión (aunque mínima) de La Virgen vestida de
colorado , utilizado por las niñas en un juego de corro.
El repertorio de Antonio no se diferencia en absoluto de cualquiera de los
aportados por una mujer, es decir, no se encuentra masculinizado en cuanto a la
preferencia temática. En él encontramos romances de amplio protagonismo
femenino como Hermanas reina y cautiva , Don Bueso , Gerineldo + La Condesita ,
La muerte ocultada , La doncella guerrera , Las señas del esposo , Monja por fuerza ,
etc. Sin duda el arsenal romancístico que poseía la abuela de Antonio ha encontrado
en él el más idóneo depositario. Saltándose una generación, éste ha acumulado un
repertorio infrecuente en una persona de sólo 60 años. Un ejemplo lo tenemos en el
tema de El quintado + La aparición , que ha sido informado por cuatro mujeres
todas ellas cercanas a los 80 años y por Antonio, que ha lo ha rejuvenecido en
veinte años, aplazando una desaparición que de otra forma hubiera sido inminente
en la zona.
Para terminar hay que decir que para Antonio, como para casi todos los
informantes, el repertorio de romances de cordel goza de mucha más vitalidad que
el tradicional y tiende a imponerse con fuerza en las entrevistas, donde a veces hay
que hacer verdaderos esfuerzos para dar paso a los primeros, bastante más
desgastados. P or ejemplo Antonio ya no consiguió recordar el tema de Tamar , no
116
comprendiendo mi insistencia por un tema deshilachado cuando él se sabía otros
muchos perfectamente. En las entrevistas también se quejaba de lo difícil qu e le
resultaba cantar bajito, pues él canta habitualmente trabajando en sus olivos a pleno
pulmón, en medio del campo “que es como se le coge bien el son a las coplas”.
Por último quiero dejar constancia de la hospitalidad, amabilidad y trato
sumamente cariñoso con que esta familia me ha acogido en las visitas que he hecho
a su hogar, mostrando una completa disposición para ayudarme.
Dolores Palma (Écija) es otra de las informantes que he considerado fuera
de lo común. A lo largo de múltiples entrevistas, porque nunca cantaba más de
cuatro o cinco versiones en la misma sesión, ha informado de una veintena de
romances tradicionales y más de doce de cordel. Procedente de una familia humilde
ecijana, vivía en una casa de vecinos, no f ue a la escuela y con tan sólo 8 años entró
al servicio de una señora acomodada, esposa de un militar, como niñera de dos
mellizos. Ya de mayor fue a la Escuela de Adultos y allí aprendió a leer y escribir
de una manera muy básica.
Las entrevistas con Dolores, que ocupa su tiempo libre en diversas
actividades de ocio con sus amigas, se han llevado a cabo siempre en el Centro de
Día de Mayores, en un taller de costura al que asistía regularmente.
Durante las entrevistas Dolores ha dado muestras de una memoria excelente
y una aún mejor disposición para informar, lo que ha hecho de ella una informante
entrañable. En su repertorio confluyen temas procedentes de diversas vías de
transmisión: los romances que cantaba su madre, los que se cantaban en el patio
vecinal donde vivía y los que cantaba la abuela de los niños que cuidaba, que había
nacido en el norte. Según sus palabras, la abuela acunaba y entretenía a sus nietos a
la par que a ella, que también era pequeña. A todo ello se le suman las canciones de
juegos infantiles y los villancicos propios de la zona.
117
Dolores ha informado de temas aprendidos de la señora nacida en Castilla y
que son poco frecuentes en la zona, como un romance de cordel sobre la pasión de
Cristo, La cabrera devota elevada al cielo , Hilo de oro , El niño perdido y hallado
en el templo , así como una versión especialmente completa de Casada de lejas
tierras . Estamos ante un ejemplo de cómo viaja y se expande el romancero.
Josefa Gómez (Écija) ha sido también una informante muy valiosa. Es
prácticamente analfabeta. Ap enas sabe leer y con mucha dificultad puede escribir
algunas palabras que luego le cuesta descifrar a ella misma. Josefa fue entrevistada
hace varios años (ya lo he dicho antes) por Manuel Fernández Ga mero, que la
localizó a través de una encuesta realizada en un Instituto en Écija. Éste me cedió
las transcripciones de los textos grabados para que los incluyera en mi colección.
Pero al hacer yo mis propias encuestas Jos efa se puso en contacto conmigo a través
de un alumno diciendo que tenía correcciones sobre los textos anteriores.
En efecto, en las sucesivas entrevistas que le he realizado a Josefa, ésta me
ha informado de muchos más temas, 16 tradicionales en total y otros tantos de
cordel, subsanando además posibles olvidos.
El repertorio de Josefa fue aprendido en el campo, fundamentalmente, donde
trabajó durante su adolescencia y juventud hasta que se casó. Una vez casada se
dedicó a las tareas domésticas de su casa, como era habitual en la época si el marido
podía por sí solo mantener a la familia. A pesar del tiempo transcurrido esta mujer,
dotada de una gran memoria y de una no menor inteligencia, no ha olvidado las
coplas que aprendió. A las entrevistas acudían entusiasmadas sus hermanas, una
mayor y otra menor, ninguna de las cuales conseguía recomponer ningún romance.
Sólo los recordaban en el momento de oírlos a su hermana, a la que alababan
constantemente.
Los cantos se interrumpían para merendar, sin admitir excusa alguna, y es
difícil describir esos momentos en que una informante te acoge de esa forma en su
118
casa ofreciéndote, además de su conocimiento del tema, su confianza y su
afectividad.
Francisco Andrade (La Puebla de Cazalla) también merece ser mencionado
por varios motivos: por su disposición a colaborar, cosa poco frecuente en los
hombres, por lo actualizada que tiene la memoria de los romances, de los que me
cantó 16 tradicionales y varios de cordel, sin pararse siquiera a recordarlos y por
haber asumido sin prejuicios una herencia de marcado carácter femenino como es el
romancero.
Francisco aprendió los romances de sus cinco hermanas mayores, que
cantaban junto con otras muchas jóvenes en un taller familiar de hacer tejas. Con
ellas pasaba más tiempo que con su madre y de ellas escuchaba las coplas que
entonaban durante todo el día. Algunas, como Delgadina , dice que estaban
prohibidas por su madre, sin duda debido a la dureza del tema. Pero así y todo, la
cantaban cuando ésta se descuidaba.
Durante las entrevistas Francisco a duras penas podía controlar la emoción
que le causaba recordar su infancia, a su madre y a tres de sus hermanas ya
fallecidas. Es obligado por mi parte que le agradezca el esfuerzo que realizó para
ayudarme. Tal como ocurría con Antonio Gómez, en su repertorio no hay
diferencias con respecto a otros aportados por mujeres. Señal de que los temas
abordados en el mismo podían igualmente interesar a hombres y a mujeres.
Al igual que ha sucedido con otros informantes, la propia familia se ha
sentido muy interesada en las entrevistas por los romances cantados, en este caso
por Francisco, rogándome encarecidamente sus hijas que les proporcione una copia
de las grabaciones. Tampoco es la primera vez que los familiares expresan que la
actitud de su padre o madre es distinta con ellos que conmigo. Se sorprenden de la
facilidad para colaborar en mis entrevistas cuando lo normal es que se muestren
perezosos para hacerlo.
119
IV. 3. E L R OMANCE T RADICIONAL D ENTRO DE LOS R EPERTORIOS O RALES DE
LOS I NFORMANTES
La elaboración de un corpus de romances tradicionales es el resultado de un
proceso selectivo que refleja sólo un aspecto de un conjunto más complejo como es
el repertorio total de cantos orales que poseen los transmisores.
Más allá de la conveniencia, perfectamente comprensible de establecer esta
clasificación como necesidad metodológica para el estudio de los textos, su historia
y evolución, existe una realidad ajena al ámbito académico que es el bagaje oral de
los depositarios de esta tradición y en donde los romances son sólo un apartado
dentro de un cúmulo profuso de coplas y donde los criterios de clasificación son
muy otros que los que la ciencia filológica sugiere.
Los informantes distinguen apenas entre cante flamenco y otras coplas sin
definición clara, a saber: romances, coplas de Nochebuena, coplas de jugar, coplas
de murgas y poco más.
Los romances son identificados por dos características: que son los cantos
muy antiguos que les han oído a mujeres mayores de la familia: madre o abuela, o
bien que son “las coplas de historias verdaderas” que venían escritas en papeles y
que unos hombres, generalmente tullidos, vendían por las calles del pueblo.
En ese cajón de sastre que es, pues, el repertorio de un informante, no existe
la más mínima diferencia entre romances tradicionales, tardíos y de cordel,
conviviendo todos en la más absoluta armonía. Si acaso, y no siempre, se asocian
los tradicionales con un mayor alejamiento en el tiempo, considerándose más
antiguos que los “de los papeles”.
Como norma general, en la mente de los informantes el romancero de cordel
está más vivo que el tradicional. Aun en los informantes bien conocedores de temas
tradicionales, como Dolores Martos, en Écija, éstos se encuentran sepultados bajo
los de cordel y es necesario desplegar un verdadero esfuerzo para rescatarlos de la
120
memoria. Los de cordel afloran antes y dan muestras de un mejor estado de
conservación. Pensemos que las personas que tuvieron a su alcance pliegos sueltos
de este tipo pudieron reforzar su aprendizaje leyéndolos. Por supuesto que esto era
en la menor parte de los casos, pues lo habitual es que los oyentes no tuvieran
dinero para comprarlos o supieran leerlos.
De no hurgar hondamente en la memoria de los transmisores, los romances
tradicionales hoy en día no verían ya la luz. En Fuentes de Andalucía tuve ocasión
de experimentarlo con Pastora Caro. Tras decirme que ella sabía “muchísimas
coplas”, se ofreció a darme una cinta grabada con tranquilidad en la intimidad de su
casa, pues su hija disponía de medios para grabar. En sesiones anteriores me había
informado sobre algunos temas tradicionales, incluido un bellísimo Gerineldo + La
Condesita , precedido de El prisionero. Pero sorprendentemente, en los noventa
minutos de grabación de la cinta aparecían más de 15 temas de cordel y ni uno solo
tradicional.
Un problema añadido es que, en el desarrollo de las entrevistas, los
romances de cordel entorpecen, por así decirlo, la búsqueda de los que más nos
interesan. El informante en ningún momento comprende por qué se prefiere una
versión de Don Bueso a la historia de Enrique y Lola, que les viene a la mente por
ser una historia de hermanos y que ellos se la saben mejor. De todas formas hay que
grabarla, pues con la pregunta: “¿Ésa no te gusta? Pues ésa está muy bonita”
expresan su desconcierto ante la posibilidad de que se les rechace un tema.
Y lo mismo podría decirse de los romances religiosos. Cuando se les
solicitan temas de este apartado, se destapa la caja de las coplas navideñas y
emergen una infinidad de villancicos y estrofas de todas las épocas, formas y
maneras con los que los romances se encuentran mezclados. Y de los romances que
se han conservado como canciones infantiles cabe concluir otro tanto.
Por lo general, el romance de cordel varía muy poco textualmente en sus
diferentes versiones, prueba de que aún no ha sido sometido a los cambios que
121
origina la impronta tradicional. A todo esto también son ajenos los informantes, que
cifran la belleza de un romance en el dramatismo de su historia y en su extensión.
A veces, en las entrevistas el informante afirma: “Éste es muy bonito, pero
es muy corto”, disculpando lo que se considera un defecto.
En las labores agrícolas el romance compartía protagonismo con los cantes
de tipo flamenco como los fandangos, con las murgas de carnaval, muy celebradas
por su ingenio y por contar hechos muy próximos, ocurridos en el pueblo, y sobre
todo con las coplas “de pique”.
En las labores agrícolas uno de los entretenimientos predilectos era “tirarse
coplas”, es decir, uno de los trabajadores cantaba una letrilla corta de tono jocoso y
burlesco y se la “tiraba” a alguien, que a su vez le respondía con otra en el mismo
estilo. Se trataba de aguzar el ingenio y demostrar quién tenía más gracia. Estos son
dos ejemplos de “coplas tiradas”:
Eres más fea que un trueno Eres más tonto que aquél
más negra que una morcilla, que llevó la burra al agua
que te quieres poner blanca y la trajo sin beber
a base de mantequilla. porque el pozo rebosaba.
En muchas ocasiones las letrillas eran de tono obsceno y desvergonzado, lo
que provocaba la hilaridad generalizada entre los trabajadores. Con frecuencia las
coplas se tiraban de una cuadrilla a otra constituyendo un entretenimiento dialéctico
regocijante para los implicados, ajenos a su vulgaridad:
En la puerta de mi casa Asómate a la ventana
tengo un borrico amarrao y echa las patas al aire
con tres costales de mierda y te pegas cuatro peos
pa la niña que ha cantao pa la puta de tu madre.
128
donde ya no cabe el canto ni los juegos callejeros colectivos” (RGA, I, Cádiz , pág.
47).
En cuanto al laboreo agrícola y las actividades artesanales, la evolución ha
sido también muy significativa y desde luego nada favorecedora de la pervivencia
del canto tradicional. El progreso tecnológico ha incidido definitivamente en contra
de la colectividad . “La conservación de la tradición oral depende, en buena parte y
de modo obligado, del mantenimiento y evolución de las actividades agrícolas de
siempre (labranza, siembra, arada, trilla, recolección, vendimia, etc.) y de otras
faenas propias de la vida de los pueblos y del campo en general (pastoreo y labores
artesanales diversas). La mecanización de estos trabajos en tiempos todavía no muy
lejanos, e incluso la extinción de algunos de ellos, ha conllevado, de manera
inevitable, la degradación, cuando no la desaparición absoluta de la vieja literatura
de transmisión oral” ( RGA, II, Huelva , pág. 46).
La Campiña Oriental sufre esta evolución común a todo el sur peninsular, y
a lo largo de las encuestas se ha constatado que el romancero ha perdido su vigencia
casi por completo. La única muestra de pervivencia me la ha ofrecido Antonio
Gómez que aún canta romances en la soledad del campo, laboreando en sus olivos y
sentado en reuniones vecinales en las noches de verano tomando el fresco.
Algunos romances de tema religioso también perviven, sobre todo Madre,
en la puerta hay un niño , gracias a los coros navideños que proliferan en estas
fiestas. Aparte de estas muestras exiguas de manifestaciones espontáneas, el
romancero no se manifiesta ya ni a nivel familiar. No es extraño que los propios
parientes cercanos desconozcan si sus mayores, padre, madre, abuelos, saben o no
romances.
129
IV. 5.2. La evolución de los repertorios.-
En este apartado se analizarán los posibles cambios producidos en los
conjuntos romancísticos a lo largo de un período determinado de tiempo y la
evolución de los temas de los cuales dispongamos de datos para hacer un estudio
comparativo, que, a decir verdad, no son demasiado abundantes, pero que pueden
ser válidos para establecer conclusiones significativas.
Los romances de Rodríguez Marín de los que hay constancia que pertenecen
a est a zona, son solamente nueve, siete recopilados en Osuna y dos en La Puebla de
Cazalla. A pesar de su escasez numérica estos temas ofrecen datos significativos,
más que nada por datar de una fecha muy temprana, sobre 1880, de la que nos
separa un período de tiempo de más de un siglo. El dato más relevante al respecto
es la desaparición en este tiempo de tres temas, que en la actualidad ya ha sido
imposible recoger: La aparición como tema autónomo, La Condesita , también de
forma autónoma, desligada de Gerineldo , y Santa Catalina seguida de Marinero al
agua . Si nos ceñimos estrictamente a los datos, habría que decir que un tercio de los
temas del romancero en la zona se ha perdido en los últimos cien años. Pienso que
es una conclusión que no hay que tener en cuenta por estar tomada de muy escasos
datos pero no deja de ser significativo este alto porcentaje de temas más que
perdidos, evolucionados.
A lo largo de este período el romance de La aparición ha sufrido un proceso
de debilitación y se ha incorporado como segunda parte de El quintado , al que le
sirve de escena final. En la actualidad todas las versiones que se han recopilado de
él ha sido en esta forma contaminada. Lo mismo podría decirse de La Condesita ,
que, por lo general en Andalucía s e recoge unido a Gerineldo y que en la zona, ésta
es la única muestra que tenemos de que con anterioridad a los pliegos que
publicaron los temas juntos, éste era un romance por sí solo.
Por el contrario, Santa Catalina y Marinero al agua , en las encuestas
recientes en la zona se han encontrado siempre por separado, es decir, en este caso
130
ha desaparecido de la transmisión oral la forma conjunta, que aún se encuentra en
otras zonas andaluzas, como en Cádiz.
En cuanto a los demás romances, si bien están todos documentados en la
tradición actual, también es cierto que todos entrarían dentro de los “menos
frecuentes”, con excepción de Tamar .
Las colecciones recopiladas en Marchena y La Puebla de Cazalla por Juan
Pablo Alcalde, aunque no tan alejadas en el tiempo como la de Rodríguez Marín,
también permiten establecer algunas conclusiones. A pesar de que el espacio
transcurrido es de poco más de veinte años, realmente poco si se compara con los
cientos de años de vida del romancero, se trata de unas décadas cruciales debido a
que en ellas se operan los grandes cambios que han dado al traste con el uso del
romancero de forma espontánea.
En Marchena, en las encuestas recientes no se han encontrado cinco temas
documentados con anterioridad: Conde Claros en hábito de fraile , La dama y el
pastor , La malcasada , Mambrú y Tamar . Con respecto a éste último, a pesar de que
muchas informantes han reconocido y recordado algunos versos, ha sido imposible
hilvanar ninguna versión completa. Pero es el tema de La malcasada el que mejor
ejemplifica la merma de los repertorios, pues en la actualidad no s e ha recopilado
ninguna versión de este tema no sólo ya en esta localidad sino en toda la zona
investigada.
En La Puebla de Cazalla la diferencia entre los temas del repertorio anterior
y el actual es a ún mayor, concretamente doce temas no han podido ser encontrados
en la actualidad en el pueblo, aunque sí están representados en la zona.
En Fuentes de Andalucía, que f ue especialmente bien explorado hace once
años, el conjunto de informantes se ha visto reducido drásticamente, por lo que cabe
suponer que en una encuesta actual, la colección de romances conseguida hubiese
131
sido mucho menos rica e interesante. En este tiempo diez informantes han fallecido
y dos han perdido las facultades para informar debido a su avanzada edad.
Otro tanto puede decirse de las informantes de La Puebla de Cazalla. En la
actualidad ha sido imposible recuperar ninguna de ellas para ser entrevistada. Las
más mayores han fallecido y las que informaron siendo niñas, o no viven en el
pueblo o han olvidado los romances, como sucede con Dolores Montesinos Pérez.
Aquí, afortunadamente, se ha podido encontrar otro informante, Francisco Andrade,
que ha ofrecido un panorama actual del romancero en el pueblo.
De todo lo expuesto se puede deducir que la disminución progresiva del
arsenal romancístico no es solamente una percepción sino un hecho constatable al
comparar repertorios actuales con otros anteriores, aunque entre ellos no medien
más que una decena de años.
IV. 6. A PL ICA CIÓN DE LA T ECN OLOGÍA D IGIT AL AL E STUDIO DEL R OM ANCERO
Si bien la oleada de avances tecnológicos que ha invadido nuestras vidas en
los últimos años ha supuesto en general una seria amenaza para tradiciones de
inestimable valor cultural, no es menos cierto que es un proceso infrenable y que es
un fenómeno con el que hemos de aprender a convivir. Desarrollar ante este hecho
una actitud de rechazo, pienso que es un gasto inútil de energía, puesto que la
evolución de la vida no tiene vuelta atrás. Sin ningún género de dudas, creo que los
esfuerzos en este sentido deben ir encaminados a sacar el mayor provecho posible
de los medios que la tecnología pone a nuestro alcance y que pueden ser
ciertamente útiles en la investigación literaria como lo es ya en otras much as
materias .
Ya Diego Catalán, hace más de dos décadas, vio muy claramente la curiosa
interrelación entre la modernidad y la tradicionalidad en cuanto al romancero se
refiere: “La creciente actividad recolectora de los últimos decenios, apoyada por la
132
grabadora y el coche privado, ha puesto de manifiesto una gran paradoja: Si bien la
tradición oral se halla en un peligro de extinción más cierto e inminente que nunca,
aún va a ser posible para los investigadores de este fin de siglo duplicar varias veces
el caudal de textos que, con gran trabajo, habían reunido sus antecesores durante
siglo y medio, viajando a pie o en transporte público” 50 .
En la actualidad, las nuevas tecnologías digitales ofrecen un muy amplio
campo de posibilidades en relación con la conservación de las formas orales en
cuanto que ayudan a su recopilación y ordenación. Por una parte facilitan la s
labores de encuesta y recogida de las informaciones orales a través de grabadoras
digitales, cuyos archivos pasan al PC de forma automática, y por otra abre campos
nuevos para su archivo, estudio y difusión, antes inimaginables.
La idea de organizar un archivo universal del romancero no es nueva. El
Seminario Menéndez Pidal trabaja desde hace años en la creación de un Archivo
Sonoro del Romancero (ASOR), “que aspira a dar acogida y poner a disposición de
la investigación la mayor cantidad posible de textos romancísticos grabados
procedentes de cualquier sub-área de la tradición pan-hispánica” 51 .
El mayor problema que plantea las grabaciones sonoras en cintas es su
difícil accesibilidad, ya que para oír un archivo hay que disponer físicamente de la
cinta en cuestión. Esto puede suponer un obstáculo insalvable. Por otra parte,
acceder a los temas requiere una ingente labor previa de tipo escrito realizando
índices y transcripciones. Y aún disponiendo del índice descriptivo de la cinta, es
laborioso realizar la audición hasta localizar el tema deseado.
El tratamiento informático de los archivos vendría a solucionar estos
problemas. Los archivos sonoros digitales (transcritos o no) se organizarían en una
base de datos donde localizar un tema sería sumamente fácil e inmediato. Las
50 Die go Cata lán , “El camp o d el roma ncer o. Pr esen te y fut uro” , en P. Piñ ero y col s. (e ds. ), El
Romancero. Trad ición y p erviv encia a f ines del siglo XX , Cádiz , Funda ción M achado - Univ . Cádi z,
1989, págs. 29 - 47. Cita en pág. 35.
51 Ídem , cita en pág. 41.
133
ventajas son innegables. Por una parte se elimina la obligación del manejo directo
de cintas y por otra parte, el archivo sonoro no depende de un soporte escrito para
ser conocido. Al mismo tiempo, al estar disponibles a través de Internet, muchos
estudiosos o investigadores podrían realizar labores de transcripción de los archivos
sonoros con la garantía de que trabajan sobre grabaciones originales.
En este trabajo he creído necesario dar una muestra de estas posibilidades,
adjuntando un CD que incluye quince temas pertenecientes al corpus . Cada uno
lleva adjunto su archivo sonoro original, de tal forma que a la vez que se lee el
texto, se puede oír a la persona entrevistada en el momento en que informó sobre
dicha versión (abrir CD). De esta forma se consigue una reproducción lo más
cercana posible al acto de la entrevista y un acercamiento a la verdadera entidad del
romance que no es otra que la unión de texto y melodía. Al extraer los textos en las
transcripciones y darles forma escrita, se lleva a cabo una distorsión necesaria pero
artificial del romance, convirtiéndolos en literatura impresa y separándolos de su
parte melódica.
Los estudiosos se hacen eco a menudo de lo inadecuado de este tratamiento,
que, sin embargo, hasta ahora era la única opción. Aunque las grabaciones
originales se encuentran en los archivos cuidadosamente clasificadas y guardadas,
resulta incómodo y difícil acced er a ellas. Además, localizar determinado fragmento
dentro de una cinta magnetofónica requiere una labor de búsqueda laboriosa.
La digitalización del sonido y su fácil grabación en discos compactos supone
una s olución para este problema, ya que desde un ordenador personal se puede abrir
el archivo que contiene un texto acompañado de su versión original cantada. De esta
forma, el soporte escrito proporciona el marco teórico necesario para que la versión
que vamos a escuchar no se desvincule del romancero al que pertenece, de lo
contrario la oiríamos sin contexto, como el que escucha una canción en la radio.
Hay que conocer de qué tema se trata: lugar de recopilación, f echa, tipo de
134
romance, etc. Y el archivo sonoro adjunto devuelve la oralidad a la letra impresa,
rescatándola de su silencio y convirtiéndola de nuevo en el romance que es.
Imaginemos que pudiéramos en la actualidad oír la voz de Juan José Niño
cantando sus romances a Manrique de Lara. Tal vez en el futuro sea un verdadero
tesoro poder oír cómo han cantado los informantes de numerosas encuestas que se
llevan a cabo hoy en día. A la vez, el tratamiento digital de estos trabajos garantiza
su difusión, ya que el CD grabado puede ser reproducido y conocido por cualquier
otro usuario con la sola condición de tener un PC o por numerosos usuario s si se
publican a través de Internet.
Asimismo el medio digital abre interesantes vías a nivel didáctico, puesto
que alumnos que no han estado nunca en contacto con el romancero en su
manifestación espontánea, tienen una opción rápida de hacerse una idea de lo que es
un romance, de quién lo cantaba y cómo se cantaba. Por otro lado, el formato en CD
o a través de Internet del romancero le supondría una óptima adopción por parte del
sector joven que pudiera estar interesado en ello, bien por cursar estudios relativos
al tema o por otras razones, ya que los medios digitales están f uertemente
arraigados en su vida cotidiana.
No hay que olvidar tampoco que ofrecer la grabación original de un acto de
entrevista, aun con su posible mala calidad de sonido, puede ser un punto de partida
de incalculable interés para estudios en otras materias como la musicología.
Sobre este campo de las nuevas tecnologías digitales aún poco investigado
en su relación con la actividad liter aria, pienso que las posibilidades son infinitas y
no me cabe la menor duda de que van a jugar un papel importante en el futuro de
los estudios romancísticos.
135
V. CRITERIOS PARA LA CLASIFICACIÓN Y EDICIÓN DE
LOS TEXTOS
V.1. C RITERIOS DE C LASI FICACIÓN
En e ste corpus se reúnen en un mismo nivel romances propiamente
tradicionales y romances tardíos o vulgares tradicionalizados.
Los romances tradicionales , definidos por Menéndez Pidal como “cantos
épico-líricos” tienen un origen anterior al s. XVI , aunque su existencia en estas
tempranas fechas no siempre es totalmente demostrable. La mayoría de estos temas,
que hoy consideramos tradicionales, fueron incluidos en las grandes colecciones
impresas de los Siglos de Oro, como Gerineldo y Conde Claros en hábito de fraile ,
pero otros muchos no fueron incluidos en ellas debido a su métrica hexasilábica,
que solía ser rechazada por los editores, como La muerte ocultada y Casada de
lejas tierras , o debido a su carácter de romances-cuentos, relatos que tampoco
entraban dentro de los criterios de los recopilador es , como Blancaflor y Filomena .
Otros sólo han dejado escasas huellas en forma de versos aislados o referencias de
algún tipo hechas en otras obras literarias, sobre todo dramas. No se trata de
romances completos, pero son datos suficientes para saber que existían ya en esa
época.
En cuanto a los romances vulgares tradicionalizados , son definidos por Flor
Salazar como “composiciones en metro de romance en estilo vulgar, difundidas
mayoritariamente por los ciegos, en pliegos sueltos editados desde el siglo XVI hasta
hoy” 52 . A pesar de su origen tardío, estos textos han ido adquiriendo con el paso del
tiempo y su uso en la oralidad, las características estilísticas propias de los
52 Véa se para un a visión clarificadora sobre la d efinición y significación del rom ancero vulgar,
el estudio de Flor Salazar, “El rom ancero vulgar en el contexto del R omancero oral”, Ínsu la , 567,
Las voces del romancero , (M arzo, 1994), págs. 23 - 25; y de la misma autora, El Romancero vulga r y
nuevo , Madr id, Funda ción R. M . Pida l, 1999.
136
romances tradicionales, convirtiéndose en textos abiertos, susceptibles de las
variaciones que en ellos ejerce su transmisión en la colectividad.
En cambio los romances de cordel , aunque comparten con los anteriores el
origen tardío y similares características en su composición, son textos que se
mantienen como “poemas cerrados y por tanto, no s usceptibles a los cambios y a la
recreación de a colectividad, los informantes los repiten mecánicamente, sin
alterarlos, con conciencia de autor ajeno; presentan, además, un lenguaje, unos
temas y unas estructuras muy diferentes a las de los tradicionales” (Atero, 1996,
pág. 49). Quedan, pues fuera de l corpus de romances tradicionales, tal como ya se
hizo en el romancero de Cádiz, en el de Huelva, y como, naturalmente se hará en el
de Sevilla 53 .
En cuanto a la clasificación de los textos, he adoptado la ya existente en las
colecciones andaluzas que han precedido a ésta, las correspondientes a los dos
primeros volúmenes del Romancero General Andaluz , que como ya sabemos son
los de las provincias de Cádiz y Huelva, así como otras publicaciones que
pertenecen a la provincia de Sevilla ( R. Aljarafe y R. Guadaíra ). Esta ordenación
sigue, en líneas generales, la llevada a cabo por Diego Ca talá n en su Romancero
General de León , aunque introduce ciertas variaciones para adaptarse a las
peculiaridades del romancero del sur peninsular. Exceptuando los tres primeros
grupos: A. Carolingios, B. Caballerescos y C. Líricos, en los demás apartados se ha
utilizado un criterio de tipo temático. El último grupo: L. Composiciones no
narrativas, recoge temas que, aunque por su escasez narrativa no se han considerado
propiamente romancísticos, son similares a éstos por su origen y difusión.
El índice clasificatorio queda, pues, de la siguiente manera:
53 Véas e para el tema del romanc ero de corde l la obra de Julio Caro Baroja , Ensayo sobre la
literatura de cord el , Revista d e Occid ente, M adrid, 19 69.
137
A. Carolingios
B. Caballerescos.
C. Líricos.
D. Historia Contemporánea.
E. Sobre la conquista amorosa.
F. De amor fiel.
G. Sobre la ruptura de la familia.
G.1. Incesto
G.2. Adulterio.
G.3. Esposa desdichada.
H. Sobre la reafirmación de la familia
I. Devotos.
I.1. Sobre el Nacimiento e Infancia de Jesús.
I.2. Sobre la Pasión de Cristo.
I.3 De vidas de santos e intervenciones milagrosas.
J. Jocosos y burlescos.
J.1. Eróticos.
J.2. Burlas.
J.3. Juegos.
K. De varios asuntos.
L. Composiciones no narrativas.
Cada tema, con independencia del grupo al que pertenezca, posee una
numeración consecutiva ininterrumpida, de forma que el número del último tema
corresponde al número total de temas que integran el corpus .
144
145
MAPA I
ÁREAS TERRITORIALES DE LA PROVINCIA DE SEVILLA
(FUENTE: DIPUTACIÓN DE SEVILLA. ELABORACIÓN PROPIA)
RÍO
GENIL
RÍ O
CORBONES
ÁREA METROPOLITANA CAMPIÑA
ALJARAFE SIERRA NORTE
MARISMA SIERRA SUR
VEGA
146
147
MAPA II
MAPA PORMENORIZADO DE LA CAMPIÑA ORIENTAL
(ESPECIFICACIÓN DE LOS MUNICIPIOS INVESTIGADOS)
CAÑADA ROSAL LA LUISIANA
ÉCIJA LA PUEBLA DE CAZALLA
FUENTES DE ANDALUCÍA LANTEJUELA
EL RUBIO MARCHENA
HERRERA MARINALEDA
LA CAMPANA OSUNA
148
149
MAPA III
ÁREA INVESTIGADA EN RELACIÓN CON LA EXTENSIÓN TOTAL DE
LA PROVINCIA
150
151
GRÁFICO I: DISTRIBUCIÓN DE LOS INFORMANTES POR SEXOS
HO M BRES
MU J E R E S
GRÁFICO II: DISTRIBUCIÓN DE LOS INFORMANTES POR EDADES
- d e 4 0 a
40 - 49 a
50 - 59 a
60 - 69 a
70 - 79 a
+ d e 8 0 a
152
153
GR ÁFICO III: DISTRIBUCIÓN DE INFORMANTES POR EDADES EN
RELACIÓN CON EL NÚMERO DE VERSIONES APORTADAS
0
5
10
15
20
25
30
35
- d e 4 0 a 40 - 49 a 50 - 59 a 60 - 69 a 70 - 79 a + d e 8 0 a
Nº d e i nf o r m a n t e s Nº d e v e r s i o ne s ap or t ad as
256
E L P ÁJARO V ERDE
Este tema, cuya factura tiene todo el aspecto de ser muy reciente no está
muy difundido en la península, aunque se encuentra documentado en las
colecciones andaluzas: en RGA, I, Cádiz aparecen 3 versiones; en R. Aljarafe , 2; y
en R. Arahal , 1. En la zona se han recopilado 4 versiones.
Muy poco se sabe sobre los orígenes de este romance, que también se
encuentra en la tradición marroquí. Según Menéndez Pidal esto no sería una prueba
definitiva de su antigüedad 138 .
Si bien en su composición original pudo tratarse de un romance trad icional,
los textos recopilados en las encuestas recientes hacen pensar que proceden de una
reelaboración posterior del mismo tema como romance de cordel, con cuya estética
coincide plenamente. En esta adaptación se ha perdido el motivo que da título a la
historia, ya que en el original que Menéndez Pidal conocía, procedente de Túnez, la
joven enamorada muerta se convertía en un pájaro verde, y el tema de la historia era
el amor más allá de la muerte:
Abrieron aquella sala no encuentran cuerpo ni alm a,
sólo que un pájaro verde cantando al son del agua.
En la versión actualizada este final se sustituye por un consejo moralizador
por partida doble: para los padres, que no deben oponerse al amor de las hijas y para
éstas, que no deben amar tanto a sus pretendientes como para perder la vida por
ellos. La historia se resuelve como una tragedia originada por un conflicto de
intereses: la protagonista quiere casarse con su novio pobre, mientras que los padres
prefieren casarla con un pretendiente rico.
La trama argumental consta de tres momentos importantes: 1º Una situación
inicial que da cuenta de la relación amorosa de dos j óvenes; 2º Un rico pretendiente
138 Menén dez Pida l, Los romance s de América y otros estudios , M adrid, Espasa - Calp e, 1958,
págs. 120 - 127.
257
entra en discordia solicitando también a la muchacha en matrimonio. Al ser
rechazado, causa la muerte de su rival; 3º La joven enamorada se suicida al conocer
la muerte de su novio. Solamente la versión 2, bastante distinta de las demás,
presenta los hechos de otra forma: el padre se marcha por motivos desconocidos y
el novio muere de pena.
Los textos 1, 3 y 4 se caracterizan por la fuerte similitud en su discurso
llegando a coincidir casi literalmente, hecho que demuestra su aprendizaje en
pliegos escritos y su escasa vida en la tradición oral, que no ha dado lugar a los
cambios y variabilidad propios de los temas tradicionales.
El romance, que se configura como la noticia de una historia verdadera, da
comienzo con un íncipit formulístico propio de los romances de cordel,
mencionando el lugar donde ocurren los hechos y presentando a los personajes,
datos imprescindibles para dar veracidad a lo contado: “En el pueblo de Arzabache
habitaba una zagala // como los rayos del sol tiene la niña la cara.” (vs.1). La mayor
preocupación en toda la composición es el relato de los hechos, con recursos
expresivos muy alejados de los paradigmas comunes del romancero con la lírica.
El uso puramente denotativo de los términos domina todo el discurso
consiguiendo desarrollar a duras penas la trama narrativa. El verso fácil, basado
únicamente en la rima, da origen a una narración rimada de escaso vuelo poético, de
la que estos versos pueden servir de ejemplo: “Don Pedro que lo escuchaba ha
hecho una gran llamada, // se salió con cuatro al campo donde aquel joven se
hallaba.” (vs.1). Quizá el momento más lírico lo tengamos en el final, en el entierro
de ambos: “Los entierros iban juntos, cada cual iba en su caja // él parecía un clavel,
ella una rosa temprana.” (vs.1).
Desde el punto de vista estilístico cabe destacar el tono poco lírico del
conjunto, el predominio absoluto de los elementos narrativos, y la falta de lenguaje
simbólico y referencial. Características todas ellas que acercan la composición al
romancero de cordel.
258
L UX A ETERNA
Este romance, de autor conocido, es un buen ejemplo de tradicionalización
de un tema que no fue, en principio, concebido para su transmisión oral. Aún así, su
rápida adopción por parte del público y su incorporación al conjunto de cantos de
entretenimiento le han valido una gran difusión y popularidad.
La balada procede del poema que Juan Menéndez Pidal publicó por primera
vez en El Almanaque de la Ilustración Española de 1889 y más tarde en Poesías ,
1913, (págs. 31-37) 139 . Se trata de una composición artificiosa de tono muy
sensiblero y sentimental cuyo tema central es el diálogo, más bien monólogo, de
una joven enferma de amor, que se dirige a su madre en las horas que preceden al
momento en que ella está segura de que va a morir. La escena, que se desarrolla por
la noche, termina con la llegada del día y la muerte de la hija.
La adaptación del poema a la tradición oral ha dado lugar a dos variantes
principales, que es como se recopila en la actualidad: la primera, más cercana a la
original, se configura como un romance – escena y en ella se recoge el diálogo de
madre e hija, prescindiendo de cualquier otra materia argumental; y una segunda,
que ha desarrollado un amplio preámbulo explicativo de la enfermedad de la joven
por causa de su novio Juan así como un dramático final donde el culpable sufre por
su actuación y a veces, incluso, se suicida. La incorporación de abundantes
elementos narrativos ha dado origen a un romance – cuento, que es a lo que tiende
la tradición moderna 140 .
El tema, en sus dos variantes, está muy difundido en la actualidad y es uno
de los mejor conservados, como se puede apreciar por el número de versiones
recopiladas en cualquiera de las colecciones que estudiamos. En RGA, I, Cádiz se
publican 5 textos, de los cuales sólo 1 es corto; en RGA, II, Huelva , 10 en total, con
139 Este text o es el que Piñe ro y Atero edi tan e n Romancero Andal uz de Tradi ción Oral , 1986,
págs. 81 - 85.
140 Según Pi ñero y Atero en RTM , 1987, pág. 138.
259
2 cortos; en R. Aljarafe , 6; en R. Arahal , 1; y en R. Guadaíra , 1. Éstos últimos,
todos largos. En esta zona se han recopilado 10 versiones, de las cuales 2 son cortas.
De acuerdo con las dos formas en que hemos visto que se presenta el
romance en la actualidad, distinguiremos dos familias:
A) La integrada por las versiones cortas que albergan el romance escena y
que suponen un conjunto minoritario frente a las largas. En la zona se han
recopilado de este tipo 3 textos de los 10 totales (vs. 2, 3, 6), y la misma proporción
se observa en las demás colecciones, cuyo cómputo hemos visto más arriba.
Estos textos tienen un principio ex abrupto , sin que se expliquen las
circunstancias que han dado origen a la situación. De forma muy generalizada se
abren con un íncipit de tipo exclamativo de gran fuerza emotiva y que ha
conseguido mantenerse con entereza en la oralidad:
- Madre , ¡q ué li n da n oc he , cu án t as es tr e ll as!
Ábre me l a ven ta na que qu ie ro ver la s. (vs. 2, 3, 6).
A continuación, tras la respuesta preocupada de la madre: “No, hija mía no,
que estás enferma” (vs. 2, 3, 6), se suceden los dos motivos fundamentales en la
escena: “el presagio” de la joven de su propia muerte, expresado con la imagen de
un perro aullando, que también se encuentra en el poema original: “Ese perro que
aúlla en esa puerta, // antes de la mañana ya estaré muerta.” (vs. 2, 3); y “el
testamento” de la moribunda, consistente en expresar su voluntad sobre qué se debe
hacer cuando vayan a visitarla después de muerta. La misma idea está contenida en
una serie de re peticiones paralelísticas formales y conceptuales como ésta: “Si
vienen mis amigas Ana y Dolores, // le dices que me pongan ramo de flores” (vs.1).
También existe, como en el original, la preocupación por la mortaja, motivo
tradicional, que aparece con frecuencia en la literatura popular, recordemos ¿D ónde
vas, Alfonso XII? , por ejemplo: “Si me muero me pone(s) el vestido blanco // que
me regaló Juan el día mi santo.” (vs.2).
260
B) Las versiones de esta familia, que en esta colección se ejemplifican con
los textos 1, 4, 5, 7, 8, 9 y 10, han desarrollado un amplio preámbulo explicativo de
la situación de enfermedad que sufre la joven y un aún más amplio final en que se
describen todos los detalles de la muerte, pésame de las amigas, casamiento del
novio con la amiga que la ha traicionado y remordimientos de éste que, a veces,
desemboca en el suicidio.
El diálogo de la madre y la hija pierde autonomía y pasa a formar parte del
conjunto narrativo como un elemento más.
La fábula argumental consta en esta reelaboración del tema como romance
cuento de una serie de secuencias: 1º Una joven, que mantiene una larga relación
con su novio desde hace años, ve cómo éste la abandona por una de sus amigas; 2º
El novio se casa con su amiga y ella, que no ha podido superar el dolor de su
abandono, muere; 4º El joven, que no esperaba causar un daño tan hondo a su
antigua amada, se suicida.
Como se puede apreciar hay un aumento considerable de los elementos
narrativos, inexistentes en las versiones de la familia A, cuya funcionalidad es
aportar la información necesaria para crear una historia con las partes básicas de
principio, nudo y desenlace. La forma y los elementos expresivos en estos textos
son muy variables, pero aún así se pueden extraer características comunes.
Regularmente en el principio se recoge el nombre de los protagonistas y la
causa de la enfermedad:
Una jov en muy gua pa ll amad a Adel a
por el amor de Jua n se hallaba enferma.
Juan le juraba que la quería
y a su amiga Dolores la pr etendía. (vs. 1)
A lo que sigue un largo diálogo entre ambos con la conclusión final de que
él confirma las sospechas de Adela y le confiesa que se ha enamorado de otra: “Yo
261
no te quiero a ti, que quiero a otra // porque mis ojo(s) han visto la más hermosa”
(vs.1).
En este momento de la narración se inserta el diálogo de madre e hija,
constitutivo de las versiones cortas, para continuar con un desenlace igual que el
principio, muy desarrollado, que incluye: el entierro de la protagonista: “ Al otro día
siguiente pasó el entierro // Juan que estaba en la puerta se metió dentro” (vs.1); el
casamiento del novio con la amiga: “El día que los desposados amanecieron //
tocaban las campanas con gran desvelo” (vs.4); los remordimientos de Juan: “Cogió
un retrato suyo y lo besó // y le dijo: - Adela, adiós, adiós.” (vs.4); y por último, el
suicidio (vs. 4, 5, 8, 9, 10) más o menos explícito: “Fue detrás del cementerio y se
ha dado un tiro // y en el tiro decía: - Me voy contigo.” (vs. 4).
Los textos de las demás colecciones andaluzas, se ajustan, en líneas
generales a esta estructura, a pesar de las diferencias que atañen principalmente al
discurso. El tono expresivo mantiene el sentimentalismo del original, con un gusto
muy marcado por los detalles dramáticos.
262
G. ROMANCES SOBRE LA RUPTURA DE LA FAMILIA
G.1 INCESTO
B LANCAFLOR Y F ILOMEN A
En las colec ciones romancísticas modernas no se encuentra muy
documentado este tema que da muestras de una importante recesión en la memoria
de los transmisores. En la Campiña se cuenta con 3 versiones en total: 2 recopiladas
en la encuesta reciente en la zona y 1 más antigua, de finales del s. XIX procedente
de la colección de romances de Rodríguez Marín 141 .
En RGA, I, Cádiz , se publican 4 versiones; 3 en RGA, II, Huelva ; 2 en R.
Aljarafe, 2 en R. Arahal y no se cuenta con ninguna versión en R. Guadaíra .
El romance recrea la historia mitológica de Tereo, Progne y Filomela, que
Ovidio incluyó en su Metamorfosis . Según la leyenda clásica, Tereo, en efecto,
violó y le cortó la lengua a su cuñada Filomela, que consiguió hacer saber lo
sucedido a su hermana a través de un pañuelo bordado. Ésta, en venganza contra su
marido, mató al hijo de ambos y se lo sirvió de cena. Tereo, horrorizado, quiso dar
muerte a las hermanas, que huyeron veloces a través del bosque. Los tres personajes
fueron transformadas en pájaros por los dioses: Filomela en ruiseñor, Progne en
golondrina y Tereo en abubilla 142 .
Con bastante fidelidad se reproduce en el romance el mito griego, aunque se
dan algunas diferencias. Los nombres de las mujeres han sufrido pocos cambios:
Filomela ha pasado a ser Filomena y Progne a ser Blancaflor, nombre frecuente en
el romancero como apelativo de mujer joven y hermosa. Tereo sí ha visto cambiado
su nombre por el de Tarquino, procedente del romance de Tarquino y Lucrecia , 143
historia sobre una dama romana a quién éste forzó. A partir de la popularización de
141 Versión qu e p ubli ca Mené ndez Pe lay o, Apéndic es , 1945, pá gs. 293 - 294.
142 Ovidio, Las metamorfosis , ed. y trad ucción de F. Payro Carrió , Barcelo na, Ed icomu nicación,
1995, Libro VI, cap. IV - V, p ágs. 1 09 - 115.
143 Según Díaz – Mas, Romancero , 1994, págs. 3 91 - 393, en el es tudio re alizado s obre este tema.
263
este episodio, de gran ascendencia en la literatura de los Siglos de Oro, Lucrecia se
erigió en símbolo de castidad y Tarquino se convirtió en el nombre por excelencia
para el personaje del violador, en general. Como tal lo encontramos también en
Tamar .
Más significativas son las modificaciones que atañen a la caracterización y
conducta de Progne. Mientras en la fábula original, ésta era culpable directa de la
muerte de su hijo y Filomela participaba también de cierta responsabilidad en el
hecho, en su trasvase al romancero, las mujeres quedan exentas de culpa y la muerte
del pequeño se atribuye al hecho natural de un malparto.
La venganza suprema de una mujer hacia su marido, consistente en la
muerte de los propios hijos y el ofrecimiento de su cuerpo como comida, constituye
un motivo reiterado en la literatura 144 . Aparece con cierta frecuencia en los cantos
épicos medievales centroeuropeos, donde la venganza tenía un papel preeminente
como dinamizadora de las conductas y donde las acciones vengativas por crueles
que fueran se consideraban legítimas y hasta obligadas, siguiendo un férreo código
de honor que no contemplaba otras opciones para reparar las ofensas. En el
momento en que el romancero retoma el tema, la perspectiva ética y social sobre
este tipo de actos ha cambiado y el hecho de que una madre asesine a su hijo sólo
por causar dolor al marido es del todo injustificable.
Sin duda, la dureza y crueldad de la macabra venganza, tal como se
planteaba en un principio, originó un dilema sobre la función de las mujeres.
Estando, como estaban, caracterizadas como víctimas, es decir, como personajes
femeninos positivos frente al masculino negativo, no encajaba en la fábula ni en e l
perfil de las protagonistas que, sobre todo la madre, asumiera una conducta tan
inaceptable desde el punto de vista moral.
144 En el poema medi eval escandin avo Edda Mayor , emparentad o con el Cant ar de l os
Nibel ungos germano, l a esposa del rey Atila mata a sus hi jos y ha ce que ést e coma sus c orazones.
264
Brevemente, el esquema estructural de la narración tendría las siguientes
secuencias: 1º Un caballero se enamora de dos hermanas a un tiempo, lo que da
lugar a un conflicto personal y familiar de dif ícil solución. En principio se casa con
una de ellas y se la lleva a su tierra; 2º Al poco tiempo el caballero vuelve para
llevarse a su cuñada, con el pretexto de que ayude a su hermana en el parto y en el
camino la fuerza y la tortura ferozmente; 3º Aparece providencialmente un pastor
que se ofrece como mensajero para dar la noticia a su hermana casada; 4º La
hermana, que ha malparido con las tristes nuevas, prepara al marido una cena con
los restos de su hijo. Tras el descubrimiento de la verdad, tiene lugar la segunda
parte de la tragedia y Blancaflor muere a manos de su marido.
Este romance se nos ofrece en las colecciones modernas andaluzas en textos
especialmente diversificados, con una gran cantidad de variantes y un tratamiento a
veces opuesto del mismo motivo.
Por lo general, ni siquiera los íncipit coinciden, siendo dos los tipos más
frecuentes: el que incluye la figura de la madre (viuda en algunas versiones) en el
primer verso y a continuación a sus dos hijas: “Doña Laura quedó viuda con sus dos
hijas gemelas // una era Blancaflor y otra era Filomena” (vs. 2) y el que utiliza un
formulismo propio del romancero: “Por las calles de Morón se pasean dos
donseyas; // una era Branca-Fró y la otra Filomena” (vs.1). Aunque el nombre del
lugar que más se repite es “Madrid”. La dualidad de las protagonistas tiene su
correlación en sendas acciones violentas del marido, que causa la desgracia a las
dos.
Los motivos narrativos de este romance no son nuevos en las baladas
tradicionales: tras el enamoramiento del caballero, aparec e: “el alejamiento del
hogar”, por partida doble, primero una hermana y luego otra, cuyas connotaciones
trágicas son una constante significativa en el discurso romancístico, y que plantea la
historia, ya desde la primera secuencia, como un drama abocado a un desenlace
fatal: “Y al poco de estar casado s e la lleva a tierra ajena (a Blancaflor)” (vs. 2),
265
“Buenas tardes tenga, suegra, vengo por su Filomena” (vs.1); “el camino recorrido”,
cuya expresión formulaica de continuado uso en el romancero ha dado lugar a
versos casi idénticos a los de otros temas como La Condesita : “A la subida de un
serro, a la bajá de una güerta” (vs.1);
También la aparición providencial del “pastorcito” o “pajarito”, es un
elemento de primer orden en los relatos folclóricos. Recordemos, por ejemplo, el
“pajarito” que ayudó a la infanta de Conde Claros en hábito de fraile , que
desempeña una función de auxilio a la protagonista. Aunque en este caso la ayuda
llega tarde, puesto que el atropello sufrido por Filomena no tiene remedio, sí es
valiosa a la hora de cobrar venganza en el autor del crimen. En la versión 3
aparecen ambos personajes conjuntamente: un pastor para escribir la carta y un
pájaro para llevarla: “Si viniera un pastorcito .... le escribiría esta carta a mi
hermana Blancaflor”, “Si viniera un pajarito ... le llevaría esta carta a mi hermana
Blancaflor”. Así como se produjo la llegada del mensajero a petición de Filomena,
también es providencial el cumplimiento de la maldición que echa al hijo de
Tarquino, hecho sobrenatural nada frecuente en la fabulación romancística, y en
efecto, su hermana malpare: “Bendito Dios de los cielos si mi hermana malpariera”
(vs.2), momento al que sigue todo un ritual macabro con el único fin de vengar el
crimen cometido contra su hermana: “Y en un vasito de cobre echara lo que tuviera,
// cuando llegara Dorquino se lo pusiera de cena” (vs.2). Ya vimos anteriormente
cómo éste es un motivo con una larga historia literaria. Y dentro del romancero, lo
volvemos a tener en La infanticida , con ciertas diferencias.
En cuanto a los finales, estamos ante la secuencia con más variantes. Hay
textos que no completan los motivos: la versión 1 llega sólo hasta el motivo del
pastor, la 2 hasta el descubrimiento de la verdad; y las que están completas,
incluidas las versiones andaluzas de las colecciones que estudiamos, oscilan entre la
muerte de Blancaflor a manos de Tarquino: “Se ha levantado de la mesa, ha cogido
un cuchillo // le ha cortado la cabeza” (vs.3) y viceversa, la muerte de éste último a
272
Tal como sucediera en Delgadina , de nuevo aparece el incesto como eje
temático de un romance. Aquí la pasión desencadenante del conflicto se da entre
hermanos; es el amor fraterno el que, contra natura , deriva hacia un deseo de tipo
sexual.
El esquema secuencial sería el siguiente: 1º El protagonista masculino,
mayoritariamente llamado Tarquino, concibe una pasión desmesurada por su
hermosa hermana Tamar; 2º Preparación del momento en que pueda cumplir sus
deseos, fingiendo un enfermedad y haciendo que su padre le envíe a su hermana; 3º
Forzamiento de la muchacha a manos del hermano, acto en el cual queda
embarazada; 4º Al cabo del tiempo correspondiente, Tamar da a luz una hermosa
criatura.
Algunas versiones andaluzas, aunque no es el caso de la zona, recrean la
súplica al hermano de que no airee públicamente su deshonra, pero ninguna recoge
el final de la historia bíblica de la venganza del segundo hermano. Por lo general
terminan con el bautismo del niño como “hijo de hermano y hermana”, sin más. Se
puede concluir que, a pesar de la tragedia familiar, la historia tiene un final feliz, a
diferencia de Delgadina . Los nombres de los personajes se han mantenido sólo en
parte: mientras “Tamar” presenta cierta fidelidad con el original, aunque con
frecuencia se ve transformada en Artamare, Altasmares, o incluso en complemento
de lugar, “estando un día en altas mares”, Amnón ha sido sustutuido de forma
generalizada por el de “Tarquino”, prototipo de violador desde el romance de
Tarquino y Lucrecia , con sus variantes: “Taquino”, “Turquino”, “Torquino”,
“Paquino”, “Paulino”...
El íncipit, de tipo formulaico, se mantiene en todas las versiones, dando
muestras de una entereza poco comunes ya en el romancero. Con muy poca
variabilidad entre los textos, tenemos:
“Rey m oro tenía un hijo que Turquino se l lamaba,
se enamoró de Altasm ares, siendo su querida hermana.
Vien do que no p odí a ser mali t o c ayó e n l a ca ma” (vs. 2)
273
A lo largo de todo el desarrollo narrativo, abundan los elementos simbólicos
procedentes de la lírica popular creando una atmósfera amorosa que contrasta con la
violencia del hecho principal: “el mal de amores” que aqueja al enamorado joven,
como a tantos otros en la literatura, consciente de la imposibilidad de lograr sus
deseos: “Viendo que no podía ser malito cayó en la cama” (vs.4); “el interés del
padre” por el hijo enfermo: “Subió el padre a visitarlo: - ¿Qué tienes, hijo del
alma?”(vs.5, 12), expresado en otras versiones con un verso formulaico de
estructura repetitiva muy frecuente en el romancero: “¿Qué tienes, hijo Paquino,
qué tienes, hijo del alma? (vs.7); “las calenturas”, término de doble sentido con el
que, de una forma eufemística pero clara, se deja constancia de la pasión que
consume a Tarquino: “Unas calenturas, padre, que me traspasan el alma” (vs.4).
Para complacer al enfermo el padre le ofrece “un caldo de ave”, remedio
casero para muchas dolencias, que en este caso también se presta a una
interpretación ambigua, pues junto con “el caldo” le envía a “ la hija”, viniendo a ser
el “ave de casa” la imagen simbólica de la propia doncella. En el sacrificio del ave
se gesta a la vez el de la muchacha, en una correlación premonitoria que el padre no
es capaz de interpretar aun cuando el hijo le pide que suba sola: “Que me la suba
solita, que no me traiga compaña, // si la sube acompañada mis penas serán
dobladas” (vs.4).
Dos términos de larga trayectoria literaria como imágenes eróticas dan a la
secuencia siguiente el tratamiento de una escena amorosa convencional, ajena a la
índole violenta del encuentro, como son: “la subida” de la hermana hacia el cuarto
de su hermano, símbolo del camino hacia la culminación del amor, tal como vimos
en otros romances como Gerineldo , pero también camino hacia “el calvario”, “el
patíbulo”…, o lugar donde será sacrificada; y “las enaguas”, falda interior, en este
caso “camisa”, que pertenece al léxico de las prendas de vestido, de tan arraigada
presencia en la lírica: “Como era de verano ella subió en naguas blancas”
funcionando como un reclamo erótico hacia el hermano.
274
Éste, al ver a la hermana, desata su furia expresada en una imagen muy
plástica a través de la comparación con un león: “Así que la vio venir como un león
se le avanza” (vs.9). Y poco más se puede encontrar sobre la expresión de la
agresión en el romance.
A continuación, la escabrosa escena del forzamiento se resuelve a nivel
expresivo con una s erie paralelística de versos construidos con términos
inusitadamente suaves para la gravedad del hecho al que se refieren, s ituados
también en el campo semántico del amor, como son “las cintas” y “los pañuelos”,
usados, además en diminutivo, consiguiendo el tono expresivo distraer al oyente de
la brutalidad de los hechos ocurridos; así las armas del violador son “el pico del
colchón”, “pañuelos de hilo”, “cintas de colores”, “hilos de seda”: “Con una cintita
azul los ojitos le tapaba // con una cintita rosa la boquita le tapaba // con una cintita
blanca las manitas le amarraba”(vs.1 T+D ), “Con el pico del colchón la boquita le
tapaba” (vs.6), “ Con una cinta de hilo las manos que le ataba, // con una cinta de
seda la boca que le tapaba” (vs.7), y los ejemplos se podrían multiplicar.
Son pocas las versiones que ofrecen al final un resumen de lo sucedido tal
como se hace en la versión más antigua, utilizando un símil puramente lírico que
identifica a la doncella con sendas flores: “ Gosó d´ este hermoso lirio y d´ esta rosa
temprana”(vs.1).
Un verso formulístico, idéntico al que aparece en Delgadina , sirve de puente
para la parte final del romance y aparece en la casi totalidad de las versiones:
“Estando un día en la mesa su padre que la miraba”. Aunque en esta ocasión “la
mirada” es inocente, se mantiene la imagen del padre que, en un momento
determinado, repara en la hija por alguna razón: si en Delgadina era por su belleza y
atractivo, ahora es por una preñez manifiesta.
Existe una inmensa mayoría de romances (vs.2, 4, 6, 8, 9, 11, 1 y 2 T+D ),
que en este punto narrativo continúan con “una reunión de doctores”, convocada
por el rey para la solución de la enfermedad de la hija: “Llamaron a los doctores
275
más famosos de Granada” (v2), secuencia que también aparece en el Romance de la
muerte del príncipe don Juan 154 . Lo más destacable de la escena es el miedo de los
doctores a decir al padre la verdad, por otra parte obvia, recurriendo, en algún caso,
a inventar un término que lo conf unda: “Para no asustar al padre diremos que está
opilada” (vs.8).
A partir de aquí las secuencias narrativas y los finales se diversifican, por lo
que es conveniente hacer una clasificación que ordene la profusión de motivos de
esta parte del romance. Tenemos dos grupos fundamentalmente, a la hora de
enfocar el desenlace de la trama:
A) Versiones que no contemplan elementos dramáticos en el final,
resolviendo el conflicto de un forma, si no feliz, ya que Tamar queda deshonrada, al
menos no dolorosa, con el nacimiento del hijo (vs. 2, 3, 8, 9, 10, 11): “A eso de los
nueve meses la pilita reventaba // con una hermosa niña hija de hermano y
hermana” (vs.9).
B) Versiones que contienen referencias a “un castigo”, como solución para
el problema de honra creado. Dentro de este conjunto tenemos: textos que
explicitan el castigo del culpable, bien infrigido por el padre (vs.5) o de origen
divino (vs.7): “Se abrió una grieta en el suelo que a Paquino se tragaba”; los que lo
solicitan (vs.1): “Benga castigo der sielo ya qu´ en la tierra no hay(ga)”; y los que
contemplan un castigo para la propia víctima (vs. 6 y 1 y 2 T+D ): “El padre le
manda un castigo que eso no lo manda nadie // que la metan en un cuarto donde no
le diera el aire”.
154 Cf r. con la e scena de la v ersión antigua q ue editan Ángel Zorita , R alph Di Franco y José
Labrador (eds.), “Poesías del maestro León” y de Fr. Melchor de la Serna y otros (s.XVI). Códice
número 961 de la Bibliot eca Real de Madrid , Cleve land, Un iv. de Cle veland, 1 991, pág s. 188 - 189.
Estas palabr as d icie ndo siet e doc tores entr aban;
los seis le miran e l pulso, dice n que su mal no e s nada;
el postrero que lo mira es el doctor de la Parra.
Hincó ro dil la en el s uelo , mirá ndol e e stá l a c ara . (vv. 9 -1 2)
276
Curiosamente sólo una versión se hace eco de la culpabilidad indirecta del
padre, que no se expresa claramente pero que está latente a lo largo de toda la
historia. A nadie se le escapa que no debió enviar a la hija s ola al cuarto del
hermano, máxime cuando él había formulado la extraña petición. La torpeza
demostrada en esta actuación desaviene la caracterización tradicional del rey-padre
como sabedor de todas las cosas, tal como sucede en Gerineldo, por ejemplo. Esto,
unido al paralelismo entre el sacrificio del ave y el de la hija, que vimos
anteriormente, puede llevarnos a interpretar que el padre actuó deliberadamente,
anteponiendo la salud del hijo a la honra de la hija. En efecto, en la narración
bíblica queda expresa la preferencia del rey por su hijo primogénito, al que no quiso
castigar. En este contexto adquieren sentido las palabras puestas en boca de
Tarquino: “Que castiguen a mi padre, qu´e´ ´r que ha tenido la causa” (vs.1).
No s e han recogido en la zona textos de final abierto, como algunos de
Cádiz, donde se hace patente la tendencia al fragmentarismo del romancero
andaluz, que gusta de fábulas inacabadas que añaden valor lírico a la
composición. 155 . Pero sí se mantiene en general una expresión altamente estética
que resuelve el relato del incesto a base de acertadas imágenes metafóricas.
155 Piñero y Atero ejemplifican esta tendencia con un texto de Arco s de la Frontera, en “El
romanc ero an daluz: a la bús queda de sus rasgos difere nciales”, en El Romancero. Tradici ón y
pervivencia a fines de l sigl o XX , 1989, pá gs. 474 - 475.
277
T AMAR + D ELGADINA
De este romance así compuesto se han recopilado 2 versiones en la Campiña
Oriental, ambas de la misma localidad, estando también documentado en RGA, I,
Cádiz 156 , y en R. Aljarafe 157 .
La contaminación de Tamar con Delgadina , supone una modificación
sustancial de los temas con respecto a su forma autónoma. No es tanta la variación
en la trama argumental como en la perspectiva que adquieren los acontecimientos.
En Tamar los hechos se mantienen tal como se han descrito en el apartado
correspondiente con bastante fidelidad hasta el momento final, en el que se opta,
como sucedía en la versión 6, por “castigar” a la hermana forzada, es decir, a la
víctima. La segunda parte del romance contaminado, Delgadina , funciona como la
descripción de dicho castigo. Pierde en su adaptación los motivos iniciales del
requerimiento del padre y la negativa de la hija y se inicia in media res ,
directamente con “el encierro” de la muchacha. Es éste el punto narrativo en el que
ambos romances convergen y el que sirve de punto de unión.
Al mismo tiempo Delgadina , que sigue conectado al desarrollo de un tema
de incesto, al perder el principio, pierde la referencias a las verdaderas causas de su
castigo y cambia la relación inicial de padre – hija por la de hermano – hermana. Si
antes el origen de la ruptura familiar era el rechazo de la muchacha hacia el padre,
ahora es su estado deshonroso de embarazo, del que el padre castigador no averigua
la causa, el desencadenante del conflicto.
Dispuestos así los elementos, el romance contaminado adquiere un
dramatismo multiplicado, en cuanto que la protagonista es forzada primero y
castigada bárbaramente después. En ambos casos son los personajes masculinos los
que ejercen su fuerza sobre la mujer, que queda reducida a papel de víctima pasiva.
156 RGA, I, Cádi z , versión 7 de Tamar , págs. 2 77 - 278.
157 R. Aljara fe , versión 22 E de Tamar , pág. 127.
278
No siempre se presentan con tan alto grado de sumisión los personajes
femeninos del romancero, a los que hemos visto en otros temas tomar iniciativas
para solventar sus problemas y conducir su vida. Recordemos, por ejemplo, las
protagonistas de los temas de “mujeres seductoras”, la princesa de Gerineldo , La
Condesita , etc.
La versión 1 de Tamar + Delgadina presenta un final poco frecuente en el
que hay una confesión por parte del hermano dando cuenta al padre de su
culpabilidad:
Padre, abra uste d la puert a y deje sal i(r) a mi her mana,
que la culpa ha sido mía, por eso me voy de casa”.
El pa dre que la leyó una y ot ra vez la cart a,
y mientras más la leía su r ostro se transformaba.
Su rost ro se t ransf ormaba y de cía estas pal abras:
- Si te p ill ara, Paul ino, c on mis manos t e aho gaba.
Nunca t e per don aré tan i nf ame can al lad a. ( vs. 1 T+D )
Supuestamente a raíz de este descubrimiento de la verdad, Tamar-
Delgadina quedaría exculpada y liberada por su padre, restaurándose, dentro de lo
posible, el orden familiar.
Se trata de un final un tanto rebuscado y desde luego poco extendido, de
hecho sólo he encontrado este ejemplo en las colecciones modernas, que plantea
una solución actualizada y modernizadora para el conflicto. De alguna manera el
público ha sentido la necesidad de dar un giro a los acontecimientos en favor de la
mujer inocente. La confesión del hermano, desata la cólera del padre en contra de él
y no contra la hermana, que así recupera una posición en la familia, que en las
demás versiones tiene definitivamente perdida.
279
S ILVAN A
Este romance, muy extendido en la tradición moderna, tal como sucede con
otros que tratan el tema del incesto, no ha sido recogido en las colecciones áureas,
debido, con toda seguridad, a un ejercicio de autocensura. La documentación más
antigua que de él se tiene es la contenida en varios himnarios hebreos de los siglos
XVI y XVII 158 .
En la zona, pienso que el romance está en franco retroceso, no tanto por la
escasez de versiones, 4 en total, sino por la cantidad de informantes que reconocen
haberlo sabido y haberlo olvidado, no pudiendo rememorar, a pesar de los
esfuerzos, más allá de los dos primeros versos.
En cuanto a las colecciones andaluzas, contamos con un buen número de
versiones: 3 se publican en RGA, I, Cádiz; 6 en RGA, II, Huelva más 1
contaminada con Delgadina 159 ; 3 en R. Aljarafe , muy fragmentarias dos de ellas; 3
en R. Arahal y 3 en R. Guadaíra .
El r omance de Silvana , muy parecido en su planteamiento inicial a
Delgadina , con el cual se encuentra frecuentemente contaminado 160 , gira en torno al
intento de seducción de una hija por su padre. De nuevo el tema del incesto vertebra
una historia de ruptura familiar, que, sin embargo, se resuelve de una manera muy
diferente.
El entramado narrativo constaría de las siguientes secuencias: 1º El padre,
enamorado de la hija menor, la insta a yacer con él. Aunque la joven aduce para
disuadirlo razones inapelables de moral cristiana, nada consigue; 2º Silvana pide
ayuda a su madre, que le ofrece una salida airosa y digna al problema
intercambiando los vestidos y suplantando la madre la personalidad de la hija en la
158 La práctica tota lidad de los textos est án edit ados en Gutiérrez Esteve , El incesto en el
R omancero popular hi spánico , 1981, págs . 509 - 607.
159 Es el t exto publi cado en RGA, I I, Huelva , v.1 de Tamar + Delgadi na , págs. 234 - 235.
160 Según P.Piñero, en e l est udio dedicado al t ema en Romancero , 1999, pág. 381.
280
cita con el padre; 3º El rey, burlado, acepta de buen grado la lección recibida e
incluso agradece que se le haya impedido cometer un acto tan deshonroso.
Son muchos los motivos folclóricos, de honda raigambre literaria que
confluyen en Silvana , aunque en las versiones de la zona y demás colecciones
andaluzas no se encuentra “el canto” de la muchacha, tópico folclórico de carácter
mágico en el romancero, como vimos en Conde Niño , y que sí se documenta en
otros textos del norte 161 . En éstos, es el canto maravilloso de la doncella el que
despierta la pasión del padre.
En las versiones de la zona, en el íncipit tenemos, en primer lugar “el
jardín”, término de amplias resonancias eróticas y escenario amoroso por excelencia
en una larga tradición que abarca tanto la lírica como el romancero, donde hemos
tenido ocasión de ver numerosos ejemplos, como el de Gerineldo ; y “la mirada”,
como referencia a la pasión. En este caso, como en el de Delgadina , la del padre
hacia la hija:
“Silvana se paseaba por el jar dín la Florida,
su padre la remiraba por un mirador que habí a” (vs. 2,3)
A veces (vs.1, 4) aparece el ofrecimiento del padre de ricas prendas a la hija
para conquistarla, lo que introduce el léxico relativo a los vestidos: “las camisas”,
“las enaguas”... también cargados de significaciones ambiguas y simbólicas en el
terreno del erotismo 162 : “Yo te vistiera de oro, de ropa te calzaría // y las camisas de
holanda, las naguas de perla fina” (vs.1).
161 Cfr. es ta vers ión pal enti na de Men éndez Pid al edit ada por Guti érr ez Estev e, supra , nº 19.
“Se paseaba Silvana por la su hue rta florida;
si bien toca la guitarra, mejor romances decía.
Su padre la e staba oyendo des de una alta celosí a
y la ha enviado a l lamar por un paje que allí había.”
162 Véase P. Piñero, “Lava r pañuelo / lavar camisa . Formas y símbo l os antiguos en canciones
moder nas ”, en P. Piñer o y A.J. Pére z Caste ll ano (eds .) , De la canci ón de amor mediev al a las
soleares. Acta s d el Cong res o I nte rnac ion al Li ra mini ma oral, III , Sevilla, F M - Univ. Sev il la, 20 04.
281
En la negativa de la muchacha, siempre está la apelación al orden religioso y
a la moral cristiana 163 , representados por un término de incuestionable trayectoria en
la literatura, sobre todo religiosa, “el infierno”: “Y las penas del infierno, padre,
¿quién las llevaría?” (vs.1, 3);
Seguidamente aparecen: “el color descolorido” de la cara que es signo
inequívoco de una honda preocupación, expresado en un verso arquetípico que nos
resulta sobradamente familiar: “Silvana se entró pa dentro triste y descoloría”
(vs.4) 164 ; “la madre”, figura esencial en la confidencialidad amorosa, cuya
presencia, tal como queda dicho en ocasiones anteriores, salpica numerosos
romances, por ejemplo, Conde Niño o La doncella guerrera : “Madre, por ser tú mi
madre, que a otra no se lo diría, // que el granuja de mi padre dormir conmigo
quería” (vs.3); Estamos ante la secuencia que cambia el rumbo de los
acontecimientos, evitando una tragedia como la de Delgadina . En ésta la madre era
celosa y hostil, mientra que en Silvana estamos ante la madre amiga, que se alía con
la hija para vencer al enemigo común.
Un motivo recurrente también en la literatura, que fue fundamental en el
teatro de enredo de los Siglos de Oro es “el cambio de vestidos” que da lugar a
equívocos sobre la identidad de quien los lleva: “Que yo me ponga tu ropa y tú te
pones la mía” (vs.1,2,3,4); y “la oscuridad de la noche” amparando el engaño, en
este caso la sustitución en la cita con el padre de una mujer por otra: “No soy tu hija
Silvana, que soy tu esposa querida” (vs.1).En muchas versiones, no sólo de esta
zona, se da la utilización del término “reina” en el sentido de “virgen” (vs.2,3,4):
“¿Cómo quieres que sea reina si ya he tenido tres hijas?” (vs.3).
Por último el motivo del “descubrimiento” tras la utilización de un disfraz,
tan recurrente en los romances de asunto odiseico, con o sin “señales de
163 Según M. Débax: “la contes tació n de Silva na siempre se centr a en la le y relig iosa”,
Romancero , 1982, pág. 383.
164 Cfr. co n es tos ver sos de Ge rin eld o : “Gerine ldo, Gerin eldo, pa je del rey m ás quer ido //
¿dónde vienes, Gerinel do, tan t riste y descolorido?” que, con ligeras variantes, aparecen en las
versiones 4:1, 4.3, 5:12, 5:13 y 5: 15 del corpus .
288
llevaste, doncella la quiero yo” que se puede documentar en otras zonas 174 , aunque
no en la presente colección.
En los textos de las colecciones andaluzas que venimos estudiando, los
finales se ajustan, por lo general, a estos dos tipos.
L OS P RESAGI OS DEL L ABRADOR
La primera muestra escrita de este romance procede de la colección de
Romances varios de diversos autores agora nuevamente recogidos por el licenciado
Antonio Díez , publicada en Zaragoza en 1663. Se trata, pues, de un romance tardío
de origen seudo-culto que se ha tradicionalizado como consecuencia de su uso en la
oralidad, entrando a formar parte del conjunto de romances tradicionales después de
haber sufrido importantes transformaciones, sobre todo a nivel expresivo 175 .
El tema se halla bastante difundido en la tradición moderna en todas las
zonas romancísticas. En la mayoría de los casos el romance va precedido por otro ,
La rueda de la fortuna , que le sirve de introducción. Al parecer en la citada
colección se publicaban en ese orden y dicha contigüidad en el papel ha favorecido
la contaminación a la hora de cantarlos.
De cualquier forma, en la Campiña Oriental no se documenta así, sino como
romance autónomo. En el resto de publicaciones que venimos analizando no se
publica ningún texto, a excepción de los 2 incluidos en R. Arahal .
El adulterio de la mujer aprovechando la ausencia del marido es el eje
temático que estructura una trama que, resumidamente, constaría de estas
174 Éste es el f inal de la versi ón 4 de Albani ña en RGA, I, Cádiz , pág. 291.
175 Par a el análisis de este romance sigo los datos del estudio de Raquel Calvo Cantero,
Concep ción Enríquez de Salaman ca, Paloma Esteba n y José Luis Forneiro , “Mecanis mo de
tradicion alización de u n tem a rom ancístico: Los presagios del labrador ”, en El romancer o.
Tradici ón y pe rvivenc ia a fi nes del siglo XX , 1989, págs. 111 - 127.
Aquí se inclu ye también la vers ión origi nal del tex to del s. XVII , que sirve de refe rencia para el
estudio comparativo con las versiones de la t radición moderna.
289
secuencias: 1º El marido, que está ocupado en sus labores cotidianas en el campo,
tiene el presentimiento de que su mujer le es infiel y decide volver a la casa para
comprobarlo; 2º Descubrimiento de la falta al constatar que, en efecto su esposa
está entretenida con un amante; 3º Recuperación del honor perdido a través de la
muerte de los amantes.
El romance, que, como se ha apuntado antes, ha suf rido serios cambios en el
proceso que lo ha transformado de texto semiculto en texto tradicionalizado, ha
perdido una secuencia inicial de diálogo entre el amante y la dama, en la que
quedaba expresa la transgresión de ésta al aceptar la proposición del caballero que
pasa, al estilo del preludio de Alba Niña . Comienza, pues, el romance in medias res
con respecto a la versión original, omitiendo una secuencia situacional que está
suficientemente sobreentendida.
Directamente, en el ín cipit , cuyo primer verso es marcadamente formulaico,
aparece el presagio del labrador: “Labrador que está en el campo recorriendo su
hacienda // oye una voz que le dice: - Márchate a casa y no vuelvas, // que la mujer
que tú quieres con otro galán se acuesta.” (vs.2)
En la versión origina l, era el cora zón el que avisaba al labrador, com o
órgano que representa la emocionalidad y la irracionalidad humanas, y así se ha
mantenido en las versiones de R. Arahal . Pero en la versión 2 de la zona, que es la
única que recoge el motivo, “el corazón” se ha sustituido por “una voz”
sobrenatural, de efecto más dramático. En la segunda parte de la secuencia, se
relata el regreso al hogar con una expresión no exenta de emoción narrativa que
incluye varios motivos tradicionales: “el caballo” y “el arma”, símbolos de la
virilidad y “la vereda”, término opuesto semánticamente a “camino”, cargado de
sentido negativo, por representar la opción tortuosa y desviada en el desarrollo de
los hechos: “Ha cogido su caballo, por delante su escopeta, // para llegar ante(s) a
casa se tiró por la vereda”. (vs.2).
290
Al llegar a la casa aparece una serie de indicios, que preparan el camino
acrecentando la tensión para el descubrimiento propiamente dicho, como son: “ las
puertas cerradas”, de marcado valor como imagen de la negación de sus propios
derechos conyugales: “Se encuentra puertas cerradas, por una ventana entra” (vs.2);
“el caballo ajeno en su cuadra”, expresión simbólica de la invasión de su casa y de
su cama por otro hombre, que además usa “montura de seda”, reafirmando a través
de ésta el sentido erótico de la invasión: “Se ha ido para la cuadra por ver lo que
había en ella // había un caballo tordo con la montura de seda” (vs.1); “los zapatos y
las medias de seda”, términos que abundan en el sentido anterior, suponiendo una
amplificación del mismo significado con intención de retrasar el momento del
descubrimiento intensificando la tensión narrativa.
La reacción del marido ante la constatación del adulterio no se hace esperar
y da muerte inmediatamente al galán: “Al galán sin detenerse le ha dado tres
puñaladas // de la sangre que derrama tres colchones traspasaba” (vs.2). No así con
la mujer, con la que mantiene un diálogo exigiendo una razón que justifique su
conducta, ya que él ha cumplido con su deber de esposo: “¿Qué daño te he hecho yo
para que tan mal me ofendas? (vs.1). La mujer disponía de bienes y de la
satisfacción de su sexualidad en la persona de su esposo. Decididamente a éste se le
hace incomprensible que haya cometido tal delito: “Me pediste pan y ropa, dinero
cuanto quisiste // si te falta mi persona ¿por qué no me lo dijiste? (vs.2)
En el romance original la historia se resuelve con la muerte del galán sin
mediar palabra con él, seguida de la de la esposa, muy desarrollada, constituyendo
casi la mitad de la narración: le pide una explicación a su conducta, la mujer
promete no volver a hacerlo, el marido decide no perdonarla y le dice que dé de
mamar por última vez a la hija, él le da muerte y lleva a la niña a la abuela para que
acabe de criarla. Todo ello para conseguir un efecto disuasorio en toda aquella
mujer que oiga esta tragedia, creada con una muy explícita finalidad moral: “Tomad
291
exemplo, casadas, en oyendo esta tragedia // que ha sucedido en España entre
Estepona y Ximena”. 176
En las versiones de R. Arahal , se mantiene la esencia del final original,
aunque con variantes. Sin embargo las de la zona se apartan notablemente de él. La
versión 1 es trunca, no recoge la muerte de ninguno de los dos, terminando con la
recriminación del marido; y la 2 acaba en el momento en que la esposa pide perdón
al marido y promete no volver a ofenderlo: “Rayo del cielo me caiga, marido, si
más te ofendo” (vs.2). Éste, en vez de darle muerte, la perdona y sólo hace una
reflexión retórica sobre el hecho mediante la utilización de los símbolos de su
virilidad: “¿Pa qué me sirve tener mi caballo, mi escopeta // si la mujer que yo
quiero con cualquiera me se acuesta?” (vs.2), que supone un giro inesperado en el
desenlace, proponiendo para el conflicto una solución innovadora y moderna, muy
evolucionada con respecto a la del texto original, en la que se ha perdido la
ejemplaridad moralizante.
L A I NFANTICI DA
Este romance, de origen tardío tradicionalizado, se encuentra muy difundido
por toda el área romancística peninsular. 177
En efecto, en la actualidad se constata su presencia en las más importantes
colecciones de la tradición modernas: 8 versiones se publican en RGA, I, Cádiz , 6
en RGA, II, Huelva , 3 de las cuales están unidas a Marinero al agua , 1 en R.
Aljarafe , 2 en R. Guadaíra y 2 en R. Arahal . En la Campiña Sevillana se cuenta
con 3 versiones, 2 procedentes de las encuestas recientes y 1 de f inales del s. XIX , de
la colección de Rodríguez Marín. 178
176 Éste es el íncipit de la vers ión origi nal publi cada en el estudi o citado, pág. 112.
177 Según Piñero y Atero, RTM , 1987, en el estudio c orrespo ndiente a e ste tema , págs. 156 - 157.
178 Publicada en Menéndez Pel ayo, Apéndi ces , 1945, pág s. 302 - 303.
292
En este romance el adulterio cometido por la esposa no constituye el tema
central de la narración. Su función se sitúa en los momentos iniciales, como hecho
circunstancial que va a dar origen al nudo fundamental de la fábula: el crimen que
comete la madre contra su propio hijo, en señal de venganza. Este motivo tiene
hondas raíces en la literatura y forma parte de romances tradicionales, como el de
Blancaflor y Filomena , donde aparece una secuencia muy similar, que ya tuvimos
ocasión de analizar en su momento. El hecho contenido en este motivo: la madre
que mata a su hijo y lo guisa para dárselo a comer al marido, se ha convertido a lo
largo de su andadura dentro de la tradición en un patrón formulario idóneo para
expresar la forma más cruel de venganza.
La fábula consta de las siguientes momentos secuenciales en su desarrollo:
1º El hijo informa al padre de las relaciones adúlteras de su madre, pero éste no le
presta atención. 2º La madre aprovechando la ausencia del marido degüella al niño,
cuyos restos cocina para que el padre los coma; 3º Milagrosamente el niño habla,
aun muerto, y advierte a su padre que no coma; 4º Descubierto el crimen la madre
es castigada, bien por el propio marido, bien por el propio diablo.
Para la estructuración de la truculenta historia de La infanticida se han
utilizado motivos y elementos tradicionales como son el ya mencionado “guiso”
con las entrañas del niño asesinado: “De las entrañas der niño hizo una gran
casolada, // pa cuando viniera er padre el lunes por la mañana” (vs.1); “El
alejamiento” del padre de la casa, motivo muy recurrente en las situaciones que dan
origen a futuros acontecimientos trágicos: “Se le ha encartado un viaje de Puerto
Rico a la Habana. // Mientras que el padre iba la madre al niño mataba” (vs.3); “la
intervención sobrenatural” que hace hablar la carne del plato: “Detente, padre
querido, que comes de mis entrañas” (vs.2) y que aparece también en otros
romances como La mala suegra ; y por último “el demonio” que se lleva a la madre
por los pelos, configurando una imagen milenaria en el mundo cristiano de castigo
ejemplar para los que cometen pecados.
293
En el análisis de las versiones que tenemos se ejemplifica de forma
especialmente clara la tendencia del romancero meridional a la reducción de
motivos accesorios a la trama propiamente dicha. 179 En las versiones recientes, 2 y
3, tiene lugar una reducción drástica con respecto a la versión de finales del s. XIX ,
mucho más completa y que presenta todas las secuencias perfectamente
desarrolladas. En el castigo de la madre se utilizan 20 hemistiquios, dedicados a
amplificar visualmente la escena con múltiples expresiones de tipo formulístico:
¿Qué me quieres, mujer de bien, que tan aprisa me yamas?, o “La ha agarrado por
los pelos, l´ ha arrastrado por la sala”.
En cambio la versión 2 reduce la fábula a la mínima expresión: da comienzo
in medias res y carece del motivo del adulterio, del alejamiento del marido, de la
delación del niño y de los detalles de su muerte, a la que se alude de pasada con
posterioridad, así como de la mención del macabro “g uiso”. Aligerado de tal
manera de la materia narrativa, el texto se condensa y adquiere lirismo expresivo
despreocupándose de todo lo accesorio y circunstancial en favor de lo esencial.
Las versiones de las colecciones andaluzas modernas se sitúan entre ambos
extremos, coincidiendo en la línea fundamental de la historia y presentando una
gran uniformidad en los finales que coinciden invariablemente en el castigo de la
madre a manos del demonio. La fuerza y el dramatismo de la imagen ha propiciado
su mantenimiento, a diferencia de otros temas que diversifican sus desenlaces.
179 Para un estudio de los rasgos pr opio s del romancero meridional, es fun damental es e studio de
Piñero y Atero, “El romanc ero andaluz: a la búsqueda de sus rasgos dife rencial es”, en El romancero.
Tradici ón y pe rvivenc ia a fi nes del siglo XX , 1989, págs. 463 - 477.
294
G.3 ESPOSA DESDICHADA
C ASADA DE L EJAS T IERRAS
Existen indicios de la antigüedad de este romance, que aparece con
frecuencia en los repertorios de las comunidades judeo – españolas de oriente, muy
conservadoras de la cultura tradicional. Sin embargo, no f ue recogido en las
colecciones romancísticas de los Siglos de Oro, debido al rechazo de los
compiladores de la época hacia las composiciones de metro hexasilábico, no
habiendo, por consiguiente pruebas escritas de su origen antiguo. 180
En la tradición moderna es un tema muy extendido y bien conocido como lo
demuestra el gran número de versiones que se han recopilado de él. Se publican: 4
en RGA, I, Cádiz ; 9 en RGA, II, Huelva ; 7 en R. Aljarafe ; 2 en R. Arahal ; y 2 en R.
Guadaíra . En la zona de la Campiña se han recogido 10 versiones, muy bien
conservadas.
La gran popularidad alcanzada por este romance se debe a la conjunción
afortunada de dos elementos en su composición. Por una parte el tema, que aglutina
dos motivos muy candentes siempre en el mundo femenino, como es la tensión
entre la mujer y la familia del marido, y la muerte por sobreparto de una joven
casada. Y por otra, la acertada expresividad del texto, basada en sucesivas
repeticiones tanto de los elementos conceptuales como léxicos y sintácticos, que
han facilitado su memorización. De hecho su estructura concéntrica y su discurso
reiterativo le han valido a este tema una pervivencia mayor que la que han tenido
otros de temática similar, como La mala suegra .
Su fábula se desarrolla con muy escasa materia narrativa que presenta el
siguiente esquema secuencial: 1º Una casada en tierras lejanas a su hogar se pone de
parto; 2º La joven envía a su marido a pedir ayuda, sucesivamente a la suegra y a la
cuñada, recibiendo de ambas la misma respuesta negativa; 3º Por fin, el marido va
180 Según P. Piñer o en e l est udi o s obre este romance, Romanc ero , 1999, pág. 412.
295
a buscar a la madre de la esposa, pero debido a la distancia que las separa, no llega a
tiempo de auxiliar a la hija, que muere de parto.
El eje temát ico que vertebra la balada, como he dicho antes, es la tragedia de
la joven casada, víctima de una familia hostil en una situación de desprotección. En
este romance el conflicto que desestructura la familia se genera en el ámbito
femenino exclusivamente. Tradicionalmente las mujeres de la familia del hombre,
sobre todo la madre, rivalizan con la esposa, por el favor de éste. La parte
masculina, representada por el marido, carece de efectividad a la hora de resolver el
problema.
En este romance cabe destacar la creación de todo un entramado de
elementos tradicionales y folclóricos, muy arraigados en la literatura, que van a
caracterizar y definir su configuración poética: “la casada en lejanas tierras”, donde
“el alejamiento” de la mujer de su entorno familiar suele constituir un presagio de
desgracia e infortunio unido a la hostilidad que representa “la tierra ajena”;
recordemos, por ejemplo, Blancaflor y Filomena .
La importancia de este alejamiento en la situación inicial de la historia se
manifiesta en el lugar preeminente que ocupa como verso que abre el romance:
“Una casadita de lejanas tierras”; a continuación “barrer con el pelo”, “regar con los
ojos”, son expresiones formularias de duelo que hemos tenido ocasión de ver en
romances como Delgadina y que son los indicios que confirman la situación de
infelicidad de la casada. Estos motivos componen el íncipit del romance, cuya
forma más generalizada es la siguiente:
Una cas adi ta de lejana s ti erras
con los pelos bar re, con los ojos riega
con la boca di ce: - ¡Qu ién fuera donc ella!
Algunas versiones (vs.2,5,7) abundan aún en la expresión de “la soledad” de
la joven en un medio familiar hostil, donde vive con el único apoyo del marido:
“Sola se va a misa, sola se confiesa // si no es su marido que se va con ella” (vs.2).
296
En la secuencia siguiente, donde el marido busca infructuosamente a alguien
que ayude a la parturienta, aparecen como motivos tradicionales: “el enfrentamiento
de la casada con la familia política”, suegra y cuñada, pues ella representa un
elemento que altera el orden familiar anterior; “la hora del alba”, elemento más que
recurrente en la lírica como expresión del momento de separación de los amantes.
Significado que, obviamente, no se extiende a este contexto pero al que llegan sus
connotaciones negativas como “hora no deseada”, que se identifica con “la hora del
parto”: “Que la luz del alba ya quiere salir, // y mi bella esposa ya quiere parir”
(vs.5);
“Los animales monstruosos”, que la suegra y la cuñada le desean que para y
que representan el miedo ancestral de la mujer a parir hijos con alguna deformidad:
“Que para o no para, que para un león, // se le parta el alma, tambié(n) el corazón”
(vs.3); “la ocultación de la realidad negativa” que se sustituye por una realidad
im aginada con una finalidad concreta, en este caso, de proteger a la parturienta y
por consiguiente al hijo. Así, el marido no da cuenta a su esposa de la crueles
respuestas de su madre y hermana, sino que inventa sendas excusas: “Mi madre no
viene, tiene calentura //...//mi hermana no viene, no se encuentra en casa” (vs.3).
En el tramo final de la fábula tenemos: “la lejanía” volviendo a incidir en el
concepto inicial: “Cogió su caballo, empezó a caminar // en busca la suegra que
muy lejo(s) está” (vs.2); “las campanas”, que dan los primeros indicios de la
tragedia en una expresión arquetípica muy utilizada en el romancero: “Al entra(r) en
el pueblo suenan las campanas” (vs.10); y “el pastorcillo”, que salpica numerosos
temas romancísticos (recordemos La Cond esita , Blancaflor y Filomena, Conde
Claros , etc,) como personaje que of rece ayuda e información a otros personajes:
“Dime, pastorcitos, que guardáis las cabras, // ¿esas campanitas por quién las
doblaban? (vs.2)
Casada de lejas tierras, desde el punto de vista de la configuración poética,
se estructura, como dije antes, en forma de romance concéntrico, es decir, se repite
297
una y otra vez el mismo esquema de forma paralelística, con el mismo contenido
semántico y con idéntica construcción sintáctica y léxica. Otros romances como
Albaniña , La dama y el pastor , La doncella guerrera … obedecen al mismo patrón
compositivo. Aquí el esquema que se repite es una sucesión de diálogos: de la
esposa con el marido diciéndole que vaya a buscar ayuda; del marido con la madr e /
hermana / suegra sucesivamente, con dos partes: la petición y la respuesta; del
marido nuevamente con la esposa dándole una excusa. El esquema más
generalizado consta de 9 versos:
- Mari di t o mí o, s i t ú me qu is i er a s
a la tuya madre a llamarla fueras.
- Levántate , madre, de tu dulce dór mir,
que mi bell a Rosa ya quier e pari r
y la l uz del día ya quier e venir .
- Si pare o no para, qu e par a un león
y el c orazoncito se le arr anque to.
- Consólat e, es posa , con la Vi rgen pu ra,
mi mad re n o vi ene , ti ene c al en tur a. ” ( vs. 8)
Y vuelta a empezar. En la última llamada, la de la madre, la respuesta es
diametralmente distinta y el amor de la madre queda contrastado con la indiferencia
de la familia política: “Espérate, yerno, en esa ventana // espera que me vista, ni
hago la cama” (vs.4). La prisa de la madre acrecienta la tensión dramática creando
una espectativa sobre si llegará o no a tiempo, que se verá finalmente frustrada.
Las 10 versiones que tenemos, como se apuntó antes, mantienen bastante
bien todos los motivos y secuencias. Sólo las versiones 3 y 6 han perdido la
secuencia inicial y comienzan in medias re s , con el sonoro verso: “Maridito mío, si
tú me quisieras”
En cuanto a los finales, aunque todos mantienen la tragedia como d esenlace
inherente a la historia, se pueden hacer dos grupos de versiones:
A) Las que acaban con la noticia de la muerte de la casadita, cuando el
marido y la madre llegan al pueblo (vs.5, 8, 10): “Una casadita de lejanas tierras //
se ha muerto de parto por falta partera” (vs.10).
304
Podemos considerar un hecho afortunado el contar con este texto, al menos
para documentar que sí formó parte del repertorio de los transmisores no hace
demasiado tiempo.
Por el contrario en las provincias de Cádiz y Huelva es un romance muy
conocido y figura en sus colecciones entre los diez más frecuentes. De él se
publican 6 versiones en RGA, I, Cádiz y 9 en RGA, II, Huelva . En las demás
colecciones de Sevilla, también es un tema de frecuencia aceptable: en R. Aljarafe
aparecen 4; y en R. Guadaíra 4.
El hilo conductor en la trama de este romance es el tema del adulterio, en
esta ocasión por parte del marido, que produce, en consecuencia, la infelicidad de la
mujer. El amor fuera del matrimonio, lo hemos visto ya con anterioridad como
origen de conflicto familiar. La diferencia es que ahora no es la mujer la
protagonista, sino el hombre, con lo cual la tendencia moralizante de los finales
propios de los romances de infidelidad femenina va a cambiar sustancialmente. La
solución del problema no va a pasar ya necesariamente por la tragedia.
La historia cuenta cómo en un matrimonio en el que no hay vinculación
amorosa, el marido va a casa de la amante en la misma noche de novios. La mujer
lo sigue y comprueba que, en efecto, le es infiel y se lo recrimina. A partir de aquí
el desenlace se ramifica en varias posibilidades: ella niega la entrada al marido en la
casa, la justicia prende al marido, ambos se pelean o el marido golpea a la mujer,
con lo que da por zanjada la discusión.
En la versión que tenemos se ha perdido el desenlace último y el romance
concluye con la recriminación de la esposa, quedando por completo abierto e
indefinido el final de la intriga. Opción ésta de final abierto que se sitúa muy en la
línea de las características del romancero andaluz, donde la omisión de todo lo
superfluo y la brevedad narrativa se proclaman como tendencias generales.
305
La configuración expresiva aúna numerosos motivos tradicionales: “la mujer
– niña”, que explora su lugar en el mundo y que en este caso es sometida y
desamada 187 : “Mi madre me casa chiquita y bonita // con unos amores que yo no
quería”; “la noche de novios”, como contexto en el que los hechos adquieren
dramatismo, por considerarse un momento de especial significación. Recordemos,
por ejemplo, El quintado , separado de su mujer la noche de bodas; “el balcón” de la
casa, al que tantas damas hay asomadas en el romancero y que representa, como ya
se ha dicho a propósito de otros romances como Albaniña , el lugar por donde
entran a la casa, , las influencias exteriores, generalmente negativas. A quí la mujer
aguarda al marido que busca el amor fuera del hogar conyugal, situándose, por
consiguiente, el origen de su desgracia en el nivel de lo externo: “Me asomé al
balcón por ver si venía // y lo vi venir por la calle arriba //.
En otras versiones, aunque no en ésta que analizamos, se encuentran muy
generalizadas las referencias metafóricas sobre el aspecto del marido cuando viene
de visitar a su amante, reflejo de su actividad sexual: “Y lo vi venir por la calle
arriba // la chaqueta al hombro, la faja caída” 188 .
A continuación, la expresión del desconsuelo de la esposa viene dada por un
formulismo muy característico del discurso baladístico: “Me volví p´ atrás triste y
afligida”.
Aunque no se puede ejemplificar con esta versión, hay un gran número de
textos que en este punto de la narración incorporan una seriación paralelística de
versos de idéntica construcción sintáctica, cuya funcionalidad es la de crear un
contexto de tensión dramática acorde con el momento de angustia que vive la
esposa esperando al marido. La pérdida de esta secuencia acelera la narración en la
versión de la Campiña a la vez que la desprovee de un fragmento de gran lirismo:
187 Según Ana Pelegrín, que t rata el tema d e la m ujer - niña en el apartado correspondiente de su
estudio “Roman cero infantil”, en El romancero. Tradición y pervivenci a a fines del siglo XX , 1989,
pág. 367 - 368.
188 Versión 7 de La malcas ada , en RGA, II, Huel va , pág. 289, v v. 13 - 14.
306
Me vi n e a mi c as a triste y afligida
me pus e a la var , la var no po día ;
me pus e a fr ega r, fregar no podía;
me aco st é en l a cama , dor mir no po día ;
me pus e a re zar , re zar no po día . 189
La versión que tenemos de la zona, coincide con bastante fidelidad con las
demás andaluzas, con la particularidad de que se encuentra reducida en algunos
elementos, y se incluiría en el grupo de las que presentan finales abiertos y terminan
en la recriminación de la mujer al marido.
H. ROMANCES SOBRE LA REAFIRMACIÓN DE LA FAMILIA
L AS S EÑAS DEL E SPOSO
Este romance, de origen antiguo, fue calificado por Menéndez Pidal como
“de asunto odiseico”, sin duda, alentado por las coincidencias que los motivos
principales de su argumento presentaban con respecto a los de la historia de Ulises,
rey de Itaca: vuelta del marido al hogar tras un largo período de ausencia,
utilización de un disfraz para no ser reconocido, sometimiento de la esposa a una
prueba de fidelidad, superación de la prueba y reconocimiento final 190 .
El esquema narrativo en cuestión ha sido utilizado desde la antigüedad como
recurso compositivo y ha tenido una larga y fecunda vida en la literatura universal
de todos los tiempos. En la baladística europea también hay constancia de
numerosas historias emparentadas temáticamente. La más antigua es una canción
francesa del s. XV , en la que la mujer dialoga con un desconocido que le da noticias
189 Vers ión 9 de La malcasada , en RGA, II, Huel va , pág. 290, v v. 10 - 14.
190 Véase p ara l a h ist ori a y c oment ari os al roma nce , Me nénd ez Pid al, Rom ancero Hi sp áni co , I,
págs. 318 - 320; y Rom ancero Trad icional , II, I V y V, 1 969 - 1972.
307
de la muerte del marido ausente, pero donde falta, sin embargo, la prueba de
fidelidad.
Se ha querido establecer esta canción francesa como el origen para la
primera parte del romance castellano 191 y la canción Chanson des Saines del s. XII
para la segunda 192 .
De cualquier forma, los motivos narrativos de carácter folclórico circulan
libremente fecundando la literatura tradicional, uniéndose en múltiples
combinaciones y la coincidencia de uno o varios de ellos en distintas composiciones
no significa necesariamente la filiación directa de unas sobre otras.
La única versión antigua conservada de este romance es la de Juan Ribera,
Nuevos Romances , 1605, que ha llegado hasta nosotros a través de la publicación
que de ella hizo Durán a mediados del s. XIX 193 . En este texto los motivos de la
muerte que da el desconocido a la esposa son poco nobles: el marido ha muerto en
una disputa de juego y añade el dudoso honor de que muchas damas lo lloraban. Al
parecer en la versión antigua, de mediados del XVII , se habría cambiado el motivo
caballeresco y bélico para adaptarlo a los gustos de la época 194 .
El panorama que ofrece este romance, dada la enorme profusión de las
versiones con que se actualiza es de los más complejos del romancero. No obstante,
simplifica en algo el análisis un hecho unificador como es el que todas las versiones
de las colecciones modernas difieren de la del XVII y presentan la ficticia muerte
del marido en un ambiente caballeresco más acorde con las historias medievales.
191 Según Menéndez Pidal, Roanc ero hispáni co , I, págs. 318 - 320 y Paul Bénichou, R omancero
J udeo - español de Marruecos , págs.2 28 - 234.
192 Según establece M. Díaz Roig, “Sobre una estru ctura narrativ a minorit aria y sus
consecuencias diacrónicas: el caso del romance Las señas del esposo” en El R omancero hoy:
Poéti ca , 1979, p ágs. 121 - 123.
193 Durán, Romancero general , 184 9 - 1851, I, núm. 318, pág.175. Esta versió n es la editada por
P. Piñe ro en Romancero , 1999, págs. 41 7 - 418, texto a.
194 Sigo el pl anteamien to que hace P. Piñer o, Ro m ancero , 1999, p ág. 420.
308
Este romance es, después de Don Bueso, el más recordado y cantado en la
zona, donde se han recopilado 24 versiones en total. La misma tendencia se
confirma en las colecciones andaluzas: 10 versiones se publican en RGA, I, Cádiz ,
11 en RGA, II, Huelva , 8 en R. Aljarafe , 6 en R. Arahal y 4 en R. Guadaíra .
Sin duda ha contribuido a su magnífica conservación la tradicionalidad del
tema y la fácilmente recordable estructura narrativa en forma de romance-cuento,
así como el hecho de pertenecer al repertorio de canciones infantiles para
acompañamiento de juegos. Tal como se recogen en la actualidad las versiones de
este tema se pueden establecer dos grandes familias: la adulta y la infantil. Las
diferencias entre ellas atañen a varios aspectos como la melodía, la rima y el
tratamiento de los motivos narrativos 195 .
A) Versiones adultas, que en esta colección constituyen un conjunto de 13
(vs. 1, 2, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 11, 15, 16, 22 y 24), es decir, algo más de la mitad de las
totales y con las que se ha definido un subgrupo. La rima, en é-a o é-a+é , supone
una característica formal propia de esta familia.
El esquema secuencial que desarrolla la narración constaría de tres
momentos fundamentales: 1º Una mujer casada cuyo marido está en la guerra hace
largo tiempo pide a un soldado desconocido, que viene de ella, noticias de su
esposo; el soldado, a su vez, requiere las señas para poder identificarlo y ella se las
da; 2º El soldado relata la muerte del marido y afirma que su última voluntad fue
que su mujer se casara con él, a lo que ella se niega superando con éxito esta prueba
de fidelidad; 3º Reconocimiento final, y reencuentro feliz del matrimonio, pues el
soldado resulta ser el propio marido.
195 Véase p ara es te te ma, sus ve rsi ones y su con fig ura ció n p oéti ca, e l est udi o d e An ton io J. Pér ez
Caste lla no, “Las con flue ncia s de la l íri ca p opula r y el ro mancer o. Las versi ones onu bense s de Las
señas del esposo ”, en Aestu aria, Revi sta de In vesti gaci ón , Dip. Provinc ial de Hu elva, nº 3 , 1995.
309
Como se ha dicho con anterioridad, son numerosos los motivos que
encontramos en esta balada pertenecientes al folclore universal 196 : “la mujer
sentada” en “en el portal / balcón”, que es un elemento recurrente en las situaciones
iniciales (ya hemos tenido ocasión de ver en otros romances a numerosas damas
sentadas o asomadas “al balcón”) y cuya expresión es completamente formulística:
“Estando yo en mi portal” o “Sentadita en mi portal”;
“La acción de bordar”, imagen que se identifica con “la acción de esperar”,
debido a una asociación semántica surgida en torno a las labores domésticas que
requieren una gran paciencia para entretener los tiempos de espera, tal como hacía
Penélope en La Odisea ; “el paño o pañuelo de seda”, de referencias semánticas
claramente situadas en el ámbito de lo erótico y amoroso. Todos estos elementos
concurren en un solo verso, el que abre la narración, que se define así por su
condensación conceptual y su expresión arquetípica. El íncipit en la mayoría de las
versiones adultas queda así, con ligeras variantes:
Estand o un dí a en el balc ón bordando paños de seda,
vi bajar un soldadi to de al lá por S ierra More na. (vs. 11 ) .
A partir de aquí el romance adopta el diálogo como forma expresiva y
continúa la sucesión de elementos y motivos tradicionales: “el marido
irreconocible”, a veces, disfrazado, que vuelve de la guerra y habla con la esposa
como si fuera un desconocido; “las señas del marido”, que el soldado pide sobre s í
mismo para probar la actitud de la mujer: “Dígame usted sus señales por ver si lo
conociera” (vs.11); y los elementos que ella utiliza para describirlo, por completo
irrelevantes desde el punto de vista narrativo, pero cargados de significación en el
plano simbólico como referentes de la virilidad del marido: “el caballo”, “la
montura de seda”, “los pañuelos de seda”, “los pañuelos bordados”, etc.: “Mi
marido es capitán del regimiento la reina, // el del caballito blanco, la silla bordada
en seda.// (vs.11).
196 Para facili tar la ejemplificaci ón de los motivos tomaré como modelo la versión 9, por estar
muy c ompl eta y pr ese nta r l a for ma má s gene ral iz ada.
310
“La ocultación de la verdad” en la narración que hace el marido de su
muerte ficticia; “el testamento” y “la prueba de fidelidad” a la que somete a la
esposa vuelven a representar, como sucedía en el íncipit , una acumulación de
motivos folclóricos: “Ese señor que usted dice ha sido muerto en la guerra, // que yo
lo estuve alumbrando pa que el testamento hiciera // y en el testamento puso que me
case con su prenda” (vs.11); Sin olvidar “la punta de la espada” de las versiones
infantiles: “y en la punta de la espada lleva señas de marqués”, cuya lectura
ambigua como símbolo fálico salta a la vista.
Tras la negativa de la esposa a casarse con el desconocido, hay versiones
que incluyen la preocupación de éste por el futuro de los hijos, irrelevante para el
desarrollo de la historia y que funciona como un compás de espera para el momento
culminante de la fábula de reconocimiento final de los esposos: “Blancaflor, alza la
vista, si me quieres conocer, // el del caballito blanco maridito tuyo es” (vs.11).
Como vemos, motivos arquetípicos como son “sentarse en el balcón”, “el
alejamiento del esposo”..., que en otros romances, como Alba Niña , han
desencadenado hechos trágicos, en este contexto han visto modificada su
funcionalidad, puesto que la actitud correcta de la esposa ha reconducido la historia
hacia un final de reencuentro familiar y no de ruptura. Actitud recompensada por su
marido, que promete amarla simbólicamente “siete años”: “Te he querido siete años
y otros siete te querré // que me has guardado la honra como una buena
mujer”(vs.11).
B) Las versiones infantiles constituyen también un nutrido grupo dentro de
esta colección con un total de 11 textos (vs. 3, 10, 12, 13, 14, 17, 18, 19, 20, 21 y
23). Formalmente se diferencian de las adultas por la rima en é y por cantarse con
una melodía distinta, más rítmica como es lógico dado su uso en juegos de corro y
de baile de diversas modalidades.
311
Además de la rima, el romance infantil presenta varias diferencias con
respecto al adulto como el acortamiento de la materia narrativa, la eliminación de
motivos superfluos y la transformación de otros.
Las versiones de esta familia 197 suprimen el preámbulo de la situación
inicial y comienzan invariablemente in medias res con el diálogo de la dama y el
soldado, expresado en un sonoro verso de doble vocativo, estructura muy
característica del discurso romancístico y que hemos visto ya en romances como
Gerineldo , por ejemplo:
- Soldadito, sol dadit o, ¿ de qué guerra vi ene usted?
- De la gu err a de Mel il la , ¿qu é s e le ha ofrecido a usted? (vs.20 ).
“Las señales”, que sí se mantienen, se expresan de forma distinta,
amplificada, donde “los pañuelos bordados”son objeto de una atención especial:
Mi ma ri d o es al t o y r ub i o, al t o, r ub io , a r ag oné s
y en la punta de la espada lleva un pañuelo francés.
Se lo bordé cuando niña , cuando niña lo bordé,
o tro que le estoy b o rdando y otro que le bordaré. (vs.18).
A continuación se mantiene la noticia de la muerte ficticia pero en cambio,
desaparece “el testamento del muerto” y “la prueba de fidelidad”, aunque hay
versiones que excepcionalmente los conservan (vs.14), pasando la narración a la
promesa de ella de meterse a monja transcurrido el simbólico plazo de siete años:
“Siete años lo he esperado y otros siete esperaré” y al “reconocimiento f inal”:
“Calla, calla, Isabelita, calla, calla, Isabel, // que yo soy tu lindo esposo y tú mi linda
mujer” (vs.18).
Igualmente se tiende a simplificar o a eliminar la parte del diálogo que trata
del futuro de los hijos. En las versiones de la zona, sólo una (vs. 4) lo conserva.
197 Para facili tar la localizaci ón de los ejemplos tomaré como protot ipo de version es la vs.1 8,
que presenta la for ma más generali zada dentro de este gr upo.
312
En las versiones infantiles el nombre de la mujer es siempre Isabel frente a
Blanca, Blanquita o Blancaflor, predominantes en la modalidad adulta.
Las versiones de cada familia presentan una gran uniformidad entre sí, sobre
todo las infantiles, que son prácticamente idénticas.
L A M UERTE O CULTADA
El origen de este romance ha sido objeto de atención por los estudiosos
reiteradamente, a pesar de lo cual no es un asunto que haya quedado establecido con
claridad. Bien es cierto que el tema presenta importantes similitudes con diversas
baladas europeas, pero teniendo en cuenta la universalidad de los elementos
folclóricos que constituyen las tramas romancísticas, dichas similitudes no
necesariamente tienen que suponer una derivación directa de unas baladas sobre
otras. De hecho los motivos constitutivos de las historias se repiten en los temas una
y otra vez, de forma idéntica o con variantes.
En este caso el motivo de “la viuda sin saberlo” está contenido en el
argumento de baladas escandinavas y bretonas, pero sobre todo es la francesa del
Roi Renaut la que se ha apuntado como la fuente más cercana del romance español
de La muerte ocultada aunque son importantes las diferencias que los separan y no
se puede hacer una lectura simplista de su filiación 198 .
El romance no fue recogido en las colecciones antiguas, ni siquiera en
pliegos, pero en la tradición moderna es un tema muy difundido cuya intensa vida
en la oralidad ha originado varias familias de versiones: una arcaizante hexasilábica,
198 Según M. Débax, Ro mancero , 1983, pág. 345.
313
otra octosilábica 199 y por último una vulgata hexasilábica, que en algunas regiones,
como la andaluza, ha desplazado sin paliativos a las formas arcaizantes.
Esta variedad no sólo es predominante en el sur peninsular, sino que ha
irradiado con fuerza hacia el resto de las zonas romancísticas, teniendo un efecto
unificador en cuanto a la actualización del romance 200 .
En las colecciones andaluzas, los textos de La muerte ocultada no son tan
abundantes como cabría esperar dada la intensa vida que ha tenido este romance y
que se ha traducido, como hemos visto, en la complejidad de las variantes con que
se presenta: 4 versiones se publican en RGA, I, Cádiz ; 6 en RGA, II, Huelva ; 1 en R.
Aljarafe ; y 3 en R. Guadaíra .
Algo mejor parado ha resultado en la Campiña Oriental, donde las 12
versiones recopiladas, hacen de él uno de los temas mejor recordados. La totalidad
de los textos pertenecen a la variedad vulgata propia de la zona meridional.
Singularmente, este romance da un giro sustancial a la típica relación de
enfrentamiento entre suegra y nuera. El tema que estructura la fábula de esta balada
es la ocultación de la muerte del marido a la reciente madre, para evitarle un
sufrimiento que haría peligrar su vida y por ende, la de su hijo.
Brevemente, los momentos en la trama narrativa quedarían como sigue: 1º
Don Pedro llega herido de la guerra en el momento en que su esposa alumbra a su
primer hijo; 2º Apenas sale del cuarto, muere a causa de sus heridas y la madre
oculta el hecho para proteger a la reciente madre y al hijo; 3º Pasado el tiempo
pertinente, la esposa va a misa, y descubre que la verdad de su situación por boca de
199 Según Díaz – Mas, que p ubl i ca d os e je mpl os d e las fam il ia s arc ai za nt es : una ver si ón
hexasílabi ca de Zamora (texto A) y un a octosilábica de Ávila (texto B) en Romancero 1994, págs.
349 - 353.
200 Según P. Piñero en el estudio correspondie nte a este tema, Romancero , 199 9, pág s. 43 0 - 433,
donde además de una versi ón octosilábica asturiana (texto a) y una sef ardí (texto b), apar ece un
ejemplo de la vulgata , tomada de RGA, I, Cádi z , 1996, pá gs. 336 - 337.
320
En esta familia de versiones el encuentro de los jóvenes se plantea como una
relación incestuosa, sin que los protagonistas sean conscientes de ello, ya que el
hermano se siente atraído sexualmente por la hermana y la lleva consigo como
futura esposa. Estamos, como en otros romances, ante una realidad ambigua, la real,
que conoce el oyente, y la equívoca que es la que perciben los personajes.
B) Versiones que se inician ex abrupto (vs. 15, 19, 20, 21, 24, 27), sin un
preludio situacional que ponga al oyente en antecedentes de que se trata de un
encuentro entre hermanos. Aquí el requerimiento amoroso del joven hacia la
doncella, se enfoca como una típica historia de amor, surgida en un enc uentro
fortuito. El reconocimiento de los protagonistas como hermanos es un elemento de
intriga en la trama, que da un giro inesperado al desenlace. Éste es el íncipit más
frecuente en los textos de este grupo:
Una ta rde de t or neo p asé p or la mo rer ía ,
había una mora lav ando al pie de una fuente fría. (vs.19)
Desde el punto de vista expresivo, el discurso del romance se estructura en
base a la acumulación de elementos y motivos sólidamente codificados como
símbolos en la lírica tradicional 210 . Ya en los versos iniciales que se han citado para
el grupo A, tenemos: “el paseo” de la infanta / reina, tan recurrente en los versos de
tipo formulístico en los exordios situacionales de las historias, y “el arroyo” cuyo
simbolismo amoroso es una constante en la lírica de tipo popular. En algunas
versiones también aparece en el íncipit “el día de Pascua florida”, de reminiscencias
significativas que redundan en el ambiente erótico – amoroso que se está creando
como escenario de la historia:
La i nfant a s e pa seaba por un arroyi to arriba,
la cautiv aron los m oros el día de P ascua f lorida. (vs .12)
210 P.Piñero , “La configu ración poética de la versión vulgata de Don Bueso ” ( est . cit .), realiz a
un análisis exhaustivo del sentido simbólico y de la funcionalidad expresiva de los elementos que
configuran el romance: “el ag ua”, “los pañuelos”, “lavar en el río”, “tener sed”, “abrevar el caballo”,
“el juramento sobre la espada”…
321
Después de las referencias situacionales, llega el momento del “encuentro”,
que reviste las características propias de los encuentros de los enamorados en la
lírica popular. Los elementos utilizados en su discurso están fuertemente
codificados como símbolos amorosos de larga historia literaria. Así: “la muchacha
lavando en el río”, conlleva significaciones en el terreno del erotismo, pues
tradicionalmente “el agua” en cualquiera de sus manifestaciones es una referencia
incuestionable a la vida y a la fecundidad femenina. Este motivo está recogido en
todos los textos, tanto de uno como de otro grupo, lo cual confirma su importancia.
Es fundamental para la historia dejar manifiesta la predisposición amorosa de la
doncella.
Si “lavar en el río” es una referencia a la predisposición amorosa de la
joven “el abrevar el caballo”, es un símbolo del reclamo sexual del caballero,
tampoco olvidado en ninguna versión. Con este término que funciona como una
metáfora del acto sexual 211 , se crea una bien fundamentada expectativa de
enamoramiento entre los protagonistas. De ahí que en las versiones en las que se ha
dado a conocer su parentesco (familia A), se perciba por el el transmisor y los
oyentes como un amor incestuoso. La intriga aquí no se centra en cómo finalizará
ese amor incipiente, sino en cómo descubrirán que son hermanos. Esta secuencia
consta de un verso formulaico, con doble vocativo, tan del gusto popular, seguido
de la metáfora a que nos hemos referido: “Apártate, mora bella, apártate, mora
linda, // deja beber mi caballo de ese agua cristalina.” (vs.10).
Tras descubrirse la muchacha como “cristiana cautiva”, el caballero se
ofrece para su “liberación”, motivo muy frecuente y de amplia utilización en la
narrativa de carácter folclórico, sobre todo en los cuentos. En este momento
también suele mencionarse “ el día de Pascua florida”, en algunas versiones por
segunda vez, como referencia temporal arquetípica, de connotaciones primaverales
211 Según P.Piñero, “La c onfigur ación p o ética de l a versión vulgata de Do n Bu eso ” ( est. cit .),
pág. 123.
322
y festivas: “- No soy mora, caballero, que soy cristiana cautiva, // me cautivaron los
moros el día de Pascua florida.// - Si te quisieras venir sobre mi caballería” (vs.7).
A continuación, una construcción paralelística explicita la preocupación de
la doncella por su honor con dos términos: primero uno metafórico, “los pañuelos”
y después otro real, “la honra”, que a través del paralelismo expresivo identifican
sus significados. N o de otra forma se explica que en el trascendental momento de su
rescate, la doncella piense en los pañuelos que lava. De esta f orma, “los pañuelos”,
tradicionalmente utilizados en contextos eróticos, vienen a simbolizar “la
doncellez” de la muchacha.
La equivalencia semántica está tan lograda que en algunas versiones (vs.1,
2, 4, 5, 8, 11, 14, 25) se ha perdido la mención de “la honra” y se ha mantenido sólo
la de “los pañuelos”, sin que el discurso narrativo se vea afectado: “Los pañolitos
que lavo ¿dónde me los dejaría?//...//Y mi honra, caballero, ¿dónde me la dejaría?
A los dos interrogantes con que se formula la misma pregunta el caballero
da un respuesta tranquilizadora: los pañuelos valiosos, “los de seda, los de holanda,
los de hilo...”, es decir, los que representan la virginidad de la joven, serán
conservados: “Los de hilo y los de holanda sobre mi caballería // y los que no
valgan nada por el río correrían” (vs.7).
En cuanto a la honra, el caballero hace un juramento de respeto utilizando
un formulismo caballeresco de carácter medieval, donde “la espada” por la que jura
funciona, según una larga tradición, como símbolo de su virilidad: “Te juro al pie de
mi espada que en la cintura traía // de no tocarle a su cuerpo hasta llega(r) al monte
Oliva” (vs.12), donde “el olivo”, el principal árbol de amor de la lírica popular
española, es una referencia visual tópica en los encuentros amorosos, a la vez que
constituye una imagen de la mujer misma 212 .
212 Según Margit Frenk, “Símbol os natur ales e n las v iejas cancione s popular es his pánicas ”, en P.
Piñero (ed.), Lírica popular/ líric a tradicional . Lecciones en homenaje a Don Emilio García Góm ez ,
323
Las palabras del caballero encierran una promesa implícita de matrimonio,
que consumará cuando llegue a su hogar, puesto que luego declarará : “Que creí que
traía esposa y traigo una hermana mía” (vs.7).
En el marco escénico típicamente amoroso viene a confluir otro elemento de
hondas raíces literarias: “la caza”, presente en multitud de composiciones líricas así
como en romances, donde, aun con matices en su significado, mantiene su
simbolismo como actividad amorosa: “Lloro porque en estos montes mi padre a
cazar venía y mi hermano Manolé y toda su compañía” (vs.7)
La secuencia del “reconocimiento” de los hermanos es común a todas las
versiones, así como “el reencuentro familiar”, motivos ambos fundamentales en los
finales de las historias de tipo odiseico, como lo es ésta: “Abrirme ventanas, padre,
ventanas y celosías // que ha aparecido la reina que buscan de noche y día” (vs.7).
Habría que mencionar un grupo de textos que aún alargan el desenlace y
añaden una preocupación por el honor de la doncella tantos años ausente (vs.5, 7,
12, 13, 16, 18, 21, 22, 23, 26), a veces utilizando la identificación semántica
pañuelos – honra, que vimos antes: “¿Hija de mi corazón, ¿dónde estabas tú
metida? // En el castillo del moro he estao tres años y un día // lavando los pañolitos
de una mora que allí había” (vs.7), y otras veces, de forma directa:
Hij a de mi cor azó n, ¿dónde has estado tú metida?
- Me c au t iv ar on lo s mo r os noche de Pas cua flor ida.
- Si te manc haron tu hon or tú no me l o neg arías .
- Yo te j uro , pad re mío , yo t e j ur o p or mi vi da
que estoy tan pur a y ta n limpia como l a Virgen María. ( vs.22)
A pesar del empeño con que la joven proclama su inocencia, el hecho de
“lavar pañuelos”, nos hace pensar que su honra está perdida. No se ha recopilado en
la zona ninguna versión que admita el hecho como ocurre con alguna de Cádiz,
Sevill a, Universidad y Fundación Machado, 1998, pág. 165; y P. Piñ ero, “Lavar pa ñuelo / lavar
camisa”, en De la can ció n d e a mor medie val a la s s ole ares , 2004, págs. 48 1 - 497.
324
donde la hij a admite haber sido madre durante su cautiverio: “A los tres o cuatro
meses de estar con su familia // dice que quería ver un niño que allí tenía” 213 .
L AS T RES C AUTIVAS
Los estudiosos apuntan hacia una fecha muy reciente en la composición de
este romance, que no aparece en las colecciones áureas y del que no existe indicio
alguno sobre su antigüedad 214 . Corroboran esta hipótesis el hecho de que no se
encuentre entre las comunidades sefardíes de Oriente, tan conservadoras, y de que
su configuración estilística sea marcadamente moderna 215 .
Bien es cierto que se ha construido con elementos procedentes de los relatos
folclóricos y en su discurso abundan expresiones propias de la lírica popular, pero
en su conjunto el romance no transmite el dramatismo propio de los temas
tradicionales. La trama argumental, muy parecida a la de Don Bueso, reproduce los
esquemas arquetípicos de los relatos de cautivos, sólo que con bastante mayor
simplicidad: alejamiento del hogar de las tres niñas, el cautiverio a manos del rey
moro, los trabajos humillantes impuestos por la malvada reina, el encuentro con un
familiar, el rescate y la reunificación de la familia.
Su funcionalidad como canción infantil y su estructura repetitiva han
garantizado una conservación aceptable del tema, que se documenta en todas las
colecciones modernas: 6 textos se publican en RGA, I, Cádiz ; 8 en RGA, II, Huelva ;
2 en R. Aljarafe ; 2 en R. Arahal ; y 2 en R. Guadaíra . En la zona se han recopilado
11 versiones.
Cabe destacar como característica importante en este romance, la gran
uniformidad de las versiones con las que se actualiza, que apenas difieren unas de
213 Se trata de la versi ón 6 de Don Bues o en RGA, I, Cádiz , pág. 342, vv .25 - 26.
214 Según Librowicz, Flor ileg io , 1980, pág s. 43 - 44, el tema pudo ser compuesto en el s . XVII o
s. XIX a semejanza de los r omances tradicionales.
215 P. Piñero po ne de mani fies to est os dos rasgo s, Roman cero , 1999, pág. 440.
325
otras, lo cual puede interpretarse como un signo de su escasa trayectoria en la
oralidad. Además este romance, propicio para el uso infantil, ha sido objeto de una
enseñanza reglada dentro de las aulas. Esta práctica, si bien revitaliza el romancero,
también propicia este tipo de homogeneidad en los textos luego cantados 216 .
La trama argumental narra un hecho de cautiverio y en ella se pueden
distinguir varias secuencias: 1º Tres niñas son cautivadas por un rey moro que se las
entrega a su mujer, para que les imponga trabajo; 2º La más pequeña de las
hermanas, encargada de traer el agua, encuentra casualmente a su padre en la fuente
y se lo comunica a las hermanas, que lloran de alegría; 3º El moro cautivador, en un
gesto compasivo, opta por liberarlas, en algunas versiones en contra de su mujer, y
las entrega al padre.
En la configuración expresiva de este romance hay que destacar su
estructura ternaria, pues en cada secuencia se repiten los nomb res de las tres niñas:
en los nombres, en los trabajos, en el llanto... con un esquema paralelístico:
La mayor Cons tanz a la menor Lucía
y la más pequeña ll aman Rosalía. (vs. 1)
Existe un especial protagonismo de la menor, tal como es habitual en las
narraciones folclóricas: ella es la que ejerce el oficio con más raigambre lírica, el de
ir por agua a la fuente y también es la afortunada que tiene el encuentro con el padre
y propicia el rescate: “Fue un día por agua a la fuente fría // se encontró un anciano
que de ella bebía” (vs.1)
Como se ha dicho anteriormente, el romance incluye en su composición
elementos tomados de la lírica popular. En el íncipit , muy bien conservado, tenemos
“los campos de olivas” y “el cautiverio”:
A l a ver de, v erd e, a l a ver d e oli va
donde cauti varon a las t res caut ivas. (vs.1) .
216 Según Ana Pelegrí n, “ Romancero i nfan til” en El Roman cero. Tradi ción y pe rvive ncia a fi nes
del sigl o XX , págs. 35 5 - 369.
326
Más adelante: “la fuente fría”, donde la menor va a buscar agua: “Ya sabes,
Constanza, ya sabes Lucía // hoy he visto a padre en la fuente fría” (vs.1). Sin
embargo, los términos carecen del simbolismo a que nos tiene acostumbrados su
uso en la lírica. Tal y como se presentan en el discurso, su lectura apenas permite
otra interpretación que la puramente literal y por lo tanto ven mermadas sus
posibilidades expresivas en el campo de lo referencial, de lo ambiguo.
Las relaciones entre las cautivas y el cautivador tampoco se ajustan a la
línea tradicional, como demuestra el hecho de que sea él mismo quien las libere:
“No llores, Constanza, no llores, Lucía, // que en viniendo el moro nos libertaría.”
(vs.1).
Así como los íncipit se mantienen prácticamente en todas las versiones, los
finales, como suele ser habitual, presentan mayor desgaste y variabilidad. Se pueden
distinguir varios posibles desenlaces para la fábula:
A) Versiones de final abierto, cuya última secuencia es el encuentro con el
padre o el llanto de las niñas y donde se intuye la liberación pero no se explicita
(vs.2, 3, 4, 7, 9, 11): “Anda, Constancia, anda Sofía // que está nuestro padre en la
fuente fría” (vs.7).
B) Versiones que recogen el motivo completo de la liberación por parte del
moro, a pesar de la oposición de la reina (vs.1, 6, 8, 10):
La pí cara mora que las esc uchó
abrió una mazmorra y allí las metió.
Cuando vi no el moro de al lí l as sac ó
y a su pobre padr e se las e n tregó. (v s.1)
C) Versiones donde no hay liberación. Las niñas o bien son de nuevo
encerradas en la mazmorra, volviendo a la situación inicial 217 , o se les da muerte.
217 No hay en esta colecc ión ejempl os de este final, pero hay basta ntes muestr as en las
colecciones andaluzas: “E l pícaro m oro que todo lo oía // hizo una mazm orra y allí las metí a” (vs.4)
de Las t res c autivas , en RGA, I, Cádiz , pág. 349.
327
Éstos finales, sobre todo éste último, son los menos frecuentes: “El moro tunante
que las escuchaba // encendió una hoguera, vivitas la(s) echaba.” (vs.5).
Las versiones andaluzas de la tradición moderna se ajustan con bastante
exactitud a las características que se han descrito para las de esta zona.
H ERMANAS R EINA Y C AUTI VA
Esta balada, de la que hay numerosas manifestaciones europeas, no ha
dejado rastros en las colecciones antiguas, debido, con toda probabilidad, al rechazo
de los editores de la época hacia los romances – cuento, como es el caso. Pero
existen indicios para pensar en que se trata de un tema antiguo, tales como la
tradicionalidad de su argumento, su amplia difusión geográfica y que haya muestras
de él entre los sefardíes de Oriente.
El romance reproduce la misma historia que el poema francés Floire et
Blanchefleur , del s. XII , con algunas diferencias. En éste, un rey moro asalta y da
muerte a un caballero que vuelve de una peregrinación a Santiago junto a su esposa,
que se encuentra encinta. Cautiva a ésta y la entrega como esclava a su mujer, que
se encariña con ella. Ambas dan a luz el mismo día, la mujer un niño y la cautiva
una niña.
A partir de aquí las tramas argumentales divergen, pues mientras el poema
francés se centra en los amores de los jóvenes, el romance evoluciona hacia el
reconocimiento de ambas mujeres como hermanas. 218
En la tradición moderna, según P. Piñero, se dan dos familias de versiones:
una perteneciente a la zona romancística del norte peninsular, más próxima al
poema francés, que presenta como novedad respecto a éste el cambio de los niños
218 Véase para la histo ria del romanc e Paul Béni cho u, Romancero judeo - español de Marruecos ,
Madr i d, Casta li a, 1968 , págs. 219 - 226; y Rina Benmayor, Romances ju deo - españoles de O riente.
Nueva re colección , Madrid, CS MP, 1 979, pá gs. 99 - 104.
328
por las parteras, ya que aquí es la cautiva la que pare el hijo y la cautiva la hij a; y la
propia de la zona sur, que elimina el motivo de la peregrinación y del cambio de los
recién nacidos. 219
En las colecciones andaluzas puede afirmarse que éste es un tema muy poco
frecuente, pues sólo se documenta en el RGA, I, Cádiz , donde aparecen 4 versiones.
En la Campiña se han encontrado 2 textos.
Atendiendo a las características del conjunto formado por estos seis textos,
aunque todos pertenecen a la modalidad sureña, pienso que s e puede hablar de dos
subgrupos claramente diferenciados: uno integrado por versiones de carácter
tradicional, versiones 1, 2 y 3 de Cádiz 220 , representativas de la familia propia de la
zona sur peninsular; y otro integrado por versiones tardías vulgarizadas,
sensiblemente distintas a las anteriores, al que pertenecerían la versión 4 de Cádiz y
las dos de la Campiña.
La coincidencia casi literal de los textos del segundo grupo entre sí hace
pensar que fueron aprendidos a través de pliegos sueltos en los que se ha difundido
una reelaboración de la historia. La estructura y configuración expresiva de ésta,
que recuerdan en muchos aspectos los romances de cordel, denotan una
composición de factura reciente.
Las diferencias atañen no solo en el aspecto compositivo sino al argumental.
En las versiones tradicionales aparece el motivo del antojo de la reina de un
cristiana cautiva, la muerte del conde de la Oliva, el cautiverio de su esposa
embarazada y la jubilosa acogida que la reina depara a la recién llegada cautiva.
En cambio en los textos tardíos toda esta situación inicial se desenvuelve
con otra perspectiva: el moro consigue a la cristiana casándose con ella y llevándola
219 P. Piñero ejempl ific a la fa milia del norte con una versión sant anderi na tomada de Cossío
( RTO , 1 947, págs . 75 - 77), texto 103a y la del sur con una versión de Cádiz, texto 103b, publicada en
RGA, I, Cádi z , págs.35 1 - 352, Romancer o , 1999, p ágs. 442 - 446.
220 RGA, I, Cádi z , Herma nas re ina y cau tiv a , tema 44 , págs. 351 - 355.
329
más tarde a su tierra, con la oposición expresa de la madre, la reina recibe con
hostilidad a la cristiana, celosa de su belleza rubia, y la somete a un trato vejatorio.
En los motivos s iguientes las dos fábulas vienen a confluir y son
coincidentes en los motivos de los partos, en los que la reina tiene un varón y la
cristiana una niña, en el de reconocimiento mutuo y en la liberación final de la
cautiva.
Aun conservando la estructura básica de la historia de tipo odiseico,
alejamiento, reconocimiento, vuelta al hogar y reencuentro f amiliar, la versiones de
la Campiña, ambas pertenecientes a la reelaboración tardía, presentan un desarrollo
de la trama diferente a la de las versiones tradicionales, en el que habría que
distinguir varias secuencias: 1º Un moro se enamora de una hermosa joven y la pide
a su madre en matrimonio; al principio ésta se muestra recelosa del pretendiente
pero al final accede; 2º Se celebra el casamiento y, tal como la madre intuía, el
marido aleja a su hija de ella y de su hogar, llevándosela a su tierra aun estando
embarazada; 3º El marido confiesa a su reciente esposa que ya tiene otra mujer, a la
cual le servirá de esclava. Se inicia la relación de las dos mujeres con total
hostilidad, debido a la belleza rubia de la recién llegada; 4º Tras dar a luz ambas
mujeres, por unas palabras que exclama la cautiva, tiene lugar el reconocimiento
mutuo como hermanas.
Resulta evidente la coincidencia del motivo final con otros romances de
cautivos como Las tres cautivas , en que se reconocen padre e hijas o Don Bueso , en
el que se reconocen los hermanos. Sin duda el arraigo de estos desenlaces hizo dar
un giro al desarrollo de la trama del romance con respecto a la leyenda medieval
que le dio origen.
Desde el punto de vista expresivo, destacan, en la línea de la reelaboración
moderna de los textos, varias características: un íncipit propio de los romances de
cordel, que incluye un personaje y un lugar: “Allá por tierras lejanas habitaba una
muchacha // que no tenía más amparo que la Virgen soberana” (vs.2), donde ha
336
toda seguridad en distintas épocas. De las composiciones que aquí se han analizado,
las versiones 1 y 2 son las de factura más tradicional, pudiendo pensarse que son
más antiguas que las demás.
A B ELÉN L LEGAR
Este romance hexasilábico de forma estrófica con estribillo se utiliza como
canto navideño y procede, al parecer, de un villancico del s. XV 224 .
No es demasiado frecuente en la tradición moderna, aunque está
representado en las colecciones andaluzas: en RGA, I, Cádiz se publican 4 textos;
en RGA, II, Huelva , 1; en R. Aljarafe , 1; y en R. Guadaíra , 1. Puede considerarse
que en la Campiña la frecuencia de aparición del tema y su grado de conservación
es superior a la media, ya que se han recopilado 8 versiones.
Como es de esperar, el tema común al conjunto ingente de cantos dedicados
a celebrar la Navidad en el mundo cristiano, es el Nacimiento de Cristo. Pero dentro
de esta generalidad se pueden distinguir dos grandes subgrupos: las composiciones
que recrean los momentos previos al nacimiento: viaje a Belén, búsqueda de
posada...; y los que se centran en acontecimientos posteriores: viaje a Egipto, el
Niño perdido...
Desde el punto de vista temático, en A Belén llegar se hace hincapié en los
momentos previos al nacimiento, que son los de mayor dramatismo dentro de la
recreación de la Natividad de Cristo, debido al viaje angustioso de la embarazada, la
imposibilidad de encontrar posada dada la pobreza de los protagonistas, las
inclemencias del clima en un momento tan delicado... que son motivos recurrentes
en los numerosísimos cantos, tanto romances como villancicos, con que la
religiosidad cristiana celebra cada año la Navidad.
224 Según Maximiano Trapero, Los r omances religi osos en la tradici ón oral de Canarias ,
Madr i d, E d. Ni ev a , col. Tarteso s, 1990, p ág. 73.
337
Aquí se cuenta cómo la Virgen y san José caminan a deshoras de la noche
apremiados por el parto inminente de ésta y preguntan en su camino a uno o varios
personajes si aún les queda mucho que andar. Encuentran casualmente un cobertizo
donde refugiarse y descansar. Allí tiene lugar el alumbramiento.
En las versiones de la Campiña no aparece un fragmento narrativo inicial
sobre la petición de posada y la negación de ésta por parte del mesonero, que sí se
incluye en algunas versiones de Cádiz.
Como recurso expresivo que acrecienta la tensión dramática hay que
destacar el estribillo: “Antes de las doce a Belén llegar”, que con la repetición
insistente de la hora, crea una sensación de angustia y de urgencia.
Los elementos narrativos del romance discurren intercalados con dicho
estribillo que da título al tema y que se repite cada 3 versos, es decir, de cada estrofa
de 4 versos, éste es siempre el último:
La Vir gen camina , qu isi era saber ,
un hombre a de shora con una mujer .
Hici er on con ven io p ara de sc ansa r.
Antes de las doce a Be lén ll egar. (vs.1).
Si bien éste es el esquema más generalizado, no es el único, ya que se
pueden encontrar variantes: a veces se suprime, si la secuencia narrativa exige
ocupar los cuatro versos, como en el principio de la versión 3:
A Bel én c amin a qui si er a sab er
un hombre a de shora con una mujer.
Si l a l levo hurta da he de imagi nar
que el que me la ha dado me la s upo dar.
Otras veces el estribillo consta de dos versos (vs.8): “Antes de las doce a
Belén llegar, // a las doce en punto el gallo cantar. //; e incluso en la misma versión
se dan estribillos de 2 o 3 versos, según la exigencia para completar los grupos
estróficos de cinco versos (vs.6): “Como al Rey del Cielo vamos a adorar. // Antes
de las doce a Belén llegar, // antes de las doce el gallo cantar.//
338
El tema del romance gira, como se ha dicho antes, en torno al camino hacia
Belén de san José y la Virgen, el aposento en el portal y el nacimiento del Niño.
Desde el punto de vista discursivo destaca la utilización de elementos muy
recurrentes en los romances religiosos tradicionales de este ciclo del Nacimiento de
Jesús, como es: “la Virgen caminando”, imagen de hondo calado por su
dramatismo, ya que, como sabemos, se encuentra en un muy avanzado estado d e
gestación, momento crucial en el que es desaconsejable viajar, caminar, montar en
caballería... El hecho de que María se vea obligada a hacerlo despierta la compasión
del oyente. Ya hemos visto en otros romances también la aparición de secuencias
dramáticas relativas a los partos, como en Casada de lejas tierras o La mala suegra .
El encuentro con “el personaje informador”, en este caso “pasajeros” o
“pastorcillos”, es un elemento común a la tradición romancística en general: “Ellos
caminaron y se han encontrado // unos pasajeros y le han preguntado // si para
Belén hay mucho que andar.” (vs.1); “el hallazgo del portal” también es un
elemento obligado en los romances religiosos: “Ellos caminaron y se han
encontrado // un portal chiquito muy bien preparado” (vs.3); “el pesebre” que sirve
de cuna al recién nacido: “Ya ha nacido el niño en este pesebre, // con unas pajitas y
un poco de verde” (vs.6); “la mula y el buey”, que le dan calor: “La mula le gruñe,
el buey le vahea // y el niño de Dios dormido se queda” (vs. 6); “la carencia de
pañales”, síntoma de la extrema pobreza de los protagonistas: “Levanta José triste y
afligido // porque no tenía ni unos pañalillos” (vs.8)
En los romances del Nacimiento de Jesús, al igual que en el resto de las
composiciones navideñas sobre el tema, el alumbramiento del Niño está sujeto a un
tratamiento eufemístico de la realidad, dado que se plantea como un hecho
sobrenatural, de tipo milagroso 225 . Se narra como si nada hubiera ocurrido,
quedando diluido en medio de una profusión de detalles circunstanciales: el frío de
225 Un ejemplo muy gráfi co sobre este enfoqu e lo he encont rad o en el romance Nochebue na ,
RGA, I, Cádiz , pág . 37 5, d onde el N iño nace sin qu e la pro pia mad re se dé cu enta, com o p or arte de
magi a: “Cua ndo fu e Mar ía a enc ende r la luz // ya estaba nacido M anue l de Jesús ” (vv.21 - 22).
339
la noche, la mula y el buey, la adoración de los pastores...: “Levanta, José que ha
llegado ya // a nacer el Niño en este portal” (vs.8).
Éste suele ser el final del romance que, no obstante, en algunos casos, como
la versión 6, se alarga con un fragmento narrativo bastante ilógico y misterioso.
Por último hay que señalar en cuanto al perfil de los protagonistas, dentro de
la simplicidad con que están tratados, cierta inversión en los papeles por la mayor
fuerza y presencia de ánimo de la parte femenina, es decir de la Virgen, que se pone
de manifiesto en varias ocasiones. Cuando llegan al portal es ella la que dice a su
esposo que descanse: “Acuéstate, esposo, que vendrás cansado // que de mí no
tengas pena ni cuidado” (vs.1); y la que lo consuela por la tristeza de no tener
pañales: “Le dice María: - No te apures, José // que sea con mi toca yo lo taparé”
(vs.8).
Caracterización que está muy de acorde con el protagonismo femenino en el
romancero tradicional.
L A M ESONERA D ESPI ADADA
Este romance tiene una presencia discreta en las colecciones andaluzas: 2
textos encontramos en RGA, I, Cádiz ; otros 2 en RGA, II, Huelva ; y 1 en R.
Guadaíra . En la Campiña se han recopilado 2 versiones, muy parecidas entre sí.
En los últimos años este tema se ha popularizado extraordinariamente
debido a su inclusión en discos navideños por parte de cantantes de éxito y a su
difusión en los medios de comunicación. Rápidamente ha sido adoptado por los
coros que proliferan por toda la geografía andaluza en Navidad para formar parte de
sus repertorios.
En algunos casos el disco ha sido vehículo de aprendizaje y en otros ha sido
un medio de actualización para todos aquéllos que lo sabían de su infancia pero lo
340
tenían muy olvidado. Es el caso de las informantes ecijanas que afirman haberlo
conocido de toda la vida y que es muy antiguo, pero ahora, con el coro, “se lo saben
mejor” ya que han recordado “los trocitos que le faltaban”.
La intromisión de los medios de comunicación audiovisual en los cauces
tradicionales de transmisión del romancero es un arma de doble filo. Por un lado es
altamente positivo rescatar un tema del deterioro y decadencia que, como bien
sabemos, afecta en la actualidad a toda la literatura de transmisión oral. Pero por
otro lado la difusión masiva del mismo actúa como una fuerza igualadora que
merma la riqueza de las variantes. Desde el momento en que se impone la forma
nueva, reaprendida, tiene lugar un proceso de homogeneización que anula las
posibles divergencias anteriores.
Por ejemplo, tenemos las dos versiones de la Campiña idénticas entre sí e
igualmente idénticas a la versión 2 de Cádiz. Lo cual supone que de las 7 versiones
andaluzas, 3 se han visto ya afectadas por el fenómeno de homogeneización.
Y esto no sólo afecta al romance en sí, sino a la forma de cantarlo y
transmitirlo. Las versiones a que me refiero han introducido cada dos versos el
estribillo, muy frecuente en los villancicos gitanos:
La glor ia, a s u Bendi ta madr e, v icto ria,
gloria al reci én nacido, gloria.
Dentro del grupo de temas centrados en los acontecimientos previos al
momento justo del nacimiento de Jesús, el romance de La mesonera despiadada
recrea el motivo del rechazo de que son objeto san José y la Virgen por parte de una
mesonera o mesonero debido a su pobreza. La trama es muy escasa, lo que denota
su carácter tradicional.
Los elementos que configuran la narración son los habituales en el
romancero religioso de temática navideña: “el clima adverso”, que crea tensión
dramática: “Los caminos se hicieron con agua, viento y frío” (vs.1, 2); “el camino”,
341
elemento recurrente hasta la saciedad en los villancicos, que además se acompaña
con un formulismo muy tradicional para la expresión de la tristeza: “Caminaba un
anciano muy triste y afligido” (vs.1, 2); la negación de la posada, con la
consiguiente caracterización del mesonero como personaje cruel y avaro, frente a
los bondadosos san José y María: “Si es que traes dinero toda la casa es tuya, // pero
si no lo traes no hay posá ninguna” (vs.1, 2); “la debilidad de la Virgen”, que, al
contrario de lo que sucede en otros temas, como A Belén llegar , en que ésta tiene
más presencia de ánimo que su esposo, aquí es consolada por él: “La Virgen al oír
eso se ha caído desmayada // y san José le dice: - Levanta, esposa amada” (vs.1, 2).
Por último, el momento del nacimiento se resuelve en un sólo hemistiquio,
con suma simplicidad, puesto que el verdadero núcleo argumental son las
circunstancias previas al mismo. La imagen es la arquetípica en la representación
cristiana del momento: “Y desde allí se f ueron a un portal recogío // y entre el buey
y la mula nació el Verbo Divino” (vs.1, 2).
E L M ESONERO D ESPIADADO, C ASTIGADO
Aunque con la misma temática, este romance presenta una factura muy
diferente al anterior. Sus características formales y compositivas hacen suponer que
se trata de un romance tardío popularizado, difundido en pliegos sueltos, de forma
semejante a muchos otros temas religiosos como el de San Antonio y los pájaros .
No aparece en las colecciones andaluzas y en la Campiña solamente se ha
recopilado 1 versión, muy bien conservada.
De nuevo estamos ante el relato de los hechos concernientes al nacimiento
de Cristo, tanto de los inmediatamente anteriores como de los posteriores, que no
suelen ser tan frecuentes. En este caso se contempla la adoración de los pastores y el
castigo divino del mesonero cruel.
342
El desarrollo del argumento quedaría construido con las siguientes
secuencias: 1º San José procura posada para la Virgen, que se encuentra tan cansada
que está segura de no poder llegar a Belén; 2º El mesonero no quiere albergar al
matrimonio por su pobreza; 3º Obligados a continuar su camino llegan a un
cobertizo, donde tiene lugar el alumbramiento; 4º Los pastores llegan para aliviar el
frío del recién nacido. El romance añade al final el relato del castigo que sufrió el
mesonero como pago por su mala acción.
Como vemos, la amplitud narrativa del romance obedece a unos moldes
compositivos que quedan muy distantes de la condensación semántica y formal de
los temas de carácter tradicional. Aquí no se sobreentiende nada, todos los detalles
de la fábula quedan reflejados y sobradamente explicados. Por ejemplo, la petición
de posada y la negación de ésta se desarrolla en un largo período de 16 versos.
Dentro de esta generosidad discursiva, los elementos básicos para la
narración de la historia son los mismos encontrados en los romances del mismo
tema: la Virgen embarazada y cansada, que inspira compasión: “Es la Reina de los
Cielos que se vio tan avanzada // que no podía seguir con su esposo la jornada”; la
búsqueda infructuosa de un lugar para descansar: “San José marcha delante a
procurar la posada, // cuando llegó al parador se halló la puerta cerrada”; la negativa
del posadero a albergar gente que no pueda pagar bien: “N o s e recogen los pobres y
a deshoras mucho menos”; el momento del nacimiento, que se alarga algo más de lo
habitual con una referencia, aunque leve, al parto: “Ya se puso mala la Virgen
María // san José la cuida con mucha alegría”; y la llegada de los pastores, que se
esfuerzan en calentar al Niño: “Unos le echan los capotes, otros marchaban por leña
// para calentar a Cristo, que era del cielo y la tierra”.
Como elementos infrecuentes en otros romances está la secuencia en que
san José limpia el establo: “José limpia los pesebres y va sacando la paja” y la del
castigo del posadero, que sufre primero la rotura de un pie y después las coces de
343
las bestias en su propia cuadra: “Al entrarse para dentro se le descompuso un pie
//...// y las patás de las bestias le rompieron las costillas”.
El romance acaba con la moraleja de que quien obra mal, tarde o temprano
recibe el castigo divino: “Y eso sucedió con el mesonero // por negar la entrada al
Divino Verbo” (vs.1).
El personaje de María, en consonancia con el perfil que su figura literaria
adquiere en el romancero, muestra más entereza que su esposo ante la adversidad.
No olvidemos que ella es más joven que su acompañante y, sin lugar a dudas, la
juventud es una fuerza vital por naturaleza. Cuando san José encuentra cerradas las
puertas del albergue es ella la que le dice que insista: “Su esposa le dice: - Pues
vuelve a llamar, // que si están los amos han de contestar”.
A pesar de ser un romance vulgar, su estructura narrativa y expresiva son
acertadas y el conjunto adquiere cierta estética de aire tradicional.
S IENDO L AS E SCARCHAS T ANTAS
En la Campiña se ha recogido una única versión de este romance, del que se
publican 2 textos en RGA, I, Cádiz , lo que demuestra su retroceso en la memor ia
popular.
Este tema, tardío popularizado, retoma el mismo esquema argumental que
todos los que tratan el Nacimiento de Jesús: san José y la Virgen, apremiados
porque ven acercarse el momento del parto, buscan desesperadamente posada en
Belén sin que encuentren a nadie que los quiera albergar. Se dirigen a las afueras
del pueblo y se refugian en una cueva de pastores, donde nace el Niño. Como
sucede en otros temas, por ejemplo en el anteriormente comentado El mesonero
despiadado , castigado, al final tiene lugar un hecho milagroso. En esta ocasión la
intervención divina recompensa a los pastores llenándoles las árguenas de pan.
344
Los motivos narrativos son los utilizados hasta la saciedad en todos los
romances de la misma temática y que hemos visto ya en vari as ocasiones: la Virgen
embarazada y exhausta, que suele ser el motivo que aparece en los íncipits :
“Cuando José y María iban pa su romería // la Virgen iba preñada, i(r) a su paso no
podía”; la urgencia de llegar a un sitio seguro: “Y le dice san José: - Alarga el paso,
María // que a Belén vamos a entrar entre la noche y el día”; la imposibilidad de
encontrar amparo en el pueblo: “Entre primos y parientes no los quisi(er)on
recoger”; y el momento culminante pero breve del nacimiento: “En el rincón de la
cueva, arrimada a una muralla // parió la Virgen María al relente de las aguas”. El
Niño que habla al poco de nacer es muy frecuente en los cantos de Navidad, hasta
tal punto que ha dejado de percibirse como un hecho sobrenatural.
Como detalles novedosos están: el lugar de refugio: una cueva, la compañía
de los pastores y la aparición del agua en el alumbramiento, como elemento
relacionado con el origen de la vida en la tradición lírica, y el milagro final. El Niño
recién nacido se preocupa, nada más abrir los ojos, de que los zagales tengan
abundante pan para comer en un gesto solidario. No es la única vez que la devoción
cristiana atribuye a Jesús milagros relativos a los alimentos. Recordemos el del pan
y los peces, que se relata en los Evangelios.
En esta ocasión, con las simples palabras del Niño, las alforjas de los
pastores, que estaban vacías, se llenan de pan: “Las sagrenas están llenas de vuestra
Gracia y de pan”. No podemos dejar de mencionar tampoco en esta secuencia la
importancia del “pan”, con el que se identifica a Cristo en el catolicismo y que es la
base del ritual de la misa.
L A V IRGEN C OSTURERA
De este romance sólo hay una versión publicada en las colecciones
andaluzas: la incluida en RGA, I, Cádiz . En la Campiña se han recopilado 2 textos
que corresponden al fragmento final del tema.
345
En la versión gaditana la mayor parte de la composición está dedicada a
describir cómo una mujer, movida por la compasión que le inspira la pobreza de
María, cose diversas prendas para vestir al Niño: el corpiñito, la chambra, la f aja, el
gorrito... Tras la elaboración de los vestidos, hechos con todo esmero y con las
mejores telas, este personaje va a Belén y se los regala a la Virgen: “Recibe, María,
este regalito, // que le vengo a hacer al niño bonito” ( RG A, I, Cádiz , pág. 376,
vv.15-16).
Nada de esta descripción aparece en las versiones de la zona, que coinciden
literalmente con la parte final del romance de Cádiz y también literalmente
coinciden entre ellas. La anécdota que contienen es por completo intrascendente: la
Virgen, tradicionalmente pobre, no tiene los enseres necesarios para coser y san
José va a buscárselos al monte: de una pluma obtendrá la aguja, de la nieve el hilo y
de una bellota el dedal.
El texto se configura como una composición lírica, carente de materia
narrativa, donde lo más destacado es el proceso enumerativo, de todos los
elementos en una doble secuencia: primero en la carencia y luego en la consecución
de los mismos. El orden es el mismo: aguja, hilo y dedal: “La Virgen no tiene aguja
ni hilo para coser // ni dedal para su dedo para la costura hacer” (vs.1).
Estos tres elementos, aunque por el contexto religioso en el que se insertan
adquieren una significación específica, son motivos muy enraizados en la tradición
literaria, así como la acción misma de coser que simboliza la femineidad. Lo hemos
visto en romances como Santa Elena y forman parte de numerosas canciones y
retahílas infantiles 226 .
Los textos de la Campiña suponen un fragmentarismo importante con
respecto al romance original y ello ha propiciado que se utilice como un conjunto
226 Por ejemplo, las palabras que abren el juego tradiciona l de “la gallini ta ciega” son: Galli nit a
ciega, ¿qué se te ha perdido? - Una agu ja y un deda l. – Pues da l a medi a vue lta y l o enc ontrar ás.
352
Llegados a la secuencia siguiente, es una constante en todas las versiones el
motivo de la cortedad de la Virgen que no coge sino tres naranjas, una para cada
uno: “La Virgen como es tan pura nada más que cogió tres” (vs.6). También hay un
grupo de textos (vs. 3, 5, 12, 13) que a la prudencia de la madre, contraponen la
espontaneidad del niño, que quería cogerlas todas: “El niño como es muy niño, no
cesaba de coger” (vs.3).
La variante en que se cogen muchas naranjas suele llevar asociado un
milagro menor, eclipsado por el de la ceguera, por el cual el naranjel crece
enormemente de tal forma que lo tomado por la Virgen o el niño nunca supone un
perjuicio para el pobre ciego: “Mientras más cogía el niño, más cargaba el naranjel”
(vs.5).
Nada más salir la familia del huerto, se produce el hecho milagroso de la
recuperación de la vista para el ciego: “Al llegar a la montaña el ciego ha empezado
a ver” (vs.6), para terminar el romance con una pregunta retórica sobre la identidad
de la benefactora, que el narrador contesta en nombre del público: “¿Quién ha sido
esa señora que me ha hecho tanto bien? // Ha sido la Virgen pura que iba para
Belén” (vs.6)
Lo más destacable de este romance religioso es la dimensión humana de la
historia, tanto de la situación como de los personajes y la forma tradicional de su
discurso con el uso de expresiones muy arraigadas en el romancero tradicional.
Las versiones de las colecciones andaluzas son muy similares a las aquí
analizadas no presentando más divergencias que las que afectan a los estribillos y
formas de cantarlas.
353
L A D IVINA P ANADERA
Se encuentra muy poco documentado este romance que, como viene siendo
habitual en los de tema religioso, se canta como villancico navideño. En RGA, I,
Cádiz , se publican 2 textos y en la Campiña se ha recogido una única versión,
extremadamente corta, de cuatro versos.
Al cantar se dividen los versos en dos grupos de dos, tras los cuales se
inserta un largo estribillo. La materia narrativa, ya escasa de por sí, queda diluida
entre las repeticiones de los versos de éste.
En la versión 1 de Cádiz, el romance tiene un sentido claramente alegórico,
pues es una referencia al Sacramento de la Eucaristía, dogma de fe fundamental en
el catolicismo. En la misa católica se consagra el pan, que pasa a identificarse con
“el cuerpo de Cristo” y que pueden tomar sólo los fieles que estén perdonados de
sus pecados. El romance gaditano narra cómo la Virgen hace pan, pero no un pan
cualquiera: “Este trigo ha de servir pa la hostia consagrada, // que no lo ha de comer
nadie que tenga el alma manchada” ( RGA, I, Cádiz , pág. 393, vv.5-6).
Nada de esto se ha conservado en la versión de la Campiña, cuya única
referencia a su sentido original es el último hemistiquio: “Por Jesús sagramentao”,
que es insuficiente para reconstruir su significado verdadero.
En cuanto al íncipit , se presenta como un conjunto formulístico muy
utilizado y afianzado en los cantos de Navidad, construido con motivos recurrentes
y arquetípicos dentro de éstos: la Virgen encinta, el camino que realiza y la
situación dramática a la que se enfrenta, en este caso la intensa nieve:
La Vir gen iba a mol er por una hond a ca ñada
con la nieve a l a rodilla de nueve meses preñada.
Podemos encontrar los mismos versos formando parte de otros temas, como
el gaditano de Santa Rita ( RGA, I, Cádiz , pág.377) , o utilizados como una estrofa
dentro de villancicos.
354
M ADRE, EN LA P UERTA H AY UN N IÑO
Si el romance de la Virgen y el ciego es uno de los más extendidos y
cantados aún en la actualidad, el de Madre, en la puerta hay un niño no le va a la
zaga. Utilizado como villancico de Navidad, es uno de los que con más frecuencia
aparece en las colecciones de la tradición moderna.
En RGA, I, Cádiz se publican 6 versiones; en RGA, II, Huelva , 8; en R.
Aljarafe , 7; en R. Arahal , 4; y en R. Guadaíra , 3. Siguiendo la misma tendencia, en
la zona de la Campiña se han recopilado 15 versiones y está entre los cinco temas
más cantados.
La historia que narra se inserta dentro de un episodio descrito en e l
Evangelio de san Lucas (cap.2, 41-50) según el cual Jesús, siendo aún niño, estuvo
tres días en Jerusalén sin el permiso de sus padres, que lo buscaban angustiados. Al
tercer día lo encontraron hablando con los doctores en el templo. Sobre este tema
han surgido varios romances: Madre, en la puerta hay un niño , El niño perdido
disputa con los doctores y El niño perdido y hallado en el Templo .
Son frecuentes las contaminaciones entre los tres romances, que comparten
elementos narrativos comunes. Y a veces se han recopilado los tres juntos,
armoniosamente enlazados, tal como aparece en un texto de R. Guadaíra 228 .
En Madre, en la puerta hay un niño , no hay referencias a que el niño se
encuentre perdido, ni a que los padres lo estén buscando. La composición se l imita a
un diálogo entre el niño y una familia a la que ha pedido ayuda. El desarrollo
narrativo incluye varios motivos: la acogida del niño por parte de la familia para
que se caliente, el interés por desvelar su identidad, la invitación a dormir en una
buena cama y la negativa del huésped.
228 La conjunción de los tre s romances ha lle vado a pensar al autor, M. Fernández Gamero, en la
existencia de un texto original así compuesto qu e se ha ido fragmentand o y dando lugar a romances
autónomos, R. Guad aíra , pág.164.
355
No hay introducción que explique por qué el niño pide ayuda en una casa
extraña. Comienza, pues, el romance in media res , con las palabras de la niña que
ha abierto la puerta:
- Madre , en l a pue r ta ha y u n ni ño más he rm o so que sol bello,
yo digo que traer á frí o porque el pobr e viene en c ueros. (vs.2)
La respuesta de la madre es invariable en la mayoría de las versiones: “Pues
dile que entre, se calentará // porque en esta tierra ya no hay caridad” (vs.2). Y tras
el g esto de bondad, la señora siente una muy humana curiosidad por saber quién es
su huésped: “Le preguntó la patrona de qué tierra y de qué patria” (vs.2). La
respuesta ambigua del niño desvela sólo a medias su identidad: “Mi madre del cielo,
mi padre también, // yo bajé a la tierra para padecer” (vs.2).
Hay un segundo ofrecimiento de la madre, esta vez, de la cama: “Hazle la
cama a este niño en la alcoba con primor”, que éste rechaza sistemáticamente: “Mi
cama es el suelo desde que nací // y hasta que me muera ha de ser así” (vs.2). ya
hemos visto en otros temas religiosos, como Santa Rita cómo “ el suelo”
representaba la pobreza.
Una vez descrito este esquema básico en la composición del romance
podemos establecer dos grandes familias de versiones:
A) Las que contienen los motivos fundamentales y se ajustan con exactitud a
la secuencialidad descrita más arriba (vs.3, 4, 6, 7, 8, 12, 13, 15).
B) Las que incluyen la despedida del niño a la mañana siguiente (vs.1, 2, 5,
9, 10, 11):
Al otr o día sig uiente el n iño s e levantó
decirle a la pa trona que se quedar a con Dios,
que se i ba al cielo, que és a era su casa
adonde iremos todos a darle las gracias. (vs.1)
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Algunos textos (vs.11), junto con la despedida mencionan la paga del niño
que recompensa a la señora por su bondad: “Y al otro día de mañana estaba el niño
en la puerta // con dos costales de trigo y en las manos dos pesetas”. Motivo que se
encuentra también en los romances de El niño Dios pidiendo , que no se ha recogido
en la zona pero del que hay muestras en RGA, I, Cádiz (págs. 394-395). En este
caso el niño recompensa a la señora de la misma manera, con versos idénticos, por
haberle dado una limosna cuando se la pidió.
Aunque este romance no trata abiertamente el tema del niño perdido, sí
podemos encontrar en algunas versiones referencias indicadoras de que pertenece al
ciclo de los que recrean este episodio de la infancia de Jesús. En las versiones 14 y
15 se incluyen versos alusivos al tema: “Dime, niño, por qué lloras. – Porque he
perdido a mi madre” (vs.14, 15); “Si usted me dijera dónde se encontrara // de
rodillas fuera hasta que la hallara” (vs.14).
E L N IÑO P ERDIDO Y H ALLADO EN EL T EMPLO
Es muy escasa la presencia de este romance en las colecciones andaluzas.
Tenemos 2 versiones publicadas en RGA, I, Cádiz y 1 recogida en la Campiña, muy
fragmentaria. Las perspectivas de futuro para este tema, al igual que para La divina
panadera , no son muy esperanzadoras.
Pertenece, como Madre, en la puerta hay un niño , al ciclo de romances
sobre la pérdida de Jesús en Jerusalén, donde s egún nos cuenta el Evangelio de san
Lucas (cap.2, 41-47), permaneció tres días mientras sus padres lo buscaban y fue
hallado finalmente en el Templo, entre los doctores.
La fábula completa, tal como se desarrolla en los textos gaditanos, consta de
tres secuencias: María y José buscan con desesperación al niño que se ha perdido
por un descuido de ambos; en medio de la búsqueda encuentran a una señora que
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les dice que el niño iba al templo; en efecto, se dirigen al lugar indicado y allí lo
encuentran.
El texto de la Campiña es una versión trunca, carente de final. En realidad
sólo contiene la primera secuencia: no hay información ni hallazgo del niño.
Los primeros versos están destinados a plasmar la angustia de la Virgen al
comprobar que el niño no está con san José. Caracterizada, como en otras ocasiones
con rasgos de profunda humanidad, la madre se comporta como cualquier madre
que pierde de vista a su hijo y la embarga la misma angustia. Incluso en el aspecto
expresivo se ha utilizado una forma coloquial para preguntar:
Mar í a di c e a J os é : - ¿No se fue el niño conti go?
Que des de que no l o veo el c ora zón me ha pa rt id o.
El formulismo expresivo también está presente en los momentos de la
búsqueda: “Salen a buscar al niño por las calles y las plazas” y en la descripción que
dan del hijo perdido: “Que si no habían visto al sol de los soles // al que nos
alumbra con sus resplandores”.
Descripción por de más retórica y poco funcional, que como tantos otros
segmentos discursivos en el romancero religioso podría ser utilizado en diversos
contextos sin problemas, dado su escaso valor narrativo.
L A V IRGEN V ESTIDA DE C OLORADO
Del romancero dedicado a la Pasión de Cristo no se ha recopilado en la zona
más que una muestra mínima: una versión de La Virgen vestida de colorado , de
cuatro versos. Generalmente no son muy abundantes los romances que recrean este
pasaje de la vida de Jesús, que no goza ni mucho menos de la predilección que el
público depara a los de Navidad, pero aún así, pienso que es especialmente escaso
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