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Un análisis longitudinal sobre las dimensiones relevantes del estilo parental durante la adolescencia

Parra Jiménez, Águeda; Oliva Delgado, Alfredo

Abstract

El objetivo de este trabajo es profundizar, desde una perspectiva longitudinal, en las dimensiones que componen el constructo de Estilo Educativo, estudiando su evolución a lo largo de la segunda década de la vida y analizando su influencia sobre diversas medidas de ajuste de chicas y chicos. Para ello, además de evaluar el afecto y el control conductual, incluimos medidas del control psicológico y la auto-revelación. La muestra estuvo compuesta por 101 adolescentes a los que entrevistamos en tres momentos, cuando contaban con 13, 15 y 17 años. Según nuestros resultados, el afecto, el control psicológico y la auto-revelación muestran una importante estabilidad a lo largo de la adolescencia. El control conductual, a pesar de su estabilidad relativa, presenta un decremento importante con la edad. Nuestros resultados señalan algunas diferencias de género interesantes. Igualmente, destacan que para el buen desarrollo de chicos y chicas es importante el control de su conducta así como el fomento de su autonomía en un clima positivo en el que puedan hablar de sus asuntos espontáneamente.

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1 UN ANÁLISIS LONGITUDINAL SOBRE LAS DIMENSIONES RELEVANTES DEL ESTILO PARENTAL DURANTE LA ADOLESCENCIA. ÁGUEDA PARRA Y ALFREDO OLIVA Resumen El objetivo de este trabajo es profundizar, desde una perspectiva longitudinal, en las dimensiones que componen el constructo de Estilo Educativo, estudiando su evolución a lo largo de la segunda década de la vida y analizando su influencia sobre diversas medidas de ajuste de chicas y chicos. Para ello, además de evaluar el afecto y el control conductual, incluimos medidas del control psicológico y la auto-revelación. La muestra estuvo compuesta por 101 adolescentes a los que entrevistamos en tres momentos, cuando contaban con 13, 15 y 17 años. Según nuestros resultados, el afecto, el control psicológico y la auto-revelación muestran una importante estabilidad a lo largo de la adolescencia. El control conductual, a pesar de su estabilidad relativa, presenta un decremento importante con la edad. Nuestros resultados señalan algunas diferencias de género interesantes. Igualmente, destacan que para el buen desarrollo de chicos y chicas es importante el control de su conducta así como el fomento de su autonomía en un clima positivo en el que puedan hablar de sus asuntos espontáneamente. Palabras clave: Adolescencia, Familia, Estilo Educativo, Estudio longitudinal Águeda Parra Jiménez Dpto. Psicología Evolutiva y de la Educación. Camilo José Cela s/n, 41018, Sevilla. Tfno.: 00 34 954 554 333. Fax: 00 35 954 559 544. e-mail: [email protected] 2 RELEVANT DIMENSIONS OF PARENTING STYLE DURING ADOLESCENCE: A LONGITUDINAL STUDY. ÁGUEDA PARRA Y ALFREDO OLIVA Abstract The aim of this paper is to analyse, from a longitudinal perspective, the dimensions involved in the typology of Parenting Style. We are interested in studying the changes of that dimensions through adolescence and their influence over adolescent well-being. With this aim, we don’t just analyse parenting demandingness and responsiveness, moreover we study parental psychological control and self-disclosure. The sample was made up of a total 101 adolescents. They were interviewed three times: when they were 13, 15 and 17-18 years old. Our results show that responsiveness, psychological control and adolescent self-disclosure are quite stable through adolescence. However, Demandingness shows a high relative stability and a low absolute stability, because it decreases with age. We have found interesting gender differences. Finally, or results underline the importance for adolescent well-being of parental monitoring and autonomy granting, as well as the positive family environment that promote adolescent self-disclosure. Keywords: Adolescence, Family, Parenting Style, Longitudinal Study 3 Este trabajo ha sido realizado gracias a una subvención concedida por el Ministerio de Ciencia y Tecnología dentro de la convocatoria de ayudas para la financiación de proyectos I+D en el marco del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e innovación Tecnológica 2000-2003. Referencia BSO2002-03022. 4 INTRODUCCIÓN Entre las clasificaciones que han categorizado los comportamientos y actitudes de madres y padres hacia sus hijos e hijas destaca claramente la introducida por Diana Baumrind en la década de los 60 del pasado siglo (Baumrind, 1968). Esta clasificación, que divide a los padres en función de su Estilo educativo, identificó tres tipos atendiendo al control y al nivel de exigencias que ejercían sobre la conducta de sus hijos e hijas, y al cariño y sensibilidad que les demostraban. Surgen así los estilos Democrático, Autoritario y Permisivo. Fueron Maccoby y Martín (1983) los que completaron la clasificación añadiendo un cuarto tipo al que llamaron Negligente o Indiferente. Finalmente, el modelo quedó configurado por cuatro estilos de madres y padres tras el cruce de dos dimensiones: afecto-comunicación y control-supervisión. La literatura sobre los efectos de los diferentes estilos educativos en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes es abundante. Dicha literatura ha mostrado con bastante contundencia la importancia que tanto el afecto y la comunicación como el control ejercen sobre el bienestar y el ajuste de chicos y chicas. Los trabajos que analizan la influencia del afecto es bastante clara, concluyendo que los chicos y chicas que afirman tener relaciones más cercanas a sus madres y padres manifiestan un mejor desarrollo psicosocial, un mayor bienestar emocional y un ajuste más positivo a nivel interno y externo (Dusek y McIntyre, 2003; Gray y Steinberg 1999; Maccoby y Martín, 1983; Oliva, Parra y Sánchez-Queija, 2002; Parra, Oliva y Sánchez-Queija, 2004; Steinberg y Silverberg, 1986). La literatura en torno al control es algo más compleja, y en la actualidad son varias las reflexiones e investigaciones empíricas que profundizan en este concepto. En este sentido destacan las aportaciones de Margaret Kerr y Häkan Stattin (Kerr y Stattin, 2000; Kerr, Stattin y Trost, 1999; Stattin y Kerr, 2000). Tres son sus conclusiones más destacadas. En primer lugar, la necesidad de diferenciar control de 5 conocimiento, conceptos que tradicionalmente han tendido a ser confundidos. Por otro lado, la importancia de tener en cuenta cómo padres y madres conocen lo que hacen sus hijos e hijas cuando están fuera de casa, ya que, y he aquí la tercera conclusión, cualquier forma de conocimiento no predice el bienestar adolescente, sino sólo aquella que parte del discurso espontáneo del chico o la chica. Según Kerr y Stattin la forma de medir el control en el estilo educativo ha consistido en evaluar lo que los padres saben sobre el comportamiento de sus hijos e hijas, entendiendo que control es sinónimo de conocimiento y sin detenerse en analizar cómo obtienen dicha información. En sus trabajos (Kerr y Statin, 2000; Stattin y Kerr, 2000) diferencian tres formas: con preguntas directas, por el control explícito, y por lo que chicos y chicas cuentan espontáneamente, lo que ellos denominan auto-revelación. Es fundamental tener en cuenta esta distinción por dos motivos. Por un lado, porque el mayor conocimiento por parte de los padres se relaciona principalmente con lo que los hijos cuentan espontáneamente. Pero sobre todo, porque de todas las formas de obtener la información, es la auto-revelación la que mejor predice el ajuste adolescente. Otro aspecto relevante relacionado con el control es la diferenciación que algunos autores establecen entre control psicológico y control conductual. Aunque las primeras referencias al control psicológico están presentes en los trabajos de Schaefer (1965), con su descripción del factor autonomía versus control, no es retomado con fuerza hasta la década de los 90 del pasado siglo con la distinción entre control psicológico y conductual realizada por Steinberg (Steinberg, 1990; Steinberg, Elmen y Mounts, 1989) y Barber (Barber, 1996; Barber, Olsen y Shagle, 1994). El control psicológico es un control intrusivo y manipulador de los pensamientos y sentimientos de hijas e hijos, caracterizado por la utilización de métodos como el sentimiento de culpa o la retirada de amor, y que viola claramente la individualidad del 6 niño o adolescente impidiendo su autonomía (Barber y Harmon, 2002; Barber et al., 1994; Schaefer, 1965). Frente a este tipo de control tendríamos otro de carácter más conductual, también denominado monitorización, a través del cual padres y madres pondrían límites y supervisarían la conducta de sus hijos e hijas con el fin de facilitarles un desarrollo más saludable (Gray y Steinberg, 1999; Steinberg, 1990). En el centro de esta distinción se encuentra el objetivo que los padres pretenden con cada una de las formas de control, ya que “la monitorización refleja el esfuerzo de los padres por adaptar y regular la conducta del hijo a través de su guía y supervisión, mientras que el control psicológico emana de una motivación de los padres por seguir manteniendo el poder en la relación, inhibiendo el desarrollo de la autonomía del hijo y manteniendo su dependencia de los padres” (Pettit y Laird, 2002; pag. 100). Hay bastantes resultados que demuestran que el control psicológico y el conductual son dos aspectos distintos, de hecho ambos tipos de control no correlacionan entre ellos, y padres y madres pueden supervisar poco a sus hijos y utilizar al mismo tiempo estrategias de control psicológico –o viceversa- (Barber et al., 1994). Por otro lado, control psicológico y conductual tienen efectos diferentes sobre el ajuste adolescente. Mientras que el control psicológico lleva a la aparición de problemas internos como baja autoestima o sentimientos depresivos, el conductual previene los problemas de comportamiento (Barber, 1996; Barber y Harmon, 2002). Otra cuestión interesante es la evolución del estilo educativo a través de los años. ¿Modifican madres y padres su comportamiento a medida que hijos e hijas van creciendo, o tienden a mantenerlos?. Todavía no existen datos concluyentes. Mientras que algunos estudios afirman que durante la adolescencia media y tardía se produce un decremento tanto del afecto como del control (Shek, 2000), otros trabajos concluyen que la percepción del control permanece constante, siendo el afecto lo que baja (Paulson 7 y Sputa, 1996). Finalmente, otras investigaciones señalan que mientras que el afecto permanece en niveles similares, el decremento se produce en el control (Moreno, Muñoz, Pérez y Sánchez-Queija, 2004; Shucksmith, Hendry y Glendinning, 1995). Por otro lado, la cuestión de si chicos y chicas tienen diferentes percepciones del estilo educativo de sus padres tampoco ha sido respondida de forma concluyente. Algunos trabajos no encuentran diferencias de género (Smetana, 1995). Sin embargo, otros sí describen discrepancias entre chicos y chicas, señalando por ejemplo que ellas se sienten más controladas que sus compañeros varones (Baumrind, 1991; Dornbush, Ritter, Leiderman, Roberts, y Fraleigh,, 1987; Moreno, et al., 2004; Shek, 2000). Finalmente, es importante señalar que Padres y adolescentes tienen visiones algo distintas de la realidad familiar. Los primeros perciben las interacciones de forma más positiva y optimista, tienden a infravalorar la tasa de conflictos y señalan más calidez y afecto de lo que indican sus hijos e hijas. (Noller y Callan, 1988; Parra y Oliva, en prensa; Smetana, 1989). En este trabajo hemos contado con la opinión de los adolescentes, ya que la información obtenida a través de ellos parece estar menos influenciada por la deseabilidad social, y al coincidir en mayor medida con las observaciones de evaluadores externos, es más realista y objetiva (González, Cauce y Mason, 1996). A través de este trabajo pretendemos analizar desde una perspectiva longitudinal las diferentes dimensiones que componen los estilos educativos y estudiar su influencia sobre el bienestar adolescente. Concretamente, los objetivos que guían nuestra investigación son dos: describir la evolución que siguen a lo largo de la adolescencia cuatro dimensiones de los estilos educativos -comunicación / afecto, control conductual, control psicológico y auto-auto-revelación- y profundizar en la relación que mantienen con distintos aspectos del bienestar de chicos y chicas. 8 Asimismo, a lo largo de todo el trabajo, prestamos especial atención a las posibles diferencias de género. MÉTODO Muestra Este trabajo supone el seguimiento longitudinal de un grupo de chicos y chicas a lo largo de su adolescencia. Parte de una investigación previa en la que a través de un diseño transversal analizamos los cambios que se producían en la dinámica familiar coincidiendo con la adolescencia de hijas e hijos (Oliva y Parra, 2001; Parra y Oliva, 2002). En esta investigación la muestra estuvo compuesta por 513 adolescentes de edades comprendidas entre los 12 y los 19 años y pertenecientes a 10 centros educativos diferentes de Sevilla y su provincia. La elección de los colegios e institutos donde reclutamos a los adolescentes se realizó teniendo en cuenta criterios como su pertenencia al mundo rural o urbano, su titularidad –pública o privada concertada- y el nivel socioeconómico de las familias. Así intentamos que estuvieran representadas las diversas realidades de nuestro contexto. La segunda fase de la investigación consistió en el seguimiento de los chicos y chicas que en el estudio anterior se encontraban en la adolescencia inicial, entre los 12 y los 14 años, media 13.11 y desviación tipo .44. Este seguimiento se realizó durante más de cinco años, hasta que cumplieron los 18 ó 19 años. Así, estos jóvenes completaron los instrumentos de evaluación en su adolescencia inicial, media y tardía, denominados Tiempo 1 –T1-, Tiempo 2 –T2- y Tiempo 3 –T3- respectivamente. La muestra final estuvo compuesta por 101 adolescentes, 38 chicos y 63 chicas. Las edades medias en la adolescencia media y tardía fueron 15.38, desviación tipo .56, y 17.85, desviación tipo .52, respectivamente. 9 Para identificar las posibles diferencias entre los jóvenes que continuaron en la investigación y aquellos que no lo hicieron, realizamos el Análisis de casos perdidos. Nuestros resultados indican que entre los sujetos que continuaron en la investigación hay algo más de chicas que de chicos, χ 2 = 4.05, p<.05, y menos hijos de padres de nivel educativo – profesional bajo, χ 2 = 6.52, p<.05. No obstante, son semejantes en cuanto a su hábitat –rural vs. urbano- y al tipo de centro educativo al que asisten –público vs. privado-. Tampoco son diferentes en el grado de afecto percibido en el hogar, aunque los que continuaron percibían algo más de control que los que no lo hicieron F(1,134)=3.89, p=.051. Instrumentos 1. Estilos educativos. Nos basamos en el instrumento de Lamborn, Mounts, Steinberg y Dornbusch (1991), que evalúa el estilo parental general, sin diferenciar a padre y madre. Escalas de afecto, alfas de Cronbach T1 / T2 / T3 = .69 / .68 / .76, Control, alfas de Cronbach T1 / T2 / T3= .74 / .71 / .62. Siguiendo los trabajos de Kerr y Statin, creímos importante conocer cómo los padres conocían lo que sus hijos e hijas hacían cuando no estaban con ellos. Así, en T2 incluimos 6 ítems para analizar la Auto-revelación, lo que chicos y chicas comentan en casa de forma espontánea y no como respuesta a preguntas directas de sus padres. Ejemplos de items de esta escala son: ¿Le cuentas a tus padres lo que haces en tu tiempo libre? o ¿Cuentas a tus padres cómo te van las diferentes asignaturas de la escuela, incluso sin que ellos te lo pregunten?, alfas de Cronbach T2 / T3= .81 / .85. Por otro lado, y considerando la importancia de distinguir distintos tipos de control, basándonos en el trabajo de Barber, Olsen y Shagle (1994), introdujimos 7 items para evaluar el Control Psicológico. Se refieren a estrategias como la inducción de culpa o el chantaje 16 revelación aumenta mientras que otro grupo describe un decremento. Al quedar solapadas ambas trayectorias en la figura 7, parece que la auto-revelación de las adolescentes no cambia, lo que no es cierto. Insertar Figura 8 aproximadamente aquí Finalmente, y respecto a la estabilidad relativa, la correlación de la variable auto-revelación entre la adolescencia media y tardía alcanza niveles medios y significativo, r (T2-T3) para los chicos =.50, para las chicas =.56, aunque algo más bajos que en las variables anteriores, tanto para unos como para otras. Esto coincide con lo observado en la figura 8, donde el cruce se produce entre los grupos 1 y 2 conlleva un cambio en las posiciones relativas de los sujetos respecto a su grupo de referencia. b. Relación del afecto, el control conductual, el psicológico y la autorevelación con el ajuste adolescente Antes de comenzar nos gustaría describir, aunque sólo sea brevemente, la trayectoria seguida por los adolescentes de nuestra muestra respecto a los índices de ajuste adolescente evaluados. En general, estos índices no experimentan grandes cambios, así la satisfacción vital no cambia con los años, ni tampoco los problemas de ajuste externo. En cuanto a los problemas emocionales, si bien para los chicos no cambia, las chicas experimentan un decremento significativo entre la adolescencia media y tardía, t=2.56, p<.05. Por último, el consumo de drogas sí aumenta de forma significativa a lo largo de los años, tanto para los chicos, Traza de Pillai F(2,36)=31.56, p<.01, como para las chicas, Traza de Pillai F(2,61)=49.53, p<.01. Si pasamos a analizar la relación entre el estilo parental y el ajuste adolescente podemos decir que la presencia de afecto se relaciona con el menor consumo de drogas, con la menor aparición de problemas de conducta y con una mayor satisfacción vital de los adolescentes. El control conductual muestra una mayor relación con el ajuste 17 externo, concretamente con la menor presencia de consumo de drogas y de problemas de conducta. El control psicológico se asocia con el bienestar de chicas y chicos a ambos niveles, interno y externo, ya que se relaciona negativamente con la satisfacción vital y de forma positiva con el consumo de drogas, y con la aparición de problemas emocionales y conductuales. Finalmente, la auto-revelación de los adolescentes, se relaciona positivamente con la satisfacción de nuestros chicos y chicas, y de forma negativa con el consumo de drogas y con los problemas de ajuste externo. Insertar Tablas I y II aproximadamente aquí En cuanto a la relación negativa entre el consumo de drogas y los problemas de ajuste externo con la auto-revelación adolescente, nos interesó conocer el sentido de esta relación, y analizar si era la auto-revelación entendida como una forma de control la variable que evitaba el consumo de drogas y la aparición de problemas conductuales, o de forma inversa, si los adolescentes que tienen menos dificultades a nivel externo y toman menos drogas son los que más hablan con sus padres de forma espontánea. Para ello llevamos a cabo un análisis de retardos cruzados, que consiste en comparar el valor de la correlación entre una variable en T1 y la otra en T2 y viceversa. Así, comparamos la correlación entre la auto-revelación en T1 y el consumo en T2, r=-.39, con el valor de la correlación entre el consumo en T1 y la auto-revelación en T2, r=-.21. Los resultados parecen apoyar ligeramente la primera hipótesis, ya que la correlación entre la autorevelación en T2 y el consumo de drogas en T3 es mayor que a la inversa. De forma semejante, a través de los retardos cruzados profundizamos en la relación entre la autorevelación y los problemas de ajuste externo. Los análisis no presentan diferencias claras que apoyen ninguna de las dos hipótesis, ya que la correlación entre la autorevelación en T2 y los problemas de ajuste externo en T3, r=-.30, es sólo 5 puntos superior a la correlación entre los problemas de ajuste externo en T2 y la auto- 18 revelación en T3, r=-.25. Aún así, parece de nuevo que son los elevados niveles de autorevelación en un tiempo anterior los que en cierta forma protegen al adolescente de experimentar problemas de ajuste externo. Es interesante destacar que las correlaciones no sólo son significativas consideradas transversalmente, ya que encontramos relaciones significativas entre dimensiones del estilo parental evaluadas en la adolescencia temprana y medidas de ajuste en la adolescencia media o incluso tardía. Este es el caso del afecto en T2, que se relaciona significativamente con el consumo de drogas, los problemas de conducta o la satisfacción vital en T3. Igualmente, existe relación entre el control conductual en T1 y el ajuste externo en T2 y T3, o entre la auto-revelación y el control psicológico medidos en T2 y el ajuste en T3. Lo anterior apunta a una posible relación causal, y nos acerca a la posibilidad de hablar de la influencia del estilo parental sobre el ajuste adolescente, y no sólo de correlaciones significativas. DISCUSIÓN El afecto ha sido una de las variables del contexto familiar más analizada a la hora de entender el bienestar de hijos e hijas adolescentes. Nuestros resultados sobre la evolución del afecto describen en general pocos cambios a lo largo de los años. Aunque algunos jóvenes señalan cierta disminución entre la adolescencia media y tardía, la mayoría describe unos niveles semejantes en los diferentes momentos. En este sentido, los análisis de conglomerados han identificado agrupaciones de sujetos que se diferencian no tanto por las trayectorias que siguen, sino por los niveles que mantienen a lo largo de toda la adolescencia. Por otro lado, las posiciones relativas de los sujetos tienden a mantenerse constantes, lo que implica que aquellos que ocupaban las posiciones más altas en la adolescencia inicial, tienden a seguir manteniéndolas en los años intermedios y los tardíos. 19 En cuanto a las diferencias de género, las chicas experimentan más afecto que los chicos en la adolescencia media y en la tardía. Estas diferencias coinciden con las de otros trabajos (von der Lippe, 1998) y pueden estar reflejando unas prácticas de socialización distintas hacia unos y otras. Unas prácticas que fomentan la autonomía en ellos, y el mantenimiento de relaciones familiares estrechas en ellas. Por otro lado, a medida que transcurren los años padres y madres disminuyen el control que ejercen sobre la conducta de sus hijos e hijas, permitiéndoles mayores cotas de libertad e independencia. En este sentido, y aunque desde los primeros años aparecen familias que claramente difieren en sus niveles de control conductual, todas describen un decremento entre la adolescencia inicial y la tardía. Esta disminución del control es uno de los reajustes más importantes que deben hacer los padres para adaptarse a las nuevas necesidades de los adolescentes y estimular su desarrollo autónomo (Collins y Steinberg, 2005). Según nuestros resultados, las chicas se sienten más supervisadas que sus compañeros varones, especialmente en la adolescencia media y tardía. Podría ser que madres y padres realmente controlaran más a sus hijas que a sus hijos, algo que por otra parte coincide con una imagen social que atribuye a la mujer un carácter más vulnerable y una mayor necesidad de protección. Sin embargo, podría ser también que las chicas percibieran más control porque al mismo tiempo demandan más libertad. Al madurar generalmente antes que sus compañeros pueden exigir unos privilegios a sus padres que éstos no estén dispuestos a ofrecer, y que incluso pueden conllevar un aumento de la vigilancia y el control. El control psicológico ha mostrado una elevada estabilidad tanto a niveles absolutos como relativos, lo que nos lleva a pensar que refleja determinados patrones de interacción característicos de unos sistemas familiares y no de otros. Cuando en el hogar 20 existen estrategias de supervisión que se basan en el control psicológico tienen a mantenerse constantes, y probablemente, padres y madres sigan utilizándolas independientemente de la edad del hijo o la hija. Los análisis sobre la auto-revelación han aportado resultados interesantes. Si bien los datos generales indican que es una variable muy estable en términos absolutos tanto para el caso de los chicos como de las chicas, los análisis de conglomerados han detectado grupos de chicas que siguen trayectorias distintas y que quedaban enmascaradas tras las puntuaciones medias. Así, aparece un grupo numeroso que aumenta su grado de auto-revelación, mientras que otro lo disminuye. Por consiguiente, esta variable parece mostrar mayor estabilidad absoluta para el caso de ellos que de ellas. Por otro lado, las diferencias de género encontradas respecto a la auto-revelación ponen de manifiesto que las chicas hablan con sus padres y madres con más frecuencia que los chicos (Noller y Bagi, 1985; Parra y Oliva, 2002; Youniss y Smollar, 1985). Nuestros resultados reflejan la importancia del afecto para el bienestar de los adolescentes, especialmente a nivel a nivel conductual. Aquellos jóvenes que viven en un ambiente cálido y afectuoso tienen menos problemas conductuales, y prácticamente a lo largo de toda la adolescencia, consumen drogas con menor frecuencia. En este sentido, es interesante señalar que la relación no es sólo en el tiempo actual, sino que un clima emocional afectuoso en los años iniciales se relaciona con un menor consumo de drogas y menos problemas externos en la adolescencia media y tardía. Estos resultados coinciden con los de Gray y Steinberg (1999) cuando desempaquetando el estilo democrático encuentran que aunque la presencia de control conductual previene problemas de comportamiento como el consumo de drogas y los actos delictivos, la calidez afectiva es un factor protector de carácter más general que también evita este tipo de dificultades. 21 Varios son los mecanismos a través de los cuales el afecto ejerce su efecto positivo sobre el ajuste externo de chicos y chicas. En primer lugar, un clima familiar caracterizado por el afecto y la cercanía emocional facilita la comunicación fluida y que madres y padres estén informados de las actividades de sus hijas e hijos cuando éstos están fuera de casa, lo que finalmente influye en el menor consumo de drogas y en el menor número de problemas de conducta (Fletcher, Steinberg y Williams-Wheeler, 2004). Por otro lado, el afecto y la cercanía emocional aportan una seguridad y una madurez psicosocial que protegen al adolescente contra el consumo de drogas y la conducta antisocial. Finalmente, el vínculo afectivo que el joven establece con sus padres lo hace más sensible y receptivo a la influencia de la familia (Collins y Laursen, 2004). Cuando existe una buena relación, todo lo que los padres representan, sus valores y conductas, son más atractivos para el adolescente, lo que aumenta su poder de influencia, disminuyendo posible implicación del adolescente en conductas problemáticas. Las bajas correlaciones entre el afecto familiar y el ajuste interno nos resultaron en un principio algo decepcionantes. No obstante, se entienden más fácilmente si tenemos en cuenta la importancia que en este momento cobran otros contextos de desarrollo a la hora de explicar el bienestar emocional de los adolescentes. En primer lugar, mantener relaciones positivas con amigos y amigas, en las que existe intimidad y donde el adolescente se siente seguro y apoyado, influye de forma muy significativa en su autoestima y satisfacción vital (Brown 2004; Brown et al., 1993; Hartup, 1996). Por otro lado, una buena adaptación al contexto académico también contribuye a explicar el bienestar interno de chicas y chicos (Eccles, 2004). También el éxito en las relaciones afectivo-sexuales o el atractivo físico (Usmiani y Daniluk, 1997) se convertirán en aspectos centrales para entender la satisfacción de los jóvenes en este momento 22 evolutivo. Sin olvidar que, como han apuntado algunos autores, existe una clara evidencia sobre la influencia de factores genéticos sobre los trastornos depresivos, y sobre el mayor peso que estos factores juegan a partir de la pubertad, de forma que la heredabilidad sería mayor en la adolescencia que en la infancia (Pike, McGuire, Hetherington, Reiss y Plomin, 1996). En resumen, a medida que el niño va cumpliendo años pasa más tiempo en contextos extra-familiares que cumplen las funciones que durante la infancia cumplía la familia de forma exclusiva, aunque la familia ya habrá dejado huella y facilitará la adaptación a esos nuevos contextos. En cuanto al control y al establecimiento de límites, durante décadas la investigación ha mostrado bastante consenso en considerar que previenen la aparición de problemas conductuales (Barber, 1996; Fletcher et al., 2004; Patterson y Southamer- Loeber, 1984; Pettit et al., 1999). Nuestros resultados apoyan esta idea, ya que bajos niveles de control están relacionados con más consumo de drogas y más problemas de ajuste externo en general. El control sí importa (Fletcher, et al., 2004), e influye directamente sobre el desarrollo del joven previniendo la aparición de problemas de conducta. Además, niveles de control conductual ajustados a la edad y a las características del adolescente también influyen positivamente al hacerle saber que es importante para sus padres y que se preocupan por él. Por otro lado, nuestros resultados han puesto de manifiesto que el control psicológico se relaciona no sólo con la satisfacción vital y con los problemas de ajuste interno, sino también con el consumo de sustancias y con los problemas conductuales. Este resultado tiene mucho sentido. Si chicos y chicas se sienten emocionalmente presionados en el hogar y sus padres dificultan su desarrollo autónomo, no es de extrañar que busquen una salida fuera de la familia, una salida que pase por el consumo de drogas o incluso por el comportamiento delictivo (Steinberg y Silk, 2002). 23 Según nuestros resultados, elevados niveles de auto-revelación se relacionan con menos consumo de drogas y menos problemas conductuales, así como con una mayor satisfacción vital. Pero, ¿cuál es el sentido de esta relación?. Según los planteamientos de Stattin y Kerr, elevados niveles de auto-revelación permiten el mayor conocimiento de los padres de las actividades del adolescente, un conocimiento que, como forma de control, es lo que influye en el ajuste. No obstante, también puede ocurrir que sean los chicos y chicas con menos problemas conductuales los que más hablen con sus padres de forma espontánea debido a que son los que tienen menos que esconder. Nuestros datos apuntan a la primera hipótesis, ya que el discurso espontáneo del adolescente con sus padres parece prevenir el consumo de drogas y los problemas de ajuste externo. Sin embargo también es cierto que los chicos y chicas que consumen menos drogas son los que más hablan con sus padres y madres de forma espontánea. Como señalan Ge y sus colaboradores (Ge, Conger y Elder, 1996) es importante considerar la reciprocidad que existe entre las prácticas educativas en el hogar y los problemas de conducta de hijas e hijos, ya que unos y otros se influyen mutuamente. Una de las principales limitaciones de nuestro trabajo tiene que ver con la utilización exclusiva de cuestionarios como método de recogida de información. Igualmente, obtener varias medidas de un mismo informante aumenta las correlaciones entre dichas medidas. A pesar de todo, el uso de cuestionarios es una metodología muy frecuente en psicología del desarrollo, y frente a otros recursos de carácter más cualitativo tienen ventajas innegables como la utilización de pruebas validadas y estandarizadas que permiten la comparación entre sujetos. Por otro lado, aunque 101 sujetos es un número importante, teniendo en cuenta el carácter longitudinal de la investigación, es cierto que no es una muestra numerosa y que ha condicionado en parte los análisis estadísticos realizados. De hecho, somos conscientes de la dificultad de 24 generalización de nuestros resultados, especialmente en lo relativo a los chicos, ya que su número es menor que el de chicas. A pesar de estas limitaciones, nos gustaría subrayar que nuestro trabajo es uno de los pocos estudios longitudinales realizados en España que abarcan el desarrollo adolescente durante más de cinco años. Esta perspectiva longitudinal es la que nos permite conocer con más detalle la evolución de las variables objeto de estudio y apuntar posibles relaciones causales. Creemos que son necesarios más trabajos que utilicen este tipo de diseños y que arrojen luz sobre los cambios que el estilo educativo de madres y padres experimenta a lo largo de la transición de la adolescencia, y sobre el efecto que dichos estilos tienen sobre el ajuste de chicos y chicas durante el transcurso de su segunda década de vida. Esta investigación aporta algunas ideas interesantes que tienen claras implicaciones prácticas. Según nuestros resultados, en los albores del siglo XXI aún existen diferencias en el trato que chicas y chicos perciben en sus hogares. Ellas se sienten más controladas y en general, perciben más afecto de sus padres y madres. Si el control conductual es un factor protector contra los problemas de comportamiento y el consumo de drogas, es importante que madres y padres supervisen la conducta de unos y otras, obviamente ajustándose a su edad y respetando al mismo tiempo su desarrollo autónomo. Además del control conductual, la calidad afectiva presente en el hogar está relacionada con el bienestar durante la adolescencia. Los programas de intervención que tienen como foco de atención a la familia durante la adolescencia deberían tener como objetivo mejorar la comunicación y la calidez de las interacciones, haciendo ver a madres y padres el importante papel que siguen desempeñando en el desarrollo de sus hijos e hijas adolescentes. 25 Para terminar nos gustaría subrayar la que, a nuestro juicio, es la principal conclusión de este trabajo: que para el buen ajuste de chicos y chicas es importante que en el hogar se supervise su conducta y se establezcan límites, que se fomente su autonomía e independencia psicológica, y que se cree un clima positivo de confianza y seguridad en el que puedan hablar de sus asuntos libre y espontáneamente. Lo que hacen los padres influye en el desarrollo de sus hijos no sólo durante la infancia. En la adolescencia, aunque otros contextos cobren especial importancia –caso de los iguales-, lo que ocurre en la familia sigue siendo importante. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Achenbach, T. M. (1991). Child Behavior Checklist and child behavior profile: Cross- Informant version. Burlington, VT: University of Vermont. Alder, A. G., y Scher, S. J. (1994). Using growth curve analyses to assess personality change and stability in adulthood. In T. F. Heatherton, y Weinberger, J. L. (Ed.), Can personality change? Washington, DC: American Psychological Association. Barber, B. K. (1996). Parental psychological control: revisiting a neglected construct. Child Development, 67, 3296-3319. Barber, B. K., y Harmon, E. L. (2002). Violating the self: parental psychological control of children and adolescents. In B. K. Barber (Ed.), Intrusive parenting: how psychological control affects children and adolescents (pp. 15-52). Washington: American Psychological Association. Barber, B. K., Olsen, J. E. y Shagle, S. C. (1994). Associations between Parental Psychological and Behavioral Control and Youth Internalized and Externalized Behaviors. Child Development, 65, 1120 - 1136. 32 Figura 2. Trayectorias seguidas respecto al Afecto Adolescencia tardíaAdolescencia mediaAdolescencia inicial Media Afecto 36 34 32 30 28 26 24 22 20 18 Método Ward 1 2 3 Frecuencia Grupo 1 49 Grupo 2 48 Grupo 3 4 33 Figura 3. Evolución del Control conductual. Estabilidad absoluta Adolescencia tardíaAdolescencia mediaAdolescencia inicial Medias Control 28 26 24 22 20 18 16 SEXO chico chica 34 Figura 4. Trayectorias seguidas respecto al Control conductual Adolescencia tardíaAdolescencia mediaAdolescencia inicial Media Control / Supervisión 30 28 26 24 22 20 18 16 14 Método Ward 1 2 3 Frecuencia Grupo 1 16 Grupo 2 27 Grupo 3 58 35 Figura 5. Evolución del Control Psicológico. Estabilidad absoluta Adolescencia tardíaAdolescencia media Medias Control psicológico 20.0 18.0 16.0 14.0 12.0 10.0 8.0 6.0 SEXO chico chica 36 Figura 6. Trayectorias seguidas respecto al Control Psicológico Adolescencia tardíaAdolescencia media Media Control Psicológico 20 18 16 14 12 10 8 6 Método Ward 1 2 3 Frecuencia Grupo 1 38 Grupo 2 50 Grupo 3 13 37 Figura 7. Evolución de la Auto-revelación. Estabilidad absoluta Adolescencia tardíaAdolescencia media Medias Autorrevelación 16.0 14.0 12.0 10.0 8.0 SEXO chico chica 38 Figura 8. Trayectorias seguidas respecto a la Auto-revelación Adolescencia tardíaAdolescencia media Media Auto-revelación 18 16 14 12 10 8 Método Ward 1 2 3 Frecuencia Grupo 1 45 Grupo 2 17 Grupo 3 39 39 Tabla I. Correlaciones entre diferentes dimensiones de los Estilos Educativos y variables de ajuste interno Satisfacción vital Sat. Vital Sat. vital Familia T1 T1 T2 T3 Familia T2 T2 T3 Familia T3 T3 Afecto .14 .10 .17+ Afecto .11 .14 Afecto .20* Control conductual -.08 .14 .16 Control conductual .10 .10 Control conductual .15 Control psicológico - - - Control psicológico -.32** -.21* Control psicológico -.25* Autorevelación - - - Autorevelación .30** .22** Autorevelación .29** Problemas internos Prob. Intern. P. intern. Familia T1 T1 T2 T3 Familia T2 T2 T3 Familia T3 T3 Afecto - .11 -.02 Afecto .05 -.03 Afecto -.02 Control conductual - -.01 -.00 Control conductual .08 .12 Control conductual .05 Control psicológico - - - Control psicológico .19+ .23* Control psicológico .28** Autorevelación - - - Autorevelación -.04 -.06 Autorevelación -.11 40 Tabla II. Correlaciones entre diferentes dimensiones de los Estilos Educativos y variables de ajuste externo Consumo Consumo Consu. Familia T1 T1 T2 T3 Familia T2 T2 T3 Familia T3 T3 Afecto -.14 -.18+ -.28** Afecto -.21* -.25* Afecto -.24* Control conductual -.39** -.35** -.20* Control conductual -.44** -.38** Control conductual -.36** Control psicológico - - - Control psicológico .25* .23* Control psicológico .25* Autorevelación - - - Autorevelación -.26** -.39** Autorevelación -.37** Problemas externos Proble. Exter. P. ext. Familia T1 T1 T2 T3 Familia T2 T2 T3 Familia T3 T3 Afecto - -.35** -.23* Afecto -.36** -.19+ Afecto -.17+ Control conductual - -.23** -.22* Control conductual -.26** -.19+ Control conductual -.19+ Control psicológico - - - Control psicológico .31** .33** Control psicológico .44** Autorevelación - - - Autorevelación -.27** -.30** Autorevelación -.32**