Una baraja americanista al servicio del programa neoimperial del franquismo
Abstract
En 1954 la alavesa casa de naipes Heraclio Fournier puso a la venta una Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América que llevaba ilustraciones de Ricardo Summers “Serny” y un texto bilingüe explicativo de Luis Ortiz Muñoz. La elección de esta temática para un cometido de tipo lúdico estaba justificada como elemento de propaganda en el contexto cultural del régimen franquista, que pretendía por entonces la recuperación de su antiguo relieve internacional en clave neoimperial.
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ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO 38 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 Resumen En 1954 la alavesa casa de naipes Heraclio Fournier puso a la venta una Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América que llevaba ilustraciones de Ricardo Summers “Serny” y un texto bilingüe explicativo de Luis Ortiz Muñoz. La elección de esta temática para un cometido de tipo lúdico estaba justificada como elemento de propaganda en el contexto cultural del régimen franquista, que pretendía por entonces la recuperación de su antiguo relieve internacional en clave neoimperial. Palabras clave Americanismo, Baraja de naipes, Heraclio Fournier; Luis Ortiz Muñoz, Ricardo Summers “Serny”. Álvaro Cabezas García IES Ponce de León, Sevilla, España. Universidad de Sevilla. Grupo de investigación Laraña HUM-317. España. Personal Funcionario Interino. Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Licenciado en Historia del Arte (Universidad de Sevilla, 2007). Diploma de Estudios Avanzados (Universidad Pablo de Olavide, 2010). Máster en Instrumentos para la Valoración y Gestión del Patrimonio Artístico (UPO, 2011). Doctor por la US (2014). Acreditado como Profesor Contratado Doctor y Profesor de Universidad Privada por la ANECA (número PUP: 2019-7659). UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO AN AMERICANIST PACK OF CARDS TO SERVICE THE NEO-IMPERIAL PROGRAM OF THE FRANQUISMO Fecha de recepción: 07/V/2020 Fecha de revisión: 17/VII/2020 Fecha de aceptación: 30/IX/2020 Fecha de publicación: 30/VI/2021 Abstract In 1954 the Alava’s house of cards Heraclio Fournier put on sale an Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América with illustrations by Ricardo Summers “Serny” and a bilingual explanatory text by Luis Ortiz Muñoz. The choice of this theme for a playful task was justified as an element of propaganda in the cultural context of the Franco’s regime, which at the time sought the recovery of its former international prominence in neo-imperial code. Key words Americanism, Heraclio Fournier; Luis Ortiz Muñoz, Pack of cards, Ricardo Summers “Serny”. DOI: http://dx.doi.org/10.30827/quiroga.v0i19.0004 Carlos Moreno Amador Universidad de Sevilla, Departamento de Historia de América. Facultad de Geografía e Historia. España. Profesor del Departamento de Hª de América de la Universidad de Sevilla. Licenciado en Historia (Universidad de Sevilla, 2007). Diploma de Estudios Avanzados (Universidad de Sevilla, 2011). Licenciado en Periodismo (Universidad de Sevilla, 2015). Doctor en Historia de América (Universidad de Sevilla, 2016). Acreditado como Profesor Ayudante Doctor por la ANECA. Tesorero de la Asociación Española de Americanistas y Director de la Universidad Popular Valverde.
ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR 39 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO En 1954 se puso a la venta una Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América por parte de Heraclio Fournier, S.A. (Vitoria, España). El mazo de cartas se ofrecía protegido por un estuche rectangular dividido en dos, que incluía, además, en su interior, sendos folletos de papel biblia grapados de 80 páginas cada uno. La primera hojilla llevaba impreso el título antedicho y, con el copyright del editor, se especificaba que los dibujos de los naipes eran obra de Ricardo Summers “Serny” y el texto de Luis Ortiz Muñoz. Este último, tras una breve introducción, se extendía, a través de los diversos palos del juego, en ofrecer las biografías básicas de los personajes que identificaban, gracias a las ilustraciones, cada una de las postales. Se remataba la obra con dos diminutos pero precisos mapas del continente americano, quedando en la hoja de la izquierda el norte y el centro del mismo y en la de la derecha el sur. El otro cuadernillo era prácticamente idéntico en composición y forma al primero, pero traducido al inglés. Por su división en palos de corazones, rombos, tréboles y picas, se trataba de una baraja francesa y, en esa tradición, cada una de las figuras que aparecen retratadas expresa un determinado valor, preferentemente histórico o Fig. 1. Heraclio Fournier, S.A. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. Portadilla. 1954.
ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO 40 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 heroico. La elección de los descubridores y conquistadores de América la explicaba Ortiz Muñoz en la propia introducción: la baraja se publicaba con motivo de la reciente celebración del quinto centenario del nacimiento de los Reyes Católicos, Fernando (1452) e Isabel (1451), y también del almirante Cristóbal Colón (1451). Dicha publicación vio la luz en medio de una coyuntura interesante en la evolución del régimen franquista, toda vez que los falangistas habían ido perdiendo influencia tras la conclusión de la II Guerra Mundial en beneficio del sector católico, circunstancia que condujo a una suavización del nacionalismo autoritario y a un cambio de sentido en el concepto de hispanidad e imperialismo, que cobró paulatinamente un carácter menos agresivo, alcanzando una concepción más pacífica tendente a una menor carga ideológica1. En ese sentido, lo primero que puede subrayarse es la intención que muestran los autores a la hora de rendir homenaje no solo al imperio español, sino a las cuatro naciones protagonistas del descubrimiento y colonización de América. Cada una de ellas está representada en uno de los palos de la baraja, apareciendo un rey y una reina de cada país en los diversos palos. En el caso de España los protagonistas son los Reyes Católicos, Fernando e Isabel; por Inglaterra figuran el rey Enrique VII Tudor, impulsor de las primeras expediciones británicas, y la reina Isabel I, bajo cuyo reinado y en su honor se establece en Norteamérica la fundación de Virginia a comienzos del siglo XVII; los repre- Fig. 2. Ricardo Summers “Serny”. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. Reverso de la portadilla. El continente americano. 1954. Fig. 3. Ricardo Summers “Serny”. Tres de picas: Fray Junípero Serra, evangelizador de California, 1769. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. 1954.
ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO 41 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 sentantes portugueses son el rey Manuel I, El Afortunado, promotor de la culminación de los descubrimientos lusos, y su segunda esposa, la reina María, hija de los Reyes Católicos; finalmente, por Francia aparecen el rey Francisco I, impulsor de las primeras expediciones francesas, y la reina María de Médicis, esposa de Enrique IV, en cuyo reinado se organiza Canadá. El mismo criterio de organización se mantiene con los cuatro ases de la baraja, representados por Cristóbal Colón, quien descubre América bajo la protección de Castilla pese a ser genovés; John Cabot, también de origen italiano, pero que sirve al monarca inglés; Pedro Álvarez Cabral, ilustre navegante portugués; y Giovanni Verazzano, florentino que capitanea la primera expedición francesa a las órdenes de Francisco I. El resto de la baraja se ordena bajo un criterio geográfico, pues cada uno de los palos representa el descubrimiento y exploración de una región del continente. Así, el palo de trébol agrupa, por orden cronológico, a los descubridores y exploradores del centro y la costa atlántica de América del Sur, hasta alcanzar el paso del océano Pacífico. Destacan personajes como Martín Alonso Pinzón, capitán de la Pinta (1492), Juan de la Cosa, autor del primer planisferio (1500), Vicente Yáñez Pinzón, descubridor del Amazonas (1500), Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Pacífico (1513), Juan Díaz de Solís, descubridor del Río de la Plata (1516), Fernando de Magallanes, descubridor del estrecho que lleva su nombre (1520), o Juan Sebastián El Cano, quien completa la primera Fig. 4. Ricardo Summers “Serny”. As de trébol: Cristóbal Colón, descubridor de América, 1492. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. 1954. Fig. 5. Ricardo Summers “Serny”. Diez de picas: Martín Alonso de Sousa, fundador de Bahía (Brasil), 1531. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. 1954.
ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO 42 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 vuelta al mundo (1519–1522). En el palo de diamantes nos encontramos con los aventureros ingleses y españoles que intervinieron en la exploración y colonización de Norteamérica, entre los que sobresalen personajes como Juan Ponce de León, descubridor de la Florida (1512), Alvar Núñez Cabeza de Vaca, primer explorador de Colorado y Texas (1528), Hernando de Soto, descubridor del Misisipi (1541), Henry Hudson, descubridor de la bahía que lleva su nombre (1610), o George Vancouver, explorador de la costa noroeste de América del Norte (1792). El palo de picas aglutina a los españoles y portugueses que exploraron los territorios de América del Sur, destacando figuras como la de Francisco Pizarro, conquistador del Perú (1531), Sebastián de Benalcázar, conquistador y fundador de la ciudad de Quito (1533), Diego de Almagro, primer explorador de Chile (1535), Pedro de Valdivia, conquistador del Reino de Chile (1540), o Francisco de Orellana, explorador del Amazonas (1542). El palo de corazones reúne a algunos de los más importantes navegantes y colonizadores franceses y españoles del norte y del centro de América. Los más preeminentes son Hernán Cortés, conquistador del Imperio Azteca (1519), Pedro de Alvarado, que conquista gran parte de la América Central (1521-1527), Jacques Cartier, fundador de Nueva Francia, Canadá (1534), Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de Granada (1538), o Robert Cavelier de la Salle, descubridor de las cataratas del Niágara (1679). Por último, en el reverso de todos los naipes, incluidos los comodines —que encarnan el mapa de América—, se encuentra Fig. 6. Ricardo Summers “Serny”. Jota de corazones: Hernán Cortés, conquistador de México, 1519. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. 1954. Fig. 7. Ricardo Summers “Serny”. Siete de corazones: Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador de Colombia, 1538. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. 1954.
ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO 43 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 grabada la mejor representación simbólica del descubrimiento, las tres carabelas colombinas: la Pinta, la Niña y la Santa María. Un aspecto destacable es la abrumadora preferencia de protagonistas españoles en todos los palos que la componen, algo que tiene mucho que ver con la propia prerrogativa que tuvo la corona castellana en las expediciones de descubrimiento y conquista de América en los albores de la empresa americana, que le llevó a colonizar una gran parte del continente. Las figuras más relevantes de las que aparecen referenciadas en la baraja quizá sean las de los extremeños Hernán Cortés y Francisco Pizarro, absolutos protagonistas de la historiografía americanista española. En el caso del metelinense, junto a las crónicas de Díaz del Castillo2, López de Gómara3 o del propio Cortés4, contamos con obras clásicas como las de Pereyra5, Madariaga6, Thomas7 o Miralles8, a las que se han sumado en los últimos tiempos las de Duverger9 o Ramón Tamames10. La figura de Pizarro, además de por la crónica de Cieza de León11, también ha sido ampliamente revisada por la historiografía clásica, siendo la de Lavallé12 una de las obras más conocidas, secundada en la actualidad por los estudios de María del Carmen Martín13 o Esteban Mira14. 1. LOS PROMOTORES DE LA BARAJA Y SUS INTERESES DIVULGADORES Resulta conveniente señalar el importante papel que desempeñaron dentro del régimen los actores implicados en la elaboración de esta interesante baraja, más allá del particular interés de alcance histórico, artístico o económico que ésta pudiese suscitar. Efectivamente, consiguieron desplegar subrepticiamente —pero de la manera más popular y lúdica posible, a través de un entretenimiento doméstico—, el ideario neoimperial que mejor servía a los intereses políticos del franquismo, precisamente en el momento que más necesario le resultaba proyectar al exterior una imagen sólida, sustentada por la consecución del Concordato con la Santa Sede y la firma de los Pactos de Madrid entre Estados Unidos y España, ambos hechos acontecidos en 1953, justo un año antes de la publicación del juego de naipes. Es necesario detenerse en la trayectoria del ideólogo Luis Ortiz Muñoz (Sevilla, 14 de marzo de 1905 – Madrid, 14 de junio de 1975), que tras cursar Filosofía y Letras en la Universidad de Granada —obteniendo la licenciatura en 1926—, se trasladó a Madrid para realizar sus estudios de periodismo en la primera escuela de esta rama que existió en España15, fundada por el ulterior sacerdote Herrera Oria y vinculada al diario católico El debate16. Aunque Ortiz pretendía culminar sus estudios de doctorado en Fig. 8. Ricardo Summers “Serny”. Reverso de cada naipe: las tres carabelas colombinas. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. 1954.
ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO 44 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 (1942-1951), procurador de las Cortes (1943- 1951) y, por último —y quizá su mayor cometido político—, subsecretario de Educación Popular del mencionado ministerio (1946-1951), cuyo trabajo era la gestión y control de la prensa, el cine, la radio y la propaganda españolas19. Tras esta labor, y cesado de su cargo por el relevo de Ibáñez Martín, Ortiz Muñoz siguió trabajando en las labores de coordinación de la creación de la Ciudad Universitaria de Madrid y ejerciendo muchas veces como vocal y presidente de los tribunales de oposiciones a las cátedras de Latín y Griego que se celebraban en la capital y otros lugares. Sin embargo, uno de los aspectos que más nos interesa resaltar fue su afán divulgador: redactó más de 2.000 editoriales periodísticos a lo largo de su vida, 4.000 artículos e informes y una treintena de libros. Fue miembro del Consejo Editorial del periódico Ya y de la Editorial Católica (1958-1972). A partir de 1951 fue ponente frecuente de los ciclos de conferencias de la Universidad Menéndez y Pelayo de Santander y de varias universidades extranjeras que le otorgaron doctorados honorarios y otros reconocimientos. Quizá su obra más difundida, dedicada a la enseñanza primaria y media, y de enorme influencia en la posguerra fue su manual Glorias imperiales. Libro de lecturas históricas. Como él mismo señalaba en el prólogo, era “crucial conquistar la escuela para que España triunfe”20, queriendo establecer un cambio de tendencia pedagógica desde los maestros institucionistas, que habían prescindido de la emoción en la enseñanza de la Historia hasta entender esta como objeto de enormes repercusiones morales y patrióticas en la formación individual. Toda la obra estaba adornada con bellas ilustraciones de su habitual colaborador gráfico en el Ya, Antonio Cobos Soto21. Además de las aportaciones teóricas y de la gestión política, Ortiz Muñoz pudo disfrutar de la organización y fomento de la celebración de la Universidad Central —en la que se matriculó en 1927—, su trabajo como redactor-jefe de El Correo de Andalucía (1924-1927), y el posterior ingreso en la redacción de El debate, no le permitieron alcanzar este objetivo. En cambio, sí pudo disfrutar de la obtención del vínculo vitalicio con la factio creada por Herrera Oria como presidente de la Asociación Católica de Propagandistas y del que surgió Acción Popular —partido posteriormente integrado en la CEDA—, como consecuencia política. De modo que trabajó con denuedo desde muy joven inmerso en el vivo ambiente madrileño previo a la Guerra Civil, relacionándose con las flores de la poesía y la creación literaria de la época17. Tras la traumática experiencia bélica le llegarían los cargos de responsabilidad, en un momento de clara reconstrucción de las estructuras administrativas y también educativas de España, en el que fue crucial, para el nuevo régimen político, recurrir a profesionales de valía como Ortiz Muñoz. Así, tras el corto periodo de gestión del monárquico Sainz Rodríguez como ministro de Educación Nacional, el general Franco nombró en abril de 1939 para el cargo a Ibáñez Martín, diputado en las Cortes de la II República por parte de la CEDA, en su condición de conspicuo miembro de la Asociación Católica de Propagandistas y, por tanto, integrante del entourage de Herrera Oria. Ibáñez trabajaría con ahínco para posicionar al citado grupo en los estamentos que se abrían, desde ese momento, a su alcance18. Uno de sus hombres de confianza fue, desde luego, Ortiz Muñoz, a quien integró en el recién fundado Instituto Nacional de Enseñanza Media Ramiro de Maeztu y, tan solo unos meses más tarde, en agosto de 1939, en el ministerio como Secretario Técnico encargado de las publicaciones. Al año siguiente era ya director del citado centro de enseñanza y consejero nacional de Educación. A estos se sucedieron otros cometidos como los de director general de Enseñanza Media (1942-1951), director general de Enseñanza Universitaria (1942-1946), secretario general técnico del Ministerio de Educación Nacional
ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO 45 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 una efeméride que servía a la perfección para sus pretensiones historicistas: en los años 1947 y 1948, coincidiendo con el VII centenario de la reconquista de Sevilla por parte de Fernando III, impulsó los trabajos de restauración de la capilla real de la Catedral de Sevilla, que completó con la realización de los sepulcros de Alfonso X el Sabio (debido a Cano y Jiménez) y de Beatriz de Suabia (de Juan Luis Vasallo). Organizó, además, la procesión del VII Centenario de la Conquista de Sevilla el 23 de noviembre de 1948. Este hecho coincidió, también, con la efeméride de la fundación de la Marina Castellana22, un “escaparate para mostrar las realizaciones del régimen con enorme efecto propagandístico”23, ya que todos los actos fueron acompañados por la acción política y la propaganda más adecuada. Sin embargo, Ortiz fracasó con la llamada “cabalgata histórica” que organizó para el 12 de octubre de 1948 con trajes de época, con la comitiva de Fernando III y con la participaron de más de setecientos jóvenes de distintas provincias pertenecientes al Frente de Juventudes. El espectáculo, calificado como “bochornoso” y “ridículo”24, provocó que la corporación municipal emitiera una queja formal25. Era, sin duda, la persona ideal para ofrecer el marco teórico adecuado a las ilustraciones de la baraja, realizadas por Ricardo Summers Ysern Serny (El Puerto de Santa María, 6 de mayo de 1908 – Madrid, 1995). Se trataba de un experimentado dibujante con tres décadas de experiencia a sus espaldas, consagrado con Blanco y Negro y su suplemento Gente Menuda, donde dio vida a personajes infantiles que se hicieron muy populares, como Celia o Cuchifritín26. Tras la guerra, estuvo bien considerado en los círculos de poder del régimen, ocupando entre 1947 y 1952 la dirección artística de la revista para niños Bazar de la sección femenina de Falange y prestando sus ilustraciones a los libros de José María Pemán, uno de los más respetados escritores del régimen27. El encaje con Ortiz Muñoz vino, una vez más, como consecuencia del favoritismo practicado por los propagandistas: Serny había compuesto el cartel electoral de Acción Popular para las elecciones de febrero de 1936 y, a partir de los años cuarenta, realizó de manera periódica varias carteleras cinematográficas en el ramo controlado por aquel28. Sin duda, con sus estilizadas figuras y con su especialización en caracterización histórica —a partir de ropajes y elementos identificativos extraídos en los más de los casos de los retratos de corte de Antonio Moro, Sánchez Coello o Pantoja de la Cruz—, Serny podía desempeñar un espléndido papel en la ilustración del juego de cartas, como había hecho antes en el diseño de trajes, muebles, decorados, lámparas; y en la pintura de cajas de cerillas, folletos, felicitaciones navideñas, calendarios, carpetas de discos, etc.29. Para llevar a buen término el proyecto y compaginar de la manera más natural el ideario estético popular, pasado por el filtro de Fig. 9. Ricardo Summers “Serny”. Dos de trébol: Pedro de Mendoza, fundador de Buenos Aires, 1536. Baraja histórica de Descubridores y Colonizadores de América. 1954.
ÁlvARo CABEzAS gARCíA / CARloS MoREno AMAdoR UNA BARAJA AMERICANISTA AL SERVICIO DEL PROGRAMA NEOIMPERIAL DEL FRANQUISMO 46 Quiroga nº 19, enero-junio 2021, 38-50 · ISSN 2254-7037 la niñez de Serny y con la erudición historicista de recuperación imperial de Ortiz, se recurrió a la prestigiosa casa de fabricación de naipes fundada por Heraclio Fournier González (Burgos, 1849 – Vichy, 1916), en Álava y que había realizado los huecograbados de Sevilla en fiestas (Madrid, 1948), uno de los libros más exitosos de Ortiz Muñoz. Por tanto, recurriendo a los viejos amigos de plena confianza profesional y pretendiendo la divulgación americanista, de manera certera y precisa, la baraja de Ortiz, Serny y Fournier, además de servir de entretenimiento, actuaba como elemento didáctico al ofrecer lecciones de historia con la representación detallista de diversos personajes distintivos de la América española30. El enorme éxito cosechado por la baraja favoreció su reedición en 1960, además de la publicación de otra similar con el título de España imperial31. La elección y utilización del trasfondo histórico que subyace en el juego de cartas aquí estudiado bien merece un escueto análisis. 2. EL AMERICANISMO EN CLAVE NEOIMPERIAL La dignificación y exaltación de la imagen de España como nación imperial hunde sus raíces en las postrimerías del siglo anterior, momento en el que el nacionalismo comenzó a considerar el continente americano como una prolongación de la propia identidad nacional. Efectivamente, la conmemoración en 1892 del cuarto centenario del descubrimiento de América, en un momento marcado por una importante crisis interna y externa, con la difusión de toda una suerte de ilustraciones impresas —libros, carteles, folletos, revistas o cromos, entre otros—, significó una eficaz estrategia para la consolidación del imaginario imperial español. Las actuaciones de instituciones como la Junta del Centenario, la Academia de la Historia, los ayuntamientos o corporaciones como los Ateneos, se centraron precisamente en estimular la construcción de un ideario colectivo con la intención de poner en valor la España imperial, rescatando para ello acontecimientos significativos de un pasado glorioso. En la búsqueda de ese objetivo, el ciclo colombino y la representación de la corona castellana como auspiciadora de la empresa descubridora y conquistadora del continente americano fue entendido como el espacio ideal para vanagloriar tiempos remotos y otorgar a los Reyes Católicos el papel de preceptores del nacimiento de la nación española, algo que quedó patente en múltiples publicaciones e ilustraciones de entonces. En esa estrategia discursiva tendente a elevar la memoria e identidad del indeleble pasado de la patria van a destacar, por su eficacia simbólica, las representaciones visuales, algo lógico considerando el imperante analfabetismo de la época32. Esta política, en palabras de Hobsbawm, conllevó “el uso de antiguos materiales para construir tradiciones inventadas de género nuevo para propósitos nuevos”33, en definitiva, la construcción de un imaginario de la nación española en términos de imperio, en el que pasajes históricos y antiguas tradiciones fueron recuperadas y actualizadas con el fin de dar cobertura a la fundamentación del presente. Décadas más tarde, la producción historiográfica de los vencedores en la guerra contribuyó de forma notable a la distorsión y loa del pasado imperial. La consolidación del franquismo se fraguó no solo gracias a una fuerte represión, sino también a partir del control, propaganda y gestión del conocimiento, entendido como sinónimo de poder. La enseñanza y la educación —a través del CSIC y la Universidad—, pasando por la literatura o el cine, fueron canales conductores de una auténtica propaganda encargada de velar por la difusión de logros y vanagloriar el recuerdo imperial. El estudio de la historia en el periodo de postguerra estuvo determinado en gran medida por la abundancia de ensayos políticos e ideológicos que ensalzaban acontecimientos —olvidando otros de manera deliberada—, con la intención de fabricar una memoria colectiva que exaltase un pasado imperial que había sido desacreditado por el liberalismo del siglo XIX34.