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La desamortización de los bienes conventuales jandeños a partir de los inventarios de bienes de 1835

Bejarano Jiménez, José Antonio

Abstract

En esta tesis se aborda el estudio de los bienes eclesiásticos de los conventos jandeños que fueron desamortizados en tiempos de Mendizábal, a partir del análisis de los inventarios de bienes redactados para tal caso. Trazando la vida de estos cenobios desde sus inicios, se trata de reconstruir una realidad no solo en base a los objetos muebles que pertenecían a estos institutos, sino que se intenta dar luz a la configuración de los inmuebles en que vivían los religiosos, y todo, sin perder de vista los pueblos en que se asentaron.

Full text

TES IS DOCTORAL UNIVERSIDAD DE SEVILLA LA DES AMORTIZACIÓN DE LOS BIENES CONVENT UALES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVE NTARIOS D E BIENES DE 1835 AUTOR DE LA INVESTIGACIÓN José Antonio Bejarano Jimé ne z DIRECTO R Y TUTOR DE LA INV ESTIGACÓN Dr. Juan Carlos Hernánd ez Núñez FACUL TAD DE GEOGRAFÍA E HIS TORIA DEPARTAMENTO DE H I STORIA DEL ARTE LÍNEA DE INVESTIGAC I ÓN: H I STOR IA DEL ARTE SEVILLA, 2021 L A DESAMORTI Z ACIÓN DE L OS BI ENES CON VENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 ÍNDICE INTRODUCCIÓN 1 A. Resumen 2 B. Metodología y obje tivos 3 C. Estado de la cuestión 10 D. Agra decimi entos 43 PARTE 1 1.1. MARCO HISTÓRICO Y LEGISLATIVO 47 1.1.1. La desamortización 47 1.1.2. El cuerpo legislativo des amortizador 56 1.1.3. Trámites de los expedien tes de venta. El caso de los edi ficios que fueron conventos 66 1.1.3.1.La venta de conventos 67 1.1.3.2.Los conventos demolidos 69 1.1.3.3.De los destinados a otros usos de uti lidad pública 71 1.1.3.4.Los conventos y monas te rios afincados en espa cios despoblados 72 1.1.3.5.Los bienes muebles y efectos y campan as de l os conventos suprimidos 74 1.1.3.6.Los libros, códices, documentos y demás objetos preciosos li terarios de los conventos suprimidos 77 1.2. MARCO GEOGRÁFICO 80 1.2.1. La comarca como concepto cultural, natural e his tórico 80 1.2.2. Origen de la palabra Janda 82 1.2.3. La laguna de La Janda 84 1.2.4. La Janda en el siglo X IX 93 LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 1.2.5. Organización eclesiástica de los pueblos de la comarca de La J anda según las obras de Sebast ián Miñano y d e Pascual Madoz 96 1.2.5.1.Alcalá de los Gazules 96 1.2.5.2.Conil de la F rontera 98 1.2.5.3.Medina Sidonia 99 1.2.5.4.Paterna de Rivera 100 1.2.5.5.Vejer de l a Frontera 100 1.2.6. La Janda hoy 101 1.3. MARCO SEÑOR I A L 105 1.3.1. Las casas señoriales de La Janda 105 1.3.2. La Casa de los señores de Alcalá 106 1.3.3. La Casa de Medina Sidonia 120 1.3.3.1.El fundador de la Casa de Medina Si donia 122 1.3.3.2.El Ducado de Medina Sidonia 124 1.4. MARCO RE LI GIOSO 134 1.4.1. Las fundaciones en Andal ucía 134 1.4.2. Las órdenes religiosas presentes en La J anda 138 1.4.2.1.La Orden de San Agustín 138 1.4.2.2.La Orden del Carmelo 144 1.4.2.3.La Orden de Predicadores, vulgo Dominicos 149 1.4.2.4.La Orden fra ncisc ana 159 1.4.2.5.La Orden de Hospitalarios de San J uan de Dios 164 1.4.2.6.La Orden de Mercedario s 172 1.4.2.7.La Orden de los hermanos Mínimo s de San Fra nci sco de Paula 176 1.4.3. La situación de las órden es religiosas gaditanas en el siglo XIX 183 PARTE 2 2.1. ALCALÁ DE LOS GAZULES 197 LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 2.1.1. EL CONVENTO DE LAS SAGRADAS LLAGAS Y SANTO DOMINGO 198 2.1.1.1.Antecedentes históricos 198 2.1.1.2.La fundación del Convento 200 2.1.1.3.El templo 207 2.1.1.4.El final del convento 212 2.1.1.5.Los bienes del inventario de 1835 224 2.1.2. CONVENTO DE M Í NIMOS DE NUESTRA SEÑORA DE LA VI CTOR IA (NUESTRA SEÑORA DE LA CONSOLAC IÓN) 237 2.1.2.1.Antecedentes históricos 237 2.1.2.2.La fundación del convento 238 2.1.2.3.El templo 247 2.1.2.4.El final del convento 252 2.1.2.5.Los bienes muebles 265 2.2. CONIL DE LA FRONTERA 280 2.2.1. CONVENTO DE LA VICTOR IA. N UESTRA SEÑORA DE LAS VI RTUDES DE MÍN I M OS DE SAN FRANCISC O DE PAULA 281 2.2.1.1.Antecedentes históricos 281 2.2.1.2.La fundación del convento 284 2.2.1.3.El convento 290 2.2.1.4.El final del convento 297 2.2.1.5.El inventario de bienes 305 2.3. MEDINA SIDONIA 320 2.3.1. EL CONVENTO DE NUESTRA SE ÑORA DE L A PA Z DE SAN AGUSTÍN 321 2.3.1.1.Antecedentes históricos 321 2.3.1.2.La fundación del convento 325 2.3.1.3.El templo 329 LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 2.3.1.4.El final del convento 340 2.3.1.5.El inventario de bienes 350 2.3.2. CONVENTO DE M Í NIMOS DE SAN FRANC ISCO DE PAULA E IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA VI C TORIA 361 2.3.2.1.Antecedentes históricos 361 2.3.2.2.La fundación del convento 363 2.3.2.3.El templo 370 2.3.2.4.El final del convento 379 2.3.2.5.El inventario de bienes 386 2.3.3. EL CONVENTO DE SAN JUAN DE DIOS (CASA HOSP I T AL DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS) 394 2.3.3.1.Antecedentes históricos 394 2.3.3.2.La fundación del Convento 403 2.3.3.3.El templo 414 2.3.3.4.El final del convento 417 2.3.3.5.El inventario de bienes 421 2.3.4. CONVENTO DE SAN FRANC I SCO 434 2.3.4.1.Antecedentes históricos 434 2.3.4.2.La fundación del convento 440 2.3.4.3.El templo 446 2.3.4.4.El final del convento 449 2.3.4.5.El inventario de bienes 467 2.3.5. SANTO DESIERTO CONV ENTO DE SA N J OSÉ DE EL CUERVO DE MEDINA S IDONIA 472 2.3.5.1.Antecedentes históricos 472 2.3.5.2.La fundación del desierto 476 2.3.5.3.El templo 483 2.3.5.4.El final del convento 492 LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 2.3.5.5.Los inventarios de bienes 503 2.4. VEJER D E LA FRON T ERA 508 2.4.1. CONVENTO DE SAN FRANC I SCO 509 2.4.1.1.Antecedentes históricos 509 2.4.1.2.La fundación del convento 511 2.4.1.3.El templo 521 2.4.1.4.El final del convento 526 2.4.1.5.El inventario de bienes m uebles 539 2.4.2. CONVENTO DE SANTA CATA LI NA DE LA ORDEN DE LA MERCED 541 2.4.2.1.Antecedentes históricos 541 2.4.2.2.La fundación del convento 549 2.4.2.3.El templo 559 2.4.2.4.El final del convento 566 2.4.2.5.El inventario de bienes 573 2.5. LAS BIBLIOTECAS CONVNETUA LES 584 2.5.1. Las bibliotecas de los convento s masculinos de la comarca de La Janda 596 2.5.1.1.ALCALÁ DE LOS GAZULES 599 2.5.1.1.1. Convento de Nuestra Señora de la Consolación 599 2.5.1.1.2. Convento de Santo Domingo (de las Sagradas Lla gas) 599 2.5.1.2.CONIL DE LA FRONTERA 602 2.5.1.2.1. Convento de Nuestra Señora de las Virtudes 602 2.5.1.3.MEDINA SIDONIA 603 2.5.1.3.1. Convento de San Agustín (Nuestra Señora de la Paz ) 603 2.5.1.3.2. Convento Hospital de San J uan de Dios 604 2.5.1.3.3. Convento de Mínimos de San Fra n cisco de Paula, La Victoria 607 LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 2.5.1.3.4. Convento de San Francisco de Medina Sidonia 607 2.5.1.3.5. Convento de San J osé de El Cuervo de Medina Si donia 608 2.5.1.4.VEJER D E LA FRON T ERA 610 2.5.1.4.1. Convento de San Francisco 610 2.5.1.4.2. Convento de Santa Catalina 610 2.5.1.5.EL DESTINO DE LOS LIBROS EXISTENTES EN ESTAS BIBLIOTECAS CONVENTUA LES 615 3. CONC L US IONES 619 4. APÉNDICE DOCUMENTA L 623 5. ARCHIVOS, BIBLIOTE CAS Y FUENT ES HEMER OGRÁFICAS 677 6. ÍNDICE DE TABLAS Y FIGURAS 687 7. BIBLIOGRAFÍA 695 L A DESAMORTI ZACI ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 1 INTRODUC CI ÓN LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 8 fusionándose mucho tie mpo después con el Arq ueológico Provincial d e Cá diz, dando lugar a l a creación del Museo de Cádiz . Lamentablemente, la revisión de los catálog os elaborados por Pemán y Pe martín para el Museo p rovincial de BBAA de Cá diz (pinturas) no han proporcionado dat os relevantes sobr e el orige n de gran parte d e las obr as pictóricas con las que se nutrió la institución. Sí ha permitid o identificar varias col ecciones privadas, como el le ga do d e Doña María de la Pa z Hidal go y Pérez Cruza do o el lega do de Lozano, que abren el camino para una posible identificación de pinturas adquiridas a raíz de los procesos de desamortiz a ción, pero que en nada han contribuido al mayor conocimie nto de los conventos de la co marca de La Janda. El análisis de los expe dientes de los invent arios nos ha condu cido a dedicar un espacio d e estudio a las bibliot ec as y archivos de los conve ntos suprimi dos, y con ello hemos tratado de identificar cuáles eran l os volúmenes que ex istía n en los conventos jandeños en los casos e n los que la documentación nos lo permitía . E sto nos hace considerar la carencia de estudio s sobre esta temáti ca para los casos objeto d e este trabajo, y esp eramos que sirva de fuente para futuras inves tigaciones. Especial interés ha adqui rido el sentido anímico de las pérdidas de nuestro patrimonio nacional. Tienen la huella de la culpabil idad e n aque llas grandes patentadas, políti cos, financieros y coleccionista s que alard eaban de patrioti smo, protagonistas en muchas ocasiones de gran par te de la responsa bilidad e n las muchas corruptel as, especulaciones y evasión de obras de arte. Esta responsabilidad, pes e a l a agili dad d e simplifi car su autoría en un grupo ta n seña lado, d eb e irreme diablemente ampl iarse a todos los g rupos sociales, sin olvidar los verdader os beneficiarios de e ste expoli o patrimonial, como fueron los compra dores extranjeros que adquirieron a precios irrisorios una gran parte de nuestro patrimonio. La le ctura d e tex tos contemporáne os, narrados como apólogos de la desastros a gestión de la época, nos ha servido de referente para una aproxim ación a e sta se nsibilid ad patrimonia l de finales del X IX. Coligada a esta literatura decimonónica de eru dito s españoles, hemos topado con los li bros de viajes de e xtranjeros del XIX, una fuente que inicialmente no fu e conte mplada pero que, sin embar go, nos ha proporcionado una pers pectiva disti nta de la zona. Reconocemos que el carácter romántico de esos viajes y narraciones nos ha inspira do para intenta r im ag inar cómo debieron de ser todas nuestras localizaciones sin la comodidad de la que disfrutamos en la ac tu alidad. También han aportad o datos, mu y s omeros pero cer t ero s, de valores LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 9 etnográficos ho y en día ca si desaparecidos. Si rva como ejemplo las cobijadas vejeriegas que cuentan con rec onocimie nto en la fachada de u no de los conventos motivo de estudio . Así, con todo, hemos estructurado el trab ajo en dos pa rtes bien diferenc iadas. Una primera parte en la qu e inte ntamos, a través de diversos capítulo s, contextualizar no solo el momento his tórico y l egislativo que p ropició los procesos desamortizadores, sino que trazamos una s líneas presentando el marco geográfico de la comarca de la Janda y l as peculiaridades de los diferentes a ctores p rotagonistas: las poblaciones jande ñas en qu e se asentaron las comunidad es reli giosas masculinas, las casas nobiliarias imperantes en la región y las distintas órdenes reli giosas . En una seg unda parte, e ntramos de lleno en el anális is de las dif erentes casas conventuales. Se ha estructurado el anális is de l as mis mas mo strando los antecedentes históricos y la ubicación de los conventos en el organigrama urbano para p asar, a continuación, con ma yor detalle, a las circunst ancias únicas y propias de la fundación d e cada una de estas c omunidades. Tras ello, se hac e in dispensable una descripción de cada uno de sus templos conc ibiendo una visión presente en que s e representa n los últim os momentos de estos conven tos y la proy ecció n en el tiempo hasta la actualidad. Finalmente, a c udim os a los inventarios de b ienes redactados con motivo de la desamortización de Me n dizábal para aproxim arnos a lo s biene s muebles perteneci ent es a estas co munidades. El examen de est os inventa rios nos sirve para confrontar lo s bien es registrados en estos doc umentos con los biene s que nos han lle gado a nuestros días. Concluimo s esta parte dedicándole un apartado especial a los que consider amos unos de los grandes abandonados en esta cla se de estudios, c omo son las bib liotecas conventuales. Por medio de los inventarios y de diversas notic ias tratamos de conocer el devenir de las bibliote c as conven tuale s jandeñas pro curando apo rtar un ma y o r conocimie nto sobre las mism as. En todo momento hemos in tentado il ustrar gr áficament e los dif erentes e lementos expuestos, y a fuera por m edio de r ecursos fotográficos, e stadísticos o gráficos localiz ados en los archivos que fac ilitaran la com pre nsi ón del lector, sobre to do, de aquello s elementos ya desaparecidos. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 10 C. Estado de la cuestión Muchos de los aspectos que se tratan a lo largo de esta investi gación han sido protagonistas de innumerables inve stigaciones. Po r ello, re sulta una in gente labor listar todos aquellos estudios que tienen como objeto estos temas, sobre todo en l o referente al propio proce so desamorti zador, las distin tas órden es religiosas y la s ca s as nobiliarias. L o que se ex pone a continuación es un a aprox imación –lo más certe ra posibl e - de las obr as que pueden ser considera das de referencia para lo s investi gad o res, obviando el hecho de la gran c antidad de artículos y se cciones especializadas en obras colectivas que podemos encontrar y que están disponibles, s i bien no las seg r egamos por c ompleto. Sobre la de samortización, eje pri ncipal del trabaj o, el lector cuenta con un amplio abanico d e estudios que s e inician en el mi smo instante en que comienz an e stos proces os. Del si glo X IX son le c tu ras inte resantes tanto el libro de Antonio Fe rrer del Rí o, La desamortización en España 2 como la obra La desamortización eclesiá stica considerada en sus diferentes aspectos y r elaciones 3 de José María Antequera. D estacamos también ambos tr abajos por la doble ver tiente, a favor y en contra, que escenifican la confrontación de pensamientos entre aquellos que vie ron un gran lo gro en los procesos desamortizadore s, y los que la tildaron de nefastos. En el primer ca so, Ferrer del Río, más allá de los elogios a Mendizábal, habla directamente del triunfo de las ideas liber ales, calificando la supresión de las Ó rdenes Re ligiosas de a cto superior de la revolución española, del que derivaron la mej or a de la i nstrucción pública, el desarrollo de la riqueza y la ex tirpación del atra so de España ante Europa 4 . E n el ca so del libro de Antequera, ya en su prólogo anuncia las directrice s de p ensa miento de su obra, pues no es parco en palabras a l a hora de p ronunciarse al respe cto, catalo gando la desamortización de consecuencias desastrosas. U n id eario que eleva a senti miento de dolor y de vergüenza, i ncluso, en el ánimo de los viajeros 5 . Sea como fuere, ambos 2 FERRE R DEL RÍO, Antonio: La d esamortizació n de España , México : T.F. Neve, 1 868. 3 AN TE QUERA, J osé María: La desam ortizació n eclesiásti ca con siderada en sus d iferentes aspecto s y relacion es , Mad rid: Imp. d e A. P érez D ubrull, 1885. 4 FERRE R DEL RÍO, Antonio: La d esamortizació n de España … op . cit., p. 130 . 5 ANTEQUE RA, Jo sé María: La desam ortización eclesiásti ca … o p. c it., p. 6. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 11 trabajos abord an el proc eso y el mome nto histórico con rigor, paut ando aspectos que confieren un amplio espectro de estudio al mo mento históric o. Como estudio gen eralist a y de obli gada consult a, no puede faltar la obra del historiador mad rileño G ermán Rueda Hernanz La desamortización en España: un balance ( 1766-1924 ) 6 , que bien podría complementarse con la t ambién obra del mis mo autor, que se ac om paña de J osé Ra món Díez Esp inosa y Pablo García Colmenares, La desamortización de Mendizábal y Espartero en España 7 . Anterior a e stos trabajos contamos con La desamortiz ación es pañola del s iglo XIX 8 de Fra n cisco Simón Segura, todo un alarde en el que s e expone de mane ra clar a lo s antecedentes históri cos del pro ceso desamortizador en España y los e fectos que el proceso tuvo a lo lar go del siglo XIX, reflejado ta nto en la minoración del núm ero de religiosos como d e los bie nes eclesiásticos. Mucho m ás reciente es el trab aj o de Francisco Martí Gi labert La desamortización española 9 , títu lo con el que el aut or ofrece al lecto r justo lo que anun cia, un trabajo en el que s e a nalizan el desarrollo, las consecu e ncias, los prota gonistas y la confrontación entre lo que se pre tendía y lo que fin almente se obtu vo de la subast a y venta de los bienes de la Iglesia española. En comiable es, sin duda, la ex tensísima referencia bibliográfica util izada en la redacción de este trabaj o, y qu e bien pudier a servir de punto de partida para la consulta de una biblio grafía mucho más específica. Con el mis mo sentido hi stórico y e conómico, y ya c entrados en la región de la Andalucía Occidental, hemos en contrado una gran a y uda en los trabajos de Anto nio Miguel Bernal Rodrígu ez de los que des tacamos La luc ha por la tierra en la cr isis del Antiguo Régimen 10 y E l lati fundio: propiedad y explotación, s . XVIII-XX 11 de la que e s coautor junto con Miguel Artola Gallego y Ja ime Contr eras Contreras. C omo apunte, para 6 RUED A HER NAN Z, Ger mán: La d e samortizació n en Espa ña: un b alanc e (1766-192 4) , Madrid : Arco libro s, 1997. 7 RUED A HERN AN Z, Ger mán; DÍE Z ESP INOS A, José Ramón y G ARCÍ A CO LMEN ARES, P ablo : La desamo rtización d e Mend izábal y E spartero en Espa ña , Madrid: Cá tedra , (D.L.) 198 6. 8 SIMÓN SEGURA, Francisco: La desamo rtiz ac ión española del siglo XIX , Madri d: Instituto d e Estudios Fiscales, 197 3. 9 MART Í GILABERT, Francisc o: La desamo rtización e spañola , Madrid : Rialp, 2003. 10 BERNAL RODRÍGUE Z, Antonio Mig uel: La lucha po r la tierra en la crisis del Antig uo R égimen , Madrid : Taurus, 19 79. 11 BERN AL R ODRÍGUE Z, Antonio Miguel ; ART OLA, Miguel y CONT RERAS, Ja ime: El l atifun dio: propie dad y e xplotac ión, s. XVII I-XX , Madr id: Se rvicio de P ublicaciones Agrarias, 1 978. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 12 un análisis centrado e n lo s aspectos de pensamiento económico derivados de los movimi entos liberales del siglo XIX, podemos citar sobre todo los traba jos de Salvador Almenar, de los que par a el caso a ndaluz si rve el artículo titu lado “Una e tapa en la consolidación del librecambismo en España: e l viaje de Richard Cobden por Andalucía (1846)” 12 . En el campo político y j urídico cabe mencionar dos estudios que pr áctic amente fueron co etáneos. De un lado, la obra de Francisc o Tomás y V aliente El marco polí tico de la desamortización e n España 1 3 , una completa vis ión del origen y evoluci ón de los procesos d esamortiz adores –sobre todo en lo t ocante a la s cuestiones legislativas- y de la relación en tr e el Est ado y la Iglesia. De otro lado, el estudio ti tulado La desamortización. Textos políti co-jurídicos 14 de Teodoro Martín. Co mo complemento a lo s citados, y a modo de rec oger una interesante relación bib liográfica y d e temas legislativos, es recomendable la consult a del artículo de Ge rmán Rueda Hernanz “La bibliografía so br e la desamortización de Mendiz ábal: realidades y pro yectos”, publicado en la revist a Investigaciones históri cas: Época moderna y co nt emporánea . 15 En la misma publicación hay ta mbién una complet a relación bibl iográfica so bre la desamortiz ación de 1855, e scrita por Félix Castrillej o I báñ ez, titu lada “Bibliografía sobre la desamortización de Madoz” 16 . De este últ imo autor d estacamos vari os de sus trabajos cen trados en la región castellano leonesa, principalmente Valladol id y Burgos. Tampoco ha y que olvida r el que posiblemente sea uno de los grandes clásicos de la historiografía que s e o cupa de la sup resión d e las órdenes r eligiosas en España como es la obra de Manu el Revuelta Gonz ález, La exclaustr ación ( 1833-1840 ) 1 7 . Se trata de todo un referente al cont ar en sus páginas un relato muy amplio que se inicia con una 12 A LMENAR, Salvador: “U na etapa en la consolidació n d el lib recambismo en Espa ña: el v i aj e de Richard Cobde n por Andalucía (18 46)”, en RUIZ, Gumers indo (coord.): A nda lucía e n el pensamie nto e conómic o , Málaga: Arg uval, 19 87. 13 T OMÁS Y VALIE NTE , Fr ancisco: El marco p olítico de la desamo rtización e n España , B arcelona: Ariel, 197 1. 14 MART ÍN, Te odoro : La desamortización . Textos p olítico- jurídicos , Madrid : Narc ea, 1973. 15 RUEDA HE RNANZ, Ger mán: “La bib liografía sobr e la desamortiza ción de Me ndizába l: realid ades y pro y ectos”, en Investiga cion es h istóricas: Ép oca moderna y contempo ránea , núm. 5, 1 985 . 16 CASTRILLEJ O I BÁÑEZ, Fé lix: “Biblio grafía sob re la de s a mortizació n d e Mad oz”, en Inve stigacion es históricas: Époc a mo derna y conte mporán ea , núm . 5, 1 985 . 17 REVUELT A G ON ZÁLE Z, Ma nuel: La e xclaustra ción (18 33-1840) , Ma drid : B iblioteca de Autores Cristianos, 1 976 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 13 contextua lización de la sit uación de las órdenes reli giosas y conclu yéndola con la culminación definitiva del proceso exclaustrador. Entremedias, Revuelta re pasa pas aj es tan viole ntos como la ma tanza de frailes en Ma dri d o la cronolo gía legislativ a desde Toreno hasta el dec reto d el 8 de marzo de 1836 qu e su prime todos los conven tos. Ta mbién resulta mu y inte r esa nte, sobre todo en lo rel ativo a los mo mentos previos que trata Revuelta el tra bajo d e Max imiliano Barrio Gonzalo “Reforma y supr esión de los reg ul ares en España al final d el Ant iguo R é gimen (1759-1836)” 1 8 , que permite sin l ugar a dud as contar con un a contex tualización previa al p eriodo de M endiz ábal, y sobre todo, t al y como anuncia el propio Bar rio, conta r con una visión de la inci dencia de la política eclesiástica llevada a c abo por los gobi ernos es pa ñoles sobre el cler o reg ular a finales del Antiguo Régimen. En este punto ca be m encionar, y a gra d ecer en tanto a la autoriz ación q ue nos brindó para la consulta d e su trabajo, la tesis doctoral re alizada por María Al ejandra López Ollero ba jo la di rección de la doct ora María José Álvarez Pantoja c on el i nteresan te tít ulo de Los bie nes del cle ro regular en la provincia de Cádiz en vísperas de la desamortización de Mendizábal. Aportaci ón al conocimiento de la distr i bución de la propiedad a fines del Antiguo Régimen , presentada en mayo de 1999 en la Universidad de Sevilla 19 . Si bien es cierto que el tema principal del estudio era los bienes raíces y la distribución de la propieda d inmueble en la re gión gaditana, López Ollero, en su an álisis de los inventarios de bienes realiza un resumen, a modo de testim onio, de l o que poseían estos conventos en lo relativo a l os objetos artísticos o sagrados, sin realizar –tal y como señala la investi gadora- otro tipo de análisis. Pese a l o some ro en su tr atamie nto, es sin duda, un re fer ente para una primera aprox imación a estos bienes contenidos en los inventarios conventuales jandeños. Pese a lo ted io so que puede res ulta r la consulta de los el em entos leg isl ativos, ésta se hace ineludible. Contamos afortunadame nte con la posibilidad de seguir temporalmente estos te x tos gracias a un a serie d e obras recopilatorias que se genera n desde lo s p rimeros comp ases d el siglo XIX. Son, por e jemplo, los ca sos de la obra de 18 BARRIO GON ZALO, MAX IMI LIANO: “Re forma y s upresión de los regulares en E spaña al final del Antiguo Régi men”, en I nvestig ac iones históric as. Épo ca moderna y contemp oráne a , núm . 2 0, 200 0. 19 LÓPEZ O LLERO, Mª Alej andr a: Los bienes del clero regular en la provincia de Cádiz en vísperas de la d esamortizaci ón de M endizába l. Aportac ión al co nocimiento de la d istribució n de la p r op iedad a fin es del An tiguo Ré gimen , T esis Doct oral, Sin p ublicar. U niv e r sida d de Sevilla, 19 99. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 14 Santos Sánchez titu lada C olección de t odas las pragmáticas, cé dulas, provisiones, circulares, autos acordodados, vandos y otra s providencias publicadas en el actual reynado de... Don C arlos 20 y el Prontuario de las leyes y decretos del Rey Nu estro Señor Don José Napole ón I desde el año de 1808 21 . En fechas más cercanas a los procesos desamortizadores aparec i ó el trabajo de Josef Ma ría de Ni eva co n el nombre Decretos de la Reina nuestra Señora Doña Isabel II, dados en su real nombre 22 de ma y or utilidad si se hace un a consulta jun to con el Diccionario de Hacienda con apli cación a España 23 escrito por J osé Can gas Argüelles. Esp ecialmen te i nteresante es la obra de Joaquín Francisco Pache co t itula do Comentari o a las leyes de d esvinculación 24 en la que se realizan comentarios alus ivos a las ley es desamortizadoras que permiten tener un may o r conocimiento contempor áneo de l as mi smas. Fi nalmente, merece l a pe na reseñar l a Recopilacion concordada y comentada de la Colección legislativ a de España, para el uso de los juris consultos 25 de Antonio de Casas y Moral. Entendemos que la comprensión de esta suerte de cuerpos r eglame ntarios fundamenta una concepción del momento histórico que rige los proc esos desamortizadores que afectan a los conventos en España. Desde los primeros articulados podemos ras trear una inte ncionalidad que va mutando a medida que los ef ectos sobre los 20 S ANCHEZ, Santos: Colec cio n d e todas l as p ragmátic as, cé dula s, prov isiones, circula res, au tos acord odados, vando s y otras provid encias publica das en el actu al reynado de ... Don Carlos , Mad rid: I m prenta de la viuda e hijo de Marín, 179 7. Disponibl e: https://b vpb. m c u.es/es/consult a/registro.c md?id =403 721. 21 ESP AÑA, Prontu ario de las leyes y de cretos de l Re y Nu estro Señ or Don J osé Na poleón I desde el año de 1808 , Madrid : Im pre nta Real, 2ª ed., 1810. Dis po nible: http://fama 2.us.es/fde/p ront uario DeJoseNa poleonT1 .pdf. 22 NIEVA, Josef M aría de: De cretos de la Rein a nu estra Señora Doña I sabel II, d ados en su real n ombre , Madrid : Imprenta Rea l, 18 35. Dispo nible: https://b ooks.google.e s/books? id =oJJjTbrj454 C&printsec= fro ntcover&hl=es &source=gbs_ ge_summar y_ r&cad=0# v=onepage &q&f=fa lse. 23 C ANGAS ARGÜE LLES, José: Dic cion ario de Hacien da con aplic ación a España , Madrid : I mprenta de Don Marce lino Calero y Po rto carrero, 2ª ed., 1833. Disponible: http://fama 2.us.es/fde/d iccio nar ioDeHac iendaT 1.pdf. 24 PACHECO, J o aquín Francisc o: Come ntario a las leye s de desvinc ulació n , Madrid : Manuel d e Roja s, 4ª ed., 184 9. Disponible: https://b ooks.google.e s/books? id =bX0yoIAqMH4 C&printse c=frontcover &hl=es&so urce=gbs_ge_ summ ary_r&cad= 0#v=o nepage&q&f=fal se. 25 CAS AS Y MORAL, A ntonio de: Re copilacion concordada y comentada d e la Colección legislativ a d e Españ a, p ara el uso de los jurisconsulto s , Gra nada: Impre nta y lib rer ía de la Co misión Española, 185 7. Disponible: https://b ooks.google.e s/books? id =Aq52FMNKdFMC &print sec=frontco ver&hl=e s&sourc e=gbs_ ge_sum mar y _r &cad=0# v=onepa ge& q&f=fal se . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 15 bienes se van produciendo. Es en este sentido que se obs ervan conceptos como la exigencia de proteger a quellos bienes que son re presentativos de España, que tienen un valor artístic o y estético merit orio o que cuentan con una significa c ión his tórica especial para el país. Evolución y régimen jurídic o del Pa trimonio Histórico 2 6 , de J uan Manuel Alegre Ávila es probablemente una de las obras más co mplet as y que perm i ten trazar esa evolución conceptual en el plano leg isl ativo sobre la protecc ión y cons ervació n de bienes. Contamos tambié n con el trabajo de Joan Ganau Ca sas tit ulado La prot ección de los monumentos arquitectónicos en España y Ca taluña. 1844-1936: le gislación, organización, inventario 2 7 , que como en el c aso pr evio, tr ata de analizar el proceso de formación del entramado burocr ático y jurídico a lo lar go del tiempo q ue permite la conservación del patrimonio e n España. Desde un punto d e vista de la Hist oria del Art e, los es tudios reservados para los temas que tr atan la desamortiz ación de los conventos también son prolíficos. A niv el general es digno de me nción el lib ro de Josefina Bello Voces, con el nombre Frailes, intendentes y polí ticos. Los bie nes nacionales 183 5-1850 28 . U n estudio que, en sus más de 400 páginas, ad emás de analiz ar de forma genérica los procesos desam ortiz adores, se detiene en el relato de lo que sucedió con l os bienes eclesiásticos, tanto muebles como inmuebles, que fu eron expropiados a los c enobios, haciendo hinc apié en el destino de los bienes a rtísticos. Hemos de re conocer que este tra bajo ha supu esto una gra n guía a la hor a de establecer el modo de ap roxim ación adecuado a lo s inventarios de bienes pertenecientes a las distintas institu ciones reg ulare s 29 . También ha servido de in spiració n para dete r mi nar el análisis de manera sep arada de los bien es conten idos en l os archivos y bibliote c as conventuales. De la misma autora tenemos una agra d able lectura en el art ículo publicado en el B oletín de l a Real Academia de la Historia , titu lado “La ocupa c ión de los 26 AL EG RE ÁVIL A, Juan Manuel: Evolució n y régimen juríd ico del Patrimo nio Histórico , 2 vol, Madrid: Minister io de Cultura , 19 94. 27 GA N AU CASAS, Joan: La pr o tecció n de l os monumento s a rquitectó nicos en España y C a taluñ a. 1 8 44- 193 6: legislació n, organ ización, in ven tario , Lleida: U niv ersi tat, 19 98. 28 B ELL O VOCES, J osefina: F r ailes, i ntend entes y políticos. Los bien es na ciona les 1835-18 50 , Mad rid: T aurus, 1997 . 29 No po demos d ej ar de m e ncionar el artículo de JUAN G ARCÍA, Na talia : “El patr imonio a rtíst ico d isperso y de sapa recid o d el monaster io de San J uan de la P eña durante la primera mitad del si glo XIX : apro ximación a su e studio a par tir de l o s inve ntarios real izado s d urante s u desamortiza ción”, incluido en A rtig rama , n úm. 20, 2 005 , pp. 347-366, pues f ue a partir de la l ectura de este artículo que surgió una parte im po rta nte de las inquietudes que ha n promovido el trab ajo que pr esentamos. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 16 bienes de los regulares ( 1835-1836)” 30 . Sobresale un pasaje que nos reveló un capítulo que marca en cierto sen tido el cronograma d e l os acontecimient os de desalojo de los conventos gad itanos. Ante l a preocupa ción de act os violentos por parte de la población hacia los religiosos, la Junta de Gobierno de Cádiz decidió aplicar por su cuenta la supresión de los conventos, fuera del cauce le gal fij ado en el Real Decreto de 25 de julio de 1835. Este da to clarifica la prontitud en l a elaboración d e los inventa rios de bien es y determina que, para la ll egada d e Men diz ábal y su decreto de 11 d e octubre, al gunos d e los conventos gaditanos y a estaba n cerrados. Sobre las bibliotecas conventuales, nos ha resultado mu y inte resante un artí culo que, pes e a su brevedad , se ha mostrado m u y conciso en su contenido. Es un análisis de las biblio tecas rel igios as desde sus orígenes, listando lo s motivos que pa rti ciparon en la necesidad de su fo rmación, hasta la desamortización de las instituciones regulares, pasando por su proc eso evolutivo. Hablamos del t rabajo d e Gena ro Luís G arcía López y Leticia Ma rtín Gómez titu lado “Sit uación de las bibliotecas conventu ales y m onacales españolas has ta la supresión de las comunidades religiosas”, publicado en Documentación de las ciencias de la in formación 31 . Comp lementamos este trabajo con dos obras g ené ricas escr it as por el que fuera dir ector de la B ibliote ca N acio nal de España entre 1976 y 1985, Hipól ito Escolar, Historia de las bib liotecas 32 e Historia del l ibro 33 . Igualmente inter esantes son las aportaciones del canónico Agustín Hevia Ballina . Destacamos d e este autor “ La Ig l esia y la cultu ra: Bibliotecas Eclesi ástica s. Génesis y desarrollo” 34 . Hemos de reconocer l a carencia d e estudios que se enfoquen en las biblio tecas conventuales anda luzas, encontrándonos sobre todo obras orientadas, bien a otras 30 BELLO VO CES, Jo sefina: “ La ocupació n de lo s bienes de los re gul ares (183 5-183 6)”, en Boletín de la Rea l Acade mia de la Historia , t. CLXXXV, núm. I, 1988. 31 GARCÍ A LÓPE Z, G enar o Lu ís y M ARTÍN GÓME Z, Le tici a: “Sit uación de la s bibl iotec as conve ntuales y m o naca les e spa ñolas hasta la s upr esión de las comuni dades religi o sas”, en Docum enta ción de las Ciencias d e la Informac ión , v. 35 , Madrid: Univ ersid ad Co mplute nse, 20 12. 32 ESCO LAR SOB RINO, Hip ólit o: Histo ria de las b ibliotecas, Madrid: Fundación Ge r mán Sánchez Ruipérez, 1 988 . 33 ESCOL AR SOBRINO, Hipól ito: Histo ria del lib ro , Mad rid: Pirá mi d e, 1 988 . 34 H EVIA B A L LINA, Agustín: “La I glesia y la cultura: Bib liote cas Eclesiástic as. Gé nesis y de sarrol lo”, en RODRÍGUE Z Á LVARE Z, Ramón y L LORDÉN MIÑAMB RES, Mo isés, (Ed s.): El lib ro an tiguo e n las bib liotecas e spaño las , Oviedo : Universidad, 1 99 8, pp. 39-60. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 17 regiones españolas 35 , bien a conventos concretos o sus órdenes. En este último caso , sirvan como ejemplos el trabajo de Concepción Rodríguez Parada, “Las bibli otecas conventuales d esde l a bi bliote conomía: la antigua bibliot eca del convento de La M erced de Barcelona” 36 , Montserrat de Mull er, “ La Bibliote ca del Convento de Santa Cata lina de Barcelona” 3 7 o el ar tí culo de Alex ander Olivar titul ado “La bibli oteca de l monasterio de Montserrat” 38 . Como rareza en el caso a ndaluz podemos mencionar el li bro La bib lioteca del convento de C años Santos. Un oasis de cultura de Manuel J iménez Pulido 39 . Partiendo del an álisi s del inventario de la librería de este convento trata de su fondo bibliográfico, del modo en que éste llegó a ser adquirido por el cenobio y de la temática de contenidos. Destacamos asimi smo un apartado que no hace más que incidir e n uno de los aspectos más notori os de estas instit uciones e n su relación con la población local, como son las actividades formativas y aca démica s que realiz aban los reli giosos. En lo que supondría el desenlace de algunos de los conventos que se tratan en este trabajo, la vinculación con la actividad docente -evide nte en las fases de desa rrollo de la vid a conven tual de estos religiosos en sus destinos-, hay una prolongación de ésta tra s la desamortización, por lo que es entendible acudir a este tipo de estudios para te ner una referencia d ocumental de l mism o. 35 Por po ner algunos ej em plo s, BÉ CAR ES BO T AS , Vi cente: Las bibliotec as monástica s y la desamo rtización en la provincia d e Zamo ra , Zamora: Edit oria l Semuret, 199 9; B UJÁN NÚÑEZ, J. D.: “Desa m ortiz ació n y b ibliotec as en la provincia d e Pontevedr a”, en Revista de Estudio s P rovincia is , núm. 8-9, 1992, p p. 264 -274; LEÓN N AVARRO, Vicente : “ Las bibliot ecas d e lo s co nventos valencianos extinguidos (1835-36 )”, en Anales Va len tinos , núm. 21, 198 5, p p. 91-10 9; MUÑOZ FE LIU, Mi guel C.: Bibliote cas y desam ortización en la ciudad de Valenc ia (1812-184 4) . T e sis do ctor al, sin publicar , Universitat d e València, 2 015; SAL AZAR B ERMEJ O, Ana P ilar : Las bibliotecas mon ásticas y la desamo rtización e n Mad rid. Tesis doc toral, sin public ar, Uni versidad Complute nse de Madr id, 2 015. 36 RODRÍGUE Z PAR ADA, Conce pción: “L as bib lioteca s conventuales desde la biblio t econo mía: la antigua bib lioteca d el convento de La Merced de Ba rcelo na” , en I tinerante s. R evista d e Historia y Religió n , 1, 2 011, pp. 57 -76. 37 MULLER, Monts errat d e: “La B ibliotec a del Convento de Santa Catali na de Bar celona”, e n Bibliote cono mía: Bole tín de la e scuela de bibliote carias de Barcelona , t. 6, núm. 22 , 194 9, pp. 75-88. 38 OL IV AR, Alexander: “La biblio teca del monasterio de Mont serrat”, en Revista de Archivos, Biblio tecas y Museos , t. 54, núm. 1, 19 48, pp. 131-139. 39 JIMÉ NEZ P ULIDO, Manuel: La bib lioteca d el convento de Caño s Santo s. Un oasis de cultura , Ro nda: La Serranía, 2 010 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 24 religiosos descalzos del Orden de lo s Ermitaños del Gran Padre y Doctor de la Igles ia San Agustín 71 . De fe chas m ucho más recientes, contamos co n una produ cción de trabajos muy inter esantes a l a pa r que completos. M encionamo s los siguientes, de D avid Gutiérrez su Histori a de la Orde n de San Agust ín 72 y de Ángel M artínez Cuesta Hist oria de los agustinos recoletos: desde los orígenes hasta el siglo XIX 73 . Para el caso de Andalucía hay que ci ta r el trabajo coordinado de Juan Aranda Doncel y Ángel Martínez Cuesta que dieron vida a la obr a Los Agusti nos Recoletos en Andalucía y su proyec c ión en Amé rica. Actas del I Congreso Histó rico 74 , un libro que, con mo tivo del centenario de la refundación de la Orden de finales de l 1900, analiza el arraigo de estos religiosos en Andalucía y la espiritualidad y l as rel aciones con las de vociones populare s. Ig ualmente interesante es la public ación periódica Archi vo Agustini ano . De esta última, destacam os, a modo de ejemplo, los artículos de Carlos Alonso “La Provincia de Andalu cía a la vi gilia de la ex claustración List as de conventos y de f railes de 1816 y de 1826” 75 y Ric ardo Paniagua “La D esamortiz ación de Mendizábal en los conventos agustinos de Andalucía, Valencia y Baleares” 7 6 . En lo tocante a los dominicos, la tradición histórica señala una ascendencia noble de Do mi ngo de Guz mán tal y como se dedu ce de dos de las biograf í as más referenciales: la del Beato Jordán de Sajonia Orígenes de la Orden de Pre dicadores 77 , y la de Ped ro Ferrando Lege nda San cti Dominici 7 8 79 . Para el an álisis de la presencia de la O rden en 71 SAN NICO LÁS, Andrés de (O. S.A.): Hi storia General d e los re ligiosos descalzos d el Orden de los Ermitaño s del Gran Pa dre y Doctor d e la Iglesia San Agustín. Madr id: Andrés Gar cía de la Iglesia, 16 64. 72 G UT IÉRREZ, Da vid: Histori a de la Orden d e San Agu stín , 4 vol. , Roma: I nstitut um H isto ricum Ordi nis Fratum S. Augustini, 19 71-19 77. 73 MARTÍNE Z CUEST A, Ángel: Historia de los a gustinos recole tos. Desde los orígene s hasta el sig lo XIX , Madrid : Editor ial Agustinus, 199 5. 74 A R AND A D ONCEL, Juan y MART ÍNEZ CUESTA, Ángel: Los Agustino s Recoletos en Andalucía y su proye cción e n América. A ctas de l I Cong reso Histórico, Granad a: Edito rial Agusti nus, 2001. 75 ALONSO, Carlo s: “La P rovincia de Andal ucía a la vigilia de la exclaustrac ión Li stas de conventos y de frailes de 1 816 y de 1826 ”, en Archivo Ag ustiniano , v. 83, núm. 201 , 1999 . 76 P ANIAGU A, Ricardo: “ La Desamortizació n d e Mendizá bal en lo s c onve ntos a gusti nos de Andalucía, Valencia y Baleares”, e n Arc hivo Ag ustiniano , v. 94, núm. 212 , 2010 . 77 VV.AA.: San to Do mingo d e Guzmán visto p or sus contemporáne os , Madrid: B iblioteca de Au tore s Cristianos, 1 947 . 78 FERRANDI , Pe trus (O.P.) : Legenda Sa ncti Dominic i . Ro ma: Angelicu m Univer sity Pre ss, 2 015. 79 Estudios b iográficos más r ec ientes son BE DOUELLE, G uy, y QUI LICI, Alain: Les frè re s prêch eurs, autreme nt dits, Dom inicain s , P aris: Le Sar m e nt/Fa y ard , 1997 ; GALMES, Lorenzo y GÓME Z, Vito T . (dirs.) : San to Doming o d e Guzmán. Fuentes p ara su cono cimiento , Ma drid: Biblio t eca de A utores Cristianos, 1 987; MORTIE R, P.: Histoire des Ma îtres Générau x de l ’Ordre des Frères Prèche urs , t. 1, L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 25 España, contamos con lo s libros de fray M anuel J oseph de Medrano tit ulado Historia de la provincia de España, de la Orden de Predicadores 80 , de J uan L óp ez Capar roso Historia Ge neral de Santo Domingo y de su Orden de Pre dicadores 81 o del padre Ramón Martínez Vir gil, La Orden de predi cadores, sus gl orias en santidad, apostolado, c iencias, artes v gobierno de los pueblos, seguido de una biblioteca de dominicos españoles 82 . Ineludible es el trabajo de J osé Sa lvador y Con de tit ulado Historia de la Provincia dominicana de España ( 1800-1988) 83 en el que se proporciona una ext ensísima bibliografía que sirve co mo referente para una amplia mult itud de trabajos. El asunto andaluz está contemplado en el traba jo de Álvaro Huer ga Los dominic os en Andalucía 8 4 . E ste se comple menta con otros estudios y artículos como por ejemplo la obra colec tiva ti tulada Dominicos en Andalucía: Baena en el V centenario de la provincia Bética (1515-2015) 85 . Destaca la labor del prof esor José María Miura An drade s con una larga produ cción litera ria de la qu e nos hemos a y udado con artículos como “Alabar, bendecir, predica r. Fraile s y conventos domin icos” 86 o “ La Provincia Bética de la Orden de Pred icadores durante la Baja Ed ad Media. Los frailes” 87 , así como d e su trabajo titula do F railes, monjas y conventos. La s órdenes mendicantes y la soci edad sevillana bajomedieval 8 8 . Par is, 1909 , pp. 1-135; T UGWEL L, Simon: Santo Domingo , Estra sburgo: Éditio ns du Signe, 19 96; VICAIRE, Ma rie-Humbe rt: “Do minique (sai nt)”, en Dictio nna ire de Spi ritualité , t. 3, P aris, 1957 . 80 ME DRANO, Man uel Jo seph d e ( O.P.): Historia d e la prov incia de E spaña, de la Orde n de Predica dores, Madrid : Oficina de D. Gabrie l del B arr i o, 172 5. 81 LÓPEZ CAP ARROSO, Juan (O. P.) : Histo ria Gene ral de Santo Domin go y de su Orde n de P redicado res , Vallado lid: Imprenta de J uan d e Rueda, 16 21. 82 MARTÍNE Z VIRGIL, Ramón (O.P .): La Orde n de Predica dores, sus glorias en sa ntidad, aposto lado, ciencia s, a rtes y gobi erno de los pu eblos, seg uidas d el ensayo de una b iblioteca de Dom i nico s espa ñoles , Madrid : Librer ía de d . Gregorio del Amo, 18 84. 83 SALV ADOR Y CONDE, José ( O.P.) : Histo ria de la Provincia domin icana de España (1800-198 8), Sala m anca: San Esteb an, 1 989. 84 HUERG A, Álvaro : Los domin icos en Anda lucía , Sevilla: Guaf lex, 199 2. 85 A RANDA DO NCE L, J uan ( Coo rd.) : Do minicos e n An d alucía: Baena en e l V cente nario de la pro vincia Bética (1515 -2015), Ba ena: Fundación Centro de Do cumentac ión Juan Alfonso de Baena, 2 015 . 86 MI URA ANDRADES, J osé Mª: “A labar , be ndecir, predicar. Frailes y conventos d ominico s”, en And alucía en la Historia , núm. 54 , 2016, pp.5 0-55. 87 MIURA ANDR ADES, José Mª: “La Pro vin cia B ética de la Or den de Predica dores durante la Baj a Ed ad Media. Los frailes”, e n Revist a de Humanida des , núm. 27, 2016, pp . 19-42. 88 MIUR A ANDR ADES, J osé Mª: Fra iles, mon jas y c onve nto s. Las Ó rdenes Mendica ntes y la socie dad sevillana bajo medie val , Sevilla: Dip utación, 19 88. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 26 Con caráct er general la bi bliografía que trata los temas fra nciscanos es bastante prolífera. Como punto de parti da y obra im prescindible con la que abordar el estudio de la orden franciscana resulta el trabaj o de Man uel de Castro y Castro Bibl iografía hispanofranciscana 89 e n qu e se trata de abarcar todo el espe ctro bibli o gráfico f ranciscano. Teniendo como referenc ia éste, parece interesante hacer alusión a trabajos q ue ofrecen un panorama más completo y compil aciones de trabajos más específicos. Entre l os primeros sobresale el li bro Los fr anci scanos en España. Histori a de un itinerario religioso 90 del investigador José García Oro 9 1 y el ar tí culo de Ca y eta no Sánchez Fuertes y A ntolí n Aba d Pérez titu lado “La descalcez franciscana en España, Hispanoamerica y Ext r emo Oriente. Síntesis histórica, g eográ fica y biblio gráfica” 9 2 , en la revista Ar chivo Ibero-Americano , que se ha convertido en una referencia in dispensable para los estudiosos de la historia franciscana. Entre los se gundos, y por poner un ejemplo, el estudio de María del Mar Graña Cid (ed.) El francisc anismo en la Península Ibérica. Balance y perspecti vas 93 . Centrado en el ámbit o andaluz hay qu e tene r en considerac ión los distinto s volúmenes y a public ados ba jo e l t ítulo El francis canismo en Andalucía 9 4 , en el que destacamos el a rtículo de Marí a del Ca rmen G arcía de la H errán Muñoz “ Aprox imación a la bibliografía básica p ara el estudio del franciscanismo en Anda lucía” 95 como fuente para un conocimiento más detallado de los estudio s que tratan sobre esta temática. 89 CASTRO Y CASTRO, Ma nue l de: Bib liograf ía hisp anofranc iscana , S a ntiago d e Co mpostel a, s.n, 19 94. 90 GARCÍ A ORO, Jo sé: Los Fran ciscan os en E spaña. Historia d e un Itinerario Reli gioso , Sa ntiago de Compostela: E l Eco de San Fr ancisco, 200 6. 91 Co m o co mple mento de l aut or, merece la pena citar su artículo “Conventuali smo y O bser vancia. La refor ma de las ó rdenes re ligiosas en los siglo s XV y X VI”, e n GARCÍ A-VILLOSL ADA, Ricard o (Dir .): Historia de la Iglesia en Españ a , v. I II . t.1, Madrid : Bib lioteca de Autore s Cristia nos, 19 80 , p p. 210 -350, válido no solo pa ra la c uestión francisca na sino que e s exte nsible a l resto d e las ór denes re ligiosas. 92 SÁN CHEZ FUERTES, Ca yetano y ABAD PÉREZ, Ant olín: “La descalcez f r anci scana en Espa ña, Hispanoa mérica y E xtremo Ori ente. Sí ntesis hi stórica, ge ográfica y bibliográ fica”, en Archiv o Ibero- American o , núm. 234 , 19 99, pp. 4 57-788. 93 GR AÑA CID, Mª de l Ma r (ed.): El franciscanismo en la Pen ínsula Ib érica. Balan ce y p erspectiv as, Barc elona: GB G, 2005 . 94 PELÁEZ DE L ROSAL, Ma nuel (dir.): El francisca nismo en Andalu cía: Conferencias del I Curso d e veran o sobre el Francisca nismo en Anda lucía (Priego de Córdob a, 7 a 12 de agosto de 1 995) , Córdo b a: Obra Social Caj aSur, Exc ma. Diputació n, 199 7. 95 GAR CÍA DE LA HERRÁ N MUÑOZ, Mª del Car men: “Ap roximación a la bib liografía bá sica para el estudio del francisca nismo en A ndalucía ”, en El francisc anismo en A ndalucía , Córdoba: Asociac ión Hispánica d e Estudio s Franci scanos, 1 997 , pp. 35-48 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 27 Igualmente, es imp ortante considerar la referencia de la r eciente Histori a de las diócesis españolas de la BAC que lleva ya publicado 11 volúmenes. En cuanto a los hospitalar ios, nos hemos esforza do en entender los elementos biográficos de Sa n J uan de Dios c omo pieza fundamental y ejemplo en que se estructura el organigrama de la Orden Hospitalaria. Para ello una buena opci ón es acudir primeramente a la biografía más antigua conocida, publicada en el año de 1585, trei nta y cinco años despué s de l a muerte del protagonista, y escrita por e l ma estro Francisco d e Castro Historia de la vida y santas obras de San Juan de Di os y d e la Inst itución de su Orden y princi pios de su Hospital 9 6 , reedit ado en 19 95. La obra de Ca stro si rvió de base a las post eriores bio grafías publi ca das, compuestas por Dionis io de Cel i y Ant onio Govea , -bien inte ncionadas , per o pl agadas de mi lagros y apariciones carentes d e fundamento histórico-, de las que también hemos tomado referencias para obtener un mejor entendimiento del sentir de la Orden. C abe destaca r Chronologia Hospitalaria , y Resumen Historial de la Sagrada Religión del glorio so Patriarca San Juan de Dios 97 , escrita por el Padre Fra y J uan Santos y l a obra decimonónic a Vida del Padre de los pobre s el Glorioso San Juan de Dios 9 8 del Pa dre Antonio Labrador, del añ o 1911. No obsta nte, a tenor d e las e rratas biográficas detectadas en es tas fuentes, siempre e s r ecomendable optar por i ncrementar l a consulta con ot ras bibl iografías. De un lado, Carta s de San Juan de Dios , editada por la Fundación Juan Ciuda d, O rden Hospitalaria de San J uan de Dios, en Madrid, 2006 99 . Por otro lado, la obra de Ca rmelo Viñas y Ramón Paz , Relaciones Histórico-Geográfico-Est adísticas de los pueblos de España. H echas por in iciati va de Felipe II, Re ino de Toledo 100 y el trabajo doctoral de J osé Luis Martínez Gil, San Juan de 96 CASTRO, Francisco de: Hist oria de la vida y santa s o bra s de San Juan de Dios y de la Institución de su Orden y principio s de su Ho spital , G ranada, 1 585. Reed.: Córd oba : Consejer ía d e Cultur a de la Junta de Andalucía y Obra So cial y Cultural, Caj a Sur, 19 95. 97 SANT OS, Juan ( O.H.): Chron olo gia Hosp italaria, y Resum en Histo rial de la Sa grada Relig ion del glorioso Patria rca Sa n Juan de Dios, Ma drid : Francisco Anto nio de V illadiego, 1 715. 98 LABRADO R Y RUIZ , Ant o nio : Vid a del P adre de lo s pobres e l Glo rioso San Juan de Dios: fundador de la Orden Ho spitalaria y pa tró n de los hosp itales y enfe r mos , Madrid: A d ministración del " Apostolado de la Pre ns a" , 1911. 99 FERNÁNDEZ DE VIAN A Y VI EITE S, J o sé Ig nacio, GONZÁLE Z B ALA SCH, Mar ía T eresa, MINA Y SALVADOR, Matías d e ( O.H.) , PLUMED MORE NO, C alixto A. (O.H .) y DE LA T ORRE RODRÍGUE Z, Franci sco (eds.): Cartas d e S an Juan de Dios , Madr id: Fundació n Jua n Ci udad . O rden Hospitala ria de San Juan de D ios, 2 006. 100 VI ÑAS, C armelo y P AZ, Ramón: R elacio nes H istó rico-Geog ráfico- Estadística s d e los pueb los de Españ a. Hechas por i n iciativa de Felipe II, Reino de To ledo , Ma drid : Cons e jo Superior de In ve stigac iones Científica s, 195 1. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 28 Dios Fundador de l a F rate rnidad H ospitalaria 1 01 . Más recientemente han aparecido trabajos que se a cercan a la figura de Juan de Dios desde punto s de vista a lternativos y que denotan un fav or cómplic e para amplia r el espectro de conocimiento sobre el personaje. Ejemplo de ello es el trabajo de Francisco Ventosa Esquinaldo, Pensamiento de San Juan d e Dios y la Orden Hospit alaria y su re lación con la Enferm er ía: Conceptos y va lores 102 . En esta misma línea, aunque algo me nos recientes, los artículos publicados en la revista Index de e nfermería , “Jua n de Dios, e l hombre. Un a cercamiento a l a dimensión antropológica del personaje” 103 , de Cecilio E severr i Chaverri; “ Una relación ignorada: J uan de Dios y lo s moriscos” 104 de Amalia Ga r cía Pedraza; o “Cuidar descarriadas san ando su al ma. J uan de Dios y las prosti tutas grana dinas del siglo XV I ” 1 05 de Mar tí n Casares . Los asp ectos m eramente insti tucionales han sido tratados empleando, en primer luga r, las Constituciones de la Orden Hospit alaria de San Juan de Dios 106 y en segundo lugar, a través d e las diversas public aciones aparecidas en Ar chivo Hospita lario , Revista anual de investigación histórica sobr e es t a orden y edit ada por la Fu ndación Juan Ciudad y el Archivo Mus eo San Juan de Dios “Casa de los Pi sa”. Pasando a la orden d e lo s mercedarios, un acercamiento a las fuentes bibliográficas de la historia de la Or den de l a Merced y a da a ent ender la g ran pro ducción existent e, sobre to do t eniendo en cu enta l os 800 a ños de exist encia de ésta. Hacerlo es además una señal inequívoc a del enorme tr abajo des empeñado con d edicación y esme ro por historia dore s, cronistas y eruditos que han posibili tado una compara ci ón más sencilla y directa a los orí genes y devenir d e los merc edarios. En e ste sentido, y antes de pa sar a señalar algunos de los estudio sos de la historia mercedaria, me rece la pena detener se un instante en la Biblioteca Mercedaria 107 , escrita por e l padre J osé A ntonio Garí Si umell e 101 MA RTÍNE Z GI L, José Lui s: S an Juan de Dio s F undad or d e la F raternidad Hospitala ria , Mad rid: BAC, 200 2. 102 V ENTO SA ESQUIN ALDO, Fran cisco : Pe nsamien to de S an Juan de Dios y la Orden Hospitalaria y su relación co n la Enfe rmería: Conce ptos y v alores , Granada: Alsur, 2012 . 103 ESEVERRI CHA VERRI, Cec ilio: “Juan de Dios, el ho mbre. Un a cerca miento a la dimensión antropoló gica de l personaj e”, en Ind ex d e enfe rmería, IV - 14, 1 995, pp. 19 -22. 104 GARCÍ A PE DR AZA, Amali a: “ Una relació n i gn o rad a: Juan de D ios y lo s moriscos”, en Ind ex de enfermería , IV - 14, 1995, pp. 23-26 . 105 MARTÍN CASARES, Aureli a: “Cuidar d escarr iadas sanand o su al m a . Juan d e D ios y las pro stitutas granadinas de l si glo XVI”, en Ind ex d e enfermería , IV - 1 4, 1995 , pp . 27-30. 106 Disponibles e n https ://escuela dehospita lidad provinciadec astilla. w or dpress.co m/docume ntac ion/ . 107 GARÍ SIUME LL, José Anton io (O. de M.): Bib lioteca Merced aria o sea Escritores de la Celeste, Rea l Y Militar O rden d e la Merced, Redención d e Cautiv os, con in dicac ión de sus obras, tanto im presas com o L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 29 impresa en Barcelona el año 1875. Se trata de una obra que, en palabras del propio au tor, nacía con la intención de: «1.º Para que no qued ar a e n olvido la mem oria de nuestros es c ritores. 2.º A fin de que sus m uc hos y bellos tr abajos literarios no qued a sen se pultado s en el polvo del o l vido. 3.º Para estimular a otro más instruido y más versado en letra s e historia de nuestra Orden a que con m ás c opia de datos y fino g ust o em pr enda la form ación de otra, o a lo menos el c orreg ir, aum entar y pulir estos a puntes o m at eriales, y c on esto quedaré contento y m e daré por satisfecho» 1 08 En este sentido cabe des tacar, como continuadora de l a tarea iniciada po r Garí Siumell, la obra del me rcedario Gumersindo Pl acer López Biblio grafía Mercedaria , compuesta de tres volúmenes en que se recoge e se tercer espíritu marcado por la Bibliot ec a Mercedaria d e estimular y alentar los estudios sobre la Orden. Para esta tesis, ambas obras han sido referentes y guías de consulta y búsqueda de autore s y t emáticas mercedarias, algunas sorpresivas e inspiradora s. Entre lo s historiador es, cronistas y e ruditos inic iales destacan escritores como Nadal Ga ver 1 09 , Gaspar d e Torres 1 10 , I sidro de Valc áz ar 111 o Tirso de Molina 1 12 , entr e manu scritas, su pa tria, títu los , dignid ades, h echo s memorable s, épo ca y provin cia en que florecieron y murieron, y dos copi osos í nd ices un o de e scritores y otro de l as obras y los escritos por e l M. R.P. F r. J osé Anton io Garí y Siume ll, h istoriador ge neral de la m isma O rden y socio co rres po ndien te d e la Real Aca demia d e Buenas Letras de Barce lona , B arcelona: He rederos d e la Viuda Pla, 18 75. 108 Ibíd em , p. VII . 109 GAVER, N adal ( fray): Specu lum fratrum Ordinis Beatissime Dei genit ricis Marie de Mercede Red empcio nis Captivoru m , Manuscrito. Se encuentran e n Ar chivo Corona d e Aragón, CO LECCIONE S, Manuscritos, V ARIA, 2. L a obra recoge lo s fundamen tos, carism a s, re glas y constitucio nes de la Orden d e los Merc edario s, tanto la d e Amer (12 72) como la d e Albert (13 27). 110 Son muchos lo s e scrito s de e ste autor, e ntre o tros, p ueden co nsider arse, TO RRES, Ga spar d e: Normali za et Constitutione s sacri ordinis bea tae Mariae de mercede redemp tionis captivorum , Salmanticae, excudebat Ma thias Gast ius, 156 5; Initiu m Ordinis Be atae Mariae d e Mercede , Salmanticae, 15 65; De mysteriis et cultu San tae Cr u c is , Sal manticae , tip ys datu m anno, 15 65 ; Comenta rio en lengua vulgar [a] las Constitucio nes y ordinario d e l a Religion, instruyendo al religioso, lo p rimero hasta ser o rdena do, lo segun do e n o tros oficios de la religion , para que entendien do los av isos y regla s q ue d aremos mas perfecta mente se gua rden las Constitucio nes ha ziendo cada religioso su ofic io como es o bliga do , Sala m anca, 1565; E pitom e de la s gra cias, con cesion es e in du ltos q ue l os Sumos Ponmtific es h an conced ido a la Orden d e la Merced , s. l, s. f. 111 VALCÁ ZAR, Isidr o d e: Árbol de lo s varo nes Santo s y eminentes de nue stra Rede nción , Madrid , 1620. 112 MOLINA, T irso d e: Historia ge neral de la Orde n de Nuestra S eñora d e las Mercedes. 2 vo ls. Ma drid: Pro vincia de la Me rced de Castilla, 1 973 -1974. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 30 otros; t odos config uradores de l a historia de la Orden Merc e daria. Junto a los mencionados, ex iste otro grupo d e hist oriadores que, s iendo miembros de la propia Orden, han ampliado el conoc imiento de su historia, depurado aspectos históricos que no permanecían en un senti do empírico, si no que lo hacían rozando casi la l e y enda y el mito, como es el c aso de l a aparición de la Virgen a Pedro Nolas co. Han de m encionars e en esta ocasión a Fra y Fausti no Decoroso Gazulla Galve 1 13 o Fra y Guil lermo Váz que z Núñez 114 , facilitadores al acer ca miento de los pri meros m omentos de la Orden. Esto debe entenderse como algo c apital, má xime teniendo en cuenta la s polémicas suscitadas en torno a la primitiva orden, sobre todo, en relación a si ésta fue, o no, una or den m ilit ar en sus oríg e nes. Exponente de la teoría que afirma el c arácter mi litar mer ceda rio, al menos hasta la renovación e st atutaria y clericaliz ación de 1319, es precisamente Fray Faustino Decoroso Gazulla 1 15 . Más re ciente mente, y apo y a ndo esta lí nea argumen t al, está e l trabajo del también reli gioso Fra y J uan Devesa Bl anco 116 . Contraria a esta tesis se sit úa el trabajo de Derek W. Lomax 117 a demás d e ot ros in vestigad ores. Actualment e, con ci erta regularidad, ven la l uz est udios históricos publica dos por el Instit utum Hiso ricum Ordinis de Mercede 1 18 aportados po r histori adore s me rcedarios de la se gunda mitad del XX como son el caso del y a citado J uan Devesa Blanco, Saúl Peredo Meza o Anto nio Rubino, quienes continúan la labor de ampliar la biblio grafía sobre la Orden de la M erced . Una primera aproximación a los religiosos mínim os se ha rea li z ado por medio de libros fundacionales, como son los casos de las obras de Lucas d e Montoya Coroni ca General de la Orden de los Minimos de S. Francisco de Paula su f undador 1 19 o la de J uan 113 GAZ U LLA GALVE, Faustino D.: L a Orden d e Nuestra Señora de l a Mer ced : Estudios historiocrític os (1218 -1317) , B arc elona, Luis G ili, 1 934, espe cialmente inte resante par a el conoci miento de la historia de la Ord en en su pr imer siglo de existencia. Del m ismo a utor destaca en este m i smo sentido la ob ra: La Orden de la Merced se fu ndó en 1218, Roma: Scheppers, 19 14. 114 V ÁZQUEZ NÚ ÑEZ, Guiller mo ( O. d e M.) : Man ual de Hi storia de la Orden d e Nuestra Seño ra de la Merced . t. I, T o ledo: Ca tólica Toled ana 1931. Del mismo autor, Mercedarios Il ustres , Mad rid: Revista Estudios, 19 66. 115 GAZULL A GALVE, Fausti no De coro so (O. de M.): La Orden de Nu estra … op. c it. 116 DEVE SA B LANCO, J uan (O . de M.): “ Los orígenes d e l a o rden d e Nuestra Señora de la Merced” , en Las dos Órde nes rede ntoras en la igle sia. Ac tas del I Encuentro Trinitario -Mercedario , Mad rid, 1989, pp. 37-52 . 117 L O MAX, D ereck : L a s Órdene s militares en la Península durante la eda d Media , Salamanca, 1976 , pp. 69. 118 Disponibles e n http:// www.od e m i h.co m/. 119 MONTOYA, Lucas de : Coron ica General de la Orden de los Minimos de S . Franc isco de Paula su fund ador Mad rid: Bernar dino de G uzmán, 161 9. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 31 de Morales, Epitome d e la fundacion de la provincia del Andalu zia de la Orden de los Minimos del glorioso P atriarcha San Francisco de Paula 120 . El anális is sobre la organización se puede realiz ar pe rfe ct amente con el estudio de sus Constituciones . Aquí cabe men cionar la obra de Francisco Xavier Higueras Regl a de l os Frayles de la orden de los Minimos de nuestro Padre San Francisc o de Paula 121 . El artículo de Franci sco J osé Ro dríguez Marín “ Inicio de la Orden de los Mí nimos en España . El Convento de Nuestra Seño ra de l a Victoria d e Mál a ga” 122 (en Los mínimos en Andalucía: IV Centenari o de la fu ndación del C onvento de Nu estra Señora de la Victoria de Vera (Almería) , aporta una pe r spectiv a certera sobre los orí genes de la orden en territorio a ndaluz y sirve como punto de partid a par a la comprensión de la expansión de la advocación de la Virgen d e la Victoria. Part iendo de estudios como los de Ramón de la Ca mpa Carmona, “ La advo cación d e Nue stra Se ñora de l a Victori a: O rigen históric o y p resencia en la Andalucía de la Edad Moderna” 123 , y Valeriano Sánchez Ramos, “Repobladores y devoci ón mariana: manifestaciones en el Re ino de Granada (Si glos XVI-X V II ) ” 1 24 , en el I Congreso Naci on al celebrado en C órdoba no es difícil entender la relación direc t a de la advocac ión de la Victoria con los mín imos. En su re lac ión c on el contexto provin cial de Cádiz, el artículo de Pablo J avier Pomar Rodil “Los conventos de frailes mín imos del ámbito gaditano” 125 en Los míni mos en Andaluc ía pone u na corr ect a contextua lización de la Orden en su pro gresión en la región, enumerando de manera cronológica las distintas fundaciones. 120 MOR ALES, J uan de : Ep itome de la fu nda cion d e la p rovin cia de l An daluzia de la Orden de lo s Minimos del g lorioso Patriarcha San Franc isco de P au l a , M álaga: Ioan Réne, 1 619 . 121 HIGUERAS, Xa vier: Regla de los Frayles de la orden de los Mi nimo s de nue stro Pad re San Franc isco de P aula, Madr id: Música de San Euge nio Bieco, 1753. 122 RODRÍGUEZ MARÍN, Fran cisco Jo sé: “ Inic io de la Orden de l os Mínimos en E spa ña. El Convento de Nuestra Señora de la Victor ia de Mála ga”, en Lo s mínimos en An da lucía: IV Centenario de la fu nda ción del Conv ento de Nuestra S eñora de la Victo ria de Ve r a (Almería ) , Almería: In stituto de E studios Almerie nses, 20 06, pp . 411-454. 123 C AMPA CARMONA, Ramón de l a : “ La ad vocación de Nu estra S e ñora de la Victoria: Origen histórico y pr esencia en la An d al ucía de la Edad Moderna”, en Estudios sobre la Iglesia y Socied ad e n Andaluc ía en la Ed ad Mode rna , Gra nada: Universidad , 199 9, pp. 303-31 8. 124 SÁNCHEZ RAMOS, Valer iano: “ Repob lador es y devoc ión mariana: m a ni festaciones en el Rei no de Granada (Siglos XVI -XVII) ”, en Las advocac ione s Marianas de Gloria . Actas d el I Congreso Nac iona l , Córdo ba: Caj a Sur, 2003 , pp. 171-188 . 125 POM AR RODI L, Pa blo J. : “Los co nventos de fra iles m íni m o s del ámbito gadita no” en S ÁNCHEZ RAMOS, Valeria no ( coo rd.): Los mín imos en Anda lucía , Vera: I nstituto de Estudios Almer ienses, 2 006 , pp. 271-278. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 32 Terminamos este repaso por l as distin tas Ó rden es con presencia en La Janda reseñando b re vem ente algunos as p ectos no ya de l os car me litas com o instit ución, sino de la fi gura d e los Sa ntos Desiertos. Pa rtiendo de la obra de J oaquín Sm et Los carmelitas. Historia de la Orden del Carmen. Los orígenes. En busca de l a id entidad (ca. 1206- 1563) 126 es fácilmente ent endible cómo la lax itud hacia los votos t radicionales tuvo consecuencias serias par a la vida y espiritualidad conventuales. Así el retra to de Santa Teresa - reform adora y fundadora- y la influen cia de fr a y Juan Bautis ta Ru beo de Ravena 127 son clav es en esta cuestión y por tanto a mpliamente estudiados. Los ca mb ios ideológicos y l os influjos de la vida eremítica se reflejan también en la arquitectura, perfectamente estudiado s por J osé Miguel Muñoz Jimé nez en su La arquit ectura Carmelitana (1562-1800). Arquitectura de los Ca rmelitas Descalzos en España, México y Portugal durante los siglo s XVI a XVIII 128 . No extr aña pues que la Orden del Carmelo Descalzo fuese la única d e las órdenes mendicante s que tenía en su h aber unos conventos o cas as de retiro constituidas como lugares de re ti ro te mporal par a sus miembros. Sobre los desiert os, merece citar el artículo de Eulogio de la Virgen Del Ca rmen, ti tulado “Los Santos Desiertos Carmel itanos en España” 1 29 , ponencia presentada en la V I Sem ana de Estudios Monásticos, sobre la España eremítica, y el de L uis J avier Fern ández Frontela titula do “El De sierto en el Carme lo Descalzo” 130 , en Revista de Espir itualidad , especialmente ést e últ imo para te ner una visi ón general de la figura del santo desi erto junto con el artíc ulo de J osé Miguel Muñoz Jiménez “ La arquitectura de los desiertos carmelitanos” 131 . 126 SME T, Jo aquín: Lo s carme lita s. Histo ria d e la Orden d el Carmen. Los orígenes. En busca de la identid ad (ca. 1206-1563 ), Madrid: B ibliote ca de Autores Cristianos, 1 98 7. 127 ST EGGI NK, Otger: La re forma de l Carmelo e spa ñol. La visita canó nica del general Rube o y su encue ntro con S anta Teresa (1566 -1567) , Ávila: Dip utación, 199 3. 128 MUÑOZ J IMÉN EZ, Jo sé Miguel: La arq uitectura Carm elitana (1562 -1800). Arqu itectura de los Carmelitas D escalzos en E spañ a, México y Portug al durante l os siglos XVI a XV III, Áv ila : Comisión Pro vincial del IV Ce ntenario de la mu erte d e Sa n Juan de la Cruz, D. L., 199 0. 129 VI RGEN DEL CARMEN, Eulogio de la (O. Car m.): “ Los Santos Desierto s Car melitano s en E spaña”, en Españ a eremítica, A ctas d e la VI Se mana de Estudio s Monásticos , Abad ía d e San S alvador d e Le y r e, 15-20 septiembre de 196 3, Pam p lona: Ed. Aranzadi, 1970 , pp. 587 -632. 130 FERNÁNDE Z F RONT ELA, Luis Javier: “El De sierto en el Car melo Descalz o”, en Rev ista d e Espirituali dad , v. 63, núm. 2 46-247, pp. 79-11 5. 131 MUÑOZ JIMÉNEZ, Jo sé Miguel: “ La ar quitectura de lo s desier tos c armelita nos”, e n Rev ista Monte Carmelo , Volume n 97-3, 1 989, p p. 407-431. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 33 A nivel g e neral y para todas las órdenes reli giosas, co ntamos en el fa mo so trabajo de Matilde Fernández Rojas. Un t rabajo que reúne todo el sentido del e studio que presentamos, focaliz ado eso sí en Sevilla, p ero que deposita un as bas es mu y c onsolidadas tanto en la me todología como el tratamiento es tructural de la investi gación. L os dos volúmenes en que se co mpone l a obra de Fer nán dez Rojas son Patrimonio artí stico d e los conventos masculinos de samortizados en Sevil la durante el sig lo XIX: benedictinos, dominicos, agustinos, c armelitas y basilio s 132 y Pat rimonio artí stico de los c onven tos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: trinitarios, franciscanos, mercedarios, c artujos, jerónimos, mínimos , clér igos menores, hermanos obregones y fili penses 133 . El análisis de las casas nobili ar ias que tienen protagonismo en este estudio es vita l para entender l a situación en que se establecen l as distin tas órdenes reli giosas. De las investigaciones que han tratado de a proximarse a la re lación e ntre los patronatos nobiliarios y la s institu ciones eclesiásticas y reli giosas a lo largo de los siglos XV y XV III han sur gido trabajos de gran notoriedad que han puesto el foco de at enci ón sobre esta cuestión. En este sentido cabe la pena mencio nar lo s trabajos de Ignacio Atienza Hernández “Consenso, solid aridad vert ic al e integración versus violencia en los señoríos castellanos del siglo XV III y la cr isis del Anti guo Régimen” 134 , integrad o en la obra coordinada po r de Eli se o Serrano M artín y Este ban Sarasa Sá nchez t itulada Señorío y Feudalismo en la Pe nínsula Ibérica. Siglos XII-XIX y su interesante trabajo “Pater familias, señor y patrón: Oeconómica, clientelismo y patronato en el Antiguo Régimen” 135 , publicado en el lib ro Relaciones de poder, de producción y parentesco en la Edad Media y Moder na , de Reyna Pastor de Togneri, cita do entre otros por Carlos Sánchez Molina o J uan Díaz Álvarez. De Ángela A tienza L ópez tenemos dos inte re santes 132 FERNÁNDE Z ROJ AS, Mati ld e: Patrimonio a rtístico de los c onv entos mascu linos desamo rtizados en Sevilla durante el sig lo XI X: benedictino s, dom inico s, agu stinos, c armelitas y b asilios, Se v illa: Dipu tación, 200 8. 133 FERNÁNDE Z ROJ AS, Mati ld e: Patrimonio a rtístico de los c onv entos mascu linos desamo rtizados en Sevilla du rante el si g lo XIX: trinitarios, fr an ciscano s, mercedarios, cartujo s, jerónimos, mínimos, clérigos meno res, herman os ob regones y filip enses, Sevilla : Diputac ión, 2 009 . 134 AT IENZ A HE RNÁNDE Z, I gnacio: “Co nsenso, solid arid ad vertical e i ntegració n versus v iolenc ia en los señ or íos castellanos del siglo XVIII y la crisis del Antig uo Régimen”, en SERRANO M ART ÍN, Eliseo y S ARASA SÁNCHEZ, Esteban (Coords.): Señorío y Fe udalismo e n la Península Ibérica . S iglo s X II-XI X , Zaragoza: In stitución Fernando el Cató lico, 1 993, pp. 275-318. 135 A T I ENZA HERN ÁNDEZ, Ignacio: “Pater familia s, seño r y patrón: Oec onó m ica, cl ienteli sm o y patro nato en e l A ntiguo Ré gimen”, en P ASTOR DE T OGNERI, R e yna: Re lacio nes de pod er, de produ cción y p arente sco en la Edad Media y Modern a , Madrid: CSIC, 1 990, pp. 411-45 8. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 40 encuadra dentro de la serie que lanzó l a Diputación gaditana sobre los distintos pueblos de la p rovincia. A te ner e n cuenta son l os Cuadern os de t emas alcalaínos , u na publicac ión periódica en que se tratan div ersos tema s lo cales entre los que destacamos, por la re lación directa con este trabajo, el artíc ulo de Fernando Toscano De Puelles “ La Pa rroquia” 1 77 . Conil cuenta con varios libros de gran calado. El corr espondient e co n la se rie de la Diputación fue escrito por Antonio Santos García y Francisco Velázqu ez Gaztelu y publicado con el tít ulo Conil de la Frontera. Los pueblos de la Provincia de Cádiz 178 . Anterior a este trabajo encontramos el lib ro titulado Conil de la Frontera : Boceto para una historia 1 79 de J uan José Pobla dor, una obra que se asemeja más a una p ublicaci ón netamente turístic a pe ro que no desmerec e l a información que proporciona. En 2004 se publicaron dos importantes trabajos que relanzaban el in terés por el pasado conileño. El primero, de Antonio Alba Ramírez (coord.): Conil en la me moria 180 . El segundo, un li bro escrito de manera conjun ta por J aime Aragón, J org e Paz y Ana So uto que se ace rca a la realidad d e la localida d a pri ncipios del si glo X IX en la confronta c ión hispano franc esa: Conil durante la ocupación francesa 1 81 . En fe chas mucho más recientes se la nz ó el libro de Magdal en a González titulado De lo vivo lo lejano: Conil de la Frontera 1931-1945 182 que hemos d e r econocer que nos ha sorpre ndido gratamente por el tr atamie nto que r ealiza la autora de los documen tos. Medina Sidonia e s sin lu gar a dudas la localidad que cuenta con una bibli ografía más fecunda. Comie nza pront amente con el lib ro de Francisco Ma rtínez y Delgado Historia de la ciudad de Medina Sid onia 183 , todo un referente que se ha re producido hasta la sac iedad por investiga dores posteriores, lo que tal vez, ha de svirtuado en cierto sen ti do los siguientes trabajos que fueron apareciendo , salvo excepciones qu e veremos a 177 T OSCANO DE P UELLES, Fernando: “La Parroq uia” en Cu ade rnos d e temas alca laínos núm. 1, 1990 . 178 SANT OS GARCÍ A, Antonio y VEL ÁZQUE Z G AZTE LU, Francisco: Conil de la Fron tera. Los pu eblos de la Provin cia de Cád iz , Cádiz: Dip utación, 19 88. 179 POBLADO R, Juan Jo sé: Con il de l a Fro ntera (Boce to para una historia) , Madrid , 1 983. 180 ALBA RAMÍ RE Z, Antonio ( Coord .): Conil en la me moria , Conil: Ayunta miento, 2004 . 181 AR AGÓN, J aime, P AZ, Jo rge y SOUTO , Ana: Co nil d urante l a o cupación francesa , Conil: Ayuntamie nto, 20 04. 182 GONZÁLE Z, Ma gda lena: De lo v ivo lo lej ano : Conil de la F rontera 193 1-1945 , Sevilla : Aconcagua, 201 4. 183 M ART ÍNEZ Y DE LG ADO, Fr ancisco: His toria de la Ciuda d de Medina S idonia , Cádiz : Rev ista Médica , 1875. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 41 continuación. Espec ialmente int eresante, po r la concisión de datos y la aclara ción informativa que rep resenta, sin olvidar la propia complejidad d el a utor, resulta Notas bibliográfi cas de Medina Sidonia: artículos varios y Je roglíf icos 184 del Doctor Thebussem. Del año 19 92 nos encontramos con 2 trabajos mu y significativ os por el tratamiento monográf i co que realiz an sobre el u rbanismo asidonense. E l primero que citamos es el de Salvador Montañés Caballer o El callejero de Med ina Sidonia: aproximación al origen y formación de su nomenclatura 1 85 que per mi te conoce r no solo aspectos rela cionados con la nomenc latura de las c alles y pl azas, si no también, po r ejemplo, la relación directa entre ésta y su vinc ulación con dis tintos elementos arquitectónicos. El se gundo se titula Medina Sidonia: inf orme di agnóstico del Conjunto Histórico 186 dirigido por Juan Ma nuel Becerra que representa un anális is pormenorizad o del estado urbanístico de la localida d y de los diferentes recursos arquitec tónicos. Ineludible, por cuanto al volume n de información y t ratamiento de datos que representa es la obra en tr es volúmenes coordinad a por el profesor Die go Ca ro Cancela y que se presenta con el n ombre Hist oria de Medi na-Sidonia , d e los orígenes a la Épo ca Medieval 187 . De esta obra dest acamos, en l a vinc ulación con el trabajo los estudi os realizados por Lázar o Lagóstena Barrios, Asido Ca esarina: la antigüedad romana de Medina Sidoni a 188 , y J uan Ramón Cir ici Narvá ez, Historia del arte 189 . Destaca n sobremanera y a que tratan directamente a spectos conventuales que son obje to de nuestro estudio, dos libros de Marcos Ramos Romero: Medina Sidonia: arte, his toria y urbanismo 190 , y M edina Sidonia, su arqueología y su ar te: nueva visión 191 . Por últi mo , es 184 T HEB USSEM, Doc tor: Notas bibliog ráficas d e Me dina S id onia: artículo s v arios y Je roglíficos , Madrid , 190 9. 185 MONT AÑÉS CABAL LERO, Salvador : El calle jero de Med ina Sidonia : aproxima ción al origen y formación de su nomenc latura , Med ina Sidonia: Ayuntamie nto, 19 92. 186 BE CERRA, Juan Ma nuel (d ir.): Medina S idonia: inf orme diag nóstico d el Con junto Histó rico , Sevilla: Junta de A ndalucía, D irecció n General d e Urb anismo, 199 2. 187 CARO CANCE LA, Die go (c oord.): Historia de Med ina S i don ia. De los orígenes a la é poca mediev al , Cádiz: Dip utació n, 2011 . 188 LAGÓST ENA B ARRIO S, Lázaro : Asido Ca esar ina: la a ntigüe dad roma na d e Medina S idon ia , en CARO CA NCE LA, Diego ( co ord .): Historia de Medina S id onia. D e los orí genes a la é poca medieva l , Cádiz: Dip utació n, 2011 . 189 CI RICI NARV ÁEZ, J uan Ramón: Historia del a rte , en CARO C ANCE LA, Diego (c oord. ): Hist o ria de Medina Sidonia: de los o rígenes a la épo ca medieva l , Cádiz: Diputació n, 201 1. 190 RAMOS ROME RO, M arcos: Me dina Sidonia: a rte, historia y urbani smo, Cádiz: Dip utació n, 201 4. 191 RAMOS ROME RO, Ma rcos: Medina Sid onia, su arqu eología y su arte: Nu eva visión , Madr id: M. Ramos, 2 010. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 42 inevitable referenciar el magnífico trabajo de Ros ario Fresnadillo G arcía que tiene como actor principal el Sa nto Desierto de San José de El Cu ervo. Para nuestro caso, la obra de Fres nadil lo ha sido el espejo en el que mi rarnos y g uía en todo mo mento par a la aproxim ación má s certera al conjunto carmelita. Su tít ulo: El monasterio de El Cuervo OCD. Eremitismo en la baja Andalucía 1 92 . Terminamos el repaso d el estado de la cuestión con una se rie d e publica ciones bastante va riopintas sobre la localidad de Veje r de la F rontera, algo q ue denota el incipiente inte ré s por las cuesti ones hist órico artística s en una localidad que en las últ imas fechas s e ha convertido en todo un referente turí stico en la provincia. El número de la serie de la Diputa ción sobre los pueblos de la provincia co rri ó a cargo de Antonio Muñoz Rodríguez con el tít ulo V ejer de la Frontera 1 93 . C omo en el resto de casos de esta seri e bibliográfica, la obra es una guía p erfecta para iniciarse en el estudio de la s realidades vejeriegas, tanto pa ra el convento de fr anciscanos como el d e me rcedarios. E n la misma línea en contramos Janda: anuario de Estudios Vejeriegos 1 94 (Ve jer de l a Fro nte ra: Sociedad Vejeriega de Amigos del País, 2001) un trab a jo coordinado por el mismo autor y que sirve como compl ement o del pri m ero. D e 19 74 e s otra g r an r eferencia doc umental, esta vez d e Antonio Mor illo Crespo con el nombr e Vej er de l a Front era y su Comarca: aportaciones a su historia 195 . De fechas mu cho más re cientes contamos con do s pec uli aridades en cu anto al enfoque patrimonial que sus autor es han imprimid o a sus obras. Antonio Gámiz Gordo y Antonio Muñoz Rodríguez son los creadores de Las fotografías de Vejer de J. Laurent (1867 y 1879): estudio cr íti co 196 una obra que, pa rtiendo de la se rie d e post ales urbanas de Laurent, analizan los diferentes elementos patrimoni ales vejeriegos. Del primero de lo s autores es la se gunda de las obras que refe rimos: La memoria de V ejer en sus pri meras 192 FRE SNADILL O GAR CÍA, Ro sario: El mo nasterio de El Cuervo O CD. E r emitism o en la baj a And alucía , Cád iz: Universida d, 2006 . 193 MUÑOZ ROGRÍGUE Z, Antonio : Vejer d e la Fro ntera , Cádiz: Dip utación, 19 96. 194 MU ÑOZ ROGRÍGU E Z, An to nio ( Coord .): Janda: a nuario de E studios Ve jeriegos , Vej er de la Fro ntera: Socieda d Vej eriega de A migos del País, 20 01. 195 MORILLO CRE SPO, Antoni o: Vejer de la F rontera y su Comarca: aporta cion es a su h istoria , Cádiz : Instituto d e Estudios gaditano s, 197 4. 196 GÁMIZ GO RDO, An tonio y MUÑOZ RODRÍGUE Z , Antonio: Las foto grafías de Veje r de J. La urent (1867 y 1879 ): estudio crítico , Vej er de la Fr ontera: Soc iedad de Am igos d el País, 20 08. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 43 tarjetas postales 197 , trabajo que parece continua ción del primero y que se ha edit ado con una bellez a de ilust raciones artísticas qu e supone n todo un regalo vis ual para el lector, muchas veces r equerido en trabajos de esta ín dole. Po r último, citamos la revista Boletín de la Sociedad Económica vejeriega de Amigos del País cuyos númer os se pueden consultar en su página web 1 98 . D. Agradecimientos El trabajo realiz ado a lo largo del tiempo para la conclusió n de una tesis im plica no solo el compromiso y es fuerzo del docto ran do, sino que depend e ta mbié n de la participación desinter esada de muchas personas que facilit an su desarrollo y fi nalización. Por ello se hace necesario e indis pensable un reconocimiento en el que agradecer la colaboración de todas estas personas e instit uciones. En primer lugar, quiero dar las g ra cias a mi tutor y director, el profesor Dr. Juan Carlos He r nández quien se ha convertido no solo en esa figura académic a que dirige y reorienta una inve stigac ión, sino que se ha mostrado en muchas ocasiones como alentador, animándome en mom entos duros en l os que n ecesité su apoyo persona l y humano. No creo que hubie se tenido un mejor compa ñero de via je en estos años. Él es, sin duda al guna, d e esas personas y profesion ales con lo s que uno agradece toparse en su vida, y a no so lo por su s conocimientos sino por la calidad humana que muestra en su hacer, compromiso e implicación. En segundo lugar , c reo que debo hacer una gran mención a to das aquellas insti tuciones pública s o privadas que permit en a los i nvestigadores el acceso a sus instalaciones, contribu yendo en el des empeño de la labor ci entífica. Sobre todo, en las últim as fechas en que hemos encontrado una situación inimaginable tiempo atrás, y que pareciera más un mal sueño que una realidad incontestable. Un momento que ha trastocado no so lo a la p oblación en general sino a las instit uciones y a todos aquellos 197 GÁMI Z GORDO, A n tonio: L a memoria de Ve jer en sus p rimeras ta rjetas p ostales , Vej er de la Fr ontera: Asociació n de Fa miliares de E nfermos de Alzhéi mer y otras Demencias, 2 013 . 198 https:// www.amigo sdelpa isveje r.com/ p ubli cacio nes/. LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 44 profesionales que nos facilit an la labor. Es tá claro que se ha demostrado la necesidad de que todos rememos en la misma di rección. En tercer lugar, du rante este trabajo me h e encontr ado c on auténti cos amant es de la historia local de sus pueblos. Personas qu e e n su día a día intentan poner en valor los recursos históricos, artíst icos y culturales d e sus entornos. Personas que se entusi asman al conocer a inv estigadores que dejan de m irar los g randes centros d e interés y s e preocupan por dar ma yor conocimiento a lugares que se consideran desatendidos y, no por ello, de meno r prove cho científico. Su forma de entend er la historia, plaga da d e una mezcolanz a romántica d e datos históricos y le yendas, lejos de desvirtu ar la realidad histórica, la impregna d e una aureola tan inte resante como plácida. A travé s de es a hist oria oral que me h an na rrado he podido re descubrir sensaciones, complicidad es autóctonas y anécdotas jamás escr i tas en l os libros de hist oria. Ese es el verdadero regalo que m e llevo y desd e aquí, a todas est as personas, le do y mis má s sincer as gracias y les animo a que sigan el camino emprend ido. En un trabajo que tiene como prota gonistas conv entos masculin os, entendí que había una c arencia en la inve stigación. Los conven tos, sus pertenencias, obj etos artíst icos y sa grados, y al hajas, no eran nada sin su contextualiz ación dentro de una comunidad religiosa. El devenir de los conventos, no era má s que la trayectoria de un grupo de religiosos afincados en u n inmueble. Compre nder las realidades de estas c omunidades se hacía casi una obligación y entra r en contacto con una de ellas una nec esidad. Es aquí donde deb o dar las g r acias a fr a y Jua n José Rodríg uez , Rect or-Guardián del Santuario de Regla en Chipiona. Él me permitió co nocer e l día a día de su comunid ad, al tie mpo que me ofr eció la posibilidad de col aborar con ellos re aliz ando tare as in ter preta tivas mostrando el santuar io y su museo a lo s visit antes. L a ex periencia me oto rg ó una perspectiva sobre las órdenes reli giosas que de ot ra manera hubiera sido imposible. A él, y a tod a la comunidad de mi sioneros franciscanos, gracias. Quiero dedic arle las últ imas palabras de a gradeci miento a mi familia y am igos por su interés, p aciencia y comprensión, mu cha comprensión. Sobre todo , a Ma riola, compañera de vida y con la cual tengo un pro y ecto de futuro en el que trabajamos cada día. Tambié n quisier a rec ordar a aquella s personas que y a no están e ntre nosotros y qu e, por el capricho del destin o, no pudieron ver el inicio de este camino emprendido a ños L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 45 atrás, y mucho menos, ver finalizado este trabajo. I ma ginar sus caras contentos y orgullosos por llegar a este punto ha sido un verdadero aliciente. Va y a por todos ellos mi dedicatoria. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 46 PAR TE 1 L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 47 1.1 MA RCO HISTÓRI CO Y LEGISLATIVO 1.1.1 La desamortización La d esamortización es u n concepto irremediable mente vinculado a la fi gura de Mendizábal y al conjunto de medidas promulg adas por éste en tr e 1836 y 1837. L a propia semántica de la palabra e x presa el proceso por el c ual se dejan libres bienes amorti zados, es decir, bienes que no pueden ser objeto de compra o venta, de modo que puedan ser vendidos o enajenados. Si bien es ci erto que durante la Edad Media ex isten procesos simi lares, aunque acordados entre los poderes civil y eclesiástico, en España és to s toman protagonismo con los Borbones, se amplía n durante el reinado de J osé I y ll ega a su cénit con las disposiciones de Mendiz ábal 199 . Comúnmente se asocia a la s desamortizaciones de l periodo decimo nónico 200 con una tripleta de obj etivos que van de lo soc ial. -min imizar la fortaleza de los antiguos estamentos y fo me ntar un nuevo estado social bas ado en clases-, a lo polític o, -aumentar los partidarios del li beralismo frente a los absoluti stas-, sin olvidar lo económico, -intenta r contrarrestar la de uda pú blica acumulada - 201 . Si n embar go, resulta cuanto menos difícil 199 SANMART ÍN MONAJ, Joaquín: “El pr oblema d e la des a m o rtización e n Esp aña”, en Cuad ernos de Aragó n , Nº 21 , 1990, pp. 147 -148. 200 Pa ra RUEDA HERNANZ, Ger mán: La de samortización … op . cit., pp. 12-13 , todo e l proc eso de desa m ortiza ción e n España comprende ría un espec tro te m por al muc ho más a mplio, iniciánd ose en 1766 y concluyendo en 1924 . 201 JOVER ZAMO RA, J. M., GÓMEZ-FE RRER, G. y FUSI A I ZPURÚ A, J. P.: Esp aña: soc iedad, política y civilización (si g los XIX y XX ) , Mad rid: Deba te, 2001, p. 1 58. Excelente ej emplo, lo encontra m os en las justificac iones expr esadas a la Reina por Mendizá bal en 183 6 recogida s en la Gace ta de Madrid , 21 de febrero de 1836, n. 426. Ex posic ión a S.M. la Reina Gobe rnadora , R. D. de 19 de febrero de 1 836. https:// www.boe.e s/datos/pdfs/B OE//18 36/426 /A00001 -00003.pdf [12 de d iciembre 201 7]. « Se ñor a: Vender la m asa d e bie nes q ue ha ve nido a se r pro pieda d d e la nación (…) es abr ir una f ue nte abun d antísi ma de felicida d públ ica; vivi ficar una r iqueza muerta; desob struir l o s canales d e la industria y d e la ci rculación; (…) es un ele me nto de animac ión de vida y d e ve nt ura p ara España (…). Es (…) el co mple m ento de su resurrecció n po lítica. El d ecreto (…) sob re la venta d e e sos bienes adquirid os ya p or la nac ión, (…) se fu nda en la alta id ea de crea r una copio sa familia de pro pietario s» . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 48 de entender todo ello si se a nalizan los resultados finales de es tos procesos , máxi me e n las cuestiones social es y polí ticas. Al p rofundi zar más, se pone en evi dencia qu e la nobleza no solo no vio pe ligrar sus posesiones, si no que resultó ser la mayor beneficiaria, probablemente, aventaj ada por el si stema de su basta públic a. Tomás y Valiente cuestionaba esta rela ción en la que supuestam ente todos iban a beneficiarse pu es era lógico considerar que nadie con capacidad económica para hacerse con la titularidad de estos bienes ib a a ceder su patrimonio a « al gún jornalero in solvente » 2 02 y con ello alcanzar una verdadera r eforma agraria. La deuda del Erario estatal era, sin llegar a negar ot ras cuestiones, la prioridad de Mendizábal 203 . Ésta se presentaba como un gran problema de Es tado, vincu lada con la existenc ia de g randes pro piedades dur ante el rein ado de Carlos I V 204 . De he cho, a ntes del ascenso al pode r de Men diz ábal se promulgaro n dos reales decretos que orientaban sus objetivos a la exti nción de la deuda pública. Estos fueron el de 15 d e julio de 1834 y el de 29 de ma y o de 1835 e n los que se suprimían, en el prime ro, la Inquisición, y en el segundo, la Compañía de J esús. El segundo de los decretos se pres entaba como la primera de las normas legales para el pago de l as pensiones 205 . En el siglo XI X se distinguen cu atro etap as des amortiz adoras, con independen cia de l as medidas adoptadas contra el clero en di stin tos periodos. El primero de estos momentos corre spond e a la desamortización de 17 98 con los d ecretos de Carlos IV 206 ; el segundo con el periplo que supuso el Trienio Liberal; el te rcero bajo el impuls o de Mendizábal; y el últi mo, ya en el año 1855, con la la bor del ministro Pascual Madoz. Si bien e stos pueden entenderse como los g r andes periodos des amortiz adores, los golpes ha cia los bienes eclesiá sticos se extendieron más allá d e estos insta ntes. Nuev os reveses para el patrimonio tuvieron lu gar en los años de la revolución de La Gloriosa del 1868, ma rcados por una actividad in tens a co ntra el p atrimonio. Si r Ma tthew Di gb y 202 T OMÁS Y VALIENT E, Francisco: El marco p olítico … op . cit., p. 79. 203 RUED A HERN ANZ, Ger mán: La desamort ización … o p. c it., p. 45. 204 HERR, Richard: “ La redistri b ution de la te rre par la vente de s propriétés de mainmorte e n Espagne, 179 8-1808”, en Annales. E conomies, soc iétés, civili sation s , nº . 1, 1974, pp. 215-22 8. 205 T OMAS Y VALIENT E, Francisco: El marco p olítico … op . cit., p. 75. 206 HERR, Richard : “El sig nificad o de la desamortización e n E spaña”, en Moneda y C rédito , nº 13 1, 19 74, p. 5 5. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 49 W y att 207 , coincidió en f echas por España co n aquel ac ontecimiento revolucion ario y dejó expresado por escrito en el prólo go d e su obra An architect's note -book in Spai n una situación ta n adversa que le llevó a reconocer incluso que, viajando con un l ibro de reciente factura sobr e arq uitectura e clesiástica d e España, mu chos d e los edi ficios de gran valor arqueológico y artís tico habían sufrido actos vandálicos 208 . W y att estaba con sus palabras as egurando que algunos habían quedado totalmente destruidos y conc luía que, en poco tiempo, vi sitar una ciudad española, tal ve z siguiendo esc ritos como lo s de Antonio Ponz 209 , sería corroborar la vanida d y la tendencia del hombre a destruir 210 . Las pa labras de W y at t n os introducen en una re fl ex ión co ntemporánea qu e tuvo de por sí unas consec uencias desastrosas para gran parte de los bienes inmu ebles desamortizados que, bien variaron su función pri migenia, bi en fue ron abandonados a su suerte y/o derruidos. Consciente de ello, Wyatt dirigía la atención en los problem as económicos y políti cos que acuciaban España, y se planteaba la dificultad para encontrar usos adecuados para las muchas y g r andes estructuras que había n ido a parar a ma nos d el Estado: un ingente núme ro de i glesias, monaste rios y conventos sin apen as ocupantes, demasiado bellas para d estruirlas, demasiado caras par a mantene rlas ad ecuadamente y, prácticamente inservibles 2 11 . 207 Arquitecto e histor iador británico que se convirtió e n Secre tario d e la Gra n Exposición d e Londres d e 185 1, s upervisor de la Com pa ñía Oriental de la India y el profesor de la cátedra Slade de Bellas A r tes en la Universidad d e C ambridge. Véase, LÓP EZ JI MENO, Ana Mª: “Cuaderno de un arquitec to en Espa ña. Sir Matthe w Di gb y W yatt en T oled o ( 1869)”, en Arc hivo secreto: r evista cultural de Tole do , nº . 1, 2 002, pp. 258 -273. D isponible: https:// www.toled o.es/ w p -conte nt/up load s/2017 /02/revista-arc hivo-secr eto-1-parte- 12. pdf . [9 d e m arzo 2017]. 208 «It is diffic ult to realise the rapidity with which, al most under one's e yes, the Spai n of histor y and romance "is castin g it s skin." T r avelling e ven with so recen t and so e xcelle nt a han db ook as O'Shea 's o f 186 9, I noted the follo wing w anton acts of Vandali sm and d estruc tion, c o mmi t ted upon mo numents of the greatest arc hæological and ar tistic intere st since he wrote » . WY ATT, Matthew Digb y: An architec t's note- boo k in Spain , 1872, s/n. Disponible: https:// www.gute nbe rg.org/eboo ks/33820 . [ 8 de marzo 2017] Cit: LÓPEZ JIME NO, Ana Mª: “C uaderno d e un arq uitecto…, o p. cit., p . 259. 209 PONZ, An tonio: Via ge de Espa ña, ó Carta s, e n q ue se d a n oticia de las cosas mas aprecia bles, y d igna s de sabe rse qu e ha y en ella, T omo XVII , M adrid : J oachin I barra, 1792, p. 247, al visitar la ciudad d e Je rez de la Frontera, se la m e nta del «de sperdic io de caudales en o b ras extravagan tísimas, ej ecutadas desde que en toda la Pení nsula to mó c uerpo la licenciosa y de sen frenada arquitectura , par ticular mente e n los sa grado s edificios, y or natos de lo s T emplos. » 210 « I n short to vi sit a Sp anis h ci ty no w, b y the li ght shed upon its ancie nt glories by t he ind ustrious P onz, is simply to have for ced upon one's at tention t he m o st striki ng e vidence o f the "vanit y of huma n things," and m a n's inhere nt tende ncy to destroy» . W YATT , Matth ew Di gby: An architect's… o p. ci t. s/n. Cit: LÓPEZ JIME NO, Ana Mª: “C uaderno d e un arq uitecto…, o p. cit. p . 260. 211 « T he tru th is t hat at the pre sent m o ment, a m o ngst the many dif ficult pro blems w hich s urrou nd and beset the rulin g po w ers, one o f the m o st puz zlin g is to find f it tin g uses for the many vast struct ures which have fallen into t he hands o f the Governme nt. C hurches i n num be r and si ze out of all proporti on to the w a nts of L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 56 riqueza. La aplicación de la s medidas le gislativas no solo afe ctó a esta a cumula ción de recursos patri moniales, si no que incidió directamente en el grupo humano dentro de l clero más vulne ra bl e. F ra iles y monjas viero n de l a noche a la mañana esquil mados sus bienes. En el caso de las últi mas, en ocasiones s e pe r mi tió la permanencia en lo s inmuebles conventuales, aunque s u supervivencia depend ió directamente de la caridad de la población. En líneas generales, la d esamortización conll evó a ventas descontroladas, derribos injust ificados y expoli os inevitables de inmuebles abandonados a su suerte. Testigos quedaron, mermados de su grandeza pasada, fiel re flejo de una medida que no c umplió con sus objetivos económi cos liberales –distinto en lo polí tico. No se alcanzaron en parte por la aplicación ini cial abocada al fracaso, con un plante a mi ento solo asumido por aquellos que de por sí ya contaban con re cursos. Plante a mi entos equivocados, dilatados y con falta de decisión y, sin embargo, dentro de un paradi gma cultural en que se empezaba a considerar la importancia de la cultura, de las ciencias y de las nuevas metodologías. Las bibliotecas públicas y los museos provincia les surgieron de estas aplicaciones, tal vez no e n la g randeza que debió a lcanzar, pero sí en la condic ión de la necesidad de dar respuestas a exigencias que poco a poco iban aflorando entre determinados sectores de población 2 39 . 1.1.2 El cuerpo legislativo des am ortizador El cue r po le gal que contuvo las leyes desamort izadoras se desarrolló abarca ndo varios as pectos. A lo la rg o de todo e l siglo XIX se dictaron normativ as legales que estuvieron e ncaminadas t anto a la desamortización civil como eclesiástica, pudiendo ser englobadas e n varios periodos. Se gún la clasifica ción de Vicens Vives 240 que entiende 6 periodos históricos, comprendidos entre 1810 a 1856, con sus re spectivos cuerpos 239 BO NILLA HE RNÁN DE Z, J osé Antonio: “Los conve nto s salmant inos en la desa mort ización d e Mendizába l”, e n BONI LLA HERNÁNDE Z, Jo sé Anto nio y B ARRIENT OS G ARCÍA, José (Coor ds.): Estudio s Históricos Salmantin os. Homenaje al P . Benigno Hernánde z M ontes , Sala m anca: Uni versidad de Sala m anca, 1 99 9, pp. 303-343. 240 VICENS VIVE S, Jai me: Man ual de H istoria Econ ómica de Espa ña , Barc elona: V icens Vives (6 ª ed.) , 196 9. LA DESAMORTIZACIÓN DE LOS B I ENES CONVENTUA LES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 57 normativos y sin gulares, haciendo di stinción entr e aquella que s e orient a a los bienes civiles y la otr a procedente de la Iglesia. TABLA 1: CU E RPO LEGA L DESAMORT IZADOR CIVIL Y ECLE SIÁSTICO POR PERIODOS PERIODO DESAMOR TIZACIÓN CIVIL DESAMORTIZ ACIÓN ECLESIÁSTICA Señorío s Bienes municipal es 1) Cortes de Cádiz (1810- 1814) Ley a boliendo dere chos jurisdiccionale s (6-agosto-18 11) Ley repartiendo propios y comunes (4-enero -18 13) Ley i ncorporando al Estado los bienes de l as órdenes rel i giosas disueltas por e l in vasor (17-junio-18 12) Cerramiento de fincas (8-junio-1813) 2) Trienio Liberal (1820-1823) Ley d e desvinculación 11-diciembre-1 820) Decre t o convirtiendo en propiedad part i cular baldíos y realengos (29-junio-18 22) Ley i ncorporando el Estado los bienes de l os monasterios y conventos dis ueltos por las C ortes (25-octubre -1820) 3) Periodo progresista (1835-1843) Restablecimiento de l a L e y de 1820 (30-agosto-18 3 6) Real Orden leg alizan do ventas y ocupaciones (6-marzo -1834) Disolución de las ór d enes religio sa s (11-octubre -1835) Real Orden en el m ismo sen tido (18-mayo-18 3 7) Ley d e bienes nacionale s (29-julio-1837) Ley refundiendo las anter iores (2-septiembre -1841) 4) Década m oderada (1843-1845) Ley restringiendo la venta de los Bienes Nacionale s. (9-abril-184 5) Concordato de 15- marzo- 1 851 5) Bie n i o progresista (1854-1856) Ley d esamortizadora gene ral (1-mayo -18 55; Suspendi d a 14- septiembre-1856) 6) Gobiernos m oderado s (1856-1860) Ley p oniendo en vigor la d e 1- may o-1855 a los efectos de la desamortización de los biene s municipales (2-octubre-185 8 ) Fin de las prórr ogas concedidas para leg alizar las ocupaciones de l suelo (24-agosto-18 6 0) Reanudación de l a s ventas de acurdo con la I glesia (4abril-1860) El cuadro anterior pe rmite tener una visión global del proce so si bien, se antoja breve y se sgado en muchos de los apartados que contie nen una gran trasc endencia en e l desarrollo de los ac ontecimie ntos. Como todo hecho históri co –má s en un tiempo tan convulso como el siglo XIX esp añol- la desamorti zación cuenta con unos ant ecedentes que solo se entiende n en un momento y espacio conc re to y qu e da n luz a unos hechos que de ot ra manera y tiem po no hubieran si do posible . Esta cuestión se do ta de ma y or contenido y fuerza tras el análisis de los texto s leg is lativ os en que se pued e n observar no solo las c oyunturas económi cas del instante en que se dict aminan, sino ta mbién las cuestiones ideoló gicas, s ociales o polí ticas. Co inc idimos co n Campos en una apreciación L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 58 un tanto particula r. Las n ormas legales parecen mo strar poco interés a la ho ra a de abordar la re lación con el p atrimonio artístico de las instituciones eclesiásticas pese a recogerse adecuadamente en la normat iva 241 . Durante el periodo de ocupación francesa, en 180 9 José I determinó la ex tinción de todas las órd enes religiosas. Esto permitió al G obierno hacerse con el control de todos los bie nes y obras sa gradas de éstas inst ituciones. Según la disposición estos bienes eran susceptibles de su ve nta y compra, a mparados en la idea de acabar con la d euda pública. La medida bonapa rtista tuvo su réplica ampliad a en la s Cortes de Cá diz, pues el 6 de agosto de 1811 de c retaron la ex tinción de los seño ríos. Dos a ños d espués, el 4 de juli o de 1813, dec retan otra m ed ida en l a que se dispone la v enta d e los bi enes comunales y eclesiásticos, tanto seculares como re gulares. En lo que corresponde a estos últimos, los bienes eclesiásticos regulares, se estableció que eran su sc eptibles de ser enajenados todos a quellos bi enes admini strados por la Ha ci enda pública, los de encomiend as y todos los que eran disfrutados po r conventos y monasterios. Se dispuso que fues en las Diputa ciones p rovinciales la s encargadas de señalar la s que podían enajenarse, pre via a probación d e la Regencia. L a medida t ambién contemplaba una compensación a los religiosos a fe ctados. Se trataba de un porcentaje d erivado d e la can tid ad de los bi ene s vendidos, siendo e l cup o máx imo 300 ducados por persona. La resolución legal se fijó en la L e y de las Cortes de 13 de septiembre de 1813, sobre clasificación y pa go de la de uda naciona l. Co n el regreso de Fernando VII y el final de las Cortes de Cádiz se dictaminó el 21 de mayo de 1814 la devolución de los bien es a sus anti guos propietarios, anulando as í las v enta s realizadas bajo dominio francés. No obstante, Fernando mandó enajena r baldíos y realengos 242 . El i nicio de un nuevo periodo políti co constitu cional fue la ex cusa para re tomar las medidas adoptadas por las Cortes gaditanas . Ta nto la Ley d e 17 de agosto de 1820, como l a redactada un mes y m edio más tarde, el 1 de octubre, fijaron su peso sobre los bienes del clero reg ular de los jesuit as. Esto era ad emás una vuelta a las disposiciones de Carlos III por las que se suprimía la Compa ñía de J esús. En la norma de 1 de octubre s e 241 CA MPOS Y FERNÁ NDEZ DE SEVI LLA, Fra ncisco J avier : “T extos legales d e la s d esam or tiza ciones eclesiástica s españolas y c on ellas relacionado s”, en C AMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, Francisco Javier ( coord.) : La desamo rtizació n: e l expolio d el patrimonio a rtístico y cu ltural d e la Iglesia en E spañ a , San Lore nzo del Esc orial ( Madrid ): Estudio s Superiore s del Escor ial, 2 007, p. 7. 242 SANM ARTÍN MON AJ, Jo aquín: “El pr oble ma de la desa mortiza ción… op . cit., p. 156. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 59 suprimían también los monasterios de órdenes m onacales, los Canónigos regulares, los conventos de l as órdenes militares, los de San Juan de Dios y de Bethlemita s, y todos los hospitalarios. Aquellas que no fueron elimi nadas, se obligó a una mino ración de los religiosos, prohibiéndose al tiempo l a aceptación de nuevos novicios y la fundación de nuevas casas. Sobre los vasos sagrados, alhajas y objetos de culto de estas instituc iones suprimidas se dispuso qu e se enviasen a las pa rroquias pobres, un a medida que se repetiría en lo sucesivo. Entre m edias, el 27 de septiem bre de 1820 e l Gobiern o dispuso la eliminación de los mayorazgos y vínculos. L a af ect ación sobre los bienes muebles eclesiásticos tuvo conti nuidad el 9 noviembre de 1820. Por medio del dec reto firmado en esa fecha se ex puso la posi bilidad de que todos lo s bienes muebles procedentes de capellanías no f amiliares vacantes (o l as qu e fuesen qu edando vac antes), ermita s, cofradías, memorias, entre otros, se destinasen a la resolución de la deuda del Estado. Quedaron excluidos de esta med ida los hospitales en ejercicio, hospic i os, casas de educación y otros. Con el final de la Guerr a Rea lista y del Trienio Liberal, se empez aron a tomar medidas que rest ituyesen los eleme ntos suprimidos en e l periodo ante r ior. Así se restableció el medio diez mo para la I gl esia y la s casas religiosas, así como sus bienes. En 1834, con el moderado Martínez de la Rosa en el Gobierno 2 43 , se legitimaron compras y ventas de los bienes na cionales (6 de marz o) ll evadas a cabo en el trienio 1820-1823. A Martínez de la Rosa le s ucedió el Conde de Tore no quien comi enza una s erie norm ativa en la que su prime la Co mpañía de J esús con e l Rea l De creto de 4 de jul io de 1835 y decreta, c on el Real Decr eto de 25 de juli o del mis mo año, la supresión de lo s mona sterios y c onventos de religiosos que no tuvie sen m ás de doce individuos profesos. Esta última medida fue ampliada po r Mendiz ábal haciéndola extensible a cualquiera que fuese su número de monjes o re l i giosos de que se compusieren (Real Decreto de 11 de oct ubre de 1835 244 ). 243 La ocupación del cargo de Presidente de l Con sej o d e Mini stros y la a prob ación del Estatuto en 183 4 son claros signos que marca n un giro necesario en l a po sición p olítica de Ma ría Cristina ante el avance de l Carlismo. 244 ESP AÑA. R. D. de 11 de octubre de 18 35. Gace ta de Madrid , 14 de o ctubre de 1835, n úm. 292 . Disponible: h ttps:// www.boe.e s/dato s/pdfs/BOE/1 835 /292/A011 57-01157. pdf. [12 d e diciem b re 2 017]. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 60 Tanto en la norma d e 4 juli o como de 25 del mi smo se inscribían dis posiciones jurídicas que iban en la línea de la conser v ació n y prote cción de e stos bienes. En el primero de los casos, en su articulado 5º se señ alaba que: «Los bi enes, rentas y efectos de ( …) los Regulares de l a Com pa ñía, se aplica n desde lueg o a la e xtinción de la de uda (…). Se exceptúan, (…) l as pi nturas , bibliotecas y enseres que puedan ser útiles a los i nstitu tos de ciencias y artes, así como también l o s colegios , residencias y c asas de la Compañía, sus iglesi as, ornamentos y vasos sagrados, de los que me r es er v o disponer, oídos los Ordinarios ecle siásticos, en lo que se a necesario y conveniente» 245 Misma fó rmula normativa se uti lizó posteriorm ente para el Real Decreto de 25 de julio. En e l art ículo 7º se disponía: «Los bi enes, rentas y ef ectos de cualquier clase que pose an los monasterios y conventos que deban quedar sup r imidos, se aplican de sde luego a l a e xtinción de la deuda púb lica o pago de su s réditos (…). Se except úan ( …) los archivos, bibliotecas, pi nturas y demás e nseres que puedan ser útile s a los inst itut os d e ciencias y ar tes, así com o también lo s m ona sterios y c onventos, sus iglesias, ornamentos y vasos s agrados, de l os que me r eservo di sponer, oídos los ordinarios eclesiásticos y pre lados generales de las or denes en lo que s ea necesario conveniente» 246 Esto debe h ace rnos pensar, al m enos, que existía algún grado de inte rés y preocupación por com patibil iz ar la nac ionalización de bienes eclesiás ticos co n l a conservación de aq uellos que tuvieran un valor ar tísti co, hist órico o cultural, sobre to do en el caso d e los bie nes muebles. De hecho, el 29 de juli o, una Real Orden establecía la creación de comisiones p rovinciales cu yo fin 2 47 sería la de inv entariar los bien es artísticos que hubieran en los c onventos s uprimi dos y recoger de los contadores y comi sionados de desamortización los bie nes que se fueran acopiando, estructurando su gua rda y c ustodia 245 E SPAÑA. R. D. de 4 de j ulio de 1835. Gace ta d e Madrid , 7 de j ulio d e 1835, núm. 18 8. Disponible: https:// www.boe.e s/datos/pdfs/B OE//18 35/188 /A00749 -00750.pdf. [12 de dicie m b re 2 017]. 246 ESPAÑA. R. D. de 2 5 de j ulio d e 1835. Gaceta de Madrid , 2 9 de j ulio d e 1835, núm. 21 1. Di sponible: https:// www.boe.e s/datos/pdfs/B OE//18 35/211 /A00841 -00842.pdf. [12 de dicie m b re 2 017]. 247 Art. 1: «exami nar, inventa riar y recoger cua nto conte ngan l os archivos y b ibliote cas de lo s monasterios y conventos supr imidos, y la s pinturas, o bje tos d e escultura u otro s que deban conservarse». E SPAÑA. R. O. de 2 9 d e j ulio d e 18 35. Gaceta d e Mad rid, 4 de agosto de 183 5, núm. 2 17. D isponible: https:// www.boe.e s/datos/pdfs/B OE//18 35/217 /A00865 -00865.pdf . [12 de diciembre 2 017]. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 61 en unos depósitos 248 , l os mismos que posteriorment e ll e gar ía n a ser lo s futuros museos provinciales que pondrí a n al servicio de la sociedad el p atrimonio del que hasta en to nce s había disfrutado exc lusivamente el clero. Esta s Comisio nes debían acompañar a las Comi siones de amortización en el inventariado de bie nes perte necientes a l os in stitutos suprimidos. No obstante, las C omisione s ci viles se encargaban de seleccionar y recoger aquellos objetos que por su valor histó rico o artístico debían ser salvados de la enajenación y pasar a formar parte de los futuros museos y biblio tecas provinciales. E n la mayoría de los casos hubo dos obstáculos que dificultaron la corr ecta labor de estas Comi siones: la falta de personas con la suficiente formación y la fa l ta de recursos económicos que, en al gunos casos, im pidió que las Comisio nes inic iaran la labor para la que había sido establecid as 249 . El 19 de fe b rero del año siguiente, « atendiendo a la necesidad y convenien cia de dismi nuir la Deuda públ ica consolid ada » 250 , Mendiz ábal declara ba en venta todos los bienes raíce s de cualquie ra cl ase que hubiera n per tene cido a las comunidades y corporaciones reli giosas ex tinguidas por e l decreto anterior. Aquí se hizo excepción de los edific ios que el Gobi erno destinas e para el se rvicio público, así como p ara conservar monumentos de las a r tes o con un a significación his tórica nacional. La instrumentaliz ación de las ve ntas de estos bien es s e estable ció por medio de la Instrucc ión de 1 de marz o de 1836. Una s jornadas m ás tarde, el día 8 quedaban suprim idas todas la s casas religiosas tanto ma sculinas como femeninas, incluidas las de cl érig os regulares y las de las cuatro Ó rdenes Mil itares y San Juan de Jerusalén, con ciertas excepciones 251 . En este últim o caso, el Gobierno establecía que «L o s ordinarios podrán (…) dedicar a parroquias las igl esias de los conventos suprimidos que sean nec esarias » 252 . Del mi sm o 248 LÓPEZ RODRIGUE Z, J osé Ramón: “M useos y de samor tiz ación en l a España de l siglo XIX ”, en El patrimon io arq ueológ ico en Espa ña en el siglo XIX: el impacto de las d esamo rtizacione s. II J ornadas Interna cionale s de Histo riogra fía Arqueo lóg ica de la S ociedad E spañola de Histori a de la Arqu eología y el Museo Arque ológic o Naciona l , Mad rid: Secretar ía General T éc nica, 2010, p. 163. 249 TE IJEIRA PAB LOS, Mª. Do lores: “L as Comisione s de Desamortización y la conservación del patri monio histórico en el Sig lo XI X. La Comisión Civil y la Co misión Científica y Artí stica d e Za mora (Aspectos d ocu m e ntale s)”, en La docum entac ión para la investigación h omena je a José An tonio Martín Fue rtes. Vol. 1, León: Univer sidad, 2003, p. 541-544. 250 Preámbulo. ESP AÑA. R. D. de 19 d e febrero d e 18 36. G aceta d e Mad rid, 2 1 de febrero de 1 836, núm. 426 . Disponible: https:// www.boe.e s/datos/p dfs/BOE// 183 6/426/A0000 1-00003.pd f . [12 de dicie m br e 20 17]. 251 E SPAÑA. R . D. de 8 de marzo de 1 836. Gace ta de Mad rid , 10 d e marzo de 183 6, núm. 4 44. Disponible: https:// www.boe.e s/datos/pdfs/B OE//18 36/444 /A00001 -00003.pdf. [12 de dicie m b re 2 017]. 252 Art. 22, R . D. d e 9 de marzo de 1836. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 62 modo, podrían disponer a favor de las p arroquias más des favorecidas «de los vasos sagrados, ornam entos y demás objetos pertenecie ntes al culto, ex cepto aquellos que por su rareza o mérito artís tico convenga conse rvar cuidadosamente, y los que por su considerable valor no corre spondería a la pobreza de l as iglesias » 253 . Se ab ría la posibil idad para que se d estinase para establecimi entos de util idad pública los conventos suprimidos que se co nsi derasen oportunos 2 54 . Previamen te, el propio Mendiz ábal, a resultas de la problemática de dar respuesta y solución a lo s numerosos conventos existent es, e n la ex posición del Re al De creto d e 25 de enero de 1836 se ñalaba la nec esidad de afrontar el problema que re presentaba la conservación de estos edificios y se expresaba en los siguientes términos: «S i e stos e dificio s continúan c omo hoy se encuen tr an, poca utilidad puede esperarse de ellos en b eneficio de l os ac reedores del Estado, porque las mez qui nas cantidades que particulares ó corpo raciones ofrecen pagar por alqu i leres apenas bastan para satisfacer los crecidos gastos de conservación y reparos, mientras que demolidos totalmente uno s y reformados otros, tendrán i nmediata aplicación estos y l os ter renos que resulten de aquellos para objeto de interés general y particular, al paso qu e prop orcionan ensanche s y m ej oras a la población» 2 55 El Real De c reto de 9 d e marzo también mencionó finalmente a los archivos, cuadros, libros y d emás obj etos que habían pertene c ido a los conventos suprimidos estableciendo que éstos s e aplicarían « a los institut os de cien cia y a rtes, a l as bibli otecas provinciales, museos, aca demias y d emás estable cim ientos de instrucción pública » 2 56 . Al año siguiente, la norma de 26 de julio de 1837 ratifi ca ba las medida s sobre la venta de los bie nes del c lero. La tripleta desamortiz adora se comple taba c on los Reales Decretos de 29 de julio en el que ade más de suprimi r completamente diez mos y primic ias, y ex tinguir todos los mo n asterios, conventos, co l egios, con gregac iones y d emás casas d e religiosos de ambos sexos, declaraba bienes nacionales todas las propiedades del clero, de cualquier clase que fuesen, con excepciones, entre otros, de los edificios de la Iglesia, catedrales, pa rroquiales, anejos o ayudas de p arroquias, l os palacios episcopales, las 253 Art. 23, R . D. d e 9 de marzo de 1836. 254 Art. 24, R . D. d e 9 de marzo de 1836. 255 E SPAÑA. R . D de 25 de e nero de 1836. Gace ta de Madrid, 26 de enero de 1836 , núm . 397. [Disponible: https:// www.boe.e s/datos/pdfs/B OE//18 36/397 /A00001 -00001.pdf. [12 de dicie m b re 2 017]. 256 Art. 25, R . D. d e 9 de marzo de 1836. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 63 rectorías, casas o h abitac iones de párroco y su ten iente y los seminarios conciliares con sus huertos y ja rdines adjuntos (arts. 3.° y 4.°). En la práctica, esto sup onía que sólo se autorizaba la tenencia de los bie nes muebles de las instituciones abiertas, y siempre en relación directa a su uso 257 . En este punto es importante tener pre sente el artículo 11 de la Constituc ión de 18 de julio de 1837 en la que « s e obliga (a l a Nación) a mantener e l cul to y los m inistros de la rel igión católic a que profesan los esp añoles » 258 . De esta obligación sur gió la Contr ibución de culto y clero 259 derivab a del prod ucto de los bienes enajenados que serv iría n al pago del presupuesto de dotación del clero 260 , cubriéndose el déficit y los gast os del cult o 261 . El 22 de septiembre de 1838 se aprobó un Real Decreto que tratab a de dar respuesta a la problemá tica de los libros procedent es de las in stitucio nes religiosas suprimidas. Se dispuso que en aquellas provin cias donde ex isti ese una Uni versidad, ést a debía su stituir a la s Comisio nes artís ticas asumiendo las competencias para la reunión, colocación y ar reglo de todo aquel material bibli ográf ico. Lo más signific a tivo e r a la cuestión de considera r que aquella nueva bib lioteca debí a tener l a co nsideración de pública, debiendo estar abierto el establecimi ento seis horas al menos diaria s. Con la llegada al poder de Espartero, se retomaba las sendas desamo rtizadoras. Con el Decreto de 9 de dic iembre de 1840, el Gobi erno declaraba en venta todos los edificios de las anti guas i nst ituciones regulares de a mbos sexos que hasta la fecha no hubiesen sido enajenados o que hubiesen sido dest inados a objetos de utilidad pública. En la Real Orden de 18 de diciembre d e 1840, el Gobierno suprimía las ju ntas que se habían creado para la venta de los edificios enajenados con el Rea De creto de 13 de septiembre de 1836. 257 Arts. 1º, 2º, 3º, 4º, 15º , 16º, 27º, 28º, 29 º d el R. D . de 29 de j ulio de 183 7. 258 DÍAZ RI CO, J avier Carlo s: Constitucio nes espa ñolas: 1808-19 78 , Madrid: U niv ersid ad Carlo s III, 201 6, p. 89. 259 MENÉNDE Z PIDAL, Marce lino: Historia d e los heterod oxos españ oles , T omo III, Madrid , Imprenta de F. Maroto e Hijos, 18 81, p. 617 . 260 Se pr eveían p ensiones para los regulares exclaustra dos y sec ularizados. Ma yor i mportancia adquirió par a el caso de las religiosas pues éstas no podían obtener cape llanías u otro s medios de subsistencia co m o los religiosos. T anto la desamortiz ación de Mendizába l como la ley de supre sión del diezmo de 29 de julio de 1837 provocaro n que muchos reli giosos vi vieran e n la i ndigencia y po brez a. VERDOY HER RANZ, Alfredo: “El deb ate parlamentario so bre culto y clero. De l as Co nstituyentes de 18 37 a la firma d el Convenio con la Santa Se de”, en Rev ista de e studios p olítico s , Nº 93, 1996, p. 487. 261 GARCÍA GARCÍ A, Rica rdo: “Desa mortizació n y financiac ión del culto y el c lero: la Co nstitució n d e 183 7”, en Revista Españo la de Derecho C anó nico , Vol. 57, Nº 148 , 2000, pp. 71-127. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 64 El 13 de junio de 1844 2 62 el Ministerio de Gobernación crea ba las Comis iones Provinciales de Monume ntos. Las fun ciones de es tas Comis iones consistían en «1º. A dquirir noti cia de to dos los edificios, m onumento s y a nti g üe dades qu e existan e n s u respectiva provincia y que merezcan conservar se . 2º. Reunir lo s libros, códices, docum entos, cuadros, estatuas y de más objetos preciosos literarios y a rtísticos perten e cientes al Estado que estén diseminados, reclamando los que hubieren sido sustraídos y puedan d esc ubrirse. 3º. Rehabilitar lo s panteones de Reyes y personaj es c é l ebres o de f amilias ilustres, o trasladar sus reliquias a p ar aje donde estén c on e l de coro que les corresponde. 4º. Cuidar de los m useos y bi bliotecas provinciales, aumentar esto s establecim ientos, ordenarlos y for m a r catálog os m e tódicos de los ob j etos que e ncier r an. 5º. Crear archivos c on l os manuscritos, códices y documentos que se puedan recoger, clasificarlos e inv entariarlos. 6º. Formar catálogos, des cripciones y dibujos de los m onumentos y anti g üe dades que no sean susceptib le s de traslación, o que debe n quedar donde existen, y t am bién de las prec iosidades artísticas que por hallarse en edificios que c onveng a enajenar, o que no puedan conservarse, m erezcan ser transmitidas en esta forma a l a post e ridad. 7º. Proponer a l Gobi erno cuanto crean conveniente a los fines de su i nstituto y suministrarle l as noticias que l es pid a» 263 En el presupuesto gene ral de l Es tado, s e gún que daba re cogido en la Real Ord en 264 , debía propon erse a las Cortes un crédito propor cional a los objetivos m arcad os de las Comi siones. El Gobierno debía aportar a la Central de Monume ntos todo aq uello que les fuese i ndispensable p ara el m ejor desempeño de su cometido. No obstan te, la falta d e medios económicos por parte del Estado fue en to do momento evi dente 265 . El desarrollo de estas comisiones deri vó en una mayor atención sobre la instrucción públi ca. La Le y 262 ESPAÑ A. R. O. d e 13 de j unio de 1844. G aceta de Madrid , 2 1 de junio de 1844 , núm. 35 68. Disponible : https:// www.boe.e s/datos/pdfs/B OE//18 44/356 8/A00001-0000 1.pdf. [15 de dicie mbre 2017]. En los últimos años se ha i ncre m e ntado el interés po r las labores r ealizada s por las distintas co misiones pro vin ciale s, lo q ue ha prolifera do e n difere ntes estudio s que sería c omplicado enumerarl o todos ellos. De cualquier for ma, pa ra su func iona m iento y or ganización genera l, vé ase, co mo ej emplo, HE RNÁNDEZ NÚÑEZ, J uan C arlos: Los inst rum entos de p rotección d el Patrimonio Histó rico Españ ol: socie dad y B ienes Culturales . Cádiz: Gr upo P ublicac iones del Sur , 19 98, pp. 55-73 . 263 Art. 3, R.O . de 1 3 de j unio de 1844. 264 Art. 12, R .O. de 1 3 de juni o d e 184 4. 265 GRAHIT Y GRAU, Joseph: Comisión de monume ntos históricos y artístico s d e la p rovincia de Barc elona. Memoria de la la bor r ealiza da po r la misma e n su p ri m er siglo de existencia. 18 44-1944, Barc elona: Co misión de Mo numentos H istórico s y Artístico s, 1 947, pp . 1-3. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 65 General de Instrucción Pública de 9 de septi embre de 1857, denominada L e y Mo y ano 266 , profundizó en dichas políticas, estableciendo la creación de museos pr ovinciales de antigüedades en cada una de las capitales provinci ales. Estos museos de bían estar controlados por la s Comisi ones de Monumentos 2 67 . El Re glamento de las Comisi one s Provinciales de 1865 ord enaba la reorganización de las mismas y les encomendaba, entre otras a tribuciones, la cr eación, aumento y mejora de los Museos de Anti güedades 268 , l a realización de excavaciones arqueológicas y la recogida y adquisición de objetos que mereciesen figurar entre los fondos de dichos museos 269 . El proceso de v enta d e los bienes perteneci entes al clero siguió activo hasta prácticamente la caída d e Esparte ro. El g obierno modera do qu e asume l a direc ción d el Estado, apo yado por la Corona, tom ó la d ecisión, a través del Real Decreto de 3 de abril de 1845, de detener las ventas de bienes del clero se cular y devolv er todos aquellos bie nes que no habían sido subast ados. pa ralización de las ventas y devolución al clero de los bienes no subastados. La denominada Ley Mo yano, Le y Genera l de Instrucción Pública de 9 de se ptiembre de 1857, profundiza en dichas polí ticas y el Regl amento de las Com isiones Provinciales de 1865 ordenaba la reorganiz ación de las mismas y l es encomendaba, entre ot ras atribuciones, la creación, aume nto y mejora de los Museos de Antigüe dades, la realización de excavaciones arqueoló gicas y la recogida y adquisición de objetos que mereciesen figurar entre los fondos de dichos museos. 266 P arte d e la Ley de b ases de 17 d e j ulio de 1857, por la q ue se autoriz a a Gob ierno pa ra formar y pro mulgar una Ley de Instru cció n P ública . España. L e y de b ases d e 17 d e julio de 1857. Gac eta de Madrid, 22 de j ulio de 1857, núm . 166 0. Disponible: h ttps:/ /ww w.boe.es/datos/p dfs/BOE/1 857 /1660/A0000 1-00001.pd f . [18 de diciembre 2 017] . 267 TORO MOY ANO, Isidro: “El Museo Arqueológi co de Granada. P asado , presente y futuro”, en Boletín del Muse o Arqu eológ ico Nacion al , núm. 35, 2017, p. 254. 268 Art. 17, Reglamento d e las Comisiones pr ovinciales d e m o numentos históric os y ar tístic os, apro bado por S. M. en 24 d e novie m bre de 1865 ( Reformado p or Rea l ord en de 3 0 de d icie m bre de 188 1). Disponib le: http://www.cer va ntesvirt ual.com/o bra-visor/b oletin -de-la-re al-acade mia-de -la-historia- - 33/html/025 e6a60 -82b2 -11df-acc7-002 185ce6064 _183 .htm l . [2 1 de dic iembre 201 7]. 269 VV.AA.: “Regla mento d e las Co misiones pro vinciales d e mon umentos histór icos y ar tísticos”, en Boletín de la Real Ac ademia de la Historia . T omo 14 , Año 1889 , p. 165. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 72  El pago de un c anon anu al de un tres por ciento s obre su val or de la enti dad o persona qu e i ba a ha cer uso del inmu eble. En caso de qu e la ocupación del espacio fuese temporal, se debía abonar un alquile r.  Que los adquirientes asu mían la obligación de derruir todo lo que tuviese aspecto de c ampanario, y a ennoblecer l a fachada del edific io, haciendo desaparecer del lienzo front al toda seña y emblema de su anterior uso.  Todas las demá s noticias y datos que requiriera la completa instrucción del expediente para asegurar el acierto de la determinación ado ptada. Como en el supuesto a nterior de los conventos abocad os al derrumbe, estos expedientes era n remi tidos a la J unta Superior pa ra solicitar a la Reina la a probaci ón, o no, del nuevo uso del antiguo convento 289 . La Inst rucción contemplab a i gualmente la posibil idad de computar lo s conventos que fuesen de stinados a un uso penitenciario, hospitalario, o semejante, c on los edificios que estuviesen ocupando en e se m omento, siempre que se dies en do s condiciones, por un lad o, la facilidad del edificio ocupado y , por otro lado, que fuese a fi n de mejorar la loc alidad de és tos, quedando e l can on fijado en la diferencia de valor de los primeros con los s egundos 290 . 1.1.3.4 Los conventos y monasterios afi ncados en espacios despoblados La instr ucción d e 1 de septiembre de 1837 , en su capítulo 5, recogía el supuesto de aq uellos conventos desamortiz ados sit uados en despoblados, haciendo h incapié en el riesgo ma y or de éstos, n o solo a deteriorarse con mayor prontitud que los ubicados en zonas pobladas, sino también su ma yor exposición a ser objeto de robos y desmantelamiento para l a obtención ilí cita de hier ro, made ra y d emás materiales que albergaban. La disposi c ión re glamentaria conte mplaba la posibilidad de que est os edificios si rviesen p ara p osadas de descanso o de tránsito, e incluso la conformidad de que su futuro uso fuese el de su adquisición por propietarios de las ti erras col indantes para establec er sus la bores, depósitos, sil os, etc., e incluso, llegados al c as o, destinarse a 289 Art. 22 d e la I nstrucción de 1 de se ptiembre d e 18 37. 290 Art. 24 d e la I nstrucción de 1 de se ptiembre d e 18 37. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 73 fábrica por su situa ción 291 . Aquellos que no pudieran acogerse a estas prá cticas y fu e se n susceptibles de conver tir se en ref u gio de forajidos, debían ser de molidos y arrasados completamente, apro v echa ndo en benef icio de la hac ienda pública lo s mat eriales y terrenos del convento 292 . E n los casos en que alguno de los conventos a c ogidos a esta s singularidades presentas en bue na disposición o fábrica, y por encontr arse en situación acomodada para al gún de terminado objeto, prometiendo mayores y mejores ventajas que el resto de su clas e en s u venta, las junta s te ndrían en cuenta en todo m omento estas circunstancias con el fin de enajenarlos o destin arlos con mejor estimación para su venta 293 . Por medio del Real De creto de 9 de di ciembre de 1840, se con cedió a los ayuntamientos un plaz o de sesenta días para realiz ar las reclamaciones que considerasen oportunas sobre edi ficios pertene cientes al Est ado que es timasen que podía n servir a la utili dad pública, siendo dec larados en venta tod os l os demás y los no recla mados, así como las iglesias de lo s conventos no dedicados al culto. Estos últ imos debían ser recogidos en una lista de inmu ebles disponib les publi cada en la G aceta de Madrid 294 . Al respecto de algunos d e es tos inmuebles, incluidos los que corriero n el peor de los de stinos y a fu era por su estado de conservación ya por la c arencia subjetiva de calidad artística o histórica, la Academia de Sa n Fer nando re a liz ó numerosas peticiones de conservación con especial at ención a aquellos edificios en atención a sus « b ellas formas », « perf ección artística » , y su « i nterés por las artes » . No obst ante, l os derribos de to da clas e, y la e norme agresión a nuestro patrimo nio histórico que la desamortización supuso, defi nen el grado de efe ctividad d e e stas peticiones. Hasta c ierto punto, la cr eación de l as Comisi ones de Monumentos Histó ricos y Artístic os, decidida por el min istro Pidal, mediante Rea l O rden de 13 de junio de 1844, serviría pa rcialmente par a poner mejor orden y c oncierto en la conservación de los bienes artísti cos e históricos del país. 291 Art. 25 d e la I nstrucción de 1 de se ptiembre d e 18 37. 292 Art. 26 d e la I nstrucción de 1 de se ptiembre d e 18 37. 293 Art. 28 d e la I nstrucción de 1 de se ptiembre d e 18 37. 294 E SPAÑA. R. O. de 3 0 d e diciembre de 1840. Gaceta d e Ma drid , 31 de diciembre de 1840, Nº. 226 5. Disponible: h ttps://ww w.boe.e s/dato s/pdfs/BOE//1 840 /2265 /A 0 000 1-0000 2.pdf. [18 d e diciembre 20 17]. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 74 1.1.3.5 Los bi enes m uebles y efectos, alh ajas y cam pana s de los conventos suprimidos Capítulo aparte se merecen los bienes que contenían estos conventos suprimi dos. La Instrucción de 1 de se ptiembre de 1837 re c ogía las instrucciones precisas par a at ende r a la vent a de m aner a c orrecta de estos elemen tos: l os mu ebles 295 , las al hajas y las campanas 296 . En todo momento e l obje tivo marcado era la ve nta sine qua non de los muebles y efectos existentes de l os recogidos en l os conventos suprimidos para obten er el may or rédit o m onetario ventajoso para el erar io, y así consolidar el Cr édito Público y sostener l os cuantiosos gastos de la g ue r ra co nt r a los carlistas. Incl uso en los c asos en los que dichos mueb les y efectos tuvieran considerable valor y mér it o, en cu yo caso, lejos de reservar d e la venta, se v endían por sep a rado en pública almoneda, y por el i mporte de al menos las dos terceras partes del v alor qu e se les hubiese concedid o en la tas ación previa 297 . Caso si milar enco ntramos con l as alhajas ya que ésta s se ponían a la venta sin dilación ni necesidad de co nsulta a la J unta Superio r 298 . El ex pediente de venta debía, eso sí, determinar el número y clas e de las alhajas, c onvento a que per t enecía n y su peso y tasación para, a continuación, anunciar la subasta por tér mi no de quince días, para la que se admitirían proposiciones c on baja hasta de u n cuatro por ciento del valor de e stos bienes 299 . En el caso de no alc a nzarse este margen de bene ficio, tanto las alhaja s co mo la 295 A pesar de ello, e n el Decr eto de 11 d e o ctubre de 1835 , en su a rtíc ulo 3º se recogía que «Los m on ges de los m o nasterio s suprimidos de las m ismas órd enes que los que se co nservan, p o drán respectiva mente, si quisieren y t uvieren c abida en estos últimos, tr asladar se a e llos, lleva ndo c onsigo los muebles de su uso par ticular». 296 Capít ulo VI De l a ven ta de los mueble s y efec tos de los con vento s suprimidos ; Ca pítu lo VI I De la s alha jas de los convento s s up rimidos ; Capítulo VII I De la s campa nas de los conv entos su primidos , de la Instrucc ión d e 1 de sep tiembre d e 1837. 297 Art. 30 de la Instrucción de 1 d e septie mbre de 1837. «S i en t re dic hos mu e ble s y efectos hubiere a lgunos de considera ble valor y mér ito se venderá n p or separa do en pública almoneda, y po r el im p orte al menos de la s dos ter ceras par les del valo r que se le s diere en tasació n.» 298 Art. 31 de la I nstrucción de 1 de septiembre de 1837. « Las al hajas pro cedentes de los conv e ntos suprimid os que existe n á disposición de las j untas en su pod er, en e l de los comisionados pr incipales d e Amortizació n, ó en e l d e cualquiera o tra persona ó cor poración será n puestas en venta sin di lación ni necesidad de consulta á esta j unta s uperior .» 299 Art. 32 de la I nstrucción de 1 de septie mbre de 183 7. « (…) se for mará e xpe diente en que se e xprese deter minadamente e l número y cla se d e las alhaj as, con ventos á q ue pe rtenecía n y s u p eso y ta sació n. Conocida esta se anunciará la subasta por término d e q uin c e dia s, par a la que se a dmitirán pro posiciones con b aja hasta de un cuatr o po r cie nto del val or de la s alhajas, y veri ficado el remate c on las pr ecisas condicio nes de q ue la c antida d e n que q uedase se ha de satisfacer al co ntado y pr ecisamen te e n dinero L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 75 plata, de bían trasladarse a las casas de moneda má s inmediata s con to da seguridad y con el menor costo posible para que la J unta Superior resolviera lo que estimase con respecto a dichos bienes 300 . La Instrucc ión de 1 d e septiembre de 1837 no contemplaba una supuesta venta de las ca mpanas de los conve ntos suprimidos. El artículo 34 de la norma se expre saba en lo s siguientes términos: «P or ahora y hasta que po r órdenes pa rticulares se determine definitivam e nte el destino de las cam pa nas, se conse rvarán estas á dispos ición del Gobierno» . El problema con l as c ampanas era in dudablemente doble, pues se c ombinaba d e una manera psíquic a y m aterial un elemento mu y característic o de la realidad de la E spaña Moderna como era la campana 3 01 . Desde una óptica inmaterial, e l repique de ca mpanas era sin duda el medio de comunicación de masas más importante de la época. Lejos de esta singular form a de tra nsmitir mensajes quedaban lo s periódicos. El sonido de la s campanas er a capaz de info rma r no so lo de acontecimientos importa ntes, sino que era capaz de tr ansmitir mensajes con connotaciones espaciale s, temporales y d e representación social. S u función sin dud a iba más allá, logrando una ordenación del tiempo, del e spac io y de los tiempos de vid a. E n la España d e las desa mortiza c iones esa realidad e ra evidente, como tam bién lo er a la necesidad acuciante de vende r todo aquello posible par a obte ner c rédit o. Esto último también denotaba la imposibilidad de hac er frente al gasto económi co que suponía, por ejemplo, hacer desc ender las pesadas campanas de sus campanarios. Por este motivo, no era de e xtrañar qu e la J unta de Enajenación solicitara a l os a y unt amientos una valoración sobre cu ánto podría costa r el metálico, que será úni c o y quedar á ce rrad o en e l acto y que los com pr ador es habrán de satisfacer los gastos de la tasación re ferid» 300 A r t. 33 de la Instrucción de 1 de s e ptiemb re de 1837. « ( …) cu a ndo la plata y alhaj as que se subasten no tengan li cita dore s c on el m o d erad o beneficio expresad o (…) se trasladen á las ca sas de moneda de l reino con las segur idades convenie ntes (…) indicando los m ed ios que les ocurran par a hac er l a conducción de ellas á la s casas de moneda mas in m ediata s co n toda seg urid ad y con el menor c osto posible, para que la junta supe rior, con conoc imiento de todo resuelva lo que e sti me opor tun o » . 301 La campa na ir rumpe en el lenguaje p opular y muestra una inc idencia e n la vida o rdinar ia de las pob laciones de antañ o. En España se po ne de manifiesto esa relación p or m e dio de un conj unt o de r efranes, tales co mo: A cam pana he rida; A ca mpana tañida; Ca mpan a ca scada nunca sana; Campana por g aita y los cura s por d anzan tes; Cual es la camp ana , ta l la ba da j ad a; Ec har las ca mpan as al vu elo; No hab er oído campana s; Oír ca mpanas y no saber dónd e; Picar la campan a; Allá te las ca mpanees; etc. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 76 descenso de las campanas desde el campanario ha sta el su elo 302 . El asunto se resolver ía pocos días después de e sta I nst rucción al entend er la Junta que primaba la verdadera necesidad y d e que nada perdí a la Nación en el cambio de un metal que ha de venderse por viej o y peso a peso . De este modo, la J unta a cordaba vender « e n públic a subasta el metal de todas la s campanas de lo s conventos su primidos del reino, á excepción de las que pertenecen á los reloj es de torre, y una por cada iglesia de los mismos que se desti ne a parroquia ó al culto » 303 . L a J unta lo gra ba de e ste modo dar respuesta a esa doble problemática y a comentada, vender el metal y as egurar el mantenimiento de un elemento crucial en la vida cotidiana de la s poblaciones. La decisión para abaratar costes fue entender que no importaba que en el proc eso de descen so de las camp anas se estropeara n o destroz aran si se arrojaban desde el campanario, porque se gún la condición undécima de las promulgada s p ara la su basta y remate del me tal, que se ha llan insertas en la Gaceta de Madrid del jueves 7 de septiembre de 1837, se p reveía que el comprador no podía r echazarlas porque se enajenaba n como planchas y no como pro ducto fabricado. Ya en e l suelo 3 04 (hubiesen sid o ba jadas de la manera que fuese n ecesari a), el hierro debía separa r se de la madera y el r est o del metal, a fin de que estos resto s pudiesen ser igual mente vendidos, orden ándose a los ayuntamientos que se su basten los despojos de l as campanas en los lugares y por lo s procedimientos habituales y los pa gos se ha gan co n dinero ef ectivo, previa aprobación de la Junt a. A pesar de ello , hubo varios casos en que se documentan l as protestas de lo s vecinos para que no se llevasen las ca mp anas de la s ubicac ione s orig ina rias, así co mo las estratagemas y comportamie ntos de algunos Ayuntamientos para evitar q ue salieran de su municipio 3 05 , lo que vie ne a confirm ar t odo un p roceso en el que ch ocaba n de frente 302 LÓPEZ G AR CÍA, Mar ía T eresa: “La e naj enación de la s ca m panas de lo s conventos s upri m id os en Murcia en la desa mortizac ión d e Mendizáb al (1 836-1840 )”, en C AMPOS Y F E RNÁ NDEZ DE S EV I LLA, Francisco Javier (c oord.) : La desamortizac ión: el exp olio del p atrimo nio artístico y cultu ral de la Igle sia en E spaña , El Esco rial: Edic iones Escurialen ses: Real Ce ntro Universitario Escoria l-María Cristi na, 20 07, p. 7 46. 303 ESPAÑA. I nstrucc ión d e 6 de septie m bre de 1 837 . Gaceta d e Madrid, 7 de septie mbre d e 1837, Nº. 101 1. Disponible: https://ww w.boe.es/da tos/pdfs/B OE //1837 /1011 /A00003-0000 4.pdf. [2 1 de dicie m br e 20 17]. 304 Los gastos derivad os d el de scenso de las campanas d ebían s er asumidas po r lo s Ayunta mientos, tenie ndo estas instit uciones que ob tener el diner o para coste ar la o perac ión de d onde fuese. Final mente, las c uentas de los gastos deb ían ser e ntregad as a la J unta de E najenaci ón, para que ésta abonar a su i mporte a las que habían realiza do lo s traba jos de d escenso. 305 Dom í n guez M oreno (DOMÍ NGUEZ MO RENO, J osé Mª.: “L a s ca m pana s e n la provincia de Cáceres: simbolismo d e identid ad y agregació n”, en Rev . Folklore , T omo 8-2, Va lladolid , 1988, pp. 183 y ss.) lo L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 77 los inte r eses na c ionales y los lo cales. Dicho d e otra manera, e xistió un enfrentamiento entre la voluntad de la Junta de Enaj enación qu e i nte ntaba sa car hacia delante las reales órdenes y l a voluntad de los vecinos por imponer sus creencias 306 . E sto provocó una lentificación del proceso y un desgaste conti nuado de las instit uciones, para finalmente, llegar a un desinter és de la J unta, una obstrucción mu nicipal de las institu cione s territoriales, una oposició n de la Iglesia y una resiste ncia de la població n frente a l a posibil idad de perd er un e lemento de su espiritu alidad relig io sa y de sus pr opios ti empos de vida y trabajo. 1.1.3.6 Los li bros, códices, documentos y demás objet os preciosos literarios de los conventos suprimidos La Instruc ción de 1 de septiembre de 1837 parece que reservaba de la venta los libros, códices, documen tos y demás obje tos prec iosos li terarios que pertenecían a estos conventos suprimidos. De hecho, el Real Dec reto de 22 de septiembre de 1838, denominado Formación de biblio tecas de la s univer sidades con los li bros de los conventos , puede entende r se como un reflejo de e sa salvaguarda de las ricas c olecciones de las instituciones religiosa s suprimidas. El tex to dice lo si guien te : «S .M. ha tenido a bien disp oner que en l a s prov incias donde hubiere univers idad reemplace este c uerpo l i terario a la com isi ón artística en la reunión, colocación y arreglo de los l ibros p rocedentes de lo s sup rimidos conventos; pero en la inteligencia que no h a de considerar la biblioteca que se form e como pr opiedad exclusiva suya, aunque sí podrá servirse de ella, sino como establecim iento público, de cuya conservación e stará e ncargado, y que deberá estar abierto sei s horas al menos diarias, e xc e pto e n el m es de a gos to, que se destinará a la li mpia general y v erific ación anual de índ i ces; y como e n la realización de este proyec to están i nteresados los Ay unta m ie ntos y Diputaciones provinciales, es la volun tad de S.M. que se pongan los claustros de acuerdo con estas corporac iones para qu e expresa e n los siguientes tér minos: «El perd er las ca mpanas , no importa cuáles sean las razo nes, acarr ea el ser despo seídos d e la j urisdicción y l a i m po sibilidad de una recuperac ión poster ior » . 306 LÓPEZ G ARCÍA, Mar ía T eresa: “La e naj enación de la s ca m pa nas… op. cit., p. 746 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 78 se se ñalen fondo s sobre sus presupue st os, a efectos de conservar y enriquecer las bibliotecas» 307 Todo ell o, a pesar de que la ma y or p arte de los fondos de las bibl iotecas de l os conventos suprimidos carecían de utilidad para la enseñanza universitaria, pero sí contenían muchos manuscritos, códices e incunab le s de alto valor bibliográfico. Parte de la riqueza do cumental y de los v aliosos fondos históricos que en la act ualidad posee n algunas de las universida des españolas proceden de este pe riodo 308 . Sin embargo, y a pesar de estas m edidas, a me diados del siglo X IX se produjo una importante actividad de ex polio, compraventa y s alida de bi enes patrimoniales del p aís. La falta de conocimi ento con respecto a la producc ión de mu chos artis tas, a sí como de las obras procedentes de los conventos suprimi dos -que no estaban lo sufic ientemente bien invent ar iad as-, y un cuerpo legis lativo desarrollado que impidier a toda esta actividad depredadora, hicie ron el resto. La prens a denunció de manera más o m enos ex plícita estas prácticas 309 . Un ejemplo lo en contramos en la revista La Enseñanza de Madrid que, el 10 de marzo de 1866, publicaba el si guiente texto: «España, que m ás f ácilm ente que o t ras nac iones podía y de bía enseñar al m undo entero con orgullo los grandes depósitos de su poder y maravilloso ingenio (…), casi desd eña los inapreciab l es tesoros que en sus Archiv os se contienen, y se ha olvidado de levantar un monum ento para gloria suya y de sus a rtes ( …). esto m is mo, que para nue stro país es una falta de afición á la Histo r ia y á las Bellas Artes, da motivo á los extranjeros para cometer un exceso de exportación de nuestros más notables objetos artísticos (… ). Mucho nos tememos que c uando en España se generalice tan noble afición y el Gobierno se re suelva á pr oteger l a, se encuentre e l campo de nuestras antigüedades com pleta m e nte e spigado, 307 E SPAÑA. R. D. de 2 2 d e septiembre de 1838 Formación d e b iblio tecas de la s universidad es con los libros d e los co nven tos. To mado d e MART ÍNEZ ALCUBIL LA, Mar celo: Dic cionario de la Admin istración españo la, peninsula r y ultra marina. T omo II. Mad rid , 1868, p. 728. 308 RODRIGO ZARZOSA, Car men : “Desamortiza ción d e p i nturas, libro s y alhaj as d e l os c onventos suprimid os e n Va lencia (1835-18 37) ”, en CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEV ILLA, Francisco Ja vier (co ord.): La d esamo rtización … op . cit., pp. 701-702. 309 LUZÓN NOG UÉ, Jo sé Mar ía: “El co mercio y l a e xporta ción de o bra s de arte e n la pr ensa de los siglos XIX y XX” , e n P ÉRE Z MU LET , Fernando y SO CIAS B A T ET , Inmac ulada (ed s.): La d ispersión de o bjetos de arte fuera de España en lo s siglo s XI X y X X , Cádiz: Ser vicio d e Publicac iones d e la Universidad d e Cádiz, 2011 , pp. 143-144 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 79 quedándonos s o l o el t riste consuelo de verlas esmer adamente conservada s y clasificadas en los Mus eos de I ngl aterra, Franci a ó Ale m ania » 310 De este modo, fu e en p arte, desde d eterminados círculos i ntelectuales 3 11 , en cierta medida desde el ámbito lo cal, que fueron desa rrollando cr iterios compro metidos con la defensa de los valores patrimonia le s, c ulturales y artístico s. No obstante, y p ese a estos intentos por toma r ma yor conciencia del valor de estos recursos cultur ales, no fue hasta el si glo XX que se llevó a cabo un verdadero cambio e n los sistemas proteccionistas 3 12 . 310 ROD RÍGUEZ VI LL A, Antonio : “El M useo N acional y l a p ublic ación de d ocumento s hi stóricos”, en La Enseña nza. Revi sta ge neral de Instrucción púb lica y p articula r d e archivos y biblioteca s , Nº . 11, Ma drid 10 de marzo d e 1866, pp. 164-165. 311 CHOMÓN SE RNA, Jo sé Mar ía: “El perio dismo d e p roximid ad lo cal: lo s per iódico s burgaleses d el si glo XIX en la defensa d el Patrimonio H istórico A rtístic o”, en Hi storia y Comunica ción S ocial , Vol. 21, nº. 1, 201 6, pp. 97 -113. 312 V éase GÓMEZ ALFEO, María Vi c toria y G ARCÍA RODRÍ GUEZ, Fernando : “ De fensa del pa trimonio artístico e n el per iodis m o de España del p ri mer tercio d el siglo XX”, e n CAB AÑAS B RAVO, Mig uel, LÓPEZ-Y ARTO ELIZALDE, Amelia y RINCÓN GARCÍA, W ifredo (coords.) : Arte , po der y so ciedad en la Espa ña de los siglos XV a XX , Madrid : CSIC, Depa rtamento de H istoria d el Arte, 20 08, p p. 615-626 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 80 1.2 MA RCO GEOGRÁ F ICO 1.2.1 La comarca como concepto cultural, na tural e histórico El conce pto comarca n o es senci ll o de pl asma r. Def inir lo entraña no pocas dificultades al no tener ni una única acepción ni su delim itación ser fácil 313 o independiente; como señala Caro Baroja, e l término discurre en español con asiduid ad desde el Siglo de Oro, siendo empleado por historiadores como Hurtado de Mendoza, Pedro de Mex ía, Mariana y Zurita 314 . Es evi dente que ex iste una vinculación en lo cultura l que supone un elemento de cohe sión administrativa y humana que sur ge de ese intento de au nar toda la riqueza cr ema tística e xpuesta por las definiciones de la comunidad científica, m ás allá de su significado ju rídico-admini strativo y de entronc a rse en un entorno geográfico. El concepto de est e voc ablo -en s u si gnificación natural- s e loc aliza en el siglo XIX francés, mo mento en que la expansión de l positiv ismo de las ciencias de la naturaleza exigía una adecuación de los es pac ios ter rito riales a las necesidades de la ciencia. Si bien inicialmente hubo una asociación exclusiva a f enómenos naturales, luego se vio la necesidad de aso ciarlo también a la presencia y actividades humana s. De este modo la comarca adquirió una si gnificación cultura l 315 . En el caso español, esta c on cepción fue recogida en la Co nstitución liberal de 1812, r eflejo de cómo la Revolución Francesa ha bía influido en las Cortes Ga ditanas. En el artículo 11 se lee: 313 P RECEDO LEDO, A ndrés: Ga licia: Estruct ura d el te rritorio y org anizac ión co marcal , Santia go: Xunta de Ga licia, 19 94, p. 271. 314 CARO BAROJ A, Julio: “Sob re los co nceptos de región y comarca”, e n Boletín de la Asocia ción Naciona l de Ing en ieros Agrónomo s , nº12. 195 1, p. 7. 315 BO IX REIG, Vicente: “Los e spacio s de la comarca: La c omarca urbanística”, en R evea, Rev ista valenc iana d' estudis a utonòmics , nº . 20, 1997 , p. 145. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 81 «S e ha rá una división más c onveniente del territorio españo l por una ley Constitucional, luego que las circunstancias políticas de la Nación l o permitan» 316 El propio articulado ya preveía la dificult ad de esta pre tensión. Se ente ndía la complejidad territorial española y la s siguientes constituc iones decimonónicas no harían más que mantener esta estructuración territorial llegando hasta la actual Co nstitución del 78 317 que « gene raliza la s C omunidades de b ase regional busc ando nu evos m odelos co n mayor capacidad de ges ti ón, que reconoz can la esencia comarcal » 318 . No obstante, y a pes ar de estos matices i niciales, la comarca es una clara manifestación geográfica 319 . Es un espacio terrestre indivi dualizado. Es una micro-región, intermedia entre una unidad loca l y una regional que c a rec e de lími tes co nceptuales prec is os. Es una concepción que s e pierde e ntre unidades espa ciotemporales con límites de 100 a 2000 km 2 3 20 y tamaños variables originados por l a costumbre 3 21 . Además, están def in id os por un elemento, un ras go f ísico o una condi ción histórica que l e da nombre . Todo ello amparado por una con fi guración de tipo distinto al meramente geográf ico, donde la comarca deja de ser una simple superficie y s e convierte en el resultado de la interacción del hombre con el entor no a lo lar go del tiemp o, un área de vida que requiere una 316 T ÍTULO II. Del t erritorio de las Españas, su r eli gión y gobie rno, y d e los ci udadanos espa ñole s. Capítulo I. Del territorio de las E spañas. Art. 11. Co nstitució n Po lítica de la Monarq uía Española . Promulg ada en Cádiz a 1 9 de marzo de 1812. 317 Los artíc ulos 141 .3 y 152.3 de la Constitución dispone n respectiva mente, que «se pod rán crear agrupacione s de municipios diferentes d e la p rovincia » y que «median te la a grupació n d e municipios limítro fes, lo s Estat utos podr án establece r circ unscripcio nes terri toriales p ropia s, q ue go zarán de plena per sonalidad jurídic a » . A partir estos precepto s y de los Estatu tos de Autonomía, el régimen jurídico de las comarcas vie ne constit uido por la Ley 7/19 85, de 2 d e abril, regulador a de las Ba ses del Régime n Local, m odi ficada por la Ley 27/2 013 , d e 27 d e d iciembre, d e ra cionalizació n y soste nibilid ad de la Administración Local. La de finición e xpresada en el te xto jurídico define las co marcas com o e ntidad es locales de nat uraleza t erritor ial y c arácter supr amunicipal for m ado s a p artir de la agrupac ión de varios municipios l imítrofe s, con c ara cterísticas geográ ficas, econó m ic as, so ciales o históri cas comunes y per tenecientes a u na mis ma provincia pa ra la ges tión de c ompe tencias y ser vicios lo cales. 318 ARIAS LÓPE Z, Manuel: L a comarca como entidad natural, histórica y admin istrativa , Madrid: Dykinson, 2 013, p.11. 319 Ibíd em , pp. 22-27 . 320 SA NZ HE RRÁIZ, Co ncepción: “Significado de la Región Natural en la a ctualid ad”, en La Reg ión y la Geog rafía Espa ñola , Valladolid: AGE, 19 80, p. 48 . 321 GON ZÁLEZ VE CÍN, J oaquín: Ge ografía Social y Ec o nómic a de l Bierzo , Tesis. Universida d Complutense d e Ma drid, 1984, p. 5. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 88 Fig. 5: Mapa de la Laguna de Janda. 1772 . Si n escala. 1 plano, papel , manuscrito, blanco y negro, 43 x 31 cm. Leyenda: « M apa d e la Laguna d e Jand a, r emitido a su Ex a . en cart a de Dn. Bart me . Arnafan( ?), th esorero de Conil, de 1º de octu re d e 1772, la qual tiene en I nvierno de Poniente a Levante dos leguas d e longitud, y de Norte a Sur, una legua d e Latitud, pero en v erano se reduc e como a medio q uarto de legua , o cupan do en su mayor p arte el term no . de Vexer y alcanzando a los de Medina y Tarifa». E n el ce ntro del d ibujo se representa co n u na form a o valada la zona del hum eda l perm an ente mente con agua. El te xto dice lo sig uiente: «La Cald era d ond e siem pr e se manti ene el agua». Curiosamente los dos elementos acuáticos menci onados, el río Barbate -con su cuenca- y la laguna de La Janda, determinan una importancia harta conocida del agua no solo com o medio de transporte y comunic ación, sin o también como recurso económico L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 89 y , po r tant o, factor determinante en l a organiza c ión territorial y distr ibución de los pueblos. El territorio de La Janda g oza de un a situación g eográfica p rivilegiada, entre el Atlántico y el Mediterrá neo y su riqueza fa unís tica propició una presencia humana bien documentada 343 de sde époc as prehistóricas, localizándose m últiples pi ezas artificiale s 344 . Fenicios, griegos y cart agineses deja ron su im pronta en la re gión, si endo los romanos, con el establecimie nto de varios asentamientos pobla cionales, quienes ma ntuvieron una presencia y a ctividad mucho más decidida. Tras e ste periodo de dom inación romana, la región vuelve a tomar protagonismo en el 711 con la entrada de lo s ej ército s musulma nes y la batalla del Guad al ete 345 que supuso la der rota de los visigodos y el inicio de un largo 343 Existe un a a mplia bib liogr afía referid a a los estudio s pr ehistóricos sob re e sta r egió n q ue e stá n per m i tiendo traza r un co nocimie nto a mplio sob re lo s grupo s h umanos que o cupa ron la c om arca de La Janda . Much os esto s trabaj os han pre tendido pr ofun d izar en la organizació n socioec onó m ic a de las for m acione s sociale s de caz ad ores-recole ctores, incid iendo en aspectos relati vos a los modos de pro ducción, m odo s de vida y vinculació n y ad aptació n al medio natura l. Solo por citar algunos de esto s trabajo s a m od o d e e j emplo: BRE UIL, Henri: “Deco uverte de de ux c entres d olmeniques sur lebor ds de la Laguna de la J anda”, e n Bu lletin Hispan ique XI X, 3, P ar ís, 1917 ; CABRÉ, J . y HE RNÁNDEZ -PACHECO , E.: Av ance al e studio de las pintu ras preh istóricas del ext remo Sur d e España (Lagu na de la Janda). Trabajos d e la Comisión de In vestiga ciones Paleontoló gicas y Prehistóricas 3 , Mad rid, 1914; CAR O CANCELA, Die go (coord .): Historia de Medina … o p. cit. ; E SCACEN A CARRAS CO, Jo sé L uis y FRUTOS REYE S, G regorio de : “E nterra mi e nto s de la Eda d del Br once del Cer ro del B errueco (Me dina Sidonia, Cá diz)”, en Pyrenae , núms. 17-18, 1981-82, pp. 165-189; ESCACEN A CARRASCO, J osé Luis y F RUT OS REYE S, Gregor io d e y A LONSO VI LLALOB OS, Carlos: “Avance al e studi o del y aci miento del cer ro d el B errueco ( Medina Sid onia-Cádiz)” , e n An ales d e la Universidad de Cád iz , nº 1, 1984 , pp. 7- 32; FERNÁNDEZ-LLEBRE Z BUT LER, C.; M ATE OS ALON SO, V. y R AMÍRE Z DELG ADO, J.R .: “Los y a ci mientos p aleolític os d e la D epre sión de La Janda (Pr ovincia de Cá diz)”, en Cong reso Interna cional El Estrecho de Gibraltar ( Ceuta, 1987) , To mo I . Pr ehistoria e Historia de la Anti güedad, Madrid , 1988, pp. 87-96; G ILES PACHE CO, F. y SÁE Z ESPLIG ARES, A.: “Pr ehistoria de la Laguna de La J anda: nu e vas a po rtaciones”, e n Boletín del Museo d e Cádiz, I, 1978, pp . 7-21; LAZARICH GONZÁLE Z, M.: “U na sepult ura d e incineració n del período orientalizante tar té sico en la Mesa de Alga r (Vej er de la Fr ontera, Cádiz)”, en Ga des , nº . 13, 1 9 85, p p. 1 03-119; del mis m o: La ne crópo lis d e Pa raje de Monte Bajo (Alca lá de lo s Gazules, Cádiz). Un acerca miento al conocimien to dela s prácticas fu nerarias prehistóric as. Ritos ante la Mu erte , Cádiz: Universid ad, 200 7; MATEOS AL ON SO, V.; RAMÍREZ DELGADO, J.R. y FERNÁNDEZ -LLEBRE Z BUTLER, C.: “Hábitat y p obl amiento prehistórico en la co m arca d e La J a nda-Barb ate (Cád iz)”, en Alm oraima , nº . 13 , 1995, pp . 23 -31; MERGELIN A, C. de: “Los focos dolménicos de la Laguna de L a J anda”, en Actas y Memorias de la So ciedad Española de Antropolo gía, Etnolog ía y Prehistoria I II, Me m o ria XXV- Sesi ón 22 , M adrid, 192 4, pp. 97-12 6; RA MOS MUÑOZ, J. (coo rd.): La ocupación prehistórica d e la campiña litoral y ban da atlántic a de Cádiz. Aproximación a l e studio d e la s so ciedad es cazadoras-reco lectoras, tribales- comu nitarias y clasistas i nicia les , Sevilla : Co nsejer ía de C ultura. Jun ta de An d alucía, 2008; TOPPER, U . y TO PPER, U.: Arte rup estre en la provinc ia de Cád iz , Cádiz: Diputación, 1 988. 344 Véase An uario Arqueológ ico de An da lucía , Sevilla: Direc ci ón G eneral de Bie nes Cultura le s, Co nsej ería de Cultura, Junta de A ndalucía, 198 5-2008 . Disponible: https:// www.juntad eandalucia .es/organis mos/cult uraypatri mo niohistorico /areas/bienes - culturales/acti vidad es-arq ueolo gicas/anuario -arqueolo gico.ht m l. [5 de j unio 20 17]. 345 El lugar en q ue tuvo lugar e sta batall a fue motivo d e discre pancias entre los diversos e studiosos de l te m a, sosteniendo a lgunos que di cha lucha se desa rrolló en la s pro ximidades a la laguna d e La Janda, DOZY, Rei nhart: Hi stoire d es Musulman s d ’Espa gne : jusqu' à la conqu ete de l'Andalo usie par les Almorav ides (711-11 10) , Le yde: E.J. B rill, 1861; MANCHE ÑO Y OLIVARE S, Mi guel : La Batalla del Barba te: Estu dio histórico crítico , Arcos de la Fro ntera: El Arcob ricense, 1 899, tal vez siguiendo las fuentes árabe s q ue se refer ían al lugar del e vento con varias denominacione s: Wadi Lakk o Río del Lago , identifica do tradi cional m e nte c on el Guadale te; Wadi-I -Buh ayra o Río de la A lbufera , que pudie ra L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 90 periodo de tiempo ba jo la dominación árabe. Bajo este espect ro de conq uista árabe y repoblación es que encon tramos el origen de poblaciones actuales de la comarca. En definitiva, se trata de una re gión ínti mamente vinculada a la lag un a y la cuenca del Barbate, así como a una serie de aconte cimientos históricos de gra n relevanci a que marcan ineludible mente a las poblaciones allí asentadas. La combinación de estos elementos aplica un car ácter in material y una h uella material visi ble, n o solo e n la s costumbres y v alores culturales, sino t ambién e n la a rquitectura de ca rácter defensivo y una cualidad urbanística ma rcadas por la presencia de edificios religiosos. Lo sucedido t anto con el río como con la laguna en la coma rca de La J anda ex plica claramente esta caracterí stica. Pone , así mi smo, el foco de at ención en los elementos económicos y en la herencia administr ativa de los poderes so ciales, político s y reli giosos presentes en la re gión desde el medi evo y qu e ll egan ha sta los si glos X IX y XX con los procesos de dese c ación anteriormente descritos. Todos estos poder es ac tuaron en alg ún momento como a gentes organizadores d el territ orio. Especialment e definidores en l a conquista castellan a del territo rio andaluz en general 346 . Esto dará como r esultado la creación de los reinos de C órdoba, Jaén y Sevilla, y desde 1492 el reino de Granada. corr esponder a l r ío Barbate o a la La guna de l a J anda; Wadi S iduna , Río d e Sidonia , tal vez el mismo Barb ate; Wadi Um m Haki m , Río d e Umm Hakim , nombre de una esclava q ue aco mpañaba a Táriq; Wadi Bak ka , Río de Beca o Meca , que pudi era tra tarse d el B arbate o de una mala lectura de Wadi Lakka o Guad alete ; W adi- I- Tin , Río de l Ba rro , donde falleció el re y Rodrigo, y W a di-I-S awaq i , Río de las Acequ ias . A p esar de todo , Sánchez Alb ornoz rea lizó una re construcció n d e lo s hechos a p artir d e las cró nicas y lo s relatos t a nto musul man e s c o mo cr istiano s, rebelando nue vos datos que resolverían definitivame nte que el lugar de la l ucha fue en las proximidad es de A r cos de la Frontera, en la Junta de los Ríos , en e l mismo entorno d el Guad alete y su unión con el río Maja ceite. SÁNCHE Z ALB ORNO Z, Claudio: Cuad ernos de Historia d e España , núm . 1, 1944, pp. 47 y ss., notas 49, 67 , 7 2, 102, 104 . 106, 108 , 110, 112, 113, 121, 122, 140, 143 , 145, 146, 14 7, 148, 149, 150, 151, 152 , 153, 154, 15 5, 156. 346 MART ÍN GUTI ÉRREZ, E milio: “Prehistoria y P ro tohist o ria de Medina-Sidonia ”, en CARO CANCELA, D iego (co ord .): Historia d e Medina … op . cit., Tomo 1, p . 2 84. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 91 Fig. 6: Distrib ución d e los Rei nos de Andaluc ía en la E dad Mode rna (1789) 347 . Con lo s primeros pro cesos de c onquista y repoblac ión de los territori os andaluce s, las fórmulas de realen go serán las p redominantes, para pasar, y a en las post rimerías del siglo XIII a un a formulación administr ativa basada en el señorío 348 , centrado en tareas defensivas y d e repoblación de los lím ites fronterizos con el reino granadino. En este sentido, la la guna de La J anda se establec ería como una regió n fro nte riz a, de cierto carácter in determinado por la constante sensación de peligro, y con claros elementos 347 Elabor ación propia a partir de M ART ÍN DE AGAR Y VALVERDE , Rafael (Dir.): Atlas de la Historia del territorio de Andaluc ía , Sevilla : Junta de An d al ucía - Consejería de Vivien da y Orde nación del T erritorio , 2009, pp. 6 8-75; y C ANO GARCÍ A, Gab riel: “O rigen y e volución d e lo s límites d e Andaluc ía. Principa les factores”, Disc urso d e entra da en la A cademia Anda luza de Cien cia Regiona l , 2013. Disponible: http://www.acac r.es /discur sos/Origen%20 y%20evol uci%C3 %B3 n%20de%20 los%20l %C3%ADmi tes%2 0de %20Andaluc%C3 %ADa.pd f. [23 de abr il 2019]. L a s marcas en roj o señalan los lími te s actuales distintos a los del Censo d e Fl orid ablanca de 17 89. 1) . Fregenal de la Sierra, Bodonal d e la S ierr a e Hi guera la R eal; 2). Cañaveral de León y A rro yomolinos de Léon; 3) . Guadalcanal; 4). B elalcázar, Hinojosa del Duque, Villan ueva d el Duque y Fuente la Lancha ; 5). Chilló n y Guadal mez; 6). Chicla na d e Se gura, Be as de Segu r a (é stas d os e n Ja én en 15 94) , Siles, Se gura d e la Sierra, Or cera , Génave, Puente Gé nave, Villarr odrigo, La Pue rta d e Se gura, Ho rnos, P ontones, Santia go-Ponto nes, T o rre Albánch ez y Benat ae corr esponden a la s diferencias con lo s límites ac tuales. El Real De creto de 30 de no vi embre de 183 3 estable ció la d ivisió n provincial d e E spaña. E n su a rtíc ulo 2º se puede le er: «La Andalucía, que c o m p rende los reinos de Córd oba, Granada, Ja én y Se villa, se d ivide en las ocho pro vin c ias siguie ntes: Córdoba , J aén, Gr anada, Almer ía, Má laga, Se villa, Cá diz y Huelva » . ESPAÑA. R. D. d e 30 de novie m bre. Gace ta de Madrid , 3 de diciembre de 1833 , Nú m. 154. Dispo nible: https:// www.boe.e s/datos/pdfs/B OE//18 33/154 /A00657 -00658.pdf . [24 de abril de 2019]. 348 En el siglo X VI, el 48 ,1% de las jurisdic ciones d el ter ritorio a ndaluz se rán señor íos d e la noblez a . COLL ANTES DE T ERÁN, Antonio: “Los se ñoríos andal uce s… op. c it., pp . 89-112. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 92 arquitectónicos propiam ente def ensivos 349 . En est e contexto se presentan las C asas nobiliarias que marcarán la región de estudio: la Casa de los Medina Sidonia y los Señor es de Alcalá de los Gazul es. En a mbas Casas existirá una configuración regional que impondrá definiciones es tratégicas de articul ación territorial, más acusada en el caso de los Duques de Medina Sidonia, con un a sede en l a ciudad d e Sanlúcar de Barrameda, y una posición que a glutinaría la costa atlántica, nort eafricana y el campo de Gibra ltar. Co n los avances t erritoriales sobre del reino nazarí, y el desplazamiento front eriz o hacia el Este, La Ja nda poco a poco dejaría de ser esa región in determinada y p eligrosa para transformarse en un espacio dirigido a las activ idades económicas primaria s. Fig. 7: Línea fronteriza siglos XIII y XIV. So bre i mpresionad a la r egión jandeña . 349 Cabe d estacar, entre otros, el Castil lo de Gigonza, el Castillo d e Medina Sid onia, el C astillo o Torr e de Benalup, el castillo ár abe-mudéj ar de To rre Estre lla, To rre del Espa rragal o el Castillo d e Vej er. El prop io nombre de Alcalá de los Gazu les alude a este particular , refiriéndo se a l a fun c ió n d efensiv a por la q ue se eligió este e straté gico punto para emplazar al p ueblo. Sobre el sob renombre Gazules, Ramos Ro mero interpreta que s e debe a la tribu « Ga zie s o gazues ber eberes establecid os en su zo na, y a q ue g azi hace en castella no el p lural e n gazie s o gaz ules (…) d ando Alca lá de l o s Ag uerridos o d e los Vic torio sos ». R AMOS ROMER O, Marco s: Alcalá … op . cit., p. 175 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 93 1.2.4 La Jand a del siglo XIX A comi enzos del siglo X IX, la comarca jand eña era un claro ejemplo de l modelo económico anti guo, adol ecido por los procesos desamortiz adores y fundamentado en el clásico latifundismo here dero de los señoríos. Mu chos de estos latifundios se dedicaron a la ganadería o estaban sin cultiva r , generando u na problemátic a social que empobrecía al campesinado de la zona, al no ser requer id a mano de obra para las fae na s del campo. Los condicionantes de poder, con gran d es propiet ari os desinteresa dos en una modernización del campo, imposi bilitaron la creac i ón d e ex plotaciones que fue ran productivas, a lo que se debía añadir aquellos condiciona ntes derivad os bien de la orografía, bien d e los facto re s meteorológicos. Como res ult ado de todo esto último, las rentas generadas por las e xplo taciones no eran sufic ientes. Para el campesin ado, los largos meses de pa r o y las cond iciones laborale s abusivas y salarios ba jos por j ornal au guraba una situación que no ha ría más que empeo rar. En este sentido se explica -en part e- la situación nefasta de muchas de las casas conven t uales de l a región, hecho extensibl e a todas aquellas situadas fuera de las g randes urbes, tal y como se verá más adelante. E n términos generales, para los conventos de la comarca de L a Janda, las rent as percibidas por las fincas rústicas se situ aban en unos 30 reales por hectárea, como m edia 350 , lejos de las cantidades percibida s por los conventos de otras re giones gaditanas. Ante tal panorama, no es de extra ñar que se diri giese la m irada al humedal d e ma yor tamaño, a l que se veía como un ter reno de gran extensión que no er a productiv o, más allá de aquella justi ficac ió n derivada d e cu estiones relaciona das con l a estanqu eidad de a guas y salubridad. La r espuesta por parte d e las autorid ades fue la de poner una ma yor sup erficie de tierra par a la explotación agríco l a, eso sí, nueva, pue sto que los terrenos y a asi gnados a la aristocracia y nu evos ricos no podían ser enaje nados. La Janda se configuró ya en el si glo X IX como un entorno con sentido p ropio, donde las artes pesqueras y l a a gricultura tuvieron un pes o económico muy significativo. Esto fue fruto de la c ombinación poblacional res ultante de las locali zaciones del lito ral 350 Los cálc ulos r ealizado s p ara las rentas en base al nú mero de fin c as d e las que los c onventos son pro pietario s nos re portan unas cifras que se sitúan por encima de lo s 510 reales d e m edia . Esto e xplica q ue los co nventos ubi cados en lo s gran des c e ntros urb anos, co n mayor posi bilidad de rentas ur ba nas contara n con mayor fo ndo e conómico, le jos de las miserias de lo s conventos co marcale s. Po r títulos d e renta, los conventos ja ndeños pe rcibía n como media apr oximadament e 33 reales. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 94 atlántico y las tier ras de in terior sit uadas en la zona central de l a provinci a. U n ento rno territorial que, como define Ben íte z Barea, era « c errado y endogámico, co mpletamente diferente al que se d etecta en la urbe cosmopolita y bulliciosa que re present a la cap it al de la diócesis » 351 . La población residente al canzaba para mediados del si glo XIX un número aproxim ado de 30.988 habitantes 352 . L os datos demográficos recabados tanto en el c enso de 1787 como en la Matríc ula catastr al de 1842 revelan cifras al alz a salvo en el c aso de Medina Sidonia, que registra una minoración en el número de habit antes . En lí neas generales la población de la comarca aumento dur ante la primera mitad del siglo XIX en torno a un 21%. Tabla2: Población de los municipios de la comarca de La J anda 353 Localidad Censo de 1787 Matrícula Catastral de 1842 Diferencia % Alcalá de los G az ules 46 04 6116 32 % Barbate 354 -- -- -- Benalup/Ca sas Viejas 355 -- -- -- Conil dela Fron tera 35 04 3542 1% Medin a Sidonia 11338 10534 -7% Paterna de Rib era/Paterna de Rivera 356 986 24 36 1 47% Vexer/Veger 357 5191 8360 61% TOTAL 25623 30 988 21% 351 BE NITE Z BARE A, Aveli na: “Baj o c lero y fa milia e n la Comarca gadita na de la Janda dura nte el Antiguo Ré gimen”, en PÉRE Z ÁLVARE Z, María J osé y MART ÍN G RACÍA, Alfredo ( Eds.) : Campo y camp esinos en la España moderna . Culturas políticas en el m undo hispano , León: Fundación Espa ñola de Historia Mo der na, 201 2, p. 1050. 352 MADO Z, Pasc ual: Dicc ionario Geográfic o-Esta dístico … o p. cit. Según matrícula c atas tral d e 18 42. Análisis de la s pob laciones de Alcalá de lo s Gaz ules, Conil, Medina Sid onia, P aterna d e Rivera y Veje r. 353 Elabor ación p ropia a par tir de Evolu ción histórica d e la p obla ción de Anda lucía. Población de los munic ipios d e la prov incia d e Cádiz segú n los censo s d e 17 87 a 2001 . Dispo nible: https:// www.juntad eandalucia .es/instituto deestadist ica y car tografia/e hpa/e hpaT ablas.ht m . [12 de e nero 201 9]. 354 En 1 940 se segrega Bar bate de Franco d e Vej er de la Frontera y en 1 998 Barb ate de Fr anco c am b ia s u deno minación por B arba te. 355 En 19 91 se segrega Be n alup de Me dina-Sid onia. En 19 99 ca mbia la d enominac ión de Be nalup por Benalup-Casa s Viej as. 356 Miñano en 18 28 l a llama Pa ter na de la Ribe ra, Madoz , en 1 846, y Cuenca, en 18 79, P aterna de la Rivera, CUENCA Y ARIAS, Her mengaudio : Descr ipción Geog r áfica … o p. c it. p. 125. Co mo Ribera/Rivera pro cede d el apellido d e aquella Casa, la confusión s e deb e en parte a q ue en los d ocumentos oficiales se transcribe indisti ntamente de Ribera o de Rivera , terminand o p or g eneralizar se e n el siglo X X la segunda transcripción p or se r la d e may or d ivulgació n de este a pellid o c on «V». 357 Entre 1 842 y 18 60 Ve ger cambia su de nominació n por V ejer d e la Fronter a. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 95 En la comarca de la Janda, para me diados de la década de los 30 del si glo X IX, existía n 14 conventos. De éstos, nu eve lo eran de la rama masculina, mie ntras que c inco pertenecían a congre gaciones femeninas. Al contr ario de lo que o currió co n la población de las lo calidades jand eñas que aumentó su núme ro, la población r el igiosa, tant o masculina como femenina, viv ió en el mismo periodo una tendencia a la baja. Esto era fiel reflejo de la decadencia de estas mismas insti tuciones. Tabla 3: Distribución del clero regular en la c omarca de La Janda 358 Municipio Nº de convento Nº de profesos Masculino Femenino Tota l Frailes M onja s Total Conil 1 0 1 7 0 7 Vejer 2 2 4 12 34 46 Medin a Sidonia 4 2 6 33 35 68 Alcalá de los G az ules 2 1 3 14 14 27 Paterna de Rib era 0 0 0 0 0 0 TOTAL 9 5 14 66 83 148 Tabla 4: Distribución de conventos por municipios de La Janda Cen so de Aranda 359 Censo de Floridablanca 360 Localidad O rden masculina Denom i nación del convento Nº religiosos Nº religiosos Conil Mínimos de San Fra nc isco de Paula Convento de Ntra. Sra. De las Virtud es 21 -- Vejer Franciscano s Observantes Co nvento de San Francisco 18 12 + 3 legos + 3 don ados Mercedarios Descalzos Convento de Santa Catalina 361 24 11 + 1 lego + 1 don ado Medin a Sidonia Agustinos Convento de San Agustín 25 7 + 3 novicios + 2 don ados Carmelitas descalzos Convento de San José d e El Cuervo -- 13 + 6 legos + 2 don ados Hospitalario s de Sa n Juan de Dios Convento -H osp ital del Amor de Dios 362 12 + 1 don ado 13 358 Elab orac ión propia a partir d e SÁNCHE Z DE AEDO , J ulián: Guía d el esta do e clesiástico seglar y regula r de España en pa rticular y de toda la Iglesia Ca tólica en general, pa ra el año de 1834 , Mad rid: I m prenta d e I. Sa ncha, s.a. 359 Censo de Arand a , T omo I I, 1768. Dispo nible: https:// www.ine.es/pro d ys e r/p ubweb /censo_aranda/t o m o2.p df. [18 de e nero 2019]. 360 Censo de 1787 “Florida blanca” , To mo 1. Disponible: https:// www.ine.es/pro d ys e r/p ubweb /censo_ floridabla nca/tom o1 .pdf . [1 8 de enero 2019 ]. 361 En el c enso de Flor idablanca no ap arece su título. T an solo se indica la orden a la que está adscrito el convento; en este c aso, merceda rios desca lzos. 362 En el censo d e Flor idabla nca se no m b ra co mo “C o nve nto Ho spital de San Juan de Dio s”. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 96 Mínimos de San Fra nc isco de Paula Convento d e San Francisco d e P aula 18 + 1 don ado 9 + 2 novicios + 2 legos + 1 donado Franciscanos San Francisco de Asís 2 7 + 4 don ados 12 + 2 novicios + 1 lego + 3 don a do s Alcalá de los Gazules Dominicos Convento de las Sagradas Llanas 363 13 9 + 1 lego + 1 don ado Mínimos Co nvento de Ntra. Sra . De la Consolación 364 18 10 + 1 lego Tabla 5: Distribución de conventos femeninos por m unic ipios de La Janda Localidad Orden fe menina Denominación del convento Censo de Aranda Censo de Floridablanca Vejer Franciscanas concepcionistas Convento d e la P urísima Concepción 25 20 Medin a Sidonia Agustinas calzadas Mon asterio de San Cristób al 40 27 Agustinas descalzas Convento de Jes ú s Ma ría y José 30 21 + 2 novicias Alcalá de lo s Gazules Clarisas Mon asterio de Santa Clara 29 32 1.2.5 Organización Ecl esiásti ca de los pu eblos de la comarca de L a Janda según las obras de Sebastián Miña no y de Pascual Madoz 1.2.5.1 Alcalá de los Gazules Sobre la villa alcalaína, Miñano escribe lo siguie nte: «1 pa rroquia, 1 c onv e nto de fr ailes dominicos, otro de mínimos en que s e e nseñan gratuitamente primeras le tras y latini dad, otro de mon ja s clarisas, un beaterío c on clausura que ti ene á su carg o la enseñanz a de niñas y la c uraci ón de mujeres 363 En el censo d e Flor idabla nca se no m b ra co mo “C o nve nto S anto Do ming o de G uzmá n”. 364 En el censo d e Flor idabla nca se no m b ra co mo “C o nve nto S an Francisco de P aula”. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 97 enferm as, 1 hosp ital para hom bres, 3 e r mitas, 1 extram uros y á di stancia de 1/ 2 leguas, un santuario de m ucha devoción, 1 pó sito.» 365 Madoz 366 por su parte aporta ma y o r detalle. La Vill a estaba compuesta por 6. 116 almas. En el entramado urbano de la población existían cuatro plaz as, Co nstitución, llamada antes San Jorge (plaza principal), Carni cería, Marqués y de la Cr uz. L a patron a era la Virgen de Nuestra Señora de los Santos, siendo las principales festi vidades la que se celebr a en el santuari o de Nuestra Señora de los Santos, e l día del Dulce Nombre de María, y la de San Jorge. Contaba la localidad con una parroquia denominada San J orge, cuya fundaci ón era des conoci da, si bien se componía de las Collaciones de las tres antiguas parroquias anteri ore s a esta de San Jorge: San Vicente Má rtir, Sa n I ldefonso y San J orge. En relación al clero, tení a un párroco, 3 tenientes, uno ma y o r y otro menor, 1 maestro de c eremonias, 2 sochantres, 1 pertiguero, 1 campanero, 5 acól itos, 1 alguacil fiscal y 1 relojero, pre se ntados por el cuerpo de beneficiados al señor ob ispo para su aprobación. Además, había 1 ma y ordomo de fábrica y 1 costure ra. El patronat o de la Iglesia pertene ció al duque de Medinaceli y tení a una a yuda extr amuros en el templo d e Nuestra Se ñora de los Sa ntos, servida por el tercero de lo s tenientes. Dos eran los conventos masculinos habidos: el de L as Sagradas Llag as, de Dominicos, fundado por el Marqués de T arifa, y e l convent o de mí nimos, fundado primero ex tramuros de la población y t rasladado d espués al edificio que ocupaba e n los últi mos años. Respecto al primero, Madoz indica que el edificio era majestuoso, per o amenazaba rui na. Al tiempo de la exclaustración, la casa dominica alcalaína contaba co n tan solo 6 religiosos. Posteriormente sirvió d e cuartel a l a Milicia Nacional. Sobre el se gundo señala qu e, al tiempo de la excl austración, 5 eran los míni mos presentes. Al momento de la redacción del diccionario, e l ex convent o servía de escuela de primera educación, al tiempo que la iglesia permanecía abierta al culto con el nomb re de la Victoria. H abía también un 365 MIÑANO, Seba stiá n: Diccio nario geográfi co … op . cit., p. 87. 366 « E xi stiero n dos convento s de frailes; uno de Do minicos tit ulado de las Sagrad as Llagas, fundado por el mencionad o m arq ués d e T arifa, i gnor ándose el añ o , si bien se encuentran do cumento s que acreditan ex ist ía en 1 531 . El e dificio es maj estuoso, co mo el te mplo, pero a menaza r uina: tenia 6 religiosos al tie mpo de la esclaustrac ion, y ha servido desp ués d e cuartel á la Milicia Nacio nal: la l ib rer ía casi pereció en la g uerra de la Indep endencia, y no c onservaba r iquezas ar tísticas. El otro c onvento, de Míni m o s, funda do pr imero estra muros de la pobl ación, y t raslada do después al edificio q ue oc upaba e n los últ imos a ños, fue e ri gido, sin sabe rse el año, p or D. Alonso Cá rdeno, be nef ic iado de l a villa, y lo ún ic o que consta es, que mu r ió el fundador en 1586: cuando la supresió n constab a de 5 religiosos: en el día sirve el edificio d e escuela de primera ed ucación, y la iglesia está a bier ta al c ulto con el nombre d e la Vic toria: ta mbién care cía este convento d e riquezas art ísticas. » M ADOZ, P ascual : Diccio na rio Geo gráfico- Estadístico … op . cit., p p. 374 -377. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 104 del pat rimoni o cu lt ural y que pueda c onstitui rse en el basamento de la memoria colectiva de las diferentes comunidades humanas. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 105 1.3 MA RCO SEÑO RIAL 1.3.1 Las casas señoriales de La Jand a Un estudio en mayor d etalle al fenómeno de los señoríos e n Andalucía se aleja considerablemente del objeto de este trabajo, si bien parece ne cesario una refer en cia mu y breve y centrada en las d os casas nobilia rias protagonistas en La Janda: los Se ñores d e Alcalá y de Medin a Sidonia. Se señalan así, no solo su importancia en Andalucía sino también el papel que ambas casas jugaron en la c onfigurac ión conventual de los pueblos jandeños. Es evidente que el proceso de conqui sta cristiana del t erritorio andaluz fue complejo y alargado en e l tiempo. A lo larg o del mismo, des de la pri mera mi tad del siglo XII hasta su co n clusión en el XV, la participación de las ca sas nobiliarias resultó extraordinariamente si gnificativa. Esta intervención estuvo e n determinados estadios en estrecha relación con las órdenes militares que ofrecían cuerpos de ejército disciplinados que servían al re y sin rest ricciones tempor ales y con sus propios recursos, res ult ando un ejército perma nente no su jeto a estacional idades ni gas to s añadidos. A ello se suma ba otr a característica como era su capacidad d e oper ar com o verdaderos in strumentos de expansión ec onómic a y consolida c ión de la a cción milit ar 376 . L a realidad her edada d e los señoríos en la Baja Anda lucía acabaría mostra ndo a lo largo del ti empo una peculiaridad común en éstos como fue la ampl ia extensión de los domi nios señoriales y la concentración ter ritorial. En el Reino de Sevilla predominarían los grandes estados latifundistas, entre los qu e enco ntramos, adem ás de los señoríos de las casas de Medina Sidonia y Al calá de los Gaz ules, los de Osuna, Arc os, Medinac eli o Béjar, c on lo s linajes de los Guz mán, Ponce de L eón, Téllez Girón, de la Cerda, Afán d e Ribera , e tc. Es fá cil comprender la import ancia que estas casas tuvie ron en la conformación territorial gaditana. La labor person al de los señores al frente de sus dominio s se fundamenta r ía en practicar una política de conce ntración por medio de la adquisición territorial y engrandecimiento del linaje, ma nteniéndose ca si inalterable hasta la disolución del 376 AY ALA M ARTÍ NEZ, Carlo s d e: “L a s ó rde nes milita res e n Andalucía”, e n GÓ MEZ DE TE RREROS GU AR DIOL A, Mar ía del Valle ( ed. ): La a rquitectura de las Órdenes Militares en A nda l ucía . Conservaci ón y Restaurac ión , Huelva: Servicio d e Publicac iones, Universid ad d e Hu elva, 2 010, pp. 19-30. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 106 Antiguo Ré gimen 3 77 . L a C asa de Medina Sidonia sup o aprovecharse de el lo en su af án de concentrar el mayor número de señoríos, y a fuera a través de las dot es matrimoniales o por medio de permutas o compras. Los favor es a la Corona tambié n reportaron a la c asa asidonense i mportantes ca rgos, c aso del de Capit án General. Este tipo de cargos incrementaban el presti gio de la Casa y la capacitaba pa ra disponer de una gran canti dad de soldados pro fesionales reclutados en sus dominios potenciando sus recursos mili tares 378 . Pero, si bi en es lógico atender a estas cuestiones territoriales y mi lita res, no hay que dejar de lado la s funciones asistenciales y de alivio que los señores adquirían sobre sus vasallos. Alej ados del e stigma de crueldad y desamparo hacia e stos últimos 379 , se reclamaban ejemplos de generosidad y aux ilio a los má s débiles. Esto ll eva a algunas casas a convertir se en p atronatos de instit uciones asis tenciales. También en lo que se refiere a fundacion es religiosas las casas señoriales de la Baja Andalucía fueron mu y prolijas, propi ciando la fu ndación y sustento d e cas as reli giosas, al ti empo qu e sufra gab an las construcciones de i glesias y conventos 3 80 . 1.3.2 La casa de los señores de Alcalá La aristo cracia de jó una marca decisiva en el desarrollo de la vida y de las actividades políti cas y re ligiosas en la Andalucía Medieval. Este impacto no se puede entender si n tener en con sideración la riqueza, la i nfluencia, la distribución geográfica y las relaciones bilate rales e ntre estas fami lias dom inadoras 381 . Este contex to de seño rí o nobiliario en que se encuadran las casas tendrá un protagonismo decisivo e n la his toria de la Baja Andalucía, e n parte por ese distinti vo fronterizo que durante siglos estuvo 377 GARCÍA HERN ÁN, David: “Los señorío s e n l a Baja Andalucía en la Eda d Mode rna”, en Los s e ñoríos en la Andalu cía Mod erna. El Marque sado de lo s Vélez , Almería: I nstit uto de E studios A lmerie nses, 2007 , p. 8 0. 378 Ibíd em , p. 84. 379 Véase A T IENZA HERNÁN DEZ, Ignacio: “El señor avisa do: p rogramas pa ternalistas y c ontrol social en la Cas tilla del si glo XVII” , en Manu scrits: Re vista d 'història m oderna , Nº. 9, 1991, pp . 15 5 -204. 380 So bre la re lación entre lo s patronatos nob iliarios y las in stitucio nes eclesiástica s y re ligio sas merecen citarse los traba jos de Ignacio Atienza Her nández, Ángela Atienza Lóp ez o Jesús I zquierd o Mar tín, e ntre otro s, señalados anterio r m e nte . 381 LADE RO QUESAD A, Migue l Ángel: An dalu cía en el siglo XV … op . cit., p. 1. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 107 asociado a la re gión. Desde la conquis ta por p arte de la Corona de Castilla a m ediados del siglo XIII, una vez tomada Sevill a en octubre de 1248, y extendido el domi nio castellano ha cia las pobla ciones situadas en los t errit orios aledaños a los ríos Guadalete y Barbate 382 , la singularidad fronteriz a fue una constante durante mu cho t iempo además, de cierta situación de plena estacionalida d bélic a. Todo el lo fue suficiente co mo para config urar el entorno, tanto en lo concerniente a su gobierno como a su disp endio como donación re al a los dife rente s nobles que , e n deter minados periodos, asumi eron el control de la población. Este dist in tivo fronterizo y de avanzadilla frente al re ino musu lmán es el que dota de todo sentido his tórico y con conti nuos cambios jurisdiccionales a lo largo de la Baja Edad Media a la villa de Alcalá de los Gaz ules 383 , sirvi endo además, pa ra la promoción polític a y so cia l de ra mas cad etes de la baja noblez a andaluz a. Esto se dio especialmente en al gunos mie mbros de la oligarq uía urbana de los grandes concejos de la región, no solo palpable en estos t erritorios, sino en toda la ex tensión de la banda fronteriza, ocupando generalmente los oficios y carg os claves d e la nueva admin istración municipal 384 . La inmuta ble s ensación de riesgo ante un a taque de su s vecinos mu sulmanes de las sierras rond eñas -pes e a que ya desde el año 1264 la fr onter a gaditana estaba en la práctica pl enamente d efinid o 385 en torno a los territorios sit uados más al Este del sec tor comprendido e ntre las lo calidades de Arcos, Alcalá de los Gazules, Medina Sid onia y Vejer 386 - propició una se rie de ca mbios jurisdiccional es desde la primera ce sión a la 382 ME NÉNDEZ P ID AL, Ra món: Primera Crónica Gener al: o sea Estoria d e España que mandó comp oner A lfonso el Sabio y se co ntinua ba bajo Sanc ho IV en 1 289 , Mad rid: Ra món Menéndez Pidal, Baill y-Bailliere é Hijo s, 19 06, p. 770 : « Xerez, Medi na, Alcala, Beier , et Sancta Maria d el Puerto , et Calez que y a ze d entro en la mar, et Sa lucar d Alpechyn, et aca Arc os, et Lebrixa, et Ro ta et T rabuxena » . 383 En l a Gran Crónica de Alfonso X I se c ita a la villa com o « Al calá de los Ganzules ( sic) que era el prim er lugar de lo s cristia nos » . Gran Cró nica de Alfo nso XI , V ol. II, Mad rid: Gredos, 1 976, cap. CXXXIX. 384 GAR CÍA FE RNÁNDEZ, M anuel: “Algecira s. 134 4-1369”, en Estudios de histor ia y de arqu eolo gía medieva les , nº . 7-8, 198 7, p. 69. 385 Con las d elimitaciones fro nteriza s definidas el verda dero prob lema, m á s allá de la inestabilid ad d e la región, radicaba en l a repo blación, m á xime e n un per iodo en q ue las dificultades demográfica s y econó m icas eran notoria s. Co n las plaza s d e Jerez, A rcos, Medina, Vejer, Ro ta, S anlúcar y L eb rija tom a das por Alfon so X, se pro cedió a la repoblac ión de aquellos enclaves de m a yor interés, esto es: Je rez, Arcos, Lebrij a y el Puer to de Sa nta Ma ría, lo q ue re legaba a Sanlúcar, Rota, Vejer y Med ina Sid onia a meros enclaves forti ficados c on poc a o ninguna o cupación p oblac ional. Mismo caso p ara Alcalá d e lo s Gazules. 386 L a s delimitacio nes fronteriza s se realizaro n e n la ma y oría de las oc asiones aprovec hando los accid entes geográfico s y d emás ele me ntos geo gráficos existentes e n la zo na, co mo a lineacio nes m onta ñosas o amplias regiones sin o cupac ión human a. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 108 Orden Mili tar de Santa María de España 387 en el año 1279. Esta tá c ti ca de variar la jurisdicción terr itorial se debió al mismo proceso de repoblación de estas regiones fronterizas. Un a prime ra repoblación se desen cadenó ex clusivamente en los núc leos poblacionales de ma y or peso para l os in tereses de la C orona castellana coincidiendo, además, con aq ue llas que contab an con una mayor fac il idad de defensa. Fueron los c asos de Cádiz, el Pu erto de S anta María 3 88 , J erez 389 y A rcos de la Frontera 390 . Por su pa rt e, Medina Sidonia, Alcalá de lo s Gazules o Vejer, con sus guarniciones mi litares y fortalezas y castillo s, quedaron al margen de est e primer momento repoblador 391 . Los ataques musulm anes e in vasiones de los benimerines qu e tenían base en las lo calidades de Ro nda, Algeciras y Ta rifa, des estabiliz aron aún más la situación fronteriza, siendo saquea das en repetidas o casiones l ocalida des como J erez o la pro pia Sevill a y Córdob a. A pesar d e todo ello, no se c onsiguió una domi nación per manente de al guna de las poblaciones castellanas 392 , sin perder de vista que en los peores casos, se llegó a te mer por el éxito de la empresa de conquista y repoblación de los territ orios 393 . Palpable, sobre todo, tras el fracaso de la operación armada cas tellana contra Alge ciras, pero que se salvó gracias a la firma de una tre gua en t re el monarca castellano Alfonso X y los benimerines 394 . Tras el 387 La finalidad de la Orde n de Santa Mar ía d e España era , en pr im er lugar, la lucha contra l os sarra cenos; en segundo, co mbatir a los herej es, fin a lidad nuev a en Españ a pero que obedecía a la corrien te patrocinad a por la Orden de Santo Domingo inspirado ra de la Milic ia de Cristo y de su a fín los Caba lle ros G audentes; y en tercer lugar, de car ácter patriótico . Alfonso X q uería a demás utilizar esta n ueva cab aller ía, po r una par te, pa ra servicio confidenc ial del Sobe rano y, por otra p arte, pa ra o rganizar una po derosa marina castella na q ue guard ara las costas andal uzas e incl uso p er mitiera e l d o mi n io del impe rio m ogrebi no. SANCHO DE SOP RANIS, Hipó lito: Alfonso X el Sabio y El Pu erto de Santa María ( Trab ajos disp ersos) , El Pue rto de Santa María : Almena, 1984 , pp . 26-28. 388 GON ZÁLEZ J IMÉNE Z, Manuel: “Una «noble ç ibdat e bona » : fundación y pobla miento de El Gran Puerto d e Sa nta María por Alfo nso X El Sabio ”, en Alcanate. Revista de Estudios Alfon síes , vol. I, 1998 - 99, pp. 19-28. 389 B ORREGO SOT O, Miguel Ángel: “Nuevas ide as sobr e la fecha de la conquista r istia na de J erez y la red acción de El Libro d el Repartimiento ” , en Rev ista de His toria d e Jerez , Nº. 18, 2015, pp. 13-39 . 390 GONZÁLEZ J IMÉ NEZ, Ma nuel: “Conquista y repo b lación de Arcos de la Frontera”, en Ac tas del I Congreso de Historia de Arcos de la F rontera con motivo del 750 Aniv ersario d e la Conq uista de la Ciud ad por Alfon so X “El Sabio”. 1253-2 003. Días 20, 21 y 2 2 de marzo de 2003 , Arcos de la Frontera : Ayuntamie nto, 20 03, pp . 9-29. 391 AN ASAG AS T I VALD ERR AMA, Ana Mar ía: “Medina Si do nia en l a B aja Eda d Me dia”, en Historia , Instituci ones y D ocum entos , Medina Sid onia: A yuntamie nto, 1 994, pp. 26 -38. 392 GARCÍA FIT Z, Fra ncisco: “La fronte ra castella no-gra nadina a fines de l sig lo XII I”, en Relacio nes exteriores de l reino d e Gran ada, IV Co loquio de Histo ria Medie val An daluza , Almería, 19 88, p. 24. 393 JIMÉNE Z LÓPEZ DE E GUILET A, J avier E.: “Expresiones de la religiosida d m e die val en la región gaditana (siglo s XIII- XIV),” e n Alcana te, Revista de Estudios Alfon síes , Vol. X, 20 16-2017, p . 142. 394 La der rota de los castellanos en su inte nto por tomar Algec iras pr ecipitó una tregua y pa ctos con Abú Yacub, q ue defendió la ciud ad en calida d d e aliado del rey de Granad a. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 109 acuerdo, el monarc a se d ecidió a guarne cer de un modo permanente l a ba nda front eriz a más frá gil (lo eran de manera sin gular las fortale zas de Medina Sidonia y Alcalá de lo s Gazules), por medio de las co ncesiones a Órdenes Mili tares de los castil los con sus correspondientes vil las y demarcaciones 3 95 . Así e l 10 de diciembre de 1279 se donaba n Medina Si donia y Alcalá de los Gazules a la O rden de Santa M aría d e Es paña 396 , para « q ue fa gan del los por a si empre guerr a e p az por nu estro mandado» y « te ngan el Co nvento mayor que esta Orden h a de te ner en esta frontera del Regno d e Se villa » 397 . Cuatro días más tarde, el 14, pasan a manos de la Orden de Alcántara las poblacione s de Morón y Cote, el 15 se en tr ega Cazalla (Puebla de Cazalla ) a la Orden d e Santiago y el 31, nuevamente a l a Orden de Santa María, la h eredad de Fa ra y a , en térm ino de Alcalá Sidonia 398 (Alcalá de los Gaz ules). De estas concesiones se de rivaban un a serie d e obligaciones mi litares y de defe nsa del territorio que marc a rían tanto a la Orden de Santa María de España en es tas regiones c omo a l as siguientes cesiones de e stas villas y demarcaciones. No obsta nt e, la ca mpaña bélica de Alfonso X en 1280 contra Granada, que a cabó e n una c ruenta derrota, determinó fi na lm ente la necesidad de t omar me didas como la extinción de la Orden d e Santa María que ya no tení a r azón de ser, reforzando, eso sí, la Ord en de Santia go por su adecuada organiz ación mi litar y situa c ió n ec onómica. Los mie mbros de la extinta Orden pasaron a la de Santi ago. Tras esto, el re y recuperaba las tres pl azas prin cipal es de su s eñorío: el Pue rto de Sant a María, Alcalá Sidonia y Medina. La si guiente concesión de Alcalá fue a Al fonso Pérez de Guz mán en 1282, posiblemente en agrade cimiento por su trabajo en la consecución del pacto entre e l monarca c astellano con su antiguo enemi go, el rey de Benamarin, para hacer frente a la 395 TORRES FONTE S, Juan: “La Ord en d e Santa Ma ría de Es paña”, en Mi scelá nea Medie val Murciana , nº. 3, 1977, p. 9 3. 396 Véa se anexo docume ntal 1: P rivilegio rodado en q ue e l Re y da a la Orde n d e Santa Maria de España el ca stillo de Me dina Sido nia y la v illa y castillo de Alca lá de los Gazu les. Sev illa, 10 de Diciemb re de 127 9. 397 MENÉNDE Z PI DAL, J uan: “Noticia s ace rca de la Ord en de Sa nta Ma ría de Espa ña institu ida po r Alfonso X”, en Re vista d e Arc hivo s, Bibliote cas y Museos , Madrid: T ipografía de la Re vista de Arch., B ibl. y Museos, 1907, p. 11. Disponible: http://he merotecad igital.bne.e s/issue. vm?id=00 00 048649&search=&la ng=es. [2 1 de octubre 20 19]. 398 Véase a nexo doc umental 2: P rivilegio rod ado por el qu e Alfonso X hace don ac ión a la Orden de San t a María d e E spaña d e la a lquería de nomin ada Faraya, en término de Alcalá S idonia (Alcalá de lo s Gazules ). Sevilla, 31 de D iciembre d e 1279. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 110 rebelión de su hijo el in fan te Sancho 3 99 . Al fonso X premiaba de esta forma a Alfonso Pérez de Guzmá n no sol o otorgándole Alcal á Sidonia sino también casándolo con María Alonso Coronel 4 00 . No ob stante, este prime r y e fím ero señorío laico de Alcalá fue rescindido y devu elto a l monarca, d ecisión tomada por el propio Alfon so X al año siguiente ent regando al noble, en compensación, el castillo de Monteagudo 401 . Una vez Sancho I V 402 heredó el trono dejado por su padre tras su muerte e n 1284, dio a la Or den 399 Una car ta r ecogida por Or tiz de Zúñiga en la que el r e y escribe a d on Alonso Perez d e Guzmán exponiendo su estado d e ánimo e n relac ión a l d esánimo frente a la po sición d el I nfante Sanc ho y su s pre tensiones al tr ono expr esa con total sin gul arida d tan to e l de sarraigo d el monarca co mo los intentos de éste de c onseguir a yuda de su enemigo el r e y mus ulmán: « P r imo do n Alonso P érez d e Guzmán, la m i cuita es tan grande, que como c a y ó e n tan alto lugar, se ve de dueña; y co m o c ayó en mí, que er a amigo de t odo el mundo, en todo él sabrán la m i desdic ha, y el m i afinca miento, que el mio fijo a si n razó n me faz tener con la ayuda de los mios a migos , y de los mi os Pre lados, los quales en lugar d e meter pa z, no a esc usas ni a e ncubiertas, sino a clar as metier o n asaz de m al, non falle en la m i tierra abr igo, nin fallo a mparador , nin vale dor , non me lo merecie ndo ellos, sino todo bien q ue l e s yo hab ía f echo: y p ues en la m ia t ierra m e fallece quien m e hab ia de servir y de ayudar, f or zoso me es que en la agena busque quien se duela d e mi. Pues los d e Castilla me fallecen, nadie me terná en mal que yo busque a los de Ve namarin, si los m io s fijo s son mis enemigos, no n sera ende mal que yo to me a los m is enemi gos po r fijo s; ene m igos e n la le y, mas no po r e nde en la voluntad , que e s el buen Rey A ben Iucef, ca yo lo a mo y pr ecio muncho; po rque é l non me desp reciar á, nin fallec erá, ca es mi atreguado y mi apazguado; yo se quanto sode s suyo, quanto v os ama, con quanta razón, y q uanto por vu e s tro consej o fará, non miredes a cosas pasad as, sino a pre sentes; cata quien sod es, y d el linage onde venid es, y que en alg ún tie m po vos far é bien; y si non v os lo ficiere, vuestro b ien facer vos lo galar donar á; que el ome que faze bien, n unca lo pi erde: p or tanto el mío pri mo Alonso Pe rez d e G uzman, fac ed cont ento al vue stro se ñor y mi ami go, que sobre la mia C oro na mas avera da, q ue yo, e pied ras ric as, que e nde son, me p reste lo que por b ien tuviere; y si la s u a yud a p udierede s a llegar, no m e la esto rbede s, c om o y o c redo que no n fa redes; antes tengo, que toda la buena a mi sta nza que d e el vuestro s e ñor a mi vi niere será por la vuestra mano, y la de Dio s sea con b usco, fecha en la mi sola lea l Cibdad de Sevilla, a lo s treinta años de el mió re gn a do, y el primero de mis cuitas. EL RE Y. » O RT IZ DE ZÚÑIGA, Die go: An ales ecle siásticos y secu lares de l a muy nob le y mu y leal ciu dad de Se villa, Metro poli de la An dal uzia, qu e con tienen su s mas p rincipale s memo rias, desde e l año d e 1246 (…) ha sta el de 1 671 , Lib. II, Madr id: Im pre nta R e al, po r J uan Gar cia Infançon, 167 7, p. 1 24. 400 MENÉNDEZ PID AL, J uan: “Noticia s… op. cit., p. 14 . Doña María Alonso Corone l era hija de don Alonso Ferná ndez Coro nel y de doña Sa ncha Iñiguez d e Aguila r. 401 Tr as la de fensa de T arifa, Sanc ho IV le p rometió a Pé re z de Guz mán el señor ío de Sanlúc ar d e Barr ameda, pe ro la muerte d el monarca hizo que fue se Fernando IV q uien o torgase e l correspo ndiente privilegio e n T or o, 13 d e o ctubre d e 1 297 . Co n e sta co ncesión, Alfonso Pé re z d e Guzmán obte nía un término en que además de Sanlúc ar e staban Rota, Chipiona y T reb ujena. Copia del d ocumento “Donació n en favor de D. Alonso Pérez de Gu z mán de la v illa de Sanlúc ar de Barrameda” en B EN AVIDES, Antonio: Memorias D. Ferna ndo IV de Castilla , T omo II , Ma drid : Jo sé Ro dríguez, 186 0, pp . 145-147. En 1 303 Fernando IV le otorgaba el señorío sobr e Chi c lana para que p obla se y forti ficase la villa, y en 1307 A l on so Pér ez de Guz m án se c onvertía e n señor de Vejer . M ARQUÉS DE SANTA CRU Z DE IGUAN ZA, José Monso de Ibáñez: Apuntes históricos de la villa de Chiclana d e la Frontera d edicado s a S.S.M.M. , Sevilla: Juan Mo yano, 1857. J unto con la adquisición de otr as pla zas c o m o Aya monte y p arte del Puerto de Santa María, así co mo de aldeas p ara poblar , caso de Conil, a lzaba a Alfonso Pére z de Guzmán en el v erda der o señor de la s costas atlá nticas a ndaluza s. 402 So bre la figu r a de Sanc ho IV, entre o tras ta ntas ob ras, recomenda mos l a obra de GAIBRO IS D E BAL LESTEROS, Me rcede s: Historia del reina do d e San cho IV de Castilla , Ma drid : Tip . de la Re vista de Archivos, B iblio tecas y Muse os, 1 922-192 8. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 111 de Santiago en 1285 aquell as pose siones concedidas a Pérez de Guzmán, y c on análoga condición que su padre los había otor gado a la extinta Orden de Santa Mar ía de España: «dio e l Rey al mismo Ma estre D . Pedro Nuñez, y a su Orden de Sa ntiag o los Castillos de Beg er, de Medina, y de Alcalá, con sus términos, derechos de las Ig le si as, Almadravas, Pesquerias, Salinas, y de rechos del Puerto de la Mar: todo lo qual dice qu e dà en li mosna, por re miss i on de sus p ecados. E estos Castiello s les dam os en tal m anera, qu e tengan sie m pre el Conven t o d e Ca s tiella y de Leon, en Bejer y en Alcalá» 4 03 De esta man era, al i gual que hiciera su padr e, Sancho reforzaba la p rimera línea fronteriza –Vejer de la Frontera, Medina Sidonia y Alcalá de los Gazules- frente a sus vecinos granadinos. Esta donación lle vaba aparejada una serie de privil egios a la Orden, no solo las tradicionales atribuciones territoriales y ju risdicc ionales, sino también derechos que solían esta r asociados a la Corona, como los derivados d e los puertos de mar o el patronato sobre las iglesias. Sancho IV sol o se reserv ó l a moneda fo rera y justicia, y mineras. Además, se c reaba un convento en Alcalá y otro en M edina c on lo que la defensa del territo rio quedaba bajo un mando único, siendo la primera labor la de fortalecer la repoblación 404 . No obstante, y como en el caso de Alfonso X, el domino señorial s antiaguista no debió se r mu y lon gevo, todo lo contr ario pues el pri mer repartimiento de ti erras e n Vejer que d ata del últi mo cuat rimestre de 1288, se efectuó por orden del re y 405 . La si guiente cesión fue a don Alfonso Fernández de Córdoba en 1310 4 06 , en el contexto de las disposiciones tomadas por Fernando IV a lo la rgo d e ese mismo año par a Gibraltar, Tarifa y Medi na Si donia. En e l caso de Al calá de los Ga zules, se concedió en señorío hereditario, contra la obligación hacia Fernández de Có rdoba de mantener en la 403 SALAZA R Y C ASTRO, Luis de: Historia g enealó gica d e la Casa de Lara: justificad a con in strumentos y escritores d e inviola ble fe , Tomo I, Ma drid : Imprenta Real, por Ma teo de Llanos y Guzmán, 1 696, Libro IV, p . 301. 404 FERNÁNDEZ GÓME Z, Ma rco s: “La villa de Alcalá de los Gazules (Cádiz) , un e nclave f ro nterizo del reino d e Sevilla e n la baja Ed ad Media ”, en En la Españ a medieval , Nº. 18, 199 5, p. 212 . 405 LADE RO QUES ADA, Mig uel Á ngel y GON ZÁLE Z JIMÉN EZ, Ma nuel: “La població n en la frontera de Gibraltar y el repar tim ie nto de Veje r (siglos XI II y XIV)” , en Histo ria. I nstitucion es. Doc umento s , Nº. 4, 1 977, p. 209 . 406 Véase anexo do cumental 3: Ferna ndo IV dona la v illa y castillo de Alcalá de los Gazules a Alfonso Ferná ndez d e Córdoba . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 112 plaza c iento cincuenta hombres de armas. Durante el reinado de Enrique II, el m onarca, en relación a Al calá de los Gazules y Medina-Sid onia, en su t estamento, fec hado en 29 de mayo de 1374, había decidido que estas villas fuesen he redadas por su hij o ilegítimo don Fadrique. «10. Otrosi mandam os á Don Fadrique, m i fij o, la villa de Mansil l a con sus aldeas, que e s en e l R e gno de León, é Alca l á de l os Gaz ules, é Medina- Sidonia, que son en la Frontera, con todos sus términos, é pertenescencias, é rentas, é pechos, é derechos, é con el señor ío Real é mero-mixto imperio. E rogam os é m andamos á la Reyna é a l Infan te que le g uarden al dicho Don Fa drique, mi f ij o, esta di cha gracia ó merced que le facemos, é que le quieran acrecen ta r mas e n ello, é l e pong a n c asa, porque é l lo pase bien é honra dam ente, se gund á él pertenesce» 407 Sin embargo, todo apunta a que con posterioridad el monarca modificó su última voluntad, ce diendo e stos territo rios a Enrique de Tr astámara 408 , hijo ta mbién ilegítimo del re y Enrique II de Castil la con doña Juana de Sousa . Un docum ento de Jua n I r espondiendo a una petición d el conc ejo de Medina Si donia, fe chado el 6 de novie mbre de 1379, corrobora dicho señorío en manos de don Enri que, con la fórmula « v asallos de don Enrique » 409 . Nuevos documentos que pru eban esta variación testament aria se lo calizan en 1395, en que don En ri que ap arece con los duca dos de Medin a Si donia y Cabra, y los señoríos de Alcalá de los Gaz ules y Morón 4 10 . Se f echa en 24 de abril de 1 395, en que don Enrique, duque de Medina Si donia, dicta se ntencia en el pleito llevado ante él en grado de apelación por sus vill as de Medina Sidonia y Alcalá de los Gazules, sobre 407 ROSE LL, Cayetano: Crón icas d e los reyes de Castilla: Crón ica de l rey don Enriqu e S egundo de Castilla , T om. II, M adrid : Bibliotec a de Autores Cristia nos, 1877 , p. 40, n. 10. 408 En la t um ba de Enrique de Trastá m ara, en la Catedral de Cór doba, existe una inscripción en que se lee : «Aquí ja ce Don / Enrriq ue d e Castil la / Duque de Med ina / Sido nia Conde de / Ca bra Se ñor de Alcala / y Mor on Hijo d el mui al to Rei D. Enrrique 2º / el Ma gní fico » . NIET O CUMPLIDO, Ma nuel: “Aporta ción histórica al ca ncionero de Bae na”, en H istoria. Institu cione s. Doc umento s , Nº. 6 , 197 9, pp. 2 07-209; RAMÍRE Z DE ARE L LANO, Rafael: Ensayo d e un catálogo bio gráfico de escritores d e la provincia y dióce sis de Córdoba, tomo I, Madrid : Revista de A r chivos, Biblio tecas y Museos, 1921 , pp. 63-64. Disponible: ht tp:/ /w ww.bibliotec avirtualde andalucia.e s/catalo go/es/consult a/registro .cmd?id= 100 0479. [21 de octubre 2019]. 409 A.G.F.C.M.S. , Leg. 767 . Cit.: L ADERO QUES ADA, Migue l Ángel y GON ZÁ LEZ J IMÉNEZ, Man uel: “La po blación en la fro ntera… op . cit., pp . 250-251. 410 Con e sta donación, el señ o río de don Enrique, j unto con el de C atalina, hermana de Juan II, se convertía en uno de lo s señoríos más i mportantes de la Andalucía. CO LLANTE S DE T ERÁN, Antonio: “Los señoríos andal uces… op. cit., p. 9 9. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 113 términos entre ambas y aprovech am iento de echos 411 , expresado en los siguiente s términos iniciales: «S epan quantos e sta carta de sentencia vieren como yo don Enriq ue, duque de Medina Sidonia, (…) visto el proceso de pleito que es ante mi entre Ruy Martinez e Fernan Sanchez e n bos e e n nonbre de l conçejo de la mi villa de Alcalá de los Gazules, cuyo poder tienen, de la una parte, e de l a otra Ant on Martinez Pocasangre en bos e en nonbre del conçej o de la dicha mi villa de Medina, cuyo procurador es, sobre raz ón de termino de que f ase mençion en el dicho pleito, e especialmente aviendo visto el pedimiento que los d ichos Ruy Martine z e Fernen Sanchez e n nombre d el di cho conçejo d e la dicha m i villa de Alcalá m e fezieron» 412 El baile de ce siones juris di ccionales de Alc alá de l os Gazules finali zó a me diados del siglo XV, al momento en que J uan II donó la localida d alcalaína por la fórmula de juro de heredad a la familia de los Ribera 4 13 de procedencia sevill ana y vinc ulada al Adelantamiento Mayor de Andalucía o d e la Fronte ra , en agradecimiento a l a lea lt ad de Per Afán II frente a la s continuas co nspiraciones y revueltas provoc adas por los Nobles durante su rein ado 414 . Has ta ese instant e, la vill a de Al c alá había m antenido su condición de villa realenga. Al cal á se sumaba a una ristra de otras villas 415 que se habían adherido 411 T ierras de p asto en litigio. FERNÁNDEZ GÓME Z, Mar cos: “La villa d e Alcalá … op. cit., p . 218. 412 Archivo Ducal de Medinace li , (en ad elante A.D.M.), Secc ión Alcalá , Le g. 75 , Nº. 2 7. Cit.: Ibíd em . pp. 253 -255. 413 Sobre el linaje Riber a, y su pri mer miembro i mportant e, Per Afán de Riber a, véase LAREDO QUESAD A, Miguel Ángel: “ De P er Afán a Catal ina d e Rib era. Siglo y medio e n la hist oria de un linaje sevillano ( 1371 -15 14)” , en En la Esp aña Medie val , IV, vol. I , 1984 , pp. 447-497. 414 « ( …) e l A d elantado Per A fan de Ribera s e hallava muy ocup ado en la d e J aen ( fron tera ), a c uy a primera obligació n suya at e ndie ndo, avia e stado esto s a ños muy age no d e m ezclarse en las i nquiet ude s de los demás Señores, por est o gra to al Rey, que el año 1444 le avia hec ho merced de la villa de Alcalà de los Gaz ules.» ORTI Z DE ZÚÑIGA, D iego: Ana les eclesiásticos y secula res … op . cit. , Tomo II, p . 426. 415 E ntre 1358 y 137 6, la defensa de la frontera con Gra nada h a b ía est a do a cargo de do n E nrique Enríq uez. T ras su muerte si n here deros, el A d ela ntamie nto de F ro ntera r ecayó sob re Per Afán de Riber a. En 1394 Per Afán fue n o mbrado Notar io Ma y or de A ndalucía y regid or de Sevilla, q uedando ambas titulacio nes asociad as a su familia. C o m ienza la adquisic ión de tierra s formando el señorío de lo s Ribe ra. En 1 398 Bor nos, cuatro años m á s tar de, E spera. Se integraron El Co ronil, La s A gu zad eras y Esterc olinas. Su hijo Diego de Ribera in cre mentó las propi edade s con Cañete y T o rre Alhaquime po r trueque con Juan II , cediendo El Viso y o btenie ndo el d onadío de Va l de Infantes, e n U tr era y Coro nil. C uestión ve ntajosa por que percibir ía una importa nte cantida d a nual. T ambién c ompró Los M olare s en la ca m p iña sevilla na. LAREDO QUE SAD A, Migue l Ángel: And alu cía en el siglo XV … op . cit., pp. 29-30. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 120 Duques [1558 - 1 5 71] I Per Afán Enríqu ez de Ribera [1571 - 1 5 94] II Fernando Enríquez de Rib era [1594 - 1 6 37] III Fernando Af án Enríq uez de Ribera [1637 - 1 6 39] IV María Enríquez de Ribera [1639 - 1 6 45] V Ana María Luisa Enríque z de Ribera Portocarrero y Cárdenas [1645 - 1 6 91] VI Juan Francisco de la Cerd a Enrí quez de Ribera, VI II Duque de Medinaceli [1691 - 1 7 11] VII Luis Francisco de la C erda y Aragón, IX Duqu e de Me dinaceli [1711 - 1 7 39] VIII Nicolás Fernán dez de Córdoba y de la Cerda, X Duque de Medinaceli [1739 - 1 7 68] IX L uis Anton io Fernández de Córdoba y Spínola, XI Duque de Medinaceli [1768 - 1 7 89] X Pedro de Alcántara Fernánd ez de Córdoba y Moncada, XII Duque de Medinaceli [1789 - 1 8 06] XI L uis María Fe rnández de Córdoba y Gonzaga, X III Duque de Medinaceli [1806 - 1 8 40] XII Luis Joaquín Fernández de Córdoba y Benav ides, X IV Duque de Medin aceli [1840 - 1 8 73] XIII Luis Tomás Fernández de Có rdoba Ponce de León, XV Duque d e Medinaceli [1873 - 1 8 79] XIV Luis María Fernán dez de Córdoba y Pérez de Barradas, XV I Duque de Medinaceli [1880 - ?] XV Luis Jesús Fernánde z de Córdoba y Sa labert, X VII Duque de Medinaceli [1938 - 2 0 13] XVI Victoria Eu genia Fernández de Có rdoba y Fernán dez de Henestro sa, XVIII Duquesa de Medinaceli [2018 ] XVII Victoria von Hohenlohe-Langenburg, XX Duquesa de Medinaceli 1.3.3 La casa de Medina Sidonia Si bien el origen de la fundación de la Casa de Medina Si donia procede de la concesión otorgada por J uan II de Castilla 451 , como t ítulo he reditario a don Juan Al onso Pérez de Guzmán 452 , e l linaje e n el qu e se sustent a primi geniamen t e el ducado se ha de 451 MEDI NA, Pedro de: Cró nica de lo s Duqu es … op. cit., tomo XXXI X, pp. 207-219. 452 «Reinando en el reino d e Le on el rey Do n Ramiro I (…) vino á la cibda d de Leon un caba llero de Br etaña, señ or de la c asa d e To ral, (…) con intencion de servir á Dios en la guerra co ntra lo s m o ro s (…) L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 121 localiza r en tiempos de Sancho IV, y los territorios adicionados en Huelva y la cesión de Sanlúcar ade más de otro s lugares de la actual provincia gaditana, todos relacionados al proceso de conquista y prime ra s repoblaciones del terr it orio 453 . La vincula ción de la Casa de Medina Sidonia con el linaje d e los Guz mán fue continua hast a la muerte sin descendencia de Ped ro d e Alcánta ra Pérez d e Guz mán y Pacheco, X IV Duq ue de Medina Sidonia 454 , en el año 1779, momento en que pasó al linaje de lo s Álvarez de Toledo, co n el prime ro de esta lí nea, J osé Álvarez de Toledo y Gonzaga, XI Marqués de Villafranca. Hasta e se instante, el Ducado de Medin a Sidonia había obtenido el tí tulo de Grandes de España, en 1520, y el co ntrol sobre el condado de Niebla , el marqu esado de Ayamonte , el marquesado d e Gibral tar , el señorío de Sanlúcar de Barramenda , el marquesado d e Cazaz a en África y el marquesado de Valverde 455 . Además de la vinculación con lo s linajes mencionados, la Casa de Med i na Sidonia ha e ntroncado con otras diversas casas nobiliarias y linaje s famili ares 456 . Entre éstas destac an la familia Enríquez y l as casas de Medinaceli, A rcos, Alcal á, A yam onte , Osuna, c uyo nombr e provi ene d el ducado de Osuna, Z úñig a, Bragan z a, oficialmente S ereníssima Casa de Bragança de Portugal, Aragón, Lerma, o la del I nfantado, cuy o du cado fue concedido por los Rey es Católicos el 22 de julio de 1475 a Diego Hurtado de Mendoza, II marqués de Santill ana. En esta batalla se se ñaló mucho este caba llero bre ton, el cual anda ndo peleando de cia, Go tman, Gotman , que quiere d ecir Dios hombre, D ios hombr e. P o rque Got en lengua ale mana q uier e d ecir Dio s, y ma n , quiere decir hom br e. Así queste ca baller o por su devocio n anda ndo pele ando, d ecia: Dios hombre , Dios hombre (…) Otros interpre tan e ste no m bre Gotman que quier e deci r hombre go do ó de linaje de godos; porq ue segun se ha d icho, él dec endia de la real sangre de lo s godos» . Ibíd em , To m o XXXI X, pp. 25-26 . 453 LADE RO QUESADA , Migue l Ángel: “Los señoríos medievales e n el á m b ito de Cádiz y J erez d e la Frontera”, e n En la Españ a mediev al , Nº. 2, 1982, p. 546. 454 El po seedor se intitulab a «Duque de Me dina Sid onia, Conde d e Nieb la, y qui nce P ueblos de su Partid o, Marqués de la Ciudad de Caz aza en Africa , Señor de la s Almadr aba s d e la s Costas de Andalucìa, y de las Villas de T re busena, Conil, Chicla na, Vegér, Bul ullos, H uelva, y las de su Partid o , San J uan de l Puerto , y Aljaraque, de la Ximena, y D ozab a, p arte de los Po lo s de l a Gasin, y sus L ugares, y de la de Ayamonte , Gentil Ho mbre de Camara de S.M. c on exercicio , Cabal lero de l Insigna Or den d el Toysón d e Oro , &c.» . T RINCADO, Manue l: Comp en dio histórico, geo gráfico y g enea logico de lo s soberanos de la Eu ropa: descripc ión de sus cortes, Relig ion y Fuerzas, con la serie de su s princip es ha sta e l a ño de 1 766 , Madr id: Antonio Sa nz, 176 6, p . 329. 455 El marque sado d e Valverde fue un título nobiliario de corta duración, o torgado por Fe l ipe IV a don Gaspar A lonso Pér ez de G uzmán , con m otivo de sus se gundas nupcias c on doña J uana Fernánde z de Córdo ba y Fig ueroa, para el hijo primero que naciese d e él. SALAZAR Y CA STRO, Lu is: Histo ria gene alógica … o p. cit., Se gunda P arte , p. 660. 456 SALAS ALME LA, Luis: “Estr ategias econó micas se ñoriales y matrimonio: el co m p orta miento nupcia l de la casa de Med ina Sid onia (1 49 2-1658)” , en Inv estigacio nes histó ricas: Ép oca m oderna y con temporá nea , Nº. 36, 2016, pp. 13-39 y SORI A MES A, Enrique: La n o bleza en la E spa ña moderna: camb io y contin uidad , Madrid: Marc ial Pons, 20 07. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 122 1.3.3.1 El fund ador de la Casa de Me di na Sid onia Si bien, como se ha come ntado a modo introductor io, la concesión otorgada como título he r editario data d el siglo XV, ha y que enten der a don Alonso Pérez d e Guzmán, el Bueno el auténtico fundador de la Casa de M edina Sidonia, pese a que éste j amás ostentó el tí tulo de Duque d e M edina Sidonia. No obsta nte, es a este per sonaje a l que ha y qu e atribuirle los pilare s sobre los cua les se estable ció dicha casa. Su tra yectoria bélica se engarza en l os conflictos cristiano-musulma nes y los desencuentros y lu chas inte rnas meriníes y los tratados entre éstos y los c astellanos de la Baja Andalucía, participando decisivamente en la tre gua entre el sultán Yusuf y el re y Alfonso X en 1276 4 57 . En el año de 1282, Alfonso X e l Sabio re quir ió la colaboración del sult án Yusuf para hace r frente al infa nte don Sancho, siendo especialmente imp ortante la media ción del primero de los Guzmanes que había estado en Marruecos como m ercenario al se rvicio 457 Par a este a par tado nos he mos funda mentado en los es tudios d e Wenceslao SEG UR A GONZÁ LEZ publicad os en A l Qantir. Monog rafías y documentos sobre la historia de Tarifa, núms. 6, 7, 8, 2009 y n º 9 , 201 0, reco gidos en la bibliografía. Para una vi sión mu c ho m á s co mpleta sobr e do n Alonso P érez d e Guzmán, el Bueno, véase, ORTIZ DE ZÚÑIGA, Die go: Anales eclesiásticos y seculares … op. cit.; BARRANT ES MALDO NAD O, Ped ro: Ilustracion es … op. c it.; MEDIN A, Pedr o de: Crónic a de los Duqu es … op. cit. tomo XXX IX; GAIBROI S DE BALL ESTE ROS, Me rced es: “Tarifa y la p olítica de Sancho IV de Castilla”, en Boletín de la Re al Aca demia de la Historia , Nº . 74, 1919, pp. 418-43 6; MILLÉ GIMÉNE Z, Isabe l: “G uzmán e l Bueno en l a Histo ria y e n la Liter atura”, en Rev ue Hispa niqu e , T. LXXVIII, 193 0, pp. 311-488; ROS ELL, Ca yetano: “Crónica d el rey don Sancho el B ravo” y “Crón ica de l rey do n Fernando IV”, en ROSEL L, Cay eta no: Crónica s de lo s reyes … o p. c it., p p . 69 -90 y p p. 9 3-170, respect ivamente; MOXÓ Y ORTI Z DE VI LLA J OS, Sal vador : De la nobleza vieja a la n obleza nu eva. La transformac ión n obiliaria c astellana en la ba ja Edad Media , Ma drid : I nstitut o Je róni mo Zurita, 19 69; GONZÁLE Z JIMÉ NEZ, Ma nuel: “Guzmán el B ueno y su ti empo”, en Les Espa gnes mé diévale s. Aspec ts écon omiqu es et soci aux. M élang es o fferts a J ean Gautier Dalché . A nnales de la Faculté d es Lettres et Scien ces Humain es de Nice , Par is: Les Belle s Lettres, 198 3, pp . 237 -246; NIETO SO RIA, José Man uel: San cho I V, 1284-1 295 , Pa lencia: La Ol meda, 1994 ; GONZÁLE Z MÍNGUE Z, César: Fer nando I V, 1295- 131 2 , P alencia: L a Olmeda, 19 95; L ADE RO QUESAD A, Miguel Ángel y GONZÁL EZ JI MÉNEZ, Manuel: “ La p obla ción en la fro ntera… o p. cit.; LADERO Q UES ADA, M iguel Ángel: “Ca stilla y la ba talla del E strecho en tor no a 1292 : la toma de Ta rifa”, en Almoraim a: revista de estud ios camp ogib raltareños , Nº. 9, 1993 , pp. 15-24 ; de l mismo au tor: “Los se ñoríos medievale s… op . cit.; “El héroe en la frontera de Grana da”, en Cu adernos de l CEMYR , Nº . 1, 1993 , pp. 75 -100; “Una bio gra fía caballe resca de l siglo XV: ‘La Coronica del yllustr e y muy mag nifico cauallero don Alonso Pere z de Guzman e l Bueno’”, en En la Españ a medie val , Nº. 2 2, 19 99, pp. 247-28 4; “Doñ a María A l fonso Coro nel, matriarca sevilla na, en los comie nzos de la casa de Guzmán (1267 -1331)”, en Pod er y socied ad en la Baja Eda d Me dia h ispánica. Estudios en ho menaje al profe sor Luis V icente Díaz Martín , vo l. I, Vallado lid, 200 2, pp. 42 7-460; Gu zmán … op . cit.; CAR RIAZO RUB I O, Juan Luis: “La Crónica d e San Isidoro del Campo, primera histor ia d e Guzm á n el Bueno”, en DACOST A, Arsenio et al . ( eds.), La concien cia de los ante pasados. La construcción de la memoria de la nob leza en la Baja Edad Media , Madrid: Marcial Pons, 201 4, pp. 237-269 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 123 de Yusuf 458 . En este cont exto parece se r qu e se prod uce el matrim onio con doña María Alfonso Coronel, con e l que lo graba una importante dote, integra d a por di versas casas en la coll ación de San Miguel de Sevilla, oliv ares, villas, ac eñas del Guadalete, Bollull os, Torrijos y Robaina en el Alja ra fe. Además, el Re y l e concedió la villa y el casti llo de Alcalá Sidonia, que le cambiaría ese mismo a ño por el Dona dío de Monte agudo con el objetivo de volver a t errit orios africanos. De nue vo en Fez, don Alonso l ogró una gran fortuna que le permitió adquirir nuevas propiedades: las vi llas de A y amonte y el Pu erto de Santa Ma ría, Alaraz , La Algaba, Santiponce, El Vado de las Est acas en Alc alá del Río, la dehesa de Vilaraña, el donadío de Ventosilla, oli vares e n el Aljarafe y mansiones en Sevilla. Con poste rioridad fue Sa ncho IV quien a cudió a Guzmán para la defensa de la plaza de Tarif a, siti ada p or el infante don Juan, con la a y uda de los meriníe s. Allí ocu rrió la histórica haz aña qu e pasó a los anale s cuando Pére z de Guzmán que ost e ntaba el tí tulo de alca ide d e la ci udad, prefirió la muerte de su hijo antes que entre gar la vi lla. Tras la liberación de Tarifa, el monarca l e prometió verbalmente una suerte d e merce des, como el Señorí o de Sa nlúcar, que incl uía las villas de Sanlúcar, Rota, Chipiona y Trebujena. No obstante, el único privileg io obtenido en aquel instante fue la conce sión de la vi lla de Tarifa en fe br ero d e 1295. Sería Fer n ando I V qui en hizo efectiva la merce d sanluqueña en 1297. Con posterioridad se añadieron las al madrabas de C onil (1299), las concesiones reales del señorío de Chicla na (1303), el de V ejer de la Frontera y d e Marchena (1307) 459 . A la muerte de Guz mán el Bueno lu chando en la frontera con el Re ino de Gr anada, el 24 de junio de 1297, el re y Fernando IV confir mó a su viuda y a sus h ijos todos los señoríos y bienes, tanto los otorgados por sus ma j estades como lo s a dquiridos en vida del matrimonio. En ese insta nte, el patri monio lo grado por la famil ia, conve rtía a la Cas a de Guzmán en el linaje m ás importante de l a alta nobl ez a en And alucía du rante la Baja Ed ad Media. Así mismo, util izó los nuevos territorios para concertar enlaces matrimoniales, convirtiéndose en promotor de otros dos grandes lin ajes señori ales, los de La Ce rda y los Ponce de León, qu e mer maron parte d e sus prop iedades ori ginales debido a las dotes nupciales. 458 El ac uerdo al q ue llegaro n Alonso Per ez d e G uzmán y e l sultán «fue q ue lo ser viría contr a to das las per sonas y nacione s del mundo, salvo c ontra el rey d e Casti lla y contra los cr istianos ». M EDINA, Ped ro de: Cróni ca de los Duque s … op. c it, tomo XXXIX, p. 4 8. 459 GALÁN P ARRA, Isabe l: “El linaje y los estado s señoriales d e lo s duques d e Medina Sid onia a comienzos del s iglo XVI ”, en En la España mediev al , N º . 11, 1988, p. 47. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 124 A don Alonso le suce dió su hijo don Juan Alonso de Guz mán qui en casó con Beatriz Ponce de León, con la qu e tuvo a su hijo Alonso, muerto a los 9 años. Al poco también falleció doña Beatriz, lo que le llevó a cas arse en 1336 con Urraca L ópez Osorio de Lara, hij a de Alvar N úñez Osorio, cond e d e Trastámara. Del enlace nacieron Alonso Pérez de Guzmán, III se ñor de Sanlúcar, muerto sin descendencia, y J ua n Alonso de Guzmán, I V señor de San lúcar y I conde de Niebla. En 1368, el rey Enri que II de Castilla otorgó al citado Juan Alonso el Condado de Niebla por su fidelidad en las disputas reales que aquel había m antenido con su he r manast ro Pedro I el Cr uel y como d ote aportada al matrimonio concertado p or el propio mona r ca con una de sus hijas ilegítima s, doña J uana de Castilla . De esta m aner a los Guz manes acaban entroncando la casa con l a Familia Enríquez y, por ende, c on la Casa de Tra stámara. Nie bla fue el p rimer condado con jurisdicción territorial qu e se oto r gó a un noble ajeno a la familia real 460 . Todo ello dio a la Casa un nuevo gran im pulso, a lo que se unió la fundación de un mayorazgo por parte del conde, tres años m ás t arde, en 1371, con los bie nes raíces y jurisdi ccionales que h abía heredado junto con los aportados en dote por su m ujer 461 . 1.3.3.2 El Ducado de Me di na Sidonia La entrada de la ciudad d e Medina Sidonia en el señorío de los Pér ez de G uzmán tuvo lugar a trav és de un trueque entre el t ercer c onde de Niebla, J uan Al onso Pérez de Guzmán, con don J uan de Guzmán, hijo del maestre de Cal atrava, Luís de Guzmán 462 . Este ca mb io consistió en el señorío de La Algaba, Alaraz y El Vado de las Estacas por Medina Sidoni a. Por e sos mismo s años, J uan Alonso también recuperó A yamonte, Lepe y La R edondela, lu gares que ha bían sid o desgajad os del ma yorazgo de la Ca sa en 1396, gracias a que se le concedió permiso para atacar a su tío Alonso de Guzmán, señor de Lepe. Por el apo y o que é ste le había mostrado al mo narca en su enfrentamiento con los Infantes de Aragón, en q ue el reino de Sevilla s e había mantenid o ma y o ritariamente a su 460 SALAS ALMELA, Lui s: Me dina Sidonia … op. cit., p. 40. 461 LA DE RO QUESAD A, Miguel Ángel: Niebla, de reino a condado , Huelva: Diputación, 19 92, pp. 6 1- 62. 462 MART ÍNEZ Y DELG ADO, Francisco, Historia d e la C iuda d … op . cit., pp. 113-11 4. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 125 favor, el re y le recompensó con la con cesión del Ducado de Medina Sidonia en 1445, pese a la apa rente oposición de los v ecinos. Este t ítulo supuso que la dignidad de Conde de Niebla quedara as oc iada al primog énit o y s ucesor del Primer duque de Medina Sidonia, don Jua n Alonso Pérez de Gu zmá n. Fig. 9. Árbol de lo s Guzmanes, to mado de ALONSO CALDE RÓN, J uan: Origen y descend enc ia con tinuada, por la línea re cta varoni l, de la Casa de l os Duq ues d e Med ina S idonia, con algun as particu larida des de sus g randezas , manuscrito , 164 4. En 1457, el Primer duque, casado con María de la Cerda, de la Casa de M edin aceli, estableció ma yorazgo, co n permiso del re y , a favor de su hijo bastardo Enri que, pues no tenía descendientes legítimos con su esposa. Estas circunstancias genera rí an en la Casa dos larg os pleitos que no se resolverían hasta el si glo XVI . Uno por la incorporación d e Huelva, pleito mantenido con la Casa de Medinaceli, que argumentaba que la villa de Huelva se había aportado como dote en el enlac e con María de la Cerda, quien había muerto sin hab er tenido hijo s con el duqu e. L a d evolución no se llevó a c abo y por ello, en torno a 1466, surgió u na la rga confronta c ión ent re ambas casas que no finalizarí a hasta 1509. El segundo de l os pleitos se debió a una reclamación por la mitad de las vill as de Lepe y A y amonte con doña Ter e sa de Guzmán, Condesa de Alba de L ist e y hermana del Primer duque, aduciendo a la ile gitimidad del hijo del duque para r eclama r dich as L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 126 posesiones. Tras un l argo período d e reclamación, el ple ito de A y amonte se sol ucionaría en 1510 463 . La inestabilida d provoca da por los conflict os internos e ntre Enrique IV de Castill a y su m edio h ermano Al f onso, fue aprove c hada por la casa para ampliar sus dominios anexionando Gibraltar 464 y J imena. Fue el re y Enrique quien le confirmó todos lo s privilegios, gracias ante riores y el tít ulo y me rced de la ciudad de Gibraltar «co n e l casti llo y fortaleza della, y con la juredicion della y de sus términos » en 1469 465 . Los Re yes Católicos le concedieron en 1488 el Ma rquesado d e Gibraltar, pero a su mu erte en 1492 intentaron recuperarlo para l a corona sin éx ito, quedando el asunto en s uspenso hasta 1501, en que se produjo su devolución definit iva. En lo que respecta a la villa de Ji mena de la Frontera , conquistada definitivamente a lo s gra na din os en el año 1456, fue arrebatada al duque de Al burquerque en 1468, lo que gen er ó un lar go pleito que conclu yó a principios del si glo XV I, pagando la Casa d e Med ina Sidonia seis mill ones de maravedís como compe nsación por la vill a a favor del duque de Alburquerque queda ndo la vill a de Jimena en el estado de Me dina 466 . Con to do, a principios del siglo XVI, los dom inios de los duques de Medina Sidonia se habían consol idado y abar caban unos 6.000 km 2 , poblados por unas 40.000 almas, según algunas esti maciones 467 . Estos dominios estaban inte gra dos p or Medina Sidonia, Ve jer, Casena, El Pa lmar, Vill a Cardosa l a B aj a y la Mediana, Chiclana y Conil, con sus almadrabas, J imena de la Frontera, co n la s deh e sas d e Ho y os, Gr anados, Buceite, Herradura, G ambrana, Barrida, Alcachofal y Montenegral, Sa nlúcar de Barrameda, Trebujena, Barbate, Nie bla, Huelva, Trig ueros, San J uan del Puert o, Veas , Almonte, Bollullos, Villarasa, Rociana, C alañas, Luce na, Bonares, Aljara que, La Puebla de Guzmán, Vill anueva de las Cruc e s, C abezas Rubias, Santa Bárbara, Paimogo, Almend ro, 463 GALÁN P ARRA, Isab el: “El linaj e… op. cit., pp. 49-51. 464 La incorpora ción de est a pla za fue por empeño personal del duque puesto que se t r ataba del lu ga r en que había fallecid o su pa dre . 465 MEDI NA, Pedro de: Cró nica de lo s Duqu es … op. cit., tomo XXXI X, pp. 250-254. 466 Ibíd em , p. 272. 467 L ADERO QUESADA, M iguel Ángel y GALÁN P ARRA, I sabe l: “ Se ctor agrario y or denanza s loca les: el e j em plo del duc ado de Medi na Sid onia y Co nda do de Nieb la”, en Congreso de Historia rural. Si glos XV al XI X , Actas del coloquio celeb rado en Madr id, Segovia y T o ledo del 13 a l 16 de octubre de 198 1, Madr id, 198 4, p. 75. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 127 Valverde del Camino, el Alosno, el castillo de Pe ñalhaje y el Campo de Andéva lo. En el reino de Granada, los duques recibieron adem ás Gaucín y su ser ranía 468 . Fig. 10 : Posesio nes de la Casa d e los Medina Sidonia en la Ba ja Andalucía. Elab oració n pr opia a p artir de SALAS ALMELA, Luis: Colabo ración y conflicto. La c apita nía general d el Mar Océano y Co stas de Anda lucía, 1588- 1660 , Córdob a, 2002 y P ONSOT, Pierre: Atlas de Histo ria Econó mica de la Ba j a And alucía (siglos XV I-XI X) , Sevilla, 19 86. A diferencia d e ot ros grandes señoríos de l a mi sma z ona, el de lo s M edina Sidonia formaba una líne a continua sobre buena parte de la costa entre el Estrecho de Gibraltar y la desembocadura del rí o Guadiana. La incorpor ación de los ter ritorios que componían aquel estado fue p roducto de una acertada polí tica matrimonial y de permuta s, dona c iones o compras a la Corona o a otr as C asas nobiliarias, en un claro ej emplo del de seo de aglutinar las posesiones para establecer un a est ructura m ás sólida y homogén ea. No 468 LADE RO QUESAD A, Migue l Ángel: An dalu cía en el siglo XV … op . cit., p. 7. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 128 obstante, se puede disting uir cinco grandes áreas: de un l ado, las vi llas de l a costa, que abarcan los grandes pue rto s de la zona oc cidental del señorío en la actual provincia de Huelva; de otro lado, Niebla, cabeza del condado homó nimo entre la ra y a onubense co n Portugal y el Guadalqui vir; asimis mo la Frontera, con Medina Si donia como cabeza simbólic a del terri torio; también Jimena de la F rontera; y por último, Sanl úcar de Barrameda, mu y vin culada al come rcio con el Nuevo Mundo, que se convirtió e n el c e ntro políti co y económico de t odo el estado señorial 469 , compartiendo con Medina Si donia la cabeza del Ducado 470 . A partir de este moment o, se inició una estrat egia política fundamentada en la s alianzas señoriales por medio de conciertos m atrimoniales que no dejaron de provoca r una serie de vicisitu des, ple itos territoriales pen dientes de resolución e inestabilidad políti ca. Don J uan Al onso Pérez de Guzmá n concertó con Juan Téllez Giró n, I I Conde de Urueña, un doble c a sami ento entre Guzmane s y Girones: Mencía Pérez de Guzmán ca só con Pedro Girón, III Con de de Ureña, y el futu ro duque Enrique c asaría co n María Téllez Girón 471 . L a en t rada en la f amilia de Pedro Girón, t utor del IV duque 472 , que era débil y menor de edad 473 , supuso desde el principio un enfrentamiento co n Fernando el Católico, debido a l os intereses de l monarca por tomar el cont rol de los es tados 474 . Pedro Girón, ante lo s requisitos del rey sob re dete rminadas p lazas, re spondi ó que estos territorios 469 SALAS ALMELA, Lui s: Me dina Sidonia … op. cit., pp. 30-31. 470 Los Condes de Ni e bla s e asentar on c asi d e i n mediato en Sanlúcar de Ba rrameda, siendo esta villa la q ue disfrutó de la capital idad original men te. Lógica mente el dominio de lo s Medina Sidonia hubo de tener una fuerte cabe cera que actuara c omo ca pita l del mismo y q ue e stuviera capacit ada par a la c asi p er m anen te residencia de la familia. E sta villa parece q ue fu e inicial mente Medina Sid onia, l ugar en e l que contab an con c astillo , posterio rmente co n ca sa, una colegia ta y lugar en q ue fundar on conventos. No obstante, el descubri m ie nto de América, posicionó la villa de Sanlúcar d e Bar rameda como u n lugar estratégico en el comercio i ndia no, convirtié ndo se en uno d e los puntos ese nc iales de l trá fico co mercial. E sto llevó a to mar la d ecisión de establece r en dicha localidad la c abeza d e su Estado, algo que se reforzó aún más tras el nombra miento del VI I Duque don Alonso d e Guz m án co mo Capitán General de l Mar Océano, en 1 588, cargo que se e stablec ió c omo h eredita rio. ALEGRE CARV AJ AL, E sther : Las villas du cales c omo tip ología urban a , Madri d: UNED, 2014, pp . 82-83. 471 Doña Ma ría de Archidona. ME DINA, P ed ro d e: Cró nica de los D uques … op. cit., tom o XXX IX, p. 325 . 472 Don P edro Girón to m ó la gob er nación del E stado d e los Me dina Sidonia, tal y c omo hab ía mandado en su testa m e nto el duque d on Jua n 473 En este tiempo don Ped ro Girón er a ho mbre, y doña Me nc ía de Guzmán, d e d iez y sei s años; y don Enrique d e Guzmán co ntaba c on tan solo once años, mientra s que doña M aría de Archidona tenía quince . 474 Espe cial m e nte Vej er, Sanlú c a r y Hue lva. MEDINA, P edr o de: Crónic a d e lo s Duques … op . cit., tomo XXXIX, p. 33 3. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 129 pertenecían al duque, qu e y a estaba casado 475 y era señor de sus estados. Fernando t omó esta a ctitud como un a r ebeldía y don Pedro d ecidió llevarse al duque a Portu gal. Fe rnando tomó todas las vill as y fo rtalezas del estado d e Medina Sidonia, nomb ra ndo gobern ador del mis mo al Arz obispo de Sevilla Dieg o de Deza , a Pe r Afán de Ribera y al doctor L il lo. Esto provocó que la Casa de Medina Sidonia e ntrase en una situación de debilid ad económica a consecuencia de las resoluciones de los pleitos territoriales con la C asa de Medinaceli y co n el Conde de Alba de L ist e. Tabla 7: Fórmula de incorporación de sitios al Esta do Ducal de los M edin a Sidonia 476 Localidad Años Fór m ulas M onarca Puerto de Santa María (mitad dozavo) 1288 Compra Sanch o IV Sanlú car de Barram ed a y Trebujena 1 297 Servicio Fernando IV (Merced de Sancho IV) Conil y almadrabas 1299 Servicio Fernando IV Chiclana 1302 No con sta Fernan do IV Vejer 13 07 Trueque Fernan do IV Niebla y Campo Andévalo 477 1369 Dote Enrique II Fundación Mayorazgo 13 71 Merced Enrique II Medin a Sidonia 1444 Trueque Juan II Título ducal 14 45 Merced J uan II Huelva 14 34-1505 Dote - Pleito Juan I-Isa bel I Jimena 1468-1504 P leito - Compra Enrique IV-Isabel I Gaucín, Benarrabá, Algatocín 1498 Servicio Isabel I Almonte, Sa n Jua n d el Pu erto y el d ozavo d e Palos 1503 No con sta Isabel I En 1512 tanto el duque como Pedro Girón rindieron pleitesía al monarca estableciendo su r esidencia en la localida d d e Os una, lugar en que finalmente fallecería un a ño má s tarde don Enri que si n descendencia. Le su cedió don Alonso Pé rez de Guzmán, quien solicitó al rey a yuda en el litigio con doña Mencía y don Pedro. Finalmente casó 475 El rey quería descasar a los j óven e s duques y c asar a don En rique con su nieta doña Ana de A r agón, por razón q ue e l d uque de Me dina d on Juan de Guzm án y el c onde de Ur eña habían concer tado los matrimo nios entre sus hi jos sin lice ncia d el rey, de lo c ual la Coro na Rea l sentía i nconvenie nte. 476 Tomado d e SALAS ALMEL A, Luis: Med ina Sid onia … op. cit. 477 E l c ondado d e Niebla integraba Aljara que, T rigueros, Beas, L ucena d el P uerto, Roc iana, Villarra sa, Bonar es, Valverde del Camino , San Juan del Puerto, Bol lullos, Almo nte y H uelva. E n el Ca mpo An d éva lo se incl uían La P uebla de G uz mán , Calañas, Paymo go, Cabezas Ru bias, El Alonso, Vill anueva de la s Cruces, E l Almendro, Santa B ár bara (antiguo Hor nilla) el despo blado de Peñalhaj e y el luga r no l ocaliza do de E l Rabeón. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 136 nacieron con una vocación mu y distinta a la urb ana, hu y e ndo de la ciud ad y d e toda contaminación d e pode r ec onómico, religioso o pol ítico, también de la p ropiedad privada. Las nuevas realidades existentes y las necesidades pastora les y predicadora s, a demás de las económicas y espirituales, la s fueron acercando a los nú cleos urb anos, ya fu era extramuros, y a lo fuera de sde inicio intramuros 4 95 . Tras la toma d e la ciudad de Gibra ltar (1309) y la vic toria de la Batalla del S alado (1340), la línea fronteriz a se alejó de la ca mp iña je rezana y de la re gión jandeña revitalizando la actividad urbana y renovación de centros de devoción 4 96 . No obstante, e l siglo XIV no supuso en l a zona un gran p roceso fu ndacional pu esto que, p ese a los logros mili tares, e l efecto de las pestes y la continua sensación de in seguridad generó pé rdidas demográficas. El gran siglo para las ó rdenes reli giosas sería el siglo XVI, con una nota bl e expansión fu ndacional. La práctica mitad de las c asas de r egulares en la Ba ja Andalucía se establecieron en e ste p eriodo. Cifra que se eleva al 70 por ciento, en el Re ino de Sevilla, si se inc luye el siglo XV II 497 . A par ti r de las últimas décadas de esta postrema centuria el ritmo fundac ional am inoró, asociado a l as peticiones de l as Cortes para ne gar las licencias fundacionales. La satura ción urbana d e un núme ro elevado de conv entos ya exis tentes provocó que fues en los establecimientos conventuales y a asentados en esas pobla ciones los más interesados en que no se produjesen nue vas fundaciones. Pretendía n evitar que menguase l a captación de lim osnas y dona cion es. Sirva como ejemplo el caso de la oposición m ostrada en el Puerto de Sant a María a l a fund ación del c onvento domi nico en 1634, a p esar de conta r c on el beneplác ito d el Du que de Medinaceli 4 98 . La ca pacidad de estas órdenes y la acumul ación de bienes lle varon a serios plantea mientos en la limit ación y prohibi ción, no solo a la hora de fund ar nuev as ca sas, sino ta mbién en su acción acumulativa de bienes raíces 499 . 495 Hay que destacar que este paso hacia el mundo urbano no se h izo sin co mplejid ades, p uesto que lo s pro pios orígenes de a lgunas d e estas co m unida des relig iosa s hicieron pen sar a muchos de sus mie m b ros que este cambio suponía una relaja ción del e spíritu primitivo, en algunos casos asimilados como una huida de la urbe. 496 JI MÉNEZ LÓPEZ DE E GUI LETA, J avier E.: “E xpresione s de la religiosidad … op. cit., p. 163. 497 ATIENZ A LÓPEZ, Ángela: Tie mpos d e con ventos … o p. cit., p. 34. 498 SANCHO M AYI, Hipólito : Historia d el Pue rto de Santa María desde su incorp oración a los domin ios cristianos e n 12 59 hasta el año 1800, Cádiz: Universidad , 201 7, pp. 26 3-277. 499 DELEI TO Y P IÑUELA, J osé: Vid a religio sa b ajo e l cuarto Fe lipe: santo s y p ecadores , Madrid: Espasa- Calpe, 1963 , p. 56. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 137 Este tema fue tratado en las Cortes convocadas 500 para el 18 de marzo de 16 23, aseverando que no se pod ía sacar « n uevo ju go » de l os súbditos para cubri r las nece sidades del re ino 501 . Fue unánime la opin ión que debía limi tarse la adquisición de bienes r aíces por el brazo eclesiástico que iba menguando la h acienda y car gando las contribuciones y otros gravámenes sobr e los más nec esitados, para mantener al ex ce sivo núme ro de religiosos y clé r i gos. De t odas e stas quejas nada se resolvió, y los probl emas acuciantes que el Estado debía afrontar continuaron, como también lo hizo la despoblación y la pobreza que fuer on en aume nto; la mano mu erta continuó acaparando tier ras y bie n es y se multi plicaron los c onventos y el personal eclesiást ico 502 . En el siglo X VIII las nueva s fundaciones son casi inex istentes, c hocando d e frente con los postul ados de los se ctores intelectuales e ilustrados que buscaban reducir la i nfluencia de las órdenes religiosas en el Estado. De to do lo expresado, es evident e que las órde nes mendicantes supieron leer la importancia de la s ciudades tanto en lo e conómico como en la influencia e jercida en los territorios circundantes 503 . La urbe constituí a un referente demo gráfico, capa z de captar población su ficiente pa ra su sosteni miento, al igual que estable cía un áre a de dominio vital frente al enemi go. La cadencia fundacional i ría al compás del dev enir de la región, supeditada a la estabilida d territorial que de pendía de la fortaleza de l a ciudad, así como de las directrices tomadas por los poderes políticos en consonancia con los poderes eclesiásticos. Por tanto, se establecía una es pecie de ec osistema simb iótico, en el que las ciudades proporcionaban medios económicos n ecesarios para la subsistencia de las comunidades, al tiem po que las u rbes recibían a uxilio espiri tual y asistencial , tanto a enfermos como a pobres, prest igio y cultura. Muchos de los conventos tr atados en este trabajo cumplieron fu nci ones educativas en dif erentes momentos de su existencia. F ue el caso, por eje mplo, del Convento de La Vi ctoria conile ño. En definit iva, la configuración llegaría hasta tal punto que la ma y or o menor presencia de las órdenes ll eg ó a intimar con el gra do de esplendor e conómic o y cultural de la s ciudades. De este modo, la categoría 500 Real Cédula fechad a en Mad rid a 13 de febr ero de 162 3. 501 MARICH ALAR, Amalio: Hi storia de l a legisl ación y recitac iones d el derecho c ivil d e España , Vol. 9, Ma drid : Imprenta Nac ional, 18 72, p. 36 7. 502 DANVI LA Y C O LLADO, M anuel: El po der civil e n E spaña : M emoria P remiad a po r la Real Ac ade mia de Ciencias Mora les y Políticas en el Concurso Ordina rio de 188 3 , Vo l. II I, Mad rid: Imprenta y Fundición de Ma nuel Tello, 1885, pp. 55-57. 503 LE GOFF, Ja cques: “La ci udad como a gente de civilizac ión: 1 200-15 00” en Historia e conó mica de Europ a: Vol. 1, La Edad Me dia , Ba rcelona: Ariel, 19 79, p p. 85-86. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 138 de una urbe se re lacionaba con la p resencia d e una o varias órdenes religiosas, puesto que la capacidad de so stenimiento de aque lla d ependía direc tamente d e la posibi lidad de subsistencia de los cenobio s 504 . En e l caso d e Andalucía , por su particula r relaci ón fronteriza en e l proc eso de Conquista cristiana y el l ento proceso de estabiliz ación de l a reg ión, derivó en una integración de los conventos en el pa isaje urbano de las vill as, pueblos y ciudad es de mayor entidad de Andalucía. Se ha ce c asi imp osible concebi r la configurac ión actual de las ciudades sin el análi sis de la existe ncia previa de estas instit uciones religiosas. La ordenación de b arrios en teros, casas lev antadas c ontra sus tapiales, vi arios adaptados o nombres de c a lles y plaz as son fiel ref l ejo de su influ encia, incluso en el cas o de aquellos edificios conventuales que y a no exist en. 1.4.2 Las órdenes religiosas presentes en La Janda 1.4.2.1 La Orden de San Agustín Concretar los inicios de la Orden de E rmitaños no es ta rea sim ple, sob re todo considerando la labor de los autores 505 que se encargaron de establecer en el sig lo XI V sus orígenes a una línea i ninterrumpida a la época de los discípulos de Ag ustín, si no al propio Agustín. Todos e llos, con sus es critos contribu y eron a la formación del con cepto primigenio de la O rden y su identidad, fijando el mito de un San Ag ustí n f undador de la Orden y creador de sus Reglas. No es probable que exi stiese esa línea perman e nte de comunidades, máx ime si se considera, no solo la ocupación de los vándalos sino, sobre todo, la conquista del norte de África por los árabes 506 . Lo más cons ensuado en la actualidad es conside rar su origen en lo s siglos X II - XIII , en el año 1244 con la Unión Fundac ional y más en concre to con l a G ran Unión de 504 Á LV AR E Z GÓME Z, Jesús: Historia de vida religio sa , Volumen II: Desde los Ca nónigos Regulare s hasta las reformas de l siglo XV , Ma drid : Instituto Te ológico de Vid a Religiosa, 1 989 , p. 279. 505 Autores co mo el flore ntino anón imo, Nic olás de Alejandría, Enriq ue de Frie mar o Jo rdán de Sa jonia. 506 HERT LING, Lud wig: Histor ia de la Iglesia , Barce lona: Herd er, 198 9, p. 114 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 139 1256 que se ll evó a cabo en la fundación ermit aña tosca na de Santa Ma ría del Popolo, bajo la dirección del cardenal Annibali 507 Ambos proyectos fu eron sost enidos por l a Sa nta Sede en un inte nto de unificar a todos los ermitaños de Tosca na , J uambonitas (Reg la de San Agustín, 1225), Brét tinos (Regla de S. A gustín, 1228), Guil lermitas (Regla de San Benito), de Monte Fava le (R egla de S an Ben it o) y otras congregaciones más pequeñas 508 . Se optó por adaptar la forma de vida según la Regla de San Agustín y la org anización propia del modelo de la s órdenes me ndi cantes, guardando l a prioridad de lo s Eremitas Agustinos de la región de la Toscana italiana me diante la bula Licet Ecclesiae Catholic ae 509 , confirmada el 9 de abril de 1256 por el papa Alejandro IV 510 . Se pre ten día que las nuevas fundaciones fuesen en espacios urbanos con el objeto de tener un may or impacto e ntre los fiele s mediante la pr edicación, administ rando los sacramentos, atendiendo a los enfermos y consola ndo a lo s aflig i dos 511 , pasando de monacal a mendicante. A continuación, se procedió a la elección del primer G eneral de los Agustinos, fra y Lanfranco de M ilán que había sido Superi or de los J ambonitas. De esta manera se abarcaba 180 casas religiosas en I t alia, Austria, Alem ania, Suiza, Países Bajos, Francia, Españ a, Portugal, Hungría Boh emia e Inglaterra. Con el lo se co nstit uía una gran familia relig ios a bajo el nombre de Orden de los Fr ailes Ermitaños de Sa n Agustín 512 . L a orden se dividió en cuatro provincias: la italia na, l a francesa-inglesa (que pronto se 507 En e l momento de la Unión la or den co ntaría co n unos 1 7 0 y e rmos y unos 2. 000 frailes, co ncentrados principal mente en e l ce ntro d e I talia, c on ra m i ficac iones hacia el norte y e l sur d e la p enínsula y alg unas fundacione s e n I nglaterr a, Ale mania, Fr a ncia y Espa ña. M ART ÍNEZ C UEST A, Ángel: Histor ia d e los Agu stinos Rec olestos. De sde lo s orígen es hasta el sig lo XIX , V ol. I, Madrid: E ditoria l Avgvstinvs, 1 995 , pp. 125-126. 508 Vallis Hi rsutae, T urris P almae, L upoca vo, Santia go de Mon ilio, Sa nta María de Murceto, y los Sac itas o d e la Penitencia. 509 Ordine di San t’Agostino P rovincia Agostin iana d’Italia Pr o getto c ulturale “Gli Ago stiniani in Italia” Laborato rio di ricerca sulla st oria, l’arte e l a s p iritua lit à dell’Ordine Agostinian o in Italia , Rom a : Culturale Agostini ano onlus , 2007. Di sponible en http://histo riaa ugustiniana. net/public/a idcms/d ocuments/ Lice t_Ecclesiae_ Catholicae.p df 510 El pro y ecto de unifi cac ión de las congregacione s fue de I nocencio IV q uien deseab a darles un Prior General, per o su m uerte i mpidió c oncluir la ta rea. Le su cedi ó en l a Silla apo stólica Alej andr o I V q uien ser ía el encargado de lle var a efecto la unión genera l. 511 ALONSO PERUJ O, N iceto y P ÉREZ ANGU LO, J uan: Dic cio na rio d e ciencias e clesiástic as, teolo gía dog mática y moral, sagrada escr itura, derecho ca nónic o y c ivil, p atrología , liturgia, disciplina antigua y mode rna, historia eclesiástica , papas, conci lios, santos, órdene s religiosas, cismas y here jías, escri tores, persona jes célebres, arqueología, o ratoria sagrad a, p olémica, crítica, m isiones, mito logía , err ores mode rnos, & c ., & c., y principa lmente cua nto se refiere a nuestra Esp aña , T omo I, Madr id: N ueva I mprenta y Libre ría de Sa n José, 1 884, p. 2 81. 512 FERNÁNDE Z ROJA S, Matil de: Pa trimonio artístico… o p. cit., p. 270 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 140 dividió en dos), la alemana y la español a, que comprendía toda la pen í nsula I bérica (Provincia Hispaniae). E sto confirmarí a la presencia de ag ustinos er mit años en España para esos primeros momentos 5 13 . A fi nes del siglo XIII y a existían di ecisiete provincia s en Ital ia , Francia, Inglaterra, Alem ania, España 514 y Hun grí a, y para 1329 el númer o ascendía a veinticuatro. Con el tiempo l a asimi lación de la Orde n fue cuaja ndo, adquiriendo conciencia de la relación carismática qu e debía li garl es con quie n escribió la Re g la que les daba unid ad. Así, para 1327, el papa J uan XXII otorgaba a los agustinos, por medio de la bula papal Veneranda Santor um Patrum, una casa en Pavía, ju nto al sepulcro del mism o San Agustín, por lo que que daba y a confirmada la v inculación dire cta entre el Santo y la Orden. En 1348, por primera vez, se celebraba Capí tulo General en Pavía; seis años más tarde, el conven to se convertía en Estudio General par a toda l a Ord en. Pa ra ese momento, la realidad a gustina en Andalucía era ya efectiva e ínt imamente vinculada a la Reconquista cristina. Así lo dem uestra n las prime ras fundaciones a gustinas en Andalucía tanto el convento de San Agustín de Sevilla, e n 1248, como el d e Córdoba, ubic ado inicialmente ext ramuros de la ciudad en unos t errenos cedidos a los agusti nos por el rey Fernando III 515 tras la conquista de la ciudad en 1236 516 , ha sta que tiene lugar el trasla do hacia el interior de l a urbe, en 1328. En ti erras gaditanas , destaca la fundación del convento de San A gustín de C hipiona en 1399 517 , lig ado al culto de Nuestra Señora de 513 FERN ÁNDEZ GON ZÁLEZ, Alber to: “El d esapar ecido convento sevilla no de Sa n Agustí n”, en Arc hivo Españ ol De A rte , LXXXVI, 3 44 octubre-dicie mbre 20 13, p. 31 3. 514 Por esas fechas E spaña sólo co ntaba con 15 co nventos, cuatr o d e ello s a fincados en territo rio p ortugués , mientras q ue los o nce re stante s estaban ubica dos e n Có rdob a, Sevilla, San Giné s (Murc ia), V ale ncia, Aguas Vivas, Alcira y For mentera, to d os el los anteriores a 1256 , Toledo (12 60), Bad ajoz (h. 1286) , Zaragoza (h. 128 6), Burgos (h. 12 87) y Caste llón (12 98) . 515 DE L LANO PONT E, Antonio: Chron ica de l sanc to rey d on Ferna ndo tercero deste n ombre, que g anó a S euilla y a toda el Andaluzia , Ma drid: I mp. d e la Viuda de d e B urgos, 1 847 , p . 39. « De spues que el r e y don Fernando v uo ganado todas estas villas (…), re partiol as dando dellas a las o rdene s i igle sias con quien el pa rtia tod o lo que ganaua ». 516 A l g unos historiad ores retra san la fundación del co nv e nt o agustino cord obés hasta 12 77. NIET O CUMPLIDO, Ma nuel: Historia de la Iglesia en Córdob a II. Rec onqu ista y R estaura ción (11 46 – 1326) , Córdo ba: P ublicaciones de l Monte de P iedad y Caja de Ahorros de Córdoba , 1991, p. 293; SANZ SANCHO, I luminado: La iglesia de Córdoba (1236-1454): Una diócesis de la provincia eclesiástica de Toledo en la baja Edad Med ia , Mad rid: Fundación Ra món Aceres, 2 006 , pp. 361-36 2. 517 RISCO, Ma nuel: Esp aña Sag rada , T omo XXXVI, M adrid: Oficina d e Blas Ro mán, 17 87, p . 18 . Agradec emos a l Rector del Santuario chipio nero, fray Juan José R od ríguez, la s char las so bre l a comunidad. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 141 Regla, sobre una fortalez a y ermita preexist entes, en lo que suponía la tercera de las fundaciones en tierras anda luzas. En 1350 se empiezan a visl umbrar los primeros signos de debilit amiento de la Orden, aspecto má s hiriente c onsiderando los e stragos demo gráficos de la Peste Negra 518 . La relajac ión general de las órdenes provocó en los agustinos una minoración en los estándares educativos y e n la dedicación a la vida comunitaria, con frecuentes vio laciones de la pobre za in dividual y de la vida común, y discriminaciones ent re los frailes por motivos de e studio, ofici o y hasta ori gen f amiliar. Frente a esto hubo una se rie de i ntentos reformadores que buscaban retomar la práctica de la oración, la vida co mún y una vuelta a la pobrez a y austeridad. Estas comunidades empezaron a conocérselas como casas observantes, d ebido a qu e habían adoptado la observanci a más estricta de las reglas de su orden. En Italia aparecie ron una decena de c ongregaciones, como la de Leceto, Lombardía o San J uan d e Carbonara en Nápoles. A principios del siglo XV se formó la congregación observante en Sajonia, abarcando Magdeburgo, Himmelpforte, Dresde, Waldheim y Nuremberg, a la que pertenecía Martí n L ute ro. En España la Observancia se debió a la tarea in icial d e Juan de Alarcón 519 quien, en 1431 e inspir ado por los ideales eremíticos, obtuvo del general de la Ord en agust iniana, A gustín Fav a roni, aut orización para a dquirir un eremitorio en las proximidades de Valladolid, la ig lesia de los Santos, e n Villanubla, con la intención de fundar un convento. A este pro y ecto se le sumó la comunidad de Arenas de San Pedro y l a de San Agustín de Dueñas 5 20 . En el año 1504 se celeb ró en el convento de To ledo un capítulo con el fin de restaurar la disciplina rel igiosa en las tres provinc ias ibéricas. Se adopta ron en él varios acuerdos import antes, pe ro destaca sobre todos los dem ás el fo rmar una sola entidad, co n el título de provincia de Castilla 521 y con la di sciplina y reli giosidad de l a C ongregación de la Observancia. La imp ortancia del terr it orio andaluz para la Orden se vio reflejada en el instante en que se le co ncedió el c arácter de Provincia en el C apítulo General de 1526, 518 RUIZ DE LOIZ AGA, Saturnino: La peste en los reinos peninsula res según docum entación del Archivo Vatica no (1348 -1460) , Bilbao: Museo vasco de H istoria de la Med icina y de la Cie ncia, 2009 , p. 11 . 519 Para una a mplia i nfor mación d e este r eligioso , véa se SANT IAGO VE LA, G regorio de : E nsay o de un a Bibliote ca I b ero-A mericana de la Orden de San Agustín , t. I, Ma drid : Impr. d el A silo de huérfan os del S.C. de J esús, 1913 , pp. 71-75 . 520 HERRERA, To m ás: Historia d el conve nto de San Agustín d e Sala manca , Madrid: Gregorio Rodríguez, 165 2, pp. 15 -17, 27-31. 521 Véase An alecta Augustin iana , 9, 1921-1922, pp. 178, 182-18 8. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 142 con el nombre de Bética o Andalucía, co mp rendiendo bajo su jurisdicción todas aquellas casas que se encontrasen al sur del río Tajo. La provincia sería nuevamente reintegrada a la de C astilla en 1541, p ara recuperar su autonomía en 1582 522 . Es precisame nte en el periodo que comprende e stas ci rcunstancias , entre 1540 y 1588 que sur gieron en la escena española alg unos agustinos que ansiab an aco gerse al modo espiritual e institu cional de otras órdenes, que de saprobaban el estudio y la docencia, y a nhelan entre garse a la oración, la contemplac ión y la vida re ti r ada y recoleta como me dio de santif icación espiritual, es decir, una vida más rigurosa y cont emplat iva. L a nueva rama agustina fu e aprobada en el Capítu lo Gener al de Toledo el 3 de dic iembre de 1588 523 . Al año siguiente el co nsejo provincial ap robaba el 17 de septiem bre la Forma de vivir de los frail es agustinos descalzos 5 24 que había s ido reda ctada por fra y Luis de León. Och o años má s tarde el tex to fue ratificado por Clemente V III . El documento sirvió de base para los conventos recoletos durante varias décadas, hasta que éstos consiguieron darse constituciones propias, autó nomas y c ompletas e n el año 1637 5 25 . En 1621, tal vez por las insis tencias de Felipe III , se lograba la s anción ponti ficia que permití a eleva r l a categoría a congre gación reli giosa, por medio de l bre ve Milita ntis Ecclesiae de Gregorio XV fechado en 5 de junio 5 26 . Por medio es ta expedici ón documental, el papa encomendaba el gobi erno de la cong r egación a un vicario general, que sería eleg ido li bremente de entre su s miem bros, y l e fa cultaba p ara di vidirla en provincias se gún l o a consejara la distribución geo grá fica de los conventos. La recole cción 522 LLORD ÉN, André s: “La Ord en agustinia na en A ndalucía”, en La Ciud ad d e Dios-Revista Agustin iana , Nº . 168, 1956, pp. 584-608. 523 ALDE A VAQUE RO, Qui ntín, M ARÍN M ART ÍNEZ, Tomás y VIVES G AT ELL, José ( Dirs.): Diccion ario de Historia Ecle siástica de Españ a , Madrid : CSIC, 1972, p p. 18 -24; GUTIÉRREZ, David: Los ag ustino s en la Eda d Media. 1256-1356 , Rom a : Instit utu m Hi storicum Ordinis Fr atrum S. Augustini, 198 0; MAR T ÍNEZ RU IZ, Enriq ue (Dir .): Diccion ario de Historia Mo derna de Esp aña. I La I glesia , Madrid : Akal, 19 98, p. 1 5; MARÍN, Luis ( O.S.A.): Agustin os: n ovedad y permanencia , Mad rid: Religión y Cultura, 1990 , pp. 19-51 , 73-80. 524 Véase PANED AS, P ablo : “La «Forma de vivir los fraile s agustinos desc alzos », d e fray Luis de León. Genesis y co ntenido”, e n Scrip ta Th eologica , 21, 1989, pp . 607-621. 525 Reg las y Consti tucion es de lo s frayles descalzos de N. P. S. Agu stín d e la Congregación d e España e Ind ias , Madrid: I m prenta Real, 16 37. Disponible: http://bib liotecavir tual.larioj a.o rg/bvrioja /i18n/co nsu lta /registro .do? control=BAB 20190 001274 [19 de octubre 2018]. 526 JE SÚS, Lui s de ( O.S.A.): His toria gen eral de lo s religiosos descalzos d el Orden de lo s Hermitaños del gran pad re y do ctor de la Ig lesia S. Agu stin de la Congrega ción d e Espa ña y d e la s Indias , T omo Segu ndo, Madrid : Lucas Anto nio de Bedm ar, 1681, pp. 2- 3. Disponib le: https://b iblioteca digital.j cyl.es/es/co nsulta/re gistro.c md?id =21408 [18 d e octubre 2 018]. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 143 española quedó divid ida en tres pro vinc ias dedica das a s an Agustín, la Virgen del Pil ar y al e ntonces beato Tomás de Villanueva. La pri mera ocupab a las dos Ca stilla s, donde l a congregación poseía los conventos y cole gios de Alcalá, J arandilla, La Vi ciosa, Madrid, Nava del Re y, Portillo, Sal amanca, Ta lavera, Tole do y Valladolid, y el hospicio de Jaraicejo; la segunda de las provincias, disc urría por los reinos de Ara gón, Ca taluña y Valencia, dond e contaba con 12 c onventos: Ala gón, Barcelona, B enabarre, Bolea, B orja, Calatayud, Caudiel, Huesca, Valencia , Zuera y los dos de Zarag oza; y la t ercera, Andalucía, donde só lo disponía de lo s conventos de Granada y Sa nta Fe. Existía una cuarta p rovincia, dedi cada a san Nic olás de Tolent ino, de c arácter misi onal, con todas sus casas en Filipinas. El escueto número de c asas de la provincia de Andalucía demuestra q ue los intentos agustinos recoletos por establ ecerse en la región, al contrario que otras órdenes mendicantes, en contraron gran resistencia. Así, l os conventos que consi guieron eri girse obedecían al empeño re al, caso de Gra n ada, primer asentamiento de l a recole cción agustiniana en Andalucía, que cont ó con la resis tencia del arzobispo Pedro de Castro y Quiñones 527 . En los años siguientes se fundaron los conventos de Nuestra Se ñora del Pópulo en Sevil la 528 (1625) y el de Luque 529 (Córdoba, 1626). Este empuje fundacion al de los años v einte se debil itaría posteriorment e, doc umentándose varias tenta tivas fallidas (Córdoba, Moguer o C oria del Rí o) 5 30 . A pe sar d e to do, la ex pansión y consolidación de la Orden en sus dife re nt es ramas fue constante y se mantuvo durante los si glos XV II y XVIII . España se vio libre de las impli caciones directas de la Reforma Protesta nte, hecho que permitió a los a gustinos aumentar en número y estar disponible s para la expansión territorial de la Coron a. Así, la Orden tomó rumbo a l Nuevo Mundo, lle gando a Méxic o, Perú, Bolivia, Ecuador, Colomb ia, Venezuela y Chi le. También tuvieron prese ncia en Filipinas. Po r el año de 1790, ex istían 36 casas masculinas y 2 femeninas, de las que 26 se en cont raban en Andalucía; de el las solo una femenina. Para el siglo XIX los ag ustinos tenían pre sencia en todas las c apitales andaluz as, salvo Almería. El resto de conventos se 527 ARANDA DON CE L, J uan: Los agustinos recoletos en An dalu cía. El conv ento de San Nico lás de Tolentin o de la villa d e Luque (1626 -1835) , G ranada: E ditorial Agustin us, 2015 , p. 55 . 528 JE SÚS, Luis de ( O.S.A.): His toria g eneral d e lo s religiosos … op . cit. , pp. 62-66. 529 Ibíd em . pp. 108 -109. 530 ARANDA D ONCEL, J uan: L os agu stinos rec oletos … o p. cit, pp. 58-59. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 144 ubicaban e n municipios y vill as medianas y pequeñas. Tan solo Sevilla alber gaba más de un convento: el convento de San A gustín y el cole gio de San Acacio 531 . 1.4.2.2 La Orden del Carmelo La o rden Carmelita toma su nombre del bíbl ico Monte Carmelo 532 y de los pasa je s narrados en el Antiguo Testamento sobr e la vid a eremítica del profeta Elías 5 33 , el tisbita 534 , y sus discípulo s. Na ce como o rden hacia f inales del si glo X II en relación con los a contecimientos de l a Tercera Cruzada qu e p osibilitó la instauración de l Rei no de Jerusalén y el asentamient o de San Bartolo del Monte Carmelo y grupos de ermitaños latinos y como r espuest a oposito ra al movimi ento monásti co impera nte 535 . Estos primigenios carmelit as dedic arían su vida a la m edit ac ión y or ación de la Pal abra de Dios, sin que se d efiniese en nin gún caso una fi gura fundadora. Este he cho desencadenaría el desarrollo d e una conciencia Eliana específica e in dividua l, co n un propósito personal en la búsqueda de la perfección por medio de la vida eremítica al ejada d e la sociedad. A principios del siglo X III, los carmelitas del Monte Carmelo soli citan a Alberto Avogadro , Patriarca lati no de J erusalén, una re gla o norma de vida con el fin de e structurar un a organización por la que regirse y definir el ideal carmelitano. Esta Regla Primitiva o Regla de San Alberto se r edactó en 1209. Está caracterizada por su esencia eremíti ca con algunas concesiones a la vida comunit aria, insistiendo en el silencio, la oración, el a yuno riguroso, la abstinencia y el tr abajo manual como medio de subsistencia, a lo que se 531 ALONSO, Ca rlos: “La Pro vincia de Andaluc ía… o p. cit., pp. 77 -113. 532 La eti mología de la pa labra C a rmelo (Monte Car melo) pro cede del hebreo Ka rmél = viñ a de Dios = la viña m á s fructífera y s ublime = c a m p o muy fértil (Isa. 1 0:18: « L a glor ia de su bo sque y de su campo fért il consumirá to talme nte, al ma y c uerpo, y vendrá a ser com o abandera do e n derrota » ) . Monte Car melo, es habitualme nte llamad o en la B iblia heb rea Ha kkarmel , traducido como “el jar dín” o “la tie r ra del ja rdín”. 533 CARROLL, Ea mon R.: “The Marian Spirituali ty of the Medieval Religio us Order s: Medieval Dev otio n to Ma ry Amo ng the Car melite s”, en Marian Stu dies , Vol. 52, 20 01, p. 219. 534 Sobr enombre del pro feta Elía s (1 Re 21:17 , 2 8; 2 Re 1:3 , 8; 9:3 6), “de los m orado res de Galaad ” (1Re 17:1 ). Pr obablemente la inter pretació n más correc ta de esta expresión sea u na connotació n geográfica “del forastero” o no mbre de una loca lidad , y no el de una fa milia . 535 Véase S ANT A M ARÍA, Fra ncisco de (O.C. D.): Historia gen eral p rofética de la O rden de Nu estra Seño ra de l Carmen , Madrid: Francisco Martí nez, 1 630 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 145 añadían los tr es tradicionales votos de pobreza, o bediencia y castidad 536 . La aprobación pontificia fue dada por Honori o III en 1226 y conf irmada por Gr egorio IX tre s años más tarde en la bula Ex Offici N ostri . La sit uación c omprometi da de los conv entos o ere mitorios de Oriente que e staban sometidos a la amenaza constante de lo s ataques de los m usulmanes propició que muchos de los miembros carmel itas se trasladan a Europa , considerándose l a primera fundación carmelita en el continent e la de V alenciennes en 1235. A pesar de est e paso normalizado, lo cierto es que los carmelitas en Euro pa se enfrentaro n con ciertos problemas de sospechas e incomprensi ón por pa rte de numerosos obis pos, contrariados por la vida eremítica que est ablecía la Regla carmelita. Por otra parte, la llegada de finitiva de l a Orden al continente eur opeo coincidió co n el incre mento de las órden es que habí an acogido l a limosna como forma d e su stento, lo que generó entre los ermitaños carmelitanos la dis y unti va de aco gerse a l a forma de vida me ndi cante o seg ui r con el modo erem íti co y conte mplativ o. En 1247 celebrar on el primer Capítulo General del que se tiene noti cia y , an te la s dificultades que habían encontrado tras su establecimiento en Occidente, re currieron al Papa Inocencio I V, quien decidió plantea r una serie de cambios en la Re gla qu e la sua vizaban. Así se conf eriría a los C armelitas un tono má s c enobítico y apropiado para la vida apostóli ca 537 . El encargo reca y ó sobre el Prior Gene ral Si món Stock. Éste establ eció una nueva re gla que mantenía el espíritu contemplativo de la Orden, aunque con un nuevo en foque más propio del apostolado de las congre gaciones mendicantes. Inocencio IV aprobó la regla y fue dada a los carme litas en 1248 538 . L os carmelitas relajab an las ex igen cia s de silencio y a y uno y t omaban mayor pe so l a predicación y confesión. Además, se regulaba la constit ución de provincias con sus priores provinciales y sus capítulos, estableciendo el Capí tulo Gener al como órgan o supremo de gobierno con un prior general al que e starían sometidos to dos los frailes. A lo largo de todo el si glo XIII la ord en vivió un notable cr ecimiento. El Ca pítulo General celebrado en el año 1256 establ eció la f undación de conventos e n la península Ibérica. La expans ión de la ord en carmelita iniciaba su andadura po r tie rras catalanas y 536 FERNÁNDE Z ROJA S, Matil de: P atrimonio artís tico… op . cit. , p. 368. 537 VIZUET E MEN DOZA, J. Carlos: “Pe nas y ca stigos corp orales entre los p ri m e ros Car melit as descalzo s. Los fraile s delincuen tes y a póstata s en Nue va Espa ña”, en Anuario Jurídico y Ec on ómico Escurialense , XLIX, 20 16, p. 532. 538 SA N T A MARÍA, Fr ancisco d e (O.C.D.): Reforma de lo s desca lzos d e Nuestra Seño ra del Ca rmen de la primitiva obse rvancia , t. 1, Madrid: Diego Diaz de la C arrera , 1644 , fol. 171. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 248 hiladas o tamaños, si bie n se simula ba sillares tra bajados, a ctualmente visi bles. Todo el conjunto estaría encalado al ti po de edificación que responden a técnicas constructivas populares, con una mez cla de c al y arena. La facha da, mu y estrecha, al i gual que la nave del templo, es rectangular, rematándose con un piñ ón t riangular, decorado con una cornisa moldurada. En la parte inferior, elevada sobre es caleras que permit en salvar el desnivel existent e entre la alineación de viari o públi co y el nivel del templo, se sitúa la portad a, un vano de arco escar zano embutido en una estruc tura con pil astras laterales y entablamento curvo. En la parte superior un óculo con molduraj e en derrame y, centrado en el piñón, una ventana escarzana enma rca da en una c artela con una cruz. En el vérti ce del frontón una cruz de meta l. Coronando las c onstrucc iones del lado del evan gelio se e ncuentra la espadaña d e un solo c uerpo con doble arco enr ejado para c ampanas, entre pilastra s compuestas que soportan un entablamento completo , cu y a c ornisa pr esentan mútulos. L os elementos decorativos se muestran d e color roj izo. Se remata con un front ón curvo partido, en c u y o centro s e dispone un arco de medio punto con frontón tri ang ul ar y cruz de hierro. Este hueco sin c ampana. Fig. 32: Detalle de la fachad a del te mplo d e Santa María de la Vic toria. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 249 Adosado al muro de la iglesia se situaba el claustro rodea do por la s dependencias del co nvent o. Contaba ade más con un pequeño huerto en su parte tras era, e n la zona más próxima a la Peñuela. E sta z ona, li ndaría con la s actuales calle J osé Tizón, desde la Alameda hacia el S ur. A éste se accedía, desde la plaza de la Alame da, como ya se h a comentado anteriormente , y se gún testimoni os de los lugareños, tenía un pó rtico, tal vez situado en los actuales números 19 o 18. En la actualidad, en éstos ha y pequ eños establecimientos comerc iales. El claustro presenta planta cuadra d a con dos pisos de altura, en tres de sus lados, estando mu y modific ado por la remodelacion es y reformas desde el siglo X IX. En la parte baja, remata da por una cornisa, s e cons erva su galería perimetral de tr es arcos carpaneles por cada frente, sobre pilare s cu adrangulares, de ángulos achaflanados. C omo únicos elementos decorativos podrían señalars e las molduras que marc an la s impostas, a modo de capitel, y la qu e adorna la rosca de l os arcos. Interiormente se cubren con un techo de bovedill as curvas. A ésta se abren diferentes d ependencias, ut iliz adas hoy como oficinas parroquiale s y archi vo, así como la sacr istí a y el acceso a la ig lesi a y a su coro. Es este fre nt e, el adosado al t emplo, el que no ti ene piso alto, rema tándose con una terraza . En los tr es restantes, se sitúan las habitaciones privadas del sacerdote y la s dedicad as a la impartición de c atequesis, que abren al patio con sencillas vent anas. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 250 Fig. 33: Claustro d el antiguo c onve nto de La Victor ia. Interiormente, e l te mplo destaca por su gran altura que se hace más eviden te por la escasa an chura de la nave. Ésta s e div ide en t res tramos por pila stras c on capiteles corintios. Sobre éstos corre un arquitra be completo con cornisa volada y adornad a con mútulos. Esta misma fórm ula es utiliz ada en los brazos del cr uc ero y en el presbiterio. El templo se cubre con bóve das de cañón con arcos fajones y lunetos. El crucero, sobre pechinas, con una bóveda semiesférica, en cuy o interior se dispone el escud o de la orden , un sol ocupado por la le y e nda CHA-RI-TAS, rod eado de role os vegetales. E sta se asient a sobre una cornis a con la misma decoración qu e el resto del edificio y la s pechinas se adornan con yeserías en forma de cartelas rematadas con l a corona du cal. Se completa la decoración con el c ajeado de los arcos formeros y una flor, con pistilo y corola, ocupando sus claves. El c oro, en alt o se sitúa a los pies de la nave, si bi en su estru ctura y decora ción es moderna, no correspondiéndose con el resto d el templo. Al mi smo se acce de desde una dependencia anexa abierta e n el brazo del evangelio. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 251 Fig. 34: Nave de la igle sia. De talle d e los c apiteles cor intios y la cornisa ad intelada Fig. 35: Detalle de la cúpula d el c rucero d e la I glesia de La Victor ia de Alca lá de lo s Gazules. Se aprec ian las coro nas ducales y lo s rosetones florales A lo largo d e la nav e central se disponía n esp acios dedicados a l os dis ti ntos retablos que deb ía p ertenecer a las cofradías allí ubicadas, caso de la Hermandad d el Nazareno. Así con todo, y en líneas generales, e s evidente qu e todo el conjunto L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 252 arquitectónico del templo se muestra como un espacio sobrio, d e líneas limp ias y equilibradas, donde la ar monía de proporciones es muy des ta cable, rota, t al vez, por las pilastras del cruce r o qu e dan esa sensac ión monume ntal, así como por el a ltar ma y o r situado en el cabecero d e la Ig l esia, a distinto nivel que el resto del templo -sobre una grada de siete escalones- con barandillas de márm ol rojo a los lados. 2.1.2.4. El f inal del convento Los daños que sufrió el convento durante el seísmo de Lisboa no vaticinaban un futuro alentador pa ra el edif icio, no y a solo por los posibles problemas estructurales que pudiera ha ber sufrido, sino ta mbién por la suc e sión de acontecimie ntos que se desencadenaron con la llegada del si glo X IX. Durante la o cupa ción de las tropas francesas, la iglesia y l as imágenes que contenía sufrieron nume rosos destrozos a los que habría que sumar la pérdida po r robo de diversos elementos 8 17 , ent re ellos l a documentación de la Cof radía de Nuestro Padre Je sús Nazareno, sin olvidar la libertad con que actuaron l as tr opas en emigas para el saqueo y pasar a cuchill o a cu antos habitantes de Alcalá de los Gazules en contraron 818 . Las informaciones referenciaban cómo las tropas habían per pet rado en el in terior del templo t erribles catástrof es, y reflejando lo s más atroces sacrile gios, robos y destroz os 819 . La guerra tu vo grandes repercusiones sobre Alc alá en general, no solo en lo tocante a los bien es art ísticos que le pertenecían, sino también en la poblac ió n. Con las noticias que llegaban desde las principales localidades limítrofes, se or ganizó un a listamiento entre los lugareños, incentivado y animado tambié n por los ca bild os seculares y eclesiásticos, al canzando un número tota l de 326, de los cual es 259 y a est aban alista dos 8 20 . Aquel núme ro de pobladores repr esentaba, para un a población que a duras penas llegaba a los mil vec inos, 817 ALMAGRO MO NTE S DE OCA, Gabr iel: “Nazareno Peregrino” en Nazareno, B oletín de la Sema na San ta Alcalaín a , Edici ón de la Cofradía, 1989 . 818 SÁNCHE Z DEL ARCO, Eloy: Mono grafía de Alcalá … op. cit., p . 1 09: « (…) ordenó el Mar iscal (…) que el general Lato ur Ma ubo urg con 3.0 00 hom b res o c upase Alcalá de los Gaz ules , castigando la resiste ncia». 819 Tomado d e Ibíd em , a partir de Libro d e Actas de la Cofradí a d el Naza reno de 181 5. 820 T OSCANO DE P UEL LES, Fernando: Historia de la Co ngregació n-Beaterio de Je sús, María y J osé . Cádiz: Dip utació n provincial, 198 8, pp. 203-21 8. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 253 un fuerte impacto d emográfico. Finalmente, la villa fue ocupada por l as tro pas francesas en la ofensiva que empr endieron estas e n Andalucía en 1810, de mo do que salvo el Alcalde may or que escapó, los Alcaldes ordi narios y todos los concejales continuaron en sus respectivos empleos y operando en f avor de los invasores, y a fu era rec audando fondos para el ejérc ito franc és, ya lo fuera dando al ojamiento a las trop as de l Emper ador 8 21 . Estos funcionarios públicos no tardar on e n « r econocer y jurar por rey de España y de las Indias a José I» 822 . En las serraní as de la provincia se ib an agrupando reducidos grupos de lugareños que habí a ma rchado de sus casas y a l os que poco a poco se fueron uniendo soldados de ca r rera. Estos grupos or ganiza ban ataques ráp idos y violentos m uy efect ivos en una g uerra de desgaste fre nte a un e jército orga nizado. Esto ocurrió en Alcalá según narración de Puelles Sala s, donde ademá s hubo in terferencia de los fr aile s mínim os para evitar una masa cre contra supuestos afrancesados, una vez esquilmados los efec tivos franceses que se hallaban en e l lug a r, no así los saqueos y la rapiña 8 23 . La r espuesta no se hizo esperar. La división francesa que estaba as entada en la vecina Medi na Si donia, a cuyo mando se encont ra ba el general Latour-M aubourg se diri gió a la localidad alcali na. Allí, el dest acamento enviado y formado por inf antería y ca ballería c ercó el pueblo, encontrándolo solo y ab andonado, para a continuación, sa quearlo de bienes muebles, frutos, casas, ganado y demás 824 . En la plaza de la Cruz , frente al conve nto de los mínim os, amontonaron todas las puertas y v entanas de una de las casas e hicieron una hoguera con ellas y con todo lo que la casa cont e nía, dej ando a ést a baldía y destrozada para públic o escarm iento. En 1811, las tropas e spañolas recuperan Alc alá, momento en que se procede a r eparar parte del ca sti llo de Alcalá que se convierte en un punto de referencia, siendo asalta do en varias ocasion es por las tropas francesas. No obstante, la presencia de las tropas ex tranjera s no quedaría por mucho ti empo en e l pueblo, quedando totalmente libre en agosto de 1812. 821 A.H.N., Co nsejo s, Leg. 11 982, Exp.14, Carta del vecino de Alcalá, André s López , diri gida al Co nsejo Supre m o de Regencia con fec ha de 2 3 de junio de 1811 . 822 DE P UELLES SAL AS, Manuel Mar ía: Histo ria de la Fa milia de lo s Puelles y la Tribu de los Gazule s , 186 4, p. 167. Dispo nible: https://es.scr ibd.c om /doc ument/366 144 978/Histori a-de-la-fa milia-de -los- Puelles-Ma nuel-M% C2%AA- Puelles-Salas# do wnl o ad [ 20 de octubre 2 020]. 823 Ibíd em , pp. 169 -170. 824 A.H.N., Consej os, Leg. 11982, Exp. 14, Memorial de los síndicos del Ay to . de Alcalá, Simó n Ba ena y Pedro T oscano, dirigida a l Consejo Supre m o de Regencia c on fec ha de 6 de julio d e 181 1. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 254 Fig. 36: Plano del Castillo de Alcalá de los Gaz ules con el ataq ue dad o por los Franceses e n Septie mbre de 1 811 825 Sobrevivió el templo, con notables pérdidas como queda dicho, a los desaires de la guerra, pero quedó l a tente que lo s enem igos habían podido contemplar la riqueza patrimonial del paí s y de sus pueblos. Este contexto de pérdida de los bienes marcaría un periodo que se pro lon garía en el tie mpo, esta vez des de una óptica interna. Fuero n estas pérdidas el antecedente d e lo que su cedería unas pocas dé cadas después co n los decretos de desamortización y exclaustración de los religiosos, estableciéndose el cierre momentáneo de la iglesia alcalaína e iniciándose un lento proceso de d eterio ro constante de las estructuras del ex convento 826 . Tras los procesos desamortizadore s, la única hermandad qu e pervivió en Alcalá fue la del Nazareno que hasta entonces había estado presidida de manera honorífica por el padre corre ctor del convento mí nimo. La iglesia se reabrió en la década de 1850 esta vez como iglesi a a uxilia r de la p arroquia ma y or, 825 Car toteca del Centro Geogr áfico d el Ejér cito, en adelante C. C.G.E, Colección: SG, Ar.G -T. 9-C.2- 827 (2). 826 P ara la reda cción d e este a partado seguim o s el est udio de A LMAG RO MO NTE S DE OCA , Ism ael: “La restauración de la Iglesia de la Victoria: la historia s e repite”, en Boletín Informat ivo Digital de la Co fradía de N uestro P adre Jesús Na zareno y María San tísima d e lo s Do lores d e Alca lá d e los Ga zules , Año 1 -Époc a 2ª, 2 019, pp. 10-19 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 255 cubriendo así las necesidades de as istencia e spiritua l de los feligreses, pos ibilitado por los acuerdos de 1844 y el Conco rdato d e 1851 qu e firmaron Esp aña y la S anta Sede 8 27 - al igual que to das l as iglesias co nventuales desamortiz adas- pasan d o el templo nuevamente a m anos de la Ig lesi a Di ocesana. No obstante, el edificio acarreaba una serie de problemas estructur ales que forzaron el ci erre del te mplo en torno a 18 60. Las obras necesarias comenzaron a principios de 1864, trasladando a la parroquia de Sa n Jorge las imágenes devocionales. Coincidentes con aque llas obras se constru y ó dos cuartos colaterales en el solar a nexo al c ompás d el conv ento 8 28 . Estos espacios se p usieron e n venta a finales de la déc ada siguient e a un particular que habría incumpli do el acuerdo ocupando más espac io. Pese a las rec lam aciones del Obispado, el vendedor no atendió a los requerimientos que s olicitaban el derribo d el recrecimiento y ajuste a lo acordado. Posibleme nte el vendedor se apo yó en que no medió contrato por es crito sino de palabra 829 . A l referirse a “c uartos colaterales” estos debieron ser, por lo obse rvado en la actualidad, los dos rec recimientos edificados a a mbos la dos de la fa ch ada de la iglesia. Por tanto, el incumplimi ento del e spacio const ruido debió ser el que se difer encia de l la do de la epísto la con respecto al del evangelio en que se en cuent ra la esp adaña. De hec ho, si se observa con más deten imient o, el edifi cio comercial (pl anta baja) y dom éstico (planta alta) contiguo ocupa un tercio de la fachada pri ncipal de la i glesia. En l o tocant e al estado de conservación de l edific io, los tr abajos re alizados e n 1864 no tuvieron gran desempeño, y poco ti empo después se forzó a tr asladar el culto a la vecina i glesia de la S oledad, ho y desap arecida. Esta igl esia o capill a, denom inada inicialmente ermita de la Vera Cruz, estaba ubica da en la Plaza Alameda de la Cruz , en el loca l que a ctualmente ocupa el Centro Munici pal de Ma y or es 830 , a pocos metros de distancia del templo de la Victoria. 827 El Concord ato con la Sant a Se de suponía una re concili ación de Espa ña con la Iglesia Cató lica convirtiéndo la nueva mente en un gran ap oyo para la Coro na Española. Gacet a de Madrid , Nº. 6 1 46, 12 de mayo de 1 851. 828 Entendemo s que al re ferirse a “cuartos c olaterales” estos de bier on ser p or lo observado en la a ctualidad los dos recrecimi e ntos edifica dos a ambos la dos de la fachada de la iglesia. Interpreta m o s, po r ta nto, que el incumplimie nto d el espacio construido en e l caso q ue tratamos deb ió ser el que se difer encia del la do de la epístola con respec to al del evangelio e n que se e ncuentra la e spadaña. 829 ALMAGRO MONT ES DE OCA, G abriel, ALM AGRO MONT ES DE OCA, Is mael y GUERR A MARTÍ NEZ, Ja ime: La Cofra día … o p. c it., pp. 42 -44. 830 Se m antu vo a ctiva hasta 1921, a ño en que se ap rueba el ex p ediente de exec ración por s u e stad o ru inoso . El e dificio se v endió a un particular al año siguiente. Véase GUERRA M ART ÍNEZ, Jaime; “Igles ias L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 256 A comi enzos de la década de los 80, el temor del estado de degradación de la Iglesia de la Vict oria ll evó a la Cofradía del Naza r eno a abandonar el templo y tr asladarse a la parroquia de Sa n J org e. A pesar de ello, el t emplo no se cerró al culto . Al contrar i o, en 1885 el párroco se había mo strado contrariado por una ex agerada reac ción por parte de la adminis tración l oc al que advertía del esta do de ruina d el edificio, as everando por parte del cura que se con tinuaría « c el ebrando mi sa en e l ruinoso conv ento de la Victori a porque este no puede desplomarse mie ntras lo s Stos (sic) e sten dentro » 831 . Evidentemente, el c lérigo no negaba el estado estructural del edificio, pero p arece ser que anteponía otros criterios de culto y res guar do div i no. L a a ctitud del párroco no agrad ó al consistorio m unicipal que en nombre d el Alcalde enviaba un comunic ado al Cura Arcipre ste exhortándole a que ce sara la ce lebración de misas o actos públi cos en la Victoria debido a su estado ruinoso. Las a utoridades c onsideraban que sería mucho má s adecuado el t raslado del cult o a la i glesia d e la Sol edad. El comunicado fue re enviado al Obispo de Cádiz , respondiendo a su ve z al Alc alde sobre las ob ras d e ma ntenimiento realizados en el edifi cio. En el escrito 832 del cura deja entrever que se habí a llevado a cabo una ser i e de trabajos de mantenimiento alegándose que el peli gro inminente de ruina qu e amenazaba dic ha I glesia se imposibil itaba con la re para ción que había ll evado a ca bo e l Maestro de Ob r as Salazar. Los tra b ajos realizados por el ma estro de obras había n consistido en montar sobre arco s l a arma dura del tejado que por e l desnive l de la pared apenas en ella tení a descanso. El sa cerdote tambié n insistía en qu e el ma y o r riesgo se concentraba en la pared contigua al Coro de la Iglesia por e l empuje qu e e ste le ha cía, y que una vez apuntalado conveni entemente el peli gro había cesado. Terminaba su e scr it o aduciendo que lo s pro ble mas ocasionados por la presión que ejerc ía el empuje del coro se habían eliminado de l a parte c itada, no acarreando mayor ries go, por lo que no tenía sentido un cierre del tem plo. Co n respecto a la pr opuesta del consistorio de trasladar lo s actos li túrgicos a la cercana iglesia de la Soledad, esta proposición no había sido acogida de buen agrado. La argumentac ión a la ne gativa se fundamentab a en que la Soledad no contaba c on las condi ciones necesarias pa ra a coger el Santísi mo Sacramento toda vez que además el local no disp onía del espacio ne cesario para lo s que debían v elar p or su custodia alcalaínas desap arecida s”, en Apunte s históricos y de n u estro Patrimonio , Alcalá de los Gazules: Ayuntamie nto, 20 01. 831 A.M.A.G., Registro d e entrad a de d ocum ento s, Libr o 13 2, fol. 13 5. Instancia del 14 de se ptie m bre. 832 A.M.A.G., Correspo ndencia y co municacio nes 188 5-1886 , Legajo 78. Instancia del 14 de septiembre. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 257 y acudir con prontitud al llamamiento de los fieles para la administración de los sacramentos, algo que se en te ndía como una incomodidad y pe rjuicio para los feligreses. Para rematar el escr it o, se apuntillaba que, además de las razones esg rimidas para contravenir la p etición de cierre al culto de la I g lesia de la Victoria y pa ra calma r la ansiedad del Alcalde, según apre c i ación hecha p or el Arquitecto provincial , no exis tía peligro alguno en la i glesia mientras no oc urriera a lg ún nu evo incident e. En este punto, no queda claro si se re fería a un acontecimiento como el sismo de L isboa u otra cuestión. Nada de l o expuesto por el cura tranquil iz ó al Consistorio y s e traba jó para lo grar una salida al conflicto. Al añ o siguiente, en 1886, se daba cuenta al Gob ernador Civil por parte de l as a utoridades l ocales del p eligro que corrían l os vecinos colindant es de convivir con un edificio cu yas insta laciones no contaba n con todas las se guridades y cu y a integridad estaba en entre dicho. Oí do el Goberna dor, és te autorizaba a l Al calde alcalaíno a que pro moviese todas las actuaciones que consi derase oportunas para impedir que ocurriese alguna desgra cia. Al mismo tiem po, re cl amaba al Obispado gaditano qu e tomara cartas en el asunt o y emprendiese las medidas necesa rias para soluci onar la situación 833 . El Obispo de Cádiz, Monseñor Vice nte C alvo y Va lero se determinó a resolver la problemática y tomó la decisión ciertamente trágica de autoriza r al Cura Arcipre ste « p a ra que p roceda al derribo de la Vict oria abonando sus costos de los fondos de fábrica » 834 . Por fortuna la demolición del templo no se llevó a cabo, sin que se ha y a podido conoc e r los motivos por los que finalm ente no se procedió al derri bo. Teniendo en cuenta que la orden de derribo impl icaba que fuese la i glesia la qu e costease las obras de demolición es muy probable que fues e la falta de m edios económi cos ta nto de unos como de otros -como se ex pondrá luego- l o que i mpidió, por fortuna, que se ejecuta ran dichas obras. Con el edifi cio aún en pie , no cesaron las qu ejas de l A yuntam iento y de su Alc alde que ante la continuid ad de una incómoda situ ación se determinó a hacer públicas sus denuncias. Así, el día 17 de marz o de 1887, el di a rio El Guadalet e se hacía eco de estas quejas por parte d el Consist orio alcalaíno publicando una esc ueta nota dando a conocer la amenaza de derrumbe del templo. 833 A.M.A.G., Registro e ntrada documentos, Lib ro 133, fol. 56 y 57. Instancia de 29 noviembre 1886. 834 A.M.A.G., Registro e ntrada documentos, Lib ro 133 fol. 57. Instancia del 1 dicie mbre 18 86. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 264 Parroquia de Sa n J org e, por las necesarias obras de mantenimi ento y r estauración que se tenían que acometer en el templo de la Victoria para evitar su degrada c ión. De ma nera paralela a todo este proceso, el resto del recinto conventual se fue adaptando a los nuevos t iempos. Así las distin tas áreas que o cupaban las de pendencias d e los relig iosos se fueron a daptando a sus nuevos usos. Las a ntiguas ce ld as de los mínimos se han rec onvertido en la actualidad a es pacios en lo s que están la viv ienda del cura párroco, un salón para a ctos variados y l as sa las d e reuniones pa ra las dis tintas cateque sis. También e stán en estas dependencias el Archivo parroquial y el espacio reserv ado a Cáritas parroquial. Esta perv ivencia parec e rememorar la gran actividad que desempeñaron los religiosos en la localidad, convirtiéndose en un gran referente para los habitantes de Alcalá y lo grando la adhesión al há bito de algunos de sus vec inos. Sobre este respecto escribía To scano de Puelles en su obra sobre el jurista alcalín o Pedro Sainz de Andino que « Desd e su origen, los rel igiosos conectaron con el pue blo en abnegado servicio espiritual, si endo varios los hijos d e Alcalá que visti eron el hábito, allí mism o» 855 . Ciertamente, no es de extrañar esta conexión, más cuando los religiosos se habían preoc upado, no solo en dar los oficios sacramental es, sino también por impartir l a enseñanza de letras g ratuitamente 856 , en lo que parece una demostración d el carácter austero y caritativo de s u orden. Así, al cumpli miento de los deseo s de C árdeno, los religiosos añadieron « d es de 1757 otro profesor de gramática y L atinid ad para los vecinos, siempre si n cobro alguno » 857 . Pare c e ser que estos servicios educativos c ontin uar on impartiéndose en el convento hasta s u extinción, con los lógico s paréntesis derivados de hechos puntu ales, tales como el periodo de ocupación francesa o los momentos de aplicación desa mortizadora en el Trienio Liberal, retomándos e la s clases una ve z 855 TO SCA N O DE P UE LL E S, Fernando : S ainz de An dino. El Hac edor de Leye s , Cádiz: Diputació n Pro vincial, 1987 , p. 52. 856 Sin en trar e n mucho d etalle, merece la p ena señalar e ste hecho co ntenido, no solo en el acce so a la educació n sino ta mbién en o tros e lem e ntos afines a éste d ependiente de o tros factor es. Par tiendo d e la concep ción moder na de la d istinción soc ial e n base al e stamento e n el que se nace , y q ue d etermina por tanto la enseñanza adec uada en función a la posició n soc ial d entro de una co munidad , queda claro q ue el acceso a la instrucción v e nía ma rcad o por factores d e distinta índole , siendo e l primero e l grupo social, pero ta m bién e l sexo o el coste moneta rio. P or tanto, ha y q ue de stacar el hec ho d e que e sta e nseñanza solo se impartier a a l o s var ones. Sin e mbargo, las prim er as letras de bían c ontemplar u n periodo de aprendizaje por lo general br eve y muy básico , co mprendido entre los seis y los diez años. En el caso d e Alcalá d e los Gazules encont ramos a u na po blació n reducida que contab a c o n una ma y or depende ncia d el se ctor primario y m ayor de bilidad en a ctivida des terciarias, con por centajes de alfabetizaci ón bajo s y altos contrastes entre sexos. Véase DE L A PASCU A SÁNCHE Z, Mª Jo sé: “Apro ximació n a los niv el es de a lfabe tización… op . cit., p p. 51-65 . 857 T OSCANO DE PUE LLES, Fe rnando: S ain z de And ino … op. cit., p. 53 . L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 265 restaurado el oficio del convento. Tras la desamortiz ación del 1835, la par te conventual del edificio se destinó a escuela, h echo este q ue se ha podido constatar gracias al Diccionario de Madoz en que se puede leer « E l otro conv. d e Mínimo s, (…) en el día sirve el e dificio de escu ela de primera edu cación y l a igl. está abie rta a l culto con el nombre de la Victoria: ta mbién carecía este conv. de riquezas artísticas » 858 2.1.2.5. Los bi enes m ueble s El e xpediente con el inventario de bienes d e la i glesia del conv ento de mínim os se empezó a redactar el 29 de agosto de 1835 por el señor Mi guel de Gara y co echea, acompañado de Manuel Naldia, co nta dor d e ren t as y José María Araujo, en calidad de secretario. A estos, por requeri mi ento, le seg uía fr a y Bl as García, que fu era Corrector d el convento y e ncargado int ernamente d e la iglesia de la Victoria, quien deb í a hacer entre ga de todos los bien es, ce ns os y demás req uisi torios perteneci entes al convento. Lo cierto es que en el inventario no se in ventariaron una gran cant idad de bienes mueble s, to do lo más unas pocas sil las de pino pintado, una me sa de caoba con c ruz de hie rr o y u n arc a con tr es llaves, de pin o pintado, vieja, donde se encont raban los asientos de li bros 859 . En el refectorio se listaron tres me sas de pino que co nsideraron mu y us adas y una losa de medina inútil para su uso 860 . Por su parte, en l a sac ristía del templo se enumera ron los siguientes elementos 861 :  Una cajonería de pino pintado con cuatro cajones.  Un espejo pequeño con marco dorado viejo.  Un crucifijo pequeño.  Una taquilla de pino viej a con mesa de pino también.  Una percha de madera con su to alla, todo viejo. 858 MADOZ, Pasc ual: Dic cionar io G eográfi co-Estad ístico … op. cit., To mo I, p. 375 . 859 A.H.P.C., Le g. 012 35- Exp. 1, I nventario Nº . 3 . Inventario d e lo s bienes Iglesia y de m á s per tenecientes al conve nto de minimos de esta villa tit ulado Ntra . Sra. de Consolació n, 1835 . 860 Ibíd em . Inventario N º. 3. 861 Ibíd ., Inventario Nº. 5. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 266  Un cuadro de memorias de las obligaciones del c onvento.  Dos misales Romanos.  Una mesa con tabla de caoba y cruz de hier ro. Además de los list ados, en la sa cristía también se encontraban distintos ornamentos sac erdotales pa ra la liturgia 862 . En primer lu gar, un t erno bla nc o completo, seguido de ocho casullas con manípulo y e stola sin determinarse el colo r, dos albas vieja s, y finalment e, diez purific adores. En la p ared estab a un cuadro d e la Concepci ón pintado al óleo con marco de ma dera. Otros de los cuadro s que aparecen e n el expedient e, y que se hallaban en l a celd a c orrectoral, eran un cuadr o al óleo y dos cuadros p equeñitos con marcos dorados viejos 863 . Se inventa riaron varios vasos sag rados, como fueron dos cálices con patena y cucharitas de pla ta y, dos copones de pla ta pe queño s, uno en el Sagrario, y ot ro en el Altar Mayor, con sus llaves 864 . El resto de la plata inv entariada fue la que sigue:  Una custodi a o más bien un pie de vir il, el viri l todo de plata sobredorada, como de media vara de alt ura.  Un turibulo de plata usada con su navet a.  Una lámpara de plata con una c a dena rota.  Dos ca mp anas pequeñas de met al en la torre , y ot r a peq ueñi ta para tocar a comunidad y que se hallaba en los claustros altos.  Un libro de arca, donde constaban las entr adas que princ ipiaban en 1827, y c oncluían en el día 29 a gosto de 1835, escrito hasta el folio setenta y ocho.  Otro también de c aja de los g astos del c onvento que princ ipiaba en 1827, y con cluía en el mismo día 29, escrito hasta el folio veinte y nu eve 865 . Dentro del espa cio de l a iglesia p ropiamente d icho en primer lugar aparece mencionado en los invent arios el altar m a y o r de l t emplo , definido como un r etablo gran d e 862 Ibíd ., Inventario Nº. 5. 863 Ibíd ., Inventario Nº. 4. 864 Ibíd ., Inventario Nº. 5. 865 Ibíd ., Inventario Nº. 3. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 267 de mad e ra donde, según los redactores del documento, estaba presidi do por la imag en de Nuestra Seño ra de Consolación. En este cas o parece que s e repitió la c onfusión propia de los nombres con los que era conocido el convento, y tomando el nomb re de aquella primera ermita, se tomó por cierta que la talla del altar debió ser la de esta Virgen, frente a la Vir gen d e la Victoria. A p esar de e llo, parece ser que tras una serie d e obras que se ejecutaron en l a i glesia de la Victori a finalizadas en el año 1910, se dispuso so bre una mesa del Coro, cierta Imagen de Nuestra Se ñora de la Consolación, muy po siblemente la que exist ía en Santo Domingo y que, como otros muchos enseres fue t rasladada a la Iglesia de la Victoria. Ra mos Romero, indica que, tal vez por error, la imagen que se encuentra actualmente en el altar del Sagrario de la Parr oquia « que llaman del R osario (…), en realidad es la Virg en de la Co nsola ción » 8 66 . Lo que el expediente indica sobre la imagen d el altar es que se trataba de una ima gen de bulto que se acompañaba de dos Santos de mader a 8 67 a l os lados del cama rín principal . Cont aba así mi smo seis candeleros de madera pintados, dos pequeños de metal, dos ciriales de m adera y una cruz también de madera, con una campa nilla de metal. En el pie d e este altar había cuat ro blandones de madera pintados. El altar se compone de tr es calles, de las cuales, la central está flanqueada por intercolumnio s en saliente y ocupada por para la im ag en de Ma ría Santísi ma, mi entras que las latera le s son retranque adas y con la im agen de Sa n Mig ue l, a la der e cha, y San Ildefonso Ar zobis po de Toledo, a la izquierda. Sebastián de A guilar y Castañeda fu e el encar gado de su r ealiz ación po r la cantidad de 15.000 reales, s egún consta en el contrato que medió en tr e éste y F ra y Antonio Delgado, Vicario Corrector de la Orden de los Mínimo s en Alcalá de los Gazules 868 , asi stido por los tam bién miembro s de la c omunidad, los padres Manu el de Ur eña, José Ramírez, J uan Gallardo, Antonio, Manuel Gonzál ez, y Diego L arios 8 69 . Seg ún este ac uerdo este nuevo retablo debía ocupar todo el testero ha sta la bóveda además de co ncertarse la realización del camarín y el artesonado que son lo s que se pueden contemplar h o y en día. Es razonable c onsiderar que la imagen sea anterior a l encargo y f ábrica del re tablo. Posible mente la imagen de la Virgen te nga p aralelism os co n la obra de Antonio de Escud a, Berna rdo Val dés, o incluso 866 RAMOS ROME RO, M arcos: A lcalá … op . cit., p. 357 . 867 A.H.P.C., Le g. 012 35- Exp. 1, I nventario Nº . 5 . Inventario d e lo s bienes Iglesia y de m á s per tenecientes al conve nto de minimos de esta villa tit ulado Ntra . Sra. de Consolació n, 1835 . 868 Véase T OSCANO DE P UELLES, Ferna ndo: “El Retablo Mayor de la Victor ia” e n Revista Gazules , Julio 1 985. 869 A.H.P.C., Alca lá d e los Gazul es, P rotocolo 99, fol.164-16 7; Prot ocolo 229 , fol.129-13 0. L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 268 con Francisco Cam acho. Po dría incluso establecerse vínculos con las imá genes del retablo de las Ánimas de la iglesia de San Lucas en Jerez de la Fro n te ra 870 . Cabe mencionar que esta ima gen de la Victoria cuenta con un me ca nis mo que permite que la imagen gire de modo que resulta visible el resplandor esto fado con pan de oro que está a sus espaldas. H a y qu e considerar que este m ecanismo debía emplearse en alguna ceremonia para que pudiese ser obse rvada por los asistentes. En la actualidad en el altar mayor t ambié n es coloc ada la Vir gen de los Santos en sus traslados desde s u ermita hasta Alcalá de l os Gazules para que los vecinos puedan ped i rle ay uda, algo qu e se ha repetido en diferentes ocasiones en épo cas d e epidemias o desa stres n aturales, más allá d e lo estipulado en los es tatutos de la Herm andad d e la Virgen de los Santos que establece que « A nual mente (…) vendrá procesionalmente la B endita y Milagrosa Ima gen de Nuestra Patrona » 8 71 . El último traslado se realizó desde su ermita sin ningún tipo de anuncio para evitar masificaciones en agosto de 2020. Fig. 37: Altar mayor de la Igle sia de la Vitoria : A la izquie rda, a ltar mayor ( al m o mento de la fotografía – septie mbre 202 0- con la Nues tra Señor a de lo s Santos en su te mplete d e plata ); a la der echa, Virgen de la V ictoria . 870 AGUAYO CO BO, Anto nio: “ La i nfluencia clásica e n las a portac iones iconográficas del retab lo de Ánimas, Igle sia de Sa n L ucas d e J erez”, en Rev ista de Historia de Jerez , Nº . 18, 2015, p p. 191 -223; ALONSO DE LA SIERRA FE RN ÁNDEZ, Lorenzo y H ERRE RA G ARCÍA, Fra ncisco Javier : “Aproximació n a la e scul tura j ereza na d el siglo X VIII : Fra ncisco Ca macho d e Mendo za”, en Atrio , Nº. 5 , 199 3, pp. 25 -48. 871 Estatu tos de l a Ven erable Her m and ad de Nuestra Señ ora y P atro na la Virgen de los Santos, estab lecida can ónicamente e n la ciudad de Alc alá de lo s Gazu les , Medina Sid onia: T ipo grafía Católic a de F. Lozano, 191 0, p. 14 L A DESAMORTI ZAC I ÓN DE L OS BI ENES CONVENTUAL ES JANDEÑOS A PARTIR DE LOS INVENTAR IOS DE BIENES DE 1835 José Antonio Bejarano Jiménez | 269 Además de este Ma y or, el inventa rio cita en ord en lo s siguientes altares 8 72 : El Sagrario qu e cont enía otros dos altares con ret ablos de mad era, uno con Nuestro Padr e Jesús Nazareno y el otro con Nuest ra Señora d e los Dolores. El conjunto se co mpletaba con otros elementos ta mbién nombrados como una baranda d e hie rro con cor tinas blancas, con dos candeleros d e ma dera, dos atriles, mantel y cu bie rtas, y una campanilla de m etal, y en el altar m a yor dos atr iles y cubierta. Este altar se sitúa en el brazo de l crucero del lado de la epístola, presenta una bar andilla exterior que delim ita el espacio del brazo. En esta z ona se localiz an dos altares, uno dedic ado a J esús Na zareno y el otro el de Nu estra Señora de lo s Dolor es. El primero cuenta con 3 hornacinas, una central qu e o riginalmente ocupaba la ima gen de Jesús Nazareno y dos más pequeñas, u na a c ada lado, construidas en 1859 para alb ergar a l as imágenes de San J uan y la Verónic a 873 y que ho y ac ogen dos tallas de pequeño t amaño, en pasta de madera, que representan al Corazón d e Jesús y a la Virgen de Fáti ma. Ha y que destac ar que en 2008 las imágenes titulares intercambia ron los altares, de modo que a hora éste de J esús Nazare no lo preside la Virgen de los Dolores, mientras que el segundo, lo ocupa la imagen naz arena. La talla de Jesús Naz areno se atribuye a l imaginer o José de Montes de Oca 874 y fechable en torno a 1730 875 . L a ima ge n guarda si mili tudes con los Atados a la co lumn a de Morón de la Frontera y Vil lanueva del Fres no (1718- 1719), el E cce Homo de busto de la Catedral de Sevill a o el J esús del Ecce - Homo g adit ano (1 730 ), el J esús sin Soga de la i glesia de Santa Bárba r a de É cija (1 732) o el Cristo de la Humildad y Paciencia d e Bornos 876 . 872 A.H.P.C., Le g. 012 35- Exp. 1, I nventario Nº . 5 . Inventario d e los bi enes Iglesia y de m á s per tenecientes al conve nto de minimos de esta villa tit ulado Ntra . Sra. de Consolació n, 1835 . 873 En la actualida d, en la Capilla d el Santo E ntierro j unto con Nue stra Se ñora d e la Soled ad y Cristo d e la Viga en la I glesia de Sa n Jo rge Már tir. 874 Véase T ORREJÓN DÍ AZ, Antonio: El escultor José Mont es d e Oca , Sevilla: D iputació n Pr ovincial, 198 7. D el mism o autor, “Los temas pa sionista s e n la ob ra de J osé M ontes de O ca. Revisiones y nuevas atrib uciones”, en VI II Sim posio sob re Hermanda des de Se villa y su pr ovincia , Sevilla, 2007 , pp. 141-17 2. 875 ESP INOSA DE LOS MONT ER OS SÁN CHEZ, Fr ancisco y T ORREJÓN DÍ AZ, Antoni o : “La ima gen de Jesús Nazareno y el escult or José Montes de Oca”, en La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Na zareno. Cuatro sig los de Hi storia , Alcalá d e los Gaz ules, 2006 , pp. 53-63 . 876 P ORRES BEN AVIDES, J esús: “Una posible obr a de l escultor J osé Montes de Oc a (ca . 167 6-1754) ”, en Bo letín de A rte , 2 31, 2 0 15, p . 231; RODA PE ÑA, José: “ Escultura en la Baja Andalucí a durante el siglo XVIII: síntesis interpreta tiva e historiografía re ciente”, en Mirabilia Ars 1, (2), 2014, p. 171; SÁ NCHE Z PEÑA, Jo sé Miguel: “Los Cri stos de Mo ntes de O ca”, e n Sentir Cofrad e , Nº . 12, Cá diz, 199 1, pp. 7-8. [Document text truncated for crawler view.]