El desafío de las redes sociales a la democracia: un abordaje teórico comprometido
Full text
TEMA 4. EL DESAFÍO DE LAS REDES SOCIALES A LA DEMOCRACIA: UN ABORDAJE TEÓRICO COMPROMETIDO Jesús Sabariego UNIVERSIDAD DE SEVILLA
231 El capital se ha introducido en todas partes, tanto en nuestros placeres y sueños como en nuestro trabajo. Primero nos atrapan con circos mediáticos, luego, si eso falla, mandan a las tropas de asalto. La transmisión de la tv se corta justo antes de que los policías comiencen a disparar. Mark Fisher, K-Punk (2019: 336). […] desde la aparición de las redes sociales, internet y el teléfono móvil han desafiado la primacía tanto de los colegios como de otros espacios físicos donde la gente se reúne para interactuar en persona, como bares, parques infantiles, iglesias o grupos vecinales. Si esto afecta al aislamiento social y a la conexión humana y cómo afecta son dos de las preguntas más difíciles de responder de nuestra era. Eric Klinenberg, Palacios del pueblo. Políticas para una sociedadmás igualitaria (2021: 57). No son las ideologías de los humanos las que determinan su existencia socio-técnica, sino sus existencias socio-técnicas las que determinan sus ideologías. McEnzie Wark, El capitalismo ha muerto. El ascenso de la clase vectorialista (2021: 53).
JESÚS SABARIEGO 232 […] la sociedad de este hombre enajenado es la caricatura de su comunidad real, de su verdadera vida genérica; que, por tanto, su actividad se le presenta como un tormento, su propia creación como un poder ajeno, su riqueza como pobreza; que el vínculo esencial que le une a los otros hombres se le presenta como un vínculo accesorio, y más bien la separación respecto de los otros hombres como su existencia verdadera; que su vida se le presenta como sacrificio de su vida, la realización de su esencia como desrealización de su vida, su producción como producción de su nada, su poder sobre el objeto como poder del objeto sobre él […]. Karl Marx, Cuadernos de París (1974: 37-8). La política es hoy tecnopolítica. La cultura es hoy cibercultura. Esta provocación epistemológica de la que partimos, muestra que las llamadas redes sociales suponen hoy un vector estratégico para entender la comunicación política contemporánea. Su incidencia sobre los sistemas democráticos es un desafío que requiere a nuestro modo de ver, de una comprensión crítica, ampliada y comprometida (Engaged approach). Esta la hemos planteado en este trabajo como investigadores comprometidos con la praxis de los que llamamos Recientes Movimientos Sociales Globales, surgidos a lo largo de la última década. Comprometidos con los cruzamientos y desbordes de sus prácticas comunicativas, y por ende políticas, desarrolladas a partir del desarrollo de la web 2.0 y de las redes sociales corporativas en Internet, desde el final de la primera década del siglo XXI, analizando las apropiaciones y mediaciones que los mencionados movimientos globales y sus culturas cívicas han ejercido desde entonces, así como la influencia de estas prácticas sobre la esfera pública, los medios de comunicación, la propia política y la democracia. Desde el inicio de la segunda década del siglo XXI, crece paulatinamente el impacto de las redes sociales de Internet sobre la política. Las redes sociales han transformado la manera de hacer esta, desde la propia naturaleza y configuración de los Nuevos Movimientos Sociales, que exige una nueva conceptualización teórica de estos, a la luz de la estratégica relevancia de la tecnología en sus prácticas, no sólo comunicativas, sino también en su propia identidad y praxis reivindicativa, lo que en este trabajo denominamos Tecnopolítica, que deja obsoleta la caracterización de los Nuevos Movimientos Sociales y las Culturas Cívicas, operada en la década de los ochenta del siglo XX.
EL DESAFÍO DE LAS REDES SOCIALES A LA DEMOCRACIA: UN ABORDAJE TEÓRICO COMPROMETIDO 233 La política hoy es la tecnopolítica. Lo que implica que aquella ha sido subsumida por la tecnología, que esta se ha transformado en una esfera autónoma cuya incidencia sobre las actividades humanas y el destino de estas, así como de la propia comprensión de lo humano resulta inédita en la historia de la humanidad. Una definición popular de tecnopolítica, propuesta por Javier Toret (2013) del equipo académico del actual ministro de Universidades, Manuel Castells, sería la siguiente: «Uso táctico y estratégico de las herramientas digitales para la organización, comunicación y acción colectiva». Cabe señalar que la idea de «multitud conectada» que utiliza Toret en el título de su principal libro sobre el asunto, Tecnopolíticas y 15M: la potencia de las multitudes conectadas (2015), fue propuesta originalmente por Pérez de Lama y socios de hackitectura.net (S. Moreno y P. DeSoto) en 2003 como título de un evento organizado con Arte y Pensamiento de la Universidad Internacional de Andalucía, por lo que puede decirse que este texto constituye una nueva entrega de una conversación que se extiende ya desde hace más de 15 años. Puede verse también Pérez de Lama (2006, pp. 79-91). Otros grupos que han usado durante los últimos años el término en el sentido que aquí se propone ampliar serían el de Compolíticas de la Universidad de Sevilla dirigido por Francisco Sierra y que viene contando con la participación de unos de los editores del presente volumen, Jesús Sabariego. Antoni Gutiérrez-Rubí, consultor político de gran proyección pública, también ha usado el término en este sentido relativamente acotado. Así, el término, con este sentido, se ha usado durante estos últimos años con frecuencia en los medios de comunicación y en ámbitos activistas y de partidos políticos como Podemos. Es conveniente señalar, sin embargo, que el uso del término tecnopolíticas en un sentido amplio es compartido por otros grupos activistas y de investigación actuales, más allá de su reciente asociación a las redes sociales. Sirva como ejemplo el título y los contenidos del encuentro celebrado en Belo Horizonte, Brasil, (2015), Tecnopolíticas do común. Arte, urbanismo y democracia, coordinado entre otros por la profesora Natacha Rena. Aunque el grupo de Toret, A. Monterde, A. Calleja et al argumenta que su visión es mucho más amplia, y efectivamente ha colaborado durante los últimos cuatro años con el Ayuntamiento de Barcelona (en colaboración con F. Bria, X. Barandiarán, J. Subirats et al.) en proyectos de enorme importancia, que suponen un entendimiento mucho más complejo de las relaciones entre tecnologías digitales y política, –de los que se trata más adelante en este texto–, sostendremos aquí
JESÚS SABARIEGO 234 una visión algo más esquemática del asunto de lo que en realidad es, por afán polémico y para favorecer la construcción de nuestra propuesta crítica. (Pérez de Lama y Laulhé, 2022: 19-20). Como señalan José Laulhé y José Pérez de Lama, profesores de la Escuela Técnica de Arquitectura de la Universidad de Sevilla y fundador el segundo del colectivo hackitectura.net y de Indymedia Estrecho, así como del Laboratorio de fabricación digital de la misma (FabLab), en su capítulo de nuestro trabajo Algoritarismos (Sabariego, Jobim y Salles, 2022), con la eclosión de los movimientos sociales globales, a partir de la segunda década del siglo XXI, surge la necesidad de una concepción ampliada y distribuida, crítica y trans(in)disciplinar, diríamos, de Tecnopolítica entre algunos grupos de investigadores, a tenor de las limitadas concepciones previas1, poco operativas para dar cuenta de las mediaciones y apropiaciones por parte de dichos movimientos de las tecnologías de información y la comunicación, especialmente con la aparición, el desarrollo y la expansión exponencial de la web 2.0 y las llamadas redes sociales de Internet (Rodotà, 1997; Kellner, 2001; Hecht, 2011; Toret et al., 2015; Treré, 2016; Gerbaudo, 2017; Kurban, Peña López y Haberer, 2017 y Rovira, 2019, entre otros). En esta comprensión ampliada, distribuida y comprometida, son claves en este periodo, los trabajos del grupo de investigación en Comunicación Política y Cambio Social (Compolíticas), de la Universidad de Sevilla y del consorcio internacional Tecnopolíticas que éste auspicia (Sierra y Gravante, 2017; Sierra, 2022), así como el proyecto de investigación del Plan Nacional de Investigación del gobierno de España CIBERMOV (https://www.cibermov.net) y el proyecto europeo Marie Sklodowska Curie de investigación Technopolitics, que tiene por uno de sus resultados este trabajo. En este enfoque de la Tecnopolítica: […]la redefinición de la lucha por el código se antoja por lo mismo un problema prioritario, de orden teórico y práctico en la disyuntiva que vive hoy la 1. Cf. Entradas en Wikipedia y Wiktionary del término, tanto en inglés como en español y las búsquedas relacionadas que figuran en estas, tanto para Tecnopolítica como para Technopolitics.
EL DESAFÍO DE LAS REDES SOCIALES A LA DEMOCRACIA: UN ABORDAJE TEÓRICO COMPROMETIDO 235 civilización capitalista. Por ejemplo, “debido a la creciente demanda de transparencia en las sociedades avanzadas, el paradigma de los datos abiertos puede llegar a convertirse en un standard internacional, tanto en el ámbito público como privado, por lo que organizaciones de todo tipo se enfrentarían a la necesidad de crear plataformas de comunicación abiertas que permitan a los clientes tener pleno y fácil acceso a todos los datos relevantes como ciudadanos, clientes y/o usuarios” (Guilló/Mancebo, 2017: 429). El activismo digital plantea, en primero lugar, un reto sobre el régimen de transparencia. Es más, los movimientos sociales deben ser considerados como actores de una mediación hipervisual de redefinición de la economía política del archivo, que modifica los procesos de acción y organización de los modelos dominantes de gobierno y control social tradicionales. (Sierra, 2022). Compromiso, participación (To Engage, engagement), se han transformado en las consignas y palabras clave en los ecosistemas mediáticos comandados por la comunicación corporativa en Internet, pero es necesario reivindicarlas también en la investigación sobre la praxis tecnopolítica de los Recientes Movimientos Sociales Globales de la última década, apostando por métodos comprometidos y una investigación militante. Involucrar, fidelizar, compromiso, participación, son entendidos en la Internet corporativa por quienes comandan las empresas pioneras en el desarrollo de las redes sociales y los servicios de mensajería privada, en una lógica acumulativa lineal de suma cero, que genera cada vez mayor polarización política, atrapando la opinión en ensordecedoras cámaras de eco, que generan al exterior incomunicadas y continuas espirales de silencio, enfrentando a millones de ciudadanos en todo el mundo, generando flujos globales de opinión constante, caracterizados por el odio y la manipulación de la información y la comunicación, que están erosionando los sistemas democráticos. Es decir, aquello a lo que llamamos e-moción (Sabariego, 2022a), torna los afectos, la dimensión emocional, un elemento fundamental para entender las mudanzas de la disrupción digital y el giro e-mocional de la transformación tecnopolítica.2 2. Para profundizar en el llamado giro emocional, cf. (Ahmed, 2019). En cuanto a lo que denominamos giro e-mocional tecnopolítico, vid. (Winant, 2015 y Moreno, 2022).
JESÚS SABARIEGO 236 Para comprender la inserción de la tecnopolítica contemporánea en las estructuras de poder y su redefinición de estas, así como las relaciones sociales que genera y sanciona, es preciso contemplar la dimensión afectiva y los compromisos (engagement) que genera. Las e-mociones que internet desencadena. Estudiar las infraestructuras sociales desde los afectos que generan y que las constituyen, más aún en el contexto de la reorganización neoliberal y el desarrollo exponencial de su subjetividad en torno a ellas. La suerte de afectos que Internet, como la infraestructura social (Klinenberg, 2021) más poderosa de nuestro tiempo, convoca, desplaza y contribuye a reproducir, situándolos como un vector fundamental de una economía geopolítica e-mocional neoliberal, en estado de excepción permanente y la recomposición que, desde esta se opera, a través de la tecnopolítica, nos obliga a entenderla no apenas como una herramienta disruptiva de los movimientos sociales globales que de ella advienen, a partir de la pasada década, sino además, como el elemento vectorial de la máquina (de guerra) neoliberal contemporánea, sin el que es inútil intentar comprender los procesos de desterritorialización y reterritorialización de las cadenas de valor global, que socavan los sistemas democráticos actualmente, acelerados por la pandemia y la guerra en Ucrania, poniendo en riesgo la imaginación epistemológica de las resistencias. No podemos democratizar la autoridad que se ejerce en el nuevo espacio digital si no sabemos qué tipo de autoridad es. Tenemos que preguntarnos si estamos en un ágora donde la dominación habría sido sustituida por la neutralidad, un mercado que satisface preferencias o una burocracia que administra con eficacia y justicia. ¿Quién es el soberano, el algoritmo, el consumidor o el Estado? […] Los algoritmos tienen una dimensión política en la medida en que intervienen en el orden social y estructuran nuestras decisiones. […] Que haya mucha política en los algoritmos quiere decir que están ejerciendo un tipo de autoridad que sólo corresponde a la política y configurando la realidad social como solo la política está autorizada a hacer. Que haya poca política en ellos quiere decir que deben ser politizados, es decir, sometidos a los procesos de autorización política expresa, que en una democracia tienen unos espacios y procedimientos determinados. (Innerarity, 2022: 11).
EL DESAFÍO DE LAS REDES SOCIALES A LA DEMOCRACIA: UN ABORDAJE TEÓRICO COMPROMETIDO 237 Para Daniel Innerarity (2022), la gobernanza algorítmica, lo que en otro lugar llamamos Algoritarismos (Sabariego, Jobim, Salles, 2022) nos desprovee de ciudadanía, al tratarnos como provisores de preferencias, tendencias e intereses a partir de nuestras interacciones digitales. Los algoritmos no están modelados por estas preferencias, sino que las sesgan. Bien para atender a un modelo previo, con un diseño y finalidad que escapan a nuestro conocimiento y sobre el que no poseemos capacidad de incidencia, potencia alguna. De ahí nuestra crítica a la supuesta potencia de las multitudes conectadas (Toret et al., 2013). Bien para extrapolar una tendencia general de la que inferir una predicción, una posibilidad, cercenando otras posibilidades y erradicando la diversidad y heterogeneidad, la falibilidad, que caracterizan lo humano y nuestra propia capacidad de aprendizaje. Esta imaginación democrática, su potencia conectada desbordada globalmente a comienzos de la pasada década, viene sufriendo, especialmente a partir de los últimos años, un proceso de verticalización meritocrática de la horizontalidad de su praxis, como parte de los procesos de captura y subsunción de la innovación social radical de sus propuestas en aras de las exigencias del realismo capitalista (Fisher, 2018) y su mercantilización de las alternativas, cuando no de la negación de la posibilidad de estas. A mi entender, el realismo capitalista no puede limitarse al arte o al modo casi propagandístico en el que funciona la publicidad. Es algo más parecido a una atmósfera general que condiciona no solo la producción de cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, y que actúa como una barrera invisible que impide el pensamiento y la acción genuinos. Si el realismo capitalista es así de consistente y si las formas actuales de resistencia se muestran tan impotentes y desesperanzadas, ¿de dónde puede venir un cuestionamiento serio? Una crítica moral del capitalismo que ponga el énfasis en el sufrimiento que acarrea únicamente reforzaría el dominio del realismo capitalista. No hace falta decir que lo que se considera “realista” en una cierta coyuntura en el campo social es solo lo que se define a través de una serie de determinaciones políticas. Ninguna posición ideológica puede ser realmente exitosa si no se la naturaliza, y no puede naturalizársela si se la considera un valor más que un hecho. Por eso es que el neoliberalismo buscó erradicar la categoría de valor en un sentido ético. A lo largo de los últimos treinta años, el realismo capitalista ha
JESÚS SABARIEGO 244 influencia ejercida por las tecnologías digitales sobre la ciudadanía y la política, desarrollando un nuevo modelo teórico a partir del análisis de algunas experiencias tecnopolíticas distribuidas acontecidas en el Sur en la última década, con el propósito de orientar las políticas públicas que intentan frenar el avance de la desdemocratización, inducida por el impacto de las redes sociales y los servicios de mensajería privada de Internet sobre los sistemas democráticos contemporáneos.