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Beatriz Pacheco y la Andalucía de los Reyes Católicos [Reseña]

Moya García, Cristina

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Cristina Moya García 741 ISSN 1540 5877 eHumanista 32 (2016): 741-743 Carriazo Rubio, Juan Luis. Beatriz Pacheco y la Andalucía de los Reyes Católicos. Sevilla: Centro de Estudios Andaluces, 2015. ISBN: 978-84-942683-6-6. 218 pgs. Reviewed by: Cristina Moya García Universidad de Sevilla No abundan las biografías extensas de personajes femeninos de la nobleza castellana bajomedieval. Con frecuencia, la huella documental e historiográfica de las mujeres nobles resulta insuficiente para elaborar un discurso biográfico completo y coherente. No es el caso de Beatriz Pacheco, la hija de Juan Pacheco, marqués de Villena, y esposa de Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz. El libro de Juan Luis Carriazo, que inaugura una nueva colección de biografías del Centro de Estudios Andaluces, da fe de ello. La publicación se beneficia de varias circunstancias favorables. En primer lugar, el interés intrínseco de la biografía del personaje. No podemos negar que ese interés responde, parcialmente, a la importancia histórica de su progenitor, cuya ambición y poder marcan el reinado de Enrique IV de Castilla, y a la de su cónyuge, personaje fundamental en la escena política andaluza desde la conquista definitiva de Gibraltar, en 1462, hasta la finalización de la guerra de Granada tres décadas más tarde. De hecho, Rodrigo Ponce de León adquirió notable protagonismo en la frontera y la guerra de Granada, lo que explica que sea uno de los escasos nobles castellanos del siglo XV que cuenta con una crónica particular, también editada por el autor: la Historia de los hechos del marqués de Cádiz (Granada, 2003). Ahora bien, más allá de la notoriedad del padre y del esposo, Beatriz Pacheco se nos revela en esta biografía como un personaje histórico perfectamente caracterizado. Ello es posible gracias a otra de las circunstancias favorables que propician la aparición del libro: la disponibilidad de un amplio corpus documental. El autor dispone de más de un centenar de documentos directamente relacionados con Beatriz Pacheco, además de otros muchos que permiten ilustrar episodios, personajes o asuntos paralelos. La documentación consultada procede de doce archivos nacionales, regionales y locales, y se distribuye de manera suficientemente compensada entre los distintos capítulos del libro o, lo que es lo mismo, entre los distintos períodos vitales de la biografiada. La abundante documentación suple con creces la escasa repercusión historiográfica de Beatriz Pacheco. Resulta comprensible que Diego de Valera no le preste atención en su Cristina Moya García 742 ISSN 1540 5877 eHumanista 32 (2016): 741-743 Crónica de los Reyes Católicos, pero extraña que no aparezca citada ni una sola vez en las Memorias de Andrés Bernáldez, dado que la localidad de Los Palacios, de la que Bernáldez era párroco, formaba parte del extenso señorío vitalicio que Beatriz recibió por el testamento de su esposo en 1492 y disfrutó hasta su muerte en 1511. También beneficia notablemente al libro el arco cronológico que describe el periplo vital de Beatriz Pacheco. Al nacer hacia 1455 y morir en 1511, la biografía permite al lector transitar por los reinados de Enrique IV, los Reyes Católicos, Juana I y los años iniciales de la regencia de Fernando. Si la biografía de su esposo, Rodrigo Ponce de León, se desarrolla exclusivamente en una Andalucía fronteriza, la de Beatriz trasciende esta cualidad esencial del territorio durante los siglos medievales para enlazar con una modernidad que alteró notablemente la vida en la región. Sin duda, la biografía de Beatriz Pacheco se beneficia también del amplio conocimiento que posee su autor sobre el linaje de los Ponce de León, al que ha dedicado varios libros y numerosos artículos. Asimismo, hay que destacar el cuidado puesto por el Centro de Estudios Andaluces en la edición, pues nos ofrece un volumen de cómoda lectura y muy bien ilustrado. El libro discurre con agilidad acompasada al ritmo vital de Beatriz Pacheco. Se comentan primero las circunstancias de su nacimiento, los intentos de su progenitor para casarla con el nieto del conde de Alba o con el mismísimo Fernando el Católico, la negociación matrimonial (muy bien documentada) con los Ponce de León, el matrimonio con Rodrigo o la llegada de Beatriz a Andalucía en medio de la guerra de bandos que enfrentaba a su esposo con el duque de Medina Sidonia. Posteriormente, se explica la compleja y necesaria aproximación de la casa de Arcos a los Reyes Católicos y se analiza la actuación de Beatriz en el contexto de la guerra de Granada, con especial atención a sus gestiones para conseguir el socorro del duque de Medina Sidonia a Alhama, donde Rodrigo Ponce de León estaba cercado por los musulmanes. De todo ello tratan los cronistas del momento, pero también eruditos e historiadores posteriores que recrean los acontecimientos con encendida imaginación. Aunque los cronistas del reinado de los Reyes Católicos, e incluso el autor de la Historia de los hechos del marqués de Cádiz, se acuerdan pocas veces de Beatriz Pacheco, las referencias que ofrecen, completadas con las del testamento del marqués de Cádiz y el resto de la documentación manejada, permiten a Carriazo analizar la personalidad de su biografiada y la relación con su esposo. Ahora bien, será la muerte de Rodrigo Ponce de León en agosto de 1492 la que coloque a Beatriz en primer plano, al ser designada por aquel como tutora y administradora de su nieto y heredero, también llamado Rodrigo, de solo dos años de edad. De la muerte y entierro del marqués de Cádiz ofrece un magnífico relato el cura de Los Palacios. De lo ocurrido inmediatamente después en el seno de la casa de Arcos, puede ofrecérnoslo el autor de esta biografía gracias a su conocimiento y análisis de la rica documentación disponible. Asuntos como el secuesto de Manuel Ponce de León “el valiente”, personaje de amplia repercusión literaria, o la maquiavélica actuación de los Reyes Católicos para recuperar la ciudad de Cádiz parecen argumentos novelescos, aunque muestran con claridad los problemas a que se exponía el linaje en el complejo momento de la sucesión cuando el heredero carecía de capacidad de mando. Los numerosos y costosos pleitos a que hubo de hacer frente Beatriz Pacheco contra familiares y extraños refuerzan esta idea. Tras superar este cúmulo de problemas y amenazas, Beatriz Pacheco hubo de gobernar los señoríos del primer duque de Arcos y su propio señorío vitalicio, cosa que hizo con autoridad y capacidad atestiguadas por numerosas referencias documentales. Especial interés tiene la constatación de que los antiguos señoríos fronterizos habían Cristina Moya García 743 ISSN 1540 5877 eHumanista 32 (2016): 741-743 dejado de serlo en una sociedad que caminaba hacia la homogeneización. La renuncia de Beatriz Pacheco a su cargo al frente del linaje de su esposo sirve a Carriazo para aproximarse nuevamente a la personalidad de su biografiada, que supo defender sus propios intereses frente a las obligaciones contraídas. El retiro de Beatriz a Carmona no supone un apartamiento del mundo, como queda patente por algunas cartas procedentes del riquísimo epistolario del conde de Tendilla. Ahora bien, si hay un documento verdaderamente excepcional para reconstruir la personalidad de Beatriz ese es, sin duda, su extenso testamento, que nutre por sí solo un capítulo del libro. Una vez analizadas sus últimas disposiciones, el autor dedica sendos capítulos a estudiar las dos tumbas conservadas del personaje así como distintos testimonios heráldicos e iconográficos vinculados a doña Beatriz. En conjunto, la biografía que Juan Luis Carriazo dedica a Beatriz Pacheco constituye una aportación relevante al estudio de la mujer noble en la Castilla bajomedieval, al conocimiento de los linajes nobiliarios en la Andalucía de frontera y al de las complejas relaciones entre monarquía y nobleza en una época de transición y en un espacio geográfico abierto a nuevos tiempos y horizontes.