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La estructura compositiva de las "Epístolas morales a Lucilio" de Séneca

Valverde García, Alejandro

Abstract

El autor plantea, en el presente artículo, un acercamiento a las treinta primeras cartas dirigidas por Séneca a Lucilio para detenerse en su estructura compositiva. El estudio de las recurrencias tanto formales como temáticas permite concluir que, en la redacción de dichas epístolas, el filósofo no ha seguido un esquema de composición prefijado sino que, dejando en un segundo plano las cuestiones de estilo, antepone claramente la finalidad que éstas tienen: servir de vehículo para conducir al hombre al perfeccionamiento interior.

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143 LA ESTRUCTURA COMPOSITIVA DE LAS EPÍSTOLAS MORALES A LUCILIO DE SÉNECA Habis 39 (2008) 143-151 La EsTRUCTURa COMPOsiTiVa DE Las EPÍSTOLAS MORALES A LUCILIO DE sÉNECa Alejandro Valverde García IES “Santísima Trinidad”, Baeza (Jaén) El autor plantea, en el presente artículo, un acercamiento a las treinta primeras cartas dirigidas por séneca a Lucilio para detenerse en su estructura compositiva. El estudio de las recurrencias tanto formales como temáticas permite concluir que, en la redacción de dichas epístolas, el filósofo no ha seguido un esquema de composición prefijado sino que, dejando en un segundo plano las cuestiones de estilo, antepone claramente la finalidad que éstas tienen: servir de vehículo para conducir al hombre al perfeccionamiento interior. In this article the author approaches the first thirty letters addressed by Seneca to Lucilius with the purpose of reviewing their structure. The study of recurrent formal and thematic devices helps us conclude that the philosopher did not follow a fixed structural pattern when writing such correspondence. We could rather say that, leaving aside any stylistic aspect, Seneca focused his writing on the purpose for which his letters were conceived: driving men into inner perfection. 1. IntroduccIón a la cuestIón Cuando el propio Lucio Anneo Séneca trata de definir su estilo literario y escoje los adjetivos “inlaboratus” y “facilis” (Ep.75.1) no está cayendo en una falsa humildad sino que refleja un concepto estético que se desarrolla en la producción literaria de la Edad de Plata pese a las objeciones ciceronianas de Quintiliano. Ante la posibilidad de embarcarnos en un estudio de las treinta primeras Epístolas morales a Lucilio, atendiendo especialmente a los mecanismos empleados por el autor para su composición, comenzó a interesarnos un tema tan amplio como el del “estilo nuevo” que, según opina Leemann, se da en el siglo I d. JC., siendo séneca un representante moderado. Esta nueva forma de entender el hecho 144 ALEjANDRO VALVERDE GARCíA literario y su repercusión en la práctica de la composición artística, viene marcada por un fin ético y filosófico, a saber, el de conducir al hombre al perfeccionamiento interior. Con esta clave de fondo, que explicita el autor mismo (Ep. 75.5), y procurando seguir un criterio objetivo, vamos a adentrarnos en los diferentes problemas estructurales de estas cartas intentando demostrar, finalmente, que, a no ser siguiendo criterios un tanto resbaladizos, no se puede concluir que éstas respondan a un plan prefijado por el autor o que tengan un esquema de composición evidente. 2. el género epIstolar y las EpistulaE MoralEs de séneca Para adentrarnos en un género literario como es el epistolar debemos partir de un criterio pragmático y, lejos de buscar el concepto que lo defina poniendo las bases en abstracciones, hemos de acudir a los textos originales. La primera colección de epístolas latinas que se conserva parcialmente es la correspondencia de Cicerón, y en poco se parece a las Epístolas de Horacio o a las Heroidas de Ovidio, si bien todas ellas comparten la característica forma epistolar. Frente a estas manifestaciones literarias, Séneca crea un subgénero nuevo (un “tertium quid”, en palabras de Deissmann) que nos recuerda el “sermo” horaciano: se trata de una carta de intercambio entre amigos, esto es, de una correspondencia auténtica transmitida en orden cronológico1 y con contenido doctrinal. A esto cabe añadir la universalidad que convierte a cada carta senequiana en un vehículo más para hacer llegar al hombre de su tiempo, partiendo de la vida real, una renovación del estoicismo. Precisamente por esto, el autor escribe pensando en la publicación en forma de libros. Las Epístolas morales a Lucilio que hoy consevamos son 124 cartas agrupadas en 20 libros. En cuanto a su fecha de composición, Grimal propone un período que va desde comienzos del año 62 hasta finales del 64, asegurando que el corpus actual no es el mismo que el que pudo conocer Roma en la década de los 602. afortunadamente, las treinta primeras cartas en las que pretendemos detener nuestro estudio se encontrarían entre las que gozaron de una tradición manuscrita más rica3 y tenemos constancia de que pasaron por las manos, entre otros, de Quintiliano, Juvenal, Táci- to y de muchos autores cristianos. Además, nos consta que fueron muy leídas bien entrado el s. Xii4 . La aproximación cronológica de Grimal nos hace ver que esta obra, junto con las Cuestiones naturales, la compuso Séneca en los últimos años de su vida, una vez que había pedido a Nerón que le relegase de la actividad política para centrarse en 1 C. Castillo, “La epístola como género literario, de la Antigüedad a la Edad Media Latina”, EClás 18 (1974) 432. 2 Apoyaría esta tesis el hecho de que Aulo Gelio habla de un libro 22. 3 L. D. Reynolds, The Medieval Tradition of Seneca´s letters (Oxford 1965) 17. 4 Castillo, art. cit. 433. 145 LA ESTRUCTURA COMPOSITIVA DE LAS EPÍSTOLAS MORALES A LUCILIO DE SÉNECA la literatura5. Los desenfrenos del emperador y la tensión que suponía estar al frente de la nave descomunal del Imperio le conducen a su ansiado retiro y le colocan en el marco idóneo para escribir a Lucilio y tratar así de conducirlo hacia la verdad usando “epistulae morales”. 3. las dIferentes teorías sobre la estructura de las cartas senequIanas Llegamos ahora a un punto crucial en el planteamiento de los problemas estructurales de las epístolas. ¿siguió el autor un esquema, previamente trazado, a la hora de escribir sus cartas? C. J. Herington6 opina que esta obra de Séneca contribuyó a la revolución intelectual y estilística que caracterizó a su prosa y que, para llegar a esto, hubo de poner en marcha mecanismos del lenguaje propios de la diatriba de cínicos como Bión de Borístenes (uso del interlocutor ficticio), de los mimos de Publio Siro (sus sentencias famosas) o de la poesía, como era habitual en la prosa de la Edad de Plata. Estos elementos, después de recibir un sello personal senequiano indiscutible, se dan en la totalidad del corpus epistolar pero no de una forma ordenada, con lo cual no termina de perfilar una estructura concreta que aclare nuestra cuestión. Las tesis que se han enfrentado a un estudio sobre la composición de las cartas han destacado siempre por su imprecisión. Así, Albertini expone tres posibles estructuras típicas de Séneca pero, en definitiva, no son más que distintas formas de aludir a la ausencia de una estructura determinada. En efecto, el hecho de que recurra a criterios psicológicos o que hable de una conexión de última hora de ideas sueltas desarrolladas sin orden en las epístolas es prueba de su inconsistencia. P. Grimal, por su parte, defiende a toda costa los modelos retóricos que están en la base del epistolario, pero esto, junto con el lenguaje de la predicación que apoya Traina, lo consideramos válido más para un estudio de la gran aportación de séneca a la terminología de la filosofía occidental que para dar con la clave que buscamos. Es evidente que, por ser un tipo de carta de intercambio entre amigos, la epístola senequiana va a recoger algunos de los tópicos helenísticos del tuvpo~ filikov~, como el “sermo absentium inter absentes” (Ep. 26.6) o el “quasi coram” (Ep. 64.1).7 También es lógico que, tratándose de un vehículo doctrinal, el autor incida reiteradamente en una serie de temas. Y ante estos hechos, H. Cancik y G. Maurach alzan su voz sosteniendo que la obra está dispuesta a modo de una red entrelazada mediante conexiones temáticas. En nuestra opinión, estos enlaces entre epístolas se dan de forma aleatoria, si bien consideramos que está en lo cierto Roca Meliá cuando, en su introducción a la traducción que ofrece de Epístolas morales a Lucilio, establece líneas de paralelismo - correlación, complementariedad y recapitulación. 5 C. Codoñer, Lucio Anneo Séneca. Diálogos (Madrid, Tecnos, 1986) XiX. 6 C. J. Herington, “Séneca el Joven”, E. J. Kenney & W. v. Clausen (eds.), Historia de la Literatura Clásica (Cambridge University) vol. II: Literatura Latina (Madrid, Gredos, 1989) 566. 7 Castillo, art. cit. 439-440. 146 ALEjANDRO VALVERDE GARCíA Lo anteriormente expuesto lo concretaremos más adelante en las treinta primeras cartas, pero si nos centramos en la carta en sí como hecho literario independiente y autónomo, advertimos un gusto peculiar por discretos golpes como la paradoja, la antítesis, los símiles o las metáforas, y por una sintaxis que huye de la subordinación8. Estos elementos serán los encargados de ir perfilando un modelo de carta específico. Lugar destacado merece el estudio de A. López Kindler sobre el recurso de la “sententia”9. Ésta se hace habitual en todas las cartas, ya sean extensas o breves, y contribuye a la exposición de ideas y pensamientos de forma encadenada. Ni siquiera es un mecanismo exclusivo de las Epístolas morales a Lucilio sino que se extiende a diálogos y tratados del mismo autor10. En este trabajo se nos hace reflexionar sobre un hecho indiscutible como el de que todos los recursos, bien formales, bien semánticos, surgen y tienen su razón de ser en virtud de la finalidad de la carta, esto es, atraerse la atención del lector y lograr convencer. 4. las recurrencIas formales 4.1. Encabezamiento y despedida Podemos partir, para tratar el tema que planteamos en el presente epígrafe, de la base de que, si hay algo que caracterice formalmente y sin excepciones todo el epistolario de Séneca, esto es tanto la forma del encabezamiento (“Seneca Lucilio suo salutem”) como la de la despedida (“Vale”). Sin embargo esta afirmación poco nos aporta, en tanto que estos clichés eran obligatorios en este género literario. 4.2. Introducción del tema No obstante, la forma de introducir el tema de la epístola ya nos puede dar las directrices para clasificar las treinta primeras cartas. Después del encabezamiento vemos dos tendencias habituales. Por un lado, podemos sentirnos inmersos en la idea central sin previo aviso y sin notas de contextualización. Así, empiezan “in medias res” las cartas 1, 4, 5, 6, 7 y, de una forma más abrupta, la 10. Otras formas de introducción derivadas de ésta pueden ser la interrogación directa (8, 9 y 27) o indirecta (29) que hace Lucilio a Séneca, o una forma de imperativo (17). Por otro lado, nuestro autor puede recurrir al tópico “sermo absentium inter absentes” como fórmula de transición para luego adentrarse en el tema que le preocupa y que pretende exponer. Comienzan de este modo las cartas 2, 3, 16, 18 (ésta con una marca de deixis temporal haciendo referencia al mes de diciembre), 19, 21, 8 Herington, art. cit. 565. 9 A. López Kindler, Función y estructura de la “sententia” en la prosa de Séneca (Universidad de Navarra, Pamplona, 1966). 10 López Kindler, op. cit. 47. 147 LA ESTRUCTURA COMPOSITIVA DE LAS EPÍSTOLAS MORALES A LUCILIO DE SÉNECA 22, 23 (donde aprovecha para reflexionar acerca de la finalidad de su obra, que no es otra que la de conducir al hombre a la sabiduría) y la 24. Llegados a este punto, debemos aclarar que otro de los tópicos del tuvpo~ filikov~, el “quasi coram”, va a brillar por su ausencia en la mayor parte de estas treinta primeras cartas. Si excluimos un pasaje de la carta que encabeza el libro segundo, la 13.4 (“Non loquor tecum Stoica lingua, sed hac summissiore”11), el resto de los ejemplos del tópico se nos presentan dentro del libro tercero (22.5, 27.1), normalmente como elementos constitutivos de la introducción al tema (“Gratias tamen mihi apud te ago”, 26.2) pero a veces también en la conclusión epistolar (“Video quo spectes...”, 24.22). Por último, hemos de destacar las cartas 12, 15 y 30 como excepcionales por la forma con que nos van haciendo entrar en el planteamiento del tema central. En el caso de la 15 se aprecia el típico modo de comenzar las cartas que tenía Cicerón, pero aquí adaptado al campo filosófico. Las otras dos a lo que recurren es a una especie de perífrasis de ambientación. Así, la 12 reproduce una curiosa visita de Séneca a su quinta de Nomento (12.1-3), caracterizada por ciertas notas autobiográficas y por una profunda ironía de fondo. Por su parte, la 30 se acerca más a un canto laudatorio lleno de emotividad. se nos cuenta en ella la gran impresión que ha causado al autor el ver cómo Baso ha sabido asumir su última hora de vida. De todo el panorama que hemos expuesto se puede concluir que Séneca pone especial cuidado en la introducción al tema y que consigue dar cierta uniformidad a sus cartas comenzándolas “in medias res” o mediante tópicos del género epistolar. Su propio criterio y la temática de cada misiva van a ser los que determinen, en cada momento, los rasgos formales que se han de aplicar. 4.3. Conclusión epistolar Antes de abordar la cuestión que se refiere a los rasgos formales que Séneca emplea para el desarrollo de las ideas en el cuerpo de la carta, veamos otro rasgo que viene a caracterizar gran número de las epístolas que nos ocupan. Se trata de la cita de una autoridad con la que el filósofo pretende agasajar y, al tiempo, instruir a su destinatario. El esquema que se da en todas las cartas antes de la fórmula obligada de despedida (exceptuando la 30, que más adelante comentaremos) es el siguiente: a. Fórmula de transición (“Sed iam debeo epistulam includere”, 12.10; “Poteram hoc loco epistulam claudere, nisi te male instituissem”, 17.11). b. Imágenes referidas a la cita que a continuación va a reproducir: se la considera un regalo (10.5, 12.10, 15.9, 16.7, 17.11), don contra don (22.13, 11 Seguimos la edición de L. D. Reynolds, L. Annaei Senecae ad Lucilium Epistulae Morales. vol. I (Oxford University Press l969). 148 ALEjANDRO VALVERDE GARCíA 24.22), una deuda contraída con Lucilio (8.10, 9.20, 18.14, 19.10, 23.9, 27.9), un impuesto (20.8), una provisión para el viaje (26.8) o un sello (23.16), si bien esta última imagen no se ha de tomar en sentido literal, ya que, en ocasiones, después de la cita comienza un segundo tema, como ocurre en las cartas 16 y 20. c. Cita propiamente dicha: se recurre como autoridad más frecuente a Epicuro, especialmente de la carta 7 a la 29, aunque también hay citas extraídas de la Eneida de Virgilio12 y frases de otros autores como Teofrasto (3), Pomponio Segundo (3), Hecatón (5, 6 y 9), Demócrito (7), Publilio (8 y 9), Crisipo (9), Atenodoro (10), Heráclito (12), Mecenas (19) o el propio Lucilio (8 y 29). Es importante para nuestro propósito tener en cuenta que, en algunos casos, las citas de Epicuro van a servir de conexión entre las cartas gracias a su contenido temático. Sobre ello hemos de volver, por tanto, en el epígrafe siguiente. d. Reflexión sugerida por la cita: con ella finaliza la misiva. De la epístola 30 tenemos que insistir en el hecho de que es excepcional por su manifiesto tono emotivo, pero su originalidad va más allá de este rasgo expresivo. Su estructura formal se caracteriza por la ausencia de cualquier cita de autoridad. En su lugar, Séneca coloca un consejo de gran profundidad (“tu tamen mortem ut numquam timeas semper cogita”, 30.18) después de haber hecho una confesión que nos sorprende: que siente mucho haber escrito una carta más larga que la muerte (“longas epistulae peius quam mortem”, 30.l8), cuando, en realidad, encontramos ejemplos de epístolas mucho más extensas, como sucede, por ejemplo, con la 9. 4.4. Cuerpo de la carta Es quizás el núcleo de la carta el que ofrece una posible variedad tipológica de cartas mayor. Son evidentes, eso sí, una serie de rasgos formales que se van a repetir una y otra vez, pero que en pocas ocasiones nos servirán para ver un claro enlace entre las distintas epístolas. Como comentábamos anteriormente, López Kindler centró su estudio en la “sententia” como elemento estructural indispensable dentro de la prosa senequiana, y, en particular, de las cartas a Lucilio. Según él13, una de las muestras más claras del perfecto engarce entre idea, sentencia y consejos es la epístola 23. Pues bien, es cierto que la sentencia aterriza -por decirlo de un modo más plásticola filosofía de Séneca y que favorece una sintaxis simplificada (las más de las veces monocólica o 12 Verg. Aen. 4.653 (en la carta 12), 8.364-365 (carta 18), 9.446-449 (carta 21), 3.72 y 4.78-79 (carta 28). 13 López Kindler, op. cit. 53. 149 LA ESTRUCTURA COMPOSITIVA DE LAS EPÍSTOLAS MORALES A LUCILIO DE SÉNECA bicólica), cierto ritmo métrico y abundantes figuras retóricas, pero no es menos cierto que su empleo es imprevisible. De ahí que las funciones de las sentencias en las treinta primeras cartas sean muy distintas en cada una de ellas. Precisando un poco más, podríamos hablar de ellas como un mecanismo estructural de la propia carta, tomada ésta como unidad independiente (así ocurre en las cartas 4, 13, 20 y 23), y que incluso pueden servir de conexión entre dos misivas consecutivas (por ejemplo entre la 1 y la 2). Sin embargo, la finalidad de éstas suele ser más la de aportar el broche de oro a una idea expuesta justo anteriormente (9.22, 20.13, 26.10). Su tema puede ser desde lo más trascendente, como la muerte (7.4), hasta lo más anecdótico, como la referencia a la timidez (22.3). Un comportamiento semejante presentan los diversos “exempla” que coloca Séneca a lo largo de esta obra. Pero en la valoración de su función disentimos nuevamente de las apreciaciones de López Kindler, ya que él cree que se explican como un recurso para aligerar el tono doctrinal de la pedagogía. Sin embargo, en cuanto leemos nuestras cartas, vemos que los ejemplos brotan de una forma espontánea y que, por lo tanto, no se les ha asignado de antemano ningún lugar estratégico. En los “exempla maiorum” se presta atención, especialmente, a personajes como Sócrates (7.6, 13.14, 24.4, 28.8) y Catón (7.6, 13.14, 14.12-13, 24.6-8), aunque no faltan pensamientos y anécdotas de Platón (6.6), Aristóteles (6.6), César (14.12), Epicuro (18.9, 21.3), Cicerón y Ático (21.4), Sila (11.4), Pompeyo (11.4, 14.12), Virgilio (21.5), Diógenes (29.1), Mecenas (19.9) o los siervos tontos Baba14 e isión (15.9). En cuanto a los “exempla communia” tienen un campo de acción mucho más amplio, ya que van desde datos autobiográficos (7.1-3) o de Lucilio (14.18) hasta comparaciones extraídas del mundo de la naturaleza (metales en 23.5; animales en 8.3 y 9.19; fenómenos naturales en 13.11, 21.2 y 23.8), de la medicina (6.1, 7.1, 8.1, 17.4, 17.12, 22.1, 27.1), de la política (21.9), de la navegación (14.16, 19.9, 30.2-4) o de los juegos (lucha libre en 13.2 y 30.8; arqueros en 29.3; aurigas en 30.13). Un tercer elemento característico de las cartas va a ser la fórmula del interlocutor ficticio, propio de la diatriba. Su gran uso puede sorprendernos (1.4, 1.5, 2.4, 2.6, 4.4, 5.7, 6.4, 8.8, 9.10, 12.6, 12.10-11, 13.7-8, 14.12, 14.15-17, 26.7, 28.10, 28.14, 29.8, 29.12) y, como hemos ido viendo a lo largo de este apartado, también su aparición está condicionada por el grado de complicación temática. Los ejemplos que hemos recogido pueden hacernos suponer que su marco habitual es el cuerpo de la carta, pero no es raro encontrarlo en la introducción o inmediatamente antes de la cita de autoridades. 14 Este nombre aparece citado en Apocolocyntosis Divi Claudii, 3.4. 150 ALEjANDRO VALVERDE GARCíA Un último aspecto que pondremos de relieve es la abundancia de formas verbales en modo imperativo15 y subjuntivo16. Esta vez podemos delimitar con más precisión su lugar de aparición, justo después de las sentencias, con lo cual se constituyen en soporte de los consejos de Séneca a su amigo Lucilio. La primera carta es una buena prueba, según López Kindler17, de la sucesión perfecta de imperativos acorde con el desarrollo de la idea central. Otras veces estos imperativos (como los que podemos leer en 4.1) se erigen en forma peculiar de encabezamiento18, y no es raro que se refuercen con vocativos y exclamaciones (13.4, 30.12). 5. las recurencIas temátIcas 5.1. Las citas tomadas de Epicuro Retomemos ahora un aspecto que no habíamos llegado a concluir. Cuando hablábamos de las citas de autoridades que Séneca emplea en la conclusión epistolar dejamos claro que suele ser Epicuro la fuente de la que se nutre. Ahora bien, pese a lo que algunos opinan, pocas veces podemos verlas como nexo entre las epístolas, ya que, cuando se gira en torno a un número limitado de temas, es lógico que éstos aparezcan continuamente, ya sea en sentencias, en ejemplos o en citas. Así, las hay sobre la acertada elección de los amigos (cartas 3 y 19), sobre la pobreza (2, 12, 16 y 27), o sobre la muerte (24 y 26) y, sin embargo, la mayoría de las veces, la cita que regala séneca a su destinatario no guarda relación alguna con el tema principal de la carta (12.10-11, 14.7, 18.14, 27.9, 29.10-12). 5.2. Los ciclos temáticos Cuando mencionamos que hay un número fijo de temas, tenemos en cuenta cinco ciclos que aparecen y desaparecen a voluntad, según el propio gusto o el interés de séneca. a continuación presentamos cuál es la estructura temática de las cartas, si es que se puede llamar estructura a una disposición aleatoria. Téngase en cuenta que aquí simplificamos mucho la exposición, ya que excluimos los pasajes en los que, aun perteneciendo a un ciclo temático concreto, se anuncian temas de los otros ciclos sin llegar a exponerse en detalle. Los ciclos en cuestión son: a. Retiro y soledad: 2.1-2, 8.1-6, 10.1-3, 19.1-9, 22.1-11, 25.1-5. b. Senectud y muerte: 1.2, 4.3-9, 12.6-9, 24.6-26, 26.5-10, 30.1-18. 15 3.3, 10.4-5, 13.13 y 19.6. 16 3.5, 14.11 y 16.8. 17 López Kindler, op. cit. 41. 18 López Kindler, op. cit. 47. 151 LA ESTRUCTURA COMPOSITIVA DE LAS EPÍSTOLAS MORALES A LUCILIO DE SÉNECA c. Pobreza y austeridad: 1.5, 4.10-11, 5.5-6, 7.2-5, 17, 18.1-13, 20.9-13. d. Amistad: 3.1-4, 6.1-3, 6.7, 7.1-12, 9.1-14, 29.1-8. e. Modelo de virtud. La sabiduría, fruto de la filosofía y antídoto contra los temores: 11.1-10, 13, 14, 15.6, 16.1-6, 21.1-3, 23.1-8, 24.1-5, 25.1-5. 5.3. El léxico Finalmente, no podemos dejar de resaltar un léxico especial al que Séneca da forma a partir de tres campos semánticos diferentes, el jurídico (1, 2, 13.5, 13.11- 12, 19.10, 28.10, 30.11), el militar (10.1, 13.8, 17.7, 18.8) y el médico (2, 15.3, 24.14, 25.2, 27.1). El trasbase de contexto hacia la interioridad hace de este léxico un recurso efectivo para la construcción de ingeniosos ejemplos y de imágenes muy originales. 6. a modo de conclusIón Recogiendo las diferentes ideas que han ido apareciendo a lo largo de la presente exposición, podremos concretarlas en la afirmación con la que dábamos comienzo a este breve repaso de las Epístolas morales a Lucilio (1-30). Nos encontramos ante una obra literaria con nexos temáticos y formales abundantes, pero, al mismo tiempo, ante un Séneca “inlaboratus”, despreocupado por dar a su carta una estructura firme e inamovible, y mucho más atento a lograr exponer, por todos los medios que tiene a su alcance, su renovación del estoicismo de Zenón, Crisipo o Cleantes. La única organización de las epístolas que podemos defender es la que tiene que ver con la sucesión cronológica, si bien admitimos una composición paralela en cuanto a los moldes epistolares de encabezamiento y despedida, y en cuanto a estructuras de introducción y conclusión. El resto de los rasgos formales (sentencias, ejemplos, citas de autoridades, exhortaciones con imperativos y subjuntivos, recurso del interlocutor ficticio) y los ciclos temáticos aparecen diseminados sin reglas fijas, aunque no por esto dejan de lograr la sorpresa y el hechizo en el lector. Éste era uno de los propósitos del autor. El otro, el de conducir a la sabiduría, ya no depende solamente de él: “Quid enim, si quis surdos obiurget aut natura morbore mutos?” (9.1).