182 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 Marcela Venebra Muñoz 1 Universidad Autónoma del Estado de México, México Recibido 26 mayo 2022 ∙ Aceptado 14 noviembre 2022 1.
[email protected] Resumen La tesis que desarrolla este artículo es que la higiene es una estructura protoaxiológica en la que nace el yo de la voluntad, del querer y el valorar. En la higiene el yo tiene su génesis como voluntad –encarnada– de autodominio. Intento mostrar que la instauración del autocontrol como un valor concretizante del yo, en tanto sujeto libre, está en el núcleo de lo que reconocemos como ‘pauta higiénica’ o primer modo socializado del impulso. Desarrollo estos argumentos en tres momentos correspondientes a fases de los análisis husserlianos de la constitución en Ideas II: en el primero describo la materialidad viviente y vivida del cuerpo en los límites de la impulsividad sobre la que se instaura el autocontrol como un valor, tema que desarrollo en el segundo apartado. Finalmente, exploro la relación entre higiene y dignidad, esto es, el modo en que las posibilidades de cumplimiento de autocontrol del cuerpo determinan la captación del valor de sí de la persona humana. Palabras clave: Corporalidad; Fenomenología; Voluntad; Socialidad; Impulso. Abstract The main thesis developed in this paper is that hygiene is a protoaxiological structure where the ego of the will is born. The genesis of the self lies within the hygiene as a primal embodied will of self-control. I try to expose that the instauration of self-control as a concrete value of the ego –in agreement with a free ego– lies within the core of what we recognize as ‘hygienic guideline’, or first socialized mode of the impulse. I develop these arguments in three moments corresponding to constitutive analyzes in Ideas II by Husserl: first, I describe the living and lived materiality of the body within the limits of the impulsivity on which the self-control is grounded as a value, theme exposed in the second section. Finally, I explore the relationship between hygiene and dignity, namely, the way in which the possibilities of self-control accomplishment determine the constitution of the self-value of the human person. Keywords: Corporeality; Phenomenology; Will; Sociality; Impulse. Fenomenología de la higiene: dignidad y autocontrol . ESTUDIOS_ ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN Phenomenology of the hygiene: Dignity and Self-control.
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 183 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 1 · Introducción La norma higiénica figura y forma el cuerpo (como cuerpo propio) sobre la base del reconocimiento de lo indeseable, lo propio y lo ajeno del cuerpo y del yo. Ese primer límite establece una distancia entre el yo y su cuerpo, la distancia que impone la voluntad de autodominio, ‘inducida’ o educada en el yo por el otro. La higiene es socialización del impulso, o “lógica de la sensibilidad” 2 instaurada sobre la carne. La higiene es el primer orden del cuerpo, la primera norma instaurada sobre el sustrato sensible y pre-egoico de la vida de conciencia, y produce un despertar del yo de la voluntad. La higiene es la pauta de la más básica y fundamental de las relaciones que el yo establece (o puede entablar) con su propio cuerpo, o el modo originario de su distanciamiento. La pauta higiénica es la estructura sobre la que se edifican todos los modos posibles de relación yo-cuerpo, pues sostiene el horizonte valorativo que significa –da sentido a– cada parte, momento y función del cuerpo: la higiene es una proto-axiología, es decir, matriz sensible del límite valiceptivo entre lo deseable y lo indeseable del cuerpo propio. Desarrollo los argumentos que sostienen esta tesis en tres momentos: recurro en primera instancia a la descripción husserliana de la experiencia pura de la animalidad corporal 3 , tratando las formas o los modos básicos en los que se 2Recurro aquí a la descripción de Lévi-Strauss sobre su propio cometido en Lo crudo y lo cocido, en el entendido de que estas páginas también pueden interpretarse como un abono fenomenológico al propósito estructuralista de alcanzar una “lógica de las cualidades sensibles [las de crudo y cocido, fresco y podrido…], que repase sus vías y manifieste sus leyes” (Lévi-Strauss, 1968: 11). Esa lógica es aquí la de la historicidad, en cuyo fondo se traspola la división crudo / cocido en la más radical distinción puro / impuro (compuesto/descompuesto, activo/pasivo), que impone la higiene, más radical precisamente porque recurre a la raíz del sentido que Lévi-Strauss pretende como significación; en nuestro caso, esa raíz es vivencial, corporal. 3Me refiero con esto al estrato animal de la vida corporal fenomenológicamente descriptible, tal como lo señala Husserl: “El ser animado es dado en la donación propia de sentido de la correspondiente experiencia pura como una duplicidad, y esta nueva forma de experiencia pura se llama experiencia animal [animalische]. Tiene como necesario estrato inferior una experiencia física, a saber, la experiencia del cuerpo orgánico como cosa física. El estrato superior no es posible sin este estrato inferior.” (Husserl, 2020: 291)
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 184 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 experimenta la vitalidad del cuerpo desde sí, esto es, constitutivamente. Lo que me interesa especialmente de esta dimensión es la posibilidad de volver a comprender la materialidad física del cuerpo desde su vitalidad orgánica y funcional, y desde la voluntad que ‘genera’ la higiene como un querer sobre el cuerpo, que se expresa como voluntad de autodominio, tema que exploro en el segundo apartado. Finalmente, en el tercer momento de este análisis, trato la relación entre dignidad o captación del valor de sí, y acogimiento o asunción de la pauta higiénica; o reconocimiento de sí desde la voluntad activa de autodominio de las urgencias del cuerpo. El alcance, quizá, más amplio de estas páginas es mostrar la potencia antropológica de la fenomenología husserliana de la corporalidad. 2 · Sudor y savia: impulso y urgencia del cuerpo La higiene es una dimensión antropológica –o antropogénica– que consiste en la instauración de una medida de continencia sobre la esfera ingobernable de las urgencias corporales: las micciones, evacuaciones, el hambre, la sed, el cansancio. Estas urgencias tienen una base orgánica, son del cuerpo, pero son del yo al ser ‘pautadas’ y significadas en la higiene; su sentido de “urgencias” está en su génesis vivida. La comprensión fenomenológica de la higiene parte del reconocimiento del cuerpo como órgano viviente, es decir, cosa física y orgánica, materia cuya extensión es un momento estructural del despliegue de la vida, como un todo que enlaza lo vivo y lo no vivo. El Leib-Köper es el cuerpo vivido, cuyo contenido y determinación material es viviente; el Leib, en su dimensión de Körper o cuerpo físico, es cosa y extensión viviente. Aquí la realidad del cuerpo es su vitalidad como animicidad: “El cuerpo corporal [Leibkörper] no es realidad [Realität] concreta por sí, es solamente cuerpo real del hombre en virtud de que en el alma tiene lugar la co-alteración; e igualmente el alma no es realidad por sí, sino que trae consigo alteraciones inherentes a la corporeidad-corporal [Leibkörperlichkeit]” 4 . El orden funcional del cuerpo orgánico se desarrolla bajo un principio de unidad instintual o instintiva. En la vida animal, el instinto rige la rítmica y 4(Husserl, 2005: 394) La corporeidad corporal la carne vivida, el cuerpo como vivido.
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 185 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 cíclica organización de las urgencias e impulsos corporales. En el humano la higiene pauta la instintualidad a través de la educación (como régimen de orden de la socialización) de las necesidades orgánicas más básicas. La higiene es una norma encarnada que separa significativamente lo deseable y lo indeseable del propio cuerpo, fundando en esta división un primer y básico orden de realidad y de mundo 5 , que brota en la asunción de una voluntad libre y capaz sobre el propio cuerpo. La higiene opone el yo al impulso y la urgencia de su cuerpo; lo sobrepone y en el sobreponerse lo afirma en un más allá del instinto: un orden, un mundo propiamente humano. La higiene como pauta interpersonal que ordena las urgencias del cuerpo genera un entorno, un orden de mundo íntimo en relación con la satisfacción de las necesidades básicas del cuerpo; este es el primer límite práctico del horizonte humano, mundano, los espacios en los que el cuerpo se satisface o encuentra los medios de su satisfacción. Si la instintualidad es la orientación del movimiento básico de las cosas vivientes, es pensable su extensión o ampliación comprensiva al orden de lo vegetal, pues las plantas, por ejemplo, “buscan” el sol desde la sombra en que se encuentren, o amarillean sus hojas a la distancia de la luz; en esta ‘búsqueda’ –imposible como acto– aparece la tendencia de la cosa viva a su propia continuidad (en la nutrición de la luz y la tierra), condición instintiva o estructural. En los animales el instinto es momento del alma que llega a ser un yo, en el humano no sólo un polo yo sino un yo autoconciente, y esta ‘polarización’ autoconsciente se produce en un momento de la instauración de la pauta higiénica. La coparticipación del alma en la materia se manifiesta a través de afectaciones y co-afectaciones que en este nivel básico son las determinaciones instintivas del hambre, la sed o el sueño. El instinto no puede explicarse en el yo porque corresponde al plano de la naturaleza corporal, es el sustrato del que el yo se desgaja (como se desgaja la estela del cometa). Podemos hablar de instinto en sentido trascendental, en la medida en que la condición viviente del cuerpo se constituye como condición vivida. La corriente de la vida de conciencia se unifica en un polo-yo, que es el mismo en 5Remito aquí a la definición clásica de Mary Douglas: “No hay nada terrible ni irracional en nuestra acción de evitar la suciedad: es un movimiento creador, un intento de relacionar la forma con la función, de crear una unidad de experiencia.” (Douglas, 1973: 15)
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 186 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 todos y cada uno de los actos y vivencias del sujeto como corporalidad ya no sólo viviente, sino vivida. El principio de unidad estructural que determina el instinto se despliega funcionalmente en la esfera que, respecto de ese polo-yo, también podemos llamar pre-egoica. El impulso como proto-vivencia está en la raíz del centro egoico de la voluntad corporal como su sustrato. El impulso es ya una suerte de rayo, tendencia polarizante de una actividad, aunque pre-egoica, es la diversificación activa y funcional del instinto, es él mismo cumplimiento funcional del instinto: “Igualmente los sentimientos sensibles fundados en estos datos sensibles, pero también los datos sensibles del impulso, los impulsos no como cosas supuestas trascendentes a la conciencia, sino como protovivencias, siempre pertenecientes a la composición del subsuelo anímico” (Husserl, 2005: 386). La característica central de los actos impulsivos es su ‘ceguera’, esto es, la más o menos escasa participación del yo en su desarrollo y satisfacción. Aquí debemos distinguir, precisamente respecto de los modos de cumplimiento, dos niveles de la impulsividad egoica (concretamente humana); el primero es enteramente sensible como satisfacción material de las necesidades y urgencias básicas del cuerpo, o el nivel de la “protosensibilidad” o “sensibilidad primigenia”, por ejemplo, la urgencia de orinar no es un acto intencional, en el sentido de que no interviene el yo como sujeto activo respecto de su propio cuerpo, la urgencia se ‘satisface’ sensiblemente en la recuperación de un estado de normalidad, no-urgencia, o vuelta del cuerpo a su habitual anonimato. Pero también hay impulsos de un segundo nivel, o adquiridos en el curso experiencial y biográfico del sujeto, a través de las rutinas propias, como el impulso de fumar. Desde este segundo nivel, por impulsividad se entiende más bien una pauta sedimentada que ordena cursos asociativos que motivan acciones corporales concretas, pero no centralmente (sino polarmente) egoicas. Distinguimos, entonces, entre un nivel de impulsividad autónomo del cuerpo y una impulsividad ciega del yo. Siento hambre, tengo la sensación de vacío en el estómago; la sensación funciona aquí como ‘motivación’ más que como causa (en sentido estrechamente físico). Yo estoy hambrienta, el hambre afecta al yo, y el yo puede decidir, puede refrenar el impulso, contenerse. Al comer, las funciones orgánicas se restituyen y mi estado corporal mejora en general —frente a la falta que se experimenta como hambre—, puedo controlar ahora mi vista y mis manos. La satisfacción
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 187 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 es aquí la reorganización (restitución del ‘orden’ de la unidad funcional) de campos enteros de la sensibilidad, alterados por el estado hambriento, como estado cenestésico que detona el impulso de comer. La alteración es, según Husserl, el modo de la co-pertenencia alma cuerpo. La sed como sensación de sequedad o resequedad de la boca y la garganta se satisface como una modificación de la sensación o conversión de esta en normalidad del gusto y la salivación, etc. Los impulsos corporales o sensibles no son actos, es decir, no son despliegues intencionales del yo sino cursos de acción ciegamente obedecidos conforme a una urgencia corporal. Ahora bien, es claro que la satisfacción del hambre en el humano no sólo está detonada por la sensación de hambre, o bien, que el impulso de comer en el humano no está directamente fundado en la sensación de hambre (como podríamos asumirlo de gran parte de los animales no humanos), sino que media entre el impulso y su cumplimiento la voluntad orientada e individualísima de un “yo quiero” (Husserl, 2005: 382), esto es, media el deseo, un querer encarnado en el que el impulso se modera, se modela y adquiere en el querer un horizonte objetivo. La raíz del querer, en Ideas II, es el poder del cuerpo, una capacidad de hecho expuesta en un hacer, en un “yo hago”; esta capacidad práctica, en la esfera valorativa se corresponde con la posición fundante del conocer sobre el valorar como un “yo quiero” (o un ‘me repugna’): “El sentir y el querer presuponen las funciones del conocimiento, los objetos tienen que ser ya conscientes para poder afectar el sentimiento” (Husserl, 2020: 286). El querer se da sobre la base de un poder práctico, y el valorar se funda en un conocimiento efectivo (que puede ser o no verdadero). Ni el hambre ni la necesidad de evacuar son potencia del yo sino determinaciones enteramente pasivas del cuerpo en su condición orgánica que, sin embargo, son atraídas a la esfera de la voluntad en el decurso de la experiencia egoica o histórica mediante su cumplimiento. El impulso se historiza en la satisfacción, en un cuerpo que, en o por el querer, deviene órgano de propiedad, cosa viviente, vivida, propia. Sobre la sensación del hambre se funda el ‘antojo’ de cierto platillo. Es posible entender el ‘antojo’ 6 como la inclinación valiceptiva de un campo 6Husserl distingue el hambre como instinto, del antojo (deseo de un platillo) como un querer no instintivo. Este último implica determinaciones espirituales que podríamos llamar de la sensibilidad social –o secundaria. (Ver Hua 42, 86)
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 188 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 sensible concreto: sabores, olores, texturas. El antojo es el resultado espiritualizado –socializado– del impulso que aparece en la sensación de deleite en tales o cuales sensaciones gustativas y no en otras, o no tanto ahora mismo, en este momento, etc. El problema aquí comienza en lo relativo a otros impulsos del mismo campo, pero sobre los cuales la voluntad subjetiva tiene en verdad posibilidades más bien limitadas: ¿en qué se distingue el hambre de la necesidad de evacuar, no sólo como esferas ‘opuestas’ de la sensación, en este caso, cenestésica, sino en relación con la voluntad egoica y su posición apropiante o alienante del cuerpo, y con el orden de valoraciones que dan sentido a ambas funciones orgánicas? ¿Cuál es la relación entre el impulso, la higiene y el deseo como querer corporal, querer sobre el cuerpo como voluntad encarnada? 3 · La pauta higiénica como socialización del impulso a través de la instauración del autodominio como valor de sí La sensibilidad secundaria o social 7 historiza el impulso en la sedimentación. Los impulsos corporales entran en el campo experiencial del yo como momentos de la materialidad cósica del haber del cuerpo. La sensibilidad secundaria describe el entrelazamiento de valoraciones y predaciones, motivaciones de razón que envuelven tendencias ciegas y las orientan, se enlazan así, en un entretejimiento carnal, habituaciones adquiridas en la socialidad e impulsos orgánicamente determinados. Husserl se refiere sobre todo al valor que pauta la captación del objeto apetecible y deseable frente al hambre o la sed, los modos en que estas valoraciones se enlazan con un trasfondo afectivo en el que “brillan” de un modo particular 8 . ¿Pero qué es lo que ocu- 7Las variaciones terminológicas aparecen entre Ideas II (sobre todo en los anexos de los años treinta), los análisis sobre los Problemas límite de la fenomenología (1908-1937) y las lecciones de Introducción a la ética (1920). Sobre la última referencia podemos destacar la distinción propuesta entre “la pasividad originaria y la adquirida” (Husserl, 2020: 295); la primera es la dimensión orgánica –como predada, el cuerpo que suda, que siente hambre o cansancio– del cuerpo propio, que es la que está aquí en juego. 8Este trasfondo es una “coloración o fondo afectivo” (Husserl, 2020: 289).
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 189 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 rre con impulsos del tipo de las evacuaciones o las micciones? No se ‘desea’ orinar como se ‘desea’ comer. El modo de satisfacción de la necesidad de orinar, por ejemplo, está dado en el cumplimiento mismo de la tendencia impulsiva y el cese de la incomodidad corporal o la restitución de un cierto orden de normalidad en la condición autosintiente del cuerpo. No hay un ‘querer’ orinar como un querer comer, ni los modos del cumplimiento son tan diversificados como los que se historizan en el deseo de alimentos. Esta diversificación es correlativa a las posibilidades prácticas del yo hago que fundan el apetecer cierto alimento, que es posible degustar porque puedo preparar (o componer), que he degustado de hecho en otro momento, etc. Las necesidades de evacuar o de orinar no son en sentido preciso “deseos” y, sin embargo, entran en la esfera de la voluntad, no como voluntad referida a un horizonte de múltiples posibilidades de satisfacción (el yo no tiene múltiples posibilidades de satisfacción de la urgencia de evacuación), sino como voluntad de autodominio, como un “yo puedo” contener la urgencia. Orinar no es un “yo puedo orinar” estrictamente equivalente al “yo puedo deleitarme en tal guiso”. La urgencia orgánica debe ser satisfecha, y en esa determinación material última se instaura una voluntad primaria de autodominio. De hecho, y en relación con las micciones y evacuaciones, la urgencia está determinada en la instauración de la pauta higiénica, es decir, un bebé de meses no siente necesidad de orinar, simplemente orina. La contención implica la objetivación del impulso y de las sensaciones corporales que se captan en su ‘urgencia’ solo frente a la capacidad de continencia. Husserl distingue entre dos niveles o disposiciones de la vida egoica, una, que hasta aquí hemos expuesto como la del yo de la vida anímica o animal (polo unificante) y dormido (o no necesariamente autoconsciente); otra, la del yo despierto o en vigilia que se caracteriza por un actuar no instintivo 9 y no ciego, sino racional (el yo despierto es motivado por motivos 9Para Imanishi el concepto de instinto ha cumplido una función crucial en el mecanicismo biológico: “La explicación convencional ha sido que todas las actividades de las cosas vivientes pueden atribuirse a los instintos, pero al apelar siempre al recurso de los instintos, la gente revela una incapacidad para interpretar las cosas vivientes como tales, pues no es muy diferente de considerarlas autómatas” (Imanishi, 2011: 81). No obstante, los análisis de la constitución permiten una recomprensión de la instintualidad a través de la arquitectónica temporal o histórica del yo, o bien, con referencia a modos específicos de cumplimiento sensible, y tendencia sensible a dichos cumpli-
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 190 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 de razón, no por el impulso o el deseo), despierto, primero, en un esfuerzo de resistencia al impulso y el instinto como condición primaria del cuerpo viviente. El yo despierto es libre, es el yo frente al impulso, y brota como voluntad frente al impulso 10 . Es sostenible desde esta base material el desarrollo de una voluntad egoica y su fortalecimiento a través del ejercicio libre, de la práctica y el error. El esfuerzo al que nos referimos es, por así decir, el pre-egoico reflejo que impulsa al bebé a ponerse de pie y sostener sobre sus piernas todavía débiles su cuerpo. Entre el impulso de levantarse del piso y el primer paso del cuerpo sin ser movido por otro se produce el rayo de voluntad egoica que deviene, a partir de entonces, sujeto de una voluntad en la autonomía moviente de su cuerpo. Este esfuerzo, como ‘impulso’ de ponerse en pie, se deja describir, todavía a caballo entre la unidad autosubsistente o el principio vital de la individualidad vital (anímica), y una voluntad inmaterial, que comienza su reconocimiento por sus potencias en ese dominio: se constituye un poder fundante del yo que se complejiza muy pronto 11 , se centraliza gracias a la educación como intervención del otro en la orientación de esa voluntad naciente, concretamente sobre la voluntad de autocontrol de micciones, excreciones y secreciones. El bebé al que sientan en el excusado de ensayo y que apenas va cobrando su estilística como yo no tiene todavía una orientación personal, o personalidad plenamente definida; antes de que esto ocurra, o bien, como su condición, se instaura sobre su cuerpo la pauta higiénica. Pero quizá sea mejor decir, se instancia, porque en verdad lo único que la acción intermientos. Para Husserl el instinto es un comportamiento ciego, pero no mecánico, en última instancia, irreductible por su condición heteróclita entre la pasividad de la conciencia y la materialidad del cuerpo. El instinto se ubica en el fondo sensible del cuerpo vivido, es decir, como sustrato vital de la experiencia del yo. Se integra en tal decurso experiencial no como determinante sino como momento pre-dado, génesis de un devenir histórico-espiritual. (Hua 42, 85) 10“En la experiencia se distingue, según su carácter fenomenológico, el ‘yo puedo’ y el ‘yo no puedo’. Hay un hacer sin resistencia, o una conciencia del poder hacer sin resistencia, un hacer con un ‘contra’ y una conciencia inherente del poder que supera la resistencia.” (Husserl, 2005: 306) 11“¿Qué ocurre a este respecto con el yo de la capacidad y la incapacidad, el ‘yo puedo’ y el ‘yo no puedo’? Aquí primero hay que preparar el terreno cuidadosamente. En primer lugar viene el ‘yo hago’, y justo el ‘instintivo’; el ‘¡yo hago!’ que le sigue primigeniamente en cuanto ‘yo quiero’ con el lograr y fracasar primigenios.” ( Husserl, 2005: 381-382)
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 197 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 de la significación y el sentido de la sensibilidad secundaria, que también atraviesa el fondo sensible absolutamente pre-egoico, es decir, que condiciona en sí mismo la autocaptación del yo. La captación del valor de sí se funda en el ‘conocimiento’ o reconocimiento del cuerpo como órgano de la voluntad. El conocimiento implica la coherencia impuesta sobre la corporalidad en la pauta higiénica. El cuerpo se ‘conoce’ porque se objetiva entre lo deseable y lo indeseable de sí que ordena el auto-dominio. La valoración se funda, pues, en el carácter objetivo del cuerpo, cuyo reconocimiento humano, personal, digno, para el sí mismo se concreta en la asunción de la pauta higiénica. Soy un sujeto digno en el autocontrol, porque soy un sujeto libre o dueño de mí mismo 20 . ¿Por qué es la incontinencia un motivo de indignidad, de rebajamiento de la condición del yo para sí mismo? La sensibilidad pautada en la higiene es el núcleo de la captación del valor de sí, como un sí mismo digno, es decir, un fin para sí en el cumplimiento de su voluntad y su autonomía. La higiene es una protoaxiología porque la dimensión que regula no es en verdad egoica, los impulsos son protovivencias en cuyo reconocimiento impostergable emerge una voluntad egoica primaria, que reconoce y se reconoce como capacidad de autogobierno, como yo de su cuerpo, que capta, en la instauración de la norma misma, la materialidad del cuerpo como su haber. Brota el yo de la voluntad en la oposición continente a la urgencia del cuerpo, se afirma como libre y digno frente al otro y frente a sí como el otro de su propio cuerpo. La pauta higiénica estructura con ello el primer modo de vista lógico en Experiencia y Juicio. Ver, sobre todo, o desde el § 1, donde Landgrebe plantea el problema mismo de la genealogía de la lógica como tema del texto (Husserl, 1980: 11). 20Se trata de un principio largamente cultivado en el pensamiento occidental, que, en la filosofía helenística, alcanza un alto grado de sistematización como práctica de autodominio. El autocontrol se identifica en esta tradición como aplacamiento de las pasiones, y esto mismo como el núcleo o centro de la libertad individual. Las prácticas, tanto físicas como intelectuales (organizadas por la tradición romana como ejercicios espirituales), consisten en formas de autocontrol. La catatonia y la propia epojé (esta última proveniente de la organización pirrónica del modo de vida escéptico) representan en su fondo último esta imposición autónoma del yo sobre su cuerpo, un modo de relación que tiene como meta la afirmación misma de esa autonomía del yo; es a esto a lo que se llamaría primero sabiduría.
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 198 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 de apropiación del cuerpo, en la contención de la sensación cenestésica de la urgencia, sobre la que se conforma la objetivación del cuerpo como haber, y del gobierno del haber como valor. La higiene que funda la dignidad ordena el mundo en relación con las funciones corporales desde la delimitación socialmente visible entre la intimidad y el espacio colectivo; le da un lugar en el mundo al cuerpo, en su doble condición de objeto y sujeto, physis y trascendentalidad. El reparto espacial de la casa responde a las urgencias y necesidades básicas del cuerpo vivido: el fogón, los dormitorios y la separación de desechos 21 . La organización entera del espacio doméstico está higiénicamente pautada en relación con la satisfacción de los impulsos básicos, pero también los más complejos, como la reproducción o la muerte. La ritualidad funeraria (cualquiera sea su estructura o naturaleza) expresa un orden higiénico fundamental de lo social. El trato digno del cadáver manifiesta valores fundamentales de lo social, es principio socializante, y significa en los términos más concretos el fondo higiénico que ordena la vida y la muerte como polos totalizantes de las posibilidades de lo compuesto y lo en descomposición. El trato digno del cadáver es a la socialidad, al impulso y la sensibilidad social, lo que el autocontrol es a la autoconstitución personal, libre y autárquica del yo. Esto es, la pauta higiénica es momento constitutivo de la sensibilidad social individual y colectiva; en tanto socialización del impulso es principio individualizante del yo, de ahí que el atentado o ruptura de su libre asunción, o que actúe contra la ‘libre satisfacción’ de la urgencia, sea un elemento envilecedor del yo por su cuerpo, de ahí, pues, el vínculo entre dignidad e higiene: del valor de sí que el autocontrol expresa como libertad del yo. La higiene vehicula lo social en lo individual pero no como prefiguración o significación unilateral de la sensibilidad secundaria, como un todo de significados simplemente vertidos en el yo como estructuras formales o meramente clasificatorias, sino como voluntad significante, es decir, voluntad encarnada que despierta 21Porque sería en realidad una de las determinaciones más antiguas del habitar como modo humano de estar en el mundo, habitar como construir una morada y delimitar un espacio, instaurar para ello una medida (según Rainer Sepp, por ejemplo). Esta medida es puesta aquí en referencia a las determinaciones materiales del cuerpo y sus urgencias, proponiendo en el trazo de la casa la medida de los usos del cuerpo, la pauta higiénica sería así el cimiento de la morada. (Ver Sepp, 2020: 18; Dibie, 1999: 13)
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 199 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 en la asunción activa de esos contenidos en sí, desde sí, desde su propia posición inintercambiable. El impulso de la socialidad 22 se constituye sobre la tendencia asuntiva de la norma, que se instituye en la higiene en tanto inducción de la voluntad sobre el cuerpo, del autodominio como fundamento de la captación del valor; lo que se instaura es el dejarse motivar en el seguimiento individual de la norma, se socializa el impulso de socialidad. Desde esta perspectiva el envilecimiento manipula la voluntad del yo sobre su propio cuerpo, lo rebaja a sus urgencias más básicas y le roba el control o poder sobre ellas. El contenido de la captación del valor de sí es la voluntad en acto sobre el cuerpo. Si la higiene instaura el autodominio y la continencia como valores en sí mismos, y el autocontrol no es más que una primaria expresión del yo sobre su condición encarnada, la higiene instaura esta expresión misma como valor, pero de una condición sensible tal que la realización del yo como valor y la realización del yo como voluntad coinciden en la acción despierta, ambas se enlazan en la autocaptación del yo como ese valor digno de alcanzar. La dignidad es así un valor material, fundado en el libre ejercicio de la voluntad corporal y primariamente en el auto-con- trol del impulso en un orden de sentido en el que se distingue ya, del yo, lo deseable y lo indeseable de sí. La ‘pauta higiénica’ induce una voluntad de reconocimiento de sí en el dominio de lo indomeñable: los impulsos corporales más básicos. El otro motiva, ‘provoca’ la voluntad de autocontrol como apropiación del cuerpo a través de la higiene, o bien busca destruirla en el envilecimiento. 5 · Conclusiones: la higiene como proto-axiología La higiene es una protoaxiología porque instaura un orden de valor sobre un ámbito pre-egoico, sobre un fondo sensible indomeñable por el yo, pero 22Uno de los aspectos más interesantes sobre este concepto es el contexto en que aparece en la obra de Husserl, se trata del campo de la sensibilidad en sentido ‘propio’ (originario, es decir, no secundaria), del fondo impulsivo, de su encarnación. Husserl habla del impulso de la socialidad en relación con el instinto del hambre y los modos de la socialización de este sentimiento, es decir, sitúa la socialidad en el fondo individual más íntimo de la subjetividad (Hua 42, 85).
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 200 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 fondo y sustrato de su voluntad libre y reconocida como valor de sí. La libertad que la higiene instaura como valor en el autodominio de los impulsos básicos del propio cuerpo es un modo de apropiación por desapropiación o alienación del cuerpo. El análisis fenomenológico de la higiene radicaliza la oposición antropológica clásica entre el individuo y la sociedad, al exponer el autodominio de la carne como momento concretizante de la persona humana, en su sustrato habitual, y las fuentes de su dignidad. La pauta higiénica es la estructura encarnada como primer modo de relación del sí mismo con la materialidad orgánica y funcional de su cuerpo; es un modo de apropiación primario que emana del yo como voluntad de autodominio, pero que, como tal, sólo puede ser inducida en su emergencia a través de la educación. La educación es un modo comprensivo –transmisivo– del dejarse motivar fundado en el reconocimiento del valor de sí en el autocontrol. El autocontrol no se instaura desde una instancia externa, sino que se induce el reconocimiento de una potencia de sí sobre el cuerpo como un valor, en el que emerge el yo de la voluntad, como yo libre. La pauta higiénica como lógica de la sensibilidad, tendencia ordenatoria y constitutiva del cuerpo como propiedad y haber del yo, traza un primer límite entre lo vivo y lo no vivo, entre lo voluntario y lo involuntario, lo pasivo y lo activo, que da contenido a las valoraciones prácticas de lo compuesto y lo ‘en descomposición’, lo deseable y lo indeseable del propio cuerpo. La voluntad del yo, su voluntad activa y despierta en la continencia de su cuerpo, en la pauta higiénica es, desde esta perspectiva, una base de medida, o la medida originaria –encarnada– del valor. 6 · Referencias bibliográficas Dibie, P. (1999), Etnologoía de la alcoba. El dormitorio y la gran aventura del reposo de los hombres, Barcelona: Gedisa. Trad. María Renata Segura. Douglas, M. (1973), Pureza y peligro. Un análisis de los conceptos de contaminación y tabú, Madrid: Siglo XXI. Trad. Edison Simons. Husserl, E. (2020), Introducción a la ética. Lecciones de los semestres de vero de 1920 y 1924, Madrid, Trotta. Edición y traducción de Mariana Chu, Mariano Crespo y Luis R. Rabanaque.
MARCELA VENEBRA MUÑOZ FENOMENOLOGÍA DE LA HIGIENE: DIGNIDAD Y AUTOCONTROL 201 Thémata. Revista de Filosofía • nº 66 • julio-diciembre (2022) pp. 182-201 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2022.i66.09 (2013), Grenzprobleme der Phänomenologie. Analysen des Unbewusstseins und der Instinkte Metaphysik. Späte Ethik (1908-1937), Rochus Sowa und Thomas Vongehr (Hrsg.), Hua 42, Dordrecht: Springer. (2005), Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, Libro II, Investigaciones filosóficas sobre la constitución, trad. Antonio Zirión Quijano, México: FCE. (1980), Experiencia y juicio. Investigaciones acerca de la genealogía de la lógica. Redacción y edición de Ludwig Landgrebe, trad. Jas Reuter, rev. Bernabé Navarro, México, UNAM. Imanishi, K., (2011), El mundo de las cosas vivientes, trad. Miguel Paz Bonells y Bernardo Urbani, Instituto Venezolano de investigaciones Científicas. Lévi-Strauss, C. (2019), Mitológicas I. Lo crudo y lo cocido, México: FCE. Trad. Juan Almela. Marcel, G. (2000), Los hombres contra lo humano, Madrid: Caparrós. Marín Ávila, E. (2021), “Hope and Trust as Conditions for Rational Actions in Society: A Phenomenological Approach”, Husserl Studies, Dordrecht: Springer, pp. 1-19. (2015), “Social Acts as Intersubjective Willling Actions” en M. Ubiali, M. Wehrle (eds.), Feeling and Value, Willing and Action, Phaenomenologica 216, Switzerland, Springer. Marx K. y Engels, F. (2014), La ideología alemana, trad. W. Roces, Madrid: Akal. San Martín, J. (2010), “El contenido del cuerpo”, en Investigaciones fenomenológicas, Vol. Monográfico 2: Cuerpo y alteridad, SEFE-UNED: Madrid (2019), «Sobre Experiencia y habla, de Vincenzo Costa», en Segni e Comprensione, anno XXXIII n. 97 Luglio/Dicembre 2019, pp. 173-185.. Schmidt, A. (1976), El concepto de naturaleza en Marx, Madrid: Siglo XXI. Trad. Julia M. T. Ferrari de Prieto y Eduardo Prieto. Sepp, H. Rainer (2020), “Fenomenología como oikología” en Acta Mexicana de Fenomenología. Revista de investigación filosófica y científica, No. 5, pp. 15-32. Trad. Guillermo Ferrer.