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Monarquía y nación a través de la visita de Isabel II a Andalucía en 1862. La dimensión cultural de las ceremonias reales

Núñez García, Víctor Manuel

Abstract

Los reyes españoles contemporáneos pusieron en marcha una decidida transformación de la Corona, con el fin de adaptar la institución a las necesidades de los nuevos tiempos. Entre las transformaciones que se operan progresivamente destacan las formas de nacionalización a través de la institución monárquica implementando el amplio abanico de rituales y ceremonias propias del monarquismo banal —performing monarchy—, sistematizado y perfeccionado en la época de Alfonso XIII, período histórico en el que la hasta entonces vetusta institución monárquica logra adaptarse a la sociedad de masas. El presente artículo pretende explorar los orígenes de ese proceso de adaptación en la etapa de Isabel II, a través del análisis de la visita real a Andalucía de 1862 y de las ceremonias y rituales de carácter nacionalizador desplegados en eventos de este tipo. Todo ello proyectando análisis comparativos con la época de las visitas oficiales de Alfonso XII y especialmente de Alfonso XIII. Además, explora los límites de Isabel II como monarca escénica y el fracaso a la hora de concitar en su persona y en la monarquía lealtades de contenido nacionalista más allá de las pugnas políticas de la época.

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Hispania, 2019, vol. LXXIX, n.º 262, mayo-agosto, págs. 331-357 ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 Copyright: © 2019 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC-BY 4.0) Monarquía y nación a través de la visita de Isabel II a Andalucía en 1862. La dimensión cultural de las ceremonias reales* Víctor-Manuel Núñez-García1 Universidad de Sevilla [email protected] RESUMEN: Los reyes españoles contemporáneos pusieron en marcha una decidida transformación de la Corona, con el fin de adaptar la institución a las necesidades de los nuevos tiempos. Entre las transformaciones que se operan progresivamente destacan las formas de nacionalización a través de la institución monárquica implementando el amplio abanico de rituales y ceremonias propias del monarquismo banal —performing monarchy—, sistematizado y perfeccionado en la época de Alfonso XIII, período histórico en el que la hasta entonces vetusta institución monárquica logra adaptarse a la sociedad de masas. El presente artículo pretende explorar los orígenes de ese proceso de adaptación en la etapa de Isabel II, a través del análisis de la visita real a Andalucía de 1862 y de las ceremonias y rituales de carácter nacionalizador desplegados en eventos de este tipo. Todo ello proyectando análisis comparativos con la época de las visitas oficiales de Alfonso XII y especialmente de Alfonso XIII. Además, explora los límites de Isabel II como monarca escénica y el fracaso a la hora de concitar en su persona y en la monarquía lealtades de contenido nacionalista más allá de las pugnas políticas de la época. palaBraS clave: monarquía; nacionalismo; liberalismo; viaje real; Isabel II; Andalucía. * Este artículo se inscribe en el proyecto de investigación I+D+i, Corte, Monarquía y Nación liberal. En torno al rey la modernización política de España en el siglo XIX (1833-1885) [HAR2015-66532-P]. Siglas utilizadas: Archivo General de Palacio, Madrid (AGP); Archivo General de Administración, Alcalá de Henares, Madrid (AGA); Hemeroteca Municipal de Sevilla, Sevilla (HMS). 1 ORCID iD: https://orcid.org/0000-0003-1538-3369. Revista Hispania 262.indb 331 30/7/19 15:04 332 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 Monarchy and nation through Elisabeth II’s 1862 visit to Andalusia. The cultural dimension of royal ceremonies ABSTRACT: In the nineteenth century, Spanish monarchs began a major transformation of the Crown to bring it into line with the needs of the modern age. The gradual changes they introduced included forms of nationalization in which the institution adopted a wide range of rituals and ceremonies typical of what has been termed “performing monarchy”. These were polished and systematised during the reign of Alfonso XIII, a period in which this all but obsolete institution successfully adapted to mass society. This article explores the origins of that adaptation process during the reign of Elisabeth II (1833- 1868), analysing the royal journey to Andalusia in 1862 and the nationalizing rituals and ceremonies deployed during events of this kind, comparing it to other official royal journeys that took place during the reigns of Alfonso XII and, in particular, of Alfonso XIII. The paper also explores the limits of Elisabeth II as a “performing monarch” and the failure to make her person and the monarchy the focus of nationalist loyalties beyond the political differences and conflicts of the time. Key wordS: monarchy; nationalism; liberalism; royal journey; Elisabeth II; Andalusia. CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO/CITATION: Núñez-García, Víctor-Manuel, «Monarquía y nación a través de la visita de Isabel II a Andalucía en 1862. La dimensión cultural de las ceremonias reales», Hispania, 79/262 (Madrid, 2019): 331-357. https://doi.org/10.3989/ hispania.2019.009. Estas visitas del Monarca a los pueblos producen resultados por más de un concepto importantes y beneficiosos. El amor de las poblaciones a la institución secular, que va unida a todas las glorias y grandezas históricas de la patria se robustece. El esfuerzo y el alarde que de su actual estado y de sus esperanzas hacen de la industria, las artes, las letras, estimula el progreso2. Fernando Cos-Gayón Cronista oficial de la visita a Andalucía y Murcia de Isabel II en 1862 MonARquíA, CoRtE y nACión. EntRE lA tRAdiCión y lA ModERnidAd Durante la Edad Contemporánea, en muchos países que conservaron el régimen monárquico se emprendió una decidida transformación de la Corona con el fin de adaptar la institución a la nueva sociedad liberal en primera instancia y, finalmente, a la sociedad de masas, en especial a finales del siglo XIX y comienzos del XX. En este proceso histórico jugaron un papel clave los 2 COS-GAYÓN, 1863: 10-11. Revista Hispania 262.indb 332 30/7/19 15:04 MONARQUÍA Y NACIÓN A TRAVÉS DE LA VISITA DE ISABEL II A ANDALUCÍA… 333 Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 viajes a diversos puntos de sus reinos. En España, durante la etapa de Isabel II, cuyo reinado fue el primero en iniciarse desprovisto de las prerrogativas regias propias del absolutismo de las que dispusieron sus antecesores, se inicia un dúctil punto de encuentro entre tradición y modernidad. Para Moreno Luzón, en referencia a sus investigaciones sobre la etapa de Alfonso XIII, monarquía y nación pertenecen a universos políticos diferentes: el de la tradición y el de la modernidad3. El elemento novedoso de los viajes reales es su uso político en clave contemporánea, dentro de las nuevas necesidades de legitimación de la Corona, aunque se despliegan elementos tradicionales como, por ejemplo, los diferentes aspectos heredados de la fiesta barroca en la escenificación de las giras reales o la apelación a glorias pretéritas como los Reyes Católicos, pero no son prácticas tradicionales en sentido estricto, sino un uso de estas tradiciones dentro de una práctica novedosa y moderna4. La Corona, lejos de debilitarse o desaparecer, tuvo un papel preponderante en el proceso de reconfiguración del liberalismo posrevolucionario en Europa y en España5, convirtiéndose en una institución capital para la construcción del estado-nación durante el s. XIX6. La pérdida de poder efectivo de la monarquía en el desarrollo del liberalismo tiene como correlato la basculación de su peso específico hacia lo simbólico, representando la unidad y la moral nacionales y asumiendo el papel de agente de nacionalización. La etapa isabelina supuso el inicio de esta evolución, aunque de manera muy gradual y con las particularidades de un período político complejo y convulso7, para consolidarse en plena Restauración a través de Alfonso XII y Alfonso XIII. 3 MORENO LUZÓN, LXXIII/244 (2013): 320. Véase también desde una perspectiva genérica en torno a diferentes enfoques históricos centrados en Alfonso XIII, MORENO LUZÓN, 2003. 4 Sobre los conceptos de tradición y modernidad, HOBSBAWM y RANGER, 1983. 5 ROMEO MATEO y SIERRA, 2014. GARCÍA MONERRIS, MORENO SECO y MARCUELLO BENEDICTO, 2013. LARIO, 1999; 2003: 105-145; 2007: 35-56. Otros estudios recientes y renovadores sobre la corona: GARCÍA MONERRIS y GARCÍA MONERRIS, 2015. LA PARRA, 2011. FERNÁNDEZ y GUTIÉRREZ, 17 (2014): 89-114. 6 Sobre los procesos de construcción identitarias y de vertebración de la colectividad española en clave nacionalista: ÁLVAREZ JUNCO, 2001. BERAMENDI, MÁIZ SUÁREZ y NÚÑEZ SEIXAS, 1995. MORENO LUZÓN, 2007. MORALES MOYA, FUSI AIZPURRUA y de BLAS GUERRERO, 2013. 7 Un recorrido panorámico del período histórico en FONTANA, 2007. Desde el análisis biográfico de Isabel II relacionado con su contexto histórico y su entorno cortesano BURDIEL, 2004; 2010. VILCHES, 2007. LA PARRA, 2011. GUTIÉRREZ LLORET, 2011: 221- 282. VILLACORTA BAÑOS, 2004: 281-298. Otras biografías sobre la Reina en LLORCA, 1984. PÉREZ GARZÓN, 2004. COMELLAS, 1999. RUEDA, 2001. Revista Hispania 262.indb 333 30/7/19 15:04 334 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 Superada la tradición medieval de una monarquía y corte itinerantes e instaurado el trono en una ubicación permanente durante la Época moderna8, el desplazamiento de los reyes dentro de los territorios pertenecientes al reino, para popularizar la figura del propio monarca y para establecer contacto con las elites territoriales y las clases populares, se arbitró como una práctica habitual tanto en España como en los países del entorno europeo a lo largo de la historia. El viaje real adquiere rasgos contemporáneos al incorporar elementos propios de la construcción y de la puesta en práctica progresiva del liberalismo político y cultural a lo largo del s. XIX, así como la paulatina definición de identidades como el nacionalismo9. Las giras reales como medio para conocer el país y, especialmente, para que el monarca fuese conocido y cercano a la población se desplegaron como estrategias preferentes desde palacio, aunque sólo a partir de 1858 en el caso de la monarquía isabelina10. Por una parte, se planteaba aún de manera primigenia el anclaje de una institución de carácter tradicional a un nuevo tiempo sociopolítico en el que la búsqueda de la inteligibilidad de la Corona como ente de gobierno, como ente político a los ojos del pueblo se hacía indispensable para el éxito en la percepción del binomio monarquía-nación. Por otra parte, más allá de los elementos de carácter anecdótico y lúdico en los viajes de Isabel II, estos desplazamientos estaban muy ligados a una apuesta política personal de la reina contando con la imbricación de la sistemática planificación desde palacio de este tipo de eventos y del apoyo del ejecutivo11. Como señala Burdiel, el general O´Donnell, al contrario que sus antecesores en la presidencia del Consejo de Ministros, animó a Isabel II en sus deseos de viajar, y comenzó a percibir el viaje real como un mecanismo esencial de representación pública de la monarquía, fuera del limitado ámbito de la corte y de los habituales sitios reales de La Granja o Aran- 8 Una propuesta sintética de análisis sobre estas transformaciones de la monarquía y la corte en MARTÍNEZ MILLÁN, 1 (2010): 4-16. 9 SAN NARCISO, 108 (2017b): 203-230. 10 En referencia a los viajes reales de la monarquía isabelina véase CARASA, 2007. BARRAL, 2012. Desde un prisma andaluz la tesis doctoral —y la consiguiente monografía— de María del Carmen Fernández Albéndiz nos proporciona una visión panorámica y analítica de la evolución del fenómeno de la visita regia a la ciudad de Sevilla desde comienzos del Diecinueve hasta la época de Alfonso XII. FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, 2005; 2007. 11 La historiografía sobre el reinado isabelino ha hecho repetidamente mención a las condiciones favorables (en comparación a períodos precedentes de mayores convulsiones socio- -políticas) para este tipo de viajes en la época del gobierno largo de O´Donnell al frente de la Unión Liberal, y también a la propia voluntad del general para fomentar este tipo de estrategia de cara al robustecimiento de la imagen de la Corona. Complementariamente tal y como indica Isabel Burdiel también se añadía la cada vez más entusiasta actitud de la reina hacia la realización de estas giras tras el éxito del viaje a Alicante y Valencia de mayo de 1858. Es más, el viaje a Asturias y Galicia estaba ya planteado desde palacio con anterioridad de la llegada del general O´Donnell al poder. BURDIEL, 2010: 590. VILCHES, 2007: 195-201. Revista Hispania 262.indb 334 30/7/19 15:04 MONARQUÍA Y NACIÓN A TRAVÉS DE LA VISITA DE ISABEL II A ANDALUCÍA… 335 Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 juez12. En definitiva, estas giras por la geografía española estaban destinadas a calibrar y recabar el grado de apoyo popular a la monarquía y a su persona, siguiendo el modelo desarrollado con visible éxito por Napoleón III en Francia desde 1851, donde el monarca francés instrumentalizó las ceremonias monárquicas como mecanismo de legitimación popular de su poder personal13. Todo ello estaba relacionado con la debilidad y lo denostado de la imagen personal de Isabel II y la institución monárquica que encarnaba a mediados de los años 50, tanto en el interior como en el exterior14. A esas alturas la imagen de la reina se encuentra en una situación compleja y seriamente esquilmada. En el juego político, la desnaturalización parlamentaria, las influencias del contrapoder cortesano o el desequilibrio entre Corona y Parlamento a favor de la primera15, hicieron que las fuerzas liberales más avanzadas se unieran por la salvaguarda del régimen político liberal, ante el papel político a escala práctica de la reina como árbitro decisivo en las decisiones y de carácter reaccionario. El mayor momento de debilidad se produjo durante la revolución de 1854 y el Bienio Progresista, en el que subsistió una monarquía isabelina denostada y discutida. Como apunta San Narciso, a ello se le añade una situación de enorme complejidad para la reina, fruto de una imagen pública que no encajaba con los ideales burgueses que se fueron consolidando en la sociedad española progresivamente, tanto en el espacio público como en el espacio privado y en su condición de mujer vinculada al modelo de feminidad burgués, y que tampoco encontraba acomodo en los ideales más conservadores procedentes del Antiguo Régimen, según los que la moral cristiana marcaba los comportamientos públicos y privados16. Es en este punto donde entran en juego las ceremonias —entre las más destacadas la escenificación del viaje real— como escenario de representaciones de discursos asociados a una monarquía cada vez más consciente de su fragilidad. Así se pueden interpretar las ceremonias isabelinas como la puesta en escena de una monarquía necesitada de apuntalar su legitimidad histórica. Isabel II, consciente de su debilidad, representó el espectáculo del poder ante el pueblo desde intereses internos y en clave nacional y, de manera subsidiaria, desde intereses exteriores17. 12 BURDIEL, 2010: 590. 13 Tema tratado en TRUESDELL, 1997. 14 La pauperización de la imagen de la reina en el plano exterior se puede comprobar a través de las fuentes diplomáticas utilizadas por Isabel Burdiel en su biografía del personaje. BURDIEL, 2010: 579-623. 15 Sobre el funcionamiento práctico del sistema político durante el reinado isabelino, MARCUELLO, 1986. 16 SAN NARCISO, LXXVII/255 (2017a): 187. 17 Hacemos referencia a la presencia de representantes diplomáticos extranjeros durante estos viajes, como en el caso del viaje a Andalucía y Murcia de 1862, y al efecto positivo que para la imagen internacional de la monarquía española pudiesen generar estas ceremonias. BURDIEL, 2010: 687. Revista Hispania 262.indb 335 30/7/19 15:04 336 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 Según interpreta San Narciso, más allá del componente puramente estético de estos eventos el estudio de las ceremonias de la monarquía del siglo XIX permite entrever los discursos generados en torno a la Corona y los mecanismos de legitimación de su poder. Estas ceremonias hacían descender la vertiente abstracta de una institución de poder como la monarquía a una percepción de la práctica cotidiana del poder, por medio del contacto directo desde planos simbólicos, visuales o emotivos con las clases populares. Por ejemplo, uno de los atractivos del ceremonial del viaje regio era que permitía encarnar, personificar a través del monarca conceptos tan abstractos como el Estado y la nación haciéndolos inteligibles18. En el caso de este artículo, el viaje a Andalucía de 1862 presentó como uno de sus objetivos fundamentales medir y calibrar la popularidad, el apoyo a la monarquía y a la propia persona de Isabel II19, en una región que ya había demostrado en décadas precedentes su adhesión a las tendencias más avanzadas y revolucionarias del liberalismo español, por ejemplo a través del movimiento juntista20, por tanto con un segmento de opinión política contraria a Isabel II y un movimiento demo-republicano en pleno proceso expansivo21. Habría que añadir además el desarrollo de movimientos de carácter social y reivindicativo como las revueltas campesinas en la campiña sevillana, Arahal y Utrera en 1857, o la revuelta campesina de Loja de 186122. No es casual, por tanto, la visita de la comitiva real a la localidad granadina un año después, de la mano de Narváez23, o el hecho de poner a prueba la popularidad y la adhesión a la reina durante varias jornadas en la ciudad de Sevilla, «bastión y patria chica» de la «Corte de los duques de Montpensier» en el hispalense Palacio de 18 SAN NARCISO, LXXVII/255 (2017a): 187-188. 19 Estos objetivos políticos y sociales contrastan con una visión historiográfica tradicional que sobredimensionaba de manera descriptiva estos objetivos en el ocio y en los aspectos más recreativos. Desde Madrid, en las jornadas previas a la visita a tierras andaluzas de 1862, se presentaba el viaje como algo lúdico con el «objeto que el Príncipe de Asturias y la Infanta Isabel tomen baños de Mar en la provincia de Cádiz», El Porvenir, Sevilla, 16-8-1862, HMS. 20 Los territorios andaluces y especialmente sus capitales de provincia tuvieron un papel visible en diversos episodios insurreccionales y revolucionarios liberales (1836, 1840, 1843, 1854 o 1868) o en el desarrollo de incipientes movimientos sociales como el caso de Loja en 1861. MOLINER PRADA, 1997. THOMSON, 2014. Una síntesis de la época isabelina en clave andaluza en CARO CANCELA, 85 (2010): 49-72. 21 Sobre el desarrollo del movimiento demo-republicano véase ARIAS, 2010. A escala general TOWNSON, 1994. 22 CARO CANCELA, 85 (2010): 64-72. THOMSON, 2014: 121-269. 23 THOMSON, 2014: 273-293. Uno de los aspectos simbólicos que se potenció en la visita de la comitiva real a la localidad de Loja fue la generosidad y la magnanimidad de la reina, ya que concedió un amplio indulto a los presos por los sucesos de 1861. Estos indultados, con el líder revolucionario Pérez del Álamo a la cabeza, rodearon y escoltaron el carruaje real «portando banderas y agitando hojas de palma y ramas de olivo» hasta su llegada a Loja. El Porvenir, 26-10-1862 y La Discusión, Madrid, 24-10-1862, ambos en HMS, Revista Hispania 262.indb 336 30/7/19 15:04 MONARQUÍA Y NACIÓN A TRAVÉS DE LA VISITA DE ISABEL II A ANDALUCÍA… 337 Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 San Telmo, rivales por el liderazgo dinástico de una monarquía española cada vez más discutida conforme avanzan los años sesenta24. Dicho esto, los planteamientos concretos de este artículo se dirigen a aportar elementos de debate y análisis sobre la relación entre monarquía y nación, desde un enfoque metodológico sociopolítico y cultural, poniendo el acento en la relación entre la Corona y los actuales territorios de la comunidad andaluza por medio de los viajes reales, con especial incidencia en la visita de la reina y su séquito cortesano en 1862. Como ya se ha apuntado, el viaje real supera el mero carácter anecdótico y lúdico; los límites entre la nueva historia política y la historia cultural se difuminan a la hora de calibrar la importancia de los símbolos y el contenido simbólico de acontecimientos y rituales como los monárquicos25, convirtiendo a estas manifestaciones en elementos de análisis dentro de la realidad política26 y posibilitando el usufructo epistemológico de conceptos interdisciplinares como el de cultura política27. Para ello, abordaré y pondré a prueba a través de este estudio de caso cuestiones como la monarquía y el nacionalismo; el potencial papel de la Corona como elemento cohesionador de la nación española a estas alturas e incluso de proyección internacional28; la simbología, ritualidad y los mitos desplegados durante la visitas oficiales como medios de consolidación de unos espacios de representación y unos símbolos de identidad en clave nacionalista29; conceptos como la monarquía escénica, 24 El matrimonio de María Luisa Fernanda de Borbón —hermana de la reina— y Antonio de Orleans, duques de Montpensier, convirtió su residencia de San Telmo en una corte paralela a la de Madrid, donde se alimentaron las opciones y ambiciones políticas tendentes a un cambio de rumbo en la monarquía española, además de convertirse en un escenario de encuentro y debate de la oposición al régimen isabelino, hasta la expulsión del país de los duques en julio de 1868. FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, 2005: 271; 2014. 25 Una síntesis teórica relacionando historia cultural y manifestaciones monárquicas en SAN NARCISO, 21 (2014): 191-2017. 26 Desde este enfoque se han producido aportaciones ya señaladas por CARASA, 2007. BARRAL, 2012. FÉRNANDEZ ALBÉNDIZ, 2005; 2007. 27 Este concepto de poliédricas aristas fue sintetizado por Burke como el conjunto de actitudes y valores que subyacen en todos los actos políticos. BURKE, 2012: 3. El estudio de las culturas políticas se ha desarrollado visiblemente en la historiografía española reciente: PÉREZ LEDESMA y SIERRA, 2010. ROMEO MATEO y SIERRA, 2014. 28 Como caso ejemplificador en el ciclo viajero de Isabel II se detectan en la publicística y en otros elementos, como la arquitectura efímera, abundantes alusiones a la reciente intervención exterior exitosa en la I Guerra de África. En la fachada de la restaurada sede del Tribunal de Comercio de Sevilla se reconocía a la reina «Victoriosa en África y restauradora de las Colonias españolas en ambos mundos». VELÁZQUEZ SÁNCHEZ, 1863: 21. 29 Las primeras estrategias destinadas a articular una identidad para el naciente estadonación español se implementan en el siglo XIX. Recorrido analítico presentado en ÁLVAREZ JUNCO, 2001. Revista Hispania 262.indb 337 30/7/19 15:04 338 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 ceremonial, teatral (Performing Monarchy)30, Welfare Monarchy o la monarquía banal31. En momentos relevantes, introduciré puntos de comparación respecto a las visitas oficiales de Alfonso XII y, especialmente, Alfonso XIII32. En este sentido, parto de la base de que en principio se producen ciertos paralelismos, por el peso específico que se les otorgó, por su duración y por la propia significación que adquieren en cada momento como representación para la monarquía y la línea dinástica, entre las visitas reales a Andalucía de 1862 (Isabel II), 1877 (Alfonso XII) y 1904 (Alfonso XIII). Las fuentes utilizadas se centran en el Archivo General de Palacio; su documentación administrativa es verdaderamente exhaustiva y refleja, como apunta Bernardo Riego, una sistemática operación de acercamiento del trono a la sociedad española a través de estas giras en la que se involucraron palacio real y corte, el gobierno central, las administraciones locales y provinciales, las elites locales, la prensa o las autoridades eclesiásticas33. Por otra parte, la documentación generada por la comunicación entre palacio y el gobierno se encuentra en la sección de Presidencia del Archivo General de la Administración. Para complementar el aparato heurístico se ha utilizado prensa andaluza y las crónicas de estos viajes, de lectura un tanto tediosa y repetitiva, que presentan una literatura rica para analizar los mecanismos de representación y el acceso a la opinión pública de la monarquía isabelina. El CiClo viAjERo dE iSABEl ii. SiMBologíA, CEREMoniAl y fiEStA En lA REpRESEntACión dE lA MonARquíA La presencia de la monarquía española en territorios andaluces a través del viaje regio oficial y de otras tipologías —desplazamientos privados y de ocio— se manifiesta con una cierta regularidad durante el siglo XIX. Isabel II realizó el importante viaje a Andalucía y Murcia del año 1862. Este desplazamiento duró 30 En este tipo de planteamientos y de conceptos resulta esencial al análisis de Moreno Luzón de la trayectoria de Alfonso XIII como monarca escénico. MORENO LUZÓN, 2013. 31 BILLING, 2014. Otros estudios de ámbito internacional pioneros en el abordaje cultural de la monarquía escénica y ceremonial como representación de poder en el siglo XIX en CANNADINE, 1983; 1987. BRICE, 2010. OLECHNOWICZ, 2007. ROSANVALLON, 1994. TRUESDELL, 1997. 32 Contamos con una interesante y reciente propuesta de análisis basada en el enfoque cultural de las visitas de Alfonso XIII a la totalidad de la geografía española. BARRAL, 2016. En esa misma monografía colectiva y para el caso andaluz, NÚÑEZ GARCÍA, 2016: 221-243. 33 RIEGO, 139 (1999): 6. Respecto al ciclo viajero de Isabel II entre 1858 y 1866, véase AGP, Reinados, Isabel II, cajas 267-270. En referencia a ciertos aspectos organizativos del viaje a Murcia y Andalucía de 1862, AGP, Reinados, Isabel II, caja 240, exp. 10 y caja 241, exp. 5. Revista Hispania 262.indb 338 30/7/19 15:04 MONARQUÍA Y NACIÓN A TRAVÉS DE LA VISITA DE ISABEL II A ANDALUCÍA… 339 Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 46 días entre los meses de septiembre y octubre34 —desde el 12 de septiembre hasta el 28 de octubre — en los que visitó 7 de las 8 provincias andaluzas35. Habían transcurrido 39 años tras la última presencia en Andalucía de un monarca español en el viaje forzoso al sur peninsular de Fernando VII en 182336. Además, Isabel tuvo un breve período de «exilio» sevillano en 1876. Alfonso XII por su parte visitó de manera oficial Andalucía en marzo de 1877, hubo otros desplazamientos como a Huelva en 1882 y a Granada y Málaga en 188437. Sin lugar a dudas, el más pródigo fue Alfonso XIII; Andalucía fue una de las regiones del país que contaría más regularmente con su presencia tanto debido a los viajes regios de carácter oficial, como a sus visitas privadas38. En mayo de 1904 llegó a tierras andaluzas para visitar, entre otras: Cádiz, San Fernando, Jerez, Sevilla, Huelva, Córdoba, Jaén, Málaga, Almería, Granada…A partir de ahí se produjeron innumerables visitas del rey a todas las provincias andaluzas con diversa regularidad y distintos objetivos39. En conjunto y a partir de los datos aportados por Fernández Albéndiz para la ciudad de Sevilla, en total se produjeron 13 estancias de miembros de la familia real entre 1810 y 1879: cuatro monarcas, dos reyes consortes y dos princesas de Asturias40. 34 Estos viajes se caracterizan por su duración y por la organización en la agenda de los mismos de jornadas extenuantes repletas de eventos. Como precedentes, el viaje a Asturias y Galicia de 1858 que se desarrolló entre el 21 de julio y el 21 de septiembre o el viaje a Baleares, Cataluña y Aragón de 1860 que tuvo una duración de dos meses. Burdiel apunta que para el séquito real estos largos desplazamientos eran una fuente de incomodidades, cansancio, mal humor general e inquietud. Especialmente para los componentes del ejecutivo que debían ocuparse de la administración central a distancia. BURDIEL, 2010: 590-593. RIEGO, 139 (1999): 6. SAN NARCISO, LXXVII/255 (2017a): 203-211. Estas estancias tan prolongadas serán cada vez más esporádicas en la época de Alfonso XII y Alfonso XIII, aunque los desplazamientos oficiales con carácter prolongado siguiesen produciéndose. En el caso del nieto de Isabel II, su viaje de 1904, que le llevó a recorrer la geografía andaluza, además de Baleares, Ceuta y Melilla, tuvo una duración de 40 días. NÚÑEZ GARCÍA, 2016: 226. 35 Huelva fue la excluida, aunque las autoridades y las elites locales onubenses fueron recibidas en Sevilla. FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, 2005: 279. Por otra parte, la estancia en Almería duró escasamente unas horas. La comitiva real desembarcó —del buque Isabel II— en la ciudad el día 20 de octubre, en una breve escala del viaje de Málaga a Cartagena. Ni siquiera pernoctó en Almería. En todo caso, la comitiva real cumplió con el habitual protocolo —aunque en una versión reducida— de actos religiosos, recepción de las autoridades locales y provinciales, recepción de peticiones colectivas para el desarrollo de Almería, contacto con las clases populares y la habitual asignación por parte de la reina de una importante cantidad económica para limosnas, que ascendió a 252.000 reales. COS-GAYÓN, 1863: 316. 36 Sobre este episodio FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, 2000: 255-264; 2005: 89-161. 37 UTRERA GÓMEZ, 7/28 (1999): 181-184. 38 NÚÑEZ GARCÍA, 2016: 221-243. 39 FERNÁNDEZ ALMAGRO, 1977. UTRERA GÓMEZ, 7/28 (1999): 181-182. NÚÑEZ GARCÍA, 2016: 226. 40 FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, 2005: 462. Revista Hispania 262.indb 339 30/7/19 15:04 346 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 cuerpo que en el aspecto simbólico se erigió como custodio de la unidad de una patria vinculada a la monarquía, argumento muy bien cuidado por Alfonso XIII; a ello le añadimos que la Constitución de 1878 les atribuyó a los dos reyes el papel de jefes de las fuerzas armadas65. Por otra parte, las localidades receptoras de la comitiva real también contribuyen a la escenificación en clave nacionalista de los elementos del viaje; dicho simbolismo se vehiculaba a través de la omnipresencia de los colores nacionales, la bandera, el himno y el escudo real. Los adornos y la arquitectura efímera —arcos, templetes, obeliscos…— se despliegan también como elementos indispensables en la puesta en escena de la visita regia; de esto se era perfectamente consciente en las localidades receptoras donde se llevaron a cabo importantes inversiones a la hora de dar un aspecto de gala a cada localidad en cuestión —limpieza, arquitectura efímera, banderas, gallardetes, iluminación, fuegos de artificio, erección de algún tipo de placa o monumento…—, tratando de mostrar ciudades ideales, irreales en definitiva. El cronista oficial apuntaba en el caso de Córdoba: «Para los solemnes festejos de estos días se habían levantado por todas partes, en las calles, en las plazas, en los paseos, arcos y obeliscos; se habían blanqueado las casas; acabado de rotular las calles; compuesto los caminos; empedrado la mayor parte de la vía pública»66. Según Fernández Albéndiz, la trasformación de la ciudad de Sevilla supuso un ejercicio de teatralización del espacio, que emuló visitas anteriores del siglo XVIII y comienzos del XIX donde pervivieron aspectos barrocos67. lA SoCiABilidAd En El viAjE REgio. CoRtESAnoS, ElitES loCAlES y ClA- SES populARES Entre los vértices articuladores del discurso identitario en clave nacionalista se añade la relación entre lo nacional —a través del monarca, representante y personificación última de la nación68— y lo local —escenificado por medio de los marcadores culturales en sentido antropológico de los territorios visitados69—. Se trataría en este caso de la difusión de una identidad nacional sobre la 65 MORENO LUZÓN, LXXIII/244 (2013): 339-340. 66 COS-GAYÓN, 1863: 42. 67 FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, 2005: 291. Véase también en esta línea CAMACHO, 62 (1998): 39-51. 68 La idea del monarca como representante de la nación está sólidamente implantada en el discurso liberal progresista, en el moderado esta idea queda difuminada. ROMEO MATEO y SIERRA, 2014. SUÁREZ CORTINA, 2006. 69 MORENO, 2008. Revista Hispania 262.indb 346 30/7/19 15:04 MONARQUÍA Y NACIÓN A TRAVÉS DE LA VISITA DE ISABEL II A ANDALUCÍA… 347 Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 base de la afirmación local o regional70, la construcción de la matriz nacional matizada en la diversidad a través del agregado de las «pequeñas patrias»71. De esta forma la nación era pensada y percibida desde la variedad regional, especialmente desde un plano cultural, aunque también político72, para transmitir un discurso de la nación que parte de un agregado de territorios y tradiciones culturales. En esta línea durante el ritual de las visitas se produce una integración planificada de las lenguas y variedades dialectales locales —el bable en Asturias o el gallego73— y la interacción de símbolos regionales, locales y nacionales. Se implementa un esfuerzo por vincular la monarquía con la asimilación nacional de las tradiciones locales, para relacionar lo local y lo regional con la defensa de la causa nacional y monárquica. Los cronistas describen con detalle el contacto de la Reina y la corte con las diversas manifestaciones culturales locales. Desde palacio se puso énfasis en cuestiones como la aparición constante de los infantes vestidos con trajes regionales andaluces en los actos oficiales de 1862 —como ocurrió por ejemplo en Cataluña donde vistieron de payeses— o la integración de la reina y su séquito en todo tipo de eventos y manifestaciones relacionadas con los elementos conformadores de la cultura andaluza, desde un prisma un tanto festivo y folklórico, y dentro de las agendas de la visita oficial: ferias —destaca la coincidencia con la feria de Córdoba durante la estancia de Isabel II—, festejos taurinos, flamenco…74 Esto se manifestaba como una estrategia perfectamente complementaria con mecanismos culturales más clásicos en la transmisión de la idea nacional: banderas, arquitectura efímera, escudos, himnos… Otro de los elementos novedosos y propiamente contemporáneos es la puesta en marcha de una estrategia publicística muy potente, en la que aunaban objetivos y esfuerzos tanto las instituciones y elites locales como los responsables de la planificación de los viajes desde Madrid. Se implementó así una campaña de naturaleza propagandística y publicitaria destinada a potenciar la popularización y una imagen positiva de la monarquía, aparte de la promoción de la Corona como elemento cohesionador de la identidad nacional española a través de un tipo de lenguaje esencialista y patriótico. Entre los diversos elementos implementados destaca la amplia cobertura periodística de cabeceras nacionales y locales, tanto de diarios políticos 70 Véase NÚÑEZ SEIXAS, 64 (2006). Tesis defendida por SAN NARCISO, LXXVII/255 (2017a): 210-211. 71 Línea argumentada para el caso francés en THIESSE, 1997. 72 Esta contribución desde la monarquía enriquece el tradicional debate entre el centralismo y la crítica moderada a los localismos, frente a la defensa progresista de lo local y lo provincial. Véase MARTÍ y ROMEO, 2006: 51-72. 73 BARRAL, 2012. SAN NARCISO, LXXVII/255 (2017a): 185-215. 74 Por ejemplo, los festejos taurinos en Sevilla. FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, 2005: 339-340. Revista Hispania 262.indb 347 30/7/19 15:04 348 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 convencionales como de la emergente prensa ilustrada75, donde la narración de todos los episodios en la agenda de la visita real ocupa la mayor parte de las páginas de los diarios, sobredimensionando en el discurso periodístico una abrumadora reacción positiva de las clases populares ante la cercanía de Isabel II, incluyendo las abundantes muestras de gracejo castizo y generosidad de la reina con su pueblo. Por otra parte, se realizaron composiciones, himnos, poesías y canciones conmemorativas del paso o de la estancia de la reina en determinada localidad. Estas creaciones fueron impresas en cantidad, con diversos formatos y fueron distribuidas como hojas volantes entre la población o cubriendo las pareces de las diferentes localidades76. También se encontraron este tipo de composiciones en la arquitectura efímera, como la que podía leerse en el arco del triunfo por el que pasó la comitiva real a su llegada a Córdoba: Esta es, Isabel, la puerta que encontró Francia cerrada; mas hoy de gozo inundada la tiene Córdoba abierta a su Reina idolatrada77. Otro aspecto interesante fue el encargo de crónicas oficiales de estas visitas desde palacio, obras monumentales con amplio material gráfico dedicadas a glosar todos y cada uno de los aspectos del viaje real78, además de la redacción de manera complementaria de otras obras de esta naturaleza al margen de dichos encargos. Dentro del ciclo viajero de Isabel II aparece una nutrida nómina de cronistas: Antonio Alarcón, Juan de Dios de Rada, Antonio Flores, Eduardo Bustillo, Fernando Cos-Gayón y Severo Catalina79. El viaje a Andalucía fue uno de los que suscitó una mayor atención a la hora de producir este tipo de obras. Aparte de la crónica oficial de Cos-Gayón: José Velázquez y Sánchez redactó una crónica de la estancia de la reina y la corte en Sevilla por encargo de su ayuntamiento al igual que Luis Maraver para Córdoba, se escribieron además una obra de Reyes y Cobos sobre la estancia real en Granada, otra a cargo de Ramón Franquelo para Málaga por encargo de El Correo de Andalucía y dos genéricas del viaje a Andalucía en su conjunto escritas por Tubino y por Pongilioni e Hidalgo80. 75 En este sentido destaca en la época El Museo Universal, Madrid. RIEGO, 139 (1999): 4. 76 BURDIEL, 2010: 590-591. SAN NARCISO, LXXVII/255 (2017a): 205-206. RIEGO, 139 (1999): 6. 77 COS-GAYÓN, 1863: 46. 78 BURDIEL, 2010: 591. 79 RIEGO, 139 (1999): 2. 80 COS-GAYÓN, 1863. VELÁZQUEZ SÁNCHEZ, 1863. REYES y COBOS, 1862. FRANQUELO, 1862. TUBINO, 1863. MARAVER, 1862. PONGILIONI e HIDALGO, 1863. Revista Hispania 262.indb 348 30/7/19 15:04 MONARQUÍA Y NACIÓN A TRAVÉS DE LA VISITA DE ISABEL II A ANDALUCÍA… 349 Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 Estas crónicas (por encargo oficial o no) y los diferentes relatos coetáneos en torno a las visitas oficiales en el ciclo viajero de Isabel II presentan unas características similares en cuanto a su lenguaje, estructura y reiteración de una serie de lugares o materias comunes: aspecto religioso, militar —en menor medida—, civil, cultural, de sociabilidad, la «real munificencia» y, sobre todo, el inquebrantable apoyo popular al monarca y a la patria. Todo ello desde descripciones esencialistas, ideales, irreales, inexistentes en suma, donde todos los segmentos del relato debían encajar a la perfección. Esta literatura se desplegó como otro de los elementos de representación monárquica a través de una propaganda planificada, hecho innovador y plenamente contemporáneo81. Por último, otro de los ingredientes en esta amplia estrategia publicística y que posiblemente haya tenido una mayor trascendencia y popularidad en el ámbito cultural haya sido la obra fotográfica de Charles Clifford, a través del encargo de los álbumes fotográficos de varias visitas reales de la época. Además, el material producido por Clifford sirvió para ilustrar varias de las crónicas oficiales, entre ellas la de Cos-Gayón para Andalucía y Murcia de 186282. Sobre el papel de las masas populares en las visitas y el de la monarquía en su relación y contacto con el pueblo, Rubí señala que la Corona despertaba un fuerte halo de seducción, de fastuosidad y magnificencia, hecho que se potenciaba escenificando su presencia entre las masas. Como pueda suceder en la actualidad, la monarquía se veía obligada a rediseñar constantemente su papel en la sociedad a través de dinámicas complejas donde se producía esa necesaria interacción entre pueblo y monarquía, reforzando los signos exteriores de su poder83. Los diferentes relatos de las visitas dan muestra de un populismo y de un apoyo popular inquebrantable e incluso delirante, otorgando un papel central a sectores de la población como niños y mujeres84, durante los trayectos fue usual la llegada de «muchos miles de habitantes de los caseríos y pueblos circunvecinos, ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y viejos»85. En el otro extremo encontramos a una Isabel II cuya personalidad presentada como llana, generosa, benefactora del pueblo —a través de la concesión constante de limos- 81 Martykánová y Gilarranz aportan un nuevo elemento de análisis al poner el acento en las propias dinámicas del capitalismo publicístico en la prensa comercial, por ejemplo, las publicaciones ilustradas que cubrían los viajes eran las primeras interesadas en despertar un gran interés público sobre estos eventos por razones comerciales. Por tanto, había otros factores que entraban en juego aparte de los intereses propagandísticos de palacio. MARTYKÁNOVÁ y GILARRANZ, (en prensa). 82 RIEGO, 139 (1999): 2-15. 83 RUBÍ, 2013: 67. 84 Habitual en las crónicas: COS-GAYÓN, 1863. VELÁZQUEZ SÁNCHEZ, 1863. REYES y COBOS, 1862. FRANQUELO, 1862. TUBINO, 1863. MARAVER, 1862. PONGILIONI e HIDALGO, 1863. 85 El Porvenir, 26-10-1862, HMS. Revista Hispania 262.indb 349 30/7/19 15:04 350 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 nas86— y cercana a las clases populares la convierte en un actor histórico eficaz para implementar estos mecanismos de relación, proximidad y acercamiento al pueblo. Este fue uno de los aspectos más sobredimensionados en la publicística de los viajes a través de todo tipo de anécdotas que reforzaban el énfasis en lo castiza y llana que era; aparte de los propios deseos de la reina de disfrutar de los «baños de masas» que tanto le racaneaba el pueblo de Madrid87. Esta cercanía potenciaba una dimensión emocional en la visita real por medio de unos mecanismos de legitimación en los que primaba una identificación horizontal puntual entre las clases populares y la monarquía, Isabel II generaba una imagen de la institución monárquica en la que primaba el componente de identificación cotidiana y de humanización, con los consecuentes beneficios para la narración de nación que se está poniendo en escena. En esta línea, Alfonso XII y Alfonso XIII desarrollarían este perfil en etapas posteriores, en las que la adaptación de la Corona a la sociedad de masas fue una estrategia prioritaria. En el caso de Alfonso XIII se presenta en sus primeras visitas como una persona cercana, dispuesta a mezclarse entre la multitud88. Por otra parte, el protagonismo de las elites locales en las visitas crea un nuevo clima de relaciones constructivas entre los objetivos de las elites de los territorios y de las elites vinculadas a los poderes centralizadores del Estado89 y de la corte, donde el interés por participar activamente en los diferentes elementos de la escenificación simbólica de la monarquía contribuye a consolidar el ya citado discurso nacionalista. En este sentido la interacción entre la monarquía, la corte y las elites locales a la hora de la escenificación ceremonial y simbólica del viaje regio, donde los miembros destacados de la corte, desplazados en gran número junto a la reina como un aspecto de pervivencia de la tradición de la corte itinerante90, y las elites locales aparecen como intermediarios privilegiados entre el poder monárquico y el pueblo, lo que fortalecía una sólida preeminencia territorial de estas personalidades. Las numerosas reuniones 86 En el trayecto entre Madrid y Alicante de 1858, la reina repartió 393.000 reales en limosnas para los pobres de Toledo, Ciudad Real y Albacete. RIEGO, 139 (1999): 6. 87 BURDIEL, 2010: 590. 88 Aspectos desarrollados al detalle a través de estudios de casos en BARRAL, 2016. 89 En el viaje acompañaron a la reina el presidente O´Donnell y los ministros de Marina, Estado y Fomento. El Porvenir, 26-8-1862, HMS. 90 En concreto, en el viaje a Andalucía de 1862 Isabel II desplazó a una parte importante de su servidumbre en palacio (secretarios, porteros, ujieres, personal de cocina, mozos, oficiales, escolta militar…) y a sus cargos más destacados (mayordomo mayor, administrador general, sumiller, confesor, secretario particular, comandante general de alabarderos, médico personal...), AGP, Reinados, Isabel II, caja 240, exp. 10. El Porvenir, 26-8-1862, HMS. COSGAYÓN, 1863: 8-17. VELÁZQUEZ SÁNCHEZ, 1863: 47-48. TUBINO, 1863: 18 y 478-482. Dentro del ciclo viajero de la monarquía isabelina esta circunstancia fue una constante. En el viaje a Galicia y Asturias se movilizaron 245 personas. BURDIEL, 2010: 590. SAN NARCISO, LXXVII/255 (2017a): 204. Revista Hispania 262.indb 350 30/7/19 15:04 MONARQUÍA Y NACIÓN A TRAVÉS DE LA VISITA DE ISABEL II A ANDALUCÍA… 351 Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 privadas, comidas, besamanos y fiestas propiciaban un óptimo clima de sociabilidad entre estas elites. Dentro de la escenificación del viaje, a las elites locales, tanto de procedencia nobiliaria como desde la nueva burguesía de negocios, se les reservaban en los actos más protocolarios lugares protagónicos y de cercanía a la monarquía. Otros aspectos vinculados al protagonismo de estos grupos de poder fue la colaboración económica de los mayores contribuyentes de las localidades a la hora de la limpieza y decoración de los espacios públicos del recorrido del séquito real91, la cesión de residencias particulares para el alojamiento de los acompañantes de la familia real o las aportaciones complementarias a la labor benefactora de la reina con los más desfavorecidos, todo ello debidamente publicitado para prestigiar a estas elites locales. En el caso de la localidad granadina de Loja, el general Narváez hizo de cicerone en la visita de la Reina, la acompañó en todo momento, se alojó en la residencia de su hermano e hizo de anfitrión en su casa de campo cuando la comitiva viajaba hacia Antequera92, escenificando el papel central del patrón incontestado de la localidad93. En la llegada de la comitiva a la localidad granadina detrás del carruaje real marchaban Narváez, «de gran uniforme y espada en mano (…), cuatro escoltas de caballería, el alcalde corregidor, los altos empleados de palacio y de las administraciones local y provincial, con un gran número de notables atrás que habían salido a caballo para esperar la llegada de los augustos viajeros»94. Como complemento, en las intensas agendas de cada jornada del viaje también se encontraba hueco para visitar instituciones vinculadas a ámbitos de sociabilidad y asociacionismo de carácter burgués como asociaciones económicas de amigos del país, casinos, centros cívicos, círculos mercantiles… ConSidERACionES finAlES En primer lugar, planteo una serie de cuestiones relevantes: ¿Se produce un avance cualitativo respecto al vetusto y tradicional viaje real en el ciclo viajero de Isabel II? ¿Continúa operando una mezcolanza entre la tradición más arcaica en la fiesta monárquica del viaje regio y la modernidad de una monarquía constitucional? ¿Isabel II se manifiesta en estos eventos como una «monarca escénica» a través del desarrollo de una dimensión pública vinculando tradición y modernidad? ¿El ciclo viajero de la monarquía isabelina se despliega como precursor de los de Alfonso XII y Alfonso XIII aportando elementos 91 En el caso de Sevilla junto al ayuntamiento. FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, 2005: 291. 92 El Porvenir, 26-10-1862, HMS. 93 THOMSON, 2014: 273-293. 94 REYES y COBOS, 1862: 157. Revista Hispania 262.indb 351 30/7/19 15:04 352 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 propiamente contemporáneos? ¿Estos viajes sobrepasan en sus objetivos la popularización de la monarquía y la recuperación de la imagen de Isabel II para mostrar aspiraciones más ambiciosas, encaminadas a la representación de la institución monárquica y su persona como encarnación de la nación? ¿Cómo se percibía en las zonas visitadas este ejercicio de representación monárquica, el ritual, la simbología y la propaganda destinada a presentar la magnificencia de la monarquía? ¿Cómo se manifiestan las relaciones entre las elites procedentes de la corte y las elites e instituciones locales? ¿Qué resultados y qué nivel de eficacia tuvo esta estrategia a la hora de que Isabel II ganase adhesiones políticas, más allá del coyuntural apoyo popular, y en la vinculación de la Corona y su persona a la nación española? El ciclo viajero de Isabel II presentó un sugerente maridaje entre tradición y modernidad, por una parte, perviven elementos tradicionales en la manifestación monárquica de la fiesta barroca procedente del Antiguo Régimen a través de la idea de impresionar, ostentar, mostrar al pueblo la magnificencia de la Corona —no existe fiesta monárquica sin la presencia del pueblo—, la transgresión de las normas cotidianas y, en definitiva, la escenificación pública de la monarquía y la fiesta. Para ello los desfiles, la arquitectura efímera, la recreación de ciudades ideales y quiméricas, los aspectos más lúdicos y los actos destinados a impresionar al pueblo estaban ya presentes en la tradición de las monarquías del Antiguo Régimen. El sur peninsular fue un territorio que ya experimentó la representación de la monarquía desde los Reyes Católicos durante la Reconquista, pasando por Carlos V y Felipe II en sus visitas a Sevilla y Granada, Felipe IV en 1624, Felipe V desde 1729 a 173395, hasta llegar ya en la contemporaneidad a José I en 1810, Fernando VII de manera forzada en 1823 y, finalmente, una Isabel II en cuyo viaje a Andalucía se manifestó a medio camino entre estas tradiciones y las pautas de modernidad que desarrollarán sus sucesores, aunque todo ello dentro del marco novedoso de las necesidades y estrategias de una monarquía constitucional. Por otra parte, se produce un avance cualitativo en las ceremonias monárquicas durante el reinado isabelino, incluida el viaje real. En un período en el que la monarquía y la corte coinciden con la creación del moderno concepto de representación política y de una esfera pública propia de la sociedad liberal, la estrategia destinada al usufructo de la representación monárquica bajo unos intereses políticos, más allá de mostrar la magnificencia de la Corona, supone un primer ensayo en busca de la popularidad de la reina —en entredicho en aquellas fechas— y en la implementación de un discurso en clave nacionalista, que tanto Alfonso XII como Alfonso XIII desarrollarán y perfeccionarán durante sus reinados y en particular durante sus viajes oficiales96. 95 Estudio preliminar, en FRANQUELO, 1862: III-VIII. 96 BARRAL, 2016. Revista Hispania 262.indb 352 30/7/19 15:04 MONARQUÍA Y NACIÓN A TRAVÉS DE LA VISITA DE ISABEL II A ANDALUCÍA… 353 Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 Se trataba de presentar al monarca como representante de la nación, personificación ante el pueblo de una idea tan abstracta como el Estado o la nación, creando una relación mucho más personal y cercana con la gente. A su vez, por medio de la monarquía se mostraba el relato de una nación esencialmente católica y monárquica, identidades innegables y diferenciadoras de España, en la que la cultura local era asumida y naturalizada. A estos elementos propios de la tradición —Corona y religión— se añaden otros nuevos como la presentación de la monarquía, al estilo europeo, como ente nacional y benefactor del pueblo. Calificar a Isabel II como «monarca escénica» en relación con el monarquismo banal a través de su ciclo viajero es discutible a la hora de analizar los logros y las limitaciones en estos desplazamientos, a pesar de la positiva actitud de la reina para presentarse cercana ante su pueblo. El contacto con las clases populares y el «baño de masas», algo indispensable en el ceremonial monárquico, fue un éxito innegable. En este sentido Burdiel apunta el testimonio que el embajador inglés Buchanan enviaba desde Málaga: «No era exagerado decir que, quizás con la excepción de nuestra Amada Reina, nunca he sido testigo de una mayor exhibición de afecto del Pueblo por su Soberana»97. La presencia de la reina y de su comitiva conmocionó la vida de las poblaciones visitadas al movilizarse una enorme cantidad de recursos materiales y simbólicos, pero no todo fueron parabienes, estas visitas dejaban muchas sombras, y especialmente llamativa fue la cuestión económica. Los gastos fueron astronómicos tanto para ayuntamientos y diputaciones de las localidades receptoras como para la casa real. Se sucedieron gastos imprevistos fruto de una planificación deficiente, quedaron pendientes abultadas facturas que no llegaban a cobrarse en un plazo razonable como en el caso de Valladolid o el hecho de que para el viaje a Andalucía fuese necesario contratar un empréstito de diez millones de reales98. A ello se le añadían las limosnas y las «mesillas», las gratificaciones al personal al servicio de palacio durante el viaje, que en el caso del desplazamiento de 1862 ascendieron a 24.877, 29 reales99. Además, hay que reconocer una debilidad de este artículo; el que no presta atención a las visiones discordantes de estos viajes en la prensa o en los discursos de la oposición política, grupos críticos con la monarquía en general o con la de Isabel II en particular. Para Billing, el concepto de nacionalismo/monarquismo banal comporta una doble dimensión: una acción política deliberada por parte del Estado con éxito y, a partir de ahí, una acción colectiva impulsada más allá de los poderes 97 BURDIEL, 2010: 687-688. 98 CARASA, 2007. RIEGO, 139 (1999): 2-15. Burdiel narra, a la hora de argumentar las limitaciones del éxito de estos viajes en el plano económico, las dificultades que Clifford y posteriormente su viuda tuvieron en su intento de reclamar a palacio las cantidades prometidas por los álbumes fotográficos y las partidas de gastos técnicos. BURDIEL, 2010: 590-592. 99 AGP, Reinados, Isabel II, caja 241, exp. 5. Revista Hispania 262.indb 353 30/7/19 15:04 354 VÍCTOR-MANUEL NÚÑEZ-GARCÍA Hispania, 2019, vol. LXXIX, nº 262, mayo-agosto, págs. 331-357, ISSN: 0018-2141, e-ISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2019.009 públicos100. Aparte del éxito coyuntural o en el corto plazo, la excesiva implicación de Isabel II en la vida política y su identificación con un perfil liberal conservador impidió que la figura del monarca y de su persona pudiese convertirse en un símbolo nacional indiscutido. En Andalucía concretamente la cosecha de adhesiones a su persona no resultó sólida, el movimiento demo-republicano continuó desarrollándose y el protagonismo del sur peninsular en el éxito de la revolución de 1868 fue visible, tan sólo 6 años después de la visita oficial de Isabel II. BiBliogRAfíA Álvarez Junco, José, Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX, Madrid, Taurus, 2001. Arias, Eloy, La revolución de 1868 en Sevilla, Sevilla, Ayuntamiento, 2010. Barral, Margarita, A visita de Isabel II a Galicia en 1858. Monarquía e provincialismo ao servizo de nacionalización, Santiago de Compostela, Sotelo Blanco Edicions, 2012. Barral, Margarita (ed.), Alfonso XIII visita España. 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