Oracion que en la solemne acción de gracias consagraron a N. Dios Sacrametado sic i a la Santisima Virgen Maria ... los diez gremios unidos de Seuilla, por los imponderables beneficios del Nacimiento Feliz de los dos Infantes Carlos i Felipe, ... dia 1
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ORACION, QUE EN LA SOLEMNE ACCION DE GRACIAS CONSAGRARON A N. DIOS S ACRAMET ADO I A LA SANTISIMA VIRGEN MARIA EN EL MISTERIO PE SU CONCEPCION INMACULADA LOS DIEZ GREMIOS UNIDOS DE SEVILLA , POR LOS IMPONDERABLES BENEFICIOS del Nacimiento feliz de los dos Infantes CARLOS i FELIPE , i Conclusión de Paz, EN LA REAL, E INSIGNE IGLESIA Colegial de Nro. Sr. el Salvador dia 18 de Enero de 1784. PRONUNCIÓ: EL Dr. V. 30SEPH ALVAREZ SANTULLANO Presbíteroj del Gremio i Claustro de la Real Univers jdad de Sevilla , Consiliario de ella , i Catedrático de Ver echo Civil , Opositor a Canongias de Iglesias Cate¬ drales , Beneficiado Propio de la Iglesia Parroquial de la Puebla , i Capellán por Oposición de la Capilla de San Pedro de la Sta. Metropolitana i Patriarcal Iglesia. Con licencia : en la Imprenta de D. Nicolás Vázquez y Compañía.
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Pag. % ECCE SIC BENEBICETUR HOMO, qai tlinct Dominum. Bencdicat tibí DomU ñus ex Siotiy &*. videas bcna dcvusalem ómnibus diebus vitae tuae : Et v ideas Jilios fdlorum tuorum , pacem super Israel, VED AQUI COMO SERA BENDECIDO el hombre que teme a Dios. Bendígate el Señor de Sion, para que gozesde lo$ bienes de Jerusalen todos los di as de tu vida;.i veas a¡ los hijos de tus hijos, reinando siempre la paz sobre Israel, Psalm. 127. > j r¿;: , • ¿ r. r-i ... SEÑOR. T A L es el genio benéfico de Dios. Co¬ mo si el cumplimiento de su Lei San¬ ta no fuese un tributo , que deben los Reies a # su soberanía por un titulo de dependenr cia ? 1 vasallage, les señala su beneficencia premios correspondientes a su fidelidad, y amor. A vista délas reiteradas promesas, i solemnes juramentos, que ha hecho el Altísimo a aquellos sus ungidos, que lia cons-
constituido Dioses sobre la tierra, dudaríase por ventura, si las obras buenas de estos sonde supererogación, o de una obli¬ gación forzosa. Empero no pueden dudar¬ lo aquellos que están instruidos en los be¬ llos principios de nuestra Religión adora¬ ble. Nada hay mas cierto , que el derecho incontestable, que Dios tiene á el obsequio, sumisión, y obediencia de todas sus criatu¬ ras. La alta situación, a que ha elevado su Providencia, algunas de ellas selladas, para explicarme asi, con el sello grande de sus augustos Decretos, solo las exime de res¬ ponder a los hombres cuyas cabezas pisan; mas toda esta esencion autorizada por los mismos principios de su constitución sagra¬ da, obra en estas Magestades, que respeta¬ mos sobre el Solio una responsabilidad dé primer orden, i tan sublime i singular co¬ mo el honor grande de que les ha revesti¬ do. ¡¡ Terrible Magestad la vuestra, ó ReiesI Me. abismo, i me confundoá vuestra vis^ ta. ¿Quien sera tan bárbaro i brutal, que dexe de acataros, quando por un principio de Religión i aun por los sentimientos mas intimos de la naturaleza nos abismamos i con-
confundimos todos en vuestra presencia? Mas ¡ quanto mas terrible la vuestra, o Dios de inmensa Magestad , a cuios pies sobera : nos sirven de alfombra los Tronos de los Reies! j Ilei de todos ellos, Señor de todos los, que dominan, (i ) en cuia presencia augus? ta, i triunfadora, i eterna, i Divina tiem¬ blan las potestades del Cielo i de la tier? ra, palpitan los Reies comprimidos sus co¬ razones con el peso de vuestra autoridad vi? bradora de raiosí [ Tanto es vuestro poder i Magestad inmortal I No obstante, Señores, este Dios terribte , que troncha a su arbitrio los espíritus maso elevados dedos. Principes { 2 ) quat si fueseñ'iendebles i cascadas canas; este Dios terrible para con los. Reies de la tierra , les ha asegurado repetidas veces bajo la fe de su palabra, i aun para acomodarse mas a nuestro estilo, bajo, la verdad del juramem t0 ( 3) premios temporales de la mas alta guisa. ¡Tal es el genio benéfico de Dios! por este orden conociendo mas bien que no¬ sotros el fondo, ; grandeza, é importancia de ( i) Apocalip. t n-, v* 16. (a) Psalnv 75.. v. ia. ( 3 ) F¿alm. 131. v . 11 .
6 de los dos beneficios imponderables que atan los intereses generales de la Nación con los' particulares del Monarca (si cabe distinción en ellos por un instante, i no se me cen¬ sura esta hipótesis como imposible) prome¬ te Dios uno, i otro a los Reies justos, en recompensa de sus virtudes i merecimien¬ tos. Asi lo hizo con David ; (i ) con ese Rei exemplar admirable de los Reres grandes, que supo hermanar sabiamente Id Religión con la Política, los intereses del Cielo tón los de la Tierra; Rei.... permitidme que forme en bosquejo el retrato hermoso de David, acaso servirá para descubrir algún tanto las bellezas del Monarca de España; ¡o gran Carlos! Carlos III. nuestro mui bueno i mui amado Rei, mi débil voz no puede penetrar hasta el Solio elevado* de tu grandeza , en que aprisionas nuestros co¬ razones leales; por eso hablaré libremente la verdad, como podría hacerlo si tu me oieses. No la diría a mi pesar entonces sor¬ prendido del temor de mortificar tu modes¬ tia. ( i ) Psalin. 131. v- *«• J ultimo.
tía. Vos sábeis , ó Dios de la Verdad, i de la justicia que le hago a Carlos III. nuestro Señor, quando le pinto en David, Rei a quien llamó el mismo Dios Siervo suj/o y un¬ gido con el balsamo santo de su Espíritu , cor¬ tado a sus deseos , j/ a la medida de su cora¬ zón. (i) Rei el mas piadoso entre todos los Reies del Pueblo del Señor : valiente hasta el extremo, pundonoroso i afortunado al frente de sus Exércitos; moderado en las Vitorias i el mas humano, i fácil a los cla¬ mores, de sus enemigos vencidos para con¬ cederles el perdón, i los dulces instantes de la paz. Zeládor vigilante de las regalías de su Trono i mucho mas de las de su Dios. Prote&or declarado de la Religión; de la pureza i extensión de su Fe;, del aséo,de¬ cencia, i verdad del Divino Culto; de la observancia , santidad i disciplina de sus Ministros. Enemigo irreconciliable de los enemigos del Nombre de Dios, pero suge- to siempre a los principios sólidos de la hu¬ manidad , i de un zelo discretoformado se¬ gún el buen modelo del amor social, i de una ‘ (i)Psdm. 8$. v. ao .
8 una caridad bien encendida. Padre de sus Vasallos mas bien que Señor; amado i aun adorado. de ellos al tiempo que temido;- dueño absoluto de sus corazones como de sus vidas i haciendas. Promotor el mas ac¬ tivo i ardiente, Agente el mas solicito i cui¬ dadoso de las glorias, cultos, i omenages del Arca Santa de la Alianza de este Monu¬ mento Sagrado, a cuia presencia i media¬ ción derramaba el Cielo sobre él i su Pue¬ blo lluvias abundantes de bendiciones a los fuertes i continuos golpes de cien mil pro¬ digios. Rei grande, Sabio, Patriota, Benig¬ nísimo, de la mas bella índole, i de las masnobles, i virtuosas intenciones ; modelo perfeétisimo de los Reics buenos, que supo sin estrépito hacerse el Legislador , el Pacifica¬ dor, i el Arbitro del Mundo. Rei el masamado i honrado de Dios, el mas amado i honrado del Género humano; el maio¿ Amigo de Dios, el maior amigo de los hom-> bres. No me interrumpáis preguntándome i si es éste David Rei de Iárael, o Carlos III.; Rei de las Espanas? Ambos Reies se han baciado en un mismo molde. La Providen-
Of cía Divina los estampó en la sucesión de los tiempos por una misma lámina. Son dos las estampas, la Imagen una sola, di¬ bujada en la copia con la misma verdad que en el original. En ambas se admiran, igualmente aquel claro i obscuro inimitable de sus heroicas prendas en la paz i en la guerra; aquel fresco divino colorido de sus gracias personales , talentos, ilustración i virtudes, que solo ha sabido formar el Artífice Supremo. Asi, o a David Rei grande, o a Carlos III Rei tan grande co¬ mo aquel, a ambos Reies se deben aplicar con propiedad las promesas que hizo Dios tantas veces en sus Escrituras de los des be¬ neficios incomparables de la Real Sucesión i de la Paz : beneficios debidos a las virtu¬ des Reales, i si cumplidos a la letra en Da¬ vid como premio de ellas, con mas exten¬ sión aun, con mas felicidad, abundancia i gloria en nuestro invicto Carlos , a quien acaba el Cielo de premiar de un modo ex¬ traordinario , i que no tendrá acaso exemplar en las Familias Reales por mas que se canse la curiosidad, o un prolijo estudio en revolver los Sidos. I si aquel Héroe de Judá B pro-
i6 sámente en vuestras Escrituras. (i ) El ho¬ nor, i la gloria del Rei ceden a la vuestra; i en tanto nos regocijamos de aquella, en quanto aumenta la vuestra lexos de defrau¬ darla. Asi pues io confio en la asistencia de vuestro Divino Espíritu por la inter¬ cesión de aquella criatura feliz que le participó mas de lleno. AVE MARIA. ( i ) Son tintos los lugares de la Escriptura , en que se manda honrar a los Rei es , que seria mui molesta la apuntación de ellos* Ve.se la Epistola de S. Pablo a los Romanos cap. 13 i U *• S. Pedro cap. a. v. 18. i
PRIMERA PARTE. L AS ideas de Dios sobre la España ei* los dos beneficios incomparables qu§ acaba de recibir de sus generosas i bienhe¬ choras manos, pertenecen, Señores mios, a aquel orden de cosas invisibles, i eternas ¿ que reservo en si la Omnipotencia ocultán¬ dolas para siempre con el velo de la impo 7 sibilad a nuestra investigación i conocir miento. No obstante el Apóstol asegura* que pueden sujetarse a el de algún modo i manifestarse a nuestros sentidos , si las mi¬ ramos por los efectos sensibles i materiales como por un espejo de la Divinidad. (i) Conozcamos, pues, las ideas del Altí¬ simo sobre nuestro Reino; ideas de gran* deza i de bondad, por la que enbuelven en si los mismos bienes inestimables de la Real Sucesión i de la Paz. Pero antes de entrar en este occe r ano de las ideas benéfi¬ cas de Dios, i de engolfarnos en los in* mensos bienes con que nos ha enriqueci r C do ( i ) San Pablo Invisibilia Dei per ea , quae fa¿U suru Ir.tellecta conspiciuntur, Epist. ad Román, cap. i.
;í$ do en nuestros últimos dias, recordemos, Españoles, los antiguos, i sirva nuestra memoria de cántico de confesión i alaban¬ za por las misericordias constantes del to¬ do Poderoso. ?Quien lo creería, si el testimonio irrefragable de una experiencia feliz i con¬ tinuada no lo autorizase? Aun quando el brazo formidable del Omnipotente parecía descargar sobre este Reino en los últimos anos del siglo pasado los azotes terribles de su indignación, negándole la sucesión Real; en el fondo profundísimo de estos amagos de ira i de estos males amenaza¬ dores resplandecieron sus ideas misericor¬ diosas i grandes; ideas de Paz i de conso¬ lación. Ee modo que parece habló el Señor con España, i no con Israel su Pueblo, quando dixa. Yo pienso siempre sobre tí pen¬ samientos de paz , i no de aflicción .;(i) A la verdad, la falta de Sucesión en los Reies, que puede llamarse el azote exterrninador de los Imperios, el castigo aso¬ lador de las Monarquías, la ultima i mas hor- ( i ) Ej»o cogita cognaciones paeis, & noo afflictionis.
_ }9 horrorosa prueba del furor del Altísimo contra el género humano ,¡ O memorias dulces i consoladoras! vino á ser para la España en las ideas amorosas de Dios el manantial de sus bienes, i el torrente in¬ menso de las misericordias eternales. ¡Que bella ocasión para un orador ambicioso de la gloria del Vulgo, i que desease hacer el papel de erudito a poca costa! ¡Que mate¬ riales tan copiosos le franquearla á cada pa¬ gina la Historia! Pero es mas alto el objeto, que me anima, i eleva mis potencias. Me ceñiré precisamente a nuestros tiempos, •tiempos que vosotros conocéis mui bien, con quienes os habéis familiarizado, i de quienes aun hai entre nosotros testigos ocu¬ lares. Ea falta de Sucesión en Carlos II. ¡Que dichosa falta! Consuélate, triste i pe¬ saroso Carlos. Consuélate, Nación la mas hcl i leal, que le idolatraste. O! Carlos! El Cielo va a pagar tu resignación i tu es¬ fuerzo heroico, aquel alto esfuerzo, tanto mas digno de nuestra admiración i alaban¬ za, quanto mas raro i mas difícil, es do¬ mar sus pasiones el poder, i la sobera-
nia. Tu firmas sin que te lo impidan los suspiros, i las lagrimas en que se ven ani¬ sados tus ojos::::: La España no podrá olvi¬ dar jamás este sacrificio, que ofreció sobre las Aras de la Justicia a la voluntad del Supremo Numen el ultimo de sus Reies Austríacos::::: Tu firmas intrepido, o Au¬ gusto Garlos, firmas sin vacilar por here¬ dero legitimo de tu Trono a Felipe de Borbon::: A Dios; se abolió para siempre en nuestro Reino tu propia Casa ; entró a po¬ seerla aquella tu antigua Rival, competir dora siempre de tus grandezas, felicidades, i glorias. ¡Asombrosa transformación! ¡Tan¬ to puede la virtud i la justicia en los Re¬ ies de España! Empero muere descansado, o Carlos; pasa tranquilo a la posesión del Reino eterno que te espera. Los adelanta¬ mientos de la España tan atrasada en sus felicidades i glorias, su restauración, sus progresos, su crédito i su honor esencial; la adquisición de sus antiguos Dominiosusurpados, la execucion de sus sabias leies olvidadas., la resurrección milagrosa de su industria, de su labranza i. de su comercio-, tesoros inagotables mucho mas preciosos i se-
21 seguros que las minas' tentadoras, peligro¬ sas, i acaso funestas de sus Indias; en una palabra, todo el bien de la España, toda su prosperidad i grandeza pende precisámente de esa Rama Augusta , que va a desgajarse del Tronco prodigioso de Ronbon, para transplantarse a esta tierra fér¬ til i de bendición, digna masque otra al¬ guna del mundo de que ahijé i fruéiifique en ella. ¡Que no tenga io tiempo para deli¬ nearos brevemente el mapa grande de los bienes sólidos i multiplicados, que condu? xo a nuestro Reino la Dominación ilustra¬ da i gloriosa de Felipe Vi ! (i) Fero ¿que males, me diréis, no aso* Jaron a este triste Reino en la guerra fatal i prolongada de Sucesión? La España pa¬ recía sin duda en aquellos instantes de su calamidad i desconsuelo otra jerusalen ana¬ tema de Dios, cuia situación triste i deplorable pinta Geremias en sus Trenos con un di¬ bujo tal, que parece que bosquejó la núestía. (2) ¡ Ali! ¡ Como está a solada i desierta _ esta */d P 0£ li‘an ponderarse dignamente las grandezas, prospe- 3 C j 1 « 0l ' a s ’ í l u e debe España a la Dominación de la Augusta Casa de Borbon. ( a ) ^~ rem * en sus trenos o lamentacione s.
2 $ esta Ciudad famosa, lamas grande en otro tiempo, populosa i magnifica! Yo veo ne¬ cesitada i viuda la que era poco antes Se¬ ñora de las Naciones. La Reina de las Pro¬ vincias se ha hecho Vasalla, i tributaria* No encuentra, ni aun entre sus Amigos, quien quiera consolarla. Sus Vasallos mis¬ mos lejos de compadecerla i ampararla se re¬ belan en gran parte, i se declaran vilmente sus enemigos. La Bendita Sion llora amar* gamente su desolación; sus Templos des¬ truidos, sus Altares, sus Puertas profana¬ das , sus Sacerdotes i Ministros, centinelas vigilantes, de ella tristes, sollozando, gi¬ miendo. Las Virgenes honestas, las Casa¬ das fieles, las Viudas virtuosas amanci¬ lladas , perseguidas , deshonradas, Jerusalen, la bella Jerusalen centro de la alegría, del gozo i de la opulencia, cuios desperdicios i descuidos han hecho ri¬ cos i felices a sus Vecinos i Rivales, esta cercada por todas partes de dolor, de llan¬ to, de miseria. Todos sus ciudadanos ham¬ brientos i buscando pan no reusan dar lo mas precioso de su lioertad, i honor por satisfacer la hambre. Los mas tiernos, i pe-
pequenuclos Infantes echan menos la -*bun- dancia de este Pais desgraciado, i pregun¬ tan entre sollozos a sus dulces i afligidas Madres ¿donde esta el pan i el vinal [Ha! triste Ciudad¿ ¡Infeliz de ti! ¿A quien te compararé en tus infortunios ,Jerusalen amada ? ¿A quien te asemejaré en tus de¬ sastres? Si Dios te ha abandonado? quien te socorrerá en tus desgracias? ¿A quien podras recurrir confiadamente? ¡Ahi de mi! tus enemigos ensobervecidos i furiosos pa¬ san delante de ti aprisionada i abatida , mo¬ viendo sus cabezas con irrisión i befa. Te .silvan:, te dan palmadas, te llenan de opro¬ bios i te preguntan burlándose ¿Es este el Pais hermoso, agradable^ opulento, i lleno de delicias? ¿Es esta la Ciudad en¬ cantadora , embeleso i admiración de todo el Mundo? ¡ Ahi Nosotros la. deborarémos al modo que las hambrientas fieras quando ensangrientan sus dientes en la humilde presa. He aqui el dia, que esperábamos, le an Vl sto ia nuestros ojos, le hemos logra^ do..... España. ¿Fue otra tu situación infe¬ liz quando a los primeros anos de este siglo luiste perseguida de. fuerzas coligadas, i ex-
* 4 ' experimentaste sin causa todo el furor é inhumanidad de tus enemigos? ! Ahi! ¡ Co¬ mo te saquearon estos inhumanos! ¡Como atropellaron tus respetables Tribunales! ¡ Como insultaron a los Ministros de tu Re¬ ligión! ¡Como persiguieron hasta en su mis¬ mo solio a el Ungido del Señor! ¡ Como profanaron tus Templos adorables, tus Al¬ tares Sacrosantos, tus Imágenes Sagradas, tu mismo Dios vivo, imortal i eterno! (i) Basta : no me digáis mas. ¡Horrorosa pintu-, ra! No k ha hecho mas fiera i espantosa el celebrado Marc. (a) Yo temo tu presencia mucho mas, que la del pérfido Baset, i de su quadrilla vil de Vandidos. (3) Mas !ahi! Me Consuela, me llena de alegría, que Felipe Y. reina sobre nosotros. La tempestad se ha disipado; se ha serenado el Cielo; el Sol se ha dexado ver de lleno en nuestro Emisfe* rio; cesó la calamidad; se apagó el fuego de la guerra; el Labrador cultiva la tierra hin- ( 1 ) Desordenes cometidos por los Hereges, que componían gran parte de las Tropas auxiliares. . ( 2 ) Pintor famoso por lo horrible i fiero de sus batallas. Pa¬ rece se mira cu sus Pinturas la misma verdad. ( 3 ) La memoria de este Traidor i sus Seqtiac'es sera siempre execrable en la Historia de la guerra de Sucesión.
Sif ; hinchada poco antes con la sahgré humana;; -el Soldado buelve á sus hogares, i se de¬ leita con un placer sumo entre los brazos de su Muger, i de sus hijos, que le lloran ban muerto; ¿que se ha hecho de los Re¬ caudadores? qué de los Exaétores? ¿Como se han acabado en un instante las contribu¬ ciones. i gavelas? (i) ;O! Felipe! ; 0 ! bendita, Frondoso Arbol de la Genealogía de Borbon en nuestra España! La sangrienta guer¬ ra ha sido ciertamente el exereicio laborio¬ so, con que has beneficiado tus tierras, d buen Padre de Familias. El sudor de tu frente Augusta baja desde el Trono; inun¬ da las Campiñas imensas de tus Dominios i tas anega en bienes. Con esta lluvia ce¬ lestial se alegra este suelo i se vivifica. Ya no aparece seco i estéril como al Archidu¬ que para quien no, lo había criado el Cie¬ lo, aparece fecundo, alegre, dichosísimo cqmo , a aquel celebre Mariscal de Francia Amigo intimo de Felipe. Mas encantado, Señores, con las Meas misericordiosas de Dios sobre la España en D la ( i ) Isaías cap. , 4 . v<4 ; Q u om&io cesavit exa&or, quievittrñ buiunaí c
p 3? jnosura de él; tuque le Torm as tes a la me^t dida de tu corazón intenso previniéndole con las dulzuras i suavidades inefables de tu Divino Espíritu, ungiéndole, como a Da¬ vid y porque le encontrastes fiel Siervo talo con el aceite santo de tus dones-, ( i) impri¬ me fuertemente en nuestras almas por me* dio de aquellos caraíleres vivos de tu ilus¬ tración sagrada el alto concepto que debe¬ mos formar de este Real religioso espirita. Todos sois testigos, ó Españoles, de esta verdad consoladora, que es el funda- ¿liento solido de mis reflexiones. ¡Ojalá sea también, como es justo, el de las vuestras! • Qué veneración la del Rei, qué respeto tan profundo, qué obsequio i sumisión a Dios i a su Iglesia! ¡Qué obediencia tan hu¬ milde i escrupulosa a la lei eterna! ¡Qué de¬ seos tan eficaces , qué zelo, que solicitud, qué ansia de que en todos sus Vasallos rei¬ ne i prospere la Santa, única, verdadera Je de sus .Padres! ¡ Quantas leies a este fin! - -Quantas Cédulas de Protección! ¡Quantos Decretos a. sus Tribunales i Ministros! Pa¬ re- ( i ) Pialm 83*
rece, que no tiene otra mira m objeto, que la causa de la Religión; i que como Discípulo verdadero de jesuChristo puede decir con él : lo no he venido a reinar sobre vosotros para hacer mi voluntad , sino la de aquel que me ha embiado i colocado sobre el -Trono, La causa de Dios es el primero i principal designio de sus reales determinar ciones. Condenaría su propia causa este Principe justo, si pudiera separarse de la de Dios; i diría con mas propiedad que el otro al entregar la espada a sus Jueces, convertidla contra mi Persona misma , si in¬ tentase algo contra la justicia , mucho mas, si fuese capaz de maquinar algo contra la que es debida al Criador. Bien presentes tiene el Mundo aque¬ llos rasgos admirables de piedad, que le ha dado tantas veces a conocer Carlos IÍL No hablaré por tanto de aquellas sus instancias continuas i fervorosas preces al Sumo Pomtince Clemente XIII. para la declaración ^ronato de España a favor de la San¬ tísima Virgen digna Madre de Dios en el Mls t e r i o "de su°Concepcion Inmaculada: prueba evidente de que no quería reinar E sobre
sobre un Reino, que no estuviese marcado con este sello de la protección de María, ni sobre unos Vasallos que no se honrasen de colocar entre sus titulos i blasones, co¬ mo el maior i mas excelente de todos ellos el de Marianos. No hablaré tampoco de los incomparables esfuerzos, conatos, i so¬ licitudes del Rei ante la Santidad de Pió VI. para elevar los Cultos del Augustísimo, e inefable Sacramento de la Eucaristía en la oétava del Corpus a aquel ultimo punto de grandeza, solemnidad i aparato, a que han sido ensalzados los mas grandes i sublimes Misterios de nuestra Redención. No habla¬ ré de sus imponderables esmeros ante la Silla Apostólica en diferentes ocasiones i tiempos para la Beatificación i Canoniza¬ ción de muchos Santos, cuia memoria, i so¬ lemnidades serán unidas eternamente en la Iglesia de Dios a la del nombre augusto del Rei, de su piedad, de su celo, i de su devoción. De tan hermosos principios nacen sin duda aquellas ideas grandes de Religión, que rebosan en sus Reales Decretos en or¬ den a el verdadero espiritu, que debe ani¬ mar
35 * nlár a todos sus Vasallos para dar a Dios omnipotente las debidas gracias por los be¬ neficios concedidos a su Real Persona i B a-< milia, al Reino, al Mundo, i a la posteri¬ dad toda. Sea testigo de maior excepción su ultima Real Cédula para las obras de piedad i regocijos públicos. ¡Que ideas tan brillantes de Religión, de pureza de cos¬ tumbres, de caridad Christiana, de edifi¬ cación, de publica utilidad, de fomento a los ramos útiles del Estado, de premio a sus laboriosas tareas, i a la poca fortuna de sus trabajadoras Familias! ¡ Bendito seáis, ó Dios que inspiráis a el Rei tales pensamien¬ tos! ¡Bendito seáis, ó Rei a quien ilustran, tan abundantemente las luces de Dios! A ti, ó Carlos, reservó sin duda el Cielo para que concibieses en ese tu corazón augusto i grande todas las ideas de Religión, i san¬ tidad, cjue repartidas en los Reies de Espana tus predecesores, los hicieron grandes, Sabios, Santos, i Exemplares: ¡O Fernán» dos! ¡ O Alfonsos! ¡O Carlos! ¡O Felipes! Vosotros que fuisteis en los pasados siglos la admiración, i el modelo de los Reies déla tierra, resucitáis apresurados del pol¬ vo
yo de vuestros sepulcros,, i poseídos vues¬ tros espíritus puros de aquel jubilo, i can¬ dor , que solo gozan las almas bienaventu¬ radas, levantáis vuestros robustos brazos terribles otras veces a las Naciones Estrangeras, i señalando con el dedo a el Héroe de las Espanas nuestro invi&o Carlos, ex¬ clamáis incapaces, de adulación ¡He.aqui el hombre perfeéto, que ha reunido en si to¬ das las virtudes, i dotes repartidas en noso¬ tros. 0¡ Carlos! Tu corazón te basta. Em¬ braza siempre el escudo fuerte e inexpugna¬ ble de. ese tu corazón. Las virtudes depo¬ sitadas: en él son las. mas firmes, i podero¬ sas armas. ¡ Qué armas tan poderosas i fir¬ mes las de la Justicia! Empléalas contra los enemigos del Nombre de Dios, contra los enemigos del Estado; no temas a el Mundo; conjurado este no podrá resistir a tu corazón criado para dominarle. Dios se¬ rá siempre contigo.. ?Cómo podrá desampa¬ rarte jamás, ó Varón de Dios! ! Bendito el hombre y que ha puesto siempre sus esperan¬ zas en la diestra del Áltishnol ( 1 ) Basta, no sea ( 1) Paalm. 83. v. hIu
sea intenso el razonamiento como lo es el objeta, agradable, a que se dirige. Tales son, Señores míos, las ideas del Rei nuestro Seíxor con respeto a la Religión verdadera. ¿1 qué juicio acabaremos de for¬ mar de ellas, si observamos por otra par¬ te la ilustrada Política en que se fundan? ¡Ah! ¿Seré io tan osado, que mezcle mi voz tímida a la de tantos Héroes consuma¬ dos en la Ciencia difícil i escabrosa de ver¬ dadera Política para alabar con ellos la que anima las ideas grandes de Carlos III.?' ¿No contento con admirarlas, en la situación en que me hallo, i queme aparta tanto de sus. conocimientos fixos, i sublimes, osaré internarme en los secretos del Gabinete a fin de llevar mis elogios hasta las intimas ideas del Soberano, que le ilustra ? Pero si aun las de Dios invisibles, e i-mensas sedexan barruntar, como habéis visto, por los efeétos, sin que por esto se derogue en nada su grandeza i sublimidad, superior siem- P r e a los alcances de la mente humana, in¬ daguemos, Señores, por los mismos efeéios que hemos visto, las ideas de ilustración i política q U e an i m a n al Monarca. ¿Con quan- - > ta
33 ta humillación no obstante? ¿ Con quanto temor i respeto a la Alteza i Magestad, que contienen? Confesémoslo de buena fé, i^irva esta protestación ingenua de Acción de Gracias a nuestro Soberano, cuiá acer¬ tada Política a expensas de un genio favo¬ recedor por naturaleza, humano, i patrio¬ ta , ha conducido el Estado a su maior pros¬ peridad. Bajo qualquier aspeíto, que se consi¬ dere debe sus ventajas, i explendor a las sabias providencias de Carlos IIL En nin¬ guna de ellas se ha encontrado otro objeto, que la felicidad publica. Esta se le presen¬ ta al Soberano en su primera entrada al Trono de la España bosquejada en los be¬ llos dibujos de Política, que trabajaron los talentos grandes de Felipe V. Legado pre¬ cioso, que dejó este buen Rei a sus augus¬ tos Hijos herederos de su Corona i de^sus luces, para que lo perfeccionasen i acaban sen. Fernando VI. dio la primer mano i sombreó estos quadros, que habían de lle¬ var algún dia la expectación del Mundo Político. Mas este dia venturoso, q U e no alcanzó a pesar de sus esfuerzos el Reinado
de Fernando , estaba reservado al glorioso, felicísimo , i bienaventurado Carlos III. ¡O fuerza incomprehensible de un alma grande! A Carlos tocaba mejorar con las ideas profundas de su ilustrada política las de sus dignos Predecesores, i darla ultima mano a aquellos pensamientos i estudios,, acreedores sobre manera a nuestra ternura i admiración* Eferiivamente ¿a quien debe la Espana las grandes ventajas, que ha conse¬ guido en ía Paz concluida definitivamente con la Inglaterra? A la ilustración politica de Carlos III. jAquien debe la España la recuperación gloriosa de la bella fértil, e industriosa Isla de Menorca^ i de aquel Castillo inexpugnable otras veces, suma¬ mente temido y i respetado, allanado aho¬ ra, destruido i arrasado del mismo modo T que el orgullo i preocupación de quien lo dominaba? A la ilustración politica de Carlos IIL. - A quien debe la España lasdos Floridas oriental i occidental , que tanto perjudicaban a su Comercio , e indus¬ tria en poder de los Ingleses ? que tanto; han llorado los mas políticos de ellos? I por •, quie-
quienes han hecho en sus Parlamentos tan terribles inve&ivas, tan tristes pronósticos, i tan fuertes i crudas declamaciones? A la ilustrada Politica de Carlos III. A ti Carlos inviélo deben tus Vasallos aquellos intere¬ ses solidos, permanentes, i seguros, que no se fundan en el brillo de una acción glo¬ riosa, pero inútil, de un triunfo grande, pero pasagero, e infructuoso. ¿Quantos si¬ glos habían pasado, sin que nuestros Exercitos aguerridos hubiesen logrado al precio de su misma sangre sacrificada heroicamen¬ te en defensa de su Rei, i de su Patria, una recompensa digna de sus virtudes i servi¬ cios? Digamos la verdad, sin que nos lo im¬ pida el rubor. Nadie duda, que las Armas Españolas se han llenado siempre de honor i de gloria qualesquiera que haian sido sus expediciones; la honra ha sido en todos tiempos el Pan de Munición, con que se han sustentado en las Campañas nuestros valientes Soldados; la nobleza i lealtad el Pré i gratificación, a que han aspirado en sus Empresas; pero este valor, este esfuer¬ zo constante, i las demas virtudes militares, que han envidiado todas las Naciones, i con-
4 * confiesan a su pesar ser el caraéler de la nuestra; estos Heroísmos que apenas se echan de ver en nuestras Tropas por ser tantos, tan generales, i continuos, i que iio han sonado en nuestras gacetas con aquel ruido de voces hinchadas, i de expresiones declamatorias e hiperbólicas, con que se exageran en las Estrangeras las de los sub¬ ios sin igual motivo, bien que haia alguno cuio justo mérito deberá siempre apreciarse, •qué ventajas habian conseguido en las Guer¬ ras anteriores? qué progresos habian hecho? qué frutos, qué utilidades i adelantamien¬ tos habian dado a el Estado? A penas daba este un paso adelante, quando le era for¬ zoso bolverlo atrás para no perder el anti¬ guo terreno, que ocupaba. I gracias a el Cielo sino quedaba al fin perjudicado en los ajustes de Paz. Pero en los últimos que lle¬ nan nuestros corazones de un gozo sumo, i de unas‘satisfacciones incomparables! ah! qué distinta suerte nos ha tocado! Nada he¬ mos perdido por nuestra parte. ¿I quien podrá calcular quanto hemos ganado? Po¬ sesiones ricas, hermosas, i abundantes; li¬ bertad e independencia de los Mares; igual- F dad,
43 constante, inalterable a la Religión Santa de vuestros Padres i a las sabias leies de vuestros Monarcas; que os habéis gloriado siempre de haver parecido mas bien ciegos observadores de las leies, que curiosos in¬ dagadores, i disputadores vanos : en una palabra, quando para haberos de exhortar fixo sobre vosotros una i otra vez la vista, i observo, que sois Españoles ; me glorio, sumamente i tengo una confianza firme de que haveis de convenir en quanto desean i esperan de vosotros ambas Magestades. Por los principios solidos de la Reli¬ gión que protesamos; estamos obligados in¬ dispensablemente a levantar nuestros espí¬ ritus reconocidos i humillados a aquel nues¬ tro Padre, que habita en los Cielos, i de cuias manos Omnipotentes i liberales vie¬ nen a nosotros todos quantos bienes aoja¬ mos. La gloria de Dios , el honor de su Santo Nombre, la profunda sumisión i res¬ peto a su Iglesia, el cumplimiento exaéto de sus adorables leies , hé aqui los signos exteriores, que manifiestan el fondo i los sentimientos intimos de nuestro espíritu. No es el aparato, no es la solemnidad, ni la
la pompa vana, quien hace aceptas a la Magestad Suprema nuestras Acciones de Gracias; lo es si, la humildad del corazón, la pureza del espíritu, la elevación de las potencias, la rectitud i orden de las inten¬ ciones. Un Christiano que conoce bien la alteza de su vocación, i distingue su este¬ ra de la de un Gentil, no debe contundir con los ritos i solemnidades de este los suios. ¿De qué importará el luxo, i la os¬ tentación en vuestras ofrendas, el aparato* el contentamiento i lá alegría , los regoci¬ jos públicos, i aun las acciones loables de conmiseración i piedad con vuestros her¬ manos; si falta a todo esto la pureza de la conciencia ? el aseo del espíritu, el ata¬ vio hermoso de las virtudes, el fuego de la caridad de Jesu Christo, la sencillez, el 'Candor i la verdad del Evangelio? ¿Por ventura, os preguntaría io entonces con los misinos fundamentos que el Redentor, no obran todo eso también los Genti¬ les i Paganos? (i) Concluíamos, pues , qu© jamás serán dignas las ideas de los Vasa- G líos
5o líos de un Reí Católico, si no se confort man con las de este, i las anima un mis¬ mo espíritu de Religión i pureza. Se aver¬ gonzaría Carlos III. se irritaría grandemen¬ te, i se llenaría de una indignación i furor sagrado, si penetrando su vista hasta el co* razón i espíritu de sus Vasallos, hallase en ellos ¡allí ¡Que horror i que confusión para un Christiano! unos adoratorios infa¬ mes, en que a un mismo tiempo se daban cultos i homenages a Dios , i a Belial. lo estoi seguro, que armado nuestro Rei, Amigo zelosisimo de Dios, de la espada cor¬ tante i afilada de su zelo santo no perdo¬ naría, ni a uno solo de tan viles i crimina¬ les adoradores. Tanto pudo el zelo de la Religión en el Caudillo del Pueblo de Is¬ raelí ¿I por qué no he de comparar io a este el que abriga en su corazón el mejor de todos los Reies del Pueblo Christiano? ¡Gran Dios ! Que participe la España del zelo de la Religión, que anima a su Mo¬ narca. Fundados los Vasallos en tan bellas ideas de Religión ¿como dexaran de re&ificarlas en orden a la política? ¿Quien cree-
ría, que una falsa virtud, ó por decirlo mas bien, una hipocresía vil i detestable llegó a mirar con aversión (aun mirarlos con indiferencia seria un crimen) a aque¬ llos Ciudadanos ilustres, verdaderos Pa¬ triotas, dignos de las bendiciones de Dios i del Reí, que sabiendo son deudores de sus luces a la Religión i a la Patria han dirigido sus estudios a imbuir a los Vasa¬ llos en las nobles ideas de la politica i del Patriotismo? La politica i el Patriotismo ¿podra darse cosa mas apreciable , mas digna, mas acreedora a nuestro amor , a nuestros estudios i a nuestros respetos? La politica i el patriotismo, virtud moral na¬ cida con la misma naturaleza del hombre, impresa en las tablas de su corazón con el mismo dedo de Dios, gravada en el fon¬ do del alma.¿podréis oir con paciencia, Sabios, i virtuosos Señores, que ha sido motejada i censurada de aquellos que apa¬ rentan ser hombres de bien, hombres de honor i de virtud, siendo en la realidad hombres malos, Ciudadanos indignos, monstruos detestables de la República? I A tanto havia llegado la preocupación i el fa-
fanatismo! ¡Insensatos! ¿Quando ha havido oposición entre la Religión i la políti¬ ca? ¿Entre la santidad i el patriotismo? O por decirlo mejor ¿ quando ha habido. Religión sin política? ¿Santidad sin patrio¬ tismo? ¿No es un principio fundamental de la Religión Christiana El respeto i obe~ diencia a las leles civiles , no solo por el te* mor de la autoridad Legisladora y si también por el dictamen , e Imperio de la concien¬ cia ? (i ) ? No es esta la do&rina del Sal¬ vador quando responde a las preguntas ar¬ tificiosas de los hipócritas i mal intencio¬ nados con aquellas palabras de tanta magestad, misterio, i verdad : \ Dad r pues a el Cesar lo que es del Cesar , i a Dios lo que es de Diosl ¿Aquien ha adulado jamás Jesu Christo? ¿ A quien ha adulado su Apóstol? Ved aquí, pues, o semilla de Fa¬ riseos sembrada desgraciadamente entre los Católicos, las verdades incontestables, que afirman en los libros santos el Maes¬ tro de nuestra Religión Evangélica i sus verdaderos Discípulos los Apostóles- Todos los ( i ) S. Pablo fip. ad. Rom. c, i $. a v. I. usq. ad 9..
los hombres deben obedecer a sus Princi¬ pes 7 no,solo por el temor del castigo tem¬ poral impuesto a los tranagresores de sus leies, sino también por el reato de la con¬ ciencia amenazada terriblemente por ti Criador con la pena eterna. El que resiste a la voluntad del Principe i desprecia sil potestad, menosprecia la de Dios i deso¬ bedece sus adorables ordenanzas. Por tanto está obligado el Vasallo eii Dios, i en conciencia a conformar sus ideas con las del Rei, fundándolas en la verdad dera Religión como Chrístiano, en la verda¬ dera política como hombre , en el verdade¬ ro patriotismo como Ciudadano. A él per¬ tenece , pues, por todo Derecho Divino i humana cooperar con sus ideas, talentos,* estudios , investigaciones, conatos, aplica¬ ción, trabajo, i esfuerzos a realizar toda* las sabias, e ilustradas providencias de Carlos III. ;Qué felicidad la nuestra o amados Paisanos! ;Qué dicha! [Que fortu¬ na! Vivir bajo las leies , bajo las santas, sabias, i acertadas leies de Carlos III. ¿Quales son sus ideas al recibir del Cielo la Su¬ cesión Varonil de su Primogénito i la Paz? Pue*
¿Pueden ser mas heroicas? ¿Mas justas? ¿Mas dignas de un Rei piadoso, Sabio, Benignísimo? Tened presente, ó Españoles, que el Rei ha cedido generosamente sus propios derechos para honrar las Artes, fo¬ mentar la industria, premiar la aplicación, ampliar el Comercio, proteger todos los ramos útiles del Estado. No se os olvide jamas* que las ideas de aquel su Real ani¬ mo son Unicamente las de vuestro bien : que mira las glorias de su Trono como unidas inseparablemente a las desús Vasa¬ llos..... que no quiere su bien i felicidad sino en quanto contribuie a la de su Reino... ¡ O Rei justo i bien hechor!. ¡O Carlos III! Españoles , decid llenos de jubilo i recono¬ cimiento, decidlo a gritos transportados del gozo, i.de la ternura, resuene el Templo con vuestras voces, i que os acompañen los dulces i sonoros clarines; cantáis bucána i atque dicetis : Viva d Rei : Fivat Rex. ( i ) Tengase por infeliz i desventurado aquel que no se sienta penetrado intimamente de. la gloria de Dios , i dd Rei . Canctis buccin'a * at- ( i ) Lib. 3. de los Reyes cap. 1. v. 34.
atquc di ce tis: vlvat Rcx. Tengase por infe¬ liz i desventurado aquel, que no tiene un amor grande i profundo a esta gloria : la gloria de Dios i del Reí. Canetis buccina , atque diceús ; vlyat Rcx. ¿ Como podrá ser hombre, ni digno de asociarse al hom¬ bre , quien no conserve en su corazón un deseo vehemente de cooperar a esta gloria a qualquier precio; la gloria d¿ Dios i del Reí \ - Ministros del Santuario, empleemos nuestros estudios i sudores en exhortar a los Fieles, instruiendolos en la doétrina sana; en resistir a las falsas i perniciosas máximas de los hipócritas, i amadores de si mismos; en imbuir al Pueblo en ideas solidas de Religión i de Patriotismo; en desarraigar mil vicios, que quieren mere¬ cer nuestra compasión baxo la capa i pre¬ texto de pobreza, e infelicidad; ataque¬ mos fuertemente con la poderosa arma de la Palabra de Dios a los que se han forti¬ ficado en sus preocupaciones, atrinchera¬ dos con las falsas ideas de un Vulgo gro¬ sero , e ignorante. Exemplo nos da el Vi¬ cario de Jesu Christo Nro. Smo. P. Pió VI. e*t
en su Breve Apostólico. ¿ Con quanta sabi¬ duría i bondad coopera en él a las ideas de nuestro Soberano? ¿Qué parte no toma en los medios de extirpar de nuestros Reinos el ocio, i holgazanería? ¿Qué recursos no da en las mismas Rentas Eclesiásticas con¬ formándose en un todo a los fines sagra¬ dos de su constitución para la dotación de Hospicios i Casas de misericordia? Sabios i celosos Ministros del Rei, en quienes ha depositado su autoridad i confianza , reu¬ nid vuestras fuerzas , i esas luces superio¬ res deque os ha dotado el Cielo. ¡O! Pa¬ dres de la Patria! Trabajad incesantemente por el bien i prosperidad de ella. Dios lo manda, el Rei lo ordena ¿qué no podréis executar con la protección de Dios i del Rei? Creedme, vuestros nombres serán respetados de los buenos, amados de los virtuosos, temidos de los discolos, bende¬ cidos de la posteridad, i escritos con carac¬ teres indelebles en el libro de la vida. No¬ bles ?qué parte no debeis tomar vosotros en las ideas nobilísimas del Soberano? ¿Aca¬ so nacisteis nobles i poderosos para vivir en una inacción torpe? Seriáis indignos de vu-
$7 vuestra nobleza, de vuestros títulos, de vuestras riquezas i esenciones, seríais in¬ dignos de la sangre misma de vuestros maiores, de que tanto os gloriáis, si no fueseis los primeros en dirigir i fomentar las bellas ideas de la educación populan Comerciantes, Labradores, Artesanos; Ciu¬ dadanos, todos nobles, honrados, i distin¬ guidos , si sois aplicados i laboriosos, en vuestras manos está adquirir el honor i la nobleza, las opulencias i el poder, que os ha negado la suerte del nacimiento. Tra¿ bajando por vuestro honor , trabajáis tam¬ bién por cumplir vuestras obligaciones Christianas dando exemplo i edificación a vuestras familias. El será tanto mas dignoy quanto lo habréis labrado con vuestros pu¬ ños. Acábense las preocupaciones; muchos que siguen sin fruto una carrera brillante deslumbrados con el brillo aparente de ella, harían ventajas considerables en otras Ar¬ tes, u Oficios, i por malas ideas de educación se quedan inútiles para todo. Emplead bien el tiempo, i vuestras fuerzas tanteadlas, i reconoced qual es el oficio, a que os incli¬ na vuestro genio. Trabajad por alcanzar en H él