Aproximación a la iconografía de Francisco Montes Paquiro
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APROXIMACIÓN A LA ICONOGRAFÍA DE FRANCISCO MONTES PAQUIR0 Alfonso Carlos Saiz Valdivielso* osé Piquer y Duart, escultor valenciano (1806- 1871), cincela en mármol blanco, de finísima textura, el busto de Paquiro, en 1852, justo al año de su muerte. Ha realizado la talla, a partir de la mascarilla mortuoria del diestro gaditano1. Mármol como el empleado en la estatua de Isabel II, con destino al Congreso de los Diputados, el mismo mármol que efigiará a Rossini para el Teatro Real. Paquiro no tiene mirada, como tampoco la tenían aquellas estatuas que inquietaban a Julio César. Sin embargo, hay una rotunda expresión que informa esa boca semicerrada y firme, limitada por unos labios firmes y finos bajo el canal fruncido que desciende de una nariz bien perfilada. La barbilla es poderosa y el cuello musculado. Piquer ha subrayado el aura aristocrática de un hombre que forjó su indiscutible liderazgo frente al toro. Duerme Paquiro el sueño de una gloria ejercitada a lo largo de veinte años de tauromaquia activa. Se intuye toda una síntesis de serenidad y de grandeza; es, seguramente, la misma Revista de Estudios Taurinos N.º 21, Sevilla, 2006, págs. 123-134 J *Académico Correspondiente de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando y de Ciencias Morales y Políticas. 1José Piquer y Duart. Busto de Francisco Montes Paquiro (1852) Mármol. 47 x 30 x 20 cms. Museo Paquiro Chiclana (fig. n.º 32).
Alfonso Carlos Saiz Valdivielso 124 intuición que experimentó Rilke al poetizar el momento crucial de una estocada que sin haberla presenciado, sitúa el poeta en 18302: «Imperturbable, sin odio reclinado en si mismo, sereno, sosegado, hunde su estoque casi dulcemente en la gran ola que rueda de nuevo, impetuosa, a estrellarse en el vacío». 2El poema de Rilke, titulado “Corrida. In memoriam Montes”, 1830, fue escrito en París, el 3 de agosto de 1907. Pudo inspirarle un grabado de Pharamond Blanchard titulado Corrida de toros (fig. n.º 33). Fig. n.º 32.- Busto de Francisco Montes Paquiro, (1852) esculpido en mármol blanco por José Piquer y Duart. Apud Catálogo de Exposición II Centenario Francisco Montes ‘Paquiro’. Ayuntamiento de Chiclana, Junta de Andalucía, Diputación de Cádiz, 2005, pág. 107. Rostro de Montes, revelador de que el espíritu no muere, de que sólo mide su tiempo. La idea que parecía muerta en un tiempo, reaparece en otro...
Aproximación a la iconografía de Francisco Montes Paquiro 125 En el de Ángel Lizcano (1846-1929), por ejemplo, que pinta un retrato de Montes, en 1904, evocando una pasada grandeza3. El sólido trazado y la sobriedad cromática alegorizan el semblante de la jerarquía. Mirada en lejanía, la montera enmarcando una frente amplia, reveladora de inteligencia, patillas de Fig. n.º 33.- Corrida de toros. Grabado de Pharamond Blanchard (1830) que tal vez pudo inspirar el célebre poema de Rilke dedicado a Paquiro. Museo Romántico, Madrid. espuela asediando un rostro con majeza. Chaquetilla con solapa quebrada en cuello chimenea, bordada en oro apagado sobre seda grana. Camisa blanca con el cuello desbocado, y corbatín 3Retrato de Francisco Montes Paquiro (1904). Óleo s/lienzo, 62 x 37 cms. Colección particular. Madrid (fig. n.º 34).
azul noche. Es un Paquiro con algún destello plástico que recuerda la efigie lograda por Antonio Cavanna4. En 1840 puede situarse la plenitud torera de Montes. Han transcurrido diez años desde que se inscribiera como alumno de Pedro Romero en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y compareciera en algunos carteles como sobresaliente de espada5, en un tiempo histórico en el que, tras el cuarto matrimonio de Fernando VII, se plantea el problema sucesorio porque ante la eventualidad de una descendencia femenina el rey felón ha promulgado una Pragmática Sanción reponiendo el acuerdo de las Cortes de 1789 derogatorio de la ley sálica, establecida por Felipe V. Diez años que recorren un itinerario torero signado por convulsiones políticas, pronunciamientos como el de Mina (1830) y el de Torrijos (1831), regencia de María Cristina, sublevaciones carlistas con fuego de guerra civil y cimientos de una nueva sociedad que pretende apuntalarse en una modernidad engañosa con la desaparición del poder estamental y la elaboración de un régimen constitucional aceptable por la Corona, plasmado en el Estatuto Real promulgado en 1834. Tiempo de esplendor para un Montes que pone en suerte, en 1836, su Tauromaquia completa o sea el arte de torear en plaza, tanto a pie como a caballo, redactada por su admirador y amigo, el distinguido periodista Santos López Pelegrín, que firmaba sus escritos con el seudónimo de Abenarmar. Alfonso Carlos Saiz Valdivielso 126 4Este artista realizó un grabado espectacular de Paquiro que se nos antoja como una síntesis iconográfica de cuantos retratos se le pintaron. 5Así se desprende de un cartel de 1830, aportado por Pedro Romero de Solís como ilustración de su artículo “El toreo de Paquiro y Pepe-Hillo” publicado en Clarín Taurino, Bilbao 2005, pág. 25.
Aproximación a la iconografía de Francisco Montes Paquiro 127 Con su Tauromaquia, Montes entroniza una “Constitución para el toreo”, un año antes de que el progresismo dé con la fórmula de una Constitución progresista para España. Una vez más, y ya fuese por casualidad o por designio, la política y los toros corren en paralelo. La Tauromaquia de Montes y la Fig. n.º 34.- Retrato de Francisco Montes Paquiro, pintado por Ángel Lizcano en 1904. Apud Claramunt, F. (1989): Historia Ilustrada de la Tauromaquia, Madrid, Espasa-Calpe, pág. 271. Constitución de 1837 representaban un afán de poner en sintonía el toreo y la vida política con la modernidad. La plenitud de Montes, en 1840, coincide con la llegada del general Espartero al poder, como Regente. El general es la
primera espada de España, titulo que se le asigna al torero en el grabado de Bayot6, partiendo de un espléndido dibujo de José Domínguez Bécquer. El de Chiclana, en primer término y al centro. El brazo derecho en jarras sobre el muslo, y la capa replegada en el brazo izquierdo. Al fondo, la admiración de dos toreros, y un picador, de espaldas. La gallarda apostura de Alfonso Carlos Saiz Valdivielso 128 6El grabado, impreso en París por Lemercier, se difundió con la leyenda “Montes primera espada de España”, hacia 1840 (fig. n.º 35). Fig. n.º 35.- Grabado de Bayot con la leyenda Paquiro primera espada de España, a partir del dibujo realizado por José Domínguez Bécquer, hacia 1840. Boto (2005: 114). Montes vale tanto como para identificarle con el mando de Espartero; tanto como para la asignación del sobrenombre de Napoleón de los toreros.
Aproximación a la iconografía de Francisco Montes Paquiro 129 Plenitud de Montes, informada, plásticamente, por el jienense José Elbo (1804-1844), en el retrato que nos acerca a un rostro agraciado bajo historiada montera, levemente ladeada7. Preciosa chaquetilla, ricamente recamada, de fulgores argénteos, reveladora de una clara innovación en el atuendo, y poca seda, entonada en verde musgo. Chaleco en rosa palo, con ligera bor- 7Retratos del torero Montes y su mujer, (1840). Óleo s/lienzo 23 x 32 cms. Colección Real Maestranza de Caballería de Sevilla (fig. n.º 36). dadura en oro y fajín a juego. El retrato permite percibir el nacimiento de la taleguilla, muy generosa de seda. Sobre el brazo izquierdo, el grana de una capa arrebujada, en línea con lo Fig. n.º 36.- Retratos del torero Montes y su mujer, pintados en 1840 por José Elbo. Colección Real Maestranza de Caballería de Sevilla.
expresado por Domínguez Bécquer, y directamente emparentado con la retórica grandilocuente de Cavanna8. Aunque quienes le vieron y convivieron con él vienen a coincidir en que el declive de Montes se inicia en 1845 -justa- mente cuando el sistema político español se repliega en retroceso con la Constitución de aquel mismo año-, el sanluqueño Alfonso Carlos Saiz Valdivielso 130 Fig. n.º 37.- Retrato de Francisco Montes Paquiro, con la serranía de Ronda al fondo, pintado, hacia 1840, por Antonio Cavanna. Museo Paquiro Chiclana. 8Retrato de Francisco Montes Paquiro con la serranía de Ronda al fondo. Museo Paquiro, Chiclana de la Frontera (Cádiz) (figs. n.os 37 y 38). Ángel Cortellini (1820-1874) aporta una visión negativa del torero, en 1843, al pintarlo en un ambiente sombrío, indicativo de una incontestable decadencia. El diestro da a entender, con el ademán de su mano derecha, que ya basta ante la invitación de
Aproximación a la iconografía de Francisco Montes Paquiro 131 una mujer que sujeta por el gañote una botella de vino, mientras otra, a su espalda, contempla la escena y un chispero encorvado y siniestro observa el trance, a la derecha del cuadro9. Los quebrantos de su salud, derivados de una actividad incesante en los ruedos, de las cornadas, de intimas amarguras ahogadas en aguardiente, ya resultaban indisimulables en aquella época. Fig. n.º 38.- Grabado de Paquiro, a partir del retrato anterior de Antonio Cavanna. Museo de Chiclana. Poco antes de la última actuación de Montes en Madrid, el 21 de julio de 1850, Manuel Castellano (1828-1880) toma apuntes del natural y consigna claves de color para su monumental lienzo El patio de la cuadra de caballos antes de una 9Retrato de Paquiro, óleo s/lienzo 43 x 40 cms. Colección particular. Madrid (fig. n.º 39).