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El cuerpo humano desde la perspectiva japonesa Trabajo realizado por: Alonso Gómez-Pompa Vaquerizo Tutor: Juan Carlos Crespo de la Rosa Curso: 2020/21
2 Resumen Un estudio centrado en el cuerpo humano y la cultura japonesa, en el que se desarrollan conceptos de la cultura mencionada a través de partes del cuerpo, de gestos y de comportamientos. Se analizan las implicaciones culturales de filosofías como el código samurái conocido como Bushido, o de prácticas como el suicidio ritual denominado seppuku. Un conjunto de fuentes en cuanto a anatomía, filosofía, medicina tradicional, psicoanálisis y antropología, entre otras, nos permitirán conocer más sobre la cultura japonesa, el cuerpo humano y los significados y conceptos implicados en ambos, así como las diferencias y similitudes existentes entre la cultura japonesa y la cultura Occidental. Para ello, tanto autores occidentales (Ruth Benedict, Andrew Rankin) como autores japoneses (Michitaro Tada, Inazō Nitobe) serán esenciales, aportando puntos de vista diferentes que darán lugar a una mayor diversidad en cuanto a perspectivas se refiere. Palabras clave: cuerpo humano, cultura japonesa, comportamientos, Bushido, seppuku.
3 Índice - Introducción…………………………………………………pág. 4 - Hipótesis y objetivos del trabajo…………………………….pág. 6 - Material y métodos…………………...…………………………….pág. 9 - Recogida de datos …………….……...……………………...…….pág. 16 ▪ Michitaro Tada…………………………………….………………pág. 16 ▪ Rupert Sheldrake ………………………………………….………pág. 29 ▪ Ruth Benedict……………………………………...………………pág. 30 ▪ Carl Gustav Jung…………………………………………………..pág. 31 ▪ Seppuku……………………………………………………………pág. 32 ▪ Bushido…………………………………………………………….pág. 34 ▪ Artes marciales…………………………………………………….pág. 36 ▪ Bellas artes……………………………………...…………………pág. 38 - Análisis de datos……….……………...………………...………….pág. 38 - Resultados……………………………...…………………...……….pág. 44 - Discusión…………………...………………………..………...…….pág. 47 - Conclusiones…………………...……………………………...…….pág. 50 - Bibliografía…………………...…………………….....…………….pág. 52
4 Introducción El cuerpo humano, un elemento del que existen múltiples conocimientos en gran variedad de ámbitos, pero del que aún nos queda mucho por comprender. Y la cultura japonesa, una perspectiva y tradición ajenas a nuestra cultura y que por su peculiaridad siempre nos ha llamado la atención. Estos dos temas combinados dan lugar al tema que estudiaremos a lo largo de este proyecto, basado en la investigación acerca de los diferentes significados asociados al cuerpo humano según la cultura, filosofía y perspectiva general japonesa, permitiéndonos así adentrarnos en una serie de conceptos que nos faciliten entender el comportamiento y el punto de vista de la sociedad japonesa. A la hora de escoger un tema para este proyecto, lo tenía claro: la cultura japonesa debía ocupar un lugar protagonista. Es evidente que tras años estudiando sobre este tema, si no existía previamente cierto interés, con el tiempo se habría desarrollado. No obstante, la cultura japonesa como tal sería un tema excesivamente amplio y más bien difícil de tratar por no existir un punto en concreto por el que empezar. Además, para mí era importante que mi proyecto no solo fuese de mi interés, sino también del profesor D. Juan Carlos Crespo de la Rosa, mi tutor. Ambos puntos quedaron resueltos gracias a la indispensable ayuda del profesor D. Vicente Haya Segovia, que me sugirió un tema ideal para la situación, además de recomendarme al autor Michitaro Tada, que como veremos a lo largo de la obra, ha sido esencial para su desarrollo. Mi interés inicial y consideración de la cultura japonesa como posible tema nace de mi curiosidad acerca de los comportamientos específicos de cada individuo junto a las normas sociales de cada cultura. Es decir, más bien orientado a un estudio antropológico. Me considero una persona observadora y siempre me he fijado en comportamientos ajenos, así como en los míos propios, tratando de analizarlos con el fin de descubrir qué motiva dichos comportamientos. Esta parte de mí es algo que, sin duda, se vio altamente estimulada cuando estuve 7 meses viviendo en Japón. Este tiempo en un país distinto, con un círculo de personas cercanas distinto, comportamientos y normas sociales distintas… Fue de los mejores aspectos que recuerdo de mi experiencia en Japón y suponen una fuente de información de gran valor para mí. Lo cierto es que, con uno o dos meses viviendo en una cultura diferente a la mía en tantos aspectos, llegué a sentirme más cómodo e identificado con la cultura japonesa que con la cultura española. Sin
5 embargo, a pesar de las diferencias, también captó mi atención lo parecidos que somos en otros aspectos. A lo largo de este proyecto mencionaremos temas que, aunque no tengan que ver de forma estricta con el cuerpo humano o la cultura japonesa en primera instancia, luego aportarán contenido más que valioso para la investigación.
6 Hipótesis y objetivos del trabajo Por supuesto, no solo se observarán puntos de vista puramente japoneses, sino que, al igual que sucede a la hora de explicar cualquier concepto perteneciente a una cultura ajena, hemos de echar un vistazo a algún concepto de nuestra propia cultura que comparta similitudes y del que nos podamos servir como conector para así, establecer un puente entre culturas que nos permita acercarnos más al concepto que queremos entender. Esto, no obstante, al principio me puso en cierto dilema pues, este método para explicar un concepto ajeno a nuestra cultura siempre lo había rechazado. Esto es así porque a lo largo de los 4 años que he pasado estudiando en el Grado en Estudios de Asia Oriental, siempre que alguna asignatura trataba sobre Asia (como lo hacen la gran mayoría), se tendía demasiado a remitirse a nuestra propia cultura, lo cual me hacía cuestionarme qué había venido a estudiar realmente a este grado: ¿la cultura de Asia? O, por el contrario, ¿la nuestra? Como se puede entender por lo que he mencionado hace escasos renglones, es gracias a que yo ahora trato de explicar un concepto o varios ajenos a nuestra cultura, que he entendido que a veces, es una vía más que válida la de explicar el concepto ajeno a través de uno familiar a nuestra cultura. Para ello, he reunido una serie de campos que desde mi punto de vista guardan algún tipo de relación con la interpretación cultural japonesa del cuerpo humano, o bien pueden ayudarnos a interpretar los conceptos que vayan apareciendo. Primeramente, antes de entrar en materia cultural como se trata del objeto de investigación en este caso, creo que también es interesante llevar a cabo una observación previa a conceptos más empíricos. Como en este caso hablamos del cuerpo humano, cuando mencionamos este estudio empírico estamos hablando concretamente sobre anatomía del cuerpo humano. • Anatomía del cuerpo humano Parte esencial, como ya hemos hablado, es no solo considerar un único punto de vista para así extender más el abanico de posibilidades a la hora de generar una interpretación final. En el caso de la anatomía aplicaremos esto mismo teniendo en cuenta la anatomía occidental y la anatomía japonesa previa a la occidentalización. De esta manera podemos entender la relación cultural que guardan conceptos actuales con la tradición antes de verse alterados muchos de ellos con la introducción de la medicina moderna en Japón. En
7 concreto, algunos de los conceptos que tendremos en cuenta a la hora de estudiar este punto son la medicina Kampo, el shiatsu y el rangaku. Bien es cierto que, aunque el objetivo sea comprender la filosofía de una cultura completamente alejada a la nuestra y que durante años ha vivido aislada como lo ha hecho Japón a lo largo de gran parte de su historia, es posible que ciertos conceptos no estén tan alejados de cómo se interpretan aquí en Occidente. Esto sucede en todas las culturas y civilizaciones a lo largo de la historia, independientemente de que unas supiesen de la existencia de otras o no. Es un fenómeno que está estrechamente relacionado con los campos morfogenéticos, también llamados campos Akáshicos. • Campos morfogenéticos Se trata de una especie de red o dimensión de conocimiento universal y atemporal a la que todos los seres humanos tenemos acceso de manera inconsciente en mayor o menor medida. Es bastante similar a lo que explica Carl Gustav Jung (5) cuando menciona el inconsciente colectivo. Por ello, desde la antigüedad no es raro que al estudiar distintas civilizaciones y culturas alejadas no ya por la distancia en cuanto a su geografía sino también en el tiempo, haya puntos de inflexión similares y prácticamente paralelos, como si el hecho de que un individuo vea ampliado su conocimiento supusiese que así lo hace también el del resto de individuos, aunque no sepan de la existencia del otro, permitiéndoles así al resto progresar de la misma manera que aquel que adquirió dicho conocimiento primero. Otros de los puntos clave que me llamaron la atención para su estudio es la interpretación de la cultura japonesa desde los ojos de otras culturas. ¿Hasta qué punto se conoce la cultura japonesa más allá del archipiélago nipón? • Perspectiva estadounidense Si mencionábamos alguna perspectiva ajena a la japonesa, debía ser sin duda la estadounidense. Es la que más nos va a interesar gracias a las diferentes perspectivas que han experimentado los estadounidenses según la etapa de la historia. Los estadounidenses fueron una pieza clave en la historia de Japón debido a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, además de la ocupación militar que siguió a estos. Sin embargo, lo que nos interesa en este caso y lo que vamos a estudiar, tiene lugar justo antes de estos sucesos.
8 En concreto, estamos hablando de la perspectiva que tenían los Estados Unidos sobre ‘el enemigo’ (3), en este caso, Japón. Sumado a esto, también resulta de interés observar el impacto que tuvo este episodio en la cultura del país del sol naciente, así como en las posibles variaciones en la interpretación de ciertos conceptos. Aunque como hemos mencionado, estudiaremos puntos de vista culturales alejados de la perspectiva japonesa, sin investigar esta última, este estudio carecería de significado pues es el punto principal alrededor se construye el mismo. Para nuestra inmersión en la filosofía y cultura japonesa, consideré temas de gran relevancia para su cultura como lo son el seppuku (también denominado harakiri, algo menos formal) o el ‘Bushido’. • Seppuku El seppuku (切腹) es una técnica ritual japonesa por medio de la cual, el usuario lleva a cabo su propia muerte mediante la perforación del vientre seguida de un tajo lateral de izquierda a derecha, dejando salir así las entrañas. Es una parte clave del Bushido y se llevaba a cabo en la mayoría de los casos para limpiar su honor, ya que de lo contrario la familia entera heredaría la deshonra. Existen gran cantidad de libros acerca de esta práctica y su conocimiento es tan extendido que fue de las primeras palabras japonesas (en el caso de ‘harakiri’) en ser incorporada a idiomas extranjeros. Es por ello por lo que este ritual de suicidio japonés podría suponer una pieza relevante para nuestro estudio. • Bushido El Bushido (武士道), también conocido como ‘el camino del guerrero’ (se trata de la traducción literal), es un código ético según el cual la gran mayoría de samuráis vivían acorde. En el Bushido (7) se reconocen siete virtudes, de entre las cuales, una de ellas constituye el honor, relacionado con el ritual recién mencionado del seppuku. A su vez, contemplé la posibilidad de observar cómo otros campos con un vínculo no tan directo podrían estar relacionados al cuerpo humano y que aportasen de alguna manera un punto de vista cultural. Estamos hablando de las artes marciales y las bellas artes, en este caso.
9 • Artes marciales Muchas de ellas se hallan estrechamente relacionadas con el Bushido. Existe una gran variedad de artes marciales japonesas en cuanto a las diferentes armas usadas, o en su ausencia, en cuanto a las partes del cuerpo implicadas. Estudiaremos más adelante sobre algunas de las más importantes y que consideremos que pueden aportarnos un contenido más valioso para nuestra investigación. • Bellas artes La perspectiva del cuerpo humano desde el punto de vista artístico tiene mucho que decir en el tema que estudiamos. No solo se trata de cómo se plasma el cuerpo en el arte, sino también del significado que se transmite a través de éste. Material y métodos En cuanto a lo que se refiere a material utilizado para el estudio, aunque se hayan reunido diferentes fuentes que iremos nombrando en este apartado y también más adelante, resulta destacable hacer una mención especial al título escrito por Michitaro Tada (1). Este libro es realmente la piedra angular en el tema estudiado, por lo que hacer caso omiso e incorporarlo simplemente como un fragmento más de bibliografía sin darle un valor especial, considero sería quitarle la importancia que supone esta obra para la cultura japonesa en relación con el cuerpo humano. Este libro se trata de una serie de anécdotas que nos cuenta Tada relacionadas con la parte del cuerpo en cuestión que corresponda a cada capítulo. Gracias a estas anécdotas, Tada nos permite hacernos una idea de ciertos significados que en la cultura japonesa están estrechamente ligados a cada sección del cuerpo humano. No se trata precisamente de una explicación directa la que nos brinda Tada en la mayoría de los casos, lo que realmente nos ayuda y permite dar lugar a esta interpretación posterior una vez hayamos tenido en cuenta más puntos de vista distintos y tengamos más claras las ideas recaudadas, llegando así a una conclusión más acertada. Además, me gustaría aclarar un punto con respecto a los materiales que vamos a mencionar a continuación. Aunque en el apartado correspondiente a la hipótesis y objetivos del trabajo hemos
16 Recogida de datos Karada, Michitaro Tada Como ya hemos comentado anteriormente, esta obra de Tada (1) supone una pieza clave para este estudio, por lo que empezaremos con esta obra en la recogida de datos, lo que hará más sencillo el paso por el resto de obras (algunas de ellas de un carácter algo más complementario) y temas estudiados, ya que el siguiente punto a tratar será el análisis de datos. En él podremos comparar y poner en común todo lo estudiado en este apartado, es por eso por lo que organizar el orden de los datos estudiados también es de una relevancia a considerar. Por supuesto, no sería de extrañar que los datos recogidos en este apartado en relación a la obra de Tada (1) fuesen mucho más extensos que el resto de los datos provenientes de otras obras. Esto no es con el objetivo de restar valor al resto de obras, pues son de gran importancia para este nuestro estudio, no obstante, no me cansaré de remarcar el significado especial que tiene la obra de Tada (1) para nuestra investigación. La obra de Michitaro Tada (1) se encuentra seccionada en las partes del cuerpo, correspondiendo cada una de ellas a un capítulo. Investigaremos algunos de los capítulos más relevantes, en los que cuenta anécdotas relacionadas con la parte del cuerpo de la que trata y que nos permitirán sacar ciertas conclusiones en cuanto al significado que se le podría otorgar a cada una de ellas. Kao (Cara): La karada-gaku (literalmente ‘conocimiento del cuerpo’) nos dice que no existen partes en el cuerpo que sean innecesarias. Esta afirmación queda expuesta en su máxima expresión en la cara, llena de elementos muy singulares y con una función específica muy concreta. Las cejas tienen función gestual más allá de proteger a los ojos del sudor u otros elementos similares, llegando a tener la capacidad de expresar diferentes estados de ánimo con un leve movimiento o cambio de posición. Por su parte, la nariz representa la montaña frente a las tierras bajas del rostro, se erige de entre el resto de los elementos como un monumento, pues no es menos ya que es la encargada de ponernos en contacto con los pulmones para llevar a cabo la necesidad más esencial de nuestro cuerpo, respirar. Bien es cierto que, con la evolución, la fisiología de nuestra cara, así como el resto del cuerpo, ha cambiado según las funciones que se le daba a cada parte, siendo cada vez cada órgano más autónomo. Los ojos suponen una ventana hacia nuestro interior, siendo transmisores de emociones con apenas una diminuta variación,
17 como la dilatación de las pupilas o un ligero cambio en el brillo de estos. Esto no solo sucede en las personas, sino que en casos como el de la animación, los ojos funcionan como figura de máxima expresión y principal vía de comunicación de los estados de ánimo y emociones de los personajes. Aunque en el caso de la animación este reflejo del interior de uno quedas mucho más resaltado y es expresado de manera más explícita al ser un recurso imprescindible a la hora de transmitir un mensaje, como ya hemos dicho, es un fenómeno que se produce también en las personas. Como vemos, varios elementos de la cara desempeñan no una función esencial, sino en ocasiones, múltiples de ellas. Así sucede también con la boca, siendo esencial para la expresión oral, teniendo lugar en ella la primera fase y además de las más importantes de la digestión y, no menos importante, siendo una de las vías respiratorias junto con las fosas nasales (1). Kata (Hombros): Hablándonos de su experiencia escribiendo, Tada (1) comenta cierta vez que le sugirieron un cambio en los temas que escribía o la forma de tratarlos porque generaba ‘hombros tensos’. Esto tiene que ver con una expresión japonesa que relaciona la tensión de los hombros con un estado de nerviosismo o incomodidad. En el caso del que nos habla Tada (1), esto se debía a que los temas tratados podían provocar esa reacción en los lectores, siendo preferible evitarlo si así fuese posible. Tada (1) aprovecha este capítulo para comentar un aspecto típico japonés en cuanto al comportamiento. Al estar hablando sobre los hombros y los brazos en general, recuerda una anécdota y nos habla sobre un problema que tuvieron los japoneses hace años con un modelo de camisas. Al parecer, las mangas eran excesivamente largas y quedaban colgando, o, mejor dicho, así es como lo veríamos en Occidente. La solución fue añadir una goma que hiciese que las mangas de las camisas quedasen ajustadas, pues los brazos japoneses eran muy cortos en comparación con los de Occidente, donde se diseñaban aquellas camisas. La reflexión que saca Tada (1) en cuanto a la respuesta japonesa ante este tipo de situaciones es clara: antes de quejarse sobre el mal funcionamiento o diseño de algo, para los japoneses es importante reflexionar sobre qué podría estar haciendo mal uno mismo para que aquello no funcione. En el caso de las camisas, los japoneses entienden que la camisa no es excesivamente larga, sino que sus brazos eran demasiado cortos. Senaka (Espalda): Lugar íntimo del cuerpo japonés. A diferencia de la cara, al descubierto, pocos pueden ver la espalda, oculta excepto a los más cercanos. De esta forma, la cara es la parte consciente del cuerpo mientras que la espalda juega un papel inconsciente (1).
18 La espalda está conectada por nervios a los órganos internos, no sorprende pues la cultura de realizar un masaje en la espalda como remedio para cualquier malestar ya sea físico o psicológico (1). A su vez, en la cultura del baño japonés, es común lavarle la espalda al otro, sin embargo, esto no se trata de un simple gesto, es una muestra de confianza y de respeto hacia el otro. Aunque se trata de un gesto común entre miembros de una misma familia, cuando se realiza entre miembros ajenos a dicho círculo familiar, implica el establecimiento de cierta relación de confianza y respeto (entre familiares esta relación, aunque sea voluntaria, no deja de ser algo que existe porque está previamente establecido en la cultura japonesa). Por su estructura, la espalda está diseñada para cargar y transportar peso, siendo en Japón antiguamente algo común transportar en la espalda no solo otros tipos de peso, sino en concreto a los bebes. Se llevaba a cabo con una prenda diseñada especialmente para ello puesto que ellos no pueden agarrarse por sí mismos pues carecen de fuerza para ello. Más tarde, esta prenda desapareció tras la guerra al ser Japón criticado por estar atrasados teniendo elementos como este, aunque han ayudado a que el país nipón desarrolle una cultura de espalda fuerte (1). Además, en la espalda no solo cargamos peso físico, sino también cargas psicológicas, problemas y obligaciones. Tada (1) resalta el hecho de que no dudamos en recibir un golpe con la espalda para proteger el vientre, haciendo referencia a un refrán japonés que explica que proteger la espalda carece de sentido si el vientre se siente amenazado. Esto se traduce en que, en ocasiones, la espalda se sacrifica o se trata con desprecio con respeto a otras partes del cuerpo. De igual modo, al huir de una situación o un peligro, no dudamos en darle la espalda, siendo así una parte de nuestro cuerpo que nos protege, o al menos no es tan vulnerable como podría serlo otra. Fortalecer la espalda, por tanto, quizás no solo tiene utilidad para transportar peso o protegernos de algún que otro golpe o peligro, sino que también puede hacer más sencillo y liviano el cargar y superar esas otras cargas que nos echamos a la espalda y no están en el plano físico, sino en el psicológico. Por eso, Tada (1) entiende que, siendo la espalda un elemento tan importante de nuestro cuerpo, no es de extrañar que tratemos de engrandecerlo aún más. En el caso de la obi, es un elemento que queda agarrado a la espalda (antes se situaba en el vientre) y que ayuda a sujetar la faja como si de un cinturón se tratase, pero mucho más visual, haciendo resaltar la figura. También sucede
19 en el caso de los tatuajes en la espalda de pescadores polinesios, cuyo objetivo principal es protegerse de ataques de tiburones por detrás, gracias a su aspecto amenazante (1). Hara (Vientre): Es el punto de inicio a partir del cual se origina la vida (en el caso del vientre materno) y una vez tenemos nuestro propio vientre, sigue siendo un punto vital, puesto que es el lugar de nuestro cuerpo en el que se esconden la mayoría de los órganos vitales (1). Es por ello por lo que, dentro de la cultura japonesa, el vientre resulta un elemento paradójico pues, no solo se origina vida a partir de él y luego porta muchos de los órganos vitales, sino que también es un punto frecuentado para acabar con la vida de uno, siendo en concreto por medio de la práctica del harakiri o seppuku. Por lo tanto, es una parte del cuerpo humano estrechamente relacionada con la vitalidad. En el caso de la espalda comentábamos que era un lugar íntimo, oculto del que solo se es conocedor en relaciones de confianza. Con el vientre sucede algo similar, en este caso con la parte oculta del vientre, la que se encuentra en el interior. En japonés existe la frase hara wo waru, que significa literalmente ‘cortar el vientre’ en el sentido de hablar desde el interior, con total franqueza. Puesto que el vientre cubre nuestro interior, cortándolo dejaríamos salir la parte más sincera de nosotros (1). Obviamente esta frase no se dice en sentido literal pues sería similar al seppuku y no se encuentra relacionado a esta práctica en absoluto. Heso (Ombligo): Tada (1) explica que existe cierta relación entre el ombligo, el pasado y el arrepentimiento. Al estar arrepentidos ante un desenlace, al inclinarte para pedir disculpas acabas mirándote el ombligo, casi mordiéndolo. A su vez, se relaciona al pasado por ser algo anterior, hasta el punto de ser el aspecto más antiguo de uno mismo, pues es un memento del nacimiento. A su vez, al estar relacionado con el pasado, el cordón umbilical era interpretado como una conexión con éste a través de nuestros antecesores (madre, abuela, bisabuela, etc.). Por eso, antiguamente era común que se guardase un fragmento del cordón umbilical (1). Oshiri (Trasero): Este término para denominar a la parte trasera de nuestro cuerpo referente a las nalgas nos indica, por la forma en la que está escrito en japonés, que no se trata de una parte cualquiera del cuerpo humano considerándolo desde la perspectiva de la cultura japonesa. Esto es perceptible debido a la ‘O’ con la que comienza la palabra oshiri. En japonés, cuando una palabra comienza con esta ‘O’ (o en el caso de palabras procedentes del chino, sería ‘Go’) indica respeto o que se trata de un concepto honorable de algún modo. Llama la atención que en ciertas culturas el trasero suele ser un tema rodeado de cierto tabú mientras que, en el caso japonés
20 cuando se menciona se hace de forma honorífica. No solo es perceptible la relevancia del trasero por cómo se refieren a él los japoneses a la hora de hablar, sino también por los comportamientos y costumbres que giran alrededor de él. Aunque de primeras si comparamos Occidente y Japón con respecto a la forma de sentarse, parecería quedar Japón en desventaja menospreciando al trasero por la costumbre de sentarse en el suelo y no en un sillón, sofá o como poco una silla, se trata de todo lo contrario. Claramente, a primera vista podría ser considerada la manera de sentarse tradicionalmente japonesa como sentarse en el suelo al desnudo. Sin embargo, hay varios elementos interpuestos entre el suelo y el trasero, empezando por el tatami (1). Este elemento, el cual consiste en una superficie o estera que se encuentra dispuesta cubriendo el suelo, no es un elemento cualquiera, sino que es considerado un mueble, al igual que lo es para occidente una silla, sillón o sofá. Teniendo esto en cuenta, pasamos de una posición en la que el oshiri japonés se encontraba en desventaja con respecto al trasero occidental, para esta vez estar en igualdad de condiciones. Sin embargo, el tatami no es el único elemento que establece esta separación entre el oshiri y el suelo. Existe al menos un elemento más, y en algunos casos incluso dos. En concreto se trata del zabuton (1). Se trata de una especie de cojín no mucho más grande que el tamaño del trasero, el cual establece una capa más de separación entre el oshiri y el suelo. Además, como hemos mencionado, en ciertos casos existe un elemento más. Sería el de la alfombra, un elemento algo más occidental y que de hallarse en algunos de los hogares japoneses, quedaría situada entre el tatami y el zabuton. Una vez más, más allá de la forma de referirse a él a la hora de hablar, observamos a través de las costumbres y hábitos que lo engloban que el oshiri es un elemento de gran relevancia para la cultura japonesa. Ya hemos mencionado que en Japón no existe tanto tabú quizás como en otras culturas, no obstante, no deja de ser una parte íntima y oculta de uno mismo. Viene a ser similar en cierto aspecto al caso de la espalda que ya se comentó anteriormente, pues se encuentra alejada de la vista externa y solo entre confianza se llega a mostrar. En el caso del oshiri es aún más íntimo, por supuesto, pues si hablamos en el caso concreto del recto, este se encuentra separado de la vista externa por varias capas como lo son las nalgas, la ropa interior y la ropa exterior, además de no ser mostrado con la regularidad que se haría con la espalda en relaciones de confianza, pues sigue siendo una parte más íntima. Llama la atención lo que nos señala Tada (1) en uno de los fragmentos referentes al oshiri en el que comenta que, a pesar de que la boca y el recto forman un conjunto en lo que respecta al tubo digestivo, suelen ser considerados de forma
21 individual cada uno de ellos a diferencia de los ojos, los oídos etc., que siempre son mencionados en pareja. Sin embargo, es cierto esto que nos indica pues, al igual que introducimos elementos en nuestro cuerpo por la boca, posteriormente son expulsados por el recto, formando un conjunto el cual no es reconocido abiertamente. Además, Tada (1) menciona otro detalle referente a esto mismo y es que, mientras que la boca se encuentra expuesta y a la vista de todos, el recto por su parte queda marginado y oculto. Por último, en relación con el oshiri, queda demostrado la importancia que le dan al trasero los japoneses si le echamos un vistazo al diseño de sus inodoros. Desde luego, cualquiera que no haya visto nunca un retrete japonés de cerca quedaría completamente abrumado con la infinidad de funciones acopladas a éste. Personalmente, la primera vez que dispuse de uno de estos exclusivamente para mí me dio cierto respeto, temía tocar algún botón erróneamente y conseguir un desenlace indeseado, como me acabó pasando alguna vez. Algo que era común y sucedió repetidas veces fue dejar puesta inconscientemente la función que calienta el asiento para acomodarlo a una temperatura conveniente y posteriormente encontrarlo encendido, cuestionándome el tiempo que llevaría encendida esa función desde que lo usé la última vez. Por no hablar de alguna vez que pulsé el botón encargado de eyectar un chorro potente de agua (y bastante preciso) cuando ni si quiera me encontraba sentado, metiéndome en un aprieto y estado de nerviosismo por apagarlo lo más rápido posible. Con esta anécdota sobre mi experiencia espero haber aclarado un poco más lo relacionado con algunas de las curiosas funciones que complementan los retretes japoneses, haciendo evidente una vez más que, con respecto al oshiri, la cultura japonesa demuestra, como poco, interés. Ashi (piernas, pies): En este apartado, Tada (1) desarrolla una de sus anécdotas alrededor de los pies desnudos, siendo algo muy característico de la cultura japonesa, no solo cuando uno entra al hogar y se descalza para pisar el tatami, sino también en el diseño de mucho de sus calzados. Tanto las geta como los zori son modelos de zapatos japoneses que se caracterizan por dejar el pie a la vista, algo similar a unas sandalias. Tada (1) señala que en la cultura occidental parece existir una especie de tabú entorno los pies, puesto que rara vez se dejan al descubierto, excepto cuando uno está en su propia casa y sin presencia de invitados. También se hace obvio cuando a los extranjeros nos cuesta un poco entender y acostumbrarnos al motivo por el que los japoneses dejan los zapatos en la entrada siempre, incluso en los hogares ajenos. En mi caso personal al
22 principio me costaba mucho asimilar que era irrespetuoso no hacerlo, pero este tabú del que hablábamos hace un segundo en mi caso era más bien inseguridad hacia mis propios pies. También señala esto Tada (1), explicando que pareciese que en occidente intentásemos ocultar nuestros pies mientras que los japoneses pareciesen enorgullecerse de sus pies, dejándolos al descubierto, apreciando la belleza del pie al desnudo. Ahora que pienso sobre esto al escribirlo, no resulta tan extraño tener inseguridades y complejos hacia los pies de uno mismo cuando mi cultura se reduce en este tema a no mostrar los pies. Igual si hubiese crecido con la cultura de apreciación al desnudo de los pies podría valorar la belleza de estos, incluso siendo los míos. También es cierto que, aunque haya crecido con otra cultura en la que he desarrollado ese complejo o inseguridad, adaptarse a una cultura donde mostrar los pies no solo está aceptado, sino que es irrespetuoso no hacerlo en ciertas ocasiones (como al estar en nuestra propia casa o en la de otra persona), resulta algo bastante asequible. En este aspecto, lo mismo me sucedió con el tema de dormirse en público. Antes de vivir en Japón una situación así me daba pánico, jamás lo consideraría. Sin embargo, verlo tan normalizado en Japón, me impulsaba de alguna manera a hacerlo yo también y acabé aprendiendo y acostumbrándome a ello. Por supuesto, tanto el tema de mostrar los pies descalzos como el de dormir en público, no son temas reducidos a cuando esté en Japón, sino que, al entender la perspectiva de una cultura diferente a la mía, he sido capaz de adaptarlo e incorporarlo a como soy ahora, esté donde esté. Sobre la cultura japonesa: Al final de esta obra, Tada (1) añade este apartado en el que, en lugar de hablarnos sobre anécdotas relacionadas al significado de cada parte del cuerpo según la cultura japonesa, lo que hace es directamente comentar ciertos aspectos que pueden resultar de interés en cuanto a la cultura japonesa. Esto a nosotros nos viene como anillo al dedo para complementar algunos conceptos que ya hemos entendido y añadir alguno que pueda servirnos más adelante. En este apartado Tada (1) menciona una cuestión que no solo me parece interesante de por sí, sino que además me llama la atención por, de alguna manera, estar incorporada en el planteamiento inicial y desarrollo de este TFG. La cuestión que plantea es sobre si a la hora de observar una cultura y entenderla, es más sencillo y completo hacerlo inmerso en ella, siendo parte de esta o desde fuera, estudiándola desde otra perspectiva que resulte ajena. Es natural que me llame la atención este punto pues Tada (1) no llega a concluir qué modo es más preciso para
23 entenderla cuando para mí resulta obvio desde el principio. ¿Por qué tratar de entender una cultura y punto de vista desde una sola perspectiva cuando puedo optar por varias? Sin duda, habrá un punto de vista más preciso que otros, pero apoyarse también en otros no tan completos o acertados nos ayuda a reforzar y complementar el entendimiento general de la cultura que se intenta estudiar. Ahora me pregunto si, antes de estructurar e idear el desarrollo de este proyecto, haber leído esta cuestión planteada por Tada (1) me habría hecho cambiar el punto de vista que tengo hacia esto o por el contrario habría pensado de la misma manera que lo he expresado en el anterior párrafo. Otro tema al que se hace mención en este fragmento y que me llama la atención es en relación a los palillos y por el otro lado, el tenedor y cuchillo. Una de las razones por las que me llama la atención es por estar relacionado estrechamente con las manos, pero, aun así, no había sido mencionado anteriormente en otro apartado. Y la otra razón es que estoy profundamente en desacuerdo con lo que dice Tada (1) en cuanto al parecido o semejanza entre estos instrumentos y las manos o dedos en sí. Menciona que mientras que los palillos no guardan ningún tipo de parecido, un tenedor extiende sus puntas como si fuesen dedos (1). Al leer esta afirmación no puedo evitar mostrar otra cosa que asombro puesto que mi perspectiva pensaba que coincidiría totalmente con la de los japoneses en este aspecto. Yo estaba convencido de que, claramente, a diferencia del tenedor que no comparte ningún parecido desde mi punto de vista, los palillos en cambio pueden ser perfectamente interpretados como extensiones de nuestros propios dedos si se emplean correctamente. Al fin y al cabo, es como si fuesen un par de dedos más largos de lo normal con los que cogemos la comida, pero sin entrar en contacto con nuestros verdaderos dedos, evitando así ensuciarnos con el alimento en cuestión que estemos alcanzando. Pues, a pesar de esta explicación realmente sencilla y llena de lógica, quedo perplejo al ver las declaraciones de Tada (1) acerca de este asunto. Sin duda, como hemos comentado antes, contemplar ciertos aspectos desde diversos puntos de vista siempre es enriquecedor pues ayuda a complementar hasta el punto de vista más acertado. Gestualidad japonesa, Michitaro Tada En esta otra obra de Tada (2), anterior a Karada (2011), podremos observar no solo ciertas partes del cuerpo en las que quizás no se profundizó tanto, sino también los gestos y las implicaciones en cuanto al significado de estos.
24 Antes de comenzar, no obstante, me veo en la obligación de transmitir el mensaje y los pensamientos acerca de la obra de la editora a cargo de la traducción al castellano, Adriana Hidalgo. Ella entiende que, lejos de explicar el significado de los gestos como un ‘lenguaje del cuerpo’, lo que realmente pretende Tada (2) es hacernos entender qué más elementos engloban los gestos y qué es lo que en su origen los llevó a albergar un significado en concreto. Como es natural, esta perspectiva respecto al cuerpo humano y su significado actual, además de las justificaciones para que su origen diese lugar en su momento, resulta de gran interés para nuestro proyecto. Pues bien, en este apartado seleccionaremos aquellos datos referentes a gestos de ciertas partes del cuerpo en las que encontremos utilidad a la hora de relacionarlas con otras perspectivas en posteriores apartados, obviando aquellos datos que, aunque sean interesantes, no nos aporten suficiente contenido o interés para la investigación. El primer tópico que introduciremos en este apartado sobre los gestos, paradójicamente, más que un gesto se trata de una actitud. Esta actitud es la de ganbaru, traducido como algo similar a no rendirse jamás, esforzarse siendo perseverante (2). Este aspecto de la cultura japonesa sin duda es interesante, pues es una parte esencial de ésta. Más que un gesto o actitud, para la gran mayoría de japoneses es una filosofía de vida. Sea lo que sea a lo que tengan que enfrentarse, se esforzarán al máximo de manera perseverante y sin rendirse hasta el final. No resulta extraño que, teniendo esta filosofía de vida, la sociedad japonesa sea considerada una de las más trabajadoras, pues no se rinden ante las dificultades y prestan su mejor esfuerzo. Sin embargo, aunque se trata de una filosofía de vida compartida por una sociedad entera, no deja de ser un aspecto que comparten todos los integrantes de esta sociedad de manera individual y no como un colectivo. Como hemos mencionado o sin duda mencionaremos en algún otro apartado, la sociedad japonesa se caracteriza por respetar el espacio de los demás individuos, no solo en el ámbito físico, sino también en casos como en el de ganbaru. Cuando se utiliza ganbaru, aunque en ocasiones se le dé un significado colectivo diciendo algo así como ‘¡esforcémonos juntos!’, el esfuerzo colectivo depende del individual de cada uno. Aun siendo una actividad colectiva, cada individuo dependerá lo máximo posible de sí mismo y de su propio esfuerzo (2). De esta manera, aunque ganbaru se utilice de manera colectiva, no quiere decir que una actividad realmente se realice de manera cooperativa, sino que cada miembro realizará su propio esfuerzo y será alentado y reconocido por el resto, sin llegar a interferir en la actividad del otro (2).
25 El siguiente concepto no es la primera vez que se menciona y probablemente tampoco sea la última, se trata de hedatari, entendido como mantener una distancia con respecto de alguien. Es natural que este concepto aparezca repetidas veces debido al gran nivel de implicaciones culturales que tiene, además de ser interesante a la hora de relacionarlo con otros aspectos que estudiaremos. Habiendo dado clases durante varios años, Tada (2) nos habla desde su experiencia dentro de las aulas. Explica que, los estudiantes no solo se sitúan separados entre sí dentro del aula, sino también alejados del profesor, dejando entre algunos de ellos una distancia a veces problemática para que la explicación alcance a todos los alumnos. En estos casos Tada (2) habla de una ‘invitación’ hacia los alumnos para que se acerquen, permitiendo de alguna manera la inmersión en el espacio de otros para que así la explicación del profesor llegue a todos por igual. Ahora bien, desde mi experiencia en las aulas en Japón, he de decir que en la única asignatura de la que disponíamos de un aula excesivamente grande para el número de estudiantes que realmente atendíamos a esta asignatura, aunque nos encontrásemos distribuidos con una gran separación, dificultando así el entendimiento de la explicación debido a la distancia, esta invitación de la que nos habla Tada (2) no sucedía. En su lugar, la profesora empleaba un micrófono para proceder con sus explicaciones. Puesto que yo me encontraba en las filas de asientos más cercanas a la profesora, puedo confirmar que su nivel de voz era perfectamente adecuado y no era necesario un micrófono si los alumnos ocupasen los lugares que, aquí en occidente, parecería lo lógico: los más cercanos a la profesora. En su momento no me cuestioné el porqué detrás de esta situación, sin embargo, ahora que estudio más a fondo sobre ello alcanzo a entenderlo. Entiendo que, para evitar llegar a esa invitación al acercamiento que interrumpe la distancia entre los individuos, esta profesora prefería que esa distancia siguiese respetada a costa de tener que emplear medios externos, como un micrófono, para que la explicación permaneciese inmutable. Tan solo en una ocasión pude apreciar esta invitación a perturbar el espacio personal y la distancia entre los demás, un día que el micrófono no funcionaba correctamente. No solo se demoró en realizar dicha invitación, intentando por todos los medios que el micrófono funcionase, sino que en el momento que finalmente lo hizo, llegué a pensar que, por el volumen de su voz debido a la incomodidad que le produciría ese momento, quizás no era tan raro que hasta ahora hubiese usado micrófono. Me atrevo a decir que esta distancia entre distintos individuos es algo tan arraigado a la cultura actual que, interrumpirlo, supone una gran incomodidad entre estos. Por
32 con los deseos, fantasías y emociones reprimidas de uno, el inconsciente colectivo se extiende más allá de un individuo, abarcando el alma de toda la humanidad (5). A su vez, también hace una diferenciación entre inconsciente colectivo y el consciente colectivo, siendo este último concepto similar a la realidad consensuada. El consciente colectivo explica por qué en una sociedad se actúa en función a ciertas creencias y comportamientos morales, en cambio el concepto de inconsciente colectivo está orientado a explicar esa parte de nuestra mente que no es desarrollada por nosotros, sino que es hereditaria y se encuentra presente en toda la humanidad como una estructura de la mente compartida (5). Vendría a ser de manera simplificada como un cerebro en común que posee la humanidad y que actúa otorgándonos conocimiento que nosotros adquirimos de manera inconsciente, pues no tenemos acceso libre a dicho conocimiento. Como según Jung (5) este inconsciente colectivo sería una mente heredada y compartida por toda la humanidad, guardaría una estrecha relación con el instinto, siendo también hereditario y compartido por una misma especie. Seppuku, suicidio ritual japonés Esta técnica ritual también recibe el nombre de ‘harakiri’ siendo escrita con los mismos caracteres que seppuku, pero en distinto orden. La diferencia entre ambas por lo tanto no se halla en el significado, sino en la connotación algo más vulgar de harakiri, siendo preferible, por tanto, referirse a este acto con el termino seppuku. A pesar de ser un ritual relacionado a conservar o restaurar el honor de uno mismo, era especialmente duro de ejecutar debido no solo a que implicaba la muerte del practicante, sino también por el doloroso proceso que conlleva. De hecho, en algunos casos el valor de aquellos que habían practicado el seppuku se media en función de qué tan lejos habían llegado en el ritual (6). Esto se explica con la presencia de un participante más en el ritual del seppuku. Este era denominado kaishaku y su función consistía en decapitar al practicante del seppuku una vez llegase el momento determinado, normalmente, ya acordado previo al ritual, pues el kaishaku era generalmente seleccionado por el ejecutor del seppuku (6). Entonces, volviendo a la explicación de antes, el valor de los que se habían practicado el seppuku estaba relacionado a una más tardía intervención del kaishaku, que podía acabar con el sufrimiento en un instante si así se le fuese indicado. Así, había desde individuos que simplemente hacían el gesto de clavarse la hoja y posteriormente eran ejecutados por el kaishaku, mientras que otros no solo se perforaban el
33 estómago, sino que realizaban los correspondientes corte laterales, verticales o combinados que correspondiesen al tipo de seppuku que estaban llevando a cabo. Como nos explica Andrew Rankin (6), lo cierto es que existen múltiples variedades en la práctica de este ritual dependiendo del número y del tipo de cortes (Ichimonji, Jūmonji, Hachimonji, Sanmonji), así como del tipo de hoja empleada para realizar dichos cortes (Kama-bara). Ahora sí, interviniendo el kaishaku una vez finalizado este procedimiento ya que el practicante no moría en el acto y quedaría agonizando de no ser por dicha intervención. Puesto que el seppuku por lo general era un ritual al que se recurría en principalmente dos casos que eran para recuperar el honor o para evitar ser capturados, entiendo que esta medida del valor de uno mismo está relacionada al seppuku practicado para recuperar el honor, puesto que es una práctica más controlada y menos improvisada que la de evitar ser capturado por el enemigo, siendo esto algo a lo que se recurriría en el momento y en última instancia. Puesto que el seppuku estaba ligado al honor, eran necesarios una serie de preliminares de los que nos hablará Rankin (6) que existían para evitar desenlaces indeseados que mancharan el honor del usuario por la pérdida del control sobre las acciones de su cuerpo, ya sea debido al dolor o a la muerte en sí. Algunas de las medidas que se tomaban era envolver la hoja en papel de arroz para no quedar salpicado por sangre, ensuciando el honor. Asimismo, el usuario situaba las mangas de su kimono bajo sus rodillas de manera que, una vez el cuerpo quedase sin vida, no se inclinase jamás hacia atrás, quedando una macabra imagen al descubierto, sino que el cuerpo caía hacia delante, como si de una reverencia postrándose en el suelo se tratase. Aunque algunas mujeres cometían suicidio también, estás realizaban un procedimiento distinto que no suponía un corte en el estómago, sino en la garganta (6). De la misma manera, las mujeres también llevaban a cabo ciertos procedimientos para no manchar su honor, como atar previamente sus piernas para que así, al morir, sus cuerpos no adoptasen una posición que las dejase con las piernas abiertas (6). Andrew Rankin (6) también nos habla de ciertos seppuku con ciertas variaciones o motivados por otros aspectos aparte del honor, aunque el honor también se encuentre implicado. En el caso del Oi-bara (6) sucede que el kaishaku que acaba de ejecutar a un superior se practica consecutivamente el seppuku, aunque este término también era utilizado para aquellos que se
34 ejecutaban el seppuku tras la muerte de un superior, sin necesidad de haber ellos practicado el rol de kaishaku. Por su parte el Tachi-bara (6) era una variación del seppuku que, al contrario de lo normal que sería sentado, se practicaba permaneciendo de pie. Aunque Rankin (6) no entra en mucho detalle en cuanto a esta variación, entiendo que es posible que fuese una manera de demostrar valor, ya que el dolor que provoca esta práctica puede ser mejor soportado (por decirlo de alguna manera) mientras estamos sentados, ya que es una reacción más natural agrupar o encoger la parte del cuerpo que experimenta dolor. Así, permaneciendo de pie, podría de alguna manera transmitirse una mayor resistencia al dolor, renunciando a agruparse o encogerse como sucede al practicar el seppuku sentado. Por último, destacamos el Kanshi (6), que, aunque no se refiere particularmente al seppuku, en algunos casos sí estaba relacionado. Este tipo de suicidio tenía como motivo protestar por las acciones de otro, sacrificándose a sí mismo. Esta variación está a su vez relacionada con el seppuku practicado para incriminar a otro, para obligarle a practicar también el seppuku para no dejar que su honor quede manchado por asesinato. Sin embargo, a estas dos variaciones que acabamos de mencionar no se les debe dar demasiada importancia, pues, aunque emplean la técnica por la que se perforan y cortan el estómago, el seppuku es mucho más que una práctica de suicidio. Es todo un ritual relacionado al honor. Bushido El código samurái o Bushido exigía al guerrero vivir de manera leal y honorable hasta la muerte y en caso de perder el honor, se recuperaba mediante la práctica del seppuku. El Bushido no era algo que estuviese plasmado en ningún documento como tal, sino que era algo que se transmitía oralmente entre generaciones. Aunque el Bushido sea conocido como el código samurái o de una forma más literal, el camino del samurái, lo cierto es que tiene una influencia de gran relevancia en los valores que conforman la cultura japonesa. Los valores que transmite el Bushido tienen su origen en una serie de fuentes: el confucianismo, el budismo, el sintoísmo y el budismo zen. Cada una de estas fuentes aportó una parte esencial a la hora de conformar el Bushido, desde virtudes como la lealtad y el honor, hasta la aceptación de la muerte (7).
35 En el prefacio de su obra, Inazō Nitobe (7) menciona un detalle en cuanto a la moral y la ética de la cultura japonesa en comparación con las culturas occidentales que me parece interesante resaltar. Nitobe (7) explica que, mientras que en la mayoría de las culturas occidentales la moral y la ética de los individuos es adquirida a través de una religión determinada, donde se enseñan ciertos valores, en la cultura japonesa no sucede de esta manera. Los japoneses no se apoyan en una religión en concreto para desarrollar estos valores, sino que es una mezcla de fuentes las que permiten adquirirlos, siendo también este conjunto de fuentes el que dio lugar al Bushido, como hemos mencionado anteriormente. Nitobe (7) añade además otra diferenciación que me llama especialmente la atención. Indica que, en las religiones occidentales es común que estos valores que se transmiten sean aceptados y reproducidos por los individuos por ser premiados de alguna manera (vida tras la muerte, benevolencia divina, etc.). Por el otro lado, aunque es cierto que en la cultura japonesa también existen ese tipo de creencias en cuanto a ayuda o protección divina, los valores que se les han enseñado no son aceptados por la motivación de un premio tras el cumplimiento de estos, sino que se entiende que así es como un ser humano debe ser y comportarse, sin necesidad de una motivación añadida tras ello (7). En cuanto este diferente modo de recibir estos valores y comportarse conforme a ellos, creo que la forma japonesa es definitivamente la correcta. Aquel que se comporte siguiendo estos valores lo hará sin esperar nada a cambio, sabiendo que es del modo que uno ha de comportarse. Sin embargo, de la manera que se enseña esto en occidente, al menos un pequeño porcentaje de los individuos probablemente solo respeten esos valores para recibir ese algo a cambio, sin llegar a entender que es así como uno debe ser, por tanto, no llegando a comprender realmente los valores según los cuales actúa. En concreto, las virtudes que reconoce el Bushido son siete: justicia, valor, compasión, respeto, sinceridad absoluta, honor y lealtad. Como podemos observar, ninguna de ellas es exclusiva para guerreros, sino que se tratan de valores aptos para cualquier individuo, lo que explica que el camino del samurái sea una gran influencia en la cultura japonesa. Una de las virtudes, sin embargo, es más importante que el resto, el honor. Su importancia es tal que, en caso de perder el honor de uno, éste sacrificaba su vida por medio del seppuku con tal de restaurarlo. Siendo, por tanto, el honor un valor tan importante en el Bushido y por consiguiente en la cultura japonesa, la pérdida del honor, asemejado al sentimiento de vergüenza (7), supone uno de los
36 mayores dolores para un japonés. Incidir en este detalle no es ni mucho menos algo despreciable, pues ya hemos hablado en varios puntos sobre el sentimiento de vergüenza en los japoneses, por lo que esta perspectiva de la vergüenza que nos aporta Nitobe (7) a través de la pérdida del honor al hablar del Bushido nos ayudará a corroborar y terminar de confirmar lo que supone la vergüenza en la cultura japonesa. Artes marciales Gracias a su obra, Neil Horton (8) nos permite entender la filosofía que envuelve las artes marciales japonesas y distinguir las diferentes variedades. No obstante, no vamos a alejarnos del todo del punto que acabamos de estudiar que concierne al Bushido, puesto que, como ahora veremos, muchas de las artes marciales japonesas no solo comparten valores del Bushido, si no que tienen al propio camino del samurái como modelo a seguir, sean empleadas armas o no. Del mismo modo, al igual que sucede con el Bushido, creencias como el budismo, el zen o el sintoísmo resultan clave a la hora de desarrollar la filosofía de muchas de las artes marciales japonesas. Algo relevante en cuanto a las artes marciales que debemos entender y que Neil Horton (8) nos señaliza en el comienzo de su obra es que, lejos de ser prácticas o tipos de lucha basados en la fuerza, lo cierto es que se centran más en la habilidad y empleo de ciertas técnicas para superar al oponente. A continuación, hablaremos brevemente de algunas de las artes marciales que gozan de mayor popularidad y que pienso que pueden aportarnos más a nuestro estudio: - Aikido El significado de la palabra ‘aikido’ es algo similar a ‘el camino de la armonía’ o ‘el camino de la unión con el espíritu’. Por tanto, no solo la habilidad y las técnicas son determinantes, sino que, incluso factores como la armonía con la naturaleza han de ser considerados en el caso del aikido, pues así lo concebía Morihei Ueshiba, su fundador (8). Esta armonía con la naturaleza del aikido es esencial pues este arte marcial se basa en la no agresividad, teniendo origen la fortaleza de uno en emplear la fuerza, estatura y equilibrio del oponente en su contra (8). Se trata por ello de un arte marcial basado en la defensa personal, pues consiste en
37 movimientos evasivos acompañados de movimientos oportunistas durante el ataque del rival para penalizarlo. El aikido se practica desarmado. - Karate Una de las artes marciales más practicadas hoy en día. La palabra ‘karate’ se traduce generalmente como ‘manos vacías’, haciendo referencia a que se practica desarmado. No obstante, también está relacionado a la mente, siendo necesario para practicar karate no solo estar desarmado si no tener una mente abierta (8). Con una mente abierta no hay obstáculos que interfieran en el aprendizaje (8). Dependiendo de la escuela, existen múltiples variaciones en el estilo y las técnicas empleadas. - Kempo Traducido como ‘el camino del puño’, el kempo consiste en técnicas que usan brazos y piernas. Se enseñan movimientos de ataque y de defensa y, además, se anima a los discípulos a buscar y desarrollar sus propias técnicas (8). Ya sea contra un oponente armado o desarmado, el kempo trata de abusar de la debilidad del rival. - Kendo ‘El camino de la espada’. Esta práctica está dividida en dos según el objetivo: derrotar al oponente o perfeccionar la técnica. Los movimientos en kendo están orientados a unas partes fijas del cuerpo del oponente, cada una de ellas resultaría en la muerte o estado crítico del oponente en caso de ser golpeado con un arma de verdad (8). No obstante, para reducir los daños al máximo, también se emplea una armadura durante la práctica. Al igual que el resto de las artes marciales, no solo se basa en la lucha, sino que una fuerte carga filosófica o espiritual envuelve la práctica. En el caso del kendo, un grito espiritual o kiai acompaña cada golpe (8). - Sumo Es considerado el deporte nacional de Japón y por ello, los grandes luchadores de sumo gozan de un gran nivel de vida y popularidad. Por lo general, aquellos que practican sumo cuentan un peso muy elevado, directamente relacionado con la dieta diseñada para estos, orientada a aumentar la resistencia, fuerza y masa corporal. Aunque su masa corporal sea de
38 tales dimensiones, lo cierto es que los luchadores de sumo suelen ser bastante ágiles. Al ser una práctica profundamente influenciada por el sintoísmo, el sumo cuenta con rituales como el de purificación de la arena en la que se lucha, llevada a cabo antes de cada combate esparciendo sal sobre ésta (8). A nivel profesional, el sumo solo puede ser practicado por hombres pues, según la tradición, la presencia impura de las mujeres en la arena puede contaminarla (8). Bellas artes Mediante The stakes of exposure (2017) nos acercamos al punto de vista de Namiko Kunimoto (9), que nos habla sobre algunas de las representaciones del cuerpo en el arte japonés. Kunimoto (9) analiza a varios artistas japoneses de la época de posguerra y sus respectivas obras, tratando de mostrar las diferentes variantes estéticas existentes en la época, contrario a la idea de que el individualismo fuese una característica únicamente presente en los artistas estadounidenses. Esta idea está relacionada en parte a que los artistas japoneses acostumbrasen a trabajar en grupos, para colaborar y compartir materiales, no obstante, raramente coincidían en cuanto a metas artísticas, por lo que cada uno trabajaba en su arte individual (9). Para apoyar su discurso, Kunimoto recurre al legado de artistas como Katsura Yuki, Nakamura Hiroshi, Tanaka Atsuko y Shiraga Kazuo, cada uno con su propio estilo artístico. Análisis de datos El inconsciente colectivo de Jung y el campo mórfico de Rupert Sheldrake Son dos de los conceptos más interesantes que hemos estudiado en el apartado anterior y que, a pesar de no estar directamente relacionados con la cultura japonesa o el cuerpo humano, sí que nos ayudan a entender el funcionamiento de una de las partes de la mente y el pensamiento humano. Volviendo a las explicaciones individuales de ambos conceptos, es casi más sencillo señalar qué no comparten antes de lo que sí comparten, que es gran parte de lo que los compone. Son conceptos muy similares pues ambos explican la existencia de una estructura o dimensión en la que se almacena el conocimiento humano, siendo el campo mórfico según Sheldrake (4) y en el caso de Jung (5), la mente compartida. Además, ambos entienden que este conocimiento se transmite a través de generaciones de individuos de una misma especia mediante un mecanismo
39 concreto, la resonancia mórfica que nos explica Sheldrake (4) y en el caso de Jung (5), por transmisión hereditaria de esa parte de la mente o la psique. No solo comparten similitudes en la estructura donde se encuentra el conocimiento y en la manera de transmitirlo, sino que el acceso a dicha información según ambas explicaciones es inconsciente. Claramente en el inconsciente colectivo de Jung (5) se hace evidente puesto que está implícito en el nombre, pero cuando hemos estudiado a Sheldrake (4) y sus conceptos, también nos explicaba que el fenómeno de la resonancia mórfica que sucede para tener acceso al campo mórfico no era algo en lo que se tuviese capacidad de decisión, sino que ocurre de manera involuntaria, simplemente de un momento a otro dispondríamos de esa información por haber enfrentado una situación que requería de ella. Con esta última, se suman un total de tres similitudes que, aunque en número no supongan un gran número, en lo que implican cada una de ellas, es de un gran valor. No obstante, aún cabe añadir una similitud más ya no solo entre los conceptos, sino entre sus autores. Ambos están sujetos a la crítica por desarrollar conceptos y estudios poco científicos o que no pueden ser confirmados más allá de demostraciones que aportan poco valor real. Entre estos conceptos, por supuesto, se encuentran los que nosotros tratamos en este apartado. Sin embargo, desde mi punto de vista, tanto el inconsciente colectivo de Jung (5) como el campo mórfico de Sheldrake (4) son conceptos que ayudan a entender cómo funcionan ciertos aspectos de la mente humana y nos acercan más a comprenderla, aun pudiendo tener poca veracidad. Considero que, a la hora de entender otras perspectivas distintas a nuestra cultura (como tratamos de hacer en este estudio) es apropiado abrir la mente para ser más receptivos a ciertos significados. Eso también supone abrir la mente a conceptos quizás no tan aceptados científicamente, como lo son el campo mórfico y el inconsciente colectivo. Vergüenza y culpa en la sociedad japonesa En el apartado anterior cuando hablábamos sobre la obra de Ruth Benedict (3) comentábamos que, algunos de los tópicos que se repetían en las preguntas realizadas a los japoneses entrevistados tenían mucho que ver con la culpa y la vergüenza dentro de la cultura y la sociedad japonesa. No es casualidad que Benedict fuese algo insistente en estos temas, porque tanto Michitaro Tada en sus respectivas obras, como en lo relacionado al seppuku, se mencionan ideas o conceptos similares. Como ya hemos comentado anteriormente, la práctica del seppuku tiene
40 mucho que ver con redimirse y desprenderse de la culpa (o el deshonor, más específicamente). Por supuesto el deshonor no era simplemente un cartel con el que alguien cargaba el resto de su vida, sino que implicaba muchas otras consecuencias a raíz de la pérdida del honor, llegando a condenar a vivir sin honor a todo el linaje de ese individuo. La vergüenza se refleja en la pérdida de honor de uno mismo. No obstante, involucrar a otros en ello conlleva además el sentimiento de culpa. Esto nos lleva directamente a un aspecto de la cultura japonesa que a día de hoy sigue siendo muy palpable. La sociedad japonesa respeta al máximo el espacio personal de los demás, al igual que quieren que se respete el suyo, como ya vimos con Tada (2), al hablarnos sobre el hedatari. Por ello, el sentimiento de culpa guarda relación con la infracción de una de las normas sociales más características de la sociedad japonesa: no invadir el espacio ajeno. Esto sucede así puesto que si nos sentimos culpables cabe la posibilidad de que sea porque algo afecta a otros y, aunque no sea una intrusión física en el espacio personal del otro, de una manera u otra está interfiriendo en el espacio de otra persona. Esta situación produce una retroalimentación algo redundante que podemos observar con el ejemplo del deshonor que desemboca en seppuku: - Un individuo pierde su honor, lo que le avergüenza. La pérdida de honor no solo afecta a ese individuo, sino que todos los que le rodean se ven involucrados, llenándole de culpa. Que el error de uno afecte a otros rompe el hedatari, interfiriendo en el espacio de otros, acarreando un sentimiento de culpa aún mayor si cabe. Para restablecer el equilibrio, ese individuo se ejecuta el seppuku para, no solo liberar de la carga del deshonor a los que le rodean, sino para restablecer también su propio honor mediante la muerte. Por su parte, con Michitaro Tada aprendimos a través del cuerpo japonés un poco sobre la vergüenza, por lo que este tema ya debería sonarnos. Recordando la sección en la que se menciona la espalda (1), hablábamos de que es algo no expuesto a todo el mundo, se encontraba oculto y solo los más cercanos a nosotros con los que tenemos confianza conocen esa parte oculta de uno. Junto a lo mencionado previamente sobre el espacio personal (2), se forma un triángulo de conceptos que se encuentran en conexión. La vergüenza, el espacio personal y la parte oculta de uno mismo, la espalda. La vergüenza es un tema que atormenta al ciudadano japonés y es posible que este espacio personal de uno mismo esté relacionado con ello. De esta manera, tendría sentido que las relaciones sean más distantes y se respete más el espacio, y así realmente la verdad de uno mismo permanece oculta, fuera de la vista de aquellos con los que no
41 tenemos confianza suficiente para mostrarles nuestro yo interior sin experimentar el sentimiento de vergüenza. Recordemos también que, del mismo modo, Michitaro Tada hacía referencia a algo similar cuando hablaba del estómago (1) con aquella frase que hablaba de cortarse el vientre (hara wo waru) para hablar con total sinceridad, sin sentir ningún tipo de vergüenza. Siendo la vergüenza algo que afecta a la sociedad japonesa hasta tal punto que, con tal de no experimentar tal sentimiento, se oculta la verdadera forma de ser de uno mismo en la parte más interna, el vientre en ese caso, o en la parte más alejada de la vista de todos, la espalda. Ahora que sabemos todo esto, es mucho más fácil comprender por qué Ruth Benedict (3) fue tan persistente con este tipo de preguntas relacionadas a la culpa y a la vergüenza, pues ambas son una pieza clave de su cultura, además de ser un tema delicado (si Estados Unidos pretendía conocer a fondo a su enemigo, considerar este tipo de temas era crucial para entender por completo el funcionamiento de la mente a la que se enfrentaban). Individualismo-Hedatari Hemos mencionado en varios puntos que la sociedad japonesa está caracterizada por cierto individualismo. No obstante, el individualismo japonés cuenta con unos matices que lo hacen único. La definición de individualismo está estrechamente relacionada a comportamientos y toma de decisiones egoístas, sin importar cómo pueda afectar a los demás siempre que beneficie a uno mismo. No obstante, esta definición chocaría de manera radical contra el hedatari que hemos estudiado con Tada (2). Es por eso por lo que el individualismo japonés se traduce como un individualismo en el que cada uno va por su lado sin dejar, no obstante, que eso repercuta de manera negativa en los demás, invadiendo el espacio del otro. De hecho, es completamente opuesto a lo que se entiende por individualismo por regla general, pues la base del individualismo japonés está en la ausencia de egoísmo. Cuando Tada nos habla sobre ganbaru (2), nos está mostrando a su vez cómo funciona el individualismo japonés. Tada (2) explicaba que, aunque ganbaru es una filosofía de vida compartida por una sociedad entera, se comparte manera individual y no como un colectivo. Es por eso por lo que, aunque en ocasiones se le dé un significado colectivo a ganbaru, el esfuerzo colectivo depende del individual de cada uno. El resultado de una actividad colectiva será como se traduzca el esfuerzo personal de cada individuo. Por ello, las actividades colectivas no tienen por qué llevarse a cabo de manera cooperativa, sino que cada miembro realizará su propio
48 hedatari Tada (2) incidía en la importancia de no invadir el espacio personal de los demás, en respetar las distancias, por otra parte, con el fureru Tada (2) nos hablaba de lo común que era en los japoneses tocar a los otros a la hora de hablar, acompañando el discurso. Este punto en concreto nos dejaba completamente descolocados, no solo por no cuadrar con el punto anterior, sino también porque Tada (2) hablaba del fureru como algo que sucedía en Japón y lo distinguía de otras culturas. Quizás no solo a mí, si no a aquellos que compartan la misma cultura que yo, les parece completamente opuesto. En España nuestra cultura destaca entre otras cosas por ser individuos muy cercanos, dando por hecho por supuesto que el contacto físico también tiene lugar. Queda claro que, viendo que Tada (2) y yo compartimos el mismo punto de vista, pero desde perspectivas completamente opuestas, este aspecto que nos comenta sobre el fureru es más una opinión personal sobre un elemento de la cultura japonesa que un hecho corroborado. Kamikaze y seppuku. ¿Escaso valor por la muerte? Cuando hablábamos sobre el Bushido y más en concreto, sobre el seppuku, entendimos que esta práctica ritual era un recurso esencial para limpiar el honor de uno mismo (6). Hemos visto también en otros apartados cómo de duras son ciertas emociones o sentimientos para los japoneses, como en el caso de la vergüenza y la culpa. Sin duda, son especialmente difíciles de soportar para ellos por cómo es la sociedad japonesa, pero ninguno de ellos afecta de igual manera a los japoneses como la pérdida de honor, recurriendo por ello al suicidio ritual del seppuku. El significado del seppuku está relacionado con acabar con la vida de uno mismo con el fin de conseguir algo, en este caso, restablecer su honor. No obstante, esta manera de interpretarlo me hace pensar en otra práctica japonesa, la de los kamikaze en la segunda guerra mundial. Los kamikaze eran ataques suicidas llevados a cabo por pilotos japoneses pertenecientes a la armada, que estrellaban sus aviones con gran carga explosiva contra la flota enemiga, impidiendo su avance hacia el territorio japonés. El objetivo era proteger Japón, pero llegando al punto de sacrificar sus propias vidas. Ahora que hemos examinado ambas prácticas y hemos visto su similitud en cuanto a morir con el fin de cumplir un objetivo, me gustaría hablar sobre el valor de la muerte para los japoneses.
49 Resulta extraño que, si queremos conseguir algo, el recurso empleado para conseguirlo sea el suicidio. ¿De qué sirve entonces completar ese objetivo si no puedes vivir para verlo? ¿Acaso la muerte carece de valor para los japoneses? Para entender este aspecto, me remitiré a varias referencias a Inazō Nitobe (7) en su obra: ‘‘Para un guerrero ni la fama, ni la fortuna son seguras, si no solamente la muerte’’ (p3). ‘‘La muerte no es eterna; el deshonor, sí’’ (p6). ‘‘El samurái nace para morir. La muerte, pues, no es una maldición a evitar, sino el fin natural de toda vida’’ (p6). Como podemos ver, el Bushido, profundamente influyente en la cultura japonesa, adoctrina en la creencia de la muerte como un elemento inevitable en la vida de todos. No hay que temerla, no hay que huir de ella. Hay que aceptarla, recibir el momento con honor. Por el contrario, al menos en nuestra cultura, lo cierto es que la muerte suele ser un tema más bien tabú, por lo que no es raro que nos choque esa facilidad para afrontar la muerte característica de los kamikaze o aquellos que se ejecutan el seppuku. Ikigai, la felicidad de estar siempre ocupado Este concepto japonés que nos introducen Héctor García y Francesc Miralles (10) tiene mucho sentido dentro de nuestro estudio pues, ahora que hemos desarrollado por completo otros temas, hemos entendido ciertos problemas que presenta la sociedad japonesa a la hora de mostrar emociones y en cuanto a cómo gestionarlas. Lo cierto es que la gestión emocional es algo que suele desestimarse cuando debería ser al contrario, al ir ligada a la salud mental. Ya vimos con Tada (2) cuando hablamos del ganbaru que la sociedad japonesa se caracteriza por su gran esfuerzo y lo trabajadores que son. No obstante, todo este esfuerzo conlleva un gran cansancio mental, más allá del físico. Que la salud mental de los japoneses se pueda ver dañada no solo por el cansancio mental que produce el esfuerzo y el trabajo, sino también por la mala gestión de las emociones, hace que luego no nos sorprenda que Japón sea de los países con mayor tasa de suicidios por número de habitantes en todo el mundo. Por ello, conceptos como ikigai que se centran en que ‘la vida valga la pena’ (10), siendo esta su traducción literal, son interesantes por su efecto en sociedades como la japonesa.
50 Conclusiones - A lo largo del estudio, el cuerpo humano ha demostrado ser una vía interesantísima a la hora de conocer la cultura japonesa, brindándonos multitud de temas al respecto. - La sociedad japonesa destaca por ser reservada en tanto que reprimen las emociones negativas, suponiendo una carga que no pueden compartir con el fin de ser aliviada. - El respeto dentro de la sociedad japonesa lo es todo. El respeto por los demás demuestra obediencia ante las normas sociales. El cumplimiento de las normas sociales determina el valor de uno mismo. - Filosofías como el budismo, confucianismo e incluso el propio código samurái influyen aún en la actualidad en la cultura japonesa y su sociedad. Además, la mayoría de las artes marciales japonesas se originaron en base a estas filosofías. - Lo último que considera perder un japonés es el honor, recurriendo al seppuku con tal de restaurarlo si es necesario. - Existen conceptos y patrones de comportamiento similares entre la cultura japonesa y otras culturas ajenas, sin que hubiese habido contacto previo, que se podrían explicar mediante los conceptos pseudocientíficos de la mente compartida de Jung o los campos mórficos de Sheldrake. - Los japoneses son profundamente individualistas, pero sin ser caracterizados por comportamientos o decisiones egoístas. - La muerte como concepto no supone un tema tabú, y aunque tanto los que se han practicado el seppuku como los kamikaze la afrontan sin contemplaciones, esto no hace menor el valor de la muerte, sino mayor el valor del individuo que la afronta. - Japón ha elaborado su propia versión de múltiples elementos presentes en su cultura en la actualidad, sin embargo, originalmente la mayoría de ellos pertenecían a otras culturas, teniendo como mayor referente a China. - Aunque la cultura supone un factor esencial que condiciona el comportamiento de los individuos, tanto el lugar donde se encuentra uno como los rasgos individuales de su personalidad afectan al comportamiento.
51 - Cuando algo no funciona correctamente, el instinto primario en los japoneses es analizarse a uno mismo como posible raíz del problema. La introspección supone un elemento fundamental en la sociedad japonesa. - Conceptos como el ikigai ayudan a que parte de la sociedad japonesa se sostenga a pesar de los estragos que puede sufrir la salud mental de sus integrantes a causa de la represión de emociones y los esfuerzos extraordinarios que en ocasiones implica el ganbaru.
52 Bibliografía 1. Tada M. Karada: El cuerpo en la cultura japonesa. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora; 2011. 376 p. 2. Tada M. Gestualidad japonesa: Manifestaciones modernas de una cultura clásica. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora; 2006. 280 p. 3. Benedict R. El crisantemo y la espada: Patrones de la cultura japonesa. Madrid: Alianza editorial; 2004. 312 p. 4. Sheldrake R. La presencia del pasado: Resonancia mórfica y hábitos de la naturaleza. España: Editorial Kairós; 1990. 580 p. 5. Jung CG. Arquetipos e inconsciente colectivos. España: Editorial Paidós Ibérica; 2009. 296 p. 6. Rankin A. Seppuku: A history of samurai suicide. Estados Unidos: Editorial Kodansha USA; 2012. 256 p. 7. Nitobe I. Bushido: El espíritu de Japón. Móstoles (Madrid): Dojo ediciones; 2010. 162 p. 8. Horton N. Japanese Martial Arts. Gran Bretaña: Editorial Summersdale; 2005. 126 p. 9. Kunimoto N. The stakes of exposure: Anxious bodies in postwar Japanese art. Minneapolis: Editorial University of Minnesota Press; 2017. 263 p. 10. García H. y Miralles F. Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz. Barcelona: Ediciones Urano; 2016. 192 p. 11. Japan Shiatsu College [Internet]. [Consultado 10 de noviembre 2020]. Disponible en: http://e.shiatsu.ac.jp/about/
53 12. Kiew Kit W. El gran libro de la medicina china. Barcelona: Ediciones Urano; 2003. 332 p. 13. Treyvaud M. Network of Knowledge: Western Science and the Tokugawa Information Revolution. The Japan Times; 2016. Disponible en: https://www.japantimes.co.jp/tag/rangaku/ 14. Kosmo K. Los animales que somos: El zoo humano. Sevilla: Editorial Espuela de Plata; 2012. 308 p. 15. Morris D. El zoo humano. Barcelona: Editorial Plaza & Janés; 1972. 209 p.