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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 Los Ayacuchos entre el moderantismo y el esparterismo. Memorias posimperiales e identidades políticas en la España isabelina The Ayacuchos between moderantism and esparterism. Post-imperial Memories and Political Identities in Elizabethan Spain Rodrigo Escribano Roca1 Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6405-7191 Recibido: 01-10-2024 Aceptado: 30-11-2024 Resumen El artículo analiza la “guerra de memorias” que entablaron los adalides del esparterismo con sus rivales del Partido Moderado en relación a la batalla de Ayacucho, particularmente durante el período de la regencia de Espartero (1840- 143) y la Década Moderada (1844-1854). Explicaremos cómo los actores políticointelectuales del moderantismo elaboraron un mito en clave despectiva de la derrota ayacuchana con el fin de culpabilizar a sus enemigos políticos de la desintegración imperial de España. Esta campaña difamatoria, orquestada a través de la prensa y las obras panfletarias e historiográficas, se topó con una rápida respuesta por parte de los afectados, que reivindicaron a la par su honor personal, su prestigio grupal y sus ideas políticas. Palabras-clave: Memoria imperial, Ayacucho, Culturas políticas, España, Esparterismo. 1 ([email protected]). Marie Curie Fellow CSIC. Información sobre sus publicaciones: https://scholar.google.com/citations?user=sJ3zaGEAAAAJ&hl=es; https://dialnet.unirioja.es/ metricas/investigadores/3875810 Realizado como parte del proyecto POST-EMPIRE “The political culture of Postimperial Intervention. The case of Spain and the South American Republics of the Pacific (1833-1868)”. Funding Entity: European Commission, HORIZON EUROPE; Call: HORIZON-MSCA-2023-PF-01. Type: MSCA; Nr.: 101148590. Funded by the European Union. Views and opinions expressed are however those of the author(s) only and do not necessarily reflect those of the European Union or CSIC. Neither the European Union nor the granting authority can be held responsible for them.
68 Rodrigo Escribano Roca Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 Abstract This article analyses the ‘war of memories’ that the champions of Sparterism engaged in with their rivals in the Moderate Party in relation to the battle of Ayacucho, particularly during the period of Espartero’s regency (1840- 143) and the Moderate Decade (1844-1854). We will explain how the politicalintellectual actors of moderantism elaborated a derogatory myth of the Ayacucho defeat to blame their political enemies for the imperial disintegration of Spain. This defamatory campaign, orchestrated through the press, pamphleteering and historiographical works, met with a swift response from those affected, who simultaneously vindicated their honour, group prestige and political ideas. Keywords: Imperial memory, Ayacucho, Political cultures, Spain, Esparterismo. Introducción. Ayacucho en España: de la polémica a la irrelevancia Transcurridos doscientos años de su acaecimiento, la batalla de Ayacucho se presenta ante nosotros como una fantasmagoría tímida e imprecisa, que gravita entre el mito nacionalizador, la memoria ideológica y el olvido. Hito estertor del imperio español en Sudamérica, el combate que tuvo lugar el 9 de diciembre de 1824 en los campos ayacuchanos enfrentó al último gran ejército virreinal del Perú con las tropas patriotas comandadas por el general Sucre. La derrota de las huestes del virrey La Serna probó la futilidad de cualquier esperanza de reafirmar el poder español en el continente, convirtiéndose en la sentencia de muerte de la Monarquía imperial de Antiguo Régimen en aquella parte del globo. Jalón obligado para explicar el accidentado final de todo un universo sociopolítico en los Andes, el evento no ha tenido un peso correlativo a su importancia histórica en las efemérides de sus doscientos años. En Perú y Colombia los programas estatales de conmemoración no han contado con los recursos presupuestarios ni la cobertura mediática que podía presumirse, teniendo en cuenta la condición de la batalla de Ayacucho como un hito fundacional de sus nacionalismos (Gobierno de Perú, 2024; Alzate 2024; Almarza Villalobos y Landavazo Arias 2021). En España, salvo algunas reflexiones académicas que han contribuido a esclarecer los vectores estratégicos y sociopolíticos que lo presidieron, el último gran combate imperial solo ha aparecido en algunas evocaciones periodísticas de tono informativo o polémico (Cuño Bonito 2024; CEFAS 2024; Martínez Gil 2023). No pareciera aventurado afirmar que la contienda librada en Ayacucho carece de importancia en las culturas del recuerdo de la España contemporánea2. 2 Con “culturas del recuerdo” me refiero a la pluralidad de relaciones con el pasado que configuran
69 Los Ayacuchos entre el moderantismo y el esparterismo. Memorias posimperiales e identidades políticas en la España isabelina Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 Las disputas ideológicas que definen las memorias posimperiales del país ponen el foco en eventos que, a priori, revisten un menor nivel de complejidad o un mayor potencial para las mitificaciones dicotómicas. El “descubrimiento” y la conquista del continente americano dan mayor pábulo a las retóricas de la glorificación españolista y la decolonialidad que las remembranzas del sofisticado sistema virreinal español o de las guerras de independencia (Gabilondo 2024). Esta fijación de la memoria imperial española en las figuras de los descubridores y de los conquistadores ha sido una constante desde que el pasado transatlántico se convirtiera en un recurso simbólico de primer orden para los grupos ideológicos que pretendieron forjar una identidad nacional a su medida a partir del siglo XIX (Arbaiza 2020; Marcilhacy 2010; Vélez 2007; Sepúlveda Muñoz 2005). Ahora bien, sería anacrónico considerar que las independencias hispanoamericanas han carecido de importancia en las retrospecciones colectivas de la España moderna. El intento de mitologización de la política transatlántica de las Cortes de Cádiz que despuntó con el bicentenario de la Constitución de 1812, o las apropiaciones hispanistas de las revoluciones liberales hispanoamericanas —ya sean en su versión progresista, demosocialista o tradicionalista— son sintomáticas del protagonismo ocasional de la ruptura imperial en las políticas retrospectivas de la antigua metrópoli (Jorge 2018; Pérez Herrero 2010; Delgado Gómez-Escalonilla 1992). Sin embargo, el estudio de estas se halla en un estado embrionario, particularmente en lo concerniente a su impacto en la forja del nacionalismo y el imperialismo de la España decimonónica. Algunos trabajos recientes han demostrado que las reconstrucciones historiográficas y memorísticas de las guerras ultramarinas de independencia tuvieron un peso determinante en la elaboración identitaria y doctrinal de las culturas políticas de la España isabelina (1833-1868) (Escribano Roca 2022b; Rina 2018; Blanco 2012). Ahora bien, poco se ha dicho aún del rol que las remembranzas de la batalla de Ayacucho jugaron en las disputas públicas para fijar la memoria imperial de este último período. Este artículo demostrará que, a diferencia de lo observado en nuestro presente, las narrativas mnemónicas en torno a este suceso clave en la desintegración del virreinato peruano tuvieron una importancia de primer orden en los imaginarios políticos del liberalismo posrevolucionario español. Un liberalismo español cuyos integrantes y protagonistas experimentaron en muchas ocasiones una vivencia directa de los conflictos independentistas acaecidos en Hispanoamérica y de la propia guerra de Perú. Como tantos otros mitos imperiales, la batalla de Ayacucho se interpretó sobre la base de los intereses de aquellos actores que trataban de ganar espacios de poder en un contexto de metamorfosis posimperial, en este caso de España. la memoria colectiva de un grupo (Erll 2012, 16).
70 Rodrigo Escribano Roca Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 El artículo analiza, concretamente, la “guerra de memorias” que entablaron los adalides del esparterismo con sus rivales del Partido Moderado en relación a la batalla de Ayacucho, particularmente durante el período de la regencia de Espartero (1840-143) y la Década Moderada (1844-1854). Explicaremos cómo los actores político-intelectuales del moderantismo elaboraron un mito en clave despectiva de la derrota ayacuchana con el fin de culpabilizar a sus enemigos políticos de la desintegración imperial de España. Esta campaña difamatoria, orquestada a través de la prensa y las obras panfletarias e historiográficas, se topó con una rápida respuesta por parte de los afectados, que reivindicaron a la par su honor personal, su prestigio grupal y sus ideas políticas. El debate tuvo su epicentro en la valoración de la ejecutoria de un grupo concreto de militares liberales que habían luchado contra la independencia de Perú, retornando a España tras 1824. La mayoría de ellos, como lo ha demostrado Javier Pérez Núñez (2017: 77-102), provenían de los círculos de una mesocracia universitaria que se había integrado al ejército para enfrentar la invasión napoleónica. Pronto, dada su formación y su extracción social aventajada, ocuparon puestos de mando a la par que se comprometían con los principios del constitucionalismo doceañista. Con la restauración de Fernando VII y sus iniciativas de depuración y re-aristocratización militar, acudir a luchar en las guerras de independencia en América se convirtió en una buena alternativa para preservarse de la represión y ascender. Una vez en Perú, los integrantes de esta red se agruparon en torno al general La Serna, ayudándole a llegar a la cabeza del virreinato tras el pronunciamiento de Aznapuquio (1821), en el que depusieron al Virrey Pezuela, de tendencias absolutistas. La tupida y estrecha red clientelar tejida entre los miembros de este grupo en América al abrigo de las logias masónicas, les permitió copar puestos en el ejército y en la administración durante la década de 1830, ganando una inmensa influencia política gracias al éxito final en la guerra civil contra los partidarios de Don Carlos y a su consecuente consolidación como cabezas políticas del progresismo (Pérez Núñez 2016: 25-53). De entre estas figuras destacaría Baldomero Espartero, Duque de la Victoria, que, tras haber ascendido en los ejércitos virreinales, se había recuperado de la derrota en Perú con un efectivo liderazgo de las tropas isabelinas en el frente del norte. Nunca participó de la batalla de Ayacucho, como aclararemos más adelante, pero a lo largo de la década de 1830 se consolidó como el líder indiscutido de la red. Gracias al prestigio acopiado en las guerras carlistas, sería nombrado Regente por las Cortes3. Pudo llegar a tamaña dignidad gracias a sus maniobras para instrumentalizar en su favor las movilizaciones municipalistas protagonizadas por el progresismo en 1840 y forzar así el exilio 3 Espartero obtuvo la victoria frente a la candidatura de Argüelles, al que se le compensaría nombrándole tutor de Isabel II. (Bahamonde y Martínez 2015: 128-30)
71 Los Ayacuchos entre el moderantismo y el esparterismo. Memorias posimperiales e identidades políticas en la España isabelina Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 de María Cristina (Shubert 2018). La red encabezada por Espartero procuró, especialmente durante su regencia (1840-1843), el ascenso político de toda una serie de personajes que habían luchado en la guerra de Perú. Con ello eclosionó una camarilla que trató de gobernar el país combinando la praxis constitucional con cierto personalismo castrense, generando con ello tensiones con el Partido Moderado y, en última instancia, con amplios sectores del progresismo y del mundo municipal (Shubert 2016: 353-55). Entre los miembros de este grupo podemos mencionar a algunos especialmente destacados durante la regencia de Espartero: Gerónimo Valdés de Noriega, que sería nombrado por el regente Capitán General de Cuba y que había participado como diputado progresista en el parlamento que había aprobado el reconocimiento en 1836 (Piqueras Arenas 2009: 273-302); Andrés García Camba, que llegaría a Ministro de Ultramar, Marina y Comercio durante la Regencia, habiendo sido ya nombrado Capitán General de Filipinas en 1836 (A. G. Camba 1844); José Ramón Rodil, que fue Ministro de Guerra y presidente de Consejo de Ministros —también con Espartero— (DD.AA 1991, 737); o Antonio Seoane, que había participado en la guerra del Perú hasta 1821 y prosperó como parlamentario y militar durante el periodo esparterista, siendo el último defensor del Duque de la Victoria durante su derrota en la batalla de Torrejón (Diccionario Biográfico Español 2008). A pesar de que el compromiso ideológico de este grupo de poder con el liberalismo siempre estuvo matizado por su alto concepto de la monarquía y de la autoridad militar, sus miembros quedaron vinculados a los políticos doceañistas y exaltados a través de una tupida malla de influencias y prebendas que les dio la hegemonía coyuntural de la facción liberal-progresista (Díaz Marín 2015). El inmenso poder acumulado por esta camarilla militar forjada en las Américas, y su condición como adalides del progresismo, les valió, como ya hemos indicado, una violenta campaña de desprestigio público acicateada por los sectores moderados. Estos detractores encontraron en la culpabilización por la pérdida del imperio una de las principales bazas argumentativas y simbólicas para denigrar al círculo de poder esparterista y para preparar su caída del poder4. Fue en este contexto en el cual se difundió y normalizó el apelativo de “Ayacuchos”, que vinculó conceptualmente la denuncia a las políticas clientelares y corruptoras del esparterismo con la imagen de la derrota imperial y la decadencia nacional5. Curiosamente, esta categoría es sumamente 4 No existen estudios sobre el recuerdo de Ayacucho como guerra histórico-mnemónica entre las facciones del liberalismo español. Inés Quintero realizó un estudio sobre las visiones de la batalla en los años 20 y centrándose en los ámbitos políticos, mientras que la historiografía sobre el hispanismo y el americanismo no ha tratado este fenómeno: (Quintero 1996: 101-27). Tampoco se ha abordado la representación de la ejecutoria imperial de los “Ayacuchos” en América, habiendo simplemente algunos estudios sobre la representación de éstos durante su etapa de poder en España:(Fuente Monge 2013: 103-8; Inarejos Muñoz 2013: 205-23). 5 Manuel Moreno alonso ha explicado cómo el término “Ayacuchos” comienza a circular a partir
72 Rodrigo Escribano Roca Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 conocida en la historiografía española e incluso en la memoria colectiva del país —popularizada por los Episodios Nacionales de Galdós y otras representaciones similares—, pero carecemos de un estudio que comprenda su contexto de inserción en las culturas del recuerdo de la Monarquía española. Este texto aspira a llenar este vacío y continuar así el trabajo emprendido por Ascensión Martínez Riaza, que ha explicado cómo algunos miembros de esta camarilla, particularmente José de Canterac y Gerónimo Valdés, elaboraron argumentaciones autojustificativas de su rol en la batalla de Ayacucho durante la década de Restauración Absolutista (1823-1833), con el fin de librarse de los procesos de purificación militar que se llevaron a cabo en el período. Ahora bien, como la propia Martínez Riaza explica, este período no trajo consigo polémicas públicas en torno a la batalla de Ayacucho debido a la censura realista. Evaluaremos las continuidades y rupturas entre estas primeras narrativas mnemónicas del “ayacuchismo”, que quedaron restringidas al ámbito ministerial y las guerras mnemónicas sobrevenidas tras 1840 (Martínez Riaza 2019: 181-214). El objeto de estudio propuesto es idóneo para combinar varios niveles de análisis y herramientas heurísticas elaboradas en el seno de los estudios de la memoria y la nueva historia cultural de la política6. Los discursos mnemónicos que dirimieron la cuestión de la responsabilidad de los “Ayacuchos” en la desintegración transatlántica de España tuvieron una funcionalidad triple. En primer lugar, contribuyeron a la consolidación de los imaginarios geopolíticos del liberalismo español, participando de la interpretación retrospectiva de las guerras de independencia que terminaría por cuajar en una cultura imperial que fue determinante en la España isabelina. En segundo lugar, generaron un haz de mitos y arquetipos heroicos y villanescos que dieron lugar a memorias grupales enfrentadas en términos ideológicos y partidarios. Por último, afectaron también a personajes específicos, que se vieron obligados a urdir relatos autobiográficos que parapetasen su honorabilidad pública, su estatus y su ideario político. Así, la guerra de memoria en torno a la batalla de Ayacucho que se desarrolló entre 1840 y 1854 nos permite evaluar los trasvases entre las identidades nacionales, grupales y personales, enriqueciendo nuestro conocimiento de las culturas del recuerdo de la España isabelina. Los Ayacuchos como villanos. Los mitos imperiales del moderantismo La pérdida de las “colonias” acompañaría a los antiguos soldados virreinales como un fantasma difícil de eludir y serviría como pólvora para de 1825, pero cómo solo se populariza a raíz de la regencia de Espartero (Moreno Alonso 2006: 169- 215). 6 Para una síntesis del campo: (Escribano Roca 2021: 272-91)
73 Los Ayacuchos entre el moderantismo y el esparterismo. Memorias posimperiales e identidades políticas en la España isabelina Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 la guerra mnemónica que les hicieron sus enemigos políticos. Como hemos adelantado, la calumnia contra Espartero y su red clientelar se articuló en torno al mote de “ayacuchos”, que evocaba la última gran derrota que habían sufrido los ejércitos del Virrey La Serna frente al bando patriota. El episodio sirvió para culparles colectivamente de la pérdida del imperio y acusarles de haber traicionado a la monarquía a través a sus conexiones masónicas con los insurgentes. El episodio de la batalla de Ayacucho (1824) no le era desconocido a la opinión pública española de las décadas de 1830 y 1840. El choque final entre los ejércitos realistas e independentistas se consolidó como un hito narrativo insoslayable de la historia nacional, tanto en las efemérides publicadas por los periódicos7, como en todo tipo de relatos sobre el pasado reciente del país8. Ciertamente, la culpabilización de los militares de filiaciones liberales por la derrota realista en el virreinato peruano ya se había puesto en práctica antes de que se acuñase y se emplease masivamente el término de “ayacuchos”. Durante la década de restauración absolutista (1823-1833), los medios escritos adeptos al trono, especialmente publicaciones como la Gaceta de Bayona, ya habían vertido acusaciones de contubernio masónico entre los generales españoles constitucionalistas y los líderes independentistas. Los adalides del régimen trataron de depurar las responsabilidades de la Corona y del general Pedro Antonio Olañeta, que se había levantado en nombre del rey contra el liberalismo del Virrey La Serna9. A pesar de la importancia de estas culpabilizaciones tempranas, fue en los años de la regencia esparterista (1840-1843) cuando los intelectuales y medios afines al moderantismo emplearon con sistematicidad los términos “ayacuchos” y “ayacuchismo” con el fin de asociar los nombres del Duque de la Victoria y sus aliados a la decadencia geopolítica de España. Entre los instrumentos de detracción destacó el periódico El Heraldo que, bajo la dirección de Luis José Sartorius —hombre fuerte del liberalismo conservador—, se convirtió en el principal órgano de comunicación del Partido Moderado. Sus páginas promovieron sin ambages un recuerdo público peyorativo de la traición de los militares liberales en Ayacucho, siempre con miras a justificar una potencial deposición conspirativa de la regencia esparterista. Esto finalmente se logró por medio de un levantamiento que obtuvo el éxito durante el verano de 1843. Incluso tras la caída de Espartero, los moderados continuaron cultivando el mito de la traición imperial de los “ayacuchos”. Ello permitió fortalecer la legitimidad de los gobiernos liberal-conservadores. Además, contribuyó a 7 Ej.: «Efemérides», El Eco del Comercio, 10 de diciembre de 1846, 4; «Lima 23 de agosto de 1845.», El Español, 15 de noviembre de 1845, 2. 8 Ej.: (Alcalá Galiano 1846, VII:274-84). 9 Ej.: «Colonias Españolas en América», Gaceta de Bayona, periódico político, literario e industrial, 23 de abril de 1829, 2-3.
74 Rodrigo Escribano Roca Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 conjurar la larga sombra de un Espartero que permanecía exiliado en Londres y luego replegado en Logroño, pero que siempre podía retornar a la política para movilizar a las bases populares del progresismo, como sucedió en 1854 (Shubert 2018: 222-25). Al Heraldo se unieron en esta empresa denigratoria otros periódicos que giraron hacia el antiesparterismo durante el período de la regencia, como El Castellano o El Imparcial. También se sumaron, ya durante la Década Moderada (1844-1854), algunas obras histórico-biográficas de cierto peso, como la Galería de Españoles Célebres Contemporáneos de los polígrafos puritanos10 Nicómedes Pastor Díaz y Francisco Cárdenas (1844) o el Panorama español. Crónica contemporánea, publicado por una anónima “reunión de amigos colaboradores” (1845). Un buen ejemplo de esta campaña de difamación mnemónica llegó el 9 de diciembre de 1842 cuando, con la excusa de conmemorar los 18 años del día de la derrota en los campos de Ayacucho, los redactores de El Heraldo publicaron un artículo monográfico en que se describía la batalla librada contra las tropas del general Sucre. En esta contienda, afirmaban, el ejército realista había duplicado en fuerzas a las tropas patriotas11. El texto, cuya copia también apareció en El Castellano, aseveró que el hecho de que un ejército tan superior hubiera salido derrotado, unido al vergonzante dato de que tras la derrota se hubiera accedido a capitular en nombre de todas las tropas españolas en el Perú, solo podía responder a la voluntad secreta de la camarilla de generales progresistas que en el presente respaldaban a Espartero: “En el campo de la batalla de Ayacucho apenas hallaron sangre los vencedores; catecismos masónicos y mandiles cubrían el suelo donde acamparon los españoles” 12. El Heraldo emitió categorizaciones especialmente elaboradas y virulentas del “ayacuchismo” en sus polémicas con el periódico El Espectador, que, bajo la dirección de Evaristo de San Miguel,13 ejercería como un decidido portavoz del esparterismo. Acusando al periódico de San Miguel de ser un “diario cuasi-ministerial” y “anglo-ayacucho”, el 1 de octubre de 1842 los redactores moderados se propusieron contestar a sus apologías de Espartero contando la “historia del ayacuchismo” 14. El artículo comenzaba afirmando que con “ayacuchos” no se refería simplemente a aquellos que habían estado físicamente presentes en la trágica batalla. Los editores se declaraban conscientes de que algunos como Rodil, Seoane o el propio Espartero no habían participado de la misma, por estar el primero encargado de la defensa del Callao, el segundo ausente del virreinato desde 1821 y el tercero volviendo de una misión en la 10 El puritanismo fue una tendencia ideológica dentro del moderantismo que predicaba el respeto a la institucionalidad, a los contrapesos de poder del sistema liberal y al consenso político con los progresistas, (Benavent 2000). 11 «Ayacucho», El Heraldo, 9 de diciembre de 1842, 3. 12 «Hechos históricos contemporáneos», El Castellano, 9 de diciembre de 1842, 2. 13 También considerado como parte de la red de los “ayacuchos”. 14 «Ayacuchismo. Respuesta a El Espectador», El Heraldo, 1 de octubre de 1842, 1-2.
75 Los Ayacuchos entre el moderantismo y el esparterismo. Memorias posimperiales e identidades políticas en la España isabelina Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 Corte que le había asignado el virrey La Serna. Sin embargo, “ayacuchos”, declaraba el artículo, eran todos aquellos militares progresistas que habían tenido alguna “responsabilidad” en la pérdida de las Américas: el término designaba al “partido americano” que había incentivado una rebelión de signo radical e independentista a la sombra del rey Fernando. La Galería de Españoles Célebres Contemporáneos de Pastor Díaz y Cárdenas secundó dicha interpretación a través de su biografía de Espartero. Los autores aceptaban que este no había participado en Ayacucho, pero sostenían que su estrecha “liga ofensiva y defensiva” con los que lo habían hecho hacía que con justicia se le hiciese responsable y partícipe de la derrota (Pastor Díaz y Cárdenas 1844, V:17). El Panorama español, por su parte, llegaba a insistir en que Espartero había participado físicamente de la derrota, ignorando las pruebas documentales presentadas por sus apologistas (Una reunión de amigos 1845, III:209). Entre las responsabilidades que los editores de El Heraldo les achacaban a los “ayacuchos”, se encontraba la de haber depuesto al Virrey Pezuela en el pronunciamiento de Aznapuquio de 1821, con el único fin de colocar en su lugar a su cliente, La Serna, y obtener el control total del virreinato: “agárrese aquel escandaloso documento firmado en Aznapuquio por quienes se entretenían en quitar y poner virreyes en presencia de la invasión de Chile y de Buenos Aires, y véanse los nombres de aquella obra”. Entre dichos nombres, los de Camba, Valdés, Seoane o Rodil aparecían para confirmar su conchabamiento en el desmantelamiento del poder español15. También en este punto la Galería de Españoles célebres contemporáneos volvió a cargar sus tintas contra Espartero, afirmando que si bien no había firmado el documento de deposición del virrey: “era grande enemigo de Pezuela, teniendo por el contrario particularísima amistad con su sucesor y con los cabezas del motín, parece cuando menos probable que fuese uno de los cómplices” (Pastor Díaz y Cárdenas 1844, V:18). El Heraldo también dedicó parte de sus líneas a contrarrestar las acusaciones de El Espectador, que había afirmado que había “nombres de moderados en aquel documento” de Aznapuquio. A esto, el periódico conservador contestaba: “¡Nombres de asesinados también, decimos nosotros, y no por los moderados! ¡Nombres como quiera de militares a quienes el virey PEZUELA, que era entonces el verdadero moderado porque era inocente y porque era víctima” 16. La identificación de los “moderados” con las víctimas virtuosas de los ayacuchos servía a la construcción de una dicotomía arquetípica entre el institucionalismo de los liberal-conservadores y el gusto de los militares progresistas por amasar poder con fines particulares a través de los hipócritas mecanismos de 15 Ibíd.. 1. 16 Ibíd., 2.
82 Rodrigo Escribano Roca Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 ganado el derecho por los méritos acumulados en ultramar. Al fin y al cabo, los Rodil, Camba, Espartero, Seoane y Valdés eran los: restos de aquella reunión de españoles de ambos mundos, que capitaneados por el ínclito La Serna, y dirigidos por los infatigables cabos que secundaban sus disposiciones, entre los cuales descollaba el impertérrito Valdés, sin armas, sin municiones, proveyéndose de estos artículos y de reemplazos en las filas enemigas, sin dinero, perdidas varias provincias, disminuido sensiblemente el ejército por las enfermedades y la deserción y casi abandonados de la madre patria, marcharon de triunfo en triunfo hasta que la negra discordia emponzoñando el alma de Olañeta preparó en los malhadados campos de Ayacucho un sepulcro a tantas glorias.32 En 1840, los redactores de El Constitucional llegaron a vincular las posibilidades de regeneración de la monarquía imperial española al gobierno fuerte y estable que podía reportarle este grupo de patriotas imperiales. Guiada por “los valientes que sostuvieron en el Nuevo-Mundo los derechos de la metrópoli […] puede España levantarse con toda la independencia al alto rango de una de las principales naciones del mundo civilizado” 33. El culto que un amplio sector del progresismo le profesó a este panteón de héroes crepusculares del ultramar español adquirió unos contornos particularmente precisos en lo concerniente a la figura de Espartero. La biografía de Segundo Flórez sintetizó las grandes líneas de la heroización esparterista. Desde el inicio de la historia se hacía hincapié en el interés filosófico y publicístico de la vida del “Conde-Duque Espartero”. Se construía la imagen del exregente como individuo moderno, hecho a sí mismo, que había pasado de “el seno de la pobreza hasta el punto más culminante que hay en una sociedad” y que, además, le había dado a través de sus acciones militares la “libertad á su país” (Segundo Flórez 1844, X). Segundo Flórez insistía en el isomorfismo entre la vida de Espartero y la época convulsa en que esta se había desarrollado, subrayando cómo el ascenso meteórico del héroe imperial era sintomático del progreso accidentado de la nación hacia la libertad política: “Hazañas militares, glorias nacionales, alzamientos populares, grandes virtudes, grandes crímenes, debilidad, arrojo, pasiones, peripecias inauditas” (Segundo Flórez 1844, XI). Esta idea, que recorría toda la obra, entusiasmó a la prensa progresista hasta tal punto que El Espectador recomendó encarecidamente el trabajo de Segundo Flórez a “nuestros amigos políticos”: “ni un solo progresista dejará de leerla con entusiasmo”34. 32 «A los periódicos de la Liga», El Espectador, 11 de junio de 1843, 3-4. 33 «Recursos propios de la España», El Constitucional, 15 de julio de 1840, 4. 34 «Historia de Espartero por Don José Segundo Flórez», El Espectador, 25 de julio de 1844, sec. Boletín de Madrid, 4.
83 Los Ayacuchos entre el moderantismo y el esparterismo. Memorias posimperiales e identidades políticas en la España isabelina Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 Si la prensa conservadora había querido convertir a los “ayacuchos” en el opuesto de los héroes nacional-imperiales del pasado, los diarios del progresismo desarrollaron una genuina épica histórico-política de Espartero, a través de la cual procuraron su identificación con el ilustre panteón de los conquistadores, descubridores y colonizadores de ultramar. El Constitucional, por ejemplo, les dedicó varios de sus folletines a publicar poesías épicas, como “La independencia nacional” o “Al Pacificador de España” 35, en las cuales se abordaba el papel del general como héroe castrense de la nación y del constitucionalismo español. Estas piezas líricas combinaron la nostalgia por la grandeza imperial con la idea de la independencia geopolítica del Estado y con las promesas de regeneración asociadas a la figura de Espartero, al cual se equiparaba con los mártires descubridores y conquistadores36 que habían sido supuestamente maltratados por los villanos del absolutismo: Hubo un tiempo en que la España Era grande, independiente; Jamás se halló mano estraña Que hiciese doblar su frente. […] Por dos mundos se estendía Brillante como su sol; Las leyes y cuanto había Era en España español. Y en un mar y en otro mar, Las banderas españolas Aun podrían dibujar Su sombra en todas las olas. Nos muestra al bravo Colón Que aherrojado se volvió De aquella misma región Que su genio descubrió. Vedle cual se hace á la vela. Tirado del mundo mismo Que encontró su carabela, Helando ignorado abismo. Ved también á Hernán-Cortés Que surcando el mar pobre, Dio oro á su patria, y después En su patria murió pobre. A ti gran DUQUE también Mártir de viles ardides, Quieren doblarte esta sien 35 «Folletín. Al Pacificador de España, Conde de Luchana, Duque de la Victoria y de Morella», El Constitucional, 15 de julio de 1840, 1. 36 Sobre las figuras del conquistador y el descubridor como mitos del liberalismo anti-absolutista: (Escribano Roca 2022a)
84 Rodrigo Escribano Roca Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 Que coronaron cien lides, Y esta España que agobiada Pudo olvidar su potencia, Sabe que tú con tu espada Lograrás su INDEPENDENCIA. 37 El culto esparterista se prolongó a lo largo de la Década Moderada. Ya en 1851, por ejemplo, el periódico La Nación publicó un folletín dedicado a la narración celebratoria de la vida militar del Duque de la Victoria. Para componer la parte sobre América, los redactores emplearon las memorias de Camba y el texto de Segundo Flórez, demostrando que estas obras fueron esenciales en la transmisión intertextual e intergeneracional de la conmemoración de Espartero como héroe transatlántico38. Estas rememoraciones se adscribieron a un ejercicio de heroización colectiva de las tropas derrotadas en América. El fenómeno triunfó hasta tal punto en la cultura política del progresismo que el publicista Luis Cucalón y Escolano colocó a los militares caídos en ultramar junto a los diputados represaliados por Fernando VII en su obra Panteón de los mártires españoles sacrificados por la libertad e independencia39. En cuanto a la antes mencionada Adela y Matilde de Soler, su representación novelada del heroísmo cívico y militar de las tropas realistas en Perú fue similar a la elaborada por sus contemporáneos. Para él, la historización de las experiencias de los soldados que habían luchado en ultramar estaba íntimamente vinculada con la reivindicación de su honor militar y de su reconocimiento público. El coronel, de hecho, ponía estas palabras proféticas en la boca del protagonista español, Ponce, que se mostraba ante el lector como una personificación juvenil de la moralidad y el patriotismo de los maltratados soldados que habían caído derrotados en Ayacucho: La patria será ingrata-reflexiona Ponce-ella despreciará mañana estos laureles que hará marchitar el fétido soplo de la ingratitud; se emancipará por fin este suelo, y el gobierno español mirará únicamente los resultados, sin dar mérito alguno a tan extraordinarios esfuerzos (Soler 1991, 278). Soler, recreando ficcionalmente el discurso de “uno de los caudillos de más fama y prestigio” antes de la batalla, sintetizó bien las grandes líneas argumentativas que trataron de presentar el desastre de Ayacucho como un verdadero martirio de los oficiales liberales y como un hito glorioso de la memoria imperial de la nación: 37 «La Independencia Nacional. Al Duque de la Victoria», El Constitucional, 19 de agosto de 1840, 1. 38 «Biografía militar del Capitán General del ejército Don Baldomero Espartero», La Nación, periódico progresista constitucional, 29 de noviembre de 1851. 39 Luis Cucalón y Escolano, Panteón de los mártires españoles sacrificados por la libertad e independencia, vol. I (Madrid: Imprenta de D. E. Tamarit, 1848), VIII.
85 Los Ayacuchos entre el moderantismo y el esparterismo. Memorias posimperiales e identidades políticas en la España isabelina Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 Tiempo es ya de que abramos los ojos para recorrer en torno de este puñado de hombres, empeñados en mantener el dominio español en todo el vasto continente americano, contra el poder de las naciones más poderosas del globo, y sin la menor esperanza de auxilios por parte de la metrópoli. Extendamos, pues, la vista en millares de leguas, y veremos ejércitos y pueblos enemigos; volvámosla hacia el inmenso Océano y encontraremos ochos pabellones declaradamente contrarios. […] La España, ocupada en intestinas disensiones, y dividida por opiniones políticas, ha descuidado por impotencia esta reconquista interesante; el monarca se ocupa en asentar su poder absoluto bajo las bases del despotismo […] ¿Podremos nosotros, sin más auxilio que el de nuestras propias fuerzas, exterminar la rebelión en todo el continente y decir al rey: os devolvemos la América que abandonasteis al cuidado de unos pocos soldados catorce años hace? (Soler 1991, 313) La novela culpabilizada así a las políticas reaccionarias y punitivas del absolutismo por la pérdida de América, mientras dejaba a los militares constitucionalistas que habían apoyado a la Serna como los únicos que habían tenido sus miras puestas en sostener la concordia nacional y el dominio virreinal. Conclusión La batalla de Ayacucho alcanzó la condición de mito en disputa en las culturas del recuerdo de la España isabelina. El valor que le asignaron los actores mnemónicos estudiados a este hito final de la disolución virreinal demuestra la importancia de las memorias posimperiales en la configuración de las identidades políticas del período. En este caso, las dinámicas de detracción y glorificación del ascenso político de Espartero y de sus clientes políticomilitares quedaron inefablemente ligadas a la evocación retrospectiva de la derrota ayacuchana. El Partido Moderado puso a trabajar a sus círculos intelectuales y periodísticos para popularizar los conceptos de “ayacuchos” y de “ayacuchismo”, que en adelante sirvieron para culpabilizar a Espartero y su camarilla por la pérdida del Perú. Ello conllevó la caracterización de estos últimos como villanos clientelares, que habían subordinado los intereses patrios a sus fines particulares, rompiendo el imperio merced a su sed de enriquecimiento, a su radicalismo masónico y a sus ansias de poder extrainstitucional. La representación peyorativa del ayacuchismo servía como un espejo invertido, que permitía subrayar las supuestas virtudes éticas y políticas de los moderados, que celebraban su pretendido institucionalismo, su patriotismo cívico y su respeto por el principio de autoridad legal. La campaña del moderantismo motivó a los adalides del esparterismo a construir una narrativa alternativa, que responsabilizaba al absolutismo por la
86 Rodrigo Escribano Roca Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 pérdida del virreinato y construía una etopeya vindicativa de los ayacuchos. Estos se presentaban como héroes populares que habían luchado por la unidad imperial y por la expansión de las libertades constitucionales en España e Hispanoamérica. Los relatos biográficos y autobiográficos que defendieron al ayacuchismo legitimaron así su entramado ideológico, que combinó cierto populismo castrense con el militarismo constitucional y el hispanismo progresista. El recuerdo de la batalla de Ayacucho se definió así por su carácter polémico y polisémico, en un contexto posimperial en que la memoria de las independencias hispanoamericanas se convirtió en un campo fundamental de identificación personal, grupal y partidaria. De lo expuesto se desprende que las experiencias transatlánticas de los militares de la España isabelina se interpretaron en clave de política interna. Es decir, la intelligentsia liberal no realizó un esfuerzo concertado por elaborar un diagnóstico en torno a las causas complejas del colapso imperial de la Monarquía española en el continente americano. Por el contrario, sus distintas facciones trataron de hilvanar relatos ideologizados de la pérdida virreinal que les otorgasen ventajas simbólicas en sus disputas por el poder. Esto contaminó la imagen de Hispanoamérica que circuló en la esfera pública española, pues esta se puso al servicio de las lógicas de partido y no de un proyecto consensuado de política exterior. Si evaluamos la naturaleza de las memorias posimperiales en la España del siglo XXI, con las representaciones polarizadas en torno a las glorias y las miserias del imperio español, da la impresión de que la lógica en clave de política interna que presidió la guerra mnemónica de los ayacuchos no ha cambiado. El pasado imperial sigue empleándose como un arsenal de mitos divisivos, más que como una experiencia que, sometida a un escrutinio ponderado y crítico, podría alumbrar una comprensión mucho más tridimensional de los problemas que hoy aún comparten España y las Repúblicas hispanoamericanas.
87 Los Ayacuchos entre el moderantismo y el esparterismo. Memorias posimperiales e identidades políticas en la España isabelina Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 58. Primer cuatrimestre de 2025. Pp. 67-90. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i58.04 Bibliografía Alcalá Galiano 1846: A. Alcalá Galiano (with Dunham, S. A.), Historia de España desde los tiempos primitivos hasta la mayoría de la reina doña Isabel II: Vol. VII (Madrid, 1846). http://archive.org/details/bub_gb_ YQkZiqHFt_QC Almarza Villalobos y Landavazo Arias 2021: A.R. Almarza Villalobos & M.A. Landavazo Arias, Imaginando las independencias hispanoamericanas: Memorias, relatos e historias, 1810-1840 (Madrid, 2021). Alzate 2024: P.J. Alzate, Por qué el desfile del 20 de julio rendirá homenaje a un combate que ni siquiera se libró en Colombia: La historia de la batalla de Ayacucho, infobae. https://www.infobae.com/colombia/2024/07/18/ por-que-el-desfile-del-20-de-julio-rendira-homenaje-a-un-combate-que- ni-siquiera-se-libro-en-colombia-la-historia-de-la-batalla-de-ayacucho/ Arbaiza 2020: D. Arbaiza, The spirit of Hispanism: Commerce, culture, and identity across the Atlantic, 1875-1936 (Notre Dame, 2020). https://muse. jhu.edu/book/73387/ Bahamonde y Martínez 2015; A. Bahamonde & J. Martínez, J., Historia de España en el siglo XIX (Madrid, 2015). Banvent 2000: J.L.P. Benavent, Los puritanos: Orígenes del centrismo político en la España del siglo XIX (Madrid, 2000). https://dialnet.unirioja.es/ servlet/tesis?codigo=40121 Blanco 2012: A. Blanco, Cultura y conciencia imperial en la España del siglo XIX (Valencia, 2012). CEFAS 2024: CEFAS, Conmemoramos el bicentenario de la batalla de Ayacucho, https://cefas.ceu.es/bicentenario-batalla-ayacucho-estudios- americanos/ Cuñp Bonito 2024: J. Cuño Bonito , Ayacucho: La última batalla de la independencia americana (Barcelona, 2024). DD.AA. 1991: DD.AA. José Ramón Rodil y Campillo. En Enciclopedia de Historia de España: Vol. IV (p. 737) (Madrid, 1991). Delgado Gómez Escalonilla 1992: L. Delgado Gómez-Escalonilla, Imperio de papel: Acción cultural y política exterior durante el primer franquismo (Madrid, 1992). Díaz Marín 2015: P. Díaz Marín, La monarquía tutelada: El progresismo durante la regencia de Espartero (1840-1843) (Alicante, 2015). Diccionario Biográfico Español 2008: Diccionario biográfico español, Antonio Seoane Hoyos. En Diccionario Biográfico Real Academia de la Historia (Madrid, 2008), http://dbe.rah.es/biografias/32719/antonio-seoane-hoyos Erll 2012: Astrid Erll, Memoria colectiva y culturas del recuerdo: Estudio introductorio (Bogotá, 2012), http://www.digitaliapublishing. com/a/52182/
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