26 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 El arrozal respira. Valores y dinámica de los paisajes de las marismas arroceras del Guadalquivir1 Águeda Villa-Díaz2 ✉ | Carmen Andreu-Lara3 Recibido: 14/11/2013 | Aceptado: 28/11/2013 Resumen El arroz respira. Con tal personificación literaria se pretende expresar metafóricamente cómo el dinamismo es una característica intrínseca de los arrozales y en especial de estos de La Isla Mayor de Las Marismas del Río Guadalquivir, que a finales de la década de los años 30 del siglo pasado no existían y que apenas 30 años después habían construido un nuevo paisaje agrario con elementos y atributos singulares: el tipo y modo de cultivar, el sistema de explotación de la tierra y el hábitat asociado. La eficacia de tal transformación se explica por las experiencias coloniales heredadas de compañías extranjeras en estas marismas y por la difícil coyuntura alimenticia de la Guerra Civil y de su inmediata posguerra. Aquel exitoso proceso de configuración paisajística supuso que desde mediados de los años setenta se percibiera “la isla del arroz” como un mundo nuevo, monoproductivo y ya culminado como paisaje singular. El reconocimiento de esta radical transformación ha dado lugar a que sus dinámicas posteriores, importantes pero menos espectaculares, han quedado opacadas por el protagonismo paisajístico de una infinita y horizontal sucesión de tablas de arroz. Para mostrar la rapidez e intensidad de los cambios –actualmente es el arrozal más importante del Estado Españolse efectúa aquí un recorrido descriptivo y sintético por todo aquel proceso de transformación, insistiendo precisamente en la importancia de aquellas dinámicas opacadas y más recientes, entre las que destacan: La conflictiva conversión de la entidad menor de Puebla del Río-Villafranco del Guadalquivir en el municipio de Isla Mayor, la propia reconversión del cultivo de arroz, la aparición de nuevas actividades o la incorporación de Doñana como un nuevo reto con el que convivir. Tal variedad de asuntos y conflictos da idea de la complejidad de los espacios, territorios y paisajes del arrozal bético y de sus tejidos humano y productivo. Comprender lo complejo exige adoptar un adecuado método interdisciplinar de lectura de la realidad, por ello se asume aquí –como hipótesis de partidaque la lectura de estos paisajes de un arroz que respira -complejos, mediales y trayectivos (Berque, 2009)- nos irá permitiendo en sucesivas aproximaciones no sólo converger desde la geografía y la pintura en un fructífero diálogo disciplinar, sino ofrecer un relato transdisciplinar (Ojeda, 2013) original y nuevo de los paisajes horizontales y aparentemente monótonos del arrozal de las marismas del Guadalquivir. Palabras clave: paisaje, geografía, arte, identidad cultural. 1. Este artículo se inserta en el Proyecto de Investigación de I+d+I CSO2012-39564-c07-07 (Ministerio de Economía y competitividad). 2. Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, Departamento de Geografía. Historia y Filosofía.
[email protected] 3. Universidad de Sevilla, Departamento de Pintura. carmenandr[email protected]
27 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 Abstract Rice breathes. Values and dynamic landscapes of Guadalquivir rice marshes Rice breathes. With such literary personification is meant to metaphorically convey how the dynamics is an intrinsic property of the rice fields and especially those of Isla Mayor’s marshes of the Guadalquivir River, which at the end of the 30s of the last century did not exist and barely 30 years after they had built a new agricultural landscape with unique attributes and elements: the type and manner of cultivating, the system of exploitation of the land and the associated habitat. The effectiveness of that transformation is explained by the inherited colonial experiences of foreign companies in these marshes and the difficult food situation of the Civil War and its immediate aftermath. One successful process of landscape architecture assumed that since the midseventies, “island rice” was perceived as a new world, and understood as single-output and unique landscape. Recognition of this radical transformation made that the next dynamics, important but less spectacular, have been overshadowed by the prominence of an infinite and horizontal succession of rice tables landscape. In order to show the speed and intensity of the changes, currently is the largest paddy in Spain -a descriptive and synthetic route was made here throughout the transformation process, emphasizing the importance of those obscured and newer dynamics, including: the conflicting conversion of the minor entity of Villafranco-Puebla del Río of Guadalquivir into the town of Isla Mayor, the own conversion of rice, the emergence of new activities or incorporating Doñana as a new challenge which is able to coexist with. Such a variety of issues and conflicts gives an idea of the complexity of the spaces and landscapes of the South paddy and their human and productive tissues. Understanding the complexity required to adopt a suitable method interdisciplinary of reading reality , so it is assumed here, as hypothesis - that reading these landscapes of respiratory rice – complex, medial and trayectivos (Berque, 2009) - will be allowing us to approximately converge, not only from geography and paint, in to a fruitful discipline dialogue, but to offer an original and new transdisciplinary narrative (Ojeda, 2013) of the horizontal and seemingly monotonous landscape of paddy of the Guadalquivir marshes . Keywords: landscapes, geography, art, cultural identity. Resumé La rizière respire. Des valeurs et une dynamique des paysages des marais au bord de la mer riziers du Guadalquivir Le riz respire. Avec cette littéraire personnification métaphore vise à montrer le dynamisme est une propriété intrinsèque des champs de riz et en particulier ceux des marais de la grande île de la rivière Guadalquivir, qui à la fin de la décennie des années 30 du siècle dernier n’existaient pas et à peines 30 ans après ils avaient construit un nouveau paysage agraire avec des attributs et des éléments uniques: le type et les manières des cultures, le système d’exploitation de la terre et de l’habitat associé. L’efficacité de cette transformation fut patronnée par les expériences coloniales héritées des compagnies tu extrayais et par la difficile jointure de la Guerre Civile et de son aprèsguerre immédiate. Son processus “heureux” a donné un lieu à qui à la fin des années soixante-dix percevait une “île du riz” comme un monde nouveau mais déjà terminé et avec la rizière comme
28 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 unique leitmotiv; il en résulte que les dynamiques postérieures, importantes mais moins spectaculaires, elles sont restées opacifiées par le rôle principal de la succession infinie des tables de riz. Pour afficher la vitesse et l’intensité des changements, est actuellement le plus grand paddy de l’État espagnol est un itinéraire descriptive et synthétique a été fait ici par le processus de transformation de tout le monde, en mettant l’accent précisément sur l’importance de ces dynamiques obscurci et plus récent, y compris notamment: conversion contradictoires de entité d’Il Peuple du Río-Villafranco du Guadalquivir dans la municipalité d’Isla Mayor, la propre reconversion de la culture de riz, l’apparition de nouvelles activités ou l’incorporation de Doñana comme d’une valeur positive. Une telle variété de questions et de conflits donne une idée de la complexité des espaces et des paysages du Sud et de leur paddy et tissus humains productifs. Comprendre la complexité nécessaire d’adopter une méthode de lecture interdisciplinaire approprié de la réalité, il est donc supposé ici, l’hypothèse que - Que la lecture respiratoire Ces paysages de riz - complexes, médial et trayectivos (Berque, 2009) - seront permettant environ nous à converger, non seulement de la géographie et de la peinture, de la discipline à un dialogue fructueux, mais d’offrir un récit transdisciplinaire originale et nouvelle (Ojeda, 2013) du paysage et paysage apparemment monotone de paddy des marais du Guadalquivir. Mots-clé: paysages, géographie, art, identité culturelle. Sobre las autoras Águeda Villa Díaz Licenciada en la Sección de Geografía de la Facultad de Geografía e Historia (Universidad de Sevilla) y profesional de Arte Dramático. Pertenece al Grupo de Investigación Interuniversitario Estructuras y Sistemas Territoriales (www.upo.es/ giest). Ejerce como profesional libre y Profesora Asociada de la Universidad Pablo de Olavide. Ha trabajado en planeamien- to urbanístico y medioambiental, estudios de vías pecuarias, desarrollo rural y proyectos de inventario, recuperación e interpretación del patrimonio natural y cultural. Ha colaborado en proyectos europeos como INTERLAB, (didáctica de los bienes naturales y culturales, para la formación del ciudadano europeo), para el ejemplo de “Doñana en el contexto cultural del Mediterráneo”. CMA, el Proyecto Rhila INTERREG-CCA “Relaciones y pervivencias de la cultura inmaterial en Andalucía y el Norte de Marruecos. Paisajes paralelos en Andalucía y Marruecos”. Asesora externa del Comité Andaluz de Reservas de la Biosfera (Programa MaB-UNESCO). Carmen Andreu Lara Doctora en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, Profesora Titular de Universidad en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla. Investigadora Principal del Grupo HUM-841 que tiene como principal línea de investigación El arte como de mediador para la puesta en valor de los paisajes. Sus últimas publicaciones: Diálogos de Piedra y Agua (2012) Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra, Los olivares andaluces y sus paisajes distintivos del mundo mediterráneo (2012) Córdoba: Revista de Estudios Regionales. Del homúnculo al neanderthalio. La involución del ser humano según Manolo Millares (2013) Jaén: Revista de Antropología experimental, La pintura en el reto de la sensibilización sobre el paisaje (2013) Lisboa: Studio (en prensa).
29 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 1. Introducción El arrozal del Estuario del Guadalquivir es vecino de la propia capital hispalense, ya que se encuentra a sólo 20 Km. de la capital, ocupando una extensión aproximada de 35.000 ha situadas en la margen derecha del río y principalmente en el espacio central del estuario, conocido como ”islas del Guadalquivir”. Sus producciones rondan el 40% del arroz español y el 15% del europeo, con técnicas y semillas que han ido evolucionando desde su implantación con el objetivo inicial de aligerar la salinidad de los suelos marismeños adecuándolos para otros cultivos. Este arrozal del Bajo Guadalquivir es un buen ejemplo de dinamismo socioterritorial dado que hasta hace aproximadamente 80 años era un cultivo completamente ajeno a estas marismas y sería a finales de la década de los años treinta del siglo pasado -en el marco de la dura coyuntura alimenticia que supuso la Guerra Civil (1936-1939) y su inmediata posguerracuando se comienza a plantar arroz de forma masiva, una decisión que, apenas 30 años más tarde, había cambiado completamente el paisaje de estas islas y especialmente de la Isla Mayor del Guadalquivir que aparecía completamente dominada, habitada y civilizada. La creación de este nuevo paisaje agrario, con sus elementos y atributos singulares: el tipo y modo de cultivar, el sistema de explotación de la tierra y el hábitat asociado. fue, por tanto, fruto de un proceso corto en el tiempo pero de un gran dinamismo y vitalidad. Se trata de un paisaje agrario intensivo, monoproductivo, y, consecuentemente, nuevo en todos los sentidos, dado que rompe con la trayectoria extensiva y diversa propia de los aprovechamientos seculares de la marisma afianzándose con inusitada rapidez a principios de los años ochenta: el monocultivo del arroz y su poblamiento asociado aparecía casi como el final del proceso lógico, exitoso y progresista de la conquista y dominación humana del difícil, inhóspito e improductivo medio pantanoso: …hasta el mismo poblado llegan los cultivos…toda la vida dependía de ese mar verde, de esas espigas granadas que se aprietan en un haz inmenso que el viento agita en oleaje continuo (Grosso y López Salinas, 1977: 81) Sin embargo, no estaba terminado sino que, a lo largo de las tres últimas décadas ha ido viviendo varias dinámicas paralelas y relacionadas con aspectos muy variados: la paulatina importancia de los espacios protegidos de Doñana, la colonización de una especie exótica, el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), el proceso de segregación municipal de Villafranco del Guadalquivir hasta convertirse en el municipio de Isla Mayor, la rotura de la balsa de las minas de Aznalcóllar, el inicio del turismo rural y de naturaleza, los propios cambios en el cultivo y comercialización del arroz. Este conjunto de procesos transformadores han dado lugar a que, aun manteniendo al arrozal como gran protagonista, se haya ido matizando su papel como típico monocultivo colonial, al generar nuevas actividades con sus respectivos actores sociales, económicos y culturales que, a la par, introducen cierta diversidad en la aparente homogeneidad que actualmente presenta este ámbito marismeño. Todo ello es claramente perceptible en unos paisajes actuales que han ido adquiriendo un doble papel patrimonial, al constituirse, por una parte, en valiosos ejemplos de paisajes agrarios recientes de Andalucía y, por otra, al convertirse en valores comunitariamente reconocidos como herencia que hay que reconocer y cuidar. La adquisición de estos caracteres paisajísticos patrimoniales puede considerarse como un fenómeno singular en cualquier dinámica socioterritorial, pues sus reconocimientos ofrecen, por un lado, unas posibilidades de atracción foránea vía turis-
30 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 mo y, por otro, unas reafirmaciones del vínculo identitario de la sociedad que habita y produce tales paisajes patrimonializados. Pero además de ese dinamismo estructural hay que considerar otros más cotidianos o estacionales, pero no por ello menos llamativos y sugerentes, ya que tienen la capacidad de mostrar las trayectorias vitales de los paisajes otorgándoles unos valores plásticos que transciende las funciones productivas de los mismos: la estacionalidad propia del cultivo, la variedad e intensidad de las tareas agrícolas, los propios cambios a lo largo de cada día, las transformaciones en los asentamientos, etc., convierten cada visita al arrozal en un relato único e irrepetible: Visitamos por última vez el arrozal el doce de Octubre. Llegamos tarde, había amanecido con niebla. Eran casi las 11 cuando cruzamos el Arroyo de la Cigüeña. Campos de algodón, remolacha, cítricos y, sobre todo, una red de torres de electricidad dibujan el paisaje que enmarca al arrozal por esta zona. Después de cruzar el Vado de los Vaqueros comprobamos que se estaban desaguando las tablas del sector norte. Cuando llegamos a Isla Mayor la actividad era frenética. La niebla se había disipado y se trabajaba a contrarreloj. Cosechadoras, camiones, tractores iban y venían en todas direcciones. El mundo del arroz hervía (Andreu, 2013). Por su importancia y a pesar de su localización periférica, estos arrozales han sido objeto de estudio desde muchos campos disciplinarios: científico-técnicos (transformaciones hidráulicas, agronomía, biología, ciencias ambientales, arquitectura), humanidades (estudios históricos, geográficos, antropológicos y sociológicos) y arte (literatura, pintura y fotografía) que han generado un fondo de documentación amplio e interesante, del que hemos realizado la selección que se reseña en la bibliografía. Pero con este trabajo, nuestra pretensión es efectuar una lectura interdisciplinar a los paisajes del arroz de estas marismas del Guadalquivir -concretamente a los de Isla Mayorpara, además de testimoniar sus dinámicas espaciales y territoriales recientes, mostrar los valores perceptivos y simbólicos que recrean y dan visibilidad a dichas dinámicas. Nuestra premisa es la convicción de que los paisajes se constituyen en escenarios-crisoles que nos permiten descifrar -a través de sus elementos, atributos, estructuras y signosla historia de las intervenciones recientes que han ido dibujando el actual territorio de uno de los espacios protegidos más emblemáticos de Europa. No hay que olvidar que nuestro objeto de estudio son los arrozales que forman parte de la Reserva de la Biosfera de Doñana. 2. Metodología Para elaborar esta investigación hemos partido del reconocimiento del paisaje como un hecho complejo, medial y trayectivo (Berque, 2010) que nos hace conscientes de que para comprenderlo es necesaria su lectura como realidad multidimensional. Compartimos a su vez con Zoido la necesidad de enlazar estética, ética y política a partir del paisaje para unir sus orígenes y su trayectoria histórica con su contribución a la calidad del marco vital de las personas y al mantenimiento del carácter o singularidad de los lugares (Zoido, 2012). El proceso metodológico de la investigación desarrollada para este artículo ha intentado aunar informaciones y conocimientos muy variados con el objeto de elaborar un discurso sobre las dinámicas recientes del arrozal de la Isla Mayor del Guadalquivir que permita realizar una aproxi-
31 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 mación de mayor complejidad que lo meramente descriptivo, mostrando, como se ha señalado con anterioridad, los valores perceptivos y simbólicos que recrean y dan visibilidad a esas dinámicas. Este último aspecto nos parece muy importante dado que permite avanzar desde la pluridisciplinariedad –mirar y describir el objeto de estudio desde las claves espaciales territoriales o perceptivas que ofrecen distintas disciplinashacia lo interdisciplinar –leer conjuntamente paisajes escogidos por su significación en el ámbito que se estudia- y lo transdisciplinar –elaborar una interpretación conjunta donde se interpretan y comprenden los paisajes estudiados desde un conocimiento ya compartido, porque se mueve en las fronteras de nuestras respectivas disciplinas- (Ojeda, 2013). En la secuencia de aproximación a la realidad actual de los paisajes del arroz de la Isla Mayor han sido importantes: la consulta de trabajos ya elaborados y relacionados con los aspectos señalados con anterioridad, el hecho de que las autoras contábamos ya con acercamientos a este arrozal desde sus respectivas disciplinas lo que suponía un bagaje de conocimiento inicial que permitía abordar la tarea interpretativa, las visitas individuales y conjuntas de las autoras a los arrozales. Especialmente sugerentes fueron las rutas realizadas en compañía de una especialista en agronomía que permitió la transversalidad de conocimientos in situ, entendiendo que su cualidad como paisaje agrario es el fundamento de todos sus valores, dado que compartimos con Berger las convicciones de que no tener en cuenta la actividad agrícola como algo que pertenece al pasado, es negar el valor de demasiada historia y demasiadas vidas (Berger, 2006). En nuestro acercamiento, por tanto, nos movemos entre la objetividad y la subjetividad como modos complementarios e imprescindibles de acercarnos a una realidad a través de su paisaje. En función de ello y teniendo en cuenta la intensidad de los cambios hemos elaborado un eje narrativo a partir del cual se van analizando las limitaciones, dificultades y recursos que los caracteres físicos de este estuario representan para las comunidades humanas que en él habitan y han habitado, intentando desvelar y marcar los hitos de los procesos y estrategias con los que los grupos humanos implicados han construido el arrozal sevillano tal como lo vemos hoy. Se concluye haciendo una aproximación a las claves representativas que dan visibilidad a los valores perceptivos y simbólicos de los paisajes del arrozal de las marismas del Guadalquivir en las cuales se reconocen inevitable e inexorablemente los hitos, procesos y estrategias de la conquista del humedal definidas con anterioridad y aquí convertidas en los elementos nucleares de la interpretación artística. Para ello, se conjuga la tarea documental y fotográfica con la realización directa y creativa de pinturas que profundizan a través del arte en los valores subjetivos que se atribuyen a estos paisajes especialmente en relación a los procesos estacionales más significativos en el cultivo del arroz actualmente (el fangueo, el arado en seco, la inundación, el desarrollo en sus distintos estadios, la recolección y la limpieza de los rastrojos). Estas pinturas nos muestran los valores y elementos objetivos de estos paisajes heredados de sus procesos físicos y humanos y a su vez, gracias a esa capacidad del arte para proporcionar una interpretación de los valores de los paisajes, pretenden facilitar la “transmisión de sentido” que requiere una interpretación hermenéutica del paisaje (Caballero, 2012: 266). 3. Resultados Siguiendo la secuencia del proceso metodológico, los resultados de la investigación se presentan en dos apartados. En el primero se estudian las claves espaciales y territoriales de las marismas arroceras de la Isla Mayor del Guadalquivir de forma que puedan contextualizarse suficientemen-
32 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 te los hitos, procesos y estrategias que han dado lugar a su realidad actual, mientras en el segundo se recrean a través de la expresión artística, los valores que visibilizan las dinámicas. 3.1. Evolución y dinámica reciente de los paisajes del arrozal de las marismas del Guadalquivir 3.1.1. Localización geográfica y características físicas Aquí fue primero la solitaria inmensidad del mar, y luego, ya convertido este mar en la llanura sin horizontes de la marisma, se produce un largo, inacabado diálogo y esta naturaleza viva aún hoy y desde entonces (Suárez Japón, 1994:5). En el Suroeste de la Península Ibérica donde confluyen las provincias andaluzas de Huelva-Sevi- lla-Cádiz, se localiza la amplia llanura correspondiente a la desembocadura del Guadalquivir que tiene una superficie aproximada de 140.000 ha de las cuales algo más del 60 % se concentran en su margen derecha. Esta llanura tiene su vértice inicial en la ciudad de Sevilla para ir abriéndose hasta llegar a los cordones dunares de Doñana que la separan del Océano Atlántico. Se trata de un espacio joven de materiales ligeros (arenas, arcillas, limos, gravas) que se formó a lo largo del Periodo Cuaternario, fruto de la dialéctica de arrastre y deposición de materiales entre el mar y el río. El relleno de esta antigua ría del Guadalquivir ha sido progresivo y desigual, dando lugar a una morfología de desniveles mínimos donde lo más accidentado viene dado por la compartimentación en islas, isletas, vetas, paciles, etc. que deriva de su peculiar red de cursos de agua: caños, ríos, arroyos y brazos. Imagen 1. Hipotética evolución del Estuario del Guadalquivir. Fuente: Gavala y Laborde, J.
33 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 La Isla Mayor que contiene a la Isla Mínima, va discurriendo de norte a sur como una amplia y larga lengua, desde la Venta de Cruce hasta última curva del río Guadalquivir antes de desembocar entre los municipios de Sanlúcar de Barrameda en Cádiz y Almonte en Huelva. Al este está delimitada por el único brazo del Guadalquivir que aún permite la navegación y al oeste por el río Guadiamar seguido de El Brazo de la Torre. Esta isla cuenta actualmente con 10.817 ha de arroz de las 35.000 que se cultivan en la marisma y se inscribe completamente en la provincia de Sevilla, provincia que concentran el 75,36% del total de marismas. 3.1.2. Evolución histórica y aprovechamientos tradicionales de la Isla Mayor …Se halla un lugar pantanoso y cenagoso que llaman marismas, donde acuden todo espacio de aves, que se van en su tiempo oportuno… (Navajero, 1526-1994: 38). Sus condiciones físicas han dado lugar a un medio anfibio e incierto, difícil e inhóspito para la vida humana cuya definitiva territorialización es muy reciente, un hecho que convive con su carácter como espacio de significativas resonancias míticas, escenario de uno de los trabajos de Hércules, el robo de los bueyes del rey tartesio, Gerión. Durante toda la historia antigua y gran parte de la Edad Media, de estas marismas se tienen noticias dispersas especialmente relacionadas con su papel como lugar fronterizo de necesario y difícil control y con la ganadería como su aprovechamiento más destacado. Tras la conquista cristiana a mediados del siglo XIII, se inicia la organización y regulación de la Isla Mayor que forma parte del término municipal de la Puebla del Río, aunque su uso se regula como bien de propios del concejo sevillano. La regulación bajomedieval supone una prototerritorialización de la Isla dado que se organiza el viario de acceso e interior basado en la red de vías pecuarias, se compartimentan en grades secciones y se señalan los principales hitos de poblamiento con las primeras ventas y hatos. Si bien la ganadería es el uso principal, a lo largo del tiempo irán apareciendo otros que responden a intereses y circunstancias muy distintas pero que finalmente deberán ser regulados, como la recolección y quema de almajos para la fabricación de jabón, la pesca de caños, la caza o la agricultura de matos y huertas. Hasta el siglo XVIII la marisma mantenía su ritmo propio en el proceso natural de desecación, donde se diferencian y se da nombre a las dos islas y siempre pendiente de las crecidas del Guadalquivir. A partir de las descripciones de la época podemos entender que se consideraba un medio interesante, de vida y aprovechamientos variados y estacionales: … Hay muchas reses y caza mayor y menor…En la marisma se crían tantas y tan extraordinarias aves nunca jamás vistas en otra parte de España que viene a ser de las cosas más raras de ella en este género… de pescado propio tiene grandes cantidades: Albures, Sábalos y Rodaballos, vendidos en toda Andalucía y Castilla…tiene muchas y abundantes salinas. (Caro, 1634- 1994: 38). 3.1.3. La construcción del paisaje de la isla del arroz Esta visión como tierra abierta y periférica pero importante para las poblaciones comarcanas, gracias a la flexibilidad de la ordenación y gestión de sus múltiples aprovechamientos estacionales, va a ir cambiando progresivamente hacia una visión negativa de baldío improductivo publicitada desde finales del siglo XVIII, tanto desde ámbitos técnicos como literarios (descripciones geográficas, viajeros...) “...terrenos pantanosos y encharcadizos...”, “...grandes extensiones insalu-
34 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 bres desiertas, dominadas por la sílice en arenales vivos y muertos...”, “...terrenos incultos y abandonados, anegados, despreciables y de escasísimo valor...”. Abrazadas orillas…por encima de las cuales la vista se pierde hasta su horizonte sin fin por unas llanauras sin límites, semajante al desierto…Tristes márgenes, exacta reproducción de la de las del Nilo o del Canal de Súez atravesando inconmensurales llanuras de arenas. (Noël, 1870-1994: 39). Los primeros intentos transformadores se sitúan en el contexto ideológico y científico de la ilustración y en la voluntad decimonónica de sanear y poner en producción espacios marginales, tanto por su escasa productividad como por sus malas condiciones para el buen desarrollo de la vida humana. Estos intentos se encontrarán durante un tiempo con dificultades técnicas para realizar las transformaciones necesarias que en este caso tenían dos retos importantes: las mejoras en la navegabilidad del río y la puesta en producción de las tierras. En tales marcos de referencia, la desecación de las marismas se presenta como obra justificada por razones perentorias de salubridad o de cosmología. En función de ello, el Estado será el encargado de realizarlas directamente o bien de impulsarlas y facilitarlas, complementando las tareas de grandes empresas extranjeras propietarias o concesionarias de las tierras que –a modo de compañías coloniales – juegan un papel decisivo en la conformación de estos nuevos paisajes. La presencia de estas compañías responde a la atracción de capitales extranjeros, iniciada en el siglo XIX y mantenida en las primeras décadas del XX dando lugar a una forma de colonialismo4 concebida entonces como mecanismo de modernización y apertura del país. Muchos son los ejemplos de este sistema colonial mercantil en Andalucía Occidental, vinculados a la minería, a la vitivinicultura o a ciertos servicios públicos. En la Isla Mayor, desde principios del siglo XIX se habían acometido obras para facilitar la navegación (Compañía de Navegación de las Islas del Guadalquivir 1927). En 1923 la Compañía de las Islas del Guadalquivir conocida como de “Los Ingleses” comienza con la con la polderización que bonifica las tierras, desecándolas y desalinizándolas, iniciando así sus experimentos con el cultivo del arroz. La intervención de esta compañía puso las bases del actual paisaje marismeño, dado que introdujo la maquinización, trazó los primeros canales y el viario, incluyendo un tramo de ferrocarril; levantó talleres, barracones y diversos tipos de alojamientos que culminaron en poblados como Colinas –situado en la vera con el fin de acoger al personal técnico y administrativo de la empresa– o como los pequeños asentamientos isleños de El Puntal, El Rincón de Los Lirios y Reina Victoria. De este conjunto destaca el poblado de Alfonso XIII, proyectándose como tal desde el primer momento y que aunque sólo se construyen en una primera instancia la iglesia, las oficinas de la compañía y algunos grupos de viviendas, se convierte en el asentamiento más importante de la marisma desde su inauguración en 1927 por el propio rey Alfonso XIII. 4. El establecimiento de colonias es un fenómeno muy antiguo, desarrollado por muchas civilizaciones y que presenta un amplio abanico de tipos, si bien todos participan de un idéntico motivo inicial: generar un lugar nuevo en función de la explotación de un recurso endógeno de ese espacio descubierto por y para los intereses de una comunidad exógena, que aporta –como identidad original de la nueva fundación– su propia herencia. Este concepto fundacional define el sistema de relación política, social, económica y simbólica entre la colonia y la metrópoli a la par que determina los rasgos esenciales de territorios y paisajes coloniales que se manifiestan en la ordenada simplicidad que da una proyección pensada y objetivada en función de un único recurso y un único nivel de comunicación.
41 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 Imagen 7. La medida del tiempo en el arrozal Fuente: Andreu, C. (2012) La medida del tiempo I, II, III y IV Temple vinílico sobre tabla, 40 x 40 cm, c/u. Las inundaciones previas a la siembra pueblan estas llanuras de innumerables espejos de agua que crean un paisaje insólito y sorprendente. Un laberinto de senderos terrizos aparece y tejen los espacios abiertos de estas marismas con una trama geométrica que nos ayuda a percibir la inmensidad de su trazado (imagen 8). A principios de la primavera la lámina de agua deja emerger el verde cálido de las pequeñas plántulas de arroz (imagen 9). Millares de brotes se unen al ritmo que impuso la siembra y distinguimos con claridad las diferentes tablas que marcan los cambios de nivel para facilitar el reparto del agua en la superficie inundada.
42 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 Imagen 8. Arrozal en Enero Fuente: Andreu, C. (2012). Cristales rotos Temple de huevo sobre papel, 40 x 15 cm. Imagen 9. Arrozal naciente Fuente: Andreu, C. (2012). Enero. Cristales rotos Temple de huevo sobre papel, 40 x 15 cm. Mientras el arroz crece y aparecen las espigas, va desapareciendo el entramado de carriles del paisaje. Los cambios cromáticos sorprenden al observador porque contrastan intensamente con el entorno inmediato, presentando sus verdes más intensos en la aridez del verano, cuando el matorral mediterráneo apaga sus colores a la espera de que las primeras lluvias le devuelvan su actividad vegetativa. En verano el calor húmedo puede ser asfixiante, solo el color verde nos permite respirar (imagen 10). Ese verde “(...) distinto a todos los verdes que los viajeros han visto antes de llegar a esta zona de la Baja Andalucía. Es un color nuevo aceitoso y crujiente. Un tono más luminoso que el del verdeguear del trigo y la alfalfa en los ribazos de la vega de Coria: un verde que nada tiene que ver con el verde de los sotos o con el de los plantíos de caña” (Grosso y López Salinas, 1977)
43 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 Imagen 10. Verde arrozal en Agosto Fuente: Andreu, C. (2012). Verde luz del sol poniente Acrílico sobre tabla. 80 x 40 cm. Al final del verano el arrozal respira, la panícula deja abrir sus flores en breves periodos de tiempo al sol durante varios días. Las temperaturas altas de la noche intensifican la respiración diurna. Comienza la rápida formación del grano de arroz. Una coloración espectacular con los dorados de las panículas del arroz sobre el verde intenso de la planta que la sostiene lo delata (imagen 11). Imagen 11. Septiembre. Maduración Fuente: Andreu, C. (2011). Septiembre. Pausa dorada Acrílico sobre tabla. 80 x 40 cm. A partir de ese momento la calidez y luminosidad de los cultivos deslumbran (Imagen 12). Los matices dorados dominan poco a poco el paisaje y se acelera el ritmo de la maduración: el arroz está granando.
44 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 Imagen 12. Octubre, Arrozal maduro Fuente: Andreu, C. (2012). Octubre, sinfonía de ocres Acrílico sobre tabla, 80 x 40 cm. En el otoño, el arroz madura, la planta termina de dorarse y nos muestra una sinfonía de ocres que se extienden hasta el donde la vista alcanza. Invade el arrozal una quietud que en nada hace presagiar la actividad frenética en la que se verá envuelta la marisma al ritmo del paso de las máquinas cosechadoras: Poco antes de la cosecha se desaguan las tablas y se inicia así un ritual anual al que asisten millares de aves expectantes. Todos los días de la semana máquinas cosechadoras, tractores y camiones de carga, trabajan incansables desde el momento que el sol calienta y seca la humedad de la noche hasta que el rocío vuelve a humedecer el arrozal, llenándolo con una actividad insólita en estos parajes. Imagen 13. Quema de la paja tras la cosecha Fuente: Andreu, C. (2012). Líneas de fuego Temple de huevo sobre papel, 40 x 15 cm. Al paso de la cosechadora quedan sobre el terreno, además del rastrojo, una cantidad significativa de paja procedente de la trilla. Para su eliminación el arrozal arde. Lo hace geométricamente,
45 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 siguiendo las líneas marcadas o cordones. El fuego dibuja la superficie de la plantación con líneas violáceas y negras que alternan y contrastan llamativamente con los amarillos de la paja que todavía permanece firme en el fango, el humo tiñe el aire. El color de la paja quemada, la ceniza húmeda, los rastros de hollín sobre el rastrojo, el olor intenso que dejó la combustión construyen un nuevo paisaje. Imagen 14. Paisaje de rastrojos tras la cosecha Fuente: Andreu, C. (2010). Rastrojos y agua Acrílico sobre tabla, 80 x 40 cm. Cuando termina la cosecha, los restos de paja y rastrojo que no se han carbonizado se entierran en una labor que se conoce como fangueo. Esta llamativa actividad deja su huella en el paisaje durante el largo tiempo que media entre este proceso y la nueva siembra. De este modo, la tierra queda preparada a la espera de un nuevo ciclo del arroz. La quietud del paisaje en este tiempo es sólo aparente porque los pardos de la tierra seca del letargo invernal recogen las aguas de lluvia y mantienen vivo ese diálogo continuo con la luz sin sombras de estos parajes y la huella que el trabajo del hombre deja en ellos cada año. 3.2.3. La presencia constante del agua. El agua, ese bien tan preciado y tan escaso en la baja Andalucía configura y vertebra estos paisajes. La presencia casi constante de la lámina de agua no es sólo un elemento imprescindible para el cultivo, se nos presenta también como un elemento clave de sus valores estéticos. Los canales que proporcionan abastecimiento a las distintas tablas estructuran geométricamente el territorio con líneas que brillan en la distancia, recordándonos su incalculable valor. Sin agua no hay cultivo. Sin agua no hay vida. El agua ejerce un efecto multiplicador de los cambios atmosféricos en estos paisajes. Las lluvias y las inundaciones necesarias para el cultivo convierten las tablas de arroz en inexplicables espejos sobre los que reverbera la luz, amplificando su intensidad y matiz hasta límites insospechados.
46 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 Imagen 15. Enero en las marismas Fuente: Andreu, C. (2013). Enero en las marismas Temple de huevo sobre papel, 40 x 15 cm. El agua en su continuo diálogo con el arrozal nos revela del rastro de la actividad agraria en el paisaje, vemos e imaginamos el pasado en el presente (imagen 16). Así, mientras el arroz germina y se desarrolla, la delgada lámina de agua evoca el paso del arado y el láser. Después de la recolección, la regularidad de los rastrojos en al agua delata el ritmo que marcó la cosechadora. De igual modo, la geometría del fangueo imprime ritmo y dinámica al paisaje durante el largo periodo que media entre la cosecha y la nueva siembra. Hombre y máquina dialogan constantemente con la naturaleza en las marismas arroceras mientras el agua revela con indiscreción la configuración humana de estos paisajes. Imagen 16. Rastros Fuente: Andreu, C. (2011). Caída de la tarde en Julio Temple de huevo sobre papel, 40 x 15 cm. 3.2.4. La arqueología del arrozal Las grandes extensiones de arrozal, pobladas únicamente por canales, desagües y caminos, se ven interrumpidas por escasas pero llamativas edificaciones abandonadas. La arquitectura industrial (Imagen 17), restos de un pasado que aunque muy cercano suponen la arqueología de este medio
47 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 recientemente colonizado y habitado dando una idea de la intensidad y rapidez de los cambios y permaneciendo como puntos de referencias y nudos que dialogan con el presente. Imagen 17. Arquitectura arrocera en abandono Fuente: Andreu, C. (2013). Arqueología del arrozal I y II Temple vinílico sobre tabla, 60 x 60 cm. En ocasiones podemos distinguir una agrupación de edificaciones: el almacén, para guardar el arroz hasta el momento de su venta y los aperos de labranza, el secadero de sol, para extender y secar el arroz después de trillado con el fin de conseguir la humedad idónea para el almacenado y la vivienda familiar. En la distancia se aprecia el abandono de estas construcciones por las nuevas dinámicas que han inducido en estos territorios la mecanización del cultivo y la asociación de los arroceros en busca de competitividad. Pero lo que llama poderosamente la atención en el arrozal son las pequeñas y pintorescas construcciones aisladas que la pueblan y que proporcionan una nota singular en estos paisajes. Su aislamiento en la amplitud de la planicie sobre las que se hayan, resulta en ocasiones sobrecogedor. 3.2.5. Tierra de pájaros: La avifauna de las marismas Cigüeñas, garzas, gallinetas y calamones pueblan las tablas de arroz. La soledad que suele caracterizar estos territorios se ve animada por su dinámica. Es difícil pasear por estos paisajes sin percibir la presencia de las aves que merodean procedentes de las proximidades de Doñana. Las canalizaciones para el drenaje y la conducción de agua proporcionan un atractivo irresistible para estas aves que encuentran comida abundante y un hábitat adecuado cuando escasea el agua en el medio natural. El paisaje del arrozal en el periodo de la cosecha es inseparable ya de la miríada de aves que siguen a la cosechadora a la captura de los crustáceos que esta va dejando al descubierto entre fangos y rastrojos (imagen 18), que es el momento donde arroz y Doñana forman su binomio más atrayente y explícito, pues, si miramos al cielo descubriremos un nuevo paisaje. Estamos debajo de una autopista, como llaman los ornitólogos a las rutas que anualmente siguen miles de aves en su migración entre el Norte de Europa y el continente africano.
48 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 Imagen 18. Aves en las marismas arroceras después de la cosecha Fuente: Andreu, C. (2013). Revuelo en las marismas. En busca del cangrejo rojo Temple de huevo sobre papel, 40 x 15 cm. 4. Conclusiones En relación con las conclusiones de este trabajo es importante considerar tanto el objetivo como el proceso metodológico empleado pues ambos han determinado tanto los contenidos como la estructura final de los resultados. Nuestro estudio se ha movido entre lo objetivo y lo subjetivo, aunando conocimientos de diferentes ámbitos en un intento de pasar de lo interdisciplinar a lo transdisciplinar en la interpretación del paisaje, entendido como escenario capaz de mostrar elementos, relaciones y dinámicas. De sus resultados podemos concluir lo siguiente: • El arrozal de las Marismas del Guadalquivir, actualmente el más importante del Estado Español, es fruto de un proceso de gran dinamismo y vitalidad que no supera los 80 años. • Un horizonte temporal corto en el cual se pueden diferenciar varias etapas siendo la más reconocida la que –heredando las acciones coloniales de las compañías extranjeras-, discurre entre los años 40 y los 70 del pasado siglo, unos escasos 40 años durante los cuales y en el contexto de las intervenciones públicas de colonización interior desarrolladas durante el franquismo, se materializan las infraestructuras, los asentamientos, la fijación de la población y la puesta en producción agrícola con el arroz como monocultivo • La eficacia de esta transformación y lo llamativo en extensión de este nuevo paisaje agrario que transformó completamente la faz de la hasta entonces periférica y diversa marisma, transmitía una idea de un mundo “nuevo pero exitosamente terminado” • Sin embargo a lo largo de las últimas tres décadas se han desarrollado nuevas dinámicas, algunas de signos completamente distintos, que han desatado conflictos de desigual significación pero que finalmente se han ido solucionando hasta fijar la actual identidad del reciente municipio de Isla Mayor, entidad menor de La Puebla del Río hasta el año 1994, con la denominación de Villafranco del Guadalquivir. • Actualmente, aún manteniéndose el arroz como el protagonista indudable de “su isla”, se detectan signos de la asimilación positiva de otras dinámicas que incorporan nuevos usos y nuevos valores en la marisma, dotándola de una nueva diversidad que, aunque muy tímidamente, nos puede retrotraer a la naturaleza propia de este medio anfibio cuya característica patrimonial más importante es precisamente que se trata de un mundo sin acabar, siempre en movimiento.
49 Creative Commons Reconocimiento-No Comercial 3.0 e-ISSN 2340-0129 Villa-Díaz, A. y Andreu-Lara, C. (2013). El arrozal respira Cuadernos Geográficos 52(2), 26-49 • El mundo de Isla Mayor, ahora, es un mundo de arroz pero también de Doñana, de cangrejos, de turismo rural, de acuicultura y de pesca en caños. Todos estos signos se visibilizan en sus paisajes que se han convertido en la mejor expresión de su patrimonio tanto para su población autóctona como para turistas, visitantes y estudiosos. El arrozal de las marismas del Guadalquivir respira y, a través de sus propios movimientos de inhalación-exhalación, va desvelando y revelando los valores perceptivos y simbólicos de sus paisajes. Podemos reconocer la potencia de estos paisajes en su dinámica -asociada fundamentalmente a los cambios de la actividad agraria-, en su carácter identitario -como patrimonio de una comunidad que se arraiga a sus lugares-, en su resilencia -adaptándose para superar las dificultades- y en su carácter simbólico -asociado fundamentalmente a la horizontalidad del territorio y al sentido del infinito que destila, a la convivencia de los restos arquitectónicos del pasado y el presente de una actividad agraria que se renueva con el signo de los tiempos y al diálogo con todo lo que representa la presencia de Doñana en estas marismas-. En definitiva, diversidad y dinamismo como realidad que muda con el paso de las horas, los días, las estaciones, llanura en movimiento cíclico, arrozal que respira. 5. Referencias bibliográficas • Andreu, C. (2013). Cuaderno de campo El arrozal respira, inédito. • Berger, J. (2006). Puerca tierra, Madrid: Alfaguara. • Berque, A. (2009). El pensamiento paisajero, Madrid: Biblioteca Nueva. • Caballero, J.V. (2012). Los valores paisajísticos, Cuadernos Geográficos, 51 (2012-2), 245-269 • Caro, R. (1634). Antigüedades y Principado de la ilustrísima ciudad de Sevilla y chorografhía de su convento jurídico o antigua chancillería, Sevilla: Universidad de Sevilla. • Gavala y Laborde. J. (1936). Memoria explicativa de la hoja nº. 1.017 del Mapa Geológico de España. Madrid: Instituto Geológico y Minero • Grosso, A. y López Salinas, A. (1977). Por el río abajo, Bilbao: Albia Literaria (2ª ed.) • Navajero, A. (1884). Equipo 28: El Río. El Bajo Guadalquivir, Sevilla: Junta de Andalucía. • Noël, E. (1870). Las márgenes del Guadalquivir. Sevilla: Universidad de Sevilla. • Ojeda, J. (2013). “Lectura transdisciplinar de paisajes cotidianos, hacia una valoración patrimonial. Método de aproximación” en Revista invi, Nº 78 / Agosto 2013 / Volumen Nº 28: 27-75 • Prete, A. (2010). Tratado de la Lejanía, Valencia: Pre-textos. • Rodríguez Cárdenas, M. (1977). Historia de La Isla Mayor del río Guadalquivir, Sevilla: Colegio Público Villafranco del Guadalquivir. • Suarez Japón, J. M. (1994) en Rodríguez Cárdenas (1997). Historia de La Isla Mayor del río Guadalquivir, Sevilla: Colegio Público Villafranco del Guadalquivir. • Suárez Japón, J. M. (2007). Por el río abajo. Un viaje literario por la marisma del Guadalquivir, Córdoba: Almuzara. • VETA LA PALMA, http://www.vetalapalma.es/historia.asp?LG=1, (consultado el 15 de Octubre de 2013. • Zoido, F. (2012). El paisaje un concepto útil para relacionar estética, ética y política. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. [En línea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 10 de julio de 2012, vol. XVI, nº 407. <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-407.htm>