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Xerxes Redivivus. Mitrídates, rey de Oriente frente a Grecia

Ballesteros Pastor, Luis

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Juan Manuel Cortés Copete elena Muñiz GriJalvo roCío Gordillo Hervás (coordinadores) GreCia ante los iMperios V Reunión de historiadores del mundo griego SPAL MONOGRAFÍAS XV Sevilla 2011 xerxes redivivus: Mitrídates, rey de Oriente frente a Grecia Luis Ballesteros Pastor Universidad de Sevilla El recuerdo de las Guerras Médicas permaneció en la memoria de los griegos como la evocación de una época gloriosa en que la virtud y el valor de los helenos pudo derrotar a un imperio que parecía invencible. Por lo tanto, era de esperar que cualquier posterior invasión de la Grecia Madre se asociara con una repetición de aquel conflicto: a principios del siglo III a.C. los etolios no dudaron en asimilar con la hazaña de Maratón su victoria sobre los galos que atacaron el santuario de Delfos1. Con posterioridad, los romanos enarbolaron ese mismo estandarte contra dos grandes reyes asiáticos que invadieron Grecia: primero Antíoco III, y después Mitrídates Eupátor. Roma se esforzó entonces por aparecer como defensora de la helenidad, de aquellos valores de civilización y de libertad que siempre habían sido tan queridos para el espíritu griego. Así pues, el Gran Rey seléucida fue representado como encarnación del enemigo hereditario persa, y más concretamente se le asoció con Jerjes, el monarca aqueménida que pasó a la posteridad como símbolo de la impiedad, el despotismo y la crueldad orientales2. Mitrídates Eupátor, que tuvo en 1. Grainger, D., The League of the Aetolians, Leiden, 1999, 104; Scholten, J.B., The Politics of Plunder. Aitolians and their Koinon in the Early Hellenistic Era, 279-217 B.C., Berkeley-Los Angeles, 2000, 39 y ss. En general, sobre la resonancia de las Guerras Médicas, véase recientemente Bridges, E.; Hall, E.; Rhodes, P.J. (eds.), Cultural Responses to the Persian Wars. Antiquity to the Third Millenium, Oxford, 2007. 2. Flor. Epit.1.24.2, 13; Plu. Comp.Arist.-Cat.Mai 5.2. Aunque estas referencias son de época imperial romana, es muy probable que esa comparación entre ambos reyes hubiera sido difundida durante el periodo republicano. Sobre el tópico de la corrupción persa, representado ante todo por Jerjes, y sus ecos en el mundo romano, véase Borszák, S., “Persertum und Griechentum im griechisch-römischen Antike. zur Ausgestaltung des klassischen Tyrannenbildes”, Gymnasium 94 (1987), 289-297; Hardie, P., “Images of the Persian Wars in Rome”, en Brigdes, E.; Hall, E.; Rhodes, P.J. (eds.), op. cit., 127-143. Sobre los persas como bárbaros en Plutarco, véase Pelegrín del Campo, J., “La noción de barbarie en las Vidas Paralelas de Plutarco de Queronea”, en Plutarco y la Historia. Actas del v Simposio Español de la i.P.S., zaragoza, 1997, 367-378, en particular, 372-373. Sin pretender ser exhaustivos en nuestra comparación, Eupátor y Antíoco aparecen rodeados de lujos y más preocupados de sus placeres que de sus guerras: Flor.Epit.1.24.9, 16; App.Mith.27; Plb.20.80.1-4; Liv. 36.11.1-2, 37.13.11-12. Igual que Mitrídates, Antíoco cuenta con la colaboración de piratas (App.Syr.24, con 254 luiS BalleSTeRoS PaSToR bastantes aspectos una “vida paralela” respecto a la del gran Antíoco, fue tratado en términos similares. Ambos reyes compartían no sólo el linaje, sino también el empeño por expulsar a la República romana del suelo griego3. Pero además el carácter y el comportamiento de los dos monarcas tenían una serie de elementos que fueron vistos desde un prisma negativo por las fuentes afectas a Roma. Así pues, los relatos conservados sobre las guerras entre el Ponto y la República abundan en evocaciones más o menos explícitas de las Guerras Médicas, ya lejanas en el tiempo pero presentes en la memoria4. La asociación de Mitrídates con el enemigo persa presentó diversas facetas, que se relacionaron tanto con la propia imagen del rey como con la descripción de su empresa conquistadora. Precisamente uno de los aspectos en los que se nos describe esta cara oriental de Mitrídates es el ejército: es célebre la frase de César cuando al enfrentarse a Farnaces II, hijo de Eupátor, se burló de la clase de hombres a los que Pompeyo había vencido5. Al igual que en el caso persa, las tropas pónticas aparecen descritas como una amalgama de pueblos, cada uno con lengua diferente, que entienden mal las órdenes del mando, perdiendo así eficacia ante un ejército disciplinado como el romano. Además, estos bárbaros frecuentemente actúan sin valor ni orden frente a un enemigo que nada tiene que ver con ellos. Estos hombres se comportan cobardemente, y en sus filas cunde el pánico en cuan- to los romanos atacan con firmeza y valentía6. Mitrídates cuenta en sus ejércitos con una serie de cuerpos de tropas tradicionalmente orientales, como los cataphracti, y además emplea los carros falcados7. Asimismo, Posidonio describe al rey custodiado por “doríforos”, un elemento característico del séquito del rey persa8. las reservas de Grainger, J.D., The Roman War of Antiochos the Great, Leiden, 2002, 285-6). Otras analogías se señalarán más adelante. 3. Mitrídates II casó a una de sus hijas con Antíoco Hiérax (Plb.5.74.5), y a su vez se casó con una hija de éste (Iust.38.5.3; Porph. FGrHist. 260 F 32.6). Antíoco III estaba casado con Laódice, otra princesa del Ponto (Plb.5.43.1-4). Farnaces I, abuelo de Mitrídates, se casó con Nisa, hija de este último rey: Tracy, S.V., “Inscriptiones Delicae: iG XI 713 and iG XI 1056”, MDAi(A) 107 (1992), 303-314. 4. Sobre esta comparación entre los conflictos de Roma con los pueblos orientales y las Guerras Médicas, véase en particular Hardie, P., art. cit.; Lerouge, C., L’image des Parthes dans le monde gréco-romain. Du début du ier. siècle av. J.-C. jusqu’à la fin du Haut-Empire romain, Stuttgart, 2007, 314 y ss. Sobre los aspectos persas en el reinado de Mitrídates, véase sobre todo McGing, B.C., “On the Fringes: Culture, History and the Kingdom of Pontus”, vDi (1998) fasc.3, 97-112 (en ruso, resumen en inglés); Ballesteros Pastor, L., “El reino del Ponto”, en Alonso Troncoso, V. (ed.), ΔΙΑΔΟΧΟΣ ΤΗΣ ΒΑΣΙΛΕΙΑΣ. La figura del sucesor en la realeza helenística. Gerión, Anejos, IX, Madrid, 2005, 127-138. 5. Suet. iul.35; App. BC 2.91; cf. Liv. 9.19.10; Curt 8.137. 6. App.Mith.41, 44, 82, 100; Plu.Sull.16.2-4, 18, Luc.17.3; D.C.36.49.2. Sobre el caos bárbaro en las batallas frente al orden romano como motivo tópico véase Gerlinger, S., Römische Schlachtenrhetorik. Unglaubwürdige Elemente in die Schlachtendarstellungen, speziell bei Caesar, Sallust und Tacitus, Heidelberg, 2008, 237 y ss. El término “bárbaro” aparece repetidamente asociado a los ejércitos de Mitrídates: véase por ejemplo, App. Mith.32, 34, 38, 43, 47, 50; D.C. 36.45.4, 36.49.2; Paus.1.20.4-5, 10.34.4; Plu. Sull.15.2, 22.4, Luc.7.4, 18.3, 36.7; Memn.24.4, 29.9, 30.2. 7. Plu. Sull.15.1, 16.7, 18.2-3, 19.2, 21.4, Luc. 7.4, 37.3; App.Mith.42; Sall. Hist.fr.3.21M, fr.4.64.M; Veg. Mil. 3.24.1; cf. Hardie, P., op. cit., 139. Los ejércitos de Antíoco III también contaban con este tipo de tropas características de Oriente: Liv.37.40; App. Syr. 32. 8. Posidon. FGrHist.87 F.36 apud Athen.5.213a; Ballesteros Pastor, L., “Notas sobre una inscripción de Ninfeo en honor de Mitrídates Eupátor”, DHA 21 (1995), 111-117, 112. Sobre los “doríforos” persas, véase Atkinson, J.E., A Commentary on Q. Curtius Rufus’ Historiae Alexandri Magni Books 3 and 4, Amsterdam, 1980, 126. En general, sobre los ejércitos de Mitrídates, véase Ballesteros Pastor, L., Mitrídates Eupátor, rey del Ponto, Granada, 1996, 371 y ss. 255 Xerxes redivivus: Mitrídates, rey de Oriente frente a Grecia Uno de los motivos tópicos en la descripción de las tropas orientales es decir que llevan armas y vestimentas con oro y plata: en el túmulo con las cenizas de los caídos en Maratón ya se hablaba de la victoria de éstos sobre “los medos de áureos atavíos” (Paus.1.32.3). En la tradición historiográfica antigua, esta riqueza será una forma de describir a los ejércitos corruptos e ineficaces, más preocupados por la estética que por la táctica, frente a la sobriedad del bronce y el hierro9. Así, por ejemplo, comenta de nuevo Plutarco cómo en la batalla de Queronea producía espanto entre los romanos “el estruendo y griterío de guerra de tantos pueblos que estaban allí en formación de guerra. Pomposos y altaneros en la ostentación del lujo, no mostraban ni indolencia ni impericia a la hora de provocar espanto, ya que los brillos de sus armas artísticamente labradas en oro y plata, los tintes de las túnicas medas y escitas mezcladas con los brillos del bronce y del hierro, cuando se agitaban y se movían, daban un terrible aspecto de fuego”.10 Al parecer este lujo fue abandonado en la tercera Guerra Mitridática, cuando los ejércitos pónticos fueron adiestrados a la manera romana y cambiaron incluso de armamento11. Quizás el texto que mejor describe este cambio sea un pasaje de la vida de Lúculo de Plutarco (7.4- 6), que describe cómo Mitrídates “había preparado a sus tropas con una disposición auténtica y práctica. Pues prescindió de la multitud variopinta y las amenazas en diversas lenguas de los bárbaros, y del aparejo de armamento con oro o piedras preciosas, porque eran un botín para los vencedores y no daban coraje a quienes las poseían. Consiguió espadas a la romana y forjó escudos largos y reunió caballos entrenados mejor que adornados (…) y preparó barcos sin tiendas de techos dorados ni baños para las doncellas o lujosos gineceos, sino llenos de armas”.12 Otro aspecto oriental en la imagen del ejército póntico es que aparece descrito como una abigarrada multitud en la que junto a las tropas viajan también las concubinas y mujeres de la casa real, mercaderes y cuantas personas dificultan los movimientos, tanto en el avance contra el enemigo como en la retirada. En el transporte de riquezas innecesarias se habrían empleado los camellos, que aparecían descritos por Heródoto simplemente como animales empleados para llevar víveres, pero que luego se convirtieron en un símbolo del lujo oriental13. 9. Hdt.7.83.2, 102-104; cf. por ejemplo Xen. An.1.2.27, 5.8.8; Curt.3.2.11-16, 3.3.9-27; Plu. Aem.18.7, Phil.9.3, Cras.21.6; Iust.38.10.1-4, 41.2.10; Flor. Epit.1.46.8; Tac.Agr.32.3; Atkinson, J.E., op. cit., 110 y ss.; Schrader, C., Heródoto. Historia, tomo IV, Madrid, 1985, 128 n.429; Briant, P., “History and Ideology: The Greeks and ‘Persian Decadence’”, en Harrison, T. (ed.), Greeks and Barbarians, Edimburgo, 2002, 193-210, en particular 206-7; Lerouge, C., op. cit., 354. También se habla de oro y plata en las armas de los ejércitos de Antíoco: Flor. Epit.1.24.16. 10. Plu. Sull.16.2-3; traducción Cano Cuenca, J.; Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 2007. 11. Plu. Luc.7.4-5, Pomp.31.6; App. Mith.87, 110, cf.89; D.C.36.13.1; Ballesteros Pastor, L., op. cit., 376. 12. Plu. Luc.7.4-6; traducción Hernández de la Fuente, D., Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 2007. 13. Sobre esta imagen del ejército persa, véase por ejemplo Hdt. 5.21.1; 7.83.2; Curt.3.3.9-25, 3.8.12, 3.10.9 (y la comparación con los macedonios: 3.3.26-28); Briant, P., Histoire de l’Empire Perse. De Cyrus à Alexandre, París 1996, 267 y ss. Algunos de estos rasgos fueron también atribuidos al ejército de Perseo (Plu. Aem.12.6-12, 18.7), al de Antíoco VII (Iust.38.10.1-4) y también por supuesto a los partos (Plu. Cras.21.6). Sobre este aspecto de las tropas pónticas véase sobre todo D.C.36.49.3-4; Plu. Luc.11.3, 17.3-7. Sobre los camellos véase por ejemplo Hdt.7.83.2, 125; Plu. Luc.34.3, Mor.342a; Curt.3.3.24; Atkinson, J.E., op. cit., 133, 195. Sobre los camellos en el ejército de Mitrídates: App. Mith.81; Sall. Hist.fr.3.42M apud Plu. Luc.11.6; Amm.23.6.56; D.C.36.49.3; y en los ejércitos de Antíoco III: Liv.37.40.12; App. Syr. 33. Sobre el tópico de las 256 luiS BalleSTeRoS PaSToR Además, el ejército de Mitrídates contaba con esclavos manumitidos que al parecer habrían constituido la principal fuerza de choque frente a las tropas de Sila. Aunque el empleo de esclavos en las guerras y las promesas de libertad a aquéllos que empuñaran las armas era un recurso bien conocido tanto en Grecia como en Roma, nuestras fuentes hablan con desprecio de los siervos que el rey pone a la vanguardia de sus filas14. Pero además, empezando por el propio Heródoto, los autores antiguos recogieron de manera recurrente la idea de que son esclavos todos los que viven bajo un gobierno despótico15. Por ello los súbditos del rey póntico son definidos como siervos igual que lo habían sido todos aquellos que estaban sometidos al poder del Gran Rey persa: Sila no duda en llamar “esclavo” a Arquelao, general de los ejércitos de Mitrídates en Grecia16. Aunque no se hable de unas cifras tan exageradas como las que proporcionó Heródoto (7.66.1) para ejércitos de Jerjes, las fuerzas de Mitrídates que invaden Grecia son contadas por decenas de miles: se habla de ciento sesenta mil, e incluso, si seguimos literalmente el relato de Apiano, podríamos contar hasta doscientos mil soldados pónticos en Grecia, por no hablar de los trescientos mil que llegan a mencionarse durante la tercera Guerra Mitridática17. Estas cifras a todas luces resultan exageradas y riquezas como obstáculo para los ejércitos, véase Ballesteros Pastor, L., “Le discours du Scythe à Alexandre le Grand (Quinte-Curce 7.8.12-30)”, RhMus 146 (2003), 23-37, 30. 14. Plu. Sull.18.5; App. Mith.58, 107-108, cf. 61, 62; D.C.36.9.4; Front. Str.2.3.7. Los romanos también recurrieron al enrolamiento de esclavos en esta guerra, como vemos en el caso de M. Fabio Adriano: App. Mith.88; D.C.36.9.3; Ballesteros Pastor, L., Mitrídates Eupátor..., 413. En general, véase Rouland, N., Les esclaves romaines en temps de guerre, Bruselas 1977; Hunt, P., Slaves, Warfare and ideology in the Greek Historians, Cambridge 1998. 15. Wirszubski, C., Libertas. il concetto politico di libertà a Roma, Bari 1957, 218; André, J.-.M., “La conception de l’état et de l’Empire dans la pensée gréco-romaine des deux premières siècles de nôtre ére”, ANRW II 30.1, 1982, 3-73, 23; Hunt, P., op. cit., 49; Ballesteros Pastor, L., “Le discours...”, 35-36; Nippel, W., “The Construction of the ‘Other’ ”, en Harrison, T. (ed.), op. cit., 278-310, 291 y ss. 16. Plu.Sull.22.4. Sobre los súbditos de los monarcas pónticos como esclavos, véase además Str.12.3.11; App.Mith.83; Val.-Max.9.13.1; Ballesteros Pastor, L., “El Ponto visto por Estrabón”, OTerr 4 (1998), 55-61, 57. En general sobre la esclavitud de los súbditos del Imperio persa, véase por ejemplo Vanotti, G., “L’idea geografica e politica di Europa in Aristotele”, en L’Europa nel mondo antico, CISA 12, Milán, 1986, 105-112, 111- 112. Algunas fuentes antiguas consideraron esclavos a las tropas de Tigranes (Str. FGrHist. 91, F 9 apud Plu. Luc.28.7) y Farnaces II (Bell.Alex.74; cf.App.BC 2.91). Igual ocurre con la descripción del ejército de Antíoco III en Livio (36.17.5), que habla de “sirios y griegos asiáticos, gentes de ínfima categoría nacidas para la esclavitud”. Este autor (9.17) aplica el mismo concepto a los ejércitos de Alejandro. Por su parte, la propaganda póntica esgrimiría esta idea contra la dominación romana: Mem.25.2, 27.6; App.Mith.70; Sall. Hist.fr.4.69.10-11M. 17. Apiano (Mith.41, 45) habla de 120.000 hombres bajo el mando de Arquelao que se enfrentaron a Sila en Queronea, a los que habría que sumar otros 80.000 que presuntamente se unen a los supervivientes de esta batalla, mandados por Dorilao (Mith.49). Este mismo autor (Mith.58, 112) habla de 160.000 bajas pónticas en Grecia (véase asimismo Memn. FGrHist 434, F1, 22.6; Oros. Hist.6.7.5-6). Lúculo pretendió haber matado a 300.000 enemigos junto al Gránico (Plu.Luc.11.6; App.Mith.72, cf.119), y haber vencido a otros tantos en la batalla de Tigranocerta (Plu. Luc.26.5-6; App.Mith.85). Sobre el tamaño del ejército de Jerjes, véase Schrader, C., op. cit., 108 n.315; Briant, P., op. cit., 819 y s.; Kawkwell, G., The Persian Wars, Oxford, 2005, 237 y ss. La exageración en las cifras partió de los propios griegos que se enfrentaron a este rey, pues hay epígrafes que hablan de millones de hombres: Hart, J., Herodotus and Greek History, Londres, 1982, 76-77. Para estas cantidades exageradas de efectivos pónticos en Grecia, véase además Plu.Sull.16.1, 22.4; 24.1; App. BC 1.76; Memn.22.6; Eutrop.5.6.2; Oros.Hist.6.7.5-6. Para una aproximación a las cifras reales de tropas pónticas, véase Ballesteros Pastor, L., op. cit., 371 y ss.; De Callataÿ, F., L’Histoire des Guerres Mithridatiques vue par les monnaies, Louvain-la-Neuve 1997, 407 y ss.; Pillonel, C., “Les guerres mithridatiques: essai de quantification des armées pontiques”, en Corvisier, J.-N. (ed.), Guerre et démographie dans le monde antique, Arras, 2008, 115-126. 257 Xerxes redivivus: Mitrídates, rey de Oriente frente a Grecia obviamente contribuyen a dar gloria tanto a Sila, vencedor de los ejércitos pónticos en Grecia, como después a Lúculo y Pompeyo. Pero al mismo tiempo la alusión a esta ingente cantidad de tropas contribuye a dar una imagen de “gran cruzada” de Oriente que se cierne sobre Occidente18. La mayoría de los relatos conservados sobre Mitrídates escogieron todos cuantos aspectos negativos se pudieron encontrar en este rey, minimizando en cambio los positivos. El rey póntico recogería en su persona la peor cara del mundo oriental: corrup- to, despótico, y en cierta medida débil. Del mismo modo, Mitrídates aparece como un soberano rodeado de lujos y placeres, con un harem lleno de concubinas, espléndidos ropajes y tesoros fabulosos19. A decir de las fuentes antiguas, Eupátor se comporta con exceso en la mesa y en la alcoba: Nicolás de Damasco cuenta que el rey venció en un concurso de comer y beber, y Plutarco dice que el sobrenombre Dioniso le vino al monarca póntico por su exceso en la bebida20. Esta falta de templanza, atributo de barbarie, fue también relacionada con los placeres del sexo, a los que según algunos el rey se entregó desenfrenadamente. Pero tales excesos no fueron sólo con las mujeres, sino que el rey también se movió por la pasión que en él encendían bellos jóvenes, como ocurrió con el gálata del que habla Plutarco21. Mitrídates es descrito como un déspota sanguinario, que ordena el asesinato de su madre y su hermana, pero sobre todo ha sido recordado por la matanza de los romanos e itálicos que residían en la provincia de Asia. La orden real fue cumplida sin respetar el asilo de los templos ni la protección de las estatuas de los dioses22. El rey aplica suplicios propios del mundo persa, como cuando vierte oro fundido en la boca de Manio Aquilio o pone a su hijo primogénito grilletes de oro23. Mitrídates deporta al Euxino a los habitantes de Quíos, aplicando un castigo que contaba con una larga tradición entre 18. Esta idea aparece, entre otros, en Iust.38.3.7; Flor.Epit.1.40.20. Sobre este motivo, véase especialmente Muccioli, F., “‘Il re dell’Asia’: Ideologia e propaganda da Alessandro Magno a Mitridate VI”, Simblos 4 (2004), 105-158. Este mismo concepto se podría relacionar con la mención de “Asia” en la enumeración de territorios que Pompeyo dijo haber sometido: sobre ese controvertido término de la inscripción triunfal del Magno, véase Girardet, K.-M., “Der Triumph des Pompeius im Jahre 61 v.Chr. - ex Asia?”, ZPE 89 (1991), 201-215. 19. Sobre las riquezas del rey: App.Mith.82, 101, 115, 116; Plu.Pomp.22.8, 42.3, Luc.37.3-4; Flor. Epit.1.40.18. Sobre la proverbial riqueza oriental y su presunta influencia en la debilidad del ejército, véase Lerouge, C., op. cit. 349 y ss., 356 y ss. En general, sobre la opulencia bárbara, véase Dauge, Y.A., Le Barbare. Recherches sur la conception gréco-romaine de la barbarie et de la civilisation, Bruselas 1981, 634 y ss. ; Nikolaidis, A.G., “Ἑλλενικóς βαρβαρικóς. Plutarch on Greek and Barbarian Characteristics”, WS 20 (1986), 229- 244, 236 y ss.; Nippel, W., op. cit., 290. Antíoco III había sido contemplado como un ejemplo de la decadencia de los macedonios: Liv.38.17.11; Muccioli, F., art. cit., 145. 20. Plu. Mor.624a; Nic.Dam.fr.73 apud Athen.10.415e; Aelian. vH 1.27; App. Mith. 66. 21. Plu. Mor.259c; cf.Val.-Max.9.2.ext.3. Sobre las censuras a la homosexualidad entre los romanos de esta época: véase Blaive, F., “Le mythe indoeuropéen du guerrier impie et le péché contre le virtu des femmes”, Latomus 46 (1987), 169-179, 176; cf. Cantarella, E., Según Natura. La bisexualidad en el Mundo Antiguo, Madrid, 1991, 201 y ss. Sobre la lujuria del rey, véase además App.Mith.112; Plu.Pomp.37.2; cf. Moxnes, H., “Conventional Values in the Hellenistic World: Masculinity”, en Bilde, P., et alii (eds.), Conventional values of the Hellenistic Greeks, Aahrus, 1997, 263-284. 22. Quizás por ello el rey hubo de realizar un sacrificio a las Furias con el fin de aplacar a las almas de los muertos (Obseq.56). Sobre éstos y otros actos sangrientos ordenados por Mitírdates, véase Ballesteros Pastor, L., op. cit., 42 y ss., 56, 103 y ss., 306, 321. 23. Sobre el oro fundido: App.Mith.21; Plin. NH 33.48; sobre los grilletes de oro: App.Mith.64; Atkinson, J.E., A Commentary on Q. Curtius Rufus’ Historiae Alexandri Magni. Books 5 to 7,2, Amsterdam 1994, 153; 258 luiS BalleSTeRoS PaSToR los imperios orientales24. Igual que los reyes persas de antaño, el monarca póntico se muestra partidario de instalar y apoyar tiranos en las ciudades, apareciendo así como enemigo de las libertades cívicas25. El gobierno de Mitrídates es por tanto el de los sátrapas ambiciosos y los eunucos taimados, el del capricho regio frente a los dictados de la razón, el de la ambición de poder frente al cuidado de los súbditos26. El rey del Ponto aparece representado con el carácter propio de un bárbaro: colérico, envidioso y ambicioso hasta el extremo27. Incluso podríamos plantear que muchas fuentes no describen a Mitrídates como un general que mostrara especial arrojo: a pesar de las notas necrológicas que exaltan su bravura, y alguna frase de Cicerón que destaca su importancia, la tradición historiográfica conservada muestra haber estado mayoritariamente de parte romana. Son escasos los episodios bélicos en los que se describe al rey combatiendo con valor frente al enemigo, mientras que son numerosos los pasajes en los que el monarca póntico aparece huyendo o vacilante para decidirse a luchar28. Mitrídates es considerado por Plutarco (Pomp.38.3) “más peligroso en la huida que en ataque”, concepto éste que aparece de forma recurrente para referirse a ciertos pueblos guerreros de Oriente como los escitas y los partos29. Incluso a la hora de la muerte, Eupátor habría escogido, en palabras de Lucano (Phars.1.337), el “bárbaro veneno” en lugar de la espada, que incluso él mismo no habría tenido el valor de clavarse. El rey debió tener además ropajes propios de un soberano persa, y en particular usaba la tiara30. Ballesteros Pastor, L., “Troy, between Mithridates and Rome”, in Højte, J.M. (ed.), Mithridates and the Pontic Kingdom, Aarhus, 2009, 217-231, 228 n.72. 24. Sobre la deportación de los quiotas, véase Ballesteros Pastor, L., Mitrídates Eupátor..., 156-7. Se ha pensado que el rey también deportó a los de Lámpsaco: véase Volkmann, H., Die Massenversklaverungen der Einwohner eroberter Städte in der hellenistisch-römischen Zeit, Wiesbaden 1961, 180. 25. Sobre estas tiranías: Plu. Sull.11.2, Luc.3.3; App.Mith.62; Ballesteros Pastor, L., Mitrídates Eupátor..., 367-8; Id., “Atenión, tirano de Atenas”, SHHA 23 (2005), 385-400, 398. En general, sobre la relación de los reyes persas con las tiranías griegas, véase Austin, M.M., “Greek Tyrants and the Persians”, CQ 90 (1990), 289-306. 26. Por ejemplo, cuenta Plutarco (Pomp.37.2) que el rey mató a Alceo de Sardes porque le había vencido en una carrera. Sobre la ambición de Mitrídates, véase en particular la frase de Justino (37.3.1): Ad regni deinde administrationem cum accessisset, non de regendo, sed de augendo regno cogitavit. Sobre los sátrapas pónticos, véase por ejemplo App.Mith.21, 35, 46; Plu.Mar.34.5; Syll.3 741; Ballesteros Pastor, L., Mitrídates Eupátor..., 365-6. Sobre la mala imagen de los eunucos reales y su poder, véase App.Mith.108-110; Val.-Max.9.2.ext.3. Sobre los eunucos persas, véase Hdt.8.105. 27. Sall. Hist.fr.2.74M. Sobre la feritas como atributo bárbaro aplicado a Mitrídates, véase Dauge, Y.A., op. cit., 112-3, 180. Sobre algunos episodios de cólera del rey, véase por ejemplo, además de lo ya reflejado: App.Mith.26, 46, 64, 107, 115; Ballesteros Pastor, L., Mitrídates Eupátor..., 292 y ss. 28. Las fuentes conservadas no describen a Mitrídates batiéndose con valor hasta los relatos sobre la segunda Guerra Mitridática (App.Mith.65). Otros combates anteriores liderados por el rey, como el sitio de Rodas, habían terminado en fracaso (App.Mith.24-27), y en otros casos son sus generales los que acaparan el protagonismo. Sobre el coraje del rey en la Tercera Guerra, véase App.Mith.80, 88-89; D.C.36.9-13. Aparte, el proyecto de invadir Italia que Mitrídates concibe al final de su vida, aparece como ejemplo de tenacidad y audacia: véase Ballesteros Pastor, L., Mitrídates Eupátor..., 269 y ss. (con fuentes y bibliografía). Para pasajes antiguos sobre el valor e importancia de Mitrídates, véase ibíd., 305-6. 29. Plu. Pomp.38.3; cf. Hardie, P., art. cit., 138; Ballesteros Pastor, L., “Le discours...”, 29 con n.24; Lerouge, C., op. cit., 288 y ss., 313 y ss. 30. Plu. Pomp.42.3; Ballesteros Pastor, L., Mitrídates..., 291-2. Respecto a los relatos sobre la muerte del rey: ibíd., 280-1; Ballesteros Pastor, L., “Some Aspects of Pharnaces II’s Image in Ancient Literature”, Antiquitas Aeterna i, Kazán-Saratov-Nizhny Novgorod 2005, 211-217 (en ruso, con resumen en inglés). 259 Xerxes redivivus: Mitrídates, rey de Oriente frente a Grecia Pero a estos elementos habría que añadir toda una serie de analogías aún más concretas que relacionan la lucha contra Mitrídates con lo que había sido la gesta de griegos y macedonios contra los persas. El rey póntico presentaba unas concomitancias más estrechas y evidentes con el mundo persa que las que pudiera haber tenido Antíoco. En primer lugar, hay que tener en cuenta que la casa real póntica reclamaba para sí la pertenencia al linaje de los Aqueménidas. En el célebre discurso de Mitrídates a sus tropas que recoge Justino, el rey póntico presume de que Ciro y Darío habrían sido sus ancestros. Es interesante que Mitrídates se remonte a unos antepasados gloriosos, recordados por la tradición con los atributos de los grandes fundadores de imperios31. Al conquistar la mayor parte de Anatolia, Mitrídates se hace proclamar “rey de reyes”, repitiendo así una concepción del poder que ya habían tenido los aqueménidas, y antes que ellos otros imperios del antiguo Oriente. Esta imagen debió estar muy extendida entre los griegos, pues Posidonio alude a ella en el célebre discurso de Atenión ante los ciudadanos de Atenas32. Además, Mitrídates gobernaba sobre una serie de pueblos que habían estado sometidos al imperio persa, o al menos habían enviado contingentes a los ejércitos de éste: colcos, paflagonios, mosinecos, medos, armenios o tibarenos33. Pero también hemos de recordar que las amazonas, según la tradición, habían vivido en el territorio que ahora pertenecía al Ponto: estas mujeres guerreras habían representado una de las imágenes asociadas al enemigo persa en tanto encarnación del “otro”, esto es, el que vive en el mundo donde las cosas no suceden con arreglo a las leyes de la razón34. En este mismo sentido, hay que destacar que en las Guerras Mitridáticas se vieron envueltos pueblos que aparecen recogidos por las fuentes clásicas como “medos”. Había en la zona de Tracia un pueblo al que llamaban medo, que fue combatido por Sila35. Pero dejando a un lado la incógnita sobre la cooperación de los medos europeos con el rey, los únicos medos de Oriente que participaron en las guerras mitridáticas fueron los habitantes de la Media Atropatene, una región situada al este de Armenia. Mitrídates, su rey, estaba casado con una hija del armenio Tigranes, y sólo sabemos de él que tomó parte en las luchas contra Lúculo, sin que se nos indique si llegó o no a establecer negociaciones con los romanos36. Sin embargo, Pompeyo aprovechó la homonimia entre 31. Iust.38.7.1; Bosworth, A.B.; Wheatley, P.V., “The Origins of the Pontic House”, JHS 118 (1998), 155-164; Muccioli, F., op. cit., 152 y ss.; Ballesteros Pastor, L., “El discurso de Mitrídates en el Epítome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo (Iust.XXXVIII 4-7): un estudio sobre las fuentes”, MedAnt 9 (2006), 581-596, 586. 32. Posidon.fr.36 apud Athen.5.213a; Ballesteros Pastor, L., “Notas sobre una inscripción…”, cit.; Id., “Atenión...”, 395; McGing, B.C., art. cit.; Funck, B., “Politische Orientierungen im Bosporanischen Reich im Spiegel der Königtitulatur nach Mithridates VI. Eupator”, en Kolatz, C., et alii (eds.), Dissertatiuncualae Criticae. Festchr. für G. Chr. Hansen, Würzburg 1998, 155-170, 163 y ss.; Muccioli, F., op. cit., 196 33. Hdt.7.72, 78-9; Briant., P., op. cit., 402 y ss., 718 y ss., 751. 34. W.B. Tyrrel, Amazons. A Study in Athenian Mythmaking, Baltimore-Londres 1984. Sobre el recuerdo de las amazonas en el reino póntico, véase Ballesteros Pastor, L., “Bears and Bees in Themiskyra. A Sanctuary for Artemis in the Land of the Amazons?”, en Poulsen, B.; Fischer-Hansen, T. (eds.), From Artemis to Diana. The Goddess of Man and Beast, Acta Hyperborea 12, Copenhague, 2009, 333-340. 35. Plu. Sull.23.5; vir.ill.75.7; Eutr.5.7.1; cf.Gran.-Lic.35.p.27Flem. Sobre éstos, véase también Liv.40.22; Plu.Aem.12.5. Desconocemos la procedencia concreta de los medos citados en Plu.Sull.16.3. 36. Sobre la participación de estos medos en la guerra contra Roma y su obediencia a Tigranes, véase sobre todo Memn.22.4; App.Mith.114; Plu.Luc.9.4, 14.5-6, 26.4, 27.6, cf.31.7; D.C.36.14.2. Pompeyo decía haber recibido embajadores de los medos: Plu.Pomp.36.2, y los incluyó en la lista de pueblos que había sometido (Plu. 260 luiS BalleSTeRoS PaSToR los antiguos medos y estos aliados de Tigranes para intentar aparecer como vencedor no de un reino satélite de Armenia del que apenas nada sabemos, sino de los auténticos descendientes de los antiguos medos. Esto se advierte no sólo en el hecho de que Pompeyo llevara a su desfile triunfal a un rehén medo llamado Darío (igual que después hiciera Calígula en Bayas), sino también porque alguna fuente describió al general romano pasando por Ecbatana, antigua capital del imperio medo, a pesar de que las tropas romanas en ningún momento llegaron tan lejos durante esta campaña37. Probablemente, Pompeyo pretendió aparecer como triunfador sobre los grandes imperios del pasado: asirios, medos, persas y macedonios38. Por ello, el triunfo del Magno ex Asia se justificaba por haber vencido a quien en aquel momento encarnaba la figura ancestral del “Rey de Asia”, esto es, el soberano de todas las fuerzas de Oriente39. Apenas hay en las fuentes antiguas comparaciones explícitas entre Eupátor y Jerjes. Vegecio relacionó a ambos monarcas por haber movilizado ejércitos enormes, lentos para desplazarse y maniobrar. Por su parte, Floro afirma que el rey póntico pensó construir un paso por el Bósforo (en este caso el Cimerio), para conducir a sus tropas hacia Roma por el norte40. Pero junto a éstas hay más semejanzas: igual que Jerjes, y después Antíoco, Mitrídates pretendió gozar del favor de Atenea Ilíaca, la diosa que debía consagrar a quien aspirase a adueñarse de Europa y Asia. Del mismo modo, Eupátor debió esgrimir el tópico de la cólera de Atenea que también había difundido la propaganda de Antíoco. De hecho, Mitrídates debió haber dado nueva difusión al oráculo de Búplago, que anunciaba terribles calamidades a los romanos tras la derrota del seléucida en las Termópilas41. Pomp.45.2 Plin.NH 6.42; D.S. 40.4.1). Unos medos aparecen citados como aliados de Mitrídates al inicio de sus guerras contra Roma: Memn.22.4. 37. Oros.Hist.6.4.8; cf.App.Mith.114. Por supuesto se trata de una exageración, como reconoció Syme, R., Anatolica. Studies in Strabo, Oxford, 1995, 90. Se ha propuesto que este Darío habría sido un príncipe de la Media Atropatene, aunque nada hay que lo pueda confirmar: sobre esta hipótesis, véase Chaumont, M.L., “L’expédition de Pompée le Grand en Arménie et au Caucase”, QC 6, (1984), 17-94, 61. Sobre la imitación de Jerjes por Calígula y Nerón, véase Malloch, S.V., “Gaius’ Bridge at Baiae and Alexander Imitatio”, CQ 51 (2001), 206-217, 277 y ss.; Hardie, P., art. cit., 131 y ss. 38. Recordemos que los habitantes del reino del Ponto fueron llamados “leucosirios” o “sirios”: véase Ballesteros Pastor, L., “Influencia helénica y vida ciudadana en el reino del Ponto: la difícil búsqueda de una identidad”, en Plácido, D., Valdés, M., Echevarría, F., Montes, M.Y. (eds.), La construcción ideológica de la ciudadanía. identidades culturales y sociedades en el mundo antiguo, Madrid, 2006, 381-394, 390-391 (con fuentes y bibliografía). 39. Véase supra n.18; Muccioli, F., art. cit., passim, y en particular 151 y ss.; cf. Bellen, H., “Das Weltreich Alexanders des Grossen als Tropaion im Triumphzug des Cn. Pompeius Magnus”, en Will, W.; Heinrichs, J. (eds.), Zu Alexander d.Gr. Festschrift G. Wirth, Amsterdam 1988, 865-878, que señala asimismo el sentido de la victoria romana sobre Antíoco III como rey de Oriente. 40. Veg. Mil.3.1; Flor. Epit.1.40.25: iungere Bosporon, inde per Thracen Macedoniamque et Graeciam transilire, sic italiam nec opinatus invadere... La edición Loeb (E.S. Foster, 1929, p.187), traduce “bridging the Bosporus”. En un pasaje de la vida de Sila de Plutarco (15.4), se recuerda que el legado Hortensio se refugió en Títora, donde habían acudido los focidios huyendo de Jerjes. 41. Phleg. FGrHist 257 F16; Ballesteros Pastor, L., Mitrídates Eupátor...”, 398 y ss.; Id., “Troy, between Mithridates...”, 220 (con bibliografía). Sobre este significado de la Atenea Ilíaca, véase en particular Sordi, M., “Il confine del Tauro e dell’Halis e il sacrificio en Ilio”, en Ead. (ed.), Politica e religione nel primo scontro tra Roma e l’Oriente, CISA 8, Milán 1982, 136-149; Erskine, A., Troy between Greece and Rome. Local Tradition and imperial Power, Oxford, 2001, 226 y ss.