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Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e de una
humanidad p o eica e híb ida
A icleinRece ca Re is a de pensamen i anàlisi · Ap il 2012
DOI: 10.6035/Rece ca.2012.12.3
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Cesa Mo eno-Má quez
Uni e sidad de Se illa
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Eidos y pe i e ia. u ina y ascendencia
in ex emis en el ho izon e de una humanidad
p o eica e híb ida
Eidos and pe iphe y. Rou ine and ascendence in ex emis in
he ho izon o a p o ean and hyb id humani y
CéSAR MORENO MÁRQUEZ
uni e siDaD De se illa
esumen
Las in e p e aciones ascé ica y i alis a del eidos son incapaces de pensa a ondo su ele ancia
enomenológica. Siemp e pa ece que se alo a más su pe íme o y ce co, al se icio de la clausu a y la
consolidación de la unidad (incluso uni o midad: e ec o-P ocus o), que la di e sidad in aeidé ica, in i-
ni a o empí icamen e abie a. Más allá de lo ípico, las u inas y asen amien os mundanos (que su en
in e p e aciones acomoda icias del eidos), la di e sidad in aeidé ica es c í icamen e e icaz sob e odo
en la pe i e ia, al iempo que p opicia la lexibilidad y dila ación in e io de cada eidos. Es a p oble-
má ica es decisi a cuando se a a de pensa la dimensión p o eica e hib ida de la cul u a humana, así
como la posibilidad de di e sidad y co du a en un mundo complejo y en expansión.
palab as cla e: Husse l, enomenología, eidos, pe i e ia, P o eo, hib idación.
abs ac
The asce ic and i alis ic in e p e a ions o eidos a e unable o hink ho oughly i s phenomenolo-
gical ele ancy. I always seems ha he pe ime e and bounda y o eidos, a he se ice o he closu e
and consolida ion o he uni y (e en uni o mi y: P ocus es e ec ), is mo e alued han in aeide ic
di e si y, in ini ely o empi ically opened. Beyond he ypical, mundane ou ines and se lemen s (wich
supply accommoda ing in e p e a ions o eidos), in aeide ic di e si y is c i ically e ec i e especially in
he pe iphe y, while enabling he lexibili y and inne expansion o each eidos. This p oblem is c ucial
when i comes o hinking abou he p o ean and hyb id dimensions o human cul u e, as well as he
possibili y o di e si y and sani y in a complex and expanding wo ld.
Keywo ds: Husse l, Phenomenology, Eidos, Pe iphe y, P o eus, Hyb idiza ion.
«¿Qué quime a es, pues, el homb e? ¡Qué no edad,
qué mons uo, qué caos, qué suje o de con adicción,
qué p odigio! Juez de odas las cosas, imbécil gusano,
deposi a io de la e dad, cloaca de ince idumb e y de
e o , glo ia y exc ecencia del uni e so» (Blaise Pascal).
RECERCA, 12. 2012. ISSN: 1130-6149 - DOI: h p://dx.doi.o g/10.6035/Rece ca.2012.12.3 - pp. 23-51
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RECERCA, 12. 2012. ISSN: 1130-6149 - DOI: h p://dx.doi.o g/10.6035/Rece ca. 2012.12.3 - pp. 23-51
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Es di ícil pensa en una epis emología –incluso pa a las así llamadas «Humani-
dades»– que no debiese con a con la posibilidad de ese a a una eidé ica cie a
ele ancia y un espacio de juego. Dicho así, puede sona abu ido, i ial o, al
ez, algo cu ioso y un an o enigmá ico, uese po que, en un caso, se die a po
su icien emen e econocida y ob ia esa posibilidad, o al ez po que, en o o caso,
pa eciese obsole o y algo asnochado ei indica la en iempos «pos -mode nos», a
no se que uese a cambio de algún a ac i o «ga o ence ado». En p incipio, y sin
en a en demasiados de alles, la eidé ica es el sabe ace ca del eidos, siendo és e, en
su az inmedia a (abs ac a), el conjun o de asgos esenciales de los que no pod ía ca ece
algo suscep ible de eidos pa a se y de eni lo que es y o na lo pensable en el cu so de su
ideación espon ánea o me ódica. El eidos conec a a ese «algo» con un ho izon e in e no
(Husse l, 1980: 34) o inmanen e de posibilidades cuando, in e io men e abie o po
su eidos inmanen e, ese algo queda eidé icamen e alojado en una comunidad, se
desen uel e en una egión, asume un linaje o « aba amis ad» en un ho izon e gene-
al de in e indi idualidad. Po más que suene ex año, odo eidos ompe una soledad,
pues siemp e necesi a, al menos a pa i de dos, un in ini o posible.
No es di ícil asen i que no pa ece cómodo ni g a o ei indica una eidé ica (y
quizás menos pa a las «humanidades»). Ya sea mo i ado po las excesi as ine cias
y pe ezas, pe o ambién p emu as y ansiedades de la ac i ud na u al o, ambién, po
las p e ensiones más o menos dogma izan es de algún logicismo o esencialismo,
en endidos en el peo de los sen idos posibles, lo cie o es que con ecuencia se
suele concebi el eidos: a) o bien como una me a abs acción i eal, hipos asiada en
un asmundo ingenuo (pa a cuyo acceso, po cie o, an o po sue e como po
desg acia, disponemos de pode osas mediaciones lingüís icas (Me leau-Pon y, 1975:
15); b) o como un p oduc o acabado; c) con p emu a, como si es u ie a ep esen ado ca-
bal y consumadamen e po alguno de sus ejemplos ác icos (cuya con ingencia no
suele cap a se de inmedia o), dispues a a ob a como simulación capaz de supli
el odo; o bien, d) como ineludible aspi ación de una ciencia es ic a. Es moneda de
uso co ien e que, en la línea del asce ismo que p econizó Pla ón y de la c í ica que
le di igió el i alismo nie zscheano (en p incipio bas a ían es as dos e e encias, muy
emblemá icas y pode osamen e p ejuiciales), el eidos sea siemp e conside ado an e
odo como algo me amen e o mal, acío, esquelé ico, escuálido, en un sen ido
comple amen e peyo a i o, como si –po añadidu a– se a a a de un co sé iolen ado
de lo eal múl iple y en de eni . T is e des ino, és e, el de iolen ado y empob e-
cedo . ¡Y que la iloso ía lo haya p es igiado an o! ¡Que se haya en usiasmado con
algo an mo i ican e y momi ican e! ¿No se deja ía sospecha que haya aquí más de
un malen endido? Aquel is e des ino ha sido mo i ado po las ne as as « i an eces»
ascé ica y i alis a (la una siemp e a mada con a la o a), siendo que ambas pos u as
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Césa Mo eno Má quez Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e
ienden a ol ida es epi osamen e la ele ancia y e icacia enomenológicas del eidos,
así como su geneidé ica (génesis) y su dinámica in e na. Po mo de cie a comodidad
in elec ual, se soslaya la doble ensionalidad del eidos, p o ocada al mismo iempo po el
in ini o (a la ez limi ado y en expansión) del con enido que el eidos ecoge, pe o al
que ambién, en cie o sen ido, engend a o con oca, y po la o alidad (pe ime ada y
a la ez abie a) que unda. Sin emba go, no cabe duda de que se suele ma gina más
aquel in ini o de la di e sidad in aeidé ica que la o alidad ya consumada eidé ico-iden-
i a ia, como si an e odo se a ase de gana una si uación, digamos, de consis encia
y comodidad que da ía po esuel as cues iones conce nien es a la uni e salidad, la
necesidad o el a p io i. Nada de ex año iene, en onces, que usualmen e se apele
sob e odo al pode de ce a y da po concluido, como si esas uesen las unciones
genuinas del eidos, al que p egun a po él equi aliese a p egun a po la posibilidad
de clausu a y uni ica , sin más.
Quisie a explica me con un poco más de de enimien o ace ca de es os po me-
no es y, más conc e amen e, con el mé odo husse liano de a iaciones imagina io-
eidé icas, pa a e oma las aquí especialmen e po lo que se e ie e a su p opia p o-
cesualidad c ea i a, en su ebullición y juego. A eces da la imp esión de que ni el p opio
Husse l es u o su icien emen e a en o a esa c ea i idad, de la que pensó –con no
escasa ansiedad in elec ual– que podía a a esa se a g an elocidad, en di ección a
la consumación eidé ica, an p eocupado como es aba po la posibilidad misma de
una s enge Wissenscha . Aquí me impo a ía des aca más la génesis de encaminamien o y
descub imien o eidé icos que el log o del ce co eidé ico en cuan o al. Es oy con encido
de que en absolu o hay más lucidez en es e ce co que en aquel camino. La ensio-
nalidad eidé ica es muy uc í e a, sin que sea absolu amen e imp escindible esol e
la necesidad de eidos, pues bas a que se le abo de, en p incipio, como una posibilidad
p esun i a o insinuan e. No deja é de eco da el pasaje de Ideas I (un pasaje que
luego encon a á más posibilidades de desa ollo cuando se ei indique la doxa en
Die K isis), cuando dice Husse l que la geome ía, al como se la en iende cien í i-
camen e:
[...] no puede ayuda al in es igado que desc ibe la na u aleza a da exp esión
jus amen e (en concep os exac amen e geomé icos) a lo que él exp esa de un
modo an simple, comp ensible y comple amen e adecuado con las palab as
ganchudo, co o, len icula , umbeli o me, e c. – odos, concep os que son
esencialmen e y no acciden almen e inexac os y po ende no ma emá icos
(Husse l, 1985: 165).
No quisie a en e ene me en es a cues ión (digámoslo ápidamen e: cómo co-
nec a la eidé ica con un esp i géome ique), espinosa e in e esan e, en la que no pa ece
que ni el p opio Husse l u iese una idea uní oca ni ajan emen e cla a. El deba e
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RECERCA, 12. 2012. ISSN: 1130-6149 - DOI: h p://dx.doi.o g/10.6035/Rece ca. 2012.12.3 - pp. 23-51
in e no de la enomenología husse liana con los modelos de cien i icidad, así como
con la posibilidad de una ciencia es ic a, es demasiado amplio y p o undo como pa a
que aquí pudiésemos abo da lo con un mínimo de sensa ez. Me impo a más, aquí
y en es e momen o, el p opio mé -odo o p ocesualidad de las a iaciones imagina ias,
conec adas con la lib e an asía. Sin emba go, an es de abo da los, quisie a des aca
la ele ancia del ema gene al que aquí nos con oca, an imp eciso como abie o
y p edispues o a ap oximaciones di e sas, según ha ido cob ando exp esión en mi
p opia ayec o ia ilosó ica. C eo que ello ayuda á a que pueda explica me al lec o
espec o a lo que me ha ascinado en oda es a g an p oblemá ica.
ii
O igina iamen e, en La in ención comunica i a (Mo eno, 1989), esis de doc o-
ado en la que se a aba de explo a la in e subje i idad al modo husse liano,
especialmen e en sus es olúmenes de Zu Phänomenologie de In e subjek i i ä ,
casi odo mi empeño se concen aba en el pensamien o en i ud del cual el O o
no es simplemen e un al e -ego, como suele Husse l concebi al O o –con lo que se
iende a ebaja o en ia su po encia de ascendencia y ex añeza (F emde ah ung:
expe iencia del Ex año), haciéndosele «compa ece » como co-suje o en la hechu a
obje i a del mundo, P ójimo (p óximo) o como Vecino–, sino mi posible se de o o
modo, ensionado en e aquel o o-Yo del O o y, sob e odo, su se o o-que-Yo,
i educ ible a elaciones de ecinaje, amilia idad o me a con i encia o denada a la
cons i ución de la Obje i idad. En cie o momen o de la in es igación, el mé odo
de las a iaciones eidé icas apo aba al pensamien o sob e el posible se de o o modo
la opo unidad de ansi a desde el Ego al eidos-Ego. El ex ao dina io juego en e
al e aciones y a iaciones ( id. in a) me pe mi ía abo da la p oblemá ica en cues ión
de un modo que me sigue pa eciendo muy a ac i o po las posibilidades que b in-
da, y, más conc e amen e, de ca a a in oduci el ema de la in e subje i idad en lo
que se ía una expansión de la misma desde la in e subje i idad en el ho izon e de la
obje i idad has a el ámbi o, impo an ísimo, de la in e subje i idad en el seno de
la expe iencia de an aseamien o y au o an aseamien o de la in e subje i idad li e-
a ia. Pa a ello me ue decisi o el pensamien o de Ricoeu , que a su ez se basaba
en Milan Kunde a, ace ca del O o como pe sonaje en an o ego expe imen al. En
un ex o que se publicó en 2005, pe o que da a de algunos años an es (no sab ía
p ecisa lo), sob e Zu älligkei und F emde ah ung (Mo eno, 2005) pa ía una ez más
de las a iaciones imagina ias pa a in en a pensa , del modo más abie o posible, los
« endimien os» de la F emde ah ung en un ho izon e de es ic a y adical in e sub-
je i idad, p e ia a una in e humanidad o in e pe sonalidad (incluyendo, así pues,
pe sonajes, animales o incluso ¡«ángeles»!).
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Césa Mo eno Má quez Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e
En ocasiones pos e io es ol ió a eapa ece el ema de las a iaciones eidé icas
en dos abajos, i ulados Eidos y punc um (Mo eno, 1995) y Eidos y mons um (Mo-
eno, 2004a). Más o menos implíci amen e, in en aba en ellos escla ece aquello
que en mis inquie udes supond ía mi p opia deuda pa a con el eidos, en el sen ido
de cómo asumi lo y « abaja » con él o pone lo c í icamen e en ensión y juego.
Respec o al punc um, e omaba lo que Roland Ba hes plan eaba en La cáma a lúcida
(Ba hes, 1990: 63-67), a sabe , que se puede abo da una o og a ía desde el s udium,
desplegando un sabe o una ciencia ace ca de lo que obje i a e in e subje i amen e
se ía desc ip ible y analizable en una o og a ía (encuad e, ex u a, luz, mo i o, e c.),
o bien desde el punc um, de modo que lo decisi o, pa a quien abo da una o og a ía,
uese aquello i educ iblemen e «subje i o» que ha ía de una o o algo digno del
mayo in e és pa a quien la omase en conside ación. No hab ía ciencia del punc um
«punzan e», que o ma ía pa e de la in imidad e incluso «sec e o» del suje o que
con empla la o og a ía. Si el eidos es una sue e de máquina o mecanismo de indi e-
enciación y sus i uibilidad sis emá icas (en la medida en que en el seno del omniaba ca i-
o pe íme o o del ab azo eidé ico «Ros o», po ejemplo, no end ía ele ancia que
se a ase de mi os o o del uyo, o del os o de mi amigo o de mi enemigo: odos
los indi iduos se ían con ingen es y, en cuan o pa icipan es en el eidos, equidis a ían del
mismo), sin emba go, el eidos no pod ía, po su indi e encia, «cap a » exp esamen e
los punc a de ales o cuales os os, al como su ge anseidé icamen e lo punzan e. El
punc um no desmen i ía al eidos, ni és e al punc um, debiendo sabe desen ol e nos
en ese mo imien o que a del indi iduo i educ ible a lo gene al y de lo gene al al
indi iduo, siendo que nues a ap oximación a lo indi idual (és e o aquel os o) no es
calculable ni p e isible desde la uni o midad eidé ica, en an o el camino que con-
duce a lo singula «punzan e» no es asép icamen e deíc ico (es e os o, aquel os o),
y en an o del punc um no hay an o ciencia como «pasión». De es e modo, delimi ando
compe encias, la elación con el eidos se o na más dis endida o lexible, incluso
amable.
En Eidos y mons um se a aba de pensa la máxima posible dila ación in aeidé ica.
Pa a ello e a necesa io, una ez más, duc iliza el eidos in oduciendo en su in e io
sus p opios mons a. De es e modo –y se e á que aquí ol e é sob e es e ema– si
en las a iaciones la an asía se es ue za en a o del in amons uo, caso de que la
pe cepción no lo o eciese, ello p oba ía que la dependencia del p oceso de a iacio-
nes espec o al ejemplo inicial que si e de pun o de pa ida (ca gado de ac icidad,
u inas y p ejuicios) es la mínima posible. El in amons uo desempeña ía la unción
de pe mi i un máximo «sal o» ascendedo espec o al ejemplo inicial. Y si me
impo aba in oduci al mons uo (lo que po su singula idad a ae la a ención, so -
p ende, se des aca, p ecisamen e no po que es é ue a del eidos, sino en su in e io ,
y sí ue a, sin emba go, del ipo u ina io o p ejuicial) e a p ecisamen e pa a p o oca
la dis ensionalidad del pe íme o eidé ico y pa a que és e no se deja a las a po sus
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RECERCA, 12. 2012. ISSN: 1130-6149 - DOI: h p://dx.doi.o g/10.6035/Rece ca. 2012.12.3 - pp. 23-51
comp omisos empí ico-mundanos. Repi o que ol e é sob e el ema, en el que
p e endo p o undiza . No es di ícil sabe a qué me e ie o. Po ejemplo, a e ec os
docen es pido con ecuencia a mis alumnos que imaginen un os o... y que decidi-
damen e no se concen en me amen e en el os o conocido, amilia , ecinal, sino
que in en en imagina (¡y pensa !) el os o más ex año, anómalo y (apa en emen e)
ex-cén ico o ex a- agan e, « o áneo» o exó ico (en sen ido ue e). Ni que deci
iene que, con ello, nues a pequeña sabidu ía espec o al pode aba cado del eidos se
inc emen a ía y se dis endi ía nues a elacion con él, po que ya no apa ece ía an o
como un co sé abs ac o, a osigan e o iolen ado .
Decía en Eidos y mons um que, en
es e sen ido, el os o ocul o del homb e ele an e (en el conocido ilm de Da id Lynch)
se ía, en su se aún-no-pe cibido o en su expec a i a pu a, la más pe ec a ap oximación
al «Ros o»
, ac edi ada además po nues a so p esa an e su isión conc e a.
Quien dice «Ros o» pod ía deci , imaginémoslo, «Belleza», y hab ía que pedi que
no imaginásemos la belleza de es e o aquel ejemplos cul u ales (po ejemplo, la
belleza de la Venus de El nacimien o de Venus o la de cualquie «modelo» de u no).
G osso modo, de ello se a aba.
Pos e io men e, he uel o sob e el ema del eidos en dos ocasiones signi ica i as.
En una de ellas (Objek in de Re ol e (Mo eno, 2006) no se a aba de explo a las
posibilidades del eidos (La in ención comunica i a) ni de « ensiona lo» po la pasión po
lo singula (Eidos y punc um) o de dila a lo (Eidos y mons um), sino de cues iona su
necesidad espec o a la omniaba ca i idad y adicalidad (es a ez sí, a ondo) de la
educción enomenológica, p o ocando un pensamien o ace ca de cómo en oca-
siones la enomenalidad no esponde sin más o indiscu iblemen e a con igu aciones
eidé icas co idianamen e accesibles, «no males», p ejuiciales, ei den emen e es ables
y consis en es, sin que po ello pudie a deja se de econoce donaciones pe ec amen e
legi imadas (p incipio de odos los p incipios (Husse l, 1985: 58)), con lo que end ía a
p oba se que la educción eidé ica no es imp escindible, a no se que ascendamos
a los géne os sumos (o como di emos de inmedia o: c ecien es). Así, po ejemplo, un
enómeno como es el Cadeau de Man Ray1 no pie de su pe ección (quizás incluso
pod íamos a e e nos a pensa que gana pe ección) po su ex ao dina ia y c ea i a
abe a io, no pudiendo p opiamen e encon a cabida en un géne o meno («plan-
cha», po ejemplo), sino solo en un géne o supe io o c ecien e (a e ac o «inú il»,
cosa ísica, obje o, en e...).
En la o a ocasión a que me e e ía (In e pa es. Esbozo sob e la indi e encia posi i a2),
se a aba, una ez más, de explo a los endimien os del que me complace llama
ab azo eidé ico, en la medida en que dicho «ab azo» pe mi e ans o ma odos los
1 El lec o encon a á en In e ne múl iples ep oducciones del Cadeau de Ray. Sob an las palab as. Deci que se
a a de una “plancha-con-cla os” es una simpli icación que no acie a, en modo alguno, a deci lo que es «eso». El
genio de Ray la llamó Regalo, Don, incluso P esen e... apo ándonos una ex ao dina ia suge encia enomenológica.
2 Publicado po Biblio eca Nue a (ed. de Ma ía del Ca men López Sáenz y Jesús Díaz).
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Césa Mo eno Má quez Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e
indi iduos a él acogidos en «cualesquie a», no en un sen ido peyo a i o, sino como
la posibilidad de encon a una indi e encia posi i a que pe mi iese una igualdad é ica
y polí icamen e aliosa, que ende ía a hace innecesa ia una disc iminación posi i a,
con lo que se deja ían pensa los mejo es endimien os de, po ejemplo, la mul i- e
in e cul u alidad.
De lo que quisie a pa i de es a ocasión, en la que p e endo ei indica –es a
ez del odo explíci amen e– los endimien os no an o del p oduc o o esul ado
(eidé ico) cuan o, como ya he dicho, de la p ocesualidad de la p oducción de las
al e aciones+ a iaciones imagina ias, es de la no edad adical que supone el Exis en e
humano espec o a cualquie Cosa en la indagación eidé ica. Al ma gen de lo que
pudie a pensa se y más allá de cualquie «es ima i a» ace ca de una es uc u a o esen-
cia humanas, nues a expe iencia cul u al de noso os mismos es la de un p o eísmo
y elacionalidad hib idi o me ex ao dina ios, sin pa angón con ninguna o o en e. Ni
siquie a se ía necesa io, en p incipio, decisión eo é ica ue e alguna ace ca, po
ejemplo, de si el se humano iene exis encia, no esencia (Sa e) o sos ene que lo
que nos ca ac e iza es que ca ecemos de de inición (o, al menos, de de inición acabada).
Somos empede nidos mu an es, no ya en lo que se e ie e a las al e aciones que una
ida humana y un yo pod ían ealiza o asumi , sino po lo que se e ie e al exis-
en e humano «en gene al», siendo di ícil de ini los lími es de lo que somos o podemos
se más allá de cie as ecuencias y pode osas egula idades ( u inas, pa ones). El
de eni humano (que no siemp e es obje i amen e cons a able ni mensu able, an
«po den o» anscu e) es so p enden e has a un ex emo con el que ninguna o a cosa
es compa able, de modo que el «animal admi able» (el P o eo, según Gio anni Pico
della Mi andola (Pico, 1986; Mo eno, 1994)) pa ece con i ma , hoy más nunca,
que ca ece de de inición –mundana, empí ica. No solo se a a de nues o ex ao dina io
de eni y nues as so p enden es me amo osis, sino ambién del po encial elacional,
que supond á a odas luces (ya lo es) un supe acele ado y complicado de nues as mu-
aciones, como nunca has a hoy hab ía conocido el géne o humano. ¿Signi ica ía
ello que amos a la de i a, encaminándonos a un se anónimo, sin iden idad, sin
os o? ¿o no esul a á que cuando nos si uamos en la línea de la supe elacionalidad
(Mo eno, 1993) se nos pod ía concede la opo unidad, que no hab íamos enido
a nues a disposición has a hoy, de acele a el p oceso que ambién pod ía con-
duci al eidos?
Qué singula eco ido el que quisié amos p opone : del P o eo mi andoliano
–al que acabo de e e i me– has a las a iaciones imagina ias en lo que ienen de
ebullición y he ide o, pe o ambién de pe íme o y co du a, pasando po la apo-
logía del mundo «p odigioso» en Michel de Mon aigne. Poco menos de un siglo
después del discu so de Pico, Michel de Mon aigne comienza a edac a sus Essais y
uel e a si ua en p ime plano, an es de que la mode nidad en onice la alianza de
hie o en e Razón, Ciencia y Realidad, una e sión del p o eísmo, ya no e e ida solo
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RECERCA, 12. 2012. ISSN: 1130-6149 - DOI: h p://dx.doi.o g/10.6035/Rece ca. 2012.12.3 - pp. 23-51
al se humano (hay más di e encia en e algunos homb es que en e un homb e y
un animal (Mon aigne, 2007: 378-392) sino a odo el ámbi o de lo eal.
En e ec o, en e o os ecu sos a o ecedo es del dis anciamien o c í ico-es-
cép ico (po ejemplo, el ela i ismo cul u al),3 Michel de Mon aigne in odujo el exceso
de lo que solemos in e p e a como «mons uos» y «milag os» pa a deses abiliza los
dogma ismos y sobe bias del conocimien o a escala demasiado humana. No se a-
aba únicamen e de a ala nues a capacidad pa a admi a nos, que ya, digamos, « a
de suyo», sino, más c í icamen e, de cues iona nues as desmedidas p e ensiones
pa a ju is-dic amina ace ca de lo co ec o en el seno de una enomenalidad in a-
mundana máximamen e deslimi ada (si se omasen como e e encia las p e ensiones
de dominio del suje o y su escaso pode de pene ación en la di e sidad de los
acon ecimien os) o pa a p opone una no ma i a a la enomenalidad en gene al.
Mon aigne pensó que Dios y la Na u aleza a alaban ese exceso, ga an izaban un
mundo abie o, in ini o, descomunal.
En el casi p og amá ico cap. xx i del lib o I de sus Essais había sos enido Mon-
aigne que es locu a e e i lo e dade o y lo also a nues a capacidad. T as econoce que, en
e ec o, los que c een en los milag os pueden se azonablemen e conside ados como
débiles, c édulos, ácilmen e maleables e igno an es, pudiendo se «a apados po las
o ejas» de es imonios ( alsos) de o os, Mon aigne acome e un gi o espec acula en
su a gumen ación, cuando sos iene que es demasiado p e encioso conside a que es
also odo lo que no es e osímil. A di e encia de lo que an es eng eidamen e pensa-
ba, con iesa Mon aigne que al desdeña odo eso ex ao dina io e inusual, él mismo
e a digno de lás ima. Ha sido la p opia azón la que le ha enseñado que:
[…] condena una cosa an esuel amen e como alsa e imposible es a oga se
la supe io idad de ene en la cabeza los é minos y lími es de la olun ad de
Dios y de la po encia de nues a mad e na u aleza; y que no hay locu a más
no able en el mundo que educi los a la medida de nues a capacidad y ap i-
ud. Si llamamos mons uos o milag os a aquello donde no alcanza nues a
azón, ¡cuán os se nos o ecen con inuamen e a los ojos! Conside emos a
a és de qué nubes y cuán a ien as somos conducidos al conocimien o de
la mayo ía de cosas que enemos en e manos. Sin duda descub i emos que
es la cos umb e más que la ciencia lo que hace que no nos pa ezcan ex añas
[…]. Las almas se acos umb an po el hábi o de los ojos, y ni se asomb an ni
indagan las azones de las cosas que en siemp e […]. Debemos juzga con
más e e encia sob e la in ini a po encia de la na u aleza, y con mayo eco-
nocimien o de nues a igno ancia y debilidad. ¡De cuán as cosas poco e osí-
miles han dado es imonio pe sonas idedignas! Si no podemos pe suadi nos
de ellas, debemos deja las po lo menos en suspenso, pues condena las como
3 Recué dese el capí ulo de sus Ensayos dedicado a los caníbales (Mon aigne, 2007, Lib o I, XXX).
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Césa Mo eno Má quez Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e
odo lo «demasiado conocido»… (Lohma , 2007: 42-47). Es cie o, como decía
Me leau-Pon y, que los eide se nos dan en la p opia ac i ud na u al. Y es necesa io
deci lo así. De es e modo se ebaja cualquie en ación de concebi el eidos como
algo mís ico (ya el p opio Husse l insis ió en ello). Así es, pe o no sin impo an es
ma ices. Si así uese ingenuamen e, el mé odo de las a iaciones eidé icas esul a ía
obsole o. No: al cabo de nues a ac i ud na u al no enemos ga an ía de que se nos
den los eide en su pu eza, sino bas an e p eca ia y con usamen e. Nos esul an
e icaces en nues os a anes y me as co idianas, pe o no cuando se a a de apu a
más o cuando la p opia ealidad nos susci a con o e sias g a es.
i
¿En qué consis e, pues, el mé odo de la lib e a iación?9 Pa a Husse l, con
is as al descub imien o eidé ico, se a a de pa i de un indi iduo cualquie a –de
aquel cuyo eidos se p e ende halla . La gene alidad empí ica, ya ope a i a pasi amen-
e (p ejuicialmen e) puede o ecé noslo como pun o de pa ida, jun o con el sabe
de las posibilidades de semejanza, cong uencia asocia i a, e c., que man iene con
o os indi iduos. Pongamos po caso: odos sabemos que pa a busca el eidos
«place » podemos pa i , ya, del p e-sabe de lo que es un place . Es un ejemplo
i ial. A pa i de la expe iencia indi idual, que puede se de «cualquie place »
(de una audición, de un gus o, de un ac o...), se a a de eco e lo bien empí ico-
in ui i amen e, bien a iándolo en la an asía (Husse l, 1980: 377). ¿En qué consis en
las a iaciones? Pa a comp ende lo hay que compa a la a iación con la al e ación
(Husse l, 1980: 384-385). Es a se e ie e a las posibilidades de se de o o modo del in-
di iduo: ans o maciones, mu aciones, me amo osis, cambios que un indi iduo
puede expe imen a pe o solo sucesi amen e, en el iempo, conse ando su mismidad
(¡no es a ea ácil, a ándose de las posibles al e aciones del «indi iduo» que es
al o cual expe iencia de place !). Si man enemos cie a idelidad al indi iduo de
pa ida como exis en e, el p oceso de al e aciones puede p osegui sin conclui en
un ho izon e de cong uencia o unanimidad, pues de lo con a io nos apa ece ía un an-
asma (me es imposible en e ene me en ello: c . Husse l, 2000: 40 y ss.; Husse l,
2002: 14)). Pues bien, a di e encia de las al e aciones, unas as o as, las a iaciones
ienen que pode da se (y se pensadas) a la ez, con lo que, lógicamen e, se ompe
la unidad del indi iduo, debiéndose p oduci un acoplamien o no in a sino in e in-
di idual (Husse l, 1980: 385). Ya no se a a del de eni de al place singula , sino
del eme ge de la unidad híb ida «Place ». De es e modo, lo que en es e indi iduo
9 Es emendamen e in e esan e que en épocas p óximas se hable a la ez de lib e a iación eidé ica (Husse l), lib e
asociación de ideas (F eud) y esc i u a au omá ica (B e on). P o undiza , o siquie a comen a sucin amen e es a cues ión,
nos lle a ía demasiado lejos. Se a a de es accesos, en cada caso, al eidos, al inconscien e y al ulgo poé ico.
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( al expe iencia singula placen e a) pa icipa del «Place » no es solo suyo, sino que
lo posee compa idamen e, y es eso compa ido lo que el p opio indi iduo no
puede deja de ene desde la pe spec i a eidé ica. ¡Lo más imp escindible (y en
ello se anuncia una dimensión i enunciable de in imidad) es compa ido! Desde
el eidos, uno es uno-más, uno-cualquie a de los indi iduos que componen el eidos. Es
necesa io deja a ás esa especie de ancla del indi iduo singula 10 y sus p e-com-
pa ibilidades y p e-incompa ibilidades. Con las a iaciones se deshace el ce co del
indi iduo y su subs ancia y es allan, po abundancia excesi a, las compa ibilidades
posibles en la ma iz in aeidé ica, dec eciendo al máximo las incompa ibilidades.
Ninguna de mis al e aciones me conduci ía a se escocés o a le a; pe o en mis
a iaciones apa ece( á)n a de o emp ano, lejos o ce ca, el escocés y el a le a, y
me ha án sabe que o mamos una unidad ¡cie amen e, muy abie a! En el ba io
hab á e iegas, al ez, en e adicales musulmanes y adicales c is ianos, pe o ¡no
en el seno del eidos! No se al e a án en e ellos, pe o sí pod án a ia se unos en
o os. El eidos su ge no po acumulación, sino po un il ado o des ilado en los que
solo se des aca i ual-eidé icamen e, sin que deba sup imi se ealmen e nada, lo que
pod ía se compa ido po odos, aquello de lo que ninguno –ni el más ex emo,
ambién incluido– pod ía p escindi . El acoplamien o in e indi idual c ea á una
ex aña unidad híb ida c ecien emen e aba ca i a o acogedo a, pací ica y, si se me
apu ase, «democ á ica».
Quisie a des aca que pa a con a es a la en ación de no pensa adicalmen e
las a iaciones a que pod ía some e se el ejemplo inicial y desp ende nos de sus an-
clajes, el indi iduo inicial debe se a bi a io, y el p opio p oceso de las a iaciones
debe anscu i a bi a iamen e11. Ello gua da elación con la exención de p ejuicios y la
posibilidad de una con emplación «desin e esada», que no a de suyo, desde luego, en la
ac i ud na u al. De es e modo, in aeidé icamen e discu e, bulle o umo ea una a ie-
dad no solo exhaus i a en su di e sidad, sino ambién aza osa y ex ema (¡qué ex ao -
10 Ha é un inciso pa a eco da un pasaje de El banque e pla ónico que me pa ece especialmen e ilus a i o a es e
espec o. Se a a del conocido discu so de Dio ima en el que se p opone, en palab as de J. N. Findlay, una sue e
de yoga eidé ico. Me impo a sob e odo des aca , aquí, cómo Dio ima dice a Sóc a es que debe «enamo a se en
p ime luga de un solo cue po y engend a en él bellos azonamien os; luego debe comp ende que la belleza
que hay en cualquie cue po es a ín a la que hay en o o, y que, si es p eciso pe segui la belleza de la o ma,
es una g an necedad no conside a una y la misma la belleza que hay en odos los cue pos. Una ez que haya
comp endido es o, debe hace se aman e de odos los cue pos bellos y calma ese ue e a eba o po uno solo,
desp eciándolo y conside ándolo insigni ican e» (Pla ón, 1986: 262).
11 La exigencia de a bi a iedad es eno me. Se a a más de un ideal egula i o y po an o, debe se asumido con
p ecaución. No es lo mismo a ia «mesa» o –como son los ejemplos que idos po Husse l– «colo » o «sonido»,
omando como ejemplo inicial cualesquie a mesa, colo o sonido que podamos pe cibi o imagina , de los cuales
enemos acceso, de en ada, a una g an a iedad, incluso a pesa de nues as u inas y p ejuicios, que indaga
el hecho de la «expe iencia eligiosa» (= de «lo eligioso») o de la «expe iencia polí ica» (= de «lo polí ico»)
pa iendo de un ac um a bi a io. Más que in en a p ac ica de hecho esa a bi a iedad, se a a de asumi la como
ensionado a pa a e i a cae en u inas e ine cias demasiado apegadas a nues as consue udina ias gene alidades
empí icas.
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Césa Mo eno Má quez Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e
dina ia pedagogía eidé ica12!): no impo an ealmen e las in ensidades, los su gimien os
y desapa iciones de singula idades, la ugacidad de los sucesos ni las «a inidades
elec i as» in asubg upales… Las supe posiciones pueden p oduci se po que se pasa
de la mismidad inculada in aindi idualmen e al ecub imien o in e indi idual-
eidé ico. Lo que no se ía álido ác icamen e, ¡pe o sí eidé icamen e! pa a un indi-
iduo en sus al e aciones (de eni de-o o-modo) (Husse l, 1980: 380-381) lo es pa a
o o indi iduo que su gie a no po la al e ación (eso se ía imposible), sino po la
a iación del p ime o (un aiwanés no su ge po al e ación de un bosquimano, pe o
sí po su a iación, gene ando en onces la unidad híb ida « aiwano-bosquimano» –no
imposible, sino simplemen e insóli a, inexplo ada, ma ginal, pe i é ica). Y aquí la
sol u a, en el ho izon e o seno de la co du a eidé ica, es eno me. No solo se a a
de que un indi iduo no pueda se a la ez «a» y «no-a» (en el ejemplo de Husse l,
no es posible que la casa enga un echo de made a y a la ez uno de ejas). Es,
más aún, que en las a iaciones a pa i de un ejemplo inicial se pueda pasa a un
a ibu o o a iación que no pudie a el indi iduo inicial posee en es e mundo. Y he
aquí el g an sal o. Debe p oduci se una sue e no de acumulación, sino de sín esis de
ecub imien o (Deckung) que ha de c ece , expandi se o dila a se has a que se consiga
cap a in ensi amen e educiéndose al mínimo: que ya no sea necesa io p osegui has-
a el in ini o el p oceso de a iaciones, pues hab íamos llegado a in ui la cla e del
e cé e a (y así o as eces: und so wei e ) de aquello de lo que no puede ca ece ninguno
de los indi iduos que puedan se ag upados bajo el eidos «Sonido», «Place » o «Se
humano». El e c. o, digámoslo de o o modo, la cla e de su geneidé ica (Husse l,
1980: 378-379).13
Cada a iación acumulada y inalmen e ecogida conduce a una sín esis c ecien e,
que debe coincidi con una es a o «limado» de las a iaciones an e io es. Eidé ica-
men e, oda suma a la ez es a, has a que llegan a coincidi milag osamen e Máximo y
Mínimo. Una al e ación deja luga a o a en un de eni empo al. Una a iación no
iene que cede a o a, sino que puede con i i con o as en o no a y en la medida de
lo compa ido: suma y es a. Todas las a iaciones alen y con i en, pe o en an o
cedan no ya en sus di e encias, sino en sus p e ensiones de se i educ ibles. No se
acumulan cuan i a i amen e, sino que se cuali ican in ensi a y minimalís icamen e.
12 Si no se asume es a posibilidad pedagógica, no hab á salida al p oblema que susci a el ene que pa i
p ejuicialmen e de un ejemplo inicial po encialmen e en uel o o a a esado po ma cas ue emen e p ejuiciales
que las a ían cualquie in en o de ascendencia eidé ica. Lohma lo ha des acado muy bien (Lohma , 2007:
42-47), pe o no se ha a en u ado a oma en conside ación la posibilidad, que aquí plan eamos, de o za la
a bi a iedad a a és de incu siones (ya no impo a ía si an aseadas o pe cep ibles) en las zonas pe i é icas, que
son las g andes «desmen ido as» de los excesos p ejuiciales.
13 Es muy impo an e que, pa a Husse l, el p oceso de c eación imagina ia de a iaciones sea no an o ex enso
cuan o ealmen e a bi a io. Si es a bi a io de e as, cabe con ia en que p on o su gi ía el E c., que indica ía que
hemos alcanzado la cla e de las a iaciones, es deci , el eidos. No es p eciso, pues, ex ende has a el in ini o el
p oceso de a iaciones. Lo que se echa en al a es que Husse l no oma en conside ación que la me a ex ensión
(que él conside a jus amen e así: como me a p osecución in ex enso) con u iese la posibilidad de a iaciones in
ex emis, de eno me ele ancia, no solo a bi a ias, sino ex ao dina ias espec o a cualquie «p omedio».
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Es deci : si paso de la a iación se -humano-papúa a la a iación se -humano-andaluz,
es a segunda a iación no sup ime la an e io , pe o p oduce un “limado” i ual
ansi o io o p ocesual de la di e encia «papúa», y así desapa ece la en ación de
de ene el p oceso an es de que se cap e la necesidad o el a p io i del eidos.
¿Po qué es posible la cong uencia, el ecub imien o eidé ico de lo in e indi idual en
oda la ex ensión del eidos compa ido? Po que ese ecub imien o es á some ido a
una legalidad eidé ica, no a una exigencia mundano-empí ica de cong uencia. A ue de
sona ex año –pe o ampoco sin eme que suene ex año– hab ía que deci que el
eidos ya no es de es e mundo, ni de ningún mundo pa icula , y, sin emba go, se da en
el mundo. No es á o zado a engend a un mundo cohe en e eal. En ello adica pa e de
su libe ad y del desa ío que lanza al mundo eal. Me e ie o con es o a que cuando
se a a de Géne os C ecien es, aumen a el con enido in aeidé ico y se o nan más leja-
nas las pe i e ias, al iempo que se hace (debe hace se) más in enso el minimalismo y
se ac ecien a, en el mundo, la posibilidad de una con usión a doble ca a, si se me pe -
mi e deci lo así: o giás ica y eidé ica. Sí, sin duda se a a aquí de una admi able unidad
híb ida de o den supe io compues a po indi iduos que se supe an en e sí (¡no que
se sup imen!14) en la coexis encia (Husse l, 1980: 382). Como ya se dejó en ende
an es, suma se o na es a . Es necesa io que la acumulación i e en aciamien o, pa a
que lo que se dé a con empla no sea únicamen e odo lo que puede se …, sino lo que no
puede al a . De es e modo, una epis emología equie e de una eidé ica pa a que sea
posible un mo imien o, concep ualmen e asumible, en el que la acumulación p oduzca
un mo imien o de c ecien e minimalismo. Eso acon ece con el eidos.
Pa a alcanza el momen o culminan e del E c., en el que se p oduce la Wes-
enschau, ¿qué se ía necesa io? Si se a a de alcanza una ce idumb e, no puede
p e ija se el momen o en que end á luga . No es necesa io un eco ido in ini o,
pe o ampoco pa ece que pudiese bas a el con o mismo de los ejemplos más
p óximos. Cuando Husse l apela a la a bi a iedad, ¿no es á, en úl imo é mino,
apelando encubie a o la e almen e a los casos más ex emos? En e dad, a di e-
encia de iloso ías más comp ome idas especula i amen e, la enomenología no
iene necesidad de ecu i a a ajo alguno, sino que más bien no debe eme ni
echaza el demo a se en la di e sidad, no po mo de exo ismo alguno (exo is-
mo que es eno memen e a ac i o y nada desp eciable, po lo demás), sino po pu o
a án de no deja al albu de la o una que el E c. sea ealmen e legí imo, y no u-
o del ap esu amien o o la impaciencia. La pe i e ia no legi ima, sino que p ueba la
exhaus i idad in ex emis.
14 Husse l se e ie e a «una unidad híb ida conc e a de indi iduos que se sup i men ecíp ocamen e, que se
excluyen co-exis encialmen e [eine konk e e Zwi e einhei sich wechselsei ig au hebende , sich koexis enzial aussliessende
Indi iduen]». El aduc o de Expe iencia y juicio (en gene al muy ace ado y co ec o) aduce sich wechselsei ig au hebende
po «que se sup imen ecíp ocamen e», cuando debe ía habe aducido po «se supe an ecíp ocamen e». Es o
es decisi o, pues de que se sup iman o se supe en depende de que la unidad híb ida sea inclusi a (en el caso de la
supe ación ecíp oca) de los indi iduos que la componen, sin que el paso a la unidad implique sup esión alguna de nada.
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Césa Mo eno Má quez Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e
El ema «eidos y pe iphe ia» supo-
ne una apo ación al pensamien o
gene al sob e el eidos, como lo es
la elación, en o os ex os, en e
eidos, punc um y mons um. La idea
undamen al que p eside es as con-
side aciones es que el eidos no debe
se pensado, ni a í ulo eo é ico, ni
siquie a a í ulo de p axis ilosó ica,
sepa ado del p oceso c í ico y de
dila ación ad pe iphe iam. Posee en
la in uición eidé ica un eidos p e-
sun amen e acabado, no es, con se
impo an e, más impo an e que el
encaminamien o que a a la busca de
ese eidos como ab azo y dila ación
p og esi a y c í ica espec o no solo
a la p eca iedad cuan i a i a de ge-
ne alizaciones empí icas básicamen-
e ini o-induc i as, sino espec o a
la p eca iedad cuali a i a de ejem-
plos demasiado sec e amen e enlazados
a posiciones, en el sen ido del eidos,
p óximas a «cen amien os» munda-
nos, que p o een de lo ípico, pe o no
alcanzan más allá, y que, po an o,
no se ían capaces de «da la alla» del
eidos. La c í ica consis e, en onces,
en i más allá de un e c. que no pasa a
de se u ina io. Hay que sospecha de
un E c. que nos abu a como pa icipan es
conc e os en la ape u a enomenológica del
mundo. La singula idad de es e aspec-
o c í ico se o alece cuando es á
en juego el se humano en cuan o
ejemplo po an onomasia de odo lo
p o eico e híb ido, en especial, del se
humano y de la cul u a.
S a e Cen e , MIT (Geh y)
Museo Gugenheim de Bilbao (Geh y)
Dancing House (Geh y)
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RECERCA, 12. 2012. ISSN: 1130-6149 - DOI: h p://dx.doi.o g/10.6035/Rece ca. 2012.12.3 - pp. 23-51
Do o hea Tanning
Po ada del ca álogo de la exposición
El museo del homb e (Gale ía Iolas, 1965)15
Nunca como en la ac ualidad se nos ha concedido con an a in ensidad y abun-
dancia el acceso a las pe i e ias. Jamás se han dado acumulaciones ap oxima i as an
ex ao dina ias,16 lo que pudie a hace pensa en la posibilidad de que se o nase más
accesible ascende en di ección al eidos: a su abundancia in e io y a su minima-
lismo. Su unidad híb ida se mues a, se exp esa, se desen aña y desahoga –se hace
pa icipa – en el mundo isible más plás icamen e y «a ojos is a» de lo que nunca
u o la opo unidad de hace lo. Pe o si no pudiésemos alcanza el eidos en la lucidez
de su az minimalis a, necesa ia e imp escindible, nos expond íamos al desas e de
una con usión es é il.
Pensado desde den o, ¿qué signi ica el p oceso de las a iaciones «agi adas»
po la lib e an asía? Pod ía pensa se que, en cie o modo al menos, el p oceso
conducen e a la Wesenschau es más un inc emen o del deseo-de-desc ibi que un a án
po consuma una in uición eidé ica « e minal». La a idez desc ip i a de la enomeno-
logía es al, y su apues a po la libe ad- en e-a-la-exis encia ha sido an asumida (y no
solo a e ec os de explica la ida in encional de la conciencia), que, libe ada de la
exis encia, la desc ipción se deja ascina po la posibilidad de eco e el campo de
enomenalidad apelando jus amen e a una desc ipción has a en el Más de lo imagina-
io… incluso –si me pe mi iesen la a esu a (pues no es imo que Husse l pensase
ealmen e es o)– sin que uese necesa io espe a que al in pudie a encon a se eidos
15 Es e mismo dibujo, que me pa ece de una ex ao dina ia elocuencia y lucidez, apa eció ambién en Mo eno 1995
y Mo eno 2004a.
16 Lo que jus i ica ía, sin duda, ol e a epensa la ele ancia del collage (a ello ese o un capí ulo de El in ini o
enomenológico).
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Césa Mo eno Má quez Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e
alguno. Su búsqueda no hab ía e minado en acaso, pues las ganancias en el cami-
no hab ían sido eno mes. En úl imo é mino, quizás no uese an impo an e pa a
la ida enomenológica, después de odo, que hubiese eidos, cuan o que pudie a
ab i se pe manen emen e el campo de enomenalidad. ¿No es aquí, acaso, donde adica la
e dad úl ima y más ín ima del mundo de la ida con a ese an icipo de la clausu a
de la enomenalidad que pod ía se el abu imien o del Y-así-o as- eces en que debe
culmina la con emplación del eidos?
A mi juicio –y debo p ecisa (lo que ya es á cla o) que me impo a más una elec-
u a ac ual de la enomenología que el es udio e udi o del pensamien o del Husse l
his ó ico (1859-1938)–, la enomenología se comp ome e con la enomenalidad a
doble í ulo: desc ip i o-pe cep i o, en sen ido amplio, y desc ip i o-eidé ico, con encida
como es á de que la ensionalidad eidé ica es, a in de cuen as, un e icaz su ido y ga an e
de enomenalidad auxilia de la ape u a pe cep i a (aún con el p es igio de lo dado
leibha , en pe sona). La ele ancia de es e su ido no es an o lo que o ece, sus
dones, cuan o que, a í ulo o mal, impide ol ida que la enomenalidad no se decide ni iene
su úl ima palab a a as de ie a ni en la amilia idad de un ci cunmundo. Po eso la
enomenología no eme a eidé ica alguna, que es más decisi amen e una opo unidad
de lucidez y ape u a que un ce co concep ual é eo. El e dade o posi i ismo enomeno-
lógico (Husse l, 1985: 52) se ab e a odo lo que se da. Es es a una esis an ue e y
decisi a, e incluso inquie an e (y an ecuen emen e ilipendiada), que jus amen e
hab ía que añadi que en un mundo an abie o a lo Posible como el nues o (Mo e-
no, 2004b), en el que cada ez se end á que abaja más a ondo con lo no-dado-aún
y, más aún, con lo in e osímil, hab á de ac i a se más que nunca la posibilidad de la
ascendencia in ex emis en las pe i e ias in aeidé icas. C eo que no es una impe inen-
cia ni desleal ad pa a con el espí i u de la enomenología el p e e i pensa la con
los ojos y la men e bien abie os, en a ención a la omni ud del ámbi o enomenológico.
Puede se que la «dila ación» enomenológico-eidé ica se p esen e especialmen e bajo
la apa iencia inmedia a de la búsqueda de lo uni e sal, necesa io, a p io i y apodíc ico.
Es a apa iencia es legí ima, pe o quizás se nos quede es echa cuando, a apada la
eidé ica po la ansiedad epis emológica, inhibe la memo ia del bullicio in aeidé ico. Los
eides no p oponen solo u inas ni es su come ido p incipal susci a sob e odo la
imp esión de un global y demoledo Déjà Vu de la enomenalidad. Si Husse l jamás
lo dijo así, y puso la «a bi a iedad» de las a iaciones imagina ias al se icio de la
ciencia es ic a, aquí p e e imos en ega esa a bi a iedad al se icio de un mundo
abie o, inacabado, no an e odo po el e o y las deses abilizaciones que pudie an
susci a se en las pe i e ias, sino po la c ea i idad in nuce que su ge en ellas. Es así
como p e ie o imagina el juego y los a e imien os de una an asía su icien emen e
bien ecundada que se o ien a eidé icamen e en la medida en que busca el máximo de
di e sidad in aeidé ica a la ez que el minimalismo undacional o el es o imp escindible. Es
así como la enomenología es e dade a no solo como deudo a-de-mundo (y lo es siem-
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p e, desc ip i amen e, en an o oma como pun o de pa ida en muchas ocasiones
«lo que se encuen a p e iamen e»: die Vo - indlichkei ), sino como o e en e-de-mundo17.
No: la eidé ica es un encaminamien o hacia la máxima uni icación de lo más in aei-
dé icamen e di e so. no un co sé. Si lo uese, engamos po segu o que, al como
p e ie o concebi lo, queda ía aicionado el espí i u de la enomenología, insepa able
de la p opia enomenología como posibilidad (Heidegge ) y, más conc e amen e, del in i-
ni o enomenológico.
En e ec o, odo depende de cómo in e p e emos el a án que nos incula a la
enomenología: qué espe amos encon a en ella, po qué deposi amos nues a
con ianza en su ac i ud. En un mundo c ecien emen e complejo y gigan esco,
el ánsi o desde gene alidades empí icas a gene alidades pu as (he ahí lo de-
cisi o) signi ica apu a la globalidad y a en u a se en pe i e ias que cada ez
más se encuen an más ecuen emen e «codo con codo» en el mundo o se
des inan a una ine i able e iega en o no a la «con i encia», po que aunque
acogidas eidé icamen e, a du as penas encuen an opo unidad pa a con i i
uc í e amen e en una p oximidad aco de al mundo que llamamos « eal». No
se a a me amen e de una cues ión epis emológica. A la al u a del p ime e -
cio del siglo xx –¡y mucho menos a la al u a de nues o siglo xxi!– , el eidos
ya no puede se lo de un mundo pequeño, es ingido o meno . ¡Y menos si el
p o agonis a es P o eo! No me impo a ía an o la enomenología como me
impo a, si apa e de ene po imp escindibles las oces au én icas y plu ales de
los es igos, de los p o agonis as, de los ac o es… de odos aquellos, en in, que
dan sen ido y es imonio del amanece co idiano del mundo, la enomenología
no ep esen ase a la ez un pensamien o comp ome ido con un mundo plu al
e inmenso que, a la ez, no haya enunciado a la co du a. En la segunda mi ad del
siglo x i, a un escép ico como Mon aigne no le emblaba el pulso a la ho a
de in oduci a la Na u aleza y a Dios como hipo é icos ga an es no (aún) de
ideas cla as y dis in as (como se á el deus ex machina ca esiano, apenas medio
siglo después, ¡debiendo ac edi a la Ex e io idad!), sino de deses abilizaciones
ex emas (que solemos llama mons uosas y p odigiosas) de odas esas u inas y
p ejuicios en i ud de los cuales c eemos pode llega a un E c. de co o plazo,
solo semi e dade o, que p o oca ía algo mucho más pelig oso que lo incie o y
dudoso, a sabe : el es echamien o y cie e del mundo. El dia agma de la enomenali-
dad es á muy abie o en la enomenología de Husse l, lanqueada po la ape u a
de la « oma de lo e dade o» (pe cepción: Wah nehmung) y, jus amen e, po las
a iaciones imagina ias en la ensión eidé ica del campo de enomenalidad. Y
digámoslo ya: si Husse l ecu ió a la an asía, ¡e a quizás po que sus pe i e ias
17 En mayo i a ia medida, la iloso ía no se unió a la li e a u a al comienzo de la mode nidad, sino a la Ciencia,
po que se pensó anexada lo Real y a la Ciencia, más que a la p oli e ación de oces y mundos en la es ela de que
Kunde a la «he encia de Ce an es» (Kunde a, 1987).
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Césa Mo eno Má quez Eidos y pe i e ia. Ru ina y ascendencia in ex emis en el ho izon e
pe cep ibles se le quedaban co as!18 En cie o modo, Husse l no ecu e a Dios
ni a la Na u aleza, sino al eidos, pa a acome e la c í ica de odas las posiciones
induc i as de la ac icidad a la que me odean siemp e en aciones dogmá icas.
El « odo lo que se da» nomb ado en el p incipio de odos los p incipios (Husse l, 1985:
58) iene una ga an ía que pasa ambién po la ebullición de la enomenalidad, que
p opone un aún-no- odo incluso pos e io a la consumación enomenológica de la
ac icidad del mundo –o del se humano. Siemp e queda á la eie Phan asie como
ga an e de la ape u a de la enomenalidad, incluso cuando el campo pe cep i o
del mundo se haya o nado cá cel o zulo.
i
Lejos de se cosa del pasado, la eidé ica iene especialmen e u u o en un mundo
cada ez más global, en odos los aspec os, po que conduce a explo a en ascenden-
cias c ecien es, más p o undas y aba ca i as, o en e enos de posibilidad-en-dila ación y,
a la ez, «aco des» o «cue das». Bien mi ado, una si uación ilosó ica e incluso me
a e e ía a añadi que acionalmen e ascinan e. Es amos i iendo una época que
e ab i se an e sí amplísimos ho izon es de géne os sumos o, al menos, de Géne os
C ecien es. Po ejemplo, solo cuando la c eación así llamada «musical» se a en u ó
en la zona eidé ica inexplo ada del géne o supe io «Sonido» pudie on los alle es
sono os comenza a ene una ele ancia que an es jamás poseye on. Sin emba go,
pa a alcanza el eidos «Sonido», ¡cuán o hay que deja a ás o ascende , cuán o hay
que a en u a se en las pe i e ias sono as! Y pa a comp ende los eide de «Sexualidad»,
«Religión» o «Sociedad»… ¿no se ía necesa io a iesga se en sus pe i e ias, más allá
de nues as p econcepciones, amilia idades, p ejuicios, adiciones, localismos de
oda índole…, con igu ado es mundanos de gene alidades empí icas? Vol iendo a
las pe i e ias sono as, hab ía que sabe escucha , po ejemplo, la Macchina Tipog a ica
de Luigi Russolo, Visage, de Luciano Be io, Gesang de Jünglinge, de S ockhausen, o
Roa a o io, de John Cage, has a consegui un eco ido o un epe o io que aba ca-
se odo ello, eco dando desde el am am has a el can o g ego iano, los laúdes, las
gai as, la música ba oca, o la pop, pe o ambién o as exp esiones musicales más
exó icas: sono idades chinas, hindúes, nepalíes, e c., solo en onces «sab íamos» de
18. A di e encia de lo que ocu ió en e inales del siglo x y el siglo x i, cuando un mundo en expansión, que e ía lo
nunca is o, gus aba de pensa que se dila aba con inuamen e el campo de enomenalidad, el iempo de Edmund
Husse l, en e 1859 y 1938, no ue una época de p odigios, aunque, en cie o modo, sí lo ue, sob e odo po la
inmensa a en u a del espí i u humano que supusie on las angua dias. Sob e la elación en e enomenología y
angua dia a a El in ini o enomenológico. Esc i os sob e enomenología y angua dia (inédi o), que pa e de la p egun a
en o no al u u ible de qué hab ía sucedido si la enomenología, que ue es ic amen e con empo ánea de las
angua dias del p ime e cio del siglo xx, se hubiese encon ado con es as, y se hubiese dejado « ecunda » po
sus desa íos.
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e as. Y no dudemos de que apa ece ía quien se p egun ase: ¿pe o no hab íamos
podido sabe lo su icien e sin hace ese es o zado y apasionado eco ido? Tal ez.
Pe o en onces, en odo caso, el eidos alcanzado es a ía supedi ado a la o una de
un acie o ágil o muy ulne able. ¿Podemos «sabe » solo con «nues as músicas»?
Sí, pe o no hab íamos ascendido hacia ese sabe que aba ca las pe i e ias, las zonas
limí o es… y que debe supe a la p ueba de ascende u inas audi i o-musicales de
odo ipo, de gus o, ci cuns anciales, ins umen ales, o ques ales, adicionales, aca-
démicas, a mónicas, has a que el eidos «sonido» comenzase a apa ece as p ác icas
de eno me «dila ación». La his o ia de la «música» en el siglo xx se deja eco e en
es a a en u a «eidé ica». Es an solo un ejemplo.
¿Po qué es azonable habla en é minos de «ebullición» y «he ide o»19? P e-
cisamen e po que al igual que cualquie o a «cosa», pe o con una in ensidad supe-
io y más inquie an e, el «Se Humano» es ex ao dinamen e cambian e, e sá il,
p o eico (po supues o, ni que deci iene que no debe íamos cae en la en ación
de conside a lo «desde ue a», po su aspec o o «na u aleza»), y posee una e dad
más allá de los de eni es al e an es indi iduales, en la medida en que un indi iduo
pa icipa del eidos. Po el eidos como Géne o C ecien e en que pa icipo, poseo
una e dad que me elaciona con o os indi iduos incompa ablemen e muchísimo
más de lo que el indi iduo mesa1 se elaciona (nulamen e) con el indi iduo mesa2.
Po eso, aunque nacido en o o con ex o, podemos deci que homb e soy, nada de lo
humano me es ajeno. Nada hay, en el o be enoménico, en lo que sea más cie o que
en el con ex o humano que lo in e indi idual pene a en lo in aindi idual. Po eso el
eidos Se Humano, y el p opio se humano, son solo posibles como In e humanidad.
ii
Lo que se dilucida en una e(con)ducción eidé ica del campo de enomenalidad –en
es e caso, en el ho izon e de las «humanidades»– es la posibilidad de pensa no an o
pa ones cuan o o ien aciones (y debo añadi lo ya, pa a inaliza : melio a i as) de cul u a y
co du a pa a máximos c ecien es de di e sidad. Si una eidé ica es hoy ele an e (y que
cons e que el p oblema no es iba en el nomb e con que la designásemos), es po -
que o ece un ex ao dina io juego de o alidad e in ini o, pe íme o y bullicio in e-
io , unidad omniaba ca i a e ín ima indi e encia, globalidad y singula idad, del que
es di ícil duda que si no nos cegamos p ejuicialmen e a sus endimien os, end á
g an u u o. El dinamismo del eidos pe mi e ab azos máximos con mínimos eque imien-
os. Se a a de una si uación óp ima pa a es a época a la que an es he llamado «de
los Géne os C ecien es», aco des a la hipe comunicabilidad, supe elacionalidad y globalidad del
mundo con empo áneo. En esa dinámica del eidos es decisi o el juego que b indan
19 La imagen del «he ide o» apa ece en Mo eno, 2001.