Apuntes para un censo de la prensa pedagógica en España
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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN. VOL XII-XIII (1993-94) PP. 595-610 APUNTES PARA UN CENSO DE LA PRENSA PEDAGÓGICA EN ESPAÑA ANTONIO CHECA GODOY VIL Madrid (I) L A aparición de la Prensa Pedagógica en España es esencialmente fruto de la estabilización del régimen liberal a partir de 1833; pero antes de esa fecha el género ha tenido su precedente en las publicaciones para niños, que va a tener un innegable predicamento ya desde la Ilustración y a lo largo de todo el XIX. El título pionero es la «Gaceta de los niños», que editan en 1798 los hermanos Bernabé y José Canga Arguelles; de ella, según Aguilar Piñal, aparecieron 24 números de 32 páginas cada uno —lógicamente, formato pequeño, en octava—; la publicación se definía como «Principios generales de moral, ciencias y artes, acomodados a la inteligencia de la primera edad». Este género llega a su apogeo en las primeras décadas del régimen liberal. En 1843 el futuro impulsor de «La Correspondencia de España», Manuel de Santa Ana, crea «El Mentor de la infancia»; en 1848 asoma «El Mensajero de los niños», protegido por el Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas («admiten suscripciones todos los inspectores y directores de las Escuelas Normales» y en 1849, por ejemplo, son nada menos que tres los periódicos de este tipo que nacen en Madrid: «La Ilustración de los niños», «La Educación de los niños» y «El Faro de la niñez», éste también de signo oficialista, pues otros colegas se lamentan de que los inspectores de enseñanza obliguen a suscribirse a él. De 1860 data «La Aurora de la vida» («periódico ilustrado dedicado a los niños»), que inspira Mariano Carderera. En estas publicaciones la presencia católica suele ser relevante. Incluso en período políticamente inquieto como es el Sexenio Revolucionario, no dejarán de brotar publicaciones similares, como «El Periódico de la Infancia», que dirige en 1868-1869 César de Eguilaz Bengoechea; «El Eco de la Infancia», que dirige hacia 1871 Santiago Arnal Ramos, o, sobre todo, «El amigo de la Infancia», que aparece en 1874 y al contrario que las anteriores conseguirá muy notable duración. Este género mantendrá su vigencia, con una llamativa proliferación de publicaciones, hasta finales de siglo, cuando comienza a decaer.
596 ANTONIO CHECA GODOY La Ilustración Sin embargo, una prensa propiamente pedagógica y con al educación como tema único es muy rara, incluso en Madrid, hasta los años cuarenta del XIX. En 1799 se niega autorización para editar «El Cosmeta o el amigo de la Instrucción Pública», aunque por la misma fecha consigue editar al menos cinco números «El Maestro del Público», periódico didáctico, sobre metodología de la enseñanza; pero son fugaces excepciones. Hasta los días de la guerra de la independencia lo usual es que los temas educativos sean abordados por la prensa de información general, pero destacando por su preocupación para con la enseñanza varios de los más avanzados títulos del momento. Así, periódicos como el famoso «Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los párrocos», que se edita en 1797 a 1808, o «Variedades de Ciencias, Literatura y Artes», revista quincenal que dirige Manuel José Quintana, muestra atención preferencial hacia la educación, incluso el «Correo de Madrid», bisemanario que se edita de 1786 a 1790, se destaca por las cartas de maestros que incluye en sus páginas. Muchos de estos periódicos van a ser los introductores de la pedagogía de Pestalozzi en España a partir de 1806, y con ellos hay que incluir al «Diario de Madrid», en 1806-1807, y la propia «Gaceta de Madrid», gracias en este caso a la labor del clérigo murciano Juan Andújar. Años antes, «El Censor», de Luis Cañuelo y Marcelino García Santiago, se ha distinguido por fustigar los vicios de la enseñanza tradicional en España. El periódico, de influencias russonianas claras, es suspendido en 1787. El estallido de la guerra de la Independencia cortará esta primera floración de prensa muy volcada hacia los problemas educativos. Llegan años de intensa politización, de conflicto, y la educación pasa a ser preocupación muy secundaria para la prensa del momento. Algo se recupera esta preocupación años después, y así en 1817-1819 «La Crónica política y literaria» será introductora en España del sistema mutuo de enseñanza y de las ideas lancasterianas. Es significativo, por otro lado, que de etapa tan intensa en producción periodística como el trineo liberal, 1820-182, cuando aparecen en españa centenares de títulos, estén ausentes los pedagógicos, incluso los infantiles. Vuelve a ocurrir que la preocupación política releva otras preocupaciones y la sociedad española no parece tener el debido sosiego para crear una prensa educativa. La etapa isabelina A partir de 1833, y sobre todo tras el final de la guerra carlista, la consolidación del régimen liberal si va a permitir esa primera floración de periódicos pedagógicos. En 1840, al inicio del trienio esparterista, se edita en Madrid «El Mentor», que se afirma sencillamente «periódico de Instrucción Pública» y que va a mantener exclusivamente del 7 de septiembre al 24 de diciembre de ese año. Pero, al siguiente, en 1841, vamos a asistir al nacimiento de una publicación básica, el «Boletín oficial de Instrucción Pública», que se imprime de 1841 a 1847, revista quincenal que dirige en sus primeros tiempos, 1814-1843, Pablo Montesino (1781-1849), al que sucede luego Javier de Quinto, y en la que se plasman las ideas para una re-
APUNTES PARA UN CENSO DE LA PRENSA PEDAGÓGICA EN ESPAÑA 597 novación a fondo de la enseñanza en España, a impulso de figura tan clave en la pedagogía española de la primera mitad del siglo como es el zamorano Pablo Montesino, que seguirá como inspirador de la publicación aun cuando deje la dirección. El «Boletín de Instrucción Pública», pese a su carácter oficial, es sin duda una revista relevante y decisiva que será continuada en 1848, pero ya con menos contenido doctrinal y renovador y más talante oficialista —del trienio esparterista hemos pasado al moderantismo—, por el «Boletín del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas», que se mantiene hasta 1852. Ya por estos años comienzan a menudear las publicaciones propiamente pedagógicas de iniciativa privada. De 1842, por ejemplo «El Educador», de corta vida. Sólo con la aparición, en 1853, de «El Preceptor» comienzan las revistas pedagógicas duraderas. En este caso va a mantenerse hasta 1872. La «Revista de Instrucción Primaria» surge el 1 de Enero de 1849, sus objetivos los explícita así en el número inicial: «coadyuvar a que se remuevan todos los obstáculos que dificultan las reformas reclamadas por los adelantos de la época; ilustrar la opinión general, impulsando y dirigiendo las tendencias del siglo; he aquí el final principal de la Revista. Servir de órgano a todo el profesorado de Instrucción Primaria, defender sus intereses, instruirle en las materias más vitales de la enseñanza, haciendo importantes su misión y los medios que debe emplear para desempeñarla dignamente, he aquí su objetivo inmediato». El número uno incluye la Real Orden para observancia en todas las escuelas de las reglas de ortografía prescritas por la Real Academia Española. Al año siguiente, la revista constará satisfecha «de todos los periódicos consagrados a defender los intereses de las escuelas y el magisterio de instrucción primaria, la revista es el único que en España ha llegado a contar un año de existencia». En efecto, la fugacidad es la nota común a esta incipiente prensa pedagógica madrileña, en años en que comienza a aflorar otro género, la revista madrileña, es el caso, muy significativo, de «El Eco universitario», que asoma en 1851, y tiene como promotores nada menos que a Emilio Castelar, Miguel Morayta y Francisco de Paula Canalejas, llamados todos a relevante protagonismo en la política y el periodismo de décadas posteriores. La creación de Escuelas Normales e institutos en toda España presta en los años cuarenta y sobre todo en los cincuenta el impulso necesario para que comience la expansión de la prensa pedagógica en el país, con Madrid a la cabeza. Prensa, hay que insistir, de y para el magisterio. Los maestros son sus redactores y los maestros son sus destinatarios. Es significativo que «El Preceptor» (cuyo primer título es «El Preceptor de Instrucción Primaria»), que como hemos indicado bordea las dos décadas de publicación, se defina como «órgano de las sociedades de socorro mutuos entre profesores de instrucción pública», es una revista decenal que dirigirá entre otros Joaquín Arce Bodega. Los años cincuenta marcan el verdadero «despegue» de esta prensa pedagógica. En 1856, en vísperas de la más famosa ley educativa de todo el XIX, a Ley Moyano, dispone Madrid de cuatro publicaciones pedagógicas, y ese número ya no va a dejar ir creciendo, con pequeñas oscilaciones, hasta el final del siglo. En ese 1856, final del bienio progresista, además del «Preceptor» se imprime el «El Pedagogo», «El Eco del Magisterio» y «La Revista universitaria». Al año siguiente se crean la «Revista de Instrucción Pública», «El Estudiante» y los «Anales de Primera Enseñanza», aparte de algún título menor más volandero. Ya va a ser ra-
598 ANTONIO CHECA GODOY ro el año en que no surja alguna publicación significativa. A finales de 1860 están en publicación «El Preceptor», la «Revista de Instrucción Pública», los «Anales de Primera Enseñanza» y, la más reciente, «El consultor del maestro», A ellas se une un tiempo, en 1861, «La Educanda», curiosa publicación de orientación católica. Es quincenal primero y luego semanal y se va a mantener hasta 1865. Se subtitula «revista de educación, enseñanza y modas». La promueve y dirige el padre J. de la Peña y se define «periódico de señoritas dedicado a las madres de familia, maestras y directoras de colegio». Colabora el historiador Antonio Pirala. Toda esta prensa tiene, con escasas excepciones —una es «La Educanda»— una orientación claramente liberal. La «Revista de Instrucción Pública», por ejemplo, es considerada despectivamente por Menéndez y Pelayo como «órgano de Sanz del Río» y vehículo por tanto de difusión del krausismo. Entre sus promotores está Joaquín de Avendaño, vigués que será director de la Normal de Zaragoza y pedagogo revelante. El mismo significado liberal tienen los «Anales de Primera Enseñanza», revista que en 1867 promueve un monumento a Pablo Montesino y entre cuyos promotores está Mariano Carderera Potó, otra de las figuras más significativas de la pedagogía española del período, que la dirige durante muchos años. La reacción conservadora, especialmente católica, no llega hasta el Sexenio Revolucionario. De ahí también que todas las controversias político pedagógicas del momento se desarrollen, del lado más conservador, vía diarios de información general con orientación neocatólica, y no de revistas especializadas. A lo sumo algunas revistas muestran especial sensibilidad hacia el proceso de la secularización de la enseñanza. «La Razón católica», revista mensual que se imprime entre 1856 y 1860 es un ejemplo. La revista estará dirigida por el P. Salgado de la Soledad y tendrá entre sus más asiduos colaboradores al polemista católico J. Manuel Ortí y Lara. Otro futuro dirigente católico, Alejandro Pidal y Mon, creará el seminario, de corta vida (1867-1869), «La Cruzada», para según declara «combatir la introducción de la ideología revolucionaria de la Universidad». A finales de 1867, cercana ya la revolución «Gloriosa», y pese a las serias restricciones a la libertad de expresión, dispone Madrid de seis publicaciones pedagógicas. «El Preceptor» es la más veterana, le siguen —data de 1857— los «Anales de Primera Enseñanza». Han desaparecido ya la «Revista de Instrucción Pública», que durante un lustro, a partir del mismo año, desempeña un papel innovador en el panorama del periodismo pedagógico, y revistas menores como «El Consultor del maestro». «La Educación», decenal, aparece en 1858 y va a superar también la década de existencia —cesa de 1870—; la dirigen Tomás Hurtado y Gabriel Fernández y muestra el talento liberal independiente que domina en estos años en la mayoría de los título madrileños. Gabriel Fernández Guillen, que fue su hombre más representativo, autor de un buen número de obras sobre pedagogía, moría en la indigencia en marzo de 1872. En 1865 se inicia la publicación de «La Enseñanza», que anima Juan Uña, su director y editor, Secretario de la Universidad Central años después. En ese mismo año asoma, pero durará poco tiempo, «Los Estudiantes», semanario dominical que se declara orientado a facilitar el estudio de la asignatura sin textos escritos. En 1867, el ocho de mayo, fecha significativa, comienza «El Magisterio español». Estamos ante una revista altamente significativa, primero por ser la más duradera en la historia del periodismo pedagógico español (sigue en publicación en
APUNTES PARA UN CENSO DE LA PRENSA PEDAGÓGICA EN ESPAÑA 599 nuestros días e incluso es revista decana de la prensa española no diaria), segundo porque estamos ante un período riguroso, de talante liberal, pero mucho más moderado que la mayoría de sus colegas y muy orientado en exclusiva a los problemas profesionales. La funda Mariano Correrás González, director del Instituto San Isidoro de madrid, al que al poco tiempo sucederá Emilio Ruiz de Salazar, la persona clave en el primer andar de la revista. El sector de las publicaciones madrileñas de finales de 1867 se complementa con «La idea», que crea en julio de ese mismo año Domingo Fernández Arrea, se afirma «revista universal de instrucción pública» y tiene acusado talante avanzado, de inmediato polemizará con el conservadurismo católico y su portavoz más cualificado en el ámbito educativo, Ortí y Lara. El Sexenio revolucionario La etapa revolucionario que se abre en septiembre de 1868 representa una nueva conyuntura de auge para la prensa pedagógica en toda España —son varias las provincias que tiene ahora su primer periódico pedagógico— y también en Madrid. Esta vez la intensa movilidad política no impedirá que se mantengan muchos títulos y que broten otros nuevos. En buena parte porque la enseñanza sí está en un plano mucho más inmediato en las preocupaciones de los nuevos gobernantes y de la sociedad misma, como evidencia la proliferación de Universidades Libres o Institutos Libres en muchas ciudades españolas. Llama también la atención la aparición ya de una persona católica específicamente pedagógica, inexistente según hemos visto hasta ahora. Será el caso de títulos que no cuajan como «La Enseñanza católica», 1872-1873, y el que al parecer fue fugaz predecesor, «El Mentor católico», animado aquel por el impresor Salvador Sánchez Rubio. Su número inicial, el 7 de enero de 1872, refleja bien los objetivos de la publicación: «entre las varias publicaciones periódicas que salen a la luz en España para tratar de la enseñanza pública, no conocemos ninguna que haya propuesto considerarla desde el punto de vista exclusivamente católico, y menos que tenga por objeto defender y fomentar la educación ajustada estrictamente a las reglas de Nuestra Santa Madre Iglesia, y a los intereses superiores de la sociedad. Y sin embargo, una publicación de este género es muy conveniente, si no es necesidad absoluta, desde que para contrarrestar los malos efectos de la impía libertad de cultos y de la indiferencia religiosa en las escuelas oficiales, se han abierto otras eminentemente católicas para todos los grados de la enseñanza». La revista, semanal primero y decenal luego, ofrece 8 páginas tamaño folio por número, censura las leyes revolucionarias, en el número seis incluye una carta del Papa sobre «La revolución y el profesorado» y lamenta que toda la prensa pedagógica sea liberal, pues incluso «El Magisterio español» «no es enemigo de la filosofía revolucionaria». En una segunda etapa la revista estará dirigida por Francisco de Asís Aguilar, presbítero, e incluye el suplemento «la niñez católica». Cesará en el año de la I República por dificultades económicas. Queda claro sin embargo que el panorama de la prensa pedagógica madrileña en el sexenio es plenamente favorable a la renovación y la apertura de ideas. «La enseñanza laica» o el «Seminario democrático de Primera Enseñanza», pueden ser
600 ANTONIO CHECA GODOY dos buenos ejemplos. Los dos se editan en 1870. En total, aparecen entre 1868 y 1874 unas quince publicaciones de información pedagógica, además de las publicaciones para niños, una de las cuales —«El Amigo de la infancia», surgida en 1874— va a mantenerse nada menos que hasta el siglo XX. Relevante publicación pedagógica-infantil de estos años es «Los Niños», que dirige Carlos Frontaura; de tálente conservador, se publica decenalmente. Aparece en 1869 y se mantiene casi toda la etapa revolucionaria. De menor importancia, «El Eco de la Infancia», 1871, y «Elperiódico de la Infancia», de 1868-1869, a las que ya aludimos al inicio. Entre estos títulos del Sexenio citemos «El Recopilador», de 1870; «La Gaceta escolar», de 1872; «El Indispensable», de 1872, «seminario para la primera enseñanza», según se define, de corta trayectoria, y sobre todo «La Reforma», la más durarera de entre las puramente pedagógicas, pues se mantiene desde 1872 a, por lo menos, 1888. La dirige en sus primeros tiempos Raimundo Gómez Tutor. De 1869 data otra publicación muy significativa, el Boletín-Revista de la Universidad de Madrid», que crea su entonces Rector, Fernando de Castro, otra figura clave del krausismo en la enseñanza y que se mantiene hasta 1872, en primera época, para continuar luego como «Revista de la Universidad de Madrid» desde el rectorado de Moreno Nieto. De la riqueza del periodismo es también buena muestra la aparición de publicaciones como «El Eco de las Ciencias», que comienza en 1870 bajo la dirección de Miguel Valdivieso. O incluso «La Ilustración de la mujer», que se imprime en 1873, aunque aquí el contenido educativo comienza a difuminarse. Muchas de estas publicaciones mueren al poco y el final de la etapa revolucionaria actúa de guillotina para la mayoría. Pocas de las aparecidas en estos años e incluso de las surgidas antes del 68, se editan al iniciarse la Restauración. La Restauración El medio siglo de la Restauración, de estabilidad política y paulatino desarrollo económico, supone también una larga etapa de expansión de la prensa dedicada a la enseñanza en España. Madrid va a ver incrementarse sus periódicos pedagógicos., que al final del siglo superaran la docena; junto al crecimiento cuantitativo, la diversificación de temática e ideología. Dividiremos tan largo período en dos etapas, una desde el inicio de la Restauración hasta la crisis del 98, y otra desde esta fecha hasta el golpe de septiembre de 1923. En la primera, aunque estarán prácticamente ausentes las publicaciones pedagógicas libertarias o socialistas, veremos desplegarse un variado abanico de publicaciones de tono liberal; despega poco a poco prensa pedagógica católica, crece también la científica y lo que era hasta ahora prensa genéricamente corporativa se va escindiendo, especializándose para atender los intereses de cada sector: veremos así los órganos , como «La Segunda Enseñanza», de los catedráticos del Instituto, o «La Enseñanza Privada», defensora de los intereses de los colegios privados, que son ya muy numerosos. Los sucesivos censos oficiales de prensa del período confirman esa evolución con continuo crecimiento del periodismo educativo madrileño. En 1879 dispone Madrid de siete publicaciones pedagógicas, dos de ellas son revistas para niños, género que desde luego no decae. Son «La ilustración de los niños», que dirige José
APUNTES PARA UN CENSO DE LA PRENSA PEDAGÓGICA EN ESPAÑA 601 Novi Pereda, y «La Niñez», que tiene a Manuel Ossorio de director (hay que añadirle, aunque la estadística lo soslaye, «El Amigo de la Infancia», dirigido por Fernando Wolm. Con ellas los «Anales de Primera Enseñanza», a la sazón la veterana del grupo, «El Magisterio Español», «La Reforma» y «La Defensa». Es una estadística bastante incompleta, pues ignora también al «Boletín de la Institución Libre de Enseñanza», del que trataremos de inmediato. Tres años después, estadística referida a 1882, son ya diez de los títulos. Se mantienen los «Anales...», «La Defensa», «La Reforma» y el «B.I.L.E.», además de «El Magisterio Español», ya probablemente el más leído. Pero además en el ínterin han aparecido títulos como «Boletín oficial de la Asociación general del Profesorado español de Primera Enseñanza», «La Voz escolar», «La Educación», «El Heraldo Escolar» y «El Defensor del magisterio». Un lustro después, en 1887, en pleno «gobierno largo» del Partido Liberal, y por ello en etapa de apertura, tenemos censadas al menos doce publicaciones, pero es estadística de nuevo incompleta, pues ahora ignora, por ejemplo, el BILE o la revista de «El Fomento de las Artes». El periódico decano es ya el seminario «El Magisterio español». Semanal es también «La Reforma», que lleva quince años editándose y es de talante más liberal» así como «La Educación», aparecido en 1882, «La Ilustración de la infancia» y «La Lectura en el hogar»', decenales son «El Defensor del Magisterio», que date de 1880, y «El Movimiento escolar»; quincenales la «Crónicapedagógica» y «El Vigía de los niños»; mensuales «El Amigo de la Infancia», El Anunciador escolar» y el «Boletín de la Institución Libre de Enseñanza». En 1887 han asomado «El Mundo de los niños» y La Verdad». El siguiente repertorio, el de 1892, no incluye un menor número de títulos, en parte por deficiencias estadísticas. Ofrece datos de ocho, pero en rigor superan la docena en esa coyuntura. Según esa estadística la publicación más veterana es «El Fomento de las Artes», que data de 1864, si bien no siempre ha sido revista pedagógica, junto a ella títulos como «El Defensor del Magisterio» o «La Educación»; incluye asimismo dos revistas llamadas a larga vida, una es la «Revista Calasancia» (1888); otra la «Gaceta de Instrucción Pública» (1889). En 1893 veremos aparecer «La Razón profesional», que dirige Guillen de la Torres; «la Enseñanza española», decenal; «El Eco universitario», también decenal, incluso «Las canastillas de la infancia», nuevo periódico para niños, que en este caso dirige Juan Fraile Miguélez y «Ciencias y Letras» se define como «órgano del profesorado facultativo». Un librero, Manuel Rosado, edita «El Propagador escolar». Hacia 1898, el año de la crisis nacional por la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, se mantienen por encima de los doce títulos en edición simultánea. «El Magisterio Español», además del más duradero es el más consolidado. Se publica cada cinco días y bordea los 8000 ejemplares de venta por número. Director-pro- pietario es Emilio Ruiz de Salazar y Usátegui. Su subtítulo es largo y explícito: «periódico de instrucción pública, órgano general de los establecimientos de enseñanza, defensor de los intereses y derechos de los catedráticos y maestros». De 1891 data «La Escuela Moderna», llamado a ser otro título fundamental, pues se mantiene hasta la II República y representará a los sectores más renovadores. «La Segunda Enseñanza», mensual o quincenal según la coyuntura, ha surgido en 1894 y la dirige Eduardo Abela.
602 ANTONIO CHECA GODOY En 1896 comienza a imprimirse «La Enseñanza Privada», quincenal, y del mismo año es el «Boletín de la Liga protectora de la Educación Nacional», semanal en este caso. En 1890 había aparecido la «Ilustración del Profesorado hispanoamericano» y un año antes, en 1889, según vimos, la «Gaceta de Instrucción Pública», que una década después, en 1898, afirma difundir los 3000 ejemplares. La «Revista de Ciencias y Letras», el «Heraldo de la Enseñanza», «La defensa profesional», «El Mortero» y «El amigo de la infancia», más el «B.I.L.E.» y el boletín de «El Fomento de las Artes», redondean el panorama del periodismo pedagógico madrileño del fin de siglo, al que cabe además añadir el tándem formado por la «Revista Calasancia» y el «Boletín Salesiano» —1888 y 1897, respectivamente—, muestra del incipiente periodismo fomentado por instituciones religiosas dedicadas a la enseñanza, estos son títulos pioneros que pronto, en los primeros años del XX, aumentarán sensiblemente. Más de quince títulos, pues, ofrece la capital de España en esa significativa conyuntura. Las tiradas oscilan ya mucho, pero por lo general se sitúan entre los 2000 y los 8000 ejemplares. Cinco mil declara «La Segunda Enseñanza», dos mil «La Enseñanza privada» y seis mil la «Ilustración del profesorado hispanoamericano». Veamos ahora con algún detenimiento los más representativos de esos títulos del período 1875-1898. «La Reforma», que se edita al menos de 1872 a 1888, será siempre una publicación renovadora que dirigirá en la Restauración Eusebio Aguilera. «El Defensor del Magisterio», que aparece en 1880 y se mantiene casi seis lustros, tiene a su frente Eusebio Cemborain España, profesor de la Escuela Normal Central, y a Manuel Luengo Prieto. «La Escuela Moderna» tiene como fundador a Pedro Alcántara García Navarro (Córdoba, 1842-Madrid, 1906), quien la dirige desde su aparición, en 1891, hasta su fallecimiento, en 1906, como queda dicho. La revista pasa luego a la Librería Editorial Hernando, que la mantiene hasta prácticamente la guerra civil de 1936-1939. El «Boletín de la Institución Libre de Enseñanza» es una de las más características publicaciones madrileñas de los primeros lustros de la Restauración. Surge el 7 de marzo de 1877, el año siguiente de fundarse la Institución, y se mantiene hasta 1936. Su primer director, 1877-1881, es el propio fundador, Francisco Giner de los Ríos, al que sucederá Joaquín Costa en el período 1881-1884 y luego otros hombres cualificados de la Institución, destacando Ricardo Rubio, quien la dirige de 1904 a 1910 y de 1917 a 1926. Aunque la revista no tuvo nunca gran audiencia —al contrario de lo que ocurre con algunos de los seminarios más duraderos que hemos visto— si tuvo una innegable influencia. Hacia 1914 difundía apenas los 400 números, tenía 304 suscriptores, de ellos 140 en Madrid. «El Fomento de las Artes» será a su vez la revista de una institución peculiar fundada en Madrid en 1847 y que durante la restauración va a realizar una excelente tarea educativa, impulsando por ejemplo los congresos pedagógicos y dispondrá de una modesta pero estable publicación donde la enseñanza es preocupación primordial. Difunde apenas unos cientos de ejemplares y tiene su mejor coyuntura en los años ochenta. De 1882 a 1897 se publicará el seminario «La Educación», dirigido por Ildefonso Fernández Sánchez, publicación que cesa en este último año por dificultades económicas. Cuando esta revista se extingue nace el «Boletín de la Liga protectora de la Educación Nacional», publicación que se mantiene hasta 1914; es-
APUNTES PARA UN CENSO DE LA PRENSA PEDAGÓGICA EN ESPAÑA 603 ta institución es sucesora de la Liga Madrileña contra la Ignorancia. Inspira el Boletín el ex-Director general de Instrucción pública, Eduardo Vicenti. «La Enseñanza», título independiente del periódico quincenal del mismo título que se edita en los años sesenta, es en 1889 un semanario pedagógico. Y en 1898 asoma otro semanario relevante, «El Magisterio Nacional», que en varias etapas se mantiene hasta 1936. Su primer director será Andrés Fernández Ollero. En el mismo año de la pérdida de las últimas colonias aparece, en noviembre, «Heraldo del magisterio», que dirigirá Martín Lavín; en su primer número publica una carta a la reina sobre la situación de los maestros. Por esos días se editan también «El Criterio», que dirige Vicente Castro Legua, la «Gaceta de Instrucción Pública», que tiene como director a Hermenegildo Montes, en tanto «El Magisterio español» tiene ahora a su frente a Victoriano F. Ascarza, quien promueve por esos años el primer «Anuario del Maestro». La «Revista de la Escuela de educación froebeliana», de título explícito, se edita a principios de los noventa, y por los mismos días lo hacen el «Boletín del Colegio de Segunda Enseñanza de San José» y «El Eco de la enseñanza». En 1884 había surgido «La revista escolar» como suplemento del semanario «Patria». En 1889 se imprime «La Cartilla». En 1893 ha surgido «El mundo taquigráfico»; de 1891 data «ElHeraldo del Magisterio». En 1882, justo el año en que se reorganiza la Escuela Normal Central para maestras, renace «La Ilustración de la Mujer» (los títulos, inevitablemente, se repiten). En 1875 un jovencísimo Torcuato Luca de Tena ha fundado en Madrid el período estudiantil «La Educación». Las publicaciones estudiantiles serán ya muy frecuentes en el Madrid de la Restauración; y los colegiales, como el «Boletín del Colegio san Leandro». En estos últimos años del siglo, el movimiento de la prensa pedagógica es muy intenso en Madrid. Entre los dieciocho meses que median entre enero de 1897 y junio de 1898 surgen en Madrid al menos cinco periódicos pedagógicos, el «Boletín de la Liga para la Educación Nacional», «La Ciencia del Siglo XX» (que se define «revista de los progresos de las ciencias exactas, físicas y naturales»), «La Enseñanza privada», «Heraldo escolar» y «Unión escolar española», pero también se extingue un número similar de publicaciones: «La Cdtreda española», «La Ilustración popular» además de «Heraldo escolar» y «La Unión escolar española», que son dos revistas de corta vida, esta última es un decenario que dirige Luis de Peralta. Los inicios del nuevo siglo Tras la crisis del 98, el nuevo siglo verá aumentar el repertorio de publicaciones, pero ahora sobre todo la especialización de la prensa pedagógica. Un episodio representativo del auge de esta prensa es la aparición el 1 de octubre del primer «Diario del Magisterio», cotidiano «consagrado a la prosperidad de la enseñanza y del profesorado». Aunque el meritorio intento de dotar a la enseñanza española de un diario propio no cuaja, el intento mismo revela la pujanza que cobra en los albores del siglo XX el periodismo educativo. En las páginas del diario veremos asomar temas todavía hoy de debate, como la «sesión única en las tareas escolares» amén por supuesto de auspiciar como el resto de esta prensa mejoras