La lucha por las nacionalidades : discurso leido por el autor en la Universidad Compostelana en la inauguración del curso académico de 1887 á 1888
Full text
PRÓLOGO
Es sabido que el
De echo in e nacional
apa ece me odizado como
(iencia en época mode na; po que, si p esen a di e sos an eceden es
his ó icos en lejanas cen u ias, es a aina del De echo se desen uel-
e dogmá icamen e, omando cue po y o ma y apa eciendo con doc-
ina p opia, á pa i de los p o ocolos de la paz de Wes alia en la
mi ad del siglo XVII, después de las ob as inmo ales de Hugo
Van G oo , publicis a, ju isconsul o, eólogo, his o iado , poe a
la ino y, sob e odo, undado y pad e del De echo na u al en
aspec o especial y de aplicación inmedia a á las elaciones de los
pueblos.
En es e a ance de la Humanidad
y
en es e p og eso de la cien-
cia ju ídica alcanzó no escasa glo ia la ciencia española, cuyo pu í-
simo y esplenden e cielo esmal an nomb es ilus es de ju is as y
eólogos, que ab ie on el camino del De echo in e nacional y ue on
los p edeceso es de G ocio. Así apa ecen con celeb adas ob as los
españoles F ay F ancisco de Vi o ia
(1480
-
1546),
Ca ed á ico de la
Uni e sidad de Salamanca; su discípulo
y
ambién maes o salman-
ino F . Domingo
So o (1494
-
1560),
de enso del P. Las Casas y
con eso de Ca los I, que le en ió á T en o; el jesui a y p o undo
me a ísico F ancisco Suá ez
(1548
-
1617),
p o eso igualmen e en.
Salamanca y además en Valladolid, Alcalá y Coimb a; Bal asa
A gala
(1548
-
1584),
Juez abogado ó P ebos e del ejé ci o español
en los Países Bajos
en iempos de Fa nesio; el conseje o de Ha-
cienda, después doc o al hispalense, Fe nando Vázquez de Mencha-
ea
(1312
-
1567),
ju isconsul o po Felipe II en el Concilio T ib
►
-
ino, y o os que p ecedie on al insigne holandés con las p ime as
doc inas sob e el Código de las naciones y la ju isp udencia de los
mona cas. B ucke lo a i ma espec o del P. Vi o ia; ecien emen e
el p o eso pa mesa io Gio gi dice del mismo dominico ala és en
su lib o
Della i a é delle ope e di Albe ico Gen ili
(1876): « que se le
debe saluda como e dade o pad e de la ciencia del De echo in e -
nacional; »
y,
iendo á G ocio ci a
y
elogia
á
Vázquez de Mencha-
ca en su amoso a ado
De ju e helli ac pacis,
nadie end á po be-
né olos los juicios que pa a aquellos nues os ju isconsul os y eó-
logos del siglo de o o u ie on Mackin osch en la
Re is a de Edim-
bu go,
Whea hon en la
His o ia del De echo de gen es,
y an es y
después de és os, Mais e, Ven u a de Ráulica, Vaul ain, Mo e],
F anck, He e y o os; po que es un hecho e iden e de
la his o ia ju ídica, que en esc i os españoles bebie on los ex años
o ganizado es del De echo na u al y de gen es lo más selec o, pu o
y sólido de sus eo ías.
Con as a con es os an eceden es bibliog á icos, que no calla on
los publicis as ex anje os y ija on bien en e noso os los doc os
La e de Ruíz y Menéndez Pelayo, el silencio que se no a espec a
al De echo in e nacional en los anales de la an igua enseñanza es-
pañola. Lo mismo en los siglos XV y XVI, cuando i ie on aque-
llos insignes maes os, que en iempos más lejanos y pos e io es,
.señalados odos po la undación de nues as Uni e sidades, no
igu ó en sus cá ed as la exposición del De echo de las naciones,
con undido en onces y después con el llamado De echo ci il, con el
Canónico y con la Teología, que ocupa on casi exclusi amen e du-
an e seiscien os años la enseñanza de las más enomb adas escue-
las. Cuando más, y como po incidencia, hab á sido indicado en el
es udio especial de algunas cues iones. Hay que llega á los días de
Ca los III con la e o ma uni e si a ia, pa a e más dis in a y
me odizada la exposición cien í ica del De echo en consonancia di-
ec a y p ác ica de las necesidades de la época.
Expi aba el siglo XVIII, cuando se ab ió ugazmen e alguna
cá ed a de De echo de Gen es
y
se implan a on ya ijamen e las
de De echo posi i o nacional., disponiéndose poco después el es u-
dio de nues as Leyes Recopiladas. En onces es cuando debe supo-
e se que comienzan á se conocidos, aunque sin enlace , algunos
a ados de
-
De echo in e nacional, an es limi ado á muy poco más
de lo que en ju isp udencia se llamó y con inuó llamándose
Colisión
de los es a u os.
Desde los Planes de
1807
y
1824, cuando se es a-
blecie on cá ed as de
No ísima Recopilación,
más ácilmen e pudie-
on di undi se doc inas de impo an es leyes sob e «Ex anje ía »,
« Ex adición», « Embajado es y Cónsules » , « Co so » « T a ados
in e nacionales », e c. , mien as que en la o ganización académica
de 1836 se es ablece la asigna u a de «De echo de Gen es », y en
la (le 1842 ya igu an las de De echo na u al y de Gen es con los
T a ados y elaciones diplomá icas (le España. Y al llega á es as
echas es ocasión de eco da que un diplomá ico as u iano , 'alumno
dis inguído de la Uni e sidad de O iedo, D. Alejand o Can illo Jo-
ellanos, publicó po en onces su comple a é in e esan e colección de
« T a ados, con enios y decla aciones de paz y de come cio, que
han hecho con las po encias ex anje as los mona cas de la Casa de
Bo bón, desde 1700 á
1843,
pues os po él en o den é ilus ados
con la espec i a his o ia de sus espec i as negociaciones ». A pa -
i de 1845, cuando la memo able ley de Ins ucción pública— im-
b e de glo ia del as u iano p ime Ma qués de Pidal — se de e mi-
nó conc e amen e la enseñanza del De echo In e nacional, como es-
udio del Doc o ado y ampliación de la ca e a ju ídica en las sec-
ciones de De echo ci il y canónico y del Adminis a i o. Lo mismo
se hizo en los epe idos cambios de la enseñanza de De echo, que
apa ecie on en 1847,
1850
y 1852, disponiéndose en Adminis a-
ción o a clase pa a la «His o ia de las elaciones polí icas, diplo-
má icas y come ciales de España con las demás po encias» y así su-
cesi amen e en
1858, 1866, 1868, 1874, 1875
y
1880.
Mas igu a-
ba la enseñanza del «De echo In e nacional» en un mismo cu so y
h con inuación de la «Filoso ía del De echo»,
y
gene almen e—cuan-
do se llegaba á su es udio--se p e e ía el «De echo In e nacional •
público » con injus i icada p e e ición del « P i ado » , cada día más
impo an e y necesa io.
Cuando en
1881
se c ea on las cá ed as complemen a ias de
Es udios Supe io es, se espondió á es a úl ima necesidad, aunque
en Mad id solamen e; pe o dos años más a de la e o ma ué más
amplia y comple a. Fué la de 1883,
.modi icada
en pequeños de a-
x
lles po los Dec e os de
1884,
la que señaló cu sos pa a el
De echo
in e nacional público y p i ado
en el pe íodo de la Licencia u a,
como pa a la «His o ia y examen c í ico de nues os más impo an-
es a ados con o as naciones » en el Doc o ado: laudable inno a-
ción del Minis o S . Gamazo.
«El es udio del De echo In e nacional público y p i ado, dijo,
»
es o a
necesidad impe iosísima. Ni las con a aciones ni o a ase
» alguna de la ida social se con ienen ya en las on e as de una
» sola nación: son cuo idianos los p oblemas de De echo. in e nacio-
» nal que se some en al Abogado, al Juzgado , al No a io, al un-
» ciona io adminis a i o, sin que, al pasa és os po las Uni e si.-
»dades , hayan ecogido siquie a una le e noción de ama an im--
» po an e y lozana de la ciencia ju ídica. »
Así ué la his o ia de la has a hoy ol idada enseñanza del De e-
cho in e nacional en España,
y
no es de ex aña , en is a de es os
an eceden es, que la Bibliog a ía académica de aquélla apa ezca
aquí di e en e de la de o os países que, p i ada ú o icialmen e en
cen os públicos de enseñanza, cul i a on con más ahinco el an iguo
De echo de Gen es. Mas como en el mo imien o in elec ual de un
pueblo in luye pode osamen e la ampli ud y los adelan os de las es-
cuelas , es de con ia aho a que la nue a gene ación, pa a la que se
ab ie on las cá ed as de « De echo in e nacional público y p i ado»
uel a po las an iguas adiciones españolas, las es au e en con-
sonancia con las necesidades mode nas y los nue os ho izon es cien-
í icos, mi ando con in e és un es udio de impo ancia suma y c e-
cien e, con o me las elaciones in e nacionales son cada día mayo-
es, como son ambién más complicados y anscenden ales los
p oblemas que agi an á la humanidad, eniendo á los pueblos en
ansiedad pe enne.
An es de la indicada inno ación uni e si a ia y espondiendo á
mode no mo imien o li e a io , que aba ca con p edilección ma -
cada las ciencias mo ales y polí icas, algunos de nues os publicis-
as han e i ido en e noso os aquel es udio especial de las Leyes
in e nacionales. No esponde ía á nues o p opósi o de hoy (pie, des-
cendiendo á pa icula es no icias, apun á amos aquí pa a ejemplo
]o.s da os bibliog á icos—no muchos cie amen e,—de con empo á-
neos esc i o es españoles que en lib os y discu sos igu an en los ca-
álogos de De echo In e nacional; po que únicamen e, espondiendo
á
ca iñosa como inme ecida dis inción, esc ibimos á uela pluma en
es as páginas. p ecediendo, con a o que ag adecemos bien, á un
abajo me i ísimo de jo en y doc o Ca ed á ico de la Uni e sidad
li e a ia de San iago.
La apa ición (le aquél coincide con nues as ap eciaciones an e-
io es. Apenas abie as las Cá ed as o iciales de «De echo in e na-
cional público y p i ado» , sus maes os exponen
y
ijan aquí los más
a duos p oblemas de la ciencia emancipada po el céleb e ju iscon-
sul o de Holanda.
Aye ue en la Uni e sidad de Mad id el S . Conde y Luque es-
udiando el concep o del mismo De echo in e nacional; en seguida,
en G anada el S . To es Campos con lib o de gene al doc ina;
aho a en Compos ela, el S . D. Adol o Mo ís y Fe nández-Vallín.
Bien conocido es en O iedo es e jo en P o eso de San iago; po que
en nues a Uni e sidad hizo b illan e ca e a con epe idos bu os
en ecompensa me ecida de asiduo es udio y cla a in eligencia, que
de nue o le hicie on señala se en las aulas de Mad id.
El discu so inaugu al de nues o que ido paisano y compañe o
S . Mo ís nos ha suge ido en sus p ime as páginas, p ime o el e-
cue do de la an igua escuela española del De echo en cues ión, p e-
cediendo á la posi i a (le G ocio y á la na u alis a de Pu endo ;
y
después, po el con ex o de la o ación académica, po las conside-
aciones gene ales de su in oducción y po el desa ollo del asun o,
la g a a espe anza de nue as in es igaciones, dedicadas en nues a
pa ia á un es udio an in e esan e como ol idado as de an glo-
iosos o ígenes.
El ema
LA LUCHA POR LAS NACIONALIDADES,
escogido pa a su
discu so po el ilus ado P o eso , es de los más culminan es en e
los de la ciencia ju ídico-in e nacional, comp endida con acie o en
los no ísimos planes de la Facul ad de De echo.
La in oducción del abajo es á consag ada á la his o ia
y
bi-
bliog a ía de la asigna u a, y en ando seguidamen e el S . Mo ís
en el es udio del e na, comienza exponiendo el concep o de la/ad/a
en las múl iples es e as (le la ida pa a ija se en el aspec o pa cia
1
de la misma lucha con elación á la nacionalidad. P esen a la géne-
sis de és a, que ni como idea, ni co no hecho, ué, conocida en los
•
an iguos pueblos . po el paso sucesi o de la
amilia
á la
gens;
de
la
gens á
la
a ia
g iega y á la
cu ia
omana; de la
cu ia
á la
ibu;
de la
ibu á la
ciudad,
apa eciendo aquella
ci i «s
donde los in e eses
odos se desa ollan, su giendo co no consecuencia el
s a us ci i a is
y municipal,
base en onces de la o ganización humana, sin que pasen
á ca ego ía nacional aquellas a i iciales aglome aciones que en
an emo os iempos o ma on as os Impe ios. Sigue el au o el
p oceso de las nacionalidades, que comienzan á mani es a se al en a
la Edad Media, usionadas las azas , o madas las lenguas , uni i-
cado el de echo y undidos los di e sos in e eses, has a que la ob a
se e suspendida po la eudalidad con sus desmemb aciones y a-
iedades, pa a, eanuda se en la Edad Mode na á impulsos de o ga-
nizaciones uni a ias, cen alizado as, p oduc o de di e en es causas.
Jus i icando es as conside aciones, el S . Mo ís aza á englón
seguido animadísimo cuad o his ó ico con la o mación de las p in-
cipales naciones Eu opeas, desde sus a ios comienzos has a el
momen o ac ual, enume ando gue as
y
a ados diplomá icos que
comp endían la lucha po sus espec i as nacionalidades en Espa-
ña, F ancia , Ingla e a, Suiza, Bélgica, Holanda, Dinama ca,
Suecia, I alia, Alemania , Aus ia, P usia, Hung ía, Bohemia,
Polonia, Rusia, Tu quía, con sus desmemb aciones en G ecia, P in-
cipados Danubianos
y
has a A gelia, Tunicia y Egip o en e i o-
io a icano.
Desde la e ce a pa e del discu so se examinan o as ases del
di ícil p oblema, a ando del
p incipio ilosó ico de la nacionalidad
que implica los concep os de
sociedad o al humana, o ganismo na-
u al é his ó ico y unidad supe io de cul u a,
que los iempos han
p oducido. Expone desde aquí el S . Mo ís las di e en es eo ías que
sob e aquel p incipio se emi ie on y a p esen ando con nu icio azo-
namien o y comp oban es his ó icos la
lucha na u alis a
po las nacio-
nalidades, comba iendo p incipalmen e las doc inas de Comp e y
Spence , nacidas co no na u al eacción al ex emado idealismo an-
e io ; así como después los ideales que, undados en las insegu as
e nog a ía y
ilología—o os aspec os de la lucha —se han o ecido
como undamen o cons i u i o de las nacionalidades. Fue a ex ema
es a in oducción haciendo en ales pun os más de alladas e e encias
..4 los capí ulos espec i os del discu so inaugu al, ni aún álas siguie a
— X111 —
es páginas donde p osigue el desa ollo del anscenden al p oble-
ma, plan eado desde an iguos iempos po la His o ia, la Filoso ía
y
el De echo. La conclusión esul a lógica; po que is o que el ac o
his ó ico, el elemen o na u alis a, el c i e io de las azas y el p in-
cipio de las lenguas
son
de icien es y e óneos po sí solos, se con-
, side a cómo
no
pueden p oduci jun os
aunque en concep o
a -
mónico
lo sos ienen ilus es polí icos i alianos—el en e e dade o de
la nacionalidad; siendo p eciso asen a la o ganización humana sob e
las bases indes uc ibles de la
libe ad y amo
de los pueblos, sob e
la cons i ución i me y sólida de
Es ados. «La
libe ad humana, es-
» c ibe el S . Mo ís, es en el mundo del de echo el pode oso ac o
» de las ag upaciones sociales; ue a de ella, ningún ínculo ni lazo
» iene ue za ni pode pa a uni y suje a á los homb es y á pue-
»blos que, más a de ó más emp ano, ompiendo sus ligadu as,
» ma cha án independien es, can ando en odos los iempos y á a-
és de los espacios, la decisi a ic o ia de la
lib e cons i ución de.
» Es ados
que, cual ó ganos de la Humanidad y bajo una paz pe -
» pe isa, hab án log ado des ui la
luci « po las nacionalidades.»
Tal es, en b e e ex ac o, el discu so que se eimp ime á con-
inuación: ob a donde campean á po ía
•
e dade a lucidez de pen-
samien o y no able ap i ud analí ica de su jo en au o , dis inguido
alumno, poco ha, de la Uni e sidad de O iedo, po él saludada
con
en usiasmo y ilial ca iño desde la ilus e Cá ed a Compos elana.
Si á los me ecidos aplausos que se ibu a on al abajo, unié a-
mos aquí nues o humilde elogio, c eyé ase que el a ec o lo dic aba,
y así p e e imos calla y omi i cuan o pudié amos deci ambién
sob e la gala de ácil es ilo y las e udi as
y
cu iosas no as que a a-
lo an la o ación académica. Po o a pa e, ue a epe ición de
cuan o en e plácemes de exigen e c í ico y nu ido aplauso en la
p ensa polí ica
y
p o esional, se esc ibió den o y ue a de España,
en e is as de Eu opa
y
Amé ica.
Ul imamen e la
Re is a de Li e a u a nacional y ex anje a
de
Leipzig, ocupándose de la monog a ía sob e la Lucia
POR LAS
NA-
ioNALIDADEs, la encomia exp esi amen e; y es a mues a del ap e-
cio ex año, á que no es án muy acos umb ados los españoles, es
más de no a , cuan o aquella publicación se duele de la se e idad
de c i e io con que el S . Mo ís, inspi ándose en las más ele adas
— 4
(19),
Mon esquieu (20), el aba e S. Pie e (21), y Rousseau (22), en
el XVIII (23), y en el XIX (24) Mancini (25) y Pie an oni en I alia;
He e (261 y Blun schli (27) en Alemania; Neumann (28) en Aus ia;
Bulme incq (29) en Rusia; Sa ipoulus (30) en G ecia; Te ens (31) en
Dinama ca; Lau en (32) en Bélgica; B en ano y So el (33), Pis oye
y Du e di (34), Gessne (35) y Hau e euille (36) en F ancia; Philli-
mo e (37)
y
T a e -Twis (38) en Ingla e a; Whea on (39) y Field (40)
en los Es ados-Unidos; Rami ez (41) en Méjico; Bello (42) en Vene-
zuela; Pando (43) en el Pe ú, y Cal o (44) en la República A gen ina,
p oducen una Li e a u a ica y abundan e cual ninguna, po lo mis-
mo que es es e de echo po su ondo y po su p ác ica uni e sal y
cosmopoli a.
Po úl imo, p incipios an consolado es como la
libe ad
de
ma es,
en la his o ia negada po muchos pueblos an iguos, po Gé-
no a y Venecia en la Edad Media, po España, Po ugal é Ingla e a
en la Mode na, pe o hoy a i mada sob e la uina de los Impe ios Co-
loniales de Po ugal y España en Asia y en Amé ica y esc i a en
And inópolis y en Lond es, en Washing on y en Pa ís po a ados
de 1829-1841-1812 y 1856, como dos siglos an es lo había sido po
G o ius en su
Ma e libe um;
emp esas an
humani a ias
en la es-
e a de la gue a como las ins ucciones mili a es de Lincoln, la Con-
ención de Gineb a de 1864 y la Con e encia de B uselas de 1871;
doc inas an p og esi as sob e la
neu alidad
como las p o esadas
po las dos Ligas de 1730 y 1800 5
,
po el Cong eso de Pa ís de 1856,
que ienden á emancipa la p opiedad pací ica de las dep edaciones
y pelig os de la lucha; ejemplos an nobles de
a bi aje
como el de
Gineb a de 1872, que p ueba cómo, sin ecu i al inicuo medio de la
gue a, dos Es ados g andes y pode osos esuel en pací ica y ju í-
dicamen e sus opues as p e ensiones; ideas y hechos como el
cos-
mopoli ismo
que, ensanchando la idain e nacional , lle a al concie o
de los pueblos cul os la Tu quía po el T a ado de Pa ís, y la China
y el Japón po Con enios de Nankin y Kanagawa, después que los
cañones a asan sus mu allas y des uyen su aislamien o;
Cong esos,
en in, an ascenden ales como los de Wes alia, U ech , Viena,
Pa ís, Be lín y an os (45) como esmal an la his o ia de nues o de-
echo, pa en izan bien cla amen e cuán g andioso es el o den ju ídico
in e nacional en la es e a de la eo ía y de la p ác ica, de la ciencia
y del a e, de los p incipios y de los hechos, de la iloso ía y de la
his o ia, y cuán majes uoso y colosal se p esen a á la is a del limi-
ado obse ado que, anhelando i i en su seno, p e ende es udia le.
y conoce le.
41'
5
Y an e cuad o an inmenso que cual pano ama an asmagó ico os
acabo de pasa po delan e de ues os ojos, como a ias eces e -
p oduje en medio de mi in eligencia, no ace aba
á
elegi igu a
que
analiza has a que, eliminando es udios an in e esan es como el p o-
blema de las
in e enciones,
el examen de la
gue a,
el ideal de la
paz
pe pe ua,
la o ganización del
Es ado
humano, y an os más, ijé
mi a ención en uno sumamen e in e esan e, gene al y común cual
pocos, anscenden al á la Humanidad como ninguno y al mismo iem-
po que de impo ancia his ó ica de econocido in e és ac ual pó e -
p esen a una ase ó aspec o de esa lucha, que ca ac e iza más que
o a época el p esen e momen o que eco e nos.
Me e ie o á la g an
Lucha po las nacionalidades,
de que en-
e
P
o á habla os po b e es ins an es.
Con azón se ha dicho que es amos a a esando una c isis gene -
al, c isis que p esencian las es e as odas de la ac i idad humana,
los ó denes odos de la ida, las mani es aciones odas de la in eli-
gencia; c ísis que oca á la ciencia y al a e
y
á la economía y al de-
echo; c isis que a a iesan los es udios, o a ísicos y na u ales,
o a
é icos y sociales; c isis, en in, que in ade los cí culos ju ídicos y ile -
ga has a las úl imas consecuencias de la e olución in e nacional.
Siemp e, pe o hoy más que nunca, pa ece la lucha ley impe io-
sa de la ida. Vi i
es lucha ,
se ha dicho epe idas eces, y á la e -
dad que en el ondo, en el medio y en la supe icie de la ida, como
en la exis encia oda del Uni e so, esplandece la lucha pe inaz y
cons an e.
Lucha en la
egión side al
la impe cep ible nebulosa que lo an-
do iempos y iempos po las inmensidades del espacio, eco e las
ases e olu i as de su incesan e ans o mación pa a o ma los mun-
dos, después de habe jun ado los á omos y las moléculas.
Lucha la
ma e ia
impelida po la
ue za
en las en añas mismas
del plane a que habi amos pa a p oduci len a y pausadamen e las
e us as capas e es es que la Geología nos enseña y demues a.
Luchan los cue pos odos, has a el ine e
mine al,
combinándo-
se y desuniéndose pa a
no cesa de ans o ma se po acciones
y
eacciones sin cuen o.
Lucha el
ege al
sencillo a eba ando al suelo y al aí e los ele-
men os
sus anciales de su ida pa a ol e al ai e y al suelo las ma-
e ias causan es de su mue e sin que nada se pie da ni des uya.
Lucha el
animal
po su exis encia al e que pob e y desampa-
ado necesi a domeña la Na u aleza pa a que le alimen e y nu a, y
-6-
ence
á
su
i al an es que la e ible sen encia no le a oje del ban-
que e de la ida.
Lucha po la
exis encia
y la
selección na u al,
median e el p o-
ceso e e no de la
e olución
y el
ans o mismo,
el mode no posi i-
ismo (46) que odo lo in ade y abso be.
Lucha en el campo especula i o de la
Ciencia
la Me a ísica con
el na u alismo (47), la escuela his ó ica con la ilosó ica, el aciona
lismo con el empi ismo, el espi i ualismo con el ma e ialismo.
Lucha en el e eno
económico,
el
capi al y el abajo, la p oduc-
ción
y
el consumo, la población
y
las subsis encias, la o e a y la
demanda, el lib e cambio y la p o ección, pa a mejo ob ene la sa-
is acción de las necesidades ma e iales.
Lucha en las sublimes egiones del
a e
el ealismo con el idea-
lismo y el clasicismo con el oman icismo.
Lucha en la es e a
eligiosa
el deismo con el a eísmo, la indi e
encia con la supe s ición.
Lucha ambien el
de echo
(18) po des ui las injus icias de un
pasado que se aleja, y sob e sus escomb os y ene andos es os le-
an a nue a ob a de jus icia pa a las gene aciones enide as.
Y si an enca nizada lucha po odas pa es p esenciamos, si pe-
ne a en odos los cí culos de la ida, si no queda molécula que se
le escape, ni idea que no se ap opie, ¿qué ex año iene que lo ju í-
dico in e nacional, espi ando el medio ambien e que nos odea é in -
ade, os en e ambién e ible y gigan e la lucha po las naciona-
lidades?
T is e página de nues o de echo y de nues a ciencia.
Rep esen a nada menos que el es ue zo con inuo y cons an e de
la Humanidad pa a o ganiza se pe du able y e e na sob e los polos
de los ejes nacionales; signi ica el abajo incesan e de los pueblos
y
países que quie en a i ma se lib es y au á quicos en e dade o
cue po de nación; supone un ejido de gue as y de ho o es sin in
que han en is ecido al mundo en el la go decu so de su exis encia
(49), indica una co ien e que no po eina en las es e as abs ac as
de lo ideal deja á de p oduci nue as pe u baciones en la conc e-
ción eal y posi i a de la ida.
Lucha en las nacionalidades que se nos mani ies a en el campo
de los
hechos
llenando casi oda la e olución
his ó ica,
como en la
es e a de los
p incipios
p oduciendo escuelas y eo ías que lo an
en
el cielo de la
iloso ía.
Lucha que es p eciso obse a en el anscu so de los iempos an-
-7—
e el c i e io de la expe iencia, como in es iga en la ma cha de la
in eligencia an e la luz de la azón.
Hecho y p incipio, his o ia y iloso ía, ealización é idea que en su
conjunción y sín esis, p esen a o al y comple o el p oblema de las
nacionalidades.
El
hecho
an e io al p incipio, desconocido en la Edad An igua,
islumb ado al apa ece la Media, obus ecido du an e la Mode na,
es con mayo igo a i mado en el p esen e siglo XIX.
El
p incipio
p esen ido po En ique IV, adi inado po Volney,
in adido po la Enciclopedia, o mulado po Md. S ael, a o ecido
po las e oluciones de la F ancia, educido á cien í ico sis ema po
Mancini (50) y p oclamado como c edo de su escuela po la mode na
ciencia i aliana, in ade po comple o la ida oda con empo ánea,
y si iendo de ideal á la mayo ía de los esc i o es in e nacionalis as,
llega al mismo iempo á se el g i o y las aspi aciones de la G ecia y
de la Bélgica, de la I alia y Alemania, de la Hung ía
y
de Polonia,
de la I landa y de an os o os pueblos en nomb e del cual luchan y
luchan pa a conquis a su independencia, pa a adqui i su libe ad.
P incipio que iene su lucha en las mismas egiones de las ideas,
po que en nomb e de la nacionalidad lib an uda con ienda las es`
cuelas na u alis a y e nog á ica, ilológica y a mónica, ancesa y ale-
mana, usa é i aliana.
Lucha que se mani ies a eal y posi i a en el e eno de la His o ia
y en los campos mismos de ba alla, po que no han hecho o a cosa
los pueblos que pelea po su exis encia y eñi po su unidad. Y
sí
esa lucha esplandece po doquie , si nos ci a á un e eno y
en
o o
campo nos emplaza, si es debe busca emedio á an os males que
o igina, ayamos ambién noso os á la lucha y al deba e, pe o
á
comba i en con a de la lucha nacional, que nunca los pueblos du-
an si la libe ad les al a, ni i en p olongada ida si la paz les
abandona. Luchemos, sí, pe o po la o ganización pací ica de las li-
b es poblaciones, que sólo así i i án anquilas la eliz ida de con-
co dia; ba allemos sin descanso pa a des ui po siemp e los mecá-
nicos p ocesos de las ag upaciones humanas; peleemos con a án pa a.
des e a del mundo las iolencias secula es de la ieja Humanidad;
y en onces, sa is echos, ic o iosos, podemos can a muy al o: «n
hay lucha mejo que aquella que p e ende de iba la lucha is e
de los en es nacionales.»
IT
Ni co no
hecho,
ni co no
idea,
ué la
Nacionalidad
conocida del
mundo an iguo. Pueblos aquellos muy ce ca aun de su in ancia, y
po an o, de escasas elaciones sociales, desen ol ían su ida en los
más limi ados cí culos y en las más pequeñas ag upaciones que den-
o de la Humanidad pueden da se. La amilia p ime o, y la ciudad
más
a de, son los únicos g upos que en an lejanos iempos hacen
las
eces de la pos e io Nación. La
amilia,
e dade a
mónada
so-
cial y una de esas en idades na u ales que ealizan los ines odos de
la ida, e a, al sen i de un esc i o (51), una sociedad independien e
de odo pode sup emo; e a un e dade o
Es ado,
y po an o, la
o ganización de aquellas p imi i as ci ilizaciones adicaba en la
cons i ución y coexis encia de las
células
amilia es. Más a de,
cuando el ejido de las elaciones se complica y las necesidades c e-
cen y los medios de sa is ace las aumen an, los pequeños cí culos de
amilia mués anse po sí solos de icien es, y uniéndose á o os de su
misma especie engend an una unidad supe io donde los in e eses
'comunes hallan su más comple a ealización. En onces es cuando
po el paso g adual de la
amilia
á la
gens (52);
de la
gens
á la
a-
ía
(53) g iega y á la
cu ia
(54) omana, de la
cu ia á
la
ibu
(55) y
de la
ibu
á
la
ciudad (56),
apa ece esa
i i as
con la más amplia
es e a social, donde los in e eses odos, in elec uales, mo ales y ma-
e iales, cien í icos, eligiosos, ju ídicos é indus iales se desa ollan
y c ecen, y al enca na en ella el Es ado, su ge el
S a us ci i a is
y
municipal,
base en onces de la o ganización humana. Y si bien de
un lado se p esen an co no las dos únicas o ganizaciones na u ales
de los iempos, la amilia y la ciudad, sin habe log ado ele a se á
la ca ego ía nacional, de o o nos encon a nos con la exis encia de
a i iciales aglome aciones de pueblos y azas o mando as os im-
pe ios, que sin más azón de se que el p incipio de la ue za y la
idea de la uni e sal mona quía, desconocen en absolu o la concep-
ción nacional, y lle an en su mismo o igen la sen encia de su in.
Tal ha sucedido con los es Asi ios, con los del Egip o, con el colo-
so pe sa de Ci o el g ande, con el gigan e macedónico de Filipo y
Alejand o, con el móns uo omano de los Césa es que han ido uno
po uno pe diéndose en el seno de los más ue es y pode osos.
Po ez p ime a comienzan á dibuja se las nacionalidades al
inaugu a se la Edad Media. De umbado aquel uni e sal Impe io
que había lle ado las ideas de pode y de de echo á las más apa a-
- 9 -
das egiones y
á
los más emo os países, asgado en cien pedazos el
pu pú eo man o impe ial, nue os pueblos del Sep en ión se epa en
an ex enso e i o io, y ans o mando las has a en onces p o in-
cias en coma cas lib es é independien es, echan los cimien os de las
mode nas nacionalidades. Los Visigodos, los F ancos, los Anglo-
Saj ones, los Hé ulos, Os ogodos y Lomba dos p esen an emb iona-
ias é incipien es naciones como España y F ancia, Ingla e a é I a-
lia. No llega, sin emba go, á consolida se po en onces ob a an ans-
cenden al. La sepa ación en e encedo es y encidos, las in asio-
nes nue as, la eudalidad sob e odo, de ienen,
á
poco de habe naci-
do, la emp esa nacional.
La exis encia de las clases de ge manos y omanos, man enida y
sos enida po la di e encia eligiosa, po la p ohibición de ma imo-
nios, po la di e sidad de lenguas, po la epa ición de ie as, po
la oposición de legislaciones, y po la di e gencia de in e eses, en-
gend an un dualismo que, negando de un lado los elemen os ca ac-
e ís icos y cons i u i os de oda Nación, y con adiciendo de o o el
p incipio uni a io
que es su
undamen o
y
in,
impide el desa ollo
y p og eso de las nacionalidades en la p ime a e apa de los iempos
medios. Y más a de, cuando odos es os obs áculos an desapa e-
ciendo, y an he e ogéneos elemen os usionándose; cuando polla
con e sión de Reca edo (57), la adju ación de Clodo eo (58), y el
bau ismo de E el e o (59), y la p o esión de e de Agilul o (60), Vi-
sigodos, F ancos, Anglo-Sajones y Lomba dos ab azan el Ca olicis-
mo, que decla an única eligión del Es ado; cuando las azas y clases
se ap oximan y c uzan con la pe misión de ma imonios en e en-
cedo es y encidos; cuando los idiomas mode nos se o man, y la
clásica lengua en que habla on los Vi gilios y los Ho
y
ados adul e a-
da y ans o mada po los homb es del No e en un bá ba o la ín, llega
á la e olución del omance; cuando las legislaciones dejan de se
pe sonales y dobles pa a ecibi la o ma de e i o iales y unas po
el ánsi o de la pe sonalidad á la ealidad (61); cuando á las legisla-
ciones omanas y á los Códigos de los encedo es y á las leyes de
los encidos suceden las legislaciones gene ales; cuando á las Colec-
ciones G ego iana, IIe mogeniana y Teodosiana, y á las Cons i ucio
nes Impe iales y á las leyes Lomba das, Bo goñonas, Sálica, Ripua-
ia,' Anglo-Sajona, de Eu ico y de Anniano sus i uyen los Códigos
comunes del Fue o-Juzgo en España, de Teodo ico en I alia, y Ca-
pi ula es de Ca lo-Magno en el Sac o Romano Impe io; cuando en
suma, los in e eses odos en oposición y lucha has a en onces, cansa-
dos de ba alla , i man el pac o de paz y de conco dia, y pa ece que
— 10 —
la g an ob a de la Nación a á con inua su len a, pe o p og esi a
e olución, un hecho his ó ico, ca ac e ís ico de la Edad Media, como
in luyen e en la Mode na, su ge y se in e pone, y la
Feudalidad
apa ece en e á en e á la
Nacionalidad.
En onces es cuando los
e i o ios se di iden y accionan has a el in ini o, y la p opiedad
llega á iden i ica se con la sobe anía, y las p es aciones pe sonales
se subo dinan á las eales, y el de echo público se con unde con el
p i ado, y la idea de je a quía, cual eslabonada cadena, se ex iende
desde el Rey has a el úl imo asallo, y la Sociedad se p esen a emi-
nen emen e eudal. Los Es ados, in luidos más que las es an es ó -
denes sociales po hecho an p edominan e, se o ganizan eudalmen-
e en diminu os
Seño íos pa imoniales
y pequeñas
ag upaciones
egionales,
ánsi o an sólo de la ciudad á la Nación, á la mane a
que la gens,
la
cu ia
y la
ibu
ue on en o o iempo el e olu i o
p aso de la amilia á la
chi as.
En los mode nos iempos es cuando e dade amen e su gen y se
consolidan las Naciones. Ob a de es a Edad, ella nos ha ciado el he-
cho y el p incipio, la ealización y la idea, la p ác ica y la eo ía de
las nacionalidades: con sus comienzos el hecho que obse a : ya en
sus pos ime ías el p incipio que deba i .
•
Después de aquel égimen de di isión y accionamien o de la Edad
Media y del mo imien o de
desin eg ación
y
di e enciación
que ae
el eudalismo, iene como eacción y p o es a la o ganización
uni-
a ia
y
cen alizado a
con que se inaugu a la Mode na, y consiguien-
emen e la idea de los g andes Es ados, el hecho de las g andes Na-
ciones. Animadas és as con el ecue do de su iniciación en los con-
ines de an e io es edades y comp imidas bajo el peso de las cien ca-
bezas de la eudalidad, eapa ecen aho a pode osas y ue es como
las Mona quías con quienes se ligan y asocian o mando causa co-
mún. C eyéndose idén icos los in e eses de la Nación y de la molla -
quia, y no ace ando á dis ingui la o ma de gobie no de la sociedad
nacional, una y o a en u ili a ia ayuda y mú ua conco dia co en
jun as la misma sue e, y ma chan unidas á igual des ino pasando
po las ases e olu i as de un mismo desa ollo, eng andecimien o
y decadencia. Se econs uyen ue es Nacionesá con a del siglo XV,
po que en el siglo XV se ac ecien an en ex emo los a ibu os de los
mona cas, e dade os dueños y seño es de ellas. La mona quía, casi
iluso ia en los iempos an e io es, se nos p esen a aho a bajo el i-
ple aspec o de
absolu a, di ina y pa imonial
El pode omnímodo de
los mona cas disponiendo po sí solos de los des inos de las Naciones,
hizo pesa sob e los pueblos po espacio de es siglos el absolu ismo
— II —
consul i o, sin é icamen e ence ado en «el
Es ado
soy yo» de
Luis XIV.
La
he encia eudal,
la
uina de los comunes,
el
enacimien o o-
mano
y la
eiuiiidicación de de echos
eje ci ados po la Iglesia, ue-
on las concausas de semejan e obus ecimien o. He ede os los eyes
de los es os eudales cuyas uinas ellos mismos habían p oducido,
ecogen los a ibu os odos de aquel pode absolu o de los seño es de
ho ca, cuchillo, pendón
y
calde a; y la jus icia y la gue a, y la mo -
neda, y los pechos y ibu os pasan del eudo á la mona quía, me -
ced ambién á los es ue zos de aquellos amosos ju is as, que a i -
mando que « eudo y jus icia son cosas que deben es a sepa adas»,
inculan és a con la Co ona, haciendo al Rey uen e de oda j u is-
dicción y de oda legislación.
Las libe ades municipales po o a pa e, ab igadas
y
de endidas
en el indus ial y lo ecien e
concejo
de la Edad Media, con inuado
del
municipio
omano, an ambién á pe de se después de la e o-
lución de los comunes, en el seno de uni a ia y cen alizado a ida
nacional. En el siglo XII, una de esas eacciones que o man época
en la his o ia de la Humanidad, el
Renacimien o Romano,
p ecu so
del
G iego
más a de,
y
del
O ien alis a
ac ual, ae consigo, además
del cul i o de aquel de echo que al deci de un esc i o ué nana
menos que «la azón esc i a», la esu ección en la polí ica del pode
omnímodo de los Cesa es y del absolu ismo impe ial que los mona -'
cas de Eu opa de la Mode na Edad se ap esu an á ecoge . Po in
cumplida la bené ica u ela p es ada po la Iglesia pa a bien de la
ci ilización sob e los es an es ó denes sociales, débiles y a asados
du an e la oscu a noche de los iempos medios, p esén ase el Es ado
ya ue e y pode oso ei indicando como p e oga i as p opias, po
e e i se al de echo y á la j us icia, su in peculia y ca ac e ís ico,
muchas de las unciones que has a en onces había enido eje ciendo
es e sup emo ó gano de la Religión Ca ólica, co onando de es a ma-
ne a la ob a de la cons i ución absolu a de las mona quías nacio -
nales. Y la au eola
Di ina.
de que se e is ie on és as pa a le an-
a se á la al u a del pode espi i ual después de aquellas luchas del
Papado
y
del Impe io, y de los eólogos
y
ju is as, asciende
á
las
nacionalidades que acaso po es o se las haya epu ado como ob a
exclusi a de Dios. La idea de
pa imonialidad,
po úl imo, que unida
á las an e io es impe a en es a época, nos con i ma más y más cómo
la sue e de aquellas Naciones co e pa eja con la sue e de aquellas
mona quías. Debida al eudalismo, que con undiendola p opiedad con
la sobe anía, y el e i o io con el pode , c eó los einos pa imo -
— 1
9
—
niales y los seño íos e i o iales, pasa como po de echo de suca -
sión á los eyes, que conside an al g an eudo de la Nación como p o-
piedad suya y pa imonio de amilia. Y an ue emen e ligada la p o-
piedad al p opie a io, la Nación al Rey, el in e és y a án de los mo-
na cas g andes y pode osos ué ac ecen a , obus ece y econs ui
ambién pode osas y g andes las nacionalidades.
Obse emos sino el p oceso his ó ico de la e olución nacional en
el Occiden e eu opeo, en la Eu opa O ien al, en el cen o de Eu-
opa, ya que en las es an es pa es del Viejo Con inen e apenas
si se inicia, ya que la Amé ica, cual mundo nue o, busca su o gani-
zación sólida y ija en Es ados lib es y olun a iamen e cons i uidos.
P oceso nacional que
en
el Occiden e de Eu opa se desen uel e len-
o y sosegado; b usco y sang ien o en el O ien e; a mónico y mix-
o po concu encia his ó ica y agi ación cons an e en el Cen o.
España, ica y en idiada ie a, po an as gen es in adida en la
Edad An igua, esca ada po los Godos de la sumisión omana al
llega los iempos medios, accionada y di idida más que po el
eudalismo po los Á abes en mul i ud de Reinos c is ianos y Emi-
a os independien es, necesi a una C uzada de ocho siglos pa a e-
conquis a la unidad nacional ealizada po los es ue zos de los Ca-
ólicos Reyes con las uniones de Cas illa
y
A agón, de Na a a y de
G anada, úl imo balua e de la dominación aga ena, y la inco po-
ación de Po ugal lle ada á cabo po el G an Felipe II, aunque
pa a emancipa se bajo el IV, y con inua independien e á pesa de
la geog a ía y de la e nog a ía, de la ilología y de la cul u a que
unísonas p oclaman la nacionalidad ibé ica.
F ancia, «dis ibuida bajo los Me o ingios en cua o einos: Aus-
asia, Neus ia, Bo goña y Aqui ania; bajo los Ca lo ingios en 80
condados, que ue on poco á poco emancipándose de la Co ona; al
subi los Cape os en 61 eudos que sólo nominalmen e dependían del
Mona ca» (62), pasado el ensayo del Sac o Romano Impe io de Ca -
lomagno se ace ca á la unidad nacional po los es ue zos de Luis
XI, que iun ando del eudalismo y es ableciendo el pode de la
Mona quía ancesa, p epa a la g andeza de aquel Es ado, que con
Ca los VIII y Luis XII pelea en I alia; con F ancisco I en odas
pa es, y llega con Luis XIV en los con ines de las cen u ias XVII
XVIII y con Napoleón Bonapa e en los comienzos de la p esen e,
á se el p ime o en Eu opa, no habiendo á pesa de odo log ado
posee los e i o ios del Rhin, ni conse a las p o incias del Es e
que en nomb e de la nacionalidad eclama.
La G an B e aña, siguiendo una ma cha análoga y ambién ac-
— 13 —
cionada desde un p incipio, como lo p ueban los Reinos Anglos y los
Sajones, ligados después en admi able hep a quía, al in des uida
po Egbe lo al some e odo el país, necesi a eni al año 1603 pa a
e unida la Escocia á Ingla e a bajo el ce o de Jacobo I, he ede o
de ambos Es ados, y llega al 1707 pa a su comple a anexión; pues
conse ó po un siglo más, su Cons i ución y Adminis ación, su
Pa lamen o y sus Leyes. La I landa, en pa e conquis ada po En i-
que II Plan agene en 1171, se man iene en el es o independien e
luchando y esis iendo has a 1603, que ué unida á Ingla e a bajo
el ci ado Jacobo, y o zosamen e asimilada en p incipios del siglo
pa a cas igo de sus pe u baciones. No po es o ha cesado de agi-
a se, an es al con a io, la op esión inglesa a i a en su pecho el
sen imien o de libe ad, y eco dando po su his o ia que ué au ó-
noma muchos siglos, que po su aza y su lengua iene de la ami-
lia cel a y que su eligión siemp e ué el ca olicismo, p o es a con a
el ge manismo sajon de sus dominado es, y pob e y desg aciada
pide po boca de los O'Connel y de los Pa nell su libe ad y su ida,
sin que has a aho a haya log ado más que una p omesa gene osa y
alien e de un ilus e Minis o de la Reina Vic o ia (63).
Hace la Suiza
su
apa ición en el mundo de los pueblos lib es en
iempos bas an e ce canos. Que iendo Albe o
I
de Aus ia inco po-
a á la casa de los Habsbu gos aquellas es ciudades de Schwy z,
U i y lin e i alden has a en onces di ec amen e dependien es del
Impe io, se inicia un le an amien o que, cundiendo á los e i o ios
ecinos, p o oca la amosa lucha di igida po Guille mo Tell, hé oe
de la independencia Suiza, asegu ada en Mo ga en en 1315, eco-
nocida en Aus ia en 1389 y esc i a en Wes alia en 1648. Y desde
en onces, es a unión, compues a de can ones bien opues os, alema-
nes, anceses é i alianos; ca ólicos y p o es an es, olun a ios y o -
zosos; in adida po la in luencia ancesa de su p ime a epública á
ines del pasado siglo; p óxima á acciona se con la gue a del Son-
de bund en nues os mismos iempos, con inúa a i mando su inde-
pendencia y su ida en nomb e de un p incipio nacional pa a ella
sola in en ado, y de una neu alidad pe pe ua que las po encias de
Eu opa se ap esu an á econoce y ampa a .
La Bélgica, ge mana an es que nada, su ió las dominaciones de
los omanos y los ancos, pe eneció al Impe io, á la Lo ena y á la
Bo goña, pasó á pode de la casa de Aus ia po he encia de Ma ia,
esposa del A chiduque Maximiliano é hija de Ca los el Teme a io,
dueño de es os
países, y de la casa de Aus ia, á la
de España po
sucesión de Ca los
V.
Española
casi dos siglos, e o na
al Aus ia de
_ 90
emba go, en esuci a ,
y
Mazzini con su p opaganda e oluciona ia,
y Mancini con sus explicaciones, y con sus opas Víc o Manuel, y
Ga ibaldi con su espada y Ca ou con su polí ica, sacan á sal o la
unidad i aliana, e dade a ob a de omanos. Es e maquia élico mi-
nis o, después de in e eni en la gue a de C imea, plan ea
en el
Cong eso de Pa ís de 1856 la llamada
Cues ión i aliana,
y en sus
en e is as de Plombie es con el e ce Napoleón, acué dase la gue-
a al Aus ia po Sa dos y F anceses, pa a con mejo o una ensa-
ya segunda ez los planes de Ca los Albe o. Las sang ien as ba a-
llas de Magen a y Sol e ino, ganadas po Napoleón, aen en pos de
sí la paz de Villa anca y el a ado de Zu ich de 1859, que a an -
cando la Lomba día al Empe ado F ancisco José, es cedida po la
F ancia á la Ce deña ..en cambio de Niza y Saboya. Y edimidos los
países lomba dos de la dominación aus iaca, unidos los Ducados al
c ecien e Reino Sa do, some ida Sicilia y Nápoles po Ga ibaldi,
dueño el Piamon e de la mayo pa e de los Es ados Pon i icios, des-
pués del hecho de Cas el ida do y de la endición de Ancona
y
de
Gae a, en el mismo año de 1861 eúnese en Tu ín el p ime Pa la-
men o i aliano, y oma Víc o Manuel el í ulo de Rey de I alia. To-
da ía es p eciso sos ene con el Aus ia o a lucha pa a anexiona la
Venecia, y ap o echando el ompimien o de aquella po encia con la
P usia, iempo a ás p epa ado po la cues ión de los Ducados de
Elba, Víc o Manuel y Guille mo I i man de ensi a y o ensi a alian-
za; y aunque I alia pie de en dos comba es, consigue después del
a ado de P aga de 1866 la inco po ación Veneciana. Po úl imo, ya
en
1870, cuando con mo i o de la sang ien a gue a anco-p usiana,
Napoleón III e i a de Roma las gua niciones ancesas allí lle adas
ein e años an es pa a es au a y sos ene el pode de la San a Se-
de, Víc o Manuel, deseoso de e mina la ob a de la uni icación
i aliana, manda que sus opas en en en los Es ados Pon i icios, y
omada la Ciudad E e na en 20 de Sep iemb e, concluye aquel pode
empo al de los Papas, p ecisamen e cuando comienza la ida de la
Nacionalidad I aliana. Y encido el Va icano, y de ie a omana lan-
zado, aléjase del Qui inal pa a i i e e namen e sob e el cielo de la
I alia, igiendo pe du able é incólume los des inos espi i uales del
o be e u bi omano.
Empeñada ué ambién la lucha po la Nacionalidad
ALEMANA. Co-
iendo
pa eja con la de I alia, hubo de llega á los ac uales iempos
pa a e ealizadas sus aspi aciones de econs ui la
pa ia,
aunque
se halla muy dis an e de consegui el ideal del pans-ge manismo.
Mucho más ex ensa la p imi i a Ge mania ué en odos iempos el
— 21 —
co azón de Eu opa, la cuna de las
in asiones
al cambia la Edad
An igua, el cen o del
Feudalismo
en los días de la Media, la pa ia
de la
Re o ma
al nace de la Mode na. Habi ada po an os pueblos
como asola on el as o Romano Impe io, con inuó di idida has a los
días de Ca lomagno, que al ence á Wi ikind y subyuga á los e-
oces Sajones, ealiza bajo el pode de su Impe io la unidad de aque-
llos pueblos, y O hón el G ande á poco iempo, ecogiendo la he en-
cia del hijo de Pipino, y es au ando la idea y el hecho del Impe io
con la o mación del Sac o Romano-Ge mánico, lle a de F ancia á
Alemania el cen o y di ección del Ge manismo. No po eso el espí-
i u de a iedad desapa ece; an es al con a io se acen úa, cuando
su ge de aquel mismo suelo el enómeno eudal con la e olución en
eudo del an iguo bene icio, y al lado del Empe ado le án anse ei -
nos, p incipados, ducados y condados, lang a ia os y ma g a ia os,
a zobispados y obispados, ciudades lib es é impe iales. Ba ie a, Sa-
jonia, Sua ia, F anconia, Tu ingia y Lo ena, g andes ducados; Ma-
guncia y Colonia, a zobispados, ienen ya e dade a impo ancia en
los comienzos del Impe io, y los ecue dos de las Die as de T ibu
deponiendo á Ca los el Go do; de Wo ms llamando á la Casa de
F ancia po habe se ex inguido la Ca lo ingia, y de F islau á la de
Sajonia, consolidan los de echos de los seño es en e
á
en e de los
del Empe ado al mismo iempo que a i man el ca ác e elec i o del
Impe io. Poco después de aquella amosa Bula de O o de Ca los IV
y del Cong eso de Wes alia, y cuando la co ona se o na de elec i a
en he edi a ia, la mona quía más obus a y los seño es más débiles
aen como consecuencia el desa ollo y eng andecimien o de la Na-
ción Ge mánica, ya p epa ado po Maximiliano y Ca los V. Ac ecen-
ada con la Bélgica como lo ué con g an pa e de la I alia po el a-
ado de U ech , en iesgo de acciona se con mo i o de la P agmá-
ica, si la paz de Aquisg án de 1748 no hubie a e minado la gue a
de Sucesión; nue amen e di idida po lucha de sie e años pa a con i -
ma la cesión de la Silesia po el. Aus ia á la P usia en Hube sbou g;
agi ada po in con nue a sucesión de Ba ie a que se a egla en Tes-
chen, á su i de o as
y
desmemb aciones á la apa ición
del Bonapa e. Ol idando ya la paz de Lune ille que aas o mó su
dominación en I alia, pie de con la ca ás o e de Aus e li z y el a-
ado de P esbu go de 1805 la Is ia, la Dalmacia, el Ti ol y la Sua-
N
la además de la Venecia, y con el desas e de Wag am y la paz de
Viena de 1809 g an pa e de la Gali zia en a o del Cza y del Rey
de Sajonia, aliados de Napoleón, y la Co in ia, la Ca niola, la C oa-
cia y el F iul pa a: o ma en la Is ia y la Dalmacia, las Ilí icas en
- 22 -
p o echo de la F ancia. Mas de umbado aquel impe io en Wa e -
lóo, y enca gado el Cong eso de Viena de econs ui la Eu opa, el
Aus ia ecob a sus pe didas posesiones, ob eniendo ambién la Ve-
necia en cambio de la Bélgica, pa a al mismo iempo ma a aquella
epública de los Dux y c ea es e Reino pa a los O anges.
Desde en onces el Aus ia b illa den o de la Con ede ación Ge -
mánica como una de las p incipales po encias de Eu opa, como un
indi iduo de la San a Alianza, como miemb o de la Pen a quía. Es -
aba, sin emba go, el siglo XIX des inado á aba i le y las e ibles
campañas de Magen a y Sol e ino, p ecu so as del a ado de Zu ich
de 1859, a ebá anle la Lomba día, y sie e años después, en ilando
con la P usia la cues ión de los Ducados á pesa de lo conce ado en
Gas eín, su e la de o a de Sadowa y las cláusulas de la paz de
P aga, que le expulsa de Alemania, pe diendo la p esidencia de la
con ede ación, al mismo iempo que se le escapa Venecia y se le
a lojan los lazos con que suje aba á la Hung ía. De es a sue e el
Aus ia, g ande y pode osa en o o iempo, di ec o a sup ema de la
polí ica eu opea muchos siglos, declina y baja, pa a subi y eng an-
dece se á sus expensas o o nue o pueblo, la P usia, que no hay ley
más desconsolado a de la ida que la que señala el con as e del en-
g andecimien o de unos y la decadencia de o os.
Es el
ESTADO PRUSIANO
de época ela i amen e mode na. P escin-
diendo de la ins i ución de la o den de P usia
y
del í ulo de Após ol
de los P usianos que Inocencio III o o ga al monje Cons ancio en e-
compensa de sus iun os eligiosos,
y
del es ablecimien o de los Ca-
balle os Teu ónicos, amosos adalides de aquella o a O den eligioso-
mili a de Fede ico de Sua ia, que abandonando las egiones o ien -
ales ocupan los e i o ios del Vís ula. y Niemen, es á consecuencia
de la llamada Re o ma cuando el G an Maes e, secula izando los
bienes, o na el í ulo de Duque,
y
á poco iempo Albe o de B an-
dembu go consigue del G an Segismundo de Polonia el econoci-
mien o o mal de la P usia. Desde en onces c ece ápidamen e el
nue o Es ado y en a en el sis ema eu opeo, álzase como po encia
p o es an e de p ime o den den o de Alemania y en en e de la ca-
ólica Aus ia, y apa ece como es ella b illan ísima en la Cons ela-
ción Ge mánica, e e namen e i al del A chiducado. Con e ido el
Ducado en Reino po concesión insensa a del Aus ia á Fede ico I pa a
asegu a se su alianza en la Sucesión Española, in e iene en la gue-
a de Polonia pa a eng andece se; en la de la P agmá ica del Aus-
ia, pa a a anca le la Silesia po a ado de B eslau en 1745; com-
ba e en e á en e
con
su i al en la de los Sie e años pa a ence la
-23-
y obliga la á a i ica la an e io cesión en llube sbou g; ealiza
con Rusia y Aus ia la inicua epa ición de Polonia sin eco da la
concesión de Segismundo; mués ase en suma pode osa y g ande
pa a ecibi más udo golpe con la p esencia de Napoleón. To na
pa e ac i a en las sang ien as gue as del Impe io, igu a en el nú-
me o de las po encias coaligadas, su e el igo de los F anceses al
comba i en la cua a, es de o ada en Jena, deshecha en F iedland,
encida en odas pa es, p esa en Be lín, epa ida en Tilssi ; y po
acue do de Napoleón y Alejand o de Rusia, accionada en un Reino
y un Ducado, el de Wes alia, compues o de las p o incias de acá del
Elba con el Hesse, Hanno e y B unswich pa a Je ónimo Bonapa e,
y el de Va so ia, cons i uido del Dan zick y de la P usia polaca, pa a
el Rey de Sajonia. Mas llegada la ho a de mue e del mayo Impe io
de es e siglo, encido Napoleón y en medio del Océano enca celado,
los mona cas eu opeos den o de los mismos mu os de Viena, en so-
lemne y anscenden al Cong eso, deshacen la ob a de Bonapa e, y
asgando en cien pedazos el con enio de Tilssi , en egan á P usia
sus p o incias, la Pome ania Sueca, la mi ad del Reino de Sajonia,—
is e ep esalia de la His o ia,---casi oda la Wes alia
y
la ibe a iz-
quie da del Rhin; y en onces, más eng andecida que á la apa ición
del Césa ancés, i ma con Rusia y Aus ia la San a Alianza en 1815,
igu a muy p incipalmen e en la Pen a quía, y como po encia de p i-
me o den, pesa mucho en la balanza de los negocios eu opeos. In-
e iene en el Cong eso de Pa ís de 1856 pa a zanja la cues ión de
O ien e, sos iene en unión eón el Aus ia la gue a de Sleswig-Hols-
eín pa a a anca á Dinama ca los Ducados, i ma con ella el con-
enio de Gas ein en 1865 después de la con e encia de Lond es y de
la paz de Viena del 64, pa a posee y adminis a en común ales
paises; p o oca al ando á sus comp omisos el ompimien o con su
i al pa a deshace cuan o an es al p o-indi isa posesión, y en Sa-
dowa ic o iosa y en la paz de P aga exigen e, hace suyos los Duca-
dos, apodé ase de Hesse, Hanno e y Nassau, ag ega la ciudad lib e
de F anc o , ompe la Con ede ación Ge mánica expulsando de ella
al Aus ia, y dominando ya á su i al, cons i úyese en cen o y ó -
gano de la g an colec i idad Alemana. No cejando en sus planes de
eng andecimien o encubie os con la másca a de la Nacionalidad, le
pa ece poco escándalo el obo de los Ducados y la al a á sus comp o-
misos ju ados en Gas ein,
y
pues a ya en al camino, sin esc úpulo
ninguno, exige á F ancia dos de sus p o incias, y como u o de sus
ic o ias de Sedan, Me z, S asbu go y de Pa ís, i ma en F anc o
el
la
- 2 —
el ecibo de la Alsacia, la Lo ena y los 5.000.000.000 de ancos. y
en i ud de la gue a de 1870, la unión pu amen e mili a y pasa-
je a de los Alemanes de N. y S. ó nase polí ica y pe manen e, y la
con ede ación se ex iende á odo el e i o io alemán cons i uyéndolo
en Impe io, cuando á p opues a de Luis II de Ba ie a se con ie e á
Guille mo I el í ulo he edi a io de empe ado ; y en onces P usia,
simple elec o ado de Alemania, pob e a enal del ma qués de B an-
dembu go, escasa ie a de eu ónica O den g aciosamen e secula i-
zada po olun ad de Polonia, como en Reino con e ida po dona-
ción del Aus ia, álzase pode osa y al i a sob e las uinas de la in-
eliz Nación á quien debe su exis encia y sob e los es os
.
del Es ado
que ab icó su ono, pa a desde el cen o de Eu opa p osegui el
ideal pans-ge mánico, esuci a el an asma del Impe io Sac o y di-
igi la polí ica del mundo has a que in lexible ley biológica la sen-
encie y condene á o zosa y p ecipi ada decadencia.
Digamos algo, aunque sea poco, de
la
HUNGRÍA,
de ese pueblo
que aun hoy lucha po su Nacionalidad pe dida, y comba e y pelea
po ompe pa a siemp e los lazos con que el Aus ia le suje an. Po-
blada po Húnga os ó Magia es, en el siglo IX o ganizada, simple
Ducado en los comienzos de su his o ia, Reino desde San Es éban,
co onado apos ólico po Sil es e II, empieza el mismo año 1000 su
ca e a de eng andecimien o llegando á se dueña de Esla onia y
T ansil ania, de C oacia y de Dalmacia en los días ya del caudillo y
con e so Vaic, y de la Molda ia
y
Valaquia, Bosnia, Bulga ia y
Se ia en iempo de Ca los Robe o. La p esencia del u co en Eu-
opa ué una cons an e amenaza á la coma ca magia ; pe o á a és
de an as incu siones y no pocas peleas, lib a su independencia del
pode o omano, pa a i á pe de la en Caso ia en pleno siglo XVI,
an e las a mas de Fe nando de Aus ia. Desde en onces lucha po su
libe ad, y en
ocasiones como la de 1848, pone en g an ap ie o á su
dominado a, que g acias á la in e ención y ayuda de la Rusia log a
paci ica el país después de de umba al gobie no insu eccional de
Kossu h y de o a á Geo gey, y aunque en 1848 y 1866 ob iene
cie a au onomía y es á medio emancipada, no ceja á en sus planes
has a conquis a po comple o su absolu a independencia en nomb e
del p incipio Nacional.
Y como Hung ía,
BOHEMIA
ambién p esa po el Aus ia, ba alla
po su libe ad, po que ecue da que ocho siglos ué e dade a Na-
ción, desde el VIII has a el XVI, en cuyo año 1526 quedó unida al
Impe io bajo el pode de Fe nando I, y así con inúa á pesa de las
en a i as de sepa ación que en es os mismos iempos lle ó
á
cabo,
y que no abandona á po cie o, po que mucho se ama la libe ad y
la ida.
Singula y po demás simpá ica es en la His o ia la lucha po la
NACIONALIDAD POLACA.
La Polonia, la in eliz Polonia g ande y pode o-
-sa en o o iempo, de enso a de la Eu opa al de ene al u co algún
día, siemp e c is iana como el Aus ia, esla a como la Rusia, ieja
más que la P usia y el Impe io mosco i a, yace silenciosa y mue a
bajo los es os de Kosciusko desde hace una cen u ia, que ué des-
cua izada po mano de es Es ados pode osos y ecinos, y á pesa
de los iempos y á pesa de la época, ni indignada la Humanidad, ni
a epen idas las Naciones, han ei indicado ni de uel o á an des-
g aciado pueblo el de echo más p eciado de los de echos: el sag ado
de echo á la ida. Allá cuando los es ablecimien os esla os y á con-
a desde el siglo VIII, apa ece es e pueblo, que Ducado p ime o, se
ans o ma á poco iempo en Reino, pa a co e po Li uania y
.
P u -
sia y mos a se pujan e bajo el G an Segismundo, aquel Sobe a-
no que sin p esumi que algún día su Nación había de mo i á ma
nos de la P usia, echa la semilla de es e Es ado, econociendo al
Ma qués de B andembu go la secula ización de sus e i o ios. Más
a de comienzan las pe ipecias de su his o ia, y encida po Gus a o
Adol o de Suecia, encedo a del u co á quien a anca la Podolia y
la Uk ania, nue amen e de o ada po Ca los XII, des ozada en su
gue a de Sucesión de 1737, belige an e en la de la P agmá ica, e-
sen ida po cons an es luchas y disco dias in es inas, mal o ganizada
con su dichoso e o y su cons i ución anómala, siemp e amenazada
po in e enciones usas
y
po in luencias ex anje as, llégale la
ho a de su mue e, y en las pos ime ías del siglo XVIII, consúmase
el inaudi o c imen ideado po Fede ico II de P usia y ealizado po
Ca alina de Rusia con una c ueldad sin igual; y
en
1772, 1793 y 1794
e i ícanse los es sucesi os epa os de es a desg aciada Nación, que
cual nue a Ca ago lle aba sob e sus homb os lanzada po los mo-
de nos Ca ones la inexo able y e ible sen encia de
Delenda es
Polonia. En a el siglo ac ual y con él Napoleón p ome iendo
á
los
des en u ados polacos in e esa se po su independencia
y
su sue e ;
pe o la p omesa no se ealiza y sólo el Ducado de Va so ia se le an-
a en Tilssi sob e las uinas de la Polonia p usiana, no lib e y au ó-
nomo, sino dependien e de Sajonia, á cuyo ey pe eneció has a la
es au ación eu opea.
Y
las Naciones cong egadas en Viena en
Asamblea Sobe ana, ni una sola oz, ni una p o es a sola lanzan en
a o de la Nacionalidad polaca, pe o sí en egan el Ducado de Va -
-26—
so ia en su mayo pa e á la Rusia, pa a o ma con sus dominios
polacos
el
Reino de Polonia con cie a au onomía más bien impues a
po manda o del Cong eso, que o o gada po benepláci o impe ial.
Mas las e oluciones gene ales y las insu ecciones de 1831
y
1863
po una pa e, y la omnipo encia de Rusia y la au oc acia de los
Cza es po o a, die on po esul ado la sumisión comple a y la muy
du a escla i ud de la Nación polaca, que eco dando las g andezas
de su pasado, y pensando en las is ezas de su p esen e, con ía en
las espe anzas de un po eni que po boca de los Es ados, cual
ó ganos de la Humanidad, pidan muy al o la es au ación de Po-
lonia.
Y qué di emos de la
RUSIA.
Ocupada es a egión po los Sá ma as
en un p incipio, en el siglo III po los Godos, en
el
IV po los Hunnos
y sucesi amen e po o os bá ba os, ecibe de Ru ic
en
el IX una
sólida é independien e o ganización que no a da en e ocede an e
el
accionamien o de la XI cen u ia y la in asión de los Mogoles en
la XIII. De es a e ible conquis a sólo se escapa el p incipado de
Moscow, que lib e é independien e, comienza y e mina la ob a de
la econquis a y uni icación del Impe io mosco i a allá po los si -
glos XV y XVI, y con la subida de los Romano s y los es ue zos de
Ped o el G ande pa a ci iliza á los Rusos, ac ecen a el pode de los
Cza es
y
con e i en ma í ima á es a po encia, a ancando á los
Tu cos el Azo y á Ca los XII de Suecia g an pa e del Bál ico, a i -
ma la Rusia po a ado de Neus ald el doble pues o de Nación de
p ime o den y de Es ado eu opeo. Desde en onces acá ma cha po-
de oso
y
pujan e es e g an móns uo del O ien e de Eu opa y del
Occiden e Asiá ico apode ándose en nomb e de la Nacionalidad, o a
de la C imea, Cu landia, Li uania y pa e de la Polonia inicuamen e
epa ida bajo Ca alina, la Cza ina; o a de la Finlandia, Besa abia y
Geo gia en iempo del p ime Alejand o; o a de la mayo pa e de la
A menia, del bajala o de Akhal i iski y de las bocas del Danubio en
nues o siglo a eba ados á la Pe sia y á Tu quía po el g an Ni-
colás I; o a de muchas egiones del Asia Cen al, del O ien e de
Sibe ia,
y
de A dahan, Ka s y Ba úm po el a ado de Be lín cedi-
das al Cza Alejand o II,
y
no sa is echa de an a ie a, pone aun la
is a de águila en el ex enso cielo
'
del pansla ismo.
Llegamos po in al
IMPERIO TURCO,
y pa a deja comple o el es-
udio his ó ico de la lucha po las Nacionalidades—que no o a cosa
nos hemos p opues o en es a p ime a pa e,—algo di emos ace ca de
él. Descansando en Eu opa, en Asia y
en
A ica ue on sus e i o-
ios an iguas cunas de la ci ilización Egipcia, del clasicismo Heléni-
- 27 -
co, del Impe io macedónico, de la cul u a A ábiga. Los Cesa es o-
manos p ime o y los empe ado es g iegos después, domina on y
poseye on sus as as egiones. Teodosio, al hace la di isión de su
Es ado en Occiden al y O ien al, iempo a ás p epa ada po Cons-
an ino al abandona la co e de Roma, inaugu a el Impe io G iego
que du an e oda la Edad Media pesa sob e aquellas coma cas. Y
mien as es o sucedía, el Tu co allende el ma Caspio nacido, y ue e
y igo oso, dispónese á pisa la Eu opa con O cán, sien a sus eales
en And inópolis en los días del p ime Amu a es, conquis a casi odo
el Bajo Impe io á la oz de Bayace o, y o nando á Cons an inopla en
iempo de Mahome , unda aquel móns uo o omano que en la his o-
ia y en el suelo sus i uye al Bizan ino, y una ez dueño de los do-
minios de Cons an ino Paleólogo, y ensanchado más y más con la
o na de Belg ado bajo el mismo Mahome , y la sumisión de la Si ia.
y Pales ina, de la A abia y el Egip o po Selim, y la conquis a de
Rodas he óicamen e de endida po los Templa ios, y de la Hung ía y
pa e del Aus ia po Solimán el Magní ico, que llega á las pue as
mismas de Viena, coincide el apogeo y la época de eng andecimien o
del Impe io de los Sul anes. Pe o así como su cons i ución y g an-
deza ué u o exclusi o de la conquis a y la ue za, así la ue za y
la conquis a es causa de an as desmemb aciones como iene su-
iendo en el decu so de las dos úl imas cen u ias. Después de su
pos e in en o con a la capi al del Aus ia en 1683, el Tu co de o-
ado en los ma es y en los íos, en el Medi e áneo y en el Danubio,
pie de la Se ia, la Hung ía, sus
.
dominios de Polonia y la Mo ea; al
inaugu a se el siglo p óximo pasado, el Azo ; po a ado de Kai-
na dji, a ias o alezas en C imea y en el Niepe ; la sobe anía del
ma Neg o
y
o os ma es o omanos po igual con enio con la Rusia;
la C imea en e a en 1783 á a o de es a po encia, y después de su
pelig o de epa o en e el Impe io Mosco i a y Aus ia á poco de la
paz de We ela, la desmemb ación del Nies e al Bug igualmen e en-
egado al omnipo en e Cza po a ado de Jassy. Pe o si es o sucede
en el siglo XVIII, ¿qué di emos del ac ual? P esenciando las más
g andes desmemb aciones del Impe io de los Sul anes que decaden e
y mo ibundo se desmo ona po causa misma de su abyec a ida, hace
i me p opósi o de asis i á sus une ales
y
acompaña le escol ado po
las Naciones de Eu opa has a el bo de de la umba asiá ica que algún
día le se ió de cuna, que eso pasa á los pueblos que desp eciando
las conquis as de la in eligencia
y
los p og esos de los iempos, no
quie en segui las co ien es de la ci ilización
y
de la ida.
La G ecia, la A gelia, la Molda ia, la Valaquia, la Se ia, e,
— 28 —
Mon eneg o, la Bosnia, la He zegowina, la isla de Chip e, los e i-
o ios de A dahan, Ka s y Ba um, la Tesalia, el Epi o Me idional y
casi, casi el Egip o, la Tunicia, la Bulga ia y la Ru nelia a ancan en
pleno siglo XIX de la Sublime Pue a las é eas cadenas de que
penden, y comenzando la ida lib e de los pueblos, acele an la ho a
is e de
la
mue e del pode omnímodo o omano. No podía menos de
se así.
La
GRECIA,
que había sido en el espacio un pueblo au ónomo é in-
dependien e, y en
el iempo una ci ilización g andiosa y excepcio-
nal, que con su pode y su ue za llegó á domeña el O ien e, como
c
on su in eligencia y cul u a las egiones del Oes e, allá en la se-
gunda e apa de la Edad An igua después de la e olución de las asiá-
icas coma cas, apa ece ya luchando y luchando enazmen e po su li_
be ad y su ida. Es ado con ede ado po unión de múl iples ciuda -
des, a i mase como uno po su lengua y po su aza, po su suelo y
su cul u a. Pueblo ilosó ico, a ís ico y polí ico, lle a á la g an ob a
humana la conjunción de an pode osos elemen os, y en nomb e de
es a cul u a e oca siemp e el p incipio nacional. Po eso en la p e_
sen e cen u ia, cansado ya de su i más de diecinue e siglos el yugo
de es impe ios, Romano, Bizan ino y Tu co, ol iendo la is a a ás
y eco dando los esplendo es de su clásica ci ilización y la g andeza
de sus pasadas glo ias, despie a el g iego en su pecho el sen imien o
lib e de la pa ia, y en usias a y decidido can a, pide y de iende la
Helénica Nacionalidad. En onces la idea se gene aliza, el p incipio se
di ulga, las aspi aciones cunden, los abajos de la E e ia c ecen, y
ya en el e eno de los hechos comienza la e oz lucha. Las p o in-
cias se insu eccionan, los pueblos se suble an, el bajá de Janina los
ayuda, el i ey de Egip o los comba e, y llegados los ho o es de la
gue a al deli io y la op esión o omana á su auge y los su imien os
g iegos al alma, es po encias c is ianas, Rusia, Ingla e a y F an-
cia in e ienen en an humani a ia cues ión, y el desas e de Na a--
ino, y la con e encia de Lond es de 1827,
y
la paz de And inópolis
del 1829, a ancan la G ecia al sul án pa a e igi la lib e y au ónoma
en nomb e del p incipio Nacional.
Y los
PRINCIPADOS DANUBIAMOS,
como
G ecia, ambién se escapan
de la insopo able i anía o omana. La paz de Pa ís e minando la
gue a de C imea y apaciguando la cues ión de O ien e en 1856; el
Cong eso de Be lín poniendo in á la lucha uso- u ca y dando nue o
a ance á al p oblema, a lojan y luego desa an los lazos que po an-
os años suje an los países del Danubio á la pue a Bizan ina, y po
cláusulas del úl imo a ado, modi ica i o del de San Es é ano, Se -
— 29 —
ia, Rumania y Mon eneg o, econócense independien es; la Bulga-
ia se cons i uye en au ónomo P incipado, ibu a io del Sul án; la
Rumelia O ien al en p o incia, bajo la au o idad polí ico-mili a de
Tu quía, pe o con independencia adminis a i a y un Gobe nado
gene al c is iano; ocupadas y adminis adas po Aus ia-Hung ía la
Bosnia y He zegowina, po Ingla e a la isla de Chip e, y los e i o-
ios de A dahan, Ka s y Ba úln, con sus pue os, cedidos á los Cza es
po el Sul án o omano. En el
ÁFRICA,
la
A gelia,
po conquis a de
Ca los X, pasa del Tu co á la F ancia; lle a ya medio camino la
Tu-
nicia,
que desde el a ado de Ba do de 1881 sopo a p o ec o ado ex-
cesi o; el
Egip o
suble ado después de la e olución de Julio pide
ambién su independencia, y po con ención de Ku ayah, in e en-
ción de las g andes Po encias, y po in a ado de Lond es de 1840,
Meheme -Ali asegu a la he encia del país, que bajo la sobe anía de
la Pue a, casi, casi se emancipa. Y nue amen e en Eu opa, la Tesa-
lia y el Epi o en su pa e me idional son po el Tu co cedidas á la Na-
cionalidad Helénica; y en es os días, po úl imo, la Bulga ia y la Ru-
melia, al ejemplo de sus he manas, desean emancipa se, y unidas y
ensang en adas po causa de sus ideales, y pa a consegui sus p o-
pósi os, al e an la paz de Eu opa, con u ban el equilib io, modi ican
los Balkanes, y ue e á es a sob e la mesa la llamada
cues ión de
III
Nue a lucha se p esen a en el campo ilosó ico del p oblema na-
cional. La azón humana aba ida an e esa gue a sin in que en el
la go decu so de la His o ia lib an las Nacionalidades, solíci a acude
con sus luces á espa ci an neg as somb as y á emedia an as des-
dichas. Que iendo paci ica la, comienza ella misma luchando con las
a mas nobles del espí i u en el hon oso campo de la ciencia, y desde
an al as es e as p e ende o ganiza la humanidad sob e él
p incipio
nacional.
P incipio nacional que implica es capi ales concep os:
sociedad
o al humano, o ganismo na u al é his ó ico, unidad supe io
de
cul u a
que las iempos han p oducido.
En el p ime sen ido e ela conjunción de pe sonalidades, que
po ínculos
y
lazos de muy di e en e especie, o man un
odo
enca -
gado de cumpli los ines humanos en uno de los más amplios cí cu-
los. Fase del o ganismo social, desen uel e en su
mismo
seno in e-
eses eligiosos y mo ales, cien í icos y a ís icos, ju ídicos y econó-
— 36—
—
ac e es mo ales, in elec uales y ísicos pa a o os sociólogos; en e.
ago é inde e minado pa a odos, es idea y hecho muy di ícil de.
ap ecia y peo de de ini . El simple colo de la piel y la na u aleza.
de los cabellos, pa a unos; la con igu ación de la cabeza, la abe u a
del ángulo acial, la enología, pa a o os; el mayo ó meno des-
-a ollo de las acul ades in elec uales, la educación y la cul u a pa a
alguno; c i e ios muy dis in os son pa a de e mina , dis ingui
y
se-
pa a las azas. Y si ya en la base y en el p incipio la unidad des-
apa ece, si no es posible ma ca con p ecisión y ce eza los asgos
ca ac e ís icos que sepa an una ag upación e nog á ica de o a, si
hay di e gencia en la concepción y de e minación de la aza, y si
odo es aguedad en el concep o undamen al y p ime o, ¿qué inse-
gu a y de icien e no ha de se la doc ina que sob e la e nog a ía
p e ende cons i ui las Naciones y o ganiza la Humanidad? Que no
hay eo ía acional y acep able sin que en un p incipio e dade o,
cie o y exac o enga su undamen o y asien o. Pe o p escindamos,
de la abs acción de la aza pa a eni al e eno eal
y
conc e o de
sus mani es aciones. ¿Es án de acue do los e nóg a os en la mane a
de di idi y di e encia la especie humana? ¿Señalan odos el mismo
núme o de azas ó disc epan al ija la a iedad que den o de la
unidad se encie a? Y nue amen e el c i e io que es udiamos apa e_
ce accionado has a al pun o, que mien as unos siguiendo la a-
dicional clasi icación admi en sólo las cinco azas, c een o os con
el insigne na u alis a Kaeckel (76) que has a doce cabe dis in-
gui den o del géne o humano. Consecuencia de es o es, que es-
pondiendo la nación á la aza, no se á posible pone se de acue do
pa a ija el núme o de naciones, po que no ha sido posible aun po-
ne se de acue do pa a ija el núme o de azas. Pe o hay algo más,
den o de ese mayo ó meno núme o de los p ime os g upos di e-
enciales de la unidad humana, hácense po los e nóg a os nue as
di isiones y subdi isiones, o igina ias de o as an as azas y sub-
azas, y así el esc i o ya ci ado comp ende den o de la que él llama
Medi e ánea: la Caucásica, la Indo-ge mánica, la Semí ica y la
Vasca; como den o de la Indo-ge mánica: la Sla o-
g
e mana y la
A io- omana; como den o de es a úl ima: la. G eco- omana y laA ia,
y ya en medio de al accionamien o y en e á en e de semejan e
a iedad, ¿según qué c i e io ha de pedi se la. sus an i idad de la
nación?
¿En nomb e de las p ini el as g andes azas? ¿En nomb e de
las segundas ó e ce as? ¿Si
en
nemla e de las p ime as, po qué no.
en
liCiniu'e
de las úl imas? ¿Si en n( nih e de las úl imas, po qué no
CD
nomb e de las in e m«lias? Si les lih,cos oi man una aza y
de
— 37 —
las mejo de inidas, y si á cada aza co esponde una nación, ¿po
qué no se
ha de
econoce una sola nacionalidad caucásica? Si los
indo-ge manos
y
den o de ellos los ge manos an iguos y los esla o-
la ones cons i uyen o ganismos e nog á icos, ¿po qué no se han de
a i ma cual sus independien es acciones eminen emen e naciona-
les? No cabe, no, admi ido que la a iedad de la especie humana
enga de echo
á
i i bajo su nación, nega á la a iedad de
la
a iedad, á la aza y á la sub aza, á los g ados supe io es é
in e io es el mismo é idén ico de echo á pedi su nacionalidad. Y
si es o es an cie o como no puede menos de se lo, ¿po qué se
,
concep úan únicas naciones á España, F ancia, Alemania, I alia,
Rusia, e c.? ¿Po qué se ha pues o pun o en el camino de la di e en-
ciación y desin eg ación? ¿Po qué no seguimos dis inguiendo y con-
side ando á las coma cas ales nacionalidades? ¿Po qué no han de
se lo Cas illa, A agón, Valencia, Na a a, Ca aluña y los Vascos,
co no ue on en o o iempo Es ados, y Nápoles, Sicilia, Píamon e y
los Romanos, como han sido has a hace poco, einos? ¿No pueden
dis ingui se pe ec amen e los ca ac e es de los cas ellanos, de los
na a os, de los alencianos y de los ascos? ¿No es cla a la di e en-
cia de gen e piamon esa de la napoli ana? Y si se se nos dije a, és as
son coma cas den o de una nacionalidad, son acciden es den o de
una aza, ¿no pod íamos con igual azón a i ma que ambién Es-
paña, F ancia, Ingla e a, son coma cas den o de Eu opa, y sus
di e encias e nog á icas acciden es de la común aza Caucásica?
Es o sólo bas a ía pa a deja a uinado y des uido el c i e io
que
comba imos, pe o aun que emos pene a más y más en su na u a-
leza y apu a bas a el úl imo ex emo la se e a é in lexible c í ica.
Que á cada aza co esponde una nación y que cada nación no
debe ence a más que una aza. ¿Cómo log a lo, si después de an-
a emig ación é in asión co no o man el ejido de la his o ia huma-
na, donde odo es mo imien o, odo ans o mación, e olución odo,
las azas se han c uzado y con undido
y
las pu as pode nos a i ma
que ya no exis en? ¿Y cómo han de exis i después de aquellos ai
yenes de las gen es de O ien e á Occiden e, de Sep en ión á Medio-
día y de Su
á
No e? ¿Dónde es án las azas pu as de la Eu opa
pa a según ellas o ma las nacionalidades después de aquella a a-
lancha de bá ba os que p odujo la más p o unda ans o mación e -
nog á ica? Los Ge manos abandonan sus bosques en los con ines de
las dos p ime as edades pa a domina á los la inos y
con undi se
con ellos
más
a de. Los
Esla os, subyugados
po los Godos,
pueblo
el
más
insigne de odos
los
Ge manos,
y po
los
Hunnos, el p inci-
— 38 —
pi de los
Esci as, o man ya mis i icados
los
pueblos del O ien e eu-
opeo. La aza esci a, á la oz de Magia es, Mogoles
y
Tu cos, an
á si ua se en las coma cas S. E. en conjunción con sus an iguos mo-
ado es. No puede a i ma se que después de an a acción y eacción
haya pueblo alguno que conse e pu a é incólume su aza p imi i -
a; ¿cómo, pues, pedi la nacionalidad e nog á ica? ¿A qué aza pe -
enecen los Españoles? Cel as é Ibe os en los p ime os iempos, Fe-
nicios, G iegos, Ca agineses después, Romanos pos e io men e,.
Sue os, Vándalos, Alanos y Godos más a de, A abes po in , isi-
a on nues o suelo en el decu so de su his o ia, y sin emba go, se
pide la unidad nacional española en nomb e de la e nog a ía. ¿Es
que odos es os pueblos y odas es as gen es an di e sas po su o i-
gen
y
su aza, amalgamados y undidos po el iempo han p oduci-
do una
esul an e,
en nomb e de la cual se pide la nacionalidad?
Pues en onces, ya no es el c i e io pu o de la aza el in o man e de
sis ema an ans o mis a; ya la ob a de la nación uel e
á
queda
acilan e é insegu a como has a aquí, al pone su exis encia con in-
gen e y a iable no en el p incipio na u al de la aza, sino en la a -
i iciosa o mación de las mix as ó compues as; ya las naciones de
hoy deja án de se lo mañana, si po e nog á ica usión an á pe de
su exis encia en el seno de una supe io comunidad.
La doc ina que examinamos, más que cien í ica y uni e sal, pa-
ece habe sido in en ada po p opio y exclusi o in e és del
ge ma-
nismo
y esla ismo.
Se iene conside ando como la
eo ía alemana.
de las nacionalidades, pe o podemos a i ma que iene ambién mu-
cho de
usa.
Luchando la pa ia alemana po o ganiza se uni a ia-
men e bajo el p incipio nacional, sus esc i o es p ime o y sus polí-
icos más a de, acep a on como legí imo y bueno el c i e io de la
aza, sin duda alguna pa a jus i ica las anexiones del Schleswig-
Hols ein, de la Alsacia y la Lo ena, y acaso in en a las de pa e de
la Suiza y de las p o incias alemanas del Aus ia. Mas habiendo en-
con ado la polí ica conquis ado a del Impe io ba e as indiscu ibles,
—según la eo ía que p edicaba,—en la exis encia de azas mix as y
con a ias, abandonó bien p on o el c i e io e nog á ico po el p in-
cipio nacional de cul u a, aunque pa a esuci a le siemp e que sien e-
la i en su pecho el ideal
pan-ge mánico.
La Rusia, ese g an móns uo del día que habi a en Asia y en Eu-
opa, y llega desde el Pací ico al Bál ico, c eyéndose el cen o y
ó -
gano
de los pueblos de su aza, comba e y lucha po el
pansla ismo::
«yo
soy, dice, la aza esla a; los esla os odos me pe enecen», y es a
sola
idea pone en pelig o
y en conmoción cons an e el equilib io.
— 39 —
o ien al y la anquilidad de Eu opa; po que Molda ia, Valaquia,
Se ia, Bosnia, He zego ina, Li uania, Esla onia y Bohemia, como
Polonia, son egiones eminen emen e esla as, po que Silesia, B an-
dembu go, Mecklembu go, Mo a ia
y
Pome ania, ue on, en g an
pa e, pobladas po esla os, y el solo anuncio de las p e ensiones he-
guemónicas del pansla i
i
smo uso sob e los pueblos de su aza, es
como sen encia de mue e sob e ellos lanzada po la in lexible au o -
c acia de los Cza es, al mismo iempo que ca eles de desa ío po el
impe io mosco i a ci culados á las po encias de Eu opa, que no po -
d ían consen i ac ecen amien o igual de coloso an e ible. Y
el
pange manismo
de un lado y de o o el
panslauismo,
ha ían esu-
ci a el
pania inismo,
y p e endiendo cada cual uni á odas las gen-
es de su aza bajo una sola nacionalidad, conclui ía la concepción
e nog á ica po a i ma en Eu opa es g andes g upos nacionales:
ge mano, esla o y la ino, y po no nega la libe ad é independencia
de las gen es y pueblos que den o de ellos exis en, ambién po idén -
icas azones de aza y e nog a ía.
Pe o apa e de odo es o, cuán as gue as aun no había de cos a
al mundo la eo ganización de la Humanidad con o me á al c i e io;
po que quie an ó no quie an, las gen es y los pueblos deben uni se
si p esen an los mismos asgos é nicos, deben sepa a se si mues an
di e encias e nog á icas. Los países esla os ci ados an e io men e
end ían de g ado ó po ue za que ing esa en el seno de la comu-
nidad pansla a, o a bajo el sis ema de con ede ación que algunos
idea on, o a bajo la o ma uni a ia del impe io. En onces la Rusia,
dando eno á sus desmedidas ambiciones, en a ía po ie a p u-
siana pidiendo de oz en g i o el B andembu go, el Mecklembu go,
la Pome ania y Posen; a anca ía al Aus ia, la Bohemia, la Silesia,
la Mo a ia, la Gali zia y la Esla onia; bajando has a el Ad iá ico pon-
d ía á sus pies, los incipien es Es ados Danubianos que an o anhela
y desea; acaba ía en in, po ene en sus manos las lla es del Medi-
e áneo despidiendo al u co á sus p imi i as y iejas i iendas
asiá icas.
En nomb e del c i e io e nog á ico de iende Alemania ambién,
la inco po ación del Schelwig-Hols ein, la ag egación de los Es ados
con ede ados, la anexión de la Alsacia y la Lo ena, pa a así legi ima
el obo de los Dudados del Elba a ancados á Dinama ca en 1863; el
a eba o de la p esidencia Ge mánica al Aus ia que pasa
de la casa
de
los liagsbu gos á la de los Hobenzolle n , simples elec o es de
B andembu go dos siglos an es; la usu pación po in. de las p o-
incias ci adas (77), exigidas á F an ciapo el T a ado de F anc o , des-
— 40 —
pués de
los
sin pa es desas es de Sedán y Me z, y de la ida á Pa ís
de los ic o iosos alemanes á co ona Empe ado á Guille mo de
P usia, en el mismo palacio de Ve salles po Luis XIV, le an ado,
p ecisamen e en aquellos días que se alzaban los l3o bones sob e la
decadencia aus iaca.
En nomb e del c i e io e nog á ico, pedi á Alemania una g an
pa e de Suiza, la Bélgica que ya e u o, la Holanda que poseyó al-
gún día, los países Dinama queses que iene á su cos ado, la Escan-
dina ia oda que e cons an emen e
al
No e; end ía que emanci-
pa sus dominios esla os, sus e i o ios de O ien e, an es que se le
escapa an, cual sus p o incias me idionales, sus posesiones i a-
lianas.
En nomb e del c i e io e nog á ico, los Vascos de España y
F ancia end ían de echo á pedi su nacionalidad, como los B e o-
nes anceses eco da ían á F ancia que las gue as de Vendée pu -
sie on en g an ap ie o á su p ime a República.
En nomb e del c i e io e nog á ico, ainl
y
én I landa, con su cel-
icismo ca ólico, clama op imida con a el ge manismo sajón p o es-
an e pa a esca a cuan o an es su pe dida libe ad, su p eciada
independencia.
En nomb e de igual p incipio, el e i o io de Hung ía acciona-
íase en cien pedazos, po que si bien impe a el Magia ismo, p esen-
a en el ondo una abiga ada mezcla de azas, que Ge manos y
Esla os, que Se ios, Ru enios y Eslo acos, que Bohemios, Ruma -
nos, G iegos, Heb eos y A menios, conclui ían negando el uni a io
concep o de nacionalidad que an al o eclaman.
En nomb e del c i e io e nog á ico, el decaden e y mo ibundo
impe io u co, cansado de subyuga pueblos an di e en es y a asa-
lla azas an opues as, se descompone
y
disg ega sin eposo ni des-
canso, pa a pe de se sus pa es en el seno de sus he manas ó a i -
ma se lib es
y
au ónomas bajo nue as nacionalidades.
En nomb e, en suma, del p incipio de la aza, la Suiza deja ía
de exis i ; los países de Colón e o na ían á Eu opa, y con adicien-
do el hecho de su emancipación y el p incipio de «Amé ica pa a los
Ame icanos,» los Es ados Unidos con Ingla e a, las Repúblicas la-
inas con España, el único impe io del A lán ico con Po ugal, i -
ma ían pe du able y e e na alianza de amilia, y en onces la an de-
can ada concepción e nog á ica, sin log a el supe io ideal de una
pací ica y es able o ganización sociológica, no hab á hecho o a cosa
que
acua ela
las
azas, ab ica
las
naciones
y
c is aliza
la -
711a
idad.
— 41 —
Es pa a muchos la
Nación
un
concep o ilológico (78).
Según él, los
pueblos deben uni se ó sepa a se sin ene en cuen a o o
p incipio
que la
lengua,
ni o o
c i e io
que el
idioma,
po que el habla , a i _
bu o ca ac e ís ico de la pe sonalidad humana, don p ecioso que
comp ueba nues a sociabilidad y medio necesa io á la ez de comu-
nicación del se acianal, es uno de esos ínculos y lazos que con
más o aleza y pe manencia pueden liga á los pueblos, co no uno
de los obs áculos que po más iempo ienen sepa ados á los hom-
b es. Nada más azonable que és os se asocien
y
unan pa a i i
ida común con aquellos con quienes se en ienden po habla la
misma lengua, y que cons i uyan g upo apa e los o os que po ex-
p esa se en muy di e en e idioma, pa ece que la Na u aleza los
.
se-
pa a, y de es e modo Fo mando an as independien es ag upaciones
como lenguas ó idiomas se cuen en, end emos na u al y es able la
dis ibución de la Humanidad en Naciones. A. la mane a que la con-
cepción e nog á ica pide pa a cada aza una Nación, la escuela ilo-
lógica eclama una Nación pa a cada lengua y con encida ide sus
c eencias
y
con e en sus ideales, lucha po que el p incipio o gani-
zado de es as Sociedades humanas sea el idioma, po que los hom-
b es se ag upen y sepa en co no plugo á Dios di idi los y sepa a los
po
lenguas, po que las Naciones se cons i uyan y o men bajo el
único c i e io de la palab a, po que el p incipio lingüís ico en suma,
sea el único ac o del p oblema complejo de las Nacionalidades. Tal
43s
en sín esis la concepción ilológico-nacional, sob e la cual amos
á discu i b e es ins an es.
¡Que los idiomas sean causa de las Naciones! Si p ecisamen e son
el e ec o y esul ado de la ida común de los pueblos. Los homb es,
sin iendo la necesidad impe iosa
y
p ime a de en ende se y comuni-
ca se, se unen an es que po la o ganización Nacional, po la cons i-
ución de un común lenguaje, que ya poseen en los días de los Es-
ados amilia y municipal, cuando aun no se islumb a la idea de
Nación. P ueba de ello enemos en el Impe io Romano que domina-
do del mundo y desconocedo como su época de las exis encias na-
cionales, impuso sin emba go la lengua del Lacio á sus nume osas
p o incias, y el la ín con inuó einando después de la. bajada de los
bá ba os. No es causa
y
sí e ec o de la o ganización social y po
an o de la ase Nacional; po que no ue on el español, ni el ancés,
— 4
9
—
ni
el inglés, ni el i aliano, ni el alemán los p oduc o es de las Nacio -
nalidades española, F ancesa, Inglesa, I aliana y Alemana, sino que
dibujadas es as y ya nacidas de an emano, p ime o espon áneamen e
y
más
a de de una mane a exp esa, impe a i a y o icial se decla an
Nacionales ales lenguas,
y
el bá ba o la ín de los iempos medios,
cede su pues o al elegan e omance.
Po o a pa e
no es
el idioma c i e io cie o y exac o pa a se i
de base y undamen o, como de in y lími e á las Nacionalidades.
Que no puede se undamen o y base, po que el hecho y la idea de
la lengua es sumamen e a iable, nos lo dice la his o ia y la iloso -
ía. La his o ia, a es iguando con la e olución cons an e del p oceso
lingüís ico, en un p incipio emb iona io, después pe eccionado y
gene alizado al in, demues a cuán a iables y mo edizas habían de
se las nacionalidades ilológicas, que al su i las mismas oscilacio-
nes que sus cimien os, i i ían en con inua ans o mación y mu-
danza
y
las que aye lo e an, deja ían de se lo hoy y desapa ece ían
mañana, an sólo po que la azón sup ema del habla, así lo ecla-
mase y pidiese. La iloso ía, conside ando á la lengua como una de
esas ideas de di ícil dema cación en su esencia y ca ac e es, y de
peo dis ibución en su genealogía, no acie a á da nos cla o y deli-
neado el o ganismo ilológico, ni á dis ingui acionalmen e el idio-
ma del dialec o, ¿po que qué azón exis e pa a cali ica con es e
nomb e á al e olución lingüís ica y signi ica con aquél la o a ma-
ni es ación ilológica? Que los dialec os son ami icaciones de los idio-
mas,
ambién és os son ami icaciones de o as lenguas gene ales y
comunes. Una de dos, ó hay que admi i sólo las lenguas ma ices,
la p ime a dis ibución de ellas, ya que no la lengua única y p imi i-
a, pa a cali ica de dialec os á odas sus de i aciones, ó de conside-
a idiomas á más ami icaciones que las del p ime g ado, no hay
azón pa a nega la conside ación de ales á odas las es an es has a
las úl imas de la escala ilológica. Si es lo p ime o, si sólo son len-
guas las ma ices, y si cada lengua eclama una Nación, pocas y
g andes nacionalidades cabe admi i en el seno de la Humanidad. Si
es lo segundo, si cada sello di e encial del lenguaje es un pequeño, pe o
sus an i o idioma y si cada idioma demanda una Nación, p eciso es
econoce el de echo á a i ma su nacionalidad, á odas las ag upa-
ciones po diminu as que és as sean, siemp e que engan lengua pe-
culia y ca ac e ís ica, y en onces muchas, muchísimas end emos
que con a en la ie a. Den o de nues a misma pa ia se sepa a ían
Ca aluña y A agón, las p o incias Vascas y Galicia, Cas illa y o as
coma cas, p o es ando ene de echo indiscu ible á
se naciones,
— 43 —
po que la lengua de las unas dis a mucho del habla de
las o as; la
Hung ía se acciona ía en mil pedazos; el e i o io Suizo en es;
end ía la Bélgica
en
pa e á se eminen emen e ancesa; los Es a-
dos Unidos á pode de Ingla e a; el B asil á Po ugal; la mayo
pa e de la Amé ica á España, sólo po que el idioma así lo pide, y la
Humanidad asende eada su i ía cons an e y e e na pe u bación.
Y has a al c i e io ilológico ha ía incie os y oscu os los lími es
y
con ines nacionales, po que señala ma emá icamen e las on e as
lingüís icas, es un imposible. ¿Cómo aza la di iso ia de dos pue-
blos, si en las coma cas limí o es se hablan y poseen los idiomas
ecinos? ¿Cómo sepa a á España de F ancia, si en la egión pi e-
naica•andan con undidos y usados ancés y español, hablándose
aquél en nues o suelo y en endiéndose és e allende los mon es?
¿Cómo p ecisa la exac a sepa ación de I alia y Aus ia, de Rusia y
Tu quía, de Alemania y Holanda, si la lengua es la que ha de hace
al homb e y al suelo naoional y ex anje o? Y aun dando po su-
pues o que es e lími e pudie a de e mina se con p ecisión, ¿no es
un con asen ido que pueblos limí o es de dis in o, pe o muy seme-
jan e idioma, se sepa en en nomb e de la lengua, y en cambio se
jun en o os que poseen dialec os en e amen e opues os y con a-
ios? ¿Quién duda que hay meno dis ancia lingüís ica en e un
F ancés y un Español del Pi ineo que en e un Vasco y un Gallego?
Y, sin emba go, aquellos pe enecen á dis in a nacionalidad, son en-
e sí ex anje os, aun po el habla; es os in eg an un sólo pueblo,
son en e sí nacionales, aun po la lengua. Véase, pues, cuán de i-
cien e é insegu a se p esen a la eo ía lingüís ico-nacional, que iene
además en su con a el pa icula ismo de alguna pa ia que se ap e-
su ó á in en a la pa a sa is ace y cohones a sus peculia es in e e-
ses, sus planes de eng andecimien o. Alemania es la cuna de la ilo-
lógica Nación, pues aunque o os pueblos hayan acep ado muy á
gus o es a doc ina, ue on an es los ge manos quienes ele a on la
lengua á p incipio o ganizado de aquellas ag upaciones sociales.
Como dice un publicis a, «po la iden idad de idioma de inen los ale-
manes los lími es de su pa ia en uno de sus mode nos can os, y si-
guen hoy mismo can ando que oda la ie a que habla alemán es
nación alemana.» Con es e nue o c i e io eclaman de Suiza odo su
ex emo o ien al; el F iul, la Co in ia, la Ca niola y la Es i ia; el
Salzbu go, la Mo a ia
y
Aus ia po
en e o;
y de Silesia, del Ti ol,
de T ies e y de la Rusia no pequeña pa e, sólo po que hablando sus
mo ado es el idioma alemán, ellos y sus e i o ios
alemanes deben'
se . La I alia ambién en nomb e de su a moniosa lengua pide como
— 14 —
suyo algo del Ti ol , la cos a de la Dalmacia, la Suiza en sus inme-
diaciones, y F ancia lle ándose el es o de la hel é ica epública con-
ibui ía á des ui la ob a de Guille mo Toll, bo ando del mapa
es e pueblo cual hace un siglo sucedió á Polonia.
Como Suiza, Bélgica pe de ía su au onomía pa a o ma una p o-
incia de la nacionalidad ancesa, y los países odos del Nue o
Mundo, econociendo en el español, po ugués é inglés los idiomas
de sus habi an es, end ían á coloca se bajo nue a pe pe ua u ela
po azones ilológicas pedida. La Polonia, y la Bohemia y Hung ía
y an os o os e i o ios, en nomb e de igual p incipio , eclama ían
muy'p on o su independencia y su ida, aunque pa a disg ega se
ambién en acciones diminu as, en insigni ican es pa es, y ya en
es e camino end íamos que descompone p ime o, pa a econs i ui
después la Humanidad en e a; hab ía que disg ega las ac uales na-
ciones pa a luego cons i ui las den o de ella, y la lengua, único mo-
o causan e de amaña ans o mación, sepa a ía y ace ca ía o zo-
sa y mecánicamen e á las gen es y á los pueblos, p escindiendo de la
olun ad y
libe ad
de los mismos, único c i e io acional, segu o y
legí imo pa a la sólida y es able
o ganización
de los
Es ados
y pa a
la de ini i a
Cons i ución
de la o al
Sociedad Humana.
VI
Rés anos an sólo discu i b e es momen os sob e el
concep o
a mónico
de
las
Nacionalidades,
b illan emen e sus en ado y de en-
dido po esa pléyade de esc i o es i alianos, que esuci ando en nues-
os días los glo iosos ecue dos de Gio ani Lignano (79), Nicolás
Maquia elo (80), Pie ino Bello de Alba (81), Albe icus Gen ilis (82) y
an os o os p ecu so es de Hugo de G o ius (83), han sabido enlaza
la adición cien í ica con el p og eso g andioso del De echo de Gen-
es ac ual, median e la
escuela i aliana de las Nacionalidades,
que
an a in luencia iene causando en las egiones abs ac as de la jus-
icia, como en la ida conc e a de su país y en el ealismo odo de
los acon ecimien os in e nacionales.
Uno de es os nomb es ilus es;e1 dis inguido y doc o Mancini (84),
o mula el p ime o bajo apa a o cien í ico el p incipio de la nue a
escuela: y en el lib o, y en la cá ed a como en la polí ica, y en el
campo diplomá ico, p edica con en usiasmo el c edo de las naciona-
lidades, sin duda pa a o ganiza mejo y más es able la Humanidad
en e a; pe o ambién pa a esca a cuan o an es la libe ad i aliana,
— 1:
)
la uni icación de la península Apenina. Y con Mancini, Mamiani, y
con Mamiani , Casano a, y Sandona, y Palma, y Pie an oni , y Pa-
delle i, y Gio e i, y D usa y an os o os (85) en I alia; y Lau en en
Bélgica; y Blun schli, y Wagne y Wecke en Alemania; y Dubley-
Field y Liebe en Amé ica, de ienden con las a mas de la ciencia los
ue os de la nacionalidad a mónica.
Es ella, al en ende de Maacini (86), un en e o mado po dos ó de-
nes de ac o es,
na u ales
unos como el e i o io, la aza, la lengua,
his ó icos
o os como las adiciones, los usos y la cul u a, los cua-
les independien emen e de ]a olun ad humana p oducen semejan e
o ganismo, y conside ando como
Ley p o idencial
y
di ina
la que
c ea y conse a las nacionalidades , iene á a i ma que ellas son el
undamen o
y el
in
del De echo de Gen es, y po consiguien e
las
pe sonas
y
suje os
de es a. elación ju ídica, al mismo iempo que
el
ideal sublime
de la
o ganización.
humana.
También
Mamiani exp esa (87) que la. nación en sen ido la o ale
an o como eunión ó sociedad de homb es que la
misma na u aleza
ha o mado con sus manos y cons i uído median e la mezcla de la san-
g e y la singula idad peculia de las condiciones in e nas y ex ínse-
cas, de al modo que es a sociedad se dis ingue de las demás po o-
dos los ca ac e es esenciales que pueden di e encia las gen es en e
sí, como la especie, la lengua, la eligión, la índole, el e i o io, la
adición, las a es y las cos umb es.
El mismo Casano a (88) discu iendo sob e la paz uni e sal, a i -
ma que és a debe unda se en la a e nidad p edicada po C is o;
pe o que al a e nidad no exis e, ni pod á espe a se mien as las.
naciones sean a adas como lo han sido muchas has a e! p esen
- e,
mien as azas en e as sean ejadas y op imidas po o as. Ag u-
pa , pues, las Nacionalidades, econs ui el mundo po azas ó len-
guas como plugo á Dios di idi le; pa a se an e las ba e as de los.
mon es, ma es
y
íos con que azó es a di isión, en ez de cons i-
ui en e los pueblos ínculos a i iciales y caducos; a a de con-
solida las es ablecidas po la P o idencia; da libe ad á las Nacio-
nes den o y ue a, en la Cons i ución del Es ado y en sus elaciones
ex e io es; al es la emp esa á que deben consag a se los g andes
es adis as, si quie en que la asende eada Humanidad espi e alguna
ez, si quie en que se diga de ellos lo que se dijo de New on «se en-
con ó con el pensamien o del C eado .»
Y Lau en , el ecundo esc i o belga , que an o ha en iquecido
la
li e a u a ju ídico- in e nacional con sus no ables y oluminosas
ob as (89), llegó po úl imo á deci que las nacionalidades no pe e-
— 52 —
(11)
Sa igny
-
es el após ol de
la
his ó ica.—Thibau de la ilosó ica.—
K ause de la a mónica.
(12)
De ju e belli ac pacis.—Ma e libe um.
(13)
Ma e clausum.
(14)
De i e.
(15)
De ju e na u a el gen ium.—De o iciis hominis e ci is.
(16)
O os muchos esc i o es igu an en el siglo XVII: El Doc o Zouch,
Ju is e judicii
eciaiis.—Raehel, De Ju e na u ce e gen ium.—Ku-
icke, Ju e ma i imum ansea icum.—Zen g o , De o igine, e i ale
e obliga ione ju is
-
gen ium,;
y en el
De echo in e nacional p i ado
des acan los dos Voe ,
De S a u is.—Hübe , De con lic o legum.—He -
ilas,
De collisione
/eguni.—Bu gundins.—Rodembou g.—Hen y.—B e o-
nie .—Conceji.—Me ius.—Masca cli.—Ti ius, e c.
(17)
J'as gen ium.
(18)
De echo de Gen es.
(19)
De dominio ma is.—De o o lega o um.--De ebus bellicis,
li-
b o I de sus
Cues iones de De echo público.
(20)
Esp i des
/o/s.—Cap. 3.°, lib o I.
(21)
P oje de paix pe pé uelle.
(22)
Ex ai du p oje de paix pe pé uelle.
(23)
O os muchos publicis as además de los ci ados lo ecen en el si-
glo XVIII: como Ru he o h.—Ba bei ac.—Real.—Heinecio.—Mably.—
Valin.—Poi ie s,---Los dos Mosse .—Dumon .—Eme igon.—Lamp edi.—
Galiani; y en el
De echo
in e naciona/p i ado:.Bouhie .—Boullenois
y
F oland, muy no ables en ma e ia
es a u a ia.
(24)
La bibliog a ía ju ídico-in e nacional con empo ánea en iquece de
al mane a, que además de los esc i o es ci ados igu an en I alia: Ma-
mia n.—Pa aldo,—Ca nazza.—Ama i —Espe son.—Rossi.—Romagnosi.—
Casano a.—Sandona.—Fio e.—Palma.—Padelle i. — Luchesi- Palli.— F io -
i ni .—Vida i. —De Gioannis; y singula men e en el
De echo in e nacio-
nal p i ado,
Roco.—B ussa. —Buscemí.—Lomonaco y Sa edo;—en Ale-
man a: Klübe .—Ma ens.—Ga den.—Hol zendo , y en el
p i ado,
Sa-
igny.—Scha ne .—Wach e y Ba ;—en F ancia: P adie -Fode é.—Cau-
chy.—Cussy.—O olán,
y
en el
p i ado,
Foelix.—Demangea .—Massé.—
Chassa .--Du an y Ba de; —en Ingla e a: C easy.—Wildmam.—Man-
ning.—Polson.—Lo ime , y en el
p i ado,
Bu ge,.—Wes lake;--en los
Es ados Unidos: Liebe . —Ken .—Voolsey.—Halleck. —Da ís,
y
en el
p i-
ado,
Wha on.
7
-S o y; —en el B asil: Pi nen a Bueno; — en Po ugal:
Pinhei o Fe ei a.—López Guima aes Ped osa y Fe nández Falcao;--cn
Suiza: B oche ;—y en Holanda, Asse .
(25)
Di i o in e nazionale: P elusioni.—Della nazionali á.
(26)
De echo in e nacional público de Eu opa.
(27)
D oi in e nacional codi ié.
(28)
Manual de De echo de Gen es de Eu opa.
(29)
Teo ía, p ác ica y codi icación
del De echo de Gen es.
•
—
53 —
(30)
De echo de Gen es de paz y de gue a.
(31)
De echo de los belige an es.
(32)
His o ia de la Humanidad
(los es p ime os omos se i ulan
His o ia del De echo de Gen es).—De echo ci il in e nacional.
(33)
P écis du d oi des gens.
(34)
T ai é des g ises
ma i imes.
(35)
Les d oi des neu es su me .
(36)
D oi s e de oi s des na ions neu es en emps de gue e ma i-
ime.
(37)
In e na ional Law.
(38)
The lace o na ions conside ed as independen poli ieal
com -
muni ie.
(39)
Elemen s du d oi in e na ional.—His oi e du d oi des gens.
(40)
Ensayo de un Código in e nacional.
(41)
Código de los ex anje os.
(42)
P incipios de De echo de Gen es.
(43)
Elemen os de De echo in e nacional
(44)
Le
d oil in e na ional heo igue e p ac ique.—Manual de D oi
in e na ional public e p ioé.—Die ionai e du D oi in e na ional.
(45)
Cong esos de los Pi ineos de 1659.—Aquisg án de 1663.—Nimega
1679.—Ryswick de 1697.—Aix -la-Chapelle de 1748.—Teschen de 1779.
—Pa ís de 1783.—Ras ad de 1797,—Amiens de 1802 —E u de 1808.—
P aga de 1813.—Aquisg án de 1818.—Ca lsbad de 1819.—T oppau de
1820.—Leybach de 1821.—Ve ona de 1822.—Panamá de 1826;—y Lima
de 1847.
(46)
Augus o Con e.—S ua Mill.—Li é.—Buckle.—Bugeho .
—
Es
pi
-nas.—Scháe le.—He be Spence , e c.
(47)
Discu so la ecepción de D. Alejand o Pidal y Mon en la Academia
de Ciencias Mo ales y Polí icas.
(48)
Yhe ing,
La, lucha po el De echo.
(49)
Comp obado queda es o en el de enido es udio his ó ico de la lucha
po las Nacionalidades.
(50)
La
Nacionalidad como undamen o del De echo de gen es.
(51)
Fus el de Coulanges,
La ciudad an igua.
(52)
Gens,
gen is, gen ilis, genes, g la ie e. geni o ,
iliación, amilia.
(53)
F a ia,
cí culo compues o de a ias amilias que enían una mis-
ma eligión, un mismo de echo y una o ganización común.
(54)
Cu ia
omana, e a lo que en G ecia la
a ia.
(55)
T ibu,
ag upación na u al de muchas cu ias ó a ias.
(56)
Ci i as,
en idad que aba caba muchas ibus.
(57)
Año 587.
(58)
Año 500.
(59) Año 597.
(60) Año 590.
(61)
Los dos hechos é ideas de
pe sonalidad y ealidad
die on naci nien-
— 54 —
o en la es e a del De echo in e nacional p i ado á la
Doc ina de los Es-
a u os,
o a pe sonales, o a eales
ó
e i o iales, que impe ó has a es os
iempos en
que la mode na y más acional Escuela de las Nacionalidades
p oclama
la
alidez ex a e i o ial de las legislaciones, ín e in no que-
b an en el o den público y los gene ales in e eses del Es ado ex an-
je o.
(62)
P1 y Ma gall,
Las Nacionalidades.
(63)
Glads one.
(64)
Mommsen,
His o ia
de
Roma.
(65)
Li e a u a ace ca del es udio sob e las Nacionalidades: Mancini.
Della nazionali á come ondamen o del di i o in e nazionale.—Linea-
men i del ecchio é del
111,1000
di i o Melle gen i.—La ci a dei popoli nell
umani á.—Mamiani,
Del p incipio di nazionali á, apéndice á su
Nuo o
di i o
Eu opeo.—Palma,
Del p incipio de nazionali á.—Celli, Del p in-
cipio di
nazionali á.—Deloche,
Du p incipe de na ionali é.—Richa d,
Eludes su les na ionali és.—Popo ., Da mo e de l'idee de na ion.—
Lau en ,
Les na ionali és ,
olumen X de
His oi e
de
Manumi e;
Pi y
Ma gall,
La Nacionalidades.—Cáno as
del Cas illo,
Discu so sob e la
Nación, leído en la ape u a del A eneo.---Tanibién Casano a,—Giobe i.
—B usa.—Cu a i.—Blun schli.—Mill.—De Pa ieu.—Bouche .—Jozón.—
Liebe y o os más se ocupan de es e asun o den o de sus ob as gene-
ales.
(66)
La Poli ique in e na ionale
aplica á es a. ciencia el c i e io posi i-
is a.
(67)
Pad e del posi i ismo mode no.
(68)
S uclu e e ie du co ps social.
(69)
Les socié és animales.
(70)
P incipies
olSociology.
(71)
Vol ai e es el ep esen an e de la escuela escép ica, cuyo c edo es
la negación de las leyes his ó icas.
(72)
La escuela a alis a se p esen a bajo Vico y Veke como a alismo
de las leyes, y bajo Thie s como a alismo de los hechos.
(73)
P incipio na u alis a.
(74)
El ecundo p incipio de la
ex a e i o ialidad,
p oclama la ali-
dez de las legislaciones de unos países en o os cuando de ciudadanos p o-
pios se a a.
(75)
Comp éndese bajo es a exp esión el
c i e io
de la
aza
co no único
in o man e de las
Naciones.
(76)
Es udio sob e las azas.
(77)
Alsacia y Lo ena.
(78)
C i e io según el cual es la
lengua
ó el
idioma
el p incipio causan-
e de las
Nacionalidades.
(79)
P ime esc i o i aliano conocido y P o eso de Bolonia que en el
siglo XIV publicó los dos a ados
De bello y De ep wsaliis.
(80)
De legazioni y A e de la Gue a.
—
55 —
(81)
De
e mili a i e de bello.
(82)
De ad ocacione Hispanice; De lega ionibus, —De ju e belli.
(83)
La p ími i a escuela i aliana in e nacional es, cual la española, p e
cn so a de la iniciada po el llamado pad e de la ciencia.
(84)
Ve dade o je e de la mode na escuela i aliana de las Nacionali-
dades.
(85)
Casi la o alidad de los esc i o es de I alia comulgan en es a es-
cuela.
(8(6)
La Nacionalidad co no undamen o del De echo de gen es.
(87)
Apéndice al Nuo o
D
7
i o eu opeo; Del p incipio di naziona-
li á.
(88)
Lezioni di ini o in e nazionale.
(89)
His o ia de la Humanidad,
olumen de
Las Nacionalidades.
(90)
Es a dis inción es más o icial que cien í ica, po que odo De echo
in e nacional es po su misma índole público, po e e i se á las elacio-
nes ex e nas de los Es ados.
(91)
Como quie a que nues a ciencia es udia el aspec o in e nacional
de odo el De echo, comp ende á den o de si las amas ju ídicas odas y
hab á un De echo in e nacional ci il, o o me can il, o o penal, o o
polí ico y o o p ocesal.
(92)
Flo e.
(93)
La Nacionalidad de cul u a no cons i uye á nues o en ende una
e dade a eo ía, y sí an
sólo
un concep o abs ac o de aquel en e que ne-
cesi a se de e minado po o o c i e io, como la aza, la lengua, la his o-
ia
ó
la ie a, pues no siendo posible hace g upos ma emá icos de cul u-
a,
no pod án cons i ui se ni limi a se las Naciones po i ud de ese p in-
cipio.
Po eso no a amos bajo dicho aspec o al c i e io impe an e en
Alemania, ni al
mo al
p opio de Suiza, ni
ampoco el eligioso,
ni po in
el ame icano, que al hace lo adica en la
unidad de gobie no lib e y au-
ónomo,
o ma más bien un Es ado que un en e nacional.
(94)
Plan seguido en es e abajo:
In oducción.
Lucha his ó ica po las Nacionalidades.
Lucha ilosó ica po las Nacionalidades.
Lucha na u alis a po las Nacionalidades.
Lucha e nog á ica po las Nacionalidades.
Lucha ilológica po las Nacionalidades.
Lucha a mónica
po las Nacionalidades.
Conclusión.
Y