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Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática

Martín Martín, Juan Manuel; Domínguez Macías, Leopoldo

Abstract

La decisión de Angela Merkel de abrir sin reservas las fronteras de su país en 2015 a cientos de miles de refugiados representa uno de los acontecimientos más relevantes de la historia de Alemania en el siglo xxi. Tanto la determinación de la canciller como la actitud manifestada por la mayoría de los ciudadanos han de ser interpretadas en el contexto de una historia caracterizada tanto por el sufrimiento infligido por Alemania como por el sufrimiento propio derivado de los conflictos bélicos en los que se vieron inmersos. A este respecto, el humanitarismo alemán posterior a 1990 se debe en parte a una deuda con el pasado: bien como restitución del daño causado, bien como recordatorio del dolor sufrido. Ámbitos tan diversos como el discurso político o la literatura contribuyeron durante décadas a conformar una memoria cultural que prestaba especial atención al traumático siglo xx y a las responsabilidades nacionales que aún no habían prescrito.

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131 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Recibido: 30/07/2021 | Revisado: 03/03/2022 | Aceptado: 20/03/2022 DOI: 10.17230/co-herencia.19.36.5 Juan Manuel Martín Martín* [email protected] Leopoldo Domínguez Macías** [email protected] * Universidad de Salamanca, España. orcid: 0000-0002- 9882-0343 ** Universidad de Sevilla, España. orcid: 0000-0002- 7457-8070 Resumen La decisión de Angela Merkel de abrir sin reservas las fronteras de su país en 2015 a cientos de miles de refugiados representa uno de los acontecimientos más relevantes de la historia de Alemania en el siglo xxi. Tanto la determinación de la canciller como la actitud manifestada por la mayoría de los ciudadanos han de ser interpretadas en el contexto de una historia caracterizada tanto por el sufrimiento infligido por Alemania como por el sufrimiento propio derivado de los conflictos bélicos en los que se vieron inmersos. A este respecto, el humanitarismo alemán posterior a 1990 se debe en parte a una deuda con el pasado: bien como restitución del daño causado, bien como recordatorio del dolor sufrido. Ámbitos tan diversos como el discurso político o la literatura contribuyeron durante décadas a conformar una memoria cultural que prestaba especial atención al traumático siglo xx y a las responsabilidades nacionales que aún no habían prescrito. Palabras clave: Alemania, crisis de refugiados, humanitarismo, memoria cultural, traumas del pasado. Humanitarianism as debt: Germany and its Traumatic Memory Abstract Angela Merkel’s decision to unreservedly open her country’s borders in 2015 to hundreds of thousands of refugees represents one of the most significant events in the history of Germany in the 20th century. Both the Chancellor’s determination and the attitude expressed by the majority of the citizens must be interpreted in the context of a history characterized both by the suffering inflicted by Germans and by their own suffering as a result of the war conflicts in which they were Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 132 Memoria del sufrimiento y compromiso humanitario Desde su constitución en 1949, la República Federal de Alemania (rfa) -primero como Estado occidental de una Alemania dividida y luego como país reunificadoha visto su existencia determinada por los complicados tiempos que la precedieron.1 El recuerdo del Tercer Reich se ha proyectado como una sombra influyente sobre los más diversos ámbitos de la sociedad. En muchos casos, sus implicaciones se han visto intensificadas por la constante vigilancia de la comunidad internacional, que no ha renunciado hasta el momento al papel supervisor asumido tras la derrota del nacionalsocialismo. Luego del final de la Guerra Fría2 y con el establecimiento de un nuevo orden mundial, Alemania ha asumido un papel diferente, una vez que ha dejado de existir la simbólica división que ponía constantemente de manifiesto las consecuencias de la cada vez más lejana Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, incluso en el contexto posterior a 1 La República Democrática Alemana (rda) tiene una relación muy diferente con el pasado a la de la República Federal, puesto que desde sus inicios se crea como un Estado antifascista y renuncia a cualquier responsabilidad que pudiera atarla con el periodo del Tercer Reich. Esta cuestión, unida a su posición dentro del ámbito de influencia de la Unión Soviética, serán determinantes en su particular manera de relacionarse con los acontecimientos en los que sus ciudadanos se habían visto inmersos hasta 1945. 2 La reunificación de Alemania solo es comprensible en un nuevo contexto geopolítico derivado del desmoronamiento del bloque soviético. El fin de las tensiones Este- Oeste posibilita en Europa -y esto es sobre todo patente en el país germano- un entorno despolitizado que abre la puerta a nuevos discursos que habían estado siempre condicionados por la batalla política, económica y cultural que se había librado. El nuevo Estado alemán necesita tras 1990 construir una memoria cultural que dé cabida a las dos comunidades que se habían encontrado separadas durante cuatro décadas. involved. In this respect, German humanitarianism after 1990 owes, in part, a debt to the past: either as restitution for the harm done or as a reminder of the pain suffered. For decades, fields as diverse as political discourse and literature contributed to shaping a cultural memory that focused on 20th century trauma and on national responsibilities that had not yet been fulfilled. Keywords: Germany, refugee crisis, humanitarianism, cultural memory, past traumas. 133 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) 1990, cualquier debate público alemán, desencadenado por un programa político, una novela o una exposición -por mencionar algunos ejemplos-, se convierte de inmediato en tema de interés fuera de sus fronteras.3 El país se siente obligado ante sí mismo, pero también ante los otros, y esto es consecuencia de los deberes morales contraídos a lo largo del siglo xx. Dicha circunstancia se pone de manifiesto también en el ámbito del humanitarismo, puesto que en él se reflejan la vinculación entre lo nacional y lo internacional, las obligaciones presentes y las deudas pasadas, así como la necesidad de recordar y las actuaciones que se derivan de la memoria. Este artículo trata de desentrañar el vínculo que une determinados aspectos de la historia contemporánea alemana con su posición ante acontecimientos que se van sucediendo en las décadas posteriores y que permiten explicar en parte por qué los sucesivos gobiernos adoptan determinadas decisiones de índole humanitaria. La intervención del ejército alemán en el conflicto de Kosovo, la acogida de judíos soviéticos en los años noventa y, más recientemente, la trascendente decisión de abrir las fronteras a cientos de miles de refugiados en el verano de 2015, son ejemplos del enorme peso que tiene la conciencia del pasado. El trauma de lo vivido, como víctima y como victimario, no explica por sí solo el comportamiento de Alemania, pero sí es un elemento que ayuda a comprender la respuesta del país ante nuevos contextos y problemas. En primer lugar, se propone un breve recorrido por aspectos centrales de la memoria cultural alemana. Por un lado, tanto la 3 Sería muy prolijo hacer aquí un recorrido por las polémicas acaecidas a lo largo de varias décadas fuera de Alemania, no obstante, citaremos dos ejemplos un tanto recientes que dan cuenta de la expectación que despierta fuera de sus fronteras el discurso alemán sobre el pasado. En primer lugar, la controvertida recepción de la novela El lector (1995) de Bernhard Schlink -sobre todo en el ámbito anglosajóndebido a que se atribuye al autor la pretensión de hacer una revisión de la culpabilidad alemana en el Holocausto, fundamentalmente a través de la figura de Hannah Schmitz. Más reciente es el debate en torno a la serie Hijos del Tercer Reich (2013) -su título original es Unsere Mütter, unsere Väter (Nuestras madres, nuestros padres), y en inglés se denominó Generation War-. En este caso, parte de la crítica internacional consideró que el retrato generacional que perseguía el film constituía un intento de atenuar la responsabilidad propia y en él se echaba en falta una adecuada contextualización. La serie experimentó un particular rechazo en Polonia debido a que tematizaba la cuestión del antisemitismo entre el movimiento de resistencia a los nazis en este país. Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 134 destrucción causada por los bombardeos aéreos como las vicisitudes de los millones de refugiados alemanes (experiencia de sufrimiento) y, por otro lado, el genocidio de los judíos europeos (experiencia de culpabilidad) son elementos sobre los que gravita el relato memorialístico colectivo desde 1945. Estos se han plasmado en discursos políticos, en debates públicos y, como no podía ser de otro modo, también en la literatura. El traumático pasado parecía dejar solo dos alternativas: bien la asunción de la culpa y la consiguiente aceptación de las consecuencias vinculadas a ella, bien la elusión de la memoria y de las responsabilidades derivadas del pasado. Esta disyuntiva se les plantea no solo a los individuos, sino a los alemanes como colectivo, o sea, a estos como miembros de una sociedad. La actitud de eludir cualquier compromiso como uno de los dos Estados sucesores de la Alemania que había existido entre 1933 y 1945 sería la postura asumida por la República Democrática Alemana a lo largo de su corta existencia, y solo se vio matizada en sus últimos meses, cuando el Gobierno aprobó una medida para acoger a judíos soviéticos, reconociendo así que el Estado construido sobre la metáfora del antifascismo no había surgido de la nada, y que su génesis remitía también al pasado nazi. En este contexto, el humanitarismo promovido por Alemania cumplirá una función primordial para el posicionamiento internacional del país; fundamentalmente en el nuevo escenario que surge tras la caída del Muro. En segundo lugar, se presta atención a la literatura como un instrumento que contribuye a la consolidación de la conciencia sobre lo vivido durante el periodo nacionalsocialista. Esto se tematiza sobre todo a través de la figura de Günter Grass, ya que él mismo fue refugiado en la Alemania de la posguerra al tener que abandonar su tierra natal de Dánzig; una cuestión que se plasma de manera incesante en sus escritos tanto ficcionales como ensayísticos. Más allá de su experiencia personal como víctima del conflicto bélico, Grass representó siempre una mirada muy crítica hacia las posiciones que pretendían silenciar -o subestimarla culpabilidad de Alemania, y fue durante toda su vida una figura de referencia en la sociedad. El ámbito cultural contribuyó sin duda a configurar un marco que resultaría esencial para la toma de determinadas decisiones humanitarias; esto 135 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) pone de relieve cómo el significado y las prácticas del humanitarismo se van transformando a lo largo de los años (Barnett & Weiss, 2011, p. 105) en función del contexto.4 Este aspecto es evidente también tras 1990, debido a los profundos cambios que experimentó el mundo y que afectaron a las esferas más diversas. Por último, se aborda la crisis de refugiados de 2015, con el fin de demostrar que la memoria cultural de los alemanes influyó en el comportamiento tanto de los gobernantes como de buena parte de los ciudadanos que salieron a la calle a colaborar y se involucraron en la ayuda a los cientos de miles de personas que llegaban desesperadas y exhaustas. Su actitud era reflejo de la denominada Willkommenskultur (cultura de bienvenida), y complementaba la positiva posición ante los inmigrantes de la que hicieron gala personalidades públicas, empresas y todo tipo de instituciones. Esto contrastaría con movimientos xenófobos y racistas que encontraron un óptimo caldo de cultivo en la masiva llegada de refugiados. La pervivencia del pasado en la memoria cultural alemana Discursos políticos y referencias al pasado La primera alocución del canciller Konrad Adenauer, que tuvo lugar el 20 de septiembre de 1949 en el Parlamento de Bonn, puede ser interpretada como piedra fundacional de la relevancia que los acontecimientos recientes iban a tener en el discurso político de la República Federal de Alemania. No obstante, pasados los años más duros de la posguerra, sería sobre todo en actos conmemorativos donde las autoridades institucionales del país aprovecharían para volver una y otra vez sobre la memoria de los tiempos aciagos y, cada uno a su modo, sobre las implicaciones de estos en el presente. Adenauer expresaba en septiembre de 1949 la idea de que “lo pasado, pasado 4 Sobre la evolución de los principios del humanitarismo, véase: Gordon y Donini (2016). Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 136 está”,5 sin embargo, esto quedaba matizado por su determinación de “sacar del pasado las enseñanzas necesarias”, y defender al país de los peligros que provinieran tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda. Mucho más prolijo fue Adenauer con relación a los padecimientos de su pueblo, representados en el discurso fundamentalmente por los numerosos prisioneros de guerra alemanes que seguían cautivos más de cuatro años después del fin de la guerra, así como por los refugiados. Adenauer se centró ante todo en la injusticia derivada del cambio de fronteras, e hizo culpable de ello a la Unión Soviética, ya que estaba seguro de que tanto británicos como norteamericanos no aprobaban las imposiciones de Stalin. Décadas después, en uno de los discursos políticos conmemorativos más trascendentales de la rfa, pronunciado en 1985 con motivo del cuadragésimo aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, el entonces presidente Federal (Bundespräsident) Richard von Weizsäcker hacía una reflexión sobre el significado de la fecha que representaba el final del conflicto bélico. Su discurso, que aglutinó en torno a sí un consenso generalizado poco habitual en Alemania, resignificaba el 8 de mayo de 1945 como Día de la Liberación (y no de la derrota). Sus palabras dejaban entrever las dudas que asaltaban a Alemania en las postrimerías de la guerra: “La mirada hacia el pasado se hundía en un abismo oscuro y la que se orientaba al futuro se dirigía a la incertidumbre” (Von Weizsäcker, 1985, i, párr. 7).6 En todo caso, el tiempo habría dejado paulatinamente algo claro: “El 8 de mayo nos liberó a todos de la tiranía nacionalsocialista, un sistema que despreciaba la dignidad humana” (1985, i, párr. 8). En este discurso, que iba a constituir un giro en la relación institucional con el pasado reciente, el presidente recordaba a “todos los muertos de la guerra y de la dictadura” (ii, párr. 2).7 A continuación, Weizsäcker 5 El discurso completo está disponible en diversas páginas web institucionales. En este caso se ha consultado la de la Fundación Konrad Adenauer: https://bit.ly/3jnrTRF. La traducción de las citas de los textos en alemán e inglés son responsabilidad nuestra. 6 “Der Blick ging zurück in einen dunklen Abgrund der Vergangenheit und nach vorn in eine ungewisse dunkle Zukunft” (Von Weizsäcker, 1985, i, párr. 7). El texto completo de la alocución es fácilmente accesible en la web. En este caso se ha recurrido al portal oficial de la Presidencia de Alemania: https://bit.ly/35XmEoG. 7 “Der 8. Mai war ein Tag der Befreiung. Er hat uns alle befreit von dem menschenverachtenden System der nationalsozialistischen Gewaltherrschaft [...] Wir gedenken heute in Trauer aller 137 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) precisaba este deseo genérico y desmenuzaba un listado que incluía tanto a las víctimas de los alemanes cuanto a las víctimas alemanas. Entre las palabras de Adenauer y las de Weizsäcker transcurrirían treinta años, un período idéntico al que separa 1985 de 2015, cuando Angela Merkel daba un golpe en la mesa, atreviéndose a desafiar el marco normativo para abrir las fronteras de su país. En ese lapso había finalizado la Guerra Fría y con ella la división del Estado alemán; asimismo, la memoria cultural alemana había incorporado poco a poco los dos discursos que se habían venido gestando desde 1945 y que habían sido prevalentes alternativamente en función del contexto social y político imperante en Alemania:8 el discurso de la culpa (Täterdiskurs) y el del sufrimiento propio o discurso victimista (Opferdiskurs). Si la inmediata posguerra había sido el momento de hablar sobre todo de los propios padecimientos, con los años sesenta la generación de los hijos de los que vivieron el nacionalsocialismo impulsa un discurso que trata de romper el silencio sobre el pasado y promover la asunción de responsabilidades respecto de los crímenes cometidos. En la contundencia que manifiesta Merkel están presentes tanto el recuerdo colectivo de los sufrimientos experimentados en carne propia por la generación anterior a ella cuanto -y esto no es baladíla obligación de los alemanes como pueblo de restituir a la humanidad algo de lo que el Tercer Reich le había sustraído entre 1933 y 1945. Toten des Krieges und der Gewaltherrschaft” (Von Weizsäcker, 1985, i, párr. 8; ii, párr. 2). La segunda de las nueve partes del discurso se centra en las víctimas del Tercer Reich y la guerra. 8 En 2005, con motivo del sexagésimo aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, el discurso conmemorativo del presidente Federal Horst Köhler insiste en algunas de las ideas expresadas por Richard von Weizsäcker (1985). En la parte final de su intervención se refiere al resurgimiento del racismo y del extremismo de derechas, de los que dice que “no tienen ninguna oportunidad”, ya que “la gran mayoría de los ciudadanos y ciudadanas adultos se encargarán de ello [Aber sie haben keine Chance. Dafür steht die überwältigende Mehrheit der mündigen Bürgerinnen und Bürger]” (Köhler, 2005, xviii, p. 10). Y cierra el discurso mencionando a las generaciones sucesivas que, ante la desaparición de los testigos de la guerra y del genocidio, han de “mantener vivo el recuerdo de lo sucedido y transmitirlo [die Erinnerung an das Geschehene wach zu halten und weiterzugeben]” (2005, ix, p. 11). Es decir, la dicotomía entre los hechos del pasado y las obligaciones -o riesgosdel presente reflejan el panorama que ofrecía la Alemania del siglo recién comenzado. La transcripción completa del discurso está disponible en la página oficial de la Presidencia de Alemania: https://bit.ly/3uqX19e. Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 138 Implicaciones políticas de la memoria de la culpabilidad y del sufrimiento propios La devastación de las ciudades alemanas por los bombardeos de los aliados -que adopta una forma simbólica en la tardía y apocalíptica destrucción de Dresde-, constituye una de las circunstancias que con mayor nitidez se proyectará a lo largo del tiempo. Si ya en la inmediata posguerra la decisiva actitud antimilitarista de los alemanes occidentales tuvo que ser combatida con una oleada de cine bélico,9 esto no desactivó la decidida posición pacifista de una parte de la sociedad. Como reacción a los planes de Konrad Adenauer de rearmar la rfa, se produjo en 1950 la dimisión del ministro del Interior Gustav Heinemann. Este formaba parte del denominado Paulskirchebewegung (Movimiento de la Iglesia de San Pablo) que se manifestaba decididamente contra el rearme. Producto de ello fue el Deutsches Manifest de 1955. Poco después, en 1957, vio la luz otro manifiesto (Göttinger Manifest), mediante el cual un grupo de reconocidos físicos atómicos exigían la renuncia del país a la posesión de cualquier tipo de armas que se sirvieran de la energía nuclear. Todas estas iniciativas han de ser enmarcadas en un amplio disenso popular frente a las armas que había encarnado a partir de 1950 una corriente de protesta denominada Ohne mich (Sin mí).10 Los años ochenta estuvieron acompañados de campañas antiarmamentísticas, al tiempo que la preocupación por una catástrofe nuclear se consolidaba en amplios sectores de la sociedad. 9 Las películas que se exhibieron al principio eran estadounidenses, pero a la postre se rodó un número considerable de producciones alemanas. El nuevo marco geopolítico que se derivaría de la Guerra Fría requería de la rfa a partir de los años cincuenta un papel activo en la estructura defensiva de la Europa occidental, más teniendo en cuenta que el país se había descompuesto en un Estado afín al capitalismo y otro en la órbita de la Unión Soviética. No quedaba más remedio que convencer a la población germanooccidental de la necesidad, incluso de las bondades, de recomponer su ejército. Algunos de los títulos que tuvieron una repercusión destacada fueron The Desert Fox (1951), From Here to Eternity (1953), Des Teufels General (1955), Stern von Afrika (1956) o Die Brücke (1959). Sobre la cuestión del cine bélico de los años cincuenta en Alemania, véase: Moeller (2006). 10 Sobre el desarrollo del pacifismo o del antimilitarismo en la rfa desde los años cincuenta hasta el principio de la década de los años ochenta, véase: Jäger y Schmid- Vöhringer (1982). 139 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) Ya con el cambio de siglo, diversos conflictos bélicos pusieron al descubierto la fuerza de un movimiento que no había desaparecido, a pesar de haber permanecido más o menos silencioso durante algunos períodos. Como lo señala Andreas Huyssen, a pesar de las diferencias, el movimiento de paz de 2003 en respuesta a la denominada guerra de Irak “recurrió al mismo arsenal de convicciones y retórica” (2006, p. 182) que habían caracterizado los movimientos de los ochenta o las protestas frente al conflicto desencadenado por la invasión iraquí de Kuwait. Sin embargo, en el siglo xxi el pacifismo alemán se refiere de forma explícita al desastre causado por los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial, una experiencia traumática en la que las dos partes de la recién reunificada Alemania encontraban recuerdos comunes vinculados al sufrimiento durante el Tercer Reich (Huyssen, 2006, p. 183). El colapso del comunismo en Europa había abierto “una oportunidad para reubicar la memoria y para una narrativa cohesiva e inclusiva” (Schulze, 2006, p. 376) que abrazaba a los dos Estados alemanes. La incorporación de este nuevo elemento como parte esencial del movimiento pacifista ha de ser interpretado en el contexto del Opferdiskurs que se había reactivado tras 1990 y al que haremos referencia más adelante. El cambio de paradigma en la sociedad alemana había vivido un episodio definitivo en 1999, relacionado con la implicación militar de la República Federal en Kosovo como parte de las fuerzas de la otan. La decidida intervención humanitaria de Alemania ha de ser interpretada no tanto en relación con el rechazo a la guerra que se podía constatar desde los años cincuenta, sino más bien vinculada a otro aspecto que había marcado la memoria colectiva al menos a partir de la década de los sesenta: el Holocausto. Las imágenes que habían acompañado los conflictos en la desmoronada Yugoslavia, en especial los rostros inermes tras las alambradas, los trenes abarrotados de personas desesperadas, o el recuerdo de asesinatos masivos como el de Srebrenica, habían propiciado un cambio ostensible en determinadas posiciones antibélicas y antintervencionistas. Paradigmático es el decidido apoyo del ministro de Asuntos Exteriores Joschka Fischer11 11 Fischer es un claro ejemplo de la evolución ideológica de parte de la sociedad alemana; el político había militado en los años setenta en la extrema izquierda para incorporarse en Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 146 se hablaba de “huidos y expulsados” (Flüchtlinge und Vertriebene), en el Este primero se utilizó un impreciso “persona reasentada” (Umsiedler) que poco después fue sustituido por el eufemístico “nuevo ciudadano” (Neubürger). Este segundo concepto quedaba desprovisto de cualquier vinculación con el trasfondo histórico subyacente, ya que solo aludía a que esa persona llevaba poco tiempo en la rda, pero sin hacer ninguna alusión al motivo que la había llevado hasta allí. Muy diferente fue en cambio la visibilidad del colectivo en la rfa, en gran medida porque en un Estado democrático -a pesar de todas las especificidades determinadas por la incipiente Guerra Fríahabría sido mucho más difícil silenciar las reivindicaciones de un grupo que representaba un porcentaje considerable de la población total. En enero de 1961 una cuarta parte del censo estaba constituida por personas no originarias del país (Díez y Martín, 1998, p. 118), que habían sido representadas por un partido político de suerte efímera23 y cuyos intereses atendía un ministerio federal (Bundesministerium für Vertriebene, Flüchtlinge und Kriegsgeschädigte) que estuvo vigente entre 1949 y 1969. Grass contribuiría más que ningún otro literato al resurgimiento del discurso de las víctimas alemanas en el cambio de siglo.24 Desde su emblemático El tambor de hojalata a finales de los años cincuenta, es posible seguir un rastro a lo largo de casi todas sus obras en el cual se refleja la que reconoce como experiencia central de su vida. Die Umsiedlerin oder Das Leben auf dem Lande -La desplazada o La vida en el campo- (1961) que le valió ser vetado durante más de una década en los escenarios. (Se indica entre guiones el título equivalente en español, pues ninguna de las obras está traducida). 23 En las elecciones de 1953, el Block der Heimatvertriebenen und Entrechteten obtuvo 27 diputados en el Bundestag para quedarse en la siguiente legislatura como fuerza extraparlamentaria con un exiguo 4,6 % de los votos. 24 Habitualmente se mencionan tres obras como prueba del cambio de paradigma en la memoria del sufrimiento alemán: Sobre la historia natural de la destrucción (1999) de W. G. Sebald (ensayo sobre la destrucción de las ciudades alemanas por los bombardeos aliados y la ausencia de este tema en la literatura canónica), El incendio (2002) de Jörg Friedrich (estudio histórico centrado en la destrucción causada por los bombardeos y sus consecuencias) y, por último, A paso de cangrejo (2002) de Günter Grass. Aunque no se la suela incluir en este grupo, consideramos oportuno mencionar Una mujer en Berlín, publicada originalmente en los años 50, pero que encontró un amplio eco tras su reedición en 2003 gracias a Hans Magnus Enzensberger (este texto publicado como anónimo tematiza las violaciones en masa sufridas por las mujeres alemanas en los momentos finales de la guerra y los primeros compases de la posguerra). 147 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) Él mismo afirmaba en una conferencia de 1992 que “[l]a mayoría de [sus] libros conjuran el pasado de la desaparecida ciudad de Dánzig”, presentando a continuación “la pérdida como requisito previo para la literatura” (Grass, 2005, p. 766). Las dos obras que de un modo más claro se centran en la experiencia de los refugiados, y no lo abordan solo como cuestión complementaria, aparecerán en momentos que tienen un significado muy particular en la biografía de Grass: sus primeras novelas tras la reunificación de los dos Estados alemanes en 1990 y tras la obtención del Premio Nobel de Literatura en 1999 tienen como protagonistas a personajes que vivieron la experiencia de la pérdida de la patria como consecuencia de la guerra. Resulta paradójico que, tras haber publicado en 1992 Malos presagios,25 una historia de amor entre un alemán y una polaca -ambos refugiados de los años cuarenta- en el icónico escenario de Dánzig/ Gdansk,26 el autor afirmara con motivo de la presentación de su novela A paso de cangrejo, en 2002, que por fin estaba rompiendo un tabú. A su juicio, tanto él como sus coetáneos habían sido negligentes en la tematización del sufrimiento de los millones de refugiados (huidos y expulsados) alemanes en torno a 1945. De modo que con esta obra trataba de compensar no solo su falta, sino la de toda una generación. A partir de sus primeras novelas, Grass se convirtió en una figura de referencia para la cultura de Alemania, y desde su militancia política en la izquierda actuó como portavoz de un discurso muy crítico que censuraba cualquier intento de minimizar u olvidar la culpabilidad derivada del período 1933-1945. Precisamente su relevancia como figura representativa del pensamiento de una parte notable de la sociedad hizo que sus inesperadas declaraciones con respecto a la losa de silencio puesta sobre la memoria del sufrimiento de los refugiados 25 En la época de escritura y publicación de la novela, y como consecuencia de la desintegración de Yugoslavia y las guerras que acompañaron este proceso, Europa se vería de nuevo sacudida por imágenes de refugiados que por miles trataban de escapar de un conflicto. 26 El alemán Alexander Reschke y la polaca Alexandra Piatkowska se conocen de forma casual, y su encuentro les permite alumbrar la idea en torno a la cual se construye la novela: una Sociedad Polaco-Germano-Lituana de Cementerios (Polnisch-Deutsch- Litauische Friedhofsgesellschaft) que permita a sus compatriotas ser enterrados en la tierra que los vio nacer. Es decir, a los alemanes en el territorio de la actual Polonia y a los polacos dentro de las fronteras de la actual Lituania. Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 148 alemanes sirvieran de acicate a una reflexión colectiva.27 En general, le agradecieron su decidida postura -aunque tardía para algunos- en aras de la recuperación de una parte del recuerdo de Alemania, sin embargo, diversos autores rebatieron sus argumentos, dejando claro que el tema no había sido ni mucho menos un tabú, sino que de hecho había representado una pieza central del nacimiento de la República Federal, que se había constituido como una “sociedad de víctimas” (Franzen, 2003, p. 49). Otros investigadores destacan que la memoria de los refugiados alemanes fue dejando paulatinamente de gozar del apoyo institucional (Von Oppen & Wolff, 2006, p. 195), y hay quienes ven este silencio respecto al sufrimiento alemán como una lógica consecuencia del silencio vinculado a la propia culpa que caracterizó la posguerra (Schmitz, 2004, p. 264), en el sentido de que no era procedente hablar de las víctimas propias ante las dimensiones de los crímenes cometidos. En cualquier caso, el debate cultural contribuyó a reforzar la idea de Alemania como país con un pasado también jalonado por la dolorosa experiencia de los refugiados, justo en un tiempo en el que por desgracia millones de personas volvían a vagar por el mundo huyendo de diversas situaciones de injusticia.28 ¿No era más fácil mostrar empatía hacia esos rostros anónimos, cuando los propios padres, abuelos o bisabuelos habían tenido que pasar por un padecimiento similar? La novela A paso de cangrejo tiene una protagonista que había sobrevivido al hundimiento de un barco, mientras trataba de huir del avance del Ejército soviético. Además, un alter ego de Grass aparece en la narración para reiterar los mismos argumentos que el autor había defendido en los medios, y explicitar un lamento ante el olvido del dolor de un colectivo al que él mismo pertenecía: “Eso lo corroía al Viejo. En realidad, dijo, hubiera sido tarea de su generación expresar la miseria de los fugitivos de la Prusia oriental [...]. Nunca, dijo, se hubiera 27 Los testimonios de los alemanes como víctimas tenían que insertarse en un marco en el que predominaba el relato de la culpa. La literatura -además de otras expresiones artísticas como el cinemanifiesta “una tendencia que atenúa en parte la asimetría entre el recuerdo del sufrimiento y el de la culpabilidad, al tiempo que supera la grieta entre diversas configuraciones de la memoria” (Assmann, 2006, p. 216). 28 Incluso en 1989, se habían vuelto a ver trenes cargados de alemanes que huían de la rda pocos meses antes del definitivo colapso del bloque comunista. 149 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) debido callar tanto sufrimiento” (Grass, 2003, p. 111). Pero el autor no solo aborda la cuestión de los refugiados alemanes, sino que le concede a la culpabilidad alemana derivada de la persecución a los judíos un papel relevante en la obra. Como observa Anja Henebury: “Al recurrir a otro discurso victimista [el del Holocausto], Grass respalda la legitimidad de su pretensión de reconocimiento público para el sufrimiento de los civiles alemanes durante las expulsiones” (2015, p. 90). Es decir, mediante el intrincado tapiz de personajes y sucesos de la novela, se esfuerza en desactivar a priori las críticas que, desde algún tiempo atrás, alertaban del riesgo de que los alemanes pasaran de ser culpables a ser víctimas del nacionalsocialismo y la guerra. Cuando Grass publica el primer volumen de su autobiografía en 2006, vuelve sobre la cuestión de los refugiados a través de su propia familia. Mientras está recluido en un campo de prisioneros estadounidense, tiene que convivir con la incertidumbre de qué puede haberle ocurrido a esta: “Sin noticias de padre o madre -¿habrían huido a tiempo con la hermana de Danzig, o se habrían ahogado a bordo del Gustloff?-, me veía tentativamente sin padres, apátrida, como desarraigado” (2007, p. 205). En esta obra se refiere incluso a las violaciones que sufrió la madre de manera reiterada por soldados soviéticos con la intención única de proteger a su propia hija (2007, p. 300). El autor muestra de manera transparente las interconexiones de los diferentes planos temporales, esto es, deja al descubierto cómo el pasado proyecta su sombra sobre el presente y, de ese modo, ejerce su influencia sobre el futuro. Incluso llega a crear un neologismo para designar ese recurso poetológico: Vergegenkunft. Este término, difícil de traducir, se correspondería con “pasapresenturo”, la fusión de tres palabras: pasado-presente-futuro (Vergangenheit-Gegenwart-Zukunft). Fuera de la literatura, este marco intertemporal servirá también para explicar la relevancia que la experiencia colectiva de la sociedad alemana, como pueblo que vivió en propias carnes el dolor del refugiado, habría de cobrar durante la crisis humanitaria del verano de 2015. Este recuerdo, como planteamos aquí, gozaba de un vigor particular debido al resurgimiento del discurso victimista alemán que Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 150 sucedió a los cambios geopolíticos de 1990.29 Cualquier alemán estaba familiarizado con las penurias que habían padecido los millones de alemanes huidos o expulsados de regiones que hasta 1945 formaban parte de Alemania, cualquiera comprendía que las fronteras eran lábiles y que políticos imprudentes podían desencadenar terribles daños. No resultaba tan difícil establecer analogías entre la Europa de los años cuarenta y la Siria del siglo xxi. La crisis de refugiados de 2015 y las obligaciones históricas En 2015, la canciller alemana Angela Merkel pronunció sus trascendentales palabras: “Wir schaffen das” (“Podemos hacerlo”), en referencia a la posición alemana frente a la crisis de refugiados que en aquel momento había que afrontar.30 Durante su conferencia de 29 Nos circunscribimos a la figura de Günter Grass, primero, por las limitaciones de la extensión del artículo; segundo, porque este autor tuvo una enorme relevancia cultural y, tercero, debido al hecho de que él vivió en primera persona la experiencia propia de un refugiado. No obstante, la nómina de obras y autores que recogen las experiencias vividas al final de la guerra por los millones de desplazados es mucho más amplia. Obras autobiográficas clásicas cobran un nuevo impulso gracias al renovado interés de la sociedad alemana por ese capítulo de su pasado; este es el caso de Namen, die keiner mehr nennt -Nombres que ya nadie mencionade Marion Gräfin Dönhoff, publicada originalmente en 1962, que se sigue reeditando y leyendo hasta la actualidad, y que transmite la añoranza ante la pérdida de Prusia Oriental. Posteriores a 1990 son obras de autores de diferentes generaciones en las que el padecimiento de los refugiados alemanes ocupa un papel central. Entre ellas, cabe señalar el segundo volumen de Das Echolot: Ein kollektives Tagebuch -El sonar: Un diario colectivo- (1999) de Walter Kempowski; Los inacabados (2013 [2003]) de Reinhard Jirgl, sobre los alemanes expulsados de Checoslovaquia; Winnetou August (2012) de Theodor Buhl, escrito autobiográfico basado en la infancia de un niño cuya familia es expulsada de Silesia en 1945. A estos ejemplos hay que añadir un sinfín de escritos que recogen los recuerdos de ancianos que encuentran en el nuevo interés por aquellos hechos una ocasión única, y última, para compartir sus recuerdos, como Die Angst fuhr immer mit -El miedo nos acompañaba siempre- (2014) de Jürgen Nolte o Wir waren doch noch Kinder -Aún éramos niños- (2012) de Walli Richter. (Entre guiones el título aproximado en español de las obras no traducidas). 30 El positivo eco de los llamamientos políticos entre la población ha de ser vinculado a la actitud de los medios de comunicación, pues se ha demostrado que la cobertura que estos llevan a cabo contribuye a la construcción de “concepciones socialmente compartidas” y de “representaciones dominantes” de los que llegan, lo que influye a la postre en las “actitudes, emociones y el comportamiento hacia ellos” (Greussing & Boomgaarden, 2017, p. 1750). En particular, es reseñable la actitud mostrada por el diario Bild, líder de los periódicos de carácter sensacionalista, ya que su habitual populismo conservador habría podido conducirlo a una posición más crítica ante la inmigración masiva favorecida por el Gobierno. 151 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) prensa del 31 de agosto de 2015, la canciller hace varias referencias al compromiso que Alemania debía asumir y que se derivaba del pasado. Cuando afirma que “[e]l mundo ve a Alemania como un país de esperanza y oportunidades, y esto realmente no siempre ha sido así” (2015, párr. 11),31 está reafirmándose en la dicotomía sobre la que se había construido la Alemania posterior a Hitler: lo que somos y lo que tenemos que ser, frente a lo que fuimos y nunca debimos ser. Asimismo, la conciencia de que no se puede intervenir sobre el pasado, un planteamiento en el que ha insistido el escritor Bernhard Schlink, parece evidenciar la posibilidad de una sola salida a la compleja conciencia de la responsabilidad por los hechos pretéritos: aquella deuda histórica tan solo se podría intentar saldar en el presente.32 Merkel se mostró dispuesta a acoger a cientos de miles de personas que deambulaban por el continente, sin que ningún otro Estado estuviera dispuesto a asumir responsabilidades o compromisos serios.33 Mientras la mayoría de Gobiernos europeos contemplaban con una mezcla de impotencia, nerviosismo, e incluso desprecio, a los refugiados, Merkel tomó una decisión que tendría serias consecuencias para el escenario político interno de Alemania, puesto que la llegada masiva de refugiados impulsó el populismo xenófobo encarnado en organizaciones sociales y en un partido político. En la medida adoptada con un amplio consenso -al menos inicialmentede 31 “Die Welt sieht Deutschland als ein Land der Hoffnung und der Chancen, und das war nun wirklich nicht immer so” (Merkel, 2015, párr. 11). La transcripción íntegra de la conferencia de prensa está disponible en el sitio web oficial del Gobierno alemán: https://bit.ly/3jtCScy. 32 Schlink, juez de profesión, dedica un número notable de ensayos a reflexionar sobre lo que él denomina Vergangenheitsschuld (una culpa derivada del pasado), y declara de forma lapidaria la imposibilidad de intervenir sobre lo ya acontecido. De esta forma lo expresa el autor: “Lo que ha ocurrido no puede ser superado. Puede ser recordado, olvidado o reprimido. Puede ser vengado, castigado, expiado o lamentado. Puede ser repetido, de manera consciente o inconsciente. Sus consecuencias pueden ser afrontadas de tal forma que lo sucedido no repercuta en el presente o el futuro, o no lo haga de determinada manera. Pero lo hecho, hecho está. El pasado es inalcanzable e inalterable” (Schlink, 2007, p. 80). 33 Los datos que ofrece el Bundesamt für Migration und Flüchtlinge (Oficina Federal para Migración y Refugiados, 2016, p. 13) indican que el número de solicitantes de asilo en Alemania durante el año 2015 ascendió a 476 649 (de los cuales 158 657 eran sirios), esto después de que en los dos años precedentes se hubieran superado las 300 000 solicitudes (127 023 en 2013 y 202 834 en 2014). Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 152 diversos sectores de la sociedad subyacía una intención restitutiva: el propósito de compensar deudas que permanecían vivas en la memoria cultural de los alemanes, conscientes de su propia responsabilidad en algunos de los crímenes más atroces de la historia reciente. La canciller puso el acento en la carga histórica que portaba Alemania y la importancia que tenía para el país mostrar una actitud positiva hacia los inmigrantes (Alkopher, 2018, p. 1399).34 A su vez, la medida tenía un componente aleccionador, pues mostraba al mundo -en especial a sus vecinos europeosque no se podía permanecer inactivo ante una desgracia de semejantes dimensiones, que había que implicarse y prestar ayuda. Es decir, justo lo que no había ocurrido en ese mismo continente en los años cuarenta del siglo anterior. Pocos autores han prestado atención hasta el momento a la relevancia que tuvo durante aquellas semanas del verano de 2015 la omnipresente imagen del pasado que caracteriza a la sociedad alemana. Un artículo publicado en 2020 en Journal of Ethnic and Migration Studies subrayaba que una importante “razón para reexaminar la interacción entre la historia, la memoria y la migración tiene que ver con la evolución social y política en la que los movimientos políticos recientes y los aspirantes a líderes han utilizado los recuerdos del pasado para movilizar apoyos” (Bertossi et al., 2020, p. 4159).35 Aunque este estudio hace referencia a diferentes países, el caso de Alemania es vinculado específicamente a la llegada masiva de desplazados en 2015, que requirió de reconsideraciones 34 Unas pocas semanas antes de la intervención de la canciller, el propio presidente Federal Joachim Gauck había hecho explícita la conveniencia de establecer analogías entre los refugiados de una y otra época: “Desearía que el recuerdo a los refugiados de entonces pudiera ahondar nuestra comprensión hacia los refugiados de hoy. Y, a la inversa, que nuestra discusión sobre los desarraigados de hoy pudiera favorecer nuestra empatía hacia los desarraigados de antaño” (2015, pp. 1-2). El discurso completo puede consultarse en el sitio web oficial de la Presidencia de la República Alemana: https://bit.ly/3LVCZK1. 35 No solo las autoridades federales se mostraron favorables a la intervención humanitaria, sino que esta actitud fue compartida por los gobiernos de los Länder, al margen del color político que los gobernara. En un discurso conmemorativo con motivo del septuagésimo aniversario de la proclamación del Estado federado de Hessen, el presidente cristianodemócrata Volker Bouffier aludía, el 19 de septiembre de 2015, a los millones de desplazados alemanes que habían llegado en los años cuarenta. “Ellos habían perdido su patria, buscaban un nuevo futuro”, argüía, y terminaba con el esperanzador planteamiento de que mirar atrás debería servir para “reunir energía y confianza” (citado en Perron, 2020, p. 7). 153 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) sobre el significado del sufrimiento de los refugiados alemanes al final de la Segunda Guerra Mundial. En esta resignificación del propio pasado se había centrado Catherine Perron (2020) en otro artículo que fusiona de manera magistral la memoria y la migración. A su juicio, las constantes referencias a la propia historia que se prodigaron en el marco de la crisis de refugiados servían a diferentes funciones: legitimar la decisión del Gobierno de abrir las fronteras, reiterar la confianza en la capacidad de Alemania, minimizar la excepcionalidad de lo que estaba sucediendo y, a la par, normalizar la situación, cambiar la perspectiva en el sentido de que los inmigrantes contribuirían al desarrollo futuro como lo hicieran los desplazados alemanes en el milagro económico de los años cincuenta y, finalmente, fomentar una actitud empática hacia los recién llegados (2020, pp. 11-12). La movilización implicó a personas de entornos heterogéneos, muchos de los cuales “no se habían involucrado antes ni social ni políticamente” (Fleischmann, 2019, p. 65). Esto permite pensar que su respuesta no solo respondía a los llamamientos de las autoridades, sino también a pensamientos subyacentes que bien podrían estar relacionados con una conciencia del sufrimiento colectivo en el pasado que había sido impulsada durante los años precedentes. Las autoridades alemanas se vieron obligadas a resignificar uno de los relatos fundacionales de la República Federal con el fin de afrontar con el mayor apoyo posible los desafíos que representaba una acogida masiva de personas.36 Aunque Alemania tenía un historial de ayuda humanitaria a los refugiados que se remontaba al siglo anterior,37 aquel suceso de dimensiones inusitadas y la 36 Un hecho histórico que había alimentado tradicionalmente la narrativa victimista de Alemania, servía ahora para apoyar el llamamiento de ayuda a los refugiados foráneos. Los nuevos discursos humanitarios “rompían de modo evidente con la generalizada opinión previa de que la ‘huida y expulsión’ [de los alemanes al final de la Segunda Guerra Mundial] y la migración eran dos cuestiones diferentes” (Perron, 2020, p. 19). Es decir, se vinculaban ambos hechos con la intención indisimulada de comprometer la implicación ética de la mayoría de la sociedad. 37 La década de los noventa es relevante a este respecto, puesto que en ella se produce la acogida a refugiados y migrantes que llegan desde distintos puntos de Europa. En primer lugar, hay que mencionar a las personas que huyen de las sucesivas guerras entre los Estados que habían formado Yugoslavia; este proceso culminó con el conflicto de Kosovo, que originó a su vez un número considerable de población desplazada. En Humanitarismo como deuda: Alemania y su memoria traumática Juan Manuel Martín Martín / Leopoldo Domínguez Macías 154 subsiguiente cultura de bienvenida “constituyeron un impulso para la autoconcepción de Alemania como país de inmigración y reforzaron la conciencia de que la integración de los inmigrantes debía ser promovida activamente” (Zschache, 2021, p. 92). Sin embargo, esto no fue apoyado de forma unánime, algo lógico si tenemos en cuenta que desde años antes había comenzado a formarse un movimiento populista de derechas de carácter xenófobo y antimusulmán. Este se vio muy reforzado a partir del verano de 2015, si bien durante aquellos meses sirvió también de estímulo a quienes querían ayudar a los refugiados como gesto antirracista. El partido Alternative für Deutschland, surgido en 2013 como reacción a la crisis de deuda europea, encontró en el descontento de parte de la sociedad ante la llegada masiva de inmigrantes un impulso inesperado. Su perfil nacionalista y antinmigración se refleja asimismo en su estrecha relación con el movimiento antislam pegida (Marx & Naumann, 2018, p. 112), que se estaba manifestando en las calles de algunas ciudades alemanas como Dresde, desde 2014.38 Lo sucedido en Alemania vuelve a reflejar una de las características del humanitarismo contemporáneo: la tensión entre nacionalismo y cosmopolitismo (Forsythe, 2009, p. 59). En este caso, en la etapa posterior a 2015 se reactivaron debates en torno a cuál debía ser la identidad nacional y a quiénes eran los verdaderos alemanes; una categoría de la que, a juicio de algunos, quedaban excluidos los ciudadanos con origen migrante (Migrationshintergrund), incluso aunque llevaran asentados allí varias generaciones. De modo que Alemania parecía condenada a un eterno retorno hacia sus inercias más penosas, como si tras dar una lección humanitaria a una Europa inerme y cínica tuviera que recluirse en sus sempiternos combates entre la prevalencia cultural propia -con sus inherentes alusiones, más o menos explícitas, a la segundo lugar, a la llegada de miles de ciudadanos con ascendencia judía de lo que había sido la urss -cuestión tratada más arribahay que añadirle la acogida de los llamados Russlanddeutsche (ruso-alemanes). 38 pegida es el acrónimo de Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes (Patriotas europeos contra la islamización de Occidente); Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania) surgió en 2013, inicialmente asentado en su antieuropeísmo, pero solo después de 2015 logró entrar en el Parlamento de Berlín (esto ocurrió en las elecciones legislativas de 2017, si bien en los anteriores comicios de 2013 se había quedado con un 4,7 % a punto de conseguirlo). 155 Co-herencia Vol. 19, n.º 36, enero - junio de 2022, pp. 131-160. (ISSN 1794-5887 / e-ISSN 2539-1208) superioridad del pueblo alemán- y la voluntad de reconciliación con el pasado para abrirse al mundo. Conclusiones: memoria y humanitarismo El recuerdo del nacionalsocialismo y la Segunda Guerra Mundial ha sido un elemento fundamental en la construcción cultural de la República Federal de Alemania desde su fundación. La evidente imposibilidad de intervenir sobre los hechos del pasado solo ha dejado una alternativa para intentar resarcir al mundo (y a las generaciones alemanas posteriores salpicadas por una culpa heredada) de los crímenes cometidos por el Tercer Reich: intervenir a posteriori con el fin de llevar a cabo una suerte de compensación del daño causado. Estos intentos de reparación no habían de ir necesariamente dirigidos a las víctimas de antaño o a sus descendientes. Tanto la memoria del genocidio sobre los judíos europeos como la conciencia del sufrimiento que los propios alemanes vivieron a causa de la guerra, se han visto reflejados a lo largo de las décadas en diferentes acciones humanitarias: la apertura de fronteras a los judíos de la extinta Unión Soviética tras 1990 o la intervención militar en Kosovo para evitar una eventual masacre son ejemplos de ello. En el verano de 2015 el mundo contempló con admiración e indisimulada sorpresa cómo la canciller Angela Merkel, saltándose la legislación alemana y de la Unión Europea, se ofrece a recibir a los cientos de miles de refugiados -sobre todo siriosque vagan por Europa y están siendo rechazados en todas las fronteras a las que se acercan. Tanto la decisión de Merkel como la actitud mostrada por gran parte de la sociedad respondían a una patente “cultura de la bienvenida”, y han de ser consideradas consecuencia de los deberes humanitarios que el país había asumido desde décadas atrás. Para justificar esta asunción de obligaciones que emanaba de la historia nacional se aludiría a un doloroso episodio de esta: más de diez millones de alemanes habían sido desplazados al final de la Segunda Guerra Mundial fuera de su patria. Casi 75 años después, la empatía hacia los cientos de miles de recién llegados era alimentada con el recuerdo de esa injusticia. De este modo, las bases argumentales que