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Capitalizando la Querelle des femmes: Una oportunidad de negocio para sus editores

Aguilar González, Juan

Abstract

En los años de la Querelle des femmes el mercado editorial no fue ajeno al interés que despertaron las obras enmarcadas en esta disputa. Especialmente provechosas para las imprentas parecen haber sido las réplicas y contrarréplicas a los tratados misóginos y así lo atestigua el hecho de que se encuentren, en varias ocasiones, los nombres de los mismos editores, los cuales publicaron textos tanto a favor como en contra de las mujeres. Este trabajo mira a analizar tales ocasiones y a avanzar algunas hipótesis sobre su publicación bajo la óptica del interés comercial, en lugar del académico. Siendo tan vasta la cantidad de obras que vieron la luz en torno a este debate, circunscribimos nuestro análisis a la labor de unos pocos editores

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33 ARTÍCULOS Ingenium, 17 2023: 33-40 Ingenium. Revista Electrónica de Pensamiento Moderno y Metodología en Historia de la Ideas ISSN-e 1989-3663 https://dx.doi.org/10.5209/inge.88972 Capitalizando la Querelle des femmes: Una oportunidad de negocio para sus editores Juan Aguilar González1 Recibido: 31 de mayo de 2023 / Aceptado: 1 de septiembre de 2023 Resumen. En los años de la Querelle des femmes el mercado editorial no fue ajeno al interés que despertaron las obras enmarcadas en esta disputa. Especialmente provechosas para las imprentas parecen haber sido las réplicas y contrarréplicas a los tratados misóginos y así lo atestigua el hecho de que se encuentren, en varias ocasiones, los nombres de los mismos editores, los cuales publicaron textos tanto a favor como en contra de las mujeres. Este trabajo mira a analizar tales ocasiones y a avanzar algunas hipótesis sobre su publicación bajo la óptica del interés comercial, en lugar del académico. Siendo tan vasta la cantidad de obras que vieron la luz en torno a este debate, circunscribimos nuestro análisis a la labor de unos pocos editores. Palabras clave: Literatura; Estudios de género; Querelle des femmes; Editores. [en] Capitalizing on the Querelle des femmes: A Business Opportunity for its Publishers Abstract. In the years of the Querelle des femmes, the publishing market was not immune to the interest aroused by the works framed in this dispute. The replies and counter-replies to the misogynistic treatises seem to have been especially profitable for the printers as this is attested by the fact that, on several occasions, the names of the same publishers are found publishing texts both for and against the women. This paper aims to analyze such occasions and to advance some hypotheses about its publication from the perspective of the commercial interest, instead of the academic one. Being so vast the amount of works that saw the light around this debate, we will limit our analysis to the work of a few editors. Keywords: Literature; Genre Studies; Querelle des femmes; Publishers. Cómo citar: Aguilar González, J. (2023): Capitalizando la Querelle des femmes: Una oportunidad de negocio para sus editores, en Ingenium. Revista Electrónica de Pensamiento Moderno y Metodología en Historia de las Ideas, 17, 33-40. 1 Universidad de Sevilla Correo: [email protected] ORCID: 0000-0001-7715-1921 Este trabajo ha sido financiado por el VI PPIT-US. 2 La traducción es propia. En un trabajo como este, que busca analizar los motivos de los editores que prestaron atención al desarrollo de las diferentes polémicas bajo el marco de la Querelle des femmes, es casi imperativo empezar por quienes más claramente se posicionaron a favor de un “bando”, Gabriele Giolito de’ Ferrari (1505-1578) y su círculo de colaboradores, si bien no les daremos demasiado espacio al haber sido acertadamente estudiados por Androniki Dialeti (2004). La primera vez que vemos el nombre de Giolito asociado a la disputa en torno a las mujeres es con la publicación de Della nobilta et eccellenza delle donne, una traducción en 1544 del muy conocido Declamatio de nobilitate et praecellentia foeminei sexus (1529) de Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim. Suponemos el éxito que debió tener, visto que apareció de nuevo en su imprenta solo un año después y en 1549, ahora acompañado de L’orazione in lode delle donne del filósofo Alessandro Piccolimini. A partir de aquí, el editor creó una notable red de colaboradores que compartieron sus mismos intereses. Entre los llamado polígrafos se encuentran nombres conocidos de la Querelle des femmes: Lodovico Domenichi, Giuseppe Betussi, Ludovico Dolce, etc. No daremos cuenta aquí de todas las obras que produjo la célebre imprenta de Giolito, pero sí apuntamos que en ellas encontramos a un editor que se declaró “defensor de las mujeres”. En cuanto al motivo que nos sirve para enlazar con el foco de nuestra investigación, dice Dialeti: No obstante, queda la cuestión de si este interés fue genuino – y, por tanto, una ayuda para nuestra comprensión de las lecturas femeninas y su significado para el desarrollo de la controversia sobre las mujeres en la Italia moderna – o si fue únicamente un recurso retórico que, junto a la autodeclaración de Giolito como defensor de la mujer, estaba destinado principalmente a una comunidad intelectual masculina2 (Dialeti, 2004, 17). Lo que parecía un negocio que podía continuar durante muchos años, se fue diluyendo poco a poco, eso sí, sin llegar nunca a apagarse completamente. 34 Aguilar González, J. Ingenium, 17 2023: 33-40 A partir de 1560 Giolito deja de publicar textos de la disputa en torno a las mujeres. Entre los motivos podría estar, además de la pérdida de interés por parte de los lectores, la constitución del Index Librorum Prohibitorum en 1557, que añadió, como veremos, no pocos riesgos para quienes entraron en contacto con libros en los que se discutía sobre argumentos bíblicos. Durante los años siguientes el debate pareció perder fuerza y el número de publicaciones se redujo consecuentemente. Según Westwater (2003, 214), fue la aparición del tratado I donneschi difetti de Giuseppe Passi (1599) el encargado de reavivar la polémica. El lugar no podía ser más apropiado: en la misma Venecia que había visto excelentes contribuciones a la querella salir de la prensa de Giolito y colaboradores, renacía el interés por publicar nuevos textos en torno a ella. Algunas de las nuevas autoras que explotar responden a nombres ciertamente conocidos para quienes nos dedicamos a estos estudios: Moderata Fonte, Lucrezia Marinella, Arcangela Tarabotti y Sara Sullam. Una de las obras más importantes dentro la querella fue Il merito delle donne (1600) de Moderata Fonte, aunque ahora la observaremos desde el punto de vista del interés económico. Nos apoyamos, en primer lugar, en Emilio Zanette (1961, 218), que ve en la publicación de Fonte una estrategia comercial por parte del editor Domenico Imberti para aprovechar la crispación que en Venecia había desatado la publicación del mencionado Passi, cuyo título no dejaba lugar a dudas acerca de su misógino contenido. No obstante, debe quedar claro que Il merito delle donne no es y no pudo ser una respuesta a la obra de Pas- si, simplemente porque su autora había fallecido en 1592, es decir, antes de que se imprimiera el tratado. Si la publicación de Fonte fue fruto de una pensada estrategia comercial por parte de Imberti es algo que no sabemos, puesto que, a diferencia de lo que sucedía con las obras de Giolito, no existe nota alguna que nos permita conocer las intenciones del editor. Diferente es la hipótesis de Kolsky (2001, 976) que sugiere que, tanto la publicación de Il merito delle donne de Moderata Fonte como la Nobilta et eccellenza delle donne co’ difetti e mancamenti degli uomini de Lucrezia Marinella, surgieron como una respuesta planificada por Niccolò Doglioni3 y otros intelectuales de la academia de Venecia para combatir la perniciosa filosofía de Passi. La propuesta de Kolsky no se opone a la de Zanette, de hecho, podríamos considerarlas complementarias, puesto que la impresión en última instancia corría a cargo de quien quería sacarle provecho. Es por ello que, a la estrate- 3 Frecuentemente se menciona una edición de 1595, la cual no hemos podido encontrar. 4 Nacido alrededor de 1560 en Siena, se trasladó pronto a Venecia, donde desarrolló la mayor parte de su actividad. En algunos de sus libros aparece como “librero e impresor de la Accademia Venetiana”, confirmando su vinculación con esta institución. No se sabe la fecha de su muerte, que fue de seguro en Sicilia y posterior al año 1626. Sobre su estrategia editorial Westwater (2003, 75) lo describe como “atento a las tendencias culturales”. Fue multado y arrestado por la Inquisición por importar libros prohibidos y su distribución. 5 Médico y filósofo, a él dedica Marinella La nobiltà. También Fonte menciona su nombre en Il merito delle donne. gia cultural, académica, hemos de unir la comercial. La obra de Fonte había permanecido inédita durante ocho años y solo vio la luz tras la salida de I donneschi difetti, por lo que se antoja probable que el provecho económico hubiera sido un factor importante. Según lo dicho, no es extraño pensar que en este periodo los intereses de académicos y editores coincidieran en proponer textos que aprovechaban la controversia causada por Passi. Este parece haber sido, desde luego, el caso del tratado de Marinella antes mencionado. La respuesta, esta vez sí, inequívocamente dirigida contra Passi, salió de la prensa del conocido editor Giovan Battista Ciotti4. Aunque sienés de nacimiento, Ciotti operó en Venecia y es muy probable que conociera a la autora por medio de Lucio Scarano5. La relación del editor con la autora comenzó en 1595, como atestigua la publicación de La colomba sacra. Dado el motivo de este trabajo, echemos un vistazo a estas obras desde la óptica del interés editorial-comercial y no el académico. Observando las fechas de publicación y los editores que acompañan las diferentes ediciones de estas dos obras “enemigas”, podemos constatar un patrón en las ediciones basado en réplicas y contrarréplicas: la primera publicación de I donneschi difetti salió de la imprenta de Antonio Somascho en 1599 y a esta le siguió la de la Nobiltà en 1600 de Ciotti. En esta ocasión tenemos una clara prueba del interés del editor, ya que es la misma Marinella quien menciona a Ciotti en la nota previa cuando afirma que compuso su obra en dos meses. La buena acogida del tratado llevó al sienés a insistir para que su autora ampliara la Nobiltà. Así, en 1601 vio la luz una versión ampliada nada menos que con quince capítulos más y en la que, como apunta Kolsky (2005, 975), había desaparecido la anterior referencia a los dos meses de redacción y a Ciotti. Antonio Somascho debió ver en la polémica y su principal causante una gran oportunidad para el negocio, ya que a la publicación de la Nobiltà le siguieron en años consecutivos otras dos de Passi, Dello stato maritale (1602) y La monstruosa fucina delle sordidezze de gl’huomini (1603), además de tener planeada una tercera, titulada Il porto delle perfezio- ni donnesche, aunque esta última no se tiene noticia de que fuera publicada. Sí que lo fue, de nuevo, I donneschi difetti en 1605. Como sabemos, Marinella no continuó avivando el fuego de la polémica, lo cual no fue obstáculo para que siguieran publicándose obras suyas, probablemente para aprovechar la controversia Passi-Marine- lla (Westwater, 2003, 113). En el mismo 1605 vio la luz su Arcadia felice por la imprenta de Ciotti. Simi- 35Aguilar González, J. Ingenium, 17 2023: 33-40 lar interés por la autora podemos también atribuírselo al editor Barezzo Barezzi6, de cuya tipografía salieron La vita di Maria Vergine imperatrice dell’universo (1602), Vita del serafico et glorioso S. Francesco (1605), Le lagrime di San Pietro con gli argomenti e allegorie della signora Lucrezia Marinella ed un discorso di Tommaso Costo7 (1606) y la Vita de’ dodeci heroi di Cristo e de’ quattro Evangelisti (1617)8. El último capítulo que tiene como protagonistas a las obras de Passi y Marinella lo encontramos años más tarde con las reediciones llevadas a cabo por dos tipógrafos distintos a los originales. El silencio editorial de Marinelli como autora duró unos once años9, los que van desde la Vita di Santa Giustina in ottava rima en 1606 hasta 1617 con la publicación de La Imperatrice dell’universo: Poema Eroico a cargo de Giovanni Battista Combi. Casualidad o no, lo cierto es que solo un año más tarde Vincenzo Somascho10 reeditó I donneschi difetti, a lo que Combi respondió con la última edición conocida de la Nobiltà en 1621, es decir, veinte años después de la de Ciotti. Pero, si la última edición de la Nobiltà corrió a cargo de Combi, ¿dónde estaba Ciotti? Para enlazar de nuevo con él hemos de dar cuenta de otro episodio antes. En el mismo 1621 el editor Antonio Pinelli11 publicó un “incendiario” tratado titulado Dell’immortalità dell’anima escrito por Baldassare Bonifaccio en el que se vio envuelta la poeta Sara Copio Sullam. Dentro de la querella, uno de los episodios más polémicos e incluso peligrosos fue el que tuvo como centro de la discusión la propia naturaleza femenina y su alma. Antes incluso de que Passi irritara a las damas venecianas se había publicado en latín el tratado Disputatio nova contra mulieres, qua probatur eas homines non esse (1595) en el que su autor12 negaba que las mujeres fueran de la misma especie que los hombres. Como consecuencia de ello, Cristo no habría sufrido por ellas y no podrían ser salvadas. Lo que fue, a todas luces, un ensayo satírico contra los anabaptistas que negaban la divinidad de Cristo levantó una enorme polémica para goce y disfrute de quienes se entretenían con estos asuntos, y con serias 6 Barezzo Barezzi nació en 1560 en Cremona. En 1578 se mudó a Venecia, donde aprendió el oficio de la tipografía junto a la famosa imprenta de Francesco Ziletti. Su actividad editorial empieza en 1591 y evoluciona excelentemente a lo largo de los años. A su muerte, Francesco Barezzi, su hijo, continuó con la actividad. 7 Este poema sacro no fue escrito por Marinella, sino por Luigi Tansillo (1510-1568). Lo citamos aquí bajo la interpretación de que Barezzi quiso aprovechar el éxito de la autora para su negocio. En la nota a los lectores, Barezzi hace referencia a una edición anterior muy inferior a esta que propone. Entre los méritos de esta nueva edición está, además de las correcciones, la participación de Marinella: “Pero, no contento todavía, me afané por conseguir la gracia de la señora Lucrezia Marinella, dama por sus raras cualidades y sus letras admirada en el mundo, para que ella hiciera los Argumentos y las Alegorías de cada canto, además de una universal para todo el poema de la misma señora Marinella, cosa que, por su bondad, me fue concedida (Tansillo, 1606, no numerada). 8 Ninguna de estas obras pertenece a la querella y no se encuentran referencias ni a I donneschi difetti ni a Dello stato maritale. Como constatan los estudios sobre Marinella, su polémica obra fue un hecho aislado, una “anomalía”, como la califica Benedetti (2012), por parte de una escritora que no dedicó más tiempo a estos asuntos. Todas las obras de la veneciana pueden ser calificadas como “tradicionales” y únicamente en el Enrico apreciamos algo (muy poco) de la autora de La nobiltà. No olvidamos las Essortationi, que se verán más adelante. 9 Hubo reediciones de otros libros suyos, pero no de la Nobiltà. 10 No hemos podido identificar la relación de parentesco con Antonio, pero siendo la misma marca tipográfica la que aparece en el frontispicio de los Somascho (un centauro con un arco y una serpiente), concluimos que no se trata de otra imprenta distinta que, por casualidad, llevara el mismo apellido. 11 Antonio, miembro de la misma familia Pinelli que estuvo al frente de la imprenta ducal de la Serenísima República de Venecia durante casi dos siglos. Sus intereses oscilaron desde las publicaciones ocasionales, de poca calidad, pero muy populares, a textos clásicos en latín y griego. 12 La obra es anónima, si bien todo parece indicar que Valtin Havekenthal (1567-1595), crítico y poeta alemán más conocido por su nombre latino, Valens Acidalius, estuvo implicado de alguna manera en su redacción. implicaciones para quien tuvo que ver con ella, caso de Francesco Valvasense, del que daremos cuenta más adelante. El tratado de Bonifaccio no negaba que las mujeres tuvieran alma ni hablaba de ello en general, sino que fue un ataque dirigido expresamente contra Sara Sullam. Según su autor, asistente asiduo del salón que había organizado la poeta en su casa, esta habría negado que el alma fuera inmortal. Vistos los precedentes y el origen hebreo de la anfitriona, se hacía absolutamente necesaria una respuesta. Y allí encontramos también a Pinelli como editor de la réplica de Sara: Manifesto di Sarra Copia Sulam Hebrea: Nel quale è da lei riprovata, e detestata l’opinione negante l’immortalità dell’Anima falsamente attribuitale dal Sig. Baldassare Bonifaccio (1621). La idea de que Pinelli vio una posibilidad para su negocio la sustentamos en que la respuesta de Bonifaccio el mismo año, titulada Risposta al manifesto della signora Sara Copia también apareció de la mano del mismo editor; es decir, que de la misma imprenta salieron en 1621 el tratado de Bonifaccio, la respuesta de Sullam y la réplica de Bonifaccio. Debió parecerle al editor en aquel momento un gran filón que explotar y tal vez lo hubiera sido, de no ser por el nulo interés de la hebrea por continuar una discusión que, al menos para ella, estaba zanjada. El Manifesto fue publicado también por Giovanni Alberti, pero solo Pinelli parece que quiso aprovechar la “fama” de Bonifaccio: en 1622 publicó de este autor Amata, Tragedia y en 1628 Musarum Liber XXV. Urania Ad Dominicum Molinum. Ninguna de estas dos obras tuvo mayor repercusión y, ante el silencio de Sullam, termina aquí su implicación en este asunto. Dejemos entonces, si bien no será la última vez que lo mencionemos, a Pinelli, y volvamos a Ciotti, pero sin abandonar a Sara Sullam. La agria disputa con Bonifaccio no fue el único trago amargo que debió afrontar la hebrea. También se vio envuelta en una extraña historia de acusaciones y robos que tuvo como protagonistas al poeta Numidio Paluzzi y al pintor Alessandro Berardelli. La enrevesada historia, de la 36 Aguilar González, J. Ingenium, 17 2023: 33-40 que no damos cuenta aquí debido a su complejidad13, dio origen a un curioso documento titulado Il codice di Giulia Soliga (o Solinga)14 en el que encontramos el nombre de Ciotti y no en su faceta como editor. El sienés aparecía mencionado en relación con la impresión de las Rime di Numidio Paluzzi (1626), obra póstuma que vio la luz por deseo del amigo Berardelli y en cuyo proemio acusaba a Sullam de haber robado las mejores poesías de Paluzzi mientras él yacía enfermo. La intención, claramente difamatoria, no fue obstáculo para que se publicara el libro, aunque aquí hemos de puntualizar que Ciotti y Paluzzi se conocían ya que, según apunta Harran (2009: 350), el poeta había trabajado como corrector para su imprenta15. Hasta la publicación del Codice, Ciotti había evitado ver su nombre salpicado por las acusaciones derivadas de la disputa. En esta obra, sin embargo, el personaje de Aretino, uno de los encargados de defender a Sullam ante un ficticio tribunal, dice: Oh, Venecia, Venecia, a ti me dirijo. He aquí que de las negras acusaciones testimoniadas contra estos infames ladrones nacen sus falsas imputaciones y con qué desvergüenza quedan en los folios firmados e impresos en tus prensas. ¿Pero, cómo es que no se ve al honorado16 Ciotti? ¿Y por qué rehúye la comparecencia que hoy se hace ante este tribunal? Enrojece el venerable anciano al ver el apellido de los Ciotti impreso junto a tan infames perjuras y esculpido al pie de tan repugnantes mezquindades (Boccato, 1987, 152-153). Son palabras duras, acusadoras, ligeramente enmascaradas: si bien se dirige a él como “venerable”, también dice que “enrojece” al ver publicado su apellido. Así leído, nos da la impresión de que Ciotti se hubiera encontrado su nombre ahí, cuando es evidente que, siendo el editor el máximo responsable de la publicación, es él mismo quien lo puso y el responsable último de que la obra saliera de la imprenta que lleva su nombre. Nuestra interpretación es que Aretino parece estar diciendo más bien que Ciotti debería sonrojarse de vergüenza por haber editado semejantes “mezquindades”. Sobre la pregunta por el motivo de su ausencia, pensamos que puede referirse al hecho de que Ciotti no se pronunció sobre la polémica o que, realmente, no sabían dónde estaba. No tenemos noticia de la fecha de su muerte y algunas fuentes la 13 Para un detallado resumen de la historia consúltese Boccato, 1987. 14 El título por el que es conocido se lo dio el propietario, el bibliófilo Emanuele Cicogna. 15 Además de la noticia en Harran, se pueden consultar las Lettere de Marino (1627), en donde se adivina la buena relación entre ambos, además de conocer algún detalle sobre el editor gracias a las cartas dirigidas a él. 16 Creemos que se trata de una ironía, no solo por el tono que se deduce del discurso, sino porque, de seguro, quien escribió el Codice supo de los problemas de Ciotti con la Inquisición y los libros prohibidos. 17 Años después, en las Lettere familiari e di complimento, quedó claro el asunto del robo, que no fue tal. Giacomo Pighetti (cuñado de Tarabotti) la había incitado a escribir una respuesta a la Satira de Buoninsegni. No habría sido la primera réplica, puesto que Aprosio (1673, 168-169) cuenta que Loredano la encargó en primera instancia a Giambattista Torretti, pero el escaso valor de su Controsatira (1638) no despertó interés alguno. En la carta dirigida al cuñado (Tarabotti, 2005, 171-172) le recrimina que, cuando le mostró la Antisatira, este no le dijo que no la publicara, sino que únicamente quitara algunas palabras que podían causar daño a Buoninsegni. 18 El editor no menciona expresamente la obra ni a su autora, aunque resulta evidente leyendo la nota del impresor: “La autora que la compuso es la señora A. T. Hablo de aquella A. que no supo componer obras sin formar Paraísos” (Buoninsegni 1644, 16). 19 El interés de Oddoni por publicar los siguientes trabajos de Tarabotti quedó claro en la escueta nota a los lectores, donde anunciaba la próxima publicación de otras composiciones que calificó como “más picantes”, mencionando explícitamente la Tirannia paterna. sitúan sobre 1625. Al parecer, se había trasladado a Sicilia y allí murió, por lo que tiene sentido pensar que, realmente, en Venecia no se tuviera noticia de su paradero y no se le hubiera podido preguntar cuál era su posición en todo este asunto. Siguiendo el hilo de este breve discurso que hemos emprendido en torno a los editores, terminaremos con Francesco Valvasense. Nacido en Friuli alrededor de 1616, tenemos noticia de que se mudó con unos quince años a Venecia, donde trabajó como empleado, entre otros sitios, en la imprenta de los Pinelli. No se tiene constancia de su intervención en las publicaciones a las que nos hemos referido, lo cual es normal, teniendo en cuenta su juventud en aquel tiempo. Sin embargo, algo del gusto por las polémicas en torno a las mujeres y su provecho parece que aprendió. En la imprenta de los Pinelli vieron la luz varios libros pertenecientes o relacionados con la Accademia degli Incogniti. Años después encontramos a Valvasense casi como “tipógrafo oficial” de esta controvertida academia, lo cual no creemos casualidad. Y, si hablamos del círculo de los Incogniti, inevitablemente hemos de hablar de quienes tuvieron lazos con ellos, véase, Elena Cassandra Tarabotti. La relación editorial de Valvasense con Tarabotti comenzó con la publicación de la Antisatira en 1644. Se trataba de la airada respuesta de la monja a un tratado jocoso y satírico, pero ciertamente misógino, titulado Satira contro il lusso donnesco, escrita por el sienés Francesco Buoninsegni. En la nota a los lectores por parte del impresor afirma que, tras haber intentado en vano convencer a su autora de que le permitiera imprimirla, se la robó a quien la tenía manuscrita17. De la insistencia primero y el “robo” después, se deduce el interés del editor por conseguir hacerse con la publicación. El motivo, siempre según la nota, habría sido el deseo de honrar a su imprenta. Siempre con el cuidado que es necesario llevar cuando se analizan los motivos de las publicaciones por parte de autores y/o editores, pues tras los aparentes sabemos que se esconden otros intereses, la “honra” a su imprenta vendría de “llevar [la obra] a la luz del mundo”. Es evidente que hubiera sido poco elegante declarar un interés comercial y el único indicio de ello podríamos extraerlo de la alusión al Paradiso monacale18. La obra, publicada en 1643 por Guglielmo Oddoni19, había sido excelentemente 37Aguilar González, J. Ingenium, 17 2023: 33-40 acogida por la comunidad literaria. La mención del Paradiso puede ser interpretada como una clásica estrategia publicitaria que ya hemos atribuido a Somascho y Pinelli: uniendo la nueva obra a una autora conocida20, a la cual había supuestamente robado un texto que no quería publicar, el editor se aseguraba un interés mayor del que habría despertado un tratado por completo anónimo21. Un año después de la Antisatira, en 1645, el editor no se alejó de la polémica en torno a las mujeres con la publicación de las Essortationi alle donne et a gli altri, se a loro saranno a grado. La autora es otra reconocida participante de la querella sobre la que ya hemos hablado, Lucrezia Marinella, si bien en esta ocasión parece22 entrar en la polémica con una opinión contraria a la que años antes había defendido en La nobiltà et eccellenza delle donne. Coincidimos con Westwater (2003: 158) cuando afirma que Valvasense debió ver en la obra “una respuesta a la Satira de Buoninsegni y a la Antisatira, por lo que podemos imaginar que estuviera ansioso por capitalizar el intensificado interés por la cuestión de las mujeres que la publicación de 1644 había creado”. Igualmente, Benedetti (2012, 34) sugiere que la inclinación de Valvasense por temas controvertidos pudo haber sido un factor en su decisión de publicar el último trabajo de Marinella. Nos permitimos añadir a esta inclinación del editor la del círculo de los Incogniti, con Loredano a la cabeza, apoyándonos en el decisivo rol de su fundador en la publicación de réplicas y contrarréplicas. La nota a los lectores que precede a las Essortationi se refiere en tercera persona a “la señora Lucretia”, por lo que parece seguro que no salió de la pluma de la autora. Nos aventuramos aquí a poner “en boca” de Valvasense el contenido de dicha nota, que empieza de con una alusión al carácter histórico 20 No debe subestimarse la importancia de Tarabotti en este periodo. Como afirma Panizza (2004, 39), Tarabotti fue la única mujer en Venecia que disfrutó de la compañía, apoyo y patrocinio financiero de uno de los más distinguidos, talentosos y poderosos aristócratas de la época, Giovanni Francesco Loredano. La extensa red de contactos de la monja, que comprendía dignatarios e importantes figuras de diversos países, quedó demostrada con la publicación de las Lettere familiari e di complimento (1650). 21 Recordemos que la obra estaba firmada únicamente con sus iniciales, aunque es más que probable que el nombre de su autora fuera conocido. 22 Decimos “parecer” para dejar constancia de que el consenso en torno a las intenciones de Marinella no es unánime. Kolsky (2001) y Sinclair (2020), entre otros, ven en el discurso una insinuatio que no contradeciría el contenido de la Nobiltà, mientras que Benedetti (2008) sostiene que la última obra de Marinelli constituye un verdadero cambio de posiciones. 23 No hemos podido identificar a quién/quiénes se refiere Valvasense. Como aventurada hipótesis, pensamos que puede referirse al célebre Giovan Battista Marino. En la nota del editor Ciotti en las Rime (1602) de Marino, menciona que algunas de las palabras utilizadas en el libro podrían ser “no bien entendidas o no bien expuestas y podrían llevar a escándalo o a simple confusión”, atribuyéndolo a una característica del lenguaje poético. Sabemos que Valvasense vendía obras de Marino, ya que cuando la Inquisición ordenó registrar las posesiones de Valvasense como parte del proceso, se encontraron en su almacén varios libros prohibidos, entre ellos el Adonis (1623). Un último apunte para apoyar la hipótesis es un cuadro pintado por Nicolás Poussin titulado El parnaso (1630-1631). El pintor fue protegido de Marino y, según Panofsky (1960), en dicho cuadro, el ignoto personaje que recibe arrodillado el cáliz del dios de la Poesía, Apolo, sería Marino. No obstante, también esta es una aventurada hipótesis, puesto que el personaje no se parece al Marino que conocemos por los retratos. Westwater (2003) apunta bien que podría haberse tratado de Traiano Boccalini, autor de los Ragguagli di Parnaso (1612-1613) que, además de exitosos, fueron considerablemente polémicos. 24 Vita del serafico et glorioso S. Francesco-Le vittorie di Francesco il Serafico (1597) es un poema en octava rima donde se narran las acciones, abstinencias y milagros de santo. 25 L’ Enrico, overo Bisantio acquistato (1635) es un poema heroico compuesto por veintisiete cantos en octava rima basado en la conquista de Bizancio durante la cuarta cruzada (1202-1204). No tuvo la acogida que su autora esperaba por parte de una crítica que se mostró fría. 26 Aclaremos que de ninguna de estas afirmaciones se tiene una absoluta certeza de que sean ciertas, pero todos los estudios parecen indicar que fue así. Además, la posterior condena a Valvasense parece confirmarlo. 27 Giovan Francesco Loredano (1607-1661) fue el fundador de la Accademia degli Incogniti. A él nos referíamos anteriormente cuando decíamos que había quien se divertía con estas disputas. Debió de ser una personalidad insólita la de este patricio veneciano cuyo nombre emerge siempre que de polémica se trata. Escribió obras de carácter religioso, aunque es más conocido por sus textos giocosi. Su relación con Arcangela Tarabotti fue curiosa y no siempre fácil: desde luego pareció sentir un sincero afecto e incluso admiración por la monja, como demuestra su participación en la publicación del Paradiso, lo cual no fue obstáculo para que también se divirtiera a su costa. Hablamos del episodio, recogido en las Lettere y científico de los argumentos tratados en el libro, en contraposición a quienes en sus composiciones “van buscando nuevos vocablos, palabras extravagantes y de falso sabor, transportadas y transformadas de su natural ser para ganarse la “Tirannide di Parnaso”23 (Marinella, 1645, 8). Lo que más llama la atención de esta nota no es la referencia a obras anteriores de la autora, mencionando explícitamente la Vitorie di S. Francesco24 y el Enrico25, sino la ausencia de la Nobiltà. El texto de seguro lo conocía Valvasense no solo por la popularidad del tratado, sino porque Marinella la menciona en varias ocasiones. Como motivo de esta ausencia, podemos hipotetizar que el tipógrafo no deseaba intervenir, o al menos no por escrito, dejando clara su posición al respecto. Esto encajaría con una forma de operar que se observa en otras de sus publicaciones que tratan de estos asuntos, puesto que en aquellas tampoco emite juicio alguno, ni a favor ni en contra. No obstante, sigue extrañando que mencione obras de Marinella que nada tienen que ver con las Essortationi y no haga lo propio con la que es, a todas luces, una respuesta a la Nobiltà. El trago más amargo para Valvasense llegaría solo tres años después de la publicación de la Antisatira. En 1647 aparecía en la imprenta de Gasparo Ventura con sede en Lyon un tratado titulado Che le donne non siano della spetie degli huomini. Discorso piacevole, tradotto da Horatio Plata Romano. Resulta que, al más puro estilo de los Incogniti, lo que era básicamente una traducción de la Disputatio nova contra mulieres no fue traducida por Plata, sino por Loredano, ni publicada en Lyon, sino en Venecia, ni su editor fue Gasparo Ventura, sino el propio Valvasense26. Tiene sentido: el carácter del texto se adaptaba bien al gusto díscolo y descarado de sus miembros, especialmente Giovan Francesco Loredano27 y no es 38 Aguilar González, J. Ingenium, 17 2023: 33-40 descabellado pensar que este se hallara implicado en la publicación. Lo que podía haber quedado como otra disputa más tomó un giro no tan inesperado, teniendo en cuenta las blasfemias que allí se proferían, cuando hizo acto de presencia la Inquisición. Al preguntar los inquisidores a Matteo Leni, editor rival de Valvasense, testificó que este había sido el tipógrafo tanto de Che le donne non siano della spetie degli uomini como del Anima de Ferrante Pallavicino. Las pesquisas llevadas a cabo por los inquisidores terminaron en 1649 con el castigó al editor, al que se le impuso una pena de cárcel por determinar, y la inclusión de la obra en el Index librorum prohibitorum en 1651. Además, se le prohibió continuar con la actividad editorial y a abjurar28. Tarabotti estuvo al corriente de esta condena y a ella hizo referencia en sendas cartas incluidas en las Lettere. La primera de ellas está dirigida a Loredano: Quiero creer, sin embargo, que los aguzados ingenios se andarán con más cautela al denostar a las mujeres ahora que la Santa Iglesia ha declarado a todo el mundo que ellas no solo son de la especie de los hombres, sino que son parte de la divinidad, mientras fulmina a aquellos que niegan que las mujeres no tienen alma con los mismos castigos que acostumbra a dar a aquellos que niegan a Dios (Tarabotti, 2005, 117). El destinatario de la segunda carta es Luigi (Louis) Matharel, dignatario francés al que Tarabotti había enviado el herético tratado. Aquí menciona, sin decir el nombre, a quien lo había publicado: […] los vituperios a las mujeres son vengados tanto por la justicia terrena como por la celeste. Es testigo ese librero, el cual ha visto ya que por expresar sus afrentas29 bajo la prensa para hacer que vean la luz no ha obtenido más sustancia que la quintaesencia de las miserias (Tarabotti, 2005, 223). La actitud de la monja es muy seria en este tema, tal vez incluso demasiado, considerado el carácter satírico y exagerado del tratado, pero también comprensible viniendo de alguien que era consciente de la influencia que tales mitos y creencias habían familiari e di complimento, en el que Tarabotti le solicita, y no por primera vez, que le envíe el Anima di Zeno. Este libro, en el que se trataba sobre el senador Renier Zeno y su polémica contra la Iglesia, nunca existió. Zanette atribuye a Loredano el engaño, pues la broma se encontraba en sintonía con su temperamento e ideas. Es el mismo estudioso quien, analizando la deposición de Matteo Leni en el proceso por Che le donne non siano della spetie degli uomini concluye, no sin razón, “que el traductor de la Disputatio fue él, que el autor del Anima di Ferrante Pallavicino fue él y que él de ambas fue también el editor-propietario” (Zanette, 1961, 404). 28 El proceso aparece recogido en Zanette (1961: 387-397). Además de cómo se desarrollaron las deposiciones y la condena, el estudioso constata también que en mayo de 1649 el editor había retomado su labor con la publicación del De microcosmo de Antonio Santa Croce. Como ulterior apunte, en la edición de la obra no aparece expresamente el nombre Francesco Valvasense, como en otras ocasiones, sino “Ex Officina Valvasensiana”. 29 Las de quienes vituperan a las mujeres, no Valvansense. 30 El tratado escrito por Angelico Aprosio fue la respuesta a la Antisatira de Tarabotti en la que se revelaba que era ella quien se escondía tras las iniciales A.T. Tarabotti consiguió evitar que se publicara, con el consiguiente enfado de Aprosio, que pasó de amigo a acérrimo enemigo. En 1646 publicó Lo Scudo di Rinaldo, ovvero lo specchio del disinganno bajo el pseudónimo Scipio Glareano retomando el tema de los ornamentos. 31 Obra pensada para ser publicada en varios volúmenes que quedo inacabada. Vieron la luz varios volúmenes de distintos editores entre 1622 y 1628. Uno de estos editores lleva el nombre de Simone Ciotti, pero no hemos podido comprobar la relación de parentesco con Giovanni Battista. tenido sobre las condiciones de vida de las mujeres (Weaver, 1988, 23). El juicio contra Valvasense es especialmente severo si consideramos que este no da muestras de ser un “enemigo de las mujeres”. En las diferentes notas a los lectores se limita a las clásicas laudas hacia la autora y su posición se halla en sintonía con la de Loredano e incluso Buoninsegni, que no se mostró en absoluto descontento, sino más bien “entretenido” por la respuesta dada en la Antisatira, remarcando así, una vez más, el carácter despreocupado de los Incogniti. No obstante, para Tarabotti la sola publicación del manuscrito resultaba una ofensa y no debía haber visto la luz. Su posición resulta dura a la vez que coherente con su pensamiento, si tenemos en cuenta que bloqueó la publicación de La maschera scoperta30. La condena de Valvasense tampoco fue una novedad, sino una ulterior demostración de los peligros de publicar ciertas obras. Recordemos que casi dos décadas antes había sido arrestado el editor Zanobi Pignoni por publicar la Dignità e nobiltà delle donne31 de Bronzini, tratado que acabó en el Índice y con su autor debiendo cambiar algunos pasajes. Tal vez Valvasense no tuvo noticia de lo que había sucedido en Florencia, cosa que parece improbable, o quizás pensó que lo de Pignoni no se repetiría veinte años después. La última noticia de la relación entre Francesco Valvasense y Arcangela Tarabotti con la que concluimos este trabajo está basada en otra hipótesis. Como sabemos gracias a las Lettere, la monja luchó durante largo tiempo por ver publicadas tanto la Tirannia paterna como el Inferno monacale. Esta última quedó inédita hasta que Francesca Medioli la recupero en el no tan lejano 1990, mientras que la Tirannia fue publicada póstuma en 1654 bajo el más mesurado título de La semplicità ingannata y el pseudónimo Galerana Baratotti. Zanette (1961, 440-441) comprueba que, a pesar de la condena, Valvasense continuó con su negocio normalmente y atribuye la publicación de esta obra al deseo de Loredano y el hacer de Valvasense. Fuera quien fuera el editor de La semplicità ingannata, acertó al publicar bajo un nombre falso, puesto que, pese a haber cambiado el título, el tratado terminó formando parte en 1661 del Índice de los libros prohibidos. 39Aguilar González, J. Ingenium, 17 2023: 33-40 Conclusiones Es harto difícil acertar con lo que serán siempre suposiciones en torno a las verdaderas intenciones de muchos de los participantes de la Querelle des femmes, sean estos autores o editores. En el caso de estos últimos nos hemos aventurado en nuestro repaso a anteponer el interés económico al académico tras analizar algunas coincidencias. Si fueron solo eso, repetimos, es difícil saberlo. Lo que parece quedar claro es que, como sucede con cualquier polémica, siempre ha existido quien ha visto en estas la posibilidad de alcanzar notoriedad y la oportunidad de sacar provecho jugando para un bando u otro, o incluso los dos a la vez. El mercado editorial en esta época, especialmente en la rica Venecia, debió ser feroz. No es de extrañar que los editores se afanaran por encontrar nuevos autores e incluso incentivar (caso de Ciotti con Marinella) a sus autores para que escribieran libros con los que hacer despuntar su negocio, además de estar siempre atentos a seguir y explotar lo que estaba de moda en aquel momento. Desde luego, la disputa en torno a las mujeres y todo lo concerniente a ellas debió de producir notables beneficios: durante siglos se escribió sobre su comportamiento en todas sus edades y estados, su educación, sus adornos e incluso sus almas. En un ambiente tan competitivo, la búsqueda de nuevos talentos se antojaba necesaria para mantener vivo un mercado ansioso de novedades. Las mujeres escritoras y las disputas en las que se vieron envueltas parecen haber sido el centro de este interés, hasta el punto de que algunos editores se atrevieron a llegar más lejos de lo que la justicia del tiempo permitía, algo que, como se ha visto, no siempre acabó felizmente. Bibliografía Agrippa, Heinrich Cornelius (1529): De nobilitate et praeccellentia faemini sexus. Antwerp: Mich. Hillen van Hoochstraten. Agrippa, Heinrich Cornelius (1549): Della nobiltà et eccellenza delle donne. Venezia: Gabriel Giolito de Ferrari. 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