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La antena de las emociones

Sola Rueda, Manuel

Abstract

La relación entre la radio y la emoción es más que evidente en todos los registros radiofónicos. Lo certifican innumerables momentos narrados en antena que han quedado para la historia con la impronta emocional tanto en el oyente como en el locutor. El presente trabajo pretende conocer más a fondo esa relación, por qué se produce, en qué situaciones y si hay géneros más propensos a la emoción. A través de una serie de conversaciones con profesionales del medio, y partiendo de mis experiencias personales como redactor de informativos en la SER, he querido cristalizar, en una serie de conclusiones, por qué se dice eso de que “la radio emociona”. En este ensayo he plasmado los diálogos, trufados de reflexiones de los entrevistados no solo acerca de la emoción en antena, sino también sobre todo lo que rodea a la emisión cargada de emotividad. El equilibrio entre la razón y la emoción, la delgada línea entre la subjetividad y la objetividad, la pasión del profesional que hace radio y el camino por el que debe transitar el medio para no perderse en el actual escenario donde precisamente las emociones se han convertido en una herramienta electoral. Fútbol, Carnaval, servicios informativos y Semana Santa han sido objeto de reflexión desde los prismáticos de lo emotivo y lo emocional, dando también cabida al plano biológico, para conocer cómo funciona el cerebro ante los sentimientos provocados por una retransmisión de un gol, escuchar una copla en febrero, preocuparse con una noticia de última hora o saborear el silencio de la espera de un paso en las calles de Cádiz.

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Trabajo de fin de grado (TFG) FACULTAD DE COMUNICACIÓN Universidad de Sevilla La antena de las emociones Autor: Manuel Sola Rueda Tutor: Isaac López Redondo Grado en Periodismo SEVILLA, SEPTIEMBRE DE 2021 de 1 47 Resumen La relación entre la radio y la emoción es más que evidente en todos los registros radiofónicos. Lo certifican innumerables momentos narrados en antena que han quedado para la historia con la impronta emocional tanto en el oyente como en el locutor. El presente trabajo pretende conocer más a fondo esa relación, por qué se produce, en qué situaciones y si hay géneros más propensos a la emoción. A través de una serie de conversaciones con profesionales del medio, y partiendo de mis experiencias personales como redactor de informativos en la SER, he querido cristalizar, en una serie de conclusiones, por qué se dice eso de que “la radio emociona”. En este ensayo he plasmado los diálogos, trufados de reflexiones de los entrevistados no solo acerca de la emoción en antena, sino también sobre todo lo que rodea a la emisión cargada de emotividad. El equilibrio entre la razón y la emoción, la delgada línea entre la subjetividad y la objetividad, la pasión del profesional que hace radio y el camino por el que debe transitar el medio para no perderse en el actual escenario donde precisamente las emociones se han convertido en una herramienta electoral. Fútbol, Carnaval, servicios informativos y Semana Santa han sido objeto de reflexión desde los prismáticos de lo emotivo y lo emocional, dando también cabida al plano biológico, para conocer cómo funciona el cerebro ante los sentimientos provocados por una retransmisión de un gol, escuchar una copla en febrero, preocuparse con una noticia de última hora o saborear el silencio de la espera de un paso en las calles de Cádiz. Palabras clave: Emoción, Radio, Vínculo, Oyente, Objetividad. de 2 47 Índice 1. Introducción………………………….…………………………………….4 2. Metodología y objetivos…………………….………………………..……6 3. El hogar de la razón y la emoción…………………………………………9 4. El sonido los recuerdos……………………………………….……….…..19 5. El despertador de las emociones…………………………….…………….26 6. La voz de los gaditanos……………………………………………………32 7. El eco de las gaviotas…………………………… ……..…………………38 8. Conclusiones………………………………………………………………43 de 3 47 1. Introducción Siempre me ha gustado hacer reportajes. Empastar un testimonio anónimo cargado de emoción con el primer acorde de una guitarra. Clavar la última tecla del piano con el final de un mensaje. Bajar el tono de mi voz, realizar una pausa antes de una pregunta o dejar un microsegundo de silencio. Emoción en una línea continua formada por trozos de vida de alguien, música y un texto. Siempre me ha gustado hacer reportajes, de esos que emocionan, que no pasan desapercibidos. Que activan un resorte en la conciencia. Que olvidan por un momento el cuadriculado estilo de números y titulares para escuchar la historia de alguien anónimo, para transformar en excelso algo mundano. El sonido de una cafetera, la muerte, curarse de un cáncer, vivir con esquizofrenia, el teatro o una mañana de reyes. Me apasiona el periodismo y, por encima de todo, la radio. Tengo la fortuna de dedicarme profesionalmente a ella desde segundo de carrera, cuando inicié mis prácticas en Radio Sevilla. Después me contrataron en Radio Cádiz, emisora de la Cadena SER en esa ciudad, donde llevo casi tres años curtiéndome en el periodismo local. Este Trabajo de Fin de Grado está más planteado como un viaje que como cualquier otra cosa. Una búsqueda de respuestas a incertidumbres o dudas personales que me han surgido en muchas noches reflexionando y que sentía la necesidad de comprender para poder aplicarlas en mi día a día. Y para ello he querido acudir a profesionales de renombre, tanto a nivel nacional como a nivel local para contarles esto. Simplemente contarles que me intriga saber por qué la radio emociona, por qué remarca nuestros recuerdos de manera tan profunda y por qué sentimos un medio de comunicación como algo tan cercano a nosotros. Guardo un olor tan profundamente que estoy seguro de que nunca se me borrará. Es el olor que dejaba la colonia de mi abuelo después de salir de peinarse del cuarto de baño cada mañana. Cuando yo entraba todavía estaba ahí. Como su radio ya desgastada y grisácea pero impecable marcando la hora en aquellos números digitales naranjas que se quedaba encendida en una pequeña repisa junto al lavabo. La historia de la radiodifusión ha dejado momentos señalados para siempre, y en todos ellos había un denominador común: la emoción. La primera vez que Iñaki Gabilondo dio la noticia de 4 47 de los atentados del 11-M, el tsunami de Indonesia, el gol de Iniesta, el Óscar a Pedro Almodóvar o el anuncio del Estado de Alarma del presidente Pedro Sánchez. En todos ellos estaba presente la emoción, así que, por eso este texto pivota, por encima de todo, sobre una pregunta: ¿Por qué la radio emociona tanto? de 5 47 2. Metodología y objetivos El presente trabajo constituye un ensayo que tiene como objetivo realizar una revisión del papel que tiene la emoción en diferentes registros radiofónicos. Desde los informativos, el fútbol, la cultura, la Semana Santa o el Carnaval de Cádiz. A lo largo del texto se pretende exponer, a través de diferentes entrevistas con profesionales que atesoran una amplia experiencia en el medio, cuán transversal es el espectro emocional en la radiodifusión, qué importancia tiene para el oyente, cómo se deben gestionar correctamente las retransmisiones para alcanzar el equilibrio entre la emoción y la razón y qué presencia tienen actualmente este tipo de contenidos en las escaleras diarias. El proceso de creación del trabajo comenzó seleccionando a qué personas iba a entrevistar, para que su experiencia y, por tanto, sus testimonios, pudieran arrojar luz a la amplia pregunta de “¿por qué la radio emociona?”. La primera persona en la que pensé fue Pepa Bueno. Su extensa carrera profesional la convierte en una de las más respetadas periodistas del país. Ha estado al frente de dos formatos muy diferentes: la radio matutina, frenética y sin apenas espacio para la reflexión, y la radio nocturna, pausada, tranquila y al compás del final del día, donde caben los análisis calmados. Ella además ha estado en televisión y puede ofrecer su perspectiva desde ambos medios de comunicación. Junto a ella, Juan Manzorro. Para muchos un simple locutor de provincias, pero nada más lejos de la realidad. Elegí a Manzorro para comprobar con él si era cierto algo que pienso desde que llegué a Radio Cádiz: la radio local es la que más emociona de todas. Él lleva toda su vida pegado a un micrófono y con los pies en el asfalto de las calles gaditanas. Su bagaje, además de su humildad y su especialización en Semana Santa y Carnaval le convertían en una de las voces a las que debía de escuchar. En tercer lugar, dos compañeros de redacción: Pedro Espinosa e Ignacio de la Varga. El primero, jefe de informativos de Radio Cádiz. Hombre riguroso, profesional y polivalente, pues además de su tarea como presentador de los informativos matinales está especializado en periodismo cultural. Me parecían muy interesantes los dos aspectos. Primero, por saber si en los informativos cabe la emoción y, en ese caso, de qué forma puede afectar a la de 6 47 credibilidad, a la configuración de las escaleras y a la forma en la que el oyente percibe la noticia. Segundo, porque necesitaba saber cómo expresar la emoción de haber presenciado una obra de teatro, o una película, en antena, después de haber sido testigo de alguna representación artística. Sobre De la Varga, él es jefe de deportes de la emisora. No es una emisora cualquiera. Primero, porque es una de las más antiguas del país y, en segundo lugar, porque es testigo de la pasión de una de las aficiones más famosas de España: la del Cádiz C.F. Uno de los equipos que más simpatía despierta, de la misma forma que lo hacen sus seguidores. Si pretendía hablar de la emoción en antena y, más concretamente en el fútbol, era casi una obligación contar con alguien que relate y conozca esa pasión y esa forma de vivir el deporte rey en antena, vibrando, gritando, enfadándose y llenándose de júbilo con un gol. Además, Ignacio es responsable del Carnaval de Cádiz en la emisora. Cada año pasa un mes completo apostado en un palco del Gran Teatro Falla, llevándole a los gaditanos los sonidos de su tradición cultural más arraigada y más cargada de emociones gracias a sus coplas. ¿Cuál debe ser el papel del periodista cuando no es más que un mero transmisor entre la música de las tablas y el gaditano que escucha su carnaval en febrero? Tanto con Pedro Espinosa como con Ignacio de la Varga hablé en la propia emisora, en uno de sus estudios, a mediados de noviembre. Para completar la selección elegí a Sandra Doval. Una joven de San Fernando, inmersa en su doctorado de neurociencia cognitiva, brillante y cargada de ilusión y conocimiento. Ella ha sido la encargada de aportar lo empírico a este trabajo. Lo que no deja espacio a la elucubración o la reflexión. Pura ciencia. ¿Cómo llega el sonido a nuestro cerebro? ¿Cómo se fraguan los recuerdos gracias a la radio? ¿Qué papel juega la música? ¿Y la voz del locutor?. Necesitaba que alguien me explicase los procesos que sigue el cerebro para recibir y procesar las emociones que nos despierta un transistor en funcionamiento. A Pepa Bueno tuve la oportunidad de entrevistarla en una de sus visitas fugaces a Cádiz para hacer Hora 25, el 30 de octubre de 2020. Con Juan Manzorro me senté en una de las mesas de 7 47 del Atlántico para que la charla durase lo que fuese necesario, con un café de por medio y días después de la conversación con Pepa Bueno, en la primera semana de noviembre. A mis dos compañeros, Ignacio y Pedro, les senté frente a mi en uno de los estudios de la emisora. Lejos de los micrófonos pero cerca entre nosotros. Fueron grabadas a mediados de noviembre A Sandra, fue por teléfono, pues está viviendo en Madrid. Con ella no pude respetar la presencialidad por razones evidentes y la grabación fue a principio de diciembre. He querido que la presencialidad fuese algo central en el desarrollo de las entrevistas para poder pulsar la pasión con la que los profesionales de la radio hablan de este medio. Sus gestos, sus miradas, sus pausas y sus rostros al hacerles recordar parte de sus anécdotas. La principal dificultad que me he encontrado a la hora de desarrollar el trabajo ha sido ordenar las ideas y las reflexiones que han trasladado los entrevistados. Dentro de que se trata de un ensayo basado en los testimonios de profesionales del medio, ha sido necesario aplicar un filtro para no convertir una simple opinión en una conclusión. de 8 47 3. El hogar de la razón y la emoción Es una de esas mañanas frescas de sábado en Cádiz. De esas en las que la sombra refresca más de la cuenta y el hueco donde pega el sol invita a cerrar los ojos levantando el mentón. A las diez de la mañana Pepa Bueno aparece en la puerta del hotel Barceló Occidental. Puntual, para alivio de mi mente, que lleva imaginando desde primerísima hora de la mañana casi en una suerte de ensoñación cómo será la conversación que entablemos. Ataviada con un vestido rojo y una chaqueta de cuero, su aspecto refleja bien esa mezcla de periodista clásica pero adaptada a la perfección a estos tiempos de guerras ideológicas, libertad, feminismo y teletrabajo. Por ella pasan los años, como lo hace con todos nosotros, pero su figura, y casi su forma de caminar diría yo, plasman negro sobre blanco que es una mujer poderosa y honesta. Tomamos asiento en una de las mesas de la terraza del hotel, que está justo en la avenida que vértebra Cádiz, esa ciudad cuyo esqueleto, paradójicamente, está más hecho de arraigo, de canciones, de sal y de levante que de calles paralelas y perpendiculares. Yo le ofrecí una pequeña entrevista de diez minutos aprovechando su participación en un foro en Chiclana de la Frontera. Algo fugaz, una breve conversación en la que, confieso, tuviera más valor tener en la grabadora de mi teléfono a una de las voces que ha despertado al país -y que ahora lo mece en Hora 25 cuando baja el volumen de la vidaque atesorar sus reflexiones. Ella eligió quedar. Sentarnos a desayunar. Una conversación de esas de las que cuelgas la chaqueta en el respaldo y colocas bien el trasero en la silla para encontrar la mejor postura. Fuma y pide un café solo, aunque este último detalle no lo recuerdo muy bien. Reconozco que mientras escogíamos mesa y nos acomodábamos pensaba en no parecer un pipiolo abrumado por la emoción de la compañía. No lo logré. Y me alegro. Ansiaba poder explicarle mis ideas, mis proyectos y mi forma de entender la radio. Buscaba una suerte de aprobación o, al menos, no ser uno más de tantos que se han sentado frente a ella con anhelos de todo tipo y condición. de 9 47 programa. Casi una epopeya radiofónica que recorría los mejores momentos que se habían producido en antena donde destacaba, por lo emotivo, el momento en que se contó en directo, con la voz entrecortada del locutor, la muerte del director de Hora 25, Carlos Llamas. Garrido acabó aquel primer saludo con un: “Esto es la radio. Todo lo demás, o ruido, o silencio”. La directora de Hora 25 está convencida de que hay que recuperar el silencio en la radio, sobre todo en las respuestas. En política, especialmente, los silencios son reveladores y dicen más que mil contestaciones que rezuman a perorata de argumentario. El silencio es vital por los quince segundos que tarda en responder un político, o por los quince segundos que necesita el oyente para asimilar un testimonio demoledor, de los que rasga las costuras del estómago al escucharlo. Aunque Pepa reconoce que le cuesta emocionarse en antena porque tiene “desgraciadamente muy desentrenado ese músculo” -ya saben aquello de los francotiradores y del prime time en la cadena pública-, recuerda a la perfección lo que sucedió durante el confinamiento junto al periodista de Infolibre y analista político Jesús Maraña tras la llamada de una enfermera en directo. “Llamó una enfermera, ella ayudaba a morir a la gente. Contaba cómo les ayudaba a hacerlo y decía en la radio que no se morían solos porque ella les cogía de la mano. Decía aquello para tranquilizar a todos los familiares que estaban escuchando la radio. Fueron palabras que tenían que caer a cámara lenta y había que dejar que llegasen al suelo. Había que darles su tiempo, su silencio, no ensuciarlas con más palabras. Eso es lo que hay que recuperar”. — ¿Tú sigues pasando miedo en antena? — Dos segundos antes de que se encienda el piloto pienso en quién me ha metido en esto. Cuando no pase ese miedo tendré que preocuparme. — Y a ti, ¿qué te emociona, Pepa? — A mi me emociona la autenticidad. Entonces, como si de una performance preparada se tratase, justo en el instante en que Pepa termina de pronunciar la última sílaba, un hombre se detiene junto a nosotros, le mira y le pregunta: de 16 47 — ¿Es usted Pepa Bueno? — Sí, caballero, soy yo, responde ella con una sonrisa. — Que sepa usted que la escucho todos los días. A usted y a Ángels Barcelò. — Pues hace usted muy bien en escuchar la radio. ¿De dónde es? — Soy de la provincia, de Alcalá de los Gazules. El hombre, de mediana edad y barriga bastante prominente, viste una camiseta del Cádiz C.F.. Su mirada es transparente, como un escaparate diáfano con los cristales impecables. Aun con la mascarilla puesta, sus ojos revelan que es tipo honesto. Vamos, que tenía cara de buena persona. — Me he alegrado mucho de conocerla, que lo sepa. — ¡Pues esto es lo que hay, mire usted! Le responde Pepa mientras ríe señalándose el cuerpo de arriba a abajo con las palmas de las manos extendidas. — Lo que hay es una estrella sentada en una silla, dice él mientras vuelve su gesto serio, como queriendo incidir en la sinceridad de lo que acaba de expresar. Cuando el hombre termina la frase continúa con su paseo matutino. De paso ligero, alegre e incluso dando algunos pequeños saltitos, seguramente producto de la excitación tras haber podido entablar una conversación con una estrella sentada en una silla. La performance improvisada continúa. Ahora es otro hombre, este caminando más rápido aún, el que decide darle un consejo desde la lejanía a Pepa Bueno sin llegar siquiera a frenar su carrera. — ¡Ole, Pepa! ¡Date un ‘paseíto’ por la playa, hija, que te va a dar la vida! — Ya me lo he dado. ¡Una maravilla!, responde ella en el mismo código, desde la mesa y con una entonación amigable y desenfadada. Entonces Pepa me mira y, mientras sonríe, decide sentenciar con una frase de las que merece ya no quince segundos de silencio, sino que se convierta en el cierre de la entrevista. de 17 47 “¿Ves, Manu? Esta es la diferencia. Esto no te pasa cuando eres una estrella de la tele. Esta relación de horizontalidad es activar la emoción. La voz tiene esa capacidad. La radio tiene esa capacidad. Con la radio eres parte de la vida de las personas”. de 18 47 4. El sonido los recuerdos La radio es el crujir de la mesita de noche en la que ha reposado toda la vida el transistor de mi abuelo Manolo. Es un olor; el de las tostadas recién hechas en la mañana mientras la voz del locutor retumba en los azulejos. La radio, al fin y al cabo, es historia y, por tanto, son recuerdos. Su sonido es capaz de retrotraerte a un lugar, a un sabor, a una sensación. Casi como un viaje en el tiempo. Son noches con el aparato bajo la almohada escuchando ‘El Pelotazo’ mientras el levísimo hilo de voz del Yuyu que dejaban salir los auriculares te adentraba en la séptima ensoñación. Son mañanas de atascos. Viajes a la playa con varios hermanos acurrucados en las piernas de los mayores. La radio es una madre divisando la orilla bajo su sombrilla mientras escucha una radionovela. La radio es Semana Santa. La radio es carnaval. Y si la radio fuera Cádiz, de algún modo u otro, sería Juan Manzorro. Este vejeriego de figura quijotesca y mejillas clavadas forma parte de la historia de la radiodifusión de esta tierra donde el sol se pone despacito, por si al día siguiente no le dejan volver a salir por la playa de Cortadura. Me he citado con él en el Parador Atlántico, un lujoso hotel que ha visto pasar por sus habitaciones muchos de los artistas que han pisado, con mayor o menor éxito, las tablas del Gran Teatro Falla. Esas que Juan ha visto decenas de veces. Cuando llegué a Cádiz, siendo aún un becario imberbe (más aún de lo que soy ahora), él fue de los primeros que me miró acogiéndome, dándome la bienvenida, interesándose por mí. Pronto aprecié lo mucho que se le quiere y, con el paso de los meses, entendí a la perfección por qué. Manzorro es Manzorro. Y a Manzorro no se le puede no querer. Han pasado unos minutos de las cinco de la tarde, la hora de nuestra cita. Lo primero que veo al levantar la mirada es a Juan caminando hacia mi posición, con la playa de La Caleta de fondo y su bufanda, levemente anudada al cuello, dejando una estela a su espalda por culpa del poniente que se ha levantado hace unas horas. de 19 47 Toda su gestualidad revela que tras esa apariencia espigada, discreta y simple, se esconde exactamente eso: un tipo de aspiraciones terrenales, de excelentes modales, humilde y honesto. Hasta en su manera de detenerse ante mi, colocándose a mi lado e invitándome a acompañarle caminando por la acera con la palma de su mano en mi espalda demuestra su manera de ser. “Empecé en la radio en 1986. O sea, para tres o cuatro meses” responde con ironía Juan cuando le pregunto por sus inicios. Su figura está intensamente asociada a dos materias: el Carnaval de Cádiz y la Semana Santa. Dos asuntos que intercala con los informativos provinciales. Su relación con la radio arrancó en la emisora municipal de Cádiz, “haciendo carnaval, Semana Santa y algo de deporte”. Dice Juan que tiró “por esa vía” y que se siente feliz por todo este tiempo de trabajo con empeño y constancia. Y es que Manzorro encarna a la perfección ese tipo de periodista de provincias, apasionado de su trabajo y de contar las cosas de su tierra. Este ha sido el principal motivo por el que he elegido sentarme a hablar con él sobre la radio y las emociones. “Trabajamos en un medio que su principal valor es la proximidad, la cercanía. Ahí estriba gran parte de su encanto, junto con el hecho de que puedes escuchar mientras haces otras tareas”, asegura. Aunque ahora trabaja mucho más en la televisión, para él la radio ha sido y es “una novia de 25 años que es difícil de olvidar de un día para otro”. Por eso dice que cuando le llaman para alguna unidad móvil o para alguna transmisión de carnaval acude encantado y sin pensarlo un solo segundo. — ¿Por qué crees que la radio emociona tanto, Juan? ¿Dónde está la clave? de 20 47 — Seguramente porque forma parte de nuestra vida, porque es una compañera inseparable y porque tiene una conjunción de situaciones que emocionan, que divierten. Los testimonios, la descripción de los hechos, la música… Todo hace que te identifiques con ese medio. Esa identificación con el medio se convierte en casi un sentimiento de pertenencia cuando hablamos de la radio local. La proximidad del oyente con los temas de los que habla acentúa las emociones y la forma en que la radio se escucha y se siente. No es lo mismo que un gaditano escuche hablar del un altercado en Plaza Catalunya a que ese incidente haya sucedido en la Plaza de Mina. Hacer información cercana, apunta Juan, “es más complicado que hablar del Ministerio de Defensa. En Madrid, las grandes estrellas del medio y sus equipos no es que lo tengan más fácil, pero sí es menos complicado darle en los tobillos a un ministro que al concejal de tu pueblo”. En el momento en que tenemos esta conversación, la última cobertura que ha realizado ha sido la de la manifestación de los hosteleros gaditanos. Juan la describe así: “Me llenó tanto verme con mi inalámbrico en la avenida, Manu. Contando lo que estaba pasando, la incertidumbre, las preocupaciones, los miedos, temores y deseos de seguir trabajando de ese colectivo fundamental en nuestra vida… Me satisface tanto contarle a Andalucía lo que pasaba en Cádiz en ese momento que me sentía muy bien”. Esta es la radio local. La que sigue pisando la calle, la que sigue pulsando su ambiente mirando a los ojos a los protagonistas. La radio que la gente ve representada en un locutor, de pie, frente a la pancarta paseando junto a los manifestantes. Y eso, en antena, se nota. Eso hace que la emisión sea distinta a cuando se hace desde un estudio con una conexión telefónica. Aunque Juan Manzorro ha desarrollado toda su carrera profesional en un medio público como es Canal Sur, donde se pone menos acento en la crítica y en la opinión, reconoce que ha tenido dificultades. de 21 47 “Tuve dos amenazas de querella, una por el mundo del carnaval y otra por la Semana Santa. En carnaval fue porque hice referencia a un local de una agrupación, diciendo que merecía uno más digno. Con la Semana Santa fue porque en una ocasión contamos que unas monjas habían cantado a un paso cuando el cortejo pasaba por delante de donde ellas impartían clase. Las hermanas ese día no estuvieron especialmente inspiradas y nosotros le pusimos un poco de humor al asunto (ríe). Unos señores se enfadaron mucho y dijeron que se iban a querellar”. Es algo que va en el sueldo del periodista, apunta el vejeriego, al tiempo que subraya que es más fácil hablar de cómo han cantado unas monjas oblatas de Valladolid antes que hacerlo en tu entorno más próximo. Sucede, además, que el carnaval y la Semana Santa son dos temáticas donde las vísceras tienen especial protagonismo en su día a día y en el universo que les rodea. Y de eso Juan sabe un rato. Durante más de tres décadas lleva narrando carnaval desde un palco del Gran Teatro Falla y se ha pateado todos los adoquines de las estrechas calles de la capital gaditana haciendo lo propio con la semana de gloria. El redactor local está más expuesto y más sometido a juicios populares y, sobre todo, si en Cádiz se habla de carnaval o Semana Santa. Una presión añadida que convierte al profesional en alguien que rápidamente toma conciencia de lo que hace, de su impacto en la ciudad y de la emociones que provoca su relato. — ¿Dónde está el límite entre describir la emoción del carnaval y la Semana Santa o caer en el ‘ojanismo’? — El carnaval es un mundo tan complicado, que su gente tiene todo mi respeto y consideración. Eso, que vaya por delante. En cuanto a mí, pues tengo unas luchas internas a la hora de contarlo, pero no soy especialmente leñero. En carnaval cultivo más la información que la opinión. Aun así, siempre nos dicen que no nos mojamos. Esto último que cuenta es otra de las señales de que la radio local impacta de manera totalmente directa en el cerebro del vecino, que es oyente. Los ciudadanos escuchan con especial atención lo que les toca muy de cerca, con lo que ello conlleva. Además, algunos de de 22 47 ellos no necesitan recorrer más de dos calles para poder reprochárselo o agradecérselo al periodista. Otro de los valores de la radio que representa Juan Manzorro es el marcado carácter histórico que acumula entre la sociedad, otro de los motivos por los que le pedí, hace una semana, que se sentase conmigo. El olor a historia que desprende la radio, que ha sido testigo impertérrito durante décadas, hace que su sonido se grabe a fuego en la memoria de quienes la siguen escuchando. En el caso de Radio Cádiz, ha sido la emisora que, por excelencia, ha acercado el carnaval a los gaditanos. Ese sonido sigue retrotrayendo al oyente a su infancia, a cuando aprendía a llevar el ritmo del pasodoble con los nudillos en la mesa del salón, a los cassettes de carnaval que grabó su padre y a entonar los popurrís como se hace en el barrio de La Viña. Ese es otro de los vínculos de la radio y la emoción: la historia. “La radio cuenta de forma inmediata lo que pasa en ese momento. En una ocasión me hablaron de una frase atribuida al Matias Prats abuelo, y es que donde había una cabina de teléfono había una emisora”, apunta Juan. La inmediatez, unida a la cercanía de la emisión y de su contenido hacen de la radio local un elemento fundamental en la vida de quien la escucha y, por tanto, influye de manera directa en sus emociones. Los hitos y fracasos de su ciudad han sido narrados por las ondas, y eso le otorga a la emisora “una clave importante en nuestro medio: la autenticidad”, asevera Juan. Autenticidad que, según Manzorro, no se puede comprender sin la credibilidad. Y es que se trata de un tipo de radio hecha por alguien de plena confianza: el locutor que se dedica a la información de tu pueblo o tu ciudad. Al final, ese locutor se convierte en parte propia de la ciudad, en una calle más, en otro elemento carácterístico de la misma. Y eso le ha sucedido a Juan Manzorro. Además, en su caso, los gaditanos le guardan especial cariño por su manera de ser - aunque seguro que ha influido un poco que no le guste demasiado darle en las espinillas a los carnavaleros-. de 23 47 Dejando a un lado la ironía, Juan pudo sentir ese cariño de su pueblo cuando, después de que le detectasen un cáncer que ahora ha vuelto tras conseguir recuperarse una primera vez, en las tablas del Falla sonó su nombre. A eso se refiere sin dudarlo cuando le pregunto qué es lo más bonito que ha vivido en antena. “Hace 3 años me operaron de cáncer y recibí tantas toneladas de cariño, de apoyo… que eso me hizo sentirme muy feliz, y fue gracias a mi profesión. Todo ese manantial de cariño es porque llevo más de 30 años contando la vida de Cádiz de forma sencilla, sin divismo. Soy un simple locutor de provincia que es lo que, por otra parte, he querido ser siempre. Que en el escenario del Gran Teatro Falla se cantara mi nombre y se hiciera una copla de mi trayectoria profesional, créeme que lo digo sin vanidad, fue muy hermoso y en un momento muy difícil”. Como todo tiene su parte buena y su parte mala, junto a reconocimientos como ese que le brindaron en el templo de los ladrillos ‘coloraos’, Juan también ha vivido momentos tan embarazosos como son los gazapos de la radio. — Hace unos años una agrupación canto un cuplé en el que hablaban de la virgen Macarena. Levantó mucha controversia porque decían de la virgen que usaba ‘wonderbra’. Estábamos en el carrusel de coros para toda Andalucía y empezamos a marear la perdiz, porque los coros no llegaban… Entonces salió el cuplé en cuestión”. — ¿Y qué dijiste? Le pregunto mientras aguanto la risa. — Pues entonces tercié yo y dije: “Qué duda cabe que… el cuplé ha levantado…”. Efectivamente, Manu, no dije que había levantado ampollas, sino exactamente lo que tú estás pensando. Ambos reímos echándonos las manos a la cabeza y, a continuación, como a toda anécdota que se precie, Juan le pone la puntilla. — Se hizo un silencio espeso en antena y seguimos hablando como si no hubiera pasado nada… aunque lo recuerdo con sudores fríos. Además es que lo dije con plena nitidez: “qué duda cabe que es un cuplé que ha levantado pollas”. Y me quedé tan fresco. de 24 47 Juan ríe mientras repasa la comisura de sus labios con los dedos. Es en ese momento cuando decido concluir la deliciosa charla, paradójicoamente, con la primera pregunta que plasmé en el cuaderno cuando me puse a preparar su entrevista. — Juan, y para ti, ¿qué es la radio? — Es la fábrica de mis sueños de juventud. Mi novia profesional eterna. La que despertó en mí ilusiones y la que me sigue dando el privilegio de darle vida. Eso es una grandísima suerte. Así es Juan Manzorro. Lo opuesto a la vanidad, a la pedantía y al periodista aburrido por el paso de los años. Locutor de provincia, de la de Cádiz concretamente. Él ha contado sus luces y sus sombras y ha regalado emociones de todo tipo a oyentes de toda clase y condición. Desde monjas cantarinas hasta al trabajador de astilleros que temió por su futuro cuando escuchó en la radio que desmantelarían su factoría. La radio de Cádiz es Juan Manzorro. Su línea discreta, de rigor, credibilidad y pasión le ha convertido en una figura más de la compleja idiosincrasia gaditana. No ha levantado muchas ampollas, pero entre levantás y cantos al levante en el Falla, Juan se sigue levantando cada día para contar, a su gente, las cosas de su tierra. Así de simple. Así de imprescindible. de 25 47 6. La voz de los gaditanos De Mágico González decían que acudía a la mayoría de entrenamientos sin haber apenas dormido. También decían que cuando los responsables del Cádiz Club de Fútbol le llamaban a casa y no lograban localizarle, en muchas ocasiones, estaba con Camarón, en San Fernando, acompañados por Pepe El Manteca, propietario de la mítica taberna del barrio de La Viña. El hondureño es una leyenda del submarino amarillo. Más que eso. Mágico González es el Cádiz. Sus goles han levantado del asiento a centenares de miles de gaditanos que se han desgañitado bendiciendo al genio. En Cádiz, el futbol trasciende más allá del deporte, del espectáculo e incluso del negocio. En Cádiz, el fútbol es parte de la vida. Tan parte de la vida como su carnaval. En estos dos amores eternos que tienen la ciudad y su gente, la radio ha sido testigo y narradora. En gran medida, ha contribuido en ese hermanamiento de una forma fiel, sincera e intensa. Cádiz es más que fútbol y carnaval, pero sin ellos, Cádiz sería mucho menos. La radio ha sido el asiento en el Ramón de Carranza que la familia no se podía permitir. Ha sido la butaca del Gran Teatro Falla para quienes no lograron entrada para ver la final del COAC. Ha sido, y es, la conexión entre los gaditanos y parte de su idiosincrasia. Es por eso que el género deportivo y carnavalesco en antena bien merece un análisis y una reflexión desde el prisma de la emoción, tanto a la hora de contarlo como a la de recibirlo por el transistor. Tanto desde el papel del locutor como desde el del oyente. Hoy la voz del carnaval y del Cádiz en la SER es Ignacio de la Varga. Siguiendo el testigo de su padre, desde hace más de una década es jefe de deportes y quien dirige las retransmisiones del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas. Un tipo parco en palabras, de carácter agrio en ocasiones. Peculiaridades que desaparecen cuando está en antena, donde se transforma. de 32 47 — ¿Qué papel juega la emoción en tu trabajo diario y cuando narras carnaval? — En el fútbol, muchísimo. El fútbol es en sí emoción, es sentimiento a flor de piel. El fútbol sin emoción no es nada. De hecho creo que manda tanto y es tan preponderante en la sociedad porque es casi todo emoción. Si se la quitas, se queda en la mitad de la mitad. A la luz del marcado peso que tiene la emoción en este deporte, las retransmisiones de radio futbolísticas requieren una técnica y un estilo muy peculiares. “Hay que tener en cuenta, además, que un aficionado normal no ve un partido que no le emocione”, apunta Ignacio, añadiendo otra dificultad más al género, y es que todo lo que se diga se revisa más al detalle que en otras disciplinas, pues toca directamente la sensibilidad del oyente. Por eso, asegura, una narración siempre tiene que tener emoción además de “rapidez, hacer un mínimo de teatro, jugar con las frases, con la entonación y darle ritmo”. Y es que narrar un partido de una manera o de otra puede modificar radicalmente cómo perciba el oyente el encuentro, e incluso que le resulte divertido o un ‘muermo’ el juego. “Estilos hay muchos. El de Barcelona no narra igual que el de Madrid, como el de Sevilla no lo hace de la misma forma que el de Valladolid. Está el que narra con la emoción, el chascarrillo, la broma y la crítica punzante, y el que lo hace en una constante hipérbole. En el término medio está la virtud”, afirma De la Varga cuando le pregunto por los estilos actuales de narración. No existe un único criterio precisamente porque, al tratarse de una materia con una gran carga de emotividad, hay una parte muy importante de creatividad y originalidad en la narración. Aunque no es lo único que debe tener, puesto que, según el periodista gaditano, “a veces se corre el riesgo de narrar solo desde la emoción y para el que lo está viendo mientras por la tele. El narrador lo debe narrar para el que lo escucha por la radio”. Esto es, en la emoción y la intensidad visceral de un partido no se debe dejar de lado la descripción y tampoco perder la referencia de que el oyente, sumido en una suerte de éxtasis escuchando cómo juega su equipo, sea capaz de hacer una imagen mental todo lo fidedigna posible. de 33 47 Por tanto, el ftútbol en la radio, aun tratándose de un género menos encorsetado que un informativo y en el que tienen cabida las emociones, debe tener la referencia en la descripción y en la objetividad del locutor. Lo cuenta así Ignacio, que narra el Cádiz para toda España en el Carrusel Deportivo. “Sobre el forofismo y la emoción, debo decirte que muchas veces me sucede en la retransmisión, aunque era sobre todo al principio. Yo narro para el Carrusel Deportivo, y lo hago con partidos en los que el Cádiz se enfrenta a equipos de toda España mientras me escuchan oyentes de toda España, así que debo poner la misma intensidad en ambos conjuntos. Yo quiero que gane el Cádiz, evidentemente, pero cantaré igual un gol del Cádiz que uno del Fuenlabrada, porque igual que narro para el gaditano, también lo hago para el madrileño, el gallego o el valenciano. Hay que apelar a la emoción, pero nunca dejarse llevar por el sentimiento”. — ¿Cuál es el momento más emocionante que has vivido en la radio? — El ascenso del Cádiz a segunda división en Alicante. Veníamos de siete años de Segunda B, fracaso tras fracaso. Era mi primer año como responsable de deportes aquí, salíamos del pozo, había pasado todo el año con el equipo y tenía mucha relación con los jugadores… por muchas cosas es el momento más emocionante. Cuenta Ignacio que, por aquel entonces, el partido se veía por televisión pero solo en Cádiz capital. En el resto de la provincia no podía verse, con lo que escucharon muchísimas más personas que de costumbre. Por desgracia, con la llegada de los grandes paquetes televisivos de pago, la radio ha perdido terreno en el género de la narración futbolística. Un desplazamiento que ha llevado a muchos profesionales, asegura, a caer en el sensacionalismo en antena y en la excesiva apelación a lo emotivo, dejando a un lado la objetividad y la mínima imparcialidad que debe tener el periodista. El temido periodismo de bufanda. — ¿Una noche en el Falla o una narración en el Carranza? — Depende de qué noche en el Falla y qué narración en el Carranza. de 34 47 Ignacio no es capaz de decidirse entre uno u otro. Para él sería como elegir ‘entre mamá y papá’. Lleva tan en su ADN -como tantos gaditanosestas dos expresiones de la cultura local que le resulta imposible. Él ha pasado muchas noches sentado en el palco del Gran Teatro Falla, micrófono en mano y viendo cómo agrupaciones de todo tipo y condición se subían a las tablas del teatro a cantar su repertorio. Algunas -muchas- con escaso estilo y calidad. Otras -las menosauténticas obras de arte que hilan conceptos, palabras, imágenes y música de una manera única en el mundo. Esta dualidad, unida a la espontaneidad del público, hacen de las noches de carnaval uno de los géneros radiofónicos más difíciles de todo el espectro. El equipo de la SER narra todas y cada una de las noches del concurso. Desde las interminables funciones de la fase preliminar hasta la gran final. Es interesante destacar que la llegada de la televisión obligó a transformar las transmisiones de radio en carnaval, que históricamente han supuesto un filón económico para las emisoras. Desde que el concurso empezó a verse desde casa ha perdido valor en la radio, que ha sido, durante décadas, la única forma en la que el pueblo podía escuchar las coplas y grabarlas en cassettes que algunos siguen guardando con empeño. Había que despertar un nuevo interés en el oyente, con lo que las narraciones se enriquecieron optando por registros algo más alejados de lo emotivo y aproximándose más a la información, por ejemplo. Es algo que, sobre todo, se aprecia en la fase preliminar del concurso. “En las preliminares no hay emoción. Normalmente se bromea o se hacen chascarrillos. En el fútbol sí se puede dar un tono emocionante y que el oyente piense que está escuchando un partidazo, pero en el Falla lo que se canta lo escucha ese oyente, que sabe que está siendo muy malo. Tú tienes que entretener. Buscas otros puntos de apoyo para hacer una retransmisión rica e incluso te lleva a hablar de otras cosas que no están pasado en ese momento en las tablas como recordar alguna historia antigua”. de 35 47 Es en la fase final y, sobre todo, en la ‘finalísima’, donde el carnaval alcanza su máxima expresión, su clímax y, por ende, el momento de mayor emoción. Es entonces cuando el oyente evalúa la retransmisión de forma casi visceral. “Lo que canta la agrupación te transmite, o no te transmite. Tú se lo llevas al oyente, que realmente está escuchando lo mismo que tú. Y se está emocionando, o no, a la vez que tú. Y luego ya depende de dónde tenga cada uno la emoción. Para ti puede ser muy emocionante un piropo a Cádiz y otro puede pensar “otro piropo a cadiz””. — ¿Cómo afecta en la retransmisión que el oyente de carnaval ya no sea solo el de ‘Cadi- Cadi’ sino un público completamente globalizado? — La retransmisión ha cambiado mucho. No es que ahora tengamos que explicar las cosas, porque la seguimos haciendo para gente que le gusta el carnaval, pero sí que hemos ampliado muchísimo lo que ofrecemos. Entre la llegada de la televisión y la expansión del carnaval, las emisoras han buscado complementar su oferta con videos, entrevistas exclusivas y reportajes. Entre todos ellos, además de permitir al oyente adentrarse más en la fiesta, hay un denominador común: todos los contenidos tienen una profunda carga emocional, ahora entendiendo emocional como algo estrictamente bonito y emotivo. — Y la crítica, ¿qué protagonismo debe tener en la retransmisión de algo que provoca sensibilidades tan diferentes? — Los demás son menos críticos. Nosotros sí lo somos. A veces nos critican por pasarnos con esa crítica, pero no lo hacemos para hacer daño sino de manera objetiva. Además, para que no desentone con el modo en que el oyente se pone a escuchar carnaval, lo hacemos con gracia y sarna la mayoría de las veces. Ignacio dedica su día a día a moverse entre las emociones de dos tótems gaditanos como son el futbol y el carnaval, pero sin perder la referencia de la objetividad. Su definición de la radio y su explicación de por qué emociona se entiende mucho mejor ahora que he hablado con él. de 36 47 “La radio emociona tanto porque pertenece al día a día de la gente. Ahora ha cambiado mucho con las redes sociales, pero la radio es compañía. La radio forma e informa. Entretiene. Te trae las gestas de tus deportistas, te las cuenta con un estilo de la radio inconfundible. Sabes que hay un ataque de tu equipo y esperas que marque. Esperas el golpe de bombo de tu agrupación favorita en la final del carnaval. La radio te lleva en volandas, te ensimisma”. de 37 47 7. El eco de las gaviotas Cuando Sandra Doval (San Fernando, 1995) cruzó las puertas del ayuntamiento de su ciudad para conocer a la alcaldesa, Patricia Cavada, se percató de la dimensión de aquel encuentro que se había ganado por su brillantez académica, acentuada más aún por su enorme juventud. Inmersa en su doctorado de neurociencia cognitiva, Sandra, que es psicóloga, departió durante varios minutos con la regidora sobre proyectos y ciencia. “Una experiencia increíble”, me cuenta al inicio de la llamada. Al contrario que con el resto de entrevistados, he decidido hablar con Sandra por teléfono desde los estudios de la radio en lugar de hacerlo de forma presencial. Establecemos la conexión desde el estudio central de Radio Cádiz. Tiene una amplia ventana doble por la que entra el sonido lejano de las gaviotas, el olor del salitre, el ruido de las olas cuando el mar está bravo y también el chinchín de las copas de los clientes que comen en el chiringuito que hay justo debajo. Con ella hablaré del sonido, de la música, de la radio y de la relación que tiene con los estímulos y reacciones en el cerebro. Por eso quería que, mientras dialogase conmigo desde su habitación en ese Madrid seco y gris, los sonidos de su tierra le ayudasen a volver a casa aunque solo fuese por unos minutos. Conoce bien el cerebro. O al menos lo que conocemos de él. Trabaja en un campo novedoso y enriquecedor, dice, profundizando en los análisis de electrofisiología cerebral. Le apasiona, es inquieta y la investigación se ha convertido casi en una necesidad, en el vaso de agua fresca que sacia su sed de respuestas sobre el órgano más complejo que albergamos en nuestro interior. Dice que siempre la ha gustado la radio, sobre todo la radio musical. Y que la radio le recuerda a sus padres. Para ella la radio son canciones de Raphael y Manzanita. Le pregunto cómo funciona el cerebro cuando escuchamos música, por ejemplo, en la radio. de 38 47 “Cada persona reaccionará de una manera diferente cuando escuche una canción. Con la música, el cerebro libera una sustancia, un eurotransmisor que se llama dopamina, encargada de la recompensa y el placer. Cuando entran ‘inputs’ auditivos se generan sensaciones de placer en nuestro cuerpo, y eso se conecta directamente con las emociones”. Con esa simpleza, Sandra me aporta una de las respuestas que llevaba tiempo buscando. ¿Por qué cuando escucho en la radio la voz del locutor y, a continuación una canción, me emociona tanto? La música, tal y como explica, activa como un resorte las emociones en nuestro cerebro sobreestimulando los circuitos dopaminésicos. — ¿Y con la voz puede pasar lo mismo? — Sí. Un locutor, con su voz, es capaz de emocionarnos. Tiene que ver con la prosodia del lenguaje. En apenas cinco minutos ha dado con la segunda de las claves. Sandra Doval explica que la prosodia del lenguaje son las características de una voz, como la armonía, el ritmo y las pausas. Elementos, todos, que dotan de calor a la voz humana y que vinculamos con personas importantes como nuestra familia. ¿Y esto qué tiene que ver con la radio? Doval señala que “existe una vinculación emocional especialmente intensa cuando habla un locutor, porque la radio, a ser un medio puramente verbal y sonoro, hace que la prosodia cobre aún más importancia, puesto que está exenta de otros estímulos como, por ejemplo, la imagen”. La isleña encadena una frase tras otra, dejando entrever en sus pausas para respirar que conoce el tema. Y no solo que lo conoce, sino que me la imagino con los ojos brillantes, gesticulando en su habitación y con la vista perdida en el horizonte mientras lo explica. “Los locutores y narradores son capaces de transmitir el tono que ponen cuando dan una noticia. Cuando cuentan una noticia triste ponen la voz más grave, más seria. Nuestro cerebro conecta muy bien con eso porque esta preparado evolutivamente para detectar esas emociones en el lenguaje”. de 39 47 — Y tú, ¿cómo definirías las emociones? — Es algo difícil de explicar si no atendemos a lo que hay detrás, a su funcionamiento. — Entonces, empecemos por ahí. ¿Cómo funcionan las emociones? — Hay una estructura en el cerebro, que es la amigadala, en el lóbulo temporal, encargada procesar las emociones, sobre todo las negativas y las más intensas. Cuando algo nos despierta una emoción intensa, esa zona se activa. De entre todas las preguntas que me llevo haciendo desde que empecé a enamorarme de la radio y, posteriormente, a dedicarme profesionalmente a ella, hay una que está encabezando la lista, justo detrás de la que se cuestiona por qué emociona la radio, y es por qué la radio nos permite conectar directamente con recuerdos muy lejanos de nuestro pasado con una concreción y una riqueza de detalles extraordinaria. La psicóloga, lo explica mencionando de nuevo la amígdala y su conexión con el área de la memoria. Cuando se activa esa zona del lóbulo temporal, las cosas que procesamos a nivel cerebral se graban de manera más intensa y se fortalecen los circuitos de memoria. Es por eso, explica, que si nos preguntan qué comimos el jueves pasado seguramente no lo recordemos, pero si durante aquella comida te llamó tu jefe para ofrecerte un aumento, quede archivado en tu cerebro durante muchos años, incluso para toda la vida. En este procedimiento de marcado a fuego en la memoria, de nuevo, la radio juega un papel esencial, porque la emoción, asegura Sandra, “puede llegar a guiar nuestra memoria”. Dice que la capacidad del locutor para modular la voz en su discurso transmitiendo una idea hace que sea congruente con un estado emocional que determina el recuerdo de o que ha sucedido. La congruencia entre lo que cuenta y el tono que da, el hecho de que encajen a la perfección, es recibido por el cerebro que, automáticamente, lo marca como algo que será difícil de olvidar. La radio acentúa aún más la profundidad del recuerdo, porque requiere de un esfuerzo del oyente para que este, al recibir las vibraciones y el sonido del mensaje, lo procese creando una imagen que, casi siempre, le será más o menos familiar. de 40 47 “Un locutor transmite un mensaje y tú, como receptor, le pones una imagen, construyéndola desde donde te llegue más. Le pones un rostro, un paisaje, por ejemplo, a la noticia que se está contando. Ese proceso de creación de la estampa y el escenario hace que sea más intenso para ti que cuando te ponen esos elementos visuales delante. En la imagen construida siempre habrá algo de nosotros”. — Puede ser perfectamente uno de los motivos por los que la radio marca la infancia de las personas, que recuerdan en ocasiones incluso los olores de aquel momento. — Así es, Manu. Cuando la amígdala se coactiva con los circuitos de memoria, facilita que se active la memoria a largo plazo. La que trasciende a lo largo de la vida. Por eso cuando escuchamos una voz en la radio, o una canción marcada por algo relevante de la vida, el contenido emocional es tan, tan grande, que el proceso puede trascender durante toda la vida. Por eso muchas veces hemos podido ver cómo personas con Alzheimer se emocionan con la voz de sus hijos, o recuerdan a la perfección cómo tocar una canción en el piano. Todo eso lo hace el sonido. El marcado carácter emocional del sonido y, por tanto de la radio, dota al medio de un plus de veracidad y de credibilidad, algo que puede demostrarse empíricamente al apoyarse en la transparencia del canal por el que se traslada el mensaje, según Sandra Doval, que se muestra crítica con la sobreexplotación de las emociones en la sociedad actual y, sobre todo, en el escenario político. Afirma que cuando un mensaje logra conectar con una emoción, el receptor de ese mensaje desarrolla una percepción del ambiente muy similar al que quiere dibujar el emisor. Algo que, según Sandra, puede alejarnos de lo fundamental, que es el discurso y su contenido. Las emociones y lo visceral pueden nublar no solo la conciencia sino la capacidad crítica de, por ejemplo, un posible votante. Por eso ahí, la radio, cuenta con más veracidad, porque no hace uso de las imágenes, no cuenta con los adornos que suele haber alrededor de los discursos. Es un canal, es una dirección y una sola herramienta: la voz. “Por eso se conecta tanto con la radio, porque es dar de 41 47