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Estudio estratigráfico de la Cueva de la Mora (Jabugo, Huelva)

Pérez Macías, Juan Aurelio; Cruz-Auñón Briones, Rosario; Rivero Galán, Encarnación

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ESTUDIO ESTRATIGRbFICO DE LA CUEVA DE LA MORA (JABUCO, HUELVA) A. PÉREZ MACÍAS R. CRUZ—AUÑÓN BRIONES E. RIVERO GALÁN Para aquellos que venimos dedicándonos al estudio del pasado histórico, nos llama poderosamente la atención las más antiguas recogidas de datos arqueológicos con un verdadero interés científico. De entre estas aportaciones, reconocemos en la región andaluza una serie de legados, o de yacimientos arqueológicos de transcendental importancia, y que a pesar de haber sido documentados dentro de la más rigurosa metodología propia de la época, la información que de ellos se obtuvo siempre pecará de imprecisa o incompleta según nuestra óptica actual. En efecto, ciertos yacimientos han pasado a ser verdaderos hitos o mitos historiográficos a la hora de aproximarnos al estudio de las secuencias a revisión, actualizando en la medida de la posible su información. Nuestra intención aquí es llamar la atención, a la vez que revisar la documentación sobre un excepcional depósito de la Sierra Onubense, la Cueva de la Mora (Jabugo), conocida muy a principios de siglo. Su interés básico estriba en el hecho de que, de momento, este yacimiento aporta la secuencia cultural más amplia dentro de la provincia, informando desde ocupaciones Paleolíticas (posiblemente Magdalenienses), hasta Romanas, con niveles intermedios Neolíticos y de la Edad de los Metales (Cobre y Bronce). Y hay que tener en cuenta, que para Andalucía Occidental carecemos de potentes secuencias estratigráficas Pre y Protohistóricas, representativas además de los diferentes espacios geográficos. Así pués, hemos recopilado la máxima información posible sobre el yacimiento, acudiendo a sus fuentes documentales, manuscritos de su excavador (cartas, dibujos, recibos de envío a los museos), compendio de la información bibliográfica, y como no, revisando en los museos pertinentes los materiales del citado yacimiento. Somo conscientes de que necesitamos además un estudio arqueo— geológico que esperamos poder ofrecer muy pronto. 11 Universidad de Huelva 2009 "Dispense usted que le diga que he tenido que arrastrar las mordeduras de la crítica, pero yo firme en el principio de que los museos no son almacenes de mercancía, y no se aprecian las cosas por su valor material, sino que el mismo mérito tiene la alhaja más valiosa que un hacha de piedra, y todo su valor consiste en que se justifique un tiempo histórico, me dedico a mandárselo". Juan M. Romero Martín. Jabugo, 1906. Corría el año 1905 cuando D. Juan M. Romero Martín, se disponía sin saberlo a realizar uno de los descubrimientos más importantes para la prehistoria de la provincia de Huelva. Dentro de sus terrenos se hallaba una pequeña cueva, llamada popularmente de la Mora, y se decidió a limpiarla para que le sirviera de almacén. Desde un primer momento los obreros empleados en tal labor encontraron materiales arqueológicos, que D. Juan M. Romero, a través de su amistad con una familia de libreros madrileños, los Srs. Bailly—Bailliere e hijos, ofreció al Director del Museo Arqueológico Nacional, con quien a lo largo de 1906 mantuvo una correspondencia, interesante de examinar, pues notifica sobre los hallazgos, la relativamente exacta aparición de los mismos, así como en otras ocasiones apreciamos quejas sobre las ridículas críticas de sus vecinosl. Después de estas fechas, parece que se paralizaron los trabajos en el citado yacimiento, al menos no hemos podido rastrear información anterior al año 1922 (Carbonell, 1924), año en el que se descubre la mayor parte de los materiales que han dado fama a la Cueva de la Mora, y que en esta ocasión fueron depositados no en Madrid, sino en el Museo Arqueológico de Sevilla con destino a la Exposición Iber o —Americana, siendo señalados tales ingresos en el registro de Entrada en Propiedad a partir del número 4.902 durante el año 1938. Sin embargo, parece que no sólo donó materiales a los dos museos anteriormente citados, sino que además parte fué enviada al Museo de Badajoz2 y al Museo Arqueológico de Córdoba3. Esta dispersión de materiales posibilitó que el yacimiento fuera conocido en diferentes provincias, a la vez que impedía una justa valoracion de conjunto ante el interés cicatero de los museos de la época. Por otra parte, el dilatado y discontinuo espacio de tiempo que se empleó en la excavación perjudicó el interés por la Cueva de la Mora. Lamentablemente D. Juan M. Romero no dejó notas ni observaciones lo suficientemente precisas sobre la estratigrafía, salvo ciertas referencias que por in- 1. Esta correspondencia así como otros documentos nos fueron remitidos por el Servicio de Arqueología de la Excma. Diputación de Huelva, a cuyos miembros mostramos nuestro agradecimento. 2. Leisner, G. y V (1943). 3. Según referencias de M. Almagro Basch. 12 Universidad de Huelva 2009 dicación del Director del Museo Arqueológico Nacional tomó, de tal forma que los inmediatamente posteriores tratadistas del yacimeinto ofrecen un panorama algo confuso al respecto, motivando cierta desconfianza sobre el valor e integridad de la Cueva, cayendo inevitabelmente en un olvido injustificado. Quienes primero mostraron un interés científico por el yacimeinto o más concretamente por los materiales fueron los libreros madrileños y el directos del M.A.N., según apreciamos en las correspondencias conservadas del año 1906. Sin embargo, hasta 1923 no se publica un primer estudio por parte de D. E Díaz4 de la Comisión de Monumentos de Huelva, que tras una visita realizada a la Cueva con D. Juan M. Romero, recaba la máxima información posible facilitando los primeros datos sobre la naturaleza del terreno, metodología de la excavación, croquis de la planta, así como fotos de los materiales. Todo ello explicado en breves notas cargadas de cierto lirismo serrano. EXCAVACIÓN DE 1906 (Díaz, 1923) Nos refiere que hubo de realizarse una trinchera de 6 m. de larga para entrar en la cueva con facilidad y que su potencia en el interior era de unos 5 m., siendo en esquema la estratigrafía por el presentada la sigueinte: — 0,75 m. de profundidad. Carbones, cenizas y escombros. Hogar con vasija de provisiones a torno. — 2 m. de profundiad. Sepultura rectangular con enterramiento individual, cadáver encogido y echado sobre el lado derecho, del que se conserva un fémur, varios huesos y parte del cráneo. Se recogió una marmita con tapadera en forma de carrete y dos fragmentos más de vasijas incompletas. Junto al cuello del cadáver un trozo de ídolo placa. También apareció un hacha pulimentada. — 4 m. de profundiadd. Carbones y cenizas. Hueso ilíaco de un animal desconocido, problamente bóvido. Deducimos que ésta excavación, a pesar de hablar sólo de tres niveles, en los que claramente se distinguen el correspondiente al enterramiento individual y el inferior con huesos de fauna, seguramente debió atravesarse alguno más, ya que esa diferencia de dos en dos metros resulta excesiva y porque además, así lo demostrarán las posteriores evidencias de los registros arqueológicos del yacimiento. 4. Diaz, E. (1923). 13 Universidad de Huelva 2009 EXCAVACIÓN DE 1923 (Díaz, 1923) D. Juan M. Romero abre dos grandes zanjas en la rotonda de la cueva, detectando inmediatamente huesos humanos, hachas pulimentadas, vasijas, ídolos placa, huesos de animales, cráneos trepanados, vasijas que se unen en el fondo exterior del vaso y otras decoradas en el borde y panza, etc. La información sobre esta excavación resulta algo más explítica en cuanto aspectos morfológicos de los registros artefactuales. Y así podemos apreciar un enterramiento colectivo de la Edad del Cobre, además de otro nivel posiblemente Neolítico. Sin embargo, siguen estando ausente detalles precisos sobre la estratigrafía. Un año después de esta publicación conoce la luz pública un trabajo de especial interés para nosotros, se trata de la obra de A. Carbonell y Trillo Figueroa de 1924, quién por aquel entonces realizaba estudios geológicos en la zona de la Contienda de Encinasola y tras ser invitado a la exposición de los materiales que de la Cueva de la Mora se hizo en Sevilla, entra en contacto con su excavador, recogiendo información para dar la siguiente versión sobre la estratigrafía del yacimiento. ESTRATIGRAFIA DE LA CUEVA DE LA MORA (Carbonell, 1924) 1 4 .— Cascojos y piedras sueltas arrojadas por los labradores para cerrar la cueva, seguramente por supertición ante la aparición de osamentas superficiales_ 2 4 .— Nivel de 1 m. de potencia aproximadamente. Tierra roja. Moneda de Marco Aurelio y botón de hueso coetáneo. 3Q. : Nivel de 1 m. de potencia. Tierras grises. Estéril. 4 4 .— Nivel de 1 m. de potencia aproximadamente, Eneolítico. Una gran piedra alisada en la superficie, empuñadura de madera; numerosos ídolos placas; abundante cerámica de dos calidades una torneada y oscura, y otra más tosca decorada con rayas y puntos, fragmentos ibéricos, entre ella algún ejemplar cilíndrico con decoraciones formando motivos romboidales; hachas y afiladores pulimentados; abundantes restos humanos, alguno de ellos con trepanaciones post morten. 5 4 •— Nivel de unos 0,3 m. de potencia. Capa de estalagmita tobácea. 6 4 .— Nivel Neolítico. Cerámica a mano, escudillas muy planas, vasijas pequeñas, arranques de asas o bien orificios de suspensión; un hacha; cuchillos de si - les y una alabarda. restos humanos abundantes. Huesos de animales, como tejón comadreja y cabra. 7 4 •— Brecha tobácea, anterior a los restos citados conteniendo diferentes huesos que parecen corresponder a un gran mamífero cuaternario. Respecto a esta aportación de Carbonell parece que se intenta aclarar algo más sobre el comportamiento estratigráfico de la Cueva, pero sus observaciones sobre el material arqueológico son confusas, lógico pues se trata de un geólogo. de hecho, cataloga los vasitos cilíndricos decorados como ibéricos, y a su vez to- 14 Universidad de Huelva 2009 do el nivel 6° como Neolítico, donde las "escudillas planas ", los mismos vasos cilíndricos, la alabarda, e incluso cabe la posibilidad que ciertas piezas líticas puedan adscribirse a otro contexto cultural. A pesar de ello, hace ciertas observaciones muy a tener en cuenta como es la distinción de un estrato superficial romano, por la evidencia de la moneda. La existencia de dos niveles con enterramientos colectivos, que nos lleva a pensar en la existencia de dos fases de la Edad del Cobre, aunque separadas por una capa estalagmitica. Al respecto, hemos proyectado realizar estudios geomorfológicos en el yacimiento pues nos permitirán un mejor conocimiento de las diferentes dataciones relativas y fases del período a que afecta. tales formaciones geológicas no son de estrañar, pues en la zona existe una alta pluviosidad que favorece la penetración de grandes cantidades de agua a través de los numerosos sifones que tiene la cueva, originando no solo estas duras capas, sino también brechas tobáceas como la indicada por Carbonell en el nivel 7 4 , o el taponamiento de la torca como consecuencia de la deposición de carbonato cálcico en los mismos derrubios que entran por el hueco. Por otra parte, hemos de destacar su apreciación sobre dos calidades cerámicas en el nivel 4 4 , llamándonos la atención la descripción de las torneadas y oscuras, pues pueden corresponder a vasos del Bronce Inicial. Por último, parece que en este caso también se incurre prosiblemente en el error de presentar asociado en un mismo nivel diferentes momentos culturales, cuestión que no es de extrañar, máxime si tenemos en cuenta que la información no parte directamente del mismo excavador, e incluso la metodología empleada en la excavación difiere de la actual. Tras estos dos primeros estudios pocas obras se han dedicado al total com-, portamiento estratigráfico del yacimiento, de forma que las referencias suelen ser sectoriales analizando niveles o piezas concretas, lo que en si demuestra la importancia de sus materiales arqueológicos y lo significativo que resulta la cueva de la Mora a la hora de investigar sobre las secuencias culturales locales o regionales. Citemos pues dentro de un orden cronológico algunas de las más expresivas publicaciones al respecto. La primera a destacar quizás sea la obra de J. Cabré (Cabré, 1945), quién fija su atención en materiales suntuosos, especialmente los ídolos placa y el crisol de cobre. Lamentablemente esta particularizada visión de la cueva llevó en principio al olvido la existencia de otros materiales, no menos importante y que atañen a otras fases de ocupación como veremos. Más tarde, M. Almagro Basch muestra interés informando primero de la permuta de un fragmento de ídolo placa de esta cueva con el Museo Arqueológico de Sevilla a cambio de una inscripción (Almagro, 1952), y después dando a conocer un excepcional hallazgo, el hueso grabado de estilo Magdaleniense asimilado con ciertas reservas a esta yacimiento (Almagro, 1975). Noticias inmediatamente posteriores se hacen eco de la importancia de la pieza Magdaleniense anteriormente citada, como es el caso de J.P. Garrido y E.M. Orta (Garrido y Orta, 1975), si bien el resto de los materiales son clasificados 15 Universidad de Huelva 2009 de una manera simplista, dentro de lo que por aquél entonces se definía como Bronce I Hispano, hoy Edad del Cobre, despreciando la existencia de materiales neolíticos, que incluso en las fotos publicadas por Carbonell se apreciaban claramente. En ese mismo año M. del Amo, quien se interesaba sobremanera de un período realmente oscuro dentro de la prehistoria de Andalucía Occidental, el Bronce Inicial, hace notar la existencia de registros arqueológicos asimilables a dicha etapa, tales como el sepulcro individual en cista y ciertos vasos carenados, además de cuencos semiesféricos de bordes entrantes, conservados en el Museo Arqueológico de Sevilla, (Del Amo, 1975), materiales que evidentemente eran ajenos a cualquiera de las etapas culturales anteriormente señaladas por los hasta entonces tratadistas de éste depósito. Dentro de ese interés de querer rastrear sólo parte de la documentación del hallazgo, para confirmar teorías un tanto objetivistas, hemos de señalar el trabajo de B. Rothenberg, para quién la cueva es una mina (Rothenberg y Blanco, 1980), excesivamente antigua quizás. Recientemente vienen apareciendo una serie de trabajos, que a pesar de ser estudios específico de materiales o de etapas concretas de la prehistoria local, incidiendo en el interés estratigráfico del yacimeinto, tal es el caso del estudio de las cerámicas neolíticas y calcolíticas (Camalich, Martín y del Arco, 1984), o el de F. Piñón Varela (Piñón, 1986) revalorando el marco del conocimiento actual de las poblaciones neolíticas onubenses. INVENTARIO DE MATERIALES — Museo Arqueológico de Sevilla Registro de Entrada en Propiedad: 4902.— Vaso troncocónico invertido, cuello hiperbólico, base plana. Pasta buena con desgrasantes finos. Superficie interior alisada, excepto el cuello que al igual que la superficie esterior es bruñido. Cocción reductora. Cuatro orificios de suspensión dispuestos regularmente alrededor del vaso. Capacidad 0,1 litro (Camalich, 1984, P. 164). (figura 9). 2903.— Vaso de tendencia semielipsoidal, con el eje mayor dispuesto en sentido horizontal, borde convergente, base convexa. Pasta regular con desgrasante fino y medio. Superficies irregularmente espatuladas. Cocción reductora. Capacidad 0,03 litros (Camalich, 1984, P. 164) (figura 10). 4904.— Vaso hemiesférico con perforación en la pared formando un vertedero. Reducida. Pasta grisacea Desgrasante medio. Alisada. Semicuidada (figura 11). Se corresponde con la figura 33, nº 2, (Camalich 1984.) 4905.— Vaso de tendencia esférica. Base convexa. Pasta regular con desgrasante fino y medio. Superficie interior inapreciable, la exterior alisada. Cocción reductora. Capacidad 0,1 litro. Decoración incisa ancha y poco profunda. Consiste en dos líneas horizontales y paralelas, próximas al labio 16 Universidad de Huelva 2009 de las que parten cuatro pares de líneas verticales y paralelas que se encuentran en la base del recipiente (Camalich. 1984, P. 166) (figura 10). 4906.— Vaso de tendencia bitroncocónico, base ligeramente convexa. Pasta regular con desgrasante fino y medio. Superficies espatuladas, la exterior irregularmente. Cocción reductora. Capacidad 0,09 litros (Camalich. 1984, P. 166) (figura 10). 4907.— Vaso de tendencia cilíndrica, base plana. Pasta buena con desgrasante fino. Superficie interior alisada, excepto la zona del labio que al igual que la superficie exterior es bruñida. Cocción oxidante. Capacidad 0,05 litros. Decoración incisa de anchura y profundidad variable. Próximo al labio tres líneas horizontales y paralelas partiendo de la inferior dos bandas formadas por líneas oblicuas entrecruzadas, separadas entre sí por una línea horizontal. Cubre toda la superficie exterior del vaso (Camalich. 1984, P. 166). (figura 10). 4908.— Fragmento de borde convergente. Pasta regular con desgrasante medio y grueso. Superficies espatuladas. Cocción reductora. Decoración incisa fina y de profundidad variable. Parte de la superficie interior del borde, ocupa todo el labio y la franja superior del borde en la superficie exterior. Forma una banda horizontal de líneas rectas en zig—zag y paralelas. El labio, al igual que la zona interior del borde, está ocupada por series de líneas rectas dispuestas en sentido oblicuo y paralelas (Camalich. 1984, P. 181). Conserva un asa de puente, sección elipsoidal (figura 2). 4909.— Fragmento de adobe con ramiforme inciso (figura 14). 4910.— Botón plano de tendencia circular, con protuberancia rectangular en el reverso, en su zona media tiene una incisión ancha transversal coincidiendo con el lugar donde se ha realizado una perforación en V (Camalich. 1984, P. 160). De hueso (figura 12). 4911.— ídolo placa de forma trapezoidal con perforación en la parte superior. Bandas reticulares en forma de abanico y dos metopas de triángulos reticulados verticales, separados entre ellas y el tatuaje por dos bandas también reticuladas. 4912.— Crisol de cobre (figura 12). 4913.— Gran pieza foliácea con retoque bifacial y abrupto en los bordes, pedúnculo incipiente. De forma triangular, "alabarda" (figura 14). 4914.— Pieza de cerámica "mano de mortero ", cocción oxidante, pasta castaña superficie ahumada. Alisada, semicuidada (figura 12). 4916.— Lámina de sílex, sección trapezoidal truncada (figura 14). 4918.— Lámina de sílex, sección trapezoidal truncada (figura 14). 4919.— ídolo placa de forma rectangular, con dos perforaciones en uno de sus extremos. Sin decoración (figura 7). 17 Universidad de Huelva 2009 4920.- Ídolo placa de forma rectangular, con dos perforaciones en uno de sus extremos. Decoración de líneas quebradas horizontales (figura 6). 4921.- Ídolo placa de forma trapeizoidal, una perforación centrada en su extremo superior, decoración formando un motivo de paralelas en zig-zag y tres metopas de triángulos verticales reticulados (figura 7). 4922.- Ídolo placa de forma trapeizoidal con dos perforaciones en su parte superior. La decoración en su mitad superior forma bandas con pequeños trazos, mientras que en la mitad inferior la decoración es a base de triángulos igualmente rayados (figura 4). 4924.- Fragmento de ídolo placa de forma trapezoidal con dos perforaciones en su extremo superior. La decoración presenta una metopa interior a base de una línea de triángulos rayados, otra línea en zig-zag reticulada y por último una banda posiblemente de triángulos rayados o reticulados, enmarca dicha metopa dos bandas verticales rellenas con paralelas transversales en sentido inverso (figura 6). 4925.- Ídolo placa de forma trapezoidal con perforación en su extremo superior. decoración formada por tres metopas de triángulos verticales reticulados (figura 4). - 4928.- (dolo placa de forma trapezoidal, con dos perforaciones en su extremo superior, decoración mal conservada consiste en dos metopas de triángulos reticulados contrapuestos, y tres inferiores de triángulos reticulados verticales (figura 7). 4929.- Fragmento de ídolo placa, posiblemente de forma trapezoidal. Decoración formando un motivo de "chevrons" y una metopa inferior de triángulos invertidos reticulados (figura 6). 4930.- Ídolo placa de forma de tendencia rectangular, Decorado en ambas caras, presenta dos bandas de triángulos reticulados en su parte superior o inferior, mientras que la parte central carece de decoración pero queda enmarcada lateralmente por una banda reticulada, en la parte superior una decoración de "chevrons" (figura 5). 4931.- Ídolo placa forma trapezoidal, con perforación centrada en su extremo superior. Decoración en ambas caras, una de ellas con dos bandas de zig-zag reticuladas y la otra con una banda inferior de triángulos in- ve rt idos rallados (figura 8). 4932.- Ídolo plaza de forma trapezoidal, con dos perforaciones en su extremo superior. Con decoración en ambas caras, en una de ellas bandas y triángulos reticulados más un par de soles, mientras que en la otra, bandas, triángulos y bitriángulos igualmente reticulados (figura 5). 4934.- Fragmento de vaso que corresponde con el presentado por Camalich fig. 37 n 4 1, pasta buena, desgrasante fino, interior bruñido, exterior espatulado, cocción reductora (Camalich, 1984, P. 18). De tendencia trococónica (figura 12). 18 Universidad de Huelva 2009 4935.- Fragmento de ídolo placa decorado, conserva una banda que forma ángulo decorada en su interior 4936.- Fragmento de ídolo placa decorado, conserva parte de dos bandas de triángulos reticulados (figura 6). 4949.- Fragmento de lámina de sílex, sección trapezoidal con retoque marginal en su extremo proximal (figura 14). 4950.- Fragmento de lámina de sílex de sección trapezoidal y huellas de uso (figura 14). 4951.- Idem anterior (figura 14). 4952.- Fragmento de un vaso, pasta regular, desgrasante fino y grueso, superficie interior y exterior espatulada, cocción reductora, protuberancias en su tercio inferior (Camalich, 1984, P. 181). (figura 13). 4953.- Fragmento de un vaso, pasta buena, desgrasante fino, calidad interior y exterior espatulada (Camalich, 1984, P. 181). Posiblemente de tendencia semiesférica, restaurado (figura 13). 4955.- Fragmento de vaso con cuello, pasta regular, con desgrasante fino y medio, superficie interior y exterior espatulada, cocción reductora (cama -lich 1984, P. 181). Restaurado, posiblemente compuesto de tendencia bitrococónica (figura 12). 4957.- Vaso de tendencia hiperbólica, base ligeramente plana. Pasta buena con desgrasante fino y medio. Superficie interior regularmente espatulada, la exterior bruñida. Cocción oxidante. Capacidad 0,05 litros. Decoración incisa fina y poco profunda. Cubre toda la superficie exterior del vaso, se dispone a partir del labio y consiste en series de líneas rectas verticales, horizontales y oblicuas que se entrecruzan sin forman un motivo determinado (Camalich. 1984, P. 162). (figura 10). 4958.- Fragmento de un vaso, pasta buena, desgrasante fino, superficie exterior espatulada, cocción reductora (Camalich. 1984, P. 181). (figura 13). 4959.- Vaso en forma de casquete esférico. reducida. Pasta grisácea. Desgrasante medio. Aislada (figura 11). Se corresponden con la Figura 36, n 4 2 Camalich 1984. 4960.- Vaso de tendencia troncocónica invertida de poca altura, base irregularmente plana. Pasta regular con desgrasante medio. Superficie exterior grosera y la interior espatulada, si bien en el labio es ya bruñida. Cocción reductora irregular. Capacidad 0,2 litros (Camalich. 1984, p. 168) (figura 11). 4961.- Fragmento de vaso de pasta buena con desgrasante fino, superficie interior y exterior bruñida, cocción reductora y orificio de laña (Camalich. 1984. p. 181). restaurado posiblemente de forma de casquete esférico (figura 11). 19 Universidad de Huelva 2009 sto; vasos, de forma generalmente ovoide y con una particular decoration, son corrientes en establecimeinto neoliticos port►Jgueses, pudiendo señalarse como paralelos representativos ciertos yacimientos del estuario del Tajo (Da Veiga Ferreira, 1969), Cova rourinha (Very Delgado, 1984), Lapa do Fumo (Da Veiga Ferreira, 1974), Gruta das Pulgas (Gallay y Splinder, 1972), Salemas (Da Veiga Ferreria y Alburquerque e Castro, 1976), Santa Olata (Victor Guerra y Da Veiga Ferreira, 1970) y Senhora da Luz (Da Veiga Ferreira, 1969). Todo ello lo señalamos con la intención de indicar, que al menos parte del cariz, y no queremos decir con ello la gestación, del neolitico onubense debió recibir claras influencias portuguesas, al igual que recibirán en este mismo sentido simples aportes de zonas más orientales. En definitiva, hemos de decir que estos materiales suponen hasta ahora la presencia humana estable más antigua de la Sierra de Huelva, donde sin duda deben figurar en algunos otros yacimientos, especialmente en la mancha kárstica de la Sierra de Aracena, y que representarían el contacto con grupos portugueses, constante que se mantendrá durante toda la prehistoria de esta zona, más permeable quizás al Alentejo que al Valle del Guadalquivir o la misma Sierra Morena Oriental (Pérez macías, 1978). La mayor parte de los materiales, incluso los más espectaculares pertenecen a la Edad del Cobre. Sin embargo, más espectacular y rentable hubiese sido el poder comprobar ciertos datos entredichos sombriamente en la publicación de Carbonell (Carbonell, 1924), como es el caso de los dos enterramiento de la Edad del Cobre separados por una capa estalagmitica. el registro individualizado de los materiales pertenecientes a uno u otro enterramiento informaría sobre las fases locales de dicho período. En este sentido solo podemos resaltar ciertas diferencias que aparecen en la obra del citado autor. En efecto, el enterramiento colectivo superior contenía los cráneos trapanados, de tipo braquicéfalo, frecuentes en el Calcolitico (De Hoyos Sainz, 1975); los ¡dolos placas, ya estudiados en otra ocasión, y los vasos cilíndricos decorados que para Portugal se viene asimilando a la "Cultura de los Tholoi" (Splinder y Gallay, 1972), de la misma forma que en el Sudeste aparecen en enterramientos expresivos de un Calcolitico ya bien formado (Cruz-Auñón). Al enterramiento inferior corresponden cráneos no trepanados, mesocéfalos extreordinariamente estrechos de frente con cara muy platirrina y órbita media (De Hoyos Sainz, 1975); las láminas de silex; la alabarda, que por su forma se acerca a los tipos de los sepulcros de corredor alentejanos, como la del Anta de Comenda Grande de Igrera (Leisner, 1943); las "escudilla planas" tan comunes en la Edad del Cobre en Andalucía Occidental tanto en poblados como en enterramiento (Ruiz Mata, 1975); y los vasos de carena media con perforaciones de suspensión y golletes, frecuentes entre los asimilados a la "Cultura de Almeria" (Leisner, 1943; Acosta y Cruz-Auñón, 1981). dentro de este último paquete de materiales resulta arriesgado identificar exclusivamente un único y antiguo momento dentro de la Edad del Cobre, puesto que a pesar de que haya elementos que aboguen en tal sentido, también es verdad que otras piezas pueden indicar cronologías más dilatadas dentro de la misma etapa cultural. 26 Universidad de Huelva 2009 Resta ademas una relativa cantidad de materiales del mismo momento cultural pero de dudosa adscripcion a uno u otro nivel ya que carecen de una indicación precisa por parte de sus excavador. La mayoría de los restantes vasos que posiblemente formarían parte de los ajuares, responden a modelos que se repiten con facilidad en los sepulcros de la "Cultura Alentejana". Entre estos, los pequeños vasos cilindricos, los vasos esfericos a veces con mamelones perforados o bien el borde saliente, los vasos troncocónicos invertidos de base plana, los ovides con hileras de pastillas aplicadas en el borde, entre otros. Por su peculiaridad cabe destacar la pequeña arqueta con perforación, que responde a los modelos bien conocidos en Vila Nova de S. Pedro (Do Paco, 1971) y en el sepulcro de la Zarcita (Cerdán y Leisner, 1975). Asi como la placa de adobe decorada con ramiforme, semejante a otra de Vila Nova de S. Pedro tanto por su forma como en la derocación (Do Paco, 1971). Otro de los períodos de ocupación de la Cueva se refiere a momento de Bronce Antiguo. Ya M. del Amo planteó la posibilidad de que el enterramiento individual perteneciera a dicha etapa (Del Amo y de la Hera, 1975). En efecto, las dimensiones y características del enterramiento tipo cista deben corresponder a dicho período, o como máximo a un momento de tránsito. Ya que parte del ajuar cerámico atribuido al sepulcro recuerda al bagage de la Edad del Cobre, mientras que los fragmento con asas, conservados en el Museo Arqueológico Nacional (Almagro Basch, 1975), encajan tipológicamente en el Bronce Pleno Grupo E, de M. del Amo (Del Amo y de la Hera, 1973). Incluso se repite la normativa del ritual funerario de las cistas, donde la presencias del fémur y del cráneo es elemento determinante (Del Amo y de la Hera, 1979). A esto hay que añadir otros vasos encontrados en el yacimiento, sin posición estratigráfica determinada, pero clasificables tripológicamente en este momen- to, tales como las pequeñas "tazas carenadas" del Museo Arqueológico de Sevilla, muy semejantes a las de las necrópolis portuguesas de Atalaia y Sta. Victoria (Schubart, 1978), corrientes así mismo en las necrópolis de cistas de la provincia de Huelva (Blazquez, 1923. Los vasos atulipados, las cazuelas hondas y las pastillas aplicadas en el fondo de los vasos, se acercan también a ejemplares de la necrópolis de Castañuelo (Del Amo y de la Hera, 1975). El último período en el que se detecta presencia humana lo representa el botón de hueso y la moneda de M. Aurelio, época en la que quizás se utilizó la cueva como refugio ante las invasiones moras o las revueltas lusitanas que suceden en este tiempo (Thouvenot, 1939). En definitva, la estratigrafía cultural de la Cueva de la Mora, y después de examinar bibliográficamente la información a nuestro alcance, creemos debió ser la sigueinte: — Nivel superficial. Cascojo y tierra suelta (Carbonell, 1924). 27 Universidad de Huelva 2009 — Nivel Romano. Evidenciado por la moneda de Marco Aurelio, fechable en el siglo II d. C. (Carbonell, 1924). A. este nivel puede pertenecer un hogar y la vasija a torno (Díaz, 1923). — Hiatus. Tierras grises estériles. Un metro de potencia aproximadamente (Carbonell, 1924). La cueva por lo tanto parece que no se ocupó entre is Epoca Romana y la Edad del Bronce. — Nivel Bronce Antiguo. Enterramiento tipo cista (Díaz, 1923). Tanto los materiales depositados en el Museo Arqueológico Nacional (Almagro Basch, 1975), como ciertos vasos carenados del Museo Arqueológico de Sevilla pueden adjudicarse a este momento (Del Amo y la Hera, 1975). — Nivel Calcolítico 1Q. Enterramiento colectivo. Cráneos trepanados, ídolos placa, vasitos cilíndricos decorados y hachas pulimentadas (Carbonell, 1924). Es probable que la cerámica descrita por Carbonell como incisa de punto y raya, corresponda a los fragmento de vaso campaniforme del Museo Arqueológico de Sevilla. — Hiatus. Una pequeña capa estalagmítica de tres centímetros de espesor (Carbonell, 1924). — Nivel Calcolítico 2. Enterramiento colectivo. Cráneos sin trepanar, Cerámica entre las que figuran escudillas planas y alguna con orificio de suspensión. Alabarda y cuchillo de sílex. Aunque Carbonell atribuye este estrato a momentos Neolíticos (Carbonell, 1924), resulta más expresivo de la Edad del Cobre (Garrido y Orta, 1975). — Nivel Neolítico. Representado por la cerámica decorada correspondiente a dicho período (Camalich, Martín Socas y Del Arco, 1984). — Nivel Paleolítico. Resulta algo dudoso este nivel cultural, pero podría estar representado por el gran hueso ilíaco (Díaz, 1923). La brecha tobácea con huesos de mamíferos cuaternarios (Carbonell, 1924). Así como el hueso grabado (Almagro Basch, 1975) atribuido al Magdaleniense (Vallesp(, Del Amo y Alvarez, 1981). Queda claro la importancia cultural del sector Occidental de la Sierra Morena, con unas posibilidades medioambientales capaz de satisfacer las necesidades de todos estos distintos períodos culturales. Por lo tanto esta zona necesita de estudios extensivos y a su vez puntuales que nos hayuden a reconstruir el modelo ocupacional local de las distintas secuencias históricas. 28 Universidad de Huelva 2009 BIBLIOGRAFÍA ACOSTA MARTÍNEZ, P. y R. CRU" -AUÑON (1976: "Los enterrameintos de las Fases Iniciales en la Cultura de Almería ". Habis 12, Sevilla. ALMAGRO BASCH, M. (1975: "Un curioso hueso grabado del Museo de Huelva". XI! Congreso Arqueológico Nacional. ALMAGRO GORBEA, M.J. (1973): "Los Ídolos del Bronce I Hispano ". Biblioteca Praehistórica Hispana, vl. XII. Madrid. BLAZQUEZ, A. (1923): "Antiguedades Prehistóricas de la provincia de Huelva". Boletín de la Real Academia de la Historia, vol. LXXIII. Madrid. CAB RE, J. (1945): "Los dos lotes de objetos de mayor importancia de la sección de Arqueología Anterromana del Museo Arqueológico de Sevilla". Memorias de los Museos Arqueológicos Provinciales. Madrid. CAMALICH MASSIEU, M.D.; D. MARTIN SOCAS y M@ del C. del ARCO AGUILAR. 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