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La filosofía moral y política de Helvétius

Gómez Valenzuela, Amalia

Abstract

En el presente trabajo se procederá a analizar la teoría moral y política contenida en Del espíritu, una de las obras cumbres de Claude-Adrien Helvétius. A pesar de no ser un autor muy comentado, el ilustrado Helvétius logró sentar las bases del utilitarismo moderno e influir en autores como Jeremy Bentham. Para ello, será necesario examinar su teoría antropológica y descubrir que la ley del interés personal no sólo servirá para comprender el patrón que rige el comportamiento de los seres humanos, sino también, para proveer a los legisladores de los instrumentos pertinentes para establecer una legislación y proyecto educativo cuyo objetivo será el interés general y la felicidad de la nación.

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La filosofía moral y política de Helvétius TRABAJO FIN DE GRADO EN FILOSOFÍA Amalia Gómez Valenzuela Bajo la dirección de: Antonio Hermosa Andújar y Jesús Fernández Muñoz (Departamento de Estética e Historia de la Filosofía) Facultad de Filosofía Universidad de Sevilla Junio 2019 1 Í N D I C E Resumen y palabras-clave / Abstract and Keywords ................................................. 5 1. Introducción ......................................................................................................... 6 2. Helvétius y la Ilustración .................................................................................... 8 2.1. La Ilustración ...................................................................................................... 8 2.1.1. Panorama general ................................................................................ 8 a) Concepción de naturaleza .............................................................. 8 b) Secularización y humanismo ......................................................... 9 2.2. Claude-Adrien Helvétius .................................................................................... 11 2.2.1. Vida y obra .......................................................................................... 11 2.2.2. Del espíritu y su contexto ilustrado radical ......................................... 11 3. Antropología ......................................................................................................... 13 3.1. La pregunta por el ser humano ........................................................................... 13 3.1.1 Finalidad del estudio de la condición humana ...................................... 13 3.1.2 Enfoque realista e importancia de la experiencia ................................. 13 3.2. Gnoseología ....................................................................................................... 14 3.2.1. Sensibilidad como principio de conocimiento e igualdad natural ....... 14 3.2.2. Posibles causas de la desigualdad de espíritu ...................................... 16 3.3. Introducción al principio de utilidad .................................................................. 17 3.3.1 Ideas útiles e interés .............................................................................. 17 3.3.2. Analogía entre ideas y estima .............................................................. 18 3.4. Sobre las pasiones ............................................................................................... 21 3.4.1. Continuando la cuestión sobre la desigualdad de espíritu ................... 22 3.4.2. Fuerzas determinantes ......................................................................... 22 2 a) Pereza: deseo de ser ....................................................................... 23 b) Odio al aburrimiento y pasiones fuertes: deseo de ser feliz .......... 24 c) Deseo de felicidad y deseo de reconocimiento .............................. 25 3.4.3 Génesis de las pasiones ......................................................................... 26 3.5. Consecuencias de las consideraciones anteriores ............................................... 29 4. Moral y Política .................................................................................................... 31 4.1. Consideraciones previas: la ley del interés personal, materialismo y epicureísmo ....................................................................................... 31 4.2. Definición y características de la rectitud y la virtud ......................................... 33 4.2.1. La rectitud, ley del interés y felicidad personal ................................... 34 4.2.2. La rectitud secularizada ....................................................................... 36 4.2.3. La rectitud, ley del interés de la nación y felicidad general ................ 38 4.3. La ciencia de la moral o ciencia de la legislación .............................................. 39 4.3.1. La moral que no contribuía a la felicidad humana .............................. 40 4.3.2. Papel e importancia de la legislación .................................................. 42 4.3.3. Herramienta legislativa: sistema de castigos y recompensas .............. 43 4.4. El despotismo .................................................................................................... 45 5. La educación 5.1. El papel de la educación en la Ilustración .......................................................... 49 5.2. Resolviendo el problema de la desigualdad ....................................................... 49 5.3. La utilidad del arte de la educación .................................................................... 50 6. Conclusiones ......................................................................................................... 53 7. Referencias bibliográficas ................................................................................... 55 Fuentes ........................................................................................................... 55 Bibliografía secundaria .................................................................................. 55 3 A todas aquellas personas que contribuyeron a que brotara en mí la semilla de la curiosidad. A mis padres, mi hermano y, en especial, a mi abuela Chiqui por haber compartido conmigo una etapa más de mi vida. 4 “Para agradar a la gente mediocre hay que cometer errores comunes, conformarse a las costumbres y parecerse a todo el mundo”. Helvétius: Del Espíritu, Disc. IV, Cap. 13, p. 342. “La verdad se percibe y engendra únicamente en la fermentación de las opiniones contrarias. El universo sólo nos es conocido a través de aquel con quien nos relacionamos. Quien se encierra en un círculo social no puede evitar adoptar sus prejuicios, sobre todo si halagan su orgullo”. Helvétius: Del Espíritu, Disc. II, cap. 9, p. 69. 5 Resumen: En el presente trabajo se procederá a analizar la teoría moral y política contenida en Del espíritu, una de las obras cumbres de Claude-Adrien Helvétius. A pesar de no ser un autor muy comentado, el ilustrado Helvétius logró sentar las bases del utilitarismo moderno e influir en autores como Jeremy Bentham. Para ello, será necesario examinar su teoría antropológica y descubrir que la ley del interés personal no sólo servirá para comprender el patrón que rige el comportamiento de los seres humanos, sino también, para proveer a los legisladores de los instrumentos pertinentes para establecer una legislación y proyecto educativo cuyo objetivo será el interés general y la felicidad de la nación. Palabras-clave: Helvétius; Sensibilidad; interés personal; amor propio; rectitud; legislación; interés general. Abstract: In this work we will proceed to analyze the moral and political theory contained in Del Espiritu, one of the pinnacles works of Claude-Adrien Helvétius. Despite not being a very commented author, the enlightened Helvétius managed to lay the foundations of the modern utilitarianism and influence authors like Jeremy Bentham. To this end, it will be necessary to examine its anthropological theory and discover that the law of personal interest not only serves to understand the pattern governing the behavior of human beings, but also to provide legislators with relevant instruments to establish legislation and educational project whose objective will be the general interest and the happiness of the nation. Keywords: Helvétius; Sensitivity; self-interest; amour-propre; righteousness; legislation; general interest. 6 Introducción Existen períodos en la historia del pensamiento que destacan por su claro impacto e influencia en la construcción de un marco conceptual en el cual determinados valores y concepciones del mundo se adhieren a las comunidades en las que se desarrolla el ser humano. La Ilustración o Siglo de las Luces es un ejemplo de período cuya trascendencia nadie ha puesto en duda, y esto es así, no sólo por la relativa proximidad que separa la actualidad de los siglos XVII-XVIII, sino también, debido a la semejanza que existe entre el proyecto ilustrado y las tendencias de pensamiento que imperan hoy en día. Asimismo, aún siendo la Ilustración objeto de continuos esfuerzos de clasificación en un fenómeno unitario y homogéneo, se ha de decir, y es la línea que seguirá el presente trabajo, que bajo la denominación de Ilustración como período histórico se enmarca un todo común que aúna diversos estilos de pensamiento, variando estos según los países en los que se empezaron a gestar; los autores que influyeron y fueron influidos; y las situaciones sociales y culturales propias de cada lugar. Alrededor de este clima ilustrado nos encontramos a un personaje no muy conocido, pero que, sin duda, consiguió marcar el rumbo intelectual de autores como Jeremy Bentham, Friedrich Nietzsche o Karl Marx. Este autor es Claude-Adrien Helvétius y el objeto del presente trabajo consiste en analizar y comentar las principales ideas que éste proyecta sobre la sociedad, la política y la moral en una de sus obras cumbres: Del espíritu. Para ello, es menester partir ─al igual que el autor─ del estudio en sentido plenamente realista y descriptivo de la naturaleza del ser humano. Como se verá más adelante, este afán sistemático contribuirá a que los sistemas teológicos-doctrinales en el campo de la moral y la política sean juzgados y desechados, estableciendo así, nuevas claves para entender el comportamiento del ser humano y edificar un sistema político y moral que se adecue a su naturaleza. El presente trabajo está dividido en cinco capítulos principales. En el primer capítulo se describen los rasgos generales de la Ilustración con la finalidad de ubicar a Helvétius en su contexto particular, la Ilustración radical francesa del siglo XVIII. A partir del segundo capítulo se procederá a analizar y comentar la obra Del espíritu con el fin de extraer las ideas claves para comprender el pensamiento moral y político contenido en dicha obra. El segundo capítulo está dedicado a señalar la concepción de ser humano que refleja Helvétius en la obra. Comenzar el trabajo a partir de la antropología helvetiana es crucial, no sólo para seguir el orden de argumentación que sigue el autor, sino también, para poder comprender la finalidad que cumplen en su discurso aquellas convenciones sociales y políticas tan fundamentales como la legislación, la forma de gobierno y el 7 conglomerado conceptual moral que aúna valores como la justicia, la libertad o la rectitud. Por esta razón, el tercer capítulo estará dedicado a profundizar en el terreno moral y político, volviendo a desarrollar brevemente los rasgos antropológicos ─ley del interés personal y utilidad─ que revelará los rasgos de la forma de gobierno y legislación ideal. Finalmente, en el cuarto capítulo, se explicará someramente el proyecto educativo que Helvétius considera necesario para la reforma de las sociedades. Es menester adelantar que concluir el análisis con este capítulo es de especial relevancia debido a un asunto que se se convierte en el hilo conductor de toda la obra. En efecto, Helvétius abre la cuestión acerca la aparente desigualdad de conocimiento de los hombres por naturaleza. Esta cuestión se plantea en el capítulo sobre la antropología, prosigue su debate en el capítulo dedicado a la concepción política y moral del autor, para finalmente, resolverse en el último capítulo dedicado a la educación. 8 2. Helvétius y la Ilustración 2.1. La Ilustración 2.1.1. Panorama general Existe gran diversidad en el abordaje del estudio e interpretación de la época ilustrada 1 . Una forma de acercarse a la Ilustración podría ser delimitando las formas de pensamiento que se pudieron dar en las regiones diferentes de la Europa de los siglos XVII y XVIII, por ejemplo, en Francia. Otra forma de acercarse a la Ilustración consiste en partir de los empiristas ingleses y del ideal científico que bordeaba sus planteamientos, para así, concluir que la Ilustración no es más que una reorientación o continuación de este movimiento. Otros autores apuestan por declarar que existen diferentes ilustraciones que aunque tengan algo en común en realidad se perciben grandes diferencias. En este trabajo se apuesta por acercarse a la Ilustración de la forma que propone Jonathan I. Israel en la obra citada, es decir, afirmando que la Ilustración europea es un solo movimiento en el que se integran un determinado número de elementos sociales y culturales en común y que por tanto, estos elementos responden a un universal conglomerado de cuestiones compartidas. En esta forma de abordar la Ilustración se diferencian dos grandes movimientos de un todo: un movimiento ilustrado moderado y otro movimiento ilustrado más radical. El segundo movimiento será esencial para situar al autor que en el presente trabajo se pretende estudiar: Helvétius. En cuanto a la cronología, se podría datar la Ilustración dividiéndola en tres grandes períodos: el primero data en la franja temporal que va desde 1650 a 1680 y viene marcada por la “crisis de la conciencia europea” 2 ; el segundo se sitúa entre 1680 y 1750; y el último, a partir del año 1750. Este último período coincide con una situación en la que los planteamientos ya están bien asentados y difundidos. a) Concepción de la Naturaleza A partir del Renacimiento y de forma más desarrollada en la Ilustración, la naturaleza se convirtió en un manantial de información a través del cual se podía acceder al conocimiento de la realidad. Es menester destacar que la amplitud de las influencias que determinaron la nueva concepción de la naturaleza fue y es inconmensurable 3 , no 1 Cfr. Israel. I. Jonathan. La ilustración radical. La filosofía y la construcción de la modernidad 1650- 1730. 1ª edición. México: Fondo de cultura económica, 2012. “Prefacio” pp. 9-11. 2 Ídem: Este concepto, según indica Jonathan Israel, fue acuñado por primera vez por Paul Hazard. 3 Cassirer: op. cit., p. 54. 15 “Afirmo además que todas las operaciones del espíritu consisten en la capacidad que tenemos de percibir las semejanzas o diferencias, las concordancias o las discordancias que tienen entre sí los diversos objetos. Ahora bien, esta capacidad no es más que la propia sensibilidad física: todo se reduce a sentir” 21 . Con el último fragmento citado, aparece el primer supuesto epistemológico a tener en cuenta para poder llevarlo al terreno antropológico: juzgar no es más que sentir. Al entender el espíritu como un conjunto de ideas (no como facultad) y al situar la sensación como principio de conocimiento, en este primer acercamiento, Helvétius pretende preservar la igualdad natural entre todos los hombres y sostener que es la educación la que puede provocar la desigualdad aparente que se da entre los hombres. Atendamos al argumento: (1) si el espíritu no es más que un conjunto de ideas; (2) si esas ideas proceden de la sensibilidad física 22 ; (3) si a su vez, el sujeto juzga a partir de las impresiones que ha recibido; y si la sensibilidad es algo que todos los hombres tienen en común, nos queda que todos los hombres son susceptibles de espíritu. Dicho de otro modo, si es la sensibilidad aquella que causa todas nuestras ideas y el espíritu es un conjunto de ideas, todos somos susceptibles de espíritu. Habría señalar que estos presupuestos epistemológicos con los cuales el autor comienza la obra están estrechamente unidos a la corriente empirista inglesa introducida al continente gracias a autores como Voltaire. Así, en la cuestión sobre la capacidad de ser afectado y la capacidad de generar ideas, es decir, entre sentir y apercibir, se podría encontrar similitudes con la distinción que establece Hume entre impresiones e ideas. Para David Hume, la percepción se reduce a impresiones e ideas, las primeras aparecen con más fuerza, provienen directamente de la sensibilidad física y se podrían englobar bajo las sensaciones, emociones y pasiones; las segundas aparecen con menos fuerzas porque no provienen directamente de la sensación, sino de las impresiones recibidas, así, el pensar y el razonar son movimientos que surgen a partir de las impresiones 23 . De cualquier modo, habría que destacar que Helvétius construirá una teoría del conocimiento variada y a veces contradictoria 24 ─cuya mezcla de suposiciones epistemológicas provenientes de autores empiristas como Locke o Hume─ , con el fin de apoyar las tesis éticas y políticas que aparecerán a lo largo de la obra. 21 Ídem, Disc I, Cap. I., p. 15. 22 La memoria queda reducida también a sensibilidad física: recordar es sentir. 23 Hume, David: Tratado sobre la naturaleza humana, Madrid, Tecnos, 2005, p. 43. 24 Cfr. José Manuel Bermudo: op. cit., “Notas del traductor”. Nota 6 del discurso I, p. 443. 16 3.2.2. Posibles causas de la desigualdad de espíritu Con los supuestos antes señalados, Helvétius, mediante la observación a través de la experiencia, somete a interrogación el motivo por el cual los hombres a simple vista parecen diferentes en conocimiento. Como antes se había indicado, la aceptación de que todos los hombres son susceptibles de espíritu gracias a la sensibilidad física y que, por tanto, todos los hombres son iguales o tienen la misma potencia, surge la cuestión acerca la desigualdad aparente en facultad entre los hombres. Así, preguntará Helvétius: “¿A qué causa atribuiremos la gran desigualdad que apreciamos entre hombres que parecen haber recibido la misma educación” 25 . El primer motivo que podría ser responsable de la desigualdad entre los hombres podrían ser las diferencias de agudeza de los sentidos, es decir, que un sujeto pudiera tener más desarrollado el sentido de la vista que otro y entonces se procediera al juicio de forma diferente. Helvétius niega esto anterior ya que, lo que importa no es la adecuación imagen-cosa, es decir, que el sujeto perciba las dimensiones exactas de los objetos, sino las relaciones correctas entre objetos 26 . “De lo que concluyo que, entre los hombres que llamo bien organizados, la superioridad del conocimiento no se debe al grado de perfección mayor o menor de los órganos de los sentidos, tanto internos como externos, y que la gran desigualdad de los espíritus depende forzosamente de otra causa” 27 . Esta buena organización referida por Helvétius en el fragmento anterior se relaciona directamente con la capacidad de atención y la memoria. Por tanto, negando que fueran los sentidos la causa de desigualdad, ahora Helvétius se detiene en la amplitud de la memoria para observar si es esta facultad, la responsable de la aparente desigualdad de conocimiento entre los hombres. Así, Helvétius sirviéndose de un ejemplo aplicado a las figuras de Montaigne y San Agustín, demuestra cómo teniendo ambos mala memoria ─gracias a su deseo de saber─ lograron situarse entre las mejores memorias. Por ende, el simple deseo de instrucción supera a la memoria y ésta no es causa de la desigualdad entre los hombres 28 . Lo que con esto queda dicho en lo que al tema del presente capítulo nos atañe, es que la desigualdad aparente no se debe a instancias precognitivas 29 que posibilitan la sensibilidad física ─la percepción de objetos exteriores─ como los sentidos 25 Helvétius: Disc.III, Cap 1, p. 151. 26 Cfr. J.M Bermudo: “Notas del traductor”. Nota 7 del discurso II, p. 464. 27 Helvetius: Disc. III, Cap. 2, p. 156. 28 Ibídem Disc.III, Cap.3. p. 156. 29 En tanto que origen de ideas. 17 o la memoria. Si todos los hombres están dotados de sensibilidad física, no habrá ninguna desigualdad para generar ideas. Empero, el autor francés, como se verá más adelante, recurrirá a otros rasgos constitutivos de la naturaleza humana para responder porqué los hombres pueden ser diferentes en espíritu, estos rasgos vendrán relacionados con las fuerzas, que según el autor, atraviesan el alma humana, como la pereza o el aburrimiento. Serán las pasiones, igualmente causadas a partir de la sensibilidad física, aquellas que puedan explicar la desigualdad entre espíritus en tanto que son ellas a las que el hombre debe la inspiración capaz de lanzarse hacia nuevos descubrimientos. En otros términos, un hombre inspirado por el deseo de estima o cualquier otra pasión, siendo esta pasión más fuerte que la pereza, puede emprender numerosas lecturas y meditaciones sobre cualquier tema; estas meditaciones y lecturas van a provocar que la cantidad de ideas para relacionar se multipliquen y así proveer al espíritu de más amplitud y capacidad para discernir. En este sentido, un hombre movido por una pasión fuerte que estimule su impulso hacia el conocimiento puede ser desigual en espíritu a otro sujeto que no ha sido movido por pasiones tan fuertes. ¿Será la educación la que marque la diferencia? De ahora en adelante se profundizará en el estudio del ser humano que emprende Helvétius para completar estas cuestiones ya esbozadas que faltan por exponer. “De lo que se sigue que todos los hombres están dotados por la naturaleza de un espíritu igualmente justo, y que si se les presentan los mismos objetos formarán los mismos juicios. Ahora bien, como la expresión espíritu justo, tomada en toda su extensión, comprende toda clase de espíritus, el resultado de lo dicho más arriba es que todos los hombres que llamo bien organizados, al haber nacido con un espíritu justo poseen el poder físico de elevarse a las más altas ideas”. 3.3. Introducción al principio de utilidad 3.3.1 Ideas útiles e interés Ahora que ya se comprende el punto de partida por el cual el autor va a erigir los cimientos de su ética, es menester que se prosiga con el planteamiento meramente descriptivo que aparece en el Discurso II. Hasta ahora se ha aseverado que para el autor, juzgar es sentir; en consecuencia, el principio de conocimiento en el hombre se reduce a sensibilidad física. Asimismo, se ha mencionado que el espíritu es un conjunto de ideas, y que como todos los seres humanos poseen sensibilidad física, todos son susceptibles de espíritu. En el Discurso II titulado El espíritu en relación con la sociedad Helvétius amplía el horizonte por el cual se debe entender el espíritu. El espíritu ya no va a ser 18 únicamente entendido como un conjunto de ideas o ideas nuevas, sino que además, esas ideas tendrán que ser interesantes. Esta nueva definición de espíritu conduce a una nueva formulación de la acción de juzgar que antes no se había estipulado. En efecto, desde ahora el interés se va a convertir en el principio necesario e inevitable que acompañará a los juicios de los hombres. Este interés, va a consistir ─como bien reiterará Helvétius a lo largo de la obra─ en el amor a todo lo que puede procurarnos placeres o librarnos de penalidades 30 . “Cada individuo juzga las cosas y las personas por la impresión agradable y desagradable que recibe: el público no es más que el conjunto de todos los individuos; por tanto, sólo se puede tomar como regla de sus juicios a su utilidad” 31 . Interpuesta esta afirmación, Helvétius siguiendo el carácter sistemático que lo caracteriza, establece la distinción entre tres tipos de ideas: ideas útiles, perjudiciales e indiferentes 32 . Las ideas útiles son aquellas que dispone al hombre a entretenerse o instruirse, o siguiendo la definición anterior, aquellas que le procura placeres. Las ideas perjudiciales, por contra, producen impresiones dañinas y causan sufrimientos o penalidades. Por último, las ideas indiferentes son aquellas que no causan ninguna impresión, y pueden catalogarse como aburridas. Como el aburrimiento para Helvétius tiene connotaciones negativas como podremos ver en el Discurso III, las ideas indiferentes acaban siendo dañinas y perjudiciales para el hombre en tanto que pueden interferir con el deseo de ser feliz. 3.3.2. Analogía entre ideas y estima A partir de la noción de interés unida al concepto ─a veces variable─ del espíritu, el autor va a desarrollar de forma ordenada y metódica la cuestión sobre cómo se relaciona el ser humano con los diferentes entornos sociales en los que éste se mueve 33 . Estos son: (1) el espíritu en relación con un individuo, (2) el espíritu en relación con las sociedades privadas, (3) el espíritu en relación con el público, (3) el espíritu considerado en relación con los diversos siglos y países, (4) el espíritu considerado en relación con los diferentes países. Es interesante esta clasificación porque parte del nivel más elemental dónde se sitúa el hombre, relacionándose con individuos, a niveles más complejos y amplios como 30 Helvétius: “Sección notas del autor”, Nota 5, Disc. II, Cap.1, p. 388. 31 Ídem, Disc II, cap 1. p. 37. 32 Ídem. 33 Dejaré apartada la cuestión acerca la rectitud y el espíritu para el apartado de la moral. 19 son aquellos que relacionan al individuo con las sociedades particulares a las que pertenece; con la nación o Estado del que forma parte; con el público en tanto que colectivo de individuos en general; y con el resto de naciones. Igualmente, es de especial relevancia el hecho de que Helvétius haya constatado, no sólo el presente, sino el carácter plenamente histórico que conecta al individuo con su circunstancia. Así las cosas, unas de las constantes en el estudio antropológico que podemos encontrar en Del espíritu es la necesidad de acudir a la experiencia para poder tener la capacidad de gestionar un orden prescriptivo más acorde a la naturaleza humana, o dicho de otro modo, la actitud realista que predomina en susodicha obra, su marcado carácter prescriptivo, que es sostenido en aras de una posible confluencia entre felicidad e interés personal y felicidad de la nación. Con esto, la pregunta de la que se va a servir el autor va a ser: ¿qué clases de ideas estiman los hombres en general? Para responder esta pregunta, Helvétius se acerca a los diferentes aspectos y formas en los que se desarrolla el hombre. El primer ámbito es el que relaciona al espíritu con el individuo 34 singular, es decir, con los demás sujetos. Con esto, se va a afirmar por un lado, que el interés personal es también el único árbitro del mérito de los hombres, y por otro, que el amor u odio que puede incidir en el sujeto debido a una o varias ideas, viene dada por la relación de analogía o no de esas ideas nuevas con el estado, psicológico del sujeto. En consecuencia, el primer ámbito del que parte Helvétius es de aquel que relaciona directamente las impresiones que reciben los hombres con el estado en el que éstos se encuentran 35 . Este estado no sólo viene dado por aspectos netamente epistemológicos, sino también pasionales. De este modo, las ideas son generadas por el sujeto bajo una especie de prisma cuya forma viene dada por las pasiones u opiniones ya enraizadas en éste, y esta raigambre a su vez viene determinada nada más y nada menos que por la impresión agradable recibida anteriormente, es decir, por la sensibilidad física que en el segundo capítulo hemos mencionado: “Cualquier idea que se nos ofrece tiene siempre relaciones con nuestro estado, nuestras pasiones u opiniones. Ahora bien, en todos estos casos diferentes, cuanto más útil nos resulta una idea, tanto más la apreciamos” 36 . 34 A partir de ahora se remitirá al capítulo 3: el espíritu en relación con un individuo. 35 El espíritu en relación con el individuo. 36 Disc.II, Cap 3. p. 41. 20 De esta manera, el autor señala dos tipos de interés en el hombre: un interés caracterizado por ser noble y amigo de la verdad 37 que mueve a una parte minoritaria de los hombres, pero que, al parecer obtiene para nuestro autor consideraciones más favorables y positivas que la segunda clase de interés; y un interés más común por el cual el sujeto rechaza o aplaude aquellas ideas según la relación de semejanza que éstas pueden tener con el estado en el que éste se encuentre. Con esto anterior se podría volver a demostrar cómo el enfoque realista y descriptivista en torno a la naturaleza y comportamiento del hombre no queda en absoluto marginado o excluido en la obra objeto de análisis, más bien, la constituye y le da sentido a ésta: “La analogía o acuerdos de ideas y opiniones debe ser considerada como la fuerza de atracción o repulsión que aleja o acerca a los hombres unos a otros” 38 . Igualmente, es interesante destacar la relación que establece Helvétius entre verdad y aperturismo o “entrada libre a las verdades nuevas” respecto al primer tipo de interés. Aquí se manifiesta un nivel más ideal e ilustrado que, aunque minoritario, existe y se puede dar. Concomitante a esto, Helvétius da un paso más y traza una nueva silueta que según la experiencia, conforma al hombre. Se trata del deseo de estima común a todos los hombres y que, por pereza y vanidad ─dos males humanos─ provoca que los hombres sólo se estimen a ellos mismos 39 . Para Helvétius, debido a la pereza, la mayor parte de los hombres sólo sienten estima sentida por aquellas ideas análogas a las suyas, y esto es consecuencia de la necesidad que tienen los hombres de estimarse más que a ellos mismos. El argumento está en que, si el hombre es sólo capaz de estimar ideas análogas a las suyas, y que por pereza, pero sobre todo por vanidad, no es capaz de estimar otras ideas que no sean similares a las suyas, el hombre sólo es capaz de estimarse a sí mismo. Pero sí se ha afirmado anteriormente que el individuo estima sólo aquellas ideas que considera útiles o interesantes para su instrucción y entretenimiento, las ideas análogas al sujeto serán de tal índole por su utilidad. Y esta utilidad, a su vez, tendrán especial relación con la impresión agradable que produzca en el sujeto, de ahí, que éste la considere entretenida o instructiva: “La conclusión general de lo que he dicho sobre el espíritu considerado en relación con un individuo es que el espíritu no es más que el conjunto de ideas interesantes para ese 37 Disc. II, Cap 3, p. 42 38 Disc. II, cap 3, p. 43. 39 Disc. II, Cap 4, p. 45. 21 individuo, sean instructivas o agradables; de lo que se deduce que el interés personal, como me había propuesto demostrar, en este género el único juez del mérito de los hombres” 40 . Asimismo, el principio de utilidad por el cual el interés es juez de toda acción y valoración en el individuo va a ser aplicado, no sólo para analizar las relaciones que mantiene el hombre con el resto de instancias sociales, sino también, para comprender cómo funciona –en palabras del Helvétius– el universo moral. Este universo parte de la sensibilidad física de forma originaria 41 y se constituye con el interés personal conformado gracias a la utilidad prescrita por la impresión agradable causada en el sujeto. Dicho de otro modo, o como bien indica Carmen Verde: “la traslación del materialismo sensualista al ámbito de la moral permitirá considerar las ideas que los hombres poseen sobre lo justo y lo injusto como resultado de un proceso psicológico asociacionista, basado en la experiencia sensible, que liga lo placentero con lo bueno y lo doloroso con lo malo” 42 . 3.4. Sobre las pasiones Habiéndose explicado la teoría del conocimiento contenida en el Del espíritu en la cual sentir es juzgar, también se ha afirmado que el principio de utilidad es aquel principio responsable de que los juicios de los hombres vengan determinados por las impresiones agradables y desagradables que reciben, ahora se debe avanzar hacia otro aspecto de especial importancia de la antropología expresada por Helvétius. Antes se había advertido que el interés residía en aquellas ideas útiles en tanto que agradables para el sujeto, no obstante, no se ahondó suficientemente en qué consistían los estados o pasiones de los hombres que participaban en grado sumo en la estima de las ideas y en resumidas cuentas, en el juicio de los hombres. También se había dejado apartada la cuestión aplicada a la teoría del conocimiento sobre las posibles causas de la desigualdad aparente en los hombres, y se había concluido que ni la agudeza de los sentidos, ni la amplitud de la memoria, eran factores que determinaban una posible superioridad de conocimiento entre los hombres o, dicho de otro modo, que todos los hombres tenían el poder físico suficiente para alcanzar grandes ideas. Ahora bien, estas conclusiones expresadas más arriba no agotan la pregunta por la desemejanza de espíritu entre los 40 Disc. II, Cap. 4, p. 51. 41 Hay que recordar que sentir es juzgar. 42 Cfr. Verde Diego, Carmen, op. cit., p.117. 22 hombres. En este capítulo se verá cómo Helvétius acude a las pasiones y a algunos rasgos constituyentes del ser humano como la pereza y el aburrimiento para contestar a susodicho interrogante. 3.4.1. Continuando la cuestión sobre la desigualdad de espíritu Pero, si todos los hombres son iguales en facultades, ¿por qué hay tan pocos hombres ilustres? Como en el capítulo 2 se había adelantado, el estudio necesario para llegar a ser un espíritu ilustre implica perseverancia y paciencia en el estudio, pues supone combatir la pereza. Para estar provisto de esta perseverancia, los seres humanos necesitan estar animados por una gran pasión, y esta pasión puede ser, por ejemplo, el amor a la gloria. De lo que se sigue que la fuerza de la atención de los hombres es proporcionada a la fuerza de las pasiones, pero si esta fuerza depende del deseo de instrucción, es decir, de un deseo constituido desde el principio de utilidad, y éste principio es causado en el hombre gracias la sensibilidad física y a la impresión agradable, entonces se está afirmando que el espíritu es un don de la naturaleza, y por tanto, existe desigualdad natural en los hombres. Esta cuestión va a seguir abierta y va a ayudar a que el autor, partiendo de la experiencia y observación en el campo humano, desarrolle la teoría de las pasiones. 3.4.2. Fuerzas determinantes En el capítulo 5 del Discurso III se procede a dilucidar, acudiendo a la experiencia, las fuerzas que actúan en el ser humano. Ha destacarse que el objeto del presente capítulo no se desmarca del anterior, sino que será una continuación del desarrollo de la idea helvetiana del interés personal y el principio de utilidad como canon para la acción en el ser humano. La dificultad que entraña este concepto en la obra de Helvétius implica que sea óptimo considerarlo en este estudio dividiéndolo en dos aspectos tal como Enrique. J. Mihura y Manuel Tizziano han establecido 43 . Partiendo de que la pereza es natural al hombre porque es probado por la experiencia que la atención le fatiga y apesadumbra 44 , hay dos tipos de fuerzas que contrarrestan este estado de reposo e inacción provocado por la pereza, éstas son las pasiones fuertes y el odio al aburrimiento. El primer polo resulta de esta pereza, no solo intrínsecamente natural al hombre, sino a todo ser vivo poseedor de sensibilidad en tanto que inserto en la naturaleza y determinado por las fuerzas físicas 43 Mihura, Enrique y Tizziani, Manuel, 2018, “De las tensiones del alma a las disputas del Estado. Helvétius, o el proyecto de una ciencia moral moderna” en La Razón histórica. Revista hispanoamericana de Historia de las Ideas. Número 40 (2018), pp. 42-64. 44 Helvétius: Disc. III, Cap. 5, p. 174. 23 que dominan el espacio. Helvétius describe la pereza en términos completamente fisicalistas, y esto es, debe recordarse, por el influjo enorme que tuvieron en el continente las ideas de corte científico-empíricas 45 provenientes del bloque anglosajón, en concreto de Locke y Newton 46 . a) Pereza: deseo de ser La pereza consiste en la perseveración del ser entendida ésta como movimiento de conservación 47 , es decir, como el primer impulso del ser vivo hacia la supervivencia. La pereza es la primera manifestación del interés personal en el comportamiento humano ya que el impulso primero de todo ser sensible es perseverar y sobrevivir. De ahí que lo bueno sea referido a aquello que aumente esta capacidad y lo malo aquello que la disminuya, o dicho de otra forma, lo placentero es aquello que aumenta la potencia de ser y lo dañino aquello que la disminuye. En este punto, Helvétius sintoniza con la teoría de las pasiones de Hobbes 48 , sin embargo y como se verá más adelante, será la consideración de la noción de aburrimiento aquella que enjuicie dicha teoría. Para Hobbes, el placer es la aparición o sensación de lo bueno, que es la confirmación del movimiento vital; el malestar, por contra, es la aparición o sensación de lo malo, que entorpece el movimiento vital 49 . Esta forma hobbesiana de acercarse de forma primera a la dicotomía placer/dolor, ─ que como se ha visto con Helvétius tiene su origen en la sensibilidad física─ encaja en la visión materialista-mecanicista-fisiologista 50 que Helvétius concibe en la pereza. Esto es lo mismo que decir que el ser humano es orgánicamente constituido bajo la sujeción del placer por supervivencia, con el fin de sobrevivir. En ambos autores se puede apreciar como la sensibilidad física es una propiedad del ser vivo, por la cual éste puede ser afectado por los objetos externos y generar sentimiento de placer o dolor 51 , y esto es resultado de una concepción materialista de la realidad y a su vez, naturalista del ser humano. El hombre, desde este enfoque primigenio, se dejará llevar por la fuerza de la pereza en tanto que ésta le provee de los elementos primeros y necesarios para la supervivencia, y en este sentido, concederá mayor importancia y utilidad a aquellas acciones que le satisfaga susodicha necesidad de supervivencia. Pero, como se ha 45 Cfr. Israel. J. Jonathan. La ilustración radical. La filosofía y la construcción de la modernidad 1650- 1730. 1ª edición. Méjico: Fondo de cultura económica, 2012. pp. 648-654 46 No escasean en la obra Del espíritu menciones a Locke y a Newton elevándolos al rango de genios. Véase: Helvétius. Disc. IV, cap. 1, p. 279. 47 Mihura, Enrique y Tizziani, Manuel: op. cit., p. 46. 48 Cfr. Bermudo, José Manuel: op. cit., p. 466. 49 Thomas Hobbes. Leviatán: Traducción, prólogo y notas de Carlos Mellizo. Madrid: Alianza, 1995, p. 56. 50 Jiménez Castaño, David. “La prioridad del placer sobre el deseo en la teoría de las pasiones de Thomas Hobbes: una explicación materialista, mecanicista y fisiológica”. Caurensia, Vol VII (2012): 271-280. 51 Bermudo, José Manuel: “Notas del traductor”, Nota 40, p. 469. 24 afirmado, cabe reconocerse otro polo en la noción de interés personal contenida en la obra objeto de análisis. Es el aburrimiento, y en concreto, el odio a éste, unos de los elementos que va a tener notable importancia para considerar el interés personal y las futuras consideraciones que se hagan sobre el placer y el dolor. La otra pieza que completará la nueva perspectiva más hedonista del interés personal será el conjunto de pasiones fuertes. b) Odio al aburrimiento y pasiones fuertes: deseo de ser feliz. Una vez que el ser humano tiene las necesidades básicas cubiertas para la supervivencia, surge otra necesidad que tiene que ver con la búsqueda de impresiones nuevas y con la necesidad de verse afectado. En este punto surge la concepción del aburrimiento como un dolor y un mal, y aunque Helvétius confiesa que es un dolor menor, no por ello hay que dejar de tenerlo en consideración. Aquí también entra en acción un aspecto más allá del mero interés personal de subsistir y sobrevivir, este aspecto es el deseo de felicidad. El ser humano ─ desde el punto de vista en el que se va a comprender a partir del aburrimiento y las pasiones fuertes como conceptos─ va a ser descrito de forma más notablemente narcisista 52 y hedonista. El ser humano es un ser que desea el placer, por tanto, es un ser “deseante”, que odia, no sólo aquello que de forma directa disminuye su potencia de sobrevivir, sino que también, el ser humano desestima la quietud y ausencia de impresiones que generan nuevas pasiones. “El aburrimiento es en el universo un resorte más general y poderoso que lo que uno se imagina. De todos los dolores es el menor, sin objeciones, pero de todas formas es un dolor. El deseo de felicidad hará que veamos siempre la ausencia de placer como un mal… Desearíamos, pues, por medio de impresiones siempre nuevas, ser advertidos de nuestra existencia, porque cada una de esas advertencias es para nosotros un placer” 53 . El ser humano concibe la ausencia de placeres como un mal, como consecuencia, en algunas ocasiones es empujado por el deseo de placer a lanzarse hacia nuevas acciones que le permita ser afectado de cualquier manera, aunque ese choque de impresiones le generen dolor. Es aquí donde tienen cabida las pasiones fuertes, el otro gran resorte que provoca que el hombre abandone su estado de pereza, quietud y aburrimiento 54 . Por pasión fuerte, Helvétius entiende: “una pasión cuyo objeto es tan necesario para nuestra 52 Bermudo, José Manuel: “Epílogo” p. 514. 53 Helvétius: Disc.III, Cap. 5, p. 174. 54 Cfr. Mihura, Enrique y Tizziani, Manuel: op. cit., p. 48. 31 4. Moral y Política 4.1. Consideraciones previas: la ley del interés personal, materialismo y epicureísmo Todo lo que se ha dicho en lo que atañe a la concepción antropológica presente en Del espíritu permite a Helvétius fundamentar las pautas para constituir una ciencia moral y en consecuencia, una ciencia política. La premisa principal a partir de la cual oscila su teoría del interés personal como medida para estimar las acciones y los juicios de los hombres consiste en afirmar que juzgar no es más que sentir. De esta premisa sensualista nace la importante consideración que reciben las pasiones en el ser humano, esto es ─como se ha comentado a lo largo del presente trabajo─ gracias al ideal empiricista y científico al que se adhirió Helvétius y buena parte de los philosophes 77 . Otra de las ideas que surgen a raíz de este primer presupuesto antes mencionado es la natural igualdad en facultades que unen a los hombres, en efecto, si todos los hombres bien organizados poseen sensibilidad física y todos pueden relacionar ideas y por tanto, juzgar, todos los hombres son iguales. Pero, ¿qué es lo que marca la diferencia? Antes de avanzar y profundizar en el terreno de la moral es relevante exponer brevemente dos aspectos relevantes para entender el pensamiento de Helvétius: El primer aspecto es el materialismo del que Helvétius se hace cargo 78 y obtiene enorme popularidad entre otros autores coetáneos como La Mettrie, D´holbach o Diderot. El segundo aspecto es el epicureísmo presente en Helvétius que varios autores se han interesado en destacar. Ambos aspectos guardan estrecha relación y se considera oportuno situar el materialismo helvetiano dentro de la doctrina epicúrea clásica cuyos representantes fueron Demócrito, Lucrecio y Epicuro 79 . El nexo de esta reflexión planteada y que tiene consecuencias directas con la política y la moral surge a partir de menciones que se hacen subrepticia o manifiestamente en obras de D´Holbach y Helvétius y a partir de la lectura de autores como Ginzo Fernández Arsenio o Pierre Force 80 . Ginzo Fernández ─remitiéndose a D´Holbach─ encuentra una semejanza entre los materialistas franceses del siglo XVIII y el epicureísmo clásico en las cuestiones: en primer lugar, sobre la emancipación del hombre y segundo lugar sobre el desencantamiento del mundo 81 . Estos dos aspectos confluyen gracias a que el segundo 77 Cfr. Israel. I. Jonathan: op. cit., pp 639-648. 78 La mayoría de bibliografía referida a Helvétius sitúan a este autor en la corriente del materialismo dieciochesco. 79 Cfr. Fernández Arsenio, Ginzo. “D´Holbach y la tradición materialista”. Revista de Filosofía, Tomo 7 (1984), pp. 241-267. 80 Force, Pierre: “Helvétius as an Epicurean political theorist”, Studies on Voltaire and the Eighteenth Century, 2009, pp. 105-118. 81 Fernández Arsenio, Ginzo: op. cit., p. 242. 32 motiva al primero, es decir, el desencantamiento del mundo, que se deduce a partir del supuesto de que el mundo se explica desde sí mismo 82 va a propiciar que la Naturaleza sea el lugar de referencia no sólo para descubrir y explicar los fenómenos físicos, sino también para intentar explicar la condición humana liberada del pecado original 83 y de todos aquellos presupuestos teológicos que anclaba al ser humano a un ser trascendental y eterno. Esta emancipación o intento de salir de la minoría de edad utilizando la jerga kantiana, se va a lograr ─como se ha explicado en la introducción─ desde la luz de la razón y el abandono de la superstición religiosa. En Del espíritu de Helvétius se percibe claramente una intención nítida de mostrar cómo en la Naturaleza y en la observación están las claves para comprender el aspecto más humano de ésta, a decir, el universo moral 84 . Este universo moral se alza sobre los cimientos de la utilidad pública y más profundamente, sobre la tesis sensualista que afirma que todo ser humano rehuye del dolor y persigue el placer. Estos principios en los que Helvétius se apoya para fundamentar la moral y posteriormente la legislación, surgen a raíz del intento de trasladar el enfoque cientificista ─a partir del cual la naturaleza y los fenómenos físicos se pueden descifrar gracias a las leyes del movimiento─ al comportamiento humano y al universo de hechos y circunstancias que lo rodean. “Si el universo físico está sometido a las leyes del movimiento, el universo moral no lo está menos a las del interés” 85 . Como bien indica Isaiah Berlin, Helvétius creyó encontrar con la ley del interés la clave para comprender toda la vida social 86 y como consecuencia, también consideró fielmente la idea de que la Iglesia debía estar desligada de los asuntos temporales, es decir, de los asuntos políticos y morales que atañen a la vida humana. Asimismo, es menester recalcar que no acaba aquí esta acusación contra la Iglesia, Helvétius sigue examinando y reconoce: (1) la existencia de una corrupción religiosa que está en contra del bienestar de una Nación 87 y (2) de una causa religiosa-fanática que retrasa el progreso de la moral 88 . Siguiendo el hilo de lo planteado en el presente apartado, es menester pasar a otro autor que le ha dado gran importancia leer el corpus del autor francés en términos epicúreos. Pierre Force afirma que se ha ahondado más en la faceta materialista de la obra 82 Ibídem, p. 243. 83 Cfr. Ernst Cassirer. Filosofía de la Ilustración. Tercera edición en español. México: Editorial Fondo de Cultura Económica. 2008. Capítulo IV, pp 156-221. 84 Helvétius: Disc. II, Cap.3, p. 40. 85 Ídem. 86 Berlin, Isaiah. La tradición de la libertad: seis enemigos de la libertad humana. Edición de Henry Hardy. México: Fondo de Cultura Económica. 2006. p. 21. 87 Helvétius: Disc. II, Cap.14, p. 92. 88 Ídem., Disc. II, Cap. 23, pp. 136-137. 33 de Helvétius que en los aspectos epicúreos que envuelven su pensamiento político. Aquí ya no va a ser D´Holbach el autor en el que se deba situar la íntima conexión entre Helvétius y el epicureísmo sino La Rochefoucauld, autor mencionado ya en el discurso I de la obra Del espíritu: “Cuando el célebre señor de La Rochefoucauld dijo que el amor propio es el principio de todas nuestras acciones, ¿cuanta ignorancia del verdadero significado de esta expresión, amor propio, sublevó a muchas personas contra este ilustre autor” 89 . Como se muestra en la cita anterior, ahora es el amour-propre 90 el centro de la reflexión. Este término no sólo era tomado en la sociedad por orgullo y vanidad, como afirma Helvétius, también remitía a la paradoja de Mandeville y a la crítica de las virtudes llevada a cabo por los agustinos 91 . Esta paradoja 92 consistía en afirmar que el amourpropre y la búsqueda del interés personal, considerado un vicio, proporciona el bienestar público y por tanto, se transforma en virtud. Dicho de otro modo, de un acto considerado pernicioso surgen beneficios positivos y virtudes. Como se verá más adelante cuando se definan la rectitud y se profundice en las virtudes y vicios en la obra Del Espíritu, se podrá notar como Helvétius no parte de que el amor propio y la búsqueda del interés personal sea un vicio y algo negativo, más bien, considerará el interés personal un impulso natural, universal y moralmente neutral 93 . 4.2. Definición y características de la rectitud y la virtud Bajo la tesis antes afirmada de que el interés personal no es un vicio, sino algo moralmente neutral, es relevante acudir al análisis de un término que ha sido esencial a lo largo de la historia para describir y profundizar en el ámbito de la ética: la rectitud. Helvétius ─con su fuerte carácter sistemático─ va a acuñar primeramente varias definiciones de rectitud. Estas definiciones y posterior análisis se van a dividir en diversos modos de darse en la sociedad y en el tiempo histórico: (1) la rectitud en relación con un individuo, (2) la rectitud en relación con una sociedad privada 94 , (3) la rectitud en relación con el público, (4) la rectitud en relación con los diversos siglos y pueblos y (5) la rectitud 89 Ídem, p. 30. 90 Ver capítulo 4º del apartado “Antropología”. 91 Force, Pierre: op. cit., p.107. 92 Cfr. Mandeville, Bernard: La fábula de las abejas o los vicios privados hacen la prosperidad pública. México: Fondo de Cultura Económica, 1982. 93 Force, Pierre: op. cit., p. 107. 94 Bermudo: op. cit., p. 450. “Notas del traductor”: “Helvétius dice societé o societé particulière. En rigor, se refiere a lo que hoy se denominaría círculos sociales”. 34 en relación con el mundo entero. Es menester destacar dos detalles antes de seguir esbozando las ideas generales de la rectitud. En primer lugar, hay que reconocer que la rectitud se manifiesta en diferentes aspectos significa reconocer que la vida humana no se contempla desde un solo prisma, sino a partir de diversos escenarios. En segundo lugar, hay que afirmar que la rectitud se puede dar de diferentes formas según los diferentes siglos y pueblos consiste en reconocer la heterogeneidad, temporalidad y complejidad de los asuntos humanos. La rectitud y la consideración que se tenga de ella no es sólo una, eterna y atemporal sino cambiante y circunstancial, ajustada a la naturaleza humana. El enfoque descriptivista del que parte Helvétius ayuda a comprender este concepto moral bajo dos aspectos diferentes: uno es el aspecto de uso ordinario, y que desde a lo largo de la historia se ha ido conformando según el interés de las personas, las sociedades, las naciones o incluso la misma Iglesia; y el otro aspecto desde el cual se podrá contemplar la rectitud será desde un enfoque más prescriptivo e ideal, desde donde se planteen fines más sublimes. En este sentido, es oportuno mencionar la breve diferenciación que establece Helvétius entre virtud y rectitud. La virtud es descrita concretamente como el deseo de felicidad de los hombres 95 y la rectitud como virtud puesta en acción en todos los diversos pueblos y gobiernos (costumbre de las acciones útiles a la nación) 96 . Se aprecia la alternancia entre el enfoque descriptivo a partir del cual el deseo de felicidad de los hombres se convierte en virtud y el enfoque prescriptivo ─ideal y abstracto─ en el cual se presenta la definición de nación. A continuación, se procederá a completar el análisis del término rectitud contenido en la obra. 4.2.1. La rectitud y ley del interés personal La rectitud en la obra objeto de estudio, aunque aparezca diversificada bajo diferentes aspectos, está invariablemente unida a la idea del interés personal. En la rectitud en relación con un individuo, se define ésta como la “costumbre de las acciones que le son útiles” (al individuo), costumbre porque no es sólo una acción la que da el título de virtuoso; y “acciones porque no se es juez de las intenciones” 97 . En esta definición ya se podría intuir qué consecuencias traerá en la concepción de los dos polos o pilares básicos en los que descansa el juicio moral: el vicio y la virtud. Así, con su particular enfoque descriptivo y realista, Helvétius va a insistir en que el ser humano, en su condición natural, no puede dejar de perseguir el interés personal. Asimismo, otras de 95 Helvétius: Disc. II, Cap. 13, p. 89. 96 Ídem.. 97 Ídem. 35 las consecuencias que se extraen es que, no sólo el ser humano actúa según el interés personal, sino que, además, juzga las acciones de los demás hombres a tenor de la misma ley. “... el interés personal es el apreciador único y universal del mérito de las acciones de los hombres, y que así, según mi definición, la rectitud en relación con un individuo es sólo la costumbre de las acciones personalmente útiles a ese particular” 98 De la misma forma, la rectitud en relación con una sociedad privada no es más que la costumbre de las acciones útiles a esa pequeña sociedad. A partir de aquí, Helvétius, considerando la rectitud en relación con el público y los diversos siglos y pueblos, procederá a ahondar no sólo en las nuevas manifestaciones que se pueden dar de la rectitud, sino de la verdadera rectitud o virtud. De esta manera, teniendo como presupuestos: 1) el ser humano sometido a la pereza sólo estima ideas análogas a las suyas y que 2) el ser humano a lo largo de la historia ha considerado virtud aquellas acciones u opiniones útiles 99 , el autor procederá a valorar como verdadera virtud o rectitud aquella que coincida con el interés general. Otra idea fundamental para entender la concepción dicotómica virtud/vicio del discurso moral helvetiano es la constatación de la imposibilidad de juzgar y dividir a los hombres en malos y buenos. Con la afirmación de que los hombres no son malos por naturaleza, sino que están sometidos a sus intereses 100 Helvétius pretende destacar que la virtud es únicamente el nombre que las sociedades dan a aquellas acciones o ideas útiles 101 para ésta misma. Esta concepción realista de la moral no podría ser concebida sin su escisión con el código teleológico asumido por las sociedades a lo largo de la historia. 4.2.2. Secularización de la rectitud Si fuera preciso escoger un calificativo ─de entre todos los aceptados─ para describir a Helvétius es el de materialista ateo. Es ya sabido que el autor fue enormemente censurado por las autoridades eclesiásticas y monárquicas de la Europa del siglo XVIII y aunque, en Del espíritu el autor declare subrepticiamente que la verdadera religión es la 98 Helvétius: Disc. II, Cap. 3, p. 41 99 Útiles individualmente o útiles para las pequeñas sociedades. 100 Helvétius: “Notas del autor”. p. 391. 101 Mihura, Enrique y Tizziani, Manuel: op. cit., p. 54. 36 cristiana 102 , el tono general de la obra responde más bien a un ateísmo disimulado. Esto se puede mostrar acudiendo, por un lado, a la distinción que establece entre virtudes de prejuicio y verdaderas virtudes y por otro, a la distinción entre corrupción religiosa y corrupción política 103 . Las conclusiones que se van a extraer de estos cuatro conceptos ─ más alguno más que se verá en adelante─ va a ser esencial para examinar el criterio secularizado a partir del cual se va a abordar la ética y el pensamiento político. Como se ha explicado anteriormente, la Ilustración es una época que destaca por acentuar la razón humana frente a la religión y la superstición que dominaban en períodos históricos anteriores. Esto condiciona a que en una serie de autores como los philosophes se reconozca a la teología cristiana como responsable del fanatismo e hipocresía que se había dado a lo largo de la historia 104 . Cuando Helvétius establece en el Discurso II la diferencia entre rectitud y virtud, aparece otra bifurcación de conceptos: las virtudes de prejuicio y verdaderas virtudes. La disparidad entre ambos términos consiste en el hecho de atender o no al bienestar público, y esta consideración no es más que una respuesta a las persistentes intromisiones que había tenido la Iglesia antiguamente en la faceta pública de los Estados. Dicho de otro modo, Helvétius ─al igual que Locke o Voltaire en sus Tratados sobre la tolerancia─ pretende diferenciar bien entre las virtudes de prejuicio o acciones cuya consideración no contribuye nada al bienestar público y que en numerosas ocasiones son perjudiciales para el Estado 105 ; y las verdaderas virtudes: “aquellas que aumentan continuamente el bienestar público” 106 . Igual que pueden existir acciones o creencias religiosas que se consideran virtudes porque contribuye a algo positivo en la sociedad, pueden existir también delitos de prejuicio que perjudique a la nación. Asimismo, igual que existen dos tipos diferentes de virtudes, existen sus variantes antagónicas: la corrupción religiosa y la corrupción política. “Según estos dos diferentes tipos de virtudes, distinguiré dos diferentes tipos de corrupción de costumbres: una que llamaré corrupción religiosa, y otra, corrupción política. Esta distinción me resulta necesaria: 1º porque considero la rectitud filosóficamente con independendencia de las relaciones de la religión con la sociedad… 102 “En efecto, quien examina las religiones (las cuales, a excepción de la nuestra, son obras de manos humanas) constata que nunca han sido la obra del espíritu amplio de un legislador sino del espíritu estrecho de un individuo” Helvétius: op. cit., p. 106. 103 Helvétius: Disc. II, cap. 14. 104 Cfr. Mark Goldie y Robert Wokler. The cambridge history of eighteenth century political thought. Cambridge: Cambridge University Press. 2016. p. 109. 105 Helvétius: Disc. II, Cap, 14, p. 90. 106 Ibídem, p. 92. 37 2º para evitar la confusión continua que se produce en las naciones idólatras entre los principios de la religión y los de la política y moral” 107 . En el fragmento anterior se percibe la evidente intención del autor de considerar la moral y la política de forma secularizada, estableciendo bien, no sólo la separación entre Iglesia y Estado, sino también entre religión y moral. El estudio de la moral para Helvétius debe partir de nociones como utilidad, deseo natural de felicidad personal y bienestar público, y no de nociones religiosas como salvación o pecado original. Como consecuencia, como indica Bermudo 108 , para Helvétius solo es estrictamente corrupción la corrupción política, es decir, aquella en la que la mayoría de los individuos apartan sus intereses del interés público 109 . Antes de ahondar en la moral y corolario político ─la ciencia de la legislación─ sería menester profundizar un poco más en el efecto que produce la secularización radical que se lleva a cabo en el discurso de Helvétius. Es notable la larga lista de vicios y virtudes establecida por numerosas religiones, en el cristianismo católico, por ejemplo, los siete pecados capitales marcan la lista de vicios religiosos por antonomasia. Hay que decir que ya en la Carta sobre la tolerancia (1689) de John Locke se hacen públicos valores como libertad religiosa o tolerancia. Esta divulgación que a Locke le costó algún que otro problema, venía dada por una situación social, política y religiosa 110 en la que se hacía patente la persecución que el Estado, la Iglesia o ambas instituciones emprendía contra todos aquellos individuos que profesaba otro tipo de religión. Sobre esta base de tolerancia y libertad religiosa asentó John Locke las bases del gobierno civil y liberal, y por tanto la separación política entre Iglesia y Estado, entre lo temporal y lo espiritual 111 . Tomando esto como ejemplo inicio oficial del planteamiento secularizado de la política se puede avanzar ahora y trasladar este supuesto para comprender mejor el nivel de secularización que emprende Helvétius en sus planteamientos. 4.2.3. La rectitud y el interés de la nación. Helvétius va más allá y levanta los cimientos de la moral y la política totalmente desligado de los planteamientos teológicos propios de la historia de la sociedad occidental antigua y medieval. De este modo, si a lo largo de la historia han existido actos que la 107 Ídem. 108 Cfr. José Manuel Bermudo: Op. cit., “Sección Notas del traductor”. Nota 62, Discurso II. p. 455. 109 Helvétius: op. cit., Disc II, Cap 14, p. 95. 110 Revolución Inglesa de 1688. 111 Touchard, Jean: Historia de las ideas políticas, tomo I. 38 Iglesia católica han enjuiciado como vicios o acciones inmorales, Helvétius considera en Del espíritu que no hay acto útil a la nación que deba considerarse reprobable o condenable a efectos legales. Así, Helvétius somete a interrogación preguntas como: ¿por qué se debería reprobar la infidelidad de las mujeres, la murmuración o el libertinaje en una nación si a veces puede resultar útiles? Es decir, si la felicidad de una nación depende del lujo, éste no debería ser catalogado como un vicio moral. Aquí entra en pugna lo que fue la felicidad eterna y supraterrenal para la religión y cultura occidental, y la felicidad temporal que únicamente puede ser reconducida a través de la legislación: “En todas partes donde el lujo es necesario, constituye una inconsecuencia política considerar la galantería como un vicio moral; y si se quiere conservar el nombre de vicio, entonces se debe reconocer que hay vicios útiles en ciertos siglos y ciertos países, y que Egipto debe su fertilidad al limo del Nilo” 112 . Ahora bien, antes se ha comentado que la virtud está relacionada con la ley del interés en tanto que ésta se entiende ─según el ámbito en el que se perciba─ como la costumbre de las acciones útiles al individuo o a las sociedades particulares, por tanto, en la costumbre de las acciones encaminadas a satisfacer el deseo de felicidad de los seres humanos. La rectitud es la virtud puesta en acción y como consecuencia, su objeto es el mismo que la virtud, el deseo de felicidad. No obstante, hay que decir y afirmar que dentro de la rectitud ─y en especial la verdadera rectitud según Helvétius─ entra en juego las nociones de interés general, nación y educación. Por tanto, lejos de considerar la rectitud de la forma como el autor advierte que se ha considerado a lo largo de la historia, es decir, como el nombre que se le da a las acciones útiles para un sujeto o alguna sociedad en determinado tiempo histórico, la rectitud no es más que las acciones útiles a la nación. Pero, si todo individuo es esclavo de su interés personal y no puede desprenderse de este deseo de felicidad personal, ¿cómo se explica que se pueda dar algún tipo de rectitud para el interés y felicidad de la nación? Será a través de la ciencia de la moral o la legislación donde se podrá abrir la posibilidad de establecer una confluencia entre el interés personal y el interés general. 112 Helvétius: Disc. II, Cap. 15. p. 99. 39 4.3. La ciencia de la moral o ciencia de la legislación Unida a la idea de una concepción de naturaleza accesible y calculable por la nueva ciencia propia de la Ilustración, sobreviene una nueva forma de entender la naturaleza y comportamiento del ser humano. Igual que los fenómenos físicos de la naturaleza podían ser explicados por una ley ─la ley de gravitación universal en el caso de Newton─ Helvétius estaba convencido de poder tener la posibilidad de establecer una única hipótesis para poder explicar el comportamiento humano 113 . Esta hipótesis corresponde a la anteriormente reiterada ley del interés personal, traducida bajo dos premisas básicas que venían a decir que todo ser humano deseaba el placer y huía del dolor. Así, uno de los pilares fundamentales del pensamiento de Helvétius y del que se debe partir para entender su obra, es la presunción de que a partir del estudio del ser humano se podía hacer ciencia. La regularidad ─que según Helvétius─ seguía la máxima del interés personal, aseguraba que el método científico tomara partido en la ética o estudio del comportamiento humano. Esta es la razón por la que Helvétius en el prefacio de la obra declara que el método que va a seguir arranca a partir de la observación de los hechos para remontarse a las causas 114 . El resultado de esta toma de valor de la experiencia y la atención a los hechos tiene como resultado la edificación de todo ese conjunto de proposiciones que en el anterior capítulo del presente trabajo se ha comentado y analizado, es decir, aquellas premisas que responden a cuestiones sobre la naturaleza y comportamiento del ser humano. Asimismo, este propósito de hacer de la moral una ciencia lleva a Helvétius a hacer una somera crítica de la escasa atención que se le ha prestado a lo largo de la historia a los asuntos de la moral y como consecuencia, a la verdadera felicidad humana. Esta visión descriptiva y cientificista del ser humano propicia que Helvétius construya un edificio político cuyo papel determinante es tomado por la legislación. Ahora la ciencia moral no será más que la ciencia de la legislación, y ésta ─abordada a través de lo legisladores─ va a condicionar que aquellas acciones útiles para la nación o Estado, sean tomadas como virtudes y aquellas perjudiciales, vicios. Esta empresa será llevada a cabo con éxito si los legisladores son capaces de elaborar un sistema de castigos y recompensas coherente con el primer deseo humano básico por antonomasia, el deseo de felicidad. La legislación y el sistema de castigos-recompensas desarrollado por ésta tendrá la capacidad de generar y moldear las acciones de los hombres para poder alcanzar un fin, que no es más que el bien público. Dicho de otra forma, Helvétius hace de su obra un programa para que el legislador reformista pueda 113 Cfr. Berlin, Isaiah en Las ideas políticas en la era romántica: op. cit., p. 97. 114 Helvétius: “Prefacio”, p. 9. 40 utilizar el mecanismo de la ley del interés personal para que a su vez, la felicidad privada y el bienestar público puedan confluir sin renunciar a ninguna de las dos. 115 4.3.1. La moral que no contribuía a la felicidad humana Para Helvétius, la causa de que la moral no haya contribuido ni al interés general ni al irrenunciable interés persona se debe, por un lado, al desconocimiento de la naturaleza y conducta del ser humano, por otro, al hecho de no reconocer que los vicios o virtudes de una nación son enteramente dependientes de la forma de gobierno y legislación de ésta. De esta forma, Helvétius dedica un capítulo del segundo discurso a aquellos moralistas que, en lugar de dedicarse al estudio de la moral por el deseo de felicidad de la humanidad, sólo se han dedicado a atender sus intereses personales, estos moralistas reciben el adjetivo de hipócritas 116 . En opinión del autor, todos aquellos que se dediquen a la moral precisan, primero, de un desapego cuasi absoluto de sus intereses personales y segundo, del somero estudio de la ciencia de la legislación. Hay que tener en cuenta que, siendo la rectitud 117 la costumbre de acciones útiles a la nación, es decir, aquellas acciones que ocasionan el bienestar del público, el moralista o legislador 118 debe conocer la primera ley básica psicológica-conductual humana y además, conocer y aspirar de forma honesta al bienestar general. Así, dos tipos de hombres son los que hasta ahora habían retrasado el progreso de la moral: los fanáticos y los semipolíticos 119 . Lo que caracteriza a ambos tipos de hombres es su enemistad con la verdad por superstición o por pereza, respectivamente. Para Helvétius y para muchos ilustrados, el fracaso de la moral se atribuye a la presencia de prejuicio religiosos y por consiguiente, de no someter a juicio el fanatismo y las supersticiones religiosas. Ya se ha hablado anteriormente de la secularización que se lleva a cabo en el ámbito moral y político, sin embargo, es de especial interés aludir a un término acuñado por el autor y que resulta enormemente explicativo para entender el alcance y realidad de su proyecto: el catecismo de la rectitud 120 . Este término es la consecuencia directa de los principios que anteriormente se han explicado, tanto en lo referente al estudio del ser humano, como al primer acercamiento de la moral. Como buen utilitarista, Helvétius persuade e intenta convencer en su tratado haciendo incapié en los beneficios que podría obtener la humanidad si los legisladores y moralistas atendieran a 115 Sabine, George. H: Historia de la teoría política, México: Fondo de Cultura económica, 2002, p. 431. 116 Helvétius: op. cit., Disc.II, Cap. 16, p. 101. 117 La verdadera y justa rectitud. 118 Para Helvétius, la ciencia de la legislación se identifica con la ciencia de la moral. 119 Helvétius: Disc II, Cap. 23, p. 137. 120 Helvétius: Disc. II, Cap. 17. p. 105. 47 se pueden dar entre ellos, residiendo en estas pasiones las claves para que el cuerpo político se mantenga enérgico y con fuerza 142 . Igualmente es interesante mencionar la distinción que establece Helvétius entre el deseo de gloria y el deseo de riquezas, el primero, como antes se ha señalado, se identifica con el “deseo de ser útil a la nación” 143 , el deseo de riquezas, por el contrario, está relacionado con el espíritu del comercio y no lleva forzosamente a la virtud, el interés general. Si el honor es dispensado de la forma correcta gracias a la legislación, se fomentará ─gracias a el presupuesto del amor propio─ el deseo de gloria y por tanto, la virtud y la felicidad general. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las riquezas, pues no es lo mismo para el ciudadano ser recompensado con honores que con riquezas. Lo que pretende afirmar Helvétius es que, partiendo del deseo de reconocimiento intrínseco al ser humano, éste manifestará pasiones más fuertes si es movido por el deseo de gloria. Incluso se podría afirmar ─raramente manifestado por un aristócrata francés como fue Helvétius─ que las mejores condiciones para que los ciudadanos actúen según la virtud y el interés general, no únicamente mediante el interés personal, se desarrollan en las naciones pobres. “Así pues, las virtudes sublimes no crecen en un terreno de lujo y de riquezas sino en el de la pobreza. Nada más raro que encontrar almas elevadas en los imperios opulentos; los ciudadanos contraen allí demasiadas necesidades. Quien las ha multiplicado ha entregado a la tiranía los rehenes de su bajeza y cobardía. Sólo la virtud que se contenta con poco está al abrigo de la corrupción” 144 . Como bien indica Enrique Tizziani y Manuel Mihura, lo que Helvétius pretendía era postular un “modelo de sociedad sobrio” para fomentar los “valores colectivos” a partir de los cuales el legislador pudiera tener fácil la tarea de unificar el interés personal y el interés general 145 . Si uno de los problemas que el autor francés observaba en su sociedad era aquel que testificaba un tipo de individuo egoísta, perezoso y sin luces que en lugar de pensar en el interés general, sólo pensaba en su propio interés personal. Por ende, si el deseo de riquezas partía esencialmente del propio cercamiento del individuo con su interés particular, cabe señalar que una legislación que supiera recompensar a todos aquellos que manifestaran deseos relacionados con la nación, englobados bajo el deseo de gloria, podría causar que los individuos estuvieran movidos por pasiones fuertes 142 Mihura, Enrique y Tizziani, Manuel: op. cit., p. 58. 143 Helvétius: Disc.III, Cap.24, p. 244. 144 Ídem. 145 Mihura, Enrique y Tizziani, Manuel: op. cit., p. 59. 48 hacia dicho deseo sirviéndose de la premisa que afirma que el ser humano está deseoso de reconocimiento y honores. 49 5. La educación 5.1. El papel de la educación en la Ilustración Para terminar el análisis de la obra de Helvétius que se ha llevado a cabo mediante el estudio de dos facetas del pensamiento nucleares como el estudio del ser humano y el aspecto político-social que lo circunda por naturaleza, es de especial interés acercarse a un ámbito que está estrechamente unido a los dos anteriores: la educación. Bajo el punto de vista de ideal de progreso, la fe en la razón y la búsqueda de la felicidad ─características propias de la Ilustración─ el papel de la educación en el hombre alcanza enorme trascendencia. Helvétius, junto a otros autores como D´holbach, Kant o Condorcet entre otros, se encargaron, no sólo de desarmar al dogma religioso desligando a éste de su papel operativo en los asuntos políticos, sino además, de llenar este vacío ilustrado mediante la educación en el hombre y su futura emancipación. La educación, junto a una legislación que la hiciera posible, se convirtió en el factor de cambio para que el ser humano empezara a salir de la ignorancia y de todo aquello que lo situaba en la miseria, como las formas de gobierno despóticas y el fanatismo efervescente de la religión. 5.2. Resolviendo el problema de la desigualdad El problema de la desigualdad de conocimiento entre los hombres ha sido el hilo conductor que ha seguido latente desde el principio a fin del presente trabajo, esto es por la persistente preocupación que tenía Helvétius en demostrar que los seres humanos son iguales por naturaleza. No obstante, fiel defensor del valor de la experiencia y de la observación, Helvétius era consciente de que a simple vista existía cierta desigualdad de conocimiento entre los hombres. ¿Cuál podría ser la causa de esta aparente desigualdad? Se cuestionaron aspectos relacionados con la fisiología del ser humano, como la óptima constitución de los sentidos o la amplitud de memoria, sin embargo, la tesis sensualista de que todo ser humano ─al tener sensibilidad física y estar colocado en la misma situación de facultades─ era capaz de captar imágenes y relacionar muchos objetos e ideas entre sí, contrariaba la idea de que un conjunto de hombres podía ser fisiológicamente superior en facultades que otros. Descartando la opción fisiológica anterior surge la solución que implica las fuerzas de las pasiones. Como se ha visto anteriormente, las fuerzas de las pasiones junto el odio al aburrimiento constituía las dos fuentes que impulsaba al ser humano hacia nuevas y grandes empresas a través del deseo de instrucción. Helvétius llegaba a la conclusión de, si bien los hombres bien constituidos eran capaces de tener espíritu, no todos manifestaban el mismo deseo de instruirse y 50 soportar las penurias que implicaba las largas horas de meditación. Por tanto, las fuerzas de las pasiones eran las únicas que podían explicar que todos los hombres no fueran unos genios 146 o tuvieran espíritu. Aquí surge la importancia de la forma de gobierno, de la legislación y finalmente, de la educación: “La desigualdad de espíritu que se observa entre los hombres depende, pues, del gobierno bajo el que viven, de la época más o menos afortunada en la que nacen, de la educación mejor o peor que reciben, del deseo más o menos intenso que tienen de sobresalir y, finalmente, de las ideas más o menos grandes o fecundas que son objeto de sus meditaciones” 147 . Así, los principios morales, políticos y económicos cuyo conocimiento implica que los ciudadanos sean virtuosos y sirvan de utilidad a la nación son accesibles a todos los hombres en cuanto éstos están dotados de sensibilidad física 148 , no obstante, es necesario cultivar esta capacidad mediante la educación, no sólo para generar hombre virtuosos, sino también, para que éstos tengan el estímulo adecuado para desarrollar el genio o los distintos tipos de espíritu que Helvétius en el último discurso se molesta en explicar. 5.3. La utilidad del arte de la educación A opinión de Helvétius y como se ha señalado en el capítulo anterior, en los países despóticos, el opresor y el conjunto de individuos que giran en torno a éste destruye toda clase de espíritu y de talentos. Si el espíritu consiste en el conjunto de ideas interesantes y nuevas que aparecen en el individuo y por tanto, implica invención 149 , en los países despóticos donde es conveniente para el sultán mantenerse en un trono a través del cual pueda hacer efectivo los intereses personales de éste y sus secuaces, será menester mantener la ignorancia y la falta de luces entre los individuos de la nación. Por ello, países despóticos, la educación será el último recurso al que deba acudir el sultán. Esta es la conclusión que Helvétius saca del análisis del despotismo, sin embargo, esta misma conclusión ampara en buena medida la afirmación general de que sólo la legislación y la forma de gobierno serán los pilares fundamentales para introducir el motor de cambio en 146 Sobre el genio en Helvétius ver: Disc. IV, Cap. 1. 147 Disc. III, Cap. 30, p. 275. 148 Condorcet: Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano. Introducción y traducción revisada por Antonio Torres del Moral. Madrid: Centro de estudios Políticos y Constitucionales. 2004. p. LXXXII. 149 Disc IV, Cap. 1, p. 294. 51 las costumbres de los ciudadanos, costumbres que serán transformadas hasta conseguir la confluencia entre el interés general y el interés personal. Se afirma por tanto que sólo a través de la legislación será posible una educación capaz de transformar a los hombres para volverlos virtuosos. Dicho de otra manera, el potencial transformador en los hombres partirá sólo y exclusivamente de la capacidad que tengan los legisladores de potenciar la capacidad de los hombres en pro de un único y determinado fin: la felicidad general. Dicho esto, cabe preguntar, ¿cuál es el proyecto educativo que propone Helvétius? La primera afirmación que aparece en el decimoséptimo capítulo del último discurso en Del espíritu, capítulo dedicado a la educación, Helvétius identifica la educación con el arte de formar, y éste, con la forma de gobierno y la constitución del Estado. Esto implica que la educación sea una instancia pública que sólo puede hacerse efectiva con el apoyo de la legislación y contando necesariamente con la intención de los legisladores para permitir que la sociedad alcance el interés general. Es por esto que el arte de la educación se defina como “el conocimiento de los medios apropiados para formar cuerpos más robustos y fuertes, espíritus más ilustrados y almas más virtuosas” 150 . Es decir, el primer objetivo de la educación es formar a hombres con el fin de que éstos sean virtuosos, y los medios, es la constitución y la forma de gobierno, pues como se ha dicho, el despotismo, ni tiene en cuenta la virtud ni tiene intención de formar a hombres en la virtud. Por tanto, Helvétius desarrolla un proyecto educativo en el cual debe aparecer elementos como la distribución de tiempo que debe gastar cada individuo en determinadas materias según sus gusto e intereses, la economía necesaria para emprender dicho proyecto o la utilidad e inutilidad de introducir en éste el estudio de lenguas muertas. Igualmente, un factor muy importante y que Helvétius destaca es el hecho de que en cualquier proyecto educativo es indispensable tener en cuenta las virtudes de los futuros príncipes y altos cargos ya que de éstos depende la felicidad general y la potestad para establecer todas aquellas medidas que pudieran condicionar el comportamiento de los ciudadanos y encaminarlo hacia el interés general. Para esta empresa, como se ha explicado anteriormente, es imprescindible que se encienda en los individuos el amor a la gloria mediante el uso de la recompensa y los honores. Por último, hay que indicar que mientras el proyecto político helvetiano se ciña a la crítica del despotismo y quizá a una moderada apreciación y preferencia del mismo autor hacia los modelos de Roma y Esparta 151 , en el ámbito de la educación, el autor llega a la conclusión de que en las pequeñas repúblicas existe más necesidad para 150 Helvétius: Disc. IV, Cap. 17. p. 369. 151 Mihura, Enrique y Tizziani, Manuel: op. cit., p. 56. 52 formar hombres virtuosos 152 que en los grandes Estados. La razón estriba en el hecho de que las grandes naciones, al tener muchos asuntos de los que ocuparse, no está entre sus planes la planificación de un proyecto educativo. No obstante, es en este tipo de grandes naciones donde el problema del interés personal y la misma observancia de éste en cada individuo singular dificulta el alcance de la utilidad general. Es por esto que la educación se convierte en la obra de Helvétius ─junto a la legislación y la forma de gobierno que la posibilita─ como el instrumento y el medio ideal para empujar a los hombres hacia la virtud. Aquí se explica la utilidad del arte de educar. 152 Helvétius: Disc. IV, Cap. 17. p. 373. 53 6. Conclusiones Tras el estudio de la concepción antropológica que establece las bases del modelo político y ético establecido por Helvétius en Del espíritu, se podría aseverar que dicho autor, siguiendo una línea marcadamente ilustrada y francesa, tiene una notable influencia en autores tan relevantes como Jeremy Bentham. Esto es por sentar las bases del utilitarismo moderno e ir más allá de una respuesta meramente prescriptiva e idealista de los problemas que atañen al ser humano. Se ha visto, cómo a partir del estudio de la concepción antropológica llevada a cabo en Del espíritu, han surgido términos y nociones como interés personal, utilidad, fuerza de las pasiones o amor de sí. Estos conceptos reordenados, no hacen sino afirmar que el ser humano, partiendo de la sensibilidad física y constituido por ella, está movido por el deseo al placer y el odio al dolor; y que esta sensación primigenia provoca que el ser humano sea condicionado por naturaleza a estimar sólo ideas análogas a las suyas debido a la ley de la utilidad. Y a su vez, la explicación anterior no se agota en el simple y mero deseo que siente el ser humano en sobrevivir y persistir en el ser, sino que además, existe en éste una parcela existencial relacionada con el deseo de felicidad y el deseo de reconocimiento. A partir de aquí surge las dos nociones que vinculan a los hombres con el deseo de perfectibilidad humana, es decir, con el progreso y la felicidad general. El odio al aburrimiento y la fuerza de las pasiones, serán aquellas que guíen a los legisladores para establecer una legislación adecuada en vistas a la consecución del interés general. Si la rectitud es definida según Helvétius como la costumbre de acciones útiles al interés general, pero es un hecho que los hombres por naturaleza, pereza o vanidad suelen atender más a sus intereses personales, ¿cómo hacer que éstos sean virtuosos y tengan como objetivo el interés general? Así las cosas, la afirmación de que las acciones de los hombres no pueden ser buena ni malas sino neutras en tanto que sólo deben ser valoradas según su grado de utilidad y conformación con el interés general, responde a una clara intención del autor de separar el ámbito de actuación de la Iglesia y el Estado. De igual modo, se considera un gran avance desde el punto de vista del desarrollo de las ideas considerar la moral lejos de los parámetros de la religión y el dogma. Helvétius no sólo abrió una senda ─abierta ya por autores como Locke o Voltaire─ hacia la secularización y la división entre Iglesia y Estado, sino que, además, logró observar el comportamiento humano desde un prisma totalmente nuevo y revolucionario. Ahora las acciones de los hombres no serán descritas desde el deber-ser, sino desde el ser, desde la propia constitución humana observada mediante la experiencia y la observación. No obstante, se puede observar que tras la 54 acción de los legisladores los seres humanos son altamente moldeables en tanto que sus costumbres pueden ser transformadas sirviéndose del instrumento de la recompensa y el castigo. Al no constatar Helvétius en Del espíritu de forma clara qué forma de gobierno sería ideal para llevar a cabo el proyecto ilustrado que propone, no es posible percatarse de qué alcance tiene la teoría moral y política helvetiana. El presente trabajo ha sido útil para primero, poder ahondar en la naturaleza del fenómeno ilustrado, no sólo general sino también francés; segundo, para conocer una obra y autor que aunque no haya sido muy tratado, que se debe disfrutar de la misma consideración filosófica que autores como Diderot, Rousseau o Voltaire; y por último, para tomar consciencia de que los asuntos humanos como la felicidad o la necesidad de vida en sociedad conformada mediante un orden político son constantes que desde Aristóteles hasta ahora, son objetos de enorme importancia en la historia de las ideas. 55 7. Referencias bibliográficas: Fuentes: Condorcet: Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano. Introducción y traducción revisada por Antonio Torres delmoral. Madrid: Centro de estudios Políticos y Constitucionales, 2004 Mandeville, Bernard: La fábula de las abejas o los vicios privados hacen la prosperidad pública. México: Fondo de Cultura Económica, 1982. 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