El espacio como relato. Estrategias cartográficas en Atlas eines ängstlichen Mannes, de Christoph Ransmayr
Abstract
El presente artículo, que se inserta en el marco de los estudios literarios espaciales, tiene como objeto indagar acerca del funcionamiento cartográfico de la obra de Christoph Ransmayr Atlas eines ängstlichen Mannes, que constituye un ejemplo ilustrativo de la denominada cartografía litera ria. A partir de una perspectiva móvil y descentrada, propia de una visión horizontal del espacio, la obra establece un modelo alternativo a la espacialidad impuesta por las prácticas cartográficas hege mónicas, a la vez que proyecta una mirada crítica sobre momentos trágicos de la historia reciente de la humanidad, sobre escenarios de destrucción y desolación.
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El espacio como relato. Estrategias cartográficas en Atlas eines ängstlichen Mannes, de Christoph Ransmayr 1 Manuel Maldonado-Alemán 2 Recibido: 18 de enero de 2021 / Aceptado: 7 de abril de 2021 Resumen. El presente artículo, que se inserta en el marco de los estudios literarios espaciales, tiene como objeto indagar acerca del funcionamiento cartográfico de la obra de Christoph Ransmayr Atlas eines ängstlichen Mannes, que constituye un ejemplo ilustrativo de la denominada cartografía literaria. A partir de una perspectiva móvil y descentrada, propia de una visión horizontal del espacio, la obra establece un modelo alternativo a la espacialidad impuesta por las prácticas cartográficas hegemónicas, a la vez que proyecta una mirada crítica sobre momentos trágicos de la historia reciente de la humanidad, sobre escenarios de destrucción y desolación. Palabras clave: Representación del espacio; geocrítica; escritura cartográfica; cartografía literaria; Christoph Ransmayr. [en] Space as Story. Cartographic Strategies in Christoph Ransmayr’s Atlas eines ängstlichen Mannes Abstract. This article, which is inserted in the framework of Spatial Literary Studies, aims to inquire about the cartographic functioning of Christoph Ransmayr’s Atlas eines ängstlichen Mannes, which constitutes an illustrative example of the so-called literary cartography. Starting from a mobile and off-centered perspective, typical of a horizontal vision of space, the work establishes an alternative model to the spatiality imposed by hegemonic cartographic practices, while at the same time projecting a critical view on tragic moments of recent human history, on scenarios of destruction and desolation. Keywords: Representation of Space; Geocriticism; Cartographic Writing; Literary Cartography; Christoph Ransmayr. Sumario. 1. Introducción. 2. La representación del espacio. 3. La cartografía literaria. 4. Prácticas cartográficas en Atlas eines ängstlichen Mannes. 4.1. Perspectiva narrativa. 4.2. Cartografías narradas. 5. Conclusiones. _____________ 1 El presente artículo ha sido elaborado en el marco del proyecto de investigación Constelaciones híbridas. Transculturalidad y transnacionalismo en la narrativa actual en lengua alemana (Referencia: PGC2018- 098274-B-I00), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades con participación de los fondos FEDER de la Unión Europea. 2 Universidad de Sevilla E-mail: mmaldona[email protected] ORCID: 0000-0001-9051-7959
Cómo citar: Maldonado-Alemán, M., «El espacio como relato. Estrategias cartográficas en Atlas eines ängstlichen Mannes, de Christoph Ransmayr», Revista de Filología Alemana 29 (2021), 25-44. 1. Introducción En el texto literario y, en concreto, en la narrativa, el tiempo y el espacio aparecen tan estrechamente relacionados que forman una unidad indisoluble. No hay tiempo sin espacio, como tampoco espacio sin tiempo. Mijaíl Bajtín explicó esta conexión esencial con el concepto de cronotopo, según el cual los elementos espaciales (topos) del mundo narrado son inseparables de la dimensión temporal (chronos), y viceversa. Para Bajtín, en el texto narrativo, espacio y tiempo son interdependientes y se condicionan mutuamente. Gracias a su concreción en el espacio, el tiempo se define y se hace visible; lo mismo que el espacio, que se dinamiza y adquiere sentido a través del tiempo. Pese a ello, tradicionalmente, la crítica literaria centró su atención en indagar acerca de la dimensión temporal en el texto narrativo. No fue hasta el surgimiento del denominado Spatial, Topographical o Topological Turn 3 que el espacio se erigió en una categoría central de los estudios literarios. Desde entonces se analizan de manera intensa las relaciones dinámicas entre la literatura y los espacios, territorios y lugares. En tiempos recientes, la evolución de esa orientación innovadora ha dado lugar a nuevos enfoques, que algunos estudiosos agrupan bajo la denominación genérica de estudios literarios espaciales (Spatial Literary Studies 4 ), que, asumiendo la geocrítica como metodología de análisis y aplicando conceptos propios de la filosofía, la geografía, el urbanismo y las ciencias sociales, se centran en el estudio crítico de las interconexiones entre literatura, geografía y cartografía, como es el caso de la cartografía literaria, la geografía literaria, el ecocriticismo o la geopoética. El presente artículo, que se inserta en el marco de los estudios literarios espaciales, tiene como objeto indagar acerca del funcionamiento cartográfico de la obra de Christoph Ransmayr Atlas eines ängstlichen Mannes, que constituye una modalidad narrativa perteneciente a la denominada cartografía literaria. Considerando que se seguirán planteamientos propios de la geocrítica, se aclarará previamente el concepto de espacio geográfico y el proceso de su representación, y se explicará el enfoque que caracteriza a la cartografía literaria. 2. La representación del espacio Por lo general, hasta no hace mucho tiempo se consideraba el espacio exclusivamente a partir de sus propiedades físicas y se contemplaba, desde valores métricos y mensurables, como una entidad geométrica, euclidiana, como una dimensión estática, fija, homogénea y cerrada, o sea, como una especie de contenedor o recep- _____________ 3 El Spatial, Topographical o Topological Turn, en cuanto fenómeno interdisciplinar, apareció en la última década del siglo XX en el seno de los estudios geográfico-culturales y pronto ejerció una notable influencia en los estudios sociales, culturales y literarios, que perdura en la actualidad. Vid., al respecto, Weigel (2002), Wagner (2010), Döring (2010), Winkler / Seifert / Detering (2012), Dünne / Mahler (2015) y Günzel (2020: 126-133). 4 Vid., por ejemplo, Tally (ed.) (2021).
táculo inicialmente vacío, donde se ubican elementos materiales como cuerpos y objetos 5 . Esta concepción, propia del denominado container model (Schemmel 2016: 52-56), que sugiere que el orden espacial siempre existió tal como lo conocemos 6 , ignora que cualquier representación de la realidad espacial organiza y estructura mentalmente el espacio físico, le da un sentido y lo impregna de significados en función de la perspectiva, el enfoque cognoscitivo, la lógica interpretativa y la intencionalidad e intereses subyacentes que guían la representación 7 . Gracias a la intervención humana, el espacio físico, real y material, se transforma en un universo simbólico, o sea, en un espacio geográfico definido por los lugares y las localizaciones que lo integran, y sus relaciones e interrelaciones, así como por las características, el sentido y los valores que se atribuyen a esos lugares y localizaciones. Los individuos, además de interactuar con el espacio, lo producen y se apropian o reapropian de él a través de acciones sociales y prácticas espaciales, en las que intervienen consideraciones e intereses políticos e ideológicos que configuran ese mismo espacio de una determinada manera 8 . En otras palabras, las acciones sociales no solo tienen lugar en el espacio, también lo constituyen; o sea, el espacio es “soporte, pero también es campo de acción. No hay relaciones sociales sin espacio, de igual modo que no hay espacio sin relaciones sociales.” (Martínez Lorea 2013: 14. Vid. también Lefebvre 2000: 36 y 48-49) El espacio, en definitiva, no es sustancia a modo de contenedor inmutable y estático, sino efecto, un fenómeno relacional y dinámico que emana de determinadas prácticas. Por ello, en el marco del enfoque relacional 9 que asumimos aquí, se concibe el espacio geográfico 10 como una construcción social, histórica y discursiva, que aparece impregnada de una simbología y unos códigos culturales derivados del contexto social subyacente, o sea, de un tiempo y un lugar determinados. A diferencia de lo que afirma el container model, el espacio no es un mero recipiente o contenedor neutral de objetos físicos, una pura materialidad en la que ocurren las acciones humanas y se suceden los acontecimientos históricos, sino el producto de la actuación e intervención humanas, el resultado de una praxis social y de un pro- _____________ 5 Es conveniente recordar a este respecto que “der Raum seit Descartes als ebenso geschichtslos gedacht wurde wie die abendländische Geschichte seit der Aufklärung als raumlos konzipiert wurde. Die zeit- und sprachzentrierte Moderne hatte […] eine umfassende despatialisation zur Folge.” (Ebeling 2010: 121) Por esta razón, la historia y el tiempo se concibieron como “‘Prozess’, ‘Fortschritt’, ‘Entwicklung’ oder ‘Dynamik’ – also mit positiv besetzten Bewegungsbegriffen – […], wohingegen ‘Raum’ als etwas Fix-Gegebenes, Starres, Totes gedacht worden sei, als Bühne, als Container, als Hintergrund oder bloße Umgebungsbedingung” (Döring 2010: 91). 6 Precisamente debido a esta visión del espacio como una dimensión estática, inmutable y definitiva, el container model, que también se aplicó a las ciencias sociales y humanas, se valora como un modelo de raíz sustancialista, incluso absolutista, propio de la perspectiva estática del sustancialismo platónico (Schroer 2008: 135). 7 Pues, como expone Francisco Ayala a este respecto, “la naturaleza es muda; la naturaleza no significa nada; la naturaleza en sí misma carece de sentido, y somos los hombres quienes se lo prestamos, sirviéndonos de ella como materia prima para organizar nuestra propia realidad, para crear la única realidad a que tenemos acceso […], una realidad instalada en la conciencia colectiva dentro de un determinado ámbito cultural y sobre la base de la peculiar imagen del mundo que lo sustenta.” (Ayala 1996: 25-26) 8 Como afirma Martina Löw, “Räume sind […] institutionalisierte Figurationen auf symbolischer und – das ist das Besondere – auf materieller Basis, die das soziale Leben formen und die im kulturellen Prozess hervorgebracht werden.” (Löw 2011: 46) 9 Sobre la visión relacional del espacio, vid. las consideraciones expuestas en 2001 por Martina Löw en su libro Raumsoziologie. 10 En adelante, cuando hablemos de espacio, nos referimos al espacio geográfico.
ceso histórico, es decir, un constructo cultural en permanente transformación, cuya condición es relacional, abierta, multidimensional y cambiante. Debido a los elementos y circunstancias que intervienen en su constitución, las imágenes y representaciones espaciales no son imparciales. Con independencia del medio utilizado, la figuración del espacio nunca es neutra, tampoco en las proyecciones cartográficas. Su representación obedece a un discurso preestablecido, a unas ideas o imaginarios que se construyen en torno al espacio y que, en función de una determinada lógica interpretativa, condicionan la experiencia individual y social del espacio, establecen la manera de interactuar con él, la forma de contemplarlo, representarlo, explicarlo y vivirlo. Inevitablemente, en la configuración narrativa o cartográfica del espacio intervienen los conceptos, códigos, convenciones y signos que se proyectan sobre los escenarios físicos, la intencionalidad y la subjetividad del autor, los propósitos e intereses subyacentes –sean científicos, económicos, políticos, nacionales o personales–, las relaciones de poder y las ideologías establecidas, e incluso, con frecuencia, el universo de los mitos y leyendas, unas circunstancias que confieren un sentido a la manera como se concibe el espacio y a las formas y el resultado de su representación. El espacio geográfico suele representarse esquemáticamente mediante el mapa haciendo uso de un lenguaje gráfico. A tal fin, se recurre a los principios y técnicas que establece la cartografía 11 . Sin embargo, en cuanto medio destinado a la orientación espacial, el mapa que resulta de esas prácticas no es una simple representación mimética de un territorio o de otros fenómenos espaciales, o sea, “a mirror of nature”, por utilizar la famosa frase del filósofo Richard Rorty. Pese a que se le presupone exactitud y objetividad, el mapa, en sus diferentes variantes, muestra una condición ambivalente. En él subyace lo que Graham Huggan denomina una “cartographic intrigue” (Huggan 1994: 8): en un nivel superficial, el mapa es pretendidamente objetivo; en un nivel profundo, en cambio, interviene a modo de instrumento de poder con una función discursiva, ideológica y política, por lo que, más que una copia de lo real, es un modelo conceptual de la realidad que se pretende representar 12 . Como afirmó Alfred Korzybski en 1948, “the map is not the territory it represents” (Korzybski 1958: 58). En vez de una reproducción fiel y objetiva de lo real, el mapa es, sobre todo, un producto cultural, un enunciado discursivo con una intención persuasiva derivado de un contexto social, en el que se encuentra representada una visión específica del mundo 13 . Las prácticas cartográficas, por esa razón, no son neutrales ni imparciales, sino selectivas. En ellas se plasma un de- _____________ 11 John Brian Harley define la cartografía como “a body of theoretical and practical knowledge that map makers employ to construct maps as a distinct mode of visual representation.” (Harley 1989: 233) 12 Como lo expresa Graham Huggan, “maps are ultimately neither copies nor semblances of reality but modes of discourse which reflect and articulate the ideologies of their makers.” (Huggan 1994: 11) 13 Como afirma Karl Schlögel (2003: 91), en lo fundamental, “jede Karte hat ihre Zeit, ihren Ort, ihren Blickwinkel, ihre Perspektive, und richtig gelesen, liefern uns Karten nicht nur einen Schlüssel zum Sehen oder Verstehen der abgebildeten Welt, sondern auch über die Richtung und Intentionen derer, die sich dieses Bild von der Welt gemacht haben.” A este respecto, en su importante ensayo “Deconstructing the Map”, John Brian Harley pone de relieve, desde la perspectiva de la geografía humana y recurriendo a la noción de discurso desarrollada por Michel Foucault, la incapacidad de la cartografía para reconocer la condición discursiva e ideológica de sus representaciones, debido, entre otras razones, a la epistemología positivista que subyace en ellas (Harley 1989: 231-232). Precisamente, para Harley, “much of the power of the map, as a representation of social geography, is that it operates behind a mask of a seemingly neutral science. It hides and denies its social dimensions at the same time as it legitimates.” (Harley 1989: 238)
terminado discurso, una forma específica de ver y clasificar el mundo, incluso de apropiarse de él. O sea, el mapa no solo representa el territorio, sino que ante todo lo produce, por lo que evidencia una condición performativa. Los mapas son símbolos, modelos de realidad, productos históricos, representaciones de poder, instrumentos de control y dominio sobre el espacio, los territorios y las culturas, que no solo proponen, sino que también imponen un diseño de los territorios, una clasificación y una disposición con implicaciones sociopolíticas, que llegan a establecer, en muchos casos, un determinado imaginario geográfico. La “ideologización del mapa” (Montoya Arango 2007: 168), o sea, la capacidad que muestra la cartografía para construir un discurso espacial y producir una imagen del territorio que proyecta las ideas, intereses y visiones del poder dominante, es manifiesta en la toponimia que establecen las representaciones cartográficas, en los nombres que se asignan a los lugares geográficos. La acción toponímica es un factor sustancial en la creación de un espacio geográfico –por ejemplo, en el transcurso de exploraciones, conquistas y descubrimientos geográficos, o tras rupturas y cambios políticos profundos–, esto es, en la apropiación de unos territorios que hasta entonces, en muchos casos, eran anónimos y ajenos a la cultura hegemónica. Al nombrar los lugares, topos, los poderes imperantes los trascienden en logos (Aínsa 2017: 30) y plasman en los topónimos elegidos su visión del mundo, los elementos de su cultura, los valores y las jerarquías vigentes en ella, que quedan adheridos a los parajes en forma de nombres geográficos. Surge así un mundo interpretado, una espacialidad hegemónica construida a través de un relato que impregna el espacio geográfico de imágenes y nociones políticas y culturales propias de las relaciones de poder dominantes, y que fija los contornos de unos territorios de los que se apoderan. La toponimia asignada, en la que cristaliza el encuentro entre espacio, historia y cultura, influirá desde ese momento en la forma como se perciben esos territorios. La historia de los topónimos será, de este modo, la historia del dominio y control de esos lugares (Schlögel 2003: 227). En suma, en las representaciones espaciales se plasman unas modalidades discursivas, un imaginario cultural, las cosmovisiones o los segmentos de una imago mundi propios de un contexto histórico, que insertan un relato en el espacio y lo modelan, más allá de la simple materialidad inerte, como un espacio narrado que, en cuanto espacio intencional que emerge de la conciencia, no solo aporta un escenario físico a las acciones y relaciones sociales del ser humano, sino que también es el resultado de esas mismas acciones. Precisamente por cuanto en ese proceso el espacio se semantiza, es decir, resulta de una actividad compleja de construcción mental, social y simbólica, el espacio es capaz de evocar la presencia del pasado y desencadenar y transmitir recuerdos. O lo que es lo mismo, en el espacio leemos el tiempo: la historia no se desenvuelve solo en el tiempo, también en el espacio, como afirma el historiador Karl Schlögel (2003: 9). 3. La cartografía literaria Como es conocido, toda cultura o sociedad necesita de determinados medios para la realización efectiva de sus acciones comunicativas, los cuales no sólo intervienen como instrumentos de comunicación, sino primordialmente como resortes de
socialización, construcción y conformación de modelos de realidad. La comunicación cartográfica se ha sustentado desde la antigüedad en el mapa en cuanto medio que organiza y transmite la información geográfica, en lo fundamental, de modo visual y gráfico. Específicamente, la comunicación cartográfica constituye una forma de interacción social, intencional y cooperativa, en cuyo transcurso un cartógrafo, en una situación de comunicación determinada y desde sus particulares presuposiciones, perspectiva e intencionalidad, diseña y produce un mapa con el propósito de transmitir datos, informaciones y conocimientos geográficos a unos usuarios receptores, que, en una situación concreta, interpretarán el mapa generado y le asignarán un sentido específico. Al servir de medio para la interacción comunicativa de esos actores –el cartógrafo en cuanto productor y el usuario en cuanto receptor–, el mapa, que se enraíza en un contexto social amplio, es producto y proceso a la vez: “it represents both an encoded document of a specific environment and a network of perpetually recoded messages passing between the various mapmakers and map readers who participate in the event of cartographic communication.” (Huggan 1994: 4) Las características específicas de la comunicación cartográfica y el hecho de que el mapa intervenga en ese proceso como un signo que ha sido elaborado según un código y un lenguaje determinados permiten relacionar el discurso cartográfico con el discurso lingüístico-textual e identificar similitudes entre el mapa y el texto, en particular con el texto narrativo. Tanto el texto como el mapa forman parte de un proceso comunicativo, en el que intervienen como medios de comunicación con una función comunicativa determinada. Pese a que se sustentan en lenguajes de naturaleza diferente –visual y gráfica el mapa, y lingüística el texto– los mecanismos de elaboración y el funcionamiento comunicativo de ambos medios son comparables; incluso, en cuanto a su función, las reglas del lenguaje cartográfico son equivalentes a la gramática y la sintaxis de un lenguaje hablado. Si bien el mapa no se elabora recurriendo a la gramática de una lengua –excepto su posible contenido lingüístico– ni evidencia secuencias temporales propias de la sintaxis, sí se construye empleando un sistema de signos convencionales, que sigue un código definido, y hace uso de una semántica y una retórica precisas, lo que, en un sentido amplio, otorga a la representación cartográfica la condición de texto 14 . De manera semejante a lo que ocurre en la producción textual, el cartógrafo realiza operaciones de abstracción, planificación, interpretación, selección, generalización, omisión, simplificación, clasificación, jerarquización o simbolización en el proceso de producción cartográfica (Harley 1989: 243), que confieren al mapa propiedades textuales y, sobre todo, una estructura retórica en consonancia con la intención persuasiva que lo define 15 . En consecuencia, debido a su intención comunicativa, las propiedades textuales, la estructura retórica y los procedimientos de elaboración que utiliza, el mapa, en cuanto texto cartográfico y cultural, evidencia una cualidad _____________ 14 Para Denis Wood y John Fels, “every map is at once a synthesis of signs and a sign in itself: an instrument of depiction – of objects, events, places – and an instrument of persuasion – about these, its makers, and itself. Like any other sign, it is the product of codes: conventions that prescribe relations of content and expression in a given semiotic circumstance.” (Wood / Fels 1986: 54) 15 Ello supone, por ejemplo, como también sucede en la comunicación lingüístico-textual, que “the map maker merely omits those features of the world that lie outside the purpose of the immediate discourse.” (Harley 1989: 243)
narrativa y constituye un discurso que, al ir en sus representaciones más allá de lo explícitamente mostrado, semantiza el espacio e inserta un relato en los fenómenos geográficos que representa. De la misma manera, la cualidad narrativa de las representaciones cartográficas, o sea, la textualidad del mapa, permite afirmar que el texto lingüístico puede llegar a configurar un mapa y funcionar como una representación cartográfica generada a través de los recursos narrativos que le son propios. “In many ways, telling a story is like drawing a map, and vice-versa.” (Tally 2016: 25) En el caso específico de la literatura en cuanto arte verbal, ello supone que numerosas obras puedan concebirse como una forma de cartografía literaria 16 , por cuanto evidencian, en lo fundamental, características específicas del mapa 17 . También esos textos literarios constituyen un sistema de signos convencionales y representan, principalmente, espacios, lugares, territorios u otros fenómenos geográficos, reales o imaginados, que se configuran y modelan según una determinada cosmovisión, dando lugar a unas imágenes en las que, con frecuencia con intencionalidad metafórica, simbólica o alegórica, confluyen el espacio, la historia y la cultura. El concepto de cartografía literaria indica, por consiguiente, “the practice by which writers figuratively represent, or attempt to represent, the social space of the narrative or text, as well as the relationship of the individual or collective subject to a larger spatial, social, and cultural ensemble” (Tally 2016: 25). En estos casos, “in a manner of speaking, literature also functions as a form of mapping, offering its readers descriptions of places, situating them in a kind of imaginary space, and providing points of reference by which they can orient themselves and understand the world in which they live.” (Tally 2013: 2) El autor de esos textos proyecta, de este modo, su propio mapa en el mundo que pretende representar narrativamente y la modalidad de escritura literaria que practica se asemeja a la actividad cartográfica 18 . Si bien el impulso cartográfico puede ser más acentuado en unos textos que en otros, las obras pertenecientes a esta categoría de escritura constituyen formas de cartografía literaria en cuanto modalidad narrativa en la que se traza, con mayor o menor intensidad, un mapa figurativo de un espacio geográfico y social, que puede _____________ 16 Sobre la cartografía literaria, vid. Picker (2010), Tally (2013), Tally (ed.) (2014), Peraldo (ed.) (2016), Engberg-Pedersen (ed.) (2017), Bushell (2020). 17 Entre estas obras cabe destacar, por su relevancia, la Divina Commedia de Dante Alighieri, Don Quijote de Miguel de Cervantes, Wahlverwandtschaften de Johann Wolfgang von Goethe, Moby Dick de Herman Melville, Der Nachsommer de Adalbert Stifter, Under Western Eyes de Joseph Conrad, Ulysses de James Joyce, Le città invisibili de Italo Calvino o Die Vermessung der Welt de Daniel Kehlmann. Algunas narraciones incorporan incluso mapas o planos de los espacios ficcionales, que visualizan el marco o el escenario de la trama argumental, como Gulliver’s Travels de Jonathan Swift o Treasure Island de Robert Louis Stevenson. Conocido es el caso del mapa del condado de Yoknapatawna, que acompaña a algunas novelas de William Faulkner. Vid., a este respecto, Stockhammer (2007), Tally (ed.) (2014), Peraldo (ed.) (2016), Engberg-Pedersen (ed.) (2017) y Tally (ed.) (2021), donde se presentan diferentes análisis de obras literarias en las que se plasma una estrecha relación entre literatura y geografía. 18 Así explica Robert T. Tally Jr. esa semejanza: “Like the mapmaker, the writer must survey territory, determining which features of a given landscape to include, to emphasize, or to diminish; for example, some shadings may need to be darker than others, some lines bolder, and so on. The writer must establish the scale and the shape, no less of the narrative than of the places in it. The literary cartographer, even one who operates in such non-realistic modes as myth or fantasy, must determine the degree to which a given representation of a place refers to any ‘real’ place in the geographical world.” (Tally 2013: 45)
ser real o imaginado, y a veces inventado 19 , que se vincula a experiencias y vivencias del ser humano 20 . La cartografía literaria, no obstante, no se limita a mostrar lugares y territorios, sino que también resalta la dimensión discursiva y simbólica de esas representaciones. Son obras con un amplio potencial crítico que revelan la ideologización y la función performativa de las prácticas cartográficas, y que incluso, en muchos casos, deshacen, a modo de deconstrucción, de manera explícita o implícita, las relaciones, jerarquías y clasificaciones establecidas por los poderes hegemónicos en la representación del espacio. A continuación, desde las consideraciones expuestas anteriormente y a partir del análisis de las estrategias cartográficas empleadas por Christoph Ransmayr en su obra Atlas eines ängstlichen Mannes, examinaremos cómo este texto narrativo puede constituir una forma de cartografía y su autor, en consecuencia, ejercer de cartógrafo. Adoptaremos la perspectiva de la geocrítica o geocriticismo 21 en cuanto enfoque que incorpora al análisis literario el estudio de las representaciones estéticas del espacio geográfico y humano y de su modulación ficcional 22 . Esta perspectiva asume, de manera expresa, que las representaciones literarias del espacio suelen cumplir una función transgresora de los valores, códigos y prácticas cartográficas imperantes, en tanto que son capaces de establecer nuevas relaciones entre sujetos, espacios, lugares y territorios, y ofrecer una visión alternativa de la espacialidad sociocultural. 4. Prácticas cartográficas en Atlas eines ängstlichen Mannes La obra Atlas eines ängstlichen Mannes, aparecida en 2012, se compone de setenta episodios independientes que transcurren en diferentes lugares del mundo, en los _____________ 19 En este contexto, Barbara Piatti (2008: 22-23) denomina geoespacio al espacio real extratextual, para distinguirlo del espacio imaginado representado en el texto literario. 20 Los estudios teóricos diferencian el concepto de cartografía literaria, con el que se refieren a la intención del autor y al proceso de producción de la obra, del concepto de geografía literaria, que relacionan con la perspectiva y la actividad de comprensión del lector de la obra producida. Vid. Tally (2013: 79 y ss.), Bushell (2020: 16 y ss.). O sea, por medio de la representación de espacios y lugares, un autor elabora una cartografía literaria, que el receptor leerá como geografía literaria. De este modo, “literary geography implies a form of reading that focuses attention on space and spatiality in the texts under consideration.” (Tally 2013: 80) Sin embargo, para Barbara Piatti “literary cartography [is …] the practice of mapping works of literature”, mientras que “literary geography […] is generally concerned with the geographical analysis of literary works.” (Piatti 2016: 89) Piatti considera la cartografía literaria como una subdisciplina de la geografía literaria, cuyo cometido es visualizar, mediante la elaboración de mapas, la información espacial presente en las obras literarias (Piatti 2016: 89). En este artículo usamos el concepto de cartografía literaria en el sentido expuesto por Robert T. Tally Jr. (2013: 79 y ss., 2016). 21 La geocrítica o geocriticismo es, a un tiempo, una teoría y una metodología acerca del estudio de las representaciones estéticas de los espacios humanos. El nuevo enfoque se elaboró a partir de 1999 en Limousin bajo los auspicios de Bertrand Westphal, quien ha presentado su propuesta en diversos trabajos. La publicación en 2007 de su obra La Géocritique. Réel, fiction, espace dio un significativo impulso a la difusión internacional de la nueva metodología de análisis. En Estados Unidos, la geocrítica ha encontrado una amplia resonancia en los círculos en torno a Robert T. Tally Jr., que en 2011 tradujo al inglés la obra de Westphal. 22 De este modo, como indica Robert T. Tally Jr. (ed.) (2011: 1), “using literary cartography, a writer maps the social spaces of his or her world; a geocritic would read these maps, drawing particular attention to the spatial practices involved in literature.”
que el narrador en primera persona 23 vivió, por los que viajó –en avión, barco, tren, coche o moto– o, simplemente, recorrió a pie. Con una única excepción: como indica el propio narrador, en la obra aparece un lugar en el que nunca estuvo y que le es familiar gracias a las descripciones de su mujer. No revela su nombre, para que así se recuerde “daß wir vieles, was wir von unserer Welt zu wissen glauben, nur aus Erzählungen kennen” (Ransmayr 2012: 5). Pues, en su convencimiento, el mundo es lo que contamos de él (Spiegel 2012). Los seres humanos que aparecen en los relatos son, por tanto, personas con las que el narrador se encontró en el transcurso de sus viajes y que lo ayudaron, protegieron, amenazaron, amaron o salvaron de grandes peligros (Ransmayr 2012: 5). En las conversaciones con el narrador, esos seres recuerdan su pasado, la historia de los escenarios y lugares de su vida, hasta conformar un mosaico de voces y perspectivas múltiples que visibilizan realidades alternativas y que el narrador incorpora a su relato de forma diversa, junto con descripciones de los espacios, territorios y lugares que visita. Además de un referente específico y real, los diferentes episodios tienen, por consiguiente, un trasfondo autobiográfico: se fundamentan en las experiencias directas del narrador. 4.1. Perspectiva narrativa Michel de Certeau diferencia dos modos fundamentales de experimentar el espacio: la lectura cartográfica propia de una mirada vertical, semejante a la de los dioses, que, igual que Ícaro, sobrevuela el espacio y, como si de un voyeur se tratara, lo contempla desde arriba, desde una posición siempre elevada; y, por otro lado, un transitar performativo por los lugares mismos, en cuyo transcurso el sujeto adopta una mirada horizontal, que es la mirada del peatón o del paseante que se sitúa cerca de lo que observa, lo que le permite re-conocer directamente los espacios que recorre y a sus habitantes, y experimentarlos a través del cuerpo, o sea, de manera sensorial y táctil, no solo mediante la mirada (De Certeau 1988: 179-182). A diferencia de la visión cenital del espacio, la mirada horizontal permite realizar una experiencia íntima, en primera persona, cercana y subjetiva del espacio. Es entonces cuando los espacios pueden adquirir una significación distinta a la atribuida inicialmente, gracias a la intervención de un sujeto caminante que, al observar atentamente los lugares por los que transita y tras percibir su efecto sobre su conciencia, sentimientos y emociones, interpreta y atribuye un sentido propio a los espacios recorridos, transforma su significado, los impregna de sus experiencias particulares y, con voluntad performativa, constituye una nueva espacialidad. De este modo, andar es para De Certeau una forma de enunciación, una acción de transformación simbólica del espacio, una práctica significante que resignifica el espacio y establece otra realidad significada al margen del control hegemónico, lo que llega a desvelar las opacidades de la historia (De Certeau 1988: 184). El narrador de Atlas eines ängstlichen Mannes asume en lo esencial una mirada caminante, itinerante, una visión horizontal en el sentido de De Certeau, que posibilita diferentes recorridos alternativos, o sea, una aproximación rizomática a los lugares, a la vez que facilita la producción de nuevos espacios tras su transforma- _____________ 23 Tras la lectura de la advertencia preliminar que aparece en Atlas eines ängstlichen Mannes, que está firmada con las iniciales CR, y de la propia obra, se puede concluir que el narrador en primera persona se identifica con el autor.
dienten die Lieder der Singvögel doch nicht bloß der Liebe und der Erhaltung der Art, sondern waren weit mehr noch Reviergesang und mußten durch ihre weithin hörbare Lautstärke, ihre Vielfalt, Virtuosität, einen Rivalen entweder auf Abstand halten oder ihn in die Flucht schlagen.” (Ransmayr 2012: 24) La construcción de la colosal obra china obedeció a consideraciones de estrategia militar y fue testigo mudo de infinidad de conflictos bélicos. En ella se plasma un orden territorial guiado por la voluntad de poder y de dominio. Las prácticas de delimitación territorial de los pájaros cantores, en cambio, establecen fronteras de manera pacífica y natural, y suponen, por esa razón, un modelo alternativo, con connotaciones utópicas, al modelo humano que se muestra belicoso y agresivo: “Gesang. Das wäre auch eine Möglichkeit gewesen. Reviergesang statt zinnenbewehrter Mauern!, Tonfolgen anstelle von Steinen, Grenzgesänge!” (Ransmayr 2012: 25) Consecuentemente, el observador de aves galés y la arqueóloga china, como si de una utopía se tratara, hatten sie sich vorgestellt, diese unvorstellbar lange Mauer durch einen einzigen, aus lückenlos aneinandergereihten Reviergesängen bestehenden Chor zu ersetzen: einen Wall aus Liedern, zart und glasrein die einen, verspielt, trällernd die anderen, alle aber Sequenzen einer unüberhörbaren, unüberwindlichen Melodie, die jeden Eindringling oder Angreifer entweder so überwältigen mußte, daß er bang das Weite suchte – oder so betörte, daß er seine Gier, seinen Haß oder seine Kampflust vergaß und zu nichts anderem mehr fähig war, als hingerissen zu lauschen. (Ransmayr 2012: 25-26) Atlas eines ängstlichen Mannes muestra una y otra vez la condición transitoria, contingente e inestable de las estructuraciones y delimitaciones territoriales que establece el ser humano. Esa inestabilidad es producto, con frecuencia, de las catástrofes naturales que acontecen de continuo, pero también de las guerras y de la crueldad y voluntad destructiva del ser humano. La violencia y los desastres, así como su efecto sobre el espacio son omnipresentes a lo largo de la obra. La tragedia y el espanto impregnan unos lugares que fueron escenarios de catástrofes, destrucción y muerte, y que, en su condición traumática, ponen de manifiesto la fragilidad y la fugacidad del ser humano y de su hábitat. En el proceso de la articulación narrativa de ese pasado trágico, se produce una espacialización del recuerdo a la vez que una historización del espacio: la topologización o territorialización de la memoria se escenifica en estrecha correlación con la temporalización o historización de los espacios, lugares y territorios. Espacio y tiempo histórico aparecen así indisolublemente unidos en Atlas eines ängstlichen Mannes. Un ejemplo representativo a este respecto es el episodio Strömung, en el que se relata un viaje a Phnom Penh, la capital de Camboya. El narrador conoce allí a Ho Doeun, un pescador que le cuenta la historia trágica de su país, “die Abgründe seiner Vergangenheit” (Ransmayr 2012: 169), la violencia extrema que se implantó entre 1975 y 1979 bajo el régimen de Pol Pot. En ese periodo murieron unos dos millones de camboyanos a causa de las epidemias, las hambrunas, la ruralización forzosa y el terror político, lo que transformó completamente la fisonomía de las ciudades: “Phnom Penh wurde für Jahre zu einer Geisterstadt, deren menschenleere Straßen, überwucherte Häuser, überwucherte Plätze und Parks an die Wildnis
zurückfielen, an Ratten, Rudel verwilderter Hunde, Affenhorden.” (Ransmayr 2012: 173) La brutalidad totalitaria y el poder destructivo del ser humano convirtieron el paisaje urbano en un espacio abandonado y desolado, una imagen apocalíptica que suele prevalecer en otros episodios. En la historia Stille Nacht, que transcurre durante la Navidad en Sri Lanka, un país insular situado en el golfo de Bengala, cuya contemplación le recuerda al viajero “daß diese Insel einmal als der Garten Eden, das Paradies auf Erden, gegolten hatte” (Ransmayr 2012: 437), el poder destructivo proviene no solo de la guerra civil que asola el país desde hace más de dos décadas y que ha provocado numerosas víctimas, sino también del agua, de las lluvias torrenciales, las inundaciones y los monzones que irrumpen en la aparente calma del periodo navideño ocasionando devastación y muerte: Ein Nordostmonsun, wie er seit sieben Jahren […] nicht mehr gewütet hatte, verwüstete nach dem nördlichen Hochland nun auch weite Küstenstriche im Osten. Wolkenbrüche, Sturmfluten, Dammbrüche: Mehr als siebzigtausend Obdachlose waren in den letzten Tagen gezählt worden und zweiundzwanzig geborstene Dämme, darunter auch einige jahrhundertealte Deiche der künstlichen Seen singhalesischer Könige. Viele Tote, hieß es, würden noch im Schlamm begraben liegen. (Ransmayr 2012: 437-438) La destrucción y la tragedia extremas afectan, por ende, a diferentes lugares, regiones y culturas del mundo, en los que se difuminan los límites entre los espacios de vida y los espacios de muerte. La devastación, los desastres y las catástrofes, y su reflejo en el espacio parecen ser una constante trágica en la historia de la humanidad, lo que cuestiona la visión de una civilización en continuo progreso. 5. Conclusiones Atlas eines ängstlichen Mannes, en cuanto ejemplo ilustrativo de la denominada cartografía literaria, no es tanto un atlas topográfico o físico de la Tierra como un atlas humano, histórico y cultural. Su intención principal es representar la interacción del ser humano con el espacio vivido, aunque también físico, sus relaciones afectivas y simbólicas con los lugares y parajes que constituyen su hábitat, además de detallar la manera en la que espacio y sujeto se influencian y conforman recíprocamente. Desde ese trasfondo, la obra expone una visión crítica de determinadas prácticas cartográficas que, a fin de ejercer un control del espacio, establecen una espacialidad sociocultural con voluntad hegemónica. Desde el recuerdo, a través de la descripción de experiencias vividas que se vinculan a lugares, territorios y paisajes, el narrador ofrece un testimonio personal de lo visto y oído en el transcurso de sus viajes, remontándose a tiempos y acontecimientos pretéritos. De este modo, los viajes del narrador no solo transcurren por un escenario espacial, sino también temporal. La espacialización del tiempo y la temporalización del espacio son dimensiones coincidentes, entre las que el narrador fluctúa. Desde el presente en el que transcurre la acción de recordar, el yo narrador reflexiona sobre el hoy y el ayer de los lugares, sociedades y culturas que ha conocido en primera persona, y
proyecta, al mismo tiempo, una mirada crítica sobre momentos trágicos de la historia reciente de la humanidad, sobre escenarios de desgracia y desolación. El resultado es un atlas literario segmentado en episodios, que constituye un modelo alternativo a la espacialidad impuesta por las prácticas cartográficas dominantes, en el que el narrador plasma su visión inquieta del mundo y de la humanidad. 6. Referencias bibliográficas Aínsa, F., «Aproximaciones al espacio literario desde la topofilia y la geopoética», en: Agraz Ortiz, A. / Sánchez-Hernández, S. (eds.), Topografías literarias. El espacio en la literatura hispánica de la Edad Media al siglo XXI. Madrid: Biblioteca Nueva 2017, 23-35. Ayala, F., «El paisaje y la invención de la realidad», en: Villanueva, D. / Cabo Aseguinolaza, F. (eds.), Paisaje, juego y multilingüismo. Actas del X Simposio de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada. Santiago de Compostela: Servicio de Publicacións e Intercambio Cientifíco 1996, vol. I, 23-30. Bay, H., «Welt/Reisen. Zur Poetik des Globalen in Reisetexten des 21. Jahrhunderts», en: Holdenried, M. / Honold, A. / Hermes, St. (eds.), Reiseliteratur der Moderne und Postmoderne. Berlin: Erich Schmidt 2017, 573-592. Bushell, S., Reading and Mapping Fiction. Spatialising the Literary Text. Cambridge: Cambridge University Press 2020. De Certeau, M., Kunst des Handelns. Trad. de Ronald Voullié. Berlín: Merve 1988. (Versión original: L'invention du quotidien. Vol. 1: Arts de faire. París: Union Générale d’Editions 1980). Döring, J., «Spatial Turn», en: Günzel, St. (ed.), Raum. Ein interdisziplinäres Handbuch. Stuttgart / Weimar: Metzler 2010, 90-99. Dünne, J. / Mahler, A. (eds.), Handbuch Literatur & Raum. Berlín / Boston: de Gruyter 2015. Ebeling, K., «Historischer Raum: Archiv und Erinnerungsort», en: Günzel, St. (ed.), Raum. Ein interdisziplinäres Handbuch. Stuttgart / Weimar: Metzler 2010, 121-133. Engberg-Pedersen, A. (ed.), Literature and Cartography. Theories, Histories, Genres. Cambridge, MA / London: The MIT Press 2017. Günzel, St., Raum. Eine kulturwissenschaftliche Einführung. Bielefeld: transcript 2020. Harley, J. B., «Deconstructing the Map», en: Barnes, T. J. / Duncan, J. S. (eds.), Writing Worlds. Discourse, text and metaphor in the representation of landscape. Londres / Nueva York: Routledge 1992, 231-247. (Publicado originalmente en: Cartographica. The International Journal for Geographic Information and Geovisualization 26/2 (1989), 1-20). Herrmann, L., Literarische Vernunftkritik im Roman der Gegenwart. Stuttgart: Metzler 2017. Hildebrand-Schat, V., «Der Atlas und seine Nutzung als buchkünstlerisches Medium», en: Schmitz-Emans, M. (ed.), Literatur, Buchgestaltung und Buchkunst. Ein Kompendium. Berlín / Boston: de Gruyter 2019, 330-345. Huggan, G., Territorial Disputes: Maps and Mapping Strategies in Contemporary Canadian and Australian Fiction. Toronto: University of Toronto Press 1994. Janz, R.-P., «Utopische Gegenwelten: Christoph Ransmayr, Atlas eines ängstlichen Mannes», en: Raposo, B. / Prado-Wohlwend, Chr. (eds.), Reisen in der deutschen Literatur: Realität und Phantasie. Berlín, et al.: Peter Lang 2021, 265-274. Kaindlstorfer, G., «Reise-Epos in 70 Fragmenten», Deutschlandfunk (20/02/2013), https://www.deutschlandfunk.de/reise-epos-in-70-fragmenten.700.de.html?dram:article _id=238047 [03/01/2021] Karlsson Hammarfelt, L., «Literatur an der Grenze der Kartierbarkeit. Ransmayrs Altas eines ängstlichen Mannes», Studia Neophilologica 86 (2014), 66-78.
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