Full text
LA OCUPACIÓN RESIDEN CIAL DEL SUELO NO URBANI ZABLE:
ANÁLISIS DE LAS PARCELAC IONES ILEGALES DEL MUNI CIPIO DE CÓR DOBA
Doctorando: D avid López C asado
Directores: Dr. Vícto r Fernández Salinas
Dr. Alfonso Mulero M endigorri
T e s i s d o c t o r a l:
LA OCUPACIÓN RESIDE NCIAL DEL SUELO NO
URBANIZ ABLE: ANÁL ISIS DE LA S PARCELACI ONE S
ILEG ALES DEL MUNI CIPIO DE CÓ RDOBA
D octoran do:
Da vid Ló pez Ca sad o
D irecto res:
D r. Víc tor Fern ánde z Sa linas, Un iversidad de Sev illa
D r. Alfons o Mule ro Men d i go rri, Unive rsidad de Có rdoba
P rogram a de Docto rado:
Geo g rafía
Líne a de Inves tigac ión:
Re curs os, d i nám icas u rbana s y rura les e inn ovac ión
A Miguel y a Ma ría,
por el tiem po que
os he toma do
prestado; me e s-
forzaré por trata r
de recuper arl o.
Os quiero
A G R A D E C I M I E N T O S
Son muchas las personas que h an contribui do al desarrollo de esta tesis de una u otra forma, tanto en el ámbito académico como en el personal; y uno no sabe nunca por
dónde empezar.
Creo que es de justici a hacerlo por los doctores Víctor Fernández Salinas y Alfonso Mulero Mendigorri, i ncansabl es -y sufridos- directores de esta investigación. Gracias por
compartir vuestros saberes y, sobre todo, por la gr an cantidad de tiempo invertido; soy plenamente consciente de lo duro que es tratar con alguien tan cabezot a como yo. Sin
duda, soy deudor de todo ello y de mucho más, aunque espero haberos aportado algo. Y o me llevo, además de una magnífica experiencia académica y vital, dos amigos.
Hace casi veinte años comencé a trabajar en la Of ici na Técnica para la Gestión del Plan Especial de Pr otección del yacimient o arqueológico de Medina Azahara. De ese m o-
mento es la génesis de esta i nvestigación, dado que de ahí parte mi contacto de las parcelaciones ilegales y mi interés por conoc er m ás a fondo sus m últi ples dimensiones; gra-
cias, Alberto, por compartir tus conocimientos y, sobre todo, p or hacerme ver la importancia de la honestidad y el rigor a la hora de acometer una investigación. Mi agrade ci-
miento se extiende a todo el pe rsonal del Conjunto Arqueol ógico en las diferentes etapas; pero, sobre todo, a Ana, sin duda una de las pe rsonas que más me ha hecho crecer,
tanto en lo personal como en lo profesional. Gracias también a Pepe, amigo, probablemente una de las per sonas que mejor co noce el mundo parcelista; nuestras discusiones y
conversaciones sobre el tema son uno de los soportes sobre los que se apoya esta investigación. Antoni a, gracias también a ti; ya ves, el que la sigue, la consi gue…
Mi paso como alumno del Máster en Ordenac ión y Gestión del Desarrollo Territorial y Local de esta universidad es otro de los hitos importantes que quiero de stacar. Mi agra-
decimiento, de nuevo, al profesor Fernández Salinas -Víctor-, tutor de mi trabajo fin de máster, que fue la antesala de esta t esis, por su generosidad y sus consejos, siempre
bien recibidos (aunque no siempre suficientemente atendidos...). Gracias también al resto de los profesore s, algunos de los cuales han influido positivamente en mi crecimiento
como investigador; y, muy especialmente, a Josefina Cruz, Leandro del Moral y Rocío Silva, miembros del tribunal que ev aluó dicho trabajo, por sus críticas durante la defensa.
Pero mi agradecimiento se extiende también a todos los compañeros de clase; creo que fueron nueves m eses fundam entales en mi experiencia vital. No puedo dejar de pensa r
en los que hoy son mis amigos, Nelson y Aída, Ramiro, Dani, Emi lio... pero sobre todo en Marta, Rosa -y Víctor, qué habíamos hec ho sin él.. .- y María; a todos, muchísi mas gra-
cias.
Agradezco también a m is colegas del depar tament o de Geografía Humana, así como a sus dos últimos directores, su apoyo en diferentes momentos de este d uro trabajo; a
Lola Requena, por compartir su tesis, sus conocimient os y experiencias; a Gema González y Leandro del Moral, por su gener osidad en los últimos meses; a Davi d Sampedro, in-
cansable compañero de penas y pesares. Y, por supuesto, a Josefina Cruz, por su inestimabl e apoyo . De igual modo, a los integrantes de mi Grupo de Invest igación, por sus crí-
ticas y sugerencias que, sin duda, han contribuido a enriquecer la investigación.
A mis padres, por desgr acia ya desaparecidos. Sé que os habría gustado compartir el final de este trabajo, especialmente a ti , mamá; y sí, ya , por fin, tu hijo he dejado de estu-
diar.
Y, aunque te dejo para el final, sabes que estás presente desde el princi pio , y que sin ti nada d e esto habría sido pos ible. Desde que te conoc í en el ayuntamiento de Obejo,
luego en Medina Azahara, más tarde en el Máster -nunca olvidar é el viaje a Tánger-, y ahora compartiendo tantas cosas juntos. Espero poder compe nsarte: TQT.
Í N D I C E G E N E R A L
_RESU MEN ………… … …… . ………… ……........………. .…… ........... ......................... ........................................... ............ .................................. ......... ........... .... ………. . ….…..... ..… .........
_ABS TRACT ………………….…………… …........………..…… ................................... .................. ..... .... .... .. .... ..... .. .... .... .. .... .. .... .... .. .... .... .. .... .... .. .... ... ...............………. .….….......….........
.. ......19
........21
_PRE SENTACIÓN
CAPÍ TULO 1. Introducción .. .................. ................................... .......... ................................... ............................. . ............................... ........ ........................ . .. ..
.. ......49
_BLOQ UE 1: LOS PROCESOS DE OCUPACIÓN DE L SUELO NO U RBANIZABLE CON FINES RE SIDEN CIALES: MARCO TEÓRICO Y E STADO DE LA
INVESTIGACIÓN EN ESPAÑA
CAPÍ TULO 2. Marco teór i co……................................ ..............……………… ............... ........... ................................. ............................. .. ........................ .. ........
. . ........69
CAPÍ TULO 3. E stado de la cuestió n en España. ...................... ................................ ................................. .. ..................... ............................ ......... .. ..........
. . .......119
CAPÍ TULO 4.- El fenómeno de las pa rcelaciones ile gales en Andalucía : Panorámica ge neral, tratamiento administrativ o y regula -
ción jurídi ca ... .......................... ..................... ................................... ................................... ................................... .................... .............. ........
. . .......181
_BLOQ UE 2: LAS PARCELACIONE S ILEGALES EN CÓRDOBA: GÉNE SIS , EVOLUCIÓN Y CARACTERI ZACIÓN GENERAL
CAPÍ TULO 5. Contextualización del área de e st udio............ .................... ....................... .......................... ................................. ................... ....... ..........
......2 35
CAPÍ TULO 6. Génesis y ev olu ción del proceso de parcelación ilegal e n el municipio de Có rdob a…… …… ...... …………………….... ..…….…….. ……
.... ..2 71
CAPÍ TULO 7 . Caracterización general del fenómeno de parcelación il e gal........... .................................. ............ ............................... ............ .........
......323
_BLOQ UE 3: ANÁLISIS DEL PROCE SO DE PARCELACI ÓN I LEGAL CON FINES RE SIDE NCIALES SEGÚN LAS ÁRE AS GEOGRÁFICAS AFE C TDAS
CAPÍ TULO 8. Las parcelaciones ilegales de l a Sie rra................. .................. ................. ............................ ................................. ......................... ... .........
......3 93
CAPÍ TULO 9. Las parcelaciones ilegales de l Piedemo nte....... ................................ ....... .......................... ................................. ....................... ........... ..
......455
CAPÍ TULO 10 . Las parcelacio nes ilegales de la V ega...... ......................... .................. .. .......... ....................................... .............. .......... .........................
......4 99
_CONCLU SIONE S ……………………… ..…..........…………… ……………… ………………………… …………………… …….…………… ………………… . ..................... ……………… .. . .. ........ ..……. .…
_CONCLU SIONS ………………………. ...…..........……………… ………………… ………….................... ..………… ……. .......... ........................ ................................. ....................... . ...……..…
......5 73
......591
_REFE RENCIAS ……… ... ……………. ….……………... ..................... . .....……………… ………… .. ………………… ……………… ………………………… …………………… ……………… … ........... .. …...
...... 607
7.2.4.3. Los notar ios y registradore s de la propie dad
7.2.4.4. Otro s organismos e i nstituciones pú blicas
7.3. Pautas de la distribució n espacial del fe nómeno pa rcelario y criterios para su elecció n y delimitación física ......
7.3.1. Definición d e los criterios estableci dos para la elecc ión y delimitació n de las parcelacio nes ilegale s
que serán objeto de estudio .......................... ................................... .............................................. ......... .............. ........
7.3.1.1. Criterios pa ra la elección de las parcelaciones co nsideradas
7.3.1.2. Delimitació n física de las pa rcelaciones ile gales: dificultade s y propuestas
7.3.2. Rasgos generales de la distri bución espacial de las parcelacion es ileg ales …… ………………… …………………… … ..
7.4. Perfil demográfico del pa rcelista y uso de las e dificaciones ...................... .......................... ........................ ......... ..............
7.4.1 . Caracte rísticas de mográficas ............................... ........................ ....... ..................................... ............ ...................... ......
7.4.2 . La fo rma de utilización de las edificacio nes. .............................. .................................... ................ ....... .....................
7.5 . El tamaño de las parcela ciones ilegales ........... ........................ ......... ................................. .............. ......................... ...............
7.6. Propuesta de clasificació n para el estudio geográfico de las parce laciones ileg ales ........................ ............................
7.6.1 La escala de los gran des dominios geo gráficos............ ..................... ................................... ....... ..................... ...........
a) Parcelaciones de sierra
b) Parcelacio nes de piede monte
c) Parcelaciones de v ega
7.6.2. La escala de deta lle ... ................................. ..................... ........ .............................................. .. ........................... ..............
. . . .........358
. . . .......... 3 59
. . . .......... 3 68
. . . .........372
. . . .......... 372
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. . . .........3 79
4 ..........3 84
9 ........... 386
0
. . . .......... 3 88
_ BLOQUE 3 : ANÁLISIS DEL PROCESO DE PA RCELACIÓ N ILEGAL CON FINE S RESIDE NCIALES SEGÚN L AS ÁREAS GEOG RÁ-
FICAS AFEC TDAS
CAPÍ TULO 8. Las parcelac iones ileg ales de la sierra .................................... ....................... .................................. ........ ......................... .
8.1. E volución, distribució n y extensión de las parcelaciones ilegale s de la si erra ........................ ......................... .. . .
8.1.1. Génesis y ev olución del fenómeno .... ........................ ................................. .......... ....................... ......................
8.1.2. El tamaño de las parcelacio nes .................................... .......... ....................... .................... .......................... .......
8.1.3. Factores de lo calización espacial .... .......................... ............................. .............. ......................... .....................
8.2. Aproximación sociode mográfica ....................... ................................ ... ................................. ...... ................................. .
8.2.1. El nomenclátor y sus limitaciones ............................. .............. ............................. ........... ................................. ..
. . . ......... 393
. . . .........3 95
. . . .......... 398
. . . .......... 405
. . . .......... 408
. . . ..........413
. . . ........... 413
8.2.2. Aportacio nes de la informació n censal ...................... ............................... ............ ............................. .............
8 . 3. Clasificación tipológica.. ................................... ...... ............................ ......................... ................ ................................... .
8.3.1. Consideracione s gener ales......................... ................................... ......... ......................... ................. ............ .......
8.3.2. Criterios de clasificac ión ......................... ........................ ................. ......................... ................ ...........................
8.4 . Las parcelaciones de dominante urbana (tipo 1) ................... ......................... .......... ................................... ............ .
8.4.1. De ilegal a urbano: El subti po 1.1 .................................... ................... ................ ............................ ........... .........
8.4.1.1. El caso paradigmático de la Urbanización Cam po Al egre
8.4.2. La fosilizació n como seña de i dentidad: El subtipo 1 .2 ............... ........................................ ...... ..................
8.4.2.1. Urbanizació n El Cruce: El largo proceso hacia la le galiz ación
8.5. Las parcelaciones de componente rústica (tipo 2) ................... .................... ................................. .... .......................
8.5.1. Entre la urbanizació n y la parc elación ilegal : El subtipo 2.1 ....................... ....................... .............. ............
8.5.1.1. Siete Fincas : La reivind icación como argumento
8.5.2. La especial p rotección como rasgo esencia l: El subtipo 2.2 ........... ...................................... ............ .........
8.5.2.1. Hacienda El Co rdobés: El componente torero del fenóme no parc elario
8.5.3. La imagen de la precarieda d: El subtipo 2.3 . .......................... ........................................ ..... .................... ......
8.5.3.1. Rancho Bla nco o la es encia de la vida e n el campo
. . . ........... 418
. . . .........423
. . . .......... 424
. . . .......... 424
. . . ....... ..4 30
. . . ........... 4 31
. . . .......... 4 36
. . . .... .. . ..4 40
. . . .......... 4 42
. . . .......... 4 46
. . . .......... 451
CAPÍ TULO 9. Las parcelac iones ileg ales del piedemo n te ..................................... ................................. .......... ................................ ....
9.1. E volución, distri bución y extensión de las parcelacione s ilegales del pie demo n te …………… …… ………… ……….
9.1.1. Génesis y ev olución del fenómeno .... ................................... ............................................ ....................... ..........
9.1.2. El tamaño de l as pa rcelaciones .................................... ................................... ................................. ....... ...........
9.1.3. Factores de lo calización espacial .... ................................... ...................................... ................. .................. .......
9.2. Aproximación sociode mográfica………… …………………… ………. ......... ………… …………………… ………………… ………… . ……
9.2.1. El nomenclátor y sus limitaciones .............................. ................................. ........................ ............... ................
9.2.2. Aportacio nes de la informació n ce nsal......................... .............................................. ................................. ...
9.3. Clasificación tipológi ca ……… ………………………… …………………… … ..................... ....................... ........... … …………………….
9.3.1. Criterios de cla sificación ................................ ................................... ........................................... ......... ... .............
9.4 . Las parcelaciones de dominante urbana (tipo 1) …………… .......... ………… …………………… ………………… ………………..
. . . ......... 4 55
5 .... ......4 57
. . . .......... 4 58
. . . .......... 463
. . . .......... 4 66
. . . .........4 68
. . . .......... 4 69
. . . .......... 472
. . . .........4 78
. . . .......... 478
. . . .........4 81
9.4.1. De ilegal a urbano: El subti po 1.1 .................................... ................................... ................................. ...............
9.4.1.1. El conju nto El Sol-Enci nares de Alcole a : La difícil co nvivencia de dos modelos o puestos
9.4.2. Las consecue ncias del urbanismo expansivo: E l subtipo 1.2 .................................. ................................... .
9.4.2.1. El conjunto urbano Carrera del C aballo : La pa radoja de la p lanificación urbanística
9.5. Las parcelaciones de componente rústica (tipo 2)……………… ….…….. ...................... ............................... …………….
9.5.1. La especial p rotección como rasgo esencial: El su btipo 2.2 ..... ................................... ................. ..............
9.5.1.1. Jardines de Aza hara: El v alor hedónico del emplaz amiento
. . . .......... 4 83
. . . .......... 4 88
. . . .........4 93
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. . . .... .. .. 4 99
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. . . .. .. .....518
. . . ........ . . 518
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. . . .........5 34
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. . . .......... 5 41
. . . .........5 49
. . . .......... 5 50
. . . .......... 5 58
CAPÍ TULO 10 . Las pa rcelaciones ilegal es de la v e ga ............................. ................. ............................ ........................... ............... .........
10 .1. Ev olución, distribución y ext ensión de las pa rcelaciones ilegales de la v e ga ..... .... .... .. ..... .... .. .... .... .. .... .. .... .....
10.1.1. Génesis y evolució n del fenómeno ............................ .................... ......................................... ........................
10.1.2. El tamaño de las parcelaciones .... ................................... ......................... .................. ..................... ................
10.1.3. Factores de localizació n espacial ............................ .................................. .......... ............................. ...............
10 .2. Apr oximación sociodemográfi ca …………………… ………… ... ............................... .......... ......... …….… …………………………
10.2.1. El Nomenclátor y sus limitaciones .............................. ....... .......................................... ...... .............................
10.2.2. Aportaciones de l a información ce nsal .......................... .............. ............................ ............. .......................
10 .3. Clasificación tipológi ca… ………………………… …………………… …… ............ ………………………… …………………… ..…………….
10.3.1. Criterios de clasif icació n........... ......................................... .................. ........ ............................. .......... ...............
10.4. Las parcelaciones de dominante urbana (tipo 1)……… …………… ........... ......................... ................ .. …… ……………..
10.4.1. De ilegal a urbano: El subtipo 1.1 .... ................................... ........ ............................................ . ........................
10.4.1.1. Cuevas de Altázar: 30 años t ras el sue ño urba no
10.4.2. Hacia la le galización p or el camino más la rgo o las consecuencia s de un ur banismo ¿inflexi-
ble? El subtipo 1.2 ........................ ........................... ................................... .......................... ................... .............
10.4.2.1. La parcelació n La B arquera co mo laboratorio de experime ntación urbanístic a
10 .5. Las parcelaciones de co mponente rústica (tipo 2)………… ................. … ……………… ………………… ……………… ……… .
10.5.1. Entre la urba nización y la parcelació n ilegal: El su btipo 2.1 .............. .............................................. .. .......
10.5.1.1. A pesar de la Gerencia esta parcela ción es u na Perla
10.5.2. La especial protección como rasgo esencial: El su btipo 2.2 . ........................ ................................... ...... .
10.5.2.1. Cuando el ag ua entra por la puerta, el parcelista salta por la vent a na: El co njunto
La Altea-Gua dalvalle
10.5.3. La imagen de la precariedad : El subtipo 2.3 ..................... .......................... .................. ..................... .........
10.5.3.1. ¡Y no hu bo una quinta vez ! O la terquedad del pa rcelista
. . . .......... 5 64
_ CONCLUSIONES …………………………………. . … …..........………………… …………………… ……………… …………………… …………………… ……...............… . …….
I. Respecto al o bjeto: La conce ptualización de la s parcelaciones ile gales……… ……….……….… ………… …………………… ……….………
II. Respecto d e la importancia y dimensión del fe nómeno parcelario e n Córdoba……… .… …………… …………………… ……..…… ……
III. Respecto d el papel de los agentes p rotagonistas…… ………………………… …………….……… ………… …………………… ……….. …… . ………...
IV. El significado de las parcelaci ones ilegales a e scala de det alle …………………… ………………… ………………… ……………… ………………. .
Futuras líne as de investigació n ……… ………………...... ………………………… …………………… ……………… ………………………… .………………… ……….
_ CONCLUSIONS ………………………………… .. …… …....... ...……………………… ………………………… …………..... ......... . ......................................... ...... .……….
I. Regarding the object : The conceptualis ation of illegal allo tment ……… ........... … ….…………… ………………………… ……..…….… ………
II. Regardin g the importance a nd dimension of t he parcelling phenomenon in C ord o va…… …………………… …………………...……
III. Regardin g the role of the ma in actors …………… …… ..... ............. …………… …………….…… ………………… …………………… …..…………… …...
IV. The significan ce of illegal allo tments in the affected geographical ar e as…………… ………………… …………………….. …………………. .
Future lines of re sarch...…...……… …………………… ..………………… ………………………… …………… ……… …………………… …………….…… ……………..
_ BIBLIOGRAFÍA ……………………… ….….………….........… ………………… …………………… ……………… …………………… ……………. ...... ........ ..........… …… . ……...
I. Referencias bibliográfic as.................... ................................... ..................................... ................................. ...................... ..........................
II . Documentació n: Plane s, Inventarios y Catálogos .............................. ................................. ....................................... ....................... . ...
III . Normativa ......................... ................................... .................. . ...................................... ................................. ................................... .............. .
IV . Cartografía..... ........................... ................................. .............................................. ....... ...... ............................................ ............................
. . . ......... 57 3
. . . .........575
. . . .........5 77
. . . .........578
. . . .... .. ....5 81
. . . .........58 7
. . . ......... 59 1
. . . .........5 93
. . . ........5 94
. . . .........5 96
. . . .........5 99
. . . .........6 04
. . . ......... 6 07
. . . .........60 7
. . . .........627
. . . .........630
. . . .........632
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R E S U M E N
Las parcelaciones ilegale s son uno de los casos más singulares de los asenta mient os q ue int egran lo s procesos d e disper-
sión urbana en España durant e b uena parte del sig lo XX y del XXI. Ello por diversas razones, aunque son dos las que des-
tacan sobre el resto: su origen no planif icado y, en segund o término, el d éficit de servicios b ásico s, infraestruct uras y equi-
pamientos. Se tra ta de un fenómeno que surge c omo una ve rsión económi ca de las ur banizacione s de se gu nda residencia
y que, so bre todo a p art ir de los años cincuent a y sesenta d el sig lo p asad o, c omenza ron a cobrar especia l importancia en
las principales ciudades y á rea s litorales del país. Las parcelaciones ilegales vienen a cubrir, al menos en la s etapas iniciales,
la demanda de se gunda r esidencia y zonas para e l esparcim iento de un a part e de la cr eciente clase t rabajadora.
La ocupación del suelo no urbanizable por acti vidade s residenciales en forma de parce laciones ile g ales que se ha desarro-
llado en Córdoba durant e los últimos decenios ha supuesto un cambio sustan cial en la estructura territorial del m unici pio.
Por otro lado, la extensión so cial del fenóm eno ha alcanzado tal dimensión q ue se ha llegado al momento actual en el
que, salvo cas os puntuales, la convivencia de la ciudad planifica da con los a sentamient os semiurba nos sur gidos de manera
ilegal no se manifiest a como un proble ma que de ba se r solventado, s ino com o un pr oceso que tiene muchos ma tices para
los agentes concernidos: pa rceladores, parcelistas y adm inistración; ello, a pesar de los notables conflictos y consecuencia s
negativas que éste tiene, tanto en términos territoriales, como ambientales y paisajísticos. Con tod o, y aunque se trata de
una cue stión no resue lta y de gra n actua lidad, ésta no ha tenido una especial a te nción d esde el ámbit o cient ífico.
La elección de Córdoba com o caso de estudio s e sustenta en el hecho de que s e trata d e la capital de provincia a ndaluza
donde las par celaciones il egales ha n alcanza do un mayor grado de incidenc ia desde el punto de vista de su com plejidad y
de su peso cuant itativo. Jun to a lo anterior, las pro pias singular idades del municipio, tanto de sde el punt o de vista de su
atípica extensión s uperfici al como por su div ersi dad geográf ica, justifican el interés por este ámbito con creto. La compleji-
dad en el estudio d e las dif ere ntes dimensiones que tiene este proceso aconse ja ana lizarlo desde escalas de d eta lle como
única vía posible para conse guir su completa compre nsión. Para ello, se propone la consideración de las diferente s etapa s
en las que el fenómeno parcelar io se ha ido desarro llando, así como la forma territoria l diferencia l en que éste ha incidido
sobre los d istint os dominios espaciales que conforman el municipio al norte d el río Guadalquivir: sierra, piedemonte y v e-
ga.
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- 21 -
A B S T R A C T
Illegal allotments is one of the most unique cases o f the settlement s that form the process of u rban sprawl in Spain durin g
a g ood part o f the twent ieth and twent y -first centur y. This is due to various rea sons, althou gh there are two that stand out
more than the others: lack of planning and, secondl y, the deficit of basic services, infrastruct ures and facilities. It is a phe-
nomenon that emerges as an economic version of second home d evel opme nts and that, especially since the fifties and
sixties of the last centur y, began to ta ke on special import ance in the main citie s and coastal area s of the country. Illegal al-
lotments meets the demand for second homes and area s for r ecreation of a part o f the growing working class, at least in
the initia l stages.
The occupation of non-developable land by residential activities in the form of illegal allotments that has occurred in Cor-
dova during the last decades has caused the territorial structur e of th e municipality to change substantia lly. On the other
hand, the social extension of the phenomenon has re ached such a stage that today, ex cept in specific cases, the coexisten-
ce of the planned city wit h semi-urban settlement s tha t have arisen illegally does not emer ge as a problem that must be
solved, but as a p r ocess that h as many nuances for the actors involve d: developers, plotholder s and administration s, an d
all in spite of the notable conflicts and negative consequences that it has, both in territorial, environmental and landscape
terms. Ye t, and although it is an unreso lved and very topical questi on, it h as not received special a tte ntion from the scienti-
fic field.
The choice of Cordova as a case study is base d on the f act that it is the capital o f the And alusian province where il legal
allotments have reached a greater de gree o f incidence from the po int of view of their com plexity and q u antita tive weight.
Together with the above, the municip alit y's own uni quene ss, both from the point of view of its atypical su rface are a and its
geographical d iversity, just ify the interest in this specific area. Th e complexity in t he study of the differ ent dimensions of t his
process sugge sts that the only possible way to achieve its full understanding is to analyse it in detailed scale . To d o this, we
propose the consideration of the differ e nt stages in which the parcelling phen omenon has occurred, as well as the diffe-
rentia l territorial form in which this has affe cted the d iffer ent s patial domains that make up the municipality nort h of the
Guadalquivir River: t he mount ain ra nge, the f oothill s a nd the f loodplains.
- 22 -
- 23 -
R E L A C I Ó N D E A B R E V I A T U R A S
AM C: Archi vo Históric o Municipal
AHP: Archiv o Histórico Pr ovincial
BOE: Boletín Of icial de l Esta do
BOJA: Boletín Ofic ial de la Junta de Andalucía
DERA: Datos E spaciales de Refe rencia de Andalucía
IDE: Infr aestr uctura de Datos Espacia les
LOUA: Ley de Or dena ción Urbanística de An dalucía
PAU: Progra ma de Actua ción Urbaní stica
PERI: Plan Especial de Reforma In terior
PGOU: Plan Gene ral de Ordenación Urbana/Ur banística
PP: Plan Parcial
- 30 -
Tabla 8.05.
Relación entre las entida des sin gulares de població n del Nome nclátor, la s pa rc elacio nes ile gales
situadas en su i nterior.
415
Tabla 8.06.
Relación de asenta mientos e n las enti dades sing ulares de població n de l a sierra se gún el N o menclá-
tor de 2014.
416
Tabla 8.07.
Evolución de la po blación en las entid ades singula res de población de la sierra (1970 -20 14).
416
Tabla 8.08.
Datos básicos de los princi pales indicado res ofrecido s por el INE a partir de la búsqueda gráf i ca de
los datos del ce nso de 2011 y su comparación los datos del padrón pa ra el mismo perí odo .
420
Tabla 8.09.
Tipo de núcleo famili ar de la población residente en las seccio nes cens ales de la sierra.
422
Tabla 8.10.
Nivel de estudios de la població n residente en las secciones censales d e la sierra.
422
Tabla 8.11.
Tipo de ocu pación a 1 dígito de la C NO -11, de la población residente en las seccione s censales de la
si erra.
423
Tabla 8.12.
Relación de las parcelaciones de la sie rra y aplicación de los criterios tipoló gicos esta bl ecidos.
4 25
Tabla 8.13
Propuesta tipoló gica de las p arcelaciones ile gales del área geográfica de la sierra.
4 28
Tabla 8.14.
Relación de las parcelaciones ilegales del tipo 1 y su divisió n según los subti pos establec idos.
4 30
Tabla 8.15.
Relación de las parcelaciones ilegales del tipo 2 y su divisió n según los subtipos establ ec idos
4 41
_CAPÍTULO 9: L AS PARCELACIONES ILEGALES DEL PIEDEMONTE
Tabla 9.01.
Parcelaciones ilegales del ár ea geográfica del pie demonte según las distintas fue ntes, su denomina-
ción y su clasific ación urbanís tica en los sucesivo s documentos de planeamie nto urbaní stico.
4 57
Tabla 9.02.
Organización temporal de la s parcelacio nes ilegale s del área geog ráfica del piede mo nte a partir de
su año de inicio.
4 60
Tabla 9.03.
Distribución general de las p arcelaciones ile gales del piedemonte a partir de la clasific ación esta bleci-
da según su supe rficie y relac ión con los to tales ocupados y número de ámbitos de ca da tipo.
463
Tabla 9.04.
Distribución de las parcelacio nes ilegales del piedemonte según la s clases est ableci das en funció n de
su superficie y el ra ngo de tamaños .
465
- 31 -
Tabla 9.05.
Relación e ntre las entid ades singulares de población de l Nomenclát or y las p arcelaciones ile gale s
situadas en su i nterior.
4 70
Tabla 9.06.
Relación de asenta mientos en las en tida des si ngulares d e población del p ied emonte según el No-
menclátor de 2014.
4 71
Tabla 9.07.
Evolución de la po blación en las entid ade s singulares de población de la sie rra (1970 -20 14).
4 72
Tabla 9.08.
Datos básicos de los principales indic adores ofrecido s p or el INE a partir de la búsq u eda gráfica de
los datos del ce nso de 2011 y su comparación los datos del padrón pa ra el mismo perí odo.
4 74
Tabla 9.09.
Tipo de núcleo famili ar de la población residente en las seccio nes censales del pied em onte.
476
Tabla 9.10.
Nivel de estudios de la població n residente en las secciones censales d el pied e monte.
4 77
Tabla 9.11.
Tipo de ocupación a 1 dígito de la C NO-11, de la población residente en las seccio n es censale s del
piedemonte.
477
Tabla 9.12.
Relación de las parcelaciones de l piedemonte y aplicació n de los criterio s tipológico s estableci dos.
479
Tabla 9.13
Propuesta tipoló gica de las p arcelacion es ilegales del área geográfica de l piede monte.
4 81
Tabla 9.14.
Relación de las parcelaciones ilegales del ti po 1 y su divisió n según los subti pos establ ec idos.
4 82
Tabla 9.15.
Relación de las parcelaciones ilegales del ti po 2 y su divisió n según los subtipos esta blec idos.
4 94
_CAPÍTULO 10: LAS PARCELACION ES ILEGALES DE LA VEGA
Tabla 10.01.
Parcelaciones ilegale s del á rea geog ráfica de la v ega se gún las disti ntas fuentes , su deno minación y
su clasificación urbanística en los sucesivo s documentos d e planeamiento urbanístico.
502
Tabla 10.02.
Organización temporal de las parcelaciones ilegales del área geográfica de la vega a partir de su año
de inicio.
506
Tabla 10.03.
Número de parcel aciones ile gales según el año de inicio establecido por la investi gación.
508
Tabla 10.04.
Distribución general d e las parcelacio nes ilegal es de la vega a partir de la clasif icac ión estableci da
según su superficie y relación co n los totales o cupados y número de á mb itos de cada tipo.
511
Tabla 10.05.
Relación e ntre las entid ades singulares de población del Nomenclátor y las parcelaci ones ile gales
- 32 -
situadas en su i nterior.
520
Tabla 10 .06.
Relación de ase ntamientos e n las entidade s singulares de población d e la vega según el Nomenclátor
de 2014.
521
Tabla 10 .07.
Evolución de la po blación en las entid ades singula res de población de la vega (1970-20 14).
522
Tabla 10 .08.
Datos básicos de los principales indic adores ofrecido s p or el INE a partir de la búsq ueda gráf ica de
los datos del ce nso de 2011 y su comparació n los datos del padrón pa ra el mismo perí odo.
525
Tabla 10 .09.
Tipo de núcleo famili ar de la población residente en las seccio nes censales de la vega .
528
Tabla 10 .10.
Nivel de estudios de la població n residente en las secciones censales de la v ega.
528
Tabla 10 .11.
Tipo de ocu pación a 1 dígito de la C NO -11, de la población residente en las seccione s censales de la
vega.
529
Tabla 10 .12.
Relación de las parcelaciones de la vega y ap licación de los criterios t ipológicos esta ble cidos.
531
Tabla 10 .13.
Propuesta tipoló gica de las p arcelaciones ile gales del área geográfica de la v ega: Tipo 1 .
533
Tabla 10 .14.
Propuesta tipoló gica de las p arcelaciones ile gales del área geográfica de la v ega: Tipo 2 .
533
Tabla 10.15.
Relación de las parcelaciones ilegales del S ubtipo 1.1 de la v ega.
5 37
Tabla 10.16.
Relación de las parcelaciones del su btipo 1.2: en color su t rat amie nto en el PGOU .86.
5 42
Tabla 10.17.
Relación de las parcelaciones ilegales de la v ega del Su btipo 2.1.
552
Tabla 10.18.
Relación de las parcelaciones ilegales de la veg a del Subtipo 2 .2.
558
Tabla 10.19.
Relación de las parcelaciones ilegales de la vega del Subtipo 2.3.
566
- 33 -
_RELACIÓN DE CUADROS
_ CAPÍTULO 2: MARCO TE ÓRICO
Cuadro 2.01.
Propuesta tipoló gica de las f ormas de crecim iento urbano expansivo .
91
Cuadro 2.02.
Términos utilizados e n la búsqueda e n los textos seleccio nados: relació n entre ellos.
10 8
_CAPÍTULO 4: EL FENÓMENO DE LAS PARCELACIONES ILEGALES EN ANDALUCÍA: PANORÁIM ICA GENERAL,
TRAMIENTO ADMINISTRA TIVO Y REGULACIÓN J URÍDICA
Cuadro 4.01.
Definiciones de l concepto de parcelación ur banística en la LS92 y en la LOUA.
223
- 34 -
- 35 -
_RELACIÓN DE FIGURAS
_ CAPÍTULO 1: INTRODUC CIÓN
Figura 1.01.
Esquema meto dológico de la t esis.
57
Figura 1.02.
Ejemplo de una ficha cumpli mentada du rante el trabajo de campo .
66
_ CAPÍTULO 2: MARCO TE ÓRICO
Figura 2.01.
Nighthawks (1942) .
71
Figura 2.02.
La coexistencia de los modos de vida tradicional y postmode rnos en una ci udad ja p onesa en 2005
(imagen de la izquierda); y la realidad v ivida por los t erritoriantes (Muñoz Ramírez, 2006, p. 2 46) ,
recreada por las palabras de Félix Bayón, en el recuadro d e la d erecha .
73
Figura 2.03.
El orden de las actividades para el desarrollo de nuevos a sentamientos urb a nos según Solá-Morales i
Rubió.
11 6
Figura 2.04.
Representación gráfica de la forma en la que se pro duce el proceso de c rec imie nto de lo s distintos
tipos de asenta mientos a partir de sus tre s fases básicas: parcelación, ur b anizació n y edificació n.
11 7
_CAPÍTULO 3: ESTADO DE LA CUESTIÓN EN ESPAÑA
Figura 3.01.
Cabecera del a rtículo publicado en el n úmero 98 de Cua dernos de Arquitect ura y Urba nismo.
13 6
Figura 3.02.
Ejemplos de edif icaciones en urbanizaciones localiza das en el Área Metropolitana de Barcel o na.
13 8
Figura 3.03.
Portada de la publicación Guía del parcelista . Notas para la ...
13 9
Figura 3.04.
Algunas ilustracione s co ntenidas en el capítulo comp rar una parcela. A mbas perten ec en al apa rtado
que analiza las v entajas de vi vir en un chalet .
1 40
- 36 -
Figura 3.05.
Ilustración co ntenida en el c apítulo co mprar una parcela , pertenec iente al a partado i nconv enientes
de vivir en un c halet.
1 41
Figura 3.06.
Ilustraciones de la publicación Guía del parcelista... que muestran , a la izq uierda, al maestro -el arqui-
tecto- instruyendo al afligido alumno -el p arcelista- y, a la derecha , el resultado final del proceso.
1 42
Figura 3.07.
Localizació n de las Comunidades A utónomas con trabajo s consultados de inventario de parcelacio-
nes o urbanizacio nes ilegales .
14 7
Figura 3.08.
Encabezado del a rtículo aparecido en el número 5 de la revista Autonomí a Local.
1 61
Figura 3.09.
Propuesta tipoló gica de las u rbanizaciones ileg ales de la Comunida d de Madrid.
1 72
Figura 3.10.
Fragmento de las ficha s de do s parcelaciones ilegal es (izda.) y s u leyenda (dcha. ).
17 4
Figura 3.11.
Ejemplos de al gunos de los modelos ti po de diseño urb ano de l as parcelaciones ileg ales de la pro-
vincia de Valla dolid según su estructu ra viaria y parcelari a.
176
Figura 3.12.
Propuesta tipoló gica de la s parcelacione s ilegales de Pal ma de Mal lorca a pa rtir de la forma de l a
parcela original y del trazado v iario interior; se muest ran el tipo "fincas rústica s", y su btipos.
17 8
Figura 3.13.
Propuesta tipoló gica de las parcelacione s ile gales de Zaragoza a pa rtir de la re lación del ám bito
respecto del núcleo urbano, accesos y de su posición en el territ orio.
17 9
Figura 3.14.
Propuesta tipoló gica de las parcelacione s ilegales de Zaragoza a partir del diseño y morfo lo gía par-
celaria. La figura muestra el esquema perteneciente al subtipo 1.2.1.
18 0
_CAPÍTULO 4 : EL FENÓMENO DE LAS PARCELACIONES ILEGALES EN ANDALUCÍA: PANORÁ IMICA GENERAL,
TR AMIENTO ADMINISTRA TIVO Y REGULACIÓN J URÍDICA
Figura 4.01.
Distribución de las parcelaci ones u rbanísticas i dentificadas en el inventario realizado por la Direcció n
General de Ur banismo en 1988.
1 89
Figura 4.02.
Fragmento de la fic ha del Ca tálogo de la pa rcelació n El Melga rejo-Siete Finca s.
1 90
Figura 4.03.
Distribución de las parcelaci ones u rbanísticas i dentificadas en el inventario realizado por la D irecció n
General de O rdenación del T erritorio en 2003.
1 93
Figura 4.04.
Incidencia del fenóme no parcelat orio a escala regional. El mapa muestra a quellos m unici pios que
- 37 -
cuentan en su i nterior con más de dos parcelacio nes ilegales.
1 96
Figura 4.05.
Fragmento de la fic ha del inventario d e la parcelació n ilegal de las Siete Fi ncas.
1 99
Figura 4.06.
Cartel perteneciente a la cam paña de sensibilización cont ra el fenómeno de las parc ela ciones ilegales
llevado a cabo por la Junta de Andalucía e n 1985.
201
Figura 4.07.
Distribución de la s denomina das Áreas de Difusió n (ADF) sobre el territorio region al.
206
Figura 4.08.
Sistema de ase ntamientos en An dalucía en la act ualidad.
210
Figura 4.09.
Viñeta de la campaña de la Consejería de Me dio Ambiente y Ordenación del Ter r it orio sobre los
riesgos de co nstruir en lugares ina decuados.
209
Figura 4.10.
Sistema de ciu dades establec ido por el Plan de O rdenación del Ter ritorio de And al ucía.
214
Figura 4.11.
Municipios que cuenta n con más de 8 parcelaciones ilegales seg ún el Invent a rio de 2003 y su rela-
ción con los planes de ordenación de ter ritorio de ámbito subregional e n los que se i ntegran .
2 17
_ CAPÍTULO 5 : PRESENTACIÓN DEL ÁREA DE ESTU DIO
Figura 5.01.
Dominios Ter ritoriales se gún el Plan de O rdenación del Territorio de Andal ucía.
238
Figura 5.02.
Áreas Paisajístic as esta blecidas por el M apa de lo s Paisajes de An dalucía que afectan a la pr ovincia de
Córdoba.
239
Figura 5.03.
Superposició n de lo s es pacios protegidos en el inte rior de la provincia de Córdo ba por el Plan Esp e-
cial de Protecció n del Medio F ísico y Catálo go de Córdoba y la Red Natu ra.
2 40
Figura 5.0 4.
Sector central de la provincia de Córdoba y deli mitación de la aglome ración urbana con in d icació n
de los municipios que la conf orman.
2 42
Figura 5.05.
Localización de los T.M. d e l a AUCo, su relació n con las grandes u nidades de paisaje así c omo los
pr inci pales elementos infr aestructurales y el si stema de as entamientos.
2 43
Figura 5.06.
Plano de los fra nceses de 1811.
2 46
Figura 5.07.
Crecimiento de C órdoba entr e 1896 y 2 005 según el Mapa Topográfico Naci onal E : 1/50.000.
2 47
- 38 -
Figura 5.08.
Localizació n de las Pedanías del municipio cor dobés.
2 48
Figura 5.09.
El crecimiento de la periferia occidental de Có rdoba entre 1929 y 1970.
2 49
Figura 5.10.
Caracterización geográfica d el municipio de Cór doba a partir de los ámbitos paisají st icos estableci dos
po r el Ma pa de Paisajes de Andalucía y s u relación con otr os eleme ntos ter ritoriale s.
250
Figura 5.11.
Delimitación del á rea geográfica de la sie rra y su principal es rasgos físicos y ter ritori ale s.
252
Figura 5.12.
Espacios catalog ados por el PE PMF en el interior del áre a geográfica de la sie rra.
254
Figura 5.13.
Espacios protegidos e n virtud del marco normativo autonómico y co munitario en el interior del ár ea
geográfica de la sie rra.
255
Figura 5.14.
Localización de los principale s elementos que caract e rizan el área geo gráfica de la sier ra.
256
Figura 5.15.
Delimitación del á rea geográfica del p iedemonte y lo calización de referentes patrim oniales.
258
Figura 5.16.
Caracterización del área geográfic a del piedemo nte.
259
Figura 5.17.
Delimitación del á rea geográfica de la vega y su s princi pales rasgos físicos y territori ales.
2 61
Figura 5.18.
Espacios protegi dos por la n ormativa autonó mica y co munitaria en la vega .
262
Figura 5.19.
Caracterización del área geográfic a de la vega.
263
Figura 5.20.
Localizació n de los principale s referentes territoriale s del s ector oriental de la v ega.
265
Figura 5.21.
Localización de los principale s referentes territoriale s del sect or occidental de la v ega.
266
Figura 5.22.
Delimitación del á rea geográfica de la cam pi ña y su princi pales rasgos físicos y territ oriales.
269
Figura 5.23.
Localización de los principale s referentes territoriale s del Área Geo gráfica de la Ca mp iñ a.
270
_CAPÍTULO 6 : GÉNESIS Y EV OLUCIÓN DEL PROCESO DE PARCELACIÓN ILEGAL EN EL MU NICIPIO DE
C ÓRDOBA
Figura 6.01.
Plano número 6 del Pl an Ge neral de Ordenació n Urbana de C órdoba de 1958, ref eri do al Núcleo de
la Sierra .
2 77
Figura 6.02.
Zona de Reserva Urbana y Casco de La Sierra , relación co n la ciudad y con el sec tor serrano del
- 39 -
término munici pal, según el plan general de 1958 .
2 79
Figura 6.03.
Anuncio publicado por el Ayuntamiento de Córdoba en marzo de 1968 advirtiendo del ries go de
fraude en la venta de parcelas rú sticas para la co nstrucción de viv ie ndas en la z ona de la Sierra.
280
Figura 6.04.
Localización de la s urbanizac iones clandestina s .
282
Figura 6.05.
Localización de las zo nas so metidas a me didas de parali zación de lo s a ctos de parcel ación y edifica-
ción en septiem bre de 1975 .
2 84
Figura 6.06.
Localización de la s parcelacio nes ile gales localizadas e n el ámbito de la sierra .
290
Figura 6.07.
Localización de la s parcelacio nes ilegales localiza das en el ámbito de l a vega .
292
Figura 6.08.
Localización de l as parcelacio nes ile gales recog idas en el catálogo de 1988 y su rel aci ón co n las ide n-
tificadas en el plan de 1986 : sectores de la sier ra y la vega .
300
Figura 6.09.
Comparación entre las parc elaciones ilegales identificad as en el inventario incor porado al PGOU.01
con las del PG OU.86 : Ámbitos de la sierra y la vega.
305
Figura 6.10.
Tratamiento u rbanístico de la s parcelaciones ileg ales en el PGOU.01 : Ámbit os de la sierra y la vega.
309
Figura 6.11.
Localización de las Parcelaciones Urbanísticas según el Inventario de la Dirección Ge n e ral de Or dena-
ción del Territorio de la Jª.A ª. (2003) y su relació n con las identificada s en el PGOU . 01 .
313
Figura 6.12.
Suelos cla sificados po r el PGOU.01 (urbano y u rbanizable) sobre la orto fotografía de 2001: relació n
con los asentamie ntos identificados e n el documento de cumplimiento del decr e to 2/2012 .
314
Figura 6.13.
Relación entre las parcelaci ones identificadas en el do cumento redactado conforme al Decret o
2/2012 y las co ntempladas en el Catálo go del PGOU .01: s ectores de la sier ra y vega.
317
Figura 6.14.
Parcelaciones i dentificadas en el documento redacta do en aplicación del d ecreto 2/2012 según la
clasificación ti pológica establecida .
318
Figura 6.15.
Distribución de los edific ios por años de construcció n según los d atos censales y su relación con las
principales Enti dades Singula r es de po blación del municipi o de Córdo ba.
321
- 46 -
Figura 10 . 33.
Ejemplos de di stintos niveles de urbanización e n el conjunto La Altea -Guadalv alle.
563
Figura 10 .34.
Ejemplos de la imagen de la precariedad de algunas d e las parcelacio nes ilegales del subtipo 2.3.
564
Figura 10 . 35.
Noticia sobre la cla usura de l a parcelación ilegal Mon tón de la Sierra .
567
Figura 10 . 36.
Ejemplos de la ima gen de la precariedad de alg unas de las parcelacione s ilegales del subtipo 2.3 .
568
.
P R E S E N T A C I Ó N
LAS PARCELACIONES ILEGAL ES EN CÓRDOBA:
GÉNESIS, EVOLUCIÓN Y CARACT ERIZACI ÓN GENERA
_CAPÍTULO 1: INTRODUC CIÓN
1.1. Presentación y just ifica ción
1.2. Hipótesis y pregunta s de investi gación
1.3. Objetivos
1.4. Metodolo gía
1. 5. Fuentes
Capítul o 1
- 49 -
[…] Uno de los rasgos más sobresalientes de la m ayoría de las grandes ciudades
modernas es el crecimiento a su alrededor de ex tensas áre as suburbanas dormit o-
rio o residenciales. [...]
Otro elemento de la expansión urbana lo constituye el deseo cada vez más a m-
pliamente sentido de vivir en densidades bajas. E ste deseo refleja en parte una
moda arquitectónica actual; sin embargo, se alimenta de razones más poderosas
que el mero capricho […] C ualesquiera que sean las causas, las casas unifamiliares
aisladas, o al menos empare jad as, se han convertido en el objetivo supremo de un
número cada vez mayor de personas.
J. H. Johnson, 1974
_ CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN
Capítul o 1
- 50 -
Capítul o 1
- 51 -
1.1 Presentación y justificac ión
El desarroll o de las p arcela ciones ile gales en el municipio de C ó r doba
es un proceso que, si b ien se produce fundament alment e entre los
años s esent a del sig lo pasado y primer decenio del a c tua l, m antie ne
graves consecuencia s en la actualidad d es de el punt o d e vista urba -
nístico, a mbiental y paisajíst ico; est o es, una prof unda huella territoria l
que, ni será fácil resolver en el corto y m edio plazo, ni tiene un a lec-
tura homogénea -y mucho men os negativa- entre e l común de los
habitante s d e la ciudad. Este tip o d e fenómenos no es privativo del
término municipal d e C órdoba , sino que es conocido en muchas lo-
calidades españolas de tamaño y carácte r m uy distintos. Sin emb ar-
go, en Córdoba tiene peculiaridades pro pias, tanto por su distribu -
ción difere ncial en disti nta s zonas del m unicipio, como por su evolu-
ción temp oral, q ue se prolonga en el tiem po m ás allá d e lo que fue
habitual e n otra s ciudades.
La extensión espacial de la ciudad, q ue ahora aparece dis ociada del
crecimiento demográfico y , por tant o, ob edece a otras lógicas, las
cuales han devenido en unas mutaciones territoria les como las apun-
tadas, d e suma importa ncia , tanto desde un punto de vis ta cuantitat i-
vo como cualitativo. En el primer caso, d ebid o a la gran cantidad de
recursos consumido s - so bre tod o el esp a cio - po r la deriva desde un
modelo de ciuda d comp acta mediter ráne a, hacia formas ur banas
más dispersas, que emulan, en ciert a forma, a los sistemas ur bano s
del ámbito anglosajón. Y , desde el pu nto d e vista cualitativo, p o rque
dichas transforma ciones han supuesto en Córdoba , al igual q ue en
otras ciudades españolas, la alteración de una g ran cantidad d e pai-
sajes altament e co nnotados, y su sustitu ción po r o t ros calificado s por
muchos, en el mejor de los casos, como banales y a nodinos; a lo que
habría que aña dir la pérdida de comple jidad de las estructura s urba-
nas asociada a los nuevos asentamient os monofun cionales residen-
ciales. La velocidad co n que este hecho s e ha p roducido, sobre todo
durante el último ciclo expansivo de la economía, j unto con la gran
extensión superficial alcan zada, han provocado el desa rrollo de una
organización espacia l m u cho más tensionada y complicada que la
pr ee xistente .
1.1.1. Nu evas, y no tan nuevas, lógicas de los crecimientos urba-
nos
La convivencia de lo s moderno s desarroll os urbanos, asocia dos a
nuevas lógicas de crecimie nto de las ci u dades, con lo s procesos de
descentra lización de las a ctivi dades p roductiva s hacia la per i fer ia de
las mismas, ha dado como re sultado la aparición de un os espacios
más diversos y conf usos, do n de la mixtura de usos y actividades d e
todo tipo, junto con la per vivencia en mucho s c asos d e las activida-
des agrícolas y un medio natural atenazado, componen los pais ajes
cotidianos en los que buena parte d e la población genera su marco
de vida; en su espacio residencial, con su dimensión de o cio, de ruti-
na, d e singularidad y d e identidad. En est e contexto, cobra especial
relevancia profundiza r en la génesis de los asent amient os urbanos
que d e forma p aulat ina han ido conf ormando la per iferia de los mu-
nicipios y han acentua do la imagen de ciudad di spe rsa. Ello, por
Capítul o 1
- 52 -
cuanto un porcent aje importante d e dich os a sent amientos se han
formado a l margen del plane amiento ur banístico.
Las dificultades asociadas a la identificación del o ri ge n -p lanificad o /
orgánico, legal / ilegal- de estas transformacione s urbanas, q ue han
ido colonizan do el terr itorio en localizaciones más o m enos alejadas
de los límites de la ciudad, p ueden estar detrás d e la ausencia d e
dicha distinción. Esto ha conducido a que los estudi os que han tenido
como objetivo caracter izarlos, primero en el contexto del fenómeno
de la segunda residencia a partir de los años cincue nta del siglo p a-
sado y, ya en etapas más reciente s, v inculados a los nuevos model os
residenciales de baja densidad, hayan p asado por alto dis ociar su
génesis. Si n embargo, esta última es una cue stión crucial, d ado que
las consecue ncias de to do tipo q ue los asentamie ntos urbano s no
planificados pueden tener para lo s s ist emas urban os en los que se
insertan son radicalmente d ifere ntes de las asoci adas a lo s que lo s on
a partir d e procedimiento s reglados. Lo anterior justifica la necesidad
de estudiar cómo se relacionan lo s primeros, no sólo con los moder-
nos procesos d e suburba nización y dis persión u rbana , sino t ambién
con los d e segunda reside ncia e, incluso, con e l de l acce so a la vi-
vienda de las c lases c on me nores re cursos económicos.
El inicio de las p arcela cio nes il egales se ha podid o docume ntar en
España d es de finales d e lo s años sesenta y , sob re todo, a lo largo de
los se tenta y ochent a del siglo pasado. Se trata d e un proceso que
surgirá co mo una versión más económica o popular de las urbaniza-
ciones de segunda residencia existe ntes que estaban dirig idas a las
clases más acomodadas y que , especialmente a partir de los años
cincuenta y se senta, comenza ron a cobrar especial importa ncia en las
principales regi ones del país. Por tant o, las parcela ciones ilegales
vendrán a cubrir, al menos en las etapas iniciales, la demanda de
segunda residenc ia y zonas para el esparcimiento de una cre ciente
clase tr abajadora q ue co menzaba a tener las necesidades básicas
cubiertas y que contaba, además, con tres recursos important es:
tiempo libre , capacidad de ahorro y medios d e desplazamient o . Las
razones para que ést e se extendiera de una f orma tan notoria y llega-
ra incluso a que determinada s regiones pusieran en marcha iniciativas
legislativas específicas para co ntrarre starlo son varia das y complejas.
Entre ellas, estaría el hecho de que los promotore s de estas seudour-
banizacio nes consiguieran poner en el m ercado parcelas a p recios
asequibles p ara la economía d e amplias capas de las clases m edia s -
bajas; pero también razones sociales , sobre todo en relación con lo
que Gaviria Labarta (1971) denominará ideología clorofila , aludiendo a
la necesidad de la vuelta al co ntacto con la nat uraleza de esa mism a
clase trabaja dora que había id o habitando los asfi xiant es barrios sur-
gidos en la etapa del desa rrollismo. Todo ello, se produce en un con-
texto sociopolític o en el que las nuevas co rporacion es locales d emo-
cráticas carecen de cap acidad para romper con una d inámica here-
dada de per íodos anter iores de ci ert o desp recio por una normativa
urbanística que, por lo demás, en esos momentos, ofrecía p ocos ins-
trument os para evitar el des arroll o de este tipo de transformaciones
terr itoriales. Con el paso de los años, algunas de estas cuestiones se
irán solucionando paulatina mente , al tiempo que los p r opios ayunta-
mientos y plani fica dores trata rán de canalizar una d emanda cada vez
más importante de un tip o de p r oducto inmobiliari o -la p arcela en un
contexto rural, p ero a precio s asequi bles- que, por lo demás, no ha
tenido un e ncaje f ácil en los suce sivos marcos no rm ativos.
Capítul o 1
- 53 -
1.1.2. Problemas de conceptu alización del proceso de parcela-
ción ilegal
Una de las justificaciones de esta investi gación se fundamenta en el
hecho de q ue, c asi consustancial al p ropio fenóme no parcela rio, ha
sido la dificultad en su conceptualizaci ón y, so bre todo, en la elección
de un término unívoco para referirse al mismo; una cuestión q ue ha
contribuid o a añadir conf usión y d ificu ltad a la hora de estudiarlo . En
este contexto, la tesis par te d e la consideración de las parcelaci ones
ilegales como el resultado final d e un proc eso por el cual unos suelos
que, al menos en e l origen, e ran de carácter rústico - en todo caso
clasificados por el planeamiento urbanístico inici a l como suelo no
urbanizable -, son d ividid os en parcela s o lo tes de tamaños que p ue-
den o scilar, en los casos más comunes, entre lo s 1.000 y los 3.000 m 2 ;
se tra ta de actuacione s unitar ias, auspiciadas por un a gente -el parce-
lador- que d a como result ado un asentamiento con unos límite s defi-
nidos. Dado que es un hecho confirma do que la sit uación administr a-
tiva no camb ia la realidad geográfica, al menos de manera automáti-
ca e inmediat a, se ha creído más adecuad o conside rar en este grupo
a todos los asenta mientos que, en origen, se desarroll aron sobre sue-
lo no urbanizable y sin el re spaldo de un plan parcial aproba do por la
administración competent e. Este hecho es especialmente relevante
dado que, en muchas o ca siones, la vía utilizada por la a dm inistr ación
para reconducir este problema ha sido cambiar la clasificación del
suelo sobre el que se asientan las parcelaciones, motivo por el cual,
en la actualidad, muchas de ellas están clas ificadas como suelo ur -
bano o urbanizable en sus distintas categorías. En cuanto a lo s usos
existente s en las parcelas, estos son , d e for ma predomina nte, aunque
no exclusiva, de tipo residencial en prime ra o segunda residencia bajo
la forma de v ivienda s unifamiliares aisladas tipo chalé. La tipo logía de
éstas es muy heterogéne a en lo refer ente a su morfología, emplaz a-
miento, nivel de infraestructur as y servicios públicos; o del perfil so -
cioeconómic o de su s ocupant es y propietar ios.
Por otro lado, como con secuencia de lo ante rior, se excluyen otras
formas d e ocupaci ón de los suelos de cará cter rústico o no urbaniza-
bles; ello in dependiente mente del estat us legal que tengan. Por tant o,
qu edan fuera del ámbito d e esta investigación, las viviendas construi -
das sobre dichos suelos, con independencia de su calificación jurídica,
salvo q ue estén construidas en el i nterior de asentamientos urbanos
que cumplan las co ndici ones para s er considerados como parcelacio-
nes ilegales , tal como han quedado definidas en el párr afo anter ior .
En el contexto regional andaluz, esta aclaración cobra especial rele-
vancia, debido al gran número de viviendas unifamil iare s aisladas que
se han construido s obre sue los clasificad os co mo no urbanizables.
1.1.3. ¿Por qué Córdoba?
La elección d el municipi o de Córdoba como caso de estudio se sus-
tenta en el hecho de q ue se trat a d e la capital d e provincia a n daluza
donde las par celaciones ilegales ha n alcanzado un mayor grado de
incidencia d es de el punto de vista d e s u co mplejidad y de s u exten-
sión; aun que en otras como la de Jaén también tenga un ci ert o nivel
de intensidad. En este sentido, la ocupa ción d el s uel o no urbanizab le
por activida des residencial es de esta nat ura leza q ue se ha desarrolla-
do en Córdoba d urant e los últimos d eceni os, ha supuesto un cambio
sustancial en su e structur a territorial; una ciudad que llegó práctica-
mente con la misma conf iguración que ha bía he red ad o de la E dad
Media hasta finales del siglo XIX y, p or tanto, ceñida al interior d e l
antiguo recint o amurallad o (López Ontiveros, 19 81; F. Ga rcía Verdugo,
1999 ; Martín López, 1990) . La lenta evolución de la expansión urbana
Capítul o 1
- 54 -
de la ciudad y, por tanto, también de la configuraci ón d e s u p erife ria
es, además, puesto de manifiesto por los redactores del plan g ene ral
de ordenación urbana de 1986. Este documento resalta la existencia
de un doble pro blema al que ha de e nfrentarse la ciudad en el f uturo,
siendo uno de ellos el de la conso lidaci ón y desa rrollo del proceso de
parcelación ile gal de la per iferia (Ayuntamient o de Córdoba, 1989).
Por otro la do, su dime nsión social ha alcanzado tal nivel que s e ha
llegado al momento actua l en el que, salvo casos puntua les, la convi-
vencia de la ciudad p lanifi cada con los asentamient os urb an os surgi-
dos d e m aner a ilegal, no se manifiesta como un conflicto que deba
ser resuelto. Es decir, se convive de una forma nat ur al co n las p arce-
laciones ilegale s, por lo que no se ven tanto como un problema, -y a
sea territorial, amb ienta l, p aisají stico o social-, sino como una forma
diferent e de p roducir ciudad; o un efecto ineludible del modo de
producción capitalista. Ell o p uede ser d ebid o a que, al ig ual que en
otros contextos v itales, la percepci ón que se tiene de determinado s
hechos o actitu des cambia mucho d e pendien do de si se convive con
ellos o si se analizan d esde la d ista ncia. A esto es a lo que se refe rían
los redactores del estudio sobre la vivienda elaborad o para la r ev isió n
del plan general de ordena ción urbana de 1986, que culminaría con
el v igente plan d e 2001; estos señalaban que "[...] v ist o desde el 'exte-
rior' el fenómeno aparecía con una 'brutalidad' que o bligaba a la
necesidad de 'explicar[lo]' " (Ay unta miento de Córdoba, 2001, p . 0 - 5)
1
,
en co n trast e co n la “natura lidad” ( ibidem ) con la q ue lo vivía la socie-
dad local. La búsqueda de la explic ación reclama da por los redacto-
res de dicho estudio, junto con la intuic ión de la existencia de una
relación más o menos estre cha entre los procesos modernos de par-
1
En lo sucesivo, salvo que se indique lo contrario, el entrecomillado o las cursivas son
del propio/s autor/es o trabajo/ s citado/s.
celación y urbanizaci ón ilegal con las dinámica s d e cre cimiento de las
ciudades, apunta a la necesid a d de realizar una conte xtualización,
tanto tempo ral como espacial, de dichas dinám icas recientes, so bre
todo a par tir de los año s c incuenta y sesent a del siglo pasa do.
A pesar d e la importancia que han alcanzado las p arcela ciones ilega-
les desde prácticamente sus inicios, su calado no ha sido suf i ciente
para suscitar una ate nción especial desde la co mun idad ci ent ífica. De
hecho, como ya se apuntaba, uno de lo s principales retos de la tesis
ha estado, p recisame nte, en tratar d e dar soport e conceptual a unos
procesos q ue, dado s u origen mar ginal e ignorando la legislación y
normativa urbanísticas y otras de tipo sectorial, no h an sido objet o de
un estudio individualiza do. Por lo demás, el anális is de las d ifere ntes
dimensiones que tiene n las parcelaciones ilegales g oza de un espe cial
interé s dado que se trat a de unos fenómenos que pueden lle gar a
compromete r d e una forma sustancial los objetivos d e conseguir un
terr itorio y una ciudad más sostenible, tanto desde el punto de vista
ambiental co mo econ ómico.
1.2 Hipótesis
A partir de lo señalado en los párraf os prece dentes, la investigación
se plante a las siguiente s hipótesis:
Frente a la id ea asenta da de que el proceso de aparición y con-
solidación de las p arcela ciones ilegales en el municipio de Cór-
doba ha sido hom ogéneo, o con escasas difere ncias, en el tiem-
po y en el espacio, este trabajo parte de la hip ótesis de que la
Capítul o 1
- 55 -
ocupación del suelo rústico -no urbanizable s egún la LOUA
2
- en
este ámbito ha experim enta do una implant ación y evolución
muy d ifer ente s en las distintas zo nas del municipio en las que se
han desarrollado y, aunqu e algunos estudio s lo atisba n, esto aún
no ha sido re spaldad o cient íficamente.
Las p arce laciones ilegales son una forma particula r de crecimien-
to d e la ciudad que se m anifiesta físic ament e de forma similar al
de o tro s modelos de disper sión urbana co etá neos. Por lo tanto,
su origen ilegal y no planificado tiene una s consecuencias esp a-
ciales y sociales dis tintas a las de lo s asentamiento s similares de
origen planificado. En este sentido, desde el punto de vista con-
ceptual, el fenómeno p arce lario está m ás próximo a los caso s
genéricos de e xtensión y difusión d e lo urbano po r el territorio
bajo la fórmula de núcleos aislados q ue de los conocido s como
asenta mientos informale s o de ur banización marginal.
El proceso de ocupación residencial del suelo n o urbanizable ba-
jo el modelo de las parce laciones ilegales es una cuestión de
plena vigencia en el municipio de Córdoba; por otro lado, dadas
las propias caracte rísticas físicas de éste y su de venir sociopolític o
de los último s cu are nta años, ha propiciado un cambio sustancia l
en la conf iguración de su estruct ura territ orial.
El de Córdoba es un caso co etá neo a lo que ha sucedido en
otras ciudades españolas, aunque p rese nta la peculiaridad de
que la fase de mayor dinamismo se prod uce a partir de los años
oc hent a y, sobre todo, a lo largo d e los noventa d e l s igl o pasa-
do, momento en el que en otros co ntexto s territoria les ya se ha-
bía visto fr enado.
2
Ley de Ordenación Urbanística de Andalucí a.
En contra d e interpreta ciones excesivament e reduccionistas, las
parcelaciones ilegale s pr e sent an unas sing ularidade s m uy con-
trasta das dependiendo de diversos factore s . Se trata de un f e-
nómeno asociado a unos procesos de una gran comple jidad que
se manifiesta en toda su e xtensión cuand o éste es analizado a
escala de detalle, pero especialmente cuando se atiende al mo-
mento de su a parición y a la unidad territorial en la que se ubica:
sierra, piedemonte o ve ga.
De los diferent es agente s implicados d e una u otra forma, tanto
en la aparición d e las parcelaciones ilegales como en su desarro-
llo y dinamismo posterior, este trabajo parte de la hipótesis d e
que han sido tres los que han tenido un papel determina nte en
alguna d e las fases del proceso: parcelistas, parceladores y la
administra ción regi onal y local.
1.3 Objetivos
En conso nanc ia con las hipó tes is planteadas, y con o bjeto de dar
respuesta a las mism as, la tesis se fija un ob jetivo gene ral, así como
otros de ca rácte r más esp ecífico.
1.3.1 Objetivo general
El objetivo gener al de la tesis se sitúa en un doble pl ano de análisis. El
primero, de carácter co nc eptual, b usca situar desde esta perspectiva
las p arcela ciones ilegales que se han d esar rollad o en Córdoba desde
mitad de los años s esent a del sig lo p asad o hasta la actualidad. En
Capítul o 1
- 62 -
sa lo cal (Camacho, 1982; López, 1982). En co ncret o, se trata de los
documento s denominado s Parcelaciones ilegales de la sierra y Urba-
nizaciones y parcelacio nes clandestinas d el valle ; de ellos sólo se ha
podido consultar una parte, d ado que los documen tos orig inales no
se han pod id o lo cal izar, ni en los archivos de la G erencia Municipal
de Urbanism o de Córdo ba, ni en las actua les consejerías de Medio
Ambiente y Ordenación del Territorio o en la de Fomento y Vivien-
da
14
. No obstant e, en esta última se p u do consultar una serie de ma-
pas y p lanos pertene cientes al mismo, y que q ue daron incorpora dos
al plan genera l de 1986 como parte d e l os document os d e informa -
ción
15
. Estos estaba n compue stos, ade más d e por l os mapas genera-
les d e localización de las parcelacio nes ilegales identificadas en cada
uno de los dos g randes dominio s afecta dos -s ierra y valle-, por otros
que recogían información d iver sa, además d e una ficha técnica indi-
vidualizada par a cada á mbito. Este es, sin du da, u no de los docume n-
tos más inter esante s de lo s analizado s en la tesis, dado que es el úni-
co q ue ofrece datos como los no mbres del propietar io de la finca
matriz y del p a rc elador, el nivel de o cupa ción d e la parcelación y el
tipo y carácte r de los edif icios existente s, etc. A to do ello s e aña de
otro tipo de informac ión, como la existencia o no de co munidad de
pr opiet arios, los precios de venta d e las p arce las y los s ervici os urba-
nísticos co n los que se vendieron. En definitiva, un t ipo de informa-
14
Hasta 2012 l a consejería en la que recaí an las competencias en materia de
urbanismo y ordenación del te rritorio era la de Obras Públicas y Transportes. A
partir de ese m omento, se creó la Consejería de Fomento y Vivienda, bajo cuya
competencia quedó la gestión y custodia de l archivo de la anter ior; paralelamente
se c reó la Consejería de Medio Ambiente y Orde nación del Territorio, en quien
también recaían las competencias en materia de urbanismo.
15
El documento consultado es el que se encuentra en el Archivo Central de la actual
Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, cuya signatura es
E1652/02; consulta realizada en novi embre de 2014.
ción de carácter cualitativo q ue ha sido de gran ayuda en diverso s
puntos de la investi gación.
b) Planeamiento ur banístico
En este grupo se inscriben los planes genera les de ordenación urbana
que se han aprobado hasta el momento en el m unicipio, especial -
mente los dos últim os, dado que el primero, de 1958, es anterior a la
aparición del fenómeno parcelar io. De estos se ha extraído informa -
ción para completar la reconstrucc ión geohist órica del p roces o, lle-
nando los huecos dejados por lo s inventarios regionales. Pero tam-
bién ha servido para hacer una cuantificación del mismo en el mo-
mento de elaboraci ón de los planes, tant o desde el punto de vista del
número de parcelaci ones i dentificadas como de su de limitación y, por
tanto, de s u extensión. Esp ecialment e relevantes han sido los anexos
y estudios compleme ntarios q ue re real izaron p ara la revisión del
plan genera l de 1986; en concreto, el Informe sobre la vivienda en
Córdoba que aparece como Anexo II y, el Análisis de las parc elaci ones
en suelo no urbanizable . Del primero se ha obtenido, sobre todo,
informaci ón d e carácte r cualitativo y valoraciones s obre lo que en el
estudio se denomina el sector de la vivienda abusiva . El s egun do, sin
embargo, ha f acilitado la cuantificación de la s parcelaciones ilegale s
en el m omento de elabora ción del estudio - 1996-, en cuanto al nú-
mero de p arce lacione s, así como su delimitación física. A pesar del
título del documento, que alude a lo s ámbitos que se des arrollan
sobre suelo no urbanizabl e, éste recoge la mayor parte de las p arce-
laciones existente s en el mun icipio en esos momentos, con indepen-
de ncia de la clasificación que tiene el suelo sobre el que se asientan,
lo que facilita una pan orámica gener al del proces o.
Capítul o 1
- 63 -
A los anter iores hay que añadir un buen númer o d e documentos de
planeamient o d e d e sarroll o; desde los proyectos d e actuación urba-
nística (PAU) de las p arcela ciones de la vega, planes p arci ales, hasta
algunos planes especiale s d e reforma interior ( PERI) conte mplados
para la legalización de las clasificadas como s uelo urbano por el plan
genera l de 1986. De ellos se ha extraído info rmación de diverso ca-
rácte r, tant o de tipo cuantita tivo como cua litativo.
c) Documentos de ar chivo
Las co nsultas se han realizado tant o al Archivo Municipal d e Córdoba
como al Archivo de la Gerencia Municipal de Urbanismo. En el prime-
ro se ha localizado y ana lizado dive rsa docu menta ción relativa a la
tramita ción d e los primeros planes parciales de ordena ción q ue die-
ron orig en a alg unas de las parcelaciones ilegale s del municipio, al
igual que expedie ntes de licencias de obras rel acion adas con los pri-
meros años d e desarrollo d e la urban ización Campo Alegre , así como
de la zona norte del actu al b arr io de El Brillante . Por su parte, en el
archivo de la Gerencia de Urbanismo se ha localizado document ación
diversa relacionada dire ct amente con diferentes aspectos d el proce-
so. Destaca un dosier
16
denomina do Parc elaciones Ileg ales que con-
tiene diversos es critos del teniente de alcalde delegado de urbanis mo
fechados en 1982, así como el informe elaborad o por la Policía Local
de d iciembre de 1980 q ue recoge el listado d e ámbitos identifica dos.
Éste se acompaña d el nombre y dirección de los d u eños de cada
16
La signatura de dicho docum ento no se puede señalar debido a que la copia
facilitada por este organismo venía con esa información tac hada. Preguntado al
responsable por este asunto respondi ó que eran las in struc ciones de l a
responsable del archivo; pero, además, dichas signaturas hab ían sido cambiadas
recientemente, por lo que tampoco eran muy útiles. Este documento se ha vuelo a
solicitar, pero no ha podido ser loc alizado.
parcela, así como del par cela dor. La c opia q ue se f acilitó venía c on
dichos d atos tachad os; según la responsa ble del archivo, por apl ica-
ción de la ley de p rotecc ión de datos. Acompaña n también a este
dosier, dos escrito s fechado s en octubre d e 1974 y se ptiembre de
1975 por los cuales el alca lde da cuenta al Gobernador Civil - en su
papel de presidente de la Comisión Provincial de Urbanismo - d e la
relación de u rbanizacione s clandestinas .
1.5.4 Fuentes estadísticas
Para los datos de població n de los distintos períod os analizado s se ha
recurr ido a los datos del Padrón co ntinuo de habitant es, en este caso
a partir d e los que ofrece el Nomenclátor. Para ello, el organismo de
donde se han d escarga do las cifras de poblaci ón ha sido el Instituto
de Estadística y Ca rtograf ía de Andalucía.
Por su parte, para la caracterización del perfil soc iodemográ fico de
las parcelaciones ilegales se ha utilizado la información publicada por
el Instituto Nacional de Esta dística como resultado del Ce nso d e Po-
blación y Viviendas de 2011. Los datos se han extra ído d esagregad os
por secciones ce nsales con el o bjetivo de asociar los indicadores ele-
gidos para dicha caracterización con las p arc elacion es ilegales q ue se
desarrollan en su interior. Esto, co n todas las limita ciones y problemas
que lleva apareja do, y q u e en el contexto de la inv estigación se ten-
drá la oportun idad d e analizar, es, por lo demás, la forma con la que
puede realizarse una mejor aproximación s in ten er que recurrir a
técnicas más g rav osas, fundamentalment e en té rminos de tiem po
necesar io para ello.
Capítul o 1
- 64 -
1.5.5 Trabajo de campo
Tal como se ha puesto de m anifie sto, la p ropia naturaleza d el hecho
analizado por la tesis hace q ue sean muy escasa s las fuentes de di-
versa índole que han estado disponibles para el desarrollo d e la in-
vestigación. Y dado que el objetivo centra l de ésta no es tanto esta-
blecer una cuantificación, ni desde el punto d e vista de su extensi ón
superficial ni con relación al númer o de p arce l acion es existentes, que
también, co mo avanzar en el co nocimient o d e dete rminados aspec-
tos cu alita tivos que hacen d e éste un fenómeno geográfico singular,
se ha ente ndido que era ineludible la realiz ación de tra bajo de cam-
po.
En este contexto, la fuente primaria d e informac ión más important e
de la tesis ha sido el trab ajo de campo d esarr ollado en distintas fase s
de la investigación y en consonancia con el planteamiento metodoló -
gico expuesto ( vid. apar tado 1.4). En este sentido, su realización ha
co mprendid o dos fa ses bi en dife renciadas:
a) En la primera, realizada como toma de contact o inicial de los as-
pectos básico s del mismo, sólo s e to man datos de cará cter muy
genera l, sobre todo relaciona dos con los accesos al interior de las
parcelaciones, carre tera s de la re d pública de las que parten dichos
accesos, dificult ades en cuanto a la lo calización d e las parcelacio-
nes, imagen exterior globa l, etc. Esta etapa del trabajo de camp o,
permite al investigad or obtener una vis ión de conj unto de las di-
versas dimensiones del p r oceso, además de recabar los datos ne-
cesarios para plant ear la estrat egia a se guir en la segund a f ase.
b) La s egun da fase se p la ntea como una visita sistemát ica e individual
a tod as las parcelaciones ileg ales id entifica das, tanto d ura nte la re-
copilación documental como tras la p rimera salida de campo. Di-
cha vis ita implica, po r un lado , la toma d e da tos y de fotog raf ías
genera les para co nte xtualizar geográf ica cada parce lación; esto
permite, p or ejemplo, registrar el nivel d e afe cción de cada ase n-
tamiento, o su relación con otros elementos p resent es en el terr i-
torio, como líneas eléctricas, red fluvia l, carreteras, e tc. En segundo
lugar, esta fase también lleva aparejada la realización d e un reco-
rrido por el inte rior de las parcelaciones; de este mo mento e s la
cumpliment ación de las fichas individualiza das de cada parcelación
( vid . figura 1.02).
El recorrido p or el interior d e la parcelación, con tod os lo s inconve -
niente s que ello implica
17
, permite, además de tener una idea del es-
tado g ener al de cada una de ellas en cuanto a la calidad de la urba-
nización, ti pología d e vivi endas, g rado de consoli dación, e tc. otros
como el tipo d e personas presentes en el m oment o de la visita, tipo
de vehículos, y otros aspectos que permitan ident ificar elementos
para car acter izar cada a sentamiento.
La información obtenida en esta fase del traba jo ha s ido fundamental
para avanza r en la cualificación d el hecho estu diado; pero tam bién
para comprobar la gran distancia que la mayor part e d e las veces
separa los d atos administra tivos de la realidad existente en los asen-
tamientos. Y no sólo en cuant o a la di s crepancia en la forma de de-
nominación de las propias p arcela ciones, p roble ma ya d ete ctado por
otros autores en context os terr itoriales diversos ( Gar c a de Jal n
Lastra , Sainz G uerr a, Ez quiaga Domíngue z, & Moya González, 1986,
p. 11), sino también por la existe ncia de una compleja organiz ación
interna , identificable en los anuncios d e las diversas comunidades de
propietar ios existe ntes dentro de un a misma parcel ación.
17
A pesar de las pr ecauci ones q ue ha tenido el investigador e n esta tarea, en no
pocas ocasiones se ha visto inc repado e, incluso, obligado a eliminar fotografías en
presencia de algún parcelista en acti tud poco amigable .
Capítul o 1
- 65 -
En total se realizaron 20 salidas de campo, repartidas entre lo s d ías
27 d e mayo d e 2015 y 20 de ene ro de 2017; estas supusieron casi 100
horas de trabajo y recorr er 1.059,5 km; el número de fotograf ías to-
madas fue de cerca de 4.000 q ue quedaron o rganizadas en 13 3 car-
petas. Durante este trabajo d e archivo de las fotogra fías, se han dis-
criminado aspectos singulares, co mo por ejempl o la existencia de
diversas acti vidades económicas, tipolo gías de viviendas y de vallados
exteriore s, así com o otr os a spectos aludido s en párrafos precedent es.
Además, en alguna s salid as, se tuvo la oportunida d d e co ntra star in
situ con los d irect ores de la tesis d ivers os de los aspectos citados an-
teriorment e.
Capítul o 1
- 66 -
Figura 1 .02: Esquema metodo lógico de la tesis .
Fuente: Elaboración propia.
B L O Q U E 1
LOS PROCESOS DE OCUPACIÓN DEL SUELO N O URBANIZ ABLE
CON FINES RESIDEN CIALES:
MARCO TEÓRICO Y ESTADO DE LA INVESTIGACIÓN EN ESPAÑA
_CAPÍTULO 2: MARCO TE ÓRICO
2.1. Considera ciones inicia les
2.2 . Las formas del cr ecimi ent o urbano
2.3. Clarifica ción conce ptua l de lo s procesos asociados al crecimiento urb ano
disperso
_CAPÍTULO 3: ESTADO DE LA CUESTIÓN EN ESPA ÑA
3.1. Presentación
3.2. De las urbanizaciones de segunda residencia a las urbanizacione s il egales ,
pasando p or las parcela ciones cla ndestinas
3.3. Caracte rización de la s ur banizaciones y par celaci ones ilegales
3.4. Propuestas t ipoló gicas de la s parcelaci ones ilegal es en el contexto español
_CAPÍTULO 4: EL FENÓME NO DE LAS PARCELACIO NES ILEG ALES EN ANDALUCÍA: PANORÁ-
MICA GENERAL, TRATAMI ENTO ADMINISTRATIVO Y REGULACIÓN JURÍDICA
4.1. Panorámica gener al de las par celaciones ile gales en Anda l u cía
4.2. El p apel de la Admini stración Regional: La respuesta normativa y plan ifica -
dora
Capítul o 2
- 69 -
[…] Las grandes ciudades modernas tienen m ala prensa. Rara vez son
mencionadas sin un epíteto peyorativo o infamante: ciudades m onstruo-
sas, tentaculares, ciudades-mol oc , etc. En este punto, m uchos sociólogos
y urbanistas coinciden con técnicos de la circulación, o con quienes estu-
dian la polución en las ciudades. Nosotros nos limitaremos a designarlas ,
más prudentemente, con el nombre de «ci udades históricas», o bien con
el de «ciudades espontáneas», dejando de momento el sentido de estas
apelaciones y las relaciones implicadas. Convendría no olvidar que estas
grandes ciudades tienen una pujant e individualidad colectiva , una orig i-
nalidad histórica (¡París!). Guard an, para los individuos y grupos parciales ,
el máx imo de informaci ones de posibili dades (prác ticas o «espirituales» y
cultural es), de imprevisto y sorpresas. ¡No perm itiremos al funcionalismo
de las ciudades nue vas eludir la confrontación con la amplitud y la vida
pujantes de las ciudades espontáneas!
H. Lefebvre, 1970
_ CAPÍTUL O 2: MARCO TEÓRICO
Capítul o 2
- 70 -
Capítul o 2
- 71 -
2.1 Consideraciones iniciales
Entre lo s años v einte y sesenta del siglo pasado, Edward Hopper
(1882-1968) recoge en su obra lo que comúnmente se co noce como
la so leda d de la vida nortea mericana contemporán ea . M uchos serían
los cuadros de este p intor que pod rían servir para ilustrar esta idea,
como por ejemplo Nighthawks (ver figura 2.01) o, ya casi al final de s u
vida Sun in an Empty Room (1963). En la m ayoría de ellos se presen-
tan p aisajes, urbanos principal mente , aun que también hay escena s
ru rales o incluso escenas ma rítimas, todos ellos con un
denominad or común: la soledad. En algunos c asos,
como en el citado Sun in an Empty Ro om , se pue de
ver un a ha bitación solitaria, sin mobiliar io u objeto
alguno, donde lo úni co que se muestra es la luz de l
sol entrar p or la única ventana exi stente. En otros ca-
sos, se t rata de escenas urbanas con calle s desiertas,
oscuras y lúgubres; o co n alguna per sona e n actitud
solitaria y c on sensaci ón de desamparo.
En 1951 el filósofo alemá n Martin Heidegger (1889 -
1976) p ublicaba un texto bajo el título Con struir, h abi -
tar, pensar (Heidegger, 19 94). En este ensayo Heideg-
ger po ne d e manifies to la relación, no siemp re “ama-
ble”, entre los dos p ri meros términos y, entr e estos y
el tercero. Se trata d e un m oment o de la historia en el
que la carestía de v ivienda s es muy importa nte, acu-
ciante, debido a las conse cuencias devasta doras que
la Segunda Guerra Mundial tuvo, sobre todo, en Ale-
mania, donde los bombar deos d ejar on ciudade s ente-
ras arrasa das. Ante la disyuntiva de construir viviendas a un ritmo
acelera do con el objeto de dar c obijo a los miles de personas que se
encuent ran en la cal le, o hacerlo de forma “planificada”, teniendo en
cuenta , no solo esta necesidad apr emiant e, que sin duda la ha bía,
sino otros element os que a la larga serían, b ajo su punto de vista,
más benef iciosos para el conjunto d e la ciudadanía , Heide gg er escri-
be:
Figura 2 .01: Nighthawks (1942)
Fuente: ht tps:// www.edwardhopper.net/nighthawks.jsp
Capítul o 2
- 78 -
núa el autor, lo s “sectores de urban ización secundaria del espaci o
periurbano y los núcleos t urísticos” ( ibide m ). Sin em bargo, para otros
autore s, el estudio del cre cimiento urbano puede abordarse desde
otras mucha s perspecti vas, que da rían como re sulta do, tipolo gías
diversas a partir del eleme nto escog ido como refe rent e de análisis.
Así, junto co n el ya s eña lado que está vinculado a lo s procesos histó -
ricos y a lo relaci onado estricta mente con la for ma física, podrían
sumarse los que se a s ocian a los usos del sue lo, a la estructur a d el
crecimiento a partir de los procesos que los confo rma n o a las pura-
mente descripti vas (Solá-Mora les i Ru bió, 199 7, p. 65- 80) .
El centro hi stórico, ha sid o tradicionalmente considerado como el
element o depositario de los rasgos identita rios que caracterizan y
cualifican a la mayor parte de las ciudades de cualq uier co ntexto cul-
tural. Esto es así, por cuanto que el dilatado proce so de ocupació n de
estos sectores d e la ciuda d por diferent es culturas a lo largo de l os
siglos ha legado un rico y variado p atr imonio construido e inmater ial,
convertido en seña de id entidad d e las socie dades q ue los han ido
habitando. El papel experiment ado por los c entr os históricos en la
evolución del cr ecimient o d e las ciudades fue central desde los pri-
meros momentos y ello porque tuvo una doble función. En un prime r
momento porque, en la mayoría de los casos, tuvo la capacidad para
acoger el important e incremento demográ fico exp eriment ado como
consecuencia de las primer as migraciones campo -ciuda d; y ello a
costa de aumentar , hasta lím ites ca si insosteni bles, las dens idades de
población por medio d e la ocupación de los espaci os , antes libres, o
bien a tra vés del aumento de las edificaci ones o la fragment ación
sucesiva de las d epen dencias de ésta s (García Verdugo, 1999) . Ad e-
más, la s mura llas (uno d e los elementos característicos de la m ayor
parte de las ciudades hi stóricas) s irvieron par a establecer una front era
nítida entre la ciudad for mal en el interior y los asent amientos infor-
males de l os grandes contingent es de población llegados desde el
campo; asentamientos, la mayor part e de l os cuales, lo fueron bajo
fórmulas de autoconstruc ción de chabolas o b arra cas localiza dos en
las perifer ias más cerca nas.
Derribadas las murallas, ya fue ra físicamente o , mantenidas esta s,
obviadas en los planes d e crecimiento de las ciuda de s, se da paso al
segundo de lo s entrama dos que han caracte rizado de forma gen érica
a las ci udades española s: los ensanches. Por lo gene ral, se entienden
por tales, lo s p rocesos de exp ansión planificada y bajo la tutela o la
promoción administr ativa, llevados a cabo en las ciud ades a lo largo
del siglo XIX y principios d el XX (Capel Sáez, 200 2). Si n duda, el más
conocido en el contexto nacional s erá el que realice Ildefonso Cerdá
para Ba rcelona a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Las caracte-
rísticas fundamenta les de estas formas d e crecimiento es que se trata
de yuxtaponer un nuevo fra gmento de ciudad a la ya existente y, por
tanto, toma en considera ción las preexistencia s. El otro rasgo impor-
tante que caracte riza a los ensanches es su p r opuesta para la orde-
nación de la ciudad co mpleta, señalando las pautas de p or dónde ha
de crecer ésta. Pero también se analizan las conexione s entre lo exis-
tente y lo s crecimientos futuros y, por o tro lado, se proponen accio-
nes so bre la ciudad consolida da , con objeto de mejorar sus co ndicio-
nes de funcionamiento y habitabilidad, y ello, como se s eña laba ante-
riormente , bajo la tutela adm inist rativa ( Ibidem ). Se tra ta, por tanto,
de uno d e los primeros intent os modernos po r controlar y racionali-
zar el crecimiento ordena do d e la ciudad, con el objet ivo de q ue ésta
crezca de acue rdo a unas necesidades previament e identificadas y
bajo un modelo definido, normalmente v incula do al d e ciudad com-
pacta mediter ráne a.
Como es sabido, como contr apunto a esta forma d e c recimiento d e
la ciudad al que comúnme nte se ha denom i na do como en mancha
Capítul o 2
- 79 -
de aceite (entr e otros, Nel·lo i Coló m y Muñ oz Ra míre z, 2007, p . 285;
Zoido Naranjo et al., 2013, p. 111) , la mayor p arte d e las ciudades fue
cr eciendo bajo alguno de lo s o tros modos de expansión antes seña -
lados. El denominador común de todos ellos a partir de su relación
con la ci udad pree xistent e será el de la d esconexión de dichos crec i-
mientos respecto de la trama urbana consolidada. Unos p roce sos
que, a pesar de lo q ue i nicialmente se pueda pensar, son práctica-
mente co nsust anciales a la propia historia de la ciudad (Cerdà, 1867,
p. 231; Stern, Fishman, y Tilove, 2013, p. 17) . Es decir, la existencia de
barrios y asenta mientos de población fuera de los límites de ésta ,
indepen dientement e de sus funcionali dade s, tam años y p osici ón res-
pecto d e la misma, son un elemento común en las ci uda des en el
contexto occidenta l desde la Antigüedad.
Dentro del grupo de los tipos de expansión urbana surgidos al m ar-
gen de la ciudad consolida da señalados por Capel (20 02) estarían los
clásicos barrios d e viviendas unifamiliares tipo ciudad -jardín, in sp ira-
dos, como es sabido, en las tesis desarrolladas por Ebenezer Howard
a finales del sig lo XIX (Zoido Naranjo et al ., 2013, p. 85- 86; Howard,
1898); a ellos habría que añadir los pol ígonos de v ivi endas de edifica-
ción abier ta, ya fueran de p romo ción pública o, lo que fue m ás co-
mún, a partir de propuestas de promotores p riva dos (Capel Sáez,
1981; 2002 ; Estébanez Alvarez, 1989) . Sea como fuere, se trataba d e
desarroll os urbanos genera lmente auspici ados por la administraci ón,
o b ien autori zados p revia mente por ésta en aplicación de la normati-
va o el planeamient o vigente. En todo caso, con el tr anscurso del
tiempo la ciudad acabará po r absorber la mayor parte d e estos ba-
rrios, incorporánd olos al sistema urbano y, p aula tina mente , d otándo-
los de los servici os, infraestr uctura s y equipamiento s públicos , de los
que, en la mayor part e de los ca sos, ca recían o eran deficitarios.
2.2.2 L a expansión no planif icada de la ciudad
De forma paralela y, en muchos casos, coetánea, se estaban produ-
ciendo otros modos de expa nsión que, a diferencia de los ante r iores,
tenían en común su desarrollo al margen de cua lquier tipo de planifi-
cación urbanística previa o de autorización adminis trat iva e, incluso,
oc upan do suelos d e titularidad pública . En este últim o grupo estarían
los b arrio s autoconstruid os y el barra quismo (Capel Sáez, 1981, p. 10 y
p. 49 y ss.; 2002, p. 464 y ss .), cuya existencia en g ran parte de las
ci udade s española s estará presente hasta práctic amente finale s de los
años setenta d el siglo pasa do (Capel Sáez, 2002, p . 466). El denomi-
nador común de este tipo de asentamientos urba nos s erá el de su
marginali dad, tanto desde el punto de v ista social, como económi co,
urbanístic o y arquitectónico ( ibidem ), fenómeno ampliame nte estu-
diado, entre otros m uch os, por Bu squets (1976, 1976a, 1999), por
Solà-Mora les, Busquets, Doming o y Font (1971) , (Solá-Morales i Ru bió,
1974) para el caso de Barcelona, por V alenzue la Rubio (1969) , Canosa
Zamora y Rodríguez Chumillas (1985) y Vorms (2003, 2010) para el de
Madrid; o bien, por García Herrer a (1981) y García Herrera y Pulido
Mañes (1980 , 1982 ) para e l caso de Santa Cr uz de Te nerife .
Alguno de los modos de expansi ón de los mencionado s ante riormen-
te provo cará graves p r oblemas para el go bierno de la ci udad en
cuestiones relaciona das con las condiciones de salubridad, equipa-
mientos públicos, infra estruct uras o comunicaciones, y serán, además,
la géne sis d e m ucho s de los eje mplo s de dispersión urbana actual-
mente existente s en gran parte de las ciud ades en el contexto espa-
ñol. Las consecuencias de estos otros m odos d e expansión urbana
para la ci udad serán co mpleta mente diferente s de l as s eña ladas para
los descritos anteriorme nte. El d esarrollo de estos a sentamient os ur-
banos al margen d e cualquier tipo de pl anificac ión, a lo que ha de
añadirse el bajo nivel de renta de sus p oblador es, harán q ue, no so lo
Capítul o 2
- 80 -
la estructur a interna del viario, la ausencia de esp acios libres o la defi-
ciencia de infraestructur as, sino también la deficitaria conexión con la
ciudad consolidada preexi stent e , necesitará que la integración en ésta
requiera de un mayor esfuerzo a la administración local. En cualquier
caso, y al igual que pasará para los pr ocesos urbanos planificados,
estos aca barán m ayoritar iame nte integra dos y absorbidos po r la ci u-
dad (Capel Sáez, 1981, p. 39 y ss.) . Si n emb argo, no o currirá lo mismo
con uno de los tipos est ableci dos por este último autor al hablar d e
los b arr ios de autocon strucción y barraquismo . Lo que Capel ( 2002 )
denomina parc elaci ones ilegales y c land es tina s (p. 467) se convertirán
a par tir d e su apar ición e n el cont exto españ ol e n los años sesenta
( ibidem ) en un fenómeno d e una extraor d inaria impor tancia, tanto en
términos cuant itativos como cualita tivos, que dese mbocará en una
serie de iniciativas p ú blicas para trata r de frena r lo o, cuando menos,
reconducirlo. Su peculiaridad radica, precisamente, en la im posi bili-
dad de integrarlo s a la trama urbana de la ciuda d orden ada, bien por
la propia lo cali zación excesivamente alejada de ésta, o bien po r la
existencia d e afecciones sectoriales de todo tipo (inundabilida d, ries-
go de incendios, impacto paisajístico, afección s obre el patrimonio
histórico, etc.). Estas y otr as cuestiones rela cionadas co n este tipo de
desarrollo urbano será n tratadas con mayor profundidad en el apar-
tado siguiente .
Estrecha mente relacionados con los procesos descritos anteriormen-
te, están lo s que algunos autores han d eno minado urba nización
marginal (Laboratorio d e Urbanismo de Barcelona (L.U.B.), 1974, p .
86; Busquets i Grau , 1999, p. 10), referidos, según otros, a los fen ó-
menos que surgen como co nsecuencia de la necesidad de las perso-
nas con menores recursos de proveerse de un lu gar de habitación
(Pinedo López, Lora Ochoa, y Daniel Galván, 2015). Por su parte,
otros traba jos s eña lan que la “[…] urbanización marginal tiene sus
procesos d e constitución y desarroll o al margen de los procesos es-
tablecidos y solo en fases avanzadas el control ur banístico congela su
crecimiento para aplicarle los tratamient os de los procesos o rt od o-
xos” (Solà-Morales et al., 1 971, p. 87). Si Busquets pone el acent o so-
bre las cuestiones relaciona das con el estr ato social al q ue se asocia
este tipo d e asentamient os urbanos, el segundo de los trabajos cita-
dos lo hace en su desarrollo al margen del ordenamient o y de la pla-
nificación ur ba nísticas vigente s, aspectos en los que , por otra parte,
también coincide Ca pel ( 2002 ) a l describir los q ue él denomina ba-
rrios marginale s (p. 467 y ss.). Se trat aría de un a fo rma sin gular de
crecimiento de la ciudad que, según es te último autor, tendrá una
extraor dinaria importancia para la configuración actua l d e la mayor
parte de las ciudades española s ya que, en algunos casos
24
, el creci-
miento residencial bajo estos modelos s upuso la terce ra parte del
total existente entre los a ños sesenta y ochenta del siglo pasado ( ib i-
dem ). Son unas tesis en las que también co in cide Busquets i Grau
(1999) en el s entid o de que la “[... ] urbanización marginal co mienza
por ser una ciudad irregul ar, incompleta, a v eces ilegal, de sde el pun-
to de vis ta del p lanea mient o, pero acaba - en genera l- po r ser un
barrio más de la ciu d ad” (p. 9). En cualquier caso, co mo se verá en el
aparta do siguiente, y a pe sar de las similit udes q u e puedan existir
entre este fenómeno y el de las parcelacione s ilega les tal como han
quedado d escrit as por Capel anteriormente , no se puede establecer
una relación d irecta entre ambos pr oceso s, ya que responden a mo-
mentos y ló gicas so ciales difer ente s.
Frente a lo que sost ienen los autores anter iores, Estébanez Alvarez
(1989) asocia el ur banismo m argina l con las formas de crecimient o de
la ciudad a partir del desarrollo de parcelacione s priv adas, si b ien
24
En concreto, el autor cita el caso de Santa Cruz de Tenerife.
Capítul o 2
- 81 -
coincide, tanto en el sector de la p oblac ión al que se dirige este tipo
de o fer ta reside ncial -clase ob rer a-, co mo en que, co n el paso del
tiempo, d ichos desarrol los serán los respons ables, tanto de los creci-
mientos de la mayor parte d e las ciudades españolas , como de la
forma en que estos se producen (p. 104 y ss.). Pe ro lo que result a más
intere sante de las tesis so stenidas po r este a utor, es su propuest a de
vincular estos p r ocesos “informales” con el de la ciudad formal, ya
que el crecimiento de ésta por medio de los e nsanche s (interiores y
exteriore s) son los causan te s de que apare zca la “[…] ciudad marginal
(la p roducida por parcelación) y ambas co nf orma n el desarrollo pos-
terior de toda la ciudad, al integrar el espacio suburbial más o m eno s
renovado en la ciudad for m al, originándose d e nuevo una urbaniza-
ción m ar ginal y así sucesiva mente” (Estébanez Alvare z, 1989, p . 104) .
Por tanto, no só lo un fenómeno es consecuencia del otro, sino que
son proces os que se re troaliment an mutua mente.
Bajo estas mismas premisas trabaja C harlotte V orm s cuando describe
el proceso d e crecimient o de M adri d a partir de 1860 tras lo s inicios
del p royect o de ensanche de Carlos Mª d e Castro (Vorms, 2003 ) .
Según la autora, la puesta en carga de suelo destinado a la construc-
ción de viviendas llevará apare jada una alta inflación de los precios, lo
que junto a las estrictas n ormas que han de apl icarse a las obras de
edificación, provocará un “[…] fue rte desajuste entre las caracte rísticas
de las viviendas edificabl es en el ensanche y la solvencia de la d e -
manda” ( ibidem ). El resulta do de todo ello será la aparición d e “[…] las
primeras parcelaciones de tier ras ru rales del extrar radio […] el año
que sig ue a la adopción d el plan Castro ” ( ibide m ) y, por tanto, co n-
cluye la autora, “[…] M adrid crece en dos frent es, uno oficial y planifi-
cado, el ensanche y el otro, informal y es pontá neo, el extrarra dio”
( ibidem ). En definitiva, para estos autores, p are ce exis tir una relación,
no solo directa, entre la ciudad formal -planificada- y la ciudad infor-
mal -no planifica da-, sino q ue, además, la segunda - ciudad m a rginal
en palabra s de Estébanez (198 9, p. 104)- es la consecue ncia directa en
forma de respuest a de un sector de la población de s u incapacidad
para acceder al mercado reglado de la v ivienda en la ciudad planifi-
cada. Aunque con ci ert os matices, sobre todo con relación al contex-
to social, estas misma s tesi s son defend idas por J. Turne r, quien seña-
la que cuant o “[…] mayor s ea la difere ncia entre la naturaleza del
suministro de viviendas oficia lmente reconocido y la naturaleza de la
demanda popular, y cuanto mayor sea la demanda en relación con el
poder p olicíaco ejercido por las autorida des, m ayor ser á la propor-
ción de a senta mientos no controla dos” (1974, p. 71).
Hasta aquí se han analizado las formas d e expansión de la ciudad
desde el p unto de vista de la forma físic a, aunque, sobre todo , en los
últimos autores citados, ésta s se combin an con algunas cuestione s
relacionadas con su situación res pecto d el ordenamient o jurí dico y
urbanístic o vig ente s; una cuestión esta última básica para los ob jeti -
vos de la presente investigación, toda vez que, c omo ya se ind icó,
estos se centr an en el anális is de un os pro cesos de crecimiento ur -
bano surgidos al margen d el planeamiento urbanístico. En este con-
texto cobra interés el trabajo de Alo nso López (2016) sobre los fenó-
menos de a utoconstrucció n y urba nización espontá ne a en Sant a Cruz
de Tenerife. En él, el auto r, en la búsqueda de los refe rentes teóricos
para su investigación, propone una selección d e té rminos que, en
principio, son aquellos q u e le pueden servir d e soporte co nceptual. A
continuaci ón, procede a realizar una serie de búsq uedas en las que
considera la s principales bases de datos bibliográf icas e xistente s (Web
of Science, Scop u s y Google Acad émico). Más allá de que los resulta-
dos obtenidos fuer an los previsibles, toda vez que algunos de los
términos utilizad os en las búsquedas fueran cuestione s muy tangen-
ciales frent e al resto, o por la propia metodolo gía d e d iscri minar los
Capítul o 2
- 82 -
trabajos publicados en español o en inglés en d icha s fue ntes, sí que
se p ueden extrae r algunas co nclusione s q ue interesaría destacar. En
primer lugar , respecto de la cuestión q ue mayor interés suscita entre
la comunidad ci entífica en relación con estos p roce sos: la vertiente
terr itorial. Es d ecir, lo que más inte resa es conocer lo s mecanismos,
agentes y procesos que exp lica n la aparición y desar rollo de nuevos
asenta mientos cu yo denominador común es su est atus jurídico, ya
que todos se sitúan al margen del planeamiento urbaníst ico. Esto
explicaría que las búsqueda s realizadas por el autor d onde ha util iza-
do el término urba nizació n (informal, espontáne a o m arginal), o p ara
los término s equivalentes en inglés, urban (i nformal, spontaneous,
marginal)
25
, hayan d ado resulta dos mucho más numerosos que las
realizadas con los tér minos relacionados con la forma d e co nstruc-
ción de las vivienda s co nt enidas en dichos ámbitos (autoconstruc ción,
o self-built). De los m ás de 5.00 0 trabajos publicados en inglés en
temas re lacionados con la marginal urban o con la informal urban ,
ap enas si existe n 100 para self-built h ousing . Estos mismos contra stes
se dan para sus equi valente s en español, aunque el número de traba-
jos publicado s es m u y inferior, ya que solo hay 14 p ara el término
urbanización marginal y apenas 7 para au tocon strucción vivienda
(Alonso López, 2016, p. 91) . La explicación de tal co ntr aste es que la
cuestión del modo en q u e se co n struyen las viviendas e n el interior
de los asenta mientos no es que careza d e interés para los investi ga-
dores, sino que se da por hecho q ue uno de lo s ra sgos d efinitori os
de este modo d e expansió n urbana es que son los propios ocupa nte s
los q ue se autoconstruyen sus viviendas. Se trata de una de las carac-
terísticas que, como s e irá mostrando a lo largo de la investigación,
distingue a e ste t ipo de asent amientos de lo s analizado s en la t esis.
25
A los términos al udidos, el autor añade uno más -informal settlements-
obteniendo unos resultados similares que para los antes aludidos.
En segun do lugar , la conclusión a la q ue llega el autor es que se tra ta
en todos los casos del mismo fenómeno, aunque los términ os y for-
mas de nombrarlo hayan ido cambi an do o evol ucionando con el
tiempo (Alonso López, 2016, 94). Añade, citando a Jaramillo (2012)
que
[…] uno de lo s elementos ca racterísticos ta nto de la de
urbanización “es pontánea”, c o mo de la “ marginal” e “in-
formal” , ser á el de la producción de e spacio urba no al
margen del planeamie nto por parte de las clase s más
desfavorecidas o em pobrecidas de la so ciedad, proce-
sos habituales en todas las grandes u rbes, tanto a nivel
mundial como en especial en las ciudades latinoa mer i-
canas. (Alonso Lóp ez, 2016, p. 94)
También en esta d efinic ión se encuent ran similitudes con los fenóm e-
nos analizados en la presente investig ación, sobre todo en lo ya se-
ñalado en relación con su ori gen no planificado o, cuando m eno s,
realizado al margen de la planificación urbanística . Pero, por otro
lado, se destaca otro aspecto que los hace diferentes ; el r elativo a la
clase soci al a la que p ert enecen las personas que lo s habitan. Como
se trat ará de poner de manifiesto más adelante, también éste es un
rasgo difer enciador re specto de lo s procesos estud iados p or la te sis.
El último de los modos de crecimiento de las ciudades analizados por
Capel Sáez (1981) se situaría a medio camino entre l os barrios de ciu-
dad -jardín (p . 45 y ss.) o, en palabras d e Estéban ez ( 1989) , barr ios
ajardinados (p. 103 -104), y el co nce pto de ciudad informal . Se trata de
lo q ue alg ún autor denomina como las urbanizacione s de segunda
residencia , q ue se manifie stan co mo otra forma de e xpansión de la
ciudad (Valenzuela Ru bio, 1976) y que cobrará n especial re levancia,
sobre todo, a partir de la primer a mitad d el siglo XX (Ortega
Valcárcel, 1975). Para Cap el (1981) las ideas de los utopistas del siglo
Capítul o 2
- 83 -
XIX, fundament almente representa das por los escritos de E b ene zer
Howard, en España ll egará n a tergiversarse rápidamente . Así, d e la
Garden City pronto se pasó a los barrios y urbanizacione s residencia-
les monofuncionales, con trazados viarios de tipo geom étrico y ano-
dino, obviando, por lo demás, el resto de las cuestiones que Howa rd
ente ndía que d ebían integ rar el proyecto d e una ciudad-jardín, sobre
todo la s relacionadas con los equipamientos comunit arios, servicios,
etc. (p. 45 -48). En definitiv a, continúa e l autor
[…] de las primitivas i deas de ciudad -jardín los propieta-
rios del s uelo, convertidos en promot ores y pr opagan-
distas, solo adoptaron alg unos de los aspectos como es
la idea de residencia u nida a la nat uraleza domestica da -
es decir, de casa y jar dín o casa y huerto - olvida ndo las
ideas de lucha contra la especulación del suel o o de or-
ganización de e quipamientos colect ivos que eran tam-
bién e senciales en la o bra de Howar d. Para los promo-
tores se trató en ba stantes c asos de una co ncepció n que
les ayu daba a parcel ar y co mercializar t errenos situados
en lugares periféricos de acc eso relativ amente dif ícil. (p.
47)
Muchas de las cuestiones aludidas en los trabaj os de Capel en el p á-
rraf o ant erior, aparecerán paulatina mente en las distintas modalida-
des de asenta mientos urba nos desarrollad os en las áreas periu rbanas
de la mayor parte d e las ciudades españolas a p art ir de los años cin-
cuenta del siglo pasado. P or ejemplo, la prolifera ción de prom ociones
de huertos familia res en la prov in cia de Madrid (Camar ero Bullón,
1986; Corella Monedero, 1985), q ue r ealment e e nmascara ban urban i-
zaciones ilegale s (A.M., 1982a, 1982b). Por tanto, no parecería exage-
rado establecer la rel ación, s i no dir ecta, sí al menos en forma de
ante cedente, entre las id eas de la Garden City de Ebeneze r Howard
con los modernos fenóme nos de urbanizac iones de segunda resi-
dencia
26
. Se trata de un fenó meno bien es tudiado desde fechas muy
temprana s por Valenzuela Rubio (1976, 1986, 1988, 2003) para la pro-
vincia de Madrid primero, extendiéndolo después a toda su área me-
tropolitana . El interés en d estacar el estudio de este fenómeno en la
provincia de Madrid aunque, como se verá más ad elant e, es genera li-
zado p ara la mayor parte d e las grandes ciudades del país, radica en
que la administración regi onal lo pondrá en relación directa con los
de ur banización ilegal prá cticamente desde los primer os mo mentos
de desarroll o del fenó meno (Comuni dad de Ma drid, 198 4b, p. 19).
En definitiva, en ninguno de lo s trabajo s citados anteriorment e se
alude al fenómeno de las parc elaciones ilegales -tal como son enten-
didas en esta investigación-, co mo una forma de extensión de la ciu-
dad. Ello a p esar de q ue, como se irá viendo, hacia m itad d e los años
setent a (facha más temprana de las pu blicaciones citadas) dicho fe-
nómeno ya había alcanza do en algunas zonas (caso d e Madrid o
Barcelona) un extraordinario desarrollo. Esta ci rcunsta ncia puede te-
ner varias lecturas. Una, que se considerar an engl obadas en los fe-
nómenos más genéricos de las urbaniz aciones d e segunda residencia
y, p or tanto, no se entrar a a considerar el origen legal o ilegal de los
mismos. Otra podría ser que, directamente, no se creyera que tuvie-
ran una entidad suficiente como p ara ser conceptualizados como una
forma d e crecimiento no planificado de la ci udad. Y una terce ra, la
que bajo los p ostula dos de esta tesis s e cree que es la más p laus ible,
26
Esta afirmación hay que tomarla con ciertas reservas, ya que, como señalan Stern,
Fishman, y Tilove (2013 , p. 203) no se puede obviar que la idea de las Garden City
nacieron con la intención de convertirse en centros urbanos autónomos y que,
por tanto, otras pr opuestas q ue aparecieron con posteriori dad apoyadas o
inspiradas en ellas, caso de los barrios de ciudad jardín, no pueden ser
confundidas c on ellas. Esta misma tesis es defendida por Zoido Naranjo et al.
(2013, p. 85-86).
Capítul o 2
- 84 -
que hubiera un error en su conceptualiza ción; es d e cir, se confundie-
ron procesos q ue, si bien en su m anifestación física e imagen externa
pudieran present ar tal s imilitud que llegaran a id ent ificarse con otros
- urbanizació n marginal (Busquet s i Grau, 1999, p. 10) , barrios margi-
nales (Ca pel Sáez, 2002, p. 467), etc.- que, sin embargo , obedecen a
fenómenos completamente diferentes. Comparten con alguno s de
los fenómenos alu didos su origen no planificado
27
, en el s entido ur-
banístico del término y, por tanto, pueden califica rse de ilegales ,
además de la falta de infraestruct uras y s ervicios bás icos; pero su
destino principal es el de la segunda residencia, frente a la vivienda
habitual de los asentamie ntos citados por los trabajos comentad os.
Por último, si éstos van destina dos a c ubrir las necesidades de habita-
ción d e las capas más desfavoreci das de la socieda d, las parcelaci o-
nes ilegales, por el contrario, están asociadas a estratos co n un nivel
adquisitivo m ayor ; por lo gener al, personas que ya t ienen cubier ta s
sus necesi dades básica s y, so bre todo, el d e vivie nda habitua l.
2.2.3 La ciu dad s e f ragmenta: Form as del c recimiento urb ano
disperso
Con la restitución del rég imen dem ocrátic o tr as cu at ro decenios de
dictadura, el marco norma tivo en m ate ria de urbanismo y ordenaci ón
del terr itorio irá paulatinamente adaptándose a la nueva situación
27
Como se tendrá oportunidad de desarrollar más adelante, en la mayor parte de
los casos, l as parcelaciones y urbanizaci ones ilegal es se desarroll an a partir d e
una planificación pr evia muy bá sica -fundamentalmente solo co ntempla el traza-
do del viario y la pr opuesta de división de las parcelas -; pero ex iste un plan, algo
que las distingue, por ejemplo, de los denom inados asentamientos espontáneos
(Johnston et al., 2000, p. 46 ) o del modelo de ci udad espontánea (Zoido, de la
Vega, Morales, y Lois González, 2000, p . 82).
política y social. Atrás irá quedando una forma de ha cer ciudad carac-
terizada por un crecimient o a impulso s, tanto tempora les como terri-
toriales, auspiciada po r la prevalencia d e los inte reses particular es
frent e a lo s generales, muchas v eces con graves tintes especulativos,
llevados a cabo gracias a una actitud en ocasiones p asiva, cuand o no
connivente, de las administraciones y responsables políticos (García
Bellido, 1983, p. 133; VV .A A., 1983, p. 9). El fortaleci miento del ma rco
jurídico que incide directamente sobre la ciudad y el terr itorio, junto
con la progresi va aparición de planes generales, no solo adaptados a
ese nuevo marco legal, sino también, y lo q ue tal vez s ea más i mpor-
tante , a un a nueva realidad social, cultural, política y e conómica, irá
poco a poco dejando su huella sob re la forma d e crec imiento de la s
ciu da des y sobre el te rritorio.
En este contexto de cambios acelerados en todos los ámbitos, irá
consolidánd ose un modo de expansión de la ciudad que, si bien, tal
como se ha tratado d e mostrar en el apartado anterior, no es nuevo,
sí lo son tanto el ritmo co mo la intensi dad q ue manif iestan. Se trata
de lo que se ha ca lificado co mo proces o de dis persión ur bana .
En 2006 la Ag encia Europea del M edio Ambiente publ icó un informe
titulado Urban sprawl in Europe. The ignored challenge en el q ue
trat aba de llamar l a atención sobre determinad os ca mbios de g ran
calado que se estaban produc iendo en el modelo de crecimiento de
la mayor par te de las ciudades europeas (Europe an Environment
Agency, 2006). En ese se ntido, advertía d e los riesgos, tanto soci ales
como medioa mbient ales, de este modo de expansió n ur bana en una s
ci udade s que tra dicionalme nte habían conservado un modelo urbano
compact o hasta prácticamente los años cincuenta d el siglo pasado
( ibidem , p. 5). Además, ponía d e manifiesto q ue s on, e ntre otras, l as
ciudades del sur del continente las que estaban sufriendo con espe-
cial virulencia e ste ca mbio de mo delo.
Capítul o 2
- 85 -
Para Lois González, Piñeira Mantiñan y Viv es Miró (20 16) lo s datos de
artificializaci ón
28
del suelo en Esp aña en el período 1987-2006, po nen
de manifiesto, no solo que fue uno de los países del contexto euro-
peo, junto con Portugal e Irlanda, donde más creció la superficie ur-
banizada ( ib idem , p .11), sino también el desigual ritmo en que lo hizo
si se consideran los períodos 1987 -2000 y 2000-2006. Más allá de lo
llamativo de los dato s, inter esa desta car el modo en que dicha ex-
pa nsi ón d e la urbanización se produjo
29
. En ese sentido, los autores
señalan que, para el caso español, se e videnci ó:
[...] u n modelo que apostó por la urbanizació n difusa
(urban sprawl ), la c ual separ aba y expa ndía por el terri-
torio diferentes partes de la ciudad, y exigía potente s in-
fraestructuras de trans porte para comunicarlas y ase gu-
rar su funcion amiento. ( Ibi dem , p. 9)
En ese mismo diagnóstico coinciden, entre otros, Valdunciel (2013) ,
quien manifiesta clarament e que "[...] la burbuja inmobiliaria se basó
en un modelo urbanístico expansivo" (p. 709). Se trata de un modelo ,
el d el urban s p rawl que, como se señalaba anteriormente , ha sido
fuert emente criticado por la Ag encia Europea d el Medio Ambiente a
casusa de las consecuencia s negativas que lleva ap are jadas. Más allá
de estas cuestiones de cará cter general ampli amen te aceptadas por
la com uni dad científica, interesa destaca r de este trabajo s u p ro pues-
ta de caracterización de lo s disti nto s tipos urbanísticos en q ue dic h os
crecimiento s se han manifestado sobre el territorio. Con ello, se busca
28
Según los autores, se entiende por tal la "[...] ocupación del mismo [territorio] para
fines residenciales, empr esariales o de grandes obras públicas a expensas de es-
pacios naturales y/o agrarios" ( ib idem , p. 11).
29
Sin embargo, el trabajo no dis crimina los crecimientos urbanos planificados/legales
de los no planificados/ilegales, por lo que es imposible conocer la incidencia de
unos frente a otros.
situar conceptualmente los fenómenos de p arcela ción y urbanización
ilegal dentro de alg uno de lo s tipos propuest os. Es esta una cuestión,
la del establecimiento de tipos, que no ha s ido suficient ement e bien
trat ada por la bibliografía científica o, al menos, no en el sentido de
caracte rizar lo s distinto s tipos de asentamient os urbanos que ha
creado el p roce so de ex pansión urbana ac eler ado d esar rollado du-
rante los últimos decenio s. Lo anterior no es ó bice p ara que la cues-
tión de la dispersión urba na haya sido trata da ampliamente por la
disciplina geográfica desd e sus más diversas perspectivas, tant o teóri-
cas como aplica das a estu dios d e caso concr etos , fundamenta lmente
en relación con las grande s áreas metropolit ana s, donde sus efectos
se han dejado sentir de m aner a más acusada.
Para algunos autore s, seguir utilizando la idea d e ciudad empieza a
plantear serios problemas de tipo conceptual y metodológico (entre
otros, López de Lu cio, 19 79; Nel·lo i Colóm, 1998 ; Roca Cladera,
2003) . Po r su parte, López de Lucio (1 979) señala que el uso de ese
término para referirse a la mayor parte de las existe ntes en España y
en el resto de Europa, emp eza ba a plantear cie rtos inconvenie ntes
conceptuales ( p. 25 ); y ello , continua e l aut or, debido:
[...] a su radical transformaci ón, a la ruptura del marco
de vida co lectiva y cohe sionada que siem pre significó, a
su disol ución o dispersión e n multitud de unida des fu n-
cionalmente homogéneas, s ocialmente "c lasificadas", es-
pacialmente a lejadas , y cuyo único nexo de u nión vie ne
proporcionado por u na com pleja red de transporte [... ].
( ibidem )
30
El autor está estableciendo una d efinición de lo que serían la s ciuda-
des a fina les de los añ os set enta del siglo pasa do, ta nto des de el pun-
30
El entrecomillado es del propio autor.
Capítul o 2
- 86 -
to de vista m orfológico como también sociol ógico. En ese co ntexto
de cambios, Lóp ez de Lucio conside ra que es p osi ble deslindar cla-
rament e tre s tipo s de ciudad es: la clásica, anterior a la Revolución
Industrial, la ciudad "[...] de los comienzos de la indu strializaci ón , la
ciudad "l iber al" de los "en sanches" y de los planes de extensión [...]"
( ibidem ) y, por último, la que denomina ciudad cont emporánea . Las
caracte rísticas de las dos primeras son de sobra conocidas, aun que
respecto d e la segunda, mer ece la pena d ete nerse e n algunos a spec-
tos apuntados, toda vez que se relacionan directament e con los pos-
tulados teóric os de la tesis. En este sentido, el autor considera que
"[...] la trama urbana [de la ciudad de los inicios de la industrialización ]
comienza a definirse en p or lo menos tres categorías: casco viejo,
ensanche s planeados, crecimiento perifé rico o s ubur bano espontá -
neo" ( ibidem , p . 28). Como es f ácil comprobar, se trata de una clasifi-
cación m u cho más sintéti ca que la ofrecida p or Cape l Sáez (2002) ,
aunque, por otro lado, puede ayudar a ofrecer una visión más cl ara
del proceso de expansión d e la ciudad en esa etapa. En este sentido,
podría infer irse, que el fenómeno de las urbanizacione s de segunda
residencia estaría d entr o de lo q ue el autor denomina, de manera
genérica, crecimiento periférico o suburbano espontá neo . Y, dado que,
como se mostrará en lo s apartados siguientes, el fenóm eno de las
parcelaciones y urbanizaciones ilegales es una expresión tard ía en lo
temporal, inferior en lo económico y dis tinto en lo social, de las urba-
nizaciones de segunda residencia, aquellas también quedarían englo-
badas en los citados crecimient os p erifé ricos y suburbanos e spontá-
neos. Las otras caracter ísticas que se desta can en el trabajo de López
de Lucio (1979) co n relaci ón a la ciudad en esos momento s, es con
respecto al comienzo d e la jerarquización del sis t ema v iario, entre
cuyas consecuencias estarían la separación física de las tres tramas
urbanas co nsiderada s. De esta forma, "[...] lo s casco s viejos se sepa-
ran de los ensanches mediant e bulevares de ronda; los ensanches de
los desarrollos "anárquicos" del "extrarr adio", por medio de rondas
exteriore s o vías límite , etc." ( ibidem ). Lo ante rior pone de manifiest o
que a finales de los años ochenta d el siglo pasado s e podía estable-
cer una clara distinción entre la ciudad ordenada o, al m enos, co n
una cierta vo caci ón de planificación, de la ciudad anárquica del extra-
rradio . Tratar de b uscar o establ ecer el o rden en e sa anarquía territo-
rial será uno de los objetivos , tanto de las s ucesivas reformas del
marco normativo en mater ia de urbanismo y o rdenación d el territo-
rio, c omo del planeamient o en su papel de elemento utilizado para
su implementa ción.
Pero, López de Lucio (1979) también esta blece las características de la
ciudad contemporá nea , pr opia "[... ] del capi talis mo avanzado o del
llamado c apital ismo monopolista de Estad o " (p. 29). Entr e ellas desta-
can el "[... ] crecimiento de he cho indefinid o, pero ya no continu o , sin o
fragmenta do y difuso, superponiéndo se y dest ru yendo el e spaci o
rural circundante [...]" ( ibidem ), cuya co nsecue ncia principal será la
pérdida paulatina del us o d el término ciudad p ar a ref erirse a esta
nueva re alidad urbana o , como mínimo, su utiliza ción subordina da a
otros aspectos que aluden a la e scala de influencia de la m isma. Unos
fenómenos que algunos autores han analizado d esde el pu nto de
vista d e la "[...] desconcent ración urbana [...]", entendida como "[...]
los procesos de difusión de la urbanización en coronas territoriales
que envuelven el núcleo central [...]" (Mallarach Isern y Vil a grasa i
Ibarz, 2002, p . 57). Por s u parte, Lóp ez de Lucio (1979) señala que
estas nuevas realidades irán "[...] constituyendo lo que s e ha dado en
llamar, a veces con manifiesto orgullo, la ci u dad -territori o , conurba-
ción , ciudad- re gi ón , gran área m etropolit ana , etc." (p. 29). Si bien,
como señala Nel·lo i Coló m (1998), estos p roce sos ya serían, si no
anticipados, sí al menos percibi dos por algunos p oe tas de finales del
Capítul o 2
- 87 -
siglo XIX, no será hasta el último decenio del siglo XX cua ndo se ma-
nifieste definitivamente e n su máxima expre sión (p. 35). Para este
último autor, las transformacione s socioeconómi ca s y tecnológicas
acaecidas a lo largo del último siglo han de semboc ado en una inte-
gración física y funcional del espacio "[...] hasta tal punto que las acti-
vidades eco nómica s y las formas de v ida ur banas se han esparcid o
sobre la totalidad del territorio" ( ibidem ), lo que ha tenido como una
consecuencia ineludi ble en q ue los término s de ciudad y límite sean
en la actualidad "[...] conce ptos incon ciliables y el territori o se ha con-
vertido en la cittá sconfinata de la que nos hablan algunos autore s
italianos" ( ibide m )
31
. En e ste contexto, Nel·lo i Col óm p lante a una s i-
tuación paradóji ca, en el sentido de que esa ciudad difu sa en la que,
en cierto sentido , se difum inan lo s límites, por lo que es denominada
la ciudad sin confines , sin emb arg o se topa con una realidad que su-
pone que al mismo tiempo sea "[...] también la ciudad d e los confi-
nes. Confines y divi sorias que son, en primer lugar, sociales y funcio-
nales y, e n segundo lu gar, política s y a dminis tra tivas" (p. 49 ).
Tal vez sean estas últimas -las políticas y admini strat ivas - las que de
una forma más palpable interfieren en el devenir cotidiano de las
personas que habita n o trabajan en dichos ámbit os. Cue sti ones tan
habituales como el pago de deter minados impuest os, la elección del
centro de salud, el co legio de los hijos, y un largo etcétera, dependen
directament e del lugar d e empadronamiento, más q ue del lugar de
residencia o d e trabajo. Por otro lado, la gestión d e lo s us os y activi-
dades que se realizan so bre el te rritorio, tie nen ta mbién una f uert e
component e municipalista , dado que so n los entes locales en los que
recae n, casi en exclusiva, las compete ncias en mater ia de urb anism o.
31
El aut or señal a en la nota al pie que acompaña a dicha exp resión un grupo de
trabajos de autores itali anos que, desde los años noventa, vienen tratando estas
cuestiones.
Hacer converger ambas rea lidades, no es en modo alg uno tarea fácil,
aunque, al menos, en el ámbito d e la gesti ón y la ordenación del
te rritorio, hubiera ci erta s exp erie ncias en los años sesenta y s ete nta,
sobre todo e n algunas d e las gran des aglomer aciones urbanas -
Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao-, de "[...] crear estructura s p olíti-
cas o de gestión de ámbit o metropolitano q ue pudiera n abordar los
diversos problemas urbanísticos, i nfraest ructura les y de s ervi cios que
se plante aban a esa e scala" (F eria Toribio, 1999 , p. 3 12).
López de Lucio (1979) también apunta hacia otra s característica s d e
esta nueva ci udad , siendo, t al vez, la s más significativa s, las que t ienen
que ver con la tendencia a la homo geneizaci ón d e los d istint os en-
tramados o fragmentos urbanos q ue están dispersos por el territorio,
articula dos a través de un sistema viario altame nte jerarquizado que
permite la conexión entre lo s ci tad os fragment os. Por tanto, para el
autor, la consecuencia de todo ello ser á:
[...] la f ragmentación to tal -junto a la dispersió n y aleja-
miento de los difere ntes fragme ntos- e n múltiples uni-
dades u nifuncionales, co n un os ritmos y períodos de ac-
tividad y v italidad, unos us uarios y reside ntes, u na for ma
y un am biente cla ramente di ferenci ables y mínimam ente
relacionados . (p. 30)
Por últim o, este autor pone de manifiesto que uno de los invariante s
de la m ayor p art e d e esos nuevos fragmentos de ciudad q ue salpican
el territorio a modo de lo que Pie i Ninot y Navarr o (1988) denominan
sarampión territorial (p. 57) será el de la baja densidad; una cuestión
ente ndida como "[...] el freno a los m ales de la ciudad y como fórmu-
la mágica contr a la especulación de ter renos [...]" (López de Lucio
1979, p. 32). Aspecto é ste, el de la baja d ensi dad, que será una d e las
cuestiones que serán trata das con g ran pr ofusión de producción
científica en los últimos d ecenios. De entre ellos, tal vez se pueda
Capítul o 2
- 94 -
propicia comportamientos d e de spilfarro [...]. ( Ibidem , p.
22)
35
Lo anter ior ll evar ía a p ensar q ue no cabría ning una duda de q ue el
mo delo disperso sería, desde el punto d e vista ambienta l y económi-
co, menos deseable que el de ci u dad concentrada. Sin e mbargo,
como se puede apreciar, nada se dice de las cuestiones sociales, las
que t endrían que ver con esa voluntad ant es exp r esada por la cual
los individuos deciden optar por este tipo d e ase ntamientos. En este
sentido, el autor señala que, ante la o bviedad , poco más se puede
añadir; concluyendo que "[...] la ciudad difusa no ofrece del todo las
peculiares condiciones ur banas, es despilfarrador a e insostenible"
( ibidem ). Tras dicha afirma ción, no habría mucho más que agre gar, si
no fuera p orque el propio autor apunta hacia la necesidad d e dar
respuesta a algunos de los pri ncipales factores que serían los d esen-
cadenant es d el todo el proceso. De esta forma, manifiesta que no
serían buenas soluciones aquellas que ab oguen por "[...] volver a me-
terlo todo "dent ro de las murallas" [ya q ue] no encara[n] los fenóme-
nos y fuerzas que han dete rminado la difusión [...]", que no son otras
que la "[...] mo dificación de las fuerzas p ro ductivas, implantación de
nuevos m edios y posibilid ades tecnológicas, una nueva estructura de
los costes de producción y , no m enos important e, unas nu evas cos -
tumbres de vida" ( Ibide m ). De lo ant erior se p uede infer ir, q ue lo qu e
el autor está sugiriendo es tratar de encontrar un térm i no medio, lo
que supondría, en términos de los modelos de ciudad señalados,
llevar las v irtudes de la ciudad concent rada a los terr itorios d i spersos.
En este sentido, Ind ovina concluye que
[...] af rontar co n éx ito este re to sig nifica no solo respon-
der positivame nte a la demanda de ci udad que los in di-
35
Las cursivas son nuestras.
viduos, necesitados de ci udad, expresan (las formas de
la ciudad difusa so n una res puesta autoo rganizada [sic] ),
sino tamb ién crear con diciones favor ables al crecimiento
económico, la equidad social y el desarrollo cultural. ( I bi-
dem , p. 23)
Moliní y Salgado (2010) ponen de relieve que el debate entre ciudad
compacta fr ente al de ciudad dispersa lejos de cer r arse, sigue vivo.
Los autor es hacen un re paso d e la biblio grafía existent e con objeto
de corroborar esa hipótesis y, efectivament e, llegan a la conclusión
de que "[...] l a existencia d e una minoría dis crepant e [de promover la
ciudad com pacta] indica que no se pueden a dopt ar posturas tota l-
mente rígidas" aunque, aña den, ello no debe supone r "[...] paralizar la
pr o moción de la ciudad com pacta en la medida en q ue mayorita ria-
mente se juzga convenient e" ( ib idem , p. 127). En est e sentido, Muñoz
Ramírez apunta a que se trata de "[...] un tipo de urbaniz ación much o
más insostenible que el m odelo de ciudad densa y co mpacta co ntra
el que intentan aparecer c omo una alterna tiva", y ell o debido, no solo
a los impactos ambienta les al q ue se asocia, sino también "[...] a una
serie de riesgos de tipo social y cultural relacionad os con la mínima
co mplejida d y la falta d e diversidad urbana prop ias de estas nuevas
área s residenciales" (2007, p . 75). Frente a la extrema simplicidad del
modelo d e urbanización dispersa de la que habla Muñoz Ramíre z
(2007, p. 75) , Fernández García (200 3) señala q ue "[...] la d ifusión ur-
bana permite equil ibrios más adecuados entre servicios, centros de
trabajo y área s residencial es" (p. 91) y ello, co ntinúa, por d os razones
fundament ales
[...] porque mejo ran las comunicacio nes entre estos ele-
mentos, dismin uyendo el fenómeno de la segr egación
social propio del mo delo territorial tradicio nal de la co n-
centración u rbana; y porque, al mismo tiem po, cabe la
posibilidad de i ncluir al mu ndo r ural en el disfr ute, si n
Capítul o 2
- 95 -
discriminaciones, de lo s se rvicios y equ ipamie ntos socia-
le s. ( Ibidem )
Entre ambos puntos de vista se situaría la postura de López de Lucio
(1979) p ara quien, desde un punto d e vista técnico, este m odelo de
ciudad te ndría seis c onsecue ncias:
[...] Una mejor calida d de la v ida urbana, e n p articular de
cada uno de su s subsistemas : residencia, trabajo , equ ipo,
zonas libres...
- Una menor de nsidad de población , mayor integració n
en el espacio r ural...
- Mejore s posibilida des para una vida familiar y social
ordenada y tran quila.
- Mayores costes de tra nsporte y mayor depe ndencia
del automóvil.
- Meno r renta bilidad y calid ad de servicio de los trans-
portes públicos .
- Mayores co stes de ur banización (primar ia, e n particu -
lar) y de co nservación de las infraestr ucturas básicas y de
relación. ( Ibi dem , p. 33)
Así analizados, para el au tor resultaría que habría tres argumentos a
favor y tres en contra d e la que él denomina ciuda d contemporá nea
( ibidem ), con lo que "[...] el pro blema se puede r ed ucir a un coste-
oportunidad de elección individual de cómo asignar el presupuest o
familiar, de prior idades sociales a primar [...]" ( ibid em ). Sin em barg o,
para Gaviria Labarta la cuestión es bien diferente, y a q ue afirma que
[...] hemos hecho unas ci u dades muy compacta s y, en cierto aspecto,
muy interesa ntes o muy urbanas, y m uy animadas"; y, por tanto, para
el autor se t rataría de "[...] un model o de ciuda d que es bueno, es
compact o y denso, incluso a la larga, el día q ue de verdad escasee la
ener gía, son ciudades de consumo energético bajo que funcionarán
muy bien" (1 997, p. 134) . Por tanto, para M ario Gaviria el modelo de
ciudad compacta mediterráne a es el m odel o hacia e l q ue habría que
tender; es más, añade, que una de las consecuencia s de estos mode-
los es que "[...] la casa indiv idual [está haciend o] de saparecer la ciu-
dad" ( ibidem ).
En todo caso, m á s allá d e l debate, por lo d emá s sumamente intere-
sante, de contra poner ambos modelos de ciu dad, p ara los postula dos
de esta investig ación pare ce m ás adecuado entrar a an alizar alguna
de las consecuencias q ue tienen, desde el punto de vista ambiental,
económico y so cial, los p r ocesos de dispersión urbana en los que s e
inscribe e l fenómeno de la s par celacione s ilegales.
2.2.4.1 Los efectos ambientales
De los tres tipos de afecciones ante s establecidos, son los de carácter
ambiental los constatables d e una forma más inmediata. En este sen-
tido, algunos autores apunt an a q ue las causas de la paulat ina p érdi-
da de calidad en el amb iente urbano serían vari adas y complejas
(Mulero Mendigorri, 1998). Por s u parte, ya poniendo el foco de aten-
ción en los procesos de dispersión ur bana, aut ores co mo Muñiz
Olivera y García López (2013) po nen de manifiesto algunos de los
efectos de tipo ambient al de este m odelo de crecimiento urbano,
señalando q ue se traducen en "[...] la o cupación de espacios de g ran
valor agrícola, ecológico o paisajístico " (p. 190). En p are cidos término
se p ronun cia Feria Toribio (1999) cuand o apunta hacia la coloniza ción
de "[...] áreas ambientalme nte valiosas" (p . 310). Pero, además, la ex-
tensión de los asentamientos ocupando amplias zonas d e territorio
dificulta el di seño de rut as de transporte púb lico ef icient e, lo que co n-
lleva a un mayor uso del vehículo privad o, con los consi guientes pro-
Capítul o 2
- 96 -
blemas de aument o de em isiones de gases nocivos, congestión de
tráf ico, ruidos, etc. P or ello, aumenta n las posturas críticas c on esta
forma de crecimiento de la ciudad, y cuestionan la sostenibilidad d el
modelo, debido, fundame nt almente, a la apuesta por un uso extensi-
vo del espacio y un eleva do consumo de s u elo, con exigencias cre-
cientes en r ecursos y ene rgía (Ind ovina, 1998; Lóp e z d e Lucio, 1993;
Monclús Fraga, 1998b; Moreira Madueño, 2011; Rueda Palenzuela,
2001). A lo anterior, habría que añadir, como ya señalaran Muñiz
Olivera y García López (2013), las emisiones cada v ez mayores d e
co ntaminant es derivadas del incremento en la movilidad de personas
y mercancías; ello debido a la separación física y la distancia entre
lugares de residencia, d e producción, de ocio y de come rcio. Un
efecto de lo anter ior sería, la densificación y capilarización de la red
de transport es y comunicaciones, aunque con infrae structur as de baja
calidad, un aumento de la m ovilida d y un incremento en la emisión
de gases, ruidos, pérdida de tiempo en desplazami entos o im pactos
ecológicos (Rueda Palenzuela , 200 1) . Así, para este último autor "[…]
la ciudad difusa s e asienta sobre unos pilares falsos, o dicho de otr o
modo, insostenibles [...]" ya q ue, co ntinúa dic iend o, ésta "[...] se so s-
tiene a b ase de un creciente co ste de recursos y de tiempo, y es ra-
zonable pensar que peligra su continuidad de futuro en el insta nte
preciso q ue alguno d e los recursos manifieste su lim itación" ( ibidem ,
p. 144).
En este mismo sentido, Muñiz, Calata yud, y García (2 007) señalan que
el impacto amb iental de la ci udad dispersa s e deja sentir, fundame n-
talmente , en dos a spectos: el transporte (público y priv a do ) y la v i-
vienda, sobre tod o respect o del co nsum o energét ico. Con relación a
la primera d e las cuestion es, los autore s constata n que la dispersión
urbana dificulta la existencia de un s iste ma de transporte público
económica mente eficient e dado que
[...] impide la exist encia d e una oferta suficie nte de
transporte público porque resulta difícil conse guir el
umbral de usua rios/estación requerido y limita su de-
manda debido al elevado coste de opo rtunidad que su-
pone una lar ga distancia ent re el lugar de reside n ci a y la
estación. ( i bidem , p. 332)
Todo lo anteriorme nte señalado deriva, en la neces idad a la que se
ven abocadas las pers onas que habita n en ese tipo de asenta mientos,
de acudir al vehículo priva do como única vía p ara sus despla zamien-
tos cotidianos. Las co nsecuencia s para el medio ambiente de este
hecho son, junto con las ya apuntadas (contamina ción atm osférica y
acústica) la necesidad d e una creciente red de infraestructura s viarias,
que implican, al mismo tie mpo, gran des consumo s de suelo producti-
vo y el impacto sobre el paisaje ( ibidem , p. 330 y ss.). Por último, lo s
autore s, citando los trabajos de Newman y Kenwor t hy, apuntan hacia
la existencia de una relación directa entre la forma urbana y los hábi-
tos en el trans porte de las personas, en el sentido de que "[...] cuanto
mayor sea la densidad residencial, m enor es el g as to energético en
desplazamient os" ( ibidem , p. 333). Por tant o, a mayor grado de d is-
persión, mayor g a sto energét ico, independientement e del tipo de
transporte que se ut ilice pa ra e llo.
La cuestión d el impacto p aisají stico de este m ode lo de desarrollo,
también ha llamado la atención de otros autores, que han querido
poner de manifiesto los r esultados d e la dispersión urbana s ob re las
perifer ias de las ciuda des (Delg a do Bujalance , 2009). Para el autor,
son p al pables la d egradación y la destrucción de los paisajes p ree xis-
tente s que son sustituidos por o tro s que, s in emba rgo , provocan una
connotación negat iva. Apoyándose en los traba jos de An dreas Hil-
denbrand y Domingo Gómez Orea, Delgado Bujal ance señala que
"[...]f rente a un paisaje d e calidad estét ic amente atractivo y ecológi-
Capítul o 2
- 97 -
camente sano [...] los nuevos paisajes son p erci bidos como espacios
cada vez más insat isfactor ios" (2009, p. 107-108), y ello, concluye el
autor, "[...] debido a la pérdida d e componentes como la v e getación;
a la contaminación v isua l de las escenas d ominant es co n el emento s
de baja cali dad formal; al desorden [... ]" ( ibidem ). Por último, concluye
señalando que se trata de un proce so "[...] gene rador de un nuevo
espacio urbani zado dese structurado y s in m ás refe rencias e hitos que
los que perma necen del pasado " ( ibide m ).
Respecto de la v ivienda , la segunda de las cuestiones apuntadas por
Muñiz Olivera et al. (2007 ), lo s autores señalan que el p redominio
mayoritario del uso de la tipología unifamiliar supone i mportantes
impactos de div ersa índol e. As í, citando un trabajo de Salvador Rue-
da, los autores indican que "[...] la lista de im pactos de este m odelo
de asent amiento es larga" ( ibidem , p. 333) . En este s entido, lo s princi-
pales impactos tienen que ver co n la im permea biliza ción del suelo, el
mayor consu mo de agua, la fra gmentación d el territorio, lo que imp i-
de la adecuada im pleme ntación de corredores natur ales y, po r últi-
mo, supone una p érdida d e suelo fértil ( ibidem ). En definitiva, senten-
cian, "[...] la pretensión d e combinar las ventajas de vivir en el campo
sin renuncia r al co nfort típica mente urbano s uele saldarse con una
important e factura en ergét ica en iluminación, calefacción y refrigera -
ción" ( ibidem , p. 3 34).
Por su parte, la Agencia Europea del Me dio Ambient e considera los
impactos medioambient ales que provocan los d esa rr ollos urbanos, a
partir de cóm o afe ctan a cuat ro aspectos: 1) los r ecursos naturale s y la
ener gía, 2) las zonas natur ales y protegi das, 3) sobre el entorno rural
y, 4) sobre la calidad de vida urbana y el riesgo p ara la salud
(European Environ ment Agency, 2006, p. 28 y ss.) . Más allá de cues-
tiones más g ene rales, como las q ue apuntan al ext raordinar io incre-
me nto en el consum o de cemento, en que se pone de ejemplo a
España, donde en el p erío do 1996-2005 s e produjo un aumento del
120%, o la afección sobre el lecho de los ríos por la extracción de
gravas y arena, e ste organismo apunt a hacia otras cuesti ones im por-
tante s como el s ellado d e los s uelos, la pérdida de biodiversidad o la
afección s obre los recurs os hídricos. Obvi amente , no p asa por alto
cuestiones ya tratadas, como s on los problemas derivados d el au-
mento de lo s d es plazami entos, la reducción d el uso d el transporte
público, co n los efectos que lleva as ociado, y q ue ya han sido apun-
tados. Respecto d e las consecuencias sobre los espacios naturales y
protegid os, el organismo europeo apunta hacia la afección a es t os
espacios especialment e sensib le s, que se ven acentuadas p or la cre-
ciente mejora de la accesib ilidad a los mismos como consecue ncia
del avance d e la u rbanización; pero, además, la dispersi ón urbana
provoca la destrucción de tierras de cultivo , la fragm entación de los
bosques, o los impactos sobre humedales y otros hábitats sensibles a
la p resencia humana ( ibidem , p. 31). En relación con las altera ciones
sobre el entorno rural, la Ag encia pone de m anifie sto el i ncremento
sobre los precios d el suelo rural como consecuenci a d el avance de la
urbanizaci ón, lo que provoca un aumento de las expectat ivas u rbanas
sobre los mismos, derivan do en un pr o blema para el m ant enimiento
de la actividad rural tradic ional. En ese sentido, se señala que "[...] el
suelo debe ser protegido. Se trata de un recur so no renova ble y la
pérdida de las tierra s de cultivo tiene un impacto mayor sobre la bio-
diversidad con pérdida de valor de lo s biotopos para muchos anima-
les, esp ecialment e p ara lo s pájaros " ( ibidem )
36
. Por último, con rel a-
ción a las incidencias sobre la calidad de vida y lo s riesgos p ara la
salud, lo s autores d el informe apuntan hacia lo s y a citados por otras
investigaciones (contamin ación del aire por gases nocivos, conta mi-
nación acústica, etc.), a los q ue se añaden los r iesgos que para las
36
Traducido del original en inglés.
Capítul o 2
- 98 -
personas tienen los fenómenos atmosfér icos derivados del cambio
climático.
En resumen, d e lo expres ado hasta este punto con relación los efec-
tos de tipo medioa mbient al de los procesos de dispersi ón urbana,
parece que existe un cierto co nsenso entr e todos los trabajos consul-
tados. Así, la mayor p arte de ellos, apunta rían hacia las consecuencias
negativas derivadas d el aument o d el uso d el trans porte en vehícu lo
privado frent e al de carácter público ; ello redu ndaría en unos m ayo-
res niveles de conta minación atmosfé rica, tant o por el aumento de
gases nocivos p ara la salud como p or el increment o de los niveles de
ruido. En segundo lugar , destacan las consecue n cias perjudiciale s
derivadas de la p érdida d e suelo, en alg unos casos, de alto valor
agrológico y producti vo; a esto ha bría que a ñadir el e fecto del sella do
del suelo por la urbanización, o la contaminaci ón de los acuíferos,
especial mente lo s subterr áneos, algo que se deja notar de m aner a
especial mente notable en lo s ámbitos de origen ilegal. A continua-
ción, se ponen de manifiest o también los i mpacto s sobre las zonas
natur ales y las áreas p rotegidas, afectando de m an er a singular a los
ecosistema s y hábitat s de especies animale s y vegetale s sensibles a la
pr esencia humana , en esp ecial de las aves. Y, por último, p ero no
menos importante, un buen núm ero de trabajos d e stacan la afección
que produce sobre los paisajes, alg unos de ellos de alto valor natural
y cultural, este mod elo d isper so de desarrol lo urbano. En este senti-
do, serían los asentamientos de carácter ilegal, los que incidirían de
una manera especialmente negativa s obre el p a isaje, dada la falta de
control administrat ivo sobre la calidad constructiva d e las edificaci o-
nes, co ndicione s de volumen, implantación, etc. tan caracte rística d e
estos ámbito s.
2.2.4.2 Los efectos económicos
Por su p art e, los impactos de tipo económico asocia dos al modelo de
urbanizaci ón dispersa, si bien no tan evidentes como los ambienta les,
también resultan co nstata bles de una forma más o menos inmediat a.
En este sentido, p ara Muñiz Olivera y García Lóp ez (2013), apoyándo-
se en los trabajos de Anas, Arnott y Small (1998), Brueckner (2000) y
Wassmer (2001), este modelo d e ase nta mientos "[.. .] no solo tiene
impactos s ociale s y a mbienta les, sino que es un modelo de oc upa-
ción d el suelo económica mente ineficiente" (p . 190); y no solo por los
altos nivele s d e co nsumo de suel o (Bertran Castellví, 2007, p. 117) ,
sino también, porque "[...] lo s promot ores inmobili arios no int erna li-
zan los costes públicos y externalidades propias de un m odelo resi-
dencial de baja densidad" (Muñiz Olivera y García López, 2013, p.
190). Los autore s analiza n estas cuestio nes desde diversa s p erspecti -
vas, algunas de co rte econom icista , en las q ue no parece oport uno
pr ofundi zar aquí. Otras, sin embargo, resultan de sumo interés para
los objetiv os d e esta investigación; como . por ejemp lo, las q ue apun-
tan a que "[. ..] el coste público y privado de una vivienda en un en-
torno urbano co mpacto [. ..] es menor que el de una vivienda unifa mi-
liar ados ada o aisl ada" ( ibidem , p. 323). Pero, además, algo similar
ocurre co n respecto a lo s co stes d e m ante nimie nto de unos y otros
ámbitos. Así, los autores seña lan que "[...] lo s costes públicos de man -
tenimient o (a gua y s anea miento, alumbrado p úblico, urbaniza ción
pública, limpieza pública y transporte público) po dían llegar a ser
hasta 7 veces mayores" ( ibidem ); unas cifras lo suficiente mente signif i-
cativas, como para disuadir a cualquier administración local de pro-
mocionar este modelo d e asent amientos, frente a ot ros más densos y
compact os. Per o, a demás, a lgo similar, aunque co n dife rencias más
matizadas, ocurriría con "[... ] los co stes p riva dos de mantenimiento
Capítul o 2
- 99 -
(calefacción, c onsumo de agua , electricidad, seguri da d, limpieza) [que
son] del orden de 2 veces mayores" ( ibid em ).
Es con respecto a la p rimera cuestión tratada, en l a que los autores
ponen un especial acento. En este sentido, añaden que "[...] garanti-
zar un determinad o nivel d e servicios públicos en las áreas dispersa s
implica unos costes supe riores a los correspon dientes para un área
compacta y densa" ( ibide m , p. 327). No obst ante , a pesar de que se
tiende a pensar solo en los sumini stros de serv icios más básicos
(agua, electr icidad o transporte público), existen otros much os que, si
bien no en las etapas inic iales del proceso urbanizador, irán hacién-
dose más import ante s con la paulatina co nsolidación d el asentamien-
to, cobrando especia l relevancia. De esta forma, los resident es en
estas áreas comenzarán a requerir de la admi nistr ación s u equi para-
ción con el resto de "bar rios" de la ciudad, fundamenta lmente, en
cuanto al nivel de p resta ción de servicios público s como c oleg ios,
centros de salud, recogida de basura s, guardería s, etc. Es en este
punto, donde rea lmente se pone de manifiesto la insosteni bilidad de
este modelo de asenta mient os urbano s, dado que, como s eña lan los
autore s que se vienen citando , "[... ] solo es posible cumplir co n unos
estándar es aceptables en l os servicios [...] de dos formas" ( ibidem ). La
primera que se apunta , es la de con centr ar la mayor p arte de los
servicios para dar soporte a una población extensa, lo q ue conlleva
unos altos costes de transporte. La segunda, implicaría localizar los
servicios y dotaciones con los m ismos criter ios de proximida d que se
realiza en el resto de la ciudad concent rada, co n el sobr ecoste que
ello supone ( ibid em ).
En un trabajo reciente, que tiene como objetivo el aná lisis de los cos-
tes de la dispersión urbana p ara las adm inistr acione s locales (Gielen,
2016), se constatan d e m ane ra empírica algunas de las cuestiones
citadas anteriormente . En este sentido, el autor es c ategórico al s eña -
lar que, tras los análisis llevados a cabo durante la investigación, aun-
que hayan sid o referidos solo al ámbito de la c omunidad valenciana,
los resultados apunt arían a q ue la "[...] ciudad dispersa aumenta el
gasto p úblic o de la Administra ción Local, generando un incremento
considerable en el g asto corriente y en el co ste unitario de los servi-
cio s públicos locales" ( ibidem , p. 228). La cuantificación del citad o
aumento del coste de los servicios se realiza a partir de su compara-
ción respecto d el índice de dispersión d efini do por el autor ( ibidem , p .
128 y ss.), lo q ue le permite establecer que el aumento de un punto
respecto de dicho índice, supone un incremento de entre el 21,5 y
24,2% d el g asto corriente del municipio ( ibidem , p . 228). Dicho in-
cremento del g ast o no se comporta igual en t odos los munic ipi os
(<1.000 hab., de 1.000-5.000 hab. y >5.000 hab.), ni tampoco es simi-
lar para todos los servicios , sino que, b ien al contra rio, s e puede d ecir
que ha y uno s que son más sensi bles que otro s a la d ispersi ón ( vid .
tabla 2.01). Así, por ejemplo, donde más se ve incrementado el ga sto
conforme aumenta el nivel de d ispersión, sería en lo s que están rela-
cionados con la recogida de b asura s, saneamiento, abastecimiento
de agua y parques y jardine s. To do ell o conll eva que, para el territo-
rio de esta comunidad au tónoma, la d ispersión urbana p uede supo-
ner "[...] un incremento del 13,4 al 28,4% d el gasto corriente total
(entre 478 y 1.013 millones de euros)" ( ib idem ); cant idades, desde
luego nada, des deñables.
El tra bajo también revela que estos incrementos de cos te en la pres-
tación de Servicios Públicos, no se p roduce n de m ane ra lineal en
todos los municipios de la región, sino que son aque llos do nd e, ade-
más del factor de la dispe rsión ur bana, se suma una deter minada
forma en el uso de la edificación. Así, los munici pios do n de más s e ve
increment ado el gasto son en los del litoral, a los que le siguen "[...]
los munici pios dor mitorio s de las áre as metropolit ana s de las tr es
Capítul o 2
- 100 -
capitales de provincia" ( ibidem , p. 230); es d ecir,
aquellos don de el uso de la v ivien da no es con-
ti nuado, ya s ea el pura mente vacacional d e se-
gunda residencia, o b ien, el d e los com ún mente
conocidos como commut ers . O, como más grá-
ficamente lo s d eno mina Muñoz Ramírez , territo-
riantes (2006, p. 246).
Algunas de las cuestiones q ue s e vienen tratan-
do en los párrafos precedent es, también han
sido objeto de análisis por organismos del ámbi-
to comunitario. En un estudio de mediados de
los años dos mil, la Agencia Europea d el Medio
Ambiente p onía d e manifiesto los impactos de
tipo socio-económico asociados a los procesos
de desarrollo urban o que se venían prod uciend o
en Europa en los último s años (European
Environment Agency, 2006, p. 3 5 y ss.). Bien es
cierto que en dicho traba jo no se co nsidera ban
de manera independiente los impacto s econó-
micos, y que se daba cierta importancia a los de
orden so cia l, lo s cuales serán ob jeto de com en-
tario en el apartado siguie nte. Con todo , el do-
cumento identificaba tres aspectos q ue supone n
un mayor coste d es de el p unto de vista econó-
mico para la g esti ón de los municipios caracte ri-
zados por tener un model o de desarrollo disper-
so. Así, apunta, en p rimer lugar, al increment o
en el gasto para los hogares derivado de las
necesidades d e desplaza mientos cotidianos; en
segundo lugar, señala los costes que conlleva la
Ta bla 2.01: Relación entre los increme ntos del gasto de la dispersión ur bana en función del ta maño del
municipio para lo s municipios de la Co munidad Valencia na.
Fuente: Gielen, 2016, p. 229.
Capítul o 2
- 101 -
congestión del tráfico rodado derivado de un inef iciente transporte
público; y, por último, d iri ge su atención hacia el incremento del gas-
to público en la extensión de las infraestr u ctura s urbanas, a lo s que
habría que añadir los Servicios Públicos ( ibidem , p. 36). Con relación a
esta última cuestión, el organis mo euro peo a dvierte que "[...] la ex-
pansión urbana inhibe el desarrollo del transporte público y de las
soluciones basadas en la impleme ntación de sistem as de transporte
masivo" ( ibidem ), a lo que habría que añadir la d ificultad para la "[...]
provisión de alterna tivas de tra nsporte que son es enciale s para ga-
rantiza r el funcionamiento eficiente d e los ento rn os urbanos" ( ibi -
dem )
37
. Por otro lado, a partir del trabajo de Burchell et al. (1992), el
documento constata algunas de las cuestiones ya tratadas, com o el
hecho de que los desarrollos di spers os llevan apare jado un mayor
consumo de suelo (entre un 20 y un 45%), la necesidad d e entre un
15 y un 2 5% más de red v iaria; y, por el contrario, adoptar m odelos
más compactos supone un ah orro de entre el 7 y el 15% en lo s servi-
cios de abaste cimient o de a gua y alcant arillado ( ibidem ).
Algunas de e stas mismas cuestiones, ya era n apuntadas por el docu-
mento de la Comunidad d e Madrid coment and o en apartados ante-
riores (Comunidad de Madrid, 1984b). En él se destaca que, junto co n
las conse cuencias ambie nta les ya se ñaladas, se constata que "[... ]
estas parcelaciones gener an ya innumerables pro blemas en la gestión
de lo s servicios públicos municipales" ( ib idem , p. 10 2), lo que necesa-
riamente ha de d eriva r e n im portante s inversi ones que d eberán ser
acometida s por los Entes Locales. Y no solo en cuanto a la provisión
de los propios Servicios Públic os, sino que, una vez implanta dos es-
tos, la localización dispers a po r el territorio de los ase ntamientos s u -
pondrá "[... ] un elevado coste de mante nimiento de los mismos" ( ibi-
37
Traducido del original en inglés.
dem ). Aunque, tal vez una de las cuestiones más reve ladoras hacia las
que s e apuntan, sobre todo por el m om ento tan temprano en que se
producen - año s ochenta-, es la que p one de man if iesto que "[...] es
una experiencia constatada que la dispersión, alejamiento y deficien-
cia de las infraestr ucturas existentes en estas u rbaniz aciones ya se han
convertido en la actualidad en demandas s ociale s acucia nte s" ( ibi-
dem ). Es decir, ya a p rin cipios de los a ños ochenta se estaba previ-
niendo sobre la co múnment e conocida como polític a de hechos co n-
sumados, por la cual, a nte una realidad exi stente , en este caso urba-
nizaciones ile gales surgida s al mar gen del ordena mient o jurídico y del
planeamient o urbanístico, la presión social obliga ría a la adminis tra -
ción a dar una respuesta a lo s ve cinos que son tratados d e manera
discriminatoria res pecto del resto de los habitant es, estos sí, de la
ciudad or denada. En est e s entido, el docu mento advierte sobre lo
que supondría "[...] el costo a d istri buir entre todos los b ene ficiarios
de los servicios - incluid os los resi dentes d e los cascos urbano s - la
recogida d e basuras d e urbanizaciones ilegale s alejadas d e los nú-
cleos urban os [...]", a lo que habría que añadir "[...] la d emanda y es-
tablecimiento de s uminist ros de servicios genera les -traída d e agua,
alumbrado público y alcantar illado - y el elevado costo de su mante-
nimiento, e tc." ( ib idem ).
Por último, también se pone s obre la mesa una últi ma consecuencia
de componente económic a, ésta asociada a la creación d e expectati-
vas urbanísticas de los suelos colindante s con los ya urb anizados. Esta
situación provoca problemas en dos direccione s: por un lado, por el
abandono de las labores de cultivo por parte de los agricul tores en
espera de su venta como simples solares ; y, en segundo lugar, por-
que el abandon o de los cultivos tradicionale s "[...] induce irremedia-
blemente a su degradación (erosión, incendios, vert ederos, etc.) pro-
pagando el deterioro medioa mbiental como una mancha d e aceite"
Capítul o 2
- 102 -
( ibidem ). Por últi mo, se a dvierte que los impa ctos de este tipo no
afecta n p or igual a todos los ámbit os g eo gráficos, siendo por el con-
trar io más acusados en los suelos de las v egas, dado que en esos
ámbitos ade más de "[...] la simple red ucción d e suelo agrícola de
regadío [se produce] la g ener ación de procesos de sustitución de
cultivos hortícolas p or otros intensivo s d e menor valor añadido" ( ibi-
dem , p. 50, nota a l pie núm. 22 ).
2.2.4.3 Las implicaciones sociales
Por último, es preciso analizar algunos d e los aspec tos de tipo social
relacionado s co n los procesos d e dispersión urba na. Es, t al vez, la
cuestión m á s difícil de estudiar , toda vez que implicar ía ind agar sobre
determina dos aspectos de la vida cotidiana de las personas que habi-
tan estos ámbitos, para lo cual, se r equeriría recurrir a técnicas y mé-
todos de investigaci ón costosos, tanto d es de el punto d e vis ta tem-
poral como económico, y q ue escapan d el alcance de la presente
investigación.
Con todo, la existencia de algunos trabajo s q ue han abordado esta s
cuestiones, aunque haya sido de m ane ra ta ngencial, permite hacer
un acer camiento a esta dimensión del fenómeno. En este sentido,
Muñiz Olivera y García López (2013), citando los tra bajos de Burchell
et al. (1998), Po wer (20 01) y Downs (1999), s eña lan que "[...] existe un
elevado consens o sobre lo s costes que compo rta la dispersión ur ba-
na" y, entre ellos, "[...] desde un punto de v ista s oci al, [cabría] desta -
car lo s pr oblemas de segre gación y limita da movilid ad de los colecti-
vos con menor renta" (2013, p. 190) . Por su parte, y como se m ostr a-
ba más arriba, la Agencia Europea del Medio Ambie nte trat aba los
impactos de t ipo social as ociados a lo s económi cos. De esta forma, es
posible mostrar algunos de carácte r puramente social, entre los que
destacaría n, junto con lo s más evident es de segrega ción es pacial, los
de segregación s ocial (Europea n Environment Age ncy, 2006, p. 35 y
ss.). En este se ntido, el documento apunta a que ésta se manifiesta ,
además, por grupo s sociales o por niv eles de ingresos econó micos, lo
que co nlleva un incremento de las divisiones sociale s según dich os
parámetr os. Junto a e sto, se informa d el ries go p ara sectores de la
población cuya movilidad está lim itada (personas mayores y jóvenes),
lo cual dificulta y reduce la interacción social ( ibidem , p . 35). En esta
misma línea se manifiestan M uñiz Olivera et al. (2007) cuando dicen
que en el modelo de ciudad d isper sa, "[...] al funcionar sobre un mo-
delo de movilida d basado en el uso del tran sporte privado, limita las
posibilidades de aprovecha r l o que ofrece (ofertas de empleo, ofe rtas
lúdicas, etc.) a las per sonas con un a m ovilidad limita da" (p. 329) .
Como se viene indicando en diversos punt os de este capítulo al gunos
de los atributos que se asoci an al co n cepto de ciudad tienen que ver
con la d ensi dad edificatoria y de persona s, y co n la compl ejidad fun-
cional (Escolano, 2 007, p. 104). Este último as pecto es una cuestión
nuclear para a utores como Rueda Pa lenzuela (1998) , para quien
[...] el sistema urba no actual , que si gue el modelo an glo-
sajón de conurbación dif usa, t iene tendencia a aumentar
la complejida d del conjunt o de la ciu dad [...] cons u-
miendo ingentes canti dades de energía y otros rec ursos
naturales como suelo, materiales , etc., si n obtener u n
aumento de la compleji dad equivalente a la cantida d de
recursos con sumidos. (p. 10 1)
Es decir, para este autor, el modelo de dispersi ón urbana no consigue
equilibrar la b alanza entre el consumo de recurso s de todo tipo y
construcción de ciudad . En este sentido, Rueda Palenzuela añade q ue
"[...] queda cl aro que los propósito s que guían la construcción d e la
ciudad actu al no tie nen como priori dad el aume nto de la com plejidad
Capítul o 2
- 103 -
de la ciudad, es decir, aumentar la probabil idad de contactos, inter-
cambios y comunicación", unos atributos que, por lo demás son "[...]
la esencia d e la ci udad y a la que tendría q ue g uia r su construcción
[...]" ( ibidem ). Junto a estos, la existencia de una adecua da red d e
espacios público s, fundame ntalment e calles dotadas d e espacios p ara
el peatón
38
, p arques públicos y p lazas, hace que se fomente la socia-
bilidad, como uno de los principales atributos d el individuo, aunque
ambos términ os p rese nten una cierta co ntr adi cción entre sí. La exis-
tencia de una determinada masa crítica de personas habitando un
espacio, que ofrezca la oportuni dad para interactuar entre sí, suele
llevar aparejado la aparición de cód igos de cond ucta que algunos
han dado en llamar urbanidad , y q ue derivan en la aceptación "[.. .] de
lo nuevo y convivir con lo diverso, en definitiva, tolerar al otro " (M uñi z
Olivera et al. , 20 07, p . 3 30) . Lo co ntra rio, la existencia d e barrer as,
vallas, segregación es pacia l, inexistencia d e espacio público, de lug a-
res de reunión, etc. supone la deriva hacia territorios poco s oste nibles
en té rminos sociales (Mon tane r, 200 6, p. 358).
Algunos de los rasgos que se han destacado d e los asen tamientos
asociado s al modelo de urb anización dispersa, son los que tienen
que ver co n la monofunci onalida d y la segregación espacial, caracte -
rísticas con sustanciale s al propio modelo. Por otro lado, en muchas
de las urba nizaciones de segunda resi dencia su rgida s en las eta pas
iniciales del m odelo, además de lo s anteriore s, hab ría q ue añadir la
inexistencia d e espacios públicos (al menos de parque s y plazas),
junto con el mal estado del v i ario, la mayor p art e d e los casos caren-
tes de acera dos para peatones. A todo ello, se tendr ía que sumar, la
carencia de edificios y dotaciones públicas que facilite n las actividades
38
Este es un aspecto de suma im portancia, dado que, en la práctica totalidad de las
parcelaciones ilegales, uno de los problemas que se plantean es la inexistencia de
espacios para la circulación peatonal segura de las personas
comunitar ias. Las cuestiones apunta das reforzar ían determinadas
conclusione s a las que llegaban algunos de los trabajos comenta do s
más arriba; en concreto, respecto d el aislamient o personal, la segre-
gación social, los p roblem as de m ovilida d d e un am plio s ect or d e las
personas que habitan eso s esp ac ios, etc. Por ello, no es extraño que
en el trabajo coordinad o por Zaida Muxí (2013) bajo el nombre de
Postsub urbia: rehabilit ación funcio nal de las urbanizacio nes monof u n-
cionales de baja densidad , cuatro d e las cinco líneas estrat égicas re-
sultante s del mismo v ayan dirigidas a m ejorar alguno de los aspectos
ante s señalados. La prim era , habría de encaminarse a fort alecer las
redes de proximidad ; la segunda, tiene como objetivo fortalecer la
mezcla fís ica y s ocial ; la tercer a se dirig e hacia conse guir garantizar la
vida c on autonom ía ; y, por último, la cuarta línea es trat égica se pro-
pone fortalec er el sentid o de pertenencia y com unidad ( ib idem ).
En d efinitiva, de lo expuesto hasta aquí, se p odría inferir que, para
corregir algunos de los p r obl e mas consustancia les a este modelo de
ex tensión d e la ciudad, es impres cindible actuar s obre aquellos ele-
mentos que facilitan el contacto entre lo s usuarios de este tipo d e
asenta mientos. Y no solo en el interior de los mismos, sino también
con el resto de urbanizaciones y con la ciudad. En este segundo ám-
bito, parece imprescin dible garantizar la movil idad de los grupos s o-
ciales que mayor d ificulta d tienen p ara los des plazamient os (fun da-
mentalment e mayores y jóvenes), posibilitando así su mayor integra-
ción social. Por tant o, la existencia de una adecuada red viaria, dota-
da de itinera rios peatonale s accesibles, a los que habría que añadir la
construcción d e p la zas y pa rque públicos q ue faciliten la intera cción
entre lo s habitante s de es tos ámbitos, es una cuestió n nuclear en la
integración de l os mismos a la ciudad or denada y p lanif icada.
Capítul o 2
- 110 -
Por otro lad o, al gunos a utores p onen el énf asis en que se tr ata de
procesos modernos que se asocian a la aparición de diferente s térmi-
nos como el d e periurba nización o r ururbanizaci ón, vi nculados a su
vez, con otras expresione s c omo las de aglomeración ur bana o re-
gión urbana (Zoido Nara njo et al., 2013, p. 384 - 385). Todo ello, conti-
núan señalando, aus piciado por la generalización de determinados
medios de transporte , co n especial incidencia del vehículo particular,
el cambio en las prefere ncias del tipo de vivienda, con el pr edomini o
de los modelos un ifamilia res aislados y, p or últim o, la búsque da de
entornos más salu dables y a precios más ase quibles de la habita ción,
si n olvidar el auge y consolidación del fenómeno de la segunda resi-
dencia (Zoido Nara njo et al., 2013, p. 384 - 385; Pujad as Rúbies, Prats
Boned, y Coll Noguera , 2006). Por su parte, p ara Lóp ez Trigal (2010 )
los términ os c i udad difusa y ciudad dispersa s on sinónimos, de hecho,
aparece n junto con el de ciudad desparra mada en el título d e la en-
trada (p. 101). Este autor coinci de en su mayor parte con lo s eña lado
por los anteriore s aunque, como se puede intuir, utiliza co mo si n óni-
mos concepto s que, al menos p ara Font Arellano (2007a ), no lo son.
En todo caso, López Tri gal dest aca tamb ién la prolifer ación de urba-
nizaciones en la s p erifer ias de las ciudades, fruto, s obre todo, de la
genera lización en el u so de l automóvil pri vado.
En todo caso , el concepto de ciudad difusa , a pesar de que no siem-
pre se haya utilizado en esos términos
44
, alude a u na forma d e ocu-
correcta correlación entre la densi dad edificatoria y los costes de urbanización y
beneficios para sus promotores (Unwin, 1984, p. 1- 2) .
44
El término ci udad difusa ha tenido una especial relevancia en cuanto a su uso
desde que fuese acuñado por Frances co Indovina en 1990, aunque no siempre se
haya utilizado en el sentido que el autor le dio en origen. En un t rabajo posterior,
el propio autor advierte de este extremo al señalar que "[…] desde la década de
1990, y de forma totalmente indebida, se viene llamando ciudad difusa a todo ti-
pación d el territori o, más que a una morf ología del cre c imiento ur-
bano (Indovina, 200 4, p. 49), por lo que no parece muy acerta do
equiparar lo co n el d e di spersión urbana, por más q ue entre ambos
haya una indudable relación (Font Are llano, 2 007a, p. 98). Con re s-
pecto a estas consideraciones, en un trabajo posterior Francesco
Indovina (2007a) avanza en el análisis de la configura ción de nuevo s
escenar ios ter ritoriales y para ello utiliza e l término m etr opolización ,
ente ndido como:
[…] la tendencia a la inte gración de var ios conj untos ur-
banos e incluso de t erritorios de urba nización dif usa (sea
cual sea la form a de e sta difusión ). U na inte gración
completa que incluye las act ividades económic as, las re-
laciones sociales, las activ idades relacion adas con la "vi-
da co tidiana", la c ultura, etc. Los territorios (ca racteriza-
dos por varias mo dalida des de organización de la an-
tropización) se hacen f uncionales para conseg uir, a un-
que volveremos sobre eso más tarde, o bjetivos de efi-
ciencia, para llevar a ca bo es trategias de desarrollo y ga-
rantizar mejo res co ndiciones de vi da de l as poblaciones
asentadas. En resumen, se a delanta la h ipótesis de q ue
los procesos de difusión, dis persión te rritorial de pobla-
ción, activida des y servicio s no constituye n ni la pre misa
ni la bús queda de u na autono mía de los mismos territo -
rios o conjuntos, sino m ás bien una for ma difere nte y
más amplia de co nstruir in terrelaciones e inte rdepen-
po de urbanización del campo de cierta envergadura" (Indovina, 2007, p. 18 ) .
Algunos trabajos que lo han utilizado son, a modo de ejemplo Cebrián Abellán,
2007, 2013; Czerny, 2010; Fernán dez García, 2003; Hernández Luis, 2011;
Mangada Samaín, 201 5; Mayor Farguell, 2007; Méndez García y Ortega
Montequín, 2 013; Nel·lo i Colóm, 1998; Rodríguez López, 2015; Rueda Palenzuela,
2007; Toro Sánchez, 2011.
Capítul o 2
- 111 -
dencias. Una fo rma diferent e de producció n de "ci uda-
des", de una nueva ciudad. (p. 22 )
Finalmente, el Dictionar y of Human Geography d efi ne el s prawl insis-
tiendo también en los aspectos de la dis persi ón aludidos por los au-
tores anteriores, a los que aña de la baja densidad, una cues tión que,
por otro lado, es obviada por el resto. Sin emb arg o, son muchos los
textos en lo s que ambos co nce ptos se utilizan como s inónimos,
cuando de hecho no lo son (Font Arellano, 2007a, p. 97) , circunstan-
cia q ue ha co ntribui do a alimenta r la confusión a la hora de co nce p-
tualizar lo s procesos que se vienen ana lizando. En esta idea también
coinciden Muñiz Olivera y García López (2013) q u ienes, citando pala-
bras de Audirac, Shermyen y Smith, (1990) y Kirby, (2000), s eñalan
que “[…] el tér mino urban sp raw l ha demostrado ser extremadamente
elástico, utilizándose para caracterizar fenómenos de expansión ur -
bana de m uy d ifer ente naturaleza” (p. 191)
45
. Por este motivo, hab ría
que establecer una cl ara d ifer enciación entre los fenómenos que s e
desarrollan en la m ayor parte de las ciudades de Estados Unidos,
donde se equipara “[…] con cualesqui era de las formas q ue p ue da
adoptar el crecimiento de una ciudad”, de lo q ue sucede en el co n-
texto europeo (Muñiz Olivera y García Lóp ez 2013, p . 190) . De igual
modo, para la Agencia Europea del M edio Ambiente el co ncepto
sprawl pone el acento en las connotaciones negativa s del fen ómeno,
entre las que destaca la creación de es pacios fra gmentados, p oc o
ordenados, sinónimos de una d é bil p lanific ación (European
Environment Agency, 2006, p. 6) . En este sentido, resulta muy i ntere-
sante la idea q ue señala es te documento cuando define el Urban
Sprawl como “[…] sinónimo del aument o del desarr ollo urbano no
45
En una public ación anterior, alguno de es tos mismos autores ya venían advirtiendo
del, según ellos, uso incorrecto del término dispersión urban a (Muñiz Olivera et
al., 2007, p. 309 y ss.).
planificado, caracterizado por la m ez cla de uso s del s uel o de baja
densidad en la perifer ia d e las ciudades” ( ibidem , p. 5)
46
, ya que per-
mitiría vincular di cha definición c on las parce laciones y urbanizaci ones
ilegales. Eso, con indepe nd en cia de que sea más que cue stiona ble
que se trate de una definición acerta da p ara este t érmino, dado que,
de ser así ¿qué encaje conceptual tendrían los crec imientos urbanos
que fue ran planif icados y, además, di spers os?
Por s u parte, García Col l y López Villanueva (2017) asimilan el sprawl
con dispersión residencial (p. 727) a la v ez que utili zan el concepto de
urbanismo disperso como sinónimo de este, definiénd olo como “[…]
la modalidad de crecimient o m etr opolitano que realiza una ocupa-
ción extensiva del suelo” ( ibidem , p. 730). Sin embargo, esta forma de
crecimiento de los núcle os u rbanos no solo se pro duce e n el conte xto
metropolita no, sino que puede d arse, com o de hecho se da, fuera d e
éste. Por otr o lado, tampoco parece acert ado v inc ular directament e
baja densidad de población con el urbanismo disperso ( ibidem ), dado
que es perfecta mente factible la existencia de núcleos dispe rsos con
altas densida des de población.
Resulta especialmente intere sante la doble acepción del término que
se d a en cuanto a la existencia o no de planea miento urbanístico, en
el sentido de que hay aut ores que asocia n este fenóm eno con su
inexistencia, mientras que par a otros, por el contrario, son las política s
ll evadas a cabo po r los gobiernos, junto con otras circunstancias, las
que habrían contribui do a l desarrollo de esta forma d e expansión d e
la ciudad (Gregory et al., 2009, p . 71 9). Finalmente, se insiste también
en la id ea de q ue este tipo de desarr ollos urbanos comportan un
elevado coste (Muñiz Olivera y García Lóp ez, 2013, p. 190), a lo que
habría que aña dir su co nt ribución a la creación d e paisajes fra gmen-
46
Traducido del original en inglés.
Capítul o 2
- 112 -
tados y banales, además de estar asociados a graves pe rjuicios en
cuanto a la pérdida de tierra s de cultivo o al aumen to de la contami-
nación po r el exceso del u so de automóvil p ri vado (Gregory et al.,
2009 , p. 719). En d efinitiva, respecto de estos tér minos, se puede con-
cluir q ue es cuando menos arriesgado, si no incor recto, asimilar con-
ceptos como los de ciuda d difusa , dispersión urbana , urban sprawl o
urbanización dispe rsa . En determina dos casos, como en el de c iudad
difusa y urban sprawl porque s on conce ptos que se p ropusie ron para
denominar procesos concr etos e n contextos, tanto espaciales como
socioeconó micos y demográf icos muy específicos, por lo que su ex-
trapolación a otros e scen arios debe hacer se c on la s cautelas y pre-
venciones necesarias. En otros, como la asimilación entre ciudad difu-
sa y dispersión urbana o difusión urbana , porque, co mo se ha creído
haber confirmado en los párraf os precedente s, o bedecen y describen
fenómenos y procesos d iferent es.
Muy relaciona do con los términos ante riores esta ría el de suburbio ,
concepto que, por otro la do, tiene acepciones muy diferent es de-
pendien do de si se lo sitúa en el co ntexto anglosajón
47
o, por el con-
trar io, en el iberoamericano. Así, frente a la concep ción peyorativa
que se d a al término en el contexto español y en gran p art e de los
países latinos en la actu alidad, generalment e asocia do a los b arrio s
de las clases sociales más desfavoreci das, con malas condiciones ma-
teria les y escasez de servicios e infrae structur as y, por tanto, muy
próximo al conce pto de urbanizaci ón marginal descrito en párrafos
precedente s. Sin e mbargo , ni en su origen, ni en el ámbito anglosa-
jón, tienen este s ignifica do (Zoido Naranjo et al., 2013, p . 360). Para
Stern et al. (2013) la palabra suburb pr o cede del latín suburbim , p ro-
47
Un ejemplo interesante del significado de este término en las ciudades de Estados
Unidos se puede ver en ( P. Hall, 1996, p. 286).
bablement e incorporado al inglés moderno previo p aso por la pal a-
bra suburbe del francés ant iguo (p. 17) y, en este sentido, el término
aludiría a todos aquellos barrios constru idos fuera d el recinto amura-
llado d e las ci udades. En la actualidad, el subu rb sirve p ara identificar
los b arrios de las cl ases medias y altas localiza dos en la p erife ria de la
mayor parte d e las ciudad es anglosaj onas, fenómeno asociado, a su
vez, a otro m ás general, e l de la suburbaniz ación, que toma su nom -
bre precisamente de éste (Johnston et al., 2000, p. 526). Si n embargo,
no opina lo mismo Sorribes i Monra bal (1983 ) para quien la suburba-
nización, asocia da al té rmino suburb de la cultur a anglosaj ona, y al
término segunda residenc ia “[…] mucho más conocid o en nuestro
ámbito cultural” (p. 18, nota a l pié), vendrían a ser sinónimos. Así, el
primero, ha de ser entendido como “…el proceso de crecimiento ur-
bano basado en el desarrollo en la periferia de las principales ciuda-
des de un hábitat de bajas densidades, a menudo a base de viviendas
unifamiliare s ” (p. 18, nota al pié), mientras que el segundo intro duciría
el m atiz de la “[…] ocupaci ón temp oral con fines de descanso y diver-
sión” ( ibidem ). La relación, que no asimilaci ón, entre ambos fenó me-
nos, también ha sido puesta de manifiesto por Ortega Valcárcel
(1975) para q uién, citando a Clout, (1972; 1974) la suburbanización,
ente ndida co mo “[…] el desbordamient o d e la ci udad por su con-
torno” (p. 15) estaría estrecha mente relacionada con la generalización
del fenómeno de la se gunda re sidencia.
En p aíses como Canadá, Estados Unidos o Australia , este tipo de
asenta mientos urbanos fueron co nce bidos como “[…] un paisaje resi-
dencial privatizado y dep endiente d el automóvil, en el que vive un
grupo homogéneo d e familias blancas de clase media” ( ibidem ); as-
pectos estos critic ado s por alguna s ramas de la g eo grafía po r sus
consecuencia s negativas par a cuestiones como el acc eso de la mujer
al mundo laboral, la pérdida de i dentida d, etc. ( ibidem ). Pese a l o
Capítul o 2
- 113 -
ante rior, concl uyen los autores, el concepto pr esent a cierta co ntro-
versia en la actualidad, máxime cuand o la tip ología d e suburbios ha
evolucionad o hacia modelos mucho m ás heterogéne os desd e todos
los p unt os de v ista, tanto en lo q ue se refiere a su conexión física
hasta las tipología s edifica torias p asand o por los grupos soci o eco-
nómicos y demo gráficos que los habitan ( ibidem ). Por último, el tér-
mino suburbanizat ion (Gr egory et al., 2009, p. 731) hace referencia a
un “[…] proceso media nte el cual las pe rsonas, la vivienda, la ind ustria,
el comercio y el comerci o minorista se extienden más allá de las área s
urbanas tradicionales, formando paisajes dispersos q ue todavía están
conectados a las ci udades me diante mo vi mientos pendula-
res”( ibidem )
48
.
A pesar de las similitudes que se pueden establecer entr e el concepto
de suburbio, sobre todo en lo que tiene que ver con la id ea del asen-
tamiento urbano para uso mayoritariame nte residencia l, generador
de paisajes dispersos y que encierran tipologías edificat orias de b aja
densidad, entre otras cuestiones, son evidente s también las diferen-
cias respecto de los fenómenos an alizados en la present e investiga-
ción. Tanto en la g éne sis d e estos, com o en otros muchos a specto s,
que irían desde los puramente morfológic os y funcionales, hasta los
socio-económ icos y d e mográficos, y que se detallará n en el apartado
siguiente, los ele ment os que separan a unos y otros procesos s on
sustanciales.
El concepto de segu nda residencia ha aparecido en varios d e los tex-
tos analizados hasta el m o mento y, pese a ello, so lo es co nsider ado
como términ o independient e po r Zoido Naranjo et al. (2013, p . 346 -
347) y por López Trigal (2010, p. 326). El interés por analizar lo se sus-
tenta en que se t rata de un fenómeno que algunos autores han v in-
48
Traducción del origi nal en inglés .
culado m á s o men os directa mente con los pr ocesos de parcelaci ón
ilegal
49
(entr e otr os, Ber tolín C orbatón, 1983; COPLACO, 1981;
Comunidad de Madrid, 1984b; Ram í rez, 1983; Sanz Díaz y Ibars i
Montero, 1983; Sorribes i Monrabal, 1983; VV .AA., 1983) . Para Z oido
Nara njo et al. (2013), la seg unda residencia existe en Europa desde la
Antigüeda d, aunque, y a refer idos a España, será a p art ir d e los años
sesenta del siglo pasado cuando se produce su mayor difusión aso-
ciada al contexto ec onómico desarr ollista, a la mej ora de la red de
carre teras y a la generalización del uso de automóvil privad o (346 -
347). Pero, además, añaden los autores, muchos de lo s sectores de
segunda residencia “ [ … ] nacie ron en p lena ilegal i dad urbanística” ( ibi-
dem , p. 347), tesis q ue vendría a re forzar las afirmaciones realizada s
en el párrafo anter ior. Seg ún esto, desde e l p unto de vi sta concep-
tual, los p roces os d e parcelación y urbanización ilegal que se v ienen
analizando en la p rese nte investigación estar ían más próximos de los
fenómenos de segunda residencia que de los d e urbanización m arg i-
nal tal como han qu e dado descritos en los párraf os p recedentes,
motivo por e l cual se v olv erá sobre e llos en e l capít ulo siguiente .
Dentro del debate general que se viene desa rrolland o sobre la confu-
sión en el uso de dete rminados co n ceptos que trataría n de e xplicar
los modernos procesos de crecimiento de las ci udades, habría que
añadir dos más: periurbanización y rururbani zació n. U nos concepto s
que, según Nel·lo i Colóm y M uñoz Ramírez (2007, p. 285), no p ue -
den ser tomados como sinónimos sino q ue, por el contrario, servirían
para dar nombre a dos fas es o estadios diferent es, au nque co nsecuti -
vas en el tiempo, en el p roceso de crecimiento d e las ciudades. En
49
En el caso del documento realiz ado por l a Comunidad de Madri d dicha relación es
incuestionable. Así, señala que "[ ... ] el fenóme no de las urbanizaciones i legales se
plantea desde otro más am plio : la segunda residencia" (Comunidad de Madrid,
1984b, p. 18).
Capítul o 2
- 114 -
términos simi lares se pro nuncia Escudero Gómez para quien la pe-
riurbanización, término que id entifica con el de suburbaniz ación, y
este derivado de la traduc ción del término anglosajón suburbanizat i-
on , sería "[...] la extensión de la ciudad a la periferia residencial más
inmediata y a área s localizadas en las p roximi dades d e los núcleos
urbanos" (2006, p. 123); y la rururbanización se id e ntifica con la "[...]
adopción d e usos u rbanos en territorios rurales [...]" ( ibidem , p. 124).
Más contundent e resultan las conclusiones de Fernández Ga rcía
(2003 ) al señalar que “[…] el concept o de rurur baniza ción […] no sir ve”
(p. 88), y ello fundamentalment e p or dos cuestione s. El p rimero tiene
que v er con la extraordin aria exte nsión superficial que pueden llegar
a r epresent ar estos procesos que s e desarrollan fuera de los lí mite s
de la ciudad que, en d eterminados casos, pueden llegar a do blar
varias veces la extensión de ésta; y, en segundo lugar, por la hetero-
geneidad de los usos que se localizan en dichos esp acios, ahora mu-
cho más com plejos que a ntaño ( ibid em ).
A este respecto, o tros autores apuntan hacia la idea d e que se puede
fijar una clara d iferencia entre dichos términos, p ara lo que proponen
distinguir entr e los que están asociados a proc eso s, de aquellos otros
que se vinculan con la dimensión espacial. Para Zoido Naranjo et al.
(2013) habría que establ ecer una separa ción entre los conce ptos
rururbano (p. 341) y periferia urbana (p. 274), que pertenece rían al
segundo grupo, del de periurbanizació n (p. 274-275), clarament e
enmarcado en el primero. De esta forma, los dos pr imeros - perife ria
urbana y rurur bano- harían referencia al espacio situado fue ra de los
límites de la ciudad, más o menos próximo a ésta, d o nde se desarro-
llan un a serie de act ivi dades que los singular izan r e specto d el resto
del terr itorio, una cuesti ón que , por otro lado, no está exent a d e con-
troversia (González Urruela, 1987; V alenzue la Rubio, 1986). El matiz
que diferencia ambos términos no es dema siado nítido , incluso los
propios autore s llegan a apuntar a la idea de que la perifer ia urban a
haría referencia a todo el espaci o que se encue ntra fuera de los lími-
tes de la ciudad , id ea en la que, por otro lado, también coinciden
tanto Feria Toribio (1999, p. 309) co mo Capel Sáez (2001, p. 100) ,
aunque este último ponga más el acento sobre las d ife rente s acep-
ciones q ue el propio término puede tener. Tanto para Valenzuela
Rubio (1986, p . 81) co mo para Feria Torib io (1999, p. 310) s e trata de
un espacio que, por lo d emás, presenta una extraordinaria compleji-
dad en su identificaci ón y conceptualización que a lo largo d e la his-
toria ha ido recibiendo difer entes nombres -extram uros, extra rradio,
etc.-, independiente mente de las actividades y de los proceso s que se
desarrollan en el mismo (Zoido Naranjo et al. 2 013, p. 274). Frente a
esta cierta co nfusión, el concept o de rururbano pr esenta ría mayor
cl aridad, quedan do defini do como el espaci o que, estando situad o en
la periferia d e las ci udades, se caracteriza “[…] por la mezcla de ele-
mentos del paisaje rural (pa rcelar io agrario, huertas o casas de l a-
branza) y otros genera dos p or la urbanización (nuevas viviendas para
activos no agrarios, zo nas industriales, i nfraestr ucturas y equipamien -
tos volu minosos)” ( ibide m , p. 3 41).
Sin embargo, para Ferná ndez García (2003 ) este término ya no puede
ser aplicado para co ncept ualizar ese fenómeno, y ello p or dos cues-
tiones fundament ales; la p rimera, debido al alcance cuantita tivo q ue
éste ha alcanzado; y el segundo, debido a la gran v ariedad de usos y
la co mplejidad del espac io geográfico resultant e. Refue rza la tesis
sostenida por este autor la idea de que la rururban ización , m ás que
un p roceso evolutivo y progresivo de transf o rmación de usos, res-
po nde ría a “ [ … ] un momento o situación específica en que se mani-
fiesta la expansión del h ábi tat…” (Prost, 1994; Jalabert, et al., 1984:
citado por Avila Sánchez, 2009, p . 101). Estos último s planteamientos
son de sumo interés para los objet ivos planteados por el pr esente
Capítul o 2
- 115 -
trabajo. Tal como se intenta rá demostrar en lo s aparta dos s iguie ntes,
la d imensión del proceso de ocupación irregul ar del territorio del
municipio cordo bés, sobre todo en el sector occ ident al de la vega, ha
alcanzado tal dimensión, tant o d esde el punto de v ista cuantita tivo
como cualitativo, que hace pensar y p la ntea rse alguna d e las hipót e-
sis q ue los autores ante s cit ados po nen sobre la m e sa ; sobre todo en
lo relativo a s u dimensió n espacial y a la m ixtura d e usos de todo
tipo.
Por s u parte, l a periurbanización se d efine co mo el “ [ ... ] proceso de
crecimiento d e mográf ico, ed ificatorio y d e la actividad económica
que se produce alrededor d e las ciudades conve ncion a les” (Zoido
Nara njo et al., 2013, p. 27 4). Si los dos p rimero s término s hacían refe-
rencia al est udio de la di mensión espacia l d el territorio en s í, la pe-
riurbanización trat aría de explicar los p ro cesos por medio de los cua-
les dichos es pacios se h an ido tra nsforman do y adquir iendo las cara c-
terísticas que los hacen d iferencia rse del resto territo rio d e un muni-
cipio o de una región urbana. En esta ide a de la periurbanizac ión
como p r oceso es donde otros autore s sitúan los modelos d e subur-
banización, directamente relaciona dos tam bién co n el de ciudad difu -
sa (Dematteis, 1998 , p. 17) . Abundando en estas cues tiones, cab e des-
tacar que dic h os espaci os son motivo de reflexión g eo gráfica desde
hace var ios decenios
50
.
Es probable que uno d e los términos que más se hayan repetido a lo
largo del present e apartado haya sido el de urbanización. Un térmi no
que, como ta ntos otros, n o solo tie ne difer ente s acepciones, sino que,
50
Prueba de ello es que l os espacios periurban os f ue la te mática del IX Coloquio de
Geografía celebrado en Murcia en 1985 (Asociación de Geógrafos E spañoles,
1986) . La mayor parte de los trabaj os presentados trataban aspectos concretos de
entornos geográficos determinados, excepto el defendido por Sancho Martí
( 1986) quien propon ía una m eto dología para su delimitación conceptual.
además, como susta ntivo puede ser adjetivado de m uy d iversas for-
mas, algunas de las cuales ya han sido analizadas -urbanizaci ón difu-
sa, urbanización dispersa, urban ización margina l, etc.-, lo que p ue de
conllevar cie rta confusión. En relación con los fen ómeno s que son
objeto d e análisis e n la present e investig ación, el t érmino ur baniza -
ción tendría dos p osibles interpretaciones. La primera está r elaciona-
da con el proceso p or el cual un suelo en origen rústico o no urbani -
zable se do ta d e lo s servicios públicos, infrae structuras y red v iaria
necesar ios para un uso propiamente urbano (Zoido Naranjo et al.,
2013, p. 383; Jo hnston et a l., 200 0, p. 579). En este sentido, se tra ta de
un p roceso que está directa mente relacionado con el del p ropi o cre-
cimiento de la ciudad, d el cual constituye una de sus primera s fases
(Zoido Naranjo et al., 2013, p. 383). Para los autores ci tados, esto no
siempre se produ ce en el mismo orden y esto es una cuestión im por-
ta n te , si se tiene en cuenta que se trata de uno d e los rasgos que
diferencia rían al proceso d e urbanización de la ciudad p lanifica da
frent e al modo en que se produce en los asentamie ntos que se d e s a-
rrollan al m argen del plane amiento urbanístico ( ibidem ; Laboratorio
de Urbanismo d e Barcelona (L.U.B.), 1974, p. 87 -88 ; Solá- Mo rales i
Rubió, 1997, p . 21). En el primer caso, las obras de urbanización sue-
len ser posteriores al acto de parcelación - tant o juríd ico como físico-
del sue lo
51
, al que sucede el de constr ucción de los e dificios. Frente a
51
Tal vez las cuestiones r elaci ona das con la par celación o loteado de suelo sea uno
de los aspectos nucleares y fundamentales de los procesos de las parcelaciones y
urbanizaciones ilegales. No en vano, el propio fenómeno tom a su nombre del
acto que da inicio a todo el desar rollo posterior, que va adjetivado por el carácter
que toma, dado que, en la mayoría de los casos, estas se realizan al margen o
contravini endo el ordenamiento jurídico o, cuando menos, aprovechando sus in-
definiciones de manera torticera para sortearlo . E n el apartado siguiente se abor-
darán las diferentes fórmulas que se han adoptado para el loteado de las fincas
matrices, algunas de ellas, como se verá, muy imaginat ivas.
Capítul o 2
- 116 -
ello, en los procesos q ue se realizan fue ra del amp aro legal, la urba-
nización, cuando existe, suele ser posterior al acto de la parcelación y
edificación ( vid. figura 2.03 ).
Como se pue de ver en el figura 2.03, p ara Solá-Morales (1997) el
orden en el que se p rodu cen las tres fases básicas po r las q ue p asa
cualquier pro ceso de desa r rollo urbano, var ía dependiendo del car ác-
ter y destino final del modelo de asenta miento. El esquema muestr a
cómo solo dos de los modelos de crecimient o de la ci udad -la urba-
nización marginal y la barraca - obvian la fase de urbanización, y am-
bos tienen en común ser procesos que se desar rollan al margen de la
planificación urbanística. Lo anterior no implica que estos a senta -
mientos ur banos care zcan por c ompleto de t odos lo s element os de la
urbanizaci ón, p ero sí que ésta no se m anifie sta tal como ha sido defi-
nida ant eriormente . El viario es el elemento q ue sie mpre está presen-
te, si bien sus ca racterísticas varían mucho en funció n del gra do de
marginalidad de cada asentamient o, p udiendo ir d e sde simples cam i-
nos terrizos, directame nte excavados s obre el terre no, estrechos y
carent es d e ningún tipo de tratamiento pos ter ior, ha sta calles asfalta -
das de anchuras un poco más g ener osas que posi bilitan un tránsito
más cómodo, aunque, en todo caso, careciendo gener almente de
ac erado, re d de evacuació n de agua s pluviales, etc.
Dichas propuesta s y a fueron analizadas y plantead as en un trabajo
previo donde, d e una m anera más extendida, se explicaban d istintas
hipótesis respecto de las d ifer entes formas en las que se presenta ba
el crecimiento de las ciudades (Laboratorio de Urbanismo de
Barcelona (L.U.B.), 1974) . La figura 2.04 m uestr a los dos esquemas
que a compañan a las exp licacione s de dichas hipót esis, de los que,
más allá de co rro borar lo señalado en el párraf o anterior por Bus-
quets respect o del orden diferent e que siguen cada uno de los tipos
de asent amientos re specto de la s fases de parcelación-urbani zaci ón-
Figura 2.03: El orden de las act ividades para el desa rrollo de nuevos ase nta-
mientos urbano s según Solá -Morales i R ubió.
Fuente: Solá-Moral es i Rubió, 1997, p. 21.
Parcela ción Urba nización Edifica ción
Capítul o 2
- 117 -
edificación, interesa ll amar la a tención sobre otra cuestión con r ela-
ción a lo s objetivos de la investigación. Si bien en el esquema de 1997
( vid. figura 2.03) no aparecen explíci tame nte nombr adas las urbaniza-
ci ones ilegales, lo que, al menos en p rinci pio, p odrí a d ar pie a id enti-
ficar urbanización m argin al con urbanizació n ilegal ,
el análisis de los esquema s que p u blicó dos d ece-
nios antes junto al resto de lo s miembros del Labo-
ratorio de Urbanismo d e Barcelona, no deja lugar a
interpre taciones. Así, el modelo número 6 o bede ce
al de urbanización ile gal , mient ras que es el núme ro
9 el que se corresponde con la urbanización margi-
nal (coreas) .
La segunda acepción d el término urbanizaci ón q ue
se m ane ja en la presente i nvestigación, se refie re al
nombre genérico que reciben aquellos asent amien-
tos ur banos, destinad os a usos m a y oritariament e
residenciales, g ene ralment e bajo la m odalidad de
viviendas unifamiliar es aisladas, y que s e desarrollan
en ámb itos c on unos límites c laramente id entifica -
bles. En este mis mo sentido, p ara Zoido Naranjo et
al. (2013) el término urbanización se asocia a “[...]
un núcleo de p oblación con caracte rísticas de
asenta miento urbano, morfológicamente diferen-
ciado por su v iari o y edificación, generalment e se-
parado del continu o urbano y de funcionalidad
esencialment e resi d encial” (p. 383). Para los auto-
res, la expansión de gran parte de las ci uda des es-
pañolas bajo estos patro nes, tiene una cla ra in-
fluencia del mo delo anglosajón, lo que ha derivado
en la configuración ac tual de gran parte de las ciu-
dades del país b ajo el model o d e c i udad difusa ( ibidem ). Por otro
lado, los autore s vincu lan estos pro cesos c on los fe nómenos de las
urbanizaci ones ilegales, entendidas como aquellas que se desarrollan
“ [ … ] a l margen del plane amiento urbanístico o bas adas e n proce di-
Figura 2 .04: Representación gráfica de la for ma en la que se produce el proceso de crecimie nto de las
distintos tipos de a sentamien to s a partir de sus tres fases básicas: parcelació n, urban iz ación y edificació n.
Fuente: Laboratorio de Urbanismo de Barcelona (L.U.B.), 1974, p. 87- 88 .
Capítul o 2
- 118 -
mientos espurios, tales como su d efinici ón y aprobación mediante
planes parciale s sin su s ten to en el p lanea miento g en era l”
52
( ibidem , p.
383 - 384). Pero, además, añaden, “ [ … ] estas edific a ciones [sic] se han
apoyado frecuent ement e e n parcelaciones clandestina s, es decir, en
divisiones o lo teos directos del suelo rústico, sin otra dotación urbana
que su accesi bi lidad r odada ” ( ibidem ).
Resulta llamativ o que los autore s hablen de parcelaci ones clande stinas
y no de parcelacione s il egales, remitiend o así a su entrada homóni-
ma, ya q ue ambos térmi nos d escri ben el m ism o fen ó meno. De lo
ante rior p uede inferirse que los autores establecen una dis tin ción
entre la urbanización ilega l, concepto en el que se incluye la cons-
trucción de la edificación, con la parcelaci ón cl andestina
53
. Si n em-
bargo, ambos son dos fases del mismo proceso. En los casos más
comunes, dicho proceso comenzaría con la construcción del vi ario
principal de la urbanizaci ón, por lo gen eral terrizo y s in tratamient o
posterior q ue increment e el cos te d e la ejecución. Si mult ánea mente
se realiza el loteo o división de la finca matriz -gene ralment e en suelo
rústico- en parcelas de tamaños homogéne os, lo que comprende el
acto de parcelación en s í mismo. La segunda fase del pr oceso se co-
rresponde con la constr ucción de las edificaciones e n el interior de las
52
Aunque a priori pueda parecer un contrasentido, el desarrollo de urbanizaciones
ilegales realizadas al am paro de planes parciales, fue una práctic a bast ante ex-
tendida en los inicios del proceso, fundamentalmente a partir de la aparición de
la Ley del suelo de 1956, y una lectura laxa e intere sada de la mi sma.
53
El calificativo clandestino , que habitual mente ha sido utilizado para definir este tipo
de fenómenos, no d eja de ser más que un eufemismo , por otro l ado muy
llamativo. Esto es así, por cuanto, como se irá viendo en los apartados siguientes,
el fenómeno de las parcelaciones y urbanizaciones ilegales ha ido acompañado
de una importante campaña de publici dad de sus promotores, con objeto de
vender su producto de la manera más efi caz posible. Ha sido y es un proceso ile-
gal, pero, desde luego, no clandestino.
parcelas. Son mu chos los mat ices que s e p ue den introducir e n e sta
secuencia, lo q ue deviene en la existencia de una amplia casuística y
tipos de urbanizaci ones ile gales, algo que, por lo demás, será objet o
de un desar rollo más detallado a lo largo de la tesis.
Capítul o 3
- 119 -
[…] Si en el desarrollo [de la ciudad] preside el caos, el crudo juego de los
intereses económicos, el desprecio por el pasado, el afán de la novedad
por la novedad, es señal evidente de que , por debajo de las apariencias,
más o menos progresivas, existe un gran vacío cultural.
F. Chueca Goitia, 1968
_ CAPÍTULO 3: ESTADO DE LA CUES TIÓN EN ESPA ÑA
Capítul o 3
- 126 -
fenómeno de las urbaniza ciones -podríamos muy propiament e bauti-
zarlo con el nombre de parcelosis- [ ... ]" (p. 204), en una clara alusión
a un t érmino médico a socia do a la enfe rmedad.
Habrá que espera r unos años para que a parezcan los primero s traba -
jos que pongan en r elación directa ambos fenóme nos (entre otros,
Comunidad de Madrid, 1984b; COPLACO, 1981; Ezquiaga
Domínguez, 1983; Garc a d e Jal ó n Lastra et al., 1986; Requena
Sánchez, 1987; VV.AA., 1983), pero con la perspectiva que da el tiem-
po y la s imilitu d en el ámbito de estu dio elegido (en este caso, l a
Comunidad de Madrid), otros mucho más temprano s ya apuntaban
hacia esta relación o, al m enos, estaban anticipando la aparición de
los procesos de parcelación ilegal. Entre ellos cabe dest acar los de
Ortega Valcárce l (1975) y el de Valenzuela Rubio (1976). El primero de
ellos pone de relieve que el fenómeno d e la segund a residencia pese
a no ser nuevo, ya q ue "]. ..] po see raíce s antiguas que se hunden en
siglos pasa dos, es cara cterístico d e nue stro siglo, y en part icular de
los años posteriore s a la Segun da Guerr a Mundial" ( ibidem , p. 9),
aunque, añade, "[.. .] su máxima i ntensidad la ha alcanzado en la dé-
cada pasada" ( ibidem ). Esta misma idea es com parti da por Valenzuela
Rubio (1976) quien, en s u estudio sobre el fenómeno en la provincia
de M adri d, s eña la q ue será a partir de los años s es enta cuando este
se generalice . Pero será u n tra bajo realizado unos años más tarde el
que dimens ione realmen te el fenómeno a e sca la nacional (Canto
Fresno, 1983), p oniendo de manifiesto el avance de Esp aña con rela-
ción a este fenómeno respecto de los p aíses más desarrollado s en el
contexto europeo ( ibidem , p. 83). Otros m ás parciale s, como el caso
de Guarnido Olmedo y Segura Gómez (1989), tratará n estas m ismas
cuestiones re feridas a la costa grana dina.
Las causas que explicarían esta tendencia no son únicas (Bertolín
Corbatón, 1983; Oliv a Serrano y Riv era Es cri bano, 2003). Para Ortega
Valcárcel (1975) las p rinc ipales tendrían q ue ver con el fuert e d esar ro-
llo econó mico experimenta do a p art ir d e los añ os cincuent a y sesen-
ta, la conso lidaci ón d e la jornada laboral de cinco días, q ue por lo
genera l deja lib re para el ocio el fin de semana, y la prog resi va g ene -
ralización del uso d el automóvil p riva do que, junto a la mod erniza-
ción y am pliación d e las redes viarias, p osibilita una mayor movilidad
y accesibilidad de espacios cada vez m ás a mplios. A ello habría q ue
unir el p aulat ino increment o de un sentimient o d e insatisfacción por
la v ida en la ciudad, cada vez con mayores p ro blem as de co ntamina -
ción, satur ación d e tráfico, ru idos, etc., que lleva aparejado una nece-
sidad de vuelta a la nat uraleza (O r tega Valcárcel , 1975, p. 11 ). Junt o
con otras consecuenc ias de carácte r más general en el s ector turísti-
co, el autor destaca "[...] la aparición de un nuevo tipo de hábitat,
rural p or su localizaci ón en m uchos casos pero i nd ependiente , en el
orden funcional, de las actividades rurale s" ( ibidem , p. 13). Ortega
Valcárcel está llamando la atención s obre la a parición de nu ev os
asenta mientos urbanos en el espacio rural, pe ro que, al menos desde
el p unto de vista funciona l, no guardan relación con el m is mo; un
hábitat, añade e l autor, "[...] de fun ción residencial e xclusiva, de carác-
ter temporal o secundar io, para ocupantes urb an os, promovi do por
urbanos, y ada ptado a las ex igencia s formale s de la población de las
ciudades" ( ibidem ). Lo q u e el autor ha caracterizado no son sino las
típicas urbanizaci ones d e segunda res idencia q ue, sobre todo a partir
de los años sesenta, ser án un rasgo distintiv o de gran parte de las
principales ciu dades es pañ olas.
Por su p art e, para Valenzuela Rubi o (1976), en su citado trabajo sobre
la segunda residencia en la provincia d e Madrid, el fenómeno debe
ser tenido en cuenta p or los efectos, p osit ivos, d esde su punto de
vista, que tiene com o "[...] un eficaz agente d e influencia urbana" (p.
135) por cuanto, l os asen tamientos que na cen con vocación de se-
Capítul o 3
- 127 -
gunda residencia, p ronto s on susceptibles de "[...] co nvertirse en
suburbios r esidenciales " ( ibidem ). Todo ell o, concluy e, los conviert e en
uno de los "[... ] factores con capacidad de conformación regional"
( ibidem , p. 136); un argumento que contrasta con el d e Gaviria
Labarta (1971c) para quien "[...] los conflict os cultu rales y supra estruc-
turale s derivados de la conversión de zona rural en zona urbana so n
muy import ante s y comprom eten a la Sociedad y al Estado" (p. 205) ;
pero llega a cuestiona r si se trat a realmente de una neces idad [el de
la segunda re sidencia], o si, por el cont rario, se asiste a un proceso de
manipulación de los agent es d el mercado a través de sus diversos
mecanismo s (publici dad, c onsumismo, cr édito, etc.; ib i dem ).
Por otro lado, para Valenz uela Rubio (1976), las causas de la aparición
del fenómeno son simil a res a las apuntadas po r Ortega Valcárcel
ante s mencionadas, y tie ne n que ver con el pro gresivo deterioro de la
calidad de vida en las ciudades, "[...] consecuencia d el crecimient o
caótico de la po sguerr a" y, en segundo término, por la también pau-
latina mejora de las co n diciones económicas que deriva en el aumen-
to d e la capacidad de ahorro de sectores sociale s cada vez más a m-
plios (p. 137). Unos años antes Lefebvre (1978) había puesto en rela-
ción este modo de hábitat [el de la v ivienda unifamiliar] con alguna s
de las cuestione s aludidas por lo s autore s anteriores, al afirmar que se
"[...] corresponde a un id eal que implica un d eseo de protección y de
aislamiento, una necesi dad de ident ificación y afirma ción de sí mismo,
una necesidad de contacto co n la nat uraleza" (p. 163). Desde un
punto de vista conceptual, Monclús Fraga (1999) apunta hacia etapas
más temprana s, al seña lar que
[...] desde principios de siglo [XX], distinto s movimientos
confluyen en la propo sición de una se rie de medidas
tendentes a controlar el fenómeno de la invasión subur-
bana del ca mpo, a la v ez q ue, de forma más ambiciosa ,
se pret ende hacer efect iva la vieja utopía de la fusión y
la integración de ciudad y ca mpo. (p. 374)
Lo anter ior sitúa l os inicios del proceso de invasión suburbana del
campo a principio s del siglo pasado, con lo cual, y a p esar d e no su-
poner una cont radicción con lo señalado po r Ortega Valcárcel o Va-
lenzuela Rubio, sí constat a, no ya la existencia d el fenómeno, algo
que sí advertían los citado s autores, pero sí la aparición de una preo-
cupación por e ncauzarl o. Pero, además, Monclús Fraga (199 9) pone
de manifiest o que la base del modelo de este tipo d e asent amie ntos
no estaría s olo en los tradiciona les p ostula dos de las "[...] ciudades
jardín y de s uburbi os jardí n de Howard y U nwin ", sino también tant o
en "[...] el zoning del territorio suburbano y la creación de asenta -
mientos descentralizad os, como el planeamient o regional d e Geddes
y Mumford" (p. 374). Pero, según el autor, t ambién d esde el urbanis-
mo funcionalist a dimanad o d e los postul ados d e los Congresos Inter -
nacionales d e Arquitectura Moderna , y del propio Le Corb u sier, se
defienden postulados parecidos. Así, el autor recoge una frase del
célebre arquitecto en la que señalaba "[...] yo he si do el primero en
proclamar que la ciudad moderna ha de ser un parque inmenso, una
ci udad ver de [... ]" ( ibidem ).
Entre las causas que estarían detrás de la aparición y rápido d esarr o-
llo del fe nómeno de la segu nda residenc ia en las que algunos d e los
autore s citados coinciden, destacar ían las que tienen que v er con e l
malestar de la población hacia las condiciones de vid a de la ciudad.
Ello derivará en que un a mplio sect or de la pob laci ón tenga una cier-
ta añoranza p or retoma r el contacto con la naturaleza, una cuestión
analizada y e studiada p or el sociólog o Mario Gaviria y que lo llevará a
bautizar este s entimient o como la ideología clorofila (Gaviria Labarta ,
Capítul o 3
- 128 -
1971a)
59
. Para d emostrar su hip ótesis, el aut or analiza un cente nar d e
anuncios de vivien das y ur banizaciones en Madrid, b uscando aquello s
aspectos que aludan a la vid a en el camp o, al contacto co n la natura-
leza, etc. com o forma de contrarre star los efectos nocivos de la vida
urbana. Pe ro no son estos los únicos aspecto s q ue sob resa len tras el
análisis publicitario. Destacan también aquellos que "[...] venden la
libertad, la utopía, el ocio p ere nne" ( ibidem , p . 9). Todo, añade el au-
tor, "[...] menos el terreno especula do que queda tras los alucinóge -
nos p u blicitar ios. Vivir de vacaciones todo el año, salud, sex o . Clásicos
equilibrant es ideológicos con frustraciones sociales genera lizadas"
( ibidem , p . 119). Aporta una sentencia reveladora "[...] se anuncia todo
menos el objeto real subyacent e: la venta especulada, la ilusión. Una
ideología que huye de la realidad urbana coti diana" ( ibidem ). Por
último, destaca aquellas cuestione s que hacen ver al público q ue ad-
quirir una parcela es sinónimo de "garantía antiinflacionaria - sus aho-
rros en tierra firme-. El dinero ha pasado del calcetín bajo el ladrillo a
la par cela" ( ibid em , p. 11 8). Todo a punta a que s e re piten lo s ar gu-
mentos esgrimidos tanto p or O rtega Valcárcel como por V alenzue la
Rubio, antes comentados: tiempo libre, ocio, la v ida en el campo co-
mo antídoto contr a los per juicios de la vida e n la ciudad y, por últ imo,
la idea d e la adq uisici ón d e la parcela como inversión y refugio del
capital.
Al igual que M . Gaviria criticaba este modo de exp ansión de la ciu-
dad, fundame ntalment e d ebido a las consecuencias sociales q ue pre-
visiblement e llevarían apare jadas, los red actores del p lan g ener al d e
ordenación ur bana de Córdoba de 1986 se ntencia n:
59
El trabajo fue publicado inic ialmente en 1969 en el número 4 de la r evista C ienci a
Urbana.
[…] Entre la ciuda d de Vicen za y la anticiudad de la Ro-
tonda palladia na hay la misma r elación que entre la no
ciudad pe riférica y la no anticiudad de las urbanizacio -
nes de se gunda residencia que han generado nuestras
áreas urbanas en su último y d estructivo periodo de
desarrollo.
[...] El re sultado es la aparició n de auténticos suburbios
campestres sin que la topo gra-fía , en el caso de la Sie-
rra, suponga fre no alguno a la o cupació n, si no al co ntra-
rio, se valore co mo garantía d e evasión del mun do ur-
bano, del que no obsta nte s e acarrean m asiv amente te-
levisores y e lectrodoméstico s conectabl es a la batería del
automóvil, q ue vienen a ser el signo o síntoma de una
negación de la negación". (Ayuntamie nto de Có rdob a,
1986, p. 32- 33)
Pero si ha habido un autor que ha respondido de una forma cl ara y
rotunda a una de las cuestiones plant eadas unos párra fos más arriba
-¿por qué surgen las p arc elacione s ilegales?- ese ha sido el ya ci tado
Mario Gaviria. Pese a que, co mo el propio autor s e ñala, se trata de
una postura contrapuesta a la mantenida en trabajos anteriore s
60
, se
propone hacer "[...] una d efe nsa encendida del huert o y la caseta - no
necesar iamente ilegal- " (Gaviria Labarta , 1997, p. 134). U n os párra fos
ante s, el autor había señalado que "[...] las p arce laciones i legales -los
huert os- serían una forma de s upervivencia de los m ás débiles, los
más extra ños, o dicho de otra m aner a, los que no pueden comprarse
un chalet" ( ibidem , p . 133). Se trataría , p or tanto, de una cierta demo-
cratizació n de la segunda residencia, d e la posibilidad de extender
hacia estratos s ociales m á s amplios lo que hasta unos d ecenios antes
solo est aba reservado a las é lites (Comunidad d e Madrid, 198 4b, p.
60
Se refiere, entre otros, a los anteriormente citados.
Capítul o 3
- 129 -
23) . En definitiva, añade, lo que sucede es que "[...] en el fondo [...] la
caseta e s el cha let del pobre " ( ib idem , p. 135).
A esa m isma cuestión intent a dar resp u esta Ezq uia ga Domínguez
(1983) cuando se plantea indagar sobre cuáles s erían las motivaci ones
que hay detrás d e la compra de una parcela en est e tipo de ámbitos .
A d icha pregunta contesta s eña lando que, frente a las clásica s moti-
vaciones de tipo ideológico asociadas al compra dor de segunda resi-
dencia de las etapas inicial es del fenómeno, y a ident ificadas por Gavi-
ria en los años setenta con la elocuente d eno minación d e "ideología
clorofila" ; y las relacionad as con la inversión y el ahorro
61
( ibidem , p.
63 ), el autor señala otras igualmente relevante s. En este sentid o, aña-
de que en las parcelaciones ilegales ex iste una forma diferente de
utilización del espacio, de ah í que "[...] frente al uso ornamenta l de la
parcela en las urbanizaciones clás icas, se detecta una tenden cia al
cultivo hortícola o la p lanta ción d e frutales [...]" ( ib id em , p. 64), lo que
dará pie a una nueva problemática, ya tratada en apar tados anterio -
res: los huertos familiares ( ibidem ). Una cuestión más novedosa es la
que apunta hacia usos compleme nta rios localizado s en el interior de
algunos ámbitos, q ue p one n de manifiesto la existencia de unas act i-
vidades econó micas "[...] propias d e la e conomía sumergida y co mo
huert os que constituyen un medio (co mplement ario o no d e otras
actividades) de vida en un momento de crisis económ ica y desem -
pleo" ( ibidem )
62
. Un aspecto de sumo interés, por dos cuestiones: 1ª)
porque está po niend o d e manifiesto la existencia de una especie d e
61
Entre otros, los trabajos de Bayo, 1973; García-Bellido, 1986; Gaviria Labarta, 1997.
62
Según la nota al pie que acompaña a esta afirmaci ón, el autor se basa en el
conclusiones del "[... ] Censo de Parcelaciones realizado en 1981 para la
información urbanística de E l Puer to de Santa María, realiz ado por Artem io
Baigorri [...]" (Ezquiaga Domínguez, 1983, p. 63).
metailegalidad , al estar c ometiéndose actos ilícitos
63
-economía s u -
mergida- en suelos que carecen de la calificación urbanística para
soportar dichos usos -al m enos en el caso d e los industriale s - y, po r
último, en edificaci ones construidas s in las autoriza ciones oportunas ;
y 2ª), porque pone como ejemplo d e este tipo d e prácticas a la C o-
munidad Autón oma de Andaluc ía .
Por último, parece lógico pensar que, junto co n la s ante riores, sin
duda sería la econ ómica una de las princip ales motiv aciones a la hora
de d ecant arse por una p a rcela en el ámbito ilegal fre nte al m erca do
legal, y no solo en el sentido anteriormente seña lado de aho-
rro/inversión. El menor cos te d e la p rimera -ilegal- se justifica por la
posibilidad de eludir la mayor parte d e los gastos q ue conlleva la
promoción de tipo legal, y no so lo en lo s costes de ejecución de las
infrae structuras y s ervic ios de la propia parcelaci ón -prácticament e
inexistent es en la ilegal- , sino también por la inversión inicial en la
compra del terreno que, a l ser rústico, tiene un cost e muy por d ebaj o
del que tendría otro urbano o urbanizable e, incluso , uno no urbani-
zable con exp ecta tivas de trans fo rmación urbana. Junto a ello, habría
que a ñadir los cost es de redacción del planeamien to, las reserv as y
cesiones o bligatorias al ayuntamient o, los pr oyectos, licencias, etc.
( ibídem , p. 6 5).
63
Algunas de estas cuestiones han sido tratadas recientemente para el ámbito
europeo, con ejemplos de Reino Unido, Italia y España , entre otros por Chiodelli,
Hall, y Hudson, 2018.
Capítul o 3
- 130 -
3.2 De las urbanizaciones de segun da residencia a las urba ni-
zaciones il egales, pasando por las parcelaciones clandesti nas
Tras la p ro mulgación de la primera ley d el suelo de ámbito estatal en
1956
64
, comenzarán a apr obarse los primeros planes generale s de
ordenación urba na. Estos plane s tendrán como mi sión fundame ntal
hacer un aná lisis de la ci udad en su conjunto , para a partir de ella
establecer las deter minaciones para su ordena ción y la planificación
futur a. Una de l as p rimera s co nsecuencias de esta nueva situación
legal, será la incorpo raci ón de la mayor parte de esos d esar rollos
urbanos antes aludidos a la nueva ciuda d, ahora mucho más heter o-
génea y extensa, pero que conserva, en lo fundame ntal, los rasgos y
la imagen de la ci uda d heredada. Ell o debid o a que la proximidad d e
los barrios, parcelacione s, polígonos, etc. con la trama urbana conso-
lidada, permitirá establece r un modelo de ciuda d acorde con los nue-
vos requerimient os s ociale s. Para algunos autores, las co nsecuenc ias
que tendrán la puesta en práctica de la ley p ara la ciudad no serán
tan p ositivos, al convert irse en “ [ … ] el instrumento para la co nsoli da-
ción de un modelo de ciudad desentendida, no s olo de la posible
región urbana en que se inse rta , sino del propio marco terr itorial del
munici pio”, configurand o as una ci u dad que queda encer rada dentro
de “ [ … ] Perímetr os Urban os, como ci nturone s legales que impidieran
la contaminación d e lo rural con usos o acti vidades urbanas [ … ] ”
(Terán Troyano, 20 09, p. 35).
A pesar d e lo que cabría esperar, la llegada del nuevo marco nor ma-
tivo, de los instrumentos de planificación urbanística y territorial, a sí
como de una compleja técnica para la gestión u rbanística, no podrán
64
Ley de 12 de mayo de 1956 sobre Régimen del Suelo y Ordenación Urbana, BOE
número 135, de 14 de mayo de 1956.
evitar que e n el cr ecimiento de la mayor parte de las ciudades de l
país se produjesen pro cesos d e expansión desmedida, con un con -
sumo de suelo extraordinario y s iguiend o mo delos urbanos insoste-
nibles (Cebriá n Abellán y P ana dero Moya, 2 013; Delgado Viña s, 20 07) .
Quizás, las razones que exp licar ían tal circunstancia haya que buscar-
las en la existencia de un marco normativo excesivame nte rígido que ,
o bien no ha sabido, o no ha querido, buscar una respuesta ad ecua-
da que permitier a, dent ro del marco legal, satisfacer u na deman da no
satisfecha de un tipo de producto inmobiliari o inexistente en el mer-
cado convencional. Como consecue ncia de lo an terior, el p lanea -
miento no hay sabido o n o ha podido dar una resp uesta adecuada a
las citadas deman da s de una sociedad envuelta en una s dinámicas de
cambio socio demográf icas y e conómica s aceler adas.
En consonancia con lo anter ior, Arias Sierra (2003) apunta hacia la
hipótesis de que se ha pretendido imponer un m odelo d e ci uda d
sustenta do en la id ea d e renunciar a la p eriferia urbana como parte
integrant e de la ciudad misma , ta l vez por la idea p reconcebi da de
asociar dicho espac io con ciertas connotaciones nega tivas (Dematt eis,
1998, p . 28). En cualquier caso , parece evidente que “ [ … ] las p erife rias
han de asumir funciones decisivas en el desarrollo ordenad o y e quili-
br ado del co njunto urbano” (Arias Sierra, 2003, p. 35) . Aunque s e
acepte lo sustancial de los planteamient os del autor, inter esaría llamar
la ate nción sobre los dos últimos calificativos de su afirm ación -en
cuanto al desarrol lo ordenado y equilib rado - . En este sentido, cabría
plantear se qué o curre si esos desarrollos no son ordenados o rom-
pen el equilibrio del conjunto urbano ; o, de o tra forma, q uién o cómo
se establecen esos parám etros. Que la ciudad no se puede d isocia r
del terr itorio do n de se inserta, es una o bviedad tan evidente que no
necesita más comentario. Cuestión diferente ser ía establecer qué
función debe tener éste e n el sistema urbano, qué usos son los más
Capítul o 3
- 131 -
adecuados y cuáles las condiciones d e implantación e intensidad d e
los mismos. En una línea sim ilar trabaja Johnson (1974) al analizar las
posibles consecuencias de tod o tipo q ue puede tene r establecer una
limitación al crecimiento de la ciudad o, incluso, la prohibición del
mismo (p. 205 y ss.). En este sentido, tras analizar los posibles efe ctos,
tanto positiv os com o nega tivos , de dicha li mitaci ón, se ñala que
[. ..] tanto si se impide po r completo el crecim iento de
una ciudad como si este se efec túa en un marco prees-
tablecido o bie n se perm ite que co ntinúe sin t rabas, es
imposible evitar que todas las utilizacio nes urb anas del
suelo invadan la au reola rururbana . ( ib idem , p. 208)
Como es obvio, traer a colación los planteamient os d e los autore s
ante riormente citados no pr etende en mo do algu no d ar carta de
natur aleza o justificar la aparición y desarro llo del fenómeno las par-
celaciones ilegales en el espacio rural. Pero no es menos cierto que,
como también se coment aba ante riormente , la falta de sensib ilidad
del legislador, traducida en la exis tencia de un marco normativo que
produce un planeamiento urbanístic o excesivament e rígido, no deja-
ría c abida para d ar salida a una d emanda insatisfe cha ; est e p odría ser
una de los mo ti vos que estaría n detrás de una de las principales cau-
sas de la pro lifera ción y rá pido desa rrollo de d icho f enó meno.
Un fenómeno, el de las parcelaciones y urba nizacio nes ilegales en el
suelo rústico que, com o se explicaba anteriorment e, ha sido un a
cuestión relat ivamente poco tratado por la comunidad científica d u-
rante los últimos decenios . Algo que, por el contr ario, co ntra sta con
lo ocurrido entre los años setenta y lo s primeros de los noventa de l
siglo p asad o, cuando sí despert ó un g ran i nterés. Una posible expli -
cación a tal circunstancia pudiera ser que estos procesos quedaron, si
no extingui dos, sí al menos frena dos y, en la m ayor p arte d el territo-
rio español, reconducid os bajo d ifere ntes fórmu las. Pero, además, la
propia temá tica a investi gar no facil ita s u estu dio desde el ámbit o
académico, básicament e debido a la misma natura leza del hecho en
la que se a sienta el fenómeno a l tener su or igen en actividades ilícita s.
Esta circunstancia, puede s er la q ue dificulte enorm emente la locali-
zación de fuent es fiables y fácilmente accesibles para su estudio. En
cualquier caso, no se puede obviar la necesidad d e analizar la historia
del proceso para, a p art ir d e su conocimiento, tratar de desvelar sus
principales clave s explicat ivas.
Quizás no s ea una exage ración afirmar que el fenómeno de ocupa-
ción ilegal del suelo rur al con construcc iones de todo tipo, pero so bre
todo d e uso resi dencial, es y a casi una cuestión cot idiana en la m ay or
parte de los municipi os de este país. Lo que sí parece una evid encia
es que las parcelacione s il egales, según son entendidas en la tesis ,
cuenta n con un desar rollo ininte rrumpido de más de sesent a años.
3.2.1 Los i nicios del fenómeno: Las urbanizaciones d e s egunda
residencia
En el apartado anterior ya se dejó constancia de q u e las urbanizacio-
nes de segunda residencia cobraron espec ial relevancia a partir de la
primera mitad del siglo pasado, convirtié ndose, con el paso d el tiem-
po, en una nueva f orma de expansión de la ciudad. Del mis mo modo,
ta mbién se ha podido poner de manifie sto la rela ción existe nte entre
este mo do d e producción de ciudad, en gran parte surgido al mar-
gen de la planificación urbanística, y el fenómeno de las pa rcelacio-
nes y urbanizaciones ilega les, si no en los primeros estadios del mis-
mo, sí a partir de los años sesent a del siglo p asado.
En este contexto, los primeros trabaj os que com enzará n a estudiar
diferent es aspectos del fe nómeno serán los ya co ment ados de Gaviria
Capítul o 3
- 132 -
Labarta (1971a, 1971b)
65
. El primero, de carácte r más genérico, tra ta de
justificar lo que el autor da en llamar la ideología c lorofila , para lo cual
analiza un centenar de anuncios sobre promoci one s inmobiliaria s de
viviendas y d e urbanizaciones en el municipio de Madrid. A pesar de
que no ha sido posible conocer la situaci ón urbanística actual d e las
urbanizaci ones elegidas para el estudio, sus trabajos posteriore s
apuntar án hacia su vinculación con el fenómeno de las urbanizacio-
nes de segunda residencia surgid as al margen del p laneamiento ur-
banístico. Po r su parte, la segunda d e las publicac iones citadas, aun-
que, como se señalaba, viera la luz in icialmente en 1970, recoge los
trabajos realizados por el autor y su equipo e n octubre de 1969
(Gaviria Labarta , 1971b , p. 204). Se trata de un a extensa public aci ón
que mue stra los r esultad os de un estudio que tenía co mo o bjet ivo,
indagar sobre los modos de vida y p auta s de comport amiento de las
personas que habita n, o son usuar ios, de las ur banizaciones de se-
gu nda residencia, en el denominado por el autor hinterland de M a-
drid; y en segundo término, expl orar la p osible existencia de conflic-
tos entre grupos o enti da des sociales ( ibide m , p. 205). A p esar de que
en el texto tampoco se hace alusión directa al fenómeno de las urba-
nizaciones o parcelaci ones ilegales, la vinculaci ón entre éste y el obje-
to del estudio señalado parece más que factible. En primer lugar,
porque el tr abajo realizado por la Comuni dad de Madrid años má s
tarde sobre urbanizacion es ilegale s, pondría de manifiesto que un
gran número de las urbanizacione s de s egunda residencia existe ntes
en la provincia de Madrid surgieron al margen del planeamient o u r-
banístico (Comunida d de M adri d, 1984b, p. 19) ; y en segundo lugar ,
65
La versión citada pertenece a la una recopilación publicada e n 1971 bajo el título
Campo, urbe y e spacio de ocio. Sin embargo, los textos originales fueron
publicados en el número 4 de la revista Ciencia Urbana (1969) y en el número 135 -
136 de la revista Arquitectura (1970) respectivamente.
porque el propio autor lo deja entre ver en varios puntos del texto. En
uno de ellos, tacha el fenómeno con el elocuent e nombre de parcelo-
sis (Gaviria Labarta , 1971b , p. 204); y en otro punto, se pasa de la d e-
nominación genér ica de urbanizaciones al más ilustra tivo y acorde
con la realidad que se estaba describ ien do de parc ela ciones-
urbanizacion es ( ibidem , p. 218). Pero, además, la parte final del estu-
dio recoge, a modo de ane xo, una serie de consideracio nes de cará c-
ter general acerca de lo que, a s u juici o, y a raíz de los resultados de
la investigaci ón, su ponen la s urbanizaci ones. En este se ntido , seña la
[…] la mayo ra de las urbanizacio nes poseen la red v iaria
en estado lamentable; un gran número de e llas carecen
de s uficiente ca udal de agua potable y otr as muchas
padecen e n temporada s estiv ales de un alto grado de
contaminación ; la red de alumbrado públ ico es una obra
que a buen número de ésta s se les ha olv idad o realizar;
seguramente la socied ad prom otora se planteó , co n
cierta lógica, que el « campo» no tiene por qué e star ilu-
minado. ( ibi dem , p. 267)
Es esta última cuesti ón la que quizás mejor sirva par a p oner de m ani-
fiesto la vinculación entre ambos fenómeno s. Como s e señalaba en el
aparta do anterior, uno de los aspectos d efinitorio s de las p arce lacio-
nes y las urbanizaciones ilegales es la carencia o, c uando menos, la
mala calid a d de los servici os e infraestruct uras urbanísticas propias d e
una zo na urbana (pavime ntación d e calz adas, acerado, alumbrado
público, ser vicio de aba ste cimiento y sanea miento o la reco gida de
basuras). Por último, el estudio también recoge fragmentos de las
entre vistas que se realizaron a los dif erent es actores del proceso ur-
banizador. La respuesta de un entrevista do (un pro pie tario de tre inta
y nueve años) es, q uizás, las más il ustra tiva de que algunas d e las
urbanizaci ones estudiadas engrosaban el grupo de las ilegales . Así,
Capítul o 3
- 133 -
este p ropiet ario señala, además d e sus motivacion es para compra la
parcela, el tipo de las que se ofert aban -p arcela s rústicas- y, lo que
más inter esa para corrobor ar la hipótesis que se v iene desarrolland o,
cómo es la secue ncia de todo e l proceso. A sí, señala que
[...] las parcelas eran de 5 .000 m 2 y no estaba n ur bani-
zadas; se trata ba simplement e de un cam po co n accesos
y dividido e n estas pequeñas p ropiedades. En esta pri-
mera com pra no h ubo nin gún tipo de p roblema, puesto
que este tipo de urbanizacio nes es muy simple: un agri-
cultor tiene u n terreno que no le produce beneficios, en-
tonces le v isita bien una pe rsona, o bien una socied ad;
se ga stan 40.000 pesetas en levantar un plano y parcelar
ese t rozo de campo; esa persona o sociedad se encarga
de hacer la pro paganda y efectuar las venta s, llevándose
el 10 por 100 del valor de ca da una de las parcelas ve n-
didas. ( ibidem , p. 285)
La lectura del fragm ent o anterior podría ser un fiel r efle jo d el proceso
que se ha seguido en la mayor p arte de los casos d e aparición y
desarroll o de un gran nú mero d e p arce laci ones ilegales. És te, como
es obvio, contra sta con el proc eso que siguen las urbanizaci ones de
segunda residencia dirigidas a las clases m ás acomodadas, las cuales,
en su mayo ría, com o así se recoge e n dif erentes p artes d el estudio
que se viene comentando , se realizaron a p art ir d e una planific ación
previa y contando con las autorizaciones pre ceptivas . Pero, además, y
dado el sector social al que iban dirigidas, co ntan do con todos los
servicios e infraest ructura s necesarias para el normal des arrollo de la
actividad de se gunda r esid encia.
El análisis de un tercer t rabajo de este mismo aut or, publicado de
manera prácticamente s imultáne a, sirve para terminar de apuntalar el
enmascara miento del fe nómeno de las parcelaci one s y urbanizac io -
nes ilegales bajo el para guas más amplio d e las urbanizaciones de
segunda residencia . En es te sent ido, bajo el nom bre Urbanismo del
ocio , Mario Gaviria tra ta de poner de manifiest o algunas de las conse-
cuencias que tendrá para el territorio d el país la generaliza ción del
turismo, sobre todo a part ir de la llegada masiva de extranje ros
(Gaviria Labarta, 1969)
66
. Entre los diferentes tipos de espacios desti-
nados al turism o que al autor cataloga, comienza por analizar las
urbanizaci ones; estas quedan divididas en cuatro tipos, el primero de
los cuales es el de las "[...] Parc elaciones de fin de semana en la peri-
feria de las grandes ciudades" ( ibide m , p. 20). Dentro de éstas, el au-
tor distingue, a su vez, d os grupos: las construidas al amp aro d e la
Ley d e Centros de I nterés Turístico, y el resto. De esta s últimas, por
otra parte, el g rupo ampliament e mayoritario, se señala que m uchas
de ellas "[.. .] son actuacio nes en ciert os casos salva jes, sin p er misos y
casi sin proyectos" ( ibidem ). Por último, dos apunte s más: el autor
habla d el inicio del fenóme no de este tipo de urbanización o parcela-
ción a partir d e 1956 y, p or otro lado, s eña la que "[... ] no existe una
localización s obre mapa en la que se recojan todas l as ur banizaciones
existente s en España, legales, cl andestina s, semilegal es, etc.". Es decir,
está constatando, p or un lado , la exi stencia de un fenómeno de re-
ciente aparición que, dad o su origen, en muchos casos, es d e d ifícil
conceptuali zación
67
; y por otro, la falta de informac ión cartográfica
sobre la distribuci ón de di chos asent amientos.
66
El trabajo, publicado en el número 2 de la revista Ciudad y Territorio fue, como se
señalaba anteriormente, prácticamente coetáneo a los anterior mente citados, si
bien, debe ser algo posterior, dado que estos son citados en una nota al p ie del
mismo (ver nota al pie número 3, página 20.
67
A pesar de lo cual, para el autor parece no ex istir dudas de que existen dos grupos
claramente diferenciados: el de las legales, y las que no lo son.
Capítul o 3
- 134 -
Dado el perfil p rofesi onal del autor -sociólogo-, su inte rés por el fe-
nómeno se cent ra en el análisis de otras muchas consecuencias de
este tipo de asentamient os, entre las que destaca la p a ulatina desa-
parición de la convivencia y ayuda mutua, la p rivatiz ación del e spacio
y su uso por las cl ases dominantes, etc. P ero también, las co ntra dic-
ciones sociales en las que se está incur riendo des de las administ ra-
ciones al permitir y fomenta r el desarrollo de "[...] la residencia secun -
daria para unos, sin que todavía exista la resi dencia principal, con
unas co ndicione s mínimas, para o tros" (Gaviria Labarta, 1969, p. 24) .
Es más, añade, resulta paradójico que mientras que se realizan cie n-
tos de ur baniza ciones par a segunda residencia y para el o cio dot a-
das, m uchas de ellas, co n todos los servicios (agua, alcant arillado, luz,
etc.), sigan existiendo en la mayor parte d e los barrios perifér icos de
las ci uda des, viviendas sin este tipo de servicios, incluso, en muchos
casos, impor tante s núcleos d e c habolismo e infravivienda ( ibidem ). En
definitiva, los trabajo s de Ga viria Labart a en estos años , ya estaban
poniendo d e manifiesto la proliferación d e urbanizacione s de segun-
da residencia s urgi das al margen del p lanea miento urbanístico y el
ordenamiento j urí dico vige ntes. Probablemente, como también se ha
intenta do demostrar en el aparta do anter ior, como respue sta de un
amplio sector de la pobla ción, el de men os recur sos, a un fenómeno
ampliament e ge neralizado en dece nios a nter i ores ent re las clases
más acomoda das.
A partir de los año s setent a, irán apareciendo más tr abajos que abor-
dan dif ere ntes aspectos del fenómeno analizado. Cinco de ellos
(Bayo, 1973; Gasch, 1973; Margarit y Buxadé, 1973; Sus t i Fatjó, 1973;
Vázquez Montalbán, 1973) fueron publicados en el número 98 de la
revista Cuadernos de Arq uitectura y Urbanismo , una publicación d e
alcance li mitado, editada por el Colegi o de Arquitectos de Cataluña y
Balear es desde el año 1944 hasta la actualidad
68
. Tanto las temática s
abordadas como el enfoque con el q ue lo hacen, p ermiten agrupar-
las en dos b loques: el p rimer o, con un carácter más académico, esta-
ría formad o por los tra bajos de Gasch (1973 ) y Sus t (1973); y el se-
gundo, con un formato algo más heterodoxo, p or los de Bayo (1973 )
Margarit y Buxadé ( 1973) y Vázquez M ontal bán (1 973). Bajo un for-
mato u otro, todos sirven para poner d e manifie sto una realidad bas-
tante extendida en esos m oment os: el de las urbanizaciones, g ran
parte de las cuales e ran ileg ales.
Comenzan do por esto s últimos trabajos, cabría seña lar que, a pesar
de que su estructura y contenido, en principio, esta ría más alejado de
la metodología cient ífica, no es meno s cierto que a po rtan informa-
ción relevante acerca de alg uno s aspectos d el fenóme no, aunque lo
hagan desde una ó ptica más literaria que académica. Dentro de los
trabajos de este grupo, de staca, sobre tod o por la releva ncia de la
figura de su autor, el realizado por el escritor barceloné s Manuel
Vázquez Montalbán (Vázq uez M ontalbán, 1973). Tiene como objetivo
analizar , de manera crítica, el contenid o de los follet os que los pro-
motores de las urbanizaci ones de segun da re siden cia, venía n intro-
duciendo en los b u zones de los barceloneses en aquellos años. El
motivo de traerlo a col aci ón en el contexto de este aparta do es do-
ble. Por un lado, porque puede servir d e elemento d e ref erencia en
cuanto al alcance e import ancia del fenómeno de las urbanizaciones
de segunda residencia, al menos en el entorno de l Área Metropolita -
na de Barcelona. Y ello p or cuanto el núm ero d e este tipo de foll etos
debía ser tal que llamara la atención de una person a que, al menos a
68
La publicación ha ido cambiando de nombre a lo larg o de su dil atada trayectoria .
Capítul o 3
- 135 -
prio ri , era ajena al fenómeno
69
. Y, en segundo lugar , po rque hace
mención al s ector de la pobl ación ha cia el que, según su punto de
vista, dicho producto va d irigido. En este s ent ido, afirma que "[...] la
pr opaga nda d el parcelism o s e orienta ante todo hacia una pequeña
burguesía catalana o catala nizada, como demuestra la nom enc latura
mayoritaria de las urbaniza ciones" ( ibidem , p. 4). Dos cue stione s lla-
man la ate nción de tal afirmación: la primera sería, cómo el autor
utiliza (lo hace a lo largo de todo el texto) indistintame nte el tér mino
parcelación (parcelista/pa rcelismo) y el de urbanización, lo que da
idea de q ue se trat a de fenómenos estrechame nte vinculados, si no
sinónimos. Y la segun da, por que apunta a que dicho fenómeno va
dirigido hacia un sector de la p oblación de cierto poder adquisitivo y,
además, de origen cata lán o, al m eno s, con un ampli o grado d e a si-
milación de la cu ltura ca talana .
Es este último aspecto el que, p robable mente, mejor contribuya a
apuntala r alguna de las hipót esis que se vienen sosteniendo a lo lar-
go de este aparta do: la de que el f enómeno de las parcelaciones
ilegales es el último estadi o d e un proceso, q ue comenzó en los años
cincuenta del sig lo p a sado co n las urbaniza ciones de segunda re si-
dencia dirigida a las élites y las clases s ociales más aco modadas. Pro-
ceso que tuvo su continuidad hacia finales de los sesent a y g ran part e
de todos los setenta , en el fenómeno descrito po r Vázquez Montal-
bán, es d ecir, las urbanizaci ones, muchas de ellas surgidas la margen
del planeamiento, ahora enf ocadas a satisface r la d emanda de una
nueva clase social en auge: la clase pequeño burguesa . Y, po r último,
ya hacia finales de los años sete nta, a lo largo de todos los ochenta y
primeros n oventa, aparecer á en toda su plenitud el fenómeno de las
69
El tono crítico del artí culo hace pensar que no era un usuario potencial de este
tipo de urbanizaciones.
parcelaciones ilegales, ahora com o respue sta a la demand a de una
amplia clase tra bajadora que a nsiaba asimilarse a las élite s.
El segun do de los trabaj os de este primer g ru po es un pequeño tex-
to, de apena s una pág ina d e extensión, titulado bajo el elocuente
nombre de La pesadilla de la parcela (Margarit y Buxadé, 1973). En él,
los autores tratan de poner de manifiesto algunas inco n gruencias
surgidas co mo consecuencia de la proliferación de las urbanizaciones
[sic], sentencia ndo que éstas sean, prob ablement e, consecuencia de
una mala p lanifi cación d e las ciuda des, que las convier ten en poco
habitables, lo que emp uj a a muchas personas a buscar alternativas
más saludables ( ibid em ).
La última de las tres publ icacione s m enci onadas es, tal vez, la más
llamativa, tanto por el forma to del propio texto, como por el título en
sí mismo (figura 3.01 ). En este sentido, tal como avisa el título, se trata
de un libreto en t res act os q ue representa el proceso de adiestra-
miento de futur os vended ores de p arce las de urbanizacione s d e se-
gunda residenc ia en lo s alrededores d e Barcel ona. M ás allá de la p e-
culiaridad del formato d el texto, el au tor abo rda, con g randes tintes
de ironía, alg unos asp ect os important es del propio fenómeno. Po r
ejemplo, deja claro que las parcela s que s e están poniendo a la venta
en esos años, ampliamen te publicit adas p or ca mpa ñas de buzoneo
(Vázquez Montalbán también trata ba esta mis ma cuestión), van diri-
gidas a la clase trabajadora , que dispone de unos ingreso s tales que
le permite cierta capacida d de ahorro. Así se constata con el ejemplo
de comprad or prototi po elegido por el aut or ; se tra ta de un trabaja-
dor de la fábrica de Seat en Barcelona, con v ivien da p ropia en un
barrio o brero relativamente próximo a la m isma (Bayo, 1973, p. 10) .
Pero, además, establece una clara diferencia entre " [ ... ] lo s ricos y
tradicionales d isf rutadore s [sic] del chalet" ( ibidem , p. 11), y los com-
pradores de este tipo de p arcela s, tra bajado res que t ermina n su jor-
Capítul o 3
- 142 -
p. 68)
75
. Y, en d efinitiva, como los propios autores auguran, si todo
ha ido como estaba planeado y, siem pre que el p arcelista haya se-
guido los consejos contenidos en la guía, el éxito está asegurado…
( vid. figura 3.06 , derecha).
Los tres últimos trabajos que abordan alg unas cuestiones relaciona-
das con el fenómeno s on los de Orte ga Valcárcel (1975) y Valenzuela
Rubio (1 976), ya citados en el aparta do anterior, a los que habría que
añadir el d e Herce V allejo (1975). La apo rta ción de Ortega V alcárce l
(1 975) a las cuestiones que se vienen tratando en este apart ado, ten-
dría que ver con su llama da de atención hacia uno s procesos que, si
bien no son nuevos, sí habían adq u irido tal intensidad a lo largo de
los años sesenta que eran merecedore s de una atenció n especial (p.
75
El entrecomillado es de los propios autores.
9) . Más allá d e otras consid eraciones y
aportaciones, estas d e tipo con ceptual de
los proce sos más gené ricos de las formas
del crecimiento urbano, el autor advierte
de los riesgos de crear u n tipo de hábitat,
desconocid o hasta ese m omento, caracte-
rizado por su u so ocasion al o secundar io y,
por o tro lado, con una casi exclus iva mo-
nofuncionali dad reside ncial ( ibidem , p. 13).
Por su parte, los do s últimos trabajos de
los anter iormente m enci ona dos, acomet en
la temática en las dos principales met rópo-
lis del paí s: Madrid y Ba r celona. Bajo el
título El consumo del espacio en las urbani-
zaciones de s eg unda residencia en Catalu-
ña (Her ce Vallejo, 1975) se abo rda la cue stión desde un punto de
vista eminenteme nte t écnico. En este sentido, el trabajo se plantea
como o bjeti vo poner de manifiesto la relevancia que, en cuanto al
consumo de suelo, tienen este tipo de actuaciones en Cataluñ a, aun-
que los datos que se ofrezcan se circunscriban exclusivamente al Ár ea
Metropolita na de Barcelona . Al ig ual que ya señalaran otros autore s,
Herce Vallejo evidencia que de las 470 urbanizacione s d e segun da
residencia
76
censadas en 1972, solo 101 estaban lega l izadas, lo q ue
represe ntaba, en términos espaciales, apenas el 18% del total urban i-
zado ( ibidem , p. 47). Por otro lado, el autor resalta el fuerte dinamis -
mo del proceso entre 19 67 y 1972, período en el que se triplicó la
76
El autor pone el énf asis en q ue se tratan exclusivamente de urbanizaciones de
segunda residencia locali zadas en el medio rural, señalando que quedan exclui-
das aquellas ocupaciones existentes en la costa que se vinculan con el f enó meno
turístico.
Figura 3 .06: Ilustraciones de la publicación G uía del parcelista. .. que muestran, a la iz quierda, al maestro -el a rqu i-
tecto- instruyendo al afligido alum no -el p arcelista- y , a la derecha , el resultado final del proceso.
Fuente: Gelpí i Vint ró y Sust i Fatjó, 1981, p . 10 .
Fuente: Gelpí i Vint ró y Sust i Fatjó, 1981, p. 75 .
Capítul o 3
- 143 -
superficie ocupada por este tipo de asentamient os ( ibidem ). Por tan-
to, s obre la base d e lo ante riormente señalado, no p are ce existir dis-
crepancias ent re las asevera ciones hechas por Herce Vallejo y lo que
ya venían señalando el resto de autores co menta dos anter io rmente:
es decir, la vinculación y relación entre el fenómeno de la urbaniza-
ción de segunda residencia planifi cada
77
, y el m ás moderno de las
urbanizaci ones ilegale s. El resto d el tra bajo aborda cuestiones q ue
están m ás relaciona das con aspectos tratados en otros aparta dos d e
esta inve stigación, por l o que n o se abundar á en ellos aquí.
Por último, el trabajo de Valenzue la Rubio (1 976) ana liza el alcance,
caracte rísticas e imp actos de la residencia secundaria en la provincia
de Madrid. Lo singular del estudio, en el contexto de este apartado,
es que el autor no llega a discriminar en ningún momento el origen
planificado o no de los ámbitos -las urbanizac ione s- donde se locali-
zan las edificaci ones destinadas a resi dencia s ecun daria . Y ello, a pe-
sar de que y a de sde finale s de los años s esent a algun os trabajos ve-
nían advirtiendo, que gra n parte de e sas urbanizaciones se e staban
desarrolland o al margen d el planeamiento urbanístico y el ordena-
miento jurí dico vigent es (Gaviria La barta , 1969, 19 71b, 1971a) .
El repaso q ue se ha realizado al fenómeno de las urbanizaciones de
segunda residenc ia como antecesor necesar io al de las urbanizacio-
nes y parcelaci ones ilegal es, lo ha sido a través del anál isis de las pu-
blicaciones que han abordado el tema d e una manera más o menos
directa; pero, en todo ca so, co n r efere ncia al mismo. Estas abar can
un ámbito te mporal que iría, desde los trabajos m ás tempranos d e
Mario Gaviria de finales de los años sesenta ( ibidem ), hasta la última
comentada d e Valenzuela Rubio (1976). Con ello se ha p ret endido
77
En este sentido, el autor señal a que, en su mayor parte, lo son bajo l a fórmula
prevista en la Ley del Suelo de 1956 de los Planes Parci ales de Ordenación.
poner de manifiesto, no ta nto la impo rtancia en té rminos cuantitati-
vos y cua litativ os d e ambos fenómenos, co mo la preocup ación que
algunos autore s manifestaban re specto de la aparición y rápi do desa-
rrollo de urbanizacione s que, bajo la apariencia de las tr adicionales
de segunda resi dencia, d esarrollada s, fundament alme nte, a lo largo
de los años cincuenta y sesenta del siglo pasa do, se estaban realizan-
do al margen del planea miento urbanísti co, y sin respaldo legal al-
guno.
3.2.2 En tre la perpl ejidad y la c onfusión a nte un nuevo fenó-
meno: Las par celaciones clandestinas
A pesar del escaso núme ro de publicaciones que contienen el tér-
mino c la ndestino en su título p ara referirse al fenómeno, y a sea bajo
la d enominac ión de urbanizacione s , parcelaciones e , incluso, edifica-
ciones o viviendas, se ha considerad o intere sante analizar s u utiliza-
ción. Ello, no solo por lo llamativo que p ue da resultar este calificativo,
sino por otras razones. Un a de ellas sería po rque, en contra de lo que
significa la palabra clande stino , estos fenómenos pod rían ser calific a-
dos de muchas forma s, pero, des de luego, no bajo una que sugiere
que se trata d e unos procesos que se realizan d e manera oculta y
evitando ponerse en evid encia de cara a las autor idades
78
. En este
sentido, ca bría recordar q ue, como se ha tenido la oport unida d de
comprobar co n el análisis de algunos de los trabajos publicados en
los primero s años setent a, la principal técnica de captación de clien tes
por parte de los promotor es de par celas, f undamentalmente en Cat a-
78
Según la def inición de la Real Academia Españ ola, el adjetivo clandestino significa
"[...] Secreto, oculto, y especialmente hecho o dicho secretamente por temor a la
ley o para eludirla".
Capítul o 3
- 144 -
luña, era el b uzoneo. Pero, a demás, m u chas de esta s publicaci ones
se acompañan de abundant e material gráfico que muestra el sinfín
de carteles anunciadore s de unas urbanizaciones que, en su m ayoría,
y como se ha t enido oportunidad de co mprobar , surgier on al margen
del planeamient o urbanístico. Por tanto, ilegales, s í, pero, d esde lue-
go, no clande stinas . Por otro lado, también interesar ía ind agar sobre
el uso que han hecho del término determinadas admini straciones
públicas, por la propia contra dicción d el hecho en sí mism o, p ero en
este caso solo se ha po dido doc ument ar para el ayuntamiento de
Córdoba. Dado que, tanto en el capítulo 5 como en el 6 se abo rdará
con m ay or nivel d e detalle el papel de esta admin istra ción, se rá allí
donde se rá tr atado.
Como se señalaba al principio, el número de publ ica ciones que utili-
zan el término clandestino para referirse a los procesos que se vienen
analizando es muy escaso. Así, solo 7 d e las aproximadament e 925
refe rencias bibliográficas q ue se han m ane jado en la investig ac ión,
contienen en su título el c alificativo alu dido. Aunque , obviamente , son
bastante s más, aproxima dament e una vei ntena, las q ue, en algún
punto del texto , se refieren a este fenómeno bajo dicho calificativo de
una m ane ra más o menos directa. Resulta, cuando menos curioso,
que dos de las más anti gua s te ngan como ámbit o de estudio las par-
celaciones en el municipio cordobés (Baena, 1974; Cuéllar Ramos,
1991)
79
. Por otro la do, en el contexto de unas jornadas técnicas que se
celebraron en V alencia en 1983, algunos de los participante s ut i liz a-
ro n d icho calificati vo para referirse al fe nómeno, tanto en el ámbito
de la provincia de Valencia (Blanquer, Payá, Escribano, García-
79
Estos trabajos serán analizados en el capít ulo 6, cuando se aborde la presentación
general del fenómeno de las parcelaciones ilegales en Córdoba.
Lliberós, y Marqués, 1983) , co mo , en el caso más singular ya comen-
tado, de las Isla s Cana rias (Colegio de Arquite ctos d e Cana rias, 19 83).
El trabajo de Garc a de Jal ó n Lastra, Sainz Guerra, Ezquiaga
Domínguez, y Moya González (1986) sob re las parcelaciones ilegales
de la provincia de Valladolid, es fruto del encargo realizado po r el
Colegio de Arquite ctos de V allad olid en 1981. Más allá del conte nido
del mismo, el cuál será analizado con m ay or profundi dad en los
aparta dos siguiente s, intere sa destacar alguna s aseveraci ones que
ponen d e manifiesto q ue la existencia del fenómeno era ya amplia-
mente conoc ida. En e ste sent ido, como seña lan los autore s
[...] determina dos técnicos de la Adm inistració n conocían
algunas parcelacio nes di rec tamente, otra s a partir de
noticias o anuncios en el periódico lo cal, que diaria men-
te y sin ni ngún recato o frecían todo t ipo de parcelacio -
nes para todos los gustos. ( ibidem , p. 11)
Por tanto, parece evidente q ue se tr ata de un fenómeno conoci do
ampliament e, no s olo por la sociedad civil, sino también po r las ad-
ministracione s y, al menos para el caso d e Valla dolid, au nque no ex-
clusivament e, t ambién por par te del C olegio de Ar quite ctos
81
.
El caso d e Zaragoza, ampliamente estudiado por Sancho Martí
(1989a; 1989b; 1989c), es muy similar al comentado anteriorment e.
Así, el autor d eja constancia d e que se trata de un fenómeno ya am-
pliamente conocid o, ci tando los casos de Cataluña, M adri d, V alencia,
o el anteriormente señalado para la provincia de Valladolid (Sancho
Martí, 1989c, p . 96). Pero, además, señala la campaña emprendi da en
81
En el apartado anterior se dejó constancia de la publicación de la Guía del
parcelista... por parte del Colegio Oficial de Arquitectos de C ataluñ a. D e igual
modo, en los capítulos 5 y 6 se tendrá oportunidad de analizar el papel de este
colectivo en Córdoba.
Capítul o 3
- 145 -
Zara goza para advertir s obre el peligro de adquirir y edificar en este
ti po de parcelas. Por tanto, resulta cuando menos llamativo que el
autor, en una publicación c oetánea, hable de las pa rc ela ciones clan-
destinas de Z aragoza (San cho Martí, 1989a , p. 279 ).
Pero, tal vez, la cl ave de la utilización del términ o h aya que buscarla,
no en re lación al he cho del desconocimient o del f enómeno en sí, sino
más bien, en la actitud d e los p romotore s de las p a rcelaciones ilega -
les, los que, sin du da, eran co nscie ntes de q ue esta ban acometiendo
una actividad contr aria al planeamient o urbanístic o y al o r denamient o
jurídico. Esa es, al menos, la id ea que sugiere García-Lliberós
Sánchez-Rob les (1983) cuando señala que "[ ... ] la clandestinida d, y el
escamoteo de las ob ligaciones sociales van pare jas; inclusive p ue de
afirmar se, que esto último es móvil fundamenta l d e lo p rimero " (p .
50). Es decir, que la ide a de la cla ndestinidad iría asociada a la actit ud
de los usuarios de este tipo de urbanizaciones de eludir sus obliga-
ciones, fundamentalmente de cara a la s olicitud de permisos y el pa-
go de las t asas e im puesto s correspondientes.
En la misma idea insisten Betrá n Abadía y Franco Herná ndez (1994) ,
cuando señala n que "[...] el u rbanis mo clandestin o de la segunda resi-
dencia empezó a manifestarse con fuerza cuando, tras la p r imera
crisis económi ca de los años setenta y la reforma de la Ley del suelo
de 1975 [...]" (p. 18) el merca do de este tipo de urbanizacione s estaba
empezan do a mostrar signos de fuerte retra cción; esto d ebido, en
primer lugar, a lo s efectos de la crisis sobre la capacidad adquisitiv a
de lo población y, en segundo término, porque el nuevo marco nor-
mativo exig ía mayores costes de urb anizac ión. Ello d erivó, continúan
los autores, e n que
[...] la mayo ría de estas promo ciones -todas a quellas que
no se dirigían a unas clases aco modadas que aún p udie-
ran afro ntar una alta repercu sión de la obra urbanizado-
ra - salie ron del á mbito legal y pasaron a la clandesti ni-
dad, ofreciendo un product o que se hizo asequible a la
mayoría, precis amente, por la elusión de las obli gaciones
impuestas por la Ley del s uelo. ( Ib idem , p. 20)
Es decir, se podría pensar en que se esta ba asistiend o a un a situación
más parecida a lo que ocurrió en los años veinte en Estados Unidos
cuando, tras la p roclamac ión de la Ley Seca, muchos neg ocios, para
eludir su cumplimiento, siguieron existiendo, tambié n a ojos de todo
el mundo , pero ya en un a situación de clandestinidad. En este senti-
do, organismos de caráct er público, q ue d esde finales de los años
noventa v enían trabajando sobre los impactos d e la s parcelaciones y
urbanizaci ones ilegales en Andalucía, llamaban la atención so bre la
utilización d el calificativo cla ndestino p ara refer irse al fenómeno de
las parcelaciones ilegale s. Así, se pronu nciaban e n estos té rminos:
[...] que nadie h able ho nestamente d e u rbanizaciones
clandestinas se gún la termi nolo gía al uso. ¿Real mente
alguien cree que es posible que cla nde stinamente se ur-
banice un es pacio r ústico?, ¿nos encontramos ante una
actividad de difícil o imp osi ble identificació n por la au -
sencia de signos externo s? Se p uede hablar de ilegalidad
y de impunidad de los infrac tores, pero no de clan desti-
nidad -salvo en la fase de división antijurí dica del te-
rreno- pues la enti dad del problema, por decirlo en pa-
labras t an coloquiale s co mo expresivas de la realid ad,
salta a la vista. (Defensor del Pueblo Andaluz, 2009, p.
116)
En definitiva, sobre la base de lo apuntado anteriormente , parece
constatado que del proceso que acompaña al d esarrollo d e cualquie-
ra d e este tipo de asent a mientos ur banos, sólo el referido al acto
Capítul o 3
- 146 -
jurídico de división y lote ado de las parcelas
82
, sería el que podría
hacerse de espaldas o fuera de la vista de administr aciones, or ganis-
mos p úblic os y po blación en general. El r esto de actos y hechos que
acompañan a d icho p roce so, parafrase ando la cita anterior, saltan a
la vista .
3.2.3 Concienci ación, in vestigación y acción : Las parcelaciones
y urbanizacion es ilegales
A partir de mitad de los años ochenta, el número de tra bajos que se
realizan en relación a diferentes aspectos d el fenómeno d e las parce-
laciones ile gales se multiplican. En función, tanto d el o rigen d e lo s
mismos como de su s objet ivos, dic hos t rabaj os pueden ser agrupa-
dos en dos grandes bloq ues: a ) los promovi dos p or las administra-
ciones o institu ciones pública s, y b ) los p urament e a cadémicos. Los
primeros se analizar án po r comunidad es autónomas
83
, sig uien do un
recorrido cronológ ico, del más antiguo al más modero. Los segun-
dos, agrupad os crono lógicamente y por temát icas comunes.
La imagen de la fig ura 3.07 muestra las comunidades autónoma s de
las que se ha podido contar con datos sobre la caracte rización del
fenómeno en su territorio. Como se irá viendo, no de tod as ellas se
82
Esta afir mación hace referencia exclusi vamente, al hech o de que el acto de división
o loteado de las parcelas, no tiene traslación física inmediata sobre el terreno que
pueda advertir de lo que vendrá después. Por otro lado, la cita extraída del
informe del Defensor del Pueblo, habla de división antijurí dica d el terreno, lo que
apunta a que detrás de dicho acto de loteado también hay hechos ilegales. Estas
cuestiones serán tratadas en el c apítul o 7 cu ando se analice el papel jugado en el
proceso por los notarios y registradores de la propiedad.
83
Lo referente a Andalucía será tratado en el Capítulo 4.
ha dispuesto del document o físicamente, lo que ha obligado a recu-
rrir a fuentes indirectas q u e citan algunos de los resulta dos de dic h os
estudios. A pesar de estas limitacione s, parecía oportuno recurrir a
dicha metodología con objeto d e obtener una p anorámica lo más
ge ne ral posible d el fe nómeno a escala esta tal. En es te sentido, como
muestra el m apa de la figura 3.07 , solo se ha podido cont ar con d a-
tos de cinc o comunidade s autóno mas, lo que a pena s r epresenta el
30% del total, si bien es cierto que en términos de extensión superfi-
cial s upone m ás del 53% del territorio del país. Por tanto, se puede
decir que los cosos analiza dos son lo suficientemen t e representativos
como para que sirva n p ara , si no establecer co n clusiones ab solutas,
sí, al m enos, para apuntar hacia las tende ncias del f enómeno de par-
celación y ur banizaci ón ile gal.
3.2.3.1 Las admini straciones regionales ante el fenómeno par-
celario: a lgunos ejemplos
El primer trabajo que se ha p odido d ocument ar de estas cara cterísti-
cas, ha sido el q ue se realiz ó para la comunidad autónoma de C ata-
luña . A pesa r d e que no ha sid o posible s u localiza ción ni, po r tanto,
su co nsulta directa, s í se ha pod id o documentar la existe ncia de un
trabajo realizado para el Área Metropolita na de Barcelona en 1972
84
(Caralps i Riera, 1983; Ezquiaga Domín guez, 1983 ; Herce , Caralps, y
Tarra go, 1979; Herce Vall ejo, 1975; Sancho M art í, 1989c). Alg unas d e
estas publicaciones hacen referencia a q ue, en dicho ámbito y hasta
esa fecha, existían " [ ... ] un total de 470 urbanizacione s. De ella s ta n
solo 101 goza n[ban] de lega lidad urbaní stica" (Herce Vallejo, 1975 , p.
84
Aunque el ámbito territorial del citado trabajo no abarque e l total regional, los
datos que se ofrecen pueden servir para conocer, si quiera sea parcialmente, el
alcance del fenómeno en esos momentos.
Capítul o 3
- 147 -
46 - 47 ) . En términos s u perficiales, el alcance de
las que se desarrollaban ilega lmente era mucho
mayor, dado que, de las más de 19.000 ha com-
prometidas por urbanizacione s de este tipo , solo
3.700 están amparadas por los preceptivo s Pla-
nes Parciales de Ordenación; es decir, sólo el 18%
del total ( ibidem ).
Lo anterior, supone que, en el decenio d e los
años setenta, en el Ár ea Metropolitana de Barce-
lona exis tían 369 urbanizaciones ilegales, ocu-
pando una superficie super ior a las 15 .000 ha. Por
otro lado , Caralps i Riera (1983) señala que "[... ]
un estudio fiable, d e mediada la década d e los
setenta , cifraba las urbanizaciones sin cobertura
jurídica en Cataluñ a en más d e cuatro mil" (p.
115). Añade el autor que , por tales, hay que en-
tender aquellas urbaniza ciones que no están
amparadas po r un P lan Parcial definitivamente
aprobado ( ibide m ) . Pero, además, continúa, a
partir d e un muestreo realizado "[ ... ] el p asado
mes de junio" ( ibidem ) se constató que el 70% de
las urbanizaciones que en esos moment os esta-
ban "[ ... ] sujetas a exp edie ntes de disciplina urba-
nística, se ubicaban en suelo rústico o no urbani-
zables y el resto en suelo de reserva urbana o
urbanizable" ( ibidem ). Es d ecir, la inmen sa mayoría de las ur baniza-
ciones de segun da residencia que se est aban lleva ndo a cabo en esos
momentos en Cata luña (c. 1982 ) era n de carácte r ilegal.
Con el objetivo d e evitar la proliferación de este tipo d e asentamien-
tos, la comunidad autóno ma aprobó la Ley 9/1981, relativa a la pro-
tección de la legalidad urbanística
85
. En esencia, los o bjetivos de esta
ley eran dos: frenar el avance de las urbanizaci on es que se venían
85
Ley 9 /1981, de 18 de noviembre, sobre Protección de la Legalidad U rbanísti ca , Diari
Oficial de la Generalitat de Catalunya núm. 18 2, de 4 de diciembre de 1981,
páginas 1.605 a 1.611.
Figura 3 .07: Localizació n de las comunidades autónomas con trabajos consultados de inventario de p a r-
celaciones o urb anizaciones i legales.
Fuente: Elaboración propia
Capítul o 3
- 148 -
desarrollando sin esta r amparadas en e l preceptivo plane amient o
definitivamente aprobado y, en segund o lugar , recon ocer "[ ... ] la in-
eludible co nsider ación de su existencia y la co ncurr encia de circuns-
tancias objetivas que podrían justificar su integraci ón en el proceso
urbano legal" (Ley 9/1981, p. 1.6 06 ). Su ámbito de aplicación e ra , s e-
gún el propio texto legal, el de "[ ... ] estas urbanizaciones d esar roll a-
das en la clandestinidad o, mejor dicho, en la ilegalidad" ( ibidem ). Por
tanto, la adminis tra ción auto nómica, consciente de la existencia de un
problema d e escala regio nal, se do ta d e un instr umento que le p er-
mita tra bajar en dos direcci ones diferentes, pero complementa rias .
De un lado, el reconoc imi ento del fenómeno y, cuando "[ ... ] la concu-
rrencia d e circunstancias objetivas" ( ibidem ) lo aconseje n, su recon-
ducción a través de su incorpora ción al modelo urbano definido por
el planeamiento. Y, de otra parte, la puesta en marcha de una pol ít ica
de disciplina urbanística decidida a fr enar y sanci on ar aquellas otras
urbanizaci ones que sean abs olut amente i ncompatibles co n las carac-
terística s del territorio donde se u bican. Esta últ ima vía persi gue,
además de lo señalado, servir de medida d isuas oria para evitar la
aparición de nuevas urbanizacione s ilegales. T al vez una de los as-
pectos más llamativos de la n orma sea su afán por controlar todas las
vías p osi bles que hagan p rolifera r este tipo d e ac tua ciones. Así, el
artículo 22 regula el conte nido de los folleto s p u blicitarios dedicad os
a la promoción y venta de parcelas en e ste tipo de asenta mientos,
llegan do a s eña lar que dichos folletos deberá n s er fiscalizados p or la
administra ción local con car ácter previo a su puest a en circulación.
Por s u parte, e n el año 2009, casi 30 años después d e la entrada en
vigor de la Ley de Protección d e la Legal idad Ur baníst ica, se p romul-
gó la Ley 3/2009, relativa a la regularización y mejora de las urbani-
zaciones existent es
86
. De ello, s e desprende, que la ley d e los años
ochenta no debió conseg uir todos los objetivos q u e se había marca-
do inici al mente . En este sent ido, el ámbito de apli cación de la e sta
última ley se dirig ía , fundamentalment e, a aquellas urbanizacione s de
carácte r mayo rita riamente residencial, que se im plant aron en el terri-
torio en el período compr endido entre la entrada en vigor de la Ley
del S uelo d e 1956 -estatal- y la de Protecci ón de la Legalidad Urba-
nística de 1981 de Cataluña
87
. Es decir, las urbanizaci ones ilegale s d e
segunda residencia de sarrolladas en los deceni os de los sesenta y
setent a, de cuya e xistencia y co n secuencias de todo tip o, ya ha b ía n
advertido los diversos trabajos de los autores que se vienen citando.
Una cuestión, p or otro la do, analizada m á s recient ement e p or Nel·lo i
Colóm (2011) , quien tra ta de apuntar a los motivos p or los cuales es-
tas cuestiones dejaron de i nte resar a partir de los años ochenta (p.
83).
Por su parte, para la Comunidad de Madrid , se ha podido disponer ,
en prim er lugar, de l documento realizad o po r la Com isi ón de Pla-
neamient o y Coordinaci ón d el Área Metr opolita na de M adrid
(COPLACO, 1981). Si bien en el trabajo en nin gún momento se habla
de la situaci ón urbanística de las urbanizaciones cat alogadas, otros
posteriore s pondrán de manifiesto que muchas d e éstas podrían ha-
ber surgido al margen del planeamiento urbanístico y del orden a-
miento jurídico vigentes o, cuando menos, haber ser vido d e acica te
86
Ley 3/2009, de 10 de marz o, de Regularización y Mejora de Urbanizaciones con
Déficits Urbanísticos , Diari Ofic ial de la Generalitat de Catalunya número 5.342, de
19 de marzo.
87
Un análisis más pormenorizado de este texto normativo se realizar á en el C apítul o
3, en el contexto del análisis nor mativo comparado que se acomet erá en relación
al ordenamiento jurídico de la Comunidad Autónoma de Andalucía en esta
materia.
Capítul o 3
- 149 -
para la aparición de las urbanizaciones ilegales poster iores
(Comunida d de Ma drid, 19 84a, 198 4b) .
En febrero de 1984 , la Asamblea de Madrid apro bó una Proposic ión
no de Ley por medio de la cual , se solicita ba d e la Consejería con
competencia s en materia de ordenación del terr itorio, "[ ... ] la elabora-
ción de un Catálogo de Urbanizaciones Ilegales, así como de un pro-
grama de actua ci ón sobre dichas urbanizaciones" (Ley 9/1985). En
octubre de ese mismo año, s e publicaba el cit ado documento, dividi -
do en dos volúmene s: El Pro grama de Actuación sobre las U rbaniza -
ciones Ilegales Catalogad as (Comuni dad de Madrid, 1984b), y el Catá-
logo de Urbanizacio nes Ilegal es (Comunidad de Madrid, 1984a). Los
resulta dos d el trabajo daban una idea del alcance del fen óm eno: 107
urbanizaci ones il e gales, que o cupa ban un total de 7.571,3 ha, co nt e-
niendo casi 20. 000 par celas , so bre las que había constr uidas o en fa se
de constr ucción casi 5. 000 vivien das ( ibidem )
88
.
El Programa de Actuación estaba dividido en cinco capítulos, además
de la introducción. El prime ro, de carácter más co nce ptual, se iniciaba
con el planteamient o del problema, para lo cual pr opon ía una defini-
ción d e lo que debía entender se por u rbaniza ción il egal en el contex-
to del tra bajo, así como una p rimera aproximaci ón a la dimensión del
fen ómeno. A continuaci ón, realiza ba una justificación del por q ué del
trat amiento que se propo n ía de esta s urbanizacione s en comp ara ción
con lo q ue rea lizó en etapas ante riores; ello, fundament almente, en el
sentido de proceder a su legalización sin más, carg ando sobre el era-
rio público la subsana ción d e las carencias d e se rvicios e infraestr uc-
88
Tras la aparición de alguno de estos documentos, la revista Alfoz f ue publicando
una ser ie de trabajos que, o bien recogían una síntesis de los resultados del m is-
mo (Sin autor, 1984), o bien señalaban algunos de los resultados o btenidos con
los programas de actuación inic iados en aplicación de estos (Arranz, 1986).
turas consustanciales a este tipo de actua ciones. Son espec ialmente
relevant es la s aportaciones que se hacen en cuanto a la b úsqueda de
una explicación del por qué de la rápida prolifera ción del fenóme no,
así como de su propuesta tipológica, cuestiones en las que no se va
entra r p ara evitar reiteracione s con lo ya señalado en otros apar ta-
dos, y con lo que se t rata rá en e l siguiente.
El capítulo 2 fija ba los objetivos d el Programa de Actuación , estable-
ciendo co mo tale s "[ ... ] el re speto a la legalidad ur banística [...] y la
recupera ción y salvaguard a de los terrenos de alto v alor agrario, eco-
lógico y paisajístico " (Comunida d d e Madrid, 1984b , p. 101); per o
también, las co nsecuencia s que d ich os proces os tenían para el terri-
torio donde se insert an. Conclu ía el documento con el establecimien-
to de las medidas que deberían adop tar se según el tipo de urbaniza-
ciones y, por último, formulando las propuestas que debía acometer
la Asamblea de Madrid pa ra afr ontar la prob lemática . En este sentido,
el d ocument o conclu ía proponie ndo a la Asamblea a que instara a la
Consejería co n competencia s en la materia, para q ue elaborase un
proyecto de Ley de tratamient o de estos asentamien tos. En dic ie mbre
de 1985, apenas un año y medio después de pr esenta da la prop osi-
ción no de ley, se publica ba la Ley 9/1985, Especial para el Tratamien-
to de Actuaciones Urbanísticas ilega les en la Comunida d d e Madrid .
Parece ló gico pensar que existía una clara voluntad política de en-
frent arse al problema, frena rlo y reconducirlo, esto último en un d o-
ble sentido: le galizan do aquella s urbanizaciones que era posible lega -
lizar y, en s egundo lugar, dem oliendo las que no l o eran, y rest itu-
yendo el suelo a su e stado original. Más a llá de otra s consideraciones,
intere sa destacar en este punto l a decisión de la Asamblea de trat ar
el fenómeno a escala regional y, en consecuencia, adoptar la decisi ó n
de asumir las competenci as en materia de d isc iplin a urbanística, aun-
que solo en los suelos ocupad os por urba nizaciones ilegales, sustra-
Capítul o 3
- 150 -
ye ndo, por tanto, dicha competencia de la esfera municipal. Q ué
duda cabe que tal decisión puede coadyuvar a una aplicación más
efectiva de las medid as de d isciplina u rbanística, dada la g ran carga
social que tiene el fenóm eno, y su capacidad para influenciar en las
decisiones de los regidor es de las corporaciones locale s. Por su parte,
el segundo v olumen del trabajo que se viene analizando, se corres-
ponde con el Catálogo de Urbanizacione s Ilegales (Comunidad de
Madrid, 1984a). Con una estructur a algo más sencilla, aborda ba la
cuestión en dos capítulos: el primer o más conceptual, y el segundo
con el contenid o de las fichas descriptiva s de cada una de las urb ani-
zaciones catalogadas. Respecto del primer capítulo , cabe destacar el
esfuer zo de los redactore s por justif icar los criterios p ara la elecci ón
de los asentamiento s considera dos, as í como alguna s aclaraciones en
el uso d e calificativos como el de "ilegal"
89
. Finalmente, se o fre c ía un
an álisis global de l os datos obte nidos tra s la elaboración del t rabajo.
El siguiente caso con d ato s de este tipo es el de la comunidad autó-
noma Ar agón , si b ien en condiciones similar es a las descritas para el
de Cataluña . Es d ecir, no se ha podido disponer d e los d ocument os
elaborad os por la adminis tración regional para evaluar el alcance del
fenómeno, p ero sí de algunos datos y conclusi one s publica dos en
tra bajos posteriores. En este sentido, Betrán Abadía y Franco
Herná ndez (1994) señalan que en 1988 la Dip utación General de Ara-
gó n ela boró un "[ ... ] Catálogo d e parcelacione s clandestin as [...] que
excluía las pertenecient es a los término s m unicipales de las capitales
de p r ovincia y limitaba el re sto de las reseña s a los casos más evide n-
tes" ( ibidem , p . 14). A pesa r de estas li mitac iones, y apoyándose en el
los trabajos, tanto de la a dministración regional (Diputación Genera l
89
Las cuestiones relativas a la utilización del calificativo ilegal para referirse a estos
procesos será tratada más adelante.
de Aragón, 1988) como en los de Sancho Martí (1989b, 1989c), lo s
autore s pudieron elaborar un censo de parcelacion es il egales d e los
municipios donde el fenó meno ha bía si do má s vir ulento hasta e sos
momentos (Betrán Ab adía y Franco Herná ndez, 199 4, p . 14 ) . Los da-
tos del estudio arrojaban lo s siguiente s resultados: 213 pa rcelaciones
ilegales, e n las que e xisten un total de 8 .451 parce las, que ocupan una
superficie de 1. 854 ,73 ha ( ibidem , p. 15). Ad emás de la cuestión tipo-
lógica
90
, el trabajo aborda otros aspectos de gran interé s para la ca-
racte rización del fenómeno. Por ejemplo, pone de m anifiesto cómo,
para el caso aragonés, exist ía una clara relación entre las p arcela cio-
nes ilegales y las clases soci ales medias y bajas, siendo a estas, a las
que, de manera mayoritaria, iba dirigida la ofert a d e este tipo de p ar-
celas. Sin embargo, los a ut ores también llaman la a tención sobre el
hecho de que, por otro lado, un amplio sector d e las cl ases medias,
sobre todo, una parte de lo s profe sionales, son ig ualmente usuarios
de este tipo de product o inmobiliario ( ibídem , p . 25). Con relación a
esto último, los aut ores añ a den que, es posible q u e " [ ... ] la adquisi-
ción de una parcela ilegal no es, como se ha dicho, un si gno d e inge-
nuidad, sin o todo lo c ontra rio" ( ibidem ).
Por otro lado, los autores analizan la evoluci ó n temporal respecto de
la aparición d e parcelacio nes ilegales, encontrando que en 1975 se
produce un claro punto de inflexión, siendo , a partir de ese momen-
to , cuando se dis para el n úmero d e parcela ciones ilegales, en con-
traste con el desarrollo de nuevas urbanizaciones de segunda resi-
dencia tr adicionale s. La explicación de este hech o, se encontraría
según los autores, no so lo en los efectos de la crisis econ ómica q ue
se d ej ó sentir en España e n esos años, sino , sobre todo, como conse-
90
Este aspecto será objeto de anál isis en el apartado siguiente, por lo que, para
evitar reiteraciones, no será tratado en este punto.
Capítul o 3
- 151 -
cuencia de la entrada en v igo r de la Ley del Suelo de 1975 ( ibidem , p.
26 -27)
91
. En este sentido, los autores apuntan a que el carácter más
garant ista del nuevo marco normativ o, junto con las mayor es exigen-
cias con relación a la d otación de infrae structur as, zonas verdes,
equipamient os y dotacione s, hacían que las p romociones "leg ales"
fuera n mucho más costos as, y no solo en términos económicos, sino
también en cuanto al tiempo q ue debía transcur rir en la tramita ci ón
administra tiva, y el co nsiguiente retraso en el retorno d e plusvalías
para los agentes urbaniza dores ( ibídem , p. 28, nota al pie núm. 13). La
segunda p art e del trabajo a borda un extenso e lenc o d e propuesta s
de actuación frent e al fen óm eno d e las p arce lacion es y edificaciones
ile gales. Junto a d ichas propuestas, fundamenta lment e de tipo u rba-
nístico, los autores propor cionan una serie de alternativas que se po-
drían llevar a cabo para satisfacer la demanda, si no de viviendas uni-
familiare s destinadas al ocio y el tiempo libre , s í al menos para la rea-
lización de actividades en el ámb ito rural, fundamenta lmente , l as re-
lacionadas con la pro moci ón de hue rtos familiar es.
Como se m enci onaba más arriba, l os trabajos realiz ados por la Dipu-
tación Genera l de Ar agón para el conocimiento del fen ómeno de las
parcelaciones ilegale s (Diputación Gener al de Aragón, 1988 , citado
por Betrá n Abadía y Franco Herná ndez, 1994, p. 14 ), tenían como
objetivo último, dimensionar adecuadamente d icho fenómeno como
paso previo a la elaboración de un Proyecto d e Ley para su trata -
miento jurídico (Tejedor Bielsa, 1996, p. 321- 322 ). B ajo el nombre de
Ley Especial de Parcelacio nes Ilegal es de Arag ón , dicho proyect o d e
ley recogía las fórmulas elegidas p ara encauzar la problem ática , simi-
lares, por otro lado , a las implementadas por otras comunid ades au-
91
Ley 19 /197 5, de 2 de mayo de 1975, de Reforma de la Ley sobre Régimen del Suelo
y Ordenación Urbana. BOE Núm. 107, del 5 de mayo de 1975.
tónomas, fundament alme nte la de Madrid. Dicho s p r ocedimiento s
eran tres: 1) la consid era ción de las p arcela ciones ilegales como nú-
cleos de población en suelo no urbaniza ble ; 2) el cambio en la clasifi-
cación del suelo p ara su integración en el modelo urbano del munici-
pio a través de los procedimient os ordina rios estable cidos en la legis-
lación estat al; y 3) la erradicación de la parcelación y la reposición del
suelo a su estado pr evio al desarrollo de la parcelación ilegal ( ibidem ,
p. 322). S in emb argo, dicho Proyecto de Ley nunca llegó a materiali-
zarse. En su lugar, se aprobó el Decreto 77/1995 sobre Planes Espe-
ciales d e Regularización Urbanística
92
. A pesar d e tener un alcance
jurídico menor, dado su ra ngo no rmativo, el decret o pretendía a bor-
dar a lgunas de las cuestiones que re cogía el borr ador del Pr oyecto
de Ley citado. Por este motiv o, Tejedor Bielsa señal ó que se extra limi-
taba en s u capacidad regula toria ( ibidem , p. 320 y ss.), además de
contravenir ci ert os precept os de la legislación b ási ca estata l ( ib idem ,
p. 323). En definitiva, y a p esar de los incon venientes citados, y lo s
serios p roblema s de aplica bilidad d el decreto, la administra ción re-
gional trató de abordar el problema desde un mome nto rela tivamen-
te temprano. Prim ero, elaborand o un documento d e trabajo p ara
dimensionar el pro blema desde su s difer entes vertientes y, una vez
co ncluid o este, trat ando de imple mentar un texto nor mativo que
permitiera abordar la reconducción del fe nómeno a través de dife-
rente s fórmulas.
Para concluir este repaso a algunas de la iniciativas públicas de cará c-
ter regional, llevadas a cabo para diagnosticar y abor dar el fenómeno
de las parcelaciones y urbanizaciones ilegales, se cuenta co n el caso
92
Decreto 77/1995, de 18 de abril de 1995 , por el que se regula la elaboración y
ejecución de los Planes Especiales de R egularizaci ón Urbanística. Publicado en
Boletín Ofici al de Aragón Núm. 53, del 5 de mayo de 1995.
Capítul o 5
- 254 -
extremo oriental del término municipal, q ue q ue dó cataloga do bajo
la figura de Conjuntos Serranos de Interés Ambiental ; y por último, un
pequeño ámbito que se corresponde con la zona ribereña de los
arroyos Molin o y B ejarano, lo caliza dos muy próximo s a la pedanía de
Santa María de Trass ierra , reconocido d ebido a la existencia de un
bosque galería extraordinariamente b ien co nservado (Consejería d e
Obras Públ ica s y Transporte s, 1988) . Con todo, para Mulero
Mendigorri (2001) Si err a Mo rena , ha sido uno de los grandes olvida-
dos d e la política de p ro tección de espaci os natur ales hasta fechas
rela t ivamente recient es, lo que “[…] resulta s in-
tomático de la pobre percepció n que, desde
instancias medioambiental es – científicas y políti-
cas-, se ha tenido res pecto del norte de Andalu-
cía hasta fe cha s muy recient es” (p. 52).
L a fig ura 5 .1 2 muestra có mo so lo zonas muy
localizadas d el sector serrano quedaron sin pro-
teger, todos ellos, como ya se apuntaba, fun-
damentalment e debido al desarrollo de proce -
sos de urbani za ción. As í pues, tanto en las pro-
ximidade s de los núcleos urbanos tradiciona les
de Cerro Muriano com o en Santa M aría de
Trassierr a, el PEPMF su stra jo del ám bito pr ote-
gido aquellos espacios ocupados por la urbani-
zación; en el caso d e Cerro Muriano se añad ie-
r on , además, los terrenos ocupados por la b ase
militar. A los anteriores, se un ieron también
otros ámbitos fue rtemente transformados po r
procesos urbanos, aunque todos ellos cont aban
en esos momentos con planes parciales d e or-
denación pre senta dos par a su tramitación ant e
el ayuntamiento: las urbanizacione s de Las Jaras y Santo Domingo,
esta última junto a la ermita d el mismo nombre; y un tercer ámbito
que se correspondía con la parcelación ilegal El Cru ce. La mayo r par-
te de las p arce laciones ilegales existentes en esos momentos en el
área g eográfica de la sierra, fuer on identific adas por el plan g ene ral
de ordenación urbana de 1986, de redacción práctic ament e co etá nea
al PEPMF; ello significa, que eran anteriores o, como mínimo, coetá-
neas a la r edacción y aprobación de este último d ocument o. Lo ant e-
rior, puede llevar a suponer que el nive l de desarrollo de la mayor
Figura 5 .12 : Espacios catalogados por el PE PMF en el área geográfica de la sier ra.
Fuente: Consejería de Obras Públicas y Transportes, 1988 ; DERA. Elaboración propia.
Capítul o 5
- 255 -
parte de dichas parce laciones ile gales era aún
muy bajo en esos momen tos, de a hí el tratamien-
to diferencial co n las antes señaladas que, co mo
ha quedado dicho, fueron excluidas de la prote c-
ción.
Como señala Mulero Mendigorri (2018, p . 221)
con el d esarr ollo de las compete ncias auto nóm i-
cas en m ate ria d e medioambient e, a finales de
los años ochenta la administración regional p ro-
mu lgará la Ley 2/1989
215
por la que se creará la
Red de Espaci os Protegi dos de Andaluc ía (RE N-
PA)
216
, po steriorment e completada co n la iniciati-
va comunitaria d e la Red Natur a 2000 ( ibidem ). El
mapa de la figura 5 .1 3 muestra los espacios pro-
tegidos en virtud d e dichas normativas, a los q ue
se han añadid o las p arcela ciones ilegales presen-
tes en el ámbito. La prim era cuestión que salta a
la vista es la reducci ón d el territorio protegido
con respecto al señalad o por el PEPMF. Así, un
amplio sector de la z ona central de la sierra
comprendid o entre las carr eteras CO -3408 de
Córdoba a Los V illare s y la N -432, q ueda fuera
de las figuras de p rotección establecidas. Junt o a est a, y un amplio
espacio situado al este d el r ío Gua dalbarbo, llama también la aten-
215
Ley 2 /1989, de 18 d e julio, por la que se aprueba el Inventario de Espacios Natura-
les Protegidos de Andalucía y se establecen m edidas adicionales para su pr otec-
ción, BOJA núm. 60, de 27 de julio de 1989.
216
Esta red quedó definitivamente establecida en el decreto 95/2003 , de 8 de abril,
por el que se regula la Red de Esp acios Protegidos de Andalucía y su registro,
BOJA núm. 79, de 28 de abril de 2003.
ción q ue prácticament e todos los ámbitos ocupa dos por parcelacio-
nes ilegales han quedado fuera d el espacio proteg ido, inclus o aque -
llas q ue el PGOU de 1986 catalogaba como incompatibles con los
valores ambienta les d el á mbito d onde se insertaban; tal vez el ejem-
plo más paradigmátic o de esto que se ha señalado sea el de la par-
celación ilegal Las Siete Fin cas , situada al este de la pedanía de Santa
María de Tr assierra y que ocupa una e xtensión de má s de 430 ha .
En definitiva, la Re d d e E spacios Na tura les Protegido s de An dalucía
delimitó en el área geográfica de la s ierra d e Córdoba solo d os espa-
Figura 5 .13 : Espacios protegidos en virt ud del marco nor mativo autonómico y comunit ario en el inte rior
del área geo gráfica de la sierra.
Fuente: PEPMF; Red Natura. Ela boración propia.
Capítul o 5
- 256 -
cios: el Parque Periurba no de los Villares, en la zona centra l del ámb i-
to, y un p equeño f ragme nto del Parque Natur al d e la sierra de Hor-
nachuelos. Por su parte, la Red Natura 2000 lo hizo con tre s Zonas de
Especial Conservación (ZEC) que, de este a oeste serían: la ZEC Gua-
dalmellato, la ZEC Guadia to-Bembézar y , en el extremo occidental,
coin ci diendo con el p eque ño fragment o del Par que Natural de la
sierra de Horna chuelos, la ZEC del mismo nombre; este último espa-
cio es el que t ambién está cat alogado como Zona de Especial Prote c-
ción par a las Aves (ZEPA).
En la actualidad, en el área geográfica de la sierra destacan, por un
lado, un amplio sector pr ofundamente alterado como co nse cuencia
del desarrollo de los mo dernos proce sos de ur baniz ación; y, por el
contrario, dicha situación co ntra sta con aque llas otras zo na s q ue han
mantenido práctica mente inalte rados sus valor es nat urales, ambienta-
les y paisajísticos ( vid. fi gura 5.14). En este sentido, el mapa de la figu-
ra 5.14 muestr a cómo amplias zonas del sect or cent ral de la sierra,
localizado a l norte de la carr etera CO-3314, y delimita do al este por la
carre tera CO-3405 que une los núcleos de Córdob a y Villaviciosa de
Córdoba, y a l hacia e l oest e, por la ca rre tera CO-3402, que cone cta la
ciudad con la pedanía de Santa María de Tr assie-
rra; por el norte este ámbito q uedaría delimitado
por el camino que une dichas carrete ras, y que
discurre prácticament e paralelo al cauce del río
Guadiato. En el ámbito así descrit o se lo caliza n la
mayor parte de las p arce l aciones ilegales situadas
en el área geográ fica de la sierra. Coincide éste
con la zona d e mayor nivel de accesibilidad y a
que, como s e puede ver en el citado mapa, es la
zona por donde discurre n las principales vías que,
desde el núcleo principal d el mun icipio, p ene tran
en el interior de la sierra. Junto a éstas, el trazado
de la N-432, que transita al este del núcleo prin-
cipal, es el otro gran foco de existencia de pr oce-
sos de parce lación ile gal.
Por el contrario, todo el sector occidental, desde
la citada carretera CO -3402 de Córdo ba a Santa
María de Trassier ra ha sta el límite administrat ivo
con el m uni cipio de Almodóvar del Río, está lib re
de proce sos p arce larios, l o que contrasta con lo
Figura 5.14 : Localización de los pri ncipales elementos que caracteriza n el área geográfi ca de la sierra.
Fuente: DE RA. Elaborac ión propia.
Capítul o 5
- 257 -
que sucede en esa misma zo na, pero en este último municipio, don-
de se concentr a un significativo número de par celacione s ilegales. Por
su parte , el sector oriental, entre la carretera nacional N - 432 y el lími-
te municipal, está p rácticame nte li bre de parcelaci one s. No obstante,
en este ámb ito d esta ca el im porta nte núcleo d esar r ollado en las in-
mediaciones de la Ermita de Nuestra Señora d e Linares, muy v incula-
do a las recientes d inámicas de cre cimient o urban o del últi mo ci clo
expansivo del sector de la construcción. Y, por últ imo, a med io ca-
mino entr e lo s suelos de la s ierra y los del piedemont e, vinculados al
núcleo urbano tra dicional d e Alcolea, se localiza un grupo d e tres
parcelaciones c on un a lto gra do de con solid ac ión.
5.2.2.2 El piede monte: El contacto entre la sierra y e l vall e
La estrecha franja d e territorio que se sitúa entre el límite meridional
del área geográfica de la sierra y el septentr ional d e la v ega h a que-
dado definida como área geográf ica del piedemont e. Es, con mucha
diferencia , el sector munic ipal de m enor entidad en cuanto a exten-
sión s u perficial, d ado que apenas s i ocupa algo m á s de 4.500 ha, lo
que supone só lo el 3,62% d el término mun icipal. Sin embarg o, su
escasa entidad superficial contrasta co n su alto valor d esde el punto
de v ista paisajístico, dada su posi ción privilegiada a m edia ladera en-
tre las llanuras del valle y las fuer tes p endient es de las últimas estriba-
ciones de la sierra . Según s e mostraba en la tabla de la figura 5 .1 0, a
partir de la caracterización que propone el Mapa de los Paisajes d e
Andaluc ía , el área g eográfica del p iedemont e pertenece a la Catego-
ría d e las ca mpiñas, está dentro de las áreas paisajísticas denomina-
das campiñas de piedemonte y , p or último, pertenecie nte al Ámbito
Paisajísti co d el piedemont e de sierra Morena . Por lo g ener al, es un
ámbito que suele incluirse en el más g enér ico de la sierra, por lo q ue
no es habitual que se aborde su carac teriza ción de manera individual;
López Onti veros ( 1994) lo describe como “[…] un sua ve glacis [q ue]
empalma el valle co n la sierra Morena , co mo níti dame nte puede ob-
servarse en la r ampa asce ndente del [ba rrio del] Bri lla nte” (p. 3 ).
En este sentid o, cabe indica r que los principales rasgos de tipo físico,
ambiental, paisajístico y te rritorial señalados para el ár ea geográfica
de la sierra serían aplicables a la del piedemonte. Con todo, su análi-
sis indi vidualizado como unidad territorial diferenciada desde el pun-
to de vista g eográf ico con respecto a la de la sierra y el va lle , s e sus-
tenta fundamenta lmente en las caracte rísticas especia les de su re lieve,
lo q ue le dotan una especi al relevancia d esde el p un to de vista pa isa-
jístico. En efecto, su p osición a media ladera entre las llanuras de la
vega y las acusadas pe n dient es d e las últimas estribaciones de la sie-
rra , hacen que se trate de un espacio con unas pote ntes cualidades
paisajísticas; al mismo tie mpo, su posici ón de privilegio v isua l sobre el
valle un ido a la existencia de los primero s escar pes de la sierra ac-
tuando como telón d e fondo, le confieren una gran fragilidad desde
el p unto d e vista visual (Zoido Naranjo, Rodríguez Rodríguez, &
Venegas M oreno, 20 06).
El mapa de la figura 5.15 muestra la delimitación del área geográfica
del p iede monte sobre la b ase topográfica de la reg ión. La introduc-
ción d e las curvas de nivel p ermite identificar diferentes zonas dentro
del ámbito delimitado, caracterizadas p or su distinto relieve . Así, el
extremo occidental d el ámbito, junto al límite administrativo munici-
pal, p resent a la z ona de mayores pendientes, con un relieve s imilar al
área colindante d e la sierra; éste está p ropic ia do por el cauce del
arroyo Guadarr omán. Por su parte, la posición cent ral d el núcleo
principal del municipio di vide el ámbit o en do s sectores; el orie ntal,
de m enores dimensione s, va perdiendo entida d a medida que s e
separa de la ciudad, lle gando en a lgunos puntos a c onvert irse en una
Capítul o 5
- 258 -
estre cha franja d e apenas 200 m d e longitu d. En contrast e con éste,
el occidental cuenta co n mayor extensión, además de s er el que
cuenta con pend ient es m ás su ave s. En este se ntido, en el sector
oriental el mapa topográfico evidencia la existencia d e algunas zonas
de acusadas pendientes, sobre todo v in culadas a la exi stencia de los
cauces d e los arroy os Rabanale s y Pedroche, este último más p róxi-
mo al núcleo principal. Pero, además, junto a la citada proximid a d del
cauce del ar royo Pedroche y las acusadas p endie nte s v incula das a
éste, la existencia d el trazado del ferrocarr il que unía la ciudad con el
municipio s err ano de Almorchón (hoy en desuso), hacen de este es-
pacio un lugar poco idóne o p ara el asentamiento
de activid ade s antrópicas no relacionadas direc-
tament e co n e l ámbito r ural; a pesar de lo cua l,
como se v erá en el apar tado siguient e, no que-
darán e xentos de coloniza ción.
Por el contrario, tanto el sector centra l co mo el
occidenta l del área geográfica han registrado una
evolución bien disti nta de la descrita para la zona
oriental. Por lo que respecta al primero, porque
desde los años cincu ent a del siglo pasado, ha
sido el espacio que ha soportado las primeras
extensiones urbanas de segunda residencia v in -
culada a las élite s locales, en la actualidad conso-
lid ado como una de las z ona s mejor v alora das de
la ciudad. Por s u parte, el sector central de la
parte occidental del ámbito fue el lugar elegido
por Ab d al-Rahman III p ar a fundar la que sería la
capital del Califato de al-Ándalus (Vallejo Triano,
2004); un espacio que ha s ido reconoci do desde
el punto de vista ad minis trat ivo d esde los inicios
del siglo XX , con su decla ración com o Monume nto N acional
217
, hasta
la actualidad, a través de su recient e inclusión en la Lista del Patrimo-
nio Mundial de UNESC O
218
. En este se ntido, el te rritorio a nteriorment e
217
La citada declaración se produjo tras la promulgación de la Real Orden de 12 de
julio de 1923 , como Monumento de carácter Nacional de las Ruinas y Palacio de
Madinat al-Zahra, publicado en la Gaceta de Madrid de 19 de julio de 1 923 y 26
de julio de 1923.
218
La incl usión del yacimiento arqueológico en la Lista del Patrimoni o Mundial de la
UNESCO se produjo durante su 42ª S esión del Com ité de Patrimonio Mundial,
reunido en Bahréin durante el día uno de julio de 2018.
Figura 5.15 : Delimitación del área g eográfica del pie demonte y lo calización de refere ntes patrimoni ales.
Fuente: Dirección General de Bienes Culturales, 1998; DER A. Elab oración propia.
Capítul o 5
- 259 -
descrito, es uno de los de mayor significación
patrimonial de todo el municipio, por lo q ue el
desarroll o d e actividades incompatibles con di-
chos valores patrimonial es compromete ser ia-
mente su valoración.
La figura 5.16 muestra los principales refere ntes
terr itoriales que car acter izan al área geográf ica
del piedemonte. Como se puede ver, más allá de
los y a comenta dos en los párrafos precedente s,
sólo aparecen lo s moder nos p roces os de p arce -
lación ilegal. Por otro lado, se han introduc ido
ta nto el ámbito recientement e incluid o en la Lista
del Patrimonio Mun dial de UNESCO bajo la de-
nominación de Ciudad Califal de Madinat al -
Zahr a, como su Zona de Amortig ua miento que,
por otro lado, es práctica ment e coincident e con
el ámbito d el plan Espe cial de Protec ción d el
yacimiento arqueológic o
219
. La desig ual afección
de los desarr ollos urbanos en cada uno de los
sectores d el ámbito es manifiesta; así, si e n el
occidenta l la presencia del yacimiento arqueológico de Medina
Azahara, y la delimitación d e su zona d e protección ha servido de
freno a dichos proc esos, no ha ocurrido lo mismo en el oriental, don-
de se localizan dos importa ntes núcleos urb anos forma dos a partir de
fenómenos de parcelaci ón ilegal.
219
Dicho plan fue aprobado definitivamente por el Ayuntamiento de C órdoba en el
año 1 998 bajo la denom inaci ón de pl an E special de Protección del Yacimiento
Arqueológico de Madinat al-Zahra y de dotaciones con edificaciones significati-
vas. Su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba núm. 90, de
21 de abril de 1999.
En efecto, la figura 5.16 muestra cómo en el sect or o ccident al s ólo se
han desarrollado tres asentamientos urbanos, dos de ellos dentro d el
ámbito del plan Especial d e Protección del yacimie nto arqueológico,
hoy zona de amortiguamiento del bien declara do Patrimonio Mun-
dial. Por el co ntra rio, en el sector oriental, la ausencia de dicha limita-
ción propició el desarrollo d e ocho parcel aciones ilegales concentr a-
das en dos n úcleos de poblaci ón con un alto gra do de consolida ción.
Figura 5.16 : Caracterización d el área geográfica de l piedemonte.
Fuente: DE RA. Elaboración propia.
Capítul o 5
- 260 -
5.2.2 .3 Área geográfica de la vega
Según el Mapa de los Paisajes d e And aluc ía, d entr o de la Categoría
que recoge los suelos que comprenden los valles, vegas y marismas
se encuent ran las áreas paisajísti cas denominadas valles, vegas y ma-
rismas interiores ( vid. cuadro de la figura 5 .1 0). Dentro de éstas, el
citado documento propone dos Ámbitos Paisajísticos ; la ve ga del
Guadalquivir y, por otro lado, el de las T err azas del Guadalquivir. A
los efectos de la presente investigación, el área geográfica d e la vega
quedará co mprendida exclusivament e por el primero de los Ámbitos
Paisajísticos señalados, es decir, por el d e la v ega del Guadalquivir ; el
segundo, el de las terrazas del Guadalquivir , quedará integrado en e l
área geográfica de la campiña
220
.
La figura 5.17 muestra la deli mita ción del área geográfica de la vega
realizada sob re el mapa t opográfic o d e Andalucía a escala 1:10 .00 0.
Cuenta con un a extensión total de 17.533,8 7 ha, lo que s upone casi el
14% de la superficie del término m un icipal, lo que la convierte en el
terce ro en importancia de spués del de la campiña y la sierra. Desde el
punto de vista topográ fico, su p rinc ipal caracter ística es la predo mi-
nancia de un relieve prácticament e llano; desde los aproximad ament e
80 m de altitud a los que s e sitúa el cauce del río Gu adalquivir, auté n-
tico refer ente te rritorial d e todo el ámbito, y lo s 130 m s.n. m. a los
que se sitúa e l trazado del Ca nal de riego del Gua dalm ellato, e lemen-
to de la infrae structur a de riego que sirve de lí mite septentr ional
prácticamente en todo el ámb it o, apenas si hay 50 m d e desnivel. Las
condiciones topográf icas favorables antes aludidas, junt o con la p ro-
ximidad al río y la fert ilidad d e los suelos próximos, han hecho q ue,
de sde antigu o, este haya sido un lugar privilegia do para el asenta-
miento humano. Junto a ello, el papel de co rred or de comunicacio-
220
Esta decisión quedó justi ficada en la parte final del apartado 5.2.2.
nes que tra dicionalmente ha jug ado el río Gu adalquivir y su v ega ,
hacen de este ámbito uno de lo s de m ayor interés d esde el punto de
vista territoria l y g e ográ fico. En definitiva, como señala López
Ontiveros (1994) esta “[… ] cinta estrecha, p ero hum aname nte vigoro-
sa, se erige en la clave de la provincia y el término co rd obés, en en-
cl ave e h iato entre la sierra Morena a l norte y la campiña y Subbética s
al sur” (p. 6).
En este sentido, com o señala el autor anteriormente citado, la exis-
tencia d e unos “[…] materia les litológicos, blandos y muebles dan
excelente s suelos de v ega y te rraza, q ue d e consu no con las aguas
del Guadalquivir o pr oced ente s de la sierra originan una vasta y feraz
extensión de r ega dío” ( ibidem ). Lo anterior pone de manifiesto que,
frent e a lo que sucedía e n los suelos de la sierra y del piedemont e, los
de la vega gozan d e una “[…] mayor profundidad y m enor variabili-
dad late ra l” (Parra Rincón, 1994, p . 34). Así, para este último autor,
desde el punt o d e vista litológico, el área g e ográfic a de la vega des-
crita hasta este p unto, q uedar ía div idida en d os zonas. La primera,
co mprender ía las v e gas asociada s a lo s cauces de los ríos Guadalqui -
vir y Guadajoz, formada s por s ediment os aluviales recientes ( ibidem );
la segunda, por su parte , sería “[…] la d e los suelos form ados a p art ir
de d epósit os ant iguos de ter razas” ( ibidem ). Para Torres Márquez los
suelos de la ve ga serían una de las p rin cipales zonas de recarga hí dri-
ca, así como el ámbito donde se lo cali zan gran parte de l os acuífero s
de tipo dendrítico (199 4, p. 39), lo que confiere a este espacio una
especial significac ión desd e este punto de vis ta, a la vez que lo vue lve
también muy vulnerable y sensible a la proliferación de actividades
inadecuadas que alter an o incid en sobre el subs uelo. En d efinitiva, las
óptimas condicione s litológicas y edáfica s de los suelos, junto con la
abundante presencia de agua, tanto superfic iales como subterránea s,
a las que se añade n unas ca racte rísticas topográ fica s muy fav orables,
Capítul o 5
- 261 -
hacen del ár ea geográfica de la vega una de las
de mayor ca pacidad agr ológi ca de la r egión.
Al ig ual que ocurría en el piedemonte, la posición
centra l del núcleo principal de la ciudad divide el
ámbito geográfico en dos sectores que, por lo
demás, presentan caracte rís ticas y dinámicas bas-
tante contrastadas. Sin embargo, y a d ifere ncia de
aquél, ahora la ocupación de los suelos de la ve-
ga y el desarroll o de la ciudad desde su funda-
ción
221
hace casi v eintidós siglos
222
hasta la actua-
lidad han estado directame nte relacionados ; unas
condiciones topográ ficas p ro picias, junto con la
proximidad al río, como principal v ía de comuni-
cación, y la fertilidad d e sus tierras estarían detrás
de esta cir cunstancia .
Por lo q ue respecta al sector oriental, se pueden
establecer , al mismo tiempo, dos ámbitos clar a-
mente dife rencia dos. El primero, más próximo a la
ciudad central, mucho má s extenso, acaba en una
estre cha franja, lugar donde la sierra y la campiña apena s si dejan un
pequeño co rred or al cauce del río Guadalqui vir y una p equeña por-
ci ón de vega, lugar donde se emplaza el núcleo tradicional de Alco-
lea. El segundo, ocuparía los suelos de la vega que se desarrollan
221
Si bien es conocida la existencia de un primer poblamiento prerrom ano en las
inmediaciones de los terrenos q ue hoy ocupan el Parque Cruz Conde, la referen-
cia que se hace es al establecimiento de la primera fundación roma na.
222
Aunque no existe consenso en el establecimiento d e la fecha precisa de la funda-
ción de la ciudad, se barajan las f echas del 169/168 o bien en el 152/151 a.C.
(Murillo, Ruiz, Carmona, & Moreno, 2009) .
desde d icho nú cleo hasta el lím ite municipal. En este caso se sitúan
mayoritariame nte en la m argen izquierda del río, justo l o co ntra rio de
lo que sucede en el resto del áre a geográfica donde, mayoritaria -
me nt e lo s suelos se localizan en la margen contraria. El mapa de la
figura 5.17 muestra cómo por la zo na que se localiza más próxima a
la ciudad discurre n los cauces de los arroy os Pedroche y Rabanales,
provocan do un relieve algo m ás movido que en el resto del ámbito,
lo que ha condiciona do e n g ran m edida el establecimiento d e activi-
dades desv inculadas del medio nat ural.
Al contr ario de lo que sucede en el sector oriental, el occ identa l pre-
senta una forma mucho más un iforme, que casi puede asim ilarse a
Figura 5 .17 : Delimitac ión del área geográfica de la vega y su s princi pales rasgos físicos y territori ales.
Fuente: DE RA. Elaboración propia.
Capítul o 5
- 262 -
un rectá ngulo perfecto; los lados cortos serían el límite m unicipal, en
el extremo más occidental y el borde de la ciudad en el opuesto; por
su parte, los lados largos coincidirían con el tra zado del Cana l de
riego del Guadalmella to por la parte s eptent rional y, por la vertiente
meridional, el cauce del río Guadalquivir. La o tra g r an diferencia con
respecto al ámbito orient al es que p ráctica mente todos los suelos se
sitúan sobre la margen der echa del río, do n de, por o tro lado, el relie-
ve es much o más sua ve.
Para López Ontiveros (1994) el territorio antes descrito, s e correspon-
de con el de un valle que cuenta con “[…] magníficos meandros d e
llanura aluvial, meandros abandonados […], llanuras al uviales d e casi
perfecta planitud y espect aculare s torronteras o cortados cuando se
acerca a lo s deleznable s te rrenos arcillosos del M io ceno, como en la
Barca, Casillas y Ro jas ” (p . 3). En este se ntido, el valle del Guadalqui vir
presenta , a s u paso por Córdoba, lo s rasgos que lo significan c omo el
tramo d e transición con relación al curso completo del río; en efecto,
su tra mo central con tra sta con “[…] e l encaja miento not able propio de
los cursos altos [y ] con los horizontes sin límites de las llanuras aluvia-
les típicas de un curso en la s puerta s de su dese mboca dura” ( ib idem ).
Como se viene señalando , las óptimas característica s físicas, ambien-
tales y ter ritoriales, han hecho de e ste ámbito
geográf ico el d e mayor presión antrópica del
municipio y, probablemen te, de toda la provincia.
Lo anterior no h a impedido que algunos sectores
del mismo hayan m ant enido unas buenas co n di-
ciones, sobre todo desde el punto de vista am-
biental, tales que las hayan hecho m erecedora s
de su reconocimiento ad ministrativ o a travé s de
su inclusión en alguna fig ura de pr otección. Junto
a ello, caben destacar , aquellos espaci os que
también son objeto d e reconocimiento, en este
caso por su vinculación con bienes patrimoniales
de primer o rden, como es el caso lo s restos de la
ciudad califal d e Medina Azahara, recientement e
incluida en la Lista del Patrimoni o M un dial de la
Unesco. El m apa de la figur a 5.18 muestra la de-
limitación del área geogr áfica de la vega en la
que se represent an los elementos q ue gozan de
algún tipo d e protecci ón en aplicación de la nor-
mativa ambiental y patrim onial. Respecto de lo s
Figura 5 .18 : Espacios protegidos po r la normativ a autonómica y comunitaria e n la vega.
Fuente: DE RA. Elaborac ión propia.
Capítul o 5
- 263 -
primeros, en el ám bito sólo se catalogan el tramo del cauce del río
Guadalquivir a su p aso por el municipio, d el que se excluye el sector
ce ntra l, más afectado por el crecimiento d el núcleo principal de la
ciudad; al él se añade el tramo final del río Guadajoz, en la z ona de
su dese mbocadura en el Guadalquivir. En ambos casos, han q ue dado
incluidos en la Red Natura 2000 bajo la catalogación d e Zona d e Es-
pecial Conservaci ón. Además de éstos, también en el ámbito ambien-
tal, en el interior de la ci u dad se delimita el Esp acio Natur al Protegido
de los Sotos d e la Albolafia , co n la categ oría de Monument o Natura l.
Dicho ámbito tiene la particularidad de quedar incluido en el interior
de la zo na del Centro Hist órico de Córdo ba que
está declarada com o Patrimonio Mundial, alg o
que es una singularida d y que, s in duda, cualifica
sus valor es patr imoniales . Por último, también
destaca la presencia en este ámbito geográfico
de la parte meridiona l de la Zona de Amortigua -
miento de la ciudad califal de Medina Azahara
que, co mo ha quedado se ñalado, ha sid o recien-
tement e incluida en la lista del Pa trim onio Mun-
dial. En definiti va, se trata de un ámbito con una
indudable vocación a div ersas activid ades ant ró-
picas, pero que n o está carent e de referente s
patrimoniale s de una e xtraordina ria re levancia.
El mapa d e la figura 5.19 muestra los principales
refe rentes territoriales que caracterizan al ár ea
geográf ica de la vega. Como se venía anticipan-
do, las desiguales condiciones físicas del sector
oriental y occidental, ha derivado en un d esarr o-
llo también clarament e diferencia do en uno y
otro ámbito. Con todo, salvo la zona más oriental
de la misma q ue, como se puede apreciar, p rácticament e permanece
inalter ada, el resto presenta un estado de profunda transf ormación
de carácter antrópico q ue, prácticamente , ha hecho desaparece r sus
originales rasgos natur ales. A pesar d e lo anter ior, las actividades
agrícolas tradicionales se mantienen en ampli as z ona s, si b ien seria-
mente dificultadas por la necesidad d e convivir con otras d e carácter
urbano, en muchas ocasiones, absolutament e inc ompatible s. Con
relación a las cuestiones de carácter general, hay otros d os a sp ect os
más que es necesario desta car antes de entrar a analizar con mayor
profundida d la caracte rización de los sect ores or ient al y occidenta l
Figura 5.19 : Caracterización del área geográfica de l a vega.
Fuente: DE RA. Elaboración propia.
Capítul o 5
- 270 -
antrópica que no sea la consustancial a su v ocación agrícola. De esta
forma, sólo en algunos punt os muy co ncreto s en las zonas m ás p ró -
ximas a las principales vía s d e comunicac ión, fundamentalment e la
carre tera N-432 de Badaj oz a Grana da, se han i mplant ado algun os
asenta mientos, bás ica mente d e carácter urbano, aunque d e muy
pequeña ent idad (como el caso de Torres Cabre ra
225
, hoy práctica-
225
Según el Nomenclátor, en 201 4, dicha entidad solo contaba co n 3 2 habitantes, 28
de los cuales estaban empadronados en la parcelación ilegal de l a Atalayuela.
mente deshabitado), o la p arce lación ilegal La
Atalayuela , muy p róxima al anterior, y que sería la
única parcelación ilegal e xistente en tod o el área
geográf ica de la c ampiña. Fi nalment e, destaca en
esta z ona la u bicación de las instalaci ones del
Complejo Medioamb iental de la ciudad, lugar d e
procesamient o de los r esiduos sólidos ur banos
del municipio.
Por último , desde el p un to de vista de los ele -
mentos de inter és ambiental, en el ámbito desta-
ca la Zona de Especial Co nservación denominada
Tramo Inferior del Río Guadajoz q ue, como s u
pr o pio nombre indica, prote ge bajo esta catego-
ría d e la Red Na tura 2000 a l tr amo fina l del río,
prácticament e el com prendido entre la pedaní a
de Santa Cruz hasta su desembocadur a en el
Guadalquivir en la zona del Aero puerto de C ór-
doba. Al ante rior se suma el espacio protegi do
por el PEPMF denominado Salina de Due rnas . En
definitiva, a diferencia del resto del término m uni -
cipal, se pu e de co n cluir señala do que el ámbito
de la campiña es el único que co n serva su vocación tra dici o nal, desa-
rrollándose actividades mayoritar iamente vinculadas a la actividad
rural y, po r tanto, habien do q ueda do al margen de los m odernos
procesos de urbanizaci ón.
Figura 5 .23 : Localización de los princi pales referentes ter ritoriales del área geográfica de la campiña.
Fuente: DE RA. Elaborac ión propia.
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