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La ocupación residencial del suelo no urbanizable: análisis de las parcelaciones ilegales del municipio de Córdoba

López Casado, David

Abstract

Las parcelaciones ilegales son uno de los casos más singulares de los asentamientos que integran los procesos de disper-sión urbana en España durante buena parte del siglo XX y del XXI. Ello por diversas razones, aunque son dos las que des-tacan sobre el resto: su origen no planificado y, en segundo término, el déficit de servicios básicos, infraestructuras y equi-pamientos. Se trata de un fenómeno que surge como una versión económica de las urbanizaciones de segunda residencia y que, sobre todo a partir de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, comenzaron a cobrar especial importancia en las principales ciudades y áreas litorales del país. Las parcelaciones ilegales vienen a cubrir, al menos en las etapas iniciales, la demanda de segunda residencia y zonas para el esparcimiento de una parte de la creciente clase trabajadora. La ocupación del suelo no urbanizable por actividades residenciales en forma de parcelaciones ilegales que se ha desarro-llado en Córdoba durante los últimos decenios ha supuesto un cambio sustancial en la estructura territorial del municipio. Por otro lado, la extensión social del fenómeno ha alcanzado tal dimensión que se ha llegado al momento actual en el que, salvo casos puntuales, la convivencia de la ciudad planificada con los asentamientos semiurbanos surgidos de manera ilegal no se manifiesta como un problema que deba ser solventado, sino como un proceso que tiene muchos matices para los agentes concernidos: parceladores, parcelistas y administración; ello, a pesar de los notables conflictos y consecuencias negativas que éste tiene, tanto en términos territoriales, como ambientales y paisajísticos. Con todo, y aunque se trata de una cuestión no resuelta y de gran actualidad, ésta no ha tenido una especial atención desde el ámbito científico. La elección de Córdoba como caso de estudio se sustenta en el hecho de que se trata de la capital de provincia andaluza donde las parcelaciones ilegales han alcanzado un mayor grado de incidencia desde el punto de vista de su complejidad y de su peso cuantitativo. Junto a lo anterior, las propias singularidades del municipio, tanto desde el punto de vista de su atípica extensión superficial como por su diversidad geográfica, justifican el interés por este ámbito concreto. La compleji-dad en el estudio de las diferentes dimensiones que tiene este proceso aconseja analizarlo desde escalas de detalle como única vía posible para conseguir su completa comprensión. Para ello, se propone la consideración de las diferentes etapas en las que el fenómeno parcelario se ha ido desarrollando, así como la forma territorial diferencial en que éste ha incidido sobre los distintos dominios espaciales que conforman el municipio al norte del río Guadalquivir: sierra, piedemonte y vega.

Full text

LA OCUPACIÓN RESIDEN CIAL DEL SUELO NO URBANI ZABLE: ANÁLISIS DE LAS PARCELAC IONES ILEGALES DEL MUNI CIPIO DE CÓR DOBA Doctorando: D avid López C asado Directores: Dr. Vícto r Fernández Salinas Dr. Alfonso Mulero M endigorri T e s i s d o c t o r a l: LA OCUPACIÓN RESIDE NCIAL DEL SUELO NO URBANIZ ABLE: ANÁL ISIS DE LA S PARCELACI ONE S ILEG ALES DEL MUNI CIPIO DE CÓ RDOBA D octoran do: Da vid Ló pez Ca sad o D irecto res: D r. Víc tor Fern ánde z Sa linas, Un iversidad de Sev illa D r. Alfons o Mule ro Men d i go rri, Unive rsidad de Có rdoba P rogram a de Docto rado: Geo g rafía Líne a de Inves tigac ión: Re curs os, d i nám icas u rbana s y rura les e inn ovac ión A Miguel y a Ma ría, por el tiem po que os he toma do prestado; me e s- forzaré por trata r de recuper arl o. Os quiero A G R A D E C I M I E N T O S Son muchas las personas que h an contribui do al desarrollo de esta tesis de una u otra forma, tanto en el ámbito académico como en el personal; y uno no sabe nunca por dónde empezar. Creo que es de justici a hacerlo por los doctores Víctor Fernández Salinas y Alfonso Mulero Mendigorri, i ncansabl es -y sufridos- directores de esta investigación. Gracias por compartir vuestros saberes y, sobre todo, por la gr an cantidad de tiempo invertido; soy plenamente consciente de lo duro que es tratar con alguien tan cabezot a como yo. Sin duda, soy deudor de todo ello y de mucho más, aunque espero haberos aportado algo. Y o me llevo, además de una magnífica experiencia académica y vital, dos amigos. Hace casi veinte años comencé a trabajar en la Of ici na Técnica para la Gestión del Plan Especial de Pr otección del yacimient o arqueológico de Medina Azahara. De ese m o- mento es la génesis de esta i nvestigación, dado que de ahí parte mi contacto de las parcelaciones ilegales y mi interés por conoc er m ás a fondo sus m últi ples dimensiones; gra- cias, Alberto, por compartir tus conocimientos y, sobre todo, p or hacerme ver la importancia de la honestidad y el rigor a la hora de acometer una investigación. Mi agrade ci- miento se extiende a todo el pe rsonal del Conjunto Arqueol ógico en las diferentes etapas; pero, sobre todo, a Ana, sin duda una de las pe rsonas que más me ha hecho crecer, tanto en lo personal como en lo profesional. Gracias también a Pepe, amigo, probablemente una de las per sonas que mejor co noce el mundo parcelista; nuestras discusiones y conversaciones sobre el tema son uno de los soportes sobre los que se apoya esta investigación. Antoni a, gracias también a ti; ya ves, el que la sigue, la consi gue… Mi paso como alumno del Máster en Ordenac ión y Gestión del Desarrollo Territorial y Local de esta universidad es otro de los hitos importantes que quiero de stacar. Mi agra- decimiento, de nuevo, al profesor Fernández Salinas -Víctor-, tutor de mi trabajo fin de máster, que fue la antesala de esta t esis, por su generosidad y sus consejos, siempre bien recibidos (aunque no siempre suficientemente atendidos...). Gracias también al resto de los profesore s, algunos de los cuales han influido positivamente en mi crecimiento como investigador; y, muy especialmente, a Josefina Cruz, Leandro del Moral y Rocío Silva, miembros del tribunal que ev aluó dicho trabajo, por sus críticas durante la defensa. Pero mi agradecimiento se extiende también a todos los compañeros de clase; creo que fueron nueves m eses fundam entales en mi experiencia vital. No puedo dejar de pensa r en los que hoy son mis amigos, Nelson y Aída, Ramiro, Dani, Emi lio... pero sobre todo en Marta, Rosa -y Víctor, qué habíamos hec ho sin él.. .- y María; a todos, muchísi mas gra- cias. Agradezco también a m is colegas del depar tament o de Geografía Humana, así como a sus dos últimos directores, su apoyo en diferentes momentos de este d uro trabajo; a Lola Requena, por compartir su tesis, sus conocimient os y experiencias; a Gema González y Leandro del Moral, por su gener osidad en los últimos meses; a Davi d Sampedro, in- cansable compañero de penas y pesares. Y, por supuesto, a Josefina Cruz, por su inestimabl e apoyo . De igual modo, a los integrantes de mi Grupo de Invest igación, por sus crí- ticas y sugerencias que, sin duda, han contribuido a enriquecer la investigación. A mis padres, por desgr acia ya desaparecidos. Sé que os habría gustado compartir el final de este trabajo, especialmente a ti , mamá; y sí, ya , por fin, tu hijo he dejado de estu- diar. Y, aunque te dejo para el final, sabes que estás presente desde el princi pio , y que sin ti nada d e esto habría sido pos ible. Desde que te conoc í en el ayuntamiento de Obejo, luego en Medina Azahara, más tarde en el Máster -nunca olvidar é el viaje a Tánger-, y ahora compartiendo tantas cosas juntos. Espero poder compe nsarte: TQT. Í N D I C E G E N E R A L _RESU MEN ………… … …… . ………… ……........………. .…… ........... ......................... ........................................... ............ .................................. ......... ........... .... ………. . ….…..... ..… ......... _ABS TRACT ………………….…………… …........………..…… ................................... .................. ..... .... .... .. .... ..... .. .... .... .. .... .. .... .... .. .... .... .. .... .... .. .... ... ...............………. .….….......…......... .. ......19 ........21 _PRE SENTACIÓN CAPÍ TULO 1. Introducción .. .................. ................................... .......... ................................... ............................. . ............................... ........ ........................ . .. .. .. ......49 _BLOQ UE 1: LOS PROCESOS DE OCUPACIÓN DE L SUELO NO U RBANIZABLE CON FINES RE SIDEN CIALES: MARCO TEÓRICO Y E STADO DE LA INVESTIGACIÓN EN ESPAÑA CAPÍ TULO 2. Marco teór i co……................................ ..............……………… ............... ........... ................................. ............................. .. ........................ .. ........ . . ........69 CAPÍ TULO 3. E stado de la cuestió n en España. ...................... ................................ ................................. .. ..................... ............................ ......... .. .......... . . .......119 CAPÍ TULO 4.- El fenómeno de las pa rcelaciones ile gales en Andalucía : Panorámica ge neral, tratamiento administrativ o y regula - ción jurídi ca ... .......................... ..................... ................................... ................................... ................................... .................... .............. ........ . . .......181 _BLOQ UE 2: LAS PARCELACIONE S ILEGALES EN CÓRDOBA: GÉNE SIS , EVOLUCIÓN Y CARACTERI ZACIÓN GENERAL CAPÍ TULO 5. Contextualización del área de e st udio............ .................... ....................... .......................... ................................. ................... ....... .......... ......2 35 CAPÍ TULO 6. Génesis y ev olu ción del proceso de parcelación ilegal e n el municipio de Có rdob a…… …… ...... …………………….... ..…….…….. …… .... ..2 71 CAPÍ TULO 7 . Caracterización general del fenómeno de parcelación il e gal........... .................................. ............ ............................... ............ ......... ......323 _BLOQ UE 3: ANÁLISIS DEL PROCE SO DE PARCELACI ÓN I LEGAL CON FINES RE SIDE NCIALES SEGÚN LAS ÁRE AS GEOGRÁFICAS AFE C TDAS CAPÍ TULO 8. Las parcelaciones ilegales de l a Sie rra................. .................. ................. ............................ ................................. ......................... ... ......... ......3 93 CAPÍ TULO 9. Las parcelaciones ilegales de l Piedemo nte....... ................................ ....... .......................... ................................. ....................... ........... .. ......455 CAPÍ TULO 10 . Las parcelacio nes ilegales de la V ega...... ......................... .................. .. .......... ....................................... .............. .......... ......................... ......4 99 _CONCLU SIONE S ……………………… ..…..........…………… ……………… ………………………… …………………… …….…………… ………………… . ..................... ……………… .. . .. ........ ..……. .… _CONCLU SIONS ………………………. ...…..........……………… ………………… ………….................... ..………… ……. .......... ........................ ................................. ....................... . ...……..… ......5 73 ......591 _REFE RENCIAS ……… ... ……………. ….……………... ..................... . .....……………… ………… .. ………………… ……………… ………………………… …………………… ……………… … ........... .. …... ...... 607 7.2.4.3. Los notar ios y registradore s de la propie dad 7.2.4.4. Otro s organismos e i nstituciones pú blicas 7.3. Pautas de la distribució n espacial del fe nómeno pa rcelario y criterios para su elecció n y delimitación física ...... 7.3.1. Definición d e los criterios estableci dos para la elecc ión y delimitació n de las parcelacio nes ilegale s que serán objeto de estudio .......................... ................................... .............................................. ......... .............. ........ 7.3.1.1. Criterios pa ra la elección de las parcelaciones co nsideradas 7.3.1.2. Delimitació n física de las pa rcelaciones ile gales: dificultade s y propuestas 7.3.2. Rasgos generales de la distri bución espacial de las parcelacion es ileg ales …… ………………… …………………… … .. 7.4. Perfil demográfico del pa rcelista y uso de las e dificaciones ...................... .......................... ........................ ......... .............. 7.4.1 . Caracte rísticas de mográficas ............................... ........................ ....... ..................................... ............ ...................... ...... 7.4.2 . La fo rma de utilización de las edificacio nes. .............................. .................................... ................ ....... ..................... 7.5 . El tamaño de las parcela ciones ilegales ........... ........................ ......... ................................. .............. ......................... ............... 7.6. Propuesta de clasificació n para el estudio geográfico de las parce laciones ileg ales ........................ ............................ 7.6.1 La escala de los gran des dominios geo gráficos............ ..................... ................................... ....... ..................... ........... a) Parcelaciones de sierra b) Parcelacio nes de piede monte c) Parcelaciones de v ega 7.6.2. La escala de deta lle ... ................................. ..................... ........ .............................................. .. ........................... .............. . . . .........358 . . . .......... 3 59 . . . .......... 3 68 . . . .........372 . . . .......... 372 . . . .......... 3 77 . . . .........3 79 4 ..........3 84 9 ........... 386 0 . . . .......... 3 88 _ BLOQUE 3 : ANÁLISIS DEL PROCESO DE PA RCELACIÓ N ILEGAL CON FINE S RESIDE NCIALES SEGÚN L AS ÁREAS GEOG RÁ- FICAS AFEC TDAS CAPÍ TULO 8. Las parcelac iones ileg ales de la sierra .................................... ....................... .................................. ........ ......................... . 8.1. E volución, distribució n y extensión de las parcelaciones ilegale s de la si erra ........................ ......................... .. . . 8.1.1. Génesis y ev olución del fenómeno .... ........................ ................................. .......... ....................... ...................... 8.1.2. El tamaño de las parcelacio nes .................................... .......... ....................... .................... .......................... ....... 8.1.3. Factores de lo calización espacial .... .......................... ............................. .............. ......................... ..................... 8.2. Aproximación sociode mográfica ....................... ................................ ... ................................. ...... ................................. . 8.2.1. El nomenclátor y sus limitaciones ............................. .............. ............................. ........... ................................. .. . . . ......... 393 . . . .........3 95 . . . .......... 398 . . . .......... 405 . . . .......... 408 . . . ..........413 . . . ........... 413 8.2.2. Aportacio nes de la informació n censal ...................... ............................... ............ ............................. ............. 8 . 3. Clasificación tipológica.. ................................... ...... ............................ ......................... ................ ................................... . 8.3.1. Consideracione s gener ales......................... ................................... ......... ......................... ................. ............ ....... 8.3.2. Criterios de clasificac ión ......................... ........................ ................. ......................... ................ ........................... 8.4 . Las parcelaciones de dominante urbana (tipo 1) ................... ......................... .......... ................................... ............ . 8.4.1. De ilegal a urbano: El subti po 1.1 .................................... ................... ................ ............................ ........... ......... 8.4.1.1. El caso paradigmático de la Urbanización Cam po Al egre 8.4.2. La fosilizació n como seña de i dentidad: El subtipo 1 .2 ............... ........................................ ...... .................. 8.4.2.1. Urbanizació n El Cruce: El largo proceso hacia la le galiz ación 8.5. Las parcelaciones de componente rústica (tipo 2) ................... .................... ................................. .... ....................... 8.5.1. Entre la urbanizació n y la parc elación ilegal : El subtipo 2.1 ....................... ....................... .............. ............ 8.5.1.1. Siete Fincas : La reivind icación como argumento 8.5.2. La especial p rotección como rasgo esencia l: El subtipo 2.2 ........... ...................................... ............ ......... 8.5.2.1. Hacienda El Co rdobés: El componente torero del fenóme no parc elario 8.5.3. La imagen de la precarieda d: El subtipo 2.3 . .......................... ........................................ ..... .................... ...... 8.5.3.1. Rancho Bla nco o la es encia de la vida e n el campo . . . ........... 418 . . . .........423 . . . .......... 424 . . . .......... 424 . . . ....... ..4 30 . . . ........... 4 31 . . . .......... 4 36 . . . .... .. . ..4 40 . . . .......... 4 42 . . . .......... 4 46 . . . .......... 451 CAPÍ TULO 9. Las parcelac iones ileg ales del piedemo n te ..................................... ................................. .......... ................................ .... 9.1. E volución, distri bución y extensión de las parcelacione s ilegales del pie demo n te …………… …… ………… ………. 9.1.1. Génesis y ev olución del fenómeno .... ................................... ............................................ ....................... .......... 9.1.2. El tamaño de l as pa rcelaciones .................................... ................................... ................................. ....... ........... 9.1.3. Factores de lo calización espacial .... ................................... ...................................... ................. .................. ....... 9.2. Aproximación sociode mográfica………… …………………… ………. ......... ………… …………………… ………………… ………… . …… 9.2.1. El nomenclátor y sus limitaciones .............................. ................................. ........................ ............... ................ 9.2.2. Aportacio nes de la informació n ce nsal......................... .............................................. ................................. ... 9.3. Clasificación tipológi ca ……… ………………………… …………………… … ..................... ....................... ........... … ……………………. 9.3.1. Criterios de cla sificación ................................ ................................... ........................................... ......... ... ............. 9.4 . Las parcelaciones de dominante urbana (tipo 1) …………… .......... ………… …………………… ………………… ……………….. . . . ......... 4 55 5 .... ......4 57 . . . .......... 4 58 . . . .......... 463 . . . .......... 4 66 . . . .........4 68 . . . .......... 4 69 . . . .......... 472 . . . .........4 78 . . . .......... 478 . . . .........4 81 9.4.1. De ilegal a urbano: El subti po 1.1 .................................... ................................... ................................. ............... 9.4.1.1. El conju nto El Sol-Enci nares de Alcole a : La difícil co nvivencia de dos modelos o puestos 9.4.2. Las consecue ncias del urbanismo expansivo: E l subtipo 1.2 .................................. ................................... . 9.4.2.1. El conjunto urbano Carrera del C aballo : La pa radoja de la p lanificación urbanística 9.5. Las parcelaciones de componente rústica (tipo 2)……………… ….…….. ...................... ............................... ……………. 9.5.1. La especial p rotección como rasgo esencial: El su btipo 2.2 ..... ................................... ................. .............. 9.5.1.1. Jardines de Aza hara: El v alor hedónico del emplaz amiento . . . .......... 4 83 . . . .......... 4 88 . . . .........4 93 . . . .......... 4 94 . . . .... .. .. 4 99 . . . .........501 . . . .......... 505 . . . .......... 510 . . . .......... 513 . . . .. .. .....518 . . . ........ . . 518 . . . .......... 523 . . . .........5 29 . . . .......... 429 . . . .........5 34 . . . .......... 5 35 . . . .......... 5 41 . . . .........5 49 . . . .......... 5 50 . . . .......... 5 58 CAPÍ TULO 10 . Las pa rcelaciones ilegal es de la v e ga ............................. ................. ............................ ........................... ............... ......... 10 .1. Ev olución, distribución y ext ensión de las pa rcelaciones ilegales de la v e ga ..... .... .... .. ..... .... .. .... .... .. .... .. .... ..... 10.1.1. Génesis y evolució n del fenómeno ............................ .................... ......................................... ........................ 10.1.2. El tamaño de las parcelaciones .... ................................... ......................... .................. ..................... ................ 10.1.3. Factores de localizació n espacial ............................ .................................. .......... ............................. ............... 10 .2. Apr oximación sociodemográfi ca …………………… ………… ... ............................... .......... ......... …….… ………………………… 10.2.1. El Nomenclátor y sus limitaciones .............................. ....... .......................................... ...... ............................. 10.2.2. Aportaciones de l a información ce nsal .......................... .............. ............................ ............. ....................... 10 .3. Clasificación tipológi ca… ………………………… …………………… …… ............ ………………………… …………………… ..……………. 10.3.1. Criterios de clasif icació n........... ......................................... .................. ........ ............................. .......... ............... 10.4. Las parcelaciones de dominante urbana (tipo 1)……… …………… ........... ......................... ................ .. …… …………….. 10.4.1. De ilegal a urbano: El subtipo 1.1 .... ................................... ........ ............................................ . ........................ 10.4.1.1. Cuevas de Altázar: 30 años t ras el sue ño urba no 10.4.2. Hacia la le galización p or el camino más la rgo o las consecuencia s de un ur banismo ¿inflexi- ble? El subtipo 1.2 ........................ ........................... ................................... .......................... ................... ............. 10.4.2.1. La parcelació n La B arquera co mo laboratorio de experime ntación urbanístic a 10 .5. Las parcelaciones de co mponente rústica (tipo 2)………… ................. … ……………… ………………… ……………… ……… . 10.5.1. Entre la urba nización y la parcelació n ilegal: El su btipo 2.1 .............. .............................................. .. ....... 10.5.1.1. A pesar de la Gerencia esta parcela ción es u na Perla 10.5.2. La especial protección como rasgo esencial: El su btipo 2.2 . ........................ ................................... ...... . 10.5.2.1. Cuando el ag ua entra por la puerta, el parcelista salta por la vent a na: El co njunto La Altea-Gua dalvalle 10.5.3. La imagen de la precariedad : El subtipo 2.3 ..................... .......................... .................. ..................... ......... 10.5.3.1. ¡Y no hu bo una quinta vez ! O la terquedad del pa rcelista . . . .......... 5 64 _ CONCLUSIONES …………………………………. . … …..........………………… …………………… ……………… …………………… …………………… ……...............… . ……. I. Respecto al o bjeto: La conce ptualización de la s parcelaciones ile gales……… ……….……….… ………… …………………… ……….……… II. Respecto d e la importancia y dimensión del fe nómeno parcelario e n Córdoba……… .… …………… …………………… ……..…… …… III. Respecto d el papel de los agentes p rotagonistas…… ………………………… …………….……… ………… …………………… ……….. …… . ………... IV. El significado de las parcelaci ones ilegales a e scala de det alle …………………… ………………… ………………… ……………… ………………. . Futuras líne as de investigació n ……… ………………...... ………………………… …………………… ……………… ………………………… .………………… ………. _ CONCLUSIONS ………………………………… .. …… …....... ...……………………… ………………………… …………..... ......... . ......................................... ...... .………. I. Regarding the object : The conceptualis ation of illegal allo tment ……… ........... … ….…………… ………………………… ……..…….… ……… II. Regardin g the importance a nd dimension of t he parcelling phenomenon in C ord o va…… …………………… …………………...…… III. Regardin g the role of the ma in actors …………… …… ..... ............. …………… …………….…… ………………… …………………… …..…………… …... IV. The significan ce of illegal allo tments in the affected geographical ar e as…………… ………………… …………………….. …………………. . Future lines of re sarch...…...……… …………………… ..………………… ………………………… …………… ……… …………………… …………….…… …………….. _ BIBLIOGRAFÍA ……………………… ….….………….........… ………………… …………………… ……………… …………………… ……………. ...... ........ ..........… …… . ……... I. Referencias bibliográfic as.................... ................................... ..................................... ................................. ...................... .......................... II . Documentació n: Plane s, Inventarios y Catálogos .............................. ................................. ....................................... ....................... . ... III . Normativa ......................... ................................... .................. . ...................................... ................................. ................................... .............. . IV . Cartografía..... ........................... ................................. .............................................. ....... ...... ............................................ ............................ . . . ......... 57 3 . . . .........575 . . . .........5 77 . . . .........578 . . . .... .. ....5 81 . . . .........58 7 . . . ......... 59 1 . . . .........5 93 . . . ........5 94 . . . .........5 96 . . . .........5 99 . . . .........6 04 . . . ......... 6 07 . . . .........60 7 . . . .........627 . . . .........630 . . . .........632 - 19 - R E S U M E N Las parcelaciones ilegale s son uno de los casos más singulares de los asenta mient os q ue int egran lo s procesos d e disper- sión urbana en España durant e b uena parte del sig lo XX y del XXI. Ello por diversas razones, aunque son dos las que des- tacan sobre el resto: su origen no planif icado y, en segund o término, el d éficit de servicios b ásico s, infraestruct uras y equi- pamientos. Se tra ta de un fenómeno que surge c omo una ve rsión económi ca de las ur banizacione s de se gu nda residencia y que, so bre todo a p art ir de los años cincuent a y sesenta d el sig lo p asad o, c omenza ron a cobrar especia l importancia en las principales ciudades y á rea s litorales del país. Las parcelaciones ilegales vienen a cubrir, al menos en la s etapas iniciales, la demanda de se gunda r esidencia y zonas para e l esparcim iento de un a part e de la cr eciente clase t rabajadora. La ocupación del suelo no urbanizable por acti vidade s residenciales en forma de parce laciones ile g ales que se ha desarro- llado en Córdoba durant e los últimos decenios ha supuesto un cambio sustan cial en la estructura territorial del m unici pio. Por otro lado, la extensión so cial del fenóm eno ha alcanzado tal dimensión q ue se ha llegado al momento actual en el que, salvo cas os puntuales, la convivencia de la ciudad planifica da con los a sentamient os semiurba nos sur gidos de manera ilegal no se manifiest a como un proble ma que de ba se r solventado, s ino com o un pr oceso que tiene muchos ma tices para los agentes concernidos: pa rceladores, parcelistas y adm inistración; ello, a pesar de los notables conflictos y consecuencia s negativas que éste tiene, tanto en términos territoriales, como ambientales y paisajísticos. Con tod o, y aunque se trata de una cue stión no resue lta y de gra n actua lidad, ésta no ha tenido una especial a te nción d esde el ámbit o cient ífico. La elección de Córdoba com o caso de estudio s e sustenta en el hecho de que s e trata d e la capital de provincia a ndaluza donde las par celaciones il egales ha n alcanza do un mayor grado de incidenc ia desde el punto de vista de su com plejidad y de su peso cuant itativo. Jun to a lo anterior, las pro pias singular idades del municipio, tanto de sde el punt o de vista de su atípica extensión s uperfici al como por su div ersi dad geográf ica, justifican el interés por este ámbito con creto. La compleji- dad en el estudio d e las dif ere ntes dimensiones que tiene este proceso aconse ja ana lizarlo desde escalas de d eta lle como única vía posible para conse guir su completa compre nsión. Para ello, se propone la consideración de las diferente s etapa s en las que el fenómeno parcelar io se ha ido desarro llando, así como la forma territoria l diferencia l en que éste ha incidido sobre los d istint os dominios espaciales que conforman el municipio al norte d el río Guadalquivir: sierra, piedemonte y v e- ga. - 20 - - 21 - A B S T R A C T Illegal allotments is one of the most unique cases o f the settlement s that form the process of u rban sprawl in Spain durin g a g ood part o f the twent ieth and twent y -first centur y. This is due to various rea sons, althou gh there are two that stand out more than the others: lack of planning and, secondl y, the deficit of basic services, infrastruct ures and facilities. It is a phe- nomenon that emerges as an economic version of second home d evel opme nts and that, especially since the fifties and sixties of the last centur y, began to ta ke on special import ance in the main citie s and coastal area s of the country. Illegal al- lotments meets the demand for second homes and area s for r ecreation of a part o f the growing working class, at least in the initia l stages. The occupation of non-developable land by residential activities in the form of illegal allotments that has occurred in Cor- dova during the last decades has caused the territorial structur e of th e municipality to change substantia lly. On the other hand, the social extension of the phenomenon has re ached such a stage that today, ex cept in specific cases, the coexisten- ce of the planned city wit h semi-urban settlement s tha t have arisen illegally does not emer ge as a problem that must be solved, but as a p r ocess that h as many nuances for the actors involve d: developers, plotholder s and administration s, an d all in spite of the notable conflicts and negative consequences that it has, both in territorial, environmental and landscape terms. Ye t, and although it is an unreso lved and very topical questi on, it h as not received special a tte ntion from the scienti- fic field. The choice of Cordova as a case study is base d on the f act that it is the capital o f the And alusian province where il legal allotments have reached a greater de gree o f incidence from the po int of view of their com plexity and q u antita tive weight. Together with the above, the municip alit y's own uni quene ss, both from the point of view of its atypical su rface are a and its geographical d iversity, just ify the interest in this specific area. Th e complexity in t he study of the differ ent dimensions of t his process sugge sts that the only possible way to achieve its full understanding is to analyse it in detailed scale . To d o this, we propose the consideration of the differ e nt stages in which the parcelling phen omenon has occurred, as well as the diffe- rentia l territorial form in which this has affe cted the d iffer ent s patial domains that make up the municipality nort h of the Guadalquivir River: t he mount ain ra nge, the f oothill s a nd the f loodplains. - 22 - - 23 - R E L A C I Ó N D E A B R E V I A T U R A S AM C: Archi vo Históric o Municipal AHP: Archiv o Histórico Pr ovincial BOE: Boletín Of icial de l Esta do BOJA: Boletín Ofic ial de la Junta de Andalucía DERA: Datos E spaciales de Refe rencia de Andalucía IDE: Infr aestr uctura de Datos Espacia les LOUA: Ley de Or dena ción Urbanística de An dalucía PAU: Progra ma de Actua ción Urbaní stica PERI: Plan Especial de Reforma In terior PGOU: Plan Gene ral de Ordenación Urbana/Ur banística PP: Plan Parcial - 30 - Tabla 8.05. Relación entre las entida des sin gulares de població n del Nome nclátor, la s pa rc elacio nes ile gales situadas en su i nterior. 415 Tabla 8.06. Relación de asenta mientos e n las enti dades sing ulares de població n de l a sierra se gún el N o menclá- tor de 2014. 416 Tabla 8.07. Evolución de la po blación en las entid ades singula res de población de la sierra (1970 -20 14). 416 Tabla 8.08. Datos básicos de los princi pales indicado res ofrecido s por el INE a partir de la búsqueda gráf i ca de los datos del ce nso de 2011 y su comparación los datos del padrón pa ra el mismo perí odo . 420 Tabla 8.09. Tipo de núcleo famili ar de la población residente en las seccio nes cens ales de la sierra. 422 Tabla 8.10. Nivel de estudios de la població n residente en las secciones censales d e la sierra. 422 Tabla 8.11. Tipo de ocu pación a 1 dígito de la C NO -11, de la población residente en las seccione s censales de la si erra. 423 Tabla 8.12. Relación de las parcelaciones de la sie rra y aplicación de los criterios tipoló gicos esta bl ecidos. 4 25 Tabla 8.13 Propuesta tipoló gica de las p arcelaciones ile gales del área geográfica de la sierra. 4 28 Tabla 8.14. Relación de las parcelaciones ilegales del tipo 1 y su divisió n según los subti pos establec idos. 4 30 Tabla 8.15. Relación de las parcelaciones ilegales del tipo 2 y su divisió n según los subtipos establ ec idos 4 41 _CAPÍTULO 9: L AS PARCELACIONES ILEGALES DEL PIEDEMONTE Tabla 9.01. Parcelaciones ilegales del ár ea geográfica del pie demonte según las distintas fue ntes, su denomina- ción y su clasific ación urbanís tica en los sucesivo s documentos de planeamie nto urbaní stico. 4 57 Tabla 9.02. Organización temporal de la s parcelacio nes ilegale s del área geog ráfica del piede mo nte a partir de su año de inicio. 4 60 Tabla 9.03. Distribución general de las p arcelaciones ile gales del piedemonte a partir de la clasific ación esta bleci- da según su supe rficie y relac ión con los to tales ocupados y número de ámbitos de ca da tipo. 463 Tabla 9.04. Distribución de las parcelacio nes ilegales del piedemonte según la s clases est ableci das en funció n de su superficie y el ra ngo de tamaños . 465 - 31 - Tabla 9.05. Relación e ntre las entid ades singulares de población de l Nomenclát or y las p arcelaciones ile gale s situadas en su i nterior. 4 70 Tabla 9.06. Relación de asenta mientos en las en tida des si ngulares d e población del p ied emonte según el No- menclátor de 2014. 4 71 Tabla 9.07. Evolución de la po blación en las entid ade s singulares de población de la sie rra (1970 -20 14). 4 72 Tabla 9.08. Datos básicos de los principales indic adores ofrecido s p or el INE a partir de la búsq u eda gráfica de los datos del ce nso de 2011 y su comparación los datos del padrón pa ra el mismo perí odo. 4 74 Tabla 9.09. Tipo de núcleo famili ar de la población residente en las seccio nes censales del pied em onte. 476 Tabla 9.10. Nivel de estudios de la població n residente en las secciones censales d el pied e monte. 4 77 Tabla 9.11. Tipo de ocupación a 1 dígito de la C NO-11, de la población residente en las seccio n es censale s del piedemonte. 477 Tabla 9.12. Relación de las parcelaciones de l piedemonte y aplicació n de los criterio s tipológico s estableci dos. 479 Tabla 9.13 Propuesta tipoló gica de las p arcelacion es ilegales del área geográfica de l piede monte. 4 81 Tabla 9.14. Relación de las parcelaciones ilegales del ti po 1 y su divisió n según los subti pos establ ec idos. 4 82 Tabla 9.15. Relación de las parcelaciones ilegales del ti po 2 y su divisió n según los subtipos esta blec idos. 4 94 _CAPÍTULO 10: LAS PARCELACION ES ILEGALES DE LA VEGA Tabla 10.01. Parcelaciones ilegale s del á rea geog ráfica de la v ega se gún las disti ntas fuentes , su deno minación y su clasificación urbanística en los sucesivo s documentos d e planeamiento urbanístico. 502 Tabla 10.02. Organización temporal de las parcelaciones ilegales del área geográfica de la vega a partir de su año de inicio. 506 Tabla 10.03. Número de parcel aciones ile gales según el año de inicio establecido por la investi gación. 508 Tabla 10.04. Distribución general d e las parcelacio nes ilegal es de la vega a partir de la clasif icac ión estableci da según su superficie y relación co n los totales o cupados y número de á mb itos de cada tipo. 511 Tabla 10.05. Relación e ntre las entid ades singulares de población del Nomenclátor y las parcelaci ones ile gales - 32 - situadas en su i nterior. 520 Tabla 10 .06. Relación de ase ntamientos e n las entidade s singulares de población d e la vega según el Nomenclátor de 2014. 521 Tabla 10 .07. Evolución de la po blación en las entid ades singula res de población de la vega (1970-20 14). 522 Tabla 10 .08. Datos básicos de los principales indic adores ofrecido s p or el INE a partir de la búsq ueda gráf ica de los datos del ce nso de 2011 y su comparació n los datos del padrón pa ra el mismo perí odo. 525 Tabla 10 .09. Tipo de núcleo famili ar de la población residente en las seccio nes censales de la vega . 528 Tabla 10 .10. Nivel de estudios de la població n residente en las secciones censales de la v ega. 528 Tabla 10 .11. Tipo de ocu pación a 1 dígito de la C NO -11, de la población residente en las seccione s censales de la vega. 529 Tabla 10 .12. Relación de las parcelaciones de la vega y ap licación de los criterios t ipológicos esta ble cidos. 531 Tabla 10 .13. Propuesta tipoló gica de las p arcelaciones ile gales del área geográfica de la v ega: Tipo 1 . 533 Tabla 10 .14. Propuesta tipoló gica de las p arcelaciones ile gales del área geográfica de la v ega: Tipo 2 . 533 Tabla 10.15. Relación de las parcelaciones ilegales del S ubtipo 1.1 de la v ega. 5 37 Tabla 10.16. Relación de las parcelaciones del su btipo 1.2: en color su t rat amie nto en el PGOU .86. 5 42 Tabla 10.17. Relación de las parcelaciones ilegales de la v ega del Su btipo 2.1. 552 Tabla 10.18. Relación de las parcelaciones ilegales de la veg a del Subtipo 2 .2. 558 Tabla 10.19. Relación de las parcelaciones ilegales de la vega del Subtipo 2.3. 566 - 33 - _RELACIÓN DE CUADROS _ CAPÍTULO 2: MARCO TE ÓRICO Cuadro 2.01. Propuesta tipoló gica de las f ormas de crecim iento urbano expansivo . 91 Cuadro 2.02. Términos utilizados e n la búsqueda e n los textos seleccio nados: relació n entre ellos. 10 8 _CAPÍTULO 4: EL FENÓMENO DE LAS PARCELACIONES ILEGALES EN ANDALUCÍA: PANORÁIM ICA GENERAL, TRAMIENTO ADMINISTRA TIVO Y REGULACIÓN J URÍDICA Cuadro 4.01. Definiciones de l concepto de parcelación ur banística en la LS92 y en la LOUA. 223 - 34 - - 35 - _RELACIÓN DE FIGURAS _ CAPÍTULO 1: INTRODUC CIÓN Figura 1.01. Esquema meto dológico de la t esis. 57 Figura 1.02. Ejemplo de una ficha cumpli mentada du rante el trabajo de campo . 66 _ CAPÍTULO 2: MARCO TE ÓRICO Figura 2.01. Nighthawks (1942) . 71 Figura 2.02. La coexistencia de los modos de vida tradicional y postmode rnos en una ci udad ja p onesa en 2005 (imagen de la izquierda); y la realidad v ivida por los t erritoriantes (Muñoz Ramírez, 2006, p. 2 46) , recreada por las palabras de Félix Bayón, en el recuadro d e la d erecha . 73 Figura 2.03. El orden de las actividades para el desarrollo de nuevos a sentamientos urb a nos según Solá-Morales i Rubió. 11 6 Figura 2.04. Representación gráfica de la forma en la que se pro duce el proceso de c rec imie nto de lo s distintos tipos de asenta mientos a partir de sus tre s fases básicas: parcelación, ur b anizació n y edificació n. 11 7 _CAPÍTULO 3: ESTADO DE LA CUESTIÓN EN ESPAÑA Figura 3.01. Cabecera del a rtículo publicado en el n úmero 98 de Cua dernos de Arquitect ura y Urba nismo. 13 6 Figura 3.02. Ejemplos de edif icaciones en urbanizaciones localiza das en el Área Metropolitana de Barcel o na. 13 8 Figura 3.03. Portada de la publicación Guía del parcelista . Notas para la ... 13 9 Figura 3.04. Algunas ilustracione s co ntenidas en el capítulo comp rar una parcela. A mbas perten ec en al apa rtado que analiza las v entajas de vi vir en un chalet . 1 40 - 36 - Figura 3.05. Ilustración co ntenida en el c apítulo co mprar una parcela , pertenec iente al a partado i nconv enientes de vivir en un c halet. 1 41 Figura 3.06. Ilustraciones de la publicación Guía del parcelista... que muestran , a la izq uierda, al maestro -el arqui- tecto- instruyendo al afligido alumno -el p arcelista- y, a la derecha , el resultado final del proceso. 1 42 Figura 3.07. Localizació n de las Comunidades A utónomas con trabajo s consultados de inventario de parcelacio- nes o urbanizacio nes ilegales . 14 7 Figura 3.08. Encabezado del a rtículo aparecido en el número 5 de la revista Autonomí a Local. 1 61 Figura 3.09. Propuesta tipoló gica de las u rbanizaciones ileg ales de la Comunida d de Madrid. 1 72 Figura 3.10. Fragmento de las ficha s de do s parcelaciones ilegal es (izda.) y s u leyenda (dcha. ). 17 4 Figura 3.11. Ejemplos de al gunos de los modelos ti po de diseño urb ano de l as parcelaciones ileg ales de la pro- vincia de Valla dolid según su estructu ra viaria y parcelari a. 176 Figura 3.12. Propuesta tipoló gica de la s parcelacione s ilegales de Pal ma de Mal lorca a pa rtir de la forma de l a parcela original y del trazado v iario interior; se muest ran el tipo "fincas rústica s", y su btipos. 17 8 Figura 3.13. Propuesta tipoló gica de las parcelacione s ile gales de Zaragoza a pa rtir de la re lación del ám bito respecto del núcleo urbano, accesos y de su posición en el territ orio. 17 9 Figura 3.14. Propuesta tipoló gica de las parcelacione s ilegales de Zaragoza a partir del diseño y morfo lo gía par- celaria. La figura muestra el esquema perteneciente al subtipo 1.2.1. 18 0 _CAPÍTULO 4 : EL FENÓMENO DE LAS PARCELACIONES ILEGALES EN ANDALUCÍA: PANORÁ IMICA GENERAL, TR AMIENTO ADMINISTRA TIVO Y REGULACIÓN J URÍDICA Figura 4.01. Distribución de las parcelaci ones u rbanísticas i dentificadas en el inventario realizado por la Direcció n General de Ur banismo en 1988. 1 89 Figura 4.02. Fragmento de la fic ha del Ca tálogo de la pa rcelació n El Melga rejo-Siete Finca s. 1 90 Figura 4.03. Distribución de las parcelaci ones u rbanísticas i dentificadas en el inventario realizado por la D irecció n General de O rdenación del T erritorio en 2003. 1 93 Figura 4.04. Incidencia del fenóme no parcelat orio a escala regional. El mapa muestra a quellos m unici pios que - 37 - cuentan en su i nterior con más de dos parcelacio nes ilegales. 1 96 Figura 4.05. Fragmento de la fic ha del inventario d e la parcelació n ilegal de las Siete Fi ncas. 1 99 Figura 4.06. Cartel perteneciente a la cam paña de sensibilización cont ra el fenómeno de las parc ela ciones ilegales llevado a cabo por la Junta de Andalucía e n 1985. 201 Figura 4.07. Distribución de la s denomina das Áreas de Difusió n (ADF) sobre el territorio region al. 206 Figura 4.08. Sistema de ase ntamientos en An dalucía en la act ualidad. 210 Figura 4.09. Viñeta de la campaña de la Consejería de Me dio Ambiente y Ordenación del Ter r it orio sobre los riesgos de co nstruir en lugares ina decuados. 209 Figura 4.10. Sistema de ciu dades establec ido por el Plan de O rdenación del Ter ritorio de And al ucía. 214 Figura 4.11. Municipios que cuenta n con más de 8 parcelaciones ilegales seg ún el Invent a rio de 2003 y su rela- ción con los planes de ordenación de ter ritorio de ámbito subregional e n los que se i ntegran . 2 17 _ CAPÍTULO 5 : PRESENTACIÓN DEL ÁREA DE ESTU DIO Figura 5.01. Dominios Ter ritoriales se gún el Plan de O rdenación del Territorio de Andal ucía. 238 Figura 5.02. Áreas Paisajístic as esta blecidas por el M apa de lo s Paisajes de An dalucía que afectan a la pr ovincia de Córdoba. 239 Figura 5.03. Superposició n de lo s es pacios protegidos en el inte rior de la provincia de Córdo ba por el Plan Esp e- cial de Protecció n del Medio F ísico y Catálo go de Córdoba y la Red Natu ra. 2 40 Figura 5.0 4. Sector central de la provincia de Córdoba y deli mitación de la aglome ración urbana con in d icació n de los municipios que la conf orman. 2 42 Figura 5.05. Localización de los T.M. d e l a AUCo, su relació n con las grandes u nidades de paisaje así c omo los pr inci pales elementos infr aestructurales y el si stema de as entamientos. 2 43 Figura 5.06. Plano de los fra nceses de 1811. 2 46 Figura 5.07. Crecimiento de C órdoba entr e 1896 y 2 005 según el Mapa Topográfico Naci onal E : 1/50.000. 2 47 - 38 - Figura 5.08. Localizació n de las Pedanías del municipio cor dobés. 2 48 Figura 5.09. El crecimiento de la periferia occidental de Có rdoba entre 1929 y 1970. 2 49 Figura 5.10. Caracterización geográfica d el municipio de Cór doba a partir de los ámbitos paisají st icos estableci dos po r el Ma pa de Paisajes de Andalucía y s u relación con otr os eleme ntos ter ritoriale s. 250 Figura 5.11. Delimitación del á rea geográfica de la sie rra y su principal es rasgos físicos y ter ritori ale s. 252 Figura 5.12. Espacios catalog ados por el PE PMF en el interior del áre a geográfica de la sie rra. 254 Figura 5.13. Espacios protegidos e n virtud del marco normativo autonómico y co munitario en el interior del ár ea geográfica de la sie rra. 255 Figura 5.14. Localización de los principale s elementos que caract e rizan el área geo gráfica de la sier ra. 256 Figura 5.15. Delimitación del á rea geográfica del p iedemonte y lo calización de referentes patrim oniales. 258 Figura 5.16. Caracterización del área geográfic a del piedemo nte. 259 Figura 5.17. Delimitación del á rea geográfica de la vega y su s princi pales rasgos físicos y territori ales. 2 61 Figura 5.18. Espacios protegi dos por la n ormativa autonó mica y co munitaria en la vega . 262 Figura 5.19. Caracterización del área geográfic a de la vega. 263 Figura 5.20. Localizació n de los principale s referentes territoriale s del s ector oriental de la v ega. 265 Figura 5.21. Localización de los principale s referentes territoriale s del sect or occidental de la v ega. 266 Figura 5.22. Delimitación del á rea geográfica de la cam pi ña y su princi pales rasgos físicos y territ oriales. 269 Figura 5.23. Localización de los principale s referentes territoriale s del Área Geo gráfica de la Ca mp iñ a. 270 _CAPÍTULO 6 : GÉNESIS Y EV OLUCIÓN DEL PROCESO DE PARCELACIÓN ILEGAL EN EL MU NICIPIO DE C ÓRDOBA Figura 6.01. Plano número 6 del Pl an Ge neral de Ordenació n Urbana de C órdoba de 1958, ref eri do al Núcleo de la Sierra . 2 77 Figura 6.02. Zona de Reserva Urbana y Casco de La Sierra , relación co n la ciudad y con el sec tor serrano del - 39 - término munici pal, según el plan general de 1958 . 2 79 Figura 6.03. Anuncio publicado por el Ayuntamiento de Córdoba en marzo de 1968 advirtiendo del ries go de fraude en la venta de parcelas rú sticas para la co nstrucción de viv ie ndas en la z ona de la Sierra. 280 Figura 6.04. Localización de la s urbanizac iones clandestina s . 282 Figura 6.05. Localización de las zo nas so metidas a me didas de parali zación de lo s a ctos de parcel ación y edifica- ción en septiem bre de 1975 . 2 84 Figura 6.06. Localización de la s parcelacio nes ile gales localizadas e n el ámbito de la sierra . 290 Figura 6.07. Localización de la s parcelacio nes ilegales localiza das en el ámbito de l a vega . 292 Figura 6.08. Localización de l as parcelacio nes ile gales recog idas en el catálogo de 1988 y su rel aci ón co n las ide n- tificadas en el plan de 1986 : sectores de la sier ra y la vega . 300 Figura 6.09. Comparación entre las parc elaciones ilegales identificad as en el inventario incor porado al PGOU.01 con las del PG OU.86 : Ámbitos de la sierra y la vega. 305 Figura 6.10. Tratamiento u rbanístico de la s parcelaciones ileg ales en el PGOU.01 : Ámbit os de la sierra y la vega. 309 Figura 6.11. Localización de las Parcelaciones Urbanísticas según el Inventario de la Dirección Ge n e ral de Or dena- ción del Territorio de la Jª.A ª. (2003) y su relació n con las identificada s en el PGOU . 01 . 313 Figura 6.12. Suelos cla sificados po r el PGOU.01 (urbano y u rbanizable) sobre la orto fotografía de 2001: relació n con los asentamie ntos identificados e n el documento de cumplimiento del decr e to 2/2012 . 314 Figura 6.13. Relación entre las parcelaci ones identificadas en el do cumento redactado conforme al Decret o 2/2012 y las co ntempladas en el Catálo go del PGOU .01: s ectores de la sier ra y vega. 317 Figura 6.14. Parcelaciones i dentificadas en el documento redacta do en aplicación del d ecreto 2/2012 según la clasificación ti pológica establecida . 318 Figura 6.15. Distribución de los edific ios por años de construcció n según los d atos censales y su relación con las principales Enti dades Singula r es de po blación del municipi o de Córdo ba. 321 - 46 - Figura 10 . 33. Ejemplos de di stintos niveles de urbanización e n el conjunto La Altea -Guadalv alle. 563 Figura 10 .34. Ejemplos de la imagen de la precariedad de algunas d e las parcelacio nes ilegales del subtipo 2.3. 564 Figura 10 . 35. Noticia sobre la cla usura de l a parcelación ilegal Mon tón de la Sierra . 567 Figura 10 . 36. Ejemplos de la ima gen de la precariedad de alg unas de las parcelacione s ilegales del subtipo 2.3 . 568 . P R E S E N T A C I Ó N LAS PARCELACIONES ILEGAL ES EN CÓRDOBA: GÉNESIS, EVOLUCIÓN Y CARACT ERIZACI ÓN GENERA _CAPÍTULO 1: INTRODUC CIÓN 1.1. Presentación y just ifica ción 1.2. Hipótesis y pregunta s de investi gación 1.3. Objetivos 1.4. Metodolo gía 1. 5. Fuentes Capítul o 1 - 49 - […] Uno de los rasgos más sobresalientes de la m ayoría de las grandes ciudades modernas es el crecimiento a su alrededor de ex tensas áre as suburbanas dormit o- rio o residenciales. [...] Otro elemento de la expansión urbana lo constituye el deseo cada vez más a m- pliamente sentido de vivir en densidades bajas. E ste deseo refleja en parte una moda arquitectónica actual; sin embargo, se alimenta de razones más poderosas que el mero capricho […] C ualesquiera que sean las causas, las casas unifamiliares aisladas, o al menos empare jad as, se han convertido en el objetivo supremo de un número cada vez mayor de personas. J. H. Johnson, 1974 _ CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN Capítul o 1 - 50 - Capítul o 1 - 51 - 1.1 Presentación y justificac ión El desarroll o de las p arcela ciones ile gales en el municipio de C ó r doba es un proceso que, si b ien se produce fundament alment e entre los años s esent a del sig lo pasado y primer decenio del a c tua l, m antie ne graves consecuencia s en la actualidad d es de el punt o d e vista urba - nístico, a mbiental y paisajíst ico; est o es, una prof unda huella territoria l que, ni será fácil resolver en el corto y m edio plazo, ni tiene un a lec- tura homogénea -y mucho men os negativa- entre e l común de los habitante s d e la ciudad. Este tip o d e fenómenos no es privativo del término municipal d e C órdoba , sino que es conocido en muchas lo- calidades españolas de tamaño y carácte r m uy distintos. Sin emb ar- go, en Córdoba tiene peculiaridades pro pias, tanto por su distribu - ción difere ncial en disti nta s zonas del m unicipio, como por su evolu- ción temp oral, q ue se prolonga en el tiem po m ás allá d e lo que fue habitual e n otra s ciudades. La extensión espacial de la ciudad, q ue ahora aparece dis ociada del crecimiento demográfico y , por tant o, ob edece a otras lógicas, las cuales han devenido en unas mutaciones territoria les como las apun- tadas, d e suma importa ncia , tanto desde un punto de vis ta cuantitat i- vo como cualitativo. En el primer caso, d ebid o a la gran cantidad de recursos consumido s - so bre tod o el esp a cio - po r la deriva desde un modelo de ciuda d comp acta mediter ráne a, hacia formas ur banas más dispersas, que emulan, en ciert a forma, a los sistemas ur bano s del ámbito anglosajón. Y , desde el pu nto d e vista cualitativo, p o rque dichas transforma ciones han supuesto en Córdoba , al igual q ue en otras ciudades españolas, la alteración de una g ran cantidad d e pai- sajes altament e co nnotados, y su sustitu ción po r o t ros calificado s por muchos, en el mejor de los casos, como banales y a nodinos; a lo que habría que aña dir la pérdida de comple jidad de las estructura s urba- nas asociada a los nuevos asentamient os monofun cionales residen- ciales. La velocidad co n que este hecho s e ha p roducido, sobre todo durante el último ciclo expansivo de la economía, j unto con la gran extensión superficial alcan zada, han provocado el desa rrollo de una organización espacia l m u cho más tensionada y complicada que la pr ee xistente . 1.1.1. Nu evas, y no tan nuevas, lógicas de los crecimientos urba- nos La convivencia de lo s moderno s desarroll os urbanos, asocia dos a nuevas lógicas de crecimie nto de las ci u dades, con lo s procesos de descentra lización de las a ctivi dades p roductiva s hacia la per i fer ia de las mismas, ha dado como re sultado la aparición de un os espacios más diversos y conf usos, do n de la mixtura de usos y actividades d e todo tipo, junto con la per vivencia en mucho s c asos d e las activida- des agrícolas y un medio natural atenazado, componen los pais ajes cotidianos en los que buena parte d e la población genera su marco de vida; en su espacio residencial, con su dimensión de o cio, de ruti- na, d e singularidad y d e identidad. En est e contexto, cobra especial relevancia profundiza r en la génesis de los asent amient os urbanos que d e forma p aulat ina han ido conf ormando la per iferia de los mu- nicipios y han acentua do la imagen de ciudad di spe rsa. Ello, por Capítul o 1 - 52 - cuanto un porcent aje importante d e dich os a sent amientos se han formado a l margen del plane amiento ur banístico. Las dificultades asociadas a la identificación del o ri ge n -p lanificad o / orgánico, legal / ilegal- de estas transformacione s urbanas, q ue han ido colonizan do el terr itorio en localizaciones más o m enos alejadas de los límites de la ciudad, p ueden estar detrás d e la ausencia d e dicha distinción. Esto ha conducido a que los estudi os que han tenido como objetivo caracter izarlos, primero en el contexto del fenómeno de la segunda residencia a partir de los años cincue nta del siglo p a- sado y, ya en etapas más reciente s, v inculados a los nuevos model os residenciales de baja densidad, hayan p asado por alto dis ociar su génesis. Si n embargo, esta última es una cue stión crucial, d ado que las consecue ncias de to do tipo q ue los asentamie ntos urbano s no planificados pueden tener para lo s s ist emas urban os en los que se insertan son radicalmente d ifere ntes de las asoci adas a lo s que lo s on a partir d e procedimiento s reglados. Lo anterior justifica la necesidad de estudiar cómo se relacionan lo s primeros, no sólo con los moder- nos procesos d e suburba nización y dis persión u rbana , sino t ambién con los d e segunda reside ncia e, incluso, con e l de l acce so a la vi- vienda de las c lases c on me nores re cursos económicos. El inicio de las p arcela cio nes il egales se ha podid o docume ntar en España d es de finales d e lo s años sesenta y , sob re todo, a lo largo de los se tenta y ochent a del siglo pasado. Se trata d e un proceso que surgirá co mo una versión más económica o popular de las urbaniza- ciones de segunda residencia existe ntes que estaban dirig idas a las clases más acomodadas y que , especialmente a partir de los años cincuenta y se senta, comenza ron a cobrar especial importa ncia en las principales regi ones del país. Por tant o, las parcela ciones ilegales vendrán a cubrir, al menos en las etapas iniciales, la demanda de segunda residenc ia y zonas para el esparcimiento de una cre ciente clase tr abajadora q ue co menzaba a tener las necesidades básicas cubiertas y que contaba, además, con tres recursos important es: tiempo libre , capacidad de ahorro y medios d e desplazamient o . Las razones para que ést e se extendiera de una f orma tan notoria y llega- ra incluso a que determinada s regiones pusieran en marcha iniciativas legislativas específicas para co ntrarre starlo son varia das y complejas. Entre ellas, estaría el hecho de que los promotore s de estas seudour- banizacio nes consiguieran poner en el m ercado parcelas a p recios asequibles p ara la economía d e amplias capas de las clases m edia s - bajas; pero también razones sociales , sobre todo en relación con lo que Gaviria Labarta (1971) denominará ideología clorofila , aludiendo a la necesidad de la vuelta al co ntacto con la nat uraleza de esa mism a clase trabaja dora que había id o habitando los asfi xiant es barrios sur- gidos en la etapa del desa rrollismo. Todo ello, se produce en un con- texto sociopolític o en el que las nuevas co rporacion es locales d emo- cráticas carecen de cap acidad para romper con una d inámica here- dada de per íodos anter iores de ci ert o desp recio por una normativa urbanística que, por lo demás, en esos momentos, ofrecía p ocos ins- trument os para evitar el des arroll o de este tipo de transformaciones terr itoriales. Con el paso de los años, algunas de estas cuestiones se irán solucionando paulatina mente , al tiempo que los p r opios ayunta- mientos y plani fica dores trata rán de canalizar una d emanda cada vez más importante de un tip o de p r oducto inmobiliari o -la p arcela en un contexto rural, p ero a precio s asequi bles- que, por lo demás, no ha tenido un e ncaje f ácil en los suce sivos marcos no rm ativos. Capítul o 1 - 53 - 1.1.2. Problemas de conceptu alización del proceso de parcela- ción ilegal Una de las justificaciones de esta investi gación se fundamenta en el hecho de q ue, c asi consustancial al p ropio fenóme no parcela rio, ha sido la dificultad en su conceptualizaci ón y, so bre todo, en la elección de un término unívoco para referirse al mismo; una cuestión q ue ha contribuid o a añadir conf usión y d ificu ltad a la hora de estudiarlo . En este contexto, la tesis par te d e la consideración de las parcelaci ones ilegales como el resultado final d e un proc eso por el cual unos suelos que, al menos en e l origen, e ran de carácter rústico - en todo caso clasificados por el planeamiento urbanístico inici a l como suelo no urbanizable -, son d ividid os en parcela s o lo tes de tamaños que p ue- den o scilar, en los casos más comunes, entre lo s 1.000 y los 3.000 m 2 ; se tra ta de actuacione s unitar ias, auspiciadas por un a gente -el parce- lador- que d a como result ado un asentamiento con unos límite s defi- nidos. Dado que es un hecho confirma do que la sit uación administr a- tiva no camb ia la realidad geográfica, al menos de manera automáti- ca e inmediat a, se ha creído más adecuad o conside rar en este grupo a todos los asenta mientos que, en origen, se desarroll aron sobre sue- lo no urbanizable y sin el re spaldo de un plan parcial aproba do por la administración competent e. Este hecho es especialmente relevante dado que, en muchas o ca siones, la vía utilizada por la a dm inistr ación para reconducir este problema ha sido cambiar la clasificación del suelo sobre el que se asientan las parcelaciones, motivo por el cual, en la actualidad, muchas de ellas están clas ificadas como suelo ur - bano o urbanizable en sus distintas categorías. En cuanto a lo s usos existente s en las parcelas, estos son , d e for ma predomina nte, aunque no exclusiva, de tipo residencial en prime ra o segunda residencia bajo la forma de v ivienda s unifamiliares aisladas tipo chalé. La tipo logía de éstas es muy heterogéne a en lo refer ente a su morfología, emplaz a- miento, nivel de infraestructur as y servicios públicos; o del perfil so - cioeconómic o de su s ocupant es y propietar ios. Por otro lado, como con secuencia de lo ante rior, se excluyen otras formas d e ocupaci ón de los suelos de cará cter rústico o no urbaniza- bles; ello in dependiente mente del estat us legal que tengan. Por tant o, qu edan fuera del ámbito d e esta investigación, las viviendas construi - das sobre dichos suelos, con independencia de su calificación jurídica, salvo q ue estén construidas en el i nterior de asentamientos urbanos que cumplan las co ndici ones para s er considerados como parcelacio- nes ilegales , tal como han quedado definidas en el párr afo anter ior . En el contexto regional andaluz, esta aclaración cobra especial rele- vancia, debido al gran número de viviendas unifamil iare s aisladas que se han construido s obre sue los clasificad os co mo no urbanizables. 1.1.3. ¿Por qué Córdoba? La elección d el municipi o de Córdoba como caso de estudio se sus- tenta en el hecho de q ue se trat a d e la capital d e provincia a n daluza donde las par celaciones ilegales ha n alcanzado un mayor grado de incidencia d es de el punto de vista d e s u co mplejidad y de s u exten- sión; aun que en otras como la de Jaén también tenga un ci ert o nivel de intensidad. En este sentido, la ocupa ción d el s uel o no urbanizab le por activida des residencial es de esta nat ura leza q ue se ha desarrolla- do en Córdoba d urant e los últimos d eceni os, ha supuesto un cambio sustancial en su e structur a territorial; una ciudad que llegó práctica- mente con la misma conf iguración que ha bía he red ad o de la E dad Media hasta finales del siglo XIX y, p or tanto, ceñida al interior d e l antiguo recint o amurallad o (López Ontiveros, 19 81; F. Ga rcía Verdugo, 1999 ; Martín López, 1990) . La lenta evolución de la expansión urbana Capítul o 1 - 54 - de la ciudad y, por tanto, también de la configuraci ón d e s u p erife ria es, además, puesto de manifiesto por los redactores del plan g ene ral de ordenación urbana de 1986. Este documento resalta la existencia de un doble pro blema al que ha de e nfrentarse la ciudad en el f uturo, siendo uno de ellos el de la conso lidaci ón y desa rrollo del proceso de parcelación ile gal de la per iferia (Ayuntamient o de Córdoba, 1989). Por otro la do, su dime nsión social ha alcanzado tal nivel que s e ha llegado al momento actua l en el que, salvo casos puntua les, la convi- vencia de la ciudad p lanifi cada con los asentamient os urb an os surgi- dos d e m aner a ilegal, no se manifiesta como un conflicto que deba ser resuelto. Es decir, se convive de una forma nat ur al co n las p arce- laciones ilegale s, por lo que no se ven tanto como un problema, -y a sea territorial, amb ienta l, p aisají stico o social-, sino como una forma diferent e de p roducir ciudad; o un efecto ineludible del modo de producción capitalista. Ell o p uede ser d ebid o a que, al ig ual que en otros contextos v itales, la percepci ón que se tiene de determinado s hechos o actitu des cambia mucho d e pendien do de si se convive con ellos o si se analizan d esde la d ista ncia. A esto es a lo que se refe rían los redactores del estudio sobre la vivienda elaborad o para la r ev isió n del plan general de ordena ción urbana de 1986, que culminaría con el v igente plan d e 2001; estos señalaban que "[...] v ist o desde el 'exte- rior' el fenómeno aparecía con una 'brutalidad' que o bligaba a la necesidad de 'explicar[lo]' " (Ay unta miento de Córdoba, 2001, p . 0 - 5) 1 , en co n trast e co n la “natura lidad” ( ibidem ) con la q ue lo vivía la socie- dad local. La búsqueda de la explic ación reclama da por los redacto- res de dicho estudio, junto con la intuic ión de la existencia de una relación más o menos estre cha entre los procesos modernos de par- 1 En lo sucesivo, salvo que se indique lo contrario, el entrecomillado o las cursivas son del propio/s autor/es o trabajo/ s citado/s. celación y urbanizaci ón ilegal con las dinámica s d e cre cimiento de las ciudades, apunta a la necesid a d de realizar una conte xtualización, tanto tempo ral como espacial, de dichas dinám icas recientes, so bre todo a par tir de los año s c incuenta y sesent a del siglo pasa do. A pesar d e la importancia que han alcanzado las p arcela ciones ilega- les desde prácticamente sus inicios, su calado no ha sido suf i ciente para suscitar una ate nción especial desde la co mun idad ci ent ífica. De hecho, como ya se apuntaba, uno de lo s principales retos de la tesis ha estado, p recisame nte, en tratar d e dar soport e conceptual a unos procesos q ue, dado s u origen mar ginal e ignorando la legislación y normativa urbanísticas y otras de tipo sectorial, no h an sido objet o de un estudio individualiza do. Por lo demás, el anális is de las d ifere ntes dimensiones que tiene n las parcelaciones ilegales g oza de un espe cial interé s dado que se trat a de unos fenómenos que pueden lle gar a compromete r d e una forma sustancial los objetivos d e conseguir un terr itorio y una ciudad más sostenible, tanto desde el punto de vista ambiental co mo econ ómico. 1.2 Hipótesis A partir de lo señalado en los párraf os prece dentes, la investigación se plante a las siguiente s hipótesis:  Frente a la id ea asenta da de que el proceso de aparición y con- solidación de las p arcela ciones ilegales en el municipio de Cór- doba ha sido hom ogéneo, o con escasas difere ncias, en el tiem- po y en el espacio, este trabajo parte de la hip ótesis de que la Capítul o 1 - 55 - ocupación del suelo rústico -no urbanizable s egún la LOUA 2 - en este ámbito ha experim enta do una implant ación y evolución muy d ifer ente s en las distintas zo nas del municipio en las que se han desarrollado y, aunqu e algunos estudio s lo atisba n, esto aún no ha sido re spaldad o cient íficamente.  Las p arce laciones ilegales son una forma particula r de crecimien- to d e la ciudad que se m anifiesta físic ament e de forma similar al de o tro s modelos de disper sión urbana co etá neos. Por lo tanto, su origen ilegal y no planificado tiene una s consecuencias esp a- ciales y sociales dis tintas a las de lo s asentamiento s similares de origen planificado. En este sentido, desde el punto de vista con- ceptual, el fenómeno p arce lario está m ás próximo a los caso s genéricos de e xtensión y difusión d e lo urbano po r el territorio bajo la fórmula de núcleos aislados q ue de los conocido s como asenta mientos informale s o de ur banización marginal.  El proceso de ocupación residencial del suelo n o urbanizable ba- jo el modelo de las parce laciones ilegales es una cuestión de plena vigencia en el municipio de Córdoba; por otro lado, dadas las propias caracte rísticas físicas de éste y su de venir sociopolític o de los último s cu are nta años, ha propiciado un cambio sustancia l en la conf iguración de su estruct ura territ orial.  El de Córdoba es un caso co etá neo a lo que ha sucedido en otras ciudades españolas, aunque p rese nta la peculiaridad de que la fase de mayor dinamismo se prod uce a partir de los años oc hent a y, sobre todo, a lo largo d e los noventa d e l s igl o pasa- do, momento en el que en otros co ntexto s territoria les ya se ha- bía visto fr enado. 2 Ley de Ordenación Urbanística de Andalucí a.  En contra d e interpreta ciones excesivament e reduccionistas, las parcelaciones ilegale s pr e sent an unas sing ularidade s m uy con- trasta das dependiendo de diversos factore s . Se trata de un f e- nómeno asociado a unos procesos de una gran comple jidad que se manifiesta en toda su e xtensión cuand o éste es analizado a escala de detalle, pero especialmente cuando se atiende al mo- mento de su a parición y a la unidad territorial en la que se ubica: sierra, piedemonte o ve ga.  De los diferent es agente s implicados d e una u otra forma, tanto en la aparición d e las parcelaciones ilegales como en su desarro- llo y dinamismo posterior, este trabajo parte de la hipótesis d e que han sido tres los que han tenido un papel determina nte en alguna d e las fases del proceso: parcelistas, parceladores y la administra ción regi onal y local. 1.3 Objetivos En conso nanc ia con las hipó tes is planteadas, y con o bjeto de dar respuesta a las mism as, la tesis se fija un ob jetivo gene ral, así como otros de ca rácte r más esp ecífico. 1.3.1 Objetivo general El objetivo gener al de la tesis se sitúa en un doble pl ano de análisis. El primero, de carácter co nc eptual, b usca situar desde esta perspectiva las p arcela ciones ilegales que se han d esar rollad o en Córdoba desde mitad de los años s esent a del sig lo p asad o hasta la actualidad. En Capítul o 1 - 62 - sa lo cal (Camacho, 1982; López, 1982). En co ncret o, se trata de los documento s denominado s Parcelaciones ilegales de la sierra y Urba- nizaciones y parcelacio nes clandestinas d el valle ; de ellos sólo se ha podido consultar una parte, d ado que los documen tos orig inales no se han pod id o lo cal izar, ni en los archivos de la G erencia Municipal de Urbanism o de Córdo ba, ni en las actua les consejerías de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio o en la de Fomento y Vivien- da 14 . No obstant e, en esta última se p u do consultar una serie de ma- pas y p lanos pertene cientes al mismo, y que q ue daron incorpora dos al plan genera l de 1986 como parte d e l os document os d e informa - ción 15 . Estos estaba n compue stos, ade más d e por l os mapas genera- les d e localización de las parcelacio nes ilegales identificadas en cada uno de los dos g randes dominio s afecta dos -s ierra y valle-, por otros que recogían información d iver sa, además d e una ficha técnica indi- vidualizada par a cada á mbito. Este es, sin du da, u no de los docume n- tos más inter esante s de lo s analizado s en la tesis, dado que es el úni- co q ue ofrece datos como los no mbres del propietar io de la finca matriz y del p a rc elador, el nivel de o cupa ción d e la parcelación y el tipo y carácte r de los edif icios existente s, etc. A to do ello s e aña de otro tipo de informac ión, como la existencia o no de co munidad de pr opiet arios, los precios de venta d e las p arce las y los s ervici os urba- nísticos co n los que se vendieron. En definitiva, un t ipo de informa- 14 Hasta 2012 l a consejería en la que recaí an las competencias en materia de urbanismo y ordenación del te rritorio era la de Obras Públicas y Transportes. A partir de ese m omento, se creó la Consejería de Fomento y Vivienda, bajo cuya competencia quedó la gestión y custodia de l archivo de la anter ior; paralelamente se c reó la Consejería de Medio Ambiente y Orde nación del Territorio, en quien también recaían las competencias en materia de urbanismo. 15 El documento consultado es el que se encuentra en el Archivo Central de la actual Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, cuya signatura es E1652/02; consulta realizada en novi embre de 2014. ción de carácter cualitativo q ue ha sido de gran ayuda en diverso s puntos de la investi gación. b) Planeamiento ur banístico En este grupo se inscriben los planes genera les de ordenación urbana que se han aprobado hasta el momento en el m unicipio, especial - mente los dos últim os, dado que el primero, de 1958, es anterior a la aparición del fenómeno parcelar io. De estos se ha extraído informa - ción para completar la reconstrucc ión geohist órica del p roces o, lle- nando los huecos dejados por lo s inventarios regionales. Pero tam- bién ha servido para hacer una cuantificación del mismo en el mo- mento de elaboraci ón de los planes, tant o desde el punto de vista del número de parcelaci ones i dentificadas como de su de limitación y, por tanto, de s u extensión. Esp ecialment e relevantes han sido los anexos y estudios compleme ntarios q ue re real izaron p ara la revisión del plan genera l de 1986; en concreto, el Informe sobre la vivienda en Córdoba que aparece como Anexo II y, el Análisis de las parc elaci ones en suelo no urbanizable . Del primero se ha obtenido, sobre todo, informaci ón d e carácte r cualitativo y valoraciones s obre lo que en el estudio se denomina el sector de la vivienda abusiva . El s egun do, sin embargo, ha f acilitado la cuantificación de la s parcelaciones ilegale s en el m omento de elabora ción del estudio - 1996-, en cuanto al nú- mero de p arce lacione s, así como su delimitación física. A pesar del título del documento, que alude a lo s ámbitos que se des arrollan sobre suelo no urbanizabl e, éste recoge la mayor parte de las p arce- laciones existente s en el mun icipio en esos momentos, con indepen- de ncia de la clasificación que tiene el suelo sobre el que se asientan, lo que facilita una pan orámica gener al del proces o. Capítul o 1 - 63 - A los anter iores hay que añadir un buen númer o d e documentos de planeamient o d e d e sarroll o; desde los proyectos d e actuación urba- nística (PAU) de las p arcela ciones de la vega, planes p arci ales, hasta algunos planes especiale s d e reforma interior ( PERI) conte mplados para la legalización de las clasificadas como s uelo urbano por el plan genera l de 1986. De ellos se ha extraído info rmación de diverso ca- rácte r, tant o de tipo cuantita tivo como cua litativo. c) Documentos de ar chivo Las co nsultas se han realizado tant o al Archivo Municipal d e Córdoba como al Archivo de la Gerencia Municipal de Urbanismo. En el prime- ro se ha localizado y ana lizado dive rsa docu menta ción relativa a la tramita ción d e los primeros planes parciales de ordena ción q ue die- ron orig en a alg unas de las parcelaciones ilegale s del municipio, al igual que expedie ntes de licencias de obras rel acion adas con los pri- meros años d e desarrollo d e la urban ización Campo Alegre , así como de la zona norte del actu al b arr io de El Brillante . Por su parte, en el archivo de la Gerencia de Urbanismo se ha localizado document ación diversa relacionada dire ct amente con diferentes aspectos d el proce- so. Destaca un dosier 16 denomina do Parc elaciones Ileg ales que con- tiene diversos es critos del teniente de alcalde delegado de urbanis mo fechados en 1982, así como el informe elaborad o por la Policía Local de d iciembre de 1980 q ue recoge el listado d e ámbitos identifica dos. Éste se acompaña d el nombre y dirección de los d u eños de cada 16 La signatura de dicho docum ento no se puede señalar debido a que la copia facilitada por este organismo venía con esa información tac hada. Preguntado al responsable por este asunto respondi ó que eran las in struc ciones de l a responsable del archivo; pero, además, dichas signaturas hab ían sido cambiadas recientemente, por lo que tampoco eran muy útiles. Este documento se ha vuelo a solicitar, pero no ha podido ser loc alizado. parcela, así como del par cela dor. La c opia q ue se f acilitó venía c on dichos d atos tachad os; según la responsa ble del archivo, por apl ica- ción de la ley de p rotecc ión de datos. Acompaña n también a este dosier, dos escrito s fechado s en octubre d e 1974 y se ptiembre de 1975 por los cuales el alca lde da cuenta al Gobernador Civil - en su papel de presidente de la Comisión Provincial de Urbanismo - d e la relación de u rbanizacione s clandestinas . 1.5.4 Fuentes estadísticas Para los datos de població n de los distintos períod os analizado s se ha recurr ido a los datos del Padrón co ntinuo de habitant es, en este caso a partir d e los que ofrece el Nomenclátor. Para ello, el organismo de donde se han d escarga do las cifras de poblaci ón ha sido el Instituto de Estadística y Ca rtograf ía de Andalucía. Por su parte, para la caracterización del perfil soc iodemográ fico de las parcelaciones ilegales se ha utilizado la información publicada por el Instituto Nacional de Esta dística como resultado del Ce nso d e Po- blación y Viviendas de 2011. Los datos se han extra ído d esagregad os por secciones ce nsales con el o bjetivo de asociar los indicadores ele- gidos para dicha caracterización con las p arc elacion es ilegales q ue se desarrollan en su interior. Esto, co n todas las limita ciones y problemas que lleva apareja do, y q u e en el contexto de la inv estigación se ten- drá la oportun idad d e analizar, es, por lo demás, la forma con la que puede realizarse una mejor aproximación s in ten er que recurrir a técnicas más g rav osas, fundamentalment e en té rminos de tiem po necesar io para ello. Capítul o 1 - 64 - 1.5.5 Trabajo de campo Tal como se ha puesto de m anifie sto, la p ropia naturaleza d el hecho analizado por la tesis hace q ue sean muy escasa s las fuentes de di- versa índole que han estado disponibles para el desarrollo d e la in- vestigación. Y dado que el objetivo centra l de ésta no es tanto esta- blecer una cuantificación, ni desde el punto d e vista de su extensi ón superficial ni con relación al númer o de p arce l acion es existentes, que también, co mo avanzar en el co nocimient o d e dete rminados aspec- tos cu alita tivos que hacen d e éste un fenómeno geográfico singular, se ha ente ndido que era ineludible la realiz ación de tra bajo de cam- po. En este contexto, la fuente primaria d e informac ión más important e de la tesis ha sido el trab ajo de campo d esarr ollado en distintas fase s de la investigación y en consonancia con el planteamiento metodoló - gico expuesto ( vid. apar tado 1.4). En este sentido, su realización ha co mprendid o dos fa ses bi en dife renciadas: a) En la primera, realizada como toma de contact o inicial de los as- pectos básico s del mismo, sólo s e to man datos de cará cter muy genera l, sobre todo relaciona dos con los accesos al interior de las parcelaciones, carre tera s de la re d pública de las que parten dichos accesos, dificult ades en cuanto a la lo calización d e las parcelacio- nes, imagen exterior globa l, etc. Esta etapa del trabajo de camp o, permite al investigad or obtener una vis ión de conj unto de las di- versas dimensiones del p r oceso, además de recabar los datos ne- cesarios para plant ear la estrat egia a se guir en la segund a f ase. b) La s egun da fase se p la ntea como una visita sistemát ica e individual a tod as las parcelaciones ileg ales id entifica das, tanto d ura nte la re- copilación documental como tras la p rimera salida de campo. Di- cha vis ita implica, po r un lado , la toma d e da tos y de fotog raf ías genera les para co nte xtualizar geográf ica cada parce lación; esto permite, p or ejemplo, registrar el nivel d e afe cción de cada ase n- tamiento, o su relación con otros elementos p resent es en el terr i- torio, como líneas eléctricas, red fluvia l, carreteras, e tc. En segundo lugar, esta fase también lleva aparejada la realización d e un reco- rrido por el inte rior de las parcelaciones; de este mo mento e s la cumpliment ación de las fichas individualiza das de cada parcelación ( vid . figura 1.02). El recorrido p or el interior d e la parcelación, con tod os lo s inconve - niente s que ello implica 17 , permite, además de tener una idea del es- tado g ener al de cada una de ellas en cuanto a la calidad de la urba- nización, ti pología d e vivi endas, g rado de consoli dación, e tc. otros como el tipo d e personas presentes en el m oment o de la visita, tipo de vehículos, y otros aspectos que permitan ident ificar elementos para car acter izar cada a sentamiento. La información obtenida en esta fase del traba jo ha s ido fundamental para avanza r en la cualificación d el hecho estu diado; pero tam bién para comprobar la gran distancia que la mayor part e d e las veces separa los d atos administra tivos de la realidad existente en los asen- tamientos. Y no sólo en cuant o a la di s crepancia en la forma de de- nominación de las propias p arcela ciones, p roble ma ya d ete ctado por otros autores en context os terr itoriales diversos ( Gar c  a de Jal  n Lastra , Sainz G uerr a, Ez quiaga Domíngue z, & Moya González, 1986, p. 11), sino también por la existe ncia de una compleja organiz ación interna , identificable en los anuncios d e las diversas comunidades de propietar ios existe ntes dentro de un a misma parcel ación. 17 A pesar de las pr ecauci ones q ue ha tenido el investigador e n esta tarea, en no pocas ocasiones se ha visto inc repado e, incluso, obligado a eliminar fotografías en presencia de algún parcelista en acti tud poco amigable . Capítul o 1 - 65 - En total se realizaron 20 salidas de campo, repartidas entre lo s d ías 27 d e mayo d e 2015 y 20 de ene ro de 2017; estas supusieron casi 100 horas de trabajo y recorr er 1.059,5 km; el número de fotograf ías to- madas fue de cerca de 4.000 q ue quedaron o rganizadas en 13 3 car- petas. Durante este trabajo d e archivo de las fotogra fías, se han dis- criminado aspectos singulares, co mo por ejempl o la existencia de diversas acti vidades económicas, tipolo gías de viviendas y de vallados exteriore s, así com o otr os a spectos aludido s en párrafos precedent es. Además, en alguna s salid as, se tuvo la oportunida d d e co ntra star in situ con los d irect ores de la tesis d ivers os de los aspectos citados an- teriorment e. Capítul o 1 - 66 - Figura 1 .02: Esquema metodo lógico de la tesis . Fuente: Elaboración propia. B L O Q U E 1 LOS PROCESOS DE OCUPACIÓN DEL SUELO N O URBANIZ ABLE CON FINES RESIDEN CIALES: MARCO TEÓRICO Y ESTADO DE LA INVESTIGACIÓN EN ESPAÑA _CAPÍTULO 2: MARCO TE ÓRICO 2.1. Considera ciones inicia les 2.2 . Las formas del cr ecimi ent o urbano 2.3. Clarifica ción conce ptua l de lo s procesos asociados al crecimiento urb ano disperso _CAPÍTULO 3: ESTADO DE LA CUESTIÓN EN ESPA ÑA 3.1. Presentación 3.2. De las urbanizaciones de segunda residencia a las urbanizacione s il egales , pasando p or las parcela ciones cla ndestinas 3.3. Caracte rización de la s ur banizaciones y par celaci ones ilegales 3.4. Propuestas t ipoló gicas de la s parcelaci ones ilegal es en el contexto español _CAPÍTULO 4: EL FENÓME NO DE LAS PARCELACIO NES ILEG ALES EN ANDALUCÍA: PANORÁ- MICA GENERAL, TRATAMI ENTO ADMINISTRATIVO Y REGULACIÓN JURÍDICA 4.1. Panorámica gener al de las par celaciones ile gales en Anda l u cía 4.2. El p apel de la Admini stración Regional: La respuesta normativa y plan ifica - dora Capítul o 2 - 69 - […] Las grandes ciudades modernas tienen m ala prensa. Rara vez son mencionadas sin un epíteto peyorativo o infamante: ciudades m onstruo- sas, tentaculares, ciudades-mol oc , etc. En este punto, m uchos sociólogos y urbanistas coinciden con técnicos de la circulación, o con quienes estu- dian la polución en las ciudades. Nosotros nos limitaremos a designarlas , más prudentemente, con el nombre de «ci udades históricas», o bien con el de «ciudades espontáneas», dejando de momento el sentido de estas apelaciones y las relaciones implicadas. Convendría no olvidar que estas grandes ciudades tienen una pujant e individualidad colectiva , una orig i- nalidad histórica (¡París!). Guard an, para los individuos y grupos parciales , el máx imo de informaci ones de posibili dades (prác ticas o «espirituales» y cultural es), de imprevisto y sorpresas. ¡No perm itiremos al funcionalismo de las ciudades nue vas eludir la confrontación con la amplitud y la vida pujantes de las ciudades espontáneas! H. Lefebvre, 1970 _ CAPÍTUL O 2: MARCO TEÓRICO Capítul o 2 - 70 - Capítul o 2 - 71 - 2.1 Consideraciones iniciales Entre lo s años v einte y sesenta del siglo pasado, Edward Hopper (1882-1968) recoge en su obra lo que comúnmente se co noce como la so leda d de la vida nortea mericana contemporán ea . M uchos serían los cuadros de este p intor que pod rían servir para ilustrar esta idea, como por ejemplo Nighthawks (ver figura 2.01) o, ya casi al final de s u vida Sun in an Empty Room (1963). En la m ayoría de ellos se presen- tan p aisajes, urbanos principal mente , aun que también hay escena s ru rales o incluso escenas ma rítimas, todos ellos con un denominad or común: la soledad. En algunos c asos, como en el citado Sun in an Empty Ro om , se pue de ver un a ha bitación solitaria, sin mobiliar io u objeto alguno, donde lo úni co que se muestra es la luz de l sol entrar p or la única ventana exi stente. En otros ca- sos, se t rata de escenas urbanas con calle s desiertas, oscuras y lúgubres; o co n alguna per sona e n actitud solitaria y c on sensaci ón de desamparo. En 1951 el filósofo alemá n Martin Heidegger (1889 - 1976) p ublicaba un texto bajo el título Con struir, h abi - tar, pensar (Heidegger, 19 94). En este ensayo Heideg- ger po ne d e manifies to la relación, no siemp re “ama- ble”, entre los dos p ri meros términos y, entr e estos y el tercero. Se trata d e un m oment o de la historia en el que la carestía de v ivienda s es muy importa nte, acu- ciante, debido a las conse cuencias devasta doras que la Segunda Guerra Mundial tuvo, sobre todo, en Ale- mania, donde los bombar deos d ejar on ciudade s ente- ras arrasa das. Ante la disyuntiva de construir viviendas a un ritmo acelera do con el objeto de dar c obijo a los miles de personas que se encuent ran en la cal le, o hacerlo de forma “planificada”, teniendo en cuenta , no solo esta necesidad apr emiant e, que sin duda la ha bía, sino otros element os que a la larga serían, b ajo su punto de vista, más benef iciosos para el conjunto d e la ciudadanía , Heide gg er escri- be: Figura 2 .01: Nighthawks (1942) Fuente: ht tps:// www.edwardhopper.net/nighthawks.jsp Capítul o 2 - 78 - núa el autor, lo s “sectores de urban ización secundaria del espaci o periurbano y los núcleos t urísticos” ( ibide m ). Sin em bargo, para otros autore s, el estudio del cre cimiento urbano puede abordarse desde otras mucha s perspecti vas, que da rían como re sulta do, tipolo gías diversas a partir del eleme nto escog ido como refe rent e de análisis. Así, junto co n el ya s eña lado que está vinculado a lo s procesos histó - ricos y a lo relaci onado estricta mente con la for ma física, podrían sumarse los que se a s ocian a los usos del sue lo, a la estructur a d el crecimiento a partir de los procesos que los confo rma n o a las pura- mente descripti vas (Solá-Mora les i Ru bió, 199 7, p. 65- 80) . El centro hi stórico, ha sid o tradicionalmente considerado como el element o depositario de los rasgos identita rios que caracterizan y cualifican a la mayor parte de las ciudades de cualq uier co ntexto cul- tural. Esto es así, por cuanto que el dilatado proce so de ocupació n de estos sectores d e la ciuda d por diferent es culturas a lo largo de l os siglos ha legado un rico y variado p atr imonio construido e inmater ial, convertido en seña de id entidad d e las socie dades q ue los han ido habitando. El papel experiment ado por los c entr os históricos en la evolución del cr ecimient o d e las ciudades fue central desde los pri- meros momentos y ello porque tuvo una doble función. En un prime r momento porque, en la mayoría de los casos, tuvo la capacidad para acoger el important e incremento demográ fico exp eriment ado como consecuencia de las primer as migraciones campo -ciuda d; y ello a costa de aumentar , hasta lím ites ca si insosteni bles, las dens idades de población por medio d e la ocupación de los espaci os , antes libres, o bien a tra vés del aumento de las edificaci ones o la fragment ación sucesiva de las d epen dencias de ésta s (García Verdugo, 1999) . Ad e- más, la s mura llas (uno d e los elementos característicos de la m ayor parte de las ciudades hi stóricas) s irvieron par a establecer una front era nítida entre la ciudad for mal en el interior y los asent amientos infor- males de l os grandes contingent es de población llegados desde el campo; asentamientos, la mayor part e de l os cuales, lo fueron bajo fórmulas de autoconstruc ción de chabolas o b arra cas localiza dos en las perifer ias más cerca nas. Derribadas las murallas, ya fue ra físicamente o , mantenidas esta s, obviadas en los planes d e crecimiento de las ciuda de s, se da paso al segundo de lo s entrama dos que han caracte rizado de forma gen érica a las ci udades española s: los ensanches. Por lo gene ral, se entienden por tales, lo s p rocesos de exp ansión planificada y bajo la tutela o la promoción administr ativa, llevados a cabo en las ciud ades a lo largo del siglo XIX y principios d el XX (Capel Sáez, 200 2). Si n duda, el más conocido en el contexto nacional s erá el que realice Ildefonso Cerdá para Ba rcelona a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Las caracte- rísticas fundamenta les de estas formas d e crecimiento es que se trata de yuxtaponer un nuevo fra gmento de ciudad a la ya existente y, por tanto, toma en considera ción las preexistencia s. El otro rasgo impor- tante que caracte riza a los ensanches es su p r opuesta para la orde- nación de la ciudad co mpleta, señalando las pautas de p or dónde ha de crecer ésta. Pero también se analizan las conexione s entre lo exis- tente y lo s crecimientos futuros y, por o tro lado, se proponen accio- nes so bre la ciudad consolida da , con objeto de mejorar sus co ndicio- nes de funcionamiento y habitabilidad, y ello, como se s eña laba ante- riormente , bajo la tutela adm inist rativa ( Ibidem ). Se tra ta, por tanto, de uno d e los primeros intent os modernos po r controlar y racionali- zar el crecimiento ordena do d e la ciudad, con el objet ivo de q ue ésta crezca de acue rdo a unas necesidades previament e identificadas y bajo un modelo definido, normalmente v incula do al d e ciudad com- pacta mediter ráne a. Como es sabido, como contr apunto a esta forma d e c recimiento d e la ciudad al que comúnme nte se ha denom i na do como en mancha Capítul o 2 - 79 - de aceite (entr e otros, Nel·lo i Coló m y Muñ oz Ra míre z, 2007, p . 285; Zoido Naranjo et al., 2013, p. 111) , la mayor p arte d e las ciudades fue cr eciendo bajo alguno de lo s o tros modos de expansión antes seña - lados. El denominador común de todos ellos a partir de su relación con la ci udad pree xistent e será el de la d esconexión de dichos crec i- mientos respecto de la trama urbana consolidada. Unos p roce sos que, a pesar de lo q ue i nicialmente se pueda pensar, son práctica- mente co nsust anciales a la propia historia de la ciudad (Cerdà, 1867, p. 231; Stern, Fishman, y Tilove, 2013, p. 17) . Es decir, la existencia de barrios y asenta mientos de población fuera de los límites de ésta , indepen dientement e de sus funcionali dade s, tam años y p osici ón res- pecto d e la misma, son un elemento común en las ci uda des en el contexto occidenta l desde la Antigüedad. Dentro del grupo de los tipos de expansión urbana surgidos al m ar- gen de la ciudad consolida da señalados por Capel (20 02) estarían los clásicos barrios d e viviendas unifamiliares tipo ciudad -jardín, in sp ira- dos, como es sabido, en las tesis desarrolladas por Ebenezer Howard a finales del sig lo XIX (Zoido Naranjo et al ., 2013, p. 85- 86; Howard, 1898); a ellos habría que añadir los pol ígonos de v ivi endas de edifica- ción abier ta, ya fueran de p romo ción pública o, lo que fue m ás co- mún, a partir de propuestas de promotores p riva dos (Capel Sáez, 1981; 2002 ; Estébanez Alvarez, 1989) . Sea como fuere, se trataba d e desarroll os urbanos genera lmente auspici ados por la administraci ón, o b ien autori zados p revia mente por ésta en aplicación de la normati- va o el planeamient o vigente. En todo caso, con el tr anscurso del tiempo la ciudad acabará po r absorber la mayor parte d e estos ba- rrios, incorporánd olos al sistema urbano y, p aula tina mente , d otándo- los de los servici os, infraestr uctura s y equipamiento s públicos , de los que, en la mayor part e de los ca sos, ca recían o eran deficitarios. 2.2.2 L a expansión no planif icada de la ciudad De forma paralela y, en muchos casos, coetánea, se estaban produ- ciendo otros modos de expa nsión que, a diferencia de los ante r iores, tenían en común su desarrollo al margen de cua lquier tipo de planifi- cación urbanística previa o de autorización adminis trat iva e, incluso, oc upan do suelos d e titularidad pública . En este últim o grupo estarían los b arrio s autoconstruid os y el barra quismo (Capel Sáez, 1981, p. 10 y p. 49 y ss.; 2002, p. 464 y ss .), cuya existencia en g ran parte de las ci udade s española s estará presente hasta práctic amente finale s de los años setenta d el siglo pasa do (Capel Sáez, 2002, p . 466). El denomi- nador común de este tipo de asentamientos urba nos s erá el de su marginali dad, tanto desde el punto de v ista social, como económi co, urbanístic o y arquitectónico ( ibidem ), fenómeno ampliame nte estu- diado, entre otros m uch os, por Bu squets (1976, 1976a, 1999), por Solà-Mora les, Busquets, Doming o y Font (1971) , (Solá-Morales i Ru bió, 1974) para el caso de Barcelona, por V alenzue la Rubio (1969) , Canosa Zamora y Rodríguez Chumillas (1985) y Vorms (2003, 2010) para el de Madrid; o bien, por García Herrer a (1981) y García Herrera y Pulido Mañes (1980 , 1982 ) para e l caso de Santa Cr uz de Te nerife . Alguno de los modos de expansi ón de los mencionado s ante riormen- te provo cará graves p r oblemas para el go bierno de la ci udad en cuestiones relaciona das con las condiciones de salubridad, equipa- mientos públicos, infra estruct uras o comunicaciones, y serán, además, la géne sis d e m ucho s de los eje mplo s de dispersión urbana actual- mente existente s en gran parte de las ciud ades en el contexto espa- ñol. Las consecuencias de estos otros m odos d e expansión urbana para la ci udad serán co mpleta mente diferente s de l as s eña ladas para los descritos anteriorme nte. El d esarrollo de estos a sentamient os ur- banos al margen d e cualquier tipo de pl anificac ión, a lo que ha de añadirse el bajo nivel de renta de sus p oblador es, harán q ue, no so lo Capítul o 2 - 80 - la estructur a interna del viario, la ausencia de esp acios libres o la defi- ciencia de infraestructur as, sino también la deficitaria conexión con la ciudad consolidada preexi stent e , necesitará que la integración en ésta requiera de un mayor esfuerzo a la administración local. En cualquier caso, y al igual que pasará para los pr ocesos urbanos planificados, estos aca barán m ayoritar iame nte integra dos y absorbidos po r la ci u- dad (Capel Sáez, 1981, p. 39 y ss.) . Si n emb argo, no o currirá lo mismo con uno de los tipos est ableci dos por este último autor al hablar d e los b arr ios de autocon strucción y barraquismo . Lo que Capel ( 2002 ) denomina parc elaci ones ilegales y c land es tina s (p. 467) se convertirán a par tir d e su apar ición e n el cont exto españ ol e n los años sesenta ( ibidem ) en un fenómeno d e una extraor d inaria impor tancia, tanto en términos cuant itativos como cualita tivos, que dese mbocará en una serie de iniciativas p ú blicas para trata r de frena r lo o, cuando menos, reconducirlo. Su peculiaridad radica, precisamente, en la im posi bili- dad de integrarlo s a la trama urbana de la ciuda d orden ada, bien por la propia lo cali zación excesivamente alejada de ésta, o bien po r la existencia d e afecciones sectoriales de todo tipo (inundabilida d, ries- go de incendios, impacto paisajístico, afección s obre el patrimonio histórico, etc.). Estas y otr as cuestiones rela cionadas co n este tipo de desarrollo urbano será n tratadas con mayor profundidad en el apar- tado siguiente . Estrecha mente relacionados con los procesos descritos anteriormen- te, están lo s que algunos autores han d eno minado urba nización marginal (Laboratorio d e Urbanismo de Barcelona (L.U.B.), 1974, p . 86; Busquets i Grau , 1999, p. 10), referidos, según otros, a los fen ó- menos que surgen como co nsecuencia de la necesidad de las perso- nas con menores recursos de proveerse de un lu gar de habitación (Pinedo López, Lora Ochoa, y Daniel Galván, 2015). Por su parte, otros traba jos s eña lan que la “[…] urbanización marginal tiene sus procesos d e constitución y desarroll o al margen de los procesos es- tablecidos y solo en fases avanzadas el control ur banístico congela su crecimiento para aplicarle los tratamient os de los procesos o rt od o- xos” (Solà-Morales et al., 1 971, p. 87). Si Busquets pone el acent o so- bre las cuestiones relaciona das con el estr ato social al q ue se asocia este tipo d e asentamient os urbanos, el segundo de los trabajos cita- dos lo hace en su desarrollo al margen del ordenamient o y de la pla- nificación ur ba nísticas vigente s, aspectos en los que , por otra parte, también coincide Ca pel ( 2002 ) a l describir los q ue él denomina ba- rrios marginale s (p. 467 y ss.). Se trat aría de un a fo rma sin gular de crecimiento de la ciudad que, según es te último autor, tendrá una extraor dinaria importancia para la configuración actua l d e la mayor parte de las ciudades española s ya que, en algunos casos 24 , el creci- miento residencial bajo estos modelos s upuso la terce ra parte del total existente entre los a ños sesenta y ochenta del siglo pasado ( ib i- dem ). Son unas tesis en las que también co in cide Busquets i Grau (1999) en el s entid o de que la “[... ] urbanización marginal co mienza por ser una ciudad irregul ar, incompleta, a v eces ilegal, de sde el pun- to de vis ta del p lanea mient o, pero acaba - en genera l- po r ser un barrio más de la ciu d ad” (p. 9). En cualquier caso, co mo se verá en el aparta do siguiente, y a pe sar de las similit udes q u e puedan existir entre este fenómeno y el de las parcelacione s ilega les tal como han quedado d escrit as por Capel anteriormente , no se puede establecer una relación d irecta entre ambos pr oceso s, ya que responden a mo- mentos y ló gicas so ciales difer ente s. Frente a lo que sost ienen los autores anter iores, Estébanez Alvarez (1989) asocia el ur banismo m argina l con las formas de crecimient o de la ciudad a partir del desarrollo de parcelacione s priv adas, si b ien 24 En concreto, el autor cita el caso de Santa Cruz de Tenerife. Capítul o 2 - 81 - coincide, tanto en el sector de la p oblac ión al que se dirige este tipo de o fer ta reside ncial -clase ob rer a-, co mo en que, co n el paso del tiempo, d ichos desarrol los serán los respons ables, tanto de los creci- mientos de la mayor parte d e las ciudades españolas , como de la forma en que estos se producen (p. 104 y ss.). Pe ro lo que result a más intere sante de las tesis so stenidas po r este a utor, es su propuest a de vincular estos p r ocesos “informales” con el de la ciudad formal, ya que el crecimiento de ésta por medio de los e nsanche s (interiores y exteriore s) son los causan te s de que apare zca la “[…] ciudad marginal (la p roducida por parcelación) y ambas co nf orma n el desarrollo pos- terior de toda la ciudad, al integrar el espacio suburbial más o m eno s renovado en la ciudad for m al, originándose d e nuevo una urbaniza- ción m ar ginal y así sucesiva mente” (Estébanez Alvare z, 1989, p . 104) . Por tanto, no só lo un fenómeno es consecuencia del otro, sino que son proces os que se re troaliment an mutua mente. Bajo estas mismas premisas trabaja C harlotte V orm s cuando describe el proceso d e crecimient o de M adri d a partir de 1860 tras lo s inicios del p royect o de ensanche de Carlos Mª d e Castro (Vorms, 2003 ) . Según la autora, la puesta en carga de suelo destinado a la construc- ción de viviendas llevará apare jada una alta inflación de los precios, lo que junto a las estrictas n ormas que han de apl icarse a las obras de edificación, provocará un “[…] fue rte desajuste entre las caracte rísticas de las viviendas edificabl es en el ensanche y la solvencia de la d e - manda” ( ibidem ). El resulta do de todo ello será la aparición d e “[…] las primeras parcelaciones de tier ras ru rales del extrar radio […] el año que sig ue a la adopción d el plan Castro ” ( ibide m ) y, por tanto, co n- cluye la autora, “[…] M adrid crece en dos frent es, uno oficial y planifi- cado, el ensanche y el otro, informal y es pontá neo, el extrarra dio” ( ibidem ). En definitiva, para estos autores, p are ce exis tir una relación, no solo directa, entre la ciudad formal -planificada- y la ciudad infor- mal -no planifica da-, sino q ue, además, la segunda - ciudad m a rginal en palabra s de Estébanez (198 9, p. 104)- es la consecue ncia directa en forma de respuest a de un sector de la población de s u incapacidad para acceder al mercado reglado de la v ivienda en la ciudad planifi- cada. Aunque con ci ert os matices, sobre todo con relación al contex- to social, estas misma s tesi s son defend idas por J. Turne r, quien seña- la que cuant o “[…] mayor s ea la difere ncia entre la naturaleza del suministro de viviendas oficia lmente reconocido y la naturaleza de la demanda popular, y cuanto mayor sea la demanda en relación con el poder p olicíaco ejercido por las autorida des, m ayor ser á la propor- ción de a senta mientos no controla dos” (1974, p. 71). Hasta aquí se han analizado las formas d e expansión de la ciudad desde el p unto de vista de la forma físic a, aunque, sobre todo , en los últimos autores citados, ésta s se combin an con algunas cuestione s relacionadas con su situación res pecto d el ordenamient o jurí dico y urbanístic o vig ente s; una cuestión esta última básica para los ob jeti - vos de la presente investigación, toda vez que, c omo ya se ind icó, estos se centr an en el anális is de un os pro cesos de crecimiento ur - bano surgidos al margen d el planeamiento urbanístico. En este con- texto cobra interés el trabajo de Alo nso López (2016) sobre los fenó- menos de a utoconstrucció n y urba nización espontá ne a en Sant a Cruz de Tenerife. En él, el auto r, en la búsqueda de los refe rentes teóricos para su investigación, propone una selección d e té rminos que, en principio, son aquellos q u e le pueden servir d e soporte co nceptual. A continuaci ón, procede a realizar una serie de búsq uedas en las que considera la s principales bases de datos bibliográf icas e xistente s (Web of Science, Scop u s y Google Acad émico). Más allá de que los resulta- dos obtenidos fuer an los previsibles, toda vez que algunos de los términos utilizad os en las búsquedas fueran cuestione s muy tangen- ciales frent e al resto, o por la propia metodolo gía d e d iscri minar los Capítul o 2 - 82 - trabajos publicados en español o en inglés en d icha s fue ntes, sí que se p ueden extrae r algunas co nclusione s q ue interesaría destacar. En primer lugar , respecto de la cuestión q ue mayor interés suscita entre la comunidad ci entífica en relación con estos p roce sos: la vertiente terr itorial. Es d ecir, lo que más inte resa es conocer lo s mecanismos, agentes y procesos que exp lica n la aparición y desar rollo de nuevos asenta mientos cu yo denominador común es su est atus jurídico, ya que todos se sitúan al margen del planeamiento urbaníst ico. Esto explicaría que las búsqueda s realizadas por el autor d onde ha util iza- do el término urba nizació n (informal, espontáne a o m arginal), o p ara los término s equivalentes en inglés, urban (i nformal, spontaneous, marginal) 25 , hayan d ado resulta dos mucho más numerosos que las realizadas con los tér minos relacionados con la forma d e co nstruc- ción de las vivienda s co nt enidas en dichos ámbitos (autoconstruc ción, o self-built). De los m ás de 5.00 0 trabajos publicados en inglés en temas re lacionados con la marginal urban o con la informal urban , ap enas si existe n 100 para self-built h ousing . Estos mismos contra stes se dan para sus equi valente s en español, aunque el número de traba- jos publicado s es m u y inferior, ya que solo hay 14 p ara el término urbanización marginal y apenas 7 para au tocon strucción vivienda (Alonso López, 2016, p. 91) . La explicación de tal co ntr aste es que la cuestión del modo en q u e se co n struyen las viviendas e n el interior de los asenta mientos no es que careza d e interés para los investi ga- dores, sino que se da por hecho q ue uno de lo s ra sgos d efinitori os de este modo d e expansió n urbana es que son los propios ocupa nte s los q ue se autoconstruyen sus viviendas. Se trata de una de las carac- terísticas que, como s e irá mostrando a lo largo de la investigación, distingue a e ste t ipo de asent amientos de lo s analizado s en la t esis. 25 A los términos al udidos, el autor añade uno más -informal settlements- obteniendo unos resultados similares que para los antes aludidos. En segun do lugar , la conclusión a la q ue llega el autor es que se tra ta en todos los casos del mismo fenómeno, aunque los términ os y for- mas de nombrarlo hayan ido cambi an do o evol ucionando con el tiempo (Alonso López, 2016, 94). Añade, citando a Jaramillo (2012) que […] uno de lo s elementos ca racterísticos ta nto de la de urbanización “es pontánea”, c o mo de la “ marginal” e “in- formal” , ser á el de la producción de e spacio urba no al margen del planeamie nto por parte de las clase s más desfavorecidas o em pobrecidas de la so ciedad, proce- sos habituales en todas las grandes u rbes, tanto a nivel mundial como en especial en las ciudades latinoa mer i- canas. (Alonso Lóp ez, 2016, p. 94) También en esta d efinic ión se encuent ran similitudes con los fenóm e- nos analizados en la presente investig ación, sobre todo en lo ya se- ñalado en relación con su ori gen no planificado o, cuando m eno s, realizado al margen de la planificación urbanística . Pero, por otro lado, se destaca otro aspecto que los hace diferentes ; el r elativo a la clase soci al a la que p ert enecen las personas que lo s habitan. Como se trat ará de poner de manifiesto más adelante, también éste es un rasgo difer enciador re specto de lo s procesos estud iados p or la te sis. El último de los modos de crecimiento de las ciudades analizados por Capel Sáez (1981) se situaría a medio camino entre l os barrios de ciu- dad -jardín (p . 45 y ss.) o, en palabras d e Estéban ez ( 1989) , barr ios ajardinados (p. 103 -104), y el co nce pto de ciudad informal . Se trata de lo q ue alg ún autor denomina como las urbanizacione s de segunda residencia , q ue se manifie stan co mo otra forma de e xpansión de la ciudad (Valenzuela Ru bio, 1976) y que cobrará n especial re levancia, sobre todo, a partir de la primer a mitad d el siglo XX (Ortega Valcárcel, 1975). Para Cap el (1981) las ideas de los utopistas del siglo Capítul o 2 - 83 - XIX, fundament almente representa das por los escritos de E b ene zer Howard, en España ll egará n a tergiversarse rápidamente . Así, d e la Garden City pronto se pasó a los barrios y urbanizacione s residencia- les monofuncionales, con trazados viarios de tipo geom étrico y ano- dino, obviando, por lo demás, el resto de las cuestiones que Howa rd ente ndía que d ebían integ rar el proyecto d e una ciudad-jardín, sobre todo la s relacionadas con los equipamientos comunit arios, servicios, etc. (p. 45 -48). En definitiv a, continúa e l autor […] de las primitivas i deas de ciudad -jardín los propieta- rios del s uelo, convertidos en promot ores y pr opagan- distas, solo adoptaron alg unos de los aspectos como es la idea de residencia u nida a la nat uraleza domestica da - es decir, de casa y jar dín o casa y huerto - olvida ndo las ideas de lucha contra la especulación del suel o o de or- ganización de e quipamientos colect ivos que eran tam- bién e senciales en la o bra de Howar d. Para los promo- tores se trató en ba stantes c asos de una co ncepció n que les ayu daba a parcel ar y co mercializar t errenos situados en lugares periféricos de acc eso relativ amente dif ícil. (p. 47) Muchas de las cuestiones aludidas en los trabaj os de Capel en el p á- rraf o ant erior, aparecerán paulatina mente en las distintas modalida- des de asenta mientos urba nos desarrollad os en las áreas periu rbanas de la mayor parte d e las ciudades españolas a p art ir de los años cin- cuenta del siglo pasado. P or ejemplo, la prolifera ción de prom ociones de huertos familia res en la prov in cia de Madrid (Camar ero Bullón, 1986; Corella Monedero, 1985), q ue r ealment e e nmascara ban urban i- zaciones ilegale s (A.M., 1982a, 1982b). Por tanto, no parecería exage- rado establecer la rel ación, s i no dir ecta, sí al menos en forma de ante cedente, entre las id eas de la Garden City de Ebeneze r Howard con los modernos fenóme nos de urbanizac iones de segunda resi- dencia 26 . Se trata de un fenó meno bien es tudiado desde fechas muy temprana s por Valenzuela Rubio (1976, 1986, 1988, 2003) para la pro- vincia de Madrid primero, extendiéndolo después a toda su área me- tropolitana . El interés en d estacar el estudio de este fenómeno en la provincia de Madrid aunque, como se verá más ad elant e, es genera li- zado p ara la mayor parte d e las grandes ciudades del país, radica en que la administración regi onal lo pondrá en relación directa con los de ur banización ilegal prá cticamente desde los primer os mo mentos de desarroll o del fenó meno (Comuni dad de Ma drid, 198 4b, p. 19). En definitiva, en ninguno de lo s trabajo s citados anteriorment e se alude al fenómeno de las parc elaciones ilegales -tal como son enten- didas en esta investigación-, co mo una forma de extensión de la ciu- dad. Ello a p esar de q ue, como se irá viendo, hacia m itad d e los años setent a (facha más temprana de las pu blicaciones citadas) dicho fe- nómeno ya había alcanza do en algunas zonas (caso d e Madrid o Barcelona) un extraordinario desarrollo. Esta ci rcunsta ncia puede te- ner varias lecturas. Una, que se considerar an engl obadas en los fe- nómenos más genéricos de las urbaniz aciones d e segunda residencia y, p or tanto, no se entrar a a considerar el origen legal o ilegal de los mismos. Otra podría ser que, directamente, no se creyera que tuvie- ran una entidad suficiente como p ara ser conceptualizados como una forma d e crecimiento no planificado de la ci udad. Y una terce ra, la que bajo los p ostula dos de esta tesis s e cree que es la más p laus ible, 26 Esta afirmación hay que tomarla con ciertas reservas, ya que, como señalan Stern, Fishman, y Tilove (2013 , p. 203) no se puede obviar que la idea de las Garden City nacieron con la intención de convertirse en centros urbanos autónomos y que, por tanto, otras pr opuestas q ue aparecieron con posteriori dad apoyadas o inspiradas en ellas, caso de los barrios de ciudad jardín, no pueden ser confundidas c on ellas. Esta misma tesis es defendida por Zoido Naranjo et al. (2013, p. 85-86). Capítul o 2 - 84 - que hubiera un error en su conceptualiza ción; es d e cir, se confundie- ron procesos q ue, si bien en su m anifestación física e imagen externa pudieran present ar tal s imilitud que llegaran a id ent ificarse con otros - urbanizació n marginal (Busquet s i Grau, 1999, p. 10) , barrios margi- nales (Ca pel Sáez, 2002, p. 467), etc.- que, sin embargo , obedecen a fenómenos completamente diferentes. Comparten con alguno s de los fenómenos alu didos su origen no planificado 27 , en el s entido ur- banístico del término y, por tanto, pueden califica rse de ilegales , además de la falta de infraestruct uras y s ervicios bás icos; pero su destino principal es el de la segunda residencia, frente a la vivienda habitual de los asentamie ntos citados por los trabajos comentad os. Por último, si éstos van destina dos a c ubrir las necesidades de habita- ción d e las capas más desfavoreci das de la socieda d, las parcelaci o- nes ilegales, por el contrario, están asociadas a estratos co n un nivel adquisitivo m ayor ; por lo gener al, personas que ya t ienen cubier ta s sus necesi dades básica s y, so bre todo, el d e vivie nda habitua l. 2.2.3 La ciu dad s e f ragmenta: Form as del c recimiento urb ano disperso Con la restitución del rég imen dem ocrátic o tr as cu at ro decenios de dictadura, el marco norma tivo en m ate ria de urbanismo y ordenaci ón del terr itorio irá paulatinamente adaptándose a la nueva situación 27 Como se tendrá oportunidad de desarrollar más adelante, en la mayor parte de los casos, l as parcelaciones y urbanizaci ones ilegal es se desarroll an a partir d e una planificación pr evia muy bá sica -fundamentalmente solo co ntempla el traza- do del viario y la pr opuesta de división de las parcelas -; pero ex iste un plan, algo que las distingue, por ejemplo, de los denom inados asentamientos espontáneos (Johnston et al., 2000, p. 46 ) o del modelo de ci udad espontánea (Zoido, de la Vega, Morales, y Lois González, 2000, p . 82). política y social. Atrás irá quedando una forma de ha cer ciudad carac- terizada por un crecimient o a impulso s, tanto tempora les como terri- toriales, auspiciada po r la prevalencia d e los inte reses particular es frent e a lo s generales, muchas v eces con graves tintes especulativos, llevados a cabo gracias a una actitud en ocasiones p asiva, cuand o no connivente, de las administraciones y responsables políticos (García Bellido, 1983, p. 133; VV .A A., 1983, p. 9). El fortaleci miento del ma rco jurídico que incide directamente sobre la ciudad y el terr itorio, junto con la progresi va aparición de planes generales, no solo adaptados a ese nuevo marco legal, sino también, y lo q ue tal vez s ea más i mpor- tante , a un a nueva realidad social, cultural, política y e conómica, irá poco a poco dejando su huella sob re la forma d e crec imiento de la s ciu da des y sobre el te rritorio. En este contexto de cambios acelerados en todos los ámbitos, irá consolidánd ose un modo de expansión de la ciudad que, si bien, tal como se ha tratado d e mostrar en el apartado anterior, no es nuevo, sí lo son tanto el ritmo co mo la intensi dad q ue manif iestan. Se trata de lo que se ha ca lificado co mo proces o de dis persión ur bana . En 2006 la Ag encia Europea del M edio Ambiente publ icó un informe titulado Urban sprawl in Europe. The ignored challenge en el q ue trat aba de llamar l a atención sobre determinad os ca mbios de g ran calado que se estaban produc iendo en el modelo de crecimiento de la mayor par te de las ciudades europeas (Europe an Environment Agency, 2006). En ese se ntido, advertía d e los riesgos, tanto soci ales como medioa mbient ales, de este modo de expansió n ur bana en una s ci udade s que tra dicionalme nte habían conservado un modelo urbano compact o hasta prácticamente los años cincuenta d el siglo pasado ( ibidem , p. 5). Además, ponía d e manifiesto q ue s on, e ntre otras, l as ciudades del sur del continente las que estaban sufriendo con espe- cial virulencia e ste ca mbio de mo delo. Capítul o 2 - 85 - Para Lois González, Piñeira Mantiñan y Viv es Miró (20 16) lo s datos de artificializaci ón 28 del suelo en Esp aña en el período 1987-2006, po nen de manifiesto, no solo que fue uno de los países del contexto euro- peo, junto con Portugal e Irlanda, donde más creció la superficie ur- banizada ( ib idem , p .11), sino también el desigual ritmo en que lo hizo si se consideran los períodos 1987 -2000 y 2000-2006. Más allá de lo llamativo de los dato s, inter esa desta car el modo en que dicha ex- pa nsi ón d e la urbanización se produjo 29 . En ese sentido, los autores señalan que, para el caso español, se e videnci ó: [...] u n modelo que apostó por la urbanizació n difusa (urban sprawl ), la c ual separ aba y expa ndía por el terri- torio diferentes partes de la ciudad, y exigía potente s in- fraestructuras de trans porte para comunicarlas y ase gu- rar su funcion amiento. ( Ibi dem , p. 9) En ese mismo diagnóstico coinciden, entre otros, Valdunciel (2013) , quien manifiesta clarament e que "[...] la burbuja inmobiliaria se basó en un modelo urbanístico expansivo" (p. 709). Se trata de un modelo , el d el urban s p rawl que, como se señalaba anteriormente , ha sido fuert emente criticado por la Ag encia Europea d el Medio Ambiente a casusa de las consecuencia s negativas que lleva ap are jadas. Más allá de estas cuestiones de cará cter general ampli amen te aceptadas por la com uni dad científica, interesa destaca r de este trabajo s u p ro pues- ta de caracterización de lo s disti nto s tipos urbanísticos en q ue dic h os crecimiento s se han manifestado sobre el territorio. Con ello, se busca 28 Según los autores, se entiende por tal la "[...] ocupación del mismo [territorio] para fines residenciales, empr esariales o de grandes obras públicas a expensas de es- pacios naturales y/o agrarios" ( ib idem , p. 11). 29 Sin embargo, el trabajo no dis crimina los crecimientos urbanos planificados/legales de los no planificados/ilegales, por lo que es imposible conocer la incidencia de unos frente a otros. situar conceptualmente los fenómenos de p arcela ción y urbanización ilegal dentro de alg uno de lo s tipos propuest os. Es esta una cuestión, la del establecimiento de tipos, que no ha s ido suficient ement e bien trat ada por la bibliografía científica o, al menos, no en el sentido de caracte rizar lo s distinto s tipos de asentamient os urbanos que ha creado el p roce so de ex pansión urbana ac eler ado d esar rollado du- rante los últimos decenio s. Lo anterior no es ó bice p ara que la cues- tión de la dispersión urba na haya sido trata da ampliamente por la disciplina geográfica desd e sus más diversas perspectivas, tant o teóri- cas como aplica das a estu dios d e caso concr etos , fundamenta lmente en relación con las grande s áreas metropolit ana s, donde sus efectos se han dejado sentir de m aner a más acusada. Para algunos autore s, seguir utilizando la idea d e ciudad empieza a plantear serios problemas de tipo conceptual y metodológico (entre otros, López de Lu cio, 19 79; Nel·lo i Colóm, 1998 ; Roca Cladera, 2003) . Po r su parte, López de Lucio (1 979) señala que el uso de ese término para referirse a la mayor parte de las existe ntes en España y en el resto de Europa, emp eza ba a plantear cie rtos inconvenie ntes conceptuales ( p. 25 ); y ello , continua e l aut or, debido: [...] a su radical transformaci ón, a la ruptura del marco de vida co lectiva y cohe sionada que siem pre significó, a su disol ución o dispersión e n multitud de unida des fu n- cionalmente homogéneas, s ocialmente "c lasificadas", es- pacialmente a lejadas , y cuyo único nexo de u nión vie ne proporcionado por u na com pleja red de transporte [... ]. ( ibidem ) 30 El autor está estableciendo una d efinición de lo que serían la s ciuda- des a fina les de los añ os set enta del siglo pasa do, ta nto des de el pun- 30 El entrecomillado es del propio autor. Capítul o 2 - 86 - to de vista m orfológico como también sociol ógico. En ese co ntexto de cambios, Lóp ez de Lucio conside ra que es p osi ble deslindar cla- rament e tre s tipo s de ciudad es: la clásica, anterior a la Revolución Industrial, la ciudad "[...] de los comienzos de la indu strializaci ón , la ciudad "l iber al" de los "en sanches" y de los planes de extensión [...]" ( ibidem ) y, por último, la que denomina ciudad cont emporánea . Las caracte rísticas de las dos primeras son de sobra conocidas, aun que respecto d e la segunda, mer ece la pena d ete nerse e n algunos a spec- tos apuntados, toda vez que se relacionan directament e con los pos- tulados teóric os de la tesis. En este sentido, el autor considera que "[...] la trama urbana [de la ciudad de los inicios de la industrialización ] comienza a definirse en p or lo menos tres categorías: casco viejo, ensanche s planeados, crecimiento perifé rico o s ubur bano espontá - neo" ( ibidem , p . 28). Como es f ácil comprobar, se trata de una clasifi- cación m u cho más sintéti ca que la ofrecida p or Cape l Sáez (2002) , aunque, por otro lado, puede ayudar a ofrecer una visión más cl ara del proceso de expansión d e la ciudad en esa etapa. En este sentido, podría infer irse, que el fenómeno de las urbanizacione s de segunda residencia estaría d entr o de lo q ue el autor denomina, de manera genérica, crecimiento periférico o suburbano espontá neo . Y, dado que, como se mostrará en lo s apartados siguientes, el fenóm eno de las parcelaciones y urbanizaciones ilegales es una expresión tard ía en lo temporal, inferior en lo económico y dis tinto en lo social, de las urba- nizaciones de segunda residencia, aquellas también quedarían englo- badas en los citados crecimient os p erifé ricos y suburbanos e spontá- neos. Las otras caracter ísticas que se desta can en el trabajo de López de Lucio (1979) co n relaci ón a la ciudad en esos momento s, es con respecto al comienzo d e la jerarquización del sis t ema v iario, entre cuyas consecuencias estarían la separación física de las tres tramas urbanas co nsiderada s. De esta forma, "[...] lo s casco s viejos se sepa- ran de los ensanches mediant e bulevares de ronda; los ensanches de los desarrollos "anárquicos" del "extrarr adio", por medio de rondas exteriore s o vías límite , etc." ( ibidem ). Lo ante rior pone de manifiest o que a finales de los años ochenta d el siglo pasado s e podía estable- cer una clara distinción entre la ciudad ordenada o, al m enos, co n una cierta vo caci ón de planificación, de la ciudad anárquica del extra- rradio . Tratar de b uscar o establ ecer el o rden en e sa anarquía territo- rial será uno de los objetivos , tanto de las s ucesivas reformas del marco normativo en mater ia de urbanismo y o rdenación d el territo- rio, c omo del planeamient o en su papel de elemento utilizado para su implementa ción. Pero, López de Lucio (1979) también esta blece las características de la ciudad contemporá nea , pr opia "[... ] del capi talis mo avanzado o del llamado c apital ismo monopolista de Estad o " (p. 29). Entr e ellas desta- can el "[... ] crecimiento de he cho indefinid o, pero ya no continu o , sin o fragmenta do y difuso, superponiéndo se y dest ru yendo el e spaci o rural circundante [...]" ( ibidem ), cuya co nsecue ncia principal será la pérdida paulatina del us o d el término ciudad p ar a ref erirse a esta nueva re alidad urbana o , como mínimo, su utiliza ción subordina da a otros aspectos que aluden a la e scala de influencia de la m isma. Unos fenómenos que algunos autores han analizado d esde el pu nto de vista d e la "[...] desconcent ración urbana [...]", entendida como "[...] los procesos de difusión de la urbanización en coronas territoriales que envuelven el núcleo central [...]" (Mallarach Isern y Vil a grasa i Ibarz, 2002, p . 57). Por s u parte, Lóp ez de Lucio (1979) señala que estas nuevas realidades irán "[...] constituyendo lo que s e ha dado en llamar, a veces con manifiesto orgullo, la ci u dad -territori o , conurba- ción , ciudad- re gi ón , gran área m etropolit ana , etc." (p. 29). Si bien, como señala Nel·lo i Coló m (1998), estos p roce sos ya serían, si no anticipados, sí al menos percibi dos por algunos p oe tas de finales del Capítul o 2 - 87 - siglo XIX, no será hasta el último decenio del siglo XX cua ndo se ma- nifieste definitivamente e n su máxima expre sión (p. 35). Para este último autor, las transformacione s socioeconómi ca s y tecnológicas acaecidas a lo largo del último siglo han de semboc ado en una inte- gración física y funcional del espacio "[...] hasta tal punto que las acti- vidades eco nómica s y las formas de v ida ur banas se han esparcid o sobre la totalidad del territorio" ( ibidem ), lo que ha tenido como una consecuencia ineludi ble en q ue los término s de ciudad y límite sean en la actualidad "[...] conce ptos incon ciliables y el territori o se ha con- vertido en la cittá sconfinata de la que nos hablan algunos autore s italianos" ( ibide m ) 31 . En e ste contexto, Nel·lo i Col óm p lante a una s i- tuación paradóji ca, en el sentido de que esa ciudad difu sa en la que, en cierto sentido , se difum inan lo s límites, por lo que es denominada la ciudad sin confines , sin emb arg o se topa con una realidad que su- pone que al mismo tiempo sea "[...] también la ciudad d e los confi- nes. Confines y divi sorias que son, en primer lugar, sociales y funcio- nales y, e n segundo lu gar, política s y a dminis tra tivas" (p. 49 ). Tal vez sean estas últimas -las políticas y admini strat ivas - las que de una forma más palpable interfieren en el devenir cotidiano de las personas que habita n o trabajan en dichos ámbit os. Cue sti ones tan habituales como el pago de deter minados impuest os, la elección del centro de salud, el co legio de los hijos, y un largo etcétera, dependen directament e del lugar d e empadronamiento, más q ue del lugar de residencia o d e trabajo. Por otro lado, la gestión d e lo s us os y activi- dades que se realizan so bre el te rritorio, tie nen ta mbién una f uert e component e municipalista , dado que so n los entes locales en los que recae n, casi en exclusiva, las compete ncias en mater ia de urb anism o. 31 El aut or señal a en la nota al pie que acompaña a dicha exp resión un grupo de trabajos de autores itali anos que, desde los años noventa, vienen tratando estas cuestiones. Hacer converger ambas rea lidades, no es en modo alg uno tarea fácil, aunque, al menos, en el ámbito d e la gesti ón y la ordenación del te rritorio, hubiera ci erta s exp erie ncias en los años sesenta y s ete nta, sobre todo e n algunas d e las gran des aglomer aciones urbanas - Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao-, de "[...] crear estructura s p olíti- cas o de gestión de ámbit o metropolitano q ue pudiera n abordar los diversos problemas urbanísticos, i nfraest ructura les y de s ervi cios que se plante aban a esa e scala" (F eria Toribio, 1999 , p. 3 12). López de Lucio (1979) también apunta hacia otra s característica s d e esta nueva ci udad , siendo, t al vez, la s más significativa s, las que t ienen que ver con la tendencia a la homo geneizaci ón d e los d istint os en- tramados o fragmentos urbanos q ue están dispersos por el territorio, articula dos a través de un sistema viario altame nte jerarquizado que permite la conexión entre lo s ci tad os fragment os. Por tanto, para el autor, la consecuencia de todo ello ser á: [...] la f ragmentación to tal -junto a la dispersió n y aleja- miento de los difere ntes fragme ntos- e n múltiples uni- dades u nifuncionales, co n un os ritmos y períodos de ac- tividad y v italidad, unos us uarios y reside ntes, u na for ma y un am biente cla ramente di ferenci ables y mínimam ente relacionados . (p. 30) Por últim o, este autor pone de manifiesto que uno de los invariante s de la m ayor p art e d e esos nuevos fragmentos de ciudad q ue salpican el territorio a modo de lo que Pie i Ninot y Navarr o (1988) denominan sarampión territorial (p. 57) será el de la baja densidad; una cuestión ente ndida como "[...] el freno a los m ales de la ciudad y como fórmu- la mágica contr a la especulación de ter renos [...]" (López de Lucio 1979, p. 32). Aspecto é ste, el de la baja d ensi dad, que será una d e las cuestiones que serán trata das con g ran pr ofusión de producción científica en los últimos d ecenios. De entre ellos, tal vez se pueda Capítul o 2 - 94 - propicia comportamientos d e de spilfarro [...]. ( Ibidem , p. 22) 35 Lo anter ior ll evar ía a p ensar q ue no cabría ning una duda de q ue el mo delo disperso sería, desde el punto d e vista ambienta l y económi- co, menos deseable que el de ci u dad concentrada. Sin e mbargo, como se puede apreciar, nada se dice de las cuestiones sociales, las que t endrían que ver con esa voluntad ant es exp r esada por la cual los individuos deciden optar por este tipo d e ase ntamientos. En este sentido, el autor señala que, ante la o bviedad , poco más se puede añadir; concluyendo que "[...] la ciudad difusa no ofrece del todo las peculiares condiciones ur banas, es despilfarrador a e insostenible" ( ibidem ). Tras dicha afirma ción, no habría mucho más que agre gar, si no fuera p orque el propio autor apunta hacia la necesidad d e dar respuesta a algunos de los pri ncipales factores que serían los d esen- cadenant es d el todo el proceso. De esta forma, manifiesta que no serían buenas soluciones aquellas que ab oguen por "[...] volver a me- terlo todo "dent ro de las murallas" [ya q ue] no encara[n] los fenóme- nos y fuerzas que han dete rminado la difusión [...]", que no son otras que la "[...] mo dificación de las fuerzas p ro ductivas, implantación de nuevos m edios y posibilid ades tecnológicas, una nueva estructura de los costes de producción y , no m enos important e, unas nu evas cos - tumbres de vida" ( Ibide m ). De lo ant erior se p uede infer ir, q ue lo qu e el autor está sugiriendo es tratar de encontrar un térm i no medio, lo que supondría, en términos de los modelos de ciudad señalados, llevar las v irtudes de la ciudad concent rada a los terr itorios d i spersos. En este sentido, Ind ovina concluye que [...] af rontar co n éx ito este re to sig nifica no solo respon- der positivame nte a la demanda de ci udad que los in di- 35 Las cursivas son nuestras. viduos, necesitados de ci udad, expresan (las formas de la ciudad difusa so n una res puesta autoo rganizada [sic] ), sino tamb ién crear con diciones favor ables al crecimiento económico, la equidad social y el desarrollo cultural. ( I bi- dem , p. 23) Moliní y Salgado (2010) ponen de relieve que el debate entre ciudad compacta fr ente al de ciudad dispersa lejos de cer r arse, sigue vivo. Los autor es hacen un re paso d e la biblio grafía existent e con objeto de corroborar esa hipótesis y, efectivament e, llegan a la conclusión de que "[...] l a existencia d e una minoría dis crepant e [de promover la ciudad com pacta] indica que no se pueden a dopt ar posturas tota l- mente rígidas" aunque, aña den, ello no debe supone r "[...] paralizar la pr o moción de la ciudad com pacta en la medida en q ue mayorita ria- mente se juzga convenient e" ( ib idem , p. 127). En est e sentido, Muñoz Ramírez apunta a que se trata de "[...] un tipo de urbaniz ación much o más insostenible que el m odelo de ciudad densa y co mpacta co ntra el que intentan aparecer c omo una alterna tiva", y ell o debido, no solo a los impactos ambienta les al q ue se asocia, sino también "[...] a una serie de riesgos de tipo social y cultural relacionad os con la mínima co mplejida d y la falta d e diversidad urbana prop ias de estas nuevas área s residenciales" (2007, p . 75). Frente a la extrema simplicidad del modelo d e urbanización dispersa de la que habla Muñoz Ramíre z (2007, p. 75) , Fernández García (200 3) señala q ue "[...] la d ifusión ur- bana permite equil ibrios más adecuados entre servicios, centros de trabajo y área s residencial es" (p. 91) y ello, co ntinúa, por d os razones fundament ales [...] porque mejo ran las comunicacio nes entre estos ele- mentos, dismin uyendo el fenómeno de la segr egación social propio del mo delo territorial tradicio nal de la co n- centración u rbana; y porque, al mismo tiem po, cabe la posibilidad de i ncluir al mu ndo r ural en el disfr ute, si n Capítul o 2 - 95 - discriminaciones, de lo s se rvicios y equ ipamie ntos socia- le s. ( Ibidem ) Entre ambos puntos de vista se situaría la postura de López de Lucio (1979) p ara quien, desde un punto d e vista técnico, este m odelo de ciudad te ndría seis c onsecue ncias: [...] Una mejor calida d de la v ida urbana, e n p articular de cada uno de su s subsistemas : residencia, trabajo , equ ipo, zonas libres... - Una menor de nsidad de población , mayor integració n en el espacio r ural... - Mejore s posibilida des para una vida familiar y social ordenada y tran quila. - Mayores costes de tra nsporte y mayor depe ndencia del automóvil. - Meno r renta bilidad y calid ad de servicio de los trans- portes públicos . - Mayores co stes de ur banización (primar ia, e n particu - lar) y de co nservación de las infraestr ucturas básicas y de relación. ( Ibi dem , p. 33) Así analizados, para el au tor resultaría que habría tres argumentos a favor y tres en contra d e la que él denomina ciuda d contemporá nea ( ibidem ), con lo que "[...] el pro blema se puede r ed ucir a un coste- oportunidad de elección individual de cómo asignar el presupuest o familiar, de prior idades sociales a primar [...]" ( ibid em ). Sin em barg o, para Gaviria Labarta la cuestión es bien diferente, y a q ue afirma que [...] hemos hecho unas ci u dades muy compacta s y, en cierto aspecto, muy interesa ntes o muy urbanas, y m uy animadas"; y, por tanto, para el autor se t rataría de "[...] un model o de ciuda d que es bueno, es compact o y denso, incluso a la larga, el día q ue de verdad escasee la ener gía, son ciudades de consumo energético bajo que funcionarán muy bien" (1 997, p. 134) . Por tanto, para M ario Gaviria el modelo de ciudad compacta mediterráne a es el m odel o hacia e l q ue habría que tender; es más, añade, que una de las consecuencia s de estos mode- los es que "[...] la casa indiv idual [está haciend o] de saparecer la ciu- dad" ( ibidem ). En todo caso, m á s allá d e l debate, por lo d emá s sumamente intere- sante, de contra poner ambos modelos de ciu dad, p ara los postula dos de esta investig ación pare ce m ás adecuado entrar a an alizar alguna de las consecuencias q ue tienen, desde el punto de vista ambiental, económico y so cial, los p r ocesos de dispersión urbana en los que s e inscribe e l fenómeno de la s par celacione s ilegales. 2.2.4.1 Los efectos ambientales De los tres tipos de afecciones ante s establecidos, son los de carácter ambiental los constatables d e una forma más inmediata. En este sen- tido, algunos autores apunt an a q ue las causas de la paulat ina p érdi- da de calidad en el amb iente urbano serían vari adas y complejas (Mulero Mendigorri, 1998). Por s u parte, ya poniendo el foco de aten- ción en los procesos de dispersión ur bana, aut ores co mo Muñiz Olivera y García López (2013) po nen de manifiesto algunos de los efectos de tipo ambient al de este m odelo de crecimiento urbano, señalando q ue se traducen en "[...] la o cupación de espacios de g ran valor agrícola, ecológico o paisajístico " (p. 190). En p are cidos término se p ronun cia Feria Toribio (1999) cuand o apunta hacia la coloniza ción de "[...] áreas ambientalme nte valiosas" (p . 310). Pero, además, la ex- tensión de los asentamientos ocupando amplias zonas d e territorio dificulta el di seño de rut as de transporte púb lico ef icient e, lo que co n- lleva a un mayor uso del vehículo privad o, con los consi guientes pro- Capítul o 2 - 96 - blemas de aument o de em isiones de gases nocivos, congestión de tráf ico, ruidos, etc. P or ello, aumenta n las posturas críticas c on esta forma de crecimiento de la ciudad, y cuestionan la sostenibilidad d el modelo, debido, fundame nt almente, a la apuesta por un uso extensi- vo del espacio y un eleva do consumo de s u elo, con exigencias cre- cientes en r ecursos y ene rgía (Ind ovina, 1998; Lóp e z d e Lucio, 1993; Monclús Fraga, 1998b; Moreira Madueño, 2011; Rueda Palenzuela, 2001). A lo anterior, habría que añadir, como ya señalaran Muñiz Olivera y García López (2013), las emisiones cada v ez mayores d e co ntaminant es derivadas del incremento en la movilidad de personas y mercancías; ello debido a la separación física y la distancia entre lugares de residencia, d e producción, de ocio y de come rcio. Un efecto de lo anter ior sería, la densificación y capilarización de la red de transport es y comunicaciones, aunque con infrae structur as de baja calidad, un aumento de la m ovilida d y un incremento en la emisión de gases, ruidos, pérdida de tiempo en desplazami entos o im pactos ecológicos (Rueda Palenzuela , 200 1) . Así, para este último autor "[…] la ciudad difusa s e asienta sobre unos pilares falsos, o dicho de otr o modo, insostenibles [...]" ya q ue, co ntinúa dic iend o, ésta "[...] se so s- tiene a b ase de un creciente co ste de recursos y de tiempo, y es ra- zonable pensar que peligra su continuidad de futuro en el insta nte preciso q ue alguno d e los recursos manifieste su lim itación" ( ibidem , p. 144). En este mismo sentido, Muñiz, Calata yud, y García (2 007) señalan que el impacto amb iental de la ci udad dispersa s e deja sentir, fundame n- talmente , en dos a spectos: el transporte (público y priv a do ) y la v i- vienda, sobre tod o respect o del co nsum o energét ico. Con relación a la primera d e las cuestion es, los autore s constata n que la dispersión urbana dificulta la existencia de un s iste ma de transporte público económica mente eficient e dado que [...] impide la exist encia d e una oferta suficie nte de transporte público porque resulta difícil conse guir el umbral de usua rios/estación requerido y limita su de- manda debido al elevado coste de opo rtunidad que su- pone una lar ga distancia ent re el lugar de reside n ci a y la estación. ( i bidem , p. 332) Todo lo anteriorme nte señalado deriva, en la neces idad a la que se ven abocadas las pers onas que habita n en ese tipo de asenta mientos, de acudir al vehículo priva do como única vía p ara sus despla zamien- tos cotidianos. Las co nsecuencia s para el medio ambiente de este hecho son, junto con las ya apuntadas (contamina ción atm osférica y acústica) la necesidad d e una creciente red de infraestructura s viarias, que implican, al mismo tie mpo, gran des consumo s de suelo producti- vo y el impacto sobre el paisaje ( ibidem , p. 330 y ss.). Por último, lo s autore s, citando los trabajos de Newman y Kenwor t hy, apuntan hacia la existencia de una relación directa entre la forma urbana y los hábi- tos en el trans porte de las personas, en el sentido de que "[...] cuanto mayor sea la densidad residencial, m enor es el g as to energético en desplazamient os" ( ibidem , p. 333). Por tant o, a mayor grado de d is- persión, mayor g a sto energét ico, independientement e del tipo de transporte que se ut ilice pa ra e llo. La cuestión d el impacto p aisají stico de este m ode lo de desarrollo, también ha llamado la atención de otros autores, que han querido poner de manifiesto los r esultados d e la dispersión urbana s ob re las perifer ias de las ciuda des (Delg a do Bujalance , 2009). Para el autor, son p al pables la d egradación y la destrucción de los paisajes p ree xis- tente s que son sustituidos por o tro s que, s in emba rgo , provocan una connotación negat iva. Apoyándose en los traba jos de An dreas Hil- denbrand y Domingo Gómez Orea, Delgado Bujal ance señala que "[...]f rente a un paisaje d e calidad estét ic amente atractivo y ecológi- Capítul o 2 - 97 - camente sano [...] los nuevos paisajes son p erci bidos como espacios cada vez más insat isfactor ios" (2009, p. 107-108), y ello, concluye el autor, "[...] debido a la pérdida d e componentes como la v e getación; a la contaminación v isua l de las escenas d ominant es co n el emento s de baja cali dad formal; al desorden [... ]" ( ibidem ). Por último, concluye señalando que se trata de un proce so "[...] gene rador de un nuevo espacio urbani zado dese structurado y s in m ás refe rencias e hitos que los que perma necen del pasado " ( ibide m ). Respecto de la v ivienda , la segunda de las cuestiones apuntadas por Muñiz Olivera et al. (2007 ), lo s autores señalan que el p redominio mayoritario del uso de la tipología unifamiliar supone i mportantes impactos de div ersa índol e. As í, citando un trabajo de Salvador Rue- da, los autores indican que "[...] la lista de im pactos de este m odelo de asent amiento es larga" ( ibidem , p. 333) . En este s entido, lo s princi- pales impactos tienen que ver co n la im permea biliza ción del suelo, el mayor consu mo de agua, la fra gmentación d el territorio, lo que imp i- de la adecuada im pleme ntación de corredores natur ales y, po r últi- mo, supone una p érdida d e suelo fértil ( ibidem ). En definitiva, senten- cian, "[...] la pretensión d e combinar las ventajas de vivir en el campo sin renuncia r al co nfort típica mente urbano s uele saldarse con una important e factura en ergét ica en iluminación, calefacción y refrigera - ción" ( ibidem , p. 3 34). Por su parte, la Agencia Europea del Me dio Ambient e considera los impactos medioambient ales que provocan los d esa rr ollos urbanos, a partir de cóm o afe ctan a cuat ro aspectos: 1) los r ecursos naturale s y la ener gía, 2) las zonas natur ales y protegi das, 3) sobre el entorno rural y, 4) sobre la calidad de vida urbana y el riesgo p ara la salud (European Environ ment Agency, 2006, p. 28 y ss.) . Más allá de cues- tiones más g ene rales, como las q ue apuntan al ext raordinar io incre- me nto en el consum o de cemento, en que se pone de ejemplo a España, donde en el p erío do 1996-2005 s e produjo un aumento del 120%, o la afección sobre el lecho de los ríos por la extracción de gravas y arena, e ste organismo apunt a hacia otras cuesti ones im por- tante s como el s ellado d e los s uelos, la pérdida de biodiversidad o la afección s obre los recurs os hídricos. Obvi amente , no p asa por alto cuestiones ya tratadas, como s on los problemas derivados d el au- mento de lo s d es plazami entos, la reducción d el uso d el transporte público, co n los efectos que lleva as ociado, y q ue ya han sido apun- tados. Respecto d e las consecuencias sobre los espacios naturales y protegid os, el organismo europeo apunta hacia la afección a es t os espacios especialment e sensib le s, que se ven acentuadas p or la cre- ciente mejora de la accesib ilidad a los mismos como consecue ncia del avance d e la u rbanización; pero, además, la dispersi ón urbana provoca la destrucción de tierras de cultivo , la fragm entación de los bosques, o los impactos sobre humedales y otros hábitats sensibles a la p resencia humana ( ibidem , p. 31). En relación con las altera ciones sobre el entorno rural, la Ag encia pone de m anifie sto el i ncremento sobre los precios d el suelo rural como consecuenci a d el avance de la urbanizaci ón, lo que provoca un aumento de las expectat ivas u rbanas sobre los mismos, derivan do en un pr o blema para el m ant enimiento de la actividad rural tradic ional. En ese sentido, se señala que "[...] el suelo debe ser protegido. Se trata de un recur so no renova ble y la pérdida de las tierra s de cultivo tiene un impacto mayor sobre la bio- diversidad con pérdida de valor de lo s biotopos para muchos anima- les, esp ecialment e p ara lo s pájaros " ( ibidem ) 36 . Por último, con rel a- ción a las incidencias sobre la calidad de vida y lo s riesgos p ara la salud, lo s autores d el informe apuntan hacia lo s y a citados por otras investigaciones (contamin ación del aire por gases nocivos, conta mi- nación acústica, etc.), a los q ue se añaden los r iesgos que para las 36 Traducido del original en inglés. Capítul o 2 - 98 - personas tienen los fenómenos atmosfér icos derivados del cambio climático. En resumen, d e lo expres ado hasta este punto con relación los efec- tos de tipo medioa mbient al de los procesos de dispersi ón urbana, parece que existe un cierto co nsenso entr e todos los trabajos consul- tados. Así, la mayor p arte de ellos, apunta rían hacia las consecuencias negativas derivadas d el aument o d el uso d el trans porte en vehícu lo privado frent e al de carácter público ; ello redu ndaría en unos m ayo- res niveles de conta minación atmosfé rica, tant o por el aumento de gases nocivos p ara la salud como p or el increment o de los niveles de ruido. En segundo lugar , destacan las consecue n cias perjudiciale s derivadas de la p érdida d e suelo, en alg unos casos, de alto valor agrológico y producti vo; a esto ha bría que a ñadir el e fecto del sella do del suelo por la urbanización, o la contaminaci ón de los acuíferos, especial mente lo s subterr áneos, algo que se deja notar de m aner a especial mente notable en lo s ámbitos de origen ilegal. A continua- ción, se ponen de manifiest o también los i mpacto s sobre las zonas natur ales y las áreas p rotegidas, afectando de m an er a singular a los ecosistema s y hábitat s de especies animale s y vegetale s sensibles a la pr esencia humana , en esp ecial de las aves. Y, por último, p ero no menos importante, un buen núm ero de trabajos d e stacan la afección que produce sobre los paisajes, alg unos de ellos de alto valor natural y cultural, este mod elo d isper so de desarrol lo urbano. En este senti- do, serían los asentamientos de carácter ilegal, los que incidirían de una manera especialmente negativa s obre el p a isaje, dada la falta de control administrat ivo sobre la calidad constructiva d e las edificaci o- nes, co ndicione s de volumen, implantación, etc. tan caracte rística d e estos ámbito s. 2.2.4.2 Los efectos económicos Por su p art e, los impactos de tipo económico asocia dos al modelo de urbanizaci ón dispersa, si bien no tan evidentes como los ambienta les, también resultan co nstata bles de una forma más o menos inmediat a. En este sentido, p ara Muñiz Olivera y García Lóp ez (2013), apoyándo- se en los trabajos de Anas, Arnott y Small (1998), Brueckner (2000) y Wassmer (2001), este modelo d e ase nta mientos "[.. .] no solo tiene impactos s ociale s y a mbienta les, sino que es un modelo de oc upa- ción d el suelo económica mente ineficiente" (p . 190); y no solo por los altos nivele s d e co nsumo de suel o (Bertran Castellví, 2007, p. 117) , sino también, porque "[...] lo s promot ores inmobili arios no int erna li- zan los costes públicos y externalidades propias de un m odelo resi- dencial de baja densidad" (Muñiz Olivera y García López, 2013, p. 190). Los autore s analiza n estas cuestio nes desde diversa s p erspecti - vas, algunas de co rte econom icista , en las q ue no parece oport uno pr ofundi zar aquí. Otras, sin embargo, resultan de sumo interés para los objetiv os d e esta investigación; como . por ejemp lo, las q ue apun- tan a que "[. ..] el coste público y privado de una vivienda en un en- torno urbano co mpacto [. ..] es menor que el de una vivienda unifa mi- liar ados ada o aisl ada" ( ibidem , p. 323). Pero, además, algo similar ocurre co n respecto a lo s co stes d e m ante nimie nto de unos y otros ámbitos. Así, los autores seña lan que "[...] lo s costes públicos de man - tenimient o (a gua y s anea miento, alumbrado p úblico, urbaniza ción pública, limpieza pública y transporte público) po dían llegar a ser hasta 7 veces mayores" ( ibidem ); unas cifras lo suficiente mente signif i- cativas, como para disuadir a cualquier administración local de pro- mocionar este modelo d e asent amientos, frente a ot ros más densos y compact os. Per o, a demás, a lgo similar, aunque co n dife rencias más matizadas, ocurriría con "[... ] los co stes p riva dos de mantenimiento Capítul o 2 - 99 - (calefacción, c onsumo de agua , electricidad, seguri da d, limpieza) [que son] del orden de 2 veces mayores" ( ibid em ). Es con respecto a la p rimera cuestión tratada, en l a que los autores ponen un especial acento. En este sentido, añaden que "[...] garanti- zar un determinad o nivel d e servicios públicos en las áreas dispersa s implica unos costes supe riores a los correspon dientes para un área compacta y densa" ( ibide m , p. 327). No obst ante , a pesar de que se tiende a pensar solo en los sumini stros de serv icios más básicos (agua, electr icidad o transporte público), existen otros much os que, si bien no en las etapas inic iales del proceso urbanizador, irán hacién- dose más import ante s con la paulatina co nsolidación d el asentamien- to, cobrando especia l relevancia. De esta forma, los resident es en estas áreas comenzarán a requerir de la admi nistr ación s u equi para- ción con el resto de "bar rios" de la ciudad, fundamenta lmente, en cuanto al nivel de p resta ción de servicios público s como c oleg ios, centros de salud, recogida de basura s, guardería s, etc. Es en este punto, donde rea lmente se pone de manifiesto la insosteni bilidad de este modelo de asenta mient os urbano s, dado que, como s eña lan los autore s que se vienen citando , "[... ] solo es posible cumplir co n unos estándar es aceptables en l os servicios [...] de dos formas" ( ibidem ). La primera que se apunta , es la de con centr ar la mayor p arte de los servicios para dar soporte a una población extensa, lo q ue conlleva unos altos costes de transporte. La segunda, implicaría localizar los servicios y dotaciones con los m ismos criter ios de proximida d que se realiza en el resto de la ciudad concent rada, co n el sobr ecoste que ello supone ( ibid em ). En un trabajo reciente, que tiene como objetivo el aná lisis de los cos- tes de la dispersión urbana p ara las adm inistr acione s locales (Gielen, 2016), se constatan d e m ane ra empírica algunas de las cuestiones citadas anteriormente . En este sentido, el autor es c ategórico al s eña - lar que, tras los análisis llevados a cabo durante la investigación, aun- que hayan sid o referidos solo al ámbito de la c omunidad valenciana, los resultados apunt arían a q ue la "[...] ciudad dispersa aumenta el gasto p úblic o de la Administra ción Local, generando un incremento considerable en el g asto corriente y en el co ste unitario de los servi- cio s públicos locales" ( ibidem , p. 228). La cuantificación del citad o aumento del coste de los servicios se realiza a partir de su compara- ción respecto d el índice de dispersión d efini do por el autor ( ibidem , p . 128 y ss.), lo q ue le permite establecer que el aumento de un punto respecto de dicho índice, supone un incremento de entre el 21,5 y 24,2% d el g asto corriente del municipio ( ibidem , p . 228). Dicho in- cremento del g ast o no se comporta igual en t odos los munic ipi os (<1.000 hab., de 1.000-5.000 hab. y >5.000 hab.), ni tampoco es simi- lar para todos los servicios , sino que, b ien al contra rio, s e puede d ecir que ha y uno s que son más sensi bles que otro s a la d ispersi ón ( vid . tabla 2.01). Así, por ejemplo, donde más se ve incrementado el ga sto conforme aumenta el nivel de d ispersión, sería en lo s que están rela- cionados con la recogida de b asura s, saneamiento, abastecimiento de agua y parques y jardine s. To do ell o conll eva que, para el territo- rio de esta comunidad au tónoma, la d ispersión urbana p uede supo- ner "[...] un incremento del 13,4 al 28,4% d el gasto corriente total (entre 478 y 1.013 millones de euros)" ( ib idem ); cant idades, desde luego nada, des deñables. El tra bajo también revela que estos incrementos de cos te en la pres- tación de Servicios Públicos, no se p roduce n de m ane ra lineal en todos los municipios de la región, sino que son aque llos do nd e, ade- más del factor de la dispe rsión ur bana, se suma una deter minada forma en el uso de la edificación. Así, los munici pios do n de más s e ve increment ado el gasto son en los del litoral, a los que le siguen "[...] los munici pios dor mitorio s de las áre as metropolit ana s de las tr es Capítul o 2 - 100 - capitales de provincia" ( ibidem , p. 230); es d ecir, aquellos don de el uso de la v ivien da no es con- ti nuado, ya s ea el pura mente vacacional d e se- gunda residencia, o b ien, el d e los com ún mente conocidos como commut ers . O, como más grá- ficamente lo s d eno mina Muñoz Ramírez , territo- riantes (2006, p. 246). Algunas de las cuestiones q ue s e vienen tratan- do en los párrafos precedent es, también han sido objeto de análisis por organismos del ámbi- to comunitario. En un estudio de mediados de los años dos mil, la Agencia Europea d el Medio Ambiente p onía d e manifiesto los impactos de tipo socio-económico asociados a los procesos de desarrollo urban o que se venían prod uciend o en Europa en los último s años (European Environment Agency, 2006, p. 3 5 y ss.). Bien es cierto que en dicho traba jo no se co nsidera ban de manera independiente los impacto s econó- micos, y que se daba cierta importancia a los de orden so cia l, lo s cuales serán ob jeto de com en- tario en el apartado siguie nte. Con todo , el do- cumento identificaba tres aspectos q ue supone n un mayor coste d es de el p unto de vista econó- mico para la g esti ón de los municipios caracte ri- zados por tener un model o de desarrollo disper- so. Así, apunta, en p rimer lugar, al increment o en el gasto para los hogares derivado de las necesidades d e desplaza mientos cotidianos; en segundo lugar, señala los costes que conlleva la Ta bla 2.01: Relación entre los increme ntos del gasto de la dispersión ur bana en función del ta maño del municipio para lo s municipios de la Co munidad Valencia na. Fuente: Gielen, 2016, p. 229. Capítul o 2 - 101 - congestión del tráfico rodado derivado de un inef iciente transporte público; y, por último, d iri ge su atención hacia el incremento del gas- to público en la extensión de las infraestr u ctura s urbanas, a lo s que habría que añadir los Servicios Públicos ( ibidem , p. 36). Con relación a esta última cuestión, el organis mo euro peo a dvierte que "[...] la ex- pansión urbana inhibe el desarrollo del transporte público y de las soluciones basadas en la impleme ntación de sistem as de transporte masivo" ( ibidem ), a lo que habría que añadir la d ificultad para la "[...] provisión de alterna tivas de tra nsporte que son es enciale s para ga- rantiza r el funcionamiento eficiente d e los ento rn os urbanos" ( ibi - dem ) 37 . Por otro lado, a partir del trabajo de Burchell et al. (1992), el documento constata algunas de las cuestiones ya tratadas, com o el hecho de que los desarrollos di spers os llevan apare jado un mayor consumo de suelo (entre un 20 y un 45%), la necesidad d e entre un 15 y un 2 5% más de red v iaria; y, por el contrario, adoptar m odelos más compactos supone un ah orro de entre el 7 y el 15% en lo s servi- cios de abaste cimient o de a gua y alcant arillado ( ibidem ). Algunas de e stas mismas cuestiones, ya era n apuntadas por el docu- mento de la Comunidad d e Madrid coment and o en apartados ante- riores (Comunidad de Madrid, 1984b). En él se destaca que, junto co n las conse cuencias ambie nta les ya se ñaladas, se constata que "[... ] estas parcelaciones gener an ya innumerables pro blemas en la gestión de lo s servicios públicos municipales" ( ib idem , p. 10 2), lo que necesa- riamente ha de d eriva r e n im portante s inversi ones que d eberán ser acometida s por los Entes Locales. Y no solo en cuanto a la provisión de los propios Servicios Públic os, sino que, una vez implanta dos es- tos, la localización dispers a po r el territorio de los ase ntamientos s u - pondrá "[... ] un elevado coste de mante nimiento de los mismos" ( ibi- 37 Traducido del original en inglés. dem ). Aunque, tal vez una de las cuestiones más reve ladoras hacia las que s e apuntan, sobre todo por el m om ento tan temprano en que se producen - año s ochenta-, es la que p one de man if iesto que "[...] es una experiencia constatada que la dispersión, alejamiento y deficien- cia de las infraestr ucturas existentes en estas u rbaniz aciones ya se han convertido en la actualidad en demandas s ociale s acucia nte s" ( ibi- dem ). Es decir, ya a p rin cipios de los a ños ochenta se estaba previ- niendo sobre la co múnment e conocida como polític a de hechos co n- sumados, por la cual, a nte una realidad exi stente , en este caso urba- nizaciones ile gales surgida s al mar gen del ordena mient o jurídico y del planeamient o urbanístico, la presión social obliga ría a la adminis tra - ción a dar una respuesta a lo s ve cinos que son tratados d e manera discriminatoria res pecto del resto de los habitant es, estos sí, de la ciudad or denada. En est e s entido, el docu mento advierte sobre lo que supondría "[...] el costo a d istri buir entre todos los b ene ficiarios de los servicios - incluid os los resi dentes d e los cascos urbano s - la recogida d e basuras d e urbanizaciones ilegale s alejadas d e los nú- cleos urban os [...]", a lo que habría que añadir "[...] la d emanda y es- tablecimiento de s uminist ros de servicios genera les -traída d e agua, alumbrado público y alcantar illado - y el elevado costo de su mante- nimiento, e tc." ( ib idem ). Por último, también se pone s obre la mesa una últi ma consecuencia de componente económic a, ésta asociada a la creación d e expectati- vas urbanísticas de los suelos colindante s con los ya urb anizados. Esta situación provoca problemas en dos direccione s: por un lado, por el abandono de las labores de cultivo por parte de los agricul tores en espera de su venta como simples solares ; y, en segundo lugar, por- que el abandon o de los cultivos tradicionale s "[...] induce irremedia- blemente a su degradación (erosión, incendios, vert ederos, etc.) pro- pagando el deterioro medioa mbiental como una mancha d e aceite" Capítul o 2 - 102 - ( ibidem ). Por últi mo, se a dvierte que los impa ctos de este tipo no afecta n p or igual a todos los ámbit os g eo gráficos, siendo por el con- trar io más acusados en los suelos de las v egas, dado que en esos ámbitos ade más de "[...] la simple red ucción d e suelo agrícola de regadío [se produce] la g ener ación de procesos de sustitución de cultivos hortícolas p or otros intensivo s d e menor valor añadido" ( ibi- dem , p. 50, nota a l pie núm. 22 ). 2.2.4.3 Las implicaciones sociales Por último, es preciso analizar algunos d e los aspec tos de tipo social relacionado s co n los procesos d e dispersión urba na. Es, t al vez, la cuestión m á s difícil de estudiar , toda vez que implicar ía ind agar sobre determina dos aspectos de la vida cotidiana de las personas que habi- tan estos ámbitos, para lo cual, se r equeriría recurrir a técnicas y mé- todos de investigaci ón costosos, tanto d es de el punto d e vis ta tem- poral como económico, y q ue escapan d el alcance de la presente investigación. Con todo, la existencia de algunos trabajo s q ue han abordado esta s cuestiones, aunque haya sido de m ane ra ta ngencial, permite hacer un acer camiento a esta dimensión del fenómeno. En este sentido, Muñiz Olivera y García López (2013), citando los tra bajos de Burchell et al. (1998), Po wer (20 01) y Downs (1999), s eña lan que "[...] existe un elevado consens o sobre lo s costes que compo rta la dispersión ur ba- na" y, entre ellos, "[...] desde un punto de v ista s oci al, [cabría] desta - car lo s pr oblemas de segre gación y limita da movilid ad de los colecti- vos con menor renta" (2013, p. 190) . Por su parte, y como se m ostr a- ba más arriba, la Agencia Europea del Medio Ambie nte trat aba los impactos de t ipo social as ociados a lo s económi cos. De esta forma, es posible mostrar algunos de carácte r puramente social, entre los que destacaría n, junto con lo s más evident es de segrega ción es pacial, los de segregación s ocial (Europea n Environment Age ncy, 2006, p. 35 y ss.). En este se ntido, el documento apunta a que ésta se manifiesta , además, por grupo s sociales o por niv eles de ingresos econó micos, lo que co nlleva un incremento de las divisiones sociale s según dich os parámetr os. Junto a e sto, se informa d el ries go p ara sectores de la población cuya movilidad está lim itada (personas mayores y jóvenes), lo cual dificulta y reduce la interacción social ( ibidem , p . 35). En esta misma línea se manifiestan M uñiz Olivera et al. (2007) cuando dicen que en el modelo de ciudad d isper sa, "[...] al funcionar sobre un mo- delo de movilida d basado en el uso del tran sporte privado, limita las posibilidades de aprovecha r l o que ofrece (ofertas de empleo, ofe rtas lúdicas, etc.) a las per sonas con un a m ovilidad limita da" (p. 329) . Como se viene indicando en diversos punt os de este capítulo al gunos de los atributos que se asoci an al co n cepto de ciudad tienen que ver con la d ensi dad edificatoria y de persona s, y co n la compl ejidad fun- cional (Escolano, 2 007, p. 104). Este último as pecto es una cuestión nuclear para a utores como Rueda Pa lenzuela (1998) , para quien [...] el sistema urba no actual , que si gue el modelo an glo- sajón de conurbación dif usa, t iene tendencia a aumentar la complejida d del conjunt o de la ciu dad [...] cons u- miendo ingentes canti dades de energía y otros rec ursos naturales como suelo, materiales , etc., si n obtener u n aumento de la compleji dad equivalente a la cantida d de recursos con sumidos. (p. 10 1) Es decir, para este autor, el modelo de dispersi ón urbana no consigue equilibrar la b alanza entre el consumo de recurso s de todo tipo y construcción de ciudad . En este sentido, Rueda Palenzuela añade q ue "[...] queda cl aro que los propósito s que guían la construcción d e la ciudad actu al no tie nen como priori dad el aume nto de la com plejidad Capítul o 2 - 103 - de la ciudad, es decir, aumentar la probabil idad de contactos, inter- cambios y comunicación", unos atributos que, por lo demás son "[...] la esencia d e la ci udad y a la que tendría q ue g uia r su construcción [...]" ( ibidem ). Junto a estos, la existencia de una adecua da red d e espacios público s, fundame ntalment e calles dotadas d e espacios p ara el peatón 38 , p arques públicos y p lazas, hace que se fomente la socia- bilidad, como uno de los principales atributos d el individuo, aunque ambos términ os p rese nten una cierta co ntr adi cción entre sí. La exis- tencia de una determinada masa crítica de personas habitando un espacio, que ofrezca la oportuni dad para interactuar entre sí, suele llevar aparejado la aparición de cód igos de cond ucta que algunos han dado en llamar urbanidad , y q ue derivan en la aceptación "[.. .] de lo nuevo y convivir con lo diverso, en definitiva, tolerar al otro " (M uñi z Olivera et al. , 20 07, p . 3 30) . Lo co ntra rio, la existencia d e barrer as, vallas, segregación es pacia l, inexistencia d e espacio público, de lug a- res de reunión, etc. supone la deriva hacia territorios poco s oste nibles en té rminos sociales (Mon tane r, 200 6, p. 358). Algunos de los rasgos que se han destacado d e los asen tamientos asociado s al modelo de urb anización dispersa, son los que tienen que ver co n la monofunci onalida d y la segregación espacial, caracte - rísticas con sustanciale s al propio modelo. Por otro lado, en muchas de las urba nizaciones de segunda resi dencia su rgida s en las eta pas iniciales del m odelo, además de lo s anteriore s, hab ría q ue añadir la inexistencia d e espacios públicos (al menos de parque s y plazas), junto con el mal estado del v i ario, la mayor p art e d e los casos caren- tes de acera dos para peatones. A todo ello, se tendr ía que sumar, la carencia de edificios y dotaciones públicas que facilite n las actividades 38 Este es un aspecto de suma im portancia, dado que, en la práctica totalidad de las parcelaciones ilegales, uno de los problemas que se plantean es la inexistencia de espacios para la circulación peatonal segura de las personas comunitar ias. Las cuestiones apunta das reforzar ían determinadas conclusione s a las que llegaban algunos de los trabajos comenta do s más arriba; en concreto, respecto d el aislamient o personal, la segre- gación social, los p roblem as de m ovilida d d e un am plio s ect or d e las personas que habitan eso s esp ac ios, etc. Por ello, no es extraño que en el trabajo coordinad o por Zaida Muxí (2013) bajo el nombre de Postsub urbia: rehabilit ación funcio nal de las urbanizacio nes monof u n- cionales de baja densidad , cuatro d e las cinco líneas estrat égicas re- sultante s del mismo v ayan dirigidas a m ejorar alguno de los aspectos ante s señalados. La prim era , habría de encaminarse a fort alecer las redes de proximidad ; la segunda, tiene como objetivo fortalecer la mezcla fís ica y s ocial ; la tercer a se dirig e hacia conse guir garantizar la vida c on autonom ía ; y, por último, la cuarta línea es trat égica se pro- pone fortalec er el sentid o de pertenencia y com unidad ( ib idem ). En d efinitiva, de lo expuesto hasta aquí, se p odría inferir que, para corregir algunos de los p r obl e mas consustancia les a este modelo de ex tensión d e la ciudad, es impres cindible actuar s obre aquellos ele- mentos que facilitan el contacto entre lo s usuarios de este tipo d e asenta mientos. Y no solo en el interior de los mismos, sino también con el resto de urbanizaciones y con la ciudad. En este segundo ám- bito, parece imprescin dible garantizar la movil idad de los grupos s o- ciales que mayor d ificulta d tienen p ara los des plazamient os (fun da- mentalment e mayores y jóvenes), posibilitando así su mayor integra- ción social. Por tant o, la existencia de una adecuada red viaria, dota- da de itinera rios peatonale s accesibles, a los que habría que añadir la construcción d e p la zas y pa rque públicos q ue faciliten la intera cción entre lo s habitante s de es tos ámbitos, es una cuestió n nuclear en la integración de l os mismos a la ciudad or denada y p lanif icada. Capítul o 2 - 110 - Por otro lad o, al gunos a utores p onen el énf asis en que se tr ata de procesos modernos que se asocian a la aparición de diferente s térmi- nos como el d e periurba nización o r ururbanizaci ón, vi nculados a su vez, con otras expresione s c omo las de aglomeración ur bana o re- gión urbana (Zoido Nara njo et al., 2013, p. 384 - 385). Todo ello, conti- núan señalando, aus piciado por la generalización de determinados medios de transporte , co n especial incidencia del vehículo particular, el cambio en las prefere ncias del tipo de vivienda, con el pr edomini o de los modelos un ifamilia res aislados y, p or últim o, la búsque da de entornos más salu dables y a precios más ase quibles de la habita ción, si n olvidar el auge y consolidación del fenómeno de la segunda resi- dencia (Zoido Nara njo et al., 2013, p. 384 - 385; Pujad as Rúbies, Prats Boned, y Coll Noguera , 2006). Por su parte, p ara Lóp ez Trigal (2010 ) los términ os c i udad difusa y ciudad dispersa s on sinónimos, de hecho, aparece n junto con el de ciudad desparra mada en el título d e la en- trada (p. 101). Este autor coinci de en su mayor parte con lo s eña lado por los anteriore s aunque, como se puede intuir, utiliza co mo si n óni- mos concepto s que, al menos p ara Font Arellano (2007a ), no lo son. En todo caso, López Tri gal dest aca tamb ién la prolifer ación de urba- nizaciones en la s p erifer ias de las ciudades, fruto, s obre todo, de la genera lización en el u so de l automóvil pri vado. En todo caso , el concepto de ciudad difusa , a pesar de que no siem- pre se haya utilizado en esos términos 44 , alude a u na forma d e ocu- correcta correlación entre la densi dad edificatoria y los costes de urbanización y beneficios para sus promotores (Unwin, 1984, p. 1- 2) . 44 El término ci udad difusa ha tenido una especial relevancia en cuanto a su uso desde que fuese acuñado por Frances co Indovina en 1990, aunque no siempre se haya utilizado en el sentido que el autor le dio en origen. En un t rabajo posterior, el propio autor advierte de este extremo al señalar que "[…] desde la década de 1990, y de forma totalmente indebida, se viene llamando ciudad difusa a todo ti- pación d el territori o, más que a una morf ología del cre c imiento ur- bano (Indovina, 200 4, p. 49), por lo que no parece muy acerta do equiparar lo co n el d e di spersión urbana, por más q ue entre ambos haya una indudable relación (Font Are llano, 2 007a, p. 98). Con re s- pecto a estas consideraciones, en un trabajo posterior Francesco Indovina (2007a) avanza en el análisis de la configura ción de nuevo s escenar ios ter ritoriales y para ello utiliza e l término m etr opolización , ente ndido como: […] la tendencia a la inte gración de var ios conj untos ur- banos e incluso de t erritorios de urba nización dif usa (sea cual sea la form a de e sta difusión ). U na inte gración completa que incluye las act ividades económic as, las re- laciones sociales, las activ idades relacion adas con la "vi- da co tidiana", la c ultura, etc. Los territorios (ca racteriza- dos por varias mo dalida des de organización de la an- tropización) se hacen f uncionales para conseg uir, a un- que volveremos sobre eso más tarde, o bjetivos de efi- ciencia, para llevar a ca bo es trategias de desarrollo y ga- rantizar mejo res co ndiciones de vi da de l as poblaciones asentadas. En resumen, se a delanta la h ipótesis de q ue los procesos de difusión, dis persión te rritorial de pobla- ción, activida des y servicio s no constituye n ni la pre misa ni la bús queda de u na autono mía de los mismos territo - rios o conjuntos, sino m ás bien una for ma difere nte y más amplia de co nstruir in terrelaciones e inte rdepen- po de urbanización del campo de cierta envergadura" (Indovina, 2007, p. 18 ) . Algunos trabajos que lo han utilizado son, a modo de ejemplo Cebrián Abellán, 2007, 2013; Czerny, 2010; Fernán dez García, 2003; Hernández Luis, 2011; Mangada Samaín, 201 5; Mayor Farguell, 2007; Méndez García y Ortega Montequín, 2 013; Nel·lo i Colóm, 1998; Rodríguez López, 2015; Rueda Palenzuela, 2007; Toro Sánchez, 2011. Capítul o 2 - 111 - dencias. Una fo rma diferent e de producció n de "ci uda- des", de una nueva ciudad. (p. 22 ) Finalmente, el Dictionar y of Human Geography d efi ne el s prawl insis- tiendo también en los aspectos de la dis persi ón aludidos por los au- tores anteriores, a los que aña de la baja densidad, una cues tión que, por otro lado, es obviada por el resto. Sin emb arg o, son muchos los textos en lo s que ambos co nce ptos se utilizan como s inónimos, cuando de hecho no lo son (Font Arellano, 2007a, p. 97) , circunstan- cia q ue ha co ntribui do a alimenta r la confusión a la hora de co nce p- tualizar lo s procesos que se vienen ana lizando. En esta idea también coinciden Muñiz Olivera y García López (2013) q u ienes, citando pala- bras de Audirac, Shermyen y Smith, (1990) y Kirby, (2000), s eñalan que “[…] el tér mino urban sp raw l ha demostrado ser extremadamente elástico, utilizándose para caracterizar fenómenos de expansión ur - bana de m uy d ifer ente naturaleza” (p. 191) 45 . Por este motivo, hab ría que establecer una cl ara d ifer enciación entre los fenómenos que s e desarrollan en la m ayor parte de las ciudades de Estados Unidos, donde se equipara “[…] con cualesqui era de las formas q ue p ue da adoptar el crecimiento de una ciudad”, de lo q ue sucede en el co n- texto europeo (Muñiz Olivera y García Lóp ez 2013, p . 190) . De igual modo, para la Agencia Europea del M edio Ambiente el co ncepto sprawl pone el acento en las connotaciones negativa s del fen ómeno, entre las que destaca la creación de es pacios fra gmentados, p oc o ordenados, sinónimos de una d é bil p lanific ación (European Environment Agency, 2006, p. 6) . En este sentido, resulta muy i ntere- sante la idea q ue señala es te documento cuando define el Urban Sprawl como “[…] sinónimo del aument o del desarr ollo urbano no 45 En una public ación anterior, alguno de es tos mismos autores ya venían advirtiendo del, según ellos, uso incorrecto del término dispersión urban a (Muñiz Olivera et al., 2007, p. 309 y ss.). planificado, caracterizado por la m ez cla de uso s del s uel o de baja densidad en la perifer ia d e las ciudades” ( ibidem , p. 5) 46 , ya que per- mitiría vincular di cha definición c on las parce laciones y urbanizaci ones ilegales. Eso, con indepe nd en cia de que sea más que cue stiona ble que se trate de una definición acerta da p ara este t érmino, dado que, de ser así ¿qué encaje conceptual tendrían los crec imientos urbanos que fue ran planif icados y, además, di spers os? Por s u parte, García Col l y López Villanueva (2017) asimilan el sprawl con dispersión residencial (p. 727) a la v ez que utili zan el concepto de urbanismo disperso como sinónimo de este, definiénd olo como “[…] la modalidad de crecimient o m etr opolitano que realiza una ocupa- ción extensiva del suelo” ( ibidem , p. 730). Sin embargo, esta forma de crecimiento de los núcle os u rbanos no solo se pro duce e n el conte xto metropolita no, sino que puede d arse, com o de hecho se da, fuera d e éste. Por otr o lado, tampoco parece acert ado v inc ular directament e baja densidad de población con el urbanismo disperso ( ibidem ), dado que es perfecta mente factible la existencia de núcleos dispe rsos con altas densida des de población. Resulta especialmente intere sante la doble acepción del término que se d a en cuanto a la existencia o no de planea miento urbanístico, en el sentido de que hay aut ores que asocia n este fenóm eno con su inexistencia, mientras que par a otros, por el contrario, son las política s ll evadas a cabo po r los gobiernos, junto con otras circunstancias, las que habrían contribui do a l desarrollo de esta forma d e expansión d e la ciudad (Gregory et al., 2009, p . 71 9). Finalmente, se insiste también en la id ea de q ue este tipo de desarr ollos urbanos comportan un elevado coste (Muñiz Olivera y García Lóp ez, 2013, p. 190), a lo que habría que aña dir su co nt ribución a la creación d e paisajes fra gmen- 46 Traducido del original en inglés. Capítul o 2 - 112 - tados y banales, además de estar asociados a graves pe rjuicios en cuanto a la pérdida de tierra s de cultivo o al aumen to de la contami- nación po r el exceso del u so de automóvil p ri vado (Gregory et al., 2009 , p. 719). En d efinitiva, respecto de estos tér minos, se puede con- cluir q ue es cuando menos arriesgado, si no incor recto, asimilar con- ceptos como los de ciuda d difusa , dispersión urbana , urban sprawl o urbanización dispe rsa . En determina dos casos, como en el de c iudad difusa y urban sprawl porque s on conce ptos que se p ropusie ron para denominar procesos concr etos e n contextos, tanto espaciales como socioeconó micos y demográf icos muy específicos, por lo que su ex- trapolación a otros e scen arios debe hacer se c on la s cautelas y pre- venciones necesarias. En otros, como la asimilación entre ciudad difu- sa y dispersión urbana o difusión urbana , porque, co mo se ha creído haber confirmado en los párraf os precedente s, o bedecen y describen fenómenos y procesos d iferent es. Muy relaciona do con los términos ante riores esta ría el de suburbio , concepto que, por otro la do, tiene acepciones muy diferent es de- pendien do de si se lo sitúa en el co ntexto anglosajón 47 o, por el con- trar io, en el iberoamericano. Así, frente a la concep ción peyorativa que se d a al término en el contexto español y en gran p art e de los países latinos en la actu alidad, generalment e asocia do a los b arrio s de las clases sociales más desfavoreci das, con malas condiciones ma- teria les y escasez de servicios e infrae structur as y, por tanto, muy próximo al conce pto de urbanizaci ón marginal descrito en párrafos precedente s. Sin e mbargo , ni en su origen, ni en el ámbito anglosa- jón, tienen este s ignifica do (Zoido Naranjo et al., 2013, p . 360). Para Stern et al. (2013) la palabra suburb pr o cede del latín suburbim , p ro- 47 Un ejemplo interesante del significado de este término en las ciudades de Estados Unidos se puede ver en ( P. Hall, 1996, p. 286). bablement e incorporado al inglés moderno previo p aso por la pal a- bra suburbe del francés ant iguo (p. 17) y, en este sentido, el término aludiría a todos aquellos barrios constru idos fuera d el recinto amura- llado d e las ci udades. En la actualidad, el subu rb sirve p ara identificar los b arrios de las cl ases medias y altas localiza dos en la p erife ria de la mayor parte d e las ciudad es anglosaj onas, fenómeno asociado, a su vez, a otro m ás general, e l de la suburbaniz ación, que toma su nom - bre precisamente de éste (Johnston et al., 2000, p. 526). Si n embargo, no opina lo mismo Sorribes i Monra bal (1983 ) para quien la suburba- nización, asocia da al té rmino suburb de la cultur a anglosaj ona, y al término segunda residenc ia “[…] mucho más conocid o en nuestro ámbito cultural” (p. 18, nota a l pié), vendrían a ser sinónimos. Así, el primero, ha de ser entendido como “…el proceso de crecimiento ur- bano basado en el desarrollo en la periferia de las principales ciuda- des de un hábitat de bajas densidades, a menudo a base de viviendas unifamiliare s ” (p. 18, nota al pié), mientras que el segundo intro duciría el m atiz de la “[…] ocupaci ón temp oral con fines de descanso y diver- sión” ( ibidem ). La relación, que no asimilaci ón, entre ambos fenó me- nos, también ha sido puesta de manifiesto por Ortega Valcárcel (1975) para q uién, citando a Clout, (1972; 1974) la suburbanización, ente ndida co mo “[…] el desbordamient o d e la ci udad por su con- torno” (p. 15) estaría estrecha mente relacionada con la generalización del fenómeno de la se gunda re sidencia. En p aíses como Canadá, Estados Unidos o Australia , este tipo de asenta mientos urbanos fueron co nce bidos como “[…] un paisaje resi- dencial privatizado y dep endiente d el automóvil, en el que vive un grupo homogéneo d e familias blancas de clase media” ( ibidem ); as- pectos estos critic ado s por alguna s ramas de la g eo grafía po r sus consecuencia s negativas par a cuestiones como el acc eso de la mujer al mundo laboral, la pérdida de i dentida d, etc. ( ibidem ). Pese a l o Capítul o 2 - 113 - ante rior, concl uyen los autores, el concepto pr esent a cierta co ntro- versia en la actualidad, máxime cuand o la tip ología d e suburbios ha evolucionad o hacia modelos mucho m ás heterogéne os desd e todos los p unt os de v ista, tanto en lo q ue se refiere a su conexión física hasta las tipología s edifica torias p asand o por los grupos soci o eco- nómicos y demo gráficos que los habitan ( ibidem ). Por último, el tér- mino suburbanizat ion (Gr egory et al., 2009, p. 731) hace referencia a un “[…] proceso media nte el cual las pe rsonas, la vivienda, la ind ustria, el comercio y el comerci o minorista se extienden más allá de las área s urbanas tradicionales, formando paisajes dispersos q ue todavía están conectados a las ci udades me diante mo vi mientos pendula- res”( ibidem ) 48 . A pesar de las similitudes que se pueden establecer entr e el concepto de suburbio, sobre todo en lo que tiene que ver con la id ea del asen- tamiento urbano para uso mayoritariame nte residencia l, generador de paisajes dispersos y que encierran tipologías edificat orias de b aja densidad, entre otras cuestiones, son evidente s también las diferen- cias respecto de los fenómenos an alizados en la present e investiga- ción. Tanto en la g éne sis d e estos, com o en otros muchos a specto s, que irían desde los puramente morfológic os y funcionales, hasta los socio-económ icos y d e mográficos, y que se detallará n en el apartado siguiente, los ele ment os que separan a unos y otros procesos s on sustanciales. El concepto de segu nda residencia ha aparecido en varios d e los tex- tos analizados hasta el m o mento y, pese a ello, so lo es co nsider ado como términ o independient e po r Zoido Naranjo et al. (2013, p . 346 - 347) y por López Trigal (2010, p. 326). El interés por analizar lo se sus- tenta en que se t rata de un fenómeno que algunos autores han v in- 48 Traducción del origi nal en inglés . culado m á s o men os directa mente con los pr ocesos de parcelaci ón ilegal 49 (entr e otr os, Ber tolín C orbatón, 1983; COPLACO, 1981; Comunidad de Madrid, 1984b; Ram í rez, 1983; Sanz Díaz y Ibars i Montero, 1983; Sorribes i Monrabal, 1983; VV .AA., 1983) . Para Z oido Nara njo et al. (2013), la seg unda residencia existe en Europa desde la Antigüeda d, aunque, y a refer idos a España, será a p art ir d e los años sesenta del siglo pasado cuando se produce su mayor difusión aso- ciada al contexto ec onómico desarr ollista, a la mej ora de la red de carre teras y a la generalización del uso de automóvil privad o (346 - 347). Pero, además, añaden los autores, muchos de lo s sectores de segunda residencia “ [ … ] nacie ron en p lena ilegal i dad urbanística” ( ibi- dem , p. 347), tesis q ue vendría a re forzar las afirmaciones realizada s en el párrafo anter ior. Seg ún esto, desde e l p unto de vi sta concep- tual, los p roces os d e parcelación y urbanización ilegal que se v ienen analizando en la p rese nte investigación estar ían más próximos de los fenómenos de segunda residencia que de los d e urbanización m arg i- nal tal como han qu e dado descritos en los párraf os p recedentes, motivo por e l cual se v olv erá sobre e llos en e l capít ulo siguiente . Dentro del debate general que se viene desa rrolland o sobre la confu- sión en el uso de dete rminados co n ceptos que trataría n de e xplicar los modernos procesos de crecimiento de las ci udades, habría que añadir dos más: periurbanización y rururbani zació n. U nos concepto s que, según Nel·lo i Colóm y M uñoz Ramírez (2007, p. 285), no p ue - den ser tomados como sinónimos sino q ue, por el contrario, servirían para dar nombre a dos fas es o estadios diferent es, au nque co nsecuti - vas en el tiempo, en el p roceso de crecimiento d e las ciudades. En 49 En el caso del documento realiz ado por l a Comunidad de Madri d dicha relación es incuestionable. Así, señala que "[ ... ] el fenóme no de las urbanizaciones i legales se plantea desde otro más am plio : la segunda residencia" (Comunidad de Madrid, 1984b, p. 18). Capítul o 2 - 114 - términos simi lares se pro nuncia Escudero Gómez para quien la pe- riurbanización, término que id entifica con el de suburbaniz ación, y este derivado de la traduc ción del término anglosajón suburbanizat i- on , sería "[...] la extensión de la ciudad a la periferia residencial más inmediata y a área s localizadas en las p roximi dades d e los núcleos urbanos" (2006, p. 123); y la rururbanización se id e ntifica con la "[...] adopción d e usos u rbanos en territorios rurales [...]" ( ibidem , p. 124). Más contundent e resultan las conclusiones de Fernández Ga rcía (2003 ) al señalar que “[…] el concept o de rurur baniza ción […] no sir ve” (p. 88), y ello fundamentalment e p or dos cuestione s. El p rimero tiene que v er con la extraordin aria exte nsión superficial que pueden llegar a r epresent ar estos procesos que s e desarrollan fuera de los lí mite s de la ciudad que, en d eterminados casos, pueden llegar a do blar varias veces la extensión de ésta; y, en segundo lugar, por la hetero- geneidad de los usos que se localizan en dichos esp acios, ahora mu- cho más com plejos que a ntaño ( ibid em ). A este respecto, o tros autores apuntan hacia la idea d e que se puede fijar una clara d iferencia entre dichos términos, p ara lo que proponen distinguir entr e los que están asociados a proc eso s, de aquellos otros que se vinculan con la dimensión espacial. Para Zoido Naranjo et al. (2013) habría que establ ecer una separa ción entre los conce ptos rururbano (p. 341) y periferia urbana (p. 274), que pertenece rían al segundo grupo, del de periurbanizació n (p. 274-275), clarament e enmarcado en el primero. De esta forma, los dos pr imeros - perife ria urbana y rurur bano- harían referencia al espacio situado fue ra de los límites de la ciudad, más o menos próximo a ésta, d o nde se desarro- llan un a serie de act ivi dades que los singular izan r e specto d el resto del terr itorio, una cuesti ón que , por otro lado, no está exent a d e con- troversia (González Urruela, 1987; V alenzue la Rubio, 1986). El matiz que diferencia ambos términos no es dema siado nítido , incluso los propios autore s llegan a apuntar a la idea de que la perifer ia urban a haría referencia a todo el espaci o que se encue ntra fuera de los lími- tes de la ciudad , id ea en la que, por otro lado, también coinciden tanto Feria Toribio (1999, p. 309) co mo Capel Sáez (2001, p. 100) , aunque este último ponga más el acento sobre las d ife rente s acep- ciones q ue el propio término puede tener. Tanto para Valenzuela Rubio (1986, p . 81) co mo para Feria Torib io (1999, p. 310) s e trata de un espacio que, por lo d emás, presenta una extraordinaria compleji- dad en su identificaci ón y conceptualización que a lo largo d e la his- toria ha ido recibiendo difer entes nombres -extram uros, extra rradio, etc.-, independiente mente de las actividades y de los proceso s que se desarrollan en el mismo (Zoido Naranjo et al. 2 013, p. 274). Frente a esta cierta co nfusión, el concept o de rururbano pr esenta ría mayor cl aridad, quedan do defini do como el espaci o que, estando situad o en la periferia d e las ci udades, se caracteriza “[…] por la mezcla de ele- mentos del paisaje rural (pa rcelar io agrario, huertas o casas de l a- branza) y otros genera dos p or la urbanización (nuevas viviendas para activos no agrarios, zo nas industriales, i nfraestr ucturas y equipamien - tos volu minosos)” ( ibide m , p. 3 41). Sin embargo, para Ferná ndez García (2003 ) este término ya no puede ser aplicado para co ncept ualizar ese fenómeno, y ello p or dos cues- tiones fundament ales; la p rimera, debido al alcance cuantita tivo q ue éste ha alcanzado; y el segundo, debido a la gran v ariedad de usos y la co mplejidad del espac io geográfico resultant e. Refue rza la tesis sostenida por este autor la idea de que la rururban ización , m ás que un p roceso evolutivo y progresivo de transf o rmación de usos, res- po nde ría a “ [ … ] un momento o situación específica en que se mani- fiesta la expansión del h ábi tat…” (Prost, 1994; Jalabert, et al., 1984: citado por Avila Sánchez, 2009, p . 101). Estos último s planteamientos son de sumo interés para los objet ivos planteados por el pr esente Capítul o 2 - 115 - trabajo. Tal como se intenta rá demostrar en lo s aparta dos s iguie ntes, la d imensión del proceso de ocupación irregul ar del territorio del municipio cordo bés, sobre todo en el sector occ ident al de la vega, ha alcanzado tal dimensión, tant o d esde el punto de v ista cuantita tivo como cualitativo, que hace pensar y p la ntea rse alguna d e las hipót e- sis q ue los autores ante s cit ados po nen sobre la m e sa ; sobre todo en lo relativo a s u dimensió n espacial y a la m ixtura d e usos de todo tipo. Por s u parte, l a periurbanización se d efine co mo el “ [ ... ] proceso de crecimiento d e mográf ico, ed ificatorio y d e la actividad económica que se produce alrededor d e las ciudades conve ncion a les” (Zoido Nara njo et al., 2013, p. 27 4). Si los dos p rimero s término s hacían refe- rencia al est udio de la di mensión espacia l d el territorio en s í, la pe- riurbanización trat aría de explicar los p ro cesos por medio de los cua- les dichos es pacios se h an ido tra nsforman do y adquir iendo las cara c- terísticas que los hacen d iferencia rse del resto territo rio d e un muni- cipio o de una región urbana. En esta ide a de la periurbanizac ión como p r oceso es donde otros autore s sitúan los modelos d e subur- banización, directamente relaciona dos tam bién co n el de ciudad difu - sa (Dematteis, 1998 , p. 17) . Abundando en estas cues tiones, cab e des- tacar que dic h os espaci os son motivo de reflexión g eo gráfica desde hace var ios decenios 50 . Es probable que uno d e los términos que más se hayan repetido a lo largo del present e apartado haya sido el de urbanización. Un térmi no que, como ta ntos otros, n o solo tie ne difer ente s acepciones, sino que, 50 Prueba de ello es que l os espacios periurban os f ue la te mática del IX Coloquio de Geografía celebrado en Murcia en 1985 (Asociación de Geógrafos E spañoles, 1986) . La mayor parte de los trabaj os presentados trataban aspectos concretos de entornos geográficos determinados, excepto el defendido por Sancho Martí ( 1986) quien propon ía una m eto dología para su delimitación conceptual. además, como susta ntivo puede ser adjetivado de m uy d iversas for- mas, algunas de las cuales ya han sido analizadas -urbanizaci ón difu- sa, urbanización dispersa, urban ización margina l, etc.-, lo que p ue de conllevar cie rta confusión. En relación con los fen ómeno s que son objeto d e análisis e n la present e investig ación, el t érmino ur baniza - ción tendría dos p osibles interpretaciones. La primera está r elaciona- da con el proceso p or el cual un suelo en origen rústico o no urbani - zable se do ta d e lo s servicios públicos, infrae structuras y red v iaria necesar ios para un uso propiamente urbano (Zoido Naranjo et al., 2013, p. 383; Jo hnston et a l., 200 0, p. 579). En este sentido, se tra ta de un p roceso que está directa mente relacionado con el del p ropi o cre- cimiento de la ciudad, d el cual constituye una de sus primera s fases (Zoido Naranjo et al., 2013, p. 383). Para los autores ci tados, esto no siempre se produ ce en el mismo orden y esto es una cuestión im por- ta n te , si se tiene en cuenta que se trata de uno d e los rasgos que diferencia rían al proceso d e urbanización de la ciudad p lanifica da frent e al modo en que se produce en los asentamie ntos que se d e s a- rrollan al m argen del plane amiento urbanístico ( ibidem ; Laboratorio de Urbanismo d e Barcelona (L.U.B.), 1974, p. 87 -88 ; Solá- Mo rales i Rubió, 1997, p . 21). En el primer caso, las obras de urbanización sue- len ser posteriores al acto de parcelación - tant o juríd ico como físico- del sue lo 51 , al que sucede el de constr ucción de los e dificios. Frente a 51 Tal vez las cuestiones r elaci ona das con la par celación o loteado de suelo sea uno de los aspectos nucleares y fundamentales de los procesos de las parcelaciones y urbanizaciones ilegales. No en vano, el propio fenómeno tom a su nombre del acto que da inicio a todo el desar rollo posterior, que va adjetivado por el carácter que toma, dado que, en la mayoría de los casos, estas se realizan al margen o contravini endo el ordenamiento jurídico o, cuando menos, aprovechando sus in- definiciones de manera torticera para sortearlo . E n el apartado siguiente se abor- darán las diferentes fórmulas que se han adoptado para el loteado de las fincas matrices, algunas de ellas, como se verá, muy imaginat ivas. Capítul o 2 - 116 - ello, en los procesos q ue se realizan fue ra del amp aro legal, la urba- nización, cuando existe, suele ser posterior al acto de la parcelación y edificación ( vid. figura 2.03 ). Como se pue de ver en el figura 2.03, p ara Solá-Morales (1997) el orden en el que se p rodu cen las tres fases básicas po r las q ue p asa cualquier pro ceso de desa r rollo urbano, var ía dependiendo del car ác- ter y destino final del modelo de asenta miento. El esquema muestr a cómo solo dos de los modelos de crecimient o de la ci udad -la urba- nización marginal y la barraca - obvian la fase de urbanización, y am- bos tienen en común ser procesos que se desar rollan al margen de la planificación urbanística. Lo anterior no implica que estos a senta - mientos ur banos care zcan por c ompleto de t odos lo s element os de la urbanizaci ón, p ero sí que ésta no se m anifie sta tal como ha sido defi- nida ant eriormente . El viario es el elemento q ue sie mpre está presen- te, si bien sus ca racterísticas varían mucho en funció n del gra do de marginalidad de cada asentamient o, p udiendo ir d e sde simples cam i- nos terrizos, directame nte excavados s obre el terre no, estrechos y carent es d e ningún tipo de tratamiento pos ter ior, ha sta calles asfalta - das de anchuras un poco más g ener osas que posi bilitan un tránsito más cómodo, aunque, en todo caso, careciendo gener almente de ac erado, re d de evacuació n de agua s pluviales, etc. Dichas propuesta s y a fueron analizadas y plantead as en un trabajo previo donde, d e una m anera más extendida, se explicaban d istintas hipótesis respecto de las d ifer entes formas en las que se presenta ba el crecimiento de las ciudades (Laboratorio de Urbanismo de Barcelona (L.U.B.), 1974) . La figura 2.04 m uestr a los dos esquemas que a compañan a las exp licacione s de dichas hipót esis, de los que, más allá de co rro borar lo señalado en el párraf o anterior por Bus- quets respect o del orden diferent e que siguen cada uno de los tipos de asent amientos re specto de la s fases de parcelación-urbani zaci ón- Figura 2.03: El orden de las act ividades para el desa rrollo de nuevos ase nta- mientos urbano s según Solá -Morales i R ubió. Fuente: Solá-Moral es i Rubió, 1997, p. 21. Parcela ción Urba nización Edifica ción Capítul o 2 - 117 - edificación, interesa ll amar la a tención sobre otra cuestión con r ela- ción a lo s objetivos de la investigación. Si bien en el esquema de 1997 ( vid. figura 2.03) no aparecen explíci tame nte nombr adas las urbaniza- ci ones ilegales, lo que, al menos en p rinci pio, p odrí a d ar pie a id enti- ficar urbanización m argin al con urbanizació n ilegal , el análisis de los esquema s que p u blicó dos d ece- nios antes junto al resto de lo s miembros del Labo- ratorio de Urbanismo d e Barcelona, no deja lugar a interpre taciones. Así, el modelo número 6 o bede ce al de urbanización ile gal , mient ras que es el núme ro 9 el que se corresponde con la urbanización margi- nal (coreas) . La segunda acepción d el término urbanizaci ón q ue se m ane ja en la presente i nvestigación, se refie re al nombre genérico que reciben aquellos asent amien- tos ur banos, destinad os a usos m a y oritariament e residenciales, g ene ralment e bajo la m odalidad de viviendas unifamiliar es aisladas, y que s e desarrollan en ámb itos c on unos límites c laramente id entifica - bles. En este mis mo sentido, p ara Zoido Naranjo et al. (2013) el término urbanización se asocia a “[...] un núcleo de p oblación con caracte rísticas de asenta miento urbano, morfológicamente diferen- ciado por su v iari o y edificación, generalment e se- parado del continu o urbano y de funcionalidad esencialment e resi d encial” (p. 383). Para los auto- res, la expansión de gran parte de las ci uda des es- pañolas bajo estos patro nes, tiene una cla ra in- fluencia del mo delo anglosajón, lo que ha derivado en la configuración ac tual de gran parte de las ciu- dades del país b ajo el model o d e c i udad difusa ( ibidem ). Por otro lado, los autore s vincu lan estos pro cesos c on los fe nómenos de las urbanizaci ones ilegales, entendidas como aquellas que se desarrollan “ [ … ] a l margen del plane amiento urbanístico o bas adas e n proce di- Figura 2 .04: Representación gráfica de la for ma en la que se produce el proceso de crecimie nto de las distintos tipos de a sentamien to s a partir de sus tres fases básicas: parcelació n, urban iz ación y edificació n. Fuente: Laboratorio de Urbanismo de Barcelona (L.U.B.), 1974, p. 87- 88 . Capítul o 2 - 118 - mientos espurios, tales como su d efinici ón y aprobación mediante planes parciale s sin su s ten to en el p lanea miento g en era l” 52 ( ibidem , p. 383 - 384). Pero, además, añaden, “ [ … ] estas edific a ciones [sic] se han apoyado frecuent ement e e n parcelaciones clandestina s, es decir, en divisiones o lo teos directos del suelo rústico, sin otra dotación urbana que su accesi bi lidad r odada ” ( ibidem ). Resulta llamativ o que los autore s hablen de parcelaci ones clande stinas y no de parcelacione s il egales, remitiend o así a su entrada homóni- ma, ya q ue ambos térmi nos d escri ben el m ism o fen ó meno. De lo ante rior p uede inferirse que los autores establecen una dis tin ción entre la urbanización ilega l, concepto en el que se incluye la cons- trucción de la edificación, con la parcelaci ón cl andestina 53 . Si n em- bargo, ambos son dos fases del mismo proceso. En los casos más comunes, dicho proceso comenzaría con la construcción del vi ario principal de la urbanizaci ón, por lo gen eral terrizo y s in tratamient o posterior q ue increment e el cos te d e la ejecución. Si mult ánea mente se realiza el loteo o división de la finca matriz -gene ralment e en suelo rústico- en parcelas de tamaños homogéne os, lo que comprende el acto de parcelación en s í mismo. La segunda fase del pr oceso se co- rresponde con la constr ucción de las edificaciones e n el interior de las 52 Aunque a priori pueda parecer un contrasentido, el desarrollo de urbanizaciones ilegales realizadas al am paro de planes parciales, fue una práctic a bast ante ex- tendida en los inicios del proceso, fundamentalmente a partir de la aparición de la Ley del suelo de 1956, y una lectura laxa e intere sada de la mi sma. 53 El calificativo clandestino , que habitual mente ha sido utilizado para definir este tipo de fenómenos, no d eja de ser más que un eufemismo , por otro l ado muy llamativo. Esto es así, por cuanto, como se irá viendo en los apartados siguientes, el fenómeno de las parcelaciones y urbanizaciones ilegales ha ido acompañado de una importante campaña de publici dad de sus promotores, con objeto de vender su producto de la manera más efi caz posible. Ha sido y es un proceso ile- gal, pero, desde luego, no clandestino. parcelas. Son mu chos los mat ices que s e p ue den introducir e n e sta secuencia, lo q ue deviene en la existencia de una amplia casuística y tipos de urbanizaci ones ile gales, algo que, por lo demás, será objet o de un desar rollo más detallado a lo largo de la tesis. Capítul o 3 - 119 - […] Si en el desarrollo [de la ciudad] preside el caos, el crudo juego de los intereses económicos, el desprecio por el pasado, el afán de la novedad por la novedad, es señal evidente de que , por debajo de las apariencias, más o menos progresivas, existe un gran vacío cultural. F. Chueca Goitia, 1968 _ CAPÍTULO 3: ESTADO DE LA CUES TIÓN EN ESPA ÑA Capítul o 3 - 126 - fenómeno de las urbaniza ciones -podríamos muy propiament e bauti- zarlo con el nombre de parcelosis- [ ... ]" (p. 204), en una clara alusión a un t érmino médico a socia do a la enfe rmedad. Habrá que espera r unos años para que a parezcan los primero s traba - jos que pongan en r elación directa ambos fenóme nos (entre otros, Comunidad de Madrid, 1984b; COPLACO, 1981; Ezquiaga Domínguez, 1983; Garc  a d e Jal ó n Lastra et al., 1986; Requena Sánchez, 1987; VV.AA., 1983), pero con la perspectiva que da el tiem- po y la s imilitu d en el ámbito de estu dio elegido (en este caso, l a Comunidad de Madrid), otros mucho más temprano s ya apuntaban hacia esta relación o, al m enos, estaban anticipando la aparición de los procesos de parcelación ilegal. Entre ellos cabe dest acar los de Ortega Valcárce l (1975) y el de Valenzuela Rubio (1976). El primero de ellos pone de relieve que el fenómeno d e la segund a residencia pese a no ser nuevo, ya q ue "]. ..] po see raíce s antiguas que se hunden en siglos pasa dos, es cara cterístico d e nue stro siglo, y en part icular de los años posteriore s a la Segun da Guerr a Mundial" ( ibidem , p. 9), aunque, añade, "[.. .] su máxima i ntensidad la ha alcanzado en la dé- cada pasada" ( ibidem ). Esta misma idea es com parti da por Valenzuela Rubio (1976) quien, en s u estudio sobre el fenómeno en la provincia de M adri d, s eña la q ue será a partir de los años s es enta cuando este se generalice . Pero será u n tra bajo realizado unos años más tarde el que dimens ione realmen te el fenómeno a e sca la nacional (Canto Fresno, 1983), p oniendo de manifiesto el avance de Esp aña con rela- ción a este fenómeno respecto de los p aíses más desarrollado s en el contexto europeo ( ibidem , p. 83). Otros m ás parciale s, como el caso de Guarnido Olmedo y Segura Gómez (1989), tratará n estas m ismas cuestiones re feridas a la costa grana dina. Las causas que explicarían esta tendencia no son únicas (Bertolín Corbatón, 1983; Oliv a Serrano y Riv era Es cri bano, 2003). Para Ortega Valcárcel (1975) las p rinc ipales tendrían q ue ver con el fuert e d esar ro- llo econó mico experimenta do a p art ir d e los añ os cincuent a y sesen- ta, la conso lidaci ón d e la jornada laboral de cinco días, q ue por lo genera l deja lib re para el ocio el fin de semana, y la prog resi va g ene - ralización del uso d el automóvil p riva do que, junto a la mod erniza- ción y am pliación d e las redes viarias, p osibilita una mayor movilidad y accesibilidad de espacios cada vez m ás a mplios. A ello habría q ue unir el p aulat ino increment o de un sentimient o d e insatisfacción por la v ida en la ciudad, cada vez con mayores p ro blem as de co ntamina - ción, satur ación d e tráfico, ru idos, etc., que lleva aparejado una nece- sidad de vuelta a la nat uraleza (O r tega Valcárcel , 1975, p. 11 ). Junt o con otras consecuenc ias de carácte r más general en el s ector turísti- co, el autor destaca "[...] la aparición de un nuevo tipo de hábitat, rural p or su localizaci ón en m uchos casos pero i nd ependiente , en el orden funcional, de las actividades rurale s" ( ibidem , p. 13). Ortega Valcárcel está llamando la atención s obre la a parición de nu ev os asenta mientos urbanos en el espacio rural, pe ro que, al menos desde el p unto de vista funciona l, no guardan relación con el m is mo; un hábitat, añade e l autor, "[...] de fun ción residencial e xclusiva, de carác- ter temporal o secundar io, para ocupantes urb an os, promovi do por urbanos, y ada ptado a las ex igencia s formale s de la población de las ciudades" ( ibidem ). Lo q u e el autor ha caracterizado no son sino las típicas urbanizaci ones d e segunda res idencia q ue, sobre todo a partir de los años sesenta, ser án un rasgo distintiv o de gran parte de las principales ciu dades es pañ olas. Por su p art e, para Valenzuela Rubi o (1976), en su citado trabajo sobre la segunda residencia en la provincia d e Madrid, el fenómeno debe ser tenido en cuenta p or los efectos, p osit ivos, d esde su punto de vista, que tiene com o "[...] un eficaz agente d e influencia urbana" (p. 135) por cuanto, l os asen tamientos que na cen con vocación de se- Capítul o 3 - 127 - gunda residencia, p ronto s on susceptibles de "[...] co nvertirse en suburbios r esidenciales " ( ibidem ). Todo ell o, concluy e, los conviert e en uno de los "[... ] factores con capacidad de conformación regional" ( ibidem , p. 136); un argumento que contrasta con el d e Gaviria Labarta (1971c) para quien "[...] los conflict os cultu rales y supra estruc- turale s derivados de la conversión de zona rural en zona urbana so n muy import ante s y comprom eten a la Sociedad y al Estado" (p. 205) ; pero llega a cuestiona r si se trat a realmente de una neces idad [el de la segunda re sidencia], o si, por el cont rario, se asiste a un proceso de manipulación de los agent es d el mercado a través de sus diversos mecanismo s (publici dad, c onsumismo, cr édito, etc.; ib i dem ). Por otro lado, para Valenz uela Rubio (1976), las causas de la aparición del fenómeno son simil a res a las apuntadas po r Ortega Valcárcel ante s mencionadas, y tie ne n que ver con el pro gresivo deterioro de la calidad de vida en las ciudades, "[...] consecuencia d el crecimient o caótico de la po sguerr a" y, en segundo término, por la también pau- latina mejora de las co n diciones económicas que deriva en el aumen- to d e la capacidad de ahorro de sectores sociale s cada vez más a m- plios (p. 137). Unos años antes Lefebvre (1978) había puesto en rela- ción este modo de hábitat [el de la v ivienda unifamiliar] con alguna s de las cuestione s aludidas por lo s autore s anteriores, al afirmar que se "[...] corresponde a un id eal que implica un d eseo de protección y de aislamiento, una necesi dad de ident ificación y afirma ción de sí mismo, una necesidad de contacto co n la nat uraleza" (p. 163). Desde un punto de vista conceptual, Monclús Fraga (1999) apunta hacia etapas más temprana s, al seña lar que [...] desde principios de siglo [XX], distinto s movimientos confluyen en la propo sición de una se rie de medidas tendentes a controlar el fenómeno de la invasión subur- bana del ca mpo, a la v ez q ue, de forma más ambiciosa , se pret ende hacer efect iva la vieja utopía de la fusión y la integración de ciudad y ca mpo. (p. 374) Lo anter ior sitúa l os inicios del proceso de invasión suburbana del campo a principio s del siglo pasado, con lo cual, y a p esar d e no su- poner una cont radicción con lo señalado po r Ortega Valcárcel o Va- lenzuela Rubio, sí constat a, no ya la existencia d el fenómeno, algo que sí advertían los citado s autores, pero sí la aparición de una preo- cupación por e ncauzarl o. Pero, además, Monclús Fraga (199 9) pone de manifiest o que la base del modelo de este tipo d e asent amie ntos no estaría s olo en los tradiciona les p ostula dos de las "[...] ciudades jardín y de s uburbi os jardí n de Howard y U nwin ", sino también tant o en "[...] el zoning del territorio suburbano y la creación de asenta - mientos descentralizad os, como el planeamient o regional d e Geddes y Mumford" (p. 374). Pero, según el autor, t ambién d esde el urbanis- mo funcionalist a dimanad o d e los postul ados d e los Congresos Inter - nacionales d e Arquitectura Moderna , y del propio Le Corb u sier, se defienden postulados parecidos. Así, el autor recoge una frase del célebre arquitecto en la que señalaba "[...] yo he si do el primero en proclamar que la ciudad moderna ha de ser un parque inmenso, una ci udad ver de [... ]" ( ibidem ). Entre las causas que estarían detrás de la aparición y rápido d esarr o- llo del fe nómeno de la segu nda residenc ia en las que algunos d e los autore s citados coinciden, destacar ían las que tienen que v er con e l malestar de la población hacia las condiciones de vid a de la ciudad. Ello derivará en que un a mplio sect or de la pob laci ón tenga una cier- ta añoranza p or retoma r el contacto con la naturaleza, una cuestión analizada y e studiada p or el sociólog o Mario Gaviria y que lo llevará a bautizar este s entimient o como la ideología clorofila (Gaviria Labarta , Capítul o 3 - 128 - 1971a) 59 . Para d emostrar su hip ótesis, el aut or analiza un cente nar d e anuncios de vivien das y ur banizaciones en Madrid, b uscando aquello s aspectos que aludan a la vid a en el camp o, al contacto co n la natura- leza, etc. com o forma de contrarre star los efectos nocivos de la vida urbana. Pe ro no son estos los únicos aspecto s q ue sob resa len tras el análisis publicitario. Destacan también aquellos que "[...] venden la libertad, la utopía, el ocio p ere nne" ( ibidem , p . 9). Todo, añade el au- tor, "[...] menos el terreno especula do que queda tras los alucinóge - nos p u blicitar ios. Vivir de vacaciones todo el año, salud, sex o . Clásicos equilibrant es ideológicos con frustraciones sociales genera lizadas" ( ibidem , p . 119). Aporta una sentencia reveladora "[...] se anuncia todo menos el objeto real subyacent e: la venta especulada, la ilusión. Una ideología que huye de la realidad urbana coti diana" ( ibidem ). Por último, destaca aquellas cuestione s que hacen ver al público q ue ad- quirir una parcela es sinónimo de "garantía antiinflacionaria - sus aho- rros en tierra firme-. El dinero ha pasado del calcetín bajo el ladrillo a la par cela" ( ibid em , p. 11 8). Todo a punta a que s e re piten lo s ar gu- mentos esgrimidos tanto p or O rtega Valcárcel como por V alenzue la Rubio, antes comentados: tiempo libre, ocio, la v ida en el campo co- mo antídoto contr a los per juicios de la vida e n la ciudad y, por últ imo, la idea d e la adq uisici ón d e la parcela como inversión y refugio del capital. Al igual que M . Gaviria criticaba este modo de exp ansión de la ciu- dad, fundame ntalment e d ebido a las consecuencias sociales q ue pre- visiblement e llevarían apare jadas, los red actores del p lan g ener al d e ordenación ur bana de Córdoba de 1986 se ntencia n: 59 El trabajo fue publicado inic ialmente en 1969 en el número 4 de la r evista C ienci a Urbana. […] Entre la ciuda d de Vicen za y la anticiudad de la Ro- tonda palladia na hay la misma r elación que entre la no ciudad pe riférica y la no anticiudad de las urbanizacio - nes de se gunda residencia que han generado nuestras áreas urbanas en su último y d estructivo periodo de desarrollo. [...] El re sultado es la aparició n de auténticos suburbios campestres sin que la topo gra-fía , en el caso de la Sie- rra, suponga fre no alguno a la o cupació n, si no al co ntra- rio, se valore co mo garantía d e evasión del mun do ur- bano, del que no obsta nte s e acarrean m asiv amente te- levisores y e lectrodoméstico s conectabl es a la batería del automóvil, q ue vienen a ser el signo o síntoma de una negación de la negación". (Ayuntamie nto de Có rdob a, 1986, p. 32- 33) Pero si ha habido un autor que ha respondido de una forma cl ara y rotunda a una de las cuestiones plant eadas unos párra fos más arriba -¿por qué surgen las p arc elacione s ilegales?- ese ha sido el ya ci tado Mario Gaviria. Pese a que, co mo el propio autor s e ñala, se trata de una postura contrapuesta a la mantenida en trabajos anteriore s 60 , se propone hacer "[...] una d efe nsa encendida del huert o y la caseta - no necesar iamente ilegal- " (Gaviria Labarta , 1997, p. 134). U n os párra fos ante s, el autor había señalado que "[...] las p arce laciones i legales -los huert os- serían una forma de s upervivencia de los m ás débiles, los más extra ños, o dicho de otra m aner a, los que no pueden comprarse un chalet" ( ibidem , p . 133). Se trataría , p or tanto, de una cierta demo- cratizació n de la segunda residencia, d e la posibilidad de extender hacia estratos s ociales m á s amplios lo que hasta unos d ecenios antes solo est aba reservado a las é lites (Comunidad d e Madrid, 198 4b, p. 60 Se refiere, entre otros, a los anteriormente citados. Capítul o 3 - 129 - 23) . En definitiva, añade, lo que sucede es que "[...] en el fondo [...] la caseta e s el cha let del pobre " ( ib idem , p. 135). A esa m isma cuestión intent a dar resp u esta Ezq uia ga Domínguez (1983) cuando se plantea indagar sobre cuáles s erían las motivaci ones que hay detrás d e la compra de una parcela en est e tipo de ámbitos . A d icha pregunta contesta s eña lando que, frente a las clásica s moti- vaciones de tipo ideológico asociadas al compra dor de segunda resi- dencia de las etapas inicial es del fenómeno, y a ident ificadas por Gavi- ria en los años setenta con la elocuente d eno minación d e "ideología clorofila" ; y las relacionad as con la inversión y el ahorro 61 ( ibidem , p. 63 ), el autor señala otras igualmente relevante s. En este sentid o, aña- de que en las parcelaciones ilegales ex iste una forma diferente de utilización del espacio, de ah í que "[...] frente al uso ornamenta l de la parcela en las urbanizaciones clás icas, se detecta una tenden cia al cultivo hortícola o la p lanta ción d e frutales [...]" ( ib id em , p. 64), lo que dará pie a una nueva problemática, ya tratada en apar tados anterio - res: los huertos familiares ( ibidem ). Una cuestión más novedosa es la que apunta hacia usos compleme nta rios localizado s en el interior de algunos ámbitos, q ue p one n de manifiesto la existencia de unas act i- vidades econó micas "[...] propias d e la e conomía sumergida y co mo huert os que constituyen un medio (co mplement ario o no d e otras actividades) de vida en un momento de crisis económ ica y desem - pleo" ( ibidem ) 62 . Un aspecto de sumo interés, por dos cuestiones: 1ª) porque está po niend o d e manifiesto la existencia de una especie d e 61 Entre otros, los trabajos de Bayo, 1973; García-Bellido, 1986; Gaviria Labarta, 1997. 62 Según la nota al pie que acompaña a esta afirmaci ón, el autor se basa en el conclusiones del "[... ] Censo de Parcelaciones realizado en 1981 para la información urbanística de E l Puer to de Santa María, realiz ado por Artem io Baigorri [...]" (Ezquiaga Domínguez, 1983, p. 63). metailegalidad , al estar c ometiéndose actos ilícitos 63 -economía s u - mergida- en suelos que carecen de la calificación urbanística para soportar dichos usos -al m enos en el caso d e los industriale s - y, po r último, en edificaci ones construidas s in las autoriza ciones oportunas ; y 2ª), porque pone como ejemplo d e este tipo d e prácticas a la C o- munidad Autón oma de Andaluc ía . Por último, parece lógico pensar que, junto co n la s ante riores, sin duda sería la econ ómica una de las princip ales motiv aciones a la hora de d ecant arse por una p a rcela en el ámbito ilegal fre nte al m erca do legal, y no solo en el sentido anteriormente seña lado de aho- rro/inversión. El menor cos te d e la p rimera -ilegal- se justifica por la posibilidad de eludir la mayor parte d e los gastos q ue conlleva la promoción de tipo legal, y no so lo en lo s costes de ejecución de las infrae structuras y s ervic ios de la propia parcelaci ón -prácticament e inexistent es en la ilegal- , sino también por la inversión inicial en la compra del terreno que, a l ser rústico, tiene un cost e muy por d ebaj o del que tendría otro urbano o urbanizable e, incluso , uno no urbani- zable con exp ecta tivas de trans fo rmación urbana. Junto a ello, habría que a ñadir los cost es de redacción del planeamien to, las reserv as y cesiones o bligatorias al ayuntamient o, los pr oyectos, licencias, etc. ( ibídem , p. 6 5). 63 Algunas de estas cuestiones han sido tratadas recientemente para el ámbito europeo, con ejemplos de Reino Unido, Italia y España , entre otros por Chiodelli, Hall, y Hudson, 2018. Capítul o 3 - 130 - 3.2 De las urbanizaciones de segun da residencia a las urba ni- zaciones il egales, pasando por las parcelaciones clandesti nas Tras la p ro mulgación de la primera ley d el suelo de ámbito estatal en 1956 64 , comenzarán a apr obarse los primeros planes generale s de ordenación urba na. Estos plane s tendrán como mi sión fundame ntal hacer un aná lisis de la ci udad en su conjunto , para a partir de ella establecer las deter minaciones para su ordena ción y la planificación futur a. Una de l as p rimera s co nsecuencias de esta nueva situación legal, será la incorpo raci ón de la mayor parte de esos d esar rollos urbanos antes aludidos a la nueva ciuda d, ahora mucho más heter o- génea y extensa, pero que conserva, en lo fundame ntal, los rasgos y la imagen de la ci uda d heredada. Ell o debid o a que la proximidad d e los barrios, parcelacione s, polígonos, etc. con la trama urbana conso- lidada, permitirá establece r un modelo de ciuda d acorde con los nue- vos requerimient os s ociale s. Para algunos autores, las co nsecuenc ias que tendrán la puesta en práctica de la ley p ara la ciudad no serán tan p ositivos, al convert irse en “ [ … ] el instrumento para la co nsoli da- ción de un modelo de ciudad desentendida, no s olo de la posible región urbana en que se inse rta , sino del propio marco terr itorial del munici pio”, configurand o as una ci u dad que queda encer rada dentro de “ [ … ] Perímetr os Urban os, como ci nturone s legales que impidieran la contaminación d e lo rural con usos o acti vidades urbanas [ … ] ” (Terán Troyano, 20 09, p. 35). A pesar d e lo que cabría esperar, la llegada del nuevo marco nor ma- tivo, de los instrumentos de planificación urbanística y territorial, a sí como de una compleja técnica para la gestión u rbanística, no podrán 64 Ley de 12 de mayo de 1956 sobre Régimen del Suelo y Ordenación Urbana, BOE número 135, de 14 de mayo de 1956. evitar que e n el cr ecimiento de la mayor parte de las ciudades de l país se produjesen pro cesos d e expansión desmedida, con un con - sumo de suelo extraordinario y s iguiend o mo delos urbanos insoste- nibles (Cebriá n Abellán y P ana dero Moya, 2 013; Delgado Viña s, 20 07) . Quizás, las razones que exp licar ían tal circunstancia haya que buscar- las en la existencia de un marco normativo excesivame nte rígido que , o bien no ha sabido, o no ha querido, buscar una respuesta ad ecua- da que permitier a, dent ro del marco legal, satisfacer u na deman da no satisfecha de un tipo de producto inmobiliari o inexistente en el mer- cado convencional. Como consecue ncia de lo an terior, el p lanea - miento no hay sabido o n o ha podido dar una resp uesta adecuada a las citadas deman da s de una sociedad envuelta en una s dinámicas de cambio socio demográf icas y e conómica s aceler adas. En consonancia con lo anter ior, Arias Sierra (2003) apunta hacia la hipótesis de que se ha pretendido imponer un m odelo d e ci uda d sustenta do en la id ea d e renunciar a la p eriferia urbana como parte integrant e de la ciudad misma , ta l vez por la idea p reconcebi da de asociar dicho espac io con ciertas connotaciones nega tivas (Dematt eis, 1998, p . 28). En cualquier caso , parece evidente que “ [ … ] las p erife rias han de asumir funciones decisivas en el desarrollo ordenad o y e quili- br ado del co njunto urbano” (Arias Sierra, 2003, p. 35) . Aunque s e acepte lo sustancial de los planteamient os del autor, inter esaría llamar la ate nción sobre los dos últimos calificativos de su afirm ación -en cuanto al desarrol lo ordenado y equilib rado - . En este sentido, cabría plantear se qué o curre si esos desarrollos no son ordenados o rom- pen el equilibrio del conjunto urbano ; o, de o tra forma, q uién o cómo se establecen esos parám etros. Que la ciudad no se puede d isocia r del terr itorio do n de se inserta, es una o bviedad tan evidente que no necesita más comentario. Cuestión diferente ser ía establecer qué función debe tener éste e n el sistema urbano, qué usos son los más Capítul o 3 - 131 - adecuados y cuáles las condiciones d e implantación e intensidad d e los mismos. En una línea sim ilar trabaja Johnson (1974) al analizar las posibles consecuencias de tod o tipo q ue puede tene r establecer una limitación al crecimiento de la ciudad o, incluso, la prohibición del mismo (p. 205 y ss.). En este sentido, tras analizar los posibles efe ctos, tanto positiv os com o nega tivos , de dicha li mitaci ón, se ñala que [. ..] tanto si se impide po r completo el crecim iento de una ciudad como si este se efec túa en un marco prees- tablecido o bie n se perm ite que co ntinúe sin t rabas, es imposible evitar que todas las utilizacio nes urb anas del suelo invadan la au reola rururbana . ( ib idem , p. 208) Como es obvio, traer a colación los planteamient os d e los autore s ante riormente citados no pr etende en mo do algu no d ar carta de natur aleza o justificar la aparición y desarro llo del fenómeno las par- celaciones ilegales en el espacio rural. Pero no es menos cierto que, como también se coment aba ante riormente , la falta de sensib ilidad del legislador, traducida en la exis tencia de un marco normativo que produce un planeamiento urbanístic o excesivament e rígido, no deja- ría c abida para d ar salida a una d emanda insatisfe cha ; est e p odría ser una de los mo ti vos que estaría n detrás de una de las principales cau- sas de la pro lifera ción y rá pido desa rrollo de d icho f enó meno. Un fenómeno, el de las parcelaciones y urba nizacio nes ilegales en el suelo rústico que, com o se explicaba anteriorment e, ha sido un a cuestión relat ivamente poco tratado por la comunidad científica d u- rante los últimos decenios . Algo que, por el contr ario, co ntra sta con lo ocurrido entre los años setenta y lo s primeros de los noventa de l siglo p asad o, cuando sí despert ó un g ran i nterés. Una posible expli - cación a tal circunstancia pudiera ser que estos procesos quedaron, si no extingui dos, sí al menos frena dos y, en la m ayor p arte d el territo- rio español, reconducid os bajo d ifere ntes fórmu las. Pero, además, la propia temá tica a investi gar no facil ita s u estu dio desde el ámbit o académico, básicament e debido a la misma natura leza del hecho en la que se a sienta el fenómeno a l tener su or igen en actividades ilícita s. Esta circunstancia, puede s er la q ue dificulte enorm emente la locali- zación de fuent es fiables y fácilmente accesibles para su estudio. En cualquier caso, no se puede obviar la necesidad d e analizar la historia del proceso para, a p art ir d e su conocimiento, tratar de desvelar sus principales clave s explicat ivas. Quizás no s ea una exage ración afirmar que el fenómeno de ocupa- ción ilegal del suelo rur al con construcc iones de todo tipo, pero so bre todo d e uso resi dencial, es y a casi una cuestión cot idiana en la m ay or parte de los municipi os de este país. Lo que sí parece una evid encia es que las parcelacione s il egales, según son entendidas en la tesis , cuenta n con un desar rollo ininte rrumpido de más de sesent a años. 3.2.1 Los i nicios del fenómeno: Las urbanizaciones d e s egunda residencia En el apartado anterior ya se dejó constancia de q u e las urbanizacio- nes de segunda residencia cobraron espec ial relevancia a partir de la primera mitad del siglo pasado, convirtié ndose, con el paso d el tiem- po, en una nueva f orma de expansión de la ciudad. Del mis mo modo, ta mbién se ha podido poner de manifie sto la rela ción existe nte entre este mo do d e producción de ciudad, en gran parte surgido al mar- gen de la planificación urbanística, y el fenómeno de las pa rcelacio- nes y urbanizaciones ilega les, si no en los primeros estadios del mis- mo, sí a partir de los años sesent a del siglo p asado. En este contexto, los primeros trabaj os que com enzará n a estudiar diferent es aspectos del fe nómeno serán los ya co ment ados de Gaviria Capítul o 3 - 132 - Labarta (1971a, 1971b) 65 . El primero, de carácte r más genérico, tra ta de justificar lo que el autor da en llamar la ideología c lorofila , para lo cual analiza un centenar de anuncios sobre promoci one s inmobiliaria s de viviendas y d e urbanizaciones en el municipio de Madrid. A pesar de que no ha sido posible conocer la situaci ón urbanística actual d e las urbanizaci ones elegidas para el estudio, sus trabajos posteriore s apuntar án hacia su vinculación con el fenómeno de las urbanizacio- nes de segunda residencia surgid as al margen del p laneamiento ur- banístico. Po r su parte, la segunda d e las publicac iones citadas, aun- que, como se señalaba, viera la luz in icialmente en 1970, recoge los trabajos realizados por el autor y su equipo e n octubre de 1969 (Gaviria Labarta , 1971b , p. 204). Se trata de un a extensa public aci ón que mue stra los r esultad os de un estudio que tenía co mo o bjet ivo, indagar sobre los modos de vida y p auta s de comport amiento de las personas que habita n, o son usuar ios, de las ur banizaciones de se- gu nda residencia, en el denominado por el autor hinterland de M a- drid; y en segundo término, expl orar la p osible existencia de conflic- tos entre grupos o enti da des sociales ( ibide m , p. 205). A p esar de que en el texto tampoco se hace alusión directa al fenómeno de las urba- nizaciones o parcelaci ones ilegales, la vinculaci ón entre éste y el obje- to del estudio señalado parece más que factible. En primer lugar, porque el tr abajo realizado por la Comuni dad de Madrid años má s tarde sobre urbanizacion es ilegale s, pondría de manifiesto que un gran número de las urbanizacione s de s egunda residencia existe ntes en la provincia de Madrid surgieron al margen del planeamient o u r- banístico (Comunida d de M adri d, 1984b, p. 19) ; y en segundo lugar , 65 La versión citada pertenece a la una recopilación publicada e n 1971 bajo el título Campo, urbe y e spacio de ocio. Sin embargo, los textos originales fueron publicados en el número 4 de la revista Ciencia Urbana (1969) y en el número 135 - 136 de la revista Arquitectura (1970) respectivamente. porque el propio autor lo deja entre ver en varios puntos del texto. En uno de ellos, tacha el fenómeno con el elocuent e nombre de parcelo- sis (Gaviria Labarta , 1971b , p. 204); y en otro punto, se pasa de la d e- nominación genér ica de urbanizaciones al más ilustra tivo y acorde con la realidad que se estaba describ ien do de parc ela ciones- urbanizacion es ( ibidem , p. 218). Pero, además, la parte final del estu- dio recoge, a modo de ane xo, una serie de consideracio nes de cará c- ter general acerca de lo que, a s u juici o, y a raíz de los resultados de la investigaci ón, su ponen la s urbanizaci ones. En este se ntido , seña la […] la mayo ra de las urbanizacio nes poseen la red v iaria en estado lamentable; un gran número de e llas carecen de s uficiente ca udal de agua potable y otr as muchas padecen e n temporada s estiv ales de un alto grado de contaminación ; la red de alumbrado públ ico es una obra que a buen número de ésta s se les ha olv idad o realizar; seguramente la socied ad prom otora se planteó , co n cierta lógica, que el « campo» no tiene por qué e star ilu- minado. ( ibi dem , p. 267) Es esta última cuesti ón la que quizás mejor sirva par a p oner de m ani- fiesto la vinculación entre ambos fenómeno s. Como s e señalaba en el aparta do anterior, uno de los aspectos d efinitorio s de las p arce lacio- nes y las urbanizaciones ilegales es la carencia o, c uando menos, la mala calid a d de los servici os e infraestruct uras urbanísticas propias d e una zo na urbana (pavime ntación d e calz adas, acerado, alumbrado público, ser vicio de aba ste cimiento y sanea miento o la reco gida de basuras). Por último, el estudio también recoge fragmentos de las entre vistas que se realizaron a los dif erent es actores del proceso ur- banizador. La respuesta de un entrevista do (un pro pie tario de tre inta y nueve años) es, q uizás, las más il ustra tiva de que algunas d e las urbanizaci ones estudiadas engrosaban el grupo de las ilegales . Así, Capítul o 3 - 133 - este p ropiet ario señala, además d e sus motivacion es para compra la parcela, el tipo de las que se ofert aban -p arcela s rústicas- y, lo que más inter esa para corrobor ar la hipótesis que se v iene desarrolland o, cómo es la secue ncia de todo e l proceso. A sí, señala que [...] las parcelas eran de 5 .000 m 2 y no estaba n ur bani- zadas; se trata ba simplement e de un cam po co n accesos y dividido e n estas pequeñas p ropiedades. En esta pri- mera com pra no h ubo nin gún tipo de p roblema, puesto que este tipo de urbanizacio nes es muy simple: un agri- cultor tiene u n terreno que no le produce beneficios, en- tonces le v isita bien una pe rsona, o bien una socied ad; se ga stan 40.000 pesetas en levantar un plano y parcelar ese t rozo de campo; esa persona o sociedad se encarga de hacer la pro paganda y efectuar las venta s, llevándose el 10 por 100 del valor de ca da una de las parcelas ve n- didas. ( ibidem , p. 285) La lectura del fragm ent o anterior podría ser un fiel r efle jo d el proceso que se ha seguido en la mayor p arte de los casos d e aparición y desarroll o de un gran nú mero d e p arce laci ones ilegales. És te, como es obvio, contra sta con el proc eso que siguen las urbanizaci ones de segunda residencia dirigidas a las clases m ás acomodadas, las cuales, en su mayo ría, com o así se recoge e n dif erentes p artes d el estudio que se viene comentando , se realizaron a p art ir d e una planific ación previa y contando con las autorizaciones pre ceptivas . Pero, además, y dado el sector social al que iban dirigidas, co ntan do con todos los servicios e infraest ructura s necesarias para el normal des arrollo de la actividad de se gunda r esid encia. El análisis de un tercer t rabajo de este mismo aut or, publicado de manera prácticamente s imultáne a, sirve para terminar de apuntalar el enmascara miento del fe nómeno de las parcelaci one s y urbanizac io - nes ilegales bajo el para guas más amplio d e las urbanizaciones de segunda residencia . En es te sent ido, bajo el nom bre Urbanismo del ocio , Mario Gaviria tra ta de poner de manifiest o algunas de las conse- cuencias que tendrá para el territorio d el país la generaliza ción del turismo, sobre todo a part ir de la llegada masiva de extranje ros (Gaviria Labarta, 1969) 66 . Entre los diferentes tipos de espacios desti- nados al turism o que al autor cataloga, comienza por analizar las urbanizaci ones; estas quedan divididas en cuatro tipos, el primero de los cuales es el de las "[...] Parc elaciones de fin de semana en la peri- feria de las grandes ciudades" ( ibide m , p. 20). Dentro de éstas, el au- tor distingue, a su vez, d os grupos: las construidas al amp aro d e la Ley d e Centros de I nterés Turístico, y el resto. De esta s últimas, por otra parte, el g rupo ampliament e mayoritario, se señala que m uchas de ellas "[.. .] son actuacio nes en ciert os casos salva jes, sin p er misos y casi sin proyectos" ( ibidem ). Por último, dos apunte s más: el autor habla d el inicio del fenóme no de este tipo de urbanización o parcela- ción a partir d e 1956 y, p or otro lado, s eña la que "[... ] no existe una localización s obre mapa en la que se recojan todas l as ur banizaciones existente s en España, legales, cl andestina s, semilegal es, etc.". Es decir, está constatando, p or un lado , la exi stencia de un fenómeno de re- ciente aparición que, dad o su origen, en muchos casos, es d e d ifícil conceptuali zación 67 ; y por otro, la falta de informac ión cartográfica sobre la distribuci ón de di chos asent amientos. 66 El trabajo, publicado en el número 2 de la revista Ciudad y Territorio fue, como se señalaba anteriormente, prácticamente coetáneo a los anterior mente citados, si bien, debe ser algo posterior, dado que estos son citados en una nota al p ie del mismo (ver nota al pie número 3, página 20. 67 A pesar de lo cual, para el autor parece no ex istir dudas de que existen dos grupos claramente diferenciados: el de las legales, y las que no lo son. Capítul o 3 - 134 - Dado el perfil p rofesi onal del autor -sociólogo-, su inte rés por el fe- nómeno se cent ra en el análisis de otras muchas consecuencias de este tipo de asentamient os, entre las que destaca la p a ulatina desa- parición de la convivencia y ayuda mutua, la p rivatiz ación del e spacio y su uso por las cl ases dominantes, etc. P ero también, las co ntra dic- ciones sociales en las que se está incur riendo des de las administ ra- ciones al permitir y fomenta r el desarrollo de "[...] la residencia secun - daria para unos, sin que todavía exista la resi dencia principal, con unas co ndicione s mínimas, para o tros" (Gaviria Labarta, 1969, p. 24) . Es más, añade, resulta paradójico que mientras que se realizan cie n- tos de ur baniza ciones par a segunda residencia y para el o cio dot a- das, m uchas de ellas, co n todos los servicios (agua, alcant arillado, luz, etc.), sigan existiendo en la mayor parte d e los barrios perifér icos de las ci uda des, viviendas sin este tipo de servicios, incluso, en muchos casos, impor tante s núcleos d e c habolismo e infravivienda ( ibidem ). En definitiva, los trabajo s de Ga viria Labart a en estos años , ya estaban poniendo d e manifiesto la proliferación d e urbanizacione s de segun- da residencia s urgi das al margen del p lanea miento urbanístico y el ordenamiento j urí dico vige ntes. Probablemente, como también se ha intenta do demostrar en el aparta do anter ior, como respue sta de un amplio sector de la pobla ción, el de men os recur sos, a un fenómeno ampliament e ge neralizado en dece nios a nter i ores ent re las clases más acomoda das. A partir de los año s setent a, irán apareciendo más tr abajos que abor- dan dif ere ntes aspectos del fenómeno analizado. Cinco de ellos (Bayo, 1973; Gasch, 1973; Margarit y Buxadé, 1973; Sus t i Fatjó, 1973; Vázquez Montalbán, 1973) fueron publicados en el número 98 de la revista Cuadernos de Arq uitectura y Urbanismo , una publicación d e alcance li mitado, editada por el Colegi o de Arquitectos de Cataluña y Balear es desde el año 1944 hasta la actualidad 68 . Tanto las temática s abordadas como el enfoque con el q ue lo hacen, p ermiten agrupar- las en dos b loques: el p rimer o, con un carácter más académico, esta- ría formad o por los tra bajos de Gasch (1973 ) y Sus t (1973); y el se- gundo, con un formato algo más heterodoxo, p or los de Bayo (1973 ) Margarit y Buxadé ( 1973) y Vázquez M ontal bán (1 973). Bajo un for- mato u otro, todos sirven para poner d e manifie sto una realidad bas- tante extendida en esos m oment os: el de las urbanizaciones, g ran parte de las cuales e ran ileg ales. Comenzan do por esto s últimos trabajos, cabría seña lar que, a pesar de que su estructura y contenido, en principio, esta ría más alejado de la metodología cient ífica, no es meno s cierto que a po rtan informa- ción relevante acerca de alg uno s aspectos d el fenóme no, aunque lo hagan desde una ó ptica más literaria que académica. Dentro de los trabajos de este grupo, de staca, sobre tod o por la releva ncia de la figura de su autor, el realizado por el escritor barceloné s Manuel Vázquez Montalbán (Vázq uez M ontalbán, 1973). Tiene como objetivo analizar , de manera crítica, el contenid o de los follet os que los pro- motores de las urbanizaci ones de segun da re siden cia, venía n intro- duciendo en los b u zones de los barceloneses en aquellos años. El motivo de traerlo a col aci ón en el contexto de este aparta do es do- ble. Por un lado, porque puede servir d e elemento d e ref erencia en cuanto al alcance e import ancia del fenómeno de las urbanizaciones de segunda residencia, al menos en el entorno de l Área Metropolita - na de Barcelona. Y ello p or cuanto el núm ero d e este tipo de foll etos debía ser tal que llamara la atención de una person a que, al menos a 68 La publicación ha ido cambiando de nombre a lo larg o de su dil atada trayectoria . Capítul o 3 - 135 - prio ri , era ajena al fenómeno 69 . Y, en segundo lugar , po rque hace mención al s ector de la pobl ación ha cia el que, según su punto de vista, dicho producto va d irigido. En este s ent ido, afirma que "[...] la pr opaga nda d el parcelism o s e orienta ante todo hacia una pequeña burguesía catalana o catala nizada, como demuestra la nom enc latura mayoritaria de las urbaniza ciones" ( ibidem , p. 4). Dos cue stione s lla- man la ate nción de tal afirmación: la primera sería, cómo el autor utiliza (lo hace a lo largo de todo el texto) indistintame nte el tér mino parcelación (parcelista/pa rcelismo) y el de urbanización, lo que da idea de q ue se trat a de fenómenos estrechame nte vinculados, si no sinónimos. Y la segun da, por que apunta a que dicho fenómeno va dirigido hacia un sector de la p oblación de cierto poder adquisitivo y, además, de origen cata lán o, al m eno s, con un ampli o grado d e a si- milación de la cu ltura ca talana . Es este último aspecto el que, p robable mente, mejor contribuya a apuntala r alguna de las hipót esis que se vienen sosteniendo a lo lar- go de este aparta do: la de que el f enómeno de las parcelaciones ilegales es el último estadi o d e un proceso, q ue comenzó en los años cincuenta del sig lo p a sado co n las urbaniza ciones de segunda re si- dencia dirigida a las élites y las clases s ociales más aco modadas. Pro- ceso que tuvo su continuidad hacia finales de los sesent a y g ran part e de todos los setenta , en el fenómeno descrito po r Vázquez Montal- bán, es d ecir, las urbanizaci ones, muchas de ellas surgidas la margen del planeamiento, ahora enf ocadas a satisface r la d emanda de una nueva clase social en auge: la clase pequeño burguesa . Y, po r último, ya hacia finales de los años sete nta, a lo largo de todos los ochenta y primeros n oventa, aparecer á en toda su plenitud el fenómeno de las 69 El tono crítico del artí culo hace pensar que no era un usuario potencial de este tipo de urbanizaciones. parcelaciones ilegales, ahora com o respue sta a la demand a de una amplia clase tra bajadora que a nsiaba asimilarse a las élite s. El segun do de los trabaj os de este primer g ru po es un pequeño tex- to, de apena s una pág ina d e extensión, titulado bajo el elocuente nombre de La pesadilla de la parcela (Margarit y Buxadé, 1973). En él, los autores tratan de poner de manifiesto algunas inco n gruencias surgidas co mo consecuencia de la proliferación de las urbanizaciones [sic], sentencia ndo que éstas sean, prob ablement e, consecuencia de una mala p lanifi cación d e las ciuda des, que las convier ten en poco habitables, lo que emp uj a a muchas personas a buscar alternativas más saludables ( ibid em ). La última de las tres publ icacione s m enci onadas es, tal vez, la más llamativa, tanto por el forma to del propio texto, como por el título en sí mismo (figura 3.01 ). En este sentido, tal como avisa el título, se trata de un libreto en t res act os q ue representa el proceso de adiestra- miento de futur os vended ores de p arce las de urbanizacione s d e se- gunda residenc ia en lo s alrededores d e Barcel ona. M ás allá de la p e- culiaridad del formato d el texto, el au tor abo rda, con g randes tintes de ironía, alg unos asp ect os important es del propio fenómeno. Po r ejemplo, deja claro que las parcela s que s e están poniendo a la venta en esos años, ampliamen te publicit adas p or ca mpa ñas de buzoneo (Vázquez Montalbán también trata ba esta mis ma cuestión), van diri- gidas a la clase trabajadora , que dispone de unos ingreso s tales que le permite cierta capacida d de ahorro. Así se constata con el ejemplo de comprad or prototi po elegido por el aut or ; se tra ta de un trabaja- dor de la fábrica de Seat en Barcelona, con v ivien da p ropia en un barrio o brero relativamente próximo a la m isma (Bayo, 1973, p. 10) . Pero, además, establece una clara diferencia entre " [ ... ] lo s ricos y tradicionales d isf rutadore s [sic] del chalet" ( ibidem , p. 11), y los com- pradores de este tipo de p arcela s, tra bajado res que t ermina n su jor- Capítul o 3 - 142 - p. 68) 75 . Y, en d efinitiva, como los propios autores auguran, si todo ha ido como estaba planeado y, siem pre que el p arcelista haya se- guido los consejos contenidos en la guía, el éxito está asegurado… ( vid. figura 3.06 , derecha). Los tres últimos trabajos que abordan alg unas cuestiones relaciona- das con el fenómeno s on los de Orte ga Valcárcel (1975) y Valenzuela Rubio (1 976), ya citados en el aparta do anterior, a los que habría que añadir el d e Herce V allejo (1975). La apo rta ción de Ortega V alcárce l (1 975) a las cuestiones que se vienen tratando en este apart ado, ten- dría que ver con su llama da de atención hacia uno s procesos que, si bien no son nuevos, sí habían adq u irido tal intensidad a lo largo de los años sesenta que eran merecedore s de una atenció n especial (p. 75 El entrecomillado es de los propios autores. 9) . Más allá d e otras consid eraciones y aportaciones, estas d e tipo con ceptual de los proce sos más gené ricos de las formas del crecimiento urbano, el autor advierte de los riesgos de crear u n tipo de hábitat, desconocid o hasta ese m omento, caracte- rizado por su u so ocasion al o secundar io y, por o tro lado, con una casi exclus iva mo- nofuncionali dad reside ncial ( ibidem , p. 13). Por su parte, los do s últimos trabajos de los anter iormente m enci ona dos, acomet en la temática en las dos principales met rópo- lis del paí s: Madrid y Ba r celona. Bajo el título El consumo del espacio en las urbani- zaciones de s eg unda residencia en Catalu- ña (Her ce Vallejo, 1975) se abo rda la cue stión desde un punto de vista eminenteme nte t écnico. En este sentido, el trabajo se plantea como o bjeti vo poner de manifiesto la relevancia que, en cuanto al consumo de suelo, tienen este tipo de actuaciones en Cataluñ a, aun- que los datos que se ofrezcan se circunscriban exclusivamente al Ár ea Metropolita na de Barcelona . Al ig ual que ya señalaran otros autore s, Herce Vallejo evidencia que de las 470 urbanizacione s d e segun da residencia 76 censadas en 1972, solo 101 estaban lega l izadas, lo q ue represe ntaba, en términos espaciales, apenas el 18% del total urban i- zado ( ibidem , p. 47). Por otro lado, el autor resalta el fuerte dinamis - mo del proceso entre 19 67 y 1972, período en el que se triplicó la 76 El autor pone el énf asis en q ue se tratan exclusivamente de urbanizaciones de segunda residencia locali zadas en el medio rural, señalando que quedan exclui- das aquellas ocupaciones existentes en la costa que se vinculan con el f enó meno turístico. Figura 3 .06: Ilustraciones de la publicación G uía del parcelista. .. que muestran, a la iz quierda, al maestro -el a rqu i- tecto- instruyendo al afligido alum no -el p arcelista- y , a la derecha , el resultado final del proceso. Fuente: Gelpí i Vint ró y Sust i Fatjó, 1981, p . 10 . Fuente: Gelpí i Vint ró y Sust i Fatjó, 1981, p. 75 . Capítul o 3 - 143 - superficie ocupada por este tipo de asentamient os ( ibidem ). Por tan- to, s obre la base d e lo ante riormente señalado, no p are ce existir dis- crepancias ent re las asevera ciones hechas por Herce Vallejo y lo que ya venían señalando el resto de autores co menta dos anter io rmente: es decir, la vinculación y relación entre el fenómeno de la urbaniza- ción de segunda residencia planifi cada 77 , y el m ás moderno de las urbanizaci ones ilegale s. El resto d el tra bajo aborda cuestiones q ue están m ás relaciona das con aspectos tratados en otros aparta dos d e esta inve stigación, por l o que n o se abundar á en ellos aquí. Por último, el trabajo de Valenzue la Rubio (1 976) ana liza el alcance, caracte rísticas e imp actos de la residencia secundaria en la provincia de Madrid. Lo singular del estudio, en el contexto de este apartado, es que el autor no llega a discriminar en ningún momento el origen planificado o no de los ámbitos -las urbanizac ione s- donde se locali- zan las edificaci ones destinadas a resi dencia s ecun daria . Y ello, a pe- sar de que y a de sde finale s de los años s esent a algun os trabajos ve- nían advirtiendo, que gra n parte de e sas urbanizaciones se e staban desarrolland o al margen d el planeamiento urbanístico y el ordena- miento jurí dico vigent es (Gaviria La barta , 1969, 19 71b, 1971a) . El repaso q ue se ha realizado al fenómeno de las urbanizaciones de segunda residenc ia como antecesor necesar io al de las urbanizacio- nes y parcelaci ones ilegal es, lo ha sido a través del anál isis de las pu- blicaciones que han abordado el tema d e una manera más o menos directa; pero, en todo ca so, co n r efere ncia al mismo. Estas abar can un ámbito te mporal que iría, desde los trabajos m ás tempranos d e Mario Gaviria de finales de los años sesenta ( ibidem ), hasta la última comentada d e Valenzuela Rubio (1976). Con ello se ha p ret endido 77 En este sentido, el autor señal a que, en su mayor parte, lo son bajo l a fórmula prevista en la Ley del Suelo de 1956 de los Planes Parci ales de Ordenación. poner de manifiesto, no ta nto la impo rtancia en té rminos cuantitati- vos y cua litativ os d e ambos fenómenos, co mo la preocup ación que algunos autore s manifestaban re specto de la aparición y rápi do desa- rrollo de urbanizacione s que, bajo la apariencia de las tr adicionales de segunda resi dencia, d esarrollada s, fundament alme nte, a lo largo de los años cincuenta y sesenta del siglo pasa do, se estaban realizan- do al margen del planea miento urbanísti co, y sin respaldo legal al- guno. 3.2.2 En tre la perpl ejidad y la c onfusión a nte un nuevo fenó- meno: Las par celaciones clandestinas A pesar del escaso núme ro de publicaciones que contienen el tér- mino c la ndestino en su título p ara referirse al fenómeno, y a sea bajo la d enominac ión de urbanizacione s , parcelaciones e , incluso, edifica- ciones o viviendas, se ha considerad o intere sante analizar s u utiliza- ción. Ello, no solo por lo llamativo que p ue da resultar este calificativo, sino por otras razones. Un a de ellas sería po rque, en contra de lo que significa la palabra clande stino , estos fenómenos pod rían ser calific a- dos de muchas forma s, pero, des de luego, no bajo una que sugiere que se trata d e unos procesos que se realizan d e manera oculta y evitando ponerse en evid encia de cara a las autor idades 78 . En este sentido, ca bría recordar q ue, como se ha tenido la oport unida d de comprobar co n el análisis de algunos de los trabajos publicados en los primero s años setent a, la principal técnica de captación de clien tes por parte de los promotor es de par celas, f undamentalmente en Cat a- 78 Según la def inición de la Real Academia Españ ola, el adjetivo clandestino significa "[...] Secreto, oculto, y especialmente hecho o dicho secretamente por temor a la ley o para eludirla". Capítul o 3 - 144 - luña, era el b uzoneo. Pero, a demás, m u chas de esta s publicaci ones se acompañan de abundant e material gráfico que muestra el sinfín de carteles anunciadore s de unas urbanizaciones que, en su m ayoría, y como se ha t enido oportunidad de co mprobar , surgier on al margen del planeamient o urbanístico. Por tanto, ilegales, s í, pero, d esde lue- go, no clande stinas . Por otro lado, también interesar ía ind agar sobre el uso que han hecho del término determinadas admini straciones públicas, por la propia contra dicción d el hecho en sí mism o, p ero en este caso solo se ha po dido doc ument ar para el ayuntamiento de Córdoba. Dado que, tanto en el capítulo 5 como en el 6 se abo rdará con m ay or nivel d e detalle el papel de esta admin istra ción, se rá allí donde se rá tr atado. Como se señalaba al principio, el número de publ ica ciones que utili- zan el término clandestino para referirse a los procesos que se vienen analizando es muy escaso. Así, solo 7 d e las aproximadament e 925 refe rencias bibliográficas q ue se han m ane jado en la investig ac ión, contienen en su título el c alificativo alu dido. Aunque , obviamente , son bastante s más, aproxima dament e una vei ntena, las q ue, en algún punto del texto , se refieren a este fenómeno bajo dicho calificativo de una m ane ra más o menos directa. Resulta, cuando menos curioso, que dos de las más anti gua s te ngan como ámbit o de estudio las par- celaciones en el municipio cordobés (Baena, 1974; Cuéllar Ramos, 1991) 79 . Por otro la do, en el contexto de unas jornadas técnicas que se celebraron en V alencia en 1983, algunos de los participante s ut i liz a- ro n d icho calificati vo para referirse al fe nómeno, tanto en el ámbito de la provincia de Valencia (Blanquer, Payá, Escribano, García- 79 Estos trabajos serán analizados en el capít ulo 6, cuando se aborde la presentación general del fenómeno de las parcelaciones ilegales en Córdoba. Lliberós, y Marqués, 1983) , co mo , en el caso más singular ya comen- tado, de las Isla s Cana rias (Colegio de Arquite ctos d e Cana rias, 19 83). El trabajo de Garc  a de Jal ó n Lastra, Sainz Guerra, Ezquiaga Domínguez, y Moya González (1986) sob re las parcelaciones ilegales de la provincia de Valladolid, es fruto del encargo realizado po r el Colegio de Arquite ctos de V allad olid en 1981. Más allá del conte nido del mismo, el cuál será analizado con m ay or profundi dad en los aparta dos siguiente s, intere sa destacar alguna s aseveraci ones que ponen d e manifiesto q ue la existencia del fenómeno era ya amplia- mente conoc ida. En e ste sent ido, como seña lan los autore s [...] determina dos técnicos de la Adm inistració n conocían algunas parcelacio nes di rec tamente, otra s a partir de noticias o anuncios en el periódico lo cal, que diaria men- te y sin ni ngún recato o frecían todo t ipo de parcelacio - nes para todos los gustos. ( ibidem , p. 11) Por tanto, parece evidente q ue se tr ata de un fenómeno conoci do ampliament e, no s olo por la sociedad civil, sino también po r las ad- ministracione s y, al menos para el caso d e Valla dolid, au nque no ex- clusivament e, t ambién por par te del C olegio de Ar quite ctos 81 . El caso d e Zaragoza, ampliamente estudiado por Sancho Martí (1989a; 1989b; 1989c), es muy similar al comentado anteriorment e. Así, el autor d eja constancia d e que se trata de un fenómeno ya am- pliamente conocid o, ci tando los casos de Cataluña, M adri d, V alencia, o el anteriormente señalado para la provincia de Valladolid (Sancho Martí, 1989c, p . 96). Pero, además, señala la campaña emprendi da en 81 En el apartado anterior se dejó constancia de la publicación de la Guía del parcelista... por parte del Colegio Oficial de Arquitectos de C ataluñ a. D e igual modo, en los capítulos 5 y 6 se tendrá oportunidad de analizar el papel de este colectivo en Córdoba. Capítul o 3 - 145 - Zara goza para advertir s obre el peligro de adquirir y edificar en este ti po de parcelas. Por tanto, resulta cuando menos llamativo que el autor, en una publicación c oetánea, hable de las pa rc ela ciones clan- destinas de Z aragoza (San cho Martí, 1989a , p. 279 ). Pero, tal vez, la cl ave de la utilización del términ o h aya que buscarla, no en re lación al he cho del desconocimient o del f enómeno en sí, sino más bien, en la actitud d e los p romotore s de las p a rcelaciones ilega - les, los que, sin du da, eran co nscie ntes de q ue esta ban acometiendo una actividad contr aria al planeamient o urbanístic o y al o r denamient o jurídico. Esa es, al menos, la id ea que sugiere García-Lliberós Sánchez-Rob les (1983) cuando señala que "[ ... ] la clandestinida d, y el escamoteo de las ob ligaciones sociales van pare jas; inclusive p ue de afirmar se, que esto último es móvil fundamenta l d e lo p rimero " (p . 50). Es decir, que la ide a de la cla ndestinidad iría asociada a la actit ud de los usuarios de este tipo de urbanizaciones de eludir sus obliga- ciones, fundamentalmente de cara a la s olicitud de permisos y el pa- go de las t asas e im puesto s correspondientes. En la misma idea insisten Betrá n Abadía y Franco Herná ndez (1994) , cuando señala n que "[...] el u rbanis mo clandestin o de la segunda resi- dencia empezó a manifestarse con fuerza cuando, tras la p r imera crisis económi ca de los años setenta y la reforma de la Ley del suelo de 1975 [...]" (p. 18) el merca do de este tipo de urbanizacione s estaba empezan do a mostrar signos de fuerte retra cción; esto d ebido, en primer lugar, a lo s efectos de la crisis sobre la capacidad adquisitiv a de lo población y, en segundo término, porque el nuevo marco nor- mativo exig ía mayores costes de urb anizac ión. Ello d erivó, continúan los autores, e n que [...] la mayo ría de estas promo ciones -todas a quellas que no se dirigían a unas clases aco modadas que aún p udie- ran afro ntar una alta repercu sión de la obra urbanizado- ra - salie ron del á mbito legal y pasaron a la clandesti ni- dad, ofreciendo un product o que se hizo asequible a la mayoría, precis amente, por la elusión de las obli gaciones impuestas por la Ley del s uelo. ( Ib idem , p. 20) Es decir, se podría pensar en que se esta ba asistiend o a un a situación más parecida a lo que ocurrió en los años veinte en Estados Unidos cuando, tras la p roclamac ión de la Ley Seca, muchos neg ocios, para eludir su cumplimiento, siguieron existiendo, tambié n a ojos de todo el mundo , pero ya en un a situación de clandestinidad. En este senti- do, organismos de caráct er público, q ue d esde finales de los años noventa v enían trabajando sobre los impactos d e la s parcelaciones y urbanizaci ones ilegales en Andalucía, llamaban la atención so bre la utilización d el calificativo cla ndestino p ara refer irse al fenómeno de las parcelaciones ilegale s. Así, se pronu nciaban e n estos té rminos: [...] que nadie h able ho nestamente d e u rbanizaciones clandestinas se gún la termi nolo gía al uso. ¿Real mente alguien cree que es posible que cla nde stinamente se ur- banice un es pacio r ústico?, ¿nos encontramos ante una actividad de difícil o imp osi ble identificació n por la au - sencia de signos externo s? Se p uede hablar de ilegalidad y de impunidad de los infrac tores, pero no de clan desti- nidad -salvo en la fase de división antijurí dica del te- rreno- pues la enti dad del problema, por decirlo en pa- labras t an coloquiale s co mo expresivas de la realid ad, salta a la vista. (Defensor del Pueblo Andaluz, 2009, p. 116) En definitiva, sobre la base de lo apuntado anteriormente , parece constatado que del proceso que acompaña al d esarrollo d e cualquie- ra d e este tipo de asent a mientos ur banos, sólo el referido al acto Capítul o 3 - 146 - jurídico de división y lote ado de las parcelas 82 , sería el que podría hacerse de espaldas o fuera de la vista de administr aciones, or ganis- mos p úblic os y po blación en general. El r esto de actos y hechos que acompañan a d icho p roce so, parafrase ando la cita anterior, saltan a la vista . 3.2.3 Concienci ación, in vestigación y acción : Las parcelaciones y urbanizacion es ilegales A partir de mitad de los años ochenta, el número de tra bajos que se realizan en relación a diferentes aspectos d el fenómeno d e las parce- laciones ile gales se multiplican. En función, tanto d el o rigen d e lo s mismos como de su s objet ivos, dic hos t rabaj os pueden ser agrupa- dos en dos grandes bloq ues: a ) los promovi dos p or las administra- ciones o institu ciones pública s, y b ) los p urament e a cadémicos. Los primeros se analizar án po r comunidad es autónomas 83 , sig uien do un recorrido cronológ ico, del más antiguo al más modero. Los segun- dos, agrupad os crono lógicamente y por temát icas comunes. La imagen de la fig ura 3.07 muestra las comunidades autónoma s de las que se ha podido contar con datos sobre la caracte rización del fenómeno en su territorio. Como se irá viendo, no de tod as ellas se 82 Esta afir mación hace referencia exclusi vamente, al hech o de que el acto de división o loteado de las parcelas, no tiene traslación física inmediata sobre el terreno que pueda advertir de lo que vendrá después. Por otro lado, la cita extraída del informe del Defensor del Pueblo, habla de división antijurí dica d el terreno, lo que apunta a que detrás de dicho acto de loteado también hay hechos ilegales. Estas cuestiones serán tratadas en el c apítul o 7 cu ando se analice el papel jugado en el proceso por los notarios y registradores de la propiedad. 83 Lo referente a Andalucía será tratado en el Capítulo 4. ha dispuesto del document o físicamente, lo que ha obligado a recu- rrir a fuentes indirectas q u e citan algunos de los resulta dos de dic h os estudios. A pesar de estas limitacione s, parecía oportuno recurrir a dicha metodología con objeto d e obtener una p anorámica lo más ge ne ral posible d el fe nómeno a escala esta tal. En es te sentido, como muestra el m apa de la figura 3.07 , solo se ha podido cont ar con d a- tos de cinc o comunidade s autóno mas, lo que a pena s r epresenta el 30% del total, si bien es cierto que en términos de extensión superfi- cial s upone m ás del 53% del territorio del país. Por tanto, se puede decir que los cosos analiza dos son lo suficientemen t e representativos como para que sirva n p ara , si no establecer co n clusiones ab solutas, sí, al m enos, para apuntar hacia las tende ncias del f enómeno de par- celación y ur banizaci ón ile gal. 3.2.3.1 Las admini straciones regionales ante el fenómeno par- celario: a lgunos ejemplos El primer trabajo que se ha p odido d ocument ar de estas cara cterísti- cas, ha sido el q ue se realiz ó para la comunidad autónoma de C ata- luña . A pesa r d e que no ha sid o posible s u localiza ción ni, po r tanto, su co nsulta directa, s í se ha pod id o documentar la existe ncia de un trabajo realizado para el Área Metropolita na de Barcelona en 1972 84 (Caralps i Riera, 1983; Ezquiaga Domín guez, 1983 ; Herce , Caralps, y Tarra go, 1979; Herce Vall ejo, 1975; Sancho M art í, 1989c). Alg unas d e estas publicaciones hacen referencia a q ue, en dicho ámbito y hasta esa fecha, existían " [ ... ] un total de 470 urbanizacione s. De ella s ta n solo 101 goza n[ban] de lega lidad urbaní stica" (Herce Vallejo, 1975 , p. 84 Aunque el ámbito territorial del citado trabajo no abarque e l total regional, los datos que se ofrecen pueden servir para conocer, si quiera sea parcialmente, el alcance del fenómeno en esos momentos. Capítul o 3 - 147 - 46 - 47 ) . En términos s u perficiales, el alcance de las que se desarrollaban ilega lmente era mucho mayor, dado que, de las más de 19.000 ha com- prometidas por urbanizacione s de este tipo , solo 3.700 están amparadas por los preceptivo s Pla- nes Parciales de Ordenación; es decir, sólo el 18% del total ( ibidem ). Lo anterior, supone que, en el decenio d e los años setenta, en el Ár ea Metropolitana de Barce- lona exis tían 369 urbanizaciones ilegales, ocu- pando una superficie super ior a las 15 .000 ha. Por otro lado , Caralps i Riera (1983) señala que "[... ] un estudio fiable, d e mediada la década d e los setenta , cifraba las urbanizaciones sin cobertura jurídica en Cataluñ a en más d e cuatro mil" (p. 115). Añade el autor que , por tales, hay que en- tender aquellas urbaniza ciones que no están amparadas po r un P lan Parcial definitivamente aprobado ( ibide m ) . Pero, además, continúa, a partir d e un muestreo realizado "[ ... ] el p asado mes de junio" ( ibidem ) se constató que el 70% de las urbanizaciones que en esos moment os esta- ban "[ ... ] sujetas a exp edie ntes de disciplina urba- nística, se ubicaban en suelo rústico o no urbani- zables y el resto en suelo de reserva urbana o urbanizable" ( ibidem ). Es d ecir, la inmen sa mayoría de las ur baniza- ciones de segun da residencia que se est aban lleva ndo a cabo en esos momentos en Cata luña (c. 1982 ) era n de carácte r ilegal. Con el objetivo d e evitar la proliferación de este tipo d e asentamien- tos, la comunidad autóno ma aprobó la Ley 9/1981, relativa a la pro- tección de la legalidad urbanística 85 . En esencia, los o bjetivos de esta ley eran dos: frenar el avance de las urbanizaci on es que se venían 85 Ley 9 /1981, de 18 de noviembre, sobre Protección de la Legalidad U rbanísti ca , Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya núm. 18 2, de 4 de diciembre de 1981, páginas 1.605 a 1.611. Figura 3 .07: Localizació n de las comunidades autónomas con trabajos consultados de inventario de p a r- celaciones o urb anizaciones i legales. Fuente: Elaboración propia Capítul o 3 - 148 - desarrollando sin esta r amparadas en e l preceptivo plane amient o definitivamente aprobado y, en segund o lugar , recon ocer "[ ... ] la in- eludible co nsider ación de su existencia y la co ncurr encia de circuns- tancias objetivas que podrían justificar su integraci ón en el proceso urbano legal" (Ley 9/1981, p. 1.6 06 ). Su ámbito de aplicación e ra , s e- gún el propio texto legal, el de "[ ... ] estas urbanizaciones d esar roll a- das en la clandestinidad o, mejor dicho, en la ilegalidad" ( ibidem ). Por tanto, la adminis tra ción auto nómica, consciente de la existencia de un problema d e escala regio nal, se do ta d e un instr umento que le p er- mita tra bajar en dos direcci ones diferentes, pero complementa rias . De un lado, el reconoc imi ento del fenómeno y, cuando "[ ... ] la concu- rrencia d e circunstancias objetivas" ( ibidem ) lo aconseje n, su recon- ducción a través de su incorpora ción al modelo urbano definido por el planeamiento. Y, de otra parte, la puesta en marcha de una pol ít ica de disciplina urbanística decidida a fr enar y sanci on ar aquellas otras urbanizaci ones que sean abs olut amente i ncompatibles co n las carac- terística s del territorio donde se u bican. Esta últ ima vía persi gue, además de lo señalado, servir de medida d isuas oria para evitar la aparición de nuevas urbanizacione s ilegales. T al vez una de los as- pectos más llamativos de la n orma sea su afán por controlar todas las vías p osi bles que hagan p rolifera r este tipo d e ac tua ciones. Así, el artículo 22 regula el conte nido de los folleto s p u blicitarios dedicad os a la promoción y venta de parcelas en e ste tipo de asenta mientos, llegan do a s eña lar que dichos folletos deberá n s er fiscalizados p or la administra ción local con car ácter previo a su puest a en circulación. Por s u parte, e n el año 2009, casi 30 años después d e la entrada en vigor de la Ley de Protección d e la Legal idad Ur baníst ica, se p romul- gó la Ley 3/2009, relativa a la regularización y mejora de las urbani- zaciones existent es 86 . De ello, s e desprende, que la ley d e los años ochenta no debió conseg uir todos los objetivos q u e se había marca- do inici al mente . En este sent ido, el ámbito de apli cación de la e sta última ley se dirig ía , fundamentalment e, a aquellas urbanizacione s de carácte r mayo rita riamente residencial, que se im plant aron en el terri- torio en el período compr endido entre la entrada en vigor de la Ley del S uelo d e 1956 -estatal- y la de Protecci ón de la Legalidad Urba- nística de 1981 de Cataluña 87 . Es decir, las urbanizaci ones ilegale s d e segunda residencia de sarrolladas en los deceni os de los sesenta y setent a, de cuya e xistencia y co n secuencias de todo tip o, ya ha b ía n advertido los diversos trabajos de los autores que se vienen citando. Una cuestión, p or otro la do, analizada m á s recient ement e p or Nel·lo i Colóm (2011) , quien tra ta de apuntar a los motivos p or los cuales es- tas cuestiones dejaron de i nte resar a partir de los años ochenta (p. 83). Por su parte, para la Comunidad de Madrid , se ha podido disponer , en prim er lugar, de l documento realizad o po r la Com isi ón de Pla- neamient o y Coordinaci ón d el Área Metr opolita na de M adrid (COPLACO, 1981). Si bien en el trabajo en nin gún momento se habla de la situaci ón urbanística de las urbanizaciones cat alogadas, otros posteriore s pondrán de manifiesto que muchas d e éstas podrían ha- ber surgido al margen del planeamiento urbanístico y del orden a- miento jurídico vigentes o, cuando menos, haber ser vido d e acica te 86 Ley 3/2009, de 10 de marz o, de Regularización y Mejora de Urbanizaciones con Déficits Urbanísticos , Diari Ofic ial de la Generalitat de Catalunya número 5.342, de 19 de marzo. 87 Un análisis más pormenorizado de este texto normativo se realizar á en el C apítul o 3, en el contexto del análisis nor mativo comparado que se acomet erá en relación al ordenamiento jurídico de la Comunidad Autónoma de Andalucía en esta materia. Capítul o 3 - 149 - para la aparición de las urbanizaciones ilegales poster iores (Comunida d de Ma drid, 19 84a, 198 4b) . En febrero de 1984 , la Asamblea de Madrid apro bó una Proposic ión no de Ley por medio de la cual , se solicita ba d e la Consejería con competencia s en materia de ordenación del terr itorio, "[ ... ] la elabora- ción de un Catálogo de Urbanizaciones Ilegales, así como de un pro- grama de actua ci ón sobre dichas urbanizaciones" (Ley 9/1985). En octubre de ese mismo año, s e publicaba el cit ado documento, dividi - do en dos volúmene s: El Pro grama de Actuación sobre las U rbaniza - ciones Ilegales Catalogad as (Comuni dad de Madrid, 1984b), y el Catá- logo de Urbanizacio nes Ilegal es (Comunidad de Madrid, 1984a). Los resulta dos d el trabajo daban una idea del alcance del fen óm eno: 107 urbanizaci ones il e gales, que o cupa ban un total de 7.571,3 ha, co nt e- niendo casi 20. 000 par celas , so bre las que había constr uidas o en fa se de constr ucción casi 5. 000 vivien das ( ibidem ) 88 . El Programa de Actuación estaba dividido en cinco capítulos, además de la introducción. El prime ro, de carácter más co nce ptual, se iniciaba con el planteamient o del problema, para lo cual pr opon ía una defini- ción d e lo que debía entender se por u rbaniza ción il egal en el contex- to del tra bajo, así como una p rimera aproximaci ón a la dimensión del fen ómeno. A continuaci ón, realiza ba una justificación del por q ué del trat amiento que se propo n ía de esta s urbanizacione s en comp ara ción con lo q ue rea lizó en etapas ante riores; ello, fundament almente, en el sentido de proceder a su legalización sin más, carg ando sobre el era- rio público la subsana ción d e las carencias d e se rvicios e infraestr uc- 88 Tras la aparición de alguno de estos documentos, la revista Alfoz f ue publicando una ser ie de trabajos que, o bien recogían una síntesis de los resultados del m is- mo (Sin autor, 1984), o bien señalaban algunos de los resultados o btenidos con los programas de actuación inic iados en aplicación de estos (Arranz, 1986). turas consustanciales a este tipo de actua ciones. Son espec ialmente relevant es la s aportaciones que se hacen en cuanto a la b úsqueda de una explicación del por qué de la rápida prolifera ción del fenóme no, así como de su propuesta tipológica, cuestiones en las que no se va entra r p ara evitar reiteracione s con lo ya señalado en otros apar ta- dos, y con lo que se t rata rá en e l siguiente. El capítulo 2 fija ba los objetivos d el Programa de Actuación , estable- ciendo co mo tale s "[ ... ] el re speto a la legalidad ur banística [...] y la recupera ción y salvaguard a de los terrenos de alto v alor agrario, eco- lógico y paisajístico " (Comunida d d e Madrid, 1984b , p. 101); per o también, las co nsecuencia s que d ich os proces os tenían para el terri- torio donde se insert an. Conclu ía el documento con el establecimien- to de las medidas que deberían adop tar se según el tipo de urbaniza- ciones y, por último, formulando las propuestas que debía acometer la Asamblea de Madrid pa ra afr ontar la prob lemática . En este sentido, el d ocument o conclu ía proponie ndo a la Asamblea a que instara a la Consejería co n competencia s en la materia, para q ue elaborase un proyecto de Ley de tratamient o de estos asentamien tos. En dic ie mbre de 1985, apenas un año y medio después de pr esenta da la prop osi- ción no de ley, se publica ba la Ley 9/1985, Especial para el Tratamien- to de Actuaciones Urbanísticas ilega les en la Comunida d d e Madrid . Parece ló gico pensar que existía una clara voluntad política de en- frent arse al problema, frena rlo y reconducirlo, esto último en un d o- ble sentido: le galizan do aquella s urbanizaciones que era posible lega - lizar y, en s egundo lugar, dem oliendo las que no l o eran, y rest itu- yendo el suelo a su e stado original. Más a llá de otra s consideraciones, intere sa destacar en este punto l a decisión de la Asamblea de trat ar el fenómeno a escala regional y, en consecuencia, adoptar la decisi ó n de asumir las competenci as en materia de d isc iplin a urbanística, aun- que solo en los suelos ocupad os por urba nizaciones ilegales, sustra- Capítul o 3 - 150 - ye ndo, por tanto, dicha competencia de la esfera municipal. Q ué duda cabe que tal decisión puede coadyuvar a una aplicación más efectiva de las medid as de d isciplina u rbanística, dada la g ran carga social que tiene el fenóm eno, y su capacidad para influenciar en las decisiones de los regidor es de las corporaciones locale s. Por su parte, el segundo v olumen del trabajo que se viene analizando, se corres- ponde con el Catálogo de Urbanizacione s Ilegales (Comunidad de Madrid, 1984a). Con una estructur a algo más sencilla, aborda ba la cuestión en dos capítulos: el primer o más conceptual, y el segundo con el contenid o de las fichas descriptiva s de cada una de las urb ani- zaciones catalogadas. Respecto del primer capítulo , cabe destacar el esfuer zo de los redactore s por justif icar los criterios p ara la elecci ón de los asentamiento s considera dos, as í como alguna s aclaraciones en el uso d e calificativos como el de "ilegal" 89 . Finalmente, se o fre c ía un an álisis global de l os datos obte nidos tra s la elaboración del t rabajo. El siguiente caso con d ato s de este tipo es el de la comunidad autó- noma Ar agón , si b ien en condiciones similar es a las descritas para el de Cataluña . Es d ecir, no se ha podido disponer d e los d ocument os elaborad os por la adminis tración regional para evaluar el alcance del fenómeno, p ero sí de algunos datos y conclusi one s publica dos en tra bajos posteriores. En este sentido, Betrán Abadía y Franco Herná ndez (1994) señalan que en 1988 la Dip utación General de Ara- gó n ela boró un "[ ... ] Catálogo d e parcelacione s clandestin as [...] que excluía las pertenecient es a los término s m unicipales de las capitales de p r ovincia y limitaba el re sto de las reseña s a los casos más evide n- tes" ( ibidem , p . 14). A pesa r de estas li mitac iones, y apoyándose en el los trabajos, tanto de la a dministración regional (Diputación Genera l 89 Las cuestiones relativas a la utilización del calificativo ilegal para referirse a estos procesos será tratada más adelante. de Aragón, 1988) como en los de Sancho Martí (1989b, 1989c), lo s autore s pudieron elaborar un censo de parcelacion es il egales d e los municipios donde el fenó meno ha bía si do má s vir ulento hasta e sos momentos (Betrán Ab adía y Franco Herná ndez, 199 4, p . 14 ) . Los da- tos del estudio arrojaban lo s siguiente s resultados: 213 pa rcelaciones ilegales, e n las que e xisten un total de 8 .451 parce las, que ocupan una superficie de 1. 854 ,73 ha ( ibidem , p. 15). Ad emás de la cuestión tipo- lógica 90 , el trabajo aborda otros aspectos de gran interé s para la ca- racte rización del fenómeno. Por ejemplo, pone de m anifiesto cómo, para el caso aragonés, exist ía una clara relación entre las p arcela cio- nes ilegales y las clases soci ales medias y bajas, siendo a estas, a las que, de manera mayoritaria, iba dirigida la ofert a d e este tipo de p ar- celas. Sin embargo, los a ut ores también llaman la a tención sobre el hecho de que, por otro lado, un amplio sector d e las cl ases medias, sobre todo, una parte de lo s profe sionales, son ig ualmente usuarios de este tipo de product o inmobiliario ( ibídem , p . 25). Con relación a esto último, los aut ores añ a den que, es posible q u e " [ ... ] la adquisi- ción de una parcela ilegal no es, como se ha dicho, un si gno d e inge- nuidad, sin o todo lo c ontra rio" ( ibidem ). Por otro lado, los autores analizan la evoluci ó n temporal respecto de la aparición d e parcelacio nes ilegales, encontrando que en 1975 se produce un claro punto de inflexión, siendo , a partir de ese momen- to , cuando se dis para el n úmero d e parcela ciones ilegales, en con- traste con el desarrollo de nuevas urbanizaciones de segunda resi- dencia tr adicionale s. La explicación de este hech o, se encontraría según los autores, no so lo en los efectos de la crisis econ ómica q ue se d ej ó sentir en España e n esos años, sino , sobre todo, como conse- 90 Este aspecto será objeto de anál isis en el apartado siguiente, por lo que, para evitar reiteraciones, no será tratado en este punto. Capítul o 3 - 151 - cuencia de la entrada en v igo r de la Ley del Suelo de 1975 ( ibidem , p. 26 -27) 91 . En este sentido, los autores apuntan a que el carácter más garant ista del nuevo marco normativ o, junto con las mayor es exigen- cias con relación a la d otación de infrae structur as, zonas verdes, equipamient os y dotacione s, hacían que las p romociones "leg ales" fuera n mucho más costos as, y no solo en términos económicos, sino también en cuanto al tiempo q ue debía transcur rir en la tramita ci ón administra tiva, y el co nsiguiente retraso en el retorno d e plusvalías para los agentes urbaniza dores ( ibídem , p. 28, nota al pie núm. 13). La segunda p art e del trabajo a borda un extenso e lenc o d e propuesta s de actuación frent e al fen óm eno d e las p arce lacion es y edificaciones ile gales. Junto a d ichas propuestas, fundamenta lment e de tipo u rba- nístico, los autores propor cionan una serie de alternativas que se po- drían llevar a cabo para satisfacer la demanda, si no de viviendas uni- familiare s destinadas al ocio y el tiempo libre , s í al menos para la rea- lización de actividades en el ámb ito rural, fundamenta lmente , l as re- lacionadas con la pro moci ón de hue rtos familiar es. Como se m enci onaba más arriba, l os trabajos realiz ados por la Dipu- tación Genera l de Ar agón para el conocimiento del fen ómeno de las parcelaciones ilegale s (Diputación Gener al de Aragón, 1988 , citado por Betrá n Abadía y Franco Herná ndez, 1994, p. 14 ), tenían como objetivo último, dimensionar adecuadamente d icho fenómeno como paso previo a la elaboración de un Proyecto d e Ley para su trata - miento jurídico (Tejedor Bielsa, 1996, p. 321- 322 ). B ajo el nombre de Ley Especial de Parcelacio nes Ilegal es de Arag ón , dicho proyect o d e ley recogía las fórmulas elegidas p ara encauzar la problem ática , simi- lares, por otro lado , a las implementadas por otras comunid ades au- 91 Ley 19 /197 5, de 2 de mayo de 1975, de Reforma de la Ley sobre Régimen del Suelo y Ordenación Urbana. BOE Núm. 107, del 5 de mayo de 1975. tónomas, fundament alme nte la de Madrid. Dicho s p r ocedimiento s eran tres: 1) la consid era ción de las p arcela ciones ilegales como nú- cleos de población en suelo no urbaniza ble ; 2) el cambio en la clasifi- cación del suelo p ara su integración en el modelo urbano del munici- pio a través de los procedimient os ordina rios estable cidos en la legis- lación estat al; y 3) la erradicación de la parcelación y la reposición del suelo a su estado pr evio al desarrollo de la parcelación ilegal ( ibidem , p. 322). S in emb argo, dicho Proyecto de Ley nunca llegó a materiali- zarse. En su lugar, se aprobó el Decreto 77/1995 sobre Planes Espe- ciales d e Regularización Urbanística 92 . A pesar d e tener un alcance jurídico menor, dado su ra ngo no rmativo, el decret o pretendía a bor- dar a lgunas de las cuestiones que re cogía el borr ador del Pr oyecto de Ley citado. Por este motiv o, Tejedor Bielsa señal ó que se extra limi- taba en s u capacidad regula toria ( ibidem , p. 320 y ss.), además de contravenir ci ert os precept os de la legislación b ási ca estata l ( ib idem , p. 323). En definitiva, y a p esar de los incon venientes citados, y lo s serios p roblema s de aplica bilidad d el decreto, la administra ción re- gional trató de abordar el problema desde un mome nto rela tivamen- te temprano. Prim ero, elaborand o un documento d e trabajo p ara dimensionar el pro blema desde su s difer entes vertientes y, una vez co ncluid o este, trat ando de imple mentar un texto nor mativo que permitiera abordar la reconducción del fe nómeno a través de dife- rente s fórmulas. Para concluir este repaso a algunas de la iniciativas públicas de cará c- ter regional, llevadas a cabo para diagnosticar y abor dar el fenómeno de las parcelaciones y urbanizaciones ilegales, se cuenta co n el caso 92 Decreto 77/1995, de 18 de abril de 1995 , por el que se regula la elaboración y ejecución de los Planes Especiales de R egularizaci ón Urbanística. Publicado en Boletín Ofici al de Aragón Núm. 53, del 5 de mayo de 1995. Capítul o 5 - 254 - extremo oriental del término municipal, q ue q ue dó cataloga do bajo la figura de Conjuntos Serranos de Interés Ambiental ; y por último, un pequeño ámbito que se corresponde con la zona ribereña de los arroyos Molin o y B ejarano, lo caliza dos muy próximo s a la pedanía de Santa María de Trass ierra , reconocido d ebido a la existencia de un bosque galería extraordinariamente b ien co nservado (Consejería d e Obras Públ ica s y Transporte s, 1988) . Con todo, para Mulero Mendigorri (2001) Si err a Mo rena , ha sido uno de los grandes olvida- dos d e la política de p ro tección de espaci os natur ales hasta fechas rela t ivamente recient es, lo que “[…] resulta s in- tomático de la pobre percepció n que, desde instancias medioambiental es – científicas y políti- cas-, se ha tenido res pecto del norte de Andalu- cía hasta fe cha s muy recient es” (p. 52). L a fig ura 5 .1 2 muestra có mo so lo zonas muy localizadas d el sector serrano quedaron sin pro- teger, todos ellos, como ya se apuntaba, fun- damentalment e debido al desarrollo de proce - sos de urbani za ción. As í pues, tanto en las pro- ximidade s de los núcleos urbanos tradiciona les de Cerro Muriano com o en Santa M aría de Trassierr a, el PEPMF su stra jo del ám bito pr ote- gido aquellos espacios ocupados por la urbani- zación; en el caso d e Cerro Muriano se añad ie- r on , además, los terrenos ocupados por la b ase militar. A los anteriores, se un ieron también otros ámbitos fue rtemente transformados po r procesos urbanos, aunque todos ellos cont aban en esos momentos con planes parciales d e or- denación pre senta dos par a su tramitación ant e el ayuntamiento: las urbanizacione s de Las Jaras y Santo Domingo, esta última junto a la ermita d el mismo nombre; y un tercer ámbito que se correspondía con la parcelación ilegal El Cru ce. La mayo r par- te de las p arce laciones ilegales existentes en esos momentos en el área g eográfica de la sierra, fuer on identific adas por el plan g ene ral de ordenación urbana de 1986, de redacción práctic ament e co etá nea al PEPMF; ello significa, que eran anteriores o, como mínimo, coetá- neas a la r edacción y aprobación de este último d ocument o. Lo ant e- rior, puede llevar a suponer que el nive l de desarrollo de la mayor Figura 5 .12 : Espacios catalogados por el PE PMF en el área geográfica de la sier ra. Fuente: Consejería de Obras Públicas y Transportes, 1988 ; DERA. Elaboración propia. Capítul o 5 - 255 - parte de dichas parce laciones ile gales era aún muy bajo en esos momen tos, de a hí el tratamien- to diferencial co n las antes señaladas que, co mo ha quedado dicho, fueron excluidas de la prote c- ción. Como señala Mulero Mendigorri (2018, p . 221) con el d esarr ollo de las compete ncias auto nóm i- cas en m ate ria d e medioambient e, a finales de los años ochenta la administración regional p ro- mu lgará la Ley 2/1989 215 por la que se creará la Red de Espaci os Protegi dos de Andaluc ía (RE N- PA) 216 , po steriorment e completada co n la iniciati- va comunitaria d e la Red Natur a 2000 ( ibidem ). El mapa de la figura 5 .1 3 muestra los espacios pro- tegidos en virtud d e dichas normativas, a los q ue se han añadid o las p arcela ciones ilegales presen- tes en el ámbito. La prim era cuestión que salta a la vista es la reducci ón d el territorio protegido con respecto al señalad o por el PEPMF. Así, un amplio sector de la z ona central de la sierra comprendid o entre las carr eteras CO -3408 de Córdoba a Los V illare s y la N -432, q ueda fuera de las figuras de p rotección establecidas. Junt o a est a, y un amplio espacio situado al este d el r ío Gua dalbarbo, llama también la aten- 215 Ley 2 /1989, de 18 d e julio, por la que se aprueba el Inventario de Espacios Natura- les Protegidos de Andalucía y se establecen m edidas adicionales para su pr otec- ción, BOJA núm. 60, de 27 de julio de 1989. 216 Esta red quedó definitivamente establecida en el decreto 95/2003 , de 8 de abril, por el que se regula la Red de Esp acios Protegidos de Andalucía y su registro, BOJA núm. 79, de 28 de abril de 2003. ción q ue prácticament e todos los ámbitos ocupa dos por parcelacio- nes ilegales han quedado fuera d el espacio proteg ido, inclus o aque - llas q ue el PGOU de 1986 catalogaba como incompatibles con los valores ambienta les d el á mbito d onde se insertaban; tal vez el ejem- plo más paradigmátic o de esto que se ha señalado sea el de la par- celación ilegal Las Siete Fin cas , situada al este de la pedanía de Santa María de Tr assierra y que ocupa una e xtensión de má s de 430 ha . En definitiva, la Re d d e E spacios Na tura les Protegido s de An dalucía delimitó en el área geográfica de la s ierra d e Córdoba solo d os espa- Figura 5 .13 : Espacios protegidos en virt ud del marco nor mativo autonómico y comunit ario en el inte rior del área geo gráfica de la sierra. Fuente: PEPMF; Red Natura. Ela boración propia. Capítul o 5 - 256 - cios: el Parque Periurba no de los Villares, en la zona centra l del ámb i- to, y un p equeño f ragme nto del Parque Natur al d e la sierra de Hor- nachuelos. Por su parte, la Red Natura 2000 lo hizo con tre s Zonas de Especial Conservación (ZEC) que, de este a oeste serían: la ZEC Gua- dalmellato, la ZEC Guadia to-Bembézar y , en el extremo occidental, coin ci diendo con el p eque ño fragment o del Par que Natural de la sierra de Horna chuelos, la ZEC del mismo nombre; este último espa- cio es el que t ambién está cat alogado como Zona de Especial Prote c- ción par a las Aves (ZEPA). En la actualidad, en el área geográfica de la sierra destacan, por un lado, un amplio sector pr ofundamente alterado como co nse cuencia del desarrollo de los mo dernos proce sos de ur baniz ación; y, por el contrario, dicha situación co ntra sta con aque llas otras zo na s q ue han mantenido práctica mente inalte rados sus valor es nat urales, ambienta- les y paisajísticos ( vid. fi gura 5.14). En este sentido, el mapa de la figu- ra 5.14 muestr a cómo amplias zonas del sect or cent ral de la sierra, localizado a l norte de la carr etera CO-3314, y delimita do al este por la carre tera CO-3405 que une los núcleos de Córdob a y Villaviciosa de Córdoba, y a l hacia e l oest e, por la ca rre tera CO-3402, que cone cta la ciudad con la pedanía de Santa María de Tr assie- rra; por el norte este ámbito q uedaría delimitado por el camino que une dichas carrete ras, y que discurre prácticament e paralelo al cauce del río Guadiato. En el ámbito así descrit o se lo caliza n la mayor parte de las p arce l aciones ilegales situadas en el área geográ fica de la sierra. Coincide éste con la zona d e mayor nivel de accesibilidad y a que, como s e puede ver en el citado mapa, es la zona por donde discurre n las principales vías que, desde el núcleo principal d el mun icipio, p ene tran en el interior de la sierra. Junto a éstas, el trazado de la N-432, que transita al este del núcleo prin- cipal, es el otro gran foco de existencia de pr oce- sos de parce lación ile gal. Por el contrario, todo el sector occidental, desde la citada carretera CO -3402 de Córdo ba a Santa María de Trassier ra ha sta el límite administrat ivo con el m uni cipio de Almodóvar del Río, está lib re de proce sos p arce larios, l o que contrasta con lo Figura 5.14 : Localización de los pri ncipales elementos que caracteriza n el área geográfi ca de la sierra. Fuente: DE RA. Elaborac ión propia. Capítul o 5 - 257 - que sucede en esa misma zo na, pero en este último municipio, don- de se concentr a un significativo número de par celacione s ilegales. Por su parte , el sector oriental, entre la carretera nacional N - 432 y el lími- te municipal, está p rácticame nte li bre de parcelaci one s. No obstante, en este ámb ito d esta ca el im porta nte núcleo d esar r ollado en las in- mediaciones de la Ermita de Nuestra Señora d e Linares, muy v incula- do a las recientes d inámicas de cre cimient o urban o del últi mo ci clo expansivo del sector de la construcción. Y, por últ imo, a med io ca- mino entr e lo s suelos de la s ierra y los del piedemont e, vinculados al núcleo urbano tra dicional d e Alcolea, se localiza un grupo d e tres parcelaciones c on un a lto gra do de con solid ac ión. 5.2.2.2 El piede monte: El contacto entre la sierra y e l vall e La estrecha franja d e territorio que se sitúa entre el límite meridional del área geográfica de la sierra y el septentr ional d e la v ega h a que- dado definida como área geográf ica del piedemont e. Es, con mucha diferencia , el sector munic ipal de m enor entidad en cuanto a exten- sión s u perficial, d ado que apenas s i ocupa algo m á s de 4.500 ha, lo que supone só lo el 3,62% d el término mun icipal. Sin embarg o, su escasa entidad superficial contrasta co n su alto valor d esde el punto de v ista paisajístico, dada su posi ción privilegiada a m edia ladera en- tre las llanuras del valle y las fuer tes p endient es de las últimas estriba- ciones de la sierra . Según s e mostraba en la tabla de la figura 5 .1 0, a partir de la caracterización que propone el Mapa de los Paisajes d e Andaluc ía , el área g eográfica del p iedemont e pertenece a la Catego- ría d e las ca mpiñas, está dentro de las áreas paisajísticas denomina- das campiñas de piedemonte y , p or último, pertenecie nte al Ámbito Paisajísti co d el piedemont e de sierra Morena . Por lo g ener al, es un ámbito que suele incluirse en el más g enér ico de la sierra, por lo q ue no es habitual que se aborde su carac teriza ción de manera individual; López Onti veros ( 1994) lo describe como “[…] un sua ve glacis [q ue] empalma el valle co n la sierra Morena , co mo níti dame nte puede ob- servarse en la r ampa asce ndente del [ba rrio del] Bri lla nte” (p. 3 ). En este sentid o, cabe indica r que los principales rasgos de tipo físico, ambiental, paisajístico y te rritorial señalados para el ár ea geográfica de la sierra serían aplicables a la del piedemonte. Con todo, su análi- sis indi vidualizado como unidad territorial diferenciada desde el pun- to de vista g eográf ico con respecto a la de la sierra y el va lle , s e sus- tenta fundamenta lmente en las caracte rísticas especia les de su re lieve, lo q ue le dotan una especi al relevancia d esde el p un to de vista pa isa- jístico. En efecto, su p osición a media ladera entre las llanuras de la vega y las acusadas pe n dient es d e las últimas estribaciones de la sie- rra , hacen que se trate de un espacio con unas pote ntes cualidades paisajísticas; al mismo tie mpo, su posici ón de privilegio v isua l sobre el valle un ido a la existencia de los primero s escar pes de la sierra ac- tuando como telón d e fondo, le confieren una gran fragilidad desde el p unto d e vista visual (Zoido Naranjo, Rodríguez Rodríguez, & Venegas M oreno, 20 06). El mapa de la figura 5.15 muestra la delimitación del área geográfica del p iede monte sobre la b ase topográfica de la reg ión. La introduc- ción d e las curvas de nivel p ermite identificar diferentes zonas dentro del ámbito delimitado, caracterizadas p or su distinto relieve . Así, el extremo occidental d el ámbito, junto al límite administrativo munici- pal, p resent a la z ona de mayores pendientes, con un relieve s imilar al área colindante d e la sierra; éste está p ropic ia do por el cauce del arroyo Guadarr omán. Por su parte, la posición cent ral d el núcleo principal del municipio di vide el ámbit o en do s sectores; el orie ntal, de m enores dimensione s, va perdiendo entida d a medida que s e separa de la ciudad, lle gando en a lgunos puntos a c onvert irse en una Capítul o 5 - 258 - estre cha franja d e apenas 200 m d e longitu d. En contrast e con éste, el occidental cuenta co n mayor extensión, además de s er el que cuenta con pend ient es m ás su ave s. En este se ntido, en el sector oriental el mapa topográfico evidencia la existencia d e algunas zonas de acusadas pendientes, sobre todo v in culadas a la exi stencia de los cauces d e los arroy os Rabanale s y Pedroche, este último más p róxi- mo al núcleo principal. Pero, además, junto a la citada proximid a d del cauce del ar royo Pedroche y las acusadas p endie nte s v incula das a éste, la existencia d el trazado del ferrocarr il que unía la ciudad con el municipio s err ano de Almorchón (hoy en desuso), hacen de este es- pacio un lugar poco idóne o p ara el asentamiento de activid ade s antrópicas no relacionadas direc- tament e co n e l ámbito r ural; a pesar de lo cua l, como se v erá en el apar tado siguient e, no que- darán e xentos de coloniza ción. Por el contrario, tanto el sector centra l co mo el occidenta l del área geográfica han registrado una evolución bien disti nta de la descrita para la zona oriental. Por lo que respecta al primero, porque desde los años cincu ent a del siglo pasado, ha sido el espacio que ha soportado las primeras extensiones urbanas de segunda residencia v in - culada a las élite s locales, en la actualidad conso- lid ado como una de las z ona s mejor v alora das de la ciudad. Por s u parte, el sector central de la parte occidental del ámbito fue el lugar elegido por Ab d al-Rahman III p ar a fundar la que sería la capital del Califato de al-Ándalus (Vallejo Triano, 2004); un espacio que ha s ido reconoci do desde el punto de vista ad minis trat ivo d esde los inicios del siglo XX , con su decla ración com o Monume nto N acional 217 , hasta la actualidad, a través de su recient e inclusión en la Lista del Patrimo- nio Mundial de UNESC O 218 . En este se ntido, el te rritorio a nteriorment e 217 La citada declaración se produjo tras la promulgación de la Real Orden de 12 de julio de 1923 , como Monumento de carácter Nacional de las Ruinas y Palacio de Madinat al-Zahra, publicado en la Gaceta de Madrid de 19 de julio de 1 923 y 26 de julio de 1923. 218 La incl usión del yacimiento arqueológico en la Lista del Patrimoni o Mundial de la UNESCO se produjo durante su 42ª S esión del Com ité de Patrimonio Mundial, reunido en Bahréin durante el día uno de julio de 2018. Figura 5.15 : Delimitación del área g eográfica del pie demonte y lo calización de refere ntes patrimoni ales. Fuente: Dirección General de Bienes Culturales, 1998; DER A. Elab oración propia. Capítul o 5 - 259 - descrito, es uno de los de mayor significación patrimonial de todo el municipio, por lo q ue el desarroll o d e actividades incompatibles con di- chos valores patrimonial es compromete ser ia- mente su valoración. La figura 5.16 muestra los principales refere ntes terr itoriales que car acter izan al área geográf ica del piedemonte. Como se puede ver, más allá de los y a comenta dos en los párrafos precedente s, sólo aparecen lo s moder nos p roces os de p arce - lación ilegal. Por otro lado, se han introduc ido ta nto el ámbito recientement e incluid o en la Lista del Patrimonio Mun dial de UNESCO bajo la de- nominación de Ciudad Califal de Madinat al - Zahr a, como su Zona de Amortig ua miento que, por otro lado, es práctica ment e coincident e con el ámbito d el plan Espe cial de Protec ción d el yacimiento arqueológic o 219 . La desig ual afección de los desarr ollos urbanos en cada uno de los sectores d el ámbito es manifiesta; así, si e n el occidenta l la presencia del yacimiento arqueológico de Medina Azahara, y la delimitación d e su zona d e protección ha servido de freno a dichos proc esos, no ha ocurrido lo mismo en el oriental, don- de se localizan dos importa ntes núcleos urb anos forma dos a partir de fenómenos de parcelaci ón ilegal. 219 Dicho plan fue aprobado definitivamente por el Ayuntamiento de C órdoba en el año 1 998 bajo la denom inaci ón de pl an E special de Protección del Yacimiento Arqueológico de Madinat al-Zahra y de dotaciones con edificaciones significati- vas. Su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba núm. 90, de 21 de abril de 1999. En efecto, la figura 5.16 muestra cómo en el sect or o ccident al s ólo se han desarrollado tres asentamientos urbanos, dos de ellos dentro d el ámbito del plan Especial d e Protección del yacimie nto arqueológico, hoy zona de amortiguamiento del bien declara do Patrimonio Mun- dial. Por el co ntra rio, en el sector oriental, la ausencia de dicha limita- ción propició el desarrollo d e ocho parcel aciones ilegales concentr a- das en dos n úcleos de poblaci ón con un alto gra do de consolida ción. Figura 5.16 : Caracterización d el área geográfica de l piedemonte. Fuente: DE RA. Elaboración propia. Capítul o 5 - 260 - 5.2.2 .3 Área geográfica de la vega Según el Mapa de los Paisajes d e And aluc ía, d entr o de la Categoría que recoge los suelos que comprenden los valles, vegas y marismas se encuent ran las áreas paisajísti cas denominadas valles, vegas y ma- rismas interiores ( vid. cuadro de la figura 5 .1 0). Dentro de éstas, el citado documento propone dos Ámbitos Paisajísticos ; la ve ga del Guadalquivir y, por otro lado, el de las T err azas del Guadalquivir. A los efectos de la presente investigación, el área geográfica d e la vega quedará co mprendida exclusivament e por el primero de los Ámbitos Paisajísticos señalados, es decir, por el d e la v ega del Guadalquivir ; el segundo, el de las terrazas del Guadalquivir , quedará integrado en e l área geográfica de la campiña 220 . La figura 5.17 muestra la deli mita ción del área geográfica de la vega realizada sob re el mapa t opográfic o d e Andalucía a escala 1:10 .00 0. Cuenta con un a extensión total de 17.533,8 7 ha, lo que s upone casi el 14% de la superficie del término m un icipal, lo que la convierte en el terce ro en importancia de spués del de la campiña y la sierra. Desde el punto de vista topográ fico, su p rinc ipal caracter ística es la predo mi- nancia de un relieve prácticament e llano; desde los aproximad ament e 80 m de altitud a los que s e sitúa el cauce del río Gu adalquivir, auté n- tico refer ente te rritorial d e todo el ámbito, y lo s 130 m s.n. m. a los que se sitúa e l trazado del Ca nal de riego del Gua dalm ellato, e lemen- to de la infrae structur a de riego que sirve de lí mite septentr ional prácticamente en todo el ámb it o, apenas si hay 50 m d e desnivel. Las condiciones topográf icas favorables antes aludidas, junt o con la p ro- ximidad al río y la fert ilidad d e los suelos próximos, han hecho q ue, de sde antigu o, este haya sido un lugar privilegia do para el asenta- miento humano. Junto a ello, el papel de co rred or de comunicacio- 220 Esta decisión quedó justi ficada en la parte final del apartado 5.2.2. nes que tra dicionalmente ha jug ado el río Gu adalquivir y su v ega , hacen de este ámbito uno de lo s de m ayor interés d esde el punto de vista territoria l y g e ográ fico. En definitiva, como señala López Ontiveros (1994) esta “[… ] cinta estrecha, p ero hum aname nte vigoro- sa, se erige en la clave de la provincia y el término co rd obés, en en- cl ave e h iato entre la sierra Morena a l norte y la campiña y Subbética s al sur” (p. 6). En este sentido, com o señala el autor anteriormente citado, la exis- tencia d e unos “[…] materia les litológicos, blandos y muebles dan excelente s suelos de v ega y te rraza, q ue d e consu no con las aguas del Guadalquivir o pr oced ente s de la sierra originan una vasta y feraz extensión de r ega dío” ( ibidem ). Lo anterior pone de manifiesto que, frent e a lo que sucedía e n los suelos de la sierra y del piedemont e, los de la vega gozan d e una “[…] mayor profundidad y m enor variabili- dad late ra l” (Parra Rincón, 1994, p . 34). Así, para este último autor, desde el punt o d e vista litológico, el área g e ográfic a de la vega des- crita hasta este p unto, q uedar ía div idida en d os zonas. La primera, co mprender ía las v e gas asociada s a lo s cauces de los ríos Guadalqui - vir y Guadajoz, formada s por s ediment os aluviales recientes ( ibidem ); la segunda, por su parte , sería “[…] la d e los suelos form ados a p art ir de d epósit os ant iguos de ter razas” ( ibidem ). Para Torres Márquez los suelos de la ve ga serían una de las p rin cipales zonas de recarga hí dri- ca, así como el ámbito donde se lo cali zan gran parte de l os acuífero s de tipo dendrítico (199 4, p. 39), lo que confiere a este espacio una especial significac ión desd e este punto de vis ta, a la vez que lo vue lve también muy vulnerable y sensible a la proliferación de actividades inadecuadas que alter an o incid en sobre el subs uelo. En d efinitiva, las óptimas condicione s litológicas y edáfica s de los suelos, junto con la abundante presencia de agua, tanto superfic iales como subterránea s, a las que se añade n unas ca racte rísticas topográ fica s muy fav orables, Capítul o 5 - 261 - hacen del ár ea geográfica de la vega una de las de mayor ca pacidad agr ológi ca de la r egión. Al ig ual que ocurría en el piedemonte, la posición centra l del núcleo principal de la ciudad divide el ámbito geográfico en dos sectores que, por lo demás, presentan caracte rís ticas y dinámicas bas- tante contrastadas. Sin embargo, y a d ifere ncia de aquél, ahora la ocupación de los suelos de la ve- ga y el desarroll o de la ciudad desde su funda- ción 221 hace casi v eintidós siglos 222 hasta la actua- lidad han estado directame nte relacionados ; unas condiciones topográ ficas p ro picias, junto con la proximidad al río, como principal v ía de comuni- cación, y la fertilidad d e sus tierras estarían detrás de esta cir cunstancia . Por lo q ue respecta al sector oriental, se pueden establecer , al mismo tiempo, dos ámbitos clar a- mente dife rencia dos. El primero, más próximo a la ciudad central, mucho má s extenso, acaba en una estre cha franja, lugar donde la sierra y la campiña apena s si dejan un pequeño co rred or al cauce del río Guadalqui vir y una p equeña por- ci ón de vega, lugar donde se emplaza el núcleo tradicional de Alco- lea. El segundo, ocuparía los suelos de la vega que se desarrollan 221 Si bien es conocida la existencia de un primer poblamiento prerrom ano en las inmediaciones de los terrenos q ue hoy ocupan el Parque Cruz Conde, la referen- cia que se hace es al establecimiento de la primera fundación roma na. 222 Aunque no existe consenso en el establecimiento d e la fecha precisa de la funda- ción de la ciudad, se barajan las f echas del 169/168 o bien en el 152/151 a.C. (Murillo, Ruiz, Carmona, & Moreno, 2009) . desde d icho nú cleo hasta el lím ite municipal. En este caso se sitúan mayoritariame nte en la m argen izquierda del río, justo l o co ntra rio de lo que sucede en el resto del áre a geográfica donde, mayoritaria - me nt e lo s suelos se localizan en la margen contraria. El mapa de la figura 5.17 muestra cómo por la zo na que se localiza más próxima a la ciudad discurre n los cauces de los arroy os Pedroche y Rabanales, provocan do un relieve algo m ás movido que en el resto del ámbito, lo que ha condiciona do e n g ran m edida el establecimiento d e activi- dades desv inculadas del medio nat ural. Al contr ario de lo que sucede en el sector oriental, el occ identa l pre- senta una forma mucho más un iforme, que casi puede asim ilarse a Figura 5 .17 : Delimitac ión del área geográfica de la vega y su s princi pales rasgos físicos y territori ales. Fuente: DE RA. Elaboración propia. Capítul o 5 - 262 - un rectá ngulo perfecto; los lados cortos serían el límite m unicipal, en el extremo más occidental y el borde de la ciudad en el opuesto; por su parte, los lados largos coincidirían con el tra zado del Cana l de riego del Guadalmella to por la parte s eptent rional y, por la vertiente meridional, el cauce del río Guadalquivir. La o tra g r an diferencia con respecto al ámbito orient al es que p ráctica mente todos los suelos se sitúan sobre la margen der echa del río, do n de, por o tro lado, el relie- ve es much o más sua ve. Para López Ontiveros (1994) el territorio antes descrito, s e correspon- de con el de un valle que cuenta con “[…] magníficos meandros d e llanura aluvial, meandros abandonados […], llanuras al uviales d e casi perfecta planitud y espect aculare s torronteras o cortados cuando se acerca a lo s deleznable s te rrenos arcillosos del M io ceno, como en la Barca, Casillas y Ro jas ” (p . 3). En este se ntido, el valle del Guadalqui vir presenta , a s u paso por Córdoba, lo s rasgos que lo significan c omo el tramo d e transición con relación al curso completo del río; en efecto, su tra mo central con tra sta con “[…] e l encaja miento not able propio de los cursos altos [y ] con los horizontes sin límites de las llanuras aluvia- les típicas de un curso en la s puerta s de su dese mboca dura” ( ib idem ). Como se viene señalando , las óptimas característica s físicas, ambien- tales y ter ritoriales, han hecho de e ste ámbito geográf ico el d e mayor presión antrópica del municipio y, probablemen te, de toda la provincia. Lo anterior no h a impedido que algunos sectores del mismo hayan m ant enido unas buenas co n di- ciones, sobre todo desde el punto de vista am- biental, tales que las hayan hecho m erecedora s de su reconocimiento ad ministrativ o a travé s de su inclusión en alguna fig ura de pr otección. Junto a ello, caben destacar , aquellos espaci os que también son objeto d e reconocimiento, en este caso por su vinculación con bienes patrimoniales de primer o rden, como es el caso lo s restos de la ciudad califal d e Medina Azahara, recientement e incluida en la Lista del Patrimoni o M un dial de la Unesco. El m apa de la figur a 5.18 muestra la de- limitación del área geogr áfica de la vega en la que se represent an los elementos q ue gozan de algún tipo d e protecci ón en aplicación de la nor- mativa ambiental y patrim onial. Respecto de lo s Figura 5 .18 : Espacios protegidos po r la normativ a autonómica y comunitaria e n la vega. Fuente: DE RA. Elaborac ión propia. Capítul o 5 - 263 - primeros, en el ám bito sólo se catalogan el tramo del cauce del río Guadalquivir a su p aso por el municipio, d el que se excluye el sector ce ntra l, más afectado por el crecimiento d el núcleo principal de la ciudad; al él se añade el tramo final del río Guadajoz, en la z ona de su dese mbocadura en el Guadalquivir. En ambos casos, han q ue dado incluidos en la Red Natura 2000 bajo la catalogación d e Zona d e Es- pecial Conservaci ón. Además de éstos, también en el ámbito ambien- tal, en el interior de la ci u dad se delimita el Esp acio Natur al Protegido de los Sotos d e la Albolafia , co n la categ oría de Monument o Natura l. Dicho ámbito tiene la particularidad de quedar incluido en el interior de la zo na del Centro Hist órico de Córdo ba que está declarada com o Patrimonio Mundial, alg o que es una singularida d y que, s in duda, cualifica sus valor es patr imoniales . Por último, también destaca la presencia en este ámbito geográfico de la parte meridiona l de la Zona de Amortigua - miento de la ciudad califal de Medina Azahara que, co mo ha quedado se ñalado, ha sid o recien- tement e incluida en la lista del Pa trim onio Mun- dial. En definiti va, se trata de un ámbito con una indudable vocación a div ersas activid ades ant ró- picas, pero que n o está carent e de referente s patrimoniale s de una e xtraordina ria re levancia. El mapa d e la figura 5.19 muestra los principales refe rentes territoriales que caracterizan al ár ea geográf ica de la vega. Como se venía anticipan- do, las desiguales condiciones físicas del sector oriental y occidental, ha derivado en un d esarr o- llo también clarament e diferencia do en uno y otro ámbito. Con todo, salvo la zona más oriental de la misma q ue, como se puede apreciar, p rácticament e permanece inalter ada, el resto presenta un estado de profunda transf ormación de carácter antrópico q ue, prácticamente , ha hecho desaparece r sus originales rasgos natur ales. A pesar d e lo anter ior, las actividades agrícolas tradicionales se mantienen en ampli as z ona s, si b ien seria- mente dificultadas por la necesidad d e convivir con otras d e carácter urbano, en muchas ocasiones, absolutament e inc ompatible s. Con relación a las cuestiones de carácter general, hay otros d os a sp ect os más que es necesario desta car antes de entrar a analizar con mayor profundida d la caracte rización de los sect ores or ient al y occidenta l Figura 5.19 : Caracterización del área geográfica de l a vega. Fuente: DE RA. Elaboración propia. Capítul o 5 - 270 - antrópica que no sea la consustancial a su v ocación agrícola. De esta forma, sólo en algunos punt os muy co ncreto s en las zonas m ás p ró - ximas a las principales vía s d e comunicac ión, fundamentalment e la carre tera N-432 de Badaj oz a Grana da, se han i mplant ado algun os asenta mientos, bás ica mente d e carácter urbano, aunque d e muy pequeña ent idad (como el caso de Torres Cabre ra 225 , hoy práctica- 225 Según el Nomenclátor, en 201 4, dicha entidad solo contaba co n 3 2 habitantes, 28 de los cuales estaban empadronados en la parcelación ilegal de l a Atalayuela. mente deshabitado), o la p arce lación ilegal La Atalayuela , muy p róxima al anterior, y que sería la única parcelación ilegal e xistente en tod o el área geográf ica de la c ampiña. Fi nalment e, destaca en esta z ona la u bicación de las instalaci ones del Complejo Medioamb iental de la ciudad, lugar d e procesamient o de los r esiduos sólidos ur banos del municipio. Por último , desde el p un to de vista de los ele - mentos de inter és ambiental, en el ámbito desta- ca la Zona de Especial Co nservación denominada Tramo Inferior del Río Guadajoz q ue, como s u pr o pio nombre indica, prote ge bajo esta catego- ría d e la Red Na tura 2000 a l tr amo fina l del río, prácticament e el com prendido entre la pedaní a de Santa Cruz hasta su desembocadur a en el Guadalquivir en la zona del Aero puerto de C ór- doba. Al ante rior se suma el espacio protegi do por el PEPMF denominado Salina de Due rnas . En definitiva, a diferencia del resto del término m uni - cipal, se pu e de co n cluir señala do que el ámbito de la campiña es el único que co n serva su vocación tra dici o nal, desa- rrollándose actividades mayoritar iamente vinculadas a la actividad rural y, po r tanto, habien do q ueda do al margen de los m odernos procesos de urbanizaci ón. Figura 5 .23 : Localización de los princi pales referentes ter ritoriales del área geográfica de la campiña. Fuente: DE RA. Elaborac ión propia. [Document text truncated for crawler view.]