El cielo implorado. Orantes calcolíticos de Piedrahíta (Montellano, Sevilla) y su contexto arqueológico
Abstract
El presente artículo da a conocer una serie de materiales arqueológicos procedentes del yacimiento calcolítico de Piedrahíta, en la localidad de Montellano (Sevilla). Se estudian piezas óseas y de piedra tradicionalmente interpretadas como pequeños ídolos, si bien nos inclinamos a interpretarlas como representaciones humanas en gesto de oración. Dichos elementos aparecieron acompañados de una documentación arqueológica singular, consistente en industrias líticas talladas y pulimentadas, pequeños cantos rodados numéricamente muy abundantes, conchas de diversos moluscos y un lote de huesecillos de fauna quemados. Es posible que se trate de parte de un ajuar funerario, aunque no pueden descartarse otras hipótesis de tipo ritual.
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107Complutum. 30(1) 2019: 107-130 Complutum ISSN: 1131-6993 http://dx.doi.org/10.5209/CMPL.64510 ARTÍCULOS El cielo implorado. Orantes calcolíticos de Piedrahíta (Montellano, Sevilla) y su contexto arqueológico José Luis Escacena Carrasco1; Miguel Flores Delgado2 Recibido: 17 de agosto de 2018 / Aceptado: 02 de abril de 2019. Resumen. El presente artículo da a conocer una serie de materiales arqueológicos procedentes del yacimiento calcolítico de Piedrahíta, en la localidad de Montellano (Sevilla). Se estudian piezas óseas y de piedra tradicionalmente interpretadas como pequeños ídolos, si bien nos inclinamos a interpretarlas como representaciones humanas en gesto de oración. Dichos elementos aparecieron acompañados de una documentación arqueológica singular, consistente en industrias líticas talladas y pulimentadas, pequeños cantos rodados numéricamente muy abundantes, conchas de diversos moluscos y un lote de huesecillos de fauna quemados. Es posible que se trate de parte de un ajuar funerario, aunque no pueden descartarse otras hipótesis de tipo ritual. Palabras clave: Península Ibérica; Calcolítico; piedras betílicas; ídolos; orantes; prácticas funerarias. [en] The implored heaven. Piedrahíta’s chalcolithic prayers (Montellano, Seville) and its archaeological context Abstract: This article expounds a series of archaeological materials from the chalcolithic site of Piedrahíta, located in a village called Montellano (Seville). Bone and stone pieces traditionally interpreted as small idols are analyzed deliberately, although we lean towards an interpretation of them as human representations in a motion of prayer. These elementswereaccompaniedbyauniqueandremarkablearchaeologicaldocumentation,definedbylithicindustries carved and polished, a generous number of boulders along with shells of several dissimilar mollusks and a batch of burnt fauna bones. It could be considered part of grave goods, even though there are other ritual hypotheses that cannot be ruled out. Keywords. Iberian Peninsula; Chalcolithic; betylic stones; idols; prayers; funerary practices. Sumario: 1. El yacimiento. 2. El Conjunto 1. 2.1. Orantes. 2.1.1. Orantes de hueso. 2.1.2. Orantes de piedra. 2.3. Útiles líticos. 2.4. Ofrendas animales. 3. Estudio crítico e interpretación. 4. Conclusiones. 5. Agradecimientos. 6. Bibliografía. Cómo citar: Escacena Carrasco, J. L.: Flores Delgado, M. (2019): El cielo implorado. Orantes calcolíticos de Piedrahíta (Montellano, Sevilla) y su contexto arqueológico. Complutum, 30(1): 107-130. 1 Departamento de Prehistoria y Arqueología. Universidad de Sevilla. [email protected] 2 Grupo de Investigación Tellus (HUM-949 del PAIDI). Universidad de Sevilla. [email protected] 1. El yacimiento Piedrahíta es el topónimo con el que se conoce una pequeña loma situada en las inmediaciones del casco urbano de Montellano, municipio de la provincia de Sevilla. Se ubica en el polígono industrialdelmismonombre(fig.1).En2010 el sector de los hallazgos aquí estudiados (solar nº 12 de la calle Herrero) se rebajó de cota para la construcción de un tanatorio, obras que afectaron a un enclave de época prehistórica y medieval. Ante la destrucción que estaba experimentando el yacimiento, el material arqueológico del talud del fondo del inmueble fue QUINTAS_Complutum30(1).indd 107 12/9/19 12:32
108 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 recogido por uno de los autores (MFD), a la sazón estudiante de enseñanza media en el IES Castillo de Cote. Toda la documentación entonces recopilada se encuentra en la actualidad en proceso de entrega al Museo Arqueológico de Sevilla. El yacimiento arqueológico fue reconocido por vez primera en los trabajos de F. Collantes de Terán, posiblemente como parte de su labor recopilatoria para la preparación del Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla (Hernández Díaz et al. 1939 ss.). Por estar inacabada la edición de esta obra no se llegó a publicar el municipio de Montellano, pero la documentación correspondiente a esta localidad se conserva en el archivo personal de este investigador, hoy en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla por cesión de su familia1. Collantes describe una serie de silos localizados al noroeste del casco urbano de Montellano, en el talud de la carretera que conduce al Coronil, hoy A-3205. Entre estas fosas se citan dos que se comunican por su base, una característica constatada en algunos otros sitios calcolíticos que cuentan con este tipo de estructuras negativas. En un estudio posterior llevado a cabo para la realización de la carta arqueológica de la zona, se adscribe también Piedrahíta a la Edad del Cobre (Oria et al. 1990: 95). En ambos casos, sus autores indican la existencia de restos arqueológicos de épocas posteriores. Para la elaboración del presente artículo hemos visitado el lugar, constatando la abundancia de material arqueológico calcolítico en superficie,aunqueahoraéstenohasidorecogido. De ahí que lo presentado en este artículo corresponda sólo a los restos recopilados cuando se destruyó la parte ya indicada del yacimiento.Lasuperficiequemuestraevidencias arqueológicas tiene una extensión de unas 60 ha. En ella aparecen restos básicamente pertenecientes a la Edad del Cobre y a tiempos almohades. En la literatura especializada no se citan construcciones que puedan sugerir una posible función del enclave. Tampoco hemos observado indicios de las mismas en nuestra inspección reciente. Así que desconocemos en principio si se trata de un asentamiento, de una necrópolis o de ambas cosas; y ello a pesar de que la documentación que aquí aportamos tiene muchas probabilidades de haber pertenecido a una sepultura. Aunque el topónimo pueda sugerirlo, no se han constatado grandes bloques de piedra que permitan pensar en construcciones megalíticas. La mejor fuente de información sobre la cronología general del yacimiento está representada por los restos cerámicos. Entre éstos pueden citarse los cuencos en forma de casquete esférico, que constituyen el tipo más elemental. También abundan las fuentes planas y de gran diámetro, conocidas en la bibliografía especializada como platos de borde engrosado o almendrado. La colección de elementos res- Figura 1. Situación del yacimiento de Piedrahíta. QUINTAS_Complutum30(1).indd 108 12/9/19 12:32
109 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 catados en su día dispone también de un solo fragmento de vasija con decoración campaniforme. A esta documentación hay que añadir algunas piezas líticas, entre las que cabe citar láminas,puntasdeflechayhachaspulimentadasendiferentesrocas(fig.2).Estoselementos permiten ofrecer una datación del III milenio a.C. para la fase prehistórica del yacimiento, sin que pueda descartarse su ligera perduración en el siguiente. En Valencina, lugar donde se valoraron por primera vez los grandes platos como material típicamente calcolítico (Ruiz Mata 1975), la cronología conseguida no hace mucho para dicha forma cerámica está centrada precisamente en el III milenio a.C., con presencia ya en su primera mitad según demuestra el hipogeo funerario de Montelirio (Bayliss et al. 2016: 498). Sobre el testimonio campaniforme debemos señalar que algunos yacimientos andaluces han proporcionado fechas bastante antiguas para esta variedad de vasijas (Molina et al. 2017: 261); pero otros alargan su vida hasta comienzos del II milenio a.C. (García Rivero y Escacena 2015: 31). Figura 2. Piedrahíta. Los materiales prehistóricos constatados en superficiecorrespondenamomentoscalcolíticos. QUINTAS_Complutum30(1).indd 109 12/9/19 12:32
110 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 Dentro del yacimiento de Piedrahíta, los materiales que ahora vamos a estudiar pormenorizadamente se hallaron, como hemos avanzado, en el talud de un rebaje del terreno ubicado unos 20 m al norte del actual cementerio municipal. En su día, se conservaba en este terraplén una mancha negruzca de la que procedían al parecer los principales hallazgos. Este nivel ceniciento presentabaformatumularenelperfildeltalud ocasionado por el rebaje del terreno, con una anchura en la base de unos 2 m y una altura en su parte central de 50 cm aproximadamente. Todo este pequeño montículo pudo estar forrado con una capa de guijarros de tendencia esférica de unos 5 cm de diámetro máximo, pues en el talud de los hallazgos se conservaba una hilera que coronaba la estructura. La cima de este microtúmulo se hallaba a unos 60 cm de profundidad. La tierra adherida al material arqueológico indica que todo él procedía de esta estructura, ennegrecida posiblemente por acción del fuego. De hecho, alteraciones por combustión se han detectado, como veremos, en varias piezas líticas y óseas. Parece que éstas se quemaron parcialmente en un episodio que precedió a laamortizaciónfinaldeldepósito,procediéndose posteriormente a su cubrición. Estos detalles sugieren la práctica en su día de alguna actividad ritual de tipo religioso, fuera o no de carácter funerario. La documentación arqueológica de este pequeño túmulo, al que denominaremos en adelante “Conjunto 1” -C1 como sigla de sus materiales-,consistíaendiversasfigurillasmuy esquemáticas de antropomorfos en oración, un numeroso lote de pequeños cantos rodados de tendencia cilíndrica que podrían interpretarse como microbetilos, diversos instrumentos líticostalladosopulimentadosy,finalmente, restos faunísticos que formarían parte de una hipotética ofrenda. Algunas de estas piezas conservan aún restos de ocre rojizo, sin que podamos saber si iban pintadas en origen o quedaron impregnadas de esta coloración por la presencia de algunos glóbulos de almagra tambiénlocalizadosenellote(fig.3). 2. El Conjunto 1 Como hemos indicado, el presente artículo está destinado a estudiar los materiales arqueológicos localizados en un punto concreto del citado yacimiento de Piedrahíta. El hallazgo nos haparecidosuficientementesingulareimportante como para dedicarle el presente estudio particular. De hecho, el primer elemento que vamosaanalizar,queconsideramosfigurasde personajes en gesto de oración, no es especialmente característico de la Edad del Cobre del Guadalquivir inferior, siendo en cambio más común en el sureste de la Península Ibérica y en Andalucía oriental. Al menos esto puede desprenderse de los datos publicados. Si comenzamosporestasfigurillas,catalogadasen muchas ocasiones como “idolillos”, es porque la hipótesis interpretativa del Conjunto 1 queda mejor ordenada teniéndolas por elementos que vertebran la posible interpretación de todo el hallazgo. 2.1. Orantes El primer gran catálogo dedicado a este tipo de piezas corresponde a la monografía de M.J. Almagro Gorbea (1973). El propio título de dicha obra, Los ídolos del Bronce I Hispano, revela que su autora las incluyó entre otras muchas tradicionalmente consideradas representaciones de divinidades. Esto permitió de alguna forma la consolidación de un axioma interpretativo que ha durado hasta nuestros días,puescasisiempresedefinencomoídolos, en concreto como “ídolos almerienses” por su abundancia en la provincia de Almería. Su carácter especialmente esquemático ha provocado indudables problemas de lectura. De hecho, al no reconocerse con claridad el gesto que expresan -en nuestra opinión la acción de rezar alzando los brazos al cielo-, ni siquiera se ha sabido en muchas ocasiones la posición en que colocarlas para facilitar su interpretación. Si aquí nos hemos decidido por presentarlos con las extremidades laterales dirigidas hacia Figura 3. Nódulo de almagra (óxido de hierro) procedente del Conjunto 1. QUINTAS_Complutum30(1).indd 110 12/9/19 12:32
111 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 arribaesprecisamenteporhaberlasidentificado como tales orantes, aceptando una evoluciónhacialaabstraccióndesdelasfigurasmás realistas, plasmadas en la cerámica neolítica hispana y en el arte rupestre macroesquemático, hasta las más sintéticas fechadas en la Edad del Cobre. La misma evolución hacia el esquematismo puede justificar que determinadasfigurillasdeorantesllegaranasiluetas prácticamente cruciformes, con lo que esta últimavariedad,definidatambiéncomo“idolillos” por M.J. Almagro Gorbea, aumentaría el repertorio de manifestaciones similares a las que ahora nos ocupan. El grupo de orantes de Piedrahíta está compuesto por un número mínimo de 12 ejemplares(fig.4).Deellos,tresestánelaborados en piedra, mientras que al menos nueve se fabricaron en hueso. Aparecieron en elflancooestedelatierranegruzcadelpequeño túmulo ya citado. Todos están fracturados, posiblemente como efecto térmico por la presencia cercana de fuego. De hecho, los de hueso presentan algunas partes ennegrecidas por haberse quemado, y muestran colores que, sin llegar al gris y al blanco de la calcinación completa, recorren el resto de la gama cromática publicada por J.L. Pascual (2002: 162), indicando su mayor o menor proximidad a la fuente de calor, el tiempo de permanencia junto a ella y la posible temperatura alcanzada. La propia rotura de los de piedra puede haber sido resultado de esta misma accióncalorífica(tabla1). Número Sigla Material Gramos Color 1 PH-10-C1-1 Hueso 1,9 Castaño/Negruzco 2 PH-10-C1-11 Hueso 1,7 Negruzco/Castaño 3 PH-10-C1-20 Hueso 0,6 Castaño 4 PH-10-C1-4 Hueso 0,2 Negro 5 PH-10-C1-17 Hueso 1,3 Negruzco 6 PH-10-C1-12 Hueso 0,6 Castaño/Negruzco 7 PH-10-C1-10 Hueso 0,6 Negruzco/Castaño 8 PH-10-C1-8 Hueso 0,8 Negruzco 9 PH-10-C1-9 Hueso 0,9 Negruzco/Castaño 10 PH-10-C1-7 Hueso 1,0 Castaño/Negruzco 11 PH-10-C1-25 Pizarra 0,7 Parduzco 12 PH-10-C1-6 Hueso 0,5 Castaño/Negruzco 13 PH-10-C1-13 Hueso 1,6 Castaño 14 PH-10-C1-14 Hueso 2,4 Negruzco 15 PH-10-C1-15-16 Hueso 2,2 Negro 16 PH-10-C1-2 Hueso 0,5 Negruzco 17 PH-10-C1-18 Hueso 2,2 Castaño 18 PH-10-C1-19 Hueso 1,8 Negruzco 19 PH-10-C1-24 Cuarcita 0,9 Blancuzco 20 PH-10-C1-21 Hueso 1,4 Negro 21 PH-10-C1-22 Hueso 2,2 Negruzco 22 PH-10-C1-23 Cuarcita 2,0 Blancuzco 23 PH-10-C1-3 Hueso 0,2 Negruzco 24 PH-10-C1-5 Hueso 0,2 Negro Tabla 1. Descripción y composición del grupo de orantes, todos procedentes del Conjunto 1. Sólo la pieza 11 carece de marcas de fuego. La 22 conserva restos de almagra. QUINTAS_Complutum30(1).indd 111 12/9/19 12:32
112 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 2.1.1. Orantes de hueso Laspiezasóseassetrabajaronsobrefinasláminas pertenecientes a huesos de animales cuyaespeciehasidoimposibleidentificar.Tal vez se utilizaron aquellos elementos del esqueletoqueofrecíansuperficiesplanasadecuadas alfinperseguido(¿omóplatos?),perotampoco pueden descartarse otras partes menos aptas una vez manipuladas de alguna forma para hacerlas maleables, por ejemplo sometiéndolas a determinado grado de humedad. En cualquier caso, no tenemos indicios de que el hueso empleado como materia prima se cociera. Esto habría hecho desaparecer el colágeno, con lo queelresultadoseríansuperficiesblanqueci- Figura 4. Grupo de orantes del Conjunto 1 de Piedrahíta. QUINTAS_Complutum30(1).indd 112 12/9/19 12:32
113 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 Figura7.Enlafilasuperior,siluetasdelos orantes de piedra más completos de Piedrahíta. Debajo, paralelos procedentes de La Pernera y Loma de la Torre 4, tomados de AlmagroGorbea(1973:fig.4,11y12). Figura 6. Siluetas de orantes de hueso de Piedrahíta con cuerpo rectangular (izquierda PH-10-c1-21) y subcircular (derecha PH-10-C1-17). Figura 5. Siluetas de orantes. En el recuadro la pieza PH-10-C1-15/16 de Piedrahíta. Fuera del marco, paralelos procedentes de El Pozuelo (izquierda), a partir de Cerdán et al. (1952: lám. X, 34) y de Perdigões(derecha),apartirdeValera(2012:fig.1,1). nas y muy frágiles no observadas en el estado actual de los distintos ejemplares. A partir del número de restos conservados puede determinarse la cantidad mínima de individuos. Para llegar al número que proponemos hemos tenido en cuenta que en el registro arqueológico más cercano a Piedrahíta en cronología y geografía con piezas similares se han documentado ejemplares tripartitos. Se trata de siluetas antropomorfas que disponen de tres triángulos. Dos de esos triángulos van unidos por sus vértices y forman el cuerpo del personaje, con diseño de “reloj de arena”; el tercero, alusivo a la cabeza, se dispone con el vértice hacia abajo para indicar el estrechamiento del cuello. Los casos conservados completos que nos proporcionan el arquetipo son, por ejemplo, los de El Pozuelo o los de Perdigões(fig.5).Enestosmodeloslafigura humana quedaría limitada a sendos triángulos correspondientes a la cabeza, al tronco y a las extremidades inferiores. Otras variedades de Piedrahíta responden a patrones sin paralelos mueblesconocidos(fig.6). QUINTAS_Complutum30(1).indd 113 12/9/19 12:32
114 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 Figura 8. Grupo de pequeños cantos rodados interpretables como microbetilos. Todos proceden del Conjunto 1. 2.1.2. Orantes de piedra Los ejemplares pétreos componen un grupo de tres piezas, al parecer pertenecientes a su vez a tres orantes distintos porque entre ellas no unen. Dos se fabricaron en cuarcita de color claro, y la tercera en material pizarroso de tono parduzco. Al menos las dos primeras presentan evidencias de contacto con fuego por estar ennegrecidas, rasgo que no se observa con claridad en la tercera. Una de las cuarcita conserva además restos de almagra en la cara quemada. Los dos orantes de color blanco obedecen claramente al modelo tripartito ya comentado, QUINTAS_Complutum30(1).indd 114 12/9/19 12:32
115 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 mientras que el tercero resulta de imposible clasificación por conservarse sólo muy parcialmente. La versión en piedra de los orantes de Piedrahíta también dispone de paralelos que ilustransuinterpretacióncomofigurasimplorantes(fig.7). 2.2. Microbetilos Entre los hallazgos del Conjunto 1 se cuentan 86 pequeños cantos rodados, con formas tendentes al cilindro, que aquí denominaremos “microbetilos”. Le aplicamos este término por la interpretación simbólica que hacemos de los mismos(fig.8).Casiningunoesdematerial demasiado lejano, de manera que pudieron recogerse del entorno del yacimiento, tal vez en cauces de agua cercanos. De hecho, muestran erosión fluvial. En casi ninguno se observa manipulación antrópica. Sólo el ejemplar PH- 10-C1-51 presenta un ligero pulimento intencionado en ambos extremos. En su mayoría pertenecen al grupo de las cuarcitas. Sus colores van desde los tonos grisáceos claros a los blancuzcos; otros oscilan entre el color castaño y el beis. Sólo una pieza es de tendencia rojiza, sin que pueda descartarse que esta coloración la haya adquirido por contacto con los restos de almagra observados en el Conjunto 1 o incluso por un proceso de rubefacción por fuego. Algunos conservan claramente pequeñas motas de óxido de hierro como producto de una posible impregnación con esta sustancia. En el lote hay piezas con una de sus caras ennegrecidas por su proximidad a una fuente de fuego o aceniza.Esenesteflancomásoscurodondese localizan los puntos de almagra, lo que revela que tal vez se espolvoreó dicha materia rojiza con posterioridad al momento en que se llevara a cabo un posible ritual de fuego (tabla 2). Número Sigla Color Material Gramos Marcas de fuego 1 PH-10-C1-26 Amarillento ¿Cuarcita? 26,5 Sí 2 PH-10-C1-27 Castaño oscuro Basalto 13,0 No 3 PH-10-C1-28 Castaño claro Cuarcita 18,7 Sí 4 PH-10-C1-29 Rojizo ¿Cuarcita? 10,5 Sí 5 PH-10-C1-30 Castaño Cuarcita 13,0 Sí 6 PH-10-C1-31 Amarillento Cuarcita 8,3 Sí 7 PH-10-C1-32 Castaño Cuarcita 19,5 Sí 8 PH-10-C1-33 Beis Cuarcita 10,5 Sí 9 PH-10-C1-34 Grisáceo Cuarcita 14,3 Sí 10 PH-10-C1-35 Grisáceo Cuarcita 5,0 Sí 11 PH-10-C1-36 Grisáceo Cuarcita 4,5 Sí 12 PH-10-C1-37 Castaño Cuarcita 4,0 Sí 13 PH-10-C1-38 Grisáceo Cuarcita 2,5 Sí 14 PH-10-C1-39 Negruzco Cuarcita 4,5 Sí 15 PH-10-C1-40 Beis Cuarcita 4,0 Sí 16 PH-10-C1-41 Negruzco Cuarcita 3,7 Sí 17 PH-10-C1-42 Castaño oscuro Cuarcita 2,0 Sí 18 PH-10-C1-43 Beis Cuarcita 3,0 No 19 PH-10-C1-44 Beis Cuarcita 1,5 Sí 20 PH-10-C1-45 Grisáceo Cuarcita 3,0 Sí 21 PH-10-C1-46 Castaño claro Cuarcita 3,5 Sí 22 PH-10-C1-47 Beis Cuarcita 2,0 No 23 PH-10-C1-48 Beis Cuarcita 2,0 No 24 PH-10-C1-49 Castaño claro Cuarcita 1,5 Sí 25 PH-10-C1-50 Beis Cuarcita 1,3 No QUINTAS_Complutum30(1).indd 115 12/9/19 12:32
122 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 caso, diversos ejemplares procedentes de otras culturas mediterráneas que plasmaron tales personajes con más detalle revelan la posibilidad de estar ante los pliegues de la vestimenta que cubría esa parte del cuerpo. Al elevar los brazos, el ropaje quedaba precisamente en esa posicióncurva(fig.18).Aunqueentrelosorantes de Piedrahíta no contamos con la modalidad de brazos extendidos en horizontal, sospechamos que los denominados “idolillos cruciformes” calcolíticos hispanos, tan abundantes en el extremo oriental de Andalucía, están representando también este gesto de oración a la divinidad. De hecho, las piezas con brazos en cruz suelen aparecer en los mismos contextos que las que los dirigen hacia arriba, como demuestra la necrópolis granadina de Los Churuletes (De la Peña 1986: 111). Figura 18. A la izquierda, orante de hueso de Piedrahíta (PH-10-C1-15/16). A la derecha, orante micénico en cerámica, a partir del catálogo de la exposición El Mundo Micénico. Cinco siglos de la primera civilización europea. 1600-1100 a.C. Ministerio de Cultura, Madrid, 1992, pág. 279. Elevar los brazos al cielo representó el ges- to más frecuente en el mundo antiguo para expresar la idea de orar, rendir culto, alabar, etc. Dicha acción sólo tiene sentido si asumimos queelfirmamentoeralaresidenciadelasdivinidades, y que éstas eran los propios astros. Peroafirmarquelasculturasprehistóricasdivinizaron a los distintos cuerpos celestes podría cambiarse por un enunciado más acorde con la posible realidad: la historia posterior ha convertido a los dioses ancestrales en simples astros. De esta forma, el Sol era el principal numen sagrado y éste a su vez era el Sol. Muchas culturas prehistóricas y antiguas orientaron sus templos y sus tumbas hacia puntos concretos del cielo. La Edad del Cobre da buena cuenta de ello, sobre todo en lo que se refierealmegalitismoyaotroscomplejosfunerarios (Valera 2008; González García 2009; Hoskin 2009). Esto podría explicar que muchas figurillas hispanas de orantes correspondan a necrópolis calcolíticas. La atracción que los aspectos arqueoastronómicos ejercen sobre el público no especializado puede equipararse, de alguna forma, con un equívoco muy frecuente también en los ambientes académicos. Por ello se suele creer que los antiguos estudiosos del cieloloanalizabanconloscriterioscientíficos actuales aunque con menos medios. Es ésta la idea que deberíamos cambiar por otra que tal vez se acerque más a la realidad. Si investigaban los rasgos y comportamientos de los dioses –paranosotroslosastros-sutareapuededefinirse como teología y no como astronomía. En las civilizaciones con escritura, nombres del tipo Altísimo, Excelso o Señor de la Luz, por ejemplo para referirse a la divinidad solar, sugieren estaidentificaciónentreastrosydioses.Dichos términoscontienensignificadosquetienenque ver con la distancia entre la Tierra y el Sol, pero QUINTAS_Complutum30(1).indd 122 12/9/19 12:32
123 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 también con la capacidad de éste para generar energíaluminosa.NoesqueelSol=diossecreyera una entidad de gran tamaño, sino que estaba situado a gran altitud; según los datos de la época, sobre todos los demás elementos celestes móviles. Si la equivalencia que proponemos entre los dioses prehistóricos y nuestros astros fuera cierta, podemos aceptar que la mejor forma de estudiar este asunto es mediante una distinción clara entre los enfoques antropológicos emic y etic. Esta doble perspectiva facilita la interpretación de muchas imágenes arcaicas que entonces serían religiosas (emic) y hoy simplemente astrales (etic). Igualmente, suministra explicacionesverificablesacercadelsignificado simbólico de las orientaciones astronómicas delosedificios,yporsupuestosobrelasfigurillas de orantes que ahora estudiamos. Lafórmuladioses=astrosnopuedegeneralizarse a todos los cuerpos celestes, ya que no todo el conjunto de estos últimos se tuvo por sagrado. Las divinidades podían verse a diario. No eran desde luego realidades desprovistas de materia. Como el Sol, la Luna y los planetas se desplazaban constantemente por delante de un plano más estático y lejano, el movimiento constituyó la garantía de que eran entes vivos. Para las religiones politeístas, nuestra estrella era sin duda el ser supremo, jerarca trascendente y cúspide del rango cósmico; y ello a pesar de que se desconocía que los demás girabanasualrededor.Dichaestratificaciónde la bóveda celeste es sin duda la razón de que los megalitos dispongan casi siempre de orientaciones solares. También podría ser la clave para interpretar la distribución de los distintos elementos que conforman el Conjunto 1 de Piedrahíta. En él, los orantes se sitúan al oeste de la representación, junto al límite del pequeño círculo tumular, y casi todos los demás objetos frente a ellos. Esta composición de la escena sugiere que los personajes representados por los orantes antropomorfos podrían mirar hacia Oriente como punto de salida de la divinidad solar, momento del día en que se llevaría a cabo uno de los rezos principales. En la pequeña escena religiosa que parece formar el Conjunto 1 de Piedrahíta quedan por explicar los numerosos guijarrillos que hemos querido interpretar como diminutos betilos. A este respecto, sabemos que determinadas piedras adoradas en algunos templos antiguos mediterráneos eran posibles meteoritos, cuando no simples rocas que, por sus rasgos externos, color o composición, se creían caídas del cielo (Ribichini 1985: 121). A diferencia de otras imágenes sagradas, que aludían a los dioses sin participar de su naturaleza divina -ex- votos,figurillasapotropaicasdeusopersonal, estatuas de culto, etc.- las rocas betílicas sí se tenían por una porción de las divinidades llegada hasta la Tierra. Y gracias a determinados Figura 19. Rezando a los astros/dioses: 1, expresión egipcia indicativa del rezo del amanecer, a partir de Erman y Grapow (1982: 426-428) y Faulkner (1991: 310); 2, vaso neolítico procedente de Alhama de Granada; 3, recipiente neolítico de Cova de la Sarsa. QUINTAS_Complutum30(1).indd 123 12/9/19 12:32
124 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 hallazgos neolíticos de la Península Ibérica, unos más evidentes (Carrasco et al.2015:fig. 6) y otros más inseguros (Pérez Botí 2001: 51 yfig.7,5315),ahorasabemosquelaconsideración de los dioses como seres uranios es deraízprehistórica(fig.19).Enconsecuencia, podemos concluir que las piezas calcolíticas hispanas tenidas tradicionalmente por “ídolos” no son en realidad representaciones de tales númenes (Escacena 2017-18). El mundo antiguo pudo heredar desde la Prehistoria el uso de betilos, siempre concebidos como cilindros o conos pétreos que a veces pueden adquirir forma fálica (Seco 2010: 35). Es más, es posible incluso que se fabricaran a veces en barro, como una pieza tardoneolítica de Papa Uvas, en Aljaraque (Huelva), interpretadaasíporJ.C.MartíndelaCruz(1985:fig. 96, b), o las calcolíticas del tholos de Montelirio, de arcilla verde y pintadas de rojo con cinabrio (Bueno et al. 2016: 380-382). Al menos en algunas tradiciones religiosas mediterráneas la costumbre de encarnar al dios en una piedra se remonta a tiempos muy viejos (Stockton 1974-75; Falsone 1993), y conoció versiones donde esa manifestación lítica de la divinidad se pintaba de rojo (González Echegaray 1977: 34). De hecho, la misma realidad fueron posiblemente los menhires megalíticos, considerables como la morada del dios o incluso el propio dios. Así se han interpretado por ejemplo, dentro de la propia Andalucía, los menhires neolíticos de Casas de Don Pedro, en Belmez (Córdoba), como epifanías divinas (Gavilán y Escacena 2009a: 333). Al no ser una reproducción de la imagen divina, sino la misma deidad, tanto en los templos como en otros ambientes simbólicos, fuesen o no funerarios, podían ser compatibles el betilismo y el aniconismo; y más cuando en las etapas iniciales del fenómeno aún no han surgido o no se han generalizado las representaciones antropomorfas de los dioses. Como la propia historia delapalabra“betilo”aludeaestaidentificación con la sustancia divina materializada en una piedra, nuestra hipótesis es que los 86 pequeños cantos rodados del Conjunto 1 podrían interpretarse como plasmación de las miríadas de cuerpos celestes divinos o divinizados que paraaquellasculturaspoblabanelfirmamen- to. Es posible que el mundo calcolítico hispano tuviera por dioses principales al Sol y a los cinco planetas conocidos antes del invento del telescopio (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), cuya representación conocemos en cuencos funerarios de la época (Escacena 2011-2012). Coincidiría con otras culturas mediterráneas del momento en no considerar la Tierra otro cuerpo celeste más. Si a este grupo le sumamos la Luna y el propio Sol, resultaría un heptapanteón no coincidente con la cantidad de microbetilos de Piedrahíta. Sin embargo, muchas culturas antiguas heroizaban a sus difuntos una vez que alcanzaban el paraíso celestial. Por eso no es contradictorio asumir un grupo de dioses principales conviviendo con un ejército celestial de personajes divinizados correspondientes a los propios ancestros familiares ya fallecidos. Diversas civilizaciones antiguas del Mediterráneo oriental, de las que poseemos elocuentes textos sobre estos temas, participaron de este concepto del Más Allá. Sin ir más lejos, los cananeos reconocían la santidad de los antepasados difuntos que habían alcanzado la Eternidad, denominados rephaim o rapiuma, a quienes se les dedicaban oraciones y determinados cultos (Xella 1987: 140); pero podríamos citar muchos otros casos bien conocidos. De hecho, fue una creencia muy común en casi todas las culturas de la época. La extraordinaria cantidad de piedrecillas de tendencia cilíndrica que forma este grupo de Piedrahíta nos ha sugerido una interpretación que supere la mera constatación de un lote de guijarrillos. Elementos similares, aunque en menor cantidad, se han encontrado en otros yacimientos pertenecientes también a la Edad del Cobre. Pero, al ser mucho menor su número, han podido ser confundidos con simples cantos rodados naturales presentes allí por azar. Otras veces, aun habiendo merecido la atención de los excavadores, ésta no se ha materializado en interpretación concreta alguna. Un grupo aún inédito de pequeños cilindros pétreos, muy parecidos a los de Piedrahíta aunque ligeramente mayores, procede de la Cueva Chica de Santiago, en la localidad sevillana de CazalladelaSierra(fig.20).Sehallaronenlas excavaciones realizadas en 1976 y 1980, y se guardan en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla. Aunque P. Acosta y M. Pellicer, responsables de los trabajos de campo en esta cavidad de Sierra Morena, no llegaron a publicarlos ni a poderlos interpretar, creemos hoy que se trata de microbetilos con la misma función que los aquí analizados. En Cueva Chica aparecieron también en niveles de la Edad del Cobre, aunque el yacimiento contiene una importante estratigrafía neolítica anterior con alguna pieza. QUINTAS_Complutum30(1).indd 124 12/9/19 12:32
125 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 La presencia en la fase calcolítica de varios “ídolos” -dos completos en sendas falanges y parte de un tercero de tipo placaindicaría que el sitio fue usado como cueva funeraria, ya que estasfigurillasseregistranlamayorpartede las veces en tumbas. También se han interpretado como betilos otros cantos rodados de mayor tamaño aparecidos en megalitos u otras estructuras funerarias calcolíticas del mediodía ibérico, sin que dispongamos aún de un corpus exhaustivo de los mismos. En el dolmen de Alberite, en Villamartín (Cádiz), se documentó un betilo en roca caliza que presenta pulimento y manchas de ocre (Ramos y Giles 1996: 134 y 174). Hay también referencias a unas piezas parecidas procedentes del yacimiento extremeño de La Pijotilla, en Solana de los Barros (Badajoz). En la tumba 3 de esta necrópolis muchas piezas presentan tamaños similares a las de Piedrahíta, y se distribuyen de manera aleatoria por casi toda la estructura (Hurtado et al. 2000: 264). De mayor tamaño aún que estos últimos son los cantos rodados encontradosenlacuevaartificialfunerariade La Huera, en el extremo oriental de la extensa necrópolis de Valencina de la Concepción-Cas- tilleja de Guzmán. En esta sepultura se han interpretado como elementos “betiloides” (Méndez 2013: 305). Otro lote procedente de Almadén de la Plata, en la Sierra Morena sevillana, está formado por quince piezas, que en algún caso conservaban restos de pigmentación roja (Polvorinos et al. 2001). 4. Conclusiones Si estos hallazgos de Piedrahíta representan alguna singularidad respecto a otros contextos rituales del Calcolítico ibérico suroccidental, essindudalaqueserefierealnutridogrupode figurillasdeorantes.Dehecho,elgestoritual que muestran los personajes representados es tan elocuente que nos ha proporcionado una hipótesis explicativa verosímil para los guijarrillos aquí considerados microbetilos, también tan abundantes. Igualmente, ambos lotes de elementos ayudan a interpretar otros detalles de todo el contexto. La colección de orantes del Conjunto 1 de Piedrahíta forma de momento el grupo más numeroso de cuantos conocemos en Andalucía occidental y sur de Portugal, y en cambio coincide más con ambientes calcolíticos de Andalucía oriental y del sureste español. Al estar realizados muchos de ellos sobre pequeñas láminas de hueso muy deleznables, sospechamos que su conservación en Piedrahíta ha podido deberse a determinadas circunstancias especiales del sedimento y de los propios objetos, en parte ligeramente endurecidos por los evidentes efectos del ritual de fuego que se llevó a cabo en el momento de su depósito. Esto supondría aceptar que la realidad de la época pudo ser, en el mediodía ibérico, distinta de la que sugiere el registro arqueológico, y que por tanto este caso no sería tan singular como hoy aparenta. Aun así, parece que Andalucía occidental muestra en este aspecto un panorama algo distinto al de la parte oriental de la región. De hecho, y a pesar de lo mucho excavadoenValencina,noconocemosfigurillas de orantes de este tipo procedentes de esta enorme necrópolis. En apoyo de estas propuestas puede argumentarse que, aun siendo hoy menos abundantesestasfigurillasenotrossitiosdelaEdad del Cobre del suroeste hispano, allí donde aparecen van acompañadas de unos contextos bastante parecidos al de Piedrahíta. Esos ambientes son generalmente de tipo funerario, de ahí que otra necesaria conclusión sea proponer que nos hallamos ante las evidencias de un ritual mortuorio, cuyas demás manifestaciones pueden permanecer aún en las inmediaciones del lugar del hallazgo. Claros apoyos a esta deducción lo ofrecen, por ejemplo, los yacimientos de Perdigões y Lapa do Bugio. En Perdigões, el orante que ya hemos citado, elaborado en hueso y con rasgos anatómicos bastante re- Figura 20. Microbetilos calcolíticos de la Cueva Chica de Santiago (Cazalla de la Sierra, Sevilla). QUINTAS_Complutum30(1).indd 125 12/9/19 12:32
126 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 alistas en comparación con la serie conocida, corresponde al ajuar de la Tumba 2 (Valera et al. 2014: 41-42), donde va acompañado de una cuernadeciervo,puntasdeflecha,lúnulasy representaciones zoomorfas; también de elementos que pueden estar cargados de mensajesdeduelo,comolasfigurillasconrasguños faciales y el vasito de lágrimas y sangre (Escacena2016).EnLapadoBugio,lafigurade orante pertenece a una modalidad con cintura poco marcada y brazos sólo ligeramente indicados por sus hombros apuntados hacia arriba. Esta variante se aproxima tipológicamente a nuestra pieza de cuerpo rectangular (PH- 10-C1-21), y aparece acompañada en dicha necrópolis portuguesa de pequeños guijarros de tendencia cilíndrica -algunos con una cabeza insinuadaque pueden interpretarse también como microbetilos, y además por hachas pulimentadas e instrumentos líticos tallados en sílex, entre otros ajuares (Cardoso 1992: fig.46.6).Porotraparte,yahemosseñalado con anterioridad que en La Pijotilla las piezas cilíndricas de piedra que hipotéticamente podrían corresponder a pequeños betilos aparecen también en un ambiente sepulcral, con presencia en dicho contexto de los elementos que caracterizan al ritual mortuorio calcolítico del sur de la Península Ibérica: vasos cerámicos, figurillasantropomorfas,puntasdeflecha,hachas de piedra, láminas de sílex, etc. (Hurtado et al. 2000: 260-264). La interpretación general que podemos hoy hacer del Conjunto 1 de Piedrahíta es que se trata posiblemente de parte de un ajuar funerario datable genéricamente en la Edad del Cobre. Es imposible de momento precisar más su fecha. Aunque algunos de los paralelos contextuales que aquí hemos barajado podrían corresponder a momentos ligeramente tardíos de esta fase debido a la presencia en ellos de elementos típicos delCobrefinal,porejemploelcuencocerámico tipo Palmela con decoración campaniforme presenteenLapadoBugio(Cardoso1992:fig. 54, 1-2), en Perdigões el depósito en el que aparecieronlasfigurillasóseasdeorantesestá datado en 3090-2910 AC, en fecha calibrada a 2σ(Valera2012:24).Estacronologíaescompatible con la de los restos arqueológicos que se conocen hasta ahora de Piedrahíta, que parecen abarcar todo el III milenio a.C. e incluso introducirse ligeramente en el siguiente. El material aquí analizado no representa, pues, ninguna novedad especial en su interpretación genérica como posible ajuar funerario. Sin embargo, sí parece mostrar cierta singularidad en uno de sus rasgos principales, la abundanciadefigurillasdeorantesydemicrobetilos. De hecho, en Andalucía occidental estas segundas piezas han aparecido normalmente en escaso número dentro de cada contexto concreto, como ocurre en el sitio onubense de La Orden-Seminario (Garrido y Vera 2015: 153 y fig.3-B).Poresocreímosquetaleshallazgos necesitabanunartículoespecíficoparadarlos a conocer y para valorarlos. A esto debemos añadir una propiedad que nos parece digna de señalar, la posible existencia en la tumba a la que los hallazgos pertenecieran de un ritual de fuego, un hecho cada vez más valorado en el análisis de los gestos cultuales que acompañan a muchos contextos de la Prehistoria reciente (Rojo y Kunst 2002; Gavilán y Escacena 2009b: 114-117). En Piedrahíta, la acción ritual relacionada con el fuego se materializó en la “construcción” de una escenografía que dramatizaba, a pequeña escala, la liturgia de aquella acción cultual de tipo funerario. En ella, unos personajes (orantes), que posiblemente se clavaron en el suelo mirando hacia el este, ofrecían a los dioses y/o antepasados difuntos heroizados,yaenelcieloysantificadosconelcolor rojo espolvoreado sobre ellos (microbetilos), una pequeñas ofrendas de alimentos incinerados (huesecillos quemados), además de otros ajuares utilitarios y/o simbólicos (herramientas de piedra). La articulación en Piedrahíta de esta escena parecería especialmente extraña al registro controlado hasta la fecha si no fuera porque conocemos ya un caso parecido en el santuario calcolítico portugués de Gruta doCorreio-Mor,enLoures(fig.21),dondelos betilos se dispusieron agrupados ante un posible altar (Cardoso et al. 1995: 102-115), en una composición parecida a la encontrada en algunas sepulturas de Los Millares (Almagro y Arribas 1963: láms. CXLVII y CL). En dicho gesto de respeto y culto a los ancestros fallecidos, documentado en diversos monumentos megalíticos en asociación con imágenes antropomorfas (Bueno et al. 2016: 394-395), también quedaron afectados por el fuego directo, o por el calor de las ascuas y cenizas, algunas de lasfigurillasquepersonificabanalosfielesque rezaban y parte de los guijarrillos que ejercían el papel de betilos. Esta acción térmica puede considerarse efecto directo del calor emitido por la combustión de la ofrenda (huesecillos quemados), que se habrían incinerado en un QUINTAS_Complutum30(1).indd 126 12/9/19 12:32
127 Escacena Carrasco, J. L.; Flores Delgado, M. Complutum. 30(1) 2019: 107-130 altar de barro del que también se conservaron algunostrozosdebarroendurecido(fig.22). Altares de barro no faltan en el mundo funerario del Calcolítico ibérico meridional, siendo tal vez los mejores estudiados los registrados en el hipogeo de Montelirio (Fernández Flores y García Sanjuán 2016: 98-101). En otros yacimientos calcolíticos de la Península Ibérica se han señalado también rituales de fuego vinculados al mundo funerario. Algo parecido al de Piedrahíta es el caso de Los Morcales, en Barbadillo del Mercado (Burgos), donde, tras la quema de una sepultura y el uso de hogares debarro-¿altares?-,sesellótodoconuntúmulo de tierra forrado a su vez por un tapiz de gui- Figura 21. Gruta do Correio-Mor. Propuesta de interpretaciónescenográficadelosbetilos,según Cardoso et al.(1995:fig.12). Figura 22. Piedrahíta. Restos de la placa de barro que conformaba la base del altar en el que pudieron quemarse las ofrendas. jarros rematado con una estela-menhir (Rojo et al. 2002: 23-26). De momento, y a pesar de la circunstancias imprecisas que rodearon en 2010 a los hallazgos de Piedrahíta, creemos que la explicación aquí sostenida da cuenta de los datos que poseemos del que hemos denominado “Conjunto 1”, y advierte sobre la necesidad de registrar aún con más pulcritud cuantos contextos arqueológicos se aborden en los trabajos de campo con técnicas arqueológicas más precisas. 5. Agradecimientos Este artículo se ha elaborado en el marco del Grupo Tellus (HUM-949 del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación), radicado en la Universidad de Sevilla, y del Proyecto HAR2017-89004-P, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El estudio de los restos de fauna y de las placas en las que se fabricaron los orantes óseos conforma un amplio análisis imposible de incluir globalmente en este artículo, sobre todo debido a su amplitud. Lo mismo ocurre con las piezas talladas en sílex. Agradecemos a sus respectivos autores, Francisco Javier Luengo Gutiérrez y Victoria Aranda Sánchez, miembros también del Grupo Tellus, el permiso para adelantar aquí un escueto avance de sus informes, que se incluirán en una futura monografía más extensa sobre el yacimiento con las fotos realizadas por Rubén Parrilla Giráldez. Una primeraidentificacióngeológicadelosbetilos y de las piezas elaboradas en piedra pulimentada la debemos a Fernando Muñiz Guinea, del Departamento de Cristalografía, Mineralogía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla, y profesor de la asignatura Arqueogeología y Geoquímica en el Grado en Arqueología de esta misma universidad. QUINTAS_Complutum30(1).indd 127 12/9/19 12:32
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