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Redes sociales para superar la censura informativa: el caso de China y la revolución de los paraguas

Alonso González, Marián

Abstract

La Revolución de los Paraguas pone de manifiesto que la manipulación informativa continúa siendo un arma de desinformación utilizada por los gobiernos totalitarios. Partiendo de la premisa de que las redes sociales son un potente altavoz para dar a conocer la merma de derechos, proponemos un estudio documental bibliográfico sobre el ciberactivismo y la censura informativa que combinaremos con el análisis cualitativo no experimental a fin de evidenciar cómo las nuevas tecnologías de la información posibilitan un espacio de participación social y político que rechaza la injerencia de la China continental en las próximas elecciones en Hong Kong en 2017.

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2/6/2015 Redes sociales para superar la censura informativa: el caso de China y la revolución de los paraguas institucional.us.es/ambitos/ Marián Alonso González Universidad de Sevilla [email protected] English Version: The social network as a way to overtake the information censorship: the case of China and Umbrella Revolution Resumen La Revolución de los Paraguas pone de manifiesto que la manipulación informativa continúa siendo un arma de desinformación utilizada por los gobiernos totalitarios. Partiendo de la premisa de que las redes sociales son un potente altavoz para dar a conocer la merma de derechos, proponemos un estudio documental bibliográfico sobre el ciberactivismo y la censura informativa que combinaremos con el análisis cualitativo no experimental a fin de evidenciar cómo las nuevas tecnologías de la información posibilitan un espacio de participación social y político que rechaza la injerencia de la China continental en las próximas elecciones en Hong Kong en 2017. Palabras clave Redes Sociales, Censura, ciberactivismo, Hong Kong. Abstract The Umbrella Revolution shows how the manipulation of information remains a misinformation weapon used by totalitarian governments. Starting from the premise that social networks are a powerful speaker to publicize the loss of rights, we propose a bibliographic desk study on cyberactivism and information censorship which combine with non-experimental qualitative analysis to demonstrate how new information technologies allow a space for social and political participation that rejects interference from mainland China in the next elections in Hong Kong in 2017. Keywords Social Networks, Censorship, cyberactivism, Hong Kong. 1. INTRODUCCIÓN Internet se ha convertido en una herramienta de gran alcance para los ciudadanos a la hora de conocer los principales acontecimientos políticos y sociales en países donde los gobiernos censuran a los medios de comunicación. Además, permite difundir y hacer oír sus problemas internos al resto del mundo. A ello han contribuido de manera decisiva las redes sociales, las cuales democratizan la información y permiten a los usuarios participar de forma activa en la red a través de aplicaciones gratuitas de fácil manejo gracias a las cuales dejan de ser meros receptores de información para convertirse en emisores y productores de contenidos. Las comunidades virtuales interconectan a personas con afinidades comunes y por eso se han convertido en una herramienta clave a la hora de organizar movimientos sociales que encuentran en el ciberespacio un nuevo marco de comunicación para informar, organizarse y actuar, de forma que Internet y las redes sociales conforman no sólo una revolución tecnológica sino también social. 1/14 Dentro de este contexto surge un nuevo concepto, el “ciberactivismo”, entendido éste como el conjunto de tecnologías de la información que posibilitan comunicaciones más rápidas en los movimientos y difusión de información a una gran audiencia, generando una democracia digital que se vale de las nuevas tecnologías para reforzar la participación social y política. Las revueltas de Túnez y Egipto en la primavera de 2010 pusieron de manifiesto cómo las TICS, y en particular de las redes sociales, son herramientas vitales para promover la participación ciudadana y la creación de espacios de libertad de expresión, pero también para que el descontento popular pueda lograr un cambio político y una transformación democrática. Desde entonces se ha ido afianzando ese papel que otorga a las redes sociales un estatus de canal alternativo a la comunicación tradicional y un potente altavoz para dar a conocer a la comunidad internacional la merma de derechos en algunos países, entre ellos, la censura y los controles oficiales, al tiempo que facilitan “la libertad de expresión, opinión y de asociación, aunque esta sea virtual”. (Soengas, 2012:148) Este papel está más vigente que nunca, y de manera reciente ha vuelto a poner sobre el tapete de la actualidad internacional la censura que se sufre en China, un país que ocupa el puesto 175 de los 180 en el ranking mundial sobre libertad de prensa, tan sólo seguido por Somalia, Siria, Turkmenistán, Corea del Norte y Eritrea, según la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, elaborado por Reporteros sin Fronteras (2014). La Revolución de los Paraguas ha puesto de manifiesto que si bien la censura informativa ha sido una constante en China, todos los esfuerzos realizados por la República Comunista por interceptar las comunicaciones de los ordenadores y de censurar los mensajes considerados “inapropiados” en tiempo real han sido infructuosos, pues las nuevas tecnologías de la información han demostrado ser capaces de superar todo intento de impedir el acceso a Internet, así como el bloqueo a la telefonía móvil, para generar un espacio de participación social y político que rechaza frontalmente la injerencia de la China continental en las próximas elecciones en Hong Kong, previstas para 2017. Partiendo del hecho de que la movilización social cuenta en Internet con un relevante universo donde sus principales protagonistas informan, organizan, actúan e incluso, dominan, a lo largo de este artículo realizaremos un estudio documental bibliográfico sobre las redes sociales, el ciberactivismo y la censura informativa. Esta metodología será combinada con una parte analítica que, centrada en el método cualitativo no experimental, nos permita analizar cómo las nuevas tecnologías de la información son capaces de transformar en acción las emociones en torno a una injusticia, al tiempo que la pluralidad de las formas cibernéticas ofrece la posibilidad de que emerjan discursos ausentes y que estos se difundan a una gran audiencia, generando una democracia digital que se vale de las nuevas tecnologías para reforzar la participación social y política. Para ello, recurrimos al estudio de caso de la Revolución de los Paraguas como una herramienta de investigación estrechamente vinculada con la teoría que encierra un mecanismo causal que, como afirma Jacuzzi (2005) se enriquece cuando se fomenta el diálogo entre la epistemología y las acciones de campo. 2. REDES Y MOVIMIENTOS SOCIALES Las redes interpersonales no suponen un fenómeno nuevo dentro del ámbito de la comunicación, pero sí lo es hasta qué punto han llegado a modificarse las relaciones entre las personas, llegando incluso a poder hablar de una cultura participativa que transforma la sociedad en la que vivimos. El uso activista de las nuevas tecnologías de la información y comunicación resulta cada vez más determinante en las propuestas e imaginarios de los movimientos sociales y la sociedad civil, hasta el punto de que las redes sociales e Internet, como afirma José Tascón (2012), forman parte del entramado comunicativo en el que se constata la justicia percibida de una crisis y se convierte en un espacio de debate, confrontación de ideas y opiniones sobre la realidad percibida como injusta. 2/14 Parte de la comunicación que llevamos a cabo hoy en día, de los mensajes que constantemente significamos, está inserta y depende de los marcos que han creado las redes de comunicación multimedia. El papel que juegan las redes sociales de comunicación digital en la actualidad es trascendental para explicar buena parte de las dinámicas sociales en las que nos encontramos insertos, ya que modifican de alguna manera el paradigma de la comunicación en el ámbito público, puesto que los mensajes difundidos en ellas no se encuentran predeterminados con un solo objetivo. La relación entre movimientos sociales y avances tecnológicos se ha ido estrechando con el paso del tiempo, necesitando cada vez más los primeros a los segundos (Sádaba, 2010). Tal es la incorporación de las nuevas tecnologías por los movimientos sociales que se ha llegado a afirmar que: “las multitudes inteligentes son grupos de personas que emprenden movilizaciones colectivas -políticas, sociales, económicasgracias a que un nuevo medio de comunicación posibilita otros modos de organización, a una escala novedosa, entre personas que hasta entonces no podían coordinar tales movimientos” (Rheingold, 2004:13). El modelo de organización en red en base al cual se estructura la sociedad de la información se ha convertido en un modelo referencia para los movimientos y redes sociales de resistencia y oposición al proceso de globalización neoliberal. En este escenario global y con la base tecnológica de Internet, afirman Lago y Marotias que: “las redes sociales de resistencia emplean de manera innovadora las redes informáticas, la política informativa y las formas organizativas en red, creando una nueva lógica capaz de acrecentar el poder social, ya que el modelo comunicativo de la red reduce la dependencia de los canales tradicionales de comunicación”. (Lago y Marotias, 2007) Internet se erige así en una nueva esfera de relación social que pone en contacto a millones de personas, favoreciendo el surgimiento de esferas públicas periféricas donde se facilita la conexión entre ellas y donde se garantiza la influencia de las mismas en la esfera central. La ampliación del acceso a la información, y la posibilidad de producir su propia información, modifica los estilos de la intervención política, al tiempo que la pluralidad de las formas cibernéticas ofrece la posibilidad de que emerjan discursos que antes estaban ausentes, dando origen a un nuevo concepto, el “ciberactivismo”, el cual es entendido como el conjunto de tecnologías de la información que posibilitan comunicaciones más rápidas en los movimientos y difusiones de información a una gran audiencia, generando una democracia digital que se vale de las nuevas tecnologías para reforzar la participación social y política. Según David De Ugarte, el ciberactivismo es una: “estrategia que persigue el cambio de la agenda pública, la inclusión de un nuevo tema en el orden del día de la gran discusión social, mediante la difusión de un determinado mensaje y su propagación a través del ‘boca a boca’ multiplicado por los medios de comunicación y publicación electrónica personal”.(De Ugarte, 2007) En este sentido, De Ugarte habla de dos líneas estratégicas, la consistente en construir un centro, proponer acciones y difundir la idea, y por otra parte, iniciar un swarming o una guerra en red en el que los ataques pueden tener diferentes formas, de manera que en esta batalla multicanal cobran importancia aspectos tales como la movilidad, el reagrupamiento, la comunicación, la autonomía de la unidad y la coordinación/sincronización de sus actividades. Gracias a la combinación de ambas líneas es posible hacer visibles problemáticas ausentes de la agenda pública, de forma que el ciberespacio se erige en un territorio idóneo para la creación política, la organización y la extensión de las protestas sociales, y de esta forma, la comunicación se convierte en un terreno propicio para “la resistencia al poder, la lucha, la organización de la protesta y para la liberación subversiva” (Roig, 2006: 134) El activismo en red, cuyo origen lo encontramos en el hacktivismo, utiliza redes sociales y blogs para la realización de acciones que llamen la atención de la sociedad y así intentar conseguir cambios políticos o 3/14 legislativos, es decir, usa las herramientas de la Web 2.0 para construir un espacio de difusión de ideas y debate que contribuya a mejorar la democratización de la sociedad, al tiempo que origina un nuevo tipo de ciudadano, el ciudadano digital, que reclama nuevos espacios y escenarios para el debate público y que encuentra en la red un espacio idóneo para expresarse con libertad, evitando censuras, pudiendo coordinarse para trabajar de forma colectiva. La revolución tecnológica ha originado un ciudadano digital que encuentra en la red una nueva forma de movilización más descentralizada, llegando incluso a poder hablarse de un tipo “de protesta posmoderna” que estaría originada a partir de estilos de vida en común y en el que la forma de movilizarse tendría que ver más con aspectos expresivos que sustantivos y en los que, en bastantes ocasiones, más que el cambio social se estaría buscando la visibilización, la necesidad de ser tenidos en cuenta (Sampedro, 2005). Por tanto, esta revolución tecnológica llevaría aparejada una revolución social. Internet se ha configurado como una herramienta relevante para la movilización social llegando a constituir el principal medio utilizado por los actores para actuar, informar, organizar o dominar (Castells, 2001), pero también para superar los férreos controles censores impuestos por algunos gobiernos, ya que la transformación de las tecnologías de la comunicación crea nuevas posibilidades para “la autoorganización y automovilización de la sociedad, superando las barreras de censura y represión impuestas por el Estado” (Castell, 2009). Las nuevas tecnologías de la información permiten superar las fronteras geográficas oficiales revolucionando los sistemas de comunicación y generando un intercambio continuo y masivo de información con el exterior (Roces, 2011), al tiempo que las redes sociales ponen de manifiesto que son el medio idóneo para sortear la censura y los controles impuestos por los regímenes totalitarios (George-Cosh, 2010), pues sirven para garantizar el éxito de las protestas, ya que al internacionalizarse, los movimientos se hacen más visibles (Raoof, 2010). La posibilidad que ofrece la red para rebelarse sin ser aplastado de inmediato y la rapidez de la movilización se relaciona directamente con la autocomunicación de masas, un término acuñado por Castells, que pone de manifiesto que “nadie que esté en las redes sociales (setecientos de los mil doscientos millones de usuarios que tiene las redes) sigue siendo la misma persona”. En este sentido, prosigue el autor, estaríamos hablando de la “comunicación que seleccionamos nosotros mismos, pero que tiene el potencial de llegar a masas en términos generales, o a las personas o grupos de personas que seleccionamos en nuestras redes sociales” (Castells, 2009:88). En términos de recepción, esta autocomunicación también genera un cambio radical, ya que rompe el poder, al tiempo que la comunicación deja de ser unidireccional y pasa a ser horizontal desafiando los pilares en los que se fundamentan el poder de los gobiernos “el control de la información y de la comunicación”, y es por ello que las redes de comunicación horizontales basadas en Internet se han perfilado como el método idóneo para esquivar la censura en diversos países. Este hecho se puso especialmente de manifiesto durante la marea de protestas civiles en el Norte de África y Oriente Medio en contra de regímenes autocráticos y corruptos. Por primera vez el uso de medios sociales de comunicación, teléfonos móviles y televisión por satélite contribuyeron a la unión de grupos diversos procedentes de Marruecos, Egipto, Túnez, Libia, Siria, Bahréin y Yemen en torno a una causa común: desafíar el control del estado y evitar los medios de comunicación convencionales. En el punto álgido de las protestas, durante la ocupación de la Plaza Tahrir en El Cairo, Twitter registró hasta 45 tweets por minuto, la mayoría de ellos en inglés. Esto creó una plataforma que recibió una atención mediática inmediata y visibilidad mundial. “Los medios sociales de comunicación también proporcionaron a los que protestaban información sobre cómo actuar frente a las fuerzas de seguridad, incluyendo mapas que indicaban los lugares en los que reunirse para protestas, así como consejos sobre qué hacer en caso de ser atacados con gas lacrimógeno. De forma que cuando los gobiernos intentaron desesperadamente reprimir las protestas bloqueando las páginas de las redes sociales (Túnez) o desactivando todos los sistemas de comunicación (Egipto), sólo lograron alimentar el descontento, contribuyendo a largo plazo a su caída”. (Varón, 2012:58) 4/14 3. REVOLUCIÓN DE LOS PARAGUAS La Revolución de los Paraguas es el nombre bajo el que se conoce el movimiento social desarrollado en Hong Kong con motivo del intento de recorte de derechos democráticos por parte de China. Este movimiento debe su nombre a que el paraguas ha sido el medio utilizado por los manifestantes para protegerse de las lluvias torrenciales pero, también, de los ataques con gas pimienta llevados a cabo por las autoridades a fin de disolverlos. Los acontecimientos en Hong Kong comenzaron el 22 de septiembre con una movilización organizada por el movimiento Occupy Central with Love and Peace y el consejo estudiantil Scholarism, los cuales tomaron las calles principales de la ciudad para demandar que se retirara la reforma electoral del Congreso Nacional del Pueblo que establece que sólo puede votarse por dos o tres candidatos, seleccionados por un comité compuesto por 1.200 personas, en su mayoría afines con la línea política del Gobierno chino. Pese a pertenecer a China, Hong Kong es una región administrativa especial, este estatus permite que el gobierno regional pueda promulgar sus propias leyes orgánicas y que goce de un elevado grado de autonomía, de forma que, junto a Macao, disfruta de un sistema político, administrativo y judicial al margen del de China y asentado en un sistema capitalista, hasta el punto de poseer un sistema propio de aduanas y fronteras externas. Esta fórmula, conocida como “un país, dos sistemas”, da autonomía y libertades a la excolonia británica que no existen en la China continental, por eso, la resolución emitida por el gobierno chino para limitar quién puede presentarse como candidato a las próximas elecciones en Hong Kong, previstas para 2017, ha sido visto como una injerencia externa que intenta imponer como candidatos a personas afines al régimen chino. Esta situación provocó una huelga estudiantil y una manifestación el viernes 26 de septiembre. La marcha, que comenzó en la avenida Tim Mei, junto a la entrada del Complejo Central del Gobierno, tuvo su continuidad en una sentada que terminó con el desalojo, mediante el uso de gases lacrimógenos y aerosoles de líquido picante, de 150 jóvenes y un total de 78 personas detenidas. La represión policial y que uno de los detenidos fuera el joven Joshua Wong, cabeza visible consejo estudiantil Scholarism, rescató de la memoria colectiva el incidente de Tiananmen que en 1989 también reclamaban la democracia en Pekín, provocando el punto álgido de una revuelta que llega a provocar el cierre de bancos y empresas, así como la suspensión de las actividades en las escuelas el 29 de septiembre. La protesta continúa el 1 de octubre, Día Nacional de la República Popular de China. Según recoge el corresponsal de El Mundo, Javier Espinosa: “mientras dos helicópteros sobrevolaban la ceremonia portando sendas banderas chinas, los jóvenes, lejos de rendirle honores, las saludaron con un clamoroso abucheo, mientras que muchos las saludaban indicando con el dedo pulgar hacia el suelo (…) Los miembros del movimiento estudiantil Scholarism también se sumaron al desplante dando la espalda al instante en el que las autoridades locales izaban la enseña en la simbólica jornada que marca el día de la fundación de la República Popular China en 1949” (Espinosa, 2014). No obstante, prosigue el corresponsal: “los sobresaltos no habían concluido”, ya que en la recepción ulterior, cuando el jefe del ejecutivo hongkonés, CyLeungChung-Ying protagonizaba el brindis que cerraba la ceremonia, “un diputado opositor conocido por sus desplantes, LeungKwok -al que aquí apodan “Pelos Largos”- comenzó a gritar y exigir la dimisión del líder aliado de Pekín, hasta que fue expulsado del lugar. Por su parte, el concejal del distrito, Paul Zimmerman, abrió un paraguas amarillo, el símbolo de la protesta. (Espinosa, 2014) Con objeto de conseguir unas elecciones sin restricciones en 2017, los opositores hongkoneses decidieron iniciar una sentada que ha provocado numerosos enfrentamientos, y el bloqueo del centro financiero, lo que ha 5/14 generado un quebranto económico en la isla. Nueve días después el movimiento era más fuerte. El anuncio del gobierno de cancelar todas las negociaciones con los manifestantes provocó que miles de hongkoneses tomaran las calles y montaran más de cien barricadas junto a los puestos de comida y de primeros auxilios, demostrando al mundo que la organización y la educación, incluso en situaciones de revolución, son posibles. En este sentido, cuenta la periodista Susana Campo (2014) que “viven a base de galletas, plátanos y agua embotellada. Limpian su basura, incluso toman tiempo para reciclar el plástico y el papel”, al tiempo que destaca que: “la extensa de red de distribución de máscaras, alimentos, bebidas, remedios contra el calor como toallas húmedas o parches de frío japoneses responde a una lista de peticiones que se van subiendo a internet a través de aplicaciones como documentos de Google o en páginas de Facebook, que, a diferencia del resto de China, aquí no están censuradas”. (Campo, 2014) La madrugada del 15 de octubre la policía desalojó a los manifestantes prodemocracia en una “de las noches más intensas de enfrentamientos entre ambas partes que se saldó con 45 detenidos y con la vuelta a la normalidad de algunas calles que habían estado tomadas por los asentamientos en los últimos 18 días” (EFE, 2014). No obstante, las concentraciones se han mantenido en la zona de Admiralty hasta mediados de diciembre cuando dos empresas de transporte público y un edificio privado lograron las órdenes judiciales necesarias para completar el desalojo de los 209 ciudadanos que aún permanecían acampados tras dos meses de protestas. Sin un plan a corto plazo que implique la desobediencia civil, Joshua Wong, cabeza visible de las revueltas ha afirmado que seguirá pidiendo la reapertura del diálogo con el gobierno de la isla sobre el proyecto de reforma electoral sobre el que ahora tiene que decidir el gobierno de Hong Kong y que sigue radicando en la libre elección de candidatos a la jefatura de la isla para las elecciones de 2017. (Castillo, 2014) 3.1 Censura Informativa en China La Revolución de los Paraguas, el mayor movimiento de protesta contra las directrices China desde los sucesos de Tiananmen en 1989, ha puesto de manifiesto la existencia de una nueva generación de jóvenes políticos que luchan por la libre democracia y que ha provocado que la bolsa haya caído hasta un 5%, su nivel más bajo desde junio de 2013, lo que repercute de forma directa en el sector bancario, uno de los más afectados por las concentraciones. Los sucesos en la antigua colonia no ha hecho sino disparar los comentarios de la comunidad internacional al tiempo que han supuesto un dilema para el presidente chino, ya que sus opciones oscilaban entre desalojar las calles de la ciudad, una decisión que entrañaba al aumento de un espíritu anti chino y que podría repercutir en el estatus de la isla como ciudad en la que impera la libertad y la facilidad para hacer negocios, o bien, ofrecer concesiones a los manifestantes, lo que podría implicar que se le viera como un hombre débil dentro del Partido Comunista y que las protestas se extiendan a otras zonas donde el separatismo es seña de identidad, tal es el caso de a remota Xinjiang. Para mantener la unidad de un país integrado por 1.400 millones de habitantes, el gobierno no duda en controlar las comunicaciones y para ello cuenta con una “burocracia celeste”, término con el que el periodista Chales- André Udry define a un aparato militar y policial experimentado en “la represión, la cooptación, la división de los oponentes, la habilidad para ganar tiempo, el control de las redes sociales con la complicidad de los gigantes internacionales del Net, que optan por la censura para no perder un prometedor mercado” (Udry, 2014). Sin embargo, en esta ocasión, los medios sociales de comunicación han vuelto a poner de manifiesto que son herramientas que pueden ayudar a consolidar el apoyo público cuando existe una causa común en las circunstancias correctas, y esta suma de factores ha vuelto a darse tres años después del levantamiento popular que reclamaba un gobierno democrático y mejoras de las condiciones de vida en Egipto y Túnez. 6/14 En aquellos días, el miedo al contagio por las revueltas árabes condujo a China a un silencio generalizado en los medios sobre los acontecimientos que estaban teniendo lugar, y en su intento de que el pueblo permaneciera totalmente ajeno a lo ocurrido llegó, incluso, a censurar la palabra Egipto en Twitter. Pese a ese silencio informativo que buscaba que los internautas no pudieran conocer, opinar y reflexionar sobre lo que estaba sucediendo, los twitteros chinos encontraron alternativas a la palabra, la cual fue sustituida por el hashtag #cn4egipt, una abreviatura de China for Egypt y #Pharaoh para apoyar al pueblo egipcio. La censura informativa ha sido una constante dentro de la política comunicativa desarrollada en la República Popular de China, sin embargo, el interés por controlar las comunicaciones experimentó un auge en noviembre de 2012, fecha en la que Xi Jinping fue nombrado secretario general del Partido Comunista. Es a partir de entonces cuando las autoridades asiáticas “han detenido a más periodistas y blogueros, han endurecido las medidas contra los ciberdisidentes, han reforzado la censura y el control de los contenidos digitales y han intensificado las restricciones a la prensa extranjera”. (Reporteros sin fronteras, 2014:18) Si no fueran suficientes las “directrices” diarias del Departamento de Propaganda a los medios tradicionales y el mayor número de periodistas e internautas detenidos en el mundo, el Gobierno del Partido Comunista Chino ha establecido, a través del Administración General de Prensa, un órgano regulador de los medios en el país, ha publicado una nueva directiva que prohíbe publicar informaciones no autorizadas que provengan de medios o webs extranjeros. Según recoge el periodista Ángel Valle, en La Razón, esta nueva directiva establece que: “los medios de comunicación no tienen permitido usar información extranjera sin autorización. Está estrictamente prohibido para periodistas y editores el usar internet como plataforma para buscar beneficios ilegales. Para empezar una cuenta oficial de Weibo –red social china similar a Twitter–, las agencias de noticias deben informar primero a las autoridades de registro y designar personal responsable de la publicación de información fidedigna y borrar información nociva en el tiempo». (Valle, 2013) De hecho, esta directiva fue publicada el mismo día en que The New York Times recibía el Premio Pulitzer por sus informaciones en torno al exprimer ministro chino WenJiabao, un hecho ocultado en China, para ello bloquearon Internet de forma que nadie podía encontrar información de la noticia y censuraron las webs del grupo Bloomberg y de la BBC. Su creciente peso económico está permitiendo, además, que China extienda su influencia sobre los medios de comunicación de Hong Kong, Macao y Taiwán que, en gran medida, se habían librado de la censura política hasta hace poco. De hecho, según el informe de Reporteros sin Fronteras: “la creciente sumisión del ejecutivo de Hong Kong al Partido Comunista Chino y la presión que éste ejerce sobre los medios hongkonenses a través de su ‘Oficina de Enlace’ está comprometiendo cada vez más el pluralismo informativo, algo que también está ocurriendo en Taiwán donde el grupo Pekín WantWant ha adquirido el China Times, hasta el momento símbolo del pluralismo informativo”. (Reporteros sin Fronteras, 2014) El interés por controlar los medios también se ha extendido a Internet. El crecimiento de la Red en China es una realidad, y por ello el gobierno realiza notables esfuerzos por controlar el contenido al que sus ciudadanos pueden acceder. Desde que permitiesen el uso comercial de Internet en 1995 se han promulgado seis decenas de regulaciones con el objetivo de controlar la divulgación informativa, entre ellas destaca el artículo 5 de la normativa “Computer Information Network and Internet Security, Protection and Management Regulations” del Ministerio de Seguridad Pública, promulgado en 1997, y por la cual se establece que: “ninguna unidad o individuo puede utilizar Internet para crear, reproducir, recuperar o transmitir los siguientes tipos de información: Incitar a resistir o violar la Constitución o las leyes o la aplicación de los reglamentos administrativos, incitar a derrocar al gobierno o el sistema socialista, incitar a la división del país, perjudicando a la unificación nacional, la incitación al odio o la discriminación entre las nacionalidades ni perjudicar la unidad 7/14 de las nacionalidades, hacer falsedades o tergiversar la verdad, la difusión de rumores, destruyendo el orden de la sociedad, promoción de las supersticiones feudales, material sexualmente sugestivo, juegos de azar, violencia, asesinatos, participar en actos de terrorismo o incitar a otros a la actividad criminal; insultar abiertamente a otras personas o distorsionar la verdad para calumniar a personas, perjudicar a la reputación de los órganos del Estado y otras actividades en contra de la Constitución, las leyes o reglamentos administrativos.” (Sohmen, 2001) Para ejecutar la censura en Internet el gobierno chino ha establecido el Proyecto Escudo Dorado (también conocido como el “El gran cortafuegos”) que opera desde 2003 y que funciona interceptando los requerimientos que envían los ordenadores dentro de la red en China, al tiempo que realiza el bloqueo por IP, filtro de Url, Dns o reinicio de conexión entre otros. Además, “el dispositivo evoluciona en función de los acontecimientos. El conocido periódico de Hong Kong, el South China Morning Post, ha pasado a formar parte recientemente de la lista de diarios bloqueados” (CNN Expansión, 2014) El sumun de la censura informativa en China se ejemplifica con la red social Weibo. Este sitio web chino, similar a Twitter, es utilizado por aproximadamente el 30% de los usuarios de Internet en China, alcanzando, según la Wikipedia (2014), una tasa de penetración superior a los 300 millones de usuarios, una cantidad nada desdeñable, sobre todo si tenemos en cuenta que “en China hay unos 538 millones de internautas”. (Gonzalo, 2014) Su origen se encuentra en el cierre, por parte del gobierno chino, de la mayoría de redes sociales tras los disturbios de Urumchi en julio de 2009. Esta situación provocó que SINA Corporation lanzara el 14 de agosto una alternativa de comunicación mediante microblogging que integraba características similares a las de otras redes sociales, entre ellas, el límite de 140 caracteres por mensaje, el uso del símbolo (@) para hacer referencia a otro usuario, las etiquetas de almohadilla (#), la republicación de los mensajes de otros usuarios, agregar una publicación a la lista de “favoritos” y la verificación de cuentas de personas e instituciones, así como añadirse emoticonos y adjuntar audio, vídeo e imágenes en cada publicación. Weibo cuenta con rigurosos controles sobre sus publicaciones. Tal y como denuncia la periodista Rebecca MacKinnon, existe un cuerpo de 1.000 personas dedicadas a controlar el contenido que aparece en la misma, hasta el punto de ser capaz de encontrar y censurar los mensajes «inapropiados» casi en tiempo real, pese a producir 100 millones de mensajes al día. Según un análisis de los patrones de censura realizado por las universidades de Rice y de Nuevo México (EEUU), y recogidos por Ángel Valle: “SinaWeibo utiliza una combinación de software de búsqueda de palabras clave y de censores humanos para controlar y eliminar los mensajes potencialmente controvertidos. Mediante un seguimiento de los individuos que con más frecuencia envían mensajes polémicos, el sistema es capaz de eliminar muchos mensajes de este tipo en menos de cinco minutos, según el estudio”. (Valle, 2014) 4. WIKIRREVOLUCIÓN PARA SUPERAR LA CENSURA El esfuerzo censor en China está orientado, principalmente, a evitar a toda costa que la población china conozca lo que pasa con temas como la represión al grupo religioso Falun Gong, perseguido y prohibido; las protestas de Tiananmen de 1989, las revueltas uigures de 2009 y la Revolución Jazmín o Primavera Árabe, “por miedo a un contagio que, gracias a Internet, lleve a las calles a una población descontenta por la falta de libertades” (Cuna de la noticia, 2011). Dado este contexto, la Revolución de los Paraguas o la Primavera Asiática, una protesta de lucha por la democracia, ha sido debidamente silenciada en el ámbito informativo porque, como ya señaló Kaspuscinsky, en el contexto contemporáneo lo que no sale en los medios no existe. En el caso de las protestas en Hong Kong el aparato de propaganda del gobierno ha mantenido un férreo control 8/14 sobre los medios de noticias tradicionales, lo que se ha traducido en que la mayoría de los periódicos chinos hayan ignorado las protestas. En este sentido, el Proyecto de Medios de Comunicación de China (2014) ha desvelado que menos de dos docenas de periódicos dieron cobertura a los eventos de Hong-Kong y lo hicieron dándole difusión a la nota oficial de la agencia Xinhua que describía los sucesos como “una imprudencia de los manifestantes”. De forma paralela, se ha producido el control de Internet, y para ello desactivaron las etiquetas Occupy Central, barricadas, Hong-Kong y paraguas, al tiempo que se ha bloqueado el acceso a Instagram que, curiosamente, ha permanecido disponible para los hongkonenses, y que viene a sumarse a la lista de plataformas ya prohibidas en el país como Facebook, Twitter y YouTube. Los censores del Gobierno chino han bloqueado la mayoría de las discusiones sobe las manifestaciones, entre ellas, y de manera prioritaria, la etiqueta #UmbrellaRevolution en chino y en inglés, ante el temor de que la difusión sin censura de imágenes e información entre los más de 600 millones de usuarios pueda provocar inestabilidad en el país. Las restricciones informativas sobre los sucesos de Hong Kong han sido multiplataforma, lo que ha exigido un gran esfuerzo por parte de los usuarios de Internet que desafían a las autoridades chinas en un desesperado intento por superar al ejército invisible de guardianes de la Red del gigante asiático. Para ello, según recoge el periodista Andrew Jackobs en The New York Times, no sólo han publicado comentarios a favor de la democracia en sitios web no políticos, sino que también se han encargado de difundir selfies de sus cabezas afeitadas o cambiaron su avatar por un paraguas a fin de expresar su solidaridad con los manifestantes. Además, 2,3 millones de tweets se sumaron a #UmbrellaRevolution en medio de la protestas de los habitantes de Hong Kong contra las reformas electorales al usar el #occupycentral para manifestar sus pensamientos, una etiqueta que llegó a ser trending topic global, al igual que #HongKong que registró hasta 711 tweets por minutos el 28 de septiembre de 2014 (ver imagen 1) cantidad que le llevó a alcanzar un total de 1,3 millones de tweets en tan sólo dos días, según datos de Twitter Reverb (Boehler,2014) y que supera en un 1.580% el tráfico de tweets registrados en el punto álgido de las protestas, durante la ocupación de la Plaza Tahrir en El Cairo (45/min). Otras fórmulas empleadas para dar fuerza a esta wikirrevolución son los cientos de comentarios de apoyo registrados en la balada cantonés “UndertheVastSky” (Bajo el vasto cielo), que se ha convertido en el himno de los manifestantes, y la aplicación “Yellow Umbrella”, un juego que, a pesar de su grafismo rústico y su escasa funcionalidad, en tan sólo 5 días logró más de 40.000 descargas en la tienda de Google Play. (Associated Press, 2014) La tasa de registros publicados en Weibo que han sido borrados por las autoridades chinas es prueba evidente de la avalancha de contenidos relacionados con la protesta. El temor a un contagio de las manifestaciones en la 9/14