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Los anales diáfanos del viento

Fernández Alba, Antonio

Abstract

Antonio Fernández Alba recuerda al amigo arquitecto humanista Juan Daniel Fullaondo

Full text

LOS ANALES DIAFANOS DEL VIENTO Antonio F ernández Alba recuerda al amigo arquitecfo,humanista Juan Daniel Fullaondo. «Su alma está lejos. Es quizás tan doloroso ser despertado de una visión como nacer.» J. Joyce (Ulises) Con este fragmento del Ulises de Joyce, Juan Daniel Fullaondo abría el número 111 de la revista Nueva Forma, de la que fue director y fundador, último de aquella publicación periódica que durante casi una década había mantenido una atención tan significativa comó excepcional en tomo al mundo del pensamiento plástico moderno y a la difusión de la cultura del quehacer arquitectónico contemporáneo. La revista había nacido, como se despedía, en el mes de junio de 197 5: sin ningún regusto melancólico, atenta al realismo arquitectónico de la época y sugerente por la búsqueda de la creación plástica a sus veladuras y desgarramientos. Diecinueve años más tarde, también en un mes · de junio, se despedía «doloroso de ser despertado», un hombre que había tratado de hac er compatibles emoción y reflexión, Ios reflejos de una mirada abierta con la percepción intuitiva de Jo profético. Juan Daniel Fullaondo había nacido en Bilbao en 1936, en los preludios de la guerra civil española. Su perfil biográfico se decanta en los límites de una inteligencia aguda y .brillante. Es más que un arquitecto, escultor, crítico y escritor, que lo fue y en abundancia; un explorador solitario que se nutría de los relatos e investigaciones que le proporcionaba su caminar por los diversos paisajes de la vida, con la mirada del geógrafo que trata de indagar en las huellas de Jo arcaico aquellas secuencias que le p er mitieran superar la ambigüedad de los fabricantes de objetos de la mundanería moderna: Edificar, dibujar y escribir, como antídoto a la melancolía, son f ra gmentos de relatos que animan la «construcción del ser» o geologías que van sedimentando sus estratos para la introspección. Para el creador, el tiempo se enlaza como expectativa feliz y en épocas de expectativas dislocadas, como al parecer acontece, resulta ser un antídoto que permite un regreso al mundo de las emociones. Juan Daniel Fullaondo rod eó sus trabajos de una metáfora poética, acudiendo a la disciplina de trabajo de la forma, pero desde lo que la -XCV - 95 ASTRAGALO, 02 (1995) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1995.i02.16 Antonio Fernández Alba. Profesor-arquitecto. Universidad Politécnica de Madrid. Dirige el estudio de arquitectura Antonio F. Alba y Asociados. forma manifiesta como estructura, es decir, descubriendo la propia infancia de las cosas, las leyes más primorciales y pequeñas, la ley de su existencia. Miradas barrocas, proyectos de códigos y signos abundantes, diálogosmonólogos, dialéctica de las regresiones a sus ídolos o mitos adolescentes, textos de la edad incierta, simetrías de ,otros espacios y lugares, consciente de que todo lo que se percibe como imagen en un espacio acontecerá después en el discurso de la forma arquitectónica o en la narración hablada o escrita. Regresión y progresión, en su obra plural, no se manifiestan como procesos independientes del «yo» y de la cultura, sino que son evidencia del « YO » en su totalidad. Para Juan Daniel Fullaondo, subjetividad y totalidad se manifiestan e interrelacionan de manera práctica por medio de la arquitectura, el ensayo escultórico, 96 la aproximación musical, el análisis crítico, la escritura y la comunicación verbal. Clasificar su obra dentro de algunas de las coordenadas espacio-temporales en las que operaba su imaginación y talento, resulta una operación reductora que apenas podrá esbozar los perfiles de su persona. Agotado de mostrar. horizontes sugerentes en los acantilados donde aún naufragan las escuelas de arquitectura, en esas aguas contaminadas de la cultura del simulacro, hacía algún tiempo se había retirado al encuentro con los diálogos de una vida interior y aislada, de la que a veces surgían textos y proyectos que reflejaban la s incertidumbres de unos tiempos que han perdido el sentimiento comunitario y unos espacios que aún no sintonizan con la nueva alquimia de la tecnociencia. Diálogos que resultaban ser como viajes inmóviles en torno al proyecto difamado de la arquitectura. Nos ha dejado ~ us reflexiones sobre el acontecer del ser y su tiempo, que sin duda evocaban otras comarcas de las estrictamente arquitectónicas, consciente hasta su adiós de que toda realidad se diluye en una procesión de imágenes, quedando sin respuesta la sustancia que las delimita y anima. En el recuerdo nos quedarán aquellas estrofas de Góngora como imaginaria estela funeraria: Audaz mi pensamiento el cenit escaló, plumas vestido cuyo vuel<? atr evido si no ha dado su nombre a tus espumas de sus vestidas plumas conservarán el desvanecimiento los anales diáfanos del viento. (Á. .F.A.) J. D. F. Los ritmos del tránsito. Escultura para el tanatorio de la M-30 en Madrid: - XCVI -