scieee Open visual document viewer

Pragmática del gusto y definición de una estética: la Archicofradía sacramental de La O (1880 - 1940)

Martínez Lara, Pedro Manuel

Full text

141 PRAGMÁTICA DEL GUSTO Y DEFINICIÓN DE UNA ESTÉTICA: LA ARCHICOFRADÍA SACRAMENTAL DE LA O (1880-1940) Ped o M. Ma ínez La a Una de las eflexiones que ecien emen e cuen a con mayo igencia en el ámbi o de las he mandades y co adías, es la ela i a a los p ocesos de ans o mación es é ica que, de mane a cons an e, han enido y ienen luga en su seno. Va iaciones que, po lo gene al, siemp e es u ie on in- se as en enómenos de más ascendencia y ampli ud. En e ec o, nues as co po aciones siemp e ue on ex ao dina iamen e sensibles al de eni del en o no social y humano que las en uel e de o ma pa icula o colec i a; cues ión que c is aliza de modo especial en los planos es é ico y, po ende, a ís ico. Resul a, po an o, de g an in e és conoce las causas, p o undiza en los hechos y analiza las consecuencias que a lo la go de los años han ido modelando ca ac e es di e enciales, dando luga a lo que comúnmen e se conoce como “es ilo”. Si bien, es e é mino no esul a el más adecuado po alguna de las conno aciones que implica. A finales del XIX la A chico adía sac amen al de La O de Se illa, e- cién salida de un p olongado pe iodo de decadencia que aba có casi un siglo, expe imen ó oda una se ie de cambios sucesi os que se dila a on has a los comedios del siguien e. Es as a iaciones u ie on como conse- cuencia una doble me amo osis con epe cusión an o en las o mas como el ondo de su ealidad ma e ial a las que ue adap ándose paula inamen e y a odos los ni eles. Es po eso que el es udio y análisis de las mismas que aquí se p opone, en unción de es g andes ámbi os de influencia indisolublemen e conec ados en e sí y se simul anean en el iempo: la a qui ec u a, los ense es p ocesionales y las imágenes i ula es. Es os p ocesos, y sob e odo sus esul ados, no pueden en ende se sin una p e ia con ex ualización que pe mi a conoce la base y el en o no del que pa en. En el caso de La O el aludido pe iodo de ecesión aba có el úl imo cua o del siglo XVIII y los es p ime os del XIX, y a ec ó an o al aspec o cul ual como al a ís ico. El fin defini i o del An iguo Régimen y los consecuen es cambios polí icos y sociales, habían dejado obsole o el modelo ba oco con el que la He mandad había llegado a aquellos mo- men os. Es o, unido a los e ec os que u ie on las sucesi as polí icas de 142 desamo ización y el cambio del modelo económico de un país que i ía en cons an e c isis, ue on es angulando las adicionales ías de financia- ción de la misma y u ie on como consecuencia el pe iodo de decadencia más p olongado de la his o ia de la co po ación. Es e pe iodo de decli e a ec ó no sólo a La O, sino al conjun o de las co adías de Se illa y, en gene al, a las del eino en e o1. En o no a la década de los se en a del Ochocien os las he mandades que habían conseguido sob e i i a la ex inción comenza on un len o pe o p og esi o p oceso de ecupe ación; o as, sin emba go, se e unda- ían; y, o as an as, nada. La ela i a es abilidad y el p og eso económico acili a on en buena medida el camino. Así las cosas, pa a el decenio siguien e la co po ación iane a, que había ido eno ando poco a poco buena pa e de sus bienes y emozado su sede, enca aba el inicio de un nue o pe iodo de esplendo . La es é ica del momen o es aba dominada, sob e odo en a qui ec u a, po el eclec icismo y los his o icismos a ís icos; que aducidos al mundo de las he mandades se plasma ía en un conjun o de ca ac e es o males que configu a ían lo que se ha enido en denomina “co adía omán ica”. Una ambigua nomencla u a que, no obs an e, con iene un amplio concep o en el que, si bien se man end ían algunos esquemas composi i os y epe - o ios deco a i os p opios del úl imo Ba oco, és os apa ece ían inse os en ipologías e olucionadas, como la del paso de palio, que e ía aumen adas conside ablemen e sus dimensiones 2 . Pe o esa es o a his o ia. En suma, las ans o maciones es é icas de las que se ocupa es e es u- dio su gen de un caldo de cul i o que empezó a ges a se a mediados del siglo XIX y que aglu inó ac o es sociales, polí icos, a ís icos y eligiosos pa a da luga al ge men de la co adía mode na, un nue o modelo que i ía efinándose y des ilándose a sí mismo pa a i en consonancia con los iempos que i ía. 1 Una comple a isión del pano ama que aquí se esume se encuen a en SÁNCHEZ HERRERO, José: “C isis y pe manencia. La eligiosidad de las co adías de Semana San a de Se illa, 1750-1874” en Las co adías de Se illa en el siglo de las c isis. Se illa, 1991, pp. 35-84, p. 35. Po lo que espec a al caso pa icula de la He mandad de La O, es e mismo pe iodo se encuen a desa ollado en: PRIETO PÉREZ, Joaquín Oc a io: “Un iempo cla e pa a la He mandad: 1685-1850” en His o ia de La O. Una He mandad pa a un ba io. Se illa, 2007, pp. 95-182. 2 Un comple o esumen de la e olución o mal y es é ica de los pasos de palio se encuen a en JI- MÉNEZ SAMPEDRO, Ra ael: “Los pasos de palio: al a es se illanos pa a la Vi gen” en El pode de las imágenes. Iconog a ía de la Semana San a de Se illa. Se illa, 2000, pp. 214-262. No obs an e, la biblio- g a ía al espec o es muy amplia. 143 1. EL MARCO ARQUITECTÓNICO Los emplos donde es án obligadas a esidi , y los e ablos donde se ene an sus imágenes i ula es cons i uyen el escena io co idiano pa a la ida de las he mandades y co adías. En consecuencia, la mo ología y apa iencia de es as a qui ec u as ha ido expe imen ando di e sos cambios que las han adap ado a las ci cuns ancias de uso y gus o. Valga como ejemplo la p opia ges ación del emplo de La O que, si bien se sale de la c onología p opues a, es suficien emen e ilus a i o. Así, de un lado, es sabido que la sede canónica de la He mandad había enido uncionando como ayuda de pa oquia de San a Ana en e 1615 y 1628, aunque en ade- lan e se man end ía de o ma áci a es a unción3. Y de o o, e a habi ual que los emplos p opiedad de he mandades, aun hallándose a qui ec ó- nicamen e exen os de una pa oquia o iglesia con en ual –como e a y es el de es a co adía–, adicionalmen e p esen aban educidas dimensiones debido, sob e odo, a su uso4. No obs an e, en la o mulación del ac ual emplo que se cons ui ía en los albo es del siglo XVIII, cie os aspec os di e enciales ma ca ían las pau as espaciales del edificio; pues o que en luga de epe i el modelo ipológico de capilla de una sola na e y no demasiada ampli ud, se apos ó po op imiza el espacio disponible pa a dedica lo a emplo, dando luga al esul ado que hoy se con empla5. En el cabildo de oficiales celeb ado el 24 de ene o de 1892, se comu- nica a la Jun a de Gobie no que “debido al acue do que el ey ha hecho con la san a sede debe habe una pa oquia po cada 10.000 habi an- es, co espondiendo a T iana la c eación de una nue a pa oquia siendo 3 Pese a pe de los p i ilegios pa a la adminis ación de los sac amen os, la iglesia de La O segui ía acogiendo pa a el cul o co idiano a los fieles de es e lado de T iana, que no end ían así que despla- za se has a San a Ana. Vid. RUIZ ORTEGA, José Luis: “La his o ia de T iana y los an eceden es de la undación de la He mandad de la O” en His o ia de La O. Una He mandad pa a un ba io, op. ci ., pp. 15-93, pp. 71 y ss. 4 El uso undamen al de es e ipo de es os espacios no e a p ecisamen e el acoge a los fieles pa a asis encia a la misa, pues pa a eso es aban señaladas las pa oquias. Las capillas de las he mandades enían un uso mucho más indi idual y el cul o que en ellas se desa ollaba no es aba des inado al común del pueblo, sino a los co ades, que po ende no solían se demasiado nume osos. Si an como ejemplo capillas cons uidas a ales e ec os en el siglo XVIII como las de la He mandad de la Ca e e ía o la que la ex in a He mandad de la An igua y Sie e Dolo es, edificó en el compás de San Pablo, que siendo de las de mayo es p opo ciones de las de es e ipo, ampoco esul a demasiado amplia. Todas ellas p esen an po lo gene al una única na e o espacio. 5 La iglesia de La O es de plan a ec angula y cons a de es na es de al u a simila sepa adas po columnas, haciendo unciona el espacio in e io como un g an salón columnado, lo que a o ece la op imización del espacio y la isibilidad del al a mayo , algo que cabe elaciona di ec amen e con las unciones de cul o desc i as. 144 nues a iglesia la designada pa a ello”6. Siendo és e el desencadenan e de una sucesión de hechos que culmina ían defini i amen e en no iemb e de 1911 con la e ección en la iglesia de La O de la segunda pa oquia de T iana. Es e acon ecimien o supuso un hi o de eno me impo ancia, pues o que, po una pa e, cons i uía un hecho insóli o la c eación de una pa o- quia en un emplo de p opiedad p i ada; y, de o a, la He mandad end ía que hace se ca go de adap a y acondiciona su sede pa a asumi con la opo una sol encia es a singula designación. Exis en muchos condicionan es que juga on a a o de es a decisión que, dicho sea de paso, pa eció no ag ada demasiado a los esponsables de la A chico adía7. En p ime luga po que la iglesia ya había enido un- ciones pa oquiales con an e io idad y, en consecuencia, los ecinos de aquellos con o nos ya enían cos umb e de acudi allí pa a el cul o co idia- no. Del mismo modo, la ubicación es a égica del emplo en el epicen o de la mi ad no e del ba io, sec o que había expe imen ado un no able c ecimien o demog áfico du an e el siglo XIX. Y, finalmen e, el impo an e aho o de iempo y dine o que suponía pa a las a cas del A zobispado el no ene que acome e la cons ucción de un emplo ex no o, en un momen o en el que, si bien en T iana enía necesidad de una nue a pa- oquia, en o os sec o es de la ciudad és as sob aban, p ocediéndose a la ex inción de algunas de ellas y a la usión de o as8. Así las cosas, La O end ía que adap a se a la que se ía su nue a condición, no sólo adqui iendo los ense es y o namen os necesa ios pa a el cul o que aquel ango eque ía, sino que ambién e a imp escindible dispone de una capilla sac amen al digna, como e a lo no mal en los emplos pa oquiales. Has a ese momen o, y desde la ins alación del ac- 6 Vid. A chi o de la He mandad de La O (en adelan e A.H.O.) 2-A-1/3/ Lib o de ac as de Cabildo, 1860-1894, ol. 198 º. 7 En e ec o, la p ime a decisión es “ci a la jun a de oficiales y dipu ados pa a p ocede a la conside a- ción de lo dicho y al mismo iempo aco da las medidas que de de echo nos co esponden y p ocede con la mayo p udencia y delicadeza que el asun o exige”, p oponiendo asimismo edac a un in en a- io donde se acla asen los ense es que es aban en depósi o en La O, p oceden es de San Felipe Ne i, y los que e an de p opiedad absolu a de la co po ación. C . A.H.O. 2-A-1/3/ Lib o de ac as de Cabildo, 1860-1894, ol. 198 º. Sob e los obje os p oceden es de San Felipe Ne i, llegados a La O en 1868 id. TASSARA y GONZÁLEZ, José Ma ía: Apun es pa a la his o ia de la e olución de sep iemb e del año 1868 en la ciudad de Se illa. Se illa, 1919, passim; MARTÍN RIEGO, Manuel y RODA PEÑA, José: El O a o io de San Felipe Ne i de Se illa: His o ia y Pa imonio. Se illa, 2004, pp. 452-454, y MARTÍNEZ LARA, Ped o Manuel: “La He mandad de La O en los siglos XIX y XX” en His o ia de La O. Una He - mandad pa a un ba io, op. ci ., pp. 183 - 268, pp. 190 y ss. 8 Hacia es os años se usionan pa oquias como San Julián y San a Ma ina, o San Juan de la Palma y San Ped o, ex inguiéndose o as como la de San Ma ín, que pasó a se iglesia su agánea de San And és. 145 ual e ablo mayo en 17169, el abe náculo del mismo había albe gado la ese a euca ís ica; al e nando es e come ido con o o de made a allada apeado en una peana de ca ey y ema ado con un c ucifijo de ma fil con c uz, nue amen e, de ca ey que es aba ubicado en el llamado comulga o- io, localizado en la cabece a de la na e del E angelio que se ía pa a la comunión co idiana10. He aquí la azón po la que en una echa inde e mi- nada en e 1892 y 1910, debie on da se los pasos necesa ios pa a acome e la cons ucción del ac ual Sag a io. Lamen ablemen e, no se ha podido localiza el p oyec o a qui ec ónico co espondien e, ni se ha especulado ace ca de su au o ía. No obs an e, el análisis de las o mas cons uidas pe - mi e es ablece hoy un concep o suficien e de es e espacio. La nue a capilla del San ísimo se ab ió a la na e de la Epís ola ap o- echando el único espacio disponible pa a la p olongación del edificio, es deci , los e enos que la He mandad había ido ganando con el iempo a la ma gen del ío y donde había edificado sus dependencias. Po ello, en plan a (Fig. 1) se obse a cómo el bloque, de p opo ciones cuad adas, se inc us a en la aludida cons ucción ompiendo, cla amen e, las alineacio- nes de mu os. Del mismo modo, ambién se ap ecia cómo no se encuen a a eje con el i mo de c ujías del emplo. Su áb ica, ealizada ín eg amen e en lad illo, se configu a como un p isma cuad ilá e o cubie o po bó eda de a is a. La comunicación con la na e de la iglesia se ealiza po un a co de medio pun o abie o en el mu o que, si bien p esen a p opo ciones simila es a los que enma can los al a es de ese lado, es á mucho más de- sa ollado que és os. O iginalmen e p esen aba o os dos accesos: sendos pos igos abie os simé icamen e a cada lado que comunicaban con la sa- c is ía y con las dependencias de la co po ación11. La iluminación se ealiza po medio de dos óculos de gene osas p opo ciones en la pa e al a de los mu os la e ales con id ie as deco adas con emas euca ís icos. Pe o lo 9 El e ablo mayo , ob a de Miguel F anco, ue ealizado en e 1710 y 1716, siendo es enado pa a la llegada del Jubileo Ci cula , el 17 de diciemb e de ese úl imo año. Vid. A.H.O. 1-D-1 /3/ Lib o de Cuen as de 1709-1738, ol. 2 º. 10 La e e encia es á ex aída de una desc ipción ealizada po el p ios e An onio Ramos Mexias en los años p e ios a la cons ucción de la nue a iglesia, id. A.H.O. 1-D-1 / 2/ B e e desc ipción en que se manifies a el p incipio que ubo la edificacion del emplo de Nues a Seño a de La O, ci . po MACÍAS MÍGUEZ, Manuel: “La ieja capilla de la He mandad de La O” en Bole ín de las Co adías de Se illa, nº. 367, 1990, eedi ado en el nº 580, 2007, pp. 492-493, y RUIZ ORTEGA, José Luis: “La his o ia de T iana…” op. ci ., p. 82. 11 En la ac ualidad, el pos igo que comunicaba con la sac is ía es á cegado, pues desde 1961 acoge los es os mo ales del que ue a p ime pá oco de La O: el R do. P. D. Ped o Ramos Laga es; po lo que espec a al o o, ac ualmen e ce ado po una pue a me álica, da acceso al columba io de la A chico adía. 146 e dade amen e in e esan e de es e espacio es la o mulación del alzado in e io que p esen a, desa ollada en e 1910 y 1928, y que es pe ec a hija de la co ien e egionalis a plenamen e igen e en esos años. Pa ece segu o que pa a el p ime día de no iemb e de 1911, cuando se hizo e ec i a la e ección de la nue a Pa oquia con la oma de pose- sión del p ime pá oco, Ped o Ramos, la ob a del sag a io debía es a concluida y ema ada. Algo que co obo a el zócalo de azulejos del mismo echado en 1910. O o da o que pe mi i ía afina algo más la c onología de es a ob a es la p esencia en el ac ual almacén del paso de Nues o Pad e Jesús Naza eno de un azulejo que lle a la echa de 1908, que conmemo a la eno ación de dicho espacio12. Año en el que quizá ambién se emp en- die an las ob as del sag a io. Apa e del ya mencionado zócalo ce ámico, odo el in e io de la capilla has a el ni el de las co nisas es á e es ido de ce ámica. Si bien po encima de es e iso las piezas no es án id iadas sino que p esen an un elegan e elie e que combina elemen os geomé icos y ege ales. El conjun o es aba inicialmen e p esidido po un e ablo, p esumi- blemen e de made a, pin ado en blanco con ado nos do ados, del que ecien emen e ha apa ecido una o og a ía13 (Fig. 2). Es a pieza, de la que has a hace poco no se enía siquie a no icia y que in o unadamen e no apa ece comple a en la imagen, p esen a un lenguaje a qui ec ónico que pod ía adsc ibi se al idioma egionalis a. Así, a is a de lo que se con em- pla en el posi i o, a la pa e cen al del mismo concu e un abe náculo pa a el Sag a io de plan a hemioc ogonal que se aloja en un a co ebajado, p esen ando la misma o mulación ma e ial que el es o del mueble. Sob e es e a co se dispone el cama ín cuya embocadu a es abocinada, ema a- da en medio pun o, y flanqueado po dos pa ejas de columnas co in ias sob e podios co onadas po cimacios de en ablamen o, es ando más ade- lan adas las ex emas. El cue po p incipal, po su pa e, queda delimi ado po una po en e co nisa que, si bien se a quea en el cen o ecibiendo el asdosado del a co de la ho nacina cen al, en los ex emos a anza como si el e ablo es u iese encuad ado po dos sopo es de mayo amaño que escapan del encuad e de la o og a ía. El á ico se esuel e en plano a pa i 12 En onces Sala Capi ula de la He mandad. 13 Recien emen e y g acias a la gen ileza de Víc o J. González Ramallo, se ha podido conoce es e in e esan e documen o echable hacia 1927, has a aho a desconocido y que apo a g an can idad de in o mación de un elemen o sob e el que has a aho a nada se sabía. Vid. NAZARENO. Bole ín de la A chico adía Sac amen al de La O, nº. 94, 2011, p. 12. 147 de un medio pun o que aba ca ía odo el es e o eco ido po una cene a de case ones hexagonales que alojan un flo ón. A juzga po las o mas, pod ía pensa se que no se a a de una ob a nue a, sino que es au én- icamen e neoclásica, o que al menos, el enca gado de su ealización o mon aje, eap o echó elemen os p oceden es de o as piezas an iguas. No obs an e, la hipó esis que aquí se p esen a es que es a a qui ec u a ligna ia e a un o midable eje cicio de composición que no hacía más que epe i , con algunas a iaciones, los esquemas composi i os de los o os seis e a- blos secunda ios de la iglesia, en e los que se encuen an cua o, que lle- ga on a La O p oceden es del O a o io de san Felipe Ne i, documen ados po el p o eso Roda como de Manuel Ba e a y Ca mona14. De odos ellos, muy po desg acia, solo uno queda en pie, pe o sí se conse a es imonio g áfico de cómo e an y dónde es u ie on, unos has a 1961 y o os has a 200015. Ninguno de ellos poseía las dimensiones del que se p esen a en la imagen; po la misma causa, ampoco es posible que an es del Sag a io, es u iese colocado en algún o o luga . He aquí la espues a que la es é ica del momen o p opuso al p oblema que impo aba la ealización de es a pieza que es alo able, al menos, en la in ención de busca con el nue o e ablo, y en defini i a con la capilla en e a, la unidad o mal con el es o del espacio a qui ec ónico donde se inse a; y en el esul ado del eje cicio de oma elemen os aquí y allá pa a, den o de un lenguaje p ees ablecido, p oduci una ob a nue a. Una labo que po aquellos años ambién es aba desa ollando la a qui ec u a egionalis a. Al pa ece es a p opues a, a pesa de es a excelen emen e o mulada, no acabó de cuaja en e los he manos de La O; sob e odo si se iene en cuen a que es e e ablo se ía sus i uido po el ac ual es enado en 192916, aunque echado un año an es. De hecho, se ha podido documen a que, jun o con el nue o al a , se acome ie on a ios abajos de deco ación an o en los pa amen os como en la bó eda. Los p ime os se ían pin ados 14 MARTÍN RIEGO, Manuel y RODA PEÑA, José: El O a o io de San Felipe…, op. ci ., pp. 252-254. 15 Las o og a ías que se conse an, algunas de ellas de p incipios del siglo XX ce ifican la pe manen- cia de es os e ablos en sus luga es co espondien es has a su defini i o desmon aje, en 1961 los dos adosados al mu o de la Epís ola, con mo i o de las ob as ealizadas en la iglesia pa a adap a la a la mode nidad concilia , y el es o -excep o el que hoy ocupa Ma ía San ísima de La O glo iosa- en 2000, con mo i o de o as desa o unadas ob as. 16 Conc e amen e, el 17 de ma zo de 1929, domingo de Pasión, el aludido pá oco, D. Ped o Ramos, bendeci ía el e ablo, cosa que efleja ía, a la mañana siguien e, con odo lujo de de alles, El Co eo de Andalucía. El ie nes 15, el p o eso He nández Díaz publicaba un a ículo sob e el acon ecimien o en el mismo dia io. 148 imi ando un b ocado en o o sob e ondo ojo siguiendo el elie e de las piezas ce ámicas que los ecub en. Pa alelamen e, los paños de la cubie a ecibi ían deco aciones pic ó icas a base de oleos ege ales. Hab ía quizá que as ea las azones de es a sus i ución en un cambio de men alidad de quienes egían los des inos de la A chico adía y en la opo una concu encia de pe sonas en disposición de emp ende es e ipo de inicia i as. En e és as úl imas se hallaba Manuel Ga cía-Mon al án Ga - cía-Mon al án (Se illa, 1876-1943) egen e de la áb ica amilia de ce ámica bau izada con el nomb e de Nues a Seño a de La O 17 . Manuel, amigo pe so- nal del a qui ec o Aníbal González con quien colabo a ía en di e sos abajos pa a la Exposición Ibe o Ame icana de 1929 que le epo a on, a no duda lo, pingües beneficios, ue quien hizo posible en su áb ica, y a sus expensas, la ealización del e ablo compues o ín eg amen e po piezas ce ámicas. De es e modo, la emozada capilla sac amen al e mina ía de o mu- la se como mues a io de posibilidades ce ámicas en pleno co azón de T iana, a la sazón, pun a de lanza de es a a esanía en aquel momen o. En es e o den de cosas, el a e del ba o cocido y id iado, no e a sólo una especialidad cuya p oducción ab il se concen aba en el a abal, sino que ya se había con e ido en oda una seña de iden idad que, si bien adi- cionalmen e había es ado p esen e en la a qui ec u a local de odos los iempos, con la llegada de los his o icismos y el egionalismo ue ele ado a una ca ego ía supe io ocupando siemp e luga es de la mayo ele ancia. P ueba de es a p esencia his ó ica de la ce ámica en la a qui ec u a se- illana es el zócalo de la capilla pin ado po An onio Rome o en la áb ica de Manuel Co ba o18. En él se ep oducen ex ualmen e algunos de los mo- i os deco a i os de g u escos, que en 1577 C is óbal de Augus a plasmó en los azulejos que eco en la pa e baja del salón de fies as del palacio gó ico de los Reales Alcáza es (Figs. 3 y 4). El desa ollo figu a i o expues- o en es os pa amen os ce ámicos incluye un p og ama iconog áfico en el que apa ecen los elemen os de la Pasión, la he áldica de la He mandad y, en las jambas de la en ada, las figu as de San Ped o y San Pablo. Es e sen ido de lo ecléc ico ambién es á p esen e en el on al del al a pin ado po Fidel Villa oel en 1928 en la misma áb ica de la que salió el zócalo, 17 Su amilia siemp e se des acó po la in ensa de oción a la i ula glo iosa de la He mandad, de cuya Jun a de Oficiales acaba ía o mando pa e Manuel. Pa a amplia la in o mación ela i a a la ace a ce amis a, id. www. e abloce amico.ne . 18 Vid. MARTÍN CARTAYA, Ca melo: “La ce ámica en el emplo de Nues a Seño a de La O” en His o ia de La O. Una He mandad pa a un ba io, op. ci ., pp. 349-365, p. 360 y www. e abloce amico.ne . 149 po aquel en onces p opiedad de Manuel Mon e o. En es a pieza se desa- ollan en o no al mo i o euca ís ico cen al oda una se ie de elemen os ege ales y de animales an ás icos cuya inspi ación hay que encon a , po ejemplo, en las labo es de bo dado de finales del XIX, donde las hojas de acan o y ca do, y los animales an ás icos son habi uales, epe o ios p oceden es del uni e so deco a i o enacen is a. Po lo que espec a al singula abajo que salió de la casa Mon al án, con mo i o de es e es udio se ha podido ene acceso al p oyec o o iginal del mismo19 (Fig. 5) que se lle ó a cabo casi comple amen e, a excepción del banco, ya que en el p oyec o no se con emplaba abe náculo o Sag a- io alguno, man eniéndose el p imi i o has a 1961. El diseño y ejecución de es e p oyec o han sido a ibuidos po el p o eso Recio Mi a Adol o López, di ec o de la áb ica aquellos años20. El e ablo p esen a plan a ec- ilínea y se o ganiza a pa i de un cue po p incipal p esidido po el cama- ín a iculado po cua o sopo es abalaus ados apeados sob e episas y ema ados en capi eles co in ios que eciben un en ablamen o con on ón o o, cu o y en oscado. Es a disposición deja espacio al cen o pa a un edículo que aloja, en e ale as, el emblema de la He mandad. El esul ado es un conjun o que esul a sumamen e a mónico, a la ez que supone uno de los máximos del a e ce ámico iane o. Pese a ello, no hay que deja de epa a en que se a a de un eje cicio magis al de composición a pa i de piezas suel as que la áb ica p oducía en se ie median e moldes. Es as piezas que p obablemen e no ue on, diseñadas ex p o eso pa a es e p oyec o, se ían empleadas en o os enca gos como la achada de la casa nume o 10 de la calle An illano Campos, echada en 1940, donde apa e- cen, es a ez en bizcocho, los balaus es del e ablo (Fig. 6). Un aspec o, es e úl imo, que ambién supone una ca ac e ís ica p opia del a e de es e momen o en gene al y de la ce ámica en pa icula . Desde el pun o de is a del análisis es é ico, es e espacio se p esen a como el esul ado del ensayo y el e o en un p oceso donde se die on dos soluciones, que si bien o malmen e no p esen an elación, en esencia son p oduc o de los mismos plan eamien os, dado que en ambos casos exis e la olun ad de in eg a la nue a ob a en su en o no a pa i del acopio de 19 Es o ha sido posible g acias a la gen ileza de Ma ín Ca los Palomo -a a és de José Luis Ruiz-, y de los ac uales esponsables de la Fáb ica Mon al án, quienes desin e esadamen e han acili ado la imagen que se ep oduce. 20 Vid. RECIO MIR, Ál a o: “El peso inmenso de la his o ia: Neoclasicismo e His o icismo” en El e ablo Se illano. De los o ígenes a la ac ualidad. Se illa, 2010, pp. 391-436, p. 420. 156 la He mandad uno de sus mayo es eso os. El ac a que acaba de ci a se es la úl ima que cons a, an es de que el odio y la des ucción ecalasen, una mañana del mes de julio de 1936 en la segunda pa oquia de T iana, con esul ados de sob a conocidos. Una ez acabado el pelig o, la He mandad eanudó como pudo su ida, a ando de con inua lo emp endido. Pese a las lógicas dificul ades de i adas de las ci cuns ancias, en 1937 se acome ió la e minación de los abajos del man o, que hubo de se adap ado a la nue a imagen i ula . A pa i de 1939, se p oyec a ía comple a lo iniciado con la sus i ución de espi ade os, peana y a ales del an iguo palio neg o, po los o os nue os diseñados po F ancisco Pé ez Be gali (Se illa 1898-1973). A qui ec o de p o esión y He mano Mayo de La O, se a a de una de las pe sonalida- des más ele an es pa a la his o ia ecien e de la A chico adía en an o que ue quien ca alizó en sus diseños el sen imien o eno ado de los he manos en ob as a ís icas de excepcional calidad, siemp e den o de la es é ica egionalis a en la que mili ó p o esionalmen e38. De es e modo, y a pa i de los bo dados diseñados po Ca asquilla, Pé ez Be gali em- p endió la a ea de eno a po comple o los demás elemen os del paso. El p ime u no ocó a los espi ade os, ejecu ados po F ancisco Bau is a Lozano y Juan Fe nández Gómez en 193939, que si bien man u ie on en esencia el esquema composi i o de los an e io es, ue on con eccionados ín eg amen e en me al pla eado, inse ando en e los ecuad os calados que ue on eap o echados, unos edículos flanqueados con columnas salomónicas do adas que, coincidiendo con los basamen os de los a ales, da ían i mo a la ho izon alidad del espi ade o, siendo ema ado és e po un po en e moldu ón concebido a modo de co nisa. Asimismo, el año siguien e se p esen a ían los a ales y peana, siendo ejecu ados los p ime- os po Bau is a y Fe nández, y la peana po Edua do Seco Imbe g40. El conjun o o mado po los espi ade os, a ales y peana, p opo cionan al paso un ue e sen ido a qui ec ónico, e idenciando así la mano de su di- señado . Be gali conec ó el espi ade o con los basamen os de los a ales, 38 Pa a ilus a el papel que Be gali jugó en la a qui ec u a de su iempo id. VILLAR MOVELLÁN, Albe o: A qui ec u a del Regionalismo en Se illa (1900-1935). 2ª ed. Se illa, Dipu ación P o incial, 2010, passim. 39 En el a chi o de la A chico adía se conse a la ansc ipción de es e con a o, donde se especifica la eu ilización de piezas del an iguo espi ade o, id. A.H.O. 2-A-2 /2/ Lib o de cabildos gene ales 1930-1941, ol. 32 º. 40 El con a o de los a ales se halla ansc i o en A.H.O. 2-A-2 /2/ Lib o de cabildos gene ales 1930- 1941, ol. 31 º. 157 donde se epe i ía el esquema animado po columnas salomónicas, si bien po su na u aleza, el basamen o esul a mucho más a qui ec ónico aún. De es os emple es a ancan los g uesos a ales de esquema abalaus ado, que ecue dan soluciones empleadas an o en us es de o ja como en made a, huyendo así de la adicional o mulación a base de cañones cilínd icos sepa ados po nudos. Cie amen e, el a al cons i uye uno de los signos de iden idad del paso, pues o que sus dimensiones y o mulación no ienen p eceden es en nues a semana mayo . Po su pa e, el man o (Fig. 11) es la única pieza que se lle ó a cabo den o de es os años, pues o que las caídas y el echo son muy pos e io es, aunque a an de segui de alguna mane a el diseño del man o41. Su aza se basa en los esquemas composi i os que Rod íguez Ojeda había hecho clásicos, con es ne ios confluyen es en la oca bo dada inse a en el man o y que uncionan como ejes del conjun o. És os desa ollan mo i os simé icos, con abundan es oleos y o mas ege ales. Po eso la pieza puede p opone se como epílogo de las úl imas composiciones de Juan Manuel42. A pa i de 1937 hab ía de se ampliado pues o que las medidas del mismo es aban pensadas pa a la p imi i a imagen dolo osa, algo más pequeña que la ac ual43. Es a ampliación consis i ía en añadi la cene a con mo i os bo dados en hojilla que hoy p esen a y de la que pa en esencial- men e los diseños an o de las caídas como del echo. 3. EL MARCO DE LA DEVOCIÓN El e ce y úl imo de los ámbi os en los que se dis ibuye es e discu so es quizá el que a iende a cues iones más p o undas y subje i as, y, po odo lo que és as implican, ambién es el más complejo de abo da . Mucho ha sido lo que se ha esc i o sob e las imágenes sag adas y la ac i ud, y cul o que los ca ólicos deben di igi a ellas, an o desde el pun o de is a 41 Las caídas ex e io es se comenza ían a bo da a pa i de 1957 po Guille mo Ca asquilla con dise- ños de Ra ael Jiménez, a ando de gua da elación con algunos mo i os del man o. El echo de palio se ia bo dado en el con en o de San a Isabel según diseños de Juan Ga ido ya en los años se en a. 42 Es a y o as conclusiones han sido desa olladas po el p o eso Luque. Vid. LUQUE TERUEL, And és: Juan Manuel Rod íguez Ojeda. Diseños y bo dados pa a la He mandad de la Maca ena 1900-1930. Se illa, Ji ones de azul, 2011. 43 En los lib os de ac as se conse an las ansc ipciones del con a o y algunas ampliaciones del mis- mo, fi mados en 1935 po la esposa de Ca asquilla, Enca nación Pe ea, que con ienen da os in e e- san es como el que exp esa que el e ciopelo donde se bo dó el man o e a el que pe manecía liso e iba a ecibi los bo dados de aplicación de Fa án. También se hace sabe que el man o queda ía en depósi o en los alle es de bo dado en p enda mien as no se sa isficie a comple amen e el pago. Vid. A.H.O. 2-A-2 /2/ Lib o de cabildos gene ales 1930-1941, ol. 24 º. 158 doc inal y oficial de la Iglesia, como desde o os ámbi os. Inicialmen e imágenes eligiosas no enían más que un fin ilus a i o, e ocado si se quie e, de aquello que e a figu ado, una o ma isual pa a hace com- p ende mejo el mensaje doc inal a quien la con emplaba. Se ía la Con- a e o ma la que do a ía a es as ep esen aciones de un papel esencial en la eligiosidad del pueblo. Se man end ía el ca ác e ilus a i o de los pasajes, pe o a pa i de es e momen o, las imágenes de C is o, la Vi gen o los san os se con e i ían en un ins umen o al se icio de la doc ina, pa a in e pela al espec ado mo iéndolo al sen imien o de piedad y de o- ción. De igual modo, se es ableció que és as debían se una he amien a pa a la comunicación con Dios, pues o que pa a el c is iano e a más ácil ace ca se a una ep esen ación plás ica. Po an o, a pa i de en onces, las efigies se concibie on con esa finalidad, adap ándose a las modas es é icas y las necesidades de cada comunidad c is iana, pues o que si la imagen debía conec a pe ec amen e con el pueblo y sus sen imien os, és a enía que esponde a los asgos p opios de la sensibilidad de cada luga y cada momen o. En lo que al en o no se illano se efie e, sin duda el Ba oco ue el pe iodo en que es as necesidades ue on cubie as con mayo sol encia, de ahí que muchas de las imágenes de g an de oción pe enezcan a es e momen o, algo que ha mo i ado que a lo la go del iempo se hayan man- enido buena pa e de los ecu sos exp esi os ba ocos aplicados a las imágenes. No obs an e, es bien sabido que el gus o i ía a iando y, con él, la sensibilidad del pueblo hacia unas o mas u o as; lo que ha enido como consecuencia que los ipos ísicos, los ecu sos exp esi os y, sob e odo, la o ma de p esen a a las imágenes –de en e odas, aquellas que son de es i – ha a iado os ensiblemen e, adecuándose a las necesidades y moda de cada momen o. A pa i de la e o ma que se e ec úa a la canas illa del paso de Nues- o Pad e Jesús Naza eno, se die on oda una se ie de ensayos pa a a a de aquila a un modelo de p esen ación de la imagen en el paso que ue a aco de con el gus o del momen o. P oceso de búsqueda que u o su momen o culminan e en un pun o inde e minado al final de la década de 1920 y comienzos de la siguien e en el que se configu ó la apa iencia ac ual del i ula c is í e o en sus andas. Se elimina on odos los elemen os secunda ios que se habían p obado, excep o el ángel que sopo a la pa e in e io de la c uz, se ebajó la al u a del mon e y, lo que es más impo - an e, se p escindió defini i amen e de la única icamen e bo dada po las 159 he manas An únez que es enase en 1891. ¿Cuáles pudie on se las azones pa a es e cambio? De una pa e hay que pensa en la pode osa influencia eje cida po Jesús del G an Pode que salía con única lisa desde 191044, ins au ando así una moda que se gene alizó, poco a poco, en e las imágenes de Naza e- no, con alguna excepción. Po o o lado, hace apa ece la imagen del Na- za eno como la de un C is o más humanizado, ce cano al pueblo, suponía la eliminación de algunos elemen os que podían ac ua como ba e a, ales como la única bo dada e incluso la co ona de espinas y las po encias45. En es e sen ido, cabe apun a que si la Maca ena había sido la inspi ación y pun a de lanza en el diseño y e olución de los pasos de palio, el G an Pode lo ue en lo co espondien e a la apa iencia de la imagen del i ula c is í e o. Es a cues ión implicaba ambién una obsolescencia del modelo simbólico del Naza eno ba oco46, del que sólo se man end ía la c uz de ca- ey y pla a, pe o más como signo iden i a io que como elemen o simbóli- co. En conclusión, puede deci se que es os ensayos y ans o maciones an sólo a ec a on al a uendo y o mas de p esen ación de la imagen po que, después de odo, el Seño siemp e es u o expues o al cul o y su de oción se había consolidado a lo la go de los siglos. No puede deci se lo mismo de la imagen dolo osa de la Vi gen de La O. Repasando la his o ia de la He mandad, se oma plena conciencia de que el papel que se le dio a és a ue muy dis in o al del i ula c is í e o has a bien en ado el siglo XIX. Es un hecho con as ado que la de oción ma iana en La O siemp e ue di igida a la imagen glo iosa de la Vi gen. Los egis os his ó icos mues an cómo la dolo osa, a la que ni siquie a se o o gaba la ad ocación de La O, no es u o expues a al cul o pe manen e has a la llegada en 1868 de los nue os al a es p oceden es del de ibo de San Felipe Ne i. La Vi gen de dolo , o en sus dolo es, como e a conocida has a en onces, pe manecía du an e el año gua dada en un baúl siendo usada solo pa a la p ocesión de Semana San a. 44 Vid. CRUZADO DÍAZ, Ana: “Sob e las es únicas bo dadas más an iguas que se le conocen al Se- ño ” en Anua io de la He mandad del G an Pode , 2005, pp. 32-37. 45 Aún hoy se p escinde de es os elemen os simbólicos en de e minadas echas del año, in e p e ándo- se su uso o no como una cues ión subje i a de gus o. 46 Un buen desa ollo de es a cues ión se encuen a en ROMERO TORRES, José Luis: “A e y simbo- lismo en las c uces del Naza eno en Andalucía” en Ac as del III Cong eso Nacional “Ad ocación de Jesús Naza eno”. Ca agena, Ag upación de N o. Pad e Jesús Naza eno de la Real e Ilus e Co adía de Nues o Pad e Jesús Naza eno, 2009, pp. 245-260 y en RODA PEÑA, José: “El Naza eno en la escul u a ba oca se illana” en IX Simposio sob e He mandades de Se illa y su p o incia. Se illa, Fundación C uzcampo, 2008, pp. 223-265. 160 Desde en onces la imagen es u o expues a al cul o dia io, ci cuns- ancia que mo i ó que u ie a que adap a se a su nue a si uación y uso. Debido a es o se ealizan di e en es in e enciones sob e la escul u a, sin duda des inadas a ales fines. Conc e amen e, se iene no icia de dos ac- uaciones, la p ime a de ellas en 1867 habla de “composición de la Vi gen de Dolo es”47. Es os abajos, abonados al escul o imagine o Ángel Ál a ez debie on consis i en la p epa ación y a eglos opo unos pa a coloca la sob e las andas p ocesionales, ya que aun en onces sólo se sacaba del baúl pa a Semana San a y su es ado no debía se óp imo. La segunda, sin duda de mayo en e gadu a, u o luga en 1882 cuando apa ece egis ado en las cuen as los 640 eales de la “ es au ación de la Vi gen de los Dolo es” y 4 eales más “po lle a la Vi gen a casa de Cano”48. Hecho es e úl imo que pudo co obo a se en 2003 cuando la imagen, que desde los sucesos de la gue a ci il se hallaba cus odiada al cual quedó en un mueble de la sala capi ula , ue some ida a un p oceso de es au ación po pa e de José Manuel Cosano Cejas, a donde quien susc ibe acudió y pudo iden ifica la fi ma que, con la con e a del pincel, plasmó Gu ié ez Reyes en el omó- pla o de echo de la imagen49. Al pa ece , la imagen, que algunos han elacionado con el pago en 1667 a Ped o Roldán po “una cabeza y manos pa a la Vi gen de dolo ”50 y en consecuencia había sido ealizada según los cánones es é icos del Ba- oco pleno, no se e minaba de adap a a las necesidades uncionales que se eque ían de ella. Es po eso que se encomendó a uno de los escul o es imagine os con mayo econocimien o en aquel momen o51 la a ea de mo- difica la apa iencia de la Vi gen pa a acomoda la a los cánones es é icos igen es. En defini i a, se buscaba un modelo de belleza muy definido, lo que, a buen segu o, mo i ó que el escul o modificase el ic us de la escul- u a condicionando su exp esión, con la in ención de maneja los eso es adecuados pa a mo e a la de oción de los fieles. Es a in e ención u o éxi o, pues no se iene no icia de nue as in e enciones sob e la Vi gen has a casi cincuen a años después. 47 Vid. A.H.O. 1-G-1 /13/ cuen as de 1867, s/ . 48 Vid. A.H.O. 1-G-1 /17/ cuen as de 1882, s/ ., ci . po RODA PEÑA, José: El escul o Manuel Gu ié ez Reyes (1845-1915). Se illa, Ayun amien o, 2005, p. 65. 49 De o ma incomp ensible, aquella iden ificación no causó buenas sensaciones en algunos de los esponsables de la He mandad, ya que la imagen enía a ibuyéndose adicionalmen e a La Roldana, y es e nue o escul o no e a conocido. 50 Vid. A.H.O. 1-D-1 /1/ Lib o de cuen as 1686-1707, s/ . y 2-A-1/1/ Lib o de acue dos 1675-1727, ol. 5 º. 51 Vid. RODA PEÑA, José: El escul o …, op. ci . 161 Du an e el e ano de 1936 los esponsables del gobie no de la He - mandad se en en a ían a un momen o is emen e decisi o en su his o ia ya que, as los desg aciados acon ecimien os del 20 de julio, debie on oma g a es decisiones que a ec a ían al u u o de las imágenes i ula- es de la He mandad. Los es i ula es habían su ido c uel p o anación, quedando en muy malas condiciones. Las imágenes del Seño y la Vi gen glo iosa se ían es au adas po An onio Cas illo Las ucci, mien as que la imagen de la Vi gen dolo osa se ía sus i uida po una de nue a ac u a po el mismo escul o . Recien emen e se han cumplido 75 años de aquellos sucesos, de los que las ac as le an adas aquellos días son el único egis o his ó ico oficial. No obs an e, los nomb es, los comen a ios y o os de alles queda on en la memo ia colec i a de la co po ación52. Lo e dade amen e in e esan e pa a es e es udio son p ecisamen e las mo i aciones y conse- cuencias que ob a on pa a oma la decisión de no es au a a la Vi gen, o bien, de sí es au a al Naza eno y la i ula glo iosa. Una cues ión que has a aho a se había esuel o g acias a lo egis ado en la co espondien e ac a, en la cual, los esponsables de la He mandad acuden al alle de Cas- illo lle ando an o al Naza eno como a la Dolo osa pa a que és e se haga ca go de las es au aciones, cuando és e les comunica que “con espec o a la imagen de Nues o Pad e Jesús Naza eno, él se comp ome e a es au- a la de o ma al, que no se á pe cep ible, una ez ealizada, los e ec os de la es au ación: y con espec o a la imagen de Nues a Seño a de La O, dice que los des ozos causados en la misma son de al impo ancia que no pe mi en es au ación alguna oda ez que el os o es á mu ilado y seccio- nada con al saña que po mucha a ención y esme o que se pusiese en su es au ación end ía és a que esul a o zosamen e de ec uosa”53. Resul a comp ensible que has a aho a no se haya que ido p o undiza en es e pa icula po las implicaciones que conlle a, pe o a la is a de las e ibles o og a ías que se ealiza on de las imágenes as los des ozos, los daños en ambas imágenes son de simila es ca ac e ís icas y en e ga- du a, lo que, sin nega la en absolu o, pe mi e ma iza la a gumen ación de Cas illo. No cabe duda que la es au ación de la Vi gen hab ía sido un abajo ímp obo, pe o no puede desca a se que exis ie an condicionan es 52 Recien emen e, y con mo i o de cumpli se 75 años de aquellos hechos, se ha publicado una e isión de es as ac as, que ambién han sido opo unamen e comen adas y publicadas po o os y que po no edunda no apa ece án aquí. Vid. LABRADOR JIMÉNEZ, Juan Manuel: “Ma ía San ísima de La O: se en a y cinco años de una agedia y un nacimien o” en Bole ín de las Co adías de Se illa, nº. 637, 2012, pp. 175-179 y MARTÍNEZ LARA, Ped o Manuel: “La He mandad de La O…” op. ci . 53 Vid. A.H.O. 2-A-2 /2/ Lib o de cabildos gene ales 1930-1941, ol. 20 º. 162 di e enciales que in e inie on en la decisión. Muchas son las hipó esis que pueden plan ea se en es e pun o, pe o quizá la que mejo base posee es la que iene que e , una ez más, con el cambio de gus o es é ico liga- do a la unción de la imagen. Desde los años iniciales del siglo XX, se había comenzado a implan a en el a e un nue o modelo ísico pa a el p o o ipo de muje andaluza in oducido desde el cos umb ismo que, a su ez, ecogía pa e de la a- dición mu illesca y que, finalmen e, ha ía p opio el egionalismo. Suponía pues, la exal ación de las i udes de la muje a que ípica de es e ámbi o geog áfico. Andando el iempo, es e modelo fisonómico se ía in oducido, p ecisamen e po An onio Cas illo en la imagine ía eligiosa, siendo la p i- me a de odas la imagen de Ma ía San ísima del Dulce Nomb e en 1924, a la que segui ían las dos í genes que u o que ealiza pa a la He mandad de la Hinies a en 1932 y 1937 espec i amen e. És as causa on g an sensa- ción en Se illa, po que de un lado, consiguie on cala ápidamen e en el pueblo que eía en las í genes de Cas illo la ce canía de la di inidad que les o ecía la in e cesión, enca nada en una belleza que buscaba ep esen- a los asgos ípicos de la muje se illana. Al mismo iempo, se a aba de adsc ibi se a un nue o a ance es é ico. No hay que ol ida que los he manos que acudie on al alle de Cas illo: F ancisco Pé ez Be gali, An onio Ma ín Albo ch y Sebas ián Flo es de la To e, se encon aban en e los he manos que un año an es habían p o- pues o la pa alización de los abajos de Fa án pa a acome e el man o y palio ac uales, y que, más adelan e, p omo e ían la comple a emodelación de los ense es del paso de la Vi gen. Un da o que e ue za es a olun ad po la eno ación puede e se en cómo el mayo domo, Ma ín Albo ch, ue quien su agó la alla 54 . En e ec o, la nue a imagen de Ma ía San ísima de La O que se ía bendecida po el ca denal Ilundain en palab as del sec e a io de la He mandad “es de bellísima exp esión y en su aza, de alles y con- jun o, se ajus a al más pu o es ilo de la escuela se illana de imagine ía” 55 . Comen a io és e que da i a mues a de las implicaciones egionalis as que odeaban a la nue a i ula ma iana. Maneja el concep o de escuela se i- llana implicaba la olun ad de ecoge odos aquellos ca ac e es p opios de la his o ia del a e local pa a plasma los en las nue as ob as. 54 La ac u a y finiqui o fi mado po el escul o y el en onces mayo domo, se conse an en pode de los descendien es de Ma ín Albo ch, si bien la He mandad posee copia del documen o, habiéndose ep o- ducido ecien emen e. Vid. LABRADOR JIMÉNEZ, Juan Manuel: “Ma ía San ísima…” op. ci . p. 178. 55 Vid, A.H.O. 2-A-2 /2/ Lib o de cabildos gene ales 1930-1941, ol. 20 º. 163 En defini i a, puede comp oba se cómo la A chico adía sac amen al de La O, siemp e pugnó po es a en consonancia con los iempos, aspi- ando a la mayo calidad y a ando de adsc ibi se a las co ien es es é icas igen es en cada momen o, sumando así olun ad de cambio y sensibili- dad a ís ica. Y, en ellos, el egionalismo adquie e g an impo ancia al ocu- pa un luga de especial ele ancia en los p ocesos es udiados. Se a a de una co ien e que, po su p opia na u aleza, ue especialmen e accesible al pueblo pese a maneja plan eamien os eó icos de g an complejidad. Facilidad pa a llega a las anjas más amplias de la sociedad que ue ap o- echada en el en o no de las he mandades y co adías como ecu so en el que undamen a el eno ado epe o io es é ico, donde los elemen os deco a i os p opios e iden i a ios, y las a es adicionales locales, juga ían un papel decisi o. Algo que u o clamo oso éxi o, pues o que si el fin undamen al de las he mandades es hace llega el mensaje e angélico al pueblo que con empla las p ocesiones, la es é ica egionalis a p opo cionó un código sencillo, e sá il y, sob e odo, co idiano a la ez que bello, con el que hace llega al o y cla o ese mensaje. 164 1. Templo pa oquial de Nues a Seño a de La O, plan a gene al. Jesús Capilla Besadio. 2. Templo pa oquial de Nues a Seño a de La O, capilla sac amen al. P imi i o e ablo. Anónimo, ca. 1911. Fo o: A chi o G áfico de la He mandad de La O. 165 3. Reales Alcáza es de Se illa, salón de fies as. Zócalo de azuleje ía. C is óbal de Augus a, 1577. Fo o: Ped o M. Ma ínez La a. 4. Templo pa oquial de Nues a Seño a de La O, capilla sac amen al. Zócalo de azuleje ía. An onio Rome o (pin o ), 1910. Fo o: Ped o M. Ma ínez La a.