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De Sevilla al Campo de Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho

López Fernández, Manuel

Abstract

A lo largo de su reinado, Alfonso XI llegó en cinco ocasiones a las hoy tierras del Campo de Gibraltar; en todas ellas fue acompañado de un ejército más o menos numeroso, pasando siempre por Sevilla y Jerez de la Frontera. Pero el camino seguido entre estas dos ciudades, así como los lugares de acampada elegidos en cada desplazamiento, dependió de circunstancias logísticas y de lo apremiante de la situación. Por su parte, el itinerario que unía Jerez con las tierras del Estrecho se vio afectado, además, por cuestiones relativas a la seguridad del ejército. Unos y otros aspectos se tratan aquí teniendo en cuenta la toponimia actual y la que se cita en las fuentes medievales.

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De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 309 HID 33 (2006) 309-337 DE SEVILLA AL CAMPO GIBRALTAR: LOS ITINERARIOS DE ALFONSO XI EN SUS CAMPAÑAS DEL ESTRECHO MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ Centro Asociado de la UNED (Algeciras) INTRODUCCIÓN Como de todos es bien conocido, la empresa por dominar las tierras de la orilla norte del Estrecho de Gibraltar se inició en tiempos de Alfonso X con el fracasado cerco a la ciudad de Algeciras en el año 1279 1. En este empeño le siguió su hijo Sancho quien, siendo ya rey de Castilla, se apoderó de Tarifa en 1292 2. Hubo un nuevo intento de hacerse con Algeciras protagonizado por Fernando IV en 1309 y aunque el cerco a la misma resultó infructuoso por razones largas de explicar3, los pendones castellanos acabaron hondeando en aquella ocasión sobre el castillo de Gibraltar4. No fue posible realizar otra ofensiva de peso sobre las tierras musulmanas próximas al Estrecho hasta la mayoría de edad de Alfonso XI; la razón para iniciar la misma vino impuesta por las circunstancias que se dieron en torno al castillo del Peñón en el año 1333, cuando éste fue sitiado por Abu-Malik, hijo del sultán benimerí Abu-l Hassan. El cerco del infante meriní al castillo y villa de Gibraltar, que comenzó en el mes de febrero, dio sus frutos en el mes de junio del año antes citado y Castilla terminó perdiendo esta plaza que, como hemos dicho, fue ganada por el padre de Alfonso XI. Aunque muchos historiadores, siguiendo las crónicas, han tratado de cargar las tintas sobre la negativa actuación del alcaide gibraltareño –Vasco Pérez de Meyra– en lo relativo a la entrega de Gibraltar a los meriníes, no se deja de observar en el comportamiento de Alfonso XI cierta responsabilidad en esta pérdida. La muestra de ello es que nunca cejó en el empeño de recuperarla y lo hubiera conseguido de no morir víctima de la Peste Negra, en marzo de 1350. 1 El cerco fracasó por razones económicas ya que el infante Sancho de Castilla, luego Sancho IV, gastó buena parte de lo recaudado para el sitio de Algeciras en atraerse a su causa la voluntad de su madre en la disputa sucesoria que por entonces se vivía en Castilla. 2 Según la Crónica, inicialmente se pensó conquistar Algeciras; sin embargo, luego se puso sitio a Tarifa porque “…era la mar mas estrecha alli, e que avian alli mejor salida para los caballos cuando los moros pasasen aquende, que en otro lugar ninguno”. 3 Como es bien sabido, la razón fundamental del fracaso de este cerco fue el abandono del mismo por parte del infante don Juan y de don Juan Manuel. Estos eran, respectivamente, tío y primo hermano de Fernando IV. 4 En la recuperación de Gibraltar destacaron los efectivos del concejo de Sevilla y los de Alfonso Pérez de Guzmán, por parte castellana. Pero tampoco debemos olvidar el destacado papel de la fl ota aragonesa al mando del almirante Castelnou. HID 33 (2006) MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 310 HID 33 (2006) 309-337 No deben existir dudas de que Alfonso XI de Castilla fue el rey que más profundamente se involucró en la pelea por arrebatar a los benimerines las tierras de la orilla norte del Estrecho. Hasta en cinco ocasiones llegó a esta comarca entre 1333 y 1349 acompañado todas ellas de un ejército más o menos nutrido, pasando siempre por Sevilla y Jerez de la Frontera. El camino entre estas dos ciudades parece ser que lo hizo –con la excepción de la ocasión de la batalla del Salado de Tarifa en octubre de 1340–, pasando por “Torre de los Herberos”, Cabezas de San Juan y “Laguna de Tollos” para acampar luego a las orillas del Guadalete, cerca de Jerez de la Frontera. Desde aquí hasta el hoy Campo de Gibraltar los itinerarios elegidos por el rey castellano fueron más variados dependiendo siempre de las circunstancias puntuales del momento. Así, la primera vez que intentó llegar a Gibraltar en junio de 1333 tomó la vía que pasaba por Alcalá de los Gazules y bajaba más o menos paralela al curso del río Palmones –esta es nuestra opinión como veremos en su momento–, para acampar junto al río Guadarranque en tierras que hoy pertenecen al término municipal de Los Barrios, ya en las proximidades de Gibraltar. El resto de las ocasiones cruzó el Guadalete y pasó por Medina Sidonia y Benalup para cruzar el río Barbate y “Puertollano” –en la ocasión del Salado utilizó otro camino que cruzaba el Puerto de Facinas–, hasta llegar a Tarifa. Desde aquí hasta Algeciras siempre utilizó el camino que cruzaba la sierra –más corto que el que serpenteaba cercano a la costa–, y que según veremos más adelante discurría por un trazado bastante parecido al que tiene hoy día la carretera nacional que une a Tarifa con Algeciras. Camino que por entonces debía guardar todavía, según palabras de don Alfonso, algunas características de la antigua calzada romana5. Aunque en el trazado de los caminos infl uye la Geografía y ésta ha resultado siempre determinante a la hora de elegir el sitio concreto por donde habrá de pasar una vía de comunicación, se da la circunstancia de que las actuales carreteras no discurren hoy exactamente por el mismo lugar donde antes lo hicieran los caminos de herradura. Es cierto que estos trazados pueden ser coincidentes en muchos tramos, pero la verdad es que los medios técnicos disponibles hoy día eliminan obstáculos de manera tal que los ingenieros están a punto de conseguir los trazados a cota constante, o con los menos desniveles posibles. No hay duda, pues, que el progreso tecnológico ha eliminado muchas barreras impuestas por la Geografía y con la incorporación del motor de explosión a los medios de transporte no se depende de otros factores que, en tiempos no tan lejanos, resultaron fundamentales para los hombres y animales que utilizaban los caminos. Nos estamos refi riendo concretamente a la existencia de agua y pastos, elementos que en pequeñas proporciones podían ser sufi cientes para las recuas de los transportistas habituales, pero que se necesitaban en grandes cantidades cuando se trataba de abastecer los ejércitos medievales, compuestos por miles de hombres y por un número de semovientes aproximado a la mitad de los efectivos humanos del contingente6. 5 Como veremos en su momento, el rey le llama “camino viejo” 6 Para estos cálculos no hay más que rebuscar en las crónicas medievales. No obstante, quizá sea oportuno hacer referencia a una opinión autorizada en este sentido como puede ser la de CLAUSEWITZ, Carlos von: De la guerra. Ediciones Ejército. Madrid, 1980, 346-363. De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 311 HID 33 (2006) 309-337 Las razones apuntadas anteriormente son las que justifi can el hecho de que buena parte del trazado de los caminos que en tiempos medievales unían Sevilla con Jerez y ésta con Tarifa y Gibraltar, no coincida con las actuales carreteras y para los viajeros de hoy carezca de sentido histórico la mención de ciertos topónimos que parecen resultar familiares a los cronistas medievales. Topónimos7 como “Torre de los Herberos”, “Bodegones de Pascual Rubio”, “Torre Alocaz”, “Laguna del Arrecife”, “Laguna de Tollos”, “Berrueco”, “Vegas de Pagana”, “Badalejo”, “Pasada de Tarifa”, “Pasada del Mojón”, “Puertollano”, poco o nada pueden signifi car en la actualidad para buena parte de los viajeros; sin embargo, todavía podemos encontrar muchos de ellos en mapas militares editados a mediados del pasado siglo, muestra inequívoca de que hasta “ayer mismo” el conocimiento de estos topónimos resultaron útiles a la milicia, a los transportistas, a los viajeros en general y, cómo no, a los pastores de la Mesta. Porque no por casualidad los encontramos jalonando las antiguas cañadas y veredas utilizadas por el ganado trashumante; y es que existe una gran similitud entre las necesidades de agua y pastos en el desplazamiento de un rebaño de ovejas y las que podía requerir un ejército medieval, muestra de esto lo es el hecho de que muchos descansaderos de la Mesta se ubicaron sobre los lugares de acampada de los ejércitos. Así que si estos caminos tuvieron “vida” hasta hace poco, por utilizarlos las recuas de transportistas y ganaderos, qué decir con respecto a su uso por contingente militares en los siglos anteriores cuando las tropas españolas embarcaban en Cádiz rumbo al continente americano. Y qué comentar de las idas y venidas de los ejércitos benimerines y cristianos entre los siglos XIII y XIV cuando se derimía la posesión de las tierras situadas a esta orilla del Estrecho, por no remontarnos a los siglos en que las incursiones de almorávides y almohades los utilizaron –éstos de manera más frecuente– para penetrar en el Valle del Guadalquivir. Buena parte de estos topónimos, como hemos dicho, los podemos encontrar con los nombres que se citan en las crónicas o con otros similares en mapas relativamente recientes; sin embargo, difícilmente encontraríamos en ellos un lugar cuyo nombre se conserva en la actualidad con otro muy próximo al que se cita en las crónicas. Este lugar, relativamente próximo a Sevilla y que en el siglo XIV debía ser una pequeña aldea, estaba ligeramente apartado de los caminos tradicionales; no obstante, una noche del mes de junio de 1333 sus tierras sirvieron de “albergada” al ejército de Alfonso XI cuando acudía a descercar el castillo de Gibraltar y años más tarde fue objeto de un saqueo por parte de la gente del infante Abu-Malik, según relatan las crónicas8. Nos estamos refi riendo concretamente a los “Bodegones de Pasqual Rubio”, lugar que sólo conserva de su antiguo nombre el último de sus términos por no estar precisamente en un lugar de paso habitual; situación que lo debió convertir primero en un despoblado y luego en una fi nca que se conoce en nuestros días como “El Rubio”, dentro del término municipal de Dos Hermanas y 7 Vamos a entrecomillar todos los topónimos que consideremos menos conocidos por los lectores en general por hallarse lejos de las actuales vías de comunicación, o por no encontrarse en mapas de uso corriente. 8 El hecho en cuestión ocurrió en el otoño de 1339. MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 312 HID 33 (2006) 309-337 en las proximidades del Guadalquivir, al norte del Caño de la Vera y al oeste de la carretera que, partiendo del “Cortijo de Tixe (Torre de los Herberos)” pasa por Adriano hasta alcanzar Los Palacios y Villafranca, según creemos9. Y después de situar este punto, que no volveremos a encontrar en los itinerarios alfonsinos y razón sufi ciente para hacerlo aquí, nos adentraremos en los pormenores de los itinerarios que siguieron las huestes del rey de Castilla en su camino hacia las tierra del Estrecho, pero no sin antes insistir en la circunstancia de que estos contingentes se desplazaban normalmente en los meses de más calor y por tal razón debían de contar necesariamente con caminos jalonados frecuentemente por lugares donde existiera agua y pastos sufi cientes para atender las necesidades de los hombres y animales que los componían. Ya se sabe que los asnos, mulas y caballos –bestias de tracción, carga y de combate–, formaban parte de los contingentes militares y debían comer y beber con cierta frecuencia10 no descuidando en su alimentación el consumo de elementos muy voluminosos, como paja, hierba, o forraje, que difi cultarían la rapidez de una operación en caso de tener que transportarlos. No por otra razón encontramos en las crónicas medievales los itinerarios de estos ejércitos siempre paralelos a los cursos de agua, o bien cruzándolos en determinados puntos que se elegían como lugares de acampada. De aquí lo fundamental que resultaba el conocimiento de estos lugares a la hora de planear una expedición; y por ello no debe sorprender que las condiciones de cada lugar fuesen conocidas por los encargados de asesorar al rey en la conducción y asentamiento de los ejércitos, ya fuese en terreno propio o enemigo. Estas misiones de reconocimiento y asesoramiento del mando quedaban en tiempos medievales bajo la responsabilidad de los adalides, hombres de los que dice el Rey Sabio en la II Partida que debían ser buenos conocedores de aquellos puntos por donde habían de pasar las huestes en sus desplazamientos, de manera que pudieran guiarlas “… atales lugares que fallen agua, e leña e yerua do puedan todos posar de so uno” 11. 9 El acercamiento a esta evolución ya la hicimos en un artículo titulado: “La Torre de los Herberos y los Bodegones de Pascual Rubio en las crónicas de Alfonso XI”, publicado en la Revista de Ferias de Dos Hermanas, 2005. No obstante, quizá resulte interesante puntualizar aquí que para localizar el topónimo hemos utilizado un mapa de Dos Hermanas y la cita de una obra titulada “Calles, plazas, campo…Dos Hermanas” del que es autor Pedro Núñez Sánchez, cronista local de esta localidad. En este trabajo se dice que en el Catastro de Ensenada se cita un lugar de 112 fanegas de extensión llamado “El Rubio” y que el registrador de la propiedad, en 1889, decía que era propiedad de los señores de Ibarra y situaba al oeste de la dehesa “Marisma y Puntales”. Es muy posible que en tiempos medievales las tierras pertenecientes a los citados “Bodegones” tuvieran mayor extensión de la que tienen hoy. 10 A causa de la pequeñez del estómago de los caballos, con relación a su peso, es necesario que el abrevamiento sea frecuente y regular. Algo similar hay que hacer con los piensos. Así puede verse en WOLTER. R: La alimentación del caballo. Editorial Acribia. Zaragoza, 1977, 58 y 108. 11 ALFONSO X DE CASTILLA: Las siete Partidas. Glosadas por el licenciado Gregorio López (1560). Edición facsímil de Editorial B.O.E. Madrid, 1974. Partida II, Título XXII, Ley I. De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 313 HID 33 (2006) 309-337 EL ITINERARIO A GIBRALTAR EN 1333. De todos los desplazamientos que aquí vamos a tratar, será éste el que ocupe más extensión por dos sencillas razones. Una de ellas viene impuesta por cuestiones de método y éste aconseja que al encontrarnos por primera vez con determinados lugares nos detengamos en describir los detalles relacionados con el mismo; aquí se da el caso, como dijimos antes, que el tramo Sevilla-Jerez se hizo la mayor parte de las veces por el mismo itinerario que se utilizó en 1333. La otra razón para extendernos en este apartado viene condicionada por la circunstancia de la incertidumbre –ya que las crónicas no lo citan–, de saber si el “ el puerto llano” que cruzó el ejército de Alfonso XI antes de penetrar en tierras bajo dominio benimerí está entre Los Barrios y Alcalá de los Gazules, o bien este topónimo corresponde a otro “Puertollano” situado entre Benalup y Tarifa, muy cerca del hoy conocido Puerto de Ojén que desde antiguo unía las tierras de la Bahía de Gibraltar con Medina Sidonia. Como los detalles relacionados con el itinerario de 1333 los veremos con ciertos detalles, será necesario avanzar también que por tales razones hemos creído conveniente dividirlo en tres tramos donde seguimos fi elmente a las crónicas en el primero y último de ellos, en tanto que el tramo central –el existente entre Alcalá de los Gazules y el río Guadarranque–, constituye la defensa de una hipótesis en la que hemos estado trabajando últimamente para aclarar una situación de la que por ahora no se encuentra testimonio documental. - De Sevilla a Alcalá de los Gazules. Como ya hemos apuntado, el primer desplazamiento que hizo Alfonso XI desde Sevilla a las cercanías del Estrecho tenía como objetivo liberar al castillo de Gibraltar del cerco al que lo estaba sometiendo el infante Abu-Malik desde el mes de febrero de 1333. Esta operación de asedio había sido la respuesta del sultán benimerí Abu l-Hasan a la petición de ayuda que le hizo el granadino Mohamed IV en septiembre de 1332, fecha en la que concretaron el envío de un ejército compuesto por unos efectivos que oscilaban entre los cinco y siete mil hombres12. Según dicen las crónicas, Vasco Pérez de Meira, alcaide de la fortaleza castellana, en cuanto se vio sitiado envió información a Alfonso XI que entonces se encontraba cerca de Valladolid13, pero el rey de Castilla no pudo tomar las medidas necesarias 12 MANZANO RODRÍGUEZ, Miguel Ángel: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica. CSIC.. Madrid, 1992, 223. Según este autor, las fuerzas oscilan entre estos números dependiendo de las fuentes que se consulten. 13 Crónicas de los reyes de Castilla. Crónica del rey don Alfonso el Onceno. (En adelante, Crónica) Biblioteca de Autores Españoles. Vol. LXVI. Ediciones Atlas. Madrid, 1953. También en Gran Crónica de Alfonso XI. (En adelante, Gran Crónica). Preparada por Diego CATALÁN. Editorial Gredos. Madrid, 1976. No hay grandes diferencias en el tratamiento de la situación entre estas dos fuentes medievales, así que por comodidad seguiremos a la Crónica y citaremos por la Gran Crónica cuando lo veamos necesario. MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 314 HID 33 (2006) 309-337 para ayudar efi cazmente a los sitiados a causa de los problemas internos que por entonces se vivían en el reino a causa de las disensiones entre el monarca y algunos nobles14. Fue pasando el tiempo y agravándose la situación para los del castillo del Peñón hasta el punto que el concejo de Sevilla llegó a pedirle al rey que no dejara abandonada la Frontera, de modo que a mediados de abril el monarca castellano tomó la fi rme decisión de socorrer con su ejército al castillo que había sido ganado en tiempos de su padre. A primeros de mayo emprendió camino desde Valladolid y pasando por Segovia, Madrid, Toledo, Villa Real –la actual Ciudad Real–, Fuenteovejuna (Córdoba), Azuaga (Badajoz), y Constantina, ya en la provincia de Sevilla, llegó a la capital del Guadalquivir el día ocho de junio15 de 1333. Algunos nobles se había unido al Rey en su camino hacia Sevilla, pero el grueso de las fuerzas de las órdenes militares y de los concejos de la Frontera le esperaban en esta ciudad y allí permaneció ocho días16 solucionando problemas de índole militar relacionados todos ellos con la operación que estaba decidido a llevar a cabo17. Entre otras cosas sabemos que escribió al concejo de Murcia18 informándoles que salía de Sevilla “para decercar el nuestro castiello de Gibraltar miercoles XVI dias de junio” y mandándoles que iniciaran una incursión por tierras del reino de Granada no más tarde del día de san Juan “fasta trese dias” porque preveía que el rey granadino se reuniría con el infante Abu-Malik en Gibraltar sobre esa fecha. La profundidad de la penetración en terreno musulmán y la seguridad de que el rey de Granada ayudaría a los benimerines, como luego ocurrió, aumentaba el grado de peligrosidad de la operación militar a los ojos de los consejeros de don Alfonso, motivo por el cual existían algunas reticencias entre los mismos para iniciar la incursión. No obstante, todo apunta a que el día dieciséis de junio Alfonso XI abandonó el Campo de Tablada y después de posar dos noches en la “Torre de los Herveros” 19 –mientras seguía reuniendo efectivos– acampó el día dieciocho en los “Bodegones de Pasqual Rubio, cerca del Guadalquivir” y continuó después hacia Lebrija para pasar allí la noche como recoge la Crónica20, mientras buena parte del ejército debió acampar en las inmediaciones de la Sierra de Gibalbín, cerca de la Laguna de Tollos el día diecinueve de junio. Pero antes de continuar con más detalles y dado que los topónimos se nos acumulan, creemos interesante apuntar que la Torre de los Herberos tiene una larga tradición cronística desde los tiempos del cerco a Sevilla por Fernando III; y la tiene, entre otros aspectos, por su importancia logística ya que en estos pagos 14 Don Juan Manuel y don Juan Núñez de Lara eran los cabecillas revoltosos. No obstante, el monarca ordenó a los de la Frontera que socorrieran a Gibraltar no siendo posible hacerlo porque los granadinos atacaron Córdoba por aquellas fechas. 15 Crónica…, 246. 16 En esto la Crónica nos parece más precisa que la Gran Crónica de Alfonso XI ya que ésta habla de que el rey estuvo en Sevilla dieciocho días. Véase así en Gran Crónica tomo II, 37-38. 17 Entre estos problemas debemos considerar también los de tipo logístico. 18 La carta tiene fecha del día 14 de junio. GIMÉNEZ SOLER, Andrés: Don Juan Manuel. Biografía y estudio crítico. Zaragoza, 1932. Documento nº DXIII. 19 Crónica, 247. 20 Ibídem. De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 315 HID 33 (2006) 309-337 se cortaba la hierba que alimentaba a los caballos del ejército sitiador21. Esta torre, junto a la madre vieja del Guadalquivir22 y hoy en medio del polígono industrial de Dos Hermanas, se alzaba sobre una pequeña elevación de 12 metros de cota23 desde donde se dominaba visualmente la amplia llanura que la circundaba; llanura que desde tiempos romanos era atravesada por la calzada que discurría entre “Gades” y “Corduba” pasando a estas alturas junto a un “oppidum” ibérico que en tiempos romanos fue conocido con el nombre de “Orippo”24 y sobre sus ruinas se había levantado la torre medieval a la que nos venimos refi riendo. Ni que decir hay, después de lo que ya sabemos, que el lugar resultaba idóneo para acampar por la abundancia de pastos y por la cercanía del Guadalquivir; no debe sorprendernos por tanto que allí pasara el ejército dos noches antes de continuar su progresión, pero lo más curioso es que a la noche siguiente acamparon un poco más al sur en otro lugar no muy distante y también próximo al Guadalquivir, como ya dijimos, que se llamaba “Bodegones de Pascual Rubio”. Desde aquí la hueste tomó el camino que se dirigía a Jerez y que pasaba por las proximidades de la Sierra de Gibalbín, motivo por el que hubieron de cruzar el río Salado que baja de la Sierra de Montellano por el romano puente de las Alcantarillas25, punto obligado de paso en aquellos tiempos a consecuencia de que el desagüe de este río en la marisma convertía su último tramo en un ancho brazo de piso cenagoso de difi cultoso vadeo en todo tiempo26. El camino entre Sevilla y Jerez para buscar terrenos más fi rmes daba aquí un amplio rodeo por Torre Alocaz27 y atravesaba las tierras del alfoz de Cabezas de San Juan por donde hoy lo hace la carretera Nacional IV –no la más reciente autovía A-4 construida sobre suelo de la marisma–, próximo a un rosario de lagunas de las cuales una de ellas se le conocía como “Laguna del Arrecife”, hoy desaparecida pero todavía señalada con este nom- 21 En la “Primera Crónica General” se hace referencia a las vicisitudes vividas por los hombres de las huestes cristianas que en el cerco a Sevilla, y especialmente en el verano de 1248, se encargaban de aprovisionar el forraje necesario a la caballería de los sitiadores. Por tal razón en la citada crónica se les menciona con el muy signifi cativo nombre de “herueros” y de aquí el nombre de la citada torre. 22 GUERRERO MISA, Luis Javier: “En el 25 aniversario de las primeras excavaciones arqueológicas de “Orippo”. Revista de Feria y Fiestas Dos Hermanas 2004, 217-219. 23 Así fi gura en un mapa del Servicio Geográfi co del Ejército (en adelante SGE.), escala 1:50.000, hoja 1002 del año 1918. 24 ROLDAN HERVÁS, José Manuel: Itineraria Hispana. Editan las universidades de Valladolid y Granada. Madrid, 1975, 254. El autor la localiza con precisión en Torre de los Herberos. 25 Este puente continúa en uso todavía ya que sobre el mismo pasa la N-340. Para más detalles véase CORZO SÁNCHEZ, Ramón y Margarita TOSCANO SAN GIL: Las vías romanas de Andalucía. Sevilla, 1992. 26 HERNÁNDEZ GIMÉNEZ, Félix: “Ragwal y el itinerario de Musa, de Algeciras a Mérida”. Al-Andalus, nº XXVI. Madrid, 1961, 133-135. Según este autor, el citado puente tiene dos ojos de 8,90 mts. de luz y, como veremos más adelante, sigue todavía en uso al pasar sobre el mismo la N-IV. El topónimo “Puente las Alcantarillas” podemos encontrarlo todavía en el mapa del SGE. escala 1: 100. 000 hoja 6-21, edición de 1982. 27 Más adelante hablaremos de este estratégico punto que se encontraba en la confl uencia de los dos caminos que partían de Sevilla hacia Jerez; uno de ellos pasaba por las cercanías de Alcalá de Guadaira y Utrera, mientras el otro discurría por Torre de los Herberos, tal como hemos visto. MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 316 HID 33 (2006) 309-337 bre en un mapa militar de 191728. No hay dudas, pues, que la citada laguna tomaba su nombre de la proximidad del arrecife29 medieval, ni que éste pasaba luego por las proximidades de otra laguna más grande originada por el encharcamiento del agua de unas fuentes que eran conocidas con el nombre de “Toyos” según nos dice la Crónica de Alfonso XI30. Esta laguna, ubicada en terrenos pertenecientes a los municipios de Jerez y Lebrija está muy deteriorada actualmente31, pero en la Edad Media debía ser un lugar idóneo para la acampada de los ejércitos de la época y 28 SGE. Escala 1: 50.000, hoja 1034. La citada laguna estaba junto al cruce de la carretera Nacional IV con la que conduce de Cabezas de San Juan a Espera. 29 Como resulta bien conocido, el término castellano “arrecife” se deriva del árabe “arrasaf”. 30 “…fuentes que dicen Toyos”, así se dice en la Crónica. 31 Así, en COLÓN DÍAZ, Manuel y Fernando DÍAZ DEL OLMO: Guías naturalistas de la provincia de Cádiz. Diputación de Cádiz. Cádiz, 1990, tomo IV, 230-231. Fig. 1.- Itinerario desde Sevilla al Guadalete en 1333. De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 317 HID 33 (2006) 309-337 una prueba de ello es que también la utilizaron para tal fi n los ejércitos benimerines a fi nales del siglo XIV 32. Dado que la citada laguna se encuentra a veintiún kilómetro de Jerez, lo más probable es que antes del mediodía del veinte de junio el ejército castellano llegara a la altura del río Guadalete, lugar fi jado para que acampara el ejército. Se da entonces la llamativa circunstancia –a diferencia de lo que ocurrirá otras veces– que la hueste permanece en la margen derecha del río a lo largo de tres días sin pasar a la otra orilla, como hubiera sido lo lógico de tener la intención de proseguir el camino hacia Gibraltar por Medina Sidonia. Pero al no darse este paso, y dado lo apremiante de la situación, nos inclinamos a pensar que tal vez en Sevilla se planeara que los expedicionarios siguieran el curso del Guadalete aguas arriba para tomar luego el camino que pasaba por Alcalá de los Gazules; a todas luces el más corto en dirección a Gibraltar ya que éste se podía alcanzar en cuatro jornadas de marcha según informaron al Rey cuando llegó al campamento del Guadalete. Al día siguiente el almirante Jofré Tenorio hacía saber al monarca que el castillo de Gibraltar estaba ya en manos del infante Abu-Malik33 y don Alfonso hubiera salido de las proximidades de Jerez el día veintidós, pero le aconsejaron permanecer allí un día más con la intención de acaparar más provisiones, así que el ejército inició la marcha el día veintitrés de junio adoptando desde el momento de su salida el clásico orden de marcha –vanguardia y retaguardia protegiendo el grueso del ejército, al tiempo que éste era fl aqueado por las correspondientes “costaneras”. Aquel día cruzaron el Guadalete por el vado de “Sera” y acamparon allí mismo, en las proximidades de la actual “Torrecera”, para seguir al día siguiente un camino paralelo al curso del Salado de Paterna y alcanzar Alcalá de los Gazules el día veinticuatro de junio, festividad de san Juan34. Esto lo sabemos porque lo dice las crónicas y por coincidir este día con la data de un documento de la Orden de Santiago expedido en esa fecha en “el real de Alcala de los Gazules”. Así que a estas alturas no podemos dudar de la veracidad de Fernán Sánchez de Valladolid, cronista de Alfonso XI, cuando va relatando día a día donde acampó el monarca castellano. Ni debemos olvidar referirnos a la importancia histórica del vado de “Sera” porque todo apunta a que por aquí pasó el ejército de Muza después de conquistar Medina Sidonia y antes de llegar a Carmona en su camino hacia Sevilla y Mérida35. 32 Véanse más detalle al respecto en HERNÁNDEZ GIMÉNEZ, : “Rawal y el itinerario de Muza…” Es digno de reseñar cómo el autor que aquí seguimos, apoyándose en cronistas musulmanes y en documentos cristianos de siglos posteriores donde, se sigue la evolución de un topónimo, llega a la conclusión de que el lugar utilizado en las expediciones benimerines en los años 1285, corresponde a Tollos. 33 La Crónica relata en su p. 248, y con todo género de detalle, como estando el rey de Castilla en el campamento del Guadalete le llegaron cartas del Almirante informándole de tal situación. 34 Que el día veinticuatro de junio acamparon en Alcalá de los Gazules se sabe por la Crónica, pero también por un documento de la Orden de Santiago. Véase AHM. OO. MM. Uclés, 92/ 7. 35 Así en la obra ya citada de HERNÁNDEZ GIMÉNEZ: “Rawal y el itinerario…” MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 324 HID 33 (2006) 309-337 cosas, el Rey ordenó hacer un foso que cruzaba el istmo de costa a costa55 y tras él permanecieron hasta que se llegó a un acuerdo para poner fi n a las hostilidades. De esta pacífi ca manera, después de casi dos meses frente a Gibraltar, salió el rey de Castilla con su hueste de los arenales del istmo frente al Peñón. El camino de vuelta hacia tierras castellanas, después de fracasar en su intento de recuperar la plaza de Gibraltar, lo hicieron pasando de nuevo por el “puerto llano”, lugar desde donde la hueste se dirigió hacia Alcalá de los Gazules para continuar hacia Sevilla pasando antes por Jerez. LOS ITINERARIOS DEL AÑO 1340 Después de la fracasada campaña de los benimerines en 1339, que terminó con la muerte del infante Abu-Malik 56, el sultán Abu l-Hasan apostó fuerte y potenció su fl ota para facilitar el paso de sus hombres desde Africa. Por su parte, la fl ota castellana que guardaba el Estrecho estaba al mando del almirante Jofré Tenorio y se vio incapaz de frenar el empuje de la escuadra musulmana, muy superior en efectivos57. Esta debilidad de la marina castellana frente a la benimerí, según le informó su Almirante, fue el motivo que llevó a don Alfonso a visitar tierras gaditanas en la primavera de 1340 en un precipitado viaje que inició en Sevilla. No sabemos exactamente el camino que siguió don Alfonso entre la capital andaluza y Cabezas de San Juan, lugar donde pasó la noche, pero como la situación era apremiante lo más probable es que utilizara el camino más corto entre la ciudad y la villa; es decir, el camino que pasaba por la Torre de los Herberos y que por las proximidades de donde hoy se encuentra Los Palacios y Villafranca se dirige a Torre Alocaz después de pasar por el puente de las Alcantarillas. Una jornada de marcha para una comitiva que llevaba prisa, y de la que no creemos que formara parte gente de a pie, es más que sufi ciente para que en un día se cubriera el espacio entre Sevilla y Cabezas de San Juan. En esta villa estaba cuando Martín Fernández de Portocarrero, a medianoche y el mismo día de la batalla naval, le informó de la derrota de la fl ota y de la muerte del Almirante58. En Jerez permaneció Alfonso 55 Para más detalles sobre este asunto véase nuestro trabajo: “Sobre la ubicación del real y del trazado de la cava que mandó hacer Alfonso XI en el istmo frente a Gibraltar en 1333”. En la revista del Departamento de Historia Medieval de la UNED., Espacio, Tiempo y Forma, nº 16 (2003), 151-168. 56 Este hecho tuvo lugar en el otoño de 1339, en una refriega ocurrida en tierras que hoy pertenecen al término de Alcalá de los Gazules y sobre el camino que antes hemos estudiado. El infante meriní se retiraba hacia Algeciras con un importante botín después de saquear la comarca de Jerez y aproximarse a Sevilla. 57 Para mas detalles véase MANZANO RODRÍGUEZ: La intervención…. , 249-252. 58 El cronista debía ir en la comitiva y recuerda con exactitud la fecha de la derrota: “víspera de Ramos”. No puntualiza la fecha, pero la documentación apunta a que la batalla se dio el sábado 8 de abril. No dejemos de observar la cabalgada del alcaide de Tarifa para recorrer los aproximadamente 120 kilómetros que separan Tarifa de Cabezas de San Juan en poco más de doce horas. Véase en Crónica, 308 y en Gran Crónica…, 321. El trabajo con más detalles sobre esta batalla naval es de ROBSON, J. A.: “The catalan fl eet and moorísh sea-power (1337-1344)”. English Historical Review, nº 74 (1959). De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 325 HID 33 (2006) 309-337 XI toda la Semana Santa59 tratando de que Tarifa fuese abastecida al tiempo que buscaba ayuda internacional ante el peligro que se cernía sobre las tierras fronterizas de Castilla. Como consecuencia de estas gestiones el monarca reunió los efectivos sufi cientes, marítimos y terrestres, para intentar frenar la ofensiva de Abu l-Hasan sobre Tarifa, villa a la que el sultán puso sitio a mediados del mes de septiembre. El rey castellano estaba para estas fechas en Sevilla y en la tarde del domingo quince de octubre60 de 1340, don Alfonso fue a dormir al campamento que tenía su ejército en las proximidades del río Guadaira61. Al día siguiente se desplazó hasta este campamento el rey de Portugal y ambos monarcas se pusieron al frente de un ejército compuesto por ocho mil hombres de a caballo y unos doce mil de a pie62 –razón sufi ciente para pensar que les debían acompañar cerca de diez mil bestias entre caballos de batalla y acémilas para el transporte de la impedimenta– con la intención de romper el cerco a que estaba sometida la villa de Tarifa. Como la acampada se hizo aquella noche “a una legua allende de Alcalá de Guadaira” 63 y el lugar de donde habían partido estaba junto al curso del Guadaira, cabe suponer que el itinerario seguido esta vez discurriera a lo largo de la margen izquierda de este río, pasando cerca de Alcalá de Guadaira y siguiendo por el camino que desde ésta se dirige a Utrera. Si a la distancia señalada –a unos cinco kilómetros de Alcalá–, buscamos un lugar de acampada para un contingente de tal magnitud hemos de llegar a la conclusión que el sitio elegido para tal fi n no fue otro que la llanada existente entre la actual “Hacienda de Zafra” y la vega del Guadaira. Un lugar abundante en agua y pastos donde según todos los indicios también acamparan las tropas de los benimerines en mayo y junio de 1285, antes de iniciar sendas ofensivas sobre Sevilla64. El diecisiete de octubre llegaron a las inmediaciones de Utrera y fue allí donde se le unieron la mayor parte de los efectivos castellanos –los portugueses lo harían ya en las proximidades de Jerez– que habían quedado rezagados cerca de Sevilla. 59 Así lo recoge fray ESTEBAN RAYÓN en: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su fundación. Editan la Universidad de Cádiz y el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, vol. II, 51. 60 No resulta difícil conocer las fechas y los días de la semana si tenemos en cuenta que la batalla del Salado de Tarifa se dio el lunes treinta de octubre. 61 Tenemos la impresión de que el citado campamento se debía ubicar en las proximidades de la actual Universidad Pablo de Olavide, por donde ahora sale de Sevilla una carretera con dirección a Utrera. Lo creemos así porque hasta el siglo XVII existía por allí un puente conocido como “la Puente Horadada” por el que se salvaba el cauce del Guadaira. Dada la conveniencia de alejar a los campamentos de las villas y ciudades, es muy posible que el cauce del río se utilizara como foso y el puente como vía de comunicación entre Sevilla y el campamento. Para más detalles sobre el puente citado véase la obra ya citada de Ramón Corzo y Margarita Toscano: Las vías romanas….. p.102. 62 Crónica…, 322. El alarde para contabilizar los efectivos se había realizado en los días previos, aunque no estaban allí todas las fuerzas que vinieron de Portugal. 63 Ibídem. 64 Los detalles podemos verlos en TERÉS, Elías: Materiales para el estudio de la toponimia hispanoárabe. Nómina fl uvial. CSIC. Departamento de Estudios Árabes. Madrid, 1986. Tomo I, pp 354-355. Este autor sitúa el topónimo que citan las crónicas árabes: “Ayn as-Sajra” = Fuente de la Peña, coincidiendo con el caserío de la Hacienda de Zafra, a unos cinco kilómetros de Alcalá. MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 326 HID 33 (2006) 309-337 Desde Utrera, cuyo lugar de acampada debió situarse a la salida de la villa entre los arroyos “Calzas Anchas” y “Fuente Vieja”, el ejército se dirigió hacia “Locas”. Este topónimo, como ya demostrara Hernández Giménez65, no es otro que el actual Torre Alocaz citado como “villa que dizen Aloquaz” en el Repartimiento de Sevilla y en la que se construyó un castillo en 131066 con la intención de controlar por aquellos pagos el camino que desde Jerez se dirigía a Sevilla67, antes de que éste se dividiera en los ramales que pasaban por Utrera68 y por la Torre de los Herberos 69. Después de la acampada de Torre Alocaz, el miércoles dieciocho, la hueste tomó el camino que se dirigía a “Tollos” aunque antes pasaron por tierras de Cabezas de San Juan, villa donde pernoctaron los monarcas según dice la Crónica. La siguiente parada se hizo en “Tollos”, ya el día veinte, para llegar a las proximidades de Jerez el día veintiuno. El lugar de acampada fue la confl uencia del arroyo Salado con el río Guadalete. El domingo día veintidós de octubre iniciaron el cruce del citado río y establecieron un campamento en la margen izquierda del mismo, permanecieron allí los días veintitrés y veinticuatro; estando en este lugar y mientras tomaban más provisiones, se unieron a la hueste el grueso de las fuerzas portuguesas y los últimos castellanos. Así que no fue hasta el miércoles día veinticinco cuando reiniciaron la marcha y fueron a posar al “Berrueco”, en las proximidades de Medina Sidonia70. Hasta aquí coinciden las vicisitudes que cuentan el cronista y el cardenal Albornoz71, así que el lugar elegido para “albergar” aquella noche en las inmediaciones de Medina Sidonia debió ser un lugar abundante en pastos y que no se apartara mucho del camino; lugar que no encontramos en la toponimia próxima a Medina Sidonia aunque sí conocemos dos lugares que actualmente se llaman así. Uno de ellos, llamado “Berroquejo”, corresponde a un cerro en el que se conservan todavía restos de una torre medieval y que está en el camino de Jerez a Medina, pero bastante alejado de esta última población, razón por la que descartamos que éste sea el “Berrueco” de la Crónica; y también descartamos por árido y distante otro lugar llamado “El Berrueco” que está en la carretera que une a Medina con Chiclana, a unos diez kilómetros de la primera de estas poblaciones. Así que ante la carencia de datos fi ables y conociendo que en el siglo XVIII se salía de Medina 65 Para más detalles véase su trabajo ya citado: “Rawal y el itinerario”…, 141-143. 66 Ibídem, 134. 67 Si queremos ver la importancia militar del lugar en aquella época, no hay más que echar un vistazo a las incursiones militares que en 1285 el sultán Abu Yusuf dirigió contra Sevilla y su comarca en operaciones paralelas al asedio de Jerez y que podemos ver con más detalle en MANZANO: La intervención de los benimerines…., 81-99. Tanto las que fueron sobre Carmona como las que se hicieron sobre el Aljarafe pasaron por Alocaz y acamparon allí. 68 El camino entre Torre Alocaz y Utrera pasaba todavía en 1918 por las proximidades de la Laguna de Zarracalín, el Palmar de Troya y dejaba a la izquierda –hoy queda a la derecha de la actual carretera– el Cortijo de Malavite. Así en el mapa del SGE. Escala 1:50.000. Hojas 1019 y 1020. 69 El trazado de este camino ya lo vimos páginas atrás. 70 Crónica…, 325. 71 Véanse los datos relativos al itinerario hacia el Salado en BENEYTO PÉREZ, Juan: El cardenal Albornoz. Canciller de Castilla y caudillo de Italia. Espasa Calpe. Madrid, 1950, 112-113. De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 327 HID 33 (2006) 309-337 hacia Tarifa y Gibraltar por el “sitio de la Pedrera” 72, lo más probable es que el citado “Berrueco” fuese una pequeña cantera local situada en las faldas del monte donde se asienta Medina Sidonia cercana al camino Jerez-Tarifa. Camino que coincidía aquí con el trazado de la antigua cañada real Medina-Algeciras. Del “Berrueco” salió la hueste el jueves veintiséis de octubre y todo parece indicar que el ejército estiró sus líneas, pues, mientras el cronista apunta que se acampó junto al río Barbate, el cardenal Albornoz pasó la noche en “Ladalejos” 73; lugar que sin mucho esfuerzo podemos ubicar en el hoy caserío de Los Badalejos, en la actual carretera que une Medina con Benalup y a unos ocho kilómetros del cruce del camino con el Barbate. Retraso que también se repitió la noche del veintisiete, pues el cronista nos dice que se acampó junto al río Celemín y el cardenal Albornoz indica que lo hizo cerca del río Barbate. Sea como fuere, vemos que los lugares de acampada venían coincidiendo siempre con los cursos de agua y la fi nalidad no era otra que aprovechar la abundancia de pastos. Resulta difícil averiguar si realmente se produjeron esos estiramientos de líneas y posteriores concentraciones que apreciamos al contrastar las observaciones de la Crónica, de la Gran Crónica y del cardenal Albornoz. En lo que sí coinciden este último y el autor de la Gran Crónica es que, cuando acamparon junto al Almodóvar la noche del veintiocho de octubre, los monarcas cristianos permitieron regresar a los embajadores musulmanes que los reyes islamitas habían enviado al castellano y al portugués –éstos los recibieron en el campamento del Guadalete– haciéndole saber que los musulmanes les esperaban para pelear en Tarifa, y no en las llanuras de la Janda –“la albuhera”– como pretendían los cristianos. Desconocemos los motivos exactos que éstos tuvieron para retener a los embajadores hasta el último momento, pero todo apunta hacia la justa pretensión de que los islamitas no conocieran con mucha antelación los efectivos del ejército cristiano. Dato éste que dejó de tener efecto en el momento mismo que la totalidad de la hueste descrestó por las inmediaciones de Benalup y se dirigió hacia el Barbate y el Celemín, porque se da la circunstancia de que toda la llanada que se extiende entre Benalup y el Puerto de Facinas –con poco menos de veinte kilómetros de extensión y en la que se acampó en tres ocasiones–, se domina a la perfección desde este último y mejor todavía desde los altos de la sierra de Saladaviciosa, o desde el mismo “Puertollano”74. Así que el camino seguido por las huestes cristianas –una vez que pasaron por las proximidades de la actual población de Benalup–, cruzaba el Barbate por la hoy conocida “Pasada de Tarifa” y pasaba el río Celemín por “Pasada Empedrada”, para continuar luego hacia Tarifa a corta distancia de borde oriental de la Laguna de la Janda; al llegar a la altura del “Arroyo Trimpancha”, ya dentro del actual término 72 Seguimos aquí a JURADO SÁNCHEZ, José: Caminos y pueblos de Andalucía (siglo XVIII). Colección Galaxia. Sevilla, 1989, 92. 73 Así en BENEYTO PÉREZ: El cardenal Albornoz…, 113. 74 Puertollano está a una cota 120 mts., Puerto de Facinas a unos 100 mts. y la Torre de Benalup aproximadamente a la misma altura. El objetivo de esta torre, era controlar visualmente la llanura de la Janda desde su lado norte al igual que desde el sur realizaba la misma función la torre de Puertollano, distantes entre sí unos 30 kilómetros. MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 328 HID 33 (2006) 309-337 Fig. 4.- Itinerario desde Sevilla a la Ensenada de Valdevaqueros, en octubre de 1340 De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 329 HID 33 (2006) 309-337 tarifeño, se bifurcaba en dos ramales; uno de ellos, el más directo a Tarifa cruzaba “Puertollano”75 y el otro se dirigía hacia el Puerto de Facinas después de cruzar el curso del Almodóvar por la “Pasada de Tejada”. Este tramo del camino entre Puerto de Facinas y Benalup, convertido hoy en una pista de tierra, une esta última población con la Nacional 340 siguiendo un trazado muy parecido al que llevaron las huestes cristianas con ocasión de la batalla del Salado. A diferencia de lo que ocurrió en 1333, llama la atención el escaso progreso itineral en este último tramo del camino que los llevaba hacia Tarifa. Puede que todavía esperaran los cristianos que el sultán Abu l-Hasan abandonara el sitio a Tarifa y se desplazara a las llanuras de la Janda como dice la Gran Crónica76, pero tal esperanza no tenía sentido en el momento que llegaron al río Almodóvar y desde aquí, ya en la mañana del domingo veintinueve, se dirigió el ejercito castellano-portugués hasta el Puerto de Facinas. Luego bajaron en medio de “una niebla muy escura que fazie y fueron assy toda la mañana” pegados al curso del Río del Valle hasta llegar “a la mar a do llaman la Torre de los Vaqueros; e fi nco el rrey don Alfonso sus tiendas, e la delantera puso rreal contra la Peña del Çiervo” 77. A mediodía de aquel domingo debió llegar el ejército cristiano a sus lugares de acampada ya que la distancia que separa la pasada del Almodóvar y la “Peña del Ciervo” ronda los quince kilómetros, espacio que se puede recorrer en media jornada de marcha. Por tal razón, a las fuerzas concejiles de Sevilla les dio tiempo aquel día a eliminar los “atrincheramientos” –así dice el cardenal Gil de Albornoz – que habían dejado los musulmanes junto a la “Peña del Ciervo” y facilitar de esta manera el paso del resto del ejército cristiano hacia las posiciones musulmanas. Mientras tanto, el Rey hacía un reconocimiento del despliegue enemigo antes de reunir su consejo para estudiar el plan de maniobra78. Pero no sería conveniente fi nalizar el análisis de este itinerario desde Sevilla hasta las tierras de Tarifa sin dedicar unas líneas a dos llamativos aspectos relacionados con el mismo: uno, quién asesoraba al rey de Castilla en cuestiones vinculadas a la conducción de la hueste; dos, por qué razón el ejército castellano-portugués dio un ligero rodeo y dejó las sierras de Saladaviciosa, Fates y Enmedio a la izquierda de su eje de progresión cuando podían haber utilizado el camino más recto hacia Tarifa que no era otro, como ya hemos dicho, que el que pasaba por “Puertollano”. Pues bien, relacionado con el primero de ellos cabe puntualizar las referencias de la Crónica79 a este detalle cuando dice que el rey de Castilla tenía un adalid que se llamaba “Joan Martinez Omar” que había sido moro y que por tal motivo no participaba en los consejos, pero que era un hombre muy “sabidor” de la guerra 75 Más abajo veremos algunos detalles de este camino. 76 Gran Crónica…, 392 y 395. 77 Citamos aquí por Gran Crónica…, 407. Obsérvese que es la vanguardia la que acampa junto a la Peña del Ciervo; por tanto, el grueso del ejército debió hacerlo más hacia el curso del ya citado río del Valle. 78 Para más detalles véase Gran Crónica, 409. 79 Páginas 342-343. Estos detalles con respecto al adalid se cuentan con ocasión del sitio a Algeciras. MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 330 HID 33 (2006) 309-337 y que “…veniera con el Rey quando venció al Rey Alboacen cerca de Tarifa , et le guio la hueste por buenos lugares”. Y con respecto al segundo de los aspectos a tratar, aunque no se diga en la Crónica, queremos pensar que había dos razones para abandonar el camino a Tarifa por “Puertollano”; la primera de ellas es que este camino no les ofrecía confi anza sufi ciente para bajarlo con cierta seguridad debido a la proximidad de las sierras citadas más arriba –que lo fl anquean a la derecha en el sentido de la marcha– y las de Saladavieja y Ojén a mano izquierda cuando se baja hacia el mar80; pero sin duda, la más importante de las razones era que la bajada por “Puertollano” terminaba muy cerca de las más elevadas posiciones musulmanas, lo cual resultaba peligroso en extremo a la hora de asentar la hueste en las horas previas a un combate y después de varias jornadas de camino cuando había que buscar, por encima de cualquier otro aspecto, el descanso necesario a los efectivos del ejército bajo las máximas garantías de seguridad. Esta buscada seguridad se la proporcionaba al ejército cristiano la entalladura existente entre la “Peña del Ciervo” y el mar, razón por la cual la vanguardia de aquel ejército montó allí su campamento y el resto del ejército pudo permanecer toda la tarde del día veintinueve y la noche siguiente preparándose para la batalla sin peligro de ser atacados; al tiempo que disponían de agua y pastos en las vegas del “Río del Valle” y en los terrenos aledaños a la Ensenada de Valdevaqueros. No queremos entrar en los pormenores del combate ya que estos han sido ampliamente tratados en otros estudios, pero no podemos dejar de indicar que la estancia de los reyes de Castilla y Portugal en Tarifa fue muy breve. Parece ser que el día treinta y uno de octubre Alfonso XI estuvo en Tarifa ordenando la reparación de los muros de la ciudad y armó caballeros a varios jerezanos y a otro hombre de Arcos81. Al día siguiente, primero de noviembre, salía el ejército hacia Jerez porque no tenían provisiones para continuar en Tarifa por más tiempo82. LOS ITINERARIOS PARA LA CONQUISTA DE ALGECIRAS Aunque Sevilla jugó un papel importante durante la campaña de Algeciras, el centro de operaciones durante los prolegómenos de la misma lo estableció el rey de Castilla en Jerez de la Frontera por encontrarse más cerca del Estrecho. El control de las aguas de éste era fundamental para los planes del monarca castellano pues un desembarco de tropas benimerines en la orilla norte del mismo hubiese puesto 80 En 1811 el general Copóns reconoce que el terreno era incómodo para la caballería por tratarse de un desfi ladero continuo. Véase así en: Diario de las operaciones de la División Expedicionaria al mando del mariscal de campo don Francisco de Copóns y Navía. Imprenta del Primer Exército. Vich, 1814, pp. 19-20. 81 ESTEBAN RAYÓN: Historia de…, 61. Sin embargo, en opinión de Manuel GARCÍA FERNÁNDEZ, esto ocurrió el día 30 de octubre; véase esto en: Regesto documental andaluz de Alfonso XI (1312-1350). Documento 333. 82 HUICI MIRANDA, Ambrosio: Las grandes batallas de la reconquista durante las invasiones africanas. Instituto de Estudios Africanos. Madrid, 1956, 348. De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 331 HID 33 (2006) 309-337 en peligro lo ganado tras la victoria del Salado83. Estando en Segovia, en la primera semana de mayo de 1242, supo de los preparativos de la fl ota musulmana y de la victoria del almirante Egidio Bocanegra84 en el puerto de Bullones; pero luego le llegaron otras más preocupantes de la Frontera y a mediados de mayo, cuando estaba en Madrid, decidió desplazarse hasta Jerez; así que dejó a buena parte de sus ofi ciales en aquella villa y él hizo el camino a “…jornadas grandes, como aquel que avia este fecho a corazon” 85. Estando en El Pedroso –en la provincia de Sevilla, recibió noticias de don Alfonso Méndez –maestre de la Orden de Santiago–, informándole de la llegada de la fl ota benimerí a la costa norte del Estrecho. Llegó a Sevilla a mediodía y a toda prisa se reunió con algunos nobles encargados de la guarda de la Frontera y acordaron salir aquella tarde para Jerez; por ello, esa noche la comitiva “fue a dormir allende de la Torre de los Herveros a una legua et el otro día fue a comer a las Cabezas de San Juan” . Y en las Cabezas estaba cuando le llevaron una carta en la que se le informaba de la victoria naval del almirante Egidiol Bocanegra frente a Algeciras. Las noticias no podían ser mejores, así que sin perder tiempo alguno el rey salió de Cabezas de San Juan y fue a acampar a la “Laguna de Tollos”. Al día siguiente –estamos a caballo entre fi nales de mayo y primeros de junio–, don Alfonso continuó su camino hacia Jerez y antes de llegar a la villa le llegó su adalid, Juan Martínez Homar, con un mensaje del almirante en el que le daba cuentas de una nueva victoria naval frente a la desembocadura del río Guadalmesí, en la que además se había cogido un abundante botín. Al enterarse de estas buenas noticias, cuenta la Crónica que don Alfonso descabalgó de la mula que montaba y se arrodilló en el suelo dando gracias a Dios86. El veintidós de junio estaba todavía el rey en Jerez87 donde se fueron reuniendo los maestres de las órdenes, ricos-hombres y concejos de la Frontera, así como el arzobispo de Toledo. Fue a fi nales de este mes88 y al frente de su ejército cuando el rey de Castilla inició el camino hacia la ensenada de Getares con la intención de hacer una visita a la fl ota cristiana allí fondeada. No indica la Crónica el itinerario seguido en esta ocasión, pero sí señala que don Alfonso ordenó a los suyos que tomaran “talegas” para cinco días89 y dispuso además que se cargaran alimentos en las naves que se desplazarían hasta Getares. Conociendo estos detalles y sabiendo que en 1333 el camino hasta Gibraltar se hizo en cuatro días, cabe suponer que se 83 SÁNCHEZ –ARCILLA BERNAL, José: Alfonso XI (1311-1350). Editorial la Olmeda. Burgos, 1995, 240-241 84 El almirante Bocanegra, genovés de nacimiento, entró al servicio de Castilla cuando se presentó en Sevilla con 15 galeras en el mes de agosto de 1341. Así en CALDERÓN ORTEGA , José Manuel y Francisco Javier DÍAZ GONZÁLEZ: <<Los almirantes del “siglo de oro” de la Marina castellana medieval >>. En la España Medieval, nº 24. Madrid, 2001, p. 328. 85 Crónica…, 339. 86 Crónica…, 340. 87 LADERO QUESADA, Miguel Ángel y Manuel GONZÁLEZ JIMÉNEZ: “La población en la frontera de Gibraltar y el repartimiento de Vejer (siglos XIII y XIV)”. Historia Instituciones y Documentos, nº 4 (1977) Sevilla, 242. 88 Crónica…, 342 89 Crónica…, 341. MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ 332 HID 33 (2006) 309-337 hiciera el camino hasta Tarifa en tres días empleando las provisiones restantes en el desplazamiento desde este plaza hasta Getares; porque en este último tramo del camino no se daban las mismas condiciones de seguridad que desde Jerez a Tarifa. No resulta nuevo, ni tampoco sería la última vez, que los contingentes militares se vean obligados a reducir su velocidad de progresión en benefi cio de la seguridad cuando los efectivos de un ejército se desplazan por itinerarios pocos seguros; la muestra de lo anterior es que un mes más tarde, cuando inició el defi nitivo cerco de Algeciras, hizo este mismo trecho del camino en un par de días tal y como trataremos más adelante. Visto lo que había ocurrido otras veces, no resulta desencaminado suponer que con antelación al inicio del viaje fuesen pasando las huestes a la orilla izquierda del Guadalete y en el primer día de viaje acamparan en las proximidades de Medina Sidonia –tramo de unos veinticinco kilómetros–, el segundo lo hicieran junto al Barbate o al Celemín –tramo de veinte a veinticinco kilómetros–, y el tercer día caminaran hasta treinta y cinco kilómetros –ahora sí por “Puertollano”–, para llegar al “Río de la Vega” donde presumiblemente pudo acampar el ejército que, como sabemos, no entraba en las villas por los problemas que ello podía acarrear. Una vez en las proximidades de Tarifa, la hueste tenía dos caminos para llegar a Getares: uno que bordeaba la costa, y otro que discurría por el interior muy próximo al trazado que hoy tiene la carretera nacional N-340. Como este último fue el camino que utilizó el rey de Castilla a fi nales de julio, según dice la Crónica y después veremos con más detenimiento, nos inclinamos a pensar que fue también el seguido un mes antes. Este camino, que subía por el valle del hoy conocido “Arroyo del Retiro”, hasta alcanzar el “Puerto de la Tabla” –lugar donde enlaza con el valle del “Río de la Vega”, coincidía en buena parte de su trazado con la calzada romana que unía Carteya con Mellaria90 y sus huellas, a tenor de lo que se recoge en el Libro de Montería, eran palpables en el siglo XIV. En el texto citado91 se le señala como el “camino somero de Tarifa a Algeziras”, y más signifi cativamente todavía como el “camino vieio que ua de Algezira a Tarifa”. Estos califi cativos de “somero” (que pasa por la cima), y especialmente el “vieio”, nos hace pensar –por las características del trazado92 y por la denominación que emplea el autor93– en las huellas de la vieja calzada romana, tal como antes hemos apuntado. El camino que estamos siguiendo entre Tarifa y Algeciras –al que al–Idrisi94 le asignaba dieciocho millas de longitud– y que como hemos dicho pasaba por el “Puerto de la Tabla”95, faldeaba después entre las laderas de la hoy denominada 90 Puede verse en el trabajo ya citado de ROLDÁN HERVÁS: Itineraria Hispana. 91 Libro de la Montería, 698. 92 No olvidemos que las calzadas romanas se caracterizaban por acometer el cruce de los sistemas montañosos pasando lo más próximo posible a la cumbre. 93 Ya sabemos que el Libro de Montería fue escrito en tiempos de Alfonso XI. Obra personal del monarca o de su círculo áulico, lo interesante aquí es el reconocimiento de la antigüedad del camino. 94 ALIDRISI: Los caminos de Al-Andalus en el siglo XII. Estudio, edición, traducción y anotaciones por Jassim Abid Mizal. CSIC.. Madrid, 1989, 79. 95 Véanse más datos sobre este camino en nuestro artículo: “Los caminos y cañadas de Tarifa en los itinerarios de Alfonso XI”. Ha sido publicado en la revista Aljaranda, nº 53 (2004). Tarifa. De Sevilla al Campo Gibraltar: los itinerarios de Alfonso XI en sus campañas del Estrecho 333 HID 33 (2006) 309-337 Sierra del Cabrito por lo alto de los valles del “Arroyo de la Viñas” y de “Alhelíes”, lugares en los que, sobre el mismo camino, se colocaban las “vocerías” –seguimos aquí las técnicas de caza del Libro de la Montería– y las “armadas” en los puntos más bajos de los citados valles96. El cruce sobre el río Guadalmesí lo hacía el camino por debajo de una angostura de la sierra –“pasada” dice el Libro de la Montería97– para dirigirse luego lomas arriba hasta el ”Portiguelo” 98, que no debe ser otro que el actual Puerto del Bujeo. En este puerto “que es entre Tarifa et Algeciras” acampó una noche el rey Alfonso XI y su hueste en el viaje de fi nales de julio de 1342 cuando iba decidido a poner sitio a Algeciras99. Es casi seguro que lo hiciera en el viaje que ahora tratamos realizado un mes antes; y también es probable que en esta ocasión, como le ocurrió en julio, les llevara todo el día en recorrer los diez u once kilómetros que separan la desembocadura del “Río de la Vega” de las lomas del Bujeo. Cabe pensar que los benimerines de Algeciras no le darían facilidades para desplazarse por aquel tramo del itinerario –razón que nos confi rmaría los motivos por los cuales el ejército castellano no siguió en 1333 por el camino más corto entre Alcalá y Algeciras–, y también nos explicaría el hecho de que los adalides hubiesen elegido el lugar de acampada teniendo a retaguardia el curso del Guadalmesí donde podía disponer de agua, hierba y leña, elementos indispensables como ya se ha dicho en la elección de un buen lugar de acampada para atender las necesidades mínimas de los efectivos que entonces llevaba100. Dadas las circunstancias que venimos apuntando, es muy probable que el ejército llegara a Getares antes del mediodía del quinto de marcha desde Jerez. Una vez allí la hueste debió acampar en las vegas que forman el “Arroyo del Lobo”, el “Marchenilla”, y “Río Pícaro”, lugar abundante de agua e hierba para reponer a los animales después de una marcha de cinco días. Por entonces intentó don Alfonso de persuadir a los suyos para iniciar el cerco a Algeciras, aunque no consiguió convencerlos porque los efectivos de la hueste eran insufi cientes y no tenían provisiones para comenzar una operación del calado que pretendía el Rey. En los primeros días del mes de julio de 1342 retornó el rey de Castilla a Jerez siguiendo, con toda probabilidad, el mismo camino de la ida a Getares. Con la fi rme decisión de poner sitio a Algeciras fue disponiendo la llamada de los ricos-hombres del reino y no dudó en hacer un viaje a Sevilla, ida y vuelta por el Guadalquivir desde Sanlúcar de Barrameda, para apremiar la salida de hombres y viandas. De nuevo en Jerez siguió acumulando pertrechos y como preveía que el siguiente invierno lo pasaría sobre Algeciras, entre otras muchas cosas ordenó hacer “ …puentes en logares convenibles, et enderezar los caminos en muchos logares desde Xerez fasta Algecira”. Así las cosas, dispuso el rey la salida de Jerez el día 96 Seguimos aquí al Libro de la Montería, 698. 97 Ibídem, 699. 98 Ibídem. 99 Crónica…, 343. 100 Según la Crónica, 342, en aquella ocasión le acompañaban 2.300 hombres a caballo y tres mil peones.