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Carta a Enrique Valdivieso

Caro Romero, Joaquín

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31 Poema leído en la Junta Ordinaria del 16 de abril de 2021, fecha del 270 aniversario de la fundación de la Academia. En el solemne salón de actos todo está dispuesto, no para un decorado de Luchino Visconti, con mitras, capas pluviales, encomiendas, medallas, pertrechos y abalorios de opereta, ángeles lampadarios e incienso merovingio, sino para una asamblea de honores reglamentarios, donde un tribuno, persuasivo, sapiente y moderado, pone el epílogo. En Los Pinelo, los próceres de ayer desde sus cuadros escuchan circunspectos las homilías de los académicos, sacerdotes impuros de Minerva. CARTA A ENRIQUE VALDIVIESO Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2ª época, 49, 2021, pp. 31–38 Por Joaquín Caro Romero 32 Buen marco para hablar de Sagradas Escrituras. Qué seductor desfile de desnudos paradisíacos en la alfombra escarlata, en la penumbra de la pasarela del proyector de diapositivas. Del árbol prohibido cuelga el fruto del “Erótika Biblion”, que el conde de Mirabeau compuso durante su fecundo cautiverio, pieza maldita del tesoro que da valor de infierno a la biblioteca. Yo creo, Enrique, que la Biblia, con sus versículos de aberraciones primitivas, la inventó Borges antes de reencarnarse en el bardo enigmático que diseñó su propia tumba: una nave vikinga de vela desplegada y con la proa hacia el este en una piedra inmóvil de Ginebra, siete guerreros con espadas rotas y un epígrafe de la Völsunga Saga, su secreto. Islandia y el Gran Mar. El tiempo me ha convertido en un producto del escepticismo. No soy judío, ni musulmán, fui un griego que estuvo en Queronea. 32 CARTA A ENRIQUE VALDIVIESO 33 El gran negocio de las religiones siempre ha sido la muerte. ¡Y cuánta muerte y sangre hay en la Biblia! Nunca esperé engendrar a los cien años, como Abraham con Sara y con Agar. Los resultados lo confirman: para los patriarcas y las matriarcas no existe la caducidad del deseo. Será porque Yahvé todo lo puede y discrimina a los mortales. No escucho ya la voz de los profetas desde las páginas de la Historia Sagrada del colegio, el dulce engaño que me adormecía con la invitación alucinógena de alistarme bajo el crismón para ir al puente Milvio. ¿Y con qué iba a luchar? ¿Con qué adminículo? ¿Con un velo, un pañete, una sayuela, un griñón, una teja, un balandrán? Posguerra del fusil y el crucifijo. Y la culpa y el miedo y la amenaza del gato de las siete colas ensangrentado por el Santo Oficio, que aún pleiteaba con El Greco por el tamaño de las alas de los ángeles. Sí, ya no escucho la voz de los profetas, sino la de los aedos prometeicos, la de los demiurgos, la de los payasos de las bofetadas, como León Felipe, aquel lunático 33JOAQUÍN CARO ROMERO 34 fuera de la ley, que relinchó con Rocinante exiliado en el Sinaí, y con el viejo violín roto grita con su lengua de fuego: “No me contéis más cuentos”. Qué jubileo de heroínas fatales y divas incendiarias para un auto de fe con la aquiescencia del anciano demonio que escapó de un papiro, condecorado por la ficción de una concupiscencia inexistente, sin equipaje de depravaciones para un mosaico de salacidad. Doctoras del placer tiene la Biblia y hasta del arte de matar, fetiches teológicos, lindas rapaces, crueles, belicosas, taimadas, sibilinas, inocentes, versátiles, ninfómanas, rabisalseras, brujas, transgresoras, ambiciosas, sinuosas y tontas, musas de la primera y de la última sangre, émulas de la gracia y la desgracia, pasto de perdiciones en miscelánea de labios y cinturas para un delirio de promiscuidad. Judit, Tomiris, Salomé, tan aficionadas a cortar cabezas; otras, a sacar los ojos, como aquella despechada reina de Halicarnaso que luchó en Salamina; 34 CARTA A ENRIQUE VALDIVIESO 35 y la arpía filistea que le cortó el cabello al omnipotente nazireo. La puerta del arcano Lilit la cierra, convertida en lamia, en súcubo, en andrógino. Y la familia Lot, y el espejismo de la reina de Saba, tan suculenta, que tentó a André Malraux de la única manera que podía: iconográficamente. Y Eva, Atalía, Débora, Susana, Ester, Betsabé, Rut, Berenice, Rebeca, Raquel, Lía, Séfora, Jezabel, Tamar, Bilhá, Abigaíl, Ahinoam… Y la loca de amor del Evangelio, que vino de la red de Tarichaea con siete intrusos lúbricos de Astaroth en el cuerpo. No la busco en el museo de Estrasburgo, prefiero contemplarla como la recreó Emmanuel Benner, expiando desnuda en el desierto sus debilidades. Gracias a Miguel Ángel, Lucas Cranach, El Greco, Rubens, Tiziano, Rembrandt, Reni, Ricci, Caravaggio, Durero, Courbet, Klint, Memling, Moreau, Goltzius, Gentileschi…, los lupanares se convirtieron en pinacoteca, en galería de arte antiguo, en capilla Sixtina, 35JOAQUÍN CARO ROMERO 36 en cenobio, en castillo, en salón de subasta, en alcoba del nuncio apostólico. Mujeres del solaz testamentario, hoy ya bocetos de fantasmas y cicloramas de anatomías rupestres. Nunca sabremos qué hirsutas semidiosas, en la tabla, en el lienzo, en el mural, habría ganado, en el año del viñedo del Señor de 1930, el primer premio del concurso de axilas sin depilar, del que fue exégeta y beneficiario el guanche surrealista Agustín Espinosa, para envidia y protesta de Curzio Malaparte. Como hijos de Pigmalión tenemos facultad reparadora de ausencias y desengaños, recreando el modelo en el taller experimental y sensitivo de las idealizaciones, mientras el tiempo, deshojador de plenitudes, se burla de nosotros. El drama tiene límite. Quienes sobreviven al dolor, los curtidos por la duda y los extenuados por el distanciamiento, pueden remover la tierra sin esperanza en los Campos Elíseos. Si el todo entra en la nada, la inmortalidad se queda en la desmemoria del anonimato, en el esqueleto de un caballete, 36 CARTA A ENRIQUE VALDIVIESO 37 en la dimensión de un cuadro, en la metamorfosis de un color, en el refugio de la indiferencia. El pintor disidente, libre de admoniciones, sin sucumbir en la pragmática sanción, pregunta: “Sin crédito celeste, ¿qué me queda?” Y el índice de un techo clandestino de estalactitas le descubre: “La que llevas contigo, la Pintura”. Sólo existe el pasado en el presente. De aquellas mujeres quedaron sus nombres y la historia acabó en literatura, en epítome artístico, en arresto institucional. Los espejos borrosos de sus huellas se perdieron por Israel, Egipto, Babilonia; la fe, por el Mar Muerto. Sin haber compartido sus camas de marfil, perfumadas con mirra, áloe y canela, hoy las reconocemos en la gravitación de la pintura, un gozo visual abierto al sueño, memoria herida, catálogo de espuma, claroscuro, proporción, arabesco, revocadura de las frustraciones, naturaleza muerta, diorama, orilla de ceniza donde nada ni nadie nos espera, cancelación de voluptuosidades sin lauro en el Walhalla. 37JOAQUÍN CARO ROMERO 38 Dejaremos la Biblia en el altar. La tarde es corta, Enrique, ya no sirve el cuadrante solar, y hay que invadir la noche aboliendo la sombra. Volveremos mañana, pero estará cerrado el paraíso. 38 CARTA A ENRIQUE VALDIVIESO