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La política exterior en China en el marco de la Primera Guerra del Opio (1839-1842). Impacto político y diplomático en las relaciones internacionales con Occidente.

Porras González, Rafael

Abstract

En su historia como imperio, las relaciones diplomáticas en China se dieron en torno a una estructura de poder centralizada que abarcaba a los países que estaban bajo su órbita de influencia, reconocidos como estados vasallos. No obstante, este sistema también aplicó a las potencias europeas que desde el siglo XVI habían establecido relaciones comerciales con el Reino del Centro. Las relaciones diplomáticas mantendrían esta estructura hasta el segundo tercio del siglo XIX, cuando Gran Bretaña utilizó el opio como medio para acceder al mercado chino. Tras el incremento de las tensiones y una serie de crisis diplomáticas, Inglaterra finalmente cesó este sistema de relaciones mediante el uso de la fuerza, en lo que se denominaría “la Primera Guerra del Opio”. El gigante asiático era forzado de esta forma a una apertura diplomática y comercial, iniciando una etapa de decadencia en la política exterior e interior del imperio que duraría hasta bien entrado el siglo XX.

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1 LA POLÍTICA EXTERIOR CHINA EN EL MARCO DE LA PRIMERA GUERRA DEL OPIO (1839-1842). Impacto político y diplomático en las relaciones internacionales con Occidente. AUTOR: RAFAEL PORRAS GONZÁLEZ TUTOR: PEDRO OMAR SVRIZ WUCHERER GRADO EN ESTUDIOS DE ASIA ORIENTAL 2023 2 Índice • Resumen ……………………….…………………………………………….......3 • Introducción………………….…………………………………………………..4 • Objetivos……………………………...………………………………………….6 • Metodología………………………………...……………………………………8 1. Antecedentes………………………………………………………………………..11 1.1. Las expediciones de Zheng He (郑和)…………………………………..……..11 1.2. Causas y consecuencias del cierre marítimo de la dinastía Ming…………...….12 2. Relaciones exteriores y comerciales durante la dinastía Qing (Siglos XVIII y XIX).14 2.1. Principales enclaves portuarios en China: el Sistema de Cantón……………….16 2.2. Injerencia extranjera…………………………………………………………..19 3. China y el Opio…………………………………………………………………..….22 3.1. La Guerra contra el Opio…………………………………………………….....24 3.2. El inicio de las tensiones……………………………………………………….27 4. La cuestión de la extraterritorialidad. Crisis diplomática de 1839………………..…31 4.1. Los buques armados como medio diplomático. La antesala al conflicto……….35 4.1.1. La batalla de Kowloon…………………………………………...……..37 4.1.2. La primera batalla de Chuenpi…………………………………….…….40 4.2. La fuerza como única baza negociadora. Decadencia militar de la dinastía……42 5. La Primera Guerra del Opio…………………………………………………….…..45 5.1. La reacción del gobierno británico. Primera fase de la Guerra…….………..….46 5.2. La segunda etapa de la guerra……………………………………………….…53 6. Consecuencias ……………………………………………………..……………….56 • Conclusiones…….…………………………………....……………………..….59 • Bibliografía……………………………………………………………………..63 3 • Resumen En su historia como imperio, las relaciones diplomáticas en China se dieron en torno a una estructura de poder centralizada que abarcaba a los países que estaban bajo su órbita de influencia, reconocidos como estados vasallos. No obstante, este sistema también aplicó a las potencias europeas que desde el siglo XVI habían establecido relaciones comerciales con el Reino del Centro. Las relaciones diplomáticas mantendrían esta estructura hasta el segundo tercio del siglo XIX, cuando Gran Bretaña utilizó el opio como medio para acceder al mercado chino. Tras el incremento de las tensiones y una serie de crisis diplomáticas, Inglaterra finalmente cesó este sistema de relaciones mediante el uso de la fuerza, en lo que se denominaría “la Primera Guerra del Opio”. El gigante asiático era forzado de esta forma a una apertura diplomática y comercial, iniciando una etapa de decadencia en la política exterior e interior del imperio que duraría hasta bien entrado el siglo XX. Palabras clave: Diplomacia del cañonero Apertura Comercial Extraterritorialidad Siglo de la Humillación Opio • Abstract In its history as an empire, China’s diplomatic relationships took place upon a centralized power structure. It comprehended those countries under China’s sphere of influence that were regarded as vessel States. Nonetheless, this system also applied to the European powers that established trade relationships with this empire from the Sixteenth century. The diplomatic relationships would maintain this structure up to the second third of the nineteenth century. It was at this moment when England started using opium as one of the means to access to the Chinese market. With tensions rising and a succession of diplomatic crisis, Great Britain put an end to this system of relationships by force, in the so-called “the First Opium War”. Thus, the Central Empire was forced to a diplomatic and commercial opening. And with it, followed a stage of weakening of the foreign and national politics that would last well into the twentieth century. Keywords: Gunboat Diplomacy Trade Opening Extraterritoriality Century of Humiliation Opium 4 • Introducción El objetivo del presente trabajo de Fin de Grado es analizar la Primera Guerra del Opio desde una perspectiva diplomática, pero también como un acontecimiento vital en la historia de China. Con esta finalidad, nos centraremos en las crisis diplomáticas entre Inglaterra y el gigante asiático en 1839 y en el desarrollo del conflicto. Posteriormente mostraremos la trascendencia política y militar de los acontecimientos desarrollados. Para completar estos objetivos hemos visitado enclaves históricos, centros de investigación, archivos on-line y bibliotecas donde hemos consultado fuentes secundarias especializadas, así como a fuentes primarias. Además, en estos lugares hemos encontrado información que nos ha ayudado a contextualizar la materia de estudio y nos ha permitido constatar parte del legado y la cultura material abordados en la presente investigación. Por otra parte, hemos reunido información previa al tema central necesaria para contextualizar y mostrar la deriva histórica de China que se defiende en la tesis de este Trabajo de Fin de Grado. Dicha información se desarrollará en el presente apartado y en el de “Antecedentes”: A lo largo de su historia, China ha sido el centro neurálgico del comercio y el poder en Asia, así como el punto de partida de las rutas comerciales entre Asia y Europa. Tanto es así que este país ha sido, en no pocas ocasiones, el motor de la economía global. Ello ha ido acompañado de una política exterior estrechamente asociada a la actividad económica, y a la vez necesaria para mantener una estabilidad política en el territorio. El uso de redes comerciales ha sido clave para la estabilidad y desarrollo económico de las dinastías chinas, como fue el caso de la dinastía Tang (唐朝 Táng cháo). Esta, obtuvo una enorme prosperidad a través de las rutas de comercio terrestre, por lo que centró sus esfuerzos en expandir su influencia cultural o control militar hacia Asia central durante los siglos VII y VIII. Todo ello se hizo sobre los estados que confluían hacia el interior de la ruta, o a través del control directo de estos. Se establecían de esta forma protectorados y estados tributarios en la zona oeste del imperio; en la actual Xinjiang (新 疆Xīnjiāng) o Afganistán. Este sistema de relaciones diplomático-comerciales se iría consolidando en las dinastías chinas (Twitchet, 1979, págs. 221,222 y 223) A mediados del siglo VIII, la expansión de China hacia el oeste se frenó y el dominio sobre la ruta se vio alterado. Ello dio lugar a la apertura de una ruta marítima 5 como oferta alternativa a la incesante demanda de productos chinos dentro y fuera de la región. Esta ruta emanaba principalmente de las zonas del sur de China, ideales por su situación estratégica para establecer puertos, que además eran de los más activos y desarrollados del país (Xu, 2021, pág. 48). Cuando el Imperio Otomano se interpuso entre Europa y la ruta de la Seda en 1453, el viejo continente, ansioso de satisfacer su demanda de productos orientales, emprendió un gran número de exploraciones para establecer vías comerciales marítimas. (National Geographic Society, 2022. Párr 1) De esta forma, no solo se avanzaba en favor de la globalización, sino que también se establecían relaciones directas entre ambas partes, que más tarde evolucionarían y acelerarían los procesos históricos de la región (Mark, 2018. Apartado “The Silk Road Legacy”, Párr 2). La injerencia de las potencias occidentales en China supuso grandes cambios en la política y la economía de este país, que, como veremos en este trabajo, quedaría radicalmente transformada en periodos posteriores. 6 • Objetivos El principal objetivo de nuestra investigación es demostrar la trascendencia de la Primera Guerra del Opio a través de un estudio histórico con perspectiva multilateral 1 . Profundizaremos en el impacto material y cultural de la interferencia de las potencias occidentales en China y Asia, así como también en las políticas y las narrativas del gobierno chino y la imagen que proyecta de sí. Específicamente, en lo referente a relaciones diplomáticas de la primera mitad del del siglo XIX, generadas por una actividad comercial restringida y por una postura de aislacionismo territorial y político de China respecto a sus socios europeos. Para ello, nos centraremos en la crisis diplomática de 1839, en el marco de la denominada “Primera Guerra del Opio”. Debido a la trascendencia histórica y la aceleración de la globalización que supuso este periodo. Es decir, el importante papel que tuvo en la entrada forzada del gigante asiático y, posteriormente, de Asia Oriental en las relaciones comerciales y diplomáticas con Occidente. El motivo de elección de esta tesis se debe, en primer lugar, al interés que supone el estudio multilateral de la historia de los países de esta región. En segundo, al hecho de que su historia converge durante la segunda mitad del siglo XIX. Pero también debido a que las implicaciones de este tema de estudio no sólo marcaron la trayectoria política de Asia Oriental, sino que también han tenido un papel fundamental en el proceso de la globalización. Estamos ante un tema que, pese a no haber sido del todo analizado en profundidad en Occidente, se enfatiza en repetidas ocasiones en el discurso político y educativo de China como el “Siglo de la Humillación”. Para alcanzar los principales objetivos de esta investigación, se busca también completar una serie de objetivos específicos que comprenden: Facilitar el entendimiento de los contenidos legales y culturales chinos relativos a la Primera Guerra del Opio. Concibiendo estos como una herramienta para comprender la perspectiva del gobierno y el pueblo chino sobre la materia. 1 Desde las narrativas y fuentes históricas chinas y occidentales. 7 Mostrar el impacto social y político de la introducción del opio y de religiones extranjeras a China. Especialmente desde la perspectiva de las políticas del gobierno chino en materia de drogas y criminalidad. Identificar las vinculaciones de la Primera Guerra del Opio y sus consecuencias sobre los enclaves coloniales europeos en China Continental: es decir, Macao Y Hong Kong. Buscamos, pues, ahondar en el objeto de estudio, sus antecedentes, y especialmente en su legado. Es decir, en los últimos apartados de la investigación mostraremos la deriva histórica y la identidad actual de China. Ello se hará incidiendo en aspectos de actualidad como la coyuntura sobre Taiwán o la carrera armamentística con Estados Unidos. 8 • Metodología Con el fin de alcanzar los objetivos, hemos realizado esta investigación bajo un marco metodológico cualitativo. Conjuntamente, hemos asimilado e introducido los contenidos pertinentes en distintas etapas: en primer lugar, se consultaron las fuentes primarias y secundarias para después ser seleccionadas en función de su relación con el tema de interés. Una vez acumuladas muchas de estas, se estableció el recorrido del trabajo en lo que a actualización y orientación del tema se refiere. De la misma manera, cuando se fue formando una estructura, comenzamos a completar la redacción e incorporamos las diferentes fuentes consultadas vía citación APA. 2 Cabe resaltar que las citas hacen referencia a los contenidos que se encuentran en el párrafo citado y al anterior, en caso de que este no esté citado. Esto se hace con el fin de evitar repetir algunas citas que hacen referencia al mismo autor y página pero que por cuestión de espacio la información se ha dividido en varios párrafos. La bibliografía seleccionada proviene principalmente de fuentes especializadas y en la medida que ha sido posible, primarias. Una buena parte, la hemos obtenido a través de internet, aunque otras tantas con consultas de libros a los que se ha tenido disposición. Ya en una última etapa, y con el trabajo completamente redactado, se ha procedido a revisar los contenidos para mantener cierta coherencia y para evitar de nuevo redundancias. Para las consultas físicas han sido de gran ayuda los préstamos y citas obtenidos de la amplia colección de libros de la que dispone la biblioteca Luking, adscrita a la Universidad de Providence (Taiwán). Para las citas online se han empleado principalmente herramientas como Google Académico, Dialnet, J-Stor, Researchgate. Revistas y enciclopedias online como National Geographic, Atlantic Studies y Britannica. Además de archivos digitales como Internet Archive o Google Books. Cabe destacar que, de estos últimos hemos extraído fuentes primarias que han hecho grandes aportaciones a la investigación: The Chinese Repository Vol VIII, Additional Papers Relating to China, Correspondance Relating to China, o Statement of Claims of the British Subjects Interested in Opium Surrendered to Captain Elliot... Todas 2 Cabe resaltar que dichas citas normalmente hacen referencia a los datos situados entre la cita en cuestión y la anterior, con el fin de evitar redundancias. 9 son fuentes que nos darán testimonios directos de los acontecimientos históricos, o bien recopilaciones de correspondencia epistolar entre las personalidades políticas implicadas en los procesos que analizamos. Nuestra estancia en Taiwán para el cursado del cuarto curso del Grado en Estudios de Asia Oriental nos permitió obtener una visión in situ de la materia de estudio. Al mismo tiempo que nos posibilitó visitar museos y otras instituciones locales que nos han ayudado a apreciar la trascendencia histórica de los hechos analizados en la realidad más actual. Entre ellos, destacamos el museo y enclave histórico del Fort Zeelandia, en la ciudad de Tainan. Pues nos ha aportado información de interés sobre las consecuencias territoriales dadas como consecuencia de la Primera Guerra del Opio. También hemos al Fuerte Santo Domingo ( 红毛城 hóngmáochéng) y su museo, al norte de Taipei. Este fue un fuerte construido por españoles y más tarde tomado por la Compañía de las Indias Orientales de Holanda. No obstante, nos interesa especialmente el periodo en el que estuvo ocupado por la dinastía Qing, y por otras potencias coloniales como Inglaterra o Japón. Nos ha aportado información relativa a las capacidades de defensa de la dinastía Qing durante el siglo XIX y de armamento como cañones y otras armas de fuego. Hemos visitado además la exposición en el enclave Former Tait & Co. Merchant House (原英商德记洋:Yuán yīng shāng dé jì yáng), en la ciudad de Tainan. En este caso para obtener información relativa a las relaciones comerciales entre la dinastía Qing e Inglaterra. Concretamente en lo referente a la apertura de puertos mediante los denominados “Tratados desiguales”, ocasionados a partir de la Primera Guerra del Opio. En este enclave también se ha obtenido información relativa a la tecnología naval china y al uso de los juncos como embarcación principal durante la dinastía Qing. Por último, hemos ido a la ciudad de Malaca, ya que fue una de las zonas de tránsito de las expediciones de Zheng He durante sus expediciones del siglo XV. Una vez allí, visitamos el centro de investigación International Zheng He Research Academy (国 际郑和研究院 Guójì zhènghé yán jiù yuàn). En él se ha obtenido información relativa a las expediciones diplomático-comerciales de la dinastía Ming. Así como bibliografía recomendada por el personal del centro, como puede ser When China Ruled the Seas o Dictionary of Ming Biography (1368-1644) Volume I. La información extraída de estos lugares ha sido más bien una introducción que más tarde se ha enriquecido con las consultas en enciclopedias o en revistas especializadas. 16 2.1. Principales enclaves portuarios en China: el sistema de Cantón El puerto de Cantón tuvo un papel clave en el comercio de la dinastía, dada su situación de monopolio. La selección de este como el único puerto en el que los países extranjeros podían comerciar con China respondía a varios factores clave: En primer lugar, este enclave se encontraba en una posición estratégica; concretamente introducido en el delta del río de las Perlas, lo que le otorgaba una protección natural respecto a la piratería. Además, esta localización también se encontraba cerca de Macao, otro enclave que actuaba como centro diplomático de los diferentes representantes. Se ha de tener en cuenta que desde marzo a octubre se cerraba la temporada comercial, y que en ese periodo los comerciantes europeos no podían permanecer en territorio chino, haciendo de Macao un punto idóneo en el que permanecer europeos. (Perez-Garcia L. J., 2022, pág. 386 y 387). Por otro lado, el acceso al puerto de Cantón era relativamente estrecho y estaba lleno de fuertes, lo que facilitaba a las autoridades chinas el control del tránsito de los barcos. Así se dificultaba el contrabando y se garantizaba la recaudación de impuestos. Aunque la cercanía con Macao también era un factor importante debido a que este era un centro neurálgico del comercio, estableciendo una conexión directa con Cantón. (Perez- Garcia L. J., 2022, pág. 386 y 387) Imagen 1 obtenida de: (Rober Sayert, Entre 1750-1800). Señalizada en rojo la localización de Cantón en el mapa. Señalizada en azul la localización de Macao en el mapa. 17 En segundo lugar, este puerto contaba con una gran actividad comercial y era de los más desarrollados de China. En parte porque fue esta una de las zonas litorales menos despobladas y azotadas por los ataques de la piratería en periodos anteriores, al contrario de lo que había ocurrido con otros puertos de la costa este (H, 2001, pág. 476). En tercer lugar, la elección de este puerto también se debía a la tendencia de la corte Qing de mantener un estrecho control sobre las actividades comerciales. Especialmente aquellas con los europeos, que eran vistos con perspicacia. Aunque la necesidad de bienes como la plata, y la creciente dependencia china al comercio exterior, hacía inviable la prohibición del comercio. Es decir, la constitución de un único puerto en una zona concreta hacía más fácil para el estado imperial regular de forma directa las normas aplicadas al comercio. A la vez que dificultaba la penetración de influencia y presencia extranjera a lo largo del país (H, 2001, pág. 475). No obstante, este sistema no sólo pretendía mantener bajo control las relaciones con los extranjeros, sino también con los propios chinos de etnia han en las provincias del sur. Se ha de tener en cuenta que la dinastía Qing era de origen manchú, y por tanto era considerada como extranjera a ojos de la población china. Este hecho, aumentaba el riesgo de rebelión, especialmente en las provincias del sur, las más alejadas de la corte y las últimas en ser conquistadas. Por ende, mantener el control en esta región, que además se veía enriquecida por el comercio, era clave para la estabilidad del país. (Perez-Garcia L. J., 2022, pág. 387) En cuarto lugar, Cantón había sido designado como puerto por la influencia que los gobernadores cantoneses tenían en la corte Qing, dada su mayor recaudación de impuestos. Esto generaba confrontaciones con los gobernantes de otras provincias como los de Fujian, Jiangsu (江苏省: Jiāngsū Shěng) y Zhejiang (浙江省:Zhèjiāng Shěng), que abogaban por mantener el comercio en sus respectivos puertos. Aunque en 1757, por decreto imperial, el único puerto que permanecería abierto sería el de Cantón (H, 2001, pág. 476 y 467). De esta forma, el puerto de Cantón se convirtió en una suerte de vía canalizadora por la que la corte imponía sus condiciones y supervisaba los intercambios entre China y los diferentes países. Esto se llevaba a cabo mediante un complejo sistema burocrático y hacendístico que contabilizaba y seguía de cerca las operaciones comerciales. Al mismo tiempo se mantenía a los mercaderes de cada nación en un edificio en el que podían vivir 18 durante las temporadas comerciales -5 meses al año-. Estos, no podían acceder al país y su espacio de movilidad estaba reducido a sus factorías, y a espacios limitados de Cantón. Además, los comerciantes extranjeros sólo podían ser hombres, y sus contactos con la población local debía ser exclusivamente la necesaria (吴伯娅 Wúbóyà:, Fecha no especificada. Párr 18). Véase la imagen: . Imagen 2 extraída de Peabody Essex Museum, 1810 (PEMM20530). En ella se aprecian las factorías de: España, Estados Unidos, Inglaterra y Holanda, respectivamente. Este sistema, sin embargo, no era del todo eficaz, ya que la burocracia, al ser tan compleja, solía ocasionar numerosos fallos e ineficiencias. En algunas ocasiones se desconocían las tasas impositivas correspondientes a cada caso, lo que hacía que estas acabaran siendo más elevadas de lo que correspondía. Además, los funcionarios y responsables del comercio no recibían salarios muy elevados por parte de la corte, lo que era un incentivo para la corrupción (Fairbank, 1978, pág. 164 y 165) . Los gremios de estos intermediarios recibían el nombre de Cohong (公行: Gōng xíng), y tenían la función de realizar todas las interacciones comerciales con los extranjeros. Siendo los únicos que estaban autorizados a comerciar con ellos. Estos privilegios comerciales los dotaban de un gran capital que les permitía tener una gran influencia y capacidad de soborno dentro de este sistema (Perez-Garcia L. J., 2022, pág. 389 y 390). Aunque tampoco eran omnipotentes, pues estaban supeditados a los agentes de aduanas, que se encargaban del arbitraje, la recaudación y la supervisión de todo el 19 comercio, por lo que a menudo los extorsionaban aprovechando su autoridad imperial. (Fairbank, 1978, pág. 164) Durante cerca de tres siglos desde la llegada de los portugueses al sur de China, el sistema de Cantón y las políticas respecto al comercio marítimo mantuvieron la influencia europea alejada del país. Fueron políticas que lograron con relativo éxito salvaguardar los intereses de la corte Qing, y mantener el control sobre las relaciones exteriores y la soberanía nacional. Este balance de poderes era algo que estaba sin embargo cerca de cambiar radicalmente. (Perez-Garcia L. J., 2022, pág. 387) 2.2. Injerencia extranjera El complejo aparato de redes de contactos, burocracia, corrupción, impuestos, intermediarios, etc que componía el sistema de Cantón, suponía un motivo de descontento entre los comerciantes europeos, destacando a Reino Unido, el principal socio comercial de China. Desde la perspectiva del comerciante británico este sistema encarecía, ralentizaba y limitaba los intercambios. (Fairbank, 1978, pág. 169) A este descontento habría que sumar el carácter imperialista de las potencias europeas, que luchaban por aumentar sus posesiones territoriales y su presencia comercial en Asia; en esta línea, destacaba el papel de la Compañía británica de las Indias Orientales, que había tomado buena parte del norte de la India, y era la compañía que contaba con el mayor volumen de comercio en China. También habría que sumar el desequilibrio en la balanza comercial entre estos dos países, muy declinada en favor de China (Theobald, 2020) (Párr 4) El té, era un producto chino ampliamente consumido en Reino Unido, y suponía tres quintas partes de las importaciones a China hacia la década de 1830 (Sen, 1981, pág. 589). Además, el gobierno británico obtenía grandes beneficios a través de los impuestos, del 10%, a su comercialización. Por ello, este era uno de los principales motivos de la dependencia comercial británica de China, pero también de su déficit comercial con dicho país. (Theobald, 2020) Para compensar la balanza, los británicos querían que hubiera una mayor penetración de sus productos en China, por lo que tenían intención de acceder a los puertos de la costa este -principalmente a los de la provincia de Zhejiang-. Entre otros 20 motivos, esto se debía a que esos puertos se encontraban más al norte, y daban acceso a zonas con climas más fríos. Donde los productos textiles -uno de los ámbitos de mayor especialización de la industria británicase podían vender mucho mejor que en Cantón, con un clima tropical (H, 2001, pág. 480). La intención de abrir otros puertos también buscaba abaratar productos como el té o la seda, que se encarecían al estar sus explotaciones y factorías tan lejos del puerto de Cantón. El transporte y las aduanas interiores -sobre todo dentro del Gran Canaleran la causa de la subida de precios, por ello, los británicos buscaban establecer puertos más cerca de las zonas de producción. Aunque estos productos también se encarecían por la intervención estatal a través de los Cohong, así que los ingleses consideraban que abrir más puertos facilitaría el comercio directo a través de los mercaderes independientes, y si se precisaba, del contrabando (H, 2001, pág. 485). Además, las condiciones impuestas al comercio no eran negociables, y el trato distaba de ser de igual a igual. Si tenemos en cuenta la idiosincrasia del entonces imperio chino, el emperador era considerado el “hijo del cielo” (天子:Tiānzǐ), y China el “Reino del centro” (中国:Zhōngguó). Por lo tanto, la autoimagen China respecto a los países europeos era la de un país moralmente ejemplar, superior en poder, territorio, historia y civilización. Por este motivo el resto de los países eran denominados “bárbaros”, y eran considerados poco más que estados vasallos. (Perez-Garcia M. , 2021, págs. 54-55). Como apunta (Steinbach, 2023), Gran Bretaña, en plena era victoriana, se consideraba a sí misma la nación más civilizada. Su clase media emergente era fiel seguidora de las leyes de libre mercado y de propiedad privada. Así, la cobertura ideológica de las políticas imperiales se basaba en la idea de que el beneficio individual contribuía al desarrollo y la mejora colectivas. Inglaterra consideraba, además, que su poder colonial, su industrialización y su sistema monárquico-parlamentario eran motivo de orgullo y de distinción sobre el resto de los países (Párr 1 y 2) (Gillingham, 1993), por contraparte señala que, desde la óptica británica, se percibía a China como a un país exótico, bárbaro, arcaico e incivilizado, ideal sin embargo para la obtención beneficio. Además, consideraba que su sistema político era una tiranía que hostigaba continuamente a su población y a sus países vecinos (pág. 5). Esta visión de China se iría acrecentando conforme las potencias europeas iban penetrando en el país. Así, (Bard, 1899) afirma que: “[…] La opresión debe ser excesiva para que el pueblo se 21 mueva, porque los castigos son crueles y los mandarines rara vez dejan de tomar represalias cuando se restablece el orden” (Pag 120). 6 Esta incompatibilidad de idiosincrasias, y este choque de etnocentrismos hicieron que; cuando una de estas embajadas -la de Lord Macartneyllegase en 1793 a la corte Qing, el emperador Qianlong (乾隆帝:Qiánlóng dì) respondiera de la siguiente manera: […]Nuestro imperio Celestial posee cualquier cosa en gran abundancia y no carece de ningún producto dentro de su territorio. Por eso, no hay necesidad de importar productos manufactureros de bárbaros a cambio de lo que nosotros ya producimos. Pero como el té, la seda y la porcelana son bienes muy preciados para […] vosotros, hemos permitido, como gesto de buena fé, que los comerciantes extranjeros se pudieran establecer en Cantón […]No obstante, tu embajador ha planteado nuevas peticiones que no reconocen en absoluto el principio de la corona a tratar a los extranjeros con indulgencia, ni a pacificar a las tribus bárbaras […] Sin embargo, no me olvido de la remota lejanía de tu isla […] Al igual que tampoco he pasado por alto tu excusable ignorancia de los ritos de nuestro Imperio Celestial. Por eso he ordenado a mis funcionarios a que instruyan a tu embajador en la materia […]Citado en (Backhouse, 1914, pág. 326). 7 Esta respuesta a la embajada se debió a que el cuerpo funcionarial, y el propio emperador consideraban que había sido osado por parte de los británicos tratar de negociar directamente con el “hijo del cielo”. Y no sólo veían mal a quién se dirigían las negociaciones, sino lo ambicioso de las mismas; el imperio Qing, consideraba que ceder un enclave y establecer a un embajador fijo en sus territorios era una violación a su soberanía. Y, además, percibían la apertura del comercio como una forma de penetración 6 Traducción propia a partir de: “Il faut d'ailleurs que l'oppression soit excessive pour que le peuple se mette en mouvement, car les châtiments sont cruels et les mandarins manquent rarement de se venger quand l'ordre est rétabli” (Bard, 1899, pág. 120) 7 Traducción propia a partir del fragmento: “[…] our Celestial Empire possesses all things in prolific abundance and lacks no product within its own borders. There was therefore no need to import the manufactures of outside barbarians in exchange for our own produce. But as the tea, silk, and porcelain […] are absolute necessities to […] yourselves, we have permitted, as a signal mark of favour, that foreign hongs should established at Canton […]. But your Ambassador has now put forward new requests which completely fail to recognise the Throne’s principle to treat strangers from afar with indulgence,' and to exercise a pacifing control over barbarian tribes […] Nevertheless, I do not forget the lonely remoteness of your island […] nor do I overlook your excusable ignorance of the usages of our Celestial Empire. I have consequently commanded my Ministers to enlighten your ambassador on the subject […]” (Backhouse, 1914, pág. 326). 22 de la influencia extranjera, algo, recordemos, considerado subversivo. Por lo que no hubo concesión alguna por parte de la dinastía Qing (Gillingham, 1993, pág. 4 y 5) Macartney se negó a hacerle el saludo ritual a Qianlong; postrarse con ambas rodillas y tocar el suelo con la cabeza (Kowtow). Macartney, que no se postraba ante su propio rey, tampoco estuvo dispuesto a hacerlo ante el emperador de China; y puso como condición para ello que un funcionario de igual rango hiciese el mismo gesto ante el retrato de Jorge III. Esto lo desfavoreció aún más en las negociaciones, y es que su embajada, era además percibida como la de un Estado tributario; -dada la cantidad de ofrendas que llevaron al emperador para disuadirlo del avance industrial y tecnológico de Gran Bretaña- (Gillingham, 1993, pág. 3) Véase la imagen: Imagen 3 Lord Macartney entrega un regalo a Qianlong. Extraída de (Anderson, 1797, pág. 85) 3. China y el Opio El fracaso de las sucesivas embajadas y el endeudamiento de la Compañía Británica de las Indias Orientales tras sus campañas militares en la India, urgían a Inglaterra a buscar otra alternativa para que sus reservas de plata no se agotasen en su déficit comercial con China. Esta alternativa fue introducir grandes cantidades de opio en China. Un producto originario de la actual Turquía, que circulaba por la ruta de la Seda y 23 se importaba en China desde tiempos de la dinastía Tang. Se empleaba con fines medicinales, y se tomaba por ingesta oral en pequeñas cantidades, por eso su consumo no era del todo agradable, ni su demanda tampoco era muy extendida; de hecho, sólo unos pocos podían costeárselo, (Britannica, T. Editors of Encyclopedia, 2021 Sección “Background of the opium Trade”, párrafo 1). No obstante, a partir del siglo XVII, por influencia norteamericana, se introdujo en China la costumbre de fumar, y poco después se empezaban a mezclar tabaco con opio. Esto dio lugar a más aplicaciones del opio, y a un consumo mucho más habitual. Empezaba a darse un fenómeno de adicción masiva que se reportó por vez en primera en las zonas costeras de Xiamen y Taiwán. (Blunden, 1983, pág. 148) Dadas las circunstancias, en 1729, el entonces emperador Yongzheng (雍正帝: Yōngzhèng dì) firmó el primer decreto de prohibición del opio por el que su venta e importación quedaban penadas por la ley. Esta reforma tuvo cierto éxito a corto plazo y se logró ralentizar la expansión del consumo a la vez que los precios de la droga aumentaron. Pero eso a su vez dio lugar a un fenómeno de contrabando que no haría más que multiplicarse con el paso de las décadas (United Nations Publications, 2008, pág. 175). En la mitad sucesiva del siglo XVII las medidas contra el opio iban perdiendo efectividad, hasta que, de nuevo, los informes sobre la propagación de la droga y sus consecuencias sobre la salud pública se acumulaban en el palacio imperial. Las circunstancias llevaron al emperador Jiaqing (嘉 庆 帝 ,Jiǎ Qīng dì) a prohibir su consumo en 1797 y su importación en 1800. Pero en la práctica, el consumo y las importaciones se mantuvieron estables (Richardson, 1840, pág. 12). Fue este nicho de mercado el que los británicos decidieron explotar, ya que esta droga encontraba un cultivo ideal en la India. En un principio, la compañía Británica de las Indias Orientales, producía y transportaba grandes cantidades de opio en China de forma directa, y más tarde a través de contrabandistas británicos y chinos. Reflejo, en gran medida, del grado de corrupción en Cantón, donde los propios comerciantes chinos se veían enriquecidos con el contrabando de opio (Feige, 2008, pág. 3). Las cosas se complicaron aún más cuando después de 1820 la compañía británica de las Indias Orientales empezaba a perder el control de su monopolio sobre el comercio 24 y producción del opio. La condición de monopolio hacía que se produjesen menores cantidades de opio a mayor precio, y eso estabilizaba el comercio. Con la privatización sobre la venta y comercio de opio, sin embargo, se generó una economía de escala y se abarataron significativamente los precios, haciendo que la droga fuese muchísimo más asequible y, por ende, más demandada (United Nations Publications, 2008, pág. 176). Hacia 1830, los beneficios obtenidos por el opio en China ya eran lo suficientemente elevados como para tornar la balanza comercial en favor de Reino Unido (Obsérvese la gráfica). Gráfica 1. Volumen de las importaciones chinas de opio en toneladas. Citada en: (Feige, 2008, pág. 13) En el punto álgido de consumo e importación de opio se estimaba que 15 millones de personas eran adictas al opio en China (Fairbank, 1978, pág. 178). 3.1. La Guerra contra el Opio La corte Qing había fracasado en sus primeros intentos de erradicar el comercio del opio. Ciertamente era algo que apenas se podía controlar dada la creciente omnipresencia de esta sustancia en todos los estratos sociales. Aunque cada vez eran mayores las críticas respecto a sus consecuencias económicas y sociales, su introducción y comercialización recibían una colaboración tácita por todos aquellos que de una forma u otra tenían intereses asociados a ella o a su consumo. La corrupción cada vez penetraba 25 más en el territorio y la población, y con ella en los mecanismos del estado (Digital China/ Harvard, Fecha no especificada. Párr 1): A lo largo del intercambio comercial que ha habido hasta ahora, de entre todos los comerciantes extranjeros que han venido, […] hay algunos que, habiendo introducido el opio ilícitamente han corrompido al nuestro pueblo chino y han llenado cada provincia de este veneno. Sólo se atienen a su propio beneficio, ¡y no les importa el daño que puedan causar a otros! Citado en (Bridgman, 1840, pág. 498) 8 La corte Qing consciente del entramado de corrupción de Cantón, desconfiaba de los funcionarios que cumplían su servicio allí, y es por ello que designó a Lin Zexu (林则 徐: Línzéxú) como máximo comisario a cargo de investigar las vías de contrabando por las que se introducía el opio en China. Iba en representación del emperador, y por los poderes que se le atribuyeron muchas fuentes traducen su cargo como Virrey (Waley, 1958, págs. 16-17), En 1839 tras haber gobernado las actuales provincias Nanjing (南京:Nánjīng) y Jiangsu, Lin emprendió su camino a Cantón y comenzó con sus pesquisas. Antes de llegar a su destino quiso obtener información sobre la situación y buscó la asesoría de Bao Shichen (包世臣: Bāo shì chén), que era uno de los letrados más consultados y famosos en su época. En ese momento Bao trabajaba como asesor privado por sus conocimientos sobre los asuntos regionales y políticos, y es por eso que era a menudo consultado por los funcionarios que provenían de otras zonas (Rowe, 2018, pág. 12 y 13). Lin se encontró con él a la altura de Nanchang (南昌: Nánchāng)y le pidió información sobre la situación en Cantón. Bao contribuyó a influenciar a Lin Zexu una perspectiva suspicaz respecto a los británicos. Entre otras cosas ya había señalado que la presencia inglesa en Singapur y los contactos con los asentamientos chinos allí podía darles la oportunidad de reclutar a agentes e intermediarios que fácilmente pudiesen burlar las restricciones estatales. Ya sea en materia de contrabando, o para obtener 8 Traducción propia a partir del fragmento: “During the commercial intercourse which has existed so long, among the numerous foreign merchants resorting hither […] are some, who, by means of introducing opium by stealth, have seduced our Chinese people, and caused every province of the land to overflow with that poison. These then know merely to advantage themselves; they care not about injuring others!”. Citado en (Bridgman, 1840, pág. 498) 8 32 interpretada como una violación de la soberanía china en su propio territorio. Elliot, consciente de la indignación sus contrapartes chinas, invitó a funcionarios chinos como asistentes, pero estos reclinaron la oferta e insistieron en que se entregase a un responsable. El juicio prosiguió, y las condenas dictaminaron que el sospechoso del asesinato era inocente de esa acusación y que el resto de los implicados tendrían que pagar entre 15 y 25 libras, y pasar entre 3 y 6 meses en prisión en Gran Bretaña (Autor desconocido, 1840, pág. 432). Elliot aseguró a Lin Zexu que, actuando según las instrucciones de su reina, no le era posible entregar a ningún implicado de la reyerta a las autoridades chinas. Aunque también aseguraba que, si se probaba e identificaba al culpable del asesinato, sería ejecutado. Lin, interpretó que Elliot quería decir que había contactado literalmente con la reina de Inglaterra y que además había recibido su respuesta en tan corto plazo. A lo que contestó que tal hazaña era imposible físicamente por la distancia entre ambos países. Intensificó su discurso y dijo de Elliot que tenía que encontrar al responsable, alegando que con todos los poderes que tenía a su cargo, sería una incompetencia no dar con él. Además, insistió en el principio de que “una vida se paga con otra vida”, y que, si finalmente no cumplía con sus demandas, él mismo sería culpado y condenado con los cargos del asesinato. Para aumentar la presión sobre los británicos, como ya había ocurrido previamente respecto a la entrega del opio, Lin Zexu posicionó a 2000 tropas cerca de Macao y decretó que estaba prohibido vender provisiones a los británicos estacionados en esta ciudad (Waley, 1958, pág. 61 y 62). Paralelamente, los cargamentos de opio seguían llegando a China. A pesar de todos los esfuerzos, y de lo rotundo de las medidas en contra, estas se mostraban insuficientes. En todos los juicios, los contrabandistas confesaban que se seguían aprovisionando de comerciantes británicos en puntos como las islas de Nan’ao (南澳 Nán'ào) Hainan (海南:hǎinán), o en puntos como Chaozhou (潮州:cháozhōu) o la península de Leizhou (雷州:léizhōu). (Feige, 2008, pág. 3 y 4) Tonelada tras tonelada, el opio seguía penetrando en China; mediante las políticas de Lin Zexu, se habían eliminado grandes cantidades, y se había obtenido cierto éxito al neutralizar los principales puntos de acceso de la droga en Cantón, o al menos así sería temporalmente. Pero no era un problema cuantitativo, eliminar el opio interceptado era sólo efectivo en el corto plazo, el problema no cesaría hasta que lo hiciese la demanda o la producción (Waley, 1958, pág. 64). 33 Quizás, el mayor problema de la dinastía Qing en lo referente al Opio fue también la falta de una flota militar propiamente dicha. La mayoría de los barcos que se disponía eran juncos de madera, diseñados principalmente para el comercio local y regional, normalmente escasamente armados. Véase la imagen: Imagen 4 (propia). Extraída de la exposición de Former Tait & Co. Merchant House ( 原 英商德记洋: Yuán yīng shāng dé jì yáng) en Tainan Hacia esta época, se hacía ver que la política interior se había priorizado en detrimento de la capacidad de proyección externa a nivel militar y diplomático, y para ambas cosas era necesario una flota tecnológicamente avanzada y con gran potencia de fuego. Esto es: el cese de la política marítima y de la inversión en el desarrollo naval durante la dinastía Ming. La célebre diplomacia del cañonero estaba al alza, y pronto llamaría a las puertas de una China que distaba mucho de estar preparada. (Folch, 2020. Apartado “End of an Odyssey”, párrafos 2 y 3) Sea como fuere, el estado Qing no disponía de los recursos necesarios para frenar el flujo de Opio en sus zonas de contrabando o desde los lugares en los que se originaba. Por mucho que se forzara la situación siempre se buscaba otra forma u otro lugar en el que hacer las descargas y las transacciones con los contrabandistas. Simplemente había más personas dispuestas a salir beneficiadas del negocio que a neutralizarlo. Además, las medidas de Lin Zexu y de los edictos imperiales no conseguían desincentivar lo suficiente al grueso de los consumidores de Opio. Asimismo, la correspondencia entre él y Charles Elliot era cada vez más complicada, no se obtenían las respuestas esperadas y se cortaban 34 las comunicaciones de forma intermitente a causa de las tensiones. (Waley, 1958), (Autor desconocido, 1840) (Anónimo, 1840). 12 Desde la perspectiva de Lin Zexu, los británicos habían estado hasta ese momento desobedeciendo sus órdenes bajo “evasivas y postposiciones enmascaradas en un discurso muy adornado” (Bridgman, 1840, pág. 12). Sentía que, ya fuera con el asesinato del joven campesino o con las entregas de Opio, Elliot no cedía a sus ultimátum hasta que no le quedaba otra opción. Esta situación dejaba al Virrey en una posición muy complicada, especialmente respecto al emperador. Por un lado, no podía apresurarse a forzar militarmente cualquier demanda a los británicos sin un pretexto indiscutible, pues ello le podría costar el cargo en el menor de los casos, como acabaría ocurriendo. Por el otro lado, si el emperador se enteraba de que su representante en Cantón era incapaz de mantener la autoridad sobre los “comerciantes de las naciones bárbaras” (Bridgman, 1840, pág. 12), y que estos además violaban el principio de soberanía, las consecuencias no serían menores. (Bridgman, 1840, pág. 12) Para el superintendente o capitán Elliot, sin embargo, Lin Zexu era un funcionario obstinado en tomar medidas que, a sus ojos, eran desmedidas y atentaban contra los intereses de los comerciantes británicos y de sus familias estacionadas en Macao. No se sabe a ciencia cierta si Elliot encubrió o no al culpable del asesinato de Lin Weihe. Pero uno de los principales motivos por los que Elliot no cedió a las exigencias al respecto fue porque no confiaba en el sistema penal de la dinastía Qing y no quería mandar a un subordinado sin una culpabilidad demostrada a una muerte segura. (Waley, 1958), (Autor desconocido, 1840) (Anónimo, 1840). 13 El incidente se acabaría convirtiendo en la última gota que acabó con las relaciones diplomáticas amistosas entre China e Inglaterra. Ciertamente, no se trató tanto de una cuestión de hacer justicia, sino más bien, y como se ha mencionado, de ejercer soberanía. Lo cierto es que ya fuera por una causa justa o no, este caso supuso una 12 En esta anotación propia nos hemos basado principalmente en la evolución de las narrativas presente en: (Waley, 1958) y (Autor desconocido, 1840). 13 En esta anotación propia nos hemos basado principalmente en la evolución de las narrativas presente en: (Waley, 1958), (Autor desconocido, 1840), (Anónimo, 1840). 35 violación de la soberanía nacional de la Dinastía Qing. (Waley, 1958), (Autor desconocido, 1840) (Anónimo, 1840). 14 Ante esta sensación de desobediencia y de continuas tensiones, Lin volvió a tratar de contactar directamente con la reina de Inglaterra. Para ello, el 19 de julio redactó su célebre carta a la Reina Victoria en la que trasladaba una visión crítica de los hechos y exigía el cese inmediato del comercio del opio, así como de su cultivo en la India (Bridgman, 1840, pág. 499 a 503): […]Nos consta que el opio está prohibido con la más estricta severidad en su propio país: esto deja en evidencia de que sois plenamente consciente del daño que supone para el hombre. Siendo así, no debería hacer que esta sucia droga se transporte a ningún otro país, ¡y mucho menos al Imperio del Centro! […]A su vez nos consta que cada uno de sus barcos que arriba a Cantón lleva una autorización de su alteza en la que se leen las siguientes palabras: “no se le permitirá llevar mercancías de contrabando” […] y no podemos más que suponer que como son tantos los barcos suyos que arriban aquí, no le ha dedicado la debida atención a registrarlos y supervisarlos; y es esta la razón por la que le dirigimos este documento oficial, para que sepa con claridad acerca de la contundencia y seriedad de las leyes de la dinastía central, y que con toda probabilidad hará que no sean violadas de nuevo. Citado en (Bridgman, 1840, pág. 499 a 503). 15 4.1. Los buques armados como medio diplomático. La antesala al conflicto Desde el principio, la respuesta de Elliot al endurecimiento de las medidas había sido armarse como medida defensiva y disuasoria: el 8 de junio de 1839 arribaba a Macao 14 En esta anotación propia nos hemos basado principalmente en la evolución de las narrativas presente en: (Waley, 1958), (Autor desconocido, 1840) y (Anónimo, 1840). 15 Traducción propia a partir del fragmento: “[…] We have heard that in your own country opium is prohibited with the utmost strictness and severity: -this is a strong proof that you know full well now hurtful it is to mankind. Since then, you ought not to have the injurious drug transferred to another country, and above all others, how much less to the Inner Land! […] We have at the same time heard that your ships which come to Canton do each and every of them carry a document granted by your highness' self, on which are written these words " you shall not be permitted to carry contraband goods […] and we can only suppose that because the ships coming here have been very numerous, due attention has not been given to search and examine ; and for this reason it is that we now address you this public document, that you may clearly know how stern and severe are the laws of the central dynasty, and most certainly you will cause that they be not again rashly violated !” Citado en (Bridgman, 1840, pág. 499 a 503). 36 el Cambridge, un barco mercantil armado cuyo capitán, cuando cruzaba el estrecho de Malaca, escuchó sobre la situación en Cantón. Por ese motivo vendió su cargamento de opio en Singapur a un bajo precio y rellenó el hueco disponible de armamento, municiones, pólvora y nuevos tripulantes. Para cuando llegó a su destino, tuvo el papel de proteger a los barcos británicos en el estuario de Cantón. Elliot, como capitán y responsable del comercio entre Macao y Cantón en representación del gobierno británico, vio la llegada de esta embarcación como una oportunidad para defender sus intereses en un momento en el que no había contado con ninguna fuerza naval relevante. Se apresuró pues a alquilarla bajo la promesa de entregar 14.000 libras en nombre del gobierno británico por ocho meses de servicio a su capitán (Waley, 1958, pág. 48). Asimismo, el 27 de agosto de 1939, el gobernador general de la India, Lord Auckland mandaba bajo petición de Elliot la fragata H.M.S Volage a Kowloon -Hong Kong-. Comandado por el capitán Henry Smith, este buque disponía de 28 cañones y también de la noticia de que en las próximas semanas también llegaría el Hyacinth, de características similares. Estas dos fragatas supusieron un punto de inflexión respecto al equilibrio en el podes militar de China e Inglaterra en el estuario de Cantón; la flota china, si bien más numerosa, se componía de juncos y brulotes. También tenía el apoyo de las baterías que se encontraban en los fuertes a lo largo del estuario. No obstante, había un punto crucial que le daba la ventaja a los británicos: sus cañones y fusiles tenían un alcance muy superior (Waley, 1958, pág. 65). Ese mismo día, el superintendente Elliot aprovechaba que el barco Fort William zarpaba desde Hong Kong a Singapur y luego a Manila para hacer 2 grandes solicitudes: en primer lugar, Elliot mandaba una carta para Lord Palmerston, anunciándole a este el aumento de las tensiones, y que el comercio con China se estaba viendo completamente afectado por las restricciones que estaba impulsando Lin Zexu. Y que por esos motivos los intereses de la corona, así como la flota militar y de comerciantes se encontraba en peligro dentro del estuario de Cantón. Así que, aseguró que para que se relajara la situación había decidido retirarse a Hong Kong el 24 de agosto. Además, anunció su decisión de tomar el mando de la flota militar británica en el territorio y la supervisión de los barcos mercantiles para extender sus capacidades como superintendente (Autor desconocido, 1840, pág. 433 y 434). En segundo lugar, se dirigió al capitán general de Manila y al gobernador de Singapur solicitándoles provisiones y equipamiento militar 37 para resistir al embargo chino y para preparar sus embarcaciones para el combate en caso de que este fuera necesario (Autor desconocido, 1840, pág. 434). 4.1.1. La batalla de Kowloon Hacia el 4 de septiembre el capitán Elliot y el resto de los británicos estacionados en la isla de Hong Kong ya empezaban a tener problemas relacionados con la escasez de alimentos y de agua fresca. Las autoridades Qing habían seguido estrictamente las órdenes de Lin Zexu de no aprovisionar a los británicos hasta que se entregase al responsable del homicidio y ello frustraba los continuos intentos de aprovisionamiento por parte de estos. Ese mismo día, Charles Elliot, tomó el mando del Volage y, junto con otros dos navíos, el Pearl y el Louisa, se acercó a los juncos que cortaban el acceso a los lugares de aprovisionamiento habituales. Seguidamente mandó un bote con mensajeros que solicitaban permiso para aprovisionarse, y empezaron a intercambiarse los comunicados (Autor desconocido, 1840, pág. 446). Cuando el traductor subió a la cubierta de los juncos chinos se le anunció que no se podía dar ninguna autorización a sus solicitudes debido a que sus superiores no se encontraban en la embarcación y no podían actuar sin sus órdenes. Se les encomendó pues, que esperaran a que aparecieran o que les llegaran las noticias (Autor desconocido, 1840, pág. 449). Tras aproximadamente 6 horas sin obtener permiso ni respuestas contundentes, Elliot mandó a varios intermediarios chinos a comprar provisiones desde otro acceso, pero las autoridades los sorprendieron y les forzaron a devolver todo lo que habían adquirido. Al enterarse de la noticia, Elliot dio un ultimátum anunciando que si no se le permitía obtener provisiones abriría fuego contra las embarcaciones chinas y las tomaría por sí mismo. Tras no obtener una respuesta favorable, hizo tal y como había anunciado y comenzó de esta forma una escaramuza entre ambas partes. (Autor desconocido, 1840, pág. 446) Al cabo de media hora las embarcaciones británicas se quedaron sin municiones y se retiraron para reponerlas. Tres cuartos de hora después regresaron y continuaron con sus ataques a los juncos chinos, que comenzaron a retirarse para recibir el apoyo de las baterías que estaban en tierra. La escaramuza siguió su trascurso hasta que anocheció y ambas partes hubieron de retirarse a sus bases de origen. Elliot describió en sus cartas que las embarcaciones enemigas habían sido “considerablemente dañadas” (Autor 38 desconocido, 1840, pág. 447) y que ellos sólo habían registrado tres heridos, entre ellos el capitán del mencionado Cambridge, que también se había unido a apoyar a las embarcaciones británicas. Este saldo de la batalla subió ciertamente la moral de los británicos frente a la fuerza militar china afirmando que si agrupaban sus embarcaciones y las disponían para la defense disuadirían cualquier posible ataque (Autor desconocido, 1840, pág. 447). Este acontecimiento llegó a oídos del emperador Daoguang (道光帝:Dàoguāng dì) el 18 de septiembre en un informe conjunto de Lin Zexu y del teniente general al cargo de la flota que había sido atacada, Lai Enjue (賴恩爵: lài'ēnjué). En él se afirmaba que los británicos atacaron sin previo aviso a los juncos estacionados en Kowloon y que en el trascurso de los ataques habían hundido a dos barcos británicos. También se afirmaba que habían derrotado a una flota enemiga que contabilizaban en decenas, pese a encontrarse en una situación de desventaja (Waley, 1958, pág. 71). El falseamiento de informes era una práctica común en la China imperial que se daba por la distancia de poder con el emperador, y por tanto se evitaba una más que probable represalia fatal en caso de informar sobre algún fracaso o derrota. O por el contrario se podía maquillar o ensalzar cualquier logro como forma de obtener una promoción o de ganar favor de él. Es cierto que las interacciones con el emperador estaban profundamente ritualizadas y había que ser muy cuidadoso con el contenido que se le trasladaba; los informes directos y secos no tenían mucha cabida en este tipo de interacciones. (Waley, 1958, pág. 72) Con la mediación del gobernador de Macao, las comunicaciones entre ambas partes se fueron restaurando: Lin seguía sosteniendo sus demandas referentes al opio y a la entrega de los responsables del asesinato. Es por eso que Lin exigió a Elliot que firmara un manifiesto por el que garantizaba que ninguna embarcación británica introdujera opio en China. También le apremiaba a que la carta enviada en los meses previos llegase específicamente a manos de la reina de Inglaterra y que le informase sobre el tiempo que iba a tardar dicho procedimiento. (Autor desconocido, 1840, pág. 456) Hacia el 28 de septiembre Elliot invitó a delegados chinos a que registrasen los cargamentos de las embarcaciones a su disposición. En lo referente a la entrega de culpables, apuntó a que la responsabilidad no estaba del todo clara y que por ello estaba dispuesto ampliar la recompensa a 2000 dólares a aquel que diera información útil sobre 39 el asesinato. También alegó que la responsabilidad no era del todo suya ya que también había implicados americanos. En cuanto a la carta, le dijo que había sido enviada el 29 de mayo y que no se esperaba que la respuesta llegase hasta antes de diciembre. Hasta ese momento, Elliot haría un bloqueo en la entrada del Bocca Tigris (虎门:Hǔmén) - con el fin de evitar que los barcos británicos intentasen acceder al puerto de Cantón (Waley, 1958, pág. 76 y 77). Para una mejor comprensión de la situación geográfica, véase el mapa: Mapa 3 del estuario de Cantón extraído de (Gaillard, 1901, pág. 111). En azul Hong Kong y Kowloon, en amarillo la isla de Chuenbi y en verde el Bocca Tigris o Humen Además, reclinó de nuevo firmar una el manifiesto que Lin le había tendido repetidas veces. Ello se debía a que la política exterior de Lord Palmerston en materia de extraterritorialidad indicaba muy claramente que: cualquier británico, independientemente de donde se encontrara, podía contar con el amparo del Estado Inglés respecto a la persecución de cualquier otro país. Por tanto, Elliot no podía “autorizar” al estado Qing a hacer arrestos con motivo del opio, ni mucho menos entregar y controlar a los responsables de la venta opio. Simplemente porque su cargo no lo autorizaba para ello, y también porque no le era físicamente posible controlar a los contrabandistas de Opio que operaban clandestinamente a lo largo y ancho de la costa. (Fairbank, 1978, pág. 188) A lo largo de los siguientes meses se llevaron a cabo negociaciones por las que las familias de los comerciantes británicos podían volver a Macao, aunque se mantuvo el 40 bloqueo sobre Cantón (Bridgman, 1840, pág. 489). Con todo, algunos barcos comerciantes británicos habían ignorado las instrucciones de Elliot y habían firmado el manifiesto de responsabilidad sobre el opio con las autoridades Qing. De esta forma, esas compañías restauraban sus actividades comerciales en Cantón, pero por ello renunciaban a los derechos de extraterritorialidad que les otorgaba su gobierno en caso de tener opio en sus almacenes. Navíos comerciantes como el Thomas Coutts o el Royal Saxon, fueron los primeros, pues eran comerciantes de mercancías como arroz o algodón y no temían porqué temer una represalia referente al opio (Fairbank, 1978, pág. 191). Esto, sin embargo, era un golpe para la narrativa del superintendente Elliot a ojos de Lin Zexu, que veía como su contraparte británica no sólo no se comprometía a firmar el manifiesto, sino que también trataba de retener al resto de comerciantes de su país. Si nos situamos en la perspectiva de Lin Zexu, todo aquel comerciante que actuase conforme a la ley firmaría el manifiesto sin nada que perder, y, por tanto, ello situaba a Elliot como una suerte de protector de los comerciantes y contrabandistas de opio. Estos hechos aumentaron las amenazas de las autoridades chinas sobre ellos, que recibieron la noticia de si no entregaban ya a alguien para ser ajusticiado en nombre de Lin Weihe, su flota sería destruida (Bridgman, 1840, pág. 490). 4.1.2. La primera batalla de Chuenpi La preocupación aumentó cuando la flota de 29 juncos bajo el mando del almirante chino Guan Tianpei (关天培:Guāntiānpéi) avanzó hacia el Boca Tigris, a la altura de la isla de Chuenpi. Hacia el 2 de noviembre, el Volage y el Hyacinth se desplazaron al lugar donde los juncos chinos estaban movilizándose y comenzó un intercambio de mensajería: el capitán Elliot, al mando del Volage mandó una carta por la que pedía que las embarcaciones chinas volvieran a sus puertos de origen y que no se atacase a sus conciudadanos estacionadas en Macao. También se pedía que se buscase resolver la cuestión de otra forma. Al cabo de unas horas llegó la respuesta de que no habría negociación alguna si no se entregaba al asesino de Lin Weihe. Seguidamente, los juncos se empezaron a acercar directamente a las dos fragatas, y justo en ese momento, el ya antes mencionado Royal Saxon se disponía a pasar por el Boca Tigris. Probablemente para seguir realizando sus operaciones comerciales en Cantón, a lo que las fragatas respondieron disparando una 41 salva de advertencia delante de su proa para mantener el embargo sobre la embarcación que había desobedecido las órdenes de Elliot (Bridgman, 1840, págs. 490-491). No se sabe del todo si esta salva se interpretó como un primer cañonazo de ataque al Royal Saxon y que ello desató una reacción de defensa por parte del almirante chino. O si por el contrario este era inminente desde el principio, la cuestión es que se dirigió un brulote directamente a las dos embarcaciones británicas que fue hundido a los pocos minutos de entrar en el rango de tiro. Tras una respuesta de los juncos que se acercaban, se les devolvió el fuego, haciendo que uno de ellos estallase con violencia y causando cierta conmoción en las filas chinas. Ello hico que buena parte de sus embarcaciones se batieran en retirada, y que los británicos, por su parte aprovecharan la situación para infringir más bajas; en una maniobra de ataque, el Hyacinth avanzó por delante del Volage y se situó más cerca de su flota enemiga, abriendo fuego a bocajarro (Bridgman, 1840, pág. 492). Apréciese en la ilustración: Ilustración 2 Encuentro en Chuannbi entre los juncos chinos y los barcos británicos, El Volage y el Hyacinth. Extraída de (Graham, 1840) El Volage por su parte trató de controlar que los juncos no se retirasen en su dirección para prevenir que fueran hacia Macao y en su lugar hacer que fueran al punto de anclaje del que provenían. Tras cerca de una hora de combates, los juncos se encontraban dispersos en retirada o hundidos, salvo el del almirante Guan Tianpei y varios que le acompañaban. Ellos mantuvieron el fuego sobre los británicos, pero como sus cañones no tenían elevación ni depresión, no podían ajustar el disparo a la distancia a la que se encontraban sus enemigos ni suponer una amenaza para ellos. (Bridgman, 1840, pág. 493) 48 Una vez aseguradas las posiciones y las rutas de suministro, los británicos hicieron una escisión de sus fuerzas. El alto mando, y la mayor parte de la expedición se dirigió a la desembocadura del río Peiho para acceder desde él a Pekín y enviarle al emperador una carta con las demandas de Palmerston. Otra parte se mantuvo en Zhoushan y la última volvió a Cantón. Finalmente, en agosto Elliot y James Bremer llegaban a la desembocadura del río Peiho en Tientsin (天津:Tiānjīn), y desde allí mandaron la carta al emperador. (Fairbank, 1978, pág. 196) En ella se exigía el cese inmediato de Lin Zexu, argumentando que había generado enormes pérdidas para los mercaderes de ambas naciones al haber suspendido el comercio en Cantón. Y que había engañado al emperador con informes falsos, nublando la comunicación entre ambas partes. También afirmaban que, por su culpa, los británicos estacionados allí habían estado sujetos a la más “pérfida violencia” (Waley, 1958, pág. 106). En el trascurso posterior a la recepción de la carta, Daoguang y sus consejeros se encontraban aturdidos ante la situación y temían que Pekín pudiera ser atacada. De hecho, las tropas británicas, tras la espera de una respuesta definitiva, se dispusieron a abrirse paso hacia la capital atacando los fuertes de Tako (大沽砲台:Dà gū pàotái), a la entrada del río Peiho. El 10 de agosto, justo cuando lo iban a hacer, llegaron los representantes de la dinastía Qing y comenzaron las conversaciones (Fairbank, 1978, pág. 196). El emperador se enfureció con Lin Zexu ya antes de recibir la carta, pues previamente había recibido la noticia de que esos extranjeros descritos por él como una suerte de “bárbaros rebeldes” que no suponían una amenaza para el imperio se habían presentado a la altura de Pekín bombardeando fuerte tras fuerte. Y que, además, el saldo de todas las batallas descritas había sido falso, lo que suponía una humillación bochornosa para la dinastía. (Fairbank, 1978, pág. 196) Cabe pensar que, a diferencia de lo que afirman buena parte de las fuentes occidentales, es muy probable que el emperador acabase degradando a Lin Zexu de su cargo por voluntad propia y no por la presión del almirantazgo británico. En su lugar designó a otro funcionario de alto rango, el gobernador general de la provincia China de Zhili, Qishan (琦善:Qí shàn) (Waley, 1958, pág. 108). Sea como fuere, el 4 de septiembre, Daoguang se comprometió a hacer un juicio a Lin Zexu y a “castigarlo con severidad” (Fairbank, 1978, pág. 197). En un informe previo al cese, el emperador le dijo a Lin Zexu: 49 Hablas de haber frenado el comercio con los extranjeros, y un momento después admites que sigue su curso. Dices que te has encargado de los criminales que atentan contra las leyes sobre el opio, para admitir (después) que sigue habiéndolos en cantidad. Todo esto es un intento de acallarme con palabras que no significan nada. Lejos de hacer algún bien, has creado nuevos problemas. El mero hecho de pensar en ello me enfurece, ¡Estoy deseoso de ver lo que puedes decir en tu defensa! Citado en (Waley, 1958, pág. 117) 18 En el juicio, Lin Zexu arrojó la responsabilidad al capitán Elliot y a la acción de los extranjeros, pero las pruebas en su contra y las contradicciones de sus informes se acumulaban (Fairbank, 1978, pág. 197). Con todo, en sus respuestas al emperador Lin señaló algo que sería definitorio no sólo de la guerra, sino de todo lo que quedaba de siglo: Algunos de sus consejeros (del emperador) temen que nuestros barcos y armas no pueden hacer frente a las de los extranjeros […] Desafortunadamente su apetito es insaciable, cuanto más tienen, más exigen, y si no los dominamos con la fuerza de las armas no habrá fin para nuestros problemas. Además, con toda probabilidad, si no nos encargamos de los ingleses, pronto les seguirán otros extranjeros e incluso irán más lejos.” Extraído de (Waley, 1958, pág. 120) 19 Lin sería condenado al exilio, aunque permanecería en Cantón como subordinado de Qishan en Cantón hasta mayo de 1841. Este decreto imperial se usó como baza negociadora con el alto mando británico en Tako, para convencerlos de que se cedía a sus exigencias y alejarlos de la corte. Qishan, que era famoso por su oratoria y capacidades de negociación convenció a las tropas británicas de que podían regresar a Cantón sin dar garantías de cumplir con el resto de las demandas que formuló Lord Palmerston. El capitán Elliot, por su parte sintió que con la destitución de Lin Zexu las relaciones 18 Traducción propia del fragmento: “You speak of having stopped foreign trade, yet a moment after admit that it is still going on. You say you have dealt with offenders against the opium laws, yet admit that they are still at large. All this is merely an attempt to put me off with meaningless words. So far from doing any good, you have merely produced a number of fresh complications. The very thought of it infuriates me. I am anxious to see what you can possibly have to say for yourself!” 19 Traducción propia a partir del fragmento: Some of your advisers fear that our ships and guns will prove no match for those of the foreigners, […] Unfortunately their appetites are insatiable; the more they get, the more they demand, and if we do not overcome them by force of arms there will be no end to our troubles. Moreover there is every probability that if the English are not dealt with, other foreigners will soon begin to copy and even outdo them. 50 diplomáticas estaban en mejoría, y accedieron a volver al sur de China (Fairbank, 1978, pág. 197 y 198). El 17 de septiembre la flota británica emprendía su regreso a Cantón para completar con las negociaciones allí. Es curioso que Daoguang quería apaciguar a los extranjeros, pero no estaba dispuesto a hacer ninguna concesión territorial ni comercial. Por el contrario, encomendó a Qishan que fuera al sur para seguir las negociaciones manteniendo apariencia amigable, a la vez que organizaba fuerzas para expulsar a los ingleses del imperio del centro (Fairbank, 1978, pág. 197). La realidad sobre el terreno, si bien no justificaba muchas de las exigencias de los británicos, tampoco se correspondía a la visión etnocéntrica que predominaba en la corte y que se resistía a ver la amenaza extranjera como algo a lo que la dinastía era incapaz de plantar cara. Qishan, Lin Zexu y los futuros encargados de enfrentarse al Reino Unido se hicieron conscientes de ello, y tuvieron que tratar con la imposible tarea de contentar a los extranjeros sin hacer concesiones que postraran a la dinastía Qing frente a los “bárbaros”. Y ello sin una fuerza militar lo suficientemente efectiva como para permitirles frenar los intereses de su enemigo. (Fairbank, 1978, pág. 198) En esta línea, Qishan trató de concienciar a la corte de que Cantón no podía defenderse a la amenaza militar de los británicos, y que tendría que haber alguna concesión. En un principio, trató de hacer la concesión de apertura del puerto de Xiamen y de una compensación económica a cambio de que se devolviera Zhoushan y se conservara Hong Kong como territorio chino, siguiendo las pautas del emperador, estas condiciones no eran negociables. Elliot se negó rotundamente y concretó que la cesión de Hong Kong había de ser inmediata e incondicional. Por lo que el 7 de enero de 1841 procedió a tomar la línea de fuertes más modernizados de la dinastía Qing en el delta del río de las Perlas; los que se encontraban en el estrecho de Humen y Chuanbi (Fairbank, 1978, pág. 199). Con esta derrota Qishan se quedaba sin bazas negociadoras y bajo la amenaza de que Cantón fuera tomado con un alto coste humano, así que cedió a hacer las concesiones demandadas en la convención de Chuanbi el 20 de junio de 1841. En ella cedió a hacer una indemnización de 6 millones de dólares, entregó Hong Kong a los británicos, abrir el comercio en Cantón rompiendo con el sistema monopolista de los Cohong. Además, tuvo que aceptar que de ahora en adelante las relaciones diplomáticas con Inglaterra se 51 harían en igualdad de condiciones y no bajo el marco de estados vasallos y tributarios con el que China había realizado sus relaciones diplomáticas tradicionalmente. Dado lo urgente de la situación y lo lejano de la corte, tuvo que hacer las concesiones sin consultar al emperador (Fairbank, 1978, pág. 199). Elliot por su parte se sintió satisfecho y devolvió Zhoushan y los fuertes del estrecho que acababa de tomar a la dinastía Qing. Además, no forzó la legalización del opio, y la suma de la indemnización que exigió no cubría todos los gastos militares ni la destrucción -pese a ser legalde esta sustancia por parte de Lin Zexu (Fairbank, 1978, pág. 199 y 200). Hemos de recordar que para él el problema era algo regional, y que sus intereses se correspondían más con las demandas que sus compatriotas habían hecho en el siglo XVIII que con las que su gobierno le había encomendado. De hecho, tenía grandes discrepancias al respecto y, además, para él, la cuestión del opio no era prioritaria ni tampoco ética. Con estas condiciones Elliot resolvía los problemas por los que había estado luchando desde hacía más de dos años. Waley, 1958, pág. 156) Las condiciones de la convención serían un gran motivo de descontento para ambos gobiernos. A ojos de Lord Palmerston y de la propia reina Victoria, Elliot había desaprovechado su ventaja militar y no había explotado todas las concesiones posibles, y peor aún, no había cumplido con todos los puntos que se le habían ordenado. A ojos de la corte de Pekín, Qishan había cedido parte del territorio Qing, que era poco menos que un ultraje al imperio. Por lo que cuando esta información llegó finalmente a la corte fue encadenado y mandado a su proceso judicial hacia Pekín el 13 de marzo. Elliot por su parte fue inmediatamente destituido en favor de Henry Pottinger, un líder político en las colonias de la actual Pakistán que sería mucho más inflexible en sus demandas a la dinastía Qing. Pero mientras tanto, y hasta mayo de 1841, el capitán Elliot seguía en su potestad como plenipotenciario (Waley, 1958, pág. 143; Fairbank, 1978, pág. 200 y 201). El poder central en Pekín continuó su política de reclutamiento en las provincias vecinas para aplastar numéricamente a los británicos mientras la tregua les daba tiempo para ello. Se aprovecharon los fuertes del estrecho recién recuperados y se designó al mando de las tropas a Yang Fang (杨芳:Yáng fāng) un general de unos 70 años con una sordera que le impedía comunicarse verbalmente. Con todo, tenía renombre en el país por sus éxitos en las campañas militares del oeste cuando era joven (Fairbank, 1978, pág. 200 y 201; Waley, 1958, pág. 137 y 138) . 52 Su mayor contribución fue su reputación y la subida de moral que ello implicaba, pues la situación en Cantón era insalvable. Cuando llegó allí se encontró que el armamento y la infraestructura estaban en una situación deplorable, la flota diezmada e insuficiente, y la tropa desorganizada y poco fiable. A ello había que sumarle que el propio Yang Fang y buena parte los reclutas que acababan de llegar no estaban familiarizados con el terreno ni con la modalidad de combate con la que se iban a enfrentar a sus enemigos (Fairbank, 1978, pág. 202; Waley, 1958, pág. 144). El emperador por su parte había suspendido todas las concesiones de la convención de Chuanbi a un mes de que esta tuviera lugar, pero para antes de que la noticia llegara a Elliot, este ya se había percatado de los movimientos masivos de tropas en Cantón, y de la restauración de los fuertes (Fairbank, 1978, pág. 200 y 201). Por lo tanto, desde el 23 de febrero procedió a atacar las defensas chinas a los lados del estrecho, tomando de nuevo los fuertes y con ellos la vida del almirante chino Guan Tianpei, entre otros mandos (Waley, 1958, pág. 138). Destaca a presencia del Nemesis, el buque insignia de la flota británica por ser una de las embarcaciones de vapor con más potencia de fuego y movilidad del momento (Waley, 1958, pág. 135 y 139). Fue la punta de lanza en buena parte de los ataques, y como ocurriría en el resto de los combates de la guerra, este tipo de embarcaciones hacían intensos ataques de artillería a sus objetivos desde una distancia desde la que no podían ser respondidos para luego aproximarse, desembarcar a la infantería, y acabar con los focos de resistencia restantes. (Fay, 1975, pág. 261) El 18 de marzo Elliot tomaba Cantón, y el 20 a Yang Fang no le quedó otra opción que reabrir el comercio en Cantón, y restaurar de facto las condiciones acordadas en la convención de Chuenpi. Si bien oficialmente estaban suspendidas, Yang Fang tuvo que saltarse las órdenes del emperador (Fairbank, 1978, pág. 201; Waley, 1958, pág. 145). Cerca de un mes después, otros dos altos cargos designados por el Daoguang llegaban a Cantón con la orden de emplear más tropas y expulsar a los británicos. Eran el primo del emperador, Yshan (奕山: Yìshān), y otro miembro nobiliario. Reagruparon una extensa flota de juncos y ejercieron presión sobre Yang Fang para restaurar las hostilidades (Waley, 1958, pág. 137). El 21de mayo comenzó esta ofensiva con un ataque sorpresa hacia la flota británica anclada en las cercanías de Cantón. Cerca de 71 juncos chinos fueron destruidos 53 y la práctica totalidad de las baterías chinas tomadas o abatidas. Unos seis días más tarde los mandos británicos querían ocupar de nuevo Cantón, pero finalmente los tres dirigentes chinos acordaron una rendición y una indemnización de 6 millones de dólares con tal de que la ciudad se mantuviese en pie (Waley, 1958, pág. 154). 5.2. La segunda etapa de la guerra En mayo de 1841 la orden de destituir al capitán Elliot llegaba a Cantón, Henry Pottinger asumió el cargo como plenipotenciario, y el 10 de agosto de 1841 se puso al mando de las fuerzas militares de una nueva expedición de refuerzo que acababa de llegar. Se componía de 39 barcos armados -de los cuales 14 eran accionados a vapor- y 9 embarcaciones de apoyo y de transporte con un total de 10.000 tropas (Fairbank, 1978, pág. 203). El plenipotenciario Pottinger llegaba con las órdenes de Lord Palmerston de no centrarse exclusivamente en la región de Cantón, como lo venía haciendo Elliot, sino de ir en dirección norte y recuperar el territorio devuelto a China por el anterior superintendente. Ello pasaba por retomar la estratégica isla de Zhoushan, por bloquear los principales puertos de la costa este de China y por presionar a la corte accediendo al río Peiho y Yangtze. Una vez logrados esos objetivos, Pottinger habría de forzar una indemnización que ascendía a unos 11.689.616 millones de dólares por el opio destruido, los impagos de los Hong y los costes de las expediciones (Fairbank, 1978, pág. 201). Además, tendría que abrir al menos cuatro puertos al comercio internacional, implicando por defecto que el sistema de cantón y el monopolio chino sobre el comercio desapareciera. Se tenía que lograr también el reconocimiento de que Hong Kong era un territorio británico, pese a su ocupación de facto. Se instaurarían consulados y derechos extraterritoriales en cada puerto abierto y, si las negociaciones lo permitían, se legalizaría el opio (Fairbank, 1978, pág. 201) Pottinger se dirigió en primer lugar al puerto de Xiamen, que fue tomado en cuestión de un día el 26 de agosto con sólo dos muertos y quince heridos entre las filas británicas, pese a estar defendido con 9000 soldados chinos. Tras dejar allí una guarnición partió directamente a retomar la isla de Zhoushan acción que se completó el 1 de octubre, en una batalla de tres días. De nuevo, la isla cayó pese a estar fuertemente fortificada y 54 con sólo dos muertos en el bando británico. Sucesivamente tomaron el aledaño puerto de Ningbo el 13 de octubre sin encontrar apenas resistencia china. Este enclave se convertiría en un estacionamiento de invierno para las tropas británicas que esperaron a reaprovisionarse para seguir con la ofensiva (Fairbank, 1978, pág. 203 y 204: Waley, 1958, pág. 158). Mientras tanto el Daoguang preparaba una contraofensiva a contrarreloj, a sabiendas de que la armada británica estaba de nuevo a punto de estrangular al imperio. Había perdido la confianza en muchos de sus gobernadores provinciales y especialmente en los informes que le enviaban. Por lo que posicionó a otro primo suyo, Yjing (奕經: Yì jīng) al frente de un contingente de alrededor de 45.000 tropas de milicias mezcladas con el ejército regular pese a no tener experiencia alguna como militar o estratega. Mientras el alto mando era incapaz de ponerse de acuerdo sobre cómo se tenían que repartir las tropas y cómo se tenía que organizar la cadena de mando, Yjing se encontraba organizando concursos de poesía para celebrar lo que sería una victoria segura (Fairbank, 1978, pág. 204 y 205; Waley, 1958, pág. 168 y 169). El 10 de marzo de 1942, tras haber consultado al oráculo decidió lanzar el ataque con la interpretación recibida, y sin ninguna base estratégica (Waley, 1958, pág. 167 y 168). Se ordenó a las tropas movilizarse de inmediato, iniciando una marcha que duraría días y que, por la mala meteorología estaría expuesta a una lluvia torrencial. Ello transformó las vías de suministro en un lodazal, haciendo que las provisiones y otra logística básica no llegara a los soldados. cuando llegaron a sus puestos, el hambre, el cansancio y sus ropas empapadas desde que partieran, ya les había causado una buena parte del desgaste al que iban a estar sujetos por parte de sus enemigos (Fairbank, 1978, pág. 205). El número de soldados se había incrementado hasta llegar a un total de 61.0000 efectivos que se dividieron en tres objetivos: Ningbo, Zhenhai (鎮海:Zhènhǎi) y la isla de Zhoushan. Aunque alrededor del sesenta por ciento de las tropas se acabarían manteniendo como destacamentos de la guardia personal de los mandos y del propio Yjing (Waley, 1958, pág. 169). En cuanto a las fuerzas que se dirigían a Zhoushan, planeaban hacer un desembarco utilizando juncos y barcos de pescadores, que fracasó estrepitosamente porque el grueso de las tropas nunca había montado en embarcaciones y los mareos y náuseas los dejaron indispuestos. Y también porque los pilotos de la flota 55 no estaban familiarizados con el terreno, ni preparados para el temporal y la marea que había para el momento del ataque. A ello había que sumarle que les había llegado la noticia de que los otros dos grandes ataques habían fracasado. Con la moral por los suelos, no llegaron a desembarcar en su objetivo y en su lugar mandaron informes falsos a sus superiores (Fairbank, 1978, pág. 205; Waley, 1958, pág. 172 y 173). El ataque a Zhenhai mostró una tendencia anómala en la guerra, pues a pesar del alto coste humano, el ejército Qing estaba ejerciendo mucha presión allí. Y, de hecho, estuvieron cerca de tomar la ciudad si no fuera porque el comandante en jefe del destacamento se encontraba aturdido bajo los efectos del opio cuando se necesitaba que ordenase el envío de refuerzos (Waley, 1958, pág. 169) . En el ataque a Ningbo se produjo una auténtica matanza: a causa de la heterogeneidad de la tropa, muchos de los mandos desconocían la lengua local de sus subordinados, y estos a su vez malinterpretaban las órdenes. No se podría entender sino cómo miles de tropas se dirigieron al ataque frontal de Ningbo sólo con cuchillos y sin sus mosquetes, siguiendo las “órdenes” que les habían dado desde arriba (Fairbank, 1978, pág. 205 y 206; Waley, 1958, pág. 171). La mayor ofensiva china de la guerra había fracasado, dejando vía libre a la expedición de nuevo reforzada de Henry Pottinger. No tenía más que seguir con los planes que se habían trazado hacía ya cerca de tres años en Londres: siguió su camino hacia el norte, partiendo de Ningbo el 7 de mayo de 1842 y tomando las ciudades de relevancia estratégica. Zhapu, en la provincia de Zhejiang cayó tras intensos bombardeos el 18, le siguieron varios fuertes al norte de Shanghai el 16 de junio. Y tres días más tarde, Shanghai, que había sido abandonada sin ofrecer resistencia alguna (Fairbank, 1978, pág. 206; Waley, 1958, pág. 186). La expedición siguió su curso y se adentró en la desembocadura del Yangtsé, teniendo que tomar Zhenjiang (镇江) en el proceso el 20 de julio. Fue de hecho en este lugar donde los ingleses encontraron la defensa más feroz del conflicto, sufriendo 168 bajas (Waley, 1958, pág. 197). No obstante, con este éxito, los británicos bloqueaban el Gran Canal, y se disponían a avanzar hacia Nankín. Mientras tanto, la corte se encontraba en una situación caótica; paulatinamente empezaban a llegar las noticias de todas las derrotas recibidas y del avance inminente sobre Nankín. Eran conscientes de la gravedad de la situación, pero a la vez no asumían su constante incapacidad ante un ejército mejor armado y organizado. Finalmente, ante una realidad imposible de evadir, el 26 de julio, 56 el emperador Daoguang autorizó a Qiying (耆英) y a Yilipu (伊里布) a negociar las condiciones con los británicos (Fairbank, 1978, págs. 208, 209 y 2010). Se firmaría así el Tratado de Nankín el 29 de agosto de 1842: En primer lugar, los británicos exigían la instauración de embajadas, consulados y mercaderes dentro del territorio chino. En segundo lugar, exigieron la apertura de cinco nuevos puertos; el de Fuzhou, el de Shanghai, el de Ningbo, el de Cantón y el de Xiamen. En tercer lugar, se adjudicaban la isla de Hong Kong como enclave portuario y de abastecimiento. En cuarto lugar, reclamaban una indemnización que se amplió a un total de veintiún millones de dólares, en compensación por el opio destruido en Cantón y por impagos por parte de los mercaderes chinos. Y, en quinto lugar, estipularon cómo sería el funcionamiento del sistema comercial y el límite de impuestos a recaudar sobre él, entre otras medidas. De esta forma, se acababa con el sistema de Cantón y se legalizaba el comercio de cualquier producto que los británicos considerasen oportuno, incluido el opio (USC US-China Institute, 2021, pág 1 a 3). 6. Consecuencias La dinastía Qing, cada vez más empobrecida por las indemnizaciones a los extranjeros, la pérdida de sus monopolios y sus continuas derrotas militares perdió recursos necesarios para mantener el orden y la estabilidad en el territorio. Además, el continuo desgaste y descrédito del ejército y de las autoridades Qing avivó un sentimiento anti manchú que no sólo disputaría la soberanía a la dinastía, sino que generaría un enorme repunte de la criminalidad (Fairbank, 1978, pág. 202). Otro factor que dañaría profundamente a los intereses de China sería la cuestión de los saqueos realizados a causa de los ataques de Reino Unido. A causa de ellos, cuando las tropas de refuerzo chinas llegaban a las ciudades amenazadas, las saqueaban, y cuando estas eran tomadas, las tropas británicas procedían a hacer lo mismo. Se dieron continuos casos de saqueos y de violaciones por parte de tropas británicas e indias, lo que avivó un sentimiento anti-extranjero generalizado. Este fenómeno encontró su máxima expresión en la Rebelión Bóxer y generaría nuevas crisis y enfrentamientos en las futuras relaciones diplomáticas con las potencias europeas (Fairbank, 1978, págs. 202, 206 y 207). 57 Por otro lado, la entrada repentina de nuevas ideologías y religiones, fueron otro gran factor subversivo: La Rebelión Taiping (太平天国运动:Tàipíngtiānguó yùndòng), uno de los enfrentamientos más sangrientos de la historia china, tenía un marcado componente religioso, estrechamente vinculado a la influencia de los misioneros cristianos. En él hubo entre 20 y 30 millones de víctimas, y aunque finalmente se reprimió, aceleró aún más, si cabía, el fin del sistema imperial. El éxito inicial de la rebelión puso de manifiesto la dificultad que tenían los Qing para mantener el orden en sus propias fronteras. Que, además, hubo de contar con el apoyo de las potencias europeas para retomar el control. A pesar de la “pacificación”, en las décadas posteriores se daría paso a nuevas rebeliones, también a gran escala (Álvarez Cantón, 2019. Párr 1). En general, el choque material e ideológico de la Primera Guerra del Opio fue tal que no sólo se vio cuestionada la dinastía en sí, sino también el propio sistema imperial. Además, los países vecinos tomaron buena nota de lo ocurrido en China, especialmente cuando el resto de las potencias europeas aplicaron la misma “diplomacia del cañonero”. Japón, por ejemplo, optó por ceder a la apertura impuesta por el Comodoro Perry porque vio en China lo que podía ocurrirles a aquellos que no cedieran a los intereses comerciales y estratégicos de las potencias occidentales (National Museum of American Diplomacy. Department of the State. United States of America, 2021. Párrafos 1, 2 y 3). La entrada de este modelo de imperialismo en la región también se mostraría crucial para romper con el sistema de relaciones tributarias y estados vasallos establecido sobre la idea de que China era el centro de la civilización global. Es en este momento cuando empezó a proliferar la idea de que “China era un tigre de papel” (中国是纸老虎: Zhōngguó shì zhǐlǎohǔ) y quedó patente el vacío del poder imperial en Asia, ahora en manos de extranjeros. (Fairbank, 1978, pág. 214) A lo largo del siglo XIX estos hechos avivarían un sentimiento nacionalista en países como China y Japón, cuya premisa era recuperar la soberanía nacional y obtener prestigio dentro de un nuevo marco geopolítico. Esto es, reconstruir una identidad nacional que se había visto forzada a asumir las lógicas y la “modernización” occidentales (Jansen, 1989, pág. 734). China, sumida en crisis políticas y enfrentamientos internos fracasaría en su propósito. Japón, sin embargo, sabría fortalecerse rápidamente y, en cuestión de décadas, retomaría su soberanía. (Jansen, 1989, pág. 739) 64 Fairbank, J. K. (1978). The Cambridge History of China. Volume 10. Late Ch'ing 1800- 1911. Part 1. London: Cambridge University Press. Fang, L. C. (1976). Dictionary of Ming Biography 1368-1644 (Vol I). Columbia: Columbia University Press. Fay, P. W. (1975). The Opium War 1840-1842. North Carolina: The University of North Carolina Press. Feige, C. &. (2008). 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