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Transformaciones urbanas en Latinoamérica. De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Caracas

Portillo Lugo, Isabel

Abstract

La realidad socio-económica y política de América Latina es compleja, llena de contrastes y profundas inequidades, en la que un sector moderno, conectado con el mercado mundial, coexiste con amplios sectores marginales que crecen continuamente. El modelo de urbanización que ha producido estas realidades americanas ha sido acelerado y expansivo a partir de procesos y formas de urbanización dominante mayoritariamente irregulares y con formas de vida contrastantes. Caracas es un ejemplo que refleja en buena parte el proceso de transformaciones urbanas que han acontecido a lo largo de la historia en las ciudades latinoamericanas y la complejidad de su praxis-producción. De ahí que el presente trabajo de investigación trate de la evolución urbana de Caracas, capital de la República Bolivariana de Venezuela. Es una investigación de carácter analítico-descriptiva en la que se ha utilizado el enfoque histórico-urbano, que articula la historia del país y la ciudad con su desarrollo urbano. La ciudad se estudia en tiempo pasado y real -la ciudad colonial, la ciudad republicana, la metrópoli moderna y la metrópoli contemporánea-, a partir de los aspectos políticos, sociales, económicos y territoriales, así como de los instrumentos urbanísticos empleados, las propuestas y realizaciones urbanas y arquitectónicas de mayor relevancia, que se desarrollan en las diferentes etapas de la evolución histórica y que han conformado ‘las distintas ciudades’ que contiene Caracas. En esta investigación, amplia en el tiempo y en su correspondiente historia, son numerosos los factores a considerar y difícil su correcta valoración, de ahí que la unanimidad en las conclusiones es casi imposible. Este estudio se intenta sea un nuevo aporte para que otros investigadores continúen desarrollando los aspectos que aquí se tratan, valoren de nuevo la influencia de determinados hechos históricos o sociológicos en la construcción de Caracas y de las ciudades latinoamericanas, y continúen observando y escribiendo sobre su proceso urbano actual, en plena efervescencia y difícil de prever en un futuro inmediato.

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T R A N S F O R M A C I O N E S U R B A N A S E N L A T I N O A M É R I C A D e l a c i u d a d c o l o n i a l a l a m e t r ó p o l i c o n t e m p o r á n e a E l c a s o d e C a r a c a s T E S I S D O C T O R A L I S A B E L P O R T I L L O L U G O E s c u e l a T é c n i c a S u p e r i o r d e A r q u i t e c t u r a U n i v e r s i d a d d e S e v i l l a S e v i l l a , E s p a ñ a . 2 0 1 5 TRANSFORMACIONES URBANAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea El caso de Caracas TESIS DOCTOR A L ISABEL PORTILL O LUGO DIRECTOR ES DR. CARLOS GARCÍA VÁZQUEZ – DRA. MA RÍ A TERESA PÉREZ CANO Escuela Técnica Superior de Arquitec tura Universidad de Sevilla Sevilla, España, 2015 TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metróp oli contempor ánea. El caso de Caracas ÍNDICE I ÍNDICE TO M O I INTRODUC CIÓN CA PÍTULO I. La ciudad colonial CA PÍTULO II. La ciudad republicana CA PÍTULO III. La metrópoli moderna CA PÍTULO IV. La metrópoli contemporánea FUEN TES DOCUM EN TALES CONSU LTADAS ANEXOS TO M O II. CONT ENIDO GRÁF ICO ÍNDICE DE LÁM INAS TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metróp oli contempor ánea. El caso de Caracas INDÍCE GENER AL II ÍNDICE GENER A L TOMO I INTR ODUCC IÓN . INTRODUCCIÓN . OBJET IVOS Generales y Específicos . METO D O- LOGÍA. EST ADO DE LA CUEST IÓN. AGRAD ECIMIENT OS 1 CA PÍTULO I. La ciudad colonial 21 1. INT RODUCCIÓN 21 1.1 LA OCUPACIÓ N DEL ESPACIO A MERIC ANO 23 1.2 ORÍGENES D E LA CIUDAD CO LONIAL 33 1.3 LA CIUDAD, EJE ARTICULADOR DE UN MODELO ADMINIST RATIVO Y CLAVE EN LA DOMINA CIÓN DEL T ERRITORIO 34 1. 4 LA PRÁCT ICA UR BANÍSTICA EN LA CIU DAD COL ONIAL , ELEMENTO ESTR A- TÉGICO DEL PROYECT O CONQUIST ADOR Y CIVILIZADOR 59 1. 5 LA CIUDAD CO LONIAL E N VENEZUELA 76 1. 6 VENEZUEL A Y CAR ACAS, SU CONTEX TO TERRITORIAL Y HUMANO 85 1. 7 S IN O P SI S - C O NC L US I O N E S 14 2 CA P ÍT U L O I I. L a c iu d a d re p u bl i c an a 17 5 2 . IN T R O D UC C I ÓN 17 5 2.1 VENEZUEL A, ESTADO INDEP ENDIENTE 17 6 2.2 LA TRAN SFORMACIÓN URBA NA DE LA CIUDAD CO LONIAL. EL URBANI SMO ‘ ORNAMENTALI STA Y MO NUMENTAL ’ DE FINALES DEL SIGLO XIX 19 2 TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metróp oli contempor ánea. El caso de Caracas INDÍCE GENER AL III 2 . 3 L OS I N I C I O S D EL S I G LO X X ( 1 90 0 - 1 93 0 ) 20 8 2 . 4 V E NE Z UE L A , EL E S TA D O C E N TR A L IZ A D O Y A U T O CR Á T IC O ( 1 9 08 - 19 36 ) 2 12 2 . 5 L A S E X P AN S IO N E S S U B UR B A NA S 2 20 2 . 6 V E NE Z UE L A , EL P A Í S P E TR O L ER O 2 30 2. 7 SI N O PS I S – C O N CL U S I O NE S 23 8 CA PÍTULO III. La metrópoli moderna 2 60 3. INT RODUCCIÓN 2 60 3.1 LA METRÓPOLI M ODER NA Y SUS T RANSFORM ACIONES UR BA NA S 2 61 3 . 2 L OS I N I C I O S D E L A ‘ RE V O L U C I ÓN UR BA N A D E CA R AC A S ’ 2 65 3. 3 L A S I N F L U EN C I A S F O RÁ N EA S EN E L U R B A N I S M O Y L AS P R I M ER A S I N IC I A T I- V A S E N P L A NI F I C A CI Ó N U R BA N A 2 71 3.4 EL PLAN MONUMENT AL DE CAR ACAS D E 1939 Ó PLAN ROTIVAL (1938 -193 9) 2 81 3 . 5 T R E S I N T E R VE N C I ON ES U RB A N A S RE A L I Z AD A S A P A R TI R DE L P L A N M O N U- M E N T AL DE 1 9 3 9 2 90 3 . 6 E L N UE V O P L A N M A ES T R O O P L A N O R E G U L A D OR PA RA C A RA CA S , DE 1 9 51 - 1 9 5 2 2 94 3 . 7 L AS OB R AS P AR A U N A M E TR ÓP O L I M O D E R N A 29 7 3 . 8 S I N O P S I S – C O N C L US I O N E S 31 3 CA PÍTULO IV. La metrópoli contemporánea 3 24 4. INT RODUCCIÓN 3 24 4.1 VE N E Z U E LA Y C AR A C A S D ES D E 1 96 0 H A S TA N UE S T R OS D Í AS 32 5 TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metróp oli contempor ánea. El caso de Caracas INDÍCE GENER AL IV 4.2 C A R A C A S , “ U N A D O S - C I U D A D ” : L A ‘ C I U D A D F O R M A L ’ Y L A ‘ C I U D A D I N F O R M A L ’ 33 7 4.3 CAR ACAS EN EL CONT EXTO DE LA ‘ VE NEZU ELA BOLIVARIAN A ’ 3 77 4.4 SINOPSIS – CONCLUSIO NES 39 2 4. 5 EP ÍLOGO 405 FUENT ES DOCUMEN TA LES CONSULTA DA S . B IBLIOGRAFÍ A. Libros , crónicas s i- glos XVI y XVI I, publicac iones oficiales, ponencias. HEMEROG RAFÍA. Periódicos , revistas, fotograf ías, il ustrac iones. ENTREVIST AS . M APAS y PL ANOS 403 A NEXOS CAPÍTUL O I CAPÍ T UL O IV TOMO II. CONT ENIDO GRÁFICO NOT A P REVIA 1 ÍNDICE DE LÁ MINAS 6 ÍNDICE DE LÁ MINAS DE SARROLLADO 15 CAPÍT ULO I. La ciudad colo nial 15 CAPÍT ULO II. La ciudad republicana 21 CAPÍT ULO III. La metrópoli moder na 27 CAPÍT ULO IV. La metrópo li contemp oránea 32 TRA NSFORM ACI ONES UR BAN AS E N LATINOAMÉRICA De la ci udad colo nial a la metróp oli contemporánea. El cas o de Ca ra ca s ÍNDI CE DES AR ROLLADO V ÍNDICE DESARRO LL ADO TOMO I I NT ROD UCCI ÓN . INTRODUCCIÓN. OBJ ETIVOS Gener ales y Específi cos. METOD O- LOGÍA. ESTADO DE LA CUE STIÓN . AGRADECIMIENT OS 1 C A PÍT UL O I . La ciudad col onial 21 1. INTRODUCCIÓN 21 1.1 LA OCUPA CIÓN DEL ESPACIO AMERICAN O 23 1.1.1 La or gan ización d e l terri t orio en el nuevo m u n do 31 1.2 ORÍGENES DE LA CIUDAD COLONIAL 33 1.3 LA CIUDAD, EJE ARTICULADOR DE UN MODELO ADMINIS TRATIVO Y CLAVE EN LA DOM INACIÓN DEL TERRITORIO 34 1.3.1 E l ac to de fu nda r una ciu da d. Los n om b res de las c iuda d es. Los luga r es esco g idos pa r a los a s en t a m ient os . La co n st ruc c ió n de l mo d elo u r ban o de la ci udad c ol o ni al 37 1.3.2 El m odel o ur bano de l a ciudad colo n i al y l a traza de Santo Do m i ngo en l a i sla de La Española. Las p i ezas urbanas clave del m odelo de l a ciudad colon i al . F orm as de parcelación . La cu adrícu l a, soporte del m odelo ur bano en la ci udad col oni a l 44 1. 3.3 La Isabela, prim era ci udad en el Nuevo Mund o 50 1. 3.4 La s Capitulaciones, i nstrum e ntos r ectores de l a organiza c ión del territor io 54 1. 4 LA PRÁCTICA URBANÍST ICA EN LA CIUDAD COL ONIAL , ELEME NTO ESTR A- TÉGICO DEL PROYE CTO CONQUISTADOR Y CIVILIZADOR 59 TRA NSFORM ACI ONES UR BAN AS E N LATINOAMÉRICA De la ci udad colo nial a la metróp oli contemporánea. El cas o de Ca ra ca s ÍNDI CE DES AR ROLLADO VI 1. 4 .1 L as “Ord enanzas para Descubr im i entos, Nuevas Pobl acion es y Paci ficacio nes” de 1573 . ¿Cóm o surge n las “ Orde nanzas p ara Descubrim iento s, Nuevas Poblaciones y Pacificacion es ” de 1573? 60 1.4.2 Prin c ipio s en los cu ales se basó el m odel o urbanístico de l a ci udad colon i al p rese n- te s en las Ordenanzas de 1573 65 1.4.3 La “ Recop ilación de l as Leyes de los Reynos India ” d e 1680 . El co ntenido d e la “R e- copil ación de lo s R eynos de Indias”. 75 1.5 LA CIUDA D COLONIAL EN VENEZUELA 76 1. 5 .1 La configuración de l as Provincias . Las Provincias en Venezuela 78 1. 5 .2 El m odel o urbano de la ci udad co loni al ve nezolana 81 1. 6 VE NEZUELA Y CARA C AS, S U CONTE XTO TERRITORIAL Y HUMA NO 85 1. 6 .1 El valle d e los To rom ay m as, em pl aza m ie nto el egido por los españo les 88 1. 6 .2 Puebl os de indio s en el entorno de Caracas 90 1. 6 .3 La fund ac i ón de la c iudad de Caracas 93 1. 6 .4 Caracas, capita l de la Pr ov incia de Venezue l a 95 1. 6 .5 Caracas e n e l siglo XVII, la l enta consolidación de una capital 101 1. 6 .6 El siglo XVIII, pri m er proceso de am pl ia c i ó n de la ci udad co lo ni al y equip am iento de la infraestructura urb ana 10 9 1. 6 .7 Caracas en l os com ienzos del siglo XIX, a través de l a visión de tr es viajeros eur o- peo s: Alej andro de Humboldt, Fr a nçoise Depons y Robert Se m pl e 126 1.6 .8 Las “Ord enanzas para e l Gobierno y Policía de la m uy i l ustre Ciudad de Sa ntiago de León d e Caracas ”, de 1802 139 1. 7 SINOP SIS – CONCLUS IONES 14 2 C A PÍT U LO II . La ci udad repu blic a na 17 5 2. INTRODUCCIÓN 17 5 2.1 VENE ZUELA, ESTADO IND EPENDIENTE. C araca s en l os inicios del si g lo XIX. El nuevo orden en la ci udad colon i al . Enfrentam i entos soci ale s. Los ca u dillos, due ños del p o- der p o l ít i co y económ i co. La G uerra Federa l . 17 6 2.1.1 Los ini cios de l a ciudad republi cana 18 4 TRA NSFORM ACI ONES UR BAN AS E N LATINOAMÉRICA De la ci udad colo nial a la metróp oli contemporánea. El cas o de Ca ra ca s ÍNDI CE DES AR ROLLADO VII 2.1.2 Nuevas or d enanza s y program as de obr as pú blicas . 18 7 2.1.3 L a i m a g e n d e l a c i u d a d e n 1 8 5 3 . L a d e s c r i p c i ó n d e l C o n s e j e r o L i s b o a 18 8 2.2 LA TRANSFORMA CIÓN U RBANA DE LA CI UDAD COLONIAL. EL URBANIS MO “ORNAME NT ALISTA Y MONUMENTAL” DE F INALES DE L SIGLO XIX 192 2.2.1 Antoni o Guzm á n Blan co, el “I l ustr e A m er ica no” y su actuac i ón en la ci u dad 194 2.2.2 El “ Program a de Obr as Públi cas” de l g o bierno de Antonio Guzm á n Bla nco 19 5 2.2.3 La ciudad en 1883, descrita por Alberto Urdaneta 19 6 2.2.4 El „ nu evo orde n en la ciudad republi cana 20 1 2.2.5 La expansi ó n de la ciudad, expresión de „ la modernidad 20 4 2.3 LOS INICIOS DEL SIGLO XX (190 0 -1930) 20 8 2.3.1 La „“obra m oder ni zadora ‟ d e Cipriano Castro 20 9 2.3.2 La ur ban i zación “ E l Paraíso” 2 10 2.4 V E N E ZU E LA , E L E S TA D O C E N TR A L I ZA D O Y A U TO C R Á TI C O ( 19 0 8 -1 9 36 ) 2 12 2.4.1 El “Program a de Obras Púb lica s”, l eyes y norm as del régim en de Juan Vi cente Góm e z 21 4 2.5 LAS EX P ANSIONES SUBURBANAS 2 20 2. 6 VE NEZUELA, E L P AÍS PETROLERO 2 30 2. 6 .1 C a m b i o s e n l a p o l í t i c a , l a e c o n o m í a y l a s o c i e d a d . 2 30 2. 7 SINOP SIS – CONCLUS IONES 23 8 C A PÍT U LO III. La m et rópol i mode rna 2 60 3. INTRODUCCIÓN 2 60 3.1 LA METRÓPOLI MODERNA Y SUS TRANSF ORMA CIONES URBANAS 2 61 3.2 LOS INICIOS DE LA „ REV OL UCIÓN URBAN A DE CA RACAS ‟ 2 65 3.2.1 Los espa c i o s u rbanos de la „ciudad m asi fi cad a‟ 26 7 3.2.2 Ideas y pla n es para una m etrópoli m oder n a 26 9 TRA NSFORM ACI ONES UR BAN AS E N LATINOAMÉRICA De la ci udad colo nial a la metróp oli contemporánea. El cas o de Ca ra ca s ÍNDI CE DES AR ROLLADO VIII 3. 3 LAS INFLUENCIAS F ORÁNEAS EN EL U RBANISMO Y L A S PRIMERAS INICI A- TIVAS EN P LANIFICACIÓN URBANA 271 3.4 EL PLAN MONUME NTAL DE CARACAS D E 1 939 Ó PLAN RO TIVAL (1938 -1939) 2 81 3. 4.1 El Plan Regu lad o r de 19 39, i nstrum ento cl ave en el e studio del proceso urbaníst i- co en Venezu e l a 287 3. 4.2 Maurice Rotival, el ase sor extranjero m ás i mporta nt e en la r enovación urb ana de l a c i udad de C aracas 2 88 3.5 TRES INTERVENC ION ES URBANAS REAL IZADAS A PARTIR DE L PLAN M O- NUM ENTAL DE 1939 2 90 3.6 EL NU EVO PLAN M AESTRO O PLANO REGULA DOR PARA CARACAS ( 1951 - 1952 ) 294 3.7 LAS OBRAS PARA UNA M ETRÓPOLI MODERNA 29 7 3. 7.1 El Ministerio de Obras Públi cas ( MOP ) y el papel desem peñad o en la con st rucción de Cara cas com o m etróp oli moder na 29 8 3.7.2 Las obr as púb lica s, piezas c lave de las agendas po lítica s y s o c ial es 29 9 3.7.3 El “Nuevo Ideal Naciona l” , el prog ram a que ca m bi ó l a i m agen d el país 300 3.7.4 El p rogram a de actua cio nes urbanas y edil i cias públi cas y privadas, de l as déc a- das de 1 940 y 19 50 301 3.8 SINOPSIS – CONCLUS IONES 31 3 C A PÍT ULO I V . La me trópoli conte mporánea 324 4. INTRODUCCIÓN 324 4.1 VENEZUELA Y CARA CAS D ESDE 1960 HA STA NUES TROS DÍA S 325 4.2 CARACAS, “ UNA DOS-CIUDAD ” : LA „ CIUD AD FORMAL ‟ Y L A „ CIUD AD INF O R- MA L ‟ 3 37 4.2.1 La gobernabilidad de Car acas. Estructura a dm i ni str ativa y fragm entaci ón s oc i o- territorial. La plan i ficación urbana en Caracas. Estructu ra ur bana. Actuac i o nes urbanas y arquite ctón i cas . 3 47 TRA NSFORM ACI ONES UR BAN AS E N LATINOAMÉRICA De la ci udad colo nial a la metróp oli contemporánea. El cas o de Ca ra ca s ÍNDI CE DES AR ROLLADO IX 4.2.2 La „ ciudad inform al ‟ . Estructura u rbana . M odo de vida . La pl anificación en l a c i udad i nform a l‟ 353 4.3 CARA CAS EN EL CONTEXTO DE LA “VENEZ UELA BOLIVA RIANA ” 3 77 4.3.1 Legi slación para l as c iudades venezo l anas . La Nueva Ge om etr ía del Poder . Pr o- gram as soci ales: las Mi s io n es. L os Consej os Co m unal es. Las ciuda d es socialis- ta s . Planes para un a nueva Cara cas. 3 79 4.4 SINOPS IS – CONCLUSIONES 3 92 4. 5 E PÍLOGO 405 FUENTES DOCUMEN T A LES CONS UL T A D A S . BIBLIOGRAFÍA. Li bros, crón i cas s i- gl os XVI, XVII y X VIII, publica c io nes o f iciales, po n encias. HE MEROGRAFÍA. Periód i cos, revi stas, fot ogra f ías, ilustraciones. ENTR EVISTAS. M APAS y plan os. 4 11 A NEX OS CAPÍ T ULO I Anex o 1. Or denanza s para Descubrim i en tos, Nuevas Pob la c i ones y Pacificaciones de 1573 Anex o 2. Or denanza s para la Descripción de las Indias Anex o 3. Instr ucci ón, y Mem or i a, de l as relaciones q ue se han d e hacer, para la de scripción de las India s Anex o 4. Recop ila c ió n de “ Leyes de los Reynos de la s Indias de 1681 ” Anex o 5. Órde nes dadas a fray Nico lá s de Ovando pa ra la fund ac ión de Santo Dom i ngo. 1502 Anex o 6. Rel ación de Santiago de León de Caracas. 15 78 Anex o 7. T ítulo de Gobernador a Don Juan d e Pi m entel . 1 580 Anex o 8. Porta da del l ibr o: Histor ia de l a con q ui st a y pobl ac i ó n de l a p rovincia de Ven ezu e- l a. Escrita por D. José De O v iedo. Edic i ón de 1824 CAPÍ T ULO IV TRA NSFORM ACI ONES UR BAN AS E N LATINOAMÉRICA De la ci udad colo nial a la metróp oli contemporánea. El cas o de Ca ra ca s ÍNDI CE DES AR ROLLADO X Anex o 9. Decr eto con Ran go, Valor y Fuerza de L ey Espec i a l de re fugios digno s para p rot e- ger a l a población, en casos de em ergencias o desastres. 21 de enero, 2011 Anex o 10. Decre to c on Rango, Valor y Fuerza d e Ley Orgán i ca de Em ergenci a para te rr e- nos y vi vienda. 29 de enero, 2011 Anex o 11. Ley Especi al de Re gulación Integr al d e l a tenen c ia de l a tierra de l os asentam ie n- tos urb anos pop ulares Anex o 12. Decr eto con Rango, Val or y Fuerz a de Le y Especi a l de Seculariza c ió n Int egral de l a tenenc ia d e la tierra de l os asentam ientos urbanos y periu rbanos. 06 de mayo de 2011 Anex o 13. Le y de Ex prop iación por causa de utili dad púb lica o social. 01 de julio de 2002 Anex o 14. Prog ram a d e Habi li tación Física de b arri os. Los casos de P ie dra de Mol e r y Los Cla ve l es. TOMO II. CO N TENIDO GRÁFICO NOTA PREVIA 1 ÍNDICE DE LÁMINA S 6 ÍNDICE DE LÁMINA S D ESA RROLLADO 15 CAPÍTULO I. L a ci ud ad colonial 15 CAPÍTULO II. L a ci ud ad republi cana 21 CAPÍTULO III. La m etr ópo li moder na 27 CAPÍTULO IV. La metrópoli contem poránea 32 TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 1 TRAN SFORMACIO NES U RBANA S EN LATIN OAMÉ RICA De la ciud ad colon ial a la m etrópoli co ntem poránea El caso de C aracas INTRO DUCCIÓ N América Latina es la regi ón en desarrol lo más urbanizada d el mun do, ya que según la Comis ión de Estu dios para A mérica Latina (CEP AL, 2014) , más de 391 millones de personas viv en en ciudades, lo que supone que más del 75% de la població n es urbana , siendo el 40,6% de esta poblaci ón pobre. A ello se suma que el índice de pobreza ext rema es de un 16,85% . La realidad socio-econ ómica y polít ica de Améric a Latina es compl eja, llena de contrastes y profundas i n equida des, en la que un secto r modern o , conectado con el mercado mundial , coexi ste con ampli os sectores mar ginales que cr ecen co ntinua men te. P ara este se ctor margina l e l desem pleo o el comerc io infor mal es lo habitual, y asimismo su hacinamiento en barr iadas de viv iendas autoconst ruidas y carente s de infraestructura s. En este a mbient e se ge nera un c lima de violenci a extr ema, de cr imina lidad, y e n suma de i n seguri dad ciudadana, deb ilidad de la democr acia, prácticas populist as, corrupción y segregación espacial entre los diferentes estratos socia les. Dentro de est a situación destaca la se gregaci ón espacial en la s ciudades, que la ha n experi mentado como nunca antes se había conocido. De un lad o aparece la ‘ ciudad formal ’ , e n la que puede apreciarse cierto orden y planificac ión corresp ondiente s a sus di stintas etap as históricas. P or otro lado, en las per iferias de la ‘ ciudad f or mal ’ , colgadas de las colina s que antaño la en marcaban, caso de Caracas, o bien coloniz ando vacío s urbano s han surgi do enor mes barria das de viviendas autoconst ruidas, al margen de la ley , de la atención edilicia, y de la propia ‘ c iuda d formal ’ , constituy énd ose l a ‘ ciuda d infor mal ’ . TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 2 En la actualid ad las nuev as herra mientas tecn ológi cas permit en visua lizar desde el aire c ua lqu ier ciudad de A mé rica Lat ina, mostran do co n absoluta c laridad e inmediat ez la división que ex iste entre ‘ ciuda d formal ’ y ‘ ciudad in formal ’ . A pesar de ello, la línea divisor ia entre d os un iversos t an dist intos, en a lguno s casos, no e s t an clara. Una de las caracterí stica s de la ‘ ciu dad infor mal ’ ha sido y continúa siendo , en buena medida, su invisibil idad en el pla no político y e n el ad ministrat ivo. Como se sabe, ni se p ue de ni se ha querido afrontar esa realidad en muc hos lugares de Amér ica Latina. E s a ‘ ciudad i n formal ’ conocid a como barriad a de ‘ ranc hos ’ en Venezue la, como ‘ favela ’ en Brasil, ‘ villa miseri a ’ en Argentina, ‘ ca llamp a ’ en Chile, ‘ pueblo joven ’ en Perú, ‘ cantegri les ’ en Urugu ay, ‘ asenta mientos ’ e n Guate mala, ‘ ciudad es perdidas ’ en M éxico, ‘ invas iones ’ en Ecua dor y Colo mbia, ‘ cha carita s ’ en Paragu ay, o ‘ tugurios ’ en Costa Rica, se ha afir mado como un a realidad en t oda Latin oaméric a, siendo la expresión más rotund a de la situación d e pobrez a en que se hal la una buena parte de s u poblac ión . Esa expresió n urbana lo que en realidad r evel a es un grav e probl ema econó mico de b ase. Este fenóm eno de coexist encia ‘ modernizac ión-margi nación ’ y de ‘ ruptura- fragmentac ión ’ de l espac io urbano, son rea lidades que a menazan la estabilidad po lítica y social a me di o y largo pl az o. Es un pote ncial conflicto que se ex pres a a tr avés de increment adas demandas de parti cipac ión ciu dada na en los planes y gestió n urbana . En respue sta a dichas demand as, en l as municip alidad es de ciudades como Curitiba, Porto Alegre y Montevid eo, entre otras, han adelan tado nuev as formas de part icipació n conjunta, a trav és de los d eno minados Presupue sto s Partic ipat ivos. En síntesis, el creci miento urban o experimentado en Latino améri ca ha generado una región m uy urbanizada y unos Estados con enorm es retos en tér minos de integrac ión social, en la búsqued a de una mayor y más equitati va distribuci ón espac ial de la calida d de vida y dis minució n de la urbaniz ación de la po breza. Toda esa búsque da se debe a las grandes presio nes que en la actual idad se presenta n en el a mbie nte co mo la pobreza, el au mento de la i ne quidad en los ingr esos, la urbanizac ión informal, la limitada planif icación y gestión en las ciudades , la alta de pen denci a de muchas econo mías de la expl otación de rec ursos natural es y la dispersión urban a. Tal y co mo se ha destacad o, se trata de una “urbanizac ión sin urban idad” en l a s ci u dades latinoa mericanas, como clásic as agl omera ciones en las que sin llegar a l extremo de las nuevas ciudade s asiát icas, se impone en e llas la consecue nc ia d e u na nece sida d imperat ivamente h istórica de exigen cias de un mercado depre dador de mano de obra y un Estad o al límite de l a impotenc ia, que no actú a y no busca re medio s para solucion ar el proble ma . TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 3 Según la CEPAL, los índices de precariz ación labo ral en 2010, con l igeros cambios en años suces ivos (2011, 2012, 2013) hacia una mejoría , se encontraba n entre el 50 y 70% , y solo un 30% tení a acces o a un ingreso e conómico mín imo, superando así el umbra l o l ín ea de pobreza. As imis mo, un tercio de la poblaci ón urbana latinoa mericana era y sigue siend o indigent e. Por otro lado en relació n al aspecto urbano, las instituci ones que se ocupan de la gestión urban a en genera l , poseen esque mas de funciona miento incompl etos, carentes a menudo de conc iencia real de sus recursos y potencialidad es , al tiem po que en muchas ci udades se descono ce de f or ma parcial o tota l , qui énes son los actore s sociales r elev antes en l a diná m ica urbana y gest i ón med io a mbiental de las ciudades. Las c iudades latinoamer icanas manifiestan con fidelid ad los impactos o c onsecuencia s de ese magma de contradicci ones y dual id ades en que se desenv uelve y vive su sociedad. Todo cuanto s ucede afecta el hecho ur bano , pr otagonista inequív oco de los cambios q ue se produc en en el t erritorio, producto de las te nsiones soc iales, polít icas, econó m icas y espac iales en l as que se halla su mida la realidad latinoa m er i can a. Las contrad icciones no res ueltas en el si glo XX se han agudiz a do desde los comienzos de este nuevo siglo, hac i e ndo de las urbes latino americanas unos medio s urbanos inestabl es-inso stenibles y de gran con f lictiv i d ad socio -e spacial. En ell as la magn itud de los proble m a s sociale s se revela con toda su crudeza y las inc ertidu m bres económic as se acrecientan, impo nié ndose la gravedad de sus c ostes en el empl eo, en l a s expectat ivas de crecimient o econó m ico , e n la infr autilizació n d e los recurso s hu m a nos, en el aumento de formas precarias de trabajo y en el deterioro de la calidad de vida , además de aument ar vertiginosa mente la marginalidad, la pobrez a, la exc lusión soc ial y la falta de capac i da d de reacción frente a una mult iplicidad de dificult ades que afron ta una buena p arte de la poblac ión lati noameric ana. La mayoría de las ciudades en América Latina son hoy en día una complej a expresión, mezcla de f ra gmentos urbano s uni dos por gran des autopi stas donde unos son sitio s privilegi ados con buen a accesibilidad y con diciones am bientales-paisa jísticas, planificad os, dotados de servicios como consu m o, ocio, recreac i ón, financie ros, salud, educación, cultura, entre otros, con espacios resid enciales de calidad que se pueden aislar y auto-segregar en ‘ comunidad es privadas ’ ; localizándos e tamb i én, núcleos de negocios ligados al crecim iento espacia l y económico glob al, que constituy en nueva s centralid ades funcionale s en la ciudad es. Estas zonas se ac ercan a la aut osuficie ncia y confor m an la ‘ ciuda d formal ’ , legal, visible y conocida. No obstant e, el caso de Venez uel a difiere de lo menciona do sobre eso s sitios privi l eg iados debid o a la convuls ionada situac ión política, econó mica y social que atraviesa, que incluso TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 4 presenta n sig nos de pre caried ad, déficit de serv icios e inse guridad. Por ot ro lado, se encuentr an fragmentos urbanos distintos a los antes seña lados, contenedores de vastas áreas l le nas de precaried ad y miseria, justamente donde vive la inmens a mayoría de l a poblac ión (60%) y que confor ma l a ‘ ciudad infor mal ’ , ilegal, a l margen, de ocupación urbana e spo ntánea y autoco nstrui da. Es te modo de ocupar el territorio de for ma desigual o hetero géneo, que es característ ico de l as ciudades en América Lat ina, se ha i do acentuando cada vez más, manifest ándose en formas de vida contr asta ntes, y haciendo de las ciudade s latinoa mericanas espacios urbanos inseguros con una d iná mica urbana incierta. A nte el avance de la margina li zación destac a el desb ordamiento del delito urbano que , individu al o grupal, son h echos c otidia nos en las pr incipa les ciudades latinoa merica nas , y que suelen estar aco mpañados de accio nes violenta s. Estas for mas de activ idad crimina l que no son novedosas en ningún lugar de América Latina, alcanz an altos niveles en los actuales momentos, no siendo enfre ntadas con firmez a por ni ngú n gobierno d ebido a la inca pacidad o raz ones po líticas e ideoló gicas. Como consec uenci a de t odo ello, en la úl ti ma dé cada del siglo XX hubo un drástic o descenso en la c alida d de v ida de millones de habitantes de las ciudades latinoa mericanas, incluy endo las c lases medias venidas a menos. El número de pobres registra do en el 2006 se computa ba por millones co n sus necesida des bás icas insatis fechas, y con un ingreso menor a 220 dóla res/mes por grupo fa miliar. Además millones de ind igentes se encontraban por debaj o del umbra l de pobreza con ingresos menore s a 55 dólares/ mes por grupo familiar. S e gún la CE PAL, en el 2013 este ingres o baj ó a 30 dólares/ mes por grupo familiar en algun os países, con lo cual el número de pobres e indigentes continúa aumentan do, aunque en otros se ha generado una mejoría (70 dólare s/mes). No obstante , a ellos se suma la clase media cuya calidad de vida y capacidad de ingresos dis minuye galopant eme nte, principal mente en el cas o de Venez uela, donde s egú n el Fondo M onetari o Int ernacio nal (FMI ) la in flación s upera ba el 60 % en e l 201 4 . E l perfil socio-eco nóm ico m o strado explic a las c aract erísticas de alteraci ón y deterioro físico-a mbient al de las ciudad es y de la calidad de vida, que en buena parte hace que las person as se sienten fr ustradas y que resist an diariamente la presión psicológica e ideológi ca, prod ucto d e los conflictos d escritos, unid os a l desord en econó mico y a la acción política inest able e in eficiente de los gobiern os, que muestra n rasgos restrictivo s y autoritarios en a lguno s países co mo en el cas o d e Ven ezuela . TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 5 El modelo de urba nizac ión q ue ha pr oducid o estas rea lidad es a mericana s , ha s ido acelerad o y expansivo a partir de procesos y formas de urban ización domin ant es mayoritar iament e irr egu lares, que han traído cons igo graves y negativas c onsecue ncia s sociales y medioa mbienta les, visibles en las princ ipales ciuda des, y en espe cial en la s capitale s, conv ertidas e n inhós pitos medios urbanos . Este modelo sigue i mper ante en l a actualidad, ahora como un m odelo disperso- insost enible caract eriz ado por un crecient e proceso d e dis persión territoria l. Ello se debe a la expansió n i nc ontrolada de la perifer ia urbana por ausencia de o trasgresió n de restricc ion es f ísi co-geográ ficas y legales, y la ocupación urbana espont ánea, defin ida como urba nización de la pobrez a, resultado de lo que se ha deno minad o en alguna ocasió n como “ la migració n y el laissez faire territoria l ” que ha implo sion ado los límit es urban os de la s áre as metro polita nas y ciudades princi pales. Venez uela, lla mada hoy Repúb lica Bolivariana de Venezuela a partir de la aprob ació n de la Constituc ión en 1999, junto con Carac as, su capital, y el r esto de las principal es ciudades del país so n en el actu al m o mento unos esc enarios repre sentat ivos d e est e panora ma do minado p or la crisis y las contr adicciones que prevalecen en Latinoa mérica, do nde la d esigua ldad socia l es una fuente de conflictivid ad, inestabi lidad política y perturbación de la paz social que d ificulta la cohesión social, deterior a el capital humano y la confianz a entre personas e in stitucione s, produc iéndose severo s proble mas de gober nab ilidad. La d esigua ldad ta mbié n impide l a sosten ibilid ad de l crecimie nto económico, d ebido a que el crec imient o sostenido requiere de dotaci ones de capita l huma no que en sociedad es muy desigu ales como la venezol ana constituyen un obstá culo para el crec im iento y el desarr ollo. Caracas es una ciudad que reflej a l a compleja construcción de much as de las ciudade s de Latinoaméri ca como expresión de tendencias fragmentad oras y del c recimiento- expansión de manera disper sa e insostenible. No obstante, hay ci u dades co mo Bogotá, Medellín, Lima, Q uito y Guay aqui l, en las que se ha mejora do la ca lidad de vi da y las autoridades han hec ho i mportantes traba jos de renovació n urba na. Así , Curitiba e s un modelo de ciudad ambient al. Por otro lado en Bogotá, un nuevo sistema de transporte masivo lla mad o TransM ilenio ha red ucido e l tie mpo de viaj e de 75 0.000 habitantes, de una hora y media a cuarenta y cinco minutos. Así mismo en los úl t im os siete años la ta sa de homici dios se ha reduc ido a la mitad . Inc luso, en el C o ngreso Internaci onal de la Feder ación de Vivienda y P lan ifica ción con sede en La Haya que fundó Ebenez er Howard, fue concret amente en el celebrado en septiembre de 2007 en Copenhagu e, cuan do se destacó el éxito de Bo got á y Curitiba, y de los alcaldes qu e propiciaron los cambio s. A partir de esas exp erienc ias el alcalde de C uriti ba se conv irti ó en asesor d el alc alde de A mann en Jor dania. Otros ejemplos co mo G uay aquil y TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 6 Montev ideo, son también importantes al observ arse un nuevo renaci mient o urbano, expresió n de una mejor gestión urbana. En ca mbio, Caracas y el resto de las ciudade s venez olanas han estad o y continúa n est ando al marge n, así como reza gadas del proceso de regenerac ión urbana que se ha venido desarrol lando en las ciudad es mencion adas y en otras de la reg ión. Desde el año 2010 se han comenz ad o a realiz ar actuacion es en el te ma de v ivienda para l as clases más ne ces itadas, en marcadas en los programas sociales llama dos ‘Mision es’, que fueron implantados por el régim en del Gobierno ‘Bo liv ariano’ , debid o a que en Venez uela se está dand o una rev olución qu e impone un sistema social-comun ista, pr oduc iénd ose la transfor mación de todas las estructuras soci ales. Es de interés destacar e l caso de Carac as por ser un ej e mplo clav e que ref leja este proceso d e transfor macio nes urban as que han aco ntecido a lo largo de la hist oria en las ciudades latinoam erican as y que permiten una lectura clara d esde la co nfor maci ón de la ciu dad colon ial hast a convert irse en la m etrópoli contem poránea de h oy, es decir, en un a real idad urbana con profundas fracturas en lo social, espacial, formal y funciona l , una ciudad precaria, según Cilento “una dos ciud ad” , y según García C an clini y Nair una “ciudad hibrida”. Esta ‘doble cara’ d e las ciuda des venez olanas y latinoa mericanas es el may or y prioritario desafío para lograr que la dinámica de l as ciud ades p ueda alcanz ar sostenibil idad en el futuro, en l o social, ambiental, económico y político. Además, la capital caraqu eña ha sido un eje mplo de ciudad en la que se ha man tenid o la estructur a de poder a trav és de los siglos, sie ndo en este sentido una capital d e tradición altamente c entra lizada. De ese m od o e l control d e los recursos, la elaborac ió n de constitucion es, planes y di rect rices aplicadas para todas las ciudades del país han emanado siempre de Caracas, así como se realizaron en ella las experi encias urbanísti cas que más impactaro n en Venezuela y en Latinoa mérica . Además, se aplicaron teorías import adas en la búsqueda de un urbanis mo y arquitect ura de vanguard ia, esp ecialment e en la déca da de l os añ os cincuenta d el s iglo X X. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 7 ESTA DO DE LA CUESTIÓ N En relación a los estudios de caráct er ge neral , la ev olución de la c iudad l atino americ ana ha sido tratada de sde un punto d e vista jurídic o y político, centrándose sobre todo, en la época colo nial. Ade más, hay traba jos genera les que han ab ar cad o el desarrollo del urbanis mo en Amér ica hast a las últimas déc adas d el siglo XX desde un pu nto de vista arquitect ónico, entre otr os. Tambié n algunos estudios centrados en los aspectos urbanos de Venez uela, han analizado el cambio que se produce en las formas de asenta miento después de la explosión petrolera en la década de los años treinta con el proceso de migració n hac ia las pr incipale s ciudades, pasando a ser Venezue la un país pr ed ominante m ente urbano en un brev e lapso de tiempo. (Negrón, 2001). Los estud ios monográ fico s referidos al caso cara queño han estudia do la ev olución d e la ciudad desde su fundaci ón hasta los años sesenta del siglo XX , ofreciendo una visión general de las fases de s u crecimiento desde el punto de vista arquitectó nico y urbano, enmarc adas en su cont ext o social, político y econó mico (G aspari ni, y Posani, 1969). A fin de obt ener una v isión g eneral ha bría qu e destac ar ade más e l estudi o de recopilaci ón de lo s mapas y planos de la c iudad de Carac as des de su fu ndación hasta princip ios del s iglo X X ( De Solá, 1969). Tambié n sobre l a evoluc ión urb ana de la ciud ad se encuentr an trabajo s qu e abarca n hasta la Ind epende ncia (Mago de Chópite, 1986), hasta la d écada de lo s años ochenta del siglo XX (Trocónis de Veracochea, 1992), así como hasta principios del siglo XX I (Arráiz Lucca -ed. y coord.-, 2004), aport ando este último trabajo un abulta do catálog o fotográf ico y plan imétrico que per mite visua lizar los úl ti mos cien años del creci miento urbano de Caraca s. A ello se unen otras i nv est igaciones que se han centrado en un determinado período del siglo XX, caso del de dicado al Plan Urbano de Caracas, denomina do Pl an Rotiv al, del año 19 39 (Val mitjan a – coord.-, 1990), o los cent rados en la década de los cincuenta, en la que se suced iero n dos de los moment os más críticos en lo polític o, y a su vez prolíferos en el ámbito arquitect óni co y urbaní stico de Venez uela: el g obierno del Genera l Juan Vicent e G ómez, y el gobierno de Marcos P érez Jiménez y las Juntas Militares (Martí n Frechill a, 1994). Asimismo, otro dedicado a la misma década ha tratado l as actuaci ones de aque llos profes ionale s que particip aron direct ament e en la construc ción de la Caracas moderna, la organiz ación institucional, e instrument os de TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 8 control ur ban o e mplea dos, así como las o bras p ública s de mayor impacto (Martín Frechilla, 2004) . Por últi mo es de interés destacar algunos de los tra bajos sobre C ara cas realiz ados con un enfoqu e s ociológ ico, principal mente dedicad os a los siglos XI X y XX, en los que se plantea cómo la ciudad influye en la cr eac ión de su imaginario y cómo éste rede fine la ciudad real que lo genera, así como se apela a otras discipl inas para explic ar y def ini r una reflexi ón sobre la urbanización de Caraca s a lo largo del sig lo XX (Alm andoz , 1997 y 2009). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 9 OBJETI VOS DE LA INVESTIG A CIÓ N Se est ablece como Objet iv o General de la tesis la revisión de los numeroso s trabajos de caráct er g eneral y de estu dios monográf icos existentes, de los cuales se han señalado anter iorment e unos pocos y donde la evolución urbana de Caracas se presenta segmenta da en períodos concretos. Si bien como se ha menci onado exist en trabajos de carácter gene ral, pero no i ncor pora n l o s últimos aconteci mientos y cambios que se están producie ndo en la c iudad. Asi mismo, la h istoriogra fía ha ten ido en c uenta diversos aspe ctos sociales, pol ít icos, econó mico s, urbanos y arquitectón icos, entre otros, aunque no se han tratado demasi ado variabl es que están influyendo y transform ando la d iná mic a urban a en los últi mos años. Es por ell o que el tema de la invest igación rea lizado para la presente tesis doctoral tendrá como primer Objetiv o E s pecí fico, comp ilar, rev isar y estudiar la evolu ción de la ciudad latinoa mericana y en concret o l a caraqueña, a través de sus diferentes etapas históricas, a fin de c o ntribuir a un mayor y actualizado con oc imiento de las transform acion es urbana s de la ciudad . De ese modo, en el estud io se ampliará el marco cronológ ico hasta la actualid ad, así como se inco rpor a rá para su est udio otra s variables hasta ahora poco tratadas en los estudi os sobre el crecimiento urbano de Caracas, insist iendo en aspectos com o el deteri oro medioambient al, la in seg urida d urbana, y la f a lta de co ordinac ión en la gestión de la ciudad, entre otras, a fin de presentar una visión g lobal y coherente de l a evo lució n de la ciuda d caraqueña y la realidad que se está v iviendo en la actualidad. A simis mo otro Objetiv o Espe cífico ser á compre nder la comple jidad de la praxis-producc ión de las ciudades latino america nas y en parti cular de la ciudad v enezolana, desd e el con ocimiento del proceso de formación- construc ción de la ciuda d actual de Caraca s. Por todo ello se pretende realizar un estudio de la ev olución de la ciudad en la que se conjuga el an ális is del contexto actual como resu ltado de las mutaciones s o ciopolíti cas y territoriales múltip les , y de la superposic ión e hibridac ión de capas anteriores, la ciudad colon ial , repub lica na y moderna , tomando como caso de estud io la ciuda d de Caracas. Otros factores que s e t endrá n e n cuenta serán la evoluci ón histórica como hecho constru ido de esa ‘ ci u d a d h í b r i d a - m e s t i z a ’ , qu e e s resu ltado d e la mezcla de procesos de constr ucció n planificada (ciudad forma l-legal y planificad a-visib le) y construc ción autogestion ada (ciudad inform al-ilegal y al m arge n e invisible hasta hace algunos años), así como las variables urbanas- morfoti pológica s que cara cteriz an la TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 10 ocupación del territorio, a trav és del análisis del entramado lega l y la descripc ión de Caracas, realiz ada desd e diferent es coord ena das e spacio-temp orales. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 11 METODO LOG ÍA Para lograr estos objetivos el traba jo se estructura ra en cuatro capítulo s que abordarán las diversas et apas de l a evolución de la ciu dad de Cara cas desde los aspecto s sociales, político s, económicos y terr itoriales, así como de l o s instrume ntos urbanístico s emplead os, las pro puestas, y realizacion es urba nísticas y arqu itectó nicas de mayor relevanc ia, que han co nformado ‘ las distinta s ciudad es ’ que cont ien e el cas o caraqueño. En cada uno de ellos, cent rado en Caracas, se pret ende presentar característ icas genera les de la ciud ad latinoa mericana, principa lmente en el capítulo dedicado a la ciu dad co lonial . El capít ulo I: se dedicará a la ciudad colonial , que se desarro lla en el perí odo col o nial español y se corr espo nde con el núc leo funda cional de las ciudade s, cuy a trama (retícula o cuadrícula) permane ce en la actu alidad. Se destaca en este capítulo la importa ncia que ha teni do la ciudad en Am érica desde sus in icios, la ocupa ció n simbólica y física del terr itorio america no, la traz a urbana en damero y los primeros instrume ntos urbaní sticos aplicad os (L eyes de Indias — parte que concierne a las Ordenanz as para De scubri miento s, Nuev os Asentamiento s y Pacifica ciones, d e 1573 — ). Desde el primer mom ento de la lle gada de los españ oles a las Indi as y s u asentam iento d efinitiv o , con la impla ntación del m o delo espa ñol y de sus institucio nes, las ciud ades t uvieron un pape l centra l, sien do uno de sus rasg os cara cteríst icos. El capí tulo II: la ciudad repub licana o ciudad decim onónica constitu irá un segun do período de la historia de América Latina y de Venez uela , que va del post- colonialis mo a la pre-de mocracia. En su primera parte, el s iglo XIX estuv o caracterizado por guerras continuas, destr ucció n y reconstrucción. En una se gunda parte d e este mismo sig lo se incorpora n nuevos valores propios de una sociedad indepen diente y la influe ncia de ideas y ag entes forán eos comienz an a mod ificar l a imagen d e la ciudad y la cu ltura local. Destaca la etapa co m pr endid a entre 1870 y 1900, cuando se da en Venezuela un primer intento urbanístic o y arquitectónico modern iz ador, con el proy ecto nacion al q ue viene después de la superació n de la crisis de la sociedad colonia l. En la forma urban a los nuevos per files incorporados y adapt ados a los tejidos urb anos existent es en la ciudad colon ial y en la emergente periferi a, conforman conjunta mente la ciud ad republican a del s iglo X IX e inicios del siglo X X. El capítulo III: la met rópoli m oderna, correspo nde a un tercer períod o d e evolución de la ciudad, caracteriz ado por l a adopci ón d e instrument os urb anístic os que promov ieron la creación de artefactos urbanos ais lados, pero que en con junto han confor mado o constru ido la ciudad m oderna , que en Venezue la se desarrol la en un perío do de auge TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 12 econó mico producto de la riquez a petrolera y en el que se dio la transform ación modern izadora del Estad o venezolan o y su capi ta l . En l o s años cuarent a del siglo XX, surge un segu ndo inten to modern izador del urb anism o y la arquitect ura , que en Venez uela es pro piciado por la econo mía petrolera , base económ ica funda ment al que desde ento nces y hasta el present e cont inúa sust entando al país. En este capítul o se destacan las manifesta cio nes físicas de la modernidad, que tuvieron lugar entr e 1935 y 1958, y que const ituy eron una rev olució n políti ca, econó mica, cu ltura l, urbana y arquitect ónica dentr o del propio país y en América Latina, alcanz ando su mayor esplendor o ‘époc a dor ada’ en la década comprend ida entre 1948 y 1958. Las actuacion es urbaní sticas realizadas durante e stos años estuvi eron notabl ement e inspira das y fueron el resultado de trans ferenci as de teorías y experiencia s de otros países, especialment e de Nortea mérica. De forma paralela, es ta mbién en los años cincuenta cuando se produce el desb ordam iento de la marginalidad, iniciada en los años cuarenta, a partir de un proc eso de urbanización explo sivo. En dicho proces o intervinieron factores inter nos y extern os que co menz aron a fortalecer la pola rización d e la pobla ción se gún las d iferentes c lases socia les. En el capítu lo IV : la m etrópoli contem poránea , se descr iben las transformaci one s políticas, socia les y econó micas, y su proyección en l a estructura urbana a ctu al y for ma de vida de sus hab itantes. La m etrópoli contem poránea , en esta investi gación comienz a a partir de los años sesent a del siglo XX hasta el presente, es un escenar io donde se inicia otra et apa democr át ica en la vida política de Venez uela y se prop ician nuev as posibilidad es de acción en diferentes á mbitos del queha cer nacional , co mo l a nacional ización del petr óleo y la creación de la empresa públic a Petróleo s de Venez uela (P D VS A ). En relació n al urbanismo y a la arquitectura se desarroll an planes y proyect os de gran importanci a para Caracas y principales ciudades del país. Son décadas en l as cuales se dispone de inima ginab les recursos econó m icos, nunca antes vistos en la histori a venezola na, product o de la renta petr olera y la subida de l os precio s del petróleo a finales de los años setenta, fue ‘la Gran Venezue la’ de Carlo s Andrés Pérez, y desde el 2005 con aun mayores subidas, en ‘la Venezue la Bol iv ariana’ de Hugo C hávez Frías. Incompre nsible m ente, en la medida que e l Estado era poseed or de may ores recursos , la socie dad venez olana se ha hech o más pobre, lo que se gún Romero (1999) denomin a “la fábula del Rey Midas al rev és” , creciendo exponen cial mente la desigu alda d en la distribuc ión de los ingreso s -calida d de vida, trayendo consigo el a ument o de la pobr ez a urbana, marginalidad, insegur i da d ciudadana, estallidos sociale s, alta inflación y paralizaci ón de im port antes proyectos a ni v el naci onal. Terr i toria lment e, se expresa en el crecimiento de las grandes ciu dades del paí s y áreas metropo l ita nas (co ntrario a la TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 13 política de ordenaci ón territoria l nacional), aumento de la pobreza, la inseg urida d ciudadana, la pérd ida del espacio público y la disminuci ón drástica en la cal idad de v ida — la imposi bilidad de acceder a una v ivienda digna , el desempl eo, el cao s del tráf ico, e l deficiente transp orte púb lico, la prec aria ed ucaci ón y e lev ados dé ficits de serv icio s básicos (agua y luz), así como de serv icios méd icos y hospitalari os para todos lo s venez olanos — . En la m etrópoli contem poránea se sintetiz an las principale s característ icas de los dist intos modelos de ciu dad colon ial , republicana y m oderna , superpon iéndos e y mezclándo se estas tres tipologí as, en distintos espac ios y tiempos con la ciudad diluid a-fragmentad a-híbri da de hoy, recreando la comp lejid ad urban a latinoa mericana. Para llev ar a cabo el presente tr abajo de investigac ión será básica una bib liogr afía en la que se fac ilitan los n umeros os estud ios de caráct er gen eral y las diferent es monogr afías , fundam ent ales para la e laborac ión del texto. Además deberá n ser consultad os otros docum entos alusivos a crónic as de la c iudad, que i lust ran el tema de estudio, así com o leyes y ordenanz as corre spondi entes a las diferentes etapas de evoluc ión de l a ciudad, como decretos de los últimos Gobiernos que ayudarán a entender reso luciones y suceso s que e stán ocurr iendo . Las conc lusio nes fin a les deriv adas de la inv estigac ión se pr esent arán al tér mino de lo s diferente s capít ulos (s inopsis-co nc lusiones) , s iendo en el ú ltimo a modo de apreciac iones so bre la c iudad act ual. A todo este trabajo de inv estigación se d eberá añadir como material gráfico necesario y comple mentario, un con junto de mapas, plan os, il u straci ones y fotografías que ayudaran a un m e jor conoci miento y comprensión del tema estudiado. Di c ha parte del trabajo se presenta separada mente en un s egundo volu men deno mina do Tomo II . Co nte nido Gráfico, divid ido por seccio nes que corresponde n a la te mática o fase de la evoluc ión urbana de la ciudad trat ada en cada uno de los capít ulos. Par te de las láminas d e este tomo s e citarán en e l text o. El presente estud io se pl antea metodológ icamente como una investigac ión de carácter analítico-d escr iptiva en la que se ha utiliz ado un enfoque históri co-urbano, que articu la la h istoria del país y la ciudad con su desarro llo urbano. La ciud ad se estud ia en tiempo pasado y re al a partir de los aspectos políticos, sociales, econó micos y territoria les, así como de los instru mentos urbaníst icos emple ados, l as propuestas y realizacio nes urbanas y arquitect ónic as de mayor relev ancia, que se desarr ollan en las diferentes etapas de la evolución histórica y q ue han conformado ‘ las distinta s ciudade s ’ que TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 14 contiene Caraca s, resaltándo se la rela ción entre instru mentos urbanístic os y f or ma urbana. Para ello se est ructurará el trabajo en varias fases . En primer lugar se procederá a la búsqued a de material bibliog rá fico de carácter general y monográf ico en varios centro s españoles y venez olanos, que perm itirá recopilar toda la información referida a las diferente s etapas de ev olució n de la ciudad d e Caracas . Dichas f uentes, de carácte r secundar io, que ha n tratado el fenó meno urbano en Amér ica Lati na y en Venezuela, se organiz arán p or épocas y diferentes disc iplinas (derecho, morfo logía urbana, li terat ur a, ciencias p olíticas, econo mía). Ade más se rev isarán f u entes primarias co mo crónicas de los siglos XVI , XVII y XVI II ( G. Fernández de Ov iedo, J. López de Velasco, F. López d e Gómara, J. Oviedo y Bañ os), y escritos de v iajeros de mediados del siglo XVIII (J. L. de Cisneros) e i n icios del siglo XIX (A. Humboldt, F. De Pons, R . Semple, A. Urdaneta), que han contr ibuido a l conoc imiento de l a ciud ad. Tamb ién se tendrá n en cuent a diferente s escritos realizados por los cro nistas oficiales de la ciudad de Caracas d e princip ios y me diados del siglo X X (E. B. Núñez y G. J. Schael). En una se gunda fase se procederá a una revisión docu mental: bibliográfica, hemero gráfica, planimét rica, y fotográ fica, comple mentán dose con ent revistas a arquitect os, urbanista s e historiad ores de difer entes instituc iones vene z olanas y españolas. La consulta de docu mentaci ón primaria (legajos de f un dación de ciudades, Leyes y Ordenanzas y parte del m ater ia l grá fico como mapas y planos de ciudades), se realizará en el Ar chivo Ge neral de Indias, así como en la Mapoteca d el Muse o Militar de Madrid. En Venezuela, la consulta se realizará en el Archivo Municipa l de Caracas, en la Academ ia Nacio nal de la Historia y en la Alcaldí a del Mu nicipio Libertador , así como en el Inst ituto Geográ fico Simón Bolívar y en el Instituto de Cartogr afía Naciona l de Venez uela. R es pecto al material fotográfico de los siglos XI X y XX, se consultar á el Archiv o D oc ume ntal Gráfico d e Caracas, y para el material hemerográf ico la Hemerot eca de l a Bibliot eca Nacional de Venezuela, así como tres de l os peri ó dico s nacionale s más antiguo s de dicho país, El Univ ersal, El Nacional y Tal Cu al , para el conocim iento de las últimas n oticias sobre la situa ción actual. Por último, las entrevista s citadas anterior mente se realizará n prin cipalment e en las un iversid ades Central d e Venez uela, Sim ón Bo lívar y Metropolitana de Carac as. A todo ello se añade la cons ulta de di ferentes e studios estadístic os sobre niv el es de población, p obre za urbana, insegur idad, entre otr os, elaborado s por difer entes o rganis mos. Con todo lo hasta ah ora comentad o re ferido a la consulta de fuentes div ersas en corresp ondenc ia a la época o al tie mpo que ab arca cada un o de los c apítulos, se intentará reflejar los hechos de la for ma más cercana a cómo era vista o interpretad a TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 15 esa real idad. Los mapa s, pl a nos, ilustracione s y fotografías que se emplearán , permitir án j unto a la bib liogra fía, crónicas y hemer ogra fía , la reco nstru cción de la evoluc ión histórica y el estudio de distintas etapas de la ciud ad. A partir de la compila ción y e l anál isis de la obra de los d iverso s autores de este muy dilat ado arc o tempora l que comienz a en el s iglo XVI y term ina en la conte mporane idad , y teniendo en cuenta que cada un o d e estos autores ha tratado disti ntos aspectos de la misma realidad e n mo mento s hist óricos d iferentes y en condic iones ideológic as más o menos explícitas , se ha pu esto especial énfasi s en dot ar a esta inv estigació n de una metodo logía unitaria. Por último, para el estudio de la historia urbana como par a cualquier otra discip lina en la que lo cot idiano form e part e d e su corpus , ha sid o ne cesari o incorporar la viv encia sobre la dinámica ur bana del mo mento, por lo que en e l caso del capítu lo IV se aport ará ademá s la cotidia nidad de las ciudade s venez olanas, princip almente de C ar aca s y de las transfor macion es que se están produc iendo en la actualidad, a fin de presentar valorac iones y ref le xiones que contr ibuy an a un mejor conocim iento d e aquel la real idad. Siendo la ciudad el resultad o a cumula do en madera, piedra, asf alto, hormigón u hojalata , de la histor ia de grupos humano s, no hay circunstancia o avatar soc ial que no influyan en su con formac ión, de manera que en un a investi gació n como la que aq uí s e presenta, amp lia en el tiempo y en su correspondie nte histori a, son tantos los factores a consider ar y tan difíc il la corr ecta valor ación de cad a uno d e ellos, q ue la unani midad e n las sin opsis-c onclus iones se present a punto menos que impos ible. Este estudio se intenta sea un nuevo aporte para que otros inv estigador es conti núen desarrolland o los múltiple s aspect os que aquí se tratan, valore n de nuevo l a i n fluenci a de det erminados hechos histór icos o sociol ógicos en la c onstruc ción de las ciud ades latinoa me ricanas, y continúen observ ando y escribiendo sobre el proceso urbano actual en A mér ica Lat ina , en plena efervescenci a y ciertamente m uy difíci l de prever incluso en un futuro inmedi ato . TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 16 A GRA DECIMIENTO S El desarr ollo de las di ferentes fases de la tesis doctoral no hubiera sido posible sin el apoyo de div ersas instit uciones. En el caso de Venezuela debo expresar mi agradeci miento al In stitu to Geográfico Simón Bo lív ar y al Instituto de Cartografí a Naciona l de Ven ezuela; al Archivo Docu menta l G ráfico de la Biblioteca Nacional ; a l Archiv o Munic ipal de Car acas; a la Acade mia Nacional d e l a Histor ia ; a las Al c aldías de los Municipios Libertado r, Chacao y Baruta; al Consejo Nacional de la Vi v iend a (CONA VI); a Funda-P atri monio; al Institut o de l Patri monio Cult ural e Histór ico (IPCH) ; a la División de Cartografí a Nacional del Minist erio de Infraestructur as (MINFR A) ; a la Bibliotec a Naciona l; a la Sala de Lectur a Caracas; a la Bib lioteca y He meroteca José Félix Rivas; a la Bibli oteca de la Facultad de Arquitectura y Urbanis mo y al Instituto de Inv estigaciones Urbanas de la Univ ersidad Central de Venez uela; y a la Bibliotec a Genera l e Inst ituto de Estudios Regionales y Urban os (IERU) de la Universidad Simó n Bolív ar en Carac as. De la m isma for ma se agradece la infor mación proporcionad a en las entrev istas personal es que realicé a Víctor Fossi B e lloso, a Arturo Almandoz Marte, y a Lorenzo González Casas, arquitec tos y urbanistas de la Carrera de U rban ismo y del Institut o de Estudios Regiona les y Urbanos -I ERU de la Universidad Simón Bolívar de C arac as . Tambié n a Juan Garrido Rovira y a David Gouverneur, profesores de la Maestrí a en Diseño Urbano y del I nst ituto de Dis eño U r ban o para Alcald es de la Universid ad Metropo litana de C arac as. Al arquitecto Frank Marcano de l a Fa c ultad de Diseño y Urbanism o de la Uni v ersida d C e ntral de Venezue la . A la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universid ad del Zulia, en Maracaibo, y a la arquitecto Mercede s Ferrer y Arroyo , investigadora de esta Facultad, por sus valio sas orientacion es en el desarrol lo de la tes is . En Españ a , expr eso mi agrad ecimie nto a la Bi blioteca de la E sc uela de Estu dio s Hispano-A merican os de Sevilla (EE HA) ; a l as Biblioteca s de l a Universidad de Sevilla: Escuela Técnica Super ior de Arquitect ura, Faculta d de Geogra fía e Historia (Bibliotecas de los Departa mentos de Hi stor ia de América, Historia del A rt e, Historia Modern a y Geogra fía) , Facultad de Derecho y Facultad de Infor mática. Además, do y las graci as a la Biblioteca de la Univ ers idad Pablo de O lavide de Sevilla, así c omo al Archiv o General de Indias (AGI ), y a la Mapoteca del Museo Militar en Madrid. Así mismo, debo agradecer a Carmen Gó mez y a Carmen Mena del Departament o de H ist oria de América de la Facultad de Geografía e Historia de l a U n iversida d de Sevilla . Doy las gracias al pro fesor Victori ano Sainz y a todos los que fueron mis pr ofesore s durante m is estudios de D octor ado en esta Escue la Técnic a Superior de Arquitect ura de la TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 17 Universid ad de Sev illa (D eparta mentos de Historia, Teoría y Compos ición Arquitect ónica, y d e Ordenac ión del Terr itor io). Gr acias ta mbién a los hist oriad ores y conocedor es de Venez uela y del te ma de estudio, Enrique Ca macho, Sigfrid o Vázquez y H eberto U rd aneta , y a Alberto Mora les por su ayuda y asesoría para realiz ar la parte gráfica d e esta i nvest igación. Gracias a todos los arquitectos, urbanistas e historiadores, cuyas obras cito en este trabajo. Expreso mi especial y sentido agradecim iento a lo s dos directore s de esta tesis doctora l, doctor C arlo s García Vázquez del Departa mento de Hi stor ia , Teorí a y Compos ición Ar quitectón ica, y doctora María Teresa Pérez Cano del Depar tament o de Urbaníst ica y O rdenació n del Terr itorio, ambos de la Escue la Técn ica Superio r de Arquitect ura de la Unive rsidad de Sevilla , por su continua orient ación, y valiosos consejo s y sugerencias en el desarrollo de la tesis , y por su infinita p aciencia e invalor able apoyo. Ya para finaliz ar doy gracias a Dios, soport e de mí vida, a mi fa milia por su amor incond icional , y a mis a padres, más allá de la eternid ad, a quienes dedic o est a tesis . A tod os, mi agradeci mien to por sie mpre, al haber hecho posi ble que y o escribiera esta tesis. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as INTRODUCCI ÓN 18 NOTA Y FUENTES DOC UMENTA LES CONSU LTA D A S EN L A INTRODUCCIÓ N (1) En 2008 los índice s de Pobreza Extre ma y de Pobres, ba jaron al 12,9% y 33,2%, respect ivamente, y el índice de No Pobres aume ntó al 66,8% ( CEPAL. P a nor ama social de América Lati na, 2008) . Pero en 2010, estos ín dices v uelven a situars e por encima del 40% (Población Pobre) y del 17% (P oblac ión en Pobreza Extrema). (CEPAL. Anuario Estadíst ico par a A mérica Lat ina y el Carib e. Santiago d e Chi le, 201 0). Barro, R. “Inequ ality and growth i n a panel of Count ries”. Journal o f econo mic growth. 05 de marzo, 2000: 87-120. En “Equipo Acuerdo Socia l 2006. Venezue la: Un acuerdo para el desarro llo”. Pub licacione s de la Univ ersidad Cató lica André s Bello ( UCAB) . Caracas, 2006. Carrera Damas, Germán. “ Una nación llamada Venez uela. P roceso sociohi stórico de Venez uela (1810-1 974 ) ”. Colecc ión Cátedra. 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En esta fase destaca, tanto en la práctica urba nística co mo en las Ordenanz as, la ciudad co mo el ‘ ele mento estratégico ’ dentro del plan d e conquist a y civ ilización, jugand o un papel de primer ord en en el co n- trol políti co, econ ómico y ad ministrat ivo, de los terr itorios americ anos. La urbanizac ión en América ten drá por objetivo la fundación de nuev as poblacio nes, que a su vez cum plirán diversas f u ncion es: “bases de aprovisiona miento, factorí as c o- merciale s de intercamb io, cabezas de puente para penetrac iones más profu ndas en el territorio, eslabones de u na amplia cadena de f u ndacion es que co nectan l os nuevos t e- rritorios con la metróp oli, centros administr ativos locales y regionales, element os de sometim iento y fijación de l a poblac ión indíge na, po los de concent ración de act ividades de toda í ndole, fo cos de control de la pro piedad del suelo y núcleos difusores de una nueva for ma de viv ir traída del otro l ado del Atlán t ico” ( De Terán, 1997: 53). Tres hechos trascen dent ales marcaron el d e sarro llo i n icia l de la vida en las ciudades americana s. El primero, en 1502, con l a llegada a La E sp añola de N icolás de Ovand o como gobernad or general, que repr esentó el impulso de un plan sistemát ico de cre a- ción de ciudades por p art e de la Corona. Durant e el gob ierno de Ovando, se inició “la más grande empresa de const rucció n de ciud ades llevada a cabo por un pueb lo” (De Terán, 19 97: 14). El segu ndo, el programa de la Corona además de prever l a fundación de ciudades para que viviera n los españole s, incl uía el proyecto de civilizar a los indios, urbaniz ándolos, manifiesto e n unas nuev as instruc cione s envia das a Ovando en 150 3 y en las cuales se TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 22 ordenaba el esta bleci miento de los indígenas en ‘ p ueblos de in dios ’ , quedan do regu lar i- zado y unifor mizado el ré gimen de vida d e espa ñol es e in dígenas. Y tercero, la introducci ón por parte de N icol ás de Ovando, conjunta ment e con sus m e- didas de g obierno, de u n “régi men municipa l cast e ll ano”. De esta f ase merece destacarse la visión planificadora de la urbanístic a c olo nial donde “La pl a nificac ión urbana es quizás l a más fuerte de las tradicione s ambientale s, porque los pueblos sudamer ican os no crecieron orgánicamente y a lo largo de m i lenios, co mo la m ay oría de los a senta mientos del Viejo Mundo. Las ciudades colonial es fueron plan i- ficadas y ejecutadas en una sola piez a, por así decirlo... la planta estándar di fería poco del “Castru m Roma num”.. . el foro fue reempl azado por la plaza de la catedra l, y el Ca r- do y el Decu manus s eguían ahora las direccio nes de los viento s m ás favo rables en lugar de los punto s card in ales” (Mo holy -Nagy , 1964 : 7- 8) 1 La ‘ búsqueda de un orden ’ fue el princip io f u ndam ental que rigió el proces o urb anístico desde el in icio de la ciud ad, incluso en aquello s primeros asenta mientos sencillos (de característ icas aldea nas) o de top ogra fía agrest e. En el damero impuesto y transfor m a- do, el ‘ orden ’ cobra sentid o. En su ce ntro un espacio abierto centra l, la Plaza Mayor, de la cual parten calles haci a los cuatro punto s cardinales (u orientad as en función de los vientos d o minant es), que se conviert en en e jes de la estructur a urban a y que luego en la per iferia de la ciuda d, definen l os accesos y conforman l o s “caminos rea les”, a través de los cuales se conecta la ciudad con l as áreas vecinas, bie n sean haci enda s, hatos, sembra díos, pueblos o v illas cerc anas. El proceso de transfor mación y expa nsión de la ciudad es “ordena do” y se mantiene hasta e l sigl o X IX, hasta que en l as primeras déc a- das del siglo X X la pr esencia de det er minado s factores alteran dicho “orden ”, introduci endo v ariacione s en la “ mall a” regu lar y uniformiz ante. El capítu lo se divide en tres part es. En la prim era, se desarroll a una vis ión g enera l do n- de se describe la ocupac ión del espac io am ericano , los orígenes de la ciuda d col o nial y las tipol ogí as de ciudades col o niale s, ade más se re v isan las “O rdenanz as pa ra Desc u- brimientos, Nuev as Poblacion es y P a cificac iones” de 15 73, instrume nto normat i v o que plantea las pautas para la construcción de esta ciud ad; en la segun da parte s e descr ibe la ciudad colonial venezol ana y en la tercer a parte se describe la fundac ión y crecimie n- to de la ci udad co lonia l de Carac as. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 23 1.1 LA OCU PACIÓ N DE L ESPA CIO A M ERICA NO Los conq uistadore s y col onizador es espa ñoles que llegaron a América, se enfr ent aro n con un medio f ís ico completament e distinto al qu e estaban habitu ados. “Los primero s castella nos en i nsta l ars e, pronto echarían en falta ai res más frescos y sobre todo, los trigales, los viñedos y los ganados propios de España, base de su dieta alimenticia” (Fernández Álvarez , 2006: 240), carencia s que no todos pudiero n sobrel levar . En t odo el co ntinente americ ano — cuyo con oci miento apenas empezaba con la llegada de Cri s- tóbal Colón a esas tierras en 1492 — l as dimensio nes y por lo ta nto las di st ancias, en aquellos nuev os territorio s, eran inmensas en comparac i ón con España y con el resto de los países e uropeos, de donde proce dían los col onizador es. La super f icie del continen te americano es m á s de ochenta veces m ay or que la de E s- paña; solo Sur américa tiene una e xtensión d e unos d ieciocho millones de km2. “E l relieve del terreno, desde los llanos del Orinoc o has ta la inme nsa Cordillera Andi na, n a- da tiene que ver con l as tierras castel lanas, andal uzas o extremeñas, de las que ellos procedía n. La vegetac ión americana desde l as l luv iosas selvas tropicales ha sta los ár i- dos desiertos d e l as mes etas mexicanas o la puna andi n a eran paisaje s desconocid os para l os nuevos poblador es” (Aguilera, 1994: 13 -14). Para Morales Padrón (2007), r e- sulta difícil comprend er América sin te ner en c uenta sus dimensiones. Sin duda la gran variedad geogr áfica del continente amer icano — cost as, sierras, selvas, llanos, altipl a- nos, desiertos — influy ó notablemente en l a manera en que fue originalment e poblado, en la est abilida d de algun as poblaciones o en el n omadis mo de otra s 2 . En 1492, cuando Cristób al Colón arriba a la isla de Guanahan i — bautizada por Colón, San Salv ador — , traz ando una ruta de i da y vuelta, más corta y hasta entonces no c o- nocida a las In dias — pues Colón mur ió conve ncido de haber llegado a la parte occidenta l de aquel terr i to rio — , l o que real mente encontró f u e un vastísimo cont inente, habitado por poblac iones de origen siberi ano, que h abían desarr oll ado a lo lar go de m i- lenios una gran variedad de culturas y modos de v ida, muy distinto s un os de otros tanto en sus formas d e orga nización co mo en su grado de desarr ollo. En la actuac ión de Españ a sobre el terr itorio amer icano se pueden disti nguir tres f as es: Descubr imiento, Conqui sta y Colonización. La f ina l id ad del Descubri miento es ese n- cialmente la búsqueda de riquezas; la finalidad de la Conqu ista es es e ncial mente tomar posesió n d el territorio que las a lberga y legitimar esa poses ión; y la fina lidad de la Col o- nización, es mucho más compleja. Se fundaron ciudades, estab lecién dose una f or ma de vida — p ol ít ica, económica, socia l y cultural — y aunque se tr ate de si mpli ficar, es una etapa qu e necesita un po co más de espac i o. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 24 Siendo el tér mino ‘ coloniz ación ’ polisé mico, result a conveniente prec isar qué sent ido tiene en l a presente inves tigación. L a colonizac ión española en A mérica es de natura l e- za semejante a la col onización romana. En este sent ido, Españ a en Amér ica, básicame nte asu me la tradición grec o-romana. Reproduc e en gran parte d icho esqu e- ma. El vocab lo ‘ colonia ’ del qu e deriva el tér mino colonizac ión, provien e del latí n “colo”: labrar l a tierra. Por tanto el tér mino ‘ col ono ’ significa labriego (pri mera acepción del Dic- cionario Etimológ ico de Coro minas), sie ndo la s colonia s romanas “poblaci ones agrícolas militares, que de acuer do con una resol ución del gobierno roman o, se est a- blecían en las reg iones somet idas a su fé rula” ( Stru ve, 1976: 159 -16 7). “Las co lonias ro mana s civ iles ( colonia e civium romanorum ) más anti guas, c omo Ostia, Antiu m y Terrac i na, son peque ñas co m unid ades de pocas famil ias, por lo general 300, fundadas en la costa de las regione s conquist adas, para v igilar y defender puert os y e s- calas, por lo que tambié n eran conocida s con el nombre de maritimae. Se consider a que forman parte del terr i torio de Roma, aunq ue estas comunida d es disfrutab an de a u- tonomía admin istrativa, con sus mag istrados, l la mados praetores o duoviri, senado y asamble as prop ias. Los colonos conserv an la ciudadanía ro mana, están inscritos en las tribus y ejercen en Ro m a el dere cho de v oto” (Melani, 200 2: 45). “La fundaci ón ( deductio ) d e una nueva colon i a, es d eci s ión del senad o y está reglame n- tada por una ley que establece el lugar, el número de colonos, l a porción de tierra que se asignará a cada uno de ellos y la autoridad que asu mirá la direc ción de la oper ación” (Melani, 2 002: 45). Los griegos para des ignar ‘ la colo nia ’ emplea ban la palabra “ apo i- kía ”, vinculada al verbo “apoikein”: vivir lejos, en sentido figurado mudarse y significa el establec imiento de griegos en un país ajeno. La ciudad desde la cual habían emigrad o los colonos seguía siendo para éstos, la metrópo l is, esto es la “ciudad madre ”. Origin a- riament e la e migració n est á relacionada con la f alta de tierras apta s para el cu l tiv o, cuya mejor y mayor parte había quedado concentrada en mano s de la aristocracia terrat e- niente. Es decir la emigració n estaba integr ada principal m e nte por pequeños productor es arruin ados. Asimismo sirvió para aliviar tensiones polític o -soc iales, los que iban siendo perdedores en dicha confrontación bus caban una nuev a oportun idad en “la colonia”. (Str uve, 1976:159 -167). “En l os ant iguos Estados, en Gre cia y Roma la emigrac i ó n coerc itiva que tomaba la forma del establec imiento per iódico de coloni as con stituía u n per m an ente eslabón en la cadena social. Todo el sistema de esos E sta dos se hallaba edif icado sobre la determ i- nada limitación numérica de la poblac ión, que no se podía superar sin someter a un peligro la existe ncia misma de la civiliz ación antigua. ¿Más cuál era la causa de ello? TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 25 Pues q ue a e sos Esta dos les era completa m e nte descon oc ida la a plicació n de las cie n- cias natural es a la producción m ater ial. Solo m ante niéndos e en exigua canti dad podía n conservar su civ ilizació n. En caso contrar io, se hub ieran c onvert ido e n v íctimas del p e- sado trab ajo fís ico qu e en aqu el ent onces tran sfo rmaba e n esclav o a un ciudadano libre. El defic iente desarr ollo de las fuerzas produ ctiv as colocaba a l o s ciudadanos en depende ncia de un a det ermin ada c orrelac ión c uant itativa que era imposibl e violar. Y debido a ello, la única salida era la emigra ción coercitiva” (Marx y Engels. E n Struve, 1976:161). En la v isión marxi sta se r esalta n clarament e las motivaciones econ ómicas: m a nt ener el sistema de producc ión era vit al para e l m a nteni miento de aquella civi lizació n. Y el si s- tema de producción de la so cied ad greco-ro mana implica ba no sobr epas ar un deter minado r atio pobl ación-territ orio. La coloniz ación por tanto, es una f or ma part icular de movimient o migrator io, con unas característ icas propias, a saber: lejaní a entr e colon ia y m etr ópolis, la decisió n de fundar es t omada en la metrópo lis, se funda según el mode lo metropolita no, los fundadores son peq ueños excedentes humanos d e l as m etróp olis que llev an consigo su civi lizac ión y la imp lantan allá donde arraigan, para lo cual es necesario que la cultura que port an consigo s ea más potent e que la de las soc iedade s que los reciben. La co lonizac ión española en Améri ca p ertene ce a esta tipologí a m igrat oria, con las p e- culiaridad es propias de su tiempo históri co. En el siglo XV, una de las actividade s econó micas más provec h osas en Europa era el comerci o de espec ias, seda y otros producto s provenie ntes del orie nte, cuyas rutas est aban controla das férrea mente por el mundo islámico. Las nave gacione s de portugues es y más tarde l as españolas tratan de encontr ar ví as directas pa ra comerc iar en aq uellos territorios. Es p or ello que la Coron a castella na apoy a la expedición de Colón quien plantea l legar di rect ament e a las Indias navegan do hacia o ccident e. Por tanto, en un principio se pretendía encontr ar una vía com erc i al directa y propia, la finalidad era comercial. Este objetivo se transforma porque “no se encontró el t erritorio que los españoles buscaban”, no se llegó a la India, sino a unas tierras cuy a existenc ia se descono cía y se fue descub r iendo una realidad tant o geográfica como humana, c u- yas primeras noticias para el Viejo Mundo, son las que trajeron aqu ellos Des cubridores. Y sobre ese “mundo desconoc ido”, sin re ferenc ias previas, co mie nza una epopeya, un proceso de crea ción diná mico entr e esa nuev a realidad y l a cultura que portaban aqu e- llos esp añoles d e fina les del s iglo X V. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 26 En palabras de Salcedo (1985: 18- 19), “para el conquista dor es pañol del sigl o XVI, que no se sent ía asimis mo co mo un m erca der n i como un agente com ercial; que había o p- tado por ampliar las fronteras… ; exten der su cult ura, su fe, su orden amiento del mun do y de la socied ad; que se situaba asimis mo en l a lí nea de la nueva f ro ntera y esperaba con su esfuerzo ganar reinos, fama y riquez as y ver recompen sados sus trabajos con ser investido del poder señoria l que en España hab ía logrado ganar y domin ar palmo a palmo la penínsu la, conq uistar terr itorios era un a forma de vida; y fundar ciudade s, una manera d e fundar a España cad a v ez. La Es paña cr istiana”. Al finalizar l a R e conquist a, quedan algu nos sector es de pob lación, el m ás notable — hidalgos sin tierra — , sin su trad icional forma de prosperar, a través de la conquista. Cuando lo s Austria s deciden no co ntinuar la e mpresa de la Reco nqu ista más allá d e Gibraltar ( en territorio afric ano), frustr ando el deseo de los caste llanos, la empr esa am e- ricana se o frece co mo un a alternativ a natura l. En la s tierras desc ub iertas en A mérica no encuentr an seda, porc ela na ni especi as de gran i nterés, pero e ncuentr an alg o aún más valioso, plata y oro, en cantidades nunca v istas e n Europa hasta e ntonc es. Raz ón por la que la act ividad minera se conv ierte en la prin cipal d esde u n princi pio. No obst ante la activ idad agropecuar ia, consistent e princ ipalm ente en implant ar los cult i- vos y gana d ería pro pios de España, en el continent e america no se va des arrollan do lenta y muy tr abajosam ente pero de modo continuado, sobre todo en un prin cipio, pues aquellos prod uctos eran necesar ios para la superv ivenci a d e las c olonias. Má s adelante se impla ntan otros cultivo s ya claramente des ti nados a la exportac ión, algunos de es- pecies autóctonas como el c acao o el café (ya en el siglo X VII I). Otros cultiv os que se implanta n, son especie s llevadas por europe os como la c aña de azúcar — int roducid a por Cr istóbal Colón en Amér ica en su segund o v i aje (1 493) — el trigo, la vid y en siglo XVII I el cultiv o el café. Estas activida des econó micas requ ieren m uchos brazos y se recurr e en pr imer l ugar a la población indíge na y cuando ésta no es suficiente para cubrir las neces idades de mano de o bra, se implant a la esc lavitud, exacta ment e igual qu e griegos y romanos. C on la peculiarid ad de que e n este caso los esclav os son traídos en casi s u totalidad de l África s ubsahar iana. O t ra pe c ul ia ri da d d e la c o lo n iz a c ió n e s p añ o la es e l imp o rt a n t e y fu nd a me n t al p ap e l qu e t uv o la Ig lesi a de s de e l co mi enz o. Has ta el pu nt o de ju st if ic ar la c onq uis ta po r l a o bra m i- si on al. Ad emá s de impl an tar la re ligi ón ca tó lic a y el idi oma ca st el l an o en e l c onj unt o de pu ebl os ame ri can os con una ef ica cia ext ra ord inar ia , des de un pr inci pio op t a cla ra y v a- lie nt e ment e por l a def ens a del in díg ena fr ent e a sus co nna cio na le s, l os co nqu i sta d or es . TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 27 La colon ización propiame nte, no comienza hasta la fundac ión de núcleos urb anos. Las ciudades que se van fund ando, al igual que en el modelo greco -ro mano, no solo sirv en para alb ergar a la población que allí acude, sino para mantener la cultura que port an consigo. Así se van plas mando los bino mios función -e spacios públicos (plaza mayor, calles y plazoletas) y fun ci ón-ed i fic i os (rel i g i ón-te m plo s, admin i strac i ón de l a ciuda d - cabildo, autori dad metrop olitana-palaci o), reprod ucien do físicamente de es e modo el marco de su civilizaci ón. Así pu es, si bien los territ orios conquist ados en América por Cast i lla, no fueron jamá s colonias e n un sentid o jurídico o político, si no una prolongación t erritor i a l de la coro na de C a stilla; en el sentid o primario del tér mino en c uanto trans l ac i ón de una pob lación y reproducci ón de su cu ltura en un nuev o y lejano terr i torio, fue real m ente uno de los c a- sos más exi to sos de colonización qu e ha c onocido la historia. Por ello se dec ide utiliz ar la expresi ón ciudad co l on ial en e l título de l a tesis y en este capí tulo. La funda ción de ciudades puede ser consider ada como la culmina ci ó n del proceso de s- cubrimie nto-conquista-co lonización, tenie ndo en cuenta que una vez f u ndada una ciudad, é sta se conv ierte en base de part i d a p ara nuev os descubri mientos y conquista s, que propician a su vez la f un dación de n uevas ciud ades. De allí que e ste pr oceso, en el modo d e creació n del i mperio caste lla no e n Améri ca, adopta forma de espiral con tres cabos que se entrelaz an continua mente, que son aspectos insepara bles del mismo h e- cho y que se alimentan unos a otros. Tomando el año 1531 como refer encia, cuando Francisc o Pizarr o se apre sta para el de scubrimiento y conquista del Perú, en Méjic o se está fundando Puebla de los Ángeles y unos años antes (1524) había sido fundada l a ciudad de Méjic o, am bas con una traz a regular “pe rf ecta”. Cuando Pedrar i as Dávila en 1514 llega a Castilla del Oro (territorio que c ompr endía gran parte de la actual Costa Rica, Pana má y Colombia ) para conquistarl o y fundar ci ud ades, en la isla de Puerto R i- co existía Villa Caparra desde 1508 y en la i sla de Cuba, ya había siete ci u dades, entre ellas La Habana (1511). En la isla de La E spaño la habían sido f u ndadas las ciudades de La Isa bela (1493) desaparec ida en 1498, Santo Domingo (1496) l a fundada por Ba r- tolomé Colón y la nueva ciudad de Santo Do mingo (1502) la que f u nda f ray Nicolás de Ov ando y Puerto Plata (1502), además f u ncionaba la Audienci a y C anc ill erí a Real de Santo D o mingo ( establec ida en 1511). En Venez uel a, las primeras not i cias que de ella se tiene datan de 1498, cuando C olón descubre la isla de Cuba gua (en el oriente del paí s). En 14 99, Alons o de Ojeda desc u- bre el lago d e Mara caibo y en 1502 funda Sa nta Cruz 3 (ambos en el occ idente del país). En 1527, Juan de Ampíes fund a Coro (ta m b ién en el occidente del país), lla mada “ci u- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 28 dad raíz de Venez uela” por ser el primer asentamiento urbano en “Tierra Fi r me” que perdura en aquel terr itorio y en 1533, tamb ién Ampíes funda “un asenta miento con 30 vecinos” que lleva por nombr e “villa de Maraca ibo”, que desaparece rápida mente. En 1528, Cubagua adquiere el rango de ciudad, cambia ndo de nombre por el de Nueva Cádiz. Dada la enorme exten sión del cont inente amer icano (42.0 00.00 0 km2) y la escasa afluencia de españ oles, en el conjunto de América, l as tres fases — desc ubrimiento, conquista y colonización — estuviero n siempre presente s aunque la intensi dad, impo r- tancia y caracterí sticas de cada un a de est as fases v ariaron a lo largo del tie mpo. En menos de un siglo, el proceso de implantac ión de ciudade s en Améri ca, es una realidad. Para Lohm ann (1985: 9), “la primer a mitad del sig lo XVI cont empla un hech o sorprendente: el sue lo americano se ve constelado de ci u dades. N u nca antes se había producid o una floración de tal magnitud”. Juan López de Ve lasco 4 (1894: 2), en su “Geogra fía y D escrip ción Universal de las Indias” — Suma del Estad o temporal y espi r i- tual de Las Indias —, seña la que “En tod o lo descub iert o y poblado hasta el añ o setent a y cuatro (1574), cuando se acabó esta su ma de re copilar, había dosci entos pueblos de españoles, ciudades y villas, con algunos asi entos de minas en for ma de pu eblos, y en ellos, y en las estancias d e ganados y otras gra njerías, cerca de treinta y dos mil casa s de v ecinos e spañoles, l os tres mil y novecientos ó cuatro mil enco mender os, y l os otros pobladores mineros y tratantes y soldados; y ocho ó nueve mil pob lacion es, nacione s ó parcialida des de i nd ios q ue no se pueden bien su mar, porque l a mayor parte están por reducir a pueblo s (pue blo s de in dios)…”. Menéndez Pidal (1944: 89), también afirma que ya antes de 1573 habían traz adas en Indias 200 ciudades. Treinta años m ás tar de aquel número de villa s y ciuda des había aumenta do a tr escienta s. En “un lapso de dos siglo s en el Nuev o Mundo americano espa ñol se produjo la fund a- ción del mayor número de ciudades j a más establecid as, con un trazado regular 5 , en toda la histori a de la humanidad… (cre á ndos e) …una red urba na tan comple ta y reg u- lar, en un espacio geográfico tan amplio y en un tiempo tan breve” (Brew er C arí as, 1997: 35). Se trata del surgimient o de la ciudad america na que desd e un pr incipio, su diseño y caract erístic as esenciales, vienen dispues tos en m od elos y di rectr ices que va n em anando d e la metró poli. Es a trav és de la ciu dad “regular y ordenada”, que se organiz a el asenta miento de la poblac ión y el gobierno d e aquellos terr itorios. La ciudad es por tant o, el eje de la org a- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 29 nización polít ica, econ ómica y social. A partir de el la se modela e l espacio circundante y se regu la el crec imient o econó mico y la estrat ificac ión de la soc iedad. La ciudad american a, fue “la ci u dad ordenada”, en dos sentidos o di re ccion es: “o r den” en cu mplir con el mandat o de “fundar ciudades y villas” , es decir, asent ami entos con continui dad de desarrol lo, “con gente, con v ida y con activ id a des” (Gasp arini. En Brew er Carías: 2008: 20) y “orden” en el trazado reticul ar, claro y senc illo, del futur o asent a- miento. “So lo así se ex plica que con pocos años de diferencia entre una y otra fundación, e l mismo esqu ema urban o se haya utiliz ado en puntos tan dista ntes como Caracas- Venez uela (15 67 ) y Mendoz a-Argent ina (1561). Y así suced ió en to do el cont i- nente” (Brew er Carías, 1997: 35). Durante el sig lo XVI, el impulso fundaciona l f ue permane nte y sostenido. Para D e S o- lano (1990: 17), des de 14 92 hasta 160 0, aproximad amente, las fundacion es s e realizan a un ritmo vertiginos o alcanzando un e levado número rep artid o por u n amplísi mo pais a- je que ocu pa más de la mi tad del c ontin ente. En e l s iglo XVII, tam b ién hubo fundaci ón d e ciudades, pero en menor cantida d re sp ecto al s iglo XVI. En este nuevo siglo, las c iudades exist entes dejan de ser aquellas del siglo XVI “en las que el air e de la conquista to d avía podía respirar se …”. Ah ora, “s altaban a la compete ncia de su verda dera fu nción metro politan a” (Ra mos, 1984: XV). Po r ejemp lo, a las ciudad es se lleva el agua neces aria hasta fu ent es que se construy en en sus d ifere n- tes ba rrios, “en l o s monasterios y cas as de hombre s principales, y en las cárcele s… las calles so n en cuadro, el agua v a encaña da por medio de ellas, es fá cil de la c alle pone r- la e n casa” ( Betan court, 1698. E n Ram os, 1984: XV). Esta complacen cia por la r iquez a del agua y su do minio, constituye u na entr e tant as expres iones del aug e ciu dadano en este siglo, “del o rgullo por la propia tierra, que así ennoblecía. La c ap italidad hecha era su soport e” ( Ramos, 1984: XV). Destaca tambi én en la vida de alg unas ciudade s americanas en el sig lo XVI I, el c err a- miento defens ivo ante el peligr o conti nuado en sus costas. Se imponen necesida des defensiv as y el repl antea miento de la política de ocupació n de las co stas atlántica s, en sus puntos esenc iales. “ …la de fensa de la tierra no sería un hecho oc asion al, par a pr e- venir esporád icos ataque s piráticos, sino una emp resa militar que impondrí a… planes serios de fortific ación” ( Ra mos , 1985: 73). En este sentido, “De aquel deseo de contact o mar ítimo que primó en el siglo XVI, fu n- dándose ciudades portuar ias, que culminó con l a erección de Bueno s Aires en 1580, partiendo de dentro, como sucedió con San Tomé de l a Guayana (ciud ad funda da en TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 30 1595, en la confluencia de los río s Orinoco y Caroní , en Venezuela), se pasa a todo lo contrari o e n el siglo XVII, hasta el extre mo de que las ciudades port uarias parecen e n- claustrarse, al e ncerrars e en reci ntos a mural lados” ( Ramos, 1984: XV). Es el caso de las ciudad es de Santo Do mingo (15 06), Veracruz (1519) o Lim a (1 535). “Y si no, a no madear, en busca de mejor asiento” ( Ramos, 1 984: XV), como ocurre con Portob elo (fundada en 1 597, en ree mplazo de Nombre de Dios, que h abía sido f un dada en 1510) o con Pana má (Pana má la Nueva, refun dada e n 1673, a dos km. d e distanc ia de la primera Pa nam á, fundada en 15 19). Pero las ciu dades a pesar de las mural las sobrei mpuestas o el que sean trasladadas a otro emplaza miento, en su esencia no cambian. (Ra mos, 19 84: X VI). En el s iglo XVII, la capitalidad se recons ideró en no pocos casos, cu ando cam bi aron las circunstanc ias que deter minar on la raz ón de la elecci ón de algún lugar par a fundar una ciudad. En el si glo XVI II, las ciudades se perfe cciona n principal mente en lo urbanístico, pe r- diendo la mayorí a el carácter de “provisiona lidad y medi anía” ( De Solano, 1 987: 26 7). En e sta centuria continúa n las fundaciones de nuevas ciudades que fortalece n y cons o- lidan la red urban a iniciada en el siglo XVI. Por el número y la amplitu d de los espacio s ocupados, se equ ipara la expansión española de este siglo a la de l siglo XVI. Los n ú- cleos urbanos a lcanz an varios centenares, principal mente const ruidos a partir de la segunda mitad d e dicho siglo. Siguien do los patrones urbaníst icos de tr aza reticu lar, “… se procede con relevan cia, a crear nuevos poblad os como m ed ios y remedios a m u- chas inqu ietudes y exi gencias: en la mayor part e de los c asos, solució n a vacíos poblac ionales y semilla p ara fomentos socioecon ó micos r eg ionales, pero tambié n afia n- zamiento de la soberaní a y definición de la españolidad de un territori o” (De Solano, 1987: 32 6). En Venezue la f uer on fundadas veintidós ciud ades después de 1573 (en los siglos XVII y XVIII ). 6 Además, según la cl as ificac ión que Garcí a C astro (1997: 363 -45 1) hace p ara las poblaciones de Venez uela, de acuerdo c on la c ategoría con la que fuero n fundadas, después de 1573 ademá s de nuevas ci u dades, villa s y pueblos, surgieron también nu e- vos asentamientos, cuya tipología y a existía desde el siglo XVI en toda la América, como eran los pueblos de españo les, pueblos de indios, pueblos de doctrina 7 , parr o- quias, asie ntos, tras lado s, e mbarcaderos, puertos, fortines, asiento s/fort ines, fuertes, castillos/ puerto s, ca pellan ías rurales, minas, minas/asiento, reales d e minas, pas os de ríos, guarniciones, guarniciones/ villa, haciendas, hacienda s/cas eríos, hatos, oratorios, hatos/orator ios, hatos/ pue blo de indios, hato s/pue blos mixtos, puertos/pue blo de i nd ios, TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 31 aldeas indíge nas, aldeas indígenas/as ientos, aldeas indíg enas/ embarc aderos, misi o- nes, pue blos de do ctrina, conv entos/ misiones. 8 1.1.1 La orga nizaci ón d el t erritori o en el Nu evo Mu ndo El descu bri miento y colonización de A mérica fue un a empresa de Castil la, de la C orona de Castilla, tal como se ha mencion ado en el apartado anterior. Los territorio s americ a- nos fueron incorp orado s jurídicament e a la Corona de Cast illa des de su desc ubrim ient o y posterior donac ión que de los mismos hace a los Rey es C ató licos el pontíf ice Aleja n- dro VI, en nombre de la c ristia ndad. Au nque en un principio, “La s Ind ias ser ían biene s ganancial es de los Reye s Católic os, que las adq uieren en su con dición de rey es de Castilla. Hasta 1518 el nuev o Mundo fue c onsid era do como adqu irido a título persona l. En el testa mento de los Reyes Católicos figura que la parte de cada uno se ha de i n- corporar a la corona de Castilla cuando ellos mueran, pero mientras, son bi e nes personal es de ellos. La i n corporació n a Castilla del Nu evo Mundo la realiz ará Carlos V en 151 8 con la pro mesa de no enajenarla nunca” (Morales Padrón, Francisco. En la conferen cia: “ Los Virrei nat os de A mérica” s/f ). Cuando se descubre América, no existe un Reino de España ni en el plan o jurídico ni en el político. Existí an — compart iendo la Penín sula I bérica — , el Rein o de Castilla, el de Navarra y el Reino de A r agón, pertenecie ntes a la misma corona, pero perfect ament e diferenci ados tanto geográficam ente como en sus instituc iones, con sus propias Cortes y su derecho pro pios. En l a cultura y tradició n política castellan a, los territ orios que se i b an ganando por co n- quista, herencia u otras formas, pasa ban a ser part e integrante del rein o. El control por parte de la Corona de la empresa american a se ejercía a través de las C a pitulac iones, del Conse jo de Ind ias, de la C as a de Cont ratac ión, y el monopo lio del co mer cio con l as Indias a trav és del pu erto de Sevill a y más tarde Cádiz . Sin embargo, la lejanía y extensión de estos nuevos territorios, hacen que se adopten formas de ad ministració n propias, que les llevan ser denom inados “reinos castel lanos de las In dias”. Dicha administración fue evoluc ionando con el tiemp o aun que determ i- nadas pre misas fueron mant enidas hasta e l final por los diferent es mo narcas. 9 La organización po lítico-administr ativa de los territorios americ anos, nunca fue absol u- tamente homogénea y fue experimentand o modificacione s a lo largo del tiempo. Las Indias si n dejar de p erte necer a la Corona de C astilla, f u eron cons iderada s “…como TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 32 reinos en pie de igualdad jurídica con todos los qu e integraba n la inmensa monarq uía” (Domíng uez Ortiz , 2001: 237). Reprodu ciendo el modo de gober nar la Corona de Aragón, fue instituid o el Virreinato . En 15 35 se creó el virreinat o de Nueva España y en 1542 el del P er ú. Los Vi rreinatos a su vez estaban organizad os en Gob ernacio nes y /o Capitaní as Gen erale s — en distritos fronter izos o con especia les necesida des de defensa militar — a su vez di v ididas e n C o- rregimiento s y en las Reales Audien cias, para la admin istrac ión de justici a especia lmente, aunque ta mbié n con funcio nes de g obierno y de hacie nda. Y f inalment e, los mu nicipios g ober nado s por sus corre spondi entes cabildos. 10 Con el siglo XVIII, viene el cambio de dinastía, de los Austria a los Borbón. Felipe V, llega a Madr id ro deado de consejeros francese s, y pronto comie nza a re formar l a Adm i- nistración to mando com o referencia e l modelo francés. Natura l mente estas refor mas alcanz an ta mbién a los t er ritorios a merican os. Tras im plantar Felipe V en España, en 1711, la figura francesa del intend ent e, con bu e- nos result ados, Carlos III decide el estableci mient o de las Intendencias en Am ér ica. L a primera Intendencia se instauró en Cuba, e n 1762 , recién recuper ada de los ingleses, y progresiv a mente se fueron implantan do , hasta un total de 44 e n todo el terr it orio amer i- cano a lo largo del sigl o XVI II. Caracas se conv ierte en I ntenden cia, en 1776. La implantación de las Intende ncias, fue quizás la innovación más important e en l a A d- ministraci ón de los terri otrios a merican os llev ada a cabo por los Borbó n. Las fu ncione s de l a Intende ncia fueron princip almente el fomento de la economía , la más eficiente r e- caudación de tributos para la coro na y velar por el mejor funcion amiento de la dinámica urbana (un mayor desarr ollo de este aspecto se presenta en el apartado 1. 6.6 de este capítulo). Tambié n se crearon dos nuev os v irreinatos, el de Nuev a Gr anada (1739) con capital en Bogotá, y el del Río d e la Plat a (17 76) con capital en Buenos Aires; nuevas Cap itania s Genera les, como la de Caracas, en 1777, y audiencias entre otras la de Caracas en 1786. 1.2 ORÍGEN ES D E LA C IU DA D COLONI AL Diversa s son las teorí as con las que se intenta explicar el origen de la ciudad colonia l fundada por los espa ñoles en América. En España a finales del sig lo XV, existía una tradición en la f un dación de ciuda des que se vie ne desarrolland o a lo largo de v arios s i- glos, que hunde sus raíces de un modo claro en el modelo que los roman os aplicaro n TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 33 tanto a sus estableci mientos militares co mo a las colonias qu e fueron fundando en las antiguas prov i ncias hispa nas. Natur al mente se t rat a de la t raza ortogon al. Cuando l o s españ oles se enfrentan a la neces idad de levantar sus asenta mientos e n el Nuevo Mundo, utilizan y de m odo especial en l o s primeros casos, su experiencia más inmedi ata, los modos que estaban siendo utilizad os en la propia España conte mpor á- neament e: las referencias al campam ento de S ant a Fe ( 1490-1491), en Gra nada (qu e luego deri v a en una ciudad), es además de obliga da, m uy ilustrativa. Por otro lado, el ambiente i nte lectua l del momento está centrado en buena medida en la recuperac ió n de los text os de la antigüedad clás ica (greco-ro mana), que es en cualqui er caso y sin duda la gran base de la cultura españ ola. Por l o tanto, en la obra de los clásicos (Hipoda mo de Mileto, arquitecto griego y planif i- cador urba nístico, del siglo V a. C ., que dio nombr e al "plan h ipodám ico" , un esquem a de ciuda des en retí cula; Vitruv io, arquitecto y tr atadista romano del siglo I a. C. autor de la obra De Architectura, el tratad o sobre arquitectur a más antiguo que se conserv a y el único de la Ant igüedad clásica; y también en otros autores m á s cercanos a la fecha del Descubr imiento como Alfonso X, el Sabio, con las Partidas, redactadas entre junio de 1256 y agosto de 1265; y Franc esc Eiximen iç, c on El Cr estiá, redacta da a f in ales del s i- glo XIV), i nc luso conte mporáne os (León Battista Alberti, Da Re Aedificator ia, de 1450), se puede rast rear un modo básic ament e ininterrump ido en l a forma de concebir el o r- denamie nto urbano. Ciertament e se está hacien do referencia a principios inspiradores , que difíc ilmente se podrí an hallar en l a trama urba na del co njunt o de c iudades mediev a- les españ olas, salvando quiz ás el c aso de “ las Bastidas”. 11 Pero aunque e n la praxis medi eval de la Recon quis ta español a, en la repobla ción de t e- rritorios sometidos a conti nuas algaras y devasta ciones, suelen observ arse desarro llos “espontá neos” de apar iencia ca ótica o en cualquier caso se a muy difíc il perci bir di re ctr i- ces de orden ación que puedan anticipar lo que de spués sería el ordena miento de las ciudades americana s, en la base intelectua l de la cultura urbaní stica es pañola y de un modo i nint erru mpido, no hay ningún otro tipo de orientacio nes que n o sean las ya me n- cionadas. Directrice s que en la ciudad hi s panoa mericana al estar reglada su fundació n, son perc eptibles en su c asi t otalidad. En este contexto, las ciud ades conceb idas “… como un sistema de vías o calles cruz a- das en ángul o recto no so lame nte viene de la má s r emota ant igüeda d — me h e referido ya a Mojenjo-daro (en la c uenca del río Indo, hoy en el Esta do de Paquist án) datable a l- rededor de los 2000 años a. C. — sino que est e siste ma es un lugar común de l urbanis mo de t odos los t ie mpos” ( Alo mar, 1987: 22). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 34 Las Bastidas surgen dura nte el siglo XIII en áreas d el s uroest e de Franc ia, en Aquitan ia y Occitania, como orden amient o para los asenta miento s de repoblación empr endid os en aque llas re giones, aunque s u tipo logía es variad a, responden a d esarr ollos urbanos concebidos, con u na fin alidad de fensiv a — perí metro a murallado — y de expl otación econó mica. Su estructura urbaníst ica es seme jante en muchos casos a los campam e n- tos romano s. A lgun as ciu dades españolas q ue f ueron plan ificadas se enmarcan d ent ro de esta t ipologí a com o, Briv iesca (Burg os) y Foncea (Logroño), en Cast illa. Estas plazas fuertes se caracteriz an por su plano en damero resultant e de un urbani s- mo concert ado, de stinad o a faci litar el cobr o de los dist intos tribut os: los bloques de casas, cuadra dos o recta ngulares, recort ados por ent ramad os de calles per pendicu l a- res, se organiz an en torno a la plaz a central en don de está e l mercad o. (Ver lá minas cc- C, cc- C1, cc- C2 ). 1.3 L A CIUD A D, EJE ARTIC U LA DOR DE UN MODELO A DM I N IS TR A TIVO Y CL A- VE EN L A DOMINA CIÓN DEL TER R ITO RIO La ciudad es en Améri ca, el gran co ntenedor o mar co natura l d el proceso de civ i lización y evangelizac ión de sociedad es (poblaci ones indígenas), que viv ían en terr itorios que descubre y conquista Castilla. Es la p ieza fundam ent al en el proceso colonizador llev a- do a cabo por los españoles, qu i en es emprend ieron una “e mpresa i n gente” con la clara concien cia de que “Quien no pob lare no hará buen a con quista y no conquist ando la ti e- rra no se co nvert i rá la ge nte; así que la m áxi m a del conquis tar ha de ser pob lar” (López de Gó m ara, 1979: 67). Por tant o, “En este proceso la f u ndació n de las ciu dades asum ió un papel básico para afianzar l a conquista del territorio, exten der la co lonizaci ón y controlar sus habita ntes” (Mes macher, 1987: 1 30). La fundació n de ciudades se lleva a cabo de un modo ordenado, según instrucci ones, como se ha dicho en el apart ado 1.1, que van ema nando d esde la metrópoli. Desde un inicio, se establecen normas ref eridas a l o s asentamient os en l as cu ales s e refleja “la búsqued a de un orden”. L as normas se van haci endo más concret as en la medida que avanz a el tiempo. En el transcurso de l a s dos primera s d écadas del si g lo XVI (1500 -15 20), se dictan n u- merosas dispos iciones generales refere ntes a la creación de nuevas pob laciones, bie n TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 35 fuese a lo largo de los caminos de la conquista o medi ante la simple ocupa ción de los territorios, en re lación a la selección de los lugares donde era conven iente e mplazarl as, así co mo norm as referent es a aspectos sanitar ios, econó micos, amb ientale s y militares. En 1 49 7 , fe c ha t e mpr an a en el p ro ce so de c olo n iz ac ión, u na Car ta-P at ent e R eal par a l a ci ud ad de Sa nt a Cru z de T en eri f e (I sla s Can ar ia s) , y a p er mit ía el r epa rt o de tier ra s e nt re lo s co nqu ist ad or es, dan d o ori gen al de r ec ho y ré gim en de pr op ie dad en la s colo ni as . (A lo mar , 198 7: 23 ). Cas t ill a en su ac tua ció n en las I ndia s con ta ba con es te an te ce de n t e. En 1501, el Gobern ador de la isla de L a Español a, Ni co l á s de O vando, rec ibe una In s- trucción por la que se le insta q ue hag a poblacion es y fuert es, en donde debí a distribuir a los dos mil pobladore s que llevaba en su expedición 12 . Los contenidos de tr es artíc u- los d e dicha Instruc ción (8, 9 y 10) así lo afir man al mandar que se funden “poblacione s y fuertes”. “… porque en la isla Española son ne cesaria s de hacer algunas poblacione s y de acá no se puede dar en ello ciert a forma, veréis los lugare s y sitios de la dicha isla; confor m e a l a c alidad de l a tierra y sitios de l a dicha isla; y conforme a la calidad de la tierra y si ti os y gente allende d e los pueblo s que ahora hay, haréis hacer las poblaci o- nes y del número que os pareciere y en l os sit ios y l ugares que bien visto os fuere” (párrafo del art ículo 8) “… porque nuest ra m erc ed es, que los cristianos que en la dicha isla E sp año la v iven e viv ieren de aquí adelante, no v ivan derr amados; y que n inguno viva fuera de l as pobl a- ciones q ue en la dicha isla se h icieren, y que ca da uno pueda traer en su heredad una choza o casi lla en que se acoja cuando fuere a v er o a labrar su hered ad” (párr afo del artículo 9). “… p orque par a segur idad de la tierra sería menester hacer algu nas fort al e- zas, daréis or den como son las fort alezas que hay an ahí, se hagan hast a tres forta l ez as que sean razonab l e mente fuer tes y bastecidas” (p árrafo del artícu lo 10). En 1502, Ovando inicia un plan sistemát ico de creació n de ciudades en la isla de La Españo la, que co ntempla la fundación de ciudades para que vivan los españoles y qu e sirva para c i v i lizar a l os indios. En 1503, a tr avés de otras I nstrucc iones, se de creta la creación de “pueb los de indios” 13 . De esta Instrucción de 1503, destaca n los a rtículos 1, 3, 4 y 5, por su clar i da d y objetividad en cuant o a los as entamientos a funda r para q ue viv an los indio s, y de los cuales se citan a continuac ión algu nos párrafos. De l ar tí cu lo 1: “Pr imer ame nt e po r qu e so mos inf orm a dos (el re y y la rei na) que po r lo que cu mpl e a la salv ac ión de l as áni mas de los dic h os i nd ios en la con t r at aci ón de las gen tes qu e all á e st án, es ne ces ar io q ue los ind ios se r epa rt a n en pu eb lo s q u e v iv an j unt amen te . Y q ue lo s u nos no e st én ni a nde n ap art ad os d e lo s ot r os p or los mon tes , y que te nga n al lí TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 36 ca d a uno de e ll os ca s a ha b it a da con su mu je r e hij os y he re da des , en que la br en y s ie m- br en y cr íe n g ana do s. Y en ca da p ue blo de los q u e se hi cier e n h ay a ig le si a y ca pel lá n qu e ta nga c arg o de doc tr in ar y ens eña r en n ue st ra san ta fe cat ólic a. Y qu e as í mis mo h a- y a en cad a lug ar pe rso na co no cid a que en nu est ro n ombr e ten ga ca r go de l lu g ar q ue a sí le fu e enc o men dad o, y de los v eci no s de é l, par a q ue los te ng a en jus tic ia y no los co n- si en ta hac er ni n gún ma l n i da ño en s us p er so na s, ni en su s bi en es , y pa ra q ue hag an qu e lo s dic hos in dio s sir v an en las c osa s c um pl i de ras a nu est ro se rvic io. Del artícu lo 3: “Otrosí: mandamos que el dicho gobern ador ni la per sona o persona s que por é l fuese no mbra das para te ner cargo de l as dichas poblaciones, ni alguno d e ellos, no cons ientan que los dich os indios vend an ni truequen con los dic hos cristian os sus bien es ni heredades por cuentas, ni por otras cosas semejantes y de p oco valor… Y haga que en to do, los dichos ind ios s ean muy bien tratad os y mirados, porque con mayor cu idado pro curen p or hacer las cas as…”. Del artículo 4: “Otrosí : m anda m o s al dicho nuestro gober nador… den orden cómo luego se haga iglesia en cada uno de la s dichas poblaci ones que así se hicieren, para que en ellas se d igan y celebren los divinos oficios …”. Y del artículo 5: “Ot rosí: mandamos … haga h acer en ca da una de las dichas poblaci ones, y junto a las dichas iglesia s, una casa en que todos los n iñ os que hubi ere en cada una de l a s dichas poblacio nes se ju n- te cada día dos vece s, para que allí d i ch o cape llán los muest re a leer y escribir, santiguar y signar…”. A partir de entonc es (15 03), la for ma de vida de es pañoles e indíge nas adqu iere un “o r- den ”, est ablec iéndos e un “régimen de gobierno m u nicipal cast el lano”. En 151 3, en Instrucci ones Reales e nviada s por el R ey Fernando I a Pedrarias Dávila (Pedro Arias Dávila, Gobernad or de Tierra Firme, cuando éste parte hacia la conquista y colonización de “Castilla del O ro”, ese mismo año), le son dadas directri ces sobre l a estrategia de ocupació n del territorio y fundación de centros urbanos, “… dar orden en las cosas co ncernientes al aumento de nuestra sant a fe y a la con versi ón de los i nd ios”. Tambié n le son dadas normativas sobre los primero s asentamient os ateni éndose a qu e se localice n en lugares con recursos y con buenas comunicacio nes m arí tima s o fluvi a- les “… se ha de mirar que sean en sitios sanos y no aneg ad i z os y donde se pueda aprovechar de la mar, para cargo y descargo, sin que haya trabajo y costa de ll ev ar por tierra las m erc aderías que de acá fueren.”; así como normativ as para el ordenando r e- parto de solare s “… ha béi s de repartir los sol ares del lugar para h a cer l a s casas… Y se TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 37 han de dar comienzo p or orden, por manera que hechos los solares el pueb lo parez ca ordenado … “. En otras normativas, son dadas instrucc iones sobre las autoridades municipales “… en ca da p ueblo los e lijan entre sí por un año.. . “; y norm at ivas para el proced imiento en l o s repartos “… según l a cali dad y manera de las personas… y el repartim iento ha de ser de maner a que a todo s quepa p arte de lo buen o y de lo menos bueno… Y en l o que de nuevo se hicieren la más principal cosa y que con más diligenc ia se ha de hacer, es la ig les ia, porqu e en e lla se haga t odo serv icio de Dio s que se debe h acer” 14 . En toda norma emitida de sde la metrópol i, se hace referencia a las caracterí sticas que han de ten er las c oncent raciones ur ban as y en las que “orde n” es la pal abra clave. 1.3.1 El acto de fun dar una ciuda d, los nombre s de las ciudades, los lugares e s- cogido s para los asentami entos y la construcción del mod elo urba no de la ciuda d colonial - El acto de fun dar una ciuda d Fundar una ciudad no era un acto que pudiera lleva rse a cabo por propia i n ici ativa y c a- prichosa mente. Estaba condic ionado y sujeto a un p roced imiento r eglado por la Corona, que fue hacié ndose m á s riguro so con el transcurr ir del tie mpo. “Ningún alcance podí a tener una exped ición y menos una empresa pob lad ora si no se co ntaba co n las legales autorizaci ones, máxime cuando todo lo que se hiciera sería de ningún efecto y ni ti e- rras, ni solares, ni enco miendas podrían ser reparti dos. P or co nsiguiente, a la hora d e hablar de fundaciones debe tenerse m uy en cuenta esta circunstancia, para tomar con cautela toda posible refer encia si no nos consta que existí an licenc ias expr esas” (R a- mos, 1976: 284), a las q u e se les lla mó Capitul acio nes. Según el criterio jurídico español de la ép oca, lo fundamenta l en una ciud ad no era el lugar, pues del mi s mo modo que se pueden enco ntrar casos de ciudades con dos fu n- daciones distintas (com o superpuestas) en un mismo sitio, tam b ién se da el caso de una mism a ciudad fu ndad a en lugares diferent es, “hecho ta ntas vece s repet ido en Am é- rica, a ca usa d e l o s tras lados de e mplaza miento y a veces a sitios di sta nte s” (Ramos, 1976: 28 8-289). En América fue más frecuente el traslado de ciudades que l a permanenc ia. Basado en esto y continuando con Ramos (1976: 288-289), ha bría que convenir que cas i todas las ciudades transmigr adas eran distintas y que “…tan decisivo era el aband ono de una TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 38 poblac ión por sus v ecinos que no es infrecu ente encontr ar la advert encia, e n actos d e fundación, de que acarrearí a pena de muerte. Más aún: debe tenerse en cu enta que l a vecindad plena y la prop iedad de los s olares repartidos solo se adquiría pa sado dete r- minado tiempo, a vece s tres o cuatro años, según los casos de per manenc ia. Sin esa perman encia no se cons olida la vecinda d ni la propi edad. Y hasta tal extr emo es así, que la pob lación vení a a tener un c ará cter de provision alidad h asta p asado ese tiempo, por lo que alg unas fu ndac iones que se cons ideran repetidas n o lo son en rea lida d, sino el perfec ciona miento”. Una ciudad so lo podía tener un fundador y una población no podía ser considera da c o- mo de origen m ú ltiple. Para Ramos (1 976: 2 84- 285), “una ciuda d solo tiene una existenc ia: si la comunid ad de vecinos se disuelve, la poblac ión deja de existir. C ua l- quier nuevo establecim iento aunque fuese en el mismo lugar nada tení a que ver con anterior es intent os por que es otro”. - Los nombres de l as ci udade s Los nombres que se l e asign an a las ciudades, villas, pueblos y hasta los el e mento s geogr áficos (montañ as, ríos, penínsulas, golfos), prov ienen de los lugares de origen de los nuevos pobladores. Desde C a stilla parten haci a América, españoles que h acen de las nuevas tierras “…su definitivo solar, llevando consigo sus más entraña bles ese n- cias: religión, idioma, costumbres … y establec en unas correla ciones toponí micas imponiend o a l as ciudades que fundan, a lo s accid entes g eográf icos q ue co ntemplan, a los terr itorio s qu e co nquist an, l os nombres q ue oyeron desde su niñez y que l e son f a- mi liares” (Loh mann, 198 5: 9). Son nombres extraídos en algunos casos del santo ral: según el sant o del día en que se producía la fundación de la ciudad, o el santo pat rón de una Orde n religiosa, o el sant o al que se tuviese dev oción, para poner la ciudad bajo su advocac ión: Santo D o mingo, Santa Mart a. En r ecuerdo a las ciuda des de proced encia de los conquistador es: en V e- nezuela, Trujillo, Mér ida, Va lencia, N ueva Z amora, Nuev a Andalu cía ( más tard e llamad a Provincia de Cu maná, prov incia creada en l a zona orienta l de la actual Rep ú- blica Bolivariana de Venezuela, que incluía terr ito rios de los actuales Estado s Sucre, Anzoáteg ui y Monagas); en Centroa mérica, Castilla de Oro o del Oro (nombre dado a princip ios del siglo X VI p or l os colonizad ores españoles a los territorios cent roameric a- nos q ue se exte ndían desde el go lfo de Ur abá — al oeste de la actual Colo mbia — hasta las vecind ades d el río Bel én, donde se in iciab a la regi ón conoci da co mo Veragua). De carácter patroním ico: la c iudad de La Isa be la en la isla de La Españ ola (e n memori a y honor a Isab el la Catól ica). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 39 En otros casos, los nombres respondía n a descri pcion es geográficas: el caso de Ven e- zuela (en recuerdo a Ven ecia). También se to man nombres i ndíg ena s para nombrar las ciudades: en Venezue la se encuent ran las ciuda des de Caracas, A carigua, Barqu isi m e- to, Borburat a, Coro, Cu maná, Gu anare, Mara ca ibo, El Tocuyo. Como eje mplo de nombre s de a ccidente s geográ ficos en Venez ue la, se e ncuentr a entre muchos, Río N e- gro. Con mucha f re cuenci a los nombres de las ciud ades incluyeron términ os españole s e indígen as: en Ve nez uela se e ncu entran, p or mencionar alguno s eje mplos, los caso s de l as ciudades de Santia go de León de Caracas, Santa Ana de C oro, N u est ra Señora de la Concepción de Bor burata, N ue stra S eñ ora de la Pura y Limpi a Concepció n de El Tocuyo, Nuev a Segov ia de Barquisi meto, Nueva Za mora de la Lag una de Ma racaibo. - Los lugare s esco gidos para los a se ntamie ntos El avance y ocupa ción del territorio desde un inicio se produce preferente ment e hacia donde había población indígena y abunda ncia de recursos naturales, que proporc ion a- ran medios de subsiste ncia para estab lecer los asenta mientos y emprend er nuevas campañas. Por tanto, fueron l os recurso s naturale s — en distinta proporci ón — los q ue condic ionaron l a articu lación del cont inente. Los co lonos se inst alaron donde existían recursos hídricos, bosques, buenas tierras p a- ra l abra nza, ri quez as minerales y lugares estratégicos para el desarro llo indu stria l. Para las hueste s españolas (elemento hu mano de la co nquista, bajo la respons abilid ad del Adelant ado, Jefe de la Ex pedición descubridora), const ituyó u n f actor de riquez a la pr e- sencia de colect ividad es indígenas de elevad a de mogra fía, empleada c om o mano de obra, bie n fuese a sa lariad a de for ma v oluntaria o medi ante su rec lutamie nto obligator io. Con los nuev os med ios de transporte y comunic aci ón llevados por los españ oles a Ti e- rra Firme — animales d e carga y la rue da — , de sconocidos hasta entonces por las comunid ades indíg enas existent es en América y las embarcac io nes de calado — que permitían l a navegac ión de altura — , se interconect a el territor io y aparecen nuevas r u- tas — por t ierra, ríos y m a res — , promov iéndos e el comercio a distancia, el interca mbio entre reg iones alejadas d entro de l continente y el trasla do a lugar es antes inacces ibles, organiz ándose cir cuitos e conómico s region ales y entre continentes, en est e caso, entre América y la met rópoli. La integrac ión de ese Nuev o Mundo, Amér ica, en el circuito comercia l con España, i n- fluye en la localizac ión y distribución de los núcl eos urban os y en la co nfiguración de la s ví as de comunicació n entr e regiones y con los pu ntos de embarqu e hacia España (d e s- de e l s iglo XVI hasta el si g lo XVI II). En vastas extensione s, antes deshabitad as, se establece n asenta mient os cuy os entorno s se dedi can a cultivos de productos que ya TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 40 existían o nuevos (traídos de España), así como a la explotación de yacimient os min e- ros, en distintas magnitudes, originánd ose en alg unas ciudad es altas conc entracione s humanas. Para Lohmann (1985: 11), la exigenc ia derivada de un requeri miento come r- cial ajeno a la f or ma de vida en América, origina la apertura de rutas terrestr es, fluviales y marítimas, ine speradas. De esta forma fueron surgiendo núcleos urbanos con funciones deter minadas, deriv a- das de su razón de ser — ciudades agríc olas, ciudades mineras, ciudades de mercado, ciudades nudo de co municaci ones y ciudades sede s administrat ivas, donde se asent a- ban las institucione s gub ername ntales centr ales, como las Audie n c ias y capitales de Virreinato s . En la etapa inicial de la llegada de los españoles a América, l as nacientes poblaciones fueron sedes gubernativ as eventua les y “plaz as fuertes”. Hasta la segunda década del siglo XVI, la Corona cons ideraba al Nuevo Mundo como un ac cidente geográf ico inte r- puesto en una nueva la ruta hacia l a Especiería, su puesta mente descubierta por Colón. (Lohma nn, 198 5: 13). Es con e l descubr imiento y conquista de la Nueva Esp aña, cuand o se adquiere la n o- ción de que se trataba de un continente con indiv idualida d y valore s propios. E ntonces , a los objetivos de explotación económic a, se une el despliegu e de toda una pol ític a de dominio españo l, desde el arch ipiélago de las Antil las, hasta las costas de la Florida y hasta e l Estrec ho de Ma g allanes. El m e dio g eográf ico ta mbién condicio nó de forma considerabl e l a selecci ón de los lug a- res donde se fu ndan los asentamiento s, así co mo las ruta s para llegar a ellos. La amenaza de la nat uralez a sobre aqu ellas “c iudade s de mód icas pr oporcio nes, con hue r- tos dentr o d el c aserío y atadas a la serv idumbr e de aprov isionars e de artícul os de primera neces idad en un radio inmediato” (L ohman n, 1985: 9), era radic almente dif e- rente respe cto a las ciu dades actuale s. En el trazado de las ciud ades que se fun daron en el sig lo XVI, se tuvo muy en cuenta la orientaci ón de los vientos dominante s, su localizaci ón en las cercanía de ríos, por dó n- de salía el s ol y las caracterí sticas propias de l a geografía de los lugares escogid os. Muchas fueron las ciu dades que f ueron abandon adas después de pas ado un tie mpo por caus a de co ndicione s física s y climatológ icas d esfav orables. En el pr o ce s o de urb a n iz ac ión en Am ér ica no tod o se pr odu jo en esp ac ios de sh abi t a dos u oc upa dos po r gru pos d e indí ge nas nó mad as o d e e sc aso ni v el de des ar ro llo . Exis tí an TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 41 en la Cu en ca d e Mé xi co y gr an p art e de l esp ac io M eso ame rican o, a sí c om o e n el Ár ea An din a, gr and es y pe que ña s ciu da des , co n a lde as y ra nch er í as en s u en t or no, co nf o r- man do un ex t en so p atr ón d e oc upa ci ón d el te rr itor io e n el que pr ev al ec ía n fo rm as de v id a ur ban a, s i bi en d ife ren te s d e las c iu d ade s eur ope a s de la época . Er an ciu da des e n las qu e se po dí a a pre cia r u na e st ru ct ura urb ana , e l c en tr o -p er ife ria y l a r ela ci ón ca mpo- ci ud ad. No est ab an ai sla da s, exis tí a una jer ar quí a ur ba na , con sti tuí an cen tr os eco nó m i- co s y de s erv ici os de mic ro- re gi one s y don de v iví an las c ultu ra s má s av an za das , “c onf orm aba n co nfe der ac i on es d e ciu dad es -e st ad o, co mo la que for ma ban Te no tch tit lan , Te xco co y Ta cu ba, a la lle gad a de los es pañ ole s” ( Me ssm a che r, 19 87: 1 31) . En líneas gener ales, las ciudade s españo l as se fundaron sobre o j unto a pob lacione s indígenas pree xistentes. Si se hace una rápida rev isi ón de las fundac iones que tienen lugar en el siglo XVI, de stacan por su importancia las que se rea l iz aron en r egiones d e tierras altas y los asentamiento s en la costa, por su importanc ia estratégi c a como ci u- dades-puert o. En ambo s casos, la existenc ia previa de poblaciones nativas qu e ocuparon es os espac ios es muy clara . La importanc i a del ant ecedente prehispán i c o no reside únic amente en la localiz ación d e ciudades, pueb los y aldeas, sobre la s que lo s esp añoles sobrepu sieron l a s suyas. La ciudad colo nial tie ne en lo que Ale jandro de Humb ol dt 15 (1956 ) llamó “div i si ón antigu a” —la extens i ón d e los Señorí os o “naciones” i ndíg enas — que en la etapa colo nial, sirvi ó de base a la org aniz ación del terr i tor i o en Provincias . 16 - La constr uc ci ón del mod elo urbano d e la ciudad c olonial Desde el siglo XVI hasta el XVII I, se formaron diferent es tipos de ciudad es, además de villas y pueblos, cambian do algunos de estos centros poblados de categoría, s egún las circunstanc ias. Pero su modelo urbano se ba só en un programa constante y unifor me, a pesar de que no hubiese un p atrón explícito y pre vio al comienzo de las fundac iones españolas. La a plicación repetida de un co njunto de caracterí sticas modél icas i mpl íc i- tamente asumidas, condujero n a la p osterior construcc i ón de un mod elo urbano, abstracc ión de una realidad m ult iform e y producto de la rica experienc ia fundaciona l d e España en América, m an ifiesto décad as después de fundadas la mayorí a de las ciu d a- des, en las “Ordena nzas para Descubri m ientos, Nuevas Pobl aciones y Pacificac iones” de 1573. Au nque algun as ciudades se ori ginaron de forma circu nstanci al , la m ay or pa r- te de ellas fueron trazadas geométric amente, a “r egla y cordel”, con calles de tr amos rectos que s e cruzaban formando u na retícula. Cuando las call es se cruz an for mando ángulos rectos, puede hablarse de “retícula ort o- gonal”. Es este el caso de ciudades en las cuales las manzanas y l a Plaza Mayor son TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 42 rectangular es. C u ando l a s distanci as entre los cruces de calles son sie mpre i gu ales se trata de una “cuadrí cula”. To d as estas tipolo gías f u eron empleadas rep et idament e en el traz ado de las c iudade s colo niale s. En es t e s e nt i d o , en l as ci u d ad e s d e l c o n t in e nt e a m e ri ca n o s or p r e nd e la un ifo rmi da d u r- ba nís tic a, su tr az ad o re ct ilí neo y s u Pla za May or como e l ce nt ro n eur ál gic o d e la v id a ci ud ada na . Es un a co nst an te qu e se rep it e en to do su te rr ito rio . Mi gu el Roja s Mi x (1 978 : 9- 10) , mani fes tab a de sp u és de su vis ita a la ciu dad ale man a de Co lo ni a, qu e en la s ci u- da des d e A mér ic a “s ie mpr e hab ía enc on tr ado mi ca min o… nun ca su pe muy bi en e l no mbr e de las c al les , más mi se nt id o d e ori en tac ión e ra pe rfec to : un a pa loma me nsa j e r a”. “Pero Coloni a, en la Rep ública Feder al Alemana, no era l a ciudad de América Lat ina a la q ue est aba habituad o. Su topogra f ía no tenía qu e v er con “ mi topogra f ía ment al”, que en general yo atribuía a todo trazado urbano. Depositad o en una de “mis” ciudades, en cualquier calle que me encontrara, sabía que a der echa e izquierd a tenía otr as paral e- las, que a l frente y a mi espalda eran tod as perpendicu lares y que en el cent ro se encontr aba la “pl az a de armas” con l a Catedral. ¡Pero l a ciud ad de Colonia ni siquiera tenía l a Catedral en el cen tro ! (o, en todo caso su noción de “cent ro” resu ltaba para m í incompren sible). Mi condición de america no se manifesta ba con una connot aci ó n urb a- nística. Me bloqu eaba par a conce bir otras calles que no fuesen las rectas u otr o tablero urbano que no fuese e l di señado en da mero”. “Descubrí ento nces que aquella orientac i ón que siempr e me ha bía parecido tan n atural, que esa especie de instinto para encontrar el camino no era prod ucto de un sexto sent i- do sino la resultant e de una serie de coordenad as lóg icas (ideo l ó gi c as) que me había suministra do mi entorno” (Ro j as M ix, 1978: 9- 10) . Aunque la regul aridad en la tra ma urbana del conj unto de ciudades f u ndad as por los españoles en América es extraordinaria mente regu lar, convie ne señalar que en l a s pr i- meras fundac i o nes su tra zado no fue tan ortogona l y las manzanas tuv iero n forma s y tamaños diferente s. Estos asentamiento s, se consideran aproxima cione s al modelo u r- bano cuadricu lar en su proceso hi st órico de formación y se hace referencia a ello s como “ran cherías”. Esta tipología alcanzó una duración de dos décadas aproximad a- mente — d esde 1500 hast a 1520. Despué s de l a “etapa de conquista” y y a en la “etapa de asentamiento de nuev os p o- bladores”, “las villas y ciudades” que habí an sido fundadas, se conv irtieron en núcleos transform adores de la ec onomía y del medio natur al, e impu lsadores de la a ctividad s o- cial y rel i giosa. Para Sainz Gutiérrez (1999: 5), confor m aro n “peq ueñas re públicas de TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 43 vecinos” que centr aron su actividad en el Cab ildo. (Estas “pe queñas repúb licas de vec i- nos” repres entab an lo que hoy en dí a en Venez uela son los Co nsejo s Comuna les (CCs ) en la m etrópoli c ontem poránea de Caracas y demás ciu dades venezola nas, creados l e- galmente en 2006). Desde la isla de La Española — hoy República D ominica na y Haití — , primer espacio ocupado por l o s espa ñole s en A mérica s e i n ició l a ex ploración y ocu pació n del terr itorio americano, escribiénd ose “… el primer capít ulo d e la historia de las ciuda des hisp a- noamer icanas... creándo se desde La Flori da has ta la Pata gonia, una tupi da red d e asentam ientos urbanos de un m o do q ue s orpren de por su r api dez y volumen” (Gaspar i- ni, 19 91: 32). A final es del siglo X VI estab a de finido el esqu ema de organ i z ación territoria l de los centros urbanos para toda la América españo la, que pe rdura hasta nuestros día s. En 1580, y a había n sido funda das dos cientas tre i nta ciuda des y en 1630, un as trescie n- tas treinta. “E n este colos al proces o urbanístico qu e se inició en los primeros años del siglo XVI, los españoles emplearon un “modelo d e ciudad de trazado regular”, que se repitió por toda la extens ión geográfica, desa rrol lándose una pra xis urbana q ue “todaví a hoy asombra por su extraordi naria eficacia. La experienc i a urbanística del m e dioev o español, q ue venía funda ndo ciud ades de traz a regular desd e el siglo XI aproximad a- mente (con Mirand a de Ebro y Logroño), se trans fo rmará en América en un modelo del todo singu l ar, cuyos orígenes aún hoy son objeto de discusión entre los historiadores del urban i s mo. Al paso del tie m po la cua drícula american a se fue definiendo progres i v amente, desde las pr imeras retícula s se mirregu lares de ciudade s como S anto Domingo, la fundada por Nicolás de Ov ando (1502 ); siete ciudade s en la Isla de Cuba (15 11 -15 14), entre ellas La Habana (1511); Villa d e Caparra, pri mera capital de Puert o Rico (1508), p asando por los trazado s regul ares de Veracruz y la Antigua de Panamá (a mbas de 1519) , de traz a- do a ún más ord enado que el de Santo Domingo, hasta llegar a la forma liz ación de u n modelo regu lar “d e perfe cción g eométr i ca” como el de las ciudades de México (1524), el d e P uebla de los Ángeles (1531) y el de Lima (1535). A partir de l a fundac ión de est a última ciudad, Lima, su esque ma urban o de cuadrí cula se extendió por todo el sur del continente am ericano. En las primeras décadas del sig lo XVI, Amér i ca es para los españo l es, un conjunt o d e islas en e l mar C ar ibe, do nde esta blecen l os prim eros núcleo s y cuya capital administr a- tiva es la ciudad de Sant o D o mingo. E stos asenta mientos fueron La Isabela, fundada por el propi o Cristóba l Colón (1494) y Santo D oming o, la funda da por pri mera v ez (1496 TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 44 o en 1498), en la orilla izquierda del Río Oza ma, ambas en la isla de La Españ ola, de efímera d urac ión y no dej aron hu ellas. Por lo tanto, esto s fueron los pob lados con los c uales se inicia el proc eso urb anísti co e n América. “No fueron ciudades tal como se les ent endía en Castilla y como fueron des- pués las ciudades amer icanas” (Sa lcedo, 1990: 34), sino poblados de c arácter precar io y experimental, según alg unos histor iadores, a los que s e l e s llamaba “ranch erías”. P a- ra otros investi gadores, fueron núc leos fu ndados siguie ndo el “ Sistema de Factorías” , que eran e nclav es co me rciales, co n func iones pr ecis as, co mo la r ecolec ción de oro, perlas y otros productos exportab les a España; as imismo, la producc ión de alimentos para el aut oabastec im iento, la constru cción de las edificaciones necesar ias y de los n a- ví os y la defensa ante cualqu ier cont ingenc ia. 1.3.2 El model o urbano de la ciudad colonial y la traza de San t o Domingo en l a isla de La Española. Las piezas urbanas clav e del modelo de ciudad colonial . Formas de par celación . La cuadríc ula, soporte del modelo urba no en la ciudad colonial - El modelo urbano de la ciudad colonial y la t raza de Sa nto Domingo en la isla de La Espa ñola Despué s d e sustituid o el Almirante, do n Cristóbal Colón (1500) de todos sus car gos , los Reyes Cató licos organiza ron y dieron aliento a nuev as exped iciones, entre ellas y la más importante la que co nduciría Fray Nicolás de Ovando, que significó, en ef ecto un “nuevo poblamiento de L a Española” . A partir de 1502, l a Corona español a emprende campañas d e nuevas fundaci ones tanto en el mar Caribe como en Tierra F irme. Una de ellas es la nueva ciudad de Santo Domingo (en la i s la de La Española), fundada en la margen derec ha del río Oz ama, por Fray Nicolás de Ov ando el 05 de agosto de 1502, al ser no mbrado su Gob ernador. O v a nd o con v i er t e el po bl a d o ori gi n al e n un a ci ud ad colo nia l , ba sá nd os e en un pr oy ect o qu e r eu nía las c ar act er í st ica s co n la s cua les se r ep rod uje ro n la ma y orí a d e la s ciud ade s de A mér ic a, que se fu nd ame ntó en e l dise ño de un s is t em a din ám ic o d e o r de n so cia l, p o- lí tic o y eco nó mic o, que le pe r mit ió f un da r ciu da de s co nfor me al “m od elo d el mu n icip io ca ste llan o” , ca rac te ri z ado po r es t ar gob er nad as l as ciu da des por Cab ild os M u nici pa les y do nde , el rep art o de tie rr as a los colo nos se re al iz aba ba jo la con d ició n qu e res idie ran e n el la s y las hi ci er an pr od uc t iv as, l a ad ju di ca ci ón de s olar es ur ban os, e l es tí mul o de l ma t r i- mon io en tr e co lo n os es pa ño les y muj er es ind íge na s, el re par tim ient o de ind ios e n en co mie nd as 17 e nt re lo s v ec in os (e n 150 4), cr eá nd os e de est a fo r ma las b ase s de la “p o- lí tic a de po bl am ien t o y col on iz ac ió n en A mér i c a” . (Ra mos , 198 0: 9 y Sal ce do, 19 90: 1 1) . TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 45 En este sentido, el proy ec to de Ovando, puesto en marcha p or primera vez en la ciuda d que funda, Santo Do mingo, implanta una est ru ctura social de gran vitalida d constituid a por l os colonos y sus familias, que vivirían en ciud ades y conformarían vecin darios, que a partir de 15 07, gozaro n “del priv ilegio d e eleg ir a sus propios a lcaldes” ( Salcedo, 1990: 11); asimis mo, los vecinos pod ían mej orar sus condicione s de vida mediante el esfuerz o o el mérito, tenían libertad de iniciativa en l a s act ividades econó micas y se constituy ó la “clase de los encomenderos” . (En Ven ezuela el poder e legir a los alcald es, se reto ma en 198 9 — hito histórico de la democra cia venezolana, para algunos autore s “una verdadera revolució n”— cuando se aprueb a la Ley que permite la el e cción directa de Go berna dores y Alcaldes; en cuant o a la liberta d económica, hoy en día está restri n- gida en V enezue la). La es t r uc t u ra so c ia l de fi nid a, t uv o co mo exp re si ón po lít ica el C ab ild o Mu nic ipa l y su á mb i- t o fu e la ci ud ad. D es de e ste m o ment o, t od o t er rit or io qu e una v ez exp lor ad o fues e co nsi de rad o a pro pi ad o p ar a fun dar un a colo ni a, er a o cu pad o y po bla do, “p or ca pit ul ac i ón o po r c o m isió n” . En e st e s ent ido , “ la c onq uis ta cul min aba co n l a f un dac ió n d e c iud ade s, l a el ec ció n de los Ca b ildo s, la ad ju dic aci ón de t ier ra s y sola re s, e indi os en enc om ien da s en tr e l os v ec ino s pr opie ta r i os má s de st aca dos e n l a j or nad a” (S al ce do, 1 990 : 11) . En los años s i gu i e ntes este sistema co l on ial fue perfec cionándose, med iante “dispos i- ciones rea les comple m ent aria s”, co mo la Prov i s i ó n Real de Medi na del Camp o, dada en 1503, referida a determin ados derec hos de los españoles e indígenas. En esta Prov i- sión se de f i nía a los i ndio s co mo “libres y no sujetos a servidumbre” e n su trabajo, por el cual debía pagárseles salario justo; lega lizaba los “repartimientos” de indígenas, que había inic i a do Col ón entre los colonos esp añoles, para que trabajasen en sus tierras. En ese m ismo año, se dicta la Instrucc ión para la concent ración de los i nd ígenas en “pueblos de indio s” (Alca lá de Henares, 20 de marzo y Zaragoza, 29 de m arz o, de 1503). Las Reale s Cédula s de 1507, referidas a la elección de los Alca l de s. Las R eales Cé d ulas de 1523 y 1568, sobre l a estructura de l os Cabi ldos. La Re al Cédu la de 1 538, sobre los “v ecinos encomender os” (que fueran cas ados y residieran con sus familias) y sobre la construcció n de sus casas (que las hicier an de piedra, argamasa y tapiería). (Salced o , 1990: 11). Tambié n en 1538, hubo una disposic ión que orde naba la división de la ciuda d en p arr o- quias —“verda deras unidades v eci n al e s”— (Alomar, 1 987: 24). Con todas est as medidas se fortaleció el gobierno y el régimen urbano de vida puesto en ma r cha y su sujeción por p arte de la p oblación nativ a. 18 TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 46 En cuanto a la traza urbana, el pr oy ecto d e N icol ás de Ov ando se consi der a el m odelo de la “ciudad indiana”, adoptado en toda Améric a y cuyas características quedaron plasmad as por primera v ez en la ci udad de Sant o Do mingo. El “mode lo ovand ino” se basó en tres espacios clav es: el primero, calles y manz anas; el segundo, la Plaza M a- yor; y el t ercero, la I glesia May or y Casas Capitu lare s. Las calles debían traz arse rectas y contínuas y las manzanas podían ser cuadradas o rectangular es. De esta manera, la ortogonalidad caract erizó la ciudad hispana. Santo Doming o y la may oría de las ciuda des qu e s e f un daron a l a par ó posterior mente, ap a- recen represent adas en los planos antig uos de sus fu ndaciones, con man zan a s cuadradas o rect angulare s y calles rectas, au nque en la realid ad lo s trazados no fueron tan perf ectame nte regu lares y las manzanas t iene n dime nsiones diferent es. La Plaza May or fue el es pacio a partir del cu al se estructuró la ciudad. Esta dispos ici ón apareció inclui da setenta año s desp ués en las “ Ordenanz as par a Des cubri mientos , Nuevas Poblac iones y Pa cificaci ones” de 1573, en el Capít ulo 112. En relac ión a la Igles ia May or y C asas Capit ulares, l a Igle sia May or debía co nstrui rse a un lado d e la Pl az a Mayor y exenta. Esta forma de implantar la iglesia tambié n se esp e- cificó en los Ca pítulo s 11 9 y 124 de las Ord enanz as de 1573. E l modelo de Ov ando indicaba la ub icación d e las Casas Cap itulares o Ayuntamiento, en la Plaz a Mayor y cerca de la Ig lesia Mayor. La solución adoptada años desp ués por la mayorí a de las ciudades, fue l a constr ucción de la Iglesia Mayor y Ayuntamiento, en el en torno de la Plaza May or y en manz anas di ferentes. En Santo Do mingo y otras ciud ades del C ar ibe, denominada s “ciudades - p uerto”, la Iglesia May or y edificios guberna mentales, se levantaron cer canos l os unos a los otros y al puerto. En este context o, el ordena miento urba no de l a ciudad hispana re fleja “un a clara conti nuidad de pensamient o entre Fray Nicolás de Ovando y Don Fe l ipe II” (Sa l- cedo, 19 90: 17). La traz a urbana que Nicolás de Ovando estab lece cuando funda la ciud ad de Santo Doming o, se expa nde primer o por las de más Islas del Caribe y luego llega a Ti err a Fi r- me, re produci éndose su mo delo ur ban o co n lig eras modificaciones. La traza tiende a ser cuadr ada y la I glesia Mayor mantie ne su u bicació n a un lado de la P laz a May or, exenta y sin dar la fachada hacia la plaza y en los casos de “ciudade s - puert o”, la p laza estaba c erca de l mar. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 47 En las Islas d el Caribe, se fundan Sa ntiago de Cuba (1515) y La Habana (1522). E n Venez uela se fundan N u ev a Cádi z (1521), en las “ranch erías de Cubagua”; La Margar i- ta en l a Is la de Mar garita (asentamiento de los pri meros a ños de l siglo XVI ) ; y en Tierra Firme, Coro (15 28). En C olombia se funda Carta gena de Indias ( 1533). A partir de 1526 aparecen ciudades fundadas con variaciones en el trazado urbano en relació n con e l m odelo de Nicolás de Ovando. Estas ciudade s aunque conserv aban ciertas característ icas del “modelo ovandino”, ya presentab an una clara estructura u r- bana re gular. En Colo mbia, Santa M arta (1526), fue una de las primeras c iudades q ue se funda sobr e la base de un patrón urbano regular con manzanas rectangulares y su Iglesia Mayor emplaz ada fuera de la Plaz a May or, tal como aparecería posterior mente indicado en las Ordenanz as de 1573. En México, Puebla de Los Ánge les (1531) y de nuevo en Colo m- bia, Riohacha (154 4), de igua l f orma tuviero n u n patrón urbano re gular y también manzanas rectan gulares, pero sus Igle sias Mayor es se mantuvieron a un lado de l a s Plazas May ores co mo en la ciuda d de S anto Dom ingo. Otra variación del “model o ov andino” es el p atrón urbano regular y de manz ana cuadr a- da, que aparece en las funda ciones de Oaxa ca (1529) en Méx ico y Lima (1535) en Perú, extendién dose rápida mente este traz ado por toda la Améric a y en ciudades como Cali (1536) y Popayán (1537), Santa Fe (1 539), Tunja (1539) y Pamplona (1549), en el Nuevo Reino de Granada (hoy Col o mbia); Santia go (1541), La Serena (154 4) y Vi llarr i- ca (1551), en Chile; y Mendoza (1561), en Argenti na. En Venezue la, se encuentra este patrón urbano en l a s ciudades de Barquisimet o (1552), última c iudad que tuvo la Iglesia Mayor exenta; San Cristóbal (1555) y Carora (156 9); l as ciuda des de Valen cia (155 3), Santiag o de los Caballeros de Mérida (1559) y Caracas (1567) — en las cuales la cu a- drícula s e man ifestó a p lenitud. Despué s de ser promulga das las Ordenanzas de Felipe II en 1573 y también enmarc a- das dentr o del patrón urbano regular y de manzana cuadra da, se fundar on muchas otras ciudades, entre ellas Buga y Toro (1573), Buenos Aires (1580) — fund ada por s e- gunda vez — , Salta (1582), San Salvador de Jujuy (1593), San Lorenzo de Aburrá (1646), S a n Fernan do de Catamarca (1683), Montevideo (1724) y San José de Cúcuta (1773). En Venezuela, fueron fundadas La Grita (1576), Altamira de Cáceres (1577) — hoy Barin as — , S an Seba stián d e los Reyes ( 1585) y Guanare (1591). Hubo tamb ién ciudade s que respo ndieron a un patrón de traz ado regular mixto y de manzanas cu adradas y rect angulare s, antes y desp ués de ser e mitidas las Ordenanzas TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 48 de Felip e II en 1573. Son ej e mplo d e ello, Méxic o (1524) , Valdivia (1 551) y Nueva Gu a- temala (177 8). En Vene zuela, El Tocuyo (1545) — cuya Igles ia May or se constr uye exenta como en la ci udad de Santo Do mingo — , Nuev a Trujillo (15 58), San To mé de Guayana (1595) — hoy Ciudad Bolívar — y Nueva Za mora de Maraca ibo (1574), entre otras. Tambié n exist ieron fun dacion es de traz ado irregu lar. En Venez uela resp onden a este traz ado las ciudade s de La Asunción (1560), en la Isla de Margar ita; N u eva Córdoba (1562) y C u maná (1569) — que present aba su Iglesia May or exenta — , en el actual Es- tado de Cuma ná, y primeros centr os ur banos en Tie rra Fir me orienta l. - Las piezas urbana s clav e del modelo de ci ud ad col onial Las piezas urb anas clav e en la ciudad colo nial f u eron las calles, las manzanas y la Pl a- za M ayor. Las cal les Las calles fueron definidas como banda s longitud inales de una anchura de seis m etros aproxi madame nte. Los cruces e ntre calles son per pend icular es entre si y la distan cia es variable, siendo la más frecuente la de cien metros, lla mada “cua dra”. E st as ban das longitud inales o cuadras — com o se les conoce en América — permiten la int errelació n entre todas las partes de la ciudad y conforman el “espacio público” unido a la Pl az a Mayor. Las manz ana s Conform an e l esp acio que queda entre las ca lles, el “espac io priv ado”, repartido en “s o- lares” q ue luego eran a signados a los colon izadores. Las manzanas e n la ciud ad colonial, son el “ suelo ur b ano” en l a metrópo li cont emp oránea. La Plaza May or Es el element o estructura dor fundam ental en el model o urbano de la ciudad col o nial. E s su “centro geo métrico, centro vital y centro simbólic o” (De Terán, 1997: 16), en torno al cual se org aniz a la ciuda d colon ial y es también s u espaci o generador donde con fluye toda la v ida de l a ciudad. En él tienen l ug ar todas las act ividad es s ociales, de ejerci cio del poder, religiosas, comer ciales, diversiones y esparcimiento. La P laza Mayor es el resultado de dej ar la man zana cent ral e n el traz ado reticular, sin ed ificar. Cuando la ciudad estaba emplaz ada a orillas del mar o en la ribera de un gr an río, exi s- tía además de la Plaza May or, otro “espacio p laz a” de igua l importa ncia que era el Puerto. En estos casos, el centro de la c iudad y en él la Plaza Ma yor, eran desplazado s hacia el b orde co stero, quedan do la Plaza Mayor contigu a al Puert o. Hay tambié n casos TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 49 de ciud ades h ispana s co n otras formas de Plazas Mayores, resultad o del v acío de v a- rias manz anas ó por la di sposi ción de las calles q ue parten de estos espac ios centra les, alterándos e la regularid ad del trazado. En estas ciu dades, la Plaza May or, es un esp a- cio independi ente de la retícula. En este s entido, las Plaz as Mayores — diferentes d el modelo urb ano d e plaza cuadra da — s e consid eran v ariaciones d e la mis ma. - Formas de parc elació n El m od e lo u r b an o d e la c iu d a d c o lo n ia l, i nc lu y ó u na f o r ma de p ar c el ac ió n qu e c onsis tió e n la di v isió n de las m an za na s e n c uat ro par t es ig ua les, ll am ada s “ sol ar es” o “v ec ind a d es ” . Aquellos alreded or de la Plaza Mayor, fueron dest inados para usos religios os, instit u- cionales y administrativ os; los solares más próximos a éstos, eran asignados a los conquista dores y principales aut oridad es de la ciuda d. En las Instruccione s dada s por el Rey Fernand o el Católico a Pedrari as Dávila — en V a- lladolid el 02 de agosto de 1513 — se ordenaba la parcelac ión y usos para los solare s en función d e su ubic ación cercan a o no, de la Plaza Mayor. Estas prescr ipciones (al igual que las dispos iciones o prácticas de Fray Nicolás de Ov ando), fuer on incluida s posterior m ente en la s Or denanzas d e Felipe II, de 1573. - La cuadríc ula, soport e del mo delo urbano e n la ciudad col on ial La cuadrícu la, soporte del m od elo urbano en la ciudad coloni al, se adecuó a la exte n- sión que en toda s dire cciones iban experiment ando las ciud ades fund adas. La cuadrícu la perm itió el cre cimiento, independ ientement e de las cara cterí sticas de la t o- pografía, quedan do solo cortada en aquel los lugares donde no podía seguir , com o el borde del mar o continua r después de salvar o bstácul os c omo ríos y qu ebradas, qu e- dando é stos englobado s en el t razado ur bano, co m o en el cas o de la ciud ad de Caracas. Para ello, las manzanas del borde de la ciud ad eran cortadas ada ptándose a esa rea lidad nat ural de formas irregul ares y no geo metr izables. En las Ordenanzas de 1523, dadas por el Empera dor Carlos V, se ordenab a la exte n- sión de la cu adrícu la a trav és de la sigui ente instruc ci ón: “qu e aunque la població n vay a en gran crecimient o, se pueda siempre proseguir y di lat ar en la mis ma for m a” . E st a ins- trucción también aparec i ó incluida en las O rdenanz as de Felipe I I, de 1573. 1.3.3 La Isabela, primer a ciudad e n el Nu evo M und o En su segund o v iaje, Cristobal Col ón al llegar a la isla de La Espa ñola — nov iembre de 1493 — decidió edificar una peque ña ciudad, con la que se inic ia el primer ensayo u r- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 50 bano en estos territ orios . Cristóba l C o lón, al compr obar l a destrucc ión del Fuerte de La Navidad, se ve obligado a construir un nuevo asentamie nto en el que pud iesen establ e- cerse los 1200 h o mbres que componí an la flota de est e segun do viaje a L as Indias, y con quienes Colón empe z aba a te ner problem as, “ se u nía el descontento lógico de l os hombre s que en su mayoría acudían a las Ind ias con ansias de oro y no de visitar pa i- sajes m ás o menos exóticos entre una y otra i sla. El colono tenía pr isa por asentars e” (Varela, 1987: 734). El Fuerte de La Navidad, habí a sido constr uido por Colón en su primer viaje, tambié n en el este de la costa norte de la isla La Españ ola, cerca de una montaña lla mada Monte Crist i. Su nombre fue La Isabe la 19 , dado en honor a la re ina de Castilla, Isabel la Católica. La ciudad fue emplazada en la parte norte de la isla, en la costa, en una plan icie f re nte a una bahía, donde dese mboca ba el río Bajabo nico. Estaba dist ante 10 leguas al est e de Monte Crist i, y fue con struid a sobre un nú cleo indí gena, “ Aquí donde yo determ iné el asiento de la villa, estab a n ciertas casa s de indí gen as” escribió Coló n a los R eyes Cat ó- licos. (Fernández de Oviedo, 1959: 48) . Los textos de cartas de Colón que se citan en el presente apartado, 1.3.3, pertenec en a un manuscrito d e m ita d del sig lo XVI , adquir i- do por la B i blioteca Naciona l d e Madri d, en el que fuero n c opiadas nueve cartas de Colón d irigidas a los Reyes Católicos. La pe queña ciudad se co menz ó a ed ificar rápidam ente, en d iciem bre de 1493, y el 6 de enero de 1494 se celebra la primera misa en este nuevo continent e , en la que sería “la pr i mera ciudad en el Nuev o Mundo a m an era euro pea” (Varel a, 1987: 733) y dond e se crea el pri mer Cabildo de América. “Esta mos ante un m oment o solemne: el co mienz o de la tarea pobladora y civilizadora. .. una de las grandes obras hispanas en el Nuevo Mundo” . Se erige “unas legua s más al este de donde se había alzado el Fuerte Nav i- dad… En el llano se hi zo el traz ado a cordel de las c alles de la nu e va villa. Se construy eron en piedra los principales edificios: la iglesia, la casa - fuert e del A lm irante Cristóba l C o lón y el hospital”. El resto de las casa s de los colonos fueron construidas con materiales más modest os como barro y m adera. (Fernández , 2006: 237). De S o- lano (1986: 13), señala que “desde la misma fundación de La Is abela se estaba vislumbr ando la ciud ad geomét rica iberoa meri cana”. Sobre l a loca lizació n exacta de la Isabela y su entorno se conocen m á s caracterí sticas a través de la descripc ión que hace Cristob al Coló n en otra de las cartas en viada a los Reyes Cató licos: “Digo qu’esta ciudad dista de la su l ín ea equ inocc ial veinte y cinco grados, y a la part e más a ustral de la is la, diez y ocho grados se le faze haz ia el polo á r- tico. Fuera del Occi dente de Tolomeo al cavo de Sant Rafael, qu’es fin della y será al oriente, dista por aquel paralelo … gra dos” 20 . “El sitio… es sobre piedar y a la costa de TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 51 la mar, al pie de una gran dísima vega mayor que la de Granad a, y que a cinc ue nta p a- sos ay una montaña d e cantería, mejor que aq uella de que hedif ican la igles ia de S ant a María en Sev illa; junto con ella, no más lejos, una montaña de piedr a de c al muy fina, y la una y la ot ra muy pob lada de árboles. Por la mitad de l a vega pasa un g ran río, el cual entra en la m ar junto a la ciudad” . En otra de sus cartas, Col ón ta mbién relata q ue “… adonde fabricamos la villa Isabela, la qual por su merecimient o que diré después, suplico a V.A. que la haga ciudad. Adond e abría q uatro leguas, no es aquí puerto c e- rrado más es basa, muy grande e n que ca bera n tod as las n aos d el mu ndo” . 21 Cuando los cronistas de la época escr iben sobre La Isabela, la ciu dad tenía poco tie m- po de fundada y describen su aspect o como el de un asent amiento sencillo, con una distribuc ión de calles en damero, con plaza cent ral y huertas rodeand o el perímetro de la ciudad. Destacan ade más la situ ación d e la ciuda d como puert o. Escriben sobre e lla, Pedro Mártir de A nglería (Las “ Décadas”) , el Doctor Diego Alvarez Chanca (C arta al c a- bildo de Sevilla), la Relación de Miguel de Cuneo (g enovés, desc end iente de familia de tejedores de lana y conciudadanos de l o s Colomb o, su t rato con el Almir ante Crist oba l Colón d ataba de la niñez. En 1493, se sabe parte rumbo a La E s pañol a y que en La s Indias residió hasta febrer o de 1495, f e cha en la que retorno a Europa. E n octubre de ese año, Cuneo redactó una breve histori a de su e st ancia indiana (En G il, Ju an y Var e- la, C onsuelo. “Cart as d e particulare s a Colón y R e laciones coetán eas”. Editor ial A l ia nza Universid ad. Madrid, 1984: 235 -265). Asimism o, la Relación de Guillermo Coma, trad u- cida por Nico lás Esqu ila che. (En Gil, Juan y Varela, Consu elo. 1984: 199) . Fray Bartolo mé de Las Casas, se refiere a e lla numeros as v eces como “puert o y ciudad de la I sabela” (De Las Casas, B art olo mé. “Histor ia Gene ral de las Ind ias” . 1957, Tomo I: 293, 297, 302, y Tomo II : 31) . Pedro Mártir de Anglería señala co mo prim era caracaterístic a de esta ciudad, el estar sit uada junto a un puerto. Y Guillermo Coma dice que la Isabela “surge be llísi ma… junt o a un puerto exce lente” ( Gi l y Varela, 1984: 199) Álvarez Chanca, e n su “C arta al C ab ildo de Sev illa” de fines de e nero de 14 94 (En F e r- nández de Nav arret e, 1954: 194), descri be la ci udad diciendo que “La tier ra es m uy gruesa para tod as cosas, tiene junto un río prenci pal e otro razonable, asaz cerca de muy singular agua: edifíc ase sobre la ribera dél una cibdad Marta, junto qu el lugar se deslinda con el agua, de manera que la m etad de la cibd ad queda cercada de agua con una barranca de peña tajada, tal que por allí no ha menester defensa ninguna; la otra metad de la ciudad qued a cercada por agua con una barranca de peña tal que por allí no ha m enest er defensa ni n guna; la otra m eta d está cercada de una arbole da espesa que apena s podrá un conejo andar por ella; es t an verde que en ningún tiempo de mundo f u ego lo podrá qu emar: hace c omenzando a traer un brazo del río, el cual dice n TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 52 los maestros que trairán por medio del lugar e asent arán en él moliendas e sierras de agua, e cu anto se pud iere hacer con a gua”. Desde la ciudad de La Isabel a parten expedic iones haci a otras regiones de la isla d e La Españo la. Dieg o Colón, hermano d e Crist óbal C oló n, al mand o de la c iudad marcha el 12 de m arz o de 1494 con un grupo expedic ionari o de 500 solda dos para fundar en l a región del Cibao “el cora z ón de la i s la”, otro enclav e de carácter mi li tar, el Fuerte de Santo Tomás dej ando al mando a Pedr o M argarit . La Isabela, en menos de cinco años comienza a ser abandonada. Se descu b ren ti erras mejores d es de el punto de vista a mbienta l y con riquezas min erales en el ent orno. Ba r- tolomé de Las C as as (1957: 300) resum e l a carta que envía C o lón a los reyes en junio de 1496, desde Cádiz, en la que relata que había encontr ado muy buenas minas en el sur de l a isla de La Espa ñola y sugiere la implanta ción de una nueva ciudad y un pue r- to , “en esa z ona tan m ara villosa y fértil”. Para e sta nu eva f un dación, Col ón e ncomien da para ello a su hermano “el Adela ntado Bartolo mé Coló n”, “… buscar por allí algún pue r- to para po blar en él y si tal fuese, pasase tod o lo de La Isabela en él y la despoblase” (Las Casas, 1957: 30 8). Hacia 1498, est á prácti cament e vacía. Por orden de Barto lomé Colón, se decide su traslado a una nuev a ciudad f u ndada por él e n 1496. En un pr incip io la deno minaron Isabela la Nueva, y m ás tarde ree mplaz aron su n ombr e por e l actu al de Sant o Dom ingo de Guzmán. Entre las causas de su traslado tiene importancia el que las buscadas m i- nas de oro de C ibao se encontrab an en el interior de la isla y hacia el sur. “La mayorí a de los hombres que acudí an a las Indias, iban con ansia s de oro y no de v isita r paisajes más o m en os exótico s entre una y otra isl a” (Varela, 1987: 734). Por esta raz ón se c o- mienza así , la co nstrucc ión de numer osos Fuerte s, tierr a adent ro. Pedro Mártir de Anglería, da testimo nio en sus relatos de l o s Fuertes que se con struy en desde La Isabel a, “en línea recta… del sept entrión al mediodía de l a isla: a 36 millas d e La Isabe la fund ó el Fuert e de la E speranza, a 24 millas d e la Esper anza el de San ta Catalina, a veinte m illas de S anta Cata lina el fuerte de Sant iago; a otras veint e millas de Santiag o levantó un Fuert e torreado más g uarnecido que llamó de l a Concepc ión… después ed ificó otra a mitad de camino ent re Concepción y Santo Do m ingo” (Gil y V a r e- la. 1984: 89. En Varela, 1987: 735). Fueron tres los motivos por los que La Isabela fue abandon ada y no resurg ió: pr imero, porque no tenía un puerto de calado suficient e; segundo, porque hacia el interior de la isla de La Española “… el pueb l o d e Fidal gos, la ciu dad de Sant iago de lo s Caballeros o TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 53 de la Concepció n de l a Vega, atrajero n a las p ob laciones cer can as” , y tercero, porque la costa sep tent riona l de la isla era escen ario de acciones filibusteras y “conse cuencia de las guerras entre l as potencias europ eas”. Además La Isabe la fue fundada en un luga r poco saludab le a pesar d el empeño de Colón en manifestarle s a los reyes qu e se había constru ido “en e l m e jor siti o posible”. La costa sur de l a isla, d onde se const ruye l a nu ev a ciudad que sust ituy e L a Isabe la, proporcio naba un mejor p uerto — desde el p unto de v ista estratégic o haciendo posible la defensa d e ataque s por el m ar — y la cerca nía a zonas m ineras, que fa v orecía un transporte más fác il. Por otro lado, la ausencia d e “repartimientos” de tierras entre los colonos de L a Isabe la, contribuyó a su abandon o “ya que su gent e tenía poco que pe r- der frente a la distr ibuc ión rural aco metida en otr as zonas de la is la”. (Var ela, 1987: 743). A mediados de 14 97, ya estaba en marcha la construcció n de la nuev a ciudad, mientras tanto, la alhóndiga del Rey (local público para la compra, vent a y depós ito de mercancía s), continuab a en La I sabela. En 1498, Bart olomé Colón fue no mbrado ten iente gobernad or de la nueva ciudad, Sa n- to D o mingo d e Guzmán. De a llí que “el pueblo… se t rasladó dónde est aba el poder y Santo D omingo se co nvert iría cas i inme diata mente en la capita l administra tiva de La Españo la. Una vez que fue comenzada l a construc ción de la nuev a ciudad — Isabela la nueva o Santo Do mingo de Guz mán — , la activid ad edificatori a en La Isabela se detiene y no hubo acción alguna para la rep aración de los edif i cios existentes o para su conse r- vación, desp ués de un incendio que casi la destruy e en su totalid ad. En 1498, sus instituci ones ad minist rativas son tras ladas a la nuev a ciudad . 1.3.4 Las Capit ulaci one s, i nstrumentos r ectore s de l a organizaci ón del t erritorio En el apartad o 1.3.1 ya se hizo mención de las Ca pitulac iones. Para Lope Bello (1993: 63), una de l as caracterí s ticas que debe ser tenid a muy en cuenta p ara el mejor ente n- dimiento de la fundaci ón de ciuda des en las primer as etapas de la c ol oniz aci ón, son las Capitu laciones, contrat os de carácter público, que contenían la autorizació n y los priv i- legios dados p or la Cor ona de Castil la a particulares que i nvertían en la empresa conquista dora. En este contexto, las Capitulacione s f uer on “el título jurídico f u ndament al que si rv ió de base para el proceso de descubrimient o, coloniz ación y pobla ción” (Brew er Carías, 1997: 58). En ellas queda ba estableci da l a autoridad de conquistador es, fijad os los d e- rechos que se reserv aba la Corona en los nuevos territorio s y a hacia cuáles se podía dirigir el de scubr idor. Las Cap itulac iones co ntenía n nor mas casuíst icas que rigieron e l TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 54 proceso respect o a cada empresa descubridora, a las que se sumaban instruccione s que los Mon arcas iban dando a los Adelanta dos (u no de los títulos y oficio público q ue confería la Capitulac ión a l empresario o cap itulante ). Quedaba deter minado en ellas, el objeto de las empr esas ( descubrir, explorar, pob lar y fundar) y las obligaciones que asumía ca da part e cont ratante. A partir de 1501, e l régim en de Capit ulacion es se genera lizó y comenzó a ser un requ i- sito prev io al pa so de los conq uistadore s y colonizadores al Nuevo Mu ndo, “fecha de arranque en los diferente s asiento s que se co ncerta ron entre la Corona y particular es, a lo largo de tod o el sig lo XVI” . ( Véase Vas M ingo, 19 86: 20-23). Las Cap itulacione s tenía n su antecedente en la “concesi ón de Señorío de las tierras que se c onqui staron durante la R econq uista” (Bre wer C arí as, 1997: 59). Constituy eron en América, la vuelta a un método de la época mediev al “que con figuraba el descubr i- miento y la conquista como una empres a privada, a cargo de ejército s pa rt icular es, los cuales en la península, pr ogres ivamente, al desa parecer de la Reconquista, se desp l a- zaron para dar paso al ej érc ito real. Las C a pitul aciones entonces se usaron para la conquista de ultram ar. Por ello, las prim eras fueron las que se refirieron a la conquista de las islas Canarias” (Br ewer Carías, 1997: 59). En efecto, según Vas Mingo (1986: 29), los ant ecedente s inmed iatos de la s Capitul a- ciones a merica nas se encuentr an e n las em pleadas para la conqu ista ca naria y también en las “si militude s en capi tulacion es conce didas por los portu gueses para sus posesi o- nes ultram arinas”. Cua ndo las Islas Canari as fueron incorpor adas a la Corona de Castilla se insta uró un r égimen d e C apitula ciones c anario. “En est os docu mentos — asientos — qu edaron reflejad os ta mbién los móv iles de la e m- presa canar ia — co mercio y ev angelizació n — . Prec isam ente en el los podem os encontr ar el antecedente inmediat o de sus homón imo s am ericano s, en los que los m ó- vi les y la polít ica real será n práctic ame nte los mis mos” (Vas M ingo, 198 6: 24) . Tan solo varí a la realidad de aque l Nuevo Mund o, que superaba en mucho a lo conocido de C a- narias, una realidad qu e hi z o que “los asie ntos” se f u esen acomoda ndo a las condic iones qu e contení a n, al tie mpo y al lugar p ara los q ue f ueron dados. En l a e jecuc ión de las Capitu laciones, la e xpedic ión quedaba a ex pensas del exped i- cionario, quien era respo nsabl e d e su hue ste. Por ello se le co mpensab a con privilegios de títulos y ganancias y con f acu ltades para repart ir “tierras y solares”, para hacer r e- pa rtimient os de i nd ios, erigir fortalez as y proveer d e oficios y form a de sustento a l as ciudades y pueblos que fundara n. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 55 Los capitu lant es, tenían c omo m áxi ma ob ligac ión la de p oblar, defi niéndose con e llo e l área terr itorial de s u Ca pitulac ión y el afianz a miento de la soberaní a d e la Corona en las tierras descubiert as. A su cargo esta ba el gob ierno de los nu evos territor ios, confirié n- doseles cargos c omo el de Gobernadore s de las Prov incias, Capitane s Generales, Adelant ados y Alguac iles Mayores, con funciones pol ít icas, adm inistrativas, militares y judiciales. Los hombres que formaban las huestes, no solo eran conqu istadores sino que fuero n los primero s pobladore s d e los asent amient os que se fundaban. Te nía n ben eficios co n- cretos, entr e ellos el que se les conc ediera o repartiera “ti erras y sol a res”. La pro piedad de las tierras y solares repartidos, se adquiría por la residencia durante un tiempo d e- termina do, que g eneral mente era de cuatro años. Al titular de la Capitulac ión, le era dado el benefic io d e la explotación de minas que hubiere e n e l territori o de scubierto o conquista do. La propiedad correspondí a al R ey . De esta forma, l as C ap itulaciones se convirtiero n en la f u ente del derech o m á s importante en los territorios descub iertos, donde constituy eron “la primera ley que se ap licó en las Indias” , de allí su importanci a en la formació n de las ley es india nas. Fueron adquir iendo diferentes caracterí sticas a lo largo del siglo XVI, “las que se oto r- gaban eran copia de las anteriores” . Su contenid o fue perfeccioná n dose por aproxi maciones suces ivas y por ensayo y error, convirtiéndose en las licencias que la Corona ex igió como requisito indispe nsa ble para pasar a las Indias. Las pri meras Cap i- tulacion es, dadas para “descubrir y comerciar”, según Vas Ming o (198 6: 32), se prolongar on hasta 1512. En 1518 fueron para “descubr ir, conquistar y poblar” y para “descubrir y poblar”, iniciándos e con ellas “la etapa de las gran des conqu istas” (p eriod o compre ndido entre 1518 y 1570) y de la expansión por todo el continent e de asent a- mientos, es dec ir, del esta bleci miento y fundac ión d e ciud ades y pueblos. Todo quedó reflejado en las Capitula ciones, que abarcaro n en su contenido todos los aspectos relaciona dos c on la creaci ón de l os “nu evos Re inos de Ind ias”. At e nd ie n d o a s u fin al i da d y pa rt ie nd o de l o fre ci mie nt o q ue el cap itu lan t e h ac e a la Co r o- na , las Cap it ul ac ion e s p odí an se r de co mer cio o r es cat e, c ome rci o y pa ci f ic ac ió n; de s cu br imi e n to ; des c ub r i mi en to y co nqu is t a; de scu br im ie n to , con q ui st a y pob la ci ón ; y p o- bl ac ió n. Es t a div isió n es par a Vas M ing o (19 86: 3 9) con v enc io na l, “ y a que en las Ca pi t ul aci on es se m ez clan ob jet iv os y fin al id ade s… Una Ca p itu la c ión par a po bla r… d if í- ci l men te se r á una ex ped ic ió n en qu e se lo gre est e ob je t iv o ta n so lo , ya que si el t er ren o TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 56 es t á si n po bl ar lo pri m er o qu e su r ge es la ne c e si d a d de un des c u bri mie nt o , y has ta es po sibl e que s i e l t er ri tor io es hos til ha ya qu e co nqu ist ar y p ac ific ar ” (an te s d e pob lar ). En Am érica las pri m era s Cap itulac iones fueron las pactad as entre l a Corona de C a stilla y Cristóbal Colón, en Santa Fe ( Capitula ci o nes de Santa Fe, 17 de abril de 1492), po r las qu e Cristó bal Colón se co mprometía a llegar a “las Indias” por mar, nave gando h a- cia O ccidente, aseguran do que esta vía sería muc ho más corta que las hasta ento nces conocid as. C o mo contrapart ida la Coro na de Castil la, se co mpro m et ió a otor garle los t í- tulos de Alm irante, Virr ey y Gobernador G eneral de todos los territ orios que descubri ese, así como l a décima parte de todos los beneficios obtenidos, haciendo e s- tos tí tulos y derechos her edi tar ios para sus s ucesores de for m a v i tal i cia. La a utoridad d e Colón se extendió a todas las “… i slas y tierr as firme s q ue po r su mano o industria se descu brieran o ganaran en las dic has mares Océa nas… “. En virtud de sus cargos, C o l ón e jerció las funcion es de gobierno de las Indias por sí s olo, acabando su gobiern o en un mand o despótico y prov ocando rebe li o nes entre su ge nte. En 1499, manifiesta su incapac i d ad para continuar gobernando, se comienz a a f av or e- cer el paso a Indias por una Real Provisió n por la que se conc eden una serie d e liber tade s a todas aquella s personas “vasallo s, súbditos et natural es que quisi eran irse a viv i r et morar al lí, lo fa gan con mejor volu ntad et gana”. En 1501, los Reyes C ató licos dan otra Real Provis ión para que ningu na persona pued a ir a las tierras desc ubi ertas y por descubr i r, sin licencia expresa: “Por la pres ente ord e- namos e manda m os e prohib imos e defende mos que ninguna n i algunas perso nas, nuestros súbdito s e natur ales de nu estros rein os e se ñoríos, ni e xtraño s de fuera de ellos, sean osados de ir ni vayan sin nuestra licencia e mandado a descu brir al dicho mar O céano, ni a l as islas e tierra firmes que en él hasta agora son descu biertas o se descobri eren de a quí adelante… “. Con esta Real Provisión (de 1501) quedó instituido y generaliz ado el régimen de Cap i- tulacion es par a Amér i ca. En 1520, la Corona trata de justificar los derechos para ocupar las Indias y cómo m a n- tener la situa ción más jus ta para los indios y clarificar el derecho caste llano surgido de la donación pap al, funda m e ntado en la neces i dad de evangel ización de los mis m o s, por lo cual en 1526 son despacha das unas “Ordenanz as de descubrimient os” 22 . En estas Ordenanz as se dan instru cciones a los conqu istado res sobre la actitud a seguir con los indígenas en las exped iciones. A partir de ese añ o (1526), el contenido de est as Ord e- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 57 nanzas es añad ido al de t odas las Cap itulac iones e Inst rucciones compl eme nt arias, con la obl igatorie dad de su cumplimiento. A un que se desarrolló un derecho específico de Indias, el der echo cast ellano se aplicó en las m aterias de derecho privado y en cua l- quier caso subs idiaria ment e. Junto a los derec hos y obligac iones del titu lar, en t odas las Capitul acion es se estab l e- cen referenci as a los preceptos dado s en favor del buen trato y conservación de lo s indios. En las disposiciones de 1518 y a part ir de 1 526, la obligatoriedad de la Prov isió n Real dada por C ar los V — Granada, 17 de novie mbre de 1526 —, “se regla menta un nuevo modo de descubrir, conquistar y poblar, mucho más beneficios o para los natur a- les”. Esta Rea l Prov isión fue incluida en ca da una d e las Capitu lac iones dada s, posteriores a 15 26. (Muro O rejón, 149- 151). Las O rdenanz as de 1526 continuaron regulando las Capitulacion es que se daban y la forma de las c onquist as, hasta 1573, cu ando f uero n emitidas las “Orden anzas de De s- cubrimie nto y Nuevas Pob laciones” (Fe lipe II, B os que de Segov ia, 1573). Éstas supusier on un avance co n respe cto a las de 152 6, ya que dieron re spuest a al proble ma de los justos títulos, al que contrib uyó notable mente Franc isco de Vitoria y a la “cen tral i- zación” qu e propu gnaba Juan de Ov ando desd e el Conse jo de Ind ias. Las Capitul acion es que fueron co ncedi das a partir de 1573, hasta el final de siglo, tuv i e- ron una constant e en su finalidad: fueron para “d escubrir, pacificar y poblar”, debido a l a in fluencia de las Ordenan zas de Fe lip e II, de 1573, que de forma más clara definía c ó- mo habrían de hacerse la s penetrac iones e n A méri ca. Las Ca pitulac iones son considera das por tanto, “principios r ectores de la organiz ación territoria l” en A mérica, e instr u mentos de gran im port ancia en la co nstrucc ión del Estad o continenta l indiano, en la evolució n de la organiz ación terr it orial y en la forma ción de las pri meras “pr ovincias”. El derecho de co nquista, poblac ión y gobiern o sobre l as tierr as descub iert as se ori g ina en las Capitulacione s y era dado a trav és de ell as, como tamb ién fue a trav és de l a s Capitu laciones que l a Corona aseguró la poses ión de las ti erras, mediante la obligación que se impo ne a los capit ulant es, de poblar y fundar nuevas villas, p ueblos y ciudades, habitadas por lo s conq uistadores y por los indios. Las Capitulac iones f u eron consignad as en los C e dular ios (libros -re gistro), quedando f i- jados por escrito y salvaguardad os, los derech os y las concesiones hec has por la TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 58 Corona a los des cubridor es, así como la s oblig acio nes contraí das por esto s, que de bían ser cu mplidas p or los pro pios ot organte s. Por su part e, particu lares que tenían alguna C a pitul ación (y a que estas te nían c arácter hereditari o, además de tít ulo negociabl e que podía ser vendid a o traspasado ), interpr e- taron en much os casos que su cu mplimient o era u na ob ligación de los reyes otorgantes y que por tanto tenían derecho a exig ir. Ello en part e hace co mprender la incesante s e- rie de petic iones de pobladores de Amér ica — y aún más de los de scen dientes de aquellos a quie nes les fuer on dad as C apitula ciones —, “que solicitab an “mercedes”, con modos que suponían más exigencias que devoción y acatamient o; esto puede aprecia r- se en la larga s erie de pleitos entablados al Cons ejo de Ind ias… No podemos olv idar que en el siglo XIX, en el momento de l a independ encia, uno de l o s argume ntos esgr i- midos como just ificació n por los criollos amer icanos fue el incumpli miento de Capitu laciones, como dic e fray Serv ando Ter esa de Mier o el pro pio Simón Bo lívar” (Sánchez Barba, 1986: 14). 23 1.4 LA PR Á CTICA U RBA NÍSTICA EN L A CIUDAD COLONI AL , ELE MENTO E S- TRA TÉGICO D EL P R OY ECTO CO NQUISTA DOR Y CI VILIZA DOR La gestión urbana llevada a cabo por España para la organiz ación de l as ciudades en los d ominio s americanos, tiene en l a s Leyes de Indi as (conjunto de ley es, normas y r e- gulacione s elabora das y aplicadas durant e el periodo que abarca el descubrimient o, conquista y colonizac ión de América) los fundament os de su estru ctura urbana. Los primeros colon izadores co ntaron con regla s y modelos para fund ar ciu dades y erigir ed i- ficacion es, proven i e ntes de ejemplos conocidos en su tierr a natal, con imprecisas orientaci ones insi nuadas en algu nas de las Capitulacio nes. M uchas d e las norm as a e s- te respecto fueron dictadas sobre la march a por las mismas autorida des locales, guiándose por razones de sentido práctico y experiencias propias, relacion adas con la defensa y la garantía de funciona miento efectiv o de estos e m plaz amientos colon iales. La enor me extensió n y ext raordinaria v ariedad de los territori os c onquista dos y la propia comple jidad d el proces o de conquista y asimilación, obligaron pronto a realiz ar e impu l- sar un desarro llo nor m ati vo autónomo p ara los nuev os territor ios, “que sirviera para adecuar un ordenamiento de recia tradición europe a a un as rea lida des s ociales y mat e- riales muy di ferentes de la s de la v i e ja Europ a” ( Andr és Santo s, 2007: 45). Surgiero n así, desd e fecha temprana, las Leyes de Indias, en el m arc o d e progres ivas aprobaci ones de disposi ciones con las que se intenta ordenar el proceso de ocupació n TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 59 del territori o ameri cano y regular l as cara cterí sticas de las p oblacion es que se iban e s- tableciend o. En e fecto, medio siglo de spués de i nici ada la conq uista, ya había sid o da do “una copi o- sa y het erogéne a leg isla ción”. El sist ema segu ido por la C or ona de Cas tilla, fue la aplicaci ón de normas y pr incip ios de conteni do universal para resolv er casos particu l a- res, seg ún l as necesida des del moment o. Con este m éto do s e obtuv ieron not able s progresos en la búsqueda de soluciones a tantas sit uaciones plantea das; y en las leyes que habrí a de reg ir la forma d e v ida en a quellos te rritorios. El 13 de julio de 1573 (Bosque de Valsaín, Se govia ), el rey Felipe II di ctó las “Ordena n- zas para Descubri miento s, Nuevas Poblac iones y Pacificacion es”, las cuales consistí an en una r ecopilac ión y codificaci ón de l a s distintas normat ivas locales, de las dispos ici o- nes metropolit anas emiti das sobre este tema, hasta ese moment o y de “… la experien cia acu mulada e n las décadas transcurr idas desde el descubri mien to e inicia l conquista en fundación d e ciudades” (Recuenco, 2 001: 43 - 44 ). Más tarde, entre 1680 y 1681, se publica la “ Reco pilac ión de l as Leyes de los Reynos de Indias”, que f u e la c o- dificac ión siste mática de toda la legisla ción colonial, incluyend o las Orden anzas para Descubr imientos, N u evas Poblaci ones y Pacific aciones (1573). Se promulgó a casi d os siglos de la conquista y c olonizac ión , y en lo referente al aspecto ur banísti co, fue una compila ción de l a s orient aciones dadas a los “ Ad e lantado s de Ind ias” y de la ex perie n- cia práct ica fun dacio nal llev ada a cab o hasta es os años. 1.4.1 Las “Ordenanza s para Desc ubrimie ntos, Nuevas Poblacione s y Pacific a- ciones” de 1573, primer instrument o urbanístic o d e l a A mérica H is pana . ¿Cómo surgen l as “Orde nanzas para Descubrimi entos , Nuevas Poblacione s y Pacific a- ciones” d e 1573? - Las “Ordenanzas par a Descubrimi ent os, Nuev as Poblaci ones y Pacificacio nes” de 1573, primer instr ument o urba nístico de la Améri ca His pana Las Orden anzas para Descubri mientos, Nuev as P oblacione s y Pacificac i on es de 15 73, constituy eron el primer instrument o urbanístic o aplicado en la América Hispana. Este conjunto de leyes establecidas por la Coro na Espa ñola perseguía dos objetiv os: prim e- ro, planificar la const rucc i ón de lo s nuevos asentamie ntos con e l apoyo de reglas y ordenanz as es critas; y segund o, establecer proced imientos administ rativos y guber n a- mentales, con los cuales regulariz ar y mantener el contr ol sobre la vida instituc ional, econó mica y social de las nuevas com u n idades en el Nuevo Mund o, estab l ec iendo l a relació n entre la C oro na y sus pose siones ameri canas. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 60 Su conten ido for ma parte del Libro II, “De la Gob ernació n Te mporal”, perteneciente a la obra inic iada por Juan de O vando en su visita a l Consejo de Ind ias. 24 Las Ordenanzas de 1573, quedaron registradas en el Consejo de Indias de Sev illa (A r- chivo General de Indias - A.G.I . Indif erente Genera l, Legajo 427, Li br o XX IX, F olios 62 - 93vº), bajo el tí tulo genera l de “El ord en qu e se ha de tener en desc ubrir y poblar” . Cie n- to cuarenta y ocho (148) artículos numera dos (llamados en l a s Orde na nzas — artículo s o capít ulos — ), c on forman su conteni do ( algunos a utores afirman que son 149, conf u- sión que se debe a que el artículo 91 no existe y el artículo 111 está dupl icado, con lo cual se mantiene el número de 148). Los artículo s o capítulos se distribuy en en tres grandes partes o seccion es: la primera, sobre los descubr im ientos por m ar y por tierra, cuidando la for ma de real izarlos con tratamientos distintos; en la segunda parte, se d e- fine cómo ha n de hacerse las fundaciones de nuevas ciudades o pobla ciones (su regulac ión y construcción de la forma urbana con base en pr ecisas pautas urbaníst i- cas), cuáles son las condicione s exi gidas a los j e fes-empresarios o a los capitulante s, así como las ventajas y exenciones que se conced erían a ellos y a los pobladores que les acom pañasen; y en la tercer a parte, s e dan inst rucciones de có mo se ha n de pac if i- car los terr itor ios y nor mat ivas sobre la ev angeliz aci ón de los indios. Las Ordena nzas de 1573, tienen 38 artícu los más que las Orden anzas d e 15 56. “Un c o- tejo de las mismas per mit e apreciar que Ovando siguió para la redac ción del pri mer grupo de sus ordenanz as (descubri miento s por m a r y por tierra) a las Instruc ciones d a- das a l V irrey Cañete (Ord enanzas de 1556). La gran novedad del cuerp o ovandino está en el segu ndo y tercer gr upo de or denanz as ( fund ación de nuevas ciud ades y l abor p a- cificadora)” (Mora les P adrón, 1979: 487). Destaca Moral es Padrón, que Juan de Ovando elimina la pala bra “conquista” (artículo 29: “Los descubr imientos no se den con título y nombre de conquist as… ”), im p onié n- dose la pal abra “ p ac ificación” , y se p ide paz y carida d para l o s indíge na s (“… pue s habuiendos e de hazer con tanta paz y caridad como desea mos… ni agrau io a los i n- dios”). A partir d el artículo 138 hasta el 148, se perfila la conduct a q ue te ndrían que seguir los espa ñoles en relac ión a los indígenas (artículo 138: “Hau iendose acabado de hazer la po blación y de ed ificios della y no antes e l goue rnad or y pobladores con much a diligenc ia y santo zelo traten de traer de paz al gremio de la santa iglesia y a nuestra obedienci a a todos los naturales…” ). En l as Ordenanzas se defiende la teoría de la s “entradas pacíficas”, sost enida por Bartolo mé de Las Casas. Las acci ones a que conll e- varon el Requer imiento (1514) quedan de lado, rechaz ándose la guerr a como medi o de penetrac ión. La empre sa descubridora y fundadora se conviert e en “eminent eme nte m i- sional”. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 61 Para De Solano (1 996: 33) , “El document o (Orde na nzas de 1573) prep ara, con la exp e- riencia de casi un siglo de v ida hispanoa mericana, las bases de la confirm ación de la expedició n col onizad ora (pro motor y expe dicio nario s), el terreno objeto de coloniz ación , y la ciudad que iban a const ruir y disfru tar”. De los ciento cuarenta y ocho (1 48) artículos o capít ulos, l o s treint a y un o (31) i niciales, llevan por título “Descub rimientos”: descubr imient os por tierr a (3-5), descubrimiento s por mar (6-12), jerarqu ización de los descubri mientos (26-28) y precauci ones específ i- cas (19) y su relació n (21-23), sobre to ma de pos esión (1 3-14), acer ca de l o s infor mes (15-16), evange lización (17), y retorno (18); evitar l a violenc ia y la guerra (20), prote c- ción al indio (24), atención a aspect os econó micos (25), obligator iedad d e acatar l a autoridad (30- 31) , y eliminació n del términ o “co n quis ta” (29). A continuaci ón, los artícul os o capítulos, desde el tr einta y dos (32) hasta el ciento trei n- ta y siete (137). Su título es “Nuevas Poblacio nes” y está organizado de la si g uiente manera: para descr ipcion es precisas (3 2-37), fundacio nes (38-42), su gob ierno (43), su ordena miento oficial (44-51), su ordena miento particular (52 -55) y ordenamiento para casados (101); sobre la f igura del Adelanta do (56 -86), al c alde y corregidor (87), otros alcaldes, regidores y ofici ales (8 8-100), y autoridad es (102); capitul aciones (103), t ierra s (104-106), y pobladores (107-109); fundacion es (110-119), con especif icidad de las fundacion es en litorales (120-122) y de las fundaciones en territorio interior (123-126) ; de los solares (127 y 128), de los ejidos y tierras (129 -131), de la creación d e poblados (132-135) , y en relación a la actitu d hac ia los i ndíge nas (136- 137). Los once restantes artículos o c apítul os, corr espon den al título “Pac ificacion es”: sobre la reducción indíge na y su evangeliz ación (138-143), repartimient os (144) y tributos (145-148). 25 Para Grauer (1991: 21), “Literalmente cientos de comunidades en el hemi sferio occ i- de ntal fuer on planifica das de acuerdo con estas regulacione s, un fenómen o único en la historia moderna. Debido a su influenci a y dado que las formas urbana s prescr itas por esas regu laciones son de gran interés, las Leyes de Indias y en ellas las Ordenanz a s para D esc ubri mientos, Nuevas Poblaci ones y Pacificaci ones, de 1573, merecen más que un e xamen casual”. Dentro del título “Nuevas Poblacione s”, l os artícu los o capítulos, desde el ciento once (111 o ¿110?) al ciento treinta y seis (136 o ¿13 7?), corresponden espe cífica mente a los prece ptos ur banísti cos. E n ellos se señala el modo de llevar a cabo la construcc ión TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 62 de la ciudad . Estos art ículos o capí tulos, c ompo nen un co njunto ho mogén eo, escrito por alguien que pareciera tener conoci mientos técnic os en l a materia , y que unidos const i- tuy en un instru ment o ur banístico y jurídico por medio del cua l la Corona español a reguló la construcc ión de ciudades en América . Este documento urbanístico, no cerr a- do, forma part e de un to do unitario, estructur ado ( Ordenanz as de 1573), en las que (como se expresa en el presente capítulo, punto 1.1: 6), descubrimiento, poblac ión y evangeliz ación constituy en un ún ico pr oceso c iviliz ador, c uyo eje fundament al es la ci u- dad. (Vé ase Sai nz, 2001: 164-1 65). Las Ord enanz as de 1573 constituy en un hito fundamenta l en la historia urbaníst ica de España, tenien do en cuenta que se trat aba de un docum ento del siglo XVI, de caráct er legal, que no procedía de la elaborac ió n intelectu al de ningún te órico, con el que se confor ma l a realidad urbano-territori al de la América Hispana. E s considerad o ta mbién por nu merosos autores, como un “e xtraord inar io y t rascendenta l documento de la hist o- ria”, con el que nace la urbanística moderna. (Véase Recuenco , 2001: 44). E n este document o están explícitas o subyacentes, claves sobre l a s que se desarr olla post e- riormente la ciudad moderna. De Solano (1996: 11) definía las Ordenanzas de 1573 como un “cu erpo t eórico y precept ivo”, en el qu e “.. .están expl icitas o subyace nt es, .. .las claves sobre las que habrá de desarrol larse la ciudad moderna y aún los actuale s f e- nómenos de dimensión urbano-ter ritor ial”. Destaca en el contenid o de las Ordenanz as de 1573 la comp lejidad de los pr eceptos urbaníst icos referidos a directrice s de la e x- pansión territor ia l, los consejos urbaníst icos y pautas geoe strat égica s que se consider aban pert inentes ma ntener a p artir de 1573 y que fueron estr uctur adas para ser validadas con junta mente. Las Ordena nzas son consider ada s asi mismo “uno de los te x- tos urbaní sticos capital es de la E da d Modern a y de los primeros donde se hace programa ción urb ana” . ( Véase Sainz , 2001: 14). - ¿Cómo surg en las “Ordenanz as para Descubrimi entos, Nuevas Pobl aci ones y Paci fica ciones” d e 157 3? E n 1 5 6 7 , Fe li pe I I s o li c it a a l ju r is t a J ua n d e O v a ndo , mi em br o d e l C o n se jo de I n di as — o rg a n is mo en c ar g a do d e ay u d ar a l r ey e n e l d e s pa c h o d e l os a su nt o s d e u lt r am ar — , la v i s i- t a e in sp e cc ió n a l m is m o d eb id o a di fi cu l t ad e s qu e s e p r es e nt a b an e n la g ob er n ac i ó n d e lo s d om in io s a m e r ic a n os . L e e n ca r ga la el ab or a ci ón de u n “ ma g n o p ro y e c to ”, u n C ód ig o L e gi s- l a ti v o pa r a lo s r e in os ul t ra ma r in o s — ll a ma d o C ó di go O v a nd in o — , in ic ia d o e n 15 69 . Juan de Ovand o había si do nombrad o por visita dor del Conse jo de In dias, a instancias del cardenal Diego de Espinosa, para que realizar a un infor me — una “relación” — , s o- bre lo que está ocurrie ndo con las Ind ias, cuáles son los principales problemas y el porqué de l os mi s mos, así como sobre la respons abilid ad de los f u ncion arios interes a- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 63 dos . El conten ido de esta “ relación ” hace que se convoqu e una Junta Magna — que reunía a los principale s altos funcionari os de Felipe II — , a fin de que a la vis ta de este infor me, se to men las decisiones y se dicten las medid as oportun as para reorgan izar la estructura, funcion amient o y gobernació n de los dominios ameri canos. Una de l as dec i- siones to madas fue l a de encargar con urgencia la redacción de un t exto compilado para todas las Indias, tarea que se encarga a Juan López de Velasco, qu i e n finalizó su composic ión en 1569 —l a “Copulata de las l eyes y provisiones”— , en l a que sigue el mismo plan que Ovando había señalado en su “r elació n ” . Poster iorme nte siendo no m- brado en1570 Ju an de O vando President e del Consejo de India s, ya al fre nte de esta instituci ón, retoma la tarea de rea lizar una más a mbicios a reco pilac ión y con sigue final i- zar antes de su muerte en 1575, el primer l ibro de los siete que había prev isto, y parte de los dos sigu ientes. A est e compe ndio se de no minó Có digo Ov andino. Ov ando , se propone redu cir las dispos iciones dadas desde 149 2 hasta 1570 en for ma de Ordena nzas, “formando un corp us,… q ue ten dría si ete Libros o Partes” (Morales Padrón, 1979: 487), estructurado s en títulos y leyes, que tratarí an: el Li bro I, del G o- bierno Espiritu al; el Libro II , de la G obernac ión Temporal (dentro de éste habría un Título consagrado a los descubrimie ntos. Dada la neces idad de esta regla ment ación, Ov ando desglosa su contenido — conju nto de precept os — , dándo los a cono cer adela n- tadamente. Así aparecieron las Orde nanzas de Des cubri miento, Nueva Población y Pacific ación, pro mulgada s por Felipe II, en Segovi a a 13 de julio d e 1573); el Libro III , de los Ind ios; el Libro I V, de la Repúb lica de E spa ñoles; e l Libro V, de las Cosas de Jus- ticia; y el Libro VI, de la Hacie nda Re al. E l conte nid o del Libro VII , no se con o ce. De est a f or ma, enmarcad as en dicho Código Legislativ o — Códig o Ovandino — , figuran las Ordenanz as de Desc ubrimiento, Nueva P ob lación y Pacificac ión , que se configura como norma oficial, a part ir de 1573, aun cuando la may or parte de las ciud ades est a- ban ya fundadas. Las Ordenanz as, reune la experi encia am ericana acu mulada durante las décadas prece dentes, las pr ácticas urbanística s en buena part e consolidada s, las claras precisi ones sobre la forma de la c iudad (del traz ado de ca lles y plaz a s, de la l o- calizació n de la Ig lesia May or y de los edificio s de go bierno y administ ración, de la repartic ión de solares y el diseño y construcc ión de las cas as), y lo que había sido la teoría de la colon ización española. Todo ello se conv i erte en el hilo conduct or de e sta s Ordenanz as . Por lo tanto en Améri ca, la práct ica preced ió a la norma, que explica ta m- bién la praxis urbanístic a contemporán ea en estos países, donde “la gesti ón hace el plan y ha ce la ci udad”. Alg u n a s de la s di sp o s ic io ne s est abl ec idas en est as Or den anz as de 15 73, tu vi er on mu y re duc ido e mpl eo , es pec ial men te la s de c ará ct er for ma l y est ét ic o, re su lta do d e la s re f l e- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 64 xi on es te ór i ca s div e r sa s pr o pi as de la ép oc a qu e ap l i ca das dab an lu gar a pla nte ami en tos muc ho má s v ari ad os y rico s q ue a qu ell os e man a do s d e la rea lid ad , es d ec ir, d e la e st ru c- t ur a cu adr icul ar , de la cua l s ur gie r on la ma y orí a de las ci ud ade s co lon ia l es . El proyecto de Juan de O vando quedó inconc l uso por su desapar ición f ís i ca el 02 de d i- ciembre de 1575, pero cuatr o partes del mismo fueron promulgadas por Felipe II como Ordenanz as sueltas o disposicione s independiente s, sin esperar a la term in ación de la obra. Estas partes fueron: del Libro I, el Títu lo dedic a do al Real P atr onato de Indias, promu lgado el 01 de jun i o de 15 74 , seg ún Sán chez Bella ( 1987 ) y en 1 573 , se gún Sainz ( 2001) . D e l Libro II, las Orden anzas del Cons ej o de Indias (promul gada s el 06 de octubre de 1571); las Ord enanzas de Nuevos Desc ubrimientos, Poblaciones y Pacific a- ciones (pro m u lgadas en 1 573); y el Títul o de Descr ipciones o Descripci ón del Estado de Indias (ta m b ién pro m u lgadas en 1573). Do s de es tas cu at ro O rd en anz as — l a de Nue vo s De scu br imi en tos , Pob lac ion es y Pac i f i- ca cion es (c ont eni da s en e l Li br o II ) y Re al Pat ron ato de Ind ias (co nt en ida s e n el L ib r o I) , “e st ab an ll a mada s a se r in med ia t a me nt e ap lic ad as en I nd ias , y de sp ués a ser re cogi da s en su ma y or pa rt e e n l a Rec op ila ción d e I nd ia s de 1 68 0” (Sá nch ez Be lla , 198 7 : 10) . En cuanto a las Ord enan zas del Consejo de India s (conteni das en el Libro II), estuvi e- ron vigentes hasta l as nuev as, de 163 6, siendo éstas las que pasaron a l a Recop ilación de las Ley es de In dias de 1680. Las Ordenanzas para la Descripc i ón del Est ado de las Indias (c onte nidas en el Libro II), se olvidaron pront o y según Sánchez B e lla (1987: 10), no hay huellas de ellas en la Recop ilación de las Leyes de Ind ias de 1680. (Éstas cons- tan en lo s Libros Regist ro del Con s ejo de Indias, co nserv ados en el Archivo General d e Indias de Sevi lla, España) . Entre los ant ecedente s se encuentran leyes y norm as de carácter urbano co mo las In s- trucciones emiti das por la Corona española en 1513 refer idas a l a fundación de ciudades en Amér i ca, las cuales prescribían hacer traz ados ordenados de calles y pl a- zas antes de inic iar la construcc ión de una nueva ciudad — Instruccion es dadas a Pedrarias Dávila (referen cia en el apartado 1.3) y a H ern án Cortés — ; algun as Cédula s Reales; y posteriorment e las Ordena nzas de 1523, dadas por el Emperador Carlos V. (referenci a en el apartad o 1.3). To dos estos d ocument os tr ataban sobre e l traz ado para las ciudades hispa nas aunque aú n no ofrecía n la idea y conceptu alizaci ón de un mod e- lo urbano compl eto. 1.4.1.1 Pri nci pios en lo s que se basó el modelo urbanístico de la ciud ad colo nial presente e n las Orde nan zas de 1573 TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 65 El modelo urbaníst ico de la ciudad coloni al prese nte en las Or denanz as d e 1573, s e basó en un con junt o de princ ipios, entr e los que d est a can por s u imp ortanc ia, releva n- cia y presencia a l día de hoy en las ci udades conte mporán eas l os sigu ientes: - La “búsq ueda de un orden”, principio funda mental suby acente en las orde na n- zas El principi o fund amental s ubyacente en las Orden anzas fue, “la ne cesida d de orden ar el territorio american o” como un “plan que mira a la constr ucción de un siste ma de ciud a- des”. La idea de introduc i r el “orden” en la ciu dad, e stuvo presente desde el p ri nc i pio en las indicac i o nes que la Corona fue dando para fundar ciuda d es en América. Para co n- ceder nuevos descubr imientos, se establecía como con dición que est uviese ya pob l ad o todo lo previ amente explorado y conocido, “se pueble así de españo les co m o de indios” (capítulo 3 2). Establec i d as estas pre mi s as, l as Orden anzas p roce dían a fijar el modo en que se debía llevar a cabo la orden ación del terr i tor io, eligiend o “la prov incia, co m arc a y ti erra que se ha de p oblar” (c apítulo 34), ten iendo en conside raci ó n una seri e de car acterísticas plasmad as en los capítulo s siguientes. Una vez fijado el territor io, se d ecidía el si ste ma de ciudad es, “pueb los cabecera s y sujetos”, atendiendo a la i n for m ac i ó n ap ortada “ por los descu bridores expert os” (capít ul o 3 8). - La compren sión de la ciu da d desde el territor io y formando una unidad con él Para la deter minación del l ugar donde se habrían de si tuar las poblaciones en el territ o- rio, las Or denanz as prescriben q ue tengan ag ua cerca para beber y regar los cultivos; la posibilidad de extr aer materiales para la construcci ón de edificios; l a existen ci a de ti e- rras de labor y pastiz al es en las in mediacio nes y que no sean ni al tas ni bajas, entre otras. (Capítulo 43). ¿Pue de interpret arse el conten ido de est e capítulo co mo el conce p- to de hue lla ecológica ? Una vez proyect ado ese “ plan de ordenación territo rial” (comparab le con la Ley Orgán i- ca de Ordenaci ón del Territorio — LOOT — q ue en Venezuela es aprobada en 1983) y en el que se presta particular ate nción al sistema de co municac i on es, “el gob ernador en cuyo distrito estuviere o con cuyo distrit o confinare ” (capítulo 43), la tierra elegida pr o- cedería a en cargar la po blación. La ciudad colonial por lo tanto era comprend i da desde el territor io y formando una un i- dad con él, ya que las actividades product ivas dependían estricta mente de la explotac i ón de la tierra, relació n existente entre ambos compone ntes de la única r eal i- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 66 dad urbano-territori al, que en el modelo hi s panoa mericano fue mucho más e strecha de cuanto p udo serlo en la c iudad europ ea de l a épo ca. El planea miento terr itoria l en Amér ica, fue escalon ado jerár quica mente, sur giendo los nuevos as entam ientos en progres ión decre ciente d e dependenc ia, de caráct er adminis- trativ o, más que de ta maño de núcle os o espec ialización funcion al . El sistema d e planific ación en Venez uela mantiene y se i nscribe en estas c aracteríst i- cas, es jerárqu i co, v ertical y en cascada y a partir de l a aprobac ión de l a Ley de Planificac i ó n en 2002 y de la praxis del gobier no Bolivariano, se refu erza y r ecentra li z a el poder en la Presi dencia, contrario a las tende ncias act ua les en otras ciudad es de América Lat i na y del mundo y a la propia Constit uci ó n de la República Bo l iv ariana de Venez uel a ( CRBV) aprob ada en 1999, que plantea “una democracia participat i v a y pr o- tagónica d el pueblo”. - Puesta en funci onamiento de un sistema dinámico insepar able: aspec tos soci a- les y espaciales En el m o delo de la ciudad colonial presente en las Ordenanz as de Felipe II de 1573, destaca la inseparabili dad de los aspectos sociale s y espaciales en la fund aci ó n de l a ciudad, perfectament e articulados. El cuerpo socia l se auto-organizab a sob re la base del régimen municipal ( fundame nto de la Ley de 1 989 en Venezuela). El “poblar”, con s- tituía j urí dica mente la “república de los pobladore s” (los Consejos Comunales en las ciudades contem poránea s venez o lanas), que se conv ertían en vecinos y adquirían obl i- gaciones en func ión de la s tierras y solares que les eran asignad os en el rep artimiento, de edificar sus casas y cul tivar los ca m pos. Tras haber f ijad o el número e identidad de los vecino s y haberse or ganiza do polític a- mente, se procedí a a repartir el térm i no que les hu biere sido asignad o. Las Ordenanz as fijaban la superfici e y el modo de repartir las “cua tro l egua s de término y territorio, en cuadro o prolongado según la calida d de la tierra acaeciere a ser” (capítulo 90) y que “por lo menos disten los lím ites del dicho terr i tori o cinco leguas de cua l q uier ciudad, villa o lugar de españoles que antes estuvier e poblado”. Las distancias míni mas establec i- das entre uno y otro poblado, aseg uraban en princ i p i o l a no inter f ere ncia y obligaban en cierta manera a establecer una “ma l la” o red de poblamient os guardand o una relación de dist ancias e ntre ellos. - La constr ucción de la reali dad ur bano-territori al ex presamente predet erminada. . El modo de repartir el t é r mino o poblado, se basa en un “plan rudi m ent ario” que clas ifica el suelo d el término y asigna usos: el suelo urba no y urbanizab le, establec iendo “lo que TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 67 fuere para los sol ares del pueblo y ejido co mpetent e”; el suelo no urb aniz able, deter m i- nando “la dehes a en que pueda pastar abundante mente el ganad o que esta dich o que han de tener los vec inos, y m ás otro tanto para los pr o pios del lugar” y las “s uertes par a los pobladores” que se dedicarí an a los diferent es cultivos. En cuanto al modo en que las Or denanz a s est ablec en q ue s e trace es e “p lan”, el cuerpo social con figura esp a- cialmente el terr itor io, fijando en un dib u jo el p lano con la “forma” que la ciudad tiene d e organiz ar el terr itorio. De esta manera, una vez se ha llega do al lugar d onde se h a de establecer la pob lación (c a pítulo 111), “se haga la planta del lugar repart ién dola por sus plazas, calle s y solares a corde l y regla” y “Para que se acierte mejor, l léve se siempre hecha la planta de la p o- blación que se hubiere de hacer” (capítulo 128). Se trataba ent onces de un “modelo configurad o” que se repetiría por todo el territori o america no, elaborado antes de ef e c- tuar el reparto de las tierras del término o poblado y que por lo tant o, la const rucción de la realidad ur bano-t err itorial f ue expresa ment e pred etermin ada. A partir de este m o delo, plasmad o en un “plan urb anístico”, la pri mera acc ión era la de deslindar “a cordel y regla” el espac io públic o, const ituido por plaz as y calles y del e s- pacio parcel ario, con los solares (ca pítulo 1 11). Si guiendo e l “ orde n” est ablecido, e l traz ado comenz aba por la Plaz a May or y desde al lí, se planteab an las calles. La idea de introduc ir el “orden” en la ciudad, estuv o presente desde el principio en las indicaci ones que la Cor ona fue dan do para funda r ciudades e n Améri ca. Ejemp lo de ello son las Instrucciones dada s por Fernan do el Católico, como r egente de Castilla, a Pedrarias Dáv ila, e n 1513 y l a Instrucción dada por Carlos V a Hernán Cortés, en 152 3, en las cua les d esta caba que “los pueb los parezcan orden ados”. - La ausenci a de lími tes en l o urban o Este capít ulo de las Ord e nanzas, insi ste tambié n en la ausen cia de lí mites e n lo urbano, “y dejando tanto compás abierto que aunque la poblac ión vay a en gran crecimiento, se pueda siempre proseguir en l a misma forma”. E sta i dea de una c iu dad de crecimiento ilimitado, extend ida por el territorio, que será luego una de las característ ica s presente en las metrópo lis modern a y contempor ánea, “se encue ntra ya f or mula da y construid a de un m od o rotun do e inequív oco en el m o delo urbano propuesto por las Or denanz as ovandinas” (Lucena, 2006 : 13). Se pued e dec ir que es la expansión sin lí mites, l a ma n- cha de ac eite y la ci udad-región, caract erísti cas de la ciudad metr opolitana y plurimun icipal v enez olana conte mporáne a). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 68 En la ciudad colonial , lo u rbano era definido a trav és de un plano, considerad o c omo un document o jurídico e instrument o de const rucción, en el c ual aparecí a dibuja da la trama ortogon al, base que sustentaba el modelo urbano propuesto. En el plan o de stacab a e l espacio p úblico, al cu al se le otorgab a gran importa ncia. - La Plaza May or, núcleo genera dor del que n ace l a ciudad colo nial y en torno a la cual cre ce En e l esp acio público, la pieza clav e al re dedor de la cual se articul a todo el conjunto u r- bano es la Plaza Mayor, a la que d edican las Orde nanz as varios capítu los en los cuales definen sus caracterí sticas formales y funciona les. Entre ellas, fijan su posi ción en la ciudad, bien sea si ésta se encuentr a “e n la c osta de mar” , ubi c ándose la pl az a en e l desembarca d ero del p uert o, o “en lugar mediterr á neo”, debiéndose const ruir la plaza en medio de la pob lació n. La plaza es el núcleo generador del que nace la ciudad col onial y entor no a la cual cr e- ce. A p artir de la plaza se establec en los puntos de arranq ue de las c alles y es por lo tanto, el centro físico y exist encial de la vida urbana. Está conc ebida en las Ordena nzas como el lugar de repr esentació n social y como escenario de la vida ciuda dana, en sus episodios cotidianos y en sus m o mentos festiv os. L a plaz a es el cent ro d onde con fluye toda la v ida de la ciu dad. En las Orden anz as, las n ormas p ara el diseñ o y constr ucció n de la plaz a vincul an de nuevo, sociedad y espacio urbano. En relac ión al t amaño de la plaz a, las nor mas pre s- criben que “la grandez a de la plaz a sea pro porcion ada a la cant idad de veci nos” y que la elecció n de su tamaño se hará “tenien do respeto a lo que la poblaci ón pue de crecer” (capítulo 114), ten iendo e n cuenta que la pl az a es un espa cio de m úl ti ples u sos, co mo el lugar de mercado, de las diversas fiestas civ iles y religiosas y punto de concentración de l a poblac ión en d iversos mome ntos del año. Es tamb ién lugar de encu en tro para t o- das las funcio nes soci ales, de carácter cívico y gube rn a mental, de diversión y esparci miento; a llí ta mbién se administraba, se impartí a justicia, se realizaba n activ id a- des com erciales y se celebraba n los festejos. En cuanto a la f or ma de la plaza, las Ordenanzas establecían la plaza recta ngular, s i- guiendo la tradic ión vitruv iana, “la plaza en cuadr o prol o ngada que p or lo menos te nga de largo una vez y m e dia de su an cho” (c apítulo 113), just ificand o la mejor adecuación de esta disposición para la ce lebraci ón de “las fiest as a caba llo”, las justas y t orneos. Teniendo en cuent a la poblac ión y su posible crecim iento, las Orde nanzas fijan un t a- maño máximo y uno mínimo, recomendan do como ta maño medio, una pl az a de “seiscie ntos pies de largo y cuatrocientos d e ancho. Este m odelo no fue e mpleado en la TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 69 gran mayoría de las ciudades hisp anoa mericanas, donde las plazas son cuadra d as y han genera do un a cuadríc ula u niforme. La plaza resulta de esta forma un el e mento de la cuadrícula, bien insertada en ella y producto de dejar una ma nzana sin edificar. La pla za, ese “espacio vacío” en la cuadr í- cula hispa na, está c oncebido como el e spacio de la representa ción so cial, de notable valor simbólico y por lo tanto no se podían otorga r sol are s para part iculares (capítul o 127), sino que se situaba n en su entorno las actividade s e inst ituciones que represe nt a- ban los valore s soc iales co mpartidos por lo s españo les, ta les co mo cas as reales, iglesia, cabildo y act ividades de cará cter co mercia l. Asimism o, las Or denanz as recomen daban co mo era usual en las pl azas may ores de las ciudades castel lanas, que “toda la plaza a la redonda y l as cuatro c alles principales qu e de ellas salen, tengan portales porque son de mucha comod idad para los tratant es que aquí suelen concurr ir (capít ulo 116). La plaz a, era también el primer espacio que se d e- bía edi ficar en la ciudad y su construcc ión d ebía ser costeada p or todos los vecino s (capítulo 117), dest acand o la necesidad de que todos los pobladores debí an contribu ir en la construcción y sostenimiento de lo público, porque era el lugar de la expresión d e su identid ad co lectiv a, el c entro geomét rico, v ital y simból ico d e la c iudad. - Las calles, “dispu estas en damer o y prosiguiend o siempre en la misma fo r ma” A partir de la plaza, coraz ón y elemento gener ador de la cuadrícula hispana, se crea un damero de calles que po dían “siempre prosegu ir en la misma forma” e ilimi t adame nte, definién dose una morfologí a urbana m uy característica. “De la pl az a salgan cuatro c a- lles principa les, una por m edi o de cada cost ado de la plaza y dos calles por cada esquina d e la p laza” ( capí tulo 115). Es e mi s mo c ap ít ulo se ña la qu e “ la s cu at ro e squ ina s de la p laz a m ir en a lo s c ua tr o v ient os pr inc ip a les , p orq ue de es ta man era , sal ien do la s c al les de la pla za , no es t ar án exp ue sta s a los cu atr o vi en tos pr inc ip ale s, qu e s er ía de mu ch o i nco nv enie nt e” . Las ca lles c on for m a- ba n el es pa cio p úb lic o y la red v iar ia qu e co ne ct ab a l a c iu da d c on lo s c a mino s p rin ci pa le s lla mad os “ca mi nos re al es ”, qu e co ns tit uí an los acc es os p ri ncip al es a la ciu da d y co nd u- cí an a o t ro s te rr ito r io s. En r elac ión al a nch o de las ca lles , l as O rdena nz as e spe ci fic an q ue “l as ca ll es en lo s lu gar es fr í os se an an ch as y en la s ca lie nt es s ean ang os t as ” y “ pa ra la de fens a ad on de hay c aba llos so n me jo re s an cha s” ( cap ít ulo 11 7) . - Las plazas menores o pla zoletas, piezas urbanas articula doras de los barrios Otros espacios públicos de importan cia en la ciuda d colonial y a los que tambié n se r e- fieren las Or denanzas, son las plazas menores o plaz oletas, que act uaban como centros secundar ios y piezas urbanas en función de las cuales se articula ban los b a- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 70 rrios en la ciudad coloni al. En ellas se situ aba n las iglesias y monast erios que serv ían de parro quias. La s plaz oletas eran el elemento a glut inador de c ada barr io. “ A trecho s de la pob lación se v ay an formando p lazas menor es en buen a proporci ón adonde se han de ed ificar los tem plos de la Iglesia Mayor, parroquias y monasterio s, de m aner a que todo s e repart a en b uena pr oporc ión p or la do ctrina” ( capítu lo 119). - Los edifici os de imp ortanci a Las Orde nanzas prescr ibieron caracterí sticas para l os edific ios de importancia en la ciudad colonial , como los de carácter religios o y cí vico guberna mental. Siendo la trans- misión de la fe cristiana y la evangeliz ación, el fin últ imo de la conquista y considerand o que las órdenes religiosa s asumieron desde el principio de la fundación de l as ciud a- des, funcione s no solo religiosa s sino tambié n educativ as, asiste nciales y sociales, las Ordenanz as hacen referencia en nu merosos capítulos a la Ig lesia Mayor, parroquias, monaster ios y convent os. Las Ord enanz as, pres criben p ara estos edific ios, “s e se ñalen solares, l o s pri meros de s- pués de las calles y plazas, y sean en isla entera, de manera que nin gún otro edificio s e les arri me sino el pertene ciente a su co modid ad y ornato” (capítulo 120). Monasteri os y conventos, func ionaron como c entros as iste nciales. En r el a ci ón a los edi fic ios re pre sen t at iv os d el pod er pú bli co, cas as re al es , ca bil do y cá r- ce l, se dan ind ica ci on es s ob re el lug ar en qu e de be n emp laz ar se, “ se ñále se lu ego sit io y so lar pa ra la cas a r ea l, ca sa de con sej o y ca bi ld o y adu an a y at ar az ana ” (ca pít ul o 12 2) . - Otros edificios Tambié n las Orde nanzas señalan caracterí sticas que deben tener l os empla zamientos para hosp i tal es de enfermos ord i nar i os, personas necesitadas y enfer mos con e nfe r- medades contag iosas. Para estos últimos, “para los en f er m os de enfermeda des contagios as se ponga hospita l en parte que ningú n v iento dañoso pasando por él vaya a herir en la demás población, y si se edi ficare en lugar levantado será m e j or” (capítulo 122). “El sitio y so lares para carn i cerí as, pesc aderí as, tenerías, y otras oficin as qu e causan inmundic ias se den en parte que con facilida d se puedan conserv ar sin ellas” (capítulo 1 23). - L os esp ac ios l ibr es Re sp ect o a lo q u e hoy se co noc e co mo “si st em a d e es pa ci os li br es” , “S eñ ále se a la p o- bl ac ión e jid o en t an c o mpe te nt e can tid ad q ue, au nq ue la p obl aci ón v ay a en mu cho cr eci mi ent o, sie mpr e qu ed e bas ta nt e es pac io ad on de la pob lac ión se pu e da sa lir a r e- cr ear y sa lir los ga nad os sin qu e h aga n da ño ” (c apí tulo 1 30 ). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 71 - Las áreas re side nciale s En cuanto a las áreas residencia les de la ciud ad, conforme al “orden” señalado en las Ordenanz as, a cada uno de l os p obladores l es fue concedido un “so lar” para que con s- truy ese su casa, convirtié ndose in mediata mente en “v ecino”. En los solares del entorn o de la Plaza Mayor, co mo se mencionó anterior mente, se asentaron las ed ificac iones singulares de l a c o munidad, como iglesias, ca sas reales, cabildo y hosp ital. E l re sto de los solares era repart ido e ntre los p obladores (c apítulo 128), siendo el mo do de asig na r- los “ por suerte”, aunque fue ha bitua l por mucho tiempo, que éstos se asigna ran “según la calidad d e las p er so nas”. De este modo, l a organiz ación de la estr uctura urbana reflejo l a estratifica ción socia l (que muta posteri or mente a segregac ión y a una asimétric a distribuci ón de la cali da d de vida, enlas ciudades lati noamer icanas actua les, definida en esta investigació n como ciudades “mest iza”, “hibrida”, o la “una - dos ciudad” , existiend o u na correspo ndencia e n- tre tejido urbano y tejido soci al, clav e para el análi sis de las etapas post eri ores en la evoluc ión de la c iudad co lonial ). A los pobladores de elevada posición soc ial y determinada relevanc ia, en la ciudad c o- lonial les fueron repartid os solares y lotes urbanos a partir de l a Plaz a Mayor y su adjudicac ión f ue de acuerdo a “la jerarq uía de f un d adores y su particip ación en el pr o- ceso fun dacion al” . (Vé ase De So lano, 1996: 16). En la ciud ad actual, l a metr ópoli contem poránea , se produce el vaciamie nto de este centro histórico- fundaci onal, la gent rificac ión en algunas ci u dades y en otras como la ciudad venez olan a, se mant ienen ocu padas por actividad es de gobierno - administrat ivas, financiera s, religiosas y comercio formal e i n formal — de buhoneros — , en proces o de rehabilitac ión. Este m o do de asign ar los solares f orta l ec ió la centralidad de las ciu dades latinoa m e ricanas. En l a ciudad colonial , una vez repartidos los solares entre los vecino s, tenía n la oblig a- ción de constru ir sus casas y ocupar las, obtenie ndo su propie dad defin itiva después de cinco año s de res idencia (capítulo 85). - Normas para la c on str ucción de l as casas Las Orde nanzas ta mbién establece n norm as para l a co nstrucc ión de las casas, entre ellas las que indican que “co m ience n con mucho cuidado y valor de fundar sus casas y edificarlas de buenos cimi entos y p ar edes, para l o cual vayan apercibid os de tapiales o tablas p ara l o s hacer y todas las herram ientas p ara edificar con breveda d y poca costa” TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 72 (capítulo 133) y para que “cua ndo los indios las v ean, les cause ad miración y entiendan que los esp añole s pue blan allí d e asient o y no de p aso ” (cap ít ulo 13 8). Las casas debía n disp onerse de ta l forma que pu diesen “gozar de los aires del medi o- día y del nort e, por ser los mejores” . (Es notable la se mejanza con las Norm as de Acondici onamie nto Ambie ntal vigentes hoy en al g unas ciuda des l atin oameri canas. En las ciu dades de Venez uela, aprobadas por las Alc aldías en 1999, dest ac a la de Mar a- caibo — u bicada e n el e xtremo occid ental d el país) . En l a ciudad colon ial , e sta disposici ón de las c asas también debería permitir , “serv ir d e defensa y fuerza cont ra los que quieran estorbar o infectar la población” y que en ell as “puedan tener sus caball os y bestias de serv icio, co n patios y corrales y con la más a n- chura que fuere pos ible por la salud y limpiez a” (capít ulo 134). Las c asas entre medianer as, cont inuas y mediante la compos ición de fach adas, con forma n el espac io público de la cal le (capí tulo 135). - Las tierra s para labores de agricultura y ganadería, sosté n de la ciudad y el t e- rritori o En el repart imie nto de so lares se les adjudicaba a los poblador es ade más de tierras p a- ra edificar, t ierras para r e alizar lab ores de agri cultu ra y gana dería, “de m anera qu e sean tantas como los sol ares que p uede haber en la poblac ión, y si hubiere tierra s de reg a- dío, se haga de ellas su ertes y se repartan en la misma proporción a los primeros pobladores por su ertes, y l as dem ás queden para N os, para que hagamos merced a los que despu és fue r en a p oblar” (capítul o 131). Con la asignac ión de tierras, los poblador es adqui rían el compro miso de cultivarlas y explotarl as. Por lo tanto, la explot ación de la tierra, a través de activ idades pr oductiv as princip ales como la agri cultura y la ganadería y la minería en algu nos c asos, es de finida por las Orden anzas co mo “la tarea prioritar ia de los pobla dores” por cuanto de ella d e- pendía e l soste nimient o d e la ciuda d y el territ orio. En este contexto, la const rucción de la c iudad debía rea lizarse cuando “ habi endo se m- brado los pobladore s y acomodad o e l ga nad o e n t anta cantid ad y con t an bu ena diligenc ia d e qu e esperen haber abun dancia de comida, comience n con muc ho cuidad o y v alor a fundar sus c asas y edificarla s” (capít ulo 13 3). Estos son aspecto s considerad os hoy en las ciuda des contempor áneas, para establ e- cer la hu ella ec ológica en estas ci udades y su soste nibilid ad. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 73 - E l c r ec i m i en t o d e l a c iu da d y l a vi si ón de f ut uro I ns er ta la c iud ad co lo nia l e n un co nt ext o ag rí col a, pe cu a ri o y min er o, las O rd en an za s p r e- v e í an su fut uro cr ec imien t o , a l es t ab le ce r áre a s de ej id os y de he s as co mu na le s, lib res de co n st ruc cion e s y re pa rt os , qu e ro de ab a n la c iuda d y qu e con st itu ía un sue lo d e res e rv a pa r a su fut u ra ex pan si ón u rb ana . En esta ciu dad, basada en un modelo urbano que surge a partir de una cua drícula, su crecimie nto podía ser i n def inido, segú n sus ne cesi dades. Este aspecto ya había sido tomado en consider ación en las “ Orde nanzas ovan dinas ” o en la Provisión Imperi al de 1526, sobre nuevas poblacion es y en cuyo capítulo 111 s e indicaba que “cuando haga n la plant a del lugar, re párt anlo por sus plazas, cal les y solares, a cordel y regla, come n- zando desde la plaza may or y sacando de ella las calles a las puertas y caminos princip ales y dejando ta nt o compás abierto que aunque la población vay a gran crec i- miento, se pued a prose guir y dil atar en la misma forma”. “La detalla da y minuciosa propuesta for m a l contenida en el docu mento urba nístico más importa nte de su époc a, las Ordenanz as de Felipe II de 1573” (De Terán, 1997: 48) no llegaron a aplicarse integralme nte en ninguna pobl ación, pero abr ieron la posibilida d a otras opciones en las ciu dades que se construyeron en fecha posterior a la de estas Ordenanz as y en interv encion es urb anas que se re alizaro n en ciuda des y a e xistente s. En t r e las dis po si c io n es mu y po co ut iliz ada s de las Or den an z as de 157 3 , des tac an dos . La pr ime r a, r ef er ida a la P la z a May or, co nc eb ida co mo un re ctá ngu l o y no como un cu a- dr ado , de p r op or ció n c ien (1 00) met ros po r ci en to ci nc uen t a ( 15 0) m et ros , e nt re s us la do s, co n do s ca lle s p erp e nd ic u lar es sa lien do por cad a es q u in a y ot r a po r el cen tr o de ca d a la do . Es t a d isp os i ci ó n dab a lug ar a un a div er si f ic ac ió n de Pl az as M ay or es , de ta m a- ño s y pr o po r ci on e s de ma nz ana s a s u al r ed ed or, di fer en te a la modu lac i ón un ifor me qu e en la re al idad ex ist ió, pro d uct o d e un a cu ad rí cu la se nci ll a y cl ar a. L a se gu nda di sp os ici ón qu e tu v o es ca sa u t ili z ació n en la r ea lida d, fu e la re fer ida al r ep art o de l sue l o ag rí co la alr e- de d or de la ci ud a d, qu e es t ab le c í a co mo un idad d e sup er fic ie la “c ab a ller ía” y co nt end r í a cu lt iv os de ce rea le s , pl ant aci on e s de árb oles y ga nad er ía. Las Or dena nzas de 1573, describieron un m od elo urbano que fue exit oso en su im pla n- tación, a part ir del desa rrollo de ciudades sobre una cuadrícula, que actuó como soporte f le xible y eficaz para l a p osterior y compleja organ izaci ón de lo urbano en el t e- rritorio a mericano. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 74 En est e sen t id o , se en tie n de y asu me la ci ud ad co l o n ia l co mo un pr o ce so y una re al id a d en co ns t a nt e tr a ns f o r ma c i ón , pu di e n do s er id en t if ic a d o s dos tip os de sue lo: en pri mer l u- ga r, el ár ea pr opi a d e la ciu da d c olon ia l o sue lo ur ba no; y en se gun do lug ar, la s áre as de re ser v a o sue lo ur ban iz able , que cor res pon de a las ti err as de cu ltiv o y de pas to s de g a- na do, ub ic ada s a lre ded o r d e l a c iud ad y h ac ia do nde é st a p odr ía cr ece r, es ta nd o pr ese nt es los c on cep tos a ct ua les de so por te p rod uct ivo , sos te nibi lida d y h ue lla ec ológi ca. La im agen de la ciudad colonial , contenida en las Ordenanzas de 1573, es una abstra c- ción tenden cial, resu l tad o de la experie ncia prá ctica acumulada y del progresiv o perfecc i on amiento de con ceptos que surgían en esa época en Europa y que por prim e- ra vez eran integra lmente aplica dos en un territorio. Este territorio fu e Amér i ca , donde la práctica precedió a la normativ a. En la construcci ón de l a ciudad colonial , la legislación respaldó este proceso, no se adelantó a él. (Véase Hardoy , 1983: 47; y Lucena Girald o, 2006: 10 ). 1.4.2 La “Reco pilación de l as Leyes de los Reynos de Indias” d e 1680 Otro documento que tam bién formó parte de la legislac ión urbana de la ciud ad colonia l — emit ido un siglo despu és de l a fecha en que fuer on promulgadas las Ordenanzas fil i- pinas, en el siglo XVII — fue la Recopilaci ón de Leyes de Indias (1680-1681), antes mencion adas. Éstas fueron un compendio de las no rm a s for muladas hast a ese mome n- to. La Recopilac ión incluyó las Orde nanzas de Felipe II de 1573 y se mantuv o vigente hasta los años en q ue l a s “Repúblicas amer icanas” se independ i z aron de Esp aña. La formació n de la Recop i la ción , fue l ar ga y laborio sa. Para Ricardo Leven e (si n f e cha: 71 - 72), “la pr omulgación de un Códig o común para las Colonias, pretendería hacer un i- versales las l ey es circ unscritas y particul ares”, reduciend o a una unid ad la diversa naturalez a de ciuda des y pueblos indianos. “De ahí que lo s sob eranos y los jurisc onsu l- tos pensaron en la red acción de un cuerpo de leyes que uni f icara l a legislac ión dispers a y le diera caráct er de universal idad” (Gó m ez Hoyos, 1961 : 53). Entre las leyes que uni f ic an la legislaci ón dis persa y dan un carácter u ni v ersal a las L e- yes de Indias de 1580 se encuentr an: las Ordenanz as para Descubri mientos, Nuevas Poblacio nes y Pac ificacio nes (1573); el C e dulario de Encinas (1596); los tra bajos rec o- pilatorios de Diego de Z orrillas (1605); el Libro primero de C é dulas, de So l órz ano Pereira (1622); los Sum arios, de Aguiar y Acuña (1628); la propuest a del Código P e- ruano, de Gaspar de Es calo na y Agüero (16 35); y el proyecto de Recopi l ac ión, de León Pinelo (163 6). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 75 La obra r evisa da y co mplet ada por varias ‘ Juntas de especia listas ’ , bajo la supervisió n del Consej o de Ind ias, fue promu lgada dura nte el r einado de Carlos II , el 16 d e mayo de 1680, con el título de Recopila ción de Leyes de los R ey nos de Indias. Este código de leyes suprimía anteriores, quedando conjunta mente vigente con las L ey es de Casti lla y ordenanz as part iculares y leyes municipa les de l as ciudades — que c onserv aban su fuerza y v alidez — así como las Prov isione s de V irrey es, Audiencias y Gober nacione s. 1.4.2.1 El contenido de la “ Recopil ación de las Leyes de los R ey nos de Indias ” de 1680 El contenido de l a Recopilac ión de las Leyes de los Reynos de India s está repartido en nueve l ibros, subdivididos en 218 títulos, con un total de 6377 leyes. El Libro Primero está dedicado a materias eclesiástic as; el Libro S egundo tr ata de las ley es d e los Trib u- nales de Justic ia; el Libro T ercer o, del dominio y jurisdicci ón de las Indi as y de l a guerra; el L ibro Cuarto, de l os descubri miento s, pacificaci ón, población, obras públicas; el Libro Quinto, de la di v isión territoria l para el gob ierno y de los gobernant es; el Libro Sexto, consagrado a l os i ndios; e l Libr o Séptimo, s e r efiere a la policía en la s ci udade s y poblados, del juego, de los vagos, de las d ispos iciones penales; el Libro Octav o, de la Real Haciend a; y Libro Noveno, de la Casa de Co ntrat ación de Sevilla y su f u ncion a- miento. Los Libros Cuar to, Quinto, Sexto y Séptimo, son los que con tienen las ordenanz as referid as a l a ciudad y pobl acione s. Con la Recop ilación de 1680 se p erfecc ionaron las Ordenanzas de 1573. S e di o unida d al gobierno de toda s las Prov incias indiana s “que debiero n aco modarse al esp írit u y a la letra del ún ico cuerpo de leyes” (Hoyos, 1961: 56) que ri gió hasta la ind epende ncia y formació n de l os Est ados amer icano s. La legislac ión en América , con el tie mpo y ca mbio de circun stanc ias, continuó evolu ci o- nando y enriqueciéndose, con l o cual se intenta la refor ma de l a Recopi lación de 1680 . En efecto, C arl os III, ordena e n 1776, que se ela bor e un N u evo Cód igo de Leyes de I n- dias. Una Junta de Leyes, i ntegra da por cinc o ministros del Consej o de Indias , examina la labor de los compil adores nombrados para tal tarea, pasando las leyes rev isadas al Conse jo de india s en pleno y a Su Majesta d para su real aprob ación. La s refor mas plantead as a la Recopila ción de 1680, recogid as en el Nuevo Código de las Leyes de Indias, nunca llegó a pu blicarse y no tuvo jamá s vigencia en América, quedan do reduc i- do a un mero “proy ecto d e refor mas de código”. 1.5 LA CIU DAD COLON IAL EN VE NEZ UELA TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 76 La ciud ad co lonia l en Ve nezuela, se corr espon de con el períod o col onial español, q ue abarca desde 1498 — cuando Cr istóbal Coló n en su tercer viaje a Amér ica de se mbarca por pr imera v ez en “Tierra Firme” v enez olana— hasta 1810 — c uando fue firmada la Declara ción de I ndepe ndencia d e Ve nezue la. Desde 1535, Venezuel a aparecía incluida en l a Audienc ia de Santo Domin go — centr o de la autoridad española en el mar Caribe, durante muchos años — . La Audiencia r e- presenta ba en la ciudad c olonial lo que actual ment e es una Corte Supre ma de Justici a. Venez uela dependió directame nte del Virre inato de la Nuev a E spaña hasta 1717, cua n- do se crea el Virre inat o de la Nueva Gr anada, adscrib iéndo se la Provincia de Venez uela a él y pasan do a depen der de l a Audi encia de Santa F e de B ogot á. Como se ha descr ito ant eriorme nte (punto 1.4), cuand o se promulgan las Ordenanz as de 1573, ya estaban fund adas una buena parte de las princip ales ciuda des en la Amér i- ca Hisp ana, en l as cua les se encontraba presente el damero como traz ado u rbano. En Venez uela ex istían las ciudades de Nuev a C ád iz (Cubagua), reestru cturad a en 1521; Coro (1529), El Tocuyo (1545), Barquis imeto (155 2 y 1563), Valenc ia (15 55), Mérida (1559), Tru jillo (1560) y San Crist óbal (15 61), que preced iero n a Car acas (1 567). En ellas, la cuadrícul a no es idént ica en todos los casos. La forma y tamaño de l a s manzanas y de l a Plaza Mayor, el emplaza miento de la Iglesia Mayor, como volumen aislado o co mo parte de u na m anzan a latera l y las respu estas a cond icion es locales d i- ferentes, contr ibuy en a otorgar un caráct er particular a cada centro p oblado, en medio de las te ndenci as hom ogeneizant es, tip ológicas e inv ariantes. Las ciudades fundadas e n esta etapa y su estructu ra urbana creada, se han mantenido a lo largo del tie mpo, y constituyen la base del sistema de ciud ades de la actual Ven e- zuela y de la gran may oría de lo s países en Latinoa mérica. (Ver plant as de ciudad es venez olanas en l áminas c-a, c-b, y c-c). De igual f or ma, el urbanismo y en él, la arquitectu ra española del período colonial, se consider a la herencia m á s significativ a y trascende ntal en materia de m edio construido del país. En este context o, Coro, una de las pr imera s ciudades fundada po r los españ o- les en Ve nez uela (en 1 529), ubicada en el occident e y cercana a la costa del Mar Caribe, se conv ierte en pu erta de entrada a l país, a “Tierra Fir me”. A pe sa r de los di fí c ile s co mie nz os de Cor o, s e pu d ie ro n sen t ar la s ba ses de la pe ne tr a- ci ón e sp añ ol a e n e st e ex t re mo de l te rri t or io a mer ic an o ( no rt e d e Su ram ér ica ). En 15 31 , el pa pa C le ment e VI I, ex pi di ó la Bul a “Pr o ex c ell en ti pr em in ent ias e”, po r la cua l se es t ab l e- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 77 ci ó el pr i me r obi s p ad o en Ven ez uela , or den án dos e er igir un a ig l es ia Ca ted ra l par a res i- de nci a de l Ob isp o. Co ro fue se de d e los pr ime ro s go ber nad or es y ob isp os . El pr ime r ob isp o d e la dió ce sis d e e st a ciu da d fue Mo ns eño r Rod rig o de Bas tid as, n ac i do en la ci u- da d de S ant o Do min go. Er a hi jo de l s ev ill a no Rod rig o d e B as tid as , fu nda do r de la ciuda d de Sa nt a Mar ta (C olo mb i a ) y eje rci ó d icho c arg o dur an te nu ev e a ños (1 531-15 40 ). Lu eg o se t ras lad ó a Sa nt o D omi n go, d ond e f ue nom br ad o ob isp o de Pu er to Ri co. El 7 de marzo de 1638 e l obispad o de Coro, se tr aslada a Caraca s, en cumpli mie nto de la Real Cédula de 20 de junio de 1637. Las razone s funda mentales para dicho traslado, fueron, de una parte, la pujanza económica de la nueva sede, C ara cas, ciudad en la que habían fijado su residenc i a l a m ay oría de los obispos hasta la f ec ha y de otra, los frecuentes ataques de los piratas — espec i a lmente de los hola ndeses, desde la vecina isla de C uraz ao — a que e ra sometida C oro. La expa nsión hacia el i nt erior de “Tierra Firme” se fortalec e con la fundación de otra ciudad, El Tocuyo (1545), que rápidament e se convierte en centro de irradiación de las expedicio nes que van formando la top oni mia geogr áfica del país y desde donde se pr o- graman las secu encias de “asientos” de otras ciudades venez ol a nas ya mencionadas como B arquis imeto, Va l e ncia, Mérida, Tru jillo y San Cristóbal. Los oríge nes de Caracas son posteriores a estas ci ud ades y su fund ación se e n marc a en la se gunda fase de la Conquista, la de “penetra ción del terr itorio”, que co nsi st ió en la puesta en marcha de un programa de conquista, pacificación y funda ción d e establec i- mientos definitiv os tende ntes a “ampliar el do m in io y control de zonas extensas, e imponerse en el territori o conquista do”, que en toda la cuenca del M ar Caribe se cara c- teriza por el establ ecimient o de “asie ntos” y fundacion es de la tipología de “ciudad es costeras”. En Venezuela, e l proces o urbaníst i c o es pañol, r epresentó la cr eación d e ciuda des completa mente nuev as, las cuales contaron con pocas refere ncias de las tradici ones y asentam ientos urba nos indí genas. Se gún Go nzál ez Casas (1997: 22), “ D ebido a la inexiste ncia de tradicion es urbanas aborígene s como las de Méxi co o Perú, en Ven e- zuela la i n f luenc ia de los pri m it ivos pobladores fue casi n ula en el á m b ito urb anístico”. Con frecuenc ia en Venezuela, las ciudade s, sus espacios públ icos y equip amiento u r- bano, fueron bautizad as entremezcland o nomb res caste llanos e indígenas, que perman ecen hasta el día de hoy: casos de las ciud ades d e “Caracas” y “Maracai bo” (en las que prevalece el nombre indígena); as imismo en las denominac iones de ríos, qu e- bradas y diferentes lugar es en las ciu dades, como Guaire, Catuche, Anau co, Baruta, TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 78 Chacao y Petare (e n Caracas), que corr espond en a no mbres indígen as de element os de la nat uralez a. (Trocon is de Veracoe chea, 1997: 18). 1.5.1 La confi guraci ón de las Pr ovi nci as Desde comienz os del siglo XVI hasta inicios del siglo XIX , la Provincia se co nfiguró c o- mo la est ructura terr itoria l básica para el gobierno y administració n de los territo rio s americano s. Oviedo y Baños , emplea en su “Historia de la Conquista y Pobl ación de l a Provinc ia de Ve nezue la” 26 , el término de “Prov incia”, como si nónimo de territ orio. “La s Provinc ias como unidade s territoriale s básicas, giraban en torno a una ciudad, que con sus autor idades l ocales ( ay untamiento o cabi ldo) ha cia de c abeza de Pr ovi ncia” (Brew er Carías, 19 97: 72). La P ro v i nc ia , f u e c re a d a p o r la Co r o na e s p añ o l a, co mo un a d iv isió n p olí tic o-ad mi nist ra tiv a or gan iz ada . La Con st itu ció n de Cád iz , pr omu lga da el 19 de mar zo de 1 81 2, sa ncio nó la su pre sió n de las an t ig ua s div isio nes ter ri tori ales pen insu la res — R e ino s, pr ov in ci as e i n- t en den cia s — y est ab leci ó u na di v isi ón más ra ci on al , en pr ov inc ia s, de l to d o ter ri t or io pe nin su la r. Tr as la inst au ra ció n del a bs olut is mo , co n e l re gr eso d e Fe rn and o V II , la Co n s- t it uci ón fue ab ol ida y po r lo ta nto est a r edi st rib uci ón t err it ori al n o p udo se r ap lic ad a. Algú n t ie mpo des pu és, fal lec ido Fer nan do VII , e n 18 33, su v iu da , M aría Cri sti na r ege nte de E s- paña — con e l apo yo d e lo s libe ra les — , en car ga a Ja vi er de Bu rgo s la div is ión pro vi ncia l qu e co n lig era s mod ific ac io ne s ha ll eg ad o a n ues tr os dí as. La Prov incia en Améric a, fue para Brew er Carías (1997: 73), anter ior a la Provincia de la p enínsul a y su conc epción durante la conq ui sta y coloniz aci ó n “s iguió l o s tr azos de la instituci ón que con el mismo nombr e se desarrolló en el Imperio Romano para el g o- bierno y administración de los territorios c onquista dos fuera de Italia (Ultr amar) y que estaban a cargo d e un Goberna dor (praetor, procó nsul o l egatus). Las prim eras se configuraron en América a partir de las Capit ula ci o nes, dadas al Je fe de una Expedic i ó n, a qu ien le era otorgado el tí tulo de Ade lantado. Éste, ejer cía la aut o- ridad al ini cio de la labor descubridora y de conquist a, de una circuns cri pció n terr itorial o unidad territoria l básica, que se convertí a en una Provincia. Luego, era un Goberna dor, el que pasa ba a ejercer d icha aut oridad, tenien do a su carg o las f unc iones administrat i- vas, de justicia y lo r elacio nado con e l pod er militar. Existiero n Provi ncias mayores y menores, indepen di e ntes entre sí. Las P rovinc i as m a- yores, podían agrupar a Provincias menores, en cuyo caso “el Gob ernador de la provincia mayor llevab a el tít ulo de Capitán G eneral, por su función mi l itar en el t erritori o TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 79 de las otr as Provi ncias menore s” (Brewer Carías , 1997: 73), que a su vez estaban a cargo de un Gobernador. Los Gobernad ores de Prov incias (may ores y m enor es) goz a- ban de a utonomí a y se ent endían d irectam ente con la Rea l Audienc ia o co n el M onarca. El sist ema de ciudade s f u e l a base para la organ ización del terr itor io. Los núc leos urb a- nos “cabez a de Prov incia”, jugaro n un papel pr otagónico, donde tenían su sede los Goberna dores y Capitanes Genera les o Goberna dores, según el caso. Las ciudades estaban integrada s en e l territorio de las Prov incia s. Las autori dades de las ciudades , los Alc aldes ( Alcal des M ay ores u O rdinari os, seg ún la importanc ia d e la c iudad) y los Regidores, que se reunía n en Ay unta miento o C o nsejo, estaban bajo l a au toridad del Goberna dor. Las distint as prov incias hispanoamer icanas surgían en torno a l a f un daci ón exitosa de una c iudad que s erv ía para organiz ar su territor io desde el punt o de vista polí tico y ec o- nómico. - Las Provi ncias d e Venez uela El 27 de mar z o de 152 8 Car los I, emit ió un a Re a l Céd ul a dec lar an do con st itu ida la Pr o- v inc ia d e Ven ez uel a en e l t er rit or io que se e ncu ent ra en tr e “… el ca bo d e La Ve la o de l fin de lo s lí mit es y tér mino s d e la dich a Go ber nac ió n de San ta M art a h as ta M ar acap an a, le s- t e oe ste no rt e y su r de la una mar a la ot ra , con t oda s la s isla s qu e est án la dic ha co st a, ec ebt ad as la s q ue es t án e nc ome nda das y t ien e a s u c arg o el fac to r Jua n d e Ampíe s ” . A finales del siglo XVII (para 1680, cuand o se manda public ar l a Recop ilación de las Leyes de Ind i a s), los territorios que luego f or m ar on Venezuela, estaban org aniz ados en cinco Provincias: La Margarita (1525), cuya ciuda d “cabeza de Provincia era La Asu n- ción; V e nezuela o C ara cas (1528), cuya ciudad “cabeza de Provincia” era C ar acas; Nueva Andalucía o Cumaná (1568), cuya ciudad “cabeza de Prov incia ” era Cu m an á; Guayana (1568), cuya ciuda d “c abeza de P rov incia ” era Santo Tomé; y Maracaibo (1676), cuya ci udad “cabez a de Prov i nc i a” era Ma racaibo. Esta últim a pr ovincia, co m- prendía a su vez , l as de Mérida-La Gr ita y la de Barinas. C ad a una de esta s Provincias estaba a carg o de un Gob ernador y un Capitá n General, co n sede en l a ciuda d “cabez a de Prov in cia”, resp ectivame nte. Un siglo después (en 1777), estas Provincias se integraron, confor m an do la Capit anía Genera l de Venez uela. Post erio r mente, en 17 86, se separa d e la Provincia de Mara ca i- bo, la Prov i n cia de Barina s. Y en 1810, se separa de la Pr ovinc ia de Nueva A nd alucía, la Provincia de B ar celona, y de la Provincia de Maracai bo, l as Provincias de Mérida y Trujillo. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 80 Por l o tant o, en 1810, la Capitanía Genera l d e V e nez uela estaba formada por o cho pr o- vincias: la de Caraca s (a ntes de 1810 lla mada Ve nezuela o Carac as), Cumaná (antes Nueva Andalucía o C u maná), Barcelona, Margarita , Maracaibo, Mérida, Truj illo y Bar i- nas. Estas Provin cias “ … estuvieron en la base de la formación del Estado ve nez olano ” (Brewer Carías, 1996: 76). La Provincia de Venezuela o C ara cas, era solo una porció n de lo que post eriorment e sería la Repúbl ica de Ven ezuela. 1.5.2 El model o urba no de la ciuda d colonial v enezolan a En V e nezue la, con base en los instru mentos jurídi cos , que durante el siglo XVI y antes de 1573 habí an sid o em itidos, se realizó el proces o de pobla mient o de las Prov incias que conformaron Venezu ela, donde la retícula, como forma urbana, se adoptó en casi todas la ciudad es. (Brew er Carías, 199 7: 119 ). Las ciudades de La Asun ción (1560) y Cu maná (1569), son al g unos ejempl os de fund a- cio nes en “retícula”. Coro (1528), El Tocuy o (1 545), Trujillo (1558), Maracaib o (1574) y Ciudad Bo lívar (1595), son de fundaci ón en “retícu la ort ogonal”. Y Valencia ( 1553), M é- rida (1559), Carac as (1 567) y Barqu isi meto (1 552), de fund ación e n “c uadrícu la”. Destaca la ci udad d e Vale ncia, local izada en el centr o del país y muy cerca de Carac as, como la primer a ciudad v enez olana de t razado e n “ cuadricu la”. - El proces o de pobl am iento y la fundación de c iuda des En Venez ue la, las primer as notic ias q ue de ella se tienen datan de 1498, cua ndo Col ón descubre la isla de C ub agua (en el oriente del paí s). En 1499, Alonso de Ojeda desc u- bre el lago de Maraca ibo (en la part e nort e-occidente del país) y en 1502 funda el poblado d e Santa Cruz (tambié n en la part e nort e-occidente d el país). En 1527 , Juan de Ampíes f un da C oro, llamada “ciu dad raíz de Venezuel a” por ser el pri mer as entamient o urbano en Tierra Firme que perdura en aquel territorio ; y en 1533 f un da “villa Maraca i- bo “ , “un asenta mient o con 30 vecinos” que desap arece rápidament e. En 1528, Cubagua adquiría el rang o de ci udad, cambiand o d e nombre p or el de Nu eva Cádiz. De allí que lo que es hoy en día Venez uela, se formó y definió en v aria s eta pas de p o- blamie nto y por tanto de fundación de ciudades. Se considera hubo un primer proceso que tuv o l u gar en el mar Caribe, en las islas de Cubagua y La Marg arita (en el orient e del país). P o cos años más tarde, por segunda vez , hubo otro proceso de pobla miento, llevado a cabo en diferentes épocas, tamb ién en el mar Caribe, en las costas de Tierra Firme ( iniciánd ose en l a parte occidental de l actual país, con la fundación de Santa Cruz, Cor o y Villa de M aracaibo). “T odo co menzó e n el Car i be… la cost a venez olana s e TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 81 vio envuelta en ese prim er capítu lo de la historia del Nuevo Mundo. Los nombres de navegante s, conquistador es, comerciante s, obispos, poetas y aventureros que en l as primeras décad as del siglo XVI van trajinand o por Santo Do mingo, San Jua n de Puert o Rico, Santa Marta, Cuba, el Darién y en la isl a de lo s Gigantes, son los mism os qu e e n- contra mos en los docu me ntos que tra ta n de las cos tas e islas que hoy son Venez uela” . (Véase G asparin i, 199 1: 153). El terc er proceso de poblameint o, tambi én realizado en d istintas épocas, se inicia en el Nuevo Reino de Grana da , en la región de Los Andes venezolan os (en el occidente del país), y termina en la reg ión de Guay ana ( en el or iente-sur del paí s). A . P ri mer proceso de poblamient o y fundació n de ci udade s: e n las islas del mar Caribe La urban izació n de Vene zuela comenzó en la regi ón orienta l. En Cubagua, Margar ita y Cumaná, se trazaron las primeras calles de al ter na suerte y durabilidad” (Gasparini , 1991: 15 3). Cubagu a En el marco de s u Terce r Viaje, el almirante Crist óbal Colón — habiendo zarpad o de Sanlúcar d e Barrame da el 30 de mayo de 149 8, rumbo a las islas de Cabo Verde — , después de dos meses de nav egación, av istó el 31 de julio de ese mismo año, una isla que deno minó Trinidad, divisando por su cost a sur y hacia el oeste, el Delta del Orin o- co, el 1 de agosto. Al día si gu iente, se interna en el golfo de Paria, de semb a rcand o por primera vez en el s ubcont ine nte surameric ano, en Macuro, en el extre mo de la pe níns u- la de P ari a, de donde el golf o recibe su nombre. Según Brewer Carías (1997: 119), el desembarco de Colón fue “en la e nsena da de Yew a Juchima en las inmediac iones de Macuro (pala bra que en lengua “chai ma” signi ficaba “hombre blanco)” . El 14 de agosto de 1498 avistó dos islas: Coche y Cubagua. Desde fines del siglo XV, en 1498 y com ienz os del siglo XVI , las islas y costas venez o- lanas fueron escenario de incipientes accio nes que “en el Carib e iban reve lando entre aciertos y fracasos l os lineamient os de u na nuev a geografía: la de la riquez a” (G aspar i- ni, 1991: 153). Este primit ivo asenta miento espont áneo espa ñol de Cubagua, pronto s e convierte en un activo centr o de extracción y comercializac ión de perlas y es su activ i- dad la que pr opi cia su ev olución c o mo ciudad. En 1500, el marino italia no, al servicio de Carl os V, G iacomo Cast iglio ne (Sa nt iago Cas- tellón) establece una especie de c amp amento, par a l a explotac ión de las pesquerías de perlas, en el que viví an unos 50 buscadores, que viví an bajo toldos o en chozas a la TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 82 manera indígena, con escasa or denación urbana. Esto quiere decir q ue en 1498, par a- lelame nte a la construcción de l a ciudad de Santo Domingo en la isla de La Españo la, surgía ta mbién en el Mar Car ibe el poblad o de Cubagua, en Cubagua, “la isla de las perlas”, por dond e co mienz a el proces o u rbaníst ico de Venez uela. En 1510, Cubagu a tenía un Cabi ldo y Regidores, según Gonzal o Fernánd ez de Oviedo (1959: 208) y que e n 151 7 la pobl ación aun residía en casa s pareci das a las chozas de los indígenas. Hasta 1520, el asentam iento español en Cubagu a n o tuvo una estructura urbana defini da. Luego a partir de 1521, “se traz aron las primeras cal les de alterna suerte y dur abil idad” . ( Véase Ga spar ini, 1991: 153 ), poniendo orden en el traz ado del asentam iento, reorgan iza ndo y reagrupa ndo lo exist ente, bajo la influ encia de la nacie n- te for ma urbana d e la c iudad de Santo Do mingo en la isla de La Españo la. En 152 6 el po b la d o fu e e l ev ad o a la cat ego r í a de “v illa ”, c on la den o mina c ión d e “V illa de Sa nt iag o de Cu bag ua ”. En 152 8 se le ot or ga a es te pob lado el r an go de ci u dad , dot ada de esc ud o de a r mas , s e d i ct an la s pr i me ra s or de nan z as que con ce den a la C iu dad , aut o- no mí a po lí tic a y s e l e c am bia su no mbr e po r el de “ Nu ev a Cá di z ”. Po r e s t as orde na nz as, la ciu da d de Nue va Cá d iz, hoy re con oc ida co mo la pr imer a ci ud ad que se fun da en V e- ne z uel a, no de pe nd ía de la is la de La Es pa ño la y po dí a co merc iar dir ect ame nte co n Ca st ill a. Est o est imu la a lo s po bl ad ore s de Nu ev a Cá diz a co ns tr ui r s u c iu da d, su st itu ye n- do la s ch oz as po r ca sas de pie dr a y au ment a el nú mer o de ha bit a nt es. En su época de apogeo, el i n greso que recibía España por conce pto de la pesqu ería de perlas s e equ iparaba al sumin i strad o por P erú por concepto de oro. E n ese entonces, Nueva Cádiz no sól o contaba con una numeros a pobl ación de indíge nas — obliga dos a trabajar como b uzos en la recolección d e perlas — y españo les, sino también de negro s traídos del Áfr ica. Nueva Cádiz, se desarrolló paralela m ente a la costa, con una cal le recta a m a nera de eje, tal como la ciudad de Santo Domingo, a orill a s del Río Ozama y su calle de Las Damas o La Fo rt alez a. En Nueva Cádiz, fueron traz adas otras calles en sen tido trans- versal a la calle “eje” en la cost a, para prolongars e hac ia “t i erra adentro”, surgiendo el primer tr azado r eticular e n Venezue la. En l a isla de La Margarita y en C u maná (ubicada en Tierra Firme), s e f un dan pobl ado s (primeros años del siglo XVI), que nacen estrechame nte vincu lados con las necesid a- des de abastecimie nto de C u bagua. En La Margarita, se producía n diversos cultiv os y se cr i ab a ganado; y en Cumaná, se prov eían de agua, que er a tomada del Río Cuman á (que lla maron M anzan ares, en recuerd o del río que cr uza la capital d e España). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 83 Nueva Cádiz (1528), La Asunción (1560) — e n l a i sla de La Margarita — y C uman á (1562) se con sideran los t res hechos urbanos fun d ament ales en el oriente del país y de Venez uela, del siglo X VI. A mediados del siglo X VI, — se desconoce l a fecha exacta — , se prod uce la total desp o- blación de Cub agua. El agota miento de las pe squerí as de perlas, el au mento de la poblac ión, la necesi dad d e abastecerse d e todo lo neces ario par a la subs istencia (ag ua, alimentos, leña) de Tierra Firme, la beligera ncia de los ind ios caribes y las periódica s visitas de corsari os fr anceses, hacen que la c iudad v aya despoblándose lent ame nte. La Mar garita y Cuma ná B. Seg undo proceso de pobla mient o y fundación de ciu dades: desde l as costa s del mar Caribe, en el o cident e y centro de Tierra Firme Coro Santa A n a de Coro, más conocida co mo C oro, loc alizada en el occidente d el país, ta m- bién llamada la “ciudad raíz de Venezuel a”, fue el primer asentamiento urbano que perduró en Tierra F irme. Fue funda da el 26 de juli o de 1527 por Juan de Ampíe s (ant i- guo regidor de Santo Domingo). El capitá n Ampíes, estableci ó además una serie colonias par a explotar los producto s de aquella región, dando parti cipación a l os ind ios, pero esta inter esante y prometedora f ór mula de colo nizac ión, quedó pront o truncad a por la co ncesió n que Carl os I hiz o a los ba nqueros ale manes W elser de aquel terr i torio. En marzo de 1529 llega Ambrosio Alfin ger a Coro — por cuenta de la Casa W els er — , nombra do gobernador y capitán genera l de la recién creada Prov incia de Venez uel a. Convirti endo a esta recién fundad a ciud ad, único asenta m ient o españo l en más de 2.000 km de costa venezola na en base para el descubrimiento y conquista del interio r del país. Alfinger no llega a realizar tareas de colonización pues sus cuatro años co m o gobernad or y capi tán general, los dedica a una cont inua tarea de explor ación (en este caso, correrías para la obtención de botín), incumplien do las Capitu laciones por las que se obligaba a la fundaci ón de ciudad es. Cuando muere en mayo de 1533, atrav esado por una fle cha india, solo se le con oce la creación, muy efímera, de un asentamie nto, con 30 vecinos, al que dio el nombre de v i- lla de M aracaibo p ues no se const ituyó un cabildo que le c onfiriera el caráct er de ciudad. E n los docu m ent os alemanes de la casa W elser aparece con el no mbre de Neu-Nür nberg. En 1569 se produce un intento fallido en el cual la ciudad es refun dada como Ciudad Rodrigo por el capitán Alonso Pacheco. Finalmente en 1574 el ca pitán Pedro Maldon a- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 84 do por encargo del Gober nador Diego de Mazarieg os ref u nda la ciudad con el nombre de Nuev a Za mora de l a L aguna de Mara caibo. El Tocuyo, Barqu isimeto, Valencia, Caracas, Maracaibo, Carora, San Sebasti án de lo s Reyes y Guanare C. Tercer proceso de pobla mient o y fundación de ciudades: desde el N uev o Reino de Gran ada, en la región de Los Andes venezola nos y en la región de Gu a- y ana Mérida, San Cri stób al, La Grit a y Barinas 1.6 VENEZU ELA Y CA RA C A S, SU CONTEXTO TERRITO R IA L Y HUMA NO El territ orio venezolan o se hal la entre l os paralelos 1º y 12º de latitud norte, en la llam a- da z ona intert ropic al d e bajas pres iones, ba jo la influencia de los viento s alisios qu e proviene n del nor-este y del sur-este. Hay dos regímenes pluvio métricos muy bien dif e- renciado s: una estación seca que tr anscurr e de novie mbre a abril y otra lluviosa que transcurre de may o a octubre. El clima venezola no es muy variado, con temperaturas medias ent re 1º y 9 º C, en los páram os y con máxi mas cerca nas a 38º C, en Maracaibo y l a reg ión de Los Llanos. (Geografía de la República Bol ivariana de Venezu ela. Mini s- terio de l Poder Popu lar. 2 0 11 ). Caracas, su capital, está emplazada en un v al le lar go y estrecho rodeado d e montañas, con depresi ones y colinas de variad as al tura s, que han influido en el crecimiento de la ciudad. Prese nta precipita ciones medias abunda nte s y una te mperat ura med ia anual de 21 º C. Este valle protegido estratégicam ente por la cadena m ont añosa, t uvo desde el princip io un enorme pote ncial a grícola, un clim a benigno y una sal ida natural haci a el mar a través de La Gu ai r a (nombr e del dios de las aguas en el panteón de los indios Toromay m as, pri m itivos pobladore s del v alle dond e se funda Caracas). Su cl im a actual difiere mucho del de la Caracas d e antaño, “cu ando la neb lina cubrí a las f rías mañana s caraq ueñas” con una m ín im a de 15º y 16º . (Trocon is, 1997: 23). La contam inación am bienta l, el al to número de vehíc ul os automotores, l a superpob lación del valle de Caracas y las grand es edificaciones, fábrica s e industri as e n ella insta l ad as, han hecho variar notabl eme nte el c lima. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 85 El valle de Caracas, tien e unos veinticu atro kilómetr os de longitud de este a oest e y ci n- co kilómet ros de norte a sur y se halla aprox imada ment e a nov ecientos m etr os so bre el nivel de l mar. Caracas, se extiende sobr e una s uper ficie d e uno s noveci entos km2. Por el norte, lim ita con la cordi llera d el Litora l, que forma una gr an mur alla e i mpide l a penetrac ión de los vientos marítimos al v alle de Caracas; por el sur, la serranía del Int e- rior. Ambos conjunt os de montañ as con form an la cordil lera del Car ibe y entre ella s existen ab undant es fall as, que ha n dado ori gen a l a depresi ón topográ fica d el valle d e Caracas. Por l o tanto, Caracas es una zon a de inestab ilidad dond e han tenido lugar seísmos de importancia a l o largo de su historia, como los terremotos de 1641, 1812, 1849, 19 00 y 1967. La c ordil lera de El Áv ila y el río Guaire, caracteriz an la im ag en de ciuda d. La cordillera de El Á v ila, la separa del m ar Caribe y domina la ciudad. Su pico más alto, el Pico Na i- guatá, tiene 2.765 metro s sobre el nive l del mar y constituye un extraordi nario hito y punto de refer enc ia par a sus habitant es. Forma p art e de la cordillera del Li to ral y se s i- túa al norte del valle de Caracas. El Ávila, con un a rica y variada flora y fauna, es un Parque Nacional, denomi nado desde el 7 de m ay o de 2011, Parque Nacion al W arair a Repano, q ue en lengua caribe s igni fica “Sierra Gra nde”. El Gu aire es e l río princ ipal del s istem a hidrogr áf ico del valle de Caracas, recorre la ci u- dad de oeste a este, constituy endo su drenaje natural y barr era física — bor de urban o que separa el norte del sur de l a ciuda d — . Nace en las estr ibacio nes de la cordiller a de l Litoral o de la Costa, recibiendo el agua de otros rí os como el Sa n p edro, el Macarao y El Valle, pro siguiend o en direc ción est e, hacia Peta re. Otr os ríos tributario s que a ún hoy en dí a conservan su volumen de agua son el Tócome y e l Caurimar e y hacia el sur, son afluentes importantes, la quebrada de Tusmare y el río Suapire. Lueg o, e l río Guair e se dirige ha cia el sur este, dese mbocan do en e l rí o Tuy, que dese mboca en el m ar. (Ver lá mina c). El Gu aire, río y el e mento clave en el paisaje urban o de la ciuda d colonial , hoy en la ci u- dad contemporá nea es un rí o contam inado y depaupera do, embau lado en part es de su recorrido por la ciudad, “que solo recuer da su cau daloso pasa do”. ( ver Lámina c . con ilustraci ones de C arac as) . Sus pr imitivos h abitant es eran tribus d e et nias Cari bes, que oc upaban las co stas y parte de territor io interior, desde el actual Estado Aragu a (en la región centro - nor te del país) hasta P aria (e n la regió n orienta l de l país). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 86 Los españoles que funda n Caracas, se enfrentaron a los aborígene s que domin aban la región centro-nort e de la actual V e nezuel a (regi ón que desde el comienz o de su ocup a- ción, los conq uistadore s percibi eron como una unidad geográ fica). Est a región estab a delimitada de la for ma sig uiente: al norte, el m ar Caribe; al este, el Cabo Codera (en el Estado Miranda); a l oeste , l a ciudad d e Borburata ( fundad a e n 1 548, hoy en el Estado Carabob o); y al s ur, lo que f ue posteriorme nte A ltagraci a d e Orituc o (p ueb lo de indios, fundado en 1 676 a part ir de una encomie nda. Hoy es una ciudad del Estado Guárico ) . La región centro-n orte inc luía amplias porciones de los actua les Estados Aragua, Car a- bobo, Guár ico, M irand a y Vargas, así co mo el D istrito Capit al (Car acas). Según O vied o y Baños (19 40 : 225) “… era hab ita da esta ‘ prov incia ’ (palabr a que p ara Biord (20 02: 75) emplea el histor iador como sinóni mo de “territorio”) e n aquel t iempo de innu merable multitud de bárbaros de las nac iones (palabra que de nuev o para Biord (2002: 61) emple a Oviedo y Baños como “supuesto s grupos étnic os”) Caráca s, Tarmas, Taramay nas, Charagatos, Te ques, Mere gotos, Mariches, Arvacos, Quiriqu ires, que p o- blaban se parados la her mosa capac idad de su d istancia”. Los To ro may mas ( ‘ Tara mayn as ’ , según Oviedo y Baños, 1940: 225), era una tribu pe r- teneciente a la fami lia de los Caribes que ocupaba uno de los val les ce ntrales de la región centr o-norte, do nde poster iorme nte se asentarí a la ciudad de Car acas. Tor o- maymas o Taramay mas , en lengua caribe significa “pájaros que dicen may ma” . (Véase Troconis d e Ver acoeche a, 1997: 31 ). En las cercaní as d e este “valle de los T oromay mas o Taramay m as ”, se encontrab an otras tribus, como mencio na Ovied o y Baños ( 19 40 : 225). Hacia el este , viv ían los Mar i- ches, que do m inab an desde Petare hasta Mamp ote, ocupando el territor i o hacia el sur, hasta l as márgenes d el rí o Guaire y del río Tuy . Esta zona hoy en día, for ma parte de Caracas y se le conoce como las m o ntañas de Ma riche o Filas de Mariche. Los indios Chagara gotos o Gu arenas, se local izaban al este de l os Marich es y ocupaban el territ o- rio qu e se extendía desde las zona s altas de M ampot e y el nacimiento de l a quebrad a Zumba, hacia el este, abarcand o e n sus dominios los valles de G uarenas, Guatire, P a- cairigu a y Araira. Los Chuspas, ocu paban un valle hacia el este de Araira, con oci d o hoy en día co m o Chuspita. Tenían como veci nos por el este a los To m uz as, ase ntados en el valle de Capay aca, co nocido hoy co mo Capay a. Lo s indios T eques, ocupa ban la zona montaño sa al sur-oe ste de los Toro maymas o Taramay m a s , que s e conoc e hoy co mo Los Altos Mirand inos. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 87 Otras tribus que pobla ban la región, eran los Paracotos, Quiriquires y Mayas; y haci a las lader as y valles del rí o Tuy , los Meregotos. En la s cercanías del L ago d e Vale ncia — también en la región centro-norte del país — , se ubicab an los Tacariguas. Todas estas tribus eran Cari bes. El res to de region es qu e conforman lo que es hoy V enez uela, est a- ban pob ladas por los Timoto-Cuicas, en la cordil lera de los Andes (en el occidente del país), etnia de avanzada cultura co n rela ción al resto de las tr ibus d el territ ori o; poseían té cnicas agríco las, cultiv aban en terraz as y cons truían acequ ias para el riego. Los Arawua cos y Caribes, en las co stas del Lago de M aracai bo (tambié n en el oc cident e del país), eran fundamenta lment e pescadore s. Los Caquetios, Jirajaras y Ajaguas, que v i- ví an en dif er entes z onas del occi dente y sur del paí s. Los Cumanag otos y Guaiqueries , ocupaba n la reg ión de l orient e. Las aldeas de indígen as proba blemente estaban próxi mas unas a otras, según se de s- prende de párrafos suelt os tomados de Oviedo y Baños, como c u ando afir ma que “caminaron (l os españole s) hasta llegar poco desp ués de media noche a los pueblos de Guare maisen (pueblo de Indios), Parnama cay (pueblo) y Pre pocunate (pueblo), que es- taban inmediat os unos a otros” ( 19 40: 492) o cuando hace menció n de la existencia de “numeros os puebl os” en un área relat ivament e pequeñ a. 19 40 : 257. Descri be Ovie do en el C a pítulo XIII ( “Vue lve Fajardo a la cost a de Caracas…” ) de su obra, que Luis de Ceijas (soldado enviado por Francisco Fajardo a recorrer el valle donde años después fundaría Diego de Losa da C ara cas), entra por la zona de lo s indios Mar iches, a los que Ov iedo y Baños se refiere como “nación, que div idida en n umerosos pueblos, habi ta ba en aquel tiempo desde donde acaba el v alle de S, Francisco, corriend o por el oriente por diez legua s de distanc ia ” Los primeros españoles que l legaro n a las costas del Li tora l Central, en el mar C aribe, escucharo n de los indios del lugar — los Toromay mas —, la palabra “carac as”, con la cual designab an a una plant a de largas ho jas, parecida al bledo, que crecía por todo el Litoral. Esto bastó para que dieran este no mbre —“caracas”— a todos los aborígenes que pob laban el centro de la Prov incia de Venezue la, “desde más allá de Valencia ha s- ta Barlov ento”. (María, 1979: 28 ; y De Solá Ricardo, 1967: 4). Los español es acaban dá ndole ese nom bre tanto al valle como a la ciudad qu e fu ndarí a Diego de Losada. 1.6.1 El “v alle de los To romay mas”, emplaz amiento el egid o por lo s es pañ oles Los recursos naturales (las cercana s minas de oro de Los Teques) y l a población ind í- gena de esta región, f u eron factores que determinaron en gran parte el lugar donde se TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 88 fundó la ciudad. Lo s conquista dores espa ñoles que llegar on a las costas del Li tor a l Central en el mar Carib e, siguieron en lo posibl e las re comend acione s habitual es para escoger e l l u gar y fun dar los pob lados, en cu anto a que debía n ser “sitios sal ubres, c on uno o más ríos que garan tiz aran el abasteci miento de agua del futuro pob lado, con pa s- tos adecua dos para l a crianza del ganad o y mano de o bra segura” (reco mendac ione s que po sterior mente se co nvirt ieron e n nor mas establecid as, recogid as en las Ordena n- zas para Descubr imientos , Nuevas Po blacione s y Pacificac iones, de 15 73). El “valle de los Toromay mas” o valle de Caracas, parecía reunir tod as esas cond ici o- nes: era un sitio salubr e, con un clima tropical te mplado, con m añ anas y noches muy frescas durante todo el año y l a presenc ia de un rí o caudaloso, el Guaire y varios ríos menore s y quebradas, rodead os de espesa v egetación que d aban frescura al ambiente . Existían también grandes pastizales, cañav erales, fauna abundante y variada. El que varias tribus de indígenas poblaran la región, fue u n factor c ons id erado co mo positivo, pero en el caso de los indios C arac as, dada su belicosida d, se convirti ó en una de las grandes dificu ltades que h ubieron de a frontar los co nqu istadores. El terreno sobre el cua l se asie nta la c iudad de Ca racas es de topogr afía muy d esigual, con una fuert e incli nación del noroest e hacía el sureste y está muy pr óximo a l a cordill e- ra de El Ávila, el “G uara ira - Repano”, el “cerro grande”, en l engua caribe. Los desnivele s del terreno y los arroy os, las q uebradas y riac huel os que surca ban el valle, prod ucían inundacio nes q ue a fectab an a los p ob lados in dígenas allí asentados y poster iorment e, a la ciudad colon ial. Las vegas que encontr aron los primero s españoles que llegaron a este valle eran muy fértiles. En la ciudad colo nial, “las f a milias mantu anas” que vivían en el núcleo fund a- cional, constr uyeron sus casas de campo a orillas de l Guaire. H oy en día, se conserva en buen estad o la casa d e campo d e la famil ia de Sim ón Bolí var, situada en la rib era norte del rí o, entr e las act ual es Esqu inas de Bárcen as a Río. El río Guaire fue un elem ento deter minante en la vida de la ciud ad colo ni al. En las d es- cripcion es de l a ciud ad de f inales del S. XVI (e ntre el las, l a “ Relac ión” de 1578, de l Goberna dor Juan de Pimentel), aparec en defin idas dos áreas en función de la prese n- cia del río: la primera, l a ci ud ad y sus al r ededores, comprendid a entre e l río Guaire, l a quebrada Caroata, la “ Serr anía de El Á v ila” y la quebra da Catu che; l a segunda, la r e- gión al este de la anteri or, entre las quebr adas Catuc he y Chacao, lle gando hast a Petare (pueblo de doctrina de indios). E ra ésta una zona de cultivos y cr ía de gana do. En las riberas de la quebr ada Anauc o se sembra ba trigo y se construy eron molinos p a- ra su proc esamie nto. En las d e l a quebrada Chacao se sembraba maíz . Al sur del TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 89 Guaire y al oeste de la q uebrada C aroata, estab a Catia, dond e se criaba g anado. Es decir, que en el v alle de Caracas coe xistía n los cultivos y la ganadería, desarrollánd ose desde los primeros a ños de su fundac ión una próspera actividad comerci al en estos sectores. En las Acta s del Cabildo (sesiones munici pales) de los siglos XVI y X VII, quedó regis- trada la importancia que tuvo el río Guaire para la ciudad colonial , al observarse en casi todas las solicitudes de tierras y so lares que hacía n los vecinos ante dicho Cabi ldo, que el punto de re ferencia era el rí o Guaire y las q uebradas que en é l dese mboca n. En toda docu mentac ión el río aparece como lí mite, constituyend o el centro de refere n- cia en las transacc iones d e tierras. En las Orde nanzas de 1820 de l Cabild o de Caracas , se indi caban y per mitían determinad os us os en el río y se establ ecía el lugar y días en que se podían ba ñar lo s ho mbres y mujeres por s eparado, “co mo lo indicaban l a s r e- glas de la moral y las buenas costumbres” y aquellos lugares e n que “las negras lavander as podían lavar la ropa de l as familias mantuana s”. Así, “los h ombres solo p o- dían bañars e en el río desde el paso por dond e lo atraves aba el “cam ino real de El Valle”, hac ia abajo, hasta la boca del r ío Catuche y las m u jeres se bañarían, desde el paso de El Valle hasta la boca de la quebrada Caruata”. (Troconis de Veracoe chea, 1997: 33). En las áreas “de ejidos y dehesas comun ales” (artículos 129 y 130 de l as Ordenanz as de 1573) de la ciudad co lonial , libre s de construcc iones y repartos que rod e aban la ci u- dad y que constituí a un suelo de reserv a para su futura expansión urban a, exist ían haciendas, hatos, pueblos de indios o c abecera s de doctr inas y pueblos de mis iones . “Los pueblos de misión al cabo de 20 años pasaba n a ser pueblos de doctr ina. En los primeros el mi si onero tenía plena autonomía civil, administrat iva y judicial. En los s e- gundos el pueb lo pasaba a depender de las autoridade s civile s” . (Troconis de Veracoec hea, 1984: 237. En los de las tierras planas se sembrab a caña de azúcar, t a- baco, añi l; y en los que estaban emplazados en las pendiente s de las l aderas , se cultivab a café. Tambi én se criaba gan ado. La c iudad en su crec imien to va a ir ocupa ndo estas áreas perifér icas (haciend as, hatos , y pueblos de indios y de misiones), extendiéndose también hacia las montañas que r o- dean e l v alle de Caracas, produciéndose un ca mbio sign ificativ o y violent o en el paisaje original, observab le e n la ciudad de hoy , la m etrópoli contem poránea . 1.6.2 Pueblos de i ndios en el entorno de Caraca s TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 90 Los pueb los de indios, f u eron pueb los qu e se for maron cerca de las ciudade s donde v i- ví an los españ oles, con la finalidad de reunir en ellos a los indígen as para su aculturaci ón, evang elizaci ón y disposici ón de mano de obra. (Véa se Perera, 1964). A l- gunos puebl os de indios se establecier on en aldeas de indíge nas que ya exist ían. Los pueb los de indios func ionaron como munic ipios. Desde un principio el valle de Caracas fue un área de encomien das y en su entorno se crearon numeros os “pueblos de indios” tributari os. La act ividad pri ncipal e n estos a senta mientos, era el cu ltivo de la t ierra. En el término de Carac as se crearon diecis éis pue blos, entre ellos seis que fueron p o- blados por l as ” naciones ” indígenas que durant e el siglo XVI permaneci er on en sus aldeas orig inarias bajo la encomie nda. En los al re dedores de Carac as y Valles de Ar a- gua, se fund aron ent re 1620 y 1622, diez pueblos de indios y cinco iglesias ( Donis, 1996) . Ést os, con el pa so del tiemp o pasaron a for mar parte de la ci udad (cas os de: P e- tare, Baruta, Ant íman o, La Veg a y El Valle, en rela ción a Caracas). Según dat os extraído s del cens o del Obi spado de Caracas (finale s del siglo XVIII ), en la Provinc ia de Venezuela o Caracas, existían 20 vicariatos. 27 En el vicariato de la ciudad de Caraca s ( que a barca ba lo s pue blos de su entorno) , aparecen registra dos “18.66 9 habitantes que ha bitaban doce pueblos, de los cu ales tres eran d e españo les y otras castas”: Chacao (140 1 habitant es), Macarao (1440 hab itantes) y Guatir e (104 2 habita n- tes); y nueve eran pueblos de indios: Petare (2833 habitantes), Barut a (1984 habitantes), Pascua (1077 habi tant es), San Diego (1449 habita ntes), Antí mano (513 habitantes), La Vega (904 habitantes), La Guaira de Paracotos (1847 habita ntes), Ch a- rallave (818 ha bita ntes) y Guarenas ( 2532 habit antes). En tot al 37.469 habitant es. (Véase C ierbid e, 1997-1 998: 71 y 72). De los doce pueblos de indios que señal a Cierb ide (1997-1998), c uatro se hallaban en el territor io correspond ient e al actual Mun icipio L ibertador (uno de los cinco m unicip ios que conforman actua lmen te Caracas). Estos eran: San Pedro y San Pablo de Antímano (hoy parroquia Antí mano), San Roque de El V a lle de La Pascu a (hoy parroquia El V a- lle), Santo Cristo de La Vega (hoy parroquia La Vega) y Señor a del R os ario de Curuc ay de Macar ao (hoy parroqu ia M acarao). Antímano, (cuy o nombre deriva de los términos indígenas Atamanona y Amatima, dos grupos indí genas que ha bitaba n la región al llegar l os españole s) se funda como pueblo de ind ios en 1621. La Ve ga, se funda como p ueblo de i n dios, tambié n en la se gunda década del siglo X VII. Era tierra de labranz a. En est e pueblo de indios se encontrab an las tierras de la hacienda de Montalbán, que conta ba con un “trapiche de caña de az ú- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 91 car”. La Vega fue re funda da e n julio de 18 13, como Nuestra Se ñora del Rosar io d e Ch i- quinquirá de La Vega. El pueb lo de indios de Mac arao fue fundado hacia 1 620. Petare, es hoy una de l as zonas más populosas en el nor -e ste de Caracas, con vastas áreas margina les. Fue un pueblo de i n dios que se fundó el 17 de febrero de 1621. El núcleo central del p ob lado (existente aún) se constituy ó al r ede do r de la plaz a y la igl e- sia, sig uiendo l as dire ctrices y esq ue ma de f undació n espa ñola. Se ubic ó en una pequeña colina borde ada por los ríos Guaire, Caur imare y la quebrad a de El Oro. Los responsab les de la población de Petare fueron francis canos, depend ien tes del Conve n- to de la Purísi ma Conce pción d e Santia go de León de C aracas, más conocid o como Convento de San Francis co 28 . Baruta (nombre del h ijo del cacique Guaicaipuro ), es hoy en día uno de los cinco municip ios de Caracas. Se halla en el sureste de la ci udad. Se fundó en 1620 como pueblo de indios, con el nombre de San Francis co de P au la. En 1655 ca mbió de no mbre por el de Nuestr a Señora del R osario de Barut a. En l o s alrededores de Caracas, hacia el este, se encuentra Guarenas (zona donde v i- ví an los indios Chagaragotos o Guare nas, cuy o nombre deriv a de un voca blo caribe, que sig nifica tierra de juncos). Se conformó co mo pueblo de indios el 14 de febrero de 1621, con la denomin ació n de Nuest ra Señor a de la Copacabana d e los Gu arenas. “ Se marcó el sitio don de irían la plaz a y la igles ia así como la s cuadras de la p oblació n”. E n- tre las encomienda s que se asignaron para habitar lo, aparecen en Actas del Cabildo la de Hernando Serrada y Ávila, y la de Francis co Infante. Hoy Guarenas junto con Guat i- re son ci udades d or mitori o o ciudad es saté lite de Caracas. Hacia el sur-o este de Caracas se encuentr a Los Teques, t erritor io de in dios C ari be s, los Aractoeque s, abreviad o por los españoles como Los Teques, que dominaro n la región mo ntañosa de Los A ltos. De ahí que se conozca es ta z ona hoy en dí a con el nombre de Altos Mirand inos (en el Estado Miran da). Su j e fe fue el cacique Guaicaipur o. No se ha podido precisar con exactitud l a fecha de su f u ndación, que se estima fue entre 1620 y 1640. En esta zona se establec ieron n umeros as encomiendas, existiendo hatos de g a- nado dispersos y escasos cultiv os. En el siglo XVIII se refund a como poblad o españ ol, convirtién dose en una import ante z ona de prod ucció n agrí cola. Hacia el Litoral Centra l, se encuentran otros pueb los de indio s , como N a igu atá y Ma i- quetía. Naiguatá (no mbre de un cacique), fue fundado en 1628 y está asent ado en una estrecha franja del centro-norte de Venezue la a orillas del m ar Caribe. Maiq uetía, se formó co mo pueblo de indios en 16 48, siend o refun dado ofic ialmen te el 20 de enero de 1670, ba jo el no mbre de San Seb astián de Maique tía. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 92 El verdader o auge para m u chos d e estos pueblos co menz ó en el si g lo XVI II, con el i n- cremento de cult ivos co mo el cacao, el tabac o, la caña de azúcar (i ntroduc ida por C olón en su segu ndo via je) y el café (introd uc ido en 17 23 por G abrie l Math ieu de Clieu, en Martinica). En Venezuela, el c afé se c omienz a a c u ltivar a part ir del siglo XVII I. Los pr i- meros ca fetos en Venez uela, de los que se t iene noticia, f uero n plantados en la re gión del río Caroní (en el Estado B olívar, al sur del país ) en 1730. A C arac as llega diez años más tarde, levantándose en el Chac ao (cent ro-este de Caracas), las pri meras plant a- ciones cafeta leras en las hacie ndas de Bartolomé Blandín. Más tarde se extendi ó su cultivo a otras haciendas (San Felipe Neri y La Floresta). D e allí pasó a San Antonio y a los Valles de Ara gua (reg iones pr óxim as). Cabe dest acar los muc hos pl e itos entre los hab itan tes de pueblos de indios, encome n- deros y terr atenientes. L os indios defendía n ante las autori dades sus der echos de posesió n de tierras, como es el cas o de los indios d el pueblo de Antímano, a m e di ados del sig lo XVIII, según Act as del Cabildo, en l as que se registrab an por escrito tales co n- flictos con res ulta dos más bien a dversos p ara los nativos. No obst ante, en e l document o de Partició n del Resg uardo Indígena de Antímano, N º 53, Letra E , de los L i- bros C iv iles con f echa 12 de julio de 1840, se logró preserv ar para tal comuni dad una extensión est imada p ara la época en 1.484,7 8 “fan egadas co lombia nas”. (Registro Principal. Carac as, 1840). Este “resguardo indígena” fue reiv indica do posteriorme nte como e jido municipa l. (Véase C arrasc o, 2009: 57-8 8). 1.6.3 La fun dación d e Cara cas El marg ariteño Francisco Faj ardo — hi jo del teni ente de Goberna dor Fran cisco Fajardo y de la n ativa guaiquerí Isabel, n ieta de l ca cique Charayma, del valle de May a en la pr o- vincia de Carac as — , inició en 1555 la conquista de l valle de Carac as, e n cont rando gran resistenci a por p arte de los nativos que lo habit a b an, que le obligan a retira rse. Vuelve en 156 0 y consigue funda r una hacie nda g anadera, “Hato de San Francisco” , y además descubre minas de oro en las tierr as de los indios Teque s. Poco tie mpo después, el g o- bernador Pabl o Collado, decide sustituir a Fajar d o y nombra a Pedro M ira nda en s u lugar, “le rev ocó ( a Francisco Fajardo) los tít ulos y poderes que le tenía dados a ntes , y nombró por su t eniente, para que pros igu iese en l a conqu ista de C arácas, á Pedro M i- randa, vecino del Tocuy o, quien l u ego q ue llegó a la v illa del Collado prendió á Fajardo, y con guardias lo r emiti ó á la Borbura ta … ” (O vied o y Baños, 1940 : 25 6). Pedro de Mirand a comien za la e xplot ación de la s minas de oro, pero es continuamente hostigado p or los indíg enas natura les del v alle, aca udillados por el ca cique G uaicai puro. Esto hace que abandon e el lugar, con la excus a de infor mar al gobernador de la ca lida d TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 93 de las minas, delegan do sus resp onsab ilidades en Fajardo, que había sido rehab ilitad o, siendo en ese momento el Just icia may or de la cercana v illa de El Colla do. Entonces el gobern ador decide nombrar (fin ales de junio de 1561), al extreme ño Juan Rodríguez Suárez — que poco tiempo antes había fundado la ciudad de Mérida de los Caballero s — , Teniente de la prov incia de Caraca s. Rodríg uez Su árez convi erte el hato ganadero l ev antado por Fajardo en la villa de San Francisco, nombró alcald e y regid o- res, y repart ió tierras entr e sus solda dos. Así mismo ba utizó ese v alle, atrav esado por el río Guaire, con el nombr e de Valle de San Francisco. Sobre est a vi lla, antes hato, se fundaría posterior mente la ciudad de Caracas. Tanto la explotación minera, como San Francisc o son continua m ente ata cados por las tribus india s de la co marca , l iderad as por Guaica ipuro, que logr a arrasarlas, matar a sus defensores e incluso pie rde la vida en una e mboscad a, el pro pio Ju an Rodríguez Suáre z. En 1566, el jerez ano Pedro Po nce de León y Riqu elme — antiguo Alc aide de la Torre de Guz mán y de Jimena de la Frontera — , es nombrado Goberna dor y Capitán Genera l de Venez uela. Ponce de Leó n le encarg ó a Die go de L osada — hijo de l señor de Río Ne gro del Pue nte (Za mora) y natural de ese mis mo lugar — la pac ificación de la r egió n. Diego de Losada partió del Tocuy o en enero de 1567, acompaña do por cient o trei nta y seis hombre s de armas y ochocientos indios auxiliares; y tras un continuo batall ar co n- tra los i nd ios de aquellas tierras, después de derr ot ar a Guaicaipuro, l legó al valle d e San Francisco donde fundó una poblac ión como tenía enco mendado. La ciudad se l e- vantó en el extremo oest e de un largo y estrecho valle de montaña, cerca del “ca mino real de La Guaira”. En julio del año 1567, cum plidas las formal idades legal es, “en el nombre de Dios Todopod eroso y del Rey D o n Felipe II fundó Don Diego de Losada l a ciudad de Sant iago de León de Caracas” . (Véa se Sucre, 1928: 6 7). (Ver lám ina c- 1 y c-2 ). Dic e O v i ed o y Ba ñ os ( C a p í t ul o I X . “ P ac if ic a F r an ci s co I nfa nte lo s pu eb los de Sala man ca: en tr a Fr anc is co C al de ró n al v al le de Tác at a , y dis gus tán dos e co n sus sold ado s lo pri va e l G ob ern ado r d el ten ien ta z go” . 194 0: 53 3- 5 34) qu e “ g ran de fu e sin du da el tr ab ajo qu e t u- v ier on aq uell os pr i mero s co nqu ist ado re s en la pac if icac ión de est a pr ov inci a de Car áca s, pu es sie nd o ha bit ada de dife ren te s na cio nes su jet as cad a cua l á par tic vu lar es cac iqu es, in de pen de inet es un os de ot ro s en el do min io de su s pue blos , fue pre ci so irl o s co nqu i s- t an do sep ar ado s, gan and o á fue rz a de ar mas la ti er ra pal mo á pa lmo . Est a fu e la ca us a po rqu e ma nt en ién d ose o ch o añ os en u na gu err a c ont inu ada ne ce sit ar on de to do aq uel es pac io d e t ie mpo par a lle gar al fin de sus af an es, y v er pe rfec cio nad a su c onq uis ta , p ues TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 94 si n p er mit ir lug ar pa r a e l d es c an s o, ni qu ie t ud pa ra e l re po so , a n du v ier on mud and o s ie m- pr e l a gue r r a de una s na ci on es á o t r as , h as t a lo gr ar la s u je ci ón d e tod as” . Diego de Henares Lez ama, natural de Baracal do (Vizcay a), se comisiono para que h i- ciera el trazado de la ciudad, que la orientó exactamente de norte a sur, entre la quebrada de Catuche (al est e), la que brad a de Caroat a (hac ia el oest e), el rí o Guaire ( al sur) y l a montaña (al nort e) . (Véase Arcila Farí as, 1961: 52) . “la ciudad f ue edificada en la part e m á s estr echa del valle, en la encruc ijada de dos c aminos: el ca m in o rea l que conduce al puerto marítimo de La G uair a y el que lleva a las minas de oro de Los T e- ques” ( Villanuev a, 1966: 37); “tr azó la plaza, la iglesia, las calles, las manzanas y los solares” ( Troco nis de Veracoechea, 19 97: 35). Y a sí el capitán Diego de Losada “ he- chas las dil ijencias qu e en se mejantes act os se acost um bran, señalado sitio par a la iglesia, y repartido s solar es á los vecinos, n ombró por Rejidor es á Lope de Benav ides, Bartolo mé de A lm ao, Martí n Fern ández de Antequer a y Sancho del Villar, que juntos en Cabildo, elijieron por pri meros Alcaldes á Gonzalo de Osorio, sobri no de Losada, y á Franc isc o Infant e” (O vied o y Baños, 1940: 419-42 0). De Caracas (Sant iago de León), Lóp ez de Velasco, dice lo siguiente: “El puert o de Sa n- tiago de León en la dicha provincia de Caraca s, seis ó siete leguas dentro de l a dicha tierra, y tres leguas d e Caravalleda, de cin cuenta ó ses enta v ecino s y otros tantos r e- partimient os de indios, en que habrá como s eis ó si ete mil dellos, gente bel icos a y brava, como queda di c ho, pobl óle el capitán Diego de Losada añ o 67, por mandado del gobernad or don pe dro Ponce de León” ( López de V elasco, 1894: 144). La necesid ad primaria de defensa ante los i ndíg enas y el re queri miento de fuentes de agua cerca nas, llev ó a fundar el poblado en un lugar de rígidos lí mites, l o calizado entre cerros y cursos de agua. Sus límites geográficos e ran: al norte, la cordil lera d e El Ávi la, la monta ña qu e separaba el poblado de l mar Carib e; al este, el río Catuc he y el Anauco; al sur, el río Guaire y al oeste, el río Caroata y las colinas de El Calvario y Monte Pi e- dad. La forma urbana, con su pat rón g e ométric o cuadricu lado, se trazó orientad a al norte, sin referen cia part icular a la topogra fía (desde medi ados del sig lo XX, esta form a de urbaniz ar — de espal das a la realid ad geográ fica — está causa ndo gra ves daños ambienta les). El simétr ico y homogéneo asenta miento fue conceb i do co mo una ciudad que crecería concént ricament e, en su entorn o, y c aminos que llevab an a l a s propied a- des ru rales. La forma abi erta de la “mal la”, reforz aba la fuerte relaci ón que existía entre el campo y la ciudad, ent r e lo rura l y lo urbano. TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 95 1.6.4 Caracas, capital de l a Provi ncia de Ve nezu ela Coro, en e l occidente de l a provincia y al sur de l a península de Par aguaná — fundada en 1527 por Juan de Ampíes — , como se ha m enci onado a nteri ormente (apart ados 1.5: 55 y 1.5.2.1: 58 y 61) , f u e l a prim era capital que tuvo la Provincia de Venezuela y as i- mismo fue sede ( 1531) del pri mer obis pado de Amé rica de l Sur. En 1546 , se traslad a la capita l el Tocuy o — fundad o por Juan Carv aja l en 1545 — , deb i- do fundam enta lmente a su ub icació n much o más ade cu ada para la organiz ación de expedicio nes de descubrimiento y conquista. En 1576 Jua n de P iment el 29 es nombrado Goberna dor y Capitán G enera l de la Provincia de Venezuela, fijando su re sidenc ia en Caracas poco tiempo des pués. El ap acible clima d e C ara cas y sobre tod o s u ubicación, cercana a la costa y de mucho más fácil defe nsa frente a los ataques de los piratas, ya entonces muy fr ecuent es en toda la costa, le dec idieron en 1578, a fijar la capital de la Provinc ia en Caracas. Cuando Juan de Pime ntel asume la Gobernac ión de la Prov incia, “l a ciudad de Santi a- go L eón de Caracas se re ducía a un espacio en forma de cuadrado que limitaba por lo s ángulos con las esqu inas ll a madas hoy Cuartel Viejo, Abanic o, Doctor Díaz y Gorda, cuadrado que estaba divi dido por cuatro calles de norte a sur, que partiend o de l a e s- quina de Alta gracia, Mi jares, Jesuitas y Maturín, finalizaba n en las de Mercader es, Pajarito s, Camejo y Colón” (Cleme nte, 2004: 8). De este a oeste, exi stí an cuatro calle s que comenzaban en las esquinas de La Pelota, Marrón, Doctor Paúl y El Ch orro, y te r- minaban e n la s esquin as Lla guno, Piñang o, Muñoz y La Pastora. Pimente l como Gobernad or, organizó la ciudad, ordenó la creación de los archivos del ayuntamie nto y l os registros eclesiásticos. Entre sus accio nes también destaca la pr o- tección que da a l o s indígena s mediante la superv isión de los enco mende ros. (Biord, 2002: 85). Durante su gobierno, “el caserío” se convirtió en un pueblo donde vivían unos 3 00 es pañol es y 4000 “vasallos cristianiz ado s” (indios). Pimente l es cribió la “Rel a- ción de Nuestra Señ ora de Caraballed a 30 y Santiago de León” (alr ededor de 1578, enviada a Españ a ese mismo año), en la que da una de las principales descripciones de la zona ce ntr al de Ve n ezuela, en la seg unda mit ad de l sig lo XVI. El 25 de mayo de 1577, Felipe II , em ite en El Escorial la Cédula “I nstrucc ión y memoria pa ra l a formación de las relaciones y descripciones de l o s pueb los de Ind ias”, en la que manifiesta la conveni enci a de que el Conse jo de I ndias disponga de una in form ació n reglada y estandarizada de todos aque llos terr itorios des cubiertos y/o conquistado s ha sta el moment o en las Indias, “…para mejor pode r acudir a su buen gobierno, ha p a- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 96 recido ser cos a muy con veniente orde nar se hic iese la descr ipción general de todo e l estado de las nuestra s dichas Indias, Islas y provincias de ellas, la más precisa y cierta que fuera posible. … y que para que mejor se pudiera acertar a hacer la dicha descri p- ción, se g uarda se la ord en conte nida e n las inst ruccion es que p ara e llo se han hecho, impresas de mo lde que c on est a se os env ían ” . Las instrucc iones mencio nadas en la Cédula “Instrucción y memoria de las relac ione s que se h an de h acer par a la descrip ción d e las In dias ” , que su M ajestad manda hacer para “ el b uen gob ierno y ennobl ec imiento d e ella s”, van dirigi das a los “ …Virrey es o Audienci as y otras personas d e gobi erno…” para que se las envíen a los Gobernad o- res, corr egidores o Alcal des Mayores, de m odo que las hag an lleg ar “… a los pueb los d e los españo les e indi os de su jurisd icción, donde hubiere españoles envián dolas a los concejo s; y donde no, a los cura s si los hubier e, y si no a los reli giosos a cuy o cargo fuere la doctrina…” . Se les encarece que responda n en breve tér mino, con letra clara y legible, incluyendo el nombre de quien contesta c a da c uestionar io y el del responsab le que se lo ha hecho lleg ar y que una v ez cu mpliment ados sean dev ue ltos “… a su Maje s- tad y al Consejo de I ndias ” . Finalment e el cu esti onari o que se ha de cumpl iment ar “Memor ia de las cosas a que se ha de respond er, y de que se han de hacer l as re laciones”, for mula cincu ent a pregu n- tas. Realme nte es un cuest ionar io muy complet o que se interesa por lo s aspectos fundame ntales de aq uell as tierras: humanos, geogr áficos, recurso s ec onómic os, clim á- ticos o po blaci onales. As í, pregunt a por lo s nom bres de t odos los pueblos de cada comarca, sean de españo les o de i n dios y en su ca so, su significado en lengua indíg e- na, año de fundación de cada ciu dad y quien fue su fundador, cuantos vec inos tiene, donde se ha ed ificado c ada pob lació n y que traz a tien e, d istancia entre los pu eblos, forma y edificio d e l a s casas, de que materiales est án constru id as, que cons tr ucciones religiosas (ig lesias, cate drales, monasterio s) y públicas (hospitales, col egios, obras pías) se han lev antad o. Las respuest as a esto s cuestionar ios s on conoci das como Relaciones geográficas y constituy eron la ba se para sistematizar los conocim ientos sobre los terr itori os a meric a- nos y para poder inv enta riar los rec ursos, potenc ialidad es y limitacio nes de aque llas tierras y si n duda, un valioso inst rumento para la gobern ación de las Indias. Esta práct i- ca no s e interru mpió en t odo el período colo nial, y suponen una formidable fuente de infor mación, parcialm ente inédita hast a hoy . (Véase De Sola no y Ponce , 1988: 79 - 86 ) . “Se t rataba de ámbitos geográficos y culturales ini maginab les p ara l o s euro peos y que supusier on una ru ptura epistem ológica d e l os paradigmas imperantes en el pens amie n- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 97 to occide ntal sobre la geografía, la histor ia y la visi ón del ho mbre y la cult ura (antrop o- logía). L a intención de apr ehender la nov edad americana será, pu es, una constante e n la polít ica co loni al espa ñola” . (Véase Biord, 2002: 83 ). En re spuest a al cuestiona rio rec ibid o, Pime ntel r eda cta su “Re lació n d e Nuestra Señora de Carabal leda y Santiag o de León” , que constituy e según Biord ( 2002: 859) una fuente oficial y pri maria sobre Caracas, q ue había sido fundada tan sol o on ce a ños atrás y de toda la región. De esta Relación existen n umero sas v ersiones publ icadas . (Véase Ar e- llano More no, 196 4: 130-1 40). Sobre la ext ensión de la ciudad dice e l Goberna dor Juan de Piment el que “ Caracas ti e- ne de oriente a occidente , como trei nta y ci nc o leguas, y de norte á sur como veinte y cinco leguas de la mar a los llano s” . (Véase Pim ent el, 1964: 113. En Biord, 2002: 88 ; y Arellano More no, 196 4) . Para aco mpañar la Relación, Pimentel, realiz a el levantamient o del primer plano de la ciudad, en ese mismo año de 1578. Gaspar ini y Posani (1969: 49), señal an que e n este plano de la ciudad colonial de Caracas, se define lo urbano. Ade más de co nstituir un document o de carácter histórico y jurídico, fue utiliz ado como instru mento urbaníst ico en la c onstruc ción de la ciud ad y de guía u orient ación en su cre cimie nto. E n la oper a- ción del traz ado y luego la repartic ión de los solares, se apl ica el “mode lo tipo de dispos ición cuadricul ar”, siguien do las prácticas ori entadoras para la fundación de ci u- dades, hasta ese mo mento em pleadas. En este plano de 1578, “s e repro duce e l patr ón fun daciona l urba no del proceso c o lo ni al americano”. La ciudad se di v idió en 25 manzanas — 24, más la manzana de la Plaza Mayor —. En este periodo ex istían algunas casas, un templo y un convent o, “todos de escasa sol idez constructi va, sin que ninguno hay a podido sobr ev ivir hasta la actual i- dad… La precariedad arquitect ónic a y de serv icios urbanos de la Caracas d el siglo XVI, ocurría en m e dio de estrechas condic iones económ icas” . (Véas e Lóp ez Villa , 2003: 556 y 557) . Este plano es e l d ocument o gráfico más ant iguo de l a ciuda d. Es tam bién la cl a- ra demo stración del modelo domina nte que debí a seguir la for ma urbana d e Caraca s. En la parte sur del continente, la ciudad de M en doza (funda da en 1 561), presenta el mismo e sque ma de Carac as. (Ver plano d e 157 8 en l ámina c3). (Ver plano s de C aracas y Mendoz a en lámina cc-1H). TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 98 El traz ado de Caracas, de manera si mplificad a, acata las reco mendacion es que hast a ese momento había constituid o la práct ica de la colonizac ión española y qu e precedió y constituy ó poster iorme nte (1573), la normativ a de las Ordenanzas par a D es cubrimie n- tos, Nuevas Poblac iones y Pacificacio nes y de la Recopilación de las llamadas Leyes de India s (1680). En el plano que se realiza de Caracas, igual q ue en los demá s pl a nos realizados para cualquier ci uda d colonial en América, destacaba el espacio público, al cual se le otorgó la mayor import ancia y en él, la Plaza May or, piez a c lave al rededor de la cual se art icu laba t odo el conju nto urba no. La plaza, calles y solares se reparten a “cordel y regla”, “comenzand o desd e la Plaza Mayor “… y sacand o desde ella las calles a las puertas y caminos princip ales y dexa n- do tanto compás abierto aunque la población vaya en creci miento, se pueda siempre proseguir y dilatar en la misma forma” (Orden anzas para Descubrimie ntos, Nuevas P o- blaciones y Pac ificacione s. 1573, Capítulo 111). El plano de la Caracas de 1578, es prototipo de la disposic ión sencilla y ortogonal de donde surge la mayoría de las ciud a- des de fun dació n hispa na. El “Orde n”, princ ipio funda mental q ue rigió el proc es o urbanísti co colon ial, se reflejó en su tra ma orto gonal. En el plano de 1578 apar ecen indicadas cuatr o propiedad es ecles iástica s, dest acand o la del Convento de San Francisco, que ocup aba una m a nzana complet a d e la ciudad; otra parce la estaba destinada a actividades gubernament ales; Y sesent a y cinco p arc e- las estaban o cup adas por casas y veintitr és lotes e st aban v acantes. El artícul o o capítu lo que orden aba “de la pl aza sa lgan cuatr o calle s princ ipales, un a por cada medio de cada costado; y demás de ésta s, dos por cada esqu ina: las cuatro es- quinas miren a los cuatro vientos principal es, porqu e saliend o así las calles de la plaz a no estarían expuest as a los cuatro vientos; que será de mucho inco nvenien te” (Ord e- nanzas para Descubr im ientos, Nuev as Poblacion es y Pacificacion es, 1573. Capítulo 115), no fue aplicad a. Al respecto, fueron pocas las plazas hispano amer icanas en las cuales se aplicaron l a s dispo siciones de las Orde nanzas de 1573, estricta mente. En Venez uela, la plaz a que m ás se acercó a este pri ncipio urbanístico f ue la de Barinas (ciudad ubicada en el sur-oeste del país , s iendo la m á s grande). D e dos de sus lados fronteros parten c alles e n los pu ntos medio s y dos calles por cada es quina. (Ver plant a de la ciuda d d e Barinas e n lámin a c-c) . En 1589, el Gobernad or, don Diego de Osorio, ord ena la construcció n de l “ Camino de los Españole s ”, si g uiend o un s endero indíge na llamado ‘’La Culebri lla’’. Este camino TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 99 comunica ba Caracas con La Gua ira — ciudad funda da por el mismo Gobernador — , que es su pu erto m ás cercano . Caracas, como c apital de la Prov inci a de V enezue la, poco a poco s e fu e trans fo r mando, política y relig iosamente. Su crecimie nto, espec ialme nte, durant e los siglos XVI y XVII fue muy lento. La p obreza , extendida a la tot alidad de la Provincia de Venezuela, los t e- rremo to s y las e pide mias que estab leci eron enor mes d ificultad es y lím ites, r ecorda ban que Caracas era una ciudad pequeña, i mpos ible de comparar con las capital es v irrein a- les en cuant o a tama ño y riqueza. En la pri mera descri pción de C aracas, la “Re lación” realizada por Juan de Pimentel, la Caracas de 1578, tiene sólo tres casas y la Iglesi a Mayor, construidas con paredes de mamposterí a y techos de tejas. Las demás edific a- ciones so n de ba hare que y ta pia cubi ertos de “ cogo llos de c aña”. (Ver pri mera y úl t ima páginas de la R elac ión de Santiag o de León de Caracas en l ám i- na c-2). Caracas desde s us comienz os fue una pequeña c iudad admin istrativ a de escasa impo r- tancia dentro de la organ iz ación colonial y con un crecimie nto demográ fico lento. Para 1580 — año en que se declara una epidemia de vir uela — , según un censo oficia l real i- zado, C araca s cuenta con 2.000 habita ntes. (Véas e Brito, 1961: 19). Al conc luir el sigl o XVI la población registra un aumento insigni ficante con relación al censo de 1580. E n ese mis mo año una epi demia de virue la dej a cas i desierta la ciuda d. Tras Santiag o Apóstol, San Sebast ián y San Mauricio, se construy e la ermita de San Pablo e l Er mitaño, co mo abog ado c ontra la p este, por dispos ición d el Ay untam iento, e n- terrándos e las ví ctimas en el cementerio que se const ruyó contiguo. Nueve años después est á de nuevo poblada C ara cas (Díaz S á nchez, 1962: 28 ; y Rojas, 1994: 23 ). En mayo de 15 95, el cors ario inglés Amias Preston sube a C arac as desde la ciudad de Caraba lleda, en la Cost a del Litora l y l a saqu ea, unido a nuev as plaga s que afect an las sementer as de granos, conv irtiendo en cen izas los sembradíos. Fue común el deco n- suelo de la población “creciendo mas la aflicción al paso que se mul t iplic aba l a plaga por instant es, sin hallar remedio humano para pod er extinguirla. Se consigu e su exti n- ción “por intersecc ión del glor ioso mártir S. Jorje, á quien escoj ieron por patrón” construy éndole en agradecim einto “los labradores de la ciud ad de Santiag o” una cap i- lla ” . (V éase Ov iedo y Bañ os, 1940: 607-60 8). Con penalidade s y miser ias transcurr e e l a ño de 1594. T odavía para mediados de 1596 se notaban los estrag os de la incurs ión de Preston a Caracas (en Oviedo y Baños, mencion a a Francisco Dra ke, quien saqu ea la ciudad. Dra ke había llega do al puerto de Guacam acuto (media legua á barlovento del de l a Guaira (1940: 609), al parecer a pri n- TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 100 cipios del mes de junio de 1595, también según O viedo y Baños (194 0: 609), pues el Cabildo en sesió n de 18 d e julio del a ño referid o, suspen de la ej ecució n de un as Reale s Cédulas con co misiones para Pedro de Liaño , alegand o los capitulares “la extrema p o- breza de la tierra y l os enormes gastos incurr idos por los vecinos e n la reconstrucc ión de las casa s y t emplos inc endiad os por l os pirat as” . (Véas e Arcaya, 196 5). La s d if ic u lt a de s qu e obs t a c ul iz a n e l cr ec i mi e nt o de la ciu da d de Ca r ac a s en s us prime ras décadas, impiden la realiz ación de const rucciones perdurables. No hay en ella una sola ob ra del sig lo XVI qu e ha y a ll ega do h ast a n ues tr os dí as; so lo e xist en en los al red edo res de la Pla za Ma yo r, a lgun a ca sa o t emp lo co n tr oz os ais la dos d e fun d ac io nes o mu ro s de es a ép oca y el pr oy ec to d el t emp lo de l C onv en to de Sa n Fr an cisc o, ela bor a do en 15 93 po r An to nio Ru iz Ullá n, ala rife de la c iu da d, qu e c o nstit uy e un i mpo rt ant e d ocu ment o d e l si gl o X VI . L as fue nt es d oc ume nt al es d e la é poc a i nf or man d e lo limi tad as qu e e ra n la s a c- t iv ida des c ons tr uct iv as. Po r lo t ant o, e s si n du da la p er sist en cia d el t ra za do u rba no cu adr icu lar , en for ma de d ame ro , el do cu men t o m ás a nt igu o y de ma yo r impo r t an cia u r- ba na, con qu e ho y cu ent a Car aca s y t oda s las de más ci uda des de l paí s, de fund ac ión co lon i al . El lento desarrol l o urbano de Caracas a lo largo de tres si glos, desde l a fundación en el XVI, hasta el período guberna m e ntal de Antonio Guz m án Blanc o a finales d el XIX , se explica, en parte, p or l as escasas activ i da des econ ómicas. “La pri m era mitad del sigl o XVI se pierde en e xplora ci on es de muy poco frut o, realizadas sin un ob jetiv o definid o. La política de colonizac i ó n y el conoci m iento pro gresivo del país, cede ante la fantasí a de El D orad o. Seducidos por esas not i ci as, los co nquista dores aband onan e ntonces t o- da idea de sentar sus real es en alguna parte de la costa o de tierra ad entro, y se lanzan, en loquecidos por una te m pra na fiebre de l o ro” . (Véase A rc ila, 1957 : 56). 1.6.5 Caracas en el sigl o XVII, la lenta cons olid ación de una ca pital A los treinta y tr es años de su fundac ión Caracas entra en el siglo XVI I, que es “el de la larga espera silenci osa. Nada ca m b i a, nada crece, nada sucede” . (Véase Uslar Pietri, 1965 : 53). Es éste, el s i g lo de la superv ivencia y de las c alamid ades. La primera mita d del siglo XVII se c aracteri za por los conflictos entre obispo s y gobernad ores y la segu n- da mitad, trans curre c on la const ante preoc upación por las invas iones de pir atas y por los estra gos ocasionado s por las epide mias. La d istribuc i ón de Caraca s reflejada en el plano de Pimentel de 1578 — no se conoce un plano de la ci u dad hec ho en este siglo — comen zó a cam biar en el siglo XVII, ante la escasa disponibi l idad de suelo urb ano , unido a que las con strucc i on es emplazadas en TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 101 los cuatr o solares de la parcelación inicial de las manzanas de l a ciudad, resultaban demasia do grandes y costosas en relac ión con los recursos económicos disponib les que poseía n l os poblador es de la ci u dad, d an do lu gar a u n proceso de fragmentac ión imparabl e. Ya en el siglo XVIII ninguna casa ocupa ba la cuart a parte de una manzana. Las área s de par celas era n mu cho me nores. En l os comie nzos del siglo el XVII, había tres nuev os temp los en la ciudad con sus c o- m uni dades, “que venía n a au mentar el cortej o religioso de la ciudad de Losada” : Sa n Francisc o de Asís y S an Jacinto y en 1636, el de la Virgen de L a Concepc ión. En 1656, se levanta otro, dedica do a la Virgen de Altagra cia y en 1673, recibe Caraca s “una Sa n- ta americana, Rosa de Lima, que se p one a la cab ez a del primer instituto de educación que tenía la ciu dad: e l Seminar io Tr iden tino” . (Véase Ro jas, 19 94: 24). El Gobern ador N ú ñez Meleán (1630-1637), armó numerosas expedici ones contra los holandeses y compañí as en aux ilio del G obernad or de la is la de Curaçao. Do tó la Fort a- leza de La Gua ira, con ar mament o traí do de L a Habana, mejoró la admin i str ación de l as minas de cobre de Cocorot e y Aroa, siendo embar cadas para España las part idas de grandes qui ntales, por La Guair a. Comp uso los ca minos que i ba n de Carac as “… a la Mar, Aragua, San Seba stián y San Pedro” . (Véase Sucre, 19 28: 128). Un hecho de l a mayor relev ancia , en este siglo, fue la Real Cédula, ex pedida por Felipe IV, al P res ident e G obern ador de Santo Domingo, fechada en Madrid el 20 de Junio de 1637, por la cual se conc edía el traslado de Coro a Caracas de la Cat edra l, la sede, e l obispo — Doct or don Jua n López Agurto de l a Mat a, en ese moment o — , y el Cabildo con su Deán. (Vé ase Suc re, 1928 : 128). Con el estableci miento del poder relig ioso en Caracas, la ciudad adqu iere el ra ngo irre futable de “capita l de la Prov incia de Venezu e- la”. Desafort unada mente, coincidie ndo en el tiemp o — 1636 y 1637 — , los agricu ltores de cacao, vieron desapar ece r sus cosechas “devoradas por un parásito llamad o “candel i- lla” que destruía la corte za de los árboles”. Los habita ntes de Caracas, de seosos de tener una patr ona que pr otegiera sus sie mbras de este fruto, en las costas y valles ce r- canos a la capital, const ruyen en 1638, una iglesia a la Virgen de Las Mercedes, que se convierte en la “protectora del cacao”, al mismo ti empo “ab oga da de Cara cas” y m ás tarde, en 176 6, “abogada de los terre motos”. En octubre de 1637, no mbrado por el Rey Don Fel ipe IV como G ober nador y Capitán Genera l d e la Provinci a de Venezue la, asume el cargo el G enera l Ruy F er nández de Fuen mayor (1637-1644), enfrenta una epide mia de viruela que sufre la Provincia, la TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli conte mporánea. El caso de Carac as CAPÍTULO I. La ciudad colonial 102 “plaga de aljorr a” que ata ca las plantaci ones de cacao y las frecuentes incur siones de piratas en las hac iendas de l as costas del Litoral (Naigu atá), en las que robaban ad e- más de la s cosech as, los esclavos. Todos estos proble mas tení an empobrecida la poblac ión de Caracas y del rest o de poblacio nes de la Provincia. Fernández de Fue n- mayor, “Trató de re medi ar estas calamidad es, emp leando para ello los medi os que su época le daba” (Sucre, 1928: 1 30). Contra la virue la, dicta medidas de a islamiento; co n- tra “la al jorra”, “v ista la impotenc ia de los re curso s hu manos, s e resolvi ó en C ab ildo d e 14 d e junio invocar la prot ección divina, nombran do para el cas o por patr ona y abogada a Nuest ra Señora d e l as Mercedes” . (Vé ase Sucre, 1928: 130). R especto a l os piratas, manda or ganiz ar tr opas de mar y tierra, para la d efensa d el territor io y perse cución. La peque ña Igles ia Mayo r de Caracas se conv irtió en Catedra l, pero el terr emoto de 1641 l a reduce a ruinas. En 1665 se encargó al maestro Juan Medina l a const rucción de una nueva catedra l sobre estas ruinas. Fue term inada en 1774, con una airos a torre, que daría no mbre a la esq uina cent ral de Caraca s, “la esquina de la Torr e, orig en de las coordenad as oficiales de la ciudad. En e lla se cruz a n las calles cardinales de la ciu dad, Norte y Sur, Este y Oeste, que son los e jes del siste ma cuadricu lar. En cuanto a la torr e mi sma, “ re gu la la exist encia de Caracas, con el acento pe netrante de su re loj, que cada quince m inut os nos llam a a las relidades de la vida” . (Véase C le mente Trav ieso, 2004: 29 - 30 ) . En 1641, hubo un terre moto y “ se derrumban la mayor parte de las casas y templos de la ciudad, dejando aplast adas m ás de doscientas personas y m u cho m ay or n úmero de heridos” . (Véase Sucre, 1928: 132). Se organiz an cuadri llas de salva mento, s e distrib u- yen víveres a l os necesitados y se construyen rústicos hospitales, que s irven t ambién de refugio, todo con la colaborac ión del Obi spo y del Ayunta mie nto. E ste acontecimie n- to contrib uye a que n o se con serv en constr ucci ones o deta lles arqu itect ónicos d e períodos anteriores a esta fecha. La catedral se vino abajo, “en la Iglesia de las Co n- cepcion istas cay ó el coro y part e del templo. Aú n má s d añ ad o r es ul t ó e l Co nv en to d e Sa n Fr a nc is co; l a I g le s ia d e S an Ja ci nt o y la Ho s- pe de rí a de la M er ce d su fr ie ro n de sp er fec t os co ns id er ab le s. D e las ca sa s, ni ng un a qu ed ó ha b ita bl e, d e l as p oc as qu e no se c ay er o n. L a v is ió n de so la do ra d e l c on ju nt o y la ma gn it ud de la de st ru cc ió n im pu ls ar on a co nv o car Ca bi ld o ab ier to p ar a tr at ar s obr e l a mud an za de la c iu da d a s iti o m á s ad ec ua do e n la Sa ba n a d e C h ac ao” . ( Vé as e Su cr e, 1 92 8) . La pr o p o- si c ió n fu e r ec haz a da , p or la te na z o p os ici ón d el Ob is po d e Car ac a s y la mud an z a pr oh ib id a po r R e al C éd ul a de l 1 5 de n ov ie mb r e d e 1 64 2. Ca s i to d o se h iz o d e n ue v o e n l a ci ud ad . Ca ra ca s se re cu pe ra le nt am en te d e la d ev as ta ci ón de l te r re mo t o y nu ev e añ o s TRANSFORM ACIONES UR BA NAS EN LATINOAM ÉRICA De la ciudad colonial a la metrópoli contemporánea. El caso de Car acas CAPÍTULO I. La ciudad colonial 103 de sp ué s pe rm a ne cía ca s i igu al. La s ac t as de l Ca bi ld o de s ept i em br e de 1 65 0, co nf ir m a- ba n lo pre ca ri o de la s itu ac ió n. ( Vé as e Ma rt í nez M e nd oz a, 1 96 4: 1 7) . La reconstrucc ión de la ciudad se caracteriza por su lentitud. En 1656 se comienza la reedificac i ó n del Templo del Convent o de San Francisco. Las adversida des co ntin uaron azotando a la ciud ad que aún no había podido recuperars e de los daño s ocasionado s por el terre moto de 1641. A los pocos meses de ha berse enc argado d el gobi erno Pedro de Porres (16 58-1664), h ubo una epide m ia de p este, enfermedad hast a entonces des- conocid a en Venezue l a y en Caracas, qu e causo imp ortantes bajas en la po blación. En setenta dí as mur ieron cer ca de do s mil de l o s ocho o nueve mil hab i tant es de C ara cas. El terremoto de 1641, las epidem ias, la miseria y los pocos recursos, f u eron cond ici o- nes muy desfavorab les para un crecimie nto y desarro l lo progre si v o e impidieron la realizació n de obras impo rtantes en este siglo. La actividad de reconst rucción se basó en la misma disposición urbana y arquitectónica de su f unda ción, a fin de aprovechar traz ados y m uros utilizables. En este sent ido, se realiz ó la re const rucci ón de espacios urbanos en estado ruinos o así como de edificac i on es derriba das por el seísmo. La C a- tedral, dentro de su senc i llez , fue la obra más significativa que se reco nstruyó de nuevo en el sig lo XVII. La fu nda c ió n d e la p ob lac i ón d e Cha cao — h aci a el e st e de la p equ eña ciu da d colo ni al de Ca ra cas — c omi en za c on l a in mi gra ció n de las v íc t ima s del te rr emot o d e 1 64 1, qu e de ja a Ca ra cas e n r uin as , de str uy end o gr an par te de su s in frae st ruc tu ras . Hac ia un si tio má s adecuado como esta “sabana de Chacao”, se pl antea la mudanza de la ciudad, para lo cu al el A y unt amie nt o con vo ca a “l os not ab les de la c iu da d”. El res ult ado es l a n ega tiv a a t al pr op osi c ión por el Ob is po Fr ay Mau ro de To va r, qu e “n ie g a ro t un da ment e su co nse n- t imie nt o en t ér mino s ta les , qu e jun to co n el p roy e ct o mat a ta mbié n la nac ien te es per anz a ”. E n dic ie mb re d e 1 642 , es at aca da L a G ua ira po r un a esc ua dra i n gle sa , sie n- do d efe ndi da h ero ic ame nt e por Fern ánd ez de Fu en may or . Po st er ior men t e ha ce r e edi f ica r la for ta le z a de es ta ciu da d, der ru mba da p or e l te rre mot o de 164 1. En ju lio de 16 51, es at ac ad a de nue v o L a G uair a. Go ber nab a Do n P ed ro de Leó n Vil lar ro el (1 64 9 -16 51) , qu ien t oma p ose sió n de l g obi er no an te el Ay unt amie nt o de Car ac as , en ab ril de 16 49. En jul io de 16 51, asu men la go ber na c ión de la Pr ov inci a, los Al ca ld es O rdi na rio s de la ci ud ad de Car aca s (Ca pit á n B ern abé Lo ret o de S ilv a y e l Al fére z J uan de l Co rr o) , por h a- be r mu er to Do n P ed ro de Leó n V il l a rr oe l. Un a e scu ad ra fr an ce sa p ret en de a po der a r se d e La Gua ira . Deb id o a l a pe st e qu e p ara ent on ces ex is tí a en Ma rg ar ita y Cu ma ná , Ca ra cas es ai sl a da de la ciu da d de La Gu air a y s u p uer to . A me dia dos d e 165 4, so n t o mad as m e- di da s de se gur ida d par a Car ac as y La Gua ira , ant e am en az a de ocu pac ión in gle s a, qu e [Document text truncated for crawler view.]