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Los Saavedra en la Edad Moderna: un linaje nobiliario entre España e Indias

García Domínguez, Francisco Javier

Abstract

En la presente Tesis Doctoral se analiza la trayectoria histórica seguida por el linaje nobiliario de los Saavedra, desde su implantación en Andalucía durante la Baja Edad Media, ligada a las oportunidades de la guerra fronteriza con el reino nazarí de Granada, hasta su consolidación durante los siglos modernos como nobleza titulada al servicio de la Monarquía Hispánica, tanto en los territorios de la Península Ibérica como en los reinos de Indias. La preeminente posición alcanzada por el linaje a fines de la Edad Media lo situó, en los albores de la modernidad, como una de las familias más importantes de la nobleza sevillana. A caballo entre la mediana y alta nobleza de Castilla, los Saavedra ejercieron destacados oficios públicos y alcanzaron, como colofón a los servicios prestados a la Corona, dignidades nobiliarias como el condado de Castellar o el marquesado del Moscoso. El análisis de esta trayectoria tiene como ejes centrales Sevilla, Madrid y Lima; los tres espacios y ámbitos de actuación que jalonan el recorrido familiar. Aunque este estudio se centra particularmente en los siglos que corresponden a la época moderna, la horquilla cronológica en la que se encuadra tiene su punto de inicio en el siglo XV y se alarga hasta las décadas centrales del siglo XIX, con la instauración del Régimen Liberal. A partir de la consulta de variada documentación archivística y amplia bibliografía, se examina el devenir histórico desarrollado por una rama familiar concreta del linaje; la que inaugura Juan de Saavedra, el hijo tercero de los primeros condes de Castellar que, con el transcurso generacional, logró alcanzar durante el reinado de Carlos II el citado título marquesal del Moscoso. El estudio de esta singladura se ha enfocado desde múltiples perspectivas: política, economía, sociedad y cultura, unos ejes temáticos cuyo análisis se despliega a lo largo de los distintos bloques que componen este trabajo, y bajo los que subyace la consideración de que en el estamento nobiliario había espacio para el movimiento y el cambio social. Lejos del tradicional hermetismo e inmovilidad con el que ha sido vista la nobleza, a lo largo de este estudio se analiza cómo el grupo nobiliario, y particularmente el linaje de los Saavedra, desplegó una serie de estrategias y prácticas sociales que permitieron su supervivencia y que respondían, esencialmente, a un proceso de adaptación a los tiempos, coyunturas y circunstancias cambiantes. De esta forma, se examina la trayectoria política, la participación y la influencia del linaje en diversos ámbitos de poder, organismos e instituciones, ya sea a escala municipal, regional, cortesana e incluso, virreinal. Por otro lado, este trabajo también se centra en analizar las bases económicas de la Casa y la naturaleza de sus posesiones señoriales; se estudia, así pues, su papel como señores de vasallos, la conformación y administración de sus patrimonios, los mecanismos de agregación y transmisión de mayorazgos o la utilización de una amplia gama de instrumentos de crédito e inversión al abrigo de la excepcional coyuntura atlántica. Las estrategias sociales practicadas por la familia, el despliegue de relaciones de parentesco en distintos círculos de poder y la conformación, en torno al linaje, de una auténtica red clientelar y tejido relacional, se constituyen igualmente como un objetivo de estudio fundamental. De igual forma, también se lleva a cabo un análisis de cuestiones capitales para la sociedad de la época moderna y, especialmente para el estamento nobiliario, como son la extendida obsesión por el honor y la limpieza de sangre, al tiempo que se examinan las manifestaciones artísticas y culturales que desarrollaron los Saavedra para alcanzar sus pretensiones de perpetuación social, legitimación de su estatus privilegiado y construcción de la identidad familiar y memoria del linaje.

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LOS SAAV EDRA EN L A EDAD MODERNA : UN LINAJ E NOBILIA RIO ENTRE ESP AÑA E IND IAS TESIS DOCTO RAL para obtener el tí tulo de Doctor po r la Universida d de Sevilla presentada por FRANCISCO JA VIER GARCÍ A DOMÍNGU EZ Director: JOSÉ JAIME GARC ÍA BE RNAL Universidad de Se villa Facultad de Geog rafía e Historia Departamento de Historia Moderna Programa de Doct orado en Histo ria Sevilla, 202 3 2 3 4 5 ÍNDICE GENERAL AGRADECIMIEN TOS .................................................................................................. 15 ABREVIATURAS Y SIGLAS UTI LIZADAS .............................................................. 23 ÍNDICE DE TA BLAS .................................................................................................... 25 RÉSUMÉ ET MOTS-CLÉS ........................................................................................... 27 RESUMEN Y PALABRAS CLAVE ............................................................................. 29 OBJETIVOS Y METODOLOGÍA ............................................................................. 31 INTRODUCCIÓN ........................................................................................................ 81 BLOQUE I. EL SERVICIO A LA CORONA. LA T RAYECTORIA POLÍTICA DEL LINAJE DE L OS SAAVEDRA: DES DE LA FRONTERA DE GRANADA A LOS INICIOS DEL RÉGIMEN LIBERAL ............................................................... 89 1. LA FRONTERA NAZARÍ Y EL ORIGEN DEL PRESTIGIO FAMI LIAR ............ 91 1.1. La ac tividad política de los Saave dra durante los siglos XIII Y XIV: orígenes remotos del linaje ....................................................................................................... 95 1.2. La actividad política del linaje de los Saa vedra a lo largo del siglo XV ........... 102 1.2.1. Fernán Arias de Saavedra el Bueno , alcaide de Cañete .............................. 103 1.2.2. Juan Arias de Saavedra, el Famoso , señor de El Viso y Castellar ............. 118 1.2.3. Los Saavedra y la mariscalía de Castilla .................................................... 153 1.2.3.1. El ocaso de los mariscales ................................................................... 208 a) Causas y motivac iones de la re beldía del marisc al Ferná n Arias de Saavedra ................................................................ ...................................................... 214 b) La re spuesta real: el asedio de Utrera ....................................................... 219 c) Las c onsecuencias de la rebelión del mariscal Fernán Arias de Saavedra 228 d) El desvanecimiento de sus bases de poder en la fronter a ......................... 238 1.2.4. Fernán Arias de Saavedra , señor de El Viso y Castellar ............................ 260 2. EL REINO DE SEV ILLA Y LA POL ÍTICA FAMILIAR AL S ERVICIO DE LA MONARQUÍA ............................................................................................................. 281 2.1. El concejo de Sevilla como espac io de poder municipal ................................... 284 2.2. Cargos en la I nquisición sevillana ..................................................................... 305 6 2.2.1. Familiare s del Santo Oficio sevillano ......................................................... 305 2.2.2. Alguaciles mayores de la Inquisición de Sevilla ........................................ 313 2.3. La Alfaquequería mayor de Castilla .................................................................. 342 2.4. Corregiduría de Granada ................................................................................... 345 2.5. Los Saavedra y las milicias sevillanas ............................................................... 348 3. S I RVIENDO AL REY DESDE L A CORTE: LOS SAAVEDRA E N E L C ORAZÓN DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA .......................................................................... 365 3.1. Antecedentes cortesanos: siglos XV-XVI ......................................................... 371 3.2. Los Saavedra en la corte de l siglo XVII ............................................................ 403 3.2.1. Juan de Saavedra y Alvarado: la rama famil iar de Loreto en la corte regia 413 3.2.1.1. Un suegro en la corte: el li cenc iado Gil Ramírez de Ar ellano, paradigm a de cursus honorum ........................................................................................... 415 a) Los orígenes familiares de Gil Ramírez de Arellano ............................... 416 b) El cursus honorum de un letrado en la corte de Felipe II y Felipe III ..... 427 3.2.1.2. Juan de Saavedra y Alvara do: Gentilhombre de la boca ..................... 478 3.2.1.3. Entre Sevilla y Madrid: los marqueses d el Moscoso y la corte de Carlos II ....................................................................................................................... 504 4. LA “ AVENTURA” AMERICANA DURANTE EL S IGLO XVIII: EL VIRREINA TO DEL PERÚ COMO ESPACI O DE PROYECCIÓN FAMILIAR ............................... 527 4.1. El linaje de los Saavedra y su vinculación con el Nuevo Mundo ..................... 529 4.2. Antecedentes, siglos XVI-XVII ........................................................................ 530 4.3. El marquesado de l Moscoso en el virreinato peruano, siglo XVIII .................. 540 4.3.1. Tomás de Saave dr a: pare ntela y “famili a” del virrey ................................. 540 4.3.1.1. El acce so al marquesado del Moscoso ................................................ 555 4.3.2. Francisco Arias de Saavedra , de Cuzco a la Ciudad de los Reyes ............. 560 4.3.2.1. Tomasa de Saa vedra: esposa del mercader y enemiga de l marqués ... 560 4.3.2.2. Enlace matrimonial con los Santa Cruz , condes de San Juan de Lurigancho ........................................................................................................ 566 4.3.2.3. La inserción en el sistema político colonial ........................................ 572 7 a) El ca bildo cuzqueño ................................................................................. 572 b) La corregiduría de Cajamarca y l as relaciones con el Gobierno Superio r del virreinato ....................................................................................................... 574 I) El marqués del Moscoso ante el virrey marqués de Castelfuerte : demanda en el juicio de residencia .......................................................................... 583 4.3.2.4. La situación de los mayorazgos en Esp aña: pleitos entre los Saavedra sevillanos y peruanos ........................................................................................ 596 a) La cláusula de r esidencia del mayor azgo de Neve y el viaje a España del primogénito del marqués, Antonio José Arias de Saavedra ......................... 602 4.3.3. Joaquín Antonio A rias de Saavedra y el retorno del marquesado a la P enínsula Ibérica ................................ ................................................................................... 612 4.3.3.1. De colegia l a corregidor: el prometedor itinerario de un noble limeño 612 4.3.3.2. En el ínterin que os mantubiéreis emplead o en mi real servicio : conti núan las disputas por el mayorazgo de Neve ............................................................ 620 4.3.3.3. Los preparativos de un viaje tra nsatlántico ......................................... 625 5. EL R ETORNO A LOS ORÍGE NES: LOS SAAVEDRA Y EL MARQUESADO DEL MOSCOSO EN LA ESPAÑA DE FI NES DEL SIGLO XVIII Y SIGLO XIX .......... 631 5.1. La llegada a Sevilla de Joaquín Antonio Arias de Saavedra y la posesión de sus patrimonios ................................................................................................ ............... 631 5.2. Las pretensione s del marqués ante la corte regia .............................................. 631 5.2.1. Solicitudes de gracias y merc edes para sus hermanos en Lima ................. 637 5.2.1.1. La impronta del linaje en el Perú de fines del siglo XVIII .................. 640 5.3. Casamiento en la I glesia Colegial del Salvador: enlace con los Caro Tavera ... 645 5.4. Las aspiraciones del marqués del Moscoso al condado de Castellar y mayorazgo de El Viso ................................................................................................................. 646 5.5. Antonio María Arias de Saave dra y la defensa del absolutismo fernandino ..... 659 5.5.1. La ocupación francesa de Sevilla y el compromiso con el Deseado .......... 662 5.5.2. Reactivac ión del liti gio por Castellar y últimos años de Antonio María.... 673 5.6. Joaquín Arias de Saavedra bajo el Nuevo Régimen Liberal isabe lino .............. 680 8 BLOQUE II. LA E CONOM ÍA DE LA CASA: MAYORAZGOS, SEÑORÍOS Y ADMINISTRACIÓN PATRIMONIAL ................................ ................................... 697 1. LAS BASES ECONÓMICAS DEL LINAJE .......................................................... 699 1.1. Los mayorazgos de la Casa de los Saavedra ..................................................... 703 1.1.1. El mayorazgo pr incipal de la Casa: El Viso (1456) ................................... 706 1.1.2. La funda ción d e dos nue vos mayor azgos por los primeros conde s de Castellar (1540) ................................................................................................................... 710 1.1.2.1. El mayorazgo de Rodrigo de Saavedra ............................................... 711 1.1.2.2. El vínculo de Loreto, funda do sobre Juan de Saavedra ....................... 713 1.1.3. Los mayorazgos de Alvara do (1574) .......................................................... 726 1.1.3.1. El mayorazgo “mayor” de Alvara do ................................................... 728 1.1.3.2. El mayorazgo “menor” de Alvara do ................................................... 731 1.1.3.3. Otras disposiciones de los mayorazgos de Alvarado ........................... 733 1.1.4. El mayorazgo de los Ramírez de Arellano (1610-1618) ............................ 737 1.1.5. Las fundaciones de los Neve y los Ramírez de Cartagena ......................... 742 1.1.5.1. Migu el de Neve: cargador a Indias de lo s más gruesos que hasta agora a havido ............................................................................................................ 744 a) El mayorazgo de Neve................................ .............................................. 779 1.1.5.2. Los Ramírez de Cartagena ................................................................... 789 a) El mayorazgo de los R amírez de Cartagena ............................................. 792 1.2. Las posesiones señoriales .................................................................................. 794 1.2.1. Los señoríos bajomedievales: El Viso y Castellar ..................................... 796 1.2.1.1. Cumple a nuestro servicio que aquella fortaleza sea de la corona real : la fallida reincorporación de Castellar a l realengo ............................................... 807 1.2.1.2. Los dominios señoriales en poder de los mariscales ........................... 816 1.2.2. Tiempos de “reseñ orialización”: nuevas b ases señoria les dura nte el si glo XV II ................................................................ .............................................................. 820 9 1.3. Administración patrimonial y evolución económica de la C asa durante la Edad Moderna e inicios del Nuevo Régimen .................................................................... 826 1.3.1. El siglo XVI, una etapa expansiva en la economía familiar ....................... 826 1.3.1.1. Los patrimonios de los primeros condes d e C astellar: la base económica del linaje ........................................................................................................... 826 a) Patrimonios bajomedieva les, caudal dotal y nuevas incorporaciones ...... 826 b) Las últimas volunt ades de los primeros c ondes de Castellar y su sit uación económica ..................................................................................................... 839 1.3.1.2. Juan de Saavedra, de hijo terc ero a mayorazgo ................................... 850 a) La dote matrimonial de Catalina E nríquez de Ribera .............................. 850 b) B ienes inmuebles y raí ces en poder del matrimonio: el mayorazgo d e Lor eto y las nuevas adquisiciones ............................................................................ 852 c) El arrenda miento como régimen de explotación ...................................... 862 d) Inversione s de capital y participación en activid ades mercantiles ........... 867 e) Recurso al crédito, gastos y escrituras de obligación ............................... 869 f) Agentes y servidores de la C asa: apoderados, mayordomos, criados y esclavos ......................................................................................................... 881 1.3.1.3. Juan de Saavedra, el Galán .................................................................. 887 a) Segundo posee dor del mayorazgo de Loreto ............................................ 887 b) Casamiento con Leonor Carrillo Venegas de Quesada y la agregación de nuevos patrimonios vinculados: los mayoraz gos de Alvarado ..................... 891 I) Los orígenes familiar es y económicos de L eonor: los Alvarado y los Venega s de Quesada ................................................................................. 892 c) La gestión de los patrimonios no vinculados ........................................... 899 1.3.2. Ante la contra cción y decadencia del siglo XVII, nuevas vías de ascenso y consolidación social .............................................................................................. 909 1.3.2.1. Juan de Saave dra y Alvarado en la corte regia: proyección cortesana y endeudamiento económico ............................................................................... 909 a) El enlace matrimonial con los Ramírez de Arellano y el asentamiento en la corte: el ascendiente de Gil Ramíre z de Arellano sobre la economía y trayectoria de su yerno .................................................................................. 909 16 a las personas que lo inte gran. En primer lugar, me gustaría r eferirme con especial cariño al profesor Juan José Igle sias Rodríguez. Su etapa como directo r d el departamento coincide en gran p arte con el desarrollo de esta in vestigación, y quiero dar le las gracias muy sinceramente por todo el apoyo que me ha brindado. El depa rtamento ha sido un marco de trabajo, investigación, estudio y amist ad extraordinari o, y quiero expresar también mi reconocimiento al resto de sus miembros; gracias al profesor Carlos Alberto González Sánchez, que t an pendiente de mis progresos ha estado siempre; a la profesora Clara Bejarano, con la que tuve la oportunidad de compartir muchos momentos y aprender de su magiste rio; al profesor José Ma nuel Díaz Blanco, del que tanto he aprendido sob re el espacio atlántico, entre otros ámbitos. I gualmente, quie ro subrayar las enseñanzas adquiridas de los profesores Mercedes Gamero, Juan Ignac io Carmona, José Antonio Ollero, Antonio González y Fernando Campese. Como no pod ía ser d e otro modo, también quiero dedicar unas p alabras de a gradecimiento a los profesores Rafael Pérez y Manolo Fernández; desd e el l ejano Trab ajo Fin d e Grado qu e defendí bajo la tutela de Ra fa, pasando por el Trabajo F in de Máster que ambos evaluaron, Manolo y Rafa han v enido a compañándome desde muy d e cerca en est e arduo, p ero precioso, camino que es la invest igación histórica. Gracias por estar siempre ahí, por vuestra cercanía y disposición, consejos y apoyo. Además del departamento de Historia Mod erna d e S evilla, los años de dedicación a este trab ajo han ge nerado enormes deudas c on otras instituciones y personas. Que de constancia aquí de mi más sincero agradecimiento a la p rofesora Bé atrice Perez, al grupo de investigación CLEA/CHECLA y al I nstitut d’Études Ibériques et Latino -américaines de l’Université Paris -Sor bonne. B ajo la inestim able dirección de la pro fesora Béatrice Perez, tuve ocasión de re alizar una estancia de investi gación en París que me permitió la consulta de archivos y bibliografía francesa. Muchas gracias, Béatrice, ta mbién por la cálida acogida y por da rme la opo rtunidad d e parti cipar en los seminarios y actividades científicas orga nizadas, lo que supuso un auténtic o honor para mí. Asimis mo, también me gustaría expresar mi gratitud al profesor Fernando Bouza Álvarez, del Departamento de Historia Moderna y Contemporáne a de la Universidad Complutense de Madrid, donde, bajo su dirección, tuve la fortuna de poder desa rrollar otra estancia de inve stigación. No obstante, la deuda contraída con el p rofesor Fernando Bouza se remonta un os años antes al desarrollo de esta est ancia; su respaldo ya fu e fundamental para la concesión del contrato FPU, un apoyo que, a su vez, ha mantenido durante estos años y p or el que me siento muy agradecido. 17 Estos años de dedicación exclusiva a la investigación me han llevado a con sultar y recopilar documentación en muy diversos archivos y bibliotec as. Hacia todas estas instituciones y personas que han c ontribuido en la realización de e ste estudio hago llegar mi reconoc imiento por s u excelente trab ajo y necesaria labor. Sin embar go, de forma especial me gust aría resalt ar el papel del personal del Archivo General de Andalucía, y particularmente , la ayuda y atención que me ha dedicado C arlos Alberto Font; han sido muchísimas las mañanas que he pasado buceando entre la documentación de e ste archivo y, sinceramente, me he sentido como en casa. El camino recorrido durante estos años de inves ti gación también me ha p ermitido compartir muchos gra tos momentos con grandes compañeros; el grupo modernista del Máster de Estudios Hist óricos Avan zados, el “equi po rojo” d e la XIII Reuni ón Científica de la FEHM, y las experiencias vividas con otros compa ñeros y amigos al calor de la Historia Moderna, han si gnificado mucho para mí y, desde luego, sus frutos forman parte sustancial de este traba jo. En último término me gustaría referirme a las pe rsonas que más de cerca h an vivido -y a veces sufrido- la elab oración de este estudio. Muchas gracias por todo a mi familia, y especialmente a mis padres, Manuel y Man oli, a los que todo debo. Os estaré eternamente agradecido por brindarme vu estro apoyo incondicional y po r im pulsarme siempre a seguir hacia delante con mi pasión. Todo cuanto soy es gracias a vosotros. La historia de los S aavedra desgranada en las páginas que siguen estará, para siempre, impregnada en mi vida. Cuando en el a rchivo me afanaba en transcribir los primeros documentos de su fondo, allá por el año 2014, sin saberlo a ún, lo estaba haciendo junt o a la persona que poco después se convirtió en mi compañera de vida. El inicio de esta investiga ción marc ó nuestra unión y su finalización ha veni do pre cedida por nuestro paso por el altar. Muc hísimas gracias, S ara, por estar siempre ahí, por ayudarme en todo lo posible y por soportar tantas a usencias y eternas jornadas. A menudo recuerdo la frase que, con cariño, nos dedicaba el profesor José Antonio Ollero: “La familia que investiga unida, pe r manece unida”. A todos, de corazón, muchísimas gracias. 18 19 A mis padres. A Sara. 20 21 “ La Historia es fuente de la prudencia: en e lla se descubren las grandezas humilladas, la s virtudes premiadas, la inconstancia de los sucesos de la guerra, el govierno de las Repúblicas, costumbres de Naciones diversas, (muchas para imit arlas, y otras par a huy rlas) los principios, medios, y fines de los Imperios, y señoríos, causas de sus aumentos, y declinaciones, lo que florecen con la paz, y just icia, y se aniquilan con vicios, y tumultos ” Luisa María de Padilla Manrique y Acuña, ( condesa de Aranda), Idea de nobles y sus desempeños en aforismos. Parte quarta de Nobleza Virtuosa , Zaragoza, Hospital Real y Genera l de Nuestra Señora de Gracia, 1644, pp. 104-105. 22 23 ABREVIATURAS Y SIGLAS UTILIZADAS ADM: Archivo Ducal de Medinace li AGA n: Archivo General de Andalucía AGAS: Archivo Ge neral del Arzobispado de Sevilla AGI: Arc hivo General de Indias AGP: Archivo Genera l de Palacio AGS: Archivo Genera l de Simancas AHN: Archivo Históric o Nacional AHNOB: Archivo Histórico de la Nobleza AHPCa: Archivo Histórico Provincial de Cádiz AHPM: Archivo Histórico de Protocolos de Madrid AHPSe: Archivo Histórico Provincial de Sevilla AHSE: Archivo Histórico del Senado de Espa ña AHUS: Archivo Histórico de la Univer sidad de Sevilla AMM: Archivo Municipal de Murc ia AMS: Archivo Municipal de Sevilla ANF: Archives Na tionales de France APSP: Archivo Parroquial de San Pedro ( Sevilla) ARCHGR: Archivo de la Real Chancillería de Granada ARCHV: Archivo de la Real Chanciller ía de Valladolid BHSC UV a: Biblioteca Histórica de Santa Cruz. Universidad de Valladolid BNE: Biblioteca Nacional de España BNF: Bibliothèque Nationale de Fra nce BOE: Boletín Oficial del Estado BOJA: Boletín Oficial de la Junta de Andalucía BUS: Biblioteca de la U niversidad de Sevilla BUVa: Biblioteca de la Universidad de Valladolid MNR: Museo Nacional del Romanticismo RAH: Real Aca demia de la Historia RB: Real Biblioteca Artº.: artículo Cap.: capítulo Dec.: década 24 Doc./docs.: documento/documentos Exp.: expediente Fol./fols: folios/folios Leg.: legajo Lib.: libro Mss.: manuscrito Núm: número P./pp: página/páginas Signª.: signatura SS.: siguientes Vol. volumen 25 ÍNDICE DE TA BLAS Tabla 1. Compras realizadas por los primer os condes de Castellar (1498-1 540) (p. 849) Tabla 2. Memoria de las deudas de Juan d e Saavedra y Alvarado Ramírez de Ar ellano (1673 y revisada posteriormente). (p p. 1053-1054) Tabla 3. Cabaña gana dera del capitán Andrés Dote Buleje en 1674. (p. 1113) Tabla 4. Cuentas de la administración de los mayorazgos del marqués del Moscoso del año 1697. (p. 1128) Tabla 5. Desglose del descargo presentado por Antoni o de Saavedra en la s cuentas del año 1697. (p. 1131) Tabla 6. Carga s qu e pesaban anualmente sobr e los mayorazgos del marqués del Moscoso (1697). (p. 1140) Tabla 7. Inventario de bi enes de María Narcisa de Santa Cruz y Centeno (Lima, 1802). (p p. 1277-1279) Tabla 8. Joyas y alhajas de la dote de María de los Dolores Caro Tavera. (p. 1288) Tabla 9. Rega los de boda re cibidos por María de los Dolore s Caro Ta vera. (p p. 1289- 1291) Tabla 10. Rega los de boda rec ibidos por María de l os Dolores Caro Tavera de pa rte de su esposo, el marqués del Moscoso. (p p. 1291-1292) Tabla 11. Rela ción de los bienes y alhajas r ecibidos por Antonio María Ar ias de Saavedra corre spondientes a la dote de su esposa Ma ría de los Dolore s Araoz y Arr edondo . (p p . 1303-1304) Tabla 12. Dote matrimonial de María de Guzmán (1496). (p. 1363) Tabla 13. Caudal entregado por los primeros condes de Castellar a Francisco de Saave dra por su matrimonio. (p. 1366) Tabla 14. Dote matrimonial de Juana María Ramírez de Arellano (1611). (p p. 1391-1392) Tabla 15. Renta anual que Luisa Francisca de N eve apo rtaba como dote matrimonial (1641). (p. 1400) Tabla 16. Descende ncia de los primeros marqueses del Moscoso. (p. 1408) Tabla 17. Primera entrega de la dote de Juliana Buleje y Valdés (1681) . (p p. 1429-1431) Tabla 18. Memoria de los gastos realizados para el hábito de la orden de S antiago de Juan de Saavedra y Alvarado Ramírez de Arellano y Neve (1654). (p p. 153 4-1535) 32 década después bajo el título Las c lases privilegiadas en la España del Antiguo Régimen 2 . Este fue un trabajo de sí ntesis que con un planteamiento innovador acabó definiendo el camino que siguieron muchos investigadore s y, ha sido el cimiento del trabajo de investigación que el lector tiene en sus manos. Los enfoques historiográficos sobre la nobleza definidos por Domínguez Ortiz en esta obra capita l fueron subrayados, asimismo, por autores como Gregorio Colás Latorre y Eliseo Serrano Martín, que destacaron la excepcionalidad d e su a nálisis, las fecundas líneas de estudio a las que dio lugar y el importante “salto c ualitativo y cuantitativo” que suponí a su investigac ión en el panorama de los estudios nobiliarios del momento 3 . Enrique S oria Mesa, qu e c alificó a Antonio Domínguez Ortiz c omo “el mejor historiador español de todos los tiempos” 4 , también ha dedicado a lgunas páginas a examinar las aportaciones historiográficas del “maestro” a la Historia S ocial y al estudio del estamento nobiliario, subrayando especialmente sus innovadoras interpretac iones sobre cuestiones como la movilidad y ascenso social 5 . El panorama po r el que atravesaban los estudios nobiliarios durante los años finales del siglo XX fue esbozado, asimism o, por David Garc ía He rnán 6 ; una labor que ha sido secundada y actualizada, más recientemente, también por Enrique Soria Mesa o J osé Antonio Guillén Berrendero 7 . El objetivo principal de esta Tesis Doctoral es ana lizar y compr ender la fo rmación y consolidación del linaje nobiliario de los Saavedra como parte del proceso histórico de construcción de la Mon arquía Hisp ánica, espacio político generador d e vínculos y reciprocidades por medi o del servicio y la m erced ; un espacio que funcionó, asimismo, como marco d e oportuni dades económicas y de alianzas sociales y gozó de particular dinamismo en torno a l e je Se villa-Madrid-Lima, lugares que jalonan el recorrido de la 2 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Anto nio, Las clases privilegia das en la España del An tiguo Rég imen , Madrid, Istmo, 1 973. 3 COLÁS LATOR RE, Grego rio y SERRANO MA RTÍN, Eliseo, “La nobleza en la Edad Modern a: líneas de estudio a partir de La sociedad española del s iglo XVII de don Antonio Domínguez Ort iz”, Man uscrits: Revista d’h istòria modern a , 14, 1996, p. 17. 4 SORIA MESA, En rique, “ L a nobleza en la o bra de Domí nguez Ortiz. Una socied ad en movimiento”, Historia Socia l , 47 , 2003, p. 27. 5 SORIA MESA, En rique, La nobleza en la España moderna: cambio y co ntinuidad , Madr id, Marcial Pons, 2007, pp. 23- 35. 6 GARCÍA HE RNÁN, David, “El estamento nob iliario: los estudios clásicos y el nuevo horizo nte historiog ráfico”, Hisp ania: Revista españo la de historia , 1 84, 1993, pp. 497-5 39. 7 SORIA MESA, En rique, “La nobleza en la Españ a mo derna. Presente y futuro d e la investigación”, en CASAUS BALLESTER, María José (ed .), El Condado de Arand a y la n obleza española en el Antiguo Régimen , Zar agoza, Dip utación Prov incial de Z aragoza, Institución Fernando el Católico, 20 09, pp . 213 - 241; GUILLÉN BERRENDE RO, José Anto nio, “L a nobleza como ob jeto de estudio en la h istoriograf ía española: un a propuesta de análisis”, en LABRADO R ARROYO, Félix (ed.) , II Encu entro de Jóve nes Investigad ores en Historia Mod erna. Líneas recientes d e investiga ción en Historia Mod erna , Madr id, Edicion es Cinca, Servicio de Publicacion es de la Un iversidad Rey Juan Carlos, 2015 , pp. 49 - 68. 33 familia objeto de estudio. Es por ello por lo qu e nuestra Tesis lleva po r títul o: “Los Saavedra en la Edad Moderna: un linaje nobiliario entre España e Indias". A lo largo de nuestro trabajo, hemos pretendido r econstruir el devenir hist órico de lo que en el panorama nobiliario español podría considerarse como una famil ia a ca ballo entre la medi ana y la al ta nobleza, tratando d e demostrar que, frente a la tradicional concepción de la nobleza moderna como un estamento hermético e inmóvil , en su seno había esp acio p ara el movim iento y el c ambio social; una renovación y dinamismo que permitió la supervivenc ia del estamento y que re sp ondió, esencialmente , a un proce so de adaptac ión a los tiempos , coyunturas y circ unstancias. Encuadrando nuestr o estudio en una horquilla cronológica que v a d esde la Baja E dad Media hasta bi en en trado el sigl o XIX, hemos pretendido aproximarnos al anális is del li naje de los S a avedra desde múltiples perspectivas: p olítica, economía, sociedad y cultura , tratando de i ntegrar a todos los agentes familiares, á mbitos de actuación, prá cticas y redes sociales a partir de un enfoque de análisis de larga duración. Estas categorías de análisis se despliegan en tres bloques temáticos a lo largo de la presente Tesis Doctoral, no obstante, l as int errelac iones y lazos vinculares entre ellos resultan, como podrá comprobarse, ineludible s. Asimismo, el desarroll o de esta investigación, planteada desde una escala de análisi s micro al centrarnos e n el li naje de los Saavedra y e specialmente en la rama f amiliar d el marquesado d el Moscoso, nos ha permitido también avanzar en el conocimiento de la institución nobiliaria y, muy particularmente , en el s egmento de la nobleza media, donde aún existen importantes care ncias de estudios en profundidad. Aunque los antece dentes bajomedievales y el epílogo del siglo XI X cobran gran importancia a lo largo del trabajo, hemos pretendido centrar nu estra atención especialmente en la époc a moderna, tratando de escudriñar los mecanismos que fueron empleados en el s eno fami liar como v ehículo p ara logr ar la promoción, r eproducc ión y perpetuación social del li naje. La política matrimonial se conformó como una pieza esencial para conseguir este objetivo de garantizar la continuidad biológica y de perpetuación del domin io social del linaje . C ada casamiento e ra p roducto de una calculada maniobra que, en c onexión di recta con o tro de los e jes c lave dentro del sistema nobiliario, como eran las propiedades vinculadas en mayorazgo, conformaban el nú cleo básico de intereses familiares. Estos element os, unidos inextricablemente a redes relacionales, conferirían una particular presencia e influencia del linaje en distintos ámbitos de poder; ya fuera a escala municipal, regional, cortesana o, incluso , virreinal. A 34 partir del estudio de una rama famili ar concreta, la que nace con Juan de Saavedra, hijo tercero de los primeros condes de Castellar, examinamos la incidencia y el resultado que tuvo la imbricación de todas estas variables a lo largo de los siglos modernos. Este planteamiento metodológico ha tenido presente los estudios que c on intenciones similares se han realizado sobre las grandes familias de la nob leza español a de la época moderna. N os referimos, por ejemplo, a la obra que de la Casa de Osuna publicó Igna cio Atienza 8 , la monografía dedicada p or David García H ernán a la Casa de Arcos 9 , el trabajo de Lui s Salas Almela sobre lo s Medina Sidonia 10 , el estudio de los duques del Infantado realizado por Adolfo Carrasco Martínez 11 , o la obra de J uan Manuel Valencia sobre la Casa d e Feria 12 . Además de estos estudios, también nos hemos basado en los planteamientos fijados en otros trabajos dedicados, por ejemplo, al ducado de Peñaranda 13 , el cond ado de Aguilar d e Inestrillas 14 , los Fernández de Có rdoba 15 , el condado de Aranda 16 , los Mendoza granadinos 17 , grandes figuras n obiliaria s pertenecientes a l a C asa d e Alcalá 18 o plenamente integradas en la cultura cortesana, como el marqués de Velada 19 . Sin embargo, como los Saavedra no alcanzaron nunca el rango d e grandeza qu e compartían los anteriores linajes, también hemos optado por recurrir a distint as obras y 8 ATIENZA HERNÁNDEZ, I gnac io, Aristocracia, p oder y riq ueza en la Esp aña Moderna. La Casa de Osuna siglo s XV- XIX , Madrid, Siglo XXI, 1 987. 9 GARCÍA HERNÁN, David , Aristocracia y señ orío en la España de Felip e I I. La Casa d e A rcos , Granad a, Editorial Un iversidad de Granada, Ay untamiento d e San Fernando, Ayun tam iento de Marchena, 199 9. 10 SALAS ALMELA, Luis, Medina Sidonia : el poder de la a ristocracia, 1580 -16 70 , Madrid, Marcial Pons, 2008. 11 CARRASCO MA RTÍNEZ, Ad olfo, El pod er de la sangre: los duques del Infan tado, 1601 - 1841 , Madrid, Actas, 201 0. So bre esta f amilia también destaca la o bra de Ana Belén Sánchez : SÁNCH EZ PRIETO, An a Belén, La casa de Mendoza hasta el tercer duque del Infantado, 1350 -1531 : el ejercicio y alcance del poder señorial en la Castilla ba jomedieval , Madrid, Palaf ox y Pezuela, 2001. 12 VALENCIA RODRÍGUEZ, Juan Manuel, El poder señorial en la Edad Moderna: la Casa de Feria (siglos XVI y XVII) , Badajoz, Diputació n Pro vincial de Badajoz, 2 010, vols. I -II. 13 SOLER NAVARRO, Ana María, El ducado de Peñara nda. S u origen y desarrollo hasta l a de saparición del lina je de los Zúñig a , Tesis doctor al dirigid a por María Concep ción Quintanilla Raso, Ma drid, Universidad Complu tense de Madrid, 2009 . 14 MORENO RAMÍREZ DE ARELLANO, Miguel Án gel, S eñorío de Cameros y Condado d e Agu ilar: cuatro siglos d e régimen señorial en La Rioja (1366 -1733) , Logroño , Instituto de Estudios Riojan os, 1992 . 15 MOLINA RECIO, Raúl, “La no bleza española en la Edad Moderna: los Fernández de Có rdob a. Familia, riqueza, poder y cultura”, Tiempos moderno s : Revista Electrónica de Historia Moderna , 12, 2005, pp. 1- 4. 16 CASAUS B ALLESTER, Ma ría José (ed.), El Con dado de Ara nd a y la nobleza española en el An tigu o Régimen , Zaragoza, Diputación Pro vincial d e Zaragoza, Institución Fern ando el Católico , 2009. 17 JIMÉNEZ ESTRELLA, Anto nio, “ Nobleza y servicio político a la m onarq uía en el siglo XVI: lo s Mendo za y su vincu lación al reino de Granada”, Obradoiro de Historia Mod erna , 18, 2009, pp . 211- 232. 18 GONZÁLEZ MORENO, Jo aqu ín, Don Fernando Enríquez de Ribera: tercer duque d e Alcalá de lo s Gazules (1 583 -1637). Estudio biográfico , Ayuntamiento de Sevilla, Delegación de Cultura, 19 69. 19 MARTÍNEZ HERNÁNDE Z, Santiago, El Marqués de Velada y la corte de los reinad os de Felip e II y Felipe III: nob leza co rtesana y cultu ra po lítica en la España del Siglo de Oro , Salaman ca, Ju nta d e Castilla y León , 2004. 35 estudios que se dedican a linajes, familias y p ersonajes nobiliarios de más modesto nivel , pero que igualmente formaban parte de la élite social. Entre ellas se puede destacar, por ejemplo, el trabajo que Enrique Soria, Juan Jesús Bravo y José Miguel Del gado editaron sobre las élites en la época moderna 20 , la monografía sob re la oligarquía granadina publicada por S oria Mesa y la que dedicó a las élites cordobesas 21 , el trabajo sobre los Marín de Poveda editado por Franc isco Andúj ar Castillo y Domingo M. Giménez Carrillo 22 , el de Gonz alo J. Herreros Moya acerca d e los Fernández de Mesa 23 , así como otros estudios referidos a distintos linajes y cas as s eñoriales, como los condes de Bailé n 24 , los señore s de Algarine jo 25 y los de Benamejí 26 , los marqueses de Quirr a 27 , la Casa d e Grajal 28 , los Trelles 29 , los Silva de Cifuentes 30 , los Fajardo 31 o los Espinosa Núñe z d e Prado 32 . Para la elaboración de este trabajo de investigación también nos hemos basado en algunos estudios que tiene n como protagonistas al propio linaje de los Saavedra , alguno 20 SORIA MESA, En rique, BRAVO CARO, Juan Jesús, DE LGADO BARRAD O, José Migu el (eds.), La s élites en la época mo derna: la monarqu ía española , Córd oba, Universidad de Córdoba, Secretariado de Publicacion es, 20 09, vols. I, III, IV. 21 SORIA ME SA, Enriqu e, Señores y olig arcas: los seño ríos del reino de Granada en la Edad Moderna , Granad a, Univer sidad d e Granada, Servicio d e Publicac iones, 1997 ; SORIA MESA, Enr ique, El camb io inmóvil. Transformacion es y p erma nencias en una élite de p oder ( Córdoba, ss. X VI - XIX) , Córdoba, Edicion es de La Posad a, 2000. 22 ANDÚ JAR CASTILLO, Fra ncisco y GIMÉ NEZ CARRILLO, Domin go Marcos ( eds.), Riqueza, poder y nob leza: los Marín d e Poved a, un a historia fa miliar del sig lo XVII vista d esde Españ a y Chile , Almer ía, Universidad de Alm ería, 2011. 23 HERREROS MOYA, Gonzalo J., “Nobleza, genealogía y h eráldica en Córdoba: la Casa solariega de lo s Mesa y palac io de Las Qu emadas”, Historia y Gen ealog ía , 3, 2013, pp. 99-194 . 24 LÓPEZ ARANDI A, Mar ía Amp aro, “En tierra d e señores. Los Ponce de León y el condado de Bailén en la E dad Moderna”, Chronica nova: Revista de historia mod erna de la Universidad de Grana da , 42, 2016 , pp. 313-341 . 25 SORIA ME SA, Enriq u e, “El señ orío d e Algarinejo (sig los XVI -XVIII), Revista del Centro de Estud ios Históricos de Gran ada y su Reino , 6, 1992, pp. 319 -334. 26 MO RÁN MA RTÍN, Remedi o, El seño río d e Benamejí: su origen y evolu ción en el siglo X VI , Córdoba, Diputació n Prov incial de Cór doba, 1986 . 27 FERNÁNDEZ NADAL, Carm en María, “Lo s marq ueses de Qu irra en la Edad Moderna: tray ectoria y vicisitudes d e un linaje” , en GUÍ MARÍN, Lluís, GRAZIA MELE, Ma ria, SERRELI, Giovanni (coords.), Centri d i po tere n el Med iterraneo occidentale. Dal Medioevo alla fine d ell’Antico R egime , Fran coAngeli, 2018 , pp. 391-402 . 28 RUBIO PÉ REZ, Laurean o M., “Jurisdicció n y solar. Pod er, ren tas y patr imonio de la Casa d e Gr ajal en la Edad Moderna”, S tudia Historica. Historia Moderna , 25, 2003 , pp. 173- 216. 29 ANES ÁLVAREZ DE CASTRILLÓN, Gonzalo , “U na inves tigación genea lógica: estirpes de la Casa de Trelles”, Hid alguía: la revista de gen ealogía, nobleza y a rmas , 3 34-335, 2 009, pp. 297 -394. 30 ÁVILA SEOANE, Nicolás, “El señorío de los Silva de Cifuentes en lo s concejos de Atienza y Medinaceli (1431- 1779)”, Rev ista de Historia Mod erna , 24, 2006, pp. 395 -438. 31 HERNÁNDEZ FRAN CO, Ju an y RODRÍGUEZ PÉREZ, Raimundo A. , “Bastardía, aristocracia y órden es m ilitares en la Castilla moderna: el linaje Fajardo”, Hispania: Revista esp añola de historia , 232, 2009 , pp. 331-362 . 32 CERRO BOHÓR QUEZ, Mar ía Paz , Familia y reprodu cción social. Los E spinosa Núñ ez de Prad o: una élite de p oder en tierras d e Cádiz y Sev illa (siglos XVI I y XVIII) , Sev illa, Editorial Univ ersidad d e Sevilla, 2015. 36 de sus miembros o se centran en analizar asp ectos conc retos de la trayectoria familiar; por ejemplo, los trabajos de Manuel G arcía Fernán dez y R afa el Sán chez Saus dedicados a la etapa medieval del li naje 33 ; estudios sobre el surgimiento del señorío de El Viso en el entorno carmonense 34 ; el análisis de Alfonso Franco Silva sobre la etapa del II conde de Castellar como alguacil mayor de S evilla 35 ; los estudios que Elisa Garc ía y Ángel Martín han dedicado a la s figuras de Teresa de Sa avedra y Zúñiga, hija de los III condes de Castellar, y a la IV c ondesa de este título, Beatriz Ramírez d e Mendoza 36 . P ara la reconstrucción, más concretamente, de la lí nea familiar que dio luga r al marquesado del Moscoso, también nos he mos apoyado en e l análisis que r ealizó Juan Cartaya Baños sobre los fundadores de l a Rea l Maestranza de Cab allería de Sevilla, e ntre los que se in cluía nuestro Juan de Saavedra y Alvarado Ramír ez de Arellano, I marqu és del Moscoso 37 . A la figura de este mismo noble y creación d e su título marquesal, Ismael Ji ménez dedicó igualmente un trabajo 38 ; y, por otro lado, su vincula ción con el convento de Loreto y su labor de patrocinio artístico también fue obj eto de estudio por F rancisco Amores 39 . Desde el punto de vista genealógico, la presencia de los Saavedra en los territorios america nos también fue esbozada hace varia s décadas por Ra fael Nieto y R icardo Lafuente en sendos 33 GARCÍA FER NÁNDEZ, Ma nuel, “La alfaq uequería mayor de Castilla en Anda lucía a fines de la Edad Media. Los alfaqueques reales”, en LÓPEZ DE COCA CAS TAÑER, Jo sé Enr ique (coord .), Estudios sobre Málaga y el Rein o de Gra nada en el Quinto Centenario de su conquista , Málaga, Diputación Provincial de Málaga, 1987, pp. 37 -54 ; SÁNCHE Z SAUS, Rafael, “Los Saav edra y la frontera co n el reino d e Granada en el siglo XV”, en LÓPEZ DE COC A CASTAÑ ER, José Enriq ue (coord.), Estudios sobre Mála ga y el Reino de Granada en el Qu into Centena rio de su conqu ista , Málaga, Diputació n Prov incial de Má l aga, 1987 , pp . 163-182. Sobre la Alfaq uequ ería, n os remitimos también a: CAMPIL LO DE LOS SANTOS, Marco Antonio, “Los Arias de Saavedra: Alfaqueques mayores de Castilla y seño res de E l Viso y Castellar”, en FÍL TER RODRÍGUE Z, José An tonio (coor d.), Actas X I Jo rnada s de h istoria y p atrimonio sobre la provin cia de S evilla . La nobleza en el Reino de Sevilla d urante el Antiguo Régimen (siglos XIII - XVIII) , Sevilla, Asociación Provincial Sevillan a de Cronistas e Investigado res Locales, 2015, pp. 4 75 - 490. 34 CAMPILLO DE LOS SANTOS, José Án gel, “La aparición de seño ríos en el término de Carmo na: el caso de E l Viso”, A rchivo hispalense: revista histórica, liter aria y a rtística , 243 -245, 1997, pp . 541-5 50. 35 FRANCO SILVA, Alfon so, “L os Saaved ra y las p uertas d e l as mur allas de Sevilla”, e n Actas del III Congreso de Historia de A ndalucía: Andalucía medieval II , Córdo ba, Publicaciones Obra Social y Cultural Cajasur, 20 03, vol. VI , pp. 5 -27. 36 GARCÍA- PRIETO, Elisa, “La g estión femen ina del patrimonio nob iliar. Doña T eresa de Saaved ra y Zúñiga, condesa d e Villalonso: una aristócrata en lo s r einados de Felip e II y Felipe III ”, Cuaderno s d e historia moderna , 41-1, 2016, pp . 109-1 28; MARTÍN RO LDÁN, Ángel, Las funda ciones conventuales patrocin adas p or la IV co ndesa d e Castel lar: estudio his tórico y promoció n artística , Tesis d octoral dirigida por José Roda Peñ a, Sevilla, Univer sidad de Sevilla, 2 017. 37 CARTAYA BAÑOS, Ju an, “Para ejercitar la ma estría d e los ca ballos”. La nobleza sevillana y la funda ción de la Real Ma estranz a de Cab allería en 1670 , Sevilla, Dipu tación d e Sevilla, 2012. 38 JIMÉNEZ JIMÉNE Z, Ismael, “Na cimiento y primeros p asos de un nuevo título de Castilla: el marqu esado d el Moscoso”, en BERNARDO ARES, José Manu el (coor d.), E l Carden al Portocarrero y su tiempo (1635- 1709): bio grafías estelare s y procesos influyentes , Astorga, León, CSED, 201 3, pp. 157 -165. 39 AMORES MARTÍNEZ , Fran cisco, “El legado artístico de la fam ilia Ar ias d e Saavedr a al co nven to de Loreto en el siglo XVI I”, en PELÁEZ DEL R OSAL, Man uel (dir.) , El fran ciscanismo ha cia América y Oriente: libro ho menaje al P. Hermenegildo Zamora Jambrina, OFM , Córdoba, Universidad Internacional de And alucía, Asociac ión Hispánica d e Estudios Franciscano s, 2018, pp. 35 - 48. 37 artículos publicados e n la Re vista del Instit uto Peruanos de Investigaciones Genealógicas 40 . De esta forma, los renovados enfoques y perspectivas plante ados por la historiografía d edicada a la Historia de la Familia, el ma rco ju rídico de la familia 41 , e l análisis de las dinámicas sociales y culturales , las estrategias, comportamientos y práctica s acaecidas en el seno de un grupo de parentesco, se c onforman como otro de lo s pilares básicos sobre los que se sustenta metodológica mente este trabajo; las obras de Francisco Chacón Jim énez y Juan Hernández Fr anco 42 , Francisco García Gonzá lez 43 , Jean Pierre De dieu 44 , Jack Goody 45 o James Casey 46 , entre otros investigadores 47 , no s ha n resultado especialmente inspiradoras pa ra la elaboración de este estudio. Los análisis que se plante an desde este c ampo historiográfic o nos han interesa do particularmente desde el punto de vist a de las alianzas matrimoniales, puesto que estas se c onvirtieron en auténticos meca nismos de promoción y vía de acceso al cambio de la condi ción social 48 . 40 NIETO Y CORTADELLAS, Rafael, “La casa de Saav edra en Nu eva Gr anada, Perú y Nueva España”, Revista del Instituto Peruano de Investiga ciones Gen ealógicas , 4 , 1949, pp. 29 -57; L AFUENTE MACHAIN, Ricardo, “So bre los Saaved ra argentinos”, Revista del In stituto Peruano d e In vestigaciones Genealó gicas , 5, 1950 -1951, pp. 92 -99. 41 GACTO FERNÁNDE Z, Enriq ue, “El m arco jurídico de la familia castellana. Edad Mo derna”, Historia. Institucion es. Documen tos , 11, 1984, pp. 37 - 66; RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Áng el, “El poder familiar: la patria p otestad en el Antiguo Régime n”, Chronica n ova , 18, 199 0, pp. 365 -380. 42 CHACÓN JIMÉNE Z, Fra ncisco y HERNÁNDEZ FRAN CO, Juan (ed s.), Poder, familia y consan guinidad en la España del A ntiguo Régimen , Barcelona, An thropos, 1992; HE RNÁNDEZ FRANCO, Juan (ed.), Familia y pod er. Sistemas d e reproducción social en España (siglos XV I -XVI II) , Murcia, Univ ersidad d e Murcia, 1995; CHACÓN JIMÉ NEZ , Fran cisco y HERNÁNDEZ FRANCO, Juan (eds.), Familias, podero sos y oligarquía s , Murcia, Universidad de Mu rcia, Servicio de Pu blicaciones, 2001; CHACÓN JIMÉNEZ , Fran cisco, HE RNÁNDEZ FRANC O, Juan y GARCÍA GONZÁ LEZ, Francisco (eds.), Familia y organización social en Europa y América, s ig los XV - XX , Murcia, Universidad de M urcia, Servicio de Publicaciones, 2007; CUNHA, Mafalda Soares da y HER NÁNDEZ FRANCO, Juan (coords.), Socied ad, fa milia y poder en la P enínsula Ibérica: elemento s pa ra una h istoria co mparada , Murcia, Universidad de Mur cia, Lisboa, Colibrí, Évo ra, CIDEHUS, 201 0; CHACÓN JIMÉNEZ, F rancisco (coord.) y GÓMEZ CARRAS CO, Co sme Jesús (com p.), Fa milias, recursos huma nos y vida material , Mu rcia, Universidad de Murcia, Servicio de Pub licaciones, 2014. 43 GARCÍA GONZÁLEZ, Francisco y CRESPO SÁNCHEZ, Francisco Jav ier, “Radiografía de un impulso compar tido. La historia de la familia en Españ a e Ibe roamér ica (2000 - 2015)”, en REY CASTELAO, Ofelia y COWEN, M. Pablo (eds.), Familias en el Viejo y el N uevo Mundo , La Plata, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Hum anidades y Ciencias de la E ducació n, 2017, pp. 44 -78. 44 DEDIEU, Jean Pierre y WIN DLER, Christian, “La familia: ¿una clave para entender la historia política? El ejemplo de la Esp aña Moderna”, S tudia historica. Historia modern a , 18, 1998, pp. 201 - 233. 45 GOODY, Jack, La evolu ción de la familia y el matrimonio en Eu ropa , Valencia, Universitat de Valèn cia, 2009. 46 CASEY, James, Hi storia de la familia , Mad rid, España -Calpe, 1990. 47 Al respec to, se podr ían destacar también algun as p ublicaciones ed itadas p or Ofelia Rey C astelao, Pablo Cowen o Raquel Tovar Pulido: REY CASTELAO, Ofelia y COWEN, M. Pablo (ed s.), Familias en el Viejo y el Nuevo Mund o , La Plata, Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Hum a nidades y Ciencias d e la Educació n, 2017; TOVAR P ULIDO, Raq uel (d ir.), De humilde e ilustre cuna : retratos familia res de la España Moderna (siglos X V -XIX) , Évora, Publicações do Cidehus, 202 0. 48 Sobre el asunto puede v erse, por ejemplo, alguno de los tra ba jos de Natalia Maillard y J osé Manuel Díaz Blanco: MAI LLARD ÁLVAREZ, Natalia y DÍAZ BLANCO, José Manu el, “¿Una intimidad sup editada a la ley? Las estrategias matrimon iales de los cargadores a Ind ias extranjeros en Sevilla (siglos XVI - XVI I)”, 38 Como podrá comprobarse a lo lar go de e ste trabajo, la vía matrimonial se convirtió en un hilo conductor a través del que se con ectaban conjuntos sociales tan diversos y heterogéneos como fueron la nobleza y los comerciantes y mercaderes enr iquecidos. Y, al calor de su pu erto, S evilla fue testigo privilegiado de esta unión ent re Nobleza y Comercio, una alianz a que pone de re lieve el dinamismo y porosidad que caracterizaba a la nobleza de la época moderna. Numerosos investigadores h an demostra do desde múltiples perspe ctivas los estrechos vínculos mantenidos en el entorno sevillano y andaluz entre integrantes del estamento nobiliario y mer caderes, e n mucha s ocasiones de origen extranjero, con afán de ennoblecimiento; tanto Enr ique Otte como Béatrice Pe rez, Manuel F. Fernández Chaves o R afael M. Pérez García, trazaron las trayectorias de gran parte de los agentes mercantiles afincados en Sevilla durante los años final es de la Edad Media y los tiempos modernos 49 . El propio Domínguez Ortiz también calibró en alguno de sus estudios la import ancia que cobraron en la realidad española de la época moderna linajes de origen foráneo 50 , una labor qu e ha sido continuada, entre otros autores, por en CHACÓN JIMÉNEZ, Francisco (co ord.) y GÓMEZ CARRASCO, Cosme Jesús (comp .), Familias, recursos huma nos y vida material , Mur cia, Universidad de Mu rcia, Ser vicio de Publicacion es, 2014, pp. 485 -501. También nos h an interesado lo s estud ios que se cent ran en analizar uno d e los d estinos alternativos al matrimonio más extendido duran te la época moderna, como fue la entrada e n religión. La integración de miembr os de un linaje en el estamento eclesiástico fue una constante y, al ig ual que el matr imonio, esta vía también formaba par te de las estrategias s ociales p racticada s po r las f amilias en la Edad Moder na. Par a tratar de co mprender có mo funcion aba este estamento y los benef icios qu e podr ía der ivar para la familia contar con algunos de sus miembr os entre sus filas, nos hemos serv ido de algunos estudios, como, por ejemplo: BARRIO G OZALO, Max imiliano, El clero en la España moderna , Córdoba, Consejo Su perior de Investigacion es Cien tíficas, CajaSur, 2010; MORGADO GARCÍA, Arturo Jesús, “Iglesia y familia en la Españ a Moderna”, Tiempos mod ernos: Rev ista Electrónica de Historia Moderna , 2 0, 2010, p p. 1-2 2; SORIA MESA, Enriqu e y DÍAZ RODRÍGUEZ, Antonio J. (eds.), Iglesia, poder y fortuna: clero y movilidad socia l en la España moderna , Gran ada, Com ares, 20 12; GUIT ARTE IZ QUIERDO, Vidal, Episcopo logio español (1700 -1867): (españoles o bispos en España , América, Filipinas y otros países) , Castellón d e la Plana, Ayuntamiento de Castellón de la Plana, 199 2; CANDAU CHACÓN, María Luisa, La carrera ec lesiástica en el siglo XVIII: modelos, cauces y formas d e pro moción en la Sevilla rural , Sevilla, Univ ersidad d e Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 1 993. 49 OTTE, Enrique, Sevilla y sus mercaderes a fines de la Edad Media , edición de Antonio Miguel Bernal y Antonio Collantes d e Terán , Sevilla, Un i versidad de Sev illa, Fu ndación El Monte, 1996; OTTE, Enriq ue, Sevilla, siglo XVI: ma teriales pa ra su h istoria eco nómica , edición de An tonio Miguel Bern al, An tonio Collantes de Ter án, José Ig nacio Martínez Ruiz y María d el C armen Ruiz León , Sev illa, Junta d e Andalucía, Centro de Estud ios An daluces, Consejería de la Presidencia, 2 008; PEREZ, Béatrice, Les marchan ds de Séville. Une société in quiète ( XV e – XVI e siècles) , Paris, Presses d e l’u niversité Paris -Sorbonn e, 2016; FERNÁNDEZ CHAVES, Manuel F., PÉREZ GAR CÍA, R afae l M. y PEREZ, Béatrice (dir s.), Merca deres y redes merca ntiles en la Pe nínsula I bérica (siglos XV - XVIII) , Lisbo a, Sevilla, París, Cátedra Alb erto Benveniste, Editorial Un iversidad de Sev illa, Editions Hispaniq ues, 2019. 50 DOMÍNGUEZ ORTIZ, An tonio, Los extran jeros en la vida espa ñola du rante el siglo XVII y otros artículos , Sev illa, Diputació n Provincial de Sevilla, 199 6. 39 Antonio García-Baquero González 51 , Manuel F. Fernández Chaves o José Manuel Díaz Blanco 52 . Asimismo, al respecto de los mecanismos empleados por este versátil grupo social para alcanzar sus pretensiones de ascenso, consolidación y perpetuación social, también se podría n destacar, por ejemplo, alguno de los trabajos de Enriqueta Vila Vilar, como el que dedicó a los Corzo y los Mañara 53 ; la presenci a italiana en Andalucía también fue analizada por Francisco Núñez Roldán 54 ; mi entras que de l a pode rosa nación flamenca de Sevilla, de la que for maron parte destacada lo s Neve, que se constituyeron además en una pieza básica de las es trategias sociales del lina je nobiliario de los Saavedra , también se han venido ocupando autores como Mercedes Gamer o R ojas 55 , Jaime Ga rcía Be rn a l 56 , 51 GARCÍA-BAQUE RO GONZÁLEZ, Anton io, “ Los extranjeros en el tráfico c on Indias: en tre el rechazo legal y la tolerancia funcional”, en VI LLAR GARCÍA, María B egoña y PEZZI CRISTÓBA L, Pilar (dirs.), Los extranjeros en la España moderna: actas del I C oloquio Internacional, celebrado en Málaga de l 28 al 30 d e noviembre de 20 02 , Má laga, 2003, vol. I, pp. 7 3- 99. 52 DÍAZ BLANCO, José Manu el, “Del “tratar nob lemente” al trato d e la nobleza : el acce so al seño río de linajes ex tranjeros en Sev illa (ss. XVI- XVI II)”, e n ANDÚJAR CASTILL O, Fran cisco y DÍAZ LÓ PEZ, Julián Pablo (co ord s.), Los señoríos en la A ndalucía moderna . E l Ma rquesado d e los Vélez , Almería, Instituto de Estudios Almerien ses, 20 07, pp. 623 -638 ; DÍAZ BLAN CO, José Man uel y FERNÁNDEZ CHAVES, Manuel F., “Una élite en la sombra: los c omerciantes ex tranjero s en la Sevilla de Felipe III”, en SORIA ME SA, Enriqu e, BRAVO CARO, Juan Jesús, DELGADO BA RRADO, José Miguel (ed s.), Las élites en la época mo derna: la monarqu ía española , Córd oba, Universidad de Córdoba, Secretariado de Publicacion es, 2009, vol. I II, pp. 35-50. 53 VILA VIL AR, Enriqu eta, Los Corzo y los Ma ñara: tip os y arqu etipos del merca der con Indias , Sevilla, Escuela de Estudios Hispan oamericano s, 1991. 54 NÚÑEZ ROLDÁN, Francis co, “Tres f amilias flo rentinas en Sev illa: Feder ighi, Fantoni y Bucar elli (1570- 1625)”, en Presencia i taliana en Andalucía , siglos XIV -X VII. A ctas del III Coloquio hispan o - italiano , Sevilla, Escu ela de Estudios Hispanoam ericano s, 1989, pp. 23 - 50. 55 GAMERO ROJAS, Merced es, “Flamen cos en la Sevilla del siglo XVII : la ca pilla y el hospital de San Andrés”, en I GLESIAS RODRÍGUEZ, Juan José, PÉREZ GARCÍA, Rafael M. y FERNÁNDE Z CHAVES, Ma nuel F. ( eds.), Comercio y cultura en la Eda d Modern a: acta s de la XI II Reunión Científica de la Funda ción Española de Histo ria Mo derna , Sevilla, E ditorial Un iversidad de Sev illa, 201 5, vol. I I, pp. 715- 730 ; GAMERO RO JAS, Mer cedes, “Flam encos en la Sevilla d el sig lo XV II. Activ idades econó micas entre Europa y América”, en IGLESIAS R ODRÍ GUEZ, Juan José y GARCÍA BERNAL, J osé Jaime (ed s.), Andalucía en el mund o atlántico modern o: agentes y escenarios , Madrid, Sílex, 2016, p p. 287 - 310. 56 GARCÍA B ERNAL, José Jai me y GAMERO ROJAS, Mercedes, “Las corporac iones d e nación en la Sevilla mo derna: fundaciones, redes asis tenciales y form as de sociabilidad ”, en GARCÍA GARCÍA, Bernardo José y RECIO MORALES, Óscar ( eds.), Las co rporaciones de n ación en la Monarquía Hispánica (1 580- 1750): id entidad, patronazgo y redes de socia bilidad , Madrid, Fundación Carlos de Amberes, 2014, pp. 347 -38 8. 40 René Vermeir 57 , Raymond Fagel 58 , Germán Jiménez 59 , Carolina Abadía 60 o Joaqu í n Rodríguez Mateos 61 . Por su parte, Juan José Iglesias Rodríguez también ha desgranado en multitud de estudios las estrategias, f actores de int egración y las ví as de promoción que empre ndieron dive rsas familias extra njeras en el espacio anda luz, entre los que cabría resaltar especialmente el caso de los Fantoni 62 . Por otra parte, a la comprensión de estas dinámicas sociales en el ámbito gaditano ha n dedicado excelentes est udios Manuel Bustos 63 , Paloma Fernández Pérez 64 y María Dolores Herrero Gil 65 . 57 VERMEIR, René, “Los flamencos en los pleito s de hidalguía an te la Chancillería de Gr anada. El caso de las familias de Nev e y Cogh en d e Mon tefrío (s. XVI I - XVI II)”, en IGLESIAS RODRÍG U EZ, Juan José y GARCÍA BERNAL, José Jaim e (ed s.), Andalucía en el mund o a tlántico mod erno: ag entes y escen arios , Madrid, Sílex, 2016, pp . 481 - 501. 58 FAGEL, Raymon d, “En busca de fortuna. La presencia d e fla mencos en España 1480 - 1 560”, en VILLAR GARCÍA, María Begoña y PEZZ I CR ISTÓBAL, Pilar (dirs.), Lo s extra njeros en la España modern a: actas del I Coloquio Internaciona l, celebrado en Málaga del 28 al 30 de noviemb re de 2002 , Má laga, 2003, vo l. I, pp . 325-335. 59 JIMÉNEZ MO NTES, Germ án, “La comunid ad flamenca en Sev illa durante el r einado de Felipe II y su papel en las redes mercantiles an tuerpien ses”, en IGLESIAS RODRÍGUEZ , Juan Jo sé, PÉREZ GARCÍA, Rafael M. y FERNÁNDE Z CHAVE S, Man uel F. (ed s.), Comercio y cu ltura en la Edad Mod erna: actas de la XIII Reun ión Científica de la Fundació n Española de Historia Modern a , Sev illa, Editor ial Universidad d e Sevilla, 2 015, vol. II , pp. 43- 5 6; JIMÉNEZ MONT ES, Germ án, “Los inicios d e un a nación. Mercader e s flamen cos en Sev illa durante el r einado de Felipe II ”, en IGL ESIAS RODRÍGUE Z, Juan Jo sé y GARCÍA BERNAL, José Ja ime (ed s.), Anda lucía en el mundo atlán tico moderno: agentes y escenarios , Madrid, Sílex, 2016, pp . 215 - 241. 60 ABADÍA FLORES, Carolina, Los flamencos en Sevilla en l os s iglos XVI- XVII , Tesina dirigida por R ené Vermeir, Universid ad de Gan te, 2007; ABADÍA FLORES, Carolin a, “La comunidad flamenca en Sev illa en el siglo XVI”, Archivo hispalen se: revista histórica, liter aria y a rtística , 28 2-284, 2010, pp. 173- 192. 61 RODRÍGUEZ MATEOS, Jos é Joaq uín, “Los Neve. Mercaderes, h idalgos y mecenas”, Andalucía en la historia , 5 6, 2017, pp . 46- 49. 62 IGLESIAS RODRÍGUEZ, Juan José, El árbol de sinople. Familia y patrimonio entre An dalucía y Toscana en la Edad Mod erna , Sevilla, Universidad de Sevilla, Secr etariado de Pub licaciones, 2008; IGLESIAS RODRÍGUEZ, Ju an José, “Mec anismos de in tegración y promoción social de los extran jeros en las ciudades de la Andalucía atlántica”, en GONZ ÁLEZ CRUZ, David (coo rd.), Rep resión, tolerancia e integració n en España y A mérica: extranjeros, esclavo s, indígenas y mestizos durante el siglo XVIII , Madrid, Doce Calles, 2014, pp. 171 - 198; IGL ESIAS RODRÍGUEZ, Juan José, “Los pro cesos d e acumu lación y vin culación patrimo nial de la propi edad en las nu evas élites no biliarias atlánticas de la Andalu cía moderna”, E- Span ia: Revue électron ique d’étu des hispa niques médiévales , 34, 20 19. Consulta en línea. URL: http://journals.o penedition.org /e -span ia/32837; DOI: https://doi.org /10.4000/e - spania.3 2837 63 BUSTOS R ODRÍGUEZ, Manuel, Burguesía de n egocios y cap italismo en C ádiz: los Colarte (1650 - 1750) , Cádiz, Diputación Provincial de Cádiz, 1991 ; BUSTO S RODRÍGUE Z, Man uel, Cádiz en el sistema atlántico . La ciudad , sus comerciantes y la actividad merca n til ( 1650- 1830) , Cádiz, Ma drid, Universidad de Cádiz, Servicio d e Publicaciones, Sílex, 2005. 64 FERNÁNDEZ PÉREZ, Paloma, El rostro familiar de la metrópoli. Redes de parentesco y lazos mercantiles en Cádiz, 170 0 -1812 , Madr id, Siglo XXI de España, 1 997. 65 HERRE RO GIL , María Dolores, E l mund o de los neg ocios de Indias. Las familias Álva rez Camp ana y Llano Sa n Ginés en el Cád iz del siglo XVIII , Mad rid, Consejo Super ior de Investigac iones Científicas, Secretariad o de Publicacion es de la Univer sidad de Sevilla, Diputación Provin cial de Sev illa, 2013. Desde una óptica ampliada al resto de Castilla e, incluso, al ámb ito europeo, el m undo de los negocios duran te los siglos XV y XVII tam bién ha sido tratad o d e fo rma excelente po r Hilar io Casado: CASADO ALONSO, Hilario (ed.), Simón Ruiz y el mun do de los neg ocios en Europa en los siglo s XVI y XVI I , Valladolid, Edicion es Universidad de Valladolid, Cátedra Simón Ruiz, 201 7; CASADO ALON SO, Hilario ( coord.), Comercio, fina nzas y fiscalida d en Castilla ( siglos XV - XVI) , Madrid, Dyk inson, 2018. 41 Por otro lado, en con exión con las perspectivas de estudio de la Histori a de la Familia, también hemos querido analizar las circu nstancias en las que esa preeminencia del dictado f amiliar y la preponderancia del v ar ón sobre la mujer generó situaciones conflictivas en el seno del grupo de pa rentesco. A partir de las pioneras inte rpretaciones de Lucien Febvre 66 y de lo s reciente s trabajos de María José de la Pascua 67 , María Luisa Candau 68 , Mónica Bolufe r 69 o Enca rna Jarque 70 , entre otras investiga doras y a uto r e s 71 , hemos tratado d e aproximarnos al conocimie nto del siempre complicado mundo emocional para intentar comprender, de esta forma, cómo funcionaban l os marcos de relación interpersonales, los códigos sociales y co nductuales, el espacio de los afectos, las pasiones y la realidad en la que viví an las mujere s del linaje de los Saavedra durante la época moderna. Este tipo de circunstanci as generó, en algunos c asos, situaciones de con flicto y enfre ntamiento; bien entre marido y mujer o bien entre pad res y d escen die ntes. En este marco conflictivo, nos encontraremos con peticiones de divorcio y nulidad matrimonial, así como también con determinadas circunstancias en las que el dictamen paterno fue contestado e, incluso, desobedecido; unas sit uaciones de rebeldía y oposición que en la mayoría de los casos fueron protagonizados po r mujeres. Para el análisis de este tipo de 66 FEBVRE, Lu cien, “La sensibilité et l’histoire. Commen t reconstituer la vie af fective d’autrefois?”, Anna les d’histoire sociale , 1/2 (3), 1941, pp. 5- 20. 67 PASCUA SÁNCHEZ, María José de la, “Una aproxim ación a la histor ia de la f amili a como espacio d e afectos y desaf ectos: el mundo hispánico del setecientos”, Ch ronica nova , 27, 2000, pp. 131-1 66; PASCUA SÁNCHEZ, Mar ía José de la, “Trad ición y cam bio en el len guaje de los afectos: el discurso literario”, Ayer , 78, 2010, p p. 4 7- 68 ; PASCUA SÁNCHEZ, María José de la, “Regulación de los afectos y cultura del amor en la so ciedad h ispana de la épo ca moderna”, en IGL ESIAS ROD RÍGUEZ, Juan José, PÉ REZ GARCÍA, Rafael M. y FERNÁNDE Z CHAVE S, Man uel F. (ed s.), Comercio y cu ltura en la Edad Mod erna: actas de la XIII Reun ión Científica de la Fundació n Española de Historia Modern a , Sev illa, Ed itorial Universidad d e Sev illa, 2015, vol. 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Europa y América, 1600 -1950 , Sevilla, Edito rial Univer sidad de Sevilla, 20 19. 69 BOLUFE R, Mónica, BLUT RACH, Carolina y GOMIS, Juan (eds.), Educar los sen timiento s y las costumbres: u na mirad a desde la historia , Zar agoza, Institución Fer nando el Cató lico, 2014. 70 JARQUE, Encar na (co ord.), E mociones fa miliares en la E dad Moderna , Madrid, Sílex, 2020 . 71 Al respec to, tamb ién po drían refer irse los trab ajos de Ma ría Tausiet y Jam es Am elang, Jan Plam per o Antonio Gil Am brona: TAUSIET, María y AMELANG, James (ed s.), Acciden tes del alma. Las emociones en la Eda d Moderna , Madrid, Abada, 2009; PLAMPER, Jan, “Historia de las emocio nes: ca min os y retos ” , Cuaderno s d e Historia Con temporán ea , 36 , 20 14, pp. 17 -29; GIL AMBRONA, Anton io, Historia de la violencia contra la s mujeres: misogin ia y con flicto matrimonial en España , Madrid , Cátedra, 2008. 48 Asimismo, tratando de conocer aspectos clav e de la cultura y m entalidad nobiliaria, como la p reocupación por la p ropia id entidad familiar, la c onservación de la memoria del linaje , la reputac ión, la legiti mación de la c ondición soc ial y la exterioriz ación del poder, prestigio y estatus familiar, nos hemos basado en los planteamientos y enfoques historiográficos sobr e l os que vien en trabajando autores como Fe rnando Bouza 106 , Enrique Soria Mesa 107 , Béatrice P erez 108 , Gloria Franco 109 o Juan Luis C arriazo Ru bio 110 , entre otros especialista s 111 . Particularmente, par a comprender las m anifestacione s artísticas de las qu e hicieron gala los Saavedra y el colecc ionismo nobiliario en una época de especial espl endor co mo fue el Barroco, de la que especialmente nos ha int eresa do el género d el r etrato y las obras de Bartolom é Es teban Murill o, hemos recurrido a la producción bibliográfica de la que son excepcion ales representantes Diego Angulo 112 , Historia: estudios de la cáted ra “Felipe II” en su 50 aniversario , Vallad olid, Edicio nes Universida d de Valladolid, 2020; GARCÍA L OUAPRE, Pilar, A na d e Austria: h ija de Felipe III de España y esposa de Luis XIII de Fran cia , Cuenca, Alderabán, 2009; ALVAR EZQUERRA, Alfredo, Felipe IV. El Gra nde , Madrid, La Esfera d e los Libros , 2018; KAMEN, Henry, La Es pañ a d e Carlos II , B arcelona, C rítica, 1981; MAURA GAM AZO, Gab riel, Carlos II y su corte: ensayo de reco nstrucción biog ráfica , Madrid , Boletín Oficial d el Estado , Real Academia de la Historia, 2 018, vols. I -I I; KAMEN, Henr y, Felipe V. El rey que reinó dos v eces , Madrid, Temas d e Hoy, 2000; MARTÍNEZ SHAW , Carlos y ALFONSO MOLA, Ma rina, Felipe V , Mad rid, Arlanza, 20 01; FERNÁNDE Z DÍAZ, Roberto, Carlos III , Madrid, Arlanza , 2001; MOLAS RIBAL TA, Pere (ed.), La España d e Ca rlos IV , Mad rid, Tabap ress, 1991; LA PARR A LÓPEZ, Emilio, Fernand o VII. Un rey desead o y d etestado , Barcelona, Tusquets, 2018; COMELLAS GARCÍA - LLERA, Jo sé Luis, Isabel II: una reina y u n reinado , Barcelona, Ariel, 1 999 (abril 2020); BURDIEL, Isabel, I sabel II: una biografía (183 0- 1904) , Mad rid, Taurus, 201 0; COMELLAS GARCÍA -LLERA, José Luis, La R estauración como exp eriencia histórica , Sevilla, Athen aica, Editorial Univesidad d e Sevilla, 2018. 106 BOUZA ÁLVAREZ, Fernando Jesús, Imagen y propaganda. Capítulos de historia cultural del reinado de F elipe II , Tr es Cantos, Madrid , Ak al, 1998 ; BOUZA ÁLVAREZ, Fernand o Jesús, Corre manuscrito: una historia cultura l del Siglo de Oro , Ma drid, Marcial Po ns, 2001. 107 SORIA ME SA, Enriqu e, “La imag en del poder . Un acercamien to a las pr ácticas d e visualización del pod er en la Españ a Moderna”, Historia y Genealo gía , 1, 2011, pp. 5 - 10. 108 PEREZ, Béa trice ( dir.), La reputació n: quête in dividuelle et a spiration co llective da ns l’Espag ne d es Habsbo urg. Hommag e à la professeure A raceli Guillaume -Alonso , Par is, Sorb onne Un iver sité Presses, 2018. 109 FRANCO RUBIO, Gloria A., Cultu ra y menta lidad en la Edad Moderna , Sevilla, Merg ablum, 1998. 110 CARRIAZO RUBIO, J uan Luis, La memoria del linaje: los Pon ce de Leó n y sus antepasados a fines de la Eda d Media , Sev illa, Un iversidad de Sev illa, Secretariad o de Publicacio nes, 2002. 111 BECEIRO PITA, Isabel y CÓRDOBA DE LA LLAVE, Ricardo , Parentesco, p oder y men talidad : la nobleza castellana , siglo s XII - XV , Madr id, Consejo Superior d e Inv estigaciones Científicas, 1990; DACOSTA, Arsenio, PRIETO LASA, José Ramón y DÍAZ DE DURA NA, J osé Ramón (eds.), La concien cia de lo s an tepasados. La co nstrucción de la memoria de la n obleza en la Baja Ed ad Media , Madrid, Marcial Pons, 2014 ; SOSA MA YOR, Ig or, El noble atribula do. Nobleza y teolog ía moral en la Castilla moderna (1550 -165 0) , Madrid , Marcial Pons, 2018 . 112 ANGULO Í ÑIGUEZ, Diego, Murillo. Su vid a, su arte, su obra. Catálo go crít ico. Láminas , Madrid, Espasa Calpe, 1 981, vo ls. I -III. 49 Enrique Valdivieso 113 , Fernando Quiles 114 , Jonathan B rown 115 , Javier Portús 116 , A nto ni o Urquízar Herrera 117 o Gonzalo Martínez del Valle 118 , entre otros autore s 119 . Dentro de este estado de la cuestión de la bibliografía modernista se inserta nue stro estudio. No obstante, teniendo e n cuenta la conti nuidad secular d e la tr ayectoria de los linajes nobiliarios, cuyas bases p atrimoniales y de dominio social se asient an en la Baja Edad Media, hemos tratado de consultar diversas obras de referencia de la bibliografía medievalista para conoce r mejor la trayectoria de la familia objeto de estudio. En virtud de ello, busca ndo la inclusión de los Saavedra en el contexto polí tico, social y económico de Castilla, y más aún, de la Andalucía medieval, trazando su proyección hacia la época 113 VALDIVIESO GONZÁLEZ, Enrique, Murillo: sombras de la tierra, lu ces del cielo , Madrid, Sílex , 1990 ; VALDIVI ESO GONZÁLEZ, Enrique, Murillo: c atálogo r azonado de p inturas , Mad rid, El Viso, 2010. 114 QUILES GARCÍA, Fernand o, Sevilla y A mérica en el Barroco: comercio, ciudad y arte , Sevilla, Bosque de Palabr as, 20 09; QUILE S GARCÍA, Fern ando , “Extranjeros en Sev illa y sus colecc ione s artísticas en la Sevilla bar roca”, en PEÑA VELASCO, María Con cepción d e la, PÉREZ SÁNCHEZ , Ma nuel, ALBERO MUÑOZ, Mar ía del Mar , M ARÍN TO RRES, Mar ía Teresa y GONZÁLEZ MA RTÍNEZ, Juan Mig u el (dirs.), Congreso Interna cio nal Imagen y Apariencia , Mur cia, Un iversidad de Murcia, Ser vicio de Publicacion es, 2009, pp. 1- 16; QUILES GARCÍA, Fernan do, “Ésta es mi cara y ésta es mi alma: leed. 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I I, pp. 257 - 273. 115 BROWN, Jonathan, Imágenes e idea s en la pi ntura espa ñola del siglo XVI I , Madrid , Alianza, 1 985; BROWN, Jonath an, La Eda d de Oro de la pintura en España , Mad rid, Nerea, 1990. 116 PORTÚS PÉREZ, Javier (ed.), El retrato españo l: del Greco a Picasso, [exposición ] del 20 de octubre de 20 04 al 6 de febrero de 2 005 , Mad rid, Museo del Prado , 2004. 117 URQUÍ ZAR HE RRE RA, An tonio, Coleccio nismo y n obleza: sign os d e distinció n social en la An dalucía del Ren acimiento , Madrid, Marcial Pon s, 2007. 118 MA RTÍNEZ DEL VAL LE, Gonzalo , La imagen d el pod er: el retrato sevilla no del siglo XVII , Sevilla, Fundació n Real M aestranza de Caballer ía de Sevilla, 2010. 119 UREÑA UCED A, Alfredo, “La p intura an daluza en el coleccion ismo d e los siglo s XVII y XVIII”, Cuaderno s d e arte e iconografía ¸ 13 , 1998 , pp. 99 -148 ; BASS, Laura, The drama of the portrait: theater and visual culture in early modern S pain , Penn sylvania, Pennsylvan ia State Un iversity Press, 200 8; MORÁN TURINA, José Miguel, La memoria de la s piedras: anticuarios, arqueólogos y coleccionistas de antigü edades en la Espa ña d e los Austrias , Mad rid, Cen tro de Estud ios Europ a Hispánica, 2 010; ANTIGÜEDAD DE L CASTIL LO- OLIVARES, Mar ía Dolores ( dir.) y ALZAGA RUIZ, Amaya (co ord.), Colecciones, expo lio, museos y mercado a rtístico en España en los siglos X VIII y XIX , Ma drid, Editorial Universitaria Ramón Areces, 20 11; FINALDI, Gabr iele (ed.), Murillo & Justino de Ne ve: el a rte de la amistad , Ma drid, Museo Nacional d el Prado , Focu s -Abengoa, Dulwich Picture Gallery, 2012; LÓPEZ CALDERÓN, Carme, FERN ÁNDEZ VALLE, María de los Ángeles y RODRÍGUEZ MO YA, María Inmacu lada (coords.), Barroco ibero americano : id entidades culturales de un imp erio , Santiago de Compostela, And avira Edito ra, 2013, vol. 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I , pp . 217- 250; LADERO QUESADA, Mig uel Ángel, Castilla y la co nquista del rein o d e Granada , Gr anada, Diputació n Provincial d e Gr anada, 198 8; LADE RO QUESADA, Migu el Ángel, “Sobre la génesis mediev al d e la i dentidad andalu za”, en C ABRERA MUÑOZ, Emilio (co ord.), Andalucía entre oriente y o ccidente, (1 236 -1492) , Córd oba, Diputació n Provin cial de Córdob a, 1 988, p p. 745 -76 4; LADERO QUESADA, Miguel Án gel, La inco rporación d e Granada a la Corona de Castilla , Granad a, Dipu tación Provincial de Granada, 1993; L ADERO QUESADA, M iguel Ángel, “L a consolidación de la nobleza en la Baja Edad Media”, en IGLESIA S, Carmen (coord.), Nobleza y sociedad en la España moderna , Oviedo, Fundación Centr al Hispano, Ediciones Nobel, 1996, pp. 11 - 46 ; LADERO QUESADA, Migu el Án gel, Los señ ores d e An dalucía: in vestigaciones sobre nobles y seño ríos en los siglo s XIII a XV , Cád iz, Univ ersidad d e Cádiz, Ser vicio d e Publicac iones, 1998 ; LADERO QUESADA, Miguel Áng el, La g uerra de Gran ada, 1482 -1491 , Gran ada, Diputación Pro vincial d e Granad a, 2001; LADERO QUESADA, Miguel Án gel, Las guerras de Gran ada en el siglo XV , Barcelona, Ariel, 2002 ; LADERO QUESADA, Migu el Ángel, Gu zmán: la casa ducal de Medina Sidonia en Sevilla y su reino ( 1282- 1521) , Madrid, Dykin son, 2015. 125 GARCÍA FE RNÁNDEZ, Man uel, “L a alfaqu equería mayo r de Castilla ..., pp. 37- 54; GARCÍA FERNÁNDEZ, Manu el, El Rein o d e Sev illa en tiempos de Alfonso XI (1312 -1350) , Sevilla, Dip utación Provin cial de Sevilla, 1989; GAR CÍA FERN ÁNDEZ, Manuel, La campiña sevillan a y la frontera de Granad a (siglos XIII- XV): estud ios sobre pobla ciones d e la Band a Morisca , Sevilla, Fundación Con tsa, 2005. 126 LÓPEZ DE COCA CASTAÑ ER, José Enriqu e, “Institutions on the C astilian -Gran adian frontier, 1369 - 1482 ”, en BARTLETT, Robert y MACKAY, Angus (eds), Medieva l Frontier Societies , Ox ford, Clarend on Press, 1989 , pp. 127 - 150. 51 Alfonso Franco Silva 127 , Juan Torres Fontes 128 , Emilio Cabrera 129 , José Manuel Nie to So ria 130 , María Concepción Quintanilla 131 , Juan Luis Carriazo Rubio 132 , An g us Mackay 133 o Manuel Rojas Gabrie l 134 , entre otros autores 135 . Aparte de los estudios y autores mencionados, nos gusta ría resaltar particularmente que los numerosos trabajos de Ra fael Sánc hez Saus de dicados a la nobleza medieva l y al “mundo de la frontera” han contribuido decisivamente en la elaboración de esta investigación 136 . Entre ellos, destacamos su obra Linajes sevillanos medievales , un trabajo modélico sobre la trayectoria de los princ ipales linajes nobiliarios de la Sevilla 127 FRANCO SILVA, Alfon so, “Don Pedro Girón, fundador de la Casa de Osuna (1423 -1466), en GARCÍA FERNÁNDEZ, Man uel e IGLESIAS RODRÍGUEZ, Juan José (coords.), Osuna entre los tiemp os medievales y moderno s (siglos XIII - XVIII) , Sevilla, Un iversidad de Sev illa, 1995, pp. 63 - 94. 128 TORRES FO NTES, Juan, “Los alfaq ueques castellanos en la fro ntera de Gr anada”, en Homenaje a Don Agustín Millares Carlo , Gran Canaria, Caja Insu lar de Ahorro s 1 975, vol. II, pp. 99 -116; TORRES FONTES, Juan, “Ap ellido y cabalg ada en la fronter a de Granada”, Estud ios de historia y de arq ueología medievales , 5 -6, 1985- 1986, pp. 177 -190. 129 CABRERA MUÑOZ, Emilio, “L a investigac ión sobre Andalu cía me dieval cristiana en los último s veinte añ os”, A riadna , 10, 1992, p p. 33- 80. 130 NIE TO SORIA, Jo sé Man uel, Ceremonias de la realeza : prop aganda y leg itimación en la Castilla Trastámara , Mad rid, Nerea , 1993 ; NIETO SORIA, José Manuel, “E l poder ío real absoluto de Olm edo (1445) a Ocaña (1469) : la monarquía como conflicto”, E n la España Medieva l , 21, 1998, pp. 159 - 228. 131 QUINTANILLA RASO, Mar ía C oncep ción, Nobleza y señoríos en el reino de Córdoba: la ca sa de Aguilar (siglos XIV y XV) , Córdoba, Publicaciones del Mo nte de Piedad y Caja de Ahorros de Córd oba, 1979. 132 CARR IAZO RUBIO, Juan Luis, La Casa de Arcos entre S evilla y la frontera de Granada (1374 -1474 ) , Sevilla, Universidad de Sevilla, Fundación Focus-Abengo a, 2003; CARRIAZO RUBIO, Juan Luis, Los testamentos de la Casa de Arcos (13 74 -1530) , Sevilla, March ena, Diputación Pro vincial d e Sevilla , Ayuntam iento de Mar chena, 2004. 133 MACKAY, Ang us, La España de la Edad Media: d esde la frontera hasta el Imp erio ( 1000 -1500 ) , Madrid, Cátedra, 1985. 134 ROJAS GA BRIEL, Manuel, La frontera entre los reinos d e Sevilla y Granad a en el siglo X V (1390 - 1481). Un en sayo sob re la vio lencia y sus man ifestaciones , Cádiz, Univer sidad de Cád iz, Serv icio de Publicacio nes, 1995 . 135 VAL VALDI VIESO, María Isabel del, “Los b andos nobiliarios du rante el reinado de Enr ique IV”, Hispania: R evista esp añola de h istoria , 130 , 1975, pp. 249 -294 ; VAL VAL DIVIESO, Ma ría Isabel del, “Ascenso social y lucha p or el poder e n las ciuda d es castellanas del siglo XV”, En la España Med ieval , 17, 1994 , pp. 157- 18 4; GARCÍA FITZ, Francisco, “No tas sobre la tenen cia de fortalezas: los castillos del concejo de Sevilla en la Baja Ed ad Med ia”, Historia. Institucio nes. Do cumento s , 17, 1990 , pp. 53 -82; CASTRILLO LLAMAS, Mar ía Con cepción , La tenen cia de forta lezas en la Corona de Castilla d urante la Baja Eda d Media. (Rela cio nes de poder en tre mo narquía , nobleza y ciud ades). Siglos XI II - XV , T esis doctor al dirig ida p or María Con cepción Qu intanilla Raso, Ma drid, Universidad Com plutense de Ma drid, 1997 ; VÁZ QUEZ CAMPOS, Braulio , Los adelantado s ma yores d e la frontera o Anda lucía (siglos XIII - XIV) , Sevilla, Dip utación Provincial de Sevilla, 2 006. 136 SÁNCHEZ SAUS, Rafael, “Sevilla y la fro ntera (1446 - 1452): u na economía de guerra”, Cuadern os de la Bib lioteca española d e Tetuán , 23-24, 1 981, pp. 1 33- 148; SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Caba llería y linaje en la Sevilla medieval: estudio genealóg ico y so cial , Sev illa, Dip utación Provincial d e Sevilla, Un iversidad de Cádiz, Ser vicio de Publicaciones, 1989; SÁNCHEZ S AUS, Rafael, “La mo narqu ía y la n obleza andaluza en la Edad Media”, en C iclo de C onferencia s o rganizad o po r la Real Maestranza de Caballería de Sevilla , Sevilla, Real Maestranza de Cab allería de Sevilla, 1997, pp. 9 -26; SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, La n obleza anda luza en la Ed ad Media , Granad a, Univer sidad de Granada, Universidad de Cádiz, 2005; SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Las éli tes políticas b ajo los Trastámara: pode r y so ciedad en la Sevilla del siglo XIV , Sevilla, Un iversidad de Sevilla, Secretar iado de Publicaciones, 200 9; GONZÁL EZ JIMÉ NEZ, Ma nuel y SÁNCHEZ SAU S, Rafael (co ords.) , Arcos y el nacimiento de la frontera an daluza (126 4 -13 30) , Sevilla, Universidad de Se villa, Cádiz, Univ ersidad d e Cádiz, 2016. 52 medieval. Entre los ochenta y dos apellidos que Sánchez Saus reúne en este libro figuran nuestros Saavedra 137 , una f amilia a cuya trayectoria medieval el profesor Sánchez Saus también de dicó hace va rias décadas un tra bajo, a l que ya he mos hec ho a lusión, y que nos sirvió de inspiración para la elaboración de e sta Tesis Doctoral 138 . Junto a los e studios de la moderna bibliografía, pa ra la re construcción de la trayectoria del linaje de los Saavedra , especial mente para la et apa bajomedieval y primeros tiempos de la modernidad, también hemos rec urrido cua ndo ha sid o ne cesario a las crónicas de Alva r García d e Santa Ma ría 139 , Diego Enríquez del C astillo 140 , Ped r o Carrillo de Huete 141 , Alfonso de Palencia 142 , Fernando del Pulgar 143 , Diego de Va l e ra 144 , Andrés B ernáldez, el cé lebre cura de Los Palacios 145 , Fe rnán Pérez de Gu zmán 146 o Pe d r o Barrantes Ma ldonado 147 , entre otros cronistas de la época y obras anónimas 148 . 137 SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Lina jes sevillanos medievales , Sevilla, Ed iciones Guadalq uivir, 1991, vols. I- II. 138 SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, “ Los Saaved ra y la frontera ..., pp. 163 - 182. 139 GARCÍA DE SANTA MARÍA, Alvar, Crónica de Juan II de Castilla , ed ición de Juan de Mata C arriazo y Arro quia, Madrid, Real Acad emia de la Historia, 1982 . 140 ENRÍQUEZ DEL CA STILLO, Diego, Crónica de En rique IV de Diego Enríquez del Castillo , edición crítica de Aur eliano Sánch ez Martín, Vallad olid, Univ ersidad de Vallado lid, Secretariad o de Pu blicaciones, 1994 , [1787]. 141 CARRILLO DE HUETE, Pedr o, Crónica del halconero d e Juan II , edición y estudio por Juan de Ma ta Carriazo y Arroquia, Granada, Universidad de Granad a, 2006. 142 PALE NCIA, Alf onso de, Cu arta Década , estudio, texto y traducció n por José Lóp ez de Tor o, Madrid, Real Acad emia d e la Historia, 1 971 -1974, vols. I -II; PALENCIA, Alfon so d e, Crónica de Enrique IV , introdu cción de An tonio Paz y Melia, Biblioteca de Autores Españoles, Madr id, 1973- 1975, vols. I - III ; PALENCIA, Alfon so de, Gesta hispaniensia: ex annalibvs svorvm diervm collecta , edició n, estudio y notas de Brian T ate y Jerem y Lawrance, Madrid, Real Acad emia de la Historia, 1999, v ol. II. 143 PULGAR, Fernando de, Crónica de los Reyes Católicos por su s ecretario Fernando del Pulgar , edición y estudio por Juan de Mata Carriazo y Arroquia, Madrid, Esp asa -Calpe, 19 43, [1565], vols. I- II. 144 VALERA, Diego de, Crónic a d e los Reyes Católico s , edición y estudio por Juan d e Mata Car riazo y Arroq uia, Madrid, J osé Molina, 1927; VALERA, Diego de, Memorial de diversas hazaña s: crónica d e Enrique IV , edición y estudio por Juan de Mata Carriazo y Arroquia, Madrid , Espasa -Calpe, 1 941. 145 BERNÁLDEZ, And rés, Me morias del reina do de los Re yes Cató lico s , edición y estu dio p or Manu el Gómez- Moreno y Juan de Mata Carriazo y Arroquia, Madrid, Real Academia d e la Historia, 1 962. 146 PÉREZ DE GUZMÁN, Fernán, Crónica del señor rey don Juan seg undo de este nombre en Castilla y en Leó n , corregid a, enmendada y adic ionada por el d octor Lorenzo Galíndez de Carvajal, Vale ncia, Impren ta de Benito Mo nfort, 1779 , vols. I - II. 147 BARRANTES MALDONA DO, Pedro, “Ilustracion es de la Casa de Niebla”, en REAL ACADEMI A DE LA HI STORIA, Memo rial histórico español: co lección d e d ocumen to s, opúsculos y an tigüedades , Madrid, Imprenta nacion al, 1857, [1541], vols. IX y X. 148 “Cronicón de Vallad olid”, ilustrado con notas por Pedro Saínz d e Baranda, en SALVÁ, Miguel y SAÍNZ DE BARANDA, Pedro, Colección de Docu mentos Inéditos para la Historia de E spaña , Madrid, Imp renta de la viu da de Calero, 1 848, v ol. XII I; MANUEL, Juan , El libro de Patron io o El con de Luca nor, compu esto po r el infa nte D. Juan Ma nuel; preced ido de una noticia sobre la vida y escritos del a utor, y acomp añado de lo s d os tratados de A rgote de Molina conocidos con el nomb re de la S ucessión de los Manueles y Discurso sobre la an tigua po esía castellana , Barcelona, Juan Oliveres, 1853; CARRIAZ O Y ARROQUIA, Ju an de Ma ta, Lo s anales d e Garci Sá nchez, Jurado de Sevilla , Sevilla, Escuela de Estudio s Hispanoam ericano s, 1 953; SÁNCHEZ DE VALLADOL ID, Fer nán, Gran Crón ica de Alfo nso XI , prepar ada por Diego Catalán, Madrid, Gredos, 1977, vol. I; EANNES DE ZURARA, Go mes, C rónica do Conde D. Duarte de Meneses , ed içâo d e Larr y King , Lisbo a, Univ ersidade Nova de Lisboa, Facultad e de Ciências Sociais e Human as, 197 8 , [1 793] ; Crónica a nónima de Enrique IV d e Cast illa, 1454 -1 474 53 Estas lecturas abren al historiador la pu erta ha cia la realidad objeto d e su estudio desde el ángulo de un testigo cerca no a los acontecimientos. Y, ciertamente, no es poca la a tención que de dican al linaje de los Saavedra. Todo e llo, tra tado con suma prude ncia, pues en muchos c asos esos testigos pueden tener una visión parcial e inter esada d e los acontec imientos que n arran 149 , nos evidencia el luga r que la Casa o cupó en el contexto del agitado siglo XV; un a centuria que ha contado con historiadores d e la talla de Luis Suárez Fernández, Juan de Mata Carriazo o Miguel Ángel Ladero Quesada , cuyos estudios sobre el reinado de los Reyes Católicos y las relaciones entre monarquía y nobleza también nos han orientado d ecisivamente en los planteamientos y resultados de nuestra investigac ión 150 . Con estos fundamentos bibl iográficos hemos tr atado de reconstruir el re corrido histórico protagonizado por el tronco familiar compuesto por los primeros condes de Castellar y, más particularmente, la rama familiar inaugurada por su hijo terce ro, Juan de Saavedra , que varias ge nerac iones después cons iguió el ansiado título de marqués del Moscoso fruto de la compleja coyuntura económica po r la que atravesaba la C orona. El centro neurálgico de la familia gravitó siempre e n torno al ámbito sevillano, no obstante, como consecuencia de las estrategias y prá cticas sociales implementadas, los Saavedra no dejaron de ampliar su red de relaciones al vincularse con f amilias igualmente adscritas al estamento nobiliario, asentadas en la corte r egia, dedicadas al negoci o indiano o, (Crónica castellan a) , edición crítica y com entada de María Pilar Sánch ez -Par ra, Ma drid, Edicio nes d e la Torre, 1 991, vol. I; RALLÓN, Fray Esteban, Historia d e la ciuda d de Xerez de la F rontera y de los reyes que la domina ron desd e su primera fun dación , ed itado por Ángel Martín y Emilio Martín (eds.), Cádiz, Universidad de Cádiz, Ser vicio d e Publicaciones, 1997 -1999, v ols. I-III; Historia de los hechos del ma rqués de Cádiz , edició n y estudio por Juan Lu is Carriazo R ubio, Granada, Un iversidad d e Granada, 2003; Hechos del Cond estable Do n Miguel Luca s d e Iran zo: crónica d el siglo X V , edició n y estudio por Juan de Mata Carriazo y Ar roquia, Granad a, Mar cial Pons, Univer sidad de Granada, Universidad de Sev illa, Secr etariad o de Pub licaciones, 2009 ; ABELLÁN PÉREZ, Juan , Cronicó n de Benito de Cárden as, Jerez y la fron tera castellano -granadin a (1471 -1483) , Madrid , Peripecias libros, 201 4. 149 Véase al respec to el análisis plantead o p or Richard Kagan: KAGAN, Richar d, Los Cronistas y la Corona: la política de la historia en la E spaña medieva l y moderna , Ma drid, Marcial Pons, 2 010. 150 SUÁREZ FERNÁ NDEZ, Lu is y CARRIAZO Y ARROQ UIA, Juan de Mata, La España de los Reyes Católicos: 1474 -1516. Historia d e España dirigida p or Ramón Men éndez Pidal, vol. XVII , Madrid , Espasa - Calpe, 19 69; SUÁREZ FE RNÁNDE Z, Luis, Nob leza y monarq uía: punto s de vista sob re la historia política castella na del siglo XV , Vallado lid, Univer sidad de Vallad olid, 197 5; SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Los Rey es Católicos: fun damen tos de la Mona rquía , Madrid, Rialp, 1989; SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Los Reyes Cató licos: la co nquista del tron o , Madr id, Rialp, 1 989; SUÁREZ FER NÁNDEZ, Luis, Claves históricas en el rein ado de Fernand o e I sabel , Madrid, Real Academia d e la Historia, 1998; SUÁREZ FE RNÁNDEZ, Lu is, No bleza y monarquía: en tendimien to y rivalidad. El p roceso de construcció n de la Corona española , Madrid, La Esfer a de los Libro s, 2 003; LADERO QUESADA, Mig uel Ángel, Andalucía en el sig lo XV: estudios de h istoria po lítica , Madrid , Instituto J erónimo Zurita, 1973; LADERO QUESADA, Mig uel Án gel, Granada después d e la conqu ista: repobladores y mu déjares , Granad a, Diputación Pro vincial de Granad a, 1988 ; LADERO QUESADA, Miguel Ángel, Andalucía en torno a 14 92: estructu ra, valores, sucesos , Madrid, MAPFRE, 1992; LADERO QUESADA, Miguel Ángel, La Españ a de los Reyes Cató licos , Madrid , Alianza, 2014. 54 directamente, insert as en la élite peruana y en los altos órganos administra tivos del virreinato del Perú. En el marc o del sistema atlántico 151 , y más aún, ante u n panorama globalizador de influencias mutuas e int erca mbios que ha llevado a autores como Serge Gruzinski a reflexionar sobre el concepto de m undialización ibérica 152 , esta estrecha vinculación de los Saavedra con los territorios americanos acabó brindando una extraordinaria proyecc ión al linaje. De e sta forma, a tr avés de los tres bloques temático s que componen este estu dio nos remontamos hasta seis siglos en el tiempo. No ob stante, nuestros mayores esfuerzos se han volcado en los tra mos de la trayectoria fa mili ar que transcurren durante los siglos XVI, XVII y XVIII, c entrando fundamentalmente nuestra at ención en la rama familiar del marquesado del Moscoso y en los poseedores de los mayorazgos adscritos a este tí tulo. Sin embargo, tampoco h emos querido desdeñar l as ramas secundarias derivadas de esta línea familiar ya que, no debemos olvidar que el propio Juan de Saavedra, pieza angular de este trabajo, resulta ser el hijo tercero de los primeros condes de Castellar, y se rá a través de su descendencia a partir de la que se vaya tejiendo un entr amado familiar, patrimonial y de relaciones de poder que concur rirán, conjuntamente, a la grandeza del linaje. Por todo ello, c onsideramos que inmerso e n la propia e sencia de este estudio debe encontrarse el rec urso a la Genea logía. Re conocemos el compromiso que guardamos c on esta disciplina; no podía ser de otra forma puesto que, como bien se sabe, Nobleza y Genea logía cabalgan juntas y no únicamente en la actual historiografía. El conocimiento de los abolengos estaba muy extendido en la época moder na y, gracias a él, la nobleza sustentaba su estatus y just ificaba su posi ción de dominio social, político y económico. En virtud de ello, a s abiendas de la importancia que la disciplina genealógica ti ene para el análisis histórico de un conjunto social tan peculiar como es el de la nobleza de la épo ca moderna, hemos recurrid o a toda una serie d e nobil iarios y obras estrictamente g enealógicas que h an contribuido a que podamos reconstruir este discurso 151 MA RTÍNEZ SHAW, C arlos y OLI VA MELGAR, José María (eds.), El sistema atlántico es paño l (siglos XVI I-XIX) , Mad rid, Marcial Pons, 2005. 152 GRUZINSKI, Serge, “M undializació n, glob alización y mestizajes en la Mon arquía cató lica”, en FEROS CARRASCO, An tonio y CHARTIER, Rog er (d irs.), Europa, América y el mund o: tiempos h istóricos , Madrid, Marcial Po ns, 2006 , pp. 2 17 - 238; GRUZINSKI, Ser ge, “L a vuelta al mundo y l os inicios d e la mund ialización ibérica”, en MARTÍNEZ SHAW, Carlos ( dir.), Congreso Interna cional d e Histo ria “Primus ci rcumdedisti me”: V Centena rio de la primera vuelta al mun do, Valladolid , 20 -22 de marzo de 2018 , Madrid, Ministerio d e Defensa, 2018, pp. 27 -38. Este tipo de interpretaciones sob re la globalización han inspirado recie ntemente diversos estudios y ref lexiones entre los especiali stas del Departam ento de Historia Mod erna de la Universidad de Sevilla que saldrán de la impren ta próx imamente: IGLESIAS RODRÍGUEZ, Juan José y DÍAZ B LANCO, José Man uel (coords.), En torno a la Primera Globalización : circulacion es y conex iones entre el Atlántico y el Mediterrán eo (1492 -1824) , Sevilla, 202 2 [en prensa] . 55 histórico, aunque contra stando siempre esta inf ormación narrativa con las pruebas documentales que hemos obtenido a pa rtir de la investigación en diversos archivos. En este sentido, resulta muy significativo que aú n en el año 1772, el peruano V marqués del Moscoso, Joaquín Antonio Arias d e Saavedra, en justificación de los méritos y servicios tanto suyos como de su linaje, se re mitiese a su pariente Fernán Arias de Saavedra , e l Bueno , el aguerr ido alcaide de C añete que en la fr ontera granadina cuatro siglos antes combatía a los naza ríes sin maña na 153 . A fines del siglo XVII I, la realidad e n la que vivía Joaquín Antonio poco tenía que ver con la que le h abía tocado vivi r a aquel lejano abuelo, no obstant e, había algo que, aparentemente, no h abía camb iado: por sus venas corría -supuestamente- la misma sangre. Es más, el limeño se sentía herede ro y continuador de las hazañas del viejo alcaide, y la Genea logía nos sirve para dar cuenta de todo ello. Así pues, entre los autores de obras genealógicas que hemos consultado, podemos destacar a José Pellicer de Tovar, d e quien tenemos la for tuna de contar con varios memoriales dedicados concretamente al linaje de los Saavedra 154 ; el cronista de Su Majestad, Rodrigo Méndez S ilva, autor de la obra Árbol genealógico, y blasones de la Ilustre Casa de Saauedra 155 ; Gonzalo A rgote de M olina 156 , Alonso López de Ha r o 157 , Pedro Salazar de Mendoza 158 , Diego Ortiz d e Zúñiga 159 , Juan Baños de Velas c o 160 , 153 Archivo General de Andalucía [ A GA n] , Fo ndo de la Familia Arias de Saavedr a, leg . 3772 , do c. 57: Relación de méritos y servicio s de Joaquín An tonio Arias de S aaved ra y S anta Cruz, marqués del Moscoso, coronel del Reg imiento d e milicias d el valle d e Luriga ncho en el reino d el Perú ( Madrid, 7 de enero d e 1772). 154 PELLI CER DE T OVAR, Jos é, Memo rial de la casa y servicios de do n Joseph de Saa vedra, marq ués de R ibas al Rey n uestro señor , Mad rid, 1647; PELLICER DE TOVAR, J osé, Memorial de la calida d y servicios de d on Juan d e Sa avedra Alvarado Remírez de Arellano , Cava llero del Orden de Santia go... Madrid, 1651. 155 MÉNDEZ SILVA, Rodrigo, Árbol genealógico , y blasones de la Ilustre Casa de Saaued ra, continuado por n ouecien tos y cin cuenta años, d e varón en varó n, hasta Don Ju an de Saau edra Aluarad o Remírez de Arellano, Cauallero del Orden d e Sa ntiago, Alguazil ma yor de la Inq uisición de S euilla, Señor de las villas de Pou eda, y Moscoso, mayorazgos de Loreto , y Aluarado, a qu ien o frece en reconocimiento de ob ligaciones , Mad rid, 1653. 156 ARGOTE DE MOL INA, Gon zalo, Nobleza del Andaluzía , Sevilla, por Fernando Díaz, 1588. 157 LÓPEZ DE HARO, Alo nso, Nobiliario g enealógico de los Rey es y Título s de España , Madr id, Luis Sánchez, 1622, vols. I -II. 158 SALAZAR DE MENDOZA, Pedro, Monarquía de Esp aña , Madrid, por D. Joachín Ibarra, 1770, vol. I. 159 ORTIZ DE ZÚÑIGA, Diego, Discurso genealógico de los O rtices de Sevilla , Cádiz, Pedro Or tiz, 1670; ORTÍZ DE ZÚÑIGA, Diego, Dis curso genealó gico de los O rtices de Sevilla , con notas d e Don Juan Pérez de Guzm án y Sanjuán, co nde de la Marq uina, Madrid, 1929 , [16 70]. 160 BAÑOS DE VELAS CO, Juan , Memorial al Rey nu estro señor en qu e se recop ila, adicio na y representa quan to los coron istas y au tores h an escrito, y co nsta po r instrumento s, del o rigen, y an tigüedad, descend encia y sucesión, lustre y servicios de la Casa de Saaved ra y d e la id entidad y p ermanen cia de su primitivo So lar y Estado s en el Reino d e Galicia... , Madrid, por Julián de Paredes, 1679 . 56 Alonso Núñez de Castro 161 , Juan Ramírez de Guzmán 162 , así como también el c onoci d o como príncipe de los genealogistas , Luis de Salazar y Castro 163 . Además de las importantes y conocidas obras genealógicas que tienen a los c itados cronistas e historiadores como sus autores, también hemos tenido la oportunidad de consultar varias relaciones y memorial es gen ealógicos anónimos vinculad os al linaje de los S aavedra y a las distintas estirpes con las que sus estrategias matrimoniales acabaron por emparentarlos; gran parte de estas fuentes se conservan en el Archivo General de Andalucía. Este tipo de memoriales y obras gen ealógicas contribuyen a crea r un rel at o propio en el que queda plasmada la misma memoria del linaje y con él, tiene el historiador el deber de establecer u n diálogo crítico que permita la elaboración de un discurso histórico. No obstante, debemos destacar que, en esta labor de exégesis con his toricidades ajenas a nuestra r ealidad como hist oriador del siglo XXI , siempre la cautela es sabia compañera, puesto qu e la complejidad interp retativa de este tipo de fuentes resulta palpable. Al igual que hemos subrayado lo valiosa que la Genealogía puede se r para la Historia, también debemos referir los numerosos y notorios fraudes que estos mismos trabajos pueden encerrar; una circunstanc ia que ha sido puesta de relieve por diversos autores, entre los qu e d estacan Juli o Caro Baroja, María del Pilar Rábade o el profesor Soria Mesa 164 . 161 NÚÑEZ DE CASTRO, Alo nso, Memo rial de la calidad y servicios de los señores de la Isla de Fuerteventu ra en las Canaria s del a pellido d e Saa vedra, al Rey Nuestro Señ or , Madrid, p or Melchor Álvarez, 1680. 162 RAMÍREZ DE GUZMÁN, Juan , Libro de alguno s ricoshomb res y caballeros hijosdalgo que se hallaron en la conquista de la muy noble y muy leal ciudad d e Sevilla y fueron heredados en ella por el rey Don Alonso el Sabio y relació n de su s linajes y descenden cias, Sevilla, Sevilla, 1652 , edición de Juan Cartaya Baño s, Ronda, Real Maestranza de Caballería de Rond a, 2015 , [16 52]. 163 SALAZAR Y CASTR O, Luis de, Historia genealóg ica de la Casa de Lara, justificad a con in strumentos y escrito res de in violable fe , Mad rid, I mprenta Real, por Mateo d e Llano s y Gu zmán, 1696 - 1697, vols. I- II. En el Índice de la Colección d e do n Luis d e Sa lazar y Castro q ue se conserva en la Real Academia de la Historia, tam bién hemos logrado hallar algu nas referencias docu mentales interesantes para lo s objetivos de este trabajo : CUARTER O Y HUERTA, Baltasar y VAR GAS ZÚÑIGA, Anton io, Ín dice de la Colección de do n Luis de Salazar y Castro , Mad rid, Real Acad emia de la Historia, 1949 - 1979. 164 CARO BAROJ A, Julio , Las falsificacion es de la Historia (en relació n con la de España) , Barcelon a, Seix Barral, 1 992 ; RÁBADE OBRADÓ, María del Pilar, “L a invención co mo necesidad: genea logía y judeocon versos”, En la Espa ña medieva l , Extra 1, 2006, p p. 183 - 202; SORIA MESA, Enriqu e, “Genealog ía y po der: in vención de la memoria y ascenso social en la España Moder na”, Es tudis: Revista de historia mo derna , 30, 2 004, pp. 21 - 56; SORIA ME SA, Enrique, “Tomando nombres ajen os. La usurpac ión de apellid os como estrategia de ascenso social en el seno de la élite g ranadina duran te la época moder na”, en SORIA MES A, Enrique, BRAVO CA RO, Juan Jesús, DELGADO BARRADO, Jo sé M iguel (eds.), Las élites en la época mo derna: la monarqu ía e spañola , C órdoba, Universidad d e C órdoba, Secretariad o de Pub licaciones, 2009, vol. I, p p. 9 - 28; SORIA MESA, En rique, “En los límites de la her encia inmateri al. La usu rpación d e apellido s en la Españ a m odern a co mo estrategia de ascenso social” , en FORTEA PÉREZ, José Ig nacio, GELABERT GONZÁ LEZ, Juan E loy, LÓPEZ VELA, Rob erto, POSTIGO CASTELLANO S, Elena (coor ds.), Monarquías en conflicto. Linajes y n oblezas en l a articulació n de la Monarqu ía Hispánica , Madr id, Fundación Española de Histor ia Mod er na, 2018 , vol. I, pp. 261 - 297. 57 Al centrar nu estro estudio en un linaj e implant ado en Sevilla, también hemos intentado conocer la hist oria de la ciudad y sus particularidades. P ara ello, nos hemos servido, por un lado, de l a magna obra de Diego Ortiz de Zúñiga dedicada a los ana les de Sevilla, que fue continua da por Just ino Matute y José Velázquez 165 ; del trabajo dirigid o por Carlos Martínez S haw sobre el siglo XVI sevillano 166 , el que ejecutó Carlos Álvare z Nogal ac erca de la dec imoséptima centuria 167 , así como también de otras obra s que s e enfoca n en exa minar el papel de la ciudad a lo largo de l siglo XVIII , cuando sirvió como sede de la corte regia durante un lustro 168 , o en el agitado siglo XIX 169 . Asimismo, pa ra profundizar en el conoc imiento de la hist oria sev illana también hemos empleado las publicaciones ligadas a la colección Historia de Sevilla que abarcan des de la Sevilla medieval de Ladero Que sada hasta la historia d e la ciudad en el sigl o XX firmada por Alfonso Braojos, María Parias y Le andro Álvarez 170 . En la comprensión del papel que los Saavedra jugaban en el contexto local sevillano, ha resultado igualmente básico tratar de conocer la realidad política y el 165 ORTIZ DE ZÚÑIGA, Dieg o, Anales eclesiásticos y secu lares d e la m uy noble y muy leal ciudad d e Sevilla, metrópoli de la Andalucía... , ilustrad os y co rregidos por Anto nio María Espinosa y Cárcel, Madrid, Impren ta Real, 1 795 , [1677] , vols. I-V; MA TUTE Y GAVI RIA, Just ino, Anales eclesiástico s y secula res de la muy noble y mu y leal ciudad de Sev illa, metrópo li de And alucía, que con tienen las más princip ales memorias desde el año de 1701, en que empezó a reinar el r ey D. Felipe V, hasta el de 1800, que concluyó con u na horrorosa epidemia , Sevilla, Impren ta de E . Eraso, 18 87, vol. I I; VELÁZQUE Z Y SÁN CHEZ, José, Anales de Sevilla: reseña histórica de los sucesos políticos, hech os notables y p articulares intereses de la tercera ca pital de la monarq uía, metrópo li andaluza de 1800 a 1850 , Sev illa, Hijos de Fe editores, 1872. 166 MARTÍNEZ SHAW, Carlos (dir .), Sevilla, siglo XVI: el corazó n de la s riqu ezas del mund o , Madrid, Alianza, 1 993. 167 ÁLVAREZ NOGAL, Carlos , Sevilla y la monarq uía hispánica en el siglo XVII: d inero, crédito y privilegios en tiempos de Felipe IV , Sevilla, Ayuntamien to de Sevilla, Ser vicio de Publicaciones, 2 000. 168 MORALES, Nicolás y QUILES GARCÍA, Fernando (coords.), Sevilla y co rte. Las artes y el lustro r eal (1729- 1733) , Madrid , Casa de Velázqu ez, 2010; MÁRQUEZ REDONDO, An a Gloria, Sev illa “ciudad y corte”: 17 29 -17 33 , Sevilla, Ayuntam iento de Sevilla, 2012. 169 MORENO ALONSO, Manu el, Sev illa napoleónica , Sev illa, Alfar, 1 995; FERNÁNDEZ ALBÉNDIZ, María del Carmen, S evilla y l a monarquía: las visitas reales en el siglo X IX , Sevilla, Universidad de Sevilla, Secretariad o d e Pub licaciones, 20 07; FERNÁNDEZ ALBÉN DIZ, María del Carm en, La co rte sevilla na de los Montpensier , Sevilla, Ayuntam iento de Sevilla, 2014; AR IAS CASTAÑÓN, Eloy, Ideología y p olítica en Sevilla bajo la monarquía de Amadeo de Sa boya , Sev illa, Dip utación Pro vincial de Sevilla, 2009 ; ARIAS CASTAÑÓN, Eloy, L a Re volución de 1868 en Sevilla , Sevilla, Instituto de la Cult ura y las Artes de Sevilla, 2010. 170 LADERO QUESADA, Miguel Ángel, Historia de Sev illa. La ciudad med ieval ( 1248 -149 2) , Sevilla, Universidad d e Sevilla, Secretar iado de Publicacion es, 1 989; MORALES P ADRÓ N, Fran cisco, Historia de Sevilla. La ciudad d el Quinientos , Sevilla, Univer sidad de Sevilla, Secretariado de Publi caciones, 1989; DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio, Histo ria de S evilla. La S evilla del s iglo XVII , Sevilla, Universidad de Sevilla, Secretar iado d e Publicaciones, 2006; AGUI LAR PIÑ AL, Francisco, Historia de Sevilla . S iglo XVIII , Sevilla, Univ ersidad de Sevilla, Secr etariado de Pu blicaciones, 1 989; CUENCA TORIBIO, José Manuel, Historia de S evilla. Sevilla en el siglo XIX. Del Antiguo al Nuevo R égimen , Sevilla, Universid ad de Sevilla, Secretariad o de Publicaciones, 1991; BRAOJOS GARRIDO, Alfonso, ÁLVAREZ REY, Leandr o y PARIAS SAÍNZ D E ROZAS, Ma ría, Historia de Sevilla. S evilla en el siglo XX , Sevilla, Ed itorial Universidad de Sev illa, 1990, vol. I. 64 Alfredo Moreno C ebrián 211 , Pablo E. Pérez-Mallaína 212 , o Paul Rizo-Patrón 213 , entre ot r os autores 214 . Tanto en los t erritorios in dianos como en la Península I bérica, los Saavedra t ambién se beneficiaron de una práctica tremendamente ext endida, como e ra la ven alidad. Además de la adquisición de carg os y oficios públicos, el d inero también abría la puerta al cambio de la condición social. Tan poderoso fue este “caballero”, al decir de Quevedo, que además d e la adquisición de jurisdicciones señoriales o dist inciones honoríficas, el dinero también permitió, incluso, la adquisición de una dignidad de Castill a; a lo largo de las siguientes pá ginas vere mos cómo la r ama familiar pr otagonista de este estudio consiguió titular, gracias a una cuantiosa suma, como marqueses del Moscoso. De esta forma, para tratar de comprender el poder del dinero y cono cer los mecanismos qu e articulaban la práctica venal en la M onarquía Hispánica dur ante la épo ca moderna, tanto en los territorios peninsulares como en los re inos de Indias, nos hemos apoya do, por un lado, en los plantea mientos que ya plasmaron autores c lásicos como Antonio Domínguez Ort i z 215 o Francisco Tom ás y Valiente 216 ; unas perspectivas que hemos tratado de co mplementa r SUÁREZ, Mar garita (ed.), Parientes, criado s y a llegad os: los víncu los p ersonales en el mun do virreinal peruan o , Lima, Pon tificia Universidad Católica del Perú , Instituto Riva -Agüer o, 2017. 211 MORENO C EBRIÁN, Alfredo, El co rregidor de in dios y la eco nomí a peruana del siglo XVI II: (los repartos fo rzosos de merca ncías) , Mad rid, Instituto Gonzalo Fernández d e Oviedo, 1977; MORENO CEBRIÁN, Alfredo, El virrein ato del marq ués d e Castelfue rte, 1724 -1736. El primer inten to borbón ico de reformar el Perú , Madrid, Catriel, 2000; MORENO CEBRIÁN, Alfredo y SALA I VILA, Núria, El “premio” de ser vir rey: los i ntereses púb licos y priva dos del g obierno virreinal en el Perú de Felipe V , Madrid, CSIC, 2005. 212 PÉREZ-MALLAÍNA BUENO, Pablo Emilio, Retra to de una ciudad en crisis. La s ociedad limeña ante el movimien to sísmico de 1 746 , Sev illa, Escuela de Estud ios Hi spano american os, Instituto Riva -Ag üero, 2001. 213 RIZO-PATRÓN BOYL AN, Paul, Linaje, dote y poder. La nobleza de Lima de 1 700 a 1850 , Lima, Pontificia Un iversidad Católica del Perú, 2001. 214 ATIE NZA, Julio de, Título s no biliarios h ispanoamerican os , Madrid, Crisol, 1 947; BUR KHOLDER, Mark y CHANDLER, Dewitt, Biographica l dictionary of Audien cia Ministers in the Americas, 16 87 -1 821 , Connecticu t, Greenwood Pres s, 1 982; FLORES GAL INDO, Alberto, Aristocracia y plebe. Lima, 1760 - 1830: (estructura de cla ses y so ciedad colo nial) , Lima, Mosca Azul, 1984 ; PÉREZ CAN TÓ, María Pilar, Lima en el siglo X VIII. Estudio socioec onómico , Madrid, Universidad Autónom a de Madrid, Instituto de Cooper ación Iberoamerican a, 1 985; HERZOG, Tam ar, Los ministros de la Audiencia de Q uito: 1650 -1750 , Quito, Libri Mund i, 1995; TO RRES ARANCIVIA, Eduar do, Corte de virreyes: el ento rno del poder en el Perú en el siglo XVII , Lima, Pon tificia Universidad Católica d el Perú , 2006; O’PHELAN GODOY, Scarlett, Un siglo de rebeliones anticolon iales: Perú y Bolivia 1 700 -178 3 , Lima, Institut Fran çais d’Études Andines, Instituto de Estud ios Peruano s, 2012. 215 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Anton io, “Ventas y ex enciones de lugar es durante el reinado de Felip e IV”, Anua rio de historia del derech o esp añol , 34, 1964, pp. 1 63- 208; DOM ÍNGUEZ ORTIZ, Anton io, “La venta de car gos y of icios público s en Castilla y sus co nsecuen cias eco nómicas y sociale s”, en DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio , Instituciones y S ociedad en la España de los Austrias , Barce lona, Ariel, 1985 , pp. 146-183 . 216 TOMÁS Y VALI ENTE, Francisco, “Ventas de oficio s públicos en Castilla du rante los siglos XVI I y XVIII”, en TOM ÁS Y VALIENT E, Francisco, Gobiern o e In stituciones en la España del Antigu o Régimen , Madrid, Alian za Editorial, 1982, pp. 151 -177; TOMÁS Y VALIENT E, Francisco, La venta de o ficios en India s (1492-1606 ) , Madrid, Instituto Nacion al de Ad ministración Pública, 19 82. 65 con la c onsulta de nove dosos e studios sobre vena lidad y corrupción que vienen firmando destacados historiadores como Francisco Andúj ar C astillo 217 , Enrique Soria Mes a 218 , Ángel Sanz T apia 219 , Antonio Jiménez Estrella 220 o Ismael Jim énez 221 , entre otr o s autores 222 . Aparte de la ven alidad, otra cuestión b ásica en la sociedad moderna, y particularmente para el e stamento nobiliario, era la obse siva preocupación por el honor y la limpieza de sangre 223 . En un contexto social tremendamente desigual y discriminatorio, donde moriscos y jud eoconversos pulul aban por doquier - como han d emostrado en sus 217 ANDÚJAR CASTILLO, Francisco, El so nido del dinero: monarquía, ejército y venalidad en la España del siglo XVIII , Ma drid, Marcial Pon s, 200 4; ANDÚJAR CASTIL LO, Fran cisco, Necesid ad y ven alidad: España e Ind ias, 1704 -1711 , Madrid , Centr o de E studios Po líticos y Con stitucionales, 2008; ANDÚJAR CASTILLO, Francisco y FELI CES DE LA FUENTE, María del Ma r (co ords.), El po der d el dinero. Ventas de ca rgos y honores en el Antiguo Rég imen , Madr id, Biblioteca Nuev a, 20 11; ANDÚJA R CASTIL LO, Francisco, FEROS, Antoni o y PONCE L EIVA, Pilar, “Corrupció n y m ecanismos de co ntrol en la Monar quía Hispánica: una re visión crítica”, Tiempos modern os: Revista Electró nica de Historia Moderna , 35, 201 7, pp. 284- 311. 218 SORIA MESA, Enriqu e, La ven ta d e señoríos en el reino de Grana da bajo lo s Austrias , Granad a, Universidad de Gr anada, 1995. 219 RIVERA, Julián y SANZ TAPIA, Áng el (coor ds.), La venta de cargos y el ejercicio del poder en Indias , León, Secr etariado de Publicaciones, Univ ersidad de León, 2007 ; SANZ TAPIA, Án gel, ¿Cor rupción o necesidad ?: la venta de cargos de gobierno americanos ba jo Carlos II (1674 -1700) , Madrid, CSIC, 200 9. 220 JIMÉNEZ ESTRELLA, Antonio, “Poder, dinero y ven tas de o ficios y h onores en la E spaña del Antiguo Régimen: u n estado de la cuestión”, Cuadern os de historia mo derna , 37, 2012, p p. 259 -271. 221 JIMÉNEZ JIMÉNEZ, Isma el, Poder, redes y co rrupción en Perú (1 600 -1705) , Sevilla, Edito rial Universidad de Sev illa, 2019. 222 BERTRAND, Michel, “Viejas preguntas, nuevo s enfoques: la cor rupción en la administración co lonial española”, en ANDÚJAR CA STILLO, Francisco y FELICES DE LA FUE NTE, María d el Mar (eds.), El poder del dinero. Ventas de cargos y honores en el A ntiguo Régimen , Madr id, B iblioteca Nueva, 2011, pp. 46 -62; DEDIEU, Jean - Pierre y ARTOL A RENEDO, An d oni, “V enalidad en contexto. Venalidad y conv enciones po lítica en la España Moderna”, en ANDÚJAR CASTILLO, Francisco y FELICES DE LA FUENTE, Ma ría del Mar (ed s.), E l pod er del d inero . Ven tas de ca rgos y h onores en el A ntiguo Régimen , Madrid, Biblioteca Nueva, 201 1, pp. 2 9- 45; DÍAZ BLANCO, José Manuel, “En torno a la ocultación de l a venalid ad. Las naturalezas en la Carrera de I ndias (1 621 - 1643) ”, en ANDÚJAR CASTI LLO, Francisco y FELICES DE LA FUENTE, María del Mar (eds.), E l pod er del dinero . V entas d e carg os y h o nores en el Antiguo Régimen , Madrid , Biblioteca Nueva, 201 1, pp. 314 -3 28; STUMPF, Roberta y CHATURVEDULA, Nan dini (or gs.), Cargo s e ofício s nas mo narquia s ib éricas: provimento, controlo e venalida de (séculos XVII e XVIII) , Lisbo a, Centro de História de Alé m-Mar, 20 12. 223 Sobre lo qu e significab a la limpieza de sang re y el hon or para la nobleza y las élites sociale s en la España moder na, nos hemos basado en el estudio clásico de José Anton io Maravall y en los más recientes trabajos de Rafae l Carrasco, Annie Mo linié, Béatric e Perez, Juan Her nández Franco y José Antonio Guillén Berrender o: MARAVALL, José An tonio, Poder, honor y élites en el siglo X VII , Madrid, Siglo Vein tiuno Editores, 1979; CARRASCO, Rafael, MOLI NIÉ -BERTRAN D, Annie y PÉREZ , B éatrice (dirs.), La p ureté de sang en Espagne: du lignage à la “race” , Paris, Pre sses de l’un iversité Paris -Sorb onne, 20 11; HERNÁNDEZ F RANCO, Ju an, Cultura y limpieza de sangre en la España modern a: puritate sang uinis , Murcia, Univ ersidad de Murcia, 20 16; GUILLÉ N BERRENDE RO, José An tonio, La idea d e nobleza en Castilla d urante el reina do de Felip e II , Vallado lid, Un iversidad d e Vallado lid, Secr etariado d e Publicacion es e In tercambio ed itorial, 2 007; GUILLÉN BERRENDERO, José Anton io, “ Nob reza e fidalgu ia . El vocabulario del honor e n el Portu gal de l os Habsburgo ”, Cuadernos de Historia Moderna , 3 6, 2011 , pp. 41- 66; GUI LLÉN BERRENDERO, José An tonio, “Interpretaciones d el héroe clásico: La genealo gía d e la id ea d e noble/hon rado y su desar rollo en la tratad ística nobiliaria lu so -castellana ( 1556- 1640). Alg unos ejemp los”, Ág ora: estu dos clássicos em deba te , 13, 2011, pp. 111 -144; GUILL ÉN BERRENDERO, José Antonio, La Edad de la Nobleza. Ide ntidad nobiliaria en Castilla y Portugal (1556 - 1621) , Madrid, Polifemo , 201 2. 66 investigaciones Julio C aro Baroja 224 , Juan Gil 225 , Enrique Soria Mesa 226 o Manue l F. Fernández Chav es y R afae l M. Pérez García 227 - gozar de la condición de cristiano viejo , o al menos ap arentarla, repre sentaba ya un extraordinario elemento de diferenciación social. La de mostración d e este “mérito” se constituía como funda mental para la inclusión tanto e n cabildos municipales como e n colegios y, sobre todo, en las Órdenes Mili tares y en el t ribunal inquisitorial, que se convirtieron en genuinos organismos sancionadores del tan apreciado honor 228 . Vestir un hábito de orden militar o formar parte de la nómina del Santo Oficio requería la superación de un pro cedimiento estandariz ado regul ado por el C onsejo de Órdenes y el de Inquisición. A lo largo de las páginas que siguen hemos pretendido analizar las motivaciones y alicientes que llevaron a nuestros S aavedra a pretender integrarse en estas instituciones, así como también hemos intentado reconstruir el proceso que debieron segui r para alcanzar este tipo de disti nciones. Nos hemos centrado, de esta forma, en conocer qué si gnificaba vestir, por ejemplo, el hábito de la orden militar de Santiago en la España moderna o porta r la vara d el alguacilazgo mayor de la Inquisición sevillana; hemos exami nado los trámites necesarios para log rar estas d ignidades, los 224 CARO BAROJA, Julio , Los judíos en la Esp aña modern a y co ntemporánea , Madrid, Istmo, 1986, v ol. III. 225 GIL, Juan, Los conve rsos y la I nquisición sevillana , Sevilla, Un iversidad d e Sevilla, Fundación El Monte, 2000-2003, vols. I- VIII. 226 SORIA ME SA, E nrique, La realidad tras el espejo . Asc enso social y limpieza d e sang re en la España de Felipe II , Vallado lid, Ediciones Universidad de Vallado lid, 2016; SORIA MESA, E nrique, “El origen judeocon verso de la nobleza indiana”, en REY CASTELAO , Ofelia y COWEN, M. Pablo (eds.), Familias en el Viejo y el Nuevo Mun do , La Plata, Univer sidad Nacional d e L a Plata, Facu ltad de Hu manidad es y Ciencias de la Educació n, 2017, pp. 1 55 -185; DÍAZ RODRÍGUEZ, Antonio José y SORIA MESA, En rique (eds.), Los judeoco nversos en el mu ndo ib érico , Córdo ba, Univ ersidad de Córdoba, Servicio d e Publicacion es, 2019; SORIA ME SA, Enrique (coord.), La ciudad y sus legados históricos: Córdoba judía , Córdob a, Real Academ ia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes d e Córdo ba, 2019, vol. IV. 227 FERNÁNDEZ CHAVES, Manuel F. y PÉREZ GAR CÍA, Rafael M. , E n los márgenes de la ciudad de Dios. Moriscos en Sevilla , Valencia, Gran ada, Zaragoza, Universidad de Valencia, Univer sidad de Granad a, Universidad de Zaragoza, 2009 . 228 Véanse al respecto algunos estudios: CUA RT MONER, Baltasar, Coleg iales mayore s y limpieza de sangre durante la Edad Mo derna: el esta tuto d e S. C lemente d e Bolonia (ss. XV -XIX) , Salamanca, Edicion es Un iversidad de Salamanca, 1991; SALAZAR MIR, Ad olfo, Lo s expedien tes de limpieza d e sangre de la Catedral de S evilla , Madrid, Ed icion es Hidalguía, 1995 - 1998; SORIA MESA, En rique, “Las prueb as d e nobleza d e los veinticuatro s de Córdoba. El control de la f amilia”, en C ASTELLANO, Jua n Luis, DEDIEU, Jean-Pierr e, LÓPEZ CO RDÓN, María Victor ia (eds.), La pluma, la mitr a y la espada: estudios d e historia instituciona l en la E dad Modern a , Madrid , Marcial Pons, 2000, pp. 291 - 301; SORIA MESA, Enriq ue, “Los estatuto s m unicipales de limp ieza de sangre en la Castilla m oderna. Una revisión crítica”, Mediterranea . R icerche Storiche , 27, 2013, pp. 9 -36; HERNÁNDEZ FRANCO, Juan y RODRÍGUEZ PÉREZ, Raim undo A., “La limpieza d e sangre en las ciudades hispán icas duran te la E dad Moder na”, R evista de Historiog rafía , 16, 2012, pp. 71 -81; PÉREZ GA RCÍA, Man uel, Arma s, limpieza de sangre y lin aje: reproducción social de familias poderosas de Mu rcia (siglos XVI -XI X) , Murcia, Academia Alfonso X El Sabio, 2006; MARTÍNEZ MILLÁN, José, “Nobleza hispana, no bleza cristiana. Los estatutos de limpieza de sangre”, en RIVERO RODRÍGUEZ, Ma nuel (co ord.), Nob leza hispana, nobleza cristian a: la Orden de San Juan , Madrid, Polife mo, 2009, v ol. I, pp. 677 -7 58. 67 requisitos y condiciones exigidas, el entramado de poder y relacional implicado en la tramitación, los órganos y agentes que pa rticipaban en el e xpediente y despacho, a sí c omo también nos hemos detenido en analizar las numerosas falsedades y ocultaciones que se tejían en torno a e stos procedimientos. Con re specto al ingre so en las Órde nes Militares, la c omprensión de este ti po de cuestiones nos ha sido posible gra cias a la consult a de trabajos elaborados por autore s como Francisco Fernández I zquierdo 229 , María Jesús Álvarez-Coca 230 , Elena Posti g o Castellanos 231 , Jerónimo López-Salazar 232 o Domingo M. Giménez C arrillo 233 . Por ot r o lado, en lo conc erniente al ingreso en los tribunal es del Santo Oficio y las par ticularidades que ofrecían los diversos puestos a los que accedi eron los miembros del linaje objeto de estudio, nos han servido de referencia las obras de Bartolomé Bennassar 234 , Henr y Kamen 235 , Antonio Domínguez O rtiz 236 , Jean Pierre Dedieu 237 , Henry Charle s Le a 238 , 229 FERNÁNDEZ IZQUIERDO, Francisco, La orden militar d e Calatrava en el siglo XVI: i nfraestructura instituciona l: socio logía y proso pografía de sus caba lleros , Mad rid, CSIC, 19 92; FERNÁ NDEZ IZQUIERDO, Francisco, “Las Órd enes Militares en la Ed ad Moderna: panorámica histor iográf ica y presentació n de la base de d atos del Seminar io Intern acional de las Órdenes Mili tares (España, Italia, Portugal) ”, Studia historica . Hi storia moderna , 24, 2002, pp. 21 -25; FERNÁNDEZ IZQUI ERDO, Francisco, “¿Qué era ser cabal lero de una Or den Militar en los siglos XVI y XVII?”, To rre de los Lujanes: Boletín d e la Real So ciedad Económica Matritense d e Amigos del Pa ís , 49, 2003, pp. 141 - 163. 230 ÁLVAREZ- CO CA GONZ Á LEZ, María Jesús, “La co ncesión de hábitos de caballeros de las Ór denes Militares: p rocedim iento y reflejo d ocumental (s. XVI - XIX)”, Cuad ernos de Historia Moderna , 14, 1993, pp. 277-298; ÁLVAREZ- COCA GONZÁLEZ, María J esús, “El Con sejo de las Órd enes Militar es”, Cuaderno s de Historia Mod erna , 15 , 1994, pp . 297 -324; ÁLVAREZ-CO CA G ONZÁLE Z, María Jesús, “Los fondos de las Órdenes Militares del Archivo Histórico Nacional. Aportaciones a la historia de los archivo s”, Boletín de la ANABAD , 46- 1, 1996, pp. 95 -118. 231 POSTIGO CASTEL LANOS, Elena, Honor y privilegio en la Coron a d e C astilla: el Consejo de las Órdenes y lo s caballeros d e hábito en el siglo XVII , Valladolid, Junta de Castilla y León, 1 988. 232 LÓPEZ-SALAZAR PÉ REZ, Jerónim o (coord.), Las Órd enes Militares en la Penínsu la Ibér ica , Cuenca, Universidad de Castilla La Ma ncha, 200 0, vol. II. 233 GIMÉNEZ CARRILLO, Doming o Marcos, Los caba lleros de las Órden es Militares castellana s. Entre Austrias y Borbo nes , Almería, Un iversidad d e Almería, 2016. 234 BENNASSAR, Bartolomé, Inqu isición española: p oder político y con trol social , Barcelona, Crítica, 1981. 235 KAMEN, Hen ry, La Inquisición española: una revisión h ist órica , Barcelona, Crítica, 1999. 236 DOMÍNGUEZ ORT IZ , Anton io, “Valoración social de los h ábitos de las Órdenes Militares”, en LÓPEZ-SALAZ AR PÉ REZ, Jer ónimo (coord.), Las Órdenes Militare s en la Península Ibérica , Cuenca, Universidad d e Castilla La Man cha, 20 00, vol. II, p p. 1157 -1176; DOMÍNGUEZ ORTIZ, An to nio, “Los “familiares” del tr ibunal de la Inquisición de Sevilla”, en ROMERO CASTELLÓ, Elena (coo rd.), Judaísmo hispano : estudios en mem oria de Jo sé Lu is Laca ve Riaño , Madrid , Co nsejo Superior de I nvestigacio nes Científicas, 20 02, vol. I I, pp. 779 -789. 237 DEDIEU, Jean -Pierre, L’Administration de la foi: l’In quisition de Tolèd e XVIe -XVI IIe siècle , Madrid, Casa de Velázq uez, 1 992; DEDIEU, Jean Pierre, “Limpieza, poder y riqueza. Requisitos para ser ministro de la I nquisición , Tribunal de To ledo, siglos XVI - XVII”, Cuad ernos de historia mod erna , 14, 1993, pp. 29 - 44; DE DIEU, Jean Pier re, “La Inquisición en el r einado de Felipe II”, Chronica nova: Revista de h istoria moderna de la Universidad de Granad a , 26, 1 999, p p. 79 - 110; DEDIEU, Jean Pierre, “La I nquisición moder na en su co ntexto in ternacional. Fragmentos de Historia”, en LORENZ ANA DE LA PUENTE, Fe lipe y MATEOS ASCACÍB AR, Fran cisco J. (coord s.), Inquisición, XV Jornadas de Historia en Llerena , Llerena, Badajoz, So ciedad Extremeña de Historia, 2015, pp. 11 - 30. 238 LEA, Henr y Char les, Historia de la Inquisición españo la , Mad rid, Fu ndación Universitaria Españo la, 1983 , vol. II. 68 Pilar García d e Yébenes 239 , Gonzalo Cerrillo 240 , Francisco J. Gutiér rez 241 o Mar ía Victoria González de Cal das 242 . Llevar a cabo un examen detallado de los procesos de integración de nuestros protagonistas en inst ituciones que exigían li mpiez a de sa ngre ha puesto de relieve, además, una peculiar ci rcunstancia: la existencia en el entorno sevillano de una realidad conflictiva. Al analizar l os procedimientos y la tramitación de estas pret ensiones nos hemos topado con una d iversidad de grupos d e p oder e influencia que se disputaban el predominio político y social en S evilla; hemos po dido advertir, de esta forma, la existencia de interese s contrapuestos, rivalidades y rencillas loc ales entre linajes, familias e incluso entre individuo s concre tos, que no dudaban e n movilizar cua lquier rec urso a su alcance para conseguir sus objetivos. A todo e llo v ienen a sumarse, además, las prác ticas de unos “chantajistas a sueldo” que han sido denominados por la historiografía como linajudos ; estos personajes eran -o se jactaban de se r- gra ndes conoc edores de los abolengos y genealogías, solían tener acceso a documentación afín y chantajeaban a los candidatos con da ñar uno de los elementos más “s agra dos” de la Espa ña Moderna, como eran las cuestiones que t enían que v er con la lim pieza de sangre. En reuniones como las que llevaban a cabo f risando el sig lo XVII , po r ejemplo, en las casas sevillanas de Francisco Mexía, cono cidas públicamente como “la estufilla” y donde continuamente se hablaba de linajes , una amplia red de personajes ideaba los pasos a seguir. Mediante pr ácticas como el soborno, extorsión y cohecho, los linajudos trataron de beneficiarse económicamente de las aspira ciones que muchos individuos, como algunos de los protagonistas de este estudio, tenían de ingresa r en las Órdenes Militares o en la Inquisición. Para enmarcar las actuaciones d e estos peculiares personaj es nos hemos 239 GARCÍA DE YÉBENES P ROUS, Pilar , El T ribuna l del Santo Oficio de la Inquisición de Sevilla (1 480 - 1650): burocracia y hacienda , Tesis doctor al dir igida por José Martín ez Millán , Mad rid, Universidad Autóno ma de Madr id, 1989. 240 CERRILLO CRUZ, Gonza lo, Los familia res de la Inquisición espa ñola, 1478 - 1700 , Tesis docto ral dirigida por José Antonio Escud ero López, Madrid, Universidad Comp lutense de Mad rid, 1993; C ERRILLO CR UZ, Gon zalo, “Alguac iles mayo res de la In quisición. Alg uaciles may or es del Tribunal de Sevilla en el siglo XVIII ”, R evista de la Inqu isición: intolerancia y d erechos humano s , 6, 1997 , pp. 163 - 180; CERRILLO CRUZ, Gon zalo , “Apr oximación al estatu to jur ídico de los fam iliares de la inqu isición española”, Manu scrits: Revista d ’història mod erna , 17, 1999, p p. 141 -158. 241 GUTIÉRREZ NÚÑE Z, Francisco Javier, “El Trib unal de la Inq uisición de Sevilla a inicios del siglo XVIII”, en LORENZANA D E LA PUEN TE, Felipe y M ATEOS ASCACÍBAR, Francisco J. (coords.), Inqu isición, XV Jornadas de Historia en Llerena , Ller ena, Badajo z, So ciedad Ex tremeña de Historia, 2015, pp. 191 - 210. 242 GONZÁLEZ DE CALDA S MÉNDEZ, María Victo ria, El pod er y su imagen: la Inquisición Rea l , Sevilla, Univ ersidad d e Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 2 008. 69 basado en algunos estudios elaborados po r Ru th Pike 243 , Enrique Soria Mes a 244 o Domingo M. Giménez Carrillo 245 . Asimismo, para comprender los entresij os de la realidad conflictiva que s e cuajaba en los entornos locales, l as manifestaciones de estos odios y rencores y su vinculación con la li mpieza de sangre, también nos he mos inspirado, particularmente , en dos trabajos excelentes, como el que elaboró Jaime Contreras y que tituló Sotos contra Rique lmes 246 , enmarcado en el contexto murciano, y la o bra de Juan Cartaya Baños sobr e la Pasión de don Fernando de Añasco , donde el autor examina las pretensiones d el protagonista para acceder al hábito de la orden d e Santiago y las innumerables dificultades que hubo de enfre ntar en el ámbito sevillano 247 . En definitiva, hemos tratado de r ecurrir a una producción bibliográfica que pensamos, aborda los principales ejes temáticos y problemáticas a las q ue las fu entes documentales nos ha n llevado y que se compone tanto de libros, capítulos y ponencias como de artículos de diversas revistas esp ecíficas y otras obras an tiguas, tanto manuscritas como impresas. Para completar esta labor de recopilac ión y análisis bibliográfico nos han resultado especialmente útiles los extraordinarios fondos que poseen la Biblioteca de l a Universidad de Sevilla, la de l a Universidad Co mplutense de Madrid, la Bibliothèque I nte runiversitaire de l a Sorbonne, la Bibliothèque na tionale de France, la Biblioteca de la Real Ma estranza de Caballería de S evilla o también la Biblioteca Nacional de España. Todas estas fuentes bibliográficas a las que hemos hecho alusión en estas lí neas, j unto con las que s e referirán a lo largo del presente trabajo, nos han servido como plataforma sobre la qu e pode r rec onstr uir los r esultados obtenidos a partir de la consulta d e una variada documentac ión conserva da en distintos archivos históricos y bibliotecas. Para tratar de cono cer el pasado de las familias nobiliarias, en muchos casos, tenemos la fortuna de contar con un v ariado núm ero de archivos y dife rentes tipologías 243 PIKE, Ruth, Linajudo s a nd co nversos in Seville: g reed and p rejudice in sixteenth and seventeen th century S pain , New Yo rk, Peter Lan g, 2000. 244 SORIA MESA, En rique, “Lo s lin ajudos. Ho nor y co nflicto social en la Granad a del siglo d e Oro”, en LOZANO NAVARRO, Julián José y CASTELLANO, Juan Luis (co ords.), Violencia y conflictividad en el universo b arroco , Granada, Comar es, 2010, pp . 401 -427. 245 GIMÉNEZ CARRILLO, Do m ingo Marcos, “E l oficio de linajud o. Exto rsión en to rno a háb itos de órden es militares en Sevilla en el siglo XVI I”, Chronica nova: Revista de h istoria moderna de la Universidad de Grana da , 37, 2011, pp. 331 -348. 246 CONTRE RAS CONTRERA S, Jaime, Sotos contra Riqu elmes: regidores, inquisido res y criptojudío s , Madrid, Siglo XXI de Españ a Editores, 2 013. 247 CARTAYA BAÑOS, Juan, La Pasión de don F ernando de A ñasco. Limp ieza de sangre y conflicto social en la Sevilla de lo s Siglos de Oro , Sev illa, Editor ial Universidad d e Sevilla, 2014. 70 documentales 248 . Como bien se sabe, las grandes famili as nobiliarias solían aglutinar sus papeles formando auténticos archivos p rivados q ue hoy día, si se permite su acceso, resultan un pozo de conocimiento casi ilim itado para el hist oriador; como al respecto afirmó Miguel F . Gómez Voz mediano, “si se sabe buscar y se c uenta con algo de fortuna y, sobre todo, mucha pa ciencia, los archivos no biliarios son un filón de información inagotable para pr ácticamente cu alquier tema de investigación que pretendamos afrontar” 249 . En nuestro caso concreto, el grueso de nuestra inv estigación y, por lo tanto , de las fuentes inéditas que conforman este trabajo, se co mpone de la documentación conservada en el F ondo de la F amilia Ar ias de Sa avedra de l Archivo General de Andalucía , ra dicado en la ciudad de Sevilla 250 . En total, el volumen documental, al que se encuentra adscrit a también documentación del condado d e Gómara y mar quesado d e Grañin a, cue nta con 248 Ju an Cartaya Baños ha realizado en alg unas d e sus pub licaciones u n repaso a la diver sidad de arch ivos históricos, biblio grafía y fuentes docum entales d isponibles en la ciu dad de Sevilla y d e las que se p odría obtener relevante información d e carác ter familiar y g enealógico par a el estud io d el estamento n obiliario: CARTAYA BAÑOS, Juan , “Recu rsos para la inv estigación gen ealógica en los archivos de Sevilla”, Cuaderno s de Genea logía , 2, 2007 , pp. 12 - 20; CARTAY A BAÑO S, Juan, “La nobleza en el rein o de Sevilla. Pautas e instrumentos p ara su estudio en las edad es media y moderna”, en FÍLTER RODRÍGUEZ, José An tonio (coord .), Act as XI Jo rnadas de historia y patrimonio sobre la provincia de S evilla. La nob leza en el rein o de Sevilla du rante el Antiguo Régimen ( siglos X III -XVI II) , Sevilla, Asociació n Provincial Sevillana de Cro nistas e In vestiga dores Lo cales, 201 5, pp . 21 -42. Co n intenciones similares, pero extend iendo la muestra archivística al r esto de la Península Ib érica, Nicolás Ávila Seoan e tamb ién ofrece una visión sobre los archivos histórico s españoles más r elevantes par a p rofundizar en el conocimien to d el estamento nobiliar io, particularmente desde el pu nto de vista señor ial: ÁVI LA SEOANE, Nicolás, “Fuentes para el estudio de los señorío s castellanos en lo s archivo s españ oles”, Docu menta & Instrumenta , 4, 200 6, pp. 7-21. Igualmente, Arán zazu Laf uente dedicó unas líneas al respecto , centrándose par ticularmente en la casuística de los ar chivos fa miliares integrad os en la an tigua Sección Nob leza del Archivo Histórico Nacional: LAFUENTE URIÉN, Aránzazu , “Fuentes para los estud ios gen ealógicos y familiares en los archivo s nobiliarios”, Hispania: Rev ista española d e historia , 206, 2000 , pp. 977 -1000. 249 GÓMEZ VOZ MEDIANO, Miguel Fernando, “Archivos nobiliar ios españoles: p asado, presen te y ¿futur o? Tipología docum enta l e investigación modernista”, en ANDÚJAR C ASTILLO, Fr ancisco y DÍAZ LÓPEZ, Julián Pablo ( coord s.), Los señ oríos en la Anda lucía mod erna. El Marq uesado de los Vélez , Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 2007, p. 204. An tonio Sánchez González también ha llevado a cabo en alguno de sus estud ios u n análisis sobre la tipología, estru ctura, clasificació n y d escripción d e lo s archivo s nob iliarios, subrayando , tambié n, el h ándicap d e algunos d e ellos: su ac cesibilidad : SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Antonio, “Los arch ivos de la nobleza: p erspectivas par a la investigac ión”, en VÁZQUEZ DE PARGA, Ma rgarita y CHACÓN JIMÉNEZ, Fra ncisco (dirs.), Actas de las Jornadas Arch ivos e Investiga ción , Madrid, Min isterio de Cultura, Univ ersidad de Mu rcia, Caja -Murcia, 1996 , pp. 123- 140. Por su p arte, Ju dit Gu tiérrez se h a centrado en resaltar la función simbólica d e los archivos fam iliares y su pap el en la construcción de la identidad y memo ria de l linaje: GUTIÉRREZ DE ARMA S, Judit, “Identid ad nobiliar ia y legitimación del p oder a través de los archivos de familia”, en FORTEA PÉREZ, J osé Ignacio, GELABERT GONZÁLEZ, Juan Eloy, LÓPEZ VELA, Roberto, POSTIGO CASTELLANOS, Elen a (coor ds.), Mona rquías en conflicto. Linajes y n oblezas en la articulació n d e la Mon arquía Hispá nica , Madrid, Fundación E spañola de Historia Mod erna, 2018, vol. II, pp. 659 - 670. 250 El Arch ivo General de Andalucía o frece una descrip ción detallada de este fondo do cumental: AGA n , Casa Arias de Sa avedra . Consulta en línea. URL: https://www.juntad eandalu cia.es/cultura/arch ivos/web/Listado Cuadro?id DirCuadro=5 3ca79a0 -6210- 11dd -92ef-31450f5b9d d5&idArchivo=762 085e1 -469f -11dd-bfe7- 31450f 5b9dd5&idCon tArch=543c85e0 - 6ddf -11dd-9fe5 -31450f5b9dd5 &idTipo =e2b7fec1- 57e1-1 1dd- ba1f -31450f5b9dd5 71 184 legajos, de los que h emos consultado la may or part e de ellos página a página , y su organización actual, a partir de los distintos mayorazgos y familias, se mantiene de acuerdo con el e stado anterior a su ingreso en el Archivo General de Andalucía. Este fondo está formad o por una heterogénea documentación compuesta en su mayoría por documentos en soporte papel y perg amino, y que resulta de notable utili dad para tratar fund amentalmente las cuestiones sociales y económicas que rodearon a la familia Saavedra , desde el siglo XIV (1357) hasta la primera mitad del XX (1946). También resulta muy abundante la do cumentación de carácter genealógico e, incluso, la vinculada con li tigios y pleitos, fundaciones pías, correspondencia o documentos genera dos a partir del s ervicio en cargos y ofi cios públicos. La existencia en este fondo familiar de doc umentación produc ida por otros organismos e instituciones del Antiguo Régimen, ya sea en forma de copias, traslados aut orizados o, por ejemplo, recibos, nos ha permitido también ampliar las dimensiones del estudio, ya que estas fu entes han aportado datos e informac ión cuya obtención, de otro modo, hubiera sido más compl eja. Como podrá comprobarse a lo largo de este trab ajo, a l a hora d e citar al pie d e página tanto la document ación emanada de este fondo hist órico como del resto de centros documentales consultados, hemos optado por incluir una breve descripción del documento en cuestión, haciendo referencia a su temática, lugar y fecha de producción; este hecho tien e como obj etivo aclarar el do cumento concreto al que nos r eferimos, puesto que, con frecue ncia, ba jo una única unidad de d escripción se pueden lle gar a a glutinar decenas o, incluso, cientos de documentos distintos. En la conformación de este conjunto documental sobre los Saavedra se podrían establecer varias etapas. La primera de ellas se correspondería con la creación del fond o a partir de la ag regación de la documentación referida a los patrimonios y mayorazgos familiares, cuyo hito ini cial puede fijarse en 1540, con la fundación del mayoraz go de Loreto por los primeros condes de Castellar en ca beza de su hijo Juan de S aavedra. Los descendiente s de esta rama familiar aglutina ron, durante los sigl os modernos, la documentación emanada de este y del resto de mayora zgos y linajes co n los que se vincularon por vía matrimonia l, como fueron los Alvarado, Ramírez de Arellano, Ramírez de C artagena o Neve. El entronque familiar de los marqueses del Moscoso con los condes de Gómara a fines del siglo XIX provocó la conce ntración de los fondos documentales de ambas C asas, inaugurándose la segunda etapa archivística del fondo 72 documental. No obst ante, una s genera ciones después, e n un momento y circ unstancias que desconocemos, se produjo la ena jenación del archivo familiar 251 . Finalmente, el tercer periodo de la historia de este fondo documental está vinculado con el ingreso mediante compra y su actual conservación en el Archivo General de Andalucía. En el año 1995 un anticuario afincado en Sevilla ofreció a la Direcc ión General de Bienes Cultu rales de l a Consejería de Cult ura de la Junta de Andalucía la venta del “Archivo de los condes de Gómar a y de la Casa de S aavedra”, una operación que finalmente tuvo lugar. El 19 de septiembre de 1996 se certificó el ingreso e fectivo en el Ar chivo General de Andalucía de un primer lote de legajos. En e l año 2007 se produ jo el ingreso definitivo en el mismo centro documental de un segundo lote de l egajos procede nte del mismo anticuario. De ambos grupos de documentación se elaboraron en fecha s c ercanas a los momentos de ingreso dos catálogos editados en el año 2000 y 2009, respec tivamente, que nos han servido de guía a la hora de realizar nuestras tar eas de investigación 252 . Otro importante a rchivo de carácter familiar sobr e el que también nos hemos basado para l a el aboración de este estudio ha sido el Archivo Ducal d e Medin aceli, que podría considerarse c omo un auténtico “archivo de a rchivos” 253 . Entre su e xtraordinaria mas a documental se conservan varios fondos de interés para nu estro trabajo, aunque destacan especialmente los d edicados a la jurisdicción señ orial de El Viso y a l a de Castellar. La documentación de estos señoríos, ambos pertenecientes desde la Edad Media a los condes de Castellar, ha acabado formando parte de l archivo de la C asa de Medinaceli debido a que una vez más, l a polí tica matrimonial contribuyó a forjar la alianza entre poderosos linajes. De esta forma, para tratar de arrojar luz sobre la siempre c ompleja etapa bajomedieval, hemos recurrido a la consulta de la documentación que sobre los siglos XIV y XV conforman lo s dos fondos anteriormen te mencionados, el de El Viso y el de 251 La influencia que la institución d el mayor azgo tuvo sobre la estructu ra o rganizativa, la conservación y la disgreg ación (especialmente d urante el siglo XIX, con la instauración del Régimen Liber al) d e los archivo s f amiliares nobiliario s ha sido analizada por Anto nio Sánch ez González en alguno de sus trabajos recientes: SÁNCHEZ GONZÁLEZ , An tonio, “Nobleza, arc hivo y may orazgo”, en SUÁREZ GONZÁLEZ, Ana (ed.), Escritura y so cied ad: la nobleza , Santiago de Compo stela, Univ ersidad de Santiago d e Compostela, 2017, pp. 3 29- 342. 252 TORRES PEGALA JAR, Ma ría Dolores y TRUJILLO DO MENECH, Fran cisco, Fon do d e los condes de Gó mara y fondo d e la familia Arias de Saavedra , Sevilla, Jun ta de Andalu cía, 2000; VILELA GALLEGO, Pilar , Ca tálogo de los do cumento s del a rchivo de lo s co ndes d e Gómara y familia A rias de Saave dra , Sevilla, Jun ta de Andalucía, 2009. 253 SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Antonio, “El archivo ducal de Medinaceli: u n archivo de archivos”, en Acta s do 4º Con gresso Interna cional Casa N obre: u m patrimón io para o futuro , Arcos d e Valdev ez, Casa das artes, 20 17, vol. I, pp. 557 -588. 73 Castellar donde, sob re todo, nos hemos enc ontrado con info rmación referente a nombramientos, gestión señorial y patrimonial, as í como también documentación acerca de li tigios, conflictividad y pleitos familiares a lo largo de los sigl os modernos e, incluso, durante el siglo XIX. Según los trabajos realiza dos por Antonio Sánchez González sobre la conformación y estructura arc hivística d e la do cumentación de la Casa de Medinaceli, las escrituras qu e conforman el Fondo Castellar estarían custodiadas desde el siglo XV en la fortaleza que los condes poseían en Ca stellar de la Frontera, reunidas, posiblemente, en alguna de las estancias más seguras del imponente complejo. Allí permanecieron hasta el siglo XV III , cuando los entronques famili ares con los Santisteban del Puerto, primero, y con los Medinaceli, posteriormente, supusieron el traslado del fondo documental a la sede madrileña de los Santiste ban y, finalmente, de los Medinaceli en su m ajestuoso palacio del Pase o de l Prado, una vez fina lizada la Gue rra de la I ndependencia 254 . Con respe cto a l fondo documental de El Viso, desde el siglo XV se mantuvo en unas casa s principales que los señores de esta jurisdicción mantenían e n esta villa sevillana cerca na a Carmona; no obstante, al igu al que ocurrió con el Fondo Castellar, este conjunto d ocumental se adscribió en el siglo XVIII a la Casa de S antisteban del Puerto y, posteriormente, a la de Medinaceli, que es la que actualmente aglutina esta documentación 255 . No obstante, aparte de los fondos de El Viso y Cast ellar, también hemos consultado otros conjuntos documentales que igualmente forman pa rte d el Archivo Ducal de Medinaceli, al que ingresaron en similares circunstancias que los ya mencionados. Nos referimos, por ejemplo, a los fondos dedicados al señorío, condado y ducado de Santisteban del Puerto, al ducado de Alcalá, al mar quesado de Tarifa y señorío de Bornos y Espera y al fondo de la Casa de Malagón en Sevilla 256 . La consulta de lo s diversos fondos y documentación del Archivo Ducal de M edinaceli h a sido posible gracias a que 254 SÁNCHEZ GONZÁL EZ, Antonio , “El archivo de los condes de Castellar, alfaq uequ es mayo res de la fronter a de Castilla”, Chronica nova: Revista de historia moder na d e la Universidad de Granad a , 46, 2020, pp. 347 - 379. 255 SÁNCHEZ GONZ ÁLEZ, Anto nio, “E l archivo seño rial de El Viso, en los Alco res de Sevilla”, Rev ista general d e informa ción y documentación , 31-1, 2021, pp. 279-3 01. 256 Sobre la estructu ra o rganizativa d e esto s fo ndos, sus orígenes, for mación, tipologías documen tales, inventar ios y ca tálogos, nos remitimo s a los trabajos de Sán chez González: SÁNCHE Z GONZÁLEZ, Antonio , El Archivo de los Ca udillos del reino de Jaén (Cas a de Santisteban del Puerto) , Jaén, Diputación Provin cial de Jaén, Instituto de Estudios Giennenses, 2015; SÁNC HEZ GONZÁLEZ, Antonio , El Archivo de los Adelantados de Andalucía (Casa de Alcalá) , Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2014; SÁNCHEZ GONZÁL EZ, Antonio , “El Ar chivo de l os Ma riscales d e Castilla y Marqueses de Malag ón”, Espacio, Tiempo y Fo rma, S erie III, Historia Med ieval , 34, 2021, pp . 9 15 -948; SÁNCHEZ GONZÁLEZ, Anton io, “El archiv o señ orial de Paracuellos, un fondo docum ental d e los marqu eses de Malagón ”, Vín culos de Historia , 10, 2021, pp. 278-2 98. 80 81 INTRODUCCIÓN Los estudios en torno al estamento nobiliario atraviesan una etapa ciertam ente boyante; desde renovados e nfoques y perspectivas de análisis, el creciente interés por este conjunto social tan complejo pero, al mismo ti empo, tan apasionante, queda reflejado en l a enorme producción historiográfica que lo sitúa como objeto de sus investigaciones y re flexiones. No cabe duda d e que lo s análisis de los grupos sociales privilegiados en el Antiguo Régimen están en aug e y, con ellos, la persp ectiva familiar se h a con vert ido en un candente tema historiográfico. Insertas estas fa milias no biliarias e n la jerárquica y trie stamental sociedad m oderna, portadoras del tan apreciado honor , se erigieron co mo la ca beza visible y el modelo social a seguir, al tiempo que representaban la culminación de las máximas aspiraciones sociales. Copando los más altos resortes del poder sociopolít ico y económico, la ostentación de una digni dad nobiliaria se convirtió en una auténtica obses ión; no podía ser de otro modo si tenemos en cue nta que t al sociedad, en la que uno er a lo que mostraba ser, se enc ontraba e nferma de honor . La máxima pretensión c on la que todo hombre y linaje soñaba en la épo ca moderna er a logra r para su Casa un título de Castilla pues, esa distinción se constituía como el may or legado qu e se podría transmitir a l a descende ncia y consecuentemente, bajo su int itulación quedaría reconocida la calidad , grandeza y la participación en el honor de toda una estirpe. A lo largo de la Edad Moderna variadas fueron las vías por las que tal condecorac ión fu e otorgada pues, además del nacimiento y los servicios militares, la riqueza, el favor regio y las redes clientelares se co nvirtieron en auténticos vehículos para alcanzar el tí tulo. Con este propósito, las familias que aspiraban a titular su Casa no cejaron en llevar a la práctica determinadas estrategias sociales, matrimoniales y patrimoniales que, insertas en el contexto de dinamismo y porosidad social que caracter izaba al estamento nobiliario de la época moderna , permitieron, en muchos casos, su inclusi ón y absorción inm ediata entre las filas del estamento de los bellatores . P or lo tanto, bajo una aparente rigidez e inmovilidad, se escondía todo un proceso de transformación y cambi o social que respondía a una gran c apacidad de integración y adaptac ión a las nuevas coyunturas y rea lidades sociales; y debido a todo ello, e l estamento nobiliario resultaba ser e n la época moderna un mundo abierto, dinámico y en movimiento. 82 En esta Tesis Doc toral analizamos pr ecisamente el camino qu e hubo de r ecorrer un linaje sevillano de il ustre tradición y antiguo abolengo, como fue el de los S aavedra , desde la Baja Edad Media hasta los ini cios del R égime n Liberal, para lograr sus más alt as aspiraciones. Particularmente, ce ntramos nuestra atención en los siglo s modernos, puesto que durante esta época fu e cuando la familia, a ca ballo entre España y los rei nos de I ndias, alcanz ó su etapa de máximo esplendor. Así pue s, cuando en el año 167 9 e l monarca Carlos II y M aría Luisa de Or leans celebraban sus bodas, había otro matrimonio que tenía mucho más aún que celebrar; Jua n de Saavedra y Alvarado Ramírez de Arellano y Luisa Francisca de Neve, que vieron que, tras un a rduo camino, la acumulación d e méritos y servicios, tanto propios c omo de sus antepasados, y decenas d e miles de du cados de por medio, por fin su escudo de armas se timbraba con la corona de marqués. Por todo ello, el estudio que aquí pres entamos es el relato de uno de tantos procesos de ascenso y consolidación social que la modernidad albergó. Se trata, por lo tanto, de un análisis que se centra en conocer y co mprender cómo se produjo la evolución desde el caudillo militar curtido en la frontera granadina del siglo XV al condecorado Joaquín Arias de Saavedra, VII titular de l marquesado del Moscoso durante el reinado de Isabel II ; el h ilo conductor de todo este desarr ollo viene representado por un proceso continuo de cambio y adaptac ión que acabó dotándose, incluso, de un relato propio y de unas manifestaciones culturales y artísticas que tuvieron como objetivo la construcción de la propia identidad y memoria familiar. Los sucesivos titulares d el marquesado del Mosc oso procedían de la galle ga Casa de los S aavedra. Eran descendientes del aguerrido alcaide de Cañete, Fernán Arias de Saavedra , el Bu eno , que con sus acciones en la raya de Granada sentó las bases de actuac ión sobre las qu e se proyectó el li naje y que, al se r continu adas por sus descendiente s, se e rigió como el verdade ro fundad or de l a Casa en el so lar sevillano. Siguiendo la estela de el Bueno , sus suce sores heredaron más que sus dotes militares pue s, como alfaqueques mayores de C astilla, además d e continuar con la guerra de fr ontera, aprovec haron las incidencias políticas del agitado siglo XV y mientras participaban en las banderías nobiliarias, lograron asentar al linaje en los órganos del gobierno municipal de Sevilla. Esta fuerte impronta urbana se veía respaldada con una s sóli das bases patrimoniales y señoria les. En virtud de todo ello y gra cias a una exitosa estrategia matrimonial que los emparentaba con g randes familias, como los duques de Ar cos o los de Medina S idonia, los Saavedra, en los albores de la Edad Moderna se constituyeron como uno de los más 83 importantes linajes de l a noblez a sevillana. Una arraigada tr adición y pre eminente posición que, representada en 1539 por Juan Arias de Saavedra y María de Guzmán, Carlos I condecoró con l a dignidad de condes de Castellar. El título condal, junto con el mayorazgo principal de la Casa, denominado en la documentación como d e El Viso, se perpetuaron sobre el primogénito Fe rnando Arias de S aavedra. No obstant e, los primeros condes de Castellar alum braron florecientes ramas segundonas que por te nerse también por portadoras d e tan ilustre pasado no li mitaron sus aspiraciones de grandeza. Este fu e el caso de la línea familiar que a rranca con Juan de Saa vedra , hijo tercero de los primeros condes de Castella r quien , en virtud del mayor azgo que sus pa dres funda ron e n su persona en 1540, conocido como de Loreto, y a raíz de su matrimonio con Catalina Enríquez d e Ribera, dio lugar a una pujante descendencia cu ya evolución durante los siglos de la modernidad protagoniza las páginas de e ste trabajo. Este estudio se compone de tres partes bi en diferenciadas, identific adas con sus corre spondientes bloques temáticos. En el primer bloque se lleva a cabo un análisis de la trayectoria política desar rollada por el linaje de los Saavedra, partiendo de unos remotos antece dentes medievales, y cuyo devenir histórico a uno y otro lado del Atlántico hemos intentado trazar ha sta bie n entrado el siglo XIX. El segundo de los bloques está centrado en examinar las b ases económicas de la Casa durante esta amplia ho rquilla temporal, mientras que el últ imo bloque se dedica particu larmente al estudio de las estrategias sociales y l as manif estaciones cultur ales desarrolladas por el linaje para alcanzar sus pretensiones. En la primera parte d e es te trabajo hemos decidido situar el punto de inicio en los siglos bajomedievales, puesto que consideramos imprescindible conocer las actividades políticas de sarrolladas por los Saa vedra durante e stas fechas en las tierras andaluzas para comprender la trayectoria política del li naje a lo largo de la Edad Moderna, sus fundamentos patrimoniales y sus vínculos y relaciones so ciales. Recurriendo a nobiliarios, crónic as, genealogistas y diversos memoriales, hemos inte ntado a cercarnos a lo que la tradición genealógica y la historiografía han dicho sobre el devenir de un linaje de consabido orig en gall ego que, según autores como José P ellicer de Tovar o Rodrigo Méndez Sil va, partic ipó en la conquista de Sevilla. Como tales c aballeros co nquistadores, estos autores sit úan a los S aavedra en el Repartimiento que en 1253 de l a ciudad realizó el rey Alfonso X. No es nuestro propósito en este trabajo d esmentir ni r atificar estas informaciones pues, resulta c onocida la difícil interpretación a la que tale s fue ntes someten al historiador y, además, esta es una tare a qu e se escapa de la verdadera 84 motivación que nos ll eva a la realización de estas páginas. No obstante, a sabiendas de que este ti po de fuentes hist óricas son una de las escasa s a las que el historiador puede recurrir para tra tar de reconstruir una historia tan remota e n el tiempo, tomando todas las cautelas posi bles y contrastándolas con otras referencias, d edicaremos unas líneas a exponer la problemátic a que rodea a los cimientos históricos sobre los que los Saavedra justificarán du rante los si glos modernos las deman das de gracias y me rcedes que eleva ban al monarca . Una ve z iniciado el sigl o XV, las fuentes histórica s disponibles para reconstruir la trayectoria política del linaje se incrementan, lo que nos permite documentar con mayor precisión el d evenir hist órico de l a estirpe, que s e mantuvo estrechamente vinculada a la guerra de G ranada. La distinguida participación de los Saavedra en la c ontienda y la conquista de la ciudad nazarí en 1492 coronaba co n un broche de oro la t radición frontera del linaje, sit uándolo al comienzo de la Edad Moderna en una posición de destacada preeminenc ia. De esta f orma, durante el siglo XVI , cuando Juan Arias de Saavedra y María de Guzmán capitaneaban la Casa, la estirpe desempeñó un imp ortante papel político en el ámbito lo cal sevillano, con el desempe ño de div ersos cargos y oficios públicos, viéndose condecora da, además, con l a concesión del título de condes de Castellar en 1539. L a r ama familiar iniciad a por el hijo tercero de los p rimeros condes, Juan de Saavedra, continuó fuertemente ligada a l conte xto sevillano, verdadero centro neurálgico de l a política familiar; no obstante, durante parte del siglo XV II , mientras disminuía la influencia polí tica de la familia en Sevilla, la corte regia se constit uyó en el destino principal de las actividades de los Saavedra . El enlac e matrimonial de Juan de Saavedra y Alvarado con la hij a del consejer o Gil Ramírez de Arellano permitió su inclusión en los círculos de poder más influyentes del momento. A caballo entre Sevilla y Madrid transcurre la se gunda mitad del siglo XVII para esta rama familiar del li naje, que alca nzó la citada dignidad marquesal en 1679. El siglo XVIII ma rcó otr o importante punto de inflexión en la trayectoria polí tica de la familia; por avatar es biológicos, el marque sado del Moscoso a cabó reca yendo en Tomás de Saave dra, afin cado e n la antigua capital inca, Cuzco. Hasta el verano de 1770, los suc esivos titul ares de esta dignidad nobiliaria residieron en el virreinato andino, donde desempeñaron im portantes cargos en el organigr ama administrativo virreinal. El retorno a la Península Ibérica de Joaquín Antonio Arias de Saavedra y su establecimiento en Sevilla sentó las bases para que la familia volviese a estrechar sus vínculos políticos con el contexto sevillano durante el convulso siglo XIX. 85 En estrecha conexión con la trayectoria política, el segundo de los bloques que compone este trabajo está dedica do, como ya hemos anunciado, a anali zar las bases económicas de la r ama famili ar adscrita al marqu esado del Moscoso desde el siglo XV hasta la decimonovena centuria. El primero de los elementos que examin amos en este bloque es la institución del mayorazgo, que ejerció durante los siglos modernos como una pieza es encial pa ra el sostenimiento familiar. Una exitosa estra tegia matrimonial permitió que la Casa a cumulara la posesión de diversos vínculos, que fue ron durante toda la Edad Moderna los elementos fundamentales de la economía familiar. Trataremos de desmenuzar los pormenores de cada una de estas fundaciones, las c aracter ísticas y condicionantes de sus escrituras de fundación, los diversos tipos de pr opiedades y derec hos que los componían, las rentas que g eneraban, las c argas que suponían para los titulares, así como también los inevitables litigios que se entablaron por su posesión. Asimismo, en est e es pacio dedicado al análisis económico tambi én nos detendremos en examinar otro de los principios básicos sobre los que el estamento nobiliario sustentaba su economía y posición do minante: las posesiones señoriales. Los señoríos de El Viso y Ca stellar fu eron el “buque insignia” de los Saavedra durante toda la Edad Mode rna, p articularmente de la r ama princ ipal ligada al condado de Castellar ; no obstante, otras líneas familiares, como por ejemplo la del marquesado del Moscoso, también gozaron del estatus señorial, aunque adscrito a posesiones de menor entidad. El tercer punto de este segundo bloque temático está dirigi do a analizar la administración que la familia ll evó a cabo de los vastos conjuntos patrimoniales que poseía, desde los inicios de la Edad Moderna hasta el sigl o X IX. Como podrá comprobarse , durante esa larga singladura, la si tuación económica d e la C asa sufrió fluctuaciones, en consonancia con el propio contexto en que se encontraban las finanzas regias. Así pues, de un siglo XVI caracterizado por un cierto dinamismo y carácter expansivo, pasamos a un siglo XVII domi nado por la recesión y endeudamiento; no obstante, lejos de provocar un declive en el estatus familiar, este sombrío panorama económico alentó la búsqueda de nuevas vías de promoción y consolidación. Una vez más, una a lianza matrimonial estratégica, como fue e l enlace c on los Neve, insufló de sangre nueva a la estirpe, acompañada , además, por una extraordinaria riqueza en forma de caudal dotal. Por otro lado, la gestión patrimonial durante el siglo XVIII estuvo marcada por la ausencia de los sucesivos titulares. Al residir los marque ses del Moscoso en el virreinato peruano, los mayorazgos de la Casa fue ron gestionados por diversos apoderados, cuya 86 labor, en algunos ca sos ineficaz, tuvo p rofundas consecue ncias para la economía familiar. Fr ente a los intentos po r recomponer las b ases e conómicas d e la Casa e n las últ imas décadas de la centuria ilustrada, el siglo XI X y los significativos cambios derivados de la legislación li beral, como por ejemplo la Ley de Desvinculación y la supresión de los señoríos, terminaron por desintegra r un c onjunto patrimonial que ya ve nía acarreando, desde siglos atrás, importantes desajustes. Entre otras cuestiones, este análisis desde el punto de vista económico permite un acerca miento a las formas de explotación de la tierra, convertida ésta en el pilar fundamental de la economía del estamento. Nos ocuparemos, por lo tanto, de arre ndadores y arrendatarios, de los tipos de contra to, de la diversidad de c ultivos agrícolas, cabañas gan aderas o d e las formas de pago de las rentas estipuladas. P ero además de la actividad agropecuaria, sostén del grupo nobiliario, los Saavedra t ambién se sirvieron de una amplia gama d e instrumentos d e crédito e inve rsión, como fueron, por ejemplo, los censos, tri butos o juros, y aprove charon la extr aordinaria posición que ocupaba Sevilla como Puerta y Puerto de las Indias para mantener ciertas relaciones comerciales con los territorios amer icanos. A todo ello se podrían sumar los emolumentos que percibían por el desempeño de determinados cargos y oficios públi cos. No obstante, la tendencia hacia el end eudamiento resulta ciertamente clara; mientras se mante nía un elevado nivel de gasto, las escrituras de obligación no dejaron de acumularse y las deudas se multi plicaron al tiempo que los i ngresos se con traían. Inevitablemente, esta situación condujo a los impagos, a los pleitos, a los conc ursos de a creedore s y al alzamiento de solicitudes de f acultades regias que permitiesen l a imposición de nuevos censos sobr e bienes vinculados cuando no, directamente, su propia enajenación. Adentrarnos en los pormenores de las actividades económicas de la familia nos ha permitido, igualmente, conocer a los numerosos agentes implicados en la gestión patrimonial. La extensa g ama de administradores, mayordomo s, apoderados y criados al servicio de la Casa, con los que los ti tulares de ésta mantuvieron una constante relación epistolar, pone de manifi esto la amplia red d e contactos y r elaciones clientelares que se tejían a lrededor de la Ca sa y que se extendían por buena part e de la geog rafía pe ninsular. Finalmente, el tercer y últim o bloque que compone esta Tesis está enfocado al análisis de las diversas estrategias sociales y manifestaciones culturales pr otagonizadas por el linaje de los Saavedra con el objetivo de mantener y acre centar su estatus socioeconómico, prestigio y condición privilegiada. En una sociedad e n la que la familia repre sentaba el eje d el sistema , la política matr imonial destacó c omo uno de los eleme ntos 87 capitales para el estamento nobiliario. En raz ón de ello, en este blo que temático llevaremos a cabo un r ecorrido por los principales enlaces matrimoniales realizados po r la familia desde fines del siglo XV hasta el siglo X IX, con el propósito d e examinar los motivos que llevaron a su concertación, las consecuencias que estas uniones tuvi eron en el discurrir familiar, así c omo también las re sistencias que generó el dicta men familiar en determinados casos. No s centraremos, igualmente, en analizar la importancia que tuvieron para la concertación de estas uniones las dotes matrimoniales y la interrelación existente entre c ada uno de los enlaces con f actores de índole polí tica y social. No obstante, dado que la vía matrimonial no fue el des tino de todos los v ástagos, atenderemos a las alternativas que la realidad social del mo mento ofrecía a los d escendientes no casaderos: la solt ería y la entrada en religión, situaciones que también p odían brindar ciertas ve ntajas, beneficios o ahorros económicos al conjunto familiar. La obsesión por el honor y la lim pieza de sangre oc upa otro de los apartados de este tercer bloque. La inclusión en las Órdene s Militares y en el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición d e Sevi lla subrayaba la condición social privilegiada de l a familia, sin embargo, el análisis pormenorizado de los procesos de ingreso en estas instituciones denota que no fu e tarea fácil p ara los Saavedra cruzarse el p echo con l a insi gnia de Santiago, por ejemplo, o portar la vara del alguacilaz go mayor de la Inquisición sevillana. La conflictividad a nivel local, las rencillas personales, el choque de i nterese s y las acciones de los linajudos amenazaron la opini ón y fama del linaje, poniendo en serios aprietos su supuesta c ondición de cristianos viejos limpios de toda mala raza. El últim o de los apartados está dedicado a analizar ot ro de los elementos fundamentales de la mentalidad y cultura nobiliaria, como fue la conformación de un relato y memoria del linaje. Conscientes de la im portancia que tenían los discursos para manifestar el pod er y pr estigio de la familia, los Saavedra se esforzaron en construir una “historia del linaje” a tra vés de diver sos memoriales genealógicos que da ban cue nta d e la antigüedad, gr andeza y d e los méritos acumulados por la estirpe a lo largo de los sigl os. Juntamente con estos escritos, para la construcción de la identidad y memo ria familiar, el linaje también recurrió al poder simbóli co que representaban las imágenes; los escudos de armas engalanaron sus propiedades y s e hallaron presentes, tam bién, en los enterramientos familiares y en las numerosas capillas y obras que el linaje patrocinó. La acumulación de ce ntenares de obras artísticas, e ntre las que destacan nutridas galerías de retratos f amiliares, pe rmite, asimismo, conocer la disposición que los S aavedra mantenían hacia las manif estaciones artísticas, convertidas éstas en auténticos instrumentos de 88 exteriorización social. Los memoriales sobre el linaje y los retra tos fa miliares evidenc ian el interés de los Saa vedra por demostrar la continuidad histórica de la estirpe; el objetivo era con ectar el pre sente con un pasado que se presentaba como glorioso y virtuoso, a l tiempo que se proyectaba hacia e l futuro una determinada imagen del linaje. Con objeto de f acilitar al lector la comprensión de los resultados obtenidos en esta investigación, al final del trabajo se incluy e un Anexo en el que se recopilan reproducciones de gran parte de los retratos familiares conservados; portad as de algunos de los memoriales genealógicos elaborados sobre el linaje; fotografías e im ágenes d e las propiedades más r epresentativas de la Casa; así como tambié n diversas transc ripciones y digitalizaciones de do cumentos archivísticos relevantes para la tr ayec toria de la f amilia. Igualmente, a sabiendas de la importancia que tuvo la Genea logía para l a nobleza de los siglos modernos, así como también del papel que ocup a hoy en día en los estudios nobiliarios, también se incluyen en el Anexo v arios á rboles g enealógicos que permiten la identificación d e las div ersas p arentelas, las conexiones familiares y los principales personajes que se cita n a lo largo de e ste estudio. El trabajo sobre nobleza que presentamos en esta Tesis Doctoral deriva, en definitiva, de un interés p or los estudios nobiliarios que si bien, tiene sus cimientos en las novedosas aportaciones que ya planteó Antonio Domínguez Ortiz, responde a un panorama historiográfico que se ha visto renovado con im portantes contribuciones y nuevas perspectivas que plantean variadas líneas de investigación con l as que afrontar el siempre complejo estudi o del estamento nobiliari o. A lo largo de las págin as que siguen hemos intentado plasmar el devenir histórico por el que una rama segundona del ilustre linaje de los Saavedra consiguió colmar sus aspiraciones de grandeza, po der, rique za e influencia a tr avés de unas estrategias y m ecanismos sociales que, t endentes a la perpetuación y reproducción social de la estirpe, hicieron posi ble que los marqueses d el Moscoso se codearan con las más altas inst anc ias del poder. Y, en pleno sigl o XXI podemos afirmar que tales prácticas, gracias también a una demostrada capacidad de adaptac ión a los cambios, lograron en gr an part e su cometido, pues al menos el títul o hoy en día sobrevive. 89 BLOQUE I. EL SERVICIO A LA CORONA. LA T RAYECTORIA POLÍTICA DEL LINAJE DE LOS SAAVEDRA: DESDE LA FRONTERA DE GRANADA A LOS INICIOS DEL RÉGIMEN LIBERAL 96 estaban desenvolviendo como adelantados en l a frontera y en campañas c omo la batalla del Salado, el sitio de Algec iras o en Gibraltar 284 . En efecto, tras el triunfo t rastamarista d e Montiel, muchas de las estirpes del entorno sevillano que habían colaborado con el fallecido monarca padecieron hondas consecue ncias; los Mons alve, por ejemplo, se vie ron obligados a refugiarse en P ortugal y Granada, o los Tello se e xiliaron a Portugal y perdieron sus honores. Y, al contrario, los que finalmente se decantaron por el bando d e Enrique de Trastámara se vieron encumbrados, como, por ejemplo, Juan Alfonso de Guzmán, conde de N iebla, Pedro López d e Ay ala o el señor de Marchena, P edro Po nce d e León, hermano del ejecutado en Sevilla por P edro I junt o a otro de los rebeldes, Egidio Bocanegra 285 . En cuanto a los Saavedra , por entonce s con Ferná n Yáñez de Saavedra a su frente, tras la derrota de P edro I sufrieron las consecuencias de su compromiso : destierro, prisiones y p érdida de sus tenencias y bienes. S ánchez Saus también r efiere que, quizás, fuesen las propiedades de Galicia las que p erdieron a causa de su fide lidad pe trista, disipándos e desde estos momentos la vinculación con su solar gallego. Naturalme nte, la nobleza tr astamarista fue especialmente la qu e se vio favorecida por la nueva situac ión y, en este punto, nos gustaría recordar unas p alabras de David G arcía Hernán, en las que refiere a tenor de los Ponc e de León “cómo no es fácil encontrar una g ran c asa nob iliaria cuyo linaje se pueda calificar como de antigua nobleza pre- trastamarista” 286 . Sin embargo, no por ello los Saavedra cayeron to talmente en desgr acia, sino que, pasado el tiempo, lograron recuperar posiciones y se incluyeron a lo largo del siglo XV en tre las estirpes más destacadas del contexto sevillano 287 . Otras fu entes indican, asimismo, que tras estos acontecimientos, la vinculación del linaje con las tierr as gallegas se mantuvo; esto es lo que se estipula, a l menos, en un memor ial genealógico impreso en los años setenta d el siglo XVII a instancias de Fernando de Saavedra Rivadeneira , donde se refiere que otro de los hijos de Juan García de S aavedra, llamado Gonzalo A rias de Saavedra , sucedió en los patrimonios gallegos y casó con Us enda Pérez de Lugo, dando, de esta forma, continuidad al linaje en las tierra s gallegas 288 . 284 Idem. ; SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Linajes sevillan os medieva les ..., vo l. I, pp. 269 - 270. 285 Ibid , vol. I, p. 19. Sobre las bases d el partid o trastamar ista, las con secuencias d e su apoyo con las deno minadas “mercedes enriqueñas”, y el d esarrollo de la contienda, véase: VALDEÓN BARUQUE, Julio, Enrique II d e Castilla: la g uerra civil y la co nsolidació n d e l régimen (13 66-1371 ) , Vallado lid, Un iversidad de Vallad olid, Secretar iado de Publicacion es, 1966, pp. 85 -305 . 286 GARCÍA HE RNÁN, David, Aristocracia y señorío en la España . .., p. 15. 287 SÁNC HEZ SAUS, Rafael, Caba llería y linaje en la Sevilla med ieval ..., p . 399; SÁNCHEZ SAU S, Rafael, Lina jes sevillanos medieva les ..., v ol. I, pp. 19- 20 y p. 276. 288 BAÑOS DE VELA SCO, Ju an, Memorial a l Rey nu estro señor en que se recopila ... , fo ls. 115r-119r. 97 Ahora bien, ¿quiénes fu eron los primeros S aavedras asentados en el sur de la península? Para tratar d e esclarecer la primitiva vinculación del linaje con las ti erra s andaluza s y con la fro ntera, habría que remo ntarse a diversas fu entes -la mayoría genealógicas- que, además de ofr ecer poca infor mación, resultan bast ante confusas y contradictorias. Al margen del orige n g allego del li naje, el estado a ctual de conocimient o no permite que entre los historiadores pueda existir un acuerdo en cuanto a los primeros personajes que de esta e stirpe poblaron las tierras andaluzas. Y, e n gran parte, las dificultades para este co nsenso se basan en la escasez de documentos que de form a fehac iente r atifiquen, desmientan o relacionen la naturaleza de los remotos orígenes del linaje en Andalucía, junt o con la discusión qu e lo s propios genealogistas entablaron en sus nobiliarios. Tras el an álisis de las obras de José Pellicer de Tovar, Gon zalo Argote de Molina, Ramírez d e G uzmán, R odrigo Ménde z Silva y Diego Ortiz de Zúñiga 289 , ciertamente, no se halla una postura común hasta la figura de Juan García de Saavedra, a quien los autore s que aca bamos de mencionar sitúan en la coronación del rey Alfonso XI en 1331. Este hecho además de ser re latado por la tradición gene alogista, también apa rece recogido en la Gran Cróni ca de Alfonso XI , donde se refiere el nombrami ento de “Joan Garçí a de Saavedra”, entre otras mucha s nóveles figuras, como caballero p or el “re y don Alonso, por honra de la su corona çión” 290 . Desde Juan García de Saavedra, cuya pa rticipación en distintos fr entes de la guerr a de frontera detallan las crónicas de los autores citados, las fuentes son cada vez más numerosas y claras; de ahí que Sánchez Saus afirme con rotundidad que de “ él, ya sin discusión, procede n todos los Saavedras and aluces” 291 . Fue su hijo y sucesor, Fernán Yáñez d e Saavedra el que, tras sufrir las cons ecuencias de su fidelidad a la causa del rey Pedro I, logró r ecomponer el linaje, siendo, además, el p rogenitor del céle bre al caide de 289 PELLI CER DE T OVAR, José, Memorial d e la ca sa y servicios de don Joseph ... ; AGA n , Fondo d e la Familia Arias de Saavedra, leg. 3754, doc. 36: Memorial de la calidad y s ervicios de don Juan de Saavedra Alvarad o Remírez de Arellano, Cavaller o d el Orden de Santiago , Alguacil Mayor del Santo Of icio d e la Inqu isición d e Sevilla, Señor de las Villas de Poveda y M oscoso, y Ma yorazgos de Lo reto y Alvarado, elabora do po r José Pellicer de Tovar (Madrid, 1651) ; ARGOTE DE MOLINA, Gonzalo, Nobleza del Anda luzía ... ; ORTIZ DE ZÚ ÑIGA, Diego , Ana les eclesiásticos y seculares ... , vol. I, p. 182; MÉNDEZ SILVA, Rod rigo, Árbol g enealógico , y blason es de la Ilustre Casa de Sa auedra ... ; Bib lioteca Nacion al de España [BNE], Mss/18020 : Li bro d e alg unos Ricos Ho mbre s y Cavalleros Hi jos Da lgos, que se halla ron en la conquista d e la muy noble y mu y lea l ciudad d e S evilla... y relación de su s Linajes y Descen dencias, por Ju an Ra mírez de Guzmán, XVII . La obra de Juan Ramírez d e Guzm án ha sido rec ientemente ed itada por Ju an Cartaya Baños: RA MÍREZ DE GUZ MÁN, Juan, Libro d e algunos rico shombre s ... 290 SÁNCHEZ DE VALL ADOL ID, Fern án, Gran Crónica de Alfonso X I ..., vol. I, pp. 511 -515. 291 SÁNC HEZ SAUS, Rafael, Caba llería y linaje en la Sevilla med ieval ..., p. 399; SÁNCHEZ SAU S, Rafael, Lina jes sevillanos medieva les ..., v ol. I, p. 270. 98 Cañete, Fernán Ar ias de Saavedra el Bueno , que desempeñó un importante papel durante el reinado de los trastámaras en el transcurso del siglo XIV al XV 292 . En c ualquier caso, e l problema viene a la hora d e dilucidar los antepasados de Juan García de Saavedra. E s en este punto dond e fundamentalmente los nobiliarios genealógicos discrepan pues, por un lado, José Pellice r de Tovar, Rodrigo Méndez Silva y Ramírez de Guzmán sostienen que los progenitore s de Juan García de Saavedra fueron Juana Manrique d e Lara y Alfonso Fernández de Saavedra 293 . De este últim o se conoce con certeza, ad emás de los detalles que aportan estos cronistas, que había servido como adelantado mayo r en M urcia por el rey y, al menos nominalmente, también por Juan Manuel, hijo del infante Manuel, entre 1331 y 1337, aunque en todo mome nto se mantuvo bajo las órdenes de Alfonso XI dur ante los enfrentamientos entre Juan Manuel y el monarca. De est a forma, en septiembre de 1331, el soberano comunicaba a los concejos murcianos su nombramiento: “por fazer merçed a A l fon so Fernández de Saaue dra, mío vasallo, et porque es omne que guardará mío seruiçio et a cada vnos de uos el su derecho, t engo por bien que sea adelantado en ese regno de Murçia de aquí adelante por m i et por don Johan, fijo del infante do n Manu el, mío va sallo et mío adel antado ma yor de la f rontera et de l re gno de Murçia” 294 . Posteriormente, Alfons o Fernández d e Saavedra también ejerció como lugarteniente del adelantado mayor de la frontera, Pedro F ernández de Castro, que mantuvo este puesto entre 1336 y 1343 295 . En un documento fechado en septiembre de 1338 y que r ecoge Vázquez C ampos, Alfonso XI s e dirigía c on estas palabras a Saa vedra: “Alfonso Ferrande s de S ayavedra, adelantado por don Pedro Fernán de Castro, nuestro 292 Rafael Sánchez Saus ha dedicado algunos de sus trabajos a analizar el grupo dirigente sevillano durante las últimas d écadas d el siglo XIV, ref lexionand o sobr e el conce pto d e “socied ad política”; tem ática sobr e la que también ha trabajado Quin tanilla Raso: SÁNCHEZ SAUS , Rafae l, Las élites p olíticas bajo lo s Trastámara ... , pp. 1 9-20 y pp. 5 6- 59; QUI NTANILLA RASO, Ma ría Concepción, “La nobleza”, en NIE TO SORIA, José Manuel (dir .), Orígen es d e la Monarquía Hispánica : prop aganda y leg itimación (ca. 1400 - 1520) , Madrid, Dykinson, 1999, p p. 63 -104. 293 PELLI CER DE TOVAR, José, Memorial de la casa y servicios de don Joseph ... , f ols. 35 v-45r; MÉNDEZ SILVA, Rod rigo, Árbol genealógico, y bla sones de la Ilu stre Casa d e Saauedra ... , fols. 13r-14v; BNE, Ms s/18020 , fo ls. 168 r-168 v: Libro de a lgunos Rico s Hombres y Cava lleros Hijo s Da lgos, que se hallaron en la co nquista d e la mu y n oble y muy leal ciuda d d e Sevilla... y relación de sus Linajes y Descenden cias, po r Juan Ramírez de Guzmán , XVII. 294 Citado en VÁZQUEZ C AMPOS, Braul io, Adelan tados y luch a por el poder en el reino de Murcia , Alcalá la Real, Jaén , Zum aque, 20 09, p. 256. Sobre sus actividad es en este adelan tamiento no s remitimo s a las págin as 248-2 72 de esta misma ob ra. 295 VÁZQUEZ CAMP OS, Braul io, Los ad elantados ma yores de la frontera ... , p. 309 y pp. 333 -361. 99 adelantado mayor en l a frontera” 296 . También Man uel García Fern ández en su estudio sobre Se villa en tiempos de Alfonso X I r efiere, efectivamente, al ad elantado Alfonso Fernández de Saav edra junto con el almirante Alfonso Jofré T enorio o Bocanegra, entre la nobleza y prohombr es vinculados a Sevilla que se enrolaron d u rante estos años en las instituciones y altos puestos de la administración regia 297 . Sin embargo, esta filiación de Juan García de Saavedra no es compartida por Gonzalo Argote de Moli na ni por Diego Ortiz de Zúñiga, que afirman que, en realidad, su padre no fue el adelantado Alfonso Fernández de Saavedra sino Garci López de Saavedra , hij o a su vez d el adalid Lop e García d e Córdoba 298 . Por lo tanto, la unanimida d de la tradición genealogista queda rota ya en este punto acerca del progen itor de Juan García d e Saavedra. Naturalmente, si tratamos de re montarnos a tiempos aún más antiguos, los postulados presentados por los autores no hacen sino distanciar se todavía más. En este sentido, siguiendo, por ejemplo, las informaciones de Juan Ramírez de Guzmán, el adelantado Alfonso Fernández d e Saavedra serí a descendiente del ricohombre Hernán Ga rcía 299 , mientras que, por otro lado, Pellicer de Tovar y Ménde z Silva no pare cen albergar dudas a la hora de ase ntar por esc rito que el supuesto progenitor Alfonso Fernández de Saavedra no fu e Hernán García, como expone Ramírez d e Guzmán, sino que el ad elantado descendía de Alfonso López de Sa avedra; y, tanto Pellicer de Tova r como Méndez Sil va sitúan al caballero Alfonso López de Saavedra junto a su padre Alfonso Pére z d e Saavedra en l a conquista de Sevilla de 1248 y en el posterior rep artimiento que el monarca Alfonso X realizó de l a misma en 1253 entre los caballeros que lograron tama ña empre sa. De esta forma, siguiendo a estos dos últimos cronistas, estos ca balleros conquistadores recibieron: 296 Ibid , p. 346. 297 GARCÍA FERNÁNDE Z, Manuel, El reino de Sevilla en tiempos ..., p p. 300- 302. In cluso, en la crón ica de Alfonso XI se menciona a un Alfonso Fernández de Saavedr a, alcalde mayor de Sevilla, qu e fue expu lsado de la ciudad en 1 324 cuando en ella se alzó el almiran te Tenorio: SÁNCHEZ D E VALLADOLID, Fernán , Gran Crónica de A lfonso XI . .., vol. I , p. 366. Otras obras hacen alusión a otros vástagos del adelantado , que se man tendrían en Murcia y dieron or igen a los Saav edra en ese ter ritorio; se liga, incluso, este tron co familiar a la ascenden cia d e figuras como Diego de Saav edr a Fajardo: VÁLGOMA Y DÍAZ -VARELA, Dalmiro de la, Los Saa vedra y lo s Fajardo en Murcia. Nobiliario , Vigo, Gráficas Noroeste, 19 57, p. 30; SAAVEDRA FAJAR DO, Diego de, Sus pen samientos, sus p oesías, sus opúscu los, precedido s d e un discurso prelimin ar crítico, biográfico y bibliográfico sobre la vid a y obras del au tor.. . por el co nde de Roche y D. José Pío Tejera , Madr id, Imprenta de Fortanet, 188 4, pp. 91 - 128. 298 ARGOTE DE MO LINA, Gonzalo , N obleza del Andalu zía ..., fo l. 18 5r; ORTIZ DE ZÚÑIGA, Dieg o, Anales ecle siásticos y secular es ... , v ol. I, p. 182. 299 BNE, Mss/1 8020 , fols. 167v -168r : Libro de alg unos Ricos Homb res y Cavalleros Hi jos Da lgos, q ue se hallaron en la co nquista d e la mu y n oble y muy leal ciuda d d e Sevilla... y relación de sus Linajes y Descenden cias, po r Juan Ramírez de Guzmá n, XVII . 100 “unas casas a la Col lación d e San Marcos, i vein te A rançadas de O l ivar e n Mor mujos, i seis Yugadas de Heredad al Alcantarilla de Alaquaz, i seis Aranç adas de Viñas carrer a de Carmona, i lo que meng ua de las Viñ as en Olivar, en e l Axa rafe, i dos A rançad as d e Huerta a la Pue rta de Maca rena” 300 . No obstante, al llegar a est e punto en el discurso gene alógico marcado por Pellicer de Tovar y Méndez Silva trope zamos con un inconveniente; no ap arece ningún caba llero nombrado ni apellidado Saavedra en el repartimiento que se realizó de S evilla tras la reconquista cristiana, según hemos podido compr obar en el estudio clásico que elaboró Julio González 301 . Ambos escritores debieron ser conscientes de este hecho, pero pensamos que, movidos por el prurito de dar lus tre al linaje para el que escribían, s e sirvieron de la figura d e u n c aballero que efectivamente aparece r epartido c on esas suertes y propiedades 302 , para hace rlo pasar por su Alfonso P érez de S aavedra, alegando que el toponímico “de Toledo” con el qu e fue insc rito en la es critura de repartimiento se d ebió a que tal caballero e ra “natural de aquella Ciudad” 303 : “Mas porque no parezca que, llamándose en él de Toledo , siendo su Alcuña i Solar SAAV EDRA , es distinta Persona la deste Cavallero, es menester llevar advertido que el estil o de aquella Escr itura para dis tinguir vnos Cav alleros de o tros, como l as Alcuña s entonces no estav an intro ducida s, guardó t res cosas. Vna dándoles el nombre d e sus Patrias, que les quedó por Apellido a sus Descendient es. Otra el de las Provinc ias de donde eran Natu rales; i otra poniendo l as se ñas de sus P arientes [...] De que se conc luye, que A lfonso Pérez de Saavedra le llamó de Toledo el Repartimiento por ser natural d e aquella Ciuda d, i es tar here dado en el la” 304 . La vinculación que h acen tanto Pellicer de Tovar como Méndez Silva de miembros del linaje de los S aavedra con los caballeros repartidos en la Sevilla del siglo XIII se enmarca en las obras que ambos autor es dieron a la imprenta a mediados del si glo XVII, (en 1647 la de P ellicer y en 1653 la de Méndez Sil va), justo cuando deter minados 300 PELLICER DE TOVA R, Jos é, Memorial d e la ca sa y se rvicio s de do n Josep h ... , f ol. 24r; MÉ NDEZ SILVA, Rod rigo, Árbol genealóg ico, y blason es de la Ilustre Casa d e Saaued ra ... , fo ls. 11v-12v. 301 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, J ulio, R epartimiento de Sevilla ... 302 Ibid , vol. II, p. 218, p. 222 y p. 2 26. 303 PELLICER DE TOVAR, José, Memo rial de la casa y servicios de don Joseph ... , fol. 24v. Así lo indica también Ménd ez Silva: MÉNDE Z SILVA, Rodr igo, Á rbol gen ealóg ico, y b lasones de la Ilustre Casa d e Saauedr a ... , fol. 11v. 304 PELLICER DE TOVA R, Jos é, Memorial d e la casa y servicios de d on Joseph ... , fols. 24r- 24v. 101 miembros de esta familia pretendían ante el monarca s er agraciados co n mercede s y distinciones, como veremos a lo largo de este tr abajo. De esta forma, teni endo en cuenta este contexto y que este tipo de recursos fueron muy comunes entre los g enealogistas a sueldo que poblaban la E spaña de l a época moder na, más aún aprovechando la ausencia de definición en la trasmisión de apellidos, lo que ge neró no pocas usurpaciones en virtud de una estrategia de just ificación y ascenso soci al 305 , nos parecen muy discutibles la s afirmac iones de Pellicer de Tovar y Méndez Silva. El ve rdadero objetivo que e nvolvió la elaboración de estos me moriales genealógicos que elevaron al rey y en el que incluían a miembros de l linaje S aavedra entre los doscientos caba lleros re partidos en Sevilla, fue e l tratar de legitimar la posición del pretendiente. Y, como ha referido Rich ard Ka gan, entr e otros autores, José Pelli cer de Tovar fue un auténtico espe cialista en e sta tarea, “la quintaesencia de la pluma de a lquiler, un autor tota lmente dispuesto a re torcer e l registro histórico, incluso a inventarse fuentes, para su provecho políti co y personal” 306 . Por todo ello, a pesar de que este tipo de obr as genealógicas c onstituyen una de las escasa s fuentes a las que podemos recurrir p ara tratar de reconstruir los tiempos más remotos del linaje, h abría que destacar la oscuridad y complejidad que envuelve a los remotos orígenes sevillanos del linaje, circ unstancia que ac onseja ser prudentes a la hora de avanzar interpretaciones de más peso. En este sentido, traemos a colación unas palabras de Ladero Qu esada referentes al caso de los Guzmán y lo s P once de León, en l as que afirma que: “La m emoria histórica de los princip ales li naj es nobl es de Castill a comprendí a generalmente algunos elementos remotos y fabulosos [...] lo que importaba más era la 305 En refer encia a la cuestión d e las falsificacio nes gen ealógicas y la práctica de la usurpació n de apellidos, nos rem itimos a var ios trabajos de En rique So ria Mesa: SORIA MESA, Enriqu e, La nob lez a en la España moderna ... , pp. 278 -287 y pp. 30 0 -319; SORIA ME SA, En riqu e, “T omando nombres ajenos ... , pp. 9- 28; SORIA MESA, Enriqu e, “Genealogía y pod er ... , pp. 21-56; SORIA MESA, Enrique, El cambio inmóvil ... , pp. 149 - 158. 306 KAGAN, Richard , Los C ronistas y la Corona ... , p . 329. Por este tipo de prácticas, Ju lio Car o Baroja definió a Pellicer de Tovar como un “erud ito «sospechoso»”: CARO BARO JA, Julio, La s falsificacion es de la His toria ... , p. 91. Asimismo, además de la opinión q ue Pellicer d e To var merece a Kagan y Caro Baroja, sobre su figura y po livalente plu ma nos remitimo s a otro s trabajos y autores, como, por ejemplo: ETTINGHAUSEN, Henr y, “Pellicer y la p rensa de su tiem po”, Janu s: estudio s sobre el Siglo d e Oro , 1, 2012 , pp. 55 - 88. Por s u parte, en cuanto a la fi gura del portugués Rodrigo Méndez Silva, cortesan o de Felipe IV, cronista real y autor de numerosas obras que cay ó en desgracia tr as ser procesado p or la Inqu isición de Cuen ca en 1659, remitimos a varios trab ajos en lo s que se d a cuenta de su b iografía y obra: GUILLÉN BERRENDERO, J osé An tonio, “ Valo res nobiliarios, libros y lin ajes: Rodr igo Méndez de Silva, un nobilis ta po rtugués en la corte de Felipe I V” , Mediterranea. Ricerch e S toriche, 30, 2014, pp . 35 -60; RÉVAH, Israël S., “L e pro cès inquisitor ial contre Rodrigo Mén dez Silva, historiogr aphe d u roi Philip pe IV”, Bulletin Hispanique , 67, 3-4, 1965, pp. 225-252. Caro Baroja publicó el tormento al que fue sometid o por lo s inquisidores: CARO BAROJA, Julio , Los ju díos en la Españ a moderna ... , vol. III, pp. 386 - 392. 102 exaltación del he roísmo y la pr oeza caballere scos, la conse rvación de una vida de la fama que lo era tanto de los protagon istas de aquellos hechos como de su linaj e entero” 307 . Ciertamente, los memoriale s y nobiliarios genealógicos que tratan de vincular un linaje con un supuesto ancestro común, des crito generalmente en términos míticos, presente o incluso prota gonista de hazañas y acontecimientos históricos re señables, responden a una estrategia c omún a muchas fami lias de la pequeña y med iana nob lez a para pretender así de justi ficar y reafirmar su posición en la sociedad 308 . S in duda, la Genea logía desempeñó durante la época mod erna un papel crucial y sirvió como instrumento de legitimaci ón social 309 . Partiendo de los pre cedentes en términos políticos, sociales y genealógicos establecidos en este apa rtado, a continuación, tr atare mos de analizar la trayectoria po lítica del linaje de los Saavedra a lo largo del siglo XV, cuando ya contamos con una base documental mucho m ás amplia, divers a y fehaciente que nos permite ejercer un mayor contraste sobre los memoriales gen ealógicos y las, a menudo, “farragosa s afirmaciones allí vertidas” 310 . 1.2. La actividad política del linaje de los Saavedra a lo largo del siglo XV A diferencia d e lo que oc urre con el siglo X IV, para reconstruir las actividades políti cas y mi litares emprendidas por el linaje Saavedra desde comien zos d el siglo XV, sí que contamos con c ada vez más a bundantes testimonios documentales y riqueza cronístic a que nos pe rmite rec omponer una hist oria de servicio regio cuajada de hit os y distinciones, aunque no faltaron también los desafíos, desencuentros, traiciones y vueltas a la obediencia materializadas a través de pe rdones reales. La trayectoria políti ca de l linaje durante el siglo XV se caracterizó, de esta form a, por el dinamismo y por la asunción de 307 LADERO QUE SADA, Mig u el Ángel, “El m odo de vida n oble y su en torno social y cultural en Andalu cía a f ines de la Edad Med ia: Guzm anes y Ponces”, en LADE RO QUE SADA, Mi guel Ángel, Los señores de A ndalu cía: investigacion es sobre nobles y señoríos en lo s siglos XIII a XV , Cádiz, Un iversidad de Cádiz, Servicio d e Publicaciones, 1 998, p. 88. 308 BECEIRO PIT A, Isabel y CÓRDO BA DE L A LLAVE, R icardo, Parentesco , poder y mentalidad ... , pp. 88 -107. 309 Sobre el pap el que desempeñó la Gen ealogía a lo larg o de los siglo s XVI y X VII en relación con las transfor maciones so ciales q ue el d evenir d e lo s tiemp os infligía, v éase: SO RIA ME SA, En rique, “Genealog ía y poder ... , pp. 21 -56. Asimismo , al ca lor del pod er que como fuente de legitimació n social tenía la Gen ealogía, son fueron lo s engaño s y ocultacio nes a los que sus árbo les dieron p ie, pues “la invenció n, en muchos casos, se trató de un a mer a necesidad”: RÁBADE OBRAD Ó, María del Pilar, “L a invenció n como necesidad ... , pp. 183 - 202. 310 SORIA MESA, En rique, La nobleza en la España mod erna ... , p. 301. 103 compromisos y estrategia s dispares, much as veces contra dictorias entre sí, que enla zaban perfectamente con la convulsa situación que viv ía Castilla, atenazada por la frontera “viva” que con tanto acierto definió Juan de Mata Carriaz o 311 . 1.2.1. Fernán Aria s de Sa avedra el Bueno , alcaide de Cañete Entre los últim os años del reinado de Enrique III y la prolongada minoría de edad de Juan II de Castilla, bajo la regencia de su madre C atalina de Lancáster y su tío el infante Fernando 312 , es cuando aparece la primera de las figuras fundamentales en la historia de este linaje, Fernán Arias de Saavedra. Este caballero destacó muy temprano por sus hechos de armas en la frontera granadina y está c onsiderado no solo como un personaje clave en la consolidación fa miliar, sino más bien, como el “ verdadero fund ador del linaje en Sevilla sobre ba ses de actuación que, teniendo origen en él, serán proyectadas por sus descendiente s a lo largo de todo el siglo” 313 . Quizás sea esto lo qu e explica qu e este Saavedra fuese conocido con el sobrenombre d e “el Bueno”; el mismo apelativo con el que fue distinguida aquell a figura mítica fundad ora del linaje de los Gu zmán, Alonso Pérez de Guzmán, señor de Sanlúcar 314 . Las primeras referencias sobre Fernán Arias de Saavedra se pueden rastrear en torno a 1403, cuando está documentada su condición de vasallo real y aparece al frente de la alcaidía de Utrera 315 , una d e las fortificaciones sevillanas clave para la defensa de la raya que, presumiblemente, debería estar en m anos de alguien que contase con dilatada experiencia castrense y fronteriza. Prueba de ello es su implicación en 1404 en el ataqu e que sufrier on musulmanes de Zahara cua ndo en un a corr ería se aproximaron a los campo s 311 CARRIAZO Y AR ROQUIA, Juan d e Mata, En la fron tera de Granada ..., p. 31. 312 Acerca de la etapa d e la mino ría de edad de Juan II y las actividades p olíticas de su tío Fer nando “el de Antequ era”, convertido en el person aje que dominó la política castellana duran te esos años, véase: PORRAS ARBOLEDA S, Ped ro Andrés, Juan I I, rey de Castilla y Leó n ... , pp. 29-77; y SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Nobleza y mo narquía: p untos de vista ..., p p. 101-1 17. 313 SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, “ Los Saaved ra y la frontera ..., p. 164. 314 Sobre los oríg enes de Gu zmán el Bueno y la recreació n de la tradición e historia asociada a la casa de Niebla, v éase: LADERO QU ESADA, Migu el Ángel, Guzmán: la casa ducal ..., pp. 13-27 ; y SALAS ALMELA, L uis, Medina Sidonia : el poder ... , pp. 43-52. Asi mismo, acer ca de la genealogía de los Medina Sidonia elaborada en 170 2 por Luis de Sala zar y Castro, en la q ue el gen ealogista califica a Guzmán el Bueno como “insign e fundador d e la Casa de Me dina Sidon ia”, remitimo s al trab ajo de: CARRIAZO RUBIO, Juan Luis, “La genealogía de los seño res d e la casa d e Medin a Sido nia d e Luis de Salazar y Castro”, Historia y Genealo gía , 3, 2013, pp. 41 -64. 315 Un m andamien to d el cabildo s evillano fechad o el 7 de mayo d e 1 403 ordenaba al m ay ordo mo Ju an Martínez q ue p agase a Fer nán Arias de Saavedra, alcaide de Utrera y vasallo real, 2 .000 marav edís para que mantuviese la fortaleza de Utrer a defendid a “c on la más gente que pudiese”, a fin de proteger la si los musulman es la atacaban: C OLLANTES DE TE RAN DELORME, Francisco, In ventario de los papeles del mayordo mazgo del siglo XV ... , vol. I, 1972 , p. 54. 104 de Utrera 316 . P ocos años d espués figura Fernán A rias de Sa avedra como a lcaide del castillo de Triana 317 , otra d e las defensas fund amentales para el mantenimien to del á rea fronteriza bajo poder sevillano. La trayectoria de Fernán Arias de Saavedra al frente de baluartes defensiv os en la frontera con Grana da se vio incre mentada c on el a cceso el 1 de noviembre de 1407, a propuesta d el maestre de Santiago, Lorenzo Suárez de Figu eroa, a la alcaidía de la fortaleza fronteriza de Cañete. La pla za había sido conquistada el mes d e octubre anterior por Gómez Suárez de Figueroa y, como di ce R afael Sánchez Saus, Fernán Arias de Saavedra aceptó más “disciplinado que complaci do” 318 . Sob re este mismo hecho, Ortiz de Zúñiga refiere que aceptó por “dar gusto al Infante” 319 . La alcaidía de C añete estaba, hasta entonces, e n manos de Ga rcía de Herrera, que el mismo 1 de noviembre de 1407 se había desplazado a Marchena, donde estaba e l infante, y le había comunicado que abandonaba las fortale zas de Prie go y Las Cuevas, por falta de tropas y vituallas, manteniendo únicamente Cañete. Esta actitud no hizo sino provocar un gran enojo al infante, que inmediatamente le destituyó c omo alcaide de Cañete 320 . Sin embargo, tra s la remoción de García de H errera y según indi can la s crónicas, no p arecía fác il encontrar a alguien dispuesto a ponerse al frente de la fortaleza de C añete. Alvar García de Santa María da cuenta, incluso, de los diálogos que se entablaron entre el infante Fernando, el maestre de Santiago y el propio Fernán Arias de S aave dra a cu enta de est a alcaidía. Al parecer, e n una reunión del Consejo del infante “ fablaua n quién lo tomaría, e no fa llauan quien ende lo tomase” 321 . Entonces, el m aestre dij o a Fernando: “Aquí está vn cau aller o que llaman Fernand Arias de S aauedra, que es asaz pertenesçiente para lo tener. Enbi ad por él, que bien tengo que por vos faze r seruiçio que tomará carga” 322 . Inmediatamente, el infan te Fernando lo mandó lla mar y “d íxole la razón cómo por le fazer merçed que le quería dar la tenençia d e Cañete, e qu e le quería dar tanto de quitaçión e mantenimiento con que lo pudiese bien pasa r” 323 . Ante lo cual, F ernán Arias de S aavedra le respondió: “Yo fec hura so del Rey vuestro pa dre e de vue stro hermano. E, 316 ROJAS GAB RIEL, Manu el, La fron tera entre los reino s de Sevilla ..., pp. 26 2-263. 317 ORTÍZ DE ZÚÑIGA, Diego, Anales eclesiá sticos y seculares ... , vol. III, p . 4 0; SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Lina jes sevillanos medieva les ..., v ol. I, p. 270. 318 SÁNCHEZ SA US, Rafael, “ Los Saav edra y la frontera ..., p. 165. 319 ORTIZ DE ZÚÑI GA, Diego , Anales eclesiá sticos y secular es ... , v ol. II, p. 316. 320 PÉREZ DE GUZMÁN, Fer nán , Crónica d el seño r rey don Juan segun do ... , vol. II, ca p. LI V, p. 5 5; PORRAS ARB OLEDAS, Ped ro An drés, Juan II, rey de Castilla y León ... , p. 39. 321 GARCÍA DE SANT A MA RÍA, Alvar, Crón ica de Juan II de Castilla ... , ca p. LXXXII , p. 187. 322 Idem. 323 Idem. 105 señor, vos ved en qualquier manera que a la vuestra merced vos yo pu eda seruir, que yo soi muy presto de lo fazer” 324 . El infante pareció aliviado por el compromiso adquirido por Fernán A rias y “se lo agradeçió mucho, e mandó que le diesen sueldo para los que con él aví an de estar en Cañete; e mandó que le lleuasen pan, trigo e çeuada para su mantenimiento dél e de los que con él estouiesen” 325 . Ordenó también Fernando, que García de Herrera fuese hasta la fortaleza p ara hacer ent rega del castillo al nuevo alcaide, el cual, no tardó mucho en verse obligado a defender la fortaleza de un contingente de jinetes musulmanes que, en su retirada, arrasaron l as recientemente abandonadas fortalezas de Priego y Las Cuevas 326 . Desde la fortale za de Cañete, Fernán A rias de Saavedra “obro lu ego en su defensa g allardas proezas” 327 , al decir de O rtiz de Zúñiga, y contó para ell o con la colaboración de su hermano Gonz alo, así como de sus propios hijos y sobrinos 328 . A lo largo de la época medieval, la tenencia d e castillos y fortalezas constituyó, para los individuos al frente de las mismas, un a vía fundamental p ara la obtención de ingresos por parte de l a corona, al recibir de ésta la suma denominada “tenencia”. Sin embargo, además d e esta contribución e conómica, los alcaides también se veían imbuidos de un notable poderío no sólo en el ámbito militar, sino también político y s ocial, ya que su autoridad se proyectaba sobre los territorios sit uados alrede dor de l a propia fortaleza. Asimismo, muchos de estos alca ides ll egaron a pat rimonializar el c argo y protagonizaron procesos de ascenso s ocial que los encumbraron a las más altas inst ituciones administrativas del reino o incluso, a la propia Casa Real 329 . En el monarca residía la responsabilidad sobre lo s castillos y fort alezas del reino y para su defensa, guard a y custodia designaba a lo s alcaides que, en su mayor parte, pertenecían al estamento nobiliario pues, en realidad, éste “era el grupo más técnicamente preparado par a 324 Idem. 325 Idem. 326 Ibid , cap. LXXXII, p. 188 ; PÉREZ DE GUZMÁN, Fernán , Crónica d el señor rey do n Juan segundo ... , vol. II, cap. LIV, pp. 55 - 56; PORRAS ARBOLEDA S, Pedro And rés, Juan II, rey de Castilla y León ... , p. 39. 327 ORTIZ DE ZÚÑI GA, Diego , Anales eclesiá sticos y secular es ... , v ol. II, p. 316. 328 SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, “ Aristocracia y frontera . .., p. 205. 329 CASTRILLO LLAMAS, Ma ría Concep ción, “Monarqu ía y nobleza en torno a la tenencia de fortalezas en Castilla durante los siglos XIII - XIV”, En la España med ieval , 1 7, 1994, pp. 95 - 112. Para una v isión más completa sobr e la tenencia de castillos y fortalezas en la Castilla medieval, remitimo s a otr o trabajo de est a autora, así como a su tesis doctoral: CASTRILL O LLAMA S, María Co ncepción , “Tenencias, alcaides y fortalezas en la sociedad ca stellana de la Baja E dad Media. Estado de la investigación y actualización bibliog ráfica”, Med ievalismo: Bo letín de la Sociedad Española de Estudio s Medieva les , 8 , 199 8, pp . 154 - 202; CASTRILL O LLAMAS, María Conce pción, La tenencia de fortalezas en la Corona de Castilla ... 112 fazer bien en fecho de armas” 361 , llevó a cabo esta correría en vísperas del Corpus Christ i. Por su parte, los musulmanes de Setenil y los rondeños lograron juntar unos sesenta jinetes y unos doscientos efectivos de infantería que “pusiéronse e n çelada; e tomeron enmedio al dicho F ernando, e pe learon c on é l, e desbara táronlo, e matáronlo. E murieron con él algunos de los que con él yb an; e fueron pr esos onçe de cauallo de los que con él yban” 362 . No pareció, por lo tanto, ace rtada la idea de correr Setenil mi entras dejaba Cañete, en ausencia de su padre, casi desguarnecido. Pero según refi ere el cronista, “aunque fue mal su muerte, en morir ansí por mal recaudo, m ucho más fuera si se perdiera la villa e castillo de C añete” 363 . Una afirmación de García de Santa María, compartida por Ferná n Pérez d e Guzmán, que manifiesta cómo por encima de los intere ses personales e incluso, la integridad y la propia vida, estaban muchas vece s el compromiso hacia una causa mayor, como e ra e l servicio a la corona y la lucha contra los nazaríe s. Tampoco pierde la ocasión el c ronista para amonestar la a ctitud de l joven F ernando de Saavedra, que , según indica, “lo fizo por proua r bien e por fazer bien en fecho d e armas, por cobr ar nonbradía como la avía su padre en algunos fechos” 364 . El abandono de la fortale za, cuya custodia su padre le había fiado mi entras él se encontraba en las cercanías de Ante quera, pa ra realizar esta correría sobre S etenil es también objeto de reproche por el c ronista; sin duda, “el ansia de fama y la rea lización de los ideales de la lucha contra el moro” 365 , eran unos de los pilares básicos de la lucha de frontera. La ju ventud e inexperiencia e n el arte de la guerra y el universo caball eresc o que inundab a el horizonte cultural, sumada al deseo de emular las gestas y victorias de los v eteranos caballeros de f rontera, trajo, inevitablemente, ac ontecimi entos de esta índole 366 . Las críticas que vi erte el cronista al hecho de faltar a la guarda de las fortalezas encomenda das se comprenden mejor si tenemos en cuenta que, tanto a la reina como al infante, “non les fue tenido a bien” 367 que los caballeros que tenían a su cargo fortalezas se ausentasen de ellas, aunque fuese, incluso, pa ra acercarse a la co rte. S egún recoge García d e Santa María, sabiendo que el infant e y la reina pr emiaban co n mercedes y sueldos los servicios que éstos prestaban en la frontera, muchos d e ellos “Ven íanse a la 361 GARCÍA DE SANT A MA RÍA, Alv ar, Crón ica de Juan II de Castilla ... , ca p. CLIII, p. 322. 362 Ibid , cap. CLIII, p. 323. 363 Idem. 364 Idem. 365 LADERO QUESA DA, Migu el Ángel, Gra nada. Historia de u n país ..., p . 125. 366 ROJAS GAB RIEL, Manu el, La fron tera entre los reino s de Sevilla ..., pp. 70 -71. 367 GARCÍA DE SANT A MA RÍA, Alvar, Crón ica de Juan II de Castilla ... , ca p. XV, p . 62. 113 corte, e dexavan las fronterías a donde estavan” 368 , provocando el descontento de esta s figuras re gias. En este sentido, Fernán Arias de Saave dra aparece citado entre los caudillos que en 1407 abandonan las fronteras para dirigirse a la corte a s olicitar mercedes; en este caso, el viaje estaba relac ionado con el sueldo que debía perc ibir c omo alcaide de Cañete 369 . El suceso ac aecido con el hijo del alcaide de Cañete pone de manifiesto, por lo tanto, lo voluble que resultaba la vida en la frontera, un lugar donde, en pal abras de Juan Torres Fontes: “todo puede suceder, porqu e quien in tenta sorprende r es a veces sorprendi do, ya q ue lo inesperado, lo imprevisto, sur ge en cualquie r momento y sus consecuenc ias es una interrogante que no se cierra hasta que se ha vuelto al punto de partida, porque ni aún en territor io propio es segur o el reg reso” 370 . Más que su muerte, fue la imprude ncia cometida lo que causó el disgusto del infante Fernando al temer la pérdida de Cañete. Conocido el suceso, el infante mandó a Fernán Arias de S aavedra a asegurar l a villa y castillo de Cañete. El caballero partió del real y llegó a la fortaleza, donde “falló que su hijo hera muerto, e peso le dello” 371 . Inmediatamente, el alcaide inició los prepara tivos para vengar a su vástago, enviando “demandar por merçe d al I nfante que para día çierto quél le enbió dezir, que enuiase a llá gente porque pudiese tomar a los de Ronda e vengar la muerte de su fijo” 372 . Las represalias y las rápidas respuestas, en forma de asaltos por sorpresa y algaradas, suponían un hecho cotidiano en la frontera granadina 373 . Y buena muestra de ello fue la incursión que l os cristianos organizaron sobre los rond eños a causa de la muerte del joven Fernando de S aavedra; una vez que el i nfante recibió las cartas del alcaide d e Cañete, envió a la fortaleza a Ped ro Núñ ez d e Guzmán, Pedro de G uzmán, Juan Delgadillo y a Gonzalo de Aguilar con tr escientas lanzas y caballeros. Fernán Arias d e Saavedra los recibió y se encaminaron hacia Ronda, donde, según narra G arcía de Santa María, “pelearon tan bien, c on e l esfue rço destos caua lleros capitanes, en tal mane ra, que 368 Idem. 369 Ibid , cap. XV, pp. 62 -63. 370 TORRES FONTES, Ju an, “Ap ellido y cabalg ada en la frontera ..., p. 180. 371 GARCÍA DE SANT A MA RÍA, Alvar, Crón ica de Juan II de Castilla ... , ca p. CLIII, p. 324. 372 Idem. 373 TORRES FO NTES, Juan, “Apellido y cabalg ada en la fr ontera ..., pp. 18 1-182; LADERO QUESADA, Miguel Án gel, Granada. Historia de u n país ..., pp. 125-126. 114 los moros de dexaron ven çer; e fueron vençidos e desba ratados, e murieron e nde muchos de los moros de pie e de cauallo” 374 . A tenor de las referencias que aporta en su crónica Alvar García de S anta María, Fernán Arias de Saavedra estuvo pr esente, por lo tanto, en las a ctividades que posibilitaron la toma de Antequera por el infante Fernando. Además de l os relatos ya expuestos, el c ronista ta mbién refie re la presenci a de Fernán en el real frente a Antequera a fines de agosto de 1410, cuando tomó partido e n un enfrentamiento con jinetes musulmanes cerca de la Peña de los Enamorados y Archidona 375 . En la im portante conquista de la plaza a ntequerana e n se ptiembre de 1410, una vez que se habían ll evado a cabo operaciones navales en el Estrecho de Gibraltar entre 1407 y 1409 376 , la ciudad de Sevilla demostró la situación de preeminencia que ejercía en e l sur peninsular, participando de forma muy activa mi litar y económicamente en los preparativos previos y en la conquista misma de la fortaleza 377 . La solemne entrada del infante e n Sevilla el 14 de octubre, una vez que Antequera había caído en pode r de la corona castellana, ratificó la importante aportación de la ciudad hispal ense a la empresa de conquista. En el desfile regio organizado estuvieron presentes los caballeros y pre lados más destaca dos del reino, junto con las autorida des municipales. Y e n la co mitiva, según indica García de Santa María, inmedi atamente después de diecisiete musu lmanes tomados por cautivos en la campaña d e Antequera y un c rucifijo que lle vaba un fraile, iban dos pendones de la cruzada “el vno colorado e el otro blanco, qu e l os traían dos escuderos de Fernand Arias de Sahabedra” 378 , a quien el c ronista distingue en este punto como “alférez de la Cruzada ” 379 . No obstante, a p esar de las victorias y los éxitos mili tares que en su tr ayectoria acumulaba F ernán Arias de Sa avedra, con la m uerte de su hijo primogénito en las cercanías de Setenil “la frontera había dejado constancia una vez más del alto precio que solía cobrar a los que en ella buscaban gloria y medro” 380 . Lamentablemente, no sería el 374 GARCÍA DE SANT A MA RÍA, Alvar, Crón ica de Juan II de Castilla ... , cap. CLIV, p . 325. 375 Ibid , cap. CLXVI, pp . 356-361. 376 TORREMOCHA SILVA, An tonio, “Operaciones nav ales castellanas en el E strecho de Gibraltar (1407 - 1409), Estud ios so bre pa trimonio, cultura y cien cias medievales , vol. 19, 3 , 20 17, pp. 1469 - 1488. Asimismo, so bre la importancia de la toma de An tequera, véase: L ADERO QUESAD A, Mig uel Ángel, Granad a. Historia de un país ..., p p . 104-105. 377 MONTES R OMERO- CAMACHO, Isabel, “Una nueva estrategia para una vieja guerra. La preparación en Sevilla de la ca mpaña de Anteq uera (1410) ”, Historia . In stituciones. Do cumento s , 36, 20 09, pp. 269 - 312. 378 GARCÍA DE SANT A MA RÍA, Alvar, Crón ica de Juan II de Castilla ... , ca p. CLXXXIX, p. 400. 379 Idem. 380 SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, “Lo s Saavedra y la frontera ..., p. 166. 115 joven F erna ndo ni el primero ni e l últ imo de los S aavedra en entregar su v ida e n la banda fronteriza. La presencia de fa miliares tan cercanos al alcaide de Cañete en las c orrerías contra los musulmanes, así como el c onfiar la guarda de un castillo a un familiar dura nte las ausencias del alcaide, evidencia que, en muchos casos, las actividades de la guerra de frontera tenían elementos de una “empresa de f amilia” 381 ; se podría adv ertir, t ambién, la existencia de un cierto sentimi ento de solidarida d interna del linaje: una muestra de unidad y cohesión familiar enfocada a la consecución de unos objetivos comunes de los que todo el linaje era partícipe. Tras estos agitados años en la lid, en 141 6, “un año de gran violencia band eriza en Sevilla” 382 , encontramos a Fernán Arias de Saavedra ejerc iendo como veinticuatro de la ciudad y c omprometido con la facción que lideraba Pedro de Es túñiga, enfr entado por entonces con el conde de Niebla y l as gr andes fami lias de la nobleza hisp alense qu e le seguían 383 . En este año, según refiere nuevamente el cronista García de Santa María: “en Sevilla comenzaron los bandos; e eran de l a una parte el conde de Niebla, e su hermano don Alonso, e don Pero Ponce de León; e de l a otra don Pedro de Estúñig a. E era de su parte don Jua n, hermano del conde de Niebl a, por cuanto estaba desave nido del conde, e Martín Fernández de Puertocarrero, e Alonso Fernández de Melgarejo, e Fernán Arias de Saavedra. E por f uerza de armas és tos no se podían i guala r con los de la parte del conde de Niebla, por cuanto en Sevilla eran más que estos los de la ciudad” 384 . El linaje de los Es túñiga había logrado hacerse un hueco entre la gran nobleza andaluza a través de la adquisición de importantes propiedades en el ámbito sevillano y las estrategias matrimoniale s que los vinculaban a la nobleza tradicional. Su a scenso y consolidación amenazar on al statu quo y los eq uilibrios de poder que regían en este 381 SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, “ Aristocracia y frontera . .., p. 205. 382 LADERO QUESADA, Mig uel Án gel, “Don Enriq ue d e Guzmán , el “buen cond e de Ni ebla” (1 375 - 1436)”, En la España medieval , 35, 201 2, p. 224. 383 SÁNCHEZ SAUS, Rafae l, L inajes sevilla nos medieva les .. ., vol. I, p. 270; SÁNCHEZ SAUS, Rafael, “Los señores de Ay amonte y L epe: Gu zmanes y Stúñigas en el siglo XV (1396 -1454), Hu elva en su historia , 2 , 1988, p. 165. 384 CARRIAZO Y AR ROQUIA, Ju an de Mata, An ecdotario Sevillan o , Sevilla, Ayun tamiento de Sevilla, 1988, p. 36. 116 entorno y todo ello acabó manifestando episodios de tensión y parcialidades nobiliarias 385 . De su matrimonio con Leonor Martel de Peraza, Fernán Arias de Saavedra tuvo más hijos aparte del primogénito Fernando de Saavedra, f allecido en la incursión de Setenil de 1410 que hemos re ferido. Hallamos, por un lado, a l conquistador de Castellar , Juan Arias de S aavedra, reconocido también ante la Historia con un sobr enombre, en e ste caso, el Famoso , y, por otro lado, a Gonzalo de Saavedra, apodado el mariscal , por el cargo que oc upó. Fueron estos dos descendientes quienes dieron forma a dos líneas familiares que, asentadas en la frontera granadina, consolidaron las bases de pres tigio, influencia y poder establecidas por su padre, m anteniendo constante un a fidelidad y servicio a la mona rquía demostrada en múltiples hechos d e armas por lo s que se rían recompensados. De esta forma, Juan y Gon zalo representaron durante l a segunda mita d del siglo XV a los dos más im portantes troncos familiares del linaje de los Saavedra: la rama d el Castellar , por l a villa que Jua n Arias d e S aavedra conquistara en 1434 y qu e señoreó junto a sus des cendientes; y la de los mariscales , por el oficio que Go nzalo poseyó y transmitió a sus here deros 386 . Tras la muerte de su padre Fernán Arias de Saavedra en una fecha que n o hemos podido determinar, t anto el señor d e Castellar co mo el mariscal, di eron c ontinuidad a la trayectoria fronteriza de su padre y lograron multipli car los intereses y las áreas de 385 Sobr e el linaje d e lo s Estúñiga, rep resentativo d e la nuev a nob leza trastamarista, y su con solidación en Sevilla y Andalu cía, así co mo las dispu tas y c onfrontación en los que se v ieron envueltos, r emitimos a: LADERO QUESADA, Migue l Ángel, “Lo s señ ores de Gibraleón”, Cua dernos de Historia. An exos de la Revista Hispania , 7, 1977 , pp. 33 - 95; LADERO QUESADA, Miguel Ángel, “La seigneurie d e Lepe e t d’Ayam onte à la fin du XV siècle: major at, valeur et ren tes” en GAUTIER DALCHÉ, Jea n, Les Espag nes médiévales: a spects écono miques et socia ux: mélanges offerts à Jean Gautier Dalché , Nice, Pub lications de la Facu lté des lettres et sc ien ces human ines de Nice, 1983, pp . 93 - 106. Hemo s consultado las version es de estos trabajo s rec ogidas en: LADE RO QUE SADA, Mi guel Án gel, “Los seño res de Gibr aleón”, en LADERO QUESADA, Migu el Áng el, Los señ ores d e A ndalucía: in vestigaciones sobre nobles y seño ríos en los siglos XIII a XV , Cádiz, Univer sidad d e Cádiz, S ervicio de Publicacion es, 1998, pp. 97 - 155; LADERO QUESADA, Migue l Án gel, “El señ orío de Lepe y Ayamonte a f inales del siglo X V: mayor azgos, valor y rentas”, en LADE RO QUESADA, Migu el Ángel, Los señores d e Andalu cía: inves tigaciones sobre nobles y señ oríos en los siglos XII I a XV , Cádiz, Univer sidad de Cádiz, Servicio de Pub licaciones, 1998, pp. 213- 227 ; SÁNCHEZ SAUS, Rafael, “Lo s señores de Ayamonte y Lepe ... , pp. 161-174; y C ARRIAZO RUBIO, Juan L uis, La Casa de Arcos entre Sevilla ..., p p. 92- 104 ; LORA SERRANO, Glo ria, “La casa de Estúñiga durante el r einado de Enr ique I V: orto político d e un linaje nobiliar io”, en GONZÁLEZ JIMÉNEZ, Man uel, GARCÍA MARTÍ NEZ, Antonio Claret y MONTES ROMERO -CA MACHO, Isabel (eds.), La Penín sula Ibérica en la era d e los Descubrimien tos (139 1 - 1492). Actas III Jorna das Hispano - Portugu esas de Historia Med ieval , Sevilla, Jun ta de Andalucía, 1 997, vol. II , to mo II, pp. 1191 -1238 . 386 En el Anex o 7 8 d e este trabajo se incluye un ár bol genealógico en el qu e se represen tan las lín eas familiares a las que dieron lugar Ju an Arias de Saav edra, el F amoso , y Gonzalo d e Saavedra, el mariscal , duran te los siglos XV -XVI. 117 influencia del linaje , al situarse en una posición preemine nte en la misma corte regia y a l obtener la c oncesión de varios señoríos y cargos destacados. A pesar de que las bases señoriales constituían una excelente posición de dominio político, económico y social para la aristocraci a, hay que considerar también como fundamentales el control sobre oficios municipales y puestos importantes en la frontera. De esta forma, desde sus estratégic as plazas fuertes en las c ercanías del rei no nazarí, los Saavedra lograron c ontrolar diversas alcaidías, confiriéndole un c arácter gu errero -militar que tampoco les privó de estar pr esentes en el cabildo municipal sevillano y poseer distintas propiedade s rústicas en la Campiña y el Aljara fe sevillano, que s e trataba de una de las zonas más apetecibles para las inversiones de la aristocracia hispalense 387 . La conjun ción de todos estos elementos otorgó a l linaje durante el siglo XV un destacado peso en la región andaluza, lo que vino a traducirse en una destacada participación en la difícil coyuntura política que caracterizó a la centuria. A lo largo de la decimoquinta centuria, estas dos líneas familiares, la del Castellar y la de los mariscales , mantuvieron entre sí un a c onstante colaboración y desarrollaron recorridos históricos paralelos. Si bien, es cierto que la toma de arriesgadas decisiones estratégicas y el compromiso con de terminados bandos políticos, ade más de la ac ción de la siempre impred ecible fortuna , hicieron que ambas ramas familiares comenzaran el siglo XVI desd e posi ciones muy distintas. La línea del Ca stellar, por un lado, se encontró cada vez más consolidada y bien encaminada hac ia la obt ención de un títul o nobiliario; mientras que, po r otro l ado, los Saavedra d e la rama de los mariscales p erdieron gran parte de su pa trimonio y base s señoriales a fine s del siglo XV, a lo que vin o a sumarse la tragedia de la desestructu ración familiar. Tras e stas líneas a modo i ntroducción de lo s herederos de Fernán Arias de S aavedra el Bueno , a continuación, nos centraremos en analizar l as trayecto rias políticas desarrolla das en la raya fronteriza y en los distint os ámbitos políticos de poder e influencia, por cada un a de las líneas familiares e n que el linaje se dividió tras el fallecimiento del alcaide de Cañe te. 387 Sob re la comarca natural d el Aljar afe, un a “zona elevada, situada en la or illa derecha d e la vega del Guadalq uivir a la altura de la ciud ad d e Sevilla ” , remitimos a los trabajos d e: HERRERA GA RCÍA, Antonio , El Aljarafe sevillano du rante el Antigu o R égimen ... ; HERRERA GAR CÍA, An tonio, El Aljara fe duran te el Antiguo Régimen , Sevilla, Diputación Provin cial de Sevilla, 1981 . 118 1.2.2. Juan Arias de Saavedra, el Famoso , señor de El Viso y Castellar Comenzare mos en primer lugar analizando la rama del Castellar, a la que dio origen el segundo de los hij os de Fernán Arias de Sa avedra el Bueno , llamado J uan Arias de Saavedra y apodado en las fuentes cronísticas y memor iales genealógicos como el Famoso . El primogénito del alca ide de Cañete recordemos que fue Fernando de Saavedra, muerto trágica mente en la celada de Setenil en 1410. Por su parte, el segundo d e los hijos del alca ide, Juan Ar ias de Saa vedra, co nstituye una de las figuras más representativas de la famili a Saavedra durante el siglo XV. S i su padre puede s er considerado como el fundador d el l inaje en Andalucía gracia s a sus éxitos militares en la frontera, el Famoso se en cargó d e consolidar esas conquista s y consiguió incrementar el li derazgo fáctico y simbólico que los S aavedra ejercían en el espacio fronterizo, logrando alimentar, además, el ideal caballeresco qu e det erminaba su existencia. Juan Arias de Saavedra se mantuvo, como su padr e, al servicio de los int er eses de los monarcas castellanos y puso a disposición de la empresa conquistad ora todos los recursos de qu e disponía, siendo el primero de ellos su propia integridad física, la cual puso en juego en diferentes ocasiones como más tarde veremos. Como caballero destacado, Juan Arias era consciente de que el apoyo incondicional a la corona e n la lucha contra e l reino nazarí podría traerle desgracias como la ocurr ida a su propio hermano; pero también importantes triun fos y recompensas como los acumulados po r s u progenitor, plasmadas materialmente en la concesión de diversas mercedes y gracias regias que engrandecerían la posición del linaje. En este punto, creemos que no se puede olvidar que “la razón última del esf uerzo de la nobleza es el poder” 388 . Desconocemos la fecha de nacimiento de Juan Arias de Saavedra, si bien los registros documentales y cronísticos existentes y a indi can su pa rticipación durante las campaña s d e los años tr einta del siglo XV , que le gra njearon la a lcaidía d e la plaza de Jimena, la c ual, había sido recientemente conquistada por el mariscal Pedro García de Herrera en 1431 y avituallada por el concejo jerezano 389 . El Famoso mantuvo desde ese 388 SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, “ Aristocracia y frontera . .., p. 202. 389 POR RAS A RBOLEDAS, Pedr o An drés, Ju an II, rey de Castilla y León ... , p. 155. La noticia de la conq uista de Jimena llegó a Sevilla por m edio de Ruy Martínez y Juan García d e Medina, que rec ibieron una generosa recompensa por parte del c abildo: COLLANTES DE TERÁN DE LORME, Francisco, Inventa rio de los papeles del Mayo rdomazg o del siglo XV ... , vol. II, p. 269, d oc. 73: Manda miento de Sevilla al mayo rdomo para que diese 1.0 00 maravedís a Ruy Martínez, alfaq ueque, y 500 a Juan Ga rcía de Medin a, de albricias p or las nu evas qu e trajeron de cómo el mariscal Pedro Ga rcía de H errera y la 119 mismo año de 1431 su a lcaidía, aunque des conocemos con ex actitud hasta qué año la ejerció 390 . Una ve z más, la impli cación en las conqu istas y la experiencia mil itar de los Saavedra era premiada con el control sobre bastiones defensivos clave en la frontera. Desde l a plataforma fortificada que suponí a Jimena, auté ntica avanzadilla castellana en la frontera con Granada 391 , Juan Arias de Saavedra se dispuso en 1434 a la conquista de la plaza cercana de Castellar, qu e con formaba uno de los jalones básicos de l sistema defensivo nazarí. La plaza había sido entregada al i nfante al-Ma wl en 1431, que fue re cibido como rey de Granada en enero del añ o siguiente con el apoyo castellan o 392 . Según señala S ánchez Saus, el asalto sobre la fortaleza de Castellar no se encuentra recogido en las crónicas 393 . No obstante, p ara intent ar reconstruir la toma de esta plaza, vital para la tr ayectoria futura del li naje de los S aavedra, se puede recurrir al testimonio que en su obra Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera realiza el padre fray Esteban Rallón 394 , jerónimo del convento de Bornos, que es citado posteriormente por Diego Ortiz de Zúñiga. En sus Anales , Ortiz de Zúñiga se hace eco de cómo fray Este ban Rallón en su escrito se refiere a una carta que Juan Arias de Saavedra envió al co ncejo y a los alcaldes de la c iudad de Jerez e l 22 de marzo d e 1434 en la que les informaba de que tras enviar a su hermano Gonzalo de Saavedra a tomar una recua de bastimentos que desde Ronda se dirigí a ha cia Castellar, éste además de conseguir tomar cautivos, había obtenid o una valiosa info rmación sobre el sis tema defensivo y abastecimiento d e Castellar: “entendió cómo estaba el Castellar mal puesto en defensa, y falto de víveres, tomó la ciudad de Jerez d e la Frontera habían gan ado de los mo ros Jimena pa ra el rey (Sevilla, 14 de marzo de 1431) ; SÁNCHEZ SAUS, Rafael, “La singularidad d e Jerez a la luz del proceso de formación de su nobleza (siglos XIII al XV”, Trivium. Anuario d e Estudios Humanísticos , 9, 1 997, p. 189. Sobr e las labores de abastecimien to de Jimena a cargo d el cabildo jerezano , véase: VAL VERDE, María José, “La prem atura conq uista de la fortaleza de Jimena en 1431 y su vinculación al cabildo de Jerez”, Estudios de historia y de arqueo logía med ievales , 11 , 1996 , pp. 217 -242; y TORREMOCHA SILVA, Anto nio, “Jerez y el abastecimien to de Jimena y C astellar (1 431 -1451) , Almoraima: revista de estudios ca mpogibraltareño s , 45, 201 6, pp. 183- 192. 390 Manuel García Fernández indica que Juan Arias d e Saav edra desempeñó la alca idía de Jimen a desde 1431 hasta 1 434. Sin embargo, Ramó n Menénd ez Pidal refiere q ue mantenía ese ca rgo aún en 1448; lamentab lemente, no contam os con mayo res certezas para af irmar, desmentir o aclar ar más estas f echas: GARCÍA FERNÁND EZ, Ma nuel, “La alf aquequer ía mayor de Castilla ..., p. 4 0; MENÉ NDEZ PIDAL, Ramón, Estudios sobre el Romancero , Madrid, Espasa -Calpe, 1973, pp. 155-163 y pp. 463-488 ; SÁNCHEZ SAUS, Rafael, “Jimen a (143 1 - 14 51): av anzada..., p . 25. 391 Ibid , pp. 19 -29. 392 PORRAS A RBOLEDAS, Pe dro Andrés, Juan II, rey de Castill a y León ... , p. 162. 393 SÁNCHEZ SAUS, Rafael, “Lo s Saav edra y la frontera ..., p. 167. El cronista García de San ta María sí que r ecoge algún inten to anterior de to mar esta fortaleza, como por ejem plo, el conato que en 1408 d irigi ó García Fernández Ma nrique, e l cu al, fue abortado porque, por un lado, la tentativa de tomar la f ortaleza por sorpresa f ue descu bierta por los musulm anes y, p or otro lado, la concer tación de treg uas entre los rey es de Granad a y Castilla detu vo las oper aciones: GARCÍA DE SANTA MARÍA, Alv ar, C rónica de Ju an II de Castilla ... , cap. CVII I, pp. 240 - 241. 394 RALLÓN, Fra y Esteban, Historia d e la ciudad de Xerez de la Frontera ... 120 resolución de combatirlo” 395 . Consciente de la situación en la que se encontraba la plaza, Juan Arias de Saavedra solicitó ayuda al concejo jerezano, cuyos refuerzos ll egaron a nte los muros de la fortaleza a mediodía del 26 de marzo de 1434. Tras lle var a cabo el reconoc imiento del terreno alrededor de la fortaleza por el alcaide de Jim ena J uan Arias de Saavedra y e l adelantado Diego Gómez de Ribera, se procedió al a taque y la fortalez a se “expugnó luego con gran reputación de su persona y gente, por la mucha conseque ncia de aquella plaza ” 396 . Tras la conquista en 1434, Juan Arias de S aavedra quedó como alcaide de C astellar, pues fue el “que primero asentó el real y lo combatió” 397 . Por Castellar, tend ría situados 15.000 maravedís y 30 c ahíces de trigo, mientras que la alcaidía de Jimena le reportaba 60.000 maravedís y 70 cahíce s de trigo 398 . Al igual que en el caso de Jimena, la fortaleza de Castellar serviría tam bién de plataforma par a llevar a cabo otr as incu rsiones contra los musulmanes debido a su estratégica posi ción, en línea con otros enclaves fortificados c omo Jimena, Zahara, Setenil u Olvera, y a su ubicación en un elevado promontorio de difícil acceso que l e permitía mantener bajo control gran parte de su entorno 399 . No obst ante, durante los primeros momentos del domin io cristiano, el abastecimiento de la fortaleza de Castellar, que re cayó sobre e l cabildo jerezano, fue una cuestión compleja debido a su situación como avanzadilla en la frontera con los granadinos, la lejanía de núcleos cristianos de importancia que pudieran abastecerla a través de recuas de mulas y también, por otro l ado, la dificultosa orografía que la caracter izaba, que siempre podía propiciar emboscadas 400 . Por todo ello, teniendo e n cuenta la importa ncia estratégica de la plaza y los beneficios que podrían derivarse de su 395 ORTIZ DE ZÚÑI GA, Diego , Anales eclesiá sticos y secular es ... , v ol. II, pp. 390 - 391. 396 Idem. ; RALLÓN, Fray Esteban, Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera ... , vo l. II, pp. 213 - 216 ; TORREMOCHA SILVA, Ant onio , “Jerez y el ab astecimiento de J imena y Castellar ... , p. 187. En el Anexo 68 de este trabajo incluimos algunas f otografías del estado actual en el que se encuen tra el castillo -fortaleza de Castellar de la Fronter a. 397 PORRAS A RBOLEDAS, Pe dro Andrés, Juan II, rey de Castill a y León ... , p. 169. 398 QUINTANILL A RASO, Mar ía Concepció n, “Acer ca d e las fo rtalezas and aluzas en la fronter a de Granad a durante el siglo XV”, en SEGURA GRAÍÑO, Cristina ( ed.), Relaciones exteriores d el reino d e Granad a , Almer ía, Instituto de Estudio s Almerienses, 19 88, p. 2 69. 399 Las características defensivas y elemen tos estru cturales que p resentaba la fo rtaleza d e Cast ellar h an sido analizado en: TORR EMOCH A SILVA, Antonio, “La v illa - fortaleza de Castellar de la Frontera ... , pp. 115- 126. 400 Una vez conquistadas tanto Castellar (1434) como Jimena (1431), la mayor parte de las la bores tendentes hacia su abastecimien to y avituallamiento fueron encargadas al cabildo jer ezano, el cual, según revelan las actas cap itulares, se enco ntró con importantes dificultades para cum plir con este com etido. Hasta 14 45, año en que Castellar fu e e ntregada como señorío al que hasta en tonces ejercía únicamente s u alcaidía, Ju an Arias de Saavedr a, fue Jerez la encargad a de surtir a esta villa de hombres y bastimento s: T ORREMOCHA SILVA, An tonio, “Jer ez y el abastecimiento d e Jimena y Cas tellar ... , pp. 183 -192. 121 conservación, fueron numerosos los requ erimien tos que por parte d el rey Juan II se enviaron a las autoridades de Jerez con la o rden de proporcionar mili cias y avituallar la fortaleza recientemente c onquistada 401 . S i Jerez ya parec ía ten er problemas p ara abastecer Jimena, mucho mayores serían, aún, la s difi cultades para aprovisionar y d efender además de Jimena, Castellar. De esta forma, del 13 de abril de 1434 data, por ejemplo, una misiva que el Adelantado May or de Andalucía, Diego Gómez de R ibera, envió al cabildo jerezano en que le comunicaba que tenía noticias sobre e l peligro que ac echaba a Castellar, a tenor de la deficiente protección de la f ortaleza. Curiosamente, estas noticias le venían al Adelant ado a travé s de Gonzalo de Saavedra, he rmano del alcaid e de Castellar y de Jimena: “Yo el adelant ado Diego de Ribera [ ...] vos fago saber que Gonçalo de Sayavedr a me escriuió que sabía por nueuas que los moros se juntauan para veni r sobre Caste llar, segund creo que sabredes. Por ende yo vos digo de parte del dicho s eñor; e ruego e pido de graçia de la quen sabiend o nueuas que los d ichos moros venie ren sobre el dicho lugar, partades lo má s pres tament e que podade s a lo so correr ” 402 . Acciones d e conquista este tipo, como la ejercida sobre la fortaleza de Castellar, tan determinantes para los intereses d e la mon arquía en el sur p eninsular, solí an ser recompensadas por los reyes, que veían en el binom io servicio -merced o, según la denominación de Fernanda Olival, “ la economía de la merce d” 403 , una c lara estrategia de motivación para la a ristocracia gue rrera ávida de recompensas y gracias regias. Sin embargo, la profusión d e mercedes recibidas po r los Saavedra durante estos años s e explica, además d e por sus hazañas en la f rontera, por su reconocida fid elidad al bando político encabez ado por el condestable Álvaro de Luna, al que se oponía la facción nobiliaria lidera da por los infantes de Ar agón. La s aspirac iones de los infantes aragone ses por mantener el control sobre la política castellana, territorio al qu e estaban muy 401 Se p uede testimo niar, por ejemp lo, la carta que Juan II envió al cabildo el 2 2 de junio de 1 434 en que orden aba que proporcion ase a Diego Fernández de Molina las bestias y ho mbres necesarios p ara abastecer a Castellar puesto que, según decía el rey , “es m i merçed que esté çierta gen te de cauallo e de pie para su guard a e defensyón”. En fech as posteriores, com o el 8 y también el 24 de enero de 1435, se suce dieron las misivas regias con estos mismos encar gos. Y finalmente, ante las constantes exigencias reg ias, duran te ese mismo añ o el concejo de Jerez envió refuerzos a Castellar: I bid , p p. 189-190 . 402 ABELLÁN PÉREZ, Juan, La ciudad de Jerez de la Frontera ... , p. 69. Sobre este hecho ta mbién se trata en: VALVERDE, María Jo sé, “La prematura conquista ... , p. 2 35; y TORREMO CHA SILVA, Antonio, “Jerez y el abastecimiento de Jimena y Castellar ... , p. 188. 403 OLIVAL, Fernand a, “La economía de la m erced en la cultura ... , pp . 38 9 -408; OLIVAL, Fer nanda, “Econo mía de la mer ced y venalidad ..., pp . 345-357. 128 estipulaban los distintos ordena mientos jurídicos que rigie ron el c argo. Por otro lado, que los sucesivos nombramientos recayeran en el s eno del linaje parece afirmar, además d e su notable experiencia en las lides fronteriza s, su i nfluencia y su prestigio en la región y la decidida confianza q ue los monarcas castellanos tenían d epositados en esta casa, conocedores del compromiso y lealtad que los S a avedra v enían demostrando a la causa de la corona. Pero la confianza que el monar ca Juan II tenía hacia su alfaqueque m ayor de Castilla aún deparó más privilegios y mercedes para el linaje de los Saa vedra en 1441, cuando precisame nte se vivían momentos de especial i nestabilidad. Efectivamente, como el propio anali sta O rtiz de Zúñiga evidencia, “calamitoso fue para Sevilla el año 1441, en que padeciendo esterilidad, aún padeció más inquietud: los dependientes del rey d e Navarra e infante don Henrique, cada día se e ncontraban con los del conde stable, sin que bastasen las justicias a moderarlos” 423 . Este mismo año Juan Ari as de Sa avedra hizo nuevamente demostración de su compromiso hacia l a facción encabezada por el condestable, que apoyaba el rey Juan II, frente al bando de los infantes aragoneses, pues tenemos constan cia d e que participó e n un e nfrentamiento contra “ la gente de l yn fante don Enrique” 424 . Asimismo, también sirvió como capitán de los caballeros y peones que sirvieron al rey en Ávila en los primeros m eses d e 1441 425 ; al mando de dos cientos jinetes, quedó en Maqu eda Juan Arias de Saavedra acompañado de Fernando de la Cámara , donde hicieron frente a las tropas que lideraba e l rey navarro y también infante de Ar agón, Juan II 426 . Sin duda, pensamos que fueron estas muestras de lealtad las qu e sirvieron a Juan Arias de Saav edra para convertirse, por nombr amiento real en abril de 1441 en alcalde de la tierra de Sevilla 427 ; oficio para el cual, contó además con facultades de gobi erno pues, en 1445 el rey Juan II le confirmó su derec ho a participar en las decisiones del cabildo teniendo “voz e voto” 428 . 423 ORTIZ DE ZÚÑI GA, Diego , Anales eclesiá sticos y secular es ... , v ol. II, pp. 416 - 417. 424 CARRILLO DE HUETE, Pedr o, Crónica del halconero d e Juan II ... , cap. CCC, p. 389. 425 KIRSCHBERG SCHEN CK, Debo rah, Catálogo de los Papeles del Mayo rdomazgo del siglo XV ... , vol. IV, p. 593, doc. 3384: Petición de Juan de Saavedra al cabildo solicitando qu e le envíe los soldado s que todavía no han ido a l servicio y que se les pa guen sesenta días d e salario a los soldado s que enumera en su carta ( Maqueda, 18 d e mayo de 1441). 426 CARRIAZO Y AR ROQUIA, Juan d e Mata, Los anales d e Garci Sánch ez ... , p. 31. 427 Arch ivo Ducal de Medinaceli [ADM], Fondo El Viso, leg. 6 , doc. 1: El cabildo de Sev illa d a posesión a Jua n Arias de Saaved ra como alcald e de la tierra de Sevilla (Sevilla, 21 d e abril de 1441) . 428 ADM, Fondo El Viso, leg. 6, doc. 3 : El rey Ju an II confirma la f acultad de tener voz y v oto en el cabild o de Sevilla a Juan Arias d e Saavedra, alcalde de la tierra d e Sevilla (Escalo na, 16 d e noviembre de 1445) ; 129 La alcaldía d e la ti erra de Sevilla se trataba de un oficio que había sido cre ado por Alfonso X I en 1344 y que e ra desempeñado po r d os personas nombradas por el monarca . El establecimiento de e ste oficio, según se e xplica en el propio orde namiento de Alfonso X, se debía a qu e el “ término de la dicha çibdat es gra nde e los alca lldes mayores non pueden r equerir la justiçia en todo el térmyno , así como es m enester en algunos logares” 429 . P or lo tanto, de sde su origen, la alcald ía de la ti erra puede enten derse como un intento de lograr una mayor eficacia en la administración de justicia que ejerc ían los alcaldes mayores de la ciudad. S us c ompetencias estaban vincula das, de esta forma, al ámbito judi cial, pero a tenor de la facultad para p articipar en las de cisiones del cabildo que el rey con cedió a Jua n Arias de Saavedra y qu e también recibió el otro alcalde de la tierra que servía el oficio en tiempos de éste, García Te llo, la alca ldía también tendría facultade s de gobie rno 430 . En cuanto al salario que percibían estos alcaldes de la tierra, los dos ti tulares del oficio, Juan A rias de Saavedra y García Tello, aparecen en la nómina municipal de 1447 perc ibiendo la cantidad de 8.000 maravedís anuales cada uno 431 . leg. 6, d oc. 4: Sobre la alcaldía de la tierra de Sevilla con voz y voto en el cabildo de Sev il la (Esca lona, 6 de julio de 1453). 429 KIRSCHBERG S CHENCK, Debor ah y FERNÁNDEZ GÓMEZ, Mar cos, El Concejo de Sevilla en la Edad Media ... , vol. I, p. 276 . Y sobre la alcaldía de la tierra de Sev illa dur ante la Baja E dad Me dia y a lo largo del reinado de Isabel la Católica, véa se : NAVARR O SAINZ, José María, El Concejo de Sevilla en el reinado ... , pp. 298- 303; KI RSCHBERG S CHENCK, Debo rah y FERNÁNDEZ GÓMEZ, Marcos, El Concejo d e Sevilla en la Edad Media ... , vol. I, pp. 275-2 78. 430 García Tello hab ía sido nom b rado alcald e de la tierra de Sevilla en 1444 en lugar de Juan de Lu mian, que había sido d estituido por el co nde de Nieb la en u so d e los pod eres q ue Juan I I le había co ncedido. L a facultad p ara tomar partido en las dec isiones del cabildo municipal le fu e co n cedida por Juan II en 1446 : Ibid , vol. I, pp. 277 -278. Francisco García Fitz ind ica, por su p arte, que el alcalde d e la tierra destituid o no fue Ju an de Lumian sino Go nzalo d e Lubián: GARCÍA FITZ, Francisco, El ca stillo d e Alcalá de Guada íra ... , pp. 326 -328, doc. 71: Juan de Guzmán, cond e de Nieb la, ha ciendo uso de lo s po deres qu e le había co ncedido Juan II, destituye de su cargo de alca lde de la tierra de Sevilla a Gon zalo de Lubián, por haber estado al servicio del infante Enrique de Aragón y h aber parti cip ado en la toma de Alca lá de Guada íra, al tiempo que nombra como nuevo alcalde a García Tello (1 5 de marzo de 1444). 431 KIRSCHBERG S CHENCK, Debor ah y FERNÁNDEZ GÓMEZ, Mar cos, El Concejo de Sevilla en la Edad Med ia ... , vol. I , p. 27 7. Asimismo , ya el año p recedente, en 1 446, se h abía librado desde el cabildo sevillano 8.000 maravedís a Juan Arias de Saavedra como salario del año anterior: KI RSCHBERG SCHENCK, Debo rah, Ca tálogo de los Papeles del Mayo rdomazgo del siglo XV ... , vol. IV, p. 75, doc. 1439: Libramiento del cabildo a Alfonso Fernández de Sevilla, may ordomo , para que p ague a Juan de Saavedra, alcalde de la tierra, 8.00 0 maravedís q ue le co rresponden de su salario d el año anterior ( Sevilla, 3 0 de julio de 1446). El 5 de jun io de 1450, Juan Arias de Saavedra otorgó p oder a su criado Pedro Sánchez d e Morales p ara que ejerciese en s u lugar la alcaldía de la tierra de Sevilla: SANZ FUENTES, María Josefa y SIMO RODRÍGUEZ, María Isabel, C atálogo de documentos contenidos ... , p. 58, doc. 311: Juan de Saa vedra, alcaide de l a villa d e Castellar, da poder a Pero Sánchez de Morales, su criado, para que teng a por él el o ficio de alcald e y veedor de toda la tierra y términ o de S evilla (Sevilla, 5 de juni o de 145 0). Fechado este m ismo añ o d e 14 47, el 6 de septie mbre, encontramos un documen to em anado del cabildo sevillano en el q ue los regido res establecen las con diciones par a aceptar la design ación de Alfonso Pérez de Viv ero como mayo rdomo p erpetuo de la ciudad ; entre las firmas hallamos la d e “Iohan de Saavedra” , en ejercicio de su alcaldía de la tierra co n v oz y vo to en el cabildo: COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ , Antonio , “E l mayo rdomazgo perpetu o del con cejo de Sevilla”, Arag ón en la Edad Media , 14 -15, 1, 1999, pp. 310 - 311. 130 Además de la e sta alcaldía de la tierra de Sevilla, en la dé cada de los años cuarenta Juan Arias de Saavedra, también accedió a la alcaidía de la fortaleza de Alcalá de Guadaíra , “por se r pe rsona fiable” 432 . El castillo de Alcalá de Guadaíra d ependía del concejo sevillano y su control estuvo bajo el poder del linaje d e los Saavedra hasta mediados de los años setenta del siglo XV . El an terior alcaide de la fortaleza era Juan Fernández d e Mendoza, que estaba al frente de la misma desde 1429 pero que, sin embargo, fue destitui do por que junto a su hijo Lope de Mendoza “ en dese ruiçio de nuestro senor el rey e gra nd dano desta çibdad e su tierra [. ..] se alçaron con el castillo e fortalesa de la villa de Alcalá d e Guadayra que por la dic ha çiudad tenían, e non la quisieron dar nin torna r a la dicha çibdad” 433 , con lo que fomentaba la causa del infante aragonés Enrique. Tras ser despojados de la fortaleza y tomados presos 434 , ésta quedó momentáneamente , y contra la voluntad del cabildo sevillano, en manos del maestre de Alcántara Gutierre de Sotomayor, lo que derivó e n el ac uerdo tomado por la c orporac ión sevillana por el cual, el concejo determinaba que “hasta que el dicho maestre de y entregue la villa de Alcalá, la dicha çibdad no en tiende hablar en cos a alguna dello ” 435 . Tres días más tarde de esta resolución, al cabildo llegó la noticia de que el maestre de Alcántara había entregado la fortalez a 436 y el 28 de mayo de 1444, reunido en ayuntamiento la corporación municipal: “concordeme nte sin contr adiçión a lguna, f ue ac ord ado e ordenado que por quan to el dicho Juan de Saavedra es cavalle ro b ueno e alcalde de la tierra e tal que sienpre gu ard ó e guar dará el serviçio de nuestro senor el rey e de la di cha çibdad, que por ende mandavan e mand aron que él tuviese po r la dicha çibdad en tenençia el dicho ca stillo e fortaleza de la dicha vi lla d e Alcalá” 437 . 432 ADM, Fondo E l Viso, leg . 6 , do c. 25 : El infante Alfonso con cede a Fernando Arias de Saave dra la alcaldía d e Alcalá de G uadaíra q ue el rey J uan II había entregad o a su pad re Juan Arias d e Saavedra (Arévalo, 2 de mayo de 146 6) . 433 GARCÍA FITZ, Francisco, El ca stillo de Alcalá de Guadaíra ... , pp. 1 39 - 140, p . 257 y pp. 326 -32 8, d oc. 71: Ju an de Gu zmán, co nde d e Niebla, ha ciendo u so de los po deres que le ha bía conced ido Juan II, destituye de su cargo de alca lde de la tierra d e S evilla a Gonzalo de Lub ián, po r h aber estado al servicio del infante Enrique de Aragón y haber participado en la toma d e Alcalá d e Guadaíra, al tiempo que n ombra como n uevo alcalde a García Tello (15 de marzo de 1444 ). 434 Ibid , pp. 328 -329, doc. 72: Acuerd o d el ca bildo municipa l de Sevilla orden ando p agar a Ju an Núñez y a Juan Carden al ciertas cantidades (a lbricias) por traer noticias de la recup eración de Alcalá de Gu adaíra (Sevilla, 16 de mayo de 14 44). 435 Ibid , pp. 329-340, doc. 74: Acuerdo del cabildo municipal de Sev illa negándose a habla r c on el ma estre de Alcántara mientras que no le devuelva el castillo de Alcalá de Guadaíra (Sevilla, 22 de mayo de 1444). 436 I bid , p. 331, d oc. 77: Acuerdo del cabildo municipal de Sevilla pa ra que se entregu e a Sevilla la fo rtaleza de Alca lá de Guadaíra u na vez cedida po r el maestre de Alcánta ra (Sevilla, 25 de ma yo de 1444). 437 Ibid , p. 141 , p . 257, y pp. 331 -333, doc. 78: Acuerdo del cabild o municipal s obre l a tenenci a del ca stillo de Alcalá de Guadaíra, tomando juramen to a Juan de Saa vedra, veinticu atro, como nuevo alcaide (Sevilla, 131 Seguidamente, Juan Arias de Saavedra realizó el juramento pleito home naje en manos del alcalde Juan Cerón: “como ome hi dalg o vn a e dos e tres vezes, vna e d os e tres vezes, vna e do s e t res vezes, a fuero Despañ a, de t ener el dicho casti llo e fortaleza de la dicha villa de Alcalá por la dicha ç ibdad b ien guardado como cump le a serviçio de nues tro senor el rey e desta di cha çibdad e a gua rda del d icho castillo e fortaleza ” 438 . Poco tiempo después, en el mes de octubre, el concejo sevillano ordenó al mayordomo el libramiento al nuevo alcaide de Alcalá de Guadaíra de 15.0 00 maravedís por los gastos que se habían realizado en el castillo alcalareño, p ara ayuda de costa, así como también, se le manda ron pagar los 8.000 marave dís cor respondientes a su salario como alcald e de la tierra de Sevilla 439 . Sin embar go, ambos pagos no debieron re alizarse, ya que a finales de a gosto de 1446 el cabildo sevillano volvía a ordenarlos 440 . Asimismo , 28 d e ma yo de 14 44). El au tor se refier e a Juan Arias d e Saavedr a como caballero v einticuatro del cabildo sevillano, sin embarg o, no hemos hallado constan cia de que en estos mo mento s desempeñase ese carg o, sí que o stentaría, por otro lado, la ya mencionad a alcaldía de la tierra. 438 Idem. 439 KIRSCHBERG SCHEN CK, Debo rah, Catálogo de los Papeles del Mayo rdomazgo del siglo XV ... , vol. IV, p . 26, doc. 1 236: Libra miento del cab ildo a Ruy Go nzález de Sevilla, mayo rdomo, p ara que pagu e a Juan de S aavedra , alcaide del castillo de Alcalá de Guada íra y alcalde de la tierra, 11.000 maravedís que se le deben d e los 15.000 que se le libraron en 1440. Deb en pagársele, además, los 8.000 maravedís de su salario co mo a lcalde de l a tierra (Sevilla , 30 de octubre d e 1 444). Este documen to se en cuentra r ecogido en su transcripció n completa en: GARCÍA FITZ, Francisco, E l ca stillo de Alca lá de Guadaíra ... , p p. 335 - 336, doc. 81. 440 KIRSCHBERG SCHEN CK, Debo rah, Catálogo de los Papeles del Mayo rdomazgo del siglo XV ... , vol. IV, p. 79, doc. 1 458: Libramiento del cabild o a Alfonso Fernánd ez de Sevilla, mayordomo, para qu e pa gue a Juan de Saavedra, a lcalde de la tierra y alcaide de Alcalá de Gu adaíra 19.00 0 maraved ís: 8.000 p or s u alcaldía y 1 1.000 de los 15 .000 que se le libraron en 1 440 por los gas tos hechos e n el c astillo de Alcal á de Guada íra (Sevilla, 29 d e a gosto de 14 46). Este d ocumento también se encu entra r ecogido en: GARCÍA FITZ, Fra ncisco, El ca stillo d e Alcalá de Guada íra ... , p. 3 44, doc. 88. En las nó minas d e las tenen cias de los castillos d epend ientes del concejo sevillano d el primero de noviembr e d e 1446 , aparece Juan Arias de Saavedr a con un salario de 4.000 m aravedís po r su alca idía de Alcalá de Guad aíra. En las nó minas posterior es con sta qu e la tenencia de Juan Arias d e Saavedra aum en tó hasta lo s 6.000 maraved ís, los mismos que recib irá su hijo cuando le suce da al fren te de la alcaid ía d el castillo d e Alcalá de Guad aíra: Ibid , p. 345, doc. 90: Nómina de las tenen cias de lo s castillos de Sevilla : a Juan de S aavedra, alcaide de la fo rtaleza d e Alca lá de Guada íra, 4 .000 ma ravedís ( Sevilla, 1 de noviemb re de 1446 ) ; p . 34 7, doc. 93: Nómina de las tenencias d e los ca stillos de S evilla: a Juan de Saaved ra, a lcaide de la fortaleza de Alcalá de Guadaíra, 6.000 maraved ís (S evilla, 19 d e junio de 1448) ; p. 347, do c. 94: Nómina d e las tenencia s de los castillos de Sevilla: a Juan de Saave dra, alcaide d e la fort aleza de Alcalá de Guadaíra, 6 .000 maraved ís (Sevilla, 9 de julio de 1 449) ; p . 350, doc. 97: Nómina de l as tenencias de los castillos de Sevilla: a Juan de Saave dra, alcaide d e la fortaleza de Alca lá de Gu adaíra, 6.000 ma ravedís (Sev illa, 6 de julio de 1450) ; p. 351, doc. 100: Nómina d e las ten encias de los ca stillos d e S evilla: a Ju an de Saaved ra, alcaide de la fortaleza de Alcalá de Guada ír a, 6.000 marave dís (Sevilla, 19 de julio de 1451) ; p. 356, doc. 104: Nómina de las tenen cias de los ca stil los d e Sevilla: a Juan d e Saaved ra, alcaide de la fo rtaleza de Alca lá de Guada íra, 6.000 maravedís (S evilla, 23 de julio de 1453) ; p. 36 1, doc. 10 7: Nómina de las tenencias de los castillos de Sevilla: a Ju an de Saave dra, a lcaide de la fortaleza de Alcalá d e Guadaíra, 6.000 ma ravedís 132 el número de poblado res en la villa alcalareña t ampoco debía s er muy el evado, ya que consta una p etición r ealizada en septiembre de 1446 por el alcaide Juan Ar ias de Saavedra al cabildo sevillano en la que e xpresa que: “la v i lla de arriba que e stá çerca e anexa al dicho castillo, estaua despobl ada e t non auía vesinos al gunos, nin que rían beu ir en ella por que les era muy co stoso d e be uir po r cabsa de los acarreo s, asy d e agua e pan et lena como lo s otros mante nimient os que auía n menester” 441 . El alcaide soli citaba al co ncejo sevillano “ dar franquesa a quinse vesinos de la dicha villa que morasen contin uamente [...] porque el d icho castillo estudiese bien guard ado, segund cunplía a seruiçio de nuestro senor el Rey e a proue cho e bien de la dicha villa ” 442 . La conquista cristiana de la fortaleza alcalareña y su anexión al reino castellano se había producido en 1246 y, por la posición de vanguardia en la frontera que ocupaba en estos momentos y la cercanía a la ciudad de Sevilla, el castillo alcalar eño se trat ó de uno de los núcleos d e poder más importantes del entorno sevillano. Como tendremos ocasión de analizar, e l avance cristiano en la fronte ra de Granada no eliminó la función ca strense del castillo; al contrario, su papel militar se verá reforzado a r aíz de las banderías nobiliarias y los conflictos locales que enfrentaban a la nobleza sevillana 443 . Desde estos enclaves, ta nto en la esfera defensiva y militar como en el ámbito de influencia municipal, Juan Arias de Saavedra continuó manifestando su compromi so hacia la causa del condestable Álvaro de Lun a, to mando partido en los múlti ples bandos nobiliarios que pugnaban por el control de la ciudad de Sevilla. La constitución de bandos, entendiendo por este vo cablo tanto a grupos armados, generalmente vi nculad os con linajes nobiliarios, como también a “una parcialidad, un grupo de individuos relac ionados entre sí por lazos de dist inta naturaleza confederados para un fin” 444 , en las principales (Sevilla, 11 de julio de 1455) ; p. 3 61, doc. 108: Nómina de las tenencias de los castillos de Sevilla: a Ju a n de Sa avedra, a lcaide de la fortaleza de Alca lá de Guadaíra, 6.0 00 maravedís (S evilla, 1458). 441 Ibid , pp. 34 4-345, d oc. 89: J uan de Sa avedra, alcaid e d el castillo de Alca lá de Guad aíra, expone al concejo de Sevilla que “la villa de arriba”, anexa al castillo, estaba des po blada. Solicita fran queza para que qu ince vecin os vivie sen continuamen te en ella y se encargasen de gua rdar la fortaleza. Ap rueba su petición (Sevilla, 16 de sep tiembre de 1 446). 442 Idem. 443 Sobr e la historia constru ctiva y las d iferentes etapas del ca stil lo de Alcalá de Guadaíra, desde el poblam iento en época r omana hasta el siglo XVI , véase: Ibid , pp . 23- 239. 444 DÍAZ DE DURANA ORTI Z DE URB INA, José Ramón, “Las luchas d e bandos: ligas nob iliarias y enfren tamientos bander izos en el nordeste de la coron a d e C astilla”, en IGLESIA DUARTE, José Ignacio de la (co ord.), Conflictos socia les, p olíticos e intelectuales en la España de los sig los XIV y XV , Logroñ o , Instituto d e Estudios Riojan os, 2004, p. 85. 133 localidades c astellanas, tenía como como objetiv o ejercer el control del poder local, asegura ndo para los p rincipales miembros el ej ercicio de los oficios mun icipales que servirían, adem ás de para controlar la vida pública local, como plataforma de interlocución con la monarquía 445 . En este sentido, y como i ntegrante de la facción del condestable, el cronista Alfonso de Palencia se r efiere en su Crónica de Enrique IV a Juan Arias de Saavedra como uno de los apoyos más fir mes con los que contaba el re y Juan II ; lo define como “renombra do caballero” y elogia algun as de sus virtud es: además de la maestría con las armas, Palencia destacaba de Saavedra que su “ vigilancia y extraordinario a rrojo traía desesperados a sus enemigos, cien veces por él der rotados” 446 . Las acciones de estos años no hicieron sino encumbrar a Juan Arias de Saavedra y a su linaje, ll egando a ocupar “una posición eminente que le permitía firmar, en condiciones de igualda d, confederaciones de paz y amistad con los personajes sevillanos más influye ntes de l momento” 447 . En este sentido se podría entender e l acuerdo o “confe deración de p az y amistad” que firmaron el 30 de dicie mbre d e 1446 Juan Arias de Saavedra y su herm ano Gonzalo con el propio duque de Medina Sidoni a, Juan Alfonso Pérez de Guzmán y otro s destacados c aballeros sevillanos, como eran el alcalde mayor de Sevilla, Pedro de Gu zmán, y el veinticuatro Pedro de Ordiales 448 . La existencia de este documento nos está indi cando que las re laciones entre los Saave dra y la c asa de Guzmán en estas fechas no debían de ser a mistosas. En la escritura, el propio alcalde mayor Pedro de Guzmán se comprometió a “guardar verdadera amistad a vos los alcaydes Gonzalo e Juan de Saavedra e Ordiales e a cada uno de vos e de ser ve rdadero e leal amigo” 449 . Por su parte, Gonzalo de Saavedra, Pedro de O rdiales y Juan Arias de Saavedra dejaron patente la e xistencia de desavenencias: 445 LADERO QUESADA, Migu el Ángel, “La consolidació n de la nobl eza en la Baja Edad Media”, en LADERO QUESADA, Migu el Án gel, Los señ ores d e An dalucía: in vestigaciones sobre nobles y seño ríos en los siglo s XIII a XV , Cádiz, Univer sidad de Cádiz, Servicio d e Publicaciones, 1 998, pp. 15 -42. 446 PALENCIA, Alfo nso de, Crón ica de Enrique IV ... , vol. I, dec. I, lib. I, ca p. III, p. 14. 447 SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, “ Los Saaved ra y la frontera ..., p. 168. 448 CUARTE RO Y HUERTA, Baltasar y VARGAS ZÚÑIGA, Antonio, Í ndice de la Colección de d on Luis de Salazar y Castro ... , sign ª. M -9, doc. 47674, fo ls. 382v - 384v: Confederación de p az y amistad entre Jua n Alfonso de Gu zmán, I duqu e de Med ina Sid onia, Pedro de Guzmán, alcalde ma yor de Sevilla, Go nzalo d e Saave dra y Pedro d e Ordiales, veinticuatros d e Sevilla, y Juan de Saave dra, a lcaide de Castellar (Sevilla, 30 de diciembre de 1 446). Un extr acto de este documento ta mbién se en cuentra en: LADERO QUE SADA, Miguel Ángel y OLIVERA SERRANO, César (d irs.), Documentos sobre Enriqu e IV d e Castilla y su tiempo , Madrid, Universidad Carlos III d e Madrid, Fig uerola Institute of So cial Science History, 2016, vol. I, p. 114 , doc. 271. La transcripció n co mpleta d el documen to la po demos hallar en : PAST OR BODME R, Isabel, Grandeza y traged ia d e un va lido: la muerte de d on Ál varo de Lun a , Madrid, Caja de Madrid , 1 992, vol. I I, pp. 199-202 . 449 Ibid , vol. II, p. 201. 134 “por quanto entre vos don Pedro de Guzmán al calde m ayor de Sevilla e nos los sobre dichos son recrescidos algunos enojo s e nasc ieron algunas discordias por alguna s rasones que al presente no es necesario declarar, de los quales podría nascer algun d deservicio al Re y nue stro señor y que a es ta tierra a lgund daño ” 450 . Sin embargo y a pesar de todo, los tres ca balleros también se c omprometieron y juramentaron a “ser vu estros leales e verdaderos amigos” 451 , mientras qu e el duque expresó que “perdono e remito qualquier enojo e molestia que me ayades fecho todos e qualquier de vos” 452 . En cumplimiento de la petición expr esa que el rey Juan II y el conde st able de Castilla habían realiza do con el objetivo de acabar con las discordias suscitadas entre estos linajes y lograr el apac iguamiento de las banderías en la ciudad de Sevilla, el mism o día 30 de noviemb re tam bién se firmó otro docu mento que acredita e l a cercamiento de posturas entre los Saa vedra, Ordiales y el duque de Medina Sidonia 453 . Poco después, el 23 de febrero d e 1448 encontramos nuevamente a los S aave dra interviniendo en el acuerdo establecido por el d uque de Medina Sidoni a, el conde de Arcos, el adelantado may or de Andalu cía, el alcalde mayor de Sevilla Pedro de Guzmán y el veinticuatro Alfonso de Velasco. En la escritura, estos personajes pri ncipales de la nobleza s evillana se decl aran “a migos, aliados e confederados” y se obligan a res petar e n primer lugar, al rey, al príncipe e inmediatamente d espués, al conde stable Ál varo de Luna. Seguidamente, cada uno de estos aristócratas incl uye una seri e de amistad es particulares que se c ompromete a salvaguardar, y es ahí donde encontra mos a Juan Arias de Saavedra y a su hermano Gonzalo 454 . 450 Idem. 451 Idem. 452 Ibid , vol. II, p. 200. 453 CUARTE RO Y HUERTA, Baltasar y VARGAS ZÚÑIGA, Antonio, Í ndice de la Colección de d on Luis de Sa lazar y Castro ... , signª. K -36, doc. 40310, fols. 153 -155v: Apartamien to hecho por Ju an d e Guzmán, I du que de Medina Sido nia, de las q uerellas y contiend as que ten ía co n Gonzalo de Saavedra, alca ide de Zahara, Pedro de Ordiales, alcaid e de la s Atarazana s, ambos vein ticuatr os de Sevilla, y con Jua n de Saave dra, alca ide de Castellar y Alca lá de Guad aíra, en cumplimiento de la petició n realizada po r el rey Juan II y por el maestre Á lvaro de Luna (Sevilla, 30 de d iciembre de 1446). Un e xtracto de este d ocumen to también se encuentr a en: LA DERO QUESADA, Miguel Ángel y OLIVERA SERRANO, César ( dirs.), Documen tos sobre En rique IV de Castilla y su tiemp o ... , vol. I, p p. 114-115 , doc. 272. 454 A HNOB , O suna, leg. 1635, d oc. 16: Confederación celeb rada entre el du que de Medina Sid onia, el cond e de Arcos, el ad elantado ma yor de Andalucía, el a lcalde mayor de Sevilla Pedro de Guzmán y el veinticua tro A lfonso d e Velasco, para manten er su servicio al rey (Sevilla, 23 de febrero de 1448) ; CARRIAZO RUBIO, Juan Lu is, La Casa de Arco s entre Sevilla ..., p p. 186-187. 135 Este decidido apoyo que Juan Arias d e Saavedra y su linaje prestaba a la corona y al condestable generaba la confianza del rey, q ue se materializaba ade más de en los nombramientos ya mencionados, en encargos como el de octubre de 1447, cuando Juan II ordenó al concejo sevil lano que enviase cien jinetes comandados por J uan Arias d e Saavedra 455 . Como afirma Carriazo R ubio, “en la lógi ca de la mentalidad nobiliaria los servic ios son premiados con mercedes” 456 y, cumpliendo con esta máxima, en reconocimiento de la lea ltad y servicios prestados, Jua n Arias de Saavedra entró en 1447 a servir la corre giduría de Jere z, un oficio que desempeñó hasta 1451, cuando se produjo un espe cial acrece ntamiento de las b anderías nobil iarias 457 . Entre la documentación del linaje de los Saavedra no hemos ha llado el nombramiento como corregidor de J erez ni otros testimonios documentales sobre el d esempeño d e e ste oficio, sin emb argo, hemos podido conocer c ómo entre las actas capitulares de J erez sí que se conserva el nombr amiento, por periodos temporales sucesivos de cuatro y se is meses, por merced del rey Juan II : “Es mi merçed quel dicho Juan de Saauedra sea mi juez e mi corregido r desa dicha çibdad por tienpo de otros seys meses que se c omie nçe e cuen te luego que fueren conplidos los dichos quatro meses postrimeros, e tenga por mí los ofi çios de alcal ldías e alguaz iladgo desa d icha çibdad de Xe rez por el dicho ti enpo de los dichos seys meses, e que pueda usar e exerçe r e administrar e conplir e executar la mí j ustiçia e jurediçió n çeuil e criminal desa dicha çibdad de Xerez por el dicho tienpo de los dichos seys meses” 458 . Los corregidores se trataban de figuras fundamentales para el mantenimiento de la estructura del pode r local. Desde su propia conce pción, eran oficiales reales nombrados por la corona que tenían asignadas unas amplias facultade s en su jurisdi cción, entre las que podemos de stacar, además de la representación de los intere ses de l monarca en el cabildo municipal, el eje rcicio de la justicia, la a utoridad política y administrativa, así como el mantenimiento d el orden público en unos momentos especialmente conflictivos 455 SANZ FUENTES, María Josef a y SIMO RODRÍGUEZ, María Isabel, Catálog o de documentos conten idos ... , p. 5 1, doc. 264: Juan II o rdena a l concejo d e Sevilla que le envíe al alcaide Juan de S aavedra con 1 00 jinetes y marave dís para pagarles du rante do s meses (Soria, 5 de octubre de 1447). 456 CARRIAZO RU BIO, Juan L uis, La Casa de Arcos entre Sevilla ..., p. 191. 457 SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Lina jes sevillanos medieva les .. ., vol. I, p. 271 . 458 Citado en TORREMOCHA SILVA, Antonio, “Jerez y el a bastecimiento de Jimena y Castellar ... , p. 190. 136 para la corona castellana 459 . Como hemos refe rido, Juan Arias de Saavedra aparec e en los cuadernos c apitulares je reza nos ej erciendo el c orregimiento, aunque se gún destaca Hipólito S ancho de Sopranis, fueron constantes sus ausencias. En su luga r, ejercía las funciones de corregidor el jurado Alfonso Fernández de Valdespino, que también ocupó la alcaidía de la villa de Castellar cuando ésta entró a formar parte de los territorios señoriales de Juan Arias de Saave dra 460 . La elección como c orregidor de Jerez de Juan Arias de Saavedra, además de por la “consideración del c orregimiento como cargo de la confianza regia” 461 , y la experiencia y logros militares en la frontera, suponemos que se trató de un intento por potenciar el mantenimiento y correcto abastecimiento que, como ya hemos referido, la villa de Jerez, atendiendo a los mandatos regios, debía prestar a la s recientemente conqu istadas plazas de Jimena y Castellar; las numerosas quejas relativas al deficiente aprovisionamiento de Jimena y Castellar presentadas por el alcaide Saavedra ante el ca bildo jerezano, son buena muestra, por otro lado, de las necesidades defensivas y de suministros que venían sufriendo estos enclaves en la primera línea de frontera 462 . Llegados a este punto vamos a referirnos brevemente a las posesiones señoriales que aglutinó Juan Arias de Saavedra, gr acias al favor regio y motivadas p or su actividad política y militar en la frontera con Gr anada . Pen samos que tan determinantes resultaron las acciones de El Famoso para los intereses de la monarquía que Jua n II de cidió recompensar esta entrega concediéndole en seño río el lugar d e El Viso, “por juro de hereda d p ara sienpre ja más” 463 , añadiendo a su t érmino media legua de la villa de Carmona por una merced fecha da el 12 de diciembre de 1440. El lugar d e El Viso e staba situado a cuatro legu as de la ciudad d e Sevilla y a apenas dos de la villa de Carmo na 464 , la cual, no dejó d e demost rar su oposición a los mandatos 459 Sob re la figura de los correg idores en la corona de Castilla, remitimo s al estudio clásico de Ben jamín González, especialmente a los capítulos prim ero y segundo d e la obr a, tanto en cuanto están dedicados a l correg idor en la época medieval y du rante el reinad o d e los Rey es Católicos: GO NZÁ LEZ ALONSO, Benjamín, El corregidor castellano (1348 - 1808) , Madrid, Instituto de Estu dios Administrativos, 1970, pp. 15 -117. Asim ismo, específ icamente sobr e las co mpeten cia s del co rregidor, rem itimos al capítulo que Agustín Bermú dez Aznar dedica: BERMÚDEZ AZNAR, Agustín, El Corregid or en Castilla d urante la Baja Edad Media (1348 -147 4) , Murcia, Sucesores d e Nogués, 1974 , pp. 164 -196. 460 SANCHO DE SOPRANIS, Hipó lito, Historia d e Jerez d e la F rontera: desde su incorporación a los dominio s cristianos. Tomo I (1255 -1492 ) , Jerez de la Frontera, Jerez I ndustrial, 1965 -1969, vo l. I, p. 160. 461 BERMÚDEZ AZN AR, Agus tín, El Corregid or en Castilla ... , p. 135. 462 VALVERDE, María José, “La p r ematura conquista ... , pp. 236 -242. 463 ADM, Fondo El Viso, leg. 2, doc. 4: Conce sión por el rey Jua n II a Juan Arias de Saavedra de media legua del término de Carmona para q ue la tuviera por término de su lugar d e El Viso (Sa n Pablo d e la Moraleja, 1 2 de dic iembre de 144 0) . 464 MÉNDE Z SILVA, Rodr igo, Población general de Espa ña: sus trofeo s, bla sones y conqu istas heroyc as, descripcion es agra dables, grandezas n otables, excelencias gloriosas, y sucessos memo rabl es, co n mu chas, 137 regios que privaban a su término de media legua para añadirla a El Viso. Finalmente, el 21 de febrero de 1446, t ras varias sobr ecartas regias y acuerdos entre la s autoridades locales y el señor de El V iso, el rey Juan II en atención a los servicios que “se ñaladamente en las guerras de los moros enemigos de nuestra santa fe católica” 465 le pre staba Juan Arias de Saa vedra, le con firmó la merced se ñorial y ra tificó sus derechos y privilegios. La concesión de este señorío a los Saavedra responde al impulso de l proceso de señorialización que tuvo lugar en las décadas centrales del siglo XV, al socaire del avance cristiano sobre tierras musulmanas. El ámbito de l a frontera con Granada sufrió un proceso de señorialización muy destaca do durante estos momentos, merced a la peligrosidad que entrañaba su control, p ero t ambién en virtud de la ambición y rivalidad que carac terizaba a la aristocracia guerrera 466 . El Viso fue el primero de los dominios señoriales del linaje Saavedra y a esta familia permaneció ligado durante todo el Antiguo Régi men. No obsta nte, al lug ar de El Viso pronto hubieron de suma r los S aavedra nuevas po sesiones señoriales en el ámbito de la frontera con Granada ; la victoria sobre los infantes de Aragón en la batalla de Olmedo de mayo de 1445 propició l a concesión de mer cedes regias a los q ue habían demostrado su fidelidad a la facción del rey y del condestable Álvaro de Luna. El apoyo prestado por Juan Arias de S aavedra le sirvió pa ra recibir, por concesión de Juan II, el 7 de septiembre de 1445 el señorío de la v illa de Castellar; villa qu e, rec ordemos, el Famoso había logrado conquistar en 1434 a los musulm anes y, desde este momento, ejercía su alcaidía. De esta f orma, mediante un privilegio real fechado en Ávila, el monarca la entre ga en señorío “acatando los munchos e buenos e leales se rviçios que me aveis fecho e façedes de cada día et en enmienda e renumeraçion de aquellos” 467 . Junto a la jurisdicción sobre la villa y su término, ve cinos y moradores, el rey conce dió también a Juan Arias de y curiosas noticia s, flo res cogid as en el estimable jardín d e la precio sa antigü edad, reales gen ealogías y catálog os de dign idades ec lesiásticas y segla res , Ma drid, po r Roque Rico de Mir anda, 1675 , [ 1645], fol. 206v. 465 ADM, Fon do El Viso, leg. 2, doc. 8: Confirmación por el rey Juan II de la con cesión del señorío sobre el luga r de El Viso a Ju an Arias de Saave dra (Mad rid, 21 de febrero de 14 46) . 466 Sobre el proceso de señorializac ión en la frontera con Granada, véa se: L ADERO QUESADA, Miguel Ángel, “L os señorío s medievales en el ámbito de Cádiz y Jerez de la Frontera” , En la España med ieval , 2, 1982 , pp. 543 -572 ; ROJAS GABRIEL, Man uel, La fronter a entre los reinos de Sevilla ..., p p. 86-131; y ROJAS GABRIEL , Manuel, “La señorializac ión de una marca fronteriza: Arcos, Medina Sidonia y Alca lá de los Gazules en la primera m itad del siglo XV” , en LÓPEZ DE COCA CA STAÑE R, Jo sé En rique (coor d.), Estud ios sobre Málag a y el R eino de Granada en el Quinto Centenario d e su co nquista , Málag a, Diputació n Prov incial de Málaga, 1987, pp . 131 -152. 467 ADM , Fo ndo Castellar, leg . 1, d oc. 1: Co ncesión del rey Juan II del señorío sobre la villa de Castellar a Ju an Arias de Saa vedra (Ávila, 7 de septiembre d e 1445) . Este docum ento también se encuen tra en AGA n, Fon do de la Familia A rias de Saaved ra, leg. 3778 , doc. 1. 144 principales en el gobie rno muni cipal; era un cargo vitalicio y su n ombramiento corre spondía al rey. En el concejo, ost entaban la autoridad suprema y les c orrespondía un salario fijo que se veía complementado con ciertos de rechos, derivados, fundamentalmente, d e su importante labor ju dicial, aunque también desarrollaron competencias en el ámbito militar y administrativo 493 . El 7 de octubre de 1450 fue el propio Juan Arias d e Saavedra quien se presentó en el cabildo sevillano con la carta d el r ey para solicitar su cumpl imiento. La corporación aceptó, acordando establ ecer un impuesto de un cornado sobre la libra de l a carne y un 5% sobre el vino que s e v endiese en la ciudad durante tres meses y medio. Se decidió que estas r entas fuesen recaudadas por el m ayordomo Ruy González de Sevilla 494 , y a pes ar de lo resuelto en un prim er momento, finalmente se optó por cobrar la imposición sobre el pescado fre sco y salado, en lugar de sobre el vino 495 . Sobre la ca ntidad recaudada , que superó con creces lo estipulado en el mandamie nto de Ju an II , se dio libramiento el 11 de noviembre de 1450 po r parte del cabildo al mayordomo Ruy González p ara que entregase a Juan Arias de Saavedra 250.000 mara vedís como contribución a su rescate 496 . Tal fue el impacto que c ausó el episodio de la de rrota y cautiverio de Juan Arias de Saavedra que este hecho inspiró el romance “Río verde, río verde” o t ambién conocido como “Romance de Sayavedra”. Destinado a la propaganda y a la construcción d e la imagen pública de un ca ballero o de su linaje, en una socieda d c uyo plano cultural estaba dominado por la transm isión oral, este romance resulta ser uno de los ejemplos más ilustrativos de la rea lidad caballeresca que rodeaba al frontero y deja e ntrever, además, el carácter del caudillo militar en un entorno t an con flictivo como el de la Baja Andalucía 493 Sobre la fig ura de los alcaldes mayo res del conce jo d e Sevilla du rante la Edad Med ia y el rein ado de Isabel la Católica, rem itimos a los trabajos d e: NAVA RRO SAINZ, José María, El Concejo d e Sev illa en el reinad o... , pp. 239 -284; y KIRSCHBE RG SCHENCK, Deb orah y FERNÁNDEZ GÓMEZ , Marco s, El Concejo d e Sevilla en la Edad Media ... , vol. I, pp. 209-2 21. 494 KIRSCHBERG SCHEN CK, Debo rah, Catálogo de los Papeles del Mayo rdomazgo del siglo XV ... , vol. IV, p . 180, doc. 1850: Notificació n de l a escriban ía d el cabildo a los conta dores inform ándo les de que Juan de Saavedra se presentó ante el cabildo con una carta rea l en la que se ordenaba imponer impuestos extraordina rios sobre la carne y el vino para recaudar 250.000 maravedís ( Sevilla , 7 de octubre de 1 450). 495 Ibid , v ol. IV, p . 180, doc. 18 51: Cond iciones con las qu e el cabildo orden a arrenda r la renta de un cornad o de la carne y la imposición del 5% sob re el vino, y el cambio de ésta por una imposición sobre el pescado fresco y salado (S evilla, 7 de octubre de 1450). Acerca de esta y otr as imposiciones de fondos sobre el cabildo sevillano a mediados del siglo XV, también trata Sánch ez Sau s: SÁNCHEZ SAUS, Rafael, “Sevilla y la fronter a ..., pp. 133-148. 496 KIRSCHBERG SCHEN CK, Debo rah, Ca tálo go de los Papeles del Mayordoma zgo del siglo XV ... , vol . IV, p p. 1 81-182, doc. 1857: Lib ramiento del cabildo al mayordomo p ara q ue d e lo recaudado p ague a Juan d e Sa avedra 250.000 maravedís que, por ord en del rey, se le entreg an como a yuda p ara su resc ate (Sevilla, 11 de noviembre d e 14 50). Sin em bargo, to davía a fines d e 1 451 seguían p endientes gestio nes sobre lo s pagos: Ibid , vol. IV, p. 215, doc. 2013: Notificación y libra miento del cabildo a Ruy González de Sevilla pa ra que p agase 15.000 ma ravedís d e lo s sa larios que el rey había dispu esto para cierto número de caballero s a su servicio (S evilla, 20 de noviembre d e 1451). 145 durante esta época 497 . Por otra parte, el suc eso en sí mismo no deja de demostrar que, en los lances de frontera, ni el propio alfaqueque may or podía escapar al riesgo de la captura. Sin embargo, una vez sufragado el rescate, el Famoso logró recomponerse y continuó manteniéndose muy activo en el servicio a los monarca s castellanos; en 1450, por ejemplo, parece est ar entre los caballeros con int enciones de tomar la pla za de Gibraltar 498 . Años más tarde, en 1454 están documentadas las reclamaciones efectuadas ante el cabildo sevillano a tr avés de su teniente, Juan Sánchez, p ara reparar la fortaleza alcalareña , fundamental para la salvaguarda d el entorno sevillano pero que no debía encontrarse en buen estado, al requerir importantes trabajos de reparo y adecentamiento 499 . Asimismo, también gozó de la gracia regia cuando el monarca, a l revocar todos los oficios acrecentados promulgado s después de 1445 por una real provisión de 1453, le permitió mantener su alcaldía de la tierra con voz y voto en el cabildo sevillano 500 . Tras la sucesión de Enriq ue I V en el t rono castellano, cuyos ini cios e stán m arcados por el emprendimiento de campañas d e conquista contra el reino de Gr anada 501 , Juan Arias de Saavedra c ontinuó participando, desde las plaz as fortificadas que mantenía bajo su poder en la frontera, en las campañas granadi nas de comienzos d el nuevo rein ado. Como “c audillo de la gente de esta ciudad [Se villa]” 502 lo nombra Ortiz de Zúñiga, e n 497 Sobre las características d e lo s rom ances fr onterizos y más con cretamen te el d e “Río v erde, río v erde” y su imp licación en la h istor ia del linaje de Saav edra nos o cu paremo s más adelan te en este trabajo. 498 ABELLÁN PÉREZ, Juan, La ciud ad de Jerez de la Frontera ... , p. 84. 499 SANZ FUENTES, María Josef a y SIMO RODRÍGUEZ, María Isabel, Catálog o de documentos conten idos ... , p. 248, d oc. 1.5 94: Ju an Sánchez, en n ombre de Ju an de Sa avedra, alcaide del ca stillo y fortaleza de Alcalá de Guadaíra, pide a l concejo de Sev illa que repare el castillo po r algunas zonas, pues está ruinoso (4 d e no viembre de 1454 ). Este docum ento también se en cuentra recogido en : GARCÍA FITZ, Francisco, E l castillo de Alcalá de Guada íra ... , p. 357, doc. 105. Francisco Gar cía Fitz describe la “ruinosa” situación en la qu e se encontraba el castillo en esta época, fr uto, s in duda, de la convulsa situación q ue atenazab a al reino castellano y al contex to sevillano : Ib id , pp. 144- 152. 500 KIRSCHBERG SCHEN CK, Debo rah, Catálogo de los Papeles del Mayo rdomazgo del siglo XV ... , vol. IV, pp. 282 -283, doc. 228 4: Certificación del cabildo sobre el obed ecimiento d e la r eal pro visión de Juan II del 27 de noviembre d e 1453 (Sevilla, 20 de noviembre de 1454). 501 A este resp ecto, y , sobre todo, con relac ión a las críticas que recibían estas ca mpañas enriqueñas, con ausencia de ép icas y sangrientas b atallas y el mal em pleo de los fo ndos destinad os a la cr uzada, se r efiere Luis Suárez co mo uno de los aspec tos q ue co menzó a g enerar el d esprestigio hac ia la fig ura del rey. También este aspecto fue señalado por Angus Mack ay, hablando, incluso, de las “tend encias is lamófilas” del rey : SUÁREZ FERNÁN DEZ, Lu is, Nobleza y mo narqu ía: puntos d e vista ..., p. 188; MACKAY, Angus, La Españ a d e la Edad Media ..., p. 219. Asimismo, acerca del papel qu e desem peñó la ciud ad de Sevilla en las cam pañas de conq uista sobr e el reino g ranadino durante el r einado d e Enriqu e IV, véase: MONTES R OMERO- CAMACHO, Isabel, “Un g ran concejo andalu z ant e la guerra de Granada: Sevilla en tiempos de En rique IV ( 1454 -1474), En la España medieva l , 5, 19 84, pp. 595 -650; y MONTE S ROMERO- CAMACHO, Isab el, “Sevilla y la f rontera de Granad a ..., pp. 123 -145. 502 ORTIZ DE ZÚÑI GA, Diego , Anales eclesiásticos y secular es ... , v ol. III, pp. 7 - 8. 146 compañía de su he rmano Gonza lo y su sobrino Ferná n, en la ca mpaña de 1456. También nos consta, por ejemplo, que este mismo caballero propuso la recuperación de un enclave estratégico como e ra Jimena, que, como ya hemos referido, habí a caído en poder de los nazaríes en 1451; tres años antes, aprovechando, también, el desastre acaecido en Río Verde sobre las tropas de Saave dra y Or diales, hab ía ocurrido lo mismo con Castellar. La recuperación c astellana d e Jim ena se produjo el 15 de junio d e 1456 y los detalles de su conquista se pueden conocer gracias a algunos testimonios cronísticos de Diego de Valera , Pedro Barrantes Maldonado o Di ego O rtiz de Zúñiga. Estas fuentes informan cómo estando el rey Enrique IV e n Sevilla: “Juan de Sayaved r a le enbi ó a dezir que abía t entado la villa de X i mena, q ue los moro s avían recobrado, despu és que la ganó el mariscal Pe ro Garc ía, y que la falló de tal manera que le paresció ser ligera de tomar, y le suplicava le plugu iese ir lo a poner en obra” 503 . Percatado, por lo tanto, el señor de Castellar del “descuido con que los Moro s tenían el [castillo] de la villa de Ximena” 504 , tras noticiarlo al monarca , éste de inmediato: “salió de Seui lla con la m ás gente que pudo [...] y to mó consigo a Juan de Sayav ed ra, y fue a mirar la villa de X imena; y mirola toda en t orno, y tornose a Caste llar, don de aví a mandado que toda la gente le esperase [...]. Y otr o día bien de mañana, Juan de Sayavedra, quel ard id avía traydo, les dixo que devían luego combatir luego la villa, lo qual se puso luego por obra, y combatiose de tal manera que prestamente se tomó por fuerça de ar mas” 505 . Jimena pudo ser, por lo tanto, tomada gracias a la determinac ión de Juan Arias de Saavedra , quien, según las mis ivas regias custodiada s en las actas capitulares d e Jerez, también se encargó en ju nio de 1456 primero, de vigilar el entorno de Estep ona y despué s, 503 VALERA, Diego de, Memorial d e diversas hazañas ... , cap. XI, p. 37. También en la crónica anónim a del rein ado de Enrique I V se hace alu sión a la conqu ista de Jimena, gracias a que Juan Arias de Saavedr a “av ía enbiado el avisso”: Crónica anónima de En rique IV de Castilla ... , vol. I, cap . XXVIII, p. 58. Sobre este ep isodio de la recup eración d e la villa de Jimena tam bién se ref iere Barrantes Mald onad o: BARRANTES M ALDONAD O, Pedro , “Ilustraciones de la Casa de N iebla ... , vol. X, pp. 159 - 163. 504 ORTIZ DE ZÚÑI GA, Diego , Anales eclesiá sticos y secular es ... , v ol. III, p. 10. 505 VALERA, Dieg o de, Memorial d e diversas ha zañas ... , cap. XI, pp. 37 - 38. 147 de entrar “en ti erra de moros, la vía de Estepo na” 506 . P ara este cometido, Enrique IV notificó, el 22 de junio a la ciudad de Jerez y a otras villas cercanas el encargo que había realiza do a Juan Arias de Saavedra, y ord enó que estuvieran p restas a sus requerimientos 507 . Y solo dos días más tarde, el monarc a ordenaba a la ciudad de Jerez poner a disposición de S a avedra dur ante quince días “çiento e çinquenta de cauallo a la gineta, bien aderesçados e de buenos cau allos e armas, e çient peones, ballesteros e lançeros” 508 . Asimismo, Diego de Valera sitúa igualmente al c aballero en las incursiones sobre el reino de Granada d el año 1457 509 , y gracias, nuevamente, a l as actas capitulares de Jerez podemos conocer con mayores detalles la implicación de Saavedra en las campañas de este año. Tenemos co nstancia, por ejemplo, de que el 6 de marzo se p resentó ante el cabildo expresando su voluntad y la del alcaide de Estepona y otros caballeros de, en servicio regio, “fazer en tierra de moros una bu ena cosa” 510 , para lo cual solici taban a la ciudad de Jerez tresci entos peones. La cifra se redujo finalmente a doscientos cincuenta, y tras el alarde d e las tropas, la salida se produjo el 9 de marzo. Aunque estaba previsto que durase seis días, la empresa de bió prolongarse al menos más de un mes, ya que el 1 8 de abril, el jurado Pedro de Vera se pr esentó ante el cabildo je rezano para l eer una carta en la que Saaved ra y Tristán Daza solicitaban refuerzos a la ciudad, puest o que tenían noticias de que los musulmanes pretendían correr el entorno de Jerez; la petición fue aceptada y la movilización de tropas se produjo de forma inmediata, s a liendo al día siguiente. No obstante, la incursión nazarí no llegó a prod ucirse 511 . Tras realizar esta se rie de correrías por ti erra s musulmanas junto a Francisco de Miranda, al caide de Estepona, e l monarca encom endó a Saavedra el de smantelamiento de la plaza esteponera p or una real c édula fecha da en septiembre de 145 8. El enclave había sido conquistado con su colaboración y la de las tropas jerezanas q ue Enrique I V 506 TORREMOCHA SIL VA, An tonio, “Jerez y el abastecimien to d e Jimen a y Castellar ... , p. 191. Estos acontecim ientos tam bién se tratan en: ABELLÁN PÉREZ , Juan, La ciudad de Je rez de la Frontera ... , p. 104. 507 Ibid , pp. 131 -132, doc. 4: Enrique IV al concejo de Je rez y a to das las villa s y luga res del ob ispado de Cádiz y la villa de Lebrija, notifica que Juan de Saavedra, alcaide de Castellar, estaba en tierr a de mo ros por su mandado, y ordena que cuando f ueran requeridos por aquel acudieran a sus llamamientos (Sev illa, 22 d e junio de 1456). 508 Ib id , pp. 133-134, doc. 5 : Enriqu e IV a l con cejo de Jerez de l a Fro ntera n otifica que ha manda do a Juan de Saaved ra que entre en tierra de moros y manda que rep artan en la ciudad 150 de caballo y 100 peones para q ue fueran con el alcaide de Castellar ( Sevilla, 2 4 de junio de 1456). 509 VALERA, Dieg o de, Memorial d e diversas ha zañas ... , cap. XIII, p. 45. 510 Citado en ABELLÁN PÉRE Z, Juan, La ciudad de Jerez d e la Frontera ... , p. 107. 511 Ibid , pp. 107-108. 148 había mandado poner a s u servicio a través de un a carta del 24 de junio de 1456 512 . Sin embargo, el encargo regio de septiembre de 1458 ya no pudo s er completado por Saav edra a caus a de su fallecimiento en ese mismo año. Al cabildo de Jerez fu e encargado, finalmente, el desma ntelamiento de Estepona 513 . Hasta los últimos momentos de su vida, el cab allero de la frontera se mantuvo activo en el servicio a la monarquía castellana y p rueba de ello son los reconocimientos que desde esta alta instancia de poder se le brindaban en forma de gracias y merc edes. En este sentido se podría entender el especial interés que demostró el rey Enrique IV en que las huestes a caballo de S evilla con d estino “a la tala de Granada” fuesen dirigidas por Juan Arias de Saavedra. Con este mandato, Enr ique IV había dirigido sendas cartas a l concejo sevillano, sin embargo, según se puede deducir de la documentación, el cabildo ya tenía antes de recibir las mi sivas reales acordado enviar las tropas bajo el mando de Pedro P once de León, hijo del conde de Arcos. Ante la réplica que la ciudad de Sevilla alzó al mona rca, Enrique IV resolvió que “ca da uno de ellos trayga la meytad” 514 . N o obstante, Ortiz d e Zúñi ga te stimonia cómo est a resolución re al motivó una nuev a respuesta de la ciudad en defensa d e sus p rivilegios y da cuenta también d e la reacción que causó en el rey: “ enojado el R ey, no solo esta v ez, sino siemp re que la enviasen gent e de a pie y de a caballo, envió a mandar que la ll evase Juan de Sa avedra: continuó la Ciudad en interpone r sus súplica s, acorda ndo sus servicios y sus privilegi os, a que sin causa se contravenía” 515 . 512 RALL ÓN, Fray Esteban, Histo ria d e la ciud ad de Xerez de la Frontera ... , v ol. II, pp . 259 -262; LADERO QUESADA, Miguel Ángel, Gu zmán: la ca sa ducal ..., pp. 142-1 43 ; SÁNC HEZ SA US, R afael, “La Fronter a en la caracterizac ión ..., p. 295 . 513 SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Lin ajes sevillanos medieva les ..., vol. I, p. 271. Estepona había caído en pod er de Castilla com o resultado de las campañas de E nrique I V, que la donó al marqués de Villen a. Sin embar go, su complejo emplazamien to e n la frontera demostró las dificultades que alberga b a su s ostenimiento , por l o que e n 1460 el rey la entregó al concejo de Jerez y, posterio rmente, le encargó “aderribar e d emoler e poner por el suelo la d icha v illa de E s tepona, e las casas e tor res e çerca e muros d ella”: ABELL ÁN PÉREZ, Juan , Fuentes históricas jerezanas ... , pp. 164 -165, doc. 87 : Enrique IV a don Juan Pacheco para q ue entregue la villa y el cast illo de Estepo na a l conce jo de Je rez d e la F rontera (Mad rid, 24 de en ero de 1460) ; pp. 165 -166, doc. 88: En rique I V ordena al concejo de Jerez de l a Fron tera qu e n ombre a un ca ballero que con cin co má s y 140 p eones tenga la guard a de la villa de Estep ona (Madrid, 9 de febrero de 146 0) ; p. 184, d oc. 97: En rique IV ordena al co ncejo de Jerez d e la Frontera la demolición de la villa de Estepona (Vallad olid, 16 de junio d e 1460) ; p. 185, doc. 9 8: En rique I V ordena a Gonzalo de Ávila, corregido r d e Jerez d e la Frontera, q ue vaya a d erribar la villa de Estep ona (Valladolid, 16 de jun io de 1 460) ; p. 185, doc. 99: Enriqu e IV manda q ue el corregido r d e Je rez v a ya con el pendón de la ciu dad a d erribar la villa de Estepo na (Valladolid, 16 de junio d e 1460). 514 AGA n, Fo ndo de la Familia Arias d e Saaved ra, leg . 3775 , d oc. 4 : Carta d el rey En rique IV a l conce jo de Sev illa pa ra q ue la milicia que vaya a las ca mpañas g ranadinas lo h aga con Pedro Ponce de León y Juan Arias de Saavedra ( Segovia, 2 de junio de 1457). 515 ORTIZ DE ZÚÑI GA, Diego , Anales eclesiá sticos y secular es ... , v ol. III, p. 12. 149 Sin embargo, el 21 d e ag osto el monarca volvió a mostrar su predisposición hacia Sa ave dra y en un nuevo mandamiento dirigido al cabildo de Se villa, Enrique IV ordenó: “a esa ciudad que me embiase cualquier gente así de caballo como de pie, así para la guerra de lo s moros co mo para ot ras qualesqu ier partes [...] la t al gen te saliere e biniess e e me la enbiased es de aquí adelante con J ohan de Saab edra mi vasa llo e mi alcayd e de l Castellar, porqu e la é l trogi esse e fu ese cap itán de el la et no otr o alguno ” 516 . La ciudad debió volv er a remitir súplicas al rey, pu esto que, s egún informa Or tiz de Zúñiga ésta “ obtuvo al fin que el Rey todo lo m andase susp ender po r otr a c arta desd e Jaén a 28 d e Agosto” 517 . Finalmente, tras consultars e este asunto en el Consejo Real, el 15 de f ebrero d e 1458 se dictaminó que “Sevilla debía ser mantenida en la pose sión de nombrar caudillo para su gente, y observados los privilegios que sobre esto tenían de los Reyes” 518 . A pesar de que frente a las disposiciones reales s e reconoció a S evilla su derecho de nombrar caudillo, de l a situación que g eneró este desencue ntro entre el r ey y Sevilla resulta muy esclarec edora la confianza que el monarca tenía depositada en Juan Arias de Saavedra , el cuál, como hemos visto, podía llegar a ocupar una posición tan relevante como un miembro de la casa de A rcos; e incluso, en det erminados mo mentos podría situarse hasta por encima en la preferencia del monarca. La dilatada trayectoria de Saavedra en la frontera y la capac idad demostrada en este complejo espacio, conducía al fortalecimiento de su posición en el reino de Sevilla. Por otro lado, las constantes distinciones con que la corona rec onocía sus méritos y servicios convertían al linaje en una pieza fundamental d el entramado sociopolít ico de la Sevilla del momento, “cuya infl uencia no d eja de crecer” 519 ; todo ello no hacía sin o conducir a que el propio rey Enriqu e IV considerase a Ju an Arias de Saavedra como “un c avallero de verda d y hombre que tenía gran conoc imiento de las cosas de la guerr a”, según reve la Galíndez de Carvajal en su Crónica de Enrique IV 520 . 516 AGA n, Fondo de la Familia Ar ias de Saav edra, leg. 3753, doc. 3: Real Provisión de Enrique IV ordena ndo al cabildo de Sevilla que Juan Arias de Saavedra dirigiese las tropas de la ciud ad (Jaén , 21 de agosto de 1457). 517 ORTIZ DE ZÚÑI GA, Diego , Anales eclesiá sticos y secula res ... , v ol. III, p. 12. 518 Ibid , vol. III, p. 13. 519 CARRIAZO RU BIO, Juan L uis, La Casa de Arcos entre Sevilla ..., p. 240. 520 Citado en TORRES FONTES , Juan, “Los alfaqueques castellan os en la f rontera de Granada ... , p. 107. 150 Sin embargo, distincione s de este tipo, como la de agosto d e 1457, a pesar de qu e engrandecían la posición e influencia del linaje, también podían generar consec uencias negativas derivadas del malestar que suponía e ntre los demás caballeros e insignes familias de la ciudad la pre ferencia del monarca por Juan Arias de S aavedra “et no otro alguno” 521 . Los intereses en materia social, política y económica en la región de S evill a y andaluza, así como las aspiraciones d e gloria y medro en la frontera con Granada eran compartidos por la aristocracia guerrera sevillana, que veía en este espacio conflictivo un medio privilegiado para alcanzar poder, prestigio y reputación. Las rencillas y recelos locales provoc aron, finalmente, un cambio de parecer en el rey Enrique IV. Tras haber comu nicado a la ciudad de Sevilla qu e las tropas fuesen comandada s exclusivamente por Juan Arias d e Saavedra, el cabildo manifestó que, a pesar de que obedecería este mandado real, su cumplimiento gene raría a la ciudad daños, agravios “e m engua de lo s otros cavalleros e p ersonas de ella” 522 . Ante la respuesta de las autoridades sevillanas, E nrique IV dejó en suspenso este mandamiento “fasta tanto que yo, llamadas e vidas las partes a quien toc are, mande ver en lo susodicho e faga sobre ello lo que entienda que c um ple a mi serviçio e a vien de esa çibdad” 523 . Sin embargo, Juan Arias de Saavedra no tuvo tiempo para más, pues debió fa llecer en 1458; el 28 de noviembre de este año fu e cuando su hijo Juan de Saavedra fue nombrado por Enrique IV par a ocupar el oficio d e alfaqueque mayor de C astilla que El Famoso detentaba d esde 1439 524 ; y, de ese mismo año consta su última aparición en las nóminas de las tenencias de los castillos y fortalezas dependientes del cabildo sevillano 525 . Sin embargo, dado que el retoño era aún menor de edad, el monarca otorgó licencia a Juana de Avel laneda, viuda de Juan Arias de S aavedra y madre del flamante 521 AGA n, Fondo de la Familia Ar ias de Saav edra, leg. 3753, doc. 3: Real Provisión de Enrique IV ordena ndo al cabildo de Sevilla que Juan Arias de Saavedra dirigiese las tropas de la ciud ad (Jaén , 21 de agosto de 1457). 522 AGA n, Fondo de la Familia Ar ias de Saav edr a, leg. 3753, doc. 3: Real Provisión de Enriqu e IV ordena ndo al cabildo de Sevilla que Juan Arias de Saavedra dirigiese las tropas de la ciud ad (Jaén , 21 de agosto de 1457). 523 AGA n, Fondo de la Familia Ar ias de Saav edra, leg. 3753, doc. 3: Real Provisión de En rique IV ordena ndo al cabildo de Sevilla que Juan Arias de Saavedra dirigiese las tropas de la ciud ad (Jaén , 21 de agosto de 1457). 524 SANZ FUENTES, María Josef a y SIMO RODRÍGUEZ, María Isabel, Catálog o de documentos conten idos ... , p. 108, doc. 655: En rique IV con cede a Juan de S aavedra, su va sallo, hijo de Juan d e Saave dra, su alca ide de Castellar y su alfaq ueque en la Frontera, el ca rgo de alfaqueque mayor de en tre los cristian os y moro s en toda su frontera de Lorca a Tarifa (Santo Domingo de la Calzad a, 28 de noviemb re de 1458 ). 525 GARCÍA FIT Z, Francisco , El ca stillo de Alcalá de Guada íra ... , p. 361 , do c. 108: Nómina de las tenencia s de los castillos d e Sevilla: a Juan de Sa avedra, a lcaide de la fortaleza de Alca lá de Guad aíra, 6.00 0 maravedís (Sev illa, 1458). 151 alfaqueque mayor, pa ra nombrar a personas que sirviesen este cargo mientras durase la minoría de edad de Juan de Saavedra 526 . Asimi smo, también fue precisa la implicación de Juana de Avellaneda, en nombre de otro de sus hij os, llamado Ferná n Arias de Saavedra , para solicitar al cabildo sevillano la ejecución de las obras en el castillo de Alcalá de Guadaíra aprobadas en el año 1454 527 ; Fe rnán sucedió a su pad re al frente de la tenencia de esta fortal eza y, como tal, ap arece en las nóminas del concejo sevillano del 21 de marzo de 1459 con una partida de 6.000 maravedís 528 . En cuanto a la viuda del caudillo, Juana de Avellan eda Delgadillo, descendía, según afirma R afael Sánchez Saus, de Juan Álvarez Delgadillo de Avellaneda y de Constanza Fajar do 529 . De la des cendencia nacida del matrimonio entre Juan Arias d e Saavedra y Juana de Avellaneda, destacó sobre todo la figura de Fernán Arias d e Saavedra, que fu e finalmente el sucesor al frente de la casa y estado. Aunque su herm ano mayor, Juan de Saavedra , h abía sucedido en el oficio de alfaqueque mayor de Castilla por nombramiento real tras la muerte de su padre, no logró tener, co mo éste, una dil atada trayectoria en la frontera a causa de su fallecimiento prematuro. A p esar de que no se conoce con exactitud la fecha de su muerte 530 , el análisis y contraste de la documentación de arch ivo existente nos permite fijar con certeza el año 1462 como límite máximo en el que debió fa llece r este malogrado alfaquequ e; el 6 de octubre de ese mismo año, el rey Enrique I V concedió la Alfaquequería Mayo r de Castilla a Fernán Arias de Saavedra “ en lo gar de Joan de Saavedra , vuestro h ermano mayor, alhaqueque m ayor que fue, pero es fallecido” 531 . Por 526 SANZ FUENTES, María Josef a y SIMO RODRÍGUEZ, María Isabel, Catálog o de documentos conten idos ... , p. 108, do c. 656: En rique IV d a licencia a doña Juana de Avella neda para que p onga a personas fiab les que desempeñen el oficio de alfaqueq ue en la Fro ntera hasta q ue su hijo Juan de Saaved ra sea mayo r de edad y pueda usarlo (Santo Domin go de la Calzada , 28 de noviemb re de 1458). 527 GARCÍA FITZ, Fra ncisco, El castillo de Alcalá de Gu adaíra ... , p. 362, do c. 109: Acuerdo d el cab ildo municipa l de Sev illa orden ando a Francisco de Villafranca, a p etición d e la mujer de Juan de Sa avedra, alcaide del ca stillo de Alca lá de Guadaíra, que efectúe la s ob ras q ue se habían aprobado en 1454 en d icho castillo (Sev illa, 10 de en ero de 1458). 528 Ibid , p. 362, doc. 1 10: Nómina de las ten encias de los catillos de Sevilla: a Fernán Arias de Saavedra, alcaide de la fortaleza de Alcalá de Gu adaíra, 6.000 mara vedís (Sevilla, 21 de marzo de 1459) . 529 SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Lina jes sevillanos med ievales .. ., vol. I, p. 271 . 530 Rafael Sánch ez Saus pr opone como fecha de su fallecimien to el año de 1462. Este au tor aporta algunas noticias sobre los sucesos trágicos que debieron ocurrir a este caballero, ya que, seg ún indica, en una fecha que p odría situarse en tre los añ os 144 8 y 1456, Ju an de Saaved ra se halló con su tío Gonzalo de Saavedra, herman o d el señ or d e Castellar Juan Arias de Saavedra, en una de las tantas incu rsiones sobre tierras musulman as en las que los Sa avedra participab an. Sin embargo , e n esta escaramuza , que es descrita por u n testigo en el pleito que los Saa vedra entablaron con los Ponce de León a cuenta de Zahara, el jo ven caballero resultó “h erido d e tres lanzad as, de las qu e se le tuvo p or mu erto”: SÁNCHEZ SA U S, Rafael, “Lo s Saavedr a y la frontera ..., p. 170 . Sin embargo, aunque se llegase a temer po r su vida, el f allecimiento de Juan de Saaved ra no debió producir se d irectamen te en este lance f ronterizo , ya que, co mo h emos comen tado, en noviembr e de 1458 fue nombrado por el rey alf aq uequ e mayor de Castilla. 531 AGA n, Fon do de la Familia Arias de Saav edra, leg . 377 5, doc. 6 : Nombramiento por el rey E nrique IV como alfaqueque mayor de Castilla a Fernán Arias de Saavedra (Sego via, 6 de octub re de 1462) . En el 152 lo tanto, el principal heredero de Ju an Arias de Saavedra y Juana de Avellaneda fu e su hijo Fernán Arias de Sa avedra, quién, además de ocupar el cargo de al f aqueque mayor, también sucedió al fre nte de las posesiones señoria les en poder de sus padres, el lugar de El Viso y la villa de Castellar. A todo ello, hay que sumar el mayorazgo qu e fu ndaron Juan Arias de Saavedra y Juana de Avellaneda el 23 de marzo de 1456, con facultad real, que hu bo de heredar, también, su hijo Ferná n Arias de Saavedra 532 . Entre los bienes vinculados en est e mayorazgo, que s e trató del primero que fundó el linaje de los Saavedra y el que ha definido hist óricamente a la estirpe, se encontraban, por un lado, el se ñorío sobre el lugar de El Viso y, por otro l ado, las casas principales en las qu e el matrimonio conformado por Juan Arias de Saavedra y Juan a de Avellaneda habitaba en la collación de San Martín de S evilla. Este vínculo, que aún en estas fe chas no incluía el señorío que los Saavedra ejercían sobre la villa de Castellar, ha sido de nominado en la documentación, desde su fundación hasta fines del Antiguo Régimen, como el mayor azgo de El Viso, en virtud del primigenio poder señorial de la familia. Sin embargo, a fines del siglo XV el poseedor del mayorazgo, el citado Fernán Arias de Saavedra, consiguió facultad real para agregar al vínculo la villa de Castellar hec ho que se produjo en los últimos años del siglo XV 533 . Partiendo de estas premi sas, Fernán Arias de S aavedra dio continuidad, ta nto a la labor fronteriza a l a que con tanto ahínco se v enían de dicando tanto su p adre como su abuelo, como a la consolidación de la implantac ión del linaje en los órganos de poder local de la ciudad de S evilla, donde se vio obligado a tomar partido, además, en las banderías nobiliarias qu e desgarraron la vida pú blica de la región durante la segunda mitad del siglo XV. No obstante, antes d e continuar con la tr ayectoria desempeñada por Tumbo de los Rey es Católicos del Concejo de Sevilla se co nserva una copia in serta de este documento , fechad a en 1462, en la carta de conf irmación de los R eyes Católicos del 20 de ma yo de 1476: CARANDE, Ramón y CAR RIAZO Y ARROQUIA, Juan de Mata (dirs.), El Tumbo de l os Reyes Católicos ... , vol. I, pp. 314 -318, doc. I.158 : Lo s Reyes Cató licos con firman a Fernán Arias d e S aavedra el nombramiento d e alfaqu eque mayor de la frontera que le fue otorgado por Enrique en carta dada en Segovia a 6 de octubre de 14 62 que aquí se inco rpora (Vallado lid , 20 de ma yo de 1476). 532 ADM, Fondo El Viso, leg . 1, d oc. 11: Fundación del ma yorazgo de El Viso por Juan Aria s de Saaved r a y Juana de Avellaneda (Sevilla, 23 de marzo d e 1456). 533 La facultad p ara agregar al mayor azgo el señorío sob re la villa de Castellar fue co ncedid a a el 7 de marzo de 1492 po r los Reyes Católicos a Fernán Ar ias de Saav edra: ADM, Fondo Castellar, leg . 3, do c. 18: Faculta d d e los Reyes Católicos a Fernán Arias de Saavedra para que pueda agregar el seño río de la villa de Castellar a l ma yorazgo de El Viso (San ta Fe, 7 de marzo de 14 92) . Fernán hizo uso de esta facultad el 27 de enero d e 149 6, cuando otorg ó, an te el escribano público de Sevilla Bartolomé Sánchez de P orras, la escritura de agreg ación de C astellar al vínculo d e El Viso: ADM, Fon do El Viso, leg. 1, doc. 11: Fundación del ma yorazgo d e El V iso por Juan Arias d e S aavedra y Juan a de Avella neda (S evilla, 23 de marzo de 1456). Este documento también se encuent ra en: AGAn, Fondo de la Fam ilia Arias de Saaved ra, leg. 3775, doc. 74: Cláusula s d e la fundació n de los mayo razgos d e los co ndes d e Castellar ; y en ADM, Fondo El Viso, leg. 1 , doc. 12: Cláusulas de la fundación de lo s mayorazgos de lo s condes de Ca stellar . 153 Fernán Arias d e Saavedra, c reemos conveniente, llegados a este punto, centrarnos en la ya mencionada ra ma de los mariscales , iniciada por Gonza lo d e Saav edra, hijo del alcaide de Cañete Fernán Arias de Saavedra y hermano, por lo tanto, del alfaqueque mayor y señor de El Viso y Castellar, Juan Arias de Saa vedra , el Famoso . 1.2.3. Los Saavedra y la mariscalía de Castilla La rama familiar de lo s mariscales tuvo su in icio con Gonzalo d e Saavedra y fue continuada por sus descendientes, corriendo de forma paralela a la rama d el C astellar , con quienes mantuvieron una e strecha colaboración. Al igual que sus hermanos, el malogrado Fernan do y el alfaqueque mayor Juan Arias de Saave dra, Gonzalo había crecido en un contexto muy particular, imbuido del carácter de guerre ro fronterizo de su padre, el adalid de Cañete, Fernán Arias de Saavedra el Bueno . Alcanzar su fama y reputac ión, pensamos que era n las aspir aciones que movían el comportamiento de G onzalo de S aavedra, d el que Sánchez Saus dest aca su fu erte personalidad 534 . Gonzalo participó activ amente en las campañas contra el reino d e Gr anada y mantuvo un importante pa pel en la polí tica local de la ciudad de Sevilla. Si bi en, el aspecto más destacado de su carrera política fue su verti ginoso ascenso hasta los más altos escalafones del reino castellano; de esta forma, Gonzalo de Saavedra pudo desenvolverse entre las figuras políti cas y casas aristocrática s más importantes de l momento, llegando a formar parte, incluso, del Consejo Real de Enrique IV, un a instit ución que, dura nte este reinado, fue “lugar de disputa entre la nobleza, d ividida en facc iones, y el rey” 535 . Su presenc ia en este órgano supremo de la estru ctura del gobierno d e la monarquía, dominado por el ascendiente que sobr e la voluntad regia ej ercía la gran nobleza castellana 536 , dotó al linaje de los Saavedra de un a gran influenci a política, social y económica que s e acabó trasladando al entorno m ás próximo en el que se desenvolvían los Saavedra: Andalucía y Sevilla. 534 SÁNCHEZ SAUS, Raf ael, “ Los Saaved ra y la frontera ..., p. 168. 535 DIOS, Salustian o de, El Con sejo Real d e Castilla ... , p. 105. 536 GARCÍA VERA, María José, “Poder nobiliario y poder p olítico en la Corte de Enrique IV (1454 - 1474)”, En la E spaña medieva l, 16 , 1993, pp. 223 - 237. 256 mayor de la justicia de Sevilla 987 , e incluso, se denomina como tal alcalde en la escritur a de testamento que otorgó en 1530 988 . Tras su fallecimiento el 19 de septiembr e de 1531 989 , al no contar con d escendencia masculina de su matrimonio con Marina Zapata -hija de Ruy Sánchez Zapata, señor de Barajas, y de doña Guiomar de Alarcón 990 - fueron s us hijas las herederas y continuadora s de la estirpe: I sabel de Saavedra, que casó con Rodrigo de Mons alve, Juana con Fernando Carrillo y María , que contrajo nupcias con Diego Pardo de Dez a, hijo mayor de Ar ias Pardo y Guiomar Tavera. Diego Pa rdo de Deza, junto con su hermano el cardenal y arzobispo de Toledo, Juan Pardo Tavera, fortaleci eron enormemente a su estirpe, de l a cual, deriva el señorío y marquesado de Malagón 991 . Se inició con este matrimonio entre María y Diego una estrec ha vinculación entr e los Saavedra y los Tavera que, como veremos más adelante, hubo de continuarse durante las décadas sigui entes, llegando a recaer el marque sado de Malagón en los condes de Castellar. Además de Gonzalo de Saa vedra, el mariscal F ernán Arias de Saa vedra y su mujer Juana de Mendoza también tuvi eron por hijos a Juan de S aavedra, sobre quien recayó la trotería mayor tras el fallecimiento de su tío P edro Vázquez 992 , y a P edro Fernández d e Saavedra , qu e sucedió en la veinticuatría que é ste e jercía en e l ca bildo sevillano por cuyo desempeño cobra ba 3.000 maravedís anuales y que ocupó hasta su muerte en 1510, según testimonian los Papeles del Mayordomazgo del concejo sevillano 993 . 987 A MS , Papeles del Mayord omazgo, rollo 1 680, fotogramas 231 y ss. 988 ADM, Fondo Bienes de la Casa de Malag ón en Sev illa, leg. 9, doc. 7 1: Escritura de testamento otorgada por Gon zalo de Saaved ra (Sevilla, 28 de febrero d e 1530). 989 ADM, Fondo Bienes d e la Casa de Malagó n en Sevilla, leg . 10, d oc. 41: Fe no tarial del fa llecimiento de Gon zalo de Saaved ra (Sevilla, 19 de septiembre 1531). 990 SÁNCHEZ SAUS, Rafael, Lina jes sevillanos medieva les .. ., vol. I, p. 275 . 991 ADM, Fondo Bienes de la Casa de Malag ón en Sev illa, leg. 2, doc. 58 : Escritura de testamento otorgada por Diego Pardo de Deza (Sevilla, 15 de septiembre de 1517) . 992 AGS, Regi stro Gener al del Sello, leg. 14 8312, doc. 67: Los Reyes Católico s conced en a Ju an de Saave dra, hijo del ma riscal Fernán Arias d e Saa vedra, el oficio de la trotería mayor d e Sevilla y su tierra por el fallec imiento de su tío Pedro Vá zquez de Saa vedra ( Vitoria, 6 d e diciembre d e 14 83) . Este documento también se encuentra en: CARANDE, Ram ón y CARRIAZO Y ARROQUIA, Juan de Mata ( dirs.), El Tumbo de lo s Reyes Católicos. .. , vol. III, pp. 413 -414, doc. II.28 1. E n 1 491 Ju an d e Saav edra tenía el oficio arrend ado a Cristóbal Cerez o, que se quejab a de que éste le h abía despo jado de él: AGS, R eg istro Gener al del Sello, leg . 149103, doc. 4 03: Incitativa al asistente de Sevilla a petición de Cristóbal Cerezo, sobre que Juan de Saavedra le ha quitado sin motivo el oficio de la trotería mayor que tenía arrendado, dándoselo a otro (Sevilla, 2 4 d e marzo de 1 491). A co nsecuencia de este conf licto por la trotería, le fue co ncedido un seguro a Cristóbal de Cerez o: AGS, R egistro General del Sello , leg . 149104, doc. 154: Carta de segu ro a favor de Cristóbal Cerezo, frente a Juan de Saavedra (Sevilla, 9 de abril de 1491). En 1503, el oficio de l a trotería recayó en Fernán Arias de Saavedra, hijo d e Juan de Saav edra, nieto, por lo t anto, del mar iscal Fernán Arias de Saav edra: FERNÁNDEZ GÓMEZ, Mar cos y OSTOS SALCEDO, Pilar (eds.), El Tumbo de los Reyes Católicos ... , vol. XI, pp. 4 40-441, d oc. VI.194 : Carta de merced del oficio d e la trotería mayor de Sev illa a Fernán Aria s de Saavedra ( Alcalá de Henares, 13 de mayo d e 1503). 993 AGS, Registro General del Sello, leg. 148312, doc. 30: Los R eyes Católicos conced en a Pedro Fernánd ez de Saavedra, hijo d el mariscal Fernán Arias de Saavedra, la veinticuatría en el concejo de [Document text truncated for crawler view.]