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Personajes femeninos en los cuentos de Iwasaki: la subversión de los arquetipos románticos

Langa Pizarro, Mar

Abstract

La cultura judeocristiana concibe a la mujer ideal como madre sumisa y asexuada —María—, y la opone al prototipo de la rebelde, seductora y activa —Lilith o Eva—. Esta bipolarización se renueva durante el Romanticismo: aunque siguen apareciendo jóvenes puras e idealizadas, abundan las mujeres fatales que, guiadas por el instinto, utilizan su sexualidad para dominar al varón. Fernando Iwasaki retoma elementos románticos como la atracción por la muerte y los amores desesperados; los mezcla con influencias procedentes de la literatura, el cine, la música y la realidad contemporáneas; y les añade una potente dosis de ironía y erotismo. El resultado es un cóctel en el que los arquetipos femeninos mantienen sus rasgos básicos, pero adquieren una dimensión mucho más multifacética y actual.

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227 2. Sección Fernando Iwasaki PERSONAJES FEMENINOS EN LOS CUENTOS DE IWASAKI: LA SUBVERSIÓN DE LOS ARQUETIPOS ROMÁNTICOS lAnGA pizArro, MAr uniVerSidAd de AliCAnte (eSpAñA) Investigadora Código ORCID: 0000-0002-6659-8805 [email protected] Resumen: La cultura judeocristiana concibe a la mujer ideal como madre sumisa y asexuada —María—, y la opone al prototipo de la rebelde, seductora y activa —Lilith o Eva—. Esta bipolarización se renueva durante el Romanticismo: aunque siguen apareciendo jóvenes puras e idealizadas, abundan las mujeres fatales que, guiadas por el instinto, utilizan su sexualidad para dominar al varón. Fernando Iwasaki retoma elementos románticos como la atracción por la muerte y los amores desesperados; los mezcla con influencias procedentes de la literatura, el cine, la música y la realidad contemporáneas; y les añade una potente dosis de ironía y erotismo. El resultado es un cóctel en el que los arquetipos femeninos mantienen sus rasgos básicos, pero adquieren una dimensión mucho más multifacética y actual. Palabras clave: Iwasaki, cuentos, mujer, romanticismo, arquetipos, ironía, sensualidad, erotismo, humor. Abstract: For the Judeo-Christian culture, the ideal woman is an asexual, submissive mother — Mary—, while Lilith and Eve epitomize the rebellious, seductive, transgressive prototype. During the Romantic period, this polarization is renewed: pure and idealized women still appear, but there are many femmes fatales that, guided by instinct, use their sexuality to dominate the male. Iwasaki uses Romantic elements such as attraction to death and desperate love, combining them with literary, cinematic and musical influences, lavishly garnished with irony and eroticism. The result is a cocktail in which female archetypes retain their basic features whilst acquiring a much more multifaceted and contemporary dimension. Key-words: Iwasaki, stories, woman, romanticism, archetypes, irony, sensuality, eroticism, humor. 1. loS doS ModeloS de Mujer y Su trAnSForMAción en el roMAnticiSMo Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás a tus hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará. Génesis 3: 16 En la tradición occidental, encontramos dos modelos básicos de mujer: María, la madre virgen y abnegada, frente a las peligrosas Eva y Lilith. Una repre- Revista Cauce nº39 DEF.indd 227 6/3/17 12:16 Mar Langa Pizarro 228 CAUCE. Revista Internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas, nº 39 (2016) www.revistacauce.com senta la castidad, las otras la sexualidad; la primera se sometió, las últimas se rebelaron. María entronca con progenitoras de deidades nacidas por partenogénesis1 y, como mediadora entre Dios y la humanidad, con madres-protectoras veneradas por otras religiones2. Sin embargo, aunque esos vínculos resulten evidentes, interesa recalcar ahora sus características de obediencia y virginidad, porque son estas las que la convierten en un “ejemplo de sumisión […] muy adecuado a los intereses patriarcales y androcéntricos que la caracterizan” (León Martín, 2004: 150). Todo lo contrario que María es Lilith —o Lilí—: una diablesa de origen mesopotámico que pasó a la tradición judía; ha inspirado numerosas obras de arte; es reivindicada como símbolo por diversos feminismos; y pervive como reclamo erótico3. Un texto rabínico (Otzar Hamidrashim 35a) relata que Lilith fue la primera mujer4: Dios la creó a la vez que a Adán, pero no lograron congeniar porque se disputaban el poder, y ella se negaba a practicar la postura del misionero. Harta, Lilith abandonó el Edén camino del Mar Rojo, donde procreó abundantemente con demonios lascivos. Adán rezó para que volviera, y Dios envió a tres ángeles a buscarla. Pero ella se negó a regresar. Probablemente porque su rebeldía resulta tan inequívoca, tan difícilmente manipulable, Lilith ha sido omitida o explicada como un personaje alegórico. Por ello, el papel de mujer opuesta a María lo suele ocupar otra fémina sexuada y 1 Como la diosa predinástica Neith, virginal madre Ra; las también vírgenes Mutemua e Isis, de quienes nacieron el faraón Amenhotep III y Horus, respectivamente; Nana, que, cuando le cayó un fruto en el regazo, engendró a Attis —quien resucitó tres días después de ser asesinado—; Maya, que concibió por sí sola a Buda —salvado en la infancia de la matanza provocada por el rey Bimbasara para acabar con él, y que ascendió al cielo en cuerpo y alma tras su muerte—; Devaki, que no necesitó conocer varón para generar a Krishna —quien recibió la adoración de los pastores, se salvó de la matanza del rey Kansa, murió crucificado, bajó a los infiernos, resucitó, y subió a los cielos corporalmente—; Semíramis, que concibió milagrosamente Tammuz —el dios pastor que descendió a los infiernos… 2 Entre ellas, Isis, en el antiguo Egipto; Kuan-Yin y Tārā, en el budismo; Párvati, Radha y Śakti, en el hinduismo. 3 Una prueba de ello es la aparición de su figura en la publicidad de numerosos perfumes (Christian Dior, Roberto Cavalli, Yves Saint Laurent…). Sobre este tema, puede consultarse el artículo de Martínez-Oña y Muñoz-Muñoz (2015). 4 La existencia de una mujer anterior a Eva se intuye también en la Biblia: el texto “creó, pues, Dios al hombre a su imagen […] varón y mujer los creó” (Génesis 1: 27) aparece antes que el que explica la formación de Eva a partir de la costilla de Adán: “dijo luego el Señor Dios: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada’ […]. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. De la costilla […] del hombre formó una mujer” (Génesis 2: 18-22). Revista Cauce nº39 DEF.indd 228 6/3/17 12:16 Personajes femeninos en los cuentos de iwasaki: la subversión de los arquetiPos románticos 229 2. Sección Fernando Iwasaki desobediente al mandato divino, aunque más sumisa que su predecesora: Eva, a quien Dios condenó a parir con dolor y, sobre todo, a subordinarse al varón. En Beyond God the Father: Toward a Philosophy of Women’s Liberation, la teóloga estadounidense Mary Daly (1928-2010) recogió una frase reveladora de Elizabeth Cady Stanton (1815-1902) sobre el castigo bíblico a Eva: Take the snake, the fruit tree and the woman from the tableau, and we have no fall, no frowning Judge, no Inferno, no everlasting punishment, hence no need for a Savior. Thus the bottom falls out of the whole Christian theology. Here is the reason why in all the Biblical researches and high criticisms, the scholars never touch the position of women (Daly, 1973: 69)5. Los dos prototipos aquí presentados evolucionaron en la segunda mitad del siglo XIX, cuando el progreso del feminismo desencadenó en algunos autores actitudes misóginas; y en todos, la “búsqueda intelectual de sensualidades y erotismos raros, sofisticados y extravagantes” (Bornay, 1990: 125), la fascinación por el esteticismo, el decadentismo, el simbolismo, lo morboso y lo prohibído (ibíd.: 169). Así pues, no resulta extraño que, en ese momento, se retomaran las historias de mujeres temidas como Judit, Dalila, Salomé, Lucrecia Borgia, Mesalina, Catalina de Medici y, sobre todo, Lilith. Sobre esas bases, el Romanticismo y el Modernismo tejieron las figuras contrapuestas6 de la mujer angélica —pura, etérea, inocente, virtuosa y frágil— y la fatal7 —tentadora, sensual, maligna, perversa y temible—. Con la mezcla de ambas, se perfiló a la mujer demoníaca —de aspecto angélico y consecuencias nefastas—. Y el auge de lo sobrenatural completó el catálogo con versiones femeninas de fantasmas y vampiros. 5 “Quitemos del cuadro la serpiente, el árbol frutal y a la mujer, y nos quedamos sin caída, sin Juez que frunza el ceño, sin Infierno, sin castigo eterno; y, por tanto, sin necesidad de un Salvador. Así se derrumban los cimientos de toda la teología cristiana. Esta es la razón por la cual, en todas las investigaciones bíblicas, incluso en las más críticas, los expertos nunca tocan el papel de la mujer”. (La traducción es mía, como todas aquellas en las que no se diga lo contrario). 6 Izabela Skowron ha estudiado la imagen de la mujer angélica y de la fatal en las Sonatas de Valle- Inclán, y en las Rimas de Bécquer. Mª del Rosario Delgado Suárez lo ha hecho en este último autor y en Baudelaire. 7 La “mujer fatal” cuenta con antecedentes como Pandora, Semíramis, Judith, Cleopatra, Salomé… Proceden de varias tradiciones, pero tienen en común el hecho de ser temibles y peligrosas. Así, mientras Afrodita resulta deseable, vanidosa, malhumorada e infiel, la encargada del inframundo en mitología nórdica —Hel o Hela— posee una hermosísima mitad superior del cuerpo, en tanto que la inferior es un cadáver putrefacto; la Morgana de la leyenda artúrica se describe como una hechicera ambiciosa y apasionada, que destruye la paz de Camelot al desvelar los amores de Ginebra con Lancelot; y las brujas medievales simbolizan la sexualidad y la independencia femeninas. Revista Cauce nº39 DEF.indd 229 6/3/17 12:16 Mar Langa Pizarro 230 CAUCE. Revista Internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas, nº 39 (2016) www.revistacauce.com De ese modo, los dos modelos tradicionales de mujer se asentaron, se diversificaron y se fijaron en la tradición occidental. Su trazos básicos pueden rastrearse en la literatura de Fernando Iwasaki, quien utiliza procedimientos contemporáneos para actualizarlos. 2. iwASAki: lA SubverSión de loS ArquetipoS Como apunté en la presentación de la página de autor Fernando Iwasaki de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, este escritor destaca por su versatilidad, tanto que: lo mismo escribe cuentos, microrrelatos y novelas que ensayos y artículos; a la vez que dicta conferencias, dirige una fundación y un aula cultural; y aún le queda tiempo para leer con fruición, tocar la guitarra, viajar, disfrutar con la familia y las amistades. Sus orígenes multiculturales, su heterogénea formación, su juventud peruana, su vida en Sevilla dejan huellas (Langa, 2010). A pesar de esa multiplicidad de actividades e influencias, existen algunos leitmotivs que lo caracterizan. Su obra “se asienta sobre tres pilares fundamentales: Eros, Tánatos e Historia. Todo ello aliñado con destellos irónicos, ecos borgianos y acordes de los Beatles. Su humor bebe de fuentes diversas, perfila perspectivas inauditas, ilumina de originalidad los textos, y nos conduce a la reflexión a través de la sonrisa” (ibíd.). José Manuel Camacho Delgado destaca que en la narrativa de Iwasaki se repiten elementos como lo fantástico que irrumpe en la realidad; el erotismo combinado con lo lúdico y lo jocoso; la parodia; y los juegos intertextuales (2005: 7-22). Y Francisca Noguerol alude a su fino sentido del humor, a su imaginación desbordante, a su vitalismo y sensualidad, al uso de coloquialismos y regionalismos, al ingenio para desvelar aspectos insospechados y a una “amplísima erudición que origina continuos juegos intertextuales”, con referentes cultos (mitología, literatura, arte, sucesos históricos) y populares (medios de comunicación, cine, televisión, canciones, leyendas urbanas). El humor lo vincula a otros autores clave de la literatura peruana, como Alfredo Bryce Echenique, y al que él reconoce como su maestro: Mario Vargas Llosa8. 8 Por ejemplo, de Vargas Llosa, se ha dicho: “la historia de Pichula Cuéllar se puede leer como un comic story tanto por el trazo rápido de sus escenas como por su también irrisorio y satírico uso de escenarios que […] sugieren la caricatura, el pastiche” (Ortega, 1968: 64); “Los cachorros parece un libro paródico, un brochazo burlesco en el retrato habitualmente trágico y ríspido del mundo Revista Cauce nº39 DEF.indd 230 6/3/17 12:16 Personajes femeninos en los cuentos de iwasaki: la subversión de los arquetiPos románticos 231 2. Sección Fernando Iwasaki Resulta fácil suponer que Iwasaki podría suscribir las reflexiones que hizo David Roas sobre su propia obra: tanto en el caso del narrador español como en el del peruano, el humor es “una fuerza transgresora, porque pone en cuestión lo normalmente aceptado […] desenmascara y desacraliza, nos hace ver la realidad sin dogmas ni solemnidad” (Roas, 2011). En cualquier caso, este ensayo defiende que esa desacralización también resulta determinante para la transformación de los arquetipos femeninos. Así sucede en Libro de mal amor que, como señaló Ricardo González Vigil, coincide con el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita en el tono burlesco, en la sensualidad y el hedonismo, en la recopilación de fracasos y en la base autobiográfica: el protagonista de Iwasaki tiene un apellido japonés y otro que coincide con el segundo suyo (Cauti); como Juan Ruiz, es bajo, feúcho y de pelo negro, y frecuenta los mismos ambientes que el autor. El propio Iwasaki explica la vinculación con la obra del Arcipreste en un proemio tan rebosante de erudición como de humor: Los seres humanos […] nos dividimos en dos grandes grupos: los conquistadores y los conquistables. Yo fracasé como conquistador […] mi memoria vive poblada por mujeres inaccesibles —más duras que el mármol a mis quejas— a quienes solo me atreví a hablarles en sueños […]. Ahora, finalmente he reunido el valor de dirigirme a ellas por escrito, mas no para ajustar cuentas pendientes, sino para que […] ríase la gente de cómo anduve yo caliente. Así, en lugar de reducir este Libro de mal amor a un exorcismo de mis demonios, lo he convertido en una conjuración de ángeles (Iwasaki, 2001: 12). En dichas líneas, encontramos un verso de Garcilaso (“más dura que el mármol a mis quejas”) y una cita parafraseada de Góngora (“Ándeme yo caliente / y ríase la gente”), junto a los juegos de palabras y la autoironía que reaparecerán frecuentemente en el resto del volumen: “¿No tienes amor propio?”, me preguntaban mis compañeras. Y la verdad es que no tenía, porque ninguno de mis amores me había pertenecido [...]. —Así aman los que saben —le [sic] decía a mis compañeras. —Así aman los que saben que no tienen ninguna posibilidad —remachaban ellas (ibíd.: 59). Volviendo al tema de este artículo, a pesar de la contemporaneidad de esta novela articulada como un conjunto de cuentos, resulta fácil rastrear entre sus peradolescente” (Oviedo, 1982: 194-195); y en La tía Julia y el escribídor, se logra “a través de la acción del humor que lo absurdo resulte creíble” (Pin, 2010). Revista Cauce nº39 DEF.indd 231 6/3/17 12:16 Mar Langa Pizarro 232 CAUCE. Revista Internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas, nº 39 (2016) www.revistacauce.com sonajes las huellas de la mujer angélica dibujada por el Romanticismo. El capítulo titulado “Carolina” describe a la chica de este modo: Su piel de porcelana me recordaba las nobles manos de los reyes ascetas, sus ojos como alhajas habrían confundido a los buscadores del Grial y el oro de sus rizos era un vellocino digno de otra delirante expedición mitológica. La belleza de la mayoría de las mujeres depende de la estética de su tiempo, mas solamente algunas como ella podrían haber sido raptadas por un príncipe troyano, inspirado tiernos madrigales a los trovadores o compartido sus rostros con las madonnas del cinquecento […]. Imaginé que ella era la princesa de todas las justas medievales, el ángel de todas las anunciaciones y la razón de todos mis insomnios. […] La imagen de sus melenas montaraces —como hiedras doradas— me había subyugado (Iwasaki, 2001: 25-26). Por si cupieran dudas, compárese con la joven inocente, bondadosa y dotada de una belleza casi prerrafaelista que rechazó al Marqués de Bradomín —un don Juan feo, católico, sentimental, según definición del propio Valle Inclán— en Sonata de Primavera: María Rosario era pálida, con los ojos negros, llenos de luz ardiente y lánguida […] resplandecía hermosa y cándida como una madona... Yo recordé entonces los antiguos cuadros, […] tablas prerrafaélicas (sic) que pintó en el retiro de su celda un monje desconocido, enamorado de los ingenuos milagros que florecen la leyenda de la reina Turingia (Valle Inclán, 1904: 43). Los trazos resultan similares: la piel pálida de María Rosario es de porcelana en Carolina; los luminosos ojos de aquella son ahora joyas refulgentes; la belleza de ambas evoca leyendas y obras pictóricas… Sin embargo, la idealización de Iwasaki, tan cargada de referencias artísticas y literarias, se quiebra gracias al uso de un humor capaz de distorsionar cualquier sublimación: “Me sentía tan enamorado que no me enamoré de nadie más mientras duró el trayecto del microbús” (ibíd.: 25). El mismo procedimiento se usa más adelante para romper el tópico amoroso: Una mañana advertí que el rechinante canto de los grillos no era tan alegre como pensaba, y una plomiza melancolía se apoderó de mí sin que el aroma del pan caliente o el olor del pasto mojado pudiesen remediarlo. Cuando Carolina subió al microbús […] un resplandor metálico fulguraba su mirada […]. Algunas semanas más tarde […] pensé que Carolina y el Fiscal de Letras hacían una pareja estupenda (ibíd.: 29). Frente a las mujeres angélicas, aparecen las féminas fatales, cuyo canon de belleza turbia incluye cabello largo —muchas veces rojizo—, piel extremadamente blanca y ojos a menudo verdes. Como señala Erika Bornay (1990: 300), se trata de un aspecto que sugiere frialdad, vicios y perversiones; que implica capacidad de dominio e incitación al mal; que connota una sexualidad lujuriosa y casi animal. Revista Cauce nº39 DEF.indd 232 6/3/17 12:16 Personajes femeninos en los cuentos de iwasaki: la subversión de los arquetiPos románticos 233 2. Sección Fernando Iwasaki Ese tipo de mujer da título a un relato de Un milagro informal, “La jumelle fatale”, donde un escritor peruano afincado en Sevilla conoce a una géminis nacida el 6/6/6: Mónica combina sensualidad arrebatadora (“era imposible dejar de observarla cuando caminaba: su cadencia, sus meneos y su gracia era una suerte de imán que hipnotizaba a los transeúntes”, Iwasaki, 2003: 15) con persuasión (“calculó bien, preparó la munición, volvió a sonreír y disparó con precisión”, ibíd.: 21) y descaro (“Te voy a hacer cositas que hace tiempo estabas buscando”, ibíd.: 21). Así genera un hechizo del que el protagonista masculino no puede huir: “me había conducido dócilmente por su encantadora telaraña” (ibíd.: 19); “hay algo dentro de mí que, irracional e inteligible, apasionado y femenino, me arrastra a la hora del cafelito y la tostada por los inexorables vericuetos que el puñetero destino me ha trazado en la Vía Láctea” (ibíd.: 22). Como puede verse, a pesar del contexto actual del relato y de los coloquialismos usados por el autor hispanoperuano, Mónica parece heredar su magnetismo de la bíblica Lilith, que se describe de este modo en un fragmento de “Eden Bower”: Draws men to watch the bright web she can weave, Till heart and body and life are in its hold. The rose and poppy are her flowers; for where Is he not found, O Lilith, whom shed scent And soft-shed kisses and soft sleep shall snare? Lo! as that youth’s eyes burned at thine, so went Thy spell through him, and left his straight neck bent And round his heart one strangling golden hair (Rossetti, 1869)9. Igual de embrujadora resulta la protagonista de “Ninotchka”, en El libro del mal amor: una gélida rusa, “pura como una diosa pagana y perturbadora como una virgen manierista” (Iwasaki, 2001: 59). Un salto posmoderno y borgiano, que aúna realidades y ficciones, hace a Ninotchka sobrina-bisnieta de la condesa Emmanuela Potocka10, “musa de Maupassant y reina de los salones parisinos de principios 9 Hace que los hombres miren la red brillante que teje, / hasta que corazón y cuerpo y vida quedan presos en ella. // La rosa y la amapola son sus flores, pues ¿dónde / podremos encontrar, oh Lilith, aquel a quien no engañen / tus fragancias, tu sutil beso y tus sueños tan dulces? / Ah, en el mismo instante en que ardieron los ojos del joven en los tuyos, / tu embrujo lo penetró, quebró su altivo cuello / y retorció su corazón con uno solo de tus cabellos de oro. 10 Emmanuela Potocka (Nápoles, 1852-París, 1930), casada con un conde polaco, fue famosa por el salón parisino en el que reunía los viernes a sus pretendientes, entre los que figuraron los pintores Jacques-Emile Blanche, Jean Beraud, Jean-Louis Forain y Henri Gervex; los compositores Albert Cahen y Charles-Marie Widor; y el escritor Guy de Maupassant. Varios de esos invitados la retra- Revista Cauce nº39 DEF.indd 233 6/3/17 12:16 Mar Langa Pizarro 234 CAUCE. Revista Internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas, nº 39 (2016) www.revistacauce.com del siglo XX” (ibíd.: 62). Para rizar el rizo, el autor de En busca del tiempo perdido relaciona a la condesa con otros personajes literarios: “Proust consideraba a Madame Potocka una heroína balzaquiana y una Belle Dame sans merci” (ibíd.: 63). De ese modo, se hace explícita la deuda de esas protagonistas con la mujer fatal del Romanticismo, que Keats perfiló en la enigmática balada citada por Iwasaki: Full beautiful—a faery’s child, Her hair was long, her foot was light, And her eyes were wild. […] She look’d at me as she did love, And there she lulled me asleep, […] I saw pale kings and princes too, Pale warriors, death-pale were they all; They cried—“La Belle Dame sans Merci Hath thee in thrall!”11 (Keats, 1819). Como el caballero que relata la historia de esa dama, los varones se postran ante los encantos de la condesa, y ante los de Ninotchka, de quien solo reciben desdenes: Todo lo que ocurría a su alrededor era normal y fabuloso a la vez. Lo normal era que los hombres más exitosos y triunfadores se humillaran a sus pies. Lo fabuloso era ver cómo los choteaba: con el empeine sublime, a puntazos displicentes o de artísticos toques de tacón. […] Al igual que en el canto vigésimo segundo de La Odisea, los pretendientes caían como ebrios funambulistas de la cuerda tensada por Ninotchka, quien maligna y bella reía y reía, más bella y maligna que la Eulalia de Darío (Iwasaki, 2001: 62). Iwasaki ofrece de ese modo otra base de su personaje: la condesa Eulalia, que protagoniza “Era un aire suave”, y al igual que su heroína, se burla de sus dos ricos pretendientes: Al oír las quejas de sus caballeros ríe, ríe, ríe la divina Eulalia, […] ¡y es cruel y eterna su risa de oro! (Darío, 1896: 86-89). taron; Marcel Proust describió ese ambiente y a su anfitriona en “Le salon de la comtesse Potocka” (Figaro, 13 de mayo de 1904); y Maupassant le dedicó un poema. 11 “Hermosa y bella —un hada niña / de pelo largo y pies ligeros, / salvaje la mirada. […] Y me miró cual si me amara, / gimiendo dulcemente. […] Y me arrulló hasta que dormí […] Vi reyes pálidos, princesas, / guerreros: todos cadavéricos, / gemían: “la bella dama sin / piedad te tiene preso” (traducción de Milton Medellín). Revista Cauce nº39 DEF.indd 234 6/3/17 12:16 Personajes femeninos en los cuentos de iwasaki: la subversión de los arquetiPos románticos 235 2. Sección Fernando Iwasaki Superposiciones literarias, juegos de espejos, ironía y tributos conviven en los cuentos de Iwasaki para configurar a la mujer fatal contemporánea que, sin embargo, transparenta los trazos de esas antecesoras a las que Baudelaire dedicó tantos poemas. Sirva de ejemplo el 24 de Les fleurs du mal, donde frialdad y sensualidad devienen un hechizante elixir: Et t’aime d’autant plus, belle, que tu me fuis, Et que tu me parais, ornement de mes nuits, Plus ironiquement accumuler les lieues Qui séparent mes bras des immensités bleues. Je m’avance à l’attaque, et je grimpe aux assauts, Comme après un cadavre un chœur de vermisseaux, Et je chéris, ô bête implacable et cruelle! Jusqu’à cette froideur par où tu m’es plus belle!12 (Baudelaire, 1857: 53). Como esa voz poética, el narrador de “Ninotchka” reconoce que gran parte del atractivo de la mujer amada reside en su desdén, en su inaccesibilidad, en el sometimiento que ella le exige sin ofrecer nada a cambio: Lo maravilloso de amar a una mujer como Ninotchka estaba en que mis sentimientos eran desinteresados, altruistas y generosos. No esperaba nada de ella y a la vez me sentía dispuesto a darle todo. Un amor sin condiciones, un amor irrescindible. Un amor casi perruno, vaya (Iwasaki, 2001: 59). Un paso más allá está en el inquietante cuento “Erde”, publicado en Un milagro informal. La adolescente que acude a una academia para preparar su ingreso a la Universidad se parece a Aracelli Tannembaum, la “Lolita” de Mempo Giardinelli, y que, como ya ha señalado la crítica, “trae a la memoria […] a otros personajes femeninos, como Remedios la Bella de García Márquez o Susana San Juan de Rulfo” (Camacho, 2005: 9). En Erde destaca “una inocente hermosura infantil que la pusiera más allá del bien y del mal” (Iwasaki, 2003: 170), pero esa ingenuidad aniñada resulta ser la antesala del terror: la desasosegadora unión de unos rasgos femeninos candorosos con la violencia pronto asalta a quien lee el relato. Y es ese un trazo que la protagonista comparte con la adolescente de “Los ojos de Lina”, uno de los decadentistas y románticos Cuentos malévolos del peruano Clemente Palma: “Ella 12 “Y tanto más te amo, bella, cuanto más huyes de mí, / y me pareces, lujo de mis noches, / que con más ironía acumulas las leguas / que separan mis brazos de la inmensidad azul. / Me dispongo al ataque y acometo el asalto / como tras un cadáver un coro de gusanos / y me enloquece, ¡oh fiera implacable y cruel! / incluso esa frialdad que te hace aún más bella”. Revista Cauce nº39 DEF.indd 235 6/3/17 12:16 Mar Langa Pizarro 242 CAUCE. Revista Internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas, nº 39 (2016) www.revistacauce.com —. (1995): “Luisa Melgarejo de Soto y la alegría de ser tu testigo, Señor”, Histórica (Lima), vol. XIX, n.º 2, pp. 219-250. —. (2001): Libro de mal amor, Barcelona, RBA. —. (2003): Un milagro informal, Madrid, Alfaguara. —. (2004): Ajuar funerario, Madrid, Páginas de Espuma. —. 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