Los faros de San Sebastián de Cádiz y del Morro en La Habana, en su contexto histórico y constructivo
Abstract
En este artículo se analiza el estrecho paralelismo existente entre los diversos faros construidos en las ciudades de Cádiz y La Habana a lo largo de su historia, especialmente en los siglos XVIII y XIX. El de Cádiz fue el modelo a seguir en los de la isla caribeña, tanto en sus coordenadas geográficas, toponimia y tipología.
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215 Los faros de San Sebastián de Cádiz y del Morro en La Habana,... TROCADERO (21-22) 2009-2010 pp. 215-232 LOS FAROS DE SAN SEBASTIÁN DE CÁDIZ Y DEL MORRO EN LA HABANA, EN SU CONTEXTO HISTÓRICO Y CONSTRUCTIVO Teodoro Falcón Márquez universidad de sevilla RESUMEN En este artículo se analiza el estrecho paralelismo existente entre los diversos faros construidos en las ciudades de Cádiz y La Habana a lo largo de su historia, especialmente en los siglos XVIII y XIX. El de Cádiz fue el modelo a seguir en los de la isla caribeña, tanto en sus coordenadas geográficas, toponimia y tipología. PalabRaS clavE: Cádiz. La Habana. El Morro. Faros. Torres de almenara. abSTRacT This article analyzes the narrow parallelism betwueen the different lighthouses built cities of Cádiz and La Habana along their history, specially on the 18th and 19th Centuries A.C. The Cádiz hight was the model follow by the ones at the Caribean Island for its geographic coordinates, toponymy and tipology. KEy woRdS: Cádiz. La Habana. El Morro. Lightouses. Almenara towers.
216 Teodoro Falcón Márquez Los antecedentes. Caracteres generales: tipologías y materiales constructivos En la bibliografía tradicional se suele poner de manifiesto los evidentes paralelismos existentes entre las ciudades de Cádiz y La Habana, en su dualidad de ciudadpuerto y ciudad-fortaleza, a lo que hay que añadir su histórico carácter de insularidad. Todas estas circunstancias han incidido en su urbanismo y tipologías arquitectónicas, en un Siglo de Oro que se extiende, principalmente, desde mediados del siglo XVIII al del siglo XIX, entre el barroco final y el triunfo del neoclasicismo. Esa estrecha vinculación también se evidencia en los faros españoles de Cuba, tanto en lo referente a sus coordenadas geográficas, toponimia y tipología. En las coordenadas de la ubicación de los faros de esta isla caribeña se solía tomar como referencia a la ciudad gaditana. Así el faro del Morro de Santiago de Cuba se establece a 19º 57’ 29” de latitud norte y 69º 37’ 50” oeste del meridiano de Cádiz. Idénticas circunstancias concurren en el faro de Colón (Punta de Maternillos), en el del Cabo de San Antonio, en el de Villanueva en la Punta de los Colorados (Bahía de Cienfuegos) y en el Diego Velázquez, en el Cayo Paredón Grande, entre otros. En otras ocasiones se toma como referencia a San Fernando (Cádiz), en donde se instaló el famoso Observatorio Astronómico y el Instituto Hidrográfico de la Marina. Este es el caso de los faros de Cayo Piedras y Cayo Diana (Cárdenas), así como el de los arrecifes de Cruz del Padre. Asimismo en esta isla la toponimia de la ciudad andaluza está presente en otros faros, como el de Bahía de Cádiz (Cárdenas). Por otra parte, por el hecho de que el puerto gaditano tuvo el monopolio del comercio americano desde 1717, indujo a que el faro de San Sebastián se erigiera en modelo a seguir. Sirva como ejemplo el hecho de que tras la inauguración de la nueva linterna de Cádiz en 1794, el capitán de navío, José Mendoza de los Ríos, comisionado en Inglaterra para obtener datos de los últimos avances técnicos relativos al Alumbrado Marítimo, se dirigió en 8 de enero siguiente a Francisco Arango, miembro del Real Consulado, notificándole la propuesta de colocar en el Morro de La Habana otra linterna similar, de bronce, con aparato giratorio de reflectores. En esa misiva se cataloga al faro cubano “sin duda el más importante de la navegación del Nuevo Mundo.” Conviene recordar que, prescindiendo de los antecedentes de la Antigüedad, el concepto moderno de faro se fue configurando a lo largo del siglo XVIII, cuando se empezaron a emplear nuevos dispositivos y mecanismos de pesas y resortes, aplicándose asimismo otros procedimientos de lentes y lámparas, con el fin de dar mayor alcance a la luminaria, siguiendo los sistemas de eclipses y destellos, o de luz y ocultación. Pero fue el XIX el verdadero Siglo de Oro de los faros españoles, tanto en la metrópolis como en ultramar. En 1842, bajo la Regencia del general Espartero, tras su levantamiento en tiempos de Isabel II, se creó una Comisión de Faros, integrada por ingenieros y oficiales de la Armada, a quienes se encomendó la redacción de un sistema que mejorase los faros de nuestro literal, introduciendo las mejores técnicas experimentadas en otros países. Es en este contexto cuando se construyeron la mayoría de faros andaluces y cubanos. Según su situación estratégica y alcance los faros se clasificaron en seis órdenes. Los de 1º se situaron en puntos dominantes de la costa, o adentrados en el mar por penínsulas y cabos. Pertenecen a este grupo, en el litoral gaditano, los de San Sebastián,
217 Los faros de San Sebastián de Cádiz y del Morro en La Habana,... Chipiona y Trafalgar. Su alcance oscila, en tiempo medio, entre 40 y 70 millas. En Cuba se erigieron de este orden el del Morro de La Habana, el de Cayo Bahía de Cádiz, Cayo Paredón Grande y Punta de Ávalos, entre otros. Los de 2º, 3º y 4º orden se ubicaron entre los de 1º. Sirven de referencia a la navegación de cabotaje y anuncian la proximidad de islas, bajos y escollos. En el litoral andaluz citaremos de 2º orden el de Sacratif (Granada) y el de Cabo de Gata (Almería). De 3º orden es el de la Farola y el de Torrox (Málaga) y los del Rompido y Mazagón (Huelva). De 4º orden es el del Puerto de Almería y el de Rota (Cádiz). Sus alcances oscilan entre 13 y 36 millas. En Cuba son de 2º orden el de Punta de Maisí, el de Punta Guanos del Norte, el de Cayo Fragoso y el de la Punta de los Cocodrilos (Cabo Pepe); de 3º, el de Cayo Anguila, en el Banco de la Sal; el de Punta Lucrecia y el de Punta del Tabacal. De 4º orden son el de Cayo Piedras del Norte y el de Punta Bay. Finalmente los de 5º y 6º orden sirven para balizar la entrada de una ría o para indicar la dirección de un navío en determinado curso de su derrotero. Aunque algunos han dejado de funcionar, de 5º orden eran el de San Jerónimo, en Sanlúcar de Barrameda, y de 6º los de Barbate, Bonanza y Sancti-Petri. Su alcance oscilaba entre 10 y 15 millas. De los cubanos son de 6º orden los de Cayo Piedra, Cayo Blanco y Cabo Francés (Punta Piedras). Con respecto a los materiales constructivos la mayoría de los faros de los siglos XVIII y XIX se edificaron con sillares de piedra, tales como los de Tarifa y Chipiona. El primitivo de Cádiz era de mampostería. En otros se ha empleado técnica mixta. Así el de Bonanza es de mampostería con un forro de ladrillo visto; el de San Jerónimo, de ladrillo con mortero de cemento; el de Mazagón, de sillería con bandas de ladrillos en las aristas. Un caso singular es el de Trafalgar (Cádiz), que se encendió en 1862, construido de sillería. Cuando en 1929 se colocó en él un nuevo aparato óptico, se pudo apreciar que el diámetro del fuste no podía soportar la carga, máxime con los fuertes temporales, por lo que tuvo que ser revestido con un forro de ladrillos de mortero hidráulico. En Cuba son de sillería el del Morro de La Habana, el de Cabo de San Antonio y el de Punta Maisí (Baracoa). De mampostería es el de Colón (Punta de Maternillos). De hormigón son el del Morro de Santiago, el de Punta Mata, el de Guano del Este y el de Carapachibey. En 1864 se construyeron en la península ibérica tres faros metálicos en el delta del Ebro (Tarragona). El de Buda, de 2º orden, con sus 50 metros de alto fue el más importante de ellos y el más alto del mundo. El de Baña ha sido desmantelado y cambiado de emplazamiento en 1990. El del Fangal, de 6º orden, fue sustituido por otro en 1972. El faro actual de Cádiz, del que hablaremos más adelante, fue proyectado en 1907, aunque no se iluminó hasta 1913. Está realizado en palastro, con carácter desmontable. Sustituyó al primitivo, que fue mandado derribar en 1898 por el gobernador militar de Cádiz, para que no sirviera de referencia al enemigo en la guerra con los EE.UU. De los faros cubanos construidos con planchas de hierro destacaremos al primitivo del Morro de Santiago, el de Diego Velázquez (Cayo Paredón Grande) y el de Bahía de Cádiz. De esta material es el de Guantánamo, proyectado en 1858, pero encendido en 1899, después de la guerra. Posiblemente sirvió de referencia al nuevo de Cádiz. Como en el arte de la época colonial en los faros hay también influencias de ida y vuelta. Respecto a su tipología los faros suelen constar de tres partes, como una columna: la base, el fuste y el torreón. Cuando no arranca directamente sobre el suelo, la base puede ser indistintamente un pedestal (Chipiona), un baluarte defensivo (Sancti-
218 Teodoro Falcón Márquez Petri) o una muralla (el primitivo de Rota). Más recientemente se emplea un macizo de cimentación, como en los construidos entre las décadas de 1970-80 (el nuevo de Rota). Los más antiguos suelen ser troncocónicos, tales como el primitivo de Cádiz, la Farola (Málaga), Trafalgar y Tarifa. Un segundo grupo lo integran los fustes de forma troncopiramidal, formando en planta un polígono de cuatro, seis y u ocho caras. Pertenecen a este grupo el de Punta Doncella (Estepona) y el del Picacho (Mazagón). Los faros de las décadas de 1970-80 son cilíndricos, de 3 metros de diámetro. Responden a un tipo estándar del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (M. O. P. U.). A este grupo pertenecen el de Huelva, el nuevo del Rompido y el nuevo de Rota. También recientemente se han adaptado a faros las antiguas torres de almenara (Roche y Camarinal), repitiendo una solución que data del siglo XVIII (primitivo faro de Cádiz). Hay faros que no tienen apariencia de tal, por estar albergada su luminaria en una vivienda. Este fue el caso de Punta Paloma. Más originales y diversos son los faros construidos a partir de la década de 1990. Surgieron como iniciativa de un Concurso de Ideas de la Dirección General de Puertos y Señales Costeras (Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo), en junio de 1989. A este concurso concurrieron equipos integrados por ingenieros y arquitectos. En este contexto se construyó el faro de Matalascañas (Huelva), en forma de prisma de sección triangular; el de Punta Hidalgo (Tenerife), en forma de macla de cristales, y el de Punta Aldea (Gran Canaria) en forma de candil. Respecto a la tipología de los faros cubanos, predominan los de fuste troncocónico, como el del Morro de La Habana, Punta Maisí, Cabo Cruz, Colón y el nuevo del Morro de Santiago. Cilíndricos son los de Punta Maya, Piedras del Norte, Punta Lucrecia y Villanueva en la Punta de los Colorados. La tercera y última parte de un faro es el torreón, que alberga el aparato óptico para la luminaria. Los más primitivos tenían forma poligonal o cilíndrica, generalmente con montantes verticales. El número de lados de los primeros dependía de la categoría del faro y se hacía corresponder con el número de paneles del aparato óptico de luz fija, haciendo coincidir los montantes de ambos. Los cristales eran planos y la correspondencia de lados y diámetros abarcaba desde los 16 lados y 3,50 m. de diámetro en los faros de primer orden, hasta los ocho lados, con 1,60 m. de diámetro en los faros de 6º orden. Los materiales para la construcción de las linternas han sido diversos: el bronce y el hierro fundido para los montantes; el cobre para la cúpula y el hierro fundido o el palastro para el basamento. Más recientemente se han hecho de hierro fundido y laminado con una protección galvanizada. Desde mediados del siglo XIX los aparatos ópticos eran los catadióptricos y dióptricos. Su fuente luminosa estaba originada por el paso de una corriente eléctrica, a través de lámparas de incandescencia, gas xenón, mercurio o halógena, concentrada por un sistema de lentes Fresnel. También surgieron los reflectores (catóptricos), que producían la apariencia a base de una rotación horizontal sobre rodillos, con giro de paneles opacos o encendidos de forma intermitente. La óptica de los faros y el tipo de lámparas que se han empleado han ido evolucionando con el tiempo. Para reconocerlos de noche es indispensable el libro de Faros y Señales Marítimas (Instituto Hidrográfico de la Marina, San Fernando) o el de Señales marítimas de las costas de Cuba, (de La Habana), en los cuales se detalla el grupo de destellos y el período (de luz y ocultación), que constituyen las señas de identidad de cada faro. Así, por ejemplo, en el actual de
219 Los faros de San Sebastián de Cádiz y del Morro en La Habana,... Cádiz su período es de 10” y su característica: GpD(2)B, lo que quiere decir que tiene un grupo de destellos (2) y que su luz es blanca. Los mecanismos de alumbrado de los faros primitivos (siglos XVIII y XIX), no solo plantearon nuevos dispositivos y diversos modelos de lámparas, sino también cambios constantes de sus combustibles. El proceso afectó obviamente a los faros españoles de la metrópolis, como los de ultramar, acorde a la evolución técnica internacional en cada momento. Después de haberse iluminado inicialmente con madera, se emplearon como combustible, paulatinamente, los aceites vegetales: oliva, colza y lino; además de aceites minerales: parafina de Escocia, e incluso grasas animales (aceite de ballena). Por una orden gubernamental de 1 de abril de 1880 se aprobó la aplicación del aceite mineral al alumbrado de los faros españoles, siguiendo las experiencias del Depósito General Francés. Su aplicación se inició por la cornisa cantábrica. En el tránsito de los siglos XIX al XX comenzó a generalizarse la energía eléctrica y, con posterioridad el petróleo y gasolina, así como gas propano y butano. Más recientemente se está aplicando la energía solar. En Andalucía los faros siguieron la tónica general del país. Los de época isabelina se alimentaron con aceite de oliva, tales como el de Bonanza (1855), Trafalgar (1862) o el de Chipiona (1867). El de Punta Carnero (Algeciras) es de los casos excepcionales que emplearon aceite de colza (1874). En el primitivo de Cádiz se comenzó en 1818, por vía experimental, el uso de gas hidrógeno extraído del carbón piedra. Con posterioridad, el faro actual fue el primero en esta región, y el segundo de España, en emplear la energía eléctrica. Como va a ser un factor común en los faros de la primera mitad del siglo XX, en el de Chipiona se instaló en 1916 un dispositivo a vapor de petróleo, lo mismo que en el primitivo de Mazagón (1925). Cuando se inauguró el de Sancti-Petri en 1917, utilizó gas acetileno disuelto en acetona. El faro de Huelva ha sido el primero en esta región que ha empleado la energía solar (1983). Los faros de Cuba han experimentado el mismo proceso antes y después de la independencia. Así, por ejemplo, el del Morro de La Habana en 1816 usó el hidrógeno carburado, extraído del chapapote; con posterioridad, el aceite de colza, el aceite de oliva procedente de Sevilla, el petróleo, acetileno (1930) y en 1945 se electrificó, coincidiendo con la celebración del primer Centenario. Por su parte, el del Morro de Santiago, se inició en 1842 con aceite de ballena, empleando paulatinamente el aceite de oliva, el de coco (que supone una novedad con relación del resto de los españoles), petróleo y la electricidad. Además de su tipología, otro distintivo de los faros, durante el día, es su color. En su inmensa mayoría los más primitivos tienen un enlucido de color blanco (primitivo de Cádiz, la Farola de Málaga y el de Tarifa). En Cuba son blancos: el de Punta Maya, Piedras del Norte, Punta Maisí y el del Morro de Santiago. También los hay de cantería, en su color, (Chipiona y Punta Carnero); en Cuba, el del Morro de La Habana, Punta Lucrecia y Cabo Cruz). Más abundantes son los de diversos colores, que corresponden a faros más modernos. El del Rompido tiene franjas alternativas blancas y negras; el de Huelva es de fuste blanco, con el último módulo con una franja roja. El nuevo de Rota tiene la franja roja en el centro del fuste blanco. En Cuba son de color amarillo el de Cabo de San Antonio y el de Cabo Cruz. Con bandas alternativas amarillas y negras es el de Cayo Yutias. Con bandas blancas y rojas son el de Punta Gobernador, Bahía de Cádiz y Caimán Grande, y con tres bandas horizontales rojas el de Guano del Este. Para
220 Teodoro Falcón Márquez el reconocimiento de los faros durante el día son imprescindibles los libros de Derroteros de las Costas, que en España publica el Instituto Hidrográfico de la Marina (San Fernando) y en la isla caribeña el Instituto Cubano de Hidrología. Pese a su carácter funcional, a veces se reflejan en los faros, y en sus edificios anexos, los estilos históricos, en especial el Neoclásico. De este estilo se construyó a nivel internacional el de Corduan (Francia). En España citaremos el proyecto realizado por Miguel Marín, fechado en Barcelona en 1740 (Archivo General de Simancas (M. P. y D. VII-12-13), Imagen 1, así como el proyectado para la Farola (Málaga), trazado por Martín Zermeño en 1772 (Servicio Geográfico del Ejército. Signatura: 325). En su inmensa mayoría los faros andaluces y cubanos del siglo XIX se construyeron en el reinado de Isabel II. Su estética responde al clasicismo romántico. Este período coincide con la creación de la Escuela Especial de Arquitectura de Madrid, en 1844, y la de Barcelona en 1869. Pero también con el importante papel que desempeñaron los ingenieros de Caminos, mucho de los cuales tuvieron una sólida formación humanística, participando profesionalmente en el ámbito de la ciudad, tanto en su arquitectura, como en la arqueología y restauración de monumentos, además de proyectar faros. El ingeniero y arquitecto Eduardo Saavedra (1829-1912) fue quien proyectó los faros de Trafalgar y Tarifa en 1857. Dado que fue quien descubrió el emplazamiento de Numancia y era asíduo lector de textos clásicos, diseñó el faro de Chipiona como una gran columna dórico-toscana, que evoca a las conmemorativas romanas, del tipo de Trajano o Marco Aurelio. Debe tenerse presente que en este enclave estuvo la Turris Caepionis. Asimismo son neoclásicas algunas viviendas de los fareros, siendo la más monumental de este litoral andaluz la de Chipiona. Una concesión al clasicismo son las ventanas rematadas en frontones triangulares que posee el nuevo faro de Cádiz. En Cuba también evoca una columna romana el faro del Morro de La Habana (1845). También es de traza clásica su puerta de acceso. En este contexto hay que citar el faro de Punta Maisí (1862), con pedestal octogonal; el de Punta Lucrecia (Naranjo), de base cilíndrica (1868), y el de Cabo Cruz (1871), con pedestal octogonal. El de Maisí y éste último son los que más recuerdan al de Chipiona (1857-67). Faro de San Sebastián, de Cádiz la torre de almenara Por su situación estratégica, a la entrada de la Bahía de Cádiz, hubo desde la Edad Media una torre de almenara en estas antiguas islas, luego convertidas en un tómbolo. El Diccionario de la Real Academia Española define así la voz almenara: “Del árabe almanara, el lugar de la luz. Fuego que se hace en las atalayas o torres, no solo en la costa del mar, sino tierra adentro, para dar aviso de alguna cosa, como de acercarse embarcaciones o tropas enemigas”. La descripción más antigua que poseemos de esta torre gaditana data de la Edad Media islámica, de manos del geógrafo árabe Al-Zuhrí (s. XII). Manifiesta que la atalaya era parecida al Faro de Alejandría. Medía unos 100 codos. Tenía un primer cuerpo, de planta cuadrada, que medía unos 33 m. Estaba construidodice- “de piedra pómez áspera” (piedra ostionera). Después seguía otro cuerpo con columnas de cobre rojo, de igual altura, más otro prisma cuadrado más pequeño de unos 11 m. Culminaba en remate
221 Los faros de San Sebastián de Cádiz y del Morro en La Habana,... piramidal con una figura antropomórfica, de latón dorado, que según algunas descripciones portaba una llave dorada, la llave de la Bahía. Existe una reconstrucción ideal realizada por Juan Antonio Fierro Cubiella (1981). El faro subsistió hasta 1146. Alfonso X también se hace eco de esta torre en la Crónica General de España. Con posterioridad, sabemos por fray Jerónimo de la Concepción (1690), que en 1457 encontraron asilo en esta isla unos navegantes venecianos, afectados por la epidemia de peste. Agradecidos por las atenciones de los gaditanos erigieron una ermita en este lugar y repararon la torre atalaya, “de origen muy remoto”. A partir del siglo XVI es frecuente la cartografía militar y marítima de Cádiz, con numerosos dibujos y grabados. La vista más antigua de esta ciudad es un dibujo de 1513 (Archivo general de Simancas. M. P. y D. XXXV-47). En él figura la torre de almenara. Más interesantes son las vistas de Cádiz de 1564, grabadas por Juris Hoefnagel, tomada desde diversos puntos de vista, en las que figura asimismo. Agustín de Orozco (1598) manifiesta que la capilla mayor de la ermita de San Sebastián estaba en el hueco de la torre, que se había arruinado en 1587 por efectos de un temporal. Era de planta cuadrada, construida de mampostería, y sobre ella se elevaba la linterna, alimentada con alquitrán o con leña. En la fecha que la describe se hallaba arruinada, al haberse iniciado su reconstrucción en falso. Las nuevas torres de almenara formaron parte de un dispositivo defensivo que se inició en 1577, en tiempos de Felipe II, basado en la construcción de unas cuarenta torres desde Gibraltar hasta Ayamonte. El proyecto se debe al Comisionado Real Luis Brabo de Laguna. Sin embargo contó con la oposición de los señores territoriales (duques de Alcalá y Medinaceli y marqués de Ayamonte, entre otros), además de los Concejos locales, entablándose un largo pleito. Este hecho motivó que su construcción se iniciara casi diez años después, concluyéndose en la década de 1640, en tiempos de Felipe IV. A esta circunstancia hay que añadir, en el caso de Cádiz, el asedio y saqueo que sufrió la ciudad en 1596 por una flota angloholandesa. Fray Jerónimo de la Concepción afirma que en 1613 se construyó la nueva torre de Cádiz “y sobre un capitelillo, o linterna, hacen en entrada la noche un pequeño fuego de teas fácil de prender”. Con posterioridad se sucedieron diversas restauraciones hasta el siglo XVIII. Es a comienzos de ese siglo cuando se construyó el Castillo de San Sebastián, cuya primera planta fechada data de 1724. El ingeniero José Barnola, quien construyó el Frente de Tierra de esta ciudad, erigiéndose en la posteridad como el monumento más representativo de Cádiz, es el mismo que proyectó la puerta de acceso al castillo (Puerta de la Caleta) en 1753. Según las Actas capitulares del Ayuntamiento gaditano en 1726 se acordó habilitar la torre de almenara también como polvorín. En una Relación de las Plazas, Torres y Puestos fortificados de la costa de Andalucía de 1756 (Gobierno Militar de Cádiz) se describe así a esta construcción “…un torreón cilíndrico (como el de Hércules), que con una gran linterna de vidrios sirve para dirigir las embarcaciones de noche a la segura entrada de la Bahía (…) Hay en el citado torreón un almacén capaz de 200 quintales de pólvora, cuerpos de guardia para un subalterno y 25 hombres y un Cabo con 10 artilleros ocupan otro”. Todavía en un plano fechado en 12 de septiembre de 1764, suscrito por el ingeniero Antonio Doncel consta: “Ermita y torre de San Sebastián, la que sirve de almacén y pólvora”. Un acontecimiento importante para la historia y fisonomía de este edificio tuvo como punto de partida el año de 1766, cuando en 30 de septiembre Antonio Gaver, Brigadier Ingeniero Director, presentó un proyecto, a tinta y colores, con plantas y sec-
222 Teodoro Falcón Márquez ciones, de recrecimiento de la torre de almenara, con la adición de una nueva linterna (Gobierno Militar de Cádiz: 323 y 338 y Archivo General de Simancas. M. P. y D. L. 3), Imagen 2 a, En la sección se puede apreciar la escalera de caracol en su interior y tres cámaras cubiertas con bóvedas de cañón. Una en el primer cuerpo y dos en el segundo. En definitiva se construyó una nueva planta sobre la primitiva, también de mampostería, rematándose en una linterna o fanal que estaba previsto iluminar con 40 ó 50 lámparas. En la leyenda del plano consta que su acristalamiento iba a estar protegido por un armazón de bronce, “por haber enseñado la experiencia lo que en corto tiempo se gasta el hierro, expuesto a las injurias del tiempo.” En la explicación se indica que el fanal sería más alto que la torre llamada del Vigío. Se trata de la Torre de Tavira, la más alta de los miradores gaditanos. Una lápida existente en esta torre-mirador da las siguientes medidas: Altura dentro de la torre 33,50 m.; sobre el nivel del mar 45,51. Por tanto el faro medía 5 m. más alto sobre el terreno. La nueva linterna no se instaló definitivamente hasta 1768, según proyecto suscrito por Fermín Rueda en 20 de enero de ese año. De este modo se configuró la fisonomía de este faro, que subsistió hasta fines del siglo XIX, del que se conserva un abundante repertorio gráfico. De él destacaremos la vista de Cádiz de Alfred Guesdón (h. 1860) y las fotografías de Jean Laurent (1875), Imagen 2 b, y de Lucièn Lévy (1888). La torre presentaba forma troncocónica, de dos pisos, separados al exterior por una imposta. Obviamente era de planta circular, con secciones de diámetros decrecientes. Se hallaba enlucida con cal y mostraba óculos para iluminar la escalera de caracol. El segundo cuerpo se remataba en un antepecho de balaustres de cantería. Delante se hallaba la vivienda de los fareros, construida en 1855. Tenía dos plantas, con perfecta armonía de vanos, con puerta en el centro. Los únicos cambios que se experimentaron en la torre desde fines del siglo XVIII hasta fines del XIX afectaron solo a su luminaria. En 29 de agosto de 1791 se denunció la ruina del fanal. En un oficio dirigido al gobernador, Joaquín de Fondesviela, fechado en 7 de mayo de 1794, se dice que la nueva linterna debe ser de forma poligonal de 16 lados. Éste fue el modelo que sirvió de referencia para el del Morro de La Habana al año siguiente. Se trataba de una linterna de bronce, con aparato giratorio de reflectores, de 4 varas de diámetro (3,32 m.) y 6 de alto (cerca de 5 m.). Su alcance superaba las 12 leguas, con facilidad de identificación frente a otras luces del litoral. A lo largo del siglo XIX se sucedieron en este faro los cambios de luminaria y sus dispositivos de energía. En 1818 se hizo el proyecto de alumbrado mediante gas hidrógeno, extraído del carbón piedra. En 1855 se instaló un nuevo aparato de 2º orden, marca Sautter Harlé, que se encendió el 15 de junio del año siguiente. Tenía un alcance, en tiempo medio de 20 millas y presentaba apariencias de destellos rojos de 2 en 2’. Entonces es cuando se construyó la vivienda del farero, proyectada asimismo por el ingeniero civil Juan Martín Villa. Servía también de depósito de aceite. En la Memoria consta que “en el alzado de las habitaciones que se proyectan se propone darles dos pisos con cubierta de azotea para ganar la puerta de entrada de la torre, que tiene 12 pies sobre el terreno natural.” En una sección y alzado de la torre de 1878 figuran las siguientes medidas: Altura del foco luminoso sobre el emplazamiento 38,50 m.; altura de su emplazamiento sobre el nivel del mar 6,20 m. Altura del foco luminoso sobre el nivel del mar 44,70 m. El diámetro de la base es de 18,39 m. y el grosor del muro 5,85. Entonces estaba atendida
223 Los faros de San Sebastián de Cádiz y del Morro en La Habana,... por 3 torreros. Como hemos dicho anteriormente este faro subsistió hasta 1898, cuando fue mandado desmantelar por el gobernador militar de Cádiz, duque de Nájera, para que no sirviese de referencia al enemigo en la guerra con los EE.UU., en el supuesto de un ataque americano en esta costa. Para sustituirlo se colocó una luz provisional en Torre Gorda. En la actualidad se conserva el primer cuerpo de la torre, que era el primitivo, de unos 10 m. de altura, la misma del parapeto exterior del castillo. Tiene puerta en alto, como figura en el proyecto de Antonio Gaver de 1766 y en el de Martín Villa, de 1855, Imagen 3 a y 3 b. En él se instalaron dos vibradores eléctricos, con cuatro bocinas (nautófono), que quedan a una altura del nivel medio del mar de 15 m. El faro actual Aunque el desmantelamiento del faro primitivo y los primeros proyectos del nuevo se encargaron al ingeniero José Rosende, el proyecto definitivo fue realizado por el ingeniero Rafael de la Cerda en 1907. Se concibió con carácter desmontable, por si se repetía de nuevo un hecho bélico. En el Proyecto y en el Pliego de Condiciones Facultativas, que se conserva en el Centro Técnico de Señales Marítimas de Alcobendas (Madrid), se hacen las siguientes puntualizaciones: Cimientos: Son de planta circular, de 10,25 m. de diámetro y 2 m. de espesor. En su masa van sumergidos los pernos de empotramiento y los canecillos viejos de 16 kg. De peso por metro lineal, que han de sufrir los esfuerzos a toda la masa. Son de hormigón de mortero de cemento Porland, y la arista en la semicircunferencia que queda al descubierto, es de sillería de 20 cm. de altura y 50 cm. de tizón. Cuerpo de la torre: Tiene de altura sobre los arranques 30,10 m. y está formado por un tubo central de palastro de 2m. de diámetro interior y 8 montantes. El tubo del fuste es de palastro de acero, de 7 mm. De espesor, formando anillos de diversas alturas, unidas por sobrejuntas del mismo espesor y 10 cm. de ancho. El faro tiene 7 ventanas, distribuidas en la forma y dimensiones que indican los planos, sin más diferencia que son cuatro y no dos cristales los que forman el cierre de las mismas. La escalera, con la huella de palastro estriado, de un espesor de 9 mm., contando las estrías, es de forma tradicional de caracol, con una altura de 27,93 cm. y en los 2,17 superiores se sustituye por una de las llamadas rápidas, para reducir las dimensiones del hueco de entrada a la cámara de servicio. La torre no se iluminó hasta 1913, a causa del proyecto reformado para encenderse con alumbrado eléctrico, mediante arco voltaico. Fue el segundo en España que empleó este sistema. Se le dotó de un aparato óptico bivalvo, de 300 mm. de distancia focal, construido por Harlé y Cia. en 1912, girando sobre flotador de mercurio. En 1995 se sustituyó el tipo de lámpara de incandescencia trifásica por lámparas halógenas monofásicas. Presenta la apariencia de dos destellos-relámpago blancos cada diez segundos con la característica de: luz 0,29; ocultación 2,21; luz 0,29; ocultación 7,21 segundos. Su alcance nominal es de 25 millas. El plano focal del aparato se halla a una altura de 41 m. sobre el nivel medio del mar y a 36 sobre el terreno. El faro actual es 1,50 m. más bajo que el anterior y 3,50 m. más alto que la Torre de Tavira, sobre el nivel del suelo. Ya dijimos que sus ventanas rematadas en frontones triangulares suponen una cierta concesión al clasicismo.
230 Teodoro Falcón Márquez Imagen 3a y 3b. Restos del faro primitivo de Cádiz.
231 Los faros de San Sebastián de Cádiz y del Morro en La Habana,... Imagen 4 a. Faro del Morro (h. 1845). Imagen 4b. Proyecto del actual faro del Morro.
232 Teodoro Falcón Márquez Imagen 5 a. Puerta del faro del Morro. Imagen 5 b. Placa del Centenario.